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Las faltas y sanciones disciplinarias de los Abogados en el Estatuto


Disciplinario o Ley 1123 de 2007

Chapter · July 2010


DOI: 10.13140/RG.2.1.3953.3202

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Libardo Orlando Riascos Gómez


University of Nariño
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LAS FALTAS Y SANCIONES DISCIPLINARIAS EN EL NUEVO CODIGO DISCIPLINARIO
DEL ABOGADO DE 2007

CAPITULO DEL LIBRO: EL PROCEDIMIENTO DISCIPLINARIO DE LOS ABOGADOS EN


LA LEY 1123 DE 2007
Por
Libardo Orlando Riascos Gómez (*)

Sumario: FALTA DISCIPLINARIA: 1. Conceptualización. 2 Naturaleza Jurídica. 3.


Clases de faltas o tipos disciplinarios. LA SANCION DISCIPLINARIA 1.
Conceptualización. 2. La Naturaleza jurídica de las sanciones disciplinarias. 3. Clases
de sanciones. 4. Registro y publicación de las sanciones. 5. Criterios para la
graduación de las sanciones 6. La Rehabilitación

Resumen. El nuevo Código Disciplinario del Abogado de 2007 en el derecho colombiano,


presenta una relación de los diferentes tipos de faltas y sanciones disciplinarias cometidas e
impuestas a los abogados en el ejercicio profesional, sea a título particular o como
empleado público, en forma individual o en forma colectiva (asociaciones de abogados),
trasgreden el Ordenamiento Jurídico y la ética profesional. El presente ensayo jurídico
analiza los diferentes tipos de faltas y sanciones y los criterios de dosimetría adoptados por
el legislador para su aplicación en el caso concreto, así como las eventuales circunstancias
de rehabilitación del sancionado disciplinariamente.

Palabras claves: Falta y Sanción disciplinaria, clases de faltas y sanciones disciplinarias,


registro y control, Dosimetría de la sanción y Rehabilitación del sancionado.

Summary. The Lawyer's new Disciplinary Code of 2007 in the Colombian right, presents a
relationship of the different types of fouls and disciplinary sanctions imposed the lawyers in
the professional exercise, be to particular title or employee public, in form singular or in
collective form (lawyers' associations), they transgress the Juridical Order and the
professional ethics. The present juridical rehearsal analyzes the different types of fouls and
disciplinary sanctions and the graduation of sanctions (“dosimetría”) adopted by the legislator
for its application in the concrete case, as well as the eventual circumstances of rehabilitation
of the one sanctioned.

Key words: fouls and disciplinary sanctions, Registration and control, graduation of
sanctions (“dosimetría”) and Rehabilitation of the one sanctioned.

________________________________

(*) Docente TC, Derecho Público, Universidad de Nariño. Magister en Derecho, Doctor en Derecho
Administrativo (Universidad de Navarra, 1986), Doctor en Derecho Constitucional (Universidad de
Lleida, 1999). Tratadista de Derecho Público.
2

FALTAS Y SANCIONES DISCIPLINARIAS

Capítulo Primero
Tipos disciplinarios y bienes jurídicos tutelados en el CDA de 2007

1 La falta disciplinaria

1.1. Conceptualización

La conceptualización de la falta disciplinaria en el derecho administrativo colombiano,


se estructura positivamente, a partir de un complejo, pero sistemático cuadro normativo
constitucional y legal. Por eso el sintagma “falta disciplinaria”, es un término complex que es
comprensible en la medida que se estudien todas sus fuentes directas e indirectas,
principales o excepcionales.

El cuadro normativo constitucional, al que se acude para dicha edificación se realiza


con base en normas que regulan el ámbito de fidelidad a la Constitución, como norma de
normas jurídicas y el acomodamiento al resto del ordenamiento jurídico vigente; así mismo,
por normas que estipulan el ámbito de responsabilidad del servidor público y/o el particular
con funciones públicas en la rama de la administración de justicia y la persona particular
calificada y en todos los casos cuando se desempeña como profesional de la abogacía o
abogado ejercitante; las formas de hacerla efectiva por parte del Estado; también por las
normas que regulan las funciones, deberes, obligaciones, incompatibilidades, prohibiciones e
impedimentos para todos los abogados ejercitantes tanto con funciones públicas como por
simples particulares; y finalmente, por normas que estipulan los valores y los principios
generales del derecho en un Estado Social de Derecho como el nuestro, y en particular por
los valores y principios que regulan la función pública de la administración de justicia y la
profesión de la abogacía en Colombia. Todo a tenor de los artículos 1, 2, 4, 6, 23, 26, 27, 29,
122 a 130 y 209 constitucionales.

Por su parte, el cuadro normativo de ámbito legal, en términos generales se hace,


con base en el Código Disciplinario del Abogado vigente, es decir, la Ley 1123 de 2007 que
constituye la norma reglamentaria de la Constitución de 1991.

Ahora bien, si "El derecho disciplinario comprende el conjunto de normas,


sustanciales y procesales, en virtud de las cuales el Estado asegura la obediencia, la
disciplina y el comportamiento ético, la moralidad y la eficiencia de los servidores públicos,
con miras a asegurar el buen funcionamiento de los diferentes servicios a su cargo”, la falta
disciplinaria siendo una de las principales instituciones que son objeto de su regulación, se la
puede calificar como las “Las conductas -hechos positivos o negativos- que pueden
configurar falta juzgable disciplinariamente. Es así, como la violación de los deberes, de las
prohibiciones o de las inhabilidades o incompatibilidades, a que están sujetos los
funcionarios y empleados públicos, es considerado por el respectivo estatuto disciplinario
como falta disciplinaria" (Corte Constitucional: C-341/99 y C-341-96). “Si la razón de ser de
la falta disciplinaria es la infracción de unos deberes,(y agregamos, y de diversos regímenes
funcionales habilitantes y prohibitivos, como los anteriormente señalados) para que se
configure violación por su incumplimiento, el servidor público infractor sólo puede ser
sancionado si ha procedido dolosa o culposamente, pues el principio de la culpabilidad tiene
aplicación no sólo para las conductas de carácter delictivo sino también en las demás
expresiones del derecho sancionatorio, entre ellas el derecho disciplinario de los servidores
3

públicos, toda vez que “el derecho disciplinario es una modalidad de derecho sancionatorio”
(Sentencia C-1076-2002 y C-155-2002).

Sin embargo, la Corte Constitucional ha reconocido que existen faltas disciplinarias


con sus correspondientes sanciones y procedimientos especiales a seguir que el propio
constituyente de 1991, los estableció por vía constitucional (Sentencias C-230-2002 y C-157-
2003), sin acudir a la cláusula general de competencia que ostenta el legislador ordinario en
la mayor parte de materias reguladas en la Constitución. En efecto, el procedimiento
sancionador disciplinario adelantado por el Procurador General de la Nación para
desvincular del cargo a un servidor público, en tanto incurra en las faltas de infringir de
manera manifiesta la Constitución o la ley; derivar evidente e indebido provecho patrimonial
en el ejercicio de su cargo o de sus funciones; de obstaculizar, en forma grave, las
investigaciones que realice la Procuraduría o una autoridad administrativa o jurisdiccional;
obrar con manifiesta negligencia en la investigación y sanción de las faltas disciplinarias de
los empleados de su dependencia, o en la denuncia de los hechos punibles de que tenga
conocimiento en razón del ejercicio de su cargo.

Lo anterior, significa que el constituyente de 1991 dio ejemplo al crear faltas,


sanciones y procedimientos administrativos sancionadores disciplinarios, basados en su
potestad creadora de normas, figuras e instituciones jurídico-constitucionales y sin reservarle
en estos casos puntuales la función legislativa al Congreso. En tal virtud, en cuanto a la
creación de faltas disciplinarias, la técnica legislativa no es exclusiva ni excluyente del
Congreso de la República, tal como la misma Corte, lo ha expuesto, en otras oportunidades
al sostener que “La técnica legislativa seguida para describir las faltas disciplinarias
comprende dos mecanismos. El primero de ellos es la tipificación expresa de las faltas
gravísimas, tal como aparecen en el artículo 48 del CDU de 2002. El segundo es la
tipificación de las faltas graves y leves en razón del incumplimiento de los deberes; el abuso
de los derechos; la extralimitación de las funciones y la violación al régimen de prohibiciones,
impedimentos, inhabilidades, incompatibilidades o conflicto de intereses consagrados en la
Constitución y en la ley; faltas establecidas en el artículo 50 Ibid (Sentencia C-157-2003). Se
deberá a partir de esta aclaración reconocer que el constituyente de 1991, creó faltas,
sanciones y procedimientos autónomos de rango constitucional a favor de servidores del
Estado con poderes preferenciales en materia disciplinaria como la Procuraduría General de
la Nación, pero que también el legislador cuenta con potestad creadora de faltas, sanciones
y procedimientos para servidores públicos en donde no se haya pronunciado la propia Carta
colombiana; potestad, que bien podría llamarse residual para el Congreso de la República.

Con base en esa competencia residual, el Congreso colombiano dictó Leyes Generales
Disciplinarias: La Ley 200 de 1995, luego La 734 de 2002 o CDU. Actualmente la Ley 1123
de 2007 o Código Disciplinario del Abogado (CDA). Pese a que la Corte hace recaer toda la
principialística jurídica reglamentada en el CDA y en la norma sustantiva y procesal penal,
para conceptualizar la falta disciplinaria, nosotros demostramos anteriormente, que el cuadro
de principios que rigen al derecho en general, y en particular al derecho sancionador
disciplinario está amplia y frondosamente regulada en todo el texto constitucional.

En efecto, los principios del debido proceso como continente de otros que son su contenido,
previstos en el artículo 29, constitucional, tales como el de legalidad, tipicidad, culpabilidad,
antijuricidad, non bis in idem, el juez natural, la doble instancia, entre otros; así como los que
refieren a los abogados ejercitantes con funciones públicas en la rama judicial y a los
abogados ejercitantes con calidad de particulares están previstos en las diferentes normas
constitucionales ut supra relacionadas, y es con base en éstos también cómo y dónde se
origina y estructura la potestad sancionadora del Estado, a través de la cual ejerce el ius
4

puniendi sobre los servidores públicos, los particulares con funciones públicas y los
abogados particulares, cuando unos y otros ejercen la profesión de la abogacía.

Por lo tanto, "Las faltas disciplinarias son definidas anticipadamente y por vía general
en la legislación (y agregamos, por excepción en la propia Constitución) y corresponden a
descripciones abstractas de comportamientos que, sean o no delitos, enturbian, entorpecen
o desvirtúan la buena marcha de la función pública en cualquiera de sus formas (y
agregamos: y ramas del poder público, y por eso se dice que son tipos abiertos ya que esos
comportamientos y aspectos funcionales están regulados en diferentes como diversas
normas jurídicas), lo que hace que las mismas disposiciones que las consagran estatuyan,
también con carácter previo, los correctivos y sanciones aplicables a quienes incurran en
aquellas. Según las voces del artículo 124 de la Constitución, "la ley determinará la
responsabilidad de los servidores públicos y la manera de hacerla efectiva" (Sentencia C-
417-99)”; y agregamos, teniendo en cuenta que las funciones del servidor público
previamente y por escrito deben estar previstas en la ley y el reglamento, según los artículos
122, inciso 1º y 123 inciso 2º, constitucionales, pues las faltas disciplinarias en nuestro
derecho como en el comparado son básicamente funcionales (1), funcionariales y con
ocasión u ocurrencia de la prestación del servicio profesional de la abogacía, según lo
determina el CDA de 2007. Por esta razón, las faltas se las conoce también como tipos
disciplinarios.

Pese a lo anterior, en nuestro derecho lo más importante hubiese sido que el


legislador colombiano antes de expedir un Código Disciplinario de la Abogacía, se hubiese
pensado primero en un Código Deontológico de la Abogacía, como existe en otros Estados
del mundo (2), separado del Código Disciplinario, a efectos de que el estudio

_______________________

(1) Tal reconocimiento lo ha hecho la Corte reiteradamente. En la Sentencia C-431-2004,


manifestó al respecto: “el legislador sólo puede tipificar como conductas relevantes en el ámbito
disciplinario aquellos comportamientos que afecten los deberes funcionales de quienes cumplen
funciones públicas. Y que el fundamento de la imputación y, en consecuencia, del ejercicio de la
potestad sancionadora del Estado, está determinado por la infracción de los deberes funcionales del
servidor público”.
(2) El Código Deontológico de la Abogacía Española, aprobado por el Real Decreto 658 de
2001, Junio 22, en el preámbulo ha sostenido: “La función social de la Abogacía exige establecer unas
normas deontológicas para su ejercicio. A lo largo de los siglos, muchos han sido los intereses
confiados a la Abogacía, todos ellos trascendentales, fundamentalmente relacionados con el imperio
del Derecho y la Justicia humana. Y en ese quehacer que ha trascendido la propia y específica
actuación concreta de defensa, la Abogacía ha ido acrisolando valores salvaguardados por normas
deontológicas necesarias no sólo al derecho de defensa, sino también para la tutela de los más altos
intereses del Estado, proclamado hoy como social y democrático de Derecho.
Como toda norma, la deontológica se inserta en el universo del Derecho, regido por el principio de
jerarquía normativa y exige, además, claridad, adecuación y precisión, de suerte que cualquier
modificación de hecho o de derecho en la situación regulada, obliga a adaptar la norma a la nueva
realidad legal o social.
Durante siglos, los escasos cambios operados en las funciones del Abogado y en la propia sociedad
motivaron reducidas modificaciones en unas normas deontológicas que venían acreditándose eficaces
para la alta función reservada al Abogado, casi siempre motivadas por drásticas convulsiones
sociales, pero que terminaron devolviendo al Abogado su función y la normativa deontológica con que
la desempeña”. En: Consejo General de la Abogacía. Internet.
En Chile se hace a través de un “Código de Ética profesional”. En: www.abogados.cl
5

de los deberes aplicables a la profesión del abogado sea lo primero que debe conocer el
abogado litigante y no conjuntamente con el Código Disciplinario que prevé la sanción
disciplinaria por vulnerar el régimen de deberes de la abogacía, que el abogado colombiano
sólo viene a conocerlos en su integridad, clasificación y finalidades en pro de la mejor
prestación del servicio profesional de la abogacía y su función eminentemente social, cuando
se halla ad portas de un procedimiento disciplinario de audiencias.

1.2. Naturaleza jurídica

Las faltas disciplinarias o tipos disciplinarios, surgen de la potestad sancionadora del


Estado, en la modalidad de disciplinaria. Son objeto de estudio mayoritariamente (3) del
derecho administrativo sancionador disciplinario, que a su vez las estructura constitucional y
legalmente, a partir de la función administrativa de los servidores públicos o de los
particulares con funciones públicas, por excepción y pertenecientes a una cualquiera de las
tres ramas del poder público, a los organismos de control conductual, fiscal o electoral, a las
entidades autónomas territoriales (departamentos, distritos, territorios indígenas y
municipios) e incluso a los entidades especiales (Comisión de Televisión y Banco de la
República) y universitarias autónomas. Y recientemente, en el año 2007, a partir del ejercicio
profesional de la abogacía.

A las faltas disciplinarias en general, se les aplica la principalistica sustantiva y


procedimental estipulada en la propia Carta colombiana de 1991, como se ha demostrado
anteriormente; así como en los principios generales y universales del derecho, positivados
en el derecho colombiano en diferentes normas generales como la Ley 734 de 2002, Ley 489
de 1998, Ley 617 de 2000, Ley 190 de 1995, entre otras, o incluso en códigos como el
Contencioso Administrativo o C.C.A., C.P.C., y C.P.P.

A las faltas disciplinarias en particular reguladas por el CDA de 2007, se les aplica las
normas y principalística constitucionales que casi vacían de contenido a los principios
previstos en las normas penales, civiles y administrativas sustantivas y procesales, que a su
vez no son otra cosa que los que retoma del único tronco común normativo que existe en
nuestro país: La Constitución. Como se ha demostrado, “la potestad punitiva (o
sancionadora) del Estado agrupa el conjunto de competencias asignadas a las diferentes
órganos para imponer sanciones (y agregamos, previa falta y proceso que las viabilice) de
variada naturaleza jurídica (y) la cual se materializa en diferentes ámbitos, en los cuales
cumple diferentes finalidades de interés general. Algunas de sus expresiones son el derecho
penal, el derecho disciplinario, el ejercicio del poder de policía o la intervención y control
de las profesiones” (Sentencia C-530-2003).

Y es que la Corte Constitucional, últimamente ha venido profundizando la


independencia y autonomía de las diferentes modalidades de la potestad sancionadora del
Estado, dándoles cada día una identidad, objetivos y finalidades propias, no solo en el plano
general sino en aspectos puntuales, como el que aquí nos ocupa. En efecto, en sentencia C-
431-2004, ha sostenido que “como la definición de faltas disciplinarias corresponde a una
forma de ejercicio de la potestad sancionatoria del Estado, en la cual deben observarse,
mutatis mutandi, los principios de legalidad, tipicidad, antijuridicidad, culpabilidad,
responsabilidad y proporcionalidad, la utilización de estos referentes morales objetivos debe
hacerse con suficiente precisión a fin de que la determinación de la conducta sancionable no
___________________________________

(3) En tanto, no se produzca la autonomía definitiva del derecho disciplinario, libre de la


dependencia del derecho penal, civil y sobre todo administrativo.
6

irrespete los referidos principios, en especial los de legalidad y tipicidad. Y aunque en el


derecho administrativo sancionador, y dentro de él el disciplinario, los principios de tipicidad y
legalidad no tengan la misma rigurosidad exigible en materia penal, aun así el
comportamiento sancionable debe ser determinable inequívocamente, como también la
sanción correspondiente, como única manera de asegurar el derecho al debido proceso a
que alude el artículo 29 superior”.

En este entorno en el que surgen, se desarrollan y vitalizan las faltas disciplinarias,


qué duda cabe sobre la naturaleza jurídica de las mismas, la cual es patrimonio del derecho
público estatal y en particular del derecho administrativo sancionador de índole disciplinario.
Por eso, hacen parte del derecho público estatal el Derecho Constitucional, Derecho
Administrativo, el Derecho Público Internacional y el Derecho Sancionador disciplinario.

En este último sentido, Meléndez (4), sostiene que siendo la “falta disciplinaria una
categoría del derecho disciplinario, cuenta con los elementos que le son propios, a saber: la
descripción típicamente antijurídica que se fusiona en el concepto de ilícito disciplinario, y la
culpabilidad”, a renglón seguido manifiesta: “Estos elementos nos permiten establecer la
verdadera naturaleza jurídica del derecho disciplinario como rama del derecho público
sancionatorio de carácter autónomo” y de contera la naturaleza jurídica de la falta
disciplinaria de carácter mayoritariamente administrativo y en el caso del procedimiento
disciplinario de audiencias impuesta por una autoridad jurisdiccional.

1.3. Clases de faltas o tipos disciplinarios

En el derecho público estatal colombiano, las faltas disciplinarias en general se las


puede clasificar así: 1. Desde el punto de vista de las normas que las crean, son: a) faltas
disciplinarias de índole constitucional; b) faltas de índole legal y, c) faltas de índole
estatutaria (para el caso de los regímenes disciplinarios administrativo de las universidades
públicas (5); y, 2. Desde el punto de vista de la Ley Disciplinaria General colombiana, ley 734
de 2002 o CDU, las faltas son: a) Gravísimas; b) Graves y leves (6).

En el ámbito especial regulado por el Código Disciplinario del Abogado de 2007, las
faltas disciplinarias se clasifican así: 1. Según el bien jurídico tutelado, así: Faltas contra: (i)
la dignidad de la profesión; (ii) el decoro profesional; (iii) el respeto debido a la administración
de justicia y a las autoridades administrativas; (iv) la recta y leal realización de la justicia y los
fines del Estado; (v) la lealtad con el cliente; (vi) la honradez del abogado; (vii) la lealtad y
honradez con los colegas; (viii) la debida diligencia profesional; (ix) el deber de prevenir
litigios y facilitar los mecanismos de solución alternativa de conflictos; y 2. Según régimen
jurídico desconocido o vulnerado así: (i) faltas contra los deberes profesionales del abogado
(artículo 28 del CDA); y (ii) faltas contra el régimen de incompatibilidades del ejercicio
profesional (artículo 29 Ibíd.).

________________________________

(4) MELENDEZ, Inocencio Julio. Teoría de la falta gravísima y juzgamiento disciplinario de


los contratos estatales. Tesis de Grado para obtener el título de Magíster en Derecho. Biblioteca de
la Facultad de Derecho. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2005, p. 45.
(5) RIASCOS GOMEZ, Libardo Orlando. El Derecho administrativo sancionador disciplinario
en la docencia universitaria. Universidad de Nariño, Pasto, 2007, p.323
(6) En el derecho colombiano, la Ley 734 de 2002, en el artículo 42 clasifica a las faltas
disciplinarias funcionariales como gravísimas, graves y leves, acogiendo clasificaciones
tradicionalmente estipuladas en el ámbito ius civilista colombiano del que tanto se nutrió el derecho
sancionador estatal incluido el derecho penal, correccional y disciplinario.
7

En el presente trabajo estudiaremos los tipos disciplinarios constitucionales y los


legales previstos en el CDA de 2007, y éstos últimos dentro de las dos clasificaciones
presentadas: Según el bien jurídico tutelado y la transgresión del régimen jurídico específico
(de los deberes o “deontológico” y el de incompatibilidades, inmerso en éste el del “ejercicio
ilegal de la profesión”).

El “Código de Ética profesional del abogado venezolano”, en forma similar al Estatuto


del Abogado colombiano de 1971, relaciona en su normatividad los grupos de bienes
jurídicos tutelados y los tipos disciplinarios que hacen parte de cada uno de éstos. Así los
bienes tutelados por el mentado Código son: (i) Deberes esenciales (cinco supuestos); (ii)
Deberes institucionales (trece supuestos); (iii) Deberes para con el asistido o patrocinado
(veintisiete eventos); (iv) Deberes para con los jueces y demás funcionarios (seis eventos);
(v) Deberes para con los colegas (seis eventos); (vi) Deberes para con el Colegio (un
evento). Finalmente el Código aclara que “salvo disposiciones expresas del Colegio de
Abogados las acciones disciplinarias prescriben a los dieciocho meses, contados desde el
día que se perpetró el hecho o el ultimo acto constitutivo de la falta. El auto que declare
haber lugar a la Formación de la causa interrumpe la prescripción” (artículo 60).

1.3.1. Faltas disciplinarias constitucionales

Si bien son de carácter excepcional, no podemos por ello pasarlas por alto, máxime
cuando fue el mismo constituyente de 1991 quien las creó en forma expresa y para ciertos
servidores del Estado y con sus correspondientes sanciones (desvinculación del cargo),
previo procedimiento y autoridad competente (Procuraduría General de la Nación) para
aplicarlas. Que esta técnica constituyente no haya sido la mejor ni la más apropiada para un
texto constitucional, por ahora, poco importa, lo cierto es que en el artículo 278 inciso 1º , se
erigieron como faltas disciplinarias constitucionales, las siguientes: a) infringir de manera
manifiesta la Constitución o la ley; b) derivar evidente e indebido provecho patrimonial en el
ejercicio de su cargo o de sus funciones; c) obstaculizar, en forma grave, las investigaciones
que realice la Procuraduría o una autoridad administrativa o jurisdiccional; y d) obrar con
manifiesta negligencia en la investigación y sanción de las faltas disciplinarias de los
empleados de su dependencia, o en la denuncia de los hechos punibles de que tenga
conocimiento en razón del ejercicio de su cargo.

Existen otras faltas disciplinarias constitucionales genéricas que aparecen tras la


figura de prohibiciones constitucionales en la modalidad de “causal de mala conducta”, pero
aplicables en forma restrictiva a ciertos servidores públicos no pertenecientes a la rama
judicial, los organismos electorales y de control y seguridad (con lo cual se deduce que sí
están incluidos los servidores del estado en los diferentes niveles de la educación) y a altos
funcionarios del Estado, como el Presidente de la República, o quien haga sus veces, los
Magistrados de la Corte Constitucional, Corte Suprema de Justicia, Consejo de Estado y
Consejo Superior de la Judicatura y el Fiscal General de la Nación. Con lo cual se crea un
fuero especial de carácter disciplinario a favor de ciertos servidores del Estado, en cuanto al
procedimiento y autoridad competente para adelantar y finiquitarlos, pero en cuanto a las
sanciones disciplinarias imponibles son tan igualmente graves como a los demás servidores
públicos, según se relaciona en los artículos 175 para los altos servidores del Estado, es
decir, con sanción de la destitución y la inhabilidad general; o con las sanciones previstas en
la ley para los Congresistas (artículo 180, parágrafo 2º)

El Acto Legislativo 2º de 2004, artículo 1º, reformó el artículo 127 y creó el inciso 3º,
constitucional, el cual estipuló: “la utilización del empleo para presionar a los ciudadanos a
respaldar una causa o campaña política constituye causal de mala conducta” (Inciso 3º del
8

artículo 126, adicionado por el artículo 1º del Acto legislativo 2 de 2004). Este tipo
disciplinario constitucional es aplicable a todos los servidores del estado, excepto los de la
rama judicial, los organismos electorales y de control y seguridad, por expresa disposición
del inciso 2º del artículo 126, constitucional.

De esta forma se crean unos tipos disciplinarios constitucionales que la ley general
Disciplinaria colombiana (Ley 734 de 2002), desarrolla a través de las faltas disciplinarias
gravísimas, graves y leves, a los cuales por vía de asimilación legislativa retoma los tipos
constitucionales de “mala conducta” y los convierte en faltas disciplinarias gradadas según la
gravedad o levedad que ellas incorporan.

En efecto, en el artículo 48, numeral 49 del Ley citada (7), considera como faltas
gravísimas; entre otras, las conductas que la Constitución y la ley califica como “causales de
mala conducta”, y en el artículo 49 hace énfasis en esta técnica y determinación legislativa
de asimilación de figuras jurídicas (que no es analogía), “cuando fueren realizadas por el
Presidente de la República, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, del Consejo de
Estado o de la Corte Constitucional, los miembros del Consejo Superior de la Judicatura y el
Fiscal General de la Nación”.

Así mismo, en el artículo 48, numeral 49 y 50 in fine, asimila los tipos disciplinarios
constitucionales de “mala conducta”, previstos en el inciso 3º, artículo 126 constitucional con
faltas gravísimas, graves o leves, según los criterios de gravedad o levedad que misma la ley
adopta y regula y a los cuales les impone las sanciones correspondientes.

Para el caso de los abogados ejercitantes de la profesión cuando lo hagan en la


calidad de servidores del Estado o con funciones públicas temporales (artículo 116
constitucional) o permanentes, perfectamente podrían estar incursos en esta clase de faltas
disciplinarias constitucionales que al principio de este aparte comentábamos, pues las
inmediatamente anteriores sólo se predican entre otros altos funcionarios con fuero
disciplinario constitucional, de los Magistrados de los Consejos Seccionales y Superior de la
Judicatura, es decir, de las autoridades disciplinarias competentes para iniciar, investigar,
juzgar y sancionar a los abogados ejercitantes de la profesión. Pero en todo caso, el sistema
de faltas y procedimientos disciplinarios constitucional, excepcional como es, es aplicable a
una especie de los sujetos disciplinarios como es el abogado ejercitante con funciones
públicas, como a las autoridades que los disciplinan.

1.3.2. Faltas o tipos disciplinarios según el bien jurídico tutelado

Los abogados en ejercicio de la profesión en general, a partir de la expedición


del Decreto-Ley 196 de 1971 y últimamente con el Código Disciplinario del Abogado de
2007, han gozado de un fuero legal de constitución del sistema de faltas y sanciones
disciplinarias sólo aplicable a estos sujetos calificados y quizá por ello, tanto unas como otras

_______________________________

(7) La sentencia C-1076-2002, al analizar la exequibilidad del artículo 49, al respecto manifestó:
”Una interpretación sistemática de los artículos 48 y 49 de la Ley 734 de 2002, en
consonancia con el numeral segundo del artículo 175 de la Carta Política, indica que las
causales de mala conducta equivalen a las faltas gravísimas, y por ende la sanción en ambos
casos es la misma: destitución e inhabilidad general. De tal suerte, que la norma acusada, no
vulnera el principio de igualdad, y constituye, se insiste, un claro desarrollo de los preceptos
constitucionales referenciados”.
9

han tenido una estructuración sui generis no solo en el nomen iuris que se le ha asignado
cada una sino en la protección y garantía de un bien jurídico tutelado cuando se trata de
faltas y en la correspondiente dosificación de la sanción que unas veces apunta a la
afectación subjetiva del disciplinado (exclusión, suspensión o censura en la profesión) o a la
afectación patrimonial del disciplinado (multa).

El bien jurídico tutelado por el CDA para cada grupo de faltas disciplinarias, en su
mayoría se retomó del Estatuto del Abogado de 1971, con algunos cambios tanto en el bien
tutelado como en el aumento de los tipos disciplinarios que componen cada grupo, tal como
veremos a continuación.

La técnica de erigir un bien jurídico protegido en el ámbito disciplinario deviene desde


tiempos del Código de 1971 y continuada en el CDA de 2007, del ejemplo y técnica
legislativa de tipo penal que adopta en el enlistamiento de diversos tipos penales bajo un
bien jurídico, un interés individual o colectivo protegido por el Estado en beneficio de la
comunidad, la sociedad o la civilidad para que ésta perdure y logre los objetivos de vivir
cada día en paz y convivencia ciudadana. Así para proteger la Libertad de las personas, se
erige como bien jurídico protegido en los códigos penales el bien de la libertad como hecho
social, personal y desarrollo real del ser humano. Los tipos penales bajo es bien jurídico
serán, por ejemplo: el secuestro, la detención arbitraria, violación de habitaciones o del
trabajo, violación de comunicaciones y secretos, etc. (8)

En el ámbito del procedimiento disciplinario de audiencias contra los abogados


ejercitantes previsto en el CDA de 2007, el bien jurídico protegido por el Estado es pluri-
defensivo, porque abarca bienes representados en valores y principios constitucionales de la
persona humana cualificada, como valores y principios constitucionales y legales de las
personas jurídicas de derecho público. En efecto, entre los primeros encontramos los
siguientes: la dignidad, el decoro, la honradez, la lealtad, la fidelidad, el honor, la ética y la
deontología de la profesión de la abogacía. Entre los segundos, podemos relacionar: la
moralidad pública y la eficiencia y eficacia de la administración de justicia.

Cada uno de los bienes jurídicos tutelados por el Estado a través de normas
disciplinarias se dirige; por un lado, a la mejor y más eficiente prestación de la profesión de
la abogacía, con probidad, honorabilidad y deontología a favor de las personas particulares o
públicas; y de otro, al potenciado desempeño de la administración de justicia cuando cuenta
con colaboradores dignos y capaces que acercan al ciudadano particular o público al acceso
de la justicia y a la solicitud profesional de la solución de los conflictos o las controversias
jurídicas entre particulares o entre éstos y el Estado.

A buen seguro, el legislador disciplinario de 2007 permeado por los altos valores y
principios constitucionales ut supra relacionados, “colgó” a cada bien jurídico protegido una
serie de tipos disciplinarios que pretenden tutelarlo, no importando para ello, si en el fondo
estaban relacionando en algunos casos verdaderos tipos penales que afectaban también a
bienes jurídicos tutelados en el derecho penal o inclusive en el mal llamado “Código
Disciplinario Único” de 2002. Por ello, a continuación veremos cada uno de los bienes
jurídicos tutelados por el CDA y los tipos disciplinarios que hacen parte de cada uno de
éstos.

_______________________

(8) PEREZ, Luis C. Derecho Penal. Parte general y especial. Tomo IV, Ed. Temis, Bogotá,
1985, p.359
10

No sin antes, hacer unos breves como necesarios comentarios sobre lo que
entendemos por dignidad en general, y el concepto dignidad aplicado a la profesión del
abogado, y en ambos casos como un valor de la persona humana.

En efecto, la dignidad es la necesidad emocional que todos tenemos de


reconocimiento público por la autoridad, personal, amigos, familiares, círculo social, etc. de
haber hecho bien las cosas.

La dignidad se basa en el reconocimiento de la persona como ser digno de respeto.


Toda persona tiene que reconocer las diferencias de cada persona además de tolerarlas
para que así la persona digna se sienta libre, entiende las bases que le permiten actuar
consecuentemente y por lo tanto se considera capaz de desarrollar cualquier trabajo bien
fundamentado. Demuestra su dignidad por su capacidad de ser virtuoso en sus actos. La
dignidad es el resultado del buen equilibrio emocional.

A su vez, una persona digna puede sentirse orgullosa de las consecuencias de sus
actos y de quienes se han visto afectados por ellos. Un exceso de dignidad puede fomentar
el orgullo propio, pudiendo crear la sensación al individuo de tener derechos inexistentes. La
dignidad refuerza la personalidad, fomenta la sensación de plenitud y satisfacción.

Es el valor intrínseco y supremo que tiene cada ser humano, independientemente de


su situación económica, social y cultural, así como de sus creencias o formas de pensar.

El ser humano posee dignidad por sí mismo, nadie se lo da, lo tiene desde el mismo
instante de su concepción, nadie se lo puede quitar bajo ningún pretexto, pero esto no es
otro pretexto para querer transgredir las normas dadas.

Es el fundamento de los derechos que se le dan al ser humano, ya que las personas
no tienen precio, sino dignidad, ya que de la dignidad de la persona como valor central,
emanan la justicia, la vida, la libertad, la igualdad, la seguridad y la solidaridad, que son
dimensiones básicas de la persona, que en cuanto tales se convierten en valores y
determinan la existencia y legitimidad de todos los Derechos reconocidos en los acuerdos
internacionales sobre derechos humanos (9).

