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Breve historia de la literatura de terror

 JAUME
 MAYO 30TH, 2016
 
 ESCRIBIR TERROR
Una de las cosas que siempre digo en mis talleres de terror es que la literatura, al
menos en su forma primordial como cuento tradicional o, incluso como elemento
religioso, nació como un cuento de terror. Para mí la literatura de terror es la
forma original de la narración; todas las narraciones culturales, los cuentos
tradicionales y las mitologías están llenas de elementos de terror, miedo,
desesperación y anhelo. Las mitologías están formadas por arquetipos muy
reconocibles: El Resucitado, El Innombrable, El Ser Oscuro, El Mal…
Por si no me crees te voy a poner algunos ejemplos que reconocerás —y si no los
reconoces te recomiendo que te repases las mitologías/religiones/cuentos clásicos
—:

 Egipto es el imperio más poderoso y grande del mundo conocido, sus


monumentos son la envidia de los reinos vecinos, su poder militar es
insuperable, lo mismo que el esplendor y la tecnología que han alcanzado. Un
buen día, un converso, un iluminado, aparece en la corte y maldice a los
egipcios. Plagas acaban con las cosechas, el agua se convierte en sangre,
llueve fuego del cielo y un ente misterioso termina con la vida de todos los
primogénitos.
 Dos pueblos prósperos y llenos de vida. Dos ciudades que florecen en el
intercambio mercantil y que disfrutan de una economía boyante, son alertados
de que se ciñan a las viejas reglas o algo malo sucederá. Los pueblos, siguen a
lo suyo y, de repente, un buen día, un extraño ser sobrevuela los cielos de los
dos pueblos y acto seguido empieza a llover fuego y las personas se convierten
en estatuas de sal.
 Extraños seres poderosos disfrutaban de su creación, aislados en su
fortaleza, observaban al hombre —su creación más débil— enfrentándose a
bestias y monstruos que eran mucho más poderosos que él, para ellos era un
juego divertido. Uno de ellos, conmovido por su debilidad, roba el fuego —el
elemento más poderoso de la creación— y lo entrega a los débiles humanos,
para que puedan defenderse. Como castigo, es atado a una montaña, cada día
un águila desciende y le come el hígado. Como es inmortal, el hígado crece de
nuevo y cada mañana se repite el terrible hecho.
 Un hombre se sienta cada día en la mesa del Olímpo, es agasajado por
todos los dioses. Un día son ellos los que acuden a comer a su mesa,
abrumado, decide descuartizar y cocinar a su propio hijo. Los dioses se
horrorizan y solo una de ellas —trastocada por el rapto de su propia hija—
prueba la comida, comiéndose el hombro del niño. Los dioses, usando un
caldero mágico y mediante la intervención de las Moiras, reconstruyen al niño
y le dan vida, al tiempo que condenan a su padre a sufrir hambre y sed por
toda la eternidad, sumergido en un lago hasta el cuello y bajo un árbol frutal
que nunca puede alcanzar —este mito era muy popular, tanto es así que tiene
su propia versión en la cultura católica—.

Como podéis ver el terror forma parte de los primeros mitos. En este caso me he
remitido solo a los greco-latinos y judeo-cristianos, la mitología nórdica es una
fuente de historias de terror, pero ya está bien de ensalzar lo de los
demás: nosotros tenemos una grandísima cultura que estamos olvidando. En
el caso de las mitologías greco-latinas e indoeuropeas, podríamos perseguir el
mito del vampiro, hasta la mismísima Sumer, la cultura mediterránea más antigua
que se conoce; Emikku, era un ser vampírico, que poseía los cuerpos de aquellos
que morían de forma violenta o eran enterrados sin seguir las tradiciones —muy
parecido al mito del fantasma moderno—.

Los sobrenatural y la Inquisición


Bueno, hasta aquí mi reivindicación de lo mediterráneo, regresamos a lo anglo-
sajón —qué remedio— para explicar de dónde viene el terror moderno.

