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Orígenes del español y las lenguas romances

Ana Marriaga
Ayshell Páez
Camila Cervantes
Nayelis guerrero
Maria monterroza
Noviembre 2018
Institución educativa técnica comercial
La inmaculada
Campo de la cruz
Lengua castellana
II
CONTENIDO
Orígenes del español y las lenguas romances………………………………… 5
Latín y de donde viene ……………………………………………………….11
Evolución del latín: latín vulgar………………………………………………..13
Cuáles son las lenguas romances ?......................................................................16
Latín culto y vulgar ¿Cuál sobrevivió? …………………………………… .20
Ejemplo Del latín al castellano………………………………………………21
Lenguas que aportaron al español…………………………………………….32
III

Abstract

El origen del español proviene principalmente del latín, al que se han ido añadiendo

palabras de diversos orígenes, entre los que se destacan el léxico de origen griego, árabe,

gótico, de lenguas romances, náhuatl, quechua e inglés. La mayor parte del léxico proviene

de palabras heredadas (léxico patrimonial latino) o tomadas del latín (cultismos latinos). El

léxico patrimonial latino proviene de las variedades lingüísticas o sociolectos usados en la

comunicación coloquial, conocido usualmente como latín vulgar. Por otra parte los

cultismos latino, algo menos numerosos, proceden del latín culto; muchos de estos términos

fueron introducidos durante la edad media y posteriormente el renacimiento y la edad

moderna sobre todo para neologismos y términos técnicos, aunque no exclusivamente. El

latín vulgar es una variedad de latín menos arcaizante y resultado de numerosos cambios

fonéticos y cambios morfológicos, que poco a poco dieron lugar a las lenguas romances

(también llamadas lenguas románicas o neolatinas)


IV

Objetivos

 Conocer el origen del español y las lenguas romances

 Saber de dónde vino el latín

 Investigar cuales son las lenguas romances

 Ejemplificar la evolución del latín al español

 Saber que latín sobrevivió si el culto o el vulgar


5
Orígenes del español y las lenguas romances

Rastrear los orígenes de una lengua es una tarea de las más arduas, si no imposible, cuando

nos enfrentamos con la ausencia de registros materiales dejados por los pueblos que la

utilizaban. En el caso de la lengua española (o castellano) no es diferente. Los historiadores

afirman que la península ibérica ya albergaba poblaciones autóctonas entre 800.000 y un

millón de años atrás, en el llamado Paleolítico Inferior. Técnicamente es el llamado período

de los pueblos ágrafos peninsulares. A ese período corresponden las pinturas rupestres de

Altamira, Albarracín, Cogul y La Valltorta. El carácter peninsular explica una historia

condicionada por el mar, a través del cual han llegado y han partido influencias e

intercambios culturales, enriquecidos por la doble influencia atlántica y mediterránea. Su

aislamiento respecto al resto de Europa, causado por la frontera natural de los Pirineos, ha

contribuido en ocasiones a originar una relativa diferenciación entre la evolución de la

península ibérica y la de los demás espacios continentales. Su situación geográfica ha servido

de puente para unir Europa y África, formando un nexo de interconexión entre los factores

histórico-culturales surgidos en ambos continentes.

De ese lejano pasado sólo tenemos hoy algunos restos de reliquias arqueológicas

(herramientas, utensilios de caza, objetos religiosos u ornamentales, etc.) que poco o nada

nos dicen con relación a las culturas por detrás de esas evidencias. Los responsables por ese

legado eran supuestamente pequeños grupos de cazadores-recolectores pertenecientes a una

variedad del Homo Erectus.


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Sólo hacia el siglo VIII ac podemos rastrear con cierta confianza algunas de las comunidades

presentes en la península Ibérica, y mismo así es un tiempo muy remoto como para tener total

certeza a respecto de qué pueblos serían esos, sus orígenes étnicos, su cultura y por supuesto,

la lengua que hablaban. Es de esa época que datan los primeros registros escritos, hallados

principalmente en litografías, papiros, tablas de arcilla. Es todo lo que tenemos.

Mismo si situamos nuestro punto de partida en ese pasado relativamente reciente, tenemos

que aceptar que nos defrontamos con la enorme tarea de querer estudiar lo que no existía. No

existía la lengua española, ni como lengua en sí ni como categoría lingüística. No existían las

nacionalidades. Incluso en las primeras ediciones del diccionario de la Real Academia

Española, (siglo XVIII) el término “nacionalidad” era una palabra que expresaba solamente

la pertenencia a un Estado (propiamente no podemos decir que existía España como país).

La península, enclavada entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, es un obvio foco de

atracción para los pueblos navegantes de las inmediaciones, principalmente fenicios, griegos

y cartagineses, donde practicaban el comercio y como consecuencia promovían los primeros

intercambios culturales.

Esas primeras oleadas colonizadoras se limitaron a pequeños asentamientos, escasos y

breves. Tanto los fenicios como los griegos parecen haber dado mucha mayor importancia al

comercio y el control de las riquezas minerales en beneficio de sus respectivas metrópolis

que a establecerese de una forma permanente en la península.


