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REVISTA JURÍDICA

ARBITRAJE, MEDIACIÓN Y OTROS SISTEMAS DE RESOLUCIÓN EXTRAJUDICIAL


DE CONFLICTOS
Abril, 2014

EL MEDARB Y OTRAS FÓRMULAS HÍBRIDAS DE


RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS1
Dr. Alberto Saiz Garitaonandia

1. EL MEDARB COMO FÓRMULA HIBRIDA MEDIACIÓN-ARBITRAJE

El medarb (Med-Arb) es un procedimiento encuadrado dentro de los métodos alternativos de


resolución de conflictos o ADR (“Alternative Dispute Resolution”). Su nota característica se halla en
su naturaleza híbrida, pues combina un período de mediación tras el cual, en el caso de no
haberse llegado a un acuerdo total sobre los asuntos litigiosos, se realiza un arbitraje sobre los
elementos que queden en disputa.

Como puede comprobarse, el medarb se configura como una conjunción de la aplicación de los
dos grandes métodos alternativos de resolución de conflictos: la mediación y el arbitraje. Cada uno
de estos métodos tiene unas particularidades específicas que lo hacen diferente del otro y que
2
otorgan unas posibilidades concretas que, a su vez, el otro puede llegar a excluir .

En el sentido anterior, tanto el arbitraje como la mediación se benefician de la participación de un


tercero (o terceros) ajenos al conflicto, siendo la gran diferencia el papel que dicho tercero debe
desarrollar en relación con el conflicto y las partes del mismo: mientras que el mediador tratará de
conocer el fundamento del conflicto e impulsar el diálogo cooperativo entre las partes de cara a
3
que sean éstas las que lleguen a un acuerdo que ponga fin al mismo , el arbitraje –de carácter
heterocompositivo- concluye con un laudo emitido por el árbitro poniendo fin a las disputas que han
sido presentadas ante él.

Los beneficios de la mediación se proyectan no sólo en la resolución del conflicto concreto, sino a
una mejora de la comunicación entre las partes que, a su vez, puede conllevar una reducción de la
litigiosidad entre las mismas. De esta manera, la mediación no sólo se circunscribe a la posible
resolución del conflicto concreto, sino que también puede redundar en una mejora de la relación
material de las partes, lo que ayudará a la autogestión pacífica de los conflictos que puedan tener
4
en el futuro . Esta característica hace que el uso de este método sea muy útil para relaciones que
van a perdurar en el tiempo más allá del conflicto concreto.
                                                                                                                         
1
Una versión ampliada de este artículo puede verse en A. SAIZ GARITAONANDIA, “El medarb
como procedimiento mixto de resolución de conflictos: luces y sombras”, en H. SOLETO MUÑOZ -
Dir.-, “Mediación y resolución de conflictos: técnicas y ámbitos”, Ed. Tecnos, 2ª ed., Madrid, 2013,
pp. 88-102).
2
M.B. BARIL & D. DICKEY, “MED-ARB: The Best of Both Worlds or Just a Limited ADR Option?”,
p.2-3 (disponible en http://adrnc.net/wp-content/uploads/2011/12/Resource-Page-MED-ARB-The-
Best-of-Both-Worlds-or-Just-a-Limited-ADR-Option_0.pdf).
3
El sintético análisis de las funciones del mediador nos permite apreciar que su aproximación al
problema no se realiza de una forma estrictamente jurídica, sino haciendo uso de habilidades
multidisciplinares –psicológicas, sociológicas, económicas…- que dependerán de la naturaleza de
la disputa y las partes en conflicto (A. SAIZ GARITAONANDIA, “Mediación, Medarb y otras
posibles fórmulas en la Gestión Cooperativa de Conflictos”, en H. SOLETO MUÑOZ -Dir.-,
“Mediación y resolución de conflictos: técnicas y ámbitos”, Ed. Tecnos, Madrid, 2011).
4
MENKEL-MEADOW va más allá, al mantener que detrás de las fórmulas ADR se proyecta la idea
de crear un mundo mejor, basado en una prevención y reducción de la violencia y el impulso de
una convivencia basada en el respeto mutuo y en la resolución compartida de los problemas (C.
MENKEL-MEADOW, ”Roots and Inspirations. A Brief History of the Foundations of Dispute
Resolution”, en M.L. MOFFITT & R.C. BORDONE, “The Handbook of dispute resolution”, San
Francisco, 2005, p.26.