En 1235, el Vaticano decidió que había que terminar con la heterodoxia en la fe.
Casi de inmediato empezaron a aparecer casos de herejía por toda Europa, junto
con los muy famosos casos de brujería, que se estancarían culturalmente hasta el
siglo XVII. Cien años después de la aparición de la Inquisición, Dante
publicó La Divina Comedia y su visión particular de Satanás estuvo vigente en la
cultura hasta 1667, cuando fue reemplazada por la visión más moderna que
ofrecía John Milton en su Paraíso Perdido.
Durante aquella época todo —o casi todo— lo que se publicaba estaba
estrechamente ligado a la religión, por ejemplo en 1486 dos monjes Henry
Kramer y Jakob Sprenger escribieron y publicaron el famoso Malleus
Maleficarum —conocido como El Martillo de Brujas— una especie de
terrible guía de uso para los inquisidores. El libro era un compendio sobre las
brujas, fue este libro uno de los principales culpables de las masacres que se
llevaron a cabo por toda Europa y América.

El famoso
Malleus Maleficarum, el libro de cabecera de la Inquisición
Por suerte hacia 1580 las cosa empiezan a cambiar, en Londres, gracias al auge
cultural que vive la ciudad, empiezan a aparecer obras de teatro distintas, aunque
igual de terroríficas, pero que empiezan a despertar una cierta libertad literaria.
Todos señalan que comenzó con la obra Tragedia Española de Thomas Kyd, que
abría la puerta a esas tragedias sangrientas en las que «moría hasta el apuntador».
Kyd fue seguido por el Bardo Inmortal con obras terroríficas
como Hamlet, McBeth o Tito Andrónico, esta fiebre por los slashers teatrales y
las muertes en escena terminaría con la obra La Duquesa de Malfi y la muerte no
regresaría a los escenario como protagonista hasta 1730 con Hernani, de Víctor
Hugo.
Otro ejemplo de esta literatura ligada a la religión, aunque perfectamente
considerable como literatura de terror, es la de Agustín Calmet, un monje
benedictino francés, que escribió un verdadero tratado sobre vampiros y otros
seres sobrenaturales, en su famosa obra El mundo de los fantasmas.

La novela gótica y la nueva literatura de terror


Ya en 1714 apareció un grupo de tipos raros, delgaduchos, pálidos y con
perillitas a los Satanás que se hicieron llamar Los Poetas de la Tumba, entre
ellos destacaba Thomas Parnell con su obra A Night-Piece on Death, una
recopilación de poemas con temas de terror y muerte.
Unos años más tarde, en 1731, el gobierno del Imperio Austriaco ordenó una
investigación profunda de los hechos acaecidos en la pequeña villa de Medvegja.
Allí un hombre, Arnold Paole, había fallecido al caer de un carro de paja. Paole,
había estado presumiendo de que, durante una estancia de tres años en Turquía
había sido mordido por un vampiro, para curarse de aquella maldición se había
bañado en la sangre y en el barro de la tumba del mismo. Sin embargo, al morir
Paole, las cosas se pusieron feas, mucha gente del pueblo comenzó a
palmar misteriosamente, la gente, asustada, desenterró al tal Paole —que además
estaba bastante bien conservado—, le clavó una estaca en el corazón y quemó sus
restos. Sin embargo, la gente siguió muriendo misteriosamente.

Esta historia, corrió como la pólvora por toda Europa, debido a un estudio en
profundidad del caso que realizó un tal Johannes Fluckinger y en el que
corroboraba las versiones de los habitantes de la pequeña localidad húngara. En
aquel momento, los científicos y filósofos, quedaron fascinados por el caso y la
fiebre por el vampiro inundó Europa, siendo esta historia real la semilla
primigenia de todos los relatos vampíricos posteriores y la verdadera fiebre por el
vampirismo que azota Europa —incluso hasta nuestros días, pues el vampiro es
un arquetipo tradicionalmente ligado a Europa—.

De aquel germen aparecería en 1765, la que está considerada por todos los
expertos como la primera novela de terror, El Castillo de Otranto, de Horace
Walpole. Es también es la primera novela gótica, fue la semilla de la
literatura de terror moderna. La siguiente novela de terror sería Los Misterios
de Udolfo de Anne Radcliffe, una novela que influyó muchísimo en otros autores
como Lord Byron o Walter Scott.
El Castillo de Otranto, de Horace Walpole
En esta etapa otros autores como Matthew Lewis aportaron su propia visión,
haciendo crecer el género con sus obras, en 1705 publicó El Monje, de forma
anónima, Radcliffe quedó tan impresionada por la oscuridad de aquella obra que,
como respuesta, escribió El Italiano. En aquella época, este tipo de «peleas»
entre autores eran bastante comunes. Otros autores como E.T.A Hoffman
también ponían su granito de arena en el género de terror con cuentos cortos que
comenzaban a apelar al hombre y la psique como principal enemigo, obras
como El hombre de Arena o los Elixires del Diablo, forman parte de los cánones
del terror.

