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JAMES M.

BUCHANAN
GORDON TULLOCK
,.
EL CALCULO DEL
CONSENSO
FUNDAMENTOS LÓGICOS
DE LA DEMOCRACIA CONSTITUCIONAL

PLANETA-AGOSTINI
Titulo original: 111e Ca/culus o/Consent. Logícal Foundations o/Constitutional Democracy
Traducción: Javier Salinas Sánchez
Traducción cedida por Espasa-Calpe, S.A.

Directores de la colección:
Dr. Antonio Alegre (Profesor de H~ Filosofía, U.B. Decano de la Facultad de Filosofía)
Dr. José Manuel Bermudo (Profesor de Filosofía Política, U.B.)
Dirección editorial: Virgilio Ortega
Diseño de la colección: Hans Romberg
A SUS EFECTOS
Cobertura gráfica: Carlos Slovinsky
Realización editorial: Proyectos Editoriales y Audiovisuales CBS, S.A.
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.EÍpediertte-EXP-ME-22441113: ·
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Area Destino: ME-DCFDRC DIRECCION DE CONTABILIDJ
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Fecha y Hora de 03/05/2016 15:47:10 Fecha y Ho


Envio/Asignación: Rechazo/A1
Usuario que Envió/Asignó: GRACIELA Usuario qw
RUSSOMANNO Rechazó/A1

Recibido por:
©Centro de Estudios y Comunicación Económica
cg Por la traducción Espasa-Calpe, S.A.
© Por la presente edición:
©Editorial Planeta-De Agostíni, S.A. (1993)
Aribau. 185, !? - 08021 Barcelona
©Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V. (1993)
Av. Insurgentes Sur# 1162. México D.F. Firma Aclaración
©Editorial Planeta Argentina, S.A.l.C. (1993)
Independencia 1668 - Buenos Aires
Depósito Legal: B-40.350/92
ISBN: 84-395-2203-7
ISBN Obra completa: 84-395-2168-5
Printed in Spain Impreso en España (Noviembre 1993)
Imprime: Printer Industria Gráfica, S.A.
CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN

La(J:eoría Política)versa sobre la cuestión: ¿ Q!J.é:;..esel Estado?La


~ilos,otra"" Políticú ha~·amplfaifo·:·esto. a: XQ'úf~"fef Esi~~o?
La (g_en~}~'~.~<:>~~!!l!.1'T~8!-1!1.t:i.~_<?:.¿ C2~o está_ orga~.1 Estado?
AéjüTñOseaara conteSfiiéTóña nTñguna-éfe esfils preguntas. Nosotros
no estamos interesados directamente en lo que realmente es «el» Estado
o «Un» Estado, sino que nos proponemos definir es_,pe,¡¡;.ífi.camente, aunque
de forma breve, lo ue nosotros ensamos u '·¿febe s~r .un Estado. No
nos detendrem6s a 1 c ir'~ii s-·ro caso cÓ~'aqüe ·~~ que p~e an isere-
par, ni examinaremos en detalle la existente actividad gubernamental, ni
ninguna organización ideal de la misma.
Dado un postulado explícitamente establecido sobre los objetivos de
la acción colectiva, construiremos, en una forma que reconocemos preli-
minar y tal vez simplista, 'una teoría la elección ectiva. Esta cons-
trucción exigirá varias etapas. a. acc1on co ecttva e e estar, ~sf!g0_11
nuestr_o p()stula_do, compuesta de acciones in~i.yicl!la!t'._s. La primera.etapa
de-ñueiirn-cnñstrucción es, en consecuencia·,--u-ña'llípótesis sobre la moti-
vación y el comportamiento del individuo en la actividad social como
contraste con la actividad privada o individualizada. De este modo, nues-
tra teoría arranca de la acción y la toma de decisiones del individuo en
cuanto a que él participa en los procesos a través de los cuales se organi-
zan elecciones de grupos. Puesto que nuestro modelo incorpora el com::-1
1
portamiento del individuo como su característica central, !l!ft!sIL<! 5<1_~0:
~ taí vezpuede ser clasificada del mejor modo, como n,¡gtodológica-
mente individualista. -
.,-···y~"j)()(felño~illrinar aquí, lo que será necesario reiterar más adelante:
El análisis no depende, para su validez lógica elemental, de ninguna
motivación, estrechamente hedonística o egoísta, de los individuos en su
comportamiento en los procesos de elección social. El individuo repre-
sentativo. de. nuestros modelos . puede ser !'!.S.2i.§J!LQ ··ª!.t!:ii.tÚ1'1 ·¿,-cualquier
coiñ151ñácii5ñ·de e·stó ... Nuesfra teoría es «económica» sólo en tanto que

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK /·'/, CÁLCULO DEL CONSENSO

~uponc que los distintos individuos son individuos diferentes, y, como dado énfasis a la indeterminación teórica que t_a_les hip_ót~~is i.nt_rod1:1c.;~.n.
1alcs, probablemerift!Heñen aTsffotós ob}eiívos·y"propósffos·con.~~~R~f10 Nuestra tarea, en un sentido, es proporcionar la determinación teórica_al
a los resultados de la acción colecffva. En otras palabras, nosot~os supone- "úrea de fa vida humana sobre Ja cual un gobierno democrátiC() ..,- puede
mos-que-rosfoiereses· de 'ios }ícímbres discreparán por otras razones distin- ejercer elcófitror;~ incluso sobre _ei postul~do puramente in~ividualist;;
tas de la ignorancia. Como demostraremos. s.Ql.Q_~erequerirár1 hjpóte.sis_más determinación que Weldon específicamente plantea que esta ausente .
restrictivas cuando se utilice la teoría básica para desarrollar hipóte- ¡~Q~é queremos dar a entender aquí por determinación teórica? La
sis operacionales específicas sobre los resultados de la elección colectiva. teoría económica no explica la organización de las elecciones privadas de
· Cualquier teoría de la elección colectiva debe intentar explicar o des- forma suficiente como para permitir al economista profesional pronosti-
cribir los medios a través de los cuales se conjugan intereses contrarios. i.:ar y predecir la composición exacta del producto nacional, la tasa de
En un sentido genuino, la teoría económicaestambién una teoría de la intercambio entre dos bienes o servicios cualquiera, o el precio de un
elección colectiva, y' como tal, nos proporciona una explicación de cómo bien en términos monetarios. Tales predicciones exigirían omnisciencia,
los distintos intereses del individuo son reconciliados a través del meca- no ciencia, porque .d~~.f1.:1.°-~--tEª!~r .. !5?~-~!:'.tl~~i-~~,°,.:' ..~.()-~()-~--~~?ar~~:.an?
ª.
nismo del comercio y el intercambio. En verdad, cuando se presupone rnmo a átomos. Las ciencias de la elección humana deben ser mo era as
que los intereses de los individuos son idénticos, el cuerpo central de la en sus objéiívos. En el mejor de los casos, pueden proporcionar al espe-
teoría económica se desvanece. Si todos los hombres fueran iguales en 1.'ialista hábil una cierta facilidad para pronosticar las características es-
intereses y en recursos, naturales o artificiales, no habría ninguna activi- tructurales de la actividad humana organizada, junto con algunos efectos
dad económica organizada que explicar. Cada hombre sería un Crusoe. direccionales de cambios en variables específicamente definidas. La teo-
Por lo tanto, la Teoría Económica explica por qué los hombres cooperan ría económica puede_ ayudarnos a pronosticar que los mercados se. vacia-
a través del comercio: lo hacen porque son diferentes. · - ··· · rún :-q-ue-unidádes ·unifr;~mes del producto exigirán precios uniformes en
Por el contrario, los· teóricos de la política no parecen haber conside- mercados abiertos, que la demanda se incrementará a medida que el
rado plenamente las implicaciones de las diferencias de los individuos en precio se reduce, siempre, desde luego, con la necesaria limitación del
una teoría de la decisión política. Normalmente, el proceso de la. toma de "¡;eteris paribus ».
decisiones ha sido concebido como-uñ--me<lfo''parafíégar a afgun~·~~!~ióf! l,:_~teoría ,?:__la elecció~ que. es~eramos constr~ir p_u_e~e deci~ i~cl_us~
de la «verdad», un concepto absoluto'y racional que_quedapor ser des- menos que esto. Tal teona es rntrmsecament~-n_:i~~nn_c1p_i_c:_..~1.
C~Qi~~..Jréés ·4~Ja razQ.ii_Q'ia r~vtfaC"ion ·y'que:-üriavéi..ae..,cüOíerto, ~·ausa de la interdepeooe-ñcíáTúnaaiñeiifáíoéTas acciones indivTclu<'iles en
átraerá a todos los hombres a su favor. Las concepciones de .democracia ia elecCión social, una interdependeñ·cra-<rueesfaTólarmeñf.~[ji'@.eift(fi~P.J)r
racionalista se han basa.do sobre la hipóte~ls- de l_o_s contlict_os"de interesés 111 menos-eiieT"prnñeT-tiiVeTüe-·,1ñáíiSls-:oelitür;añTi:~i~@.~.?.:..l~-~5tivi?_ªd
de los individuos, que deberán desvanecerse una vez que el electorado l'l:(!nomlcá 'éñ ·-et rrren-adrr:· La teurfu"C!tn•re-cCIOñ-coíectiva puede, ·en el
llegue a estar totalmente1ñf'Oimad0.-N onegamos''rrlVaITdez. oc~onal de rñ~:ior d~ los casos. permitirnos ha.cer al~un~~~. !?!~~i_c~i-~~-~.~.s"_~u~ ~-u~_i.111c.;n~
esta có~;;;ci'ón, en la cuai las reglas para la toma de decisiones políticas !arias en cuanto a las características estructurales de las dec1s1ones de
proporcionan los medios para llegar a unos ciertos «juicios de la verdad». l(ntpo.
Sin embargo, cuestionamos la validez universal o incluso típica de esta La elección importante que el grupo debe hacer a la fuerza, es:
perspectiva defPrº~~.s,2~P.9.fü!s;ii:~&ii:esfr:Q~~~1ó.é}'ü~ de--fos prcicesosctela Cómo debe'' ser' •' trazada la línea divisoria entre la acción rnlectiva Y

•~:~5:·~~~~~Í:~~~ e~ ~~~~~:~G~e~~ce!:~i:_i~~~~~~~fst~:~ª~~~:t~~}i~~
(, . ""' .. ·-- ···~ ~··
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0 priv~id'a·1·;::cüiíl-·es- ef fmbito de la ~licciónin<li:vidu<:t:I O. priyada y cuál el
de la sócíal'rNo es t'ündóñ-de una teoría él trazar una línea precisa: la
\ p¡)teslssoñ.subsi~nCíaímente eq~Ívalentes a las suyas 1 ~ pero Weldon ha teoría tie'óe' sentido sólo en términos de un modelo analítico que describe
o explica los procesos a través de los cuales los individuos del grupo
1
T. D. Weldon, States and Mora/s (Londres: Whitlesey House, 1947). Para pueden tomar esta decisión fundamental. Por otra parte, en la obtención
un planteamiento más reciente de una postura semejante, ver a Isaiah Berlin__,_[lt:a.
Concepts of Liberty (Oxford: Clarendon Press, 1958). ; · · •• 2 /bid., págs. 249 y 255.

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EL CÁLCULO DEL CONSENSO
de este modelo podremos definir, en términos generales, algunos de los
rasgos característicos de una «solución». lidad política, nos proporciona un criterio con el cual se pued~n ~nalizar
La selección de una regla de la toma de decisiones es en sí misma una las decisiones de la persona individual sobre los temas const1tuc1onales.
· Examinando el cálculo de la elección del individuo aislado, como este
elección de grupo, y no es posible debatir positivamente la toma-de
cálculo está condicionado por el conocimiento de que deben estar de
decisiones básicas de un grupo social excepto ~o hp~s cuJ.~~~~:
acuerdo todos los otros individuos del grupo antes de que pueda llevarse
~~üt*ª~~~~~~~1c;ri~%f.~Rft ~}?i~j[~11ªts:~*·~;,~~il~~~~Ui-~~r!i~~~~T;(
1 1
a cabo la última acción, nosotros estamos en situación de debatir signifi-
cativamente «mejoras» en las reglas para la toma de decisiones. ¿Cuánd_o
mente entre fa acciórl'Colectiva y la privada en un área particular hasta
se demostrará que es conveniente cambiar uno o más sectores .~e la a~tt­
que se analicen los resultados de las alternativas. La acción privada, en
vidad humana del ámbito de la elección privada al de la elecc1on social,
su forma más simple, presenta escasa dificultad; en último término, el
o viceversa? En nuestro debate está implícita la suposición de que los cri-
que toma la decisión se presume que está actuando de forma individual.
terios para contestar preguntas como éstas sólo pueden encontrarse en la
Sin embargo, la acción colectiva es totalmente diferente. Antes de que
teórica unanimi~ad entre todas. las partes del grupo político. ~ue,r_<!o
pueda ser señalada propiamente como una alternativa a la elección pri-
soore·er cámblo eñfre.iód'.os los lncíividuos CiéigrÜpo viene a ser taúnica me-
vada, debe especificarse la última autoridad para la toma de decisiones.
¿Es una mayoría simple la que está en el control? ¿O las decisiones diaaautentlcá-cle~;iñe}oras ».que' se puede alciríZáráJ!:~~.sder~.ª!Il?.!ó "·
Sfo 'emhárgo, ef fogro del 'consenso es un proceso costoso, y el reco-
ciJ'lectivas deben ser tomadas solamente bajo un consenso pferíü?¿o hay
nocimiento de este simple hecho apunta directamente hacia una teoría
una élase o gru'¡:)ü er
dirigente desirite~esado? La evaluación que iíioividuo
«económica» de las constituciones. El individuo encontrará ventajoso
hace de la elección colectiva estará iílfluenciada drásticamente por la
regla de decisión que él presume que prevalece. Incluso cuando esta acordar por adelantado ciertas reglas (las cuales él sabe que ocasional-
dificultad se salve en el nivel primario, sin embargo, ello nos permite mente pueden redundar en su propio detrimento) cuando se espera que
analizar solamente la elección del individuo particular en su propia deci- los beneficios excedan a los costes. La teoría «económica» que puede ser
sión «constitucional». Cuandoreconoce.mos que las decisiones «Consti- construida a partir de un análisis de elección individual proporcion? una
explicación para el nacimiento de una constitución política a partir del
tucionale~», ,que e~ sí mismas. s~n ñ~ces.ar.iamente colecüvas, ... l'IJ.e.~.~n
'talllbién alcanzarse con cualquiera de las. diferentes reglas de la toma de proceso de discusión llevado a cabo por individuos libres que intentan
deeisfones,. de ~uevo volvemos a enfre~t~rnos al mismo tema. Por otra formular reglas generalmente aceptables, en su propio interés a largo
parte, al postufar una regla de la toma de decisiones para las elecciones plazo. Se debe recalcar que, en esta discusión constitucional,: lae~.~c-

l·i.t~. ~.- ~ f:.·~.!?iE.~~ ~~~. ~


l
constitucionales, nos enfrentamos al mismo problema cuando pregunta-
meñte qTíe'eñ-erproc~_?.!'_.!!,!EC:9..<:>1'1C5?1~~HYª _qlJt:}!~':!.e llJgar dentro de
mos: ¿cómo se elige la regla? 3 • tiva.· ..ut·.i i:_.i. . !.ª.·•. ·.d. e.L· .· ·i· · .n·..··.d.}'
· .'·c. i. d·. ..ll··..º.·. ·. ··P·ª·r·t··.i·.f... i. p. . .:i·. n•..·.!e....·.d,. ... ··.e ..•.c.9. . ,n.. . ..... . . . . . ..1!1Plia-

.l f'áirfffliiTe.{iñf~ .~u_es.tra teoría de e,l!:c:.c:iqri C<:!n~titucio9al Jiene. iro-


·l;>·..

'· Un recurso para escapar de lo que parece ser un desesperante dilema


P~E!~.<>.!ff!¡t,!JV~s. solo. en tanto en cuanto se acepte como base el
metodológico es el introducir algu~~egla para la unanimidad o para el con-
consenso individual.
senso pleno en el último nivel constitucional de la toma de decisiones. Com-
pletamente aparte ae la retevañCíacieestaregtacomo exPíTC-aclóndela rea-
· Sfe~fa de teor¡a ía
constitución va a ampliarse más allá de lo pura-
mente simbólico, se debe ensayar algún análisis de las diferentes reglas
3
Como Otto A. Davis ha señalado en su crítica de una versión anterior de de la toma de decisiones. Los costes y los beneficios de la acción colee-
este manuscrito, el problema filosófico discutido aquí no está limitado bajo ningún
concepto a la teoría constitucional o política. Surgen problemas semejantes
4 La teoría contractual del Estado puede interpretarse de este modo; Y, si la
cuando se hace frente a cualquier elección «genuina». Una elección entre las
alternativas se realiza sobre la base de algunos criterios; siempre es posible subir teoría se interpreta así, todo nuestro análisis puede clasificarse como que se ~~­
un nivel en la jerarquía y examinar la elección de los criterios; la discusión se cuentra dentro de la extensa corriente de la doctrina contractual. Sobre 1~ re.lac10n
específica entre el análisis de este libro y la teoría contra~tual, ver _el a~end1ce l..
detiene sólo cuando hemos llevado el proceso de examen hasta los «Valores»
esenciales. s Cf. F. A. Hayek, The Constitution of Liberty (Ch1cago: Umvers1ty of Ch1-
cago Press, 1960), pág. 179.

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JAMES M. BVCHANAN Y GORDON TVLLOCK EL CÁLCULO DEL CONSENSO
tiva, en cuanto que éstos se comparan a la opción individual, pueden
ción colectiva, un tema sobre el cual los modernos economistas del bie-
tenerse en cuenta sólo sobre la base de algún análisis de diversos proce-
nestar se han mostrado sorprendentemente silenciosos. Sólo dentro de la
sos de elección, la parte central de este libro es un análisis de una de las
última década se han hecho serios ensayos de analizar procesos de elec-
más importantes reglas para Ja elección colectiva, la de la votación de la
ción colectiva a partir de lo que puede ser denominado un enfoque «eco-
mayoría simple. Las áreas de la actividad humana que el individuo razo-
nómico». Recientes trabajos de Kenneth Arrow: 7, D11ncan Black 8.Jl1:7
nablemente inteligente optará por colocar en el ámbito de Ja elección --
mes M. Buchanan 9 , Robert A: Dahl y Charles E. Lindblom 10 .. , Bruno
colectiva dependerán en gran medida de como él calcula que vayan a
Leoñí'lryUeñryüílver· soii <.fo relevancia <lfr.eéfiitanfo-para· Ta meto-
17
funciona~ lo~ procesos de elección. Por otra parte, p_u_est2 qu~ !a regJ<,1. d.e dología como para ei'iema sobre el cual versa este libro. Los trabajos
la mayona trene un lugar tan predominante en la teoría y práctica dern9:
más estrechamente relacionados con este libro son, sin embargo, los de
crática moderna,. cualquier teoría de la constitución sería poco más que
Anthony Dowps 13 y ~k 14 • _¡.;~te~liºrn difiere del trabajo .de
una cáscara vacía sin un análisis cuidadoso de la regla de la mayoría. 1
Downs en su enfoque básico del proceso político. Downs trata de elabo-
Cualquier teorización, ya se refiera a la toma de decisiones individual-'
rar una teoría del gobierno análoga a la teoría de mercados a través de
o colectiva, debe basarse inicialmente sobre sencillos modelos que defi-
centrar su atención en el comportamiento de los partidos políticos. El
nan claramente los condicionantes dentro de los cuales opera el actor
intento de los partidos de maximizar el apoyo del votante reemplaza al
individual. En un análisis preliminar se requiere simplificación y abstrac-
intento de los individuos de maximizar utilidades en el mercado. En
ción. Los condicionantes institucionales sobre la acción humana se deben comparación, en este libro no consideramos problemas de representació~
despojar de todo, excepto de sus elementos esenciales. Como se ha apun-
(por ejemplo, problemas relativos a la selección d~ los lídere_s'. I.a organi-
tádo, la parte central de este libro analiza la acción de los individuos en
zación del partido, etc.), excepto en un segundo mvel de ~nahs~s. Noso-
tanto en cuanto participantes de la toma de decisiones de un grupo, sujeta
tros construimos un modelo de elección colectiva que es mas analogo a la
a la única limitación de la regla de la mayoría simple. Las instituciones
teoría de mercados que a Ja elaborada por Downs. Tullock, por otra
políticas existentes raramente son tan simples, si lo son alguna vez. Sin
parte, en su versión preliminar de un trabajo general. c.en~ra su ~tención
embargo, se progresa construyendo a partir de los cimientos, y no nos
en el comportamiento del individuo en una burocracia Jerarqmzada Y
proponemos presentar una estructura teórica completamente desarro-
llada. Nu~stro enfoque, que comienza con la participación de los indivi- 1 Kenneth Arrow, Social Choice and Individual Values (Nueva York: John
duos en situaciones sencílfas de voiáCión; debería ser complementario a Wiley and Sons, 1951). .
otro que arranque de las estructuras de las instituciones existentes, tales 8
Duncan Black The Theory of Committees and Elections (Cambridge: Cam-
como partidos políticos, asambleas representativas, liderazgo del ejecu- bridge University Pr~ss, 1958); también, Duncan Black y R .. ~- Newing, Commit-
tivo, y otras características del Estado moderno. No es sorprendente que tee Decisions with Complementary Valuation (Londres: W1lham Hodge, 1951).
una parte significativa del trabajo más estrechamente relacionado con ' James M. Buchanan, Social Choise, Democracy, and Free Markets; Indi-
vidual Choice in Voting and the Market; Positive Economics, Welfare Econo-
este libro haya sido realizada por expertos en economía política. Se debe
mics, and Political Economy.
considerar responsable a f<.r¡'!t_~i_~-~.§ttlL en su Qriginal y altamente suges- 10 Robert A. Dahl y Charles E. Lindblom, Politics, Economics and Welfare
tivo trabajo sobre la organización del sistema fiscal, de la inspiración de (Nueva York: Harper and Bros., 1953). . .
muchas de las ideas que desarrollamos aquí 6 • Su trabajo precede en 11 Bruno Leoni, Freedom and Law (Conferencias dadas en Frfth Instrtute
varias décadas a la construcción final de la «nueva» Econom(a Paretiana sobre la Libertad y Ja Empresa Competitiva en Claremont Men's College, 1957
del Bienestar, la cual está estrechamente relacionada con éste, aunq~e !Mimeografiado)); «The Meaning of "Political" in Political Decisions», Political
desarrollada independientemente. El mérito de Wicksell es que establece Studies, V (1957).
directamente las implicaciones de su análisis para instituciones de elec- 12 Henry Oliver, «Altitudes Toward Market and Poli ti cal Self-Interest»,
1':thics, LXV (1955), 171-80.
6 13 Anthony Downs, An Economic Theory of Democracy (Nueva York: Har-
Knut Wicksell, Finanztheoretische Untersuchungen (lena: Gustav Fischer,
1896). per and Bros., 1957).
14
Gordon Tullock, A General Theory of Politics.

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sobre las opciones a las que tal individuo hace frente. Nuestro enfoque se
asemeja a éste en su concentración y en sus hipótesis sobre la motivación
del individuo, pero aquí primordialmente estamos interesados en el compor-
tamiento del individuo como participante de un proceso de votación y en
los resultados de las diversas reglas de votación o de toma de decisiones.
Aunque desarrollada independientemente, nuestra concepción del CAPÍTULO 11
proceso democrático tiene mucho en común con la aceptada por la es-
cuela de ciencia política que sigue a Arthur Bentley en su intento por EL POSTULADO INDIVIDUALISTA
explicar la toma de decisiones colectivas en términos de reciprocidad de
los intereses del grupo 15 • A lo largo de nuestro análisis, la palabra
«grupo» podría ser sustituida por la palabra «individuo» sin afectar a Jos U na teoría de la elección colectiva debe fundamentarse sobre alguna
resultados significativamente. De este modo, se puede desarrollar el cálcu- hipótesis sobre la naturaleza de la unidad colectiva. ¿Qué es el Estado? O
lo del grupo. Hemos preferido, sin embargo, conservar el enfoque indivi- hicn para plantear la pregunta más precisamente, ¿cómo debería ser con-
dualista. En el mejor de los casos, el análisis de los intereses del grupo nos cehido el Estado?
sitúa en una etapa más alejada del proceso último de la toma de decisio- Si se acepta una concepción orgánica, la teoría de la toma de decisio-
nes, que solamente puede tener lugar en las mentes de los individuos. nes de la colectividad se simplifica en gran manera. La colectividad se
. La diferencia esencial entre nuestro enfoque «económico» de la elec- 1ransforma en un individuo, y el analista sólo necesita huscar el modelo o
ción política y el enfoque representado por la escuela de Bentley estriba la escala dé valores subyacente que motiva la acción independiente del
en nuestro intento de examinar los resultados de la actividad política en Estado. Operativamente, las proposiciones significativas sobre tal acción
términos de modelos analíticos amplificados y, de este modo, sugerir pueden ser muy difíciles de elaborar, pero, no obstante, se puede obtener
algunas de las implicaciones de la teoría que podrían ser sometidas a una discusión útil, sin prestar mucha atención al modo de construir el
pruebas empíricas.
,, puente» entre los valores individuales y los valores sociales. El .Est~~o
En cuanto al método, nuestros modelos se relacionan con aquellos orgánico tiene una existencia, un modelo de valores, y una mot1vac1on
que s;6 han utilizado en el desarrollo de la naciente «t~2~!~-~-i;:J.<?!!J!!e­ independiente de las de los seres humanos individuales que reclaman ser
.&?Ji-'> , aunque una vez más este desarrollo es completamente indepen- miembros de este Estado. En verdad, el término ,<individual» tiene un
diente del nuestro. Esta teoría de los juegos, sin embargo, ha estado
pequeñolu,8¡¡,r (!n. la concepción_ genuinamente or~ánica; ~ada ser. huma~o
esencialmente interesada en la elección de las reglas de decisión interor- se transforma en una parte integral de un orgamsmo mas ampho Y mas
ganizativas cuando los objetivos de una organización pueden ser cuida- significativo. ·
dosamente especificados. Que nosotros sepamos, no se ha extendido la Este enfoque o teoría de la colectividad ha servido de cierta utili~ad,
aplicación de la teoría a las reglas de decisión política. tanto como una interpretación positiva de ciertas cualidades de las umda-
des colectivas reales, como una filosofía política normativa. La concep-¡,
is El trabajo básico en esta tradición es el de Arthur Bentley The Process of
Government (Bloomington: The Principia Press, 1935 [primero fue publicado en
1908)). El trabajo reciente más importante es del de David B. Truman, The Go- 1
ción se opone, esencialmente, a la trl!.clici()n filosófica uccidental, en Ja:¡
cuatefíhaív1duo hum.ano. eiíla entidad filosófi~~·
ermomento en que nosostros _rws proponemos _elaborar una teona de la
Además,' desoe
vernmental Process (Nueva York: Alfred A. Knopf, 1951). El trabajo de Pendleton
Herring también se encuentra dentro de esta agrupación general. Ver su The elección colectiva que tiene relevaríéia en la mg_c,lerna democracia occi-
Politics of Democracy (Nueva York: W. W. Norton and Co., 1940); Group Repre- óenfal, rechazaremos de antemano cualquier interpretacióÍ1_?.!]ániéa de la
sentation Before Congress (Baltimore: The Johns Hopkins Press, 1929). aeti \fid_aª·-c!.~~1~.5~~->.t~S!fr-@ª-IT-- ------·--. ---- --- .- ········-- -- ....... ... -
16
Ver especialmente a Jacob Marshak, «Efficient and Viable Organizational
Forms», en Modern Organization Theory, editado por Maso Haire (Nueva York: 1 En esto, nosotros no vamos tan lejos como Arthur Bentley. que declara que
John Wiley and Sons, 1959), págs. 307-20. esta concepción orgánica está más allá de la ciencia social. Sin embargo. su co-