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Con todo, la mediación debe enfrentarse a un gran problema: la posibilidad de que la misma
concluya sin ningún tipo de acuerdo y haya que acudir a otras fórmulas para conseguir la
resolución del conflicto, lo que no sucede en el caso del arbitraje. Para ello, eso sí, el arbitraje
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obvia buena parte de los beneficios más preciados de la mediación : el fomento del diálogo y la
mejora de las relaciones de las partes y, sobre todo, la sustracción de las mismas del elemento
decisorio, que pasa a manos del árbitro.

2. EL MEDARB Y SUS DISTINTAS FORMAS

Si bien la mediación y el arbitraje son los principales métodos de Resolución Alternativa de


Conflictos, el uso flexible y combinado de los mismos ha dado como consecuencia nuevas
fórmulas que cuentan con determinadas características de uno y otro, creadas precisamente
gracias a la flexibilidad innata que caracteriza el ADR. Entre las mismas destaca el medarb,
método híbrido que combina un primer estadio de mediación en el que, de la forma previamente
indicada, se procura que las partes lleguen a un acuerdo que ponga fin a sus disputas, y un
segundo estadio de arbitraje para el caso de que subsistiera algún conflicto, que concluiría con una
laudo vinculante emitido por el árbitro.

La mencionada flexibilidad característica de los ADR se aplica también al híbrido ahora analizado,
y lleva aparejada la existencia de numerosas variantes de medarb con alguna nota concreta que
las diferencia de la fórmula pura, en la que un mismo tercero actúa como mediador, realizando
sesiones privadas y conjuntas con las partes y fomentando el diálogo entre las mismas, y
posteriormente como árbitro decisor en el supuesto de que no se hubiera alcanzado un acuerdo
total en la fase de mediación. A continuación expondremos una breve clasificación de las fórmulas
6
más destacadas de medarb y sus notas definitorias .

a) Medarb (con diferente tercero)

En este supuesto los papeles de mediador y árbitro van a ser desarrollados por personas
diferentes. Así, el mediador llevará a cabo la primera fase y, una vez concluida, hará llegar al
árbitro los posibles acuerdos parciales alcanzados por las partes y la información y documentación
que le haya sido facilitada, pero no aquélla que de la que se le haya dado traslado de forma
confidencial en su papel de mediador.

El principal problema de esta variante es el incremento del coste y del tiempo que la presencia de
dos personas diferentes genera. Por el contrario, viene a salvar los problemas de uso de
información confidencial y de posible parcialidad que el medarb con un único tercero acarrea, en el
sentido que analizaremos más adelante.

En nuestra opinión esta versión no es un verdadero medarb, pues no fusiona las fórmulas en un
verdadero híbrido sino que se limita a presentarse como un sumatorio de ambas fórmulas, un
med+arb que no combina las características de uno y otro y, si bien es cierto que tiene ventajas
sobre el medarb puro, éstas son conseguidas gracias a la independencia total que de hecho existe
entre ambas fases.

                                                                                                                         
5
Lo que ha llevado a algunos, como FULLER, a hablar incluso de una diferente “ética” o
“moralidad” existente tras la mediación y el arbitraje (L.L. FULLER., “Collective Bargaining and the
Arbitrator”, en M.L. KAHN (ed.), “Collective Bargaining and the Arbitrator’s Role: Proceedings of the
Fifteenth Annual Meetings of the National Academy of Arbitrators”, Bureau of National Affairs,
Washington D.C., 1962, p.29.
6
Muy completa la clasificación ofrecida por M.B. BARIL & D. DICKEY, “MED-ARB: The Best of
Both Worlds or Just a Limited ADR Option?”, p.8 (disponible en http://adrnc.net/wp-
content/uploads/2011/12/Resource-Page-MED-ARB-The-Best-of-Both-Worlds-or-Just-a-Limited-
ADR-Option_0.pdf). También interesante la ofrecida por J.T. BLANKENSHIP, op. cit., pp. 5-11.

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b) Arbmed

En el caso del arbmed la secuencia se invierte, realizándose el arbitraje en primer lugar para
posteriormente procederse a desarrollar la fase de mediación. El tercero –el mismo para ambos
estadios- mantendrá en secreto –por ejemplo, en sobre cerrado- la decisión del arbitraje hasta que
concluya la mediación de forma infructuosa, momento en el que se daría a conocer la decisión
vinculante emitida por el árbitro convertido en mediador.