La reunión que cambió la literatura


Sin embargo, si la literatura de terror tiene una fecha marcada esa es junio de
1816. Durante tres días, un grupo de amigos formado por el poeta Percy Shelley,
su joven esposa Mary Wollenstonecraft, el doctor John William Polidori y el
excéntrico aristócrata Lord Byron se reunieron en una mansión a orillas del lago
Ginebra. Atrapados por una tormenta, deciden hacer una batalla de cuentos de
miedo, lo que en aquella época era conocido como Phantasmagoría.
De aquella batalla intelectual nacería la novela que cambiaría el terror —y que
inventó la ciencia ficción—, Frankenstein o El Moderno Prometeo. Pero no solo
eso, de esa reunión también saldría una novelette que sentaría las bases para
todas las historias de vampiros modernas, me refiero a El Vampiro de John
William Polidori, cuyo personaje es una caricatura de Lord Byron, un sátiro
insatisfecho en busca de jovencitas —lo erótico en lo sangriento—.
Por aquella época el terror aparecía de nuevo sobre los escenarios londinenses,
obras como El Elixir del Diablo de Fitz Ball o El espectro del castillo de
Matthew Lewis hicieron las delicias del personal. Estas representaciones
llamadas «la trampa del vampiro», que Anne Rice retrata de maravilla en la
troupe de vampiros parisinos dirigida por Armand el vampiro, eran misteriosas y
sangrientas, durante un tiempo maravillaron al público. Sin embargo, la gente se
cansó pronto y por lo caras que resultaban, pronto desaparecieron de nuevo pues:
«el diablo dejó de estar de moda».
En esa misma época 1833, cuando el terror parecía condenado a desaparecer,
apareció en el Baltimore Saturday Vistor una historia que lo puso de nuevo en
primera plana, El Manuscrito Hallado en una Botella de Edgar Allan Poe, dio
una nueva vida a la literatura de terror.

Literatura de terror para niños


En el siglo XIX el terror se apoderó de todas las formas de arte, penetró en cada
una de las disciplinas y brilló en todas. En 1819 Francisco Goya pintó los
conocidas Pinturas Negras, óleos pintados como respuesta al terror que se vivió
durante la invasión francesa de España, una de sus obsesiones siempre fueron los
aquelarres y las brujas, tan presentes en el folklore aragonés. En los años
siguientes el terror aparecería también en la música, Héctor Berlioz compondría
sus Sinfonías Fantásticas, la gente quedaría maravillada por lo macabro de
aquellas piezas. Tiempo después Saint Saëns, apelaría también al terror con
su Danza Macabra.
Aunque empezaba a ser un tiempo de luz y descubrimientos, donde la ciencia
tenía un peso enorme, todavía eran tiempos de lucha, donde la violencia y la
muerte estaban en todas partes. Los estudiosos actuales se escandalizan al leer
las obras originales de los Grimm o los detalles escabrosos y terroríficos de las
obras de Andersen, sin embargo, los niños de aquella época convivían con la
muerte a diario —epidémias, como la cólera en España, guerras, masacres,
hambre—, hoy en día todas estas historias han pasado por el filtro Disney, con lo
que eso supone.
Y aunque muchos no estén de acuerdo las obras de Lewis Carroll Alicia en el
País de las Maravillas y A Través del Espejo, son obras que conjugan
perfectamente, lo extraño con el terror y que han influenciado a muchos
escritores de terror, además el poema de Carroll «El Jabberwocky» mezcla lo
absurdo con los elementos más conocidos del terror.

