Está en la página 1de 317

Acerca de este libro

Esta es una copia digital de un libro que, durante generaciones, se ha conservado en las estanterías de una biblioteca, hasta que Google ha decidido
escanearlo como parte de un proyecto que pretende que sea posible descubrir en línea libros de todo el mundo.
Ha sobrevivido tantos años como para que los derechos de autor hayan expirado y el libro pase a ser de dominio público. El que un libro sea de
dominio público significa que nunca ha estado protegido por derechos de autor, o bien que el período legal de estos derechos ya ha expirado. Es
posible que una misma obra sea de dominio público en unos países y, sin embargo, no lo sea en otros. Los libros de dominio público son nuestras
puertas hacia el pasado, suponen un patrimonio histórico, cultural y de conocimientos que, a menudo, resulta difícil de descubrir.
Todas las anotaciones, marcas y otras señales en los márgenes que estén presentes en el volumen original aparecerán también en este archivo como
testimonio del largo viaje que el libro ha recorrido desde el editor hasta la biblioteca y, finalmente, hasta usted.

Normas de uso

Google se enorgullece de poder colaborar con distintas bibliotecas para digitalizar los materiales de dominio público a fin de hacerlos accesibles
a todo el mundo. Los libros de dominio público son patrimonio de todos, nosotros somos sus humildes guardianes. No obstante, se trata de un
trabajo caro. Por este motivo, y para poder ofrecer este recurso, hemos tomado medidas para evitar que se produzca un abuso por parte de terceros
con fines comerciales, y hemos incluido restricciones técnicas sobre las solicitudes automatizadas.
Asimismo, le pedimos que:

+ Haga un uso exclusivamente no comercial de estos archivos Hemos diseñado la Búsqueda de libros de Google para el uso de particulares;
como tal, le pedimos que utilice estos archivos con fines personales, y no comerciales.
+ No envíe solicitudes automatizadas Por favor, no envíe solicitudes automatizadas de ningún tipo al sistema de Google. Si está llevando a
cabo una investigación sobre traducción automática, reconocimiento óptico de caracteres u otros campos para los que resulte útil disfrutar
de acceso a una gran cantidad de texto, por favor, envíenos un mensaje. Fomentamos el uso de materiales de dominio público con estos
propósitos y seguro que podremos ayudarle.
+ Conserve la atribución La filigrana de Google que verá en todos los archivos es fundamental para informar a los usuarios sobre este proyecto
y ayudarles a encontrar materiales adicionales en la Búsqueda de libros de Google. Por favor, no la elimine.
+ Manténgase siempre dentro de la legalidad Sea cual sea el uso que haga de estos materiales, recuerde que es responsable de asegurarse de
que todo lo que hace es legal. No dé por sentado que, por el hecho de que una obra se considere de dominio público para los usuarios de
los Estados Unidos, lo será también para los usuarios de otros países. La legislación sobre derechos de autor varía de un país a otro, y no
podemos facilitar información sobre si está permitido un uso específico de algún libro. Por favor, no suponga que la aparición de un libro en
nuestro programa significa que se puede utilizar de igual manera en todo el mundo. La responsabilidad ante la infracción de los derechos de
autor puede ser muy grave.

Acerca de la Búsqueda de libros de Google

El objetivo de Google consiste en organizar información procedente de todo el mundo y hacerla accesible y útil de forma universal. El programa de
Búsqueda de libros de Google ayuda a los lectores a descubrir los libros de todo el mundo a la vez que ayuda a autores y editores a llegar a nuevas
audiencias. Podrá realizar búsquedas en el texto completo de este libro en la web, en la página http://books.google.com
(rias se hallan con gran
rebaja en Utimp. vlib.
4« D. A. Alvares, c.
Géno"a-n. íOSevilK

(Ja
2/- 3
LA CORONA ¡>TH&
DE LA IADEE DE DIOS.
EXCELENCIAS DEL SMO. ROSARIO,
pot tí JL 3V IDoiHlHíTO SVlCOi,

PUBLICADA POR LA ASOCIACION AL ROSARIO


PERPETUO, GUARDIA DE HONOR DE MARÍA.
CON LICENCIA DEL EMO. Y RMO. SR. CARDENAL ARZOBISPO
DE SEVILLA.

Cinco cuartos la entrega en toda España.

1.1? |t s

ECIJA.— 186C.
IMPRENTA DE D. ANTONIO PEREYRA Y REAL.
CALLE ESTUDIO NUMERO 5.
v"V

AK0300 AJ
.aoia m kmkk ai m \
7

■r
5 JO
i


0T■.''.■■:sjiA jAKSa.■ivi .hí .'■ttf y .'i/-: .i?u /i.'/-:.■ \i y.-
. .: i■/Mí "i■i

E&aiit ., ■■ ■ ío i vi.-aj
:víl. ■j!;
;i•;
i)
í-
i.

:
vV i
¡i 8 í
í t* j - ?

1 . ' .: .■:»■:£/. .'1 2d at/:-.


■.
LA CORONA

DE LA MADRE DE JESÚS.
EXCELENCIAS

BEL SIO. EOSAEIO.


DE LA SHA. VIRGEN Y DE SU AUGUSTA COFRADÍA.
por el P. Fr. Domingo Diaz.
PUBLICABAS POR LA ASOCIACION

AL ROSARIO PERPETUO

GUARDIA DE HONOR DE MARÍA.


ESTABLECIDA EN LA IGLESIA DE SANTO DOMINGO
DE LA CIUDAD DE ECIJA.

ÉCIJA.— 1866.
Imprenta de D. Antonio Pereyra y Real,
calle del Estudio núm. 5.
Licencia.
Sevilla 6 de Junio de 1806.

Concedernos al exponente la licencia que pre


tende para la reimpresion de las dos oiras que
acompaña, ó sean Las Excelencias del Rosario de la
Santísima Virgen y de su Augusta Cofradía, por
Fr. Domingo Biaz, y las Q .lince Roías de la Madre
de Jesus.—Selladas y rubricadas ambas por el Se
cretario de Camara.
Lo decretó y firmó el Señor Gobernador por
S. Erna. Rma. el Cardenal Arzobispo mi Señor:
de que certifico.

Dr. Amigo.
Dr. D. Victoriano Guisasola,
Srio.

ES PROPIEDAD.
PLEGARIA

Á 1AEXA SANTÍSIMA
TOT IMIíSl

CORO.
O'd, oh Madre piadosa,
Oid, nuestra voz filial,
Oíd, Virgen del Rosario
La plegaria del mortal.

Desde que el Eden perdido


el hombre mora en la tierra:
nuestro vivir es la guerra,
nuestra calma tempestad.
Sin vuestra intercesion pía,
destruida la esperanza,
llanto y sombra solo alcanza
nuestro mas lince mirar.
Oid, oh Madre etc.
2."

Pero estas sombras, Señora,


Vos las trocais en luz bella,
porque sois la Blanca Estrella
que rasga la oscuridad;
por que en los santos misterios
que en el Rosario adoramos,
mestra redención hallamos
en vuestro amor celestial.
Oid etc.

En ellos os contemplamos
Virgen-Madre, Diva, Esposa,
fragante, mística Rosa
del jardin del Eternal;
Contemplamos vuestra dicha
y tambien vuestra amargura
hasta que el Cristo fulgura
en su gloria y magestad.
Oid etc.
4.a
Infundidnos, pues, María
la devocion que os pedimos;
nuestras almas os rendimos
que os quieren siempre alabar,
Que quieren siempre cantaros
vuestro gozo y vuestra gloria,
del Calvario la victoria,
la derrota de Belial.
Oid, oh Madre piadosa,
Oíd nuestra voz filial,
Oid Virgen del Rosario
La plegaria del mortal.
INTRODUCCIÓN.

E s una verdad constantemente demostrada por la


historia de nuestra sagrada religion, y por la prác
tica de todos los pueblos cristianos, que la Iglesia
Católica, despues de tributar el debido culto á Dios,
se ha esmerado en todos los tiempos en manifestar
su amor, su respeto y su veneracion á la Virgen
Santísima, reconociéndola como el objeto mas digno
de nuestro culto despues de Dios, por su excelsa cua
lidad de Madre de este Señor, por las ilustres pre-
rogativas y sublimes excelencias que la adornan, y
por lo mucho que en vida hizo, y en el Cielo está
habiendo por nosotros.
De aquí es, que ninguno que haya podido gloriar
se de cristiano, católico, apostólico, romano, ha de
jado í8 creer y confesar jamás, que á la Virgen San
tísima, Madre de Dios, se le debe tributar honor,
culto y veneracion. Solo los hijos de Velial, quiero
decir, los herejes, los impíos y los incrédulos, esos
hombres arrogantes y soberbios, que nada quieren
creer, sino lo que les dicta su loca y estraviada ra
zon, nada seguir sino lo que les sujiere el ímpetu de
sus pasiones; esos desgraciados son, los que sedu
cidos por el diablo, autor de la mentira y del error,
se han atrevido á negar osadamente el culto á la
VI
Santísima Virgen, Madre de Dios. ¡Lejos, pues, de
nosotros tan horrenda impiedad! Si somos verdaleros
cristianos católicos apostólicos romano?; si nos glo
riamos de ser verdaderos devotos de la Virgen Santí
sima, tributémosla con toiia, ¡a Iglesia católica y en
todo lugar, tiempo, ocasion, honor, culto y adoracion
Y á la verdad, ¿no será digna de nuestro honor
aquella Hija predilecta del Altísimo, á quien el mis
mo Dios se dignó honrar y distinguir desde to.ta la
eternidad de un modo tan estraordinario y singular,
predestinándola, como Madre del Verbo humanado,
á ocupar en los Cielos el trono mas elevado entrelos
escojidos predestinados? ¿No será digna de nuestros
respetos aquella Virgen Purísima, á quien toiios los
Angeles, Arcángeles, Querubines, Serafines y demás
Espíritus Celestiales, reconociendola como á su Se
ñora y Reina, adoran, obedecen y respetan' ¿No será
digna de nuestras alabanzas aquella dichosísima Mu
jer, tan deseada de los Patriarcas, tan anuncia'la
por los Profeta?, y en tantas y tan luminosas figuras
de la antigua ley representada? ¿en el Paraíso de
Deleitias, en el Arca de Noé, en la Zarza de Moises,
en el Arca de la Alianza, en la Vara de Aaron, e*el
Trono de Salomon, en la casta Abisag, en Judit ven
cedora, en Ester salvado: a, en el Huerto Cerrado, en
la Fuente Sellada, y en otras mil figuras del Antiguo
Testamento? ¿No será digna de nuestros obsequios
aquella escelsa Señora, á quien se digna honrar y
acatar el mismo Jesucristo Dios y Hombre verdadero»
no solo en la tierra, sino tambien en el Cielo? ¿en la
tierra, elijiéndola para su tabernáculo, para ser
concebido en él, y sujetándose á su voluntad, siendo
Supremo Señor de to las cosas? ¿en el Cielo, colo
cándola á su derecha como dice el Salmista en el sal
mo cuarenta y cuatro? ¿No será, por último, digna
de nuestra veneracion aquella felicísima Criatura,
VII
á quien veneraron los Apóstoles, reverenciaron y
elogiaron, son grandes alabanzas los Santos Padres y
Doctores de la Iglesia, y á quien adoran, alaban y
bendicen todos los fíele.-, no habiendo para ellos cosa
alguna mas suave, mas dulce ni mas gloriosa, que
tributar este honor, esto caito y estas alabanzas á la
Santísima Virgen? Pero qué mucho! ¿Faltan á les
fieles devotos ile la Virgen justos y poderosísimos
motivos para honrarla, bendecirla, alabarla y ado
rarla? No por cierto. Todo cuito, dice el angélico
Doctor Santo Tomás, debe fundarse en alguna exce
lencia. ¿Y no es la Virgen Santísima., la que entre
todas las puras criaturas, puede gioria: se de estar
adornada por Dios de las mas grandes prerogativas
y sublimes exelencias?
Con efecto, los devotos de María Santísima y todos
los demás fieles, consideran y reconocen en esta Se
ñora á la Madre de Dios: excelencia y dignidad, que
siendo la raiz y el origen de todas sus prerogativas,
la elevan sobre todas las criaturas del cielo y de la
tierra ¿Cuál de los Angeles, Querubines, Serafines y
demás Espíritus celestiales, ni n nguna otra criatura
ha lleg:do á tanto honor, á tanta dicha que pueda
oir de la boca del mismo Dios estas dulcísimas pala
bras:—¿Tú er s mi Madre? y contestar á este Señor
diciendo: —¿Tú eres mi Hijo?
Reconocen á la Reina de todas las virtudes: exce
lencias y prerogativa, que hace á la Virgen Santísi
ma superior en gracia, santidad y gloria á todos los
Santos y Justos que ha habido, hay y habrá en la
tierra y en el Cielo por todos los siglos. La gracia la
santidad y la gloria de la Virgen Maria, dicen los
Doctores mas célebres por su sabiduría y por su pie
dad, excede y es superior en sumo grado á la gracia,
ó la santidad y gloria de todos los coros Angélicos y
de todos los santo?. Superior á los Patriarcas en la
Vlíf
fé; á los profetas en la esperanza; en amor y en celo
á los Apóstoles; en constancia á los Mártires; en so
briedad y penitencia á los Confesores; en castidad á
las Vírgenes, y en pureza á los mismos .Angeles.
Reconocen á la dominadora y Señora de todo el
mundo, cuyo dominio se adquirió, dicen los Teólo
gos, por ser Madre del Redentor, Dios y Señor de
todo el universo: excelencia y prerogativa, que cons
tituye á la Virgen Santísima Corredentora y Salva
dora del mundo, y Soberana Emperatriz de las cie
los y de la tierra; y por lo cual la obedecen los An
geles, la aman y sirven los hombres, la temen los
demonios; la tierra, el mar y todos los elomentos
la respetan, y en una palabra, de cuyo dominio se
exceptúa solo Dios, y á cuyo imperio se sujeta to~
do lo que no es Dios.
Reconocen á su poderosísima Abogada y Media
nera: excelencia y prerogativa, por la cual, toman
do la defensa de nuestra causa, é intercediendo con
su divino Hijo en favor nuestro con sus ruegos,
oraciones y méritos, nos libra de los rayos de la di
vina justicia, alcanzándonos al mismo tiempo innu
merables auxilios de la infinita misericordia de Dios,
para salir del miserable estado de los vicios, refor
mar nuestras malas costumbres, y emprender el ca
mino de las virtudes.
Reconocen á su benéfica Bienhechora y Protecto
ra: excelencia y prerogativa, que la hacen derramar
continuamente sobre las personas y sobre los pueblos
multitud de inestimables beneficios; ya protejiendo
á aquellas contra las acechanzas de los enemigos vi
sibles é invisibles, y contra los frecuentes peligros de
perder la vida, que en la tierra, en el mar y en todas
partes nos rodean; y ya defendiendo á estos de las
terribles calamidades de la guerra, del hambre, de
la peste y otros espantosos males, que hubieran cau-
la
sado su total ruina, á no ser por la intercesion de su
poderosísima protectora la Virgen María.
Reconocen á la amabilísima y amorosísima Madre
de todos los hombres: excelencia y prerogativa, que
recibió Maria Santísima de su divino Hijo al pié de
la Cruz, cuando dijo á cada uno de los hombres en
persona da San Juan: —Hé ahí á tu Madre, hablando
de la Virgen; y á esta:—Hé ahí á tu hijo, refiriéndose
á San Juan ¡cualidad escelsa! por la cual, manifes
tando un amor incomparablemente mucho mayor y
mas tierno, que de todas las madres para con sus
hijos, vive en el cielo siempre solícita de la felicidad
espiritual y temporal de los hombres, siendo el am
paro de los necesitados, el auxilio de los pobres, el con
suelo de los afligidos, el alivio de los enfermos, el
apoyo de los justos, la esperanza y el refugio de los
pecadores. ¡Cualidad augusta y consoladora! que
considerada atentamente por sus verdaderos devotos
los obliga á amar entrai' ablemente & la Santísima
Virgen, llenando sus corazones da a¡uel dulce con
suelo que infunde el amor filial en los buenos hijos al
contemplar la dulce amable cualidad de Madre. ¡Oh
Virgen Purísima! no permitais que este amor de hijos
se aparte jamás de nuestros corazones. ¡Qué felices
y dichosos seriamos entonces, ó Madre amabilísima!
Finalmente, todo cuanto los fieles consideran y re
conocen en la Santísima Virgen, todo se convierte
en otras tantas excelencias y prerogativas, que la
hacen digna de nuestra veneracion, de nuestro culto
y de nuestro amor. Porque si consideramos la no
bleza de sus ascendientes, ella cuenta en el número
de sus projenitores una larga serie de Pontífices, de
Patriarcas, Profetas, de Héroes, Príncipes y Reyes.
Si contemplamos su Concepcion; ella fué exenta en
el primer instante de su ser, de la infeccion del peca
do original, y santificada por la virtud y gracia del
X
Espíritu Santo. Si atendemos á su nacimiento, él fué
deseado por los Patriarcas, anunciado por los Profe
tas, y con él vino al mundo la alegría, el gozo, la paz
y la felicidad, como canta la Iglesia. Si á su nombre;
él es el nombre mas augusto, el mas dulce y suave
despues del de Jesus, y significa Estrella del Mar, y
Señora que ilumina. Si á su vida, estado y dignidad;
María fué siempre un perfecto modelo de todas las
virtudes., siempre Virgen Purísima, esposa fiel, des
consolada Viuda y Madre verdadera de Jesucristo.
Si á su gloria, oficio y poder en los cielos; allí es en
salzada sobre todos los coro , de los Angeles, Arcaíce
les, Querubines y Serafines; y allí es ¡a abogada, Pro
tectora é Intercesora entre Dios y los hombres. Si ¡i
su amor en fin, para con sus verdaderos devotos, y
aun para con todos los hombres; allí en los cielos,
es tambien nuestra amorosísima y ternísima Madre,
para favorecernos y socorrernos en todos nuestros
apuros y necesidades; y alií es tambien la Hija pre
dilecta del Eterno Padre, la Madre del Unigénito
Dios, la Espora Inmaculada del Espíritu Santo, el
Arca anta, el Templo Sagrado y el objeto digno de
las atenciones de toda la jantísima Trinidad: exce
lencias y prerogativas, que con todas las demás que
llevamos dichas, han impulsado en todos los tiempos
á los verdaderos cristianos y fieles devotos de la San
tísima Virgen, á tributar á esta excelsa Señora ve
neracion y culto, con toda la Iglesia Católica.
Con efecto, esta Maestra y Depositaría de la ver
dad, columna y firmamento de ella, como dice el
Apóstol, considerado y recono iendo en la Santísima
Virgen estas sublimes excelencias, como otros tantos
augustos títulos y poderosísimos motivos para exi
gir de nosotros amor, veneracion y culto; no solo ha
honrado y venerado siempre á la Madre de Dios, sino
tambien ha procurado establecer y propagar con pia-
XI
doso fervor este culto y veneracion en todo el órbe
oatólico. Díganlo si no, tantos magníficos templos y
altares, tantas sagradas imágenes, tantas solemnísi ■
mas fiestas y procesiones, tantas esclarecidas religio
nes, tantas ilustres cofradías y hermandades, erigi
das, celebra-las é instituidas en todo el mundo cató
lico, en honor y alabanza de la Santísima Virgen.
Empero entre todos los modos de honrar y alabar
á la Santísima Virgen, uno de los mas principales y
mas agradable á esta Divina Señora, y mas útil y
provechoso á los fieles, es indudablemente el Santísi
mó Rosario instituido per el Patriarca Sto. domin
go, propagado por sus hijos p ir todo el mundo, con
firmado con multitud de auténticos milagros, y enri
quecido con innumerables indulgencias y gracias
por los Vicarios de Jesucristo, los Romanos Pontífi
ces. Mas como el Rosario de la Santísima Vi gen,
puede considerarse como un sagrado modo de honrar
y alabar á la Madre de Dios; y como una cofradía ó
congregacion piadosa, en la cual se inscriben muchas
personas cristianas y i■evotas para alabar á esta es-
celsa Señora con este género de culto; por esta ra
zo1, hemos creido útil y conveniente dividir esta
Obra en dos secciones.
P'esentar, pues, una idea exacta de la esencia ¿el
Santísimo Rosario, de sus nombres mas célebres é
insignes de la dignidad y grandeza de sii materia y
objeto, y de su órden admirable: demostrar el órden
y brevedad de la oracion del Padre nuestro, su sufi
ciencia, eficacia y necesidad, y que Jesucristo es su
divino autor: esplicar el exordio ó preámbulo y cada
una de las siete peticiones A?, esta celestial oracion, y
las palabras del Ave María y del Santa María, con
arreglo á la doctrina de los SS. Padres, Doctores do
la Iglesia y sagrados espositores, como partes de que
se compone el Santísimo Rosario, manifestar las prin
XII
cipales grandezas del nombre de Jesus, y las singula
res prerogativas de la Salutacion Angélica: probar,
que la devocion del Santísimo Rosario, despues de la
frecuencia de los Santos Sacramentos, es un camino
fácil y breve para llegar á la cumbre de la perfeccion
cristiana, siguiéndose un método práctico, fácil y
provechoso para rezar el Santo Rosario con fruto,
unas breves meditaciones sobre los misterios gozosos,
dolorosos y gloriosos, y las solidísimas razones en
que se funda dicho método: tratar de las disposicio
nes con que debe rezarse para que esta devocion sea
agradable á Dios y á la Santísima Virgen, no muy
conocidas hasta ahora de los fieles; y finalmente,
referir los maravillosos y admirables frutos del San
tísimo Rosario, sus gloriosos triunfos contra los im
píos y contra los herejes, refutándose al mismo tiem
po las vanas y ridiculas razones de que se valen para
impugnar tan santa y piadosa devocion: tal es la
materia importante, que con otras no menos útiles y
necesarias, comprende la primera parte.
Dar asimismo noticias históricas y muy curiosas
acerca del noble origen de la Cofradía del Santísimo
Rosario, de su rápida propagacion, deplorable deca
dencia y gloriosa restauracion, con la vida en com
pendio de Sto. Domingo su ilustre fundador: demos
trar los inestimables bienes que resultan á la Iglesia
por contener en su seno la Cofradía del Smo. Rosa
rio, su virtud y poder para conciliar los ánimos,
apaciguar las discordias y destruir las herejías, ha
blándose con estemntivo del estado político y religio
so de las naciones de Oriente y Occidente en el siglo
XIII; espresar en dos estensos catálogos todas las in
dulgencias plenarias concedidas por varios Sumos
Pontífices á los devotos y cofrades del Santísimo Ro
sario, con varias advertencias preliminares para po
derlas lograr con fruto: hacer ver, que dichos cofra-
XIII
des y devotos esperimentan una especial proteccion
de la Sma. Virgen en la vida y en la muerte, y que
esta benignísima Señora libra sus almas de las penas
del purgatorio, mediante su poderosísima intercesion:
manifestar la dignidad, justa celebridad y esclarecida
fama de la cofradía del Santísimo Rosario, la suavi
dad de sus constituciones ó leyes y su fecundidad ad
mirable: describir el piadoso origen, órden, pompa y
magnificencia de las procesiones y demás festividades
de los cofrades del Santísimo Rosario, y especialmen
te de su fiesta principal el primer domingo de Octu
bre; haciéndose con este motivo una bellísima des
cripcion de la estraordinaria y singular hermosura
de nuestra Señora del Rosario, aplicándola la que el
Esposo hace de su Esposa en el sagrado libro de los
Cantares: hablar por último, de los triunfos conse
guidos por los cofrades del Santísimo Rosario contra
los herejes y los impíos, y confundir su temeraria
osadía en mofarse de la necesidad indispensable de
inscribirse en el libro de la cofradía, concluyendo con
una viva y sentida exortacion á todas las naciones,
pueblos y personas de cualquier estado, clase y con
dicion que sean, á alistarse bajo el glorioso estandar
te del Santísimo Rosario, uniéndose á los hijos de tan
santa y piadosa Congregacion; este es el objeto, ade
más de otras cosas no menos importantes y curiosas,
á que se dirije la segunda parte.
Además de lo dicho, añádese tambien al fin de la
obra un apéndiee, que contiene lo siguiente: —Espli-
cacion parafrástica de la oracion del Padre Nuestro.
—Esplicacion parafrástica del Ave María.—Esplica-
cion parafrástica del Santa María.—Modo de bende
cir los Rosarios y las velas de la cofradía del Santísi
mo Rosario.—Modo de aplicar la indulgencia plenaria
concedida para el artículo de la muerte á los cofrades
del Santísimo Rosario.
XIV
¡Quiera Dios! que este breve tratado, en que hemos
procurado reunir lo mas útil, instructivo y precioso
que ;M hit ejcrilo pi.■ antiguos y modernos acerca
del Rosario de la Santísima Virgen, sirva para el ma
yor aumento de tan santa y saludable devocion.
Primera Parte.
QUE COMPRENDE
LAS EXCELENCIAS
del

SAITISIIO EOSAEIOi
CONSIDERADO COMO UN SAGRADO MODO

DE HONRAR Y ALABAR A LA SANTÍSIMA VÍRGEN.

EXCELENCIA I.
EXACTA Y VERDADERA DEFINICION DE¿ SANTÍSIM9
ROSARIO.

El Rosario es un modo sagrado de honrar y alabar


á María Santísima, en el cual, rezada ciento y cin
cuenta veces la salutacion Angélica ó Ave María, in
terponiendo entre cada d ez de esta, la oracion del
Padre nuestro; se meditan y consideran en quince
decenas de dichas Ave Marías, intercalados quince
Padre nuestros, los quince principales misterios de
—16—
nuestra redencion. Así definen el Santísimo Rosario
los Sumos Pontífices Leon X., Julio III., y San
Pio V. (1)

EXCELENCIA II.
NOMBRES CELEBRES DEL SANTISIMO ROSARIO.

Este sagrado modo de honrar y alabar á la Santí


sima Virgen, ha sido conocido en diferentes tiempos
bajo los cuatro nombres célebres de Guirnalda ó
Corona de Rosas; Salterio de la Virgen; Sagrada
Qniuquagena, y Santísimo Rosario. Espliquemos
cada uno de estos esclarecidos nombres.
Con razon es y se llama Guirnalda ó Corona de
Rosas, porque este modo de rezar está enlazado co
mo de otras tantas rosas, de quince Padre nuestros
y ciento y cincuenta Ave Marías, ofreciéndose á
la Santísima Virgen por sus devotos como una dia
dema ó guirnalda para adornar con ella su virgi-

(1) En sus Bulas.


—17—
nal cabeza. Sabido es cuan frecuente ha sido en ca
si todos los tiempos la costumbre de adornar con co
ronas de rosas y otras flores la cabeza de las vírge
nes. Mas pa^a demostrar la propiedad y ecsactitud
de este célebre nombre, oigamos el siguiente mila
gro, que refiere el sabio y juicioso Losow (1) Enti
biándose y estando casi enteramente estinguida la
devocion del Rosario, despues de la muerte de N. P.
Sto. Domingo su glorioso fundador, una horrible
peste causaba en cierto pais terribles estragos. Sus
infelices moradores, anciosos de remedio, corren al
desierto para suplicar á un Santo Anacoreta, que se
dignase encomendarlos á Dios en sus oraciones. El pia
doso Ermitaño movido de caridad y compasion, acude
á la Santísima Virgen, y postrado á la presencia de
su sagrada Imagen, la suplica de este modo: Sois,
Señora, abogada de pecadores: dignaos pues, socor
rer y amparar á estos infelices. "Concluida esta
breve y fervorosa oracion, apareciósele la Santísima
Virgen, y le dice., ¡Ay! dejaron mis alabanzas, y por
esta causa vinieron sobre ellos esos males. Diles,
que vuelvan á su antigua devocion, y luego al punto
esperimentarán mi amparo y proteccion. Yo ahuyen
taré de ellos la peste, si me saludaren 50 veces con
el Ave Maria, interponiendo entre cada diez saluta
ciones Angélicas la oracion del Padrenuestro. Ellos to
man inmediatament i tan saludable consejo, y for
mando unos globulitos ó cuentas, que les sirviesen
de otras tantas señales para ir contando las Saluta
ciones Angélicas divididas por decenas; abrazaron de
corazon este modo de orar. Mas deseando saber,
como deberia llamarse este modo de rezar, colocan
sobre el altar de la Virgen los globulitos ó cuentas
que hábian formado, y luego al punto ¡cosa admira-
(1) Sermon primero del Rosario.
2.
—18—
ble! se convierten en una guirnalda ó corona de flo
recientes rosas. Esta corona es distinta de aquella
otra, que practican y promueven con tanto fruto en
el pueblo cristiano los religiosos de san Francisco.
El modo de rezar de que vamos hablando, se llamó
desde el principio de su institucion, Salterio de la
Virgen; por que contiene ciento y cincuenta Ave
Marías, á semejanza del salterio de David, que cons
ta de ciento y cincuenta Salmos; cuya denominacion
está fundada en la razon siguiente. Los primeros fie
les de la Iglesia, mas perfectos y devotos que los de
los tiempos siguientes celebraban las divinas alaban
zas con el salterio de David, viendo puesSto. Domin
go, fundador del Smo. Rosario, que muchas personas
por su ignorancia, no sabían leer los salmos del Pro
feta Rey ni menos los entendían; acomodó el salterio
de la Virgen al Salterio de David, para que los rudos
é ignorantes no se privasen de alabar a Dios, á imita
cion de los primitivos fieles, rezando en vez de los cien
to y cincuenta Salmos, ciento'y cincuenta Salutacio
nes Angélicas ó Ave Marías.
Llámase tambien Qnínquagena Sagrada; porque
este modo de rezar se divide en tres partes, cons
tando cada una de cinco Padrenuestros, y cincuen
ta Ave Marías. La primera de estas partes, está con
sagrada á la meditacion de los misterios gozosos de
la vida de Jesucristo y de su Santísima Madre; la
segunda, á la de los dolorosos, y la tercera, á la de
Jos gloriosos. No se crea, qúe este número y di
vision es una mera arbitrariedad; pues la Santísima
Yirgen, que encargó al patriarca Sto. Domingo la
institucion del Smo. Rosario, le enseñó tambien el mo
do con que los fieles debian practicar tan Santa de
vocion para que se llenasen los piadosos fines, que
esta benignísima Seuora, al encomendarla, se pro
puso.
—19-
Pinalmente, llámase Rosario, no solo porque este
modo de orar está, dedicado á la Sma. Virgen, com
parada en los libros santos á las rosas de Jericó, y á
las que se crian en los apacibles dias de primavera;
mas tambien por los muchos razgos de semejanza mís
tica, que el Ave María y todo el Rosario tienen con
la rosa, como ahora veremos. 1.° La rosa nace de
su raiz: la Salutacion Angélica ó Ave María nace de
la Sma. Trinidad, como de su raiz de donde trae su
origon. «Esta Salutacion dice Alberto Magno, fué
dictada por Dios Padre, escrita por Dios Hijo, y con
firmada por Dios Espíritu Santo.» 2." La rosa con
tiene granos dentro de si, que causan cordial ale
gría.. la Salutacion Angélica contiene tambien en si
la semilla de la caridad, la cual produce la espiritual
alegría. «El cielo se ríe. dice S. Bernardo, los Ange
les secongratulan,loshombresse alegran, la tierra se
regocija, cuando digo, Ave Maria.» 3." La rosa es
parce suavísimo olor hasta cierta distancia: el Stmo.
Rosario estiende y hace sentir el deliciosísimo olor
de su poderosa virtud en el cielo, en la tierra y has
ta en el mismo infierno; en el cielo, deleita á Dios,
y á la Stma. Virgen, convida á los Angeles, y alegra
á los Santos; en la tierra, llena de consuelo á sus
devotos y destierra los vicios y pecados; en el in
fierno, aterra á los demonios, amedrenta á los con
denados y libra las almas del purgatorio. 4.° La rosa,
es medicinal y sirve para curar varias enfermedades
como dice Plinio: el Smo. Rosario es medicina uni
versal y cura todas las enfermedades así espirituales
como corporales. ¿De cuántas epidemias, de cuántos
contagios y enfermedades no ha librado á los pueblos,
á las provincias y reinos enteros el Sto. Rosario? ¿Y
cuántos infelices pecadores no hubieran muerto en
el miserable estado del pecado, á no ser por tan san
ta y saludable devocion?
—20—

EXCELENCIA III.
SANTO DOMINGO DE GUZMAN, ILUSTRE FUNDADOR DEL
SANTISIMO ROSARIO.

Pretenden algunos autores que el origen del Stmo.


Rosario debe remontarse hasta el tiempo mismo delos
Apóstoles; que los gentiles en el culto de sus Dioses
usaban de ciertos globulitos ó cuentas de barro en
lazadas á manera de rosario, para rezar cierto núme
ro de oraciones, usando de este rito mucho tiempo
antes de los Apóstoles; que estos para estinguir el
referido rito, instituyeron el Sto. Rosario, y propa
garon su devocion entre los fieles; y por último, que
de varias historias debe inferirse, que la devocion
del Stmo. Rosario es antiquisima, ó anterior al me
nos, á la época de Sto. Domingo. Por estas razones
son de sentir, que la devocion del Stmo. Rosario fué
instituida por los Apóstoles, trasmitida sucesivamen
te á los fieles, y practicada por estos desde los tiempos
primitivos de la Iglesia; y que olvidada casi entera
mente de los cristianos, fué solamente restaurada y
propagada por el fervoroso celo del glorioso Patriar-
Sto. Domingo. Asi privan á este gran santo y fervo
rosísimo devoto de la Virgen, de la gloria de haber
sido por eepreso mandato de esta misma Señora, el
—21—
verdadero y único fundador del Stmo. Rosario, como
vamos á demostrarlo.
Para convencernos mas facilmente de que el glorio
so Patriarca Sto. Domingo, fué el verdadero y úni
co fundador del Stmo. Rosario, se. hace indispensa
ble considerar en esta devocion dos cosas muy prin
cipales. 1." Las oraciones del Padre nuestro y Ave
Maria, de que se compone. 2".* El modo ó forma de.
rezarlas, de tal suerte, que entre las quince decenas
de Ave Marías se.ínterpongan quince Padre-nuestros
meditando al mismo tiempo quince misterios princi
pales de la vida de Nuestro Sr. Jesucristo y de su
Santísima Madre. Esto dicho, convenimos desde lue
go, en que las oraciones del Padre-nuestro y Ave
maria, fueron usadas y practicadas con suma. piedad'
por los Apóstoles, por los SS-. Padres, Doctores de la
Iglesia, y por todos los fieles; pero que lo fuesen del
mismo modo con que las dispuso y ordenó Santo Do
mingo en la devocion del Rosario, esto es lo que ab
solutamente negamos. Con efecto, nuestra madre la■
Iglesia, por el oráculo de su Suprema Cabeza los Su
mos Pontífices, ha reconocido y reconoce espresa—
mente á Sto. Domingo, por verdadero y único funda
dor del Santísimo Rosario. Así consta de las Bulas
de S. Pio V. (1) Gregorio XIII, (2) y Sisto V, (3)
Pero todavía se corrobora mas y mas esta Verdad,,
considerando el piadoso motivo que indujo á Santo
Domingo á instituir la devocion del Smo. Rosario-
Fué el siguiente.—Un monstruoso conjunto de here
jías, bajo el único nombre de Albigenses arrasaba
impíamente la Iglesia del señor en los reinos de Italia
y Francia. Coligados todos con el horrendo ysacríle-
go fin de abolir los Sacramentos, destruir la gerar-
(1) Consueverunt, año 1569.
(2) Monet Apostolus, 1573.
(3) Dum ineffabüia, 1588.
—22—
quia eclesiástica, y toda práctica de devocion cristia
na, lo llevaban todo á sangre y fuego, empeñándose
sobre todo en desterrar del corazon de los fieles el
culto de la Sma. Virgen, vomitando horribles blas
femias contra la dignidad y pureza de esta divina Se
ñora. Santo Domingo, que nada tenía en mas apre
cio, que el culto de Dios/de su Santísima Madre, sen-
tiasu almatrasi asada del mas vivo é intensodolor. Y
animado de los mas piadosos sentimientos para con
la Sma. Virgen, la suplicaba con incesantes ruegos,
defendiese su dignidad y honor contra la osadía de
aquellos blasfemos; que opusiese un remedio eficaz
contra la inundacion de tantos males; y por último,
no permitiese, que tantas almas redimidas con la
preciosísima sangre de su divino Hijo, fuesen sepul
tadas en el fuego de los infiernos. La Madre de mise
ricordia oye los ruegos de su siervo. Un dia estando
en fervorosísima oracion, apareciósele rodeada de un
vivísimo resplandor, y le dirige estas consoladora»
y dulcísimas palabras. «Domingo, ten valor.» Tú sabes
cuanto ha costado á mi amantísimo Hijo la salud de
los hombres. No, no quiere que perezcan. Este será
el remedio para tantos males que afligen á la Iglesia.
Anda, establece la devocion del Smo. Rosario, ensé
ñala á los hombres, y adviérteles, que, es una dovo .
cion muy agradable á mí, y á mi santísimo Hijo ipi
les, que ella será en la Iglesia de Dios un remedio po
derosísimo para destruir las heregias, estinguirlos vi
cios, promover las virtudes, y alcanzar misericordia
del Señor.» Inundada su alma de inésplicable gozo
con tan magestuosa vision, y alentado por la Sima.
Virgen, es indecible, con cuanto ardor y apostólico
celo principió Sto. Domingo á predicar la devocion
del Stmo. Rosario, recogiendo en todas part^'i los
mas abundantes frutos. Tal fué el verdadero motivo
que dió origen y principio á la devoción del Sto. Ro-
—23—
sario, como despues de otros sabios y fidedignos his
toriadores de esta santa devocion y de la vida de
Sto. Domingo, afirma Brovio tomo 13 de sus anales.
De donde se prueba claramente, ser el Patriarca Sto.
Domingo mandándoselo la Sma. Virgen, el verdadero
y único fundador del Stmo, Rosario.
Y á la verdad, si la devocion del Stmo. Rosario fué
conocida y practicada en la iglesia en los tiempos an
teriores á Sto. Domingo, como algunos pretenden,
«Como era posible, que una practica religiosa tan a-
gradabla á Dios y á su Stma. Madre, fuese desconoci
da á tantos Padres y Doctores de la Iglesia tan devo
tos de Maria? ¿Como hubiera podido dejar de practi
carse en tantas órdenes monásticas y mendicantes,
tan celosas todas de la veneracion y culto de la
Stma. Virgen? ¿Como en fin, el Eminentísimo Car
denal y sabio escritor César Baronie, y otros tantos cé
lebres historiadores de la Iglesia tan ecsactos y solí
citos en referir los testimonios mas antiguos de la
piedad cristiana para con la Madre de Dios, hubieran
dejado de hacer mencion del Stmo. Rosario, hasta el
punto de no hallarse en sus escritos una vez siquiera
el nombre de Rosario, hasta el siglQ 12, época en que
fundó esta devocion el Patriarca Sto. Domingo?
No importa que algunos historiadores digan, que
Pablo Libio monge, Pablo el ermitaño, el V. Beda, los
P.P. Cistercienses, los Cartujos, Sta. Gertrudis, S.
Noberto, y algunos otros, practicaron la devocion
de rezar cierto número de veces las oraciones del
Padre nuestro y del Ave Maria, sirviéndose para ello
de unos globulitos ó cuentas de barro, de madera,
ó de cristal. Nada importa, repetimos, porque esto
solamente prueba, que se acercaron algun tanto á la
devocion del Stmo. Rosario; pero no que la rezaren y
practicasen del mismo modo, órden y forma con que la
estableció y propagó su fundador Sto. Domingo. Este
—24—
órden, pues consiste en los tres puntos siguientes. 1*.
En haber dividido el Santo las ciento y cincuenta sa
lutaciones Angélicas entres distintas partes; llaman
do á la primera, parte gozosa; á la segunda ¿olorosa,
y á la tercera gloriosa. 2.° En haber interpuesto un
Padrenuestro entre cada diez de estas Salutaciones
Angélicas. 3." En haber colocado para su meditacion
en cada decena de dichas salutaciones, uno de los
quinces principales misterios de la vida de Jesucris
to, ó de su Santísima Madre.
Finalmente, decir, que los gentiles usaron de una
especie de globulítosó cuentas enlazadas á manera de
rosario, y que los Apóstoles tomaron de ellos este ri
to y lo enseñaron a los fieles; no solo carece de todo
fundamento, sino que ademas nos parece una asercion
absurda y exserable, pues hace á los Apóstoles imi
tadores de los idólatras. No, mas creíble es, que sa
tanás, habiendo obsérvado estos globulitos en forma
de rosario entre los cristianos, los introdujese tam
bien entre sus adoradores; porque tal es la astucia
del diablo, que aquello mismo que los cristianos usan
en honor y culto de Dios y de su Santísima Madre,
él lo convierte en instrumento de malicia y de ini
quidad.
-25—

EXCELENCIA IV.
DIGNIDAD Y GRANDEZA DE LA MATERIA O PARTES
ESENCIALES DEL STMO. ROSARIO.

La materia ó partes esenciales de que se compone


el Santísimo Rosarle, son las oraciones del Padre
nuestro y Ave Maria; cuya grandeza y dignidad nos
declaran el V. P. Quempis, y el B. Alano en sus ad
mirables y piadosos escritos, del modo siguiente.
«Entre todas las oraciones y las alabanzas de Dios,
dice primero, (1) no hay ninguna mas santa, nin
guna mas agradable á Dios, ni mas gustosa á los
Angeles, que la oracion del Padre-nuestro. Ella es
cede los deseos de todos los Santos, contiene en si
perfectamente las esperanzas de todos los Patriar
cas, los oráculos y vaticinio de todos los Profetas,
y todas las palabras suavisímas de los salmos y de
los cánticos. Ella alaba y engrandece á Dio)*, pide
todas las cosas necesarias, elévase sobre la tierra,
remóntase sobre las nubes, entra en los cielos, pasa
mas allá de los coros de los Angeles; y penetrando
hasta el escelso trono del Omnipotente, une la tierra
con el cielo, la criatura con su criador, al hombre con
su Dio?.
(1) Enchiridion 6 manual dt los mongeZ
—26—
No es menos elocuente y espresivo el B. Alano,
hablando de la dignidad y grandeza del Ave María.
Dice pues así: (2) «Escuche, ó Maria, oiga el amador
de tu santo nombre. El cielo se alegra, la tierra se
pasma, cuando digo, Ave maria. Desvanécese la pere
za, auyéntase la tristeza, viéneme la alegría, cuando
digo Ave María. Crece la devocion, reanimase la es
peranza, avivase la fé, auméntase la caridad, cuando
digo, Ave Maria. Alégrase mi espiHjtu, fortalécese mi
corazon, consuélase mi alma, cuaadodigo Ave Maria.

EXCELENCIA V.
DIGNIDAD Y GRANDEZA DEL OBJETO DEL SANTÍSIMO
ROSARIO.

El objeto ó fin principal de la devocion del santísi


mo Rosario, es sin duda el mas noble, el mas grande,
digno y escelente, que puede imaginarse. ¿Hay á la
verdad, cosa alguna mas grande mas digna y escelen-
te, que la vida de todo un Dios, hecho hombre, y la
de su Santísima madre? Pues la consideracion y medi
tacion de sus principales misterios, tal es el princi
pal objeto del santisimo Rosario. Todas las demás co
sas que en él se practican, no son mas que como
unos medios que se ordenan á un fin y á un objeto
mas principal, cual es la comtemplacíon de dichos
(2) Salterio de la Virgen
—27—
misterios. Por otra parte, atendido su objeto, el San
tisimo rosario viene á ser como una suma del Evan
gelio y un compendio del antiguo Testamento. Por
que todo lo que desearon los Patriarcas, todo lo que
representaron las figuras, todo lo que anunciaron los
Profetas, predicaron los Apóstoles, y enseñaron los
Doctores de la Iglesia; todo lo que tiene en si el obje
to del Santísimo Rosario, que es la meditacion de los
misterios de Jesucristo. Con efecto Jesucristo y sus
misterios fueron en laley antigua el principal blan
co de los deseos de los Patriarcas, de las representa
ciones y figuras, y de los oráculos de los Profetas; y
en la nueva, el frecuente asunto de la predicacion de
los Apóstoles, de las interpretaciones de los sagrados
Espositores, y de los"escritos de los Doctores y Teó
logos de la Iglesia.

EXCELENCIA VI.
ADMIRABLE ORDEN DEL SANTÍSIMO ROSARIO.

Bajo qualquier aspecto que consideremos el Stnitf .


Rosario, en todo le hallaremos perfecta y hermosa
mente ordenado. ¿Quieres bella y recta disposicion?
Si consideras el todo; él está dispuesto á semejanza
del Salterio de David, cuyo uso es frecuentísimo on
toda la Iglesia. Si atiendes á sus partes; al Santisi-
—2«—
mo Rosario precede la señal de la cruz, como signo
de nuestra redencion; sigue despues el acto de con-
triccion, como manifestacion del arrepentimiento
de nuestros pecados; antepónese el Padre nuestro á
las Ave Marías, como sólido fundamento, que ha
ga mas firmes y agradables á Dios nuestras súplicas;
y finalmente medítanse los principales misterios de
la vida de Jesucristo y de su Santisima Madre, como
sagrado fin á que se dirige el santisimo Rosario.
¿Deseas brevedad? Él es breve en las palabras, aun
que profundo en los conceptos; corto en las oraciones
pero grande, magnifico y sublime en virtud, en docu
mentos y misterios. ¿Buscas facilidad? Á todos es fá
cil rezar el rosario; á los sabios y á los ignorantes;
á los grandes y á los pequeños; á los ricos y á los
pobres: á los hombres y á las mugeres; en casa, en
la ciudad, en el campo, en la tierra, en el mar, en
la guerra, en la paz, en la salud, en la enfermedad,
en fin en todos tiempos, y lugares y circunstancias,
se puede rezar el santo rosario, ¿Deseas por ultimo,
santidad, piedad y devocion? Qué cosa mas piadosa,
devota y santa que el santisimo Rosario? En él se
meditan los misterios mas santos y profundos de
nuestro adorable Redentor; en él se alaba á Dios y á
la Stma. 'Virgen con unas oraciones celestiales y di
vinas, y en él se escita la piedad y devocion de los
fieles con una práctica religiosa, facil, útil y prove
chosa.

f
—29—

EXCELENCIA Vll.
NUESTRO SEüOR JESUCRISTO, AUTOR DE LA ORACION
DEL PADRENUESTRO, PARTE DE QUE 8E COMPONE
EL SANTISIMO ROSARIO.

Queriendo enseñar Nuestro Señor Jesucristo á sus


Apóstoles un modo de orar breve, facil y eficaz, les
dijo ele esta manera: «Cuando oreis, no querais ha
blar mucho, como lo hacen los gentiles piensan que
por mucho hablar han de ser oidos: no querais voso
tros ser semejantes á ellos: asi pues habeis de orar.
«Padre nuestro, que estás en los ciclos; santificado,
sea el tu nombre: venga á nos el tu reino: hágase tu
voluntad: asi en la tierra, como en el cielo. El pan
nuestro de cada dia: dánosle hoy: y perdonanos
nuestras deudas: asi como nosotros perdonamos á
nuestros deudores: y no nos dejes caer en la tenta
cion: mas líbranos de mal. Amen.» Por estas pala
bras de Jesucristo, que refiere San Mateo (1) se ve
claramente, que el mismo Hijo de Dios, fué el autor
de la oracion del Padre nuestro. No, no es el hombre,
no es el Ángel, dice San Cipriano, sino el sumo Doc
tor y Maestro celestial Jesucristo, quien nos enseñó
(1) Captt. 6 de su Evangelio.
—30—
á orar de esta manera. Y dando S. Agustín la razon
de habernos enseñado á orar de este modo el mismo
Jesucristo, dice asi: (1) Porque la estupidez del en
tendimiento del hombre y su ignorancia de las cosas
divinas, no podia descubrir ni saber el modo de orar
dignamente á Dios; por esta causa, nos enseñó como
debíamos orar, el mismo Jesucristo nuestro Señor y
Maestro.

EXCELENCIA VIH.
ADMIRABLE ORDEN Y BREVEDAD DE LA ORACION DEL
PADRENUESTRO.

Asi como la ley evangélica, lo cual comprende to


das las promesas y todos los preceptos de la ley anti
gua, está abreviada ó compendiada en los dos precep
tos siguientes: Amarás á tu Dios con toda tu alma
y con todo tu corazon, y á tu projimo como á ti mis
mo: así tambien fué dada por Cristo una oracion bre
ve, fácil y acomodada á todo sexo y á toda celad. Sabia
muy bien el divino Maestro, que la brevedad sirve
en gran manera para la mas fácil inteligencia de las
cosas, y para escitar la devocion; por que es induda
ble, que mas facilmente se conciben las cosas dichas
(1) Sermon 126.
—31— .
con brevedad, que las pronunciadas larga y difusa
mente, las cuales entibian el fervor y la devocion.
Es muy conveniente, dice el angelico Dr. Sto. Tomás,
que la oracion dure solo tanto tiempo, cuanto sea
útil y necesario para escitar el fervor y la devocion;
mas cuando escede esta medida de suerte que no se
puede perseverar en ella sin tedio, no se ha de prolon
gar entónces la oracion. Ademas de esta brevedad
admirable contiene tambien la oracion del Padre
nuestro en sus peticiones un órden maravilloso y di
vino. En ellas pedimos primero las cosas que perte
necen á la honra y gloria de Dios; despues las que
miran á nuestra salud, y en estas, primeramente las
que se dirigen á la salud espiritual, y últimamente
las que pertenecen á la corporal. Pero de las peticio
nes que contiene el Padre-nuestro, hablaremos mas
estensamente, cuando tratemos de cada una de ellas
«n particular.

EXCELENCIA IX.
SUFICIENCIA Y EFICACIA DE LA ORACION DEL
PADRENUESTRO.

La suficiencia de la oracion del Padre-nuestro


consiste, en que contiene en si todo lo que podemos
—32—
pedir á Dios maj útil y necesario para nosotros.
«Si reflexionas, dice S. Agustin (1) sobre todas las
palabras de las demas santas oraciones, nada halla
rás, segun yo creo, que no contenga en si aquella
oracion del Sañor ó del Padre-nuestro «¡Oh! cuan
tos y cuan grandes son, esclama S. Cipriano (2) los
arcanos encerrados en esta oracion del Padre-nues
tro! oracion breve pero abundante en virtud espiri
tual. Nada hallarás en nuestras oraciones, que no esté
comprendido en ella, como en une impendio■ de doc
trina celestial.* Y si tanta es la suficiencia de la
oracion del Padre-nuestro, ¿qué diremos de su poder
y eficacia? Ciertamente, ninguna oracion puede ha
ber mas poderosa y eficaz para mover á misericordia
al eterno Padre, que la oracion de su unigenito Hijo.
¿Qué oracion mas poderosa y eficaz como dice el ci
tado P. S. Cipriano, puede haber para con Dios Pa
dre que aquella que fué enseñada por boca de su
Hijo, sabiduría infinita y suma verdad? «Ah!. escla-
ma S. Juan Crisóstomo, no es discípulo de Jesucris
to, el que no ora como enseñó Jesucristo! Ni el eter
no Padre oye benignamente las palabras que pensó
la razon humana, sino las que dictó la sabiduría de
su Hijo.» Escuchen, pues, llenas de un profundo te
mor y respeto, estas terribles palabras de uno de los
Padres mas elocuentes de la Iglesia, aquellas perso
nas que tienen todas sus delicias en leer libros impí
os y novelas obscenas avergonzándose de rezar siquie
ra un Padre nuestro y un Ave Maria, como devocion
propia de beatas, de viejas, ó de anacoretas. Oigan-
las tambien con el mismo temor y respeto aquellas
otras, que ocupadas dia y noche en leer dichos libros
(1) Carta 121.
(2) Sermon 6 sobre la oracion del Padre-nues
tro.
—33—
y novelas, aun nos arguyen diciendo: leer es induda
blemente mas gustoso y deleitable, que rezar el Pa
drenuestro y el Ave María; y por otra parte, leer es
de personas cultas y de talentos ilustrados, mientras
que la devocion de rezar dichas oraciones es solo pro
pia de viejas, de gente rústica y plebeya. Así despre
cian y se burlan impíamente del Padrenuestro y del
Ave María, aquellas personas que ignoran el alto
origen, la dignidad, le grandeza, virtud y eficacia de
estas divinas oraciones. Rezar el Padrenuestro, aque
lla oracion santísima que enseñó el mismo Jesucristo.
sabiduría infinita y eterna; rezar el Ave María, aque
lla salutacion divina, que el Altísimo envió á la Vir
gen Santísima por medio de un Arcángel; rezar estas
oraciones, que traen su origen del Cielo, ¿es una ocu
pacion digna solamente de beatas, de viejas, de niños,
de gente rústica y plebeya? ¡Olí ceguedad lamenta
ble! ¿Cómo no ven los que así piensan, que leyendo
esas novelas obscenas, esos libros impíos, siguen la
voluntad del demonio que los sujirió, y desobedecen
á Dios que nos reveló las oraciones del Padrenuestro
y del Ave María, para que los rezásemos? ¿Cómo ig
noran, que estas divinas oraciones fueron bajadas del
Cielo para la instruccion y enseñanza de todas las
naciones y pueblos de la tierra, que tuviesen la dicha
de recibir la luz del Evangelio.

Excelencia X,
Necesidad de la oracion del Padrenuestro.

Siendo el hombre impotente por sí mismo por la


ignorancia de su entendimiento■, para hallar el modo
digno de orar á Dios y conocer las cosas espirituales,
coyo conocimiento le es tan necesario para la salvan
3
—34—
cion de su alma; de aquí, la necesidad de la oracion
del Padrenuestro, en la cual nuestro Divino Salva
dor y Maestro nos enseñó no solamente el modo dig
no de orar á Dios, como dice San Agustin, sino tam
bien las cosas espirituales que mas necesitamos, y
que con mas instancia y fervor debemos pedir á Dios.
Entre estas, las que mas necesita el hombre pedir á
Su Divina Magestad, son concesion de bienes y priva
cion de males. Y como todos los bienes respecto de
nosotros, pueden reducirse á bienes de gloria, de gra
cia y de naturaleza, y todos los males, á males de
culpa ó de pena; comprendiéndose todo esto en las pe
ticiones de la oracion del Padrenuestro, se sigue le
gítimamente, que esta oracion es absolutamente ne-
nesaria al hombre, para pedir á Dios aquellas cosas
espirituales, que le son mas necesarias, útiles é im
portantes.
Pedimos bienes de gracia, cuando decimos:—San
tificado sea el tu nombre: por que pedimos, que el
santo nombre de Dios sea conocido, alabado y adora
do por todos los pueblos y naciones; lo cual no puede
verificarse sin el auxilio de la divina gracia. Pedi
mos bienes de gloria, cuando decimos:— Venga á nos
el tu reino: esto es, que gocemos de aquella celestial
bienaventuranza, que en esta vida creemos y espera
mos alcanzar en la otra. Y para que lleguemos á la
posesion de tan inefable bien, pedimos tambien el mo
do de conseguirlo, diciendo:—Hágase tu voluntad,
así en la tierra como en el Cielo: obedeciendo nos
otros, Señor, á vuestra divina voluntad, tan alegre
y prontamente aquí en la tierra, como los Ángeles la
obedecen en el Cielo. Pedimos bienes de naturaleza,
cuando decimos:—El pan nuestro de cada día, dá
noste hoy: entendiendo por esta palabra Pan, no so
lamente la sagrada Eucaristía y la palabra divina,
que alimentan la vida espiritual del alma, mas tañí-
-35-
bien, todas las cosas necesarias para conservar y
sustentarla vida del cuerpo; llamándole Pan de cada
dia, para que no vivamos demasiado solícitos del sus
tento para el dia de mañana, segun el precepto del
Evangelio. Pedimos preservacion de los males de la
culpa, cuando decimos:— Y perdónanos nuestras
deudas: aquella satisfaccion perfecta con que debe
mos desagraviar á Dios por las injurias y ofensas que
hacemos á Su Divina Magestad, cuando gravemente
le ofendemos. Mas cuanto debemos temer, que si an
tes no perdonamos nosotros á nuestros prójimos que
nos ofendieron, Dios, que atiende mas al interior .del
.corazon que aJ sonido de las palabras, nos reprenda,
diciendo: ¿Por qué, tú, pecador, tú que aborreces la
misericordia, te atreves á pedirme te perdone, á tí,
que falsamente dices haber perdonado á tus prójimos
y hermanos? por eso añadimos: —Asi como nosotros
perdonamos á nuestros deudores: testificando con
estas palabras, que queremos imitar la misericordia
de Dios, perdonando de corazon á nuestros enemigos
y que deseamos ser medidos con la misma medida, ó
perdonados del mismo modo que nosotros perdonáse
mos á nuestros prójimos. Pero camo entre los males
de la culpa, no es el menos principal la tentativa, por
eso proseguimos:— Y no nos dejes caer en la tenta
cion: no sea que vencidos por las que á cada paso nos
presentan el demonio, el mundo y nuestra propia
concuspicencia, quebrantemos tus divinos manda
mientos. Pedimos, por último, que nos libre de los
males de la pena, cuando decimos:—Mas líbranos de
mal: de las enfermedades, pestes, guerras y demás
calamidades de esta vida presento que merecemos y
esperimentamos, como pena y justo castigo de nues
tros pecados; comprendiéndose en esta peticion prin
cipalmente el mayor de .todos los males, que es la pe
na eterna del infierno.
36 —

Excelencia XI.
Explicacion de los santos padres y sagrados
espositores sobre el preámbulo ó exordio de la
oracion del padrenuestro.

En esta celestial y divina oracion del Padrenues


tro, distinguen los Teólogos con San Agustin, des
pues del preámbulo ó exordio, siete saludables peti
ciones: todo lo cual vamos á explicar con la doctrina
de los Santos Padres y Sagrados Espositores, para
instruccion de los fieles.

Preámbulo ó exordio
de la oracion del padrenuestro.

Padrenuestro, que estáis en los Cielos.

ESPLICACION.

Padrenuestro. Por estas palabras invocamos y


dirijimos nuestras peticiones á Dios, á quien llama
mos con el dulce y afectuosísimo nombre de Padre,
por habernos criado, reengendrado, redimido, adop
tado y llamado como á verdaderos hijos suyos á la
herencia de la gloria eterna. Por esta dulcísima pa
labra Padre, somos advertidos de los muchos é in
comparables beneficios que Dios nos dispensa, y por
lo tanto de la suma reverencia, profundo respeto y
—37—
filial amor, con que debemos pedirle, honrarle, amar
le y agradarle. Pues como di e San Agustin: «Con
este amabilísimo nombre de Padre, se escita el amor
y cierta fundada confianza de alcanzar lo que se pide;
porque... ¿qué cosa hay que el hijo no espere conse
guir de su padre? Nuestro. No dice aquí Jesucristo,
Padre mio, aunque es el unigénito de Dios Padre
por naturaleza, como enseña la fé; sino Padre nues
tro, para darnos á entender, que Dios es padre de
todos los hombres, y por consiguiente, que todos so
mos hermanos y debemos orar y pedir mútuamente
unos por otros. Que estas en los Cielos. Tú, ó Dios,
Padre nuestro, que resides mas principalmente en los
Cielos, y desde allí dominas y gobiernas eegun tu
voluntad á todo el universo. Significan tambien estas
palabras, que el que pide á Dios nuestro Padre, debe
levantar su espíritu de la tierra á los cielos, en don
de Dios manifiesta mas particularmente su gloria á
los Angeles y á los Santos, como dice San Juan Cri-
sóstomo.

Excelencia XII.
EsPLICAC.ON DE LOS MISMOS SOBRE LA PRIMERA PETI
CION DE LA ORACION DEL PADRENUESTRO.

Santificado sea el tu nombre.

ESPLICACION.

Esto es, como esplica San Agustin, San Juan Cri-


sóstomo y otros Santos Padres: concédenos, Señor,
que tu santo nombre, y no el de los ídolos y demo
—38—
nitfs, sea cjnosido, honrado y alabado por todos íoV
hambres. Para la perfecta inteligencia de esta peti
cion, debj saberse, que de tres modos podemos consi
derar el nombre dá Dios. Primero, en cuanto signifi
ca el mismo Dios: y en este sentido pedimos, que Dios'
sea santificado. Segundo, en cuanto significa la hon
ra y gloria de Dios: y en este sentido pedimos, que su
nombre sea celebrado y ensalzado por todos. Terce
ro, en cuanto significa los atributos de Dios: y en es
te sentido pedimos, que su omnipotencia, su sabidu
ría, su bondad, santidad, justicia y demas atributos.
de Dios, sean reconocidos, alabados y venerados por
todas las criaturas. Ademas, no solo pedimos en esta
petcion la santificacion de Dios, sino tambien nues
tra propia santificacion. Espliquemos esto con mas.
claridad.
Dios, como infinito en todos sus atributos y per
fecciones, nada puede recibir del hombre que pueda
aumentar ó disminuir estos atributos y estas perfec
ciones; esto es, su bondad, santidad, omnipotencia
etc., que por sí mismo tiene desde toda la eternidad.
Pero cuando nosotros pedimos, que sea santificado su
santo riorilbre, esto es, que Dios sea reconocido, ala
bado y amado p >r to 'os los hombres, y no contentos
con esto, nosotros mismos le alabamos, confesamos y
amamos; entonces sé infunden en nosotros varias
virtudes, (Jomo la fé, lá caridad, esperanza, religion,
etc., por medio de las cuales rio's santificamos nos
otros mismos interiormente, y Santificamos á Dios
esterioriüente, es decir, respecto de lds demas hom
bres; pues por' nuestra santidad, justicia,. bondad,
etc., confiesan, áíaban y calebran la santidad dé Dios,
su justicia, su bondad, etc.
-30—

Excelencia xIII.
ESPLICACION DE LOS MISMOS SOBRE LA SEGUNDA PETI
CION DE LA ORACION DEL PADRENUESTRO.

Venga á nos el tu reino.

ESPLICACION.

Cuatro son los reinos de Dios. El primero es el


dominio de Dios sobre todas las criaturas, del cual
dice David: Tu rezno, reino de iodos los siglos, y tu
dominacion sobre todas las generaciones. El segun
do es el reino de la gracia y de la fé, por el cual rei
na Dios en las almas de los justos y de los verdaderos
fieles. «La peticion es, dice San Ambrosio, que esté
en nosotros el reino de Cristo; y si Cristo reina en
nosotros, ya no reina la culpa ni el pecado, sino la
virtud, la gracia, la devocion. El tercero es el reino
del Cielo, en el cual reina Dios sobre los Bienaventu
rados por la gloria.» «Con razon pedimos, dice S. Ci
priano, el reino celestial, porque tambien hay otro
reino terreno; y por esto, el que se entrega á Cristo
no desea el reino de la tierra, sino el reino del Cielo.
El cuarto reino de Dios es aquel en que vencidos en
teramente el demonio, la muerte y el pecado, domir
Hará Dios solo, no tan solamente sobre sus amigos
—40—
íos santos, sino tambien sobre todos sus enemigo*
los impíos, los reprobos ó condenados; el cual reino■
se establecerá perfectamente despues de la resurrec
cion y juicio universal para permanecer siempre y
por toda la eternidad. Este último reino, pues, es eí
que principalmente pedimos por estas palabras: Ven
ga á nos el tu reino.■ Y es como si dijesemos: Te
pedimos, Señor, que tú reines gloriosamente sobre
los Santos por la Gloria, y sobre los reprobos ó con
denados por tu justicia y venganza eterna; y que'
trasladados de este miserable mundo, como de un lu
gar de penosa peregrinacion, al reino de la gloria,
nuestra verdadera patria, reinemos con Cristo y sus-
éscojidos por toda la eternidad.

Excelencia XIV.
EXPLICACION DE LOS MISMOS SOBRE LA TERCERA PETI
CION DE LA ORACION DEL PADRENUESTRO.

