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Universidad Alberto Hurtado

Facultad de Ciencias Sociales


Departamento de Antropología
Etnoarqueología II

ENSAYO N°3

LA ETNOARQUEOLOGÍA EN CASOS DE ESTUDIO APLICADOS

Constanza Paz Miranda Íñiguez


Profesora: María Victoria Castro
Ayudante: Mariela Pino

22 de Octubre de 2018
LA ETNOARQUEOLOGÍA EN CASOS DE ESTUDIO APLICADOS

Introducción

La etnoarqueología ha constituido una metodología fundamental para el aporte del


conocimiento arqueológico, mediante el estudio analógico de culturas similares y
sus materialidades. Asimismo la aplicación en profundidad de la etnoarqueología
ha utilizado el estudio de caso como una herramienta útil al momento de llevar a
cabo la investigación, en tanto esta permite obtener un enfoque holístico a partir
del evento estudiado, ampliado las posibilidades para abordar la problemática en
cuestión. En este sentido en el presente ensayo se presentaran diversos casos de
estudio etnoarqueológico que abordan diferentes temáticas, como son las
sociedades altiplánicas, el territorio, la sacralidad y la política del mundo andino, el
arte rupestre y la infancia, a su vez se analizaran y compararan los métodos,
resultados y conclusiones, obtenidas por los diferentes autores.

Sociedades altiplánicas

Berenguer, Aldunate y Castro (1984) en “Orientación orográfica de las chullpas en


Likán: La importancia de los cerros en la fase Toconce” se centran en el estudio
etnoarqueológico con el fin de comprender el papel que ocuparían los diferentes
cerros e la fase Toconce, orientados fundamentalmente por la idea de que la
importancia de los cerros en la cosmología andina es de origen pre incaico,
expresándose por tanto en las materialidades de culturas como los Moche, los
Nazca, entre otros, representados mediante imágenes (plasmadas en las
cerámicas o geoglífos) que apuntarían a esta idea. De esta manera, se extraería la
idea de que el culto a los cerros durante la fase Toconce hubiera sido posible. Así,
durante este periodo parece haber existido un culto a los espíritus que residen en
las cumbres de algunos cerros, lo que se expresaría materialmente mediante una
direccionalidad significativa (vanos de Chullpas orientados hacia cerros). Se
evidencia por tanto mediante el trabajo etnográfico llevado a cabo en la zona, que
los cerros efectivamente eran importantes para los miembros de la fase Toconce,
y que esta relevancia se vincularía con sus ideas y creencias religiosas. No
obstante, no puede establecerse con exactitud que el culto a los cerros en la fase
Toconce fuese el mismo que el de la comunidad actual. Aún así las actuales
capillas dan cuenta de una continuidad histórica en cuanto al culto a los cerros.
Finalmente en el texto se deja pendiente el análisis material de las cumbres, para
contrastar la información discursiva con la material con el fin de respaldar la
información oral que da cuenta de la presencia incaica, y analizar la presencia
durante periodos anteriores.

Por otra parte, en su otro estudio titulado “Origen altiplánico de la fase Toconce”
Castro, Berenguer y Aldunate (1984) se realiza un análisis étnico en la región del
Loa Superior. Se sostiene fundamentalmente la idea de que la fase Toconce es
altiplánica en dos sentidos. El primero, porque sus más remotos orígenes estarían
en el altiplano septentrional, y en el segundo, porque aparentemente formó parte
de una sociedad cuyo territorio no sólo comprendía a las quebradas altas de la
cuenca del Salado, sino también a la sección meridional del altiplano de Lípez. Se
lleva a cabo una investigación etnohistórica, mediante la secuenciación
cronológica y material mediante el estudio de la cerámica y su distribución. Se
establece que la red de intercambio consolidada en esta sub-área durante el
primer milenio de nuestra era, no hizo sino, acentuar afinidades culturales que se
habían ido produciendo entre los complejos como consecuencia de sus
experiencias comunes. Es más, se popularizaron una serie de elementos
culturales que de pertenecer a un complejo cicumpuneño en particular, pasarían a
caracterizar a la sub-área en su totalidad. Pese a que las diferencias específicas
entre los diferentes complejos culturales, son notorias, las investigaciones
arqueológicas de la primera mitad de siglo XIX tendieron a generalizar, lo que
derivó en la interpretación de todo este contexto como el producto de una sola
cultura.