La revolución de los Penny Dreadful


La Revolución Industrial cambió el mundo por
completo, y la literatura no pudo ser menos. Las ciudades estaban abarrotadas de
personas que infra-vivían, soportando larguísimas jornadas de trabajo —mujeres,
hombres y niños—, con sueldos miserables y en unas condiciones de vida
horrendas. Por aquella época la gente necesitaba evadirse de sus vidas, como
respuesta aparecieron los Bloody Penny, que con el tiempo se convertirían en
los famosos Penny Dreadful; folletines, con historias de terror intensas y
cortas, eran historias viscerales y directas, nada que ver con la alta
literatura, todo lo contrario, eran historias para el populacho.
Tal vez el Penny Dreadful más famoso sea Sweeney Todd, el barbero
diabólico (aunque originalmente se llamó El Collar de Perlas), aparecido en
1847. Detrás del barbero aparecieron otros grandes mitos del terror como Varney
el Vampiro que influiría directamente en el Drácula de Bram Stocker o Wagner
el Hombre Lobo.
Las duras condiciones de aquella gente, sumado a la vida hacinada y sucia de la
ciudad, hicieron que la delincuencia juvenil aumentase exponencialmente,
llegando a ser un verdadero problema social. Sin embargo, la sociedad burguesa
de la época culpó del problema a los folletines de terror, según ellos los Penny
Dreadfuls incitaban a la violencia —¿no os suena esto de algo?— y cuando un
padre encontraba a su hijo con uno de estos folletines, inmediatamente acababan
en el fuego. Se llegaron a realizar quemas de libros públicas, por lo que encontrar
ejemplares originales de Penny Dreadfulls, es toda una odisea para los
coleccionistas.

La muerte del gótico


En 1872 un tal Sheridan LeFanu escribe Carmilla, la historia de una
vampira. LeFanu apuñala al gótico en el corazón, pues es el primero en
introducir esos elementos de terror sobrenaturales en el día a día,
desmantelando y olvidando todos esos escenarios góticos y trayendo el terror
a nuestras casas, a nuestras vidas. El gótico muere y la novela de terror
victoriana, da sus primeros pasos.
Existe un nuevo marco social, las ciudades crecen y se vuelven impersonales, los
vecinos apenas se conocen, se vuelven violentas y uno ya no puede contar con la
benevolencia del prójimo. La literatura de terror empieza a buscar la
moralidad personal, el monstruo interior. En ese estado de ansiedad social,
Robert Louis Stevenson, basándose en un hecho real, escribe Doctor Jeckyll y
Mister Hyde, que se convierte en un éxito instantáneo. Tres años después, Jack el
Destripador aparece y crea por sí mismo un nuevo arquetipo que permanecerá
en la literatura de terror, aunque no será hasta 1913 cuando su figura aparecerá
retratada en la obra de Marie Adelaide Belloc Lowndes, The Lodger: A Story of
the London fog.
A este lado del canal de la Mancha, en Francia aparecerá por esa época el
famoso Grand Guignol, obritas de teatro macabras y extremadamente violentas,
que casi siempre terminaban con venganzas, desmembramientos y otras
salvajadas por el estilo, casi siempre presentaban mujeres traidoras, engaños
sentimentales y hombres manipulados, el primer cine de Hitchcock bebería de
este género parisino en grandes cantidades. Además de introducir nuevos
arquetipos en el género —como la esposa manipuladora y la femme fatale— el
Gran Gignol creaba una estética y sentaba unas bases muy lejanas aunque sólidas
para la llegada del «gore» en épocas muy posteriores.
En Francia aparecería la primera definición de literatura de terror, de mano del
poeta Paul Verlaine, que diría que: «el terror es una mezcla del espíritu carnal y
la triste carne, con todo el violento esplendor de un imperio decadente». Como
figura del terror francés cabría destacar a Guy de Maupassant, un maestro del
cuento macabro, con historias como El Horla.
En España durante el siglo XIX y principios del XX aparecen los grandes
escritos de terror, aunque la figura principal del terror romántico en España será
Gustavo Adolfo Bécquer, otros como Espronceda, Alarcón, Baroja o Blasco
Ibáñez, pondrán su granito de arena en el género. Aunque si tenemos que hablar
de un autor de esta época, será de Horacio Quiroga, maestro del cuento de terror
latinoamericano, a menudo comparado con Poe.

