Está en la página 1de 54

J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

DOI 10.1007/s10814-009-9029-7

La arqueología de la familia en los Andes


Donna J. Nash

Abstracto Los datos de los contextos domésticos pueden ser usados para
plantear importantes preguntas de la investigación antropológica. Las
investigaciones arqueológicas en los Andes (áreas una vez incorporadas
al Imperio Inka, incluyendo el noroeste de Argentina, la sierra de Bolivia,
norte de Chile, Ecuador y Peru), como muchas partes del mundo,
depende de la etnohistoria y de la etnografía para interpretar los restos
arqueológicos de las áreas domésticas y hacer inferencias acerca de lo
domestico. En esta revisión describo las ideas de las familias andinas que
los arqueólogos están usando y como los restos domésticos están siendo
examinados para inferir los contextos sociales, económicos y políticos. La
arqueología doméstica en los Andes requiere de la etnoarqueologia y de
la formación de una teoría para comprender la compleja dinámica social
en la formación de las antiguas sociedades andinas.

Palabras claves: arqueología domestica · arqueología residencial ·


arqueología de la familia · Andes.

Introducción

En The Early Mesoamerican Village, Flannery escribe una entretenida


historia para camuflar la revelación de una dura realidad. El afirma que
el Verdadero Arqueólogo Mesoamericano “conoce que el Formativo fue
un tiempo de `comunidades aldeanas agrícolas` , [pero] el no excavó ni
analizo sitios como si fueran comunidades aldeanas agrícolas. Más bien
los excavo y los analizo como si fueran inmensas capas de tortas de
fragmentos descartados” (Flannery 197, p. 5). En este revisión, hice una
similar afirmación para los Andes: muchos arqueólogos tienen
conocimiento de haber excavados casas, pero no lo excavaron como
casas. Más bien ellos excavaron las casas como si fueran recipientes
homogéneos, tomando una muestra de alguna parte y pensando que
proporcionaría datos para evaluar las diferencias relativas en la
economía, intercambio, producción, dieta, y una bandeja de otros
atributos entre las “familias”. Aun, para hacer importantes

D.J. Nash
Departamento de Antropologia (mc 027) , University of Illinois-Chicago, 1007
West Harrison Street, Chicago, IL 60607, USA.
e-mail: djnash@uic.edu
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

comparaciones requiere una comprensión de las casas como artefactos y


como las casas pueden ser correlacionadas con una “organización
familiar”(Wilk y Rathje 1982, p. 620; ver también Stanish 1989) o las
actividades de un grupo coresidencial. Desde entonces los datos
residenciales son fundamentales para comprender las partes
fundamentales de cualquier grupo social, se necesitan mucho esfuerzo
para comprender las antiguas familias Andinas y la vida doméstica.
Las familias pueden ser consideradas desde varias perspectivas.
Varios modelos, implícito y explicito, afecta la investigación
arqueológica de las unidades domésticas. Los modelos estructuralistas
contrasta la esfera doméstica y la esfera pública y tendrían antropólogos
examinando los ambientes residenciales como algo mas allá o externa a
las importantes actividades políticas de la comunidad (para una reciente
revisión ver Spencer-Wood 1999). Gero y Scattolin (2002, pp. 168-169; ver
también Feinman y Nicholas 2004) han discutido como el estudio de la
producción cosifica esta dicotomía considerando solo ítems producidos
para el intercambio o el consumo externo de la familia como una
producción especializada. La importante investigación feminista a
revelado el importante prejuicio androcéntrico detrás de la dicotomía
espacio “privado” en oposición al terreno político “publico” de la
comunidad. Esas ideas son derivadas principalmente de la Ideología
Occidental, aislando fuera de foco a la fémina pasiva en la casa. A
diferencia, el reciente énfasis sobre el poder de los palacios en los estados
arcaicos (Flannery 1998; Parkinson y Galaty 2007) o las residencias de las
casas en sociedades ranqueadas (Smith y David 1995) con respecto a las
casas como las herramientas políticas de la elite. La importancia
simbólica mantenida por las casas del estado, la “Casa Blanca” de los
Estados Unidos, en las polities contemporáneas muestra el importante
potencial político de algunos complejos residenciales.
Otros modelos estructurales aplicados a la etnografía y algunos
estudios etnoarqueologicos muestran como las casas pueden ser
cosmogramas o “estructuras constituidas” (Bourdieu 1977, p. 90; Donley-
Reid 1990; Douglas 1973; Giddens 1979). El espacio residencial ha sido
descrito como “la pequeña orden mundial” (Rapoport 1969, p.2). En
algunas sociedades las casas son usadas directamente como una
metáfora para el mundo natural o sobrenatural (la Casa Berber
[Bourdieu 1979], la Casa Ainu [Onuki-Terney 1972] , la Casa Larga
Iroquesa [Tooker 1978]), o esos escritos pueden ser implícitos y reflejan
valores subyacentes (Glassie 1975). Como tal, las casas pueden
representar las relaciones complementarias entre los géneros en la
familia o la jerarquía social de la sociedad entera. Otros estudios
agendados han considerado las estructuras de las casas como
participantes activos en las relaciones sociales (Tringham 1991, p. 106),
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

con opciones planteadas de argumentos para observadores externos,


como también tendrán un efecto en las relaciones entre los miembros del
grupo coresidencial (Blanton 1994; Drucker-Brown 2001; Faust y
Bunimovitz 2003; Rapoport 1990). Muchos autores de varias
persuasiones paradigmáticas también han notado la relación dialéctica
entre la gente diseñando el espacio y el espacio diseñando gente
(Ardener 1981; Bachelard 1969; Gabrilopoulos et.al. 2002; Kent 1990).
Los modelos materialistas centrados en la ecología y la economía
describe como las familias pudieron cumplir funciones de producción,
distribución, transmisión, y reproducción pero Wilk y Rathje (192. p. 627)
son cuidadosos al apuntar que las unidades sociales más grandes en la
comunidad pueden competir con las familias y controlar ciertos aspectos
de las actividades grupales. De esta forma las familias pueden funcionar
diferentemente en diferentes áreas y varía en tamaño y organización,
incluso dentro de la misma comunidad (ver Goody 1992). Al otro lado de
la escala, los recientes estudios de la familia sugiere que tales
aproximaciones a las unidades domesticas descarta a los individuos que
constituyen las agrupaciones sociales, ignorando diferentes agendas y la
competición dentro de la misma familia (Allison 1999, p. 2). Aun, sin
documentos históricos o atribuyendo actividades a grupos de género o
de edad basado en las generalizaciones inter-culturales, es difícil de
describir un curso de acción para los arqueólogos al considerar a los
individuos sin circunstancias únicas. De esa forma es importante para
los arqueólogos no discutir a las familias como unidades homogéneas
con miembros compartiendo una agenda unificada pero en la actualidad
estudiar a los individuos en una familia es una escala de análisis no
disponible para muchos prehistoriadores.
Los modelos neoevolutivos describen a las familias como bloques
construidos o unidades en la formación de las polities irrespectivo al
tamaño o complejidad. Es la habilidad de las familias para producir
excedentes que constituye la especialización y la emergencia del
liderazgo; además, las familias proporcionan su trabajo extra para
construir estados (Earle 1997, p. 71; Feinman 1991; Kristiansen 1991, p.
21; Orans 1966; Stanish 1994; Webster 1985; Yoffee 2005, p.p. 35-36). Las
casas están en el rango medio entre los fragmentos de ollas y las polities
(Deetz 1982) y es porque muchos estudios de las sociedades complejas
incorporan grupos de datos derivados de contextos residenciales. Los
cambios en los patrones de consumo y producción en las familias están
correlacionados con las transformaciones políticas (Hastorf y D`altroy
2001), los cuales son típicamente identificados primero a través de la
inversión en la infraestructura o la repentina aparición de monumentos
(p.e. Haas, 1987 p. 31). Debido a la importancia de las familias y sus
actividades residenciales para muchos modelos de la formación estatal o
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

la creciente complejidad, la configuración de la familia es raramente un


asunto del mismo estudio pero a menudo se asume según la
investigación etnográfica o etnohistórica. En otras palabras, algunos
arqueólogos andinos han vinculado la residencia material (tamaño,
cantidad de recintos, o rasgos) con un modelo de una composición social
de una familia. Comparando la composición social de las familias entre
las diferentes polities pudo proporcionar importantes indicios para
comprender amplios temas de la organización económica y política. En
general, el estudio de las familias arqueológicas y los contextos
domésticos esta subdesarrollado en los Andes.
La investigación arqueológica en los Andes desenterraron y
describieron los restos residenciales más tempranos (Bird [1948] en
Huaca Prieta; Kroeber y Collier [1998] en Nasca; Kidder [1943] en
Pukara; Uhle [1991, p.57] en Pachacamac), pero muchos estudios
centrados en temas cronológicos de desarrollo. La realización que los
datos residenciales pudieron ser aplicados para comprender el cambio
cultural a través del tiempo; la diferencia social en las regiones o
ambientes urbanos; relaciones de producción, consumo y el intercambio;
o la economía política de las sociedades complejas no han sido utilizados
en su potencial completo centrado en la tumba y los hallazgos
espectaculares. Los componentes residenciales son persuasivos; ellos son
las unidades más comunes en muchos sitios arqueológicos, y las áreas
domesticas menudo son identificadas dentro de contextos más
especializados. La investigación a mostrado que la actividad política está
compuesta de complejos residenciales de elite (Brewster-Wray 1983;
Couture 2004; Day 1982; Isbell 1984; Morris 2004; Nash y Williams 2005;
Shimada 1994). Muchos bienes especializados para estados u otras
sociedades a gran escala, fueron manufacturados por enclave (Janusek
1999; Rivera-Casanovas 2003; Topic 1982) o cerca de los cuartos de los
artesanos (Russell y Jackson 2001; Topic 1982). Incluso los montículos de
los templos y los precintos sagrados pudieron tener componentes
residenciales por líderes teocráticos o especialistas rituales que serían
hombres, mujeres o ambos (Cardal [Burger y Salazar-Burger 1991],
Akapana en Tiwanaku [Kolata 1993, p. 118], Huaca Grande en Pampa
Grande [Haas 1985], los templos del sol Inka [Cobo 1990 [1653], pp. 173-
174]). De esta forma es importante como nos aproximamos a los restos
residenciales en el estudio de las antiguas sociedades Andinas. En
general, la investigación se centró en casas en vez de familias. Las
unidades domesticas no han sido discutidas o sistemáticamente
comparadas. Las actividades domésticas son asumidas y raramente
descritas. La etnoarqueologia no ha contribuido a los actuales modelos
de actividad, y en general los arqueólogos dependen demasiado de la
historia y de la etnografía en vez de comparaciones interculturales o
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

arqueología experimental. Siempre que la historia Inka y los estudios


etnográficos de las antiguas comunidades pasadas proporcionaron las
únicas fuentes para la interpretación arqueológica poco se avanzado. La
arqueología de la familia andina necesita nuevas aproximaciones para
entender las sociedades prehistóricas.
En este artículo reviso la información etnohistórica y etnográfica
muy comúnmente usada por los Andinistas para interpretar las familias
arqueológicas para exponer los problemas generados al mezclar la
historia y la etnografía; pero también destaco algunos útiles indicios de
la etnografía que ha sido subutilizado en el planteamiento del modelo.
Describo las escalas de investigación y las implicaciones de la teoría de
rango medio a la arqueología de la familia e intenta reconciliar las
definiciones introducidas de la temprana investigación de la familia con
resultados más recientes de los estudios domésticos. Examino como los
arqueólogos andinos han aplicado datos domésticos para describir la
demografía, el desarrollo de la estratificación social y las otras
diferencias sociales en las sociedades complejas, la economía doméstica,
la actividad especializada y la producción; el rol de la familia en la
economía política, y los atributos cosmológicos de las residencias
andinas. Los sitios y las regiones mencionadas en el texto aparecen en los
mapas de las cinco áreas de los Andes (Fig. 1, Ecuador; Fig. 2, Norte del
Peru; Fig. 3, centro del Peru, Fig. 4, sur del Peru y Bolivia; Fig. 5,
Argentina). Al escribir esta revisión me centre en muchos investigadores
interesados en la examinación de las familias andinas para su propia
causa y fomentar a los arqueólogos para plantear modelos más viables
que vincula los restos de las casas donde vivieron esferas de interacción
de comunidades, polities y multipolities.

Ideas acerca de las familias

Gran parte de la interpretación arqueológica de la familia andina está


basado en la investigación etnográfica publicada de la mayor parte de las
comunidades y familias andinas, la investigación etnohistórica de los
documentos coloniales después del periodo Inka, y la experiencia de los
mismos arqueólogos como viven y trabajan en comunidades remotas.
Las ideas y las primeras técnicas empleadas por los arqueólogos
Mesoamericanos de las familias también han sido usadas más al sur
(Netting et.al. 1984; Wilk 1991). Pero debido a que solo hay un volumen
editado (Aldenderfer 1993a) dedicado a la arqueología de la familia, está
claro que la investigación andina ha tomado una dirección diferente.
La literatura etnohistórica y etnográfica de los Andes da a los
arqueólogos amplias ideas de la vida doméstica, y de esa forma tales
fuentes han jugado un rol principal en las interpretaciones arqueológicas
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Fig. 1. Los sitios y regiones de Ecuador mencionados en el texto. 1. Achuar; 2. Las


vegas; 3. Real Alto.

de la familia. Algunos estudios antropológicos e históricos de los grupos


residenciales han tenido un gran impacto en las investigaciones
arqueológicas. Discuto los problemas con eso líneas abajo. Las diferentes
posiciones de los arqueólogos andinos de las familias y la naturaleza de
los restos residenciales determinan sus aproximaciones a los contextos
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Fig. 2. Sitios y valles del norte del Peru mencionados en el texto. 1, Chan Chan; 2,
Galindo; 3, Huaca Prieta; 4, Huacas de Moche; 5, Pampa Grande; 6, Sechin Alto;
7, Sonolipe; 8, Viracochapampa; 9, Uchucmarca.

domésticos y proporciona las bases para sus interpretaciones de las


familias y de esa forma sus modelos de las antiguas sociedades.

Modelos etnohistóricos de grupos coresidenciales


J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Los arqueólogos que trabajaron en la costa y aquellos que estudiaron a


grupos que ocuparon los valles intermontanos o en las partes altas
típicamente tienen diferentes concepciones del grupo coresidencial. Esas
ideas están basadas en dos principales modelos propuestos por los
etnohistoriadores que estudiaron las respectivas áreas: (1) Murra y sus
descripciones de verticalidad y zona complementaria al sur, junto con la
aplicación de este modelo al imperio Inka, y (2) los informes de
Rostworowski de las sociedades de especialistas comprometidas en el
comercio costero horizontal al norte, caracterizado por el Reino de los
Chimor y las pequeñas polities de la costa central como los Ychsma que
controlaron el importante oráculo del centro de Pachacamac.