Territorio, sacralidad y política en mundo andino


Castro y Uribe en su texto Dos "Pirámides" de Caspana, El juego de la Pichica y
el dominio Inka en el loa superior. estudian las distintas materialidades Incaicas,
que dan cuenta de diferentes estrategias de dominio, las cuales se habrían dado
inclusive de manera simultánea, en la zona alta del desierto de Atacama, en las
cercanías del Río Loa. Dando cuenta inclusive de que algunos sitios de
“asentamientos locales refieren a espacios que reflejan la cotidianeidad de las
poblaciones sobre la cual habría intervenido el Tawantisuyo” (Castro y Uribe 2004,
879). Esto se trabaja a partir de dos pirámides de piedra recuperados de Caspana,
lo que permite explorar aspectos tanto simbólicos como política de las relaciones
entre Incas y locales. Así los autores reconocen que juegos como la pichica y
otros permitieron al inca una estrategia de obtención, y al mismo tiempo de
donación, de tierras. Lo cual representaría la estructura de organización
sociopolítica, dando cuenta del dominio y el traspaso de poder local al aparato
estatal. De aquí surge la posibilidad de entender la pichica hilancula “como una
relación entre conquistador y conquistado, de incorporación y reproducción del
imperio”, de manera que el Inka obligaría a lealtades en todo el Tawantusuyo.
Para los autores, esto sería, “lo que representa el caso de Caspana y los dados en
posesión de algunos segmentos de sus habitantes que vivieron la dinámica del
período” (Castro y Uribe 2004, 880)

Arte Rupestre

Castro y Gallardo (1995) en su texto “El poder de los gentiles. Arte rupestre en
Río Salado” llevan a cabo un estudio de caso en la zona precordillerana del río
Loa, particularmente en el área del Salado, donde se establece el desarrollo de
una prehistoria compleja, “sometida a tensiones culturales provenientes de áreas
vecinas como el Salar de Atacama, el altiplano Boliviano y el noroeste argentino”
(Castro y Gallardo 1995, 79). Por lo que se plantean situaciones históricas
diversas y cambiantes en planos como el ecológico, el económico, el político y el
ideológico. La presencia de cientos de grabados y pinturas rupestres
prehispánicas podrían dar cuenta de una noción respecto a estas dimensiones
sociales complejas. No obstante los autores reconocen las limitaciones de las
preconcepciones del investigador dadas por la orientación de la cultura occidental.
Por lo que reconocen cada cultura crean su propio lenguaje, que dan cuenta de
otros sentidos y significados, que se plasman en las materialidades. Así

“Las palabras, los gestos, las arcillas, las piedras, los metales, los pigmentos, los
surcos… sirven de "materia prima" para la manufactura de mensajes "estéticos"
suspendidos en redes de símbolos e ideologías, sometidos a los vaivenes del
quehacer social, con sus intrigas políticas y sociales, prisioneros de trampas
económicas y ecológicas. (Castro y Gallardo 1995, 83)

De este modo, lo que se pretende es dar cuenta del distanciamiento de la idea del
arte rupestre como un elemento creado para ser una obra de museo. En este
sentido, la interpretación del arte rupestre se puede llevar a cabo desde muchos
puntos de vista, no obstante su verdadero significado esta relegado a los
integrantes de un contexto cultural desaparecido. O dicho por los propios autores
“Interpretar el "arte" de culturas que no son la nuestra, traducir los sentidos y
emociones de "otros" en términos de sentidos y emociones aceptables para
nosotros, es hoy una actividad científicamente discutible, éticamente sensible y
políticamente delicada” (Castro y Gallardo 1995, 87). Esto no significa que estos
estudios estén clausurados, sino que jamás serán absolutos, por lo que la labor
arqueológica y antropológica debe apuntar a leer los signos, dando cuenta la
distancia temporal y cultural, de modo que no basta con estudiar las imágenes
rupestres como imágenes propiamente, ya que esto caerá de por si en una
concepción occidental del arte, de modo que es preciso reconocer que nuestra
practica estética no es universal

Por su parte Núñez y Castro (2011) en “¡Caitunar, Caitunar!. : pervivencia de ritos


de fertilidad prehispánica en la clandestinidad del Loa (norte de Chile)”, expresan
que tras la colonización europea en la zona Andina, se habría dado un proceso de
extirpación de idolatrías en los pueblos de Lasana, Caspana y Ayquina, en la zona
del río Loa Medio y Superior, en la segunda región. No obstante algunos ritos
agrarios de origen prehispánico, que no fueron susceptibles al proceso de
hibridación cultural, permanecieron a través de la clandestinidad. Así los autores
realizan un análisis interdisciplinario a través de la arqueología, la etnohistoria y la
etnografía, en el cual se examina la valorización de un conjunto de íconos
zoomorfos de trascendencia regional, vinculados con buenos augurios para la
fertilidad y reproducción de las cosechas. Dentro de los cuales se encontrarían el
el simio en Lasana, asociado a la protección de las cosechas, el lagarto en
Caspana, relacionado con el agua, la lluvia y la fertilidad, y el Peñón en Ayquina
asociado a la fertilidad y la reproducción. En suma se reconoce elementos
comunes en las tres zonas y sus expresiones rituales agrarias, por una parte las 3
se ven representadas mediante imágenes zoomorfas, por otro lado todas se
emplazan en zonas desérticas, que surgieren un ambiente propicio para la
emergencia de diversas practicas ceremoniales, finalmente se identifica una
correlación entre la capacidad de los ayllus alejados de los templos, para
conservar y realizar sus ritos (clandestinamente) en tiempo en que esta “religión
nativa” se deslizaba de un modo paralelo.

