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Cuando la esperanza llama… (Carta “Ars vivendi”)

Y, al vagar entre sentimiento y emoción. Entre pesadillas, malos hábitos y


tristes canciones. Al caminar con el diablo y también una Biblia en mano, me
di cuenta de la realidad que encierra mi mundo y el verdadero bien de mi
existencia. Que sepa usted, mi prójimo, que hoy me di cuenta que debo (tengo
qué y quiero) vivir plenamente. Finalmente percibí el gran deseo que tengo
de querer mis facultades explotadas de la mejor manera, mis músculos, grasa,
carne y espíritu convertidos a la sabiduría y a mejorar la humanidad pues,
quiero vivir con alegría, gozo y tristeza. A este punto de mi vida (no tan
tarde, no tan temprano) me he realizado, puesto que mi meta en la vida antes
era el tener el placer de disfrutar la vida, no obstante, estoy
absolutamente convencida de lo importante que es la tristeza dentro del arte
de saber vivir, porque uno no siente la gloria hasta pasar por la desdicha y
uno o siente la tristeza sin haber probado o deseado la gloria.

También he entendido lo drástico que es el deseo a la muerte y éste como la


peor de las desviaciones, he aquí el verdadero valor a la vida dada como
obsequio de la relación más fuerte, poderosa y hermosa que puede haber. Pero
no sólo anhelo una vida, sino una muerte con felicidad guardada en el
corazón y el regocijo que me trae mi fe la cual me afirmó que por lo menos
una vez yo hice ese hermoso mañana. Existir dentro de ese momento en el que
volví a la verdadera felicidad a un ser.

Ya me cansé (no sé cómo, pero sucedió) de pasear en “valles de sombras y de


muerte” pues ya no temo mal alguno, sepa mi magnánimo amigo que es posible
salir de la depresión y las ideas de esperar morir prematuramente, SE PUEDE
CURAR LA ENFERMEDAD y mejor, la enfermedad que te hace sentir DECEPCIONADA
DE TODO, la más miserable y blasfema agonía hacia el sublime amor. Ya no veo
la humanidad como una decepcionante parte de la vida, sino como la parte más
elemental que le da razón al existir y pongo en ella toda mi esperanza.

Necesito ese mundo, en el que ser maestro es lo más dichoso que se pueda
ser, ver a tu discípulo haciendo el bien y rechazando el mal mientras lloras
de la emoción. Un mundo en el que lo bueno no sea humillado y por el
contrario sea anhelado. Suplico a mi mente soñar con ideas y despertar con
un gran corazón dispuesto a latir por cualquier objeto en su motor.

Que gobierne la sabiduría, el conocimiento, el amor y sobre todo EL


BIEN pues todo aquello es simplemente el arte de vivir.

-Kaira J. Schiefer