36
37
. i '. i '~

JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK U, CÁLCULO DEL CONSENSO

Este rechazo implica algo más que la mera negación de que el Estado o en otros lugares. Se mantiene esta conclusión incluso si se supone que la
existe como entidad überindividuell. Para nuestros propósitos, la contri- dase dirigente está formada por los propietarios marxistas de los factores
bución de los filósofos políticos alemanes se sitúa en su extensión de la de producción, la aristocracia, o la mayoría conforme.
concepción orgánica hasta sus extremos lógicos. Un rechazo significativo El enfoque de la clase dominante con respecto a la actividad política
del concepto debe ir más allá de una negativa a-aceptar fas versiones está vivamente relacionado al nuestro propio en un desafortunado sentido
extremas de lá teoría. Se debe· ampliar a los temás más polémicos que terminológico. Por accidente histórico, la concepción de la dominación
implican la. idea de «voluntad general». Sól.<Lª!&u!lí;LCJ.llll,;~QQ 9r_gánka · de clase en su variante marxista, ha llegado a ser conocida como Ja
ide la sociedad uede postular el nacimiento de una mística. v.olu.ntad Geñe- concepción o interpretación «económica» de la actividad del Estado. La
PLáC9u~ed~riva indepen ientemente del proceso·aeTai:olña'"a·e"éfeéisTo- dialéctica marxista, con su énfasis sobre la posición económica como
nes en el cual las opciones políticas tomadas por los distintos individuos causa fundamental de la lucha de clases, ha originado que el perfecta-
son controlables. Siendo así, muchas versiones de la democracia idealista mente adecuado término «económico» sea utilizado de una manera com-
~o son, e~-~ª-b¡;_~sir.io. ~ariantes sl~ª~~~~~··Como con el pletamente inapropiada. Este término ha sido tan inapropiadamente utili-

!.;~.~.·.;.-~.-.'.·.ª.-~.-.·,.;.:j. .r.·~.1.t·; ·J-~.-.·.t.~.G~.:..e§.~ ~.:~.u : n.-~.• ~.'.:if· .~.r.e.·.:·ü.a·Y·v.ú•~hWf~. :~.·.r. c.rf~~.~n.s -~.-~n.1~-
1 1 1.ado y abusado hasta tal punto que hemos encontrado oportuno variar el
subtítulo original de este libro de «U na Teoría Económica de las Consti-
. .• . ....
erecc•Qn s~c.ml,- ~s 1Jna act1V1dad éon.oc1da c:¡ue se encuefttra tanto entre
. . d-:. . . tuciones Políticas» al utilizado actualmente.
1
-\ los. teoricos
~- ...- ,
como entre los. práctiCos
~"'""'"':.,- "~~·, ~,..
.. , ~·'
de fo. democracia moderna '7 '. ' .
''~'"''"~'""•'""~,...,,,,.,,=-•·'''•·'I ,,,,,.,.,,.~('•,'.,,,,,_,
''""""" ,'/,,, 1.,; •.',, ,. ''"'' ' ::" /'
. De un modo totalmente semejante, nosofrós 'también. recbazaremosf
.~.,:,~·~;:;.k~'.,,"S\,
Parece fútil hablar seriamente de una «teoría» de las constituciones en
una sociedad dist(nta de la que está compuesta por. individuos libres, por
?u:ª.. 19·*·.~.~9 conc;ec.ión de l.a co. lectividad qu~ ·Mcdrp~reí'a'é~piófu_:i ••·· lo menos libres. en el sentido d.e que no exist~ una deliberada explotación
c1~n,. .)~ ..~iri ido~r'üña ~é~s-tOiñClüyeíaVísiori'"~ma:íX:rsta'~ · política\Este punto. req-uerirámayor''élaboraClón- a'iñeaiaa'qüe'avañce-
c a méorpora e sta o como un medio a través del cual el grupo nios, porque (como posteriores capítulos demostrarán) nuestro análisis de
económicamente dominante impone su voluntad sobre el oprimido. Otras los procesos de decisión hace patente que ciertas reglas permitirán a
teorías de dominación de clase son igualmente ajenas a nuestros propósi- ciertos miembros del lrupo utilizar la estructura para obtener ventajas
tos. Cualquier concepción de la actividad del Estado que divide el grupo diferenciales. Sin embargo, es l?recisainente el reconocimiento d~ que el
en clase'dirigente ydase"opriinida, y que ve al proceso político simple~ lo
Estado puede ser utilizado para tales propositos que debería apremiar
mente como un medio a través del cual este dominio de clase surge y
después se mantiene, debe rechazarse cómo irrelevante para el debate
que sigue independientemente de la cuestión de que si tales concepciones
puedan o no haber sido útiles para otros propósitos. en otros momentos
l~r~i:1 ~f~~i:º;~~1~;f~~~J};füt~-t~~~~tu:~t~·~~lt:e!x~~~s~ü~!:!:e:a~~~
1
nadarnenteTuridadó de que los procesos políticos pueden ser utilizados
para propósitos de explotación, habría poca razón y menor propósito
para las restricciones constitucionales.
mentarlo merece la pena: «... podemos entrar a la fuerza en el «total social», y Habiendo rechazado la concepción orgánica del Estado y también la
estamos fuera del campo de la ciencia social. Usualmente encontraremos, al com- idea de dominación de clase, nos hemos quedado con una ~ft,~~!ld!~
probar el «total social», que ésta es meramente la tendencia de grupo o demanda
representada por el hombre que habla de él, erigido en la pretensión de una
1la colectivi~~d. uram~m.e ...in i~i.q~alis~·~.'..1_._~~i~-~·~C.<?!;ct~~ª..es, yísta
cfi~º a acc•~-~·~nd•v!.. ~~~ .CJll.~~~~~~~~!JP-~~!.1.~J"!~E-d_e!~!l11•!!ªdos
demanda universal de la sociedad; y por ello, en verdad, mintiendo a su.s propias 1
peticiones; porque si ello tuviera tal amplio inJerés global de la sociedad como un
todo, sería una condición establecida, y no un tema de discusión por parte del
hombre que lo llama un interés de la sociedad como un todo ... » (Arthur Bentley,
~a~i~~.~-;~~~t~:l!.·;·······.;
. . . ~·~. ~.~.e.~.in.i...~:~. :·e·!. ;R~~c~~Z~!~ ~~~%E·;;~:;e~~~: 1
4ue ta accmn co ect1.v\l teng:i 14g:.\r. este emoque s1tua al Sli\~?. en algo
The Process of Government, pág. 220.) 4ue es construido por hombres, un instrumento. En cart'secuéñcia, él
2
Para una crítica útil del enfoque más «Ortodoxo», ver a David B. Truman, está, por naturaleza, sujeto a cambios~~·::p~rfeccionable. Siendo así,
The Governmental Process, pág. 50. Ver también a Isaiah Berlin, Two Concepts of debería ser posible hacer proposiciones significativas sobre si modifica-
Liberty. ciones particulares en el conjunto de condicionantes llamados Estado

38 39

r.'···
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK
l:L CÁLCULO DEL CONSENSO
harán que las cosas «mejoren» o «empeoren». En este sentido, el enfo-
que dado en este libro es racionalista. miembros de un grupo social en el cual la acción colectiva está guiada por
De nuevo estamos en peligro de caer e una trampa lógica. Puesto que un conjunto de reglas, o de otro en el cual tales reglas no existen. En este
último caso, aunque sea tan improbable en el mundo real, la elección
h~mos rc:~~.~~dQ.~.~plJ~!t.ª11!.t!.n!eJ;a)~ea. ~e. . ll.'1 . . «i!H~~és Rút>J!~.d!!~.~n­
racional de un conjunto de reglas parecería tomar alta prioridad. Puesto
~~c;:~t~5<_?mo s1gniJl~~!i~~1 ¿CÓIJl() pueden tomarse lo~ . c,rit~fͺ~1!3:f.l! «la
meJora» o «el empeor,all!ie11t()»? ¿Estamos sometidos ya tan pronto a una que este caso es también teóricamente más sencillo, a él dedicaremos una
gran parte de nuestra di~cusión. La situación más normal en la que existe
evaluación puramente subjetiva?
No nos proponemos introducir tal referencia subjetiva, y no emplea- un conjunto de reglas de decisión colectiva, pero en la que la cuestión de
mos ninguna «función de bienestar social» para introducir una concep- posibles mejoras en estas reglas permanece abierta, se discutirá menos
ción orgánica por la puerta trasera. El análisis debería permitirnos deter- frecuentemente en un sentido específico. Sin embargo, afortunadamente
el proceso relacionado con la elección de un conjunto «Óptimo» de reglas
minar b~~.~~-~211.~~~i°-n.es un indivi_duo pa,rticular d~l.g111pojuz~~á. 9ue
un camfüo const1tuc1onal es una mejora; y, cuando toct.os. los individuos de decisión, partiendo de novo, puede ampliarse sin dificultades a la
está~ afecfados_.de_ fo~~ª semejante~. la regl~ de la unanimidad nos .P~().. discusión de las mejoras en las reglas existentes.
Discutiendo sobre una constitución original o sobre las mejoras en
p~rct~na un cn~er.10 e~1:<>, extr.emadamente. débil para «la mejora», un
una constitución existente, adoptaremos la unanimidad conceptual como
cnteno que esta 1mphc1to en la concepción individualista del Estado
criterio. Es decir, nos referimos al examen de las propuestas que benefi-
~ismo. I'!,<>. nos proponemqs .irmás allá de.los juicios del bienestar dedu-
c1bles de una rl§~.msa.~!i~ación..deJl!.~!!,Jt~~~§ólq si~
ciarán a cada mie.m,6fo:~etgrup~.~g~jfü.-Hay·aos razoñe-s·p·ara
adoptar

l
2~-.~-.Q~IT!.2~ªr.!l.·Y··.~-?~.·".~.C,QJ){;re¡p_s.~]1§.o..~~,~c.oº!1:rstituc1pnal es;,..!:t.~~Ifü§flf
áe todas las partes, .ll!Ziare~e tal cambio es una «mejora». Sobre
otróSPOsibles cambios" eñ~·1os condiciOna"ñtes.soGre-eT·compci'ifamiento
esté cfüeñó. Irri'primer lugar, discutiendo sobre las reglas de decisión,.
nos introducimos en la conocida regresión infinita, si adoptamos determi-
nadas normas para la adopción de reglas. Para evitar esto, recurrimos a la

l
~.~.~~.~.!:!!P
•. u.'.ª. 5?.·u ·. ·~ .·. ·.;'.i:
.. ~.. ~:.!.
.d -~~. p:.u.s~~~~. i:~~1¡!~e~ftfict~ ~~~~··~ s~~P:~.{@:
0 8
humano, no se puede decir nada si la introducción de preceptos éticos.
Mucho más fuertes y más cuestionables.
hdad.es c11alqi,uera que sea .la regla de decisión operante, la acción será
¿Qué clase de indivi<.!uos habitan en nuestra sociedad modelo? Como llevada a-cabo. ·· · · · · · · · ··· ·. · · · ··· · · ·
hemos recalcado en el capítulo precedente, se presume que los distin-
tos individuos tienen objetivos diferentes tanto en su acción privada · Parecé fútiÍ discutir una «teoría» de las constituciones para socieda-
como en la social. Estos objetivos pueden o no ser estrechamente hedo- des libres sobre otras hipótesis distintas de éstas. A menos que las partes
nistas. ¿Hasta qué punto deben ser iguales los individuos? El modelo más acuerden participar de este modo en el debate constitucional final y bus-
simple debería ser el que postulara que la mayoría de los individuos nos car los compromisos necesarios para conseguir el acuerdo general, no se
puede elaborar una constitución real. Una constitución impuesta que in-
son, de hecho, esencialmente equivalentes en todas sus características
corpore el acuerdo forzado de algunos miembros dél grnpo social es algo
externas. Una nación de pequeños propietarios libres, tal vez aproxima-
damente similar a los Estados U nidos de 1787, se ajusta bien al modelo 3 • completamente distint~ a lo que nos proponemos examimir en este li.bro.
Tal requisito, sin embargo, sería excesivamente restrictivo para nuestros
propósitos. No necesitamos establecer hipótesis específicas concernien-
tes al grado de igualdad o desigualdad de las características externas de
los miembros del grupo social. Sólo especificamos que los individuos son

3
En su cuidadosa refutación de la tesis de Beard, Robert E. Brown establece
el he~ho de que las diferencias económicas, por lo menos en términos de clase, no
eran importantes en 1787. Ver a Robert E. Brown, Charles Beard and the Consti-
tution (Princeton: Princeton University Press, 1956).

40
,¡empre ha significado una caricatura trazada por aquellos que han pre-
tendido crificár más que apreciar fa genuina contribución que el análisis
ci.:onómico puede hacer, y ha hecho, para una mejor comprensión de la
hCtividad humana organizada. El hombre que entre en las relaciones de
mercado como consumidor, trabajador, vendedor de productos, o com-
CAPÍTULO III l'rador de servicios, puede hacerlo por cualquier número de razones. La
teoría de mercado postula sólamente que la relación sea económica, que
LA POLÍTICA Y EL NEXO ECONÓMICO d interés dela otra parte en el intercambio no se tenga en consideración.
El principio de Wicksteed de «non~ T_yitm» es el apropiado, y su ejemplo
lle ~tenf..making» de Paul es ilustrativo. La aceptada teoría de mercado
Caballeros, no confío en ustedes. !'Uede explicar el comportamiento y capacitar al economista a hacer <;ier-
tus predicciones significativas, mientras que Paul no tiene en cuenta el
GUNNING BEDFORO OF DELAWARE, interés de aquellos para quienes él trabaja en la reparación de tiendas.
Federal Convention of 1787 Puul puede estar actuando por razón del amor de Dios, de la parroquia,
lle los amigos, o de sí mismo, sin afectar a la validez operacional de la
... El estado libre está fundado en el recelo y no en la teoría de mercado 1.
confianza.
También es necesario resaltar que la teoría económica no trata de
THOMAS JEFFERSON, explíc.ar., JQ~.Q_,~! s_c:im11ortlim!ento. bum¡¡,.110: ni· siqliíera tódo aquel que
Kentucky Resolutions of 1798 podría ser denominado «económico» en el sentido normalmente aceptado
de este término. En el mejor de los casos, la te.oría explicas.ólo 1!!1ª
relación aislada entre los individups. Ningún economista, a nuestro en-
LA TEORÍA ECONÓMICA Y EL HOMBRE ECONÓMICO tender, liá negado jamás que cualquier intercambió nó seá «t:éónómied».
Algunos compradÓres pagan deliberadamente a los vendedores precios
Nuestro propósito en este libro es deducir una teoría preliminar de la más altos que los que está dispuesto a pagar la generalidad de los com-
elección colectiva que es en algunos aspectos análoga a la ortodoxa teoría pradores. La teoría, para ser útil, requiere sólo la existencia de la rela-
económica de mercados. Ésta es útil para propósitos de predicción sólo dón económica hastª un grado talque haga posible la predicción y la
en tanto en cuanto el individuo participante en las relaciones de mercado, explicación. Además, sólo si la motivación económica tiene suficiente
se guía por el interés económico. A través de la utilización de esta con- peso sobre el comportamiento de todos los participantes en la actividad
creta hipótesis sobre la motivación humana. los expertos han sido capa- lle mercado, la teoría económica puede reclamar tener una significación
ces de basar un cierto reclamo para la teoría económica como la única operativa. ,
ciencia social positiva. El aspecto más controvertido de nuestro enfoque Incluso si las fuerzas económicas no son suficientemente predominan-
de los procesos de elección colectiva es la hipótesis que nosotros estable- tes en el comportamiento humano como para permitir que se hagan pre-
ceremos con aspecto a la motivación del comportamiento del individuo. dicciones, la teoría formal sigue teniendo algún valor al explicar un as-
Por esta razón, parece útil discutir esta hipótesis tan cuidadosamente pecto de ese comportamiento y permite al teórico desarrollar hipótesis
como sea posible. Podemos comenzar examinando con cierto detalle la 4ue puedan estar sometidas a una comprobación conceptual si no real.
hipótesis similar hecha por el economista teórico. Reducida a sus esencias más escuetas, la hipótesis económica consiste
El primer punto a señalar es que la teoría económica no depende para sencillamente en que el individuo representativo o medio, cuando se
---~---·~-·-"=--'·--~--·----------
su validez o para su aplicabilidad de la presencia del hombre puramente
económico. Este hombre de ficción, que está motivado exclusivamente 1
Philip H. Wicksteed, The Common Sense of Political Economy (Londres:
por su propio egoísmo en todos los aspectos de su comportamiento, Macmillan, 1910), cap. V.

42 43
\
' '~ )
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLbCK I•,'/, CÁLCULO DEL CONSENSO

enfrente con u.na.ele.cció.llJ~a.ten el intt:rcambi(), el~girá«ll}ª-~~.Jl-1LY~~~e La hipótesis más razonable sobre el comportamiento humano que este
«,!!l_e_l}P~" La única cuestión importante consiste en Ja potencia de esta 'encillo modelo sugiere es que los mis01os \lalores b.ásicos 012tiva11_a:}os
füerza reconocida. U na teoría igualmente lógica podría elaborarse desde individuos en los dos casos, aunque los valores hedoníst.ic;os .estrech.a-
la hipótesis contraria de que el individuo medio elegirá «menos» en vez de mente coñceOídos·parecen·cta:ra:mente pesar con más fuerza en la activi-
«más». Sin embargo, a nuestro entender, nadie ha propuesto que tal dad económica que 'en fa poHti~a. Inicialmente, sin embargo, podríamos
teoría sea ni tan siquiera remotamente descriptiva de ta' realidad. M•roner que ef Individuo medio o representativo actúa sobre la base de la
misma escala de valores tanto cuando participa en una actividad de mer-
cado como en la actividad política.
EL INTERCAMBIO ECONÓMICO Y POLíTICO Los politólogos parece que raramente han utilizado este enfoque
esencialmente económico de Ja actividad colectiva 2 . Sus análisis de los
Este breve examen de la hipótesis de comportamiento que está implí- procesos de la elección colectiva han estado más a menudo fundamenta-
cita en la teoría económica ortodoxa sirve como una introducción a la ,tos sobre la hipótesis implícita de que el individuo representativo trata no
cuestión que es vital para nuestro análisis: ¿Qué hipótesis de comporta- de maximizar su propia utilidad, síno de hallar el ~<interés público» o el
miento es apropiada para una teoría de la elección colectiva? ¿Qué prin- .. bien comlln» 3 • Además, un factor significativo en et respaldo popular al
cipio análogo al principio de Wicksted de «non-Tuism» puede introdu- 'ocialismo a -fravés de los siglos ha sido la creencia subyacente de que
cirse para ayudarnos a desarrollar teoremas significativos concernientes el desplazamiento de una actividad desde el ámbito de la elección priviada
al comportamiento de los seres humanos en tanto en cuanto ellos partici- ni de la social implica el reemplazar el motivo del beneficio privado por el
pan en la actividad colectiva como contraste con la actividad privada? del bien social 4 • A lo largo de los siglos, el buscador de beneficios, el
Tanto la relación económica como la política representan cooperación maximizador de la utilidad, ha encontrado pocos amigos entre los filóso-
•. por parte de dos o más individuos. Tanto el .mercado como el Estado son fos morales y políticos. En los dos últimos siglos, la búsqueda del benefi-
¡
1
me~anism. ()S a través de los cua.les la cooperación se organiza y ~e hace cio privado ha sido tolerada de forma reluctante en el sector privado, con
V posible. Los hombres cooperan a través del intercambio de bienes y la alegada «explotación» siempre cuidadosamente mencionada de pasada.
·. servicios en mercados organizados, y tal cooperación implica beneficios En_!~esf~n~_polgi_c~!.l~_bú~queda ~--~~'!~~<:i_()J?~~~ª-~?-~~ ..E'_él~~-- deL
recíprocos. El individuo entra en una relación de intercambio, en la cual individuo participante ha Síclo condenada casi universalmente de «demo-
él persigue su propio interés proporcionando algún producto o servicio ñíaCa,,-poriüs filósüfos moraiísTas · ae ·muchas· ieñ<lencfas."Ñadre·-P'arece
que constituye un beneficio directo para el individuo que se encuentra al haber iriveSfígiido-cüTdadosa·meñie' la·"hlpÓtesfs im.pÜcitá" éle que el mdiv1-
otro lado de la transacción. Básicamente, la acción política o colectiva du1nrebe Cltl'fil'iíat de cuakjuiet rrfodó sus mecanismos.filosÓficosj. mora-
desde el punto de vista individualista del Estado es bastante semejante. les cuando s'e aespfaiá erifre fos aspectos priv.ados y sociáles de la vida.
Dos o más individuos encuentran mutuamente ventajoso unir sus fuerzas Nosotros" estamos·; en coñsecueñcia, sitúados en Úna cforta postura pecu-
para lograr ciertos objetivos comunes. En realidad, ellos «intercambian»
inputs con la seguridad de un output comúnmente compartido. 2
Hay, desde luego, excepciones. Ver a Arthur Bentley, The Process of Go-
A modo de ilustración, se puede introducir el conocido .modelo vernment. También hay que señalar especialmente a Pendleton Herring, The Poli-
Crusoe-Viernes, aunque sus limitaciones deben ser totalmente reconoci- tics of Democracy, pág. 31.
3 Para una discusión aclaratoria de las muchas ambigüedades en la concep-
das. Crusoe es el mejor pescador, Viernes el mejor escalador de cocote-
~ ción del «interés público», ver a C. W. Casinelli, _::Tbe."~9f1\:.~pt ,?flhe Pu_bli.c
ros. En consecuencia, ellos encontrarán mutuamente ventajoso especiali-
zarse y establecer un intercambio. De manera semejante, ambos hombres
l Interest», Ethics, LXIX (1959), 48-61.
·•-rá-slgi.ueñiecrmCacte-es"fi"'"'(iOC!rina parece especialmente interesante:
reconocerán las ventajas de ponerse a salvo edificando una fortaleza. Ni ·Aquellos involucrados con el Estado son todavía seres humanos. Todavía tienen
siquiera una fortaleza es suficiente para la protección de ambos. Por intereses privados para servir e intereses de grupos especiales, los de la familia, la
tanto encontrarán mutuamente ventajoso entrar en un «intercambio» po~ camarilla, o la clase a la que pertenecen.» (John Dewey, The P11blic and Its
lítico y dedicar algunos recursos para la construcción del bien común. Problems [Nueva York: Henry Holt, 1927], pág" 76.)

44 45
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK ¡.;¡,CÁLCULO DEL CONSENSO

liar teniendo que defender la hipótesis de que el mismo individuo parti- La explicación real de la paradoja debe buscarse en otra parte. La
cipa
. ".
en ambos procesos
. ,,
cqnfra eí ca~¡
,. .
~egµroataql!e
-- ' ·- -·.
,.
de lo~
'.-
moralistas.
.....
"'"'• - -~···"'"~··· ,..~----··--
m:tividad colectiva no ha.sido concebida en una dimensión econórnica. y
un análisis del comportamiento de los individuos en términos de un cál-
culo económico ha sido, comprensiblemente, descuidado 8 • Este énfasis
LA EXPLICACIÓN DE LA PARADOJA 5
,ohre aspectos no económicos del comportamiento individual en la elec-
ción colectiva puede ser parcialmente explicado, a su vez, por el desarro-
¿Cómo puede explicarse esta aparente paradoja? ¿Por qué la concep- llo histórico de las teorías modernas de la democracia. Tanto la teoría de
ción del hombre ha sido tan diferente en dos disciplinas relacionadas tan In democracia como la teoría de la economía de mercado son producto de
estrechamente como la teoría económica y política? la Ilustración, y, para los filósofos del siglo XVIII, estos dos órdenes de la
La primera respuesta sugerida es que ese hombre es, en realidad, acliVííiaCrlfi'.{mana no se discutían separadamente. El Estado democrático
muchas cosas a la vez 6 • En ciertos aspectos de su comportamiento es un ,e concebía como ese conjunto de restricciones relevantes para u.na so-
individuo maximizador de la utilidad en un sentido hedonísticoramna- ciedad que administraba sus asuntos económicos en gran parte a través
blemente es.tricto, y la concepción del economista clásico sobre él es de un orden económico competitivo, en el cual los intereses económicos
totalmente aplicable. En otros aspectos el hombre se adapta~ se asocia, o de los individuos se reconocían como primordiales para dirigir a los hom-
se identifica fácilmente con el grupo m.ás ampliamente organizado .del hres a la acción. La acción colectiva requerida se concebía en términos
cualforma parte, incluyendo el grupo político. Por la naturaleza de los del establecimiento de reglas generales, aplicables a todos los individuos
.condieionantes impuestos sobre el individuo en cada caso, un hombre y grupos del orden social. En la discusión de estas reglas generales, no se
representativo o típico puede, de hecho, a menudo alterar los mecanis- esperaba que tuvieran lugar diferencias serias e importantes en los intere-
mos cuando se traslada de un ámbito de la actividad a otro 7 • Como ses económicos de los distintos individuos y grupos. Estaban previstas
demostrará el capítulo siguiente, hay razones para sugerir que la hipótesis algunas diferencias y la necesidad de compromisos, pero éstas no eran
de la maximización de. la utilidad individual no te.ndrá éxi.to a.1 a('untar interpretadas usualmente en términos de diferencias en el interés econó-
hacia proifüs!Cfones significativas tanto sobre la elección colectiva como mico.
sobre la elección de mercado. fü_11.em~~rgo, el recono_cimiento .de qlle.t:l A medida que los gobiernos de los países de Occidente crecieron en
horn~re es, en verdad, un animal paradójico no debería sugerir m1e el importancia, y a medida que los intereses económicos comenzaron a
modelo «económico» de elección colectiva no tiene valor. En cualquier utilizar el proceso político democrático durante el siglo XIX para la conse-
¡ c~so, t~L.1112cle.Io, de.~ería_ ayudar a explic<1:r un aspc;<;t,o..clel (;()ITJP9[ta- cución de objetivos particulares (como el ejemplo de la legislación aran-
I m1~.fll.().,.~()lítii;:o; y sólo después que la teoría haya sido elaborada y sus celaria en los Estados Unidos), el continuo fracaso de la teoría política en
propos1c10nes comparadas con datos del mundo real puede verificarse la llenar esta laguna resulta más difícil de explicar; y como cada vez más
validez básica de la hipótesis motivacional. áreas de la actividad humana anteriormente organizadas a través de mer-
cados privados han pasado al ámbito de la elección colectiva en este
siglo, la laguna en la teoría política llega a ser obvia. En el contexto de un
5
A nuestro entender, la única discusión específica reciente de esta paradoja
debe encontrarse en el artículo de Henry Oliver, «Altitudes Toward Market and
Political Self-Interest». 1 Es interesante señalar que incluso cuando menciona la posibilidad de desa-
6
Para una elaboración de este punto, ver a Frank H. Knight, lntelligence and rrollar una teoría maximizante del comportamiento político en la democracia, Ro-
Democratic Action (Cambridge: Harvard University Press, 1960). Ver también a hert A. Dahl no la concibe en términos de las utilidades maximizadoras del indivi-
John Laird, The Device of Government (Cambridge: Cambridge University Press, duo, sino que habla de maximizar un «estado de asuntos» (tal como la igualdad
1944). polltica) como un valor o un objetivo, y pregunta: «¿Qué condiciones son necesa-
7
Para una discusión del contraste entre las teorías económicas y sociosicoló- rias para lograr el máximo grado de este objetivo?» Ver a Robert A. Dahl, A
gicas y sus hipótesis implicadas sobre la motivación humana. ver a Herbert Simon. Preface to Democratic Theory (Chicago: University of Chicago Press, 1956), pá-
Models of Man (Nueva York: John Wiley and Sons, 1957), esp. págs. 165-69. aina 2.

