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Unidad 3

1 //Escenario
Escenario26
Lectura fundamental
Fundamental

El signo
La
Etapas
teoría
de
yde
las
unlos
relaciones
plan
signos
de comunicación
humanas
estratégica

Contenido

1 Interaccionismo simbólico

2 El lenguaje como semiótica social

Palabras clave: interaccionismo simbólico, semiótica social, lenguaje, expresión, comunicación.


“La comunicación (humana) se concibe como un sistema de canales múltiples
en el que el autor social participa en todo momento, tanto si lo desea como si
no: por sus gestos, su mirada, e incluso su ausencia (…) El autor social, en su
calidad de miembro de cierta cultura, forma parte de la comunicación, como
el músico forma parte de la orquesta. Pero en esta vasta orquesta cultural no
hay director ni partitura. Cada uno toca poniéndose de acuerdo con el otro.
Solo un observador exterior, es decir, un investigador de la comunicación,
puede elaborar progresivamente una partitura escrita, que sin duda se revelará
altamente compleja”.
Ives Winkin, 1984.

Introducción
En la década de los años veinte hubo un gran movimiento migratorio de habitantes de Europa a
Estados Unidos que suscitó el crecimiento de las ciudades. Los muertos y sobrevivientes del Titanic
son un ejemplo de la travesía iniciada desde las periferias rurales a los transatlánticos centros urbanos.
Chicago, en ese momento, era un punto de desarrollo industrial que inspiró la llegada de inmigrantes,
éxodo que transformó las dinámicas del orden social establecido, obligando a reconstruir la manera de
relacionarse entre los seres humanos de esta capital.

El sociólogo Robert Ezra Park (1864-1944) identificó en el fenómeno de la migración un hecho social
y lo problematizó, para convertirlo en objeto de estudio de un campo del saber, que convirtió a esta
metrópoli en un laboratorio donde se observaban y estudiaban los signos de movilidad, marginalidad,
desorganización, asimilación o aculturación. La sistematización del desarrollo del marco conceptual,
de los métodos usados, de los análisis de los hallazgos, al igual que de los resultados obtenidos, unos
años después sería denominada y reconocida como Sociología Urbana, la especialidad que distingue a
la que sería conocida como la Escuela de Chicago.

Ezra Park, para sustentar su enfoque, aplicó el concepto de ecología (definido en 1869 por el
naturalista Ernst Haeckel) a la condición humana y propuso la categoría “ecología humana”. Planteó
que la existencia de los organismos depende de su relación con el entorno, el cual está constituido por
territorio y medios de subsistencia creados en una cultura, donde funcionan modos de interactuar a
partir de las diferencias sociales preexistentes. A este pionero lo secundarían después Wirth, Burguess
y Mc Kenzie.

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1. Interaccionismo simbólico
No obstante, fue desde 1937 que se reconocieron a George Herbert Mead, Erving Goffman y la
Escuela de Palo Alto como los investigadores que con sus estudios plantearon y desarrollaron los
fundamentos de la perspectiva llamada Interaccionismo Simbólico. Este campo del saber se propone
describir y explicar cómo ocurre la interacción en el sujeto y en los grupos, desde un enfoque
histórico que reconoce la existencia del proceso evolutivo que causo el paso del organismo biológico
al sujeto social, proponiendo y usando una metodología de tipo cualitativo para realizar sus estudios.

Todos estos autores plantearon que la comunicación es el proceso humano esencial, fundamento
de toda interacción social que contribuye en la fabricación de las sociedades. Usando la capacidad
de la semiosis, nuestra especie crea signos y símbolos para transmitir significados que requieren ser
interpretados con la participación de los actores involucrados en una situación comunicativa, porque
el significado de un comportamiento se construye en la interacción social.

También sustentaron que la conciencia sobre la propia existencia, la existencia de los otros y de lo
otro es el resultado de la interacción social. Los sujetos, como seres gregarios, sostienen constantes
interacciones con otros individuos que integran grupos sociales. La interrelación continua es el
proceso que configura la personalidad del sujeto, la cual está constituida por un sistema de símbolos
de carácter intersubjetivo, es decir, que emergieron porque hubo la posibilidad de intercambiar con la
subjetividad de otros o experimentar lo otro (natural o artificial). Desde esta perspectiva se considera
que es a partir de los intereses personales de los individuos, que este específica, admite o altera los
roles, las normas, y dogmas de su entorno inmediato. Nada de lo anterior sería posible, si el sujeto no
desarrolla su capacidad introspectiva, es decir, el discernimiento de sus propios estados mentales para
desarrollar su conciencia.