La Constitución Colombiana de 1991, tanto en el preámbulo como la parte normativa


reconocen a la dignidad humana (10) como uno de los valores constitucionales en los cuales
se funda el Estado social de derecho (artículo 1º); la familia, como núcleo esencial de la
sociedad (artículos 25 y 42); el trabajo, como expresión de las relaciones jurídicos laborales
particulares o públicas (artículo 54); las profesiones y colegiaturas, como objetivo garante del
_________________________

(9) En: http://es.wikipedia.org/wiki/Dignidad. Vía internet


(10) En Sentencia de 9 de Julio de 1998, en proceso disciplinario contra un funcionario de la rama
judicial, por incumplimiento reiterado de obligaciones civiles, la Sala jurisdiccional disciplinaria del
Consejo Superior de la Judicatura, reconoció que las personas jurídicas pueden ser sujetos del
derecho y valor constitucional de la dignidad. En efecto, sobre el particular sostuvo: “La culpabilidad
de la acusada se encuentra demostrada porque sabiéndose obligada por la compra de los libros, en
vez de cancelar su precio, decidió eludirlo mediante engaños reiterados y falsas promesas de pago al
acreedor, con lo cual evidenció aún más su voluntad de desconocer la norma jurídica que le impone
como funcionaria judicial el cumplimiento estricto y cabal de sus obligaciones civiles, por cuanto su
vulneración compromete la dignidad de la administración de justicia ya que una conducta de esa clase
pone en entredicho el realce, la excelencia, el honor y el respeto que merece la persona investida de
tan alta misión”.
11

Estado (artículo 26); el debido proceso, como expresión civilizada de resolver los conflictos
jurídicos de tipo administrativo y jurisdiccional (artículo 29); la cultura, como expresión de
toda persona (artículo 70); los juicios penales o disciplinarios a parlamentarios, como bien
jurídico protegido (artículo 175); entre otros muchos. La dignidad humana es uno de los
valores supremos que permea todos los derechos, deberes y obligaciones de las personas
privadas o públicas, y por el ello el CDA de 2007 al establecerlo como bien jurídico tutelado
reconoció su rango constitucional y en base a este estableció diferentes tipos disciplinarios
para protegerlo.

1.3.2.1. Tipos disciplinarios contra la dignidad de la profesión

El artículo 30 del CDA, retomó en gran parte el artículo 48 del Estatuto del Abogado
de 1971 y estableció como tipos disciplinarios una relación de conductas humanas en las
que son comprensibles desde el punto de vista jurídico, algunas con la tipificación específica
relacionada en cada bien jurídico protegido por el CDA y otras, solo cuando nos remitimos a
otros textos normativos constitucionales o legales, o inclusive a otros textos extra normativos
para entender la tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad requerida por el CDA para catalogar
de falta disciplinaria el tipo relatado en cada bien jurídico protegido. Por ello, antes de
relacionar los diversos tipos disciplinarios veamos de qué clase pueden ser los previstos en
el CDA.

Doctrinalmente, se sostiene que en la relación taxativa de los tipos disciplinarios


previstos en el CDU de 2002, especialmente en los relativos a los tipos denominados
gravísimos hay que distinguir los tipos abiertos o numerus apertus de remisión en blanco o
expresa, de los tipos cerrados o numerus clausus, que por excepción también se encuentran
en el CDU de 2002 (11).

En efecto, estima que las faltas gravísimas de tipo cerrado, son aquellas en donde la
descripción objetiva de la conducta es tan concreta, tan precisa que para establecer la
tipicidad de la misma no es necesario remitirse a la Constitución, a la ley o al reglamento,
porque en el CDU se encuentran todos los elementos integrantes y presupuestos de la
tipicidad. Sólo basta con realizar el proceso de adecuación entre la conducta y la descripción
típica prevista en la norma. A título de ejemplo, se cita el numeral 3º del artículo 48 del CDU,
es decir, a la falta gravísima cometida con culpa gravísima que atente contra el Patrimonio
del Estado, pues allí se encuentran todos los elementos del tipo (tipicidad, antijuridicidad y
culpabilidad) sin necesidad de remisión a textos jurídicos extra código.

En cambio, las faltas disciplinarias del tipo abierto que son las mayoría de los
previstos en el artículo 48 del CDU, se caracterizan porque no es suficiente con la
descripción típica prevista en la Ley general disciplinaria colombiana, sino que para poder
estructurar la falta es necesario acudir a normas jurídicas de carácter especial, extra
codificadas, atendiendo al cargo público o función que ejerce el autor, la entidad o rama del
poder público en nombre de la cual actúa o se abstiene de hacerlo y la naturaleza especial
del servicio que se presta. El autor citado, cita como ejemplo de tipos disciplinarios abiertos y
de remisión expresa el numeral 1º y 7º del artículo 48, referidos el primero a la realización
objetiva de tipos consagrados en el Código Penal como delictivos y considerados en el CDU
como faltas disciplinarias gravísimas. Y, el segundo, a la comisión de graves violaciones al
______________________

(11) MELENDEZ, Inocencio Julio. Teoría de la falta gravísima y juzgamiento disciplinario de


los contratos estatales. Tesis de grado para obtener el título de Magister en derecho. Universidad
Nacional, Bogotá, 2005, p. 113 a 134.
12

derecho internacional humanitario o DIH. Así mismo cita, como ejemplo de tipos abiertos con
remisión en blanco, la “falta” disciplinaria prevista en el numeral 35 del artículo 48º referida a
“dar lugar a la configuración del silencio administrativo”, por considerar que la institución
jurídico administrativa del silencio administrativo es amplia y no tiene concreción sólo con la
simple remisión al C.C.A (12).

En consecuencia, en el CDA de 2007 encontramos tipos disciplinarios


mayoritariamente abiertos con remisión en blanco o en forma expresa y por excepción tipos
disciplinarios cerrados, a lo largo de los artículos 30 a 38 del CDA. Son tipos disciplinarios
contra la dignidad de la profesión según el artículo 30 del CDA (12bis), los siguientes: 1.
Intervenir en actuación judicial o administrativa de modo que impida, perturbe o interfiera el
normal desarrollo de las mismas; 2. Encontrarse en estado de embriaguez o bajo el efecto
de sustancias estupefacientes o de aquellas que produzcan dependencia, alteren la
conciencia y la voluntad al momento de realizar las actuaciones judiciales o administrativas
en calidad de abogado o en el ejercicio de la profesión; 3. Provocar o intervenir
voluntariamente en riñas o escándalo público originado en asuntos profesionales; 4. Obrar
con mala fe en las actividades relacionadas con el ejercicio de la profesión; 5. Utilizar
intermediarios para obtener poderes o participar honorarios con quienes lo han
recomendado; 6. Patrocinar el ejercicio ilegal de la abogacía; 7. Obtener clientes
aprovechándose de una situación de calamidad que afecte gravemente la libertad de
elección.

De la anterior relación de tipos disciplinarios se excluyó los siguientes tipos que


aparecían en el artículo 48 del Estatuto del Abogado de 1971, bajo el bien jurídico de la
dignidad, pues pasaron a relacionarse bajo otros bienes jurídicos como veremos ut infra.

Estos son: (i) El hábito de frecuentar garitos, lenocinios u otros lugares de mala
reputación; y (ii) la dilapidación del patrimonio en perjuicio de los acreedores (12ter).

Se cambiaron en la redacción aparecida en el Estatuto de 1971, por entender que el


tipo disciplinario se estructura sólo con la acción, omisión u ocasión del ejercicio de la
profesión, en los siguientes casos: (i) La mala fe en los negocios; (ii) El patrocinio del
ejercicio ilegal de la abogacía o del ingreso a la profesión de personas de malos antecenden-
__________________________

(12) Sin embargo, la institución iusadministrativa del silencio administrativo no debió tipificarla como
falta disciplinaria el legislador de 2002, porque de esa forma la convierte en un “ilícito administrativo” y
no lo que es una prerrogativa de la administración pública y un derecho que tiene el administrado para
crear, modificar o extinguir una relación jurídica entre el Estado y el particular.
(12bis) Mediante Sentencia C-098-2003 declaró inexequibles por violar el derecho del libre desarrollo
de la personalidad e intimidad, los siguientes tipos disciplinarios previstos en el D.L.196/71: “1. La
pública embriaguez consuetudinaria o el hábito injustificado de drogas estupefacientes; 2. El hábito de
frecuentar garitos, lenocinios u otros lugares de la mala reputación; 3. Provocación reiterada de riñas
o escándalos públicos; 4. La mala fe en los negocios; 5. La dilapidación del patrimonio en perjuicio de
los acreedores; 6. La administración o participación en negocios incompatibles con el respeto que
exige la abogacía”. Por esta razón el CDA de 2007, al retomar algunos tipos disciplinarios, a fin de que
resulten exequibles y compatibles con el ejercicio de la abogacía, les adicionó que las actividades de
embriaguez, provocar riñas y obrar de mala fe, sean con ocasión o tras el ejercicio profesional de la
abogacía ante personas, entidades o autoridades públicas en donde se desenvuelva la abogacía.
(12ter) Estos dos supuestos fueron declarados inexequibles (C-098-2003), porque las actividades
nada tienen que ver con el ejercicio de la abogacía y la primera corresponde a la órbita personal, a la
vida privada y por tanto interfieren en el derecho del libre desarrollo de la personalidad. La segunda,
alude al manejo del patrimonio de cada persona, antes que al ejercicio de la profesión.
13

tes o que no reúnan las condiciones habilitantes; (iii) La pública embriaguez consuetudinaria
o el hábito injustificado de las drogas estupefacientes.

Por su parte, se agregó el numeral 1 ut supra relatado.

1.3.2.2. Tipos disciplinarios contra el Decoro profesional

El decoro, del latín decórum, significa honor, respeto, reverencia que se debe a una persona
por su nacimiento o dignidad (13). También significa pureza, honestidad recato, honra,
pundonor, estimación; y finalmente, nivel mínimo de calidad de vida para que la dignidad de
alguien no sufra menoscabo, p.e. el sueldo u honorarios.

El artículo 31 del CDA, que en poco cambio la redacción del Estatuto del Abogado de
1971, determinó que son tipos disciplinarios contra el decoro profesional los siguientes:

1. Utilizar propaganda que no se limite al nombre del abogado, sus títulos y


especializaciones académicas, los cargos desempeñados, los asuntos que atiende de
preferencia o con exclusividad y los datos relativos a su domicilio profesional (14).

2. Solicitar o conseguir publicidad (14bis) laudatoria para sí o para los servidores públicos
que conozcan o hayan conocido de los asuntos concretos a cargo del abogado.

El Estatuto del Abogado de 1971, incluía además del tipo la clase de sanción a la que
se haría acreedor el profesional que se encasillara en uno de los dos tipos. En consecuencia
se decía, que incurriría en sanción de amonestación o censura (artículo 49 in fine.

1.3.2.3. Tipos disciplinarios contra el respeto a la administración de justicia y a


las autoridades administrativas

____________________________

(13) En: AA.VV. Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Vía Internet
(14) “Cualquier otra publicidad esta prohibida y es sancionada. La razón estriba en colocar a los
abogados en igualdad de condiciones y evitar que los clientes sean engañados con la publicidad de
anuncios que señalen méritos que el abogado no tiene o indican aspectos políticos, religiosos o de
otra índole que son extraños al patrocinio profesional”. En: MONROY C. Gerardo. Ética del Abogado.
Régimen legal y disciplinario. El Profesional, Bogotá, 4 ed., 2006, p.164.
(14bis) El Código Deontológico español de 2001, al respecto sostiene: “El abogado podrá realizar
publicidad, que sea digna, leal y veraz, de sus servicios profesionales, con absoluto respeto a la
dignidad de las personas, a la legislación existente sobre dichas materias, sobre defensa de la
competencia y competencia desleal, ajustándose en cualquier caso a las normas deontológicas
recogidas en el presente Código… Se entiende que vulnera el presente Código Deontológico, aquella
publicidad que comporte, entre otros supuestos: (i) Revelar directa o indirectamente hechos, datos o
situaciones amparados por el secreto profesional; (ii) Revelar directa o indirectamente hechos, datos o
situaciones amparados por el secreto profesional; (iii) Afectar a la independencia del abogado; (iv)
Prometer la obtención de resultado que no dependan exclusivamente de la actividad del abogado que
se publicita; (v) Hacer referencia directa o indirectamente a clientes del propio Abogado que utiliza la
publicidad o a asuntos llevados por éste, o a sus éxitos o resultado; (vi) Dirigirse por sí o mediante
terceros a víctimas de accidentes o desgracias que carecen de plena y serena libertad para la
elección de abogado por encontrarse en ese momento sufriendo una reciente desgracia personal o
colectiva, o a sus herederos o causahabientes; (vii) Establecer comparaciones con otros abogados o
con sus actuaciones concretas o afirmaciones infundadas de auto alabanza. Entre otros.
14

Si el abogado ejercitante colabora en la prestación del servicio público de justicia,


cuando asesora, patrocina o representa judicialmente a una persona privada o pública ante
un despacho judicial, tribunal u oficina que administre justicia. Por eso, la relación personal y
profesional que debe existir entre el abogado y su patrocinado o cliente con el juez,
Magistrado, fiscal o funcionario que administre justicia por excepción debe desenvolverse en
las más cordiales, profesionales y respetuosas relaciones y trato civilizado entre personas
que confrontan ideas, criterios, argumentos jurídicos y fácticos. Cuando el equilibrio de esas
relaciones de civilidad se ven alterados por los sujetos intervinientes en esas relaciones, en
el presente caso, por parte del abogado ejercitante, aquél puede quedar incurso en un tipo
disciplinario, un trato de descortesía o reglas de trato interpersonal o más grave aún en un
tipo penal. Aquí nos interesa hacer mención de los tipos disciplinarios en el que se encasilla
el abogado ejercitante con respecto a los funcionarios y empleados de la rama judicial o de
cualquier otra rama del poder público que por excepción administra justicia permanente o
temporal (artículo 116 constitucional), inclusive contra autoridades pertenecientes a los
órganos de control fiscal, conductual y electoral que adelantan procedimientos
administrativos con jurisdicción y competencia v.gr. proceso de responsabilidad fiscal, de
jurisdicción coactiva, disciplinarios y electorales.

El artículo 32 del CDA, manifiesta: son faltas contra el respeto debido a la


administración de justicia y a las autoridades administrativas: Injuriar o acusar
temerariamente a los servidores públicos, abogados y demás personas que intervengan en
los asuntos profesionales, sin perjuicio del derecho de reprochar o denunciar, por los medios
pertinentes, los delitos o las faltas cometidas por dichas personas.

Este tipo disciplinario complejo, es de idéntico tenor al previsto en el artículo 50 del


Estatuto del Abogado de 1971, con la diferencia que el CDA, adicionó al bien jurídico
tutelado de Respeto a la Administración de justicia, el término “y a las autoridades
administrativas”, reconociendo con ello, que la misma Constitución de 1991 irroga
jurisdicción y competencia para administrar justicia por excepción a funcionarios
administrativos como al Contralor General, Distrital y Municipales; al Procurador Nacional,
Regionales y provinciales; a los Registradores del Estado civil y a los Consejos electorales,
en sus asuntos y ámbitos competenciales. Pero además debe recordarse que también los
particulares con funciones públicas pueden administrar justicia en asuntos prefijados en la
ley V. gr. Inspectores de Policía en asuntos penales, civiles, laborales y administrativos.

Decimos que este tipo disciplinario es complejo, porque incorpora una actividad
delictiva para su configuración, pues habla de injuria y calumnia temerarias contra
funcionarios, empleados de la rama judicial o funcionarios administrativos, así como contra
los colegas y los sujetos procesales que actúan ante aquellas.

El desaparecido Tribunal disciplinario, al respecto manifestaba: “la injuria o acusación


temeraria no conlleva (sic) el análisis del ánimo subjetivo de quien se considera lesionado en
su honor o dignidad, sino que es indispensable indagar en cada caso si objetivamente se ha
configurado la injuria o acusación temeraria” (15).

1.3.2.4. Tipos disciplinarios contra la recta y leal realización de la justicia y los


fines del Estado

La Constitución de 1991, al confirmar y potenciar la tridivisión del poder público, con-


____________________

(15) Sentencia de 8 de Julio de 1983. MONROY C., Ob., ut supra cit. p.168.
15

firió excelsas funciones, actividades y diligencias públicas y permanentes (salvo las


excepciones constitucionales, artículo 116 y también legales) a la rama judicial, reconoció su
independencia y autonomía funcional, estructural, subjetiva y presupuestaria de las otras
ramas del poder para avocar y decidir mediante providencias judiciales las controversias o
conflictos jurídicos que ante jueces individuales o colegiados se presentaran. Así mismo
instituyó la prevalencia del derecho sustancial sobre las normas meramente instrumentales o
adjetivas cuando se resuelva un caso jurídico concreto.

Ahora bien, las personas que integran la rama judicial tienen aparte de los fines
generales del Estado previstos en el artículo 2 de la Constitución (16), el servicio público de
la administración de justicia que tiene especiales connotaciones de estructura, función y
composición, al punto que sólo a través de Ley Estatutaria, según la Constitución del 1991
pudo reglamentarse la denominada justicia ordinaria, contencioso-administrativa,
constitucional y especiales (territorios indígenas, militares, etc.); sus derechos, deberes y
obligaciones; sus acciones, omisiones y extralimitación de funciones, su régimen de
responsabilidad general y especial (disciplinario, principalmente) tienen rango constitucional
(artículos 4, 6, 90, 122 a 128, 228 a 258).

El abogado ejercitante por su parte es el facilitador profesional del acceso a la


justicia, por regla general, pues según el artículo 229 se garantiza el derecho a toda persona
para acceder a la administración de justicia. La ley indicará en qué casos podrá hacerlo sin
representación de abogado. En tal virtud, actualmente es el CDA de 2007 el que reglamenta
los casos excepcionales en los que pueden actuar en representación o causa ajena sin ser
abogado. Estos casos los analizamos en la Parte primera de la Obra.

“Los artículos 228 y 229 de la Constitución Política atribuyen a las personas el


derecho fundamental de acceso efectivo a la administración de justicia. Por esta vía los
particulares solicitan a los jueces la protección de sus derechos tanto de los consagrados en
la Constitución como en otras normas. Este derecho se asienta sobre la concepción de un
Estado material de derecho que por definición no agota su pretensión ordenadora en la
proclamación formal de los derechos de las personas sino que se configura a partir de su
efectiva realización.

El derecho fundamental de acceso efectivo a la administración de la justicia


comprende en su ámbito de sucesivas fases de tramitación de las peticiones de actuación
que se formulan al órgano de justicia y la respuesta que éstos en cada caso dé a las
mismas. Por fuerza de las cosas el mencionado derecho cubre los dos “tramos” que
corresponden efectivamente a los momentos de tramitación y resolución de peticiones”
(Corte Constitucional: Sentencia T-572-1992).

Precisamente en las relaciones jurídico profesionales del abogado y la administración


de justicia, puede sobrevenir la comisión de tipos disciplinarios atentatorios de la recta y leal
administración de justicia.
____________________

(16) Son fines del Estado: (i) servir a la comunidad, (ii) promover la prosperidad general y
garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; (iii)
facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política,
administrativa y cultural de la nación, (iv) defender la independencia nacional, (v) mantener la
integridad territorial y (vi) asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo. Agrega el
inciso 2º del artículo 2º: La autoridades están instituidas para proteger a todas las personas residentes
en Colombia en su vida, bienes, creencias y demás derechos y libertades y asegurar el cumplimiento
de los deberes sociales del Estado y de los particulares”
16

El artículo 33, relaciona los siguientes tipos disciplinarios:

1. Emplear medios distintos de la persuasión para influir en el ánimo de los servidores


públicos, sus colaboradores o de los auxiliares de la justicia.

2. Promover una causa o actuación manifiestamente contraria a derecho.

3. Promover la presentación de varias acciones de tutela (16bis) respecto de los mismos


hechos y derechos, caso en el cual se aplicarán las sanciones previstas en el artículo 38 del
Decreto 2591 de 1991.

4. Recurrir en sus gestiones profesionales a las amenazas o a las alabanzas a los


funcionarios, a sus colaboradores o a los auxiliares de la justicia.

5. Invocar relaciones personales, profesionales, gremiales, políticas, culturales o religiosas


con los funcionarios, sus colaboradores o los auxiliares de la justicia.

6. Valerse de dádivas, remuneraciones ilegales, atenciones injustificadas o insólitas o de


cualquier otro acto equívoco que pueda ser interpretado como medio para lograr el favor o la
benevolencia de los funcionarios, de sus colaboradores o de los auxiliares de la justicia.

7. Aconsejar, patrocinar o intervenir en cualquier acto que comporte el desplazamiento de las


funciones propias de los auxiliares de la justicia. También incurre en esta falta el abogado
que de cualquier modo acceda a los bienes materia del litigio o involucrados en este
mientras se encuentre en curso.

8. Proponer incidentes, interponer recursos, formular oposiciones o excepciones,


manifiestamente encaminados a entorpecer o demorar el normal desarrollo de los procesos y
de las tramitaciones legales y, en general, el abuso de las vías de derecho o su empleo en
forma contraria a su finalidad.

9. Aconsejar, patrocinar o intervenir en actos fraudulentos en detrimento de intereses ajenos,


del Estado o de la comunidad.

10. Efectuar afirmaciones o negaciones maliciosas, citas inexactas, inexistentes o


descontextualizadas que puedan desviar el recto criterio de los funcionarios, empleados o
auxiliares de la justicia encargados de definir una cuestión judicial o administrativa.

11. Usar pruebas o poderes falsos, desfigurar, amañar o tergiversar las pruebas o poderes
con el propósito de hacerlos valer en actuaciones judiciales o administrativas.

12. Infringir las disposiciones legales sobre la reserva sumarial.

_________________________

(16bis) Por violar el principio de nom bis in idem, se declaró inconstitucional el artículo 28 de la Ley
393 de 1997, que sancionaba con la “suspensión de la tarjeta profesional, hasta por dos años”, al
abogado que presentara una misma acción de cumplimiento ante varios jueces. Incluso se tenía en
cuenta la reincidencia en la actividad. Se declaro inexequible porque dicha conducta ya estaba
prevista y sancionada por el Decreto Ley 196 de 1971, por comportamiento temerario del abogado y
reincidencia (artículos 47, 52 y 63). Este comportamiento se extendía a cualquier tipo de acción.
Sentencia C-870-2002.
17

13. Infringir el deber relacionado con el domicilio profesional.

14. Efectuar desgloses, retirar expedientes, archivos o sus copias, sin autorización,
consignar glosas, anotaciones marginales en los mismos o procurar su destrucción.

El Estatuto del Abogado de 1971 en forma resumida erigía como bien jurídico
tutelado la “Lealtad a la Administración de justicia” y en el artículo 52 estructuraba cuatro
tipos disciplinarios, el primero de los cuales tenía diferentes verbos rectores de actividades
constitutivas de faltas disciplinarias diversas y las tres restantes conductas típicas
individuales. Estos tipos disciplinarios complejos e individuales se subsumieron en el artículo
33 del CDA.

De entre los tipos disciplinarios abiertos relacionados en el presente aparte, cabe


destacar el previsto en el numeral 3º , el cual estructura un tipo disciplinario abierto con
remisión expresa al artículo 38 del Decreto 2591 de 1991 en cuanto a la sanción disciplinaria
aplicable.

El Estatuto de la Acción de tutela en Colombia, prevé en el artículo 38, la sanción de


suspensión de “la tarjeta profesional al menos por dos años”, al abogado que promoviere la
presentación de varias acciones de tutela respecto de los mismos hechos y derechos, ante
varios jueces o tribunales, bien se a nombre propio o en representación de una persona.
Esto es lo que se conoce como “actuación temeraria” en materia específica, la acción de
tutela prevista en el artículo 86, constitucional y reglamentada en el Decreto ut supra citado.
En consecuencia, éste tipo disciplinario solo se completa cuando se remite al Decreto
reglamentario de la acción de tutela en el derecho colombiano.

La Corte Constitucional respecto del ejercicio temerario de la acción de tutela, en


sentencia T-082-1997, también se extiende a otros supuestos en el que participa el abogado
ejercitante, así: “Del examen realizado, la sala encuentra que conforme a la decisión de
instancia mencionada, evidentemente la actuación del abogado C., fue resultado de una
utilización desproporcionada e indebida de la acción de tutela, especialmente, por la carencia
absoluta del fundamento legal para impetrar la acción, por el uso desmesurado de la figura
de la agencia oficiosa, sin sujeción a alguna a los requisitos legalmente establecidos para su
operancia…; así como por intentar valer su propio interés solicitando la protección de su
derecho al trabajo durante el ejercicio de la acción, sin reparar en el perjuicio que pudiera
haber ocasionado en los derechos de su representado y en el abuso del derecho propio
desconociendo así la prohibición constitucional consagrada en el artículo 95 de la
Constitución Política”.

Los demás tipos disciplinarios son abiertos con remisión en blanco, pues prevén
circunstancias, hechos y actividades jurídicas procesales previstas en los Códigos
procesales penales, civiles, laborales, administrativos, etc., y a las cuales deberá remitirse la
autoridad jurisdiccional disciplinaria para completar y entender el tipo disciplinario en
concreto. A título de ejemplo, los tipos previstos en los numerales 8 y 12, en los cuales se
remitirá: el primero, a los diversos códigos procesales y el segundo, a la Constitución
Política, al Código Penal y a las leyes 190 de 1995, 57 de 1985 y 962 de 2006 sobre la
reserva sumarial.

En relación a este grupo de tipos disciplinarios, deberá en su momento analizarse si


éstos no son a la vez constitutivos de tipos penales, pues el Código Penal Colombiano en el
Título XVI, relativo a los delitos contra la “Recta y leal impartición de la Justicia”, prevé como
tipos delictivos, los siguientes: (i) falsas denuncia; (ii) falsa denuncia contra persona
18

determinada; (iii) falsa autoacusación. Todos los anteriores, en el capítulo de primero de


“falsas imputaciones contra las autoridades”; (iv) la omisión de denuncia particular, en el
capítulo segundo del mismo nombre; (v) falso testimonio; (vi) soborno. Estos dos anteriores
en el capítulo tercero, sobre el falso testimonio; (vii) la infidelidad a los deberes
profesionales, capítulo cuarto del mismo nombre. Aunque este tipo como veremos más
adelante constituye un tipo contra la lealtad del cliente; (viii) Favorecimiento; (ix)
Receptación. Estos dos últimos en el capítulo sexto, sobre el encubrimiento; (x) fraude
procesal; (xi) fraude a resolución judicial. Estos dos últimos en el capítulo octavo, en el
capítulo octavo, sobre el fraude procesal y otras defraudaciones.

El Código penal español de 1995, al regular en el Titulo XX, los delitos contra “la
administración de justicia”, ha agrupado bajo esa denominación tradicionalmente los delitos
“de los funcionarios de la administración de justicia contra esa misma administración” como
por ejemplo, el prevaricato; y los delitos de los particulares o profesionales contra el correcto
funcionamiento de la justicia, como por ejemplo, las diversas formas de los delitos de
“deslealtad profesional”.

En un reciente trabajo doctrinal sobre la “La deslealtad profesional” (17), la autora


comenta al respecto que los tipos objeto de este estudio, aunque describen conductas
distintas entre sí, --artículo 465 del CP español recoge las infidelidades documentales, el
artículo 466 CP se refiere a la revelación de secretos, el apartado primero del artículo 467
CP sanciona la doble defensa o representación y, su apartado segundo tipifica el perjuicio de
los intereses del cliente--, implican el desarrollo de una serie de acciones que tienen en
común su relación en el ejercicio de unas determinadas profesiones. Esto es, son
actuaciones profesionales, aunque desleales, en las que coinciden los sujetos activos:
abogado y procurador. Dicha cualificación del sujeto activo los configura como delitos
especiales, aunque entre ellos, difiere la consideración del delito especial propio o impropio.
Así,… las infidelidades documentales y la revelación de secretos constituyen delitos
especiales impropios, a diferencia de la doble defensa y el perjuicio de los intereses del
cliente que responden a la estructura de los delitos especiales propios.

En nuestro derecho la doble concepción tenida en cuenta en el derecho español para


catalogar los delitos contra la administración de justicia de delitos cometidos por los
funcionarios pertenecientes a la rama judicial y la de los particulares y abogados (incluidos
“los procuradores” o abogados oficiales), se encuentra divida, pues el legislador penal
colombiano tan solo incluyó en el capítulo de los delitos contra la “impartición de la justicia”,
los que los particulares y abogados ejercitantes pueden cometer contra la justicia, pues los
que pudieren cometer los propios funcionarios de la justicia, los incluyo genéricamente entre
los delitos que pueden cometer el servidor del estado de cualquier rama del poder público
bajo el Título XV de los delitos contra la Administración Pública. En tales circunstancias, para
los efectos del presente aparte son válidos los delitos cometidos por los particulares y los
abogados contra la “recta y leal impartición de la justicia”, pero aclarando que los delitos de
“infidelidad profesional”, prevista en el artículo 445 del C.P. colombiano, a efectos de los
comentarios que venimos haciendo de los tipos disciplinarios es también válido para el grupo
de faltas disciplinarias contra la lealtad con el cliente, como veremos ut infra.

1.3.2.5. Tipos disciplinarios contra la lealtad con el cliente

_________________________

(17) CUENCA GARCIA, María J. Los comportamientos desleales de abogado y procurador.


Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona (España), 2006, p. 172.
19

La lealtad es la cualidad de aquellas personas que acatan las leyes o cumplen los
acuerdos, tácitos o explícitos. También se entiende como el cumplimiento de lo que exigen
las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.

Por su parte, el término “cliente” puede tener los siguientes significados, según el
campo, actividad, profesión y hasta el momento histórico donde surgió el término (18). En
derecho, se entiende como la persona natural o jurídica, pública o privada que pacta, ya
mediante un contrato de mandato judicial, los servicios profesionales del abogado para que
lo represente extrajudicial o judicialmente como demandante o demandado, como defensor o
apoderado disciplinario; o en forma directa, verbal o escrita una asesoría, una consulta o
concepto jurídico sobre determinado punto de derecho o sobre la elaboración de un
documento, contrato, título valor o acto administrativo respectivo. Como todo contrato escrito
o verbal, el abogado constituye la parte contratada y la persona que requiere sus servicios la
parte contratante. El contrato es título oneroso y en esta clase de contratos se denomina
“honorarios profesionales”. Honorarios que serán acordados por las partes, según la tabla de
honorarios que fijen los Colegios de Abogados y dentro del proceso judicial, según la acoja y
determine el funcionario judicial.

El Código Deontológico de la Abogacía Española, aprobado por el Real Decreto 658


de 2001, relaciona las reglas a observarse por los abogados en las relaciones con el cliente,
así:

1. La relación del Abogado con el cliente debe fundarse en la recíproca confianza. Dicha
relación puede verse facilitada mediante la suscripción de la Hoja de Encargo.
2. El Abogado sólo podrá encargarse de un asunto, por mandato de su cliente, encargo de
otro Abogado que represente al cliente, o por designación colegial. El Abogado deberá
comprobar la identidad y facultades de quien efectúe el encargo. Es obligación del
abogado identificarse ante la persona a la que asesora y defiende, incluso cuando lo
hiciere por cuenta de un tercero a fin de asumir las responsabilidades civiles y
deontológicas que, en su caso, correspondan. En el supuesto de consulta telefónica o
por red informática con un despacho o asesoría cuyos abogados son desconocidos para
el comunicante, esta identificación, así como la del Colegio al que pertenece, es la
primera e inmediata obligación del abogado interlocutor.
3. El Abogado tendrá plena libertad para aceptar o rechazar el asunto en que se solicite su
intervención, sin necesidad de justificar su decisión.
Así mismo el Abogado podrá abstenerse o cesar en la intervención cuando surjan
discrepancias con el cliente. Deberá hacerlo siempre que concurran circunstancias que
puedan afectar a su plena libertad e independencia en la defensa o a la obligación de
secreto profesional.
El Abogado que renuncie a la dirección Letrada de un asunto habrá de realizar los actos
necesarios para evitar la indefensión de su cliente. Cuando se trate de defensa asumida
por designación colegial, la aceptación, rechazo, abstención o cese habrá de
acomodarse a las normas sobre justicia gratuita y sobre este tipo de designaciones.
4. El Abogado no puede aceptar la defensa de intereses contrapuestos con otros que esté
defendiendo, o con los del propio abogado.
________________________

(18) En la antigua Roma, un cliente era alguien (generalmente un liberto) que dependía de un
benefactor, lo cual resultaba necesario para quien no podía en forma legal alcanzar la ciudadanía,
un derecho reservado inicialmente a los Patricios. También se aplica el término en el ámbito del
comercio y el marketing, en la informática, en los procesos de producción y hasta en las
telecomunicaciones. En: http://es.wikipedia.org/wiki/Cliente
20

Caso de conflicto de intereses entre dos clientes del mismo Abogado, deberá renunciar a
la defensa de ambos, salvo autorización expresa de los dos para intervenir en defensa de
uno de ellos.

Sin embargo el Abogado podrá intervenir en interés de todas las partes en funciones de
mediador o en la preparación y redacción de documentos de naturaleza contractual,
debiendo mantener en tal supuesto una estricta y exquisita objetividad.

5. El Abogado no podrá aceptar encargos profesionales que impliquen actuaciones contra


un anterior cliente, cuando exista riesgo de que el secreto de las informaciones
obtenidas en la relación con el antiguo cliente pueda ser violado, o que de ellas pudiera
resultar beneficio para el nuevo cliente.

6. El Abogado deberá, asimismo, abstenerse de ocuparse de los asuntos de un conjunto de


clientes afectados por una misma situación, cuando surja un conflicto de intereses entre
ellos, exista riesgo de violación del secreto profesional, o pueda estar afectada su libertad
e independencia.

7. Cuando varios Abogados formen parte o colaboren en un mismo despacho, cualquiera


que sea la forma asociativa utilizada, las normas expuestas serán aplicables al grupo en
su conjunto, y a todos y cada uno de sus miembros.

8. El Abogado no aceptará ningún asunto si no se considera o no debiera considerarse


competente para dirigirlo, a menos que colabore con un Abogado que lo sea.

9. El Abogado asesorará y defenderá a su cliente con diligencia, y dedicación, asumiendo


personalmente la responsabilidad del trabajo encargado sin perjuicio de las
colaboraciones que recabe.

10. El Abogado tiene la obligación, mientras esté asumiendo la defensa, de llevarla a


término en su integridad, gozando de plena libertad a utilizar los medios de defensa,
siempre que sean legítimos y hayan sido obtenidos lícitamente, y no tiendan como fin
exclusivo a dilatar injustificadamente los pleitos.

11. La documentación recibida del cliente estará siempre a disposición del mismo, no
pudiendo en ningún caso el Abogado retenerla, ni siquiera bajo pretexto de tener
pendiente cobro de honorarios. No obstante podrá conservar copias de la
documentación.

