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REFLEXIONES SOBRE LA MISION DE LA ESCUELA

“Cuando los padres se habitúan a dejar hacer a los niños..., cuando los maestros tiemblan
frente a sus alumnos y prefieren halagarlos, cuando los jóvenes desprecian la ley porque no
reconocen nada más allá de ellos mismos, entonces es el comienzo de la tiranía”. Platón

Profesor Eduardo Arancibia


La escuela frente a la Sociedad

El sistema educativo Peruano se encuentra muy lejos de alcanzar los estándares mínimos de una
educación de calidad, a pesar de los esfuerzos aparentes realizados por el Sector. Esta situación es
reflejo de un conjunto de problemas a nivel macro social que nuestro país ha venido atravesando
en las últimas décadas. La Educación se halla en crisis a nivel mundial, en el Perú, se considera
que ha llegado a niveles de emergencia, sin embargo, la situación de emergencia, desde puntos y
niveles relativos, se están dando en todos los países, lo cual revela que la situación es más grave
de lo que se dice o quiere mostrar. Los trasfondos que explican esta situación pudieran tener un
origen común: la decadencia del sistema.

Según los resultados de la evaluación que hizo PISA 2001, Programa Internacional Evaluación
de estudiantes de la OCDE, nuestro sistema educativo, además de presentar bajos niveles de
calidad, también presenta disparidades que atentan contra el principio de equidad desde varios
frentes que tienden a reforzar la exclusión. No sólo se provee de servicios de calidad disímil, sino
que tampoco ofrece, en términos de pertinencia, o de asignación presupuestal una base
compensatoria para quienes lo requieran.

Las demandas sociales en relación con la escuela son cada vez más exigentes abarcando un
espectro tan grande de aspectos que la Institución corre el riesgo de perder la noción de cuál es su
objetivo central. Pocos se preguntan, hoy, cuál debe ser el rol de la escuela y en esa confusión se
cree que debe resolver los problemas y males del mundo moderno asignándoles responsabilidades
ajenas a sus propios fines. Existe una desmedida expectativa en que la escuela deba resolver los
problemas sociales tales, como la delincuencia, la drogadicción, el aborto, la desocupación etc. Se
han ido trasladando, progresivamente, los problemas sociales a la escuela. Nosotros nos
preguntamos si los gobiernos no pueden resolver los problemas sociales que nos aquejan ¿por
qué la escuela tiene que afrontarlos?

Si bien en el discurso manifestamos que las competencias académicas nos preocupan, niños y
jóvenes advierten que concebimos a la escuela como un lugar para depositarlos donde se les
brinda una atmósfera agradable y protectora para el cómodo transcurrir de una parte importante
de sus días; sin embargo, ellos saben o intuyen en el fondo, que la sociedad que les espera tiene
muy pocas oportunidades que ofrecerles.

Sociedad del espectáculo, sociedad del juego

Guillaume Faye al respecto manifiesta: “La Sociedad del espectáculo, como una sociedad de
alienación, no fundada en exclusiva sobre la explotación económica, sino también sobre la
dictadura permanente de las imágenes y de los objetos y sobre la multiplicación de experiencias
simuladas por la industria de la distracción; se ha sofisticado considerable. No solamente por la
explosión de la esfera audiovisual y de Internet, sino también porque esta sociedad del
espectáculo, para captar la atención del público, se ha concentrado sobre el espectáculo del
Juego”. Los CD-ROM sobre juegos, que inundan en el mercado excluyen actividades
importantes para el ser humano: leer y pensar. La cultura de lo divertido y el juego en todas las
esferas de la vida del ser humano, liquida definitivamente las ideas. Sin embargo, creemos que
esta estrategia tarde o temprano está condenada al fracaso. Una sociedad no puede sobrevivir
mucho tiempo sumida en una cultura de lo insignificante.

En la sociedad moderna quizás el verdadero problema no son las drogas o la delincuencia, sino la
adicción al entretenimiento diario. La búsqueda imperativa de lograr que todas las experiencias de
la vida, incluida la escolar, sean “divertidas” anticipa el ocaso del esfuerzo que, necesariamente,
está vinculado con el aprendizaje. Clifford Stoll al respecto anota: “Nunca antes se había
sostenido que el aprendizaje debe ser divertido. Requiere disciplina, responsabilidad y atención
en clase. Aprender es trabajar. Convertir el trabajo de la clase en un juego supone denigrar lo
más importante que podemos hacer en la vida. Alguien tiene que reaccionar frente a tanta
estupidez de moda”. La actitud lúdica introducida en las teorías modernas del aprendizaje no
admite, por parte de los alumnos, compromisos ni responsabilidad alguna, quitándole seriedad y
compromiso a la difícil tarea de aprender. Se busca divertir para educar, incorporando la
enseñanza al mundo del espectáculo. La situación se agrava cuando al mismo docente se le ha
hecho creer que es un mero facilitador o mediador, es decir, alguien del que se puede prescindir,
si fuera necesario.