Hágase tu voluntad,
iisl en la tierra como en el cielo;

ESPLICACION,

Dos voluntades principalmente consideran los*


Teólogos en Dios. Una, por lá que Dios quiere que■
absolutamente se verifique alguna cosa, la cual sie■m
-41=
pre é infaliblemente se cumple, y ninguna fuerza, nin-'
guná fuerza, ningun ©bstáculo puede impedir ó re
tardar, segun aquello del Salmo 113. Todas las cosas
que quiso el Señor, hizo en los Cielos y en la tierra.
Otra, aquella en que por sus leyes y preceptos nos
manifiesta Dios, lo que quiere que nosotros hagamos:
y de esta segunda voluntad entienden los Santos Pa
dres esta tercera peticion; cuya inteligencia, segun
;> San Gerónimo y San Crisóstomo, es la siguiente:
Concédenos, Señor, tu copiosa y eficaz gracia para
que con ella cumplamos perfectamente tus leyes y
preceptos en la tierra, como los Angeles los cumplen
y obedecen en el Cielo. Pero ¿cuál es la voluntad de
Dios respecto de los hombres? Nuestra santificacion,
responde San Pablo: (1) «La voluntad de Dios, dice
San Cipriano, (2) amplificando la doctrina del Após
tol, es la qUe enseñó y cumplió su Hijo Jesucristo, á
saber: la humildad en el trato, el rubor en las pala
bras, la justicia y misericordia en las obras, el arre
glo en las costumbres, perdonar las injurias, amar á
Dios de todo corazon, unirnos inseparablemente á
Cristo y confesarle con valor: esto es cumplir los pre
ceptos do Dios, y esto obedecer la voluntad del Eter
no Padre.
(1) Carta primera á los Tesalonicences .
(2) Tratado de la oracion del Padrenuestro;
-42-

Excelencia XV.
EXPLICACIÓN DE LOS MISMOS SOBRE LA CUARTA PETI
CION DE LA ORACION DEL PADRENUESTRO.

El pan nuestro de cada dia, dánoste hoy.

ESPLICÁCION.

Despues de haber pedido en las tres peticiones


anteriores las coaas que pertenecen al honor de Dios,
principiamos ya á pedir en esta, las que tocan á
nuestro particular provecho. Y es como si dijesemos:
Danos, Señor, todo lo necesario para alimentar y con
servar la vida, que bajo el nombre de Pan, propia
mente llamamos nuestro, porque fué destinado por
tu divina providencia, no para los Ángeles, sino para
nosotros los hombres, débiles y mortales. De cada
dia. Así lo llamamos, porque cada dia debemos pro
curar el alimento de la vida pidiéndoselo á Dios, y no
siendo demasiado solícitos de lo que debemos comer
y beber el dia de mañana, como dice Jesucristo en
el Evangelio. Mas como todos nuestros esfuerzos se
rian inútiles y vanos para proporcionarnos este pan:
este pan, este alimento que nos suministra la divina
providencia, y deseamos, como dice San Agustín (1)
(1) Sermon 135.
—43—
creibirlo de Dios, Santificado y distribuido por su po
derosa mano para que no nos cause daño; por esto■
añadimos: Dánosle hoy: en todo tiempo, en toda ho
ra, en cada instante y en cada momento de nuestra
vida; pues no hay tiempo, instante ó momento de
toda ella, en que no necesitemos ser atendidos y so
corridos, ó Dios, por tu divina providencia.

Excelencia XVI.
ÜSPLICACION DE LOS MISMOS SOBRE LA QUINTA PETICIÓN
DE LA ORACION DEL PADRENUESTTO.

Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros


perdonamos á nuestros deudores.

ESPLICACION.

Hasta aquí, en las peticiones anteriores, hemos


pedido concesion de bienes: ahora en las tres últimas
pedimos privacion de males. Y como entre todos los
males, el mayor de todos es el pecado, que junto con
la pena eterna y temporal que por él merecemos, es
lo que aquí se entiende por esta palabra deudas, por
eso decimos: —Perdónanos nuestras deudas: esto
es, nuestros pecados y la pena eterna que por ellos
merecemos, y tambien la pena ó castigo temporal,
al que aun despues de perdonados somos acreedores,
y que en esta ó en la otra vida hemos de sufrir ne
-44—
Cesáriamente. Asi como nosotros perdonantos á
nuestros deudores. Es decir, así como nosotros per
donamos á nuestros eneAigos las ofensas que nos hu
bieren hecho. Sabido es, que los que no quieren per
donar á sus enemigos, mienten en. la presencia de■
Dios, cuando rezan el Padrenuestro, y se hacen in
dignos de que Dios les perdone sus pecados, pues es
ta es la condicion que Dio i exije de nosotros, segun
aquellas palabras de Jesucristo: «Si vosotros perdo
nareis á los hombres sus pecados, tambien vuestro
Padre celestial os perdonará á vosotros vuestros pe
cados: mas si no los perdonareis, tampoco el os per
donará á vosotros. Cuyas palabras incluyen en sí un
cierto pacto entre Dios y los hombres, que es el si
guiente: Si tu perdonas, dice Dios á cada uhO de los
hombres, yo tambien te perdono; mas si tu no per"
donas, yo tampoco te perdono.

Excelencia XVIL
ÉSPLICACION DE LOS MISMOS SOBRE LÁ SESTA PETICION
' DE LA ORACION DEL PADRE NUESTRO*

Y no nos dejes caer en la tentacion,

' ÉSPLICACION,

Otro de los males cuya preservacion pedimos á


Dios en esta sesta peticion, es que ■no nos dejes caer
en la tentacion, la cual no es otra cOsá que la suges-
tian ó escitacion al pecado. Y aunque es verdad que
muchos Santos, animados de grande fé y confianza en
Dios, desearon las tentaciones como un medio de au
—45—
asestar mas y mas sus virtudes y sus méritos; con
todo, lo mas seguro es, atendida nuestra humana
y mísera frajilidad, pedir á Dics que nos libre de las
tentaciones; por lo cual decimos: Y no nos dejes
caer en la tentacion. Esto es, no permitais, Señor,
que seamos incitados por la tentacion, de tal suerte
•que seamos vencidos por ella. O como esplica San
Agustin: (1) «No permitais, Señor, que desampara
dos del auxilio de tu divina gracia consintamos en la
•tentacion. Dos cosas muy importantes deben saberse
acerca de las tentaciones para nuestro consuelo.
Primera, que el demonio no puede tentarnos, sino
cuando Dios le permite que nos tiente; como se vió
■en el santo Job, que antes de ser tentado por el de
monio, este pidió permiso á Dios para verificarlo.
Segunda, que con el auxilio de la divina gracia, nes
es fácil yencer todas las tentaciones, y por lo tanto
debemos pedirla continuamente en la oracion; pues
como dice San Pedro Crisólogo: De seguro camina a
¿á tentacion el que no practica la oracion.

Excelencia XVIII.
EXPLICACION DE LOS MISMOS SOBrE LA SÉTIMA Y ULTI
MA PETICION DE LA ORACION DEL PADRENUESTRO,

Mas líbranos de mal.

ESPLICACION.

En esta peticion pedimos á Dios, que nos libre de


(1) Caria 121.
—46—
todo género de males. Y es como si dijésemos: Libra»
«os, Señor, de todos los males y miserias de esta vi
da, á los cuales estamos sujetos, como consecuencia
y castigo del pecado original, y de nuestros pecados
actuales; pero principalmente del mismo pecado, qne
es el mayor mal que el hombre puede esperimentar
en este mundo. Esta peticion es la última de la ora
cion del Padrenuestro, por que eomo dice San Cipria
no: (1) «Gnando decimos: líbranos de mal: nada mas
nos queda ya que pedir.

Excelencia XIX.
ESPLICACION DE LOS MISMOS SOBRE LA ÚLTIMA PALABRA
DE LA ORACION DEL PADRENUESTRO.=AMEN.

ESPLICACION.

Con esta palabra concluye la oración sublime, ce


lestial y divina, que se dignó enseñarnos nuestro di
vino Salvador y MaesfrS Jesucristo, sabiduría infi
nita. Y esta palabra es, dice San Gerónimo, (2) el
sello de la oracion del Padrenuestro, la cual aprueba
y desea tenga cabal cumplimiento todo lo que pedi
mos á Dios en esta oracion. AMEN: esto es, así se
haga, así se cumpla, así sea. AMEN.
Esplicada la oracion del Padrenuestro, segun la
(1) Sobre lá oracion del Padrenuestro.
(2) Sobre aquellas palabras: líbranos de mal

r
—47—
,doctrtina de los Santos Padres y Sagrados Esposito-
res, el buen órden exije, que no perdiendo de vista
estas luminosas antorchas de la Iglesia, espliquemos
tambien el Ave María y el Santa María, como partes
,de que se compofie el Sautlsimo Ros; rio.

Excelencia XX.
ESPLICACION DE LOS SANTOS PADRES Y SAGRADOS
ESPOSITORES SOBRE LAS PRIMERAS PALABRAS
DE LA SALUTACION ANGÉLICA Ó AVE MARÍA.

Dios te salve, María.

Habiendo entrado el Arcángel San Gabriel en ía


habitacion de la Santísima Virgen, en la ciudad de
Nazaret, la saludó de esta manera: «Dios te salve:
,llena de gracia: el Señor es contigo: bendita tú, en
tre todas las mujeres. Estas fueron las únicas pa
labras con que el Arcángel San Gabriel saludó á la
Santísima Virgen, como consta del Evangelio de
San Lúeas en su capítulo primero. Posteriormente
la Iglesia añadió á esta salutacion, las que su prima
Santa Isabel dijo á la misma Señora: Y bendito es el
fruto de tu vientre. Todas las cuales juntas con el
Santa María, que tambien añadió la Iglesia, esplican
los Santos Padres y Sagrados Espositores, del modo
siguiente:
-48-

ESPLICACION.

Dios te salve. Esto es, alégrate, ¡oh María! Tú


eres la Eva al revés; porque si esta fué madre de la
muerte y de todos los mortales, tú eres Madre de la
vida yde todos los vivientes, y por lo mismo, Dios
te salve, alégrate. O como esplica San Gregorio Tau
maturgo: Dios te salve, alégrate. Templo animado
de Dios, alégrate, porque tú has de causar con tu
feliz parto un suma gozo á todo el mundo: alégrate,
poique tú has de .ser la gloria de las■ vírgenes, y el
júbilo de todas las madres. María. La Iglesia añadió
esta palabra á las del Arcángel, para que sus de
votos rezando el Ave Maria, se llenasen de consuelo
y dulzura con la invocacion de tan suave y dulce
nombre. Maria, significa lo mismo que Señora, dice
San Epifanio con otros Santos Padres. Maria, segun
San Isidoro, en su libro segundo de las etimologías,
se interpreta, Iluminadora, porque enjendró á Cris-^
to, luz del mundo. Maria, dice San Gerónimo, quie
re decir Amargura y Estrella del mar, ya porque en
el borrascoso mar de este mundo nos conduce á puer
to de salvacion; ya porque en la dolorosa pasion y
muerte de su Divino Hijo, fué llena de indecible
amargura, como un mar.
49 —

Excelencia XXI.
JSSPLICAC.ON DE LOS MISMOS SOBRE LAS SEGUNDAS
PALABRAS DEL AVE MARIA:

Llena eres de gracia.

ESPLICACION.

Es como si hubiera dicho el Ángel: Fuiste, ¡oh Ma


ría! llena de gracia por Dios tan cumplida y escelen-
temente, como exijía la alta é incomparable dignidad
de Madre de su Unigénito Hijo, á que has sido por él
destinada. No obstante, esta plenitud de gracia no
debe entenderse, de suerte que la Santísima Virgen
no pudiese adquirir ó recibir en el discurso de su vi
da mas grados de gracia. Es llamada llena de gracia
por el Ángel, dice el Angélico Doctor Santo Tomás,
(1) porque recibió toda aquella gracia suficiente, pa
ra que fuese digna de la sublime dignidad á que ha
bía sido elegida por Dios, esto es, para ser Madre de
su Unigénito Hijo. Y si bien es verdad, como dice sa
biamente el docto Suarez, (2) que la Santísima Vir
gen estaba llena de gracia, cuanto entonces podía es
tarlo atendida su presente capacidad, ó cuanto en-

(1) Tercera p-rte de su Suma teológica cuest.


1. art. 10. respuesta al primer argumento.
(2) Tercera parte, disp. 18, seccion 4.
— 50 —
tonces pudo recibir; con todo, como por esta plenitud
no se impedia á la Señora, el que cooperando valero
samente á ella, mereciese mas y mas aumento de gra
cia, de aquí es, que cooperando efectivamente con va
lor y constancia á la gracia recibida, por actos conti
nuos y fervorosísimos de heróicas virtudes, adquiría
por consiguiente nuevos méritos pai^a recibir conti
nuamente nuevos grados de gracia y sucesivamente
aumentarlos. Esto supuesto, calcúlese con el mismo
teólogo, cuanto sería la plenitud de gracia de la San
tísima Virgen en el último instante de su vida, va
liéndonos para ello de la siguiente operacion aritmé
tica.
En el primer instante de su Inmaculada Concep
cion, ya la gracia de la Stma. Virgen era mayor que
la del supremo Ángel, el que con uno ó dos actosx
consumó todos sus méritos, mereciendo con dichos
actos mas gracia, que pudieran merecer todos los-
hombres en todo el discurso de su vida. La Virgen
Santísima, pues, amando y alabando á Dios intensi-
simamente en el primer instante de su concepcion,
escedió incomparablemente en alabanza, gratitud y
amor, y por consiguiente en mérito y gracia, al
amor, gratitud, mérito y gracia del supremo Ángel.
En el segundo instante de amor, ó segundo acto de
virtud, por el aumento de gracia que en el primero
habia merecido y realmente recibido, duplicó la Sma.
Virgen los grados de mérito y de gracia: en el tercer
instante los triplicó, en el cuarto los cuadruplicó. Si
guiendo, pues, esta multiplicacion de aumento de
méritos y de gracia en todos los instantes del ejerci
cio de sus virtudes, desde el primero hasta el último
de su vida que duró el espacio de 72 años, edad en
que se cree murió la Santísima Virgen, vendremos á
tener por resultado ser casi incalculable el aumento de
sus méritos, y casi infinita la plenitud de su gracia.
— iH —
Esta fué la razon, porqué los SS. Padres y Doctores
de la Iglesia, hablando de la plenitud de gracia de la
Santísima Virgen, la llamaron inmensa, inefable, in
comparable, elevada hasta el sólio mismo de la Divi
nidad, y conocida á solo Dios. Conociendo esto los de
monios, dice Sta. Brijida en sus revelaciones, (1) ma
nifestaron su rabia y su furor, formando como una
semejanza de voz quo resonando en lo mas profundo
de los inflemos, esclamaba con espantoso eco... una
Virgen!., una Virgen!., hace tantos progresos en la
virtud.... que escede á todas las criaturas del cielo y
de la tierra.... y segun va creciendo en gracia, llega
rá á sentarse ah! ah! junto al trono del mismo Dios.

(1) Lib. 4. cap. 108.


- 52 —

Excelencia XXII.

ESPLICACION DE LOS MISMOS SOBRE LAS TERCERAS


PALABRAS DEL AVE MARIA.

El Señor es contigo.

ESPLICACION.

Por estas palabras: El señor es contigo, manifies


ta el Arcángel S. Gabriel la causa de estar la Santísi
ma Virgen llena de gracia á su llegada, á saber; por
que el Señor está con ella y dispuesto para obrar en
ella el grande é inefable Misterio de la encarnacion
de su Divino Hijo. Por esto espone S. Agustín (1) es
tas palabras diciendo; «El señor es contigo en el al
ma, en el auxilio y en tu castísimo y purisimo seno.
Contigo en el alma, con su gracia santificante: Con
tigo en tu purísimo seno, por la encarnacion de su
Unigénito Hijo.» S. Gerónimo, 'Sto. Tomás, y otros
Padres y Doctores de la Iglesia, entienden tambien
estas palabras con S. Agustín, de la encarnacion del
Hijo de Dios; y en este sentido significan, que la San
tísima Virgen, al tiempo de concebir al Verbo Divi
no fué verdadero Tabernáculo y Templo animado de
toda la Beatísima Trinidad. Veamos como esplica es-

(1) Sermon 18 de los Santos.


— 53 —
te pensamiento el siempre melifluo San Bernardo, (1)
hablando con la Santísima Virgen. «Ni tan solamen
te es contigo. ¡Oh Maria! el Señor, Hijo que tú/con-
cibes de tu carne, si no tambien el Señor, Padre que
eternamente engendra al Hijo que tú concibes, y el
Señor, Espíritu-Santo por cuya virtud concibes. El
Padre, digo es contigo, porque á su Unigénito Hijo,
le hizo hijo tuyo: El Hijo es contigo, porque al encar
naren tu castísimo seao reserva para si el profundo se
creto de su concepcion, guardando para tí intacto tu
virginal claustro; El Espíritu Santo es contigo, por
que con el Pa Ire y el Hijo santifica tu seno purísimo.

(1) Sermon Z sobre las palabras: Missus est.


- 54 -

Excelencia XXIII.
ESPLTCACION DE LOS MISMOS SOBRE LAS CUARTAS PA
LABRAS DEL AVE MARIA.

Bendita tú eres entre todas las mugeres.

ESPLICACION.

Estas mismas palabras dirijieron Dévora y Barác


en su célebre cántico á la intrépida Jabel, que traspa
só con un clavo las sienes de Sisara, general del ejér
cito del Rey Cananeo Jabin; y los habitantes de Be-
tulia á la valerosa Júdit, que corto la cabeza de Ho-
lofernes, general del egército de Nabucodonosor, Rey
de los Asirios. Pero aqui el Arcangel S. Gabriel llama
á la Santísima Virgen, Bendita entre todas las mu
geres por motivos muchos mas nobles y escelentes;
pues si bien aquellas heroinas gozaron de algunos
dones y privilegios, y fueron la causa de la libertad
de su pueblo, no estuvieron exentas sin embargo, de
concebir con deleite y parir sin dolor. La Santísima
Virgen estuvo exenta de todo esto y á mas escedió
incomparablemente en gracias, dones y privilegios á
todas las mugeres que ha habido, hay y habrá en el
mundo hasta la consumacion de los siglos. Y es como
si hubiera dicho el Ángel: Tú, ¡Oh Maria! tú sola
entre todas las mugeres eres benditaáe un modoespe-
cialisimoy singularísimo: porque asi como eresinma-
— 5o —
culada Virgen, asi tambien serás purísima Madre; y
asi como concebirás sin deleite, asi tambien parirás sin
dolor al Unigénito de Dios, Salvador y Libertador del
mundo: por esto pues, eres bendita entre todas las
mugeres. Y bendita entre todas las mugeres, dice
S. Agustín, (1) porque Maria dio á luz al que es la
vida de los hombres y de las mugeres; y porque si E-
va nuestra primera madre introdujo el mal en el mun
do, Maria introdujo la salud en este mismo mundo; si
Eva fué autora del pecado, Maria lo fué del mérito: y
si Eva hiriéndonos mortalmente nos privó de la vida,
Maria vivificándonos nos sanó y libró de la muerte.

(1) Sermon 18 de los Santos.


- 86 —

Excelencia XXIV.

ESPLICACION DE LOS MISMOS SOBRE LAS ULTIMAS PA


LABRAS DEL AVE MARIA.

Y bendito es el fruto de tu vientre. Jesús.

ESPLICACION.

Estas últimas palabras del Ave María no las di


jo el Arcángel San Gabriel. Se las dijo Sta. Isabel á
la Virgen, cuando esta benignísima Señora fué á vi
sitarla y asistirla en el nacimiento de San Juan Bau
tista. Luego que la Stma. Virgen llegó á la casa de
Zacarías, que habitaba en Hebron, ciudad distante
como unos tres dias de camino de Nazaret, saludó á
su prima Sta. Isabel, diciendo: «La paz sea contigo»
que era el modo de saludar que tenían los hebreos. Oida
por Santa Isabel esta salutacion el niño Juan saltó de
gozo en el vientre de su madre, y ella misma llena
del Espíritu Santo dijo á la Stma. Virgen, a mas de
otras palabras que la Iglesia añadió despues á las
del Arcángel S. Gabriel; Y bendito es el fruto de tu
vientre. Como si digera: Bendito el fruto de tu vien
tre, el Hijo de Dios y Salvador del mundo, á quien tú
has concebido y vestido de tu carne. Bendito, no co
mo quiera entre todas las mugeres, como tú; si no
absolutamente y siempre bendito el fruto de tu vien
tre, Jesús: sobre todos los Ángeles, Arcángeles, Que
rubines y Serafines, sobre todos los hombres y sobre
todas las criaturas, como Criador y Sañor que es de
todas ellas. Bendito, porque siendo todos los hijos de
Adan malditos en su pecado., solo Jesús fruto de tu
vientre y concebido de tu purísima sangre por obra del
Espíritu Santo, se vió li t»i"e de esta maldicion, maldi
cion que tampoco te comprendió áti, como Madre que
eres del mismo Dios. Es cierto, como dice S. Bernardo,
que Cristo Hijo de Dios, es fruto especialisimo de la
Sma. Virgen; pero fruto que mediante esta Señora ha
llegado tambien á todos nosotros.- «Ea ti sola dice el
Santo (1) hablandocon laSma. Virgen, en ti sola el Rey
opulentísimo, ha sido empobrecido; el Escelso, humi
llado; el Omnipotentísimo anonadado; el Inmensísimo,
abreviado; y el Hijo de Dios verdadero, Dios humana
do. ¿Mas con qué fruto? Con este: para que todos no
sotros fuésemos con su pobreza,-enriquecidos: con su
humillacion, ensalzado; con su anonadamiento, en
grandecidos; con su encarnacion, endiosados.»
Jesus. Unasaata y laudable costumbre ha añadido
esta palabra á la Salutacion Angélica para designar
con ella aquel fruto bendito que nos dio la Sma. Vir
gen, y juntamente para consuelo de los fieles, los cua
les se■recrean dulcemente con la invocacion de tan
augusto y suavísimo nombre. Manifestar, pues sus
principales grandezas para recomendar mas y mas la
devocion del Santísimo Rosario, en la cual tantas
veces se repite este Sacrosanto Nombre, será el dig
no objeto de las excelencias siguientes.

(1) Sermon de la Anunciación.


- 58 -

Excelencia XXV-
El nombre jesús repetido tantas veces en el
smo. rosario, fué impuesto por el eterno padre
á su unigénito hijo jesucristo. primera grande
za de este escelso y augusto nombre.

Jesús. Este divino Nombre fué impuesto por el E-


terno Padre á su hijo Jesucristo. Asi lo afirma el A_
póstol S. Pablo en su carta á los cristianos de la
ciudad de Filipos. (1) «Y Dios le dió, dice el Sto. A-
póstol, un Nombre.» Este nombre pues, no es otro
que el. nombre Jesus, ante el cual, como dice el mis
mo Apóstol, han de doblar las rodillas todas las cria
turas así del cielo, como de la tierra y del infierno.
Ademas, ninguno que haya leido el capítulo primero
del evangelio de San Mateo, habrá dejado de obser
var, que bien convencido S. José por una parte, de
la santidad y pureza de su esposa la Virgen María,
y admirado por otra de verla embarazada, ignoran
do su causa y tratando por esto de ausentarse de
su compañía, se le apareció en sueños un Ángel del
Señor, y le dijo: «José, hijo de David, no tengas re
paro ni temor en vivir en compañía de tu esposa
María; pues lo que se ha concebido en ella ha sido
por virtud del Espiritu Santo. Parirá un Hijo á
quien pondrás el nombre de Jesús, porque efectiva
mente él ha de salvar á su pueblo de sus pecados.»

(1) Capítulo 2 v. 3.
- 59 -
En cumplimiento de esta órden espresa del Eterno
Padre comunicada á S. José por conducto de un Án
gel, el hijo que despues dió á luz laSma. Virgen, fué
llamado en el dia de su circuncision, con el dulce y
suavísimo nombre de Jesús, que quiero decir Salva
dor.

Excelencia XXVI.
El nombre jesús es un nombre sobre todo
nombre. segunda grandeza.

Solo con considerar que el nombre Jesús, es el


nombre del Mesías, del Hijo de Dios, y del Salvador
del mundo, es lo muy suficiente para convencerse,
de que este nombre es un nombre sobre todo nombre,
esto es el mas santo, el mas augusto, el mas célebre y
esclarecido de todos los nombres. Mas augusto que
los nombres de todos los Patriarcas y Profetas; mas
santo que el de los Apóstoles; mas célebre y esclare
cido que el de los Alejandros, que el de los Césares,
y demás famosos héroes y conquistadores, que tan
to nos celebra la historia. Porque en efecto, no hay
uno solo entre todos estos nombres, ni lo hay en to
da la vasta estension que cubre el cielo, en cuyo poder
ó virtud puedan ser salvos los hombres. Pero el nom
bre Jesús no solamente es un nombre sobre todo nom
bre por ser mas augusto, mas santo, mas famoso y es
clarecido que cualquier otro nombre, sino tambien,
porque'siendo, como dice S. Agustin, un nombre es-
clusivamente propio del Verbo Eterno humanado,
incluye y comprende en sí todos los demás escelsos
- 60 -
nombres que la Sagrada Escritura atribuye á Dios.
Mas: de todos los nombres de Dios, ninguno se es
tiende y difunde tanto, como este nombre Jesus. Oi
gamos á S. Bernardo, autor de este sublime y her
moso pensamiento. «Todos los nombres de Dios, dice
el Santo significan, ó gracia de piedad ó. poder de ma-
gestad. Nombre de poder es Emmanuel, que quiere
decir, Dios con nosotros: nombre de piedad, es Je
sús, que significa Salvador. El Profeta Isaías dice:
Su nombre será llamado Admirable; Consejero, Dios
Fuerte, Padre del futuro siglo y Príncipe de la paz.
De estos nombres, el primero, tercero y cuarto signi
fican magestad: todos los demás piedad. Ahora bien,
¿cual de estos nombres se derrama y difunde mas? Á
la verdad que los nombres de magestad y poder son
los que en cierto modo se esparcen y estienden por
medio de este nombre Jesus, nombre de gracia y de
piedad. ¡Oh nombre bendito! ¡Oh aceite sagrado! con
tinuamente y en todas partes derramado. Tú te es
tiendes desde el cielo hasta la Judea, y desde la Ju-
dea hasta los últimos fines de la tierra. Por eso en
todas partes cantaUaUglesia: Como óleo derramado
es tu Santo Nombre.»
- 61

Excelencia XXV Sí
Al nombre jesús, toda criatura debe postrarse y
TODA LENGUA CONFESAR, QUE NTRO. SR. JESUCRISTO ES
TÁ EN LA GLORIA DE DIOS PADRE. TERCERA GRANDEZA.

Por estas palabras del Apóstol S. Pablo á los Fili-


penses, se prueba claramente, que con la misma a-
doracion de latría con que adoramos al Verbo Di
vino, debemos adorar tambien á Jesus, unido á él per
sonalmente. Esta adoracion de latria que es la ma
yor con que debemos adorar á Dios y la que le corres
ponde y se le debe como á tal, esta misma deben tri
butar al nombre Jesus todas las criaturas, no solo
las que habitan en los cielos como los Ángeles y Bie
naventurados, las que viven en la tierra que sean
capaces de tributarla que son los hombres; mas tam
bien las que yacen sepultadas en los infiernos, ora
sean hombres, ora demonios, como dice S. Anselmo.
Mas al oir el tremendo nombre Jesus, toda criatura
no solo debe doblarlas rodillas, sino que además toda
lengua debe confesar, que Jesus está en la gloria de
Dios Padre; esto es, que Jesus en cuanto Dios, tiene
la misma esencia, la misma divinidad, la misma ma-
gestad, la misma gloria poder etc. que Dios Padre;
y que en cuanto hombre, ha sido elevado en los cie
los sobre todos los Santos y sobre todos los Angeles,
Querubines, Serafines y demás Espíritus celestiales,
habiendo sido colocado ala diestra de Dios Padre, pa
ra participar mas inmediatamente y con mayor pie
- 62 -
nitud que todos ellos, de su hermosura, de su gloria,
de su omnipotencia y magestad, y demás perfecciones
y atributos.

Excelencia XXVIII.
El nombre jesús es mas venerable y santo, que
este nombre de dios, jeováh. cuarta grandeza..

Tan tremendo, tan venerable y tan santo era para


los Judios este nombre de Dios, Jeováh, que solo se
atrevian á pronunciarle en el sagrado recinto del
templo; pero lo es todavia mucho mas el nombre Je
sus. Esta verdad la veremos demostrada comparan
do entre sí los diversos significados que los sagrados
espositores atribuyen á estos augustos y escelsos
nombres.
1.° Jehová significa, el Jesus significa, el que es
que es, es ahora, y justificador y salvador
será siempre. de los hombres.
2.° Jehová significa, la Jesus, la fuente y origen
fuente y origen de de nuestra salud, de
nuestro ser y de nues- nuestra gracia y de nues
tra existencia. tra gloria.
3.° Jehová significa, el Jesus, el vencedor de todo
vencedor de Faraon y el mundo, del demonio,
de los egipcios. del pecado y del infierno.
4.° Jehová significa, el Jesus, el legislador de los
legislador de los Ju- cristianos y del nuevo
dios y del viejo testa- testamento,
mento.
- 63 -

5.° Jeliová significa, el Jesus, el conductor de to-


conductordelos hebreos dos los hombres al cielo
ala tierra de Canaan, nuestra patria, patria de
tierra de promision y ce eterna gloria y de eter-
prosperidad. na felicidad.
Pero aun añadiremos mas con el Abulense. El
nombre Jesus es mas augusto, mas venerable y mas
santo, que este nombre Dios. Porque este nombre
Dios, dice el citado espositor (1), significa á Dios en
cuanto es Criador y Señor de todas las cosas, princi
pio y fin inmutable y eterno de todas ellas; mas el
nombre Jesús, significando como realmente significa
Dios Salvador, incluye y comprende en sí á Dios, no
solo como Criador principio y fin de todas las cosas,
sino tambien como Salvador y Redentor del mundo.
Y asi .como es mayor la obra y beneficio de la Reden
cion, que la obra y beneficio de la creacion; asi tam
bien mayor, mas augusto y mas santo es el nombre
Jesús ó Dios Redentor, que este nombre Dios ó Dios
Criador. De donde infiere el mismo espositor, ser
mayor y mas grave pecado tomar en vano ó deshon
rar el nombre Jesús, que deshonrar este nombre Dios.
Porque segun la saludable y constante tradicion de
la iglesia, mas honrado y venerado es» el nombre Je
sus, que este nombre Dios; pues vemos, que los ver
daderos cristianos al oir el nombre Jesus luego al
punto inclinan la cabeza, ó doblan la rodilla, lo cual
no practican al oir este nombre Dios.

(1) Cuestion 7.a sobre el capítulo 20 del Éxodo.


— 64 -

Excelencia XXIX-
El :;gmbre jesús, en cuanto significa salvador,
fué prometido por dios en el paraíso, repre
sentado en varias figuras del antiguo testa
mento, deseado por los patriarcas, y vaticinado
por los profetas. quinta grandeza.

En el momento mismo de la caida del primer hom


bre, Dios prometió á Adan y en su persona á todo el
género humano, un poderoso Salvador y Redentor.
«Pondré, dijo Dios (1) hablando con el diablo, que
para seducir á Eva se habia introducido en una ser
piente, pondré enemistades entre tí y la muger (la
Virgen), entre tu descendencia y la suya (Jesús), y
ella quebrantará tu cabeza, y tú pondrás acechanzas
& su calcañal.»
La misma promesa repitió Dios á Abrahan 2113
años despues por estas palabras. «En tu descendencia
(Jesus) serán benditas todas las naciones de la tier
ra» (2).
Dios dilata el cumplimiento de estas promesas por
causas dignas de su infinita sabiduría. Entre tanto
los Patriarcas, ignorando el tiempo preciso de su ve
nida, ardían en vivos deseos de su llegada, y anima
dos de una firme y santa confianza continuamente
esclamaban: ¡Cuando, ó Dios clementísimo, enviareis
al libertador que nos habeis de enviar! ¡Cuando se le-

(1) Génesis cap. 3. (2) Cenesis cap. 12.


— 65 —
yantará la hermosa estrella de Jacob para alumbrar
á los pueblos que yacen sentados en la sombra de la
muerte! Cuando, cuando llegará aquella feliz noche
sin tinieblas en que una purísima virgen dará á luz
al sol de justicia! ¡O cielos! enviad vuestro santo ro
cio.. ¡Nubes! lloved al justo.. ¡Ábrete tierra! y brota
yá al Salvador... Así suspiraban los Patriarcas por la
venida de Jesus Salvador, mientras que los sacrifi
cios de la antigua ley, y los varones esclarecidos de
Israel le representaban en varias figuras á cada paso.
Con efecto, el agua cineral de la vaca roja quemada,-
el cordero pascual inmolado, el sacrificio del becerro,
la serpiente de metal, Isác víctima inocente, Jonás,
sepultado en el vientre de la vallena, Moisés, Otoniel,
Gedeon, y otros ilustres libertadores del pueblo de
Israel, fueron á la verdad otras tantas figuras, que
representaron vivamente la sangre, pasion, muerte
y resurreccion de Jesus, libertador y salvador, no ya
de un solo pueblo sino de todos los pueblos y nacio
nes del mundo. Pero, no bastaba que el Mesías Jesus
salvador, fuese prefigurado en la antigua ley. Era
tambien necesario que Dios suscitase de tiempo en
tiempo Videntes ó Profetas, que le anunciasen al
mundo con todos sus caracteres y circunstancias de
un modo tan claro y espresivo, que no fuese posible
desconocerle en la época de su venida, por esto Ja
cob, (1) tronco de las doce tribus de Israel, afirma
sin temor de equivocarse, que no faltaría el cetro ó
potestad principal de la tribu de Judá hasta la ve-*
nida del Mesías, objeto de las esperanzas y de los de
seos de todas las naciones. Daniel (2) señala con toda
la precision y exactitud el tiempo de sesenta sema
nas de años, que debían transcurrir desde el edicto

(1) Genesis cap. 49. (2) Cap. 9.


— 06 — ,
del rey Artajerjes Longimano, permitiendo álos ju-
dios reedificar otra vez la ciudad de Jerusalen, hasta
la muerte del Salvador Jesus, Santo de los santos,
Cristo de Dios, que debia cumplir todas las profecías,
abolir la iniquidad, poner fin al pecado y establecer
el reino eterno de la justicia y de la equidad. El
profeta Ageo (1) vé tambien con espíritu profé-
tico allá en la distancia de los tiempos el se
gundo templo de Jerusalen lleno de' mayor glo
ria y magestad que el templo de Salomon,
porque habia de entrar en el Jesus, el deseado
de todas las naciones. Isaias le anuncia como un
Niño hermosísimo nacido de una madre Virgen,
como Pastor celoso, Juez eterno, Doctor univer
sal y Cordero dominador del mundo, que sentado
sobre el trono de David su padre, le afirmaría
para siempre, reinando en justicia y equidad, con
misericordia y con verdad. Miqueas designa á Be
len, pequeña ciudad de Judá, para lugar del na
cimiento, del Salvador, Dominador de Israel. 0-
ceas vaticina la huida á Egipto. Moisés, David,
Isaias, su estado y condicion de Sacerdote, de Rey,
de Principe, Proféta de Dios, de Hijo de Dios.
La muerte de los niños inocentes, como circunstan
cia de su venida, la predijo Jeremías. Su doctri
na, obras y milagros, como asi mismo las cir
cunstancias mas notables de su pasion y muerte,
Isaias. La pérfida traicion de Judas, y el pre
cio en que habia de vender á su maestro, el
profeta Zacarías. Los crueles azotes, la division
de sus vestidos, su crucificacion, muerte, resur
reccion y ascension, David en sus Salmos. (2) De
este modo dió Dios á conocer al mundo los ca-

(1) Cap. 2.= (2) Veanse los respectivos luga


res de estos Profetas.
— 67 —
ractéres y circunstancias del Salvador prometido,
por medio de multitud de profecias, cuyo exacto
cumplimiento se vé plenamente comprobado por
la vida y hechos de este mismo Salvador, consig
nados por el Espíritu Santo en los Sagrados
Evangelios.
Excelencia XXX.
El nombre jesús es luz del mundo, manjar y
medicina. sesta grandeza.

*
El gloriosísimo Doctor de la igiesia S. Bernardo,
atribuyendo al nombre del esposo de los Cantares
las propiedades del aceite, se espresa de este mo
do. (1) «El aceite fomenta la llama, nutre la car
ne, y suaviza el dolor: he aquí luz, manjar y me
dicina. Lo mismo puede decir del nombre Jesus.
Predicado alumbra; porque ¿de donde piensas tú
lia venido tanta y tan resplandeciente luz, sino
de haberse predicado en él, el nombre Jesus? ¿no
es cierto, que por la luz de este resplandeciente
nombre, Dios nos llamó á su admirable luz, y
que iluminados con ella los fieles, por eso dijo S.
Pablo: ¿Fuisteis en algun tiempo tinieblas, pero,
ya sois luz en el Señor? Meditado alimenta; ¿por
que no es verdad que tantas veces te sientes con
fortado, cuantas de él te recuerdas? ¿que cosa hay
que nutra mas el alma de los que en el meditan?
¿que fortalezca mas los miembros fatigados? ¿que
alimente mas las virtudes, las buenas costumbres,
y los piadosos y castos efectos? Seco, insípido es

(1) Sermon 15 sobre los Cantares.


— 69 —
todo manjar del alma, sino está con este celestial
aceite rociado y con esta sal divina condimen
tado. Si escribes, y no leo en tus escritos el nom
bre Jesus, nada me deleitan. Si disputas y con
ferencias, y no oigo el nombre Jesus, ningun pla
cer me causan tus disputas y conferencias. Jesus
pues, es miel para la boca, melodía para los oidos,
júbilo para el corazon. Invocado, sana y suaviza;
en efecto, ¿está triste alguno de vosotros? pro
nuncie de corazon este salutífero nombre, y luego
al punto desaparecerá la tristeza. ¿Cae alguno
en pecado? ¿desesperado alguno de vosotros corre
precipitadamente á las garras de la muerte? ah!
deténgase un instante: invoque este nombre de sa
lud, y al momeneo será restituido la vida. ¿Quien
al pronunciar este dulce nombre esperimentó al
guna vez, ni el apoltronamiento de la pereza, ni
el rencor del alma, ni la dureza del corazon, ni
el abatimiento de la congoja? Nada pues hay en
este mundo, que como este suavísimo nombre,
refrene el ímpetu de la ira, apague el fuego de
la concupiscencia, modere la sed de la avaricia, y
ordene el desarreglo de todas las pasiones. Por
que ciertamente, cuando invoco el nombre Jesus,
contemplo y considero que invoco á todo un Dios
hombre, á todo un Dios omnipotente, suave, man
so, humilde de corazon, benigno y misericordioso,
que me sana con su ejemplo, y me fortalece con su
auxilio.
70 —

Excelencia XXXI.
El nombre jesús es la fuente y el origen de
donde nos viene todo bien. sétima y última.
grandeza de este augusto nombbe.

Así como todos los rayos de la luz proceden


del sol como de su fuente; así tambien toda gracia y
todo bien nos viene del nombre Jesus como de su
origen, en cuanto significa Salvador. Porque en
efecto, Jesus nuestro divino Salvador es quien lava
las manchas de nuestros pecados, quien mitiga los
ardores de nuestra concupiscencia, quien rompe las.
cadenas de nuestros vicios, y contiene el Ímpetu
de nuestras pasiones. Jesus Salvador, el que
quebranta el yugo insoportable del diablo, el que
restituye la libertad á nuestra pobre alma, el que
la hermosea con su divina gracia, haciendola hi
ja y esposa suya y templo vivo de Dios. Jesus
Salvador, quien ilumina nuestro entendimiento,
quien inflama nuestra voluntad, quien fortalece
nuestra debilidad, quien nos ayuda ert la tenta
cion, nos dá el triunfo en la pelea, y el premio
en la gloria. Jesus Salvador, el es, consuelo en
nuestras aflicciones, el alivio en nuestras en
fermedades, y el socorro en todas nuestras nece
sidades; el es quien anima nuestra fé, alienta
— 71 —
nuestra esperanza, enciende nuestra caridad, y
nos conserva en el seno de su religion y de su
iglesia. Sí, digámoslo todo de una vez; Jesus nues
tro Salvador, el es la fuente y el origen de to
da nuestra felicidad y de nuestro bien. Sea pues
Jesus nuestro amor: sea nuestro consuelo y nues
tra alegría: sea en fin nuestra alma y nuestra
vida, para que asi como por él fuimos criados y
en el vivimos, nos movemos y respiramos; así
tambien, siempre á él solo agrademos y sirvamos,
Amen.
Excelencia XXXII.

ESPLICACION DE LAS PRIMERAS PALABRAS DEL SANTA


MARIA.=SANTA MARIA.

Esta oracion deprecatoria que los fieles acos


tumbran rezar despues del Ave Maria en el san
tísimo Rosario, la instituyó la iglesia en el sagra
do concilio de Éfeso, contra el herege Nestorio y
sus secuases, que negaban impíamente á Maria
Santísima la escelsa cualidad de Madre de Dios.
Contiene varias palabras, y la esplicacion de las
primeras es la siguiente. -
ESPLICACION.
Santa María. Bajo cuatro distintos respectos
puede considerarse la santidad. 1.° Llámase san
to, lo que está unido á Dios fuente de toda
santidad. Así la humanidad de Cristo se llama
santa por su union con el Verbo divino, verdadero
Dios. 2.° Llámase santo, lo que es grato y acep
to á los ojos de Dios. Así el apóstol S. Pablo
en su carta á los romanos manda á todos los cris
tianos ofrezcan á Dios sus cuerpos como una . hos
tia viva, pura santa, agradable á su divina mages-
tad. 3.° Llámase santo, lo que está puro y lim
— 73 —
pio de la mancha del pecado. Tales quiere Dios
á sus ministros, según se espresa en el Levitico:
«Sereis santos, porque yo que soy vuestro Dios
y Señor, soy santo». 4.° Llámase finalmente san
to, lo que siendo inocente y puro, está hermosea
do además con los preciosísimos adornos de las
virtudes. Es por esto, que á un niño recien bau
tizado, aunque inocente y puro, no le llamamos
todavía santo, porque su inocencia no está hermo
seada con la variedad de las cristianas virtudes. Es
indudable, que bajo cualquiera de estos respectos
que se considere la santidad de la Virgen Maria,
le conviene perfectisimamente este epiteto de
Santa, como ahora veremos.
1." Si consideramos la santidad por la union con
Dios, ¿quien mas santa que la Virgen Maria des
pues de su divino Hijo, por cuya maternidad di
vina estuvo intimamente unida á Dios, no solo con
el alma, sino tambien con el cuerpo? Es una ver
dad de fé católica, la cual no es, lícito á ningun cris
tiano negar, á no ser que quiera incurrir en la
maldicion de la. iglesia, que la Virgen Maria es
verdadera madre de Dios. A consecuencia pues de
esta maternidad divina, Maria Santísima contrajo
con Dios una union tan íntima que no puede darse
mayor, puesto que ni aun con el entendimiento
mismo la podemos distinguir ni separar. Recorramos
brevemente sino, las diferentes clases de uniones
mas íntimas que conocemos, asi en el 'orden natu
ral como en el sobrenatural, y nos convenceremos
de esta verdad.
Grande es ciertamente, estrecha la union que el
alma tiene con nuestro cuerpo; pero esta union pron
tamente se deshace con la muerte. Intima es la u-
nion de las propiedades esenciales de una cosa con la
misma cosa, como el calor del fuego con el mismo
— 74 —
fuego; pero esta union puede separarse por un mila
gro ó por la accion omnipotente de Dios. Inefable es
la union hipostática ó personal del Verbo Divino con
la santa humanidad de Jesucristo y tan intima, que
ni aun con la muerte del mismo Jesucristo se disolvió;
sin embargo, esta union tan intima y tan inefable,
Dios con su absoluto poder pudo disolverla, como
sienten los teólogos. No puede concebirse ni aun ima
ginarse una union mas estrecha como la que tienen
los divinos atributos con la divina esencia, pues que
todos ellos y la divina esencia no son otra cosa que el
mismo Dios; con todo, nuestro entendimiento los se
para distinguiendo á la bondad de Dios de su sabidu
ría á la sabiduría de su omnipotencia, á la omnipo
tencia de su misericordia á la misericordia de su jus
ticia etc. y á todos los demás atributos, de la divina
esencia. Mas: el entendimiento divino y la voluntad
divina son una misma y simplísima cosa; sin embar
go, nuestro entendimiento separa al uno de la otra
tanto mas cuanto que la fé y la sana teologia nos
enseña que el Eterno Padre engendra al "Verbo Divi
no su Hijo con el entendimiento no con la voluntad, y
espira juntamente con su Hijo al Espíritu.Santo con
su voluntad, no con el entendimiento.
Pero la union de Maria Santísima con Jesucristo y
por consiguiente con Dios, ó la union de maternidad
con la de filiacion, es una union tan intima é insepa
rable, que ni aun con entendimiento la podemos dis
tinguir ni separar; pues dicen los filósofos, es tal la
naturaleza de las cosas que tienen entre sí mútua
relacion que necesariamente la una esta contenida
en la idea de la otra; y por consiguiente es imposi
ble que cuando nuestro entendimiento considera
á Maria Santísima como Madre de Jesucristo Dios
y hombre verdadero, deje de unir á esta idea de Ma
dre, aquella otra correlativa de hijo, ¿Puede darse
— 75 —
una union mas estrecha y mas intima con Dios"
á nuestro modo de entender? No ciertamente. Pero
ya es tiempo que sin perder de vista esta ínti
ma y estrechísima union de Maria Santisima con
su Dios como Madre de Jesucristo, deduzcamos
una verdad importante a favor de esta Señora,
y es la siguiente. Todos . los teólogos convienen,
en que Dios comunica -sus gracias, dones y atri
butos á las criaturas que son capaces de recibir
los, segun su mayor ó menor aprocsimacion ó union
con el mismo Dios- Siendo pues la Santisima Virgen
entre todas las puras criaturas, la mas inme
diatamente unida á Dios como verdadera Madre de
Jesucristo Dios verdadero, fuente y origen de toda
santidad, ó por mejor, decir la misma santidad
por esencia; siguese necesariamente, que esta Se
ñora escede incomparablemente en virtud y santi
dad no solo á todos los santos y justos que ha
habido, hay y habrá hasta la consumacion de los
siglos, mas tambien á todos los Angeles, Queru
bines, Serafines y demas Espiritas celestiales.
2.° La Virgen Maria es santa porque siempre
fué agradable á los ojos de Dios. Es una verdad fue
ra de toda duda, que aquella criatura es mas gra
ta y agradable á Dios á la cual adorna y enri
quece con mayor número de gracias y dones es
pirituales. Ahora bien ¿á cual entre todas las pu
ras criaturas ha dotado y enriquecido Dios con
mayores dones, prerogativas y gracias, que á la
Virgen Sma? Ciertamente, mas amó á Dios á Maria,
con mayor número de dones y gracias la adornó
y enriqueció, que á todos los Angeles y á todos
los Santos juntos. Penetrado de esta verdad S.
Juan Crisóstomo, se espresa de este modo. (1) «¿Que

(1) Sermon de la nalividad de la Virgen.


— 76 —
cosa mas grande, mas escelente ni mas ilustre
que Maria pudo hallarse en algun tiempo, ni po-
.drá hallarle jamás? ¿Que cosa mas santa? No á
la verdad, los Patriarcas ni los Profetas, ni los
Apóstoles ni los Mártires, ni los Querubines ni
los Serafines, ni los Tronos ni las Potestades,
ni los Principados ni las Dominicaciones, ni nin
guna otra pura criatura entre las visibles é in
visibles puede hallarse mayor ni mas escelente que la
Virgen Maria.» Y el sabio idiota dice así ha
blando de la Virgen. «¡O Virgen Maria! tu reu
nes en ti sola todos los privilegios, todas las
gracias, todas las virtudes y toda la santidad
de todos los Santos. Nadie es igual á tí, nadie
mayor que tú, esceptuando á solo Dios. (1).
3.° La Virgen María es santa porque estuvo
siempre exenta de toda mancha de pecado. Des
tinada María Santísima para Madre del Verbo hu
manado, esta escelsa cualidad ecsigia en ella u-
na pureza y una santidad tal, que la hiciese dig
na de concebir y contener en su seno al mis
mo hijo de Dios. En virtud de esta maternidad
divina, todos debemos confesar con la iglesia ca
tólica, que Maria Santísima fué adornada con la
gracia en el primer instante de su inmaculada
concepcion; que siempre fué purísima, y siempre
exenta de todo pecado ya original, ya actual.
Con efecto, digno era este árbol frondoso de vi-
ida que dió por fruto al bendito Jesús, de no ser
manchado ni envenenado con la mortífera mor
dedura de la serpiente infernal. Justo era que
este delicioso paraíso no produjese abrojos ni es
pinas; que este huerto cerrado no fuese por las
astucias del demonio ■ violado. Merecía esta tierra
(1) Biblioteca santa, tibroñ.a cap. 3.a
— 77 —
bendita, de " la cual nació el sol de justicia y
fué formado el nuevo Adan, no ser inundada
con las inmundas aguas de la culpa. Convenia en
fin, que la Madre de. Dios estuviese siempre li
bre de todo género de pecado; porque como dice
el Angelico Dr: Sto. Tomas, no hubiera sido Ma
ría digna Madre de Dios, si alguna vez hubiese
pecado (1) Por otra parte, ¿es creible que un
Dios todo puro, santo hubiese querido elegir para
madre suya, una afeada y manchada con la cul
pa' ni aun por un solo instante en el cual no
podia menos de verse reducida á la miserable con
dicion de esclava del demonio? No, no es creible.
Verdaderamente santa, toda pura, la diremos con
nuestra madre la Iglesia, toda hermosa, y siem
pre exenta de todo pecado; del original, porque
fué en el primer instante de su concepcion por la
bondad del Espíritu Santo llena de gracia; del
actual mortal, porque fué por la omnipotencia del
padre, confirmada en esta gracia; del actual venial,
porque fué por la santidad de su Hijo toda inun
dada."
Finalmente, la Virgen María fué santa porque
estuvo siempre adornada con todo género de es
clarecidas virtudes; escediendo incoparablemente
á los Angeles en la pureza, á los Patriarcas en
la fé á los Profetas en la esperanza, á los Após
toles, en el celo y caridad, en fortaleza á los
Mártires, en paciencia á los Confesores, y en
castidad á las Virgenes, por cuya razon podemos
llamarlas con S. Juan Crisóstomo, Abismo de do
nes y de gracias; con S. Epifanio, Occeano espi
ritual; con Andreas Cretense, Tesoro santísimo de
toda santidad; con S. Gerónimo, Huerto de deli
cias en el cual florecen todas las virtudes,
(1) Tercera parte, cuestion 27.
Excelencia XXXIII.
ESPLICACION DE LAS SEGUNDAS PALABRAS DEL SAN
TA maria. —Madre de dios.

ESPLICACION.

Por estas palabras invocamos á Maria Santisi-


ma llamándola con la Iglesia, Madre de Dios. Y
con justa razon pues habiendo formado el Espi-
ritu Santo de la sangre purisima de la Virgen
Maria un cuerpo perfectisímo, y unido á este
cuerpo un alma tambien perfectisima; el Verbo
Divino segunda persona de la Santísima Trinidad
y Dios verdadero, se unió personalmente á es
ta santa humanidad en el mismo instante de
su animacion, no habiendo mediado ó precedido
momento alguno entre la formacion y animacion
del cuerpo de Cristo, y la union personal del Hijo de
Dios, al cual dió á luz la Santísima Virgen á los
nueve meses despues de su admirable concepcion
quedando por lo tanto esta Divina Señora cons
tituida verdadera madre de Jesucristo, Dios ver-,
dadero y hombre verdadero. Dios verdadero por
ser engendrado por su eterno padre de su mis
ma sustancia en la eternidad; y hombre verda
dero, por haber sido concebido de la sangre pu
risima de la Virgen y nacido de esta Señora en
— 79 —
el tiempo. El cual Jesucristo nuestro Señor, aun
que es Dios y hombre juntamente, como queda
dicho, no por eso son dos Jesucristos, sino un
solo Jesucristo. Uno solo ciertamente no porque
las dos naturalezas divina y humana se hubiesen
mezclado ni confundido en la encarnacion, sino por
que estas dos subsistencias no tienen mas que
una persona que es la divina; pues asi como el
cuerpo y el alma racional no forma sino un so
lo hombre, asi el Verbo Bivino unido á la na
turaleza humana de Jesucristo, no forma ni cons
tituye mas que un solo Jesucristo del cual la Virgen
Santisima es verdadera madre, como afirma S. Ciri
la por estas palabras; «Si Jesucristo es verdadero Dios
¿porqué razon la Santisima Virgen que le dió á luz
no ha de ser verdadera madre Dios? Con efecto esta
es la fé de los Apóstoles, esta la creencia de todos los
SS. Padres, esta en fin la doctrina de toda la Iglesia
católica la cual jamás dudó que la Virgen Santisima
con razon puede y debe llamarse Theotocos esto es,
Madre de Dios. ¡Oh dignidad sublime! Enmudezca,
pues toda criatura á la vista de una dignidad
tan eselsa. Callen las Virgenes, callen los Már
tires, callen los Apóstoles, callen las Profetas,
y hasta los mismos Angeles. Porque; ¿que son
los Angeles sino unos ministros de Dios, como los
llama el Apóstol S. Pablo? ¿Que son los Profe
tas sino los secretarios de Dios, como dice David?
¿Que son los Apóstoles sino unos embajadores ó
legados de Cristo, como se espresa el ya citado
Apóstól? ¿Que las Virgenes sino unas siervas de
la corte celestial? ¿Que los Mártires sino unos
soldados de la milicia de Jesucristo? Pero Maria
Santisima es Madre de todo un Dios, y por lo tan
to, no solo están sujetos á su voz los Angeles,
los Profetas, los Apóstoles, las Virgenes, los Mar
—. 80 —
tires, y todas las criaturas, sino tambien en
cierto modo el mismo Dios ¡Oh dignidad estupen
da! por la cual una virgen tiene un hijo comun
con el Eterno Padre, y á quien como el puede
decir con verdad: «Tu eres mi muy amado Hijo
en quien yo tengo todas mis complacencias.»
81

Excelencia 34.

esplicacion de las terceras palabras del santa


maría.—Ruega por nosotros los pecadores.

ESPLICACION.

No solo debemos alabar á María Santísima llamán


dola Madre de Dios, que es el mayor elogio que po
demos tributarla; mas tambien debemos invocarla
como á nuestra abogada y medianera, para que in
tercediendo y rogando á su divino Hijo por nosotros,
remedie todas nuestras necesidades, especialmente
las espirituales. Decimos por nosotros, porque la
caridad todo lo hace comun y todo lo abraza, cuan
do se trata de cosas pertenecientes á nuestra salva
cion y la de nuestros prójimos. Añadimos pecadores
confesando que todos lo somos, y que por lo tanto
necesitamos de su poderosa intercesion para que su
divino Hijo nos perdone.
Pero María Santísima, podrá decir alguno, coloca
da á una distancia tan inmensa como hay desde la
tierra á los cielos, donde vive y reina con los Bién
aventurados, ¿oye acaso nuestras súplicas, vé y co
noce por ventura nuestras necesidades para que pue
da alcanzarnos allá en el cielo su remedio? Así ha
blan los que siguiendo las máximas impías de Vigi
lando, Erasmo, Lutero, Calvino y otros herejes,
— 82 —
impugnan osadamente la fe y creencia de la Iglesia
Católica sobre la invocacion é intercesion de los san
tos. Pero engáñanse miserablemente. No, la Virgen
Santísima gozando en el cielo de la vision clara de
Dios, no está ignorante de nuestras necesidades.
Allí, á pesar de la distancia que de. ella nos separa,
todas las vé, todas las sabe en el Verbo Divino, re
presentándoselas todas en él como en un espejo cla
rísimo. ¿Qué podrá, pues, ocultarse á la vista de la
Virgen en la vision clara de Dios, en cuyn Verbo,
resplandor de la luz eterna- y sin mancha, como le
llama la Sagrada Escritura, estan representadas to-
daslas cosas? ¿No verá nuestras necesidades? ¿no oirá
nuestras súplicas y ruegos? Sí ciertamente; porque
si los Angeles"no solo las conocen, sino que las pre
sentan y ofrecen á Dios para alcanzarnos el oportuno
remedio, como el Ángel S. Rafael se lo aseguróla
Tobías, ¿no las conocerá y presentará á su divino
Hijo María Santísima allá en el cielo para nuestro
consuelo y. remedio? Siendo como es Reina de todo
el universo ¿ignorará por ventura lo que pasa y
acontece entre los hombres, especialmente entre los
hijos de la Iglesia, los fieles cristianos? Ridículo rey
seria el que ignorase el estado de su reino: necio le
gislador el que no conociese la situacion de sus súb
ditos; y ¿esta ridiculez y necedad son compatibles
con el estado glorioso y alta dignidad de María San
tísima? Pensarlo, seria suma impiedad, proferirlo,
horrenda blasfemia. Por eso es, que instruidos nos
otros los fieles por la Iglesia en esta verdad de fé ca
tólica de la invocacion é intercesien de los Santos, y
confesando en ellos y mas particularmente en la San
tísima Virgen, un perfecto conocimiento de nuestras
necesidades y una sincera voluntad de remediarlas,
suplicamos humildemente á esta divina Señora, di
ciendo: Ruega por nosotros los pecadores.
— 83

Excelencia 35.

esplicacion de las últimas palabras del santa


maría.—Ahora y en la hora de nuestra muerte
AMEN.

ESPLICACION.

Al pronunciar estas últimas palabras del Santa


María, es como si dijeramos: Ruega por nosotros,
¡oh Madre de Dios! ahora, esto es, en el tiempo
presente, y tambien en el tiempo futuro; pero espe
cialmente ruega por nosotros en la hora de la mu
erte, en cuya terrible hora las tentaciones que nos
combaten son mas fuertes, los ataques del demonio
mas poderosos y formidables; y en que habiendo de
decidirse nuestra eterna suerte, necesisamos mas
que en cualquier otro tiempo de vuestro amparo y
proteccion.
Y á la verdad, ¿dónde podrá hallar un moribundo
una madre mas tierna y amorosa, unos amigos mas
constantes y mas fieles, que le amparen, consuelen y
socorran en la hora de la muerte con mas ternura y
compasion, que la Virgen Santísima? Llame en buen
hora con gemidos y llantos á sus amigos; clame con
voz dolorida y lamentable á sus domésticos; suspire
en fin agonizante ya por la presencia de su misma
— 84 —
mujer y de su mismos hijos para que le amparen y
favorezcan en esta tremenda hora. Todas estas per
sonas ¡ay! le desampararán, ó si quieren ayudarle no
podrán. Su amada esposa, desecha en amargo llan
to, le dirá: ¿qué puedo yo ayudarte, esposo mio,
en esta penosa y última enfermedad? Sus hijos, en
tre lágrimas y gemidos, le contestarán: ojalá, queri
do padre, pudiésemos darte una completa salud;
pero no alcanza á tanto nuestro poder y nuestras
fuerzas. Los parientes, en fin, sus domésticos y
amigos, tristes y desconsolados le responderán: con
formaos con la voluntad de Dios, ofrecedle el sa
crificio de vuestra vida, pues contra la muerte no
hay esperanza de remedio. Entonces el infeliz mo
ribundo, viendo que nadie pu-ede socorrerle en
aquella última hora, dando de lo íntimo de su co
razon un profundo suspiro, esclama y dice: !Ay¡
¡cuan vanos son los afanes y cuidados de los hom
bres! ¡Infeliz de mí....! ¡Yo me afané....! ¡yo su
dé....! ¡yo trabajé y empleé los dias de mí vida
en bien de mi mujer, de mis hijos, de mis parien
tes y amigos....! y ahora que imploro su socorro
no pueden ayudarme....! ¡Oh! ¡cuánto mas útil y
provechoso me hubiera sido haber empleado los
dias de mi vida en servir y amar á Dios y á su
Santísima Madre para granjearme amigos podero
sos y fieles que me pudiesen amparar y socorrer
en esta terrible hora....! Ah! si yo alcanzara la
salud, de cuan diferente modo viviria....! Mas el
desconsuelo del infeliz moribundo llega á su col
mo, al ver que todos le desamparan sin la espe
ranza de poderle dar ningun espiritual consuelo.
No así la Santísima Virgen. Como Madre terní
sima y amorosísima ayuda y favorece espiritual-
mente á los que en esta tremenda hora imploran
dé corazon su auxilio, amparo y proteccion. No
— 85 —
hay que dudarlo: ella aviva la fé del moribun
do, anima su esperanza, inflama su caridad, de
fiende su alma contra las tentaciones, ahuyenta
la horrible presencia de los demonios, llenándole
de alegria, de consuelo y dulzura, en tan grande
afliccion.
Si pues la Santísima Virgen es para los que la
invocan de corazon una Madre tan tierna y amo
rosísima no solo en la vida, sino tambien y prin
cipalmente en la hora de la muerte, nosotros sus
devotos clamemos y digámosla llenos de una en
tera confianza; Ó Madre nuestra dulcísima, Se
ñora y protectora nuestra poderosísima, dígnate
amparar y protejer nuestras pobrecitas almas en la
terrible hora de la muerte; líbralas de las ase
chanzas del " demonio: fortalécelas contra los fu
riosos embates de este formidable enemigo; y re
cibiéndolas en tus virginales manos, condúcelas á
la eterna mansion de los justos, en donde gozan
do de tu amable compañía, vivamos y reinemos
con Dios Padre, con Dios Hijo y con Dios Espí
ritu Santo, por todos los siglos de los siglos.
Esplicadas ya, segun la doctrina de los SS. Pa
dres y Sagrados Espositores la Oracion del Pa.-
drenuestro, del Ave Maria y del Santa Maria,
hemos juzgado oportuno manifestar seguidamente
las principales prerogativas de la salutacion An
gélica ó Ave Maria para escitar mas y mas á los
devotos del Santísimo Rosario á la práctica de tan
piadosa y santa devocion. El Ave Maria es aque
lla salutacion celestial y divina dictada por el
Eterno Padre y pronunciada á la Virgen por un
Arcángel; practicada por Jesucristo, por la mis
ma Virgen y por los Apóstoles; elogiada con gran
des alabanzas por los SS. Padres, enriquecida por
la Iglesia; gustosísima á toda la celestial gerar
— 86 —
quía; agradable á la Virgen; útil á los cristia
nos, y terrible á los cristianos.
Tales son las principales prerogativas del Ave Ma
ría, de las cuales vamos a hablar en las exce
lencias siguientes.
87 —

Excelencia 36.

EL AVE MARÍA, PARTE DE QUE SE COMPONE EL


SANTÍSIMO ROSARIO, FUÉ DICTADA POR EL ETERNO
PADRE Y DICHA Á LA VIRGEN POR UN ARCÁNGEL.

PRIMERA PREROGATIVA.