Verticalidad y familias nucleares

Las ideas de Murra (1968, 1980; Murra et.al. 1986) están


ampliamente aplicadas para comprender los patrones de subsistencia y
las economías políticas, particularmente en la sierra sur. Sus modelos, los
cuales están basados en informes etnohistóricos han sido evaluados por
varios arqueólogos y proyectados a tiempos pasados (Aldenderfer 1993a;
Janusek 2004a; Masuda et.al. 1985; Rice et.al. 1989; Van Buren 1996). En
el modelo de Murra, las familias parcialmente fueron auto-suficientes.
Ellos tenían acceso a la tierra (el bien capital primario de la sociedad) y
las familias estuvieron “contribuyendo a la unidad” a las comunidades
locales y al imperio Inka porque las “tareas fueron adjudicadas a las
familias y no a individuos” (Murra 1980, pp. 91-92, 1982).
De la lectura de Murra de las fuentes etnohistóricos y las
descripciones de la contribución del trabajo de la familia al estado Inka,
la familia es igualada con un par conyugal junto con su descendencia y
quizás parientes solteros, implícitamente la familia nuclear (Murra 1980,
p.98). Al mismo tiempo, las comunidades manejaron la tierra
colectivamente y los derechos hacia los recursos en común, cuyos
miembros compartieron la responsabilidad de velar por el enfermo y el
anciano. Algunas de esas comunidades pudieron haber correspondido a
una agrupación social conocida como un ayllu.
Todavía los ayllus son elusivos. El tamaño del ayllu varía; los
asentamientos pueden corresponder a un ayllu, algunos asentamientos
tendrían más de un ayllu y algunos ayllus ocuparon varias comunidades
muy pequeñas y dispersas. Un ayllu, de acuerdo a Janusek (2004a, p.28),
“fue un término flexible para la comunidad”, un grupo de gente
construyendo relaciones en compartidas experiencias productivas,
políticas y rituales. Sus relaciones estuvieron basadas en el parentesco,
real o ficticio. Los miembros del ayllu expresaron una identidad común,
y sus miembros le darán el uso a los recursos comunes, y quizás a otros
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Fig. 3. Sitios y valles del centro del Peru mencionados en el texto. 1, Cardal; 2,
Chilca; 3, Conchopata; 4, Huanucopampa; 5, Huari; 6, Jargampata; 7, La
Centinela; 8, Pachacamac; 9, Pikillacta; 10, Sonqo; 11, Xauxa.

títulos. Los ayllus estuvieron “variando en grados en un grupo


económico, ritual y político”(Janusek 2004a, p. 28) . Los ayllus agruparon
miembros con un macro-ayllu segmentado en un micro-ayllu
(Abercrombie 1998; B. Isbell 1978; Platt 1986; Rostworowski y Murra
1960).
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Fig. 4. Sitios y valles del sur del Peru mencionados en el texto. 1, Asana; 2, Cerro
Baúl y Cerro Mejía; 3, Chiribaya; 4, Chiripa; 5, Lukumarta; 6, Omo; 7, Pukara; 8,
Quebrada de los Burros; 9, San Antonio; 10, Tiwanaku.
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Fig. 5. Sitios y provincias en el noroeste de Argentina mencionado en el texto. 1,


Campo del Pucara; 2, La Rinconada; 3, Rincón del Toro.

Debido a la variabilidad en la forma de los grupos modernos usan


el termino ayllu, es improbable que los arqueólogos podemos reconocer
las agrupaciones sociopolíticas de tipo ayllu. Todavía el concepto de
ayllu es un componente clave en las explicaciones de las economías
andinas. En el modelo de Murra, las comunidades o el ayllu pueden
enviar pequeños grupos de familias a vivir en otras zonas ecológicas.
Mientras los derechos de propiedad de la tierra y de los recursos están en
la comunidad base, las familias migrantes produjeron bienes agrícolas o
aseguraron recursos distantes que serían enviados de vuelta a la
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

comunidad hogar. Esa práctica precedió y continúo durante tiempos


Inkas.
Las ideas de Murra de la comunidad andina y la organización
asociada, incluyendo sus extensiones satelitales y la familia nuclear base
han sido mostradas como complementariedad zonal, o referido como
verticalidad. La aplicación de este modelo para la comprensión de la
economía política de las sociedades pasadas centró la atención en la
importancia de las familias arqueológicas y alimentaron el desarrollo de
la arqueología de la familia en los Andes. Stanish (1989, 1992) identifico
la arquitectura residencial – la forma y la organización de las familias
arqueológicas – como el mejor indicador de la etnicidad. El afirmo que la
examinación de las casas, en vez del porcentaje de la cerámica foránea
fue la metodología más saliente para reconocer y estudiar las
poblaciones colonizadas conectando las comunidades satélites con sus
comunidades originales o clasificando grupos desde una compleja y
heterogéneo “parche de enclaves étnicos” (Stanish 1989, p. 7). Siguiendo
a Murra, Stanish (1989, p. 8) plantea que la familia es la unidad
fundamental de las comunidades; citando a muchos estudios
etnográficos el define a las familias nucleares como “las fundamentales
unidades productivas, consumistas y de intercambio” porque
participaron en relaciones de reciprocidad, redistribución, y tributo
laboral como una unidad colectiva.
Muchos autores en un volumen editado por Aldenderfer (1993a)
uso esta metodología para estudiar la complementariedad zonal a través
del tiempo en el sur del Peru, Bolivia y norte de Chile para comparar el
estilo de la arquitectura residencial y el material cultural domestico
asociado. La introducción al volumen describe las facetas del estilo y la
aplicación de los autores de la “identificación por comparación”
(Wiessner 1989). Muchos de los capítulos del volumen examino las
ruinas de las casas y la cultura material residencial para afirmar el grado
en que los colonos comprometidos en la complementariedad zonal
mantuvieron las expresiones de su etnicidad (Aldenderfer y Stanish
1993).
La investigación continua para identificar los grupos
comprometidos en la complementariedad zonal y considerar las formas
que los grupos están socialmente y económicamente integrados en zonas
ecológicas dispersadas (Blom et.al. 1998; Goldstein 2000, 2005; Hastings
1987; Parsons et.al. 1997; Sutter 2000), otros usaron el estilo de la
arquitectura domestica para identificar los diferentes grupos a través de
los periodos de cambio (Bermann, 1994; Vaughn 2004, 2005) o para
definir los antiguos limites culturales( Adán et.al. 2007; Chacama 2005;
Muñoz Ovalle 2005). El estilo de la mampostería y la forma del espacio
domestico también ha sido usado para inferir diferencias entre el Inka y
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

el equipo de soporte sobre las propiedades reales del Valle Sagrado del
Cusco (Niles 1987) o para identificar diferencias similares en los centros
provinciales (Morris y Thompson 1985, p. 70) . Todavía la búsqueda de
las colonias imperiales y las elites de emular una arquitectura de estilo
imperial más prestigiosa puede presentar problemas si dependemos
solamente de reconocimientos y de la examinación superficial o el
mapeo de la arquitectura residencial (ver DaMarrais 2001). Como
Aldenderfer y Stanish (1993) sugieren, las excavaciones de numerosas
familias puede ser costoso, pero tales investigaciones son importantes
para realizar el impacto completo del análisis residencial, especialmente
desde que la arquitectura residencial en muchas áreas es construida de
material efímero y no deja evidencia de construcciones en la superficie.
Líneas abajo, retorno a la importancia de la metodología de
investigación.

Horizontalidad y familias de organización extendida

No todas las economías andinas estuvieron basadas en la


complementariedad zonal. Las sociedades ubicadas en los ricos
ambientes costeros estuvieron comprometidos en el intercambio con
otras regiones pero no todas las zonas complementarias fueron directas;
algunos también se han basado en vínculos afines entre las comunidades
(Salomon 1985). El intercambio entre los grupos fue un factor
importante en muchas polities complejas. Algunas sociedades costeras
pudieron haber estado organizadas como grupos de especialistas donde
la identidad estuvo basada en la ocupación y las polities compuestas de
confederaciones de especialistas. Rostworowski (1970, 1975, 1977)
describe a las sociedades organizadas como una combinación de
diferentes parcialidades o comunidades de especialistas bajo la dirección
de sus señores. El tamaño y la complejidad de esas sociedades variaron
pero típicamente están referidas a los señoríos (ver también Netherly
1984; Ramirez-Horton 1981; Shimada 1982, 1994; Topic 1990). Aunque el
señorío ásperamente es traducido como jefatura, su aplicación a las
sociedades está basado en los textos etnográficos o la aplicación del
modelo de Rostworowski. De esta forma no todos los señoríos
estuvieron organizados “horizontalmente” ni todos los señoríos polities
organizados horizontalmente. También, para este modelo es importante
tener en mente que los agricultores y pescadores son considerados
grupos de especialistas y que esas subsistencias produjeron el
intercambio de sus bienes entre sí y con los productores de los bienes
manufacturados como vasijas de cerámica. Los pescadores no estuvieron
restringidos a la costa pero adicionalmente ocuparon y controlaron los
recursos alrededor de otros cuerpos de agua como el cultivo de junco.
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Hubo aquellos que se especializaron en el comercio y transporte de


bienes e hicieron trueques en muchas áreas. Las polities aparecieron de
varios de esos grupos.
Rostworowski (1970, 1975, 1977) describe las interdependencias
entre los grupos de especialistas ocupacionales interactuando a través de
sus líderes e intercambiando los ítems de necesidad y riqueza como los
peces y productos agrícolas, y los bienes manufacturados. Los
asentamientos en muchas áreas costeras estuvieron especializadas y en
algún grado dependieron de sus patrones comerciales. Además, esos
grupos fueron presuntamente endogamia, tuvieron sus propios líderes, y
pudieron haber formado alianzas matrimoniales entre los valles en vez
entre grupos de especialistas del mismo valle. Lo más lustroso de tales
grupos fueron los enclaves de comerciantes costeros y tierra adentro
asociado con el señorío Chincha, centrado en el valle del mismo nombre
(Sandweiss 1992). Lozada y Buikstra (2002, 2005) aplicaron este modelo
político para interpretar la naturaleza segmentaria de la sociedad
Chiribaya en la costa del extremo sur del Peru. Shimada (1994) uso este
modelo para explicar la expansión Moche. El sugiere que los Moche se
expandieron horizontalmente para proporcionar recursos más “locales”
a los especialistas de subsistencia. De esta forma muchos puntos de
pesca fueron hechos más accesibles a los pescadores, y los campos en los
diferentes valles pudieron ser utilizados por muchos agricultores Moche.
En efecto, las áreas adquiridas o usadas a través de la expansión pudo
aceptar la misma tecnología en vez de requerir el desarrollo de nuevas
tecnologías en los diferentes ambientes (Bawden [1996, pp. 47-50] quien
enfatiza los únicos recursos en algunos valles de la costa norte como la
motivación para el intercambio o conquista).
Como Shimada (1982) y otros sugiere, esos dos tipos de
organización social pueden coexistir dentro de una polity o entre un
grupo de polities interactuando. Cada uno no obstante puede tener
diferentes implicaciones por la naturaleza de las unidades
coresidenciales o el tamaño de las familias cooperando en aspectos de
producción, distribución, consumo y reproducción. Puede ser que las
familias dependieran del intercambio fueran necesariamente más
grandes y pudieron haber necesitado más miembros para realizar todas
las tareas relacionadas a ciertos tipos de producción especializada (ver
Lambert 1977).
Esas polities etnohistóricas corresponde bien con los grandes
componentes residenciales encontrados en los sitios urbanos de la costa
norte como las Huacas de Moche (Chapdelaine 1998, 2000, 2001, 2006;
Chapdelaine et.al. 1997; Uceda y Armas 1998; Van Gijseghen 2001),
Pampa Grande (Shimada 1994), y Chan Chan entre otros. Los
componentes residenciales varían en tamaño y elaboración, con aquellos
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

de la elite siendo grandes y ubicados cerca de construcciones


monumentales en el centro de esos centros poblaciones. Las
excavaciones han revelado que algunos componentes incorporan
espacios residenciales y actividades de producción especializada
(Shimada 1994) como la manufactura de cerámica (Uceda y Armas 1998)
o trabajo en metal (Chapdelaine 2002; Topic 1982). El trabajo menos
costoso en los centros urbanos de la sierra como Huari y Conchopata en
Ayacucho, Peru, y Tiwanaku en Bolivia sugiere que los componentes
residenciales también albergaron grupos más grandes que una familia
nuclear y que la producción especializada fue realizada en y junto con
las actividades residenciales (Isbell y Cook 2002, p. 279; Isbell et.al. 1991;
Janusek 1999; 2004a, pp. 146-147, 176-183; Rivera-Casanova 2003).
Hendrick Van Gijseghen (2001) ha sugerido que los componentes
urbanos residenciales Moche que fueron construidos y remodelados
entre Huaca de la Luna y Huaca del Sol (Huacas de Moche) representa
las estrategias de las familias de elite que construyeron ambientes
duraderos representando continuidad en el status socioeconómico
familiar. El demuestra la longevidad cronológica de algunas estructuras
residenciales en donde muros y recintos particulares fueron
conservados y usados en varias fases de reconstrucción y de renovación.
Los edificios con historias largas exhiben construcciones elaboradas y
contrasta con modestas edificaciones más pequeñas que fueron
abandonadas después de ocupar un piso ocupacional. El vincula esas
diferencias con las estrategias de la elite de familias extendidas para
plantear “una estabilidad socioeconómica inter-generacional” (Van
Gijseghen 2001, p. 268; ver también Blanton 1994; Bourdieu 1976; Santley
1993; Wilk 1983). Moore (2005, p. 189) sugirió que una casa de una
sociedad (Levi-Strauss 1983), pero él es cuidadoso al enfatizar que esta
organización probablemente solo define el estrato de elite de una
sociedad.
Si cualquier inferencia es válida, es sustentable que las familias de
elites y de clase baja dentro de la misma sociedad participo en diferentes
disposiciones familiares; de esa forma sus restos familiares pueden
manifestar patrones muy diferentes de residencia y composición familiar
(ver Netting 1982; Wilk y Rathje 1982). Similarmente, podría haber
diferencias entre los patrones urbanos y rurales de residencia, o la
composición familiar puede estar vinculada a los ítems ocupacionales.
En otras palabras, muchas variables afectan el tamaño del grupo
coresidencial y las formas de familias configuran sus residencias (Faust y
Bunimovitz 2003; Foster y Rosenzweig 2002). Los investigadores
arqueológicos estarían conscientes del potencial para la variación y
luchar para aumentar la muestra comparativa de las casas de modo que
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

importantes patrones puedan ser identificados. A la actualidad gran


parte de la interpretación depende del presente etnográfico.

Modelos etnográficos de grupos coresidenciales

El volumen de la Asociación Antropológica Americana, Andean Kingship


and Marriage (Bolton y Mayer 1977), muestra un recurso importante para
los arqueólogos al observar un estudio de diferentes grupos
coresidenciales, economías familiares, y situaciones ambientales. Los
etnógrafos andinos han encontrado una variedad de configuraciones
familiares; pero, las dimensiones y las disposiciones arquitectónicas de
las casas a menudo son omitidas, dificultaron a los arqueólogos para
traducir los grupos coresidenciales y las formas de la organización social
en los materiales correlacionados. Igualmente, cuando los antropólogos
describen actividades que ocurrieron en ambientes residenciales, el
contexto espacial, rasgos, herramientas y resultando residuos que no son
el centro de sus narrativas. De hecho, las importantes variables que los
antropólogos usan para definir y discutir a las familias andinas son casi
imposibles explorar para los arqueólogos.