La realización previa de la fase de arbitraje elimina el problema de la potencial falta de confianza


de las partes en el mediador y sus reticencias hacia una mediación con un proceso de arbitraje
posterior dirigido por la misma persona. En el lado negativo, no se presenta como la opción más
económica, ni la más ágil en términos de tiempo invertido para su consecución, pues la necesaria
fase de arbitraje previa vendrá posteriormente seguida por la fase de mediación, también de
realización preceptiva, tras la cual, en el caso de que la mediación no haya concluido con total
acuerdo, se haría pública la decisión arbitral tomada en el primer estadio del procedimiento.

c) Medarb con posibilidad de opción (Med-Arb Opt-Out)

Este supuesto funciona como el medarb puro, con la importante salvedad de que cualquiera de las
partes puede, una vez concluida la fase de mediación, solicitar la remoción del tercero y el
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nombramiento de otro para la fase de arbitraje . Este elemento permite mantener a las partes el
control sobre la persona que ejercerá funciones decisorias, cuestión de gran trascendencia si
alguna de ellas no tuviera la confianza necesaria en el mediador al pensar que éste puede actuar
de forma parcial en la fase de arbitraje.

d) Mediación con arbitraje de oferta final (MEDALOA)

Esta variante (conocida como MEDALOA: Mediation & Last Offer Arbitration) implica la realización
de una fase de mediación al uso. De no concluir la misma en acuerdo las partes deben remitir al
mediador su oferta final sobre los asuntos en conflicto, debiendo elegir éste de entre ellas la que
considere más razonable. Así, el ámbito decisional del mediador convertido en árbitro queda
espectacularmente reducido a las dos ofertas remitidas por las partes, debiendo seleccionar entre
las mismas sin margen a aportaciones personales por su parte. En relación con el MEDALOA se
considera que las partes van a sostener posiciones más razonables y menos radicales, mucho
más si se llega al momento en el que deben hacer la oferta final: al saber que el mediador-árbitro
no va a realizar una nueva propuesta, sino que elegirá la que considera más justa, tenderán a
moderar sus posturas, lo que a su vez redundará en una mayor facilidad para llegar a un acuerdo
en la fase de mediación que pueda llegar a hacer innecesario el propio arbitraje.

e) Medarb “flexible”

En el medarb “flexible” (llamado Mediation Windows in Arbitration) la realización de un arbitraje en


curso no impide que, a petición de las partes, pueda comenzarse una mediación sobre todos o
alguno de los puntos conflictivos en cualquier momento. En este sentido, se configura como una
variante que aplica con total flexibilidad la mediación, pero que parte de la base del arbitraje para
introducir la solución dialogada de forma sobrevenida. Lógicamente, las partes pueden solicitar que
la mediación sea realizada por un tercero distinto al árbitro, aunque este hecho incrementaría el
tiempo y dinero invertido, por lo que pensamos que la continuidad del árbitro convertido en
mediador puede ser una salida más lógica.
8
3. VENTAJAS E INCONVENIENTES DEL MEDARB
                                                                                                                         
7
Otra variante incluso deja libertad a las partes para continuar o no con el arbitraje tras la fase de
mediación (“Optional Withdrawal Med-Arb”; R. FULLERTON, “The Ethics of Mediation”, en 38 The
Colorado Lawyer, Mayo 2009, pp. 35-36).
8
Sobre las mismas pueden verse, entre otros, M.E. TELFORD, “Med-Arb: A Viable Dispute
Resolution Alternative”, op. cit., pp. 2-8, y J.T. BLANKENSHIP, “Med-Arb: A Template for
Adaptative ADR”, op. cit., pp. 16-29.

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El uso del medarb es aplaudido, reseñando que gracias a la fase arbitral se supera la limitación
propia de la mediación relativa a su posible finalización sin acuerdo y, por lo tanto, sin resolución
del conflicto. No obstante, la aplicación del arbitraje tras el período de mediación no está exento de
problemas, pues la naturaleza y el procedimiento de uno y otro se basa en esencias bien
diferentes. Trataremos a continuación de relatar las ventajas e inconvenientes más destacados del
medarb, procurando alumbrar alguna solución para algunos de los inconvenientes que puede llevar
aparejada su implementación.