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¿Qué es lo que ellos encontraron al llegar a tierra? Aquí poseemos por lo menos alguna

documentación rudimentaria que nos coloca frente a los pueblos Íberos, celtas, Celtíberos,

Tartesios entre otros menos notorios. Esos pueblos no hablaban nada parecido a nuestro

español, a lo que todo indica. Esas lenguas y algunas otras, hoy extintas, forman las llamadas

lenguas de sustrato, que en realidad eran diferentes dialectos regionales existentes previo a

la llegada de los romanos. Estamos todavía alrededor de los siglos VI-V ac.

Las lenguas de sustrato en la península alrededor de los siglos VI a V ac

Los celtas (herederos culturales de las oleadas centroeuropeas) eran un conjunto de varias

etnias o pueblos que formaban unidades geopolíticas independientes en el centro y noroeste

peninsular. Los Íberos, que ocupaban la parte sur y este, flanqueando el Mediterráneo, no

eran indoeuropeos. Tenían una lengua propia, aún sin descifrar.

Celtas e Íberos antes de la llegada de los romanos

Cuando en el siglo III ac el imperio romano domina toda el área vecina al Mediterráneo,

incluyendo la península e impone el latín como lengua homogeneizante (pero no el latín

culto que era hablado por los eruditos y los estudiosos, sino el llamado latín vulgar traído

por los colonizadores y hablado por el pueblo) esas etnias autóctonas (sustratos lingüísticos)

dejan huellas profundas en el latín de las diferentes partes del imperio, generando la
diferenciación entre las lenguas romances: italiano, francés, franco provenzal, rumano,

portugués, catalán, sardo (hoy extinguido) y el castellano en la región de Castilla, en la

meseta central. El castellano, junto con las otras lenguas romances, forma parte del gran

tronco Indoeuropeo, del cual se derivan en otras partes de Europa otros sub-grupos muy

importantes como el germánico (inglés, alemán) y el eslavo (ruso, polaco, croata, búlgaro,

ucraniano dentro de un enorme abanico de unas cuarenta lenguas).

Mientras tanto, en otros rincones de la península se iban afirmando dialectos como el vasco

en el noroeste, el gallego y galaico-portugués en la región Atlántica y, hacia el norte, el

asturiano, el aragonés, el valenciano, el murciano y el andaluz.

Las lenguas romances

A partir de la entrada en la era cristiana el imperio romano va a entrar en una fase de

declinación hasta desintegrarse, debido en parte a las invasiones germánicas. Los visigodos

sustituyeron el dominio romano y reinaron desde 418 dc hasta 711. Pero tras unificar la

mayor parte del territorio peninsular, a fines del siglo VI dc el rey Leovigildo sólo consiguió

proclamarse monarca de “Gallaecia, Hispania y Narbonensis”.

Esa idea de una única entidad «hispana» pervivió en la mitología e imaginario de los escasos

núcleos donde la invasión árabe no consiguió penetrar. Pocos años después de la batalla de

Guadalete, en 711, nada quedaba del Reino Visigodo, y los árabes se establecieron en el sur

de la península. Los siglos posteriores nos muestran un terrritorio dividido entre los reinos

cristianos (Portugal, Castilla, Aragón y Navarra) que sobreviven hasta el siglo XV, con la
constante y amenazadora presencia musulmana en el sur. Pero algo muy importante ocurre

durante ese período. Debido principalmente a su privilegiada situación geográfica, Castilla

comienza a ganar preponderancia sobre los otros reinos. En el siglo XIII, Toledo se convierte

en el centro geográfico y cultural del reino de Castilla y Alfonso X, El Sabio, le otorga

principal importancia al dialecto de la región, una particularidad del castellano medieval, que

se convierte así en el modelo lingüístico del castellano moderno.

Los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón unifican Castilla y Aragón

en 1469. En 1492 consiguen expulsar a los árabes. Ese hecho, junto al descubrimiento de

América en el mismo año, es considerado el origen de la España moderna. La ortografía y la

gramática son unificadas. El castellano se transforman en idioma oficial y se extiende por

todo el país excepto el reino de Portugal, que poco más tarde se declara reino independiente.

Con la llegada de los Borbones, Felipe V ](1700) se consolida al frente del Reino de España.

La idea de España como nación se atribuye a la constitución de Cádiz de 1812, una

afirmación todavía discutible.A pesar de que la familia de las lenguas romances es originaria

de Europa, por la combinación de especiales circunstancias históricas acabó extendiéndose a

otras partes del planeta. En ciertos países (marcados en anaranjado en el mapa encima) son

lenguas oficiales. En otros (de amarillo) son habladas por un sector de la población.

Se calcula que existen unos 800 millones de hablantes nativos de lenguas romances en el

planeta. El español es el más hablado (410 millones). Luego vienen el portugués (216

millones), el francés (75 millones), el italiano (60 millones) y el rumano (25 millones). El

catalán, prácticamente recluído a Cataluña, es hablado por menos de 10 millones de nativos.