Habiendo llegado aiuel feliz y dichoso tiempo,


que la infinita sabiduría del Eterno Padre habia
prefijado en los inescrutables arcanos de su divina
providencia para la redencion del género humano,
por medio de la encarnacion, pasion y muerte de
su unigénito Hijo, eligió al Arcángel San Gabriel
por ministro de su embajada, que se dirigia á
anunciar á la Virgen María que ella era la esco
gida entre todas las mujeres para Madre del Re
dentor; y no solo dictó al Arcángel San Gabriel
las palabras con que debia saludar á la Santísima
Virgen, mas tambien le enseñó el modo con que
debia esperar su consentimiento. Oigamos si her
moso y sublime pensamiento de S. Juan Crisóstomo
en el Sermon de la Anunciacion, quien nos re
presenta al Eterno Padre instruyendo al Arcángel
S. Gabriel en las palabras y en el modo con que
debia saludar á la Santísima Virgen:
«Ven, Arcángel, le dice, preséntate ante mi ado
rable presencia.»
— 88 —
«Ven, que voy á nombrarte mi embajador, del
misterio mas profundo y del milagro mas estu
pendo que jamás vieron los siglos.»
«Anda, desciende á Nazaret, y allí encontrarás
á la Virgen María.»
«Di á esa Arca Santa dotada de vida, que pre
pare una honrosa y digna morada á mi unigé
nito Hijo en su castísimo seno.»
«Preséntate con modestia delante de ese animado
templo.»
«Sean tus palabras para la Virgen María de ine
fable gozo.»
«Así saludarás á la que he elegido para Madre
de mi Verbo:»
Dios te salve, llena de gracia, el Señor es con
tigo, bendita tú entre todas las mujeres.
Deseando el Arcángel S. Gabriel dar cumplimiento
á esta divina embajada, baja con velocidad increíble
á la ciudad de Nazaret, y entrando en la habitacion
de la Santísima Virgen, con voz tierna y suave,
la dice:
Dios te salve, llena de gracia, el Señor es conti
go, bendita tú entre todas las mujeres.
Al mismo tiempo le anunció la encarnacion y na
cimiento del Hijo de Dios.
Es creíble que el Arcángel S. Gabriel dijo á la
Santísima Virgen esta salutacion en presencia de
otros muchos Angeles, pues como dice Alberto Mag
no, no se ha de creer que solo un Arcángel viniese
á saludar á la Santísima Virgen sino que con es
te embajador principal vinieron otros muchos.
— 89 -

Excelencia 37.

EL AVE MARÍA USADA Y PRACTICADA POR JESUCRISTO,


POR LA SANTÍSIMA EÍRGEN Y POR LOS APÓSTOLES.

SEGUNDA PREROGATIVA.

El Apóstol Santiago, despues de dirigir á la Vir


gen Santísima una larga y afectuosa invocacion en
su ritual ó liturgia, la saluda con estas palabras:
Dios te salve, ó María, llena de gracia, el Señor
es contigo, bendita tú entre todas las mujeres,
bendito el fruto de tu vientre.
No solamente los Apóstoles, dice el Beato Alano
en el libro del Salterio de la Virgenv rezaron el Ave
María, viviendo aun la Virgen, sino que esta misma
Señora la practicó tambien, como ella misma se lo
reveló á este su gran siervo y devoto del Rosario,
por estas palabras; «Conociendo yo la virtud y gran
deza de la Encarnacion del Señor, decia devotamente
la Salutacion Angélica.—Yo, digo, segun efser na
tural humano oraba á María, á mí misma, segun
el ser divino de la gracia y de la gloaia.» ¡Qué mas!
el mismo Jesucristo en cuanto hombre, continúa'el
Beato Alano, usó y practicó frecuentemente la salu
tacion Angélica; no porque tuviese necesidad de orar
como nosotros á la Santísima Virgen, sino para
nuestra instruccion y ejemplo.
- 90 —

Excelencia 38.

EL AVE MARIA ELOGIADA CON GRANDES ALABANZAS


POR LOS SS. PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.

TERCERA PREROGAT1VA.

San Clemente Papa, S. Basilio, S. Juan Crisósto-


mo y otros muchos Padres y Doctores de la igle
sia, arreglaron de tal modo las ceremonias del
santo sacrificio de la misa, que á imitacion de los
Apóstoles consagraban la hostia despues de la ora
cion del Padrenuestro, añadiendo inmediatamente
algunas preces y el Ave María, como puede verse
en sus rituales ó liturgias, que signió despues re
ligiosamente la iglesia de Oriente por el espacio de
muchos siglos: prueba irrefragable del aprecio y ve
neracion que aquellos Padres y Doctores de los pri
meros siglos de la iglesia, tuvieron á la salutacion
Angélica. A proporcion pues de este aprecio y de
esta veneracion, fué tambien el ardiente celo de es
tas lumbreras y maestros de la iglesia, en celebrar
y publicar con grandes elogios y alabanzas la salu
tacion Angélica ó Ave Maria. Hable por todos, en
obsequio de la brevedad, aquel ilustre Padre y es
clarecido Doctor de la iglesia, devotísimo y fidelí
simo siervo de la Virgen, S. Epifanio, quien en ei
sermon de las alabanzas de María, repitiendo va
— 91 —
rías veces y amplificando con su elocuencia viva y
penetrante las primeras palabras del Ave María,
parece como se enagena, y difunde todo en publicar
las prerogativas y grandezas que de la Virgen San
tísima contiene en sí la salutacion Angélica. Oigá
mosle con respeto y atencion, porque sus pala
bras como salidas de un volcan encendidísimo de
amor y devocion para con la Virgen Santísima,
no podrán menos de inflamar nuestros corazones
en la devocion del Santísimo Rosario, en el que
tantas veses se repite esta divina salutacion.
Dice_ pues así el Santo Doctor: Dios te salve,
María. Dios te salve, á ti, ó Virgen hermosísi
ma, y adornada con todas las virtudes: á tí que
llevaste en la luminosa antorcha de tu cuerpo una
luz inestinguible y mas resplandeciente que el
mismo sol.
Dios te salve, á ti, ó Maria, llena de gracia:
á tí, Arca de oro purísimo que contuviste el ce
lestial maná. Dios te salve, Fuente peremne, que
sacias á los sedientos con las abundancias de tus
dulcísimas aguas. Dios te salve, María, á tí, ó
Cielo resplandecentísimo, que contuviste en tu cas
tísimo seno á todo un Dios infinito, inmenso, y
escedes en resplandor divino á todos los coros de
los Angeles, Querubines, Serafines y demás Espíri-
tns celestiales. Dios te salve, ¿Que mas diré? ¿de
que modo, con qué palabras proseguiré alabando
á la que es eternamente bienaventurada, dichosa
y feliz? Lo diré de una vez. Dios te salce, Mai ía,
á ti, ó María, que eres la mas hermosa, la mas
amable, la mas digna, la mas escelente y superior
en gracia y gloria á todo lo que no es Dios.
— 92 —

Excelencia 39.

el ave maría aumentada por la iglesia con el


santa maria.

CUARTA PREROGATTVA.

Desde muy remotos tiempos de la iglesia, han


acostumbrado los fieles á rezar ol Santa Maria,
como una oracion añadida al Ave Maria por la
misma iglesia. Veamos en que tiempo y por qué
motivo se añadió dicha oracion. Proscriptas y con
denadas ya las varias heregías que en los prime
ros siglos del cristianismo afligieron á la iglesia,
cuando esta amada esposa de Jesucristo veia re-r
nacer otra vez la paz en su seno, Nestorio, Pa
triarca de Constantinopla, tuvo la osadía de ne
gar á la Virgen Santísima su incomparable y jus
to título de Madre de Dios. Sabedor el Papa Ce
lestino de la nueva heregía, escribe á Nestorio
exortándole al arrepentimiento, y amenazándole
al mismo tiempo con la privacion de la comunion
eclesiástica, si no lo verificaba en el preciso tér
mino de diez dias. El heresiarca, lejos de obede
— 93 —
cer á las paternales amonestaciones del padre co
mun de los fieles, acusa de herege á S. Cirilo,
Obispo de Alejandría y acérrimo defensor de la
maternidad divina de la Virgen. Vista la pertina
cia de Nestorio, celebra el Papa Celestino el concilio
general de Éfeso, al cual llamado Nestorio para ser
oido, rehusó tenazmente asistir. Pero examinados
cuidadosamente en el concilio sus escritos, y es
tando en ellos ■ enseñada claramente la heregia, él
es depuesto de su dignidad, y su heregia proscripta
y condenada solemnemente por todos los Padres
del concilio, año del Señor 431. Cual fué el júbi
lo de toda la iglesia católica representada en este
concilio por sus pastores, al ver á la Virgen San
tísima sostenida y confirmada en la justa posesion
del glorioso título de Madre de Dios, que la in
fame heregia intentaba usurparle, solo podrá es
presarlo debidamente la misma ciudad de Éfeso, tes
tigo presencial del solemne triunfo de María. Sus
templos resonaron con armoniosos cánticos de go
zo y de alegria: los fuegos artificiales despedidos
al aire anunciaban a larga distancia la victoria
de la Virgen: los Padres del concilio fueron col
mados de bendiciones: cada uno de sus moradores
se esmeró en concurrir á la celebridad de aquel
memorable dia, y sus voces formaron un concier
to de alabanzas y congratulaciones unánimes.
Los Padres del concilio deseando hacer al Sumo
Pontífice participante de su gozo por haberse pros
cripto la heregia, le enviaron á Juan, presbítero,
y á Epitecto, diácono, los cuales llegaron á Roma
el mismo dia de la Natividad del Señor. El Su
mo Pontífice, despues de haber dado gracias in
mortales á Dios por tan singular beneficio decla
ró, mandó y sancionó, que en todas las partes del
órbe católico se alabase y predicase á la Virgen
— 94 —
Maria, como verdadera Madre de Dios, añadien
do al Ave Maria estas memorables palabras,—
Santa María, Madre de Dios, etc. Tal fué la
época y el motivo de haber añadido y aumenta
do la iglesia y el Santa María á la Salutacion
Angélica.
95 —

Excelencia 40.

EL AVE MARIA ENRIQUECIDA POR LA IGLESIA.

QUINTA PREROGAT1VA.

No contenta nuestra madre la Iglesia con haber


añadido al Ave Maria el Santa Maria, como aca
bamos de ver, la ha enriquecido tambien con el
infinito é inagotable tesoro de sus indulgencias,
por medio de su suprema cabeza los Sumos Pon
tífices, á saber:
El Papa Urbano IV concedió indulgencia de 30
dias á todas las personas que rezaren devotamen
te el Ave Maria. La misma indulgencia de 30 dias
á las palabras que añadiesen á dicha salutacion
la palabra Jesús. (1)
El Papa Paulo 111 concedió indulgencia plena-
ria á todos los fieles que rezaren devotamente
el Ave Maria con las antífonas, verso y oracio
nes siguientes.
El Ángel del Señor anunció á Maria:
Y concibió del Espíritu Santo.
Dios te salve María etc.
(1) Micoviense, tomo 2.a, pag. 130.
— 96 —
Pe aquí la esclava del Señor:
Hágase en mí segun tú palabra,
Dios te salve María etc.
El Hijo de Dios se hizo hombre:
Y habitó entre nosotros.
Dios te salve María etc.

y Ruega por nosotros, ó Santa Madre


de Dios.
R) Para que seamos dignos de las prome
sas de nuestro señor Jesucristo.

ORACION.

Te suplicamos, Señor, que infundas tu gracia en


nuestras almas para que, los que por el anuncio
del Ángel hemos conocido la encarnacion de Jesu
cristo tu Hijo, seamos llevados á la gloria de la
resurreccion por los méritos de su pasion y de
su cruz. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor
tu Hijo, que contigo vive y reina en union del
Espíritu Santo verdadero Dios, por todos los si
glos de los siglos. Amen.

PARA EL TIEMPO PASCUAL.

Reina del cielo, alégrate, aleluya.


Porque el que mereciste llevar, aleluya.
Resucitó como había dicho, aleluya.
Ruega por nosotros á Dios, aleluya.
y Alégrate, regocíjate, ó Virgen Maria, ale
luya.
R) Porque el Señor resucitó verdaderamente,
aleluya.
— 97 —

ORACION.
O Dios, que por la resurreccion de tu Hijo nuestro
Señor Jesucristo, te dignaste alegrar al mundo; con
cédenos, te rogamos, que por la intercesion de su
Madre la Virgen María alcancemos los inefables go
zos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo nues
tro Señor. Amen.

El Papa Benedicto XIII concedió perpetuamente á


todo fiel oristiano, que al toque de las Ave-Marias,
por la mañana, al medio dia y á la noche, rezase de
rodillas las antífonas y tres Ave-Marías referidas con
el verso y oracion que las siguen, indulgencia plena-
ria, y remision de todos los pecados, una vez al mes;
lo cual podrán conseguir en cualquier dia que confe
sando y comulgando rueguen á Dios por nuestra ma
dre la Iglesia etc. Además, cien dias de indulgencia
cada vez,, que verdaderamente contritos, las reza
ren. (1)
El Papa Benedicto XIV confirmó dioha indulgencia
plenaria, deolarando que se dijese en pié todos los Do
mingos desde sus primeras Vísperas; y en tiempo pas
cual la antífona y oracion que le corresponde. Tam
bien pueden ganar la misma indulgencia los Religio
sos, Religiosas y demás personas que están ocupadas
en el coro ó en el campo donde no se oyen las cam
panas, rezando los Religiosos y Religiosas las Ave
Marias inmediatamente despues del coro, y las demás
personas en los tiempos acostumbrados en que sue
len tocarse las campanas, Así lo tienen declarado

(1) Merino, Instruccion de las indulgenciast


página 206.
7
- 08 -
tambien los Papas Benedicto XIII y Pio VI (1).
Finalmente, el Papa Leon X concedió mil dias de
indulgencia á todos los fieles cada vez que al oir
la hora del relój rezasen devotamente un Ave Ma-
ria; la cual indulgencia confirmó tambien el Papa
ftuilo V (2).

(1) Merino en el lugar citado.


(2) Micoviense, tomo 2 página 130.
— 99 —

Excelencia 41.
EL AVE MARIA CAUSA UN SUMO GOZO Y ALEGRIA Á
TODOS LOS ANGELES, ARCÁNGELES Y DEMÁS JERAR
QUIAS CELESTIALES. SESTA PREROGATIVA.

Y en primer lugar el Ave María causa al Ar


cángel S. Gabriel en el cielo un estraordinario go
zo. Todo S. Gabriel, dice Santa Gertrudis (1) res
plandece en el cielo con un nuevo resplandor de
divina luz, todas las veces que se reza en la tierra
la Salutacion de la Anunciacion hecha por él á
la Santísima Virgen. Mas no solo el Arcangel S"
Gabriel, sino tambien todos los Angeles, Querubi
nes, Serafines y demás coros de Espíritus celes
tiales, se llenan de júbilo y de placer, al saludar á
la Santísima Virgen con el Ave Maria. «Todos los
santos Angeles, dice el Beato Alano, (2) y demás
Espíritus celestiales aclaman en el cielo á la santí
sima Virgen con suma alegría diciendo Ave Maria.
Saben muy bien, que por medio de esta divina Sa
lutacion se anunció á todo el linage humano en
persona de la Virgen, la encarnacion del hijo de Dios,
y la redencion del mundo.» Lo mismo habia ya

(l) Libro 4.° de sus revelaciones. (2) Libro


del nacimiento y 'progreso de la cofradía del San
tísimo Rosario.
— 100 —
aflrmado el insigne Doctor de la iglesia S. Ata-
nasio, añadiendo, que este gozo al oir pronun
ciar la Salutacion Angélica no es solamente pro
pio de los hombres, sino tambien de los Angeles
(1) Así es, que aquel fervorosísimo devoto de la
Virgen el Beato Enrique Suso, del Orden de PP.
Predicadores, como tuviese la piadosa y saludable
costumbre de alabar frecuentemente á Maria San
tísima con la salutacion Angélica, mereció que
los Angeles se le apareciesen repetidas veces can
tándola dulce y suavemente. ¡Tan gustosa es á
los Angeles y demás Espíritus celestiales el Ave
Maria, que los llena de júbilo y de placer, y los
hace bajar del cielo para cantarla dulcemente á
los devotos de la Virgen!

(1) Sermon de las alabanzas de la Virgen.


— 101 —

Excelencia 42.
EL AVE MARIA ES SUMAMENTE AGRADABLE A DIOS Y
A LA SANTISIMA VIRGEN. SÉTIMA PREROGATIVA.

Si á los Ángeles tan interesados en las glo


rias y alabanzas de su Reina y Señora la Santísi
ma Virgen, causa tanto placer y gozo, como aca
bamos de ver, al verla honrada y alabada por
sus devotos con el Ave-María, ¿cuanto mayor no se
rá el júbilo y alegría, que esperimentará esta misma
Señora al verse saludada y aclamada en dicha salu
tacion, llena de gracia, acompañada, ó mas bien,
poseída enteramente del Señor, y bendita entre to
das las mugeres, por haber sido elevada á la incom
parable dignidad de Madre de Dios? A la verdad, no
hay lengua ni entendimiento humano que pueda es-
plicar debidamente, cuan agradable es, y cuanto el
júbilo y el placer que recibe la Santísima Virgen al
oir la salutacion Angélica. Así se lo aseguró esta be
nignísima Señora á una devota del Santísimo Rosa
rio. «Hija mia, le dijo no temas á tu dulce Madre, á
quien tú ofreces todos los dias humildes obsequios.=
Te aconsejo que perseveres; pero ten por cierto que
yo recibo tanto placer y tanto gozo al oir la salu
tacion Angélica, que no hay lengua humana que
pueda debidamente esplicarlo. (1)
(1) Guillermo Pepino, Rosario áureo, serm.
- 102 —
Esta misma verdad confirman una admirable vi
sion de Santa Gertrudis y las apariciones de la Vir
gen á Santa Matilde y á un monje cisterciense. Las
cuales nos ha parecido oportuno referir aquí, segun
las refieren autores fidedignos, para consuelo y estí
mulo de los devotos del Santísimo Rosario.
Estando las Religiosas del convento de Santa Ger
trudis en los maitines de la Anunciacion de Nuestra
Señora, mientras se cantaba el Ave Maria, vió la
Santa la maravillosa vision siguiente. Vió tres ar-
royitos que brotando con ímpetu, uno del Eterno
Padre, otro de su Unigénito Hijo, y otro del Espíritu
Santo, iban á reunirse todos tres al sagrado corazon
de la Santísima Virgen, inundándole todo; y que sa
liendo otra vez con el mismo ímpetu del corazon de
la Virgen, inundaban con sus avenidas toda la tier
ra. En cuya admirable vision se le dió á entender á
la Santa, que por aquella avenida impetuosa de los
tres arroyitos, que brotando del trono de la Beatísi
ma Trinidad iban á reunirse en el corazon de la Vir
gen, se le habia concedido á esta Señora el ser la mas
poderosa despues del Eterno Padre, la mas sabia des
pues de su unigénito Hijo, y la mas bondadosa des
pues del Espíritu Santo. Se le dió á conocer tambien
que todas las veces que se rezaba ó cantaba devota
mente el Ave Maria en la tierra por los fieles, vol
vían con nuevo Ímpetu los tres arroyitos desde la
tierra basta el corazon de la Virgen, llenándole todo
abundantisimamente de estraordinario gozo y ale
gría; de cuya abundancia rebosaban innumerables
corrientes de júbilo y de eterna salud, con las cua
les eran rociados todos los Angeles y Santos del cie
lo y todos los que rezaban ó cantaban devotamente
en la tierra el Ave Maria (1).

(1) Libro 4.° de sus revelaciones, cap. 12.


- 103 -
No menos admirable es tambien la aparicion de
la Santísima Virgen á Santa Matilde religiosa del
Orden de S. Benito, Fué del modo siguiente.
Un sabado, cantando las monjas en la iglesia el
Salve sánela parens, que quiere decir, Dios te sal
ve, ó santa Madre de Dios, arrebatada Santa Matilde
de un ardentísimo amor hacia la Santísima Virgen,
dijo de esta manera. «Si yo pudiera saludarte, 6
dulcísima Reina del cielo, con una salutacion tal ,
que jamas hubiera pensado ni pudiera pensar nin
gun entendimiento humano, creed, ó Señora mia,
que lo haria gustosísimamente» Apenas habia aca
bado de pronunciar Santa Matilde estas palabras,
cuando la Santísima Virgen, llevando en su castísi
mo pecho escritas con letras de oro el Ave Maria, se
le aparece y con semblante risueño le dice; «Matilde
hija mia, ningun hombre pudo ni podrá pensar ja
mas una salutacion mas excelente, ni mas dulce para
mí, que el Ave Maria. Ella es aquella divina saluta
cion con que me saludó el Eterno Padre, por medio
un Arcangel» (1)
Concluyamos con aquella otra aparicion, que re
fiere el piadoso Dionisio Cartujano en el sermon pri
mero de la Asuncion de la Virgen. Un monge cister-
ciense, tenía la saludable costumbre de hincarse de
rodillas antes de acostarse y saludar á la Santísima
Virgen rezando cincuenta veces el Ave María. Una
noche pues, que se había acostado olvidado de su
piadosa devocion, acordándose de ella, levantóse pre
cipitadamente para cumplirla, arrepentido de su omi-
cion. Apareciósele entonces la Santísima Virgen ves
tida con un hermosísimo manto, en el cual estaban
escrita muchas salutaciones Angelicas con letras de
oro y le dice: «He aquí hijo mio, escritas en este

(1) Micoviense, tomo 2." página 131.


- 104 -
manto con letras de oro, todas las Ave Marías, que
privándote de tu reposo, devotamente me lias reza
do.» Y presentando la Santísima Virgen la parte in
terior del mismo manto, continuó diciendo: «Cuando
llenares esta parte interior, de salutaciones Angeli
cas, pedire á mi divino Hijo, te lleve á su reino»
Además de estas apariciones y otras muchas, que
pudieramos referir de autores fidedignos, prueban
tambien mas que suficientemente, cuan agradable es
á Dios y á su Santísima Madre el Ave Maria, los es
tupendos y admirables prodigios obrados por el dedo
de Dios en diferentes ocasiones y épocas. Tal es entre
otros innumerables, aquel célebre milagro, que refie
re Seguino (1) obrado en el sepulcro de un lego del
Orden del Cistér, en el cual floreció una hermosísima
azucana, que teniendo fija su raiz en la boca del di
funto, contenía escritas en sus hojas las primeras
palabras del Ave María, por haber tenido en vida la
santa costumbre de rezar frecuentemente dichas pa
labras que unicamente pudo aprender por la rudeza
de su memoria. Tales son tambien, el que refiere
Juan Langoez, de un niño, y Bernardo Brito, del
Beato Guillermo, fervorosísimos devotos de la Vir
gen, sobre cuyos sepulcros se repitieron los mismos
admirables prodigios de las azucenas, en cuyas hojas
estaban escritas con letras de oro estas palabras del
Ave Maria: Dios te Salve María.
Bastaba pues lo dicho, para convencerse de lo
agradable que es á Dios y á la Santísima Virgen, la
devocion de rezar frecuentemente el Ave Maria. Pero
no queremos pasar en silencio aquel otro insigne y
estupendo milagro, obrado por la mano omnipotente
de Dios en el sepulcro de otro Religioso lego del refe
rido Orden del Cistér; porque al mismo tiempo que

(1) Líb. 3.° de los Sanios del Orden del Cister.


— ios —
recomienda la constante y fervorosa devocion, de es
te fidelísimo devoto de la Virgen, reprende en gran-
do manera nuestra frialdad y tibieza para con esta
Señora. De este asombroso prodigio fué testigo ocu
lar el M. R. P. Fr. Cesario, monge del Orden del Cis-
tér, varon docto y piadoso, quien lo refiere del modo
siguiente. «Habia en Polonia un lego de nuestra Or
den llamado Landislao, que absolutamente no sabía
ninguna oracion. Tratando pues de instruirle, y no
pudiendo aprender el Miserere, ni aun la oracion del
Padrenuestro, se le propuso para que la aprendiese
el Ave María; y oyéndola la primera vez, dijo con
mucha gracia. —Suenan tan dulcemente estas pala
bras, que espero aprenderlas pronto y bien. Así su
cedió en efecto con admiracion de todos; y aprendi
das no cesaba de repetirlas con suma devocion y ale
gría. Murió pues y fué sepultado el Beato Landislao
y he aquí, que un árbol frondosísimo nació de su se
pulcro. Deseando saber los espectadores de este pro
digio, de donde procedían las raices de un árbol tan
hermoso, cabaronla tierra y todos quedaron maravi
llosamente sorprendidos al ver que su principal raiz
salía del corazon del difunto. Pero su admiracion lle
gó al mas alto punto, al observar que en cada una
de sus hojas, estaba escrita con letras claras y per
ceptibles el Ave María. ¡Dé este modo glorifica Dios
los sepulcros y las cenizas de los devotos de su Santí
sima Madre..!
— 100 —

Excelencia 43.

EL AVE MARIA ES ÚTILÍSIMA A TODOS LOS CRISTIA


NOS.—OCTAVA PREROGATIVA.

Para manifestar la utilidad que resulta á todos


los cristianos, de la santa y sal udable práctica de
rezar devotamente el Ave María, basta referir las me
morables palabras de los santos y esclarecidos Docto
res de la Iglesia S. Juan Damasceno, y S. Bernardo.
S. Juan Damasceno dice: (1) «¿De cuantos bienes no
son enriquecidos, ó Virgen Maria, los que habiendo
recibido el don de acordarse de ti rezando el Ave Ma
ria, hacen de su alma un sagrado prontuario de tu
santa memoria? S. Bernardo se esplica así: «El que
rezare devotamente el Ave Maria, no podrá menos
de esperimentar un placer y una suavidad inesplica-
ble. ¡O Magna! ¡ó Pia! ¡ó Virgen Maria! digna de
toda alabanza, prosigue este ilustre Doctor, tu no
puedes ser nombrada sin inflamar el corazon de los
que te aman, ni estos pueden pensar en tí, sin que
tú llenes su alma de una indecible espiritual dulzu
ra.» Añadamos tambien á esto aquellas terribles pa-
(1) Oracion 1.a del tránsito de la Virgen.
— 107 —
labras que la Santísima Virgen dijo al Beato Alano
y que este su fervorosísimo devoto refiere en su libro
del Salterio de la Virgen. «Ten por cierto, le dijo, y
predícalo á todos los hombres, que tener horror y
hastío al Ave Maria, anuncio feliz de la redencion del
mundo, es señal probable de eterna condenacion.
— 108 —

Excelencia 44.
El ave makia ahuyenta los demonios.—Novena
y última prerogatlva.

Aquí es necesario volver á repetir para fundar es


ta última prerogativa del Ave Maria, aquellas elo
cuentísimas palabras con que el ya citado Beato Ala
no hace ver el grande terror que infunde á todos los
demonios el Ave Maria, «Toda la tierra se pasma,
cuando digo, Ave María: todo el infierno tiembla, to
dos los demonios huyen, cuando digo, Ave Maria.
Mas: orando de noche el venerable Tomás de Kem-
pis, varon de suma piedad y virtud, los demonios
procuraban perturbarle en su santo ejercicio, y con
este perverso fin le representaban horribles espectros
y fantasmas. A la vista de tantos esfuerzos de los de
monios para conseguir su intento, el venerable Kem-
pis reza con fervor y confianza el Ave María, y lue
go al punto desaparecen las fantasmas, huyendo los
demonios avergonzados y despavoridos. (1)

(1) Sermon 3.° á los novicios.


— 109

Excelencia 45.
La devocion del santísimo rosario es un camino
fácil y breve para llegar a la cumbre de la
perfeccion cristiana.

No puede negarse, á no ser que quiera trastornar


el órden comun y ordinario que Dios ha establecido
en su iglesia para conducir las almas á la cumbre de
la perfeccion cristiana, no puede negarse, que para
conseguir tan santo y noble fin, necesita el hombre
valerse de ciertos medios ó caminos, que le lleven á
él con facilidad y seguridad; llegando con tanta ma
yor prontitud á la consecucion de tan grande é ines
timable bien, cuanto mas fáciles, breves y seguros
sean estos caminos. Ahora bien, ¿donde hallará el
cristiano, despues de la frecuencia de los santos Sa
cramentos, un camino mas seguro, mas fácil y breve
para llegar á la cumbre del monte santo de la perfec
cion cristiana, que la frecuente meditacion de los
misterios de nuestro Señor Jesucristo y de su Santí
sima Madre? pues tal es el camino, tal es el medio de
que se vale para llegar á tan dichoso término, el cris
tiano que tiene la devocion de rezar devota y fre
cuentemente el Santísimo Rosario. Por esto, el Sumo
Pontífice, digno de eterna memoria, Gregorio Vil,
manifestando á la piadosa Condesa Matilde los cami
nos para llegar á la cumbre de la perfeccion cristia
— 110 —
ha, le señala como los mas seguros, breves y fáciles,
la frecuente comunion del adorable cuerpo de Jesu
cristo y la total entrega y sumision bajo el amparo y
patrocinio de la Santísima Virgen. Aquel cristiano,
pues, que practica la devocion del Santísimo Rosario,
indudablemente se entrega bajo el patrocinio de la
Santísima Virgen: luego segun el Papa Gregorio Vil
el cristiano que reza devotamente el Santísimo Ro
sario, se vale de un medio poderoso, ó de un camino
fácil y breve para llegar á la cumbre de la perfec
cion cristiana.
Por otra parte, si para conseguir el hombre la
perfeccion cristiana, necesita adquirir las virtudes y
destruir los vicios, la devocion del Santísimo Rosario
es tambien un eficaz medio para destruir todos los
vicios y adquirir todas las virtudes. Con efecto, si la
soberbia te hincha, si la ambicion te consume, la lu
juria te mancha y las demás pasiones te dominan; re
za devotamente el Santísimo Rosario, y él te enseña
rá, que no hay honores sin disgustos, que los deleites
de la carne y de todas las demás pasiones que tira
nizan al hombre, pasan velozmente, y que por su vir
tud y poder se desvanecen como el humo. Si deseas
tener fé viva, esperanza firme, caridad ardiente; reza
el Santísimo Rosario, y él avivará tu fé, animará tu
esperanza, inflamará tu caridad, recordándote los
misterios de la vida, pasion y muerte de Jesucristo.
Si deseas en fin, s¿r humilde, manso, obediente, cas
to, paciente, caritativo, y adornar tu alma con todas
las demás virtudes cristianas; reza devotamente el
Santísimo Rosario, y él te mostrará á Jesucristo y á
su Santísima Madre, como perfectísimos modelos de
todas ellas.
111 —

Excelencia 46.

Modo práctico fácil y provechoso de rezar el


santísimo rosario.

El presente modo práctico de rezar el Santísimo


Rosario, que proponemos y aconsejamos como fácil y
provechoso, consiste en los puntos siguientes.
1.° En principiar diciendo: Por la señal de la san
ta cruz etc. persignándose al mismo tiempo.
2.° En decir el Acto de contricion.
3." En decir varios versos, formar la intencion y
hacer el ofrecimiento, como luego se dirá.
4.° En anunciar en cada diez el misterio de la vi
da de Jesucristo ó de su Santísima Madre que corres
ponda, segun el órden de los dias de la semana, para
irlos meditando.
5." En rezar cinco diezes, esto es, cinco Padre
nuestros, y cincuenta Ave Marías, con un Gloria Pa-
tri en cada diez, que es lo que forma una parte del
Rosario.
6.° En decir la letanía Lauretana, con la antífo
na Sub tuum prcesídium, versillo, y la oracion pro
pia del Rosario.
7.° En concluir con el Credo, una Salve y alguna
otra devocion particular. Mas para que todos estos
puntos puedan comprenderse mejor, y nosotros poda
— 112 —
mos sacar de su órden y distribucion todo el provecho
espiritual que nos ofrecen, los reduciremos á la prác
tica, haciendo antes una advertencia importante, y
reservando para la excelencia siguiente manifestar
las solidísimas razones en que este breve y sencillo
método se funda.

ADVERTENCIA,

1.° Suponemos que el Rosario se reza alternativa


mente ó á coros por los fieles, en alguna iglesia ó ca
pilla, ó bien por las personas de alguna familia en su
casa, dirigiéndole una de ellas. Por esta razon llama
mos á la persona que dirige el Rosario, Director; y á
los que le acompañan á rezarle, Devotos.
2.° Suponemos tambien, que solo se reza una par
te de Rosario en cada dia de la semana, principiando
por el lunes. Hecha esta breve advertencia, manifes
temos yá el modo práctico de rezar con fruto el San
tísimo Rosario á coros, segun la distribucion de los
dias de la semana, y el orden de los misterios que
contiene.
Reunidos á la hora acostumbrada el Director y
Devotos en la iglesia, capilla ó lugar donde se haya
de rezar el Santísimo Rosario, y procurando guardar
toda compostura, atencion y devocion, pues se vá á
hablar con Dios y su Santísima Madre, se principia
rá del modo siguiente.

LUNES Y JUEVES.

Director y Devotos. Por la señal de la santa


cruz...
Director^ y Devotos. Señor mio Jesucristo, Dios
y hombre verdadero....
— 113 —
Dir. Domine, labia mea aperies.
Dev. Et os meum anuntiabit laudem tuam.
Dir. Deus, in adjutorium meum intende.
Dev. Domine, ad adjuvandum me festina.
Dir. Dignare me. laudare te, Virgo sacrata.
Dev. Da mihi virtutem contra liosles tuos.
Dir. Gloria Patri, et Filio, el Spiritui Sancto.
Dev. Sicut erat in principio, et nunc, et semper
etin saecula saeculorum. Amen.
FORMA DE INTENCION Y OFRECIMIENTO.
Dir. (En nombre de todos.) Virgen. Santísima,
purificad nuestros lábios y nuestro corazon para
rezar dignamente vuestro Santísimo Rosario, el
que humildemente ofrecemos por la exaltacion de
la Fé, extirpacion delas herejías, .prosperidad de
la Iglesia y del Estado, paz y concordia entre los
Príncipes cristianos; por sufragio de las almas del
purgatorio, y para que pidais á vuestro Santísi
mo Hijo nos conceda su santísimo amor y el vues
tro, y nos libre de todo pecado ahora y siempre
hasta el fin de nuestra vida. Amen. (Si no se sabe
lo que antecede podrá principiarse despues de
persignarse y el Acto de Contricion, diciendo...)
Dir. MISTERIOS GOZOSOS.
PRIMER MISTERIO.

A nunciacion y Encarnacion del Hijo de Dios.


¡Oh Verbo encarnado
De mi amor heridol
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.
Dir. Padre nuestro
Dev. El pan nuestro
Dir. Dios teMaría
salve María w
Dev. Santa iDiez veces-
8
— 144 —
Dir. Gloria Patri
Dev. Sicut erat
Dir. Ave María purísima.
Dev. Sin pecado concebida.
Dir. SEGUNDO MISTERIO.

Visitacion de la Santísima Virgen á Santa Isabel.


¡Oh Dios que visitas
Á Isabel y al Hijo!
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberle ofendido.
Dev. Padrenuestro
Dir. El pan nuestro
Dev. Dios
SantateMaría
salve María )n. _.„
Dir. !Diez veces'
Dev, Gloria Patri
Dir. Sicut erat
Dev Ave María Purísima.
Dir Sin pecado concebida.
Dir TERCER MISTERIO.

Nacimiento del Hijo de Dios.


¡Oh Jesus humilde
En Belen nacido!
Dev. Pésame, mi Dios,
■. De haberte ofendido.
Dir. Padre nuestro
Dev, El pan nuestro
Dir, Dios te salve María.. ..)D¡
Dev, Santa María jUiez vece9-
Dir Gloria Patri
Dev. Sicut eral
Dir. Ave María Purísima.
Dev Sin pecado concebida.
— 115 —
Dir. CUARTO MISTERIO.

Purificacion de la Santísima Virgen y Presentacion


del Niño Jesus en el Templo.
¡Oh Virgen! ¡Oh Niño
En el Templo ofrecido!
Dev. Pésame, mi Dios^
De haberte ofendido.
Dev. Padre nuestro
Dir. El Pan nuestro
Dev. Dios te salve María....),..
Dir. Santa María fDiez veceSi
Dev. Gloria Patri
Dir. Sicut erat , ,
Dev. Ave María Purísima.
Dir. Sin pecado concebida.
Dir. QUINTO MISTERIO.

El Niño Jesus perdido y hallado en el Templo,


¡Oh Jesus hallado
Por mi amor perdido!
Dev, Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.
Dir. Padre nuestro
Dev. El pan nuestro
Dir. Dios te salve María,. ..),..
Dev. Santa María riez veces-
Dir. Gloria Patri
Dev. Sicut erat
Dir. Ave María Purísima.
Dev. Sin pecado concebida.
Dir. Kyrie eleison. ) La Letanía
Dev. Christe eleison.) lauretana.
Concluida la Letanía se dirán la antífona, versillo y
oracion siguientes:
— 116 —
Dir. Sub tuum praesidium confugimus, saneta
Dei Genitrix: nostras deprecationes ne des
pidas in necessitatibus; sed á periculis
cunctis libera nos semper, Virgo gloriosa
et benedicta.
Dir. Ora pro nobis Regina Sacratissimi Rosarii.
Dev. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.
Dir. OREMUS.
Deus, cujus Unigenitus, per vitam, mortem et
resurrectionem suam, nobis salutis aeternae praemia
comparavit: concede, quaesumus; ut haec myste-
riaSanctissimo B. Mariae Virginis Rosario recolen-
tes, et imitemur quod continent, et quod promit-
tant, assequamur. Per eumdem Christura Dominum
nostrum. Amen.
Dir. Benedicamus Domino.
Dev. Deo gratias.
Dir. y Dev. Creo en Dios Padre Todopoderoso...
Dir. y Dev. Dios te salve, Reina y Madre....
Despues se rezará alguna devocion particular, si
se quiere, con lo que se dá fin al Rosario.
MARTES Y VIERNES.
Todo lo mismo que el lúnet y juéves, excepto los
Misterios que el Director anunciará del modo
siguiente:
Dir. MISTERIOS DOLOROSOS.
PRIMER MISTERIO.

Oracion y agonías de N. S. Jesucristo en el Huerto.


¡Oh sudor sangriento
De Dios afligido!
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.
— 117 —

Dir. SEGUNDO MISTERIO.


Crueles azotes de N. S. Jesucristo.
¡Oh Jesus atado
De azotes herido!
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.

Dir. TERCER MISTERIO.


Corona de espinas de N. S. Jesucristo.
¡Oh Dios con espinas,
Rey escarnecido!
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.

Dir. CUARTO MISTERIO.


Cruz que llevó sobre sus hombros N. S. Jesucristo.
¡Oh Cruz en tus hombros!
¡Oh amargo camino!
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.

Dir. QUINTO MISTERIO.


Crucificion y Muerte de N. S. Jesucristo.
¡Oh Fénix de amor
Muerto en cruz y herido!
Dev. Pésame, mi Dios,
de haberte ofendido.
— H8 —
MIÉRCOLES, SÁBADO Y DOMINGO.
Dir. MISTERIOS GLORIOSOS.
PRIMER MISTERIO.

Gloriosa Resurreccion de N. S. Jesucristo.


¡Oh Jesus triunfante
De la muerte y vicio!
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.
Dir. SEGUNDO MISTERIO.

Admirable Ascension de N. S. Jesucristo.


¡Oh Jesus que al Cielo
Subes con tus hijos!
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.
JP¿4\. TERCER MISTERIO.

Venida del Espíritu Santo.


¡Oh Jesus que envias
Tu fuego divinol
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.
DlT., CUARTO MISTERIO.

Asuncion de Nuestra Señora á los Cielos por


ministerio de. los Ángeles.
¡Oh Dios que á tu Madre
Llevas al Empireol
— 119 —
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.
Dir.. QUINTO MISTERIO.

Coronacion de Nuestra Señora en los Cielos.


¡Oh Flor que coronas
Tu Rosal divino!
Dev. Pésame, mi Dios,
De haberte ofendido.

excelencia 41.
solidísimas razones en que se funda el anterior
método práctico de rezar el santísimo rosario.

Para que no se crea que el método práctico de


rezar el Santísimo Rosario que proponemos, es
efecto del capricho, ó una meca arbitrariedad,
presentaremos en esta excelencia las solidísimas
razones en que lo apoyamos, segun el órden de
los puntos que contiene.
1.° Principiamos el Santísimo Rosario hacien
do la señal de la Santa Cruz; porque habiendo sido
instituido por el glorioso Santo Domingo á imita
cion del Salterio de David, el cual forma mucha
parte del Oficio divino que rezan los eclesiás
ticos, y principiando estos dicho Oficio con la se
ñal de la Santa Cruz» justo es que el pueblo cris
tiano, que debe ser imitador de las virtudes de su
Clero, principie tamhien su Salterio Ma'riano ó el
Rosario con la señal de la Santa Cruz; y esta es
la primera razon. ,2>* Para seguir practicando la
antiquísima y no interrumpida costumbre de los
primitivos fieles de la Iglesia, los cuales, instrui
dos por los mismos Apóstoles, por los SS. Padres
y Doctores de ella, se signaban con la señal de la
— 120 —
Santa Cruz, siempre que principiaban alguna ac
cion ú obra. «Haz esta sagrada señal de la Cruz,
dice S. Cipriano (1), cuando comes, cuando bebes,
cuando te levantas, cuando andas, cuando ha
blas....» Si, pues, nuestros Maestros y Doctores
nos mandan que formemos la señal de la Santí
sima Cruz cuando vamos á hacer alguna obra aun
que sea natural, ¿con cuánta mayor razon no de
beremos formarla al principiar el Santo Rosario,
que es obra sobrenatural? 3.a Siendo el Santísimo
Rosario un arma poderosísima, y como un ejér
cito formidable contra todos nuestros enemigos,
visibles é invisibles, levantamos esta bandera de
salud, este estandarte de valor y fortaleza, la Santa
Cruz, para con ella pelear y vencerlos, diciendo:
«Hé aquí la Sacrosanta Cruz del Señor; huid, pues,
enemigos.»
2.° Despues de la señal de ra Santa Cruz sigue
en nuestro método el Acto de Contricion. Por
que siendo una verdad de fé, que ninguna de
nuestras obras es ni puede ser meritoria para la
consecucion de la gloria eterna, sino la hacemos
en estado de gracia; y siendo uno de los medios
para conseguir el estado de gracia el Acto de Con
tricion, de aquí la razon, la conveniencia y utili
dad espiritual en decir dicho Acto de Contricion
con el fin de ponernos en estado de gracia, si nos
hallamos en pecado mortal, para practicar, rezan
do el Santísimo Rosario, una obra que nos puede
servir de mérito para conseguir la vida eterna.
3.° Concluido el Acto de Contricion, siguen al
gunos versos, con el Ofrecimiento y forma de in
tencion para implorar el auxilio divino y la pro
teccion de la Santísima Virgen. La razon es, por
que siendo el hombre impotente para hacer por
sí mismo, sin la divina gracia ninguna obra so-

(1) En su catequesis.
— 421 —
brenatural ó en órden á la vida eterna, y siendo
el Santo Rosario una obra de órden sobrenatural,
justo y preciso es, que pidamos el auxilio divino
y la proteccion de la Santísima Virgen. Y como
para que nuestras obras nos sean espiritualmente
provechosas, además del auxilio divino, debemos
practicarlas tambien por algun fin sobrenatural,
teniendo la debida intencion; por esta razon da
mos lugar en nuestro método á aquella oracion,
en la cual declaramos nuestra intencion y los fines
que nos proponemos rezando el Santísimo Rosa
rio, ofreciéndoselos á la Santísima Virgen.
4.° Despues del Ofrecimiento, se anuncian su
cesivamente en cada diez los Misterios que cor
responden segun el órden de los dias de la se
mana, con el objeto de irlos meditando mientras
se reza el Santísimo Rosario. Esta meditacion es
tan absolutamente indispensable para cumplir el
fin que el glorioso Santo Domingo se propuso al
instituirla devocion del Santísimo Rosario, como
que en ella tuvo por objeto principal la medita
cion de los principales misterios de la vida de Je
sucristo y de su Santísima Madre; siendo estos
misterios al mismo tiempo una de las partes esen
ciales de tan piadosa y santa devocion, y una
fuente perenne de bienes espirituales. Porque á
la verdad ¿quién hay que medite devotamente los
misterios del Santísimo Rosario y no sienta re
nacer en su alma la paz, la alegría, la fortaleza,
la abundancia de dones celestiales, y unos fervo
rosísimos deseos de emprender una vida nueva
y espiritual? Esta es, pues, la razon porque la me
ditacion de dichos misterios constituyen uno de
los puntos prácticos del modo de rezar el Santí
simo Rosario.
5.° En seguida se reza el Padre Nuestro y diez
veces el Ave María, concluyendo al fin con el Gloria
Pairi. Y si se nos pregunta, ¿por qué precede un
solo Padre Nuestro á cada diez Ave Marías? ¿y di
— 122 —
chas Ave Marías han de seguir inmediatamente ai
Padre Nuestro, y no han de ser más ni ménos que
diez? Á esto respondemos con Cornelio Sancho,
Clemente Lasow y otros sábios y esclarecidos es
critores del Rosario, que por las razones siguien
tes: 1.a Porque Jesucristo es el primero y princi
pal fundamento de toda devocion ú obra buena;
y así como el fundamento sobre que se levantan
áun los más vastos y suntuosos edificios no es más
que uno, así tambien ofrecemos á Dios un solo
Padre Nuestro, como único y sólido fundamento
sobre el cual se cimenten las diez Ave Margas, las
cuales sucesivamente van construyendo el mag
nífico edificio espiritual del Santísimo Rosario.
2.a Para que este modo de orar á Dios y alabar á
la Santísima Virgen, nos sea más útil y merito
rio, por cuanto todas nuestras oraciones y devo
ciones toman su valor y eficácia de Jesucristo,
autor de la oracion del Padre Nuestro. 3.a Para
conformar nuestra intencion y fervor al rezar, el
Padre Nuestro, con la intencion y fervor de Jesu
cristo cuando instituyó esta divina oracion. 4.a Si
guen las Ave Marías inmediatamente despues del
Padre Nuestro; porque es muy justo y conveniente
que despues de habernos declarado hijos adopti
vos de Dios, por los méritos de Jesucristo en la
oracion del Padre Nuestro, y haber pedido en ella
á nuestro Padre celestial bienes espirituales y
temporales, acudamos luego al punto á la Santi-
sima Virgen, la cual, siendo Madre de Dios, es
por consiguiente el más seguro conducto por
donde se nos han de comunicar todos los bienes,
así espirituales como temporales, haciendo su
intercesion agradables á Dios nuestras peticio
nes; pues como dice S. Bernardo: «No es agrada
ble en la presencia de Dios aquella peticion, que
no vá por el conducto de su Santísima Madre.» (1)
(1) Sobre las palabras: Missus est.
— 123 —
5.a Añádase á cada diez un Gloria Patri, para
tributar á la Santísima Trinidad las debidas gra
cias por los innumerables beneficios que conti
nuamente recibimos de su infinita bondad, y es-
pecialísimamente por los inefables de la Encar
nacion del Verbo Divino, su Pasion, Muerte y
Redencion del mundo, cuyos misterios se meditan
en el Santísimo Rosario; como tambien por haber
elegido para Madre del Redentor á María Santí
sima, cuyas grandezas y prerogativas acabamos
de pronunciar y repetir en las diez Ave Marías
que preceden al Gloria Patri.
6.° Despues del Gloria Patri del último diez,
se dice la Letanía Lauretana, llamada así por
comprender las principales prerogativas, virtu
des y excelencias de la Santísima Virgen, y por ha
berse cantado por la primera vez en el suntuoso
y magnífico templo de Loreto, despues de haber
sido trasladada por ios Angeles la Casa de la
Virgen desde Nazaret á Dalmacia, y desde Dal-
macia á aquella ciudad. Es cierto, que no en to
das partes se reza dicha Letanía despues del
Rosario; pero en nuestro método se reza, porque
apénas habrá un cristiano que ignore cuánta
sea la virtud, el poder y la eficácia de la Letanía
de los Santos, para librar los pueblos y nacio
nes de los terribles efectos de los terremotos,
hambres, guerras, pestes y otras calamidades
espantosas, con que Dios suele castigar de cuan
do en cuando los pecados delos hombres. Pues
si tanta es la eficácia, la virtud y poder de la
Letanía de los Santos para aplacar la ira de Dios
contra los hombres, ¿cuánto más eficáz, cuánto
más poderosa no será para librarnos de esta ira
y enojo de Dios, la Letanía de la Santísima Vir
gen, la cual, siendo como es verdadera Madre
de este mismo Dios, tiene por consiguiente para
con Él un valimiento mucho más poderoso y efi
caz que el de todos los Angeles y Santos para
— 124 —
alcanzarnos misericordia? Hé aquí, pues, la razon
poderosísima que nos asiste para dar un lugar
en nuestro método á la Letanía de la Santísima
Virgen, con la antífona, versillo y oracion que
la siguen.
7.° Últimamente, se dá fin al Santísimo Rosa
rio rezando un Credo, una Salve y algunas otras
devociones particulares á voluntad del Director,
con tal que no sean muchas ni muy largas pa
ra evitar el fastidio. Se rezará el Credo ó Sím
bolo de los Apóstoles por las razones siguientes:
1.a Para dar un público testimonio de nuestra fé,
mediante la cual Dios nos conceda lo que le pe
dimos en el Santísimo Rosario; pues como dice
Jesucristo en el Evangelio: (4) «Todo lo que pi
diéreis lo recibireis si creeis.» Así cabalmente
sucedió al Centurion, á quien dijo el mismo
Jesucristo: «Anda, cúmplase en tí como has creí
do;» y á la Magdalena, á quien igualmente dijo:
«Tu fé te ha salvado, vete en paz.» 2.* Para eter
na confusion del demonio y de los herejes sus
hijos. En todos los siglos de la Iglesia ha sido
el demonio acérrimo perseguidor de las verda
des y misterios que contiene el Credo, valién
dose para ello de la pertinácia y osadía de los
herejes y de los impíos. Con efecto, en los tres
primeros siglos se, sirvió del poder de los Empera
dores paganos para abolir el culto y la creencia de
un solo Dios verdadero, y excitó el orgullo y osa
día de los Gnósticos, Cerdonianos, Marcionitasy
Maniqueos, los cuales establecían dos Dioses riva
les, uno criador de lo bueno y otro hacedor de lo
malo; destruyendo de este modo la existencia de un
solo Dios Todopoderoso, Criador único de todas las
cosas, que es la primera verdad de Fé que contie
ne el Credo ó Símbolo de los Apóstoles. Pasados

(1) 5. Mat.cap.21. t. 22.


— 125 -
los tres primeros siglos de la Iglésia, declaró LuT
cifer en los siguientes una sangrienta guerra á
los admirables y augustos misterios de la Encar
nacion, Pasion, Muerte, Resurreccion, Ascencion
de Jesucristo y Venida del Espíritu Santo, valién
dose de los herejes Sabelio, Pablo Somaseteno,
Fotino, Arrio, Eunomio, Eutiques, Apolinar, Dios-
coro y otros muchos, los cuales*, o no distinguían
en la Santísima Trinidad la Persona del Padre de
la del Hijo, ó negaban la divinidad de Jesucristo
y del Espíritu Santo, ó impugnaban la Encarna
cion, Pasion, Resurreccion y otros misterios del
Hombre-Dios. En los tiempos posteriores, Sata
nás dirigió todos sus esfuerzos, y aún los dirige,
contra las verdades del Credo que pertenecen á
la Iglesia Católica, amada Esposa del Cordero,
armando para esta sangrienta batalla, con todo
el furor de que es capaz el príncipe del abis
mo, una multitud de herejes furiosos y atrevidos:
primero los Berengarios, Petrobusianos, Valden-
ses, Albigenses, Wiclefitas, Husitas; despues los
Luteranos, Zuinglianos, Confesionistas, Anabatis-
tas, Calvinistas y últimamente los hipócritas Jan
senistas, todos los cuales se han valido de las
astucias y ardides más formidables para destruir
y áun aniquilar, si posible les fuera, á esta Es
posa Inmaculada del Cordero, la Iglesia Católi
ca. Pero ¡ n h l ¡cuán vanos han sido todos sus co
natos, cuán inútiles todos sus esfuerzos contra
la Iglesia y la Religion del Crucificado! Sí, de
todos estos ministros del infierno ha triunfado y
triunfará siempre nuestra Madre la Iglesia, nues
tra santa Religion y nuestra fé, si nos acojemos
con entera y firme confianza al amparo de la
Santísima Virgen, destructora de todas las here
jías, bajo el inexpugnable estandarte de su Santí
simo Rosario. Despues del Credo debe rezarse
igualmente la Salve, no sólo por practicarse así
en casi todas las partes donde se reza el Santísi
— 126 —
tno Rosario, sino especialísimamente por ser una
de las más célebres y piadosas alabanzas con que
la Iglesia honra á María Santísima, y digna ade
más de que los Ángeles la cantasen repetidas
veces, de que los esclarecidos doctores S. Ber
nardo y S. Buenaventura la ilustrasen con pia
dosas reflexiones, y que el Papa Paulo V la en
riqueciese con 100 dias de indulgencias á todos
los fieles que asistiesen devotamente á los tem
plos de los Padres del Orden de Santo Domingo,
al tiempo que por ellos se cantase dicha antífona.
Siendo absolutamente indispensable para lo
grar los inmensos bienes del Santísimo Rosario,
ir meditando cuando se reza, los principales mis
terios de la vida de Jesucristo ó de su, Santísi
ma Madre, ofrecemos á la meditacion de los fie
les las consideraciones siguientes, las cuales de
ben hacerse respectivamente mientras se reza un
Padre Nuestro y diez Ave Marías; advirtiendo que
no es necesario detenerse mucho tiempo, pues
basta irlas meditando brevemente,

Excelencia 48.
«HEVES CONSIDERACIONES SOBRE LOS MISTERIOS GOZOSOS.

PRIMER MISTERIO.
Anunciacion y Encarnacion del Hijo de Dios.
Considera que estando la Virgen María en altí
sima contemplacion, pidiendo á Dios con gran
des ánsias el Mesías prometido, Libertador y Re
dentor de todo el mundo, el Arcángel S. Gabriel,
embajador del Altísimo, entró en su habitacion,
y despues de saludarla con profundo respeto, le
dijo: «Hé aquí, que concebirás y parirás un Hijo,
á quien pondrás por nombre Jesus.» Y que luego
al punto que esta Señora dió su consentimiento,
— 127 —
se efectuó milagrosamente el inefable misterio
de la Encarnacion, y el unigénito del Eterno Pa
dre, cuya inmensidad no pueden contener los
cielos ni la tierra, se dignó encerrarse en el
purísimo vientre de la Santísima Virgen, y hacer
se allí verdadero hombre Hijo suyo, mortal y pa
sible como los otros hombres.
Á LA ANUNCIACIÓN Y ENCARNACION DEL HIJO DE DIOS,

¿Qué nuncio feliz


Desciende veloz,
Moviendo las plumas
De vário color?
El bello semblante
En risa bañó,
Que inspira alegrías,
Disipa temor.
Ropajes sutiles
Adorno le son,
Y en ellos duplica
Sus rayos el sol. '
El rubio cabelló
Al viento" esparció;
Diadema le sigue
De estremo valor.
¡Alado ministro
Del Supremo Hacedorl
En hora bendita
El mundo te vió.
Su dicha pendiente
Está de tu voz,
Que solo tú anuncias
Favores de Dios,
Leandro Moratin.
HIMNO.
Á quien el mar, los astros y la tierra
v Reverencian, adoran y engrandecen,
— 428 —
Y á su gobierno y órden obedecen,
De María el sagrado plaustro encierra.
Á quien la luna, el sol, todas las cosas
Sirven en todo tiempo con desvelo,
Una agraciada virgen todo un cielo
Alberga en sus entrañas amorosas.
¡Oh Madre feliz, que has merecido
Que tu mismo Hacedor, tan soberano
Que contiene los orbes en su mano,
Se encerrase en tu vientre esclarecido!
Dichosa un Ángel bello te ha anunciado,
Del Espíritu Santo has concebido,
De tu seno virgen será nacido
El Hijo de las gentes deseado.
Tu tálamo sagrado, puro, hermoso,
De repente de Dios se hace morada:
Sin conocer varon é inmaculada,
Le concibes en tu vientre generoso.
Dios te salve, del mar estrella hermosa,
Madre de Dios santa y sagrada,
Virgen siempre, siempre inmaculada,
Puerta del Paraiso deliciosa.
Nuestra vida por tí sea inocente,
Muéstranos el camino para el Cielo,
Donde viendo á Jesus, nuestro consuelo,
' Nos gocemos en Él eternamente.
Sorazabal.
SEGUNDO MISTERIO.
Visitacion de la Santísima Virgen á Sta. Isabel.
Considera los profundos y altos misterios, que
con la presencia de la Madre de Dios se obraron
en casa de su prima Santa Isabel. El niño Juan,
al oir la voz de la Santísima Virgen, saltó de
gozo, y fué santificado en el vientre de su Ma
dre: Santa Isabel fué llena del Espíritu Santo, y
conoció que la que tenia ante sus ojos era la Ma
— 129 —
dre de Dios: la Virgen Santísima, inflamada toda
en el divino amor, publicó los beneficios y ma
ravillas que en Ella habia obrado el Todopode
roso, diciendo con humilde y agradecido corazon:
«Magníficat anima mea Dominum: Mi alma engran
dece al Señor.»
EL MAGNÍFICAT.
SUBLIME CÁNTICO QUE DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN EN EL
MISTERIO DE SU VISITACION.

Ensalza y engrandece
Mi ánima al Señor, y de alegría
Dentro del pecho el corazon se exalta
En Dios mi Salvador; pues tanto crece
En Él la dicha y la ventura mía,
Que lo estoy viendo en la celeste y alta
Cumbre de su grandeza
Mirar de ésta su esclava la bajeza.
Así de gente en gente,
De mi dicha creciendo la memoria
En toda edad feliz seré llamada,
Porque á mí sola el que es Omnipotente,
De nombre santo, y de inefable gloria,
Merced hizo tan grande y señalada,
Y por largas edades
Muestra á los que le temen sus piedades.
El que con poderoso
Brazo desbarató del altanero
Los designios atroces: de su silla
Hizo al presuntuoso
Caer precipitado: y justiciero
Al humilde ensalzo, que al grande humillo,
El que rico al hambriento,
Y mendigo hizo al rico en un momento.
Y acordándose ahora
De su innata piedad, y su promesa
Que á Abraham hecha y su estirpe clara
— 130 —
Repetia la rueda voladora
De los siglos, acoje con terneza
Á su siervo Israel, que tanto amara,
Cual siempre lo dijera,
Y cual á nuestros padres lo ofreciera.
Carbajal.
TERCER MISTERIO.
Nacimiento.del Hijo de Dios y adoracion de los Reyes.
Considera, que llegada á la Santísima Virgen
la hora de su feliz parto, con nuevo lustre de su
pureza virginal, dió á luz en Belen al Verbo Di
vino humanado, Unigénito de Dios, Gloria y Es
plendor del Eterno Padre, Imágen perfectísima
de su sustancia, Redentor y Salvador del mun
do: y el dulce y armonioso cántico de los Ánge
les, que celebraban el nacimiento de su Rey; el
gozo de los Pastores, que devotos le reconocían
y adoraban como á Salvador del mundo, y la
fé y devocion de los Santos Reyes, que de allí á
pocos dias vinieron, y postrados en tierra le ofre
cieron incienso como á verdadero Dios, oro como
á Rey supremo, y mirra como á Hombre pasible
y mortal.
AL NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS.

HIMNO.
Desde donde el sol bello se levanta
Hasta el fin de la tierra y sus extremos,
Al más excelso Rey Cristo cantemos,
Nacido de María Virgen Santa.
El autor de este siglo soberano,
Nuestro cuerpo servil humilde viste,
Para que no perezca el hombre triste,
Que humano reformó, formó su mano.
— 131 —
Yace en el heno vil, tanto se humilla,
Que en un tosco pesebre es reclinado,
Y con poquita leche alimentado
£1 que dá su sustento á la avecilla.
El coro celestial celebra fiesta,
Los Ángeles á Dios cantan loores,
El Pastor más divino á los pastores
En un pobre portal se manifiesta.
jOh Jesus, Redentor de los mortales!
Que antes que hubiese luz, fuiste engendrado
Del Padre de las luces más sagrado,
Igual en sus grandezas celestiales;
Tú, luz del Padre refulgente,
Esperanza de nuestros corazones,
Atiende á las humildes oraciones,
Que hace el orbe postrado y reverente.
Y nosotros, á quienes los preciosos
Raudales de tus venas han regado,
En honor de este dia tan sagrado
Te tributamos himnos armoniosos.
Sorazabal.
A LA ADORACION DE LOS REYES.

Las virtudes son sus bienes,


La indigencia su divisa,
Un establo es su palacio,
Un pesebre su real silla.
Aquel oro, la mirra y el incienso
Por tan remotos climas tributado,
Son ¡oh Jesusl en todo lo criado,
Señal cierta de tu poder inmenso.
Un autor desconocido.
HIMNO.
¿Por qué temes, Herodes inhumano,
Que venga á ser Rey un Dios poderoso?
— 1 32 —
No quita los caducos ambicioso
El que franquea el reino soberano.
Siguiendo iban los Magos diligentes
La luz que les guiaba, de una estrella:
Buscan la bella Luz con su luz bella,
Y por Dios le confiesan con presentes.
¡Oh Belen, la mayor de las ciudades!
Pues tú sola dichosa has merecido, :
Que el Autor de la vida haya nacido
En tí, para borrar nuestras maldades.
La estrella que en candor el más fecundo
Vence del claro sol la rueda hermosa,
Que ha venido, demuestra misteriosa,
En nuestra carne humana Dios al mundo,
Luego que los Magos le advirtieron,
Abren sus ricos dones orientales,
Y á sus plantas postrados, liberales,
Incienso, mirra y oro le ofrecieron.
Poderoso Rey, Dios soberano
El oro y el incienso le publican;
Los polvos de la mirra pronostican
Y muestran el sepulcro de antemano.
Jesus, sea á tí gloria y alabanza,
Que hoy al mundo apareces humanado,
Con el Padre y Espíritu Sagrado
Por los siglos eternos sin mudanza.
Sorazabal.
CUARTO MISTERIO.
Purificacion de Nuestra Señora y Presentacion de su
Santísimo Hijo en el Templo.
Considera el singular ejemplo de obediencia y
humildad que en este misterio nos dála Santísi
ma Virgen, la cual, como si hubiera contraido al
guna mancha en su parto virginal, y no hubiera
quedado en él más limpia que las estrellas, no
se desdeñó de parecer mujer como cualquiera de
— 133 —
las otras, y sujetarse á la ley dela purificacion,
puesta para las mujeres no limpias, y de la que
esta Señora estaba exenta; y la abrasada caridad
del Hijo de Dios, que á los cuarenta dias de su
nacimiento se ofreció en víctima pura é inocente
por la redencion del mundo á su Eterno Padre.
Contempla tambien la alegría y gozo del santo
Sacerdote Simeon, cuando cumplidos sus grandes
deseos de ver al Cristo del Señor, á la Luz de las
gentes y á la Gloria de Israel, no sólo le vió, sino
que tambien le cogió y estrechó entre sus brazos.
CÁNTICO DEL SANTO SACERDOTE SIMEÓN
EN ESTE MISTERIO.

¡Oh deseada hora


Esta, Señor, y tan diferida!
En que sin más demora
Tu palabra cumplida,
En paz salga tu siervo de esta vida.
Cuando ven ya mis ojos
Este tu Salvador, que has destinado
Á templar tus enojos:
Á la faz presentado
Del orbe entero, que lo vé admirado.
Antorcha ilustre y clara,
Que con su luz dé vista á las naciones:
Empresa noble y rara,
Con que aumentar dispones
De tu Israel los timbres y blasones.
Carbajal.
• QUINTO MISTERIO.

El Niño Jesus perdido y hallado en el Templo.


Considera la grandeza del dolor de Madre tan
amante, cuando se vió sin su querido Hijo, con
cuya presencia se gozaba, cuya vista la recreaba,
— 134 —
y cuyas palabras la encendían en vivísimas lla
mas del divino amor; y la grande solicitud con
que anduvo buscándole con S. José su esposo en
tre sus parientes y conocidos, llenándose su alma
de indecible pesar, no hallándole entre ellos: y,
por el contrario, el sumo gozo é inefable alegría
que sentiría, cuando pasados tres dias, le halló
en el templo oyendo y preguntando á los doctores.
Á LA VIRGEN Y AL NIÑO JESÚS EN ESTE MISTERIO.