a) Ventajas

Si de algo no cabe duda en relación con el medarb es de su eficiencia en términos de tiempo y


dinero: el hecho de que una misma persona desarrolle las funciones de mediador y árbitro no sólo
supone un ahorro evidente en relación con los emolumentos de un segundo tercero que ya no hay
que sufragar, sino también en relación con el tiempo que, en caso de acudir a la fase arbitral, el
mediador convertido en árbitro necesitará para poder decidir de forma fundada sobre el asunto
controvertido. El dato anterior viene avalado por el conocimiento del conflicto que dicho tercero ha
adquirido en la fase de mediación, lo que evitará la exposición sistemática y completa de todo lo
9
relacionado con la disputa referida . Además, no debemos olvidar que la mediación puede concluir
con un acuerdo total o parcial sobre los asuntos debatidos, por lo que la posterior fase de arbitraje
puede tornarse innecesaria o, en su caso, limitada sólo a los extremos no convenidos por las
partes. Estas características son percibidas como el elemento más destacado del medarb, pues al
iniciar el mismo se garantiza que el conflicto va a tener una resolución en un tiempo razonable y
con unos costes contenidos.
10
Por otro lado, algunos expertos han apuntado que la realidad de encontrarse frente a la persona
con capacidad para emitir una resolución sobre el conflicto en la fase arbitral incentiva a las
partes a realizar un mayor esfuerzo de acercamiento y a agotar las posibilidades
negociadoras en la fase de mediación. Por el contrario, esta misma circunstancia es destacada
por los críticos del medarb al verla no como un incentivo sino como una coacción, una coerción
11
inadecuada que desnaturaliza la esencia voluntaria y libre del proceso de mediación .

En cualquiera de los casos, una ventaja innegable del medarb en relación con la mediación es
precisamente que garantiza que la disputa va a ser resuelta, sea de una forma convencional o
por medio de una decisión arbitral. Este elemento es el generador de la eficiencia del propio
procedimiento en la que, a su vez, reside la base para poder hablar del resto de las ventajas que
estamos glosando en este apartado.

Por último, vinculado a la incentivación del acuerdo antes mencionada, el medarb es visto como un
proceso centrado en las partes, que las convierte en protagonistas de la resolución de sus
disputas en la fase de mediación sin por ello renunciar a la certeza de una decisión final sobre las
mismas. Así, al saber que de darse el tránsito hacia la fase arbitral van a perder cualquier tipo de
control sobre el resultado, las partes van a acudir a la mediación con una actitud más conciliadora
y menos extrema en sus peticiones, lo que a priori facilitará una consecución exitosa de dicha
12
fase .

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           
9
Además, algunas fuentes indican que pocos son los casos que finalmente son remitidos a
arbitraje, lo que incrementa la eficiencia del procedimiento (M.E. TELFORD, “Med-Arb: A Viable
Dispute Resolution Alternative”, op. cit., p. 2.
10
M.E. TELFORD, “Med-Arb…”, op. cit., pp. 3-4. También J.T. BLANKENSHIP, op. cit., p. 19.
11
Lo que ha quedado muy bien reflejado por J.T. BLANKENSHIP, op. cit., p. 19: “What one calls
mediation with muscle, other calls muscle-mediation”.
12
Susanna M. KIM, “The provisional Director Remedy for Corporate Deadlock: A Proposed Model
Statute”, 60 Washington & Lee Law Review 111, p. 132 (citando a Neil B. McGILLICUDDY, Gary L.  

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b) Inconvenientes

Tal y como hemos expuesto, en la variante pura del medarb el mismo tercero va a realizar las
funciones de mediador primero y árbitro decisor de la controversia después. Este elemento, de
cuyas virtudes ya hemos hablado, aparece también como un inconveniente desde la perspectiva
de la posible parcialidad de dicho tercero en la fase arbitral. En síntesis, al tener el árbitro
capacidad resolutiva sobre el objeto de la discusión su posición debería conservar las
características propias de un tercero envestido de dicho poder, fundamentalmente aquélla relativa
a la imparcialidad con respecto a las partes implicadas. Así, en el medarb puro el árbitro ha tenido
como mediador un contacto extenso y personal tanto con el objeto como con las partes en
conflicto, desarrollando incluso sesiones privadas con dichas personas, en las cuales los mismos
han podido revelarle determinada información confidencial que, en principio, debería obviar en la
fase arbitral de cara a emitir una decisión vinculante sobre la controversia. Se piensa, en el sentido
anterior, que el árbitro no puede trabajar como si no hubiera tenido conocimiento de los datos
aportados en la primera fase y, de esta forma, podría quedar mediatizado o “contaminado” por la
14
información recibida en la mediación, lo que dificultaría o, en su caso, invalidaría su participación
15
posterior .