46 47
i:,"

JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK 1~·1, CÁLCULO DEL CONSENSO

Estado limitado y consagrado a la aprobación de la legislación general en persuadir al público en general de que, dentro de los límites de ciertas
aplicable, en su mayor parte, a todos los grupos, el desarrollo de una reglas generales de actuación, las actividades egoístas del marchante y del
teoría económica individualista de elección colectiva no tiene tal vez prestamista tienden a promover los intereses generales de todos dentro de la
mayor importancia. Sin embargo, ('.U(l!1_~2Jll_!l"!l19!1L'!l1!!'1 estatal usa direc- comunidad. Una teoría aceptable de la elección colectiva puede quizá
tamente casi un tercio del producto nacional, cuando grupos"áelñtereses hacer algo semejante en la señalización del camino hacia aquellas reglas de
,,_,_'""''"'''"'""']'""''"'-''"-""" ""
'"""' """'""'""" _,,,,, """' ""'""""" """ """' ,,, ""
' """'"
'"""' , , , _ ,
concr~tos c ara,mente reconocen que se pueaen lograr «beneficios» a tra- lu toma de decisiones colectivas, Ja constitución, bajo Ja cual las actividades
de
vés' "fá"acdón poiíiica:"'ycüarido""ü'ña proporción sustancial de toda"!~ Jel mercader político se pueden reconciliar de igual modo con los intereses
fogISi~Ción'eforc:~ efeétéis. meñsürª.bfemen!~ dfferenciáles.s.obreJos
t9s grupos de la p9blac:i<)n, l)na teoría eCOnómicapueQe ser de gran ayuda
distin: Je todos los miembros del grupo social.