La Transición al terror moderno


En 1893, Ambroce Bierce, publicaría sus historias de fantasmas y de guerra, lo
que daría comienzo a un terror contemporáneo, pues metía de lleno el arquetipo
del fantasma en un entorno moderno. H.G Wells iría un paso más allá con su
obra La Guerra de lo Mundos, una mezcla de ciencia ficción y de terror,
trayéndose desde el espacio exterior, una nueva fuente de miedo.
Por entonces comenzaron los primeros experimentos en el cine. De las antiguas
Fantasmagorias —representaciones de «humos y espejos» en las que se hacían
volar espectros por las salas— aparecieron las primeras películas de terror.
Varias adaptaciones de El Doctor Jeckyll y Mister Hyde de unos dieciséis
minutos de duración, tuvieron cierta repercusión en el público general, por lo que
el terror se convertiría en un tema recurrente para los primeros directores de cine,
que encontraban en estas narraciones cortas una fuente de ingresos fiables.
En esta época el modus operandi de los escritores de terror cambió de la novela al
cuento corto, Algernoon Blackwood, extendió el uso del cuento como forma de
escribir terror. Miembro de la Golden Dawn, compartió reuniones secretas con
otros grandes escritores, como el infame Alister Crowley, Lord Dunsany,
William Butler Yeats, Arthur Machen y Sax Rohmer —desconocido ahora, pero
muy famosos en su época por obras como Fu Manchú o Los Casos de Moris
Klaw, el detective de lo onírico—. De la Golden Dawn salieron la mayoría de las
obras de terror de aquella época.
Entonces, mientras en Europa, el terror desaparecía engullido por los periodos de
guerras —y no reaparecería realmente hasta los 80 con Barker y James Herbert
—, en Estados Unidos, la literatura de terror tuvo su época dorada con las
publicaciones Weird Tales y los autores que las formaban como H. P
Lovecraft o Ray Bradbury.
El terror en la historia moderna
El periodo de guerras borró el terror de la literatura europea, sin embargo, en
Estados Unidos, la Gran Depresión no hizo que aumentara el afán de los
americanos por este tipo de literatura. La Sombra y La Araña, producciones
radiofónicas de terror, tuvieron sus adaptaciones en forma de novelas, en casi
todos los casos estas obras —conocidas generalmente como literatura pulp— se
inspiraban en el Grand Gignol francés. Las revistas pulp sobrevivieron hasta
1950, donde su popularidad comenzó a decaer, al aparecer los cómics.
Los horrores de la Segunda Guerra Mundial ensombrecieron a los horrores de la
ficción literaria, y el miedo a lo nuclear se extendió por todo el mundo. La
literatura durante aquellos años giró entorno al miedo a lo nuclear con la
irrupción de la ficción WASP —White Anglo Saxon People—, con obras
como El Increíble Hombre Menguante o La Invasión de los ladrones de cuerpos.
Sin embargo, en 1950 el terror regresaría a lo grande con Soy Leyenda de
Richard Matheson, la primera novela moderna de vampiros. En 1959 Shirley
Jackson inauguraría el conocido como gótico americano con su novela La
maldición de Hill House, la mejor novela de casas encantadas de todos los
tiempos.
A finales de los años 50, en 1957, sería arrestado en Plainfield, Ed Gein, que se
convertiría en otro de los grandes arquetipos del terror. Gein, un granjero que
padecía retraso mental, asesinó a varias mujeres, las descuartizó, comió partes de
sus cuerpos, se confeccionó una piel de mujer con sus pieles y realizó muebles y
utensilios con la piel y otras partes de las víctimas.
Ed Gein crearía toda una serie de villanos y cambiaría el pie a la literatura de
terror en los años 60. El primero libro basado en su figura llegaría a principios de
los 60, de la mano de Robert Bloch, Norman Bates, protagonista de Psicosis,
estaba basado, casi por completo en Gein. Ed Gein se abrió paso en el
subconsciente colectivo, hasta el presente, apareciendo en las obras de Thomas
Harris en personajes como Buffalo Bill o el mismo Doctor Lecter. También el
cine le tenía reservado un espacio especial en películas como La Matanza de
Texas, por lo que podemos decir que, como sucedió con Jack el
Destripador, Gein se ha convertido por sí mismo en un arquetipo del terror.
Tras la histeria nuclear, los años 50 y 60 vivieron una calma tensa que estallaría a
mediados de los 60 con lo más crudo de la Guerra Fría —Bahía de Cochinos y
los 13 días que mantuvieron al mundo en jaque—. En medio de esta sociedad
paranoica, aparecería Ira Levin, con una historia completamente diferente a todo
lo que se había visto hasta el momento, La semilla del Diablo, ponía sobre el
tapete lo que los gafapastas llaman ficción especulativa y devolvía finalmente el
terror a la forma de la novela de corte más clásico.