Formularon y presentaron, en un encadenamiento racional, los siete principios que guían el análisis y
la comprensión de la manera como ocurre la interacción entre la especie Homo sapiens sapiens, desde
su perspectiva. De acuerdo con Rizo (s.f.), estos autores argumentaron que:

1. Los seres humanos, a diferencia de los animales inferiores, poseen la capacidad de pensar; 2. La
capacidad de pensar está moldeada por la interacción social; 3. En la interacción social la gente
aprende los significados y los símbolos que les permiten ejercer su capacidad humana distintiva
de pensar; 4. Significados y símbolos le permiten a la gente ejecutar interacción y acción humana
distintiva; 5. La gente es capaz de modificar los significados y símbolos que ellos usan en la interacción
sobre la base de la interpretación de la situación. 6. La gente es capaz de hacer esas modificaciones
porque tienen la habilidad de interactuar con ellos mismos, lo que les permite examinar diferentes
cursos posibles de acción, determinando las ventajas y desventajas relativas y escoger una;

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7. Los modelos de acción y de interacción constituyen grupos y sociedades. Estos principios son el
resumen de un complejo sistema conceptual acerca de cómo es la cultura y la sociedad y de cómo los
sujetos reaccionan ante la influencia de ellas (p.5).

En 1969, 32 años después de haber iniciado con sus colegas este camino científico, Herbert Blumer
(como se citó en ) sintetizó en tres tesis los hallazgos del interaccionismo simbólico:
(…) la primera es que las personas actúan en relación a las cosas a partir del significado que las cosas
tienen para ellos (la acción como interacción comunicativa). La segunda dice que el contenido de las
cosas se define a partir de la interacción social que el individuo tiene con sus conciudadanos (la acción
como proceso interpersonal). El tercero implica que el contenido es trabajado y modificado a través
de un proceso de traducción y evaluación que el individuo usa cuando trabaja las cosas con las que se
encuentra (la acción como un proceso autoreflexivo) (p. 24).

Aunque estos científicos sociales compartieron todos los postulados anteriormente presentados,
cada uno escogió un tema de estudio que, aunque diferente era complementario en la tarea de
explicar la interacción humana en el complejo proceso de la comunicación. George Herbert Mead
propuso la categoría de “sí mismo”, Erving Goffman se dedicó a estudiar el rol de la fachada o cara
(face) en las relaciones sociales, la Escuela de Palo Alto planteó la idea de que “todo comunica”. A
continuación, se presenta de manera resumida la síntesis de sus aportes en cada uno de los problemas
de investigación elegidos por ellos.

1.1. El enfoque de G. H. Mead

George Herbert Mead (1893-1931) estudió psicología y filosofía en Harvard. Se empeñó en


entender y explicar el papel de la interacción en la construcción del “sí mismo” (self) de las personas.
Propuso, que un sujeto puede llegar a ser objeto de su propia acción porque puede influir hacia sí
mismo y, al mismo tiempo, puede orientar sus acciones hacia otros buscando mantener o reforzar
la imagen que se tiene de sí mismo. Desde este punto de vista, hombre y realidad son considerados
procesos, no entidades acabadas.

Sustentó que la relación entre el individuo y su ambiente es de interacción y mutua influencia. El otro
moldea al uno y viceversa. La representación que el individuo tiene de la realidad está formada tanto
por la percepción como por sus acciones. Es la conciencia la que tiene la capacidad de interrumpir o
inhibir las respuestas de los estímulos instintivos del hombre.

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Los hábitos, es decir, las conductas mecanizadas, tienen como función mediar entre el instinto y la
razón, porque pueden adaptarse a la realidad cambiante.

Para explicar de qué manera el individuo construye su “sí mismo” (self) en el entorno social, Mead
define las categorías de acto, acción y actitud. El organismo, guiado por su inteligencia, interviene
o modifica su ambiente por medio de actos que realiza a partir de la selección de ciertos tipos de
estímulos que necesita para mantener y reconstruir su vida social. El acto es el momento en que se
selecciona el estímulo y se controla, es decir, libera, inhibe, demora o transforma la acción, que es
entendida como la adaptación del organismo al dinámico medio social.

Cuando, a partir de un estímulo, el individuo inicia el acto es porque, en su conciencia, ya existe


una serie determinada de actitudes organizadas por su inteligencia, a partir de la estructura de sus
hábitos, lo que quiere decir que, se ha previsto o planeado el desarrollo de lo que sucederá una vez
la acción haya empezado. En otras palabras, ya en el inició de la acción se manifiesta lo que se va a
realizar posteriormente y lo que se espera del otro como respuesta a ella, a todo este conjunto se le
da el nombre de unidad de acción. El conjunto de esas disposiciones, que se expresan en la acción, el
esfuerzo que implica la organización de la cadena de actitudes son el indicio de lo que los otros o lo
otro significa para el individuo.

Mead concluye que el acto social es, en esencia, una unidad de interpretación que emerge entre dos
organismos en un proceso en el que, a medida que se producen diversos actos individuales, estos se
van complementando para ir construyendo sentido, unos por correlación con otros; es decir, que
se adoptan ciertas actitudes dependiendo de la reciprocidad o no que se observe en el interlocutor:
porque yo hice y dije algo, el otro hace y dice algo y así sucesivamente hasta ir, poco a poco,
produciendo una cadena de actos individuales específicos para cada situación comunicativa, que por
lo mismo termina siendo única.