Con amargo sentimiento


Perdido llorabas tu Hijo,
Y le hallas en el Templo.
¿Hay más dulce contento?
¿Hay más puro regocijo?
Ya la Madre amorosa conmovida
Ál escuchar su celestial acento,
Contempla en él la fuente de la vida>
Del saber la norma y fundamento.
Su celestial elocuencia,
Su majestad, sus clamores,
Confundian los doctores
Pasmados de su vehemencia.
Las verdades celestiales
El niño les esplicaba,
Y de luces derramaba
Copiosísimos raudales.
Un autor desconocido.

Excelencia 49.
BREVES CONSIDERACIONES SOBRE LOS MISTERIOS DOLOROSOS.

PRIMER MISTERIO.
Oracion y sudor de sangre de Jesus en el Huerto,
Considera que acercándose á nuestro Salvador
la hora de su pasion, se retiró con sus Apóstoles
— 135 —
á oraren el huerto de G-etsemaní. Contempla allí
al inocentísimo Jesus, hijo de Dios, postrado so
bre su rostro, como si fuera pecador, orando así
á su Eterno. Padre: «Padre, si es .posible, pase de
mí este cáliz; mas con todo, no se haga mi vo
luntad, sino la vuestra:» perseverando en su ora
cion con agonías tan mortales, que le hicieron
sudar sangre hasta regar con ella la tierra.
Á JESÚS ORANDO EN EL HUERTO.

De la noche en la oscuridad,
Solo Jesus orando estaba
En oracion santa y elevada:
«Padre mio, dice, si es posible,
Pase de mí cáliz tan terrible.
No la mia: hágase tu voluntad.»
Detente aquí pecador,
De Jesus mira las penas: .
Solamente por tu amor
Sangre de tanto valor
Destilan sus rotas venas.
Un autor desconocido.
SEGUNDO MISTERIO.
Crueles azotes de Jesus atado á la columna.
Considera el rubor y confusion que padecería
Jesus, al verse despojado de sus vestiduras por
verdugos insolentes é inhumanos; y la bárbara
crueldad con que aquellos fieros sayones azotan
al Salvador atado á la columna, sin que su cuer
po, todo acardenalado, manando por todas partes
sangre, y la paciencia con que lo sufre, basten á
contener la inhumanidad y fiereza de aquellos in
fames. Contempla' los dolores y angustias mor
tales que sufrida' el pacientísimo Jesus en lor
— 136 —
mento tan fiero y cruel, siendo su cuerpo tan de
licado.
Á LOS AZOTES DE JESÚS.

¡Oh crueldad espantosal


¡Oh bárbaros verdugos!
Contra un manso Cordero
¿Quién os inspira ese rencor sañudo?
Por premio á vuestro crimen,
Escándalo del mundo,
Á todos para siempre
Os debiera perder su furor justo.
Mas él con amor paga
Rigor tan fiero y crudo;
Y para los sayonest
Perdon implora de su Padre augusto.
Autor desconocido.
TERCER MISTERIO.
Corona de espinas.
Considera los agudos dolores, los insultos y
afrentas que sufrió nuestro divino Salvador, cuan
do aquellos ministros de la maldad, para bur
larse de aquel Señor ante cuya presencia tiemblan
los Ángeles, y hacerle padecer más y más, lo vis
tieron de una ropa encarnada, le pusieron en la
mano una caña por cetro, y en su sacratísima
cabeza una corona che penetrantes espinas, y dán
dole al mismo tiempo crueles bofetadas y escu
piendo su divino rostro, decian con sarcasmo
inaudito: «Ea, Rey de los Judíos, adivina quién te
hirió.» Contempla tambien, y asómbrate, ¡oh alma
cristianal de la inaudita crueldad de los Judíos,
que habiendo presentado Pilatos al inocentísimo
Cordero Jesus en tan triste y lamentable estado,
á la vista de todos, diciendo, Ec.ce Homo, «Hé
— 137 —
aquí el hombre,» ellos cada vez más inhumanos,
clamaron á grandes gritos, y dijeron: «Ahí Ahí
quítale allá, quítale allá: crucifícale, crucifícale.»
Á LA CORONA DE ESPINAS DE JESUS.

Desapareced, oh púrpura brillante,


Y la púrpura del Rey más opulento;
Vuestro brillo se eclipsa si delante
Contemplo el cuadro de Jésus sangriento.
La diadema y el cetro rutilante,
De la humana grandeza monumento,
Que el mundo acata y ambiciona
¿Qué son junto á su caña y su corona?
Armado de estas armas poderosas,
Las murallas de bronce él quebrantará;
Y en las negras cavernas tenebrosas
Del infierno profundo, él penetrará;
De los justos las almas venturosas
De esclavitud tan larga él libertará;
Y quebrantando su cadena dura
Subirán con él á la celeste altura.
¿Por qué, pues, de la culpa sin enmienda
Vivimos siempre al yugo sometidos?
De las virtudes en la hermosa senda
Por su brazo seremos sostenidos;
De la noche más lóbrega y horrenda
En las sombras viviéramos sumidos;
Mas ya su antorcha á nuestros■ ojos luce,
Y nuestros pasos hácia el bien conduce.
Asi nos grita en su divina frente
La Corona en su sangre reteñida,
Terrible prueba de su amor ardiente:
(Provechosa leccion, si es aprendida!
Con ella muriendo hace patente,
Que para rescatar la eterna vida,
Es preciso sufrir con pecho fuerte
Las privaciones y la misma muerte.
Autor desconocido.
— 138 —
CUARTO MISTERIO.
Jesus llevando sobre sus hombros la Cruz.
Considera cómo Pilatos, sentenciando á nues
tro divino Salvador á muerte de Cruz, dió la sen
tencia más injusta y cruel que jamás se vió ni
oyó: el culpado contra el inocente!... el hombre
contra Diosl... la criatura contra su Criadorl...
Contempla á tu amabilísimo Redentor caminan
do al monte Calvario entre confusa algazara y
gritería, coronado de espinas, todo ensangren
tado y desfigurado, con una soga al cuello, y lle
vando sobre sus fatigados hombros el enorme y
Eesado madero de la Cruz!... Pero oye las terri-
les palabras que dijo á las devotas mujeres que
le seguían llorando al monte Calvario: «Hijas de
Jerusalen, no lloreis por mí: llorad por vosotras
y por vuestros hijos; porque si esto se hace en
el leño verde, ¡ah! ¿qué no se hará en el seco?»
Á JESUS CON LA CRUZ Á CUESTAS.

¿Dónde vais, Jesus amado,


De la Cruz con peso tanto?
«Al Gólgota, monte santo,
Á ser allí crucificado!
Hijas de Sion, no llorad,
En vuestras lágrimas cesad:
No, no más lloreis por mí,
Por vos y vuestros hijos sí
Torrentes derramad.»
Un autor desconocido.
QUINTO MISTERIO.
Crucifixion y muerte de Jesus.
Considera como habiendo llegado el mansísi-
— 139 —
mo Cordero Jesus al monte Calvario, donde vá á
ofrecerse en sacrificio á su Eterno Padre por la
salud y redencion de todos los hombres, aquellos
ministros infernales, despojándole con furor de
sus vestiduras, renovando con esto todas sus lla
gas, y tendiéndole en tierra para crucificarle, le
levantan clavado ya en una cruz á la vista de
un inmenso pueblo. Ea, alma cristiana, trasládate
en espíritu al monte Calvario, ponte junto á la
más angustiada y afligida de todas las madres,
María Santísima, al pié de la cruz...; y allí... allí...
al pié de la cruz... siente y contempla con aquella
dolorosísima Madre, los agudos y vehementísimos
dolores que por tu amor padece su amaritísimo
Hijo Jesus!... pendiente ya del santo madero dela
cruz!... Contempla su rubor y vergüenza... al ver
se á la presencia de tanta multitud, desnudol...
Contempla su sacratísima cabeza... de agudas y
penetrantes espinas, coronada!... Contempla sus
vivísimos y clarísimos ojos... con el polvo y las
salivas, oscurecidos!... Contempla su hermosísi
mo rostro... con los golpes y bofetadas, todo afea
do y herido!... Contempla sus cándidas manos y
piés... con duros clavos, traspasados!... Contem
pla su delicadísimo cuerpo... con los crueles azo
tes, todo denegrido!... ensangrentado!... llaga
do!... Contempla, en fin, á tu amantísimo Jesus...
derramando toda su sangre!... agonizando!... es
pirando!... muerto!... por tí... Murió Jesus!!! nues
tro Padre!... nuestro Esposo!... nuestro Amigo!...
Murió Jesus!!! nuestro Rey!... nuestro Pastor!...
nuestro Médico!... Murió Jesus!!! nuestro Salva
dor!... nuestro Redentor!... nuestro Dios!...
Á JESUS EN LA CRUZ.

¡Tú por mi amor de un leño suspendido!


¡Tú, que tienes por trono el firmamento,
Haber desde tan alto descendido
— 140 —
Á dar asi tu postrimer aliento!
¡Tú sufrir resignado de esa suerte
Tanta y tan honda y tan amarga herida,
Y tú del mundo recibir la muerte
Cuando viniste al mundo á dar la vidal
•¡Tú rasgados los miembros soberanos;
Tú escupido en la faz cándida y pura, ,
Y al hombre ver clavándote las manos,
Esas manos, gran Dios, de que es hechura!
¡Tú que animas el rayo y das el trueno,
Así espirar entre amarguras tantas
Por un gusano, de miseria lleno,
Que no vale ni el polvo de tus plantas! .
¡Tú por mi amor, en fin, tan humillado!
¿Y áun á ofenderte, Santo Dios, me atrevo,
Cuando yo nada á tí, nada te he dado,
Y cuando yo tanto á tí, tanto te debo? • ¡.
¡Miserable de mí! Mas los enojos
Depón, Señor, del rostro esclarecido;
Que ya cansados de llorar mis ojos
Vuelvo al pié de tu Cruz arrepentido.
Vuelvo, Señor, á demandar tu gracia;
Vuelvo, Señor, como al pastor la oveja;
Porque el dolor en tan cruel desgracia
Ni áun aire yá que respirar me deja.
Vuelvo trayendo el corazon doliente,
Lleno de contricion, de luto lleno,
Y ante tus plantas á inclinar la frente
Con la profunda devocion del bueno.
¡Escucha, pues, mi voz! yo no soy digno
De hallar, Señor, tu voluntad propicia;
Mas suple tú mis méritos benigno,
Y juzgue tu bondad, no tu justicia.
■ Ramon Satorres.

Á LA MUERTE DE JESÚS.

¿I eres tú el que velando


La excelsa majestad en nube ardiente,
— H\ —
Fulminaste en Siná? y el impío bando,
Que eleva contra tí la osada frente,
¿Es el que oyó medroso
De tu rayo el estruendo fragoroso? '
Mas ora abandonado
jAy!. pendes sobre el Gólgotha, y al cielo
Alzas gimiendo el rostro lastimado:
Cubre tus bellos ojos mortal velo,
Y su luz extinguida,
En amargo suspiro dás la vida.
Así el amor lo ordena,
Amor más poderoso que la muerte:
Por él de la maldad sufre la pena
El Dios de las virtudes; y leon fuerte,
Se ofrece al golpe fiero
Bajo el vellon de cándido cordero.
¡Oh víctima preciosa,
Ante siglos de siglos degollada! :•/ ..
Aun no ahuyentó la noche vaporosa
Por vez primera el alba nacarada,
Y hostia del amor tierno
Moriste en los decretos del Eterno.
jAy! iquién podrá mirarte,
Oh paz, oh gloria del culpado mundo!
¿Qué pecho empedernido no se parte
Al golpe acerbo del dolor profundo,
Viendo que en la delicia
del gran Jehová descarga su justicia?
¿Quién abrió los raudales
De esas sangrientas llagas, amor mio?
¿Quién cubrió tus mejillas celestiales
De horror y palidéz? ¿Cuál brazo impío
Á tu frente divina
Ciñó corona de punzante espina?
Cesad, cesad crueles:'
Al Sanio perdonad, muera el malvado:
Si sois de un justo Dios ministros fieles,
Caiga la dura pena en el culpado:
Si la impiedad os guia
— 142 —
Y en la sangreos cebais, verted la mia.
Mas ¡ayl que eres tú so|o
La víctima de paz, que el hombre espera:
Si del oriente al escondido polo
Un mar de sangre criminal corriera,
Ante Dios irritado
No expiacion, fuera pena del pecado.
Que no, cuando del cielo
Su cólera en diluvios descendia,
Y á la maldad que dominaba el suelo,
Y á las malvadas gentes envolvía,
De la diestra potente
Depuso Sabaoth su espada ardiente.
Venció la escelsa cumbre
De 'los montes de agua vengadora:
El sol, amortecida la alba lumbre,
Que el firmamento rápida colora,
Por la esfera sombría
Cual pálido cadáver discurría.
Y no el ceño indignado
De su semblante descogió el Eterno,
TMas ya, Dios de venganzas, tu Hijo amado,
Domador de la muerte y del averno,
Tu cólera infinita
Extinguir en sn sangre solícita.
¿Oyes, oyes cuál clama,
Padre de amor por qué me abandonaste?
Señor, extingue la funesta llama,
Que en tu furor al mundo derramaste:
De la acerba venganza
Que sufre el Justo, nazca la esperanza.
¿No veis cómo se apaga
El rayo entre las manos del Potente?.
Ya de la muerte la tiniebla vaga
Por el semblante de Jesus doliente;
Y su triste gemido
Oye el Dios de las iras complacido.
Ven, ángel de la muerte:
Esgrime, esgrime la fulmínea espada;
— 143 —
Y el último suspiro del Dios fuerte,
Que la humana maldad deja expiada,
Suba al sólio sagrado,
Do vuelva en Padre tierno al indignado.
Rasga tu seno, oh tierra;
Rompe, oh templo,, tu velo. Moribundo
Yace el Criador; mas la maldad aterra,
Y un grito de furor lanza e| profundo:
Muerel... gemid humanos...
Todos en él pusisteis vuestras manos.
Alberto Lisia.
i' . '
Á LA CRUZ DE JESÚS.

¡Cruz sagrada,
, ■, i Dulce leño
Do mi dueño
Fijo está:
Signo celeste y radiante
Donde mi Jesus amante
Sangre y vida
,.i i Por mí dá:
, ' Yo me postro ante tí, yo te adoro,
Yo mis culpas y crímenes lloro,
Yo en tí mi tesoro
Veré sólo ya.
. Recibe las preces
:■ Que humilde te envío »
Llorando el desvío
Que te hice otras veces.
Y vos, clavos bellos.
Que dáis mil destellos
De gloria y de luz,
jClavadme con mi amado!
Clavadme con mi Dios crucificado,
Y acabe mi vida muriendo en la Cruz!
Diario de Sevilla 21 de Marzo de i8í5.
— 144 —

excelencia 50.
BREVES CONSIDERACIONES SOBRE LOS MISTERIOS GLORIOSOS,

PRIMER MISTERIO.
Gloriosa Resurreccion de N. S. Jesucristo.
Considera cómo al tercer dia de la muerte de
nuestro Salvador, saliendo su alma del limbo,
acompañada de las de los Santos Padres que allí
estaban y de innumerables Ángeles, vino al se
pulcro, y uniéndose á su desfigurado cuerpo, le
resucitó; y del más afeado de todos los cuerpos
le hizo el más resplandeciente y hermoso de to
dos ellos, triunfando así del mundo, de la muer
te y del infierno; celebrando toda aquella santa
compañía, victoria tan gloriosa. Luego el Señor
fué á visitar á su afligidísima Madre; y aquí pue
des considerar el inexplicable gozo y alegría de
esta Señora al ver ante sus ojos ya resucitado á
su muy querido Hijo. Todos aquellos Santos Padres
que acompañaban á su Rey y Libertador la feli-
citabap por una parte por la resurreccion de su
Hijo y por otra le daban las más rendidas gracias
por haber logrado, mediante el Fruto de su vien
tre, la libertad y gloria, que por tantos siglos ha
bían deseado.
Á LA RESURRECCION DEL SEÑOR.

Con pasos presurosos,


Y llenos de ardimiento,
¡Oh Apóstoles medrososl
. \ Corred, y vuestro acento
Al pueblo diga impávido
«Jesus resucitó.»
— - 14o —
Y con asombro justó
Sepa el cruel Senado,
Que el Hombre manso y justo
Que á muerte ha condenado,
Es el Dios fuerte y único
Que todo lo crió.
No tan majestuoso,
Con fuego no tan vivo,
Le vió el monte fragoso
Do al pueblo fugitivo
Dictó con tanto estrépito
Su eterna voluntad.
La frente coronada
Del lauro do victoria,
Tras de la Cruz Sagrada
Mostrando vá su gloria,
Y atada al carro fúlgido,
Le sigue la maldad.
i ¿Será que condolido
De pena y mal tamaño,
Volver haya querido
Algun poder estraño
Á un padre su hijo único
Y al mundo el Salvador?
Nó, que su brazo fuerte
De un golpe sin trabajo,
De la mansion de muerte
Las puertas echó abajo,
Y traspasó su límite
Con paso vencedor.
En vano con cuidado
Sellas la sepultura,
Oh pueblo desalmado:
Rompiendo la clausura,
De tus viles satélites
Se burla el Redentor.
Y en tierra confundidos,
Al ver tanto portento,
Aguardan aturdidos,
10
— 146 —
Que para su escarmiento
Del Cielo baje rápido
Un rayo vengador.
Un autor desconocido.
SEGUNDO MISTERIO.
Admirable Ascension de N. S. Jesucristo.
Considera las dulces lágrimas y amorosos sen
timientos de los Apóstoles y Discípulos del Señor,
cuando á los cuarenta dias de su Resurreccion,
reunidos todos en el monte Olívete, se despedia
de ellos para siempre, diciendo: «Quedáos, Após
toles y Discípulos mios, quedáos con la bendicion
de mi Padre, á quien voy. No os desconsuele mi
partida; porque yo os enviaré al Espíritu Santo,
que os llenará de fortaleza, de alegría y conso
lacion. Yo subo á mi Padre y á vuestro Padre, á
mi Dios y á vuestro Dios. Id, pues, vosotros, Após
toles y Discípulos mios, por todo el mundo, y pre
dicad á todas las naciones las buenas nuevas de
mi Evangelio.» Dichas estas palabras y echándo
les el Señor su última bendicion, principió á ele
varse al Cielo por su propia virtud, ocultándole
á la vista de sus Apóstoles y Discípulos una blanca
y hermosa nube. Contempla ahora las aclamacio
nes y aplausos con que sería recibido en la Córte
celestial el Unigénito de Dios, el Hijo del Eterno
Padre, en quien tiene todas sus complacencias,
el Rey y Señor de todo el Universo, este victorio
so Capitan y Supremo Juez de vivos y muertos, el
mismo que vendrá al fin del mundo en gloria y
majestad sobre otra nube á juzgar á todos los
hombres.
i
Á LA ASCENSION DKL SEÑOR.

¿Qué miran hoy mis ojos?


—m—
En clara nube envuelto
Jesus sobre los aires
Se aleja ya del suelo.
Los Ángeles le cercan,
Y en pos de sí vertiendo
De viva luz raudales,
Veloz se sube al Cielo,
De sus combates rudos
Á recibir el premio.
Allí junto del Padre,
Sentado en Trono excelso,
Su gloriosa carrera
Nos muestra por modelo,
Y con su eterna dicha
Alienta nuestro pecho:
Su triunfo nos conquista
La posesion del Cielo,
Y en él de nuestra gloria
Una prenda tenemos.
Mas antes que triunfante
Dejase nuestro suelo,
Del llanto y amargura
Corrió por el sendero.
En su sien coronada
Brilla por sus tormentos,
Que sólo se concede
Triunfar por este precio,
La Cruz: no hay más camino
Para subir al Cielo.
Con ella, pues, cargado
Seguir tus pasos quiero.
Señor, mis plantas firma,
Inspírame tu aliento,
Mi corazon inflame
Tu amor en vivo fuego,
Y en él reina tú solo,
Y sé todo su objeto.
Del crimen el camino
Alegre es y risueño, .
— 148- —
De flores por dó quiera
Se vé siempre cubierto;
Pero su falso brillo
Oculta borror eterno.
Por él yo seducido
Corrí sobrado tiempo;
Mas ya la gracia luce
Ante mis ojos ciegos,
Y viendo mis errores''
Mi ceguedad lamento.
Mi vida no seducen
Honores pasajeros;
Y sólo ansio y codicio
La palma de los Cielos.
Señor, para lograrla
Tus gracias me prometo:
Mi corazon inflama,
Inspírame tu aliento.
Un autor desconocido.
TERCER MISTERIO.
Venida del Espiritu Santo.
Considera cómo pasados diez dias despues de
la Ascencion del Señor á los Cielos, y estando los
Apóstoles y Discípulos en el Cenáculo en compa
ñía de la Santísima Virgen, bajó sobre ellos en
figura de lenguas de fuego el Espíritu Sanio, y
haciendo asiento en sus corazones, los llenó de
alegría, de dulzura y de consuelo; los abrasó en
el fuego del divino amor; los" armó de virtud y
fortaleza, y los colmó de celestial sabiduría: tan
to que unos pobres pescadores, antes cobardes
é ignorante?, no pudiendo ahora contenerse, sa
lieron de su retiro á las calles y plazas públicos,
predicando en todas lenguas los más elevados
misterios, singulares excelencias y portentosas
maravillas de su divino Maestro,; sin que ni las
— 149 —
amenazas, ni las afrentas, ni los castigos, ni la
misma muerte fuesen capaces para contenerlos
en la predicacion del Evangelio, primero en la
Judea y despues por todo el mundo.
i LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO.

HIMNO.
Ven, criador Espíritu divino,
Nuestras potencias con tu amor inflama,
Y los humanos pechos que criaste
Llena benigno de divina gracia.
Tú eres aquel Paráclito bendito
Del Altísimo Dios dádiva santa,
Caridad, fuente viva, fuego puro,
Remedio general y uncion sagrada.
Tú por tus siete sacrosantos dones,
Dados de la paterna diestra sabia,
Eres promesa suya, que enriquece
Apostólicas lenguas y gargantas.
Enciende en los sentidos tu luz pura;
Infunde el santo amor en nuestras almas;
Y á la fragilidad de nuestros cuerpos,
Dé perpétuo vigor tu mano grata.
De nosotros arroja al enemigo;
Dános la paz de todos esperada,
Para que siendo así tú nuestra guia.
Evitemos por ti toda desgracia.
Conozcamos al Padre por tu influjo,
Al Hijo, y á Tí mismo, su luz clara,
Espíritu Supremo, que procedes
Del amor de los dos, divina llama.
Sea el Eterno Padre gloria eterna,
Y al Hijo victorioso, que con palma.
Resucitó del seno de la muerte,
Por los siglos que en tí nunca se acaban.
Un autor desconocido.
— 150 —
CUARTO MISTERIO.
Asuncion de Nuestra Señora á los Cielos.
Considera cuán grande sería el gozo de la Ma
dre de Dios cuando conoció que ya era llegada
la hora en que saliendo su bendita alma de este
valle de lágrimas, iba á abrazarse con su aman-
tísimo Hijo, y á ver cara á cara á su Dios y Señor.
Contempla que no queriendo su Santísimo Hijo
sufriese la corrupcion el cuerpo virginal donde
su Majestad estuvo encerrado el tiempo de nueve
meses, le resucitó, y en cuerpo y alma la subió
á los Cielos por el ministerio de los Ángeles. Mira
el acompañamiento que de estos innumerables
espíritus angélicos y de almas santas llevaría en
su compañía, y con cuántos vítores y aplausos
sería recibida en la Córte celestial la Reina de
los Cielos y de la tierra y Madre del Criador.
Á LA ASUNCION DE LA VIRGEN.

¿Qué nueva aurora ha amanecido al mundo?


(Qué pompa tan brillante
Su triunfo acompaña y qué grandeza!
Sin par es su belleza,
Y hasta el astro oscurece más radiante.
De oscuras sombras en el mar profundo,
Sola noche infernal a] orbe impera;
Pero quede ya libre nuestra esfera
De tu imperio funesto:
Retírate al abismo, tu morada,
De tu fúnebre córte acompañada.
Yo vi mi libertad y mi consuelo:
Con majestad se eleva
La que es en todo santa, en todo pura:
El Cielo vé en su altura
Que sus luces confunde esta luz nueva.
— 151 —
Ya el tirano rabioso por el suelo ■
Al pié de esta gran Reina se estremece;
Y cuando más su cruda saña crece,
Espíritus divinos
La carroza triunfal acompañando
De su Reina las glorias van cantando.
La hediondez del pecado contagioso
Jamás ha marchitado
Tus gracias, tus encantos, ni desdora
La muerte aterradora
Este raya de Dios privilegiado.
Siendo el fruto de Dios más venturoso,
Y la obra más perfecta y acabada.
¿Por humanos pinceles retratada
Podrá ser tu hermosura?
¿Y de tu noble triunfo los arcanos
Será dado alcanzar á los humanos?
Un autor desconocido.
QUINTO MISTERIO.
Coronacion de Nuestra Señora en el Cielo.
Considera cuán inefable é incomprensible es
el premio con que el Señor galardona los méri
tos, la virtud y santidad de su Santísima Madre
en el día de su entrada y coronacion en el Cielo.
Deja por un momento, oh alma cristiana, este
miserable mundo: elévate con la consideracion
hasta el Cielo: entra en aquella hermosa y celes
tial Jerusalen: observa los órdenes de Ángeles:
registra el coro de los Apóstoles: tiende la vista
por el numeroso ejército de los Mártires, Confe
sores y Vírgenes: levanta tus ojos sobre todos
estos ilustres y régios ciudadanos, y verás á la
Madre de Dios sentada en un excelso trono á la
diestra de su Hijo, más hermosa, más resplande
ciente y gloriosa que todos ellos. Contémplala allí,
ceñida ya su hermosa y alba frente con la inmar
— 152 —
cesible é inmortal corona de eterna felicidad y de
gloria con que en el dia de su triunfo la ha coro
nado el Eterno Padre como á Hija, su amantísimo
Hijo como á Madre, y el Espíritu Santo como á
Esposa: todas las tres divinas Personas como á
Templo vivo de la Beatísima Trinidad.
Á LA CORONACION DE LA SANTÍSIMA VIRGEN.

Desde tu excelsa celestial morada,


¡Oh Virgen poderosa!
Déjate impresionar de nuestros males.
Eslabones fatales
De cadena arrastramos ominosa.
Vive la especie humana condenada
Á existir entre alarmas y ansiedades.
Sólo miserias cuentan las edades,
Hasta las más felices:
Lutos, lágrimas, son nuestra sustancia,
Los pecados, las plagas, la ignorancia.
Mira que rota la dura cabera
De ese horrible tirano
Que al mundo entero aflije y aprisiona,
Ciñes ya la corona
Proporcionada á su furor insano,
Siendo tu conquista todo el mundo.
Para humillar un mónstruo tan inmundo
Te destinó el Eterno:
¿Qué otra criatura á Dios inclinaría
Si tu obra abandonases algun dia?
Veo en el lirio el símbolo expresivo
De tu alma inocente;
Siendo su tierno cáliz la figura
De la amable ternura
En que bañado está tu pecho ardiente.
¡Oh ilustre Reina, Templo de Dios vivo!
Fuiste cándida y pura en el momento
Que el mundo vió feliz tu alumbramiento;
Sin que en toda tu carrera
— 453 -
La mancha de culpa en tí se viera:
Elevándote santa de inmundo suelo,
En álas de Ángeles al Empíreo cielo.
Un autor"desconocido.

Excelencia 51.
EL SANTÍSIMO ROSARIO DEBE REZARSE CON AFECTO DE AMOR.

Primera disposicion.
Por esta primera disposicion debemos rezar el
Santísimo Rosario, amando á la Virgen Santísima
con toda nuestra sima, con todas nuestras fuer
zas, y con todo nuestro corazon despues de Dios,
como á verdadera Madre de Jesucristo, infinito y
supremo Dios, Criador y Redentor nuestro. Ade
más hay otros muchos poderosísimos motivos
para amar á la Santísima Virgen. ¿No es Ella la
que por medio de su poderosa intercesion nos
alcanza el perdon y misericordia de su divino Hijo?
¿No es Ella nuestra Madre amorosísima, nuestra
Abogada y Medianera, nuestra Libertadora y Cor-
redentora, por interceder por nosotros y haber
cooperado de varios modos á nuestra libertad y
redencion? ¿No es la Virgen Santísima la que nos
ama entrañablemente, la que nos dirige por las
suaves sendas de la virtud, y nos aparta de los
caminos cenagosos del vicio y de la perdicion?
¡Ahl ¡cuántos pecadores obstinados hubieran si
do desgraciadas víctimas del furor desus pasio
nes, á no haberlo impedido la poderosa inter
cesion de la Santísima Virgen! ¡Y cuántos cristia
nos tibios y perezosos hubieran sido vomitados
por Dios, segun el lenguaje delos libros santos,
si la Santísima Virgen no los hubiera amparado
y protegido! Nosotros mismos, que nos gloriamos
de ser devotos de su Santísimo Rosario, cuántas
— 454 —
veces, cuántas no hubiéramos sido sepultados en
lo más profundo de los infiernos en pena de nues
tros pecados, si esta dulcísima Madre no hubiera
echado sobre nosotros una ojeada de compasion
y de misericordial Ya no es de admirar, que
siendo la Santísima Virgen por todos estos tí
tulos dignísimo objeto de nuestro amor, y ade
más por ese maravilloso conjunto de gracia y
hermosura, de majestad y dignidad, de inocencia
y santidad, lo diré de una vez, por ese como des
tello de la divinidad, que parece resplandecer en
el rostro de várias imágenes de María Santísima,
no es de admirar, hayan tributado á María todo
género de obsequios y de respetos, de culto y de
veneracion, como efusiones de su amor, todos
los pueblos y naciones que han tenido la incom
parable dicha de recibir la fé de su Hijo Jesucris
to. Sí, fervorosos devotos de María, acercáos y mi
rad; pero mirad con ojos castos y puros, mirad
esas sagradas imágenes que bajo el dulcísimo
título del Santísimo Rosario veneramos en las
iglesias de S. Vicente, de S. Miguel, S. Gil, S. Pa
blo, y en otros vários templos de esta ciudad (4);
miradlas con devocion, repito, y confesad de bue
na fé, si no advertís en ellas una hermosura y
belleza encantadoras, que parece nos dan á co
nocer de algun modo aquellas con que su cuerpo
y su alma brillan y resplandecen en el Cielo, pre
sentándonos á la Santísima Virgen como objeto
dignísimo y bastante capaz para arrebatar hácia
sí toda nuestra veneracion, todo nuestro culto y
todo nuestro amor.

(4) Sevilla, donde se escribía esto.


— 155 —
T&xceYencia 5^.
EL SANTISIMO ROSARIO DEBE REZARSE CON AFECTO DE
CONGRATULACION.

Segunda disposicion1.
Á esta segunda disposicion ó afecto de congra
tulacion pertenece excitar nuestra alma á un su
mo gozo y alegría, felicitando y dando parabie
nes á la Santísima Virgen por sus grandezas y
prerogativas, contenidas en el Ave María y Santa
María, tantas veces pepetidas en el Santísimo Ro
sario. Este afecto de congratulacion es tan agra
dable á la Santísima Virgen, que la misma benig
nísima Señora nos convida á él, diciendo por boca
de la Iglesia: «Congratuláos conmigo, oh fieles,
felicitadme, dadme parabienes y enhorabuenas;
porque siendo aún pequeñita tuve la inexplicable
dicha de agradar al Altísimo, y de engendrar de
mi misma sangre á Jesucristo, Dios y hombre
verdadero.» Y á la verdad, si aquella mujer del
Evangelio, luego al punto que halló la moneda-
que habia perdido, convocadas todas sus amigas,
las invitó á que le diesen parabienes y se con
gratulasen con ella, ¿con cuánta más razon no in
vitará la Santísima Virgen á todos los fieles á que
la congratulen y feliciten por el infinito tesoro de
dones, de prerogativa9 y de gracias con que el
Señor la enriqueció, y nunca jamás perdió? Obe
dientes á esta invitacion de la Santísima Virgen,
felicitan á María por sus grandezas y prerogativas,
por su inefable gracia, y por su excelsa gloria,
una y otra Iglesia, la triunfante y la militante.
«Contigo, oh Marta llena de gracia, dice Santiago
Apóstol (1), contigo toda criatura se alegra, los
(1) En su liturgia.
— .156 —
coros de los Ángeles y el linage de los hombres.»
«Santa María, dice S. Buenaventura (1), Santa Ma
ría, con quien todos los Santos y Santas se go
zan y regocijan.» Y por lo que toca á los Ángeles
¿no es cierto haberlos oido entonar repetidas ve
ces dulces himnos y cánticos de júbilo y de con
gratulacion á la Santísima Virgen? Ellos fueron
los que en várias ocasiones cantaron dulcemente
la Salve en una fuente junto al convento de Ron-
cesvalles, habiendo quedado con el nombre de •
fuente de los Ángeles, d.esde entónces hasta el
tiempo en que esto escribía el sébio Dominico
Martin Navarro, Prior de dicho convento, y varon
ilustre por su piedad y por su doctrina. Ellos fue
ron los que en el año 596 saludaron á María San
tísima con aquella célebre antífona: Regina cceli
telare, Alégrate, oh Reina del Cielo; al tiempo de
ser conducida su sagrada imágen en procesion .
para aplacar la ira de Dios en la peste cruel que
entónces desolaba á Roma, como refiere el sábio
Cardenal Baronio. Ellos, en fin, quienes en la ciu
dad de Soisons, en la festividad de la Asuncion
de la Santísima Virgen, felicitaron llenos de jú
bilo á esta excelsa Reina, cantando armoniosa
mente aquel sublime responsorio que principia:
Felix nanque es sacra virgo María: ¡oh cuán di
chosa y feliz eres tú oh. sagrada' Virgen Maríat
como afirma Tomás Cantiprastano. La Iglesia mi-.
litante no es menos solícita y cuidadosa en con
gratularse con la Santísima Virgen. No contenta
con inspirar á todos los fieles el amor> culto y
veneracion que por tantos y tan justos títulos se
merece la Madre de Dios, quiere además, que
todos sus hijos sean participantes del júbilo y
placer de que se vé poseida, al considerar y ce
lebrarlos principales misterios, las grandezas y

(1) En su letanía.
— 157 —
glorias de María. Por eso convida á todos los fie
les á tan justo y santo regocijo y afecto de con
gratulacion, cantando en el introito de la Misa de
las principales festividades de la Virgen: «Alegré
monos, regocijémonos todos en el Señor, celebran
do este dia festivo en honor de la Bienaventurada
Virgen Mari a.» Mas para que se vea lo agrada ble que
es á la Santísima Virgen este afecto de congratula
cion, referiré aquí u.n caso muy notable, sucedido
con un devoto suyo, que refiere Santa Brígida en el
libro 7.° de sus revelaciones, el cual por otra parte
creo muy oportuno para excitar en los devotos de
la Virgen esta segunda disposicion, cuando rezan
el Santísimo Rosario.
Este devoto era un hijo de la misma Sania Brí
gida, llamado Cárlos. Amaba Carlos tan entra
ñablemente á la Santísima Virgen, y se congra
tulaba con ella por los dones, privilegios y gra
cias con que Diosla habia adornado y enrique
cido, que lleno de amor y de gozo se decia fre
cuentemente á sí mismo: «Es tanto mi júbilo,
y tan grande mi gozo al considerar que Dios ama
á María Santísima más que á todas las cosas, que
no recibiría ningun otro placer ni deleite del
mundo en cambio de este gozo; y si por un im
posible, Dios quisiera rebajar á su Santísima
Madre un solo punto del alto grado de dignidad
y grandeza que posee, yo me iria gustosamente
á ser atormentado en el infieruo por toda la eter
nidad, ántes que tal sucediese.» La Santísima
Virgen no olvidó premiar este amor y este afecto
de congratulacion de su devoto Cárlos en prueba
de su agrado. Con efecto, llegan los últimos ins
tantes de la vida de Cárlos, y una espantosa turba
de demonios desea apoderarse de su alma para
sepultarla en lo más profundo de los infiernos.
•Aterrado Cárlos con tan horrible vision, invoca
(Je corazon á la Madre de Dios, y ¡oh bondad in
agotable de María Santísima para con sus devo
— 158 —
tosí luego al punto se le presenta para socorrerle
en tan grande afliccion. Á su presencia, los es
píritus infernales huyen despavoridos, Cárlos se
reanima y consuela, y su alma queda en per
pétuo gozo y descanso.

Excelencia 5S.
EL SANTÍSIMO ROSARIO DEBE REZARSE CON AFECTO DE IN
VOCACION.

Tercera disposicion.
Por esta tercera disposicion debe rezarse el
Santísimo Rosario por todos sus devotos y por
todos los fleles, con afecto de invocacion; esto
es, invocando la poderosa intercesion de la San
tísima Virgen, con entera confianza de alcanzar
lo que en él pedimos, si nos conviene. Porque
áun cuando es verdad que invocamos y acudimos
á Dios en nuestras oraciones como autor y fuente
principal de todo nuestro bien, como á un Dios
de bondad y Padre amorosísimo, que nos con
cede los bienes no sólo de naturaleza, sino tam
bien los de gracia y de gloria; con todo, esto no
quita, que invoquemos y acudamos tambien á la
intercesion de los Santos, y principalísimamente
á la de la Reina de todos ellos, María Santísima,
para conseguir de Dios lo que pedimos en nues
tras oraciones y súplicas. Esto es lo que nos en
seña la Sagrada Escritura, esto lo que leemos en
los SS. Padres; esto lo que predica constante
mente la Fé católica; y esto, en fin, lo que acre
dita la misma experiencia. Con efecto; vemos que
en una casa ó familia bien arreglada, en donde
reinan aquellas íntimas y mútuas relaciones de .
amor, de orden y mutua correspondencia que
debe haber entre el padre, la madre y sus ni-
— 159 —
jos, vemos que, cuando alguno de estos desea
alcanzar alguna cosa de su padre, este no lleva
á mal, ántes por el contrario tiene cierta satis
faccion y complacencia en que la madre interce
da y pida por su hijo. Pues á este modo. Dios,
nuestro clementísimo Padre, aunque Él solo sea
quien gobierna y dispone todas las cosas en to
do el universo, y quien nos concede los bienes
que pedimos, esto no obstante, tiene una suma
satisfaccion y complacencia en que la Santísima
Virgen, Madre y Señora nuestra, interceda y rue-
gue por nosotros, para que de este modo la auto
ridad, el poder y la intercesion de la Santísima
Virgen sea más clara y manifiesta, y nuestra con
fianza para invocarla en el Santísimo Rosario más
constante y segura.
Convendria manifestar ahora los justos y po
derosísimos títulos que concurren en la Santí
sima Virgen para ser honrada y alabada en el
Santo Rosario con afecto de invocacion. Pero ha
biendo expuesto muchos de ellos en el prólogo
ó introduccion de esta obra, solo haremos men
cion de los que tenia presentes el glorioso San
German para excitar su confianza en la poderosa
intercesion de la Santísima Virgen. «Ciertamente,
oh Madre de mi Dios, decia este Santo, verdade
ramente, oh Señora mia, tú eres mi refugio, tú
mi vida, tú mi defensa, tú mi esperanza, tú mi
fortaleza. Concédeme, pues, oh Madre y Señora
mia, que yo goce algun dia de tus inefables bie
nes; de esos bienes inefables, de esos bienes in
mensos, que aquí en este mundo no se pueden
comprender. Tú tienes, lo sé muy bien, buena
voluntad junto con el poder suficiente para fa
vorecerme, porque eres la Madre del mismo
Dios; por esto, pues, oh Señora mia purísima,
me atrevo á suplicarte que no sea frustrada mi
esperanza.»
— 160 —

Excelencia 54.
EL SANTÍSIMO ROSARIO DEBE REZARSE CON AFECTO DE
IMITACION.

Cuarta disposicion.
Si los estrechos límites á que nos hemos pro
puesto reducir la presente obra, nos permitiesen
extendernos sobre esta materia, ¿cuánto no pudié
ramos decir acerca de las virtudes de la Santísi
ma Virgen, cuja imitacion es la cuarta disposi
cion con que debemos rezar el Santísimo Rosa
rio? ¿Y cuántas y qué cosas tan grandes acerca
del criminal olvido que en nuestros dias reina, de
estas mismas virtudes? Sin embargo, es nece
sario hacer ver á nuestro siglo que se gloría de
virtuoso é ilustrado, cuán distinta y cuán con-,
traria es su conducta'en esta parle y áun en otras
muchas, á la conducta piadosa y devota de nues
tros mayores y antepasados. Sí, preguntad, niños;
preguntad, jóvenes; preguntad á vuestrosmayo-
res, y ellos os dirán cuánto era su cuidado y es
mero, cuánta su santa emulacion en disponerse
á rezar el Santísimo Rosario con la imitacion de
las virtudes de la Santísima Virgen. Ardentísimos
devotos de esta Señora, y animados de un fervo
roso anhelo de imitar sus virtudes, parecía que
llevaban retratadas en su semblante su viva fé,
su encendido amor para con Dios, su ardiente
caridad para con el prójimo, su firme esperan
za, su profunda humildad, su modestia, su de
vocion y su piedad, y todas las demás virtudes
de la Virgen Santísima. ¡Oh tiempos venturosos,
en que nuestros padres y mayores eran fieles
imitadores de las virtudes de María! ¡Oh dias
felices, qué pronto pasásteis á nuestra vista!
— 161 —
Pero ¡oh depravado carácter! ¡oh tiempos des
venturados de nuestro siglo! en los cuales, en
vez de aquella fé viva de nuestros mayores, no
vemos sino una fé débil ó enteramente muer
ta, ó lo que es áun todavía peor, una criminal
indiferencia acerca de nuestra Santa Religion.
En vez de su ardiente caridad; odios, enemis
tades, discordias y disensiones por todas par
es. En vez de su humilde y respetuosa obe
diencia á las autoridades y superiores; trastor
nos, asonadas, tumultos y desobediencia a los
que gobiernan. En vez de su honestidad, pudor
y recato; pinturas deshonestas, libros obscenos y
objetos provocativos en las casas, en las calles,
en las tertulias y paseos. En vez de su sólida pie
dad y respeto religioso á Dios, á la Virgen, á
los Sacerdotes y á los templos; blasfemias, irre
verencias, insultos y desacatos á tan caros y sa
grados objetos. Y, finalmente, en vez de la verda
dera ilustracion, que consiste en saber amar y
servirá Dios, de la veracidad, simplicidad, inge
nuidad y religion de nuestros antepasados; la ig
norancia, principalmente en la Doctrina cristia
na, la mentira, el dolo, la falsa política, el error,
la impiedad y la incredulidad. Tal es, en gene
ral, el verdadero carácter de nuestro siglo, y de
las gentes del gran mundo.
Pero, áun hablando de aquellas personas que
se glorían de cristianas y devotas del Santísimo
Rosario, ¿no es cierto que muchas de ellas, y no
en pequeño número, en todo piensan ménos en
imitar las virtudes de la Santísima Virgen? Cier
tamente, la mayor parte de estos devotos, dire
sin temor de equivocarme, creen que con pro
nunciar frecuentemente el nombre de María, con
asistir al templo en sus festividades, visitar sus
sagradas imágenes, y rezar de cualquier modo su
Rosario, y otras devociones, creen, repito, haber
hecho ya lo muy bastante para poder gloriarse de
— 162 —
verdaderos devotos del Rosario y de la Santísima
Virgen. Mas ¡oh cegedad lamentable! ¿Cómo no
ven, que áun cuando las devociones y obras pia
dosas practicadas en honor y obsequio de la Santí
sima Virgen sean en sí laudables y del agrado de
esta Señora, todavía lo es mucho más una vida
pura, santa y ejercitada en la imitacion de sus
virtudes? ¿Cómo ignoran, por otra parte, que to
das estas devociones y alabanzas en honor de la
Santísima Virgen, no pueden ser agradables á
esta Señora si no van acompañadas de la imita
cion de sus virtudes y de la Divina gracia, es
tando escrito en los Libros santos "fcque no es her
mosa ni agradable la alabanza que sale de boca
del pecador?» ¿Y lo serán á la Santísima Virgen
las que le tributan sus devotos en el Santo Ro
sario, cuando estos no procuran imitar sus vir
tudes, ni se resuelven á desterrar de sí los vi
cios, las malas inclinaciones y pecados? Es im
posible. Imitemos, pues, las virtudes de la Vir
gen Santísima: sea Ella nuestra Maestra y nues
tra guia en la gloriosa carrera de nuestra vida
cristiana; y de este modo podremos gloriarnos de
ser -contados en el número de sus verdaderos
devotos.
Mas ¿cómo será posible, podrá decir alguno,
cómo será posible, no digo ya practicar, pero ni
aun siquiera pretender imitar unas virtudes tan
heróicas, tan perfectas y sublimes? ¿Cuál de I09
míseros mortales podrá imitar una fé tan viva,
una esperanza tan firme, una caridad tan ardien
te, una inocencia tan pura y una vida tan santa?
Confieso ingénuamente, qué las virtudes de la
Santísima Virgen son admirables, heróicas, su
blimes, encumbradas y en sumo grado perfeclí-
simas; pero esto no debe servir de obstáculo para
que, si como débiles y flacos, no podemos llegar
al sumo grado de perfeccion á que se elevó la
Santísima Virgen, procuremos tocar al menos lo
— Í63 —
ínfimo de ellas. Pues al modo que la criada de
la reina Ester, yendo en pos de su señora, reco
gía la parte de sus vestidos que arrastraban por
el suelo; asi tambien nosotros, oh amadísimos de
votos del Rosario, siguiendo á María Santísima,
nuestra Reina y Señora, procuremos recoger en
la imitacion de sus virtudes, si nó lo más encum
brado de su perfeccion, a lo menos lo que ayu
dados de la Divina gracia esté á nuestros alcan
ces, y sea compatible con nuestra presente con
dicion. ¡Feliz y mil veces dichoso aquel que así
llegáre á tocar la orla de los vestidos espiritua
les de la Santísima Virgen, que son sus virtudes!

Excelencia 55.
ÍX SANTÍSIMO ROSARIO DEBE REZARSE CON PUREZA DÉ
CONCIENCIA.

Quinta y última disposicion.


Be nada serviría que los devotos del Santísimo
Rosario practicasen tan santa devocion con afecto
de amor, de congratulacion, invocacion é imita
cion, si á estas disposiciones no acompañase
tambien la pureza de conciencia ó estado de gra
cia, disposicion indispensable para rezar el Santo
Rosario con fruto y aprovechamiento espiritual.
Cuando esto decimos, no se crea que afirmamos
una paradoja, ó expresamos una mera opinion,
sino una verdad reconocida por los SS. Padres y
Doctores de la Iglesia, y demostrada contra Lu
lero y sus secuaces por insignes y esclarecidos
Teólogos; los cuales, despues de haber probado
con testimonios de la Sagrada Escritura, que
efectivamente hay obras buenas que son merito
rias de vida eterna, entran á hablar de los re
quisitos ó condiciones indispensables que debeti
_ 164 —
acompañar á dichas obras meritorias para que
tengan el carácter de tales; y señalan entreoiras
varias, que no es del caso referir aquí, la pureza
.de conciencia ó estado de gracia; pues de lo con
trario,de ninguna
■ojos obraconsiguiente
Dios, y por puede ser agradable á los
ni meritoria de
vida eterna, como enseña nuestra Madre la Igle
sia congregada en el sagrado Concilio de Tren-to,
por estas memorables palabras: «Sin la gracia y
virtud de Cristo, la cual siempre antecede, acom
paña y sigue á las obras buenas de los hombres,
de ningun modo estas mismas obras pueden ser
agradables á Dios y meritorias (1).» De donde
se prueba claramente, que para rezar el Santo
Rosario con provecho y utilidad espiritual, de tal
modo que nos sea meritorio de vida eterna, se
requiere necesariamente la pureza de conciencia
ó estado de gracia.
Más: exhortando nuestro Divino Salvador Jesu
cristo á sus Apóstoles y Discípulos á rezar fre
cuentemente la oracion del Padre Nuestro, que
él mismo les habia enseñado, les mandó al mis
mo tiempo que evitasen con vigilancia cristiana la
jactancia, la hipocresía y otros pecados, instru
yéndolos juntamente acerca de várias virtudes,
como se vé en S. Mateo (2); dándoles á entender
con esto, que debian estar ántes preparados y
adornados de la divina gracia y virtudes para re
zar dicha oracion del Padre Nuestro, que es la
salutacion de Dios. Pues á este modo, oh vosotros
devotos del Santísimo Rosario, vosotros que prac
ticais tan santa devocion, y repetís en ella tantas
veces la salutacion de la Madre de Dios, y la ora
cion misma del Padre Nuestro, preparáos, reves
tios para una obra tan buena y tan santa, de la

Sesion VI, cap. i6.


Cap. 6.
— 165 —
vestidura preciosa de la gracia, con la cual os
servirá de un mérito incomparable para lograr el
Cielo, vuestra saludable y piadosa devocion.
. t

Excelencia 56.
ADMIRABLES V MARAVILLOSOS FRUTOS DEL SANTÍSIMO
ROSARIO.

La misma Reina de los Ángeles María Santísima


Señora Nuestra, hablando en una aparicion con
el B. Alano de la Rupe, fervorosísimo é infatigable
propagador del.Santísimo Rosario en las regiones
del norte, es quien nos declara brevemente los
admirables y maravillosos frutos del Santo Rosa
rio por estas palabras: «Este modo pronto y fácil
de orar y pedir á Dios en el Santísimo Rosarioes
muy saludable á los pueblos, muy conveniente pa
ra alcanzar misericordia de Dios, y un podero
sísimo socorro contra toda adversidad y tribula
cion (1).» Y en efecto, así lo ha acreditado la expe
riencia de todos los tiempos, desde la institucion
del Santísimo Rosario en tantos y tan innumera
bles devotos que, habiéndose acogido á la Madre
de Dios, y buscado su amparo y patrocinio por
medio de tan saludable devocion, alcanzaron con
suelo en sus aflicciones, alivio en sus enfermeda
des, fortaleza en las tribulaciones, el perdon de sus
pecados, la gracia y amistad de Dios; siendo al
mismo tiempo un poderoso y eficáz remedio para
desterrar los vicios y reformar las costumbres de
los pueblos,, como claramente lo confiesa nuestra
Madre la Iglesia, diciendo: «Que son innumerables
los frutos que por medio de tan santa y saludable.

(4) Breviario del Orden de PP. Predicadores, dia


de Icl octava del Santísimo Rosario, leccion 5.a
— 166 —
devocion ha reportado el pueblo cristiano (1).
Penetrado de esta verdad nuestro católico Mo
narca el Señor D. Felipe IV, y animado del no
ble y laudable objeto de poner fin á las discordias
de su reino, y lograr la paz entre todos los Prín
cipes cristianos, mandó que todos los dias festi
vos se rezase á coros y en voz alta el Santo Ro
sario en todas las iglesias Catedrales y Parroquia
les de sus dominios, como consta de una carta
circular impresa en Sto. Tomás de Madrid, que
expidió el M. R. P. M. Fr. Diego Lopez, Provincial
del Orden de PP. Predicadores, en la cual mandó
á todos lo* conventos de su obediencia, que en
cumplimiento de lo dispuesto por S. M., en todos
ellos, y para dichos fines, se rezase todos los dias
á coros, despues de completas, una parte del Santo
Rosario. Lo mismo, en cumplimiento de lo man
dado por el Rey, hizo el Emmo. 9v. Cardenal y
Arzobispo de Toledo, el que para la consecucion
de tan importantes fines, destinó para todos los
pueblos de su arzobispado celosos predicadores
que instruyesen y exhortasen á los fieles á la edi
ficante y piadosa práctica de rezar á coros et
Santísimo Rosario.
Seríamos, pues, interminables si hubiésemos,
de referir todos los ruegos y súplicas que diri
gieron á los Sumos Pontífices los Heves y Prín
cipes de Occidente, á fin de que con sus bulas y
rescriptos aprobasen y sancionasen y de este
modo poderosamente contribuyesen á la institu
cion, aumento y propagacion del Santísimo Ro
sario, firmemente persuadidos unos y otros de lo«s
innumerables y maravillosos frutos, que por me
dio de la práctica de tan santa devocion reporta
rian la Iglesia y sus estados.

(1) Breviario Romano, Fiesta del Santísimo Ror


fflriq, leccion 5.a del segundo nocturno-
— Í67 —
Y ¿quién podrá explicar dignamente los que
produjo en el Oriente y áun en todo el mundo el
Santísimo Rosario? Luego que esta piadosa devo
cion penetró en aquellas naciones idólatras por
el celo y fervor apostólico de los PP. del orden
de Predicadores, todo varta de aspecto inmedia
tamente. Á influjo de esta celestial y divina de
vocion, los bárbaros habitantes de aquellas in
cultas regiones se convierten en hombres huma
nos, políticos, afables y de morigeradas costum
bres; dejan su ceguedad y abren sus ojos á la
resplandeciente luz del Evangelio; abjuran la
idolatría y sus vanas supersticiones; abrazan la
creencia de un solo Dios verdadero; frecuéntanse
los Santos Sacramentos; restablécese el pudor y
la piedad; instilúyense congregaciones del San
tísimo Rosario; venéranse las reliquias de los
Santos; óyese con atencion y devocion el Santo
Sacrificio de la Misa y la divina palabra; procú
rase el explendor y la magnificencia del culto, el
adornoy aseo de los templos, y reina, en fin, en
todas partes la. caridad, la devocion, la piedad,
y todas las demás virtudes que prescriben á los
cristianos la Religion y el Evangelio; no siendo
el menor entre estos maravillosos frutos, que des
pues de várias tentativas hasta entónces inútiles,
fuesen reconquistadas y restituidas á España las
Islas Molucas por un milagro patente del Santí
simo Rosario, segun informacion juridica com
probada con testigos oculares ante el Sr. Provisor
de aquellas. Islas, D. Luis Herrera y Sandoval,
como refiere el limo. Sr. D. Diego Aduarte, Obis
po de las referidas Islas, cuya historia escribió
este limo. Sr.
— 168 —

excelencia 5TL
ILUSTRES VICTORIAS CONSEGUIDAS CONTRA LOS INFIELES POR
LA VIRTUD DEL SANTÍSIMO ROSARIO.

Dejando aparte las ilustres y repetidas victo


rias, que el invicto guerrero conde de Monfort,
instruido por el glorioso Santo Domingo en la
devocion del Rosario, alcanzó contra los herejes
Albigenses, siendo la más memorable de todas
la que obtuvo contra estos enemigos infatigables
de la Fé en el asedio de la fortaleza de Muret,
dia %Q de Setiembre del año de 1 21 3, en que con un
valor increible derrotó, por la virtud del Santísi
mo Rosario, un ejército de cerca de cien mil
combatientes, dejando diez y seis mil enemigos,
entre muertos y heridos, en el campo de batalla;
sólo haremos mencion de aquellas dos insignes
y completas victorias ganadas por los cristianos
á los turcos, una en el mar y otra en la tierra,
por la virtud del Santísimo Rosario. Se ofrece la
primera aquella memorable y gloriosa victoria,
que el ejército de los cristianos, mandado por
D. Juan de Austria, alcanzó contra los turcos en
el mar, tan conocida en todo el mundo con el
nombre de batalla de Lepanto. Fué del modo si
guiente:
Estaban los turcos anclados en Lepanto, cuan
do tuvieron aviso de que los cristianos, habiendo
salido del puerto de Corfú, venian á velas ten
didas á presentarles la batalla. Superiores los
turcos en tropas y navios, levantaron áncoras
para cerrar el paso á los cristianos, con ánimo
de cortarlos y envolverlos de tal modo, que ni uno
solo se escapase para llevar la noticia de su der
rota. Al momento que se dejó ver la armada
turca mandada por Alí-Bajá, la cristiana, que con
— 169 —
titulo de Generalísimo mandaba D. Juan de Aus
tria, juntamente con D. Marco Antonio Colona, ge
neral de la escuadra pontificia, levantando un
esforzado grito invocó la intercesion de la Santí
sima Virgen su soberana protectora.
Hallábanse las dos armadas a distancia de cua
tro leguas, cuando se dió la señal de combatir,
enarbolando los cristianos el estandarte .que sus
dos generales babian recibido en Ñápoles de parte
de su Santidad, Apénas se descubrió la imágen de
Cristo Crucificado que eslababordada en el estan
darte pontificio, la saludó toda la armada con
grandes aclamaciones de júbilo y alegría; y todos,
oficiales y soldados, adoraron de rodillas la imá
gen del Salvador, cuya causa iban á defender. ¡Oh!
y qué espectáculo tan edificante, era ver al oficial
y al soldado postrados á los piés de Jesucristo,
implorando su asistencia para vencer á los infie
les por la intercesion de la Santísima Virgen, cuya
imágen se veneraba á bordo de todas las embarca
ciones! Entretanto íbanse acercando las dos arma
das, favorecida del viento la turca, circunstancia
que daba motivo al sobresalto y al temor. Volvié
ronse entónces los cristianos con mayor fervor á
la Virgen Santísima, bajo cuyos auspicios y pro
teccion iban á combatir; y cambiándose el vien
to de repente, comenzó á soplar en popa tan
favorablemente, que todo el humo de su artille
ría cargaba sobre la escuadra otomana: mudanza
que todos calificaron de milagrosa, recibiéndola
como prueba visible de la asistencia del Cielo,
mediante la proteccion de la Santísima Virgen.
Acercáronse, en fin, las do* armadas á tiro
de cañon el dia 7 de Octubre de 1571, hacién
dose tan terrible fuego de una y otra parte, que
por largo espacio de tiempo quedó el aire oscu
recido con la densidad del humo. Tres horas
iban pasadas yá de encarnizado combate con
igual valor de unos y otros combatientes, cuando
— 170 —
los cristianos, más confiados en la proteccion de
Dios y su Santísima Madre, que en los esfuerzos
de su valor, observaron que los turcos principia
ron á ceder. Redoblando entónces su confianza
y su ardimiento nuestros generales, hicieron
nuevo fuego sobre la capitana turca; mataron á
Alí-Bajá, abordaron su nave, y arrancaron su es
tandarte. Mandó á este tiempo D. Juan de Aus
tria que todos gritasen, Victorial Victoria! Victo
ria!; y yá, desde entónces, dejando de ser com
bate, comenzó á ser horrible carnicería en lds
infelices turcos, que se dejaban degollar sin re
sistencia. Treinta mil turcos entre muértos y he
ridos; cinco mil prisioneros inclusos los dos hijos
de Alí-Bajá; ciento y treinta galeras apresadas;
más de noventa de las mismas idas á fondo, ó
consumidas por el fuego; muerto el mismo Alí-
Bajá; todos sus tesoros cogidos, y más de dos
cientos mil cristianos rescatados, tales fueron el
rico botin y los felices resultados de la célebre
batalla de Lepanto: batalla la más gloriosa para
los cristianos, y la más desgraciada y sangrienta
para los turcos desde la formacion del formidable
imperio Otomano.
E| Sumo Pontífice S. Pio V, para empeñar más
particularmente la poderosa proteccion de la
Santísima Virgen á favor de las armas cristianas
en ocasion tan peligrosa, se habia valido de la
devocion del Santo Rosario tan agradable á esta
Señora; y firmemente persuadida que esta victo
ria contra los turcos habia sido efecto de la pro
teccion de la Santísima Virgen, implorada por
medio de esta piadosa devocion, mandó que la.
fiesta de Nuestra Señora de la Victoria, instituida
con tan memorable y gloriosa ocasion, fuese al
mismo tiempo la fiesta del Santísimo Rosario.
Tambien el Papa Gregorio XIII, no ménos con
vencido de que esta célebre victoria se debió á
la devocion del Santísimo Rosario, ordenó en re
— 171 —
conocimiento á la proteccion de la Santísima
Virgen, que perpétuamente se celebrase la so
lemnidad del Rosario el primer Domingo de Oc
tubre en todas las iglesias donde se erigiese esta
devotísima cofradía; concesion que despues fué
extendida por Clemente XI á todas las iglesias
del mundo cristiano.
Á esta misma devocion del Santísimo Rosario
atribuye el referido Papa Clemente XI aquella otra
insigne victoria, que conocida con el nombre de
batalla de Semlin, alcanza contra los turcos el
Príncipe Eugenio de Saboya cerca de Belgrado,
año de 1716; por cuyo motivo mandó Su Santidad
que se colocase en la iglesia del Santísimo Ro
sario de los PP. Dominicos de Roma, uno de los
estandartes cogidos á los infieles, que envió al
Sumo Pontífice el Emperador, En esta famosa ba
talla, ganada como la de Lepanto, en la misma
hora y tiempo en que los cofrades del Santísimo
Rosario, de Roma, dirigían solemnes y fervoro
sas súplicas para implorar la proteccion de la
Santísima Virgen á favor de los ejércitos cris
tianos, pelearon estos con tanto valor y denuedo,
confiados en la proteccion de la Virgen, que
3uedaron tendidos en el campo de batalla más
e treinta mil infieles, sin contar los prisione
ros; habiéndoles cogido toda la artilleria, todas
sus tiendas, bagajes, provisiones, dos colas de
caballos y todas sus banderas y estandartes; sien
do también fruto de esta célebre victoria la toma
de las importantes plazas de Belgrado, de la isla
de Corfú, y la libertad de la Alemania y de la
Italia, que se hallaban amenazadas de la tirá
nica opresion otomana.
— 172 —