en la señalización de algunos instrumentos a través de los cuales estos


intereses conflictivos puedan reconciliarse finalmente. LA MOTIVACIÓN ECONÓMICA Y EL PODER POLÍTICO
U na teoría individualista de la elección colectiva implica, casi automáti-
camente, que las reglas básicas de la toma de decisiones sean reexaminadas Algunos politólogos actuales han discutido el proceso de elección colec-
la luz de los cambios en el papel asumido por el gobierno. Habría escasa 1iva Só6re-·iaoase-<lela ~!Pj~e.~i_!. d~"'qy! el iudivigyo trnti.l. g~Jlli~mi~ . su
~~~~-E~-~~~J?~~~~g~eJl1§,,.~e.&t'1~-~2!!~Ü~J!f.iP~JJ-ªkit.\!$!§~rLQJl.3:~!!~Mr~.!1J?li­ roder sobreotros individuos. Por lo menos en un caso específico, el indivi-
_a,~s.t;~11,,, l1.!1.P.i:~~~fi2'! g~Jl1Jegtslas!Q!l gen~r,a!J¡>r9porsioQ!ll'.<ll), ut;tl!S~ JUo queoÜscrmtx.·mii:ar'éTpooer'eff'etprocéso éolectivofüisído compa-

~~:r:§~ifti~~~JJ~~ª~¡~~{;~:¡;~~~-1~!ª~1si[Jfi~:ifüi~~~t,4~e~r~a~~~~;~
rndo explicilaffienté con el íhdividuo é¡Ue büsca máX:irriizar fa utilidad en su
1tClívídiia-aé-mercaao·111 ."Siifefo~@~Q,a,qúí'sé reconoce que no hay una
<{t1_~i;_á principalmente porque no han adoptado este. enfo9ue, con_<;eptu_al -~e evideiidii'"realdeque los tíoffibres, de hecho, busquen el poder sobre sus
la elección colectiva, muchos estudiosos modernos han necesitado.bas.arse compañeros, como tales 11 •
' en un principio moral, c;9mo .tal vez el iÍlst.rumento más importante p~ra Superficialmente, el maximizador del poder en el proceso de la elección
prevenir la explotación injusta de un grupo por otro través del proceso a colectiva y el maximizador del poder en el proceso de mercado puede
político: Para muchos expertos, el grupo de presión, que está organizado parecer que son parientes, y puede parecer que una teoría de la elección
para fomentar et interés particular a través dela.acción estatal, debe constl: colectiva basada sobre la hipótesis de la maximización del poder está
t~ir liria aberración; «logrolling» y «pork-barrel» deben constituir excep- estrechamente relacionada con la que nosotros esperamos desarrollar en
ciones a la actividad normal; las exenciones impositivas especiales y las este ensayo. Tal deducción sería completamente errónea. Los dos enfoques
imposiciones fiscales diferenciales son raramente tenidas en cuenta. Estas Mon distintos en un sentido filosófico fundamental. fil!I!f.29!!~ ~¡::~nóf!.lJ.co,
instituciones características de las modernas democracias reclaman una que presupone que el hombre es un maximizador de la utilidad tantoen su
explicación teórica, una explicación que el cuerpo principal de la teoría 1tctividaffdeme·rca.cre5~orrioeifsiT'acfiViaarr¡;omica;·r-t'i.lfe.qüiere~que·un
política parece incapaz de proporcionar 9 • ·
Los filósofos Escolásticos consideraron al mercader, al marchante y al indlvl<lü"ó.~.i.-~.~!em.~e.-~.~l.~~-~~.-~
e incorpora . . P·:.i~.º.,.~.,I.ª.,.~..., iJ.@~~. :~~-x~.
la ac_tivid.ad..12olítica como~-~.~ª.s. d. ~-º.-.t.r_:~s.
uri_aTorma ·,,i.~~-iv.··.i~.u.?. :.E.. s_t···e
párticularJl~~-
s··.

prestamista en gran medida del mismo modo que muchos intelectuales i y,,;,:cQrno en Ja relación de mercado, idealmente se espera que se
modernos consideran los grupos de presión políticos. Adam Smith y los . gafi~~!S2s réCí~fo- ó.$ par~100as·~arte~-~e la r~aéíóñ"é@:ec-
asociados con el movimiento que él representaba tuvieron un éxito parcial 1lva. Por tafit~ n u aü n 1c sentido, la acción pohttca es vista esencial-
mente como un instrumento a través del cual el «poder» de todos los
9
La «escuela» de Bentley representa, desde luego, la mayor excepción. El ¿'.:;:"'"'·""',
10
reciente trabajo importante de David B. Truman, The Governmental Process, Ver a William H(RikeÍl «A Test of the Adequacy of the Power lndex»,
debe señalarse especialmente. Truman trata de elaborar una teoría de la democra- Bthavioral Science, IV (~;i20-131, Robert A. Dahl, «The Concept of Power»,
cia representativa que incorpora específicamente las actividades de los grupos de Bthavioral Science, 11 (1957), 201-15.
interés. No examina las implicaciones económicas de la teoría. 11
Riker, «A Test of the Adequacy of the Power Index», pág. 121.

48 49
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK /:L CÁLCULO DEL CONSENSO

participantes puede incrementarse, si definimos «poder» como la capacidad maximización del poder discutido anteriormente 14 . Sobre esta interpreta-
de imponer cosas que son deseadas por los hombres. Para que se justifique ción, Dahl acierta al mostrar que la teoría contiene muchas ambigüedades e
según los criterios empleados aquí, la acción colectiva debe ser ventajosa inconsistencias. No es nuestro propósito aquí discutir la interpretación de la
E._ara todas I~~ pa_!J:es. En la terminología más precfs'a"Jetamoderñ.afoofíaae doctrina de Madison. Lo que parece apropiado es señalar que la teoría de
l juegos, e~l'![o_qµ_~_IJ!il~t~!~!!5?..e".2.!lQl11i~.~Y&i~!~R.ll_~~lllr.9~¡;.~ Madison, bien la que los escritos de Madison explícitamente contienen o
\ to!llado... c;:r1. ~"-str_~c:tg_i.R!J_eg~ Ji:i~~rpr(;i~arse como UJ!Jl1t':Sº <f~. S.ll'!!'!P~Va flienfa..que está incorporada en el sistema constitucional americano, puede
1comp~~~~.--~~..13: te.o.!'i~ 11º~!11ªtiva qu~ .n.~ce deI . ~'1:~~9~.e- ~ c~ñ§iñico~
1
' (mayor que cero).
~:rfoq':'c!~~e la maximi~sjgJ:ls!~l_pg~~E:~~<?~!!~..!i.~~j~~)nt~retl;\~. ruáíiuo se hace esta comparación, se puede desarrol1ar una base og1camas
~~t~~~~ec!fil~..S.QJ~~f.?;~g_4~~i'!~~t92~.!iIJ!lª'-~L<?· El poder de un consistente para muchas de las restricciones constitucionales existentes.
·mChv1duo de, o para, controlar la acción o el comportamiento de otro no No nos proponemos hacer explícitamente tal comparación en este libro. La
puede ser incrementado simultáneamente para ambos individuos en un teoría normativa de la constitución que nace de nuestro análisis se deriva
grupo de dos hombres. Lo que un hombre gana, el otro lo debe perder; los cxclusíV"ameñte-ae fos posií.ítados individualistas infolale.s~ dejas hipótesis
beneficios mutuos del «intercambio» no son posibles en esta estructura y
1lcl comportamierifoi de Ías predicciones del funcionamiento .de.las reglas.
conceptual. El proceso político se convierte de este modo en algo que es l .u determíiiacÍón-del grado de correspondencia entre está teoría y la teórfa
diametralmente opuesto a la relación económica, y en algo que no puede, Implícita en la constitución americana se deja al lector, sin embargo, en
aun dando rienda suelta a la imaginación, considerarse análogo 12 • Las tunto en cuanto surge tal correspondencia, esto al menos sugiere que Madi-
contribuciones de la teoría de juegos parecen haber sido introducidas am- Mm y otros padres fundadores pueden haber sido algo más conocedores de
pliamente en la teoría política a través de esta hipótesis de la maximización In motivación económica en la toma de decisiones políticas que muchos de
del poder 13 • •us sucesores menos prácticos, que han desarrollado el cuerpo escrito de la
teoría democrática americana.
Hay, en efecto, una evidencia que sugiere que el mismo Madison supuso
LA DEMOCRACIA DE MADISON Y EL ENFOQUE ECONÓMICO que los hombres siguen una política de máXííñizaCiOñaela"'üfílíóacnañw"eñ"··
el coiri¡)oifíiíñleñfocótectivo como eñ ·el@.:<!!yi(!ü~1f.<ifü~·~~-d.~:~~-~:~e}í,!!i!!ar
Robert A. Dahl, en su crítica incisiva y provocativa, ha convertido la el póoei'lañfo delas rriayortascomode las minorías se basaba, por lo menos
teoría de la democracia de Madison (que está incorporada sustancialmente a 1.'íl al!i_ó~ _aspecto,-éñiiñrecoriociíñíe~to ae, e~t<fñlóti~iiC,ió~.: s·us e.xposidónes
la estructura constitucional americana) en algo semejante al enfoque de la más conocidas··seeñcüéiitran··e·n· el famoso ensayo The Federalist num. 10,
en el que él dés.arrolló el argumento de los posibles peligros de las
12
Bruno Leoni ha cuestionado esta discusión del enfoque del poder. Desde 1 focciones1 Una lectura cuidadosa de este trabajo sugiere que Madison
el punto de vista, los individuos que entran en una relación política intercambian recorioCio claramente que los individuos y los grupos tratarían de utilizar los
poder, los unos con los otros. Este enfoque del «intercambio de poder» parece que -istemas de gobierno para obtener ·s~s própiOs inlerese.f gif~ren.ciaJes o
tiene mucho en común con lo que hemos llamado el enfoque «económico» del 1111rC1rues:""Süs""riümerosos ejemplos .de legislación sobre las relaciones de
proceso político. 1lcudor~ácreedor, la política comercial, y los impuestos sugieren que tal vez
13
Esta discusión no sugiere que en el proceso político moderno, del modo -e puede lograr un mejor entendimiento de la propia concepción de .Madi son
que funciona, los elementos que son característicos del juego de suma cero estén del proceso démoérátíco examinando cuidadosamente las implicaciones del
totalmente ausentes. A un político o un partido político concreto comprometido en
tnfoque económico con respecto al comportamiento humano en la elección
una lucha para ganar una elección para tomar el poder se le puede considerar
propiamente que está comprometido en un juego de suma cero, y en un análisis de 1:olectiva.
esta lucha la hipótesis de maximización del poder puede proporcionar resultados
fructíferos, como Riker y otros han demostrado. El punto que se debe enfatizar es entre los políticos como una parte componente) a través del cual los votantes
que nuestro modelo «económico» se concentra, no en la disputa entre los políti- pueden incrementar la utilidad total.
cos, sino en el generalmente cooperativo proceso «político» (que incluye el juego 14 Robert A. Dahl, A Preface to Democratic Theory, esp. cap. l.

50 51
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK l:'L CÁLCULO DEL CONSENSO

lextiles uniéndose para presionar políticamente sobre la prohibición de las


LA MOTIVACIÓN ECONÓMICA Y EL DETERMINISMO importaciones japonesas es mucho más conocido en el actual panorama
ECONÓMICO umericano que cualquier actividad política mezcla de intereses de trabaja-
dores, capitalistas o terratenientes.
Los hechos de la historia intelectual requieren una disgresión en este El camino más efectivo para ilustrar la distinción entre el enfoque
punto para una breve discusión de un error fundamental que puede haber económico individualista y el determinismo económico o el enfoque de
servido para anular un esfuerzo potencialmente más productivo en la teoría cluse (una distinción que es vital para nuestro propósito de anticipar el
política. Charles A. Heard sostenía su interpretación «económica» de la criticismo no informado), es repetir que el primer enfoque puede ser utili-
constitucí'IY'ñamencafüCenparte por referencia a The Federalist num. JO de
Madison. El trabajo de Beard y gran parte de la discusión crítica que ha
ª
1.ado . .P. ª. r.ª. . desa.rr.o.lla.. r .u· n... .teo·r···ía de. las coñstit. u.cione.s:·Ín. cluso sobre. la
hipótesis~ resfriCtivá dé que fos. ílldivíduos sorí semejantes en todas las
suscitado desde su aparición inicial en 1913 parece que ha estado marcado
por el fracaso de discernir dos enfoques distintos para la actividad política,
1
curactéríSITéas.extérñas: .. . ... . ... ... . ..
NÓ¿()"tr~~¡;-;st~mos, desde luego, interesados directamente en la histo-
.. .... . .

los cuales pueden ser denominados, en algún sentido, económicos. El ria de la Constitución Americana existente ni en la veracidad de los historia-
1 m:_~enfoque, que ha sido discutido en este capítulo como la base para la llores ni en la integridad de los estudiosos de la Historia. Este breve debate
· teoría de la elección colectiva que va a ser de.satrollada en este libro, supone de la confusión circundante a la tesis de Beard ha sido necesario para
qtie el íridívidtio, en tanto en cuanto part'icipa en las decisiones colectivas., Impedir, por adelantado, una posible grave interpretación equivocada de
· está guiado por el deseo de maximizar su propia utilidad y que lo.s.distiJltos nuestros esfuerzos.
individuos tienen.distintas funciones de utilidad. El segundo enfoque su-
poneque"eTiiüiivldúó·e·stá_inQ!iYI!Q_<t.P9ü!!pqsI~íón.,<;>.~!~.!l}S_~ocial eq el
proceso de produccíóñ~Ia cláse social en la que se encuentra ei individuo es EN DEFENSA DE LO POSITIVO
en
íiííorffaria:-Yaeteriñina el Interés deITñillviciuo Ta acilvicia<l "í)olítica.Eñ
Ull sentido~ el segundo enfoque es e. Jop·U· e.. sto a.1. prim·e· r. º. , p. U. e.st··º.. q. U. e. r. eq·U·.ie.re·¡ Este capítulo concluirá con la defensa en cierto modo más absoluta del
~ que, en muchas ocasiones, e~~~!~~C>. ~e.be .<?bra.r t:n c~ntra.d.e. su..Rropj()~
1
:..in.teré. s~c?nómj~gJl~ perseguir el interés de la clase social o grupo al que¡¡
uso de la hipótesis económica-individualista o de maximización de la utili-
dud sobre el comportamiento en el proceso político. Hay dos versiones
; pertenece. ~ ¡. '-~>- --' distintas de tal defensa -versiones que son complementarias-. La primera
..-:.:.... Heard trató <:t€baSar su interpretación de la formación de la. Constitución podría llamarse una defensa ética-económica de la hipótesis de la maximi-
Ameri~á~~ en ei segundo enfoque, esendalmente el marxistá:y-de explicar tación de utilidad, mientras que la segunda es puramente empírica.
las a"étívidades de
los Padres Fundadores en términos de intereses de clase. El argumento ético-económico requiere la aceptación inicial de una
Como Brown ha demostrado, el argumento de Beard tiene un escas<2._S..O-
porte facii:j_al,']i"J?~~s~(Cie. s.u ampliá ~cepfocíón p()r parte. de. cTentificos fos
1
ViMión escépti~r_::-Jiiits.t~u:J~.1ª .n.l:!t!ir_11foz~_~_l;!_ipana. Se-reconoce que ei
c¡¡oísmo, ampliamente concebido, es una gran fuerza motivadora en toda
scícfaTés "america11os IS. El punto que ha sido ampliamente descuidado e"s ttctividad humana; se supone que la acción humana, si no está limitada por
que.sigue siendo perfectamente apropiado el suponer que los hombres se restricciones éticas o morales, está dirigida más naturalmente hacia la
hallan motivados por consideraciones de utilidad a la vez que rechazan el rnnsecución del interés individual o privado. Esta visión de la naturaleza
determinismo económico implícito en toda Ja corriente marxista de pensa- humana es, desde luego, esencialmente la adoptada por Jos filósofos utilita-
miento. Las diferencias entre las funciones de utilidad nacen de diferencias l'i~tas. De esto se deduce directamente que el ser humano individual debe
en gustos tanto como de cualquier otra cosa. El status de clase del individuo •Ufrir algún esfuerzo para restringir sus «pasiones» y que de-l:Íe actuar de.
en el proceso de producción es U.Do.d.elO§' deterrrunant¡;;;.;-~;;Os-import~t~S liCUerdo con. ¡'lrincipios éticos o morales siempre que fas instituciones socia-.
del interés écq11órniéo genui.no. El fenómeno de sindicatos y-empresas ltM y lascostúmbrés diCten alguna desviación de la búsqueda de los intereses
rrivados. Tal esfuerzo, como todo esfuerzo, es escaso: es decir, es econó-
15
Robert E. Brown, Charles Beard and the Constitution. mico. En consecuencia, debería economizarse su empleo. Dentro de lo

52 53
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK f•:I. CÁLCULO DEL CONSENSO

posible, se deberían desarrollar instituciones y limitaciones legales que hipótesis, somos capaces de desarrollar hipótesis sobre la elección colectiva
ordenaran la búsqueda del beneficio.individual de tal modo que lo hagan ¡¡ue ayudarán a la explicación y la comprensión posterior de las institucio-
consistente con, en vez de contrario a, la obtención de los objetivos del nes observables, no se necesita nada más en la balanza. Sin embargo,
grupo como un todo. Sobre estos fundamentos psicológicos y éticos se basa Implícita en la ampliación de la hipótesis de comportamiento, utilizada en la
la teoría de mercados o la organización competitiva de la actividad econó- teoría económica para un análisis de la política, está la aceptación de una
mica. Por la misma razón, si es posible desarrollar una teoría del orden metodología que no se encuentra frecuentemente en la ciencia política. A
político (una teoría de las constituciones), la cual apuntará hacia una mini- lrnvés del uso de la hipótesis de la maximización de la utilidad, elaborare-
mización de los escasos medios implicados en la moderación del interés mos modelos lógicos de los diversos procesos de la toma de decisiones.
privado, incumbe al estudioso de los procesos sociales examinar los resul- T11lcs modelos son ellos mismos artefactos, son inventados con el propósito
tados de los modelos que presuponen la búsqueda del interés privado. oplícito de explicar hechos del mundo real. Sin embargo, antes de una
Como es verdad en tanto, otros aspectos, Sir Dennis Robertson ha 1.'0mprobación conceptual, no hay ninguna presunción de que ningún mo-
expresado este punto tal vez mejor que ningún otro: dt'.'lo dado es superior a ningún otro que podría ser escogido entre el infini-
lumcnte amplio conjunto de modelos dentro de la posibilidad de la imagina-
«Existe en el interior de cada hombre un inevitable estado de i.:lón humana. La única comprobación final de un modelo reside en su
tensión entre los instintos agresivos y posesivos y entre los instintos l.'llpacidad de ayudar a comprender los fenómenos reales. Los modelos
de benevolencia y de sacrificio. Es tarea del predicador, laico o pueden dividirse en tres partes: hipótesis, análisis y conclusiones. Las
clerical, inculcar el esencial deber de subordinar los primeros a los hipótesis pueden o no ser «descriptivas» o «realistas», en el sentido con que
segundos. Es la humilde y, a menudo, aborrecible tarea del econo- •~las palabras se utilizan normalmente. En muchos casos la falta de «rea-
. mista ayudar, tanto como pueda, a reducir el trabajo del predicador a u~rnt>» de las hipótesis origina que los modelos se rechacen antes de com-
.dimensiones manejables. Es su función emitir un aviso si ve que se 1m1har y examinar las conclusiones. Funda01entalinent~,. Iaúr1ka prue~a
defienden y predican cursos de acción que incrementarán innecesa- J'lllfll el «reai_iS.lll<:)» de las_~ip<)tc;:sis reside en la aplicabilidad de las conclu~
riamente la tensión inevitable entre el egoísmo y el deber público; y ~Iones. Por esta razón, al lector que es crítico de la hipótesis del comporta-
:; aprobar los cursos de acción que tenderán a mantener la tensión a un miento empleada aquí se le aconseja reservar su opinión sobre nuestro
nivel bajo» 16 • modelo hasta que haya comprobado alguna de las implicaciones del mundo
rrul del modelo contra su propio conocimiento general de las instituciones
Una vez que se reconoce que las instituciones de la elección colectiva polllicas existentes.
son también variables que pueden ser modificadas de forma importante, Es necesario distinguir entre dos posibles interpretaciones y aplicacio-
hasta el punto de cambiar la tensión de la que Robertson habla, la palabra nr~ del modelo general que incorpora la hipótesis de que el individuo
«economista» de la cita puede sustituirse por la más amplia de «científico 11111·1icipante en las decisiones colectivas trata de maximizar su propia utili-
social». Si, como Robertson continúa pocas páginas después, «Ese escaso 1l11d. En la primera, no necesitamos establecer restricciones sobre las carac-
recurso del Amor ... » es, de hecho, «La cosa más valiosa del mundo» 17 , no 11.!rfslicas-de fo~ .funciones de .utilidad del individuo; el modelo requiere
podría existir un argumento ético más poderoso en apoyo de un intento de ~olnmente que estas funciones de utilidad difieran de igual modo que lo
minimizar la necesidad de su uso en el ordenamiento de la actividad política hnl'Cn losdisTinfos individuos (es decir, las distintas personas desean co~as
humana. 1lhlin1as :v:íaprQc.es.o político). Esto es todo lo q~e se necesita p~ra desarro-
La defensa esencial de la hipótesis del comportamiento indi- ll11r una teoría praxiológica de elección política internamente consistente, y
vidualista-económico debe ser empírica. Si, a través del empleo de esta n través del empleo de esta teoría podemos ser capaces de explicar algunas
Jr las características del proceso mismo de la toma de decisiones. Con este
16 D. H. Robertson, «What Does the Economist Economize?» Economic
modelo extensivo, sin embargo, no podemos desarrollar hipótesis sobre los
Commentaries (Londres: Staples, 1956), pág. 148. t•~ultados de la elección política en ninguna dimensión conceptualmente
7
1 /bid .. pág. 154. uh,crvable o mensurable.

54 55
r

/i.'l. CÁLCULO DEL CONSENSO


JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK
portamiento o que ningún individuo actúe de este modo en todas las ocasio-
Para dar este paso adicional, debemos trasladarnos a la segurt~JÜ!l~J:­
ne~. Del mismo modo que la teoría de mercados puede explicar sólo alguna
Jpretación mencionada anteriormente, que es un submodelo concebido más
rriacción indeterminada de la elección colectiva. Sin embargo, en tanto en
,. rstr<:_?ham~nte. En éste, debemos establecer ciertasrestrlccfones so.bre'las
cuanto alguna parte del comportamiento total del individuo en la toma de
fün.Ciones de utilidad individual, restricciones que son exactamente seme-
decisiones colectiva esté, de hecho, motivada por la maximización de la
jantes a las introducidas en la teoría económica: es decir, debemos suponer
utilidad, y en tanto en cuanto la identificación del individuo con el grupo no
que los individuos en promedio elegirán «más» en vez de «menos» cuando
H amplíe hasta el punto de hacer idénticas todas las funciones de utilidad
se enfrenten con la oportunidad para la elección en un proceso político,
Individual, un modelo económico-individualista de la actividad política
siendo estos «más» y «menos» definidos en términos de una posición
debería tener un valor positivo.
económica mensurable. A partir de este modelo, podemos desarrollar por
entero hipótesis operativas que, si no son rebatidas por observaciones del
mundo real, prestan apoyo no sólo a las hipótesis del modelo restringido,
sino también a las hipótesis implícitas en el modelo praxiológico más
general.
No puede valorarse excesivamente el que los argumentos morales con-
tra la búsqueda del beneficio privado por parte del hombre, ya en el mer-
cado, ya en el proceso de elección colectiva deban ser señalados especial-
mente dentro del análisis del comportamiento individual. Los teóricos
ortodoxos sociales y políticos parece que no siempre han mantenido esta
distinción clara en su mente. Las normas para el comportaf11it!11to han.sido a
menudo...sustituidas por hipótesKcorifiasfabfos sobr~ .el comportamiento.
No nos proponemos tomar postura sobre la cuestión moral considerando
qué variantes deberían ingresar en la función de la utilidad del individuo
cuando él participa en la elección social, ni nos proponemos ir más allá, ni
explorar eÍconjunto inmensamente difícil de problemas relacionados cori
las implicaciones filosóficas esenciales de la concepció11 utilitarista de Ja
naturaleza humana. Concebimos nuestro trabajo fundamentalmente cómo
un trabajo de análisis. Sabemos que una interpretación de la actividad
humana sugiere que los hombres, de hecho, tratan de maximizar las utili'da-
des individuales cuando participan en decisiones políticas y que las funcio-
nes de utilidad individual son distintas. Nos proponemos analizar los resul-
tados de las diversas reglas de la toma de decisiones sobre la base de esta
hipótesis de comportamiento, y lo hacemos de una forma independiente de
la censura moral que podría o no establecerse sobre tal actuación individual
egoísta.
El modelo que incorpora esta hipótesis de comportamiento y el conjunto
de hipótesis conceptualmente contrastables que pueden derivarse del mo-
delo puede, en el mejor de los casos, solamente explicar un aspecto de la
elección colectiva. Además, incluso si el modelo se muestra útil en la
explicación de un importante elemento de la política, ello no implica que
todos los individuos actúen de acuerdo con la elaborada hipótesis de com-

56
i l

;~;,.~¿~~a~J~~~.~.~.?c13.ii:~~e~~~é°s·~::e 'r~~r~¡;:~!~~e~~c~t:r!::
CAPÍTULO IV
1lmlividüáTesestári induidas éri los procesos. Parece que no hay ~~~ón para
IMperáfqüe estós resultados finales presénten cualquier tipo de orden que,
h11jo ciertas definiciones de racionalidad, se supone que refleja la acción
-ocia! racional 1 • Ni tampoco hay razón para sugerir Qne la racionalidad,
LA RACIONALIDAD DEL INDIVIDUO EN LA incluso si pudiera lograrse a través de la modificación apropiada de las
ELECCIÓN SOCIAL re¡las, fuera «deseable». Parecería que la acción social racional, en este
-cntido, no es ni una predicción positiva de los resultados que pudieran
•mcrger de la actividad del grupo ni un criterio normativo con el cual se
LA RACIONALIDAD INDIVIDUAL Y COLECTIVA pueden ordenar «socialmente» las reglas de la toma de decisiones.
Se puede introducir una concepción de algún modo distinta de la racio-
Una teoría .útil de la acción humana, sea positiva o normativa en conte- n111idud social, la cual parece que evita algunas de estas dificultades. Los
nido y·i;·p~~pósito, debe postular una racionafü!~ftenJQ.gJ,le.r.e..wJ~.".1ª~ª las científicos sociales pueden postular explícitamente ciertos objetivos para el
uni~ades de la toma<le·a~ffsfones. ··Lasüí)ciories no deben dirigirse sofa- 1rupo, bien sobre la base de sus propios juicios de valor o bien sobre algún
lneiifo hacia la cÓnsecución de algún objetivo o meta; las unidades de la Intento más objetivo en la determinación de metas comúnmente comparti-
toma de decisiones deben también ser capaces de tomar tal acción en cuanto JH para todos los miembros del grupo. Ellos pueden, entonces, definir la
asegurarán el logro del objetivo. U na vez hecha la introducción de la palabra 11cción racional colectiva como la que es consistente con el logro de estas
«racionalidad», nos enfrentamos a cuestiones de definición y significado. metas 2 • Conceptualmente, es posible discutir las instituciones de la toma
Trataremos de aclarar algunas de éstas más adelante, pero el primer paso de decisiones cole.ctivas de este modo; y el enfoque puede resultar de algún
práctico es especificar con precisión la unidad de la toma de decisiones a la v11lor si las metas postuladas, en verdad, representan a aquéllas comparti-
que hay que aplicar la característica del comportamiento, la racionalidad. llH ampliamente por el grupo, y si hay también algún medio comúnmente
Cuando hablamos de la acción privada, no se presenta ninguna dificultad en t.iompartido o aceptado para reconciliar los conflictos en el logro de las
este punto. La unidad de la toma de decisiones es el individuo que toma Jl11tintas metas o fines del grupo. Hay que señalar que este enfoque parte de
ldecisiones y constituye la entidad sobre quien son tomadas las decisiOf1'?5.· 111 presunción de que las metas de la acción colectiva son comúnmente
Sin embargo, surge un problema cuando consideramos la acción colectiva: compartidas. Existen pocas bases para pensar que los distintos individuos y
¿Vamos a considerar la colectividad como la unidad deTá toma de deciSfo- 1rupos buscan cosas distintas a través del proceso político. El enfoque
nes, y, ·en córisecuencia, vamos a graduar o disponer las elecciones colecti- urrece una escasa guía para un análisis de la acción política cuando las
vas con respecto a una meta social postulada o con respecto a un conjunto diferencias significativas del individuo y del grupo se incorporan en el
de metas? o, por el contrario,¿ vamos a considerar al individuo participante modelo.
en la elección colectiva como el único elector real, y, como resultado, a En este libro no discutiremos la radonalidad soc;ial o la accióQ racional
discutir el comportamiento racional sólo en términos de la propia consecu- 112ciul _como·m1es:Partfmcís.de-l~ p~~~u~ciÓn de q~~ s~Ia~~~te el individuo
_;:~.';..,:.;

ción del objetivo del individuo? Es evidente, por lo que se ha dicho antes,
que adoptaremÓs el segundo de estos enfoques. La prevalencia del primer 1
Arrow parece sugerir, implícitamente, que tal racionalidad social es un cri-
enfoque, en gran parte de la literatura moderna, sugiere, no obstante, que
l•rio apropiado con respecto al cual se pueden juzgar las reglas de la toma de
puede ser útil establecer una comparación entre estas dos concepciones de llociHiones. Ver su Social Choice and Individual Values. Para una crítica más
la racionalidad. fklensiva de este aspecto del trabajo de Arrow a través de las líneas desarrolladas
Excepto a través de la aceptación orgánica del grupo social y de su 11quf, ver a James M. Buchanan, «Social Choice, Democracy, and Free Markets» .
. actividad, es difícil entender por qué las decisiones de grupos deberían 1
Este es el enfoque tomado por Dahl y Lindblom. Ver sus Politics, Econo-
\ dirigirse hacia el logro de cualquier fin o meta específica. Bajo los postula- llllr.v. and Welfare.

58 59
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK I'.'/, CÁLCULO DEL CONSENSO

elige, y que el comportamiento racional, si de alguna forma es introducido, lle bienes que contengan más de todo, permaneciendo invariables las restan-
puede sólo discutirse de forma significativa en términos de la acción indivi- tcN cosas; las elecciones no son obviamente inconsistentes; y se observa que
dual. Esto, en sí mismo, no nos lleva muy lejos, y será necesario definir loM consumidores gastan sus ingresos en una amplia gama de bienes y
cuidadosamente lo que queremos decir por comportamiento individual 'ervicios. Con estas hipótesis básicas sobre las formas de las funciones de la
racional. utilidad individual, que no son refutadas por la comprobación empírica, el
economista es capaz de desarrollar posteriores proposiciones importantes.
lle este modo, se deriva la primera ley de la demanda y todas sus implica-
LA RACIONALIDAD INDIVIDUAL EN LA ELECCIÓN ciones.
DE MERCADO

Será útil revisar el tratamiento paralelo de la racionalidad del individuo l.A RACIONALIDAD DEL INDIVIDUO Y LA ELECCIÓN
que se halla incorporado en la teoría económica ortodoxa. El economista no C'OLECTIV A
ha ido muy lejos cuando dice que el consumidor representativo maximiza la
utilidad. Las funciones de utilidad individual difieren, y el economista es Como se ha sugerido en un punto anterior, toda la acción colectiva se
incapaz de «leer» estas funciones desde alguna postura de ominisciencia. l'llede traducir en una dimensión económica para los propósitos de nuestro
Para juzgar si el comportamiento del individuo es «racional» o «irracio11al», modelo. Una vez que se da ese paso, podemos ampliar la subyacente
ef econorniSta debe trafar en primer lugar de establecer algunas restriccio- concepción económica de la racionalidad individual a la colectiva de la
nes generales mfoimas sobre la forma de las funciones de utilidad: Si tiene misma forma que a las elecciones de mercado. Específicamente, esto irri-
éxifo en este esfuerzo, puede entonces comprobar las implicaciones de sus l'lica las hipótesis básicas de que el elector puede ordenar las alternativas de
hipótesis con el comportamiento observado. 111 elección colectiva del mismo modo que las de la elección del mercado y
Específicamente, el econo!!li~~~-~odern.<:>_ sup~ll-~5<:>1'!1º h!p~_t_~~s_ de que esta ordenación será transitiva. En otras palabras, se supone que el
1 trabajo que el individt.loffiedio es capaz de clasificar u_ ordenar togasJ11.s Individuo puede elegir, entre los resultados alternativos de la acción colec-
\ cómbiñacíories alternativas dé bienes y servicios a su alcance y que este livu. aquél que permanece más alto en la ordenación dictada por su propia
! orderiamiéíito es transitivo 3 : Se dice que el comportamiento del individuo l'unción de utilidad. Esto puede decirse en términos más generales y conoci-
l es-¡¡YaClonat,,"cu~nd~-~IÍ~dividuoelige «más» en vez de ;;menos» ycuando dos si decimos que se supone que el individuo es capaz de ordenar los
( es conse-¿u-~n!~~~us~e'<gQnes~-C.:uánct(l'sepropone una elección en.tre 1fütintos paquetes de los «bienes públicos» o colectivos del mismo modo
fdos paquetes de bienes, uno de los cuales incluye mayor cantidad de un bien 1111e ordena los bienes privados. Además, cuando son ampliamente conside-
y menor de otro que el otro paquete con el que se compara, se introduce la rndas, todas las propuestas para la acción colectiva pueden ser traducidas
hipótesis de la sustitución marginal decreciente o de la relativa utílídad tn dimensiones conceptualmente cuantificables en términos del valor y del
marginal decreciente. El comportamiento observado de los individuos en el coste de los «bienes públicos» que se espera que resulten. Podemos también
mercado no refuta estas hipótesis; los consumidores elegirán los paquetes 11mpliar la idea de fas relaciones marginales de sustitución decrecientes al
Aren de la elección colectiva. Esta hipótesis sugiere que hay una relación
rnurginal decreciente de sustitución entre los bienes públicos y los privados,
3 Se han hecho varios intentos recientes para comprobar esta hipótesis de l'nr una parte, y entre los distintos «bienes públicos», por la otra.
transitividad directamente a través de procesos experimentales. Parece que algu-
De nuevo es necesario distinguir las dos interpretaciones distintas del
nos resultados minan la validez de la hipótesis de transitividad; otros confirman su
uso. Nosostros sólo señalamos aquí que se requiere tal hipótesis para cualquier enfoque económico. El comportamiento del individuo puede debatirse en
teoría de Ja organización humana. Sí.. se supone que la intransítivida_d (en 1':'.Sª! d1 16rminos de dimensiones económicas, y pueden predecirse los procesos a

rl·.~~~~~:t~1~. d!aá~.•~.º~.s:~.~~.~~~,~~~~d~h.~r¿:;r:!:a~~~ ~60ü ~ü}~t~t~~~~~ªe: e~°o~ti


1 1 lruvés de los que las diferencias en las funciones de la utilidad individual se
. r•concilian, sin que se haya establecido ninguna hipótesis sobre los resulta-
. c'ID>o··t;t-eñen las '¡:)ol1t1cas v1en~ a ser totalmente mexphcable. ilns externamente observables de tal comportamiento. Sin embargo, si se

60 61
r
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK l'I <'Al.CULO DEL CONSENSO

van a predecir más resultados «positivos», debe introducirse algún signifi- ·1111111cra ley de la demanda para bienes públicos». De hecho, si todos los
cado específico a términos tales como «más actividad colectiva»; signifi- mtrmhros del grupo social estuvieran en un total equilibrio individual con
cado que permitirá comparar cuantitativamente los posibles resultados l l'~pccto a las cantidades de los bienes públicos y privados, entonces un