Las actitudes de la acción se expresan corporalmente de manera simultánea en por lo menos tres
niveles: el prelingüístico, el gestual, y el gesto vocal. El prelingüístico porque antes de decir algo, el
individuo ha planeado la acción y las disposiciones a la acción como un conjunto inseparable. Mead
afirmó que un gesto siempre será el comienzo de un acto social, porque es estímulo para la reacción
de otro individuo; un gesto siempre se asociará al acto que siga a la manifestación de este. El gesto
vocal produce una doble reacción, pues se ve y se oye lo que el otro quiere decir, pero al mismo
tiempo, tiene la peculiaridad de ser observado y escuchado en el exterior por quien lo produce. Por lo
anterior, este autor afirma que el gesto vocal es un símbolo reflexivo, en el sentido en que se razona
antes de actuar, que lo que se dice o hace es para el otro, aunque también produce y motiva un efecto
de reflejo (reacción parecida), en quien lo realiza.

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Al tener estos tres niveles, el gesto se convierte en símbolo que expresa un doble significado: el
primero es cuando el acto produce en quien lo expresa el mismo efecto que en quien lo ve; el segundo
es cuando el gesto induce en el que lo produce la misma reacción que en quien lo ve, además, del
siguiente cambio en la conducta del otro. Cuando ocurre lo anterior, se dice que el interlocutor se
transforma en un alter, es decir, un individuo que, a pesar de ser otro, se muestra muy identificado
con la manera de actuar o con las opiniones o visión de mundo de quien emite el mensaje.

Mead advirtió que la construcción del sí mismo (self) no sería posible si nuestra especie no contara
con la facultad del lenguaje. Sin esta no existiría la capacidad de significar, de pensar, para generar
pensamientos ni el desarrollo de la inteligencia reflexiva. A continuación, se explica la manera como
este autor sustenta esta tesis.

Los signos creados por la mente de la especie Homo sapiens sapiens, en esencia, son representaciones
de significaciones que el individuo aprende provenientes de experiencias externas, vividas en las
interacciones con las instituciones de la sociedad. Como la interpretación del significado heredado de
una cultura, inicialmente no es homogéneo, la interacción con los otros regula la interpretación hasta
estandarizarla, hasta volverla común para ese específico grupo o comunidad de seres humanos. Desde
el punto de vista de Mead, el significado no es la intención subjetiva, sino la reacción objetiva que se
aprende, y así el símbolo tiene la misma significación para todos y se hace general”. Mead lo presenta
de la siguiente manera:

(…) un símbolo es universal cuando produce la misma reacción en todos. La universalidad de los
símbolos define al «otro generalizado». El universo del discurso lógico (implícito en el lenguaje) es
coextendido con el dominio de la interacción social. La universalidad de la razón es la universalidad de
reacciones a ciertos símbolos, de modo que todo concepto es así una «institución» social (como se citó
en Carabaña y Lamo, 1978, p ).

En la perspectiva del interaccionismo simbólico propuesto por Mead, lo que recibe el nombre de
pensamiento es la manera de internalizar la interacción de las reacciones de los significados de los gestos
o símbolos a los que se ha estado expuesto, para hacer esto se requiere de pensar, es decir, de tener una
conversación consigo mismo con el objeto de hacer presente, por medio de los símbolos ya apropiados,
aquellas reacciones que se quieren provocar. Así es como el pensamiento es, al mismo tiempo, una
interacción interna y de tipo simbólico. Esa conversación es guiada por la inteligencia reflexiva, que
permite influir sobre la propia acción que el conocimiento de la reacción del otro posibilita. De esta
manera, es como la facultad del lenguaje posibilita “un continuo autocondicionamiento: el individuo se
hace presente mediante el símbolo y la reacción que significa, y modifica su conducta según eso.

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El condicionamiento se produce ahora en el interior del organismo y por el sujeto mismo” (como se
citó en Carabaña y Lamo, 1978, p. ).

De esta manera, concluye Mead, es como se puede demostrar que el sí mismo de los individuos es
diferente a lo que se ha entendido como organismo. Los organismos pueden interpretar y actuar,
ante una situación cotidiana de su existencia de dos formas: en la primera, responden de manera
inteligente, pero sin reflexión, es lo que se denomina la conducta regida por los hábitos, la cual se
ocasiona, porque ha sido mecanizada la reacción ante estímulos específicos. En la segunda opción,
pueden actuar de manera inteligente y con reflexión, porque ha usado no solo la conciencia de los
contenidos, sino también la conciencia de sí, la cual es un fenómeno cognitivo y no emocional que
permite a la persona, comprender que ante todo es un objeto para sí en interacción con los demás,
y capaz de entender los papeles que los otros adoptan en la interacción planteada. Como aclara
Mead (como se citó en Carabaña y Lamo, 1978), “Gracias a la conciencia de sí (...) el propio cuerpo
se convierte en parte de la serie de estímulos ambientales a los cuales reacciona” (p. ) y de esta
manera entiende que es al mismo tiempo un “yo” (el self espontáneamente humano), y un “mí” (las
coerciones sociales a las que ha cedido el self, el yo socializado). Dicho lo anterior, se concluye que
aquello a lo que llamamos persona, de un individuo, de una especie que pertenece a una sociedad,
no es otra cosa que la organización en una unidad de las actitudes y las conductas inteligentes tanto
de la mente como del cuerpo que todo el tiempo hace referencia a un sí-mismo, a un yo (self) para
saber cómo comportarse adecuadamente en una cultura, que a partir de patrones y esquemas
predeterminados, presiona constantemente a los seres para que sus conductas se parezcan al modelo
planteado.

