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Como si no

hubiera un
mañana

FRANCISCO
JAÉN
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A Rosa Lidia Fátima Ventura.
Gracias por ayudarme en mis
alocados proyectos online.
Incluso en este
ÍNDICE
ARIES
TAURO
GÉMINIS

CÁNCER

LEO

VIRGO
LIBRA

ESCORPIO
SAGITARIO

CAPRICORNIO

ACUARIO

PISCIS
ARIES
En el principio… fue la línea de comandos.
Neal Stephenson

C oncentrado, repasaba los datos que le ofrecían


los servidores cuánticos. Unos equipos capaces
de almacenar, por separado, cientos de miles de
qbytes. En conjunto, millones. A una velocidad de
procesamiento tal, que sus CPU debían de
mantenerse a una temperatura cercana al cero
absoluto. Es decir, a -273’15o centígrados. Con esas
capacidades, se esperaba que la inteligencia artificial
fuese capaz de arrojar nueva luz, en los
experimentos que allí se realizaban desde hacía
décadas.
Jordi había bautizado a su computadora como
«HAL 9000», en homenaje al superordenador
imaginado por Arthur C. Clarke para sus odiseas en
el espacio. Aunque esperaba que el suyo no se
rebelase un día de estos. Al menos, a él no podría
dejarle tirado en el espacio. La carrera espacial era
ya un recuerdo del siglo XX. En eso, los antiguos
escritores de ciencia ficción no estuvieron
acertados. A nadie parecía interesarle poner un pie
en Marte, ni establecer ninguna base para extraer
minerales en la Luna.
FRANCISCO JAÉN

Las obsesiones de los científicos a lo largo del


siglo XXI habían sido otras. La velocidad de la
transmisión de la información, la seguridad al
realizar dichas transmisiones, el internet de las
cosas, la nanotecnología, la robótica, que las
máquinas puedan enviar información directamente
hasta el cerebro humano, o al revés, del cerebro
hasta las máquinas. Por no hablar de la
manipulación de otro tipo de información, la
genética. En definitiva, estábamos en la Era de la
Información, y la Era Espacial había pasado ya a mejor
vida. Eso sí, de vez en cuando, aparecía algún
millonario excéntrico, con sueños de astronauta.
Pero lo que a Jordi le interesaba en ese momento
era su experimento, era si la inteligencia artificial
permitiría descubrir nuevas partículas y
subpartículas atómicas. Hasta ese momento, no se
había percatado de nada extraño. El
comportamiento de los quarks había sido el
esperado por sus compañeros del departamento de
física. Hasta el punto de ser idéntico a la recreación
hecha previamente por «HAL 9000». Pero uno de
sus ayudantes parecía haber encontrado algo que no
encajaba, como le señalaba el panel de su escritorio.
Pulsó el botón, y le preguntó cuál era el problema.
—¿Quién es Frederic Teubert?
—No lo sé.
—¿Y Fabiola Gianotti?... Verá señor, estoy
recibiendo varios correos electrónicos de personas
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que se supone que trabajan aquí, porque resulta que


se envían desde aquí. Pero no los encuentro en la
base de datos, y dicen cosas muy raras en sus
emails. Utilizan nuestras siglas, pero con otro
logotipo... Pienso que podría ser una broma, quizás
algún tipo de ataque informático. Creo que debería
de darle un vistazo.
El nombre de Fabiola Gianotti le sonaba de algo,
pero ahora no caía. Cuando vio los correos, como
su ayudante, pensó que debía de tratarse de una
broma. Aunque los datos que aportaban dichos
correos parecían muy profesionales. Algo
anticuados, cierto, pero bien preparados y
expuestos, siguiendo los protocolos de la casa.
Desde luego, no podía ser fruto de ningún
aficionado.
Después se dio cuenta de la fecha de los correos.
Todos del año 2018. Algún bromista se había hecho
con los archivos, y se diría que con los nombres de
los físicos de principios de siglo. ¿Con qué
propósito? Difícil saberlo. Pensó que debía de
poner el asunto en conocimiento del director
general. Y así lo hizo. Pero como todos los jefes, no
estaba para perder el tiempo en bromas. Y al
principio, al menos, no le interesó demasiado todo
aquello.
—Ha hecho usted bien en informarme, pero
confío en que puedan solucionarlo los chicos de su
departamento ─le dijo con la más falsa de sus
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sonrisas.
Así que, durante algunos días, tendría que poner a
alguien de su equipo perdiendo el tiempo en la
ocurrencia de un condenado friqui. Por lo que los
demás, y él mismo, tendrían que hacer alguna hora
extra. Así y todo, en estos casos era mejor actuar
con precaución. A veces los hackers podían resultar
muy peligrosos, especialmente los rusos. Y ahora
que habían conseguido los últimos modelos en
equipamiento cuántico, echar a perder los millones
de euros que estos suponían, significaría el fin de su
carrera. Como informático al menos. Siempre
podría probar fortuna como escritor. Un sueño de
la infancia. Aunque para eso necesitaba algo más
que publicar cuentos en alguna revista digital, como
hasta ahora.
Los días pasaron, y el compañero encargado de
resolver el problema, no sólo no era capaz de
hacerlo, sino que parecía estar perdiendo el juicio.
Le aseguró que, de algún modo, se había dado un
entrelazamiento cuántico, que habían establecido
contacto con la directora del CERN (siglas en
francés de Consejo Europeo para la Investigación
Nuclear) del año 2018, Fabiola Gianotti, la primera
mujer en ocupar ese cargo. Que dicha mujer, en
persona, le estaba enviando documentación, audios
y vídeos preparados expresamente para ellos, sus
colegas del futuro. Y que además, querían
comprobar si era posible una comunicación en
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directo. Por lo que le habían sugerido que utilizase el


Skype.
—¿El Skype?
—Me ha explicado que era un software para
realizar videoconferencias. Vaya, para mantener una
conversación.
—Sí, ya sé lo que es el Skype. O mejor dicho, lo
que era. La empresa fue vendida, creo recordar que
a Facebook, y cambio de nombre. Si no podemos
encontrarlo, en su versión del 2018, ni se te ocurra
pedírselo. Quizás sea una trampa. Porque supongo
que serás consciente de que el entrelazamiento
cuántico se ha comprobado con dos objetos
separados en el espacio. Pero lo que propones es...
—Absurdo. Lo sé. Aun así, debería darle una
ojeada a los vídeos y la documentación que nos han
enviado. Si es el trabajo de unos bromistas, hay que
reconocer que son muy buenos en lo que están
haciendo.

L a profesora de historia contemporánea en la


Universidad Miguel Hernández de Elche, Nuria
Caballero, ultimaba su artículo para el portal de
noticias El País, con el que intentaba describir a los
lectores cómo se había desarrollado hasta entonces
el siglo XXI. A modo de introducción para sus
posteriores artículos, en los que abordaría sus
teorías sobre lo que le aguarda a la humanidad en el
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futuro.
«...Tras la crisis norteamericana a finales de los años
veinte, muy al contrario de lo que auguraban
algunas voces, los Estados Unidos de América
seguían siendo la primera potencia mundial. Sin
embargo, los conflictos internos la habían debilitado
enormemente. Las diferencias sociales, étnicas y
religiosas, sumado a los enormes gastos en defensa,
a la interminable crisis de deuda económica, y a las
tensiones con China por el control del Océano
Pacífico, habían llevado al país a una situación
extrema. Que terminó por implosionar en un
estallido social de mucha mayor gravedad y
trascendencia, en comparación con los que se
habían dado anteriormente. Por ejemplo, con los
disturbios raciales de hace ahora un siglo, en
Newark, Nueva Jersey.
La situación derivó en un golpe militar dirigido
por el jefe del estado mayor, el general Andrew
Miller, que se autoproclamó como presidente de los
Estados Unidos. En ese momento se habló de una
medida temporal, hasta que fuese posible
restablecer el orden democrático. Pero lo cierto es
que el nuevo orden acabó por perpetuarse veinte
años después, en la figura del general Isaac Benford.
Una situación que había sido ya intuida, muchos
años atrás, en la novela «Siete días de mayo» de
Fletcher Knebel y Charles W. Bailey. Novela que
sería llevada al cine.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Una situación que, como ocurrió con el Brexit,


en parte ayudó a impulsar la gradual creación de los
EUE (Estados Unidos de Europa). La primera fase
fue la unidad económica, a principios de siglo. Pero
no tardó en hacerse evidente que se hacía necesaria
una unidad militar, para suplir la paulatina retirada
de las bases norteamericanas en suelo europeo. A
esto se le sumó la necesidad de una policía europea,
al estilo del FBI norteamericano, que pudiera ser
capaz de dar una mejor respuesta al fenómeno del
terrorismo global, y dirigir el intercambio de datos
entre los diferentes cuerpos de inteligencia, hasta
lograr unificarlos de forma gradual.
Y para poder gestionar más eficazmente estas
cuestiones, evidentemente, se hizo necesario un
mando militar común. O en la jerga de Bruselas, un
comisario de defensa. Así como un comisario de
interior, o incluso un comisario de asuntos
exteriores. Cargos en los que los respectivos
ministerios nacionales fueron delegando, a pesar de
las reticencias iniciales, su soberanía.
Pero por supuesto, para dirigir de forma más
eficaz el trabajo de estos comisarios, no parecía lo
más lógico que tuviesen que rendir cuentas a los
presidentes de Alemania, Francia, Italia, España, y
otros tantos países, al mismo tiempo, cada uno
barriendo hacia sus propios intereses nacionales. Se
hacía urgente la figura de un único presidente
europeo, de una única voz en nombre de todo el
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continente. Así, en el año 2047, acabó por surgir la


Europa actual que hoy conocemos. No sin antes
tener que hacer frente a nuevas situaciones
complicadas, en múltiples frentes. Como Oriente
Medio, el Pacífico, Norteamérica, las pandemias de
los años veinte tras las oleadas de emigrantes
subsaharianos, las revoluciones socialistas de los
años treinta en ciudades como París, etcétera.
Situaciones que exigían, hacían especialmente
urgente, el que se diese por fin la unión política.
Esta nueva Europa aspiraba a convertirse, una
vez más, en una potencia hegemónica a escala
global. Y a mantener la antorcha de los valores
democráticos, ahora que en Norteamérica esta
antorcha parecía haberse apagado, quién sabe si
para siempre. Al fin y al cabo, es en el viejo
continente donde estos valores habían sido
engendrados, durante los tiempos de la antigua
Grecia. Y donde más tarde volvieron a florecer,
tomando una forma más definida, mediante
acontecimientos tan trascendentales como el de la
Revolución Francesa.
Inevitablemente, como ya les había sucedido a
todos los imperios que en la historia han sido,
cuando el primer presidente de los Estados Unidos
de Europa, Jean-Claude Bordeaux, a pesar de la
cautela de su carácter, fue consciente de todo el
potencial que prometía la nueva superpotencia que
se empezaba a atisbar en el horizonte, no pudo
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evitar dirigir una mirada expansionista a izquierda y


derecha. A lo que quedaba de las otrora grandes
naciones del Reino Unido y de Rusia. Sólo así se
explica su descarado interés para que volviese a
celebrarse un referéndum sobre la independencia de
Escocia. Independencia que finalmente se alcanzó
en el año 2055. Y con la que Escocia ingresó,
automáticamente, como miembro de pleno derecho
de los EUE. Lo que se saltaba la normativa habitual
que se seguía en estos casos, de presentación de
solicitud, y toda la lenta burocracia que eso
implicaba. En el caso escocés, una cosa llevó a la
otra, sin más demora.
Así y todo, el Reino Unido seguía siendo una
nación a tener en cuenta en el escenario
internacional. Muchos creyeron que iba a
convertirse en un mero satélite de los EE.UU., pero
no fue exactamente así. Tras el golpe militar en
Norteamérica, Londres marcó distancias con su
tradicional aliado, e intentó centrarse en reforzar y
potenciar la Commonwealth, el club de naciones
que habían formado parte del Imperio Británico.
Alianzas políticas y económicas que seguían
dotando a aquel país de un lugar en la historia.
El caso ruso era menos alentador. Su ejército
carecía ya de portaviones, sin los que ningún país
podía considerarse realmente como una potencia
militar. Por falta de inversiones, apenas contaba con
los modernos soldados-robot, sus ya escasas
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cabezas nucleares iban desmantelándose una a una,


por miedo a que acabasen por generar
contaminación radiactiva, su población mermaba
huyendo del frío, su economía dependía demasiado
de sus recursos naturales. Unos recursos cada vez
menos importantes, en un mundo que está
desintoxicándose de su adicción a los combustibles
fósiles. Y además, la tecnología rusa para la
extracción del gas y del petróleo ha quedado muy
anticuada. A cada año que pasa, resulta más costoso
su mantenimiento. Es un país en el que las
infraestructuras fallan, y las explotaciones son
abandonadas a su suerte. Rusia se asemeja a una
nave ardiendo, a la que Europa dirige su mirada con
apetencia. Pero aún con cautela.
La fortaleza de Rusia radicaba ahora en sus
piratas informáticos. En su capacidad de hackear los
sistemas digitalizados de potencias extranjeras. De
hecho, se cree, aunque no ha podido demostrarse
con certeza, que la crisis bursátil del 2033 fue
consecuencia de la situación en USA, pero también
de la intervención artificial de los hackers rusos en
los mercados financieros de Occidente. También se
cree que Rusia ha influido sutilmente en los
resultados electorales de múltiples países, desde
hace mucho tiempo. En las averías de varias
centrales nucleares, que han obligado a su cierre
prematuro. O en los fallos de comunicación que
han inhabilitado un buen número de satélites
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europeos y norteamericanos, y a los que no se ha


logrado dar una explicación satisfactoria.
Como le puede suceder a otros osos
moribundos, los buitres revolotean a su alrededor,
poco tiempo antes de su último aliento. Aún
temerosos, ante la fuerza legendaria que se
desmorona ante sus ojos. Así y todo, el planeta es
ahora un lugar mucho más poliédrico de lo que ha
sido nunca. Las antiguas potencias siguen
disponiendo de su plato y mantel en la mesa,
mientras otras nuevas han dado comienzo a su
pugna por hacerse con un lugar en la historia, con
un pedazo de la tarta. Una de ellas, sin duda, es
Israel.
El atentado contra la Cúpula de la Roca, lugar
sagrado para las tres grandes religiones monoteístas
del planeta, había desembocado en uno de los
conflictos más sangrantes de la historia reciente.
Los líderes políticos de Israel, cada vez más
radicalizados, fueron imbuidos así por un espíritu
mesiánico. Por la creencia en que tenían una misión
que cumplir. Una misión sagrada. Y era la de
extender sus fronteras, tal y como se describen en la
Biblia, desde el Nilo hasta el Éufrates. Es lo que se
conoce como el Gran Israel.
Esta visión milenarista, según se dice, formaba
también parte de las creencias íntimas del presidente
Trump, y del lobby judío del que se rodeó. De ahí,
probablemente, que trasladase la embajada
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norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén. Y que


actuase de una forma tal, que parecía querer hacer
todo lo posible para provocar una situación caótica
en Palestina. La excusa que, fuese intencionada o
no, se necesitaba para la guerra que permitiría la
construcción del Tercer Templo de Jerusalén, y la
espectacular expansión militar del moderno estado
de Israel.
Sea como fuere, el hecho consumado es que la
nación judía es ya un gran país a tener cuenta. Una
de las tres superpotencias de Occidente, junto con
los USA y los EUE. Con acceso a grandes
yacimientos de combustible fósil, con un ejército
moderno y preparado, con una economía saneada.
Y sobre todo, con la creencia íntima de sus gentes y
líderes en ser el pueblo elegido por Dios. De que un
día, más pronto que tarde, Jerusalén se convertirá en
la capital sobre la que girará todo el planeta.
Esa fe en el futuro, en su destino manifiesto, es la
que ha perdido China. Ya sin la tradición de sus
dinastías milenarias, ni la de su más reciente fe en el
comunismo. ¿Cuál era ahora la meta de la nueva
República China?, ¿qué puede ofrecerle al mundo?,
¿por qué debería liderarlo? A principios de siglo, en
occidente, se observaba su crecimiento económico y
militar con respeto, admiración e inquietud. Pero lo
cierto es que sus cifras de crecimiento habían sido
descaradamente infladas, de forma artificial. Por
poco que se rascase, se hacía evidente la
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manipulación. Y lo que era aún peor, la ocultación


de lo que estaba ocurriendo realmente dentro de
China. Un país con diferencias sociales y religiosas,
tan arraigadas y profundas, que era inevitable que
acabasen por estallar, a la menor muestra de
debilidad por parte del régimen.
En cierta forma se puede comparar al caso
norteamericano, pero con resultados bien
diferentes. En EE.UU. se paso de la democracia
más poderosa del planeta a una dictadura. Y en
China, de la dictadura más poderosa del planeta a
una democracia. Fue un curioso intercambio de
papeles, más o menos al mismo tiempo. Incluso
cuando China aún afirmaba ser comunista, lo cierto
es que ya creía en el libre mercado, y en su
globalización, con más firmeza y contundencia que
los propios occidentales. Casi se diría que con la fe
del converso.
Porque eso es lo único que le queda a China, el
mercado, sus intereses comerciales a escala global,
defender su área de influencia en el Pacífico con
uñas y dientes. Y no es poca cosa ese trozo del
pastel. Los intercambios en esa zona del mundo,
son los que realmente mueven la economía de todo
el planeta. Así que la lucha empieza a ser feroz, a
cara de perro. Aunque no se sepa con certeza por
qué se lucha.
La batalla no es sólo contra los EE.UU., y sus
satélites en la zona (Japón y Corea), también con La
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India. Un país que sigue reclamando su lugar en el


mundo. Y que sigue siendo clave para Occidente.
Además de por su rivalidad de liderazgo en la zona,
respecto a China, también por su lucha contra el
islamismo radical. Yihadismo contra el que combate
con una ferocidad cada vez más encarnizada, a lo
largo y ancho de sus extensas fronteras...».
El móvil de su reloj sonó de pronto, sacándola de
sus pensamientos. Ahora que estaba concentrada, le
fastidió la inesperada interrupción. Había olvidado
silenciar su reloj, y allí estaba la llamada de Jordi
Quiles, desde el CERN.
—¿Qué mosca le habrá picado? ─se dijo para sí
misma, olvidando que estaba sola.
Con Jordi había tenido una aventura sentimental,
en su etapa como estudiante de filología inglesa en
la lluviosa Dublín, hacía siglos. Habían seguido en
contacto, pero sus respectivas carreras profesionales
les habían terminado por separar, sin ningún tipo de
ruptura traumática de por medio. Sencillamente, su
relación fue derivando en una amistad que aún
conservaban.
—¿Cómo sabías que estaría despierta?
—Tú eres como Nueva York, nunca duermes.
Siempre estas con tus exámenes, tus artículos, tus
libros, tus conferencias, y con tus tazas de café.
Aunque no creo que lo necesites. Siempre he
pensado que en realidad eres uno de esos
replicantes, de los que habló Philip K. Dick.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

—Tú y tu ciencia ficción. Ahora que has roto el


hilo de la argumentación para mi artículo, creo que
haré caso de tu sutil consejo, y me iré a dormir. Tan
pronto me digas a qué debo el honor de tu llamada.
—Verás, no quería molestarte. Pero en aras de
mantener nuestra amistad, me he visto obligado a
ello. Por mi culpa, mañana vas a recibir la visita de
los hombres de negro. A esa gente le gusta actuar de
forma repentina, ¿sabes? Son muy teatrales, les da
igual que estés dando clase o en la ducha. Quieren
que vengas aquí, al CERN. Y lo antes posible. Pero
quería que la noticia no te pillase tan desprevenida.
Me odiarías por eso.
—¿Y se puede saber para qué?
—Nada, no te preocupes. Es sólo para echarnos
una mano en un asuntillo que no sabemos muy bien
cómo manejar. Y bueno, he pensado en ti. No
puedo darte más información por teléfono. Me
colgarían por los huevos. De hecho, es posible que
lo hagan por esta llamada. Pero es sólo hacerte
algunas preguntas como historiadora. O mejor
dicho, sobre tus teorías. Ya sabes, las que están tan
de moda últimamente.
—¿Puede acompañarme Sofía? Nos vendrá bien
un fin de semana en Suiza.
—Sí, claro, gentileza del Gobierno europeo. No
creo que pongan inconveniente. Además, soy uno
de sus fans. Me hace ilusión conocerla, y que me
firme su último libro... No sé cómo lo haces, pero
FRANCISCO JAÉN

tus amantes siempre acaban por escribir algo de


ciencia ficción. Es una coincidencia curiosa, ¿no?
Aquí puede que encuentre un buen argumento para
su próxima novela.
—Mañana nos vemos Jordi ─no estaba de
ánimos para su buen humor.
Tras colgar, se quedó pensando en cuál podía ser
el motivo de todo aquello. Jordi era programador,
era uno de los responsables del sistema informático
en el CERN. En principio, un mundo totalmente
ajeno al suyo. A ella le fascinaba el pasado, a Jordi el
futuro. Pero Nuria se había convertido en una
persona más o menos popular. Como una de las
figuras más relevantes de la nueva generación de
historiadores, que pretendía elevar el conocimiento
histórico a algo más que a una simple colección de
fechas y de acontecimientos, uno detrás de otro. Así
que pensó que todo este asunto debía de tratarse de
un curioso intento de reducir sus teorías a
algoritmos y fórmulas matemáticas. Algo que ella
misma ya planteaba al exponer sus ideas. Pero
supuso que de forma mucho más elaborada, gracias
a los famosos ordenadores cuánticos del CERN. La
inteligencia artificial podría llevar sus ideas lejos,
muy lejos. Hasta alcanzar cimas que ni ella ni nadie
jamás habrían imaginado. Le resultaba una idea
sumamente atractiva, a la vez que un tanto
inquietante.
De un tiempo a esta parte, había surgido una
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

nueva corriente entre los historiadores, según la


cual, se afirmaba que la historia humana podía
interpretarse, de alguna forma, como un ser vivo.
Un ser que respondía a ciclos, como todo lo demás.
Ciclos que tendían a repetirse de forma
extrañamente parecida. La idea, en realidad, no era
nueva. Otros muchos, en el pasado, la habían
esbozado con mejor o peor fortuna. Quizás los
antiguos chinos fueron los primeros, cuando
dividieron el tiempo de sesenta en sesenta años, de
forma parecida a lo que hacemos nosotros, al
dividirlo en siglos. Pero es curioso observar que
economistas como Kondrátiev llegasen a la
conclusión, mucho más tarde, que dicho ciclo
sexagenario parecía tener gran importancia en la
marcha de la economía.
El famoso Maquiavelo también se percató de este
asunto, al escribir lo siguiente en su «Historia de
Florencia»: Las provincias que acostumbran, en su variar
del orden al desorden, y del desorden al orden, cuando llegan
a su mayor perfección, no pudiendo subir más, es preciso que
desciendan a su más bajo nivel, y luego necesariamente
asciendan; y así siempre: del bien se deriva el mal, y del mal
se deriva el bien.
Desde otro punto de vista, quizás un tanto más
perturbador, Nietzsche abrazó la idea del eterno
retorno, ya planteada por los estoicos, en la antigua
Grecia. Según la cual, todo había ocurrido ya. Es
decir, exactamente lo mismo, en una eterna y
FRANCISCO JAÉN

constante repetición sin fin. Pero fue Giambatistta


Vico el primero, de la era moderna, en adentrarse
con profundidad en la idea de la repetición de los
ciclos en la historia. En su obra más famosa,
Principios de Ciencia Nueva, esboza tres grandes
conceptos. Primero, que hay periodos en la historia
que se pueden comparar, y que muestran
situaciones paralelas. Segundo, no sólo se dan
situaciones parecidas, sino que se llega a ellas de
forma parecida, respondiendo a ciclos de avance y
retroceso. Y tercero, que la historia avanza en
espiral. O dicho de otra forma, los acontecimientos
se repiten, las etapas se suceden de forma
predecible, pero nada se repite exactamente igual.
A principios del siglo XX, hubo también una
corriente muy importante de autores que intuyeron,
al analizar la historia humana, la importancia de los
ciclos. El más destacable de todos ellos fue Oswald
Spengler. Autor del que, con sus dos tomos de La
Decadencia de Occidente, quizás no sea exagerado
afirmar que ha influido enormemente para que se
reabra este viejo debate entre los historiadores
modernos, en pleno siglo XXI. Dividiéndolos en
dos bandos irreconciliables. Los partidarios de la
cliodinámica, con su visión científica de la historia, y
sus detractores.
Todo este jaleo con Spengler en la actualidad, se
debe a que fue él el que profetizó el advenimiento,
en la civilización occidental, de lo que denominó
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

como la decadente etapa del «Cesarismo». Y


casualidad o no, eso es exactamente, o desde luego
algo que se le parece bastante, lo que se está
viviendo ahora mismo en los Estados Unidos de
América.
Los británicos, sin embargo, en este campo
prefieren las ideas de Arnold Toynbee. Aunque su
visión de la historia era, más bien, lineal. Como una
rueda que, al girar sobre sí misma, sigue con su
avance en línea recta. Pero ni siquiera los británicos
pueden obviar que la cliodinámica le debe su nombre
a Peter Turchin. Un norteamericano de origen ruso
que, a principios de siglo, pronóstico el estallido
social que se desataría en los Estados Unidos,
durante la década de los años veinte.
Es cierto que, tal y como lo explicó Turchin,
parecía más lógico pensar en que esa violencia
estallaría sobre el año 2020. Y en parte fue así, pues
las políticas del presidente Trump, en pos de la
América blanca y protestante, son el germen de lo
que vino después. Pero no fue hasta el final de la
década cuando, de alguna forma, los Estado Unidos
dejaron de ser los Estados Unidos.
Así y todo, la violencia en América estalló en la
década de los años veinte, como pronosticó
Turchin. Y a muchos les pareció suficiente, un
margen de error aceptable, para dar por buena la
cliodinámica. Un concepto al que irían sumándose
toda clase de investigadores, y no sólo desde el
FRANCISCO JAÉN

campo de la historia. Economistas, filósofos,


sociólogos, intelectuales, escritores, etcétera. Todos
aportaron su granito de arena, enriqueciéndolo con
sus diversos puntos de vista.
Algunos pensaron que era una moda, que pasaría
a mejor vida en un momento u otro. Pero las
décadas se sucedían, y la idea seguía arraigando cada
vez con más determinación. Ayudadas por los
pronósticos que siguieron después, y que
continuaron encajando de forma razonable con la
realidad incuestionable de los hechos.
Con estos pensamientos, Nuria terminó de
lavarse los dientes. Sofía estaba ya profundamente
dormida. Le retiró su tablet, se acostó a su lado,
contempló la belleza de sus facciones,
envidiablemente jóvenes, le dio un beso en la frente,
apagó la luz, e intentó conciliar también el sueño.
Mañana sería otro día agotador.
TAURO
Algún día, cuando hayamos controlado los vientos, las olas, las
mareas y la gravedad, tendremos que dominar para Dios las energías
del amor. Entonces, por segunda vez en la historia de la humanidad,
el hombre habrá descubierto el fuego.
Pierre Teilhard de Chardin

A l día siguiente llegaron dos agentes de la CEI


(Centro Europeo de Inteligencia) hasta la
puerta de su apartamento, frente a la playa
semisalvaje de Los Arenales del Sol. En su lado sur
seguía siendo una zona solitaria, al escasear la arena
y abundar las rocas. Pero eso a Nuria le encantaba,
por su afición al submarinismo. O quizás sería más
exacto decir al esnórquel. En cualquier caso, en los
días sin viento le encantaba bajar hasta ese rincón
de la playa, desde marzo hasta noviembre. Siempre
que sus ocupaciones se lo permitiesen, claro.
Durante la primavera y el otoño se enfundaba en
su traje de neopreno, del que podía prescindir en
verano. Pero en todas las estaciones el resultado era
siempre el mismo, se zambullía a pescar imágenes
de los paisajes y seres que allí habitaban. Tenía ya un
buen archivo. Y no debían de estar mal aquellas
instantáneas. Había conseguido convencer a la
editorial de Sofía para utilizar alguna de sus
fotografías, a modo de portada.
FRANCISCO JAÉN

Una Sofía a la que le encantaba acompañarla en


sus excursiones en busca, sino de la imagen
submarina perfecta, si de una imagen que cautivase,
pero que esta vez prefirió no ir con ella hasta Suiza.
Estaba muy concentrada en su novela, y aquello le
pilló de improviso. Había pensado en un fin de
semana tranquilo. O eso fue lo que le dijo. Nuria
sospechó que la idea de conocer a su antiguo novio
la incomodaba. Así que no insistió.
Un dron de cinco plazas sirvió para acompañar a
Nuria hasta el aeropuerto de El Altet. Una vez allí,
los agentes la embarcaron en un vuelo comercial de
Air Europa, en clase business. Nuria intentó
tantearles, saber si podía sonsacarles alguna idea
sobre por qué se estaba tomando el Gobierno
europeo tantas molestias con una profesora de
historia. Pero aquella pareja no era muy habladora.
El hombre era de espalda ancha, muy corpulento,
casi no le cabía el traje, tenía más pinta de portero
de discoteca que de espía, y no dijo ni una palabra
en todo el trayecto. Sólo la mujer, muy atractiva, y
con un aura misteriosa que era convenientemente
resaltada por sus gafas de sol, intercambió con ella
algunas palabras, para explicarle que ellos tan sólo
cumplían con su trabajo. El cual, consistía en
llevarla sana y salva hasta el CERN, lo antes posible.
Una vez en el aeropuerto internacional de
Ginebra, fue conducida hasta un vehículo blindado
con el que la trasladaron hasta las puertas del Hotel
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

D’Angleterre. Allí le asignaron una suite, en la que


pudo dejar sus cosas, y la agente de la CEI le
explicó que, si lo deseaba, podrían venir a recogerla
un poco más tarde. Le propuso que en un par de
horas. A Nuria le pareció buena idea. Y en ese
tiempo optó por ducharse, cambiarse de ropa, y
almorzar algo en el restaurante.
Para recuperarse del viaje, le aconsejaron un
Birchermüesli. Según le contaron, era un plato
ideado por un médico suizo de principios del siglo
pasado, que aportaba al organismo las vitaminas y
minerales que necesitaba, así como proteínas e
hidratos de carbono. Todo eso sonaba muy bien, así
que tomó una ración. Pero a Nuria, acostumbrada a
las tapas españolas, le decepcionó un poco el
invento. Pensó que aquello no era más que un plato
de cereales. Más adecuado para el desayuno que
para el almuerzo. Aunque desde luego, le sentó
bien.
Al Birchermüesli le siguió un café solo y un
periódico, mientras esperaba a que los agentes del
CEI volviesen a revolotear a su alrededor. En la
prensa venía la noticia del nuevo equipamiento
informático en el CERN. La potencia y la capacidad
de aprendizaje autónoma de esos equipos, auguraba
el periodista suizo, podría dar pie a una nueva era de
descubrimientos científicos. Quizás eso tuviese algo
que ver con su presencia allí. ¿Pero cómo?,
¿aquellos ordenadores habían decidido motu proprio
FRANCISCO JAÉN

especializarse en cliodinámica? En principio, la idea


no parecía tener demasiado sentido.
Los agentes no tardaron en volver al hotel con su
coche oficial en la puerta, con el que llevaron a
Nuria hasta el edificio 33 del CERN. Allí recibió las
acreditaciones oportunas, de manos de una amable
recepcionista. Acreditación que tenía que llevar
visible, al cuello, mientras permaneciese en aquel
enorme edificio. Como se hacía antiguamente. En la
actualidad, eran más habituales los reconocimientos
faciales, o las pulseras digitales. Pero comprendió
que al ser una persona ajena a aquel lugar, un cartel
era lo mejor, por motivos de seguridad y de
organización. No en vano, no parecía descartable la
idea de que se perdiese entre los pasillos de aquellas
enormes instalaciones, y esos carteles, con la «V» de
visitante a la vista, solían conseguir que todo el
mundo fuese más amable y comprensivo. Así y
todo, siempre le había resultado desagradable tener
que pasear, con su nombre y profesión, a la vista de
todos. Por fortuna, era algo cada vez menos
habitual.
Un funcionario se encargó de acompañarla hasta
las oficinas de Jordi Quiles, que consultaba el reloj
de su consola de vez en cuando, mientras aguardaba
su llegada. Antes de que Nuria apareciese por la
puerta, y se volviesen a ver desde hacía casi un año,
los agentes se despidieron de ella. La mujer le
aseguró que había sido un honor, y le dio su tarjeta.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Aunque Nuria no entendió muy bien para qué iba a


necesitar ese teléfono. El teléfono de una agente del
cuerpo de inteligencia del gobierno. Pero lo aceptó
con una sonrisa educada, dándoles las gracias por
todo.
Subió por uno de los ascensores con vistas al
exterior, hasta llegar a una de las últimas plantas.
Atravesó un interminable pasillo enmoquetado,
hasta que su acompañante golpeó sobre una de las
puertas. La secretaria les recibió, la condujo hasta
otra puerta que fue levemente golpeada antes de ser
abierta. Y por fin, se encontró con su viejo amigo
Jordi, en su inmenso despacho. Les unía su etapa
como estudiantes, su pasado sentimental, y que
ambos contaban con un progenitor de origen no
europeo. Quizás esos orígenes familiares fue lo que
facilitó un primer acercamiento, la típica solidaridad
entre extranjeros en tierra extraña. Aunque ese no
era exactamente el caso de Jordi, ni el de Nuria.
Nuria era hija de un profesor de historia de
instituto, y de una profesora de inglés de origen
marroquí. Sus abuelos maternos habían emigrado
hasta España en busca de un futuro mejor. Y la
madre de Nuria supo aprovechar las becas,
logrando una plaza como profesora de inglés, en el
mismo instituto de Alicante que el Profesor
Caballero, cuyos libros sobre el descubrimiento del
Nuevo Mundo y la conquista de América solían ser
utilizados por sus colegas, como material de apoyo
FRANCISCO JAÉN

en sus clases.
Jordi, debía su nombre y su primer apellido a su
madre catalana. Una profesora vocacional, a la que
le encantaban los niños y sus clases de primaria. Y
no es que su padre no sintiese amor y afecto por su
hijo. El cambio en el orden habitual de sus apellidos
fue una idea consensuada entre sus progenitores.
Decidieron que con ese nombre, y ese primer
apellido, las cosas le irían mejor en su Cataluña
natal. Una Cataluña cada vez más obsesionada por
los orígenes, por las raíces, la cultura propia y las
tradiciones. Una Cataluña más encerrada en sí
misma. En ese ambiente, y aunque el odio se
centraba especialmente en lo español, decidieron
que era lo mejor. Su padre regentaba una modesta
cadena de supermercados, estaba a pie de calle, era
un hombre observador, y desde el principio detectó
un ambiente hostil con lo foráneo, y no sólo con las
personas originarias de otras regiones de la
península. Por lo que intentó proteger a su hijo, en
lo posible, de todo aquello. Aunque su color de piel
lo delataba. Delataba los orígenes extranjeros de un
padre, que había llegado hasta allí desde la lejana
Pakistán. En donde Jordi nunca había estado.
Pakistán era un lugar peligroso, en conflicto con la
India y consigo mismo.
Jordi se levantó, le dio dos besos, la invitó a
beber algo, le preguntó por las viejas amistades, por
la familia, por Sofía, se lamentó de que no pudiese
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

haberla acompañado, y todos esos formalismos.


Cuando fue decayendo esa etapa introductoria de la
conversación, apareció como si nada un papel que
Nuria tenía que firmar, en el que se explicaba que
no podría comentarle nada a nadie, acerca de la
información que se le iba a trasladar. Sobre todo a
ningún periodista.
—¡Caray!, ¿en qué lío andas metido?
—Es puro formalismo. De todas formas, nadie
en su sano juicio te creería ni una palabra. Y tu
reputación académica se vería afectada. No sería
muy inteligente por tu parte actuar así.
Firmó aquel papel porque se trataba de su viejo
amigo, y porque le corroía la curiosidad. Jordi le
pidió que tomase asiento, y empezó por explicarle
que habían adquirido unos nuevos equipos
cuánticos muy sofisticados, que eran capaces de
pensar por ellos mismos, exponer sus propias
teorías, etcétera. Todo lo que Nuria ya había leído
en la prensa. Después le habló del primer
experimento en el que participaron esos equipos, a
partir del cual empezaron a recibir correos
electrónicos de personas que habían fallecido, o que
eran ya muy ancianas. Correos que pertenecían a
hombres y mujeres que habían trabajado en el
CERN, tiempo atrás. Concretamente, esos correos
databan del año 2018.
—¿Y por eso estáis tan preocupados? Es evidente
que se trata de algún bromista. Quizás una empresa
FRANCISCO JAÉN

que busca publicidad para una película ambientada


en el año 2018, o algo así. ¡Por favor!, Jordi.
—Sí, sí. Eso ya lo hemos pensado. Lo que ocurre
es que, si es una broma, está muy bien hecha. Hay
analistas del gobierno que consideran que es real. Y
buscábamos una segunda opinión. Queremos que
analices los vídeos y la documentación. Si lo
consideras necesario, puedes encargar la formación
de un equipo de historiadores que dirigirás. Con
expertos de tu universidad, o de otras. Te queremos
encargar un informe con tus conclusiones.
—¿Vídeos?
—Sí, nuestros amigos del pasado nos han
enviado vídeos. Uno de ellos es para ti, ya que les
comentamos que una historiadora iba a analizar su
material, porque no nos acabamos de creer lo que
nos dicen. En esto, son comprensivos con nuestras
dudas. Y para impresionarte, se supone que tu
mensaje te lo envía, nada más y nada menos, que
Stephen Hawking.
—¿Stephen Hawking? ─soltó una sonora
carcajada─. Pensaba que dejaste de fumar al
terminar la universidad. Precisamente Hawking no
era muy partidario de los viajes en el tiempo. Le
gustaba decir que, si eso fuese posible, ya estaríamos
rodeados de turistas del futuro, haciendo fotos por
todas partes. Además, está el pequeño detalle,
supongo que lo habréis tenido en cuenta, de que
Stephen Hawking falleció precisamente en el año
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

2018. Concretamente el Día del número Pi, el 14 de


marzo. El mismo día en que ciento treinta y nueve
años antes se dio el nacimiento de Einstein.
—Sí, y nació el mismo día, pero trescientos años
después, del fallecimiento de Galileo ─le recordó,
extendiendo su sonrisa─. A ambos nos encantan
ese tipo de coincidencias extrañas... Se supone que
esto lo grabó poco antes de morir. Y bueno, en
realidad, nadie está viajando en el tiempo, lo hace la
información. Sé que todo esto suena ridículo, pero
mis amigos físicos no están tan seguros. Verás, en
los años diez hubo varios experimentos en el
CERN que tuvieron mucha publicidad. La gente los
empezó a relacionar con aquella cosa de los Mayas,
del año 2012. Ya sabes, el fin del mundo, y todo ese
rollo apocalíptico que vende tanto. Así que, a partir
de entonces se decidió no darle demasiada
publicidad a los experimentos en el Gran Colisionador
de Hadrones, o en el acelerador de partículas. Pero esos
experimentos continuaron, cada vez más
intensamente. Y en aquella época, aunque al público
se le explicaba que la computación cuántica era aún
algo meramente teórico, lo cierto es que ya existían
algunos equipos a los que se les podía considerar
cuánticos. Con capacidades inferiores a las actuales,
desde luego, pero que ya permitían cálculos más
rápidos, y el inicio de la moderna inteligencia
artificial.
—Fascinante. ¿Pero qué tiene que ver toda esa
FRANCISCO JAÉN

historia con tu experimento?


—A eso voy. El único ordenador cuántico, en el
CERN del año 2018, debía de estar conectado a un
circuito como los que te he comentado. Al
colisionador o al acelerador. Igual que los nuestros
están conectados a ese tipo de circuitos. El caso es
que «algo» en estos experimentos, aún no sabemos
exactamente el qué, pero esperamos poder
averiguarlo pronto, ha debido de producir un
entrelazamiento cuántico, entre el ordenador del
2018 y los nuestros.
—¿Entrelazamiento? Quieres decir que ellos,
suponiendo que realmente son los científicos del
año 2018, ¿han recibido vuestros correos
electrónicos?
—Exacto. Además, el entrelazamiento supone
que nuestros ordenadores están sincronizados con
el suyo, a partir del día en que se estableció la
conexión. Como si avanzasen al unísono, pero
desde tiempos diferentes. No sé si me he explicado
bien.
—Creo que te entiendo. Quieres decir que si les
enviamos algo dentro de dos días, para ellos
también habrán pasado dos días. Pero hay algo que
no me encaja ─dijo con la mirada hacia el techo,
como buscando entre sus pensamientos─. Si han
recibido vuestros datos, los analizarán. Y de ser así,
eso podría suponer que habéis cambiado la
historia... ¿Ha cambiado la historia?
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

—Por eso ya no enviamos, ni almacenamos, nada


desde esos ordenadores. Y esa es, precisamente, la
segunda tarea que queremos encargarte. Que
analices si, a raíz de los datos a los que tuvieron
acceso, detectas que se haya dado algún avance
demasiado llamativo. Estamos hablando de la física,
y lo centraría en la física cuántica. Entre finales de
los años diez, y principios de los veinte. Nosotros ya
hemos hecho esta indagación por nuestra cuenta,
pero no nos ha parecido detectar nada. Al menos
nada relevante.
—Entiendo. Mi papel es el de la segunda opinión.
Analizar si son o pueden ser del pasado, y si así
fuese, si la información que han recibido ha
cambiado la historia de la ciencia. ¿Tienes más
deberes para mí? Espero que me pongáis en
nomina.
—Sí, claro. Aquí pagan muy bien ─dijo
sonriendo─. Ya hemos acordado un sustituto
temporal en tu universidad, no te preocupes. Les
hemos dicho que el gobierno quiere analizar tus
ideas en cliodinámica, y que te hemos encargado un
trabajo al respecto. No obstante, para tu
investigación, puedes trabajar tranquilamente desde
Elche. En cuanto a la tercera tarea, dejaré que
Stephen Hawking haga la introducción.
En la pantalla dispuesta delante de su escritorio, y
por encima de la puerta de entrada a su despacho,
apareció alguien que, si no era Stephen Hawking, se
FRANCISCO JAÉN

le parecía mucho. Pero el diseño gráfico podía hacer


maravillas. O quizás fuesen imágenes del pasado
con otro audio. A fin de cuentas, Hawking no
movía los labios. Era el sintetizador de voz de su
tecnificada silla de ruedas, el que hablaba por él.
Tendría que investigar si esas imágenes ya habían
sido filmadas con otro audio.
Sea como fuere, Hawking, o quien fuese, empezó
con un toque de humor, al decir que confiaba en
que una historiadora como ella conociese de
antemano quién era la persona que le estaba
hablando desde el pasado. Y la verdad es que ese
comentario encajaba con la ironía que solía mostrar
el científico británico, en muchas de sus apariciones
en público.
Siguió con una pequeña clase magistral sobre
física cuántica, en la que vino a decir que Einstein
ya había demostrado, a principios del siglo XX, la
existencia de una cuarta dimensión. El tiempo. Una
cuarta dimensión que para nosotros podía resultar
invisible. De igual forma que, para los dibujos en un
plano, la altura resultaría invisible. Por lo que si
alguien coloca objetos en ese plano y los retira, los
supuestos seres que habitasen allí, no entenderían
cómo aparecen y desaparecen dichos objetos.
Pero si esas ideas no resultaban ya un tanto
extrañas, las que le siguieron lo eran aún más. Le
explicó que en un principio, en su ordenador, es
decir, en el del CERN del año 2018, apareció la
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

imagen de una sala llena de pantallas, apuntando a


diversos lugares del mundo. Lugares tan
significativos como Nueva York, Londres, Bruselas,
Moscú, Pekín, Tokio, etcétera. Detrás de esas
pantallas había un único operario, a veces dos.
Después no hubo ninguno. Y así siguieron
recibiendo esas imágenes, durante días y días.
Hasta que las pantallas empezaron a mostrar
explosiones atómicas en cada una de ellas. También
presenciaron como un inmenso tsunami arrasaba la
ciudad de San Francisco, o como en otros lugares la
cámara que tomaba la imagen temblaba. Esto
último podía ser causado por los seísmos que
debían de provocar las bombas. En algunas de las
pantallas de aquella sala podía leerse la fecha del 8
de octubre del año 2077. Después de esto se perdió
la señal. Y de forma repentina, empezaron a recibir
datos de los ordenadores del CERN del año 2067.
Multitud de información que acabó por bloquear a
su modesto ordenador cuántico del 2018. El cual,
pudo ser reparado. Pero para conseguirlo, por
desgracia para ellos, fue necesario eliminar parte de
la información que habían recibido. Y como medida
preventiva, programarlo para que almacenase sólo
hasta cierto límite de información por día. Una
precaución que era lo habitual en muchos
servidores, pero que no se había tomado en este
caso porque, con una capacidad de almacenamiento
tan elevada para su época, nadie podía imaginar que
FRANCISCO JAÉN

llegase a ser urgente el tomar tan pronto dicha


medida de precaución.
Hawking se despidió muy educadamente,
deseándoles mucha suerte en la tarea que tenían por
delante. Según dijo, salvar el mundo. Sonó de nuevo
a broma. Pero les pidió por favor que les tomasen
en serio. Porque aquello tenía que servir para algo.
Era una oportunidad que debían de aprovechar.
—Vaya, su brillante actuación, de un modo
extraño, me recuerda sospechosamente al cuento de
Dickens. Aunque no tengo claro si está
interpretando el papel del fantasma de las navidades
pasadas, o el de las futuras.
—Esta información está ya en manos del
gobierno ─dijo Jordi, sin reparar en su
observación─. Ellos verán lo que tienen que hacer.
Por nuestra parte, si bien no nos han permitido
comunicárselo a la población de forma clara,
mediante una rueda de prensa, nos han autorizado a
hacerlo de forma indirecta.
—Indirecta ¿eh?, ¿quieres utilizar las cuartetas de
Nostradamus, o algo así?
—Algo así. Más bien pensábamos en crear un
nuevo Nostradamus. Alguien del pasado que se
dedique a hacer pronósticos, y que recibirá los
nuestros. Queremos convertirlo en una leyenda. En
el momento oportuno, hablará del año 2077. Todos
le creerán. Y eso, esperamos, ayudará a evitar la
catástrofe que nuestros amigos del pasado aseguran
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

haber presenciado. Dicho lo cual, a muchos de


nosotros nos gusta pensar que pueden haber
interpretado mal lo que vieron. Al menos, nos sirve
como teoría tranquilizadora.
—Curiosas ideas. Pero para idea tranquilizadora,
prefiero pensar en que todo esto no es más que una
broma muy original. Sea como fuere, ¿habéis
pensado ya en alguien para esa tarea?
—Esperaba que pudieses ayudarnos también en
este punto. Recuerdo que hubo un tiempo en que te
interesaste mucho por una curiosa especialidad de la
astrología, que sirve para hacer pronósticos a escala
internacional. Sobre acontecimientos políticos,
guerras, atentados, crisis económicas, desastres
naturales, etcétera.
—Sí, te refieres a lo que se denomina como
astromundial o astrología mundana. Sigue
interesándome, pero pronto descubrí que la
astrología tiene muy mala prensa. Utilizarla, y
confesar públicamente que te interesa, significa que
asumes el riesgo a ser desacreditado. Además de
quedarte sin empleo. Así que en ese ámbito, si
encuentro algo interesante, tengo que relacionarlo
con cuestiones que suenen más científicas, como la
cliodinámica, o la economía. Y todo por culpa de
vosotros, los científicos y su sacrosanta ciencia, la
nueva religión de la Era de Acuario.
—A mí que me registren. Además, los
informáticos también tenemos muy mala fama. Ya
FRANCISCO JAÉN

sabes, que si somos unos friquis, y todas esas


leyendas urbanas... Bueno, el caso es que
necesitamos a alguien que en los años veinte tenga
unos veinte años, como mucho treinta y algo. Y que
en los años sesenta, cuando suelte su apocalíptico
pronóstico sobre el año 2077, tenga ya un
currículum impresionante. Con multitud de aciertos,
y además, sobre acontecimientos trascendentales de
nuestra historia. De tal forma, que llegado el
momento tendrán que creerle.
—Vaya, que situación tan paradójica. Me encanta
la idea de buscarle un astrólogo al CERN ─soltó
otra carcajada─. Pero si me permites la pregunta,
¿cómo contactaréis con el astrólogo del año 2018?
—A través de los científicos del año 2018. La
idea, además, es suya. Pero nos han pedido ayuda,
porque quieren asegurarse que pueda estar vivo en
los años sesenta. Y claro, nosotros estamos en
mejor posición para averiguar ese dato.
—¿Sabes?, todo esto suena bastante loco, me
cuesta creerlo. Pero al mismo tiempo, es muy
sugerente. Si lo que cuentas es cierto, es una
oportunidad asombrosa para averiguar, de una vez
por todas, si existe el destino, si el futuro se puede
cambiar... O incluso, más extraño todavía, si la
historia se puede reescribir. Esperemos que el libre
albedrío pueda ser algo más que una simple idea.
Por cierto, a Hawking, ¿le dijisteis algo sobre su...?
—¿Su muerte? No, nada.
GÉMINIS
Lo que es pasado es prólogo.
William Shakespeare

A Nuria le extrañó que más allá de sus


conversaciones con Jordi, no tuviera contacto
con ningún otro científico de aquel extraño
proyecto. Supuso que eso se debía a que aquello era
realmente alto secreto, y a que a ella la tenían un
tanto al margen del asunto, en realidad. Es más,
preferían que trabajase desde España. Pero no le
importó. La verdad es que poder trabajar desde su
casa, con vistas al mar, y a su aire, no parecía un mal
plan.
Al regresar a su apartamento, en lo primero que
pensó era en lo que más le divertía. ¿Qué astrólogo
del año 2018 era el más adecuado para aquella
misión? Repaso toda la información con la que
contaba al respecto. Lo único que tenía claro es que
seguramente sería un hombre. Por alguna extraña
razón, la astrología profesional era un mundo
mayoritariamente masculino. Lo chocante era que
los clientes solían ser clientas. No era tanto así en el
caso de la astromundial, por la que se interesaban
mayoritariamente varones de mediana edad, y de
buena posición económica.
FRANCISCO JAÉN

La también llamada astrología mundana, o astrología


mundial, era algo que les resultaba interesante a los
políticos, a los sociólogos, a los economistas,
hombres de negocios, o inversores bursátiles. A
veces, por razones obvias, algún historiador, o
historiadora como en su caso, se sentía atraído por
estas ideas. Máxime, tras la irrupción de la
cliodinámica. Incluso podría mencionarse el estudio
de algún geólogo, en relación con los movimientos
sísmicos. En todos los casos, siempre se trataba de
personas abiertas a nuevas formas de enfocar los
problemas sin resolver, en sus respectivas
disciplinas.
La astromundial había surgido en la Francia del
siglo XX. Incluso podía hablarse de un astrólogo en
concreto, André Barbault. Aunque justo es decir
que Barbault perfeccionó las ideas de Henry
Gouchon. Este último había pensado en un índice
de ciclos, basado en los planetas exteriores al
cinturón de asteroides, desde Júpiter hasta Plutón.
Los ciclos de estos planetas, según estas ideas, son
los que realmente influyen en los grandes
acontecimientos de la humanidad.
Pero si Barbault consiguió más renombre fue
porque, allá por los años cincuenta y sesenta del
siglo XX, escribió varios libros y artículos
exponiendo su idea de que, sobre el año 1989, en la
entonces todopoderosa Unión Soviética, y en su
área de influencia, iba a vivirse una etapa de
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

cambios trascendentales. Cambios que marcarían un


antes y un después. Casualidad o no, el Muro de
Berlín cayó, justamente, en el año 1989. Y la Unión
Soviética de Mijaíl Gorbachov, en 1991.
Además, según se dice, Barbault asesoró al
presidente francés Charles de Gaulle. Y sugirió cuál
debía de ser la mejor fecha para la fundación de la
Quinta República en Francia. Estos dos últimos
datos resultan muy sugerentes. No obstante, cabe
pensar en que se deban más a su aureola legendaria,
dentro de esta disciplina, que a la realidad. De lo
que no cabía la más mínima duda, por muchos
detractores que intentasen minimizar su proeza, fue
que había quedado constancia por escrito de su
pronóstico para el año 1989, en relación con el
conocido por aquel entonces como «bloque
socialista». Eso, nadie podía discutirlo. Lo único que
pudieron hacer es restarle importancia, o hablar de
sus errores, porque todos cometemos errores. O
sencillamente, silenciarlo. Pero aun así, la
astromundial había dado muestras de ser una
herramienta a tener en cuenta. Por mucho que eso
resultase desagradable, para los dogmas de la época.
Lo que lamentaba Nuria era la avanzada edad de
Barbault en el 2018, y que Gouchon había fallecido
cuarenta años antes. Sabía que algún descendiente
de Barbault, ahora no recordaba si una hija o una
sobrina, se dedicó también a la astrología. Pero tenía
entendido que más bien a la astropsicología, que era la
FRANCISCO JAÉN

rama de la astrología más interesada en el carácter


de las personas, y cómo éste influye en el destino.
La astrología más conocida por todos, y la que
generaba más ingresos.
De todas formas, los autores con los que Nuria
estaba más familiarizada, eran los que escribían en
lengua española. Y de entre ellos, otra leyenda que
sobresalía en este campo era, sin ningún género de
duda, el uruguayo Boris Cristoff. Su famosa Tabla
Periódica de la Historia siempre la había fascinado. En
dicha tabla, dividía la historia en eras de 2100 años.
Dentro de las cuales encontrábamos sub-eras de
175 años. Y dentro de las sub-eras, micro-eras de 14
años y 7 meses. Se podían hacer divisiones aún más
pequeñas. Según esto, ahora mismo estaban
llegando al final de la Era de Piscis, ya que Cristoff
situaba su inicio en el año 0. También se
encontraban cerca del final de la sub-era de Piscis,
que se había iniciado en el año 1925, y que
concluiría al finalizar el siglo XXI. Y cerca del final
de la micro-era de Capricornio, cuyo inicio se
situaba en el año 2055, y que llegaría hasta el año
2070.
Según la teoría de Cristoff, Piscis sugería etapas
de decadencia. Mientras que Capricornio, solía
facilitar las cosas a nivel económico y científico. De
ahí, quizás, los descubrimientos tan sorprendentes
en el CERN, en mitad de un mundo que se
desmoronaba. Pero estábamos en las mismas. Boris
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Cristoff había fallecido en el año 2017.