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Comúnmente se admite que el nombre España viene del latín Hispania, el nombre que los

romanos pusieron a la península Ibérica (como era denominada por los griegos), pero la

cuestión no es tan simple como parece. A lo largo de la historia, diversos Estados y multitud

de pueblos asentaron en la península Ibérica sus instituciones políticas. Dado que algunos

desaparecieron y otros evolucionaron, no existe consenso a la hora de fijar en qué momento

se puede situar el origen o fundación de España como país (Nación o Estado) hasta el punto

de que incluso algunos historiadores insinúan la posibilidad de que tal momento no se puede

fijar con exactitud, por entender que España es el fruto de un proceso evolutivo incesante. La

idea de las nacionalidades en Europa es un problema escabroso, difícil de precisar. La

formación de los estados nacionales europeos modernos comenzó con la Revolución

Francesa (XVIII) y se consolidó en el siglo XIX. Hasta la mitad del siglo XIX el liberalismo

europeo trajo de la mano la idea del nacionalismo, que la burguesía valorizó como una forma

de mantener su posición política y económica. Así acabó ocurriendo una afirmación de Las

entidades nacionales, que va a dar lugar a la idea de los países como unidades independientes
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Latín y de donde viene

El latín es una lengua de la rama itálica3 de la familia lingüística del indoeuropeo4 que fue

hablada en la Antigua Roma y, posteriormente durante la Edad Media y la Edad Moderna, y

llegó a la Edad Contemporánea, pues se mantuvo como lengua científica hasta el siglo XIX.

Su nombre deriva de una zona geográfica de la península itálica donde se desarrolló Roma, el

Lacio (en latín, Latium).

Adquirió gran importancia con la expansión de Roma,5 y fue lengua oficial del imperio en

gran parte de Europa y África septentrional, junto con el griego. Como las demás lenguas

indoeuropeas en general, el latín era una lengua flexiva de tipo fusional con un mayor grado

de síntesis nominal que las actuales lenguas romances, en la cual dominaba la flexión

mediante sufijos, combinada en determinadas veces con el uso de las preposiciones, mientras

que en las lenguas modernas derivadas dominan las construcciones analíticas con

preposiciones, mientras que se ha reducido la flexión nominal a marcar solo el género y el

número, conservando los casos de declinación solo en los pronombres personales (estos

tienen, además, un orden fijo en los sintagmas verbales).b

El latín originó un gran número de lenguas europeas, denominadas lenguas romances, como

el portugués, el gallego, el español, el asturleonés, el aragonés, el catalán, el occitano, el

francés, el valón, el retorrománico, el italiano, el rumano y el dálmata. También ha influido

en las palabras de las lenguas modernas debido a que durante muchos siglos, después de la
caída del Imperio romano, continuó usándose en toda Europa como lingua franca para las

ciencias y la política, sin ser seriamente amenazada en esa función por otras lenguas en auge

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(como el castellano en el siglo XVII o el francés en el siglo XVIII), hasta prácticamente el

siglo XIX.

La Iglesia católica lo usa como lengua litúrgica oficial (sea en el rito romano sea en los otros

ritos latinos), aunque desde el Concilio Vaticano II se permiten además las lenguas

vernáculas.6 También se usa para los nombres binarios de la clasificación científica de los

reinos animal y vegetal, para denominar figuras o instituciones del mundo del Derecho, como

lengua de redacción del Corpus Inscriptionum Latinarum, y en artículos de revistas

científicas publicadas total o parcialmente en esta lengua.

El estudio del latín, junto con el del griego clásico, es parte de los llamados estudios clásicos,

y aproximadamente hasta los años 1960 fue estudio casi imprescindible en las humanidades.

El alfabeto latino, derivado del alfabeto griego, es ampliamente el alfabeto más usado del

mundo con diversas variantes de una lengua a otra.


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Evolución del latín: el latín vulgar

Artículo principal: Evolución histórica del latín

Latín vulgar (en latín, sermo vulgaris) (o latín tardío) es un término que se emplea para

referirse a los dialectos vernáculos del latín hablado en las provincias del Imperio romano. En

particular, el término se refiere al período tardío, que abarca hasta que esos dialectos se

diferenciaron los unos de los otros lo suficiente como para que se les considerase el período

temprano de las lenguas romances. La diferenciación que se suele asignar al siglo IX

aproximadamente.

Ya en el ámbito de la gramática, habría que destacar los siguientes fenómenos: en el sistema

verbal, la creación de formas compuestas (normalmente mediante la combinación de habere

con el participio pasado de otro verbo) paralelas al paradigma sintético ya existente; y la

construcción de la pasiva con el auxiliar ser y el participio del verbo que se conjuga (el

francés y el italiano también emplean ser como auxiliar en los tiempos compuestos de verbos

de «estado» y «movimiento»).

Los seis casos de la declinación latina se redujeron y posteriormente se reemplazaron con

frases prepositivas (el rumano moderno mantiene un sistema de tres casos, tal vez por

influencia eslava; hasta el siglo XVIII también algunas variantes romanches de Suiza tenían

caso). Si en latín no había artículos, los romances los desarrollaron a partir de los
determinantes; son siempre proclíticos, menos en rumano, lengua en la que van pospuestos al

sustantivo.

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En cuanto a los demostrativos, la mayoría de las lenguas románicas cuenta con tres deícticos

que expresan «cercanía» (este), «distancia media» (ese) y «lejanía» (aquel). Sin embargo, el

francés y el rumano distinguen solo dos términos (uno para «proximidad» y otro para

«lejanía»). El género neutro desapareció en todas partes menos en Rumania, Galicia y

Asturias, en la que existen algunos sustantivos no contables con terminación en neutro (-o) y

una terminación propia igual en el adjetivo cuando concuerda con sustantivos no contables o

"de materia", ya acaben en -a, -o, -u o consonante. El orden sintáctico responde a la libre

disposición de los elementos en la oración propia del latín. Aun así domina ordenación

sintagmática de sujeto + verbo + objeto (aunque las lenguas del sureste permiten mayor

flexibilidad en la ubicación del sujeto).

