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CAPITULO 5 - LOGICAS DIVERGENTES

Se conoce con el nombre de Lógicas Divergentes a aquellos sistemas lógicos propuestos


como alternativas a la Lógica Clásica (Lógica aristotélica y medieval), ya sea para
complementarla o para sustituirla. Entre tales sistemas lógicos podemos destacar los
siguientes:

Las lógicas polivalentes, es decir, aquellos cálculos que admiten más de dos
valores de verdad.
La lógica combinatoria, que estudia exhaustivamente los conceptos
operacionales básicos de la lógica con el fin de llegar a una fundamentación
última.
La lógica modal, que se ocupa de los razonamientos en los que aparecen los
operadores modales (necesario, contingente, posible e imposible).
La lógica cuántica, que trata los problemas lógicos planteados por la mecánica
cuántica.
La lógica deóntica, que aborda lógicamente los sistemas normativos jurídicos o
éticos.
La lógica intuicionista, que no admite el principio del tercio excluso (p v ¬p) ni
la ley de la doble negación (p ≡ ¬ ¬ p) como regla de inferencia primitiva.
La lógica difusa o borrosa, que se ocupa de aquellos términos cuyos significados
son imprecisos y reconoce grados de verdad.

En general puede decirse que el desarrollo de tales sistemas consiste en un interés


puramente formal, pero también muchos de ellos han sido creados desde la convicción
de que la lógica clásica se encuentra equivocada o es inadecuada. En este sentido la
filósofa de la lógica Susan Haack entiende que la diferencias entre el lógico
intuicionista y el lógico modal, por ejemplo, consiste en que el lógico intuicionista
considera que su modelo lógico es una alternativa a la lógica clásica en el sentido fuerte
de que sus sistema debería ser empleado en lugar del clásico (por lo que el clásico sería
descartado). Por el contrario el lógico modal, visualiza a su sistema como una
alternativa, por lo que podría ser utilizada a la par junto con la clásica.

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“Un síntoma de esta diferencia (...) es que los primeros (lógicos modales) tienen
tendencia a considerar que la lógica clásica está equivocada en el sentido que incluye
afirmaciones que no son verdaderas. Yo diría que los lógicos intuicionistas o
polivalentes piensan que están proponiendo un sistema rival, mientras que los lógicos
modales piensan que están proponiendo un sistema suplementario. El rival es, entonces,
un sistema cuyo uso es incompatible con el estándar, mientras que el suplementario es
aquel cuyo uso es compatible con el estándar.” Haack, Susan “Lógica Divergente”,
Paraninfo, 1980, Madrid, pág. 16-17.

Fundamentos de la lógica simbólica clásica

El tema de cuales son los fundamentos de la lógica simbólica clásica no es un tema


sencillo. Eso se debe a que supone un análisis metateórico un poco diferente del sentido
que se le ha dado a la metateoría hasta aquí. Se trata de pensar cuáles son esos
principios básicos, pero en abstracto. La cuestión se centra en determinar si es necesario
que sean esos fundamentos y no otros, es decir, si es posible concebir la verdad como lo
hace la lógica simbólica clásica.
La lógica clásica opera con el supuesto que se llama lógica bivalente. Es decir, los
enunciados están provistos de un cierto valor de verdad, que es independiente de nuestro
conocimiento del mismo. Los valores de verdad son dos: verdadero o falso. No hay
ningún valor intermedio posible ni hay ningún otro valor que figure como posible.
Los valores de verdad de los enunciados son sólo aquellos que pueden definirse
veritativo-funcionalmente. Por lo tanto la lógica simbólica clásica se ocupa de definir
una fórmula como verdadera o falsa, lo que depende del valor de verdad de los
componentes, y de como estos están relacionados.
La lógica simbólica se caracteriza por ser apofántica, bivalente, asertórica y
extensional. Apofántica significa que se ocupa sólo de los enunciados que pueden tener
algún valor de verdad y no de los otros enunciados. Bivalente es porque acepta sólo dos
valores de verdad y ningún otro ni los dos a la vez. Asertórica porque excluye cualquier
otro modo de la verdad Extensional porque si bien es cierto que un término tiene dos
características: la intencionalidad y la extensionalidad, la lógica opera sobre esta última.
La intencionalidad corresponde al concepto, a la proposición, lo que significa un

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enunciado. La extensión de un anunciado corresponde al individuo, al conjunto o al
valor de verdad.

