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EL AMOR SOLIDARIO EN LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO:

UN ESTUDIO A LA LUZ DE LUCAS 10:25-37


Luis Angelo Sánchez Rimarachin
Estudiante del 5° de Teología – UpeU – luisangelo_sr@hotmail.com

Resumen
La parábola del buen samaritano, resume y sintetiza el ideal y el significado de la
praxis del amor solidario y auténtico hacia los demás. Ese amor “solidario” es reflejado por
un hombre de Samaria, o “el buen samaritano”, quien es aborrecido por los judíos, y
viceversa, pero que movido a misericordia, auxilia y ayuda a un judío.

Así pues, la historia que relató Jesús, amplificó el concepto del amor solidario al
prójimo que los judíos ejercían en sus vidas, mostrando que las personas deben ofrecer su
amor de todo corazón, tal como lo da Dios hacia el mísero y herido pecador. Aquí los
rituales y formas sin sentido de una religión falsa y corrupta son contrastados por la
práctica eficiente del amor “solidario.”

Por tal motivo, el presente estudio de Lucas 10:25-37 se ha preparado con el


propósito de llevarnos a una compresión más plena del sentido y valor del amor solidario
en la vida del cristiano, sabiendo que las acciones hablan más fuerte que las palabras y que
todo seguidor de Cristo está llamado a una vida dedicada al servicio solidario de cualquier
persona (prójimo) que necesite de ayuda, independientemente de su condición social, racial,
moral, religiosa u otra.

INTRODUCCIÓN
Es bien sabido que la solidaridad forma parte de los valores morales de la
humanidad y que esta se define en el marco de las acciones buenas que el hombre realiza
durante su experiencia de convivencia hacia sus semejantes que le rodean. Sin embargo, la
idea que conlleva la palabra moderna solidaridad va más allá del simple hecho de ser bueno
con los demás.
Los evangelios peculiarmente al describir el ministerio de Jesús, esbozan de manera
abarcante e implícita mediante los sucesos registrados la praxis conceptual de la solidaridad
y aunque la palabra en cuestión no aparece en los mismos, éstos pueden considerarse, sin
lugar a dudas, una constante invitación a su práctica, como expresión del amor
universal sin barreras de ningún tipo que nuestro Señor Jesucristo definió por precepto y
por ejemplo.
Por otro lado, se puede decir que la palabra más próxima a “solidaridad” es el
término agape,1 porque la supone y la incluye no solo en la teoría sino también en la
práctica. Además, el vocablo agape indica principalmente las relaciones de amor entre Dios
y el hombre o entre el hombre y su prójimo en cumplimiento del precepto divino según
Lucas 10:27.

1
El vocablo agapê, aparece 141 veces en el Nuevo Testamento de las que 62
aparece en los evangelios.
Por consiguiente, el principio de la solidaridad se formula a partir de la premisa;
presentada claramente en Mateo 7:12 y conocida como la “regla de oro”, donde Jesús
describe en síntesis el AT con esta frase: “Así que todas las cosas que queráis que los
hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, pues esto es la Ley y los
profetas.” De ahí que Jesús nos invita a ser solidarios, es decir, ponerse en el lugar del otro,
como si fuera uno mismo, identificándose con las situaciones y necesidades de la persona y
haciendo con él lo que uno desearía que le hicieran, dicho de otro modo ser empático.
Igualmente este principio de solidaridad en su prescripción extrema se declara
también en el evangelio de Lucas 6:27-31: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los
que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Al que
te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica
le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo
devuelva. Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros
con ellos”. Éste es el ideal a la cual se debe apuntar: “un amor que no excluye a nadie ni
siquiera a enemigos y agresores; un amor tan solidario del otro que no espera recompensa
alguna y llega hasta la renuncia de los propios derechos”.1

De este modo, la enseñanza antigua de la “ley del talión” (Ex 21:4; cf. Mt 5:38) o la
de “amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo” (Mt 5:43), o la más innovada de “amarás a
tu prójimo como a tí mismo” (Lc 10:27) quedan rebasadas por la enseñanza de Jesús acerca
de un amor solidario hasta el punto de dar la vida por los demás (Jn 15:12, 13). A
continuación en la presente investigación, debido a que son muchas las historias en las
cuales los evangelios invitan a la praxis del amor solidario, el investigador sólo se limitará
y tendrá en cuenta como base de estudio la parábola del buen samaritano (Lc 10:25-37), a
fin de demostrar y describir en qué consiste el amor solidario y cuál es la propuesta de
solidaridad de Jesús para su iglesia de hoy. Para dicho propósito ha sido conveniente dividir
el presente trabajo en tres secciones.