A tenor del artículo 34 del CDA colombiano, sostiene que son tipos disciplinarios contra la
lealtad con el cliente, los siguientes:

1. No expresar su franca y completa opinión acerca del asunto consultado o encomendado;

2. Garantizar que de ser encargado de la gestión, habrá de obtener un resultado favorable;

3. Callar, en todo o en parte, hechos, implicaciones jurídicas o situaciones inherentes a la


gestión encomendada o alterarle la información correcta, con ánimo de desviar la libre
decisión sobre el manejo del asunto;
21

4. No informar con veracidad la constante evolución del asunto encomendado o las


posibilidades de mecanismos alternos de solución de conflictos;

5. No expresar su franca y completa opinión acerca del asunto consultado o encomendado;


6. Garantizar que de ser encargado de la gestión, habrá de obtener un resultado favorable;
7. Callar, en todo o en parte, hechos, implicaciones jurídicas o situaciones inherentes a la
gestión encomendada o alterarle la información correcta, con ánimo de desviar la libre
decisión sobre el manejo del asunto;
8. No informar con veracidad la constante evolución del asunto encomendado o las
posibilidades de mecanismos alternos de solución de conflictos;

9. Asesorar, patrocinar o representar, simultánea o sucesivamente, a quienes tengan


intereses contrapuestos, sin perjuicio de que pueda realizar, con el consentimiento de todos,
gestiones que redunden en provecho común;
En esta falta también pueden incurrir los miembros de una misma firma o sociedad de
abogados que representen intereses contrapuestos;

10. Revelar o utilizar los secretos que le haya confiado el cliente, aun en virtud de
requerimiento de autoridad, a menos que haya recibido autorización escrita de aquel, o que
tenga necesidad de hacer revelaciones para evitar la comisión de un delito;

11. Adquirir del cliente directa o indirectamente todo o parte de su interés en causa, a título
distinto de la equitativa retribución de los servicios y gastos profesionales;

12. Callar las relaciones de parentesco, amistad o interés con la parte contraria o cualquiera
otra situación que pueda afectar su independencia o configurar motivo determinante para
interrumpir la relación profesional,

13. Aceptar cualquier encargo profesional para el cual no se encuentre capacitado, o que
no pueda atender diligentemente en razón del exceso de compromisos profesionales.

Si bien el CDA retoma los eventos de tipos disciplinarios del Estatuto del Abogado de
1971 que en su momento eran seis, el Código actual adiciona algunos aspectos de la
redacción (numeral 10) y crea siete nuevos tipos (numerales 4, 5, 6, 8, 9 inciso 2º, 12 y 13).

El inciso 2º del numeral 9, crea un nuevo tipo disciplinario para los abogados
ejercitantes que son miembros de una misma firma o sociedad de abogados que
representan intereses contrapuestos, lo cual está conforme al artículo 19 del CDA que
confirma la calidad de sujetos destinatarios del Código Disciplinario del Abogado a los
ejercitantes que lo hacen como miembros o socios de una firma o sociedad de abogados.

El numeral 10 tan solo se cambia la palabra inicial “comunicar” por “revelar”, éste
segundo término más acorde con los utilizado por las nuevas normas constitucionales,
penales y administrativas, especialmente cuando se refieren a los datos personales (escritos
o electrónicos) que no se pueden revelar o descubrir sin previa autorización del titular de los
datos, más cuando se trata de los datos llamados “sensibles” o que afectan el núcleo duro de
la intimidad (o “the privacy” anglosajona) (19) o constituyen datos protegidos por la considera
_____________________

(19) RIASCOS GOMEZ, Libardo O. El delito informático contra la intimidad de las personas:
una visión constitucional y penal. Revista FORO UNIVERSITARIO No. 22, Noviembre 22
de 2004, Universidad de Nariño, ISSN 1692-7923, Pasto, p.9
22

ción de “secretos” según el Ordenamiento jurídico vigente (Ley 57 de 1985 y 962 de 2005).

El Estatuto del Abogado de 1971 preveía que el abogado que incurra en uno
cualquiera de los seis tipos disciplinarios (hoy numerales 1, 2, 3, 7, 10 inciso 1º y 11), se
haría responsable a la sanción de censura, suspensión o exclusión, indicándole con ello a la
autoridad disciplinaria competente el margen de dosificación de la sanción, tan solo con la
nominación del tipo de sanción y no como dispone el CDA de 2007, sólo tras analizar la
comprobación de la comisión de la conducta disciplinaria en un proceso debido y previa la
aplicación de unos criterios de graduación de la sanción (generales, atenuantes o
agravantes) previstos en el artículo 45 del CDA. En consecuencia, para aplicar una sanción
no solo se tiene en cuenta la vulneración del bien jurídico tutelado y el tipo disciplinario que
bajo éste se encuentra como era la técnica sancionadora del Estatuto del Abogado de 1971,
sino tras la aplicación de unos criterios de dosimetría sancionatoria reglados en el CDA y
atendiendo las facultades que le irroga éste para imponer la sanción de conformidad con el
encasillamiento en aquellos y tipo disciplinario correspondiente investigado y comprobada
fehacientemente su comisión por parte del disciplinado.

El Código Penal colombiano como antes dijimos, considera delito, el tipo disciplinario
previsto en el numeral 10. En efecto, es delito de “infidelidad a los deberes profesionales”,
según el artículo 445, cuando el apoderado o mandatario que en asunto judicial o
administrativo, por cualquier medio fraudulento, perjudique la gestión que se le hubiere
confiado, o que en un mismo o diferentes asuntos defienda intereses contrarios o
incompatibles surgidos de unos mismos supuestos de hecho, incurrirá en prisión de uno (1) a
cuatro (4) años. Si la conducta se realiza en asunto penal, la pena imponible se aumentará
hasta en una tercera parte.

Y aunque nuestro derecho no lo considera delito y tan solo tipo disciplinario, el


derecho ibérico considera como ilícito penal, varias de las conductas relacionadas en el
artículo 34 del CDA, tales como: (i) las infidelidades documentales previstas en el artículo
465 del CP (20); (ii) la revelación de secretos, artículo 466 (21); (iii) la doble defensa o
representación, artículo 467, inciso 1º (22); (iv) el perjuicio de los intereses del cliente,
___________________________

(20) “1. El que, interviniendo en un proceso como abogado o procurador, con abuso de su función,
destruyere, inutilizare u ocultare documentos o actuaciones de los haya recibido traslado en
aquella calidad, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años, multa de
siete a doce meses e inhabilitación especial para su profesión, empleo o cargo público de tres
a seis años”.
(21) “1. El abogado o procurador que revelare actuaciones procesales declaradas secretas por la
autoridad judicial, será castigado con la pena de multa de doce a veinticuatro meses e
inhabilitación especial para empleo, cargo público, profesión u oficio de una a cuatro años. 2.
Si la revelación de las actuaciones declaradas secretas fuese realizada por el Juez o miembro
del Tribunal, representante del Ministerio Público, Secretario judicial o cualquier funcionario al
servicio de la Administración de justicia, se le impondrán las penas previstas en el artículo 417
en su mitad superior. 3. Si la conducta descrita en el apartado primero fuese realizado por
cualquier otro particular que intervenga en el proceso, la pena se impondrá en su mitad
inferior”.
(22) “El abogado o procurador que, habiendo asesorado o tomado la defensa o representación de
alguna persona, sin el consentimiento de ésta defienda o represente en el mismo asunto a
quien tenga intereses contrarios, será castigado con la pena de multa de seis a doce meses e
inhabilitación especial para su profesión de doce a cuatro años”.
23

artículo 467, inciso 2º (23).

1.3.2.6. Tipos disciplinarios contra la honradez del abogado

El término “honradez” es multicomprensivo, pues es sinónimo de rectitud, probidad,


moralidad, honestidad, lealtad, virtud y conciencia. Sin embargo, por la redacción de los tipos
disciplinarios previstos en el artículo 35 del CDA, tal como lo hiciera de la misma forma el
artículo 54 del Estatuto del Abogado de 1971, la “honradez” tiende a asimilarse a la
honestidad o razonabilidad para pactar en derecho y conforme a las normas de la rectitud
profesional los honorarios debidos a su trabajo profesional de asesoramiento, patrocinio o
consultoría. Igualmente a todo cuanto implique manejo, administración, cobro, recibo o
entrega de bienes con valor crematístico o dinerario que el profesional del derecho deba
hacer con ocasión del mandato judicial y entre los sujetos que intervienen en un proceso
judicial o administrativo e incluso con los auxiliares de la justicia y la misma autoridad judicial
o administrativa correspondiente.

Los honorarios profesionales (24) o la cuota litis (25) en Colombia, inicialmente deben
____________________

(23) “El abogado o procurador que, por acción u omisión, perjudique de forma manifiesta los
intereses que le fueren encomendados será castigado con las penas de multa de doce a
veinticuatro meses e inhabilitación especial para empleo, profesión u oficio de uno a cuatro
años.
Si los hechos fueren realizados por imprudencia grave, se impondrán las penas de multa de
seis a doce meses e inhabilitación especial para su profesión de seis meses a dos años”.
(24) El artículo 15 del Código Deontológico de la Abogacía española de 2001, al respecto
manifiesta: El Abogado tiene derecho a percibir retribución u honorarios por su actuación
profesional, así como el reintegro de los gastos que se le hayan causado. La cuantía y
régimen de los honorarios será libremente convenida entre el cliente y el abogado con respeto
a las normas deontológicas y sobre competencia desleal.
Los honorarios han de ser percibidos por el Abogado que lleve la dirección efectiva del asunto,
siendo contraria a la dignidad de la profesión la partición y distribución de honorarios entre
Abogados excepto cuando: (i) Responda a una colaboración jurídica; (ii) Exista entre ellos
ejercicio colectivo de la profesión en cualquiera de las formas asociativas autorizadas; (iii) Se
trate de compensaciones al compañero que se haya separado del despacho colectivo; (iv)
Constituyan cantidades abonadas a los herederos de un compañero fallecido.
Igualmente le estará prohibido al Abogado compartir sus honorarios con persona ajena a la
profesión, salvo los supuestos de convenios de colaboración con otros profesionales, suscritos
con sujeción al Estatuto.
(25) El Código de Ética profesional chileno al respecto sostiene: “El pacto de cuota litis no es
reprobable en principio. En tanto no lo prohiban las disposiciones locales, es admisible
cuando el abogado lo celebra y escritura antes de prestar sus servicios profesionales sobre
bases justas, siempre que se observen las siguiente reglas; 1º.- La participación del abogado
nunca será mayor que la del cliente. 2º.- El abogado se reservará el derecho de rescindir el
pacto y separarse del patrocinio o del mandato en cualquier momento, dentro de las
situaciones previstas por el artículo 30, del mismo modo que dejará a salvo la correlativa
facultad del cliente para retirar el asunto y confiarlo a otros profesionales en idénticas
circunstancias. En ambos casos el abogado tendrá derecho a cobrar una cantidad
proporcionada por sus servicios y con la participación originariamente convenida, siempre que
sobrevengan beneficios económicos a consecuencia de su actividad profesional. Cuando las
pretensiones litigiosas resulten anuladas por desistimiento o renuncia del cliente o reducidas
por transacción, el abogado tendrá derecho a liquidar y exigir el pago de los honorarios
correspondientes a los servicios prestados. 3º.- Si el asunto es resuelto en forma negativa,
el abogado no debe cobrar honorarios o gasto alguno, a menos que se haya estipulado
expresamente a su favor ese derecho.
24

ser acordadas o pactados entre el cliente y el abogado, de conformidad con el Ordenamiento


jurídico vigente y la tabla de honorarios profesionales del Colegio al que pertenezca o por
asimilación sino fuere colegiado.

En el Código de Ética Profesional Chileno, según el artículo 33, como norma general
en materia de honorarios, el abogado tendrá presente que el objeto esencial de la profesión
es servir la justicia y colaborar en su administración. El provecho o retribución nunca debe
constituir el móvil determinante de los actos profesionales. Y agrega el artículo 34, sin
perjuicio de lo que dispongan los aranceles de la profesión, para la estimación del monto de
los honorarios, el abogado debe fundamentalmente atender lo siguiente: I.- La importancia
de los servicios; II.- La cuantía del asunto; III. El éxito obtenido y su trascendencia; IV. La
novedad o dificultad de las cuestiones jurídicas debatidas; V. La experiencia, la reputación y
la especialidad de los profesionales que han intervenido; VI. La capacidad económica del
cliente, teniendo presente que la pobreza obliga a cobrar menos y aún a no cobrar nada.
VII. La posibilidad de resultar el abogado impedido de intervenir en otros asuntos o de
desavenirse con otros clientes o con terceros; VIII. Si los servicios profesionales son
aislados, fijos o constantes; IX. La responsabilidad que se derive para el abogado de la
atención de asunto. X. El tiempo empleado en el patrocinio; XI. El grado de participación
del abogado en el estudio, planteamiento y desarrollo del asunto, y XII. Si el abogado
solamente patrocinó al cliente o si también lo sirvió como mandatario.

En tal virtud, el artículo 35 del CDA, considera como tipos disciplinarios contra la
honradez del abogado, los siguientes:

1. Acordar, exigir u obtener del cliente o de tercero remuneración o beneficio


desproporcionado a su trabajo, con aprovechamiento de la necesidad, la ignorancia o la
inexperiencia de aquellos.

2. Acordar, exigir u obtener honorarios que superen la participación correspondiente al


cliente.

3. Exigir u obtener dinero o cualquier otro bien para gastos o expensas irreales o ilícitas.

4. No entregar a quien corresponda y a la menor brevedad posible dineros, bienes o


documentos recibidos en virtud de la gestión profesional, o demorar la comunicación de este
recibo.

5. No rendir, a la menor brevedad posible, a quien corresponda, las cuentas o informes de la


gestión o manejo de los bienes cuya guarda, disposición o administración le hayan sido
confiados por virtud del mandato, o con ocasión del mismo.

6. No expedir recibos donde consten los pagos de honorarios o de gastos.

El CDA retomó en su integridad los tipos previstos en el Estatuto del Abogado de


1971 y le imprimió leves cambios terminológicos o de redacción así: En el caso del tipo
disciplinario previsto en el numeral 1º le adicionó al iniciar la palabra “Acordar”; en el numeral
3º agregó: “exigir u obtener dinero o cualquier otro bien”.

En otros, como los numerales 3 y 4, los reestructuró gramaticalmente, pero en


esencia dejó lo que estaba previsto en los numerales 3 a 6 del Estatuto del Abogado de
1971.
25

Si eliminó como lo hizo con todos los grupos de tipos disciplinarios, tal como se
comentó anteriormente, la sanción a la que se harían acreedores los abogados que
incurrieran en una cualquiera de las faltas relacionadas. El Estatuto de 1971, asignaba la
sanción de censura, suspensión o exclusión de la profesión según lo considere la autoridad
disciplinante. Esto se terminó en el CDA, pues la sanción obedece a la demostración plena
de la responsabilidad del disciplinado, la dosificación según los criterios establecidos en la
ley y el previo proceso disciplinario con todas las garantías sustantivas y procesales
respectivas.

El Consejo Superior de la judicatura, en sentencia de Mayo 18 de 2000, al analizar el


bien jurídico tutelado de la “Honradez profesional” y encontrar un tipo disciplinario contra
éste, evaluó hasta donde se considera “desproporcionados” los beneficios pecuniarios que
obtiene el abogado en la prestación de sus servicios profesionales de la siguiente manera:

“Ahora bien, ¿cómo se evalúa esa proporcionalidad? La misma norma lo dice: frente
al trabajo. Para esta Sala es claro que ese es el parámetro que fija el tipo, que tiene un
contenido complejo de acuerdo con lo que tradicionalmente ha sostenido la jurisprudencia de
esta corporación: la labor efectivamente realizada; la complejidad del asunto; el monto o
cuantía; el prestigio del abogado; la condición y capacidad económica del cliente; la
necesidad de conocimientos especializados del abogado, entre otros. Vale agregar que
todas estas características del "trabajo" que el abogado realiza son las que los colegios de
abogados tienen en cuenta para establecer sus tarifas, de manera que, aún cuando
ciertamente ellas no constituyen un imperativo al momento del estudio de proporcionalidad
para efectos del juzgamiento ético disciplinario, sí comportan una guía, un criterio auxiliar
válido e ilustrativo.

En el presente caso la desproporción que se le imputó se manifiesta y ocurre cuando,


ya sobre valores reales de la sentencia, de los intereses, de las agencias en derecho etc., se
materializa el cobro de las resultas del proceso y el abogado obtiene para sí el 54% de lo
recaudado.

Porcentaje que, atendiendo los criterios atrás descritos con suficiencia, esta Sala
estima desproporcionados, pues no se remite a duda que resultaba irrazonable que el
abogado obtuviera en perjuicio de los intereses de su cliente tal monto, si se atiende el tipo
de proceso (cobro de unos "salarios caídos"), la labor desarrollada por el abogado dentro del
proceso que no comportó una actividad fuera de lo normal que ameritara una remuneración
adicional; el asunto no revestía mayor complejidad. Ahora, menos aún la actividad y
complejidad pueden predicarse del proceso ejecutivo, como para que, como lo pretendía el
abogado, pudiera cobrar un 30% adicional”.

En sentencia de 21 de Mayo de 2000, al hacer mención al bien jurídico de la


Honradez profesional, analizó el tipo disciplinario previsto en el numeral 3º del artículo 54 del
Estatuto del Abogado de 1971, sobre la “retención sin justa causa de dineros” de la siguiente
manera:

“La quejosa en su denuncia se refiere es a la suma de $ 131.890.oo y no a la


totalidad del crédito, manifestación que desvirtúa las afirmaciones reiteradas del inculpado.
Además, si existiera controversia por el valor de los honorarios, éste ha debido iniciar el
incidente respectivo en tal sentido ante el Juzgado de conocimiento, tal como prevé el
artículo 69 inciso 2 del Código de Procedimiento Civil, poniendo a disposición de éste el
dinero recibo por cuenta de su cliente; y no reteniéndolo de manera injustificada en perjuicio
26

económico de aquélla. Con la advertencia de que no existe prueba que demuestre que
hubiese cumplido con la entrega éste a su mandante.

Lo tiene establecido esta Corporación que con la retención puede ser perjudicada
cualquier persona, no solamente el cliente y, la conducta sigue siendo reprochable
éticamente, puesto que el bien jurídico que se pretende tutelar es la 'honradez del abogado'
cuya actividad debe ser diáfana y cristalina en el manejo y actuación profesional”.

1.3.2.7. Tipos disciplinarios contra la lealtad y la honradez con los colegas

El término, honradez en el presente grupo de tipos disciplinarios contra el bien


jurídico tutelado de la “lealtad y la honradez de los colegas”, tiene las mismas connotaciones
patrimoniales previstas en el aparte anterior, con la salvedad que acá la honradez como la
lealtad se predica para con el “colega” o el profesional del derecho que actúa ante las
autoridades judiciales o administrativas en su calidad de apoderado (del demandante o el
demandado), defensor, representante judicial o extrajudicial y en cualquiera de los casos es
contraparte en un proceso judicial o administrativo e incluso colega representante del
demandante o el demandado; o más aún, es miembro de una firma o sociedad de abogados
en la que actúan mancomunadamente.

El Código Deontológico de la Abogacía Española, aprobado mediante el Real Decreto


658 de 2001, al referirse a las relaciones que deben observar los abogados entre sí,
relaciona una serie de reglas que son perfectamente aplicables en nuestro medio. Estas son:

1. Los Abogados deben mantener recíproca lealtad, respeto mutuo y relaciones de


compañerismo.
2. El Abogado de mayor antigüedad en el ejercicio profesional debe prestar
desinteresadamente orientación, guía y consejo de modo amplio y eficaz a los de
reciente incorporación que lo soliciten. Recíprocamente éstos tienen el derecho de
requerir consejo y orientación a los abogados experimentados, en la medida que sea
necesaria para cumplir cabalmente con sus deberes.
3. El Abogado que pretenda iniciar una acción, en nombre propio o como Abogado de un
cliente, contra otro compañero por actuaciones profesionales del mismo, habrá de
comunicarlo previamente al Decano, por si considera oportuno realizar una labor de
mediación.
4. En los escritos judiciales, en los informes orales y en cualquier comunicación escrita u
oral, el Abogado mantendrá siempre el más absoluto respeto al abogado de la parte
contraria, evitando toda alusión personal.
5. El Abogado desarrollará sus mejores esfuerzos propios para evitar acciones de
violencia, de la clase que sean, contra otros abogados defensores de intereses opuestos,
debiéndolas prevenir e impedir por todos los medios legítimos, aunque provinieren de sus
propios clientes a los que exigirá respetar la libertad e independencia del Abogado
contrario.
6. El Abogado, en sus comunicaciones y manifestaciones con el Abogado de la parte
contraria, no comprometerá a su propio cliente con comentarios o manifestaciones que
puedan causarle desprestigio o lesión directa o indirecta.
7. El Abogado debe procurar la solución extrajudicial de las reclamaciones de honorarios
propias o de otros compañeros, mediante la transacción, la mediación o el arbitraje del
Colegio. Es conducta reprobable la impugnación de honorarios realizada de forma
maliciosa o fraudulenta así como cualquier otro comentario en el mismo sentido respecto
a los honorarios o condiciones económicas de otro compañero.
27

8. El Abogado debe recibir siempre y con la máxima urgencia al compañero que le visite en
su despacho y con preferencia a cualquier otra persona, sea o no cliente, que guarde
espera en el despacho. En caso de imposibilidad de inmediata atención, dejará
momentáneamente sus ocupaciones para saludar al compañero y excusarse por la
espera.
9. El Abogado debe atender inmediatamente las comunicaciones escritas o telefónicas de
otros abogados y estas últimas debe hacerlas personalmente.
10. El Abogado que esté negociando con otro compañero la transacción o solución
extrajudicial de un asunto vendrá obligado a notificarle el cese o interrupción de la
negociación, así como a dar por terminadas dichas gestiones, antes de presentar
reclamación judicial.
11. Las comunicaciones con abogados extranjeros deben ser consideradas también de
carácter confidencial o reservado, siendo recomendable se requiera previamente del
colega extranjero su aceptación como tales.
12. El Abogado que se comprometa a ayudar a un colega extranjero tendrá siempre en
cuenta que el compañero ha de depender de él en mayor proporción que si se tratase de
abogados del propio país y por tanto se abstendrá de aceptar gestiones para las que no
esté suficientemente capacitado, facilitando al Letrado extranjero información sobre otros
abogados con la preparación específica para cumplir el encargo.

El artículo 36 del CDA colombiano, estatuye como tipos disciplinarios, contra la lealtad y
honradez con los colegas, los siguientes:

1. Realizar directamente o por interpuesta persona, gestiones encaminadas a desplazar


o sustituir a un colega (26) en asunto profesional de que este se haya encargado, u ofrecer o
prestar sus servicios a menor precio para impedir que se confiera el encargo a otro abogado.

2. Aceptar la gestión profesional a sabiendas de que le fue encomendada a otro


abogado, salvo que medie la renuncia, paz y salvo o autorización del colega reemplazado, o

________________________

(26) El Código Deontológico de la abogacía española de 2001, establece unas reglas en el


momento de la sustitución de un colega abogado, así: 1. Para asumir la dirección de un
asunto profesional encomendado a otro letrado, deberá solicitar su venia, si no constare su
renuncia; y en todo caso, comunicárselo con la mayor antelación posible a su efectiva
sustitución. 2. El Letrado sustituido deberá facilitar a quien le continúe toda la información de
la que dispusiere y colaborar en lo necesario para garantizar el derecho de defensa del
cliente. 3. El abogado que suceda a otro en la defensa de los intereses de un cliente, deberá
colaborar diligentemente para que este atienda los honorarios debidos al sustituido, sin
perjuicio de las discrepancias legítimas entre uno y otro; 4. No será de aplicación lo previsto
en los apartados anteriores si el encargo profesional se desempeña en régimen de
dependencia laboral del cliente; 5. Si fuera precisa la adopción de medidas urgentes en
interés del cliente, antes de que pueda darse cumplimiento a las condiciones fijadas
anteriormente, el Abogado podrá adoptarlas, informando previamente a su predecesor y
poniéndolo en conocimiento anticipado del Decano del Colegio en cuyo ámbito actúe; 6. La
venia no podrá denegarse, y el letrado sustituido deberá facilitar a quien le continúe, toda la
documentación e información de la que dispusiere y colaborar en lo necesario en aras a
garantizar el derecho de defensa del cliente; 7. Sin perjuicio de la corrección disciplinaria del
Letrado que incumpla injustificadamente las reglas anteriores, la sustitución de un Abogado
por otro en un acto procesal, sin previa comunicación al relevado, se considerará falta muy
grave, por afectar a la eficacia de la defensa y a la dignidad de la profesión.
28

que se justifique la sustitución (26 bis).

3. Negociar directa o indirectamente con la contraparte, sin la intervención o


autorización del abogado de esta.

4. Eludir o retardar el pago de los honorarios, gastos o expensas debidos a un colega o


propiciar estas conductas.

El CDA de 2007, adicionó al intitulado del bien jurídico tutelado el término “Honradez”,
pues el Estatuto del abogado de 1971, sólo se titulaba: “faltas a la lealtad profesional”. Esta
adición en nada cambio el contenido de los cuatro tipos disciplinarios.

Por eso siguen vigentes los comentarios sobre este grupo de tipos disciplinarios
hecha por el docente Monroy Cabra (27), cuando sostenía que la norma (artículo 56 del
Estatuto del Abogado) se fundamenta en el deber de compañerismo y solidaridad. En efecto,
el abogado debe hacer cuanto esté a su alcance para que las relaciones con sus colegas se
caractericen por la confraternidad y una vinculación fundada en el sentimiento de solidaridad
profesional, de los deberes que impone y la confianza mutua que se presume. Los Us et
coutumes de Barreau de Géneve dicen: “Con un colega se deben observar siempre las
reglas de la cortesía. No confundir el colega con la parte adversa. En los escritos no hablar
jamás en nombre personal, sino siempre en nombre del cliente”.

1.3.2.8. Tipos contra la debida diligencia profesional

El término “diligencia”, proviene del latín “diligentía”, que significa cuidado y actividad
en ejecutar algo. Este término es al igual que la honradez, multicomprensivo y por ello,
diligencia también significa prontitud, agilidad, prima. Aplicado el término al campo del
derecho, significa serie de actividades, audiencias o trámites realizados por el abogado
ejercitante a efectos de iniciar, desarrollar y conseguir que un proceso judicial o
administrativo inicie, se desenvuelva y culmine lo más pronto y legal posible, contando para
ello con la capacidad, experiencia y profesionalidad del abogado. El abogado pondrá todo
su esmero y prontitud siempre en realizar sus labores en ejercicio de la profesión, siempre
que la persona privada o pública, natural o jurídica que requiere sus servicios cumpla con los
correspondientes honorarios, y habrá veces, en que dicho esmero y diligencia no se vean
totalmente recompensadas lo suficiente desde el punto de vista crematístico, pero igual o
mejor será la dedicación en el ejercicio de su profesión. Por ello, Couture sostenía que “La
abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de la justicia” (28).

El artículo 37 del CDA, relaciona como tipos disciplinarios contra “debida diligencia
profesional”, las siguientes:
___________________________

(26bis) El artículo 56-2 del Decreto-ley 196 de 1971 de parecido tenor al artículo 35-2 CDA, fue
declarado exequible mediante sentencia C-212-07, por cuanto “no desconoce la libertad de
ejercer profesión u oficio (artículo 26 de la Constitución Nacional) al considerar como falta en
contra del postulado de lealtad entre colegas aceptar la gestión profesional a sabiendas de
haber sido encomendada a otra persona profesional de la abogacía y no mediar ni la renuncia
ni la autorización de quien ha sido reemplazado ni tampoco justificarse la sustitución. El
precepto demandado no solo cumple con las disposiciones contenidas en el artículo 26
superior sino que concuerda con la jurisprudencia que sobre esta norma ha desarrollado la
Corte Constitucional”.
(27) MONROY C., Ob., ut supra cit., p. 176
(28) COUTURE, Eduardo J. Los mandamientos del abogado. Texto Internet.
29

1. Demorar la iniciación o prosecución de las gestiones encomendadas o dejar de hacer


oportunamente las diligencias propias de la actuación profesional, descuidarlas o
abandonarlas.
2. Omitir o retardar la rendición escrita de informes de la gestión en los términos pactados en
el mandato o cuando le sean solicitados por el cliente, y en todo caso al concluir la gestión
profesional.
3. Obrar con negligencia en la administración de los recursos aportados por el cliente para
cubrir los gastos del asunto encomendado.
4. Omitir o retardar el reporte a los Juzgados de los abonos a las obligaciones que se están
cobrando judicialmente.

El CDA amplió los supuestos de tipos disciplinarios que el Estatuto del Abogado de 1971
traía relacionados en el artículo 55. Refundió los tipos 1 y 2 en el primero y creo los nuevos
tipos (los numerales 2 a 4).

Los tipos disciplinarios que atentan contra el bien jurídico tutelado de la “debida diligencia
profesional” obedecen a conductas tanto por acción como por omisión, de hacer o dejar de
hacer una actividad, diligencia, y ahora en el ámbito del procedimiento disciplinario de
audiencias, cuya esencia es la oralidad y la presencia en las audiencias de iniciación, de
pruebas y calificación provisional y de juzgamiento, será importante y necesario tener en
cuenta las actividades activas u omitivas en el transcurso de una audiencia de investigación
y de juzgamiento, como supuestos constitutivos de los tipos disciplinarios de éste grupo.

La diligencia es la cualidad principal del abogado, ha dicho Monroy Cabra (29).

1.3.2.9. El deber de prevenir litigios y facilitar los mecanismos de solución


alternativa de conflictos

El CDA de 2007 creó en su integridad tanto el bien jurídico tutelado, como los dos tipos
disciplinarios que lo sustentan.

Un litigio es una controversia jurídica que surge entre dos o más personas. El término se
utiliza habitualmente como sinónimo de juicio, pero su significado es algo más amplio. Su
uso está más extendido en controversias jurídicas de carácter civil, mercantil o
administrativo, y no tanto en juicios de carácter penal (30).

En ocasiones, el litigio puede derivar en un proceso judicial para dirimirlo, aunque no


siempre es necesario. Otras formas de resolver un litigio son: el arbitraje (31), la negociación

________________________

(29) MONROY C., G. Ob., ut supra cit., p. 175


(30) En: A.A.V.V. http://es.wikipedia.org/wiki/Litigio
(31) El arbitraje, en derecho, es una forma de resolver un litigio sin acudir a la jurisdicción
ordinaria. Las partes, de mutuo acuerdo, deciden nombrar a un tercero independiente,
denominado árbitro, y que será el encargado de resolver el conflicto. El árbitro, a su vez, se
verá limitado por lo pactado entre las partes para dictar el laudo arbitral. Deberá hacerlo
conforme a la legislación que hayan elegido las partes, o incluso basándose en la simple
equidad, si así se ha pactado. Cuando un arbitraje se ajusta a la legalidad, sustituye
completamente a la jurisdicción ordinaria, que deberá abstenerse de conocer el litigio. Sin
embargo, sí que será necesario acudir a la misma (a través de la acción ejecutiva) cuando sea
necesaria la intervención de las autoridades para hacer cumplir el laudo arbitral. En: A.A.V.V.
http://es.wikipedia.org/wiki/Litigio
30

y la mediación.

Hoy por hoy, es entendible que el abogado se halla inmerso en una cultura de la
prevención de conflictos litigiosos, contrariamente como hace unos veinticinco años atrás era
impensable, pues se creía que el profesional del derecho se formaba en las universidades
para enfrentar o crear controversias judiciales que probablemente hubiesen tenido una
solución previa judicial concertada, conciliada e incluso solucionada mediante un mediador o
conciliador antes de acudir a los estrados judiciales de haber existido en forma generalizada
los mecanismos jurídicos respectivos.

Claro está que el abogado formado así no lo era por el azar o por los programas
académicos ni menos el querer de los docentes universitarios, sino porque la legislación en
todas las áreas del derecho, excepto en la legislación laboral donde se permitía la
conciliación extrajudicial y judicial, no permitía emplear métodos alternativos de solución de
conflictos jurídico-patrimoniales o conflictos jurídico-subjetivos. Así estaba proscrito en el
derecho público, en el derecho administrativo y en el derecho penal, pensar en los
mecanismos de conciliación, mediación, arreglo directo, negociación jurídica alguna como la
transacción. Era casi una “herejía” jurídica pensar en plantearle al Estado en un proceso
jurisdiccional contencioso administrativo por ejemplo, la conciliación de las pretensiones
discutidas en el proceso, pues la Constitución de 1886 y los diversos códigos nacidos al
regazo de ella no permitían tal posibilidad (v.gr. C.P.C., C.C.A.,). Esta cultura legislativa no
preventiva de los conflictos jurídicos, obviamente generaba una cultura académica de
formación jurídica que hizo carrera entre nosotros hasta cuando poco antes de la
Constitución de 1991, comenzó la apertura y empleo de mecanismos diferentes al solo
conflicto jurídico ante autoridades jurisdiccionales para solucionar las diferencias jurídicas
entre los particulares y entre éstos y el Estado. Con el advenimiento de la Constitución de
1991 se consolidaron las diferentes formas alternativas de solución de conflictos jurídicos.

Por esto, las nuevas generaciones de abogados, a partir de 1991 comenzaron a


visualizar la prevención a conflictos jurídicos ante los estrados judiciales como la prima ratio
de solucionarlos en su integridad o al menos parcialmente. La Ley 23 de 1991 implementó
los mecanismos de la conciliación, la mediación y los tribunales de arbitramento en áreas del
derecho como de familia, laboral, contencioso administrativo y civil, respectivamente. A
partir de aquélla ley vinieron innumerables decretos reglamentarios e inclusive leyes (Ley
446 de 1998 y 640 de 2001) que perfeccionaron los mecanismos alternativos de conflictos
jurídicos en forma prejudicial y si éstos ya se iniciaron porque pese a los buenos oficios de
los abogados permeados de cultura preventiva de conflictos jurídicos ante estrados
judiciales, no se consolidó arreglo alguno, todavía contaban con la posibilidad de intentar una
conciliación judicial para evitar la terminación judicial del conflicto con una arreglo amigable y
productivo para las partes.

Más aún, el legislador creyó conveniente para profundizar sobre esta nueva cultura
de aplicación del derecho, imponer estos mecanismos alternativos de solución como la
conciliación en áreas del derecho como el civil, de familia y contencioso-administrativo como
presupuesto procesal de la acción respectiva. Esto significaba que la conciliación se
convertía en una institución jurídica procesal de obligatorio cumplimiento antes de acudir a
los estrados judiciales.