alternativos. lnncmento en la renta total sugeriría que los individuos, actuando racio-
El economista, normalmente, atribuye un significado preciso a los tér- 1111lmcnte, elegirían más bienes colectivos así corno privados, suponiendo
minos «más» y «menos». Además, si un modelo semejante de comporta- lfllc ambos conjuntos de bienes pertenecen a la categoría de bienes «supe-
miento racional se amplía al proceso de la elección colectiva, podemos riores ... Sin embargo, las reglas de la toma de decisiones bajo las que se
deducir proposiciones sobre el comportamiento del individuo que son para- 11r1111ni:tan las decisiones colectivas raramente funcionarán de tal modo que
lelas a las contenidas en Ja teoria económica. Si las hipótesis son válidas, el lmlo!oi los miembros del grupo lograrán una posición de equilibrio elegido
individuo representativo debería, al enfrentarse a alternativas relevantes, lihrrmente. En este caso, poco se puede decir sobre las implicaciones de las
elegir más «bienes públicos» -S~fin.!!5)_iL;ii!~~t~>~·:ef.e:~s~~s -~~j¡;;. P~!m~!Íe:: hlp1)tcsis de la racionalidad del individuo y sobre las proposiciones deriva-
cíendo i~~~r,i~i?,l~s~9fr2s:aspectos relev<int.es. En términos más comunes, 1111' de las decisiones colectivas.
esto"establece que, como promedio, el individuo votará «más» ac.!i~i~~d Antes de poder discutir adecuadamente algo de este tipo, deben anali-
colectiva cuando se reduzcan losimpuestos é¡ue debe pagar, perma11e<;ie11do 111r~c concienzudamente las reglas de decisión.

l
las·o!.ra~rcosasfüv··ª··.•ffa
merita y·· se permite . ~t~sirbt~s:!···º_al... ~. •mmv1au(),
. eLé.o~.~.·.~~~~i.º.-.:,..~Í.
... 1.~.C,. ~.-.ºt. ~.· im·p·-.º._si.t1.·v··· a,..~.e-.~.r...i c.. ~.-~.·-.
é~tes~te~c10nará, u_n !1}.~~L~-~s
l .~1~opo~g.()!!IO.!i.Qt!.9e.r:n,ar:id.a~precio y demanda-renta que se derivan
1lhccíamente de las hipótesis de. la radon'alidad
del individuo~ se aprícan
reducido ·aeia·actiVTdad colectiva. De un modo paralelo, pueden deducirse -1\10 al comportamie-nt~Ji.~ÜJ1_4iyii,!uo. Efi_(:onseGuencia..no pued,en corn.-
liis·propóS1c1oñésaC1ád(únañcfa-renta. Si la renta del individuo aumenta_y proharse directamente a través de las decisiones colectivas que se toman
supresión fiscal no, él tenderá a optar por tener más «bienes públicos». ~·01111í- res ultadoTeCierta:S-reglas·ffé litorña~de'"i:fecTsíó·n-es. Es to está en
Proposiciones sencillas como éstas, que serán aceptables intuitivamente l'onlraste con la situación en el mercado donde la primera ley de la demanda
para la mayoría de los economistas, pueden ser muy útiles para sugerir las V lus hipótesis de comportamiento sobre las que ella se basa pueden com-
implicaciones de las hipótesis de comportamiento sobre la participación del proharse, dentro de límites razonables, con resultados observados. Esto es
individuo en los procesos de Ja elección social. Sin embargo, tales proposi- Jrhido a que, en el mercado, la elección individual completa una parte
ciones pueden ser extremadamente engañosas si se generalizan demasiado ncccsaria_d_c:.__l~~!~cd~ii ~~1.s.~~P9:. No se pueden tomar dedsfones frícffvi-
pronto y se aplican a la colectividad como una unidad en vez de a los 1h111lcs que sean explícitamente contrarias a las decisiones reflejadas en el
individuos. Hacer tal ampliación o generalización sin haber abordado pri- movimiento de las variables del mercado. La «primera ley de la demanda de1··
mero el tema de atravesar el «puente» entre la elección del individuo y la del hicncs públ.ic()S» yproposiciones semejantes no pueden comprobarse dfrec-
grupo, parece conducir, y ha conducido, a serios errores. Se deben hacer lnmcnte por la observación de las acciones de la unidad colectiva, porque
lides res. ~J.~a.:~º.~.·. re.fl. ~jª.· rían las···· el.eccio. es d.el individu.. o.. so.lam
dos observaciones. En primer lugar, que los «bienes públicos» sólo pueden
definirse en términos de evaluaciones del individuo. Si se observa que un
º. .
lfllc están incorporadas en las reglas de la toma de decisiones. Los resulta-
. ente en cuanto
individuo va a votar en favor de un gasto público para la policía municipal, 110~ de la acción colectiva no indican directamente nádasobre el comporta-
se deduce que él (supuesto un comportamiento normal) votaría a favor de miento de cualquier individuo medio o representativo. En consecuencia, en
que el municipio alquilase más policías cuando se baje el salario de los •~le nivel preliminar de nuestro análisis no disponemos del mismo grado de
policías. Por otra parte, otro individuo puede no considerar necesarios 11royo para nuestras hipótesis de comportamiento sobre la acción del indi-
policías adicionales. La segunda observación, estrechamente relacionada, viduo en la elección colectiva, que el que dispone el economista. En el
es que las decisiones del gru_po son los r~Q§_ill:...~~~i­ dt~urrollo posterior de algunos de nuestros modelos esperamos sugerir
duales cuando -~~-.S~SP.!!!,~~nan ..~.!.í,~'Y,~~--.~~"~-º~ regla de ~a~ l'lcrtas implicaciones que, cuando se contrasten con observaciones del
~decir (como es ampliamente utilizado ¡;ortü'Shacend1stas) mundo real, no serán refutadas, dando conformación a nuestras hipótesis
~mandará una mayor cantidad de la actividad colectiva a medida 111·i.iinales.
que la renta nacional crece, representa el exponente más común de esta

62 63
r'
JAMES M. BUC/IANAN Y GORDON TULLOCK f/ <'Al.CULO DEL CONSENSO

<'uando existe incertidumbre debido a la imposibilidad de la predicción


LAS LIMITACIONES DE LA RACIONALIDAD DEL INDIVIDUO 1ltl l'omportamiento recíproco entre los individuos, ésta puede reducirse

La acción racional requiere la aceptación de algún fin y también la


"''º por el acuerdo entre estos individuos. Cuando los intereses de Jos
Individuos son mutuamente conflictivos, se puecfidograr efácuerdo sólo a
capacidad para elegir las alternativas que conducirán hacia el logro del mwés de al~üña·rorma·de··¡nfé"rcámbfo ó cqmerdo: A.<lemá~· ~¡ no se
objetivo. Las consecuencias de la elección del individuo deben compro- lnlrmlucen. pagos adiClonaÍes,· es "imposlbl~. el intercambio dedtro de los
barse bajo condiciones de completa certeza para que el individuo se plantee limites delactoúnico.de la toma de .decisiones. Sin embargo, si se reconoce
su comportamiento de forma completamente racional. Analizando las elec- '!llr rl voto del i11dividuo en un único acto de la elección colectiva está sujeto
ciones del mercado, en las cuales hay normalmente una correspondencia 111 intcr~a!!!.bi() de votos de otros individuos en eleccion.es posteriores, el
entre cada acción individual y los resultados de esa acción, la hipótesis de M"ucrdo viene a ser posible, y en tanto en cuanto talacuerdo tenga lugar, la
certeza es aquella que puede ser aceptada como útil sin violentar la estruc- Incertidumbre queda eliminada. Mientras las reglas de la toma de decisiones
tura inherente al modelo teórico. Esto es cierto a pesar de reconocer que las "º dil'ten la ci:>irverilerfcia de tal intercambio entre todos los participantes del
elecciones de mercado se hacen con incertidumbres de varios tipos. 1111po, esta clase fundamental de incertidumbre debe, desde luego, perma-
Analizando el comportamiento del individuo en el proceso político, IU'l'cr. No obstante, la utilidad de los modelos del comportamiento racional
existe un elemento importante de incertidumbre que no puede ser relegado. '" el análisis de la elección política se limita en cierto modo a un menor
Ya no hay correspondencia unívoca entre la elección del individuo y la Amhito que el que de otra manera parecería ser el caso 4 •
_acción final. En el caso de cualquier regla específica de la toma de decisio- Una segunda e importante razón por la que se puede esperar que los
nes para el grupo, el individuo participante no tiene ningún modo de conocer ndividuos sean en cierto modo menos racionales en las elecciones colecti-

J
el resültado final, la elección social en el momento en que él aporta su propia
contribución a este resultado. Este elemento peculiar de incertidu.iibre
elección política inicialmente parece restringir o limitar mucho la utilidad de
cualquier modelo teórico que se basa sobre la hipótesis del comportamiento
racional del individuo. Es difícil incluso definir el comportamiento racional
enh
f".i_'.' que en las priva~~~adi_~~t:.~Jaoift:.~Ü~j¡LQS!lii:l!clode!~sponsa~ili.g¡i.d
n los dec1s10nCslínales. La responsabilidad de cualquier decisión indivi-
uol descansa mtegramente en el elector. Los beneficios y los costes son
l1111¡tihles, y el individuo tiende a considerar más cuidadosamente las alter-
11111ivas a su alcance. En la elección colectiva, en cambio, no puede haber
del individuo bajo la incertidumbre aunque recientemente se está dedicando nunca una relación tan precisa entre la acción del individuo y el resultado,
una atención a este problema. Además, incluso si se pudiera hacer una lnduso si el resultado se predice correctamente. El elector-votante recono-
definición aceptable de la elección racional bajo la incertidumbre, la exten- l'rría. desde luego, la existencia tanto del beneficio como del coste de
sión de las hipótesis de comportamiento a la participación en la elección del ,·11nl4uier acción pública propuesta, pero ni su propia participación en los
grupo haría casi imposible incluso una comprobación conceptual. l'll'lcs ni en los beneficios puede ser tan fácilmente estimada como en las
Si nuestra tarea fuera solamente la de analizar los resultados del compor- ;lrn:iones de mercado comparables. Deben incorporarse elementos de
tamiento del individuo en elecciones colectivas aisladas y excepcionales, hwcrtidumbre de esa clase debido a la ignorancia inevitable del individuo
este factor de incertidumbre se mostraría como una severa limitación contra 1111c participa en la elección del grupo. Junto al factor de incertidumbre, que
cualquier teoría de la elección colectiva. Sin embargo, est¡¡. Iimit~c.!2_~- 11ucdc entenderse fácilmente que limita el alcance del cálculo racional, el

_ ~.lt~ n:ienos i~~.~~t~~.t~ ~~..c. i<:r!.º.~.~.n!i,d,.Q ~.~§1~ ~e..~:.C.?.-~~-~;,.'ll!~.'~-~.~«:~:i~n Individuo particular pierde el sentido de la responsabilidad de la toma de
..~tIVa efíin er?ceso C<?!!_ttnttq.l- en el cua~oa dec1s1on~~1 1lrl'isiones que es inherente a la elección privada. Confiado en el conoci-
epresenta sólo un esTa'6ón en una c~rgo pr¡iZO(íe'Iaacción social. 1111rn10 de que, independientemente de su propia actuación, se tomarán las
~7"éiiíeesürui·1te1as base11 rnM importlffifes"ael 1lt•cisiones sociales o colectivas que le interesan, se ofrece al individuo una
análisis de este libro, sugiere que la incertidumbre a la cual hace frente el
individuo participante en las decisiones políticas, puede haber sido sobrees- • Como enfatizaremos posteriormente en el libro, el proceso de negociación,
timada substancialmente en la concentración tradicional sobre aconteci- ,¡, ukanzar el acuerdo, sirve en sí mismo para reducir significativamente el ámbito
mientos excepcionales. •I~ incertidumbre que puede existir antes de la negociación.

64 65
mayor oportunidad de abstenerse totalmente de tomar una elección positiva
o de elegir sin haber considerado las alternativas cuidadosamente. En
realidad, la acción privada obliga al individuo a ejercer su libertad mediante
la obligatoria toma de decisiones. Estas elecciones no son tomadas por él. El
consumidor que se abstiene de entrar en el mercado se morirá a menos que
alquile a un comprador profesional. Además, una vez que ha sido forzado a
tomar decisiones, probablemente va a ser en cierto modo más racional en la
evaluación de las alternativas ante él.
Por estas razones, y por otras que pueden ponerse de manifiesto en
cuanto se desarrolle el análisis, no deberíamos esperar que los modelos
basados en la hipótesis del comportamiento racional del individuo produz-
can un resultado tan fructífero al aplicarse a los procesos de la elección
colectiva como el obtenido con modelos semejantes aplicados a elecciones
del mercado o económicas. Sin embargo, esta expectativa comparativa-
mente más pobre no supone en absoluto una razón para abstenerse de
desarrollar tales modelos. Como ya hemos sugerido, todos los modelos
lógicos son limitados en su capacidad de ayudar en la explicación del
comportamiento.

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CAPÍTULO XVII

EL MODELO ORTODOXO DE LA REGLA DE


LA MAYORÍA

El «quid» de la cuestión no es si la mayoda debería decidir,


sino qué clase de mayoría debería decidir.
WALTER LIPPMANN,
The Washington Post,
5 de enero de 1961

No hemos tenido la intención de relacionar nuestro análisis directa-


mente con la historia y el desarrollo de la teoría política. Nos propone-
mos dejar esto para desarrollarlo más ampliamente en un apéndice. El
enfoque «económico», tanto del problema de la elección constitucional
como del análisis de las reglas de la toma de decisiones, está quizá
suficientemente diferenciado de lo que ha sido la corriente principal de
los estudios de ciencia política para justificar el tratamiento antes de que
el establecimiento doctrinal se haya completado. Además, a este res-
pecto, la naturaleza preliminar y exploratoria de toda nuestra investiga-
ción analítica debe ser doblemente enfatizada.
No obstante, será útil en esta etapa tratar de comparar y contrastar
BWJ!::I nuestros modelos con los modelos ortodoxos de la teoría política mo-
derna, como hemos concebido los últimos. Daremos este paso, no por el
objetivo de la comparación por sí misma, sino porque de este modo el
contenido de nuestro propio análisis puede demostrarse más claramente,
especialmente a los lectores no economistas. Nos encontramos, desde
luego, en peligro de haber clasificado nuestras descripciones de los mode-
los ortodoxos como hombres de paja. Si las construcciones son de paja o
9ze4oe~ ONNVl/\IOSSíl~ de piedra (y estamos dispuestos a dejar esta decisión a otros), observa-
Vl318V~9 :9LI6!SV/9!"U3 anb opensn mos meramente que, metodológicamente, los hombres de paja pueden ser
l opensn :uo1oeu6isv10!/\LI3
también útiles.
Como estaba implicado en los capítulos 1 y 11, nuestro enfoque de la
:saUO!OB/\J9SqQ acción colectiva es reconocidamente individualista, racionalista y secu-
:opeAOJd lar. En el nivel último de la elección constitucional, cuando las decisiones
eyedwoov deben ser tomadas entre los medios alternativos de organizar la actividad
1s n ºN •
:epeom:µe::;i oN
:ueyedwoov ·ooo
: sope5eJ6\f ·ooo 287
817 :se[o:J
0 SV1N3íl8 30 N018JON3~
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_ _ -~ ,.,.., ......... J'"'\.wlh.1r"\1n111 Cl\H 1=INl-1~311\1
5 a

JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK EL CÁLCULO DEL CONSENSO

humana y entre las reglas para la toma de decisiones colectiva, nos pa- vez han minimizado demasiado pronto en su pensamiento el requisito de
rece que el pleno consenso de la unanimidad entre todos los miembros la unanimidad. Al señalar que el logro de la unanimidad no es factible e
del grupo social es la única comprobación concebible de la «corrección• imposible, han tendido a plantear el falso dilema mencionado arriba. Los
de las elecciones tomadas. Esta postulada regla de la unanimidad para las primeros teóricos (Hobbes, Althusius, Locke y Rousseau) supusieron un
decisiones constitucionales últimas nos permite separar gran parte de consenso en la formación del contrato original. Lo hicieron así porque la
nuestro análisis del largo y continuo debate concernient.e a la validez de esencia de cualquier acuerdo contractual es la participación voluntaria, y
la regla de la mayoría como una doctrina absoluta de la soberarfa popu- ningún ser racional estará de acuerdo voluntariamente con algo que le
lar. proporcione, en términos netos, daño o perjuicio esperado. La oposición
categórica de intereses que muchos teóricos suponen que surge para
impedir la unanimidad es mucho más probable que caracterice el nivel
LA UNANIMIDAD Y EL «INTERCAMBIO POLíTICO» operativo como opuesto al nivel constitucional de decisión, y es esencial
que estos dos niveles de decisión se distingan tajantemente. Es en el nivel
En nuestra visión, tanto en el nivel de la elección constitucional úl- operativo, donde los intereses económicos solidificados de los individuos
tima como en el nivel del análisis del funcionamiento de reglas particula- y los grupos están directamente sujetos a la modificación y al cambio por
res, los temas han estado a menudo expuestos en términos de alternativas la acción del Estado, en el que los conflictos violentos de interés pueden
falsas. Las alternativas no son las de la regla de la mayoría o de la regla surgir y surgen. En el nivel constitucional «más alto», el problema a que
de la minoría. Una de las ventajas del enfoque esencialmente económico se enfrentan los individuos del grupo es el de elegir entre las reglas
para la acción colectiva estriba en el reconocimiento implícito de que el alternativas para organizar las opciones operativas, y la discusión en este
«intercambio político», en .todos los niveles, es básicamente equivalente nivel estará relacionada con el funcionamiento predicho de estas reglas.
al intercambio económico. Por esto, nosotros queremos decir simple· A través de una separación cuidadosa de estos dos niveles de decisión, se
mente que pueden esperarse resultados mutuamente ventajosos de la puede eliminar gran parte de la confusión inherente a las interpretaciones
participación del individuo en el esfuerzo de la comunidad. Gran parte modernas de la teoría contractual del Estado. Conceptualmente, los
del debate circundante a la doctrina de la regla de la mayoría parece hombres pueden llegar a un acuerdo con respecto a las reglas, incluso
rechazar esta posibilidad implícitamente, incluso aunque esta negativa no cuando cada parte reconoce por adelantado que estará «Coaccionada»
esté manifestada explícitamente. En este sentido, la discusión parece por el funcionamiento de las reglas acordadas en ciertas circunstancias.
muy semejante a las discusiones medievales sobre el «precio justo>>. Si, Un ladrón en potencia, reconociendo la necesidad de proteger su propia
en las transacciones de mercado o de intercambio, la pérdida para un persona y su propiedad, apoyará leyes contra el robo, incluso aunque
comerciante debe estar compensada por las ganancias del otro, debería anticipará la probabilidad de que él mismo estará sujeto a penalización
estar presente alguna base racional para el razonamiento filosófico sobre bajo esas leyes. Los individuos en el nivel de las decisiones operativas
la «justicia» de los precios. Sin embargo, el simple hecho es, desde luego, pueden aceptar resultados que son contrarios a su propio interés, no
que en el comercio normal todas las partes ganan; existen ganancia.~ porque acepten la voluntad del grupo de la toma de decisiones como la
mutuas del comercio. La gran contribución de Adam Smith estriba en su suya propia de un modo indefinido, metafísico, sino porque simplemente
popularización de este simple punto, pero la importancia de esta concep- saben que la aceptación de decisiones perjudiciales (en nuestra termino-
ción para la teoría democrática política no parece haber sido apreciadu logía, el peso de costes externos) es inherente ocasionalmente a la «nego-
todavía. ciación» o al «intercambio» que a la larga les es beneficioso. Los costes
En la medida en que la participación en la organización de una comu- externos esperados originados por decisiones perjudiciales pueden care-
nidad, un Estado, es mutuamente ventajosa para todas las partes, se hace cer de costes añadidos que estarían implicados en la participación en el
posible la formación de un «Contrato social» sobre la base del acuerdo proceso de la negociación política más complejo que se podría requerir
unánime. Además, la única comprobación de la reciprocidad de la ventaja para proteger los intereses del individuo de forma más completa. En
es la medida del acuerdo alcanzado. Los teóricos políticos modernos tal consecuencia, en nuestra construcción, no hay necesariamente ninguna

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK EL CÁLCULO DEL CONSENSO

inconsistencia implicada en la adopción de, digamos, la regla de la mayo· introducir una coacción explícita o implícita. En este caso, no prevalece
ría simple para la toma de ciertas decisiones cotidianas para el grupo con ningún interés sobre otro, ambos intereses se favorecen. Nuestra repeti·
respecto a las actividades que han sido explícitamente colectivizadas, y la ción continuada de esta simple analogía se deriva de nuestra convicción
insistencia en la unanimidad del consenso sobre cambios de las reglas de que, en la base. es el fracaso de comprender totalmente el significado
organizativas fundamentales. El principio de organización o tema de toda de este punto lo que ha retrasado el progreso en la teoría política.
nuestra construcción es la concentración en el cálculo del individuo y es Desde luego, el «Contrato social>> es enormemente más complejo que
fácil ver que tanto la regla de la unanimidad en el nivel constitucional el intercambio de mercado, incorporando como lo hace a muchos indivi-
como otras reglas inferiores a la unanimidad en el nivel de decisiones duos simultáneamente. No obstante, la noción central de la reciprocidad
operativo puede basarse directamente en este cálculo 1 • de la ganancia puede transferirse a la relación política. Cuando se traduce
Mientras está claro que algo semejante a la doctrina de los derechos al comportamiento del individuo, la reciprocidad de la ganancia viene a
inalienables -incorporados institucionalmente en disposiciones constitu- ser equivalente al acuerdo unánime entre las partes contratantes. La
cionales que limitan la autoridad de las mayorías legislativas- puede única comprobación para la presencia de la ganancia recíproca es el
reconciliarse fácilmente con nuestra construcción, enfatizaremos que esta acuerdo. Sí no se puede alcanzar el acuerdo, dado el tiempo adecuado
doctrina no es central a nuestra construcción. El hecho de que gran parte para la discusión y el compromiso, este hecho en sí mismo sugiere la
de nuestra construcción se pueda reconciliar con una tendencia de la ausencia de cualquier reciprocidad de la ganancia. Además, donde no es
teoría democrática ortodoxa, y viceversa, no debería eclipsar las profun· posible la reciprocidad de la ganancia, no se pueden introducir ningunos
das diferencias entre nuestro enfoque y el que ha estado implícito en gran criterios consistentes con la concepción filosófica individualista de la
parte de la teoría y la filosofía política, tanto antigua como moderna. La sociedad, los cuales equilibrarán apropiadamente las ganancias y las pér-
diferencia más básica estriba en la incorporación en nuestros modelos del didas entre las distintas partes para que la institución tome el lugar de un
significado económico de la regla de la unanimidad, una parte de nuestra contrato (claramente, una relación que no incorpore el consenso unánime
construcción discutida previamente en el capítulo VII. no es un contrato).
Parece que gran parte de Ja discusión política ha procedido como Desde luego, pueden existir situaciones en las que la formación de un
sigue: «Si los intereses de dos o más individuos entran en conflicto, la «Contrato social» no es posible. Cuando las partes negociadoras están
unanimidad es imposible. Deben prevalecer unos intereses sobre otros si divididas en grupos que son clasificados sobre bases que parece razona-
la acción no paralizase por completo». Esta línea de razonamiento pa- ble pensar que se quedan como permanentes, independientemente de las
rece plausible hasta que uno hace frente al intercambio económico ordi- reglas de la toma de decisiones que se pudieran adoptar, puede no ser
nario. Adviértase que en tal intercambio, los intereses de las dos partes posible una «Constitución» (en el sentido que hemos utilizado este tér-
contratantes claramente entran en conflicto. Incluso así se alcanza la mino hasta el final). El individuo puede que jamás obtenga la oportunidad
unanimidad. Se realizan los contratos, las negociaciones se cierran sin de participar (en el nivel de la Nación-Estado) en el proceso de elección
que hemos estado discutiendo. Bajo tales condiciones, las sociedades
1
Adviértase que recientemente Morton A. Kaplan ha adoptado esencial- tenderán a ser controladas por grupos que ejercerán la tiranía sobre otros
mente la misma postura: «Por tanto, las reglas sociales pueden ser consideradas a grupos. Tal situación debe continuar existiendo mientras no puedan esta·
menudo como recompensas del juego, y estamos dispuestos a tomar pagos con- blecerse genuinamente acuerdos recíprocos.
tractuales más bajos en cualquier momento particular o a tomar los riesgos de los
pagos más bajos que no estaríamos dispuestos a aceptar si no hubiéramos interna-
lizado estas reglas sociales. Y la mayoría de los hombres también tienen un interés AL TERNA TIV AS MUTUAMENTE EXCLUSIVAS
en apoyar el proceso de socialización, porque, aunque les imponga restricciones,
están en mejor situación de lo que estarían si a nadie se le impusieran restriccio.
nes». (Morton A. Kaplan, Sorne Problems in the Strategic Analysis of Ir.ternatio· Sin embargo, situaciones como éstas no son lo que el teórico orto·
nal Politics, Research Monograph N. 0 2, Center of International Studies, Prince- doxo parece tener in mente cuando hace declaraciones como la que le
ton [12 de enero de 1959], pág. 9.) hemos atribuido arriba. Implícitamente, el teórico ortodoxo concibe que

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK EL CÁLCULO DEL CONSENSO

toda elección política relevante toma la forma de selección entre dos cada participante ha aceptado, implícitamente, el «Contrato» incorporado
alternativas mutuamente exclusivas. Una analogía apropiada es la elec- en las reglas del juego cuando elige jugar. La característica de suma cero
ción a la que hace frente el viajero en una bifurcación de la carretera. que se aplica a la «solución» del juego no se aplica al «contrato» a través
Debe elegir una carretera o la otra, la única alternativa restante es dete- del cual todos los participantes acuerdan las reglas. En este segundo
nerse. Si, en verdad, las decisiones políticas asumieran esta forma, la nivel, debe haber ganancias mutuas, y se debe aplicar Ja regla de la
declaración imputada al teórico ortodoxo de arriba sería en cierto modo unanimidad. En este nivel, no hay un modo en el que se pudiera aplicar
significativa, ¿pero las decisiones a las que se va a hacer frente en el una solución de suma cero, el juego simplemente no se jugaría a menos
proceso político son propiamente concebidas como elecciones entre al- que todos los participantes esperaran un beneficio individual en el mo-
ternativas recíprocamente exclusivas? Un:i vez más, volvamos a la ana- mento de entrar.
logía con el intercambio de mercado. Tal intercambio se transformaría en Esta referencia a la teoría de juegos puede servir de ayuda, pero
elecciones entre alternativas recíprocamente exclusivas sólo si se requi- todavía no hemos demostrado claramente que la declaración del teórico
riera un asociado a la negociación o contrato para asegurar las ganancias ortodoxo hipotético sea demostrablemente falsa. Volvamos a un modelo
a expensas directas de la otra parte. Si se estableciera tal regla por simple de una sociedad de tres hombres, comprometidos en la formación
adelantado, se requeriría cualquier «solución» de que los intereses de una de un «Contrato social». Llamemos a los tres hombres: A, By C. Supón-
o de otra parte prevalezcan y los intereses del «perdedor» estén sujetos gase que la discusión sigue las reglas organizativas fundamentales que
«al fracaso». En términos teóricos de juegos, la hipótesis de las alternati- entran en lo que una comunidad o vida de grupo puede implicar. Supon-
vas mutuamente exclusivas es equivalente a suponer que el juego es de gamos que A está muy interesado en asegurar que la pesca se organice
suma cero. Las ganancias deben equipararse a las pérdidas. Si, de hecho, colectivamente, porque a él le gusta el pescado y porque también se da
esta es la concepción adecuada del «juego» político, es relativamente cuenta de que el esfuerzo conjunto es mucho más productivo que el
fácil ver que, una vez que se introducen varias personas (varios jugado- esfuerzo individu¡il. Si limitamos nuestra atención a esta decisión, pode-
res), y si se postula la simetría en las preferencias entre los individuos, mos reducirla a una cuestión de sí o no. Si la pesca se organizará colecti-
los intereses del número mayor (la mayoría) «deben» o «tienen» que vamente o si no lo será. Éstas parecen ser alternativas recíprocamente
prevalecer sobre los intereses del número menor. exclusivas, y parece imposible que se pueda alcanzar el acuerdo unánime
Claramente, esto representaría un modo completamente incorrecto y si, digamos, C, a quien no le gusta el pescado en absoluto, no está de
equivocado de analizar las transacciones económicas o de mercado. La acuerdo en la organización colectiva de esta actividad. Este es el punto
implicación del enfoque sería que no tuviera Jugar ningún intercambio en en el que parece que se ha detenido nuestro teórico ortodoxo hipotético
absoluto, porque los ganadores equilibran a los perdedores en los inter- del proceso constitucional, pero esto representa el error central de su
cambios de dos personas y se tiene que suponer que la simetría está interpretación. Digamos ahora que C, por el contrario, está interesado en
presente en la preferencia. Por el contrario, ¿es este enfoque el medio asegurar que el grupo permita que la recogida de cocos se organice priva-
apropiado de analizar las transacciones políticas? A estas alturas resulta damente porque piensa que él es mucho mejor escalador de árboles que
tal vez obvio que no pensamos que las elecciones políticas se deban A o B. Por otra parte, tanto A como B quieren colectivizar esta actividad
concebir, básicamente, en términos de selección entre alternativas mu- del mismo modo que la pesca. Supongamos que B, en contraste con A y
tuamente exclusivas. La esencia de la concepción contractual de la colec- C, está realmente más interesado en asegurar una defensa contra el ata-
tividad, independientemente de la validez empírica de esta construcción, que externo que lo que está ya en el pescado o en los cocos. Quiere, en
implica la reciprocidad de ganancias entre todos los miembros del grupo. primer lugar, organizar una patrulla o vigilancia permanente. Bajo estas
Sin embargo, todos los participantes en un juego de suma cero no pueden circunstancias, viene a ser concebible que el grupo pueda alcanzar el
ganar simultáneamente. Se juegan juegos de suma cero, y las elecciones acuerdo unánime de una «constitución» o contrato. Pueden hacerlo así
políticas en muchas ocasiones se reducen a alternativas recíprocament~· estableciendo los compromisos apropiados o «intercambios» entre sí
exclusivas, ¿pero, por qué observamos que en el mundo real se juegan mismos. El proceso sería equivalente al proceso de intercambio de votos
juegos de suma cero? La respuesta es que se juegan tales juegos porque discutido en el capítulo X, y la única comprobación para determinar si la

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK EL CÁLCULO DEL CONSENSO

organización de la comunidad es o no deseable recíprocamente para to- trar que resulta falso el dilema establecido por una regla de la mayoría
das las partes estriba en la posibilidad de que se pueda alcanzar tal -una dicotomía de la regla de la minoría.
acuerdo. En consecuencia, nuestro teórico ortodoxo hipotético se equi- Recalquemos que la única característica de nuestros modelos para Ja
voca en no seguir más allá de los límites de un problema determinado. elección constitucional era la demostración de que, a menos que se pos-
Una vez que se introducen varios problemas, y se permite el desacuerdo tule una intensidad igual de preferencias, no hay ningunas características
de intereses entre los individuos y sobre distintos problemas, los inter- particulares atribuibles a la regla para la elección del 51 por 100. Ésta es
cambios devienen posibles. Además, cuando puede tener lugar el inter- sólo una de las muchas reglas posibles reglas de la toma de decisiones.
cambio, es apropiada la analogía· con el intercambio económico o de La posición peculiar que ha supuesto esta proporción en el pensamiento
mercado. El grupo ya no debe alcanzar las decisiones en el nivel consti- ortodoxo parece que se debe a la idea de que si se permite menos del 50
tucional sobre sí o no, las alternativas ya no deben ser recíprocamente por 100 para tomar una decisión, se «Concluirá» o se «coaccionará» a
exclusivas. La existencia de conflictos de interés no impide el logro de la más del 50 por 100 para la aprobación. Por tanto, el requisito de una
unanimidad, ésta meramente hace necesario que la discusión proceda mayoría cualificada realmente equivale a permitir que una minoría go-
hasta que se encuentren los compromisos apropiados. bierne. Si podemos poner de nuevo las palabras en boca de nuestro
Si se permiten pagos adicionales directos entre los individuos, no se ortodoxo hipotético, él podría decir: «Si se requiere más de un 51 por 100
necesita ni siquiera esta modificación. Volvamos a nuestro modelo ilus- para la decisión política, esto realmente permitirá que la minoría, go-
trativo. Supongamos que la única decisión a la que se hace frente es la bierne puesto que los deseos del 51 por 100, una mayoría, pueden ser
concerniente a la organización de la pesca. A y B desean la colectiviza- frustrados». En esta construcción, no hay ninguna diferencia entre la
ción a causa de la mayor eficiencia, pero C, que no le gusta el pescado,. regla de la mayoría cualificada de, digamos, el 75 por 100 y la regla de la
se opone. Si se permiten los pagos adicionales, el apoyo de C al grupo minoría simple del 26 por 100. Mientras que en nuestros modelos consti-
para la colectivización de la pesca se puede asegurar a través de la tucionales puede haber una gran diferencia en los costes externos en los
transferencia de un artículo que tenga un valor real para C por parte de A que se espera que se va a incurrir bajo la regla de la minoría del 26 por
y B (ejemplo unos cigarrillos), y sólo si se puede convencer así a C de 100 y la regla de la mayoría del 75 por 100, el teórico ortodoxo negaría