Primero, se analizará la parábola2 del buen samaritano a partir de su contexto


inmediato. Segundo se establecerá y explicará su estructura literaria junto con su
caracterización y finalmente, se darán las conclusiones acerca de las enseñanzas cristianas
de la solidaridad que aparecen en la parábola del buen samaritano y su invitación a la praxis
del amor solidario en nuestras vidas.

1
J. Mateos F. Camacho, El Hijo del hombre. Hacia la plenitud humana, (Córdoba:
El Almendro, 1995), 223.
2
Una parábola en el vocabulario popular normalmente es un relato breve que ilustra
alguna verdad. Esta puede también significar “refrán” o “proverbio” (Lc 4:23),
“comparación”, “metáfora” o “dicho figurado” (Mr 7:14-17). Sin embargo, las parábolas
pronunciadas por Jesús tenían como propósito ilustrar verdades relativas al reino de Dios y
en su sentido amplio eran relatos de la vida cotidiana, empleados para hacer una
comparación con la realidad divina. Para mayor información ver: Tom Shepherd,
“Interpretación de los símbolos, las alegorías y las parábolas de la Biblia”, en Entender las
Sagradas Escrituras: El enfoque adventista, ed. George W. Reid (Buenos Aires:
Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), 283-287.
Contexto inmediato de Lucas 10:25-37

La parábola del buen samaritano1 es probablemente una de las más conocidas


narradas en los evangelios. Dicha parábola se encuentra en el capítulo 10 del evangelio de
Lucas denominada "el envió de los setenta”, que comienza con el envío de mensajeros por
parte de Jesús a una aldea de Samaría, por la que debían de pasar para predicar y hacer
milagros. Cuando llegaron a la aldea, los mensajeros fueron fuertemente rechazados como
lo registra Lucas en el capítulo 9:51-56. De ahí que Santiago y Juan piden a Jesús que haga
caer un rayo de destrucción sobre aquella aldea de Samaria que les había tratado mal. Por el
contrario, Jesús se opone a ello y ordena marchase a otra aldea. Dicho trasfondo prepara al
lector del evangelio para conocer a un Jesús que no se deja llevar por el legalismo formal ni
las represalias de la nación, al colocar más adelante como protagonista de la parábola
precisamente a un miembro del grupo social que rechazan,2 por ser judíos, a los enviados
de Jesús que se dirigen con él a Jerusalén.

El relato propiamente dicho de la parábola tuvo su origen a partir de una pregunta


muy peculiar, que también es mencionada en Lucas 18:18-23, donde un ilustre gobernante
al igual que el doctor de la ley de Lucas 10:25-29 hace la misma pregunta a Jesús ¿Qué
debo hacer para heredar la vida eterna? (v. 25). Si bien, aunque ambos personajes enuncian
una pregunta similar, es notable según el registro bíblico que el primero en mención tuvo la
intención de adular a Jesús mientras que el segundo en cuestión tuvo la pretensión de
ponerle a prueba. Así pues, en este caso la pregunta del doctor de la ley hecha a Jesús
propició y preparó el marco en que sería introducida la parábola del buen samaritano.

La Biblia dice que tras la pregunta de este magistrado, Jesús por su lado le responde
con otras dos interrogantes hablándole en su mismo idioma (v. 26) ¿Qué está escrito en la
ley? ¿Cómo lees? Entonces el magistrado queriendo mostrar el cabal conocimiento que
tenía acerca de la misma, responde citando al AT: Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18 (v.
27).3 En cuyas citas se establece el principio de la ley (el amor), y los dos sentidos en los
que se expresa: el amor a Dios y el amor al prójimo (Vertical, a Dios; y horizontal, al
hombre) que comprende todo el cumplimiento de la Ley.