Rivalidad o complemento
Los diferentes tipos de lógicas divergentes no atacan los mismos fundamentos de la
lógica simbólica clásica y aún cuando esto ocurriere las soluciones no son las mismas.
Es por esto que algunas lógicas se consideran complementarias de la lógica clásica, y no
rivales; como por ejemplo algunas lógicas modales, o la lógica deóntica (lógica de los
valores), etc. No acusan a la lógica simbólica clásica de estar errada, sino que
consideran que sus principios deben ser extendidos para el tratamiento de enunciados
que la lógica simbólica tradicional deja de lado y que esa extensión debe hacerse
apelando a otras consideraciones que no son precisamente los fundamentos de la lógica
simbólica tradicional.
Otras lógicas divergentes se proponen como rivales. Acusan a la lógica simbólica
tradicional de estar equivocada, de pensar el problema de la determinación de la verdad
de manera equivocada. Esto pasa con la lógica intuicionista, algunas lógicas
polivalentes, los lenguajes presuposicionales y la lógica cuántica.

La concepción pragmatista
La concepción pragmatista de la lógica es aquella que considera que la misma es falible
y puede sufrir modificaciones o agregados. Por lo que, la elección de una lógica
adecuada a un campo de estudio tendría las mismas características que la elección de
cualquier teoría científica: se valora el modelo lógico teniendo en cuenta como criterios
la economía, la simplicidad y la coherencia.
Esto se debe a que ningún enunciado lógico se verifica o se falsa de forma concluyente
por la experiencia. En consecuencia esta postura permite ver los enunciados teóricos y a
las teorías mismas no como descripciones del mundo sino como herramientas para
conocer el mundo. Por lo tanto la ciencia no da una visión perfectamente cierta del
mundo, pero ello no impide que su visión no permita operar con la realidad.
Claro que este mismo interés no impide que la evaluación de la lógica simbólica clásica
haga que se la considere la mejor para cumplir con el objetivo de un lenguaje formal
que garantice los razonamientos correctos y las deducciones científicas. Podríamos
decir que la debilidad de esta concepción radica en creer que bastan los aspectos de
simplicidad y economía para decidir un cambio de lógica. Principalmente porque estas

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concepciones fallan a la hora de indicar por qué debieran ser tan deseables la
simplicidad y la economía en una teoría. Por otro lado una lógica puede ser sencilla,
pero resultar extremadamente complicada en su aplicación a un cierto campo. De hecho
habría que aclarar si por sencillez se atiende a la sencillez global del sistema o a la
sencillez local de alguna de sus aplicaciones.

La lógica polivalente
Por lógicas polivalentes se entienden aquellas lógicas que en vez de proponer dos
valores de verdad como forma de caracterizar el valor de verdad de un enunciado,
proponen que debe operarse con más de dos valores. Entre las lógicas polivalentes
podemos encontrar lógicas finitamente polivalentes o infinitamente polivalentes según
el número de valores de verdad que permitan manejar.
Sin duda una lógica de tres valores de verdad forma el nivel más elemental de estas
lógicas polivalentes.