que apoye la colectivización de la pesca le merecerá la pena entrar en el esta diferencia. Además, él exigiría que las disposiciones existentes para
acuerdo con A y B. enmendar la Constitución de los Estados Unidos incorporen la regla de la
minoría.
¿El requisito de una mayoría cualificada equivale a la regla de la
minoría? Aquí, como antes, parece que el error del teórico ortodoxo
EL SIGNIFICADO DE «REGLA DE LA MAYORÍA» refleja su énfasis de reducir todas las decisiones a sí o no, un tipo recí-
procamente exclusivo, y el implícito fracaso para establecer una signifi-
Hemos demostrado que el logro de la unanimidad es siempre posible cación cuantitativa en las alternativas a las que se hace frente. Si vamos a
si existen ganancias mutuas de entrar en el «Contrato social», y que el un problema análogo a la bifurcación de la carretera mencionado antes, y
teórico ortodoxo ha tendido a alejar demasiado aprisa la unanimidad si éste es el único problema, y si no se permiten pagos adicionales,
como una alternativa posible para la regla de la mayoría o de la minoría a parecería que el teórico ortodoxo está en una base razonablemente se-
causa de una concentración en las alternativas mutuamente exclusivas. gura al decir que el requisito del acuerdo del 75 por 100 permitiría que el
Sin embargo, nuestros modelos anteriores han demostrado que el grupo 26 por 100 estuviera realmente controlando las decisiones.
puede elegir racionalmente reglas de la toma de decisiones inferiores a la Sin embargo, si el requisito de una mayoría cualificada de, digamos, el
unanimidad para realizar decisiones operativas para la colectividad. 75 por 100 es realmente equivalente a la «regla» de la minoría del 26 por
Ahora queremos aislar una segunda falacia importante en la posición 100, ¿qué clase de decisiones deben implicarse? Las alternativas de la
ortodoxa. Incluso en estos casos, cuando la unanimidad ya no es posible elección no sólo deben concebirse como que son mutuamente exclusivas,
o no es elegida como la regla por parte del grupo, trataremos de demos- sino que también la alternativa de la inacción debe considerarse como

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK
EL CÁLCULO DEL CONSENSO
equivalente a la acción. La analogía de la bifurcación de la carretera
la mayoría» y «regla de la minoría». Hemos utilizado estos términos a lo
mencionada antes resulta demasiado general porque se excluye la alterna-
tiva representada por la detención del viaje. Presumiblemente se debe largo de nuestro análisis para describir los procesos de la toma de deci-
elegir un camino u otro. Supongamos que hay 100 personas en un camino siones. Tal uso general ya no es suficiente. Debemos distinguir con preci-
sión entre dos clases de decisiones: ( 1) la decisión positiva que autoriza la
y que surge delante tal bifurcación. Supongamos que 74 de estas personas
acción para el grupo social, y (2) la decisión negativa que efectivamente
eligen tomar la bifurcación de la derecha, 26 quieren ir hacia la izquierda.
bloquea la acción propuesta por otro grupo. Si se habilita a un grupo para
Siguiendo la regla del 75 por 100, no se podría tomar la carretera a menos
que se establecieran compromisos. Siguiendo la regla de un 27 por 100, que tome decisiones que tengan como resultado la acción positiva por-
para todo el grupo, diremos que este grupo efectivamente «dirige» las
sin duda se podría tomar la carretera de la derecha en estas circunstan-
decisiones en cuestión. No parece significativo decir que el poder consti-
cias. Seguramente estas dos reglas producen resultados diferentes. El
tuye la «regla» efectiva para bloquear la acción.
fracaso de asegurar el 75 por 100 requerido no es equivalente a admitir la
«regla» para el 27 por 100. Si se permite la tercera alternativa de suspen- Esta distinción pertinente entre el poder de determinar la acción y el
poder de bloquear la acción no se ha enfatizado suficientemente en la
der el viaje, la regla del 75 por 100 no permitirá que se tome la acción. El
literatura de la ciencia política 2 • Parece que la razón de esta negligencia
teórico ortodoxo argumentaría que tal inacción, en este caso, equivale a
es una sobreconcentración en el funcionamiento de la regla de la mayoría
la «Victoria» de las 26 personas «recalcitrantes» que constituyen la mino-
simple. Si se habilita a una mayoría simple para que determine la acción
ría. Sin embargo, tomadas individualmente, esas personas ven frustrados
positiva, no puede haber otra mayoría simple habilitada para bloquear la
sus deseos del mismo modo que los ven los miembros del grupo más
acción propuesta. No pueden existir simultáneamente dos mayorías sim-
grande. Estos individuos deben soportar también los costes de la inac-
ples. La distinción se aclara sólo cuando consideramos la «regla de la
ción. Se puede añadir el argumento de que, en situaciones hipotéticas ·
minoría». Si adoptamos el significado de este término sugerido arriba, se
como éstas, se deberían tener en cuenta más profundamente los intereses
debe habilitar a un grupo más pequeño que el de la mayoría simple para
del número mayor, pero ésta, presumiblemente, es una cuestión que se
que tome decisiones positivas para la colectividad. Por ejemplo, supon-
contesta apropiadamente sólo en el momento en que se eligen las reglas
gamos que elegimos considerar una regla de la toma de decisiones del 40
de la toma de decisiones. Parece totalmente inapropiado introducir en
por 100. Esta regla, bajo nuestra definición, sería operativa cuando se
nuestra construcción este problema ético esencialmente irrelevante en el
habilita al 40 por 100 de los votantes, cualquier 40 por 100, para que tome
nivel de la toma de decisiones operativas. Cuando se reconoce en la
la acción positivamente por todo el grupo. Está claro que no se podría
e~apa constitucional última que cuanto más grande sea la mayoría reque-
aplicar también la misma regla para bloquear la acción. Si se requiriera
nda para la decisión, más bajos son los costes en los que el individuo
también para bloquear la acción un 40 por 100, entonces no se podría en
espera incurrir como resultado de las decisiones colectivas tomadas con-
absoluto definir el 40 por 100 como la «regla de la minoría». La regla para
trariamente a su propio interés, podemos discutir el funcionamiento de
bloquear la acción siempre debe ser [ (N + 1) X] por 100, siendo X el
las distintas reglas independientemente de todos los intentos para medir
porcentaje de todo el grupo habilitado para iniciar o concluir la acción
las utilidades y compararlas interpersonalmente.
positiva. En consecuencia, la regla de la minoría efectiva debe requerir a
Sin embargo, el teórico ortodoxo no aceptará esta línea de razona-
una mayoria para bloquear la legislación propuesta por la minoría. La
miento. Dirá que la cuestión que se va a decidir en nuestra ilustración
«regla» efectiva por parte de la minoría del 40 por 100 debe incorporar el
debería plantearse como sigue: ¿Tomará el grupo la carretera de Ja dere-
cha o no? Vótese sí o vótese no. De este modo se hace que la regla de la
mayoría cualificada parezca equivalente a la «regla de la minoría». Se 2
Es~o. no sugi~~e que la distinción no se haya entendido claramente por parte
habilita que una minoría del 26 por 100 bloquee la acción deseada por el de los teoncos pohhcos y que este reconocimiento no haya afectado a las institu-
74 por 100. Este argumento es más sofisticado que el considerado pre- ciones políticas. El ~oder ejecutivo para vetar la legislación, adoptado por una
viamente, y es más difícil refutarlo convincentemente. Para hacerlo así. asamblea representativa encuentra su fundamento básico en el reconocimiento de
esta distinción. Cf. Benjamin Constant. Reflexions sur les Constitutions. (París:
en primer lugar, debemos aclarar el significado de los términos «regla de
Nicolle, 1814), pág. 50 f.

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK EL CÁLCULO DEL CONSENSO

requisito de que se requiere al 61 por 100 de los votantes para vetar la costes externos sobre el otro tercio, bien a través de la recaudación de
acción propuesta por una minoría. impuestos o bien a través del fracaso de no reparar ciertas carreteras
Cuando el teórico ortodoxo sugiere que la votación de la mayoría según niveles estándar. Un tercio más uno de todos los votantes tiene el
cualificada equivale a «decidir» por parte de la minoría, se está refiriendo poder de vetar o bloquear cualquier proyecto propuesto de reparación de
a la regla para bloquear la acción. Si se lleva esta línea de razonamiento a carreteras, pero este poder es efectivo sólo en el sentido de que un grupo
su conclusión lógica, obtenemos el resultado paradójico de que la regla de este tamaño puede evitar que se establezcan los impuestos adiciona-
de la unanimidad es la misma que la regla de la minoría de uno. De aquí les. Este grupo de minoría no puede de ningún modo imponer costes
que la regla de requerir la unanimidad entre los miembros de un jurado externos adicionales sobre los otros miembros del grupo 4 •
para absolver o condenar viene a ser equivalente a la regla que permitiera
a cualquier miembro del jurado condenar o absolver. En lugar de estar en
los extremos opuestos del espectro de la toma de decisiones, como toda EL PROBLEMA DE LAS REGLAS SESGADAS
nuestra construcción sugiere, la regla de la unanimidad y la regla de uno
vienen a ser idénticas. Este resultado paradójico sugiere claramente que Todavía no hemos respondido satisfactoriamente al teórico orto-
el poder de bloquear la acción no es lo que normalmente queremos dar a doxo 5 • Él puede aceptar concebiblemente todos nuestros argumentos
entender, o deberíamos dar a entender, cuando hablamos de «regla de la previos, pero todavía puede pararnos en seco diciendo: ¿Qué hay en
mayoría» o «regla de la minoría» 3 • relación a la situación, en la que el problema al que se hace frente, es si
La distinción entre el poder de tomar la acción y de bloquear la acción se debería o no hacer un cambio en las reglas? Aquí las alternativas son
propuesta por Jos otros es esencial, representa la diferencia entre el poder mutuamente exclusivas: cambio o no cambio. Además, el orden estable-
para imponer costes externos sobre los otros y el poder para evitar que cido (el status quo) operaría de tal modo que beneficiaría los intereses de
se impongan costes externos. una minoría especial, entonces seguramente la regla de la mayoría cuali-
Podemos ilustrar con referencia a nuestro ejemplo conocido de repa- ficada para cambiar la «Constitución» permitirá que el poder bloqueante
ración de carreteras. Supongamos que Ja constitución de nuestro modelo de la minoría ejerza un control. En efecto, el mantenimiento de cosas
de municipio dicta que se tienen que tomar todas las decisiones de la como éstas equivale a la genuina «regla de la minoría».
reparación de carreteras por una mayoría de dos tercios. Bajo estas con-
diciones, el poder para iniciar la acción, depositado en cualquier coali- 4
Esta conclusión supone que los individuos de la coalición de bloque están
ción efectiva de dos tercios de votantes, implica el poder de imponer motivados racionalmente. Si, por el contrario, todos estos individuos decidieran
ser irracionales, podrían rechazar entrar en «negociaciones» ventajosas para ellos,
3
La tendencia para pasar de forma inadvertida de un significado al otro, se Y, por este rechazo, se podría decir que ellos imponen «Costes externos» sobre los
ha ilustrado bien a través de una reciente declaración hecha por Anthony Downs: otr0s. Por ejemplo, supongamos que está en funcionamiento una regla de Ja mayo-
« ... es mejor para la mayoría de los votantes decir menos qué hacer que viceversa. ría de dos tercios. Supongamos ahora que 66 de 100 votantes proponen un pro-
El único acuerdo práctico para llevar a cabo esto es la regla de la mayoría simple. yecto que auténticamente será beneficioso para todos los 100 votantes. Para impe-
Cualquier regla que requiera más que una mayoría simple para la aprobación de un dir que este proyecto sea adoptado, todos los otros 34 votantes deben ser irracio-
acto permite que una minoría impida la acción de la mayoría ... » (Corregido en nales. Si sólo son irracionales pocos, el proyecto se llevará a cabo. Este ejemplo
cursiva) Anthony Downs, «In Defense of Majority Voting», artículo mimeogra- sugiere que la hipótesis de la racionalidad no es importante para las conclusiones
fiado no publicado, escrito como una crítica general del artículo de Gordon Tullock, alcanzadas. En general, los individuos tenderán a aprobar todas las propuestas que
«Sorne Problems of Majority Voting», que fue una versión preliminar del capítulo X. les proporcionen beneficios netos esperados. Parece que todo lo que se requiere es
Sin embargo, se podría señalar a favor de Downs que él apoya los procedimien- esta versión relativamente débil de la hipótesis de la racionalidad.
5
tos actuales para la enmienda de la Constitución.) Adviértase que nos referimos al teórico ortodoxo, no a las instituciones
Sobre este problema general, ver también a Willmoore Kendall, Hohn Locke ortodoxas. En el mundo real, la mayoría abrumadora de las constituciones demo-
and the Doctrine of Majoríty Rule (Urbana: University of Illinois Press, 1941), cráticas no puede, de hecho, ser enmendada por las mayorías simples. Muchos
pág. 116. teóricos simplemente rechazan aplicar su estructura teórica a las constituciones.

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK EL CÁLCULO DEL CONSENSO

Este argumento nos lleva al fondo de toda la discusión de la regla de senso. Pensamos que el individuo está comprometido continuamente,
la mayoría como una doctrina de soberanía popular, a la que nos referi- tanto en las decisiones operativas cotidianas dentro de los límites de las
mos antes en este capítulo. Hemos discutido la aplicabilidad de la regla reglas organizativas establecidas, como en elecciones implicadas en los
de la unanimidad en el nivel de la toma de decisiones constitucionales cambios en las reglas mismas, es decir, elecciones constitucionales. La
originales. En cualquier punto en el tiempo subsecuente a la formación regla implícita para asegurar la adopción de cambios en estas reglas orga-
del «contrato» original, se debe presumir que la organización social está nizativas (cambios en la estructura del contrato social) debe ser Ja de Ja
funcionando dentro de la estructura de ciertas reglas establecidas. Estas unanimidad. Esto es porque sólo a través de asegurar Ja unanimidad, se
reglas organizativas definen el modo en el que se tomarán ciertas decisio- puede juzgar deseable cualquier cambio sobre la aceptación de la ética
nes colectivas, incluyendo las decisiones para cambiar el «Contrato». Si individualista.
estas reglas básicas sugieren que, para algunas decisiones, se requiere Esto no implica, como se ha sugerido a menudo, que el requisito de la
más de una mayoría del 51 por 100 para la acción positiva, se puede decir unanimidad en los cambios de las reglas (en la constitución) incorpore
que es seguramente el orden establecido el que está «dirigiendo», y no la una elevación excesiva o injustificada del status quo hasta una posición
minoría particular que puede o no estar asegurando «beneficios» a través sacrosanta. En primer lugar, la idea del status quo en términos de las
de la permanencia 'de este orden establecido. reglas organizativas establecidas es en el mejor de los casos confusa. La
Esto no sugiere que el orden establecido deba prevalecer durante todo estabilidad de las reglas establecidas para organizar las decisiones públi-
el tie!lJpo, una vez que se acepta, y tampoco que, ya en su comienzo o en cas y privadas no tiende, ni remotamente, a estabilizar los resultados de
cualquier momento concreto en el tiempo, este orden sea necesariamente estas decisiones medidas en términos de las variables más estándar tal
«Óptimo». Se concibe mejor el «contrato social» como sujeto a continua. como ingresos, riqueza, empleo, etc. La ordenanza de zona municipal
revisión y cambio, y se debe pensar que el consenso que se da es conti- puede ser aceptada por todas las partes hasta que alguien tenga la opor-
nuo. Sin embargo, el punto relevante es que el cambio en este «Con- tunidad de vender su propiedad a un urbanizador con una elevada ganan-
trato», si es deseable, puede encontrar siempre el apoyo unánime, dado cia de capital. En este punto de Ja secuencia, el individuo, para obtener
el tiempo apropiado para el compromiso. ganancias, desearía ciertamente un cambio en las reglas que le permitiera
De nuevo volvemos a la analogía del juego. Podemos, si queremos, explotar esta oportunidad imprevista, pero es precisamente porque esta
pensar que los jugadores están continuamente comprometidos en dos clase de cosas es imprevista por lo que se puede adoptar en primer Jugar
tipos de actividad mental. En primer lugar, están tratando de resolver los la ordenanza de zona. Ex poste, es probable que el individuo enfrentado a
pasos o las estrategias con las que pueden hacer progresar sus propios la oportunidad de obtener ganancias se oponga enérgicamente al status
intereses dentro del contexto de un juego bien definido. En segundo quo (es decir, a la ordenanza de zona), pero el asegurar una variación
lugar, y simultáneamente a esta actividad, se puede concebir que ellos para un individuo sólo es equivalente a cambiar las reglas del juego
están tratando de resolver un posible cambio en las reglas que mejoraría ordinario para la ventaja estratégica de un jugador. En el juego conti-
el juego. En esta segunda actividad, se darán cuenta que deben elegir nuado del «juego social», cada individuo se enfrentará a situaciones en
cambios de reglas sobre los que todos los jugadores puedan estar de las que desea, estratégicamente, cámbiar las reglas, pero debido a que
acuerdo, si el juego tiene que continuar. Se reconocerá que es imposible estas situaciones están distribuidas estocásticamente, el acuerdo resulta
un cambio propuesto en las reglas (o en la definición del juego) diseñado posible. Si un cambio en las reglas (un cambio en el status quo) es
especialmente para fomentar los intereses del individuo o del grupo. Los mutuamente beneficioso, desde luego, se adoptará. La evidencia empí-
otros jugadores podrían simplemente retirarse del juego. rica del funcionamiento de las organizaciones voluntarias sugiere que las
Nuestra concepción del proceso de la elección constitucional es una reglas se cambian a menudo.
concepción dinámica, semejante al juego mencionado arriba. No conce- Desde luego, un individuo no necesita aceptar el «Contrato» que
bimos que la «Constitución» está establecida de una vez y para siempre. existe. Puede considerarse racionalmente que las reglas no son deseables.
Concebimos que los aspectos contractuales son continuos, y se supone Enfrentado a esta conclusión, permanecen abiertas para él dos opciones.
que la existencia de un conjunto de reglas organizativas conlleva el con- Puede tratar de hacer cambiar a los otros a este punto de vista, y, si se

300 301
pueden realizar acuerdos que todos los otros acepten, se puede cambia
la «constitución». En segundo lugar, el individuo puede elegir rechazar e
«contrato» completamente, puede volver a un «estado de naturaleza», e1 A SUS EFECTOS . MOVll\
este caso, una rebelión contra el orden social establecido. En bases éti Este documento se encuentra en la has~.
cas, el individuo siempre debe tener garantizado el «derecho» de hace1
tal elección, pero, una vez que lo ha hecho así, los restantes miembro1
del grupo no tienen obligación contractual de considerar que el revolu.,,
cionario está sujeto a las protecciones del «contrato». Este «derecho de
revolución» no se tiene que modificar, puesto que se extiende más ali É~~~J¡~"'~-EXP-ME-22447/13 ....
del individuo determinado, hasta una minoría e incluso hasta una mayorí· .. R TRANSFERE'"
de la población. En éste, como en otros aspectos de nuestra construcción ·
de las implicaciones constitucionales de una filosofía individualista con-
sistente, los desplazamientos en la fracción de la población que aprueba o
desaprueba ciertos cambios no tienen importancia central.

Area Origen:
1~~~~~6~~~~ CONTABILIDAD Y
IONAL DE EDUCAC
Area Destino: MECT-INET
ME-DCFDRC
RENDICION DE CUENTAS w
Fojas: 48
Doc. Agregados :
Doc. Acompañan:
N° Certificada:
-
Acompaña l•NoUSi
-
Proyecto:
Observaciones:

03/05/201615:47:10 Fecha y Hora <


Rechazo/Acep
Usuario que Envió/Asigno: RUSSOMANNO Usuario que
Rechazó/Acef

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Firma Aclaración
tece-
·opia
o es
otro
ama
CAPÍTULO XX

LA POLÍTICA DE LA BUENA SOCIEDAD

La sociedad política es compleja y variada; tal vez la primera cosa


que debería decirse sobre cualquier «teoría» concerniente a la organiza-
ción y el funcionamiento de esta sociedad fuera acentuar las limitaciones
que debe incorporar cualquier explicación concreta. La teoría que hemos
desarrollado en este libro se ha basado en la hipótesis de que los indivi-
duos son las únicas unidades significativas de la toma de decisiones, que
estos individuos están nmtivados por consideraciqnes maximizadoras de
utilidad, y que están bien. informados y son totalmente racionales en sus
eleceiónes·.A4n sabemosque existen «grupos» .com.o algo aparte de los
miembrosindividuale~, gµ~ los individuos están motivados por muchas
consideraciones, y que los. individuos están lejos de estar bien informados
OOe ser rácionales. en su comportamiento político. Parecía que las hipó-
tcsis'áparentemeilté extremas de nuestros modelos analíticos parecería
que restringen severamente el valor descriptivo, explicativo y predictivo
de nuestra teoría.
Sin embargo, nos hemos animado cuando observarnos el progreso
científico que se ha hecho en el estudio de los fenómenos naturales y
también en el estudio de la organización económica. El mundo real de la
naturaleza es también altamente complejo, y parece que las hipótesis
introducidas en el modelo del científico físico son tan lejanas de la reali-
dad actual observable corno las que hemos introducido. A pesar del irrea-
lismo aparente de sus modelos, el científico físico ha sido capaz de hacer
un importante progreso hacia el descubrimiento de las leyes que gobier-
nan el mundo natural, y sobre estas leyes ha sido capaz de proporcionar
explicaciones y hacer predicciones que son verificadas por los aconteci-
mientos del mundo real. Sin embargo, el científico físico no está tratando
con hombres, y el estudio de los seres humanos en asociación con otros
introduce todo un conjunto de complejidades que permanecen fuera de su
esfera. La ciencia social nunca puede ser «Científica» en el mismo sentido
que las ciencias físicas. No obstante, el estudio de la organización eco-

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK EL CÁLCULO DEL CONSENSO

nómica tiene un legítimo derecho para el estatus de «ciencia». La teoría puede haber ninguna cuestión con respecto a la «Verdad» o a la «false-
económica parte de una hipótesis básica sobre el comportamiento hu- dad» de la teoría.
mano, se supone que cada individuo intenta maximizar su propia utilidad. Esta pura lógica de la elección constitucional es única sólo en cuanto
También se supone que los individuos están completamente informados y que hemos introducido hipótesis que son distintas a las ·de otros estudio-
son racionales en su comportamiento. Sobre la base de estas hipótesis, se sos. El aspecto importante a señalar a este respecto es que se pueden
ha desarrollado un cuerpo de teoría que proporciona unas explicaciones desarrollar un número infinito de teorías de esta clase puramente lógica.
satisfactorias de los fenómenos del mundo real. Desde luego, sabemos La utilidad del modelo lógico se base solamente en la relevancia del
que tanto en la relación económica como política, los individuos no son modelo para los problemas del mundo real.
completamente racionales, no están bien informados y no siguen el inte-
rés egoísta en todas las circunstancias. Todavía podemos observar que la
gente adquiere más bienes a precios más bajos, que las tasas salariales EL MODELO OPERATIVO
para ocupaciones semejantes tienden a igualarse, que el rendimiento de la
inversión tenderá a igualarse en distintos usos, y otras muchas proposi- El único mecl_i_g_d~ comprobar o verificar. 1.a estructur,a lógica ra(iica en
ciones de economía «positiva» que pueden estar sujetas a comprobación comparar algunas de las' predlccfones que se ¡:meden hacer sobrela .base
empírica. de la teoría con observaeiones del mundÓ real: En varios puntos de
En este libro hemos tratado de ampliar las hipótesis del economista al nuestro análisis, nos hemos referido a ciertos hechos institucionales que
comportamiento del individuo en cuanto a que participa en el proceso parecería que prestaban apoyo al modelo teórico bajo construcción. En
político. Como hemos sugerido en varios puntos, el valor explicativo de general, el funcionamiento del proceso político en las democracias occi-
nuestra teoría preliminar es considerablemente más limitado que el de la dentales ñ()s. si.iifeii qµe ,nuest~~ rnode_Ío teÓri_có. tl_e_ne valorexpficatfvo,
teoría económica. Sin embargo, pensamos que la «teoría», como se ha ¿pero qué es lo que se quiere decir por valor explicativo a este respecto?
desarrollado aquí, proporciona una «explicación» de ciertos aspectos de Si nuestra teoría fuera capaz de explicar todas las configuraciones conce-
la organización política. bibles que se pudieran observar en el proceso político del mundo real,
entonces no sería teoría en absoluto. Adoptando la concepción de los
positivistas lógicos por el momento, podríamos decir entonces que la
EL MODELO LÓGICO construcción no tiene sentido. Para mantener que nuestra construcción
tiene una validez operativa, debemos mostrar que hay observaciones
La teoría relevante se compone de dos partes, y nuestra construcción concebibles que refutarían las hipótesis fundamentales.
incorpora a ambas. En primer lugar, sobre la base de ciertos postulados ¿Quéacontecimientos observables del mundo reaí podrían refutar las
iniciales e hipótesis se pueden desarrollar las consecuencias lógicas. Esta hipótesis del modefo? Obviamente, no podemos observar directamente si
clase de teoría es puramente lógica en su naturaleza y no tiene relevancia los Individuos maximizan o no su propia utilidad. La declaración de que
empírica eñeí"serifido directo: Sobre este punto, la teoría se parece i.ilits ellos lo hacen así, en un aspecto, carece de sentido, o, para utilizar un
matemáticas: Nuestro enfÓque de la elección constitucional del individuo término más aceptable, es no operativa. No podemos observar si los
se puede interpretar de este modo. Sobre la base de la hipótesis de que i_ndiyiduos actúan o no racionalmente. Para comprobar la rele~ancia em-
los individuos siguen reglas de comportamiento maximizadoras de utili- pírica de nuestra construcción debemos, pÓr tanto, volver a las implica-
dad y de que ellos están completamente informados y son racionales, ciones de es fas hipótesis de comportamiento para el funcionamiento de
podemos predecir las consecuencias de las distintas reglas para la toma iosprocesos de elección políticayfa evolución de las instituciones políti-
de decisiones colectivas. En cierto modo, esto es lo que hemos hecho en cas:neberíamos acentuar que no intentarnos desarrollar de ningún modo
nuestros modelos simples en capítulos anteriores. En este aspecto, debe- exhaustivo las implicaciones operativas de nuestro análisis en este punto.
ríamos enfatizar que las conclusiones dependen estrictamente de las hipó· Sin embargo, podemos sugerir algunas comprobaciones.
tesis introducidas, y, excepto los errores lógicos del t'Qzonamiento, no Si, por ejemplo, observáramos a un grupo social operando bajo reglas

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK El CÁLCULO DEL CONSENSO

menos inclu!?b:'..ªLP.ªIl!.. ~! sªmbio constitucional que para las .. dec.is.io!1.es de una constitución escrita, y puede proporcionar protecciones rígidas a
CJarameñfe
operativa~ coticiiª(lªS, parc;:<;el'.Í<J. que CSt0 rec.háza la hipótesis los así llamados derechos inalienables. La ineficiencia que puede parecer
de
c'enirªi. nuestra teoría ..SLobserváramos a grupos determinados deci- que introduce todo este sistema cuando se emplean otros criterios de
afondo unilateralmente renunciar a una legislación de privilegio especial, organización, desaparece en la construcción que se ha desarrollado en
riüesfras hipótesis serán refutadas. Si pudiéramos observar al grupo de este libro.
presión de la industria del petróleo pidiendo al Congreso la eliminación Desde luego, esto no sugiere que el experimento americano de demo-
de las subvenciones, si pudiéramos observar a los fabricantes de relojes cracia constitucional sea el mejor de todos los mundos políticos posibles.
americanos pidiendo unilateralmente al Presidente reducir las tarifas so- El objetivo de esta construcción no ha sido proporcionar esta clase de
bre las importaciones de relojes suizos y japoneses, si pudiéramos obser- racionalización. Sin embargo, resulta cierto que en el curso de este tra-
var a los granjeros de California oponiéndose activamente a los proyectos bajo los autores han llegado a apreciar más completamente el genio de los
federales de irrigación, entonces tendríamos clara evidencia de que debe- padres fundadores en la construcción del sistema americano. No pensa-
ría vislumbrarse una concepción del proceso político alternativa a la mos que se puede separar completamente a este genio de su medio am-
nuestra. Estos pocos ejemplos son suficientes para sugerir que nuestra biente, que era también ése en el que se desarrollaron inicialmente las
teoría es operativa~ laship,ó!esis. S()n refutables conceptua1mentetX p~­ ideas de la teoría económica. El desconcertante complejo de instituciones
demos Imágiríar tácilmente)os acontec.ifl1ierifos observables qqe refülª~ de la toma de decisiones que componen el sistema americano no parece
rfan elementos· cóncretos de la te9ría. El hecho de que los acontecimien- que contradice abiertamente las hipótesis fundamentales de nuestro mo-
to~r·reqi.ieridos parecen sólo remotamente posibles en nuestros ejemplos, delo. Este es el alcance hasta el que nuestra construcción sirve como una
Jfl.f proporciona una indicación de que :!.~P2Y.2-e~mp.írj~~ a nuestra const~!!_~ racionalización para lo que es, o quizá expresado más aptamente, lo que
~ ,c,ión. e~J~!a.frvaroeoJ1:J11erJe. . se supone que es.
Desde luego, existen ciertos fenómenos observables que claramente No obstante, pensamos que este punto en sí mismo es útil. Nuestro
refutan la versión comprobable de nuestras hipótesis. En la medida en análisis, interpretado en términos generales, es semejante en muchos
que éstos se pueden encontrar y observar, nuestras hipótesis se debilitan. aspectos al de esos estudiosos que han continuado expresando t,ma.¡;QJl~
Ni mucho menos hemos propuesto o sugerido que el enfoque «econó- fianza iJ!lp!ícita en elJ?EO_C!!~QP.Iagmáti.cü.Que ha caracterizado las institu-
mico» pueda explicar todos los aspectos del complejo proceso político. ClOneSdemoéiiilcas americanas. De un modo no sistemático, muchos de
Sugerimos sólo la hipótesis mucho más limitada de que el enfoque explica estos escritores tal vez han perdido el núcleo del enfoque que nosotros
ciertos elementos de la actividad política moderna que han sido previa- hemos sido capaces de elaborar de una forma más rigurosa en este tra-
mente inexplicables con los modelos estándar. bajo. Al principio, sugerimos que nuestro objetivo era proporcionar al-
guna «determinación teórica» al trabajo de la «democracia individua-
lista». Si lo hemos hecho así, los partidarios de esta concepción del
EL IDEAL IMPERFECTO proceso democrático tal vez tendrán una base teórica en cierto modo más
fuerte desde la cual defiendan su posición contra las continuas críticas de
U na de las implicaciones doctrinales más significativas de nuestra los defensores de la «democracia idealista».
construcción radica en su racionalización implícita de una estructura polí- Esperamos especialmente que nuestra construcción teórica originará
tica que jamás parecía poseer Un fundamento teórico riguroso. El análisis que el estudioso del proceso político, tanto como el hombre de la calle,
~uestra claramente que .1~w..11i.z:~ción =.i.~eal ~> ·ºe la a~t.ividad .Plle.d.e considere más cuidadosamente y más cautelosamente el lugar adecuado
incorporar muchas y variadas reglas para la toma de dec1s10nes. col.ectJ- de la regla de la mayoría en el sistema constitucional. La discusión cir-
vas, J~ue<,ie implicar una con.sidernble. invers.ión en los costes de la toma cundante a esta concepción quizá ha sido la parte más confusa de la
dedecisiones, puede incluir muchas de las así llamadas comprobaciones teoría política. El fracaso de distinguir entre el poder de una mayoría para
y balances, puede permitir autoridad administrativa considerable sobre tomar la acción posítiva y ei poder para bloquear la acéión, ha originado
'éiertas materias, puede ser muy restrictiva con respecto a las enmiendas qúe la regla de la mayoría cualificada se iguale a la regla de la minoría.

340 341
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK EL CÁLCULO DEL CONSENSO

',Todos los argumentos haprían sido fructíferos . si se hubiera reconocido de preceptos o principios morales. Durante siglos, el mundo judeo-
iciue-ciialc¡uier regla de la tonm dedecisiones, distinta a la qe la unanillli- cristiano ha aceptado ciertos ideales éticos, por lo menos en cierto grado.
dad, es en s.í. misma una elección que .el grupo debe h.acer e.n. ~l. nivel Entre estos ideales ha estado la responsabilidad del individuo de hacer
. constituciom\I. Además, se debe reconocer que cualquier regla impone elecciones sobre la base de un interés más amplio que el que está definido
algunos cost~s. Una vez, que se entienden estos '"S¡¡;:;Ji¡;;~··efem.eñtos. de por sus propias ganancias egoístas a corto plazo. La conocida regla de
i1í.lesffa feoiía, 1.a regía de la mayoría viene a ser simplemente una regla oro y la exhortación a «ama a tu prójimo» expresan este principio.
: entre un continuo conjunto de posibles reglas para organizar las decisio- En la medida en que estos ideales motivan a los individuos, las dife-
¡ nes colectivas. rencias entre los resultados producidos por distintos sistemas organizati-
vos se reducen. Además, dada cualquier organización social que permite
una «expl.otación» del hombre por el hombre (y no existe ninguna que no