Excelencia 58.
GLORIOSOS TRIUNFOS DEL SANTÍSIMO ROSARIO CONTRA LOS
HEREJES Y LOS IMPÍOS.
" ■ :>
Si es una verdad demostrada por la historia de
la Iglesia de más de diez y ocho siglos, que la
Religion de Jesucristo parece estar destinada en
este mundo para ser el blanco de las contradiccio
nes de los hombres, y especialmente de los he
rejes, de los incrédulos y de los impíos; tambien
es una verdad innegable, que esta hija del Cielo
ha tenido y tiene en su seno ilustres y esforza
dos campeones que, saliendo á su defensa, ani
mados de un valor inexpugnable, no sólo la de
fienden contra los sangrientos ataques de sus ene
migos, sino además acometen á estos, los persi
guen y vencen, reduciendo á polvo todas sus ob
jeciones y argumentos, que en sustancia no son
otra cosa que horrendas calumnias y blasfemias,
inventadas por un ódio implacable á la Religion,
ó falsas y aparentes razones forjadas por las más
viles pasiones. ¿Dónde están si nó aquellos vanos
y fútiles argumentos, ó más bien diré, aquellas
horrendas é impías blasfemias, que contra la Re
ligion de Jesucristo vomitaron los Celsos, Porfi
rios y Julianos Apóstatas, enemigos encarni
zados del Crucificado? ¿Qué se hicieron aque
llas doctrinas y máximas perversas, que contra
los principales misterios y dogmas de nuestra Sa
grada Religion estamparon en sus abominables
escritos los Cerintos, los Ebionitas, los Arrios,.
Macedonios, Nestorios, Eutiques y demás here-
siarcas de los primeros siglos de la Iglesia? Y en
tiempos posteriores, ¿cuál ha sido la suerte de las
monstruosas heregías de Lutero y de Calvino?-
¿Cuál la de las inauditas impiedades de Voltaire,
— 173 —
Rousseau y otros impíos del siglo 17 y 18 y su
cesivamente hasta nuestros dias? ¡Ah! reducidos
están á polvo uno por uno todos sus argumentos;
disueltos están todos sus sofismas; desechas todas
sus locas cavilaciones, y confundidas y execradas
sus horrendas blasfemias é impiedades, en los
luminosos escritos de los SS. PP. y Doctores de la
Iglesia, y en las preciosas obras de los modernos
apologistas y defensores de la Religion. Sí, no
hay que dudarlo: la Religion celestial y divina de
Jesucristo ha triunfado y triunfará siempre de todo
el poder del infierno y de todos los esfuerzos de
sus enemigos. Ella está sostenida y defendida por
el dedo omnipotente de Dios; pero la heregía y
la impiedad pasaron como el humo: sus autores
bajaron al sepulcro con el anatema de Dios y de
la Iglesia, y su memoria sólo sirve á la posteri
dad católica de oprobio, de horror y execracion.
Supuesta, pues, esta verdad, consignada en la
historia de la. Religion, acreditada por la experien
cia de. tantos siglos y fundada en la promesa in
falible de Jesucristo; nada importa que los ene
migos de la Santísima Virgen, los Buceros.los
Pelicanos, Lambertos, Bullingeros, Brenscios y
otros discípulos de Lutero, impugnen el culto. de
esta divina Señora, y vomiten horrendas calum
nias y blasfemias contra' la santa y saludable de
vocion del Santísimo Rosario: calumnias y blas
femias que no referiremos aquí, por no lastimar
los piadosos oidos de los verdaderos devotos de
María; pero que nos ponen en la precisa obliga
cion de vindicar el Santo Rosario, y tomar en su
nombre su defensa contra los crueles ataques
que contra tan santa devocion y sus devotos di
rigen sus encarnizados enemigos, tanto más te
mibles, cuanto más ocultos y solapados.
Con efecto, entre los enemigos del Santísimo
Rosario, unos nos acusan de impertinentes y fas
tidiosos, porque repetimos muchas veces Ja salu
- m — ■
tacion Angélica; otros, de vanos y supersticiosos,
porque procuramos que se bendigan los rosarios,
que se les concedan indulgencias,^ los adorna
mos con cruces y medallas. Estos, nos repren
den porque usamos de cierto número de Padre
Nuestros y Ave Marías, con la meditacion de cier
to número de misterios; aquellos, desprecian y
se burlan, como inútil y supérfluo, del uso de
cierto número de globulitos ó cueutas. Tales y
otras muchas son las falsas acusaciones de que
se valen los enemigos del Santísimo Rosario para
impugnar y áun arrancar del corazon de sus de
votos, si posible les fuera, una devocion tan útil
á nosotros, y tan agradable á Dios y á su San
tísima Madre. Deshagamos, pues, tan injustas
como falsas imputaciones: vindiquemos el Santo
Rosario yásus devotos, manifestando, que la re
peticion de la Salutacion Angélica ó Ave María y
del Padre Nuestro no es impertinente; que la ben
dicion delos rosarios, concesion de indulgencias,
las cruces y medallas que en ellos snelen poner
se, nada tienen de supersticioso; que no somos
dignos de las amargas é injuriosas reprensiones
que nos dirigen, por rezar cierto número de Pa
dre Nuestros y Ave Marías, meditando cierto nú
mero de misterios; y en fin, que el uso de cierto
número de globulitos ó cuentas, no es vano ni su
pérfluo. Todo lo cual servirá poderosamente para
alentarnos más y más á practicar la piadosa de
vocion del Santísimo Rosario, y dar á conocer á
todo el mundo sus victorias y sus triunfos. Prin
cipiemos, aunque reduciendo este punto en ob
sequio de la brevedad.
Lo primero que imputan álos devotos del San
tísimo Rosario, los impíos y los incrédulos, lleva
dos del ánimo perverso de impugnar tan santa
devocion, es la repeticion frecuente de las ora
ciones del Padre Nuestro y del Ave María, califi*
candolos por esto con el odioso epíteto de im
— 475 -
pertinentes: calificacion infundada, injusta, como
todas las demás que les sugiere su impía y mor
daz critica. Con efecto, si estos hombres ignoran
tes y soberbios leyesen despreocupadamente y
con espíritu de humildad las Santas Escrituras,
allí hallarian este modo de orar repitiendo una
misma cosa muchas veces. Hallarian, que los tres
jóvenes hebreos arrojados al horno, por no haber
querido adorar la estátua de Nabucodonosor, can
taron en medio de las llamas un cántico de ben
dicion, repitiendo en casi todos sus versos estas
mismas palabras: «Bendecid al Señor.» Hallarian,
que el Santo Rey David en el salmo 135 repite
nada menos que veintisiete veces estas otras:
«Porque su misericordia es eterna.» Hallarian, que
los Ángeles de Isaías y los animales del Apoca
lipsis, no cesaban de repetir día y noche aquel
devoto y sublime trisagio: «Santo, Santo, Santo,
Señor Dios de los ejércitos, etc.,» que tan comun
se ha hecho entre los fieles. Hallarian, en fin, que
nuestro mismo Salvador Jesucristo oró en una
noche tres veces á su Eterno Padre en el huerto,
repitiendo en todas una misma oracion: Eumdem
sermonem dicens. Y si se tomasen el utilísimo é
instructivo trabajo de leer las vidas de los Santos
y de los Padres del desierto, lectura tan odiada
de los herejes y de los impíos, no les faltarian
aun en este punto modelos que imitar. Podrían
imitar á S. Bartolomé Apóstol, que segun refiere
su discípulo Abdias Babilónico, oraba dia y noche
cien veces de rodilla; á los antiguos anacoretas
Paladio, Sócrates y Macario, que oraban ciento;
á Pablo el Egipcio que oraba trescientas, y final
mente, á Tais, mujer ramera, que despues de
convertida y retirada á una solitaria celdilla, re
pitió todos los dias, por el espacio de tres años,
esta sencilla y fervorosa oracion: «¡Oh, Señor, tú
que me formaste de lanada, ten misericordia de
mí!» Ahora bien, si en los libros santos y en las
— 176 —
Vidas de los más fieles seguidores de las máxi
mas y consejos del Evangelio, hallamos autoriza
da y practicada la repeticion frecuente de unas
mismas palabras y oraciones, ¿deberán reputarse
por impertinentes los devotos del Santísimo Ro
sario porque repiten en él las oraciones del Pa
dre Nuestro y Ave María, oraciones las más santas
y sublimes que por los fieles rezarse pueden?
Pero los herejes y los impíos aún prosiguen
acusando de vanos y supersticiosos á los devo
tos del Santísimo Rosario, burlándose de ellos,
porque procuran que se bendigan, concedan in
dulgencias, y los adornan con cruces, imágenes
y otras medallas. ¡Oh necios mofadores de los
devotos del Santísimo Rosario, cómo manifestais
en esas burlas impías vuestra impiedad y vuestra
irreligion! ¿Sabeis, comprendeis vosotros la in
mensa utilidad que resulta á los devotos del Ro
sario, de esas bendiciones, de esas indulgencias,
de esas cruces y medallas? Pues si lo sabeis, ¡cuál
es la impiedad de vuestro corazon para que así os
burleis de una práctica cristiana tan santa y tan
útil, que os puede colmar de bienes espirituales? Y
si no lo sabeis ¿por qué os mofais de un acto reli
gioso cuya virtud. y mérito no comprendeis? ¿No es
esta conducta el mayor exceso de ridiculéz y de
necedad á que puede llegar un hombre ilustrado,
de que vosotros tanto blasonais? ¡Cómo! ¡burlarse
de lo que no se conoce ni se comprende! ¡Oh de
testable perversidad del corazon humano! ¿Dónde
están los motivos, dónde las razones para esa
chocante mofa? Ea, dejad, dejad de mofaros de
los devotos del Santísimo Rosario; y si las lu
minosas razones que voy á exponer, llegan por
dicha á vuestros oidos en algunos de aquellos
felices momentos en que libre el hombre del
humo denso de las pasiones, go2a su entendi
miento de una luz clara, y su corazon de una
dulce calma; entónces, examinad, reflexionad de
— 177 —
tenidamente los poderosísimos y justos motivos
que asisten a los devotos del Santísimo Rosario,
para hacer bendecir, conceder iudulgencias y
adornarlos con cruces y medallas. Oid, pues, y
aprended.
1.° Se bendicen los rosarios, porque además
de los efectos espirituales que producen las ben
diciones del Sacerdote, los globulitos ó cuentas
de que se componen, se destinan por dichas ben
diciones de un uso por otra parte profano, á un
uso piadoso y sagrado;' á la manera que desde
la más remota antigüedad cristiana, y áun acaso
desde el tiempo mismo de los Apóstoles, el agua,
la sal, las velas, los cálices y los templos y otros
muchos objetos profanos, se consagraban y des
tinaban por la bendicion del Sacerdote á un uso
sagrado.
2.° Es indudable que las indulgencias conT
cedidas por quienes deben y pueden concederse,
son un poderoso aliciente para que los fieles, ani
mados con la esperanza de la ganancia ó prove
cho espiritual que ellas prometen, prac.tiquen con
mayor devocion y fervor las obras piadosas, ro
gando á Dios por los saludables fines, que en su
concesion comunmente se expresan. Sería muy
conveniente manifestar aquí para eterna confu
sion de los impíos y de los incrédulos, con la
doctrina clara y terminante de la Sagrada Escri
tura, de los SS. Padres y de toda la Iglesia ca- v
tólica, la suprema é indestructible potestad que
tiene esta Esposa inmaculada del Cordero, para
conceder indulgencias: y la fuente inagotable de
donde toman todo su valor y eficácia, que es el
tesoro infinito de los méritos de Nuestro Señor
Jesucristo, de su Santísima Madre y de todos los
Santos; y, por último, las disposiciones con que
deben practicarse las obras piadosas que se im
ponen á las personas que quieran ganar las in
dulgencias, para que estas produzcan su efecto,
12
— 478 —
que es la remision de la pena temporal debida á
nuestros pecados ya perdonados en cuanto á la
culpa ó pena eterna. Pero siendo precisamente
las indulgencias la línea divisoria, que separó
para siempre jamás al desgraciado Lutero del se
no y comunion de la Iglesia del Señor, convir
tiéndose de celoso predicador que pretendia ser
de las indulgencias, en un infatigable y acérrimo
enemigo de este dogma católico; no nos deten
dremos en este punto, remitiendo a nuestros lec
tores á los luminosos escritos de tantos y tan pro
fundos teólogos, que tan sábiamente lo han ilus
trado y victoriosamente defendido.
3.° Se adornan los rosarios con cruces y me
dallas, para dar á entender lo que estos objetos
piadosos significan en nuestros templos. ¿Qué sig
nifica, pues, la Santa Cruz en el templo ó en
cualquier otro lugar para un cristiano? Es un
srgno que nos representa al Redentor del mundo,
muerto en ella por nuestra salud y reparacion:
signo augusto, signo, sacrosanto y adorable, que
nos recuerda todas las amarguras y dolores que
el Hijo de todo un Dios padeció por nuestro amor,
llenando nuestra alma de inexplicable alegría y
dulce consuelo. Y las sagradas imágenes gra
badas en las medallas ¿qué son para un cris
tiano? Son, á no dudarlo, una representacion de
aquel Santo ó Santa, que viviendo en este mun
do, le edificaron con sus virtudes, y habiendo
muerto en gracia y amistad de Dios; reinan ya
con él en la gloria, y por lo tanto dignos de nues
tra veneracion y de nuestroculto. ¿Hay aquí algo
de vano y supersticioso para que los herejes y
los impíos se mofen de los devotos del Santísimo
Rosario, porque adornan los suyos con estas sa
gradas insignias de nuestra divina Religion? Dí
galo todo hombre despreocupado y de sano juicio.
Finalmente, los herejes y los impíos concluyen
tachando tambien de ridiculo, vano y supersti
cipso el uso de cierto número determinado de
cuentas ó globuíitos. Séanos, pues, permitido re
cordar por segunda vez á esos falsos dogmatiza^-
dores las Santas Escrituras, cuya refulgente luz
disiparia las densas tinieblas de su ignorancia»
si se tomasen el trabajo de leerlas" con las debi
das disposiciones. Allí verian consagrado en re
petidos lugares, el uso de cierto número deter
minado, y aprenderian otras muchas é importan
tes verdades, que ignoran, ó afectan ignorar.
Aprenderían, por ejemplo, que Dios dispuso y
ordenó todas las cosas en determinado número,
peso y medida, y que este mismo. Dios mandó en
la antigua ley dar para la sustentacion de sus
ministros la décima parte de los frutos. Aprende
rian, que doce y no más fueron los Patriarcas,
que legaron su nombre á las doce tribus de Is
rael; que David estableció determinado número
de cantores y Ministros para que sirviesen en el
templo; que en el antiguo Testamento las obla
ciones, los sacrificios, las fiestas religiosas, sus
ritos, ceremonias y Ministros, todo estaba orde
nado en cierto y determinado número. Aprende
rían, en fin, que el Mesías prometido, nuestro
Redentor, fué crucificado, muerto y sepultado
despues de un determinado número de semanas
vaticinadas por Daniel; que resucitado subió á
sentarse ala diestra de su Eterno Padre despues
de cierto y determinado número de dias, habien
do dejado en el mundo determinado número de
Apóstoles para la predicacion y propagacion del
Evangelio. En vista de estos y otros muchos tes
timonios, que sobre este punto nos presentan las
Santas Escrituras, ¿qué tiene de ridiculo y su
persticioso el uso de cierto determinado número
de globuíitos ó cuentas, cuando esto no se hace
creyendo que dicho determinado número con^
tenga en sí algun poder ó virtud para alcanzar
de Dios lo que en el Rosario le pedimos, que es
— 180 —
en lo que consiste la ridiculez y supersticion? Na
da, nada absolutamente. Ni los devotos del San
tísimo Rosario usan dichos globulitos ó cuentas
con otro fin que el de contar el número de veces
que, repiten órezan la salutacion Angélica para
evitar el fastidio y la confusion. ¿Hay cosa más
sencilla y natural?
Hemos visto en esta primera parte las exce
lencias y grandezas del Santísimo Rosario, con
siderado como una fórma ó modo sagrado de re
zar. Ahora veremos en la segunda, otras no me
nos instructivas é importantes, considerándole
como una piadosa Congregacion ó Hermandad.

i.'.,
# r

., ,, ¡
i
-

PARTE SEGUNDA,
QUE COMPRENDE

LAS EXCELENCIAS

DE LA ILUSTRE Y AUGUSTA COFRADÍA
DSL

SANTÍSIMA ISSitl®.
-

TixceYencia I■.*
NOBLE Y GLOBIOSO OHÍGEN DE LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO '
ROSARIO.

Si la vida y las costumbres de los cristianos


hubieran sido en los tiempos posteriores tan con
formes á las máximas del Evangelio, como lo fue
ron en los primitivos tiempos de la Iglesia, no hu
biera sido necesario fundar tantas cofradías ó
hermandades, que para fomentar la devocion y
fraternidad entre los fieles se han establecido en
el seno de la Iglesia. En aquellos primitivos y
fervorosos tiempos todos los cristianos procura
ban cumplir fielmente la voluntad de Dios, como
dice S. Gregorio (1); todos eran gobernados por

(1) Libro i.° cap. i. ° sobrelos Reyes.


1 . — 182 -,
aquel Espíritu divino, que Jesucristo habia pedi
do para los fieles á su Eterna Padre; todos esta
ban sujetos y obedecían á sus Pastores, y prin
cipalmente al Sumo Pontífice, supremo y univer
sal Pastor y Cabeza de toda la Iglesia; todos, en
fin, vivian entre sí con un vínculo tan estrecho
jáe amor, union y caridad, que parece no habia
entre todos sino una sola alma, un solo espíritu
y un solo corazon, llamándose con el dulce y co
mun nombre de Hermanos, no segun la carne»
sino segun Cristo y el Bautismo. Tales eran las
santasy piadosas costumbres de los primitivos fie
les de la Iglesia, y tal el amor, la concordia y fra
ternidad que guardaban entre sí. Pero ¡oh dolor!
multiplicándose de dia en dia el' número de los
fieles, cuando á proporcion de este prodigioso
aumento parece debia acrecer más y más el amor
y la union fraternal entre los seguidores del Evan
gelio, sucedió todo lo contrario. Debilitóse la fé,
entibióse la caridad, y la concordia y fraterni
dad espiritual fuéronse extinguiendo casi ente
ramente.
Viendo, pues, la general relajacion de costum
bres, que de aquí por necesidad debia originarse,
y que la fraternidad cristiana y. el dulce nom
bre de Hermano iba desapareciendo entre los cris
tianos, viendo todo esto aquellos varones in
signes, que Dios ofrece al mundo de tiempo en
tiempo para formar en ellos modelos perfectos de
virtud y santidad, quiero decir, los santos Funda
dores de las sagradas Religiones; pusieron todo
su esmero y conato en elegir entre tantos hijos del
siglo algunos cristianos que, guiados con su doc
trina y con su ejemplo, y conservando el nombre
de Hermanos, renovasen las piadosas costumbres
de los primitivos fieles de la Iglesia, observando
como ellos, puntual y exactamente, los preceptos
y consejos evangélicos. De aquí aquel prodigioso
número de anacoretas y mongesque, bajola sá
— 183 —
bia y prudente direccion de los Antonios, de los
Pambos, Hilariones, Pacomios y Ores, poblaron
los áridos desiertos del Egipto y Palestina, en el
Oriente. De aquí tambien los numerosos monas
terios y conventos de diversas Religiones, funda
dos en Alemania, Polonia, Inglaterra, Italia, Fran
cia, Portugal, España y en otras naciones, por
los Agustinos, Ambrosios, Benitos, Bernardos,
Juanes Gualbertos y de Mata, Brunos, Franciscos
de Asis y de Paula, Domingos de Guzman, Igna
cios de Loyola y otros ilustres Fundadores, en el
Occidente. Así estas sagradas Religiones ó Con
gregaciones, practicando los consejos y preceptos
evangélicos, renovaban y promovían la caridad
y fraternidad cristiana y demás virtudes de los
primitivos fieles de la Iglesia.
Mas, para que esta caridad y union fraternal
no quedase reducida dentro de los límites de los
monasterios y conventos, fuéronse estableciendo
sucesivamente con el tiempo con sus constitucio
nes y reglas, á imitacion de los monasterios y
conventos, varias sociedades ó congregaciones
de seglares de uno y otro sexo, por medio de las
cuales floreciesen en toda la Iglesia la caridad y
fraternidad cristianas, y se conservase el dulce
nombre de Hermano, entónces casi enteramente
desconocido, ó á lo ménos olvidado. Tal fué el
principio y el origen de tantas y esclarecidas
Congregaciones, Cofradías ó Hermandades, que
la Iglesia se gloría tener en su seno, entre las
cuales brilla y resplandece entre todas como el
sol entre las estrellas, la ilustre y augusta Cofra
día del Santísimo Rosario, cuyo noble y glorioso
origen fué del modo siguiente:
Visitando el glorioso Santo Domingo, de Guz
man varias provincias de España en devota y
piadosa peregrinacion, hácia el año 1200, fué he
cho cautivo por unos piratas junto á Santiago de
Galicia, con su sócio y compañero Bernardo. Des
— 184 —
tinados á servir en las galeras; habiéndose le
vantado una horrible tempestad, y creyéndose
todos en inminente peligro de perder la vida,
Santo Domingo dirigía fervorosas súplicas áDios
y á su Santísima Madre. Apareciósele la Santísi
ma Virgen, rodeada de resplandeciente luz, y le
promete esperanza de vida y á todos los demás
compañeros, si prometen rezar el Salterio de la
Virgen, estableciendo para este fin una Cofradía ó
Hermandad, con el título de Cofradía de Jesucris
to y de la Virgen María. Todos al punto consien
ten, y deseando verla ya establecida, todos se
ofrecen voluntariamente por hermanos ó cofra
des de tan piadosa y santa institucion. Apenas
habian acabado de hacer este ofrecimiento, cuan
do las embravecidas olas del mar recobran su
antigua serenidad, y á la más furiosa tempestad
sucede la más dulce y completa calma. De este
modo refiere el noble y glorioso origen de la Co
fradía del Santísimo Ro#sario el B. Alano de la
Rupe, varon de exclarecida virtud y piedad, el
cual dice habérselo revelado así la misma Santí
sima Virgen (1).

excelencia <£.*
HEROICA SANTIDAD DEL FUNDADOR DE LA COFRADIA DEL
SANTÍSIMO ROSARIO.

Acabamos de ver, y es una verdad constante


mente recibida entre los católicos, que la ilustre
y augusta Cofradía del Santísimo Rosario fué ins
tituida por Santo Domingo, habiendo sido excita
do para ello por la Santísima Virgen. Ahora si
guiendo los principales pasos de la gloriosa car-

(I) Micoviensé, tom. 2,pág..297, n." i3.


— 485 —
rera de su vida, manifestarémos brevemente su
eminente santidad y sus heróicas virtudes.
El ilustre Fundador de la augusta Cofradía del
Santísimo Rosario, Santo Domingo de Guzman,
nació en Calahorra, pequeño pueblo del obispado
de Osma, en Castilla la Vieja. Fué de la ilustre
casa de los Guzmanes, tantas veces ennoblecida
con los enlaces de familias Reales, y que florece
al presente dividida en varias ramas de los gran
des de España de primera clase, como los du
ques de Medina Sidonia, Medina de las Torres,
marqueses de Árdales y de Monte Alegre, y los
condes de Niebla, de Olivares, etc. Sus padres
fueron Félix de Guzman y Juana de Aza, cuya
familia aún se conserva en España con bastante
esplendor, aunque más ilustre y más recomen
dable por su piedad y virtudes, habiendo mere
cido por ellas Juana de Aza ser colocada en los
altares. Reengendrado con las aguas del bautis
mo, y educado con las piadosas instrucciones de
su madre, que recibió dócilmente, su fervor era
tal áun en su niñéz, que solia levantarse por la
noche á orar, y dejando su mullido lecho, tomaba
un poco de descanso sobre nudas tablas; dedi
cándose todo el tiempo que le dejaban libre Los
estudios propios de aquella edad, á la oracion,
piadosa lectura y ejercicios de caridad, bajo la
direccion de su tio materno el Santo Arcipreste de
Gumiel, con quien asistía á todos los Oficios di
vinos.
A los catorce años de su edad fué enviado Do
mingo á las escuelas públicas de Palencia. Allí
se cimentó muy bien en las ciencias, haciendo
rápidos progresos en la Retórica, Filosofía y Sa- ,
grada Teología, siendo sobre todo" muy versado
en las Sagradas Escrituras y en los Padres. Ins
truido por estos oráculos del Espíritu Santo, de
que el espíritu de Dios sólo habita en las almas
puras y castas, velaba con la mayor atencion so-
— 486 -
bre su corazon y sus entradas, que son los sen
tidos, á quienes tenia sujetos con la continua
mortificacion. Del ejemplo de su madre había
aprendido una devocion ternísima á la Santísima
Virgen Madre de Dios, y una caridad syi límites
para con el pobre, á quien para socorrer en una
hambre que generalmente se, padeció, no sola
mente dió todo su dinero y sus bienes, sino que
vendió sus libros, y aun sus propios escritos y
comentarios. Ya era á la sazon de veinticinco
años, cuando un dia le pidió una pobre mujer
una limosna para redimir á un hermano suyo de
la esclavitud en que le tenían los moros. El co
razon del Santo quedó penetrado de compasion,
y habiendo gastado ya con otros pobres lo que
tenia, le dijo: «Ni oro ni plata me ha quedado,
pero puedo trabajar: ofrecedme al moro en cange
de vuestro hermano, que yo quedaré gustosamen
te hecho esclavo:» la mujer no aceptó. Concluidos
los estudios, y recibidos los correspondientes
grados, csplicó públicamente las Sagradas Es
crituras en las aulas, y predicó la palabra divina
al pueblo de Patencia con admirable reputacion
y fruto. Todos le miraban ya como un oráculo, y
le consultaban en sus dudas de doctrina y de con
ciencia, y descansaban enteramente en sus de
cisiones.
Hecho Obispo de Osma el Sr. D. Diego de Ace-
vedo, invitó á nuestro Santo á que aceptase una
canongía, y creyendo éste discípulo de Cristo que
oía la voz del mismo Dios en la de su Prelado y
Pastor, dejó á Palencia y recibió el hábito de los
Canónigos regulares de S. Agustín, que aquel ce
loso Pastor había establecido en aquella Catedral,
siendo Domingo á la sazon de la edad de vein
tiocho años. El Beato Jordán, intimo amigo del
Santo y testigo ocular de sus virtudes, dice: que
apenas había tomado Domingo posesion de su
canongía, cuando principió & brillar como una.
— 187 —
estrella en la iglesia de Osma. Practicaba todas
las austeridades de los Padres del desierto; leia
con frecuencia las colaciones de Casiano, hacién
dolas regla de su condueta. Eslenuadas sus fuer
zas por la santa severidad con que trataba sil
cuerpo, hasta el punto de tenerle que mandar su
Obispo que mezclase un poco de vino en el agua
que bebia, todavía encontraba medio de macerar
más y más su carne, cuando veia las ofensas de
Dios multiplicadas por la propagacion y progre
sos de la heregía y de la impiedad, sin que por
esto dejase de ayudar ásu Prelado en el gobier
no y reforma de toda la Diócesis, predicando fre
cuentemente en ella con indecible fruto que sacó
en el espacio de cinco años, que ejercitó allí este
santo ministerio.
Alfonso IX, Rey de Castilla, nombró al obispo
de Osma por su embajador á la córte de Fran
cia, y quiso que Domingo fuese en su compañía
con el título de su Teólogo de Cámara, Pasaron
por el Languedoc, donde no pudieron ver sin la
grimas los progresos que hacía en aquella pro
vincia la heregía■ de los Albigenses. Concluida la
embajada resolvieron, pasar á Roma y solicitar el
permiso del Papa Inocencio III para volver á Fran
cia á trabajar en la conversion de aquellos herejes.
Apenas se dejó ver Domingo en el Languedoc, cuan
do se disipó aquella nube de herejes, quedando
parte de ellos convertidos, y parte confundidos
por el infatigable celo y sermones de nuestro San
to. Era muy penosa su mision; y con todo eso se
resolvió hacer á pié todos sus viajes, sin dinero
y sin otra provision que su confianza en la cari
dad d,e los fieles, oponiendo este desinterés apos
tólico á la hipocresía de algunos herejes que sé
llamaban perfectos, porque afectaban una pobreza
extraordinaria. Disputaba un dia en Fangox con
aquellos obstinados, y uno de ellos habia mojado
en cierta agua el escrito de los herejes para ha
— 188 —
cerle incombustible por este medio. Confiado en
él clamaba con vehemencia que se hiciese la
prueba del fuego para averiguar cuál era la ver
dadera y católica doctrina. Enciéndese con efecto
una grande hoguera; échase al fuego el escrito
del hereje, y al momento quedó reducido á ce
nizas á presencia de un inmenso pueblo. Santo
Domingo habia escrito una exposicion de la ver
dad católica con pruebas del nuevo testamento
para rebatir y convencer á los herejes: consiente
en que tambien se eche al fuego; pero, ¡oh ad
mirable prodigio! el escrito del Santo se conserva
sin lesion alguna, hasta que toda la leña se re
dujo á cenizas y se acabó el fuego. Si los mila
gros convirtieran á los herejes, todos debieran
entónces quedar convertidos; pero lejos de ren
dirse los enemigos de la fé á esta y otras seña
ladas victorias de Santo Domingo, ellas mismas
los hicieron rpás furiosos. Mil y mil veces á falta
de razones le llenaron de insultos; otros le le
vantaban negras calumnias, y muchos, maquina
ron contra su vida. Todo lo sufria Domingo con
admirable paciencia, y resignacion,, y los insultos
y persecuciones de los herejes, sólo servian para
avivar en él, las vivas ánsias con que suspiraba
por la corona del martirio. Tan ardiente era su
celo por la salvacion de las almas,, que se con
sumía en vivísimos deseos de sacrificar por ellas
su libertad, su salud y su vida. Sin respeto al
guno á los peligros, jamás interrumpió sus pre
dicaciones y misiones entre los Albigenses, por
más que se exasperase con ellas su furor. Muchas
veces se espuso animosamente á los tormentos
más crueles, y áun á la misma muerte entre ellos;
y en una de ellas encontró con una cuadrilla de
furiosos vándalos en el camino de Carcasona, que
aún estaban teñidos con la inocente sangre de
un infeliz Abad Cjsterciense, que aquellas inhu
manas^ acababan de asesinar. Pero era Dios el
— 189 —
protector de nuestro Santo, y la oracion su for
taleza y su escudo, y así le dejaron continuar sin
daño alguno su apostólico viaje, en el que cor
rió con otros compañeros las ciudades de Albi,
Pamiers, Narbona, Carcasona, Mompeller, y la
mayor parte de los pueblos y aldeas del Langue-
doc, confirmando á los fieles en la fe, y obrando
en todas partes nuevos y estupendos milagros.
Durante esta mision del Languedoc fué cuando
Santo Domingo estableció con la mayor publici
dad y perfeccion la célebre y santa' devocion del
Rosario,
por mandatola cual,
de lahabiéndola
Virgen■, á sustituido el Santoy
las^ontroversias
disputas <|ue tenia en defensa de la Religion con
tra los herejes, produjo los más felices resultados;
habiendo tenido el Santo el consuelo de ver con
vertidos en muy poco tiempo más de cien mil
herejes, con la práctica de esta piadosa devocion*
En el mismo tiempo fundó su Orden de Predica
dores, cuyo plan tenia muchos años há meditado,
y había recomendado á Dios, con frecuentes y
fervorosas oraciones. El Papa Inocencio III que
á la sazon gobernaba la Iglesia, aunqué recibió
al Santo con grandes demostraciones de aprecio
y urbanidad por la reputacion de su santidad,
puso alguna dificultad en la aprobacion de este
Orden. Pero habiendo visto en sueños á Santo
Domingo en ademan de estar sosteniendo con
sus hombros la iglesia de S. Juan deLetran, que
estaba en peligro de caer, reconoció el dedo de
Dios en el nuevo Instituto, y aprobándolo de pa
labra, mandó al santo Fundador dispusiese la
Regla y Constituciones para su exámen. Con efecto,
dispúsolas el Santo, estableciendo en ellas por
base y fundamento un espíritu verdaderamente
apostólico, capáz de formar á sus religiosos unos
celosos operarios de la viña del Señor, trabajan
do incesantemente en la predicacion del Evan
gelio, en la conversion delos herejes, en la de
— 490 —
fensa.de la Religion, y en la propagacion de la
devocion del Santísimo Rosario.-
El santo Fundador, pues, llegó á Roma de vuel
ta de Tolosa con una copia de su Regla y Consti
tuciones por Setiembre del año 1216. Habia muer
to ya el gran Pontífice Inocencio III; pero su
sucesor el Papa Honorio III, creyó no podia ha
cer mayor servicio á la Iglesia de Dios, que apro
bar y confirmar el nuevo Instituto, verificándolo
así por dos Bulas pontificias espedidas en 26 de
Diciembre del mismo año 1216. Tal fué la sancion
dada por la universal Cabeza y supremo Pastor
de los fieles, á una Religion que tantos y tan
señalados servicios habia de hacera la Iglesia;
que habia de dar al mundo cristiano siete Papas,
cuarenta y nueve Cardenales, veinte y tres Patriar
cas, mil quinientos Obispos, seiscientos Arzobis-
£os, cuarenta y tres Nuncios, sesenta y nueve
aestros del sacro palacio y un prodigioso nú
mero de sábios y de Santos, siendo de este modo
uno de los más preciosos ornamentos de la Iglesia.
El mismo Papa Honorio detuvo á nuestro Santo
en Roma algunos meses para que predicase en
aquella capital del mundo cristiano, cuyo encar
go desempeñó con increible aplauso y fruto. Hizo
presente al Papa, que varios de los que le acom
pañaban en su córte, no podían salir á recibir
instrucciones fuera, por razon de sus ocupacio
nes, por cuyo motivo sería muy útil tener un
maestro doméstico de Doctrina sagrada. En con
secuencia de este consejo, creó Su Santidad el ofi
cio de Maestro del sacro palacio, quien por razon
de su empleo es el teólogo nato del Papa, asiste
á todos los consistorios, bien públicos, bien pri
vados, confiere los grados de Doctor, aprueba to
das las teses y libros, y nombra los predicadores
del Papa. El Papa Honorio obligó á Santo Domingo
á aceptar este mismo empleo, el que desde en
tónces siempre ha sido encargado á un Religioso
— 191 —
de su Orden. Despues de algun tiempo volvió
nuestro Santo á Tolosa de Francia con licencia de
Su Santidad, para instruir y acostumbrar á sus
Religiosos en la práctica de las máximas más
perfectas de la vida interior, que es la disposi
cion más necesaria para los predicadores de la
divina palabra. Exhortóles fuertemente á promo
ver los estudios de toda literatura en su Orden,
á atender ante todas cosas á la santificacion de
sus propias almas, y tener siempre presente que
eran los predicadores de la Fé de Jesucristo en
todas partes. Añadíales sábias y profundas ins
trucciones sobre la humildad, sobre una per^
fecta desconfianza de sí mismos y una entera con
fianza en Dios solo, con la que serian invencibles
en las persecuciones y penalidades, y contra el
mundo y contra las potestades infernales en la
guerra que contra estos poderosos enemigos se
habían empeñado. Estableció conventos despues
del primitivo de Tolosa, en Leon, Montpeller, Ba
yona, París, Aviñon, ciudades de Francia, y fuera
de este reino en otros varios, como España, Ita
lia y Portugal, habiendo enviado algunos de sus
Religiosos á Marruecos, á la Palestina, á Ingla
terra, Suecia, Hungría, Grecia, Esclavonia, Tran-
sílvania, Valaquia, Moldavia, y otras partes del
mundo; siendo uno de los más principales el que
fundó el mismo Santo en Roma, á donde regre
só, y á donde por haber resucitado á un niño, á
un albañil que se cayó de la bóveda de la iglesia
de su convento cuando se estaba fabricando, y
á un jóven llamado Napoleon-, sobrino del Car
denal Estevan de Fosanova, y por otros muchos
milagros con que Dios honró su ministerio en
aquella ciudad, se adquirió el nombre de Tauma
turgo, ú obrador de milagros de su siglo.
Las continuas y penosas fatigas que esta vida
apostólica costaba al siervo de Dios, no fueron
jamás motivo para que moderase en lo más leve
— 192 —
sus rigorosos y continuos ayunos y austeridades;
así es, que le iban faltando las fuerzas, consu
midas á la violencia de los ardores del divino
amor, debilitadas con el rigor de sus penitencias;
y con el incesante trabajo de sus apostólicas ta
reas. El Cielo le consoló con el alegre aviso del
dichoso momento de su muerte, mucho ántes de
sucederle. Habiendo salido de Bolonia para Mi
lan, dijo á sus hermanos: «Ahora me estais vien
do con sana salud; pero ántes de la Asuncion glo
riosa de la Virgen partiré para el Señor.» Volvió,
pues, á Bolonia en lo más rigoroso del estío, y
se apoderó de él una fiebre ardiente, que algu
nos desde luego tuvieron por mortal; No obstante;
queria pasar las noches, como acostumbraba, en
la iglesia en oracion. Toda su enfermedad la pasó
con un semblante alegrísimo; y luego que se sin
tió muy. débil, llamó á sus hermanos Religiosos^
y en un discurso tierno y patético que les hizo, y
que llamó el Santo su última voluntad ó testa
mento, les exhortó á una humildad profunda y
constante, á una pobreza perfecta, al fervor y
vigilancia, en particular contra el enemigo de la
pureza, y á la exacta observancia de todos los
demás puntos de su Regla. Viendo á sus hijos in
consolables por la pérdida de tan amantísimo
padre, les prometió no olvidarlos jamás, cuando
Dios se dignase llevarle á su divina presencia.
En fin, un viérnes 6 de Agosto del año 1221,
despues de haber recibido los últimos Sacramen
tos, y queriendo morir en la ceniza, continuó
en oracion secreta hasta que espiró pacíficamen
te en el Señor á los 51 años de su edad. Así mu
rió con una muerte santa, despues de una vida
tambien santa, y colmada de merecimientos, el
ilustre Fundador de la Cofradía del Santísimo Ro
sario, Santo Domingo de Guzman, gloria de nues
tra España, Patriarca del esclarecido Orden de
PP. Predicadores, luz del mundo cristiano, co
— 193 —
lumt>a de la iglesia, defensor de la fé de Jesu
cristo, azote de los herejes, reformador de las
costumbres, modelo de penitencia, y espejo de
todas las virtudes.

KSLce\euciaS.*
LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO ES PRECIOSA HEREN
CIA QUE SU GLORIOSO FUNDADOR SANTO DOMINGO DEJÓ Á
SUS HIJOS LOS RELIGIOSOS DEL ORDEN DE
PP, PREDICADORES.

Desde el tiempo en que el Patriarca Santo Do


mingo fundó su Orden de PP. Predicadores, esta
ilustre y esclarecida Religion ha estado siempre
en perpétua posesion de establecer Cofradías del
Santísimo Rosario, siendo esta prerogativa tan
exclusivamente propia desdicho Orden, que co
munmente es conocida por el patrimonio de San
to Domingo, ó la preciosa herencia que el Santo
dejó á sus hijos los PP. Predicadores. Es cierto
que algunos han intentado con osadía temeraria
establecer en varias partes Cofradía del Santísi
mo Rosario; pero tambien lo es, que los Sumos
Pontífices, como supremos inspectores y regula
dores de todo cuanto pertenece al culto de Dios,
de la Virgen y de los Santos, prohibieron seve
ramente que ninguna persona, de cualquier es
tado, condicion, órden, dignidad, potestad y au
toridad que fuese, pudiera por ningun pretexto
establecer ni administrar Cofradías del Santísimo
Rosario, excepto los Religiosos del Orden de Santo
Domingo, ó aquellas personas á quienes estos
concediesen facultad para ello. Así lo determinó
y mandó el Sumo Pontífice S. Pio V, en su Rula
ínter desiderabilia, publicada en 29 de Junio del
año 1569. «Determinamos por las presentes, con
autoridad apostólica, dice el Santo Padre, que á
13
— Í94 —
ninguno sea lícito erigir capilla del Rosario efl
iglesia, ó cualquiera otro lugar, fuera de dicho
General (del Orden de Santo Domingo), ó de las
personas designadas.por él para este fin.» Y más
abajo dice: «Privamos y determinamos, que que
dan privados de las indulgencias concedidas, to
dos los que contravinieren á las cosas arriba di
chas.» Lo mismo confirmaron sus dignos suce
sores, Sixto V, Clemente VIII, y Paulo V.
Mas para establecer Cofradía del Santísimo Ro
sario en las iglesias ó capillas no sujetas á la Or
den de Santo Domingo, deben observarse indis
pensablemente las condiciones siguientes:
1.a La congregacion de fieles que desee esta
blecer Cofradía del Santísimo Rosario,' debo pe
dirla al sagrado 'Orden de PP. Predicadores. Di
cha peticion toca principalmentehacerla al Pastor
de aquella iglesia ó capilla donde se quiera es
tablecer Cofradía, dirigiéndola al P. Provincial ó
al P. Prior de aquel convento que estuviere más
inmediato á dicha iglesia. Pues no solamente á
los Provinciales, sino tambien á los Priores del
referido Orden de PP. Predicadores, les fué con
cedida esta facultad en el capitulo general cele
brado en Roma en el año 1589, y en el de Ve-
necia tenido en el de 4 592.
2.a Esta solicitud ó [peticion deberá hacerse
por escrito y con toda formalidad, para que pue
da servir de fé y testimonio de la concesion y
memoria de la posteridad.
3.a Aquella ciudad, pueblo, villa ó lugar en que
se quiere establecer Cofradía del Santísimo Ro
sario, debe estar distante dos millas, ó á lo rae-
nos una de la ciudad, pueblo, etc. en donde ya
de antemano se halle establecida legítimamente
Cofradía del Rosario.
4.a Si sucediese que el sagrado Orden de Pa
dres Predicadores fundase ó tuviese convento en
aquella ciudad, pueblo, etc. en donde ya ante
— 195 —
riormente hay establecida Cofradía del Rosario, ó
hubiese ciudad ó pueblo distante dos millas ó á
lo menos una, donde tambien hubiese fundada
Cofradía del Santísimo Rosario, luego al punto
debe restituirse al convento con todos sus bienes
espirituales y temporales.
5.a Los cofrades del Santísimo Rosario deben
regirse y gobernarse segun los capítulos, ordena
ciones, reglas y estatutos de la archicofradía de
la B. Virgen María, establecida en Roma en -el
convento de PP. Dominicos de Santa María sobre
Minerva; pidiendo á la brevedad posible su apro
bacion y confirmacion al Rmo. P. General ó Pro
vincial del Orden de PP. Predicadores:
6.° La congregacion de fieles, ó el Pastor de
aquella iglesia en que se quiere establecer Cofra
día del Santísimo Rosario, obtenga préviamente
la licencia del Obispo con letras ó cartas de re
comendacion, en las cuales se recomienden esta
sagrada Cofradía y los ejercicios espirituales que
se acostumbran practicaren ella; pues de lo con
trario, la institucion ó ereccion de semejante Co
fradía sin la debida licencia del Obispo, será en
teramente nula y sin ningun valor, quedando sus
penso de oficio el que se atreviere á establecerla
sin la referida licencia, como declaró el Papa
Clemente VIII en su Bula sobre ereccion de Co
fradías, espedida año del Señor 1604.
7.° El Sacerdote que hubiere de establecer Co
fradía del Santísimo Rosario, debe ser del Orden
de PP. Predicadores; no debe establecerla sino
por medio de la predicacion, y debe ser man
dado por el P. Provincial ó Prior con consejo de
los Padres del convento, obteniendo licencia pof
escrito:
— i 96 —

Excelencia 4/
RÁPIDA PROPAGACION DE LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO
EN LOS PRIMEROS TIEMPOS DE SU FUNDACION.

Fundado por el Patriarca Santo Domingo el es


clarecido Orden de PP. Predicadores, y habiendo
dejado á sus hijos por herederos de la devocion y
Cofradía del Santísimo Rosario, es una consecuen
cia natural inferir, que á proporcion que se iba
extendiendo por el orbe católico dicho Orden, se
iba juntamente propagando la devocion y Cofradía
del Santísimo Rosario.
Mas para .formar una idea de la rápida propaga
cion de dicho Orden en los primeros tiempos de su
institucion, basta saber, que el Papa Nicolao V di
rigió sus letras apostólicas en 3 de Setiembre del
año 1299, esto es, 83 años nada más despues de
la confirmacion de este Orden, á los Religiosos
del mismo que se hallaban ya predicando el Evan
gelio en las regiones del Oriente, los cuales se ha
bían extendido tambien hasta las bárbaras y re
motas naciones de la Tartaria y de la India. Ni
esto es de admirar, porque como dice el P. Vicente
Bándalo, General del referido Orden: «Esparciendo
nuestro Padre Santo Domingo sus Religiosos (son
sus palabras), como unos refulgentísimos rayos, ó
á la manera de brillantísimas estrellas por todas
las partes de la tierra, principiaron los hombres á
sujetar sus corazones al suavísimo'yugp de Jesu
cristo, vistiendo el hábito de nuestro- Orden mu
chos Prelados, Príncipes, Doctores de diversas fa
cultades, y otros varones ilustres en santidad y
ciencia; los cuales, difundiéndose y multiplicán
dose por todo el mundo, ilustraron las ciudades
y los pueblos de uno y otro hemisferio, fundando
iglesias, colegios y conventos en tanto número,
— 497 —
que segun escribe Sabélico, ya se contaban en su
tiempo 21 provincias, 4,4 43 conventos, y 26,460
Religiosos de este Orden.»
Tan rápida propagacion iba siempre acompa
ñada de una tierna y constante devocion al Ro
sario de la Santísima Virgen, como la misma Se
ñora se lo reveló á su fidelísimo siervo y devoto
el B. Alano, por estas palabras: «Era tanta la de
vocion que los Religiosos del bienaventurado San
to Domingo tenian al Santísimo Rosario, que siem
pre se hallaban prontos en la iglesia, en el coro,
en el dormitorio, en todas partes para rezarle;
y si alguno practicaba negligentemente alguna
obra, luego al punto se le reprendia, diciéndole
con cierta confianza: Hermano, vos ciertamente
no rezais el Santísimo Rosario de la Virgen; ó
si. le rezais, no lo haceis devotamente (1).» Ahora
bien: si tan rápida fué la propagacion del sagrado
Orden de PP. Predicadores; desde los primeros
tiempos de su fundacion, y la Cofradía del' San
tísimo Rosario le era tan propia y como natural,
¿es de creer que, olvidando tan santa y saluda
ble institucion, dejasen de predicar y promover
en todas las ciudades y pueblos con infatigable
celo esta preciosa herencia, que para procurar
la salvacion de las almas, les dejó su glorioso
Patriarca Santo Domingo? ¿No era por el contra
rio de esperar, que á medida que se fuesen ex
tendiendo por todas partes estos Varones apostó
licos, tan celosos promovedores del culto de Dios
y de su Santísima Madre, fuesen propagando al
mismo tiempo la Cofradía del Santísimo Rosario,
como arma poderosísima para destruir todos los
vicios y aniquilar todas las herejías,' enemigos
formidables de nuestra salvacion? Sí, ciertamen-

(I) B. Alano, lib. de la dignidad del Salterio,


ó Rosario de la Virgen, cap. i6.
— 198 —
te. Asf nos lo asegura el Sumo Pontífice Leon X,
quien hablando de la propagacion de la Cofradía
del Santísimo Rosario en el primer siglo de su
fundacion, dice de esta manera: «La Cofradía de
los fieles de uno y otro sexo del Santísimo Ro
sario de la Bienaventurada Virgen María, insti
tuida por Sauto Domingo, fué tambien predicada
por sus Religiosos en diversas partes del mundo,
acompañando los milagros.» (1)

Excelencia 5/
DEPLORABLE DECADENCIA Y GLORIOSA RESTAURACION DE LA,
COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO.

Fué sentencia comun de los dos más grandes


y célebres filósofos de la antigüedad, Platon y su
discípulo Aristóteles, que todas las cosas huma
nas son de naturaleza tan variable, que en lle
gando al más alto punto de su perfeccion, vuel
ven otra vez á decadencia, hasta que, ó dejan
enteramente de existir, ó llegan absolutamente á
olvidarse. Por esto, muchas prácticas piadosas de
la Iglesia, en otro tiempo tan perfecta y devo
tamente observadas, se ven hoy por nuestra in
diferencia y otras causas en un perpétuo olvido
é inobservancia. Por esto tantas leyes civiles, tan
tos convenios, tratados y alianzas entre diversas
naciones, han caido en desuso, y perdido su fuer
za y valor; y lo que es áun más, las mismas na
ciones, los mismos imperios, y reinosenteros, que
tanto figuraron en el mundo por su grandeza y
poder, han desaparecido del mapa de las nacio
nes, levantándose de entre sus ruinas otros nue-

(1) Justino Micoviense, tom. 2, pág. 300, nú


mero 5.
— 199 —
vos. ¡Tanta verdad es, que todas las cosas huma
nas están sujetas á la inconstancia y á la muta
cion! cuya fatal desgracia experimentó tambien la
Cofradía del Santísimo Rosario, como ahora vamos
á ver.
Trascurridos 150 años desde la fundacion del
esclarecido Orden de PP. Predicadores, en cuyo
tiempo juntamente con esta sagrada Religion, la
Cofradía del Santísimo Rosario se habia elevado
al más alto grado de esplendor y de perfeccion;
una cruelísima peste apareció en Europa por los
años 1348, que conocida con el nombre de la
Gran muerte ó la muerte negra, y propagándose casi
por todo el mundo, arrebató, dice un juicioso
escritor, la cuarta parte de los habitantes de la
tierra. Bocacio, que fué testigo de este terrible
azote, le mira como originario del Asia, y pwita
con la mayor energía los espantosos y horribles
extragos de esta desvastadora enfermedad. «Todas
las leyes de la moral, dice al principio de su De-
cameron, fueron olvidadas: las relaciones de la
sociedad fueron impunemente ultrajadas, y ya no
se atendía al rango ni calidad de las personas, ni
á los antiguos y respetables derechos de propie
dad. La mayor parte de las habitaciones eran co
munes; de suerte, que cualquier extraño entraba
libremente en ellas, y disponía dé todo á su ar
bitrio como si fuera absoluto dueño: sólo ponían
cuidado en apartarse de los enfermos. Los ha
bitantes del campo cayeron en una situacion tan
deplorable como los de la ciudad: familias ente
ras perecían sin socorro enmedio de los campos
y de los caminos; y á vista del hombre fatigado,
la tierra volvió á entrar en su primitivo estada
silvestre.»
Esta desoladora epidemia, cuyos síntomas, di
cen los historiadores de aquel tiempo, eran gene
ralmente cierto número más ó menos grande de
manchas, negras, sufriendo Los enfermos al prin
— 200 —
eipio de la enfermedad laxitudes, desmayos, des
ganos, vómitos continuos y efusion de sangre
por todos los conductos del cuerpo, despobló,
segun los mismos historiadores, las islas de la
Grecia, á Constantinopla, Italia, Alemania, Ungría,
Suiza, Francia, España, Portugal, Inglaterra, Ir
landa, Escocia, Rusia, Dinamarca y la Greolan-
dia; siendo tantos y tan mortíferos sus extragos,
que quedó en uso el siguiente proverbio:
En mil trescientos cuarenta y ocho
De ciento sólo quedaban ocho.
No se libraron, pues, de tan espantoso y mor
tífero contagio los monasterios y conventos de
Religiosos, los cuales se vieron casi desiertos, ya
por la muerte de los que sucumbían al rigor de
la enfermedad, ya por la ausencia de los que sa
lían á asistir espiritual y temporalmente á los en
fermos, resultando necesariamente de aquí la ce
sacion de las prácticas religiosas y demás ejerci
cios piadosos, que se practicaban en ellos. Tales,
pues', junto con la tibieza de los cristianos, y los
esfuerzos de Satanás para desterrar del mundo,
si posible le fuera, una institucion tan santa, tan
útil y tan provechosa á los fieles, fueron las ver
daderas causas del olvido fatal y deplorable de
cadencia de la Cofradía del Santísimo Rosario.
Mas así como destruido el mundo por el diluvio
universal, Dios suscitó á un Noé para que lo re
novase y restaurase; así tambien este mismo Dios,
decaida y casi enteramente destruida la Cofradía
del Santísimo Rosario, suscitó entre los hijos de
Santo Domingo, en el año de 1475, al B. Alano de
la Rupe, varon santo, excelente predicador y
fervorosísimo devoto de la Virgen, para que re
novase y restaurase entre los fieles una institu
cion tan útil y.saludable, y casi olvidada por más
de cien años de la memoria de los hombres.
Con efecto, animado este siervo de Dios por la
Santísima Virgen, por su divino Hijo y por Santo
— 201 —
Domingo á tan noble empresa, como él mismo
refiere (1), dió principio á la predicacion y glo
riosa restauracion del Santísimo Rosario, ocu
pándose en esta santa mision por el espacio de
45 años con tan abundante y admirable fruto,
que á pesar de todos los conatos del demonio, y
de sus hijos los herejes y los impíos para impe
dir su renovacion y propagacion, apenas hubo
ciudad, pueblo ó lugar en donde no se restable
ciese de nuevo la devocion y Cofradía del San
tísimo Rosario, juntamente con la práctica de to
das las cristianas virtudes. Á este tiempo Dios se
dignó mover tambien los corazones de S. M. I. Fe
derico III, del limo. Sr. D. Francisco Duque de
Bretaña, de su Augusta esposa doña Margarita, y el
de otros fieles no menos nobles por su prosapia,
que ilustres por su fervorosa devoeion al Santísi
mo Rosario, para que, dirigiendo sus súplicas al
Romano Pontífice, se dignase acojer bajo su pro
teccion, aprobar y confirmar con su autoridad
apostólica una institucion ó Cofradía casi ente
ramente' olvidada, y en la Iglesia de Dios nueva
mente restablecida. No fueron, pues, desoídas
unas súplicas tan piadosas y justas. El Sumo Pon
tífice Sixto IV, movido de los ruegos de estos fer
vorosísimos devotos del Santísimo Rosario, apro
bó la Cofradía de este nombre en el año 1479.
Lo mismo verificaron posteriormente sus dignos
sucesores Inocencio VIII, Alejandro VI, Julio II,
Clemente VII, Paulo III, Julio III, Paulo IV, Pio V,
Gregorio XIII, Paulo V y Urbano VIH. Todos los cua
les aprobaron y confirmaron la Cofradía del Santí
simo Rosario, colmándola y enriqueciéndola al
mismo tiempo con innumerables gracias, indul-
genciasy privilegios, como más adelante veremos.

(1) Lib. de la dignidad del Salterio ó Rosario de


la Virgen.
— 202T —

- Excelencia 6."
INESTIMABLES BIENES QUE- RESULTAN Á LA IGLESIA DE DIOS;
POR CONTENER EN SU SENO LA COFRADÍA DEL
SANTÍSIMO ROSARIO.

Cuán útil y provechosa sea á la Iglesia de Dios


la Cofradía del Santísimo Rosario, lo prueban su
ficientemente los inestimables bienes que por su
medio experimentan los fieles. Pero siendo estos
innumerables, y no permitiendo los estrechos
límites de esta obra enumerarlos todos, nos limita
remos á manifestar solamente los más principales.
i.° Por el buen ejemplo y conducta edificante
de los cofrades del Santísimo Rosario, es condu
cido el pueblo cristiano al culto y amor de Dios,
de su divino Hijo, y de su Santísima Madre; es
movido al mútua y recíproco amor del prójimo;
es apartado de las malas costumbres y delos vi
cios; es animado á la pureza, á la castidad,
paciencia, humildad, caridad y demás virtudes
cristianas, y excitado finalmente áu*y vivísimo de
seo de alcanzar la felicidad eterna.
2.° A esta piadosa Cofradía del Santísimo Ro
sario se deben tantos sacrificios del altar á Dios
continuamente ofrecidos; tantas oraciones á su
Divina Majestad devotamente dirigidas; tantas li
mosnas y demás obras buenas meritorias y sa
tisfactorias practicadas y mandadas practicar, por
los cofrades del Rosario.
3.° Del Santo Sacrificio de- lia Misa dijo Dios en
en otro tiempo por su profeta Malaquias: (1) «Que
en todo lugar se sacrificaría, á su Santo Nombre
una oblacion pura y santaj» Lo mismo podemos.

(1) Cap. 4, F. H.
— 203 —
decir del sacrificio de la oracion, que en todo lu
gar y tiempo ofrece á Dios incesantemente la
Cofradía del Santísimo Rosario, rezando sus co
frades la Hora del Rosarioy por la cual se están
ofreciendo á Dios continuamente y sin interrup
cion, en todas las horas é instantes del año, las
oraciones del Padre nuestro y Ave María; oracio
nes puras, santas y agradables á Dios, y bas
tante capaces para alcanzarnos de su misericor
dia abundancia de bienes espirituales y áun tem
porales.
4.° Estas y otras oraciones, que los cofrades
del Santísimo Rosario dirigen frecuentemente á
Dios, son bastante poderosas y eficaces para con
seguir de Su Divina Majestad el remedio de todas
nuestras necesidades, así particulares como gene
rales. Mucho puede la oracion continua del justo,
dice Santiago Apóstol; y es imposible que las ora-
cionesde muchos dejen de ser oidas, afirma S. Am
brosio (1 ). Pues bien: si tanto es el número de los
cofrades del Santísimo Rosario en todo el mundo,
que apenas pueden numerarse; y entre ellos hay
muchos, muchísimos que están en gracia de Dios,
como piadosamente podemos creerlo, y todos re
zan frecuentemente las oraciones del Santo Ro
sario ¿qué cosa, pues, pedirán á Dios estos justos,
. estos amigos suyos que no se lo conceda Su Divi
na Majestad? Si Elias, siendo hombre pasible y
mortal como nosotros, pidió á Dios que no man
dase la lluvia sobre la tierra, y no llovió por el
tiempo de tres años y medio, y volviendo á rogar
á Dios este mismo Profeta, el Cielo envió una co
piosa lluvia, y la tierra dió su fruto (2); si la
oracion de unmás
solonojusto fué tanlaspoderosa y efi
caz■, ¿cuánto lo serán oraciones de

812)i) Sobre la carta de S. Pablo á los Romanos.


S. Mateo cap. 1 8.

s
— 204 —
tantos justos alistados bajo el glorioso estandar
te de la Cofradía del Santísimo Rosario? Por ven
tura, las continuas y fervorosas súplicas de esta
Congregacion santa de la Iglesia del Señor, ¿no
desarmarán la vengadora espada de la Divina
Justicia, pronta á caer sobre nosotros para casti
gar los pecados de su pueblo? ¿No aplacarán, co
mo en otro tiempo las oraciones de Moisés, los
enojos de su tremenda ira? jAh! ni un solo ins
tante lo dudemos; pues asegurado está por Jesu
cristo en el Evangelio. «Si dos de -vosotros se
conviniesen sobre la tierra para pedir alguna co
sa, cualquiera que ella sea, se os concederá por
mi Padre que está en los cielos.» (1)
. ■ .
Excelencia T.*
VIRTUD Y PODER DE LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO
PARA APACIGUAR LAS DISCORDIAS, DESTRUIR LAS HEREJÍAS
Y CONCILIAR LOS ÁNIMOS,
"
Si alguna vez fuese permitido al hombre son
dear los altos é impenetrables designios del Altí
simo en sus admirables obras, no sería muy
aventurado asegurar, que en la institucion de la
Cofradía del Santísimo Rosario, quiso Dios oponer
un remedio poderoso y eficáz á los inmensos
males que desde mediados del siglo XII hasta la
mitad del siglo XIII afiigian á casi todo el mun
do cristiano, ensangrentado con guerras exterio
res, dividido con discordias y disensiones intes
tinas, y ultrajado en sus dogmas y creencias con
infames y groseras herejías.
El;Oriente, dominado casi todo enteramente
por la bárbara tiranía de los infieles, separada

(1) Ltb. 3.° de los Reyes, cfip., 17,


— 205 —
su Iglesia de la de Occidente, y ocupada la Tierra
Santa por el poder de los musulmanes, se veia
envuelto en las densas tinieblas del gentilismo,
del cisma y del mahometismo.
El Occidente, que era hacía tanto tiempo el
teatro de guerras sangrientas, fué más agitado
que nunca, durante este tiempo. La Alemania, es
tuvo realmente sin Jefe supremo desde la muerte
de Guillermo, conde de Holanda, en 1236, á quien
se habia elegido áun viviendo Federico II, hasta
la eleccion de Rodolfo Hasburgo en 1 273; con
siderándose todo este tiempo como un verdadero
interregno, en el cual fué víctima esta nacion
de las divisiones, de las guerras civiles y de to
dos los horrores de la anarquía.
La Italia hubiera gozado de la calma restituida
despues de la guerra del Papa con Federico, em
perador de Alemania, si este último no hubiera
dado la Cerdeña con el título de Rey, al príncipe
Eucio, su hijo natural. El Papa miró esta dispo
sicion como un atentado contra los derechos de
la Santa Sede, y á consecuencia de esto, las fac
ciones de los Güelfos y Gibelinos, unos adictos
al Papa, y otros al Emperador, se armaron unos
contra otros con todo el furor de las guerras ci
viles. Toda la Italia ardió bien pronto; y los de
más Estados de la Europa, escandalizados ó tur
bados con estas funestas divisiones, tomaron
parle en ellas, ó como mediadores, ó comointer
resados. .
! La Inglaterra no fué la ménos agitada por las
.disensiones intestinas y guerras extranjeras, sien
do el principal origen de los disturbios que la
agitaron desde el principio del siglo XIII, no te
ner arreglada la sucesion al trono por leyes fijas
é inviolables.
La Francia, aunque llena de esplendor por el
reinado del Santo Rey Luis IX, tuvo sin embargo
que valerse del poderoso influjo de las armas
— 206 —
para reducir á la obediencia debida á su monar
ca los ánimos inquietos y mal contentos de la
mayor parte de los Grandes, que intentaban sa
cudir un yugo que llevaban con impaciencia. Pero
Doña Blanca de Castilla, que habia sido nombra
da por su esposo Luis VlH; tutora del jóven Rey
y Regenta del reino durante su menor edad, se
condujo con tanta prudencia, que desconcertó to
dos los proyectos de los rebeldes, viéndose estos
en la necesidad de implorar sucesivamente su
clemencia.
Los reinos de Ñápoles y Sicilia, con sus depen
dencias, habían pasado a la Casa de Suavia por
el casamiento de Constancia; hija de Rogerio IIj
llamado el jóven, heredero de aquellos Estados,
con Enrique VI. La Casa de Suavia se hacía la
más poderosa de Europa por una adquisicion tan
importante; pero se aproximaba el tiempo de su
caida, y el aumento de grandeza que la propor
cionó la corona de Sicilia, fué la principal causa.
Cárlos, conde de Anjou y de Provenza¿ hermano
de S. Luis, aceptó la corona de Sicilia que se le
habia ofrecido. Pasó despues á Italia con un ejér
cito, y buscó á ManfredO) hijo del Emperador Fe
derico, y tio y tutor del jóven príncipe Corandi-
no, sobre quien se fundaban todas las esperanzas
de. la Casa de Suavia. Una batalla sangrienta, que
los dos rivales se dieron en las llanuras de Be-
flevento, decidió el trono que entre sí se dispu
taban. Manfredó fué muerto y Cárlos quedó ven
cedor; pero usó mal de su victoria entregando al
suplicio á todos los partidarios de su enemigo,
llegando hasta tal punto su crueldad, que habien
do vencido en otra batalla al mismo Corandino, y
A Federico, duque de Austria, su pariente, los hizo
perecer en un cadalso, presenciando él mismo la
desgraciada muerte de unos Príncipes, que se ha
bían portado como héroes el dia de la batalla, y
cuyo valor debia admirar. Los sicilianos gemían
— aot -
jo el yago de los impuestos con que los opri
mían sus vencedores. Por otra parte, las mujeres
y doncellas de todos estados estaban continua
mente expuestas á la insolencia de los oficiales
y á la bárbara y brutal osadía de los soldados
franceses. En vano se quejaban, pues se desde
ñaban de escucharlas, y todas las violencias se
quedaban impunes. Los deseos de venganza eran
unos en todos los corazones de los sicilianos, y
sólo pensaban en buscar los medios y la ocasion
para romper el yugo y destruir á sus opresores.
Llegó, pues, el dia despues de Pascua, 30 de marzo
de 1282: oyóse en el aire el sonoro golpe de las
campanas al toque de Vísperas, hora destinada
para la venganza, y hora fatal para los france
ses; Arrójanse sobre ellos los sicilianos llenos de
furor: degüéllanlos á todos sin piedad. La ciudad
de Palermo fué el primer teatro de esta horrible
mortandad: bien pronto el furor se comunicó á
los demás pueblos y ciudades, en donde se co
metieron las mismas crueldades. Y esto es lo que
desde entónces se conoce con el nombre de Vís
peras Sicilianas.
La España, en fin, se veía dividida entre varios
Soberanos, tanto cristianos como árabes, y siem
pre despedazada por guerras de política ó de re
ligion. Las disensiones de los Príncipes entre sí,
y .los celos de las provincias de España que se
miraban como rivales, porque cada una formaba
un pequeño Estado, que tenia su Rey y sus lími
tes, hacían nacer intereses y pretensiones, que
sólo se arreglaban con las armas.
Y si del estado político pasamos al religioso
¿qué de males no tendremos que lamentar en esta
misma época? Veríamos á aquellas mismas sec
tas, que en el siglo doce formaron los Petrobu-
sianos, los Euricianós, Cataros, los discípulos de
Amoldo de Brescia, y otros herejes, desenfrenarse
en el trece con inaudito furor contra el Clero, ce
— 208 —
remonias del culto católico, reliquias de los San
tos, indulgencias y Sacramentos. Venamos á los
.Valdenses adoptar las mismas ideas y errores de
otros herejes, incorporándose á los Sacramenta
nos por la semejanza de opiniones y conformi
dad de intereses. Veríamos á los Albigenses abor
recer y perseguir con el mayor encarnizamiento
al Clero católico; estar poseidos del espíritu de
insubordinacion contra la autoridad de los Pas
tores; negar la Resurreccion de la carne, los Sa
cramentos y el Purgatorio; condenar el matrimo
nio; vomitar horrendas blasfemias contra la San
tísima Virgen y cometer inauditas profanaciones
en los templos. Veriamos, en fin, á los discípulos
deAmauri, abolir el Sacrificio de la Misa, destruir
todo culto exterior, minar por sus cimientos el
órden gerárquico de la Iglesia y llamar al Papa
Antecristo; á Roma Babilonia; y á los Obispos
miembros y satélites del Antecristo. Esto nos debe
hacer conocer que cuando oímos á los protestan
tes y demás herejes de nuestros dias ultrajar al
Papa con el insultante nombre de Antecristo, no
es invencion suya, sino una pérfida y asquerosa
repeticion de los impíos y herejes del siglo dé
cimo tercero. -i •. i..- i
Tal era, pues, en este desgraciado siglo el de-
plorable estado político y religioso de Id mayor
parte de las naciones de la Europa cristiana, pro
ducido por sus guerras y discordias continuas,
por sus funestas divisiones y ■cismas, y lo que es
aun más doloroso, por los rápidos progresos de
la impiedad y de la herejía, principalmente de
los Albigenses. ¿Qué remedio, pues, sería bastante
poderoso y eficáz para contener y disiparían gran
de cúmulo de males? Este: la Cofradía del Santí
simo Rosario. Con efecto, predícase en diversas
partes por el infatigable Santo Domingo y sus com
pañeros la devocion y Cofradía del Santísimo Ro
sario, y los más felices resultados siguen á tan
— 209 —
sarita y saludable mision. En breve tiempo la Eu
ropa muda enteramente de aspecto. Reconcilían-
se los ánimos divididos; cesan las guerras; res-
tablécense la paz y la tranquilidad; reinan el amor
y la caridad; triunfan la Fé y la Religion; y, fi
nalmente, á la total relajacion de las costumbreSi
sigue la práctica de las virtudes evangélicas. Sí,
dice el Papa Pio IV en su Bula Cumprceclarce, sa
bemos que la Cofradía del Santísimo Rosario fué
hace tiempo instituida, no sin grande aumento de
la devocion y de la fé.