Entonces, aunque no era un autor
hispanohablante, le vino a la cabeza el nombre del
suizo Richard Tarnas, porque era un poco lo
opuesto a Cristoff. En el sentido de que el uruguayo
era muy dado a dar pronósticos espectaculares, a
dejar con la boca abierta a su interlocutor. Actitud
que a Nuria le gustaba definir como astrología
tremendista. Esto, evidentemente, a la larga no fue
demasiado acertado. Porque muchos recordarían
para siempre su famoso libro, La Gran Catástrofe de
1983. Un error con el que se eclipsó su concienzudo
trabajo en la Tabla Periódica de la Historia. Teoría que
por desgracia sigue siendo una idea desconocida
para muchos historiadores. Pero así son estas cosas.
Tarnas, en cambio, no era amante de este tipo de
alharacas, como suele suceder con los hombres
sabios. Era historiador, filósofo, psicólogo, una
eminencia. Y es curioso que después de otro suizo,
Carl Gustav Jung, fuese el último intelectual que se
atrevió a hablar de astrología. Su obra, Cosmos y
Psique, es de lectura obligada para los interesados en
este tema. Y dada su prudencia, hubiese resultado
divertido el intentar convencerle de que hiciese
algún pronóstico arriesgado. Señalando un año, o
incluso un día exacto, en relación con un
acontecimiento en concreto. No, Tarnas prefería
hablar de tendencias, en mitad de etapas que podían
abarcar décadas. Todo apuntaba a que sería un
FRANCISCO JAÉN

hueso duro de roer. Tendrían que ofrecerle varias


demostraciones que le dejasen boquiabierto. Así y
todo, probablemente no hubiese aceptado, porque
en el ámbito universitario en el que se movía, este
atrevimiento podría haberle causado problemas.
Tanto si acertaba como si no.
En cualquier caso, aunque en el 2018 Tarnas
disfrutaba de un buen momento en su carrera, la
edad volvía a ser un problema. Pues como todos
los demás, no era inmortal. Los descubrimientos en
genética, que han permitido alargar algunas décadas
nuestra esperanza de vida, sobre todo a los más
jóvenes, llegaron tarde para él.
Este problema con la edad, también se lo
encontró con los astrólogos españoles más
conocidos de esa época. Un buen número de ellos
eran originarios del mediterráneo. Y en su mayor
parte de Cataluña. Jordi solía bromear afirmando
que aquello se debía al viento de tramontana, que a
veces sopla demasiado fuerte. Pero lo que a Nuria
más le fascinaba, de los astrólogos españoles de
aquella época, es su curiosa participación en la
intentona independentista que se dio en la Cataluña
de entonces. Inundaron las redes con sus
pronósticos, en un sentido y en el contrario.
Convirtiéndose así, en una curiosa arma de
propaganda política. La mayoría, dando rienda
suelta a sus tendencias en este sentido, de forma
espontánea. Pero unos pocos, se rumoreaba,
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

estaban a sueldo de la Generalitat. Y otros, según se


dijo, trabajaban para los servicios de inteligencia de
España. Nadie pudo demostrar nada al respecto, a
ciencia cierta. A Nuria le encantaría tener la
oportunidad de aclararlo. Quizás este proyecto se lo
permitiese.
Sin embargo, no todos se aventuraron con este
peliagudo tema. Otros muchos, prefirieron
mantenerse al margen. O al menos, intentar no
llamar mucho la atención al respecto. La actitud
más inteligente, por otra parte, sino querías
arriesgarte a perder clientes. Juan Estadella, por
ejemplo, fue discreto. Pero quizás se debía a que
como persona también lo era. Una persona de
análisis sosegado, interesado por los datos y el
estudio. Uno de los astrólogos más serios y
respetados en la España de su tiempo. Nuria pensó
en su candidatura. La edad era un problema por los
pelos. Durante unos minutos se quedó dubitativa.
—¡Qué rabia! ─pensó.
Sin embargo, anotó su nombre como una
posibilidad a tener en cuenta. Buscando más
información sobre él en internet, tropezó con un
pdf que contenía una entrevista que le hicieron para
un blog dedicado a la astromundial. Un blog que
desapareció hacía mucho tiempo. Según pudo
averiguar, la última entrada databa del año 2021.
Como diría su admirado Shakespeare, desapareció
sin dejar humo ni estela.
FRANCISCO JAÉN

Pero eso era sólo en apariencia. Todos dejamos


muchos rastros en internet. Más de los que nos
imaginamos. Fue tirando del hilo, y pudo ir
encontrando varios restos más del naufragio de
aquel blog, desperdigados aquí y allá, por toda la
red. Había quien guardaba copias de mucho de lo
que se publicó en dicha bitácora. Alguna de esas
entradas fueron un grata sorpresa, otras no tanto.
Una de las que más le gustó fue la dedicada a la
música, en la que su autor especulaba que en los
años treinta se viviría una nueva edad de oro a nivel
musical. Y realmente fue así, gracias al jazz
electrónico. Cuando los músicos descubrieron que
los ordenadores también podían improvisar, en
directo, en mitad de un concierto, y que mejoraban
con cada actuación, con cada ensaño,
comprendieron de improviso que tenían ante sí
todo un nuevo universo por explorar. Un sueño del
que aún no habían despertado. Y que les llevó a
soñar aún más lejos, en cosas imposibles. Como por
ejemplo, con estas máquinas tan asombrosamente
creativas dándole la réplica, ¿qué acordes hubiese
podido crear Miles Davis? Lo que si averiguaron es
cómo respondían, los virtuosos electrónicos del
jazz, ante las grabaciones de los grandes artistas del
pasado. Y era algo realmente asombroso. Llegaba
uno a tener la extraña sensación de que las
máquinas tenían sensibilidad, que tenían alma
propia.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Investigando sobre aquel blog, vio que estaba


relacionado con una página llamada astromundial.com.
Página que ahora estaba a nombre de una empresa,
pero pudo averiguar los anteriores datos del registro
de dicho sitio web. En el 2018 estaba a nombre de
Andrés Riera. Por lo que averiguó, Riera terminó
por encontrar un trabajo a jornada completa, y cada
vez dispuso de menos tiempo para su pasión.
Limitándose a alguna tarde libre, a algún que otro
fin de semana, y a las vacaciones. Hasta que acabó
por, sino abandonar su proyecto de astrología
online, si dedicarle mucho menos tiempo.
Esporádicamente siguió exponiendo sus ideas y
pronósticos, a través de las redes sociales. Pero a un
público cada vez menor, y menos interesado. Hasta
que las cuentas que abrió en Facebook y Twitter,
para hablar de sus pronósticos, fueron abandonadas
a su suerte, sin volver a publicar nada, allá por los
años treinta.
Pero Andrés siguió con su vida. Hoy en día se
dedicaba a enseñar a niños pequeños a programar, o
a montar y desmontar sus propios ordenadores,
tablets, pequeños robots, etcétera. Y encontró otra
afición, la escritura. Nuria descubrió que había
escrito varios libros, especulando sobre cómo serían
las cosas en el futuro. Libros ya descatalogados, y
sin demasiado éxito. Pero podían conseguirse
copias de esos textos a través de la red de redes.
Tras leerlos, decidió que Andrés Riera era un buen
FRANCISCO JAÉN

candidato. Anotó su nombre, y lo rodeó con un


círculo. Quizás podría ayudarle, ¿quién sabe?, a vivir
de su pasión, la astromundial.

************

E staba preparando el informe sobre la


volatilidad en los mercados, para un cliente de
Madrid que trabajaba como asesor financiero. Y que
por lo visto, especulaba con la idea de ayudarse de
la astrología para hacerse rico. O mejor dicho, para
hacerse aún más rico. En un primer momento, a
Andrés todo aquello no le interesó demasiado. El
dinero, en realidad, no era lo que movía los resortes
de su alma. Sin embargo, todos necesitamos dinero
para vivir. Y cuando su cliente le hizo un ingreso sin
previo aviso, para animarle, le dijo que muy bien,
que lo intentaría, pero que no le garantizaba nada.
Que aquello no era su fuerte.
Para su sorpresa, al ponerse a indagar, el tema de
las fluctuaciones bursátiles empezó a interesarle de
verdad. Era asombroso comprobar cómo influían
los movimientos de Mercurio en la marcha de los
mercados. Pero la llamada de Pepe Alvarado le sacó
de su asombro. Ya estaba aquel pelmazo otra vez al
teléfono.
Pepe era un simpático andaluz que había
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

conocido en uno de sus anteriores trabajos


temporales, como recepcionista de mercancías en
un hipermercado. Se encariño con aquel gordo
bajito cuando le contó su deprimente historia. Era
originario de un pueblecito de Córdoba, llamado
Fuente Palmera, y ahora vivía con sus abuelos de
Elche. Ya que, por lo visto, su padrastro no lo
aguantaba. Algo que no le sorprendió demasiado a
Andrés al enterarse. Aquel tipo podía resultar
insoportable cuando se lo proponía. En ese caso, se
convertía en alguien charlatán que se repetía más
que el ajo, y que no dudaba en molestarte en el peor
momento. Lo dicho, un pelmazo.
Se lo había llevado un día de «fiesta», por lástima,
al contarle que apenas tenía amigos con los que
salir, o que no le hacían mucho caso. Y ahora no
había quién se lo quitase de encima, con sus
cansinas llamadas para quedar.
—¿Qué te pasa ahora?
—Andreeeé, se m’ha quemao el ordenadó.
—¿Cómo?
—Le salía fuego por atrá al ensenderlo. Y no sé, a
ver si podías mirarlo. ¿Tú no trabajaste un tiempo
en PCGiga? Vente hombre. Y te invito a un quintico,
y a sená.
Era lo malo de trabajar en la astrología. Andrés
era reservado, y no quería contárselo a nadie.
Pensaba que en su círculo no lo entenderían. Y no
tenía ganas de dar explicaciones a unos y a otros de
FRANCISCO JAÉN

sus cosas. Así que, como no le vino ninguna excusa


a la cabeza, se armó de paciencia y se fue a darle un
vistazo al puñetero ordenador de Pepe. De todas
formas, se había pasado el día dando vueltas por
Mercurio. Le vendría bien tomar el aire, y aterrizar
en la Tierra.
Lo que se encontró es que la fuente de
alimentación estaba completamente chamuscada.
Probablemente porque allí se había ido acumulado
el polvo desde tiempos inmemoriales. O como diría
su abuela, desde los tiempos de María Castaña.
Además, su PC lo tenía con la parte trasera apoyada
contra la pared. Por decirlo así, le faltaba aire al
pobre animalito. Esa pared necesitaría también una
mano de pintura. Afortunadamente, eso ya no sería
asunto suyo. En lo que a él le incumbía, el resto del
equipo, aparentemente, estaba intacto. Así que le
comentó que podían arriesgarse a comprar una
nueva fuente de alimentación. De las baratas, de
menos de 10€. Para comprobar si ese era el fallo.
Quizás con eso bastase. Y si más tarde se le
antojaba una fuente de alimentación de las caras, ya
habría tiempo. De todas formas, con un equipo
anticuado como ese, no valía la pena gastarse
demasiado dinero en repuestos.
Andrés aprovechó, y lo condujo hasta la tienda de
informática PCGiga, para saludar al dueño. A ver si
tenía suerte, y le volvía a contratar el próximo
verano. Pero no estaba, al dueño que vio es al de
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Denta-Web, un tipo que se dedicaba a programar


páginas webs para clínicas dentales de todo el
mundo, y con el que había trabajado durante
algunos meses, en contrato de prácticas. No le
extrañó, iba hasta allí con frecuencia a comprar de
todo. Su oficina estaba cerca. De hecho, más de una
vez le envío a hacerle recados. Para comprarle
pantallas, ordenadores, móviles, tablets, portátiles,
impresoras, y toda clase de cachivaches. Compraba
más artilugios tecnológicos de los que necesitaba.
Del mismo modo que tenía más locales, más casas,
más empleados, más coches, más motos, y más de
todo, de lo que realmente necesitaba.
—Todo sea por fardar ─pensó Andrés al verle.
Un pensamiento que casi se le escapó en voz alta.
Pudo callarse a tiempo sin concluir la frase, y dejar a
Pepe con una curiosa cara de interrogación.
Pero eso sí, a la hora de pagar a sus trabajadores,
ya no era tan generoso. Se interesó falsamente por
cómo le iba. Pero al menos fue sincero al recordarle
que, según él, necesitaba coger soltura.
—Coger velocidad ─le dijo─. A ver si me entero
de algo más adecuado para ti, en lo que puedas
encajar.
—Tu puta madre ─pensó Andrés, al que esta vez
no se le escapó ni una palabra─, mientras se
despedían con sus respectivas sonrisas de
circunstancias.
La fuente de alimentación solventó el problemilla
FRANCISCO JAÉN

de Pepe. Y después vinieron los quintos, y la cena


prometida. Por supuesto, le dio el tostón con que
tenían que quedar aquel sábado. Y dar una vuelta
por el «El Barrio», que era como se conocía la zona
del centro en la que se aglutinaban, desde antiguo,
los bares y pubs de la ciudad de Alicante. Otros,
para salir de marcha por aquella ciudad, preferían la
zona del puerto, o la del campo de golf. Pero Pepe
consideraba que eso era de burgueses, y que «El
Barrio» estaba más acorde con sus ideales políticos,
como militante convencido, y un tanto fanatizado,
de Podemos.
—Menudo gilipollas ─le decía Andrés cuando
discutían acerca de la zona por la que saldrían de
fiesta─, como si todos los empresarios del barrio
fuesen de izquierdas. Qué idea más tonta. Igual no
hay ni uno.
Aparte de eso, Pepe siempre le pareció un
revolucionario de andar por casa. De los que les
gustaba pontificar desde la barra de un bar, pegar
algún cartel en las elecciones, irse a comer con los
camaradas el 1 de mayo, y todos esos rollos. Pero
que nunca pasaría de ahí, por muchas aspiraciones
que tuviese de ir subiendo posiciones en el
escalafón del partido. Hasta para asaltar los cielos,
se necesitaba tener algo más que la ESO, si es que la
tenía. No obstante, no era asunto suyo. Y a Pepe
todo eso, había que reconocerlo, le salía de dentro.
No era una pose. En ese sentido, lo respetaba.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Incluso lo admiraba. Toda persona debe de luchar


por aquello en lo que realmente cree.
Cuando Pepe lo veía dubitativo al sacarle el tema
del sábado, como en este caso, le gustaba
argumentar que había que vivir como si no hubiese
un mañana. Porque cualquier día de estos les podría
pasar cualquier cosa.
—Y si eso llegaba a darse ─le solía decir─, que
me quiten lo bailao.
Acto seguido soltaba una de sus carcajadas
estruendosas, que conseguían llamar la atención de
todas las mesas de aquel garito, y hasta la de las
mesas en la calle, o de cualquiera que pasase por
casualidad, en ese momento, por las puertas de
aquel bar de mala muerte. Al mismo tiempo,
también conseguía que en la cara del dueño se
fuesen formando todo tipo de muecas. A cual más
grotesca. Sin embargo, no era tonto. O no del todo.
Cuando se daba cuenta de ese tipo de muecas, en
ese tipo de personas, su táctica siempre era la
misma, comprarlos. Les decía que se tomasen una
cerveza, o un chupito, o un whisky, o un lo que
fuese, que él lo pagaba. Porque le encantaba ese bar,
o eso decía. Lo bien que preparaban las tapas, lo
bien que les atendían, y todo ese tipo de cosas, que
nadie que no estuviese completamente borracho
podría creerse. Todo eso a viva voz, para que se
enterasen hasta en el bar de la acera de enfrente. Y
la verdad es que, al menos delante de Andrés, esa
FRANCISCO JAÉN

técnica siempre le funcionó. Era una estrategia


brillante, a la par que infalible. Había que reconocer
que, en comprar la simpatía de los taberneros, Pepe
era todo un maestro.
Al día siguiente, Andrés recibió un nuevo correo
electrónico de un, hasta entonces desconocido
remitente, y que parecía querer decirle lo que tanto
le gustaba decir a Pepe, que no habría un mañana.
CÁNCER
El futuro nos tortura, el pasado nos encadena.
Gustave Flaubert

L a búsqueda de un astrólogo que pudiese encajar


con lo que estaban buscando le resultó
interesante, pero no encontró a otro Andrés Riera.
Los científicos del CERN del pasado comentaron
que les parecía un tipo divertido. Con un humor
cínico y socarrón, curtido en mil batallas, en mil
desengaños amorosos y laborales. Y quizás por todo
ello, con apuros económicos. Por lo que si no le
convencían por las buenas, pasarían al plan B. Es
decir, intentarían comprar su voluntad.
Sabían todo eso porque, una vez que les dieron el
nombre, le hicieron un seguimiento e indagaron
sobre lo que había sido su vida hasta entonces. Un
ir y venir de aquí para allá. De camarero a mozo de
almacén, de vigilante nocturno a recepcionista de
mercancías, de informático a astrólogo. Y ahora
parecía acariciar la idea de escribir. Había enviado
varios relatos de misterio, a diferentes revistas
literarias, que no se habían dignado en contestarle.
Su vida sentimental se había caracterizado por
sentirse atraído por personas más sensatas que él,
que le rechazaron. Y por atraer a personas no tan
FRANCISCO JAÉN

sensatas, de las que se zafó como buenamente


pudo. Mujeres casadas y con algún hijo, aburridas
de su aparentemente feliz vida conyugal; o mujeres
que no sabían quiénes eran, aburridas del típico
macho ibérico, y que buscaban otros puntos de vista; o
mujeres con problemas con las drogas o el alcohol,
aburridas de todo, de la vida misma.
Estos datos le hicieron dudar a Nuria. ¿Cómo
encajaría esta persona el éxito?, ¿estaría preparado
para lo que eso implicaba? Pero no había mucho
más en donde buscar. Su vida sería un desastre,
pero sus reflexiones eran sensatas. Y algunos de sus
pronósticos, había que reconocer que fueron
acertados. Si no llegó a más, con su proyecto
astrológico, es porque carecía de influencias y de
recursos económicos. Aunque también es verdad
que contaba con unos cinco mil contactos en las
redes sociales. Pero se podían tener muchos
«amigos» en Facebook, y estar más solo que la una.
Sea como fuere, todo eso ya no importaba
demasiado. Por lo visto, de una forma un tanto
curiosa, había terminado por encontrar las
influencias y los recursos que necesitaba. Se
arriesgaría a confiar en Andrés Riera.
Pero no porque quisiera, sino porque no le
quedaba más remedio. Los que verdaderamente le
gustaban a Nuria ya no contaban con la edad
adecuada. El resto, eran aún mucho peor que Riera.
La astrología de principios del siglo XXI se estaba
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

convirtiendo en una jaula de grillos, en una parada


de los monstruos. En gentes que aseguraban,
estaban convencidos de ello, porque además lo
habían «visto» en sus cartas natales, que iban a pasar
a la historia, porque eran poseedores de un método
que demostraría, de una vez por todas, la validez de
la ciencia astrológica. Métodos con los que
afirmaron, nada más y nada menos, que la Tercera
Guerra Mundial estallaría en el año 2010, después
en el 2012, después en el 2014, el 2015, el 2019, el
2020, el 2021, el 2022... hasta el infinito y más allá.
Otros, por ejemplo, afirmaban que sabiendo
dónde se encontraba Júpiter en tu carta natal, o
Marte, o Mercurio, o lo que fuese, podían averiguar
hasta tu marca de calzoncillos. Eran personas que,
seguramente, sufrían de algún trastorno psicológico.
De complejos de inferioridad, que intentaban
combatir mediante la astrología. Ya que era un
mundo en el que no se necesitaba contar con
ningún tipo de titulación académica. Bastaba con
leer un par de libros, adoptar la pose, y ya se era
todo un experto en la materia. Un gurú, un maestro,
un iluminado, un endiosado. Pero la triste realidad
es que siempre se trataba de un pobre diablo. En
definitiva, aquel era un mundo especialmente apto
para la esquizofrenia. O tal vez para aliviar alguna
depresión, a modo de Prozac.
Andrés Riera tenía sus problemas, pero no estaba
trastornado por aires de grandeza, creyéndose el
FRANCISCO JAÉN

Napoleón de los astros, o cosas así. A veces tenía


sus momentos de bajón, eso sí, como todos. Pero
nada grave. Lo importante es que le apasionaba la
astromundial, porque le apasionaba de igual modo la
historia, la política, la filosofía, la sociología, la
economía, en definitiva, el mundo que le rodeaba.
Le apasionaba la vida. Y aunque no era ningún
erudito, era un hombre curioso, de mente abierta.
Y no escribía mal. A Nuria le caía bien, con eso
bastaba.
El hecho de que escribiese, le hizo pensar en otra
posibilidad. En que quizás podría ser buena idea
que plasmase sus pronósticos en alguna novela. Es
decir, los pronósticos que le transmitirían desde el
CERN. Idea que fue desechada, porque de esta
forma todo se complicaba más. Tendrían que
conseguirle una buena editorial, una buena
publicidad, y aun así, confiar en tener la suerte de
convertir alguna de sus obras en un best seller. Y eso
dependía del público, ahí no podían hacer nada. Si
no lo consiguió, quizás se debiese a que no era un
buen escritor. No, era más rápido y efectivo hacerle
soltar los pronósticos bomba que le habían
preparado. Uno detrás de otro. Eso debería de
convertirlo en un mito, más tarde o más pronto.
Con o sin influencias.
Pero Nuria pensó entonces en Sofía. Ella si había
conseguido un número importante de lectores
fieles. Tal vez podría novelar todo aquello, como
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

forma de influir en el presente. Revelando así al


público, de forma sutil, como parecían preferir en
las altas esferas, las situaciones que podrían darse
durante la próxima década, y que desembocarían en
el 8 de octubre de 2077, del que les habló Stephen
Hawking, o quien fuese.
La idea fue tomada en consideración. Y después
de algún tiempo, decidieron que no se perdía nada.
Incluso fueron más allá. Pensaron en el cine, en
series de televisión, en comics, en juegos para el
modo videoconsola de los aparatos de televisión,
etcétera. Sofía sería una pieza más, dentro de un
engranaje de creativos al servicio del Gobierno
europeo. Quizás de esta forma, incidiendo
subliminalmente en las emociones, hablando de
situaciones que iban a darse, esperaban que todos
pondrían más de su parte cuando realmente se
diesen, para evitar la tragedia. O al menos para
minimizarla en lo posible.
Y es que todos, incluidos los jefes de estado y los
primeros ministros de todo el mundo, adoraban la
cultura europea. Consumían sus películas, sus
novelas, su música, sus obras de teatro, etcétera. En
eso, Europa había acabado por ganarle la partida al
Hollywood de California, o al Broadway de Nueva
York. Que pagaban el precio de tener que rendir
cuentas a una censura implacable.
Todo aquello era una buena idea, con la que se
podía trabajar desde el presente. Idea que había
FRANCISCO JAÉN

partido de Nuria, porque deseaba poner al corriente


a Sofía, hacerla partícipe de su curiosa aventura. Le
fastidiaba tener que ocultarle en lo que andaba
trabajando. De hecho, estuvo a punto de romper
más de una vez su promesa de confidencialidad.
Pero ya no tenía que romper ninguna promesa. La
felicitaron. Lo que le inquieto a partir de entonces,
es que nadie hubiese pensado antes en algo así. En
algo tan básico. Igual los del pasado tenían razón, y
los gobernantes actuales, o los de un futuro
próximo, eran idiotas. ¿O en realidad lo han sido
desde siempre?

************

T o: info@astromundial.com
From: project77@protonmail.ch
Subject: Pronóstico para su blog
Message...
Hola.
Nos gustaría trasladarle un asunto muy grave que, por su
seguridad, no podemos revelarle cómo hemos llegado a
averiguar, pero estamos seguros de que se trata de algo que va
a ocurrir, irreversiblemente. Si le diré que esperamos poder
contar con usted para trasladar a la población informaciones
que, de otro modo, no podemos hacer llegar.
Se trata de la Cúpula de la Roca, en Jerusalén. Un grupo
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

terrorista planea hacerla saltar por los aires en los próximos


meses. Nos gustaría que lo advirtiese en su blog. Utilizando
argumentaciones astrológicas, si lo desea. O lo que crea más
conveniente. Lo importante es que transmita el mensaje.
Porque en un futuro, volveremos a revelarle algo que sabemos
que va a ocurrir. Queremos que le escuchen. Y que esto pueda
ayudar a cambiar las cosas que se supone que van a pasar.

—¡Jaaaa! ─gritó Andrés en la soledad de su


despacho─. Menudo zumbao.
Le preguntó a Google sobre la Cúpula de la Roca, y
cuando descubrió que era un lugar sagrado para las
tres grandes religiones monoteístas del planeta. Y
donde los judíos ortodoxos planeaban reconstruir el
Templo de Jerusalén, exclamó un «Guauuuu, se lo
han currao». La idea, desde luego era sugerente. Pero
sonaba a secta religiosa, a gente fanática. Quién sabe
si a terroristas en potencia. Pensó que lo mejor sería
no contestar.
A los pocos días recibió un nuevo correo
electrónico. Esta vez de PayPal. Indicándole que un
buen samaritano le había ingresado un donativo de,
nada más y nada menos, mil euros. Buen samaritano
que le escribió en otro correo aparte, insistiéndole
en que, por favor, hablase de la Cúpula de la Roca en
su blog.
Aquello le puso nervioso. Se preguntó quién sería
esa gente, qué es lo que habría detrás de todo ese
asunto. Estuvo sopesando la idea de devolver el
FRANCISCO JAÉN

dinero. Aquello le olía a un lío que podría terminar


en interrogatorios. Por lo que quizás debería curarse
en salud, e ir primero a la policía. O quizás no. Se
quedaría el dinero, y escribiría la maldita entrada de
blog. Porque, ¡joder!, mil euros le venían de perlas.
Pero antes de nada, al menos, tal vez sería buena
idea enviar a la policía un pantallazo con el correo
electrónico, preguntándoles qué debía hacer. Sin
decir nada del dinero, claro. Aunque de momento
no lo tocaría. Se le ocurrió que más tarde iría
haciendo pequeñas transferencias a su cuenta
bancaria. Poco a poco, de cincuenta euros, para no
llamar la atención. Pero no lo tenía del todo claro.
Lo consultó con la almohada. Aquella noche no
durmió bien, y Andrés se levantó hablando solo.
—¿La policía?, ¿y qué les digo? Hola, buenas
tardes. Me dedico a la astromundial, y me han
enviado esto. ¿Qué os parece?... Un interrogatorio
no sé, pero igual me envían al manicomio... ¡Bah!,
ese atentado no puede darse. Es absurdo. Y si se da,
no pasará nada. Acerté que en octubre del 2008 se
daría inicio a una larga crisis económica; que en el
2010 estallaría un volcán que daría problemas, y así
se dio en Islandia; advertí la posibilidad de que en
Cataluña se proclamaría la independencia, y que
quedaría en nada; lancé la hipótesis de que el año
2014 podría caracterizarse por una pandemia,
epidemia, o algún tipo de enfermedad contagiosa, y
así pasó con el ébola; y tantas otras cosas más. ¿Y
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

qué?, ¿había venido la policía a verme? Estás


exagerando. Te leen cuatro gatos. Nadie reparará en
tu entrada de blog. Nadie lee astrología, salvo los
astrólogos. Y lo cierto es que no son muy amigos de
reconocer el acierto de otro astrólogo. Así que a
nadie le importará tu entrada, y tú tendrás mil euros.
¿Cuál es el problema?
El problema era que, en el fondo, aunque en
principio pareciese una idea absurda, intuía que algo
así podría darse. Y que cada vez le leía más gente,
gracias a las redes sociales. Quizás esta vez fuese
diferente. Y todo aquello le metiese en un jaleo. Así
que finalmente decidió que, si se arriesgaba a ser
interrogado, les iba a pedir más dinero. Porque si
estaban en lo cierto, aquello podía implicar meterse
en un buen lío. Les dijo que le hacía falta un coche
nuevo, y que con doce mil euros más les quedaría
muy agradecido. Pero que no se lo enviasen por
PayPal, ni a ninguna cuenta bancaria. Si aceptaban,
alquilaría un apartado de correos, y se lo tendrían
que enviar allí, en un discreto paquete postal, con
unos cuantos billetes de los grandes. Para su
asombro, le dijeron que lo entendían perfectamente,
y que aceptaban su idea.
—Dios santo, ¡están locos! ─fruto del
nerviosismo en su interior, sus exclamaciones en
soledad estaban empezando a convertirse en algo
cada vez más frecuente.
Lleno de dudas, alquiló un apartado de correos
FRANCISCO JAÉN

por un mes, la opción más barata, en la oficina


postal situada en la Avenida de la Libertad de Elche.
Les escribió a sus misteriosos benefactores,
dándoles prisa. No pensaba renovar su alquiler.
Estos le aconsejaron que renovase su contrato con
correos, porque seguramente harían más negocios
en el futuro. Y le dijeron que no se preocupase, el
envío llegaría en una semana, quizás menos. Así que
esperaban que, cuando lo recibiese, publicase la
dichosa entrada de blog. La entrada de blog más
cara de la que Andrés tenía noticia. Además de los
mil euros en su cuenta de PayPal, le enviaron doce
mil más a su apartado de correos, como le habían
dicho. Estarían zumbaos, pero eran gente de palabra.
¿Quiénes eran? Quizás se trataba de un millonario
excéntrico que se aburría. Y debía de aburrirse
mucho. Porque aquello de que harían más negocios
en el futuro, no le gustó un pelo a Andrés.
Al recibirlo, se le ocurrió que podía tratarse de
una estúpida broma, en forma de billetes falsos. Así
que ingreso dos de los billetes de doscientos euros
que le enviaron. El cajero del banco no puso ningún
inconveniente. Los revisó, y fueron ingresados sin
problemas. Momentáneamente se sintió aliviado.
Pero luego pensó en que la había cagado de todas
formas. Que el número de serie de los billetes
podría darle problemas, si aquel dinero tenía un
origen oscuro. El dichoso dinero siempre era un
quebradero de cabeza. Tanto si lo tenías como si
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

no.
Pero Andrés también era un hombre de palabra.
Al confirmar la llegada del paquete, y que su
contenido no era falso, o que al menos en
cuatrocientos euros no lo era, publicó su entrada.
Una entrada que ya tenía preparada, con alusiones
bíblicas, además de a la Guerra de Siria, y al famoso
Estado Islámico.
Daba la impresión de ser algo muy bien pensado,
muy meditado, de que sabía más de lo que decía. La
realidad era que no tenía ni la más remota idea,
sobre qué era exactamente lo que estaba explicando.
Y que siempre había pensado que los que utilizaban
argumentaciones bíblicas, como él lo hacía ahora,
no eran más que charlatanes. Lamentablemente, al
artículo le venía bien utilizar dichas
argumentaciones, sino quería quedar un tanto flojo.
Porque en lo astrológico, no le acababa de
convencer la influencia de Quirón, de la que habló.
Pero era lo único que se le había ocurrido que podía
encajar con todo este asunto. Aunque no creyese
demasiado en la influencia de Quirón, ni en la
veracidad de la información que había recibido.
Con eso y con todo, Andrés consideraba que su
artículo había quedado bien. Aunque no tanto como
para pagar trece mil euros por él...
FRANCISCO JAÉN

«…el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la


ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el
fin de la guerra durarán las devastaciones.»
Daniel 9:26

En versículos como éste, algunos estudiosos de la Biblia


han llegado a la conclusión de que el profeta Daniel estaba
hablando de la actual Explanada de las Mezquitas, en la
ciudad de Jerusalén. En donde, en su parte central, se halla
ubicado un lugar santo para tres de las religiones más
importantes del mundo: la Cúpula de la Roca.
Los musulmanes creen que, exactamente desde ese lugar,
Mahoma ascendió a los cielos. Los judíos y los cristianos
guardan una creencia parecida, pues piensan que fue allí
donde Jacob encontró una escalera que permitía ascender
hasta el cielo. De esto último hay teorías curiosas. Los
ufólogos lo interpretan como un avistamiento ovni.
Pero lo más importante para los judíos, es que justamente
allí se encontraba el Templo de Jerusalén. Templo que en la
antigüedad fue construido y reconstruido, y que los judíos
ortodoxos aspiran a reconstruir por tercera vez. De hecho,
hay intérpretes de la Biblia que sugieren que esa
reconstrucción será una señal de que nos acercamos a los
últimos días, y a la batalla del Armagedón.

Estado Islámico.-
Llegados a este punto, seguramente estaréis pensando que
he sido abducido por alguna secta. Pero si comento todo esto,
es porque el Estado Islámico está en Siria, muy cerca de
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Israel. Y parece lógico pensar que, en algún momento,


estallará un conflicto entre dicho estado e Israel.
Algunos piensan que eso no puede darse porque han leído,
o escuchado en alguna parte, que Israel vende armas al
Estado Islámico. Ideas que, por supuesto, nadie sabe a
ciencia cierta en qué se basan. Pero que ahí quedan. Lo cual,
tampoco me sorprende demasiado, porque uno de los
fenómenos que suele darse con la actual cuadratura entre
Urano y Plutón, a lo largo de la historia, es el del
antisemitismo. Y el de dejarse arrastrar por estas ideas,
aunque uno no sea anti nada.
Pero así y todo, pongamos que están en lo cierto.
Supongamos que el Estado Islámico está a sueldo de Israel.
Aun así, a los dos les podría resultar beneficioso un ataque
sobre Jerusalén, en el que fuese destruida la Cúpula de la
Roca. ¿Por qué?
Pues parece obvio que a los judíos esto les permitiría
construir, por fin, su anhelado Tercer Templo de Jerusalén. Y
al Estado Islámico, remover ideas apocalípticas en el
Occidente cristiano, que hagan que muchos vean su avance
como algo inevitable y predestinado. Y en los conflictos
bélicos, es de sobra conocida la importancia de la guerra
psicológica sobre el enemigo.
Pero sin dejarnos llevar por ideas conspiranoicas, si el
Estado Islámico lanza misiles hacia Israel, un país plagado
de lugares sagrados, es inevitable que alguno de estos misiles
caiga en un lugar al que, en principio, se supone que no
deberían de haber apuntado.
FRANCISCO JAÉN

Astrología.-
Sea como fuere, ¿cuándo podría darse esto, o algo parecido,
según la astrología? Hace años especulé con que la
cuadratura entre Saturno y Neptuno, sobre el año 2015,
haría entrar en el escenario internacional a Irán. Pero no fue
así, lo que ocurrió fue que apareció, como por encanto, el
mencionado Estado Islámico. Y os diréis, ¿por qué hasta
entonces el ciclo entre Saturno y Neptuno se había centrado
en Irán, y ahora parece centrarse en el Estado Islámico? Pues
eso quisiera saber yo también. No tengo respuestas para todo.
Pero evidentemente, se ha convertido en una nueva variable a
tener en cuenta.
En otra ocasión, mencioné la idea de que el Ciclo de la
Guerra parece repetirse cada 50 años, aproximadamente. Y
en dos momentos muy concretos de cada siglo. En los años
10, y en los años 60. En el siglo XX, por ejemplo, esto
coincidió con la I Guerra Mundial, y con la famosa Guerra
del Vietnam, de la que tanto nos han hablado en el cine.
En mi opinión, el Ciclo de la Guerra parece relacionarse
con la entrada de Quirón en el signo de Aries. Algo que
volverá a darse durante el actual año 2018. Por lo tanto, en
los próximos meses podría estallar un conflicto importante en
Oriente Medio. Y de ser así, parece lógico pensar en que el
papel de Israel pueda ser de especial relevancia. Otra pista al
respecto es que en el 2018 empezará a formarse la conjunción
entre Saturno y Plutón, y el ciclo entre estos dos planetas suele
tener gran influencia para el moderno estado de Israel.
Dicho esto, en mi opinión, podría tratarse de cualquier
momento entre el 2018 y el 2026. Que es el tiempo en el que
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Quirón permanecerá en el signo de Aries. O darse más bien


entre el año 2019 y el 2020. Ya que ahí es cuando la
conjunción entre Saturno y Plutón resultará más exacta.
Más que en el actual año 2018.
En cualquier caso, desde luego, espero que todo esto no sea
más que una fantasía por mi parte. Pero me pregunto si con
la Cúpula de la Roca se están guardando tantas
precauciones, como en el caso de las recientes amenazas
terroristas en el Vaticano.

Sí, pensaba que le quedó bien. Y que aquello no


iba a ocurrir. Pero ¿qué más da? En el mundo de la
astrología, en realidad no importa nada en absoluto
si aciertas o no. Los astrólogos más famosos del
momento no habían acertado un pronóstico en su
vida. Pero ahí estaban, con su legión de seguidores,
que se empeñaban en encargarles el estudio de sus
cartas natales, aunque una y otra vez comprobaban
que sus análisis no tenían demasiado que ver con
sus vidas. Pero aquellos astrólogos no podían hacer
más de lo que hacían, por la sencilla razón,
sospechaba Andrés, de que no creían en la
astrología. Así y todo, tenían su mérito.
Andrés les admiraba porque sabían venderse,
porque sabían moverse en los medios de
comunicación, en las editoriales, en las altas esferas.
Sabían decirle a la gente lo que querían escuchar,
con mucha psicología y astucia. Y sacarse así su
buen dinerito. Unos auténticos cracks en lo suyo.
FRANCISCO JAÉN

Con los que se podían encontrar argumentos para


despreciarlos y para admirarlos, al mismo tiempo.
Lo cual también tenía su mérito.
Así que, total, un pronóstico erróneo no
importaría demasiado. Todos nos equivocamos
alguna vez. Pero no, no se equivocó. Aquella cúpula
saltó realmente por los aires. El mundo entero
contuvo el aliento, al contemplar las imágenes que
dieron por televisión, algunos meses después de
publicarse su entrada. Y a Andrés, los huevos, se le
pusieron de corbata. En qué lío se habría metido.
LEO
Allí donde el típico carácter de las masas se generaliza, pueden
darse por perdidos todos los valores superiores.
Hermann Rauschninig

M ientras comía en casa de sus padres, vio como


de repente se daba la exclusiva de los
acontecimientos en Jerusalén, en directo, justo a la
hora de las noticias de las tres. Comía casi siempre
allí porque se había «independizado» en el tercer
piso de la finca, que compartía con sus progenitores
y su tía. En realidad, más que una tercera planta era
una terraza, en la que se había construido una
especie de altillo, con su salón-dormitorio, su aseo,
y un pequeño despacho. Por lo que la terraza había
quedado reducida a un tercio de lo que ocupaba
antes. Aunque el término adecuado, según Andrés,
era el de «solárium». En verano le gustaba salir allí a
tomar el sol, situándose en medio, con su tumbona
para leer, su pequeña mesa donde depositar algún
refresco, sus bonsáis a izquierda y derecha. Bonsáis
en forma de mandarino, de olivo, de higuera, y de la
típica carmona asiática. Y enfrente, en la pared más
extensa, dos alargadas macetas en las que iba
cambiando de cultivo. Unas veces plantaba patatas,
en otras ocasiones tomates, a veces cebollas, ajos,
FRANCISCO JAÉN

zanahorias, etcétera.
Por ahorrar no había cocina. Además, no había
espacio en el interior. Quizás más adelante se
instalase en su terraza algo para hacer parrilladas.
Una chimenea para asar, o algo así. Y la verdad es
que ahora tenía dinero para eso. Pero no tenía ganas
de obras, tenía otras cosas más urgentes en las que
pensar.
Guardó las formas, y cuando terminó de comer,
subió lo antes que pudo a su altillo con conexión a
internet. Esto último era gracias a uno de sus
compañeros, con los que estudio un ciclo de
formación profesional de microinformática. El cual,
le pasó una sencilla hoja con todo lo que tenía que
escribir en la línea de comandos, de cualquier
ordenador que funcionase con un sistema operativo
basado en Linux. Riera contaba con el más
conocido de todos ellos, el Ubuntu. Con dichas
sencillas instrucciones, y algunos ficheros, que en la
jerga de los hackers se denominaban «diccionarios»,
cargados con miles de posibles contraseñas, pudo
hacerse con siete de las claves wifi de sus vecinos.
Una para cada día de la semana. Así que nadie
tendría por qué notarlo. Máxime, cuando la mayoría
de sus vecinos eran jubilados, y estos no solían
tener mucha idea de ordenadores.
El caso era ahorrar en gastos. Que ahora tenía
dinero, sí. Gracias a sus misteriosos «amigos» por
email. Pero un día u otro ese dinero se acabaría.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Porque lo que no cambiaría, pensaba, era su


situación laboral. Imaginaba que seguiría igual de
precaria como hasta entonces.
Se pasó la tarde viendo las noticias por internet,
del canal 24 horas. Aquello no podía ser real. No,
debía de ser una pesadilla. Empezaba a dolerle la
cabeza. Más de una vez sintió que iba a vomitar.
Pero no vomitó. Se echó agua a la cara esperando,
deseando despertar. Se tomó una aspirina. Se sirvió
café, que tenía en un termo. Y algo más tarde
empezó a sentirse un poco mejor.
Normalmente, cuando acertaba en sus
pronósticos, lo que hacía era acceder a su muro de
Facebook, y presumir descaradamente de su acierto.
Con un enlace a su entrada de blog, otro a alguna
noticia sobre lo que había sucedido, y algún
comentario indicando lo acertado que había estado.
Entonces recibía unos cuantos «Me gusta», algún
que otro «Me encanta», y de vez en cuando alguien
le encargaba el informe de su carta natal. A veces, si
tenía suerte y estaba en racha, recibía dos o tres
encargos seguidos. Es decir, podía suponer algún
pequeño ingreso, que siempre venía bien. Pero esta
vez era diferente. Ni las palmaditas en la espalda de
sus contactos en Facebook, ni los posibles nuevos
ingresos, le interesaban lo más mínimo. Esta vez no
diría nada, y cruzaría los dedos, esperando que nadie
recordase ya su antigua entrada de blog. Después de
todo, habían pasado varios meses.
FRANCISCO JAÉN

Consultó el número de visitas. Era el número


habitual, unas pocas decenas. Sólo cuando escribía
una nueva entrada, y la promocionaba por las redes
sociales, podía alcanzar unas quinientas visitas en un
día. Y lo mejor de todo era que nadie había visitado
la entrada que dedicó a Jerusalén. Se habían
olvidado de él. Suspiró aliviado. Barajó la idea de
borrar aquella entrada de blog. Pero sus misteriosos
amigos le dejaron bien claro que no lo hiciese, y no
quería contrariarlos. A saber quiénes eran, y de lo
que eran capaces.
En cualquier caso, las redes sociales y los blogs
vivían de la inmediatez. Las entradas antiguas se
invisibilizaban al aparecer las nuevas. Dio gracias a
Dios por la mala memoria de los internautas, y por
su obsesión por las novedades, por el último
mensaje. Mensaje que él no iba a lanzar esta vez, ni
de coña. Como le gustaba decir a Pepe, se callaría
como una puta.
Entonces le vino a la mente aquello de que le
volverían a contactar en un futuro. Con lo cual,
podía esperar nuevos «pronósticos» de ese estilo, y
que el acierto volvería a darse. El mundo era un
lugar terrible. Andrés creía haber deducido,
mediante su carta astral, que su muerte se daría en
los años cincuenta. Pero quizás no fuese así, quizás
su amigo Pepe tenía razón. Cuando decía que hoy
estamos aquí, mañana quién sabe. Y que por eso
mismo, lo más inteligente era vivir como si no
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

hubiese un mañana. Un poco más tranquilo, decidió


llamarlo.
—¿Cuándo era lo de la despedida «del Pichi»?
—Éte sábado, ¿te apuntas al final? Aún le quedan
asientos libres en el autobú.
—Sí, me apunto. Díselo al idiota «del Pichi», tú
que le ves en el curro.
—Sí, de tus partes. Te tengo que dejar. Si me pilla
tú ex-jefe hablando con el móvil, me abre un
consejo de guerra. Ya lo conoses.
—Menudo capullo.
«El Pichi» era otro de sus ex-compañeros del
hipermercado. Había superado la treintena, y para
su retrógrada mentalidad, a esa edad, el no estar
felizmente casado y con hijos era una tragedia
inasumible. O como él decía, era ley de vida. Así
que, aunque no tenía absolutamente nada en común
con él, ni con Pepe, alguna que otra vez se había
apuntado a sus andanzas y desventuras del sábado
noche. Empujado por su patética desesperación,
por encontrar el anhelado amor de su vida.
Al final, Andrés le presentó a una administrativa
que había conocido en una empresa de trabajo
temporal. Más o menos de la misma edad que el
susodicho Pichi, y que le había hablado también de
un naufragio sentimental. Intuía que estaba igual de
desesperada que él por encontrar pareja, y que se
iban a entender. Y acertó. Aunque en realidad, tenía
serias dudas sobre si realmente sabían lo que hacían.
FRANCISCO JAÉN

Pero al menos, de momento, habían podido


solucionar sus respectivas urgencias vitales. Y
parecían la mar de felices.
Andrés tenía motivos de sobra para dudar sobre
el futuro de esa relación. Sabía que «el Pichi», en
realidad, estaba enamorado de Josefa, la frutera del
hipermercado. De hecho, hasta la propia Josefa lo
sabía. Cada vez que alguien le hacía insinuaciones, o
tan sólo conversaba un poco más de la cuenta con
ella, o era ella la que se interesaba por conversar con
otra persona, del género masculino, claro, «el Pichi»
reaccionaba como un niño dando pataletas verbales,
y con la cara enrojecida por la ira. A todas luces, de
forma excitada y sobreactuada. Dejando a todos
con la boca abierta por su airada reacción, y
pensando en qué lástima da este tío. Porque si no
tenía los arrestos de decirle lo que sentía a Josefa,
¿qué iba a conseguir con esos patéticos
espectáculos, más allá de hacer el ridículo?
Quizás era porque tenía miedo a la reacción de su
novio. Si le confesaba su amor, seguramente ella se
lo contaría. Debía de pensar que sería retado a un
duelo al amanecer, o algo así. Pero lo más probable
era que aquella pareja se partiese de risa con esa
declaración, durante años y años, si es que se daba.
Una anécdota imperecedera que compartir con
amigos y familiares. Y que sus nietos heredarían,
para su diversión.
Pero por desgracia, en menoscabo del
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

divertimento de todos, aquella declaración no se dio


nunca. Quizás porque en el fondo sabía que no
tenía posibilidades. O quizás era un cobarde. O más
bien, como suponía Andrés, sencillamente era un
idiota. Pero por eso mismo también resultaba
entretenido, con sus extrañas ocurrencias,
imitaciones y bromas. Era todo un personaje. Pero
al fin y al cabo, un idiota.
Lo era, por detalles como el de no invitar a su
boda al hermano de su padre, a su tío carnal. Por el
simple hecho de que el pobre hombre, todo
corazón y bondad, era tartamudo. ¿Qué podía
esperarse de alguien que actuaba de esta forma?
Para Andrés, ese tipo de cosas le dejaban muy claro
quién era «el Pichi». Un auténtico miserable.
Pero en fin, necesitaba distraerse, y allá que se
embarcó en aquel autobús, rumbo a El Raal. Una
población fronteriza entre la provincia de Alicante y
la de Murcia, que se había hecho famosa entre los
marchosos de ambas provincias, por su calle
plagada de discotecas.
Durante el trayecto, el tema de conversación
entre Andrés y Pepe era si volverían a ver «al Pichi»,
una vez diese inicio su nueva vida como hombre
casado. La teoría de Andrés era que no lo volverían
a ver en la vida, porque en realidad él no los
consideraba sus amigos.
—Y entonsé, ¿por qué nos invita a su boda?
—Esta boda no se hubiese dado sin nosotros. Es
FRANCISCO JAÉN

una forma de decir «muchas gracias por los


servicios prestados chicos, y hasta otra. Que os vaya
bien».
—Jaja... qué sínico eres. Hombre, lo perderemos
de vista durante algún tiempo. Ahora tiene un mes
de vacasione, el cabrón. Pero seguro que quedaremó
para alguna servesica, o para vé algún partido del
Elche.
—Si de aquí a un año hemos quedado alguna vez,
una sola, te pago una cena. Pero si no es así, me la
pagas tú. ¿Trato hecho?
—Jaja... Vale.
Ni Riera ni Pepe pagaron ninguna cena. Ellos dos
tampoco volvieron a verse en mucho tiempo. La
vida les llevaría por caminos muy diferentes a los
tres. Pero aquella noche todo aquello no importaba.
El autobús paró, y acordaron que tenían que volver
allí a las seis de la mañana. Mientras tanto, se
desperdigaron en grupos. Y finalmente se perdieron
en la marea de la noche, cada uno a su aire. Andrés
terminó, no recordaba muy bien cómo, abrazado a
los cálidos besos de una muchacha de amplias
sonrisas y caderas. Gordita, pero esbelta. Se pasaron
horas así, sin apenas hablar, besándose, al compás
de la música.
Averiguó que era de Cartagena, que no tenía
coche, que había venido con unas amigas. Y Andrés
le dijo que bueno, que nos quiten lo bailao. Porque
el hecho de tener que hacer cien kilómetros para ir,
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

y otros cien para volver, cada vez que quedase con


ella, se le hizo un poco cuesta arriba. Así, de buenas
a primeras. Pero ya le pediría el móvil y hablarían
del asunto, supuso en su ingenuidad.
A ella no debieron de hacerle gracia sus dudas. Al
poco, le dijo que necesitaba ir al servicio. Que le
esperase. Se pidió un cubata mientras tanto. Lo fue
apurando. Al principio como con cierta prisa,
pensando en que le estorbaría. Porque le apetecía
seguir bailando con esa chica tan sonriente.
Después con más calma, al ver que no regresaba,
que había desaparecido. Y lo cierto es que ella no
volvió. El que si volvió fue Pepe. Le dijo que
estaban buscándolo, que eran ya las seis, que le
habían llamado al móvil, que qué hacía aún allí
plantado, como un pasmarote.
—Pues eso, que me han dejado plantado.
En el autobús les informaron de que, a
continuación, iban a irse de putas a Orihuela. Pepe
lanzó un aullido de excitación, mientras Andrés
seguía pensando en la muchacha de pelo castaño y
sonrisa amplia. Y de que se había equivocado. O
que aunque no fuese así, debería de haber hecho al
menos un viaje hasta Cartagena para averiguarlo.
Pero ya era tarde, y el autobús había arrancado. Ya
nunca más la vería.
Siempre que iba a Orihuela, a Andrés le venía a la
mente su idolatrado Miguel Hernández. Pensó en
sus tristes guerras sino es el amor la empresa, al recordar
FRANCISCO JAÉN

el motivo por el que estaba en ese estúpido autobús.