Residencia y organización social

Los etnógrafos a menudo centran sus esfuerzos a la escala de la


comunidad, pero varios antropólogos han proporcionado materiales
detallados de la familia andina y son repetidamente citados por los
arqueólogos (Allen 2002, B. Isbell 1978). Una revisión de la literatura
etnográfica revela un rango de tamaños de familia y grandes unidades
productivas basadas en el parentesco. Tal variedad esta ensombrecida
por un hilo poco común como el reciproco intercambio laboral y la
naturaleza redistributiva de los festivales, de los cuales figura
prominentemente en las explicaciones que los arqueólogos proporcionan
para ubicar las familias arqueológicas en las polities prehistóricas.
Todavía otras descripciones importantes de la organización social y la
participación de la familia en el paisaje político y económico no son tan
fácilmente evaluadas con los restos arqueológicos.
Los estudios etnográficos de la familia a menudo enfatizan los
atributos que serían difíciles de seguir para los arqueólogos. Muchos
etnógrafos centran la importancia de grupos corporativos más grandes
sobre la unidad coresidencial, mostrando que las relaciones fuera de la
familia son esenciales. Mayer (1977, 2001) enfatizo que ninguna familia
agropastoral moderna es realmente autosuficiente y muy pocos grupos
coresidenciales tienen suficientes miembros para realizar todas las tareas
necesarias para la reproducción del grupo (ver también Bolin 2006;
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Sikkink 2001). La riqueza a menudo está asociada con el tamaño de la


familia, con las familias más grandes produciendo grandes cantidades de
excedentes y participando en el liderazgo de la comunidad. La gente
comprometida en la agricultura, pastorismo o ambas en una comunidad
particular no son todas iguales socialmente, y algunas familias por si
mismas están en relaciones de cliente con otra. Tales relaciones son
ciertamente importantes; pero sin alguna indicación material de tales
grupos corporativos será difícil para los arqueólogos estudiar una
comunidad o región basada en esas formaciones sociales más grandes.
En algunos casos tales relaciones pueden ser recuperables. Por
ejemplo, Brush (1977a, pp. 134-137) discute las relaciones de afinidad
entre la gente en Uchucmarca (Marañón oriental, departamento de la La
Libertad, norte del Peru), compartieron casas y la disposición de las
casas en conjuntos y vecinos ocupados por familias conocidas. El divide
la comunidad en siete familias extendidas grandes que ocuparon
cantidades variables de las estructuras de las casas en conjuntos; pero las
disposiciones internas de las residencias de esos conjuntos no están
descritos. En muchos casos no agrupan grupos de familias cooperando,
sin tomar en cuenta su interdependencia. Gose (1991) ha discutido como
las afiliaciones suprafamiliares pueden ser estacionales, con un contraste
en una unidad grupal entre periodos de acciones cooperativas de trabajo
y la posterior división de la producción agrícola en grupos
coresidenciales más pequeños. Si las relaciones de cooperación son
temporales o no, muchas variables pueden afectar la organización
espacial de los grupos corporativos más grandes. Algunos grupos de
familias cooperando pueden esparcir a sus miembros entre las tierras
propias en diferentes zonas (Bastien 1978) de modo que la residencia
central más grande o el componente multiresidencial más grande está
desocupado excepto durante periodos de intercambio o ritual.
Igualmente, la práctica de la “residencia dual” en donde los
agropastoristas, pastores o agricultores se movilizan entre las casas para
manejar sus distantes recursos (Arnold 1992; Göbel 2002; Platt 1982)
puede exageras las estimaciones de la población, con la misma familia
estacionalmente ocupando dos o más residencias.
Los conceptos vinculando la unidad coresidencial con los grandes
grupos económicos de suprafamilias cooperativas como el ayllu no ha
sido centrado desde una perspectiva arqueológica (para excepciones ver
Conrad y Webster 1989; DeMarrais 2001, p. 131). Para la mayor parte,
este tipo de investigación va más allá de las actuales metodologías. Sin
embargo, desde la información etnográfica y etnohistórica sabemos que
es uno de los grupos más ricos que tenía más poder político y
económico; tales grupos suprafamiliares fueron la realeza en el Imperio
Inka (Rowe 1946, pp. 257, 260-261; Zuidema 1977, 1990) y prominente en
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

otras polities (Hastorf 2001). Cuando las casas están aglutinadas o


dispuestas dentro de un conjunto bien definido, los arqueólogos pueden
estudiar esos grupos sociales más grandes. Todavía si los miembros de
un grupo cooperador están dispersos dentro de un asentamiento, esas
relaciones serian difíciles de detectar.
Al mismo tiempo, los investigadores no asumirían que todas las
personas ocupando un conjunto residencial son miembros del mismo
grupo familiar (Yanagisako 1979). Por ejemplo, se sabe que el Inka y la
noble elite tuvieron sirvientes, pero los arqueólogos específicamente no
investigaron la vida de los sirvientes o de los miembros de una familia
que tuvo un status socioeconómico bajo a diferencia de los residentes
primarios (ver Day 1982, p. 61, para una excepción); ningún arqueólogo
seriamente ha considerado las disposiciones familiares
etnohistóricamente documentada como la poliginia (Mayer 1972, p. 349;
Murra 1967, p. 389-390), los cuales han sido reportados etnográficamente
(Brush 1977b; para una excepción ver Rostain 2006).
La misma arquitectura es un factor principal del cual los
arqueólogos han inferido el tamaño y la organización de los grupos
coresidenciales (Malpass y Stothert 1992; Muñoz Ovalle 2005). Los
conjuntos o grupos incluyeron varias unidades de casas que son
interpretadas muy diferentemente desde estructuras residenciales
dispersadas dentro de comunidades sin límites o no demarcadas. La
investigación intercultural de grupos coresidenciales más grandes y
grupos cooperativos que no son coresidenciales puede proporcionar
algunos indicios a los arqueólogos para poder comprender la
composición social de las unidades básicas incluidas en la producción,
distribución, transmisión y reproducción, pero por ahora es importante
reconocer que el grupo coresidencial no puede realizar todos esos
propósitos (Wilk y Rathje 1982). La familia arqueológica como un
artefacto es difícil de vincular a los conceptos etnográficos de la familia,
y puede ser que los arqueólogos deben enfocarse debido a las inherentes
limitaciones de los datos según las unidades materiales comparables que
pueden ser identificadas dentro de los sitios y comparado entre
asentamientos (Bermann 1994; Flannery y Marcus 2005; Stanish 1989).
El análisis etnográfico de los grupos residenciales y los grupos más
grandes de los grupos de parentesco cooperadores demuestran que la
comprensión de las antiguas comunidades puede requerir la búsqueda
de subdivisiones o coaliciones de familias. En muchos casos, el análisis
de las familias están siendo dirigidas a sociedades más complejas con
clara evidencia de estratificación social, especialización artesanal, y de
esa forma una multiplicidad de formas de vida que el cruce de los
asentamiento rurales y urbanos y como los asentamientos ubicados en
diferentes zonas ambientales. De esa forma asumiríamos que el grupo
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

coresidencial puede variar entre las comunidades y dentro de una


sociedad particular. La correspondientes relaciones intrafamiliar pueden
ser una base muy diferente según un suite de variables contextuales
(Bawden 1990).

Indicios etnográficos en la actividad domestica

Debido a la complejidad de algunos sitios arqueológicos, especialmente


centros urbanos ocupados densamente, no siempre está claro si un
edificio contiene actividades domésticas, especialmente si las unidades
de excavación son pequeñas. Varios arqueólogos han tomado en cuenta
varias ideas presentadas por Brush (1977a; ver también Weismantel 1988,
1989) en asociación con fogones con unidades familiares (Bawden 1982a;
Brewster-Wray 1989; Gero y Scattolin 2002; Isbell et.al. 1991; Nash 2002;
Rostain 2006). En general, las siguientes interpretaciones fueron que una
estructura con más de un fogón está ocupado por una familia extendida
por subunidades, mientras que una estructura con un solo fogón está
ocupado por una familia nuclear o modificada. La literatura etnográfica
andina contiene casos de una mujer adulta teniendo sus propios
utensilios de cocina (Brush 1977a; Zeidler 1983) como también afinidades
compartiendo tales zonas de trabajo (Van Vleet 2008). De esa forma
estará en los arqueólogos evaluar la situación particular basado en la
muestra de las casas excavadas, poniendo atención al tamaño y a la
distribución de los rasgos de cocina y como se relacionan al tamaño de
las residencias como también a los demás tipos de la producción
doméstica para determinar la relación entre la cocina y la afiliación
familiar. Arqueológicamente, las actividades de cocina y otras esenciales
actividades domésticas pueden aparecer solo una vez en una estructura
residencial o ser repetida en diferentes áreas de un complejo residencial
más grande. Las excavaciones en área son necesarias para establecer
patrones de actividad domestica; tales patrones no estarían basadas en la
analogía etnográfica. Pero, algunos estudios etnográficos y etnohistóricos
tienen indicios que ayudan a las interpretaciones arqueológicas.

El uso del espacio de la casa

Algunas etnografías proporcionaron útiles descripciones de la


forma en que el espacio residencial es usado y que tipos de actividades
pueden estar situadas dentro o solo afuera de la estructura de la casa.
Por ejemplo, el trabajo de Allen (1984, 2002) en Sonqo, Departamento de
Cusco, sierra central del Peru incluye detalles de los interiores de la casa,
rasgos, complejos de las familias, y actividades. Allen describe como la
actividad cotidiana y las celebraciones ocasionales suceden en ambientes
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

residenciales demostrando que los espacios residenciales pudieron heber


tenido diferentes usos situacionales (ver también Bolin 2006; Matos
Mendieta 1972; Mayer 2001; Meyerson 1990), con la construcción de la
casa siendo por si mismo un asunto ritual (Arnold 1992; Gose 1991;
Mayer 1977).
Las descripciones de las residencias etnográficas demuestra la
importancia de los espacios externos para la actividad productiva, si es
un patio definido o el jardín entre las estructuras domesticas (Göbel
2002; Meyerson 1990). La actividad productiva generalmente incluye el
hilado, tejido (Dransart 2002), y la preparación de alimentos (Babot
2007), típicamente asociada con la mujer; pero, muchas más actividades
están presentes como la producción de herramientas y el mantenimiento
y la manufactura de ornamentos y otros bienes (Zeidler 1983). Aunque
muchos grupos tradicionales aun usan la cerámica para algunos
propósitos relacionados a los alimentos (Hildebrand y Hagstrum 1999),
un vacío grande existe cuando vamos a interpretar los restos líticos.
Todas las sociedades andinas de precontacto fueron culturas de la edad
de piedra, y todas las residencias contenían herramientas líticas
lasqueadas y kits de herramientas para formarla. La etnoarqueologia de
muchas actividades características andinas necesitan ser documentadas
desde una perspectiva deposicional para asegurar cuan aplicable la
etnografía de las actuales comunidades es para las interpretaciones
arqueológicas.
Quizás el estudio más útil para interpretar los restos arqueológicos
es el trabajo de Zeidler (1983) entre los Achuar de Ecuador. Él quería
entender la formación deposicional para interpretar los restos de las
áreas de actividad. El también examino todo el uso y la organización del
espacio residencial como también el movimiento y el desecho de objetos
en el espacio doméstico. Una importante distinción que hace Zeidler está
entre las áreas de actividad que son creadas por individuos practicando
múltiples tareas en un espacio personal versus áreas de actividad
producidas de locaciones fijas de una tarea específica realizada por
varias personas. Esta simple dicotomía distingue diferentes formas que
el espacio residencial es ocupado. Interesantemente, en el ejemplo de
Zeidler la roca de moler usada para procesar maíz por varias mujeres fue
hecha en el área del hombre de la casa. Basado en la atribución general
de la actividad de género, un arqueólogo afiliaría moliendas y la
actividad de moler con la mujer y no sería capaz de reconocer el
concepto coresidencial del grupo del espacio dividido por género. Tales
hallazgos avisan a los investigadores de las inherentes limitaciones del
registro arqueológico.
Actualmente no hay un criterio material para medir los cambios
entre el pasado y el presente. Mayer (2001) afirma una rotura radical
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

entre la comunidades prehistóricas y las actuales comunidades causadas


por la reforma y la reducción Toledana, el cual esencialmente reformo la
forma de la gente de ocupar el paisaje andino. La etnografía llegaría a ser
útil porque demuestra el potencial de las complejidades en relación a las
familias hacia la comunidad o hacia las economías regionales más
grandes. Algunas formas en donde las familias afrontan con la ecología
andina no han sido consideradas, particularmente el alcance de la
movilidad pero algo puede ser importante para modelar los regímenes
de subsistencia en diferentes zonas ambientales.
La conocida literatura etnográfica andina es importante; todavía
hay otras formas de interpretar restos y establecer vínculos entre el
registro material y los procesos sociales. En particular, un problema con
el uso de la etnografía y la etnohistoria para interpretar las sociedades
arqueológicas en los Andes es la estrecha relación que subyace algunos
de los tempranos estudios seminales. Murra entreno e influencio a toda
una generación de arqueólogos, historiadores, y etnógrafos. Los y
viceversa. Quizás el flujo posible más grande es la asunción que un
imperio puede ser proyectado en una aldea (Inka → comunidad
etnográfica) y una aldea puede ser proyectada sobre una aldea
(etnografía comunal → Inka). Algunos investigadores asumen que las
relaciones fueron esencialmente la misma entre los líderes aldeanos y los
pobladores como aquellos entre el imperio Inka y los gobernadores
provinciales. Todavía cuando consideramos la escala de diferencia en el
acceso a los recursos, la diversificación de especialistas en los dos
niveles, y el hecho que los emperadores Inka fueron consideradores
dioses en la tierra, tales proyecciones simplistas requieren un análisis
detallado.

La arqueología de las casas

Muchos programas de investigación ahora incorporan alguna forma


de datos residenciales en los modelos regionales de la organización
política, económica y en los desarrollos cronológicos. Las metodologías
varían a lo largo del continuum de escala desde la estimación
poblacional y la demografía cambiante hasta centrarse en el análisis
espacial de los contextos residenciales y sus afiliadas áreas de actividad.
Muchos investigadores están usando materiales de las áreas
residenciales de un asentamiento o sitios en una región para examinar
las diferencias socioeconómicas o son familias comparadas de diferentes
periodos para comprender los cambios a través del tiempo. Los
programas de investigación en los Andes paralelos a los de los
arqueólogos antropológicos trabajando en otras áreas y la aproximación
de las antiguas sociedades desde varias escalas y perspectivas teóricas.
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Temas de escala y la teoría de rango medio

Los arqueólogos andinos están usando restos residenciales en varias


escalas para dirigir diversas preguntas y están examinando sus datos
usando diferentes sets de la teoría de rango medio. Discuto esos modos
diferentes de investigación y sus implicaciones para la interpretación
arqueológica. Aproximadamente, los restos domésticos son usados en
tres diferentes escalas: regional, comunidad y familiar; cada una de esas
puede ir a diferentes tipos de preguntas o puede representar diferentes
fases de investigación.

Esquemas regionales y cronológicos

A la escala máxima, muchos investigadores usan la presencia y el


tamaño de las áreas domesticas para estimar las poblaciones de periodos
diferentes (Brennan 1980; Keatinge 1975; Moore 1981), examinar los
cambios demográficos en términos de densidad o dispersión (Bandy
2004) o graficar otros importantes cambios en los patrones de
asentamiento regional (Schreiber 1992; Stanish 2003; Wernke 2007).
Como parte de sus técnicas de reconocimiento, los arqueólogos pueden
mapear los sitios residenciales y ver los cambios o diferencias en la
arquitectura residencial y de esa forma proponer la migración, invasión,
o cambios asociados con los patrones cambiantes de la organización
social o el desarrollo político. Aunque esta información es importante,
este nivel de análisis proporciono solo una trayectoria de cambio a nivel
de sociedad. Las investigaciones basadas en las plantas y recolecciones
superficiales necesariamente deben depender fuertemente de la analogía;
esta escala de análisis revela poco acerca de los particulares de la área
cultural andina (Bawden 1982a). Idealmente, esos tipos de
investigaciones desde la fundación para examinaciones más detalladas
de diferentes fases temporales y excavaciones en área.

Arqueología comunitaria

Muchos investigadores que usan datos residenciales desean


demostrar o explicar los principales cambios y sus impactos a través de
la cuantificación de los restos económicamente orientados (como la dieta
y el porcentaje de los bienes de lujo) o como los cambios estilísticos de
los artefactos (como las formas de la vasija y la forma de las casas) indica
importantes cambios políticos o religiosos. Alternativamente, los
estudios muestreando restos de casas pueden comparar diferencias
sociales entre los grupos viviendo en un sitio particular u ocupando
diferentes sitios de una región en un periodo particular. Aunque esos
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

investigadores reconocen la importancia del contexto, ellos a menudo


comparan la frecuencia o tipos de artefactos entre las áreas excavadas.
Los datos obtenidos del análisis de post excavación esta favorecido sobre
la información de las especificidades aprendidas durante la excavación.
Ellos utilizan un concierto de diferentes rasgos materiales obtenidos a
través del extensivo análisis postexcavacion para caracterizar la
naturaleza de las grandes reorganizaciones sociales, documentando el
cambio cultural. Aunque esos estudios varían en una gran extensión,
esos datos de las casas están típicamente sintetizadas y la investigación
está centrada al nivel de la comunidad y las amplias subdivisiones
dentro de esa.

La arqueología de la familia

A una escala más pequeña, algunos investigadores están excavando


casas enteras o grandes partes continuas de áreas residenciales. Ellos
presentan descripciones de rasgos, y a menudo presentan in situ
artefactos y áreas de actividad. Esos investigadores están interesados en
amplios procesos de cambio como bien pero están lidiando con
complejos residenciales grandes y muy variados. Esos arqueólogos
centrados en actividades cuantifican sus comparaciones de artefactos y
economía, pero la cantidad de las casas incluidas en esos estudios es
pequeño. Esos programas de investigación tienen diversos objetivos pero
consideran la diferencia que aparece de contextos particulares en sus
descripciones. Para la mayor parte, ellos interpretan los materiales
depositados como evidencia del uso primario, el producto de la basura
de facto, o documenta las diferencias entre los depósitos primarios y
secundarios. Los investigadores en este grupo tienen mucho en común
con los arqueólogos centrados en la comunidad pero han planteado los
programas de investigación basado en un diferente set de “teorías de
rango medio”.