Una forma diferente de terror


Sin embargo, tendríamos que esperar hasta los años 70 para volver a disfrutar de
una época dorada para el terror, William Peter Blatty se encargó de inaugurarla
con su obra El Exorcista, Stephen King seguiría sus pasos y pondría el terror en
todas nuestras casas con Carrie. A estas obras las seguirían otras
como Tiburón de Peter Benchley. Todo el terror que se producía por la época
terminaba en la gran pantalla, con una explosión de directores jóvenes que
apostaban por resucitar el cine de terror.
El terror estaba viviendo una nueva época dorada, con una explosión de nuevos
autores, plumas visionarias que dieron al terror una forma y consistencia como
nunca antes se había visto. Autores como Dean Koontz, Peter Straub o Ramsey
Campbell —para mí uno de los mejores escritores de terror, junto a Stephen King
—.

A partir de finales de los 70 el terror pasaría de la novela al cine, siendo este un


terreno sembrado de grandes narraciones de terror. Los 80 llegaron con el que fue
bautizado por King como: El Nuevo Rey del Terror, Clive Barker, que daría un
giro de 180º al terror moderno, hablando de sangre, pactos con demonios de otras
dimensiones y todo tipo de entidades sobrenaturales que convierten nuestras
debilidades en nuestra peor pesadilla, vampiros mentales y aberraciones
sanguinolentas.

Fue aquí, en los 80, cuando estalló completamente el consumismo, la sociedad


necesitaba material que devorar con rapidez. El ritmo de vida se había acelerado
completamente, ya no quedaba tiempo para sentarse a leer, la gente comenzaba a
pedir material que devorar en hora y media y el cine tenía la respuesta a esa
necesidad. En los 80 los videoclubs eran los reyes y el cine el principal productor
de material de terror.
Poco después a caballo entre los 80 y los 90, serían de nuevo los asesinos seriales
los protagonistas de la literatura de terror, personajes como Hannibal Lecter o
Patrick Bateman, se apoderarían del género. Eran esas obras Dragón Rojo, El
Silencio de los Corderos y American Psycho, las que marcarían —junto a la
interminable producción de Stephen King— el devenir del terror en este nuevo
milenio.
Del terror moderno llevo unas semanas hablando; sobre sus nuevos temas y sobre
por qué no funciona al mismo nivel que antes. Las formas del terror han
cambiado, la literatura de terror está evolucionando y el cine de terror
también está en ese proceso de transformación —quizá perdiendo garra, como
sucediera con aquellas representaciones teatrales del siglo XVI—, sin embargo,
podemos estar contentos, pues nuevas formas de terror están surgiendo. Aunque
en el mundo de las series para televisión el terror todavía no ocupa el puesto que
se merece —uno que sí tenía hace unos años con series como Más Allá del
Límite, Twin Peaks o Pesadillas y Alucinaciones—, los videojuegos han apostado
fuerte por el terror y revisionan viejos mitos con adaptaciones de Lovecraft o
versiones de películas como The Omen —me refiero a Lucian—.
Hasta aquí mi «breve» repaso de la literatura de terror, si has sido capaz de
soportar estas casi 4000 palabras, es que de verdad eres un apasionado del género
—o tienes demasiado tiempo libre—. Espero que hayas aprendido algo con todo
esto, tal vez hayas descubierto un par de títulos, quizá acabas de conocer un
autor, sea como sea, gracias por leer. Ahora, si crees que es interesante, comparte
en tus redes sociales y no te olvides de comentar!

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Jaume
Escritor y redactor. Me encanta escribir y los blogs. Me gusta compartir lo poco
que sé con los demás. Soy geek y orgulloso. Autor de Blackwood: Piel y Huesos.
¿Quieres saber más? Lee lo que escribo, no tardarás en conocerme.

8 Comments

R. R. Lopez
mayo 30th, 2016
Me quito el sombrero, señor.
Magnífico artículo. Es curioso, porque para este mes que entra estoy preparando
una lista de los mejores libros de terror, aunque no es la típica lista, está basada
en un criterio sorpresa, y lo curioso es que casi todos los libros que mencionas
como claves del género están en ella, y lo más gracioso es que los libros que la
componen no los he escogido yo.
Sería interesante comparar el mito del vampiro en todas las culturas, porque es
una constante, desde la bíblica Lilith de los judíos, que fue la primera vampira,
pero eso sería ya harina de otro costal.
Solo apuntar que Bram Stoker también perteneció a la Golden Dawn.
¿Casualidad?