Excelencia 8."
ÉL ESCLARECIDO ORDEN DE PP. PREDICADORES, ES VASTAGO
PRECIOSO DE LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO.

Santo Domingo, como consta de la historia de


su vida, fué nombrado Superior de la mision del
Languedoc por el limo. Sr. Obispo de Osma, cuyo
nombramiento confirmó despues el Papa Inocen
cio III en el año 1207. Durante las tareas apos
tólicas de esta mision, estableció el Santo la de
vocion del Santísimo RoSario, y regularizó con
más perfeccion la Cofradía de este nombre, var
liéndose dé estas armas poderosísimas para im
pugnar y convertir álos herejes Aibigenses. En el
año 1215 fundó su Orden, cuyo plan tenif tiempo
antes premeditado. Si, pues, Santo Domingo eraya
fundador y cofrade del Santísimo Rosario, cuan
do estableció su Orden, es claro y evidente, que
dicha Cofradía es aquella raiz fertilísima, que
produjo el precioso vástago del Orden de Padres
Predicadores; de cuyos importantes servicios he
chos á la Iglesia y álos Estados, dáunbrillante■tes-
timonio el Papa Alejandro IV en el siguiente elogio:
«Este Orden, dice (1) el citado Papa, es aquel
' (1) En su Bula Ccelestis ille agricola.
14
— 210 —
frondoso y fecundo plantío que, extendiendo sus
ramas por todas partes, produce hermosísimas flo
res y abundantísimos frutos de honor, de doctri
na y de virtud. Este es aquel Orden sagrado, cu
yos individuos sé dedican constantemente al es
tudio de las Santas Escrituras, al provecho espi
ritual de las almas, á la oracion, á las divinas
alabanzas y á la predicacion evangélica, por me
dio de la cual esparcen por todo el mundo los
vivísimos resplandores de una doctrina celestial y
divina. Ellos son aquellos varones apostólicos, ex
perimentados y plenamente instruidos en la ley
del Señor; eficaces en palabras, poderosos en
obras, á quienes enseñó la gracia celestial, para
que comunicasen á otros la saludable ciencia de
la salvacion, y los dirijiesen por las sendas de
la verdadera felicidad. Ellos son aquellos héroes
insignes que, iluminados por la resplandeciente
luz de una Religion santa y divina, y brillando en
el firmamento de la Iglesia como refulgentísimas
«strellas, ilustran y conducen á los fieles por el
seguro camino de la vida eterna. Ellos son los
amados de Dios y de los hombres, esclarecidos
por su sabiduría, ilustres por la honestidad de
sus costumbres, y á quienes la benignidad del
Eterno Padre eligió singularmente para predicar
en todo el mundo la grandeza, el poder y la gloria
de su s|nto y divino Nombre. Ellos son, en fin,
los perfectos discípulos y seguidores de Jesucristo,
que habiendo dejado voluntariamente todas las
cosas terrenas por amor suyo, le imitan y siguen
con la más estrecha observancia de la perfeccion
evangélica.»
Á este brillante elogio del Papa Alejandro IV,
pudiéramos tambien añadir los otros no menos
ilustres, que tributan al mismo orden de Padres
Predicadores, los Sumos Pontífices Sixto IV (1)y
(1) En su Bula Mare magnum.
— 214 —
Clemente VÜI (1). Pero una triste y dolorosá re
flexion, que en este momento se ofrece á nuestra
imaginacion, nos priva del inexplicable placer que
experimentaria nuestro corazon al trasladar á
nuestro escrito dichos elogios. ¡Ohl reflexionába
mos, ¡cuán distintos, cuán diferentes son estos
elogios que los Sumos Pontífices tributan á este
y demás institutos religiosos, de las negras y fal
sas calumnias con que sus enemigos los impíos
y los incrédulos procuran difamarlos, tratando á
sus individuos de inútiles, ignorantes y viciososl
Pero ¡ahí vamos claros. ¿Será [inutilidad á los
ojos de la Iglesia y del pueblo católico, haber
llevado los Religiosos la luz del Evangelio, y
con ella juntamente la ciencia y la civilizacion
hasta las naciones más bárbaras y remotas de
uno y otro hemisferio? ¿Será inutilidad para el
bienestar y felicidad de los Estados, haber ense
ñado los Religiosos la obediencia y respeto á las
autoridades, sin lo cual no puede haber en la
sociedad órden, paz, ni prosperidad; mientras
que hombres interesados en los tumultos y des
órdenes, esparcían la semilla de la insubordina
cion, sublevando los pueblos contra sus legítimos
gobiernos, y los subditos contra sus superiores?
¿Será inutilidad de los Religiosos haber conser
vado con esta doctrina de la obediencia á las au
toridades, * sujetos á la dominacion de nuestra
misma España innumerables pueblos de las In
dias Orientales, y Occidentales, siendo uno de los
principales frutos de su infatigable celo y verda
dero amor á la pátria, la conservacion de las Islas
Filipinas, en donde más influjo y poder tiene pa
ra con sus habitantes un Religioso predicando con
el Crucifijo en la mano la sumision y respeto á las
autoridades, que los más numerosos ejércitos for-

(4j) En su Bula Injuncti nobis.


— 212 —
mados en órden de batalla, disipando de este
modo más de una vez los tumultos y asonadas,
y restableciendo en los pueblos la paz, el órden
y la tranquilidad? Por otra parte. ¿Será ignoran
cia de los Religiosos, haber cultivado en todos
tiempos y conservado en los siglos de la edad
media, llamados siglos de ignorancia, los pocos
vestigios de las ciencias y literatura, que habian
desterrado de casi toda la Europa la guerra y el
estruendo de las armas, encontrando un seguro
asilo en medio del silencioso retiro de los mo
nasterios? ¿Y dónde, á la verdad, podría hallarse
lugar más á proposito para el estudio y cultivo
de las ciencias, así divinas como humanas, que
en el sagrado y silencioso recinto de los cláustros,
por la bien ordenada distribucion que en ellos se
hace del tiempo, por la asidua aplicacion de los
discípulos, por el celo y vigilancia de los maes
tros, separacion de objetos que siendo incentivos
de pasiones que perturban el corazon y ofuscan
el entendimiento, son incompatibles con aquella
dulce tranquilidad del ánimo que requiere la in*
vestigacion de la verdad, y por la reunion, en
fin, de otras apreciables circunstancias, que no
pueden lograrse entre el tumultuoso bullicio de
las ciudades, en donde la visita, la tertulia,. el
paseo, la comedia, el juego y otros entretenimien
tos áun más perjudiciales, distraen á los jóvenes
del estudio, con notable atraso de su aprovecha
miento y grave daño de su salud, si ya no es
que perecen víctimas del ímpetu de sus pasio
nes? ¡Ah! ¡cuántas lágrimas habrá hecho derramar
á sus inconsolables padres la prematura muerte
de tantos jóvenes disipados, por cuyos adelantos
en las ciencias no omitieron ningun género de
gastos, y en. quienes esperaban ver un profundo
filósofo ó un hábil legista, ó un eclesiástico sá
bio y ejemplar! Pero corramos un velo á tan las
timoso cuadro, que más de una vez ha acreditado
— 213 —
por desgracia la experiencia. ¿Será ignorancia de
los Religiosos haber cultivado por sí mismos y
enseñado á otros importantes verdades en todos
los ramos del saber, colocándose al nivel de los
conocimientos de su siglo, cuando estos conoci
mientos no estaban en oposicion con la doctrina
de la Iglesia, ó no eran conformes con los dog
mas de nuestra sagrada Religion, Católica, Apos
tólica, Romana? ¿Será ignorancia haberse dedican
do dia y noche á un penoso y continuo estudio
para ilustrar á la Iglesia y al mundo entero con
sus sábios escritos, adornar y enriquecer con sus
voluminosas obras las bibliotecas públicas; á don
de fuesen á beber, como en clarísimas fuentes,
la sólida y pura doctrina, los amantes de la ver
dad y de la sana instruccion, sirviendo de texto
muchas de estas obras á los alumnos de las uni
versidades, colegios y demás establecimientos de
pública enseñanza? ¿Será ignorancia, por último,
haber salido los Religiosos en todo tiempo, como
invencibles atletas, á la defensa de la Religion de
Jesucristo, ya con elocuentes sermones y discur
sos, ya con sábios y, profundos escritos, y com
batido frente á frente contra la impiedad y la
herejía, cual soldados infatigables puestos por
Dios en su Iglesia para la defensa de esta Espo
sa inmaculada del Cordero? Sí: inútiles, ignoran
tes son los Religiosos para esos hombres hipó
critas que, aparentando un interés fingido por la
felicidad de la pátria, y una disimulada compa
sion por el atraso de las ciencias, exclaman y re
piten sin cesar: ¡Oh pátria! ¡pátria! ¡oh infeliz pá
tria! ¡oh ruina lamentable de las ciencias! pero
que en todo piensan menos en la verdadera feli
cidad de su pátria y en los progresos del saber.
Inútiles. tantos sudores, tantos trabajos, tantas
privaciones, peligros y fatigas delos Religiosos,
especialmente los misioneros, sufridos en bene
ficio de la Religion, del bienestar y prosperidad
— 214 —
de los pueblos; para esos hombres que, alimen
tándose sólo de las discordias, y prefiriendo su
interés personal á la felicidad y tranquilidad de
las naciones, todo lo trastornan, todo lo pertur
ban en la sociedad, haciendo correr á vecer tor
rentes de sangre humana para conseguir sus de
pravados fines y perversos intentos. Ignorantes,
en fin, los Religiosos, para esos filósofos impíos;
Eorque deshacen como el humo sus espantosos y
orribles sistemas de impiedad; porque patenti
zan á la faz de todo el mundo la perversidad de
sus doctrinas y sus fatales consecuencias; porque
no condescienden con sus planes y proyectos de
irreligion, y hacen ver con razones convincentes
la falsedad de sus argumentos y sofismas. ¡Ah! ¡tal
vez esta santa y cristiana intrepidéz con que los
Religiosos se han opuesto en todos los tiempos á
los progresos de la impiedad é incredulidad, sea
la principal causa de ese ódio implacable con que
siempre los han mirado y aun perseguido los im
píos y los incrédulos! I. i,

Excelencia 9 «*
LA AUGUSTA COFRADÍA BEL SANTÍSIMO ROSARIO ES FECUNDA
. PROGENITURA DE OTRAS ILUSTRES COFRADÍAS.

Desde aquel feliz y dichoso tiempo en que se


estableció por su ilustre fundador Santo Domingo,
y se fué propagando despues por todo el mun
do la augusta Cofradía del Santísimo Rosario, na
cieron de ella, como de fecunda madre, otras
muchas Congregaciones ó Cofradías, las cuales
con la variedad de sus reglas, y diversidad de prác
ticas piadosas, hermosean el jardín ameno de la
Iglesia y promueven el culto de Dios y de su
Santísima Madre, la piedad y devocion de los fie
les, la reforma de las costumhres, y la práctica
— 215 —
de todas las virtudes. Pero no siéndonos posible
referirlas todas, por no alargar demasiado la pre
sente obra, haremos mencion solamente de aque
llas, cuya fundacion se debe á los Religiosos del
Orden de Santo Domingo; los cuales, siendo todos
hermanos natos de la Cofradía del Santísimo Ro
sario, con justa razon puede reputarse esta como
fecunda progenitura de las Cofradías siguientes:
1.° Cofradía de la Santa Cruz; instituida por el
glorioso Santo Domingo para promover y defender
la Fé Católica contra los Albigenses, propagada
en diversas partes por S. Pedro de Verona, Mártir,
como afirma Conrado Sotardo en él libro 4;° del
Rosario.
2.a Cofradía del Venerable y Augusto Sacramen
to; Cuyo piadoso fin es acompañar con velas en
cendidas á Su Majestad, cuando es llevado en for
ma de viático á los enfermos. Comunmente se
atribuye la fundacion de ésta Cofradía á la devo
cion del Angélico Doctor Santo Tomás á este au
gusto Sacramento; pero decaida con el trascur
so del tiempo de su primitivo fervor, la renovó
el P. Fr. Tomás Estela, Religioso Dominico, año
de 1 554.
3.a Cofradía del Santísimo Nombre de Jesus;
para desterrar la detestable costumbre de tomar
el nombre de Dios en vano, fundada por los Re
ligiosos Dominicos, como afirman en sus diplo
mas los Sumos Pontífices Pio V y Gregorio XIII,
los cuales prohiben fundar ó administrar dicha
Cofradía sin licencia del Orden de PP. Predica
dores.
4.a Cofradía de la Misericordia; cuyo objeto prin
cipal es dotar á doncellas pobres, para qué pue
dan contraer el estado del matrimonio. Fué ins
tituida por el P. Fr. Juan de Torquemada, Reli
gioso Dominico y Cardenal de la Santa Romana
Iglesia; llámase comunmente Cofradía de la Anun-
ciata, porque el Sumo Pontífice dota todos los
— 216 —
años en el día de la Anunciacion de la Virgen
cierto número de doncellas romanas..
5.a Cofradía de la Concordia; erigida para es^
trechar la union y fraternidad entre los fieles, por
el B. Venturino JBergomio, Religioso Dominico,
quien en todos sus sermones repetía frecuente
mente estas tres palabras: — Penitencia—Paz-
Concordia; logrando con ellas mover los corazo
nes de sus oyentes, y que se alistasen por her
manos de dicha Cofradía.
6.a Cofradía de la Salve; establecida por los PP.
Pr. Santiago Sprenger y Fr. Miguel Isla, Religio
sos Dominicos, el año 145.7, Sus cofrades deben
asistir todos los dias á la Salve que se canta en
las Iglesias de dicho orden, a cuyo acto piadoso
tiene concedidas el Papa Paulo V veinte dias de
indulgencias.
7.a Cofradía de Santa Ana; fundada por el refe-^
rido P. Pr. Santiago Sprenger, año 1476. Sus co
frades tienen la obligacion de rezar todos los
mártes tres Padre nuestros y tres Ave Marías en
memoria y veneracion de Santa Ana, de la Vir
gen y de su Hijo Jesus.
Otras muchas Cofradías hay, que si bien no. re
conocen á la del Santísimo Rosario como madre
y progenitora, la miran á lo menos como/ per
fecto modelo, á cuya semejanza fueron institui
das. Tales son la del Escapulario d.e Nuestra Se
ñora del Cármen, la de la Concepcion, Natividad,.
Anunciacion, Purificacion, Asuncion y Compa
sion de la Virgen María; las de S. Roque,, S; Alejo,
S. Miguel, S. Sebastian, S. Pedro Mártir y otras
innumerables.

;'iO'■
— 217 —

: ■ Excelencia 10.
TESORO INFINITO DE INDULGENCIAS CONCEDIDAS POR VARIOS
SUMOS PONTÍFICES Á LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO.

Así como en todo Estado bien ordenado hay un


tesoro ó erario público para ocurrir á las nece
sidades de sus súbditos, así tambien en la Iglesia
de Jesucristo, que es un reino ó estado espiritual,
con sus leyes, disciplina y gobierno especial, hay
un tesoro ó erario espiritual para socorrer las ne
cesidades espirituales desus súbditos, que son
los fieles. Este tesoro de la Iglesia se compone de
los méritos infinitos de Jesucristo, de los de su
Santísima Madre, y de todos los Santos y Justos
que ha habido, hay y habrá desde el principio
hasta el fin del mundo. Al Romano Pontífice, como
legítimo sucesor del Príncipe de los Apóstoles San
Pedro, Vicario de Jesucristo, y supremo Gefe de
la Iglesia, están entregadas por el mismo Jesu
cristo las llaves de este tesoro infinito para dis
tribuir y dispensar á los fieles, segun convenga,
las inmensas riquezas espirituales, que en él se
encierran. «Y te daré, dijo Jesucristo á S. Pedro
y en su persona á los Romanos Pontííices sus ver
daderos sucesores, las llaves del reino de los
cielos; y todo lo que tú ligares sobre la tierra,
será tambien ligado en los cielos, y todo lo que
desatares, s&rá tambien desatado en ellos.» A
consecuencia, pues, de esta omnímoda potestad
fiara alar ó desatar concedida principalmente á
os Romanos Pontífices, como sucesores de S. Pe
dro, por el mismo Jesucristo (y por la cual ó atan
á los fieles privándolos de la participacion de los
Sacramentos y demás bienes espirituales de la
Iglesia por medio de la excomunion, ó los des
atan proporcionándoles la remision de la pena
- 218 —
temporal merecida por sus culpas, mediante las.
indulgencias), han usado de ella en todos los
tiempos de la Iglesia dispensando con mano libe
ral y benéfica las inestimables riquezas de este
infinito tesoro; esto es, innumerables indulgencias
á todos los fieles,' pero más singularmente á los
cofrades del Santísimo Rosario; cuyos catálogos
vamos á presentar á la vista de dichos cofrades
para excitarlos más y más á la práctica de tan
santa devocion, haciendo antes algunas adver
tencias importantes, que deben tenerse presentes
para ganar las innumerables indulgencias que
les están concedidas.
Advertencia 1.a Para ganar la& indulgencias
que se expresan en Ion catálogos siguientes, &&
absolutamente necesario en España y sus domi
nios tener la Bula de la Santa Cruzada; estar etí
gracia, practicar las obras prescriptas en lá con
cesion, en el tiempo ó lugar, y dela forma y modo
que en ella se expresan; tener intencion de ga
narlas, y ser cofrade del Santísimo Rosario-, ins
cribiendo su nombre en el libro de tos cofrades,
como requisito necesario para serlo, por cuya dili
gencia ninguna limosna se exije, aunque no está
prohibido el darla.
2." Por concesion del Papa Adriano VI, pueden
ser admitidos por cofrades del Rosario los fieles
difuntos, inscribiendo su nombre en el libro de
la Cofradía, para que así participen por modo de
sufragio de las oraciones y demás bienes espiritua
les de los cofrades vivos. Tambien concede Su
Santidad, que los cofrades impedidos de practi
car las obras que se mandan, digan ó manden
decir una Misa, por cuyo medio pueden.parfici-
par de los bienes espirituales de los demás co
frades.
3.a Para ganarlas indulgencias concedidas por
rezar el Rosario, es condicion indispensable me
ditar sus misterios, clasificados en Gozosos, Do
— 219 —
lorosos y Gloriosos: así Benedicto XIII, quien no
priva de ganar dichas indulgencias á las perso
nas que por su rudeza é ineptitud no mediten di
chos misterios, con [tal que recen el Rosario y se
preparen é instruyan para poderlos meditar.
4.a Todas las indulgencias, tanto plenarias co
mo parciales, concedidas á los cofrades del San
tísimo Rosario, pueden ser aplicadas por estos
por modo de sufragio en beneficio de fas almas
del Purgatorio: Inocencio XI.
5.a Por concesion del mismo Papa Inocehcio XI '
y Gregorio XIII, el altar del Rosario donde hay
Cofradía canónicamente instituida, es altar privi
legiado de Ánima para los cofrades difuntos; y
esto, aunque la imágen de Nuestra Señora esté
fuera del altar ó capilla. En este caso, para ga
nar las indulgencias por visitarla, debe hacerse
la visita al altar y no á la imágen: Benedicto XIII,
quien estendió esta gracia de altar de Ánima á
todos los altares de las iglesias del Orden de Santo
Domingo, por su Breve de 22 de Setiembre del
año 1724.
6.a Sin embargo de que comunmente se man
da para ganar las indulgencias, confesar y comul
gar; con todo, las personas que acostumbran
practicarlo eon frecuencia, á lo menos una vez
cada semana, pueden ganarlas, con tal que no
les acuse de culpa grave su conciencia. Esto no
se entiende cuando las indulgencias están con
cedidas precisamente por confesar y comulgar,
pues en este caso no se pueden ganar sin dichos
requisitos.
7.a Trasladadas las festividades en que se pue
de ganar indulgencias, no se trasladan estas; y
asi para ganarlas, deben practicarse las obras
que se prescriben, en sus propios dias. Excep-
túanse las fiestas de los Santos canonizados del
Ordenóle Santo Domingo; la fiesta ó conmemora
cion de Todos los Santos del mismo Orden; la
— 220 —
del Santísimo Rosario con su octava,, y la de lai
Anunciacion de Nuestra Señora, en las cuales, si
se trasladan, se trasladan tambien las indulgen
cias.
8.a Los caminantes, navegantes y sirvientes,
que no pueden visitar la capilla del Rosario los.
dias en que se celebra la festividad de alguno
de sus misterios, y que en los dichos dias rezan
el Rosario entero, y hacen acto de contricion y
firme propósito de confesar y comulgar en los.
tiempos en que la Iglesia lo manda, y así mismo,
los enfermos ó de otra suerte legítimamente im
pedidos para visitar dicha capilla, que en los re
feridos dias rezan devotamente unaparte de Ro
sario, haciendo un acto de contricion con propó
sito firme de confesar y comulgar cuando la Igle
sia lo mand,á; tienen concedida indulgencia ple-
na ria, y todas las demás, áun plenaxias, conce
didas ó que en adelantese concedieren á los co
frades que en dicho dia visitan la capilla, como
si ellos personalmente la visitasen. Lo mismo su
cede respecto dela procesion, que en el primer
domingo de cada mes se acostumbra hacer en la
iglesia de la.Cofradía, practicando los menciona
dos las diligencias susodichas. Los que por enfer
medad ú otro legítimo impedimento no pueden
asistir á las demás procesiones de la Cofradía, ga
nan las mismas indulgencias que lograrian asis
tiendo pesonalmente, con tal que en los dias en
que se hacen dichas procesiones, confesados y
comulgados, recen devotamente el Rosario y otras
oraciones, por la exaltacion de la Fé, extirpacion
de las herejías, paz y concordia entre los Prín
cipes cristianos, etc, Inocencio XI.
Los cofrades del Santísimo Rosario pueden sa
car casi todos los dias alma del purgatorio. Car
ta■0.a
de Indulgencia,
hermandad desegun
la Horala del Santísimo
doctrina de Rosario.
la Igle
sia, de los SS. Padres, y de los, Teólogos, no es
—m —
otra cosa tjue la relajacion ó : remision fié la pe
na temporal, que despues de perdonada la cul
pa, resta que satisfacer, cuya satisfaccion se hace
por la aplicacion de las satisfacciones del tesoro
de la Iglesia, que son los superabundantes méri
tos de Nuestro Señor Jesucristo, de su Santísima
Madre y demás Santos y Justos. Se dice pena tem
poral, porque ha de satisfacerse en esta vida, d
en el Purgatorio. Indulgencia plenaria es■ la que
remite ó perdona toda la pena temporal debida
á los pecados ya perdonados, así mortales como
veniales: de modo, que el que muriera ganada
plenamente ó por entero una indulgencia plena
ria, entraria inmediatamente en el Cielo sin pasar
por las penas del Purgatorio. (
Indulgencia parcial es la que remite ó perdona
tanta pena temporal debida á los pecados per
donados, cuanta habria de satisfacerse en la pe
nitencia canónica, con arreglo á los dias, años
y modo que señalaban los Cánones penitencia
les; de suerte que el que gana una indulgencia
parcial, v. g. de siete años, la Divina Justicia le
perdona tanta pena temporal, cuánta le perdona
ría si con igual disposicion, hiciera la penitencia
de siete años, que la Iglesia señala en sus anti
guos Cánones para algunos pecados.
Hay otrasi varias clases de indulgencias, comb
perpétua, temporal, personal, etc., que pueden
verse en los autores que tratan de esta materia.
:i": ;■■ ■;-: CATÁLOGO PRIMERO. /\K^;:

De .las indulgencias plenarias y parciales extraordinarias,


concedidas por varios Snmos Rosario.
del Santísimo Pontífices■ á los cofrades
■. ' i i ;t . ■ ■ ,-....■ . . ■: ■ .i"
Llamamos extraordinarias, á las indulgencias
que no siguen el órden de los dias de cada, mes;
y ordinarias ó diarias a las que le siguen.
— 222 —
Indulgencias plenarias (14): concedidas para el
dia en que alguna persona se recibe por cofrade
del Santísimo Rosario, confesando y comulgando,
y rezando en el mismo dia el Rosario entero,
ó dividido en tres partes. Por varios Pontífices.
Indulgencias plenarias (i 7): para la hora de la
muerte. Unas por haber rezado el Rosario entero
una vez en la vida; otras por morir con la vela
bendita del Rosario en la mano; y otras, por in
vocar el Dulcísimo Nombre de Jesus con la boca,
y si no se puede, con el corazon, habiendo con
fesado y comulgado, estando contritos. Por varios
Pontífices.
Indulgencias plenarias (2): una en la vida y otra
en la muerte, por rezar el Rosario entero en cada
semana. Inocencio VIII.
Indulgencias plenarias (1): un dia al año por
rezar el Rosario entero, ó una de sus partes to
dos los diaSj confesando y comulgando dicho dia.
Benedicto XIII.
Indulgencias plenarias (1): confesando y comul-t
gando el dia de los Santos Patronos de la iglesia
donde está fundada Cofradía. Gregorio XIII.
Indulgencias plenarias(l) con muchas parciales:
á los cofrades impedidos, que no pudiendo visi
tar la capilla del Rosario, lo recen entero, con
propósito de confesar y comulgar cuando lo man
da nuestra Madre la Iglesia: los enfermos rezando
una parte. Sixto V.
Indulgencias plenarias (1)y muchas parciales:
á los cofrades que por impedimento no pueden
asistir á las procesiones que acostumbra hacer
la Cofradía. Gregorio XIII.
Indulgencias plenarias (3): á todos los fieles, por
rezar la Hora del Rosario. Alejandro V. Benedic
to XIV. Pio VII. Y 100 dias de indulgencia por
cada Ave María, rezando en Rosario bendito. Be
nedicto XIII.
Indulgencias plenarias, (1): á los cofrades que se
— 323 —
ejerciten media hora ó un cuarto en oracion men
tal, aunque por otra parte estén obligados á tener
la, eligiendo el dia del año que quieran para ga
narla; y cuantas veces esto hicieren, cien dias y
siete cuarentenas de perdon. Pio VIH.
Indulgencias plenarias (1): á los mismos por
tener 40 dias de retiro espiritual en memoria de
los 40 que Jesus estuvo en el desierto. Pio VII.
Indulgencias plenarias (1): por confesar y co
mulgar en alguna de las iglesias del Orden de
Santo Domingo, los quince mártes consagrados
al Santo, la cual puede ganarse en cualquiera de
ellos: en los restantes cien dias de perdon . Pio VIL
Indulgencias plenarias (1): confesando y comul
gando en veneracion de S. Vicente Ferrer, siete
viérnes en el año, con especialidad los qué pre
ceden á su fiesta, la cual indulgencia puede ga
narse en uno de dichos viérnes, y en los restan-
tés siete años y siete cuarentenas de perdon.
Pio VIL
Indulgencias plenarias (2): una en el primer dia
y otra en el último, á los que, habiendo confesa
do y comulgado, visitaren alguna iglesia del Or
den de Santo Domingo, los nueve dias que pre
ceden al nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo,
y asistieren á los ejercicios piadosos: además siete
años y siete cuarentenas de perdon en cada uno
de ellos. Pio VIL
Indulgencias plenarias (1): por asistir á los
cuatro aniversarios del Orden de Santo Domingo,
los cuales se celebran en los dias 4 de Febrero,
Í2 de Julio, 5 de Setiembre y 11 de Noviembre.
Pio VIL
Todos los Sacerdotes de uno y otro clero, á
uienes sea permitido celebrar la Misa privilegia-
a del Santísimo Rosario, ganan lo que por re
zarlo entero. Clemente X.
Los que acostumbren decir dicha Misa, y los
que confesados y comulgados la oyeren, cuantas
— 224 —
veces esto hicieren, ganan todas las indulgencias
concedidas por asistencia á las procesiones men-
sales de la Cofradía el primer domingo de cada
mes. Inocencio XI.
Los dias que hay estacion en Roma, los cuales
anotaremos en cada mes en el siguiente catálo
go, visitando cinco altares, ó uno cinco veces, y
rezando en cada uno cinco Padre nuestros y cin
co Ave Marías, se ganan las mismas indulgencias
que si visitasen las estaciones de Roma, en todas
las cuales se gana indulgencia plenaria. Clemen
te VIII y Paulo V.
; INDULGENCIAS PARCIALES.

Cinco años y cinco cuarentenas de perdon, por


pronunciar el Dulcísimo Nombre de Jesus, al fin
de cada Ave María, cuando se reza el Rosario.
Inocencio VIII.
Cien dias de indulgencia, por cada Padre Nues^
tro y Ave María, rezando en Rosario bendito por
Religioso Dominico. Renedicto XIII.
Siete dias de indulgencia, por cada vez que se
pronuncien los Dulcísimos Nombres de Jesus y de
María, dentro ó fuera del Rosario. Inocencio XI.
Cien dias y cien cuarentenas de perdon, por
traer consigo el Rosario con reverencia, y estando
verdaderamente contritos de sus culpas. Si esto
se hace en reverencia de la Madre de Dios, cien
años y Cien cuarentenas de perdon. Inocencio XI.
Cinco años, cinco cuarentenas y doscientos
ochenta dias de perdon, por rezar una parte de
Rosario. Inocencio XI.
Cincuenta años de perdon, por rezar una parte
de Rosario en la capilla de la Cofradía ó en otra
parte de la iglesia desde donde se vea el altar
de la capilla. Lo mismo, rezándola en cualquier
iglesia ú oratorio, en donde no hubiere Cofradía-
Inocencio XI.
— 22o —
t>iez años y diez cuarentenas de perdon, cada
"día que se rece una parte de Rosario; de suerte,
que complete el Rosario entero en toda la sema
na, estando contritos y con propósito de confe
sarse. Inocencio XI.
Siete años, y siete cuarentenas de perdon, por
rezar el Rosario entero en la semana. Inocen
cio XI.
, Cada vez que se verifica rezar el Rosario entero,
sea en un dia ó en muchos, se ganan todas las
indulgencias, que son innumerables, así plena- '
rias como parciales, concedidas á todos los fieles
de los reinos de España por rezar la Corona de
Nuestra Señora. Paulo III, Clemente IX, Inocen
cio XI. Por lo dicho se vé, cuan inmenso es el
tesoro de indulgencias, que ganan los cofrades
del Santísimo Rosario, y áun los demás fieles, por
rezarle todo entero; pues en él se incluyen tam-
"bien todas las indulgencias concedidas á cada
parte, que son muchísimas; las cuales, si se re
zan dos partes, se duplican, y si tres, se triplican.
Además, son innumerables las indulgencias
parciales, que los Sumos Ponlífices, Cardena
les, Legados ad latere, Arzobispos y Obispos,
han concedido á los cofrades del Santísimo Ro
sario, por rezarle; visitar sus capillas; acompa
ñar á Su Majestad cuando se lleva á los enfermos;
rezar un Padre nuestro y Ave María, si,no pudiese
acompañarle; asistir á los aniversarios de la Co
fradía; acompañar los entierros de los cofrades
difuntos; rezar cinco Padre nuestros y Ave Ma
rías delante de algun Santo Cristo en memoria de
sus llagas; asistir á los Oficios, Misas y procesio
nes de la Cofradía; predicar y oir predicar la de
vocion del Rosario; enseñar la. Doctrina cristiana;
acompañarle por las calles ó llevar sus insignias;
y, finalmente, por practicar otras muchas obras de
misericordia, dé devocion y piedad;

— 226 —

CATÁLOGO SEGUNDO.
De las indulgencias, que además de las dicbas en el catálogo
precedente, pueden ganar los cofrades del Santísimo Rosario,
según el orden de los dias de cada mes, con inclusión de las
estaciones de Roma.
ENERO.
Dia i.° Circuncision del Señor. Estacion en Ro
ma: Indulgencia plenaria. Bula de la Santa Cru
zada.
Domingo 1." Indulgencias plenarias (4) con
fesando y comulgando, y visitando la capilla del
Rosario. Gregorio XIII. Lo mismo se gana en to
dos los Domingos primeros de cada mes, practi
cando lo dicho. Mas para ganar dos de estas
indulgencias, se lia de confesar y comulgar en
la iglesia de la Cofradía.
Indulgencias plenarias (3) si confesados y co
mulgados asisten á la procesion mensa!. Grego
rio XIII.
Dia 6. La Epifanía del Señor. Estacion en Roma:
Indulgencia plenaria. Bula de la Sania Cruzada.
Domingo siguiente despues de la Epifanía. Fies-
ta del Niño Jesus perdido, y hallado en k\ templo:
Quinto Misterio Gozoso del Santísimo Rosario: In
dulgencias 'plenarias (1) confesando, coniulgando
y visitando la capilla del Rosario. Gregorio XIII.
Esta indulgencia se gana tambien, practicando lo
dicho, todos los dias de Misterio del Rosario.
Dia 23. S. Raimundo de Peñafort. Indulgencias
plenarias (1) á todos los fieles que, confesados y
comulgados, visiten alguna iglesia de los Reli
giosos ó Religiosas del Orden de Santo Domingo,
desde las primeras vísperas hasta ponerse el sol
el dia de la fiesta.
— 227 -
*, FEBRERO.
Domingo 1.° Indulgencias plenarias (4) como
el de Enero.
Dia 2. La Purificacion de Nuestra Señora: Cuar
to Misterio Gozoso del Santísimo Rosario: Indulgen
cias plenarias (4), de las cuales pueden ganar
una los no cofrades, si confesados y comulga
dos ó con propósito de hacerlo, visitan la capi
lla del Rosario, desde las primeras.vísperas hasta
ponerse el sol el dia de la fiesta. Pio VI.
Indulgencias plenarias (2) confesando y co
mulgando, ó con propósito de hacerlo, visitan
do la capilla del Rosario. Gregorio XIII.
Indulgencias plenarias (1) confesando y co-
Imulgando, ó con propósito de hacerlo, asistien-
Ido á la procesion de la Cofradía. Pio IV.
Dia 13. Santa Catalina de Ricis. Indulgencias
plenarias (1) como el 23 de Enero.
Domingo de Septuagésima, Sexagesima, Quin
cuagésima, y todos los días de Cuaresma: Esta
cion en Roma: Indulgencia pleneria. Bula de la
Santa Cruzada.
MARZO.
Domingo 4.° Indulgencias plenarias (4) como
el de Enero.
Dia 7. Fiesta del Angélico Doctor Santo Tomás
/de Aquino. Indulgencias plenarias (1) como el
23 de Enero.
I Dia 25. Anunciacion de Nuestra Señora, y En
carnacion del Hijo de Dios: Primer Misterio Go
moso del Santísimo Rosario: Indulgencias plena-
[rias (4): Pio IV y Gregorio XIII: como el dia de
\la Purificacion.
Indulgencias plenarias (1) confesando y co
mulgando, y rezando el Rosario entero. Pio IV.
— 228 —
' Indulgencias plenarias (1) confesando y eo-
lmulgando, y visitando la capilla del Rosario.
JClemente XIII.
j Indulgencias plenarias (i) confesando y co-
fmulgando, y asistiendo á la procesion de la Co-
ifradía. Pio IV. .
Viérnes de Dolores. Indulgencias plenarias (2):
confesando, comulgando y visitando la capilla del
Rosario. Gregorio XIII.
Jueves Santo. Misterios Dolorosos del Santísimo
Rosario: Indulgencias plenarias (1) confesando,
comulgando y visitando la capilla del Rosario.
Gregorio XIII.
Viérnes Santo. Misterios Dolorosos del Santísimo
Rosario: Indulgencias plenarias (1) practicando
las mismas diligencias. Gregorio XIII.
Miércoles, Viérnes y Sábado de las Témporas:
Estacion en Roma: Indulgencia plenaria en cada
uno de ellos. Bula de la Santa Cruzada.
ABRIL.
Domingo \.° Indulgencias plenarias (4) como
el de Enero.
Dia 5. S. Vicente Ferrer. Indulgencias plena*-
rias (1) como el 23 de Enero,
Í Pascua de la Resurreccion del Señor: Primer
Misterio Glorioso del Santísimo Rosario: Indulgen
cias plenarias (1) confesando, comulgando y vi
sitando la capilla del Rosario. Gregorio XIII.
Indulgencias plenarias (1), por ser Misterio del
Santísimo Rosario, practicando las mismas dili
gencias. Gregorio XIII.
Este dia, y los siete siguientes: Estacion en
Roma: Indulgencia plenaria en cada uno de ellos.
Bula de la Santa Cruzada.
Dia 20. Santa Inés de Monte Policiano. Indul
gencias plenarias (1)como el 23 de Enero.
Dia 25. S. Márcos Evangelista. Estacion en Ro
— 229 —
ma: Indulgencia plenaria. Bula de la Santa Cru
zada.
Dia 29. S. Pedro Mártir, Inquisidor. Indulgen
cias plenarias (1) como el 23 de Enero.
Dia 30. Sania Catalina de Sena. Indulgencias
plenarias (1) como el 23 de Enero.
MAYO.
Domingo i.° Indulgencias plenarias (4) como
el de Enero.
Dia 5. S. Pio V. Indulgencias plenarias (1) como
el 23 de Enero.
Dia 10. S. Antonio de Florencia. Indulgencias
plenarias (1) como el 23 de Enero.
Los tres dias de rogaciones: Estacion en Roma:
Indulgencia plenaria en cada uno de ellos. Bula
de la Santa Cruzada.
I Dias de la Ascencion del Señor: Segundo Mts-
iterio Glorioso del Santísimo Rosario: Indulgencias
Iplenarias (1) confesando, comulgando y visitando
jla capilla del Rosario. Gregorio XIII.
I Estacion en Roma: Indulgencia plenaria. Bula
\de la Santa Cruzada.
Vigilia de Pentecostés: Estacion en Roma: In
dulgencia plenaria. Bula de la Santa Cruzada.
I Dia de Pentecostés ó Venida del Espíritu San
to: Tercer Misterio Glorioso del Santísimo fíosario:
Indulgencias plenarias (1) confesando, comul
gando y visitando la capilla del Rosario. Gre
gorio XIII.
Indulgencias plenarias (1) practicando las mis
mas diligencias. Clemente VIII.
Estacion en Roma, y los seis dias siguientes:
Indulgencia plenaria en cada uno de ellos. Bula
de la Santa Cruzada.
— 230 —
JUNIO.
Domingo 1.° Indulgencias plenarias (4) como
el de Enero.
Dia del Corpus. Indulgencias plenarias (1) á
todos los fieles que, confesados y comulgados, vi
sitaren la iglesia de la Cofradía. Gregorio XIII.
Domingo siguiente despues del Corpus: Indul
gencias plenarias (1) á todos los fieles que, ha
biendo confesado y comulgado, ó con propósito
de hacerlo, asistan devotamente á la procesion
que se acostumbra hacer en los conventos del
Orden de Santo Domingo. Clemente VIII.
Miércoles, Viérnes y Sábado de Témporas: Es
tacion en Roma: Indulgencia plenaria en cada uno
de ellos. Bula de la Sania Cruzada.
JULIO.
Domingo l.° Indulgencias plenarias (4) como
el de Enero.
Dia 2. La Visitacion de Nuestra Señora: Segun
do Misterio Gozoso del Santísimo Rosario: Indulgen
cias plenarias (5) como el dia de la Purificacion.
Dia 16. Nuestra Señora del Cármen. Indulgen
cias plenarias (2) como el Viérnes de Dolores.
Dia 22. Santa María Magdalena. Indulgencias
plenarias (1) confesando, comulgando y visitan
do la capilla del Rosario, desde las primeras vís
peras hasta ponerse el sol el dia de la fiesta. Gre
gorio XIII.
AGOSTO.
Domingo 1.° Indulgencias plenarias (4) como
el de Enero. -
Dia 4. Santo Domingo de Guzman, fundador
del Orden de PP. Predicadores y de la Cofradía
— 231 —
del Santísimo Rosario. Indulgencias plenarias (1)
á todos los fieles que, verdaderamente penitentes,
confesados y comulgados, visiten desde primeras
vísperas hasta ponerse el sol del día de la fiesta,
alguna iglesia de los conventos de dicho Orden.
Sixto V.
Dia 5. Nuestra Señora de las Nieves. Indulgen
cias plenarias (2) como el Viérnes de Dolores.
ÍDia 15. La Asuncion de Nuestra Señora: Cuar
to Misterio Glorioso del Santísimo Rosario: Indul
gencias plenarias (5) como el dia de la Purifi
cacion.
Indulgencias plenarias (1) de toiies quoties, ó
cuantas veces esto hicieren, si habiendo confe
sado y comulgado, visitaren la iglesia de la Co
fradía, desde las primeras vísperas hasta ponerse
\el sol el dia de la fiesta. Inocencio XI.
Dia 16. S. Jacinto de Polonia. Indulgencias ple
narias (1) como el 23 de Enero.
Dia 30. Santa Rosa de Lima. Indulgencias ple
narias (1) c*bmo el 28 de Enero.
SETIEMBRE.
Domingo 1.° Indulgencias plenarias (4) como
el de Enero.
/ Dia 8. Natividad de Nuestra Señora. Indulgen
cias plenarias (4) como el dia de' la Purifica-
<cion. Pio IV y Gregorio XIII.
I Indulgencias plenarias (2) como el Viérnes de
Dolores. Gregorio XIII.
Í Domingo inmediato despues de la Natividad de
la Virgen. Festividad del Dulce Nombre de María:
Indulgencias plenarias (2) como el Viérnes de
Dolores.
Indulgencias plenarias (1) confesando, comul
gando y haciendo oracion por la paz y concordia
entre los Príncipes cristianos, etc. Clemente VIII.
Indulgencias plenarias (1) a todos los fieles
— 232 —
(que, confesados y comulgados, asistan á la Mis»
{mayor en alguna de las iglesias del Orden de
(Santo Domingo en España. Clemente X.
Dia 24. Nuestra Señora de las Mercedes: Indul
gencias plenarias (2) como el Viérnes de Dolores.
Miércoles, Viérnes y Sábado de Témporas: Es
tacion en Roma: Indulgencia plenariaen cada uno
de ellos. Bula de la Santa Cruzada.
OCTUBRE.
Domingo 1.° Nuestra.Señora del Rosario. Fiesta■
principal de la Cofradía: Indulgencias plenarias
(4), por Domingo 1.°, como el de Enero.
Indulgencias plenarias (2) como el Viérnes de
Dolores.
Indulgencias plenarias (7) por distintas conce-
sionesá los cofrades que, confesados y comulga
dos, visiten la capilla del Santísimo Rosario, des
de las primeras vísperas hasta ponerse el sol el
dia de la fiesta. Una de estas indulgencias es para
todos los fieles; otra para los que, confesando
con Religioso Dominico, comulgan en la iglesia
donde hay establecida Co'fradía. Gregorio XIII..
'Clemente VIII. Paulo V.
indulgencias plenarias (2) por asistir á la pro
cesion de la Cofradía, por Domingo \.°
Indulgencias plenarias (1) por asistir á dicha
procesion, por ser fiesta del Santísimo Rosario.
Paulo V.
Indulgencias plenarias (t) de loties quoties ,6
cuantas veces esto hicieren, a todos los fieles que,,
confesados y comulgados, visiten la capilla del
Rosario. Pio V.
Indulgencias plenarias (1) á todos los fieles que,,
confesadosy comulgados, visiten la capilla del Ro
sario un dia de su infraoctava. Benedicto XIII.
Dia 10. San Luis Bertran. Indulgencias plena
rias (\) como el 23 de Enero.
— 233 —
Dia 12. Nuestra Señora del Pilar. Indulgencias
ov
plenarias (1): como el Viérnes de Dolores.
NOVIEMBRE.
Domingo 1.° Indulgencias plenarias (4) como
el de Enero.
Dia 2. Conmemoracion de todos los fieles di
funtos. Indulgencias plenarias (1) aplicables por
ellos, á todos los fieles que,, habiendo confesado
y comulgado, visiten la iglesia de su parroquia.
Todos los altares son privilegiados este dia. Ino
cencio XI.
Dia 9. Fiesta de todos los Santos del Orden de
Santo Domingo. Indulgencias plenarias (1) como
el 23 de Enero.
Domingo 2.° Patrocinio deNuestra Señora: Indul
gencias plenarias (2) como el Viérnes de Dolores.
ÍDia 21. Presentacion de Nuestra Señora. In
dulgencias plenarias (1) confesando, comulgan- l
do y visitando la capilla del Rosario. Pio IV.
Indulgencias plenarias (2) practicando las mis
mas diligencias. Gregorio XIII. > .
Indulgencias plenarias (1) por asistir á la pro
cesion, como el dia de la Purificacion.
Dia 26. Desposorios de Nuestra Señora. Indul
gencias plenarias (2) como el Viernes de Dolores.
DICIEMBRE.
Domingo 1.° Indulgencias plenarias (4) como
el de Enero.
Los cuatro Domingos de Adviento. Estacion en
Roma: Indulgencia plenaria. Bula de la Sania
Cruzada.
Dia 8. Purísima Concepcion de Nuestra Señora.
Indulgencias plenarias (4) como el dia de la
Presentacion.
Dia 18. Espectacion de Nuestra Señora. Indul- '
— 234 —
gencias plenarias (2) como el Viernes de Do
lores.
Miércoles, Viérnes y Sábado de Témporas. Es
tacion en Roma: Indulgencia plenaria en cada
uno de ellos. Bula de la Sania Cruzada.
Dia 24. Vigilia de la Natividad de Nuestro Señor
Jesucristo. Estacion en Roma: Indulgencia ple
naria. Bula de la Sania Cruzada.
I Dia 23. Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.
[Tercer Misterio Gozoso del Santísimo Rosario. In
dulgencias plenarias (I) confesando, comulgan
do y visitando la capilla del Rosario.
/ Estacion en Roma: Indulgencia plenaria, y en
cada una de las tres Misas. Bula de la Santa
' Cruza da.
Dia 26 S. Esteban Protomártir. Estacion en
Roma: Indulgencia plenaria. Bula de la Santa
Cruzada.
Dia 27. S. Juan Apóstol y Evangelista. Estacion
en Roma: Indulgencia plenaria. Bula de la Santa
Cruzada.
Dia 28. Los Santos Inocentes. Estacion en
Roma: Indulgencia plenaria. Bula de la Santa
Cruzada.
Se advierte lo primero. Que estando las indul
gencias de las estaciones de Roma concedidas á
los cofrades del Santísimo Rosario por concesion
particular, pueden estos ganar dos veces dichas
indulgencias; una en virtud de dicha concesion,
y otra por la Bula de la Santa Cruzada; pero esto
se entiende, haciendo dos veces las cinco visitas
de los cinco altares, ó de uno ó dos en su de
fecto.
Se advierte lo segundo. Que en este diario no
van expresadas todas las indulgencias parciales,
que en sus respectivos dias pueden ganar los co
frades del Rosario, las cuales son muchas.
Se advierte lo tercero. Que los demás fieles pue
den ganar tambien muchas de las indulgencias,
— 235 —
que se expresan en los dos catálogos precedentes;
para cuya formacion Iremos tenido á la vista va-
rios sumarios impresos con las debidas li
cencias.
Hechas estas breves advertencias, y ántes de
pasar á manifestar otras grandezas y excelencias
de la Cofradía del Santísimo Rosario, no olvide
mos desagradecidos tantas gracias, favores é in
dulgencias, que los Sumos Pontífices, Vicarios de
Jesucristo y Supremos Dispensadores en la tierra
del inagotable tesoro de su Iglesia, lian conce
dido con mano liberal á la devocion y Cofradía
del Santísimo Rosario, con el fin de que, excita
dos los fieles de uno y otro sexo por el logro de
dichas indulgencias, se libren á sí mismos, y pue
dan librar tambien las almas de los difuntos de
las indecibles penas del Purgatorio; «mayores,
dice S. Agustín, que cuantas se pueden padecer
y áun pensar en esta vida:» y en expresion de
otros Santos, más terribles que los tormentos que
sufrieron todos los mártires, y áun mayores que
cuantas padeció nuestro Salvador en el discurso
de su Pasion.

Excelencia 11.
LOS COFRADES DEL SANTÍSIMO ROSARIO EXPERIMENTAN UN
ESPECIAL PATROCINIO DE LA SANTÍSIMA VÍRGEN EN LA VIDA
Y EN LA MUERTE.

Entre los muchos motivos de gozo y de con


suelo, que experimentan en este mundo los cofra
des del Santísimo Rosario, es indudablemente el
mayor, aquella fundada esperanza que deben te
ner de experimentar un especial patrocinio de la
Santísima Virgen en la vida y en la muerte. Con
efecto: si se dudase de esta verdad, no sería muy
difícil presentar un numeroso cúmulo de testi
- 236 —
monios irrefragables en su apoyo. Bastaría con
sultar las páginas de la historia del Santísimo
Rosario para convencernos. Allí encontraríamos
un número casi infinito de enfermos á la salud
restituidos; de caminantes protegidos; de cauti
vos redimidos; de navegantes socorridos; de afli
gidos consolados; y, finalmente, de tantos otros,
de todo mal espiritual y temporal libertados. Y
si en la vida con tanta solicitud y esmero María
protege á los cofrades y devotos del Santísimo
Rosario ¿los desamparará y abandonará en la
hora de la muerte? Horrenda blasfemia sería solo
el pensarlo. Entónces cada uno de ellos experi
menta una especial proteccion de esta su que
rida Madre. jQué dulce consuelo, verse protegido
entónces por la Santísima Virgen! cuando ni los
parientes, ni los amigos, ni todas las riquezas
de este mundo, nada nos podrán valer.... cuando
el temor de nuestra eterna suerte nos turba, los
demonios acusan, y el Juez se ostenta inexora
ble.... ¡Oh tú, infeliz pecadorl tú, que vives los
dias y áun los años entregado á las vanidades y
placeres de este mundo, que pasan como el hu
mo, ¿por qué vives olvidado de la muerte y de
grangearte para entónces una poderosa y bené
fica protectora? Ea, pues, alístate bajo el glorioso
estandarte de María; únete á la sagrada congre
gacion de sus cofrades, y de este modo experi
mentarás su especial proteccion en aquella tre
menda hora. Qué ¿dudas de su amor? ¿descon
fias de su amparo y proteccion? pues escucha el
caso siguiente:
Un cofrade del Santísimo Rosario, Religioso del
Orden del Cister, estando próximo á morir, fué
arrebatado en espíritu ante el tremendo tribunal
de Jesucristo. Habiendo sido descuidado y negli
gente en las observancias de su Orden, y acusa
do por los demonios y por su propia conciencia,
no podia esperar del Justo Juez sino sentencia
— 237 —
de condenacion eterna. Mas ¡olí especial protec
cion de María para con los devotos v cófrades de
su Santísimo Rosario! Parecióle ver, que esta be
nignísima Señora, llevando en sus hermosísimas
manos una gran porcion de rosarios, los puso
en la balanza para que sirviesen de contrapeso
á la otra en que estaban sus pecados. Viendo la
Santísima Virgen que fiun todavía pesaban más
los pecados de su cofrade, hincóse de rodillas á
los piés de su divino Hijo, rogándole se dignase
darle una sola gota de la preciosísima sangre de
sus llagas. El benignísimo Jesus, cogiendo una
gota de sangre de su mano derecha, se la entre
gó á su dulcísima Madre. La Virgen Santísima la
puso sobre la balanza donde estaban los rosarios,
y fué tanto su peso, que hizo subir la otra balan
za de los pecados á tanta altura, que desapare
cieron estos con tanta velocidad como desaparece
a nuestra vista un grano de polvo arrebatado por
el viento. Entónces, mirando la Virgen Santísima
con rostro alegre á su crofrade, le dice estas pa
labras llenas de consuelo: «Anda, véle en paz, y
no le olvides de mi especial proteccion.» Resti
tuido el cofrade á la salud, hizo penitencia de
sus pasadas negligencias, y procuró servir á su
amabilísima Protectora con más devocion y fer
vor (1). Así proteje la Santísima Virgen de un
rqodo especial á los devotos y cofrades del San
tísimo Rosario.

(1) Justino Micov. tom. 5.a pág. 320.


— 238 —

excelencia 11.
LOS COFRADES DEL SANTÍSIMO ROSARIO PARTICIPAN DE TODAS
LAS OBRAS MERITORIAS QUE SE PRACTICAN POR TODOS V
CADA UNO DE LOS RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS DEL ORDEN DE
SANTO DOMINGO V POR LOS COFRADES DEL ROSARIO EN TODO
EL MUNDO.

Si es una verdad de fé contenida expresamente


en aquellas palabras del símbolo de los Apóstoles
Creo en la Comunion de los Santos, que todos los
fieles tienen parte en las obras espirituales de los
otros, como miembros de un cuerpo místico, que
es la Iglesia; tambien es cierto, que estas mismas
obras aprovechan más á aquellos por quienes
particularmente se aplican. Fundado en esta ver
dad el Rmo. P. F. Bartolomé Comacio, general del
Orden de Santo Domingo, admitió en el año 4480,
á la participacion de todas las obras y ejercicios
piadosos que se practican ó practicasen en todo
su orden, á todos los fieles de uno y otro sexo
que fueren cofrades del Santísimo Rosario. Ya se
deja fácilmente conocer, que por esta especial
comunicacion y aplicacion que hizo el Rmo. P. Ge
neral del Orden de Santo Domingo, y que despues
aprobaron y confirmaron los Sumos Pontífices
Inocencio VIII y Leon X, entran á gozar los co
frades del Santísimo Rosario, ocupando así un
lugar más distinguido y preferente sobre los de
más fieles, del tesoro inagotable de los méritos
de todas las Misas, oraciones, penitencias y de
más obras meritorias que se practican ó practi
caren por todos y cada uno de los Religiosos y
Religiosas de dicho orden en todo el mundo. A
este inmenso cúmulo de bienes y obras espiri
tuales, añadamos tambien aquella recíproca co
municacion ó participacion de tantas obras meri
— 239 —
torias-, que se practican en todo el mundo por
todos y cada uno de los cofrades del Santísimo
Rosario. Ahora pues., si tan grande, tan rico es
el tesoro de méritos con que pueden enriquecer
se los cofrades del Santísimo Rosario, mediante
dicha comunicacion ó participacion, ¿no será esta
un poderoso estímulo para que los fieles se alis
ten bajo el glorioso estandarte de una Cofradía
que tantos bienes les produce? ¡Oh dichosa y
Santa Congregacion del Santísimo Rosario! tú nos
ofreces bienes inestimables no sólo en la vida,
sino tambien despues de la muerte. En la vida,
guiándonos al puerto seguro de salvacion por el
ejercicio de las virtudes cristianas que en tu seno
se practican; despues de la muerte, aliviándonos
de las penas del Purgatorio por medio de tus su
fragios para el más pronto alivio y descanso de
nuestras almas. Porque á la verdad, tantos sa
crificios del altar, tantas oraciones, indulgencias
y demás obras meritorias como ofrecen en to
do el mundo los cofrades del Santísimo Rosario
por sus hermanos difuntos ¿no servirán para ali
vio de sus penas? ¿No aplacarán el rigor de la
divina justicia, para que, mediante la poderosa
intercesion de la Santísima Virgen, salgan llenas
de gozo de aquel lugar de horror y de tinieblas?
Muchos y repetidos son los casos que pudiéra
mos citar aquí en comprobacion de esta verdad;
pero nos limitarémos á referir uno solo por más
leve y compendioso. Es el siguiente:
En un pueblo situado junto á la ciudad de Co
lonia, una difunta se apareció á una amiga suya
rogándole la asentase por cofrade del Rosario.
Admirada de esta novedad, le preguntó ¿por qué
quería ser hermana del Rosario, siendo ya difun
ta? Ella respondió: «Quince años de terribles
penas me quedan que sufrir todavía en el Purga
torio; pero, si fuese hermana del Rosario, pronto
me libraria de ellas por la virtud y eficacia del
— 240 —
número casi infinito de estos, que todos los dias
se rezan por sus cofrades. Anda, haz lo que te
digo: cumple por mí esta obra piadosa, hasta que
yo vuelva á tu presencia.» La buena y caritativa
mujer hizo todo lo que su amiga le pidió; y lié
aquí que, pasados quince dias, se le apareció otra
vez, diciéudole llena de gozo: «Sabe, oh querida
amiga mia, que las.penas de quince años de pur
gatorio me han sido conmutadas por Dios en sólo
quince dias, por la virtud de los sufragios y oracio
nes de los cofrades del Santísimo Rosario» (1). Tan
cierto es que esta augusta y sania Cofradía alivia
Jas penas de las pobrecitas almas del Purgatorio.

Excelencia 13.
LAS CONSTITUCIONES Ó LEYES DE LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO
ROSARIO SON SUAVES Y BENIGNAS.

El amor á la independencia y el deseo de una


libertad desenfrenada, han sido en todos los tiem-
Eos la causa principal de haber hollado los hom-
res las leyes más santas y justas, y de esa tenáz
oposicion a sufrir algun género de yugo por suave
y benigno que sea. Animados, pues, algunos espí
ritus indóciles del fatal influjo que ejercen en el
corazon del hombre estas dos hidras infernales,
la independencia y la libertad mal entendidas, no
cesan de declamar con la más infame hipocresía,
contra las constituciones ó leyes de la Cofradía del
Santísimo Rosario. ¿Para qué, dicen, imponer á
los fieles la carga de nuevas leyes y de nuevas
obligaciones? ¿Para qué sujetar su cerviz á un
nuevo yugo? ¿No tienen bastante con la observancia
de los divinos preceptos, de los Mandamientos de

(\) Justino Micov. tomo 2.° pág. 321.


— 241 —
la Iglesia y obligaciones de su respectivo estado?
Ahi hipócritas abominables! tan solapada como es
vuestra hipocresía, tan vanos son los pretestos que
alegáis para retraerá los fieles de unirse á los hi
jos de María bajo el glorioso estandarte de la Co
fradía del Santísimo Rosario. Sí, no lo dudeis:
vuestra hipocresía se hará patente á la faz de todo
el mundo; vuestros vanos y falsos pretestos se
rán reducidos á polvo; y vuestra temeraria osadía
será confundida vergonzosamente, al saber lo que
hay de verdad en este punto,
Sabed: que las Constituciones ó leyes de la Co
fradía del Santísimo Rosario, más bien que leyes
deben llamarse costumbres, cuya omision ó tras-
gresion ningun género de pena ni de culpa mor
tal ni venial, impone al cofrade que las infringe.
Sabed: que si es verdadera, como no puede
menos de serlo, aquella doctrina del Apostol: «La
ley no ha sido formada para el justo,» esto se ve
rifica más particularmente en la Cofradía del San
tísimo Rosario. Porque tales la sabiduría y pru
dencia con que gobierna á sus hijos esta benigní
sima madre que, conociendo su fragilidad y fla
queza, no quiso esponerlos al peligro de trasgre-
sion, alejando con este fin de sus Constituciones el
pesado yugo de cualquier obligacion. Es por esto
que, abriendo sus brazos á todos los fieles esta
santa Congregacion, á todos deja el pleno uso de
su libertad, para practicar ó no lo que ella dispo
ne, premiando sin embargo con grandes recom
pensas á los exactos observadores de sus estatutos
y reglas.
Sabed por último: que la augusta Cofradía del
Santísimo Rosario, ningun género de sacrificio,
ningun interés ó emolumento temporal exige por
su recepcion á los fieles que quieren alistarse bajo
su bandera. Antes bien, ningun don, ninguna gra
tificacion puede recibirse de los nuevos cofrades
por el solo hecho de inscribirse, como expresa-
16
- 242 —
mente lo tienen prohibido los Sumos Pontífices
Leon X y S' Pio V: el primero en su Bula Pasto-
ris ceterni;-y el segundo en la suya ínter deside-
rabilia. Mas no obstante, si algun cofrade, des
pues de su recepcion, quisiere dar una limosna
para el culto, ó para eladorno de los altaresy otros
gastos piadosos dela Cofradía, esto no está prohi
bido; por el contrario^ es muy meritorio y lauda
ble. En vista de esto ¿puede darse un régimen, un
gobierno y unas Constituciones ó leyes más sa
bias, más suaves y prudentes"? Con todo, para que
no seinos crea bajonuestra sola palabra, lean los
enemigos 'de la Cofradía del Santísimo Rosarió
sus Constituciones ó leyes que á continuacion se
expresan, y son del tenor siguiente:

CONSTITUCIONES, ESTATUTOS Ó LEYES.


de la Cofradía del Santísimo Rosario.