La lógica trivalente
Una importante fuente de lógicas polivalentes ha sido el análisis de un problema
presentado por Aristóteles y que se conoce como el problema de los futuros
contingentes. El problema consiste en lo siguiente, Aristóteles analiza un enunciado
como “Mañana habrá una batalla naval” aunque puede pensar cualquier enunciado que
señale que pasará cualquier evento en un tiempo futuro respecto del aquel en el que se
realiza la emisión. Esto vale para una promesa: “Volveremos a encontrarnos”, como a
un enunciado de los que se encuentran en los horóscopos: “Mañana usted recibirá una
carta”.
Sabemos que efectivamente o bien el suceso pasará o bien el suceso no pasará. Por lo
tanto tendemos a pensar que el enunciado tiene un cierto valor de verdad. O bien es
verdadero, o bien es falso. Debido a que aún el futuro no ha llegado, no tengo forma de
saber o de dilucidar si al enunciado en cuestión le corresponde el ser verdadero o el ser
falso. El problema es que si el enunciado ya tiene un valor de verdad, entonces ya lo
tiene antes de que ocurra. Con lo cual si el enunciado es verdadero, ya lo era hoy, con lo
cual era necesario que pasara eso. Y si ya era falso entonces era necesario que tal cosa
no pasara. Por lo tanto si el enunciado es verdadero mañana es porque ya lo es hoy y el
evento de mañana es necesario; si el enunciado es falso mañana es porque ya lo era hoy

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y el evento era imposible. Luego, el futuro no es contingente, es decir no resulta que
puede o no puede ocurrir sino que todo lo que ocurra en el futuro es necesario.
Por lo tanto el problema es que si el futuro es necesario o imposible, no es contingente.
Una manera de escapar a la consecuencia, de la determinación del futuro (de que los
futuros contingentes sólo son aparentemente contingentes) es suponer que cuando se
profiere el enunciado el mismo no es ni verdadero ni falso. Pero si no son aún ni
verdaderos ni falsos, la cuestión es qué valor deben tener. Una solución es que tengan
un tercer valor.
La lógica trivalente (a veces conocida como Lógica trivalente de Lukasiewicz),
cuestiona el principio de bivalencia por el cual un enunciado o bien debe ser verdadero
o bien debe ser falso.
Así que ahora cada enunciado tendría tres valores: Verdadero (v), Falso (f) e
Indeterminado (i). (En una lógica de cuatro valores podríamos tener Verdadero, más
verdadero que falso, más falso que verdadero, falso).
Veamos, como ejemplo la tabla de la negación de esta lógica trivalente:
p ¬p
V F
i i
F V

Veamos ahora el resto de las tablas de verdad sabiendo que ahora el cálculo de las líneas
de la tabla de verdad debe ser 3 a la n, donde n es el número de letras proposicionales
diferentes que contiene la fórmula.
p q p۸q pvq p→q p↔q
V V V V V V
V I I V I I
V F F V F F
I V I V V I
I I I I V V
I F F I I I
F V F F V F
F I F I V I
F F F F V V

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En términos generales los conectivos se comportan como en el cálculo proposicional,
dando alguna sorpresa I → I = V, lo mismo en el bicondicional.
Este tipo de cálculos de Lukasiewicz está construido de tal forma que permite la
generación de lógicas con infinitos valores de verdad, lógicas infinitamente
polivalentes. Básicamente la regla es la siguiente: los valores de verdad se simbolizan
con 1 y los valores de falsedad con F, los demás valores con valores del intervalo entre
0 y 1. La disyunción toma siempre el valor del disyunto de valor más bajo. En la
conjunción toma el valor del conjuntor más alto. En el condicional, cuando el
consecuente tiene un valor más bajo que el antecedente, el valor del enunciado será el
consecuente.

Verdades más verdades menos: lógica trivalente


Estas alteraciones de la lógica trivalente sobre los valores de verdad no es gratis. Tomar
la decisión de esta representación trivalente puede hacer cambiar notablemente algunas
cosas que en principio estaríamos dispuestos a aceptar.
Por ejemplo la ley del Modus Tollens ((A → B) ۸ ¬B) → ¬A no es una ley lógica, es
decir, no es una tautología.
Por lo tanto el problema es siempre saber qué estamos dispuestos a ganar y hasta donde
estamos dispuestos a perder. Este problema lo encontraremos en todas las lógicas
divergentes.