1
Es interesante saber que esta parábola contada por Jesús no fue una escena
imaginaria ni muchos menos una metáfora o alegoría, sino más bien, un suceso reciente,
conocido exactamente como fue presentado por Jesús. Ver: Elena G. de White, El Deseado
de todas las gentes (Buenos Aires: Asociación casa editora sudamericana, 2005), 462.
2
Los samaritanos eran despreciados por los judíos debido a su ascendencia, que era
una mezcla de judíos y gentiles.
3
Los judíos recitaban mañana y tarde en el servicio de la sinagoga, una oración que
se denominaba Shema (palabra con la que comienza Dt 6:4-9: “Escucha, Israel, el Señor,
nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu
alma, con todas tus fuerzas...” John F. Walvoord y Roy B. Zuck, El conocimiento bíblico,
un comentario expositivo: Nuevo Testamento: San Mateo, San Marcos, San Lucas (Puebla:
Ediciones Las Américas, 1995), 306.
Aunque la respuesta por parte del magistrado fue la adecuada (v. 27). Jesús, buscó
evaluar “la realidad de la vida de este hombre con el conocimiento que revelaba tener, pues
no son los oidores de la ley los que tendrán la vida que Dios da, sino aquellos que son
hacedores, y la ley, sin la ayuda de Dios es imposible cumplirla”.1 Al verse luego el
magistrado que había quedado en desventaja con la resolución de Jesús ¡has esto y vivirás!
Éste trató de recuperar el terreno perdido pidiendo una definición más precisa de la palabra
“prójimo” ¿Y quién es mi prójimo? infirió (v.29).2 De esa manera, aquel hombre se
reconoció a sí mismo como transgresor de la Ley, pues sabiendo lo que demandaba el
precepto divino, en vez de mostrar humildad y sinceridad trato de justificarse,
defendiéndose de lo que implicaba para él lo dicho por Jesús.

En el fondo, el diálogo se tornó muy interesante y seguramente todos estaban


expectantes ante la inquisitoria del magistrado de la Ley. Se debe tener en cuenta que los
judíos consideraban que sólo otro judío podría ser su prójimo, dejando a un lado a los
gentiles. Así, prójimo era para ellos sinónimo de compatriota israelita. Igualmente, los
fariseos, llevados por su celo separatista, iban más allá; pues creían que sólo otro fariseo
podría ser su prójimo, nadie más. Es notable entonces que detrás de las preguntas de este
magistrado había un afán oculto por delimitar las fronteras del amor. Jesús, conociendo el
trasfondo de la pregunta, aprovecha entonces la situación para dar una maravillosa lección
de misericordia, que rigurosamente quebrantó con las barreras presumidas del judaísmo.3
Pues para los líderes religiosos el prójimo era tan sólo una minoría que ellos mismos
seleccionaban según su apreciación.

Ante todo, la situación inicial de la parábola se describe con figuras realistas: el


episodio se sitúa en una zona geográfica conocida: de Jerusalén a Jericó. Se trató de un caso
de bandidaje, habitual en dicha zona. El camino de Jerusalén a Jericó era extremadamente
peligroso debido a la abundancia de ladrones y salteadores. La parábola comienza con una
adversidad, que se espera superar a lo largo del relato.4

Por otro lado, la distancia que hay entre Jerusalén y Jericó es de unos 30 km. y la
carretera discurre hoy entre las crestas desérticas de Judá. Pero en sí, el antiguo camino iba
por Wadi el-Qelt, descendiendo desde el monte de los Olivos a 792 m. sobre el nivel del

1
Samuel D az, Comentario bíblico del continente nuevo: San Lucas (Miami, FL:
Editorial Unilit, 2007), 4.
2
D.A. Carson et al., Nuevo comentario bíblico: siglo veintiuno (Miami: Sociedades
bíblicas unidas, 2000), 234.
3
Juan Carlos Cevallos y ubén . Zorzoli, Comentario bíblico mundo hispano:
Lucas (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2007), 197.
4
J. Jeremías, Las parábolas de Jesús (Barcelona: Verbo Divino, Estella (Navarra),
1970), 247.
mar hasta llegar a la Jericó herodiana a 213 m. bajo el nivel del Mar Mediterráneo.1 Esta
zona era desierta y árida, y además era un conocido escondite natural para bandidos. Así
pues, se puede suponer que el asalto a un desconocido solitario no provocó tal vez ninguna
sorpresa al público que atentamente escuchaba la parábola puesto que la peligrosidad de ese
camino era tal, que en el siglo I de nuestra era, se tenían que organizar expediciones, con
defensa militar, para los grupos de peregrinos que iban a Jerusalén a las fiestas.2

Estructura literaria
Es evidente que la perícopa de estudio (Lc 10:30-37) tiene una división natural tal
como aquí se lo describe a modo de escalera descendente. Además dicho esquema presenta
un estilo muy peculiar con diversas estructuras lingüísticas basadas en el simbolismo de los
números tres y siete que son evidentes en la parábola y que serán detallados en esta sección
próximamente.