Precisamente para olvidar la guerra. Y ahora,
necesitaba olvidar el amor. Pero eran dos cosas
difíciles de olvidar.
Con ese ánimo, le hicieron entrar sus animados
compañeros en aquel sórdido lugar, atestado de
mujeres vestidas con bañadores y bikinis de cuero,
con pantaloncitos cortos, con minifaldas, con
transparencias, con tacones de punta fina, con
medias hasta las rodillas, o con toda su lencería.
Orihuela era sin duda una ciudad paradójica. Las
mil iglesias en su interior, que a los creyentes les
debía de hacer sentir como en el cielo, contrastaban
con los mil prostíbulos de sus afueras, que
condenaban a las almas pecadoras al infierno. Entre
ellas, decían los rumores, las de los sacerdotes, y
hasta la del mismísimo obispo.
Al entrar descubrieron boquiabiertos, a mano
derecha, un escenario con dos barras americanas.
En el que dos mujeres atléticas y esbeltas, vestidas
con un minúsculo tanga, se movían al compás de la
música. Los gorilas de la puerta les invitaron a
seguir hacia la barra, para no bloquear la entrada.
Debieron de pensar que menudos paletos estaban
hechos.
Y sí, había que seguir avanzando, aquella nave era
inmensa. Con una barra central en forma de elipse.
A Andrés le recordó a la órbita de algún planeta.
Pensó que probablemente la de Plutón, ya que los
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

astrólogos lo relacionaban con la sexualidad. O


quizás era más acertado comparar aquella barra-
elipse con el sol. Aquí y allá se encontraban
desperdigadas varias mesas altas, casi a modo de
planetas, con dos o tres satélites a su alrededor, en
forma de taburetes. Al fondo, se distinguía una zona
con cómodos sofás. Mesas y sofás en los que
respetables hombres de negocios, y debían de serlo
por sus trajes, charlaban animadamente con alguna
de aquellas damas. Dando la sensación que era una
discoteca como otra cualquiera. De hecho, llegabas
a tener la sensación, quizás como efecto del alcohol
ingerido, de que eran parejas normales. Y que todo
era muy normal. Pero no, no lo era.
Aún no habían pedido, y ya tenía una chica de
color sentada encima de él. Como excusa, no se le
ocurrió otra más elegante, le dijo que no le gustaban
las chicas de color. Debió de pensar que era un nazi,
o algo parecido. Pero el caso es que funcionó. Le
dejó en paz enseguida, clamando algo en un idioma
que Andrés desconocía.
Al rato, una despampanante rubia eslava se le
acercó, le dio lo que parecía un cariñoso beso en la
mejilla, y sin mediar palabra, le manoseó el paquete.
Optó por la misma excusa, pero al revés. Lo malo
es que esta vez no coló demasiado, porque por lo
visto se lo contaban todo entre ellas. Le preguntó
que cómo podía ser que no le gustasen las negras ni
las blancas. Y hasta puso en duda su virilidad.
FRANCISCO JAÉN

—¿Qué raza es la que te gusta?, ¿o lo que te pasa


es qué eres marica?
La tía tenía mala leche. Entonces le explicó que le
habían dado plantón, que no tenía más ganas de
fiesta. Pero que había llegado hasta allí en el autobús
de una despedida. Y que estaba esperando a que
arrancase, de una vez por todas, dicho autobús
camino a casa.
La rubia le sugirió que se tomase algo, se
tranquilizase, se relajase. Y ya que estaba allí, que
disfrutase de la música, del espectáculo de la barra
americana, que mirase a su alrededor, y si más tarde
veía algo que le gustaba, no tenía más que decirlo.
Agradeció su amable consejo, y se pidió un refresco.
Conocía a su estómago, y ya no era conveniente
seguir con los cubatas.
Pensaba que ya se había librado de ellas, pero
estaba ante verdaderas profesionales, que sabían
muy bien cómo actuar en cada caso. Había formas
muy sutiles de convencer a un hombre. A los
hombres friquis, ya le habían clasificado en esos
términos, si estaban de mal humor, había que
tantearlos desde el terreno de lo alternativo, y
hacerles creer que habían encontrado a un alma
gemela en aquel lóbrego entorno, con la que
estaban destinados a intimar. El problema era que
había muchas clases de friquis. Cuanto antes
descubriesen su punto débil, antes le sacarían su
dinero.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

A su lado, una bellísima morena de intenso


azabache, con el pelo húmedo y rizado, como recién
salida de la ducha, le contemplaba a través de sus
largas pestañas. Le preguntó si le invitaba a una
copa. No sin cierto sarcasmo, él le preguntó a su
vez si estudiaba o trabajaba. La muchacha le
contestó, sin dejar de sonreír, que ella ya había
terminado sus estudios. Aquello le intrigó.
—¿Y qué estudian las putas? ─le espetó.
Quizás podría haberlo preguntado de forma un
poco más diplomática, pero ella procuró ocultar su
disgusto antes esas palabras. Aquel imbécil se estaba
convirtiendo en un reto, y ganaría puntos si
conseguía convencerlo. Quizás le premiasen con
más comisiones por las copas a las que le invitaban,
o por cada cliente con el que se acostaba. Ya había
logrado convencer a varios indecisos. Era hábil,
tenía psicología, y era deslumbrantemente guapa.
Iba camino de convertirse en la preferida, en la niña
mimada de sus explotadores. Lo que significaría
trabajar menos, y cobrar más.
—Soy licenciada en filosofía y letras ─le dijo con
su dulce sonrisa.
—Sí, claro, y esto es la Complutense de Madrid.
—Aunque te resulte sorprendente, las mujeres
que trabajamos aquí no somos ganado, somos
personas. Hemos estudiado, o hemos trabajado en
otras cosas. Cada una tiene su historia. Y créeme, es
la historia de un ser humano. Ahora no te lo puedo
FRANCISCO JAÉN

demostrar, pero si vas a venir otro día, te prepararé


una copia de mi proyecto de fin de carrera. Aunque
está en rumano, necesitarás traducirlo.
Aquella respuesta fue merecedora de su
curiosidad. Así que le preguntó sobre qué versaba
su trabajo de fin de carrera. Le contó que había
hecho un estudio sobre la figura del filósofo alemán
Friedrich Nietzsche. Y ver a aquella chica, de
profesión puta, pronunciar ese nombre, que era
absolutamente desconocido para todos los paletos
del autobús con el que se había embarcado hasta
allí, le produjo un fuerte impacto. Durante unos
segundos, se quedaron quietos los dos, como en
guardia, mirándose fijamente. Él pensando en las
injusticias de la vida, ella sabedora de que ya había
picado. Que sólo tenía que seguir tirando del hilo.
Aunque aquel pececito se removió, dudando,
tanteándola, poniéndola a prueba.
—Pues si en ese trabajo tuyo hablaste de su idea
del superhombre, en contraposición con lo que él
entendía como espíritu de rebaño, de sometimiento
de las personas más débiles, en la moralidad
cristiana, creo que resulta un tanto paradójico. ¿No
crees?
—Sí, eso es en lo que la mayoría suele pensar al
hablar de Nietzsche. Pero mi trabajo lo centré en su
idea del eterno retorno de lo mismo. Ya sabes, que todo
se repite una y otra vez, de la misma forma.
—¿Y por qué elegiste ese tema?
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

—Porque creo en el destino. Y lo enlacé con lo


que otros pensadores han teorizado, al hablar de
esta cuestión. Desde Jung hasta Borges. Pasando
por Hermann Hesse, y un largo etcétera.
Aquello se le ocurrió sobre la marcha, pero tuvo
un efecto espectacular. La mirada le cambió, abrió
los ojos de par en par. Se quedó como pálido.
También se dieron otros cambios que ella no
percibió. El pulso se le aceleró, los iris de sus ojos
se dilataron, la piel se le erizó. Había quedado en
shock. Aquella inteligente rumana nunca había
contemplado un cambio de chip tan radical. Era
evidente que había tocado la tecla adecuada.
Tras unos largos segundos de aturdimiento, de no
decirse nada, apuró nervioso su refresco. Y le
preguntó si contaban con más licenciadas
universitarias en aquel oscuro lugar.
—No, no muchas. La chica negra que has
rechazado, era profesora de primaria, en la tribu del
Senegal en la que nació. Tu amiga rusa, debió de
pensar que eras un alfil, porque en su país se
dedicaba a los campeonatos de ajedrez. ¿Ves a aquel
hombre con corbata azul, en esa mesa con tantos
vasos? ─dijo señalando descaradamente con el dedo
índice de su mano derecha, mientras la izquierda ya
aprovechaba para acariciarle la espalda, para ir
estableciendo un primer contacto físico─. La chica
que lo acompaña es psicóloga. Pero la inmensa
mayoría han trabajado en el campo, en tiendas, en
FRANCISCO JAÉN

cosas sin futuro. Todas venimos de países pobres.


Había mezclado verdades, aderezadas con
mentiras, para hacérselo más atractivo. Pero en
realidad ya no era necesario. Aunque pareciese lo
contrario, se había convertido en su rehén,
completamente abducido por su belleza e
inteligencia. Él mismo debería de pagar el rescate a
sus captores.
—¿Por qué no entramos en una habitación y
hablamos más tranquilamente, sin tanto jaleo a
nuestro alrededor? Me gustaría mucho estar a solas
contigo, ¿a ti no? ─le preguntó aquella bella
muchacha, con un tono sumamente dulce y
cariñoso.
Y tanto que le gustaría. En aquel momento pensó
que había encontrado a la mujer más fascinante de
todo el planeta. Una mujer que no dejaba de
sorprenderle. Fue cerrar la puerta de la habitación, y
ya estaba desnuda. Es cierto que la perdió de vista
unos segundos, mirando a su alrededor. Pero
¡caray!, qué rápido.
Al verla así, pensó en Neruda. En aquello de
curva, sutil, rosada hasta que nace el día. No es que
hubiese estado con muchas mujeres. Pero jamás
había contemplado tanta sensualidad al alcance de
sus manos. Ella le ofreció las suyas, para conducirle
hasta la habitación contigua, en la que encontró un
baño con su ducha.
—¿Qué te parecería darnos una ducha? Hacemos
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

olor a tabaco, ¿verdad? Así estaremos más relajados.


—Bueno, verás, me has parecido una chica muy
interesante. Mi idea era simplemente charlar, y...
—Bien, pero no hay nada malo en darse una
ducha. Nos vendrá bien. Así, si después cambias de
idea, y te apetece intimar, ya tenemos una cosa
hecha. Las normas de la casa son que el cliente tiene
que lavarse. Al menos en el bidet. Por cuestión de
higiene, ya sabes. Aquí nos lo tomamos muy en
serio. Lo comprendes ¿verdad? Y ya que hay que
hacerlo, me parece más divertido si nos damos una
ducha los dos juntos. Podemos charlar mientras
tanto.
—Entiendo. Pues nada, a ducharse tocan. No
queremos que se enfaden los gorilas de la entrada.
Soltó una carcajada, y le preguntó a qué esperaba
para quitarse la ropa. No fue tan rápido como ella,
pero obedeció, mientras ella abría los grifos del agua
fría y caliente, hasta que dio con una temperatura
agradable. Una vez los dos en la ducha, y
aclimatados, actúo con la misma rapidez con que se
había desnudado. Llenó sus manos de gel, y las
frotó sobre sus órganos genitales. El frío del gel, y
su rapidez, le echaron para atrás. Ella volvió a reírse,
cogió la botella, y le aplicó más gel, directamente
sobre su miembro viril.
—Así me gusta, que te vayas animando. No
descansaré hasta que esto se quede bien limpio y
reluciente, ¿no querrás que les diga a los gorilas que
FRANCISCO JAÉN

has sido un chico malo? ─le dijo mirándole con


sorna.
—Mmm no... Claro que no. Pero a esta velocidad,
voy... mmm... yo quería charlar un poco...
—Hablarás mejor sin tanta tensión ni ansiedad
acumulada, ¿no crees? Has pasado una noche muy
dura. Pobrecito mío. Déjame ayudarte. Ahora tienes
que liberar tus urgencias más inmediatas, porque
quiero pasar un buen rato contigo, mi amor. Un
rato largo. Quiero que no me olvides. Quiero que
vuelvas a verme otro día, ¿me has oído? Además,
recuerda que tengo que darte mi trabajo de fin de
carrera. Aunque no creo que te guste tanto como
este, ¿verdad cariño?
Aquella mujer era un ángel y un demonio al
mismo tiempo. Charlar, lo que se dice charlar, no
charlaron mucho. Desnudo, con aquella agitada y
voluminosa cadera delante de él, o encima de él,
tumbada con sus sensuales y enormes senos
moviéndose al compás de su excitación, o de
espaldas, ofreciéndole el corazón que formaba su
generoso trasero, en donde su cintura de avispa
continuaba su camino, dibujando curvas
irresistibles, de esta forma el diálogo de la razón no
tardó en dar paso al del instinto. No, no hubo
charla. No había ya espacio posible para las
palabras. Se transformaron en gemidos.
Y cuando todo acabó, tampoco hubo charla.
Habían estado más tiempo del que debían. Le dijo
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

que podía considerarlo un regalo por su primera


visita, que ella confiaba en que se diesen otras
muchas más. Y por tanto, ya habrían más charlas,
tenían todo el tiempo del mundo para debatir sobre
lo humano y sobre lo divino. Pero ahora tenía que
continuar con su trabajo, y a él le esperaban en el
autobús.
Aquello le desanimó. Había sido el mejor polvo
de su vida, desde luego, pero se sentía extrañamente
decepcionado, vacío. Y la verdad es que le habían
vaciado los bolsillos, y hasta la bragueta. Aquella
chica, seguramente, no era filósofa, sólo hacía su
trabajo. Pensó en que quizás hizo el bachillerato, y
allí le hablaron de Nietzsche. O quizás le gustaba
leer, descubrió ese nombre en alguna parte, y le
llamó la atención. Lo que estaba claro es que era
muy astuta, muy viva. ¡Y tan viva! Tenía mucha
psicología para calar a la gente a la primera, le
admiró por su habilidad. Pero Andrés, por un
momento, pensó haber descubierto un diamante en
bruto, en mitad de aquel lodazal. Al descubrir que
era una imitación, se sintió timado. O más bien, que
era un memo.
De repente, pensó que todo el mundo le utilizaba.
Hasta le enviaban dinero para prostituirse en su
blog, con pronósticos que no eran suyos. En ese
momento, decidió que si llegaban más correos
extraños, tendrían que poner las cartas sobre la
mesa y explicarle de qué iba todo eso, porque no
FRANCISCO JAÉN

pensaba colaborar sin saber en qué diablos se estaba


metiendo. Y no, no pensaba volver a por el trabajo
de fin de carrera. A Andrés no le gustaba caer dos
veces en la misma trampa.
VIRGO
¡Vean, pues, a esos superfluos! Están siempre enfermos, vomitan
su bilis y lo llaman ‘periódico’.
Friedrich Nietzsche

E l CERN le había facilitado a Nuria un móvil


parecido a los que se utilizaban a principios de
siglo, desde el que sólo podía recibir llamadas a
través de un único número de teléfono. Pero eso no
era lo más llamativo, aquel móvil tampoco le
permitía realizar llamadas. Y lo más importante, las
conversaciones que se hacían desde aquel aparato
iban encriptadas. De tal forma que, si alguien
lograba «pinchar» la línea, escucharía una serie de
sonidos ininteligibles. El sistema lo transformaba
todo como a otro idioma. Idioma que sólo puede
ser traducido por el software del interlocutor. Una
ingeniosa y enrevesada forma de utilizar el teléfono,
que le daba a uno la total tranquilidad de que no
podía ser espiado por nadie. O eso afirmaban los
técnicos. Aunque de todas formas, si alguien
hubiese logrado interceptar y traducir al cristiano las
llamadas entre Nuria y Jordi, lo más probable es que
hubiese llegado a la conclusión de que la traducción
no era la correcta, o que los dos se habían vuelto
locos.
FRANCISCO JAÉN

—Parece que tu amigo, el tal Riera, se niega a


colaborar, si no le explicamos de qué va el asunto.
Pero en fin, ya lo solucionaremos. Con dinero,
supongo. Lo que más me preocupa ahora, es que su
acierto no parece que se haya traducido en nada. Al
menos en nuestro tiempo. Sin embargo, en el 2018
afirman que ya se ha hecho «famosillo», a pequeña
escala. ¿Has encontrado alguna noticia en el pasado,
sobre algún astrólogo que hubiese pronosticado el
atentado de la Cúpula?
—La verdad es que no. Pero quizás eso se deba a
cuestiones que escapan a mi campo. Según la física
cuántica, cuando se cambian las cosas en el pasado,
¿el cambio en el presente no debería de ser
inmediato?
—Bueno, la física tampoco es mi campo. Pero te
puedo decir que hay un gran debate teórico sobre
esta cuestión. Y desde hace mucho tiempo. Ya en el
siglo pasado, el Principio de Incertidumbre de
Heisenberg explicaba que el observador modifica el
resultado de lo observado. Por ejemplo, imagina
que tenemos a una mosca dando vueltas
alocadamente dentro de una botella, y que
queremos averiguar su posición exacta en un
momento dado. Para ello, podríamos inundar la
botella con una sustancia que pueda ser afectada a
su paso, y que nos permita saber así su posición
exacta. Pero esto hará que la mosca se mueva con
más lentitud. Por lo que en realidad, la posición
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

hubiese sido otra, si el observador no hubiese


intervenido.
—Muy interesante, pero no acabo de entenderte.
¿Quieres decir que los cambios al modificar el
pasado se propagan ahora de forma más lenta?
Insisto, pensaba que la teoría cuántica hablaba de
cambios de efecto inmediato.
—Sí, el entrelazamiento cuántico sugiere eso que
comentas. De hecho, la información entre nuestros
ordenadores, y el del 2018, parece viajar de forma
inmediata. Pero quizás una cosa sea la información,
o el comportamiento de partículas subatómicas en
un laboratorio, y otra muy distinta cambiar
acontecimientos en la historia humana. Ten en
cuenta que estamos hablando de algo sobre lo que
se ha teorizado mucho, incluso en las novelas y en
el cine, pero hasta la fecha, no habíamos tenido
experiencias como esta. En el mundo real, y en
relación con el tiempo.
—Bien, supongo que no nos queda otra. Habrá
que esperar a ver qué ocurre, y convencer a Riera
para que siga colaborando... Respecto a toda la
información que nos han dado desde el supuesto
año 2018, he de decirte que no he encontrado nada
que no encaje. Salvo alguna pequeña cuestión sobre
la vida privada de Riera. Pero supongo que eso se
debe a que los encargados, en el CERN del 2018
que prepararon el informe, no conocen la zona de
Alicante donde vive. O a que los que han preparado
FRANCISCO JAÉN

esta broma han cometido un pequeño fallo.


—¿A qué te refieres?
—En su informe indican que vive en una pedanía
de Elche llamada Loreto. No existe dicha pedanía.
Pero la patrona de una ciudad vecina a Elche, Santa
Pola, es la Virgen de Loreto. Alguien ha debido de
confundirse.
—Si les pasa como a nosotros, y se mantienen
despiertos a base de café, no me sorprende
demasiado ese error. Pero les preguntaré sobre esto.
—Por otra parte, he analizado todos los vídeos
que me enviaste, gracias a la ayuda de los doctores
en sistemas de telecomunicación, imagen y sonido,
de la Universitat Politècnica de València. Con el
resultado de que son imágenes realizadas mediante
algún dispositivo dotado de la tecnología, y de la
calidad típica, que se observaban a principios de
siglo. Imágenes que no he encontrado en ningún
archivo histórico. No existe ningún vídeo de
Stephen Hawking como el que me mostraste, ni
nada parecido. Pero pueden haberlo recreado, con
las modernas técnicas de imagen y diseño. Aunque
en ese caso, con tal perfección, que parecen
imágenes antiguas.
—Te agradezco todo el trabajo realizado Nuria.
Cuando puedas, envíanos tu informe con las
conclusiones. Pero te pediría que, si no es molestia,
sigas indagando durante algún tiempo más sobre la
información de la que disponemos, y si se observan
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

cambios en el pasado. Es decir, si se empieza a


hablar de Andrés Riera como el nuevo
Nostradamus del siglo XXI, o algo parecido.
—Claro, yo encantada. Además, esto me tiene
intrigada. Es como una de esas películas de
detectives que tanto me gustaban de niña. Como
dices, resulta curioso que nuestros amigos del 2018
afirmen que a Riera ya le han hecho alguna
entrevista, y que hasta ha participado en algún
programa radiofónico dedicado al misterio. Y que
sin embargo, a nosotros no nos haya llegado nada
de eso. ¿Seguro que no se trata de una broma?
—Espero que no. El Gobierno se está gastando
cada vez más dinero en esto.
—Me dejas más tranquila ─dijo divertida, con
una sonrisa que Jordi no podía apreciar.
—Pero de lo que te quería hablar, en realidad, es
si tu cliodinámica puede decirnos algo en relación con
el 2077. Es decir, quizás sería buena idea que
hicieses también como Sofía, intentar cambiar las
cosas desde el presente.
—Me temía esta propuesta. Con lo tranquila que
estaba yo en la playa. Pero sí, tengo algunas ideas al
respecto. Había pensado en intentar convencer a
otros historiadores, para darle la máxima difusión
posible.
—Estupendo. Pero recuerda que hay que
convencerles para que colaboren, sin que conozcan
el motivo real de todo esto.
FRANCISCO JAÉN

—Claro, por eso tengo que pensar bien cómo


exponerlo. Tiene que resultar convincente. Lo que
me desagrada son las entrevistas que vendrán
después. Odio a los periodistas. Se repiten más que
el ajo. Y ahí te tienen, todo el día de aquí para allá,
contestando siempre a las mismas preguntas. Eso es
lo que está haciendo ahora mismo Sofía. Por lo
visto, tenía ya un borrador escrito, con una idea
parecida. Así y todo, es increíble lo rápido que ha
terminado el encargo del Gobierno. Un libro de
más de trescientas páginas en apenas un mes. Hace
siglos que no nos vemos.
—Paciencia.

L a televisión era ahora un dispositivo de gran


tamaño, pero construido con unos materiales
que le dotaban de una gran ligereza. Y como el resto
de electrodomésticos, realizaba multitud de otras
funciones, además de la que se suponía que era su
labor principal. Funciones para las cuales, en un
principio, no había sido pensado el que pudiera
realizarlas. Pero aquellos aparatos venían con un
microscópico disco duro de gran capacidad,
incorporado en el interior de su finísima pantalla.
Por lo que podían ser utilizados como ordenadores
de sobremesa. Así que ya nadie compraba ningún
PC. También podían ser utilizados, directamente,
como videoconsola. Por lo que las videoconsolas
hacía algún tiempo que habían desaparecido de los
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

grandes almacenes. Podía utilizarse a modo de


teléfono, o para videoconferencias. De hecho,
durante un tiempo, se habló del Iphone-TV.
Pero no se quedaba ahí. Realmente las
posibilidades eran muy diversas. Podía utilizarse a
modo de cámara de vídeo, o fotográfica, con la que
la familia en cuestión inmortalizaba para la
posteridad las celebraciones en el salón de su hogar.
Familias que podían leer la prensa en aquella
pantalla, o cualquier libro, escuchar la radio, por
supuesto reproducir audios y vídeos. Las órdenes se
le podían dar a viva voz, o utilizando los
movimientos de una mano, a modo de mando a
distancia. Pero lo más sorprendente de los aparatos
modernos, es su capacidad para leer nuestra mente.
De acatar nuestras órdenes sin mover un músculo,
ni tener que hablar cuando nos encontramos a
solas, ante la «pequeña» pantalla. Para lograrlo hay
que cubrirse con una especie de gorrito de nadador.
O de una cinta alrededor de la cabeza, pensada para
las personas que odian despeinarse.
Los más clásicos, seguían utilizando el
tradicional mando a distancia. Aunque mucho más
ligero en tamaño, dimensiones y peso, que los que
se utilizaban antiguamente. Y eso sí, con la mejora
para el ahorro y el medio ambiente de no necesitar
pilas. Y por supuesto, podía seguir viéndose la
televisión a la manera tradicional, con las emisiones
en directo de cada canal. Pero la mayoría de la gente
FRANCISCO JAÉN

prefería disfrutar de sus programas favoritos a


través de las plataformas digitales, desde las que se
podía elegir qué programa, serie o película
visualizar, y en qué momento del día.
Pero además, las plataformas digitales ofrecían
muchas más ventajas. Como la de ordenar los
canales por temáticas, o la de ver canales de otros
países, o la que estaba causando furor, la de poder
ver dichos canales de otros países con traducción
simultánea. Y no mediante subtítulos, lo que ya se
antojaba como un recurso anticuado, sino mediante
traducciones de voz. La plataforma digital traducía
de forma automática todos los programas, incluso
los que se visualizaban en directo, al idioma que se
le indicase. Aquello significó la existencia de una
audiencia global para muchos programas.
Programas que se emitían en China, en Finlandia, o
en cualquier otra parte, y que podían convertirse en
un fenómeno social a escala planetaria. Por lo que la
BBC, por ejemplo, competía no sólo con las
empresas del sector en su propio país, sino con las
de todo el mundo.
A la larga, esto significó el fin de las pequeñas
corporaciones audiovisuales. El fin de las regionales,
o incluso de las estatales. Y que surgiesen nuevos
canales de televisión, a escala continental. Como la
televisión europea, la TVE, que adoptó las mismas
siglas que la desaparecida televisión española.
Sofía Japón se encontraba ahora en el programa
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

dedicado a las novedades literarias de la BBC,


dirigido por el apuesto Arthur Wells, descendiente
directo de uno de los padres de la ciencia ficción, H.
G. Wells, para hablar de su novela, «Recuerdos de
un Futuro». La entrevista comenzó con las
preguntas habituales que le solían plantear. De
dónde venía su apellido, y por qué decidió
especializarse como escritora en el género de la
ciencia ficción.
Sofía le explicó que en el siglo XVII España y
Japón eran países vecinos, con relaciones
comerciales, gracias a la presencia española en las
Filipinas. Situación que aconsejaba el intercambio
de embajadas entre ambos países. Por lo que una
delegación nipona arribó a la ciudad de Sevilla en
1614, para negociar el asunto con las autoridades
españolas. Pero la persecución de los misioneros
cristianos en Japón, puso freno a aquella idea. Sin
embargo, eso no impidió que algunos miembros de
aquella delegación de samuráis decidieran asentarse
a orillas del Guadalquivir, al encontrar allí el amor.
A los descendientes, se los registró con el apellido
Japón.
Después le explicó cómo, al descubrir el origen
de su apellido, se sintió interesada en estudiar
historia. Y que quiso hacerlo en la Universidad
Miguel Hernández, porque allí impartía clases en
cliodinámica su actual pareja, Nuria Caballero. Una de
las mayores expertas en esta nueva visión de la
FRANCISCO JAÉN

historia, con la que se pretende pronosticar el


futuro. Y esta nueva visión de la historia, más tarde,
motivó su interés por la ciencia ficción. Lo que la
llevó a escribir algunos relatos que, para su sorpresa,
han sido bien acogidos por la crítica y el público.
La entrevista siguió con algunas otras preguntas
al uso, las que todos los periodistas repiten una y
otra vez, machaconamente. Como aquella de cuáles
eran sus referentes literarios. Y claro, Sofía tuvo que
hablar de H. G. Wells, qué remedio. Pero la
verdadera entrevista vino después. Al concluir la
emisión, la invitó a tomar una copa en un club de
jazz electrónico, en el que solían dejarse caer la flor
y nata de la intelectualidad británica. Una especie de
café Gijón, en el Londres del 2067. Y allí, de forma
sutil, Arthur intentó sondear sus posibilidades con
Sofía. Un idilio con la escritora del momento,
podría suponer un empujón en su carrera como
crítico literario. Y quizás, más tarde, conseguir un
bestseller explicando los pormenores de aquella
historia de amor. Además, aquella muchacha era
realmente un encanto. De proporciones perfectas.
Y tenía una mirada tranquilizadora, serena, con
unos ojos que sugerían vagamente la posibilidad de
ser más rasgados. Aunque esa impresión quizás se
debiese a la historia que le había contado, acerca de
sus antepasados.
Sofía se sintió confiada en aquel ambiente tan
relajante, y con aquel apuesto caballero, preocupado
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

siempre en mantener llena su copa. Quizás se relajó


en exceso, y acabó por confesarle que antes de salir
con Nuria tuvo un novio, en su Sevilla natal. Un
novio que era una persona demasiado apasionada.
Tanto, que su primera experiencia en la intimidad,
con el género masculino, no fue de su agrado. Ella
salía con un ser humano, con el que conversar,
tomar café, ir al teatro, al cine, para más tarde
tenerlo encima, obsesionado con una única idea, la
de introducirle el miembro entre sus piernas. Con
tal fogosidad, que siempre acababa dolorida. La
actitud de él durante, y al terminar el acto sexual, era
la de una falta total de empatía, de afecto, de no
mostrar ningún interés por su pareja. Lo que le llevó
a la conclusión de que, en realidad, no la quería. La
trataba como un ser humano, sólo a la vista de los
demás. En la intimidad, se transformaba en un lobo
feroz.
Así que lo dejó, y más tarde, el interés de Nuria
por su persona, le hizo abrazar la idea de que nadie
la podía entender mejor que una mujer. Lo que,
unido a la fascinación intelectual que sentía por
Nuria, desembocó en su actual situación
sentimental. Aunque no descartaba la idea de que
no había encontrado aún al hombre adecuado. Se
consideraba bisexual. Pero Arthur pensó que no
tenía las cosas demasiado claras al respecto, y que
había tenido la mala suerte de dar con una bestia
hispana, con un hombre conejo, carente del
FRANCISCO JAÉN

conocimiento de las mujeres que él poseía. Quizás,


hasta podría ayudarla a aclarar sus ideas.
Así que Arthur se interesó por el tiempo que iba
a permanecer en Inglaterra, le habló de que pensaba
pasar sus vacaciones en España, le facilitó su tarjeta,
y le solicitó su número de teléfono. Todo marchaba
según sus planes.

************

E n Canal Sur, la televisión autonómica de


Andalucía, estaba ya todo dispuesto para el
debate que iba a tener lugar, en hora de máxima
audiencia. El increíble acierto de Andrés Riera
estaba dando mucho de qué hablar. Hasta el punto
de que había sido interrogado por la policía. Pero
eso, aunque resultó un poco molesto, no hizo más
que incrementar su actual fama.
En el debate participarían otros astrólogos de
reconocido prestigio, interesados por la astromundial.
Vicente Cassanya, con su llamativo peinado. Sin
duda, el hasta entonces más mediático astrólogo de
España. Contarían también con la presencia de
Jesús Gabriel, que se había especializado en el
Procès catalán, convirtiéndose en el máximo
exponente del independentismo astrológico, tema
con el que discrepaba amistosamente con Riera. Y
el cuarto invitado era, nada más y nada menos, que
el suizo Richard Tarnas. El autor de Cosmos y Psique,
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

la obra de referencia entre los interesados por la


moderna astromundial del siglo XXI.
La moderadora de aquel debate era la guapísima
Lourdes Martínez. Presentadora de la casa, que en
su breve, pero ya prometedora trayectoria en los
medios audiovisuales, se había especializado en los
temas de misterio. Con los que participaba en
multitud de revistas y programas radiofónicos,
como colaboradora. Sin embargo, Riera aún no la
conocía, y se quedó impresionado por su
extraordinaria belleza andaluza. Le fascinó su larga y
negra melena, desperdigada azarosamente sobre su
escote; sus sugerentes labios, cuyo color natural no
necesitaba de artificios; sus vivos ojos negros, llenos
de la luz del mediterráneo, con los que escrutaba a
un Riera inquieto, intranquilo, como fuera de su
ambiente, y que esperaba no ser descubierto en su
fascinación, por la mujer poderosa, de raza, que le
observaba con curiosidad. Las formas sublimes de
sus curvas femeninas, casi irreales, cubriendo su piel
levemente morena, provocaron una mayor
frecuencia de latidos, en el maltrecho corazón de
Riera. Que esperaba, al menos, que no se le saliese
por la boca.
Por si no era ya suficiente presión hacer su
aparición en un medio televisivo, por primera vez
en su vida, con una audiencia que calculaban que
iba a ser de unos dos millones de personas en
directo, pero que después se multiplicaría con la
FRANCISCO JAÉN

ayuda de la web del programa, YouTube, las redes


sociales, y todas esas hierbas, además de esto,
durante dos horas tendría a aquella mujer a su lado,
sonriéndole y mirándole fijamente a los ojos. Por lo
visto, todo eran facilidades para que pudiese
concentrarse, para seguir la conversación, o para
poder aportar argumentos mínimamente
coherentes. Pero así eran las cosas, y tendría que
intentar salir vivo de allí.
Por fortuna, sus compañeros tenían muchas más
tablas en esos escenarios, y Riera delegó con gusto
el peso de la conversación en los veteranos de los
astros. Eso le permitió ir tranquilizándose. Pero le
habían dado un buen dinero por asistir a aquel
debate, y pasado un tiempo prudencial, la
moderadora decidió centrarse en su humilde
persona, y en su asombroso acierto. Y es que, todos
se preguntaban cómo diablos se podía acertar algo
así desde la astrología.
—Bueno, para mí, el momento actual equivale...
puede compararse, a la cuadratura entre Urano y
Plutón de los años treinta. En aquellos días, mmm…
el país que a mi juicio representaba la extremada e
intensa influencia de Plutón, era Alemania. En la
actualidad, lo está siendo el Estado Islámico. Un
estado que, casualidad o no, ha ocupado parte de
Siria, por lo que comparte frontera con Israel.
Mientras que la Alemania nazi entró en guerra con
el Israel en el interior de sus fronteras, con el
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

pueblo judío. Y bueno, deduje que en algún


momento, hoy en día, ambos estados entrarían en
guerra.
—Sí, pero ¿por qué pensó exactamente en la
famosa Cúpula de la Roca?, ¿cómo llegó a eso,
señor Riera? ─le preguntó Lourdes, mientras
cambiaba las piernas de sitio a lo Sharon Stone,
dejando el tacón de su pie derecho cerca de la
pierna derecha de Andrés.
Tras cambiar de postura de una forma tan sexy,
no pudo evitar desviar su mirada hacia la
sensualidad de sus piernas. Acertó tan sólo a decir
que podía tutearle. Pero después se quedó unos
segundos en silencio, como si estuviese pensando
en algo. Y la verdad era que se quedó en blanco. Le
costaba reaccionar, tras el impacto erótico que le
provocó contemplar la imagen de sus medias
negras, con sugerentes trasparencias que dibujaban
flores, a juego con su bonito vestido, y con su
primaveral collar. Por lo que ella insistió en su
pregunta.
—¿Fue sólo una cuestión de suerte?
—Bueno, yo no lo expresaría así ─dijo mientras
pensaba en que la tía tenía mala leche, y buscaba los
argumentos para recuperarse del golpe bajo─. En
astromundial, además de los aspectos planetarios en
juego, hay que tener en cuenta las variables... las
realidades políticas y sociales. Y en base a estas
realidades, y a lo sucedido en el pasado con
FRANCISCO JAÉN

parecidas configuraciones planetarias, hacer una


extrapolación de lo que podría darse en el futuro. La
mía fue arriesgada, es cierto. Lo advertí en la propia
entrada de blog. Se me antojaba un tanto imposible.
Pero la realidad política actual, la realidad de la
cuadratura entre Urano y Plutón, y la realidad de las
visiones mesiánicas, que en nuestros días siguen
teniendo vigencia, todo ello, me llevó a pensar que
podría darse el caso. Apunté la posibilidad, nada
más que eso. Pero lamentablemente, estuve
acertado.
En ese punto intervino Richard Tarnas, con su
inglés norteamericano, que era traducido para los
televidentes de forma simultánea, por uno de los
miembros del equipo de intérpretes de Canal Sur.
Al comentar el tema de las visiones mesiánicas,
Tarnas explicó que había observado una mayor
frecuencia de este fenómeno, coincidiendo con la
cuadratura entre Urano y Plutón. Nombró varios
ejemplos históricos. Después sacó a la luz otros
tipos de acontecimientos que suelen darse con dicha
cuadratura, y que no venían al caso, como el auge
del feminismo. De lo que, por supuesto, también
dio un buen número de ejemplos históricos. Vicente
Cassanya puntualizó que, sea como fuere, lo más
importante de esa cuadratura era su coincidencia
con las más graves crisis económicas, a lo largo de la
historia. Algo de lo que él había dado buena cuenta
en su archiconocida obra, por los aficionados
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

hispanos a la astrología, Crónica Astrológica del Siglo


XX.
Aquella interrupción fue un alivio, pero entonces
intervino Jesús Gabriel, prometiendo la
independencia de Cataluña gracias a esa cuadratura.
Y quién sabe si la del resto de pueblos ibéricos,
como podría ser el caso del andaluz. Y aquí Riera
tuvo que intervenir, debido al extraño silencio de
Cassanya, y a que Tarnas no parecía tampoco
interesado en aportar nada. Probablemente, al
tratarse de un asunto que no habría estudiado. Aun
así, Riera guardó un tiempo prudencial. Estaba
convencido de que Cassanya iba a decir algo, ya
fuese para rebatir a Jesús Gabriel, o para darle la
razón. Pero por primera vez en todo el coloquio, no
pidió turno de palabra. Parecía que el tema no le
interesaba lo más mínimo.
—Jesús, sabes tan bien como yo que estas
cuadraturas coinciden con momentos en que se
hacen proclamas independentistas desde Cataluña.
Pero que eso nunca se ha traducido en ninguna
independencia.
—Pero mi querido Andrés, no se puede basar
todo en los astros. Tú mismo lo has dicho, hay
muchas variables a tener en cuenta. Incluso la
cuadratura de los años treinta es diferente a la
actual. En el sentido de que el Sol, y el sistema
planetario en su conjunto, también se mueven a
través de la galaxia. Por tanto, unas veces han sido
FRANCISCO JAÉN

proclamas, pero en otro momento podría ser la


definitiva.
—Bueno Jesús, también sabes que las
independencias realmente importantes, en la
historia de España, se han dado coincidiendo con
las tensiones entre Neptuno y Plutón. Y eso no
sucederá hasta los años sesenta.
—¿Quieres decir que en los años sesenta
continuaremos hablando de Puigdemont?
─intervino Lourdes con su encantadora sonrisa.
En ese momento todos rieron, hasta los operarios
detrás de las cámaras. Todos, salvo el señor Tarnas.
Que era el único que desconocía los detalles de
aquella rocambolesca historia.
—Supongo que no. Pero estoy convencido de
que habrá otro que ocupará su lugar. Incluso antes,
en los años cuarenta. Mi idea es que, alguien nacido
en la época presente, fundará un partido político
independentista sobre los años cuarenta. Partido, y
figura histórica, que tendrán una gran relevancia en
la Cataluña de los años sesenta y setenta. Se llegue o
no entonces hasta la famosa independencia, de la
que tanto hablan.
—Si se llega, te sacaremos a hombros por la
Maestranza. Ya serían demasiadas casualidades en tu
haber ─intervino Jesús Gabriel con su sonrisa
socarrona, mientras se alisaba el bigote.
Todos rieron de nuevo, incluso el señor Tarnas.
La presentadora aprovechó para dar paso a la
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

publicidad. Durante los diez minutos de cansinos


anuncios, Lourdes intentó tranquilizar a Riera.
—Sé que es tu primera vez ─le dijo, provocando
una vez más las risas de todos─. Pero no te
preocupes, lo estás haciendo bien. Aunque
convendría que no repitieses tantas veces «bueno»,
al empezar a hablar. En la radio, sobre todo, esas
cosas quedan mal. Recuerda que tenemos pendiente
otra charla como esta, en la radio de Canal Sur.
¡Ah!, y tienes que darme tu teléfono. Tengo ya
hablada la posibilidad de entrevistarte para Año Cero.
Había pensado en una librería, para sacar las fotos
con un montón de libros de astrología detrás de ti,
mientras te planteo mis preguntas. ¿Te parece bien?
Claro que le parecía bien, mucho más que bien. A
Andrés le parecería bien cualquier cosa que ella le
pidiese, cualquiera. Hasta la de irse al infierno detrás
de ella, si era menester. Menudo cambio de vida que
estaba dando. No sabía de dónde sacaría tiempo
para la astrología, para nuevos pronósticos, ideas,
quizás para escribir algún libro, como ya le sugerían.
Pero ¿a quién le importaba todo eso? Él lo tenía
chupao. A él le enviarían otros pronósticos, ya
hechos. Lo único que tenía que hacer para
impresionar a Lourdes, era publicarlos y mantener
la pose. Si le apretaban las tuercas, hablaría
tranquilamente de las otras variables a tener en
cuenta, y de que él era capaz de intuirlas, en base a
su desmedida inteligencia. Variables inesperadas, o
FRANCISCO JAÉN

no tanto, como la de que Lourdes ya tenía novio. Es


algo que dio por sentado.
Aunque le agradó comprobar que ningún anillo
adornaba sus delicados dedos. En aquellas manos,
que aspiraba a arrebatarle a otro hombre, quien
quiera que fuese. Para él tan solo se trataba de la
equis que había que despejar de la ecuación, en lo
que probablemente sería una lucha darwiniana sin
cuartel. Pero confiaba feliz en que, la aureola de
misterio que iba formándose a su alrededor, más
tarde o más pronto, le agrandaría a ojos de Lourdes.
Y que todas las equis posibles quedarían así
despejadas, de un plumazo.
Sí, empezaba a darse cuenta de que, si se
empeñaba, la vida podía ser maravillosa. Y entonces
pensó en cómo te puede cambiar la vida un simple
email. Una variable completamente inesperada para
él. Y recordó aquel libro del libanés Nassim
Nicholas Taleb, «El Cisne Negro», en el que se
explica que los grandes acontecimientos humanos,
los que cambian realmente la vida de las personas,
son en gran medida sucesos completamente
inesperados. Por no decir altamente improbables.
De tal forma, que la mayoría se encuentran fuera del
alcance de toda técnica predictiva. Como lo
demuestran anualmente los pronósticos del
Gobierno, sobre la marcha de la economía durante
los siguientes meses y años.
LIBRA
Cuando no hay esperanza para el futuro, el presente se tiñe de una
infame amargura.
Émile Zola

L a British Science Fiction Association (BSFA) a


la que Sofía Japón pertenecía, a pesar de su
nacionalidad europea, había aprovechado su
estancia en Inglaterra para agasajarla con un
encuentro, al que fueron también invitados todos
los restantes nominados para el premio BSFA a la
mejor novela del año 2067. No era habitual que
escritores españoles formasen parte de la BSFA,
pero tampoco podía decirse que fuese algo que no
se hubiese dado ya en el pasado. Concretamente a
principios de siglo, en la persona de Miquel Barceló.
Sofía aprovechó su intervención para rendir un
sincero homenaje a la figura del escritor
norteamericano Gregory Benford, y a su novela
«Cronopaisaje», premiada en el año 1980,
precisamente por la BSFA. Texto que fue
galardonado también con el premio Ditmar
australiano, y los premios Nébula y John W.
Campbell Memorial, en su Norteamérica natal.
Según explicó, de allí surgió la inspiración para su
novela, «Recuerdos de un Futuro». Por lo que
FRANCISCO JAÉN

relativizó la importancia de su trabajo, indicando


que la sugerente idea de que fuese la información, y
no ningún crononauta, la que viajase a través del
tiempo, había surgido de la imaginación y la
inventiva de Benford. Aunque su novela haya
quedado injustamente en el olvido, casi un siglo
después de haber sido publicada. Pero sólo a él le
correspondía el mérito de aquella curiosa idea.
Palabras que provocaron el aplauso y la ovación de
todos los presentes en aquella sala. Incluido, un
Arthur Wells que había logrado hacer un hueco en
su apretada agenda. A pesar de que detestaba esos
eventos, que tanto gustaban a los militantes
confesos del fandom1, cuya compañía y extravagantes
conversaciones procuraba evitar en lo posible. La
compañía que le interesaba era la de Sofía. No
obstante, en esos momentos se sintió un tanto
decepcionado. Aquella mujer se negaba a mencionar
a su ilustre antepasado, que había sido el primero en
escribir sobre los viajes en el tiempo. Se le antojó un
trato injusto.
Para quien Sofía también tuvo palabras de
recuerdo, fue para todas aquellas mujeres que
habían aportado su granito de arena, en el género
literario de la ciencia ficción. Haciendo especial
hincapié en la genialidad de Mary Shelley, y de su
obra más conocida, Frankenstein o el moderno Prometeo.

1
Grupos de aficionados a la ciencia ficción.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Universal manuscrito publicado dos siglos y medio


antes, en 1818. Manuscrito que en pleno siglo XXI
se le consideraba ya, sin discusión alguna, como la
primera novela de ciencia ficción. En opinión de
Sofía, si en el siglo XX no había sido así, y se había
preferido hablar de Julio Verne, o de H. G. Wells,
como los creadores del por aquel entonces nuevo
género literario fue, sin lugar a dudas, por una
cuestión de machismo patriarcal.
Aquellas palabras, quizás de forma inconsciente,
podían deberse a sus problemas con el género
masculino. O al menos, con su anterior pareja. En
resumidas cuentas, que estaba respirando por la
herida. O eso quiso pensar Arthur. Por lo que de
momento no se lo tendría en cuenta. Dejaría a un
lado el hecho de que estaba minimizando cada vez
más la figura de su querido antepasado. En
cualquier caso, aquella combativa mujer estaba
empezando a incomodarle, a resultarle antipática.
Aun así, seguiría con sus planes, e intentaría
invitarla de nuevo a cenar. Tan pronto como se
diese la oportunidad.
Oportunidad que no se dio en ese momento. Los
malditos fanáticos británicos del fandom de la ciencia
ficción, ya le habían preparado una cena con toda
clase de platos, postres y bebidas, en honor a varias
películas, series, autores, o relatos clásicos del
género. Incluso en dicha cena se olvidaron de su
antepasado. Prefirieron servir las bebidas en unas
FRANCISCO JAÉN

cabinas telefónicas a lo «Doctor Who». Para Arthur


era la historia de viajes en el tiempo más infantil,
estúpida, y ridícula que se haya creado jamás.
Realmente vulgar y sin sentido para él. Se
preguntaba a quién, en su sano juicio, pueden
interesarle las aventuras de una antigua cabina de
teléfonos viajando por el tiempo. A Arthur, desde
luego, no.
Se disculpó tan pronto como pudo, tras conseguir
la promesa de Sofía para verse antes de proseguir
con su gira de promoción. Esta vez, se desplazaría
hasta el salvaje oeste de los Estados Unidos de
América. A la tierra conocida en tiempos pretéritos
como la «última frontera».
La cena a solas con Sofía terminó por ser una
comida, dos días más tarde, sin tanto fanático de la
enésima versión de la Guerra de las Galaxias,
revoloteando por los alrededores, pidiendo
autógrafos, dedicatorias, selfies, y todas esas hierbas.
Pero aunque fuese en apariencia más tranquila,
aquella comida cambiaría la vida de Arthur Wells. O
mejor dicho, su forma de ver la vida. El escenario
de aquel encuentro fue el Benidorm’s food de Londres.
Idea, claro está, de Sofía. Con la que Arthur tuvo
que transigir.
El local se encontraba en Park Road, a medio
camino entre el pintoresco museo de Sherlock
Holmes y la Casa de San Martín. El lugar donde
supuestamente se alojó, allá por el año 1811, una de
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

las figuras clave en la independencia de Argentina.


Y eso resultaba un tanto paradójico. Un restaurante
de comida valenciana, centro de reunión de la
colonia española en Londres, a muy corta distancia
de una placa con una inscripción que recordaba un
desencuentro con España. Pero así era Londres,
plagado de historias y contradicciones, a cada paso
que se daba.
Les atendió en persona el dueño del negocio, un
tal Diego, que conocía a Sofía. Pues durante un
tiempo había dirigido el restaurante Batiste, en la
costa alicantina donde vivían Sofía y su pareja, y que
estas visitaban con relativa frecuencia. A Arthur le
explicaron que el Batiste contaba con algo más de
un siglo de historia, y que era uno de los
restaurantes más importantes de España. Había
recibido varios premios, incluso a nivel
internacional, por su buen saber hacer en platos a
base de pescados, mariscos y arroces. Buen saber
hacer que Diego quiso aventurarse a implantar,
desde hacía unos pocos meses, a orillas del Támesis.
Aunque de momento no parecía tener demasiado
éxito, ya que apenas se encontraron con otros
comensales. Lo que les permitió hablar con entera
libertad. Tan solo interrumpida, en muy contadas
ocasiones, por las idas y venidas del atento y
simpático camarero de origen puertorriqueño. De la
isla caribeña sorprendentemente devuelta a España,
por los Estados Unidos, un siglo y medio después
FRANCISCO JAÉN

de la Guerra de Cuba, en 1898.


La Crisis Norteamericana, entre los años 20 y 30,
había propiciado el entendimiento con España.
Estados Unidos necesitaba soltar amarras.
Desprenderse de bases militares, y de territorios que
le suponían un esfuerzo económico, que ya no se
podía seguir dando el lujo de mantener. Para
España, tampoco fue fácil lo que económicamente
significaba aquella anexión. Pero pudo más la
sugerente idea de volver a América, y todo lo que
eso implicaba. En esta ocasión de forma pacífica,
pero eso sí, apoyada por las ideas de un régimen
político en Madrid cada vez más centralista, cada
vez con más mano dura, más conservador. Como
consecuencia de la crisis catalana, a principios de
siglo.
Y en Puerto Rico, se había hecho más urgente el
deseo de poder encontrar una salida a su delicada
situación económica. Algunos pensaron que la
reunificación con la anterior metrópoli podía ser
una solución aceptable. En este sentido, fue una
situación realmente diferente. Abrió una puerta en
la que nadie había pensado hasta entonces. Era la
primera vez que una colonia optaba por retornar al
país al que había pertenecido en primer lugar. Y eso
era, cuando menos, una situación original. Así y
todo, la solución que buscaban los puertorriqueños,
al votar a favor de su retorno a España, realmente
no llegaría hasta la formación de los Estados
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Unidos de Europa. Un superestado que volvía a dotar


a Puerto Rico de seguridad económica, pero para el
que la isla no era ya una cuestión sentimental. Y
empezaba a verse de nuevo como un territorio
diferente al resto. Es decir, como una colonia. De
alguna extraña forma, daba la sensación de que se
estaban repitiendo esquemas parecidos. Una y otra
vez se volvía a lo mismo, como el pez que se
muerde la cola. Una manifestación más de los ciclos
históricos de la cliodinámica, de la que tanto se
hablaba últimamente.
Todas esas elucubraciones, al rememorar los
curiosos cambios de fronteras que se estaban dando
en el mundo, mientras Sofía conversaba sobre los
viejos tiempos con Diego, se esfumaron con la
llegada del primer plato. Arroz del senyoret, una
deliciosa paella con nombre en valenciano, que
quería indicar que era un plato para «señoritos», ya
que las gambas iban peladas, y el pescado sin
espinas. Arthur sopesó la idea de algún tipo de
indirecta de Sofía, que le había aconsejado aquel
plato, seleccionándolo a través de la carta
electrónica del local. En cualquier caso, estaba para
chuparse los dedos.
Ya sin Diego, ni su camarero, cuyo humano
servicio seguía siendo muy superior al de los robots-
camareros, cuyo intento de implantación había sido
un fracaso décadas antes, al menos lejos del Lejano
Oriente, la conversación con Sofía le pilló un tanto
FRANCISCO JAÉN

a contrapié a Arthur. Él se debatía entre la idea de


una declaración de intenciones, franca y sincera, o la
de seguir estudiando el terreno con prudencia. En
eso si que habían sido de utilidad los robots, los
programados para complacer sexualmente a sus
dueños. Sobre todo, tras ser abolida la prostitución
en los países occidentales. Prohibición que, sin los
androides dedicados al sexo, los promotores de
aquellas máquinas aseguraban que hubiesen
aumentado considerablemente el número de
violaciones, o incluso de asesinatos. Así y todo,
Arthur se enorgullecía de no saber cómo
funcionaban esos artilugios, ni de entender por qué
había tanta gente que los compraba. Y no eran
baratos. Pero tenía que reconocer que con los
robots era todo más sencillo.
Con los robots no se necesitaban pistas ni
insinuaciones. Que era lo que necesitaba ahora con
urgencia. Pero quizás pudiese hacerse una mejor
idea de sus posibilidades para intimar con Sofía a lo
largo de aquella comida, conforme fuese
desarrollándose la conversación. Y vaya si le dio
pistas. La lástima fue que Sofía tenía que partir esa
misma noche. Un vuelo de la British Airways le
llevaría hasta la ciudad de Los Ángeles, en la lejana
California. La indirecta en lo personal lanzada por
Sofía, tendría que resolverse en alguna otra ocasión.
Pero lo que fue calando en su interior, realmente,
fue la extraña sugerencia sobre su novela. De
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

repente le espetó que ella pensaba que lo narrado en


su escrito, es decir, la inquietante posibilidad de una
guerra mundial, iba a ocurrir tal cual.
Sofía no podía explicarle abiertamente lo que
sabía, su Gobierno le había advertido al respecto.
No podía, o no se atrevía a decir la verdad. Lo que
si podía hacer era intentar que la gente se tome en
serio el mensaje de advertencia de su escrito,
utilizando subterfugios, para que no lo vean como
una simple novela, y que el mensaje calase más
profundamente. Para ello, con Arthur improvisó
inventándose la historia de que era intuitiva. En
realidad, lo que quería decirle es que había que vivir
como si no hubiese un mañana, porque era posible
que, realmente, no lo hubiese.
—Vaya, ¿quieres decir que puedes ver el futuro?
—Es difícil explicarlo. Pero cuando tengo el
firme convencimiento de que va a pasar algo,
termina por ocurrir. Y ahora estoy convencida de
que alrededor del año 2077, quizás antes, estallará
una guerra mundial. Sólo hay que fijarse en la
carrera armamentística que han emprendido todas
las grandes potencias, de un tiempo a esta parte... Y
bueno, eso te hace pensar en ti misma, en cómo
estás conduciendo tu vida, en lo que te falta, en lo
que te gustaría experimentar, hacer, antes de que sea
demasiado tarde para poder disfrutar de las cosas,
como hasta ahora. O incluso antes de... en fin, de
que no haya vida.
FRANCISCO JAÉN

—¿Quieres romper con Nuria?