En el año del nacimiento de Nuestro Señor Je


sucristó 1A7lj, á 8 de Setiembre, dia de la Nativi
dad de Nuestra Señora, en el convento del Orden
de PP. Predicadores de la ciudad de Colonia, á
presencia de muchos Arzobispos, Obispos, Abades
y otros esclarecidos personajes, Alejandro, Obis
po Forliviense y Legado Apostólico en toda la Ale
mania, aprobó y confirmó la antigua y entónces
allí renovada Cofradía del Santísimo Rosario (4),
bajo ciertas Constilucio'nes.ó Reglas, como el mis
mo Legado dice en sus Letras, Et si gloriosos, re
feridas por F. Pedro Lowet, y citadas por el Papa

(1) Así F. Jambo Sprenger, y F. Alberto Cas


tellanos. . ,. '¡'., ■'• :■ ..'..'.!■■ !..■■■
— 243 —
Inocencio XI en su Bula Nuper, capítulo 3.° nú
meros.
Todo lo dicho consta de una carta circular, que
el M. R. P. Maestro Fr. Jacobo Sprenger, Prior en
aquel tiempo del referido convento, dirijió átodas
las Cofradías del Santísimo Rosario de toda la cris
tiandad, establecidas entonces en los conventos
del Orden de PP. Predicadores, comunicando lo
practicado por el Legado Apostólico, y las Cons
tituciones de esta Cofradía por el mismo Legado
aprobadas y confirmadas. Estacaría circular tra
ducida á nuestra lengua, y escrita en pergamino,
se conservaba en el convento de S.' Estéban de
PP. Predicadores de la ciudad de Salamanca, y en
ella se leian las Constituciones de la Cofradía del
Santísimo Rosario del modo siguiente:
1.a Primeramente ordenamos, que toda perso
na de cualquier condicion, dignidad y estado que
sea, ansí hombre como mujer, puede entrar en
esta santa Cofradía, y se ha4 de hacer escribir su
ríombre en algun convento del O'rden delos PP.
Predicadores de Santo Domingo, de manera que
aquella que quiera recibirse, sea libremente re
cibida.
2.a Ordenamos lo segundo: que cada persona,
que entrare en esta santa Cofradía, sea obligada
de decir todo el Rosario, que es quince veces el
Padre nuestro y ciento y cincuenta el Ave María;
diciendo primeramente una vez el Padre nuestro,
y luego diez veces el Ave María; luego otro Padre
nuestro, y diez Ave Marías, é ansí sucesivamente
hasta que se cumpla el dicho número de qHrince
Padrenuestros y ciento y cincuenta Ave Marías.
Y queremos para mayor provecho de los cofra
des, ansí hombres como mujeres, que. puedan di
vidir este Rosario en tres dias; conviene á saber,
cinco Padre nuestros y cincuenta Ave Marías, y el
segundo día otro tanto, y el tercero otro tanto; de
manera, que en tres dias' se diga todo el Rosario
— 244 —
por el alma de la persona que lo dice, é todas las
otras que son en esta santa Cofradía por todo el
mundo (1).
3.a Ordenamos lo tercero: que como quiera
que todas las personas que fueren escritas en esta
santa Cofradía sean obligadas á decir el Rosario
ó Salterio de la Virgen María en tres dias; pero si
por negligencia, ú otro respeto alguno no lo dije
sen, por lo haber de dejar, no sean obligadas á
culpa alguna de pecado (ninguna de estas Consti
tuciones obliga bajo de culpa alguna mortal ni
venial); mas solamente, que por el dia que no lo
dijesen, sean privados de los sufragios espiritua
les (de la especial participacion espiritual que los
cofrades tienen entre sí), que facen los otros co
frades, ansí hombres como mujeres de esta santa
Cofradía; y si cualquiera persona no pudiere de
cir el dicho Salterio ó Rosario, que lo pueda decir
otra por ella, segun se dice en la Bula de dicho Le
gado. ítem: este Salterio ó Rosario se puede decir
(para efecto de dicha participacion) por las al
mas de los muertos que sean escritos en esta
santa Cofradía; pero aquel que quiera escribir al
gun muerto, ha de decir por él dicho Salterio ó
Rosario en el dia que lo escribiere (2). (Y siempre
será provechoso escribir su nombre en el libro de
la Cofradía para dicha especial participacion.)
(1) Los Sumos Pontífices Sisto IV, en su Bula Ea quce, y Leon X, en
la suya Pastoris xterni, refieren, y aprueban el modo de rezar el Rosa
rio señalado en esta Constitucion. Lo que en ella se ordena es, que cada
cofrade reze en la semana el Rosario entero, aunque dividido en tres
dias, reze en cada uno de ellos una sola parte. Pero como ni- los Papas
por punto general lo hayan mandado, ni en esta Constitucion se diga,
que para ganar las indulgencias sea necesario rezar en la semana el Ro
sario entero, por tanto, se advierte que el rezar el Rosario entero en la
semana, es necesario solamente para ganar aquellas Indulgencias, cuya
concesion asi lo manda; pero no para ganar otras, en cuya concesion no
se expresa ni se exige esta condicion. El rezo, pues, del 'Rosario entero
en la semana, es necesario para gozar de la especial participacion espi
ritual de que se habla en las Constituciones siguientes.
(2) El Papa Alejandro VI, en su Bula Illius qui perfecta, aprobó y con
firmó la costumbre de escribir en el libro de la Cofradía los nombres dé
los difuntos que en vida no hubiesen sido escritos; é igualmente, la es
pecial participacion espiritual do que se habla en la Constitucion si
guiente.
— 245 —
4.a Ordenamos lo cuarto: como la dicha Cofra
día se funda en la sola comunicacion de las ora
ciones, queremos, que cada persona que entrare
en esta santa Cofradía, sea participante de todos
los bienes espirituales y oraciones que facen di
chos cofrades, ansí hombres como mujeres, que
son en todo el mundo. Hasta aquí las Constitucio
nes ó Estatututos generales de la Cofradía del San
tísimo Rosario. Pasemos ya á hablar de otras ex
celencias y grandezas que la acompañan.

Excelencia 14.
DIGNIDAD DE LA. COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO.

Aun cuando es muy cierto, que todas las Co


fradías que existen en el gremio de la Iglesia, m
son de grande lustre y dignidad, porque todas mi-"
litan bajo el glorioso estandarte de la Santísima
Virgen ó de algun Santo, á cuyo patrocinio par
ticularmente se encomiendan, y á cuyo culto
particularmente se dedican; con todo, ninguna
hay más ilustre, ni más digna, que la Cofradía
del Santísimo Rosario. «Cuanto la Virgen Santísi
ma, Madre de Dios, dice el virtuoso y sabio Abad
Tritemio, aventaja á los demás Santos por su divi
na maternidad, incomparables méritos y heróica
santidad, otro tanto la Cofradía dedicada á su
nombre ocupa un lugar más digno y elevado en
tre todas las demás. Por esto, movidos los fieles de
una tierna y sincera devocion para con la Santísi
ma Virgen, instituyeron en su honor la Cofradía
del Rosario; la cual está ya tan estendida por tan
tas y tan diversas partes del mundo, que apenas
hay provincia, pueblo ni lugar en donde no se ha
lle establecida» (4).

(1) Lib. de la Cofradía de Sta. Ana, cap. 45.


— 246 —
Además, la Cofradía del Santísimo Rosario tie
ne la incomparable gloria de ser la Hija predilec
ta de la Virgen Santísima; pues por su mandato
fué instituida, y bajo su proteccion, por su siervo
Santo Domingo y sus hijos por todo el mundo fué
rápidamente propagada. Es por esto, que ningu
na otra Cofradía puede gloriarse de experimentar
frecuentemente el poderoso auxilio de la Santísi
ma Virgen, ni probar con tantos y tan esclarecidos
hechos su continuo y permanente patrocinio.
Finalmente, las innumerables indulgencias,
gracias y privilegios con que los Sumos Pontífices
han honrado y enriquecido á la Cofradía del San
tísimo Rosario, elevan á esta Cofradía á un lugar
más digno, distinguido y elevado entre todas las
demás: indulgencias y gracias, que además de ser
perpétuas, son al mismo tiempo tan firmes y esta
bles, que están excluidas de cualesquiera supre
siones, revocaciones y limitaciones hechas por la
Silla Apostólica, como se vé por aquella general
revocacion de todas las indulgencias concedidas
á los Religiosos y Hermandades, espedida por Cle
mente VIH, y promulgada por Paulo V, acerca de
la cual el mismo Paulo V, en su Bula que princi
pia Cum olim, espedida en 20 de Setiembre del
año 1608, declara, no perjudicar en nada dicha
revovacion de indulgencias, á las concedidas al
Santísimo Rosario (1). No obstante, para lograr es
tas y cualquiera otra clase de indulgencias, es ne
cesario en España y sus dominios tener la Bula de
la Santa Cruzada.

(1) Micoviense tom.2.°. pág. 323, núm. 9.


— 247 -
Excelencia í 5. .' .
:
CELEBRIDAD DE LA COFRADÍA DEL SANTISIMO ROSARIO.

Tantas innumerables gracias é indulgencias


concedidas por varios Sumos Pontífices) Cardena
les, Legados Apostólicos, Arzobispos y Obispos á
la Cofradía del Santísimo. Rosario; tantos sábios y
profundos escritos, sermones y discursos conque
ha sido ilustrada y encomiada por (innúmero ca
si infinito de sábios escritores y elocuentes pre
dicadores, hacen á esta Cofradía la más célebre
y distinguida de cuantas han existido y existen en
el seno qe lalglesia. Pero aun no es esto solo.
Reúne en, sí esta Cofradía otras notables circuns
tancias, que la elevan al más alto grado de cele
bridad y esclarecida fama, á saber; su respetable
antigüedad, su tierno amor para con todos los
hombres, y su firmeza y estabilidad. ; .'.. '
. .Su respetable antigüedad. En efecto, la Cofra
día delSantisimo Rosario cuenta más de seiscien
tos años de fundacion, antigüedad de que ninguna
otra Cofradía puede justamente gloriarse. Sé muy
bien, que existieron varias congregaciones piado
sas dedicadas constantemente al honor y culto de
la Santísima Virgen, antes de la fundacion de la
Cofradía del Santísimo Rosario; pero ninguna de
ellas fué conocida con el nombre de Cofrades ; de
María. No se me Qcuita,¿q.ue los Religiosos Carme
litas son antiquísimos, á lo menos en el Oriente,
y; que fueron llamados Cofrades ó Hermanos. de
María; pero estos, fuera de que aquí no vamos ha
blando de Ordenes Religiosos, sino de, Cofradías
de, legos., fuetron tambien, posteriores á 1» Cofradía
del Rosario, puesto que? dicshosPfl. Carmelitas apa
recieron en el Occidente hacia el año 4212, y la
Cofradía del Rosario fué establecida por Sto. Do
mingo bácia el de 1207. Píi luego al punto los PP.'
Carmelitas fueron llamados cofrades de María;
— 248 —
porque el Papa Honorio III, que confirmó dicho
Orden en el año 1227, no íes llama cofrades de
Maria, sino solamente Ermitaños del Monte Carmelo,
como puede verseen la Bula de su confirmacion,
en Laercio Querubino; cuyo honorífico título no
hubiera omitido seguramente el Sumo Pontífice,
si dichos PP. hubieran sido conocidos por entón
ces con el nombre de cofrades ó hermanos de Ma
ría. No ignoro, en fin, que Annon, Arzobispo de
Colonia, fundó como una especie de Hermandad
con el título de Madre de Dios, en el. año de 1060;
pero esta desapareció de tal modo al poco tiempo
de su institucion, que ni aun vestigios aparecen de
ella. De lo dicho se infiere'ser actualmente la Cofra
día del Santísimo Rosario la más celebérrima de
todaspor su respetable antigüedad, que ninguna
otra puede disputarle.
Su tierno amor á lodos los hombres. Es condi
cion inseparable del amante el deseo de comuni
car sus bienes al objeto amado. La Cofradía del
Santísimo Rosario que ama entrañablemente á to
dos los hombres, á todos llama, á todos admite en
su seno, animada del más vivo deseo de hacerlos
participantes del inagotable tesoro de bienes espi-
"rituales que posee. «Las demás Cofradías, dice el
grave y docto escritor Jodoco Beyselio, de ordina
rio están fundadas de suerte, que no sean para to
das las clases, ni para todas las edades ni sexos;
pero la Cofradía del Santísimo Rosario no sólo ad
mite á lodos los vivos, sino tambien á todos los di
funtos.» En efecto, siempre atenta al bien espiri
tual de todos los fieles, así vivos como difuntos, á
todos recibe, á todos estrecha entre sus amorosos
brazos, de cualquier estado, sexo, edad y condi
cion que sean; teniéndose por muy dichosos ser
contados en el número de sus cofrades los Sumos
Pontífices, los Emperadores y Reyes, los más ilus
tres Prelados, y los Varones más eminentes en
ciencia y en virtud.
— 249 —
Su firmeza y 'estabilidad. Bien puede asegurar
se, que entre todas las Cofradías que bajo dife
rentes denominaciones han florecido y aun flore
cen en el jardin ameno de la Iglesia, no ha habido
una que haya sufrido tantos y tan violentos ata
ques, como la Cofradía del Santísimo Rosario.
Mas á proporcion del furor y crueldad con que la
han combatido sus sangrientos enemigos los im
píos y los incrédulos, ella ha ostentado más y más
su firmeza y estabilidad, sostenida sin duda por
el dedo del Omnipotente Dios. Sí, levántense en
horabuena contra esta hija predilecta de María, los
vientos impetuosos de la envidia para contener la
veloz carrera de su rápida propagacion; ellos se
rán disipados y sepultados en lo más profundo de
la tierra. Láncense contra ella las agudas y pene
trantes saetas de la maledicencia para oscurecer
el lustre y esplendor de su bien merecida fama;
ellas volverán sus envenenadas puntas contra sus
mismos autores para herirles mortalmente y cu
brirles de confusion y de vergüenza. Inventen sus
detractores nuevas y horrendas calumnias, dicien
do, la Cofradía del Rosario usa de unas oraciones
sustituidas á otras de muy antigua práctica, que
no es suficiente á fomentar la verdadera devocion
y piedad, y que es más propia de beatas y gente
rústica, que de personas sólidamente piadosas
é ilustradas. Todas estas abominables calumnias
se desvanecen como el humo, sabiendo, que las
oraciones de que usan los cofrades del Santísimo
Rosario, cuando lo rezan, son las más augustas
y santas y las más antiguas de, la cristiandad,
puesto que fueron ensenadas por los Ángeles, por
Jesucristo y por la Iglesia, y cuentan más de diez
y ocho siglos de existencia; que la santa y piadosa
Cofradía del Santísimo Rosario ha contribuido
desde su fundacion, y sigue aun contribuyendo
de un modo prodigioso, sin embargo de la es
pantosa corrupcion de nuestro siglo, al aumento
— 250 —
de la fé, á la sólida piedad, extirpacion de los vi
cios, reforma délas costumbres, y práctica de to
das las virtudes, como lo acredita la esperiencia;
y que no sólo la gente rústica y esas personas de
quienes los impíos se mofan llamándolas beatas,
se han asociado á tan santa y piadosa, congrega
cion, sino, que hastalos más- ilustres y esclareci
dos Monarcas no se han desdeñado bajar desde
lo más elevado de su sólio, para venir á postrar
se á los piés del trono de la Virgen Santísimai, y
alistarse en la santa Cofradía del Santísimo Rosa
rio, para ofrecerla su poder, sus obsequios, y sus
más profundos respetos. Mueva, en fin, Satanás
todos sus diabólicos resortes, dirija todos sus es
fuerzos y conatos para arrancar, si dado le fuera,
tan santa y saludable Congregacion del seno de la
Iglesia; todos sus ardides serán vanos, todos sus
esfuerzos inútiles. Ella, semejante á una ciudad
fuerte é inexpugnable, se mantendrá invencible
contra todo género de ataques, sin que jamás pue
dan prevalecer contra ella, ni la rabia de los hereí
ges, ni el furor de los impíos, ni todo el poder
junto del infierno. ,,.. ■<■ .1 i , ,.;•
..,;■:.■t ■■ ,: : : ..;Ll■l'if-.■f
■Excelencia 1 6 ..-.■■■: ¡ :. - . i * : : »-■ : ■
SOLEMNIDAD DE L,\S.,FtESTAS DE LA COFRADÍA DEL . SANTÍSl^U
..■. ...:;,,, flOSARIO. %■.;. v■: .:.:!;, .:.:-. ': •i
f.K.■ ;r■i■ . : . ■. ...■1'■:: i . ■■.■:í:í ■ . . . i'i r, / -t . i I i ;r-
Entregas fiestas religiosas de la Qoffadí4íd?l
Santísimo Rosario, cantamos principalaiejHftJas:
que se acostumbran celebrar ep el primer Domin-
go del solamente
hablar mes de Octubre.
de esta,Nos limitaremos,
declarando pues,de;■,
el motivo á
su institucion, y manifestandola utilidad de sus-rit
tos y ceremonias. ■ ; . , .:. :;ii.¡
Más de un siglo habia, que los turcos llena
ban de terror á toda la cristiandad por uua conti
nuada série de victorias, que Dios les permitía
— m\ —
ganar para castigo de los cristianos. SeFim II, Hijo
y sucesor de Soliman II, sobre las numerosas con
quistas que su padre le habia dejado en varias
provincias de Europa, conquistó la isla de Chipre
el año de 1571, y puso en el mar una numerosa y
formidable escuadra, lisonjeándose de hacerse
dueño con ella de toda la Italia. Atónita una gran
parte de la cristiandad, consideró que dependía su
libertad dela dudosa suerte de una batalla'.: Era
muy inferior la armada (je los cristianos á la de
los turcos, y no podia prometerse lá victoria sino
precisamente en la asistencia del cielo. Cónsi
guiéronla en efecto por la intercesion de la Santí
sima Virgen, bajo cuya proteccion habia puesto lá
armada de los cristianos el Papa S. Pio V. Dióse
esta memorable batalla en Lepanto, la más céle
bre que los cristianos habian ganado en el mar, el
dia 7 de'Octubre del año del Señor 1571. Tuvo re
velacion de esta victoria el Sumo Pontífice S. Pio
V, en el mismo instante que fueron derrotados los
turcos, y firmemente persuadido de que habia si
do efecto de la especial proteccion de la Santísima
Virgen, instituyó esta fiesta con el nombre de
Nuestra Señora de la Victoria. Mas para empeñar
de un modo más particular la proteccion de la
Virgen á favor de las armas cristianas en trance
tan peligroso, se habia valido el Santo Pontífice
de la devocion del Santísimo Rosario, y por festa
razon mandó, que la festividad de Nuestra Señora
de la Victoria fuese al mismo tiempo la fiesta del
Santísimo Rosario. Tal fué el origen y motivo prin
cipal de la más grande y solemne festividad delos
cofrades del Santísimo Rosario, y que, como aho
ra veremos, es ya comun á toda la Iglesia, el pri
mer Domingo de Octubre. Despues el Papa Grego
rio XIII, no menos convencido de que labatalla
de Lepanto se debia á esta célebre devocion, con
cedió Oficio particular á todas las Iglesias en que
hubiese Cofradíaó altar de Nuestra Señora delRo
— 252 -
sario. El Papa Clemente X, estendió esta festivi
dad á todas las Iglesias de la monarquía españo
la, y Clemente XI la hizo general á toda la Iglesia,
con Oficio, por haber derrotado el ejército del
Emperador Cárlos VI á los turcos cerca de Tres-
mewar el 5 de Agosto, dia de Nuestra Señora de
las Nieves, año de 1716.
Todos saben la pompa, el esplendor y magni
ficencia, con que los cofrades del Santísimo Ro
sario acostumbran celebrar en el Domingo pri
mero de Octubre la fiesta más solemne de su Co
fradía. Estos hijos predilectos de María reunen
sus intereses y sentimientos, y ya desde el dia
Íirecedente el sonoro tañido de las campanas y
os fuegos artificiales despedidos al aire, anun
cian á todos los fieles la festividad de la Madre de
Dios bajo el glorioso y amable título del Santísi
mo Rosario. ¿Y quién podrá esplicar dignamente
elteligioso entusiasmo, el santo regocijo, la pom
pa, la magnificencia y majestad con que la so
lemnizan sus cofrades? A la hora señalada, aquel
gran Dios que es la fuente y origen de toda nues
tra felicidad, y la misma felicidad en sí mismo;
aquel Dios, cuyo poder y grandeza no conoce lí
mites, y cuyalnmensidad los cielos y la tierra no
pueden contener, aparece á la vista delos fieles,
reducido bajo las especies de pan, á los estrechos
límites de la sagrada hostia. A los piés de su res
plandeciente y dorado trono, se vé colocada la
augusta. imágen de su Santísima Madre, objeto
principal de estos solemnes cultos. El Ministro
del Altar, rodeado de los devotos y cofrades del
Santísimo Rosario, entona dulcemente aquel su
blime cántico de los Ángeles: Gloria in excelsis-
Deo: Gloria á Dios en las alturas; y ofrece y consu
me la víctima inmaculada y santa, en honor de es
te mismo Dios y de Su Santísima Madre, y en ex
piacion de nuestras culpas. Multitud de antorchas
encendidas circundan á María, igualmente que
— 253 —
al sagrado recinto del templo; la numerosa Con
gregacion de sus devotos la adoran y la veneran
postrados á su presencia; un orador elocuente
publica sus virtudes, ó su amor ó proteccion para
con sus devotos; y dulcesy armoniosos cánticos la
alaban y bendicen al son de músicos instrumen
tos. ¡Oh Domingo primero de Octubrel tú ocupa
rás siempre un lugar distinguido en los anales
de las fiestas de María! ¡Ángeles del cielol descen
ded, bajad desde esa feliz mansiojí donde habi
tais, venid, venid y contemplad la pompa y ma
jestad de las augustas ceremonias con que en es
te dia honran á su dulcísima Madre y Reina los
cofrades del Santísimo Rosario.
Pero vosotros ¡oh vosotros! hombres impíos,
que asistís á nuestros templos á insultar con
vuestras irreverencias al Dios de toda Majestad
que los habita; vosotros, que os burlais de las ac
ciones y movimientos de los Ministros del Señor
cuando celebran los santos Misterios; vosotros,
que con estúpida ignorancia os mofais de las sa
gradas ceremonias que con tanta sabiduría ha
establecido nuestra Madre la Iglesia; vosotros, en
fin, que venís á escandalizar y perturbaren ellos
la piedad y devocion de la santa congregacion
de los fieles con vuestras miradas lascivas, con
vuestra indevocion y desenvoltura, vosotros... huid,
salid de nuestros templos, no profaneis más con
vuestras inmundas plantas esos sagrados recin
tos!!! ¿Ignorais acaso, que todo ese magnífico
aparato, toda esa majestuosa pompa y suntuosi
dad con que los devotos del Santísimo Rosario
celebran su principal festividad, sirven para el
mayor decoro y esplendor del culto que debemos
tributar á Dios y á su Santísima Madre? ¿Ignorais,
que las augustas ceremonias de este culto, son
una expresa manifestacion de los más altos y pro
fundos dogmas y misterios de nuestra religion y
de nuestra fé, grabadas interiormente en nues
— 254 —
tros corazones? ¿Ignorais^ qué estos sagrados ri
tos contribuyen poderosamente á aumentarla fé,
animar la esperanza y conservar la verdadera
piedad y devocion, y que, como vistiendo y ador
nando los divinos misterios con esta pompa, ma
jestad y grandeza visible y exterior, hacen que
sea,n con mayor respeto y sumision confesadosy
creidos por los fieles? ¿Ignorais, que por la pu
reza, por la santidad y sublimidad de estos ritos,
nos distinguimos casi infinitamente los católicos
dejos judíos, turcos, infieles y paganos, puesto
que, ninguno. de ellos practican unas ceremonias
tan augustas, tan puras y tan santas? Ea, pues,
si no lo ignorais, dejad, dejad esas burlas sacri
legas, dejad, esas mofas impías, que sólo sirven
para darnos á conocer la perversidad de vuestro
corazon. Si lo ignorais, en vez de blasfemar de
lo. que no entendeis, reflexionad con un sábio y
juicioso protestante convertido á la vista de nues
tras sagradas ceremonias, reflexionad y deducid
con él la siguiente legítima consecuencia: «Si las
ceremonias del culto de los católicos, decia, son
tan puras, tan sublimes y tan santas, ¿cuánto más
pura, más sublime y santa no será la religion
que jas practica? Sin duda, unas ceremonias tan
llenas de santidad y grandeza no pueden ser dig
nas sino de la majestad, santidad y grandeza
de aquel Dios, cuyos profundos misterios repre
senta la Religion Católica en estas augustas ce
remonias. Yo, pues, desde ahora la creo, la con
fieso y la abrazo de todo corazon. Ella es la úni
ca y sola verdadera, que puede disipar mis du
das, tranquilizar 'mi espíritu y conducirme al
puerto de salvacion.»
■ ';■.'•'¡ ■ !, ••. — 255 . — ¡.!■■¡'•■ .' .'i: •:
Tfixeeleueia 11.
ILUSTRE ORIGEN DE LAS PROCESIONES DE LOS COFRADES
•!■' I • DEL SANTÍSIMO ROSARIO.

En el primer Domingo de cada mes, y en to


das; las festividades de la Virgen, acostumbran
celebrar sus procesiones los cofrades del Santí
simo Rosario. Es indudable, que estas procesio
nes del Santísimo Rosario, como tambien su Coj
fradía, traen su origen del glorioso Santo Domin
go, su autor y fundador. Así lo prueban el uso
y tradicion constante de estas procesiones desde
el tiempo de Santo Domingo. ¿Hay tradicion so
bre alguna cosa? pues no preguntes más, dice
S. Juan Crisóstonio (I). Por esto se engañan tor
pemente los que, guiado* solamente del silencio
de los escritores antiguos sobre el origen delas
procesiones del Santísimo Rosario, las niegan ó
desconocen. Yá la verdad, ¿el silencio de los es
critores pnede reputarse siempre como una prue
ba positiva para negar este ó el otro hecho? Cier
tamente que nó. El venerable Granada, Luis de
Lopez, Vicente Stensber, y otros escritores mo
dernos del Rosario, nada absolutamente neis di
cen en sus obras acerca de dichas procesiones,
sin embargo que en su tiempo se hacían con to^
da pompa y solemnidad y grande concurrencia
de ios fieles. Pues ahora bien, así corno; no és
racional ni justo negar la práctica de dichas pro
cesiones, solamente por el silencio de 'los escri
tores modernos, tampoco lo será contradecirla
por el silencio de los escritores antiguos.
Pero lo que manifiesta más claramente, que

(1) Homilía 4." sobre la carta de S. Pablo álos


Tesálonicenses. '■ . ■
— 256 —
Santo Domingo fué el fundador de las procesio
nes del Santísimo Rosario, son las palabras del
Sumo Pontífice S. Pio V, que en su Bula Consue-
verunl Romani Pontífices dice de este modo: «Acos
tumbraron los Romanos Pontífices y otros Padres
Santos, predecesores nuestros, cuando se veian
oprimidos con guerras corporales ó espirituales,
ó afligidos con otras tentaciones. .. implorar el
favor divino y la intercesion de los Santos por
medio de las rogativas ó letanías, con entera con
fianza de conseguir el auxilio y socorro divino.
Con cuyo ejemplo, guiado é inspirado del Espí
ritu Santo, segun piadosamente se cree, el bien
aventurado Santo Domingo.... en otra ocasion se
mejante á la presente, cuando la heregía de los
Albigenses arrasaba miserablemente muchas pro
vincias de la Francia y de la Italia, levantó los
ojos al cielo y mirando á aquel Monte Santo, la
Virgen María, inventó un modo fácil y piadoso de
rogar á Dios, á saber; el Salterio ó Rosario de
la Virgen. » En cuyas palabras, cuando dice el
Sumo Pontífice, que Sto. Domingo imploró el auxi
lio divino á ejemplo de los mayores, inventando
un modo fácil de rogar á Dios, esto es el Salterio ó
Rosario de la Virgen, claramente dá á entender
que el Santo había tomado de aquellos la sustan
cia de sus procesiones, esto es, las rogativas, si
bien razando ó cantando en ellas el Rosario de
la Virgen. De donde se infiere más claro que la
luz del medio día, que en Sto. Domingo tuvieron
su ilustre origen las procesiones, que acostum
bran celebrar los cofrades del Santísimo Rosario.

Excelencia 18.
SANTOS Y PIADOSOS FINES CON QUE CELEBRAN SUS PRO
CESIONES LOS COFRADES DEL SANTISIMO ROSARIO.

Así como el espíritu que anima á los cofrades


— 257 —
del Santísimo Rosario cuando lo rezan, es medi
tar los principales Misterios de la vida de Nuestro
Señor Jesucristo y de su Santísima Madre; así tam
bien uno de los santos y piadosos fines, que se
proponen al celebrar sus procesiones, es la imita
cion de las que hicieron en esta vida mortal Nues
tro Divino Salvador y su Santísima Madre. Todos
los viajes y peregrinaciones que hizo el Salvador
acompañado de la Virgen y de S. José ó de sus
Apóstoles y Discípulps, pueden considerarse co
mo otras tantas verdaderas procesiones. ¡Qué!
¿no lo fueron, por no referirlas todas, la visitacion
á Santa Isabel, la presentacion del Niño Jesus en
el templo, la huida á Egipto, la entrada triunfante
del Salvador en Jerusalen, y su ida al Huerto de
las olivas acompañado de los Apóstoles rezando
himnos y salmos? ¿No lo fueron tambien, aunque
tristes y fúnebres, la subida de este mismo Señor
al monte Calvario, cargado con el pesado madero
de la Cruz, y el regreso de su afligidísima Madre
á Jerusalen acompañada de los Apóstoles y Discí
pulos de su Hijo Jesus, despues de haber sido
muerto y sepultado? ¿Qué le faltan, pues, á estos
viajes, á estas peregrinaciones y acompañamien
tos para verdaderas procesiones? Lo son á la ver
dad, siendo al mismo tiempo modelo y ejemplar
en cuya memoria celebramos las nuestras los
cofrades del Santísimo Rosario. Con efecto, en
aquellas, Jesucristo y su Santísima Madre cami
naron personalmente y en su propia naturaleza;
en las nuestras, son conducidas sus sagradas
imágenes, que nos representan á Jesus y María.
En aquellas, Jesucristo fué conducido y ofrecido
en el templo; en las miestras, es llevada tambien
su sagrada imágen al templo y ofrecemos á su
Eterno Padre sus infinitos merecimientos. En
aquellas, los habitantes de Jerusalen tendian sus
vestiduras y cortaban ramos de árboles para ador
nar y cubrir las calles por donde habia de pasar
17
— 258 —
el Señor, y llevándole en triunfo, cantaban con
unánimes acentos: Gloria al Hijo de David: Bendi
to el que viene en nombre del Señor; en las nues
tras, llevamos tambien á Jesucristo en triunfo por
las calles, adornándolas con vistosas y ricas col
gaduras, cubriendo su tránsito con hermosas y
fragantes flores y entonando armoniosos himnos
y cánticos de bendicion y accion de gracias. En
aquellas, la Yírgen Santísima sigue á su Divino
Hijo al monte Calvario y vuelve á Jerusalen acom
pañada de los Apóstoles y Discípulos; en las nues
tras, su sagrada imágen sale y vuelve al templo ro
deada de sus cofrades y devotos.
Además, pedir por la paz y concordia entre los
Príncipes cristianos, por la extirpacion de las he
rejías, exaltacion de la Fé católica, y tranquilidad
de la Iglesia y del Estado, promover el culto de
Dios, de la Virgen y de los Santos, edificar á los
fieles, confundir á los herejes, aplacar la ira de
Dios, y, finalmente, implorar su divina misericor
dia para que aparte de nosotros las guerras, ham
bres, pestesy demás calamidades privadas y pú
blicas con que su divina justicia suele castigar en
este mundo los pecados de los hombres; tales son
los demás piadosos y santos fines, que en la cele
bracion de sus procesiones animan á los cofrades
del Santísimo Rosario.

Excelencia 19.
ORDEN, POMPA Y MAGNIFICENCIA CON QUE CELEBRAN
SUS PROCESIONES LOS COFRADES DEL SANTÍSIMO
ROSARIO.

Los cofrades del Santísimo Rosario celebran


sus procesiones con un órden, pompa y solem
nidad admirables, que hacen honor á la grandeza
y dignidad de aquella augusta Señora en cuya
memoria y veneracion las celebran, y ála pureza
— 259 —
y santidad de la religion que profesan. El órden
de estas procesiones es el siguiente, si bien algun
tanto variado segun la costumbre de cada pue
blo. Reunidos los cofrades en la iglesia ó capilla
de donde debe salir la procesion, vá delante la
cruzó guion y junto á ella de dos en dos y en
frente unos de otros formando dos líneas parale
las, cierto número de niños decentemente vesti-
tidos y con velas encendidas. En seguida, guar
dando el mismo órden, van los hombres, que no
son cofrades, tambien con velas. Luego siguen
los cofrades. Despues el Clero son sobrepelliz y
el Preste con capa pluvial detrás del paso ó andas
de la Virgen ó de la última insignia, llevando to
dos, como queda dicho, velas ó hachas encendi
das. Últimamente siguen las mujeres formando
grupo ó de otro modo, con luces ó sin ellas, segun
la costumbre de, cada pueblo. La pompa y solem
nidad de estas procesiones consiste en llevar to
dos los concurrentes velas ó hachas encendidas;
en la cruz, estandarte ó sin-pecado en donde va
pintada Nuestra Señora del Rosario; en llevar á
esta misma Señora, cuando hay proporcion para
ello, en las andas ó' paso magníficamente adorna
do; en los niños coronados de rosas y vestidos de
Ángeles; en otro número de niños esparciendo flo
res y rosas por el tránsito de la procesion; y, fi
nalmente, en la música y repique de campanas.
Esplicaremos brevemente la razon de estas cere
monias para instruccion de nuestros hermanos
los cofrades, reduciéndolas á los puntos si
guientes: jt
1.° Los cofrades y demás concurrentes á las
procesiones del Santísimo Rosario se colocan de
dos en dos y enfrente unos de otros, 1.°en memo
ria de haber mandado Jesucristo de dos en dos
sus discípulos á predicar. 2.° para significar la ca
ridad y union de los ánimos, y no perturbar el
buen orden de la procesion. «Con razon, dice
— 260 -
S. Bernardo, vamos de dos en dos. Asi para reco
mendar la caridad fraternal y la vida social■fue-
ron enviados los Discípulos por nuestro Salva
dor, segun el Evangelio. Perturba, pues, la proce
sion el que quiere andar solo, y no solamente se
perjudica á sí mismo, sino tambien es molesto á
los demás.» (1)
2.° Todos los que asisten á la procesion han de
ir decentemente vestidos. Porque así como la
hermosura y esplendor dé los cortesanos mani
fiestan la grandeza y poder del Príncipe á quien
sirven; del mismo modo deben maniféstar los fie
les con el aseo y decencia desus vestidos la gran
deza y poder del Rey Eterno y de su Santísima
Madre, á quienes adoran y sirven.
3.° El Clero vá con sobrepelliz y el Preste con
capa pluvial. Además de ser esto disposicion de
nuestra Madre la Iglesia para todas las procesion
nes solemnes, contribuye en grande manera á la
mayor honra y dignidad del culto de Dios y de su
Santísima Madre. Por esto los Levitas y Sacer dotes
de la antigua Ley, cuando trasladaban el Arca
santa de un lugar á otro, lo cual era una verdade
ra procesion, no iban vestidos con ropaje vil, si
no de las vestiduras propias de su ministerio, he
chas de hermoso y blanco lino.
4.8 Se llevan velas y hachas encendidas,
1.° Para significar que la Virgen Santísima, como■
candelero de oro purísimo, concibió y llevó en su
castísimo seno á Jesucristo, luz refulgentísima,
queilumina á todo hombre que viene al mundo.
Que la Virgen Santísima, en sentido espiritual,
sea candelero y candelero de oro purísimo, lo
afirma S. Atanasio en la cuestion 53 sobre la Es
critura, por estas palabras: «¿Quién es el cande
lero? la Virgen María. ¿Por-qué es candelero? por-

(1 ) Sermon 2.° de la Purificacion.


- 261 —
que llevó á la verdadera Luz, á Dios humanado.
¿Por qué es candelero de oro purísimo? porque *
permaneció siempre Virgen, antes del parto, en
el parto, y despues del parto.» Y S. EpifJnio ex
clama (1): «¡Oh Luz, oh Candelero virginal! que
recibiste del altísimo Trono la Luz tres veces re
fulgentísima, una, inextinguible, consustancial.
2.° Para significar la pureza, fecundidad y santi
dad de la Santísima Virgen. Su pureza: pues así
como la cera extraída por las abejas de lo más
puro delas flores, sale toda pura y sin mancha;
asila Virgen Santísima, criada delo más puro de
la materia de que son formados los demás hom
bres, salió de las manos de Dios toda hermosa y
exenta de toda mancha. Pulchra es arnica mea, et
macula nonestin te (2). Su fecundidad: porque si
las abejas labran la cera sin necesidad de ser fe
cundadas; la Virgen. Santísima concibió al Verbo
Divino sioconqurso de varon, por la virtud del
Espíritu Santo. Su Santidad, en fin: porque así co
mo la luz de las velas ilumina; con mucha mayor
claridad iluminó la Virgen Santísima á todo el
mundo con el vivísimo resplandor de sus virtudes.
3.° Para
que ■sueletraernos
arder áála
la memoria
cabecera aquelía otra vela,
de los cristianos
al tiempo de su muerte, en testimonio de haber
tenido y conservado hasta la última hora de su
vida la fé de Jesucristo, Luz verdadera.
5.° Se lleva la Santa Cruz con estandarte ó
sin-pecado por las razones siguientes: 1.a para
manifestar, que los cofrades del Santísimo Rosa
rio tienen la dicha de ser contados en el número
de los cristianos, y fundan el mérito de sus bue
nas .obras en los méritos y virtud de la pasion y
muerte de Cruz de Nuestro Señor Jesucristo-.

ÍSJi)2) Sermon delas alabanzas déla Virgen.


Libro de los cantares.
— 262 —
2.a Para que á la vista de la Santa Cruz se ahuyente
de esta santa Congregacion Satanás, vencido ya
por el Salvador en este madero adorable, á cuya
presencia tiembla y huye avergonzado. 3.a Únese
el estandarte ó sin-pecado á la cruz para repre
sentar el triunfo que consiguió Jesucristo con su
pasion y muerte del mundo, del diablo y de todo
el infierno. Cuando dichos estandartes contienen
la sagrada imágen de la Virgen con su Hijo Je
sus en los brazos y Sto. Domingo recibiendo- el
Rosario de mano de María Santísima, represen
tan, que esta benignísima Señora encargó á Santo
Domingo tan santa y piadosa devocion, y que la
Cofradía del Santísimo Rosario está dedicada ente
ramente al culto de la Santísima Virgen y de su
Divino Hijo, colocando en su poderosa intercesion
toda su confianza, á ejemplo de su santo y glo
rioso Fundador. ■
6.° La música y repique de campanas sirven
para la mayor pompa y solemnidad de las proce
siones y fiestas religiosas. Buen ejemplo tenemos
de esto en el Santo Rey David, el cual compuso
muchos salmos y estableció varios coros de músi
cos y cantores para que los cantasen en el tem
plo; exhortando en el 1 50 á alabar á Dios con el tím
pano, con la trompeta, el salterio, la cítara, el
címbalo, el arpa, el órgano y otros músicos ins
trumentos. En cuanto á Tas campanas, . no sólo son
un signo para convocar al pueblo cristiano á los
divinos Oficios y demás actos piadosos, mas tam
bien sirven para la mayor pompa y solemnidad
de las fiestas religiosas. Sin embargo, no pode
mos menos de lamentar el insoportable abuso que
en muchas partes hay sobre este punto. Entrega
das en manos de muchachos se tocan, sin órden
ni discrecion, durando este desórden no pocas
veces hasta el .tiempo mismo en que se está cele
brando el Santo Sacrificio, lo que no puede menos
de causar fastidio, y distraer la atencion y devo
— 263 —
cion de los fieles. No es este, por cierto, el fin que
se propone nuestra Madre la Iglesia en el uso de
las campanas, el cual es tan antiguo, que segun
afirman varios autores, su invencion se debe á
S. Paulino, que floreció en el siglo V.
7.° Los niños coronados de rosas, y como en
algunas partes se usa, vestidos de Ángeles, -de
muestran la santa alegria de los cofrades del
Santísimo Rosario, al mismo tiempo que la solem
nidad de estos religiosos actos consagrados á la
Virgen Santísima, verdadera Madre de Dios. Y
ciertamente, si los gentiles usaban de semejantes
adornos en las fiestas de sus falsos dioses, y los
mundanos se sirven de ellos tambien para ali
mentar su vanidad y su afeminacion, diciendo:
«Coronémonos de rosas antes que se marchiten.»
¿Con cuánta mayor razon no deberán los cofrades
del Santísimo Rosario valerse de estas coronas de
rosas, de estas guirnaldas de flores, para honrar
y obsequiar á María Santísima, Madre del verda
dero y eterno Dios, y Reina de todos los hombres
y de todos los Ángeles? Si estas muestras de ale
gría y de júbilo, de obsequio y de honor, se acos
tumbran hacer á los grandes Reyes y Príncipes,
y en las ovaciones ó entradas triunfales de los
Héroes de la pátria, ¿por qué no hemos de practi
carlas tambien los cofrades del Santísimo Rosa
rio, y aun todos los fieles, para manifestar á la
Virgen Santísima, Emperatriz de todo al universo,
nuestro júbilo y nuestra alegría, nuestra gratitud,
nuestro amor y respeto? Este amor y respeto se
excita más y más considerando la gracia y hermo
sura de la Santísima Virgen, cuya sagrada imágen
acostumbran llevar en sus procesiones los cofra
des del Santísimo Rosario; de cuya hermosura,
tanto interior como exterior, varaos á hablar en la
Excelencia siguiente.
— 264 —

Excelencia *&©.
HERMOSURA INTERIOR Y EXTERIOR DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN, CUYA SAGRADA IMAGEN ACOSTUMBRAN LLEVAR EN
SUS PROCESIONES LOS COFRADES DEL SANTÍSIMO ROSARIO.

Si consideramos la hermosura del alma ó in


terior de la Santísima Virgen, ella es tanta y tan
incomprensible, cuanto lo es el inmenso cúmulo
de gracia, de pureza y de santidad con que la
adornó y enriqueció el Señor. Si atendemos á su
hermosura exterior ó del cuerpo, hé aquí la bri
llante descripcion que de ella nos hace un antiguo
y juicioso historiador: «Era la Virgen Santísima,
dice Niceforo Calisto (1), honesta y grande en to
das las cosas, y muy afable para con todos: su
estatura era mediana, aunque no falta quien diga
que excedió algun tanto de la mediana: el color
fiarecido al del trigo: el cabello un poco rubio:
os ojos penetrantes y vivos: las cejas algun tanto
doblegadas y convenientemente negras: la nariz
larga: los lábios un poco sonrosados y llenos de
suavidad y dulzura de palabras: el rostro no ente
ramente redondo, sino entrelargo: nunca le com
puso ni ostentó fausto ni lujo, viviendo siempre
de un modo natural y sencillo, y contenta con
unos pobres, pero aseados vestidos.» Este es el re
trato que el historiador Niceforo hace de la Santí
sima Virgen, tomado de Epifanio, presbítero de
Jerusalen. Pero pareciéndonos todavía muy im
perfecto para darnos á conocer toda la hermosu
ra de la Madre de Dios, obra la más grande, la
más magnífica y estupenda, que ha salido de las
manos del Criador, nos ha parecido muy oportu
no presentar á la vista de nuestros lectores, la

(1) En su Historia Eclesiástica lib. 2. cap. 33.


— 265 —
bellísima descripcion que el Esposo de los canta
res, inspirado del Espíritu Divino, hace de la in
comparable hermosura de la Esposa, y que nues
tra Madre la Iglesia aplica con justísima razón á la
Virgen Santísima. ¿ hiipi.

Excelencia fcl.
BELLÍSIMA DESCRIPCIÓN QUE NUESTRA MADRE LA IGLESIA
HACE DE LA INCOMPARABLE HERMOSURA DE LA SANTÍSIMA
VÍRGEN, APLICÁNDOLE LA QUE EL ESPOSO DE LOS CANTARES
HACE DE SU ESPOSA INSPIRADO DEL ESPÍRITU SANTO.

Prendada nuestra Madre la Iglesia de la rara


y peregrina hermosura de la Santísima Virgen,
la celebra y elogia de este modo:
Tu cabeza como,el Carmelo. Compara la Iglesia
la cabeza de la Santísima Yírgen al monte Car
melo por su amenidad y elevacion; pues nadie ig
nora, que la cabeza derecha y elevada conduce
en grande tnauera para la hermosura del cuerpo.
En sentido místico ó espiritual, por la amenidad y
altura del monte Carmelo se entiende la elevacion
de la santidad de la Santísima Virgen, y la va
riedad de sus virtudes. Porque así como el Carme
lo excede en elevacion á todos los montes de Ju-
dea; así la Santísima Virgen excede en santidad
y gracia á todos los Ángeles y á todos los Santos.
Y así como el Carmelo es amenísimo por la casi
infinita variedad de sus flores; así tambien la ca
beza de la Santísima Virgen, como lugar principal
donde reside el alma, sugeto de las virtudes, es
amenísima y fertilísima por la multitud y variedad
de estas.
Tus cabellos como rebaños de cabras que vienen
del monte Galaad: ó como púrpura de Rey atada en
canales. La semejanza que hay entre una cabe
llera negra y bien poblada, y hermosa con una
piara de cabras, tambien negras, como eran ge
— 266 —
neralmente las que pacian en el monte Galaad, es
de la que se vale la Iglesia para elogiar los cabe
llos de la Santísima yírgen. Esta semejanza se
advierte, cuando se considera un rebaño de
aquellas cabras, que desde lejos se ven ir trepan
do juntas por un cerro, resplandeciéndoles aquel
pelo negro, largo y brillante como el sol, y que
por el continuo frotamiento con las plantas resi
nosas del monte se les asentaba como con un pei
ne, y se lesponia muy reluciente y Usado. Tam
bien compara la Iglesia con mucha propiedad los
cabellos de la Santísima Virgen con los caireles de
finísima seda, teñidos de púrpura, que se ven en
las colgaduras y tapicesde un palacio real, ó para
la ropa y adorno de sus reyes. En sentido espiri
tual, los cabellos de la Yírgen comparados á los
rebaños de cabras del monte Galaad, significan,
que así como las cabras suben á lo más alto de
este monte para apacentarse con pastos buenos y
saludables, sin temor de ser acometidas por los
lobos; así la Santísima Virgen subió á lo más alto
del monte santo de la perfeccion evangélica para
ser allí alimentada con los saludables pastos de
las virtudes más heróicas, sin temor de ser acome
tida de los lobos y fieras infernales, mundo, de
monio y carne. En el mismo sentido espiritual,
estos mismos cabellos de la Virgen, comparados á
la púrpura del Rey atada en canales, significan,
que los pensamientos de la Virgen Santísima
siempre fueron pensamientos propios y dignos
de un Rey, porque todos los suyos fueron nobles
y llenos de dignidad y grandeza, no haciendo ni
pensando nada, que no fuese digno de tan augusta
y soberana Reina.
Tus ojos de paloma, sin lo que por dentro se
oculta. Continuando nuestra Madre la Iglesia en
celebrarla hermosura dela Santísima Virgen, se
fija especialmente en los ojos, que es donde la
imágen del alma se representa con más viveza, y
— 267 —
los compara con los de la paloma, que son her
mosísimos, resplandecientes, vivos y penetran
tes. lo quepor dentro, dice, que se oculta, son los
ojos mismos cubiertos* con los cabellos que caen
de la frente, sirviendo de velo por donde se tras-
lucia su hermoso brillo, escaseándolo así á la
vista para hacerlo más apreciable. En sentido es
piritual, los ojos de la Virgen Santísima, compara
dos á los de la paloma, signiñcanel santo ejerci
cio de la contemplacion de la Virgen sobre las co
sas divinas y celestiales. Las palomas, buscando
el sustento en la tierra, luego que lo ven, levan
tan con la mayor prontitud sus ojos al cielo; así,
pues, la Virgen Santísima, dando una rápida ojea
da sobre las cosas necesarias para el sustento y
gobierno de la vida, levantaba luego inmediata
mente sus ojos al cielo; esto es, contemplaba las
cosas divinas.
Como corteza de granada, asi tus mejillas. Nada
tenemos que decir sobre la propiedad de esta
comparacion. Todo el mundo advierte la seme
janza que hay y cuánta hermosura añade á las
mejillas de un rostro saludable, el encarnado de
la corteza de la granada, mezclado con un ama
rillo muy suave. En sentido espiritual, las mejillas
de la Virgen, comparadas con la corteza de la gra
nada, significan la constancia de la misma Seño
ra durante la pasion y muerte de Jesus su queri
do Hijo.
Tu nariz como la torre del Líbano que mira contra
Damasco. Habia en el monte Líbano, situado en
los confines de Judea, una torre que servia de
atalaya para observar los movimientos de los ha
bitantes de la Siria, quya capital era Damasco. Con
esta torre, pues, es comparada la nariz, ó más
bien la noble, grave y majestuosa fisonomía del
rostro de la Santísima Virgen, con que hacía res
petar y defendía de todo insulto su peregrina her
mosura. En sentido espiritual, se significa el don
— 268 —
de discernir los espíritus, que tenia la Santísima
Virgen. Porque así como el centinela que está en
una torre alta y elevada, distingue los amigos de
los enemigos; así tambien 1% Virgen Santísima, por
el don de discrecion, distinguía los amigos de los
enemigos; esto es, á los espíritus buenos de los
espíritus malos.
Como cinta teñida de escarlata, tus labios; y dul
ce tu hablar. En lo primero está bien clara la pro
piedad de la comparacion. Lo segundo tambien
es claro por la dulzura y suavidad de las palar
bras de la Virgen, segun afirma el historiador
Niceforo Calisto. En sentido espiritual, los lábios
dela Santísima Virgen, comparados con la cinta
teñida de escarlata, significan la meditacion y
contemplacion de la pasion y muerte de Jesus en
que frecuentemente se ocupaba su Santísima Ma
dre: la suavidad y dulzura de sus palabras, su ar
dentísima caridad. ,
Tus dientes como rebaño de ovejas esquiladas
cuando suben, del baño. No es fácil descubrir aquí
la semejanza de los dientes con un rebaño de
ovejas trasquiladas y que vienen del baño. Con
todo, considerando que la belleza de la dentadu
ra consiste en que los dientes sean blancos, lim
pios, iguales y muy unidos, y que no den mal
qlor, todo esto se encuentra proporcionalmente
en las ovejas; pues cortada la lana, que con el
polvo y agua del campo siempre está sucia, y
lavadas en el baño, aparecen ellas más blancas,
y quedan más libres del mal olor, que habían ad
quirido con el sudor y el polvo, y con una extre
mada blancura, que es puntualmente la belleza
que en la dentadura se aprecia. En sentido espiri
tual, los dientes de la Santísima Virgen se compa
ran al rebaño de ovejas trasquiladas y lavadas,
Íiorque limpia siempre su alma de la escoria de
as cosas terrenas, y ocupada en las celestiales y
divinas, subia continuamente del baño; esto es,
— 269 —
de las aguas puras de su corazon; para contem
plar las verdades eternas.
Tu cuello como la torre de David; como torre de
marfil. La semejanza de esta comparacion consis
te, en que así como la torre de David, edificada
sobre lo más elevado del monte Sion, dominaba
y sobresalía por cima de las vertientes que al uno
y otro lado caían; así sobre sus hombros sobre
salía derecho y erguido el cuello de la Santísi
ma Virgen. La torre de marfil con que es compa
rado el cuello de esta misma Señora, nos dá una
bellísima idea de su blancura, firmeza y eleva
cion; En sentido espiritual, el cuello de la Virgen,
comparado con estas dos torres, dá á entender,
que así como la primera fué construida por David
para defensa y refugio de la Ciudad Santa; así la
Santísima Virgen fué criada y destinada por Dios
para defensa y amparo de toda la Iglesia; signifi
cando la segunda por su blancura, la pureza y
candor de la misma Señora. • ;í '. '
Tus dos pechos, como dos cabritillas gemelos que
pacen entre lirios. El movimiento de los pechos al
respirar, ó más bien el del lino ú otro género que
los cubre, suscita naturalmente la idea dedos
animalillos que estuviesen allí dentro enrosca
dos. Por lirios debe entenderse azucenas, ó por
otro nombre, lirios blancos, en lo cual se alude á
la extremada blancura de los pechosde la Virgen.
En sentido espiritual, segun el Angélico Doctor
Santo Tomás, estos dos castísimos pechos de la
Santísima Virgen, representan la gracia y la mi
sericordia de la Virgen. Y se comparan á los ca-
britillos, porque extrayendo el precioso néctar de
los dones celestiales, lo dan á beber abundantísi-
mamente á los hijos de la Iglesia, que son los
fieles.
Tu vientre, como monton de trigo rodeado de
lirios. Aquí elogia la Iglesia la agraciada rotundi
dad del vientre de la Santísima Virgen, y su per
— 270 —
fecta salubridad, que lo hacen fecundo y sano. En
sentido espiritual, se compara el vientre dela Vir
gen al trigo, para significar, que en él fué forma-
do aquel pan celestial y divino, pan de los Ánge
les, el cuerpo de N. S. Jesucristo, para alimentar
y fortalecer á los hombres.
¡Qué hermosos son tus pasos, oh hija del Prínci
pe! Celebra la Iglesia la noble compostura y ma
jestuosa gravedad del andar de la Santísima Vir
gen, descendiente de muchos Reyes y Príncipes.
Segun el comun sentir de los SS. Padres, los piés
en sentido espiritual, significan los viciosos y
corrompidos afectos del corazon ó del alma. De
donde se infiere, que llamando la Iglesia hermo
sos los pasos de la Santísima Virgen, estuvieron
exentos de todo afecto vicioso y pecaminoso, no
habiéndolos apartado jamás ni un solo instante de
la senda trazada por la ley santa del Señor.
Toda tú eres hermosa, amiga mia, y mancha no
hay en ti. Con este epílogo concluye nuestra Ma
dre la Iglesia el elogio de la hermosura interior
y exterior dela Santísima Virgen, reasumiendo
en estas palabras todo lo que antes había dicho.
Pues de la misma, cuya hermosura acababa de
celebrar, examinando en particular la belleza de
cada parte; ahora dice de una vez, que toda ella
es hermosa y que no encuentra falta ó imperfec
cion alguna que ponerle. Lo que debe entenderse
no sólo de la hermosura exterior ó corporal de la
Santísima Virgen, sino tambien y principalmente
de la interior ó espiritual del alma, puesto que es
ta purísima y perfectísima Señora jamás tuvo ui
aun la más leve mancha de pecado, ya mortal, ya
venial, ni original.
¡Quiera Dios que esta bellísima descripcion o\
retrato que nuestra Madre la Iglesia, aplicando á
la Virgen Santísima las palabras del Esposo de
los Cantares, acaba de presentarnos de su incom
parable hermosura, sirva para excitar más y más
— 274 —
nuestro amor y devocion para con esta amabilí
sima y hermosísima Señora!
Excelencia cLGl,
INJUSTICIA DE LOS IMPÍOS Y DE LOS HEREJES EN CJUTICAR Y
MOFARSE DE LAS PROCESIONES DE LOS COFRADES DEL
SANTÍSIMO ROSARIO.

Siempre ha sido sistema constante de los im


píos y de los herejes, criticar y mofarse de las
ceremonias y ritos sagrados de la Iglesia, y des
preciar con osada insolencia el culto de los San
tos y de sus sagradas imágenes. Más impíos que
Micol, mujer de David, que viendo bailará su es
poso ante el Arca santa se burló de él tratándolo
de loco, se burlan y mofan de los cofrades y devo
tos del Santísimo Rosario, cuando celebran sus
procesiones y llevan en triunfo el Arca viva y
animada del Yerbo humanado, María Santísima,
tratándolos de supersticiosos, de idólatras y lo
cos. Pero cuán injustas é infundadas sean estas
falsas imputaciones de los herejes y de los im
píos, lo vamos á ver claramente, manifestando,
4.° Que las procesiones que se practican en la
Iglesia, y por consiguiente las del Santísimo Ro
sario, tienen comprobado su uso en las Sagradas
Escrituras. 2.° Que este género de culto, ritos ó
ceremonias es enteramente conforme al espíritu
y práctica constante de la misma Iglesia: dos
verdades que prueban y convencen la piedad y el
justo proceder de los cofrades del Santísimo Ro
sario en celebrar sus procesiones, al mismo tiem-
Eo que confunden la osadía y la irreligion delos
erejes y de lo's impíos, especialmente los de
nuestros tiempos, que las impugnan y critican.
Con efecto, basta abrir el Antiguo Testamento
para convencernos de que el pueblo hebreo usó
varios géneros de procesiones, si no en un todo
— 272 —
conformes á las nuestras en cuanto ála forma, á
lo menos muy semejantes á ellas en cuanto á la
sustancia. Cuando el Señor quiso entregar en ma
nos de Josué la ciudad de Jericó ocupada por los
Cananeos, mandó que el ejército de Israel diese
una vuelta á la ciudad una vez cada dia por el
espacio de seis; y que en el sétimo dia, precedien
do el Arca santa, tocando los Sacerdotes las trom
petas y concurriendo todo el pueblo, diesen de es
te modo siete vueltas al rededor dela ciudad. Hé
aquí, pues, una semejanza de nuestras proce
siones.
Mas habiendo llegado á noticia de David los
inmensos beneficios que Dios dispensaba á Obe-
dedon por tener en su casa el Arca del Testamen
to, concibió el proyecto de trasladarla á Sion y
colocarla en el magnífico Tabernáculo que para
este fin habia mandado construir. Deseando el
piadoso Rey celebrareste acto religioso con la pom
pa y solemnidad que exigía la veneracion y cul
to del Arca santa, y correspondía á su real muni
ficencia, convoca á todos los Sacerdotes y Levi
tas, dispone varios coros de cantores, manda se
toquen muchas trompetas, salterios, címbalos y
otros instrumentos, preparando al mismo tiem
po multitud de toros y carneros para que fuesen
sacrificados durante la traslacion. Llegan, pues,
á la casa de Obededon, toman el Arca santa, y
la conducen solemnemente á Sion en medio de
los vivas y aclamaciones del Clero y de un nume
roso pueblo. ¿Y no es este un anticipado modelo
de las procesiones del Santísimo Rosario, cuan
do sus cofrades llevan solemnemente y entonando
dulces himnos y cánticos de alabanza y accion de
gracias á María Santísima, Arca viva y verdadero
Tabernáculo, no ya de las tablas de la Ley, sino
del Supremo Legislador Jesucristo Dios huma
nado?
Ni fueron menos usadas las procesiones desde
— 273 —
los primeros siglos del cristianismo, particular
mente desde el tiempo en que habiendo cesado
las crueles persecuciones contra los cristianos y
restablecida la paz en la Iglesia por el religio
sísimo Emperador Constantino, se les permitió
edificar templos y celebrar públicamente los di
vinos Oficios y demás funciones religiosas, entre
las cuales no eran las menos solemnes las pro
cesiones. Sin necesidad de volver á repetir aquí
las practicadas por Jesucristo, por su Santísima
Madre y los Apóstoles, y que dejamos ya men
cionadas en la EXCELENCIA XVIII, sería necesa
rio un catálogo muy extenso para enumerar todas
las que han celebrado los fieles siguiendo el es
píritu de la Iglesia, desde la más remota an
tigüedad de esta, especialmente desde la época
del referido emperador Constantino. Basta, pues,
presentar á la vista de los impíos y de los herejes,
para confundir su injusticia y osadía, la que
mandó celebrar este mismo Emperador con mo
tivo de la dedicacion del templo y ciudad de Cons-
tantinopla, despues de haberla reedificado y pues
to bajo la proteccion de la Santísima Virgen, año
330, segun refiere el historiador Niceforo; la de
la traslacion de las reliquias de Santa Babila Már
tir, desde la ciudad de Daftnis á la de Antioquía,
año 363, como atestigua Amiano Marcelino, tes
tigo presencial de esta solemnísima procesion; la
que dispuso S. Basilio, Obispo de Cesarea, para
visitar, acompañado de su pueblo, el templo de
Santa Tecla, como asegura S. Gregorio Naciance-
no; la que ordenó S. Juan Crisóstomo, Patriarca
de Constantinopla, para destruir la herejía del im
pío Arrio, como afirman Sócrates y Sozomeno; la
que mandó S. Severo, Obispo Minorecense, para
apaciguar una grande discordia originada entre
los cristianos y judíos, año 418, como escribe Ba-
ronio; las establecidas segun Adon por S. Mamer
to, Obispo deViena, cantando la letanía de los
18
— 274 —
Santos y conocidas con el nombre de Rogaciones,
cuya práctica adoptó despues toda la Iglesia; las
ordenadas por S. Cárlos Borromeo, Obispo de Mi
lan, y otros piadosos y santos Prelados para apla
car la ira de Dios y librar á sus pueblos del ham
bre, de la guerra, de la peste y demás calami
dades públicas; y, finalmente, las celebradas en
las iglesias de todo el orbe católico para implorar
la intercesion de sus Santos titulares y patronos, y
con especialidad en honor y culto de la Santísima
Virgen. Así, el uso y rito sagrado de las proce
siones no sólo está consignado en varios hechos
de los Libros Santos, sino que además está fun
dado en la constante y no interrumpida práctica
de. los fieles, de nuestros Prelados y mayores, des
de los primeros siglos de la Iglesia hasta nuestros
dias. Con todo, prosiguen los impíos, es muy jus
to y razonable prohibir las procesiones en pú
blico; ellas son la causa de muchas irreverencias,
desórdenes y escándalos. ¡Ah pérfidos hipócri
tas, cómo encubrís bajo el pretexto de una falsa y
mal entendida piedad vuestra perfidia! Dominados
de un ódio inplacable contra la religion de Je
sucristo, contra el culto de Dios, de su Santísi
ma Madre y de los Santos, atribuís á las proce
siones los desórdenes y escándalos que promo
veis vosotros mismos. Sí, vosotros sois los que,
con vuestras conversaciones obscenas con las per
sonas del otro sexo, perturbais la devocion y re
verencia de los fieles, con que se debe asistirá
las procesiones. Vosotros sois los que, faltando
al decoro y respeto que se debe á los actos pú
blicos y religiosos, os quedais con el sombrero
puesto mientras pasan las procesiones. Vosotros
sois, en fin, dos que, vomitando horrendas blasfe
mias contra las sagradas imágenes de nuestro Di
vino Redentor, de su Santísima Madre y de los
Santos, insultais la piedad y paciencia de los fieles
siendo, por este impío modo de proceder, el orí
m — 275 -
gen y la causa de que se trastorne el buen órden
de las procesiones, y se originen riñas, robos, di
sensiones, y otros infinitos males y escándalos. ¡Y
qué! ¿será justo y razonable prohibir las procesio
nes en público, esos actos religiosos tan edifican
tes, tan útiles ala Iglesia y al Estado; que aplacan
la ira de Dios, justamente airado por nuestros pe
cados; que fomentan la Fé, excitan la piedad y
devocion, alcanzan la paz para el reino, la victo
ria contra los enemigos, la salubridad del aire, el
tiempo bonancible, la lluvia para nuestros cam
pos, la abundancia de los frutos de la tierra, y
otros innumerables bienes espirituales y tempo
rales? ¿Será justo, repito, prohibir unos actos tan
útiles y piadosos, y tan conformes al espíritu y
doctrina de la Iglesia, acerca de la intercesion y
culto delos Santos, sólo porque hombres impíos y
perversos les atribuyan desórdenes y escándalos,
que ellos mismos provocan con sus insultos, irre
verencias y blasfemias?
Por otra parte, si se ha de prohibir ó destruir
todo lo que pueda ser ocasion de desórdenes y es
cándalos, prohíbanse ¡os Domingos y dias de fies
ta, porque en elfos se entregan algunos hombres
(y ojalá no fueran tantos) á la embriaguéz, al juego
y otros vicios: derríbense los templos, porque en
ellos cometen los malos cristianos irreverencias y
profanaciones: no haya Sacerdotes, porque algu
nos no viven como corresponde á la santidad de
su estado: no se frecuenten los Sacramentos, por
que algunos fieles los reciben indignamente: no se
celebren matrimonios, por temor de los adulte
rios; y, en fin, quítense los Mandamientos, por
que se quebrantan fácil y frecuentemente. Ahora
bien, ¿sería este un justo y razonable modo de
firoceder?No, por cierto. Pues callen, confúndanse
os impíos, respeten al menos las poderosísimas
razones que asisten á los cofrades del Santísimo
Rosario para celebrar en honor de la Santísima
— 276 — #
Virgen sus fiestas y procesiones. Ellas son tan cla
ras y convincentes, que no pueden menos de ma
nifestar á la faz de todo el mundo la injusticia y
sinrazon con que los impíos proceden, cuando
critican y se mofan de las procesiones de los co
frades del Santísimo Rosario.

Excelencia 2i3.
BENEFICIOS DISPENSADOS POR LA SANTÍSIMA VIRGEN Á LOS
DEVOTOS Y COFRADES DEL SANTÍSIMO ROSARIO.