Lógica presuposicional
Se llama presuposición a una relación entre enunciados analizada en términos de sus
valores de verdad. Decir que un enunciado X presupone a un enunciado Y es decir que
el enunciado X no es ni verdadero ni falso a menos que el enunciado Y sea verdadero.
Pongamos tres ejemplos de presuposición:
1) Un enunciado con un sujeto individual presupone la verdad del enunciado
que afirma la existencia del individuo de que se trate. Ej.: “El día se despertó
en una mano de cristal” (Jean Arp) presupone el enunciado “Existe el día”.
2) Un enunciado universal presupone que el universo de su discurso no es
vacío. “Todos los oídos son sobrenaturales” (Francias Picabia) presupone
que hay cosas sobrenaturales que son oídos.
3) Un enunciado con cierto tipo de verbos como olvidar, sentirse ofendido,
arrepentirse, etc. presuponen que existe aquello con lo que el sujeto se

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relaciona por el verbo. “Te desposaré alguna vez lanzando alaridos”
presupone que existe aquello que se pretende desposar.
La presuposición no es la relación de implicación. La implicación es el caso en que si el
primero es verdadero, entonces el segundo es verdadero y en que si el segundo es falso
el primero es falso. La presuposición se da cuando si el enunciado X es verdadero
entonces el enunciado Y es verdadero y si X es falso Y es verdadero. Cuando un
enunciado presupone a otro, la falsedad de este último no hace que el primero sea falso:
lo que hace es que el primero no sea ni verdadero ni falso. Admitir en el cálculo lógico
que pueden ser falsos los enunciados presupuestos por otros enunciados equivale a
admitir que estos últimos (los que presuponen) no son ni verdaderos ni falsos. Así cosas
como “El rey de Florida es simpático” no es ni verdadero ni falso, porque no existe el
reino de Florida.
Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, hay dos posibilidades, o se admite que la
presuposición es un defecto del lenguaje natural que debe evitarse en la lógica y en el
lenguaje científico, o se admite que es necesario sumar al valor de Verdadero y Falso la
posibilidad de que algo no sea ni verdadero ni falso.

Lógica vaga (o difusa)


La teoría de conjuntos, establece que dado un elemento x, entonces o bien x pertenece a
una cierta clase o bien no pertenece a ella. Los conjuntos se pueden definir claramente.
Esta situación no contempla a los conjuntos (la mayoría) cuya nitidez no es tal y donde
la noción de pertenencia es una cuestión de grados. Sin duda que el concepto de número
par no es borroso en lo más mínimo, pero otros como el de “alto”, “obra de arte”,
“pornografía” tienen límites muy vagos e imprecisos, aún en la mejor intención
clasificatoria. El lenguaje natural tiene expresiones precisamente para dar a entender esa
vaguedad: una especie de, más... que otra cosa, en términos generales, etc.
Las relaciones de pertenencia de un individuo a los grupos con los que interactúa es más
una cuestión de grados que una claridad tajante. En una lógica de este tipo “p o ¬p” no
es una verdad formal, porque siempre hay puntos intermedios a esos extremos, y “p ۸
¬p” no es una contradicción porque siempre hay grados de ser p y grados de ser ¬p.
Este modelo lógico no sólo propone para los enunciados valores de verdad vagos, tablas
imprecisas y reglas de inferencia que solo pueden ser aproximadas, pero nunca exactas,
sino que también propone que, por ello mismo, los sistemas axiomáticos o sistemas de
deducción natural, así como otros problemas clásicos de los lenguajes formales (como

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la consistencia –que no existan contradicciones- y la completud –que todas las verdades
puedan ser expresadas) resultan problemas muy marginales. Por lo tanto la lógica vaga
no es sólo un instrumento para manejar enunciados que tienen un valor de verdad
impreciso, sino que ella misma es imprecisa.