—Quizás, no lo sé. Estoy bien con ella, no tengo
queja al respecto. Pero no tengo claro que quiera
estar para siempre como hasta ahora. Creo que he
tenido mala suerte con los hombres. Para estar
segura, necesitaría estar con alguno más. Averiguar
si sois o no todos unos capullos, como dicen. Si es
así, me quedaría con Nuria. Aunque a ella no le
haría mucha gracia, así que no sé, estoy hecha un lío
─su sonrisa sugería que no del todo.
—En ese caso, debes ser discreta. Debes pensar
en ti, ser egoísta, y aclarar tus dudas. Aún eres
joven, y como todos los jóvenes, necesitas tiempo y
experiencias para conocerte mejor a ti misma, para
saber quién eres, y poder decidir lo correcto. Nuria
no tiene por qué enterarse de nada. Ojos que no
ven, corazón que no siente ─le devolvió la
sonrisa─. Pero dime, aparte de tus intuiciones, y de
la escalada armamentística, ¿hay algo más que te
haga pensar en un conflicto bélico?
—Bueno, está también el hecho de que no soy la
única que está hablando de esto. La Tercera Guerra
Mundial es el tema de moda. Últimamente, todas las
películas hablan de ello. Y si te gustan las series,
descubrirás muchos argumentos bélicos.
—Sí, por no mencionar a los amantes de las
conspiraciones, que tanto abundan en esos
simpáticos programas dedicados al misterio y lo
paranormal. El otro día escuché que el maquiavélico
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Club Bilderberg lo acordó en su última reunión


«secreta» ─los dos rieron al unísono─. Pero la
verdad es que tienes razón, hay como cierto clima al
respecto en el ambiente.
—Y está también la cliodinámica. Nuria empezará
en breve una serie de conferencias por todo el
mundo, para explicar, precisamente, esta
posibilidad. Y la cliodinámica suele acertar en sus
pronósticos. Es algo más que una novela o una
película, es ciencia.
—¿Ah sí? No lo sabía ─dijo, intentando simular
indiferencia con el tono de su voz, mientras la fijeza
de su mirada decía lo contrario.
—Lo saben muy pocas personas. Aún está todo
un poco en el aire. Pero en las próximas semanas
harán un comunicado de prensa, explicando el
asunto, las universidades en las que se expondrá la
idea, etcétera.
Lo que le sucedió a Arthur en ese momento, se
suele representar en los cómics con una bombilla
encima de la cabeza. Empezó a encajar las piezas.
De repente todo el mundo hablaba de la guerra
mundial. ¿Significaba eso algo? Si pudiese tirar del
hilo, quizás podría escribir un ensayo con lo que
descubriese, publicarlo en la prensa, o incluso
proponer a la BBC un documental. Podría ser el
presentador, o quizás dirigirlo. Valía la pena
investigarlo.
Al terminar la comida, Arthur se ofreció a llevar a
FRANCISCO JAÉN

Sofía al hotel, para recoger sus cosas y conducirla


hasta el aeropuerto de Londres-Heathrow, donde le
aguardaba su vuelo hasta Los Ángeles. Al
despedirse, pudo robarle un furtivo beso en los
labios, que intento repetir. Pero ella le hizo la cobra,
y le recordó que estaban en un lugar público, que
podía haber periodistas por allí. Que ya tendrían
ocasión de seguir con aquella «conversación». Sus
ojos parecían confirmar lo que sugerían sus
palabras. El apuesto Arthur se sintió satisfecho,
estaba cada vez más cerca. Aunque su mente, en
realidad, se encontraba ya en otro lugar, atando
cabos. ¿La cliodinámica apuntaba la posibilidad de
una guerra mundial en un futuro próximo?
Contactó con los expertos británicos en la
materia, que desconocían el hallazgo, y mostraron
sus dudas. Pero sus preguntas y explicaciones
llamaron la atención. Y a través de un amigo, que
conocía a alguien, y ese alguien a alguien más... O
dicho de un modo más científico, llegó a hablar con
quien llegó a hablar, como explicaba la teoría de los
seis grados de separación. Por la cual, cualquier
persona tan solo necesita de cinco intermediarios,
para ponerse en contacto con cualquier otra. De
este modo pudo conseguir una cita con un alto
dignatario, en el Ministerio de Relaciones Exteriores
y de la Mancomunidad de Naciones. Alguien que,
por lo visto, era muy cercano al ministro, y con
contactos en el MI6, el servicio de inteligencia
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

británico. Alguien que le explicó que, sus agentes


secretos en el CERN, habían informado acerca de
un extraño episodio relacionado con mensajes del
pasado, y que parecía haber motivado una
inquietante reacción del Gobierno europeo, en
forma de toda clase de actividades y de propuestas
culturales, relacionadas con la tan cacareada guerra
mundial durante la próxima década.
—Y si han contactado con el pasado, ¿cómo
saben que se dará un conflicto a escala mundial en
un futuro próximo?
—¿Cómo sabe usted que no han contactado con
un futuro próximo, o lejano?
La pregunta, que venía de un alto cargo que
parecía estar hablando completamente en serio, le
dejó sin palabras. Le hizo entender las
aparentemente inocentes reflexiones de Sofía,
acerca de cómo plantearse la existencia, el recorrido
vital de uno mismo, cuando se es consciente de que
no habrá ningún futuro. A partir de ese momento,
hay cosas que ya no tienen importancia, como
conseguir escribir un bestseller, ganar reconocimiento
con un documental, o cosas así. A partir de
entonces, lo único que parece realmente importante
es vivir, es exprimir la vida al máximo, vivir con
mayúsculas.
¿Pero se podía afirmar que aquello era realmente
cierto? Para intentar indagar al respecto, aquel
servidor público, con lo que quedaba de la Union
FRANCISCO JAÉN

Jack detrás de él, ya sin el azul de Escocia, le sugirió


que debía de intentar profundizar en su amistad con
Sofía, todo lo que le fuese posible. Y de esta forma,
intentar obtener más información. Arthur Wells se
estaba convirtiendo, para su sorpresa, en una
especie de moderno James Bond, al servicio de su
graciosa majestad. Sin embargo, con o sin el
respaldo logístico de su país, hubiese realizado
igualmente esa misión. A Arthur Wells le interesaba
averiguar cuánto tiempo le quedaba exactamente.
En principio, por lo que sabía, parecía tratarse de
una década. Pero además, empezaba a pensar en
qué debía de hacer con ese tiempo que le restaba,
que les restaba a todos. Como hacía Sofía,
empezaba a replantearse su vida, y a observarlo
todo bajo otro prisma, desde otra perspectiva.
Quizás, bajo el prisma del que se lo mira todo como
con cierta distancia. La forma de ver las cosas de un
desencantado.
Le vino a la mente la idea de dejar atrás su etapa
entrevistando a escritores, le aburría cada vez más.
Le apetecía ser él, por una vez, el que escribiese un
texto, con sus propias reflexiones. Aunque si no
habría un mañana, ¿para qué escribir? Le vinieron
también a la mente todos aquellos lugares del
mundo que deseaba visitar, y que aún no había
tenido ocasión. El retomar sus clases de guitarra, el
comprar una casita en alguna isla del Caribe, hacerse
con un jacuzzi y con un buen champán francés,
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

conducir un coche deportivo. No, mejor aún, un


coche de carreras. Y sobre todo mujeres, disfrutar
de la compañía de hermosas, jóvenes, dulces,
ingenuas, frívolas y encantadoras mujeres a su
alrededor, con las que compartir todo eso. Cuantas
más, y más bellas, mejor.
Había empezado a pensar en la conveniencia de
sentar la cabeza, y formar una familia, ya iba
teniendo una edad. Pero si aquello era cierto, podría
seguir flirteando de flor en flor, como hasta ahora,
sin que eso pudiese suponer ya ningún tipo de
debate moral en su interior. Era demasiado tarde
para el amor. En esas circunstancias, formar una
familia no tenía ningún sentido. Es más, no podría
mirarse al espejo si engendrase a una criatura, para
hacerla venir a un mundo que estallaría en mil
pedazos poco tiempo después, durante lo que se
suponía debía de ser su feliz y entrañable infancia.
Aquello sí que sería una cruel frivolidad, dijesen lo
que dijesen sobre él en la prensa del corazón. Si
hasta ahora había intentado guardar las formas, a
partir de entonces, si todo aquello era cierto,
pensaba vivir la dolce vita sin ningún rubor. Y como
decían sus amigos españoles, que me quiten lo bailao.

************
FRANCISCO JAÉN

C on tantas entrevistas como le había preparado


Lourdes, estaba barajando la idea de no asistir
al enlace nupcial de «la Meli», con la que coincidió
en aquel dichoso hipermercado, plagado de tantos y
tan friquis curiosos compañeros, como Pepe
Alvarado o «el Pichi», que afortunadamente no irían
a la boda. Eso le ayudó a decidirse. A aquel par de
plastas les había tocado el turno de tarde. Que en
realidad se alargaba hasta bien entrada la noche,
cuadrando las cajas, guardando parte de la fruta en
la cámara, cerrando neveras, fronteando los
productos, cambiando etiquetas de precios,
enviando el pedido hasta el servidor ubicado en la
central de la empresa, haciendo inventarios, y
deshaciéndose de la basura que esperaban todos los
días, como agua de mayo, una legión de afectados
por la situación de crisis económica, que seguía
alargándose mientras los gobiernos hablaban de
brotes verdes, supuestas recuperaciones, y demás
embustes.
En aquellos tiempos, alguna vez discutió con el
encargado, porque consideraba que era absurdo
desperdiciar bolsas de basura, cuando esas personas
las iban a romper. Aunque eso sí, siempre le
aseguraban muy amablemente que lo dejarían todo
ordenadito, tal y como él lo había llevado. Que
volverían a atar las bolsas, y a dejarlas en el
contenedor. Pero sólo había que ver el orden de sus
furgonetas, ropas y peinados, para deducir lo que
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

pasaría en realidad. Pensamientos con los que


quizás se equivocaba. Nunca pudo contrastar la
opinión de los basureros al respecto. En cualquier
caso, Andrés siempre había pensado que, en esas
condiciones, utilizar bolsas de basura era una forma
idiota de tirar el dinero. Los encargados con los que
coincidió, en cambio, no lo veían así, o no querían
verlo. Las normas eran las normas, y daba igual lo
que pasara en el mundo. Las cosas se hacían de la
manera que se hacían, porque unas personas, desde
una oficina lejana, que no sabían lo que era trabajar
en un supermercado, consideraban que eso era lo
mejor. Se tenía que hacer así, y punto. Sin embargo,
si se gastaban demasiados rollos de papel higiénico,
o del utilizado para limpiar estanterías y cristales, el
mismísimo dueño de la empresa les llamaba al
orden.
Pero afortunadamente, ese tipo de gilipolleces ya
no eran de su incumbencia. La entrevista en la 7TV,
la televisión autonómica de Murcia, para el
programa «Zona Cero», le permitió estar muy cerca
de su tierra. Así que, antes de irse a Extremadura,
donde le esperaban las chicas de «Tras el Mito»,
otro programa de misterio, para otra televisión
autonómica, decidió acercarse hasta la pequeña
iglesia donde se celebraría el enlace.
Ahora que salía en la tele, quería saber cómo
reaccionaría la gente de su ciudad al verle. La idea le
preocupaba un poco, ¿le dejarían vivir en paz? No
FRANCISCO JAÉN

deseaba para nada la fama. De todas formas, quizás


no le habían visto. No tenían por qué. Había
participado en medios de comunicación locales, de
otras regiones de España. Además, los programas
dedicados al misterio no eran, precisamente, los que
contaban con más audiencia entre las cajeras de
supermercado. Sea como fuere, la boda le permitiría
hacerse una idea de cuál era la situación en su
localidad, y si era mejor no aparecer por allí durante
un tiempo, hasta que las cosas se calmasen. O si,
dado que esperaba que sus misteriosos benefactores
le proporcionasen nuevos «pronósticos», lo mejor
sería desaparecer para siempre.
En la puerta de la iglesia distinguió de lejos a
Consuelo y a Josefa. Así que dirigió sus pasos hacia
aquellos rostros conocidos, a ver por dónde
saltaban. Sus trajes eran muy bonitos, aunque sus
coloridas pamelas le resultaron un tanto exageradas.
—Ni que se casará la reina de Inglaterra ─pensó
Andrés en voz alta. Por fortuna, no le escucharon.
Él, en cambio, ni se molestó en comprarse un
nuevo traje. Más que nada, porque en un principio
no tenía pensado asistir, y no le dio tiempo. Echó
mano de su viejo traje negro con rallas blancas,
moda italiana, con el que se sentía cómodo. A pesar
de que los trajes, en general, le resultaban
incómodos. Quizás le ayudó también el ir sin
corbata. Prenda que llegó a odiar, en sus tiempos ya
lejanos como vendedor a domicilio. El trabajo más
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

curioso que tuvo, casi aún en su adolescencia, en el


que empezaban dando gritos motivadores,
proseguían desplazándose en coches hasta multitud
de poblaciones, caminando y caminando, arriba y
abajo, molestando al prójimo haciendo sonar el
timbre de sus viviendas, abordándoles en plena
calle, entablando conversación con todo tipo de
comerciantes, unos curiosos, otros aburridos, y
otros hartos de tanto vendedor de cachivaches. La
jornada terminaba con el silencio cansado del viaje
de vuelta, que contrastaba con los gritos iniciales.
—Nena, por ahí viene tu amigo Andrés. El tipo
más tonto que he conocido nunca ─soltó Consuelo,
con la brutal sinceridad de un espejo que te escupe
su verdad a la cara. Aunque sin la valentía del
espejo, pues la cara era otra.
—Ha salido en la tele. No será tan tonto.
—En la tele sólo salen gilipollas. ¿No viste
anoche Gran Hermano? Por cierto, ¿a quién
nominaron al final?
—¿Qué tal chicas? Qué guapas estáis.
—¡Cuánto tiempo! ─le respondió Josefa─.
Escúchame, te hemos visto en la tele, ¿qué es ese
rollo de la Cúpula?
—Algo que se me ocurrió, publiqué en un blog, y
lamentablemente ha ocurrido. Y bueno, a los
periodistas les encantan esas movidas.
—Sí, y que lo digas. Yo no sé qué nos interesa a
nosotros la puñetera Cúpula esa. Menudo rollo.
FRANCISCO JAÉN

Están todo el día con esa matraca en la tele. Antes


era el cansino de Puigdemont, y ahora la movida
esta de moros y cristianos. ¡Me importará a mi
mucho! ─sentenció Consuelo.
—Pero escúchame, ¿ahora eres astrólogo?
─Josefa volvió a la carga.
—Yo no diría tanto. Sólo es una afición.
A partir de ahí empezaron las típicas bromas y
ocurrencias, sobre qué signo es mejor para esto o
para lo otro. Conversación que se animó aún más
con la llegada de sus maridos, y de otros antiguos
compañeros del hiper. De esta forma, poco a poco
se fueron olvidando del Andrés de la tele, y volvió a
aparecer ante ellos el Andrés que conocían, dado a
las bromas y a la ironía. El gilipollas de siempre, sí,
pero su gilipollas. Que en nada se parecía a ese
extraño de la tele, que hablaba de cosas tan raras.
En este ambiente distendido se desplazaron
andando hasta el restaurante Batiste, donde iba a
celebrarse el convite. Y donde iban a ponerse
morados de gamba roja, a dar los correspondientes
vivas animados por el ambiente festivo, o quién
sabe si por algo más, y todas esas milongas.
Después vendría el baile y las copas, momento en el
que Andrés tenía pensado escabullirse,
aprovechando que todos se agolparían alrededor de
la barra libre, como alimañas alrededor de la carroña
recién encontrada. Pero sus planes no fructificaron,
siempre tropezaba con alguien que le ataba a aquel
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

lugar de forma absurda. Así llegó Dori, que por lo


visto no se había olvidado del Andrés de la tele. Le
dijo que ella también era intuitiva, que la guerra de
la Cúpula iba para largo, que duraría décadas, y que
tenía algo muy importante que decirle.
—Dentro de unos años, caerás de un barco y te
ahogarás. Alguien te empujará. Hazme caso, huye
del mar.
Aquello debía de ser fruto del gin tonic que tenía
entre las manos, o así prefirió interpretarlo Andrés.
Pero se quedó pensando en que últimamente se
había aficionado al buceo. ¿Tendría algo que ver
con esa inquietante intuición? Mari, que se los
miraba desde lejos, hizo burla moviendo el índice de
su mano derecha en círculos concéntricos, a un lado
de su cabeza. Aquello le sacó de sus divagaciones.
—Vosotros reíros, reíros... que lloraréis ─dijo
alejándose con la mirada perdida.
Mari llegó con su amplia sonrisa, sabedora del
efecto tranquilizador y amistoso que provocaba.
Charlaron sobre los viejos tiempos, y le entretuvo
un poco más. Hubo una época en que solían
quedar. Tanto, que empezaron a salir ellos dos
solos. Por lo visto, con el consentimiento de su
novio. Que según decía Mari, era un aburrido, un
soso, nunca quería salir, siempre estaba con el
fútbol y sus amigotes, etcétera, etcétera.
Aquella pareja debía de considerarle como un
jugador de otra liga, o algo parecido. De una
FRANCISCO JAÉN

categoría inferior, claro. Pero aunque todo el


mundo sabía, él incluido, que no tenía nada que
hacer con ella, Andrés llegó a la conclusión de que
lo mejor sería evitar esas salidas nocturnas a solas,
entre ellos. O al menos, procurarse más compañía.
Un día, mejor dicho una noche, sentado en una
terraza de la zona del barrio, en Alicante, con Mari
delante de él, vio pasar a su novio. Su mirada iba de
ella a su novio, y de su novio a ella. Debió de captar
que su comportamiento era algo extraño, pero no le
dijo nada, quizás intuyese lo que pasaba, y no se
atrevió a darse la vuelta. Él tampoco dijo nada. Y su
novio no les vio, o tal vez se hizo el sueco. Pero,
¿qué hubiese pasado si llega a darse cuenta?,
¿realmente sabía que estaba con ella? Allí no había
nadie más. Las ostias se las podría haber llevado él
solo. Aunque seguramente no hubiese sido todo tan
dramático. Seguramente él estaba al corriente. Pero
mejor sería intentar que se apuntase también la
amiga Meli. Y al venir «la Meli», fue fácil convencer
a Pepe, pues parecía beber los vientos por ella.
De hecho, en cierta ocasión le hizo llegar una
carta de amor, a través de la limpiadora del hiper,
que hizo de Celestina risueña. O quizás, lo más
exacto sería decir descojonada. Probablemente, eso
explicaba también la ausencia de Pepe en esa boda.
El caso es que hasta logró convencer a «la
Gordi», que se apuntó algún día a las escapadas
nocturnas de aquel variopinto grupo. Al rememorar
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

con Mari esos días felices, «la Gordi» no tardó en


unirse a la conversación, afirmando que Mari le
había revelado un método infalible para determinar
cuál era el tamaño exacto de un pene, sin necesidad
de que la víctima en cuestión se desnudara. Método
por el cual habían llegado a la conclusión
irrevocable de que él, Andrés Riera, la tenía
pequeña. Miró en dirección a Mari en busca de
ayuda, pero ella afirmó que aquello era totalmente
cierto. Científicamente contrastado por años de
observaciones femeninas, cuyos conocimientos
ancestrales habían sido transmitidos generación tras
generación. Que la cosa no le abultaba lo suficiente,
y no había más vueltas que darle. Eso probaba
fehacientemente que era un pichacorta.
—Lo único que prueba eso, mis queridas amigas,
es que no conocéis la diferencia entre un pene de
sangre y un pene de carne.
—¿Cómo? ─peguntaron divertidas al unísono.
—Los penes de carne abultan más en estado de
flacidez. Pero en el momento de la erección, los de
sangre les sobrepasan con creces. Yo tengo el de
sangre. La naturaleza tiene un curioso sentido del
humor.
—Sí, claro, disimula ─dijo «la Gordi» entre
risas─. Para compensarte por el disgusto, tú
también puedes hacerte una idea de lo nuestro. El
tamaño de los labios de una mujer, revela el tamaño
de sus labios inferiores.
FRANCISCO JAÉN

Las dos contaban con una amplia boca, con


gruesos y rojizos labios carnosos. Y a las dos les
divirtió observar como las miradas de Andrés iban
de una boca a la otra, calibrando lo que sugerían sus
labios, los superiores.
—Chicas, necesito una copa.
—Sí, claro, lo entendemos ─dijo una Gordi
desatada con sus bromas.
La barra ya no estaba tan atestada, por lo que se
quedó allí, con su copa en la mano, mientras
contemplaba la luz anaranjada del puerto a través de
la enorme ventana. Ya iba anocheciendo. Aquella
imagen le transportó mágicamente a un instante de
su infancia. Rememoró la alegría de su prima, ante
el regreso del tío Ramón, al finalizar su dura jornada
laboral a bordo de un pesquero. Contemplando de
nuevo, como si se estuviese dando en ese mismo
momento, las redes maltrechas esparcidas por el
suelo, el amarre del barco escoltado por las gaviotas,
los cariñosos saludos, la descarga de las criaturas
recién extraídas del reino de Neptuno, que eran
cubiertas en hielo, el olor tan característico de aquel
lugar. Con un aire en el que se entremezclaban los
aromas que destilaban el fuel, el pescado y el mar, el
omnipresente mar.
El saludo de la pareja de Consuelo le sacó de su
ensimismamiento. Conversaron sobre alguna
cuestión banal, hasta que llegó Consuelo mirándole
fijamente con sus limpios ojos negros, que ahora
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

parecían vidriosos, para decirle que aquel era su


marido. Ambos obviaron la curiosa intervención,
intentando proseguir con su hasta entonces
tranquila charla. Pero aquella mujer no se dio por
vencida. Repitió que era su marido, una y otra vez,
como advirtiéndole de algo, o quizás para mostrarle
su orgullo de cónyuge, hasta que su marido se la
tuvo que llevar, a que le diese el aire.
Andrés pensó entonces en dejar su copa a medio
terminar, y escapar por fin de aquel homenaje al
cine de Santiago Segura. Pero en ese momento otro
personaje, un tal Vicente, surgido como de la
oscuridad, se presentó para comentarle que era
periodista, que trabajaba en la Cadena Ser de Elche,
y que estaba interesado en entrevistarle. Para
convencerle, le dijo que en realidad se trataba de
una propuesta de Iker Jiménez. Por lo que aquella
entrevista no sólo era para la radio, también para la
televisión, a escala nacional e internacional. Algo
que no podía rechazar.
—Oye, tú debes ser invitado del novio ¿no?,
porque no te conozco.
Aquellas palabras le dejaron en silencio durante
un instante. Sacó su tarjeta, le dijo que se lo pensara,
y que si finalmente se decidía le llamase. Acto
seguido desapareció de forma repentina, tal y como
había llegado, entre las sombras, y sin el detalle de
una despedida más educada. En su interior pensó
que menudo tío raro, y que iba listo si de verdad
FRANCISCO JAÉN

creía que iba a concederle una entrevista. Ese


privilegio era sólo para Lourdes, y para los
periodistas que le aconsejara. Se lo consultaría de
todas formas, pero dio por sentado que no habría
oído hablar de ese extraño personaje. Aunque tenía
que reconocer que al menos Vicente sabía hacer
algo que a él se le antojaba imposible en ese
momento, desaparecer.
Por fortuna el convite llegó a su fin, y así pudo
salir de allí. La consigna entonces, transmitida de
boca en boca, fue la de que todo el mudo debería
desplazarse a continuación hasta la discoteca
Camelot, para continuar con la «fiesta». A nadie le
apetecía cenar, y con el pedo que llevaban,
cualquiera se iba ahora a casa.
—Allí nos vemos ─les dijo a todos Andrés,
mientras pensaba en ahí os quedáis.
Si continuaba con la broma, si que iba a estar
pedo de verdad, y al día siguiente le aguardaba un
largo viaje hasta tierras extremeñas, donde le
esperaría sonriente su particular Dulcinea del
Toboso.
A la semana siguiente recibió la llamada del
mismísimo Iker Jiménez, que le comentó que
Lourdes le había facilitado su móvil. Pero Andrés
no se tragó esa historia. Habían acordado que antes
de pasarle su número a otro periodista, se lo
consultaría. Eso le generó desconfianza y rechazo,
desde el principio. Se cerró en banda. Y entonces,
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

tras un tira y afloja, llegó el golpe bajo.


—Mira, chaval. Esta es la oportunidad de tu vida.
No te vas a volver a ver en otra igual. Puedes
hacerte realmente famoso, y vivir bien de esto.
Aprovecha la casualidad, el acierto, o lo que quiera
que haya pasado. No lo eches todo a perder porque
te hayas enchochado de Lourdes. Por pasar más
ratitos con ella. Y créeme, lo entiendo. Pero ella no
va a liarse contigo, hombre. Espabila. Mírate al
espejo. Si con esa napia pareces Franco Battiato. Si
fueses rico y famoso, ¿quién sabe?, no te digo que
no. Pero si no vienes a mi programa, no lo podrás
ser nunca. Recapacita, joder. No tienes nada que
perder, y mucho que ganar. Tan sólo vas a estar
unos días sin verla. Y ya está, ¡hombre!, no te pido
más.
—¿Sabes qué? Te puedes meter tu programa por
donde te quepa, payaso ─le dijo antes de colgar.
Quizás Iker tuviese razón, quizás era un imbécil
por ir detrás de Lourdes como un perrito faldero.
Pero había otra cuestión. Prefería limitarse a los
medios locales, porque en el fondo le aterraba dar el
salto. No quería convertirse en una estrella de rock,
no lo necesita, no iba con él. Con un sueldo de
mileurista se conformaba. Pero al parecer el mundo
del misterio no funcionaba así. O eras famoso de
verdad, y ganabas cantidades ingentes de dinero; o
eras un youtuber famosillo de tres al cuarto, y vivías
en la miseria.
FRANCISCO JAÉN

Y luego estaba su as en la manga. Que era


realmente lo que le permitía hacer lo que le viniese
en gana, tomarse las cosas con más calma, verlo
todo de otra manera, tener más libertad. Tanta,
como para colgar al teléfono a Iker Jiménez, y
quedarse tan a gusto. Sus misteriosos benefactores
por correo electrónico. Eso sí que era un misterio
de verdad, y no las historias para no dormir del
«Cuarto Milenio».
—Que le den ─se dijo asimismo, después de un
rato dándole vueltas a aquellos pensamientos.
Acto seguido, en lo que pensó, es en si realmente
iban a facilitarle un nuevo pronóstico. ¿Y si no lo
hacían?
ESCORPIO
El vasto mundo, un grano de polvo en el espacio.
La ciencia entera de los hombres, palabras.
Los pueblos, las bestias, y las flores
de los siete climas, sombras.
El resultado de tu meditación perpetua, la nada.
Omar Jayam

E n el Paraninfo de la Universitat de Barcelona,


un público expectante asistía a la primera
charla, de una larga gira internacional, con la que
Nuria Caballero iba a hacer públicas sus últimas
investigaciones, sobre qué es lo que cabría esperar
en el escenario internacional durante los próximos
años, a la luz de sus nuevos hallazgos en el campo
de la cliodinámica. Se había generado tal interés, sobre
el contenido de aquella clase magistral, que un buen
número de asistentes no eran alumnos de la propia
universidad, ni de ninguna otra, sino periodistas
acreditados del estado español, del resto de los
Estados Unidos de Europa, y de otros países como
Israel. O que venían desde lugares aún más lejanos,
entre los que destacaba la abundante presencia de
medios nipones.
—Como bien saben los estudiantes en primero
de cliodinámica, o eso espero ─risas entre el
público─, Oswald Spengler sugirió la existencia de
FRANCISCO JAÉN

un ciclo de la guerra, que se expresa con asombrosa


regularidad cada cincuenta años, aproximadamente.
En su obra más famosa, «La Decadencia de
Occidente», lo ilustró con el ejemplo de las tres
guerras púnicas que enfrentaron a Roma con
Cartago. Conflictos que todos los años se
rememoran en la ciudad de Cartagena, durante la
segunda quincena del mes de septiembre, de forma
muy pintoresca. Un espectáculo popular que nos
demuestra que la divulgación histórica, y la
diversión, pueden ir de la mano.
Las luces de varios dispositivos fotográficos,
buscando inmortalizar el mismo instante, le
molestaron un poco con sus destellos. Al girar la
cabeza ligeramente hacia su izquierda, reparó en su
vaso con agua natural, del que bebió para aclarar la
garganta. Quizás recreándose un poco más de lo
debido en su inesperado silencio. Tras la pausa
escénica, prosiguió con su relato.
—La cuestión es que no hay que remontarse tan
lejos, hasta las guerras púnicas, para darnos cuenta
de la existencia del ciclo de la guerra. Y de que este
ciclo «despierta», cada cincuenta años. Como
pueden ver ─dijo señalando hacia la enorme
pantalla dispuesta detrás de ella─, esto mismo
también se da en nuestros días, con asombrosa
exactitud.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

 Década de 1610 – Se inicia la Guerra de los


Treinta años.
 Década de 1660 – Se inicia la etapa más
importante en la Gran Guerra Turca.
 Década de 1710 – Guerra de Sucesión
Española.
 Década de 1760 – Guerra de los Siete años.
 Década de 1810 – Napoleón Bonaparte.
 Década de 1860 – Guerra Civil Americana.
 Década de 1910 – Primera Guerra Mundial.
 Década de 1960 – Guerra del Vietnam.
 Década de 2010 – Se inicia la Guerra de
Oriente Medio, que en los años veinte
favorecería el que se diese la posterior Crisis
Americana.
 Década de 2060 – ¿?

—Los detractores de este listado tan sugerente,


opinan que en siglos como el XVII o el XVIII, en
realidad en todos, si nos paramos a pensar en ello,
era raro el año en que no se diese alguna guerra, en
alguna parte del mundo. Y no les falta razón. Pero
tampoco conviene obviar el hecho evidente de que
este listado incluye las guerras más importantes de la
humanidad, durante los últimos cuatrocientos
cincuenta años. Con la única excepción de la
Segunda Guerra Mundial. Que como imagino que
ya sabrán todos ustedes, se inició el 1 de septiembre
de 1939, y se prolongó durante el primer lustro de
FRANCISCO JAÉN

los años cuarenta del pasado siglo.


La sala volvió a quedarse en silencio. Esta vez la
nueva pausa fue, si cabe, más teatral. El listado en la
pantalla era fotografiado con avidez.
—Este ciclo no lo explica todo, pero explica
muchas cosas. Sin embargo, en su defensa, añadiré
que en la actualidad son cada vez más los
historiadores con la opinión de que las dos guerras
mundiales del siglo XX, en realidad, pueden
considerarse como un único conflicto bélico,
interrumpido por una tregua de veintiún años. Aún
así, las excepciones a la regla general, que se dan,
nos obligan a seguir investigando. Y a pensar en la
validez, o no, de otras teorías. En este sentido, la
casualidad quiso que me encontrase con un trabajo
publicado en los primeros años dos mil, por un
experto en cábala llamado Jaime Villarrubia, y que
tituló «La Esquina del Tiempo».
Un runrún de murmullos asomaron entre el
público, mientras la mirada melancólica de Jaime
Villarrubia les contemplaba desde una fotografía de
otro tiempo, que surgió de pronto en la enorme
pantalla instalada por los técnicos de la universidad
catalana. Las fotografías antiguas siempre le
transmitían a Nuria la misma impresión que
recordaba desde niña. O quizás lo pensaba por su
faceta como historiadora. En su opinión, los físicos
no se habían dado cuenta aún de que, las
fotografías, son las verdaderas máquinas del tiempo.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

—Tranquilícense, no he llegado hasta aquí


volando en una escoba ─comentario que generó las
inevitables risas─. El hecho de que alguien sea
experto en cábala, no invalida la posibilidad de que
topase con una fórmula muy parecida a las que
actualmente utilizamos los historiadores. Se la
mostraré. Diría que puede ser un poco como el
equivalente al famoso e = mc2 de los físicos. Aunque
comprendo que a muchos de ustedes esta
comparación les parecerá un tanto exagerada. Es
posible. Sea como fuere, en parte, estas conferencias
servirán para dilucidar si estoy o no en lo cierto,
sobre la importancia del hallazgo de Villarrubia.
Para que toda la comunidad internacional de
expertos en cliodinámica pueda conocerlo, y
estudiarlo.
Tras esta introducción apareció la anunciada
fórmula, con la que Nuria pretendía reafirmar su
inquietante teoría de que un gran conflicto bélico
iba a desatarse en los próximos años. Y que eso
obligaba a algún tipo de acción política al respecto.
¿Una reunión especial en Naciones Unidas? ¿Quién
sabe?, eso ya no dependía de ella.
Lo cierto es que aquella fórmula llegó hasta sus
manos mucho tiempo atrás, cuando sólo era una
estudiante universitaria, como los que ahora asistían
a su charla. Pero nunca se había atrevido a utilizarla
en su trabajo como historiadora, por el mismo
motivo que no utilizaba la astrología, en la que creía
FRANCISCO JAÉN

a pies juntillas, como explicación para multitud de


ciclos históricos. Sabía que al ser una idea sugerida
por un experto en cábala, debía de asumir el riesgo
de que podría ser desacreditada en los círculos
académicos en los que se desenvolvía, y con los que
había alcanzado su actual situación de popularidad
en los medios de comunicación, y de
reconocimiento entre sus colegas. Era plenamente
consciente de que lo que le había costado décadas
en labrarse, su éxito profesional, podía desaparecer
en un solo día, con una simple charla como aquella.
Pero si al mundo le quedaba realmente una década,
poco importaban ya esos remilgos. Fue lo que se le
ocurrió para convencerles, sin nombrar los
experimentos del CERN, y estaba dispuesta a pagar
las consecuencias de su pecado original.

date = 1891 – [(now – 1891) x 187 / 13]

—Lo que Villarrubia nos explica con su fórmula,


es que todo tiempo actual encuentra una fecha
«gemela» en el pasado. Es decir, que si comparamos
ambas fechas, se observarán acontecimientos
equivalentes. De esta forma, la Segunda Guerra
Mundial, que escapa al planteamiento del ciclo de la
guerra, coincide con la época de las cruzadas. Pues
bien, como todos ustedes saben, el leitmotiv de las
cruzadas fue el de convertir a Palestina en territorio
cristiano, hoy diríamos occidental. Y que una de las
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, fue la


aparición del moderno estado de Israel. Con el que
Palestina, es decir Israel, se ha convertido de nuevo
en un territorio occidental.
La charla prosiguió con otros múltiples ejemplos
históricos. Algunos de ellos extraídos del trabajo de
Villarrubia, en «La Esquina del Tiempo». Otros,
hallazgos personales de Nuria, utilizando la
mencionada fórmula. Se habló de la crisis
económica a principios de siglo, de cambios de
liderazgo, de atentados, de guerras, de
independencias, se equiparó la antigua República de
Roma con la moderna Europa, lo que la llevó a citar
poéticamente a Philip K. Dick, a cuya lectura le
aficionó Jordi, recordando su desconcertante idea
de que «el imperio nunca tuvo fin». En suma,
preparó al público para la conclusión final.
Pero antes, aderezó todo aquello hábilmente con
ideas más convencionales, que eran fáciles de digerir
para el público más conservador, a los que la
palabra cábala les hizo removerse de sus asientos.
Sin embargo, todos seguían su discurso con
atención. Los periodistas escribían sus crónicas, en
sus teclados portátiles, frenéticamente. Los
fotógrafos dejaron constancia de todo lo que allí
aconteció, con imágenes de todo tipo. De 360o,
tridimensionales, y hasta de resolución cuántica. Las
televisiones más importantes también estaban
presentes, con sus sofisticadas cámaras. Algunas,
FRANCISCO JAÉN

retransmitían en directo. Y los alumnos


universitarios guardaban un silencio atronador,
como sabedores de que aquello no era todo. De que
faltaba aún por explicar algo básico. ¿Qué decían
esas ideas acerca del futuro?
Nuria no les defraudó, les reveló lo que
aguardaban sin paños calientes, sin medias tintas,
algunos pensaron que sin la censura que se hubiese
aplicado, seguramente, en cualquier otro lugar del
mundo. Ignorantes de que, en realidad, se les estaba
aplicando dicha censura, al negarles el hallazgo de
que se había establecido comunicación con el
pasado, con el año 2018. Pero ahora lo importante,
lo urgente, era transmitir que, alrededor del año
2077, según todo aquello, iba a darse la Tercera
Guerra Mundial. Se convenció a si misma de que
esto era para lo que había venido al mundo. Que
toda su vida anterior había sido una especie de
entrenamiento, para poder hacer lo que ahora
estaba haciendo. Captar los latidos del corazón de la
humanidad. Unos latidos que se estaban acelerando,
anunciando un peligro cada vez más cercano, del
que debía alertar. Antes de que fuese demasiado
tarde. Antes de que no hubiese un mañana.
—Durante el siglo VIII a.C. surge lo que hoy
conocemos como la antigua Grecia. Que llegaría a
un máximo en su esplendor durante el siglo VI a.C.
Es cuando aparece la filosofía, la democracia
ateniense, la poesía, el teatro, etcétera. Pero textos
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

como el de la Ilíada, o el de la Odisea, nos hablan de


tiempos aún más remotos. De la etapa Micénica. De
una cultura anterior de la que poco se sabe, y que
desapareció envuelta en grandes incendios. Aunque
hay quien opina que su desaparición respondió a los
desastres naturales. Pues bien, la década actual
correspondería, según la fórmula de Villarrubia, al
siglo VI a.C. Y de hecho, a nadie se le escapa que
nuestra civilización, la de la Europa actual, ha
llegado hasta una etapa de esplendor, a un nuevo
Renacimiento.
Algunos de los restos encontrados por los
arqueólogos, de la etapa Micénica, eran mostrados
en la gran pantalla que lo presidía todo, y
fotografiados por el público en ese momento. Unas
imágenes que parecían testigos mudos, de un
mundo arrastrado por las corrientes de la historia.
—Mientras que los años setenta corresponderían
al siglo VIII a.C. O siendo más exactos, el segundo
lustro de los mencionados años setenta. Es decir,
estamos hablando del final de la «etapa oscura» en la
civilización helénica, a partir de la cual vuelve a
renacer. Y teniendo en cuenta que, por decirlo así,
según la fórmula de Villarrubia vamos hacia atrás en
el tiempo, y que cada año actual equivale a décadas
en el remoto pasado, nosotros entraríamos ahora, o
mejor dicho, en el segundo lustro de los años
setenta, en nuestra propia etapa oscura. Y esto
puede suponer todo lo que han teorizado los
FRANCISCO JAÉN

historiadores con el final de la época Micénica. Las


teorías al respecto han sido, les recordaré, las de
grandes incendios, desastres naturales, invasiones
externas, divisiones internas, etcétera. Cuestiones
que sitúo alrededor del año 2077.
En ese momento, un enorme cuchicheo se abrió
paso entre el público, como disparado por un
resorte invisible. Nuria aprovechó para acercarse
hasta la pizarra electrónica, situada justo debajo de
la gran pantalla detrás de ella. Y fue escribiendo la
fórmula de Villarrubia, junto con otras más
convencionales, o digamos, más académicas, hasta
terminar en un «... = 2077». Mientras escribía todo
aquello, le vino a la cabeza que, presa de su
entusiasmo, había estado a punto de mencionar que
en el siglo VI a.C. se dio una gran conjunción
planetaria, entre Urano, Neptuno y Plutón, que
parecía explicar el desarrollo tan importante de la
cultura helénica en aquel momento. Pero por
fortuna, recordó dónde estaba. Y que afirmar
aquello sí que hubiese supuesto, sin ningún género
de dudas, el fin de su carrera académica. La cábala
podría ser tolerable, hasta cierto punto, pero con la
astrología hubiese ido más allá de lo razonable. Era
la frontera que no se podía cruzar.
Con algo más de calma entre el público, les rogó
silencio. Y pasó a explicar, punto por punto, lo que
había escrito en la pizarra electrónica. Tras lo cual,
se ofreció a responder a las preguntas que quisieran
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

plantearle. En principio, durante los siguientes


quince minutos. Pero ante la presencia de tantos
periodistas, un mar de brazos se levantaron de
inmediato, aguardando su turno. Fue comprensiva,
y aquello se alargó durante una hora más. Que tuvo
que ser interrumpida por el rector de la universidad,
suplicando a los presentes comprensión, porque
todos necesitaban irse a comer.
Como era previsible, una de las preguntas fue
sobre la situación política en Cataluña. El presidente
de la Generalitat, Oriol Deulofeu, líder del
movimiento político que abogaba por la formación
de un estado catalán, separado del estado español,
había logrado entablar conversaciones con las
autoridades europeas, con el fin de llegar a un
acuerdo para lograr concretar la fecha de un
referéndum sobre esta cuestión. Referéndum que
había sido prometido, pero que llevaba tiempo
postergándose. Y esto empezaba a crear cierto
grado de malestar, y de agitación social. Pero
aunque la pregunta era más que previsible, tal y
como fue planteada, la dejó sin palabras durante
unos segundos.
—En su opinión, profesora Caballero, la profecía
de Andrés Riera, sobre un estado catalán en nuestra
época, ¿tiene visos de hacerse realidad?
La primera respuesta, obviamente, fue el
socorrido «perdón, ¿puede repetir la pregunta?».
Necesitaba asegurarse de que había oído bien,
FRANCISCO JAÉN

confirmar que le habían preguntado por Andrés


Riera. Del que se suponía que era un desconocido,
hasta hace no mucho. ¿O se trataba de otro Andrés
Riera? ¿Significaba aquello que la intervención del
CERN en el pasado había cambiado el presente?
Para asegurarse, le preguntó si se refería a una
persona que hizo pronósticos políticos en el pasado,
desde el mundo de la astrología. La confirmación, le
volvió a causar el mismo impacto. Pero se repuso,
respondiendo que no iba a valorar un análisis
astrológico, y que para ese tema, se remitía a las
opiniones de sus colegas catalanes.
Al concluir la charla, intentó ponerse en contacto
con su amigo Jordi lo antes posible. Debía esperar a
que él le llamase desde su «móvil seguro». Le
advirtió de la urgencia del caso, pero por lo visto
estaba ocupado, y la llamó bien entrada la noche.
Cuando por fin lo hizo, estaba ya al corriente de
aquella pregunta.
—Parece ser que tu amigo Andrés Riera fue el
invitado sorpresa a tu charla.
—¿Todo el mundo conoce ya quién es Andrés
Riera y yo no me he enterado? ¿Estamos cambiando
el pasado?
—He ahí el dilema. Pero mantengamos la calma.
En Cataluña, en los círculos esotéricos del
independentismo, este tipo de profecías no pasan
desapercibidas, y logran perdurar en el tiempo.
Aunque en el resto del mundo nadie sepa de quién
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

están hablando. Imagino que ya habrás hecho tu


propia indagación. Nosotros la hemos hecho desde
aquí, y no parece que Andrés Riera haya pasado a la
posteridad. De hecho, sigue con sus ocupaciones
habituales. Quizás tu charla le haya dado alguna
pequeña notoriedad. Es decir, más bien, diría que
hemos podido variar un poco su futuro, desde el
momento presente. Si tu charla no se hubiese dado,
su futuro hubiese sido otro.
—¿Estás familiarizado con los círculos esotéricos
catalanes? No lo sabía.
—Soy catalán, y créeme, allí ese tipo de temas
han influido mucho en el nacionalismo. Fíjate en el
propio presidente de la Generalitat. Es descendiente
directo de un historiador, que se dedicó a
pronosticar el futuro. Algo que ahora es normal,
pero que entonces no lo era. Se veía como algo un
tanto esotérico. Uno de sus pronósticos fue que la
independencia de Cataluña se daría en el año 2029...
Tú estarás más familiarizada con ese asunto.
—Sin embargo, en mi indagación sobre Andrés
Riera, no observé nada que me hiciese pensar que
en Cataluña seguían hablando de él. Creo,
humildemente, que mi trabajo fue concienzudo.
—Doy fe de ello. Quizás tengas razón. Pero lo
más prudente, de momento, es no echar las
campanas al vuelo. Y hacer una nueva indagación
sobre el pasado de Andrés Riera, por si detectamos
más cambios. Como de momento no podrás
FRANCISCO JAÉN

hacerlo, con las charlas que te quedan por delante,


nos encargaremos nosotros. Te informaré si
observamos algo. Y si por si acaso fuese así, habrá
que ir pensando en qué nuevo pronóstico le vamos
a facilitar a nuestro amigo. Agradeceré tus
sugerencias.
—Dios mío, ¿crees que estaremos realmente
cambiando el pasado?
—Ese es el objetivo de todo esto, Nuria.

************

L a lectura de la «La Esquina del Tiempo», regalo


de Lourdes, le tenía absorto. Le comentó que
hacía tiempo que había entrevistado a su autor, y
que supuso que le interesaría. Y la verdad es que
pensó que sólo por esto ya había valido la pena ser,
o parecer, lo que le dio a entender Iker, su perrito
faldero. Ese acertado regalo fue para él como si el
destino le guiñase un ojo, no paraba de cavilar en las
posibilidades que le ofrecían aquellas curiosas
fórmulas. Fórmulas que podían orientarle mejor, en
los pronósticos que preparaba de vez en cuando
para su blog. Así que, aunque no volviesen a
ponerse en contacto con él, los que le anunciaron la
destrucción de la Cúpula, igual tampoco los
necesitaba, para conseguir algún que otro acierto
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

más, con el que ir agrandando su currículum como


futurólogo de prestigio.
Lo que no entendía es por qué nadie parecía
prestar atención a esas fórmulas. ¿Por qué no era
algo más conocido? Parecían funcionar realmente.
En cualquier caso, se dijo, mejor para mí.
Con su descuido habitual, había olvidado silenciar
su móvil. El anuncio de un nuevo mensaje de
WhatsApp, rompió la magia de su lectura. Pero a
pesar de ello, al comprobar quién le escribía, no
pudo evitar soltar una breve carcajada.
—El que faltaba pal duro ─se dijo a sí mismo en
la soledad de su habitación de hotel. Una expresión
heredada de padres y abuelos, que aún había
logrado sobrevivir a la llegada del euro.
El que le escribía era Alberto Silva. Más conocido
como «el Largo». Otro antiguo compañero de
Andrés, en aquel hiper tan raro en el que trabajó
durante un tiempo. Y que le ayudó a deducir que
aquella tienda, en realidad, era un manicomio. Un
sitio en el que le daba vergüenza reconocer que
había trabajado. No porque sus tareas fuesen las de
un humilde mozo de almacén, que es una forma
honrada de ganarse la vida, sino porque muchas de
las personas que allí trabajaban parecían sufrir algún
tipo de trastorno mental. Incluso los encargados y
directivos. Es más, especialmente los encargados y
directivos, que se comportaban como auténticos
chiflados.
FRANCISCO JAÉN

En el caso de Alberto, el problema eran sus aires


de grandeza. Una tarde de sábado, mientras
descargaban el material del picking de la tienda, para
reponer los productos que faltaban o escaseaban en
las estanterías, Alberto le confesó su sorpresa,
porque parecía tener conocimientos en historia. Y
que eso le animaba a comentarle algo, pero que por
favor no se lo dijese a nadie.
—Claro, no te preocupes. Sé guardar un secreto.
—¿Sabes quién es el Gran Capitán?
—Hombre, no conozco al detalle su historia.
Pero sé que participó en las conquistas españolas en
Italia. O mejor dicho, en las conquistas de la
Corona de Aragón. Más o menos, creo recordar que
allá por los siglos XV o XVI.
—Caramba. Si que te gusta la historia, sí. Verás...
soy descendiente directo del Gran Capitán.
—Si hombre, y yo de Napoleón Bonaparte. Por
eso le hago entrega, a su graciosa majestad, de esta
caja de galletas del Príncipe de Beukelaer.
Un descendiente directo del Virrey de Nápoles,
trabajando en un supermercado, le resultó a Andrés
una idea un tanto grotesca. Alberto le insistió
durante semanas, intentando hacerle «entrar en
razón». Que si en la Guerra Civil mi abuelo perdió
no se qué palacio, que si Franco no quiso
devolvérselo, que cuando recupere mis títulos te
invitaré a la ceremonia, que lo llevan mis abogados,
que si patatín, que si patatán. Aquella historia, para
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Andrés, no tenía ni pies ni cabeza. Aún así, no se lo


contó a nadie, como le había prometido. Se limitó a
las pequeñas bromas entre compañeros de trabajo,
llamándole alteza imperial, y cosas así. Sin embargo,
Alberto si creía en su historia.
Un problema en las cervicales, le suponía bajas
médicas de vez en cuando. Problemas que eran
resueltos en aquella empresa con su estilo tan de la
casa, echando al trabajador a la calle de mala
manera, sin indemnizaciones de despido ni ostias.
Que para eso presumían, y hasta se enorgullecían,
de explotar de forma miserable a sus empleados. ¡A
la puta calle!, que diría un castizo.
Y una vez en la puta calle, nadie se explicaba
cómo, Alberto entró en contacto con una
productora de televisión, que al contrarío que
Andrés, se tomaron muy en serio aquella historia
aristocrática. Quizás vieron un filón a explotar. Un
diamante en bruto que había que pulir. Pero las
cámaras de televisión, o sus nuevos compañeros en
los realities, no parecían tenerle en demasiada estima.
A las primeras de cambio, en «Labrador busca
parienta», tuvo que hacer las maletas, y volver por
donde había venido. La mujer, algo entrada en
carnes que pretendía, o que pretendía hacer creer
que pretendía, le rechazó de forma instintiva, sin
darle la más mínima oportunidad. Por lo visto, no
soportaba a las figuras aristocráticas, ni aunque
fuesen inventadas.
FRANCISCO JAÉN

Después visitó el plató de «New Look», un


absurdo programa en el que afirmaban saber cómo
cambiar el look de las personas a mejor. Lo cual era
bastante discutible. Pero allá que apareció Alberto
Silva en aquel programa de televisión, con chaqueta
roja, pajarita, y una camisa chillona, afirmando que
esa era su forma habitual de vestir. Tras contar su
ridícula historia, le despacharon rápidamente
quitándole la pajarita, y llamándole payaso en su
cara. Payaso triste, para ser exactos.
Tal vez lo honesto en ese tipo de programas sería
advertir a los telespectadores, dejándoles claro que
su contenido es el de una simple función, el de una
obra de teatro para distraerles. En el mundo real, a
Alberto nunca se le hubiese ocurrido ir por ahí de
esa guisa vestido. Estaba interpretando un papel lo
mejor que podía y sabía. La verdad es que prefería
un chándal, o unos sencillos vaqueros. Pero así era
la televisión, una gran mentira. Aunque si nos
paramos un momento a pensar, al fin y al cabo,
quizás lleguemos a la conclusión de que hasta la
vida misma, todo en ella, es una gran mentira. De
que la vida no es más que un gran plató de
televisión.
A estas patéticas actuaciones televisivas, le
siguieron otros platós de menor renombre, hasta
que sólo le quedó algún que otro medio local. En el
que le entrevistaban de vez en cuando, recordando
sus viejos tiempos como showman, hablando de su
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

ilustre linaje familiar, y no mencionando nunca que


había trabajado durante años en varias cadenas de
supermercados. Por supuesto, en las cadenas de
supermercado más cutres y barriobajeras, como en
las televisiones en las que participó. Esa falta de
humildad, pensaba Andrés, quizás fue un error por
su parte. Si les hubiese contado que el supuesto
descendiente directo del Gran Capitán,
emparentado con la Duquesa de Alba, y hasta con
el Rey, había trabajado como reponedor,
seguramente les hubiese dado aún más morbo su
historia. Fuese o no inventada, ¿quién sabe?
Después de todo, España era un país dado a
historias como aquella. No sería el primer hidalgo
caballero del que se tuviese noticia.
Sea como fuere, cuando Alberto se enteró de la
aparición de Andrés en los medios, debió de
interpretarlo como una nueva oportunidad. Le
ofreció la posibilidad de ponerle en contacto con su
productora, con sus contactos en televisión,
convertirse en su representante, y demás lindezas.
Le habló, entre otros, del famoso programa «La
Gran Casa».
Todo aquello, sumado a las cansinas llamaditas de
Pepe Alvarado, cada dos por tres, recordándole que
tenían que quedar, preguntándole en qué locura se
había metido, etcétera, le llevó a tomar una decisión
un tanto drástica, que tenía tiempo en mente. La de
cambiar de una vez por todas de número de móvil.
FRANCISCO JAÉN

A ver si así perdía de vista a todos esos personajes


del hiper.
Pero ahora que Alberto le había interrumpido en
su lectura, decidió revisar su correo electrónico. Y
allí se encontró, por fin, con el nuevo pronóstico
que llevaba tiempo esperando. Esta vez versaba
sobre la Argentina.

To: info@astromundial.com
From: project77@protonmail.ch
Subject: Nuevo pronóstico
Message...
Hola de nuevo.
Le agradecemos su participación en nuestro proyecto, y su
reciente aparición en diversos medios de comunicación. Le
animamos a seguir por ese camino. Para nosotros es muy
importante su colaboración. Por esto mismo, tal y como
acordamos, volverá a recibir la cantidad convenida, del mismo
modo. Tan pronto como haga público el siguiente pronóstico.
Le rogamos celeridad.
Esta vez se trata del presidente de la República
Argentina, el señor Mauricio Macri. En las próximas
semanas solicitará ayuda económica para su país, al Fondo
Monetario Internacional (FMI). Es importante que comente
que esto, junto con la guerra comercial entre los Estados
Unidos y China, será la «señal de inicio» de una nueva
situación de crisis económica a escala global, durante los
próximos años.
Tras leer este mensaje, por favor, elimínelo.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Reciba un cordial saludo del Proyecto 77.