1. Un hombre descendía
de Jerusalén a Jericó (camino)
lo asaltaron
y se marcharon.

2. Un sacerdote descendía
por aquel camino (Jerusalén a Jericó);
al verlo
y pasó de largo.

3. Un levita
que llegó por aquel camino (Jerusalén a Jericó);
al verlo
y pasó de largo

4. Un samaritano
que iba de viaje por aquel camino (Jerusalén a Jericó);
al verlo
se compadeció de él

Es interesante notar según la estructura que estos cuatro personajes diferentes en


situación y posición son por un lado también semejantes, porque todos descienden o
transitan en primera instancia y según fue su momento por un mismo camino (Jerusalén a
Jericó). Un camino que los coloca en segunda instancia en las situaciones como son
presentados y definidos en la parábola.

1
Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista del séptimo día, trad.Víctor
E. Ampuero Matta (Miami: Publicaciones interamericanas, 1990), 5:764.
2
D az, Comentario bíblico del continente nuevo: San Lucas, 4.
Caracterización

Un marco tentativo en el que se insertó la parábola podría ser así, como puede verse
en el siguiente cuadro:

Parte 1 (10:25-28) Parte 2 (10:29-37)


Pregunta del doctor de la ley ¿Qué debo hacer para ¿Y quién es mi prójimo?
heredar la vida eterna? (A1) (A3)
Contra-pregunta de Jesús ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cuál de estos consideró
¿Cómo lees? (B1) que era su prójimo? (B3)
Rpta del doctor de la ley Dt 6:5, Lv 19:18 (A2) El que tuvo compasión de él
(A4)
Mandato de Jesús haz esto y vivirás (B2) ve y haz lo mismo (B4)

En cada parte del relato (10:25-28 y 10:29-37) hay una pregunta del magistrado y
una contra-pregunta de Jesús, una respuesta del magistrado y una invitación de Jesús.

“Aconteció” (v. 30): Se presenta un toque literario muy hermoso y al mismo


tiempo se puede notar, según la trayectoria del relato que se perciben cuatro momentos
definidos en la perícopa de estudio. Frente a esto se encuentra que hay cuatro personajes
sobre los cuales gira la historia de la parábola: Un hombre asaltado y herido, un sacerdote,
un levita y un samaritano. En vista de que son cuatro los personajes principales de la
parábola, en el siguiente cuadro se muestra la descripción de cada uno de los personajes,
explicando las circunstancias en las que ellos se desenvolvieron dentro de la misma con su
respectiva evaluación.

Momentos Personajes
1° (v.30) Un hombre Descendía de lo asaltaron y se marcharon.
Jerusalén a
Jericó
2° (v. 31) Un sacerdote Descendía por al verlo paso de largo.
aquel camino
3° (v. 32) Un levita Llegó por aquel al verlo paso de largo.
camino
4° (v. 33) Pero, un Iba de viaje por al verlo se compadeció
samaritano aquel camino de él.

1° momento: Un hombre.
Este hombre descendía de Jerusalén a Jericó. La Biblia no dice nada acerca de su
nombre pero si del asalto que se le provocó en esa región. Hay que suponer que se trató de
un judío. De no serlo, el autor del relato habría indicado su procedencia. Tampoco se nos
dice quiénes fueron los bandidos que lo dejaron medio muerto después de marcharse.
De este hombre se dice también que “lo desnudaron, lo molieron a palos y lo
dejaron medio muerto”. El hombre quedó, por tanto, sin señales de identidad, pues
probablemente ya no tenía vestido y apenas tenía vida.