Teoría del rango medio

Muchos excavadores al parecer buscaron residuos residenciales,


desechos, o acumulación de basura mientras que otros investigadores
intentaron comprender las áreas de actividad y construyeron modelos
del uso del espacio residencial. Esas diferentes aproximaciones puede
reflejar la naturaleza de los restos depositados y su aparente
preservación; pero en gran parte esas opciones puede basarse en las
principales asunciones de los investigadores planteadas de los procesos
arqueológicos deposicionales (ver Schiffer 1985). Incluso en Pompeya,
parecería que la naturaleza del estudio arqueológico y el siguiente
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

análisis condujo a las tipologías descontextualizada centrado en el


cambio diacrónico, mientras los temas sincrónicos de actividad y
organización están dirigidas usando la vacía arquitectura residencial
(Allison 2004, pp. 4-8).
Los sitios arqueológicos pueden ser muy diferentes y los procesos
de formación varían. Un sitio puede tener in situ desechos de facto,
mientras otros estarían lleno con basura de ocupaciones posteriores.
Ambos tipos de posición pueden estar presente en el mismo sitio. El
trabajo de Zeidler (1983; Stahl y Zeidler 1990) en Ecuador mostro que
dentro de la misma residencia distintos procesos deposicionales pueden
causar diferentes patrones de acumulación. De esa forma las
comparaciones entre los materiales derivados de los pequeños pozos de
evaluación pueden ser problemáticos. Los artefactos y los ecofactos fuera
de contexto posiblemente proporcionaron malos resultados. Las
muestras excavadas que son obtenidas de diferentes partes de la casa
(“sala”, “cocina”, o “deposito”, ver Bawden 1982a) no puede ser
comparable. Si los excavadores no obtienen una comprensión de la
organización espacial de la residencia, ellos pueden muestrear partes de
la casa y recuperar complejos que representa diferentes sets de
actividades. Las comparaciones entre los dos tipos de contextos
domésticos, como una cocina con un almacén, puede proporcionar una
figura distorsionada de las diferencias entre las familias.
Una forma de evitar muestras domesticas no representativas y no
comparables es para excavar toda la casa (Feinman et.al. 2002; Flannery y
Marcus 2005). Alternativamente, algunos investigadores han excavado
una pequeña cantidad de casas en áreas específicas dentro de estructuras
residenciales para excavaciones adicionales (Earle et.al. 1987; Vaughn
2004). Esos tipos de muestras son una forma de expediente para
examinar los amplios procesos de cambio pero tales datos no pueden ser
usados para responder todas las interrogantes de la investigación. Tales
expresiones puede ser posible cuando hay una forma estándar de una
casa o el sitio consiste de patrones muy uniformes, pero seria difícil
implementar en asentamientos multiétnicos, grandes centros con
industrias de casas, o asentamiento urbanos con una gran variedad de
gente y morfología residencial. Es quizás por esta razón que muchos
investigadores trabajaron en sitios complejos grandes escogidos para
excavar todas las casas o grandes secciones continuas de arquitectura
residencial para responder las respectivas interrogantes de la
investigación.
En las investigaciones de los sitios más pequeños pueden ayudar a
describir los típicos patrones domésticos replicados en diferentes
estructuras o dentro de estructuras para comprender las unidades
familiares o el tamaño relativo del grupo coresidencial (Stanish 1989). En
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

sitios más complejos y más grandes, las excavaciones en los sectores


residenciales serian lo suficientemente extensos para poder comparar los
recintos, rasgos y elementos repetidos antes que los investigadores
etiqueten los restos arquitectónicos como unidades domésticas. En
términos arqueológicos, las estructuras construidas, como artefactos
tienen atributos funcionales y estilísticos; las casas como artefactos
necesitan ser descritos como fueron hechos, usados, decorados y
desechados. Estudiar las áreas residenciales y comparando los datos
domésticos para comprender los procesos sociales, políticos y
económicos, los arqueólogos necesitan comprender las unidades de
análisis y sus atributos.

Las familias arqueológicas y las áreas domesticas

Wilk y Rathje (1982) explica que los arqueólogos no excavaron familias


sino más bien los restos de las casas. Es importante hacer un gran
esfuerzo unir el vacío entre las casas y las familias, pero ese esfuerzo es
requerido si los arqueólogos quieren entender la composición social,
económica o política de una sociedad. Como los estudios etnográficos
muestran, el grupo coresidencial no siempre corresponde a una familia;
sin documentos históricos los arqueólogos no pueden dividir tales
cabellos. Más bien, los arqueólogos pueden centrarse en la comprensión
de la producción y la reproducción domestica como también de las
formas de los grupos coresidenciales participando en las esferas sociales,
económicas y políticas de una comunidad y una sociedad más grande.
El objetivo de la arqueología de la familia es comprender tan mejor
como la arqueología lo permite, la unidad básica social en una
comunidad o la disposición de las unidades sociales en una sociedad con
la presunción que esta unidad social es también la unidad básica de la
interacción económica y política. La actual literatura etnográfica sugiero
que esto a menudo no es el caso; pero en arqueología es necesario
plantear el inicio. La unidad familiar en vez de la individual es visible en
el registro arqueológico porque puede estar vinculada a un tipo de
artefacto – la casa o la residencia. Prefiero la residencia en esta narrativa
sobre la casa porque me refiero a un artefacto arqueológico par excellence
en vez de una formación social en particular como en la reciente
literatura de la casa (Joyce y Gillespie 2000) la cual estuvo centrada en
otros tipos de artefactos como los monumentos mortuorios o complejos
ceremoniales integrativos.
La familia arqueológica es el grupo coresidencial que uso la
superficie ocupacional, rasgos y el complejo de artefactos de una
residencia (Flannery 1983; Kramer 1982). Algunos miembros de esos
grupos puede contribuir al complejo de la casa solo durante eventos
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

estacionales; otros miembros de la comunidad también puede contribuir


al complejo de la casa. Tales dudas deposicionales tienen algunos
teóricos cuando leen para descartar la unidad domestica como un medio
de análisis a favor del set de prácticas realizadas en ambientes
domésticos (Vaquer 2007). Sugiero que el concepto de familia es un
campo heurístico necesario para la comparación de diferentes sociedades
y sus respectivas composiciones sociales. El grupo coresidencial, con sus
diferentes agendas y tareas individuales, viven juntos, co-organizan las
actividades en la casa, y realizan actividades domésticas repetidamente
en la forma de un patrón. Incluso si la casa estaba llena de basura
después de que fuera abandonada, los accesos, fogones, almacenes,
ofrendas enterradas selladas, y la organización del espacio puede aún
revelar algo de este patrón; planteare que algunos tipos de depósitos no
serían etiquetados basura hasta el análisis comparativo y contextual haya
sido completado (ver abajo el interior de la casa). Incluso muchos
materiales asociados al uso diario regularmente son limpiados, las
técnicas como el análisis de microdesechos (Hardin 2004; Login y Hill
2000) o la química de los suelos de los pisos (Manzanilla y Barba 1990)
pueden a menudo proporcionar importante información acerca de la
actividad doméstica.
Las casas varían y de esa forma hay varios aspectos del rango medio
esenciales para la arqueología de la familia. Primero, la arqueología de la
familia requiere una definición material de una casa. La casa puede estar
compuesta de uno o más estructuras e incluye espacios internos y
externos. La definición de una casa incluye la arquitectura, los rasgos, y
el conjunto de actividades domésticas. Para este trabajo seria comparable
y útil para otros investigadores, las actividades domésticas deben ser
vinculadas al complejo material, y los atributos de los rasgos deben ser
descritos (como la morfología del fogón). Segundo, desde la composición
del grupo coresidencial varia es importante para determinar si una casa
contiene un solo set de actividades domésticas o varias. En otras
palabras, buscar fogones duplicados, tablas de moler, y latas de almacén
pueden determinar que una casa estuvo ocupada por más de una
unidad social o un grupo de subunidades.
El aspecto más difícil de definir una casa es lidiar con la variación
observada en muchas sociedades complejas. Pero, un tercer aspecto
crucial de la arqueología de la familia es determinar qué tipos de
producción (actividad especializada, actividad política o actividad
religiosa) puede aparecer en algunas casas pero no todos las casas de
una muestra. Por ejemplo, la producción de cerámica puede aparecer en
jardines residenciales, mientras que la metalurgia – quizás por la
toxicidad – está ubicado en la periferia de un asentamiento. Conociendo
que tipos de especialización aparecen en casas y que puede suceder en
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

áreas de propósitos especiales necesarios para plantear la economía del


asentamiento. También, la composición de un grupo coresidencial puede
ser vinculada a la clase u ocupación. Finalmente, es necesario para
muestrear casas de diferentes tamaños y formas en vez de asumir que
todas las casas exhiben los mismos patrones de actividad o similares
unidades sociales. En sociedades complejas varios patrones de
actividades domésticas pueden estar presente en aldeas, existe entre
aldeas, o solo sería aparente en centros poblaciones más grandes. La
arqueología de la familia puede revelar esas importantes diferencias y
ayudar a los investigadores a explorar un amplio rango de temas
sociales, económicos y políticos.
La diferencia entre la arqueología de la familia y la arqueología de
los restos domésticos es de contexto. La arqueología de la familia
examina artefactos y ecofactos en relación a cada uno y a los rasgos
como fogones o banquetas para plantear el uso del espacio en diferentes
partes de la casa o alrededor de las áreas residenciales. El contexto es el
clave para definir áreas de actividad y ubicando actividades en y
alrededor de las casas. Vinculando los restos domésticos a las unidades
familiares requiere la identificación del uso de las superficies y el análisis
de los materiales recuperados de tal superficie como un complejo
familiar. Las casas pueden ser definidas solo en contraste con otras
estructuras y en comparación a complejos similares y disimilares, solo
como una casa elite no puede realmente ser identificado sin comparación
a un rango de casas no elite. De esa forma la misma arqueología de la
familia debe obtener múltiples muestras de toda la casa y seria diseñado
para identificar los espacios residenciales y vincular las actividades
domésticas a esos espacios.
Hay problemas conceptuales en la implementación de la
arqueología de la familia por la amplia noción que las casas
abandonadas están llenas de basura en vez de evidencia de uso primario.
En algunos casos la disturbacion postocupacion puede completamente
destruir las superficies usadas o las estructuras residenciales, pero la
ausencia de pisos de casas documentadas puede estar relacionado a
suposiciones (que los pisos pueden ser planos o bien hechos) y el
lenguaje en vez de preservación. Muchos arqueólogos refieren a las
excavaciones como pozos, trincheras, y cortes indicando que sus
objetivos de la excavación son verticales en vez de horizontales. Debido a
que la arquitectura vernacular a menudo exhibe pequeñas inversiones en
la construcción del piso, se necesita una aproximación horizontal para
aprender que pisos de casas parecen iguales y para encontrarlos
exitosamente. Incluso cuando se identifican muros de estructuras, un
claro patrón de hoyos de postes aparece, o fogones son encontrados a un
lado de moledores indicaría que algunos investigadores aún son reacios
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

para considerar la posibilidad que están excavando más que solo


desechos, basura o restos. No es maravilloso que algunos arqueólogos
puedan considerar excavar basurales para constituir la arqueología de la
familia, mientras otros incluirían las descripciones de las formas de la
casa a la ausencia de la excavación hasta también caer bajo los auspicios
de la arqueología de la familia. Basado en la definición que di, la
siguiente revisión de la arqueología de la familia incluye solo trabajos
que describen casas excavadas o restos domésticos junto con sus
contextos.

Las familias como unidades sociales

Varios proyectos han examinado las áreas residenciales para definir las
características funcionales de los asentamientos usando datos
residenciales para describir o comprender las diferencias entre el estrato
social de una sociedad. Esos proyectos fueron asuntos colaborativos
típicamente de varios anos que muestreo una cantidad amplia de
contextos para comprender la naturaleza de los centros urbanos o las
diferentes categorías sociales en una polity regional.

Urbanismo

Moseley y Mackey dirigieron el Proyecto Valle Chan Chan – Moche


(1968-1974) para examinar la capital Chimu (850 – 1470 DC; Moseley
2001, p. 272) y el hinterland rural de la ciudad para comprender como los
diferentes componentes funcionaron juntos. Mapeando, las colecciones
superficiales, los estudios hidrológicos, y las excavaciones estratigráficas
y horizontales de los sitios de muchos periodos fueron realizados para
establecer controles cronológicos y examinar el cambio a través del
tiempo. El equipo excavo una variedad de tipos de edificios para
identificar la función de diferentes unidades arquitectónicas. Para la
mayor parte, las formas y rasgos arquitectónicos fueron los principales
atributos de su análisis comparativo con restos artefactuales
suplementando la interpretación (para una excepción ver abajo J. Topic
1982). Los documentos históricos y los mitos fueron usados para
desarrollar los contornos de la polity y contextualizar el registro
arqueológico (ver Moseley 1990; Netherly 1990; Ramírez 1990;
Rostworowski 1990). Los hallazgos de este proyecto están detallados en
muchas disertaciones (Conrad 1974; Day 1973; Keatinge 1973;
Klymyshyn 1976; Kolata 1978; Netherly 1977; J. Topic 1977; T. Topic
1977), dos colecciones editadas (Moseley y Cordy-Collins 1990; Moseley
y Day 1982), varios artículos (Andrews 1974; Keatinge 1974, 1975;
Keatinge y Conrad 1983; Keatinge y Day 1973; Netherly 1984).
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Chan Chan tuvo tres diferentes clases de arquitectura residencial –


ciudadelas, arquitectura intermedia (Klymyshyn 1982), y cuadras de
pequeños recintos irregulares y aglutinados (CPRIA) (J. Topic 1982,
1990). Cada clase estuvo examinada para comprender rasgos repetitivos
y la organización básica, y las tres clases de edificios combinaron áreas
residenciales con actividades especializadas, incluyendo la
administración política, almacén/redistribución, actividad especializada,
y ritual mortuorio. Day (1982) describió los rasgos comunes de
ciudadelas, interpretadas como las sedes del poder donde los
gobernantes Chimu vivieron y gobernaron su polity expansiva.
Sorpresivamente, las únicas áreas domesticas mencionadas dentro del
complejo fueron por el servicio personal, quienes ocuparon pequeñas
estructuras irregulares cerca de pozos en los sectores meridionales de
los conjuntos. Se desconoce dónde vivieron las elites y como esas áreas
intersectaron con la actividad política. Pero, porque Moseley y Mackey
(1974) hicieron y publicaron mapas detallados de las ciudadelas y otras
áreas de Chan Chan, algunos investigadores (Moore 1996; Pillsbury y
Leonard 2004) han incluido esos “palacios” en sus análisis de las
tempranas relaciones de poder estatal (ver abajo).
En la misma región, bajo los auspicios del proyecto ZUM (Zona
Urbana Moche) desde 1995, Chapdelaine (2000, 2001, 2002, 2003) y sus
colaboradores peruanos Uceda Castillo y Morales han examinado las
urbanitas Moche mapeando y excavando estructuras entre Huaca de la
Luna y del Sol y realizaron excavaciones en Huaca de la Luna (Uceda
2001; Uceda y Tufinio 2003). Ellos se centraron en comprender la
composición y variedad de los residentes urbanos en esta temprana
ciudad Moche. Chapdelaine (2001, 2006) proporciona una descripción
general de la actual estructura social en el sitio y proporciona un
detallado ejemplar de un complejo residencial urbano Moche. Los
informes de excavación proporcionan detalles ricos de muchos contextos
excavados y están disponibles en una serie de publicaciones (Uceda y
Mujica 1994; 2003; Uceda et.al. 1997, 1998).
De acuerdo a Chapdelaine (2001, 2006), Moche fue ocupado por una
clase media y/o baja urbana (el no encontró evidencia de casas de clase
baja o implementos agrícolas). Pero, la diversidad en el tamaño del
conjunto y la construcción representa grupos familiares/coresidenciales
de tamaño variable, riqueza y ocupación. Los conjuntos arquitectónicos
en el sitio incorporan áreas residenciales, áreas de trabajo (Uceda y
Armas 1998) y las instalaciones de almacenes que aparentemente
excedieron las necesidades del afiliado grupo doméstico. Muchos
conjuntos también incluyen plataformas o construcciones tipo estrado,
quizás usados por administradores de trabajadores o funcionaban como
espacios centrales para actividades políticas o rituales. El programa de
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

investigación está en curso y ha cambiado su objetivo a sitios hinterland.