Dado que la base del aprendizaje actual está centrada en la actitud lúdica del estudiante, la
consecuencia lógica es que la evaluación sea permisiva y condescendiente, sobre todo en
colegios privados. Alumnos y padres reclaman por las notas de sus hijos, debido a que pagan
mucho dinero y creen tener derecho a exigir buenas notas a cambio. Hoy, el “niño”, el “joven”,
es un dios en miniatura. Cuando obtiene malas notas en la escuela, sus padres ya no lo sancionan,
sino que aplican un “correctivo” al profesor. Esto significa, en muchos casos, desde la simple
amonestación hasta el despido arbitrario. Situación que involucra sobre todo al ámbito de la
educación privada, desde las escuelas hasta universidades.

El Papel de los medios de comunicación

Jaim Eycheverry en su libro “La Tragedia Educativa”, nos previene diciendo: “vivimos en el
marco de una cultura televisiva, que enseña que todo es descartable, que sólo sirve para el
momento, los niños asimilan ese tono de permanente devaluación y fugacidad, esa sensación de
que nada importa. Es preciso reconocer que la más influyente escuela actual no tiene su sede en
las aulas, sino en la intimidad del hogar, frente a una pantalla televisiva”.

Los medios de comunicación han generado una capacidad para influir sobre grandes grupos
humanos en todo el planeta; los más vulnerables son nuestros niños. Los niños, cuando tienen 5 o
6 años, ya han sido arrastrados definitivamente por el mercado y continúan desarrollándose no
como ciudadanos sino como consumidores., Las técnicas se psicología de masas usadas son
herramientas poderosas que permiten establecer pautas y patrones de comportamiento y
pensamiento que modifican gradualmente la estructura psíquica del individuo y rompen con
arraigadas tradiciones culturales y religiosas. Estas técnicas buscan modificar el estilo de vida y
patrones de comportamiento en los niños y jóvenes. Lo que parece a simple vista como inocuos
entretenimientos, en base a la fuerza que ejerce la repetición, culmina en una herramienta
hipnótica que modifica patrones de conducta y actitudes de los individuos frente a las
instituciones sociales, la autoridad, la familia, el amor, la violencia y la propia sexualidad. Es así,
por ejemplo, que los jóvenes se preocupan hasta un extremo demencial por la moda o lo que está
de moda y parecen alejarse de todos los demás intereses humanos. Resulta evidente que los
verdaderos pedagogos son la televisión, la publicidad, el deporte, la música popular y la política:
todo lo que la escuela hace, la sociedad lo deshace.

Todo sabemos que la mejor manera de educar en la formación de valores es a través del ejemplo,
sin embargo, los medios de comunicación nos enseñan sólo malos ejemplos, desde presidentes
prófugos, políticos que traiciona a sus electores, jueces acusados de cometer prevaricato, y
policías que reciben coimas sin que nada suceda. En tal sentido, los niños están siendo
abandonados y traicionados por sus padres y mayores, en una sociedad que carece de referentes
que sirvan de ejemplo. ¿Cómo puede la escuela educar si los niños principalmente aprenden de
los ejemplos? Todo lo que ocurre fuera de la escuela repercute enormemente en la formación de
los niños y jóvenes.

Contrariamente a lo que se ha sostenido muchas veces, es la ausencia de poder lo que resulta


dañino para el desarrollo. Esto es evidente en la escuela. Las APAFAS cada día adquieren
mayores atribuciones y frecuentemente son fuente de constantes conflictos generados por el
dinero que manejan; en lugar de mejorar las condiciones del funcionamiento escolar y servir al
centro educativo donde estudian sus propios hijos, sólo se sirven del dinero recabado. Estas es
una de las causas por los cuales la escuela ha ido perdiendo, autonomía, liderazgo, control y el
poder para administrar correctamente la Institución.