En consecuencia, la cultura del abogado que se está formando en las universidades


colombianas tiene muy claro la existencia y eficacia de estos llamados “mecanismos
alternativos de conflictos” jurídicos y por eso el abogado actual ejerce la profesión en el
ambiente de la prevención litigiosa; el tener claro los enfrentamientos judiciales innecesarios,
31

sea cual fuere el asunto y la especialidad jurídica; acudir a los organismos judiciales sólo sí
ya no existe otro mecanismo alternativo de conflictos y el acudir a los organismos judiciales,
previo el cumplimiento del presupuesto procesal de la acción impuesto por la ley. Previo a
todo, buscar la solución a un conflicto jurídico en vías prejudiciales, civilistas, eficientes y en
lo posible definitivas.

Ahora bien, el legislador disciplinario de 2007 conocedor de todo lo anterior, erigió en


el artículo 38 del CDA, como tipos disciplinarios contra “el deber de prevenir litigios y facilitar
los mecanismos de solución alternativa de conflictos”, los siguientes:

1. Promover o fomentar litigios innecesarios, inocuos o fraudulentos.

2. Entorpecer los mecanismos de solución alternativa de conflictos con el propósito de


obtener un lucro mayor o fomentarlos en su propio beneficio.

Los dos tipos disciplinarios abiertos con remisión en blanco deberán consultar para
estructurarlos con las normas sobre mecanismos alternativos de conflictos jurídicos
comentados ut supra, así como los Códigos procesales de la respectiva área del derecho
para saber si la elusión, exageración o entorpecimiento del mecanismo jurídico procesal de
prevención de conflictos jurídicos es conforme al ordenamiento jurídico vigente, pues podría
darse el caso que la norma jurídica vigente no lo considera viable o pertinente, por ejemplo,
para solucionar conflictos jurídicos sobre el registro civil de las personas, o la acción procesal
estaba caducada o ésta en materia contencioso administrativo es una acción de simple
nulidad, etc.

1.3.3. Faltas contra los regímenes jurídicos previstos para el ejercicio


profesional

Por disposición del artículo 39, constituyen tipos disciplinarios además de los
enunciados en los artículos 30 a 38 del CDA, anteriormente comentados, el ejercicio ilegal
de la profesión, las causales de violación del régimen de incompatibilidades y el “deber de
independencia profesional” (relacionado expresamente en el numeral 12 del artículo 28).

Sin embargo, al pasar una simple lectura de los “deberes profesionales del abogado”,
relacionados en los 21 numerales con sus subdivisiones de artículo 28, nos podemos dar
cuenta que el incumplimiento, la omisión, el encasillamiento o la extralimitación de los
deberes constituye falta disciplinaria, puesto que por ejemplo, según el numeral 13 “Prevenir
litigios innecesarios, inocuos o fraudulentos y facilitar los mecanismos de solución alternativa
de conflictos”, constituye un deber del abogado, pero a la vez no hacerlo, constituye falta
disciplinaria, a tenor del artículo 38 CDA. En ese mismo sentidos los demás deberes
relacionados en el artículo 28 Ibíd. En consecuencia, el incumplimiento del régimen jurídico
de los deberes profesionales del abogado constituye falta disciplinaria.

Por lo tanto, analizaremos a continuación el incumplimiento del régimen de deberes


profesionales del abogado y el de incompatibilidades como tipos disciplinarios.

1.3.3.1. Tipos disciplinarios constituidos por el incumplimiento del régimen de


deberes profesionales

El deber en la conceptualización etimológica latina proviene del “debére”, que


significa estar obligado a algo por una ley divina, natural o positiva; también se entiende al
deber como una obligación que cumplir en lo moral o en lo laboral. En tal virtud, para el
32

derecho el deber es la obligación prevista en la Constitución o en norma jurídica de inferior


jerarquía y por la cual se cumple una función, acción o actividad de carácter laboral,
administrativa o misional en una entidad estatal.

En la Constitución colombiana de 1991, encontramos además de los “deberes y


obligaciones” previstas en el artículo 93, predicables y por cumplir por toda persona
residente o transeúnte en el territorio colombiano, los que en forma dispersa se hallan en
nuestra Constitución y de obligatorio cumplimiento por parte de particulares, servidores
públicos en sus diferentes modalidades y por los particulares con funciones públicas por
excepción. Como los docentes universitarios se hallan dentro de las tres categorías, según
estén vinculados a la universidad privada, de economía solidaria o pública, pasemos a
realizar una breve relación de los deberes que estamos obligados a cumplir todos según la
clasificación así:

1) Deberes inherentes a todo ser humano, considerado individualmente y en sociedad.


Entre muchos otros, que llevan aparejado un derecho constitucional, los siguientes: El deber
de cumplir con los predicamentos de la Constitución, las normas jurídicas legales, normas
jurídicas administrativas y normas estatutarias como particular, según los artículos 4º y 6º de
la constitución; el deber de procurar por la paz individual, familiar y social, según el artículo
22 ibid; cumplir con los deberes de la profesión u oficio escogido y obtener un título
universitario idóneo si es abogado y cumplir los fines sociales impuestos en las normas
jurídicas vigentes y promover el acceso a la justicia de toda persona que requiera sus
servicios profesionales, según los artículos 25, 26 y 229; cumplir con los deberes como
miembro de una familia, según los artículos 42 a 44, constitucionales, el deber a procurar el
cuidado integral de su salud y la de su comunidad, según el artículo 49 ibíd.; cumplir con las
obligaciones de educar, aprender, investigar y permanentemente actualizarse y ampliar sus
conocimientos con idoneidad y dedicación: aprender para enseñar, según los artículos 27, 67
a 69, constitucionales; participar en la gestión y fiscalización de los servicios públicos como
usuario de los mismos, según el artículo 365 Ibíd. Entre otros, supuestos.

2) Deberes referidos a los servidores públicos. Entre muchos otros, los siguientes: El
deber de cumplir con los predicamentos de la Constitución, las normas jurídicas legales,
normas jurídicas administrativas y normas estatutarias como servidor público o como
particular con funciones públicas por excepción, según los artículos 4º, 6º y 116º de la
Constitución, antes de ejercer y antes de posesionarse de un destino público (artículo 122,
incisos 2º y 3º constitucionales); Cumplir con sus funciones en el servicio público, tal como
están previstas en el ordenamiento jurídico vigente y aún en el manual de funciones o
“Reglamento”, según el artículo 122 inciso 1º, constitucional. Responder jurídicamente por
incumplimiento de sus funciones, según fuere el caso, penal, civil o patrimonial, disciplinaria
y fiscal o financieramente, según los artículos 6º y 123, constitucionales; Cumplir en los
destinos públicos de conformidad con su forma de vinculación jurídica bien sea de carrera,
de libre nombramiento y remoción, por contrato o por elección popular, según los artículos 6º
y 125º, constitucionales; cumplir con el deber de exigir que el retiro de un destino público,
sólo puede operarse cuando exista contra él calificación no satisfactoria en el desempeño de
su cargo, por violación del régimen disciplinario y por las demás causales previstas en la
Constitución y la ley, según los artículos 4º, 6º y 125 in fine, constitucionales. Y finalmente, la
obligatoriedad de todos los servidores públicos de prestar lo más eficiente y diligentemente
posibles los servicios públicos de la educación y la salud, entre muchos otros previstos en el
artículo 365, constitucional; y

3) Los deberes en los cuales el Estado y quienes lo representan, garantizan el cumplimiento


de todos los derechos constitucionales previstos en el ordenamiento jurídico vigente. En éste
33

grupo grande de deberes se encuentran todos los derechos de primera, segunda y tercera
generación previstos en la Carta colombiana, pues cada derecho lleva aparejado un deber,
como las dos caras de la moneda, sin la cual una no existe sin la otra.

Sumado a lo anterior, existen los deberes previstos en las leyes aprobatorias de


tratados y convenios internacionales, incorporadas al ordenamiento jurídico vigente
colombiano, tales como la Ley 16 de 1972 y Ley 74 de 1968, a la par que estipulan derechos
para los ciudadanos en general y servidores públicos en particular, también regulan deberes
una veces enfatizados en forma separada o aparejados al derecho correspondiente.

Los deberes previstos en estas normas son aplicables a las autoridades


disciplinantes como a los sujetos disciplinados. Entre otros, mencionamos el deber de
procurar porque el debido proceso con todas las garantías que ello implica se inicie,
desarrolle y termine conforme al ordenamiento jurídico vigente; el deber de ser informado
veraz, oportuna, jurídica y diligentemente el sujeto disciplinado en todas las etapas del
procedimiento; el deber de exigir por parte del disciplinado que toda decisión que imponga
una sanción sea motivada y para la autoridad disciplinante de hacerlo conforme al
ordenamiento jurídico interno de cada país; el deber de exigir que la autoridad sancionadora
(V.gr. la disciplinante) sea la competente e idónea para adelantar y finiquitar un proceso, que
éste garantice la segunda instancia, proscriba el Ne bis idem y la reformatio in pejus.

En el segundo grupo, están los derechos que llevan aparejado un deber para que
exista. Los documentos jurídicos internacionales incorporados al derecho interno, regulan
entre otros muchos derechos los siguientes: el derecho a la vida que es inherente a todo ser
humano, por tanto, el deber para todos es que nadie puede privar de la vida a nadie
arbitrariamente, según el artículo 6º del Convenio de Derechos Políticos y Civiles que en
nuestra legislación corresponde a la Ley 74 de 1968. Así mismo, Nadie será sometido a
torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Por tanto, nadie será
sometido sin su libre consentimiento a experimentos médicos o científicos, entre otras
posibilidades de aplicar penas inhumanas o ilegales, según el artículo 7º; El derecho al
trabajo es dignificante, en tal virtud, como deber no se debe someter a trabajos forzados,
insalubres, inhumanos o de esclavitud, según el artículo 8º; Todo individuo tiene derecho a la
libertad y a la seguridad personales. Nadie podrá ser sometido a detención o prisión
arbitrarias. Nadie podrá ser privado de su libertad, salvo por las causas fijadas por ley y con
arreglo al procedimiento establecido en ésta, según el artículo 9º. En materia sancionadora
disciplinaria está proscrita la pena privativa de la libertad; Según el artículo 14º, Todas las
personas son iguales ante los tribunales y cortes de justicia, de contera se proscribe
cualquier forma de discriminación racial, religiosa, sexual, política, etc.; Según el artículo 15º;
Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueran
delictivos según el derecho nacional o internacional. Es decir, que en la constitución de un
delito como de una falta disciplinaria se debe exigir antes de ser condenado, previo proceso:
la legalidad, tipicidad y culpabilidad.

Ahora bien, según el artículo 28 del CDA, son deberes profesionales del abogado, los
siguientes:

1. Observar la Constitución Política y la ley.

2. Defender y promocionar los Derechos Humanos, entendidos como la unidad integral de


derechos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales y de derechos colectivos,
conforme a las normas constitucionales y a los tratados internacionales ratificados por
Colombia.
34

3. Conocer, promover y respetar las normas consagradas en este código.


4. Actualizar los conocimientos inherentes al ejercicio de la profesión.
5. Conservar y defender la dignidad y el decoro de la profesión.
6. Colaborar leal y legalmente en la recta y cumplida realización de la justicia y los fines del
Estado.

7. Observar y exigir mesura, seriedad, ponderación y respeto en sus relaciones con los
servidores públicos, colaboradores y auxiliares de la justicia, la contraparte, abogados y
demás personas que intervengan en los asuntos de su profesión.

8. Obrar con lealtad y honradez en sus relaciones profesionales. En desarrollo de este deber,
entre otros aspectos, el abogado deberá fijar sus honorarios con criterio equitativo, justificado
y proporcional frente al servicio prestado o de acuerdo a las normas que se dicten para el
efecto, y suscribirá recibos cada vez que perciba dineros, cualquiera sea su concepto.

Asimismo, deberá acordar con claridad los términos del mandato en lo concerniente al
objeto, los costos, la contraprestación y forma de pago.

9. Guardar el secreto profesional (32), incluso después de cesar la prestación de sus


servicios.
_____________________

(32) El Código Deontológico de la Abogacía Española de 2001, que entró a regir en el año
2003, establece en el artículo 5, las siguientes reglas sobre el secreto profesional:
1. La confianza y confidencialidad en las relaciones entre cliente y abogado, ínsita en el derecho de
aquél a su intimidad y a no declarar en su contra, así como en derechos fundamentales de
terceros, impone al abogado el deber y le confiere el derecho de guardar secreto respecto de
todos los hechos o noticias que conozca por razón de cualquiera de las modalidades de su
actuación profesional, sin que pueda ser obligado a declarar sobre los mismos como reconoce el
artículo 437.2 de la vigente Ley Orgánica del Poder Judicial.
2. El deber y derecho al secreto profesional del abogado comprende las confidencias y propuestas
del cliente, las del adversario, las de los compañeros y todos los hechos y documentos de que
haya tenido noticia o haya recibido por razón de cualquiera de las modalidades de su actuación
profesional.
3. El abogado no podrá aportar a los tribunales, ni facilitarle a su cliente las cartas, comunicaciones o
notas que reciba del abogado de la otra parte, salvo expresa autorización del mismo.
4. Las conversaciones mantenidas con los clientes, los contrarios o sus abogados, de presencia o
por cualquier medio telefónico o telemático, no podrán ser grabadas sin previa advertencia y
conformidad de todos los intervinientes y en todo caso quedarán amparadas por el secreto
profesional.
5. En caso de ejercicio de la abogacía en forma colectiva, el deber de secreto se extenderá frente a
los demás componentes del colectivo.
6. En todo caso, el abogado deberá hacer respetar el secreto profesional a su personal y a cualquier
otra persona que colabore con él en su actividad profesional.
7. Estos deberes de secreto profesional permanecen incluso después de haber cesado en la
prestación de los servicios al cliente, sin que estén limitados en el tiempo.
8. El secreto profesional es un derecho y deber primordial de la Abogacía. En los casos
excepcionales de suma gravedad en los que, la obligada preservación del secreto profesional,
pudiera causar perjuicios irreparables o flagrantes injusticias, el Decano del Colegio aconsejará al
Abogado con la finalidad exclusiva de orientar y, si fuera posible, determinar medios o
procedimientos alternativos de solución del problema planteado ponderando los bienes jurídicos
en conflicto. Ello no afecta a la libertad del cliente, no sujeto al secreto profesional, pero cuyo
consentimiento por sí solo no excusa al Abogado de la preservación del mismo.
35

10. Atender con celosa diligencia sus encargos profesionales, lo cual se extiende al control
de los abogados suplentes y dependientes, así como a los miembros de la firma o asociación
de abogados que represente al suscribir contrato de prestación de servicios, y a aquellos que
contrate para el cumplimiento del mismo.

11. Proceder con lealtad y honradez en sus relaciones con los colegas.

12. Mantener en todo momento su independencia profesional, de tal forma que las opiniones
políticas propias o ajenas, así como las filosóficas o religiosas no interfieran en ningún
momento en el ejercicio de la profesión, en la cual sólo deberá atender a la Constitución, la
ley y los principios que la orientan.

13. Prevenir litigios innecesarios, inocuos o fraudulentos y facilitar los mecanismos de


solución alternativa de conflictos.

14. Respetar y cumplir las disposiciones legales que establecen las incompatibilidades para
el ejercicio de la profesión.

15.Tener un domicilio profesional conocido, registrado y actualizado ante el Registro


Nacional de Abogados para la atención de los asuntos que se le encomienden, debiendo
además informar de manera inmediata toda variación del mismo a las autoridades ante las
cuales adelante cualquier gestión profesional.

16. Abstenerse de incurrir en actuaciones temerarias de acuerdo con la ley.

17. Exhortar a los testigos a declarar con veracidad los hechos de su conocimiento.

18. Informar con veracidad a su cliente sobre las siguientes situaciones: a) Las posibilidades
de la gestión, sin crear falsas expectativas, magnificar las dificultades ni asegurar un
resultado favorable; b) Las relaciones de parentesco, amistad o interés con la parte contraria
o cualquier situación que pueda afectar su independencia o configurar un motivo
determinante para la interrupción de la relación profesional; c) La constante evolución del
asunto encomendado y las posibilidades de mecanismos alternos de solución de conflictos.

19. Renunciar o sustituir los poderes, encargos o mandatos que le hayan sido confiados, en
aquellos eventos donde se le haya impuesto pena o sanción que resulte incompatible con el
ejercicio de la profesión.

20. Abstenerse de aceptar poder en un asunto hasta tanto no se haya obtenido el


correspondiente paz y salvo de honorarios de quien venía atendiéndolo, salvo causa
justificada.

21. Aceptar y desempeñar las designaciones como defensor de oficio. Sólo podrá excusarse
por enfermedad grave, incompatibilidad de intereses, ser servidor público, o tener a su cargo
tres (3) o más defensas de oficio, o que exista una razón que a juicio del funcionario de
conocimiento pueda incidir negativamente en la defensa del imputado o resultar violatoria de
los derechos fundamentales de la persona designada.

1.3.3.2. Tipos disciplinarios por el incumplimiento del régimen de


incompatibilidades
36

Las incompatibilidades son todos aquellos motivos o razones concomitantes y aún


posteriores para poder desempeñar el cargo público, las cuales constituyen causales de
impedimento u obstáculo para ejercer el cargo o dejar de hacerlo por un tiempo
predeterminado, todo de conformidad con el ordenamiento jurídico vigente.

Los incompatibilidades como las inhabilidades, sólo se predican de los servidores del
Estado, con lo cual en el caso de las incompatibilidades de los abogados ejercitantes de la
profesión, éstas serán atribuibles sólo aquellos abogados vinculados al Estado en
determinados cargos taxativamente señalados en la ley. En vigencia del el artículo 39 del
Estatuto del Abogado de 1971, se consideraban cuatro supuestos de incompatibilidades de
quienes se desempeñaban como “empleados públicos y trabajadores oficiales”, como
“parlamentarios”, “diputados… concejales”, “militares en servicio activo”, y quienes se hallen
“privados de la libertad”, lo cuales mientras ostentaren dichas calidades o se hallaran
privados de la libertad, no podrían ejercer la profesión de abogado.

El artículo 29 del CDA de 2007 amplió los supuestos de incompatibilidades, pero


aclaró como no sucedía en el Estatuto del Abogado de 1971, que no incurrirían en
incompatibilidad aquellos abogados ejercitantes con funciones públicas, cuyo objeto de
vinculación al Estado como sus funciones profesionales normales y corrientes eran
precisamente la de ejercer la profesión a favor del Estado (artículo 19 in fine del CDA), pues
en este último caso, la incompatibilidad sobrevendrá no por cumplir sus funciones para las
cuales se lo ha vinculado o contratado por el Estado, sino cuando ejerce la profesión en
contra de la entidad, organismo o dependencia estatal a la cual esta vinculado o incluso haya
hecho dejación del cargo hasta por el término de un año, cuando menos.

El fundamento constitucional de las causales de inhabilidad e incompatibilidad en


general para todo servidor del Estado, hunde sus raíces en la condición especial, de
privilegio y de cobertura de responsabilidad, ética y moral administrativa con las cuales debe
acceder, ejercer y dejar de hacerlo por un tiempo predeterminado la persona que adquiere la
connotación de servidor público. En efecto, todo servidor público en el cumplimiento de sus
funciones responde por infringir la Constitución, las leyes, o en general, el ordenamiento
jurídico vigente, y además por la omisión o extralimitación en el ejercicio de sus funciones
(artículo 6, constitucional). Este servidor público tiene mayores responsabilidades que las del
simple ciudadano o particular, pero a la par tiene amplias potestades y privilegios que vienen
adheridas a su condición de tal por el tiempo que desempeñe sus funciones y por un tiempo
predeterminado después. Esos privilegios derivan de su condición de representante legal de
la institución que representante y de su investidura como servidor público o persona natural o
física, como en el caso del Rector de la Universidad.

La Constitución de 1991, prodiga a todo servidor público, de un ámbito de garantía


personal, institucional y comunitario que va más allá del dispensado al particular o
ciudadano, con sus derechos y deberes constitucionales, derechos civiles y políticos y de
derechos de participación comunitaria, derechos colectivos y sociales y derechos y garantías
constitucionales sustantivas y procedimentales (Título II), pues al fin y al cabo, las
“autoridades de la República”, los servidores públicos o particulares con funciones públicas
(incluidos los abogados ejercitantes al servicio del Estado), “están instituidas para proteger a
todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás
derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y
de los particulares” (artículo 2º , in fine, id.).
37

El Código Deontológico de la Abogacía española, aprobado por el Real Decreto 658


de 2001, junio 28 en el artículo 6 al comentar las causales de incompatibilidad en las que
puede estar incurso el abogado éste deberá observar las siguientes pautas:

1. El abogado que esté incurso en cualquier causa de incompatibilidad absoluta para el


ejercicio de la abogacía, deberá solicitar su baja o pase a colegiado no ejerciente en todos
los Colegios en que figurase como ejerciente. La solicitud habrá de formularse en el plazo de
un mes desde que se produzca la causa de incompatibilidad, aunque desde que se produzca
habrá de cesar en la realización de cualquier actividad profesional como abogado.

2. El abogado que esté incurso en cualquier causa de incompatibilidad respecto de un


asunto o tipo de asuntos, deberá abstenerse de intervenir en los mismos. En caso de que la
incompatibilidad sobrevenga una vez iniciada la actuación profesional, el abogado deberá
cesar inmediatamente en la misma, evitando el riesgo de indefensión mientras se produzca
la sustitución por otro letrado.

3. En los supuestos de ejercicio colectivo o en colaboración de la abogacía, las


incompatibilidades de cualquiera de sus miembros o integrantes del colectivo, grupo o de sus
colaboradores, se extienden al conjunto de todos ellos.

En el artículo 29 del CDA de Colombia, el incumplimiento del régimen de inhabilidades por


parte del abogado ejercitante particular o público, constituye falta disciplinaria. Las
incompatibilidades relacionadas en la norma sostiene: No pueden ejercer la abogacía,
aunque se hallen inscritos:

1. Los servidores públicos, aun en uso de licencia, salvo cuando deban hacerlo en función de
su cargo o cuando el respectivo contrato se los permita. Pero en ningún caso los abogados
contratados o vinculados podrán litigar contra la Nación, el departamento, el distrito o el
municipio, según la esfera administrativa a que pertenezca la entidad o establecimiento al
cual presten sus servicios, excepto en causa propia y los abogados de pobres en las
actuaciones que deban adelantar en ejercicio de sus funciones.

Parágrafo. Los abogados titulados e inscritos que se desempeñen como profesores de


universidades oficiales podrán ejercer la profesión de la abogacía, siempre que su ejercicio
no interfiera las funciones del docente. Así mismo, los miembros de las Corporaciones de
elección popular, en los casos señalados en la Constitución y la ley.

2. Los militares en servicio activo, con las excepciones consagradas en el Código Penal
Militar.

3. Las personas privadas de su libertad como consecuencia de la imposición de una medida


de aseguramiento o sentencia, excepto cuando la actuación sea en causa propia, sin
perjuicio de los reglamentos penitenciarios y carcelarios.

4. Los abogados suspendidos o excluidos de la profesión.

5. Los abogados en relación con asuntos de que hubieren conocido en desempeño de un


cargo público o en los cuales hubieren intervenido en ejercicio de funciones oficiales.
Tampoco podrán hacerlo ante la dependencia en la cual hayan trabajado, dentro del año
siguiente a la dejación de su cargo o función y durante todo el tiempo que dure un proceso
en el que hayan intervenido.
38

La causal primera de incompatibilidad es de idéntico tenor a la prevista en el Estatuto


del Abogado de 1971. Difiere en el parágrafo que éste último Estatuto no lo preveía. El
parágrafo contiene una excepción prevista para “los abogados titulados e inscritos” (33) que
se desempeñen como profesores de universidades oficiales quienes podrán ejercer la
profesión de la abogacía, siempre que su ejercicio no interfiera las funciones del docente. Así
mismo, los miembros de las Corporaciones de elección popular, en los casos señalados en
la Constitución y la ley.

Respecto de la excepción para los docentes universitarios oficiales, no causó


extrañeza en el ámbito jurídico, pues todos los Estatutos docentes de la Universidad pública,
siguiendo los pasos y ejemplo de la Universidad Nacional de Colombia, preveían en su
normatividad la excepción de ejercer la profesión no sólo a los abogados, sino a todos los
profesionales a quienes la universidad les hubiera otorgado un título profesional de médico,
economista, ingeniero, etc. Se hacía la salvedad que hoy también la hace el CDA, que se
podía ejercer la profesión en tanto “no interfiera las funciones del docente”. Algunos juristas e
inclusive algunos funcionarios vinculados a la Procuraduría General, Regional, Distrital y
provincial, y últimamente los mismos Consejos Seccionales de la Judicatura en varias
oportunidades adelantaron procesos disciplinarios contra abogados ejercitantes que
ostentaban la calidad de docentes universitarios de tiempo completo y con mayor razón los
docentes de tiempo exclusivo a la Universidad, pues interpretaban que los Estatutos
docentes universitarios que facultaban el ejercicio de la profesión, tan solo eran “actos
administrativos” de inferior jerarquía a la Ley 30 de 1992, que en el artículo 72, considera al
docente como “empleado público” y en consecuencia constituía incompatible el ejercicio de
la profesión, aún cuando no interfiera en el ejercicio de la docencia.

En relación a la excepción de los miembros de las Corporaciones públicas


(Parlamentarios, Diputados, Concejales y Comuneros) en la Parte Segunda de esta Obra ya
nos pronunciamos. Se hizo énfasis que por el status económico, disponibilidad de tiempo y
funciones de menor entidad que la de los Congresistas, la excepción tenía más aplicabilidad
en Diputados, concejales y comuneros que en los Congresistas.

En la causal segunda, referida a los Militares en servicio activo; ésta es de idéntico


tenor a la causal 3 prevista en el Estatuto Disciplinario del Abogado. En la estructuración de
esta causal de incompatibilidad habrá que tener en cuenta la norma extradisciplinaria del
Código Penal Militar al que remite el tipo disciplinario abierto y con remisión expresa, pues
para completar la estructuración habrá que consultar el Código mencionado, pues éste
contiene excepciones a la incompatibilidad o tipo disciplinario que de presentarse desvirtúan
el tipo.

En la causal tercera de incompatibilidad constitutivo del tipo disciplinario si se


________________________

(33) Siempre hemos sostenido que es un pleonasmo decir abogado titulado, pues sólo se es
abogado cuando ya se ha obtenido el título universitario, antes es egresado de una facultad
de derecho pero no abogado, inclusive el abogado que no todavía no obtiene la tarjeta
profesional, pero que cuenta con “licencia provisional” para ejercer la profesión es la persona
que tiene título universitario de abogado, pero no tarjeta profesional es abogado. Cosa muy
diferente es que existan personas que sin ser abogados pueden por excepción ejercer la
profesión como dijimos en la Parte primera de la Obra, tal es el caso de estudiantes de
derecho vinculados a los consultorios jurídicos en los dos últimos años de estudios de la
carrera de derecho, así como también los egresados de la facultad de derecho que no tienen
título aún pueden ejercer excepcionalmente.
39

incumple, es de parecido tenor a la causal cuarta del Estatuto del Abogado de 1971, con la
diferencia que el CDA de 2007 actualiza la terminología utilizada en aquella época, cuando
se refería al “auto de proceder” o de llamamiento a juicio y lo cambia por el de auto que
impone “una medida de aseguramiento o sentencia”, utilizada por las actuales normas
procesales penales. La actualización terminológica para a ser más gravosa, pues en 1971 se
entendía que era aplicable la incompatibilidad sólo a partir de la segunda etapa del proceso
penal (llamamiento a juicio); en cambio en el CDA de 2007, se impone a partir de la primera
etapa del proceso penal: la instructiva o investigativa, y por eso se habla del auto que
impone una “medida de aseguramiento” (antiguamente “auto de detención” con o sin
excarcelación) con privación efectiva de la libertad. El extremo de la sentencia con privación
de la libertad es mucho más entendible, pues aquí ya no hay duda alguna de la
responsabilidad y culpabilidad del acusado como si lo hay apenas comenzado el proceso
penal.

La excepción prevista a esta causal de incompatibilidad es apenas lógica y


coherente, cuando sostiene que la privación de la libertad no impedirá que ejerza la
profesión, “cuando la actuación sea en causa propia, sin perjuicio de los reglamentos
penitenciarios y carcelarios”.

En la causal cuarta de incompatibilidad, según el CDA la constituyen los abogados


suspendidos o excluidos de la profesión.

En vigencia del Estatuto del Abogado de 1971, la anterior causal constituía junto a
otras eventualidades “ejercicio ilegal de la abogacía”, tal como estaban relacionadas en el
artículo 41. Estas causales eran: (i) Quien no siendo abogado inscrito, se anuncie o finja ser
tal (mejor: serlo), u ofrezca servicios profesionales que requieran dicha calidad o litigue sin
autorización legal; (ii) El abogado que actúe estando suspendido o excluido de la profesión;
(iii) El abogado que intervenga no obstante la existencia de una incompatibilidad; y (iv) El
titular de la licencia temporal de que trata el artículo 32 que ejerza la abogacía en asuntos
distintos a los contemplados en el artículo 31 o por tiempo mayor del indicado en dicha
norma.

El mentado Estatuto sancionaba con “suspensión del cargo por primera vez, y en
caso de reincidencia con la destitución” (artículo 42), al “funcionario público que admita como
apoderado, asesor o vocero de otra persona a quien no sea abogado inscrito, o tolere la
actuación en causa propia de quien no tenga esta calidad, o permita examinar los
expedientes o actuaciones de su oficina a quien no esté legalmente autorizado para verlos, o
en cualquier forma facilite, autorice o patrocine el ejercicio ilegal de la abogacía”.

Por su parte, la persona que se hacía pasar por abogado o ejercía la profesión sin
serlo, con licencia temporal vencida e incluso con título falso si era denunciado eran las
autoridades de policía administrativa, las que podían iniciar previa denuncia de cualquier
particular un proceso contravencional, según lo previene el Código Nacional de Policía
(Decreto-ley 1355 de 1970, reformado por el Decreto 552 de 1971), el cual en su artículo 30,
sostiene: “El que ejerza ilegalmente profesión u oficio, incurrirá en arresto de uno a doce
meses”. Este Código estructuró en el Capítulo III, como “contravención especial que afecta el
orden social” el ejercicio ilegal de la profesión, lo cual significaba que el legislador
colombiano considera tales conductas, como un hecho punible de menor impacto social al
que produce el delito y por tanto, la persona que ejerce ilegalmente la profesión se hará
acreedor a un proceso contravencional cuya sanción máxima será la de arresto.
Sea oportuno manifestar, que en la mayoría de los países latinoamericanos, el ejercicio ilegal
de la profesión constituye delito de mayor entidad jurídica e impacto social, pues se produce
40

una alteración grave en el discurrir de la vida civilizada de las personas que confiando al
Estado la vigilancia y control de las profesiones, la guarda de los derechos fundamentales de
escoger profesión u oficio, tan solo adelanta un proceso contravencional con sanción leve a
un falso profesional que puede poner en riesgo todo el futuro de la persona, su patrimonio o
las relaciones sociales, económicas y jurídicas cuando confía sus asuntos, negocios
jurídicos, la consultoría o el patrocinio a quien no lo representa conforme al ordenamiento
jurídico vigente. Cierto es que la mayor o menor pena impuesta al infractor de la ley, no es
prenda de garantía de eliminación de la conducta delictiva, pero la clasificación del hecho
punible (delito o contravención) y diversa dosimetría punitiva, incide en la política criminal del
Estado y afecta la credibilidad del particular afectado de la verdadera guarda de los derechos
fundamentales de la persona en cabeza de su Estado.

El CDA de 2007 al transformar la causal de ejercicio ilegal de la profesión (ejercicio


de la abogacía suspendido o excluido de la profesión) en causal de incompatibilidad
disminuyó el impacto social y de política criminológica de Estado, al eliminar la posibilidad
que tiene toda persona de denunciar contravencionalmente al abogado que ejerce la
profesión estando sancionado con suspensión o más aún con exclusión de la profesión, pues
al desaparecer por derogación expresa el numeral 2º del artículo 41 del Decreto-Ley 196 de
1971, se entiende que en vigencia del CDA, dicho ejercicio del abogado o suspendido es una
causa del incompatibilidad que constituye falta disciplinaria y puede adelantársele un
procedimiento disciplinario de audiencias con el pleno de las garantías sustantivas y
procesales al disciplinado, pero en manera alguna podrá ser denunciado
contravencionalmente ante las autoridades administrativas de policía (que administran
justicia por excepción (34)), pues esta causal de ejercicio ilegal de la profesión ha dejado de
serla, a partir del CDA de 2007.

Ahora bien, es entendible y jurídico que el legislador de 2007 haya excluido a los estudiantes
vinculados a los Consultorios Jurídicos de la Universidad colombiana, como sujetos
disciplinables (parágrafo del artículo 18), puesto que la autonomía universitaria (artículo 69,
constitucional) le confiere un fuero especial para darse sus propias autoridades, regir sus
actividades administrativa y presupuestalmente, nombrar y remover a sus docentes por
causas legales, pero también le atribuye fueros constitucionales para dictar sus propios
estatutos (disciplinario, académico, estudiantil, administrativo e investigativo (35) ); y es
entonces, apenas lógico que las autoridades administrativo-académicas de la Universidad
constituyen el “juez natural” y competente para disciplinar a los estudiantes que ejercen la
profesión de abogado por excepción y conforme a las limitaciones que establece la ley 583
de 2000, pues mientras mantengan la calidad de estudiantes, miembros de Consultorios
Jurídicos serán sujetos disciplinables sometidos a los procedimientos disciplinarios
especiales que al efecto deba regular la Universidad mediante Estatutos normativos relativos
a la organización, estructura, funciones y disciplina en los Consultorios Jurídicos de la
Universidad, los cuales sin temor a equivocarnos con base en la Ley 1123 de 2007 no
existen en nuestro país.