Una presentación sintética de las comparaciones realizadas entre las
familias urbanas y rurales es ansiosamente esperada por la comunidad
investigadora andina.
Aquellos trabajos en la costa norte del Peru, como ZUM se basaron
de los datos comparativos producidos por el Proyecto del Valle de Viru y
el Proyecto del Valle Chan Chan – Moche para comprender el desarrollo
político del área. En particular, varios estudios han comparado su trabajo
en otros sitios Chimu hasta el núcleo urbano y han examinado las
diferencias entre los asentamientos urbanos y rurales (Keatinge 1974,
1975; Moore 1981). Otros investigadores han tomado aspectos
colaborativos y comparativos del Proyecto del Valle Chan Chan – Moche
como un modelo y han muestreado un área de diferentes restos
arquitectónicos para comprender los componentes funcionales de un
gran asentamiento. Entre esos programas son los trabajos de Brennan
(1980, 1982) en el centro Salinar de Cerro Arena, el programa de
investigación de Pampa Grande de Shimada (ver abajo), y el análisis de
Bawden de la estructura social de Galindo.

Estratificación social y diversidad

Relacionado a los estudios de urbanismo son aquellos programas de


investigación que usan datos residenciales para construir modelos de
jerarquía social o hetearquia. Variando desde modelos marxistas de la
lucha de clases hasta estudios de diferencia social basado en el prestigio,
ocupación o identidad étnica, algunos estudios de restos domésticos han
examinado la composición social de sitios grandes o polities regionales.
Uno de los estudios más citados inter-culturalmente de la
arqueología residencial de los Andes fue publicado por Bawden (1982a,
ver también 1982b, 1990). Esa describe las diferencias de clase entre
sectores discretos del sitio Galindo del Valle de Moche. Galindo está
asignado al Moche V (600-750 DC) y está ubicado en el cuello de valle
encima del área donde se irriga la agricultura costera. El sitio es complejo
incluyendo extensos restos residenciales, áreas de producción
especializada, almacén, y monumentos (huacas).
Bawden excavo la mitad cada recinto doméstico en su estudio. El
evalúo muchas estructuras; 28 fueron exclusivamente residenciales y
compuesto de un área de cocina, “cocina”, un patio con banqueta, “sala”,
y uno o más almacenes, “depósitos”. Fueron comparados según el tamaño
general, las dimensiones de los diferentes tipos de recintos, la frecuencia
relativa de los diferentes tipos de cerámica, y la presencia de artefactos
de plata (Bawden 1982a). El agrupo las estructuras residenciales de
acuerdo al sector del sitio y describió las salientes diferencias entre las
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

clases socioeconómicas viviendo en el sitio. El concluyo que la marcada


diferencia social entre las clases en Galindo no pudo ser sostenido y
últimamente condujo a importantes cambios en el siguiente periodo
Chimu. Para su tiempo, el objetivo de Bawden en y la presentación
sistémica de los datos domésticos fueron improcedentes y
proporcionaron un interesante mirada de la variación dentro de la
sociedad Moche tardía.
Pero, los detalles de otras publicaciones (Bawden 1982b, 1996, 2005)
revelaron que las áreas residenciales estuvieron muy expandidas, muy
variables, y más complejas. Parece que podría al menos ser dos clases de
residencia de elite no incluida en el análisis clásico de Bawden. Bawden
correlaciona la cocina o “basura de cocina” con domesticidad e informa
que tales restos asociados a los monumentos de plataformas (Plataforma
A), conjuntos formales (cercaduras A, B y C), e instalaciones de
producción especializada. Debido a la actual popularidad de vincular
festines a la ceremonia política y religiosa (en los Andes y muchas
regiones del mundo), “basura de cocina” llegaría a ser un término
problemático para interpretar las áreas del sitio que no exhiben la típica
disposición domestica (sala, cocina, deposito). Esta investigación
muestra que los patrones domésticos pueden variar sustancialmente
cuando la actividad cotidiana sucede a un lado de la actividad
especializada o actividades políticas. Los restos de fiestas pueden ser
etiquetadas tan solo si las comidas cotidianas y sus desechos son bien
entendidos. Los diferentes patrones de consumo no pueden ser
categorizados sin un análisis comparativo.
Las familias urbanas y rurales han sido una importante línea de
evidencia para comprender las relaciones sociopolíticas fundamentales
en la aparición y desarrollo de Tiwanaku. El Proyecto de varios anos
Wila-Jawira (1986-2000) dirigido por Kolata (1986, 1993, 1996,2003a,b),
elaborado sobre metodologías desarrolladas durante el Proyecto Valle
Chan Chan-Moche pero iría más allá del análisis funcionales e
intentaron describir Tiwanaku como un centro urbano socialmente y
étnicamente cosmopolitano. Desafortunadamente, la arquitectura fue
construida principalmente de adobes sobre bases de rocas, y las lluvias
estacionales han derretido los muros y dejaron un árido paisaje
ondulante de montículos y concavidades. De esta forma es desafiante
comprender la organización de la ciudad altiplano.
Como la investigación de Bawden en Galindo, los restos
residenciales han sido encontrados en conjunto con el espacio ritual (el
Akapana [Kolata 2003a, pp. 188-190, Fig. 7.17]), producción especializada
(Ch`iji Jawira suburbano [Rivera-Casanovas 2003]), y áreas
administrativas semipúblicas (el Complejo Putuni [Couture 2004;
Couture y Sampeck 2003]). Las comparaciones entre muchos contextos
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

proporcionan importantes indicios y han contribuido gran parte para


comprender a la sociedad Tiwanaku en general.
La investigación de Janusek (1999, 2002, 2003, 2004a,b, 2005) del
estado Tiwanaku compara las actividades familiares para comprender el
carácter social de la polity Tiwanaku. Su reciente síntesis atrae muchos
sets de datos y examina las diferencias diacrónicas y sincrónicas entre las
áreas residenciales en el centro Tiwanaku y otras áreas del heartland.
Mientras los trabajos publicados de Janusek (2004a,pp. 88-89) examina la
diversidad de los pobladores urbanos de Tiwanaku, identidad y
avenidas de poder , su investigación fundamentalmente fue concebida
para “definir la constitución material de la unidad familiar . . . e investiga
los ritmos prácticos de la vida diaria.” El presenta un diverso set de
perspectivas teóricas de las familias etnográficas como un fenómeno
social, los modelos interpretativos de su patrón material (Janusek
2004a,pp. 88-94). El describe los restos domésticos y las transformaciones
residenciales en las cuencas de Tiwanaku y Katari desde el inicio del
Formativo Tardío (200 AC) hasta el inicio del Periodo Pacajes (1150-1470
DC, conocido muy ampliamente como el Periodo Intermedio tardío).
Janusek contextualiza esas transformaciones para examinar los
correspondientes cambios en los patrones de asentamientos,
construcciones monumentales, expansión agrícola, y contacto
suprarregional con regiones distantes al sur y este. Su trabajo es una
única contribución porque proporciona una sección representativa de la
sociedad Tiwanaku vista a través de las actividades residenciales y
articula las transformaciones sociales en la esfera residencial con
procesos políticos muy amplios.
Complementando la examinación de Janusek del heartland
Tiwanaku, el trabajo de Goldstein (1993, 2005) en el valle medio de
Moquegua revela una interesante división étnica entre las comunidades
Tiwanaku y la segmentación social dentro de diferentes asentamientos.
Importantemente, las excavaciones de familias de Goldstein al parecer
están en depósitos in situ. Como Goldstein indica “ . . . quincha (muro de
cana) y otros edificios domésticos efímeros construidos no duran mucho
después de su abandono y de esa forma su relleno puede reflejar muy
exactamente las actuales actividades en los recintos “(Goldstein 2005, p.
194). Los materiales cerámicos y rasgos fueron los principales medios de
interpretación de la función del recinto pero otros materiales también
fueron incluidos en el análisis. El uso la muestra residencial bien
documentada de los asentamientos del altiplano Tiwanaku para plantear
conexiones entre los colonos Moqueguanos tanto en tecnología de
herramientas (utilizaron mandíbulas de camélidos y la aparición de lozas
domesticas producidas localmente) como la directa importación de las
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

vasijas de loza roja de estilo Tiwanaku. Pero, la disposición y la


organización del espacio familiar demuestran marcadas disparidades.
Goldstein describe diferencias entre los grupos étnicos Tiwanaku
(Omo, Chen Chen, y Tumilaca) inicialmente interpretado como fases
cronológicas de ocupación afiliado a Tiwanaku IV, V y poblaciones
postestatales. Las plantas de las casas de algunas estructuras pueden ser
encontradas en el volumen editado por Aldenderfer (1993a; Goldstein
1993), mientras que las descripciones más desarrolladas e
interpretaciones están publicadas en su libro (Goldstein 2005) junto con
una gran cantidad de fotografías de artefactos e ilustraciones. El objetivo
de Goldstein (2005, pp. 181-237) se centró en la arqueología de la familia
es en algunos aspectos similar a la de Stanish (1989, 1992); el intenta
vincular a los colonos a un heartland, pero pasa más de una década
después y tienen acceso a una investigación más regional, Goldstein es
capaz de usar los disponibles datos arqueológicos para discutir muchas
facetas en donde las familias están afectadas por el estado.
También en Moquegua, Conrad y Webster (1989) investigo la
organización sociopolítica comunitaria en el sitio del Periodo del
Intermedio Tardío de San Antonio ubicado en la sierra norte del drenaje.
Como Stanish (1989), ellos examinaron el patrón familiar para
determinar si los habitantes de San Antonio fueron un enclave del
altiplano. Conrad y Webster (1989) describe a las casas compuestas de
actividades de cocina y de recintos con tales unidades agrupadas en
grandes cuadras como grupos de familias relacionadas. Considerando
sus datos de superficie y excavación juntos, ellos proponen que San
Antonio estuvo organizado según principios de una dualidad anidada
con la comunidad organizada en dos sectores, cada una de la cual fue
dividida en dos; de esta forma el sitio pudo haber estado compuesto de
moieties pareados como muchas de las comunidades Inkas y modernas.
Los investigadores que trabajaron en el noroeste argentino están
examinando el uso del espacio residencial en un esfuerzo para
comprender la relativa complejidad social de las sociedades Aguada
(900-1450 DC, no calibrado). Siguiendo el pionero trabajo de Albeck
(1997) y Nielsen (1995, 2001), esos investigadores están aplicando
conceptos trazados de Bourdieu (1977), Giddens (1979), Kent (1990), y
Rapoport (1990) para examinar la organización social de esas sociedades
complejas (Nielsen et.al. 2007). Por ejemplo, Callegari (2007) compara los
restos de varias estructuras residenciales en Rincón del Toro (valle
central de Vinchina, La Rioja 850 -1400 DC) donde las casas son
pequeñas están construidas sobre terrazas en una pendiente, y están
entre circulares y cuadrangulares en forma. Ella demuestra que la
diferencia del tamaño relativo positivamente se correlaciona con el
acceso a los recursos. Callegari interpreta a la sociedad local de Aguada
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

en esta región como una con una existente estratificación social. Gordillo
(2007) trabajando en La Rinconada (también conocida como la Iglesia de
los Indios, ubicado en el Valle de Ambato, Catamarca) encontró muchas
disposiciones formales de vivir con numerosas residencias rectilíneas
compartiendo muros comunes dispuestos alrededor de un área de patio
compartido comunalmente. Ella enfatiza la importancia de la interacción
cara-a-cara en un patio compartido para reproducir la identidad del
grupo (Gordillo 2007) y la importancia de la unidad social del patio
como una característica de La Aguada en Ambato. Ella vincula este tipo
de disposición social hasta los antecedentes de los sitios Alamito del
periodo Formativo ubicado en el Campo de Pucara (Núñez Regueiro
1998).
Aunque el análisis del uso del espacio puede ser exitoso al definir la
composición social del grupo coresidencial, al parecer los investigadores
tratan el fenómeno Aguada como una variación regional, funcional y
temporal exhibido por asentamientos compartiendo este estilo de
cerámica. Rivolta (2007) sugiere que la vasta diferencia en la morfología
de las casas se relaciona con un periodo largo de tiempo de la fase
Aguada; otros investigadores han afirmado que los sitios Aguada son
funcionalmente diferentes, con elites y artesanos viviendo cerca de los
complejos ceremoniales y aparte de los diferentes miembros
agropastorales de la sociedad más amplia (Tartusi y Núñez Regueiro
2001). Muchos restos resuelven esos temas, pero como el tamaño de la
muestra aumenta, la aproximación del “uso del espacio” promete revelar
el grado de la variación social dentro y entre asentamientos como
también la variación regional entre los grupos Aguada en el noroeste de
Argentina.

Las familias como unidades económicas

Muchas definiciones de familias las describe desde una perspectiva


económica como un grupo coresidencial que coopera en producción,
consumo, distribución y reproducción (Hastorf y D`Altroy 2001; Netting
1982; Rice 1993; Wilk y Rathje 1982). Incluido en este trabajo están los
estudios de las composiciones económicas y sociales de los cazadores-
recolectores y las tempranas poblaciones sedentarias, mientras que los
proyectos examinan las sociedades complejas se han centrado en la
definición de la economía doméstica o cambios organizados en la
producción doméstica a través del tiempo. Otros investigadores
interesados en la producción especializada han encontrado que esta
actividad está compuesta en ambientes residenciales.

Subsistencia y el grupo coresidencial


J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Las casas más tempranas en los Andes incluyen abrigos temporales


hechos de cana o material vegetal tejido construido cerca de los recursos
alimenticios o en las cuevas (Engel 1970; Gambier 2002). Uno puede
preguntar si un grupo de abrigos temporales califica como una casa; más
bien plantearía que las comparaciones son claves para entender los
desarrollos y que las innovaciones que coinciden con los grupos
sedentarios construyeron las primeras casas permanentes no pueden ser
entendidos sin referencia a las construcciones de los tempranos grupos
móviles. La movilidad es un aspecto clave de las adaptaciones humanas
en los Andes; en algunas regiones la gente aún está construyendo y
ocupando tales casas temporales y efímeras como parte de su estrategia
de subsistencia (Göbel 2002).
Para comprender las estrategias de subsistencia durante el Arcaico,
Lavallee y sus colegas (1999) examinaron la actividad de las áreas de
campamento y de desecho para inferir el rango de tecnologías de obtener
alimentos practicados por los cazadores-recolectores usando la zona
costera al sur del Peru. Ellos realizaron muestreos estratigráficos y
excavaciones horizontales en la Quebrada de los Burros, una quebrada
seca ubicado al norte del Rio Sama en el Desierto de Atacama al sur del
Peru. El equipo de investigación hizo cortes verticales y también
tomaron muestras sistémicas biológicas a través de la ocupación
horizontal para cuantificar los materiales botánicos y de fauna. Ellos
fueron capaces de ubicar tres abrigos mostrando densos depósitos
semicirculares de conchas que trazaron áreas relativamente más limpias
con muy pocas conchas. Los excavadores presumen que la densa
oscilación de conchas son materiales depositados a lo largo de los bordes
exteriores de las carpas o muros de las chozas. Han identificado tal
superficie ocupacional, ellos asociaron la variedad de restos de
herramientas y alimentos hallados con un solo grupo que pescaron con
anzuelos, redes o arpones en la playa o en botes como también la caza de
especies terrestres. De esta forma por el 7400 AP (la fecha de las conchas
corregidas ver Lavallee et.al. 1999, p. 23) los cazadores-recolectores que
usaron esta zona fueron versátiles, poseyeron varias tecnologías, y no
solo dependieron de los recursos marinos o terrestres.
Aldenderfer (1993b, 1998) usaron los restos residenciales en Asana
para examinar los cambios en la subsistencia a través del tiempo. Asana
es un sitio abierto de altura en la parte superior de Moquegua (también
conocido como Osmore) al sur del Peru que fue ocupado para la mayor
parte del Periodo Arcaico (9800-3600 AP). Aldenderfer (1998, p. 109)
documento las adaptaciones de los forrajeros a las condiciones de las
partes altas y fue relacionado con el “rendimiento de la actividad”. El
estudio los materiales sobre los pisos ocupacionales para clasificarlos
como depósitos primarios o secundarios. El resultado del estudio es útil
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