Lógica modal
En la Lógica Simbólica tradicional no se admiten modalidades de la verdad o la
falsedad. Es la lógica modal quien se ocupa de esos matices.
El asunto de las lógicas modales es el problema de las verdades necesarias y de las
verdades contingentes. Por supuesto se pueden dar ejemplos: “7 + 5 = 12” debe ser
considerada una verdad necesaria y “El 15 de abril del año 2004, llovió” es una verdad
contingente. La negación de una verdad necesaria es imposible o una contradicción (así
como la negación de una verdad imposible resulta una verdad necesaria), en cambio la
negación de una verdad contingente es sólo posible o contingente.
Algunos lógicos que defienden la necesidad de la lógica modal lo hacen señalando por
ejemplo el problema de lo que se llama el condicional subjuntivo. Supongamos el
enunciado “x es soluble en agua”, lo que implica que si x fuera puesto en agua, entonces
se disolvería.. Esto sin duda se puede expresar como A→B. Pero tenemos que esto sería
verdadero para todos los casos en que el antecedente es falso. Ahora bien cuando
decimos que si x fuera soluble, entonces se disolvería en agua, no pretendemos decir
que si “esto” no fuera agua, entonces el condicional es verdadero, lo que solemos querer
decir es que el enunciado es verdad porque al cumplirse el antecedente, entonces se
cumple el consecuente. Algunos sostienen que esta particular relación que supone el
concepto de que si algo es soluble, entonces necesariamente se disolverá en agua,
necesita del esquema del lenguaje proporcionado por la lógica modal.
Dentro de la lógica modal distinguiremos dos tipos de lógicas modales: las lógicas
modales en sentido restringido y las lógicas modales en sentido amplio.

Lógicas modales aléticas


Las lógicas modales en sentido restringido, corresponden al análisis clásico (cuyo
origen está en Aristóteles) y trata sobre modalidades aléticas (modalidades de la verdad
/aletheia). Lo que esta lógica estudia son las relaciones de inferencia entre enunciados
afectados por operadores modales.

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En el lenguaje natural este tipo de operadores lo visualizamos en expresiones como “es
necesario que p”, “es posible que p”, no es imposible que p”, etc. Todas las cláusulas
modales pueden reducirse a una: esa puede ser o bien la noción de necesidad o la de
imposibilidad.
“Es necesario que...” se expresa mediante el símbolo ‫ڤ‬
“Es posible que...” se expresa como ◊
A partir de ‫ ڤ‬tenemos que podemos definir ¬‫ ¬ ڤ‬como equivalente de ◊
A partir de ◊ podemos definir ¬◊ ¬ como equivalente de ‫ڤ‬
La lógica modal puede entenderse como un instrumento para analizar inferencias
entre proposiciones afectadas por operadores modales, como también un instrumento
para analizar el concepto de necesidad lógica. En este sentido se sostiene que el
concepto de necesidad lógica no puede ser aclarado sin utilizar la lógica modal dado que
la relación de necesidad, de necesariamente verdadero no se debe ni a las premisas ni a
la conclusión por separadas, sino a la manera en que ellas están ligadas por un operador
modal: necesariamente. Desde la lógica modal se entiende que la noción de implicación
no puede definirse estrictamente sin hacer uso de estos operadores modales.

Algunas leyes de la lógica modal


p→◊p
p →p ‫ڤ‬
(q‫ →ڤ‬p‫( →)ڤ‬q → p)‫ڤ‬
¬◊ (p v q) ↔ (¬◊ p ۸ ¬◊ q)
(‫ڤ‬p v ‫ڤ‬q) → (‫ڤ‬p v ‫ڤ‬q), etc. Como se ve estas leyes respetan las leyes de la lógica
proposicional, simplemente se aplican a operadores modales.

Lógicas modales deónticas


La lógica modal deóntica se ocupa de las inferencias entre normas, es decir, entre
proposiciones prescriptivas. Se consideran modalidades deónticas expresiones como “es
obligatorio que p”, “está permitido que p”, “está prohibido que p”. Aunque las normas
legales no tienen valores de verdad, puedo establecer relaciones de tal manera que de la
afirmación de que algo es obligatorio puede seguirse que alguna otra cosa está
prohibida.