No parece muy entendible que el CDA de 2007, se refiera al “ejercicio ilegal de


profesión” en el artículo 39, como una eventualidad más de falta disciplinaria, pero no lo
desarrolle normativamente, tal como lo hiciera el Estatuto del Abogado de 1971 en los artícu-
_____________________

(34) RIASCOS GOMEZ, Libardo O. La constitucionalidad de la jurisdicción de policía. Tesis


de grado, Universidad de Nariño, Pasto, 1983, p. 10
(35) RIASCOS GOMEZ, Libardo O. El derecho administrativo sancionador disciplinario en la
docencia universitaria colombiana. Universidad de Nariño (en publicación), Pasto, 2007.
41

los 41 y 42, como ut supra hemos brevemente comentado. En tal virtud, será la
jurisprudencia de las autoridades jurisdiccionales disciplinarias las que interpreten que
apartes de los mencionados artículos sigue vigente, ante el vacío normativo del CDA sobre
la genérica nominación de “ejercicio ilegal de la profesión”

Súmese a esto, que el CDA transformó una causal segunda de ejercicio ilegal de la
profesión prevista en el Estatuto de 1971 en causal de incompatibilidad; que la causal
primera de ejercicio ilegal de dicho Estatuto en la vertiente de “litigar sin autorización legal”
que se interpretaba sólo lo podían hacer los estudiantes vinculados a los Consultorios
Jurídicos, dejaron de ser sujetos disciplinables de los Consejos seccionales y superior de la
judicatura, como ut supra hemos comentado. Finalmente, digamos que la causal tercera del
mentado Estatuto, consideraba como ejercicio ilegal de la profesión, la circunstancia de
aquél “abogado que intervenga no obstante la existencia de una incompatibilidad”, con lo
cual a la inversa de lo que esta normativizado en el CDA, el Estatuto de 1971, consideraba
ejercicio ilegal de la profesión el ejercer la profesión desconociendo las causales de
incompatibilidad

Si consideramos que el numeral 3º del artículo 41 del Estatuto del 71, sigue vigente
en “lo pertinente” (artículo 112 del CDA), concluimos que constituye ejercicio ilegal de la
profesión vulnerar el régimen de incompatibilidades previsto en el artículo 29 del CDA.

La causal quinta de incompatibilidad prevista en el artículo 29 del CDA, es nueva


porque en vigencia del Estatuto del 71, no eran sujetos pasibles de la Ley disciplinaria de la
abogacía, los abogados ejercitantes que lo hicieran en razón de sus funciones públicas u
“oficiales”, tanto de forma permanente como temporal.

En efecto, ahora es causal de incompatibilidad que los abogados en relación con


asuntos de que hubieren conocido en desempeño de un cargo público o en los cuales
hubieren intervenido en ejercicio de funciones oficiales. Tampoco podrán hacerlo ante la
dependencia en la cual hayan trabajado, dentro del año siguiente a la dejación de su cargo o
función y durante todo el tiempo que dure un proceso en el que hayan intervenido.

Esta causal contiene dos eventualidades, las cuales a su vez se desdoblan así: 1. a)
Que el abogado conozca un asunto que anteriormente hubiere conocido en el ejercicio de
un cargo público; b) Que el abogado hubiere intervenido en el asunto en razón de sus
funciones públicas; y 2. a) El abogado no podrá intervenir ante la dependencia ante la cual
haya laborado, dentro del año siguiente a la dejación del cargo o función; y b) El abogado no
podrá intervenir durante todo el tiempo que dure un proceso en el cual éste haya intervenido.

2. LA SANCION DISCIPLINARIA

2.1. Conceptualización

Al igual que las faltas (1), las sanciones disciplinarias no tienen una conceptualización
jurídica en la Ley 1123 de 2007, pese a que en el artículo 40 expresamente sostiene
“sanciones disciplinarias”, como insinuando su definición. Sin embargo, lo que ahí se
relacionan son los diferentes tipos de sanciones a que se haría acreedor el abogado que
“incurra en faltas disciplinarias reseñadas en el” CDA, así como que las sanciones sólo se
impondrán atendiendo los “criterios de graduación establecidos en el Código”.
____________________
(1) RIASCOS GOMEZ, Libardo O. El procedimiento disciplinario de los abogados en la ley 1123
de 2007. Ed. Gustavo Ibañez, Bogotá, 2010, p. 362 a 435
42

Sobre lo primero, el CDA sostiene que las sanciones en las que incurre el abogado
disciplinado en el proceso disciplinario de audiencias, son: (i) censura; (ii) multa; (iii)
suspensión de la profesión; y (iv) exclusión de la profesión. No existen penas accesorias en
esta clase de procedimientos.

Sobre lo segundo, el CDA, impone como criterios de graduación de la sanción, tres


grupos y cada uno de los cuales se subdivide en elementos específicos de dosimetría
sancionatoria. Los grupos son: (i) Criterios Generales; (ii) Criterios de Agravación y (iii)
Criterios de Atenuación.

En tal situación acudiremos a la doctrina para conceptualizar la sanción disciplinaria


como consecuencia lógica jurídica de carácter procesal y naturaleza jurídica jurisdiccional
devenida de la iniciación, el desarrollo, el juzgamiento y la imposición mediante una
providencia judicial por parte de la autoridad competente al disciplinado encontrado
plenamente responsable y culpable de la falta procesada.

El jurista colombiano Meléndez (2), ha sostenido que la sanción disciplinaria es “la


consecuencia prevista en la norma disciplinaria para el sujeto que se encuentra incurso en el
presupuesto de hecho que ésta prevé. La sanción entonces; es un daño antijurídico que se
le atribuye a una persona que ha vulnerado el deber funcional que en virtud de las relaciones
especiales de sujeción está obligado a cumplir. El legislador así como goza de las relaciones
especiales de libre configuración normativa para tipificar y elevar conductas a la categoría de
faltas disciplinarias, de la misma manera la tiene para establecer las sanciones, desde luego
sometidas a los límites constitucionales como son el principio de razonabilidad,
proporcionalidad, la proscripción de la responsabilidad objetiva y de las sanciones perpetuas,
salvo en los casos en donde el mismo constituyente lo ha permitido, como es el caso de la
muerte política para quienes se les ha declarado la pérdida de investidura, cargos que exijan
ausencia total de sanciones, y quienes hayan sido condenados contra el patrimonio público,
evento último que la inhabilidad es permanente”

Por tanto, la sanción disciplinaria es la consecuencia jurídica impuesta al abogado ejercitante


de su profesión, en su carácter de particular o con funciones públicas permanentes o
temporales y que encasillado en la comisión de una falta disciplinaria, procesada por la
autoridad disciplinante, taxativamente prefijada en el ordenamiento jurídico, le ha sido
impuesta, previo procedimiento jurisdiccional disciplinario con la plenitud de las garantías
constitucionales, legales y reglamentarias.

Precisamente, la sanción como consecuencia jurídica con efectos materiales y


procesales, son muchas las conceptualizaciones que existen. Para Ibáñez (3), la sanción es
“la consecuencia que se deriva de la comisión de una falta disciplinaria dentro del territorio o
fuera de él, la cual debe estar prevista previamente en la ley, debe ser proporcional al hecho
o conducta que se juzga disciplinariamente y debe aplicarse de acuerdo con el grado de
culpabilidad del sujeto disciplinado. Así, el destinatario de la ley disciplinaria que cometa una
falta disciplinaria o determine a otro a cometerla, incurre en sanción prevista para ella
(artículo 21 del CDU). La sanción disciplinaria cumple esencialmente los fines de prevención
y de garantía de la buena marcha de la gestión pública”.
______________________

(2) MELENDEZ, Inocencio Julio. Ob., ut supra cit. p. 145-146


(3) IBAÑEZ NAJAR, Jorge E. La responsabilidad disciplinaria y responsabilidad fiscal.
Procuraduría General de la República. Instituto de Estudios del Ministerio Público, Central de
Artes Gráficas, Bogotá, p. 66.
43

Más aún, esa consecuencia jurídica en el derecho ibérico se la ha asimilado a un


verdadero castigo impuesto y justificado por el mismo Ordenamiento jurídico. En efecto, para
el tratadista Borrachina (4). “La sanción disciplinaria es la justa correspondencia a la
comisión de una falta o de una infracción. Toda infracción tiene su sanción y, por lo tanto, no
puede existir ninguna infracción que carezca de sanción. La sanción es, pues, el castigo que
se impone al autor de una falta disciplinaria al haber sido declarado culpable de la misma. Es
connatural al concepto o idea de sanción, el perjuicio que se causa al autor de la falta. Dicho
perjuicio es querido por la ley, por cuanto se impone en virtud de la potestad que la misma
norma reconoce a la administración pública. Por ello, dicho perjuicio no puede ser objeto de
indemnización por cuanto tanto la determinación de la falta como de la sanción aplicable se
ajusta a lo previsto en la ley”. Sin embargo, cuando se rompe ese equilibrio de
determinación, se excede o extravasa, efectivamente sí surge para el perjudicado o
disciplinado sancionado el derecho a réplica mediante recursos ordinarios, o en el mejor de
los casos, si se prueba que hay vías de hecho, por desconocimiento total del derecho a
aplicar una sanción por parte de la autoridad disciplinaria, o más si hay desconocimiento
irrefragable del derecho sustancial, surge para el perjudicado la acción constitucional de
tutela excepcional prevista en el artículo 86 constitucional.

1.2. La Naturaleza jurídica de las sanciones disciplinarias

Las sanciones disciplinarias impuestas por el incumplimiento de deberes funcionales


de los servidores públicos o los particulares con funciones públicas, o por el quebrantamiento
de los regímenes de inhabilidades e incompatibilidades, de prohibiciones o de conflicto de
intereses o incluso por la omisión o la extralimitación de funciones administrativas de éstos y
aquellos, previo procedimiento administrativo disciplinario da lugar a la imposición de
sanciones cuya naturaleza jurídica no puede ser otra que la iusadministrativa, porque
administrativa es la actividad funcionarial que desarrollan los servidores del Estado o los
particulares con funciones públicas, sea cual fuere la rama de poder público en la que
presten sus servicios y funciones; administrativo también es el cargo o destino público
desempeñado bien sea en forma permanente o en forma temporal; administrativo también
son los deberes y regímenes jurídicos que pueden ser desconocidos por los servidores del
Estado o los particulares con funciones públicas; y, administrativo también son las
autoridades disciplinantes de supercontrol o control exógeno (Procuraduría, procuradores
delegados y personeros municipales) o de autocontrol o control disciplinario interno
(“autoridades” en los términos del artículo 1º del C.C.A., autoridades académico-
administrativas de las universidades colombianas y oficinas o unidades de control), así como
los procedimientos por medio de los cuales se adelanta una investigación preliminar, una
investigación propiamente dicha y un juzgamiento en el que se impone finalmente una
decisión final de carácter administrativo denominado acto administrativo de gravamen o de
sanción.

De otra parte, las sanciones impuestas por los Consejos Seccionales y Superior de la
Judicatura con consecuencia de un procedimiento disciplinario de audiencias, prefijadas en
el Código Disciplinario del Abogado, qué duda cabe, son de naturaleza jurídica jurisdiccional,
pues judiciales son las autoridades disciplinantes según la nueva estructura de la rama
judicial prevista en la Constitución de 1991 y desarrollada en la Ley 270 de 1996;
jurisdiccional también es el procedimiento disciplinario que hemos denominado de
audiencias cuando se adelanta a los abogados ejercitantes de la profesión tanto de carácter
particular como aquellos que desempeñan su profesión con funciones públicas permanentes
y temporales; y finalmente, jurisdiccional por antonomasia es la sentencia de las autoridades
disciplinantes en la que está inmersa la sanción de censura, multa, suspensión o exclusión
44

de la profesión impuesta previo debido proceso al principal sujeto procesal disciplinado: el


abogado ejercitante que vulnera el Ordenamiento jurídico vigente.

Las sanciones administrativas disciplinarias en esta clase de procedimientos se


aplican mediante actos administrativos, que por regla general tienen una posterior revisión
en vía administrativa o mal llamada “gubernativa”, a través de los recursos administrativos de
reposición, apelación y queja previstos en la ley 734 de 2002, como en el C.C.A., artículos 49
y siguientes; así mismo tienen una contingente revisión jurisdiccional ante la jurisdicción
contencioso administrativa (jueces administrativos, que aún no funcionan en Colombia,
Tribunales Administrativos y el Consejo de Estado, según las reglas de competencia y
jurisdicción), mediante las acciones contenciosas de nulidad y nulidad y restablecimiento del
derecho (artículos 84 y 85 C.C.A.) que eventualmente pudiera incoar el disciplinado
sancionado por las autoridades disciplinantes de supercontrol o de autocontrol. Esta
característica esencial de los actos administrativos sancionadores disciplinarios o sanciones
es lo que lo diferencia de la naturaleza jurídica de carácter jurisdiccional de las sanciones
impuestas a miembros del poder judicial y a los abogados ejercitantes de la profesión por
pate de los Consejos Seccionales y Superior de la Judicatura; o más aún, de las penas
judiciales impuestas por jueces de la república, pues unas y otras no son revisables a
posteriori de dictarse por otra jurisdicción y menos por la contencioso-administrativa. Esto
ratifica la naturaleza jurídica administrativa de las sanciones disciplinarias y su diferente
naturaleza con otras sanciones también disciplinarias pero de tipo jurisdiccional y con las
penas judiciales (5).

En tal virtud, la regla general en el sistema sancionador disciplinario en el derecho


colombiano es que los procesos disciplinarios para todos los servidores públicos y los
particulares con funciones públicas, así como el régimen de faltas y sanciones son de
naturaleza jurídica iusadministrativa, exceptuados los miembros de la rama judicial con o sin
fuero constitucional y los abogados litigantes que son profesionales liberales, a los cuales se
les investiga y sanciona por autoridades judiciales, en procesos igualmente jurisdiccionales y
con sanciones impuestas por medio de sentencias.

_______________________________

(4) BORRACHINA, Juan. La función pública y su ordenamiento jurídico. Parte Especial II, Ed.
PPU, Tomo II, Vol. II, Barcelona, 1991, p. 105.
(5) Así lo ratifica la Corte en sentencia C-506-2002, al sostener que “La imposición por la
Administración de sanciones por el incumplimiento de deberes tributarios es actividad
típicamente administrativa y no jurisdiccional. Aunque desde un punto de vista conceptual
pueda parecer difícil distinguir entre la actividad sancionatoria en cabeza de la Administración
y la actividad sancionatoria jurisdiccional, lo cierto es que una y otra acusan diferencias no
solo normativas sino también sustanciales: en cuanto a las primeras, puede decirse que en el
proceso sancionatorio administrativo se juzga el desconocimiento de normas relativas a
deberes.
para con la Administración y no de estatutos penales propiamente tales, y que en él está
descartada la imposición de sanciones privativas de la libertad. Además la decisión
sancionatoria adoptada por la Administración está sujeta a control judicial ante la jurisdicción
de lo contencioso administrativo”.
Según la Corte en Sentencia C-475-2004, el “El principio de legalidad de las sanciones exige:
(i) que el señalamiento de la sanción sea hecho directamente por el legislador; (ii) que este
señalamiento sea previo al momento de comisión del ilícito y también al acto que determina la
imposición de la sanción; (iii) que la sanción se determine no sólo previamente, sino también
plenamente, es decir que sea determinada y no determinable. Obviamente, esto no impide
que el legislador diseñe mecanismos que permitan la gradación de la sanción, como el
señalamiento de topes máximos o mínimos”.
45

La principialística que ut supra hemos analizado para todo el sistema sancionador


disciplinario de los abogados ejercitantes, es perfectamente aplicable al régimen de faltas y
sanciones disciplinarias. En efecto, uno de los principales principios que rigen el régimen de
faltas y sanciones es el de legalidad según lo ha reiterado la Corte Constitucional (C-506/02,
y C-475-2004).

El principio de constitucionalidad de las faltas y las sanciones, como preferimos


llamarlo, por ser la misma Carta constitucional la que determina en el artículo 29 que “El
debido proceso se aplicará a toda clase de actuaciones judiciales y administrativas”. Y
agrega a reglón e inciso aparte, que “Nadie podrá ser juzgado sino conforme a leyes
preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente y con observancia de
la plenitud de las formas propias de cada juicio”, estableciendo de esta forma que tanto las
faltas, las sanciones como los procedimientos disciplinarios en las que se investigue, juzgue
y sanciona deban estar previamente fijadas en las normas jurídicas en un Estado Social de
Derecho como el nuestro.

Así lo confirma en sostenida jurisprudencia la Corte en sentencia C-475-2004, al


prohibir la imposición de “sanciones, si no es conforme a normas sustanciales previas que
las determinen, resulta extensiva a todos los procedimientos administrativos en los que se
pretenda dicha imposición”. Esto implica que las sanciones que se impongan en estos
procesos sancionadores disciplinarios deben estar determinadas en el momento que el
infractor del ordenamiento jurídico o disciplinado cometa la falta disciplinaria respectiva y
sepa aquél que su comportamiento o conducta es contraria a derecho, y por eso, “este
castigo no puede quedar a la definición ulterior de quien lo impone, pues tal posibilidad
desconoce la garantía en contra de la arbitrariedad. Así pues, las sanciones deben estar
legalmente determinadas taxativa e inequívocamente en el momento de comisión del ilícito,
sin que el legislador pueda hacer diseños de sanciones ´determinables´ con posterioridad a
la verificación de la conducta reprimida”.

La Ley 1123 de 2007, al reglamentar el artículo 29, constitucional en lo referente al


principio de constitucionalidad de las faltas y las sanciones, estipuló en el artículo 3º “El
abogado sólo será investigado y sancionado disciplinariamente por comportamientos que
estén descritos como falta en la ley vigente al momento de su realización y conforme a las
reglas fijadas en este código o las normas que lo modifiquen”. Consecuencialmente, se
establece que la persona involucrada en un procedimiento disciplinario será respetado en su
dignidad humana, sus garantías procesales y sustantivas de defensa, el ius postulandi y se
le presumirá inocente mientras no se declara responsable en decisión administrativa
debidamente ejecutoriada (sentencia) y si existiere alguna duda razonable se resolverá a
favor del investigado cuando no haya modo de eliminarla (artículos 4, 5 y 8 del CDA). Una
vez sea decidida definitivamente su situación jurídica en forma motivada en el proceso
disciplinario respectivo por la autoridad competente, no será sometido a nueva investigación
y juzgamiento disciplinarios por el mismo hecho, aun cuando a este se le dé una
denominación distinta. Impuesta la sanción que corresponda a la gravedad de la falta
cometida y a la graduación según los principios de razonabilidad, necesidad y
proporcionalidad y los criterios previstos en la ley (artículo 13 Ibíd.), se podrá concluir que la
sanción disciplinaria respeta en su integridad el principio de constitucionalidad y legalidad
sancionatorios y de función preventiva y correctiva de la sanción (artículo 11 Ibíd.).

2.3. Clases de sanciones

2.3.1. Sanciones constitucionales


46

Es un derecho constitucional que le asiste a toda persona natural o jurídica que el


pueda solicitar de la autoridad competente la aplicación de las sanciones penales o
disciplinarias derivadas de la conducta de las autoridades públicas, según el artículo 92 de la
Constitución de 1991. Con esto estableció el constituyente del 91 una cláusula general de
aplicabilidad de sanciones contra los servidores públicos o los particulares con funciones
públicas que quebranten el ordenamiento jurídico vigente, con ocasión de sus servicios,
funciones o gestiones públicas o particulares en el ejercicio de la profesión de abogado.

El Constituyente del 91, también dio ejemplo al legislador ordinario no sólo en la


forma, sustancia y procedimientos utilizados para aplicar sanciones de todo tipo, sino que
estableció constitucionalmente algunas clases de sanciones para ciertos servidores del
Estado que consideró altamente sensibles en su regulación al punto que como ut supra
analizamos, reguló constitucionalmente la sanción, las faltas y el procedimiento
administrativo disciplinario que se debía seguir el Procurador General de la Nación en forma
directa al funcionario público “que incurra en alguna de las siguientes faltas: infringir de
manera manifiesta la Constitución o la ley; derivar evidente e indebido provecho patrimonial
en el ejercicio de su cargo o de sus funciones; obstaculizar, en forma grave, las
investigaciones que realice la Procuraduría o una autoridad administrativa o jurisdiccional;
obrar con manifiesta negligencia en la investigación y sanción de las faltas disciplinarias de
los empleados de su dependencia, o en la denuncia de los hechos punibles de que tenga
conocimiento en razón del ejercicio de su cargo”. En este caso, según el artículo 278,
constitucional el Procurador, podrá previa audiencia y mediante decisión motivada, imponer
la sanción disciplinaria constitucional de desvinculación del cargo.

También son sanciones disciplinarias constitucionales, las solicitadas por el


Presidente de la República, en los casos taxativamente señalados por la ley, ante la
Procuraduría General de la Nación o las procuradurías delegadas y consistentes en la
suspensión o destitución de los gobernadores, los alcaldes municipales y los alcaldes
distritales, según fuere el caso y previsiones de los artículos 304, 314 y 323,
constitucionales.

De igual forma es sanción disciplinaria constitucional la inhabilidad permanente


prevista en el artículo 122 de la Carta colombiana, para servidores públicos que atenten
contra el Patrimonio del Estado (6). También es sanción disciplinaria constitucional de
carácter jurisdiccional, la pérdida de investidura de los servidores del Estado de elección
popular nacional (Congresistas), departamental (Diputados) y municipal (Concejales), de
competencia del Consejo de Estado y los Tribunales administrativos, respectivamente y a
tenor de los artículos 110, 179, 183, 184, 237 y 291 constitucionales (7).

________________________

(6) El Acto Legislativo No. 1 de 2004, artículo 1º modificó el inciso 5º del artículo 122,
constitucional y estableció la “pérdida de derechos políticos” por la comisión de delitos que
afecten el patrimonio del Estado. Concordante con el artículo 48-1º, Ley 734 de 2002.
(7) La Corte Constitucional en sentencia C-280-96, al referirse a la pérdida de investidura de los
congresistas manifestó: “Es admisible que este estatuto disciplinario establezca la pérdida de
investidura como una sanción principal, pues es indudable que esta figura tiene un
componente disciplinario. La norma no desconoce la competencia propia del Consejo de
Estado en relación con los Congresistas, y nada se opone a que la ley regule la pérdida de
investidura como sanción disciplinaria para el resto de miembros de las corporaciones
públicas, por cuanto se trata de una figura disciplinaria que es "equiparable por sus efectos y
gravedad, a la de destitución de los altos funcionarios públicos". Además, la propia Carta
prevé tal sanción para las otras corporaciones”.
47

2.3.2. Sanciones disciplinarias de rango legal previstas en el CDA

El CDA de 2007, clasificó a las sanciones únicamente como principales, las


siguientes: (i) La censura; (ii) La multa; (iii) La suspensión; y (iv) La exclusión de la profesión
de la abogacía.

Las sanciones serán impuestas previo debido proceso adelantado por las salas
jurisdiccionales disciplinarias de los Consejos Seccionales y Superior de la Judicatura que
son la titulares de la potestad disciplinaria del Estado para con los abogados en ejercicio de
la profesión y los funcionarios de la rama judicial, excepto los que tienen fuero constitucional
(artículo 254-2 y 256-3, constitucional, artículo 2 del CDA). Tanto las faltas como las
sanciones obedecen en el derecho colombiano al principio de constitucionalidad y legalidad
previos (artículos 29, constitucional y 3 del CDA); Las sanciones se impondrán por falta
realizadas con culpabilidad (En la modalidad de dolo y culpa, artículo 21 Ibíd). Queda
proscrita toda forma de responsabilidad objetiva (artículo 5 Ibíd); La ley permisiva o favorable
en materia sancionatoria, se aplicará de preferencia a la restrictiva o desfavorable (artículo 7
Ibíd.); La sanción disciplinaria tiene función preventiva y correctiva para garantizar la
efectividad de los principios y fines previstos en la Constitución, la ley y los tratados
internacionales, que se deben observar en el ejercicio de la profesión de abogado (artículo
11 Ibíd.); La imposición de cualquier sanción disciplinaria deberá responder a los principios
de razonabilidad, necesidad y proporcionalidad. En la graduación de la sanción deben
aplicarse los criterios que fija esta ley (artículo 13 Ibíd); y finalmente, en materia sanciontoria
es aplicable la principalística analizada en la Parte Segunda de esta Obra.

En el Estatuto del Abogado de 1971, las sanciones se clasificaban así: (i)


Amonestación, “que consiste en la represión privada que se hace al infractor por la falta
cometida” (artículo 57); (ii) La Censura, que “consiste en la reprobación pública que se hace
al infractor por la falta cometida” (artículo 58); (iii) La Suspensión, que “consiste en la
prohibición del ejercicio de la abogacía por un término no inferior a dos (2) meses ni superior
a dos (2) años (artículo 59); y (iv) La Exclusión de la profesión, que “consiste en la
prohibición definitiva del ejercicio de la abogacía que conlleva la cancelación de la licencia de
abogado” (artículo 60).

Las sanciones disciplinarias se aplicarán dentro de los límites señalados para cada
grupo de faltas y de conformidad con la dosimetría de la falta establecidos para éstos y
teniendo en cuenta la gravedad, modalidades y circunstancias de la falta, los motivos
determinantes y los antecedentes personales y profesionales del infractor y sin perjuicio de
las acciones y sanciones civiles y penales a que hubiere lugar (artículo 61).

A tenor del artículo 63 del Estatuto mentado y en vigencia de la vieja y derogada


concepción ius-penalista colombiana, la reincidencia en la comisión de faltas por parte del
abogado, se sancionaba así: (i) Después de dos amonestaciones, la nueva sanción no podrá
ser inferior a la censura; (ii) Después de tres sanciones entre las cuales hubiere al menos
una censura, la nueva sanción no podrá ser inferior a la suspensión; (iii) Después de tres (3)
sanciones, una de las cuales hubiere sido la suspensión, la nueva sanción no podrá ser
inferior a la suspensión por un año, y (iv) Después de dos suspensiones, la nueva sanción
será la exclusión.

2.3.2.1. Las sanciones disciplinarias, en particular

En Sentencia T-579-94, la Corte Constitucional sostuvo que “en los códigos de ética
profesional se consagran como faltas, una serie de comportamientos que el legislador
48

considera indeseables en el ejercicio de una profesión, y se señalan las sanciones que


deben imponerse a quien incurra en tales faltas. A través de esta clase de códigos se
imponen restricciones al libre ejercicio profesional, que van más allá de la exigencia de
títulos de idoneidad, y de la previsión del riesgo social que comporta el ejercicio de algunas
actividades (artículo 26 C.N.).

Así, teniendo en cuenta la manera en que el Constituyente reguló la competencia del


legislador para restringir el ejercicio de los derechos fundamentales, se ha de concluir que
los códigos de ética profesional expedidos por el Congreso, sólo tienen fundamento
constitucional, si hacen parte del régimen legal bajo el cual: "...Las autoridades competentes
inspeccionarán y vigilarán el ejercicio de las profesiones...", según el artículo 26 Superior.

Corolario de lo anterior, es que el legislador se extralimita en la función de desarrollar


las restricciones que constitucionalmente puede imponer al ejercicio de los derechos
fundamentales, cuando expide un código de ética en el que se limite cualquier derecho
fundamental diferente al libre ejercicio de la profesión regulada en él”.

Por esto, el legislador de 1971 al erigir como sanciones disciplinarias las dosificó en
forma innominada así: Levísimas, leves y graves. En el primer grupo se encuentran la
amonestación y la censura; en el segundo grupo, la suspensión y, en el tercero la exclusión
de la profesión. El legislador de 2007, redujo a dos grupos igualmente innominados de leves
y graves. En el primero se ubican la censura y la multa (adicionada en 2007) y, en el
segundo grupo: la suspensión y exclusión de la profesión.

El CDA de 2007 eliminó la sanción de amonestación que según el artículo 57 del


Estatuto del Abogado de 1971, consistía en “la reprensión privada que se hace al infractor
por la falta cometida” y según los parámetros ut supra indicados, era posible aplicarla a
cuatro de los diez grupos de faltas disciplinarias, previstos en el Estatuto, así: (i) contra la
dignidad de la profesión (artículo 48); (ii) contra el decoro profesional (artículo 49); (iii) contra
el respeto debido a la administración de justicia (artículo 50); y (iv) contra la recta
administración de justicia (artículo 51).

2.3.2.1.1. La censura jurisdiccional disciplinaria

La censura como sanción disciplinaria se imponía en vigencia del Estatuto del


Abogado de 1971, a los abogados ejercitantes que cometieran faltas disciplinarias según las
circunstancias de modo, tiempo y lugar, la gravedad y levedad de la misma, lo demostrado y
si el grupo de faltas la preveía como posible. En efecto, se podía aplicar la censura en los
diez grupos de faltas, a diferencia de la amonestación que constituía una sanción levísima y
era tan sólo aplicable a cuatro grupos de faltas como antes se vio.

La censura en el mentado Estatuto consistía “en la en la reprobación pública que se


hace al infractor por la falta cometida” (artículo 58), es decir, no aprobar la actividad, aptitud
o acción del abogado ejercitante y en consecuencia darla como una acción mala que debe
reprocharse no sólo privadamente como en la amonestación, sino en forma pública y
generalmente por escrito, pues cabía la posibilidad verbal también. En los juicios
deontológicos o éticos de las profesiones diferentes a la abogacía, aún hoy, se distingue la
censura pública escrita, destinada a faltas leves de la censura pública verbal, destinada a
faltas levísimas.

La censura que proviene del latín “censūra” que significa: “Dictamen o juicio que se
hace o se da acerca de una obra o escrito” y en nuestro criterio, extendido también al juicio
49

o dictamen realizado a la persona en su oficio u profesión por las acciones o faltas


cometidas.

La censura en la historia del derecho, era una “pena eclesiástica del fuero externo,
impuesta por algún delito con arreglo a los cánones” (8). Lo cual significaba que la censura
no simplemente era una sanción por falta a los cánones éticos o profesionales, sino una
pena por delitos en el ámbito del derecho canónico o eclesiástico que implicaba además de
un juicio personal de reprobación por la actividad realizada, una pena de reproche del fuero
eclesiástico aplicable a los destinatarios de la Ley canónica.

La censura tanto en el Estatuto de 1971 como en el CDA de 2007, constituye un


reproche público por faltas disciplinarias cometidas. En efecto, el artículo 41 del CDA,
sostiene que la censura es la “reprobación pública que se hace al infractor por la falta
cometida”, a diferencia de la amonestación que consiste en hacer presente algo para que se
considere, procure o evite. Es en otras palabras, la advertencia, prevención o reprensión que
se hace a una persona para que evite en lo posible no volver a cometerlo o continuar
haciéndolo. En efecto, la amonestación del latín admonêre, tenía un claro sabor de
advertencia, antes que de sanción de reproche propiamente dicha, quizá por ello el CDA de
2007, la eliminó como sanción posiblemente aplicable en materia disciplinaria de los
abogados ejercitantes.

Sin embargo, la amonestación en vigencia de la Ley 734 de 2002, constituye aún una
sanción pues se considera desde el punto de vista jurídico disciplinario, como un “llamado de
atención formal”, al servidor público o al particular con funciones públicas cuando está
incurso en una falta disciplinaria calificada de leve y con grado de culpabilidad de tipo
culposo, previo procedimiento y con el lleno de las garantías sustantivas y procesales para
con aquel servidor estatal. Ese llamado de atención se hará por escrito y se registrará en su
hoja de vida.

Sobre esta sanción disciplinaria de amonestación escrita, se deberá tener en cuenta


que si al momento del “fallo” el servidor público o el particular sancionado presta servicios en
el mismo o en otro cargo similar en la misma entidad o en otra entidad oficial, incluso en
período diferente, deberá comunicarse la sanción al representante legal o a quien
corresponda, para que proceda a hacerla efectiva, según las previsiones del artículo 45 parte
in fine de la Ley 734 de 2002. El artículo 44, numeral 5º establece como sanción disciplinaria
de la amonestación escrita dentro de la escala de gravedad la menor, pero aplica a las faltas
leves en el grado de culposas, pues en el grado de culposas implican la aplicación de la
sanción de multa en las cuantía y mediante los rituales y formalismos previstos en el CDU.

La determinación de si la falta es leve o grave, así como el grado de culpabilidad en


el que puede ubicarse la conducta o actividad del actor o infractor del ordenamiento jurídico
disciplinario vigente, como también se ha analizado ut supra es actividad intelectiva de la
autoridad disciplinante dentro del proceso correspondiente, pero regulada o morigerada
conforme a los criterios para la graduación de la sanción previstos en el artículo 47 de la Ley
citada y los elementos caracterizadores o constitutivos de las faltas leves o graves,
determinados en el artículo 50 Ibídem.

En el informe al Congreso de la República, período 2005 a 2006, el Consejo Superior


de la Judicatura, presenta la labor realizada durante 14 años de existencia, y en particular
_________________

(8) AA.VV. Enciclopedia Encarta. Microsoft 2007. Vía Internet.


50

sobre la imposición de sanciones jurisdiccionales disciplinarias de censura de la profesión de


abogados, están discriminadas así:

AÑOS ABOGADOS EJERCITANTES


SANCIONADOS ABSUELTOS
CON CENSURA
1992 65 202
1993 192 296
1994 162 330
1995 264 463
1996 243 197
1997 263 192
1998 279 88
1999 258 33
2000 249 153
2001 228 133
2002 267 80
2003 277 60
2004 328 88
2005 321 77
Totales 2.665 2.376
FUENTE: AA.VV. Informe al Congreso de la República 2005-2006. En: www.ramajudicial.gov.co

Del anterior cuadro, se infieren los siguientes aspectos: (i) El año 2004 presenta el
mayor número de sancionados con censura: 328 abogados, y por el contrario el año de
1992, fecha en la cual inicia las labores jurisdiccionales disciplinarias el Consejo Superior de
la judicatura, es el que presenta el menor número de sancionados con censura: 65
abogados; (ii) Los años 2004 y 2005, presentan los números homogéneos altos de
sancionados con censura que oscilan entre 321 a 328 abogados; (iii) Los años 1995 a 2003
tienen números homogéneos medios de sancionados con censuran que oscilan entre 243 a
279 abogados; (iv) Los años 1993 a 1994 tienen números homogéneos bajos de
sancionados con censuran que oscilan entre 192 a 162 abogados; (v) El año de 1995
presenta el mayor número de abogados absueltos: 463 y en relación a éstos más de la
mitad han sido sancionados con censura: 264; por el contrario el mínimo número de
abogados absueltos: 202 en relación con el número menor a la mitad de éstos ha sido
sancionado con censura: 65.