Jaume
mayo 30th, 2016
Todos los grandes escritores de terror de esa época formaron parte de la Golden
Dawn, yo no creo en las casualidades, así que…
Oye, pues mi has picado, eh! Ya tengo ganas de ver esa lista que comentas, es
curioso porque uno de los artículos que tengo planeados es eso también, una lista
con los libros de terror básicos para cualquier escritor de terror, una especie de
cánon del terror. Tendré esperarme y comparar con tu lista antes de hacerla.
Sobre el tema del vampiro, estoy preparando una serie de artículos también sobre
arquetipos del terror y sobre los principales villanos de las películas y las novelas
de terror, una especie de análisis de los malos malísimos. Si te animas a colaborar
con algún villano me parece que Cthulhu está libre…
¡Un saludete!

R. R. López
junio 1st, 2016
ahhhh! ¡Cómo mola! Pues sí que me gustaría sí.
Resérvame a Chthulhu y a Wilbur Whateley.

Daniel
junio 9th, 2016
Excelentr artículo, pero hablando de atrocidades, tragedias sangrientas y terror
psicológico no entiendo cono Edgar Allan Poe no está en el artículo más que
como comparación con Quiroga. Acepto que no sé tanto de terror como quisiera,
pero dejar a Poe por fuera sería como dejar a Shelley o a Lovecraft.
Gracias por la info, está gebial, seguiré leyendo sobre esto por que ano el tena

Jaume
junio 9th, 2016
Poe aparece en el artículo exactamente en la misma medida que Lovecraft o
Barker, por ejemplo, apenas menciono a Stoker o Sheridan Le Fanu, y ni
menciono a Harlan Ellison… Pero es que claro, lo de «breve historia del terror»
es por algo, por pretendía ser breve y si tengo que parar tres párrafos en cada
autor de terror… la llevamos clara.
No creo que Poe sea el terror, Poe es un escritor de terror más, que sea
mainstream no significa que sea el más importante o que todo artículo sobre
terror tenga que referenciarlo, creo que más bien sería al contrario. Poe tiene el
lugar que merece en este blog, porque ya he hablado de él en otro artículos.
Claro que podría haber hecho un artículo de lo más simplista, como los millones
de artículos que hay por Internet, limitándome a decir que el terror es Poe,
Lovecraft y King… Pero bueno, mi idea al escribir esto era hacer algo breve,
pero a la vez algo más profundo y diferente a lo que hay por ahí.

Dan Rope
junio 10th, 2016
Yo llegaría aún más lejos que el Antiguo Egipto y apostaría a que el hombre
primitivo ya contaba historias de un dientes de sable más grande, feroz e
inteligente que el resto de su especie y con un gran apetito por la carne humana.
Claro que, eso no podemos saberlo. Así que empíricamente lo más antiguo son
los textos religiosos de esas culturas antiguas que, por supuesto, rezuman terror.
Mientras más folclore y leyendas de monstruos e investigado más evidente veo
que las culturas han creado monstruos para educar a la gente. Respeta las
tradiciones, respeta a los mayores… o vendrá lo que acecha en la oscuridad y se
te llevará. En culturas antiguas como la de los celtas folclore y religión era una
misma cosa. Pero las religiones más “civilizadas” como la cristiana funcionan
igual sólo se han vestido de forma diferente. Respeta las tradiciones, respeta a los
mayores… o irás al infierno y te quemarás por toda la eternidad.
Obediencia a través del miedo.
En el gótico pudiera parecer que el terror se vuelve algo más estético y menos
moral pero de hecho usa el gusto estético con fin moralizante: asociación de
belleza a la bondad y de fealdad a la maldad. Las heroínas son virginales, las
mujeres licenciosas son villanas si no son además el monstruo: súcubos,
vampiresas…
LeFanu bien podría haber apuñalado a la literatura gótica pero igualmente
Carmilla trata de seducir a Laura a un tipo de amor pecaminoso, lésbico. De
nuevo, es moralizante.
¿Y qué decir del cine de terror? En los 70 y 80 parecen que todos los guionistas
fueran de la derecha conservadora. Los jóvenes que atiendan a sus bajos instintos
han de morir, la que sobrevive es la virgen… y el negro el primero en morir por
eso de mantener el barrio WASP.
Ya en los 90 la cosa se relaja, sobre todo con Scream que parodia las
convenciones del género, esos prejuicios mal ocultados. La protagonista hace el
amor… ¡y aún así sobrevive! Se subvierten las expectativas.
El terror es quizá el género con mayor demanda, no sé si en literatura pero en el
cine desde luego. Eso también ha traído la consecuencia de la sobresaturación y
exceso de morralla. Tenemos obras formulaícas. Demasiado. Hay que estar ojo
avizor para encontrar la joya entre la basura. Y así estamos los aficionados al
género, escarbando en busca de tesoros ocultos.