Cambios fonéticos

El latín tardío o latín vulgar cambió muchos de los sonidos del latín culto o clásico (1).

Los más importantes procesos fonológicos que afectaron al consonantismo fueron: la lenición

de consonantes intervocálicas (las sordas se sonorizan y las sonoras desaparecen) y la

palatalización de consonantes velares y dentales, a menudo con una africación posterior

(lactuca > gallego, leituga; español, lechuga; catalán, lletuga). Ambos procesos tuvieron

mayor incidencia en el Oeste (de las lenguas occidentales, el sardo fue la única que no
palatalizó). Otra característica es la reducción de las geminadas latinas, que solamente

preservó el italiano.

 Los fonemas /k/ y /t/ se palatalizan si les precede una yod:

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o Si a <c, qu> /k/ sigue una /e/ o /i/ muta a /tʃ/ en la Romania oriental y /ts/ en la

occidental (y según la evolución de cada lengua romance, posteriormente a /s/ o /θ/).

o Si a /t/ sigue una /i/ en diptongo muta a /ts/.

 Palatización del fonema /g/ hacia una [ʤ] ante e, i que después muy pronto se

fricativizó en la Romania occidental resultando en una [ʒ]; este último sonido fue el que se

conservó en francés, catalán y portugués, mientras que en castellano, primero se ensordeció

dando una [ʃ] que luego terminó velarizándose en el sonido moderno de la jota /x/ durante los

siglos XVI y XVII.

 Los diptongos ae y oe pasaron a ser /ε/ (e abierta) y /e/ (e cerrada) y el diptongo au,

da paso a ou y finalmente /o/.

 El sistema de 10 fonemas vocálicos, 5 largos y 5 breves, se fue perdiendo, pasando a

ser de 7, sufriendo luego más cambios en las lenguas romances. Así en el castellano, por

ejemplo, las variantes abiertas [ε] y [ɔ] se convirtieron en los diptongos ie [je] y ue [we],

respectivamente, mientras que en el sardo se fusionaron con las variantes cerradas /e/ y /o/;

por lo tanto estos dos idiomas cuentan con solo cinco vocales: /a, e, i, o, u/.

 Todas las oclusivas finales (t, d, k, p, b) y la nasal /m/ se perdieron por lenición.
Aquí también se podrían agregar algunos otros cambios fonéticos, como la pérdida de la /d/

intervocálica en castellano o la pérdida de la /n/ y /l/ en portugués, gallego, catalán y

occitano.

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Lenguas romances

Los idiomas romances derivaron de una “protolengua”, el latín, idioma indoeuropeo del

grupo itálico que comenzó a hablarse en el Lacio, región del centro de Italia.

El denominado “latín vulgar” fue el que sentó las bases para crear una gran familia

lingüística, pues era el hablado en el Imperio romano. Se difundió, pues, conforme las

legiones romanas conquistaban nuevos territorios.

Así impusieron esta lengua para llevar a cabo principalmente las funciones administrativas.

El “latín vulgar” logró mantener cierta uniformidad, pero con el paso del tiempo dicha rama

fue variando de región a región.

Clasificaciones

Las lenguas romances se clasifican en nueve grupos, y cada uno puede a su vez comprender

varios Dialectos:

Lenguas iberorromances

 Castellano: conocido también como español. Es oficial en gran parte de España y

Latinoamérica. Tiene poca variedad dialectal y se muestra como una lengua muy
conservadora, en el sentido de que no ha tenido cambios significativos a través del tiempo o

de región a región.

 Portugués: lengua oficial de Portugal y de Brasil, posee menos dialectos diferenciados

y es más conservador que el castellano.

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 Gallego: lengua cooficial en Galicia, España; proviene del portugués medieval.

 Asturiano: lengua cooficial del Principado de Asturias, España; es utilizada también

en otras regiones de aquel país, como León.

Italiano

Tiene más de doscientos dialectos y uno de ellos, el toscano florentino, es la base de la

lengua oficial en Italia.

Lengua dalmática

Lengua muerta utilizada en algunas ciudades costeras de Dalmacia —hoy Croacia.

Lenguas galorromances

 Francés: lengua oficial en Francia y cooficial en Bélgica, Suiza y Canadá. Tiene una

gran variedad dialectal.

 Valón: lengua hablada en Bélgica, donde es considerada lengua regional.


 Picardo: utilizada en algunas regiones de Francia y Bélgica, donde también se

considera lengua regional.

Lenguas francoprovenzales

Conjunto de lenguas en vías de extinción, utilizadas en algunas regiones de Italia, Suiza y

Francia.

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Lenguas occitanorromances

 Catalán: lengua cooficial en la comunidad autónoma de Cataluña y en Murcia,

también en España, donde no es oficial. En Andorra es lengua oficial y también se utiliza en

algunos lugares de Francia. Tiene gran variedad dialectal.

 Occitano: Término utilizado para agrupar un conjunto de dialectos denominados “oc".