A nivel regional los Consejos Seccionales de la Judicatura en relación con la sanción


de censura presenta el siguiente resultado (Ver: Informe al Congreso de la República
2005-2006.):

SANCION DE CENSURA IMPUESTA POR LOS CONSEJOS


SECCIONALES DE LA JUDICATURA EN EL AÑO 2005
SECCIONAL SANCIONADOS ABSUELTOS TOTAL
Antioquia 68 61 803
Atlántico 29 47 285
Bolívar 2 26 195
Boyacá 4 17 276
51

Caldas 13 50 236
Caquetá 1 2 42
Cauca 12 17 158
Cesar 12 27 173
Córdoba 6 12 115
Cundinamarca 93 439 4.614
Chocó 2 3 45
Guajira 5 28 65
Huila 23 5 211
Magdalena 6 59 183
Meta 22 93 162
Nariño 11 16 142
N. de Santander 11 26 61
Quindio 12 7 109
Risaralda 23 43 189
Santander 8 76 450
Sucre 3 39 104
Tolima 26 38 392
Valle 25 44 904
Totales 417 1.175 9.962

Del anterior cuadro comparativo de abogados sancionados, absueltos y el total


general tramitado en cada Consejo Seccional de la Judicatura de Colombia, se puede
deducir los siguientes aspectos: (i) El Departamento de Cundinamarca, por obvias razones
de extensión geográfica y sobre todo de población general y abogados ejercitantes, es el que
presenta mayores totales de procesos disciplinarios y por tanto se refleja en 93 censurados,
439 absueltos de un total de 4.614 procesados; (ii) Los departamentos que presentan
números mínimos de sancionados que oscilan entre 1 y 8 son: Sucre, Santander,
Magdalena, Guajira, Chocó, Córdoba, Caquetá, Boyacá y Bolívar. Aquí existen territorios
geográfica y poblacionalmente altos, así como profesionales del derecho que ejercen la
profesión, pero también departamentos con escasa población y abogados ejercitantes; (iii)
Salvo el Departamento de Antioquia con 68 abogados censurados, los demás
departamentos de Colombia tienen números homogéneos medios de sanción que oscila
entre 29 y 11 censurados.

Pese a los casos presentados se observa en líneas generales que los abogados
sancionados con censura sigue siendo muy bajo en comparación con la población de
abogados ejercitantes que existen en cada departamento de Colombia que realiza sus
labores y funciones con profesionalidad e idoneidad.

2.3.2.1.2. La multa disciplinaria jurisdiccional

En el artículo 42 del CDA, la multa es una sanción de carácter pecuniario que no


podrá ser inferior a un (1) smmlv (salarios mínimos mensuales legales vigentes) ni superior a
cien (100) smmlv, dependiendo de la gravedad de la falta, la cual se impondrá en favor del
Consejo Superior de la Judicatura el cual organizará programas de capacitación y
rehabilitación con entidades acreditadas, pudiendo incluso acudir a los colegios de
abogados.

La multa como sanción disciplinaria no existía en el Estatuto del Abogado de 1971, en


el CDA, constituye una sanción bifronte: (i) con carácter autónomo para cierta clase de faltas;
y (ii) Con carácter complementario o concurrente con las sanciones de suspensión o
52

exclusión de la profesión; y en ambos casos, atendiendo a la gravedad y los criterios de


graduación de la misma, según el inciso 2º del artículo 42 Ibíd.

En consecuencia, la multa es una sanción disciplinaria de carácter pecuniario,


devenida de la potestad sancionadora y del ius puniendi del Estado en la modalidad
disciplinaria y no del poder “impositivo” o de exigencia tributaria, cuya naturaleza jurídica es
diferente, como diversa es la fuente de su exigibilidad y aplicación. Así se aclaró la
naturaleza jurídica administrativa disciplinaria de la multa en la sentencia C-280-96, y así se
tiene en derecho ibérico, pues se considera la “forma más generalizada de sanción
administrativa…que ello sea así encuentra su explicación en razones varias, pero quizá la
más convincente se halle en que posibilita una graduación, ´casi matemática´ entre el daño
causado y su reparación…otra razón…es que constituye un medio de allegar ingresos para
el poder público” en España (10), pues en nuestro país se destina como veremos ut infra
sirve para financiar programas de bienestar social de los empleados de las entidades.

La connotación crematística o pecuniaria e indexable (11) de la multa ha hecho


que los regímenes sancionadores disciplinarios tanto en el derecho comparado como en el
derecho colombiano, no en pocas oportunidades, hayan planteado la instauración de la
multa como sanción disciplinaria prototípica de éste régimen frente a la “interdicción de las
sanciones privativas de la libertad” (Sentencias C-827-01 y C-948-2002), pues el derecho
sancionador disciplinario tiene unos objetivos, fines y causas diferentes a cualquier otro
derecho sancionador del Estado, como por ejemplo, al penal en donde la situación es a la
inversa, es decir, que el prototipo de la sanción es la privación de la libertad del autor o
infractor del ordenamiento jurídico vigente para cumplir con sus más altos fines de protección
al ser humano en la sociedad.

Desde el punto de la cuantía, la multa como sanción no podrá ser inferior al valor
de un (1) smmlv, ni superior a 100 smmlv dependiendo de la gravedad de la falta, la cual se
impondrá en favor del Consejo Superior de la Judicatura el cual organizará programas de
capacitación y rehabilitación con entidades acreditadas, pudiendo incluso acudir a los
colegios de abogados. Esta cuantificación por arriba y por abajo de la multa como
facultad reglada de las autoridades disciplinantes, limita el poder discrecional que éstas
tienen al momento de aplicarla en debida y legal forma.

La multa disciplinaria, a diferencia de la multa judicial impuesta por las


autoridades jurisdiccionales de las diferentes ramas especializadas del derecho, incluida la
penal, es una sanción eminentemente administrativa, pues se impone, previo procedimiento
sancionador disciplinario por autoridades administrativas disciplinantes de auto y
supercontrol, según el caso, y con lleno de las garantías procesales y sustantivas para el
disciplinado o encartado disciplinariamente en una investigación y posterior juzgamiento.
________________________________

(10) GONZALEZ P., J., y GONZALEZ N., F. Comentarios a la Ley de régimen jurídico de las
administraciones públicas… Ob., ut supra cit., p. 1889.
(11) Esta característica de la sanción se evidenció en la sentencia C-280-96, así: “La adopción de
la indexación en la multa disciplinaria, en vez de violar el orden social justo, tiende a realizarlo,
pues este mecanismo permite guardar una debida proporcionalidad entre la gravedad de la
falta y la sanción impuesta, con lo cual se salvaguarda, además, el principio de igualdad. En
efecto, si no existiese este instrumento, entonces el paso del tiempo y los fenómenos
inflacionarios erosionarían el valor de la multa, con lo cual ésta podría no ser proporcional a la
falta cometida y se podría violar la igualdad”.
53

Concomitantemente la Corte en sentencia C-1066-2002 ha sostenido, que la multa


junto a la sanción de destitución y la amonestación escrita, son sanciones temporales de
“índole instantáneo”, a diferencia de las sanciones de inhabilidad general y especial y la
suspensión que son sanciones temporales de “carácter continuado”, significando
adicionalmente con esto, que la multa es una sanción que se cumple tan pronto es decidida
por la autoridad respectiva disciplinante y el acto que la impone esté debidamente
ejecutoriado y sea comunicado debida y oportunamente al funcionario que deba ejecutarlo,
quien tendrá para ello un plazo de diez días, contados a partir de la fecha de recibo de la
respectiva comunicación (artículo 172 Ley 734 de 2002).

2.3.2.1.3. La suspensión disciplinaria jurisdiccional

El artículo 43 del CDA, conceptualiza la sanción de suspensión, como aquella


prohibición de ejercer la profesión por el término señalado en “el fallo” disciplinario proferido
por los Consejos Seccional y Superior de la Judicatura en el procedimiento de audiencias
respectivo. La sanción oscilará entre dos (2) meses y (3) tres años.

El término anterior aumentará según el parágrafo único del artículo mencionado de la


siguiente manera: La suspensión oscilará entre seis (6) meses y cinco (5) años, cuando los
hechos que originen la imposición de la sanción tengan lugar en actuaciones judiciales del
abogado que se desempeñe o se haya desempeñado como apoderado o contraparte de una
entidad pública. Este diferente tratamiento obedece al mayor grado de responsabilidad que
tienen las personas vinculadas o con funciones públicas en el Estado para con la sociedad,
el Estado mismo y las personas a quienes asesora, patrocina o asiste profesionalmente el
abogado ejercitante (artículo 2, 6, 90, 122 a 128 constitucionales). En cambio, el particular
abogado responde por violación del ordenamiento jurídico vigente y por acción u omisión en
sus gestiones o actividades profesionales.

La sanción disciplinaria y en su caso la suspensión del ejercicio profesional de la


abogacía, tiene una función preventiva y correctiva, dirigida genéricamente a garantizar la
efectividad de los principios y fines previstos en la Constitución, la ley y los tratados
internacionales, que se deben observar en el ejercicio de la profesión de abogado, según el
artículo 11 de la Ley 1123 de 2007. Así mismo, desde un punto de vista específico, la
suspensión sanción tiende a garantizar que la función y los deberes funcionales
profesionales del abogado ejercitante cada vez cumplan sus fines de moralización pública,
idoneidad, probidad, legitimidad y libre de cualquier causa que corrompa, interrumpa,
restringa o libre la buena marcha del servicio público y el acceso a la administración de
justicia, en perjuicio de los intereses de la comunidad y del propio Estado. Esta doble función
de la sanción es particularmente relevante en la suspensión, pues la suspensión es una
sanción en el derecho disciplinario colombiano es eminentemente disuasiva, reglada,
aplicable en los procesos adelantados por faltas disciplinarias previstas en el CDA.

La suspensión sanción implica la transitoria desvinculación del ejercicio de la


profesión de abogado en tanto este vigente de la decisión jurisdiccional de las autoridades
disciplinantes competentes. La ley citada fijó el lapso de tiempo de la sanción entre un
mínimo y un máximo de meses, limitando así la amplia discrecionalidad de que podría gozar
la autoridad disciplinante al aplicar la suspensión y borrando definitivamente de la memoria
de otras épocas en donde la suspensión parecía intemporal en la práctica disciplinaria, al
menos de carácter administrativo, pues en el plano jurisdiccional como se dijo apenas se
estrena en 2007.
54

En el informe al Congreso de la República, período 2005 a 2006, el Consejo Superior


de la Judicatura, presenta la labor realizada durante 14 años de existencia, y en particular
sobre la imposición de sanciones jurisdiccionales disciplinarias de suspensión de la profesión
de abogados, están discriminadas así:

AÑOS ABOGADOS EJERCITANTES

SANCIONADOS ABSUELTOS
CON SUSPENSION

1992 53 202
1993 169 296
1994 144 330
1995 179 463
1996 155 197
1997 184 192
1998 197 88
1999 135 33
2000 143 153
2001 127 133
2002 217 80
2003 241 60
2004 323 88
2005 398 77
Totales 2.665 2.376
FUENTE: AA.VV. Informe al Congreso de la República 2005-2006. En: www.ramajudicial.gov.co

Del anterior cuadro comparativo se deduce los siguientes aspectos: (i) El año 2005,
presenta el mayor número de abogados sancionados con suspensión del ejercicio de la
abogacía; por el contrario, el año 1992, fecha de inicio de labores del Consejo Superior de la
Judicatura, presenta el mínimo número de abogados sancionados con suspensión; (ii) Los
años 1993 a 2000, presenta un número total homogéneo bajo de sancionados con
suspensión que oscila entre 135 a 197; (iii) Los años 2002 a 2003, presenta un número total
homogéneo medio de sancionados con suspensión que oscila entre 217 a 241; (iv) Los años
2004 a 2005, presenta un número total homogéneo alto de sancionados con suspensión que
oscila entre 323 a 398; (v) Las diferencias más altas de sancionados en relación al número
de abogados absueltos se presenta en el año 2005, con 398 abogados suspendidos en
relación a 77 absueltos; por el contrario, las diferencias más bajas, se presentan en el año de
1992, de 53 suspendidos frente a 202 absueltos.

A nivel departamental, los Consejos Seccionales de la Judicatura realizan su labor en


el ámbito de su jurisdicción y competencia y respecto de los sancionados con suspensión del
ejercicio de la profesión de abogado, presenta los siguientes resultados:

SANCION DE SUSPENSION IMPUESTA POR LOS CONSEJOS


SECCIONALES DE LA JUDICATURA
EN EL AÑO 2005
SECCIONAL SANCIONADOS ABSUELTOS TOTAL
Antioquia 53 61 803
Atlántico 33 47 285
Bolívar 7 26 195
Boyacá 3 17 276
55

Caldas 15 50 236
Caquetá 2 2 42
Cauca 11 17 158
Cesar 19 27 173
Córdoba 10 12 115
Cundinamarca 178 439 4.614
Chocó 2 3 45
Guajira 11 28 65
Huila 16 5 211
Magdalena 17 59 183
Meta 18 93 162
Nariño 6 16 142
N. de Santander 17 26 61
Quindio 17 7 109
Risaralda 10 43 189
Santander 65 76 450
Sucre 12 39 104
Tolima 32 38 392
Valle 27 44 904
Totales 583 1.175 9.962
FUENTE: AA.VV. Informe al Congreso de la República 2005-2006. En: www.ramajudicial.gov.co

Del anterior cuadro comparativo por departamentos de Colombia, se puede deducir


los siguientes aspectos: (i) Cundinamarca por lo anotado en la sanción de censura, es el
departamento que mayor número de abogados suspendidos tiene en Colombia, con 178 de
4.614 procesados por el Consejo Seccional de la Judicatura; (ii) El departamento del Chocó,
es el que menor número de abogados suspendidos presenta: 2 de 45 procesados
disciplinariamente. Este es uno de los departamentos con menor población profesional de
abogados en Colombia; (iii) Los departamentos de Bolívar, Boyacá, Caquetá y Chocó
presentan índices bajos de abogados sancionados con suspensión que oscilan entre 2 y 7;
(iv) Los demás departamentos, a excepción de Antioquia con 58 y Santander con 65
abogados suspendidos, presentan índice medios de suspensos que oscilan entre 10 y 33; (v)
Comparativamente se observa en todos los departamentos colombianos, que es mayor el
número de abogados absueltos por causas disciplinarias que el de sancionados con
suspensión en promedios que superan las dos terceras partes del total.

Pese a lo anterior, se observa que por la población total de abogados ejercitantes en


Colombia y que laboran en cada departamento, el número de sancionados con suspensión
es apenas significativo con relación a quienes desempeñan la profesión de la abogacía con
profesionalidad, idoneidad y deontología plena.

2.3.2.1.4. La sanción de exclusión de la profesión

El Artículo 44 del CDA conceptualiza la exclusión, como la cancelación de la tarjeta


profesional y la prohibición para ejercer la abogacía.
En tanto en el proceso disciplinario jurisdiccional disciplinario de audiencias la sanción de
exclusión de la profesión de abogado, es la sanción más grave elevada a rango legal, en el
proceso administrativo disciplinario, la destitución del cargo o destino público es la máxima
sanción.

La Ley 734 de 2002, creó un sistema de sanciones disciplinarias acorde y


proporcional con la clasificación de las faltas en gravísimas, graves o leves, “dado el
56

deterioro ético y moral del ejercicio de la función pública, la magnitud de la corrupción


administrativa y el nivel de desconocimiento de los derechos ciudadanos, para que la labor
de control disciplinario pueda resultar eficaz, se consideró necesario que las sanciones sean
más severas y drásticas”, según lo advierte la Exposición de Motivos de la mencionada ley,
pero también para limitar la amplia discrecionalidad en el ejercicio de potestad sancionadora
y el ius puniendi del Estado, o como lo denominan los doctrinantes ibéricos, la “prohibición
de exceso” (12), que no es más que el principio genérico del específico de proporcionalidad
de la sanción que debe corresponder a la gravedad de la falta.

La destitución es la sanción más severa y grave impuesta al servidor público o


particular con funciones públicas, sea cual fuere la rama del poder público o la modalidad en
la que estuviere vinculado al Estado, ya sea de libre nombramiento y remoción, de carrera
o de elección popular.

La destitución como sanción disciplinaria, según el artículo 45 de la Ley 734 de 2002,


por lo anteriormente manifestado implica: (i) La terminación de la relación del servidor
público con la administración, sin que importe que sea de libre nombramiento y remoción, de
carrera o elección; (ii) La desvinculación del cargo, en los casos previstos en los artículos
110 y 278, numeral 1, de la Constitución Política, es decir, cuando el servidor del Estado de
elección popular ha perdido su investidura como congresista o cuando es solicitada la
desvinculación del cargo de cualquier servidor del Estado, previo procedimiento disciplinario
especial adelantado por la Procuraduría General de la Nación por la comisión de faltas
disciplinarias de tipo constitucional previstas en el artículo 278 y anteriormente analizadas;
(iii) La terminación del contrato de trabajo, en el caso de particulares con funciones públicas
vinculados a una cualquiera de las ramas del poder público y en las funciones estatales
diversas incluidas las de educación, a través de contratos laborales como instrumentos
jurídico de reciprocidad obligacional entre el administrado y el Estado.

En todos los casos anteriores, la sanción disciplinaria también implica la imposibilidad


de ejercer la función pública en cualquier cargo o función, por el término señalado en la
decisión administrativa o acto de sanción o gravamen, y la exclusión del escalafón o de la
carrera, para aquellos servidores públicos del Estado que tienen carreras administrativas
generales o especiales (como la judicial, la docente educativa en todos los niveles, etc.).

Por su parte, la exclusión de la profesión siendo la sanción más severa del proceso
jurisdiccional disciplinario de audiencias del abogado ejercitante, ésta implica dos aspectos:
(i) la cancelación de la tarjeta profesional, y (ii) la prohibición para ejercer la abogacía.

El artículo 61 del Decreto 196 de 1971, sostenía con claro sabor a sanción perpetua
que la exclusión de la profesión consistía en la “prohibición definitiva del ejercicio de la
abogacía que conlleva la cancelación de la licencia de abogado”. La terminología utilizada en
aquella fecha era concordante con la habilitación para ejercer la abogacía a quienes sin serlo
(estudiantes de derecho, egresados de las facultades de derecho o abogados sin tarjeta
profesional), por excepción podían ejercer la profesión. Hoy en día la terminología es más
coherente y por ello, se dice que lo que se cancela no es la “licencia”, sino la Tarjeta
profesional, documento público de identificación del abogado cuya solicitud, requisitos,
trámites y expedición están previstos en el Ordenamiento jurídico vigente y los realiza la
_______________________

(12) Vives, Garberi, García, Iñaki, citados en la obra de TRAYTER, Manuel. Manual de Derecho
Disciplinario de los funcionarios públicos. Editorial Marcial Pons, jurídicas, S.A., Madrid,
1992, p. 257
57

Unidad de Registro Nacional de Abogados del Consejo Superior de la Judicatura con sede
en Bogotá.

La prohibición para ejercer la profesión, también mal llamada “muerte profesional del
abogado”, pues la muerte significa definitiva prohibición del ejercicio profesional que en el
caso de la prohibición sin límite de tiempo alguno, significa que algún día podrá volver a
ejercerla, cuando se cumplan las causales, requisitos y procedimientos para la rehabilitación
de la profesión como más adelante veremos en detalle.

En el informe al Congreso de la República, período 2005 a 2006, el Consejo Superior


de la Judicatura, presenta la labor realizada durante 14 años de existencia, y en particular
sobre la imposición de sanciones jurisdiccionales disciplinarias de exclusión de la profesión
de abogados, están discriminadas así:

AÑOS ABOGADOS EJERCITANTES


SANCIONADOS ABSUELTOS
CON EXCLUSION
1992 3 202
1993 11 296
1994 10 330
1995 17 463
1996 13 197
1997 20 192
1998 10 88
1999 10 33
2000 7 153
2001 13 133
2002 17 80
2003 13 60
2004 14 88
2005 9 77
Totales 167 2.376
FUENTE: AA.VV. Informe al Congreso de la República 2005-2006. En: www.ramajudicial.gov.co

Al cuadro anterior se deben hacer las siguientes aclaraciones: 1. El total de abogados


ejercitantes absueltos por cada año, se presentan solo en comparación con la sanción de
exclusión de la profesión y no con las demás sanciones que fueran aplicados en su momento
(suspensión, censura y amonestación); 2. El total de excluidos de la profesión no es
comparativo con el total de absueltos por las razones vistas en el numeral anterior.

El análisis que se puede hacer al total de abogados excluidos de la profesión es el


siguiente: (i) El año de 1997 con 20 abogados excluidos de la profesión representa el mayor
número de sancionados con esta clase de sanción; (ii) El año de 1992, fecha en la que inicia
el funcionamiento del Consejo Superior de la Judicatura, es el que menos sancionados con
exclusión aparece, al excluir a tres (3) de la profesión; (iii) Los años de 1995, 1997, 2002 y
2004 presentan a sancionados con exclusión en un número superior a 14 abogados; (iv) Por
el contrario, los años de 1992, 2000 y 2005, presentan con el menor número de sancionados
con exclusión inferior a 9 abogados; (v) El año de 1999, es en relación al número de
abogados absueltos, en el que más se sancionó con exclusión de la profesión: 10 de 33; (vi)
Por el contrario, el año 1995 es en relación con el número de abogados absueltos, en el que
menos se sancionó con exclusión de la profesión: 17 de 463.
58

A nivel departamental, los Consejos Seccionales de la Judicatura realizan su labor en


el ámbito de su jurisdicción y competencia y respecto de los sancionados con exclusión del
ejercicio de la profesión de abogado, presenta los siguientes resultados:

SANCION DE EXCLUSION DE LA PROFESION IMPUESTA POR LOS


CONSEJOS SECCIONALES DE LA JUDICATURA
EN EL AÑO DE 2005
SECCIONAL SANCIONADOS ABSUELTOS TOTAL
Antioquia 7 61 803
Atlántico 1 47 285
Bolívar 0 26 195
Boyacá 1 17 276
Caldas 10 50 236
Caquetá 0 2 42
Cauca 0 17 158
Cesar 2 27 173
Córdoba 0 12 115
Cundinamarca 2 439 4.614
Chocó 4 3 45
Guajira 0 28 65
Huila 0 5 211
Magdalena 0 59 183
Meta 2 93 162
Nariño 0 16 142
N. de Santander 3 26 61
Quindio 9 7 109
Risaralda 3 43 189
Santander 0 76 450
Sucre 0 39 104
Tolima 2 38 392
Valle 1 44 904
Totales 47 1.175 9.962
FUENTE: AA.VV. Informe al Congreso de la República 2005-2006. En: www.ramajudicial.gov.co

Del anterior cuadro comparativo, extractado del Informe del Consejo Superior de la
Judicatura, se deducen los siguientes aspectos relevantes: (i) Caldas es el departamento
donde se presenta el mayor número de abogados excluidos de la profesión con 10; (ii) En la
mayoría de departamentos colombianos prima la ausencia total de sancionados con
exclusión y otros pocos, presentan índices bajísimos de sanción a pesar de su población
profesional alta de abogados ejercitantes; índices que oscilan entre 1 y 9 excluidos de la
profesión; (iii) El departamento de Cundinamarca que muestra índices altos de sancionados
con sanciones diferentes a la exclusión aquí presenta un número sorprendentemente bajo de
excluidos de la profesión de 2 de 4.614 procesados disciplinariamente.

En comparación con la población profesional de abogados ejercitantes en Colombia,


los índices de sancionados con exclusión de la profesión es muy mínimo, casi inexistente
con relación a la idoneidad, probidad y ética de la gran mayoría de abogados ejercitantes en
nuestro país.

3.3.2.1.5. Cuadros comparativos totales de sanciones disciplinarias en Colombia


desde 1992 a 2007 primer semestre
59

Ahora veamos el cuadro comparativo total de abogados sancionados por la Sala


Jurisdiccional disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, durante el período 1992 a
2005. En éste se observa los altibajos de la sanción de exclusión y la amonestación como
mayor y mínima sanción disciplinaria impuesta por la autoridad jurisdiccional disciplinante,
respectivamente. En este rango se demuestra que son menores los sancionados con
exclusión de la profesión, que es la sanción máxima del procedimiento disciplinario
jurisdiccional de audiencias; en tanto que la sanción de amonestación, siendo la mínima del
procedimiento disciplinario de la abogacía en Colombia, tiene unos índices mayores
comparativamente con la exclusión.

Así mismo, se observa la ascendente cantidad de sancionados con suspensión y


censura, a medida que pasan los años y la labor jurisdiccional disciplinaria del Consejo
Superior de la Judicatura se eleva desde su iniciación en el año de 1992 hasta llegar al 2005,
según el informe tantas veces citado. El cuadro comparativo es el siguiente:

ABOGADOS SANCIONADOS POR EL CONSEJO SUPERIOR DE LA JUDICATURA


EN EL PERIODO 1992 a 2005

AÑO ABSUELTO CLASE DE SANCION


S

Exclusión Suspensión Censura Amonestación Total


1992 202 3 53 65 14 135
1993 296 11 169 192 25 397
1994 300 10 144 162 14 330
1995 465 17 179 264 29 489
1996 177 13 155 243 24 435
1997 192 20 184 263 20 487
1998 88 10 197 279 33 519
1999 33 10 135 258 23 426
2000 155 7 143 249 14 413
2001 133 13 127 228 13 381
2002 80 17 217 267 19 520
2003 60 13 241 277 9 540
2004 88 14 323 328 17 682
2005 77 9 398 321 8 736

Tota 2.376 167 2.665 3.396 262 6.490


l

FUENTE: AA.VV. Informe al Congreso de la República 2005-2006. En: www.ramajudicial.gov.co

Del anterior cuadro, podemos concluir los siguientes aspectos: (i) Los más altos
números de sancionados, según la clase de sanción en los 14 años de labor del Consejo
Superior de la Judicatura, se presentan en las sanciones de suspensión y censura; y entre
estas dos, el mayor número está representado en la sanción de censura: 3.396 abogados;
(ii) Por el contrario, los más bajos números de sancionados se presenta en las sanciones de
exclusión de la profesión y de amonestación; y entre éstas dos, el mayor número se
representa en la sanción de amonestación: 262 abogados; (iii) El año de 1995, presenta el
mayor número de abogados absueltos del período de 14 años, con 465 absueltos; (iv) El año
de 1999, por el contrario, presenta el menor número de absueltos, con 33 abogados; (v) El
número de absueltos más homogéneo alto se presenta durante los años 1992 a 1994, y el
60

número de absueltos más homogéneo bajo se presenta en los años 1995, 2000 y 2001; (vi)
En los años de 2004 y 2005 se presenta los más altos números de sancionados, sin
consideración a la clase de sanción impuesta; por el contrario, el año de 1992 fecha de
iniciación de labores del Consejo Superior de la Judicatura, presenta el más bajo número
total de sancionados durante el período 1992 a 2005; (vii) Los años 1998, 2002 y 2003,
presentan un número total de sancionados superior a 519 y menor a 540; y (viii) Los años
1995, 1996, 1997 y 2000, presentan un número total de sancionados superior a 413 e inferior
a 489 abogados sancionados.

En el año de 2007, primer semestre (13), según las estadísticas de la Sala


Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, fueron sancionados 439 abogados
ejercitantes en Colombia, así: (i) Excluidos de la profesión: 8 abogados; (ii) Suspendidos:
223 abogados; (iii) Censurados: 199 abogados; y (iv) Amonestados: 9 abogados.

La tendencia año por año en la aplicación de las cuatro clases de sanciones es


idéntica en todos los años (1992 a 2007), pues el menor número de sancionados
corresponde a la más grave sanción jurisdiccional disciplinaria: la exclusión y a la mínima
sanción disciplinaria: la amonestación; por el contrario, el mayor número de sancionados
corresponde a las sanciones menos graves o intermedias, como la suspensión y la censura,
y entre éstas dos a la menos grave: la censura.

La tendencia para el presente año muestra que los sancionados con exclusión y
amonestación son menores en comparación con los suspendidos y censurados en nuestro
país donde las cifras sobrepasan los 199 y menores a 223 abogados, respectivamente. Si la
progresión sólo matemática (por que no es una lógica jurídica disciplinaria) continúa
tendremos al final de 2007, 398 censurados y 446 suspendidos, cifras que serían
modestamente mayores a los sancionados por éstos tipos de sanción en el año de 2005.
Finalmente, a la fecha se han absuelto a 36 abogados, los cuales también son previsibles en
la progresión matemática para el final de 2007 que reporten el aumento que igualaría la cifra
del año 2005.

A nivel Departamental, los Consejos seccionales de la Judicatura, muestran el


siguiente consolidado de sancionados desde 1992 a 2005.
CONSEJOS SECCIONALES DE LA JUDICATURA DE COLOMBIA
CONSOLIDADO GENERAL DE ABOGADOS SANCIONADOS Y ABSUELTOS EN
PROCEDIMIENTOS JURISDICCIONALES DISCIPLINARIOS
Año de 2005
Seccional Clase de sanción Decisión
Amon. Cens. Suspen. Exclu. Archivo Absolución Total
Antíoquia 2 68 53 7 612 61 803
Atántico 0 29 35 1 173 47 285
Bolívar 2 2 7 0 158 26 193
Boyacá 0 4 3 1 251 17 276
Caldas 0 13 15 10 148 50 236
Caquetá 0 1 2 0 37 2 42
Cauca 0 12 11 0 118 17 158
Cesar 0 12 19 2 113 27 173
Córdoba 0 6 10 0 87 12 115
C/dinamarc 4 93 178 2 3.898 439 4.614
Chocó 0 2 2 4 34 3 45
61

Guajira 0 5 11 0 21 28 63
Huila 0 23 16 0 167 5 211
Magdalena 2 6 17 0 99 59 183
Meta 6 22 18 2 69 93 162
Nariño 3 11 6 0 106 16 142
N. 0 11 17 3 4 26 61
Santander
Quindio 0 12 17 9 64 7 109
Risaralda 1 23 10 3 109 43 189
Santander 4 8 63 0 297 76 450
Sucre 0 3 12 0 50 39 104
Tolima 1 26 32 2 293 38 392
Valle 1 25 27 1 806 44 904
Totales 26 417 583 47 7.714 1.175 9.962

En el anterior cuadro podemos observar la totalización de las sanciones disciplinarias


jurisdiccionales disciplinarias en el año 2005, comentadas anteriormente en forma
sectorizada, pero en el presente se ha agregado otro indicativo denominado “Decisión” y
éste subdividido en dos: Archivo y Absolución. Con éste nuevo aspecto, se puede analizar
integralmente cuál es el movimiento procesal que han tenido los procesos jurisdiccionales
disciplinarios en relación a la terminación normal con sentencia sancionadora y/o absolutoria;
así como también la terminación anormal del proceso por diversas causales (de cesación o
de improcedencia del proceso, por prescripción o muerte del procesado, sentencia
anticipada por confesión, etc.) que dan lugar al archivo del proceso.

En efecto, se observa un elevado número de procesos archivados por diferentes


causales, frente a los que resultan procesados normalmente y terminan con sentencia
sancionadora y/o absolutoria, lo cual significa que en el transcurso del procedimiento existen
diferentes eventualidades de carácter sustantivo o adjetivo que determinan la terminación
anormal del proceso, pero que conjuntamente con las causales que dan por terminado el
proceso en forma normal, constituyen parte de la labor de las autoridades jurisdiccionales
disciplinantes, así como también del disciplinado y/o su defensor que no sólo deben ser
objeto de lectura de estadísticas judiciales sino de análisis de la verdadera labor de la justicia
disciplinaria y de quienes son sujetos y destinatarios del Ordenamiento jurídico disciplinario
vigente.

2.4. Registro y publicación de las sanciones

El artículo 44 del Decreto 196 de 1971, confería diversas atribuciones al Ministerio de


Justicia en relación a los abogados; entre otras las siguientes: (i) Llevar el registro Nacional
de Abogados; (ii) Expedir la Tarjeta profesional de abogados; (iii) Publicar periódicamente en
la Gaceta del Foro la lista de los abogados inscritos y la de quienes hayan sido suspendidos
o excluidos de la profesión; (iv) Publicar las sanciones disciplinarias impuestas a los
abogados, de conformidad con lo que dispone el artículo 62 del decreto citado, es decir, que
las sanciones disciplinarias se anotarán en el Registro del abogado y, excepto la
amonestación, se publicarán en la Gaceta del Foro, o en su defecto en el Diario Oficial y (v)
Inspeccionar la moralidad y legalidad del ejercicio de la profesión de abogado.

El artículo 62 fue declarado exequible mediante la Sentencia de la Corte


____________________

(13) AA.VV. Ámbito Jurídico. Ed. Legis S.A., Agosto 12. No. 230, Bogotá, 2007, p. 2.
62

Constitucional C-060-1994, que entre otros aspectos sostuvo: “ si los procesos disciplinarios
que se adelantan contra los abogados, son públicos, no halla la Corte razón válida alguna
para impedir la publicación de las sanciones, distintas a las de amonestación, que se les
impongan…la citada publicidad, tiene íntima relación con el concepto de seguridad jurídica,
que la ciudadanía en general tiene derecho a saber que las ilicitudes han sido investigadas y
que los responsables de conductas antiéticas, deshonestas, y, en fin, contrarias a la
Constitución y la ley, han sido debidamente sancionadas, máxime si se trata de abogados
cuya misión principal es colaborar con la justicia, fin esencial del Estado social del derecho”

A partir de la expedición del Decreto 2652 de 1991 que reglamentó la organización,


estructura y funcionamiento del Consejo Superior de la Judicatura, establecido en los
artículos 254-2 y 256-3 de la Constitución de 1991, las funciones del Ministerio de Justicia en
relación a los abogados y los funcionarios y empleados de la rama judicial, se transfirieron en
lo disciplinario, como en lo de registro y control de las sanciones disciplinarias, la
preparación y expedición de las tarjetas profesionales y sobre todo en lo relativo a la
publicación de las sanciones impuestas a los abogados previo procedimiento jurisdiccional
disciplinario.

La Ley Estatutaria de la Justicia o Ley 270 de 1996, ratificó las anteriores funciones y
otras muchas más, a partir del artículo 75 a 112. La ley crea entre otros organismos de
administración, control y vigilancia del ejercicio profesional de la abogacía, la Unidad de
Registro Nacional de Abogados (artículo 85) que se encargará entre otros múltiples
funciones la de expedir la Tarjeta profesional, previa verificación de los requisitos
establecidos en la Ley.