para los investigadores interesados en los grupos domésticos y


actividades cotidianas en este periodo temprano. Las excavaciones
horizontales revelaron 14 niveles de ocupación, 12 de los cuales
exhibieron abrigos o casas y los espacios externos fueron intervenidos.
En general, 60 unidades residenciales fueron expuestas pero muchos de
esos no fueron excavados por completo por la superposición de otros
pisos ocupacionales o estaban disturbados. Aldenderfer uso esta muestra
excepcional para comparar los patrones de subsistencia basados en el
material botánico o de fauna como también la tecnología lítica. Este es un
ejemplo arqueológico excepcional de los cambiantes patrones domésticos
durante el periodo Arcaico como actividades de subsistencia que va de la
caza hacia el pastoreo.
Damp (1988) excavo Real Alto, un sitio Valdivia ubicado en el Valle
de Chunduy para examinar la economía de un pequeño asentamiento en
la fase temprana de las formas de vida sedentarias (la ocupación más
temprana de Real Alto, 3300 AC, no calibrado; ver Damp 1984, p. 574 y
Damp 1988, pp. 28-29 para una discusión de la datación). Damp fue
capaz de identificar varios abrigos sobre una superficie ocupacional y
diferencia las áreas de deposición de las áreas de actividad. El
proporciona una amplia descripción del temprano asentamiento de Real
Alto y sugiere que esa y los sitios contemporáneos Valdivia I fueron
deliberadamente ubicados cerca de tierra cultivable, basando sus
economías en los recursos dentro de una zona de captación de 5 km. Esto
contrasta con las tempranas ocupaciones Las Vegas (10,000 – 6000 AP, no
calibrado) la cual consiste de forrajeros no especializadas. Stothert (1985)
trabajo en el temprano sitio Las Vegas donde observo áreas de casas y
de actividades; pero ella fue capaz de identificar solo una estructura. Ella
sugiere que se debió a la naturaleza móvil y cambiante de la ocupación;
los abrigos tuvieron poca antigüedad y reocupaciones secuenciales de los
sitios disturbados más áreas domesticas (Malpass y Stothert 1992). Junto
al trabajo de Stothert (1985), Damp (1984, 1988), y Zeidler (1983; Stahl y
Zeidler 1990) muestra como la residencia, subsistencia y la composición
de los grupos coresidenciales cambiaron de Las Vegas a Valdivia I como
grupos llegando a ser menos móviles; ellos también fueron
transformados después como Real Alto apareció en un centro ceremonial
en el Valdivia II (2100 AC no calibrado).

La economía domestica

Uno de los proyectos multi-disciplinarios y a largo plazo más grande


realizado en los Andes es el Proyecto de Investigación Arqueologico del
Alto Mantaro (IAAM) estuvo dirigido por Earle a finales de los 70s hasta
mediados de los 80s. El proyecto integro investigaciones en varias
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

escalas y principalmente centrado en datos obtenidos de excavaciones


superficiales y de familias para examinar los cambios en la economía
doméstica Xauxa entre el Periodo Intermedio Tardío cuando los grupos
regionales fueron autónomos (Wanka II DC 1300 – 1460) y el Horizonte
Tardío bajo la hegemonía Inka (Wanka III – 1460 – 1533 DC).
El alcance del proyecto IAAM, en términos de sitios (n = 6)
examinados y las casas muestreadas (n = 31) es raro en la investigación
andina. Las casas aparentemente consistieron de uno o más recintos
circulares (llamado estructuras) mirando hacia el interior de patio
limitado irregularmente. Cada disposición arquitectónica de un grupo de
patios esta cuidadosamente ilustrada con rasgos como basurales, fogones
y entierros indicados (Earle et.al. 1987). Los asentamientos Wanka II
estuvieron densamente aglutinadas rodeadas por muros defensivos y
ubicadas en la cima de los cerros. Muchos asentamientos dispersados
siguieron durante lo que es inferido como la paz impuesta por el Inka
durante el Wanka II.
Las casas fueron clasificadas ya sea de elite o de plebeyo basado en
la calidad de la construcción del muro, tamaño general, cantidad de
recintos y ubicación dentro del sitio en relación a los espacios públicos.
La estrategia de muestreo priorizo la colección de materiales botánicos
(Earle et.al. 1987, p. 6). Las casas fueron seleccionadas al azar y según el
muestreo. Las excavaciones se centraron en la recolección de densos
depósitos de basura acumulada a lo largo del interior de los muros del
patio.
La monografía inicial resultado del proyecto sintetizo los resultados
(Earle et.al. 1987) por fase (Wanka II o III), por sitio, y por unidades de
plebeyos vs elite. Esta investigación documento facetas interesantes de la
economía local y como la producción residencial, consumo e intercambio
fueron afectados por la incursión del imperio Inka. Las publicaciones
posteriores dieron posiciones más matizadas del cambio social, político y
económico. La introducción de Hastorf y D`Altroy (2001) a Empire and
Economy Domestic (D`Altroy y Hastorf 2001) da muchas nuevas
perspectivas sobre el potencial de los datos familiares para documentar
la naturaleza de la interacción cara-a-cara y el rol de los diferentes tipos
de espacios para festines y actividad política. Los capítulos incluidos
presentan análisis detallados de diferentes tipos de artefactos que
complementan interpretaciones previas. Debido a la manera contextual
en donde las casas fueron excavadas y a la alta calidad del análisis
postexcavacion, la oportunidad esta en publicar una monografía
vinculando los tipos de artefactos con las actividades domésticas que
contribuiría a las comparaciones regionales y permita a otros
investigadores usar este importante set de datos.
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

La investigación de Bermann (1993, 1994, 1997, 2003) en Lukurmata


examina los cambios a una escala muy pequeña y proporciona los
correlatos materiales necesarios para que los arqueólogos hagan
comparaciones entre los asentamientos o sociedades. El excavo una
secuencia de familias de varios periodos de ocupación (100 AC – 1300
DC) para ver una visión vertical de las formaciones políticas y el cambio
social. Lukurmata está ubicado en la Cuenca de Katari dominando
grandes tractos de campos elevados (Kolata 1986) y a veces es referido
como la segunda ciudad del heartland Tiwanaku. Bermann, en general,
es cauteloso acerca del tema de la arqueología de la familia y observa los
restos encontrados en las casas como incompleta y no representativa del
rango total de las actividades domésticas. A pesar de su naturaleza
cautelosa, el trabajo de Bermann es uno de los mejores ejemplos de la
arqueología de la familia en los Andes porque examina las áreas de
actividad, distingue entre depósitos primarios y secundarios, y presenta
sus hallazgos de manera detallada, casa por casa.
Bermann (1994, p. 9) defiende las aproximaciones de varios niveles
porque “nos previenen de asumir que sitios similares interactúan
igualmente con la capital, o que los sitios más pequeños son pasivos,
recipientes estáticos de cambio desde los niveles superiores.” El sugiere
que el cambio cultural a menudo aparece en el nivel familiar. El compara
11 diferentes pisos ocupacionales en los niveles regionales, sitio, familia
y subfamilia. Cada fase de ocupación esta descrito y acompañado por
importantes ilustraciones de artefactos y corresponden a inferencias
acerca de las actividades domésticas que representan. Bermann usa la
“actividad de los grupos” de Wilk (1991, p. 37) porque este concepto
facilita la comparación diacrónica y el análisis comparativo entre los
grupos de actividad doméstica y otros grupos de actividad en la
comunidad más amplia; además ve a la familia como un sistema que
sigue un set de reglas que puede ser inferido de patrones de restos
materiales repetidamente documentado. Bermann (1994, p. 25 citando a
Bawden 1990) afirma que el “objetivo de la arqueología de la familia
incluiría el estudio de los principios organizacionales que subyacen los
patrones de restos familiares”.
Para examinar el impacto de la participación de Lukurmata en el
estado Tiwanaku basado en este asentamiento previamente
independiente, Bermann (1993, 1994, 1997, 2003) compara los cambios en
la arquitectura, actividades domésticas comunes, y el complejo cerámico
doméstico. El encontró que los artefactos representan actividades
domésticas comunes cambiadas al menos durante la ocupación de
Lukurmata al mismo tiempo que la organización de esas actividades
cambió en formas dramáticas. Interesantemente, los cambios más
notables en el complejo cerámico no corresponde a los cambios en la
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

arquitectura residencial o la organización de las actividades domésticas


en el espacio de la casa.

Producción especializada

En los Andes de hoy y del pasado, la producción especializada está muy


comúnmente comprometida en la economía doméstica en vez de ubicada
en una instalación de producción especializada. De esta forma los
investigadores examinaron las zonas domesticas descubriendo áreas
domésticas, y los investigadores apuntaron a las superficies dispersas de
la producción especializada encontradas al excavar en las casas.
La temprana investigación de Topic (1982, 1990) como parte del
Proyecto Chan Chan – Valle de Moche examinaron las actividades
características que ocurrieron en pequeños recintos irregulares
aglutinados los cuales se agruparon en cuatro áreas de la capital Chimu.
Esas construcciones fueron a veces residenciales pero también
incluyeron otros tipos de instalaciones. Topic busco comprender la
organización de la residencia urbana, las relaciones entre los residentes
en los cuatro barrios, y las relaciones entre los barrios plebeyos y de elite
en el sitio. El describió diferente estructuras residenciales y sus rasgos,
talleres, otros complejos de barrios, y una instalación especial quizás
sean casas de comerciantes efímeros que movieron los bienes dentro y
fuera de la ciudad vía caravanas de camélidos. El observo algunas
diferencias en el uso del espacio residencial pero no encontró una
repetitiva disposición residencial como la reportada por Bawden en
Galindo.
Topic (1982, 1990) hizo un trabajo excepcional de describir
actividades en espacios residenciales y no residenciales. El proporciona
los detalles materiales que corresponden a su interpretación, de esta
forma permiten al lector juzgar si esas conclusiones son correctas o no. El
lector puede evaluar esos datos tempranos basados en los hallazgos más
recientes. Como tal, la investigación de Topic continua siendo evaluada
por los investigadores que trabajan en la región y funcionan como una
cuadra construida para entender como la producción especializada
puede simultáneamente ser residencias o instalaciones especiales.
Planteablemente, la rica narrativa de Topic, la cual entrelaza espacios,
artefacto y actividad, plantea el modelo para los posteriores
investigadores andinos interesados en las relaciones entre grupos
interactuando en denso asentamientos urbanos.
Similarmente, el trabajo de Shimada (1994) en el Valle de
Lambayeque en el sitio de Pampa Grande en 1975 y 1978 centrado en las
actividades especializadas, particularmente en la actividad especializada
de los plebeyos urbanos de la costa norte del Peru. El libro comprensivo
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

de Shimada enfatiza diferentes aspectos de la esfera urbana de este


tardío centro Moche (600-750 DC). El programa de investigación en
Pampa Grande fue extensivo y pudo ser agrupado con otros estudios
que se centra en los componentes funcionales de los asentamientos
urbanos, pero Shimada fue más allá. En general, Shimada (1994, p. 169)
encontró que las residencias en Pampa Grande exhibe patrones similares
que los descritos por Bawden para Galindo; pero, ellos están combinados
en complejos más grandes con compartidas instalaciones especiales para
la administración, especialización o ambas. Una arruga extra sumada la
diferenciación de clases en Pampa Grande es la idea que los diferentes
Mochica y locales no Mochica ocuparon diferentes áreas del sitio y
puede ser distinguido basado en diferencias de la arquitectura
residencial y los complejos afiliados (Shimada 2001, p. 181-183).
Importantemente, muchos de los contextos de Pampa Grande que
Shimada describe pueden ser considerados residencial, pero esta tomo
una dedicada lectura minuciosa de los datos presentados para extraer
información de las familias específicas y la naturaleza del espacio
residencial como se intercepta con varias otras facetas de la vida urbana.
Shimada (1994, p. 222) afirma que sus objetivos fueron para examinar las
individuales áreas de actividad y los integra a escalas mayores de la
organización espacial, pero determino sus temas de investigación, las
áreas de actividad que son presentadas en forma detallada están mas
centradas en la conducta especializada en vez de la domestica. El hace
importantes comparaciones de los restos materiales de la producción de
chicha versus la preparación de alimentos y da descripciones de tejidos,
la producción de ornamentos de concha, la producción de cerámica, y
metalurgia (Shimada 1994, pp. 199-224, 2001).
Shimada interpreta la producción de muchos bienes como el
resultado de trabajadores desplazados bajo la celosa supervisión de
coordinar funcionarios de elite en el sitio. El enfatiza la existencia de
talleres especializados pero concede que los obreros pudieron haber sido
desplazados de otras partes de los mismos conjuntos (Shimada 1994, pp.
224). Seria de hecho el cambio de la dinámica estructural de la
producción si esos talleres estuvieron ubicados dentro de las residencias
de elites supervisoras o dentro del grupo de la familia extendida
compuesta de una producción basada en el parentesco. En cualquier
caso, Shimada exitosamente demuestra que la administración, las
actividades políticas formales, y la producción especializada a veces
estuvieron compuestos en un espacio familiar, haciendo los trabajos
publicados en Pampa Grande una fuente relativamente buena para la
comparación intercultural de la organización residencial urbana.

Las familias como unidades políticas


J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Algunos investigadores han considerado a las familias como


subunidades de grandes polities; aunque ellos similarmente ven la
producción y el consumo, ellos particularmente están interesados en
como la economía doméstica intercepta con la economía política. Esos
investigadores usan los datos domésticos y están interesados en las
actividades económicas de la familia, pero esas actividades económicas
son raramente descritas.

Familias y el estado

Uno de los más tempranos de tales proyectos estuvo centrado en


Huánuco Pampa en la sierra central del Peru; todavía fue muy
ampliamente concebido por Murra para comprender la vida aldeana
bajo el gobierno provincial Inca al combinar la información histórica del
siglo 16 de la visita a Huánuco (Ortiz de Zúñiga 1967[1562], 1972[1562])
con la investigación arqueológica (Morris y Thompson 1970, p. 344). El
proyecto fue realizado de 1964 a 1966 e incluyo el mapeo, recolección
superficial, y pozos de excavación de la vasta instalación Inka como
también del estudio de la región Huánuco y la excavación restringida de
sitios subsidiarios. Los detalles históricos de la organización política,
población, asentamientos en la región fueron usados para interpretar los
sitios arqueológicos y restos afiliados. La investigación produjo una
inmensa cantidad de datos.
La mayoría del trabajo publicado describe la arquitectura
monumental de estilo Inka en el centro provincial de Huánuco Pampa,
sus almacenes, y como su centro está en la jerarquía administrativa del
estado y funciono la logística imperial Inka de expansión (ver Morris
1982, 1985, 1992). Los contextos residenciales caracterizados incluyen un
palacio Inka y un complejo residencial interpretado como un aqllawasi
(Morris 2004; Morris y Thompson 1985). Ambos son contextos
residenciales especializados; el palacio exhibe evidencia de actividad
política, y el aqllawasi, un lugar donde chicas seleccionadas y mujeres
vivieron y trabajaron, contienen evidencia de tejidos y elaboración de
cerveza. Las instalaciones dentro de esos dos contextos combinado con el
inmenso tamaño de la adjunta plaza central y el volumen absoluto del
espacio de almacén de consumibles son el material necesario
correlacionado para el modo de producción Inka (ver Godelier 1977) o la
economía política del estado basado en la reciprocidad. De esta forma la
producción y consumo de alimentos, convencionalmente confinado al
área domestica fueron transformados con la aplicación de la etnohistoria
y discutida como parte del dominio político público.
Los asentamientos de soporte, mientras aparentemente
documentado y estudiado, rápidamente retornan a los hallazgos más
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