—¿Proyecto 77?, qué misteriosos son estos tipos


─pensó en voz alta.
Pero ahí lo tenía. A ver qué otro astrólogo iba a
tener noticias del rescate del FMI a la Argentina.
Evidentemente, ninguno. Ninguno podía
adelantarse al futuro como él lo hacía. La inmensa
mayoría eran charlatanes. Y los muy pocos que
creían realmente en lo que hacían, tan solo podían
atisbar esquemas, modelos que se repiten
cíclicamente. Pero ese nivel de detalles, no estaban a
su alcance. Si acaso, cuando pronosticaban el
pasado. Ahí sí. Ahí había que reconocer que eran
unos auténticos cracks en lo suyo.
Eso mismo, o parecido, debió de pensar el
presidente Macri, respecto del propio Andrés. A sus
oídos llegaron los augurios del, hasta entonces,
desconocido astrólogo español, al que calificó como
agorero. Otros, sobre todo desde España, eran más
partidarios de utilizar el término personaje, o el de
friqui, al mencionarle. Pero el que le hizo más gracia
a Andrés, fue uno de los que se utilizaban en la
Argentina, el de globoludo. Desde donde también le
dedicaban los más típicos improperios, al otro lado
del océano, de pelotudo y boludo.
La visita del presidente español a la Casa Rosada,
sirvió de excusa para que un periodista preguntase
por esta curiosa cuestión. Los presidentes de ambas
FRANCISCO JAÉN

naciones, y el resto de periodistas allí presentes,


rieron al unísono, tomándolo como una broma.
Macri afirmó, con sorna, que no tenía noticias de
que fuese a solicitar ningún rescate al FMI. Que
muy al contrario, lo que iba a hacer es lo que se
había hecho hasta entonces. Tomar ejemplo de las
políticas llevadas a cabo, por su homólogo Mariano
Rajoy. Y que estaban dando como resultado el
inicio de un nuevo crecimiento económico, que
volvería a situar a la Argentina entre los países más
avanzados, y prósperos, de toda la faz de la Tierra.
Dos semanas más tarde, el presidente Macri
anunció a la nación que iba a solicitar un rescate
económico, al FMI.
SAGITARIO
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.
Jorge Luis Borges

E l anuncio por parte de las autoridades


norteamericanas, de que para la próxima
década, alrededor del año 2075, se esperaba un
sismo importante, con epicentro en algún lugar
cercano a Palm Springs, había provocado que los
edificios estuviesen siendo reforzados con todo tipo
de nuevas tecnologías en el ámbito de la
construcción, con las que los técnicos y científicos
aseguraban que podrían evitarse las pérdidas
materiales. Para evitar lo más importante, las
pérdidas en vidas humanas, a partir del 1 de enero
del año 2070, se iba a iniciar el traslado de las
oficinas e instalaciones de multitud de empresas,
incluidos los animales de los zoos y el ganado de los
cowboys, hasta el norte de California, y a otros
estados cercanos. El 1 de enero del año 2073, se
pasaría a la segunda fase. A la evacuación de todos y
cada uno de los habitantes, incluidos los animales
domésticos, de ciudades tan pobladas como Los
Ángeles o San Diego. Ya que la zona amenazada
FRANCISCO JAÉN

por el futuro temblor abarcaba la zona sur de la


California estadounidense, y el norte de la mexicana.
En el 2073 sería una cuestión voluntaria, mientras
que en el año 2074 se trataría ya de algo obligatorio.
Los que se rebelasen, serían ingresados en prisión.
Era un esfuerzo gigantesco, faraónico, en
logística y planificación, que explicado de forma
resumida quizás no parezca gran cosa. Un esfuerzo
que a los conspiranoicos les había llevado a pensar en
el llamado «big one», el gran terremoto mayor a
nueve, o incluso a diez, en la escala de Richter, que
llevaban esperando desde hacía más de un siglo. Las
autoridades negaban la posibilidad del terremoto de
dimensiones apocalípticas del que hablaban los
agoreros. Y de momento, preferían centrarse en la
primera fase de su operación. Más tarde, barajarían
la idea, la posibilidad, de silenciar esas voces
mediante multas, y hasta con penas de cárcel. Se les
denunciaría por comportamiento antipatriótico.
Todas las fachadas, las ventanas, los balcones, los
interiores, los sótanos y pilares de los edificios, eran
un ir y venir de obreros, que se afanaban en instalar
las estructuras, con las que se pretendía reforzar
chozas, granjas, habitáculos, garajes, fábricas,
talleres, casitas en la playa, residencias de
estudiantes, viviendas de alquiler, casas solariegas,
bloques, fincas, iglesias, palacios, comisarias,
prisiones, ayuntamientos, museos, o los famosos
rascacielos. En suma, todo lo construido por el
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

hombre. Hasta las estatuas y adornos en parques y


jardines, recibían las atenciones de los operarios.
Los avances en sismología habían permitido este
tipo de pronósticos, con un acierto cercano al 95%.
Una de las técnicas utilizadas era la de medir la
concentración, el crecimiento, y los movimientos
del gas radón en el suelo, como demostró el
científico italiano Giampaolo Giuliani, a principios
de siglo. Pero no era lo único que se analizaba, era
una combinación de múltiples sistemas de
medición. Entre ellos la magnetometría, técnica que
empezó a utilizar Jorge Heraud en el Perú, también
a principios de siglo.
Así que, la ciudad de Los Ángeles con la que se
encontró Sofía, estaba patas arriba. Con multitud de
andamios y de obreros por todas partes. Como si la
estuviesen reconstruyendo de nuevo. Aún así, o
precisamente por eso, seguía llena de vida. Más llena
de vida que nunca. Orgullosa por el poder que le
otorgaban los asombrosos avances de la moderna
ciencia y tecnología. Avances que le permitían
desafiar los designios, en otros tiempos insondables,
de la cruel naturaleza. Sus arterias, atestadas de
tráfico, daban fe de su vitalidad, de su optimismo en
el futuro, de la confianza en que ningún mal podría
ya perturbarles. Unas arterias en forma de asfalto, a
nivel del suelo, y de carreteras imaginarias en el
cielo, que los ordenadores de todos los drones
respetaban.
FRANCISCO JAÉN

Su nuevo agente literario, que en realidad era un


agente del Gobierno europeo, le había preparado su
participación en multitud de convenciones literarias,
para dar charlas, firmar libros, recibir premios,
participar en simposiums, etcétera. Durante los
próximos tres meses iban a desarrollarse un número
casi infinito de actos y eventos dedicados a la
literatura, al comic, a la televisión y al cine, de sci-fi.
El motivo era que iba a celebrarse la WorldCon, la
convención mundial de ciencia ficción, a la que
asistiría como invitada especial, y en la que se
otorgarían los míticos Premios Hugo. Que eran algo
así como los Oscar de Hollywood de la literatura de
anticipación y de fantasía.
Y es que, por algún motivo, a los californianos les
encanta el glamour de las grandes galas, en las que se
hace entrega de prestigiosos premios. Parecen
disfrutar como niños con los vestidos
despampanantes, los smokings, las alfombras rojas,
los fotógrafos apretujándose y dando voces, los
discursos de agradecimiento, las bromas al uso, los
tropezones en la escalera con los nervios, los brindis
de celebración, y todas esas historias heredadas de la
época dorada del cine.
Además de asistir a la WorldCon, que se
celebraría este año en la ciudad de San Francisco,
Sofía participaría en la Gallifrey One, organizada
por los fans del famoso Docto Who en la ciudad de
Los Ángeles, que se interesaban también por otras
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

manifestaciones de la ciencia ficción europea,


especialmente por la británica. Otras de las
convenciones en las que participaría en Los
Ángeles, se centraban especialmente en el comic,
aunque contaban con espacios dedicados a la
literatura. Era el caso de la WonderCon, y de la
Comikaze Expo. En Anaheim, un núcleo
importante del Gran Los Ángeles, es decir, de su
inmensa área metropolitana, la más extensa y
poblada de todo el continente americano, asistiría a
la divertida Star Wars Celebration, en donde
pensaba asistir disfrazada de Princesa Leia Organa,
una de las heroínas de su infancia. Más al sur, en la
cercana San Diego, fronteriza con México, asistiría a
la ConDor y a la Conjecture. En la capital del
estado, en Sacramento, asistiría a otra importante
convención, la WesterCon, que reunía a los grandes
autores del género fantástico y de la ciencia ficción,
originarios de la mitad oeste de los Estados Unidos
de América. Aunque por supuesto, también recibían
invitados de otras regiones, de ahí la invitación a
Sofía. En el área de la bahía de San Francisco,
además de la WorldCon, asistiría a la BayCon de
Santa Clara, y a la Space-Con de Oakland.
Un itinerario intenso, que reflejaba el gran interés
que despertaba el género de la ciencia ficción en
California. A ello, sin duda, influyó el cine de
Hollywood, o los avances tecnológicos en el Silicon
Valley. En ese sentido, Sofía envidió las facilidades
FRANCISCO JAÉN

de los escritores californianos para dar a conocer su


trabajo, pues todos los años surgían nuevos valores,
que eran mimados y potenciados. Todo lo contrario
de lo que ocurría en España. Su caso había sido una
excepción, y se debía al apoyo que recibió su talento
desde otros estados de Europa. En donde sus libros
se habían convertido en bestsellers. Sólo después de
su éxito en Francia, Alemania, Suecia o Polonia, las
editoriales españolas se interesaron en su trabajo.
Les gustaba apostar a caballo ganador.
Sin embargo, en otros aspectos California no era
tan diferente a su tierra. A Sofía le sorprendió el
llegar a sentirse, salvando las distancias, como en
casa. Todo le recordaba a España. Apenas necesitó
del inglés. Incluso los autores de habla inglesa, en su
mayoría, hacían el esfuerzo de querer expresarse en
español. Idioma que se había convertido en la
lengua mayoritaria de California, hasta en los
medios de comunicación y en los estamentos
oficiales. Le sorprendió también, en Los Ángeles, el
toparse por todas partes con la bandera de Castilla y
León, impresa en el lado inferior derecho del
escudo de la ciudad. Seña de identidad que
recordaba los orígenes hispanos de su fundación,
allá por el siglo XVIII. Además, el caluroso clima
californiano le recordó mucho al de su Andalucía
natal. Y hasta la afición que allí tenían por el vino le
transportó hasta la península ibérica. Sí, Sofía se
encontraba muy a gusto en California. Y a eso
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

colaboró la «casual» presentación, en el bar del


hotel, de un joven y apuesto surfista, que afirmó ser
un gran admirador de su trabajo.
Aquel atlético y atractivo muchacho, era en
realidad agente de los servicios secretos
norteamericanos, que junto con los israelíes, seguían
siendo los más eficaces del planeta, los que más
información manejaban. Pero su eficacia no se
basaba, como imaginaban algunos, en que desde un
satélite podían grabar, escuchar y ver a cualquier
persona, desde cualquier lugar en el que se
encontrase. Es cierto que la videovigilancia había
permitido un mayor grado de control a los estados
sobre sus ciudadanos, que no tenía nada que
envidiar a la pesadilla imaginada por George Orwell,
cuando escribió «1984». Y que eso era cierto
especialmente allí, en los Estados Unidos de
América. Pero para obtener la información que se
buscaba, lo más rápido y eficiente seguía siendo lo
mismo que se había utilizado desde tiempos
inmemorables, el sexo.
La extraña charla de Nuria Caballero en
Barcelona había puesto en alerta a las grandes
potencias, ¿qué pretendía Europa con todo aquello?
El hecho de que la novela de Sofía, a la sazón pareja
sentimental de la profesora Caballero, versara
exactamente sobre el mismo asunto, y dando
además la misma fecha, la del año 2077, puso los
focos sobre la novelista. Al coincidir todo esto con
FRANCISCO JAÉN

su estancia en California, el Gobierno


norteamericano lo tuvo más fácil para pincharle el
teléfono, los correos electrónicos, sus redes, sus
conexiones, y averiguar que estaba coqueteando con
el distinguido presentador de la BBC, el señor
Wells.
Averiguaron que necesitaba aclarar sus ideas
sobre si los hombres eran o no de su agrado.
Seguramente era bisexual, concluyeron. Sea como
fuere, ahora parecía centrar sus intereses en el
género masculino, por lo que probaron a ponerle en
bandeja al más apuesto y galán de todos sus agentes.
Hasta la fecha no había sido rechazado jamás, por
ninguno de sus objetivos. En esta ocasión tampoco
fue así. Aunque lo cierto es que, al principio, las
dudas y negativas de Sofía le contrariaron. Tuvo que
insistir y emplearse a fondo.
Pero ahí estaba aquel surfista, en la isla de la
habitación del hotel en el que se hospedaba la
escritora. Los dos solos, mientras las olas de la
ciudad rompían en la calle. Ofreciéndole algo en
apariencia inocente, una simple copa de champán
francés. Según decían, con propiedades afrodisiacas.
Y con algo más, que le permitiría obtener toda la
información que buscaba. La espumosa bebida
contenía lo que, en el argot de los agentes secretos,
se conocía como «el suero de la verdad». Un
compuesto basado en algo conocido desde hacia
tiempo, el betapentotal.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Este fármaco había sido perfeccionado con los


años, con el resultado de que, aproximadamente
una media hora después de su ingestión, el sujeto
termina por encontrarse sumamente feliz y
satisfecho. Mucho más relajado y cómodo que
momentos antes. De tal forma, que se muestra
especialmente confiado y abierto a confesar todo lo
que pase por su cabeza, durante cualquier tipo de
interrogatorio. Con unas sensaciones parecidas, y
que pueden ser achacadas al orgasmo sexual. Pero
que se prolongan durante más tiempo, unos diez
minutos. Más que suficiente para averiguar todo lo
que el Gobierno norteamericano deseaba sonsacarle
a Sofía.
El inconveniente era si no se daba uno cuenta de
que el objetivo estaba ya bajo los efectos de la
droga, con el suficiente tiempo de anticipación.
Pero normalmente era algo fácil de detectar. Saltaba
a la vista. El sujeto daba muestras claras de su
extasiado estado de ánimo, de su felicidad, todo le
parecía bien.
Y así fue como, por primera vez en su vida, Sofía
descubrió lo que era el orgasmo múltiple, del que
tanto le habían hablado sus amigas de universidad.
Sintió algo así como si la elevasen hasta la cresta de
una ola invisible, en la que flotaba. Y que al bajar de
ella, aquel intrépido surfista supiese cómo hacerla
volver a subir de nuevo hasta lo más alto de la ola.
Las contracciones involuntarias de su cuerpo iban y
FRANCISCO JAÉN

volvían, una y otra vez, sin cesar, llenándola de un


placer indescriptible, en un delicioso clímax que no
parecía tener fin. Aunque por un momento se
alarmó, pensó que su musculoso amigo parecía estar
llegando a su límite. O eso dedujo al notar como
aceleró su ritmo de forma violenta. Después, le
descargó unas sonoras palmadas en su trasero.
Habían averiguado que a Sofía le desagradaban
ese tipo de comportamientos, un tanto agresivos.
Que en situaciones normales, sin el «suero de la
verdad» que facilitaba la aparición de lo que
interpretó como un multiorgasmo, la sucesión de
palmadas en su trasero habrían provocado que le
detuviese, que le rechazase. Pero en esta ocasión
parecía como si no le importarse lo más mínimo.
Era la señal.
Le pidió que se diese la vuelta, la colmó de besos,
volvió a la carga más despacio, lentamente. Eso la
hizo muy feliz. Y entonces empezaron las
preguntas, en mitad del acto sexual, a las que se
sentía igualmente feliz de poder contestar. Le
provocaba placer simplemente el escucharlas, con
su voz viril y seductora susurrándole al oído. Su
interés por ella, por lo que pensaba, le hacía sentirse
abrumada, se sentía halagada. Estaba realmente
encantada de poder contarle todo lo que deseara
saber, porque él lo era todo para ella. En ese
momento «mágico», estaba dispuesta a entregarle
hasta su alma.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

—Mi amor, ¿quién te encargó tu última novela?


—Mmmm... El Gobierno de mi país... mmm.
—¿Si cielo?, ¿y por qué hicieron tal cosa?
—Ohm... Piensan que estallará la Tercera Guerra
Mundial en el año 2077. Quieren advertirlo... ahú...
de forma sutil. Mediante la cliodinámica, y también
con... ahm... el cine, las series o la literatuuuura.
—Eso es terrible mi amor. ¿Por qué piensan eso?
—Los ordenadores cuánticos del CERN... ahm
más rápido cariño, por favor... se han sincronizado
con un... mmm así... ordenadooor... del 2018.
—Sofi, cariño, no lo entiendo. ¿Qué tiene eso que
ver con el año 2077?
—Por lo visto, los del año 2018 contactaron
primero... aahmmm... con el año 2077. Y... mmm...
vieron algo horrible. Estallar misiles. Pero aún
queda tiempo... mmm... Cari, espero que el tuyo
tarde también... aaaaah... mucho tiempo en estallar.
Aquella respuesta le hizo sonreír, y olvidar la
siguiente pregunta que tenía en mente. Se relajó
pensando en que la droga que él había ingerido, le
aseguraba mantener su erección más tiempo del
habitual. Ya lo recordaría. Así que se limitó a
disfrutar del momento. Aquella mujer era muy
hermosa. Se dejó llevar.
Finalmente recordó. Convenía preguntarle por las
personas clave en el CERN, y por todos los detalles
que pudiera sonsacarle al respecto. Unas preguntas
a las que Sofía no hubiese podido responder gran
FRANCISCO JAÉN

cosa. Únicamente le habría dado el nombre de Jordi


Quiles, explicándole los celos que sentía por él. Sin
embargo, en ese momento Sofía volvió en sí, y le
dio largas. Su amante olvidó que la droga solamente
duraba unos diez minutos. Aún estaba extasiada,
pero la pregunta sobre las personas del CERN, al
mando de aquel misterioso proyecto de mensajes en
el tiempo, le hizo preguntarse qué estaba pasando.
Podía ser más o menos lógico que un lector de su
novela le hiciese todas esas preguntas, pero lo
extraño era ¿por qué ella las respondía sin pensar?
Pensó que se debía a su orgasmo múltiple. Nadie le
había hecho sentir así. Quizás esas extrañas
sensaciones eran una especie de «efecto secundario»
de su orgasmo. Quizás por eso tampoco fue capaz
de reaccionar cuando le dio unos azotes. Se sentía
confusa, no se reconocía. ¿Por qué se lo había
permitido? No era capaz de reaccionar como lo
haría ante cualquier otra persona. Se sentía
enganchada por él, como a una sustancia adictiva.
¿Significaba todo aquello que se estaba
enamorando? Al menos, así quiso interpretar lo que
le estaba sucediendo.
—Oye, cariño, he visto que en la nevera hay
zumos. ¿Te parece bien unos minutos para
recuperamos un poco? Me muero de sed ─le dijo
con sus perfectos dientes blancos al descubierto, en
contraste con su bronceada piel.
—¿Aún no hemos terminado? ─preguntó feliz
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

mientras recreaba su mirada en su sonrisa─. Sí cielo,


tienes razón, yo también necesito una pausa.
Aunque por un momento, he deseado que esto no
terminase nunca. Eres increíble, ¿sabes?... Si hay de
naranja, me lo pido. ¿Me lo puedes traer por favor?
Sofía estaba de suerte, los únicos zumos que
había en la nevera eran de naranja. El hotel ofrecía
una estantería semivacía con vasos y tazas, para que
sus clientes se sirviesen. Vasos y tazas con el
logotipo del establecimiento que, seguramente,
debían de «perderse» con relativa frecuencia. Había
muchos huecos en esa estantería. Pero al hotel no le
importaba demasiado que desapareciesen. Al fin y
al cabo, era una forma sutil de marketing. Así que
procuraban que el cliente siempre encontrase un
mínimo de logotipos publicitarios, y que ignorase
que esos hurtos venían incluidos en el precio de la
estancia, se diesen o no. O dicho de otra forma, los
clientes pagaban por una parte de la publicidad que
se llevaban hasta sus casas, donde sus parientes y
amigos les preguntarían por el hotel al ver aquellas
tazas.
Vertió el zumo en dos vasos, y tres gotas del
suero en el de la derecha. Podía repetir aquella
operación hasta tres veces, si fuese necesario. Una
cuarta ocasión, en un corto período de tiempo,
podía llegar a ser contraproducente para la salud.
Pero eso no se daría. Simplemente tendría que estar
atento a su cambio de actitud, a sus gestos. Observó
FRANCISCO JAÉN

que hasta sus gemidos eran diferentes con aquella


sustancia, como algo más prolongados.
De repente sintió sus manos estrechándole,
acariciándole su abdomen, su cálido pecho, con su
mejilla apoyada en su espalda, y preguntándole por
qué tardaba tanto. Él se dio la vuelta complacido, la
besó, la abrazó, y cuando se dio cuenta, Sofía ya
tenía un vaso con zumo de naranja en sus manos.
Al girarse de nuevo, dudó por un momento, pero le
dio la impresión de que ella había cogido el de la
derecha, porque lo tenía en su mano derecha. Así
que bebió del suyo. No sin antes ingerir la pastilla
que le permitiría seguir aguantando, como un
campeón. Y ante las preguntas de Sofía, le dijo la
verdad, que quería aguantar más tiempo,
provocando su risa complacida y excitada, mientras
volvían hasta la cama, con sus nuevas vitaminas en
el cuerpo.
Un poco más tarde, él volvió con sus preguntas.
Una vez, y otra, hasta que fue Sofía la que empezó a
preguntar.
—¿Por qué me haces tantas preguntas?
—Porque soy un agente de la CIA. Me lo ha
ordenado mi Gobierno.
—¿Cómo?
—He vertido «suero de la verdad» en el champán
y en el zumo. Pero creo que el del zumo me lo he
debido de beber yo.
—Tu broma no me hace gracia.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

—No es una broma. Estoy en acto de servicio


por mi país. Puedo mostrarte el frasco con las gotas,
y hasta mi documentación como agente especial.
—A ver, muéstramelo ─le dijo, con la esperanza
de que todo eso se tratase de un estúpido juego. Se
imagino que vendría con unas esposas, para jugar a
que la detenía, y que le leía sus derechos.
Pero lo que trajo fue una placa en la que podía
leerse «SPECIAL AGENT», y una especie de
documento nacional de identidad, con las mismas
palabras, con su imagen estampada en aquel carnet,
con su nombre y apellido. Tan sólo leyó John. Y un
frasco con un cuentagotas, que carecía de etiqueta.
—Si esto no se trata de ninguna broma, quiero
que te vayas de aquí ahora mismo.
Sin mediar palabra, obedeció sin más. Mientras
cerraba la puerta tras de sí, pudo escuchar un grito.
Pero esta vez no era de placer. Era un grito de ira.
Una voz salvaje que le instaba a irse a la puta calle.
Uno de los efectos de aquel suero, además del de
decir la verdad ante lo que quiera que te
preguntasen, era el de que el sujeto cumplía a
rajatabla con todo lo que se le ordenaba. Con todo.
De forma inmediata, y sin poner el más mínimo
pero. Así que salió de aquella habitación
completamente desnudo, y con el «banderín del taxi»
en todo lo alto. Pulsó el botón para llamar al
ascensor, que subió obediente. Tan obediente como
él mismo. Por fortuna, iba vacio. Pero al llegar al
FRANCISCO JAÉN

vestíbulo del hotel no tuvo tanta suerte.


Se escuchó algún grito ahogado, como al fondo,
previó al silencio que se da cuando se espera que
vaya a suceder algo, de un momento a otro. Las
chicas de la recepción se quedaron mudas, perplejas,
con los ojos abiertos de par en par. No dando
crédito a lo que veían. Más tarde, llegarían las
comparaciones y las risas. Aquello quedaría para los
anales, obviando siempre en sus recreaciones que en
ese momento no supieron cómo actuar. Sólo el
experimentado y elegante botones, de origen
británico, reaccionó con su habitual flema, con una
pasmosa y profesional tranquilidad.
—¿Dónde va el señor?
—¡¡A la puta calle!!
—¿Quiere que le llame a un taxi?
—Me ha enviado a la puta calle.
—Como guste el señor.
Le abrió la puerta del hotel de par en par, aliviado
al comprobar que la cruzaba y que se alejaba.
Aunque en realidad no pudo alejarse mucho. La
videovigilancia era muy efectiva, especialmente
cuando alguien se paseaba por la calle
completamente desnudo, y además empalmado. Al
poco tiempo tenía varios agentes de policía
rodeándole, y dándole órdenes de que se tumbase
en el suelo, para esposarle. Órdenes que obedeció
feliz. Una felicidad que se desvanecería ante lo que
vino después, cuando todo fue aclarado. Y en
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

primer lugar, lo que vino después fue un lavado de


estómago.
Los médicos concluyeron que la mezcla de
sustancias ingeridas, junto con el zumo de naranja,
podía llegar a ser peligrosa. Afortunadamente,
pronto se recuperaría. Aunque su torpeza le costó
una reprimenda de sus superiores, ante la crisis
diplomática que acababa de generar con su torpe
actuación. Así que el aura que ostentaba hasta
entonces, de legendaria figura como agente-playboy,
se desvaneció por completo. En la CIA ya no
podría hacer carrera. Más tarde, ingresó en el
Departamento de Policía de San Francisco, el
SFDP. Cuyo lema estaba escrito en castellano
antiguo: Oro en paz, fierro en guerra.
La escena en la entrada al hotel, fue contemplada
por el supuesto agente literario de Sofía, encargado
de su protección por el Gobierno europeo en aquel
viaje. Pero como hasta entonces no se consideraba
que estaba en ningún peligro, siempre respetando su
intimidad, a distancia. La llamó inmediatamente
para contarle que su nuevo amigo iba por ahí
desnudo, y preguntarle qué demonios significaba
eso. Sofía le contó lo sucedido, y entonces le
ordenó que se vistiese inmediatamente, y se dirigiese
hasta la segunda planta del sótano del hotel, puerta
B. Allí le esperaría con un coche que había
alquilado. Se irían de allí disparados, hasta el
consulado europeo. Si no quería arriesgarse a que la
FRANCISCO JAÉN

detuviesen. Porque la policía, le aseguró, no tardaría


en llegar.
La crisis diplomática fue también con Londres. El
señor Wells fue interrogado por una atractiva agente
de la CIA. Aunque en este caso, la operación fue
todo un éxito. Arthur Wells colaboró encantado.
Pero su Gobierno descubrió lo sucedido. Y esto
desbarató la prometedora carrera como espía que
acababa de iniciar, al servicio de su graciosa
majestad.
Así que Londres preguntó a Washington a qué
venía el interrogatorio, a su agente secreto menos
preparado. Washington explicó lo que ya
sospechaban. Ambos países interrogaron a Bruselas.
Bruselas protestó por el trato a su ciudadana, Sofía
Japón, en California. Y al final fue necesaria una
cumbre al más alto nivel, en secreto. A la que
Europa acudió a regañadientes, para poner las cartas
sobre la mesa. Y exponer el mensaje que habían
recibido del pasado, sobre su futuro. El futuro de
todos.
Por supuesto, acordaron colaborar con tan noble
causa. Había que firmar tratados de paz,
potenciarlos, favorecerlos. Firmar tratados de
desmilitarización. Poner a los grandes cerebros de
cada nación al servicio de la paz y la armonía, entre
los pueblos de la tierra. Y en privado, los gobiernos
de Estados Unidos y de Gran Bretaña se
lamentaron de haber desmantelado, hacia décadas,
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

sus propios aceleradores de partículas. Por falta de


financiación, por considerar más urgentes y
prioritarias las inversiones militares. Pero ahora,
acceder a los mensajes en el tiempo era lo más
urgente y prioritario. Planearon crear sus propios
CERN.
Mientras tanto, después de un tiempo prudencial,
Sofía pudo salir del consulado, y disfrutar de su
estancia en California sin más incidentes, en otro
hotel. No pudo disfrazarse de Princesa Leia, en la
Star Wars Celebration de Anaheim, pero tampoco
estaba de humor. Por fortuna, los periodistas no la
importunaron con preguntas incómodas, sobre el
extraño suceso que había protagonizado, y que por
supuesto no saldría a la luz. La prensa había dejado
de ser libre en aquel país, hacía tiempo. A los
testigos casuales, y a los empleados del hotel, se les
dejó bien claro que ellos no habían visto nada. Se
les amenazó con el despido a unos, y con la cárcel a
otros.
Para bien o para mal, las dictaduras han
funcionado así siempre, ocultando la información
que pudiera provocar entre el público, en la prensa,
demasiadas preguntas incómodas. El periodismo de
investigación era algo que, antiguamente, había sido
una de las señas de identidad en aquel país, porque
la libertad de prensa era un derecho sagrado. Un
derecho protegido por la primera enmienda de la
Constitución de los Estados Unidos. Pero para los
FRANCISCO JAÉN

gobiernos norteamericanos del siglo XXI aquello


era demasiado peligroso. Una frivolidad inasumible,
que podía derivar en que el público llegase hasta la
verdad, hasta el fondo de las cosas. Y la única
verdad que interesaba ahora era la posverdad.
Así y todo, lo que no se pudo evitar es que a
Nuria le llegasen noticias de todo lo que le sucedió a
Sofía, en sus viajes al extranjero. Se le habló de su
tensión sexual no resuelta en Londres, y de su
aparatosa aventura en Los Ángeles. Y es que, para
bien o para mal, Europa seguía siendo una
democracia, en la que los chismorreos campaban a
sus anchas.

************

E n Buenos Aires, el diario Clarín abría con un


titular a cinco columnas: «Astrólogo español
deja a Macri en evidencia». La primera consecuencia
de la solicitud del rescate al FMI fue que todo el
mundo, en el río de la Plata, hablase de Andrés
Riera. Se convirtió en una especie de leyenda. En
algo así como una estrella de rock, a la que todos los
medios de comunicación querían entrevistar. Todos
querían saber de él, al otro lado del charco. Y Riera
descubrió, con asombro, que la astrología era
realmente algo muy popular en Argentina. Tanto,
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

como lo era el mate, el psicoanálisis o Messi.


Esta inesperada popularidad, ya que nunca
imaginó que le fuesen a tomar tan en serio, fuera del
mundo de la astrología, le puso en un pequeño
apuro. Nunca había viajado fuera de Europa. Así
que nunca se vio en la necesidad de solicitar su
pasaporte. Algo que resultaba un tanto extraño. O
quizás, cuando fue realmente algo extraño pudo ser
durante los felices años previos a la crisis
económica, en los que todo el mundo viajó hasta
lugares lejanos y exóticos, como la Riviera Maya.
Los más osados, se aventuraron en las playas
paradisíacas de Tailandia, o en las de Indonesia. Ya
fuese como viaje de novios, de fin de carrera, o
porque no se sabía ya qué lugar del planeta visitar.
En cualquier caso, ahora le hacía falta su pasaporte.
Y también se preguntó si le sería necesario un
visado. Así que tuvo que plantear estos
problemillas, a los periodistas que le llamaban a
cada momento desde Buenos Aires.
Afortunadamente, se trataba de periodistas que
trabajaban para medios importantes, y con
influencias. Con tentáculos en los órganos de poder.
Incluso a miles de kilómetros de Sudamérica. Le
facilitaron hasta la cita para poder ir a recoger su
pasaporte, en las dependencias del Cuerpo Nacional
de Policía.
—Pibe, ya podés retirar el pasaporte en la
comisaria de Elche. Toma nota por favor. El
FRANCISCO JAÉN

miércoles próximo, a las dose en punto... ¿Lo tenés?


—Sí, gracias.
—Acordate que al día siguiente te esperan, bien
temprano, en el Consulado argentino en Madrid.
Cache Serrano, número noventa. Achí te entregarán
el bichete de ida, de las Aerolíneas Argentinas. Te
dará tiempo para poder comer con tranquilidad. El
vuelo saldrá desde el aeropuerto Adolfo Suárez
Madrid-Barajas, a las diesinueve horas. ¿Lo tenés todo
claro?
—Sí, no se preocupe. Nos veremos pronto. Pero
para asegurarnos bien, envíeme por favor toda la
información, con las direcciones y horarios, por
correo electrónico. Si no es causarle demasiadas
molestias.
Al colgar, el empleado del Grupo América,
empresa propietaria de los medios de comunicación
en los que participaría Riera, gesticulaba con las
manos de forma ostentosa, herencia de sus
antepasados italianos, al comentarle las mejores
jugadas del partido a su compañero de oficina.
—Menudo pelotudo, pibe. No tiene visa, no le
alcansa para el bichete del avión, hay que enviárselo
todo al email... Veremos. Yo creo que todo este
quilombo es tirar la plata tontamente, en milongas
de un boludo. Puro chamuyo para la gilada.
—Dale nomás, hermano. En este laburo, ¿no es
eso lo que hasemos desde siempre?
Tras estos pequeños contratiempos, y trece horas
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

de vuelo, llegó hasta la terminal A del aeropuerto


internacional de Ezeiza. En donde le esperaba el
chofer que le había enviado el holding empresarial,
con el que tenía contratadas varias entrevistas,
durante toda una semana.
Una vez en el coche, se sintió solo. En realidad,
se sintió solo en todas partes. Se sintió solo en la
inmensa terminal del aeropuerto de Ezeiza, en el de
Barajas, en el avión, en el hotel. Sintió que Lourdes
no le acompañase en aquel viaje.
Mientras se limitó a participar para los medios de
comunicación en Andalucía, y provincias limítrofes,
se había convertido, prácticamente, en su asesora,
en su representante, en su consejera. Pero cuando le
habló de acompañarle hasta Buenos Aires, se negó
en redondo. No podía dejar su trabajo en Canal Sur,
alegó. Ni siquiera pedir algunos días libres. Aquello
también resultaba imposible de momento, según le
dijo. Y entonces pensó en su discusión con Iker
Jiménez, cuando le quiso despertar de su
encantamiento. Porque quedarse en Sevilla,
simplemente porque le agradaba estar con Lourdes,
era poco serio. Muy humano, pero poco serio.
Para caer del burro, necesitó que ella declinase su
invitación a visitar Buenos Aires, de acompañarle y
ayudarle en su nueva aventura. Pero quizás Lourdes
pensó que aquello implicaba algo más. Como
compartir la habitación del hotel. Pero ella jamás
compartiría su intimidad con él, como le advirtió
FRANCISCO JAÉN

Iker.
Pero si fuese así, es algo que podría haberse
hablado, haberse solucionado. Bastaba con dejar las
cartas desnudas, sobre la mesa. ¿Cómo podía
desperdiciar la oportunidad de visitar Buenos Aires?
Habría conocido a compañeros periodistas de otro
país, que podrían haberle ofrecido nuevas
oportunidades. Habría participado en alguna de
aquellas entrevistas. En suma, habría crecido como
periodista, y se habría enriquecido en experiencias
como persona. Fueron varias las explicaciones que
pasaron por su mente.
Empezó por pensar que su compañía le
provocaba alergia. Que podía tolerarla en pequeñas
dosis, pero demasiadas horas seguidas le
provocarían urticaria. O quizás le dijo la verdad, y le
pilló en un mal momento, con mucho trabajo.
Realmente, siempre andaba muy liada. Sin embargo,
la especulación que llegó a convencerle más, es que
el amigo con el que ella tonteaba, según le dijo se
estaban conociendo, era ya su pareja. Y tal vez a su
novio no le agradaba la idea de este viaje.
Le convencía y no le convencía, porque Lourdes
presumía de su independencia, de su feminismo. No
acababa de encajarle del todo, pero las personas
cambian cuando se enamoran. Ya sea a mejor, o a
peor. Y poco podía hacer él al respecto. Todo eso,
si era o no así, al fin y al cabo era problema de
Lourdes. Poco le importaba a estas alturas.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Empezaba a despertar del encantamiento.


Empezaba a pensar en que su vida iría por otro
camino. Y que Argentina sería el principio de esa
nueva vida.
Absorto en estos pensamientos, contemplaba
furtivamente la ciudad porteña, a través de la
ventanilla del vehículo. Sus amplias avenidas, sus
gentes distraídas en su diario ajetreo, el blanco de
sus edificios, el azul en los toldos, en los balcones y
en los tejados, a juego con un cielo inmenso,
iluminado por el sol austral. Un sol desconcertante
para un europeo, pues apuntaba hacia el norte, y
parecía moverse en dirección contraria. Pero eso le
daba aún más personalidad y magia al hermoso cielo
argentino, en el que le daba a uno la sensación de
que Buenos Aires se reflejaba. ¿O era al revés?
—Parese una siudad europea, ¿eh? ─le dijo el
chofer, que le observaba hacia tiempo de reojo. En
un tono, entre patriótico, y de querer romper con
un silencio que empezaba a incomodarle.
—Sí, pero... ¿qué otra cosa puede ser una ciudad
construida por descendientes de europeos?
Entonces le habló de todos y cada uno de los
miembros de su árbol genealógico, y de sus dispares
orígenes, hasta que llegaron a la puerta de su hotel.
Nada más y nada menos que al lujoso Alvear Palace,
en el céntrico barrio de la Recoleta, que la
inmigración francesa convirtió en la París argentina,
a principios del siglo XX. Realmente, los medios de
FRANCISCO JAÉN

comunicación de aquel país le estaban agasajando. Y


eso le hizo sentirse mal. Pensó que tanto lujo era
demasiado, para sus escasos méritos. Teniendo en
cuenta que tan solo se había limitado a transcribir lo
que otros le hacían llegar.
La distinción, elegancia y majestuosidad del estilo
Luis XV, le hizo comportarse como un auténtico
paleto de pueblo. Sin ningún rubor, le pidió al
chofer que le hiciese el favor de hacerle una foto a
la entrada de tanto glamour. Acto seguido,
desentendiéndose por completo de su equipaje, sin
perder su precioso tiempo en bagatelas, prefirió
concentrarse en subir la imagen captada con su
móvil hasta la nube. Quería compartirla con todos
sus seguidores de Facebook, que aguardaban
noticias de su viaje. Alimentando de esta forma su
ego con los inevitables «Me gusta», «Me encanta», y
todas esas hierbas.
El chofer se quedó dudando si hacerse cargo de
todo el equipaje, mientras Andrés hacia el tonto,
pero debió de pensar que no le pagaban para eso, o
que Andrés le caía mal. La situación fue resuelta por
el solícito servicio del hotel, que se apresuró a hacer
entrar las maletas hasta la recepción. Donde le
esperaban para registrar su llegada, y asignarle la
suite presidencial. Un lujo que le removió de nuevo
en su interior, volviéndole a hacer sentir culpable,
como si hubiese cometido algún tipo de pecado.
Pensó en el pecado de la farsa, en el de la mentira.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Y pensó en si no se estaban poniendo demasiadas


esperanzas en lo que él podía aportarle a aquel país.
Que en realidad era nada.
El chofer se despidió, recordándole la hora a la
que le recogería al día siguiente, para su primera
actuación. Su presentación en directo para el
público de «Animales Sueltos». Un programa
nocturno de entrevistas y tertulias, que contaba con
una gran audiencia. Y entonces apareció el director
del hotel, que le acompañó en persona hasta la suite
presidencial. El motivo fue advertirle que confiaban
en su discreción y elegancia, porque allí le
aguardaban sus excelencias, el presidente de la
República Argentina, y el embajador de España en
Buenos Aires.
Aquello sí que le impresionó a Riera. Por unos
segundos se quedó inmóvil, aturdido, con su rostro
adoptando una tonalidad cada vez más pálida.
Tanto, que le preguntaron si se encontraba bien.
Una cosa era el interés morboso, a veces burlesco,
de la prensa por sus pronósticos, o que en
Argentina existiese más interés por la astrología que
en España, pero jamás pensó en llamar la atención,
hasta ese punto, de los políticos. ¿En dónde se
estaba metiendo?
Era imposible en ese momento dar marcha atrás,
tenía que enfrentarse a lo que viniese. Y al abrirle la
puerta de la suite, se encontró con sus excelencias,
cara a cara, en los sillones tapizados con suaves
FRANCISCO JAÉN

tonos dorados, de aquella suite del todo excesiva, en


su señorial majestuosidad. Adornada con bellas
alfombras persas, con cuadros que reflejaban
bucólicos paisajes de otro tiempo, con cortinas de
seda a juego con los sillones, con hermosas flores
frescas en cada mesa.
Se levantaron al verle, el director del hotel les
presentó, como si no estuviesen ya enterados de
quién era cada cual. Le estrecharon la mano
sonrientes, y le rogaron que tomase asiento. El
presidente Mauricio Macri le expresó su deseo de
que la estancia en su país le resultase agradable. El
embajador español, Don Javier Sandomingo, le
ofreció un habano, que rechazó educadamente,
como buen aficionado al runner. Entonces, el
director del hotel les preguntó a los señores si
deseaban tomar algo, además del agua refrescada
con finos cubitos de hielo, que contenían las dos
jarras de cristal de bohemia, ya dispuestas sobre la
mesa, acompañadas por los tres vasos de rigor, a
juego con las mencionadas jarras.
Los tres declinaron la oferta, y el director y su
séquito se retiraron con reverencias. La puerta de la
entrada se cerró con suavidad, quedando los dos
guardaespaldas del presidente al otro lado. Ya a
solas, se estudiaron durante unos breves segundos,
que para Riera transcurrieron con más parsimonia.
—Imagino que vos estarás ahora mismo muy
sorprendido. ¿O acaso ya sabías que esto iba a
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

susederte?
—No, señor presidente, confieso que no lo había
previsto en absoluto. ¿A qué debo el honor?
—Lo suponía ─y al decir esto, su semblante fue
mucho más severo. Andrés buscó entonces refugio
en la mirada de su embajador, que seguía sonriente.
Y éste, no tardó en explicarle cuál era la situación.
—Amigo Andrés, ¿conoces el CERN?
—¿Perdón?
—Sí... ¿Has oído hablar del acelerador de
partículas, ubicado en Suiza?
—Sí, claro. ¿Quién no? Pero, señor embajador,
¿por qué me lo pregunta?
—Porque según nuestros servicios secretos, los
argentinos, y es probable que los de otros países te
hayan investigado, y estén igualmente al corriente,
desde ese lugar es desde donde te han enviado dos
correos electrónicos. El primero advirtiéndote de lo
que iba a suceder con la Cúpula de la Roca, en
Jerusalén. Y el segundo, hablándote del rescate del
FMI a la Argentina. En ambos casos, antes de que
estos acontecimientos se diesen en la realidad.
Tras estas palabras, quedaron todos en silencio, y
Andrés quedó nuevamente aturdido. Sin saber
cómo reaccionar. Sin entender qué estaba pasando,
ni cuáles serían las consecuencias de todo aquello.
¿El CERN? En el CERN eran científicos. No
parecía tener lógica. Siempre se imaginó a algún
siniestro garganta profunda, con contactos políticos
FRANCISCO JAÉN

en la sombra. Aunque quizás el CERN era dirigido


por políticos, con influencias en otros países, con
muchas fuentes de información. Las suficientes
como para poder saber lo que iba a suceder,
semanas, o incluso meses antes de que sucediese en
la realidad. ¿Acaso no habló el presidente Donald
Trump, poco después de su llegada al poder, de un
atentado en Suecia meses antes de que se diese
dicho atentado? Pero al contrario de lo que estaba
pasando con él, al hacerse realidad, nadie habló de
esa curiosa «profecía». Nadie parecía acordarse de
ello. Ni siquiera los supuestos expertos en
conspiraciones gubernamentales. La expresión
«corramos un tupido velo» nunca tuvo más
significado.
—No te preocupes. No venimos a detenerte, ni a
juzgarte. Es más, te prometo que hacienda mirará
para otro lado. Porque también sabemos lo de los
generosos donativos que te han hecho llegar, y que no
has declarado al fisco. Muy mal hecho, amigo
Andrés, muy mal hecho... Pero te aseguro que no te
pasará nada malo. Todo lo contrario. Aunque
confío en que pongas al día tu situación económica,
tan pronto como te sea posible... En cualquier caso,
venimos a ofrecerte la oportunidad de expiar tus
pecados, si me permites la expresión. Para ello, lo
único que te pedimos es que colabores con
nosotros. Que trabajes para tu país, y que ayudes a
una nación hermana.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

—¿Y cómo puedo ayudarles?


—Ya que estás vos acá, y que te vamos a dar una
notoriedad que no mereses, que te agasajamos con
una estansia en un marco tan agradable, y que hasta
te pagamos el viaje, esperamos que en los medios de
comunicasión argentinos anunsies que mi país saldrá
pronto de esta situasión. Que el rescate económico
será algo transitorio, puntual, que lo que vendrá a
continuasión serán años de recuperasión. Tanto, que
volverán a confiarme sus votos. Y lo más
importante, debes anunsiarles a los argentinos que
este invierno2 ganarán el ansiado mundial de fútbol.
Queremos que le ofrescas a mi pueblo esperansas para
su futuro.
—Comprendo.
—Lo del mundial habría que discutirlo,
presidente ─dijo divertido el embajador─. Lo más
importante, en realidad, es que la próxima vez que
esta gente del CERN, quienesquiera que sean, te
envíen un correo electrónico, nos lo comuniques
inmediatamente al teléfono o email que encontrarás
en mi tarjeta. Y nosotros te indicaremos qué es lo
que debes hacer. No debes contestarles hasta recibir
instrucciones. Y les dirás, exactamente, lo que te
indiquemos. ¿Podemos confiar en tu colaboración?
—Sí, señor embajador. Así lo haré... Si me
permite la pregunta, ¿quiénes son?, ¿por qué me han

2
El invierno austral. Durante el cual, es verano en el hemisferio norte.
FRANCISCO JAÉN

elegido a mí? He pensado que podría tratarse del


club Bilderberg, o de alguna cuestión similar.
—Eso queremos averiguar. Pero no, no creemos
que se trate de ningún club para tomar el té
─comentario que hizo reír a Macri, mientras se
levantaba para despedirse, estrechándole de nuevo
la mano a Riera. Y mirándole fijamente a los ojos,
como buscando algo que no le había quedado del
todo claro.
Al día siguiente, o mejor dicho, a la noche del día
siguiente, Riera hizo su aparición en el show
nocturno de América TV, «Animales Sueltos». Allí
pudieron conocer los argentinos, en vivo y en
directo, por fin, al hombre que había pronosticado
el inminente desastre en lo económico de su país.
Sin embargo, parecían no guardarle rencor. Eran
millones los que asistían en sus hogares con
expectación, ante lo que tuviese que decirles aquella
noche. El programa logró batir con creces todos sus
records de audiencia hasta la fecha.
Sabedores de la curiosidad que generaba el
anuncio de su participación en el programa, tras la
tertulia política habitual en la que al final se bromeó
preguntando a los tertulianos si creían en la
astrología, primero le presentaron muy brevemente,
para después seguir con la publicidad habitual de los
patrocinadores. Aunque eso sí, más extensa que de
costumbre. Pero todo llega en esta vida, y al
regresar la emisión en directo, el presentador fue al
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

grano desde el principio.