El artículo 111 de la Ley 270, ratifica el texto constitucional en lo relativo a la


jurisdicción, competencia y efecto de las decisiones jurisdiccionales proferidas por las salas
jurisdiccionales disciplinarias en el seno de un procedimiento disciplinario contra los
abogados ejercitantes como los funcionarios judiciales, al decir, que “las providencias en
materia disciplinaria…son actos jurisdiccionales no susceptibles de acción contencioso
administrativa”, y agrega el inciso 3º: “toda decisión disciplinaria de mérito, contra la cual no
procede recurso alguno, adquiere la fuerza de cosa juzgada” , excepto la acción de tutela por
vía excepcional cuando se demuestre “vías de hecho” en la sentencia o violación del
derecho sustancial o los derechos fundamentales previstos en la Constitución.

La Sentencia C-037-1996 Febrero 5, al examinar la constitucionalidad de la ley


Estatutaria, y en particular el artículo 111 incisos 2º y 3º, sostuvo: “…entonces las
providencias que dicte la Sala Jurisdiccional Disciplinaria son en realidad sentencias y por
tanto, cuentan con la misma fuerza y efectos jurídicos que aquellas que profieran cualquier
otra autoridad judicial”.

Ahora bien, el CDA de 2007 al reglamentar lo atinente al registro y publicación de las


sanciones disciplinarias, prevé como normas guías y orientadoras de la actividad
jurisdiccional disciplinaria, la principalística que hemos comentado en otra parte de ésta
Obra, no sólo aplicable a los sujetos procesales del procedimiento disciplinario de
audiencias, sino al ritual procesal mismo y a la consecuencia jurídico procesal final de éste:
las sentencias. En efecto, se prevé para todo el procedimiento disciplinario la vigencia entre
otros principios aplicable a éste y a las sanciones disciplinarias, la publicidad

Uno de los principios rectores del procedimiento disciplinario regido por el Decreto
citado, era el de publicidad, el cual consistía según el artículo 56 en que toda actuación
disciplinaria será conocida por los intervinientes a partir de la resolución de apertura de la
63

investigación disciplinaria y será pública a partir de la audiencia de juzgamiento. Eso


significaba que si la decisión judicial definitiva que era la sentencia en la cual se imponía una
sanción disciplinaria jurisdiccional, ésta corría la suerte jurídico procesal del principio que
impregnaba a la audiencia de juzgamiento toda: la publicidad, instituida no sólo para hacer
conocer erga omnes a la sociedad sobre la imposición de una sanción disciplinaria a un
abogado ejercitante que no lo hacía idónea, proba, ética y cumpliendo la deontología
establecida en el Ordenamiento jurídico vigente, sino que perseguía tender un velo de
transparencia sobre las actuaciones del profesional del derecho, artífice principal de la
administración de justicia, vehículo idóneo para efectivizar el derecho constitucional de
acceso a la justicia y representante profesional de los derechos, libertades e intereses
jurídicos de las personas naturales o jurídicas, tanto de derecho privado como derecho
público.

Por su parte, el artículo 47 del CDA de 2007, expresa que una vez se haya notificado
la sentencia de segunda instancia conforme al ordenamiento jurídico vigente, la oficina de
Registro Nacional de Abogados anotará la sanción impuesta. Esta comenzará a regir a partir
de la fecha del registro.

Para tal efecto, la Secretaría Judicial de la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del


Consejo Superior de la Judicatura, luego de la referida notificación hará entrega inmediata de
copia de la sentencia a la oficina de registro.

3.5. Criterios para la graduación de las sanciones

La principalística estudiada en la Parte Segunda de esta Obra aplicable al


procedimiento disciplinario de audiencias contra los abogados ejercitantes y prevista en el
CDA es perfectamente viable y particularmente a la actividad sancionadora de las
autoridades jurisdiccionales disciplinarias, máxime cuando sólo se puede sancionar al
disciplinado previo debido proceso y que la falta esté prefijada en el Ordenamiento Jurídico
vigente (principio de legalidad o tipicidad), que el disciplinado es enjuiciado por faltas que
afectan los deberes de la ética y desempeño profesional en forma antijurídica (principio de la
antijuridicidad de la falta) y en alguna forma o grado de culpabilidad, es decir, con dolo o por
excepción por culpa (principio de culpabilidad).

El CDA a tenor del artículo 46, expresa que toda sentencia deberá contener una
fundamentación completa y explícita sobre los motivos de la determinación cualitativa y
cuantitativa de la sanción, indicando con esto que el principio de la motivación de las
providencias judiciales, más cuando se trata de la final de carácter sancionadora, es otro de
los principios cardinales dentro de la actividad de las autoridades disciplinarias que deben
observarse ineludiblemente al momento de dictarse sentencia.

Pero a la par de los principios constitucionales y legales vigentes en materia


sancionadora disciplinaria (además de los principios de razonabilidad, necesidad y
proporcionalidad previstos en el artículo 13 del CDA), las autoridades jurisdiccionales
competentes para imponer sanciones deben observar los criterios de graduación de la
sanción que como facultades regladas (que no discrecionales) están previstas y amparadas
en el CDA con el concepto jurídico de relación numerus clusus o de aplicabilidad taxativa.

El legislador de 2007, prefirió a diferencia del CDU de 2002, no simplemente


relacionar unos parámetros conceptuales a manera de criterios de graduación de la sanción
como aparecen en esta codificación general disciplinaria para todos los servidores del
Estado, sino que fue más allá para establecer en el CDA de 2007, grupos de criterios
64

aplicables al momento de la imposición de cualquier sanción disciplinaria en el caso


concreto. Cada grupo de criterios generales, criterios de atenuación y criterios de agravación
sancionadora, se subdivide en diversos elementos que actúan como criterios específicos o
especializados del grupo. Esta pormenorizada como dedicada labor del legislador
disciplinario del 2007 indica la alta capacidad reglamentaria que impuso al juzgador
disciplinario para que la capacidad discrecional de éste sea mínima y podría decirse casi
inexistente, como pasamos a analizar brevemente cada grupo con los criterios específicos
que lo conforman.

El primer grupo denominado de los criterios generales, contiene los siguientes


específicos: 1. La trascendencia social de la conducta; 2. La modalidad de la conducta; 3. El
perjuicio causado; 4. Las modalidades y circunstancias en que se cometió la falta, que se
apreciarán teniendo en cuenta el cuidado empleado en su preparación; 5. Los motivos
determinantes del comportamiento.

El segundo grupo, relativo a los criterios de atenuación, contiene los siguientes


específicos: 1. La confesión de la falta antes de la formulación de cargos. En este caso la
sanción no podrá ser la exclusión siempre y cuando carezca de antecedentes disciplinarios;
y, 2. Haber procurado, por iniciativa propia, resarcir el daño o compensar el perjuicio
causado. En este caso se sancionará con censura siempre y cuando carezca de
antecedentes disciplinarios.

El Tercer grupo, relacionado a los criterios de agravación sancionadora, contiene los


siguientes específicos: 1. La afectación de Derechos Humanos; 2. La afectación de derechos
fundamentales; 3. Atribuir la responsabilidad disciplinaria infundadamente a un tercero; 4. La
utilización en provecho propio o de un tercero de los dineros, bienes o documentos que
hubiere recIbído en virtud del encargo encomendado; 5. Cuando la falta se realice con la
intervención de varias personas, sean particulares o servidores públicos; 6. Haber sido
sancionado disciplinariamente dentro de los 5 años anteriores a la comisión de la conducta
que se investiga; 7. Cuando la conducta se realice aprovechando las condiciones de
ignorancia, inexperiencia o necesidad del afectado.

Estos criterios son una especie de directrices regladas por el legislador para dosificar
o graduar la aplicabilidad de las sanciones dentro los procedimientos disciplinarios de
conformidad con parámetros normativos internacionales previstos en los Convenios y los
Tratados internacionales sobre derechos humanos, derecho internacional humanitario o de
derechos constitucionales y fundamentales, muchos de los cuales han sido incorporados al
ordenamiento jurídico interno a través de leyes aprobatorias de tratados públicos, así como
también fundados en principios constitucionales y legales que regulan la potestad
sancionadora y el ius puniendi del Estado en la modalidad disciplinaria.

3.5.1. Criterios generales para la imposición de la sanción

Las directrices para la dosimetría de las sanciones de carácter disciplinario son una
técnica de graduación del legislador de 2007. Estos criterios o directrices se relacionan in
extenso de la siguiente manera: 1. La trascendencia social de la conducta; 2. La modalidad
de la conducta; 3. El perjuicio causado; 4. Las modalidades y circunstancias en que se
cometió la falta, que se apreciarán teniendo en cuenta el cuidado empleado en su
preparación; 5. Los motivos determinantes del comportamiento.
65

El CDA de 2007 retoma estos cinco criterios para la graduación de la sanción del
artículo 43 del CDU de 2002, el cual a su vez, los identifica como criterios para la graduación
de la gravedad o levedad de la falta disciplinaria.

En efecto, la Ley 734 de 2002, relaciona los criterios por los cuales se determinará si
la falta es grave o leve. Estos criterios son: 1. El grado de culpabilidad; 2. La naturaleza
esencial del servicio; 3. El grado de perturbación del servicio; 4. La jerarquía y mando que el
servidor público tenga en la respectiva institución; 5. La trascendencia social de la falta o el
perjuicio causado; 6. Las modalidades y circunstancias en que se cometió la falta, que se
apreciarán teniendo en cuenta el cuidado empleado en su preparación, el nivel de
aprovechamiento de la confianza depositada del investigado o de la que se derive de la
naturaleza del cargo o función, el grado de participación en la comisión de la falta, si fue
inducido por un superior a cometerla, o si la cometió en estado de ofuscación originado en
circunstancias o condiciones de difícil prevención y gravedad extrema, debidamente
comprobadas; 7. Los motivos determinantes del comportamiento; 8. Cuando la falta se
realice con la intervención de varias personas, sean particulares o servidores públicos; y 9.
La realización típica de una falta objetivamente gravísima cometida con culpa grave, será
considerada falta grave.

“Cuando el legislador consagró una clasificación de las faltas disciplinarias entre


graves y leves en el artículo acusado, y estableció unos criterios con base en los cuales el
investigador disciplinario deba definir sobre la responsabilidad final en materia disciplinaria
de los servidores públicos, para efectos de aplicar la correspondiente sanción, lo hizo
atendiendo a los postulados generales de los regímenes punitivos aceptados por el
ordenamiento constitucional, en la forma vista, con claro desarrollo de las facultades
legislativas en materia de definición de la responsabilidad disciplinaria de los funcionarios
públicos, dentro de lo cual, es evidente que la misma puede ser graduada de conformidad
con el nivel de culpabilidad con que se actúa y la intensidad de la lesión que se produzca en
los bienes jurídicos protegidos con la ley disciplinaria” (C-708-1999). Estos criterios
preestablecidos en la Ley 734 de 2002 se han relacionado por el legislador para graduar la
responsabilidad disciplinaria de los servidores del Estado.

La Corte en sentencia C-292-00, que reitera las conclusiones jurídicas sobre los
criterios para determinar la gravedad o levedad de las faltas previsto en la sentencia C-708-
99 ha sostenido: "De manera pues que, no todas las faltas disciplinarias afectan
gravísimamente los bienes jurídicos protegidos por el régimen disciplinario; de ahí que, a
partir de la valoración de los diversos niveles de lesión, el legislador, como resultado del
ejercicio de sus facultades, apoyado en la intensidad de afectación que observe en esos
bienes jurídicos por cada una de tales faltas y siguiendo la gravedad del injusto, tenga la
potestad de crear y clasificar las conductas tipificadas como infractoras, en formas
atenuadas o agravadas para efectos de la imposición de la sanción".

3.5.1.1. La trascendencia social de la conducta

La función y el servicio público de la administración de justicia, junto con las


finalidades del Estado previstos en el artículo 2º de la Constitución son prioritarios en todo
Estado Social de Derecho para todos aquellas autoridades jurisdiccionales disciplinarias
(Consejos Seccionales y Superior de la Judicatura) que se hallan involucrados
decididamente en la recta y cumplida administración de justicia, así como también para
quienes posibilitan el acceso y la efectividad de la misma, tales como los abogados
ejercitantes que tienen una triple responsabilidad para con el Estado, la sociedad y las
personas naturales o jurídicas, pública o privadas que contratan sus servicios profesionales
66

de la abogacía (Preámbulo, artículos 2, 6, 25, 26 y 209). Quizá por ello, la labor profesional
del abogado es tan decisiva, permeable, comprometedora y trascendente en la comunidad
toda y no simplemente para con la persona que requiere sus servicios profesionales a
cualquier título y forma de prestación: consultoría, apoderamiento judicial o extrajudicial,
asistencia, etc.

Ahora bien, si la trascendencia de su labor es tan determinante en la administración


de justicia como en la sociedad y en particular con las personas que contratan sus servicios,
igual o mayor trascendencia aún, tendrán las labores, actividades o funciones que realice el
abogado por fuera del ordenamiento jurídico vigente, desconociendo la deontología prevista
en el CDA o encasillándose en unas de conductas típicas de falta disciplinaria previstas en el
ordenamiento jurídico vigente y particularmente en los artículos 29, 30 a 39 del CDA. Por
ello, este criterio general para observar la gravedad o levedad de la sanción a imponérsele al
abogado ejercitante en el momento de comprobársele plenamente la responsabilidad y
comisión de la falta, debe ser determinante su análisis y examen por parte de la autoridad
judicial disciplinaria.

3.5.1.2. La modalidad de la conducta

Hemos sostenido con base en el artículo 5 del CDA, que en materia jurisdiccional
disciplinaria, al igual que en materia disciplinaria en general, que frente a las conductas de
las personas o en este caso de los abogados ejercitantes sólo se podrá imponérsele sanción
por faltas realizadas con culpabilidad, es decir, que las faltas disciplinarias sólo son
sancionables a título de dolo o por culpa, aunque esta última modalidad por excepción
(artículo 21 Ibíd). Así mismo, que las faltas disciplinarias catalogadas como tales se realizan
bien por acción o por omisión de sus actores (artículo 20 Ibíd); y que, en todo caso, el CDA
estima que en materia disciplinaria queda proscrita toda forma de responsabilidad objetiva.

Son éstos los parámetros reglados que debe observar la autoridad jurisdiccional
disciplinaria al momento de imponer una sanción disciplinaria.

3.5.1.3. El perjuicio causado

Este criterio general para imponer una sanción consiste en la determinación del daño
o perjuicio causado a la persona natural o jurídica, privada o pública con la conducta
realizada y constitutiva de falta disciplinaria.

El perjuicio es el detrimento patrimonial que sufre la persona que contrata o requiere


los servicios profesionales del abogado, los cuales deberá, si fuere el caso, indemnizar o
resarcirlos oportuna, cumplida y razonadamente, bien sea por vía extrajudicial o
judicialmente. Sin embargo, para el caso que nos ocupa, el criterio general que tiene en
cuenta la autoridad jurisdiccional disciplinaria es sólo la determinación clara, inequívoca y
demostrada así sea sumariamente que se ha producido un perjuicio o daño con la comisión
de una falta disciplinaria en perjuicio de una persona identificable o identificada, lo que debe
primar para imponer y graduar la sanción en el momento de la sentencia, pues los efectos
jurídicos del perjuicio o daño irrogado serán objeto, de no ser posible resarcirlos en el
procedimiento disciplinario correspondiente (situación jurídica de difícil ocurrencia y
posibilidad, si se trata de perjuicios materiales, pues este no es el objetivo principal del
procedimiento jurisdiccional disciplinario, aunque procurar su resarcimiento si es causal de
atenuación de las sanciones, como veremos ut infra), deberá indicar de ser posible
igualmente, la vía judicial competente para lograr dicho resarcimiento.
67

La Corte al analizar la exequibilidad del artículo 29 de la Ley 734 de 2002, retomó la


argumentación por ella vertida en la sentencia C-103-97, especialmente en lo referido a la
autonomía que tiene el legislador ordinario en Colombia, constituir faltas, sanciones, así
como criterios para la graduación de unas y otras y en tal virtud, para establecer directrices
legales para la dosificación de la gravedad o levedad de las sanciones “todo de acuerdo con
la apreciación, análisis y ponderación que efectúe acerca de los fenómenos de la vida social
y del mayor o menor daño que ciertos comportamientos puedan estar causando o llegar a
causar en el conglomerado”. De tal suerte, que hoy al establecerse tanto el resarcimiento del
daño o la compensación del perjuicio causado y la gravedad del daño social causado como
criterios de dosimetría sancionadora disciplinaria en procesos regulados por la Ley 734 de
2002 e incluso en la derogada Ley 200 de 1995, resulta procedente reconocer que sobre el
análisis de constitucionalidad de las criterios e, y g, del artículo 47 actual, se ha producido el
fenómeno de la cosa juzgada constitucional y a nuestros efectos, además sostener que son
válidos íntegramente los argumentos de aquella sentencia, particularmente sobre la cláusula
general de competencia legislativa y la apreciación holistica de la vida social, económica y la
evaluación del daño y su reparación integral o parcial.

3.5.1.4. Las modalidades y circunstancias en las que cometió la falta

El numeral 4, del literal A, del artículo 45 del CDA, sostiene que estos criterios
determinantes para la graduación de la sanción, se apreciarán teniendo en cuenta el cuidado
empleado por el sujeto disciplinante en la preparación de la falta disciplinaria.

El numeral 7 del artículo 27 de la Ley 200 de 1995, relacionaba a título de


enunciación numerus apertus o no taxativo; entre otros, los siguientes motivos determinantes
del comportamiento disciplinario: a) La naturaleza de la falta y sus efectos se apreciarán
según la trascendencia social de la misma, el mal ejemplo dado, la complicidad con
subalternos y el perjuicio causado; y b) Las modalidades o circunstancias de la falta se
apreciarán teniendo en cuenta su cuidadosa preparación, el grado de participación en la
comisión de la misma y el aprovechamiento de la confianza depositada en el agente.

El nuevo CDU de 2002, reestructuró la anterior clasificación de una forma más


técnica tanto jurídica como tácticamente en el artículo 43 intitulado: criterios para determinar
la gravedad o levedad de la falta. En efecto, convirtió los llamados motivos determinantes de
la conducta en la Ley 200, en criterios independientes para evaluar la gravedad o levedad de
la falta (literales a, y b); otros, en criterios refundidos en uno solo denominado “modalidades
y circunstancias en que se cometió la falta (liberales e y h,); algunos más, en criterios
genéricos y subsumidos en otros (literales c y d); y finalmente, excluyó como tales a la
confesión de la falta antes de la formulación de cargos, prevista en el literal f, que en su
momento fue analizado por la Corte Constitucional y declarado exequible sólo en los
términos “antes de la formulación de cargos” (14), pues en nuestro sentir la confesión
disciplinaria es una institución jurídica autónoma evaluable por las autoridades disciplinantes
en su justo momento procesal y que pertenece volitivamente al disciplinado provocarla o no
según fuere las razones y circunstancias de todo tipo al hacerlo o no y previendo sus
correspondientes resultados.

El CDA de 2007, toma las modalidades y circunstancias en las que se cometió la falta
como criterios generales para la dosificación de la sanción, las cuales serán tenidas en
cuenta por la autoridad jurisdiccional disciplinaria en el momento de la evaluación probatoria
y sobre todo en la imposición de la sanción mediante sentencia judicial. Sin embargo, son
válidas doctrinalmente hablando las previsiones que sobre éstas modalidades y
circunstancias se hacía en la Ley 200 de 1995 y cómo perfeccionó el sistema la Ley 734 de
68

2002. Decimos doctrinalmente, pues al derogarse la Ley 200 esta perdió vigencia y
consideración de fuente formal legislativa del derecho, pero permanecen los criterios
doctrinarios e incluso los jurisprudenciales vertidos por la Corte en su momento.

2.5.1.5. Motivos determinantes del comportamiento

De igual forma, el numeral 7 del artículo 27 de la Ley 200 de 1995, relacionaba a


título de enunciación numerus apertus o no taxativo; entre otros, los motivos determinantes
del comportamiento disciplinario, los cuales se decía se apreciarán según se haya procedido
por causas innobles o fútiles o por nobles y altruistas. El CDU de 2002, los refundió junto a
otros en los denominados criterios genéricos de la graduación de la gravedad o levedad de
la falta disciplinaria en el artículo 43. Hoy por hoy, las ejemplificaciones de los motivos
determinantes como producto de causas nobles o innobles nos sirven de lineamientos
doctrinales, más no legislativos, pues el legislador disciplinario actual prefirió plantear como
criterio específico un término abierto: “motivos determinantes del comportamiento” humano y
dejar a la jurisprudencia principalmente y a la misma doctrina para que decanten cuáles y
qué peso específico tienen en la graduación de la sanción disciplinaria por parte de la
autoridad sancionadora competente.

El Motivo, es la causa o razón que mueve para algo. En el presente caso se requiere
que esas causas o razones sean determinantes del comportamiento humano, es decir, en
los motivos que tiene el abogado ejercitante para actuar contra el Ordenamiento Jurídico
vigente, contra el Código de Deontología del Abogado o concretamente cometiendo faltas o
tipos disciplinarios así catalogados por el Código Disciplinario del Abogado, en perjuicio de
las personas que requieren o contratan sus servicios profesionales, los colegas presentes en
diligencias extra e intra procesales, las autoridades jurisdiccionales cualquiera sea su grado,
categoría o pertenencia a la rama judicial o incluso cualquier otra persona o autoridad
administrativa o legislativa que por excepción administre justicia (artículo 116 constitucional,
artículo 1, 82 y 83 del C.C.A.)

El CDA de 2007, individualiza el criterio de motivos determinantes del


comportamiento dentro del primer grupo denominado generales, los cuales por esa
connotación son aplicables genéricamente para cualquier tipo de sanción disciplinaria que se
determine asignarle en la sentencia al sujeto disciplinado según lo demostrado y probado y
referido a la responsabilidad y culpabilidad de la comisión de la falta.

2.5.2. Los criterios de atenuación de las sanciones

El segundo grupo, relativo a los criterios de atenuación, contiene los siguientes


específicos: 1. La confesión de la falta antes de la formulación de cargos. En este caso la
sanción no podrá ser la exclusión siempre y cuando carezca de antecedentes disciplinarios;
y, 2. Haber procurado, por iniciativa propia, resarcir el daño o compensar el perjuicio causa-
_________________________

(14) En efecto, en sentencia C-280-1996, la Corte Constitucional consideró que: La disposición


acusada fija un criterio de modulación de la falta disciplinaria y un elemento para la
dosificación de la sanción, pero no se convierte en un instrumento de coacción que obligue al
sujeto disciplinable a declarar contra sí mismo. En efecto, el texto legal demandado no
contiene precepto que establezca la obligación de la persona investigada de confesar la falta
cometida, sino simplemente brinda un beneficio a la persona que lo haga. Es el individuo
sometido a una investigación disciplinaria el que libremente toma la decisión de confesar,
teniendo en consideración los beneficios o perjuicios que puede desencadenar la conducta
que asuma”.
69

do. En este caso se sancionará con censura siempre y cuando carezca de antecedentes
disciplinarios.

3.5.2.1. La confesión como criterio de atenuación sancionadora

La confesión, como acto volitivo, libre de cualquier tipo de presión realizado por el
sujeto disciplinado en un procedimiento jurisdiccional disciplinario tiene unas connotaciones
jurídicas diferentes si se hace antes y después de la formulación de cargos, en vigencia del
CDA de 2007.

En vigencia del artículo 27 de la Ley 200 de 1995, la confesión antes de la


formulación de los cargos, no constituía un criterio para dosificación de las faltas, sino un
criterio para la graduación de las sanciones, tal como fue corregido en la Ley 734 de 2002 en
el artículo 47-d, pues la autoridad disciplinante debe analizar la postura del disciplinado en su
toda su amplitud al momento de decidir sobre la imposición de la sanción o si fuere del caso,
o de la abstención de hacerlo, si encuentra ante alguna causal de eximencia de la
responsabilidad disciplinaria y de ninguna forma al momento de iniciar la investigación
disciplinaria y de determinar la clase de falta y el nivel de gravedad o levedad de la misma.

La confesión antes de la formulación de cargos, es “un criterio que indudablemente


favorece al implicado es el cuestionado, toda vez que quien confiese su falta antes de que se
le formulen cargos admite los hechos y sus consecuencias, entre ellas su responsabilidad y
evidencia su colaboración con la administración, porque ya no será menester agotar otras
diligencias en el proceso disciplinario -que eventualmente pueden resultar onerosas- para
deducirle responsabilidad al implicado”, según lo determinó la Corte en sentencia C-280-
1996.

El CDU de 2002, al excluir la confesión del investigado disciplinariamente como uno


de los criterios de graduación de la gravedad o levedad de la falta disciplinaria (artículo 43),
la reconduce acertadamente como uno de los criterios para graduar la sanción como
producto o efecto jurídico disciplinario de la comisión de una falta en el artículo 47, literal d,
de la Ley 734 de 2002, pues en verdad la confesión como entidad jurídica autónoma además
de ser un medio probatorio eficaz en el ámbito jurisdiccional como administrativo, no debe
ser tenida en cuenta, a priori en la causa (falta) sino a posteriori en el efecto (la sanción) ya
que la confesión es el medio entre una y otra.

En el CDA de 2007, la confesión realizada antes de la formulación de cargos en el


transcurso de la audiencia de prueba y calificación provisional prevista en el artículo 105 y
más concretamente cuando se han evacuado las pruebas decretadas en la audiencia y se
procede a la calificación jurídica de la actuación disciplinaria. Una de las formas de calificar
el procedimiento disciplinario es formulando los cargos en contra del disciplinado. Es justo en
este antes de este momento procesal, cuando puede sobrevenir la confesión como acto
volitivo del disciplinado para que opere la aplicación del criterio atenuador de la sanción
disciplinaria a imponer por la autoridad disciplinante competente.
El parágrafo único del artículo 45 del CDA, ante el acto voluntario del disciplinado de la
confesión rendida y practicada conforme al ordenamiento jurídico vigente (C.P.P. y CDA),
procederá a dictar sentencia que dará como consecuencia lógica jurídica la terminación
anticipada o anormal del procedimiento disciplinario.

Ahora bien, la confesión como criterio de atenuación de la sanción disciplinaria tiene


por finalidad reglada evitar que al disciplinado, sí eso fuere menester y estuviese probada
plenamente la responsabilidad de la comisión de la falta por parte de éste, el que no se le
70

imponga la sanción disciplinaria máxima en el procedimiento de audiencias, cual es, la


exclusión de la profesión de la abogacía, “siempre y cuando carezca de antecedentes
disciplinarios” el disciplinado.

3.5.2.2. Procurar resarcir el daño o perjuicio causado

El numeral 2º del literal B, del artículo 45 del CDA de 2007, estima que el haber
procurado, por iniciativa propia, resarcir el daño o compensar el perjuicio causado, constituye
un criterio de atenuación de las sanciones disciplinarias.

Este criterio es una consecuencia tácita o expresa de la confesión de la comisión de


una falta o tipo disciplinario, pues sólo podría procura resarcir el daño o compensar el
perjuicio causado, quien previamente reconoce que cometió una falta catalogada de
disciplinaria por el Ordenamiento Jurídico vigente y es consciente humana, material y
jurídicamente que dicha comisión produjo un daño o perjuicio irrogado a una persona natural
o jurídica, privada o pública. Caso contrario, sería de difícil ocurrencia la procuración o
materialización de la posibilidad de resarcimiento o más aún de indemnización de algo que
inexiste (falta inexistente), que no lo ha cometido, que no la pudo realizar o era de difícil o
imposible ocurrencia. En tal virtud, sólo procuraría resarcir o redimir un daño, quien lo
comete o es consciente de haberlo irrogado así sea por omisión.

Ahora bien, el disciplinado que se halle en las circunstancias y eventualidades de


procurar el resarcimiento del daño o compensación del perjuicio, probada así sea
sumariamente, el CDA en forma reglada autoriza a la autoridad jurisdiccional competente
para que si fuere del caso, se sancione con censura “siempre y cuando carezca de
antecedentes disciplinarios”.

No vemos inaplicable la concurrencia de los criterios de atenuación de la sanción de


la confesión y el presente de la procuración del resarcimiento del daño y compensación del
perjuicio, por lo dicho anteriormente, pues la confesión es la causa y la procuración es el
efecto.

El artículo 47 del CDU de 2002, prevé como criterios para la graduación de las
sanciones, así: 1. La cuantía de la multa y el término de duración de la suspensión e
inhabilidad se fijarán, entre otros criterios, los siguientes: “e) Haber procurado, por iniciativa
propia, resarcir el daño o compensar el perjuicio causado”. Es decir que el criterio si
calificarse de atenuante o agravante, era aplicable a unos tipos de sanción disciplinaria sí
efectivamente se llegare a presentar. Esto constituía un avance al sistema empleado por la
Ley 200 de 1995, que en forma antitécnica pero no injurídica, establecía luego de relacionar
las diferentes clases de sanciones disciplinarias consideradas principales, tales como la
amonestación, multa, suspensión, destitución, etc., la siguiente advertencia en la parte in fine
del artículo 29 de la Ley 200 de 1995: “Para la selección o graduación de las sanciones se
tendrá en cuenta la gravedad de la falta, el resarcimiento del perjuicio causado, así fuera
en forma parcial, la situación económica del sancionado y el estipendio diario derivado de su
trabajo y las demás circunstancias que indique su posibilidad de pagarla”. Este inciso fue
examinado y encontrado exequible por la Corte mediante sentencia C-181-2002. Texto que
había sido examinado por otras causas en otras épocas.

La Corte al analizar la exequibilidad del artículo 29, retomó la argumentación por ella
vertida en la sentencia C-103-97, especialmente en lo referido a la autonomía que tiene el
legislador ordinario en Colombia, para constituir hechos y conducta humanas en faltas o
sanciones, así como construir criterios para la graduación de unas y otras y en tal virtud,
71

para establecer directrices legales para la dosificación de la gravedad o levedad de las


sanciones “todo de acuerdo con la apreciación, análisis y ponderación que efectúe acerca de
los fenómenos de la vida social y del mayor o menor daño que ciertos comportamientos
puedan estar causando o llegar a causar en el conglomerado”. De tal suerte, que hoy al
establecerse tanto el resarcimiento del daño o la compensación del perjuicio causado y la
gravedad del daño social causado como criterios de dosimetría sancionadora disciplinaria y
que han sido objeto de análisis de constitucionalidad en vigencia de la Ley 200 de 1995,
aunque en forma subsumida en una sola causal, resulta procedente reconocer que sobre el
análisis de constitucionalidad de las criterios e y g del artículo 47 actual, se ha producido el
fenómeno de la cosa juzgada constitucional y a nuestros efectos, además sostener que son
válidos íntegramente los argumentos de aquella sentencia, particularmente sobre la cláusula
general de competencia legislativa y la apreciación holistica de la vida social, económica y la
evaluación del daño y su reparación integral o parcial.

Con estos mismos aspectos de evaluación de la normativa similar del CDU y


previstas en el CDA como criterios de atenuación de la sanciones disciplinarias, es
perfectamente aplicable la parte doctrinal y jurisprudencial vaciada por la Corte sobre éstos
tópicos.

3.5.3. Criterios de agravación de las sanciones disciplinarias

El literal C, del artículo 45 del CDA, prevé el Tercer grupo, relacionado con los
criterios de agravación sancionadora, el cual contiene los siguientes específicos: 1. La
afectación de Derechos Humanos; 2. La afectación de derechos fundamentales; 3. Atribuir la
responsabilidad disciplinaria infundadamente a un tercero; 4. La utilización en provecho
propio o de un tercero de los dineros, bienes o documentos que hubiere recIbído en virtud
del encargo encomendado; 5. Cuando la falta se realice con la intervención de varias
personas, sean particulares o servidores públicos; 6. Haber sido sancionado
disciplinariamente dentro de los 5 años anteriores a la comisión de la conducta que se
investiga; 7. Cuando la conducta se realice aprovechando las condiciones de ignorancia,
inexperiencia o necesidad del afectado. Varios de éstos supuestos de agravación
sancionadora disciplinaria han sido retomados de los denominados criterios generales de la
graduación de las sanciones previstos en el artículo 47 del CDU y siempre que éstos se
utilicen para dosificar las sanciones de multa, suspensión e inhabilidad. Los supuestos han
sido retomados de los literales c, h, y han quedado plasmados en los numerales 1, 2 y 3 del
artículo 45 del CDA.

3.5.3.1. Afectación de Derechos Humanos y los Derechos fundamentales.

El artículo 48 del CDU de 2002, relaciona in extenso una serie de faltas o tipos
disciplinarios catalogados de “gravísimos”. Estos tipos disciplinarios en otra Obra nuestra
(15), los hemos clasificado atendiendo al bien jurídico tutelado por los diversos tipos y la
importancia del tema previstos en éstos. Uno de los bienes jurídicos tutelados para el efecto
son las libertades públicas, los derechos fundamentales y los derechos humanos. Algunos
de los tipos disciplinarios que caben dentro de éste grupo son: 1. Faltas que afecta la
integridad física, psíquica o a su entorno social; 2. Faltas que afecta la integridad física y
psíquica por motivos políticos; 3. Faltas que afectan el derecho internacional humanitario o
_______________________

(15) RIASCOS GOMEZ, LIbardo O. El Derecho administrativo sancionador disciplinario… Ob.,


ut supra cit., p. 339 a 442
72

DIH (16); 4. Faltas que afectan el derecho a la libertad; 5. Faltas que afectan el derecho a
la vida (17); 6. Faltas que afectan el derecho a la Respecto de los derechos contenidos en la
intimidad y el habeas data; y, 7. Las Faltas por desacato a órdenes e instrucciones sobre
derechos humanos en las leyes aprobatorias de tratados públicos (18).

Colombia como persona jurídica de derecho público internacional y sujeto por tanto de
derecho y obligaciones, puede celebrar tratados o convenios internacionales bi y
multilaterales con otros Estados, sobre diversas materias, tales como educativas, científicas,
tecnológicas, culturales, de protección a los menores, las mujeres, a los “disminuidos”
sensoriales, físicos o mentales, sobre las normas procedimentales y de garantía a los
procesos penales, sancionadores disciplinarios, etc., o también puede suscribir
documentos jurídicos internacionales o tratados en materia de regulación, protección y
defensa de derechos humanos (DH) o de derecho Internacional Humanitario (DIH), en
estados de paz o de conflicto nuestro país, respectivamente. Cuando esto ocurre, los
diversos tratados o convenios internacionales ingresan al ordenamiento jurídico interno
mediante leyes aprobatorias expedidas, previo trámite legislativo, por el Congreso de la
República y con la sanción ejecutiva del Presidente de la República (artículo 224,
constitucional).

