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Esta historia era necesario contarla para que anosotros, los hijos de Costa Rica, nos sea

imposibleolvidar.En 1950 había presos en el penal que tenía más de28 años de estar ahí. No era
sino remedo de persona.Me fue fácil reconstruir la historia con toda suintensa tristeza.El
historiador costarricense don Anastasio Alfaro,en su libro

Arqueología Criminal Americana,

dedicaunas páginas a San Lucas y nos cuenta: «Las fiebrespalúdicas dañan en tal forma el
organismo de los reos,que los que no sucumben en el presidio contraen dañospermanentes que
los imposibilitan para volver a entraren el concierto de los hombres libres...»...Con una proporción
así de un veinte por cientode muertes cada año, el criminal que vaya a San Lucaspor cinco años o
más lleva todas las probabilidades dedejar ahí sus huesos».Todo en conjunto, hasta el mínimo
pensamiento dereo impuesto en estas páginas, forman lo que para mimodesto entender consiste
en una tragedia que es yaenfermedad de la sociedad: el fruto de la indiferenciapara con el ser
humano encerrado entre las rejas, noimporta el lugar o el nombre que lleve la instituciónpenal.El
escritor Ernesto Helio ha dicho algo sobre eloficio de escribir y creo muy oportuno copiar en
estapágina:«El escritor siente en sí mismo la paradoja