1.2. El enfoque de E. Goffman

Erving Goffman publicó en el año 1959 un libro titulado La presentación de la persona en la vida
cotidiana, para desarrollar su punto de vista del concepto que el interaccionismo simbólico designó
como el sí mismo (self). Este investigador se concentró en analizar cómo se resuelve la tensión que
se produce entre el “yo” y el “mí” de los individuos en la sociedad. No es cualquier asunto, se trata de
analizar cómo los seres humanos enfrentan las exigencias del grupo social al cual se subordinan, en
función de lo que se espera sean sus vidas. La tesis que plantea Goffman es que las personas actúan
para sus audiencias sociales, con el fin de mantener una imagen estable del sí mismo. Para explicar su
demostración, usó la analogía de la representación teatral. La teoría de la dramaturgia social propone
identificar las estrategias creadas, para evitar o resistir la vulnerabilidad del proceso de construcción
de sí mismo durante la interacción social.

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Goffman propuso que la sociedad es un escenario en el que las personas, en este caso los actores,
realizan actuaciones dramáticas que buscan producir efectos dramáticos durante la escena
representada. Por existir unas escenas y guiones preestablecidos para cada circunstancia, pareciera
que el sí mismo del actor brotara de él, por observarse su rol fijo e invariable, pero no es así. El sí
mismo (self) es el producto de la interacción dramática entre la audiencia y el actor, no es algo que
tenga incorporado el individuo (Ritzer, 1968).

Cuando los sujetos entran en escena, desean presentar un determinado sí mismo que sea aceptado
por los integrantes del grupo social. Su realización presupone una incondicional cooperación entre
unos y otros, y por lo general, la mayoría de las actuaciones ocurren sin obstáculos, lo cual no quiere
decir que su saboteo o destrucción durante la representación sea siempre una posibilidad, porque
alguno o todos los que hacen parte de la audiencia pueden hacer o decir algo que descomponga la
actuación.

Para evitar que esto suceda, los actores desarrollan técnicas para manipular y manejar las impresiones
que su audiencia pueda llegar a sentir por su representación. Ya en el escenario, empiezan por
proponer un sí mismo (self) muy robusto con la intención de que los otros, de modo voluntario, lo
perciban e identifiquen de esta manera. Si el resultado es el esperado, entonces, se ha creado una
cara (face) que funciona porque se responde al modelo que ya ha sido prefijado y establecido por
la audiencia para esa específica situación. El reto será mantener la fachada creada durante toda la
actuación.

Una buena fachada se compone del medio y de la fachada personal que, a su vez, está constituida por
la apariencia y los modales. El primero se refiere a las características que debe tener el escenario que
encierra a la actuación de los actores. La segunda se define como el repertorio de signos y símbolos
que la audiencia asigna e identifica con los actores y que, además, tiene la expectativa de que se lleven
y sean usados en el escenario. La apariencia del actor es un signo que informa acerca del estatus o
posición socioeconómica de este. Los modales (ya sean bruscos o suaves) y los procederes físicos
usados durante la interacción, advierten a la audiencia que el rol desempeñado durante la situación
comunicativa se corresponde, que es coherente con la cara (face) planteada.

Es así como, en una situación comunicativa, el sí mismo resuelve la tensión creada entre lo que la
persona desea hacer de manera espontánea y lo que la sociedad humana demanda y espera que
la persona haga sin dudas ni vacilaciones. Desde la perspectiva del interaccionismo simbólico, la
sociedad tiene dos polos: el fisiológico y el institucional. El primero hace referencia a los impulsos que
el ser humano solo puede satisfacer con sus semejantes en la comunidad originaria de vida social, tales
como el sexo, la paternidad, la maternidad y la vecindad.

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El segundo alude al conjunto de reacciones idénticas a situaciones o eventos específicos que
constituyen el lenguaje simbólico creado para controlar la manera de realizar los instintos. Los
vertebrados tienen familias que se unen en manadas, rebaños, bandadas, cardúmenes; las personas
tienen familias y se unen a la sociedad. Las personas emergen de la comunicación social, y sin
personas ni comunicación social no existen sociedades humanas. Con el fin de mantener una imagen
estable del sí mismo, las personas actúan para sus audiencias sociales, porque no desean o no quieren
estar completamente solas.