Pero cuando esos mismos documentos jurídicos internacionales son contentivos de


derechos humanos y en los cuales se prohíbe la limitación o suspensión de los derechos,
aún (agregamos al artículo 93, constitucional) en estados de excepción (conmoción interior,
guerra exterior o emergencia económica o medio ambiental, artículos 212 a 215,
constitucionales), éstos se incorporan al derecho interno mediante leyes aprobatorias de
tratados o convenios públicos, o en forma provisional, si se trata de asuntos económicos o
comerciales, por aplicación directa del Presidente de la República, con la obligación
constitucional posterior de enviarlos al Congreso para que éste los apruebe definitivamente o
lo repruebe y en tal virtud, suspenderá su aplicabilidad.

En ese último caso, las leyes aprobatorias de tratados o convenios internacionales


contentivos de derechos humanos tendrán una aplicabilidad preferente en el
Ordenamiento jurídico y harán parte del bloque de constitucionalidad de la materia jurídica
___________________________

(16) En sentencia C-1076-2002, se declaró exequible el término “graves”. Sostuvo: El numeral 7


del artículo 48 de la Ley 374 de 2002, es una norma disciplinaria de contenido abierto, en la
medida en que opera un reenvío al derecho internacional para efectos de precisar su
contenido y alcance. De allí que sea necesario dilucidar, a la luz de la legalidad internacional,
qué se entiende por violación grave al DIH. Del examen de la evolución normativa y
jurisprudencial que ha conocido la represión penal internacional de las violaciones a las
normas humanitarias, la Corte encuentra que el concepto de violación al DIH va de la mano de
aquel de crimen de guerra y no de crimen de lesa humanidad, como incorrectamente se
sostuvo en la exposición de motivos de la Ley 734 de 2002.
(17) La sentencia C-125-2003, declaró inexequible la frase “y dentro de un mismo contexto de
hechos, a varias personas que se encuentren en situación de indefensión”, contenida en el
numeral 11 del artículo 48 de la Ley 734 de 2002, que corresponde a este tipo. La Corte
analizó integralmente la “intolerancia”, la “indefensión” o “dentro de un mismo contexto de
hechos” para declarar la inexequibilidad, “en aras de lograr la efectiva garantía del derecho a
la vida y de otros valores fundamentales”.
(18) Desacatar las órdenes e instrucciones contenidas en las Directivas Presidenciales cuyo objeto
sea la promoción de los derechos humanos y la aplicación del Derecho Internacional
Humanitario, el manejo del orden público o la congelación de nóminas oficiales, dentro de la
órbita de su competencia.
73

pertinente, tal como lo hemos comentado anteriormente, en materia disciplinaria. Igualmente


tendrán valor jurídico prevalente, cuando dichos documentos jurídicos internacionales
constituyan mecanismos de hermenéutica y argumentalística jurídicas respecto de la
interpretación jurídica de “mayor valer” de los derechos humanos.

Las leyes 16 de 1972 y 74 de 1968, aprobatorias de los tratados y convenios


internacionales de la Convención suscrita en San José de Costa Rica el 22 de noviembre de
1969 y “El Pacto Internacional de Derechos Económicos, sociales y culturales” o Pacto de
New York de 1968, contienen un amplio catálogo de derechos del ser humano y de su vida
en sociedad, en familia y en el ámbito laboral, profesional, ético e incluso universitario, como
comprobamos anteriormente. En el ámbito universitario, apuntan a la denominada libertad
académica prevista en el derecho ibérico (libertad de cátedra, de investigación y estudio), a
las libertades de pensamiento, expresión y conocimiento, al derecho de petición, a la
igualdad, a elegir y ser elegido; a tener procedimientos de diferente naturaleza jurídica,
incluidos los disciplinarios con la plenitud de las garantías sustanciales y procesales; entre
muchos otros derechos más.

Ahora bien, el artículo 45 del CDA en el literal C, numerales 1º y 2º considera la


afectación de los derechos humanos y los derechos fundamentales como criterios de
agravación sancionadora que se aplicarán por la autoridad disciplinaria competente al
momento de imponer la sanción respectiva en la sentencia judicial, vale decir, que deberá
examinar que conductas cometidas por el sujeto disciplinado y sí éstas afectan algún
derecho humano reconocido por el Estado Colombiano en Convenios o Tratados
Internacionales e incorporados al Ordenamiento Jurídico mediante la Ley aprobatoria de
tratados correspondiente; sí afectan algún derecho humano reconocido en la Constitución de
1991; o finalmente sin hay afección de algún derecho fundamental previsto en la
Constitución Colombiana en el Título III o en cualquier otra parte normativa de la misma, a fin
de estructurar el criterio de agravación sancionadora.

3.5.3.2. Cuando se realiza con la intervención de varias personas, sean particulares


o servidores públicos: Concurso de personas

La Ley General Disciplinaria colombiana de 2002, clasificó a las faltas disciplinarias


en gravísimas, graves y leves, según el artículo 42. Respecto de las primeras, el CDU
estableció sesenta y tres supuestos de faltas gravísimas enlistadas por regla general como
tipos abiertos y por excepción como tipos cerrados como ut supra se analizó. En relación a
las faltas graves y leves, el legislador acogió una técnica diferente y prefirió luego de decir en
el artículo 50 Ibíd, que constituye falta grave y leve, establecer unos criterios para graduar
dosimétricamente la gravedad o levedad de la falta, a tenor del artículo 43 Ibíd.

Ahora bien, uno de esos criterios para determinar la gravedad o levedad de las faltas
lo constituyen las modalidades y circunstancias en que se cometió la falta, dentro de las que
se apreciarán los siguientes aspectos: a) el cuidado empleado en su participación; b) el nivel
de aprovechamiento de la confianza depositada del investigado o de la que se derive de la
naturaleza del cargo o función; c) el grado de participación en la comisión de la falta, bien
sea como autor o determinador (19); d) si fue inducido por un superior a cometerla; e) Si la
cometió en estado de ofuscación (Oscuridad de la razón, que confunde las ideas) originada
en circunstancias o condiciones de difícil prevención y gravedad extrema, debidamente
comprobadas.

En relación al grado de participación en la comisión de la falta como autor o como


determinador, previsto en el anterior literal c, el CDU en el artículo 26 sostiene: “es autor
74

quien cometa la falta disciplinaria o determine a otro a cometerla, aun cuando los efectos de
la conducta se produzcan después de la dejación del cargo o función”. Lo cual quiere decir
que es autor o determinador de la falta no sólo cuando la comete en pleno ejercicio del
cargo o función respectiva sino cuando se ha retirado de éste o aquella, pues los efectos de
su conducta lo siguen como la sombra al cuerpo. En tal virtud, por el principio de integración
normativa disciplinaria estos conceptos son aplicables en materia sancionadora disciplinaria
jurisdiccional.

Así mismo es aplicable por integración normativa los conceptos de autoría y


participación previstos en el Código Penal Colombiano, pero aplicados a la falta disciplinaria.

En efecto, según el artículo 28, existe concurso de personas en la conducta punible,


cuando concurren en la realización de la conducta punible los autores y los partícipes.

Son autores, a tenor del artículo 29, quienes: (i) realicen la conducta punible por sí
mismo o utilizando a otro como instrumento; y (ii) autor quien actúa como miembro u órgano
de representación autorizado o de hecho de una persona jurídica, de un ente colectivo sin tal
atributo, o de una persona natural cuya representación voluntaria se detente, y realiza la
conducta punible, aunque los elementos especiales que fundamentan la penalidad de la
figura punible respectiva no concurran en él, pero sí en la persona o ente colectivo
representado.

Por su parte son coautores quienes, mediando un acuerdo común, actúan con
división del trabajo criminal atendiendo la importancia del aporte.

Agrega el inciso in fine del artículo 29 del C.P., que el autor en sus diversas
modalidades incurrirá en la pena prevista para la conducta punible.

De otra parte, el artículo 30 del C.P., al referirse a la figura de la participación en


materia punitiva, expresa: Son partícipes el determinador y el cómplice.

Quien determine a otro a realizar la conducta antijurídica incurrirá en la pena prevista


para la infracción.

Quien contribuya a la realización de la conducta antijurídica o preste una ayuda


posterior, por concierto previo o concomitante a la misma, incurrirá en la pena prevista para
la correspondiente infracción disminuida de una sexta parte a la mitad.

Al interviniente que no teniendo las calidades especiales exigidas en el tipo penal


concurra en su realización, se le rebajará la pena en una cuarta parte.

El CDA de 2007 no hace referencia expresa al concepto de autoría y el grado de


participación en la comisión de las faltas y tan sólo viene a referirse a estos temas en el
artículo 45, literal C, numeral 5, cuando menciona una de las modalidades de comisión de
las faltas disciplinarias como criterio de agravación sancionadora para el sujeto disciplinado
que se va a sancionar previo debido proceso disciplinario de carácter judicial. En efecto, el

________________________

(19) Término utilizado por SANCHEZ HERRERA, Esiquio Manuel. Dogmática practicable del
derecho disciplinario. Editorial Gustavo Ibáñez, Bogotá, 2005, p. 49
75

mentado Código estima que es criterio de agravación sancionadora cuando la falta se realice
con la intervención de varias personas, sean particulares o servidores públicos.

Por lo tanto, la autoridad jurisdiccional disciplinaria al momento de imponer la sanción


disciplinaria correspondiente deberá analizar los fenómenos jurídicos penales y disciplinarios
de la autoría y la participación previstos en las normas extra disciplinarias, siguiendo los
lineamientos planteados en el artículo 45 del CDA, puesto que la norma específica aclara
que la participación se puede dar tanto de personas particulares como de personas que
cumplen funciones o servicios públicos en la prestación de la abogacía.

3.5.3.3. El fenómeno jurídico de la reincidencia en materia disciplinaria

El numeral 6º del literal C, del artículo 45 del CDA, cataloga como criterio de
agravación sancionadora, el haber sido sancionado disciplinariamente dentro de los 5 años
anteriores a la comisión de la conducta que se investiga.

Este criterio revive la polémica de antaño sí la reincidencia en materia disciplinaria


debería eliminarse como criterio de agravación de la sanción, tal como se hizo en el derecho
penal, basada la jurisprudencia en la tesis de la valoración e impacto social y jurídico de los
derechos fundamentales involucrados en la figura; así como también en la autonomía del
derecho disciplinario frente al derecho penal.

En efecto, la Corte Constitucional en Sentencia C-252-2003, al pronunciarse sobre el


fenómeno jurídico de la reincidencia en materia disciplinaria, previsto en el numeral 48 del
artículo 48 de la Ley 734 de 2002, expuso:

El rechazo de la reincidencia como circunstancia de agravación punitiva se explica en


el derecho penal en razón de la mayor proximidad que tiene, como ámbito de control, con los
derechos fundamentales. Tal proximidad se advierte tanto en el delito -por la relación
funcional que existe entre tales derechos y el bien jurídico como concepto consustancial a la
conducta punible- como en la pena -en este caso porque la sanción penal por antonomasia,
la prisión, no es más que la privación de la libertad de locomoción como derecho
fundamental-. Además, la ilegitimidad de la reincidencia como institución del derecho penal
plantea un serio cuestionamiento al sistema penal mismo pues pone en vilo las funciones de
prevención general -como protección de bienes jurídicos- y de prevención especial -como
resocialización moderada- que se le atribuyen a la pena y desnuda las profundas
limitaciones del tratamiento penitenciario. En tal contexto es ilegítima la desvaloración de la
reincidencia en sí misma pues tal institución, en términos de sacrificio de derechos
fundamentales y de racionalidad del sistema penal, resulta demasiado costosa.

Esas situaciones, en cambio, no se advierten en el derecho disciplinario ya que éste


en el ámbito de la falta remite a la infracción de deberes funcionales y en el ámbito de la
sanción, en el peor de los casos, impone la ruptura del vínculo que liga al servidor público
con el Estado. Además, en este campo el sólo dato fáctico de la reincidencia en faltas
disciplinarias no plantea la ilegitimidad de sistema de tratamiento penitenciario alguno, pues
ninguna de las sanciones disciplinarias conduce a la privación de la libertad del sujeto
disciplinable. Ante tal panorama, es claro que las premisas en punto de valoración de la
reincidencia en faltas disciplinarias no pueden ser las mismas que operan en el ámbito de la
reincidencia en la comisión de conductas punibles.

Como puede advertirse, entonces, la valoración negativa que se hace de la


reincidencia en el ámbito del derecho disciplinario no plantea el desconocimiento del
76

principio non bis in ídem. Ello es así en cuanto se trata de someter una tercera falta
disciplinaria a una sanción más drástica que otras sanciones impuestas a faltas de la misma
índole cometidas con anterioridad y que han resultado ineficaces con miras al aseguramiento
del cumplimiento de los deberes funcionales a cargo del sancionado. Finalmente, la carga
argumentativa que deslegitima la reincidencia en el ámbito del derecho penal, no puede
trasladarse, sin más, al derecho disciplinario pues este tiene una índole definida y autónoma.

Más adelante, la Corte analiza el límite de tiempo que debe existir entre la última
sanción impuesta al disciplinado y la comisión de la nueva falta o tipo disciplinario para
efectos de operatividad del fenómeno de la reincidencia en materia disciplinaria, pues la
norma analizada del CDU en su momento no planteaba lapso de tiempo alguno. Al efecto, la
Corte haciendo una uso de la técnica jurisprudencial de la interpretación integral de la Ley
734 sobre el fenómeno estudiado y el principio de analogía in bonam partem, toma como
indicador el inciso 3º del artículo 174 Ibíd, relativo a la “certificación de antecedentes”, el cual
“deberá contener las anotaciones de providencias ejecutoriadas dentro de los cinco (5) años
anteriores a su expedición…”. Así se podrá analizar fehacientemente si la nueva falta puede
o no considerarse inmersa en el fenómeno de la reincidencia desde el punto de vista
temporal, pues en materia aún en materia disciplinaria no cabría la reincidencia intemporal
por ser claramente violatoria de derechos fundamentales como el debido proceso, o de los
llamados principios rectores del procedimiento disciplinario, tales como el non bis in idem, el
de igualdad, de proporción y razonabilidad de las sanciones, entre otros.

Por estas razones, el CDA al revivir el fenómeno de la reincidencia en materia


disciplinaria jurisdiccional en los procesos de audiencias contra los abogados ejercitantes,
estimó razonable (20) limitarlo en el tiempo a cinco años anteriores a la comisión de la
conducta disciplinaria actual que se investiga, término igual al de la prescripción de la acción
disciplinaria, contado tanto para la faltas de ejecución instantánea como las de carácter
permanente o continuado.

3.6. La Rehabilitación

3.6.1. Notas preliminares


_____________________________

(20) Así en reiterada jurisprudencia se ha había manifestado la Corte Constitucional. V. gr. La


Sentencia C-1066-2002, Diciembre 3, la Corte al pronunciarse sobre la certificación de
antecedentes disciplinarios, manifestó: “Esta disposición es razonable, en cuanto establece
como regla general un término de cinco (5) años de vigencia del registro de antecedentes, que
es el mismo término señalado para la prescripción de la sanción disciplinaria en el Art. 32 de
dicho código, y en cuanto mantiene la vigencia de los antecedentes que por ser de ejecución
continuada o permanente no se han agotado, mientras subsista tal situación…. En síntesis
podemos afirmar que la certificación de antecedentes debe contener las providencias
ejecutoriadas que hayan impuesto sanciones dentro de los cinco (5) años anteriores a su
expedición, aunque la duración de las mismas sea inferior o sea instantánea. También
contendrá las sanciones o inhabilidades que se encuentren vigentes al momento en que ella
se expida, aunque hayan transcurrido más de cinco (5) años o sean inhabilidades
intemporales como, por ejemplo, la prevista en el Art. 122 de la Constitución Política. Por lo
anterior, con fundamento en el principio de conservación del ordenamiento jurídico, esta
corporación declarará la exequibilidad condicionada de la disposición impugnada, en el
entendido de que sólo se incluirán en las certificaciones de que trata dicha disposición las
providencias ejecutoriadas dentro de los cinco (5) años anteriores a su expedición y, en todo
caso, aquellas que se refieren a sanciones o inhabilidades que se encuentren vigentes en
dicho momento”.
77

La sanción jurisdiccional disciplinaria, según el artículo 11 del CDA, tiene una función
bifronte, pues de un lado cumple una función preventiva y de otro, una función correctiva;
pero en ambos casos persigue garantizar la efectividad de los principios y fines estipulados
en la Constitución de 1991, así como el resto del Ordenamiento Jurídico vigente e incluso las
normas de carácter internacional (Convenios y Tratados internacionales), puesto que el
abogado, el Estado y la Comunidad toda deben velar porque estos y aquella se cumplan,
caso contrario sobrevendrá previo debido proceso una sanción disciplinaria respectiva para
el profesional del derecho que la incumpla.

La parte in fine del artículo 28 de la Constitución de 1991, sostiene que en Colombia


no habrá penas ni sanciones (agregamos) imprescriptibles, lo cual significa que en nuestro
ordenamiento jurídico por más graves o fuertes que sean las sanciones o las penas están
tienen vigencia en el tiempo, un límite temporal determinado por la propia Constitución o por
el Ordenamiento jurídico vigente. Este límite determina la relatividad en el tiempo que tienen
las sanciones y las penas en el derecho sancionador disciplinario y penal, respectivamente.

Así por ejemplo, la sanción de exclusión de la profesión de la abogacía que es la


máxima impuesta tras un procedimiento disciplinario y la cual consiste según el artículo 44
del CDA, en la cancelación de la tarjeta profesional y la prohibición para ejercer la abogacía,
no es ab eterno (21) sino que una vez cumpla los fines para los cuales fue creada la sanción
y los fines ut supra puntualizados, puede la persona readquirir el status profesional en las
condiciones de origen, siempre y cuando adelante y lleve a término un procedimiento
especial de rehabilitación del ejercicio de la abogacía.

En vigencia del Estatuto del Abogado de 1971, se analizó la constitucionalidad de la


sanción de exclusión prevista en el literal d), del artículo 63, por considerarse violatoria de los
derechos a la igualdad, al trabajo y a la libertad de escoger profesión u oficio y se estimó
como argumentos precisamente el que la sanción de exclusión no tiene “efecto absoluto,
sino relativo, pues el abogado excluido tiene el derecho a ser rehabilitado”. En efecto, así se
pronunció la Corte Constitucional en Sentencia C-540-1993:

“El ejercicio de la abogacía implica el desarrollo de una función social que implica
responsabilidades lo cual faculta al legislador para crear instrumentos y diseñar mecanismos
que le permitan al Estado encauzar dicha función y conseguir las finalidades propias de la
profesión del derecho, e impedir el ejercicio indebido de la correspondiente actividad
profesional…los profesionales del derecho deben dar ejemplo de idoneidad, eficiencia y
moralidad en el desempeño de sus actividades y estar comprometidos en los ideales y el
valor de la justicia, los cuales constituyen la esencia y el fundamento para la vigencia del
orden político, económico y social justo que preconiza la actual Constitución Política…

Respecto a la rehabilitación, es preciso anotar que la sanción de exclusión tiene un


______________________

(21) Tiene un límite en el tiempo y el Estado al no haber penas o sanciones imprescriptibles deberá
prodigar una especie de “derecho al olvido, planteado en relación con la información negativa
referente a las actividades crediticias y financieras, (que) es aplicable también a la información
negativa concerniente a otras actividades, que se haya recogido “en bancos de datos y en
archivos de entidades públicas y privadas”, como lo contempla el Art. 15 superior, por existir las
mismas razones y porque dicha disposición no contempla excepciones” (Sentencia C-190-
1996)—negrillas y paréntesis fuera de texto--. Esas otras situaciones, como lo reconoce el texto
de la sentencia citada también se extiende al registro, certificación y límite de tiempo de las
sanciones disciplinarias previsto en el artículo 174 del CDU. Límite temporal que es de cinco (5)
años después de la ejecutoria de la providencia contentiva de la sanción.
78

efecto relativo, pues según el artículo 64 del mismo decreto 196 de 1971, el abogado
excluido de la profesión podrá ser rehabilitado cuando hayan transcurrido no menos de cinco
años desde la ejecutoria de la sentencia que le impuso la sanción disciplinaria, y que a juicio
del Juez competente para conocer del correspondiente proceso, aparezca demostrado que
la conducta observada por el excluido revela su completa idoneidad moral para reingresar al
ejercicio profesional”.

El artículo 64 del Estatuto del Abogado de 1971, confirmaba que la rehabilitación


constituía un límite temporal reglado de la sanción de exclusión de la profesión de la
abogacía, siempre y cuando se cumplieran unos requisitos de forma y de fondo y sea
tramitada mediante procedimiento judicial especial ante el Tribunal Disciplinario. En efecto,
para solicitar la rehabilitación, el abogado que ha sido sancionado con la exclusión debía
cumplir las siguientes condiciones: (i) Que hayan transcurrido no menos de cinco años desde
la ejecutoria de la sentencia que le impuso la sanción disciplinaria, y, (ii) Que a juicio del
Tribunal, aparezca demostrado que la conducta observada por el excluido revela su
completa idoneidad moral para reingresar a la profesión.

3.6.2. La rehabilitación del ejercicio de la abogacía en el CDA de 2007

Al retomarse la institución jurídica de la rehabilitación, prevista en el Estatuto del


Abogado de 1971, el CDA de 2007 lo hace en forma integral, puesto que la instituye a lo
largo del procedimiento sancionador disciplinario de audiencias con diferentes efectos y fines
jurídicos: (i) Como causal de extinción de las sanciones disciplinarias, junto a la prescripción
y la muerte del disciplinado (artículo 26); (ii) Como programa de capacitación y rehabilitación
profesional realizado por el Consejo Superior de la Judicatura, financiado por las multas
impuestas a los abogados procesados y sancionados según el CDA (artículo 42); y, (iii)
Como procedimiento jurisdiccional especial de primera instancia y de conocimiento de las
Salas jurisdiccionales disciplinarias del Consejo Seccional de la Judicatura (artículos 60, 108
a 110). En este se destacan aspectos muy puntuales: 1. La providencia que decide sobre la
rehabilitación se notifica personalmente a los sujetos procesales interesados (artículo 71); 2.
Contra la decisión de rehabilitación procede, según fuere el caso, los recursos de reposición
y apelación, por disposición de los artículos 80 y 81 del CDA; 3.

3.6.3. El Procedimiento de Rehabilitación en el CDA

3.6.3.1. Legitimación

Están legitimados para incoar el procedimiento de rehabilitación en el ejercicio de la


abogacía, el profesional sancionado con la exclusión, siempre y cuando haya transcurrido un
lapso de tiempo contado desde la ejecutoria de la sentencia y se estime fundadamente que
ha observado una conducta de todo orden que aconseje su reincorporación al ejercicio de la
profesión, según el artículo 108 del CDA.

El término de tiempo transcurrido desde la ejecutoria de la sentencia será diferente, si


se trata de un abogado particular o de un abogado que se desempeñe o haya desempeñado
como apoderado o contraparte de una entidad pública. En efecto, si se trata de un abogado
ejercitante particular, el término será de cinco (5) años contado desde la ejecutoria de la
sentencia. En cambio, si fuere un abogado ejercitante que cumple una función pública
permanente o transitoria, el término será de diez (10) años constados desde la ejecutoria de
la sentencia.
79

Este tratamiento diferencial provocó que una ciudadana colombiana (22) demandara
parcialmente el artículo 108 del CDA en los incisos 2º y 3º ante la Corte Constitucional. A la
fecha, la Corte no se ha pronunciado, pero en cambio la Procuraduría General de la Nación
como sujeto procesal que interviene en el proceso de constitucionalidad de la ley como
guarda del Ordenamiento jurídico vigente y los derechos fundamentales, ya ha emitido el 12
de Junio del presente año su concepto jurídico, al final del cual solicita la declaratoria del
artículo demandado.

El Procurador resume los argumentos de la parte demandante en la siguiente frase: la


demandante solicita la inexequibilidad del artículo 108 incisos 2º y 3º en concordancia con
el artículo 43 del CDA (23), porque “la circunstancia de agravación establecida por estas
disposiciones es discriminatoria pues sanciona de manera más fuerte a los abogados que
tengan relaciones de apoderado o contraparte con entidades públicas”.

Por su parte, el Procurador para desechar los argumentos de la demandante, sostiene:


“…la disposición no contradice el ordenamiento constitucional sino que, por el contrario,
corresponde a la especial protección del interés general, representado en el patrimonio público
de las entidades del Estado, que es patrimonio de todos y que está destinado a la satisfacción
de las necesidades de la comunidad. Este patrimonio queda en las manos del abogado
apoderado de la entidad pública y de su desempeño depende su efectiva protección. Así
mismo, debe sancionarse a aquellos que actuando como contraparte de estas entidades, no
observan un comportamiento probo y aprovechan la debilidad de la defensa de los intereses
públicos, para obtener beneficio propio o ajeno de cualquier manera ilícita, es decir, con
cualquier actuación que escape a la legítima defensa de los intereses de su cliente.

Los recursos del Estado son muy limitados y el alto costo de las condenas que debe
pagar, muchas veces injustas o mayores a las debidas, por falta de defensa técnica desangra
el presupuesto público y desvía recursos que deberían utilizarse en el mejoramiento de la
calidad de vida de las personas.

Evidentemente, la obligación del abogado es una obligación de medio y no de resultado


y por tanto, la conducta del profesional deberá ser valorada dentro de los parámetros normales
de actuación en el ejercicio de la abogacía, pues de lo contrario se vulneraría el derecho a la
igualdad.

Sin embargo, el agravar la sanción o el tiempo de rehabilitación cuando la conducta


antijurídica sea realizada por el apoderado o la contraparte de las entidades públicas, tiene
un propósito moralizante acorde con la protección efectiva de los intereses superiores de la
sociedad. Esta figura no es extraña al derecho sancionatorio y está encaminada a prevenir
daños al patrimonio público originado en actuaciones negligentes o dolosas dentro de los
procesos en que estén en juego los intereses de la comunidad”.

___________________

(22) Mabel Carolina Vargas Hernández. El Concepto 4325 de Junio 12 de 2007 del Procurador
General de la Nación. En: www.procuraduría.gov.co
(23) El parágrafo del artículo 43 dispone: “La suspensión oscilará entre seis meses y cinco años,
cuando los hechos que originan la imposición de la sanción tengan lugar en actuaciones
judiciales del abogado que se desempeñe o se haya desempeñado como apoderado o
contraparte de una entidad pública”. El término de la suspensión aquí aumenta en relación a los
abogados particulares, pues la sanción oscilará entre dos (2) meses y (3) tres años”, según el
inciso primero.
80

3.6.3.2. Solicitud de rehabilitación

El excluido del ejercicio profesional podrá solicitar ante la Sala que dictó la sentencia
de primer grado, la rehabilitación en los términos consagrados en el CDA (artículo 109).

Pese a la claridad de la norma al decir que el “excluido del ejercicio profesional podrá
hacer la solicitud” ante la autoridad jurisdiccional competente, se plantea la duda de sí el
abogado ejercitante aún excluido de la profesión, puede o no ejercer lícitamente la profesión
así sea en causa propia, pues no se olvide que a tenor del artículo 29-4 del CDA, a pesar de
hallarse inscritos los abogados suspendidos o excluidos la profesión no podrá ejercerla. Si
esto es así habría incompatibilidad en el ejercicio de la profesión aún cuando sea en causa
propia, pues la norma citada no trae ninguna excepción a la regla pura y simple que impide
ejercer la profesión.

La interpretación sana que se daría al artículo 109 citado sería que el abogado
excluido deberá presentar la petición o solicitud mediante apoderado o representante judicial
habilitado, a efectos de evitar incurrir en una nueva falta disciplinaria grave por “ejercicio
ilegal de la profesión” (artículo 39 CDA).

Ahora bien, en lo estrictamente formal la solicitud debe llenar los requisitos de todo
memorial escrito presentado ante una autoridad judicial, es decir, contener la determinación
de la autoridad a la que va dirigido, identificación plena del peticionario, fundamentos de
hecho y de derecho, relación probatoria (son válidas todas aquellas previstas en el
Ordenamiento Jurídico vigente: Artículo 175 del C.P.C.), anexos y rúbrica. Decimos formal,
porque entendemos que la solicitud la presentará un profesional del derecho habilitado
mediante poder para hacerlo y en tal virtud si aquél lo hace es obvio que el memorial
petitorio reunirá los requisitos mínimos de todo derecho de petición (artículo 23
constitucional, artículos 9 y ss., del C.C.A.). Cierto es que estos requisitos no serán objeto de
análisis a la hora de admisión o rechazo de la “solicitud” de rehabilitación, pues el CDA hace
recaer tan solo en el aspecto temporal de la ejecutoria de la providencia que impuso la
sanción, pero una solicitud tan capital como lo es la rehabilitación al ejercicio profesional de
un abogado excluido de la profesión, no puede ser cualquier escrito y sin los más
elementales requisitos de un derecho de petición conforme al Ordenamiento jurídico vigente.

El artículo 108 Ibíd sostiene que es condición sine qua nom del peticionario que
cumpla y demuestre que han transcurrido más de cinco (5) años después de haberse
ejecutoriado la sentencia judicial en la que se impuso la sanción disciplinaria de exclusión de
la profesión, a efectos de legitimar la petición de rehabilitación. Se entiende, aunque no lo
dice la norma, que deberá anexarse copia de la mencionada providencia judicial
sancionadora, muy a pesar que la petición se presenta ante la misma Sala jurisdiccional
disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura que profirió la sentencia de primera
instancia y por obvias razones tiene en sus archivos copia auténtica de la providencia en
cuestión. Quizá resulte innecesario, pero en estas eventualidades es mejor redundar sin
estar obligado a hacerlo (artículo 10 del C.C.A) que se demore el trámite de la admisión, o
peor aún que no sea admitida la petición de rehabilitación por no aportar la prueba reina o
razón de la petición.

3.6.3.3. Admisión y rechazo de la petición de rehabilitación

Si la solicitud cumple esencialmente con el requisito temporal de ejecutoria de la


providencia contentiva de la sanción ut supra indicado, el Magistrado Ponente a quien en
reparto haya correspondido el asunto, procederá mediante auto a admitir la petición. En tal
81

eventualidad, en el mismo auto de admisión de la petición, la autoridad jurisdiccional


disciplinaria abrirá el proceso a pruebas, para que en el término de cinco (5) días los
intervinientes soliciten o aporten las que estimen conducentes, según lo previene el literal a,
del artículo 110 del CDA. Se entiende que el peticionario conjuntamente con la petición
adjuntará las pruebas conducentes al éxito de su petición, o si no la tiene en su poder
solicitará a la autoridad judicial competente que las decrete o solicite por vía judicial a quien
corresponda. Siendo así parecería innecesario, al menos para el sancionado peticionario de
la rehabilitación hacer uso del período brevísimo de cinco (5) días para solicitar o aportar
pruebas, salvo que no lo hubiese hecho al fundamentar en derecho la petición de
rehabilitación. Este período podría ser útil y válido en el caso del agente del Ministerio
Público, a quien se le comunicaría o notificaría la iniciación del proceso de rehabilitación,
pese a que el CDA no lo expresa así.

Si la solicitud de rehabilitación no cumple con el requisito temporal de la ejecutoria de


la providencia contentiva de la sanción de exclusión, la autoridad jurisdiccional disciplinaria
mediante auto motivado susceptible de recurso de reposición, rechazará la petición según lo
sostiene el literal b, del artículo 110 del CDA.

3.6.3.4. Decreto de pruebas

Las pruebas conducentes, pertinentes y viables en esta clase de procedimiento,


cuando han sido anexadas con la petición de rehabilitación o solicitadas con ésta o bien
pedidas dentro del término de los cinco (5) días siguientes a la admisión de la solicitud u
oficiosamente las que se estimen necesarias según el criterio del rector del procedimiento,
serán decretadas mediante auto judicial. Este decreto se producirá dentro los cinco (5) días
siguientes al vencimiento del traslado de los cinco (5) días iniciales que la autoridad
competente concede al peticionario al momento de la admisión de la petición.

3.6.3.5. Práctica de pruebas

Las pruebas de parte o ex officio legalmente decretadas, serán practicadas por la


autoridad jurisdiccional competente directamente o por comisionado, si fuere necesario, en
un término no superior a treinta (30) días, por disposición del literal c, del artículo 110 del
CDA. Si por algún motivo, se niega la práctica de pruebas, el peticionario podrá recurrir en
apelación ante el inmediato superior jerárquico, el auto que las deniega, según lo previene el
artículo 81 del CDA.

3.6.3.6. Decisión o fallo

Vencido el término de práctica de pruebas, los Magistrados de la Sala jurisdiccional


disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura tendrán diez (10) días para decidir el
asunto. Esta providencia judicial de conformidad con el literal d, artículo 110 del CDA, podrá
recurrirse en apelación ante el inmediato superior, es decir, ante la Sala jurisdiccional
disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura (artículo 81 Ibíd).

El fallo, como es apenas obvio terminará con la decisión de procedencia o no de la


rehabilitación al ejercicio de la profesión del abogado que fuera solicitada y tramitada en
debida forma.

3.6.3.7. Comunicación
82

En firme la providencia judicial (“auto” sostiene el literal e, del artículo 110 CDA, cuando el
literal d, antes menciona “fallo” o sentencia) que ordena la rehabilitación, se oficiará a las
mismas autoridades a quienes se comunicó la exclusión para los efectos legales pertinentes.

Según el artículo 47 del CDA, una vez notificada la sentencia de segunda instancia, la
Oficina de Registro Nacional de Abogados anotará la sanción impuesta. Esta comenzará a
regir a partir de la fecha del registro. Lo cual significará que interpretando la comunicación de
rehabilitación prevista en el artículo 110 Ibíd., ésta deberá hacerse en primera instancia a la
Oficina de Registro Nacional de Abogados que es la autoridad administrativa disciplinaria a
quien se le envió la providencia de sanción para el registro correspondiente. Cumplida esta
labor, podría enviarse comunicación escrita o electrónica a las autoridades jurisdiccionales
donde laboraba el abogado sancionado y ahora rehabilitado en el ejercicio de la profesión o
ante la Dependencia, Entidad u Organismo estatal donde prestaba sus servicios
profesionales el abogado ahora rehabilitado.
83

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