LA POLlTICA DE LA BUENA SOCIEDAD lo haga), se derivarií.n resultados más aceptables de una mayor devoción
a estos ideales morales. En verdad, una adopción general de la moralidad1

l
.1
Hemos argumentado que nuestra estructura teórica tiene alguna rele-
vancia operativa en la comprensión de las instituciones políticas moder-
. j':'_~eo.-c.ris~.iana···p.~ede ser.~na.c?nd.ición ~ec.~saria par~ e··I· funcionamient ,
de cualgmer sociedad de mdiv1duos autenttcamente hbre.
*
·¡
nas, y que proporciona alguna racionalización conceptual para el tipo de -Se..ñe~esitan introducir varios puntos calificativos antes de seguir más
complejo político representado por la democracia constitucional ameri- adelante. El comportamiento de acuerdo con los preceptos de la regla de
cana.' No hemos contestado específicamente la cuestión con relación a si oro, interpretada literalmente, puede conducir a un conflicto de los inte-
la política de esta clase incorporada en nuestra teoría es o no una parte reses del individuo que sea exactamente tan intenso como el que surgiría
del funcionamiento de una «buena» sociedad, y nos veríamos propia- bajo el funcionamiento del puro interés egoísta. El idealismo cr~~!~'!!!.9·
mente acusados de cobardía intelectual si termináramos este libro sin para que sea afectivo al conducir a un orden s~~ill:l..ti~fJ!rfü'()~i.S~s()! ~~be
otro comentario sobre esta materia. Aceptemos el hecho de que algunos Csffr suav1iaao-¡füTTaacepfacíó·n--aerlñiperativo moral_d.~LJi:i.9.iY!~':!ª­
hombres, algunos de la época, actúan en relación a fomentar intereses lísmo, líiregfa.de.falioeriidígiúirLaacepfaCióií..cfei··¿rerech~.d.~U!'..c!ivi­
particulares privados o de grupo a través de medios políticos, aceptemos diíOPara··ºbrar·co·mo-ae.~:~Ill~=m.2.<!2=~éil!~~§IJ'a~cI9n . !1º'ilrrifl.j_aJa .libertad
que nuestros modelos ayudan a explicar muchos de los resultados. Sin de.IOs""oTros·iñcfívJaú!)spara ha,cer lo mismo, debe ser un rasgo caracterís-
embargo, ¿estamos preparados para decir que estos resultados son atri- tÍ;oe~·cÚ~lq~ler ,;buena~> sociedad. El precepto «ama a tu prójimo, pero
butos «deseables» del orden social? también déja1C"'·sutirctfüfüi0.desee estar solo», se puede decir, en un
No intentamos evadir esta cuestión, pero, antes de contestarla, debe- sentido, que es el principio ético dominante para la sociedad liberal occi-
ríamos insistir en una aclaración de los problemas. Es esencial que se dental.
entienda que 1¡.¡,:;___características que S()n «cieseables» e11. <;.! compor!a- Sin embargo, si vamos a permitir al individuo que se3~.fü>,r,~.d!.9.I!.9.de­
miento de una persona o perscmas; son totalmente independientes qeJª~ mos estar seguroS'i:ie·~9~·~·:éC§l~frii?re:·~¡g_41r:á."las··¡:~sfoi morale~. que l9s
caractedsticas que son «desea. íles» en una estructura institucional. Se tiiOsoros_.:.~~~an ·<l~-~~-uerdo.qlll?...~~)~ .!!~<:.e.s~~iª.:> ...~~titJa ..Yida..~.Q.C:ial _¡1rmo-
debe distinguir á los moralistas ,le los filósof'?..~..sgsi.!il,~s. Tódo nuestro ni,osa,. E~du~':!.:de_~omportarse__!mal..>.?....Y..§il<L~~-e.~a~.lt...ell.t!~~.
enfoquesellaéentrado···enla ...orgañi2~cicrn:·Tnstitucional de la actividad '!.~~1:1t!!~entajas ~~!l,~_ta.s_:~_~ompañeros. Esto nos lleva exac-
social. tamente álprobTema central. ¿Se debería organizar el orden social para
Si partimos de una organización institu.:ional rígidamente concebida, permitir a los que se desvían de la moral obtener ganancias a expensas de
la única variante relevante viene a ser el cor 1portamiento de los seres sus compañeros? O, por el contrario, ¿se deberían construir los acuerdos
humanos individuales. Dada cualquier organización de la vida social, hay institucionales de tal modo que el actor «inmoral» pudiera obtener poca
ciertos estándar de conducta morales o éticos, y éstos se pueden discutir ganancia, si alguna, a través de su alejamiento de los estándar de compor-
objetiva y desapasionadamente. Bajo ciertas circunstancias, se puede al- tamiento cotidianos? Estas cuestiones se basan en la aceptación de la
canzar el acuerdo general teniendo en cuenta el contenido de un conjunto «idea del progreso» en tanto en cuanto aplicada a la organización social,

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EL CÁLCULO DEL CONSENSO
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK
cuestión. Hemos discutido la formación de reglas organizativas que po-
es decir, sobre la hipótesis de que la organización social está sujeta a drían resultar de tal cálculo racional. En nuestros modelos analíticos más
crítica y a cambio y que se puede «mejorar» -y presumiblemente tal rigurosos hemos adoptado la hipótesis extrema de que cada participante
cambio puede modificar el grado en el que el individuo actor que se aleja del proceso político trata, resueltamente, de obtener su propio interés, a
de los modelos de comportamiento moralmente aceptables puede explo- expensas de otros sí es necesario. Pudimosmostrar que, i.ncluso bajo tal
tar a sus compañeros. extrema hipótesis de comportamienío,te'i-1a·efüi a sotgir ttet.catcUioracio-
Se debería enfatizar que ~!!! ...2!lI~za~i<~!LS.Qfi!lLe11 l~ HU.~ . a.l<:>s rial ·del. iiidividuo algo. múy semejanté a fa demóériiéia constitucional tal
hombres (algunos hombres ~J.Q.<!QsJqsJJQrnlices) . se. les .permite .l•t>.ertad como la conocemos. Creemos queesfa en síniisma es una prueba impor-
cté-eíeccíón-püe<le'lmí)edfrTa eJ(pl?ta~ióndelhom.~re por el h.o.11tbre y del fanie' ·que deb~·ría estar presente en la construcción de una auténtica
gfupo por ei grupo. · Nuestra construcción es útil en que nos permite teoría de la democracia constitucional.
ttnsffáresfé'punioCiaramente. La elección relevante entre las institucio- Al desarrollar este análisis, no estamos, en absoluto, glorificando la
nes alternativas se reduce a Ja de seleceíoñarereonJlint0-~üe'e.féctr\ía­ búsqueda del interés egoísta o de grupo a través de medios políticos.
meíífo mtñiriíiZá ToS costes (maxTiiliia los beneficios) ~r ~1:utsQQa­ Parece que la evidencia empírica apunta hacia esta búsqueda corno un
don.:El desPfá.Ziimleñfomde Ja organización de mercado a la organización elemento importante en el proceso democrático moderno. Nuestro enfo-
pQiÍtica, de ningún modo elimina la oportunidad para los individuos y que se basa en la idea de que, eJllª._i:n_e<!i<!!l:.~IJ.Q,!J&.J;~.!>!a b(1sque<!a <i~
grupos específicos de imponer costes externos sobre los otros. Esta con- interés egoísta tiene lugar, se debería tener en cuenta en l.a organizacign
clus.ión extremadamente simple, que hemos repetido muchas veces, no se de la constitución política. Sólo de este rno<lo se puede construir el marco
ha reconocido adecuadamente. Sin embargo, la organización del mercado iñStíiüCional para fa forna de decisiones colectiva, de tal modo que limite
se basa en la idea de que los individuos tenderán, en gran manera, a la explotación del hombre por el hombre dentro de límites aceptables.
obtener su propio interés. Esto no sugiere que se dé por supuesto que Estamos convencidos de que el hombre puede organizar su. sociedad
todos y cada uno de los participantes en el mercado tratan de ejercer el polítir;ª.m~j 9 r,. pQni~nd.o. denclasa....S'ü-éorñpori~rnfénfo . p(:,tadelántado,
máximo esfuerzo para asegurarse ganancias a corto plazo. Ello sugiere riendas que efectivamente restringen el comportamiento del que se desvía
que la filosofía social de la organización de mercado reconoce este com- del «C~Ínino moral» -comportamiento que se puede observar sólo oca-
portamiento como una posibilidad y que las normas organizativas se ba- l sIOnaTYlemporalmente, pero que puede ser también característico de los
san en la visión de que esta clase de comportamiento se puede encauzar !
l seres humanos del mundo real.
en tal dirección, que resulte béneficioso en vez de perjudicial para los Hasta el punto de que el individuo, en su capacidad como agente
intereses de todos los miembros de la comunidad. Estas normas organiza- decisor para el grupo, puede separarse de sus propios intereses (su propio
tivas son mal entendidas y representadas a groso modo en gran parte de conjunto de valores) y tomar una actitud ampliamente basada en el ám-
la discusión crítica del orden de mercado. Este orden, en ningún sentido, bito kantiano, se reducen los costes que se espera que imponga cualquier
se organiza sobre el principio de que la actividad egoísta es moralmente regla de la toma de decisiones. No negamos esta posibilidad e incluso la
«buena». No hay ningún conflicto entre la filosofía de mercado, que es aparición común de tal actitud entre los electores o entre los legisladores
una filosofía de organización social, y la del cristianismo, que es una y administradores. Además, en la medida en que existe esta actitud, se
filosofía de comportamiento individual. EJ. orden demercado se funda en pueden dictar en cierto modo menos restricciones constitucionales en el
la realidad empírica de que no todo.s 1.os hombres rení.111ciári a su i~.t~r~~ funcionamiento de las reglas normales para la elección colectiva que de
~i~!.S_t~d' 9~~. a'caüsa, ~e esi~, se .~ebería instrumenta~ pa,r~ la utilidad otro modo serían indicadas como racionales. Se debería hacer hincapié
social la búsqueda del beneficio pnvado donde ello sea posible. que la restricción moral es. un sustituto de la rest.ric~i~!1.i~.s~it':1~!()n~I~
la
--La éuesti6rique hemos expuesto en este trabajo éoncierte'a posibi- constrtucwña(y' eii'üña' socleaad'qüe'tengamá:s.cantid'!:d.()e. a_quéll.~ se
lidad de extender un enfoque semejante a la organización política. ¿Puede necesiÚ1rá'menos de ésta, y viceversa. En consecuencia, nuest.ra disputa
la búsqueda del interés egoísta del individuo traducirse e~ u.n ~!~1!._en c_o!1-1()s qlJ~ se basan fundamentalmente en la restricci~~ moral de los
políttca tañfü"cofüq·~~o:~~~9-:nomíá?Hemos tratado de delfriear esta clase iildividuos para evitar la explotación indebida de los ind1v1duos y grupos
de~'ciféuTó.. que-·el individuo debe experimentar cuando considera esta

345
344
a través del proceso político es, en la base, empírica. La valoración de la
naturaleza del hombre en sí mismo determinará, o debería determinar,
la importancia respectiva que se da a la restricción institucional- APÉNDICE 1
constitucional y a las limitaciones morales sobre el comportamiento de
los individuos en la sociedad política. NOTAS MARGINALES SOBRE LA LECTURA
La valoración de la naturaleza humana que se requiere aquí no puede,
sin embargo, limitarse a una observación de la actividad del hombre en el DE FILOSOFÍA POLÍTICA
proceso político hasta la exclusión de su actividad a otra parte.El crítico Por James M. Buchanan
moderno de la democracia constitucional que pide l!.n. funcioñarñleñto
más directo de la regla de la mayoría no puede, al mismo tiempo, conde-
nar racionaJme!nte al hombre moderno por su atención al egoísmo y a los Ninguno de los autores de este libro es un científico político hecho y
a
frúereses corto plazo en el m(;!rcádode la. nación. Si el hombre moderno derecho por la especialización y entrenamiento disciplinario. Además,
es'tá.Í;d~bid~~ente interesado e~ los emolumentos de la sociedad opu- incluso dentro de los rangos de profesionales reconocidos, la teoría polí-
lenta (en las comodidades), no es probable que se despoje de este amparo tica y la filosofía política constituyen subdisciplinas de independencia
meramente porque esté situado en un complejo institucional ligeramente sustancial. En consecuencia, sería presuntuoso en extremo que nosotros
distinto. Un desplazamiento de la actividad del sector de mercado 1_10 reclamáramos aquí que hemos dominado incluso a los «clásicos» recono-
puede en sí mismo cambiar la naturaleza del hombre, el actor en ambos cidos de la filosofía política de forma suficiente como para medir nuestras
procesos. El individuo que trata de obtener placeres a corto alcance a propias investigaciones y análisis preliminares en base a criterios más
través de su consumo de los productos modernos de «lujo» vendidos en amplios que nuestros meros estándar subjetivos.
el mercado, es precisamente el mismo individuo que tratará de obtener Sin embargo, somos conscientes de que los problemas de organiza-
una ventaja partidista a través de la acción política. El hombre que pasa ción social discutidos en este libro están entre los más importantes que
su tiempo ante el aparato de televisión o en su automóvil en su vida Jos filósofos eruditos han debatido a lo largo de la historia recordada.
privada, no es el hombre que es probable que vote a favor de más im- Nuestro trabajo, propiamente, podría ser acusado de seria omisión si
puestos para financiar bibliotecas, conciertos y escuelas. Parece que este dejáramos de incluir lo que, por lo menos, debe ser un comentario relati-
simple punto ha sido casi completamente pasado por alto en el así lla- vamente poco informado sobre el tratamiento clásico de algunos de estos
mado «gran debate» de los años 60. problemas. En consecuencia. parece útil en este apéndice ofrecer algunos
No es sorprendente que pareciera que nuestra concepción de la comentarios marginales que han sido sugeridos por una lectura de algu-
«buena» sociedad política era apoyada por filósofos de la Ilustración. nos de los trabajos seleccionados de filosofía política. Esperamos que
Nuestro análisis marca un retorno a una integración de los problemas estas notas servirán de ayuda al relacionar nuestro análisis con lo anterior
económicos y políticos de la organización social, y la democracia consti- y señalando las diferencias que, bajo nuestro punto de vista, establece el
tucional en su sentido moderno nació como gemela de la economía de análisis contenido en el tema principal de este libro esencialmente único.
mercado. (Qf11partimos con los filósofos de la Ilustración la confianza d.e
que el hombre puede orgahizar·racionalmente sü propia SOeiedáa, que
Y
siemph!-se puede peffeceióriar la organiz;i.dón exist_eríte, que ~foi~n LA POLíTICA, LA MORAL Y LA METODOLOGÍA DE LA
aspectó· d'el orden social debe permane\;er ce~e!nto de ¡Jisc_usión _ra<:io1_1al, CIENCIA POLíTICA
eritrea e inteligente. Lá razón del hombre es esclava de sus pasiones, y,
reconociendo esto acerca de sí mismo, el hombre puede organizar su «Lo que debe ser» es la cuestión normativa fundamental. «Lo que es»
propia asociación con sus compañeros, de tal modo que se puedan maxi- sigue siendo la cuestión positiva básica. La distinción ha separado al
mizar efectivamente los beneficios mutuos de interdependencia social. filósofo moral del científico, pero la dicotomía lograda de este modo es
demasiado simple en relación con los problemas que surgen en la teoría y

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK APÉNDICE/

la filosofía política. Al principio del tema de este libro, dijimos que la nado, incluso cuando se hace alguna concesíón a la variación estocástica.
filosofía política se había interesado en lo que el Estado debe ser, mien- Los seres humanos individuales pueden cometer errores, y pueden deli-
tras que la teoría política había estado implicada en lo que el Estado es. beradamente elegir de diferente forma entre los caminos que, de hecho,
Adviértase que, incluso en tal declaración puramente introductoria y no eligen. Desde luego, el decir esto nos confina a una posición filosófica
rigurosa, era necesario ir más allá de la forma simple de la dicotomía rotunda, pero todavía debatible. Sin embargo, la validez o la invalidez de
normativa-positiva. Se introducía un tema para lo que «debe ser» y «es» la presumible libertad del individuo de elegir es sólo indirectamente rele-
el Estado, y este cambio aparentemente pequeño ocasiona todo un con- vante en cuanto a la argumentación fundamental elaborada aquí. Esta es
junto de problemas particularmente difíciles. que, una vez que se introduce el comportamiento individual como una
El Estado, o el go:t?ierno, se puede C()llC~tJiL como un conjunto de variable en el estudio del orden social bajo análisis, se abre toda una
reglas oTñ"siíiüciofi.e~ ;,t;axés delas cuaies tos ser~s tíümanosTiídlvldua- segunda área de teoría normativa. Además, como ha demostrado am-
féSactiía'ñ ·coreciivamente e~ ve~ de individual o privadamente. ESdecli-, pliamente toda Ja historia de la filosofía política, resulta muy difícil sepa-
podemos describir méjor lo qué normalmente se llama «ei'Estado» en rar las normas para la estructura organizativa -para las reglas dentro de
términos que especifican tales reglas e instituciones. Co~o hemo~,enfati­ las que tiene lugar la acción del individuo- de las normas para regular el
zado previamente, se considera que todos lbs intentos de convertir al comportamiento individual en sí mismo.
Estado en algo más de lo que es se encuentran enteramente fuera de La introducción de una analogía con la ciencia de la economía política
nuestra estructura de referencia de este libro. Nos parece innecesario puede ser útil para clarificar la distinción que es de importancia central en
comp.arar nuestra construcción con las de los estudiosos que, en la base, este campo. Aquí, como en política, el estudio implica una organización
han adoptado concepciones orgánicas de la vida colectiva. Un conjunto social, el orden social que relaciona las distintas actividades económicas
dado de reglas describe una organización social, un orden político. Al de los individuos entre sí. Aquí, también se puede deducir un conjunto de
discutir este orden, se puede trazar una línea útil, realmente esencial, proposiciones positivas, y, sobre la base de éstas, se pueden desarrollar
entre la teoría positiva y normativa. Una ciencia positiva de la política proposiciones normativas dirigidas a «mejorar» el trabajo de la economía.
debería analizar el funcionamiento de un conjunto de reglas para la toma Sin embargo, los estudiosos y eruditos han continuado confundiendo
de decisiones existente o postulado independientemente de la eficiencia igualmente esta teoría normativa esencialmente apropiada con un se-
de este conjunto al obtener o fomentar ciertos «objetivos sociales». En gundo tipo que se relaciona con la «mejora» de los logros del individuo
contraste, una teoría normativa de la política, debería enriquecer los en el funcionamiento de cualquier sistema económico específico. Muchos
conjuntos de reglas alternativos de acuerdo con su eficiencia predicha estudiosos y eruditos mal informados, especialmente los que trabajan en
para producir ciertos fines o metas que serían, si es posible, bastante los márgenes de la disciplina, conciben que el estudio de la economía está
explícitos. La teoría normativa se debe erigir y debe establecer su rigor dirigido primordialmente a establecer normas para la obtención de ingre-
sobre las proposiciones de ciencia positiva, pero es sólo cuando se hace sos más altos por parte de los individuos y beneficios más altos por parte
esta extensión de la teoría normativa cuando se puede esperar que la «re- de las empresas. Se concibe que las declaraciones normativas de la eco-
forma» de las instituciones existentes surja de la erudición especializada. nomía toman la forma de demostrar al individuo lo que debería hacer
Verdaderamente el único objetivo de la ciencia es su asistencia última (cómo debería comportarse) para mejorar su propia posición en la eco-
al desarrollo de proposiciones normativas. Tratamos de aprender cómo nomía bis a bis de la de sus compañeros. Bien entendido, éste no es en
funciona el mundo para hacerlo funcionar «mejor», para «mejorar» lasco- absoluto· el tema central de la economía política: en último término se
sas; esto es, tan válido para la ciencia física como lo es para la ciencia social. relaciona con las normas para el comportamiento individual sólo en la
La ciencia política, normativa o positiva es una ciencia de la acción medida en que estas normas determinan la acción del individuo que, a su
humana, o, para adoptar una terminología moderna, es una ciencia beha- vez, se convierte en datos para el análisis de la organización social 1•
viorística. El orden social, que es su materia de estudio consiste, fmal-
mente, en una red de acciones humanas, relaciones humanas. Además, el 1
El estudio del individuo y del comportamiento de una empresa con la pers-
comportamiento individual no es totalmentee predecible o predetermi- pectiva del establecimiento de normas para mejorar las posiciones económicas

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK APENDICE I

Habiendo creado una considerable confusión en la economía, donde mas, no pertenecen propiamente a la teoría política. Las obligaciones
por comparación la distinción es relativamente clara, no es sorprendente políticas, tal como son aceptadas por el ciudadano medio y tal como son
que esta distinción totalmente análoga pero mucho más sutil se haya reflejadas en su comportamiento político, suponen datos (o deberían su-
difuminado en la teoría política. Parece ridículo a primera vista comparar poner) para el teórico político. La tarea del teórico aquí no incluye la
el estudio de la administración de los negocios con el de la obligación derivación de proposiciones normativas en relación con estos deberes de
política, pero una reflexión rápida revelará que metodológicamente los ciudadanía o estas responsabilidades de los gobernantes. Junto con el
dos son precisamente semejantes en su relación con la economía por una economista y otros científicos sociales, el teórico político de.f:>~ JQlllar_ a
parte y con la política por otra. Se debería limitar a la ciencia de la sus agentes humanos tal y como los encuentra: -- .
política, normativa y positiva, al estudio del orden político. Los aspectos -Se débéría erífátiiar üria vez más que esta separación propuesta entre
positivos de esta ciencia deberían incluir la derivación de proposiciones la política y la moral no sugiere que el teórico político se quede en
que son refutables conceptualmente. Los aspectos normativos deberían puramente positivista. Permanecen aspectos normativos de teoría polí-
incluir la construcción de propuestas destinadas a asegurar una «mejora» tica, aparte de los morales. Estos aspectos están relacionados con las
en la organización social (en el orden político de los asuntos), estando «mejoras» propuestas en el orden social, en las instituciones políticas, y
medida la «mejora» con referencia a un conjunto postulado de objetivos no con las mejoras en el comportamiento del individuo.
derivado, finalmente, de una posición ética fundamental. Como con la Los problemas de oroanización social no necesitan
~r·~· .... ·····--· ... ······-----....................... ·-· · .. ········· .... -···
ser problemas mo-
·--~·----· ····-·-.. . ..... . ... ..... .. ... .
ciencia económica, el com~JJrtamiento <,lejos a.g~ntes t1uma11os en .el pro- rales . Sin embargo, la separación exigida no es tanclara.como podrían
ceso se debería incorpo~ar co~o-éiatos ·en el. análisis positivo.su~y~~ente. ha'ber suierido iniciat!lleritefos i>~rraj'os·.~~ arriba: 'La rúptur~ rnet~doló­
Habría una tajante distinción e_~aQ!~¡¿i_da. entre las_!!.<?E.'!!.l!LE!ªIª--Qrd~~r gica se complica por el hecho de que surgen en djstintos lugares .cuestfo-
este comportamiento del individuo aquéTias~para mejorar o reformar el n,t:.~_opr~~l~Ínas de o~lig11ciónp~lític:a, (o m9raiidad pe~sonal). En primer
~]sn~sQ~I!iC~~i~:iLll!im2:. ··-· --· ···- --· -- -~--·- lµgar, está la cuestión relacionada con la'.'o.l:>~~-i~nc~~I indivi~o la
Es ta distinción básica jamás se ha aclarado suficientemente. Como 'cQnformidad a la voluntad soberana;)ndependientemen~o en el
resultado, la historia de la teoría filosófica política ha sido de «política y cu;Í se determina esta vofontad en SÍ misma. En segundo lugar, están las
moral». Pocos teóricos modernos que discuten la base conceptual subya- cuestiones relacionadas con los .Pr.~c~pt.Q~'L!!l~ que se emplean en la
cente del gobierno han podido liberarse de la tentación de discutir la determinación de esta voluntad (en la elaboracton det.Q~.l!S.bo), es decir,
obligación política. La obligación o la duda del ciudadano para obedecer la obligación, el deber o la respOñSabiifdad ...derp~íncipe, del burócrata,
la ley, para acatar la voluntad de la mayoría, para actuar colectivamente del consejo de ministros, del legislador o incluso del elector común, para
en el interés «público» en vez de en el interés «privado»: estos temas han actuar en cierto modo en su capacidad como agente decisor, legislador,
ocupado el centro de gran parte de la filosofía política moderna 2 • Desde para la colectividad. Ambas obligaciones -la del ciudadano y la del
luego, estos son problemas vitales y significativos, pero se debería reco- gobernante- conllevan problemas morales y ambas requieren la intro-
nocer que hacen surgir cuestiones de moralidad personal. Como proble- ducción de normas para el comportamiento individual. Es relativamente
fácil ver que si se concibe que el Estado en la base no es otra cosa que
estratégicas dentro de una organización dada de asuntos, es apropiadamente la una continua enc:ll.rnai;ión de la s;-beranía· popula·r, y, además, si se su-
tarea de la «administración de los negocios». El punto aquí es que todo este pone que esta voluntad es la (mica razón de ser del derecho, cualquier
campo académico debe mantenerse rigurosamente separado del de la economía «mejora» o «reforma» puede realizarse sólo a través de algún cambio en
política.
Se puede esbozar una analogía semejante desde la teoría de juegos, donde la
et comportamiento de los individuos. Bajo esta concepción del orden
di~tinción se ha apreciado de forma más' completa. Las normas para la estrategia político, resulta imposible separar la política de la moral.
de un jugador en un juego bien definido se deben mantener distintas de las normas El argumento a resaltar se puede ilustrar más claramente con referen-
que se pueden adelantar para «mejorar" el juego en sí mismo a través de algún cia al gobernante auténticamente absolutista. Bajo tal régimen, construir
cambio de las reglas que lo describen.
2
Cf. Isaiah Berlín, Two Concepts of Liberty, pág. 6. 3
Cf. Ludwig Von Mises, Human Action, pág. 2.

350 351
JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK APéND/CE I

al Estado como Jo que «debe ser» en términos de cualquier estándar ético zación social tan amplia o tan escasamente como elija. Puede limitarse a
postulado, reduce simple y rápidamente la construcción a hacer que el presentar su propio punto de vista personalizado de la «buena» sociedad
príncipe «se comporta» de un modo diferente del que, de hecho se com- política, siempre elaborada a través del comportamiento de los seres
porta. En este modelo no es posible separar las opciones morales del humanos reales en vez de a través del de los hombres «buenos» idealiza-
príncipe, del establecimiento institucional dentro del cual se hacen y se dos. O, por el contrario, el científico político puede tratar, lo mejor que
llevan a cabo estas opciones. Tendría poco sentido el elaborar cualquier pueda, de desarrollar las implicaciones normativas de un conjunto de
intento de separación en cualquier caso puesto que, por hipótesis, el estándar éticos que piensa que exigirían una aceptación general ertre
conjunto institucional en sí mismo sólo se puede modificar por la acción todos los miembros del grupo social. El punto a establecer es que, en
del príncipe mismo. cada caso, él debe elegir a los hombres como son, no como a él le
!:-_~~~l',ªI~~i~n ~n~r~. lap()lítica, corno una ciencia, y. la obligación gustaría que fueran.
P.C>J!t~~.~ 7_. C.()111<?..~11- pf.l:)blema -~()!.ll' ~jólo)·e Í'll~~-e_r§~1i_z;~(SU~üi:!1!~fü~ Los aspectos normativos de la teoría desarrollada en este libro son
nes a través de las cuales se toman las decisiones colectivas se someten a más restringidos que cada uno de los mencionados. Estamos tratando de
vanaél'ón·(~ 'cambio) 'sóí(;" cóill!i [e~iiita(J~f(I~ un ségffiido tip() ú··:~QI:g~ii desarrollar una «teoría» de la constitución política. Esta teoría se basa en
superior» defj)roceso de la toma de decisiones ~olectiva. sól()'$(~; puede un análisis de reglas específicas para la toma de decisiones colectiva,
separar a la decisión ~conififücionah>",'"cbmo·ta: hemos· llamado, de las dadas ciertas hipótesis bien definidas sobre el comportamiento humano
decisiones colectivas operativas (es decir, de las decisiones que se toman en la acción política. Sobre la base de este análisis, entonces hemos
dentro de reglas constitucionales predefinidas), puede surgir la fuerza tratado. de c~n~e~tar a la pregunta: ~~njunto ~e re ~'1-:~:~i:É-~E~~r
política independientemente de las oscuras discusiones de obligación po- de elegir el md1v1duo ~ompletamenteract6na ; monvado primordialmente
lítica. Parece que el logro de esta independencia ha sido uno de los pór:.su :¡;¡:c;pfo''."ffireí'es:·sí "recórioCiera que 'fa. apról:íaCi<sn de. taíes reglas
objetivos lógicos esenciales o metas del enfoque contractual de la filoso- ae1'ffücorí''ürateracué.r<lo.)!1§fü2:~!ifr~~i~2iíii!~I~~fñicílo-cie·rürma · ··
fía política, a pesar de sus defectos obvios y a pesar de la confusión que en c1ertOiñooouísTiñia~ ¿cuál es la estructura de la constit.ución política
ha servido para oscurecer este aspecto en la discusión moderna de la que maximizará la «eficiencia>;·:-e~ ei sentido más amplio, para todos los
teoría contractual. íñcfíviduos'-deí grupo, considerados independientemente? Como hemos
A medida que el orden político es desplazado fuera del absolutismo y sugerido anteriormente, el enfoque adoptado requiere un mínimo de pre-
.hacia la democracia, la distinción reclamada aquí se puede hacer con más misas éticas. Suponemos sólo que los individuos son las entidades filosó-
claridad. Se puede desarrollar una ~.f.!L~Sl~ns;ia...<;l~Jª QQIH,ica» que ficas relevantes que se consideran, y que se tiene que considerar que
es casi totalmente independiente de la filosofía moral. Esta ciencia «so- todos los individuos son capaces igualmente de elegir. Nos hemos intere-
cial» puede incluir elelT!.e.ntos tan positivos como normaUvos~·¡,t;·¡:c; "las sado primordialmente en demostrar el cálculo a través del cual se pueden
variables con las que trata so ) ; .,,'*·--~7oc· ·5 ··;:·egfiis.oeíJtie~ tomar las decisiones constitucionales, no las configuraciones precisas de
Poffiico, no motivos humanos. fi a me-di a en que esta Cíéncia deviene las instituciones políticas que pudieran resultar del cálculo.
norñ'fativ~d~'tn'·permañecer las cuestiones éticas, pero éstas no perte- Hemos supuesto que el individuo cuyo cálculo hemos analizado (el
necen a los preceptos para ordenar el comportamiento del individuo al individuo «representativo» o «medio») está motivado por un interés
acceder o al participar en la toma de decisiones colectiva. Dentro de la egoísta, que sus compªfl.t!IQ§ .eD.lí! dec,i!!.i911.~oJJsli~iílní!LestintmQti.Va­
«ciencia política», limitada de este modo, el estudioso que se propone y
do:<i<lelniiSmófuo{io_·; que.•..d.eniro d,el conju11to d¡;: reglas elegido para la
contestar a la pregunta «¿qué debe ser el Estado?» debe hacer primero é:Técción coleciivª,Jos participantes son dirigidos 'd:éf mismo moa·o. Coifü;i
una elección ética explícita:·r:;;finfürmacíón que· prÍ;1¡jpr~iOna ar::9l:i~1;LY.,<l- - tiem·ós-siigeÍido, esta hipótesis sobre la motivación humana es tal vez la
dor éxterno entonces resulta como sigue: «Dados estos fines para la parte más polémica de nuestro análisis. Parece útil repetir, en este con-
sódedád, el conjunto de reglas que describe el orden político que ve'ndffa texto metodológico, que, al establecer esta hipótesis, no proponemos la
a §1;[ el más. cercano para lograr estos fines es. como sigue ... ». En este búsqueda del interés egoísta como una norma para el comportamiento del
proceso, el científico político puede especificar los o6jetivos de la organi- individuo en el proceso político o para la obligación política. La hipótesis

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK APÉNDICE I

del interés egoísta, para nuestra construcción, proporciona una función Hume y al de Adam Smith sobre el orden económico. Spinoza delibera-
empírica. Como tal, puede o no ser «realista», esto sólo se puede deter- damente se propone construir instituciones políticas de taJrri'o<lo"qüelós
minar por una comparación de algunas de las implicaciones analíticas fü<livi<IliºíC~ffüfJ~sfií~~:}u~C:~fü!9:-:Siis~J?~l?f'i()s·1nlereses"seran neva:a0·5·;·.ª
positivas con los hechos observables del mundo real. ~v,~s. de.. !ª...~~t~llEtllrª.i!l~tiI'!c]<;>}t.lc\L~l':Xttr() d~_Ia qiJ~ .ifü1e.!üg~r. t~I ac~
Desde esta discusión bastante elíptica de Ja relación de Ja ciencia c10n, a obtener los intereses de sus compañeros del grupo político.
política con la filosofía moral y el lugar de nuestra construcción a este ---r:osmvefés.consilfodonai y'oí:ieraTivoaela'1om·a-ae<IeCísíoñes ·éótee:-
respecto, podemos ahora tratar de sugerir algunos de estos «clásicos» tiya estáifcliifameñte-separailos~é.ñ'eltrabaj0<1ieSpin~a,: Para et último,
que parecen compatibles. Está claro tal vez que la mayoría de la así ' por lo menos en su modeló aristocrático (no se había completado su
llamada filosofía de la teoría idealista de orden político es ajena a nuestro discusión de la democracia), se reconoce á la regla de la mayoría simple
enfoque. Los escritores en esta tradición se interesan más o menos direc- como la apropiada para alcanzar las decisiones en las asambleas legislati-
tamente en cuestiones de deber u obligación política. A través de nuestra vas. Para los cambios en la constitución, en las leyes básicas, se sugiere
clasificación sugerida, estos trabajos pertenecen a la filosofía moral, y les el «Consenso común» o Ja unanimidad relativa. En consecuencia, en mu-
consideramos, no para ayudar a idear reformas. de las instituciones políti- chos aspectos, se puede considerar el trabajo de Spinoza como el precur-
cas, sino para las directrices de una ética del individuo. En consecuencia, sor clásico más apropiadamente elegido de este libro. Sin embargo, se
no sería sorprendente que los trabajos más «identificados» o «Compati- debería decir que la influencia de Spinoza sobre nuestras propias ideas se
bles» se tengan que encontrar entre los «realista§...>>_Aci;;Ja _b~!gril!~e_la ha limitado a sus efectos generales e indirectos sobre Ja tradición intelec-
4<>ftii!l3: pglüi<::a .• Inicialmente,.-mitamos a Glaucón en la República de tual occidental. En un sentido específico, hemos revisado cuidadosa-
~~!), ª-]]!()n,tas Jfo.bbes y a Benedicto Spinoza. pe éstos; y 'de tos mente a Spinoza sólo después de la conclusión de un boceto inicial del