Para Goffman, el sí mismo no es algo orgánico que tenga una ubicación específica:

Al analizar el self nos desprendemos, pues, de su poseedor, de la persona que más aprovechará o
perderá con ello, porque él y su cuerpo proporcionan simplemente la percha sobre la cual colgará
durante cierto tiempo algo fabricado en colaboración. Y los medios para producir y mantener los selfs
no se encuentran dentro de la percha”. Lo tienen las audiencias. (como se citó en Ritzer, 1968).

1.3. El enfoque de la Escuela de Palo Alto

Las relaciones intelectuales entre Paul Watzlawick, Gregory Bateson, Edwar Hall, Ray Birdwhistell,
Erving Goffman, Janet Beavin, Stuart Sigman y Don Jackson son razonadas como un modelo
de los progresos y alcances que puede exponer una universidad invisible. Todos los anteriores
investigadores cooperaron, a partir de la década de los setenta, en el empeño por examinar el proceso
de la comunicación como un hecho que debe analizarse desde el campo de las ciencias sociales y
humanas, según un exclusivo paradigma, evitando así seguir citando la teoría lineal de la comunicación
concebida por Claude Shannon, para ingenieros de telecomunicaciones como el arquetipo
incuestionable.

El nombre de “universidad invisible” fue propuesto por Derek J. Solla Price para denotar un
modo no formal de hacer indagación y popularizar el conocimiento, cuya actividad se realizaba
usando el método de redes de conexión construida por los individuos que sobresalen en un campo
científico y comparten intereses, metas o problemas comunes. El contacto se estableció por
medio de encuentros ocasionales, seguido de cartas, organización de eventos académicos, en los
cuales se establecían relaciones entre amigos más que entre profesores y discípulos. En este tipo
de interacciones, no se establecen jerarquías, mecanismos de control, indicadores de gestión o
producción propia de las universidades formalmente establecidas.

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Bateson fue el primero en proyectar que una teoría nueva sobre el proceso complejo de la
comunicación era necesario, retomando la idea de Norbert Wienner sobre el rol de la retroacción,
el cual fue explicado en el libro Cibernetics. Esta categoría plantea que todo efecto retroactúa sobre
su causa, por lo que todo asunto que exija una puesta en común se podía representar usando un
esquema circular, en el que pueden encajar todas las interacciones humanas.

Se llegó a la analogía conocida como Modelo Orquestal de la Comunicación por imaginar este
proceso en subprocesos, que se desarrollaban en diversos y distintos niveles de complejidad. Schflen
expuso la comparación de la siguiente manera:

Si planteamos que la forma de la composición musical en general es análoga a la estructura de la


comunicación, variantes particulares de la música (por ejemplo, una sinfonía, un concierto, etc.) pueden
concebirse como análogas a estructuras comunicativas especiales (por ejemplo, una psicoterapia).
Así, una fuga para un cuarteto de cuerda es una analogía razonable de una psicoterapia en un grupo de
cuatro personas. A la vez, en el cuarteto y en la sesión psicoterapéutica, hay realización (performance)
de las estructuras. En cada caso, la ejecución mostrará un estilo y particularidades propias, pero
seguirá también una línea y configuración generales. La diferencia entre estas dos estructuras es que
la composición musical posee una partitura explícita, escrita y conscientemente aprendida y repetida.
La partitura de la comunicación no ha sido formulada por escrito y, en cierta medida, ha sido aprendida
inconscientemente (como se citó en Ayala, 2009).

Winkin, en la introducción de su famoso libro La nueva comunicación, expone lo anterior de la


siguiente forma:

La analogía de la orquesta tiene la finalidad de hacer comprender cómo puede decirse que cada
individuo participa en la comunicación, en vez de decir que constituye el origen o el fin de la misma.
La imagen de la partitura invisible recuerda más precisamente el postulado fundamental de una
gramática del comportamiento que cada uno utiliza en sus intercambios más diversos con el otro.
Es en este sentido en el que se podría hablar de un modelo orquestal de la comunicación (Como se
citó en Ayala, 2009).

Desde este punto de vista, a los seres humanos les es imposible dejar de comunicarse con los otros
porque usan una diversidad de sistemas de significación, asimilados, consciente e inconscientemente,
los cuales existen en el entorno en el que están inmersos. Esta es la razón por lo que todo ser humano
existirá y permanecerá entre códigos, dado que su conocimiento y uso determinará los distintos
comportamientos sociales de sí mismo y de los otros.

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Es bien sabido que tienen la función de regular no solo la representación del contexto, sino también
la significación del mismo. Así como lo hizo la Escuela de Chicago, la de Palo Alto entiende que, para
describir y explicar la compleja comunicación entre humanos, hay que empezar por la observación del
comportamiento de los individuos en su entorno cotidiano.