Fue muy utilizado en algunas regiones de España y Francia en la Edad Media.

Lenguas retorromances

 Romanches: se componen por cinco dialectos —sursilvano, sutsilvano, surmirano,

puter y vallader— utilizados principalmente en algunas regiones de Suiza.

 Interromanche: lengua franco romanche utilizada en Suiza para dar unidad a veinte

dialectos. Es oficial en la Región de los Grisones.

 Ladinos: dialectos considerados lengua regional en la zona italiana de Dolomitas.


 Friulano: dialecto hablado en la provincia italiana de Údine donde se considera

lengua regional.

Rumano

Lengua hablada en la antigua provincia romana conocida como Dacia, que fue separada de

Rumania. Oficial de Rumania y Moldavia, y cooficial en algunas regiones de Serbia y

Montenegro. Es una lengua conservadora de la que derivan seis dialectos:

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 Moldavo.

 Valaco.

 Transilvano.

 Istrio-rumano (en vías de extinción).

 Megledo-rumano.

 Macedo-rumano. Hablado en lugares como Albania, Serbia, Macedonia y Grecia.

Sardo

Es una de las lenguas romances más conservadoras, lo que explica su aislamiento geográfico,

ya que es hablado únicamente en Cerdeña. Se diversifica en tres dialectos principales:

 Campidaniano.
 Logudoriano (considerado lengua clásica)

 Nuorés.

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El latín culto y el latín vulgar ¿cuál sobrevivió?

Mientras que el latín culto era patrimonio de las clases nobles y de los literatos, el latín

vulgar era la lengua en la que se expresaba el resto del pueblo (soldados, técnicos, artesanos,

etc.), la gente no letrada; un poco como sucede hoy, que la gente en la calle se expresa en un

castellano distinto al de la gente culta. De esa vía popular, el latín vulgar, nació la mayor

parte de nuestro léxico.

–El latín culto: era el latín «escrito», literario. Este latín estaba fijado por las gramáticas, y

eso permitió que permaneciera inalterable ante el paso del tiempo. En esta lengua escribieron

grandes autores de la literatura universal, como los latinos Virgilio, Ovidio o Cicerón, pero

también santo Tomás de Aquino o Dante. El latín culto, además, fue la lengua en la que se

transmitió el legado romano: derecho, ciencia, filosofía, etc., siendo la lengua de la cultura en

Europa durante muchos siglos. –El latín vulgar: era el latín «hablado», el latín que usaba el

pueblo. El latín vulgar tenía variantes dialectales; así había un latín «hispano», un latín
«galo», etc. Ante la caída del imperio romano, el latín vulgar empezó a evolucionar más

rápidamente, hasta que se transformó en las lenguas romances que hablamos hoy. Fíjate en

estos ejemplos, en los que se ve claramente que nuestro vocabulario proviene del latín vulgar:

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DEL LATIN AL CASTELLANO

Las vocales

El latín clásico tenía los cinco sonidos vocálicos que corresponden a nuestros cinco signos a,

e, i, o, u. Las lenguas románicas -singularmente el catalán, el portugués y el francés- tienen

muchos más matices fonéticos, ya que la a, la e o la o son susceptibles de pronunciarse más o

menos abiertas, y el francés posee, además, el sonido de ü intermedio entre la i y la u (similar

al alemán, y a la ypsilon griega clásica).

Por otra parte, las cinco vocales del castellano no se pronuncian lo mismo en el caso de ir

acentuadas que en el de ser átonas; no es lo mismo la i de silla que la i de pálida; la u de puro

que la u de título.
Vocales largas y breves: en latín clásico, las vocales se dividían en largas ( ˉ ) y breves ( ˇ ).

Tenemos, pues, que calcular su número en diez.

Importancia del acento: para el estudio de la historia del idioma tiene mucha importancia

conocer la situación del acento dentro de cada palabra, ya que el acento del vocablo latino se

mantiene casi siempre en el latín vulgar y después en el romance. Ahora bien, si la sílaba

acentuada persiste en el nuevo vocablo, no siempre se conserva la vocal en la misma forma

que tenía en latín; por el contrario, sufre algunas evoluciones.

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Largas y breves, abiertas y cerradas: en primer lugar, al pasar el latín clásico al latín

vulgar, las vocales dejaron de dividirse en largas y breves para dividirse en abiertas y

cerradas. En general, las vocales breves tendieron a las formas abiertas, y las largas, a las

cerradas.

Vocales mantenidas y vocales diptongadas: el paso del latín vulgar al romance castellano

se marca por una nueva evolución. Al paso que las cinco vocales largas se mantenían

firmemente, las breves oscilaban: la ĭ y ŭ se convertían, respectivamente, en e y o. Y la ě y la

ŏ se diptongaban en ie y en ue. La ă breve dio a.