otros dentro de esta tradición, sólo el trabajo de Spinoza parece tener cuerpo principal de este libro.
mucho en común con el nuestro propio, y sólo el suyo parece que merece Aunque a menudo se describe a Spinoza como un continuador de
un comentario especial. ., ,Hobbes, ~L!r.ª.Qill.Q..de..Hc!bl:l"'~-·eJ¡ª2~~l':1.!2 ~~'!1.~J~11te al
En su Tractatus P()Jftjcus, publicado póstumamente en 1677.4. Spi- , ~.2PJ.!1:oZ1!.~tt..r~~~~j()}J . S:ARJlJ.!J~~.~Jra,proJ?ia S()l1~.tf,!:!S~ión. Como hemos
noza enfoca 'füoó'efestudio de Ja orga.nización política de un m·~do que sugerido antes, parece eser1cial qu~ ~~ h¡¡,gli 11na st:pl1riu::ión entre el nivel
parece ··sorpre~dentemente iTI~derno según.nuestro&estándar. En primer de \iecisión consiituci()U.ªLY.•Ql2.~m.\tiY.9 ¡.Í.Jl,t~~QC:: qu!!)a pqfítlCa, como una
luga:r; se. supone que los hom!;>p,~s .está.!!. motivados únicamente. por consi- de.
Ctefrct:r'S'trctlíT:Sé"pÜeda .separar .satisfactoriaine11t~ la . fi!Osofíá 'moral.
deraciones ~~j!lterés. Es~s una hipótesis.subyace.rite aé.fos modelos a srse concibe quefü soberan'íae~~~·~~~ari~~ent~ indi~is~·;¡~di~i~ible. no
trav·és.de.JOs cuales Spinoza examina los acuerdos organizativos alterna- ' ,sé' puede 'hacer fácillllenteJ~.~iª sepa¡¡i~i?ñ'.~~~~rl.~i;l ...§1.~parato c~~~ep­
tivos. Declara, específicamente, que se considera al comportamiento hu- ,nrat, para Hobbes, resulta un excusa na justificación para la obedien-
mano como un hecho empírico y que él no intenta atacar ni la alabanza ni cia política del individuo y po mas. La construcción de Hobbes esra
la condena del comportamiento que observa. dTrigid.aa-estabieceru-ña-base.pariilá obligación política, en tanto que la
Spinoza examina las distintas instituciones políticas en términos de su construcción de Spinoza resulta una auténtica teoría de orden político
eficiencia al producir resultados que él mantiene que son deseables. Para que, más que la mayoría de las otras, se separa ampliamente de todos los
él, las instituciones políticas son variables sujetas a cambio y perfección, problemas de Ja obligación.
y concibe que la tarea primaria del científico político es la de analizar Jos En este punto, como en otros de este apéndice, es necesario referirse
trabajos de las estructuras organizativas alternativas y la de hacer aque- al trabajo de David Hume. Como sugeriremos en el siguiente apartado,
llas recomendaciones para el cambio que le parecen pertinentes. Su tra- Hume discutió problemas de obligación política e hizo notables avances
bajo sobre el orden político anticipa, en muchos aspectos, al de David sobre Jos teóricos contractuales a este respecto. Sin embargo~m-e)
reconoció claramente que la~~~~-~.'!:~2~J~_<?J;?!ÍSl!S:iQ.!l.J!~LiD~i.Yi\!!.1SLRi!Ji:
4
Benedict Spinoza, A Treatise on Politics, trad. por William Maccall (Lon- obedecer la ley era distinta conceptualmente. de las. cues.túmes..que,.surgen
dres: Holyoake, 1854). ~ostn:o.nsiderntrt¡f(orden(!Í(políff~óifariernaii~~s. Él separa especí-

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK APÉNDICE l

ficamente la «Ciencia política» de la «filosofía moral», realmente el título la etapa de la decisión constitucional, podemos incorporar l(laceptació~
de uno de sus ensayos es «La Política se puede reducir a una Ciencia» s. del. ir1di':'.i.duo de la acción colectiva a¡jversa en un cálculo que contiene
En este ensayo establece que el propósito u objetivo de las comprobacio- una dimensióneconómica y que todavía se puede analizar en términos no
nes y controles proporcionados por la constitución política debería ser morales. A este respecto. nuestro precursor inmediato es Hume, quien
hacer que «el interés», incluso de los hombres malos, actúe para el bien con éxito fue capaz de basar la obligación política? no en principios
público». morales 11i conffaéflíafos~,' sirio en.d inféres egoísta. H:üme tílzo esto recu-
rriendo a la idea de que el propio interés dé cada individuo de la comuni-
dad dicta el cumplimiento de reglas de conducta convencionales. Estas
LA OPCIÓN RACIONAL DE LAS REGLAS RESTRICTIVAS reglas, que se pueden haber formalizado o no en el contrato, son necesa-
rias para la conducta ordenada de los asuntos sociales. Este argumento,
Como hemos sugerido, la mayoría de los filósofos políticos importan- que no establece la base de la obligación política sobre la obligación
tes se han interesado en la cuestión de la obligación política. En su contractual, permite que la dificultad primordial de los teóricos del con-
discusión de este tema, podemos encontrar puntos de partida que sirven trato se supere rigurosamente. No sólo sirve al interés inicial de las
de ayuda a una explicación de nuestro trabajo. partes el acordar reglas convencionales si tales reglas no existen, sino
John ~ y todos los escritores que fueron responsables de desarro- también sirve al interés continuo de los individuos el acatar las reglas
llar la concepción de los «derechos naturales» que estableció gran parte convencionales que existen. Hume reconoció, desde luego, que, si ello
de la distinción entre la decisión constitucional, que determina las reglas
~- • ••M•• ••••"••,<••••••••••••"'"•••• .. ,,,•.. ••••<'••••o•. •o'O
fuera posible, el propio interés del individuo sería mejor servido a través
para 111.aCClÓll.colectlva-;Yla"deCisiórí ope~ativa, que determina la forma ·· de la adhesión a las reglas convencionales de todas las otras personas
J;I~~acción c¿l~ctTva 'dentro de· reglas elegidas· pr~~¡~flléífü~. EI iñdivi: · excepto él mismo, pero mientras permaneciera él libre para violar estas
11Uó·, que posee ciertos dereéli'os inherentes o naturales, entra en una reglas. Sin embargo, precisamente porque tales reglas se derivan social-
relación contractual con sus compañeros, una relación que se expresa en mente, se deben aplicar en general. De aquí que cada individuo reconoce
una constitución. La oblig.3:ciéJ11 sµbsecuente del individuo para. :l_CaJ¡¡,r Jas que, si él fuera libre para violar una convención, los otros deben ser
· dec.isiones tomadas por la colectividad, en la medida en que éstas se libres del mismo modo, y, en cuanto comparara este estado caótico de
iJcanza~ constit11cionalrnente, .estriba e!I ~u obligación para cürñi'ff!·jf asuntos, él racionalmente elegiría aceptar las restricciones sobre su pro-
. contrato una vez hecho. Esta base de la obligación política tropieza con pio comportamiento 6 •
una dificufrád inmedil;lt.a tan pi:onto como se establecen reglas constit~~
cionales que se aplican a los individuos distintos de los que pudieran
haber tenido parte en el contrato original. . . . EL INDIVIDUALISMO COMO MÉTODO ANALíTICO Y COMO
Es en este aspecto donde parece que las concepciones de David SISTEMA DE ORDEN SOCIAL
Hume ~s. y parece que tienen mucho en común con las
ñi'iestrás. Nuestro análisis básico del cálculo del individuo al elegir entre Muchos filósofos políticos, y especialmente los que se han interesado
las reglas organizativas alternativas, al seleccionar una constitución polí- por la historia de la doctrina política, no han reconocido el doble sentido
tica, ha demostrado que ª-1!!ro!.tQQ.st.:rYir;í..<!1.JlX9~i9JD.t~E!~}1!92E~L~~I en el que se puede emplear «individualismo» como nombre descriptivo
~~J:~'.~º~eLsd.~~S2.illIH!L!l_IHLr~gl,ll.. !',~!!i.S:1JJ~9!!_:_~e pu,ed:_p.!:~2-:~ft.. 9ue
produzca f~JiliadO.S.,.,.en.J.lJgJJ.ml .•0\:ª1:\jÓp contrnnos Clef mteres propIO 0er 6
Parece que Henry D. Aliken ha pasado por alto este punto básico en su
ifüfi'vI<l~·~· calculado de!!í!S'.~~J:!}L~-~P..<tcl9_·~~~!!~-iil~~i11!~:~ ~S!füf."Uespla­ Introducción, por otro lado excelente, a las selecciones de los escritos de Hume.
:mmtura..elecciüñ aé"s<le la etapa de la decisión colectiva específica hasta Ver la Introducción de Henry D. Aliken Moral and Political Philosophy de Hume,
pág. XLIV.
5 Essays, Moral ami Political: Se/ections, incluido en Hum's Moral and Poli- La parte relevante de los trabajos de Hume es Treatise of Human Nature,
tical Phi/osophy (Nueva York: Hafner Publishing Co., 1948), págs. 295-306. Parte 11.

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK APÉNDICE I

que identifica un sistema teórico-filosófico. Con el fin de dar mayor clari- motivada por fines concebidos individualmente, y toda la acción procede
dad a la discusión, parece útil distinguir entre individualismo como un sólo después de que se lleva a cabo un cálculo mental por parte de un
método de análisis e individualismo como una norma de organizar la individuo o individuos. Del mismo modo que los cuerpos de la toma de
sociedad. El hecho de que, en el desarrollo de la teoría política, los que decisiones o de las elecciones, los seres humanos individuales permane-
han adoptado la metodología individualista han tendido en su mayor parte cen fundamentalmente invariables sobre el ámbito tanto de la actividad
a adoptar normas individualistas para la organización social, ha servido privada como de la pública. Todos los intentos de los filósofos políticos
sólo para agravar esta particular confusión. para distinguir claramente entre «lo que está bien públicamente» y «lo
El individualismo cQ!llO....Dl.éto~.;:~<L sugiere simplemente que que está bien privadamente» parecen ajenos a este enfoque.
toda la teoría, todo el análisis, se resuelve finafm'eñie'encóñsideraclónes Nuestra teoría de la elección constitucional es reconocidamente indi-
áTas.que.hace.frefli~ el. indiYid4~ c.Q.mó.~~dsor. HaCiendo caso vidualista en este sentido analítico-metodológico. En consecuencia, reac-
ómiso def papei del individuo en la estructura real de la elección social cionamos de acuerdo con los trabajos de los teóricos políticos que han
-si él es gobernante o gobernado-, el análisis se reduce a un examen de discutido con más claridad la lógica de la organización colectiva en tér-
su problema de elección y de sus medios u oportunidades para resolver minos de un cálculo individual y que han rechazado específicamente la
este problema. A estea,nálisis se ()pone 01ro que parte .de la hipótesi!! de demarcación conceptual entre los sectores público y privado de la activi-
qu~ ll.Dª unidad'má..s amplia que la persona, un grupo de personas que dad humana en el análisis de este problema de la elección. Johannes
íncluye dos o más miembros, es la entidad cuyos problemas de elección Althusius, que escribió muy en los inicios del siglo xvn, der>e ser seña-
se tierien que e)(~mfoar. En este enfoque, el individuó resulta una parte lado especialmente a este respecto, porque parece que ha sido el primer
integral e inseparable de la entidad mayor y se supone que un cálculo de estudioso que ha intentado derivar una base lógica para la organización
elección independiente por parte de las distintas partes carece de sentido. colectiva de los principios contractuales que se mantenía que eran aplica-
\ E;Lm.étQ\]() Í!Jc/.iiddualista de analizar la acción política y social contrasta bles a todas las formas de asociación humana. Escritores posteriores de
éon el método orgánico, y estas diferencias metodológicas no necesitan, los siglos XVII y XVIII, dentro de la tradición contractual general, siguie-
e'n ·realidad no deberían, conllevar necesariamente implicaciones particu- ron a Althusius en este punto, aunque el énfasis sobre la base lógica
lares concernientes a las reglas normativas. para organizar la sociedad 7 : común para la asociación pública y privada tiende a resultar menos pro-
Parece que uno de los objetivos primarios de los teóricos contractua- nunciada en sus trabajos que en el de Althusius 8 •
les del orden político ha sido el de reducir la lógica de la organización Encontramos un énfasis semejante en los escritos de Christian Wolff
colectiva a una lógica del cálculo del individuo, o, dicho en cierto modo en 1750. El trabajo de Wolff es también digno de mención a causa de su
de forma distinta, de derivar una lógica, una «idea de la razón», como clara concepción de la organización colectiva como un conjunto de reglas
Kant la denominó, para la organización colectiva a partir de la situación o instituciones que están sujetas a análisis, a modificaciones y a reforma.
de elección individual. Estos teóricos formularon la pregunta: ¿Puede Su método, como el de Spinoza, era el de examinar las instituciones
«explicarse» la existente organización del Estado como resultado de un políticas alternativas sobre las que pudieran estar de acuerdo conjunta-
cálculo racional hecho por los seres humanos individuales? En gran mente los miembros de la comunidad de individuos racionales 9 •
parte, el éxito o fracaso de los teóricos contractuales se debería valorar
en estos términos con respecto a sus intentos para contestar esta cues-
tión. 8 El trabajo básico de Althusius es Politica methodice digesta ( 1603-1610), ed.
f;: El enfoque o método individualista tiende a destruir cualquier distin- por C. J. Friedrich (Cambridge: Harvard University Press, 1932). También tuve la
(,ción o diferencia lógica entre los sectores «público» y «privado» de la oportunidad de consultar una traducción mecanografiada de este trabajo realizada
.\f actividad humana. La acción colectiva, junto con la acción privada, está por Stanley Parry, C. S. C.
9 Las ideas de Wolff son discutidas por J. W. Gough en su libro, The Social
7 Para una discusión del «individualismo metodológico», ver a Ludwig Von Contract (2.ª ed.; Oxford: Clarendon Press, 1957), págs. 158-60. La fuente original
Mises, Human Action, págs. 41-44. es: Christian Wolff, lnstitutiones Juris Naturae et Gentium (Halle, 1750).

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK
APÉNDICE J
La metodología individualista encontró otro defensor inquebrantable
servicios públicos a los individuos. Se decía que se requerían estos servi-
algo más de un siglo después en A. Fouillée 10 , y su trabajo es importante
cios a causa de la interdependencia social. En este punto, el enfoque de
para nuestros propósitos, porque reconoció más claramente que la mayo-
Duguit es semejante al nuestro, que, en la base, define la relación política
ría de los escritores la distinción discutida en esta sección: la existente
en términos de cooperación. Sin embargo, Duguit fracasó en reconocer
entre el individualismo como método de análisis y el individualismo como
que los distintos individuos y los distintos grupos pueden desear «servi-
norma para la organización social. Reconoció que no existe ninguna in-
cios públicos» distintos de la colectividad. Para él, las «Utilidades públi-
consistencia lógica entre el individualismo como un método de derivar
cas» asumen un carácter objetivo que, presumiblemente, los hombres
principios de organización social y el colectivismo como una caracterís-
razonables pueden descubrir sin gran dificultad. Por tanto, no consideró
tica descriptiva de esta organización. Como hemos sugerido, el enfoque
el problema de la extensión adecuada de los servicios públicos. Como
individualista contrasta metodológicamente con el orgánico. Cada enfo-
resultado, su concepción del estado del «Servicio público» se puede em-
que se puede emplear conceptualmente como un medio de presentar
plear fácilmente para proporcionar un fundamento teórico para el desa-
ideas bien individualistas o bien colectivistas para la reforma social. Da-
rrollo de lo que se ha denominado que es el «estado del bienestar» 11 •
das ciertas hipótesis subyacentes sobre los módulos del comportamiento
humano, junto con una posición ética específica, se puede racionalizar un
orden colectivista económico-político desde un cálculo de elección del
EL REALISMO Y LA RELEVANCIA DEL CONTRA TO
individuo. Fouillée comprendió esto y argumentó correctamente que no
había nada contradictorio internamente en la posición de Fichte, quien
Se puede interpretar a Ja teoría contractual del Estado como que
tendía a ser individualista (contractual) y socialista (colectivista). En
representa tanto un intento de separar la teoría política de la filosofía
nuestra terminología, se podría describir la posición de Fichte como me-
moral como un intento para derivar una lógica de la acción colectiva, de
todológicamente individualista, hasta un punto, y normativamente colec-
un análisis de la elección del individuo. Puesto que nuestros esfuerzos
tivista. Entre los pensadores políticos, Burke viene a ser el que más se
incorporan ambos elementos, se deduce que nuestro trabajo se encuentra
acerca a representar la posición contraria. Con respecto a los sistemas
dentro de los límites ampliamente definidos de la tradición contractual.
alternativos del orden social, Burke era anticolectivista. Por el contrario,
Por tanto, parece útil discutir algunas de las críticas de este concepto que
metodológicamente era claramente anti-individualista, y rechazó vigoro-
se han adelantado y tratar de relacionarlas con nuestro análisis.
samente todos los intentos para explicar la actividad colectiva sobre la
. Tanto los teóricos contractuales como sus críticos han estado muy
base de la elección racional del individuo.
interesados en los orígenes del gobierno. Los teóricos contractuales han
Quizá no sea sorprendente que los defensores del individualismo me-
discutido la formación original del gobierno al margen del consenso vo-
todológico provengan de entre los teóricos políticos franceses como una
luntario de los hombres previamente «libres» y racionales. Parece que
parte de la reacción contra los excesos cometidos en nombre del con-
cepto de la «Voluntad general» de Rousseau. Algo más tarde que el de sus críticos han considerado a los teóricos contractuales abatidos cuando
Fouillée encontramos el trabajo de Leon Duguit. Él rechazó categórica- demostraron que tal contrato original era, para todos los intentos y obje-
mente la concepción de «soberanía nacional» como el fundamento para tivos, una construcción puramente intelectual con poca o ninguna base en
un sistema de derecho público, e intentó construir un sistema alternativo la realidad. Sin embargo, la relevancia de Ja teoría contractual debe estri-
b~r no en su exp~icación del origen del gobierno, sino en su ayuda poten-
sobre la base del estado de servicio público. Duguit vio al Estado, no
como un órgano de poder de dominio ejercido sobre sus súbditos, sino cial para perfecc10nar las instituciones de gobierno existentes. Además,
vista bajo este prisma, se debe aceptar alguna versión de la teoría con-
por el contrario como un medio a través del cual se pueden proporcionar
tractual en la discusión sobre temas políticos.
10 El trabajo de Fouillée es discutido por Gough en The Social Contract
páginas 221-24. El trabajo particular que parece directamente relevante e~
11 •Ver a Leon Duguit, Law in the Modern State, trad. por Frida y Harold
A. Fouillée, La Science Socia/e Contemporaine ( 1880). Lask1 (Londres: Allen and Unwin, 1921). Adviértase especialmente la interpreta-
ción que Laski ha realizado del trabajo de Duguit en la Introducción.

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JAMES M. BUCHANAN Y GORDON TULLOCK APÉNDICE I

El origen del estado y las mayores influencias en su desarrollo puede rios para juzgar los cambios en la constitución política. Estos pueden
ser casi totalmente no racional en el sentido de que es posible una expli- extenderse desde el criterio puramente personal del estudioso que pre-
cación sobre una base contractual. Las sociedades forman gobiernos y gunta: ¿qué cambios en el conjunto existente de reglas políticas pienso
cambian gobiernos por una variedad de razones, muchas de las cuales que se deberían hacer?, hasta el criterio más complejo introducido por el
siguen siendo misteriosas y muy por debajo del nivel del análisis cientí- estudioso que pregunta: ¿Qué cambios en el conjunto existente de reglas
fico, objetivo. Las instituciones políticas, como el idioma, pueden evolu- políticas serían «los mejores» para el «mayor número» de individuos del
cionar, casi más allá de la percepción, por una modificación gradual y grupo, como yo interpreto sus intereses? Sin embargo, adviértase que
ampliamente inconsciente impuesta sobre ellas por el cambio del tiempo. criterios como éstos, y cualesquiera otros que se pudieran emplear, de-
En este sentido, se puede decir que Ja sociedad política se desarrolla y ben introducir un postulado ético más rígido que el criterio individualista
crece orgánicamente, y si el propósito de la investigación es únicamente que la teoría contractual conlleva.
el de explicar tal crecimiento, quizás existe escaso motivo para inventar En esta interpretación, la teoría contractual del Estado ocupa en la
algo como el aparato contractual. teoría política una posición que es análoga a la regla de Pareto para
Sin embargo, está claro que el proceso incontrolado e incontrolable valorar los cambios en la disciplina más técnica de la moderna economía
del desarrollo histórico raramente es llamado a explicar todos los cam- del bienestar. Parece útil recalcar la discusión del capítulo XII del texto.
bios de la sociedad política. Si se presume que todo cambio, desde algún El definir una posición como eficiente de Pareto u óptima de Pareto no
origen hasta el presente y con posterioridad, tiene lugar independiente- sugiere que todos los cambios que han trasladado al grupo a esa posición
mente de una dirección consciente, la ciencia política, como una disci- sean en sí mismos óptimos de Pareto. Por otra parte, el definir una
plina normativa-positiva, pierde su objetivo. Si, de hecho, no se consi- · posición como no óptima sugiere que existe un medio de trasladarse a
deró que las instituciones políticas están sujetas a una modificación y una posición del tipo óptimo de Pareto. Aplicando este razonamiento
cambio racionalmente elegido, seguramente es un esfuerzo vano el tratar totalmente análogo a la terminología contractual, podemos decir que la
de explicar un cambio incontrolable. Por otra parte, si se acepta que la definición de un conjunto existente de reglas políticas (la constitución),
sociedad política es «perfectible», que las instituciones políticas están en cuanto que refleja el consenso, implica sólo que no existen cambios
sujetas a una «mejora» deliberada, el análisis de los posibles cambios particulares sobre los que todos los ciudadanos puedan estar de acuerdo.
alternativos y la selección de los criterios a través de los cuales se pueden Análogo a la superficie de la optimalidad de Pareto, la cual contiene una
juzgar Jos cambios reales o potenciales resultan tareas altamente impor- infinidad de puntos, el hecho de que un conjunto existente de institucio-
tantes. En este nivel, las explicaciones del origen del poder civil y las nes políticas refleje el consenso, así definido, no implica de ningún modo
razones para los mayores desarrollos no racionales de este poder son casi que este conjunto, y sólo este conjunto, sea el único gobierno «Óptimo» o
totalmente irrelevantes. Se debe centrar la discusión en los «márgenes» «eficiente». También existe un número infinito (conceptualmente) de
de una variación en las instituciones políticas, no en la «totalidad» de otrns acuerdos institucionales que de modo semejante conllevarían al
tales instituciones, y la cuestión relevante viene a ser uno de los criterios consenso. En contraste, la definición de un conjunto existente de institu-
a través de los cuales se pueden formar los distintos ajustes marginales ciones como no óptimo en el sentido de que no refleja el consenso quiere
posibles. decir estrictamente que son posibles cambios sobre los cuales pueden
En este contexto, se puede interpretar que la teoría contractual pro- estar de acuerdo todos los miembros del grupo.
porciona tal criterio. Adoptando el criterio implícito en la teoría contrac- Esta interpretación de la teoría contractual, que separa Ja existencia
tual, el análisis de las instituciones políticas pregunta: ¿sobre qué cam- del consenso de los medios a través de los cuales se ha producido la
bios en el conjunto de reglas existentes que definen el orden político situación existente, permite que la crítica de Hume de los teóricos con-
pueden estar de acuerdo todos los ciudadanos? Esta incorporación de la tractuales se acepte plenamente sin un serio debilitamiento de la utilidad
regla de la unanimidad para todas las reformas básicas, estructurales de de la construcción misma en su provisión de un criterio significativo con
las instituciones políticas, de la constitución, refleja la ética individualista base al que se pueden juzgar los cambios en las constituciones políticas.
en su sentido más amplio. Desde luego, se pueden adelantar otros crite- Habiendo adelantado esta interpretación «marginalista» de la teoría con-

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tractual, no sugerimos que se tenga que encontrar una declaración explí- trucciones, por lo menos en algún grado, han tenido lugar durante el
cita de esta interpretación en los escritos de los teóricos contractuales. A período en el cual ha existido la economía independientemente de la
nuestro entender, ellos no establecieron la distinción esencial entre la política como una disciplina. Sin embargo, encontramos un trabajo bas-
explicación «total» y «marginal» de las constituciones políticas. En con- tante descuidado de teoría política que se puede clasificar apropiada-
secuencia, estrictamente interpretada, no se puede aceptar su «teoría» mente como muy relacionado con el nuestro propio. De nuevo no es
del estado. Sin embargo, cuando se hace un intento para adelantar una sm prendente descubrir que este trabajo fue escrito por una de las figuras
«teoría» alternativa, la cual proporcionará un criterio útil para evaluar un importantes de la Ilustración y que fue completado durante la última
cambio constitucional, que es, de hecho, controlable. parece esencial una década del siglo XVIII, aunque no se publicó hasta medio siglo más tarde.
versión «marginalista» modificada del enfoque contractual. En este úl- Nos referimos al de Wilhelm von Humboldt Ideen zu einem Versuch die
timo sentido, es en el que se pueden clasificar las construcciones de este Griinzen der Wirksamkeit des Staats zu bestim men 13 • Humboldt argu-
libro dentro de la tradición contractual. mentó que la única esfera legítima de la acción colectiva era la que incluía
la provisión de la seguridad al individuo contra el ataque externo y contra
la usurpación de sus derechos por parte de sus compañeros. La función
EL ENFOQUE ECONÓMICO DE UNA TEORÍA DE LA POL1TICA del Estado era la de eliminar o reducir los costes externos de la acción
privada. Como se podría esperar, Humboldt concibió el problema de la
Como hemos sugerido en el capítulo V, el trabajo relativamente re- externalidad con demasiada limitación. Rechazó todos los esfuerzos de la
ciente de William J. Baumol 12 representa casi el único intento de desa- acción colectiva para el fomento del bienestar positivo de los individuos.
rrollar una teoría de la actividad colectiva a partir del cálculo económico Al hacerlo así, fracasó en reconocer que, en un sentido de coste-
del ciudadano. El trabajo de Baumol, en un sentido, desarrolló las impli- oportunidad, el fracaso de emprender la acción cooperativa cuando ésta
caciones políticas de la moderna economía del bienestar, basando la ló- es realmente más «eficiente», es precisamente equivalente a la toma de
gica de la actividad del estado exacta y apropiadamente en la existencia una acción privada positiva que es perjudicial para la «eficiencia» global.
de los efectos externos que resultan del comportamiento privado de los Sin embargo, es en su cuidadosa discusión de la lógica de la acción
individuos. Creemos que nuestro trabajo amplía el de Baumol en dos del Estado en aquellos casos de externalidad demostrable, donde Hum-
aspectos esenciales. Primero, como hemos señalado, el argumento de la boldt revela claramente Jo que era, en Ja base, un enfoque económico. Él
externalidad generalizada se aplica al problema constitucional, la elección reconoció que la mera existencia de efectos «spillover» o externos que
de las reglas de la toma de decisiones. En segundo lugar, el enfoque resultan de la acción privada no justifica la acción del Estado: la decisión
esencialmente económico incorporado en Ja concentración sobre las al- debe basarse en una comparación de los costes, en términos de la mayor
ternativas abiertas a la elección se analiza con más profundidad. Se ha limitación sobre la libertad del individuo, y los beneficios, en términos de
mostrado que la existencia de efectos externos del comportamiento pri- la mayor seguridad proporcionada por algunas limitaciones establecidas
vado no es una condición para la acción colectiva ni necesaria ni sufi- sobre el comportamiento privado 14 • Reconoció que la función de la teo-
ciente. Se ha desarrollado una teoría de la acción colectiva sólo después ría en tales casos no puede ser la de establecer reglas generales, sino que
de una cuidadosa consideración de Jos costes y los beneficios que se esta función debe ser la de «señalar estos momentos de deliberación» 15 ,
espera que resulten de las estructuras alternativas organizativas (conjun- es decir, delinear los procesos mentales o cálculo a través de los que se
tos de reglas alternativos). deben alcanzar tales decisiones.
No es sorprendente que no se encuentren precursores, estrictamente
hablando, de nuestro trabajo; en lo que hay escrito sobre Filosofía de la 13 (Breslau: Eduard Trewendt, 1851). Traducción inglesa: The Sphere and
teoría política, de la cual este apéndice sugiere una lectura parcial. Los Duties qf Government, trad. por Joseph Coulthard (Londres: John Chapman,
desarrollos doctrinales en economía, en los que se basan nuestras cons- 1854).
14
Thc Spherc and Duties of Government, pág. 125.
12
We/fare Economics and the Theory of the State. 15
lhfd .. pág. 126.

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Parece que Humboldt está casi solo en su clara discusión de los distintos intereses son recíprocamente exclusivos y que uno debe preva-
acuerdos voluntarios que tenderían a surgir para eliminar los efectos lecer sobre el otro. ¿Deberá prevalecer en un intercambio particular la
externos de la acción privada -acuerdos que hemos discutido con algún «Voluntad» del vendedor o del comprador? Para el economista, tal cues-
detalle en el capítulo V.-Argumentó que, donde es posible, tales acuer- tión carece de sentido a causa de que Ja «voluntad» no es significativa a
dos deben ser preferidos a la acción del Estado a causa de la unanimidad menos e¡ue se especifique más cuidadosamente. Si se define como una
que está implícita en todos los acuerdos voluntarios 16 • Al comienzo de ventaja máxima del intercambio, la respuesta a la pregunta debe ser
su trabajo, Humboldt criticó a otros pensadores por su concentración normalmente que no prevalecerá ni la «Voluntad» del comprador ni del
excesiva sobre la cuestión concerniente a quién debería gobernar y por su vendedor, aunque se observe que el comercio tiene lugar. Por otra parte,
atención insuficiente a la cuestión sobre la esfera apropiada del gobierno. si se define el término como una mejora sobre una posición inicial, antes
Reconoció claramente que estas cuestiones estaban muy relacionadas y del intercambio, la respuesta debe ser que prevalece tanto la «voluntad»
que la primera cuestión estaba más bien vacía a menos que se resolviera del comprador como la del vendedor como resultado del libre comercio.
la segunda. Parece que esta crítica se mantiene con casi igual fuerza El punto a señalar aquí es que el «Vocabulario de la política» tiende a
contra muchos de los trabajos modernos de teoría política. concentrar la atención demasiado rápidamente en los problemas particu-
lares presentados bajo la existencia de alternativas muy definidas y mu-
tuamente exclusivas. Se interpreta que las elecciones en el nivel constitu-
LA CONCEPCIÓN CLÁSICA DE LA ELECCIÓN COLECTIVA cional último son de «otra» clase. Esto no es negar que surgen tales
elecciones mutuamente exclusivas, y cuando lo hacen, se deben tomar
A nuestro entender, ningún filósofo político ha planteado la cuestión las decisiones. Sin embargo, central a un enfoque económico de los pro-
de elegir entre las reglas alternativas de la toma de decisiones de un modo blemas de la elección está la posibilidad de la variación en el margen. Si
semejante al que nosotros hemos tratado de desarrollar en este libro. Una es posible tal variación, las elecciones vienen a ser «Otras» sólo para
explicación parcial para esto puede radicar en el hecho de que estos pequeños cambios incrementales, y, considerando un complejo total, se
estudiosos que se han interesado en la teoría política han sido filósofos. pueden elegir algunas de todas las alternativas. El interés en, o el deseo
Como tales, han tendido a pensar sobre las decisiones colectivas en tér- de, una alternativa particular viene a ser una función de su coste o precio
minos de «Voluntad». Si los individuos difieren en sus deseos para la relativo con respecto a las otras alternativas disponibles para la elección.
acción colectiva, la regla de la toma de decisiones debe determinar de Es este aspecto variable funcionalmente el que parece que ha estado casi
algún modo la «Voluntad» de quién tiene que prevalecer. El interés del totalmente ausente en el análisis «clásico» de la toma de decisiones polí-
individuo o del grupo, visto de este modo, tiende a ser tratado como que tica. La política práctica ha sido tradicionalmente reconocida como que
es mutuamente exclusivo. Claramente, la «voluntad» de la mayoría y la consiste en el arte de lo posible, en el arte del compromiso. Sin embargo,
de Ja minoría no pueden prevalecer al mismo tiempo. Todo este enfoque a nuestro entender, pocos filósofos políticos han reconocido que una vez
del proceso político ignora o pasa por alto la posibilídad de cuantificar los que se conozca Ja necesidad del compromiso, ya no se considera a las
intereses del individuo o del grupo. «Voluntad» y «poder» son términos alternativas como mutuamer1te exclusivas, y la discusión que procede
que no se prestan fácilmente a cuantificación. como si lo fueran resulta ampliamente irrelevante.
En contraste con este enfoque «clásico», nuestro enfoque es esen-
cialmente económico, en cuanto que considera a la toma de decisiones
política, en el límite, como análoga a la determinación de la relación real
de intercambio en un intercambio. Cuando los individuos comercian, los
intereses difieren. Cada individuo desea asegurarse los términos de inter-
cambio más favorables. Sin embargo, nadie concluye por esto que los
16
lbíd., pág. 128.

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