espectaculares que encajan más fácilmente en modelos generalizados del


estado especializado o expansión imperial andina. Los contextos
residenciales, en el centro como en los sitios alrededor, están descritos
principalmente como artefactos arquitectónicos que exhiben diferencias
de forma y como recipientes contextuales de cerámica. Basado en esas
comparaciones, los detalles de las diferencias entre las casas con respecto
a la actividad y a los complejos afiliados fueron conocidos en la
extensión que las conclusiones pudieron ser hechas de la variedad de
constituidos grupos domésticos, actividades productivas, y status
político-económico. Pero, las actividades residenciales no fueron
seleccionadas del gran corpus de hallazgos por más que la descripción
superficial de las publicaciones hechas. Él informa más detallado de las
estructuras residenciales más modestas están en Huánuco Pampa
(Morris y Thompson 1985, pp. 119-162). Los rasgos que sustentan las
actividades políticas fueron enfatizados. Una faceta remarcable de esta
investigación fue la oportunidad de corroborar los sitios con el censo
histórico. De esta forma en muchos casos Morris y Thompson fueron
capaces de correlacionar descripciones de las unidades sociales que
actualmente vivieron en una locación durante un periodo particular de
tiempo con los restos arqueológicos de las estructuras de casas. Esta
investigación también demostró que las diferencias étnicas
documentadas históricamente pudieron ser reconocidas para examinar
la organización comunal y la forma de la casa.
El proyecto de Huánuco Pampa proporciono importante
información de la logística del estado Inka, tecnología de
almacenamiento, organización administrativa y la naturaleza de las
interacciones con las poblaciones locales. Los indicios de las unidades
residenciales en el centro provincial y sus relaciones con los sitios
colindantes están siendo obtenidos. Desde que Huánuco Pampa es el
centro provincial Inka a gran escala y mejor preservado, y hay datos
etnohistóricos existentes para los pueblos y aldeas en la región
brevemente después de la invasión española, la investigación familiar
comparativa combinan arqueología y etnohistoria aún tiene gran
potencial para revelar aspectos importantes de la “vida provincial Inka”
como el proyecto originalmente propuesto (Morris y Thompson 1970, p.
344).
Un temprano centro provincial intrusivo del imperio Wari en Cerro
Baúl ha estado sujeto de un estudio similar; aunque la ausencia de
documentos históricos, los investigadores están observando a la
provincia imperial para entender la organización política de la polity
Wari. Las excavaciones en Cerro Baúl han revelado estructuras
monumentales usadas como templos aislados, teatros de ceremonia
pública, instalaciones de almacenes, patios de reuniones, y residencias
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

afiliadas Tiwanaku como Wari (Moseley et.al. 1991, 2005; Nash y


Williams 2005, 2009; Williams 2001; Williams y Nash 2002, 2006). Una
examinación comparativa de las familias revela interesantes diferencias
entre los grupos socioeconómicos ocupando diferentes sitios en la
colonia. Los complejos residenciales monumentales y casas muy
modestas en Cerro Baúl han sido comparados con residencias de varios
tamaños en otros asentamientos en la colonia, como Cerro Mejía (Nash
2002) para examinar la economía política de la colonia Wari (Nash y
Williams 2009).
Los contextos residenciales fueron comparados según el inventario
de actividades diferentes, la organización espacial de aquellas
actividades, y como los artefactos como ollas de cocina o martillos de
roca variaron en forma, uso o tecnología de producción entre diferentes
ambientes residenciales. Además de las conexiones entre las elites
dirigiendo la colonia y otra gente ocupando sitios en la región fueron
trazadas usando INAA y ICPMS para graficar el intercambio de
cerámica no decorada (Moseley et.al. 2005; Nash 2002; Nash y Williams
2002; Williams et.al. 2003). Los artefactos in situ fueron ploteados de los
pisos de la casa y el complejo de cada casa fue comparado para enumerar
un grupo de comunes actividades residenciales. Patrones interesantes
emergen cuando los complejos familiares son examinados y comparados
en una forma contextualizada. Por ejemplo, el análisis lítico permite a los
bienes terminados ser ploteados diferentemente de la producción de
desperdicios para identificar la producción de cuentas como una
actividad potencial de tributos; basado en el patrón espacial de basura
puede ser distinguido de los depósitos rituales; y los restos de fauna
resultante de actividades rituales versus cotidianas pueden ser
consideradas separadamente para definir las diferencias dietéticas (ver
Moseley et.al. 2005; Nash y Williams 2009).
La examinación de la organización de las actividades dentro de las
estructuras de casas llevaron la composición social de familias en focus,
mientras las comparaciones entre los dominios residenciales
identificados en las actividades administrativas Wari y los importantes
elementos de la economía política. Similar a las interpretaciones de Van
Gijseghen (2001) para los moches, las estructuras de casas más grandes
en Cerro Mejía tienen la ocupación más larga. También, el complejo
familiar con la cantidad más grande de cerámicas muy finas corresponde
a las casas que exhibe evidencia de remodelamiento, expansión y áreas
de actividad duplicado que probablemente indican agrupaciones de
familia extendida. Las casas sin evidencias abiertas de afiliación Wari
pudieron estar vinculado a la amplia jerarquía política porque los
líderes aldeanos de escala pequeña usaron un complejo más modesto
para emular la actividad ceremonial practicada por funcionarios
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

provinciales en sus palacios (Nash en prensa). Debido a la diferencia de


la clase relacionada en el relevante complejo ritual, como la conexión
sería difícil de hacer sin observar la deposición de los materiales
documentados en los mapas de campo. La cantidad de casas excavadas
en Cerro Mejía son pequeñas (n = 10). El futuro trabajo está planificado y
las comparaciones entre casas de diferentes tamaños y elaboración
prometen dar importantes datos para comprender las diferencias
dietéticas, producción tributaria, y la economía política provincial Wari.

Las casas del estado

La actual investigación de los contextos residenciales refleja


tendencias en la disciplina y usa varios medios, principalmente la
arquitectura para comprender las relaciones de poder. Por esta razón los
complejos de palacios a menudo son descritos detalladamente, tanto en
disposición como en restos artefactuales. En los últimos anos dos
volúmenes editados de antiguos palacios han sido publicados. Ambas
colecciones incluyen artículos pertenecientes a las sociedades andinas
(Christie y Sarro 2006; Evans y Pillsbury 2004). Los palacios han recibido
especial atención por muchos años y han sido descritos por su
importancia en la comprensión de las actividades políticas y como
marcadores de complejidad política.
Aunque algunos investigadores definirían palacios como “la
residencia de un soberano” (ver Isbell 2004a, p. 194) puede ser más
productivo para ampliar la búsqueda y ver por aquellos complejos
residenciales que incorpora actividades esenciales para controlar el
estado. Determinar que la casa grande es más grande o el inmenso
puede ser menos importante que la definición que las elites están
haciendo en sus casas y como esas actividades relaciona las interacciones
políticas, el control de la economía de la polity, o el uso de los símbolos
para legitimar las relaciones de poder. Como tal, comparando los
“palacios” entre las polities pueden revelar importantes diferencias en su
respectiva organización política y los roles de los actores de elite.
Sheila y Tom Pozorski (2002) han identificado lo que sería llamado
el palacio andino más temprano. Ellos han estado examinando grandes
sitios nucleados del Periodo Inicial (2150-1000 AC., calibrado) en el Valle
de Casma al norte del Peru por más de dos décadas. Su investigación a
revelado una serie de sitios conectados con arquitectura monumental,
incluyendo residencias de elite elevadas sobre construcciones
piramidales truncadas de adobe con fachada de roca. En Taukachi
Konkan (un componente del inmenso complejo Sechin Alto), el
monumento principal, el Montículo de las Columnas, parecen haber
funcionado como una residencia elaborada de elite o palacio.
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

El montículo de la Columna es una construcción piramidal


simétrica ( 80 m x 90 m) de 10 m de altura. El complejo es llamado por su
espectacular área pública, caracterizado por más 100 de columnas en el
atrio central y estructuras colindantes. Los fechados radiocarbonicos y el
estilo arquitectónico muestra que la residencia fue construida y usada
durante la fase Moxeke (2150 – 1350 AC, calibrado) del periodo Inicial.
La excavación identifico áreas para almacenar, audiencia, actividad ritual
y cuartos privados. Las elites y sus actividades estuvieron funcionando
por instalaciones de cocina lejos del montículo al sur, accesible por una
estrecha escalera. Como las tardías Ciudadelas Chimu y los palacios
Inka, la arquitectura monticular fue dividido en tres zonas e incorporo
áreas públicas a gran escala y cuartos privados muy pequeños (Pozorski
y Pozorski 2002).
Ese raro hallazgo y síntesis debe ser acreditado al conocimiento
comparativo de los Pozorski de los rasgos arquitectónicos
contemporáneos y la extensiva estrategia de excavación que les permita
comprender la organización de todo el complejo. Después del periodo
Inicial, los palacios en el registro arqueológico no son conocidas hasta el
Horizonte Medio. Esto puede hacerse con la asociación entre palacios y
las sociedades de nivel estatal (ver Flannery 1998); pero como Pillsbury
(2004) discutió es probablemente igual que los arqueólogos andinos
solo huir del fenómeno intercultural. Oculto en los escritos de las
residencias de elite o la actividad domestica sobre los montículos de
templos puede estar en algunos “palacios”(en Cardal [Burger y Salazar-
Burger 1991]) de los periodos más tempranos.
El Proyecto de Prehistoria Urbana Wari (PPUW), dirigido por Isbell,
centrado en la comprensión del desarrollo del centro urbano Wari, la
capital del imperio Wari. Este trabajo elaborado de sus tempranas
excavaciones en Jargampata (W. Isbell 1978). El proyecto también uso
hallazgos encontrados del Proyecto Arqueologico Botánico Ayacucho
(MacNeish et.al. 1981) para tener un antecedente regional. PPUW realizo
el reconocimiento, mapeo, recolección superficial, y excavación entre
1974 y 1981. El trabajo adicional y el análisis continuo
desafortunadamente fueron interrumpidos por la creciente amenaza del
terrorismo de Sendero Luminoso.
Pero, PPUW produjo varias disertaciones, uno de los cuales estuvo
centrado en un conjunto residencial muy grande, Moraduchayoq
(Brewster-Wray 1990), la construcción del cual corresponde hasta el
desarrollo de Huari como un centro urbano. Huari estuvo organizado en
algún grado sobre una trama y estuvo “compuesto de conjuntos
amurallados rodeado por calles”(Isbell et.al. 1991, p. 47). Moraduchayoq
llegaría a ser la base para modelar el desarrollo de las prácticas
administrativas estatales en el imperio Wari, los cuales son de interés
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

aquí porque son descritos como ubicar dentro de la esfera residencial


(Brewster-Wray 1983; Isbell et.al. 1991). Este conjunto urbano residencial,
ya descrito y mapeado por los investigadores incluye diferentes
componentes: nueve grupos de patios, un área de plataforma, y un
grupo de pequeños recintos irregulares aglutinados (prestado de J. Topic
[1982]). Las grandes unidades repetidas, llamados “grupos de patios”,
recibieron el mayor énfasis, quizás porque esas características mayores
pudieron ser identificadas de otras conocidas instalaciones Wari
(Pikillacta [McEwan 1987, 2005]; Viracochapampa [J. Topic 1991; J. Topic
1991 y T. Topic 2001]).
Las excavaciones muestrearon todos los “halls laterales” y el
“espacio del patio” pero uno de los nueve grupos de patios del conjunto
Moraduchayoq (ver Isbell et.al. 1991, p. 39, Figs. 21, 22). Lamentable es el
nivel de su afectación, lo cual a menudo lo hace difícil interpretar las
características como los fogones de otras formas de depósito de ceniza.
Además de, muchos de los materiales fueron descritos como depósitos
secundarios y la interpreto como basura producida dentro del conjunto.
La interpretación de las actividades dentro de Moraduchayoq estuvo
basado en la frecuencia de vasijas de servicio (copas y cuencos) relativo a
la frecuencia registrada de un conjunto domestico previamente excavado
en el sitio hinterland de Jargampata (W. Isbell 1978). Desde entonces la
evidencia material de la actividad especializada estaba ausente y los
artefactos asociados con el servicio de chicha predomino, el conjunto en
general fue interpretada como los cuartos de vivir para un grupo de
administradores de clase media a cargo de festines de subordinados
(Brewster-Wray 1983; Isbell et.al. 1991). Esta interpretación tiene
importantes implicaciones para comprender la naturaleza de la actividad
política en estados arcaicos y estuvo basado en algún grado del trabajo
de Morris y Thompson (1985) en Huánuco Pampa.
Isbell continuo centrado en las áreas residenciales de elite y sus
relaciones con la administración estatal. En una reciente publicación el
combina las características de la conocida casa real del imperio (Morris
2004) y el Reino de Chimor (Day 1982) para definir atributos que pueden
ayudar a los arqueólogos a identificar los tempranos complejos de
palacios (Isbell 2004a). Su análisis empieza con un resumen de la
investigación de Eeckhout (2000) de las “pirámides con rampas” en
Pachacamac, los cuales fueron ocupados durante el periodo Intermedio
tardío y Horizonte Tardío, y luego retrocede en el tiempo aplicando el
criterio de palacio a varios complejos monumentales del Horizonte
Medio. Desafortunadamente, la discusión depende principalmente de los
rasgos arquitectónicos y la presencia de restos humanos. Isbell (2004a)
plantea interesantes objetivos de investigación para la futura
investigación de los sitios como Huari, Viracochapampa, Pikillacta, Omo
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

y Tiwanaku. En un artículo posterior, el revisita esos temas y amplía su


análisis para considerar diferentes tipos de residencias de elite y discute
una gran cantidad de sitios, particularmente la evidencia de Conchopata
(Isbell 2006, ver también Isbell 2000).
Tiwanaku, como una ciudad capital, incorporo una estructura de
palacio y casas de elite que exhiben bienes y arquitectura de baja calidad.
Aunque la disposición del asentamiento urbano en Tiwanaku es incierto,
las construcciones monumentales en el centro del sitio han sido
excavadas por una amplia gama de investigadores. La investigación de
Couture (2004) del complejo Putuni, construido durante el Tiwanaku V
(800 – 1000 DC), sitúa el palacio en el contexto de la actividad de elite y
cambiante ritual político. El complejo consiste de una plataforma elevada
con patio rectangular hundido el cual incorpora finamente
compartimientos de roca o nichos con accesos. Esos nichos pudieron
tener fardos de momias ancestrales u otros bienes rituales y como mucho
de los monumentos Tiwanaku esos rasgos están relacionados a la
temprana arquitectura ceremonial de la región (Chiripa [ver Hastorf
2005, pp. 76-80]). Un sector más privado consiste de un grupo de cuatro
construcciones alrededor de un patio pavimentado de roca, dos de los
cuales han sido excavados (Couture 2004; Couture y Sampeck 2003). Un
temprano complejo Tiwanaku V, aunque de elite, demuestra una
diferente configuración de espacio residencial. Couture contextualiza
esos cambios y discute como las transformaciones en las actividades de
elite y organización política son reflejadas en el remodelamiento de la
arquitectura palaciega.
El desarrollo estatal en el Horizonte Medio también puede estar
vinculado a los cambios en el rol que las estructuras residenciales de elite
jugo en las relaciones políticas provinciales Wari. Similar a Tiwanaku, el
sitio Wari de Cerro Baúl ve principales renovaciones a veces entre 800 y
900 DC (Williams 2001; Williams y Nash 2002). Algunos complejos en el
sitio fueron usados como residencias de elite, ritualmente abandonado, y
dejado sin remodelamiento. El grupo de actividades dentro de esos
tempranos conjuntos aparentemente estuvieron cambiadas a
construcciones más monumentales y más grandes ubicados fuera de los
conjuntos residenciales de elite en la mitad final del Horizonte Medio.
Para tomar la hospitalidad estatal del dominio personal de los
intermediarios provinciales, quizás el estado Wari estaba intentando
consolidar su poder para formar vínculos más directos entre los señores
locales y los burócratas estatales en vez de soportar las bases de poder de
las elites provinciales (ver Nash y Williams [2005] para una discusión
completa). Mientras esta hipótesis requiere una evaluación adicional en
Cerro Baul, la duración de esos cambios en la organización del espacio
residencial de elite y otros lugares monumentales en dos sitios del
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Horizonte Medio puede indicar importantes cambios en el poder de la