Achacarle al maestro el colapso del sistema educativo, por parte del gobierno, apoyada por la
denominada prensa libre, constituye un acto de irresponsabilidad y cinismo. De acuerdo a la
realidad y contexto mencionados, ningún maestro está en condiciones de enseñar si al mismo
tiempo debe luchar por recuperar su liderazgo, autoridad, y por sobre todo, su dignidad perdida,
en una sociedad que a cada instante la desautoriza.

¿Cómo se aprende en la escuela?

Uno de los objetivos de la cultura contemporánea es eliminar las dificultades, simplificarlo todo.
Esta singular devaluación de la autenticidad se acomete en el convencimiento de que la gente es
incapaz de manejar el conflicto y el dolor, las contradicciones y ambigüedades de la vida. Este
convencimiento de que las personas sólo son capaces de recibir mensajes muy simples revela el
desprecio por su inteligencia y su capacidad de realizar el esfuerzo necesario para comprender la
complejidad del mundo. La adolescencia resulta así un tránsito amortiguado por las
comodidades y el disfraz de la realidad.

Se presta escasa atención al maestro, a las personas que enseñan, en cambio, se le da mayor
importancia a los medios audio visuales, a las herramientas, como la computadora, el proyector
multimedia, a pesar que no se ha demostrado que sean más eficaces que el uso de la tiza y la
pizarra en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El Internet se ha convertido en oráculo de
Delfos…. ha reemplazado a libros y bibliotecas.

Los estudiantes para solucionar rápidamente sus tareas escolares acuden al Internet, allí
encuentran de todo; en realidad, ni siquiera se necesita saber computación (hasta ahora nadie sabe
cómo es que un analfabeto es capaz de manejar una computadora), basta con cortar y pegar. Se
pueden hallar monografías, tesis, laboratorios resueltos, contenidos de los más variados temas ya
desarrollados, listos para ser impresos; luego presentan el trabajo al profesor y obtienen una
buena calificación. En la mayor parte de los casos, ni alumno ni profesor llegan a leer el trabajo
presentado. Si el alumno siente que no tiene tiempo para dedicarse a esta labor, paga para que
alguien lo haga y en última instancia acude a profesores particulares que resuelven laboratorios de
ejercicios de cualquier asignatura y son entregados listos para ser presentados.

El uso de las imágenes, empleada muy hábilmente en el mundo del marketing, es utilizado en
educación, limitando las mentes de los niños y jóvenes en su capacidad de pensar e imaginar. De
este modo, se ha satanizado a la educación tradicional y se ha creado el prejuicio de que lo
“tradicional” no funciona precisamente por ser tradicional. Nadie se pone a pensar que desde los
grandes hombres de ciencia hasta los modestamente formados hemos sido producto de la
enseñanza tradicional. Se ha hecho creer que lo moderno es lo único que vale. De esa manera, se
hacen fotocopias de modelos educativos ajenos, fracasados en su mayoría, se las reviste de falsas
innovaciones, simulacros de la novedad y se la implanta sin previamente evaluarlas.

Es curioso observar como se hace uso de estos medios audios visuales. El profesor se ha
acostumbrado tanto a ellos que prácticamente con una lap top y un proyector, se pueden dictar
los más variados temas de aéreas diversas, curiosamente, con un dominio mínimo de su
contenido. Es una herramienta maravillosa porque permite dictar una clase sin saberla. Podrimos
afirmar casi con seguridad que muchos cursos son dictados de este modo por profesores que
tienen un dominio precario de sus competencias. Los alumnos al culminar la clase puede solicitar
las diapositivas al profesor y estudiar de ellas; eso les basta. Es en el nivel universitario donde se
hace uso excesivo y masivo de estas herramientas, tanto en pre-grado como post-grado.

Si queremos crear hábitos de lectura, mejorar la compresión lectora y el juicio crítico de nuestros
alumnos, entonces, ¿Cómo lograr este objetivo? ¿Si en lugar de dotar las escuelas con
bibliotecas, los implementados cada vez más, con costosos módulos de computación? Nadie ha
leído un libro entero (sin dañarse los ojos) en una computadora.

Como resultado final tenemos estudiantes que ni siquiera saben que no saben, esto es un ejemplo,
como bien expresa Jaim Etcheverry: “El sistema no ha sido capaz de enseñarles la oposición
entre verdadero y falso, cultura e incultura, conocimiento y desconocimiento, etc. Esta
desinformación, tarde o temprano va a generar, en una parte de las nuevas generaciones, una
experiencia de fracaso por la contradicción entre altas expectativas y conocimientos insuficientes
y que puede tener repercusiones impensadas en la sociedad, por la presencia de un conjunto de
jóvenes con demandas incongruentes con sus capacidades.