Cuadro de la evolución de las vocales tónicas: las vocales acentuadas latinas

experimentaron, pues, la transformación siguiente:

1° 2° 3° 4° 5° 6° 7°
latín clásico ī ĭ ē ĕ ā ă ŏ ō ŭ ū

latín vulgar i i e e a o o u u

español i e ié a ué o u

Ejemplos:

1° ī>i fīliu > hijo; scrīptu > escrito

2° {ĭ;ē}>e consĭlium > consejo; pĭlu > pelo; aliēnum > ajeno; plēnu > lleno

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3° ĕ > ié pĕtram > piedra; sĕptem > siete

(en algunos casos, ie se convierte en i:

Castĕlla > Castiella > Castilla; sĕlla > siella > silla)

4° {ā;ă}>a mānu > mano; pātrem > padre; grătia > gracia; ănnu > año

(cuando al sonido a sigue inmediatamente una i,

tiende a convertirse en el sonido intermedio e: laicu > lego.

También cuando hay una consonante intermedia:

caballariu > caballero; capiat > quepa)

5° ŏ > ue fŏrtem > fuerte; fŏntem > fuente


6° {ō;ŭ}>o nōmen > nombre; vōce > voz; ŭnde > donde; cŭbitu > codo

7° ū > u fūmum > humo; acūtu > agudo

Una excepción importante: vocal tónica seguida de yod. La evolución fonética que

acabamos de resumir sufre, como hemos visto, una importante transformación cuando la

vocal tónica va seguida de yod. Con este nombre se designa un sonido aparecido en el latín

vulgar que tiene el valor fonético de i palatal.

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Esta i procede unas veces de una consonante desaparecida. Ejemplo: sartagine > sartine >

sartén; otras, del grupo ct o cl: lacte > laicte > leche.

Este sonido altera profundamente el cuadro anterior. Así, lacte no da *lache, como se

desprende del cuadro de la evolución de las vocales tónicas consignado, sino, como vimos,

leche. Factu no da *hacho, sino hecho.

Evolución de las vocales átonas: las vocales inacentuadas pueden ser iniciales, protónicas o

postónicas (según vayan antes o después del acento) y finales. Su transimisión del latín al

castellano es siempre más imprecisa e insegura que la de las vocales tónicas.

Las iniciales se conservan, en general, aun cuando no faltan casos de pérdida, como en

apotheca > bodega. En algunos casos, la i se transforma en e (inimicu > enemigo), y la u, en

o (cuculla > cogolla).


Las protónicas desaparecen al pasar del latín al castellano, excepto la a. Ejemplo: laborare >

labrar (excepción: paradisum > paraíso).

Las postónicas tienden también a perderse, excepto la a. Ejemplo: tabulam > tabla

(excepción: orphanum > huérfano).

Las finales a y o se mantuvieron: apicula > abeja; lego > leo. Tanto e como i > e: venit >

viene; patrem > padre; tenet > tiene. Se perdió la e tras t, d, n, l, r, s, c: habere > haber;

panem > pan; salem > sal; veritatem > verdat > verdad. La o y la u > o: fructu > fruto.

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Vocales dobles: las vocales dobles producidas por la desaparición de la consonante

intervocálica, se hacen sencillas: sedere > seer > ser (pero se conserva en legere > lee y

posedere > poseer).

Las consonantes

Consonantes iniciales simples: se conservan casi todas.

B : bonu > bueno; bibere > beber; bulla > bola.

C : calice > cauce; consiliu > consejo; casa > casa.

D : digitu > dedo; datu > dado; dormire > dormir.

L : latrone > ladrón; latu > lado; legatu > legado.


M : magistru > maestro; mobile > mueble.

N : nigro > negro; nubilare > nublar; napu > nabo.

P : parare > parar; pinu > pino; parente > pariente.

Q : que > que; quem > quien. Transforma solamente la grafía en quando > cuando; quarta >

cuarta.

R : rosa > rosa; restare > restar; rivu > río.

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T : totu > todo; tigre > tigre; teneru > tierno.

V : virgine > virgen; vestire > vestir; viride > verde.

Hay algunas excepciones ocasionales:

c > ch : cisme > chisme; ciccu > chico.

f > h : la f latina conservó la grafía hasta el siglo XV, pero la desaparición del sonido es muy

anterior, probablemente por influencia del ibérico, que no lo tenía. La h, que sustituyó a la f,

fue en un principio, aspirada (es decir, sonada como una j suave) hasta el siglo XVII. Se

conservó, sin embargo, delante de ue: fonte > fuente, focu > fuego. Y delante de r : fronte >

fruente > frente (La pérdida del valor fonético de la f es uno de los rasgos que distinguen al
castellano del catalán-valenciano-mallorquí y del gallego-portugués. También se conserva en

el Alto Aragón y en parte de Asturias).

G : se conserva ante a, o, u : gaudium > gozo; gurdu > gordo. Se transforma en y cuando va

seguida de vocales tónicas: géneru > yerno. O se pierde si dichas vocales son inacentuadas:

germanu > hermano; jactare > echar.

S : algunas veces da j (este tambio se cree debido al influjo morisco, ya que éstos

pronunciaban toda s castellana como j): sapone > jabón; suco > jugo. En otras ocasiones, da

ch o c: silare > chillar; serare > cerrar; soccu > zueco.

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J : se conserva en jocu > juego; jurare > jurar. Se transforma en y en jam > ya; jugu > yugo.

Y se pierde en jungere > uncir.

Consonantes interiores simples: las consonantes sonoras intervocálicas se conservan.

Las sordas, en general, se sonorizan:

-p- > -b- : caput > cabo; capra > cabra.

-t- > -d- : capitales > cabdal > caudal.

-c- > -g- : delicatu > delgado.