—¿Cómo se puede dedusir, mediante la astrología,
que Argentina iba a pedir un rescate al FMI?
—Me base en la cuadratura entre Urano y Plutón.
Cuando se ha dado este aspecto, ha coincidido con
las épocas más importantes y decisivas, en la
historia de Argentina. Se dio, para empezar, con la
independencia; al ponerse fin a las guerras civiles,
que asolaron este país a lo largo del siglo XIX;
también en la que ustedes conocen como «década
infame», es decir, los años treinta del siglo pasado; y
en la convulsa época actual, de crisis económica en
todo el planeta. Por otra parte, desde finales de la
Segunda Guerra Mundial, hasta ahora, en Argentina
siempre se ha dado un rescate del FMI, cuando se
daban períodos de crisis económica. Por lo que me
pareció lógico pensar en que eso mismo podría
darse de nuevo.
—Sí, pero lo que vos desís, la cuadratura, por lo
que me han informado, y corregime si me equivoco,
es algo que dura varios años. Tengo entendido que
una década entera. Si es así, ¿por qué justamente
ahora?
—Claro, aquí sería meterme en cuestiones un
poco más técnicas. Pero espero saber explicarme...
Cuando Urano se sitúa a seis grados de la
cuadratura exacta a Plutón, pasan cosas. Con el
aspecto exacto, pasan cosas. Cuando Urano se aleja
hasta seis grados de la cuadratura con Plutón, pasan
FRANCISCO JAÉN

cosas. A lo que hay que añadir que, antes y después


de todo esto, cuando Saturno forma un aspecto
tenso con Plutón, pasan cosas.
—¿De qué cosas hablamos?
—En este caso se trató, respectivamente, del
corralito en la Argentina, del inicio de la crisis
económica, del momento álgido de dicha crisis, y
del rescate al FMI del que estamos hablando.
—¡Qué bárbaro! Entonses, para vos, la Argentina
está enormemente influida por esta cuadratura.
—Así es. Y esto también se observa con todos
los países que se independizaron de España, a
principios del siglo XIX. Incluyendo a la propia
España. De ahí, en mi opinión, el actual problema
en mi país, con los independentistas catalanes.
—Esteeee... Pero contame... Y creo que todos
están deseándolo, de oírme haserte a vos la siguiente
pregunta. Las explicaciones más o menos «técnicas»
están muy bien, pero vamos al grano. En la
televisión el tiempo apremia. ¿Qué nos podés desir
cara al futuro, acá, en la Argentina?, ¿hasta cuándo
el rescate?
—Lo que ha pasado hasta ahora, es que la clase
política que ha tomado las riendas de la Argentina,
en el momento en que se sale de la cuadratura, y
actualmente estamos saliendo de su influencia, sigue
dirigiendo el país durante varias décadas. Por tanto,
mi idea es que el presidente Macri, y sus sucesores
dentro del actual partido en el poder, seguirán en la
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

presidencia. Todo lo cual sugiere estabilidad y


confianza en las políticas actuales. Por lo que
deduzco que Argentina se recuperará de esta
situación, la del rescate al FMI. Estoy convencido
de que Argentina saldrá adelante.
—Qué lindo nos lo pintas. ¿Y qué me desis del
mundial? ¿Veremos a Messi besar la copa del
mundo?
—Es posible, mi pronóstico es una final entre
España y Argentina. Pero como tengo que regresar
a mi país, me permitirá que no me pronuncie al
respecto ─dijo guiñando su ojo derecho.
Lo planteó como si estuviese conversando con
un amigo, o con un compañero de trabajo, tomando
un café. Por alguna extraña razón, por primera vez,
se sentía tranquilo en una entrevista. El tiempo que
pasó con Lourdes, en los medios andaluces, debió
de acostumbrarle a los focos. O quizás se tratase de
que se encontraba muy lejos de su país, y eso le dio
la falsa impresión de que nadie conocido le vería.
Sea como fuere, su bromita no fue interpretada
como tal por los telespectadores. Se lo tomaron
realmente en serio, aunque él no fuese consciente
de lo que iba a desencadenarse con su inocente
gesto.
Estaba en la televisión argentina, en un país en
donde el fútbol era casi como una religión, en
calidad de astrólogo con varios aciertos alucinantes
a sus espaldas. Así que su guiño se interpretó como
FRANCISCO JAÉN

el guiño del destino, y no tardó en catapultarle


hasta la altura de los mitos. A la altura del mítico gol
de Maradona frente a Inglaterra, el gol de la mano
de Dios. Los jóvenes sustituyeron las típicas
camisetas con la imagen del Che, por otras
similares, con él guiñando el ojo. De esta forma, al
menos hasta el mundial, se aseguró el favor del
público argentino.
Después le siguieron infinidad de participaciones,
en infinidad de medios de comunicación. Hasta las
estrellas de la prensa del corazón hablaban de él. La
bella y a veces discutidora, Romina Malaspina,
declaró que ahora que se había hecho famosa en
España, y tenía allí trabajo, por su participación en
un reality, le esperaba a su regreso. Afirmó, para la
revista ¡Hola!, que deseaba encargarle el estudio
pormenorizado de su carta astral.
Y por supuesto, Andrés participó en medios de
comunicación dedicados al misterio, como Mantra
FM. O el también programa de radio Hola Marte,
en el que la temática era precisamente la suya, la de
la astrología. Pero de entre todos estos programas,
interesados por lo enigmático, el que causó más
impacto entre el público, fue su participación en
una tertulia televisiva, en el Canal Infinito. Tertulia
en la que participaron varios astrólogos. Como
Patricia Kesselman, que aseguró que Andrés había
venido hasta Argentina para remover cuestiones
sentimentales, argumentando que le encantaban sus
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

análisis sobre Venus, la diosa del amor. El astrólogo


mexicano Walter Anliker, por su parte, destacó de
Andrés su trabajo en las predicciones a nivel
bursátil, en base al planeta Mercurio, el dios del
comercio. Mientras que con Alejandro Lodi, la
conversación fue derivando en una pequeña
discusión, entre lo histórico y lo astrológico, acerca
de qué fecha debía de considerarse como la más
apropiada, al levantar la carta natal de un país. En
especial, en el caso de la Argentina.
—Una cosa es declarar la independencia, y otra
muy diferente es que un país se constituya,
efectivamente, como un estado independiente y
soberano. Por ejemplo, hace poco el señor
Puigdemont declaró la independencia de Cataluña.
Pero eso no ha significado nada. Si algunos años
más tarde se diese la independencia realmente, que
lo dudo mucho, quizás se celebrase entonces como
fiesta nacional, en Cataluña, el día en que se hizo esa
declaración. Pero lo cierto es que, cuando se hizo
esa declaración de independencia, Cataluña seguía
formando parte de España.
—Vos no conosés la historia de mi país. Además, el
9 de julio de 1816 es la fecha con la que han
trabajado todos y cada uno de los astrólogos,
argentinos y no argentinos, que han estudiado a la
Argentina. Todos los argentinos nos hemos sentido
identificados con el signo de Cánser. Y ahora venís
vos, ¿para desir qué?... Entonses, ¿cuál es la fecha?
FRANCISCO JAÉN

—La Guerra de Independencia fue un período


muy largo. Se desarrolló entre el año 1810 y el 1820,
aproximadamente. Por tanto, en mi opinión, la
fecha correcta estaría más próxima al año 1820, y no
al 1816.
—Pero me vas a perdonar amigo Riera, eso es
una boludez. Es como desirle a los norteamericanos,
que la carta astral de su país, la de los Estados
Unidos, no es la del 4 de julio de 1776.
—Exacto. Esa fecha tampoco es la correcta,
como carta astral de ese país. Por mucho que todos
los astrólogos, del mundo mundial, la hayan tomado
como cierta. Sin plantearse nada, ni discutirlo, como
estamos haciendo ahora aquí.
Por fortuna, el presentador de Infinito puso fin a
esa disputa que parecía infinita, al concluir el tiempo
para su programa, cuando el tono de voz entre
ambos colegas empezaba a ir in crescendo. Y mientras
todos los demás se los miraban un tanto perplejos.
Unos sonriendo, otros ojipláticos.
Así y todo, el comportamiento de Andrés fue del
gusto de las autoridades argentinas, que le hicieron
llegar el deseo del presidente Macri, de que
prolongase su estancia en el país. Las críticas a su
gobierno habían disminuido desde la llegada de
Andrés. Además, ya a espaldas del embajador
español, le plantearon que, cuando recibiese noticias
de sus misteriosos amigos, fuesen o no del CERN,
con el primer gobierno con el que contactase para
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

informar, sobre el nuevo pronóstico, fuese con el


argentino. En definitiva, le plantearon convertirse
en una especie de agente doble. Como en aquellas
viejas películas de espías, con sombrero y gabardina,
cruzando un frío y húmedo puente entre las dos
Alemanias, durante los tiempos de la Guerra Fría.
Y la verdad es que la propuesta de prolongar su
estancia en el lujoso Alvear Palace, a gastos
pagados, y poder seguir dándole esquinazo a la
advertencia de su embajador, de que al regresar a
España tendría que poner en orden sus obligaciones
fiscales, le pareció fabulosa. Ese día entró encantado
en su baño de mármol, con paredes blancas, toallas
blancas, con un albornoz igualmente blanco
pulcramente dispuesto, aguardándole colgado en la
pared. Y se introdujo en la ducha cantando feliz, un
viejo tema de Facundo Cabral.
—No soy de aquiiií, ni soy de allaaaá. No tengo
edaad, ni porveniir. Y ser feliiz, es mi coloor, de
identidaaaad...
CAPRICORNIO
...me paso la vida sin hacer nada útil, cultivando unos pocos
amigos, admirando a unas pocas mujeres, y levantando con eso un
castillo de naipes que se me derrumba cada dos por tres. Plaf, todo al
suelo. Pero recomienzo, sabe usted, recomienzo.
Julio Cortázar

L a reunión en el despacho del director general


del CERN, rodeado por bucólicas imágenes de
su Islandia natal, tenía a Jordi un poco inquieto.
Imágenes de Reikiavik, del famoso Gran Geysir, de
la costa negra de Vik, del lago Jokulsarlon, de la
cascada Svartifoss entre columnas basálticas, de la
caldera de Askja en la que se entrenaron los
astronautas del mítico programa Apolo, de la lengua
del glaciar Vatnajökull, del volcán de nombre
impronunciable que inspirase hacia ya dos siglos a
Julio Verne, y de otro más en erupción, con su lava
derritiendo la nieve entre vaporosas humaredas.
Quizás, Jordi sentía en ese momento algo parecido
a la inquietud que debía provocar el contemplar en
directo aquellos volcanes y géiseres, de aquella isla
remota. A mitad de camino entre la América y la
Europa del norte.
El islandés era un hombre reservado, de pocas
palabras. Y suponía que ante personas así, una
entrevista de trabajo sólo podía significar el anuncio
FRANCISCO JAÉN

de malas noticias. Con su nombre y apellido, pasaba


como con los volcanes de las fotos, imposible
aprender a pronunciarlos correctamente para un
europeo del sur. Una dificultad que había supuesto
un acuerdo tácito con buena parte del equipo. La
mayoría se limitaba a llamarle «señor», o «señor
director». Y a evitarle en lo posible, dado su carácter
hosco. Pero en aquel momento, mientras le servía
un whisky escocés gran reserva, destilado en los
turbulentos años cuarenta, parecía una persona
afable y cercana. Un comportamiento cada vez más
inquietante, por lo inusual.
—Le noto un poco nervioso señor Quiles, pero
no tiene por qué alarmarse. Me estoy reuniendo con
todo el equipo, simplemente, para intercambiar
opiniones. Tenemos entre manos un asunto muy
delicado, y me gustaría conversar con cada uno de
ustedes por separado, amigablemente, para conocer
sus impresiones al respecto.
—Poco le puedo aportar, no soy físico.
—Es usted muy modesto. Pero por su culpa
tenemos a dos locas haciendo de las suyas por ahí.
─respuesta que provocó la mirada fija de Jordi en
su interlocutor.
—¿Lo dice por el asunto de California?
—Veo que no se ha enterado. Su amiga Nuria se
ha liado con una agente del CEI. La misma que le
acompañó hasta aquí, cuando requerimos de su
colaboración. Por lo visto, han coincidido en
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Bruselas, en una de esas conferencias suyas, con


esas ideas tan absurdas sobra la cábala. Si no me
cree, puede comprobarlo usted mismo. Viene en la
prensa del corazón, con títulos tan sugerentes como
«El nuevo amor de una mujer despechada», y con
una enorme foto de las dos en tres dimensiones. En
el CEI sólo han conseguido que pixelasen un poco
el rostro de su agente, alegando que se trata de una
cuestión de seguridad nacional. Menudo lío que se
ha montado en el parlamento de Estrasburgo, con
el eterno debate entre la libertad de prensa y la
seguridad del país.
—Al menos hay alguien que se lo está pasando
bien con este asunto. De todas formas, el mérito
tampoco ha sido del todo mío. El Gobierno tuvo
algo que ver en ello. Y hay que reconocer que las
polémicas charlas de Nuria, y la novela de Sofía, han
colaborado en que las grandes potencias se
replanteen su escalada militar.
—Sí, sobre todo los affaire de Sofía con esos dos
espías tan cómicos. Pero esta tregua es algo
temporal, no puede durar.
—¿Por qué no? Si las demás potencias
construyen sus propios aceleradores de partículas, y
ya están en ello, realizan el mismo experimento, y
obtienen similares resultados, parece lógico pensar
en que todas las naciones se puedan replantear
muchas cosas. Como la urgencia de sus respectivas
carreras armamentísticas.
FRANCISCO JAÉN

—Salvo que tarde o temprano lleguen a la


conclusión de que todo este asunto es un fraude. Si
eso ocurre, volveremos a la inercia anterior. Quizás
de forma más intensa, si cabe. Con el peligro que
conlleva. Y una vez que China y Rusia han quedado
fuera de combate, y Gran Bretaña sigue con su
deriva entre dos aguas, nuestra querida Europa,
junto con Israel, son los únicos rivales para los
Estados Unidos. Los únicos que podrían disputarle
en algún momento su hegemonía mundial. Por lo
que para evitarlo, una de las «soluciones» que están
planteando algunos de los generales más
influyentes, del gigante norteamericano, es una
invasión preventiva. Antes de que el ejército
europeo, o el israelí, terminen por alcanzar, o
superar, al poderío militar estadounidense. Se
calcula que en nuestro caso podremos estar a su
altura en unos veinte años. En el caso de Israel
podría llevar mucho más tiempo, entre medio siglo
y un siglo. Por lo que somos la prioridad.
—¿De veras cree que planean invadirnos?
—Si soy yo el director general, y no lo es usted,
es porque yo he participado en política, señor
Quiles. Sospecho que todo este asunto es una hábil
maniobra de distracción. Pero es sólo un parche,
que no puede durar. Por lo que, paradójicamente, la
predicción de que en el año 2077 podría darse una
guerra mundial, la tercera, quizás no vaya
desencaminada. Con suerte, con operaciones como
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

esta, podría ser más tarde. Y darnos tiempo a morir,


tranquilamente, en un mundo en paz. O incluso a
que, mientras tanto, Europa iguale en su poderío
militar a los Estados Unidos de América. Si lo
conseguimos, no se atreverán. Será una situación
más o menos parecida a la que ya se dio durante la
Guerra Fría, durante el siglo pasado, con la extinta
Unión Soviética.
—En ese caso, sea o no verdad todo esto de los
mensajes en el tiempo, lo mejor que podemos hacer
es seguir con este juego. Para poder llegar a una
Segunda Guerra Fría que nos asegure la paz.
—Sí, pero este juego, como usted lo llama,
pertenece a los políticos. Y por alguna razón
prefieren ocultárselo a todo el mundo. Sobre todo a
las organizaciones que están utilizando, como me
temo que es el caso de la nuestra. Sin embargo,
nosotros tenemos que averiguar la verdad, para
poder centrarnos en los asuntos en que deberíamos
estar ocupándonos, y que han quedado aparcados.
Resolver este acertijo está suponiendo despilfarrar
nuestros recursos, y nuestro tiempo. Usted, por
ejemplo, opina que es cierto. Y no piensa en otra
cosa, ¿no es así?
—Lo opino yo, y los gobiernos de medio mundo,
que están invirtiendo ingentes sumas de dinero.
Pero como le he dicho antes, no soy físico como
usted, y tengo que fiarme de lo que dicen sus
colegas. Al principio, parecían reticentes, pero ahora
FRANCISCO JAÉN

la mayoría afirma creer en este asunto a pies


juntillas. Pero parece que no es su caso. Supongo
que tendrá usted algún motivo.
—¿Conoce la historia del cronovisor?
—Me suena vagamente. Una supuesta máquina
con la que se tomaban imágenes del pasado, creo
recordar.
—Nada de supuesta, no hay ninguna duda al
respecto. Se trata de un fraude con mayúsculas, y
con todas las letras. A finales del siglo XX, un
sacerdote benedictino del que se dice que además
era exorcista, fue entrevistado por un prestigioso
periódico italiano. En dicha entrevista afirmó que
había construido una máquina con la que logró
tomar una serie de sugerentes fotografías, como la
del mismísimo Jesús de Nazaret ─en ese momento,
la imagen de un mensaje en su consola le
interrumpió brevemente─. Las imágenes del
supuesto Cristo eran en realidad fotografías de
obras artísticas, de esculturas y de cuadros. Pero aún
así, durante décadas se escribieron ríos de tinta
sobre este asunto... Disculpe un segundo ─tras
revisar el mensaje, y darle un sorbo a su vaso de
whisky, prosiguió con su curiosa historia.
—Verá, los autores de este burdo engaño,
afirmaban que el fenómeno de las psicofonías les
hizo pensar en la posibilidad de que las imágenes y
sonidos del pasado pudiesen quedar registrados en
alguna parte. Llámese éter, sfera astrale, o cómo se
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

quiera. Y que con el misterioso artilugio que habían


inventado, parecido a un antiguo televisor, de esos
con un tubo de rayos catódicos, podían grabar
imágenes del pasado. Como la fundación de la
antigua Roma, o la bíblica destrucción de Sodoma y
Gomorra. ¿Qué le parece?
—Muy original, desde luego. Ese benedictino
debía de ser un hombre con mucha imaginación.
—Con mucho afán de notoriedad, en mi opinión.
De original no tuvo nada. Su historia recuerda
sospechosamente a algunos textos que se
escribieron antes de su «invención». Recuerda a un
relato de Isaac Asimov, «El pasado muerto», en el
que se describían unos artilugios llamados
cronoscopios. O a la novela «Otros días, otros
ojos», de Bob Shaw, en la que se menciona un
cronovisor dotado de unos cristales especiales, con
los que se podía frenar la velocidad de la luz en su
interior, y de esta forma ver imágenes del pasado. O
a la novela corta de Thomas L. Sherred, «E de
esfuerzo», que narra la historia de un científico que
logra grabar imágenes del pasado, gracias a uno de
sus inventos.
—Vaya, veo que compartimos el interés por la
bendita ciencia ficción.
—Prefiero el término de novela prospectiva. Lo de
ciencia ficción suena a marcianitos verdes, espadas
láser, naves espaciales, y toda esa basura.
—Sí, le entiendo. Es una etiqueta que admite una
FRANCISCO JAÉN

gran variedad de subgéneros. Y algunos, son más


propios de la literatura infantil y juvenil, de los
libros de aventuras. Un simple entretenimiento para
muchachos con acné. Por no hablar de la influencia
del cine, de los comics, o la de los videojuegos, que
también han colaborado en la frivolización de este
género literario tan apasionante.
—Bueno, bueno... lo que estoy intentando
explicarle es que, a veces, alrededor de una noticia
en prensa, o de una novela, que despiertan nuestra
imaginación, se desata la histeria colectiva. El
ejemplo clásico es el de la invasión marciana radiada
por Orson Welles. Pero hay muchos otros ejemplos
que pueden servir para corroborar este afán por
creer en lo imposible, que habita en el alma
humana. Ahora mismo me viene a la mente, por
ejemplo, la historia del Experimento Filadelfia. Del
que supongo que también habrá oído hablar.
—Son las típicas leyendas urbanas con las que mi
abuelo nos entretenía de niños, cuando le pedíamos
que nos contase historias del siglo XX. Creo
recordar que se trataba de un destructor de la
Armada estadounidense, que fue teletransportado,
en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. O que
viajó en el tiempo, no lo recuerdo bien. Lo que sí sé
es que se dice que en aquel experimento colaboró el
famoso Albert Einstein, y que fue llevado al cine
varias veces. Mi preferida de aquellas viejas
películas, aunque no habla de este experimento en
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

concreto, pero sí que parece que pudo inspirarse en


él, es «El final de la cuenta atrás». Protagonizada por
Kirk Douglas. El primer Douglas de la famosa saga
de actores.
—Sí, sí, la recuerdo. Pues verá, por lo que parece,
hubo un artículo en la prensa a principios del siglo
pasado, muy anterior a este famoso experimento.
Concretamente, déjeme que lo consulte... en el
Philadelphia Inquirer del 1 de agosto del año 1904.
Periódico en el que se relataba un curioso suceso
que tuvo lugar en la ensenada de Delaware días
atrás. Una extraña nube grisácea y resplandeciente,
una tormenta magnética, envolvió a un buque a
vapor británico llamado Mohican. Esto provocó
que la brújula se volviese loca, que el ancla quedase
completamente inmovilizada, que a todos los
tripulantes se les erizase el vello, o que sintiesen la
electricidad crepitando y saltando aleatoriamente a
su alrededor. Pero lo que les pareció aún más
extraño, es que el mar se quedó completamente en
silencio. No se escuchaban a las gaviotas que
seguían a los pesqueros, ni a dichos pesqueros, ni al
sonido del mar golpeando en los costados de la
embarcación, ni a los barcos y tripulaciones
cercanas que no eran capaces de observar. Nada del
exterior del Mohican podía ser visto por sus
tripulantes. Estaban rodeados por aquella nube,
como le ocurrió al portaviones de «El final de la
cuenta atrás». Media hora después, por fortuna,
FRANCISCO JAÉN

aquella nube se alejó tal y como había llegado, de


forma súbita, como de improviso, y todo volvió a la
normalidad.
—¿Quiere decir que ese artículo de prensa excitó
la imaginación de algún lector, o de varios, que
inventaron una historia, y que con el tiempo se fue
exagerando cada vez más, hasta que alguien llegó a
plasmarla en algún libro, mezclando lo real con lo
inventado, y más tarde llegaron las películas y los
documentales?
—Es la tesis que me parece más probable. De
hecho, todo esto sale a la luz cuando uno de los
primeros ufólogos de los que se tiene noticia, un tal
Jessup, publica esta historia tras recibir una serie de
cartas, de un misterioso personaje que firmaba con
el nombre de Carlos Allende. Cartas con las que le
advierte de noticias en prensa similares a esta,
durante los años cuarenta del siglo pasado. Y hasta
le aseguró que él mismo había sido testigo
presencial de la supuesta teletransportación, como
miembro de la tripulación de un mercante cercano a
la zona. Estas noticias en la prensa de la época,
nadie las ha encontrado jamás, en ninguna parte.
Pero es probable que la que le acabo de comentar
fuese su fuente de inspiración, o la de otra persona.
Imagino que el padre o el abuelo de este
imaginativo y misterioso personaje.
—Pero señor, ¿qué tiene esto que ver con
nuestros mensajes en el tiempo? ¿Sugiere que hay
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

algún artículo en la prensa, quizás de hace décadas,


que puede haber inspirado al Carlos Allende de
turno?
—Esta vez la fuente de inspiración creo que se
encuentra en una novela. Una novela que
probablemente usted habrá leído, y que trata sobre
la posibilidad de enviar mensajes en el tiempo
gracias a los taquiones. Aquellas partículas que tanto
ilusionaron a los escritores de novela prospectiva
del siglo pasado, pues se decía que podían moverse
a velocidades superlumínicas.
—Los taquiones, sí. A ver mmm, de este tema
recuerdo que habló Philip K. Dick en «Exégesis»
─su mirada se dirigió hacia el techo, en un gesto
inconsciente que revelaba que estaba rebuscando en
su memoria─... ¡Ah, tiene razón! En
«Flashforward», de Robert Sawyer, se habla de unos
experimentos, aquí mismo, en el CERN, con los
dichosos taquiones.
—La novela de Sawyer puede haber influenciado
en parte. Pero me refiero al «Cronopaisaje» de
Gregory Benford. El paralelismo es tan evidente,
que hasta su amiga Sofía Japón ha comentado varias
veces, de forma muy hábil e inteligente por su parte,
que esta novela le ha servido de inspiración para su
nuevo trabajo. En realidad, sospecho que lo que su
joven amiga quiere decir ─el director general insistía
en la palabra «amiga» pronunciándola cada vez con
más fuerza─, es que este asunto le recuerda
FRANCISCO JAÉN

demasiado a la novela de Benford. Hasta el punto,


imagino, que le debe de resultar un tanto extraño.
Por no decir sospechoso ─al decir esto, abrió uno
de los cajones de su escritorio, del que extrajo un
libro─. Permítame este presente, para refrescarle la
memoria.
—Gracias, es usted muy amable señor director
─dijo mientras acariciaba el libro entre sus manos,
como deseando quedarse a solas con él─. Queda
demostrado que el siglo XX no es mi especialidad.
Y que usted no conoce a mis amistades ─añadió
con un tono algo molesto.
—Pues es probable que el artífice de todo esto se
haya basado en varias novelas del siglo XX. Usted
ha apuntado una, «Flashforward». En sus manos
tiene la que puede ser la fuente principal. Pero creo
que podrían mencionarse también otras, al margen
de la novela prospectiva.
—¿A qué se refiere?
—La historia de ese tal Andrés Riera, de la que
nos hablan nuestros supuestos compañeros del año
2018, es un tanto novelesca, ¿no le parece? Y lo
mismo puede decirse de alguno de los personajes
secundarios de su historia. Como ese fulano... ese tal
Pepe Alvarado. Lo describen como un divertido
gordito irresponsable. Una persona patética,
grotesca, insegura, y cuyo peso va en consonancia
con lo pesada que puede resultar su forma de ser
tan infantil. El caso es que recordaba haberme
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

encontrado con ese arquetipo en alguna parte, en


alguna novela. Y hace unos días la encontré en mi
biblioteca. Me refiero a «La conjura de los necios».
¿La ha leído usted?
—Como le decía, la literatura del siglo XX no es
mi especialidad. Pero tomo nota de la sugerencia.
—Hará bien en leerla, es todo un clásico. Y
además su autor, John Kennedy Toole, tiene una
triste y romántica historia de escritor maldito, que
ha podido contribuir a acrecentar el interés por su
novela. No logró que publicasen su trabajo en
ninguna editorial, y fuese este o no el motivo, acabo
por suicidarse. Años más tarde, su madre volvió a
enviar la novela a varias editoriales, recibiendo
como respuesta el mismo rechazo. Pero finalmente,
por mediación de un escritor, logró publicarla. Y no
sólo eso, la insistencia y la fe de aquella madre, fue
recompensada al ver como la novela de su hijo
ganaba el Premio Pulitzer, hasta convertirse en todo
un éxito en ventas. En sus páginas, encontrará que
el personaje principal resulta tan inadaptado y friqui
como nuestro Pepe Alvarado. Y que además, es
físicamente idéntico a él. Lo que vuelve a resultar
muy sospechoso, en mi opinión.
—A veces, la realidad supera a la ficción señor
director. La palabra friqui no existe por casualidad.
Creo que todos hemos conocido, en algún
momento, a personas que encajan con el arquetipo
humano del que estamos hablando. Gordos
FRANCISCO JAÉN

vividores, con pocas luces, y que no piensan más


que en sí mismos, han existido siempre.
—Bien, pero lea «Cronopaisaje», y verá como se
instala en su mente una duda razonable. De todas
formas, está el hecho irrefutable de que nuestro
Andrés Riera, el del año 2067, no recuerda haber
visitado jamás la Argentina. Y menos aún, el
haberse entrevistado con el presidente de aquel país
en el 2018. Y no me diga que quizás los cambios en
el pasado pueden demorarse un tiempo en llegar
hasta el presente, soy físico.
—Pero el que no lo recuerde no implica,
necesariamente, que no lo haya vivido.
—¿Insinúa que Andrés Riera podría sufrir de
Alzheimer? ─mientras Jordi le respondió que sólo
planteaba la posibilidad, preguntó a su consola si se
había chequeado la salud de Andrés Riera.
—¿Ve usted? Siempre obtengo alguna idea
interesante con estas charlas informales.
Chequearemos la memoria del señor Riera. Si se le
diagnostica Alzheimer, le vamos a hacer un gran
favor a nuestro amigo. El tratamiento es algo caro,
pero para él sería gratuito. Hoy en día, gracias a
Dios, es un problema que podemos corregir. Y al
hacerlo, se recuperan muchos de los recuerdos que
habían desaparecido, tras las desconexiones
neuronales. Sobre todo, claro, en las primeras fases
de la enfermedad, como podría ser el caso. Si es que
se trata de esto. Y tendría su lado poético, si lo
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

piensa. Sería como si él mismo recibiese mensajes


del pasado, en su interior.

************

A quella mañana, sin ningún medio de


comunicación al que atender, salió bien
temprano de su hotel para dar un largo paseo, en
dirección a la Reserva Ecológica Costanera Sur.
Quería darle un vistazo. Le habían aconsejado el
lugar para hacer footing, pasear en bici, o dar un
paseo disfrutando del paisaje. En su camino pasó
cerca de la Casa Rosada, y de la mítica Plaza de
Mayo, hasta tropezar con el Parque Costanera Sur,
que disponía de una zona de estiramientos. O como
decían ahora, unas barras para practicar el workout, el
gimnasio en la calle. Y la verdad es que, por si se
daba el caso, en su mochila había dejado caer su
TRX.
El TRX es un sencillo aparato deportivo que
consta de dos arnés. En uno de sus extremos,
dichos arnés están unidos por un punto que hay que
atar a alguna barra. O si se prefiere, a la rama de un
árbol. En el otro extremo, cada uno de ellos termina
en lo que podríamos definir como un agarradero
FRANCISCO JAÉN

donde posar la mano. Un práctico invento de un


avispado ex miembro de la Armada estadounidense,
y que facilitaba todo tipo de entrenamientos en
suspensión.
Además del TRX, rellenó su mochila con una
bebida isotónica, un sándwich bien cargado de todo,
que allí llamaban «triples de miga», una cámara de
fotos pensando en sus seguidores de Facebook, una
toalla de playa para tumbarse por ahí, unas gafas de
sol, una gorra, unos clínex, algunos chicles, un libro
del autor mexicano Juan Rulfo, algo de dinero, y
hasta unos condones olvidados con los que se topó
al revisar los bolsillos. Le hizo gracia, y los dejó
donde estaban. Creía en la sincronicidad de la que
hablase Jung, en que el universo, Dios, o vaya usted
a saber quién o qué, nos enviaba señales
constantemente, en forma de símbolos y
casualidades. Quizás le darían suerte.
Al atar su TRX, y ponerse a ejercitar los bíceps,
llamó la atención de un grupo de chicas que hacían
el pino, volteretas, saltaban, estiraban las piernas
hasta límites inconcebibles, y charlaban
animadamente. Imaginó que al terminar su running
matutino. Una de ellas se acercó para preguntarle si
se lo prestaba un rato. Y a Andrés le cuesta decir
que no a una chica guapa, así que al poco tiempo
tenía a todo el grupo turnándose con su TRX,
mientras le preguntaban acerca de todas las
posibilidades que ofrecía ese aparato, o sobre
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

cuánto le había costado, o dónde lo había


conseguido. Y al hablarles de euros y de España,
una de ellas cayó en la cuenta.
—Vos sos el astrólogo de Animales Sueltos.
Revelación ante la cual, de repente, empezaron a
mostrarse cada vez más alborotadas. Iniciándose un
interrogatorio que no parecía tener fin, y en el que
ni siquiera le dejaban contestar. Que si tienes que
mirarnos la carta astral como a Romina Malaspina,
que si ganará el Boca el próximo campeonato, que
si conoces a Messi, que si patatín, que si patatán.
Estaban cada vez más fuera de sí, y Andrés
empezaba a preguntarse si saldría vivo de allí. Hasta
que una de ellas, la que se acercó en primer lugar, y
que parecía ejercer el liderazgo sobre aquel grupo de
amigas, pidió calma. Por lo visto, tenía algo muy
importante que decir.
—Este finde es el consierto de Joaquín Sabina, en
el estadio GEBA. Las entradas están agotadas. Vos
sos gachego, ¿conosés a Sabina?
—Yo soy valenciano, y Sabina andaluz, aunque
pongamos que vive en Madrid.
—Pibe, no entendés el lunfardo. Ya sé que no
todos sos gachegos. Acá, a los españoles se les chama
gachegos porque hase años chegaron muchos desde
Galisia. Es una forma de hablar, son costumbres.
Tenemos hasta un Río Gachegos. Es peor lo que disen
achá, cuando nos llaman «sudacas». Eso es de
boludos.
FRANCISCO JAÉN

—Si eso es de boludos, pero no conozco a


Sabina en persona. Tan solo lo vi una vez, en uno
de sus conciertos, el año que hizo una gira junto
con Serrat.
—¿Y no conosés a nadie que pueda conseguirnos
unas entradas? Somos porristas del equipo de
básquet del Boca. Nos llaman «las boquitas», así que
podemos preparar algo para animar el consierto. Si le
parese bien a Sabina, claro ─rieron todas.
—Perdona, no me he enterado bien, ¿vais a los
partidos de baloncesto a fumar o a apostar?
─pregunta que les partió a todas de risa.
—Que abombado sos. Acá se les chama
«porristas» a las cheerleader. ¿A que en gringo sí que
lo entendés?
—Aaaah vale, animadoras. Pues te diré una cosa,
si no os contrata de teloneras, es que es otro boludo
─volvieron las risas con más ganas─. Veré lo que
puedo hacer chicas... Hagamos un trato. Si os
consigo las entradas, vosotras me conseguís una a
mí para algún partido de baloncesto. A ser posible,
uno en el que actuéis vosotras, ¿os parece bien?
Estallaron de júbilo al oírle decir eso, como
dando por sentado que ya tenían las entradas para el
concierto. Pero la verdad era que no se las tenía
todas consigo, a pesar de tener línea directa con la
embajada, y hasta con el presidente Macri. Con todo
y con eso, no había entradas, y ellas eran nada
menos que doce. Y al pensarlo, se preguntó algo
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

que sólo se le podría ocurrir a él, y es que si serían


una por cada signo del Zodíaco.
Quedaron en verse el viernes, en el mismo sitio
y a la misma hora. Él con las entradas para el
concierto, ellas con la entrada para el partido de
básquet. Intentó ponerse en contacto ese mismo día
con Sabina. Las horas pasaron, y como esperaba, no
hubo respuesta. De todas formas, no podía
demorarse esperando días y días a ver si la persona
que llevaba sus números de teléfono se decidía a
responderle o no, a todos los mensajes que les había
dejado en el contestador. Cuando, evidentemente,
lo más probable es que no le contestase nadie. Y si
lo hacía, dio por sentado que sería para decirle que
otra vez será. El tiempo apremiaba, y optó por
mover todos los hilos que podía mover.
Echó mano del número de teléfono que le dio el
embajador. Y le respondieron, como entre risas, que
intentarían ayudarle, que le llamarían en unos días.
Tampoco tenía tiempo para esperar al embajador, y
la guasa de su secretaria, así que llamó al número de
teléfono que le facilitó un agente del Gobierno
Argentino. La respuesta fue el mismo «ya te
llamaremos». Al menos, sin aparentes risas en el
tono de voz. Pero le sonaba igual de mal. Tenía que
hacer algo, y rápido.
Pensó que existía la posibilidad real de ligar con
alguna de aquellas preciosidades porteñas. Eran
doce posibilidades en realidad. No era experto en el
FRANCISCO JAÉN

cálculo de probabilidades, pero doce era un número


suficientemente alto como para que empezase a
ponerse nervioso. Tenía que presionar un poco
más, aunque fuese un farol. Así que se le ocurrió
soltarles que si no podía ir al concierto de Sabina,
con sus nuevas amigas, las boquitas, regresaría a
España de inmediato.
La presión parecía surtir efecto. Su interlocutor
le pidió por favor que aguardase al teléfono, que
tenía que hacer otra llamada. Más arriba, le confesó,
como si le contase un secreto que sólo podía quedar
entre ellos dos. Y al final obtuvo la respuesta de que
iban a apretar algunas tuercas, pero que lo podía dar
por hecho, que en un par de días le enviaban las
entradas, para él y para sus amigas del Boca.
Además le añadió, con un tono muy serio, algo que
parecía una broma. Que si aquellas porristas llegan a
ser del River, le hubiese deseado un feliz regreso a
España.
Respiró aliviado. Todo parecía haber salido bien.
Tan solo le molestaba el hecho de que, a partir de
entonces, no podría hacer nada más, salvo esperar y
morderse las uñas. Tenía que confiar en que nadie
del River se lo echase todo a perder. Fueron dos
días en los que no tuvo del todo claro si su
inesperado fin de semana, con las boquitas, podría
empezar o no bien.
Mientras tanto, cada vez menos, pero seguía
atendiendo entrevistas. La más importante fue la
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

que le hicieron para la sección de sociedad del


famoso periódico Clarín. Prefirió desplazarse él
mismo hasta las oficinas del periódico, con la
excusa de que le encantaría ver la redacción, para
evitar así la pregunta lógica que pensaba podían
plantearle, sobre quién pagaba su estancia en tan
lujoso hotel.
Le presentaron a todos los allí presentes, desde
la mujer de la limpieza hasta el jefe de la redacción.
Le sirvieron un café, y le instalaron en una sala de
entrevistas, dispuesta de un cómodo sofá. De nuevo
le hicieron sentir como una especie de estrella del
rock. Cada vez más acostumbrado a los focos,
empezaba a creerse él mismo que era alguien
realmente importante, y a manejarse con soltura en
esos ambientes. Sorteando las preguntas incómodas,
y por ordenes gubernamentales, extendiéndose en el
maravilloso futuro que le esperaba a la Argentina en
los años venideros. Huelga decir que siempre con su
actual presidente al mando, o llegado el caso, dentro
de muchos años, con el delfín que eligiesen en su
partido. Hablaba con convicción y seguridad, a
pesar de que todo lo que decía no era más que una
sarta de mentiras. Y bromeaba constantemente, en
opinión del periodista que le entrevistó de forma un
tanto excesiva, dejándolo por escrito en su artículo.
Le llamó la atención, porque ignoraba la causa de su
buen humor. Evidentemente, se debía a que tenía
planes para aquel prometedor fin de semana.
FRANCISCO JAÉN

Su humor mejoró aún más al recibir los pases


para el concierto de Sabina en el estadio GEBA. No
eran entradas al uso. Eran unas tarjetas de
identificación que le acreditaban, a él y a las
boquitas, como parte del equipo del concierto. Y lo
cierto es que iban a formar parte del show. La
condición era que las chicas harían un numerito,
antes y después del concierto. Y que en algún
momento Sabina le mencionaría para preguntarle
sobre quién ganaría la Liga en España, o si el Boca
saldría campeón, o sobre el mundial de fútbol, o
cualquier otra tontería similar. En otra época,
aquella condición le hubiese incomodado. Pero
ahora lo vio como algo de lo más natural. Estaba
encantado de haberse conocido.
Había quedado con ellas al día siguiente, pero
cómo tendrían que actuar, pensó que lo más
prudente era comunicarles la noticia lo antes
posible, para que pudiesen pensar en la coreografía,
y todo eso. No le pasaron ningún número de
teléfono, ni nada. Así que, tras varias indagaciones,
logró contactar con alguien de las oficinas del Boca,
que le aseguró que se lo comunicaría a las chicas. Al
poco tiempo, recibió la llamada de una de ellas,
entusiasmada, dándole las gracias por todo, y
confirmándole su cita en el Parque Costanera Sur.
Se esperaba otra cosa, pero al parque sólo
acudió una de las boquitas, con la excusa de que las
demás estaban preparando su actuación para el
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

concierto. Ella no podía perder mucho tiempo


tampoco. Tenía que regresar lo antes posible, a
seguir preparando la coreografía. Era una
oportunidad que no podían desaprovechar.
—Nos veremos mañana achí, en el consierto. Y al
otro, en la cancha de básquet. Te has ganado tu
entrada. Vos sos cielo.
—Una curiosidad... ¿realmente os gusta Sabina?
—Achí estará todo el mundo ─le dijo con su
mejor sonrisa, y un beso de despedida.
Y efectivamente, allí estaba todo el mundo. Miles
de personas iban entrando ordenadamente al
estadio. Mientras él entraba por una zona reservada
para los músicos, y para el equipo de montaje.
Preguntó por las boquitas al entrar, y le señalaron
en dirección a una sala que parecía hacer las veces
de bar privado. Allí las encontró ya preparadas, con
sus camisetas del Boca, y todo lo demás a juego. Sus
minifaldas, sus pompones, y unos simpáticos y
enormes gorros que dudaba que fuesen a
permanecer mucho tiempo sin caerse. Quizás era un
homenaje a las famosas chisteras que utilizaba
Sabina. Lo que no imaginó era que tenían preparado
otro gorro, y otra camiseta del Boca para él, que
tendría que ponerse si no quería que se enfadasen.
Le contaron que los organizadores del concierto
se habían puesto en contacto con ellas, que llevaban
allí todo el día ensañando, que habían visto a
Sabina, que saldrían también al concluir el
FRANCISCO JAÉN

concierto, que si esto, que si lo otro, que si lo de


más allá. Estaban entusiasmadas, y Andrés ya
pensaba en sus maquiavélicos planes de
«conquistador». En cosas como a dónde ir después
del concierto, o si todo saldría como en su
imaginación. Soñaba despierto con que alguna de
ellas le acompañaría hasta el jacuzzi del hotel, entre
copas de champán francés.
De repente, un chico del staff le despertó de su
ensimismamiento. Les llamó para que se situasen a
un lado del escenario, en el que permanecerían todo
el tiempo. No había otro hueco desde el que
pudiesen ver el concierto. Como diría un taurino,
estaba todo hasta la bandera. Y debían acercarse ya
a sus posiciones, porque las chicas saldrían antes
que Sabina, como sorpresa inicial. Y Andrés
permanecería sin subir del todo la escalera que
conducía hasta al escenario, para no ser visto de
momento. La música de «Esa boquita me mata»
irrumpió de pronto en todo el estadio, y las
boquitas empezaron a bailar en el escenario,
contoneando con gracia sus minifaldas. O como
decían allí, sus polleritas.
Tan descarada exhibición de los colores del Boca,
sin reparos ni miramientos, provocó división de
opiniones entre el público. Unos lo recibieron
estallando de júbilo, otros con silbidos y gritos
airosos de desaprobación, haciendo gala de su
rechazo. Así que Andrés se deshizo del gorro, y la
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

camiseta del Boca se la puso debajo de su camisa, y


no al revés. En ese momento ignoraba que nadie se
iba a fijar demasiado en su indumentaria.
La división entre el público era algo más que
previsible. Obviamente, había sido previsto por la
organización. Y lo que se les ocurrió para subsanar
este contratiempo, dejó a Andrés con la boca
abierta. Y al público en silencio durante unos
segundos, digiriendo el impacto que les provocó.
Para a continuación gritar todos de entusiasmo, y
dejar aparcadas las eternas controversias
futbolísticas a un lado. Sobre todo entre el público
masculino allí presente.
En un momento dado, las chicas lanzaron al aire
sus enormes gorros, pero lo que apaciguó a las
fieras no fue eso, y ni mucho menos la música. A
continuación tiraron con fuerza de sus camisetas y
sus minifaldas. Cada chica, de la compañera que
tenía a su derecha. Después, bromearon
persiguiendo a la que había quedado más vestida, la
rodearon, y todas quedaron en igualdad de
condiciones, dejando al descubierto unos cubre
pezones de infarto en forma de corazón, que
competían en descaro y sugerencia con otros dos
corazones. Dos simples pegatinas de silicona unidas
por un fino hilito, que quedó oculto entre sus
nalgas. El corazoncito más pequeño quedaba
pegado justo donde termina la espalda. El más
grande, servía para cubrir mínimamente sus
FRANCISCO JAÉN

respectivos montes de Venus. Revelando, sin


mostrarlas, las formas sinuosas que dibujaban sus
intimidades. Todo ello, eso sí, manteniéndose
siempre fieles a los colores del Boca. Ya que los
cubre pezones, y las pegatinas del minúsculo tanga
adhesivo, alternaban el amarillo y el azul. Pero eso
ya no parecía importarle a nadie en aquel estadio.
Todos quedaron expectantes, como esperando un
final que nunca llegó. Pero que los mantenía en vilo,
y cada vez más inquietos.
Al finalizar su primera actuación, las chicas se
situaron al lado del escenario en el que se
encontraba un Andrés encantado de estar tan cerca
de ellas, y de poder subir a felicitarlas,
manteniéndose siempre detrás de las boquitas para
no ser visto. Todas se dieron la vuelta para abrazarle
y darle un beso. Que difícil iba a ser decidir en cuál
debía centrar su atención. Y entonces apareció
Sabina a su lado. Se le acercó para preguntarle que
quién coño era él. Le explicó que le había llamado el
mismísimo Macri en persona, y que a ver quién iba
a prestar atención ahora en el puñetero concierto,
con aquellas hermosas chicas en el escenario
prácticamente en pelotas. Andrés se quedó en
blanco, no supo qué responderle.
—Tranquilo, lo que me da rabia es que a mí nadie
quiso nunca hacerme caso, cuando propuse algo así.
Y ahora vienes tú, de no sé dónde, y te llevarás
todos los méritos de esta idea, cabrón ─le dijo con
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

un guiño, mientras reía a tabaco y proseguía su


camino hacia la parte central del escenario. Todos
aplaudían enfervorecidos, y las boquitas gritaban
alegres, agitando sus pompones y sus senos al aire.
Una de ellas, una morena de pelo largo, de
anchos muslos y caderas, dio un paso atrás para
situarse a su lado, y preguntarle qué le había
parecido su actuación, a un Andrés que se quedó de
nuevo sin palabras. Ella rió con fuerzas. Entonces
Sabina dio las gracias a las boquitas, y volvieron a
dar saltos y a abrazarse entre ellas. La morena de
pelo largo, que se llamaba Claudia, se abrazó con
fuerza a Andrés, que ya sabía en quien debía centrar
toda su atención. En mitad de su largo abrazo, ella
le aseguró que le estaban muy agradecidas. Sabina
no descartaba repetir aquello en otros conciertos,
dependiendo de la respuesta del público. Y de
momento, parecían entusiasmados con las boquitas.
Incluso los seguidores del River. ¿Quién lo hubiese
dicho al principio? Reflexión que hizo pensar a
Andrés en voz alta en que los hombres, en realidad,
no tienen bandera.
Seguían aún abrazados cuando empezaron a
escuchar la típica introducción poética de Sabina,
que soltaba de vez en cuando antes de alguno de sus
temas. Pero Andrés, desde luego, escuchó sin
escuchar nada. La poesía la tenía delante de él, entre
sus manos. Sin separarse un segundo, empezaron a
bailar al ritmo del famoso «y nos dieron las diez y
FRANCISCO JAÉN

las once, las doce, la una, las dos y las tres...». La


tanteó con besos en las mejillas, en el cuello, en las
orejas. Cuando las cosas empezaban a ponerse
demasiado serias, Claudia le dijo que sus amigas
eran más altas que ella, y que no veía nada ahí atrás.
Que quería sentarse encima de él, sobre sus
hombros.
Andrés pensó que en realidad no había nada que
ver. Bromeó intentando desechar la idea, aduciendo
la posibilidad de que se le escapase algún pedo. Ella
insistió entre risas, y al final le siguió el juego. Pero
les costó un poco. Hubo dos intentos en los que
casi fueron al suelo, hasta que Claudia sobresalió
sobre el resto, a hombros de Andrés. Como en la
famosa frase de Isaac Newton, aquella que rezaba lo
de «si vi más lejos es porque anduve a hombros de
gigantes», o algo así. Claro que, no parece que
Newton estuviese pensando en nada parecido,
cuando dijo aquello. Ninguno de esos gigantes
debió de acariciarle los muslos, ni su trasero.
En el escenario se escuchaba el mítico «Como te
digo una co, te digo la o». Tema al que le cambió un
poco la letra, para mencionar a la segunda de sus
sorpresas en aquella noche que prometía.
—¿Y el tarot, y la astrología? Me los hizo Andrés
Riera en Animales Sueltos ─Aquello le hizo gracia
al público, y fastidió a Andrés. Que no le apetecía
separarse de su boquita preferida, para responder a
las tonterías y ocurrencias de Sabina.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

—Claudia, cariño, creo que me toca. Será mejor


que te baje. ─Pero Claudia se negaba en redondo,
amenazándole con no bailar más con él en todo lo
que le quedaba al concierto. Así que le propuso que
cuando le llamase Sabina, saldrían los dos juntos.
Aquello la hizo dudar, y pudo bajarla al fin.
Aprovechó para abrazarse a su espalda desnuda,
para que sus nalgas percibiesen su excitación, para
besarla en el cuello, y para decirle al oído que al
acompañarle hasta el escenario nadie se fijaría en él.
Eso le hizo reír de nuevo, y en ese momento Sabina
explicaba que le había dicho un pajarito que el
afamado astrólogo Andrés Riera estaba entre el
público. Y que si era así, quería preguntarle sobre su
futuro. El público cuchicheaba, se miraban unos a
otros, intentando reconocer a un Andrés de
incognito entre ellos. Pero Andrés apareció en el
escenario, de la mano de una sonriente y radiante
Claudia, que parecía traer a un niño travieso a
regañadientes.
—Será astrólogo, sí, pero no es tonto. Como te
digo una co, te digo la o ─dijo Sabina provocando
las risas del público─. ¿Crees que esta es la ropa
interior femenina del futuro? ─le preguntó
señalando a Claudia con lascivia.
—Eso espero.
—Y lo dice un hombre que no se ha equivocado
nunca ─dijo Sabina provocando el aplauso del
público masculino─. Pero de gallego a gallego te
FRANCISCO JAÉN

diré algo, y esta vez voy a ser yo el que te lea la


buenaventura… Tú ya no te vas ni de coña de la
Argentina. ¿Me equivoco?
—Ni de coña. Aquí se está de lujo, tío. Argentina
es lo máximo. Y si me haces un favor, cuando
cantes «Dieguitos y Mafaldas», ¿en vez de Paula
podrías decir Claudia? Te invito a un cubata, si te
enrollas.
—Caray, si que eres adivino, sí. Me dejas
anonadado, canalla. Damas y caballeros, Dieguitos y
Mafaldas, despidan con un fuerte aplauso la última
proeza del gran astrólogo gallego, don Andrés
Riera, que ha adivinado, en riguroso directo para
ustedes, cuál va a ser el próximo tema con el que les
continuaremos amenizando esta agradable velada.
—¿Cómo lo supiste? ─le preguntaba Claudia
mientras regresaban a su sitio. Andrés levantó sus
hombros como respuesta, pensando en que si se
había tomado en serio aquella broma, no debería de
ser complicado el convencerla para que le
acompañase hasta el Alvear Palace, después del
concierto. Así que le añadió que igual como sabía
que esa noche dormiría en su hotel.
—En eso te equivocás, sielo. Recuerda que
mañana tenemos un partido.
—Pero si es por la tarde.
—Sí, pero a primera hora tenemos el ensayo.
Vamos a dar una sorpresa mañana en la cancha.
Sabina vendrá a vernos, y se cantará algo. Haremos
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

un número un poco diferente. Tenemos que


ensayar. Pero después tenemos todo el domingo
para nosotros, ¿vale sielo?
—¿Me lo prometes?
—La espera valdrá la pena, ya lo verás.
Se dieron un beso y bailaron, y se acariciaron, y se
abrazaron, hasta que les llegó de nuevo el turno a
las boquitas para entrar en acción. Tenían que
añadir rápidamente, a su mínima vestimenta, un
casco y unas plumas de carnaval. Sabina anunció al
público que su siguiente concierto sería, por primera
vez, en Río de Janeiro. Y al ritmo de una frenética
samba, irrumpieron de nuevo las boquitas en la
parte central del escenario, dándolo todo, y
provocando aún más excitación entre un público ya
enfervorecido ante su constante y carnal presencia,
en la gran pantalla detrás de los músicos. Por lo
visto, el realizador las prefería a ellas, antes que a
Sabina.
La seguridad tuvo que emplearse a fondo para
evitar algún intento por subir al escenario, desde las
primeras filas. En el resto del estadio GEBA los
más bajos instintos también iban aflorando. Las
parejas se vieron incitadas a bailar, a modo de
preámbulo de lo que tenían en mente, deseando que
el concierto acabase cuanto antes. Otras pocas, a
pesar del frío, en los rincones más alejados y ocultos
del recinto, entre la niebla de los sudores corporales,
y de los vapores del alcohol que habían ingerido, se
FRANCISCO JAÉN

atrevieron a hacer el amor allí mismo. Los hombres


sin pareja sintieron, de repente, la urgencia
ineludible de encontrar a alguien con quien bailar en
ese momento. Pero las prisas nunca fueron buenas
consejeras, y muchos lo hicieron de forma un tanto
brusca y precipitada, ganándose el rechazo, o
incluso la bofetada.
Las boquitas, los músicos, Sabina, y hasta Andrés,
formaron entonces una fila, al son de la conga que
empezó a sonar. Ocurrencia que fue imitada por el
público, y que pareció servir para calmar a las fieras
que tuvieron la suerte de encontrar la cintura de la
primera extraña a la que agarrarse. Una oportunidad
perfecta para manosear y estrechar con fuerza, con
la excusa de que empujaban desde atrás, y de que
allí no cabía ni un alfiler. Los que no tuvieron esa
suerte, la buscaron pidiendo permiso porque
querían pasar. Para después, con todo descaro,
quedarse perennes en su nuevo sitio, intercalándose
y separando a los grupos de amigas que intentaban
bailar la conga, una detrás de otra.
El éxito de la conga fue tal, que el público seguía
a lo suyo cuando en el escenario bailaban cada uno
por separado, con Sabina anunciando el final del
concierto, dando las gracias por todo, felicitando a
sus músicos, deseando regresar muy pronto a esa
maravillosa ciudad que era Buenos Aires, etcétera,
etcétera.
Cuando se dieron cuenta de que aquello había
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

acabado, una parte del público respondió al


principio con el tradicional «otra, otra». Pero alguien
empezó a gritar «conga, conga», que terminó por
convertirse en un grito de guerra ensordecedor. Así
que, ya que el público pedía conga, Sabina
aprovechó para dar por terminado el asunto,
escabullirse hasta el bar más cercano, y pedir a las
boquitas que repitiesen su última actuación. Idea
que fue secundada por el gentío con un renovado y
fervoroso entusiasmo masculino.
Algunos, llevados por su excitación, idearon que
para quedarse a solas con alguna chica, habría que
separar al grupo de amigas que más llamase su
atención. Alejarlas las unas de las otras, todo lo que
les fuese posible, para después intentar convencerlas
de que les acompañasen hasta la discoteca en la que
supuestamente ellos habían quedado. Les
argumentarían que con tantas puertas de salida, y
tanta aglomeración, era más fácil encontrarse en
otro lugar, que en los alrededores de aquel estadio.
Pero en realidad, cada uno de ellos dirigiría a sus
acompañantes, si lo lograban, hasta una discoteca
diferente.
Acordaron, boquiabiertos, que todos se sentían
atraídos por las coloreadas minifaldas de las tres
preciosidades que tenían más cerca. Tres
bomboncitos que combatían el frío con sus bonitas
chaquetas, ajustadas y abiertas, que dejaban entrever
sus insinuantes jerseys. Dos de ellos con escotes.
FRANCISCO JAÉN

Uno de dichos escotes en forma de uve, y el


segundo dibujando un corazón, por el que
asomaban parte de sus abundantes pechos. El
tercero era un jersey hasta el ombligo, cuya
propietaria protegía sus atractivas piernas del frío
con unas botas hasta las rodillas. La que más
hablaba, de forma muy sexy, decidió abrigar sus
piernas con unas medias sujetadas por un liguero
que se intuía, gracias a una ajustada minifalda que
dejaba levemente al descubierto los elásticos que
evitaban la caída de dichas medias. Y la tercera
abrigó sus muslos y pantorrillas con unos pantys,
que contaban con aperturas en la parte superior, a
juego con el tanga. Como tuvo el placer de
descubrir más tarde, uno de ellos.
Tenían que darse prisa, si no querían que se les
adelantasen otros. Lograron empezar, con el más
adelantado de ellos, justo detrás de la más atrasada
de ellas. Para ayudar a su compañero, frenó a la
chica en cuya cintura se habían posado sus manos, y
que ya no pensaba dejar escapar en toda la noche.
La separó de su amiga al detenerse, moviéndola con
delicadeza hacia él. Le pidió perdón, y le dio la
excusa de que aquel pibe quería pasar. Un pibe que
pidió permiso educadamente, para situarse entre las
dos bellas amigas. Rápidamente repitieron la
operación, frenando de inmediato a la chica de en
medio. Y una vez intercalados entre ellas, se
presentaron alegremente mientras bailaban. Y
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

señalando hacia su derecha, donde la muchedumbre


se extendía hasta un final que no podían atisbar, las
invitaron a unirse a otra fila más allá, que habían
visto antes. Les aseguraron que estaba mucho más
despejada.
La idea de una fila más desahogada las sedujo. A
su alrededor todas estaban a reventar, como lo
estaban absolutamente todas las demás, como lo
estaba todo el estadio. Pero quisieron creer en ello.
Tampoco se les ocurrió pensar en que el chico que
iba delante, y el que iba más atrás, las conducirían
en diagonal. El de delante hacia adelante, y el de
detrás hacia atrás. El de en medio llevaría a la
muchacha con la que pretendía intimar en línea
recta. Y de ahí, si aún se localizaban entre ellos, el
más alto gritaría que podía ver otra fila mejor aún
más allá. Siempre en la misma dirección, hacia la
derecha. Y de ahí irían a otra, y a otra, hasta lograr
perderse de vista. Las clases de geometría que un día
compartieron en el instituto, al inicio de su amistad,
por fin les sirvieron para algo.
Después, como acordaron previamente, el de en
medio hizo como si hablase por el móvil, para
decirle a la desconocida que acariciaba por debajo
de su ligera y florida minifalda, que los demás
habían vuelto por donde estaban antes.
Asegurándose de esta forma muchos metros de
distancia entre ellos, en la inmensidad de un estadio
GEBA donde era prácticamente imposible
FRANCISCO JAÉN

encontrar a nadie, en mitad de una muchedumbre


como aquella. Si no era por pura casualidad.
Cuando apagaron la música y desaparecieron
todos del escenario, continuaron sin abandonar la
postura de la conga, con las manos pegadas como
lapas a sus redondeados, suaves y carnosos traseros,
que las minifaldas y tangas de dos de las chicas
dejaban con facilidad al descubierto. La minifalda
ajustada, y adornada con flores plisadas en
horizontal de la tercera, entorpecía aún el contacto
directo de las manos de su apasionado
acompañante, piel con piel, con las voluptuosas
formas por debajo de su cintura. Pero como les
ocurría a las demás, no pudo impedir que se sintiese
cada vez más a merced de sus encendidas caricias y
manoseos sobre la parte trasera de su minipollera.
Por mucho que les frenasen cambiando las manos
de sitio, y se mostrasen tímidamente airadas, las
manos acababan por volver reiteradamente a la
misma posición. Como si allí hubiese algún tipo de
imán, y las manos de esos chicos fuesen de metal, o
como si no hablasen el mismo idioma.
Ellas no se atrevían a darles plantón, porque se
quedarían completamente a solas, rodeadas de otras
miradas que las desnudaban al acecho. Y además
creían que buscaban a sus amigos, y que al
encontrarlos, encontrarían ellas también a sus
amigas. Ellos, en cambio, interpretaron que no
querían que pensasen que se iban, de buenas a
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

primeras, con el primero que pasaba por ahí. Por


eso hacían como si se enfadasen. Pero la prueba de
que estaban interpretando un papel, sin creérselo
siquiera, es que seguían allí, sin irse a ninguna parte.
Y que cada vez dejaban a sus manos disfrutar
durante más tiempo, de la ternura apenas cubierta
por sus tangas y minifaldas. Sólo era cuestión de
tener paciencia. Después, abordarían sus generosos
pechos. Era un juego que les excitaba. Así que
siguieron con su tira y afloja. Un comportamiento
que contrastó con su caballeroso ofrecimiento, para
acompañarlas hasta la salida más cercana. No fuese
a ser que se quedasen perdidas, completamente a
solas.
Pero a pesar de su amable ofrecimiento, en
realidad, sintieron fastidio cuando la música cesó.
Cayeron en la cuenta de que, el problema de su
diabólico plan, era que vivíamos en la era digital.
Ellas también tenían móvil. Podían comunicarse en
qué puerta se encontraban al salir, y decidir dónde
se reunirían. Así y todo, mientras tanto, el animal
que esos chicos llevaban en su interior, y que se
había apoderado de ellos, pensaba en seguir
abrazado a las curvas femeninas que tenían entre
sus manos. Insistiendo sin parar en sus besos, en
hacerles saber lo bonitas que les parecían, en que
tenían que continuar la noche juntos, en que tenían
que darles sus números de móvil, porque las querían
volver a ver, porque las querían con locura.
FRANCISCO JAÉN

Y en esas estaban, pensando ya en qué dirección


tomar para salir, y con la esperanza de que sonase la
flauta. Con la esperanza de que, más pronto o más
tarde, terminarían por dejarse llevar por sus
instintos, igual que lo hacían ellos. Esperanzas que
se acrecentaron al comprobar que lo que sonó, para
sorpresa de todos, aunque sin las boquitas en el
escenario, eran otra vez los cubanos ritmos de la
conga. Mientras alguien, que debía de ignorar la
procedencia de aquel baile, o al que le daban igual
esos pequeños detalles, gritaba al micrófono ¡Viva
Río!, y les invitaba a bailar a todos de nuevo.
Al reanudarse el baile, una de ellas quiso llamar al
móvil de una de sus compañeras. Hasta que alguien
de la fila de al lado, con la que se rozaban, y que
venía en dirección contraria, soltó un manotazo
llevado por la conga, que hizo volar aquel móvil por
los aires, en dirección a la Luna que se asomaba en
el cielo estrellado de Buenos Aires. Se oyó un grito
a lo lejos, diciendo algo acerca de un celular que le
hizo ver las estrellas. Debió de darle un buen susto,
a quien fuese.
Se sintió más contrariada. Las llaves del coche, y
su dinero, estaban en el bolsito de la amiga que
había intentado llamar, y que de poco le servirían las
llaves, porque no sabía conducir. Por si fuera poco,
no conocía a nadie en Buenos Aires. Ahora
dependía por completo de su acompañante para
reencontrarse con ellas, o para volver a casa si no
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

las encontraba. Era un poco parlanchina, y los


nervios le hacían hablar sin pensar bien en lo que
decía, o a quién se lo decía. Cometió la torpeza de
revelarle con todo lujo de detalles sus
preocupaciones. Se lo contó todo. Que no tenía
dinero, ni coche, ni sabía de nadie que pudiera
ayudarla si no encontraba a sus amigas, que estaba
completamente en sus manos, etcétera, etcétera. Él
la tranquilizó muy afectuosamente, repitiéndole
sonriente, una vez más, que se verían todos en una
discoteca a la que ellos iban todos los sábados, que
no había nada de qué preocuparse, que para eso
estaba él, para ayudarla en lo que fuese menester.
En su fuero interno vio el cielo abierto. Se
congratuló porque los hados del destino y del amor,
por una vez, parecían conspirar para ponerse de su
lado. O quizás se trataba de un cúmulo sucesivo de
inesperadas y alocadas casualidades.
Más tarde, pensaría en la cantidad de carambolas
que tuvieron que darse para encontrar pareja aquella
noche, y decidir que lo dejaba con su novia de
siempre, a la que hacía tiempo que no quería, pero
con la que se suponía que iba a casarse dentro de
unos meses. Fue al concierto porque otro
compañero cambió de planes, y les sobraba una
entrada a sus amigos. No le gustaba Sabina, pero le
apetecía salir un día con ellos. Y a su hasta entonces
novia, le apetecía también quedar un día con sus
amigas. Y allí actuaron unas boquitas, que en
FRANCISCO JAÉN

principio no iban a actuar, y que la liaron parda.