Jaume
junio 11th, 2016
En el siguiente artículo, de hecho ya hablo sobre los hombres de las cavernas y el
terror, los cuentos de miedo alrededor del recién descubierto fuego.
El terror siempre ha sido un arma para educar, para moralizar. Tiene un poder
muy grande sobre nosotros, piensa en cómo muchos gobiernos y grupos de poder
lo usan para controlar y gobernar regiones, no necesitamos irnos a la edad media
o a los tiempos bíblicos, hoy en día siguen habiendo gobiernos y grupos que usan
el miedo como arma y como forma de moralizar. Un ejemplo muy claro de esto,
son las ejecuciones del Isis, ¿qué pretenden? Gobernar mediante el miedo, educar
mediante el miedo. Forma parte del ser humano desde siempre, supongo.
La cultura celta y la “romana” son muy diferentes, piensa en cómo americanos e
ingleses han desarrollado un folklore sobrenatural muy fuerte y cómo lo han
explotado en literatura y cine, mientras que los países mediterráneos, a pesar de
poseer una cultura igual de fuerte, escondemos esas partes. Supongo que eso se
debe en gran a la mentalidad de la Roma imperial, para ellos solo cabía entender
lo que se podía contar y clasificar —sus números, por ejemplo, no sirven para las
matemáticas, solo para contar cosas—. De esta mentalidad y de la necesidad del
cristianismo de prevalecer sobre unos dioses paganos, nos queda ese alejamientos
de los cuentos de fantasmas, ese tapar lo que no entendemos… Creo que es la
frase que más he oído repetir a Iker Jiménez en sus programas: “aquí no se habla
de estas cosas”. Es un tema cultural, el cristianismo primitivo convirtió en tabú
estos temas, tapando una tradición muy larga…
El primer ejemplo de un fantasma moderno, es el descrito por Plinio el Joven,
aunque alguna versión anterior de Plutarco… sin contar los ejemplos de
fantasmas como el de Héctor que se el aparece a Eneas en la Eneida o el que
aparece en El Asno de Oro de Apuleyo y que busca venganza contra su asesino.
Sin embargo, con el cristianismo las ánimas y su culto se convierten en algo
marginal, casi en tabú, de la misma forma los sucesos paranormales.
LeFanu apuñala a la literatura góticas en sus formas, no en sus contenidos. Es él
el que arranca a la literatura de los lugares sombríos y tétricos y nos trae un
miedo más vulgar, en nuestras propias casas, debajo de nuestra cama, en la puerta
de la habitación… Eso era impensable, era una violación de lo más sagrado,
penetrar en nuestro sancta sanctorum, el lugar en el que dormimos, comemos y
vivimos… Es el uno de los primeros que logran dar un giro de esa literatura tan
encorsetada que es el gótico, hacia lo victoriano… Que no deja de ser
moralizante…. Porque el terror nunca deja de serlo, en el fondo.
En los 70 y los 80, todavía coleaba en USA el fantasma de McCarthy y de la
cazas de brujas y los 80 con Reagan a la cabeza eran tiempos conservadores, fue
la época del sueño americano en todo su esplendor. Te recomiendo el documental
de los 80, si no lo has visto, para entender un poco mejor esa época. Había que
consumir y para consumir, uno tenía que cumplir los cánones del “yupismo”. Lo
puedes ver en American Psycho, Easton Ellis, te hace una fotografía perfecta de
cómo eran los yupies de los 80 y los 90. En parte es él quien se carga todo ese
rollo tan de derechas —que en realidad allí no entienden de derechas o izquierdas
—. Aunque bueno, es la cultura grunge la que da un empujón a la sociedad
americana con todo un batallón de famosos que, de repente, tenían mucho poder
y muchas ganas de cambiar las cosas.

Itzel
julio 6th, 2016
Excelente reseña! Soy fan de la literatura y el cine de terror con mis
restricciones , ja,ja! De hecho veo y gozo películas de terror desde los 7 años y
no entendía por qué a mí me relajaban y a los demás les hacían gritar, será esa
oscuridad que todos llevamos dentro pero no nos atrevemos a mostrar. Más tarde
me enamoré de H.P. Lovecraft y seguimos teniendo una gran relación!

http://www.excentrya.es/breve-historia-la-literatura-terror/