Si bien el problema descrito tiene una base cierta, no es distinto a aquél que se le presenta a los
jueces o jurados cuando una prueba es declarada inadmisible o ilícita y no puede ser tomada en
16
consideración de cara a la emisión de la sentencia o veredicto . Así, si en esas circunstancias no
se considera necesario remover al juez del conocimiento del caso al estimarse que puede
desechar lo escuchado y centrarse en los elementos probatorios válidamente aportados al juicio,
pensamos que un mediador convertido en árbitro con suficiente experiencia puede superar los
problemas antedichos y eludir los elementos que no hayan sido traídos al procedimiento de forma
17
común o pública para ambas partes .

En conexión con lo anterior, uno de los pilares fundamentales del trabajo del mediador se basará
en la confianza que las partes tengan en él. Dicha confianza vendrá en buena medida abonada por
los contactos personales que puedan desarrollar en las sesiones privadas y la información
confidencial que aquéllas puedan facilitar al mediador en dichas sesiones. Esta información es
básica para el mediador, pues gracias a ella podrá comprender mejor la postura y los deseos de
cada una de las personas en conflicto y, en su caso, facilitar su acercamiento y hacer propuestas
de cara a la consecución de un acuerdo.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           
WELTON y Dean G. PRUITT, “Third-Party Intervention: A Field Experiment Comparing Three
Different Models”, Journal of Personality & Social Psychology, julio 1987, p. 110).
13
Una interesante aproximación a los problemas del medarb puede verse en James J. VLASIC,
“Med-Arb – Can You Afford the Risk?”, en The ADR Newsletter, Vol. 15, No.1, Enero 2008, pp. 1-3.
14
Un interesante y extenso análisis de esta cuestión es realizado por Kristen M. BLANKLEY,
“Keeping a Secret from Yourself? Confidentiality When the Same Neutral Serves Both as Mediator
and as Arbitrator in the Same Case, en Baylor Law Review, Vol. 63-2, 2011, pp. 317-367.
15
Sobre la incompatibilidad entre las funciones de mediador y árbitro en algunos supuesto
descritos en la legislación española puede leerse José Alberto REVILLA GONZÁLEZ, “Capacidad,
incompatibilidad con la función de mediador y seguro de responsabilidad civil de los árbitros”, en
“La reforma de la Ley de Arbitraje de 2011 (Comentarios a la Ley 11/2011, de 20 de mayo)” (Dir.
Juan Damián Moreno), Ed. La Ley, Madrid, 2011, pp. 105-123.
16
J.T. BLANKENSHIP, op. cit., pp. 22-23.
17
En este sentido, LIMBURY sugiere al concluir la mediación el tercero deba comentar con las
partes si se siente capaz de desarrollar el arbitraje de forma imparcial, lo que incluiría la exclusión
de la información confidencial a la hora de resolver el asunto (LIMBURY, Alan L., “Making med-arb
work”, en ADR Bulletin, Vol. 9, No. 7, p. 119).

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El carácter confidencial de dicha información impediría su uso por parte del mediador-
18
árbitro en la fase arbitral . Como más arriba mencionábamos, a pesar de que desde un punto de
19
vista humano la disección de un tipo y otro de información por parte de una misma persona –la
pública y, por lo tanto, de posible uso, y la confidencial que no puede ser utilizada- puede parecer
un hecho de difícil consecución, desde una perspectiva teórica la situación no dista mucho de
aquélla que deben enfrentar los jueces o los jurados cuando se les requiere para que no tengan en
20
consideración alguna prueba o declaración inválidamente realizada en el acto de juicio .

La justificación anterior no puede, en todo caso, enterrar otro posible inconveniente que dicha
situación puede generar: el de unas partes que en la fase de mediación, sabiendo que se
encuentran ante la persona que en última instancia tomará la decisión sobre su disputa, se centren
más en intentar convencer al mediador-futuro árbitro de la justicia de su posición y no
acudan a la misma con la voluntad precisa para poder realizar una labor de mediación adecuada.
Obviamente, este extremo incluiría la ausencia de las confidencias al mediador, lo que dificultaría
su trabajo y socavaría en gran medida las posibilidades de éxito en esta fase.