Innumerables son los beneficios, que la Santí


sima Virgen ha dispensado y aun dispensa á todos
los cristianos, que militan bajo la gloriosa bande
ra de alguna de sus Hermandades ó Cofradías.
Pero á ninguna de estas piadosas congregaciones
ha favorecido con tanta abundancia de beneficios
como á los devotos y cofrades del Santísimo Rosa
rio. Oigamoslo que en confirmacion de esta ver
dad, dice el sábio y piadoso Abad Tritemio (1):
«Nadie, dice, puede entender ni menos compren
der la multitud innumerable de beneficios, que la
Santísima Virgen concede á los devotos y cofra
des de su Santísimo Rosario. Sabemos, que pol
la invocacion de esta Señora en tan santa devo
cion, han sido libertadas de grandes apuros y pe
ligros, y socorridas en grandes aflicciones y nece
sidades, innumerables personas de todas clases,
estados y condiciones. Tenemos por cierto, que
muchas personas de uno y otro sexo han sido for
talecidas por los méritos de la Santísima Virgen
contra gravísimas tentaciones de la carne y del
espíritu. Nos consta, que otras muchas han sido
curadas por la intercesion de esta benignísima Se
ñora en sus dolencias y enfermedades. Pues aho-

(1) Libro de la Cofradía de Santa Ana.


v — 277 —
ra ¿quién podrá numerarlos cofrades y devotos
que han sido consolados por la Santísima Virgen
en medio de la más profunda tristeza de espíritu?
¿Cómo contar todos los que por su amparo y pa
trocinio han salido de la dura esclavitud del peca
do, de la desesperacion y de la muerte, y alcan
zado la vida de gracia y una esperanza firme de
su salvacion eterna? ¡Cuán cierto es, que son in
numerables los beneficios que esta dulcísima Ma
dre dispensa á sus hijos los devotos y cofrades de
su Santísimo Rosario! A unos libra del oprobio,
del deshonor y de la infamia; á otros de la cauti
vidad, de la enfermedad y de inminentes peligros
de perder la vida. Á estos inspira la caridad, la
fiobreza evangélica, el retiro y la soledad; á aque-
los la humildad, la resignacion y la paciencia; y á
todos el ejercicio y la práctica de todas las virtu
des. Sostiene á los fuertes, fortalece á los débiles,
ilumina á los sábios, instruye á los ignorantes,
alivia á los enfermos, y socorre á los moribundos.
En una palabra, aunque yo tuviese mil lenguas,
de ningun modo podría explicar los inmensos be
neficios, que la Virgen Santísima dispensa á los
devotos y cofrades de su Santísimo Rosario.»

Excelencia 2i4.
LA VIRGEN SANTÍSIMA LIBRA DE LAS PENAS DEL PURGATORIO
LAS ALMAS DE LOS DEVOTOS Y COFRADES DEL SANTÍSIMO
ROSARIO.

Cuánta sea la afliccion y cuán intensísimas las


penas que padecen las almas de los fieles difun
tos en el purgatorio, no hay entendimiento huma
no que pueda comprenderlo, ni lengua suficiente
para explicarlo. Sin embargo, los SS. Padres y
Doctores de la Iglesia han procurado darnos al
guna idea de estas indecibles penas, haciéndolas
superiores á todo lo más aflictivo y doloroso, que
— 278 —
el hombre puede y es capáz de padecer en este
mundo. San Agustin dice (1): Más penoso es aquel
fuego del purgatorio, que todo cuanto el hombre pue
de padecer en esta vida. El V. Beda (2): Aquella cor
reccion (la del purgatorio) es más fuerte y viás gran
de, que todo cuanto han padecido todos los Santos
Mártires, y cuanto de más penoso y acerbo puede
pensar el hombre. El Angelico Dr. Sto. Tomás (3):
La menor pena del purgatorio excede á la más gran
de de esta vida. Lo mismo enseñan S. Anselmo, San
Bernardo y otros SS. Padres. Y no faltan Teólogos
que las comparan con las del infierno, diferen
ciándolas sólo en la duracion. Pues de todas es
tas grandes y acerbísimas penas líbrala Santísi
ma Virgen álas almas de los devotos y cofrades del
Santísimo Rosario, como se prueba por los innu
merables testimonios de los Santos, y por muchas
apariciones de almas á dichos devotos y cofrades.
Y aún lo confirma tambien el mismo Jesucristo en
el libro de las Revelaciones de Santa Brígida (4),
hablando de este modo con su Madre Santísima:
Tú eres mi Madre: Tú eres Madre de misericordia: Tú
la alegría de- los que viven en el mundo: Tú el con
suelo de las almas que están en el purgatorio. Este
consuelo lo derrama abundantemente la Santísi
ma Virgen, mediante su poderosa intercesion, li
brando las almas del purgatorio de las gravísimas
penas que allí padecen. Por esta razon nuestra
Madre la Iglesia, segura del dogma católico de la
existencia y penas del purgatorio, y del poder de
la Santísima Virgen para librar de ellasjas almas
de los fieles difuntos, las encomienda á Dios, me
diante la intercesion de la misma Santísima Vír-

(i) Sobre el Salmo 37 .


(2) Sobre unas palabras del mismo Salmo 37.
(3) Dist. 24. q. 4. art. 4.
(4) Capítulo 46.
— 279 —
gen diciendo: «¡Oh Diosl dador del perdon y ama
dor de la humana salud, rogamos á tu clemencia
nos concedas que, intercediendo la Bienaventura
da siempre Virgen María con todos tus Santos, lle
guen á la compañía de la eterna bienaventuranza
los Hermanos de nuestra Congregacion, nuestros
parientes y nuestros bienhechores, que ya salie
ron de este mundo. Por nuestro Señor Jesucristo,
etc.» Ahora bien, si la Santísima Virgen, segun el
sentir de la Iglesia, puede interceder y efectiva
mente intercede y ruega por las almas del purga
torio para librarlas de sus penas, ¿con cuánta ma
yor razon no intercederá y rogará por los cofra
des de su Santísimo Rosario, cuyas almas mira
como á sus hijas predilectas?

Excelencia^*».
TRIUNFOS DE LOS COFRADES DEL SANTÍSIMO ROSARIO CONTRA
LOS HEREJES Y CONTRA LOS IMPÍOS.

Los herejes y los impíos, no satisfechos toda


vía con mofarse de la santa devocion del Rosario
y calumniar á sus cofrades, como vimos en la Ex
celencia XLVII de la primera parte, y en la XXII de
la segunda, les dirijen aún nuevos ataques por la
piadosa y loable costumbre de inscribir su nom
bre en el libro de la Cofradía. Ciertamente, que
despues de una obra, que contra nuestro primer
propósito, se ha prolongado más de lo que creía
mos, parece no deberiamos detenernos ya á des
truir este último atrincheramiento de los herejes y
de los impíos, si así no lo exijiesen el honor ultra
jado de los cofrades del Santísimo Rosario, á quie
nes se les imputa practicar una accion supersti
ciosa, inútil y vana; y la importancia y absoluta
necesidad de inscribirse en dicho libro. Esta es
tan grande, y tan absolutamente indispensable,
que sin ella, de ningun modo pueden lograrse las
— 280 —
innumerables indulgencias y gracias concedidas
por varios Sumos Pontífices á los cofrades del San
tísimo Rosario. Esto supuesto, y tomando la de
fensa de todos y cada uno de los miembros de tan
santa Congregacion, aunque seamos el más indig
no de todos ellos, expondremos brevemente las
poderosísimas razones, que asisten á dichos co
frades para inscribir su nombre en dicho libro.
Son las siguientes: Escuchad, herejes: oid, impíos.
l.'Para manifestar con esta inscripcion de nues
tro nombre, que nos dedicamos de un modo es
pecial al culto y veneracion de la Virgen Santísi
ma mediante la devocion del Santísimo Rosario.
Así como los Levitas de la antigua Ley fueron
numerados y escritos por Moisés, para darles á en
tender que estaban consagrados al culto divino de
un modo especial; así tambien nosotros somos es
critos en el libro de la Cofradía para que en todo
tiempo conste y sepamos, que estamos dedicados
de un modo especial al culto de Dios y de la Vir
gen María. 2.a Para animar y fortalecer nuestra es
peranza en la misericordia divina, y excitar más
y más nuestro amor y devocion para con la Virgen
Santísima. Es indudable, que aterrados por la
multitud y gravedad de nuestros pecados, tal vez,
loque Dios no permita, llegariamos á desconfiar
como Cain del perdon de nuestras culpas. Inscri
biéndonos en ol libro dela Cofradía, nos unimos
á otros tantoshermanos, cuantos son los cofrades,
cuyos méritos y oraciones nos hacen concebir una
grande confianza del perdon, no ignorando, que
las oraciones y ruegos de muchos jamás son por
la misericordia divina desoidos; siendo, por otra
parte, bien sabido que, alistándose los fieles bajo
el estandarte de alguna Hermandad ó Cofradía de
la Virgen Santísima, se excita más y más el amor
y devocion para con esta amabilísima Señora.
3.a Para el ejercicio y práctica de las virtudes cris
tianas, y singularmente la Prudencia, la Religion
— 281 —
y la Justicia. La Prudencia; porque inscribiéndo
nos en el libro de la Cofradía, nos hacemos par
ticipantes de todas las oraciones, penitencias y
demás obras meritorias, que se practican por los
cofrades en todo el mundo, sirviéndonos todo esto
de medios para alcanzar nuestro último fin, que
es la felicidad eterna: la suma de la Prudencia,
pues, consiste en elegir los medios conducentes
para conseguir el fin. La Religion; porque tributa
mos á Dios y á su Santísima Madre un culto no so
lamente interior, sino tambien público y exterior.
La Justicia; porque con dicha inscripcion de nues
tros nombres confesamos y protestamos, que se
debe tributar culto, sumision y respeto á la Santí-
simaVírgen, y por lo tanto le damos lo que le per
tenece y es suyo, como verdadera Madre de Dios y
Emperatriz de todo el universo. 4.a Porque así lo
vemos practicado en el Derecho civil y canónico.
En este se manda escribir los nombres de los re
cien bautizados, de los que profesan en religion
aprobada, de los que contraen matrimonio, delos
niños expósitos, y los de otros muchos. Delmismo■
modo, por Decreto civil suelen escribirse en sus
respectivos libros los nombres de los Príncipes y
Reyes, los de los Consejeros y Magnates dela na
cion, Funcionarios públicos, etc., sin que haya
ciudad ni pueblo civilizado, que deje de tener su
correspondiente libro, en el que se apunten los
nombres de todos sus vecinos y ciudadanos.
Ahora bien; venid acá, hombres alucinados,
si esta inscripcion de los nombres se juzga útil,
conveniente y áun necesaria en el gobierno ecle
siástico y civil, ¿por qué no ha de serlo tambien
para el buen órden y régimen de La Cofradía del
Santísimo Rosario? ¿Por qué ha de ser supersti
ciosa y vana, como vosotros pretendeis, una ins
cripcion que se dirije á unos fines más nobles y
elevados, cuales son el bien espiritual y felicidad
eterna de los hombres, que la prosperidad tempo
— 282 —
ral en que sólo se ocupan los gobiernos civiles y
humanos? Y si es cierto, como no puede dudarse,
3ue existe un Dios todo puro y santo, que se ofen-
e de los pecados de los hombres, y á quien debe
mos tributar todo culto interior y extenor como á
Supremo Señor y Dador de todo cuanto poseemos,
cuya justa indignacion debemos aplacar por la
penitencia y demás obras buenas, si queremos al
gun dia ser eternamente felices; si es una verdad
preconizada y enseñada por toda la Iglesia católi
ca, que la Virgen Santísima es verdadera Madre
de Dios, refugio y consuelo de los pecadores, y
como tal intercede, ruega y pide en el Cielo por
estos; si tampoco puede negarse, que los cofrades
del Santísimo Rosario, al inscribir sus nombres
en el libro dela Cofradía, reconocen todas estas
inconcusas verdades, y aspiran á tan santos y pia
dosos fines como son la reconciliacion con Dios,
su culto y el de la Santísima Virgen, y la práctica
de todas las cristianas virtudes ¿dónde está, pues,
la inutilidad y la supersticion? Reflexionen, medi
ten los impíos las luminosas y convincentes razo
nes que acabamos de exponer. Ellas son tan fuer
tes y poderosas, que convencen á todo hombre de
cotólicoy sano juicio, vindican gloriosamente la
justicia de nuestra santa causa, descubren la ig
norancia de los herejes y de los impíos, deshacen
todos sus sofismas, confunden su osadía y repor
tan á los cofrades del Santísimo Rosario nuevos
laureles y nuevos triunfos.
CONCLUSIÓN.
;i■;v■;;i
Estas son las principales Excelencias, que de
la saludable y piadosa devocion del Santísimo Ro
sario y de su ilustre Cofradía, hemos procurado
presentar á todos los cristianos, para excitarlos -
á unirse con los miembros de esta santa Congre
gacion. ¿Y habrá alguno que, conservando aún
— $83 —
el más leve sentimiento de piedad y amor para
con la Santísima Virgen, rehuse alistarse bajo las
gloriosas banderas de su Santísimo Rosario? No
lo esperamos, si se toman el pequeño trabajo de
leer la presente Obra, que nuestra insuficiencia
ofrece con el amor más puro á su religion y pie
dad. En ella encontrarán los devotos del Santísi
mo Rosario una definicion exacta de él y un cono
cimiento verdadero de sus diversos y esclareci
dos nombres, de su autor, dignidad, objeto y no
ble fin. En ella serán instruidos del origen de la
oracion del Padre nuestro, de su importancia, or
den, brevedad y necesidad; como igualmente del
origen del Ave María y de sus principales prero-
gativas, del Santa María, y de las admirables gran
dezas del dulcísimo Nombre de Jesus tantas veces
repetido en el Rosario: aprenderán las disposi
ciones y el método con que este debe rezarse, co
nocerán sus maravillosos efectos y frutos, y admi
rarán sus gloriosas victorias y triunfos contra los
infieles, contra los herejes y contra los impíos.
En ella, ademá^ se dá una rápida ojeada sobre
la institucion, progresos, decadencia y gloriosa
restauracion de la augusta Cofradía del Santísi
mo Rosario; se dan á conocer los inmensos bienes
que estaba producido y produce al Estado y ála
Iglesia; el infinito tesoro de indulgencias que po
see; la benignidad y suavidad de sus constitucio
nes ó leyes; su dignidad, esclarecida fama y cele
bridad; se describen la pompa y magnificencia de
sus festividades y procesiones, y la hermosura in
terior y exterior de la Santísima Virgen: se mani
fiestan los innumerables beneficios, que esta be
nignísima Señora dispensa á los cofrades y devo
tos de su Santísimo Rosario, y se vindica á estos
con razones convincentes y sólidas, de las negras
y falsas calumnias, que contra ellos inventan y
Eropalan los herejes y los impíos. En una pala-
ra, en esta preciosa obrita hallarán todos los cris
— 284 —
tianos contenido y explicado con la mayor breve
dad y claridad posibles, cuanto de más instructi
vo, útil y curioso se encuentra en gruesos volúme
nes acerca de la devocion y Cofradía del Rosario
de la Santísima Virgen. ¿Qué estímulos, pues, más
Eoderosos y eficaces podrian hallar para alistarse
ajo el glorioso estandarte de tan piadosa Con
gregacion?
EXHORTACIÓN.
Ea, pues, despertemos ya de este profundo le
targo de insensibilidad y de indiferencia para con
la Santísima Virgen. Sacudamos de nosotros ese
mortal adormecimiento, que no nos deja conocer
los inmensos bienes que produce la santa y piado
sa devocion de su Santísimo Rosario. Apresuré
monos á tener la incomparable dicha de ser con
tados en el número de sus hijos predilectos, alis
tándonos bajo el glorioso estandarte de su ilustre
y augusta Cofradía. ¡Ahl si esta piadosa y fervoro
sa Congregacion se extendiera p*r todos los pue
blos y naciones, y estrechara entre sus brazos con
el dulcísimo nombre de Hermanos á todos los
hombres, cómo luego luego reinaria en el mundo
todo la religion, la santidad, la caridad y todas
las virtudes! |Cómo se disiparian las herejías, se
extinguirian las doctrinas impías, seacabarianlas
disensiones y losódiqs, cesarían las convulsiones
políticas, y resplandeceria en todas partes el ór
den, la paz y la justicial
En vista de esto, pueblos y naciones todas, que
tanto necesitais de la paz, de la tranquilidad y del
reposo, venid, llegad, apresuráos á entrar en la
santa Congregacion del Santísimo Rosario y aquí
gozareis de todos estos inestimables bienes. Ve
nid, infieles y paganos, venid, y agregándoos pri
mero á la numerosa y escogida sociedad de la
Iglesia católica por medio del Bautismo, enume
— 285 —
ráos despues á los hijos de María en la santa Con
gregacion de su Santísimo Rosario; venid, y aquí
serán disipadas las tinieblas de vuestra infideli
dad y desechos los errores de vuestra ignorancia.
Venid, cristianos, cristianos todos, venid, alistáos
bajo la gloriosa enseña de María, bajo el dulce tí
tulo del Santísimo Rosario; venid, y aquí recibe-
reis aquel valor y constancia invencibles para
conservar y defender la Fé de Jesucristo, que re
cibisteis en el Bautismo. Venid, Prelados y Pasto
res de la Esposa inmaculada del Cordero, venid,
unios á vuestras ovejas, á esta porcion1 esclarecida
de vuestra grey, reunidas en el sagrado redil de
la Cofradía del Santísimo Rosario; venid, y aquí
alcanzareis luz y fortaleza para dirigir y gober
nar esa parte del católico rebaño, que á vuestro
cuidado y vigilancia ha encomendado el mismo
Jesucristo. Venid, Sacerdotes, venid, Levitas, Con
fesores y Predicadores, Ministros del Señor, ve
nid, y asociáos á la sagrada milicia del Santísimo
Rosario; venid, y aquí obtendreis virtud .y ciencia
para desempeñar con fruto los sagrados deberes
de vuestros respectivos ministerios. Vírgenes pu
ras, castas esposas del Cordero, vosotras que, re
nunciando á todos los placeres y vanidades del
mundo, os sacrificásteis por amor de vuestro Es
poso á vivir muertas en este mismo mundo; voso
tras que, animadas de aquella dulce confianza que
inspira un corazon casto y puro y una vida inócen
te y santa, podéis concebir una firme confianza de
conseguir lo que pedís al Todopoderoso en vues
tras oraciones y en vuestros ruegos, venid, y au
mentad el número de los hijos de María, Reina de
las -Vírgenes, agregándoos á la Cofradía del Santí
simo Rosario; venid, y aquí conseguireis bienes
infinitos para la Iglesia y para el Estado, virtud
y fortaleza para cumplir con perfeccion los solem
nes votos que hicisteis al Señor. Venid, herejes y
cismáticos, venid, entrad en la ilustre Cofradía
— 286 —
del Santísimo Rosario; venid, y aquí será renova
do vuestro impío corazon, y reformada vuestra
perversa voluntad. Venid, casados, venid, viudos;
jóvenes y ancianos, ricosy pobres, sábios á igno
rantes, hombres todos, Yenid, llegad, unámonos
todos con el estrecho lazo de Hermanos en la Co
fradía del Santísimo Rosario; vengamos todos, y
aquí encontraremos alegría para nuestras almas,
dulzura para nuestro corazon, paz para nuestras
familias, prosperidad para nuestro reino, felici
dad para la Iglesia, consuelo en nuestras penas,
alivio en nuestros trabajos, y remedio en todos
nuestros males. Vengamos todos, y, para que nos
animemos á ello, tengamos siempre presente
aquellas consoladoras palabras que la Virgen
Santísima dijo al glorioso fundador del Santísimo
Rosario, Sto. Domingo, al encomendarle tan salu
dable y piadosa devocion. «Domingo, le dijo, ten
valor: anda, establece la santa devocion del Rosa
rio: enséñala á los hombres, y adviérteles, que es
una devocion muy agradable á mí y á Jesucristo
mi Santísimo Hijo. Ella será un arma poderosísi
ma para destruir las herejías, extinguir los vicios,
promover las cristianas virtudes, y alcanzar la
misericordia del Señor.»
APÉNDICE.
EXPLICACIÓN PARAFRÁSTICA DEL PADRE NUESTRO.

Santísimo, Divinísimo, Eternísimo, Omnipo


tentísimo, Sapientísimo y en todas tus obras Per-
fectísimo, Dios uno é indivisible en esencia, Tri
no en personas. Padre nuestro. Padre, porque nos
sacásteis del profundo cáos de la nada y nos
criásteis á vuestra imágen y semejanza, perfec
tos, racionales y libres; porque nos redimisteis con
la preciosísima sangre de vuestro Unigénito Hijo
de la muerte eterna, que por el pecado merecí
— 287 —
mos; porque nos reengendrásteis estando muer
tos por la culpa, dándonos la vida espiritual en
las aguas santificantes del Bautismo; porque nos
adoptásteis por hijos vuestros mediante vuestra
divina gracia, y adoptados, nos llamásteis á vues
tra celestial herencia, instituyéndonos herederos
del reino de la gloria. A quien como Padre nuestro
bondadosísimo, misericordiosísimo y amorosísi
mo debemos ciega obediencia, sumo amor y pro
fundo respeto.. Que estás en los cielos: en donde
rodeado de todo el esplendor de vuestra infinita
majestad y gloria, sois asistido de multitud innu
merable de espíritus celestiales, que postrados
ante vuestra adorable presencia os alaban y ben
dicen, diciendo: «Santo, Santo, Santo, Señor Dios
de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra
de vuestra gloria: bendito sea el Señor: digno es
de toda alabanza, de todo honory de toda gloria.»
En los cielos: allí, Señor, donde ostentais vuestro
absoluto poder y dominio no sólo sobre los Ánge
les y Santos, iluminándolos con vuestro conoci
miento, inflamándolos en vuestro amor, y sacián
dolos de vuestra gloria; sino tambien sobre todas
las criaturas y seres del universo á quien soste
neis y gobernais con armonía y órden admirables
con vuestra infinita sabiduría, providencia y om
nipotencia. Allá en los cielos, á donde nosotros, mí
seros mortalés, elevando nuestros corazones,
nuestras súplicas y nuestros ruegos, os pedimos,
Señor, diciendo: Santificado sea el tu nombre: haz,
Señor, que todos los hombres, no sólo los cris
tianos, sino tambien los infieles, los judios y los
paganos, convertidos á tu santa fé, conozcan, re
verencien y glorifiquen tu santo Nombre; á tí, oh
Dios verdadero, uno en esencia y trino en perso
nas, átu fama y á tu gloria; á tu sabiduría y om
nipotencia; á tu bondad y á tu justicia; á todos tus
atributos y divinas perfecciones. Nada, oh Dios Al
tísimo, tengan, los hombres por más santo, por
—■ 288 — '
más augusto y divino, que vuestro tremendo é
inefable Nombre, digno de ser por todas las cria
turas alabado y santificado. Mas para que esto, Se
ñor, tenga perfecto y entero cumplimiento, Venga á
nos el tureino: aquel reino tuyo, en que triunfante
de todos tus enemigos, vencido el imperio de la
muerte y del pecado, y destruido el poder de los
demonios y de los impíos que, dominando en este
mundo te persiguen á tí y á tus escogidos, reina
rás tú solo, oh Rey de la gloria, perpétuamente
por los siglos de los siglos. Aquel reino tuyo en
que harás sentir los efectos de tu justicia y de tu
poder en los Santos y en los réprobos; en los
Santos, dándoles la posesion de tu gloria, en don
de la luz con que te vén es esclarecida, el amor
con que te aman perfectísimo, y la satisfaccion
con que te gozan purísima y felicísima; en los ré
probos ó condenados, haciéndoles sufrir los ar
dores del fuego inextinguible del infierno; ó tam
bien aquel reino tuyo en que, ahuyentada de no
sotros la horrible bestia del pecado, reine en
nuestras almas la paz, la alegría y la pureza de
conciencia, hermoseadas y adornadas con el can
dor y la hermosura de tu divina gracia. Pero este
tu reino no será, Señor, perfecto, si no se cumple
tu soberana voluntad. Así, pues, Hágase tu volun
tad así en la tierra como en el Cielo: obedeciendo y
cumpliendo los hombres en la tierra todos vues
tros divinos mandamientos y preceptos con tanta
prontitud y alegría, como los obedecen y cumplen
los Ángeles en el Cielo; haciéndonos de este modo,
Señor, dignos de que nos concedas El pan nuestro
de cada dia:ese pan y manjar material con que
vuestra divina providencia nos sustenta y man
tiene cada dia para conservar nuestra vida y
nuestra existencia; y que llamamos nuestro, por
que lo destinásteis, no para los Angeles, que sien
do inmortales é impasibles, no lo necesitan; sino
para nosotros los hombres, mortales y pasibles.
— 289 —
Concédenos tambien, Señor, ese Pan celestial y
divino, el cuerpo adorable de vuestro amantísimo
Hijo, Pan de Ángeles bajado del Cielo para ali
mentar nuestra pobre alma y unirse estrechamen
te con ella en el augusto Sacramento. Uno y otro
manjar, el corporal y el espiritual, Dánosle hoy,
oh Dios misericordiosísimo. Hoy: en toda hora, en
todo momento y siempre; porque en toda hora, en
todo tiempo y siempre necesitamos ser por tí ali
mentados espiritual y corporalmente. Además, Se
ñor, Perdónanos nuestras deudas: tantas y tan gra
ves ofensas contra vos, y contra el prójimo co
metidas, tantas obras buenas omitidas, y tantos y
tan repetidos llamamientos de vuestra divina gra
cia, vilmente por nosotros despreciados. Así como
nosotros perdonamos á nuestros deudores: perdóna
nos, Señor, tan completa y enteramente, como no
sotros perdonamos á nuestros prójimos las inju
rias y ofensas que nos hubieren hecho; las que
desde ahora de tal modo perdonamos, que quere
mos, Señor, que este perdon sea el título más au
téntico para que cumplais en nosotros la solem
ne promesa que nos habeis hecho: «Si perdonáis
á vuestros enemigos, yo tambien os perdonaré á
vosotros.» Y tío nos dejes caer en la tentacion: no,
permitais, Señor, pues que de vos depende toda
nuestra virtud y fortaleza, que seamos vencidos
en la encarnizada lucha, que contra las continuas
tentaciones con que nos combaten el mundo, el
diablo y nuestra propia concupiscencia, sostene
mos y hemos de sostener en este mundo por to
do el tiempo de nuestra vida. En fin, Señor, como
además de las tentaciones hay todavía en este
mundo otros muchos males, físicos y morales,
con que nos vemos á cada instante amenazados, ó
realmente aflijidos; por eso, Señor, concluimos
nuestra oracion diciendo: Mas líbranos de todo mal:
de
maltodo
físico;mal
de pasado, presente
las hambres, y venidero.
guerras, pestes vDeenf■er
todo
19"
— 290 —
medades. De todo mal moral; de la soberbia, de ia
avaricia, de la lujuria, y en fin, de cualquier otro
mal que pueda inducirnos á pecado, retraernos
de la práctica de las virtudes, y servir de impedi
mento á la consecucion de nuestra salvacion eter
na. Amen: Así sea.
EXPLICACION PARAFRÁSTICA DE LA SALUTACION
ANGÉLICA Ó AVE MARIA.
Dios te salve: Alégrate, ¡oh Virgen Santísima!
porque eres llena de gracia, porque el Señor está
contigo, porque eres la más dichosa entre todas
las mujeres, y porqué la virtud del Espititu Santo
vendrá sobre tí, y te protejerá el poder del Altísi
mo. Dios te salve. Alégrate, ¡oh Virgen poderosísi
ma! Tú que quebrantaste la cabeza de la infernal
serpiente, que no experimentaste la maldicion de
nuestra madre Eva, que estuviste siempre exen
ta de toda mancha de pecado, y á cuyo Nombre,
los Ángeles se alegran, la tierra se regocija, los
demonios huyen, y todo el infierno tiembla. Dios
te salve. Alégrate ¡oh Virgen gloriosísima! Tú, que
conmutaste la maldicion en bendicion, la tristeza
en gozo, la muerte en vida, el pecado en gracia,
la pena en gloria. Dios te salve. Dios te guarde,
Arca Santa, santificada por la encarnacion y, mo
rada en tí del Unigénito de Dios; Monte fértil y
pingüe, cuya fertilidad, viéndola el Criador de to
das las cosas, hizo fructificar de tí para nosatros la
abundancia de todos los bienes. Dios te salve,
Huerto cerrado, Fuente sellada, Palacio suntuosí
simo fabricado por la mano del Omnipotente y en
el cual sólo habitará el Unigénito del Eterno Pa
dre, Rey de los Reyes y Señor de los Señores.
Dios te salve. Dios te guarde, Paraíso de delicias,
Llave del reino celestial, Estrella fulgentísima,
Virgen purísima de quien nació el Salvador y Re
dentor de todos los hombres. Dios te salve. Dios te
guarde, Hija amadísima de Dios Padre, Madre fe
cundísima de Dios Dijo, Esposa castísima de Dios
— 291 —
Espíritu Santo. Dios le salve, Señora mia, Reina
mia, y Madre mia. María. Nombre augusto, nom
bre-Santo, bajado del Cielo puesto por consejo de
-Dios, y destinado para una Virgen pura y san
ta, concebida sin mancha y llena de virtudes
y de gracia. María. Nombre admirable y glo
rioso, que nos recuerda el elevado y nobilísimo
íin, la excelsa é incomparable dignidad, las altas
prerogativas, la honra y esclarecida fama de aque
lla hermosísima Niña, á quien se impuso tan au
gusto Nombre. María. Nombre dulcísimo y conso
lador, alegría de los Ángeles, regocijo de los
Santos, consuelo de los Justos, refugio de los pe
cadores, esperanza de los fieles, amparo de to
dos los mortales. Marta. Nombre tremendísimo á
cuya invocacion los Cielos se conmueven, la tier
ra tiembla, los infiernos se estremecen, los demo
nios huyen, los Príncipes y Reyes se postran, y
todas las criaturas doblan la rodilla. María. Digní
sima Madre de Dios, Corredentora y Colibertadora
del género humano, Emperatriz de los Cielos, Rei
na de todo el universo, Vástago precioso de Sa
cerdotes, Reyes y Príncipes, Dispensadora de to
dos los dones y gracias celestiales. Llena eres de
gracia: adornada y enriquecida en grado supera-
bundantísimo de la divina gracia y de todas las
virtudes y dones del Espíritu Santo. Llena: porque
toda cuanta gracia, toda cuanta virtud y santidad
tienen y tuvieron cada uno de los Santos y Justos
y todos juntos, tú sola, oh Virgen Santísima, tú
sola lo posees, siendo como eres abismo profundo
de gracia, de virtud y de santidad. El Señor es
contigo: ]oh Virgen dichosísima y felicísima! no un
señor terreno y mortal; sino el Señor de los Cielos
y de la tierra y de todo el universo; el Señor de
toda virtud, de toda gracia y de toda santidad.
Contigo: el Señor, Dios Padre con su admirable
omnipotencia, eligiéndote desde toda la eternidad
y antes de todos los siglos para ser Madre fecunda
— 292 —
al mismo tiempo que Virgen purísima. Contigo: el
Señor, Dios Hijo, con su infinita sabiduria, instru
yéndote y preparándole para que fueses digna
Madre suya. Contigo: el Señor, Dios Espíritu San
to, con su inefable bondad, derramando sobre tí
con indecible abundancia todos sus dones y gra
cias para que te conservases siempre pura, casta
y santa. Contigo: el Señor, el Verbo Divino, el Uni
génito de Dios, el esplendor de su gloria, la imá
gen perfecta de su sustancia, Jesucristo nuestro
Señor, encarnando en tu castísimo seno, y santi
ficándole con su adorable é hipostática union con
la humana naturaleza. Bendita tú eres entre todas
las mujeres. Bendita tú ¡oh Virgen inocentísima!
entre todas las mujeres que ha habido, hay y ha
brá hasta la consumacion de los siglos; porque
fuiste elegida entre todas ellas para ser Madre del
divino Verbo, porque por un singularísimo privi-
lejio no padeciste el oprobio de la esterilidad, ni
perdiste la pureza virginal, y trajiste al mundo
con tu vida la alegria y el gozo. Bendita tú, á
quien los Ángeles, los Querubines y Serafines, los
hombres y todas las generaciones llaman mil y
mil veces bendita. Y bendito es el fruto de tu vientre.
Verdaderamente bendito; porque es el Unigénito
del Eterno Padre en quien tiene todas sus com
placencias, omnipotente, eterno, inmenso, Jesus,
de tu propia sustancia oh Virgen purísima, en
gendrado, y al mundo por Libertador y Redentor
misericordiosamente dado. Jesus. Nombre glorio
sísimo, poderosísimo, dulcísimo, santísimo, ad
mirable á los Ángeles, iá los hombres venerable,
y á los demonios tremendísimo. Jesus. Nuestro
consuelo y nuestro alivio, nuestra alegría y nues
tro gozo, nuestra dicha, nuestra felicidad y nues
tra gloria.
EXPLICACION PARAFRÁSTICA DEL SANTA MARÍA.
Santa María. Verdaderamente Santa/porque con
cebiste en tu castísimo seno á tu divino Hijo Jesu
— 293 —
cristo, autor de toda santidad, yla misma santidad
por esencia. Santa: por el cúmulo inmenso de tus
graciasy virtudes. Santa: en tu alma, en tu cuerpo,
en tu concepcion, en toda tu vida y en tu muerte.
Madre de Dios. Porque engendraste y pariste á Je
sucristo verdadero hombre y verdadero Dios. Madre
de Dios. Dignidad escelsa, por la cual eres elevada
sobre todos los coros de las gerarquias celestiales,
sobre todos los hombres, y sobre todas las criatu
ras, en poder, en soberanía, en grandeza, en ma
jestad y gloria. Ruega por nosotros. Tú ¡oh Madre
de Diosl que tambien lo eres nuestra. Tú que
eres nuestra Abogada, nuestra Protectora y nues
tra Bienhechora, ruega á tu divino Hijo por noso
tros, Los pecadores: como hijos y descendientes de
nuestro primer padre y pecador Adan, y por nues
tros propios pecados mortales y veniales, Pecado
res: pero redimidos con la preciosísima sangre de
vuestro divino Hijo, y á quienes por esto tú, oh Ma
dre amorosísima, no desprecias ni arrojas de tu
amable presencia, antes bien acojes con inaudita
bondad. Ruega por lo tanto, oh benignísima Seño
ra, por nosotros miserables pecadores, Ahora: en
cada instante, en cada hora y en todos los dias de
nuestra presente vida, ruega por nosotros. Y en
la hora de nuestra muerte. Entónces, en aquella
terrible hora, en que nos veremos atormentados
con agudos y vivísimos dolores, y afligidos con
suma tristeza é indecibles congojas. En la hora de
nuestra muerte. Entónces, cuando poseidos de un
profundo temor y temblor por la memoria de
nuestros pecados, vamos■á ser presentados, ante la
presencia del supremo é inexorable Juez para
dar estrflpha cuenta de todos ellos, á la que segui
rá inmediatamente y sin apelacion, una sentencia
tal vez de eterna condenacion. Entónces, cuando
nuestra misma conciencia será nuestro mayor
enemigo, representándonos con la mayor clari
dad, viveza y distincion tantos pecados cometí-
- 294 -
dos, tantos medios de salvacion olvidados, tantos
llamamientos de la gracia despreciados, y tantos
años en las vanidades y placeres del mundo per
didos: dias y años, que deberiamos haber emplea
do en el cumplimienio de la ley santa del Señor,
que es el fin para que fuimos criados. Entónces,
en la hora de nuestra muerte: en aquella terrible y
espantosa hora ampáranos, protéjenos, sálvanos,
¡ohMarial para que despues gocemos en tu dulcísi
ma compañía de los bienes inefables de la gloria
por los siglos delos siglos. Amen. Así sea, fervoro
samente te suplicamos ¡oh Madre y Señora nues
tra! Amen. Así sea, humildemente te pedimos, ¡oh
Reina poderosísima!
VARIAS BENDICIONES.
Las bendiciones siguientes se dirán con estola
por el Sacerdote que esté autorizado para ello.
BENDICION DE LOS ROSARIOS.
t Adjutorium noslrum in nomine Domini.
r Qui fecit ccelum et terram.
t Domine exaudí órationem meam,
n El clamor meus ad te veniat.
* Dominus vobiscum.
y Elcum spiritu luo.
OREMUS.
Omnipotens et misericorsDeus, qui proplerexi-
miam charilatem tuam, qua dilexisti nos, Filiuin
tuum Unigenitum Dominum nostrum Jesum Chris-
tum de ccelis in terram descendere et de Beatissi-
m<fí Virginís Mariae Dominae nostra; utero sacra-
tissimo, Angelo nuntiantc, carnem suscipere, cru-
cemque ac mortem subire, et tertia die gloriose á
mortuis resurgere voluisti, ut nos eriperes de. po-
testate diaboli; obsecramus inmensami^clemen-
tiam tuam, ut haec signa Rosarii in honorem et lau-
dem ejusdem Genitricis Filii tui ab Ecclesia tua fi-
deli dicata bene-}-dicas, et sancti-}-fices, eisque
tantam infundasquodlibet
cumque■horum virlutem secum
Spiritus Sancti, utatque
portaverit, qui-
— 295 —
in domo sua reverenter tenuerit, et in eis ad te
secundum ejusdem sanctaj Societatis instituta, Di
vina contemplando Misteria, devoteoraverit, salu
bre et perseveranti devotione abundet, et parti-
ceps omnium gratiarum, privilegíorum et indul-
gentiarum, quee eidem Societati per Sanctam Se-
dem Apostolieam concessa fuerunt; ab omni hoste
visibili, et invisibili semper et ubique in hoc.sae-
' culo liberetur, et in exitu suo ab ipsa Beatissima
VirgineMaria Dei Genitrice tibi plenus bonis ope-
ribus praesentari mereatur. Per eundem Christum
Dominum nostrum. Amen.
Dicha esta oracion se rocían los Rosarios con
agua bendia.
BENDICION DE LAS VELAS DE LA COFRADÍA
DEL SANTÍSIMO ROSARIO.
t Adjutoriuin nostrum in nomine Domini.
r■ Qui fecitcoslum etterram.
* Domine exaudí orationem meam.
^ Et clamor meus ad te ve.niat.
t Dominus vobiscum.
r' Et cum spiríto tuo.
OREMUS.
Domine Jesu Christe, lux vera, qui iluminas
omnem hominem venientem in hunc mundum,
effunde per intercessionem Virginis Mariae Matris
tuae, et per quindecim ejus Rosarii Misteria bene-j-
dictionem tuamsuper hos Cereos, et Candelas, et
sanctificaeas lumine tuae gratiee, et concede pro-
pitius, ut sicut liaec luminaria igne visibili accensa
nocturnas depellunt tenebras, ita corda nostra in
visibili igne, acSpiritus-|-Sancti splendore illustra-
ta, omnium vitiorum céecitate careant, ut puro
mentís oculo cernere semper possimus quae tibi
suntplacita, et nostrae saluti utilia, quatenus post
hujus seeculi calignosa discrimina, ad lucem in-
deficientem pervenire mereamur. Qui vivís etreg-
nasinseRcula saeculorum. Amen.
Despues se rocían las velas con agua bendita.
— 296 —
MODO DE APLICAR LA INDULGENCIA PLENARIA
CONCEDIDA Á LOS COFRADES DEL SANTÍSIMO ROSARIO PARA
EL ARTÍCULO DE LA MUERTE.
Confíteor Deo. Miseratur lui. Indulgentiam. etc.
Dominas noster Jesus Christus. Filius Dei vivi,
qui Beato Petro Apostolo suo dedit potestatem li-
gandi, atque solvendi, per suam piissimam mise-
ricordiam recipiat confessionem tuam, et remit-
tattibi omnia peccata queecumque, et quomodo-
cumquein toto vitae decursu commisisti, de qui-
bus corde contritus, et ore concessus es, restituens
tibí Stolam primam, quam in Baptismate recepis-
ti: et per Indulgentiam plenariam á Summis Pon-
tificibus Inocentio VIII, et Pío V, Confratribus
Sanctissimi Rosarü in articulo mortis constitutis
concessam, liberet te á praesentis ac futurae vitae
pcenis, digoetur Purgatorii cruciatus remittere,
portas inferni claudere, Paradisi januam aperire,
teque ad gaudia sempiterna perducere per sacra-
tissima sua3 vitae, Passionis, etGlorificationis Miste-
ria Sanctissimo Rosario comprehensa. Qui cum
Patre, et Spiritu Sancto vivis, et regna§ in saecula
saeculorum. Amen.
CATÁLOGO TERCERO.
INDULGENCIAS PARCIALES QUE PUEDEN GANAR LOS
COFRADES DEL SANTÍSIMO ROSARIO. (1)
POR REZAR EL ROSARIO.
Cuarenta dias de perdon todas las veces que
recen una tercera parte del Rosario. Inocencio XI.
Cinco años y cinco cuarentenas de perdon á
todos los fieles por cada vez que se rece una par
te de Rosario. Sixto V.
Sesenta mil años y sesenta mil cuarentenas de
perdon todas las veces, que verdaderamente peni
tentes y' contritos recen uña parte de Rosario.
Inocencio VIH.
(1) El presente Catálogo corresponde á la pági
na 335 de esta obra. ,
— 297 —
Cinco años y cinco cuarentenas de perdon á
los que al fin de cada Ave María pronuncien el
dulcísimo nombre de Jesus, cuando rezan el Rosa
rio. Inocencio VIH.
Cien dias de perdon cuantas veces se rece el
Rosario. Inocencio VIH.
Diez años y diez cuarentenas de perdon cada
dia que se rece una parte de Rosario, de suerte
que se complete el Rosario entero en toda la sema
na, estando contritos y con propósito de confesarse.
Diez años y diez cuarentenas de perdon á los
que verdaderamente penitentes y confesados, ó
teniendo propósito de confesarse, recen devota
mente en la semana tres veces el Rosario entero.
Cincuenta años de perdon por rezar una
parte de Rosario en la capilla de la Cofradía ó
en otro sitio de la iglesia desde donde se vea el
altar de la capilla. Los mismos cincuenta años á
los que estando donde no hay iglesia de la Co
fradía, recen devotamente una parte de Rosario
en cualquier iglesia ú oratorio. Inocencio XI.
Dos años de perdon cada uno de tres dias
de la semana en que se rece una parte de Ro
sario, con tal que en la semana se retóe entero.
Inocencio XI.
Cuarenta dias de perdon todos los dias del
año en que se rece el Rosario. Inocencio XI.
Siete años y siete cuarentenas de perdon por
cada semana que se rece el Rosario entero.
Inocencio XI.
Cada vez que se verifica rezar el Rosario en
tero, sea en un dia ó en muchos, se ganan to
das las indulgencias, que son innumerables, así
plenarias como parciales, concedidas á todos
los fieles de los reinos de España por rezar la
Corona de Nuestra Señora. Inocencio XI.
Cien dias de indulgencia por cada Padrenues
tro y Ave Marfa, rezando en Rosario bendito por
Religioso Dominico. Benedicto XIII.
— 298 —
Siete dias de indulgencia por cada vez que se
pronuncien los dulcísimos nombres de Jesus y
de María, dentro ó fuera del Rosario. Inocencio XI.
Cinco años, cinco cuarentenas y doscientos
ochenta dias de perdon por rezar una parte de
Rosario. Inocencio XI.
Cien dias y cien cuarentenas de perdon por
traer consigo el Rosario con reverencia, y es
tando contritos de sus culpas. Si esto se hace
en reverencia de la Madre de Dios, cien años y
cien cuarentenas de perdon.
POR LA MISA DEL R0SARI0.-S4LFE BADIX.
Todos los Sacerdotes, que segun los decretos
dela Silla Apostólica, puedan decir dicha Misa,
como asimismo todos los cofrades del Rosario,
que verdaderamente penitentes y confesados, ó
con propósito firme de confesarse, la oyen devo
tamente; cuantas veces esto hagan, ganan ade
más de las plenarias, todas las indulgencias
parciales concedidas por rezar el Rosario ente
ro. Inocencio XI.
Todos los mencionados, que acostumbran de
cir ú oir, como se ha dicho, esta Misa, para ca
da mes en el dia que verdaderamente penitentes,
confesados y comulgados, rogaren por la paz
etc. tienen concedidas, además de las plenarias,
todas las indulgencias parciales, que se conce
den á los cofrades que asisten á la procesion
del Rosario, que se hace el primer Domingo de
cada mes. Inocencio XI.
POR LA SALVE.
Cuarenta dias de perdon por asistir los Sá
bados y dias de fiesta á la Salve, que despues
de Completas se canta en la iglesia de la Cofra
día, ante el altar de Nuestra Señora. En los
Sábados de Cuaresma un año más. Inocencio XI.
Cien dias de perdon cuantas veces asisten á
la Salve, verdaderamente penitentes y confesa
dos, ó con propósito firme de confesarse cuando
— 299 —
lo manda nuestra Madre la Iglesia. Inocencio XI.
Tres años y tres cuarentenas de perdon, en
lies de los dichos cien dias, cuando .los cofrades
segun los estatutos de la Cofradía, asisten á di
cha Salve con velas encendidas. Inocencio XI.
POR VARIAS OBRAS DE CARIDAD, CUANTAS
VECES LAS PRACTIQUEN.
Por acompañar al estandarte del Santísimo Ro
sario cuando se lleva á enterrar algun cofrade,
cien dias de perdon.
Por asistir á los aniversarios de las almas de
los cofrades difuntos, y rogar allí por la paz etc.,
cien dias de perdon.
Por exhortar á los cofrades enfermos á que
reciban los Sacramentos, y visitarlos, cien dias
de perdon. Inocencio XI.
Tor asistir á los Divinos Oficios, que por los
cofrades, ó por su instituto, ú orden se cantan
en la capilla de la Cofradía, sesenta dias de
perdon.
Por asistir á las juntas públicas ó secretas
que se tienen para la mejor direccion de la Co
fradía, sesenta dias de perdon.
Por asistir al Santísimo cuando se lleva á los
enfermos, ó si no se puede, rezar de rodillas, al
oiría campanilla, un Padrenuestro por el enfer
mo, sesenta dias de perdon.
Por acompañar al entierro de algun cofrade,
sesenta dias de perdon.
Por visitar y consolar á los cofrades enfermos,
sesenta dias de perdon.
Por rezar ante algun Crucifijo por las almas
de los cofrades difuntos cinco Padre nuestros y
cinco Ave Marías en honra de las cinco llagas
de Ntro. Señor Jesucristo, sesenta dias de per-
don. Inocencio XI.
Por visitar á los cofrades enfermos, ó acom
pañar el entierro de algun cofrade á- la iglesia
— 300 —
de la Cofradía, tres años y tres cuarentenas de
perdon. Inocencio XI.
Por asistir á los Divinos Oficios ó Misas, que
por constitucion ó costumbre de la Cofradía se
celebran en su iglesia, sesenta dias de perdon.
Inocencio XI.
Por hospedar pobres peregrinos, ó hacerles
alguna limosna ó agasajo, sesenta dias de perdon.
Por poner paz entre los enemigos, ó procu
rar conciliar á los que están discordes, sesenta
dias de perdon.
Por acompañar á los entierros de los que no
son cofrades, sesenta dias de perdon.
Por consolar á los enfermos, sesenta dias de
perdon.
Por asistir á las procesiones que se hagan con
licencia del Ordinario, sesenta dias de perdon.
Por asistir á la procesion del Santísimo, se
senta dias de perdón.
Por asistir al Viático, ó si están impedidos,
hacer que otros le acompañen, ó al oir la campa
nilla, rezar de rodillas un Padre nuestro y Ave
María por las almas de los cofrades difuntos, se
senta dias de perdon.
Por reducir á algun pecador al camino de la
salud, ó enseñar á los ignorantes los manda
mientos de Dios, ú ¿tras cosas necesarias para
salvarse, sesenta dias de perdon.
Por ejercitarse en cualquiera obra de caridad
ó piedad, que pertenezca al honor de Dios, ó pro
vecho corporal ó espiritual del prójimo, sesenta
dias de perdon. Inocencio XI.
POR EL EJERCICIO DE VARIAS DEVOCIONES.
Por visitar en cualquier dia la capilla ó altar
de la Cofradía, rogando allí por la paz y concor
dia etc., cien dias de perdon. Inocencio XI.
Por traer consigo el Rosario con reverencia
y estando verdaderamente contritos, cien dias
y cien cuarentenas de perdon. Inocencio XI.
— 301 —
Por traer consigo el Rosario en reverencia de
Nuestra Señora, y. estando verdaderamente con
tritos, cien años y cien cuarentenas de perdon.
Por rezar de rodillas por la mañana, al me
dio dia y á la noche, al toque de la campana, el
Ángelus Domini etc. con tres Ave Marías, rogando
por la paz etc., y estando verdaderamente contri
tos, cien dius de perdon. Benedicto XIII. Los Reli
giosos y Religiosas ocupados al toque de cam
pana en algun acto de comunidad, ganan lo di
cho, si concluido aquel acto rezan lo mismo. Por
disposicion del Papa Benedicto XIV, el Ángelus
Domini etc. debe rezarse en pié el Sábado en la
tarde y los Domingos; y en todo el tiempo pas
cual en lugar del Ángelus Domini etc., debe re
zarse siempre en pié la antífona Regina cceli etc.,
con su verso y oracion correspondiente; pero
los que no saben dicha antífona Regina etc. de
ben rezar el Ángelus Domini.
PRIMER DOMINGO DE CADA MES.
; Por asistir devotamente á la procesion que se
acostumbra hacer en la iglesia de la Cofradía,
Ipara todos los fieles, siete años y siete cuaren
tenas de perdon.
i Por asistir á la procesion en los dias que de
me hacerse, cien dias de perdon. Inocencio XI.
Los que no pueden asistir vean la pág. 220, ad
vertencia VIII.
DOMINGO INFRAOCTAVO DE LOS SANTOS REYES.
Quinto Misterio Gozoso del Santísimo Rosario.
Por rezar al menos una parte de Rosario, siete
años y siete cuarentenas de perdon. Inocencio XI.
Dia 2 de Febrero. Cuarto Misterio Gozoso del
Santísimo Rosario.
i Por rezar una parte de Rosario, habiendo
(confesado y comulgado, diez años y diez cua
rentenas de perdon.
i ítem. Por lo mismo, cien dias de perdon.
I Inocencio XI.
— 302 —
Dia 25 de Marzo. Anunciacion de Ntra. Se
ñora y Encarnacion del Hijo de Dios. Primer Mis
terio Gotoso del Santísimo Rosario.
Por rezar una parte de Rosario, habiendo
confesado y comulgado, diez años y diez cua
rentenas de perdon.
Por visitar devotamente cada año la iglesia
de la Cofradía habiendo confesado y comulgado,
rogando allí por la paz etc., siete años y siete
cuarentenas de perdon.
Por rezar una parte, de Rosario, cien dias de
perdon. Inocencio XI.
Por rezar el Rosario entero, habiendo confe
sado y comulgado, siete años y siete cuarente
nas de perdon. Sixto IV.
x Júeves y Viérnes Santo. Misterios Dolorosos del
Santísimo Rosario.
Por rezar una parte de Rosario, habiendo con
fesado y comulgado, siete años y siete cuarente
nas de perdon. Inocencio XI.
Dia 5 de Abril. S. Vicente Ferrer.
Por confesar y comulgar en veneracion del
Santo siete Viérnes al año, especialmente los que
preceden á su fiesta, siete años y siete cuaren
tenas de perdon. Pio VII.
PASCUA DE RESURRECCION. Primer Misterio Glo
rioso del Santísimo Rosario^.
Por visitar en cada uno de los dias de Resur
reccion la Capilla de la Cofradía, rogando allí
por la paz y concordia etc., habiendo confesado
y comulgado, siete años y siete cuarentenas de
perdon.
Por rezar una parte de Rosario, habiendo
confesado y comulgado, diez años y diez cua
rentenas de perdon. Inocencio XI.
ASCENSION DEL SEÑOR. Segundo Misterio Glorio
so del Santísimo Rosario.
\ Por rezar una parte de Rosario, habiendo con
- 303 —
ÍTesado y comulgado, siete años y siete cuaren
tenas de perdon.
Por visitar la capilla de la Cofradía, rogando
I allí por la paz y concordia etc., habiendo con
fesado y comulgado, siete años y siete cuarente
nas de perdon. Inocencio XI.
Dia 2 de Julio. Visitacion de Ntra. Señora. Se
cundo Misterio Gozoso del Santísimo Rosario.
Por rezar una parle de Rosario habiendo con
fesado y comulgado, siete años y siete cuarente
nas de perdon.
Por visitar cada año la iglesia de la Cofradía,
rogando allí por la paz y concordia etc., habien
do confesado y comulgado, siete años y siete
cuarentenas de perdon.
Por rezar una parte de Rosario, cien dias de
Iperdon. Inocencio XI.
Dia 4 de Agosto. Festividad de Ntro. Glorioso
Padre y Patriarca Santo Domingo de Guzman.
Por confesar y comulgar en alguna de las igle
sias del órden de Santo Domingo, los quince
Mártes consagrados al Santo, cien dias de per-
don. Pio VIL
Dia 15. Asuncion de Ntra. Señora. Cuarto Mis
terio Glorioso del Santísimo Rosario.
Por rezar una parte de Rosario, habiendo
confesado y. comulgado, diez años y diez cua
rentenas de perdon.
Por rezar una parte de Rosario, cien dias de
perdon. Inocencio XI.
Por rezar el Rosario entero, habiendo confe
sado y comulgado, siete años y siete cuarente
nas de perdon. SixtoIV.
Por visitar devotamente la capilla de la Co
fradía, rogando allí por la paz etc., habien
do confesado y comulgado, siete años y siete
cuarentenas de perdon. Inocencio XI.
Dia 8 de Setiembre.—Natividad de Nuestra
Señora.
— 304 —
ÍPor visitar cada año la iglesia de la Cofra
día, rogando allí por la paz etc., habiendo con
fesado y comulgado, siete años y siete cuaren
tenas de perdon.
Por rezar una parte de Rosario, cien diasde
perdon. Inocencio XI.
Por rezar el Rosario entero, habiendo confe
sado y comulgado, siete años y siete cuarente
nas de perdon. Sixto IV.
Octubre. —Domingo!.0 Ntra. Sra. del Rosario.
Fiesta principal de esta Cofradía. Véase el Do
mingo 1 .° de cada mes, pág. 301 .
Dia 1 .° de Noviembre.—Festividad de Todos los
Santos.
Por visitar la capilla de la Cofradía, rogando
allí por la paz y concordia etc., habiendo confesa
do y comulgado, siete años y siete cuarentenas
de perdon. Inocencio XI.
Dia 8 de Diciembre. —La Purísima Concepcion
de Ntra. Señora.
Por visitar cada año la iglesia de la Cofradía
rogando allí por la paz y concordia etc., habiendo
confesado y comulgado, siete años y siete cuaren
tenas de perdon. Inocencio XI.
Dia 25. Natividad de Ntro. Sr. Jesucristo. Ter
cer Misterio Gozoso del Santísimo Rosario.
i Por rezar una parte de Rosario, habiendo
confesado y comulgado, siete años y siete cua
rentenas de perdon.
/ Por visitar la capilla de la Cofradía, rogando
Jallí por la paz y concordia etc., habiendo confe-
[sado y comulgado, siete años y siete cuarentenas
\de perdon. Inocencio XI.

NOTA.—No es indispensable tener la Bulu de la


Santa Cruzada, para ganar las Indulgencias del
Santo Rosario.
FIN.
I3G3M 3S8Ü100 30 ?31fl 3723 «3 3'JO Zt i3F3DjU0Hi 2«J M tO„ >.
.OIf:A?Cf; 0KiEi-iíiS2 J30 23CASIC3 2GJ ÜÍKKí

- ,1 noi) ,ow-,"5r líib /,.irr.■li'} / i ni, 'i.¡isííi"ií r.ij-::;í . : :


•■•í fi■Ú' O ?ol ii-OlK■í :' ■r.-'.: O.: t """/ >íi;,"i f: } -i í.::-J inw.,-. •; j,
■ ?■ ' .■:■'..; -,t..: o: i- V'' j" : ...■■.t i. I fifti-i/ ao'^V'i""^■' V. ■ ■■■' ..-
ij 'íu.í r.■ - .lin'i.U '.ol ai.Iu■J Culo-i «-jji-iiJffjiq r.j:j:.:ii"£iji. -ni

■ 5 ■ 7 V,'■ ■■/.í;■í.Il li i o -j .oí íi;:f!i■If:íi:i oiip t-■ú■i.■■:i ri ■ oí .. . ■.

_, . ■.:::. >"i.■,;■ >.■.i -i ■■ "I ■:i:í; i":; O . ■. : vj>i. j:¡ .;.u| i.-i : .., .

■■ ■ .■ :" fi:i; i i -:víí j:' i v"■ i V i;í;- 7-¡ ■ i i;■ ti-iv i i■j ' ■i■i■-■

"A l:"jt.í jí i;i . .j.íiii;j ■■í S■\ Y■ i -'' f I ' j ? : til "■ i.■üijr

; i ,,- ■..' í, ■:■i¡■ ■ :■ ■.i■, ■■r:il:"■.i í■i■, í. í :il ni iuti< I Oí;uivi■■r: ■

.■ r. . ■■•¡ iú--i:- \:ír :ii I >i jí:- ! 1 .í .i J j;-\. .■ i. I ; i. i. i , ■..'-._; i ■ .

-Til ü i:; íiíi 1J , :l-i'■ "Jfi H. '.;../■:.■i j i■I. J. !: j1jj i;b . . ;■. i;
.o}■.■ .m.i! r,i -i ■: i.■].1! J.■-in ■'. i.V-■i-.i ■■ i .■íi j-lii-i/ .i. ,

- ,i.i; ív\- ■i-■■■ j;üjj íii:-j-n■ -i ■.i ',.■ ".I :/ ■"■ üi■ ií: . ti, r.;. jiii-

■.■ ■ir.íüi íi¡í'i';J ,P.ti/'j í ii í ', i Mi I -,. :; .j.íí ■ ■'.,' i iíu■:í ', . ■ : :i
..-'-,.!i: > '; . i■ i ■oí jív. ■ j ■ :' ' i. i . : '.• ■ .'-■ .- ii■ iíi 7-iii.I-iti i Jt . .■ : .

i i,,■. í:j,■:.■i liur; ,i,Li;i ". .i ;.. i i ■ i.i: ■ ii: j:: .i: - ■i-I . i í:i'j ; : , .■

. ■ 1 •í \ ! ■ ' ■ ■

■ hi r.- ..■».■.■:■■ J:, .■ : f■.í '-.oi "' jr j■i j;i ' i:- ii; j■im. ■_., ■ :

: ; ■ ""i..: ii- i ■. . ■
. ■. r j; /.l lí■.; i. .;; . :': i, . ■ ■

.rX■\ :■f::v.k

■..■. .i :■ ,■:. ■;'■ !.'-■■ :j;i '- ■.:.■. ■■.-i, <: . ■. .■■. ,.■ ■ i-
- ■ ,i :/ .'./ --vi. .-■i m ..:i i/ .■■ m..¡ . ii■'.. ■■ i ;■ijj . . ,.■

.■. .í .'. i ■.:::■..' í] ■ i,■.■ i:-.; i' I■ o v !■ ■i 'i■ ■..-■_..■ ■ .i


- iu:i «I .■. ■i'■ .'■ .7 ii í:■■■ ', j;i ■i■ ■i f . ■';., ,■.. i .
- ■;■í .■i■i .i.i:■-t .t/M/ ■ í. ■ ri-.■ ,: -.■ii- . j ■: -i- ■.¡I -i . ■ .. ■■

í ■ ;. niitíi■iY i:< i ■.i'- ií ll i; i t; y. f.» , : .: ■ . j. ■ : . .

■.■';. i.. ■. '.■ t í■i iii ■.J■iijT:í " ::j ■■ . ;,-, i■■■:.■..■ ,.■;s iJ.

-■:■■/- ■ . . ■ , .:í..■ -:X■■ . I ■íO■i i . í. ' ■, i ■ . i-- ij í■ i i* - !■ i

.. !' ,:■' ■ i i :..■i' - . j.ii '.■■ i.¡ '■ - i :■::■■ , i i


- .: ..■ :. - -i;".*; . ,.■ . oí i\! . ■■■.u:■ ■■ ; i i :■ . ;.■
■ ,,■ ■■■■■■ . "íj■-í iI :■ 'i .jiiii-: j i ,..i/ ■/i. ^i ni i ■/i ■: -i.j". ;

•: í. .". ;i ■j : i: ■■- :ií■i, elin il■.i. ;.■:■■ : ■:f - ;\i.ir'■Ij.:i':í l .■ i ■ ■

-:'■i■■ :¿,■ i:iií■/i, .t..i t-o>i .;.íiiíi .-.■.,:■ .. ! ..■■■■. l.■-. i . i,:■ ■
- . ; i. .,.; c ú «■ • J ; .■-■ "i :. ■ nií i■J :: ■ ■.'■ . ■.; ■, i i:- . :■■■ ;.

. ■i . . :;; v v■.ví;,i. £j ^i: b ií:- :j:;i:rj/j■; 1- ¡ i- f:;' j '■.• . j i■-,í.


CATALOGO DE LAS INDULGENCIAS QUE EN ESTE MES DE OCTUBRE PUEDEN
GANAR LOS COFRADES DEL SANTÍSIMO ROSARIO.

Domingo 1.° Fiesta principal de la Cofradía del Rosario, con In


dulgencia Plenaria tantas cuantas veces (toties quoties) los Cofrades
que confesados y comulgados visiten la Capilla rogando por la paz etc.
Además 5 indulgencias plenarias como todos los Domingos l.os de
mes.
Además 2 para los cofrades que confesando, comulgando y visitando
la iglesia, robando por la paz etc. Otra para todos los fieles que con
fesando y comulgando visiten la iglesia y rueguen por la paz etc. Otra
para los que tambien confesando visiten la capilla. Otra para los que
confesando con religioso Dominico ó Sacerdote 3.J de dicha órden co-
mulgaen en la iglesia de la cofradía. Además 1 indulgencia plenaria
para los Cofrades en un dia da la Octava á su eleccion, si en él confie
san y comalgan, visitando i Capilla y rogando por la paz, etc.
Con esta ocasion se hace m ínnria: 1.° Que rezando una tercera par
te del R >sario en cualquier lia, se ganan 120010 años, 120010 cuaren
tena? y lid día* da indulgencias. 2.° Que quien la reza todos los dias,
ea un) del año gana indulgencia plenaria confesando, comalgaüdo y
rogando por la paz. etc.
Dia 10. Indulgencia plenaria para tolos los fieles que confesando y
comulgando, visiten nuestras iglesias.
Dia lo. Indulgencia plenaria como la anterior.

ANUNCIOS.

Estando ya concluido de escribir el famoso devorlonar■o del MES


DEL SMO. ROSARLO escrito por ei M. R. P. Pr. José M.1 Moran,
Lector ea Sagrada Teologíaenel colegio de Misioneros Dominicos para
Asia en Ocaia, y aprobado ya por la orden de N. P. Sto. Domingo,
como así tambien coa las licencias necesarias de Ntro. Emo. Sr. Car
denal Arzobispo di Sevilla, se avisa á nuestros suscriptores á la
Corona de Maria que deberán salir cuando menos 4 entregas mensua
les al precio de 5 cuartos cada una, por lo cual los que quieran suscri
birse darán aviso á los encargados de la dicha Corona de Maria.
En la sacristía de la iglesia de S. Pablo y Sto. Domingo de Ecija, se
vendea á dos cuartos los cantíos de Maria Sma. del Rosario, los que
se imprimirán en cuarto. Los que gusten suscribirse á estas hermosas
composiciones antiguas y modernas del Smo. Rosario, avisarán tam
bien en dicha sacristía y recibirán todos los meses tr^s ó cuatro en
tregas que constará cada una de 4 páginas en dicho tamaño, y al pre-
"io de 2 cuartos cada entrega.
"i
--P
C-Tus
1001155595

r*f BIBLIOT

III " 7<7Ó7.

Oepa'tament de Cultu'a

■ *

^r ■ 1
*..'•«
|* ".
M|. li

1 » i»?
g^i Aw
"'í
L.S
wC *^" BB^»■
^^I^.I
p^r ■ 'm
.■. -A- • J- ■ ™ «■