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Antecedentes

Al abordar como temática central la profundidad histórica del Dibujo de Culiprán, es preciso
contextualizar la investigación, así como también es necesario recopilar la información general,
tanto bibliográfica, como experiencial, que pueda aportar al esclarecimiento de las circunstancias
que han determinado la configuración de la espacialidad de la localidad estudiada, de acuerdo a
las diferentes modalidades de relación con el entorno que ha adoptado la comunidad, y que ha
forjado un carácter campesino con cierta continuidad, pero también presentando cambios en cada
proceso histórico se presentarán transformaciones en las comunidades agrícolas. En este sentido,
se reconocen fundamentalmente cuatro periodos que marcan procesos y dinámicas distintas en
las relaciones sociales, así como en la expresión territorial: El primero sería el prehispánico,
pasando por el Periodo Alfarero Temprano (PAT), el Periodo Intermedio Tardío (PIT), el Periodo
Alfarero Tardío (PT) y culminaría con los primeros contactos con el europeo, posteriormente el
segundo periodo estará dado por la colonia dada por la dominación española bajo el
establecimiento del latifundio, el tercer periodo estará dado por la época republicana, marcada
por la hacienda; y finalmente el cuarto periodo relativo a la actualidad que comenzara a gestarse
con el levantamiento campesino de la Gran Gesta, la Reforma Agraria y la Contrarreforma.

Respecto a los tiempos prehispánicos en la zona central, en la que se enmarcaría el contexto del
Dibujo de Culiprán, estaría marcado principalmente por comunidades no jerarquizadas en las que
“los principales niveles de integración social, político y económico se dan a nivel de familia
nuclear/extendida, la que puede configurarse de múltiples maneras, pero donde el parentesco y la
conformación de alianzas son los dos mecanismos sociopolíticos rectores” (SANHUEZA Y
FALABELLA AL PRINCIPIO), de manera que tanto durante el PAT, como en el PIT, los asentamientos
habrían sido dispersos y “el atomismo residencial que parece caracterizar ambos períodos refleja
la relevancia y centralidad de la unidad doméstica/residencial en las dinámicas sociales, políticas”
(SANHUEZA Y FALABELLA 22). Al mismo tiempo y según el estudio de Sanhueza la distribución de
los asentamientos del periodo alfarero de esta zona “demuestra una configuración espacial que
está relacionada con una característica del paisaje propia de estas localidades, la disponibilidad de
fuentes de agua provenientes de vertientes y zonas donde la napa freática se encuentra a muy
poca profundidad, en algunas ocasiones formando en el pasado lagunas” (SANHUEZA ). No
obstante estos periodos habrían presentado pequeñas diferencias que darían cuenta de dinámicas
asentamiento e integración distintos. Así, el PAT (ca 0-1200 dC.) representaría en Chile central el
inicio y consolidación de dos innovaciones tecnológicas, la producción de alfarería y la horticultura.
En este periodo dos complejos culturales, Llolleo y Bato habrían cohabitado la zona, pero se
diferenciarían en torno a la clara evidencia de prácticas distintas, de manera que las ocupaciones
de Llolleo habrían sido mucho más permanentes que las del complejo Bato. El PIT, en tanto, (ca
1000-1450 d.C.), estaría representado por la cultura Aconcagua y se produciría durante este
periodo un “cambio radical en varias esferas de la vida material, económica y simbólica”
(SANHUEZA OTRO) (Cornejo 2010), en el que se consolidará la agricultura. A pesar de que las
comunidades son ya claramente agricultoras, estas habría seguido “utilizando las mismas áreas de
asentamiento que habían sido ocupadas previamente” (SANHUEZA OTRO) Aun así, ambos
periodos marcados por un patrón de asentamiento disperso, no obstante se evidenciaría una
producción bastante mayor durante el PIT. Sobre estas mismas poblaciones Aconcagua, se
impondrá el inca (hacía el 1400 dC), lo que definirá en definitiva al Periodo Alfarero Tardío, “esto
conlleva la trasformación de estas sociedades desde grupos relativamente independientes, sin
mayores jerarquías sociales, a formar parte de un Estado altamente jerarquizado” (SANHUEZA
OTRO). Ya con la llegada del hombre europeo, se comenzará a denotar un evidente cambio en las
formas de ocupación indígena a través de lo que será la mano de obra encomendada.

Con la inminente llegada del hombre europeo a la zona central de Chile hacia el siglo XVI, las
comunidades alfareras, se transformaron paulatinamente en indios tributarios, por lo que desde
entonces comenzarían a ser “llevados desde sus pueblos a las estancias y chacras de sus
encomenderos” (CITA)., en donde cumplirían oficios propios del mundo rural. Asimismo, los
españoles no encomenderos también se apropiaran de la mando de ora indígena, de manera que
“este era un proceso que iba mucho más allá de la simple mudanza temporal de los indios de un
asentamiento a otro e involucraba toda una estrategia de apropiación de su fuerza de trabajo, que
incluía hacerlos residir permanentemente en las propiedades rurales españolas y que tenía como
implicancia principal su desarraigo, traducido en el abandono de sus pueblos, cuyas tierras o parte
de ellas no tardaban en ser pedidas en merced por los mismos que los habían trasladado o por los
vecinos de dichos asentamientos” (CITA).

En este sentido, el patrón de ocupación para la época estaba dado por la necesidad de los
estancieros de asentar a sus indios cerca de las zonas de trabajo, para que estos no debiesen tener
que desplazarse grandes distancias, sin embargo esto no implicaba necesariamente que el
conjunto de la población indígena estuviera “nucleada en una aldea u otro asentamiento similar”
(CITA).

De esta manera, la organización por encomienda marcaría en la época colonial, un primer esbozo
de lo que más adelante corresponderá a la propiedad privada de la tierra. Así, en el caso particular
del territorio de la zona de Culiprán será el mismo Pedro de Valdivia quien entregará,
primeramente mediante el otorgamiento de encomienda de los caciques y sus indios, y luego 1546
en merced a Inés de Suarez, quien encargará la labor evangelizadora a Mercedarios.

Será en 1548 que “debido a la filtración de la relación de Valdivia con Inés de Suarez, en 1548
Valdivia le ordena casarse con Rodrigo de Quiroga… lo que… permitiría que las encomiendas del
matrimonio se juntaran, Suárez aportó Alhué, Melipilla, Huechún, Apoquindo, Culiprán y Catapilco
y Quiroga, Peumo, Colchagua, Teno y Relamo” (CITA). La sociedad será fructífera, en tanto la
producción ganadera se multiplicara y se incorporará de forma creciente la actividad agrícola.

A partir de esta proclamación de Culiprán como encomienda, comenzaría la cesión de tierras, las
cuales serían administradas mediante los Mercedarios evangelizadores. No obstante este sistema
rural se verá reformulado tras el establecimiento de la República de Chile en 1812 y con la compra
de la ahora denominada hacienda de Culiprán para el 1820