-f- > -b- : profectu > provecho; Stefanu > Esteban.

Las sonoras se conservan como en nidu > nido, o tienden a desaparecer como en laudare >

loar; legale > leal.

Consonantes finales simples: se mantienen únicamente en el español moderno las

consonantes finales d, n, r, m, l, s y z, las cuales proceden de:

-t > -d : vanitate > vanidad.

-n > n : pane > pan; in > en.

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-r > -r : amore > amor; cantare > cantar.

-m > -n : cum > con; tam > tan.

-l > -l : fidele > fiel; sale > sal.

-s > s : musas > musas; rosas > rosas.

-c > -z : pace > paz; voce > voz.

La m ya se había perdido en el latín hablado, sólo se conserva, transformada en n, en los

monsílabos para reforzar su debilidad fonética.


Consonantes iniciales agrupadas: consonante más r se conserva en general: breve > breve;

crepare > crebar > quebrar; dracone > dragón; frágile > frágil; gradu > grado; traditione >

tradición.

Consonante sorda más l > ll : clamare > llamar; clave > llave (clavícula > clavija es un

cultismo); flamma > llama (algunas veces l : flacidu > lacio); plaga > llaga; plana > llana.

Consonante sonora más l > l : *blastimare > lastimar; blastema > lástima (se conserva en las

palabras de origen germánico, como blanco); glattire > latir.

Al grupo s más consonante se le antepuso una e o i, convirtiéndose en interior: speculu >

espejo; specie > especie.

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Consonantes interiores dobles: se convierten en sencillas, excepto la ll y la nn.

-bb- > -b- : sabbatu > sábado; abbate > abad.

-cc- > -c- : bucca > boca; vacca > vaca.

-dd- > -d- : additione > adición; adducere > aducir.

-mm- > -m- : summa > suma; gemma > yema.

-pp- > -p- : cuppa > copa (en cambio cupa > cuba).
-tt- > -t- : sagitta > saeta; *platta > plata.

-ss- > -s- : sessu > seso; grossu > grueso (en el castellano antiguo se mantuvo como signo de

la s sorda).

-ll- > -ll- : Castella > Castilla; collum > cuello (en latín no existía el sonido ll, es formación

romance, lo mismo que la ñ).

-nn- > -ñ- : pinna > piña (la grafía de la ñ surgió de emplear una tilde encima de la n para

indicar que se había suprimido en la escritura, para abreviar, otra n).

Consonantes interiores agrupadas: se conservan en muchos casos.

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Cuando anteceden una l o r : herba > hierba; formica > hormiga; corda > cuerda; fartu >

harto; mercatu > mercado; largu > largo; furnu > horno; marmore > mármol; servu > siervo;

alba > alba; silva > selva; ulmu > olmo.

Se conservan igualmente n, m o s más consonante sorda: tempestate > tempestad; ante >

ante; inferiore > inferior; testu > tieso; musca > mosca.

Excepciones:

mb > mm > m : palumbu > palomo; plumbu > plomo.


ng, ng, mn > ñ : tingere > tañir; ringere > reñir; pugnu > puño; insignare > enseñar; sommu >

sueño.

ct > ch : lactuca > lechuga; Sanctu > Sancho; nocte > noche.

rs, ns > s : mensa > mesa.

sc > c : crescere > crecer; pisce > pez.

pt > p : septe > siete; september > setiembre; captare > catar.

Consonante más semiconsonante: la semiconsonante es un sonido que comienza a

articularse como consonante y después se abre como si fuese vocal (bien, viaje).

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-di- (intervocálica) > y : podiu > poyo (puig en catalán); radiu > rayo; si al grupo di le

antecede consonante, da z; igual ocurre con ti y ce : verecundia > vergüenza; fortia > fuerza;

tertiariu > tercero; lancea > lanza.

-ni-, -ne- > ñ : seniore > señor; renione > riñón; aranea > araña; Hispania > España;

castanea > castaña.

-li- > j : cilia > ceja; folia > hoja; palea > paja.
Vocalización de las consonantes: en algunas ocasiones se convirtieron las bilabiales p, b y

la alveolar l, ante sonido sordo, en vocal: capitale > cabdal < caudal; capitellu > cabdiello >

caudillo; civitate > cibdad > ciudad; debita > debda > deuda; salice > sauce; calice > cauce,

balbu > *baubo > bobo; altariu > autairo > otero. A veces la vocalización de la l es un paso

hacia la palatización: multu > muyto > mucho y muy.

Agrupaciones romances: al perderse la vocal, debido a su calidad de protónica o postónica,

las consonantes quedaban unidas y se ocasionaban grupos de difícil o extreña prounciación,

algunas veces imposible. De ahí los cambios y evoluciones peculiares del español (o

comunes a las demás lenguas romances) y desconocidas, por lo tanto, del latín. He aquí las

principales:

c´l (la vírgula entre las dos consonantes indica que se perdió la vocal intermedia) y g´l > j :

ovic(u)la > oveja; pellic(u)la > pelleja; oc(u)lu > ojo; coag(u)lu > cuajo; reg(u)la > reja

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(regla es un cultismo). Si a estos grupos les precede consonante, cambia a ch y ñ,

respectivamente : masc(u)lu > macho; sing(u)lariu > señero; ung(u)la > uña.