2° y 3° momento: Un sacerdote y un levita


Un sacerdote que también descendía por aquel camino de quien se esperaba que
amara a otros, evitó acercarse bien al hombre herido, quien seguramente era judío.
Igualmente, un levita, quien paso de largo sin mostrar la debida atención al herido que
estaba tendido en el suelo. Estos “olvidaron que cualquier persona de cualquier nación que
está necesitado es nuestro prójimo”.1 El sacerdote y el levita pasaron junto al malherido sin
mostrarle siquiera misericordia sino solo lastima y rechazo. Tal vez ambos por su lado
volvían de cumplir sus funciones en el templo de Jerusalén, pues Jericó era bien conocido
como lugar de residencia de sacerdotes y levitas. La acción de estos dos personajes están
caracterizados por una misma actitud que se describe de modo paralelo: “al verlo pasan de
largo”. Aunque la parábola no dice por qué actúan de este modo tan inesperado. Los que
escuchaban el mensaje de Jesús probablemente no se asombraron de que el levita y el
sacerdote no hubiesen socorrido al judío, quizá podrían haber razonado con la excusa del
estado sin vida de aquel hombre moribundo ya que la ley les prohibía a ellos acercarse a los
cadáveres, para permanecer puros. No obstante, aun así, ambos pasaron “como si no
hubieran visto nada, pero en realidad no se detuvieron porque no les importaba lo que
veían”.2 Tanto el sacerdote como el levita evitaron conscientemente brindarle su ayuda.

4° momento: Pero, un samaritano.


El samaritano es presentado como un viajero en una zona transitada por judíos. Es
evidente ahora en manos de quién está la suerte del malherido. Ese “pero” (adverbio de
contraste) en el relato bíblico hace la diferencia en primera instancia para que el samaritano
no pase también de largo y en segunda instancia el cambio para la ayuda y auxilio del
hombre herido. Sin embargo, si se lee el relato desde el pensamiento judío entonces la
presencia del samaritano no podría producir sino desilusión en la mente del público. Por lo
tanto, su aparición complicaría más aun la escena. No obstante, ese “pero” diferente y que
cambio la dirección de la historia de esta parábola produjo el factor de la sorpresa continúa
durante el relato que hace que el público de Jesús ahora más que nunca le escuche
concienzudamente.
Por otro lado, los oyentes judíos de esta parábola no podían esperar nada de este
samaritano pues era un excomulgado, que tenía apodo de escarnio, sinónimo de hereje y
diablo.3 Dada la enemistad tradicional entre judíos y samaritanos, si la actuación del
sacerdote y del levita resultó tal vez escandalosa para el público de Jesús, la de un
samaritano no sería la excepción. ¿Se puede esperar algo de éste? Sin embargo, la
1
William Barclay, Comentario al Nuevo Testamento (Barcelona: Editorial Clie,
1970), 324.
2
. Nichol, 764.
3
Roberto Jamieson, A. R. Fausset y David Brown, Comentario exegético y
explicativo de La biblia: El Nuevo Testamento (El Paso, TX: Casa Bautista de
Publicaciones, 2002), 149.
introducción del samaritano como héroe rompió las expectativas del oyente judío de la
parábola.1

Simbolismo en Lucas 10:25-37


Es interesante percibir según Lucas 10:25-37 que el desenlace de la parábola del
buen samaritano antes, durante y después, está caracterizada en forma peculiar por la
presencia de simbología numeral como aquí se lo presenta:
El número tres.
El número tres es presentado en la Biblia como algo completo y definitivo, por
ejemplo la trinidad. En la parábola aparece tres veces la palabra “prójimo”(vv. 27, 29, 36);
tres son las acciones de los asaltantes para con el hombre (lo asaltan, lo desnudan y muelen
a palos; v. 30); tres, los personajes que desfilan ante el herido (sacerdote, levita y
samaritano; vv. 31-33); tres veces aparece la expresión "y al verlo"; tres son los
movimientos que realizan los personajes: el sacerdote descendía por aquel camino, al verlo
y pasó de largo; el levita llegó por aquel camino, al verlo y pasó de largo, y el samaritano:
iba por aquel camino, se acercó y al verlo (vv.31-33). En el pensamiento tradicional y
popular se cumple la norma de tres, es decir, “a la tercera va la vencida”, como lo expresa
el proverbio. Así a la tercera tiene lugar el acontecimiento definitivo: se acerca el
samaritano, tras pasar de largo el sacerdote y el levita y auxilia al herido.2

El número siete.
El relato está bosquejado también en torno al número siete, que es presentado en la
Biblia como un período pleno, completo y perfecto, por ejemplo, los siete días de la
creación.3
En la parábola se observa que siete son las acciones que realiza el samaritano para
con el malherido: 1) se acercó a él, 2) se compadeció, 3) y le vendó las heridas 4)