elite, como la solidificación del poder real como Couture (2004) sugiere
para Tiwanaku.
Los andinistas no deben ser cuidadosos para proyectar lo Inka y
Chimu a los estados más tempranos, como Moche, Tiwanaku y Wari. Los
arqueólogos están interesados hace mucho tiempo de y han examinado
como las polities del Horizonte Medio están relacionados a los del
Horizonte Tardío. De hecho, algunos han sugerido que las ciudadelas de
Chan Chan tienen su origen en Wari como Moraduchayoq (McEwan
1990; Topic 1991); pero el conjunto arquitectónico predata a la expansión
Wari. Pero Moore (1992, 1996, 2005) observo esta idea y otras
relacionadas al desarrollo de la arquitectura residencial de elite,
particularmente en la costa norte del Peru (ver también Bawden 1983). El
sugiere que los muros altos de las ciudadelas de Chan Chan represento
limites exclusivos separando la clase real Chimu, particularmente el rey
de la población plebeya. En su libro, Architectura and Power in the
Ancient Andes (1996) se centra principalmente en la arquitectura
pública. En varios casos se superpone con los complejos monumentales
contienen componentes residenciales. Interesantemente, el nota una
similar tendencia en la costa norte a la exhibida por la arquitectura Wari
y Tiwanaku. Contrastando la relativa accesibilidad de la Huaca de Luna
en Moche con el montículo cercado de Galindo (Bawden 1982a) y Pampa
Grande (Haas 1985), Moore (1996, p. 58) se refiere a esas diferencias
como una expresión del “gran estrés social entre la población y elites de
la costa norte”. Las recientes excavaciones en Huaca de la Luna, no
obstante muestra que también fue relativamente inaccesible (Uceda y
Tufinio 2003); el acceso restringido fue un temprano desarrollo que
llegaría a ser más pronunciado en la polity Chimu.
Pillsbury y Leonard (2004) examina las características de
monumentos en los Valles de Moche y Chicama e identifica Galindo y
Sonolipe (un centro monumental en el Chicama) como precursores a las
ciudadelas de Chan Chan. Pillsbury y Leonard enfatiza el cambio de
grandes huacas construidas en etapas, quizás en una locación sagrada
expresando continuidad, hasta monumentos más pequeños y conjuntos
asociados construidos como eventos singulares extendiéndose sobre
espacios horizontales más grandes. Pero, ellos enfatizan que las
ciudadelas parecen ser un único “experimento Chimu” con los frisos
coloridos dispuestos en monumentos públicos aislados dentro de
confines restringidos de la ciudadela de muros altos (Pillsbury y Leonard
2004, p. 285). Las actuales fechas del sitio Moche complica la suave
narrativa cronológica, y puede ser que para el tiempo las elites de la
costa norte usaron diferentes estrategias y ocupan diferentes tipos de
complejos residenciales competidos por poder en tiempos pre-Chimu.
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Esos debates usan las formas arquitectónicas como su tipo primario de


evidencia; pero las prácticas pueden cambiar sin modificación inmediata
para el ambiente construido (Conklin 1990).
El trabajo temprano de Morris en la residencia real Inka en
Huánuco Pampa y las posteriores comparaciones entre esa y el Palacio
Inka de La Centinela en Chincha son quizás el catalizador para la mayor
parte de la investigación en el rol de festines y su parte importante en la
economía política del estado. Investigación adicional los conjuntos
residenciales de elite y las actividades de elite en los grandes centros
pueden ayudar mucho en nuestra comprensión del desarrollo estatal en
los Andes y en otras regiones del mundo. Pero, tales análisis con algunas
excepciones son problemáticas porque típicamente están basados solo en
las características arquitectónicas y a menudo carecen de la muestra
necesaria de las casas del “poblador” o de la “clase media” para hacer
importantes comparaciones. Las residencias monumentales típicamente
están disturbadas por el huaqueo o llenada con grandes cantidades de
material de postocupacion presumido ser basura tardía; pero, en algunos
recientes estudios muestra que esos depósitos no pueden ser basura sino
materiales asociados con el entierro ritual de la casa.

Entierros en las casas

La investigación de todas partes de los Andes ha documentado entierros


humanos en las casas y debajo de los pisos de las casas. Este patrón
regresa a las casas más tempranas del Arcaico (Engel 1970) y culmino
con el entierro del palacio real Chimu (Conrad 1982) o la practica Real
Inka de venerar momias no enterradas en el palacio del gobernante
(Sarmiento de Gamboa 2007[1572], p. 154). Como esos casos son tardíos,
el entierro residencial fue un fenómeno selectivo. Los entierros debajo de
los pisos de las casas, en casas abandonadas, o dentro de los muros de las
casas no fueron restringidos a los miembros de la elite de la sociedad.
También parece que no todos los miembros del grupo coresidencial
fueron escogidos para este tipo de entierro.
El entierro residencial es tan común y disperso a través del espacio
y tiempo en los Andes que el tema seria el centro de su propia revisión
del artículo. En muchos casos, tales hallazgos están documentados
detalladamente junto con los bienes asociados. La excelente preservación
en muchas áreas de los Andes a menudo permite estudios detallados del
individuo. Los entierros pueden ser primarios o secundarios, completo o
parcial (como la cabeza trofeo) y en algunos casos pudieron ser
sacrificios o entierros que coinciden con la construcción de la casa.
Aunque la revisión de numerosos casos no es apropiado aquí, es
importante reconocer la estrecha relación que algunas formas de
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

adoración al ancestro tuvo con la misma casa, su ocupación, y su


abandono.
Desde entonces las casas pudieron ser construidos a través de un
proceso ritual como los presente etnográfico (Arnold 1992; Gose 1991;
Mayer 1977) planteando la razón que su abandono, especialmente
cuando corresponde a la muerte del miembro de una familia, pudieron
haber requerido una actividad ritual (ver B. Isbell 1978, pp. 128-132). La
práctica de enterrar el templo en los Andes está bien documentado
(Bragayrac 1991; Burger y Salazar Burger 1985, p. 116; Izumi y Terada
1972, p. 30; Shimada 1986; pp. 166-172), y esos exitosos eventos de
construir-y-rellenar a menudo incorporan restos humanos (ver También
Blom y Janusek 2004). La reciente investigación, particularmente las
excavaciones horizontales de las áreas residenciales, sugieren que
algunas casas también recibieron un círculo ritual. Esto será visto si esta
práctica relaciona los entierros dentro o está relacionado a otros
imperativos cosmológicos.
Donnan (1964) describe una casa de cana datada en 5370 ± 120 AP
(no calibrado) del sitio Preceramico de Chilca en el centro del Peru. Las
casas al parecer intencionalmente colapsado sobre los entierros de siete
personas porque las rocas fueron ubicadas en algunos muros. La casa fue
semisubterranea y los restos humanos estuvieron envueltos en petates
sobre el piso, apilado uno sobre otro en vez de estar ubicado en cistas
debajo del piso. La preservación del material óseo fue mala; la casa de
cana, pero estaba en buena forma que el equipo de investigación fue
capaz de crear una réplica a escala completa en el Museo de Paracas para
comprender su construcción.
Claramente los entierros evitaron el uso adicional de la casa, pero
no siempre es el caso. En el sitio Wari de Conchopata, las estructuras
residenciales incluyen un recinto mortuorio en donde las personas
fueron enterradas debajo del piso y las ofrendas al deceso fueron puestos
sobre el piso del recinto. La evidencia sugiere que las posteriores
ofrendas fueron añadidas a través del tiempo y la densidad de las
ofrendas evitaría que el recinto sea usado para otros fines. En contraste,
otros individuos fueron enterrados debajo de los pisos del patio
asociado a ollas rituales rotas de la fina cerámica Wari (Isbell 2000, 2004b;
Isbell y Cook 2002) que esencialmente pone esos espacios fuera de uso y
probablemente termina el uso de toda la casa. De esta forma cuando la
persona que fue enterrada en el espacio del patio, la casa perdía también
la vida.
Cerro Baúl, el centro provincial Wari en Moquegua, también exhibe
este patrón; pero, los entierros encontrados en el subpatio están
huaqueados. Interesantemente, el palacio en Cerro Baúl exhibe solo
cerámica ritual rota sobre los pisos donde los entierros subterráneos
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

fueron ubicados. Otros recintos tienen muy pequeñas cantidades de


ollas agrupadas como ofrendas de abandono en los accesos en vez de
cubrir toda el área del recinto. Se necesita una investigación adicional
para documentar la relación entre los entierros en las casas y otros
patrones de abandono ritual. Tales ollas rotas pueden ser fácilmente
disposiciones falsas de la basura postocupacional; pero el alto porcentaje
de extenuados bifaces de obsidiana, objetos de metal intacto, y
ornamentos intactos de diferentes tipos pueden ser útiles en determinar
si la densa deposición cerámica, una vez asumida como basura, pudo ser
el material de una deposición ritual. De hecho, la futura excavación de
casas puede documentar el patrón de deposición, el tamaño de
fragmentos descartados, y la presencia de ceniza y otros tipos de
sedimento orgánico para determinar si el denso depósito de artefactos
encontrado sobre el piso de las casas seria de episódicas deposiciones de
basura o una actividad ritual.

Conclusiones

Aunque las familias andinas están siendo investigadas por los


arqueólogos en varias formas, tales estudios son difíciles de encontrar. Si
uno investiga la “familia”, “casa”, “residencia”, “residencial” o
“domestico”, algunos artículos que discuten los restos residenciales
excavados aparecen (ver Tabla 1). Es como si los temas son mantenidos
de alguna manera encubiertos, fuera de ojo, y en la esfera más limitada
de las disertaciones o informes de proyectos no publicados. Como esta
revisión ha demostrado, los arqueólogos andinos reconocieron el valor
de los datos de contextos residenciales, pero el tema de la conducta
doméstica o los rasgos materiales y la actividad residencial son
raramente reportadas. Otros temas más amplios están al 1977 frente,
como la economía política, el rol de los bienes de prestigio o la
producción especializada, y otros temas pertenecientes a la complejidad
social o el desarrollo del estado. La domesticidad, la actividad cotidiana,
y la vida diaria en el hogar no son tan importantes y el método
arqueológico requerido en la excavación como en el análisis es muy
costoso en tiempo y trabajo. En términos económicos, la proporción de
retornar entre la inversión y la publicación es baja en relación a otros
temas, y los arqueólogos deben a menudo dedicar 5 a 10 años a un sitio o
región pequeña antes de los importantes resultados sean compilados y
descritos.
Todavía, como un manojo de estudios mostrados, el análisis
contextualizado de los restos residenciales pueden dirigir los problemas
del significado antropológico mejor que la consideración aislada de un
particular tipo de artefacto. Topic, Bawden, y Janusek han sido capaces
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

Tabla 1 JSTOR Abstracto del artículo buscando resultados para las


publicaciones arqueologicasa

Términos de
Artículos Total
búsqueda
Casa o Familia Andes Hildebrand y Hagstrum 1999; Stanish 1989 2
Argentina Lanning y Hammel 1961 1
Bolivia Lanning y Hammel 1961 1
Chile Lanning y Hammel 1961; Pärssiene y Siiriänen 1997 2
Ecuador Stahl y Zeidler 1990 1
Peru Costin y Earle 1989; Costin y Hagstrum 1995;
Donnan 1964; Lanning y Hammel 1961; Stanish 1989; 7
Van Gijseghen 2001; West 1970
Domestico Andes Aldenderfer 1998; Goldstein 2000; Kadwell et.al.
4
2001; Stanish 1989
Argentina 0
Bolivia Bermann 1977; Bermann y Estévez Castillo 1995 2
Chile 0
Ecuador Stahl y Zeidler 1990 1
Peru Aldenderfer 1998; Burger y Matos Mendieta 2002;
Burger y Salazar-Burger 1991; Goldstein 2000;
Pozorski y Pozorski 1986; Schreiber y Lancho Rojas 11
1995; Shimada y Shimada 1985; Stanish 1989 y 1994;
Vaughn y Neff 2000; Verano et.al. 1999
Residencial o Andes Aldenderfer 1998; Blom y Janusek 2004; Goldstein
4
Residencia 2000; Janusek 1999
Argentina 0
Bolivia Bermann 1997; Bermann y Estévez Castillo 1995 2
Chile Dillehay 1990 1
Ecuador 0
Peru Aldenderfer 1998; Bawden 1982a; Dillehay et.al. 1989;
Goldstein 2000; Haas 1985; Isbell 2004b; Marcus et.al.
1
1999; Rice 1996; Shady Solís et.al. 2001; Van
Gijseghen 2001
Todos los Resultados combinados
32
terminos
aBusqueda realizada el 1 de Junio, 2008 en la Biblioteca de la
Universidad de Illinois-Chicago

de dirigir temas complejos en las sociedades estratificadas porque ellos


problematizaron las fuentes de sus datos – familias – e incorporaron
ideas de esos fundamentales grupos sociales en el desarrollo de sus
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

diversas aproximaciones teóricas y metodológicas al estudio


arqueológico de las sociedades de nivel estatal.
El patrón de Allison (1999, 2004; ver también Flannery 1976;
Flannery y Marcus 2005) planteado para la arqueología de la familia en
pertenencias generales para los Andes. Uso mucha arquitectura para
discutir la actividad y los artefactos para comprender las diferencias
sociales, económicas y políticas. La naturaleza de la especialización
arqueológica a menudo divide al excavador del analista de modo que los
contextos son descritos en un set de publicaciones o capítulos mientras
los materiales descontextualizados son clasificados y comparados en
otros. Más productivo seria combinar el contexto y el artefacto para
comprender las actividades y el uso del espacio, especialmente cuando
plantean modelos comparativos de diferencial social, económica y
política.
En muchos aspectos la investigación de la región andina es joven.
Hay valles tanto en la sierra como en la costa, que no han sido
estudiados, y muchos sitios y culturas arqueológicas están siendo
descubiertas, documentadas y reportadas. Los arqueólogos andinos han
publicado pocas tipologías para estandarizar los términos de la
clasificación de artefactos, y muchas regiones carecen de una sólida
historia cultural la cual es la base de las hipótesis de la investigación. La
arqueología de la familia es una fase de la investigación que
necesariamente está diseñada y realizada después de los patrones de
asentamientos regionales que tienen cronologías definidas y culturales.
El trabajo pionero incluyo la excavación y analizaron grandes capas
contiguas horizontales de sitios bien preservados en áreas áridas es
igualmente desalentador para el desafío de ubicar y definir las áreas
residenciales en densos grupos de muros colapsados en remotas
locaciones alto andinas. Pero para comprender las extintas sociedades
andinas en sus propios términos y hacer el trabajo de esos grupos
comparables al trabajo de otros arqueólogos se requieren detalladas
excavaciones residenciales; las tipologías de los bienes domésticos como
elaborados artefactos de elite necesitan ser publicados.
Desde entonces más y más proyectos están mirando los datos
domésticos para evaluar sus modelos, los arqueólogos andinos deben
describir y discutir el material correlacionado de sus hallazgos
residenciales. Un listado de actividades sin artefactos dibujados o un
listado de artefactos sin contexto o interpretación no ayudan hacer
interesantes comparaciones. El desafío más grande encarando a la
arqueología de la familia andina es encontrar conexiones de rango medio
entre instituciones etnográficas y etnohistóricas (m`ita, festines vs
comidas diarias, lavado ritual versus deposición secundaria de basura) y
sus correlatos materiales. Para seguir la investigación de la arqueología
J Archaeol Res (2009) 17: 205-261

de la familia, sugiero que la Etnoarqueologia de las actividades


domésticas y la arqueología experimental acompañe los programas de
investigación para poder comprender los procesos deposicionales, para
evaluar los correlatos materiales asociados con diferentes tipos de
actividades, y para examinar el material que coincide en los complejos de
las casas entre las casas ocupadas estacionalmente por el mismo grupo
coresidencial y las casas usadas por relacionadas familias cooperativas
en diferentes zonas ecológicas.
En esta revisión he destacado algo de la importante investigación
hecha en contextos residenciales en la arqueología andina. También ha
discutido diferentes aproximaciones a los sets de datos domésticos y la
amplia variedad de los temas de investigación están centrados a través
de la exploración de los restos residenciales. Esta revisión no es
comprehensiva; he intentado destacar algunas de las tendencias en la
historia de la investigación de la familia. Para la mayor parte, ha sido
una tendencia positiva lejos de un punto “solo-monumental” hasta una
estrategia más amplia y más abarcante para ser descubierta y sus restos
materiales. Hay mucho por descubrir acerca de las sociedades andinas
antiguas, y una examinación más contextualizada de las familias
arqueológicas ofrece una gran promesa para elaborar modelos más
matizados de las facetas sociales, políticas y económicas de esta rica y
diversa región.