t´n, t´l, d´l, b´l suelen cambiar de lugar (metátesis): cat(e)natu > candado, ret(i)na > rienda;

capit(u)lu > cabildo; spat(u)la > espalda; mod(u)lu > molde (se transforma en r en alaundula

> alondra); sib(i)lu > silbo (algunos grupos latinos bl también truecan de posición: oblidare >

olvidar).

m´n, m´r > mbr : inculm(i)nare > encumbrar; fem(i)na > hembra; lum(i)naria > lumbrera;

hum(e)ru > hombro; mem(o)rare > membrar.


m´l > mbl : sim(i)lante > semblante; trem(u)lare > temblar (a veces se produce metátesis:

cumulu > colmo).

n´r se conserva en hon(o)rare > honrar; se hace ndr en ingenerare > engendrar, y se produce

metátesis en teneru > tierno.

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Lenguas que aportaron al español

Si bien el latín aportó las tres cuartas partes de las palabras que forman el castellano, hayotra

cuarta parte que, debido a las numerosas invasiones sufridas por el pueblode la Hispania,

también aportó muchas voces a nuestra lengua madre. Sontérminos que, muchas veces,

desconocemos que vienen de otras lenguas y se hanintegrado a la nuestra, no como sucede

actualmente con los extranjerismos, sinodesde los comienzos de la formación del español.

Elemento griego Interviene en lacomposición de términos cultos, científicos, artísticos,

eclesiásticos, etc.Limosna(eleemosyne), apóstol (apóstolos), Biblia (biblion),


fotografía(photós-graphein), meteoro (metéora), profeta (prophétes), etc.Asimismo,

portradición se usan voces griegas para designar inventos y manifestaciones nuevasde la

ciencia, tal como sucede con las palabras estereofonía, cinematógrafo,periscopio, filatelia,

etc.

Elemento árabeForma parte demiles de palabras que comienzan con el artículo al, y en otras

relacionadas conla guerra, el comercio, las ciencias y objetos de uso cotidiano.Almacén

(almahzan), álgebra (al yebr), aduana (al divân), tambor(tambur), jirafa (zárafa), azúcar

(súkkar), albóndiga (albúnduqa), etc.

Elementogodo o germanoSelo encuentra en la formación de vocablos relacionados con la

guerra y en muchosnombres de personas.Grupo(kropf), guante (want), guerra (werra),

orgullo (urguol); entre los nombrespropios encontramos Enrique (Haimirich), Fernando

(Firthunands), Ramiro (Ramaners),Gerardo (Ger-hard), etc.

ElementovascoHaquedado en nuestra lengua en palabras como ama (amma), boina (boña),

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cencerro (zinzerri), gorra (gorre), izquierdo (ezker), además de algunos

apellidospatronímicos terminados en az, ez, iz, oz y uz.

Elemento hebreo Apareceen términos relacionados con la religión, topónimos y sobre todo,

onomásticos,debido a la gran cantidad de nombres propios que figuran en la

Biblia.Pascua(pesaj), rabino (rabbí), sábado (sábbâth); entre los nombres encontramos Eva

(Havva),Ester (Ishtar), Gabriel (Gabri-El), Isabel (Elisheba), etc.

Elemento americano Sonlas voces que el conquistador español conoció cuando llegó al

continenteamericano y, por supuesto, incorporó a su propio léxico.Cacao,cacique, caimán,


cancha, chocolate, loro, maíz, morocho, poncho, tambo, yacaré,yapa, etc.

Laslenguas modernas también aportaron algo de su vocabulario a nuestro idioma, yen

realidad aún lo siguen haciendo a través de modernos vocablos queconstantemente se

incorporan al castellano; lo que ahora llamamosextranjerismos, mientras que en otras épocas

se introducían por el uso de losdistintos grupos de inmigrantes.

Del francés Blusa (blousse), bufete (buffet), camión (camion), ficha (fiche), jardín (jardin),

silueta (silhouette), etiqueta (etiquette), etc.

Del inglésEsmoquin(smoking), túnel (tunnel), fútbol (foot ball), tranvía (tranway),

cheque(check), etc.

Del italianoBrújula (bussola), piano (pianoforte),espiedo (spiedo), espagueti (spaghetti),

muzzarela (mozzarella), etc.

Del alemán Bloque(block), cinc (zink), frac (frack), etc.

Ademásde las palabras que han aportado a nuestro idioma todas estas lenguas, existenotras

que son propias del español y que se han formado a través del usocotidiano; algunas son

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derivadas de voces de nuestro propio lenguaje; otras soncombinaciones de elementos de

distintos idiomas. Como ejemplo de estascombinaciones tenemos: ecografía (latín + griego),

televisión (griego +castellano), alcaucil (árabe + español).


XXXVI

Conclusión

Podemos concluir que alrededor de un 70% de las palabras son de procedencia latina, si bien

más del 85% del vocabulario cotidiano del español tiene origen latino. Además, como

cualquier lengua, tiene préstamos de otros idiomas con los cuales ha tenido contacto durante su

historia. De las lenguas prerromanas de la península (ibero, euskera, celta o tratenio)


Existen bastantes topónimos, algunas palabras (barro, perro, cama, gordo, nava) y algún

antropónimo aislado, como Indalecio.