También argumentan que la comunicación humana es multimodal, es decir, que para transmitir las
significaciones que contienen los símbolos y signos usa una arbitraria y simultánea mezcla de códigos
tales como los esquemas o diagramas, la mirada, el espacio, la mímica, la fotografía, la palabra o los
gestos. Para ellos, este proceso es un todo que integra códigos verbales y no verbales, usados para
situaciones comunicativas específicas. Por lo anterior, proponen que el comunicólogo debe centrar
su análisis e interpretación en el contexto de la comunicación y no solo en el contenido, porque la
significación surge de vincular el contexto en el que ocurre la interacción con el contexto del conjunto
de los modos de comportamiento o múltiples códigos usados durante el proceso de la comunicación.
Para la Universidad Invisible, entonces, el significado es un producto que resulta de analizar por
separado su significación e integrar cada elemento que compone los subsistemas del sistema que
participa en la orquesta de la comunicación.

2. El lenguaje como semiótica social


En la especie Homo sapiens sapiens, la adquisición de un lenguaje es un producto del proceso social.
No hay cultura ni sociedad que no pueda construirse, instituirse o legitimarse sin crear, usar y
transmitir signos (Halliday, 1998). Sostiene este autor, que este sistema tiene la estructura que tiene
a causa de las funciones que ha desarrollado para servir en la vida de las personas. La lengua posee
una doble estructura (la estructura lingüística y la estructura social) que posibilita a los individuos de
esta especie formar en su interior, en su mente, una imagen de la realidad que existe a su alrededor.
La construcción de esa realidad virtual es inherente de la construcción de un sistema semántico que
ha codificado la realidad: “la infinitamente compleja red de potencial de significados que constituye
lo que se llama cultura” (p. ). Por tener esta aptitud, las personas cuentan no solo con un medio de
reflexión sobre las cosas que compone la realidad, sino con un poderoso medio de acción sobre las
cosas y las personas.

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No obstante, advierte Halliday (1998) que “solo se puede actuar simbólicamente sobre las personas
y no sobre los objetos” (p. ). También afirma que “una realidad social o una cultura es en sí un
edificio de significados, una construcción semiótica” (p. ). El lenguaje es un sistema semiótico
distinto, porque es usado para codificar otros sistemas de significación. Este no consiste en unas
reglas gramaticales para hacer y expresar oraciones, hace referencia a la capacidad de intercambiar
significados en contextos interpersonales de distinto tipo (formal e informal) por medio de discursos.

Un texto producido en un contexto verbal no está desprovisto de valor sociocultural. Cuando


las personas hablan unas con otras, además de intercambiar información, en sus actos cotidianos
de significación, representan “la estructura social, afirmando sus propias posiciones y sus propios
papeles, lo mismo que transmitiendo los sistemas comunes de valores y de conocimiento” (Halliday,
1998). De esta manera, ese intercambio de significados es un proceso creador en el cual el lenguaje
se constituye en un poderoso recurso simbólico para interpretar y comprender la realidad.

En consecuencia, se puede decir que el proceso de comunicación es en síntesis un proceso semiótico.


En palabras de Sebeok (1996):
(…) la materia sobre la que versa la semiótica, de forma más extendida, es el intercambio de cualquier
mensaje, sea cual fuere; en una palabra, la comunicación. A esto hay que añadir que la semiótica está
íntimamente relacionada con el estudio de la significación. Un mensaje es un signo o una sucesión
ensamblada de signos, o una fuente, hasta un receptor o destino (p.20).

La mente humana, y su producto, las culturas, están en continua semiosis, creando y haciendo
relaciones ad infinutum entre vehículos sígnicos, referencias, interpretantes e intérpretes (Morris,
1994), es decir, una continua construcción de interacciones, relaciones e interpretaciones de diversos
tipos de signos (iconos, símbolos, señales, síntomas, alegorías). Las imágenes o representaciones
mentales abstraídas del entorno que llegan a la mente humana por medio, de los sentidos, llamados
iconos, son los insumos usados por el encéfalo para realizar semiosis. Llinás (2003), en su libro El
cerebro y el mito del yo, logró demostrar que una imagen es
(…) una representación simplificada de un universal emanado del mundo externas (…) las imágenes
en nuestra cabeza son tan sólo una representación del mundo (…) Mediante esta semántica, el
cerebro contextualiza internamente la información sensorial (percibida por nuestros sentidos) para
interactuar con el mundo externo de una manera predictiva (…) ¿Qué es una imagen? Una imagen es
una simplificación de la realidad. El cerebro constantemente simplifica la realidad, más aún, simplifica el
mundo externo, pero en una forma muy útil. Una imagen es una representación simplificada del mundo
externo escrita en forma extraña. Cualquier transducción sensorial es una representación simplificada
de un universal emanado del mundo externo (p. 126).