Pero en ese momento no cayó en nada de eso. En
ese momento, lo importante era que se sentía
eufórico y feliz, por la delicia de muchacha con la
que bailaba, y que ya no se le podía escapar. Lo
celebró levantándole la falda ajustada a su nueva
amiga, con total descaro y atrevimiento, para
deleitarse contemplando lo que le esperaba. Si en la
canción de Sabina, rezaban para que la Virgen del
Viento le levantase a Paula la pollera, aquí, una
minifalda pensada para combatir los caprichos de
las corrientes de aire, quedaba ahora ajustada justo
al revés. Evitando la caída, que sería inevitable con
una falda más suelta. Le resultó una paradoja muy
sexy. No se cansaba de contemplar, embelesado,
que aquella minipollera mantenía el equilibrio sin
caerse, entre su cintura de avispa y sus voluminosos
pechos, dejando al aire el liguero y el tanga con
encajes que había imaginado, a juego con sus
medias blancas.
Ella pensó que mientras miraba, al menos sus
manos se tranquilizaron, y permanecían en una
posición aceptable. Pero la sugerente imagen le
excitó todavía más, y aprovechando que la fila daba
un giro de noventa grados, le propinó una sonora
palmada en su nalga derecha, y un pellizco en la
izquierda. Ella protestó casi con ternura,
suplicándole que no fuese malo. Sin atreverse a
enfadarse de verdad. Él la besó con avidez en el
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

cuello, susurrándole que le gustaba mucho, y que la


quería. Ella le preguntó entonces si le dejaba por
favor bajarse la falda. Dando muestras, hasta en su
tono de voz, de la docilidad de una niña pequeña
que se esforzaba por portarse bien.
En su lado más instintivo se sintió excitado y
satisfecho, al comprobar la actitud más sumisa y
obediente, provocada por la pérdida accidental de
su móvil. En su lado más humano, su preocupación
por no contrariarle, y buscar su aprobación, le
enterneció. Le dio permiso cariñosamente,
ayudándola con delicadeza para que la ajustada
minifalda retornase hasta su posición natural. La
tranquilizó expresándose con un tono de voz más
dulce, para dirigirse a la niña en la que parecía
haberse convertido. Y ya más tranquila, la
convenció hábilmente de que lo más prudente era
no utilizar allí el móvil que les quedaba. Que les
llamarían más tarde, si no los encontraban en la
discoteca. Y desde luego, sí de algo estaba seguro, es
que no los encontrarían.
Pero no podía esperar tanto. Ya en la calle, ella le
insistió para que llamase a sus compañeros, porque
lógicamente, no conocía de memoria el número de
ninguna de sus amigas. Como también resultó igual
de lógico, para él, que en realidad no llamase a
ninguno de sus amigos, sino al móvil que utilizaba
en su trabajo. Y al de otro compañero, que sabía
que estaba igualmente apagado, en algún rincón de
FRANCISCO JAÉN

la oficina. Le mostró cómo sus llamadas no


obtenían respuesta, y le dijo que no se preocupase,
que acabarían por encontrarles en la susodicha
discoteca a la que se dirigían.
Pero se quedó pensativa, y un poco más tarde se
le ocurrió que quizás acabasen por reunirse todas en
su coche. Así que le pidió que le acercase en el suyo.
Él desechó la idea, asustándola al explicarle que
habían aparcado en una zona que últimamente se
estaba convirtiendo en muy peligrosa, con muchos
atracos cada noche. Y que era mejor dejarlas allí al
salir de la discoteca. Ahora, por la salida del
concierto, aquello debía de estar plagado de gente, y
de malvados atracadores. Se lo aseguró muy
seriamente, procurando no reírse encima. Le dijo,
además, que tardarían mucho en llegar, por los
habituales atascos de los sábados por la noche.
Hasta se vino arriba desafiándola a ir por su coche,
si quería. Él pensaba encontrarse con los demás
donde decía que habían quedado previamente. Y
como supuso, su inseguridad y sus dudas, no se
atrevieron a abandonarle. Después intentó
tranquilizarla afirmando que cuidaría de ella,
rodeándola con su mano derecha alrededor de la
cintura que sus cruzados brazos habían dejado libre,
y dándole un cariñoso beso en su mejilla izquierda,
mientras la mano que le quedaba libre le acariciaba
su otra mejilla. Al llegar al vehículo le abrió la puerta
del copiloto, invitándola a entrar en primer lugar.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Como todo un caballero, de esos que ya no se ven.


La discoteca por la que se decidió, era una
novedosa sala de fiestas a la que le habían invitado
varias veces, pero a la que aún no había tenido la
oportunidad de acercarse. Lo más interesante era
que contaba con jacuzzis para intimar en pareja, en
la zona VIP. Convenía llamar con días de
antelación, según le habían dicho, para evitar
chascos. Pero conocía a los dueños, que le debían
algún favor. Además, tenía la sensación de que
estaba en racha. Sensación que le hacía estar seguro
y confiado de que, esa noche, dispondrían de alguna
habitación libre. Y así fue, no hubo ningún
problema al respecto.
Tras hacer cola, una vez más, y pasar por el
habitual control de seguridad, la invitó con
insistencia a varias copas, y la casa a chupitos. Y
cuando la muchacha se quiso dar cuenta, descubrió
que aquel lugar también era inmenso, por lo que
difícilmente las encontraría. Si es que estaban allí. El
barman, después de conversar con su acompañante,
le hizo un gesto para que se acercase hasta ellos, y
les ofreció las llaves para tomar un champán francés
en uno de los jacuzzi para clientes VIP. Pero les
advirtió que era obligatorio entrar al reservado en
bañador, o si no lo habían traído, en ropa interior.
El resto de sus prendas debían entregárselas a una
camarera en la sala contigua, normas de la casa. Les
guiñó un ojo sonriente, añadiendo que una azafata
FRANCISCO JAÉN

les explicaría todos los detalles, al subir por las


escaleras que les indicó.
Ella dudaba, insistiendo en que debían buscar a
los demás. Él le dijo que más tarde aquello estaría
más despejado, y entonces sería mucho más fácil
verlos por ahí. Mientras, podían estar más cómodos
arriba. No había pensado en ello, más tarde la
discoteca se iría vaciando. Su seguridad en lo que
decía le dio esperanzas, y dejó que cogiese su mano.
Le enseño la llave al miembro de la seguridad que
vigilaba el acceso a los pisos superiores desde
aquella escalera, y les dejó pasar. Subieron los
escalones de caracol, hasta toparse con una azafata
que aguardaba solícita su llegada. Su vestimenta era
de lo más sexy, gracias a su microfalda a cuadros. A
cuadros como las de las colegialas, pero mucho más
corta. Tanto, que su tanga quedaba a la vista. Les
indicó el número de su puerta, y que allí al lado se
encontraba la habitación en la que debían de ir a
dejar sus ropas.
En la fría inmensidad de aquel pasillo circular,
con paredes y puertas metálicas a uno y otro lado
del pasillo, alrededor de la inmensa sala de fiestas, la
invitó a ella a pasar ya a la habitación que haría las
funciones de inmenso ropero, y a esperarles allí,
para adelantar y ganar un poco de tiempo, mientras
le explicaba al caballero dónde encontrarían el
champán, las toallas, y el funcionamiento del
jacuzzi.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Cuando se alejó, le dijo bajando la voz que


normalmente daban una o dos horas a sus clientes,
pero que como amigo de la casa, dispondría de todo
el tiempo que le apeteciese. Era un after, y si así lo
deseaba, podía quedarse a dormir allí mismo, en su
habitación. Y hasta a comer en el bar de la terraza
para sus clientes VIP, dos pisos más arriba, y con
vistas de los alrededores.
La curiosidad le hizo preguntarle qué había en el
piso intermedio, el inmediatamente superior a ellos.
Le dijo que más jacuzzis, pensados para los clientes
VIP que hubiesen llegado hasta allí sin la compañía
de ninguna señorita. La casa ponía a su disposición
una gran variedad de gogós y de camareras, para
que puedan elegir según sus gustos. Modernas
geishas con las que podían relajarse, y pasar un rato
muy agradable. Le animó, mostrándole con una
sonrisa toda su blanquísima y alineada dentadura, a
divertirse otro día en el piso superior. Asegurándole
que allí eran exquisitamente discretos, y que no se
arrepentiría.
Siguiendo con su explicación, le dio la
combinación de la caja fuerte, donde si lo creía
oportuno podía guardar la cartera o el móvil. Y si lo
deseaba, la llave de la habitación. Era fácil de
recordar, #0690#. Pero si olvidaba la combinación,
y la llave había quedado dentro, disponía de un
botón de seguridad detrás de uno de los cuadros
que adornaban las paredes. Concretamente, en el
FRANCISCO JAÉN

que se retrataba una bacanal romana, con mujeres


cubiertas por túnicas transparentes. O si lo prefería,
podía llamarles por teléfono. Por lo que le sugirió
que, aunque nunca se ha dado el caso, por si fallaba
todo lo demás, lo más prudente era que se
abstuviese de guardar el móvil en la caja fuerte.
Le explicó también, esperando no molestarle, que
disponía de una nevera con refrescos, llena de
bebidas isotónicas, y de reconstituyentes masculinos
en unos botellines etiquetados como «isotónico
muscular para hombres», que mejorarán y
prolongarán notablemente su estado de forma,
aunque esta fuese excelente, como daba por sentado
que era su caso. Y como comprobaría si se decidía a
ingerirlos, le añadió. Pero le aconsejó no tomar más
de tres. Uno antes de empezar. Y los otros dos al
notar que mermaba en su fortaleza. Por si le gustaba
jugar, le reveló en qué cajón de la mesita al lado de
la cama encontraría dos esposas y sus llaves, dentro
de un estuche que se abría con la combinación de la
caja fuerte. Finalizó su charla explicándole que la
habitación estaba completamente insonorizada, por
lo que no debía de preocuparse si su bonita amante,
o él mismo, eran de los que gritaban al hacer el
amor.
Al confirmar que le había quedado todo claro, le
acompañó hasta la sala donde le estaban esperando,
deseándoles a ambos una feliz estancia al
despedirse. Allí vio a su nueva amiga sentada, como
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

aburrida, bajo la luz más tenue de aquella


habitación. Se desvistió y le dio su ropa a la
sonriente chica en bikini que le atendía ahora, y que
le devolvió el móvil y la cartera que encontró en sus
pantalones, antes de entregarle dos tickets con un
código de barras con el que etiquetaron sus prendas.
El ticket de él, y el de su acompañante. Y por si los
perdía, le pidió su número de DNI, que anotó en las
etiquetas adheridas a cada una de las prendas de
ropa que le habían entregado. Aquello no le hizo
mucha gracia a su amiga, pensó en que ahora
dependía de él hasta para volver a vestirse. La chica
en bikini también se despidió elegante y
educadamente, deseándoles que disfrutasen mucho
de su jacuzzi, y esperando poder volver a verles
muy pronto por allí. No sin antes comunicarles,
dirigiéndose sólo a él, que no les había cobrado
nada porque eran amigos de la casa. Pero como dio
por sentado que al caballero le apetecería volver en
alguna otra ocasión, le entregó un folleto
informativo con los precios, en dónde se indicaba lo
que costaba dejar la ropa allí, a cuánto ascendía el
alquiler para una o dos horas de jacuzzi, que variaba
mucho dependiendo de si se trataba de la primera o
de la segunda planta, y en su caso, cuánto
solicitaban a sus clientes por el capricho de la
botella de champán francés.
Las cifras en dólares americanos y en euros que
venían en aquel folleto, y el que les informase de
FRANCISCO JAÉN

que esa noche tan sólo les quedaba otra habitación


libre, de que ese lleno o casi lleno era siempre así,
que tenían reservas ya hechas para los próximos
meses, le hizo pensar en si realmente estaban en
crisis económica. Quizás Andrés Riera tenía razón,
y el rescate al FMI no duraría mucho, o no tendría
demasiados efectos.
Cerró con llave al entrar, y la guardó en la caja
fuerte, junto con su cartera y los tickets. El jacuzzi
en el que le dio prisas para entrar, igual como la
había conducido hasta allí, a base de mentiras, ya
estaba a pleno rendimiento. Le argumentó que no
estaría en marcha durante mucho tiempo, y le
preguntó si quería algún refresco. Le dijo que un
poco de agua. Se hizo de un trago el botellín
isotónico muscular, y le acercó un vasito de plástico
con agua, que obtuvo de uno de esos dispensadores
típicos de oficina, al lado de la nevera que le había
indicado la azafata.
Una vez subieron los dos las escaleras del
imponente jacuzzi que lo presidía todo, desde su
posición central, se dejaron cubrir por su
reconfortante agua caliente hasta el pecho. Él se
sentó en uno de los asientos que ofrecía aquella
burbujeante mini piscina, y la invitó a descorchar y
servir el champán. Ella aceptó obediente, con un
sujetador que al mojarse la desnudaba todavía más,
dejando ahora aparecer con claridad sus amplios
pezones. Con ella delante, de espaldas a él,
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

concentrada en la manera de succionar el tapón de


la botella aún sin enfriar, se deshizo de sus clásicos
calzoncillos, tipo bóxer, y la abordó justo cuando
saltó el corcho por los aires. En el suelo aledaño al
jacuzzi, algo más de un metro más abajo, se
derramaba la cálida y blanquecina espuma.
Se quedo paralizada, no supo cómo reaccionar. Se
vio incapaz de impedir que le bajase el tanga hasta
sus rodillas. Ni de que se lo bajase aún más,
ayudándose de un pie. Ni de que le levantase una
pierna, y después la otra, para deshacerse finalmente
del tanga con una coz. Dejándolo en mitad de los
chorros de agua, que lo volvieron a hacer aparecer,
que lo empujaban hacia arriba con insistencia, cada
vez que empezaba a sumergirse, en un bucle que no
parecía tener fin.
Proseguía con toda tranquilidad, separándole las
piernas, situándole los brazos por fuera del jacuzzi.
Y a continuación, rodeo su cintura con su brazo
derecho, atrayéndola hacia él para que retrocediese
un paso. Al mismo tiempo, con la mano izquierda
situada en su fotogénica espalda, la empujaba con
suavidad hacia adelante. Unas maniobras, cuya
finalidad parecía bastante evidente. Ella iba a decirle
que aquello había llegado demasiado lejos, que
tenían que tomárselo con un poco más calma, que
se acababan de conocer, que iban a contratiempo.
Se debatía buscando las palabras más adecuadas,
para intentar hacerle entrar en razón. Pero estaba
FRANCISCO JAÉN

nerviosa, no quería que se enfadase y que la dejase


sola. Dependía de él para salir de allí, para
reencontrarse con sus amigas, para volver a casa, y
hasta para poder volver a vestirse. Por lo que se
expresó con tanta diplomacia, que lo que le dijo
podía entenderse de dos maneras muy distintas. Y
él, por supuesto, no entendió lo que ella estaba
intentando decirle con sumo tacto. Sino lo que él
quiso interpretar. Lo que más le convenía.
Le dijo que ella era una chica decente. Y que si se
acostaba con alguien, era porque ese alguien era su
novio. Pero esas tímidas palabras, con su tibieza
entrecortada por la inseguridad que sentía, no
bastaron. O quizás no la entendió, o tal vez no la
escuchó bien. Y para su sorpresa, no fue capaz de
expresar ningún otro signo de oposición más
evidente. Que le dejase las cosas definitivamente
claras, con las cartas sobre la mesa. Estaba
bloqueada. Buscaba en vano las palabras, mientras
él siguió a lo suyo. Sin que su cuerpo pudiese
moverse para darse la vuelta y plantarle cara. Muy al
contrario, seguía situándose tal y como él la estaba
dirigiendo a su antojo. Y hasta los chorros del
jacuzzi parecían querer ayudarlo a acomodarse
cuanto antes sobre ella, a modo de original
mamporrero.
Cuando notó que su miembro viril empezaba a
adentrarse en su interior, soltó un pequeño grito,
como de asombro, como si no se lo esperase. Él
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

empezó a agitarse con un primer vaivén de tanteo,


lentamente, explorando con calma la parte más
íntima de la feminidad desbordante de su cuerpo. Y
de repente detuvo su obsesiva marcha quedándose
muy adentro. Para susurrarle al oído que por lo que
ella le acababa de decir, ya eran novios, y que él
estaba realmente encantado de serlo, que era un
gran honor, que se sentía muy feliz por ello, que la
quería de verdad, como nunca había querido a
ninguna otra chica.
Mientras le revelaba cómo la había interpretado,
su corazón de semillas palpitaba de puro gozo,
como ansioso por reanudar la placentera marcha
que acababa de detener. Por lo que no tardó en
hacerlo. Precisamente cuando ella encontró las
palabras para replicarle con alguno de sus «peros».
Pero entonces empezó a desfogar, con feroz pasión,
toda la tensión que había acumulado durante la
noche. Provocando con más claridad un nuevo
grito, el intercambio de gemidos, y que el sujetador
bailase al compás del sugerente balanceo de sus
pechos. Imagen que le recordó que aún no había
tenido la oportunidad de acariciar la piel desnuda de
sus senos. Así que se detuvo de nuevo para liberarla
del sujetador. Para empezar a manosear sus pechos.
Le dio la vuelta para recrearse al contemplarlos,
para lamerlos, para besarla, y enamorarse más de su
ahora enrojecido y bello rostro, de patrióticos ojos
azul celeste. Ojos a los que parecía darles vergüenza
FRANCISCO JAÉN

mirar directamente hacia los suyos, al tiempo que él


se afanaba para reanudar el instintivo baile de los
amantes, que de nuevo fue incapaz de negarle. Pero
esta vez fue porque le excitaba la idea. Sin embargo,
le rehuía de alguna forma al girar hacia un lado sus
carnosos labios. Prefería ofrecerle, como timorata
oposición, unas contorneadas y sonrojadas mejillas,
que no tardó en besar con dulzura.
Él siguió con su perorata, sobre lo felices que
iban a ser los dos, juntos para siempre a partir de
ahora. Que quería irse a vivir con ella, y un largo
etcétera de palabras bonitas y halagadoras. Y no es
que no le estuviese diciendo la verdad en esta
ocasión, pero se quedó para sí otros pensamientos,
no tan políticamente correctos. Como el de
lamentarse por estar con medio cuerpo bajo el agua.
Le apetecía darle de nuevo alguna palmadita en el
trasero, para hacerse así una idea de si ahora era aún
más sumisa, como parecía. Imaginó, excitado, que si
le había dejado empezar a hacerle el amor, tan
dócilmente, y suplicándole a cambio ser su novia,
no pondría reparos a unas palmadas de su chico,
que era él. En el que parecía confiar ya plenamente.
Y si era así, le plantearía lo de las esposas. Sin
embargo, estos pensamientos luchaban, cada vez
más, con otros más tiernos. En su interior se
debatía entre contradicciones irreconciliables.
Pensándolo bien, le gustaba de verdad, se sentía
enamorado. No quería asustar a su nueva novia, la
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

consideraba ya así, con comportamientos un tanto


agresivos, jugando a ser un poli malo que le leía sus
derechos. Sacudiéndose la cabeza, pensó en que ya
habría tiempo para pensar en qué harían fuera del
agua. Ahora tocaba gozar del presente, con sus
cuerpos entre las burbujas del champán y del
jacuzzi.
Fue enmudeciendo con sus placenteros y
opuestos pensamientos. Fue dejándose llevar, más y
más, por lo que estaba sucediendo. Pero como iría
descubriendo, ella no era demasiado amiga del
silencio, y empezó a hablar de nuevo. Para
preguntarle, una y otra vez, si la quería de verdad.
Palabras que le provocaban ternura al escucharlas. Y
poco a poco, eso fue calmando la fiera que todos
llevamos en nuestro interior. Mr. Hyde dejaba por
fin paso al bueno del Dr. Jekyll. A su lado más
bondadoso, generoso, cariñoso y dulce, que acabó
por ir haciéndose de nuevo con el control, hasta
imponer su actitud mucho más tierna y delicada en
el amor. Las esposas quedaron así olvidadas, para
aparecer de pronto la promesa de un anillo de
compromiso, y hasta de un móvil nuevo. Se sentía
responsable de que lo perdiese. Le confesó que ya
tenía novia, pero que no la quería, y que se había
enamorado de ella perdidamente. Que lo iba a dejar
todo por ella.
Pero fuesen cuáles fuesen sus verdaderas
intenciones, y nadie puso en duda de que Cupido le
FRANCISCO JAÉN

había dado fuerte, salvo ella en ese momento, al


final, no tuvieron más remedio que casarse como
Dios manda. Llevado por su irrefrenable lujuria al
principio, y después por su arrebatador
enamoramiento, y ella por sus preocupaciones sobre
encontrar a sus amigas, o sobre cómo volver a casa,
o sobre cómo decirle que iba demasiado rápido, o
sobre si realmente la quería, no repararon ni por un
momento en el pequeño detalle de los
preservativos. Que por lo visto, era una cuestión
que no le interesaba tampoco demasiado a la
discoteca con jacuzzis para parejas. Debían de dar
por sentado, en su ingenuidad, que sus clientes eran
gente seria y con cerebro. Pero tanta pasión
desbordada podría dar sus frutos. Y lo hizo. Lo que
podía llegar a pasar, pasó. De hecho, justo nueve
meses más tarde de aquella noche, eran padres
felices y orgullosos, de una parejita de mellizos, niño
y niña. Y varios meses antes, se casaron por la
iglesia. Presionados por sus católicas y tradicionales
familias. Lo que Sabina, las boquitas, y Andrés
habían unido, no lo separaría nadie.
Los demás corrieron similar suerte. Acabaron
todos felizmente ennoviados, y recordando para los
anales aquella noche. La que recibió la llamada de la
futura madre de mellizos, notó el vibrador de su
móvil en su chaqueta, para descubrir preocupada
que se había quedado sin batería. Esto puso, como
en el caso anterior, de igual buen humor a su
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

acompañante. Que había descubierto por su parte,


divertido, que ella tenía cosquillas. Y lo más
importante, que las cosquillas y caricias alrededor
del ombligo, que su jersey dejaba desnudo, parecían
afectarle todavía más. Caricias que la agitaban y
contorsionaban de un lado para otro, y de delante
hacia atrás. Dejándola cada vez más propensa a sus
sucesivas caricias, a lo largo y ancho de todo su
cuerpo.
El tercero en discordia descubriría con alivio, en
la cola para salir del concierto, que su acompañante
no lograba ponerse en contacto con ninguna de sus
amigas. Hizo como si él tampoco pudiese localizar a
sus amigos, y la tranquilizó explicándole que habían
quedado en la discoteca que frecuentaban. Que allí
los encontrarían a todos. La cola para salir avanzaba
con lentitud, llevó su tiempo. Más tiempo para
convencer, para abrazar, para besar, para acariciar,
para hablar del amor, del deseo, para llevar las
manos de un lado para otro, de aquí para allá, hasta
que consiguió que se dejase llevar.
Todo llevó su tiempo, en el momento y en el
lugar en el que surgieron miles de encuentros
amorosos, miles de nuevas parejas, al son de la
conga. Parejas, matrimonios, y nacimientos, que si
Andrés no hubiese llegado a la Argentina, y
tropezado por casualidad con las boquitas, en su
anodino paseo turístico hacia la Reserva Ecológica
Costanera Sur, nunca se hubiesen dado. Lo más
FRANCISCO JAÉN

probable es que las parejas hubiesen sido otras, y


que habrían nacido personas que ahora no
existirían. A cambio de otras, que no debían de
existir, pero que ya estaban en camino.
Incluso él, el artífice de este giro del destino, de
impredecibles consecuencias, ignoraba la gravedad
de lo que allí estaba sucediendo. Todos lo
ignoraban, salvo en el CERN. En el CERN del
2018, y en el del 2067. Donde empezaban a
preguntarse si no habrían metido la pata,
facilitándole tanta notoriedad a aquel personaje, al
que consideraban un idiota. Pero quizás los idiotas
fueron ellos, al no advertirle con más claridad sobre
la importancia del asunto que se traía entre manos.
Como él les había solicitado reiteradamente, para
ser ignorado tentándole con el dinero y la fama.
Quizás, si no lo hubiesen prejuzgado, y visto como
una simple marioneta que ellos podrían manejar sin
problemas a su antojo, si se hubiesen dejado de
tanto secretismo con alguien cuyos actos podían
llegar a tener tanta relevancia, y que a la hora de la
verdad les resultaba imposible controlar, como se
demostró en Argentina, hubiese sido más cuidadoso
con lo que hacía o dejaba de hacer. Hubiese
procurado no cambiar demasiado las cosas. O
quizás no, quizás tenían razón y era realmente un
idiota. Pero ahora era demasiado tarde para
averiguarlo. Este desastre ya no tenía arreglo. Se les
estaba yendo todo este asunto de las manos.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Aunque tampoco era el fin del mundo. Pero la


situación aconsejaba que lo más prudente sería no
volver a enviarle nuevos pronósticos, con los que
dejar boquiabiertos a sus asombrados fans. De los
que ahora esperaban, y deseaban, que con el tiempo
se olvidarían de él para siempre.
Sensación de metedura de pata que también tenía
Andrés, pero por otros motivos. Aquella noche
tuvo que despedirse de Claudia, muy a su pesar. Se
las tenía de listo, pero a él, en cambio, no se le
ocurrió nada para quedarse a solas con ella. Sus
amigas parecían tener prisa, se cambiaron y se
despidieron todas hasta mañana, sin
contemplaciones. La organización les preparó un
mini autobús para llevarlas hasta sus hogares.
Invitaron a Andrés, pero prefería seguir evitando,
mientras le fuese posible, que todo el mundo se
enterase del lujoso hotel en el que se hospedaba, y
que se hiciesen preguntas al respecto. Por lo que
rechazó educadamente la amable oferta, confiado
en que al día siguiente volvería a ver a Claudia. De
momento, tendría que bañarse a solas en el jacuzzi
de su habitación. Con agua bien fría.
Antes de irse, se le ocurrió que Sabina debía de
estar en el bar privado que le habían montado. Así
que dirigió sus pasos hacia allá, movido por su
curiosidad, y pensando que tendría la oportunidad
de charlar un poco con uno de sus cantantes
preferidos. Y así fue, allí lo encontró. Sabina
FRANCISCO JAÉN

también tenía ganas de hablar con él, para decirle


con toda crudeza que había sido muy tonto al dejar
escapar a esa chica. Le preguntó si tomaba pastillas
para no soñar, ¿o qué mierda le pasaba que estaba
tan en Babia?
—La volveré a ver mañana, en el partido de
básquet. Y creo que a ti también.
—La llevas guapa, chaval. Has pronosticado que
Argentina ganaría el mundial, y mañana es cuando
les van a eliminar. Me apuesto lo que quieras. Y no
es que sea un gran entendido en fútbol, nada de eso.
Si me sacas de mi Atlético de Madrid, me pierdo.
Como te lo diría yo... para mí está claro que no
tienen equipo. Messi será muy bueno, el mejor del
mundo, lo que quieras. Y si me apuras, hasta
marcará algún gol mañana. Pero no lo puede hacer
todo.
—Bueno eso fue una broma. De todas formas,
¿qué tiene que ver con Claudia?
—Todo. Mañana vas a descubrir que este país
vive por y para el fútbol. Te van a poner de vuelta y
media en todos los programas de televisión en los
que, hasta hoy, te han puesto la alfombra roja. Es
así, este país es de contrastes intensos. O te adoran
o te detestan, no hay término medio. Y amigo,
créeme, para ellos no fue ninguna broma, se lo han
tomado muy en serio. Estas chicas son animadoras
de un equipo de básquet. Pero sobre todo de un
equipo de fútbol. Mañana preferirán no saber nada
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

de ti. A no ser que Claudia se haya enamorado


perdidamente de tus encantos, que lo dudo. Los
tipos como nosotros no somos de los que las
enamoran ─dijo entre risas, antes de darle un nuevo
trago a su whisky on the rocks.
—Generalizar es un error por mi parte ─añadió
reanudando su paternal discurso─. Pero diría que el
tipo de chicas que frecuentas últimamente son de
las que, cuando ven la oportunidad de trepar a tu
chepa, lo harán. Y mientras puedas servirles a sus
propósitos para llegar hasta lo más alto, ahí estarán.
¿Te suena de algo lo de subirse a la chepa? ─le
preguntó con todo su cinismo─. Mi consejo,
muchacho, es que tomes un avión esta misma
noche, o mañana como muy tarde. Hasta que se
calmen los ánimos. Aquí, de momento, ya no pintas
nada. Ahora, como te digo una cosa, te digo la otra.
El que ha logrado triunfar aquí durante un tiempo,
o en mi lindo y querido México, acaba por triunfar
en España. Al menos, eso nos pasa a los artistas. Y
tú eres todo un artista ─volvió a reír.
Se arrepintió de su visita de cortesía. Apuró su
copa, y se despidió hasta mañana. Dándole a
entender que no pensaba irse a ninguna parte. Y
Sabina le detuvo para decirle que, si lograba triunfar
en España, podrían repetir aquel concierto al otro
lado del charco. Prometiéndole que llamaría a las
boquitas, y guiñándole un ojo. Su broma le hizo
gracia. Le caía simpático, a pesar de todo.
FRANCISCO JAÉN

—Mira que eres canalla ─le dijo antes de aceptar


su invitación para tomar otra copa.
Al día siguiente, la profecía de Sabina se cumplió
punto por punto. La selección de Argentina cayó
ante la de Francia, y fue eliminada del mundial de
Rusia. Maradona fue el primero en lanzar toda clase
de improperios hacia el pobre Andrés. Que iba
cambiando de canal aquella mañana, en el televisor
de su hotel, para comprobar que en cada emisora le
dedicaban un insulto diferente. Pero lo que le hizo
más daño, es cuando se dio cuenta de que las
boquitas lo habían bloqueado del WhatsApp, y que
no le cogían el teléfono. Era verdad, allí ya no
pintaba nada. Ya no le era útil a nadie. Y se
preguntó si el Gobierno argentino realmente iba a
pagarle la factura del hotel. Cuya suma total debía
de ser bastante respetable.
Decidió que lo mejor era seguir el consejo de
Sabina, y largarse de allí cuanto antes, sin que
pareciese que se largaba, para que nadie le reclamase
ninguna factura al despedirse. Así que cogió el
pasaporte, metió todo lo que pudo en una mochila
de deporte, se puso varias camisas, una encima de la
otra, un pantalón encima del otro, una chaqueta, un
abrigo que llevaba en la mano. Ocultándola entre el
abrigo, otra chaqueta. Y en el bolsillo de ambas
chaquetas y del abrigo, todo lo que pudo. Dejó allí
las maletas, y más ropa. Utilizó su aplicación de
móvil de Cabify, para solicitar discretamente un
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

viaje desde su hotel hasta el aeropuerto. Esperó


hasta que le alertaron por móvil de que su coche ya
había llegado. Entonces cruzó los dedos y se dirigió
hasta el vestíbulo, confiando en no llamar
demasiado la atención de nadie.
Sin embargo, pronto se dio cuenta de que,
aunque hubiese ido desnudo, allí nadie habría
reparado en él. O eso parecía. Todos hacían como si
no le hubiesen visto. Desde los chicos y chicas de la
recepción, los botones, hasta la limpiadora que
pasaba por ahí. Por primera vez en su estancia allí,
nadie le dio los buenos días, ni le deseó que pasara
un buen día, ni le dedicó una sonrisa, ni nada de
nada. El portero del hotel, ni se dignó a abrirle la
puerta.
Tanto mejor, pudo escapar de la factura airoso.
Esperó que el chofer no le reconociese, y que su
intento de ocultarse detrás de unas gafas de sol y de
una gorra funcionase. Una vez con el coche en
marcha, se sintió más aliviado al descubrir que el
conductor era español. Le había enviado su empresa
hasta allí, como hombre de confianza, para ayudar a
supervisar la implantación de la compañía en el
Cono Sur. Al ponerle al corriente de su desventura,
se ofreció amablemente para intentar recoger el
resto de su equipaje él mismo, si le daba la llave de
su puerta. En dos semanas, regresaría a España, y
podrían quedar.
Su pregunta le hizo recordar que, casualmente, la
FRANCISCO JAÉN

llevaba en uno de los bolsillos del pantalón que


llevaba debajo del que se puso por encima. Con las
prisas, no había reparado antes en esa llave. Se la
entregó, y le dio las gracias, explicándole que se
podía quedar con la maleta que más le gustase, o si
era de su talla, con alguna de sus prendas de ropa.
—Nada hombre, no te preocupes. Aquí tienes un
amigo para lo que sea. Si quieres me invitas a unas
cañitas, y ya está. Además, si veo que no se dan
cuenta, me viene de lujo para llevar a una amiga ─le
guiñó un ojo.
Realmente, fue muy amable. Le ayudó a salir de
allí acompañándolo hasta el mostrador de Iberia.
De tanto ir y venir, de España a la Argentina, hizo
amistad con las chicas que despachaban los billetes.
Y pensó que si le ponían pegas, podría ayudarle. Por
no hablar de que sacar el billete a última hora, desde
el mismo mostrador de la compañía aérea, solía
resultar algo bastante caro, para el incauto que lo
intentase. Le consiguió un buen descuento,
contándoles su patética historia a aquellas chicas,
que les pareció una aventura la mar de cómica y
divertida. Por suerte, no todos se tomaban el fútbol
tan a pecho en aquel país, y se apiadaron de él. Eso
sí, como pequeña venganza por su pronóstico
fallido, le dieron uno de los asientos más
incómodos que usan las azafatas.
El viaje era largo, y llegó molido a Madrid. Pero
no le importó demasiado. Logró escabullirse y
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

escapar de la obsesión que sentían los argentinos


por el fútbol. Y la verdad es que le apenó mucho
aquella forma de irse, de un país que empezaba a
sentir como propio, y del que se había enamorado
perdidamente. Triste, porque no sabía si podría
regresar alguna vez. Triste, porque no le dio tiempo
a tantas cosas. A ver bailar un tango, a tomar un
mate, a visitar otras ciudades, a conocer La Pampa,
o la Tierra del Fuego. Triste, sobre todo, porque
Claudia ignoró todas sus llamadas y mensajes. No
pudo aprender a olvidarla. Ni en diecinueve días, ni
en quinientas noches.
De camino al autobús que le llevaría hasta la
estación de Atocha, desde la que tomaría el Ave
hasta Alicante, empezó a sentir como la lluvia
empezaba a caer entre la ligera niebla que lo cubría
todo. Pero aquello no era Casablanca. Más bien, le
recordó vagamente al final de una noche de fiesta,
hacia algunos años. Al abandonar los pafetos de
Rojales, en mitad de una carretera llena de curvas,
de baches, de niebla y de lluvia, mientras que uno de
sus viejos amigos le decía que esa carretera era
como estaba siendo su vida, llena de obstáculos y de
dificultades, y que no sabía hacia dónde iba. En ese
momento le hizo gracia, en contraste con lo que
sentía ahora. Comprendió que era completamente
cierto. Que se aventuraba a adelantarse al devenir de
todos y de todo, y sin embargo, no alcanzaba a
entender nada sobre cuál podría ser su propio
FRANCISCO JAÉN

destino.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

ACUARIO
De qué sirve
tener tantos pájaros en la cabeza
si ninguno sabe volar.
Lena Carrilero

T ras meditarlo con la almohada, la visita al


despacho del director general le animó a
intentar ponerse en contacto con Sofía Japón.
Quería preguntarle cuál era su impresión sobre este
asunto. Si no lo había hecho antes, era porque le dio
la impresión de que le incomodaba conocer a un ex
novio de Nuria. Pero ahora habían cambiado las
cosas, y pensó que ya iba siendo hora de que
charlase un rato con ella. Le interesaba conocer la
opinión de una persona que, como escritora,
imaginaba con gran capacidad de observación y de
análisis. A pesar de que sus recientes devaneos
amorosos, a primera vista, parecían sugerir todo lo
contrario. En cualquier caso, al pertenecer a una
generación más joven, pensó en que podía ofrecerle
una forma diferente de ver las cosas, algún nuevo
tipo de enfoque, con su particular punto de vista.
En la comodidad de su propio y amplio
despacho, más relajado que el día anterior, y ante su
propia consola, buscó sus datos. Intentaba
FRANCISCO JAÉN

establecer una videoconferencia en ese mismo


momento, o al menos, poder acordar con ella
cuándo podría ser un buen momento. Tuvo suerte,
no tardó en atender su llamada.
Empezaron su charla con los prolegómenos
habituales en estos casos. Con expresiones del tipo
«no tenía el gusto de conocerte», o con el tan
manido «cómo te va». O con preguntas que debían
de haberle planteado hasta la saciedad durante los
últimos meses, como la de «¿qué tal el recibimiento
de la novela en otros países?». Después de todos
esos formalismos, le planteó el asunto que tenía en
mente. Se preguntaba por qué mencionaba tan a
menudo la novela de Gregory Benford en sus
charlas, «Cronopaisaje». Si actuaba así porque
pensaba que lo de los mensajes en el tiempo, que
estaban recibiendo en el CERN, era una mera
invención, como le sugirió el director general. Una
especie de truco de prestidigitador, vaya usted a
saber con qué intrincado propósito.
—Esa es una posibilidad en la que había pensado,
es cierto. Pero a veces, se han dado casos de libros
que se adelantan al futuro. El ejemplo más
conocido es el de Julio Verne. En su literario viaje a
la luna, por ejemplo, hay muchos curiosos
paralelismos con el primer viaje hasta nuestro
satélite, que se dio un siglo más tarde. En ambos
casos el lanzamiento parte desde los Estados
Unidos de América, la nave está tripulada por tres
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

astronautas, alunizan en el Mar de la Tranquilidad, y


aterrizan, o mejor dicho amerizan, sobre el Océano
Pacífico. Incluso se aproximó en detalles tan
técnicos como la velocidad, o el tiempo que se
invertiría durante el trayecto.
—Sí, todo eso es bien sabido. Pero se basó en los
conocimientos de su época. Y quizás tuvo suerte al
apuntar algún detalle. Sin embargo, no estuvo
acertado en todo lo que escribió sobre los viajes a la
luna. Porque, por decir algo, más que en un cohete,
pensó en un proyectil lanzado desde un gigantesco
cañón.
—Un cañón llamado «Columbiad», por cierto.
Debía de tener mucha suerte, supongo. Hasta en los
nombres que elegía. En los tiempos en que
estudiaba bachillerato, nos explicaron lo que intenta
usted decirme de otra forma más académica. Mi
profesora de literatura nos decía que la literatura no
es la realidad, sino un verosímil, una construcción
discursiva de ficción, que presenta situaciones
posibles de que sucedan en el mundo extra literario,
para de esta forma problematizarlo. Para intentar
generar una reflexión al lector. O incluso una
catarsis, una transformación en su interior. Y
después añadía, como enfadada ─sonrió al evocar
un pasado cada vez más remoto─, de forma muy
graciosa, que la literatura no servía para nada útil,
más que para profundizar en nuestro interior, o para
generar una emoción. Que quien quiera hacer cosas
FRANCISCO JAÉN

útiles con su vida, no debería interesarse por la


literatura, debería irse a una ferretería ─soltó una
pequeña carcajada─. Pero eso no quita para que lo
verosímil, en ocasiones, pueda llegar a ser
realmente muy parecido a nuestra realidad.
Asombrosamente parecido. Si Julio Verne no le
acaba de convencer, le daré otro ejemplo que da
que pensar. ¿Ha oído hablar de «El hundimiento del
Titán», de Morgan Robertson?
—Tienes razón, lo recuerdo, el paralelismo con el
hundimiento del Titanic es llamativo.
—Desde luego que lo es. Adelantándose más de
una década, habló de un transatlántico capitaneado
por alguien, y usted dirá que fue suerte o casualidad,
que se apellidaba Smith. Un transatlántico que
impacta contra un iceberg, en las gélidas aguas al
norte del Océano Atlántico. En ambos casos, en la
realidad y en la ficción, no habían suficientes botes
salvavidas. El peso, la longitud, y la capacidad en el
número de pasajeros, son similares. Los dos se
construyen en Inglaterra, los dos cubren la misma
ruta, pero en sentido inverso en el momento del
inesperado encuentro con el iceberg. Encuentro que
en los dos casos se da en un primaveral mes de
abril. A los dos se les consideraba insumergibles,
pues eran portadores de la mayor tecnología y
arrogancia de su tiempo. En los dos el número de
víctimas es similar, la posición y velocidad en el
momento del impacto son parecidas... En fin, se
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

dan tantas coincidencias, que pone la piel de gallina.


¿No cree?
—Es realmente un ejemplo impresionante. A mí
también me interesa la ciencia ficción, y conozco
muchas obras que parecen apuntar a algún tipo de
invento, o de acontecimiento, que terminó por
darse un tiempo más tarde, de forma más o menos
parecida. ¿Pero se puede decir que algo así como
«El hundimiento del Titán», con tal grado de
exactitud, es algo habitual entre los escritores?
—Lo habitual es que, como usted apunta, se
adelanten al futuro de forma más difusa. Si es que
logran anticiparse de alguna forma al futuro, que no
siempre se da el caso. Si me permite, podríamos
compararlo con la miopía. Quizás exista alguna
forma de mejorar nuestra capacidad para ver bien
los horizontes lejanos del futuro. En el caso de los
escritores del pasado, es una de mis tonterías
personales, me los imagino utilizando una de esas
gafas que se utilizaban antiguamente. Unas gafas
especiales, para ver el futuro. Y desde luego, pocos
son los que han contado con unas lentes como las
del señor Morgan Robertson. Que les permitiesen
atisbar el porvenir con tal nitidez, con rasgos tan
definidos. Pero como dice usted, se pueden citar
muchas novelas que se han aproximado de alguna
forma, más o menos acertada, al futuro. Como
mínimo con algún dato llamativo. Como las
inquietantes bombas atómicas que citó H. G. Wells
FRANCISCO JAÉN

en «El mundo liberado». O la datarred, es decir


internet, en «El jinete de la onda del shock» de John
Brunner. Hay también casos en los que su autor
parece conectarse con algo que sucede en su
tiempo. Algo que capta, y que por algún motivo se
ve impelido a transmitir. Como en el «Moby-Dick»
de Herman Melville. Escritor que vino al mundo
unos días antes de que un ballenero fuese atacado
reiteradamente en aguas del Pacífico Sur, por un
cetáceo, hasta lograr su hundimiento.
Sofía pidió disculpas porque tenía la boca seca de
tanto hablar, y se fue a por un poco de agua,
desapareciendo detrás de la puerta que tenía justo
detrás. Jordi le dijo que no faltaría más. Y ante la
ausencia de Sofía, el discreto y silencioso robot
limpiador del servicio automático de habitaciones,
decidió pasarle un trapo a la pantalla. Tras la
sorpresa inicial, comprendió de qué se trataba.
Durante la espera, se preguntó si el que mencionase
a H. G. Wells, el ilustre antepasado de alguien que
intentó cortejarla recientemente, fue una simple
casualidad, o significaba algo a un nivel
inconsciente. Pensó que quizás se seguían viendo.
Al regresar, Sofía le sonrió, y se reiteró en sus
disculpas antes de continuar.
—Como le estaba diciendo, el Essex, que así se
llamaba el ballenero, fue hundido a principios del
siglo XIX por el ataque de una ballena, unos días
después del nacimiento de Melville. El cual, no tuvo
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

noticias de este suceso hasta que, más de veinte


años después, él mismo se embarcó en un barco
ballenero, rumbo a los mismos mares del sur en los
que pereció el Essex. Durante este viaje, la
casualidad quiso que conociese al hijo de uno de los
hombres que sobrevivió a la furia y sed de venganza
de aquel inmenso animal. Y que el relato que le
contó le inspirase para que, tiempo después,
escribiese su más famosa obra, «Moby-Dick». Obra
que también debe su inspiración al caso del
cachalote albino Mocha Dick, en aguas de Chile, a
la que ningún ballenero logró dar caza durante
décadas. Pero fíjese que curioso, cuando Melville
estaba acabando su novela, un barco ballenero
llamado Ann Alexander fue embestido por un
cachalote enrabietado, al que habían estado
persiguiendo exactamente en las mismas aguas en
que el Essex había sufrido el mismo destino. Se dice
que, cuando Melville supo de este nuevo ataque de
una ballena, tanta casualidad le produjo un
profundo impacto. Hasta el punto de llegar a
exclamar «Me preguntó si mi diabólico arte ha
convocado a ese monstruo». Y no es de extrañar
que le impactase tanto, tenga en cuenta que, el del
Essex y el del Ann Alexander, junto con Mocha
Dick, son los tres únicos casos bien documentados
de ataques de ballenas a embarcaciones humanas, de
los que se tenga noticia hasta el día de hoy. Y los
tres parecen estar mágicamente entrelazados con la
FRANCISCO JAÉN

novela de Melville. ¿No le parece sorprendente?


—Sí, sí que lo es. Si mis profesores de literatura
me hubiesen contado estas historias, creo que no
habría estudiado informática... ¿Sabes Sofía?, pienso
que podrías ser una magnífica profesora.
—Muy amable ─le dijo sonriente.
—Entonces tenemos dos posibilidades. Una es
que la novela haya inspirado a alguien. Y la otra es
que Benford atisbase de alguna forma el futuro,
percibiendo algo parecido a lo que iba a ocurrir,
cerca de un siglo más tarde a la publicación de su
novela.
—Eso es. Y ahora que lo pienso... Será
casualidad. Un siglo más tarde, tal y como le ocurrió
a Julio Verne, con su famosa obra «De la Tierra a la
Luna». ¿Significará eso algo?, ¿usted qué cree?
—Creo que nos estamos dejando llevar ─le dijo
un Jordi sonriente─. En el caso de Benford, para
ser exactos, se trataría de unos noventa años más
tarde. En cualquier caso, lo que me interesa es
¿cómo saber aquí si se trata de algún friqui que ha
leído la novela, o de que su autor se ha adelantado al
futuro?
—Esperando a ver qué pasa. Al final se sabrá.
—Supongo que tienes razón. Una última
cuestión, si no es molestarte demasiado. ¿Hay algún
otro autor que haya publicado algo sobre mensajes
que se transmitan a través del tiempo?
—Pues mire, no se lo va a creer. Lo descubrí
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

hace poco. No pude comunicárselo a Nuria, mi


enlace con ustedes, porque ya no estábamos juntas.
Pero como imagino que sabrá, nuestro amigo
Andrés Riera hizo sus pinitos en la ciencia ficción,
con escaso éxito. Por no decir ninguno. O eso
creíamos hasta ahora. Sin embargo, por lo visto,
trabó amistad con un astrólogo de Chequia al que le
gustó una de sus novelas, titulada «Mensajes desde
el futuro». Este amigo suyo se encargó de traducirlo
al checo, y logró publicárselo en su país, con el
pseudónimo de Josef Jellinek. Aunque supongo que
el original debe de estar en algún archivo, por ahí,
escrito en español. Imagino que debió de registrar la
propiedad intelectual de su obra en algún ministerio
de la España de entonces. Y ahí debe de existir una
copia en castellano. Ya sea en papel o en formato
digital. En el nombre de ese ministerio debe de
figurar la palabra cultura, o la de educación. Me ha
sido imposible investigar ese detalle, por la
promoción de mi libro. Lo que he averiguado es
que esta novela tuvo un relativo éxito en Chequia,
durante los tiempos anteriores a los Estados Unidos
de Europa, cuando la República Checa todavía era
un país soberano. La prueba de su éxito es que allí
aún se recuerda este texto. Seis de mis lectores en el
estado checo me han transmitido que mi última
novela se parece al, para ellos famoso libro de
Jellinek, y me han preguntado si esa fue mi fuente
de inspiración. Por lo que me han comentado estas
FRANCISCO JAÉN

personas, saben que utilizó ese pseudónimo para


publicar allí esta novela, y que se trataba de un autor
de origen español. No me ha sido difícil averiguar
que su verdadero nombre es Andrés Riera, nuestro
Andrés Riera. Lo sé porque su fotografía viene en la
solapa del libro.
—Vaya, reconozco que me has dejado
impactado. ¿Crees que nadie se había dado cuenta
de eso antes?
—Yo diría que ni en Bruselas han caído en el
detalle.
El uso del «yo», o de expresiones como «mi
última novela», le dio la impresión a Jordi que se
trataba de una persona centrada en sí misma, y
puede que un tanto egoísta. Lo cual le sorprendió,
pues Nuria se la había descrito como todo lo
contrario. Por lo que quizás era injusto precipitarse
al juzgarla por su forma de expresarse. No la
conocía. O quizás el amor nos hace ver las cosas de
color de rosa.
—En ese caso, tenemos dos posibles efectos de
lo que estamos haciendo ─le propuso Jordi─. Uno
es que en Cataluña recuerdan sus pronósticos sobre
que el estado catalán se daría en nuestra época, y el
otro que en Chequia le recuerdan por una de sus
novelas. Muy buen trabajo Sofía, te felicito. Pásame,
por favor, la información de la que dispongas para
poder buscar ese libro.
—Claro, enseguida le paso los datos. Pero quería
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

comentarle lo más interesante. El libro trata sobre


un experimento en el CERN, con el que se recibe
un mensaje, desde un momento indeterminado de la
futura década de los años setenta, advirtiendo de un
peligro inminente para la humanidad en forma de
Tercera Guerra Mundial. En el año 2020, los
científicos se pondrán en contacto con un astrólogo
para que difunda este mensaje. Pero lo que más le
gustó a los críticos checos de esta novela no fue eso,
sino las disparatadas aventuras de sus personajes.
Que se debaten entre lo cómico y lo surrealista. Se
le considera un libro de humor ácido, de crítica
social, con una fuerte carga de cinismo y de ironía
descarnada, a base de las pesimistas reflexiones que
destilan sus protagonistas sobre la sociedad actual,
sobre el destino de la humanidad, o sobre lo que
hay realmente en el interior de las personas.
Disimulando todo este sarcasmo con un telón de
fondo futurista, como de ciencia ficción.
—¡Dios santo! Da la sensación de que eso
significa que, al final, le pondremos al corriente de
todo.
—Eso mismo pensé yo.
Jordi le contó a Sofía el episodio de la Argentina,
y que de momento sería complicado que le contasen
nada más. Pero, ¿quién sabe? Los designios del
Señor son inescrutables, como le gustaba decir a
Andrés. Para añadir que en su caso el Señor hacia
una excepción. Una de sus bromas, que lanzaba
FRANCISCO JAÉN

cuando algún escéptico amigo le insistía en que no


creía que la astrología pudiese funcionar realmente,
por muchos aciertos de los que presumiese. Que
tenía que basarse en algo más, en un as en la manga.
—¡Ahora que recuerdo! ─exclamó Sofía─, Nuria
quería pedirle el favor de poder comunicarse ella
misma con los científicos del 2018. Estaba
convencida de que sabía qué preguntas tenía que
hacerles, para averiguar por fin si esto se trataba, o
no, de un montaje. Te lo comentará cuando dé su
conferencia en Suiza, o cerca de allí, no recuerdo
dónde. Pero yo no le he dicho nada, ¿eh?
—De acuerdo Sofía, no te preocupes. Gracias
por todo.
—Cuando la vea, dígale por favor que la echo
mucho de menos.
—Claro, te prometo que se lo diré... Me ha sido
de mucha ayuda charlar contigo Sofía. Puedes
ponerte en contacto conmigo directamente, si
averiguas algo más. Ya tienes mis datos. Espero que
otro día podamos vernos en persona. Compré tu
libro, y me gustaría tener una dedicatoria firmada.
¿Sabes?, escribes muy bien, tienes talento. No me
pierdo ninguna de tus novelas.
—Gracias señor Quiles, es usted muy halagador.
—¿Dónde estás ahora?
—En Buenos Aires.
—¿En Buenos Aires?, ¿por casualidad te alojas en
el Alvear Palace?
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

—Sí, es un hotel como de novela. Se podría


escribir un relato ambientado en este lugar.
Realmente muy bonito y elegante. Y muy céntrico.
Si viene por aquí, se lo aconsejo. Pero dígame,
¿cómo lo ha sabido?
—Allí mismo se alojó Andrés Riera, cuarenta y
nueve años antes.