En otro orden de cosas, exponíamos más arriba que el hecho de encontrarse ante la persona con
capacidad resolutiva en fase arbitral hacia que las partes se sintieran compelidas a dar lo mejor de
sí de cara a la consecución de un acuerdo en la fase de mediación. El contrapunto a este
argumento favorable viene constituido por la limitación que ese elemento establece a la libertad
21
de las partes de cara a llegar a un acuerdo sobre su disputa . No podemos olvidar que la libre
voluntad de las partes es una característica esencial de la mediación, y cualquier coacción que
22
éstas puedan recibir atenta contra la propia naturaleza del procedimiento . Desde la perspectiva
anterior el conocimiento previo de las características específicas del medarb se convierte en
fundamental si queremos evitar que las partes se sientan coaccionadas a llegar a un acuerdo
para evitar la fase arbitral. Así, una aceptación consciente de los elementos del medarb, así
como la participación de un mediador-árbitro con experiencia y conocimiento tanto en el ámbito de
la mediación como en el del arbitraje, se nos antoja fundamental para que las partes se sientas
satisfechas con el procedimiento independientemente de la conclusión del mismo.

                                                                                                                         
18
Este inconveniente es también acogido por algunos en referencia a los problemas que dicha
situación presenta en relación con el derecho al proceso debido (“Due Process”), que implica que
el árbitro sólo puede basar sus decisiones en la información obtenida en actos en los que ambas
partes han podido rebatir los argumentos esgrimidos por la contraria (J.T. BLANKENSHIP, op. cit.,
pp. 23-24).
19
Richard P. FLAKE, “The Med/Arb Process: a view from the neutral’s perspective”, en ADR
Currents. The Newsletter of Dispute Resolution Law and Practice, Junio 1998, pp. 5-6.
20
M.E. TELFORD, op. cit., p. 5.
21
En este sentido,BARIL y DICKEY alertan de posibles actitudes inadecuadas del mediador:
“Strong-arm tactics by the med-arbiter would likely cause a party to feel unheard, disrespected, or
unfairly treated…” (M.B. BARIL & D. DICKEY, “MED-ARB: The Best of Both Worlds or Just a
Limited ADR Option?”, op. cit., p. 5). En similares términos H.R. BOWLES, “What could a leader
learn from a mediator? Dispute resolution strategies for organizational leadership”, en “Handbook of
Dispute Resolution” (Eds. Moffitt & Bordone), Jossey-Bass, San Francisco, 2005, p. 410.
22
En todo caso, TELFORD concluye que las ventajas proporcionadas son superiores a los miedos
que pudieran existir: “It appears that while there are some valid concerns about the power of med-
arbitrers, overall, the impending threat of an imposed decision can have a very positive impact in
helping the disputants reach their own negotiated agreement” (M.E. TELFORD, op. cit., p. 4).

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4. A MODO DE CONCLUSIÓN

Como hemos podido comprobar en las líneas anteriores, la yuxtaposición de funciones del
mediador-árbitro que se produce en el medarb es la fuente principal tanto de sus críticas como de
los beneficios que este híbrido aporta. Desde la perspectiva de sus riesgos, pensamos que los
mismos quedarían al menos reducidos si las partes son convenientemente informadas sobre el
procedimiento que va a ser utilizado, sus características, las funciones del tercero en cada una de
las fases y las limitaciones y riesgos del uso de la información reservada que ellos puedan
proporcionar al tercero en la fase de mediación. Además, las partes deben ponderar los beneficios
en tiempo y dinero que éste les puede acarrear, valorando todo ello y decantándose por éste u otro
tipo de vía para resolver su disputa.

Por otro lado, para salvar los problemas que su doble faceta puede generar el medarb requiere de
terceros experimentados y con amplios conocimientos en ambos escenarios, que sepan discernir
convenientemente las funciones a desarrollar en cada una de las fases y no confundan los roles,
transmitiendo así a las partes la confianza necesaria para el adecuado desenvolvimiento tanto de
la fase de mediación como de arbitraje.

En cualquier caso, el medarb no se configura como un método perfecto de resolución de conflictos


puesto que, simple y llanamente, dicho método perfecto no existe. No obstante, sí que pensamos
que es un método válido y útil para afrontar la resolución de determinadas disputas, sobre todo si
las partes son conscientes de las ventajas e inconvenientes del mismo y el tercero desarrolla sus
funciones con la suficiente pericia y sin confundir las atribuciones que asume como mediador y
como árbitro.

Dr. Alberto Saiz Garitaonandia


Director de lo Contencioso Eusko Jaurlaritza – Gobierno Vasco
Profesor de Derecho Procesal UPV-EHU

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