Infancia

Por su parte con respecto a la investigación de infantes en el registro


arqueológico, tanto Jackson (2010) en “Infancia y arqueología: hacia la
construcción de un marco conceptual y expectativas arqueológicas”, como Politis
(1998) en “Arqueología de la infancia: una perspectiva etnoarqueológica” abogan
por la idea de que es una temática que no ha sido considerada en las muestras de
cazadores-recolectores, a pesar de que los estudios etnográficos demuestran que
“los niños son generadores importantes de cultura material, especialmente en los
campamentos residenciales”. En este sentido Politis se centra en su estudio del
grupo indígena de los Nukak, en cambio Jackson realiza un análisis más amplio
apuntando a las metodologías, tomando en consideración numerosas fuentes,
como la propia investigación de Politis, además de otras en el extremo sur de los
Selk’nam u otras etnias en Bolivia y el resto de Sudamérica. Ambos apelan a la
necesidad de reconocer a los diversos actores que conforman el registro,
apuntando a una constante noción androcéntrica y adulto-céntrica, por lo que sería
fundamental el análisis de la producción infantil, la cual se podría datar a través de
mediciones, técnicas, muestras bio-antropológicas, funebria y la propia etnografía.
No obstante, es importante tener en consideración que el concepto de infante, es
una construcción social y cultural, por lo que se establece distinto en cada grupo,
la niñez, la pubertad, la juventud, la adultez y la vejez pueden ser comprendidas
de manera diferida según diversos procesos biológicos y culturales, como son la
menstruación, el desarrollo físico, la reproducción, el matrimonio, etc. Por lo que al
momento de estudiar la niñez resulta fundamental considerar la noción particular
de cada grupo. Por otra parte Jackson destaca la importancia de la actividad
infantil, ya que los índices de natalidad y de mortalidad son altos en comparación
con las sociedades modernas, por lo que cumplen un rol fundamental en
comunidades en las que la población tiene una esperanza de vida no mayor a los
40 años. Esto mismo se demostraría en el caso de los Nukak, etnografiado por
Politis.

Conclusión

Se han presentado numerosos estudios de caso, que abordan temáticas


específicas con mayor profundidad, de modo que el carácter cualitativo toma gran
relevancia. En este sentido, para la arqueología, el estudio etnográfico y
etnoarqueológico resultan fundamentales en tanto permite adquirir información
que a través de las materialidades puramente como tales no se podrían lograr,
permitiendo un análisis más acucioso y con resultados y conclusiones más
enriquecedoras para las futuras discusiones. Así por ejemplo las interpretaciones
del arte rupestre, se nutre absolutamente de las significaciones de las
comunidades que mantienen propiamente las culturas prehispánicas como en el
caso de Lasana, Caspana y Ayquina, o el caso de la relevancia de los cerros para
las culturas Andinas, también en la zona de Caspana, y evidentemente el estudio
del registro arqueológico infantil, el cual se nutre fundamentalmente de la
descripción etnográfica de comunidades que subsisten en su manera tradicional
hasta la actualidad. Por ende el estudio de caso etnoarqueológico, no solo permite
abordar un tema específico en un contexto determinado, sino también permite
nutrir y profundizar el conocimiento arqueológico en su complejidad.

Bibliografía

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Reocupación y resemantización. Una aproximación etnoarqueológica. Actasdel
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Berenguer, J., C. Aldunate y V. Castro, 1984 : la Importancia de los Cerros en la
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Castro, V., J. Berenguer, C. Aldunate 1984 Origen altiplánico de la fase Toconce
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Castro V. y F. Gallardo 1995 El poder de los gentiles. Arte rupestre en Río Salado.
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Castro, V. y Uribe M. Dos "Pirámides" de Caspana, El juego de la Pichica y el
dominio Inka en el loa superior. Chungará (Arica) [online]. 2004, vol.36, suppl., pp.
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Jackson, D. Salazar y A. Troncoso.
Núñez L y Castro V. 2011 ¡Caitunar, Caitunar!. : pervivencia de ritos de fertilidad
prehispánica en la clandestinidad del Loa(norte de Chile). Revista Estudios
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Politis, G. 1998 Arqueología de la infancia: una perspectiva etnoarqueológica
Trabajos de Arqueología 55-2:5-19.