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El encargado de producir la representación simplificada de la realidad en el encéfalo es el tálamo,
que está ubicado en el centro sistema límbico. Este construye a partir de las sensaciones que fueron
percibidas por cada uno de los cinco sentidos, una imagen tridimensional de lo que está aconteciendo
en el entorno, es decir, afuera del cráneo, y a partir de estos datos se fabrican respuestas que se
convierten en comportamientos. Mediante los métodos neurobiológicos que han evolucionado en
nuestra especie para almacenar información, estas imágenes permanecen inscritas en las distintas
memorias (Ayala, 2012).

2.1. Lenguaje, expresión y comunicación

Desde una perspectiva interdisciplinar (evolutiva, biológica, cognitivista), Noam Chomsky afirma que
la facultad del lenguaje es una propiedad especial que hace que sea posible que mi nieta adquiera en
un caso el inglés y en otro caso el español, pero que, a la vez su perro, su chimpancé y su gato que
están expuestos a los mismos datos no puedan adquirir nada (como se citó en Ayala, 2008a). Es
decir, este autor defiende la tesis de que los animales humanos cuentan con una dotación biológica
fija que les brinda la capacidad interna de desarrollar en forma reflexiva, sin entrenamiento, sin
intención y sin esfuerzo un estado interno que le permitió y le ha permitido hablar a los animales
simbólicos, capacidad que, a la postre, permite seleccionar alguna parte de la experiencia de lo que se
vive en el entorno como lingüística.

En las etapas favorables del desarrollo de la facultad del lenguaje, las niñas y los niños aprenden el
léxico de su idioma de una palabra por hora, a pesar de que su contacto es restringido y en situaciones
altamente ambiguas. Igualmente, se ha podido verificar que las palabras adquiridas son interpretadas
y comprendidas de manera muy refinada, incluso más allá del contenido de las acepciones de un
diccionario. A partir de estos hechos observados, Chomsky asevera que la adquisición del lenguaje
se parece más al crecimiento y desarrollo de un órgano y lo sustenta con el argumento de que este
proceso es más algo que le ocurre al niño, que algo que el niño crea. Aunque el medio ambiente
existente en el entorno, juega un rol esencial el curso general del desarrollo y los rasgos básicos de
lo que emerge, que están predeterminados por el estado inicial, el cual es común a todos los seres
humanos: la facultad del lenguaje. En sus características fundamentales e inclusive en asuntos que
involucran sutiles detalles, los sistemas de las lenguas están conformados con el mismo modelo,
advirtiendo el hecho de que su diversidad y complejidad no pueden ser más que apariencias
superficiales.

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Al considerar la facultad del lenguaje como un órgano, se está reconociendo de manera implícita que
simultáneamente está adentro de una edificación más amplia dentro de la estructura mente/cerebro y
que puede interactuar con otros subsistemas y sistemas que le imponen circunstancias a la capacidad
lingüista de los humanos, condiciones que debe cumplir si es que va a ser usada en todo su potencial.
Esta facultad de la especie Homo sapiens sapiens también tiene la propiedad de construir, de “generar”
a partir de unos pocos elementos (los fonemas y grafemas), una serie infinita de palabras, expresiones
u oraciones, cada una con sus sonidos y significados, razón por la cual se afirma que la teoría del
lenguaje es una Gramática Generativa. Cada enunciado posee un conjunto de características que
proveen “instrucciones” dirigidas a los sistemas relacionados con la actuación lingüística: el aparato
articulatorio, el modo de organizar los pensamientos, el planteamiento de las proposiciones (unidades
de significado constituidas por un verbo y el objeto directo del verbo), el encuadre de esta en las
reglas gramaticales de cada lengua, el proceso de la enunciación, etc. Con la facultad de lenguaje y
todos los sistemas asociados a la actuación lingüística, se tienen disponibles un amplio saber sobre
las expresiones de sonido y significado y la correspondiente capacidad para interpretar lo que se oye,
expresar sus opiniones y usar su lengua en una gran variedad de otros modos (Ayala, 2008a).

Las facultades humanas del lenguaje, pensamiento, conciencia, imaginación, inteligencia y memoria
trabajan en conjunto de manera holística y heurística para percibir, analizar, abstraer, representar,
registrar y evocar la realidad. También apoyan la necesidad de expresar las sensaciones, emociones,
sentimientos, estados de ánimo, ideas de los individuos, las cuales, todas en su conjunto, representan
la propia visión de mundo. Esta necesidad le ha permitido al hombre, desde su ascenso en la escala
de la evolución, crear una gran diversidad de códigos, sin cuya mediación es imposible construir
acuerdos: sonidos guturales, señas, gestos, música, danza, petroglifos, pictogramas, jeroglíficos,
ideogramas, idioma (oral y escrito), teatro, dibujo, pintura, escultura, arquitectura, opera, grabado,
caricatura, tiras cómicas, fotografía, cine, prensa, radio, televisión, etcétera, desarrollados tanto en
soportes y formatos analógicos como digitales.