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Lógica intuicionista
Los intuicionistas sostienen que ciertos principios de la lógica simbólica clásica no
tienen las garantías suficientes pues pueden presentarse contraejemplos, es decir, casos
en los que no valen. El intuicionismo ataca los fundamentos mismos sobre los que se
construye la lógica simbólica clásica. Esta diferencia es el resultado de una diferencia
sobre la naturaleza y el estatus de la lógica.
La lógica simbólica clásica concibe a la lógica como la más básica de todas las teorías,
en la medida en que ella expresa ciertas leyes del razonamiento, común a cualquier área.
Por lo tanto, la matemática se debe reducir a la lógica. Los intuicionistas, sin embargo
creen que la matemática es primaria y la lógica es secundaria, por ser una colección de
esas reglas. Pero los intuicionistas solo reconocen como parte de las matemáticas
aquellas entidades construibles. Así la prueba de la existencia de un cierto número, será
aceptada sólo si tal número puede construirse.
El intuicionismo admite que la ley del tercero excluido no vale pues hay enunciados que
no son ni verdaderos ni falsos. No hay que olvidar que la lógica intuicionista no ser
refiere a cualquier enunciado sino a proposiciones matemáticas.

El costo de las lógicas divergentes


Los ejemplos de lógicas modales que hemos visto tratan de sustentar su pertinencia en
la existencia de buenas razones para decidir introducir nuevos modelizadores o nuevos
valores de verdad. Tales razones tienen que ver con el estudio de problemas que la
lógica simbólica tradicional no reconoció o no atendió. Pero el problema está en que la
solución de esos nuevos problemas, o viejos problemas para los que se postulan
soluciones nuevas, tiene su costo, pues generan otros problemas.
Por supuesto una lógica polivalente no hace que necesariamente uno esté condenado a
la creencias de nuevos valores de verdad, de valores de verdad que la lógica simbólica
tradicional no atiende. Pero hablar así es decir que cuando decimos que un enunciado es
indefinido, o que el nivel de pertenencia de un individuo a un grupo es vago, lo que
estamos haciendo es otorgar valores de verdad distintos de verdad y falsedad a raíz de si
nosotros podemos saber o conocer qué valor de verdad le corresponde a un enunciado al
momento de su emisión. Por supuesto que hablar de tal manera es lo mismo que decir
que la lógica simbólica tradicional tiene razón en responder a la noción de bivalencia.
Es posible, pensar que esas lógicas multivalentes lo que hacen es, retratar qué ocurre en
el lenguaje natural con enunciados cuyo valor resulta no saberse. Esta solución no

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satisface del todo. Primero porque volvemos al problema planteado por las lógicas
trivalentes sobre el tema de los futuros contingentes. Segundo porque muchas de esas
lógicas divergentes pretenden ser rivales de la lógica simbólica clásica. Por lo tanto no
se piensan como especificaciones de la lógica simbólica clásica, sino que se piensan
como lógicas sustitutivas. Es claro entonces que eso tendrá consecuencias para una
teoría de la verdad.
Las teorías de la verdad intentan explicar por qué razones podemos garantizar que
estamos en lo correcto cuando decimos que tal enunciado o que tal inferencia es
verdadera o que es falsa. Hay varios tipos de teorías de la verdad. Pero esa diversidad de
tipos de teorías de la verdad han sido elaboradas desde una concepción bivalente.
¿A qué corresponderían los otros valores de verdad? No hay unanimidad al respecto. Ni
siquiera en las lógicas trivalentes hay acuerdos respecto a qué significa ese tercer valor.
Unas lógicas dicen que se trata de que un enunciado tiene un valor indeterminable.
Otras sostienen que se trata de un valor de verdad indecidible.
La adopción de lógicas divergentes nos lleva a otros problemas respecto de la verdad.
Véase que una cosa es decir que la lógica simbólica tradicional al tomar en cuenta la
noción de enunciado se atiene solamente a aquellos enunciados que o bien son
verdaderos o bien son falsos y deja sin tratar enunciados que podrían tener otros valores
de verdad (sea lo que esto sea). Otra cosa es decir que la lógica simbólica tradicional
trata como verdaderos o falsos enunciados que tienen otro valor de verdad. La
diferencia es enorme. Lo primero implica que las lógicas divergentes pretenden
recuperar para el cálculo formalizado algunos enunciados sobre los cuales la lógica
simbólica tradicional no operaba. Lo segundo implica que la lógica simbólica
tradicional está equivocada, porque si bien hay enunciados verdaderos y falsos, también
hay enunciados que tienen otros valores de verdad y al desconocer esto la lógica
simbólica tradicional lo que ha hecho ha sido “forzar” el tratamiento de los enunciados
para tratarlos como bivalentes, aunque no lo fueran.
El problema extra que se plantea es que sea cual sea el caso, la lógica trivalente no logra
hacer verdaderas algunas inferencias en las que creemos tener buenas razones para
considerarlas verdaderas, como el caso del Modus Tollens, como vimos en la lógica
trivariada de Lukaziewicz. Por lo tanto el pasarnos a una lógica trivariada y abandonar
la lógica bivariada nos obliga a cambiar de mundo, nos condena a no tener forma de
mostrar que ciertas cosas que consideramos necesarias lógicamente, efectivamente lo
son. Mientras la lógica bivariada nos garantiza (mediante el análisis de las relaciones de

