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CELEBRACIÓN MARIANA DE LA SOLEDAD

SÁBADO SANTO
CATEDRAL DE GIRARDOT

MONICIÓN INTRODUCTORIA

Hermanos, María, Madre de la soledad y Madre de la esperanza, nos invita esta tarde a compartir con
ella la confianza en la resurrección. Ayer en el calvario fue constituida nuestra Madre y Madre de la
Iglesia. Hoy nosotros nos reunimos con Ella para esperar el triunfo de la Vida en la Vigilia de
Resurrección.

CANTO

MONICIÓN A LA PROCESIÓN

Ahora con un corazón humilde dispongámonos a acompañar a nuestra Madre en este recorrido,
aliviando su soledad con el amor de nuestros corazones que unidos al suyo esperan la resurrección de
nuestro salvador.

MISTERIOS DOLOROSOS

1. Por todos los que sufren enfermedades tanto físicas como espirituales.

2. Por todos aquellos que han sido víctimas de la violencia.

3. Por todos los que han perdido su empleo y no logran tener una estabilidad en su vida.

4. Por todas aquellas madres que por diversos motivos han perdido a sus hijos.

5. Por quienes se encuentran en medio de la desesperación y la desolación de no encontrarle sentido


a sus vidas.

NOTA: en el intermedio de cada misterio se realiza un canto.

MONICIÓN FINAL

Con María, unidos en la oración, esperamos la resurrección del Señor. Con ella también esperamos
nuestra resurrección definitiva en la Resurrección final. Que la esperanza de la virgen Santísima sea
también nuestra propia esperanza. Podemos ir en paz.
MENSAJE MARIANO

Hermanos, después de hacer este recorrido con nuestra Madre Dolorosa, nos recogemos en este
instante en una reflexión sobre el misterio de su soledad.

Vayamos en espíritu a Jerusalén, a la tarde del viernes santo de hace dos mil años. ¡Que triste fue el
retorno de la Virgen desde el calvario y del sepulcro de su hijo, hasta llegar a su casa en Jerusalén! A
cada paso en el camino y en las intrincadas calles de la ciudad santa, encontraba Ella los rastros
sangrientos de la Víctima divina.

María en su dolor y en su soledad, es el símbolo de la humanidad que llora y busca a Aquél que es lo
más grande que ha pisado nuestro mundo: Jesucristo. La humanidad camina como en soledad,
porque ha pecado, el pecado es la soledad suprema, porque aparta al hombre de Dios y al hombre
del hombre. María sufre la soledad, pero no porque haya pecado, sino porque ha asumido con su hijo
la redención del mundo, por algo le dicen “La Corredentora”.

Hermanos, la Virgen María no cometió pecado, pero asumió con su hijo Jesús, el sufrimiento por
nuestros pecados. Por eso sintió Ella la soledad de su Hijo, muerto y sepultado.

En esta celebración mariana, acudamos a nuestra Madre, a ese mar de amargura, que es maría la
dolorosa, para que Ella interceda por nosotros y podamos recibir la gracia del señor para
arrepentirnos de nuestros pecados y prometer llevar una vida cristiana más auténtica, para no hacer
inútil en nosotros la muerte de su Hijo.

Madre de los Dolores, sigue vigilando, sobre nosotros, como desde tu casa en Jerusalén vigilabas el
sepulcro de Cristo. Haz que tu Hijo resucite en nuestra alma y de esa manera se aleje de cada uno la
terrible soledad del pecado y se abra nuestra existencia a los fulgores de la Resurrección, dándonos
así acceso a la luz gloriosa de una eternidad feliz. Amén.
ORACIÓN DE FIELES

Invoquemos a Dios nuestro Padre, que escogió a una mujer de nuestra raza para madre nuestra y
digámosle:

Que la llena de gracia ruegue por nosotros

Señor nuestro, que quisiste que la Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Cristo,
haz que caminemos junto a ella a esa misma gloria.

Tú que nos diste a maría por Madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los
tristes y perdón a los pecadores.

Tú que hiciste de la Virgen María la “llena de gracia”, concede abundancia de dones a todos tus hijos.

Tú que coronaste a la Virgen María como reina del cielo, ten piedad de nuestros hermanos difuntos.

Tú que diste a María el consuelo en su dolor, ayúdanos a llevar nuestras penas con esperanza en tu
amor.

Dios Padre Nuestro, que por tu misericordia nos haz dado a la virgen María como nuestra
compañía en el caminar a tu lado, permite que imitando sus virtudes logremos dar el sí
generoso a tu llamado a servir a los demás. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.