1
D.A. Carson et al., Nuevo comentario bíblico: siglo veintiuno (Miami: Sociedades
bíblicas unidas, 2000), 234.
2
J. Mateos-F. Camacho, Evangelio, figuras y símbolos, (Córdoba: El Almendro,
1992), 82-91. Ver también: A. Lurker, “Números” en Diccionario de imágenes y símbolos
de la Biblia (Córdoba: El Almendro, 1995), 64.
3
Ibíd., 82-91. El simbolismo del número siete se ve confirmado por su uso en el
Antiguo y Nuevo Testamento. A modo de ejemplo, las fiestas duraban siete días (fiesta de
los tabernáculos Lv 23:24); la séptuple venganza es la venganza completa (Gn 4:15: "El
que mate a Caín lo pagará siete veces"); Dios lo ve todo con siete ojos (Zac 4:10: A esas
siete lámparas representa los ojos del Señor, que se pasean por toda la tierra"); la vida del
hombre para el salmista dura setenta años, múltiplo de siete (Sal 90:10). Por otro lado, en
los evangelios podemos leer cinco panes y dos peces (=siete) que indica la totalidad del
alimento; luego en el segundo reparto se habla de "siete panes" (Mc 8:5), destinados a todos
los pueblos; y se recogen finalmente siete canastas llenas. Otros textos hablan de siete
espíritus (Mt 12:45), siete demonios (Lc 8:2), siete hermanos (Mt 22:25); hay que perdonar
a nuestro prójimo no hasta siete, sino hasta setenta veces siete (Mt 18:21-22); setenta son
los discípulos que envía Jesús (Lc 10:1), etc.
echándoles aceite y vino, 5) luego lo montó en su propia cabalgadura, 6) lo llevó a una
posada 7) y lo cuidó.
Además también se percibe que son siete los personajes sobre los cuales gira todo el
acontecimiento de Lucas 10:25-37, de manera que si tenemos en cuenta que el posadero
sustituye al samaritano en su ausencia y es prácticamente un desdoblamiento del personaje
que desempeña éste: 1) un doctor de la ley, 2) Jesús, 3) un hombre, 4) los ladrones, 5) un
sacerdote, 6) un levita y 7) un samaritano.
.
Finalmente son siete veces que aparece el verbo de movimiento ἔρχομαι “erkhomai”
(ir) y sus compuestos (cf. vv. 30-35):

ἀπῆλθον: se marcharon (los asaltantes).


ἀντιπαρῆλθεν: pasó de largo (el sacerdote).
γενόμενος: llegó (el levita).
ἀντιπαρῆλθεν: pasó de largo.
ἦλθεν: llegó (el samaritano).
προσελθὼν: se acercó.
ἐπανέρχεσθαί: cuando vuelva

Conclusión

La parábola del buen samaritano, que Jesús dio, amplió prácticamente el concepto
de prójimo que tenían las personas de su tiempo y especialmente los líderes religiosos como
aquel magistrado de la historia. Dicha parábola lejos de ser algo ficticio fue una historia
real, ocurrida recientemente en el momento en que fue contada por Jesús. Por lo tanto, las
escenas no fueron imaginarias ni pintadas por el Maestro pues “el sacerdote y el levita que
habían pasado de un lado estaban en la multitud que escuchaba las palabras de Cristo”.1

Por otro lado, las respuestas del magistrado también revelaron que “su concepto de
la justicia era completamente equivocado. Para él, como para la mayoría de los judíos de su
tiempo, ganar la salvación consistía esencialmente en lo que prescribían los ritos y las
ceremonias. Consideraba, por lo tanto, que la salvación se podía obtener por medio de las
obras de la ley. De manera que, las dos preguntas que Jesús lanzó al magistrado no tuvieron
por finalidad de hacer una investigación erudita, sino conducirle a la práctica del amor
solidario.

Sin reclamar para sí el título de maestro, Jesús había obrado como un "maestro",
pues dispuso su conocimiento al servicio del amor. Además, Jesús intentó transformar a
este magistrado, de “un hombre de saber”, a “un hombre de hacer”. Sin embargo, el
magistrado se situó solo al nivel del conocimiento, pretendiendo eludir la práctica. Es así
que Jesús entonces le invita a la praxis sin menoscabar su conocimiento. Para resumir, el
Maestro deseaba que ese magistrado entendiera que el amor es el fundamento de la vida y
que ésta debiera ser ortopraxia y no solo ortodoxia.