Cada uno de los anteriores sistemas de significación, ha desarrollado sus propias plataformas
tecnológicas y técnicas que se constituyen en soportes o vehículos sígnicos que facilitan su
percepción y observación. La estructura de cada uno de los códigos mencionados contempla la
existencia y funcionamiento simultáneo de las dimensiones sintáctica, semántica y pragmática
(Morris, 1994). La relación de las reglas y correspondencias de cada una de estas dimensiones
constituyen la clave del código, para ser descifrado e interpretado por los lectores del sistema.

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El dominio de las reglas y correspondencias de cada uno de los códigos relacionados con la
comunicación intrapersonal, interpersonal, grupal o masiva, es una habilidad imprescindible para
garantizar la competencia comunicativa de un profesional dedicado a mediar en los procesos de
negociación de sentidos entre otros seres humanos.

¿Cuál es la responsabilidad social de los egresados de las profesiones relacionadas con el


campo de la comunicación?

Sin duda, la respuesta es contribuir a la configuración de las representaciones de las culturas. Saber
usar el código de la lengua española o la lengua inglesa, programas de computador, técnicas para
solucionar problemas o negociar malentendidos y conflictos, no será suficiente para ser considerado
un informador y/o comunicador social. Además, necesitará saber interpretar los demás sistemas
de signos que constituyen y permiten la construcción del tejido social. (In)formación se concibe en
los dos sentidos etimológicos que tiene esta palabra: Informatio que en latín significaba ‘dar forma’,
‘acción de formar’; y procede de la forma ae que sirve para designar la forma exterior de un objeto.
Informar, en latín, es también ‘educar’, ‘formar’. Ambas acepciones tienen relación con la idea de
construcción, de elaboración. Por tal razón, cuando se (in)forma sobre un algo o alguien de la realidad,
no solo se está proponiendo una “forma”, una representación específica, sino que, además, se
pretende influenciar en la manera de ver de las personas que buscan y leen la información.

La labor de los periodistas, diseñadores gráficos, publicistas y profesionales en mercadeo está


directamente relacionada con la interpretación y creación de signos y símbolos, que al ser divulgados
por medios masivos de comunicación, ayudan a crear modelos, esquemas o paradigmas de la
realidad que se desea, sean imitados, configurando y reconfigurando de esta manera las prácticas
de interacción propias de una cultura. Al informar, todo diseñador gráfico, publicista y periodista
“da forma” y “forma”. En otras palabras, al proponer pancartas, piezas POP, afiches, comerciales,
cuñas, noticias, crónicas, reportajes, documentales, ilustraciones, empaques, carátulas, aplicaciones,
están proponiendo una interpretación de la realidad, cuyo mensaje termina configurando una
representación de la realidad que puede terminar influenciado y reconfigurando las maneras de ser y
estar de una cultura.

Para un profesional de cualquiera de estas carreras es, en esta dimensión, donde la idea de
“responsabilidad social” se explicita. Por esta razón ontológica, ser comunicadores e (in)formadores
es ser más que un intermediario entre una audiencia y un medio; es volverse agente, líder de procesos
estratégicos comunicacionales e inventor de signos, símbolos, representaciones, estructuras,
paradigmas y discursos mediáticos, que contribuyan a facilitar y a configurar, y no a obstaculizar, las
interacciones y relaciones de una comunidad (Ayala, 2008b).

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Las intenciones, el modo y la manera de hacer productos comunicacionales pueden incidir
constructivamente o destructivamente en las prácticas o comportamientos de una cultura.
Pueden construir o reconstruir representaciones o imaginarios sociales, que susciten cambios o
modificaciones en actitudes y comportamientos en la cotidianidad, transformaciones que favorezcan
para que los animales simbólicos de la especie Homo sapiens sapiens, aprendan a coexistir sin matarse
ni simbólicamente ni físicamente. Desde este punto de vista, el objeto de la comunicación social será
la de contribuir a que los individuos de esta especie aprendan a vivir juntos, a convivir, que según
la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura significa “saber
participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas por lo cual se propone concebir
una educación que contribuya a negociar los conflictos para solucionarlos de manera pacífica
fomentando el conocimiento de los demás y de sus culturas” (Unesco, 1992).

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Referencias
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Libertadores, 5. Bogotá: Fundación Universitaria Los Libertadores.

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computacional de la facultad del lenguaje desde la perspectiva de la biolingüística en la primera década
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Ayala, R. (2008b). Los periodistas y los comunicadores sociales: los formadores del siglo XXI. Revista
Mundo Lector.

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Llinás, R. (2003). El cerebro y el mito del yo. Bogotá, Colombia: Grupo editorial Norma.

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Ritzer, G. (1968). Teoría Sociológica moderna: el interaccionismo simbólico. Estados Unidos:


Universidad de Maryland.

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INFORMACIÓN TÉCNICA

Módulo: Semiótica
Unidad 3: El origen del tejido social
Escenario 6: El signo y las relaciones humanas

Autor: Rafael Ayala Sáenz


Asesor Pedagógico: Manuel Fernando Guevara
Diseñador Gráfico: Yinet Rodríguez
Asistente: Julieth Ortiz
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Prohibida su reproducción total o parcial.

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