¿Cuál es la misión de la escuela?

La escuela es la llave del futuro de nuestra civilización. Su papel debe ser contribuir a crear
conciencia lingüística, conciencia histórica y conciencia moral. Estas tres formas de la conciencia
de uno mismo, que son inseparables de la conciencia del otro, constituyen el modesto objetivo
para la escuela del mañana. Debemos tener el coraje de depositar en la escuela el germen de una
educación opuesta al utilitarismo dominante. Sólo así las futuras generaciones podrán reaccionar
críticamente frente a la poderosa maquinaria del conformismo cultural.

Más allá de la imposibilidad de determinar qué terminará siendo útil para la actividad productiva
de un individuo, es preciso regresar a la idea de que mediante la educación, la sociedad pretende,
sobre todo, formar personas lo más completas posibles, que se comprendan a sí mismos y el
significado profundo de la vida. El problema no es, pues, enseñar los aspectos instrumentales de
una tecnología, que obnubila y emboba a la mayoría, sino enseñar a los jóvenes a pensar. Saber
que puede aprender, y tener confianza y disponibilidad de aprender lo que sea a cualquier edad.

Aprender a vivir, que es lo más importante, requiere un trato inteligente con la vida, buen
conocimiento del mundo y de nuestros semejantes para saber orientarnos con destreza y
compromiso en el oficio de vivir. Valorar la importancia que siguen teniendo en una persona la
amplitud de miras, la complejidad del pensamiento, la flexibilidad en la expresión o la
disponibilidad de recursos argumentales, los atributos que genera una educación completa y
diversificada. Las tendencias crecientes a limitar el espectro de problemas a los que se enfrentan
los jóvenes, derivados de la pretendida “utilidad” del conocimiento, no sólo avanzan en una
dirección equivocada, sino incluso para la finalidad pragmática que persiguen. Resultan
profundamente injustas porque niegan la posibilidad de comprender, en toda su amplitud y
complejidad, el fenómeno de lo humano.
El consumismo, la comodidad de la sociedad de consumo, el embrutecimiento de la sociedad del
espectáculo, son lo que han roto los resortes de la resistencia. Vivimos en medio de un ruido
ensordecedor que no nos deja ni un instante para dialogar y reflexionar con nosotros mismos.
Nuestra sociedad es cómplice, habitualmente inconsciente, del mal que la corroe. Los docentes
contagiados ellos mismos por lo moderno, quienes deberían ser los más llamados a reaccionar, se
encuentran inhabilitados para dar una respuesta a un sistema que cada día los deshumaniza. En
realidad, es evidente que el efecto de los medios de comunicación y su acción hipnotizadora y
anestesiante también los ha afectado…

Parecería haberse perdido el sentido común, pues si bien la tecnología puede contribuir con
herramientas interesantes al aprendizaje, el motor central del aula sigue siendo un buen maestro,
encargado de dar testimonio del valor humano del conocer. El psicólogo infantil Ginott
reflexiona oportunamente: “He llegado a la aterradora conclusión que yo soy el elemento
decisivo en el aula. Es mi actitud personal la que crea el clima”.

El objetivo debería ser desarrollar los valores universales e imperecederos y el intelecto de los
jóvenes. La escuela no es la información. Es, en todo caso, lograr que los niños mediten sobre la
información. Uno de los problemas más serios que presenta el uso de la nueva tecnología en el
proceso educativo es, precisamente, el aislamiento de la realidad. Se trata de un problema
relacionado con las características de la formación de la personalidad: una minimización del
mundo físico real en aras de privilegiar un mundo irreal, “virtual” (nadie puede sostener un
diálogo con un computador), es decir una imitación de la verdad.

El Estado y los Colegios gastan mucho dinero en computación, Internet y medios multimedia
insistiéndose mucho en su aplicación, cuando lo que se debería enseñar habilidades sólidas en
lectura, pensamiento, capacidad de escuchar y de hablar, emprender excursiones originales y otras
experiencias enriquecedoras basadas en la realidad, y sobre todo, construir el núcleo de
docentes capaces de ser un motivo de inspiración para sus alumnos.