1
Elena de White, El deseado de todas las gentes (Buenos Aires: Asociación Casa
Editora Sudamericana, 2005), 462.
Ante todo, mediante esta parábola, Cristo ilustró que la naturaleza de la verdadera
religión, no consiste en sacrificios, credos, o ritos, sino más bien en la realización de actos
de amor, en hacer el mayor bien a otros, en demostrar el amor solidario así como él lo
expresó por precepto y ejemplo durante su vida de abnegación aquí en la tierra.

Haz esto y vivirás, El verbo “ποίει” es un imperativo que está en presente continuo y
significa “haz”, lo que implica que no es asunto de obrar ocasionalmente, sino hacer del
amor solidario un estilo y práctica en la vida. Conocer y no practicar es estar muerto
espiritualmente. El problema de aquel maestro de la ley no era la ortodoxia, sino la
ortopraxia. Creía y conocía bien, pero no lo practicaba, ni el amor hacia sí mismo. Así era
el vivo reflejo de la religiosidad plasmada del judaísmo imperante en ese entonces.

Por otro lado, tradicionalmente, el sacerdote y el levita deberían haber sido las
personas “buenas” de la parábola, mientras que el samaritano el “malo”. Sin embargo, que
gran diferencia se logra ver en la vida de este hombre, que sabía quién era su prójimo así
como el trato que debía darle. Sabía muy bien que el prójimo no es solo a quien se conoce,
sea de su misma raza o condición. Su prójimo fue tan sólo alguien que necesitaba de su
ayuda, en este caso un hombre que socialmente era su enemigo.

Por consiguiente, el amor a otra persona nace primero del amor a Dios, que hace
que nos aproximemos al necesitado con respuestas prácticas. Dios nos llama a dejar de ser
extraños, para ser próximos (prójimos) del otro caminante que al igual que uno transita por
el camino de esta vida. En la parábola Jesús hace dos invitaciones al magistrado: Al
principio: “haz eso y vivirás” (v. 28); al final: “pues anda, haz tú lo mismo” (v. 29). La
primera (“haz esto”) hace referencia a los términos de la Ley; la segunda (“pues anda, haz
tú lo mismo”), a la actitud de amor solidario del samaritano que debe ser imitado por el
magistrado. A éste le dice Jesús por dos veces que lo importante es la práctica y no la
teoría; o que la teoría sin la práctica no conduce a la vida eterna.

La parábola del buen samaritano encarna maravillosamente una propuesta de


solidaridad del Maestro de los maestros, Jesús de Nazaret, presentada en su ejemplificación
verdadera: "El amor al prójimo como a uno mismo no tiene límites, este es incluso hasta
para el enemigo. Detrás del samaritano rechazado, se revela la actitud de un Dios que ama
más allá de lo conocido y que siempre se comporta como "prójimo" de todos los hombres,
es un Dios de vida que salva de la muerte y asegura el futuro.

Finalmente, mediante esta parábola, Cristo demostró que nuestro prójimo no es


necesariamente quien pertenece a la misma iglesia o fe. Nuestro prójimo es toda aquella
persona que necesita nuestra ayuda. Además en dicha parábola se entiende que la
naturaleza del hombre caído y la misericordia de Dios están simbolizados por el hombre
herido que yacía moribundo en el suelo sin recibir ayuda y por el buen samaritano
respectivamente que extendió su mano cambiando la situación de aquel hombre sin
esperanza. Pues, nosotros éramos como este viajero pobre y en apuros. Satanás, nuestro
enemigo, nos asaltó y nos hirió. Jesús se compadeció de nosotros. Es nuestro deber por lo
tanto, que en nuestro trabajo y según nuestra capacidad, socorrer, ayudar y aliviar a todos
los que estén en apuros y necesitados. Nunca debiéramos pasar por alto junto a un alma
abatida sin brindarle el consuelo y el amor cristiano así como nosotros recibimos el amor de
Dios y somos consolados por él (Mt 10:8)). El amor de Dios plasmado en el corazón se
manifiesta consecuentemente en el amor al prójimo, es decir amas a Dios y amas a tu
prójimo como a ti mismo (1 Jn 3:18; 4:20, 21). El Señor demanda lo siguiente
“misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 9:13).

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