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clases que se involucran en los enunciados) que son esas relaciones las que nos obligan
a aceptar ciertas inferencias en virtud de la necesidad lógica, ahora esa necesidad lógica
puede quedar diluida para algunas estructuras argumentativas.
No en vano desde la lógica simbólica clásica la respuesta a las lógicas simbólicas no
clásicas o divergentes ha sido diversa. Algunos afirman que ninguna lógica polivalente
es realmente una lógica, por lo que habría que delimitar el campo de la lógica, al campo
de la lógica simbólica clásica. Otros opinan que algunos de estos análisis se pueden
incorporar a la lógica para incluir en su objeto de reflexión enunciados que no quedaban
capturados por los recursos de la lógica simbólica clásica. Con esto se propone extender
la lógica y su lenguaje, manteniendo a las lógicas divergentes en un papel secundario y
marginal.
Algunos consideran que las lógicas modales no son más que extensiones de la lógica
simbólica tradicional y que, de hecho, ellas no se necesitan En algunos casos estas
posturas parecen sostenerse en que el empleo de la lógica modal es engorroso y no
reporta tanto beneficio como promete.
Por lo tanto, cambiar de lógica es mucho más que cambiar de definición de conectivos o
de símbolos a ser empleados en el lenguaje. En el fondo un cambio de lógica implica un
cambio en las posibilidades demostrativas de nuestro lenguaje. La decisión de hacer o
no hacer ese cambio no puede decidirse apelando a la lógica. Más bien serán nuestras
concepciones sobre el mundo, sobre las relaciones entre el lenguaje y el mundo, será
nuestra ontología la que terminará decidiendo qué modelización de la verdad inferencial
emplear. Serán esas consideraciones metafísicas las que nos permitan responder a la
cuestión de si el falibilismo puede alcanzar a la lógica, es decir si la lógica es falible.
Por lo tanto, quien se comprometa con ello, deberá aceptar que nada evita que exista
algún tipo de experiencia que resulte incompatible con las verdades de la lógica.

Bibliografía:
Aristóteles, Obras, Aguilar, Madrid, 1973.
Deaño, Alfredo, Introducción a la lógica formal, Alianza Editorial, 1999.
Haack, Susan, Lógica Divergente, Paraninfo, Madrid, 1980.
Haack, Susan, Filosofía de las lógicas, Cátedra, Madrid, 1991.
Von Wright, Georg Henrik, Un ensayo de lógica deóntica y la teoría general de la
acción, UNAM, México, 1976.

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Lecturas Recomendadas
Hughes, G. E., Cresswell, M. J., Introducción a la lógica modal, Tecnos, España, 1973.
Jansana, R., Una introducción a la lógica modal, Tecnos, 1990.

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