En ese sentido, existe una evidente contradicción en el uso de la computadora que se contrapone
con la predisposición por la lectura, al respecto Ferrarotti afirma: ...”la lectura requiere soledad,
concentración en las páginas, capacidad de apreciar la claridad y la distinción... Pero el homo
sentiens tiene características opuestas, la lectura le cansa....Intuye. Prefiere el significado
resumido y fulminante de la imagen sintética. Esta le fascina y seduce. Renuncia al vínculo
lógico, a la secuencia razonada, a la reflexión que necesariamente implica el regreso a sí mismo.
Cede ante el impulso inmediato, cálido, emotivamente envolvente. Elige vivir según la necesidad,
ese modo de vida típico del infante que come cuando quiere, llora si siente alguna incomodidad,
duerme, se despierta y satisface todas sus necesidades en el momento”.

La enseñanza descansa en el toque humano, que sólo lo puede dar el maestro, para introducir
cambios perdurables en lo que los estudiantes conocen y son capaces de hacer, así como en la
forma en que se comportan.
Lo fundamental de la enseñanza es la presencia de un maestro con conocimientos comprometido,
que establece relación con los estudiantes para ayudarlos a aprender lo que ese maestro, la
comunidad y los padres consideran que es importante. Es el entretejido de lazos emocionales e
intelectuales el que confiere un tono y una textura a la enseñanza y al aprendizaje. Terminamos
con una frase que esperamos sirva para reflexionar de Neil Postman ...”enseñar es el arte de ser
humano y de comunicar esa humanidad a otros”.
Hiperepílogo

Un profesor de la prestigiosa escuela Eton dijo a sus alumnos en 1861: “Uds. asisten a una gran
escuela, no tanto por el conocimiento, sino para adquirir artes y hábitos: el hábito de la
atención, el arte de la expresión, el arte de asumir una postura intelectual, el arte de ingresar
rápidamente en el pensamiento de otra persona, el hábito de someterse a la crítica y a la
refutación, el arte de indicar asentimiento o disenso de forma medida, el hábito de prestar
atención a los pequeños detalles de los que depende la exactitud, el hábito de advertir qué es
posible realizar en un tiempo determinado. Van a una gran escuela para desarrollar el gusto, el
discernimiento, el coraje y la sobriedad mentales. Pero, sobre todo, asisten a una gran escuela
para conocerse a ustedes mismos”.

Es preciso que la escuela se conciba a sí misma como una alternativa a los estereotipos del actual
imperio mercantil y de la tecnología valorada por sí misma, y no que trate desesperadamente de
aferrarse a él. Es necesario convencer a niños y jóvenes que no todo es fácil, rápido e inmediato,
enseñándoles en la escuela la satisfacción que encierra lo difícil y lo lento; el verdadero
aprendizaje que perdura en el tiempo, cuesta trabajo. Para afrontar el mundo real, escenario de
luchas y tropiezos, hay que enseñar a los hijos que no todo les resultará posible. Para poder
construir sus biografías personales distinguiendo entre el bien y el mal, la realidad y la fantasía,
los niños necesitan modelos maduros y no débiles.

Para llegar a ser libres, es necesario someterse a reglas que inicialmente nos son dadas. El
antropólogo Arnold Gehlen explicaba que la libertad nacía de la disciplina, porque el
“adiestramiento” (Zucht) crea nuevas capacidades, la verdadera libertad nace de la obediencia.
Una educación eficaz, liberadora, tendría que apoyarse, sobre el esfuerzo, la disciplina, la
estimulación, la sanción y la recompensa.

No obstante toda la tragedia que la educación sufre en nuestros días culminamos con una cita de
Neil Postman en el Fin de la educación: “Tengo fe en que la escuela perdure porque nadie ha
inventado una forma mejor de introducir a los jóvenes en el mundo del aprendizaje; que la
escuela pública persista porque nadie ha inventado un modo mejor de crear un público; y que la
infancia sobreviva porque, si desaparece, perderemos el sentido de lo que significa ser adulto”.

Bibliografía Consultada

1. Platón. La República. VIII Tomo.


2. Etcheverry, Guillermo J. 1992. La Tragedia Educativa. Edit. Fondo de Cultura
Económica. 221 pp.
3. Fauye, Guillaume. El Arqueofuturista.
4. Ferraroti, F. 1998. Leggere, leggersi. Roma, Donzelli.
5. Stoll, C. 1995. Silicon snake oil. Second thoughts on the information highway. Nueva
York, Doubleday.
6. Stoll, C. Invest in huanware, en : The New York Times, 19 de mayo de 1996.
7. Postman, Neil. 1986. El Fin de la Educación. Nueva York, Penguin Books.

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