************

E n el local del Centro Sociocultural Libertario,


ubicado en la Avenida de la Libertad de Elche,
los tres dirigentes, y únicos miembros, de las
juventudes antisistema ilicitanas, se disponían a
empezar su trascendental e histórica reunión, en la
que dirimirían algo muy importante para ellos.
Debía de decidirse, de una vez por todas, quién
resultaría vencedor en su eterna partida de rol. Ya
llevaban demasiados fines de semana sin ir al cine,
por culpa de ese maldito tablero, que se negaba a
dar por zanjado el asunto.
Pero tampoco es que les importase demasiado,
allí tenían todo lo necesario para pasar un domingo
por la tarde. Pepe Alvarado, alias Trotski, llevaba en
sus bolsillos dos papelinas con un gramo de cocaína
cada uno, o como decía él, farla de la buena. Había
pasado de consumir esporádicamente, durante
FRANCISCO JAÉN

alguna que otra fiebre del sábado noche, para


hacerlo ahora prácticamente todos los días. Era
como un tren que iba a toda velocidad, y estaba a
punto de descarrilar. Arrastrando consigo a todo el
que estuviese a su alrededor.
Tal vez un día de estos tendría algún tipo de
epifanía personal, de esas que nos hacen cambiar
para mejor, de la noche a la mañana. Tal vez. Pero
mientras tanto se había convertido en un adicto. Y
lo peligroso de los adictos, hasta los que
despertaban milagrosamente de la oscuridad, es que
siempre lo serán. Aunque no consuman nunca más.
Siempre habrá una espada de Damocles sobre ellos,
aguardando la llegada de un mal día en la oficina, de
un pequeño error, de un momento de debilidad.
Que si llega, será para volver de nuevo a las
andadas. Poco a poco al principio. Y después, con
renovada furia desatada.
Por su parte, Jesús Ayala, alias el Petas, era
físicamente parecido a Pepe, pero un poco más
flaco. Su mentalidad también era parecida. Ambos
coincidían en que había que vivir a tope, a lo loco,
con salvaje intensidad. En base a eso, y a otras
tonterías igualmente infantiles e inmaduras, como
su afición a los juegos de rol, llegaron a conectar en
seguida. Como si se conociesen de toda la vida.
Jesús se había hecho con un costo guapo de
chocolate. Pero no del que se come, sino del que se
fuma. Fumaba tanto, que empezaba a afectarle al
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

cerebro. Cada vez que se encontraba con alguien


conocido, o que le llamaban por teléfono, gritaba
siempre la misma frase. Decía aquello que le hacía
tanta gracia a Andrés Riera de «¡Hola!, ¡soy yo!,
¡Jesús!». Y si el saludo era en persona, después te
daba un fuerte abrazo. Para que pudieses apreciar
mejor su característico olor corporal, en el que se
mezclaban los aromas de los porros con su sudor, y
Dios sabe con qué más. A pesar de todo ello, seguía
con su curro en Denta-Web, como programador
informático, donde había conocido a Andrés, que
era el que se lo había presentado a los demás. Se
rumoreaba que su jefe hacia caso omiso de sus cada
vez más habituales meteduras de pata en el trabajo,
porque se había convertido en alguien
imprescindible para él. Era su camello personal.
El más diferente, por su físico delgado de pelo
rubio, con entradas que disimulaba gracias a un
buen corte de pelo al uno, era Paco Castell, alias el
teleco. También se diferenciaba de los demás por
tener un carácter como más calmado. Por ser el más
moderado y clásico de los tres, dentro de lo que
cabe. Quizás en eso influyese que era el único de
ellos con estudios. Con estudios que tenía que
obtener sí o sí. O puede que lo que le pasaba era
que no quería ponerse a trabajar en su vida. Llevaba
una década despilfarrando tontamente el dinero de
papi, en un grado en ingeniería de tecnologías de
telecomunicación. Un grado que parecía no tener
FRANCISCO JAÉN

fin para él. Pero para eso estaba su papi, para


pagarle los estudios el tiempo que hiciese falta. Un
papi que logró hacerse un camino como empresario
de éxito, gracias a su negocio de limpieza de
cristales en comunidades de propietarios, en
oficinas, en negocios, y en el que se explotaba a los
trabajadores. Pues como empresario, no tardó en
descubrir que así es como se hace el dinero.
Pisoteando a los demás.
Sin embargo, curiosa paradoja, su papi formaba
parte del núcleo duro del movimiento anarquista
desde su juventud. Era un dirigente respetado, con
mucho poder e influencia en su organización
política. Y un día descubrió que ese poder podía
servirle para acostarse con mujeres jóvenes y
bonitas. Mujeres llegadas desde otras exóticas
latitudes, buscando una vida mejor, y nuevas
oportunidades que sus países no podían ofrecerles.
Mujeres que se sentían solas, que necesitaban de su
ayuda. Chicas de países como Colombia o
Venezuela, que se acostaban con él a cambio de que
les diese dinero para la matricula en la universidad,
o de que se encargase del pago del alquiler de la
vivienda en la que se alojaban. Y de vez en cuando,
algún viaje de placer, o alguna joya de valor para
adornar sus chupeteados cuellos, sus graciosas
muñecas, sus lamidos lóbulos de las orejas, o sus
delicados y besados deditos. Entre ellas, la novia de
su propio hijo.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Un pequeño secreto a voces, que ya se encargó


Pepe Alvarado de esparcirlo a los cuatro vientos, de
contárselo a todo aquel que quisiera escucharle. Y al
que no, también. Explicando a todos lo mucho que
le había decepcionado ese hombre, el papi de Paco.
Que hacía exactamente lo mismo que un putero
como él hubiese hecho en su lugar. Así que todos lo
sabían. Con la salvedad, claro está, de su familia. De
su mujer y de sus hijos. Uno de esos hijos, Paco, era
al que sus mejores amigos preferían evitarle el
disgusto. Y es que eran muy buenos amigos.
Amigos que pensaron que era mejor así, porque
pronto se iba a casar, y tenían ganas de un buen
bodorrio. Si los hijos del futuro matrimonio iban a
ser del padre o del abuelo, eso ya no era asunto
suyo. Lo que les pedía el cuerpo era fiesta. Era lo
único que les interesaba. La vida había que vivirla a
tope.
¿O quizás si lo sabía y por eso bebía? El caso es
que prefería prepararse whiskies, a la salud de su
organización política, con su refresco de cola y sus
cubitos de hielo, en la disimulada barra de bar de
aquel local, con varias neveras y estanterías en su
interior. De hecho, entre semana aquello era
prácticamente un bar, en el que vendían
discretamente cubatas a sus camaradas. Un bar al
que no se acudía para debatir sobre temas políticos,
como en principio podía parecer, sino a beber, a
apostar jugando a las cartas, y a hablar de fútbol y
FRANCISCO JAÉN

de mujeres, como en cualquier otro bar. Sin


embargo, un bar significaba pagar más impuestos.
Por lo que se hacía necesario ser discretos, si
querían evitar tener que colaborar, aún más, con la
Hacienda Pública. Porque hay que defender lo
público, sí, pero hasta cierto punto. Tampoco hay
que pasarse.
Y ahí estaban, cada uno preparándose su vicio
preferido, antes de empezar con su estúpida partida
de rol. En un local desde el que sentían que,
simplemente por estar ahí, drogándose tan
ricamente, estaban haciendo algo por defender unos
ideales en los que en realidad no creían, ni
entendían. Porque no vivían en consonancia con
ellos, porque vivían como lo que eran. Hijos de
papa, inmaduros a todas luces, de familias
acomodadas de clase media alta, que lo tenían todo
desde niños, y que sus adinerados padres les habían
metido en ese mundo de utopías, y de lucha de
clases. Probablemente por nostalgia, por rememorar
su propia juventud, por romanticismo, o porque era
una forma, como otra cualquiera, de hacer carrera y
de ganarse un porvenir en la vida. Pues como dejó
escrito Francisco González Ledesma, en su
premiada con el Planeta «Crónica sentimental en
rojo», la izquierda es un largo camino hacia la
derecha. O como expresaron en la película basada
en esta novela, la izquierda es una derecha que aún
no ha llegado. Pero la prueba más palpable de que
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

se sentían vacios por dentro, y de que aquel no era


su propio camino, era la mierda que se estaban
metiendo entre pecho y espalda, en una soleada
tarde de domingo que invitaba a disfrutar de la vida
al aire libre.
Ellos preferían estar ahí, encerrados, criticando a
los demás mientras lanzaban los dados y avanzaban
sus fichas. Cabe pensar que porque de algún modo
se sentían enclaustrados en sus monótonas,
hipócritas y frívolas vidas. Y porque les desagradaba
encontrarse en la calle con toda esa gente que
parecía tan feliz. Como al Bustamante ese, el
cantante al que le habían lanzado unas piedras la
noche anterior, como forma de pasar el rato.
Otro de sus infantiles pasatiempos habituales,
aparte de los juegos de rol y de apedrear a la gente
por ahí, era el de acuchillar por la espalda a Andrés
Riera. Al que en ese momento debían de pitarle los
oídos. Hacía tiempo que no sabían nada de él.
Tenían la sensación de que pasaba de ellos, y les
empezaba a dar rabia.
—¿Qué se sabe del desmamado ese de Andrés?
─preguntó Paco.
—¡Desmamado! ─Jesús descubrió una nueva
palabra que le hizo mucha gracia─. Sí, ese no se
casa con nadie.
—Menudo cabrón. ¿Os acordaí que no quiso
venirse con nosotros a ver a Sabina? Puee en Buenos
Aires sí que ha ido a verle. Lo pusieron en la tele.
FRANCISCO JAÉN

¿Lo visteis? Estaba en el escenario, to puesto,


bailando con unas animadoras por ahí, que iban
medio en pelotas. Estaban buenísimas, qué cabrón.
Y hasta lo han entrevistao. No entiendo cómo le han
tomao tan en serio los argentinos, con la chorrada esa
de la astrología por la que le ha dao ahora. Menuda
tontería más grande. Le tengo que desii lo idiota que
me parese to eso. Ya lo pillaré por banda, ya ─era
difícil determinar si el cabreo de Pepe se debía a lo
que estaba diciendo, o más bien a que su ficha
avanzó hasta caer de nuevo en la casilla de las
pruebas.
—Desde que se ha hecho famosete ─dijo Paco
dirigiéndose a Pepe─ ya no nos visita, ni nos llama,
ni nada de nada. ¿Cómo se habrá metido en ese
rollo de pronosticar el futuro?, ¿tú sabías algo? La
verdad es que es un tipo un poco raro.
—Sé que le gustan las pelis de misterio y de siencia
ficsión. Pero no sabía que la paranoia le llegase a
tanto. Con esto le pasará como con todo. Sus curros
siempre son temporales. Lo ha probao con la
hostelería, la alimentasión, en un almasén textil, la
informática, y no sé cuantas cosas más. Montó un
lío de cojones en el super al proponer unas elecsiones
sindicales, y querer presentarse como candidato. Lo
grasioso es que consiguió las elecsiones para que
eligiesen a otro, el que quería la empresa. Y así le
pusieron de patitas en la calle, como vengansa por to
el pollo que había montao. Nunca fue muy popular.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Ahora toca el show business. A ver lo que le dura


─soltó una carcajada.
—¡Mierda! Yo también he caído en la puñetera
casilla de las pruebas ─dijo Jesús, interrumpiendo la
conversación─. A ver, Paco, ¿qué quieres que
hagamos ahora? Y no te pases, ¿eh?
—Mmm... Pues ya que estamos hablando del
cerdo ese de Andrés, que pasa de nosotros.
Tendréis que ir al veinticuatro horas a traerme más
coca-colas, una bolsa de hielo, y ya de paso, unas
patatitas para picar.
—¿Y eso que tiene que ver con el serdo de
Andrés? ─se preguntó Pepe en voz alta.
—Pues que entraréis en la tienda a cuatro patas,
con un «oinc, oinc» a grito pelao. Que se os oiga
bien, ¿eh? Y con un folio en la espalda que ponga
«Soy el cerdo de Andrés Riera». Tendréis que dar
una vuelta entera a la tienda, haciendo el subnormal.
Yo iré con vosotros, porque necesito estirar las
piernas, y quiero reírme un rato.
Lo curioso es que Pepe y Jesús se partieron de
risa al escuchar la ocurrencia. Como si no fuesen a
ser ellos mismos, como de costumbre, los que
estaban a punto de hacer el imbécil. Para animarse
con la faena que tenían por delante, Pepe preparó
tres rayitas. Una de ellas se la metió a la velocidad
del rayo, con su rulo de cinco pavos. Le ofreció a
Jesús, que se lo agradeció diciéndole que le
prepararía un par de porritos. Paco pasó del tema.
FRANCISCO JAÉN

Un domingo por la tarde no le parecía el momento


más adecuado para eso. Se ganó así las reprimendas
de sus buenos amigos, que le llamaron puritano de
mierda, señorita tiquismiquis, y cosas así. Cuando se
cansaron de insultarle, y a Pepe estuvo a punto de
escapársele la expresión cornudo de mierda,
decidieron repartirse la raya que quedaba entre Pepe
y Jesús, como buenos colegas.
Tras preparar dos folios con la frase «Soy el cerdo
de Andrés Riera», y colocárselos con celofán
adhesivo en sus respectivas espaldas, salieron a la
calle como si se fuesen de verbena. Casi con la
euforia del que le ha tocado el pleno al quince. Y así
llegaron al veinticuatro horas, por donde
anduvieron, sin pensárselo dos veces, con los
brazos a modo de piernas, que se sumaban a las que
ya tenían, dando gritos entre risas de «oinc, oinc»,
yendo y viniendo de acá para allá. Sin oír las voces
de Paco, que les pedía que se levantasen. Hasta que
se cansaron de dar vueltas y más vueltas, de reír,
imitando la alegría primitiva de los cerdos que se
revolcaban en el estiércol.
Al levantarse, repararon en la presencia de una
pareja de la policía local, junto a la caja, que habían
depositado en el mostrador unos paquetes de
chicles de menta, algunos refrescos, y como en las
pelis americanas, unos donuts. Daba la impresión
de que se liberaron de los productos que tenían
intención de comprar, para que no les estorbase
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

nada mientras les observaban atónitos. O


seguramente, por si tenían que hacer uso de sus
esposas, o de sus armas reglamentarias con aquellos
energúmenos.
—Sargento, ¿no le parece que estos imbéciles
responden a la descripción dada por los testigos de
anoche, en el concierto de Bustamente?
—Hombre, no había para menos ─terció
divertido el dependiente del veinticuatro horas.
—Tú te callas, si no quieres acompañarnos
también a comisaría ─advirtió el sargento, haciendo
enmudecer al graciosillo del dependiente.
Y así fue como terminaron aquella tarde, y aquella
noche, en los calabozos de la policía local. Acusados
de escándalo público, y siendo interrogados sobre el
asunto de Bustamante. Pero a ellos lo que les
preocupaba realmente era que habían dejado en el
local, donde jugaban su interminable partida de rol,
el chocolate y la farlopa. Y todo hecho un desastre de
neveras abiertas, de botellas vacías, de vasos de
plástico por todas partes. Les iban a meter un
paquete de los guapos, peor que el que ya estaban
sufriendo. ¿Les expulsarían de su organización?
Por supuesto que no. Eran un tanto ingenuos, al
tomarse tan en serio las medidas de disciplina.
Sobre el papel, un político debía de ser una persona
de gran altura moral, alguien intachable. Pero eso
era sobre el papel, y ellos ni siquiera eran políticos
de verdad. Sólo les servían para hacer bulto, para
FRANCISCO JAÉN

pegar carteles de propaganda electoral, para hacer


de palmeros, para pagar la cuota, y ese tipo de
cosas. Se preocupaban por nada. Si les expulsaban,
la organización se quedaría sin juventudes en la
ciudad, por primera vez en su historia. Y el número
de militantes era cada vez menor. Además, la
persona que se encontró con el pastel el lunes por la
mañana, a eso de las once, como buen político, era
lo suficientemente corrupto como para sonreír ante
los pecados de juventud de otros. El juego de rol les
delataba. Con mucha calma recogió todo el
desaguisado. Ordenó las estanterías, ordenó las
neveras y las cerró, barrió el local, pasó el mocho,
tiró la basura, fue al super a por otra botella de
whisky, a por otra bolsa de hielo, a por otra botella
de dos litros de refresco de cola, a por otro paquete
de vasos de plástico. Y lo más importante, se quedó
con la farlopa y el chocolate. Se preparó un cigarrito de
cocaína, y pensó en que podía pedirles que le
consiguiesen más, a cambio de su silencio. Qué bien
que le iba todo últimamente, gracias a la política.
Además de una criada ecuatoriana, una chiquita que
estaba de muy buen ver, que se beneficiaba en su
chalet en Valverde Bajo siempre que podía, cuando
los críos estaban en el cole y su santa señora de
compras, o con las amigas jugando a las cartas,
ahora tendría hasta su propio equipo de camellos de
confianza, que correrían con los riesgos de
conseguirle la droga. Qué bello es vivir, pensaba.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Afortunadamente, Andrés Riera fue ajeno a todas


esas estupideces. Tenía sus propios problemas. Tras
regresar de la Argentina, no le comentó a nadie su
vuelta, más allá de a sus familiares más directos.
Prefirió poner en orden sus asuntos con Hacienda,
y dedicarle más tiempo al running, a leer, y a pensar.
Podría haberse entretenido también con los
encargos de cartas astrales, que le llegaban
continuamente a su buzón de correo electrónico.
Prueba de que había logrado cierta fama en el
mundillo de la astrología. Pero en ese momento no
estaba para analizar si sus consultantes podría
encontrar pareja, trabajo, o lo que fuese, en los
próximos meses. Necesitaba desconectar, meditar,
ordenar sus ideas. Averiguar y decidirse por lo que
haría él en el futuro.
Pero como decía Lennon, la vida es lo que nos
sucede mientras seguimos pensando en otros
planes. La escena de Andrés bailando con Claudia,
tan acaramelados en el escenario, y al ritmo de
Sabina, causó sensación entre la prensa del corazón
al otro lado del charco. Las imágenes tardaron más
en llegar hasta este lado del océano, pero llegaron. Y
alguien pensó que se podría hacer caja con esa
historia del chico que encuentra a la chica de sus
sueños, la chica tontea con el chico, el chico mete la
pata, la chica lo deja, después la chica se arrepiente y
viene a España a decírselo en la tele, se casan,
anuncian un hijo que no existe, para después
FRANCISCO JAÉN

anunciar un aborto que tampoco existe. Más tarde,


la idea era que anunciasen el divorcio, y si seguían
dando audiencia, una nueva reconciliación. Qué
bonito es el amor.
Le llamaron desde un famoso canal de la
telebasura, para proponerle toda esa porquería, que
implicaba su participación en algunos de los más
populares, y rentables, programas de televisión. Al
principio le hizo gracia, y les dijo que en esos
programas salían chicos y chicas demasiado guapos,
que él era del montón. Y le respondieron con la
ocurrencia de que estaban pensando explotar la idea
de un moderno Woody Allen. Un tipo feo, como él,
pero que tenía éxito con las mujeres. La
comparación con Woody Allen, su director de cine
preferido, le resultó halagadora, pero le habían
llamado feo. Así que les siguió poniendo palos en
las ruedas. Y lo tenía fácil, Claudia no quería saber
nada de él. Pero los chicos de la tele eran
insistentes, le prometieron que la convencerían, y le
animaron a que les pasara su móvil. Y Andrés les
mintió al decirles que había borrado su móvil de su
agenda, y que les deseaba buena suerte. Supuso que
no volvería a saber nada de ellos, con su despedida
tan cortante.
De la que no tardó en tener noticias fue de
Claudia, que apareció poco después de aquello en la
tele, para explicar que estaba destrozada, que se
sentía muy desdichada después de haberle dado
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

calabazas. Parece ser que la distancia y el tiempo le


hizo recapacitar, y darse cuenta de lo perdidamente
enamorada que estaba de Andrés Riera. Le rogaba
en directo una segunda oportunidad. Y el programa,
que llamase al teléfono de aludidos. Al que por
supuesto no llamó.
El que si llamó, pero a Andrés, fue Alberto Silva,
el descendiente directo del Gran Capitán. Y eso
que, desde la última vez que conversaron por
teléfono, había cambiado de móvil. Pero se las
ingenió para conseguirlo. Desde su punto de vista,
tenía algo muy importante que comentarle. Le dijo
que necesitaría un representante para trabajar en la
tele, y quién mejor que él, su viejo amigo, que ya
tenía experiencia en esos lares. Andrés le dijo que de
momento no había firmado ningún contrato con la
cadena de televisión. Pero que si llegaba a darse el
caso, que lo dudaba, le llamaría. Le dio su palabra.
Y tuvo que llamarle, porque la cantidad de ceros
que le ofrecieron fue tan desorbitada, que casi se
desmaya. Ni sus misteriosos amigos del CERN, o
de donde puñetas fuesen, le habían ofrecido tanto
dinero. En este mundo de locos, se ofrecía más
dinero por un amor guionizado, para entretener a
cuatro marujas aburridas, que por intentar evitar los
grandes males de nuestro tiempo.
Todo esto, evidentemente, implicó que Claudia y
Andrés volviesen a verse. Y que acabasen por vivir
una reconciliación en privado, lejos de las cámaras.
FRANCISCO JAÉN

No por exigencias del guión, sino por voluntad


propia, en sus propias vidas y con su verdad. ¿La
verdad?... La verdad era que estuvo bien aclarar las
cosas con Claudia. Era una chica dulce y cariñosa, y
todo fue muy bonito durante algún tiempo. Pero no
dejaba de ser una reconciliación basada en un
contrato mercantil, en una mentira, en un artificio
que tarde o temprano no podrían continuar. Porque
lo cierto es que ya no era capaz de confiar
plenamente en ella, por mucho que la quisiera. Y
por mucho que le gustase, eran muy diferentes. Al
final descubrió que no era el tipo de persona que le
podía llenar. Y para complicar aún más las cosas, el
programa les exigía a ambos que debían liarse con
otras personas. Fuese o no algo fingido, eso les
daba igual.
En el caso de Andrés, le propusieron un affair con
Romina Malaspina. Cuyo interés por aprender
astrología de su mano llegó a encandilarle. Con
Romina, habló durante horas y horas de sus
respectivas cartas astrales, en veladas de vino y
rosas, y así terminó por olvidarse de Claudia.
Veladas en las que se dieron cuenta de que, sin
duda, eran compatibles según los astros. Eso estaba
muy claro, porque ella era del signo de Cáncer y él
tenía allí su Ascendente. Llegaron a la conclusión de
que hasta entonces los dos habían sido personas
con mala suerte en el amor, porque sus respectivas
Venus natales se encontraban mal configuradas. Y
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

este planeta simboliza a la diosa del amor. Pero


como los astros sugerían que podrían entenderse
bien, pensaron que una relación sentimental entre
los dos, como les invitaban a iniciar en la empresa
del corazón para la que trabajaban, podría ser una
buena idea.
Poco a poco, se fue convirtiendo en el arquetipo
humano del que esperaban sacar partido, en la
cadena de televisión, durante todo el tiempo que les
fuese posible. Le convirtieron en el moderno
Woody Allen que le habían prometido. Y como le
ocurrió al reconocido y galardonado actor y director
de cine, la fama le llevaría hasta el diván de una
psicoanalista. Una hermosa doctora de largos
cabellos, como deslumbrantes rayos de sol. Con la
que también ejercería de feo, con encanto para las
guapas.
Un tarde, en la hora de la consulta, mientras
respondía a las palabras de la doctora con la primera
palabra que se le ocurría, aquella mujer enmudeció
de repente, para desvelarle después que sus palabras
y sus sueños indicaban, con señales claramente
nítidas, que se sentía atraído por ella. Con una
pasión intensa y desbordante, que su inconsciente
no era capaz de disimular. Por lo que le sugirió que,
si iban a iniciar una relación sentimental, lo más
ético sería que en el futuro le psicoanalizase alguna
otra persona.
Al salir de la consulta, después de la novedosa,
FRANCISCO JAÉN

inesperada, y arrebatadoramente acalorada nueva


terapia sobre el diván, ya como feliz pareja,
descubrieron sorprendidos que llovía a cántaros. Y
es curioso, la lluvia le recordó a Woody Allen, a una
de las escenas de la genial «Sueños de un seductor»,
cuando lanzó esa frase maravillosa de «la lluvia
arrastra los recuerdos por las aceras de la vida».
Sintió como que, en algún sentido, era así. Que ese
día estaba dejando atrás un pasado que la lluvia le
empezaba a quitar de encima.
PISCIS
El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.
Federico García Lorca

N uria le impacientó un poco. Tardó algo más de


un mes en ponerse en contacto con él, para
solicitarle una entrevista en persona con alguno de
los científicos del año 2018, como le había
advertido Sofía. Sin embargo, Jordi prefirió no
llamarla para preguntarle cuándo se pasaría por allí,
por precaución. No quería meter la pata, que atase
cabos, y delatar así a Sofía. Por lo que tuvo que
esperar mordiéndose las uñas. Tenía curiosidad por
saber qué es lo que pensaba preguntar. Ella nunca
daba puntadas sin hilo.
Supo que Nuria estaba ya en Suiza, hacia como
una semana, dando conferencias en varias ciudades
del país helvético. Y cuando ya pensaba que había
cambiado de idea, al fin tuvo noticias de ella.
Le explicó que en los próximos días daría una
conferencia en la capital, en Berna, y ya que estaba
allí, quería aprovechar la oportunidad para hacer
algunas preguntas, que hacía tiempo que quería
FRANCISCO JAÉN

plantear a los científicos del CERN del año 2018. A


cualquiera de ellos, al que tuviese la amabilidad de
atenderla, si eso era posible. Pensaba que su
cuestionario podría ayudar a aclarar este
enmarañado asunto.
Ante la curiosidad de Jordi, sobre la naturaleza de
sus preguntas, le dijo que prefería plantearlas in situ.
Pensaba que el CERN estaba plagado de agentes
secretos, de cámaras ocultas por todas partes, que
sus videoconferencias eran observadas por otros, y
no quería que, quien fuese, alertase a nadie de lo que
tenía intención de preguntar. Podía ser importante
el factor sorpresa.
Pero la sorpresa fue la de Jordi, ante el repentino
celo de sus precauciones. Normalmente, él era el
que se mostraba un tanto paranoico con el tema de
la seguridad, y ella la que sonreía y le acusaba de ser
un exagerado. Así que le preguntó a que se debía su
cambio de actitud, y le dijo que se lo había dicho un
pajarito. Un pajarito que supuso debía de tratarse de
la agente del CEI, con la que había iniciado una
relación sentimental.
De todas formas lo entendía, era bien sabido por
todos que aquellas instalaciones, con científicos de
tantas nacionalidades distintas, albergaban un nido
de espías en su seno. Al servicio de países como los
Estados Unidos de América, el Reino Unido, Rusia,
China, La India, Israel, Japón, y tantos otros.
En cualquier caso, Jordi ya tenía el asunto medio
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

preparado, y no tardó en facilitarle un día y hora


para su entrevista con el pasado. Una entrevista que
fue precedida por una charla en su despacho, entre
ellos dos, en la que Jordi le expuso las ideas del
director general, sobre un supuesto admirador de
Gregory Benford que estaba intentando convertir
en realidad, sin serlo, el intercambio de mensajes en
el tiempo, inspirado por su obra más famosa. Y le
habló también de su charla con Sofía, y lo que le
dijo sobre las novelas que se adelantan al futuro.
—En la línea sobre lo que apuntáis, aún se me
ocurre otra posibilidad. Y no me sorprende que a
vosotros, los científicos, no se os haya ocurrido.
Soléis ignorar vuestra propia historia. Y ya se sabe
lo que ocurre cuando alguien no conoce su propia
historia. Comete los mismos errores una y otra vez.
—¿Qué errores?
—La arrogancia es uno de ellos.
—Yo también te quiero. Pero dime, ¿cuál es esa
otra posibilidad en línea con lo que apuntamos?
—Isaac Newton.
—¿El padre de la física clásica?
—Además de eso, que es por lo que ha pasado a
la historia, o mejor dicho, por lo que queréis
recordarle los científicos, Newton fue también
alquimista, y un gran estudioso de la Biblia. Y no
pongas esa cara, esto no debería de sorprenderte
demasiado. En aquellos tiempos, la frontera entre la
química y la alquimia era difusa. O entre la
FRANCISCO JAÉN

astronomía y la astrología. O entre la medicina y el


curanderismo. O en definitiva, entre la religión y la
ciencia.
—O entre la historia y la astromundial.
—Muy gracioso. Lo que intento explicarte es que,
en sus estudios de las sagradas escrituras,
concretamente al analizar el Libro de Daniel, llegó a
la curiosa conclusión, dejándolo todo por escrito,
que el Apocalipsis, el Armagedón, la hora del juicio
final, o lo que nosotros preferimos denominar
ahora como la Tercera Guerra Mundial, llegaría
sobre el año 2060. Si no se daba entonces, propuso
otras fechas alternativas. Como la del año 2090, o la
del 2132. Para abreviar, a partir del año 2060,
Newton pensaba que las posibilidades de que se dé
el tan cacareado fin del mundo irían aumentando
más y más, con cada año que pasaba.
—¿Y cómo diablos llegó a...? Mejor no me lo
cuentes, o caerá sobre mí la manzana que destroza a
los mitos en mil pedazos. Pero te tengo que
reconocer que tiene cierta lógica lo que dices. Es
perfectamente posible que la persona que está
detrás de esto pueda ser un admirador de Newton, y
no sólo por sus profecías. Si hay algo que tenemos
muy claro, es que tiene amplios conocimientos en
física. La persona, o el grupo que lo ha organizado,
claro. Le comentaré tu idea al director general, a ver
qué opina.
—Sí, hazlo, por favor. Me muero de ganas por
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

saber su opinión ─dijo Nuria con retintín─. ¿Y qué


hay de lo mío?
—Oh sí, disculpa. Con esto de Newton, se me ha
ido el santo al cielo. Y además será mejor no hacer
esperar a la directora general del año 2018. No creo
que pueda despedirme, pero nunca se sabe. Mejor
no ponerla a prueba... Sí, me informan de que ya
está todo dispuesto. Vamos, te acompañaré. Esto
no me lo pierdo.
En el camino por los pasillos de aquel edificio, le
contó el mensaje que Sofía le había transmitido para
ella, que la echaba mucho de menos. Obteniendo
una fría y despechada callada por respuesta. El
silencio tenso que se impuso entre ellos dos, fue
interrumpido con el expectante recibimiento al
llegar hasta la pequeña y alargada sala, con los
famosos servidores cuánticos que habían generado
todo este lío.
Conforme se entraba, a la derecha se encontraba
un armario con puertas que dejaban ver como se
encendían y apagaban las luces de los ordenadores.
De espaldas a este armario, una larga mesa con tres
operarios que se levantaron al verlos, y que disponía
de tres consolas con pantalla. Completando el
equipamiento electrónico de aquel lugar, adheridas a
la pared, frente a la mesa y el armario, tres grandes
pantallas ultrafinas de gran definición. Las dos
laterales se encontraban en modo de espejo, en la
central podía verse el mediterráneo rostro de
FRANCISCO JAÉN

Fabiola Gianotti, una de las mujeres más influyentes


e inspiradoras de su tiempo. Aunque la mayoría de
la gente de su tiempo no hubiese oído hablar jamás
de ella. Eso, claro está, suponiendo que se tratase de
la auténtica Dra. Gianotti. Pero si no lo era, desde
luego se le parecía muchísimo. Sin embargo, había
muchas formas de engañar al ojo humano. Quizás
se tratase, por ejemplo, de uno de esos famosos
androides japoneses tan logrados.
Los operarios hicieron una última prueba de
sonido, comprobaron los servidores, las consolas,
dejaron la pantalla en modo grabación, y quedaron
de pie junto a la puerta, a la espera de recibir
órdenes de Jordi, que les dijo que se podían quedar
como testigos, por si la grabación fallaba. Nuria no
puso inconveniente. Por lo que uno de ellos tomó
asiento en la silla que había quedado libre, junto a la
puerta. Nuria ocupó la central y Jordi la de más al
fondo, junto a la pared sin ventana. Los otros dos
operarios quedaron de pie, a la expectativa.
—Dra. Gianotti, quiero que sepa que para mí es
un gran honor.
—Lo mismo digo. Tengo entendido que es usted
una historiadora muy importante en su tiempo. ¿En
qué puedo ayudarla? ─preguntó sin más rodeos.
—Hace tiempo que le planteé esto a Jordi, pero el
pobre siempre está muy ocupado, y probablemente
ya ni se acuerde. ¡Hombres!, ya me entiende —una
introducción inesperada que hizo sonreír a todos,
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

menos a Jordi, que frunció el entrecejo─. ¿Tiene


ahora conexión a internet en su ordenador, Dra.
Gianotti?
—Sí, claro.
—Por favor, ¿puede introducir en su buscador el
término «Santa Pola»?
Tras un momento como de no entender, hizo lo
que se le pedía.
—Me indica que quizás quise decir Sant Pol de
Mar.
—Muy bien. Ahora, si es tan amable, introduzca
el término «pedanía Loreto».
—El resultado es que hay dos pedanías españolas
con ese nombre. Una en Granada, y otra en
Alicante ─dijo tras unos segundos─. Pero dígame,
¿qué pretende demostrar con esto?
—La de Alicante pertenece a la ciudad de Elche,
y se encuentra frente a la isla de Tabarca, ¿no es así?
—Sí, así es.
—Verá, lo que para ustedes es una pedanía de
Elche, para nosotros es una ciudad llamada Santa
Pola. Y aunque la Iglesia, por fortuna, es ahora una
organización muy minoritaria, algo ya meramente
anecdótico y con muy poca influencia, la patrona de
esa ciudad, para los pocos católicos que aún hay por
ahí, es la Virgen de Loreto. Y eso, para nosotros,
también era así en el año 2018. Aunque entonces, la
relevancia de la Iglesia era mayor.
Estas palabras dejaron a todos en silencio durante
FRANCISCO JAÉN

unos segundos. Segundos que se hicieron eternos.


Pero no por la crítica velada a la degeneración moral
de una iglesia decadente que ya no le interesaba a
nadie. Los operarios dirigieron sus miradas hacia
Jordi, como buscando una respuesta, mientras Jordi
observaba atónito la cara de sorpresa y de
incredulidad de la Dra. Fabiola Gianotti. Aquello le
resultaba imposible. La teoría de los universos
paralelos era, hasta ahora, sólo eso, una teoría.
—¿Quiere usted decir que no compartimos el
mismo mundo?, ¿qué pertenecemos a realidades
paralelas?
—Mi campo no es el de la física, pero dadas las
circunstancias, parece una idea a tener en cuenta. La
otra, y no se ofenda, es que todo esto es un truco.
Muy ingenioso, pero un truco. Y al final, siempre se
descubre el fallo, por pequeño que sea. Por lo que
mis colegas aquí presentes, y yo misma, nos
sentiremos más convencidos si nos envía un
pantallazo de sus búsquedas en internet. Si es usted
tan amable.
—Comprendo sus dudas profesora Caballero, no
me ofende en absoluto. Deme un segundo.
—Llevo tiempo dándole vueltas a esto ─empezó
a decir Nuria al recibir los pantallazos─, porque uno
de sus empleados nos comunicó que Andrés Riera
vivía en Elche, concretamente en la pedanía de
Loreto. Una pedanía supone una población menor.
He pensado que puede deberse a tres cuestiones.
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

Una es que se hayan dado más enfermedades o


pandemias que en nuestro tiempo. La segunda es
que España, la España de su mundo, haya
participado en guerras que no se han dado en el
nuestro. Y la tercera podría ser que, la España que
usted conoce, siga contando con posesiones en
América.
—¿En América? Me hace usted dudar. Pero que
yo sepa, España no cuenta en la actualidad con
posesiones en el continente americano.
—Si me hace usted el favor, ¿puede descargarse
un mapa político de España, y enviármelo a través
de la conexión cuántica? Espero no estar
molestándola al solicitarle tantas búsquedas por
internet.
Fabiola sonrió afirmando que debería haberse
hecho acompañar de su secretaria. Medio minuto
después, el mapa que apareció en la consola de
Nuria era similar al de la España de principios del
siglo XX. Una España que quizás habría sido
posible en el 2018, si se hubiesen dado otras
circunstancias históricas. Pero no tenía nada que ver
con lo que ellos tenían en mente, ni con lo que
decían los libros de historia, sobre la España de
principios del siglo XXI. Pero ahí estaba, el mapa
que les acababa de enviar la Dra. Gianotti mostraba
tres comunidades autónomas que jamás lo fueron
en la realidad, en su realidad.
La más extensa de esas comunidades autónomas
FRANCISCO JAÉN

era la del Sahara Occidental, la situada más al sur de


aquellos tres territorios en el continente africano. La
más pequeña era la del Ifni, un poco más al norte. Y
la tercera, justo en frente de la península ibérica, en
la parte mediterránea del estrecho de Gibraltar, era
la del Rif. Territorios que, como les explicó Nuria a
todos, a su interlocutora desde otra realidad
paralela, y a los científicos que observaban el mapa
desde aquella alargada sala, para ellos, en el 2018
esos territorios habían pertenecido a Marruecos. Si
bien es cierto que, durante buena parte del siglo
XX, habían formado parte de lo que se conocía
como el África hispana. Como también lo fue la
Guinea Ecuatorial, que en el mapa de la Dra.
Gianotti no aparecía.
—Mi impresión es que estas diferencias sugieren
que muchos peninsulares se trasladaron a vivir a
estos territorios. Además, sospecho que tuvo que
darse algún conflicto bélico que en nuestra historia
no se dio. Me pregunto si en su realidad se dio el
episodio de «La Marcha Verde». ¿Sabe de qué le
hablo?
—Recuerde que soy italiana, no conozco en
profundidad la historia de su país ─Nuria iba a
contestarle que para ellos Italia y España formaban
parte del mismo país, pero se mordió la lengua.
Pensó que podía meter la pata con esa respuesta,
como quizás lo había hecho ya con sus comentarios
sobre la Iglesia─. Aguarde un momento, a ver qué
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

me dice Google. Nuestras realidades son tan


parecidas, que supongo que ustedes también utilizan
este mismo buscador, o que lo habrán utilizado en
su pasado... Si, ¿lo ve en su pantalla?, se lo acabo de
enviar. Aquí dice que unos trescientos mil civiles de
Marruecos invadieron el Sahara Español en 1975, y
que hubo una masacre por el campo de minas
situadas en la frontera. Esto provocó una
declaración de guerra por parte de Marruecos, que
se sentía respaldado por los Estados Unidos. Pero el
presidente Carrero Blanco respondió con la bomba
atómica... Oh si, esto lo recuerdo, fue uno de los
episodios bélicos más famosos del siglo XX. El
lanzamiento de una bomba atómica sobre la base
naval de Casablanca. Aquí pone que llevaban
experimentando con el armamento nuclear desde el
año 1974. Sin embargo, todos pensaban que estaban
en pañales con estos experimentos. Sorprendieron a
propios y extraños con su brutal respuesta. La
humillante rendición de Marruecos incluyó la
devolución de territorios que habían formado parte
de España en el pasado. El Ifni y el Rif. Y para
mayor sorpresa de todos, tanto los Estados Unidos
como la URSS acabaron por aceptar la nueva e
insólita situación, de un país europeo que
continuaba manteniendo colonias en África, a
finales del siglo XX. Y que se había convertido en
una nueva potencia nuclear.
—Y eso debió de implicar terrorismo en dichos
FRANCISCO JAÉN

territorios, y en la península. Lo que a su vez debió


de provocar una mayor necesidad de tropas
militares, por parte del estado español. Además de
que muchos civiles peninsulares, imagino, serían
motivados económicamente, para trasladarse a vivir
y trabajar hasta esos exóticos territorios, con el fin
de hispanizarlos. De ahí que, para lo que nosotros
son ciudades, para ustedes son pequeñas pedanías.
Por no hablar de cuestiones aún de mayor calado,
como la continuidad del régimen franquista durante
años, o incluso décadas, después de la muerte del
General Franco. En nuestra realidad, el General
Carrero Blanco fue víctima de un atentado, en el
año 1973.
—Esto es realmente fascinante profesora
Caballero. Y esperanzador. El 2077 que
presenciamos aquí horrorizados, es posible que no
pertenezca a ninguna de nuestras dos realidades.
Pienso... pienso que todo esto debe servirnos de
advertencia. Y que deberíamos intercambiarnos
información sobre nuestras respectivas historias
paralelas de la humanidad. Como historiadora,
imagino que debe de estar deseando conocer todos
los detalles de nuestra historia.
—Pero entonces ─intervino Jordi de repente─,
dar con tu propio pasado, o con tu futuro, con tu
propia línea temporal, ¿podría ser algo así como dar
con una aguja en un pajar?
—Imagino y espero que conocerán a Einstein, y
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

su teoría de la relatividad —la Dra. Gianotti pensó


que, como experta en física, era la que debía de
responder a esa pregunta—. Con la que nos explicó
que el viaje hacia el futuro es posible, si se logra
superar la velocidad de la luz. Idea que se
representó de forma muy original en una famosa
película de nuestro año 1968, quizás también en el
suyo, «El Planeta de los Simios». El problema es
cómo superar esa velocidad, y cómo poder regresar.
Porque, que nosotros sepamos, no es posible
realizar el viaje inverso, hacia el pasado. Pero aquí
estamos hablando de algo diferente. Como acaba de
demostrarnos la profesora Caballero, hemos
conectado, accidentalmente, universos paralelos en
diferentes momentos temporales. Lo que puede
llevar a confusión, porque eso no es lo mismo que
conectar tiempos diferentes de un único universo.
Por lo tanto, Sr. Quiles, mi teoría es que mediante
este curioso experimento no podemos conectar con
nuestro propio futuro, o con nuestro pasado. Con
lo que se conecta es con otro universo, con otra
realidad. Pero eso sí, podemos conocer diversos
pasados y futuros posibles. Que no es poca cosa,
¿no les parece a ustedes?

♈♉♊♋♌♍♎♏♐♑♒♓
FRANCISCO JAÉN

E l lector contemplaba como la niebla caía sobre


el mar, ocultándolo. A las gaviotas volando a
ras de agua, presagiando una nueva lluvia otoñal
sobre la casita de playa que había alquilado, cerca de
su universidad. Era la atmósfera adecuada para
refugiarse en su lectura. Sin embargo, decidió que ya
tenía suficiente. Aquella novela no daba más de sí.
Como experto en física, el libro le pareció
bastante flojo en sus explicaciones científicas, y
hasta un tanto infantil. Si bien es cierto que, gracias
a eso, algunas de las explicaciones vertidas en sus
páginas podrían venir bien para ilustrar a
adolescentes de secundaria, que estudiasen física
elemental. Pero por fortuna, él no era profesor de
mocosos de secundaria.
Las ideas sobre la posibilidad de universos
paralelos siempre habían resultado muy sugerentes,
para los escritores y lectores de ciencia ficción. Y
había que reconocer que era una idea que tenía su
encanto. Pero la triste realidad es que la ciencia
había demostrado que eso era una solemne tontería.
En cambio, la idea sobre los mensajes en el tiempo
que leyó en la contracubierta era otra cosa. Fue lo
que le sedujo para comprar los tres libros, que ahora
pensaba en si regalárselos a alguien, o tirarlos sin
más a la basura. Se sentía estafado.
Al tratarse de una saga titulada como la de «Los
mensajes en el tiempo», había pensado que ese era
el tema, y que el autor se habría documentado al
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

respecto, sobre tan sugerente hipótesis. Pero al final


todo fue derivando en la idea de los universos
paralelos. Lo de los mensajes de otro tiempo, ni
siquiera era una idea original de aquel autor. Al
menos fue honesto, y mencionó al verdadero
artífice. De esta forma obtuvo un título que quizás
si podría interesarle, «Cronopaisaje».
Por otra parte, si con aquel libro lo que buscaba
el autor era convertirse en uno de esos escritores
que se adelantan al futuro, como lo sugirió con el
diálogo entre Jordi Quiles y Sofía Japón, no lo había
conseguido para nada. Sencillamente, porque no
mencionó el acontecimiento más importante del
siglo XXI, y de todos los tiempos, el intercambio de
mensajes con una inteligencia extraterrestre en los
años cuarenta. Y hubo otros que nunca se dieron,
como el atentado en la Cúpula de la Roca. Y es que,
de sobra es sabido que los escritores de ciencia
ficción, en sus pronósticos, fallan más que una
escopeta de feria. Aunque se hable tanto de los
aciertos. Aciertos que hay que mencionar entre
comillas, porque suelen ser relativos. Salvo honrosas
excepciones muy contadas, que quizás se deban a la
simple casualidad.
Pero sobre todo, si no seguía leyendo aquella
novela, era porque las aventuras de Andrés Riera no
le importaban nada en absoluto. No iba a perder de
nuevo el tiempo leyendo la segunda parte del último
capítulo, para averiguar cómo acababa la historia
FRANCISCO JAÉN

para aquel curioso personaje. Además ya se lo


imaginaba, era bastante evidente. Acabaría mal,
como un juguete roto. Porque era incapaz de amar,
de pensar con la cabeza, de madurar y de sentir. De
sentir de verdad. Así que no entendía qué es lo que
el autor pensaba que le aportaban al texto aquellas
absurdas historias, sobre un ridículo astrólogo que
se pensaba que era diferente a los que le rodeaban,
pero que era exactamente igual que ellos. Un ser
humano a la deriva. Un moderno hippy, sin oficio
ni beneficio. Un marginado. Un pobre inadaptado.
Si acaso, su rocambolesca historia le hizo
recordar los versos de «Contra Jaime Gil de
Biedma». Se le ocurrió que el título de aquel poema
se podía cambiar perfectamente por el de «Contra
Andrés Riera». Como habían hecho ya en el pasado
algunos imitadores, aspirantes de poeta. Pero en
este caso, se le antojaba que el cambio estaría
plenamente justificado, porque aquella poesía
parecía encajar con lo que había leído. De Andrés
Riera, o de cualquiera de sus extrañas amistades.
Todo lo que se refería a aquel personaje, fuera de
lugar en todas partes, era explicado de forma
demasiado cómica, con escenas que no aportaban
gran cosa, que desentonaban con el resto de la
novela. Como las escenas pornográficas a las que
recurrió el autor en el capítulo que llamó
Capricornio, y que no venían demasiado a cuento.
Quizás pensaba que con algo así aumentaría sus
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

ingresos. Con eso y algo de suerte, tal vez lo lograse.


Pero lo importante de una novela, para aquel
exigente lector, no es el número de ventas, no es
promocionar el libro en unos grandes almacenes,
para venderlo como quien vende desodorantes, es si
el texto en cuestión tiene o no realmente valor
literario.
En honor a la verdad, hay que decir que en los
primeros capítulos llegó a pensar que podría
tenerlo. Con la salvedad del primero, el capítulo
titulado Aries. Ya que pensaba que contar la
situación geopolítica de repente. Sin haberle dado
tiempo a establecer, al lector que iniciase la lectura,
un mayor vínculo emocional con los personajes, era
un fallo de principiante. Porque con eso se
arriesgaba a empezar aburriendo. En ese detalle ya
se notaba que era un escritor novel. Pero aún así, en
los siguientes cuatro capítulos mantuvo la esperanza
de que, como en toda buena obra literaria, podría
llegar a interpretar, a sentir de algún modo, el
poema de lo que estaba leyendo encarnado en su
propia vida. Pero aquello no era literatura de
verdad, no le había transmitido nada de eso. Nada
en absoluto. Del sexto capítulo en adelante fue
decepcionándose cada vez más. Así que no terminó
el último, no prosiguió con la segunda parte
ambientada en el 2018, y lo cerró sin más. Lo
estampó contra el suelo exclamando un sonoro
¡bah!, y al instante notó cierta molestia en el
FRANCISCO JAÉN

hombro. Debía de ser por la postura en el sillón,


porque al levantarse de la cama no se había notado
nada.
Acarició instintivamente, con la mano izquierda,
el tatuaje en su hombro derecho. En sus tiempos de
estudiante se había hecho tatuar, justo ahí, donde le
dolía ahora, una triple espiral celta, un trisquel. Al
igual que sus dos mejores amigos en aquella época,
con los que acordó aquel acto de juvenil rebeldía, a
modo de desafiante autoafirmación. En aquellos
años compartían los mismos objetivos. Que
básicamente consistían en descubrir la vida con
mayúsculas. Tenían hambre de sensaciones. Para
ello debían de enfrentarse, en una lucha sin cuartel,
contra las aburridas normas parentales. ¿Qué sería
de ellos? No lo sabía. Pero sospechaba que todos
habían acabado malheridos por el desamor, o hasta
por algo aún peor, en aquella épica batalla por vivir
la vida.
Como también ignoraba que la civilización
extraterrestre con la que contactaron los científicos
en los años cuarenta, a muchos años luz de distancia
de allí, en la constelación de Acuario, invadiría la
Tierra el 8 de octubre del año 2077. Unos visitantes
que llegaron desde tan lejos, sin avisarles de ello en
ninguno de sus mensajes, gracias al «vacío negro»,
una antimateria que posibilitaba los viajes
interestelares en apenas un instante.
Llegaron con el «vacío negro», y eso es lo que
COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA

trajeron consigo. Por eso mismo le quedaban unos


escasos veinte años de vida, como a los amigos a los
que había perdido la pista. Si lo hubiese sabido, si
hubiese leído entre líneas, quizás hubiese vivido
esos veinte años de otra forma. Posiblemente los
hubiese vivido a la manera de Andrés Riera, que
tanto criticaba. A la manera de su propia juventud,
de la que su tatuaje era el único testigo. Un testigo
mudo. Hubiese vivido, probablemente, como debía
de vivirse en mitad de la Guerra de Oriente Medio,
como si no hubiese un mañana.
Ignoraba tantas cosas. Ignoraba que el futuro
visto en los otros dos universos paralelos que
relataba la novela que desechó, era el suyo propio.
El suyo, y el de todos sus congéneres. Y que el
autor bajo pseudónimo estaba al servicio de su país,
y a las órdenes del CERN. Por lo que tampoco fue
capaz de captar el valor poético que todo esto
contenía. La verdad es que no entendió muchas
cosas. No entendió nada.
FRANCISCO JAÉN

FIN

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