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INSTITUTO HISTÓRICO MUNICIPAL DE LOMAS DE ZAMORA

2ª Jornadas de Historia del Conurbano Sur Bonaerense


Arq. Dr. Alberto S. J. de Paula

En el año del Bicentenario de la Patria

Francisco Hermógenes Ramos Mexía


El Hereje de las Pampas

Gabriel Muscillo

Agosto de 2010
1. Introducción
Entre los personajes de la llamada Generación de Mayo, hay algunos que,
por encajar malamente en la narración épica – que de aquellas jornadas
fundacionales fraguaron los cronistas ad hoc – fueron, en principio, tratados
con desdeñosa condescendencia; silenciados luego, o descartados, por
historiadores interesados, apresurados o simplemente indolentes; condenados,
finalmente, al impiadoso limbo del olvido. Así, desterrados de las efemérides
oficiales, ausentes de los programas escolares, negados por los manuales de
Grosso y Cosmelli Ibáñez, sin acceso al mármol y al bronce, y sin lugar, no ya
en la topografía callejera de nuestras grandes ciudades, sino incluso en la
iconografía naïf del Billiken, nada son para el común de las gentes; e incluso
para el erudito, habituado a rebuscar documentos en polvorientos archivos,
apenas pasan de ser, a menudo, no más que un nombre y un par de fechas. El
rastro de sus andanzas, el eco de su voz, los vestigios de su obra, están
dispersos (en periódicos de época, cartas, diarios personales, relatos de
viajeros y semblanzas de chismosos), aguardando a aquel que manifieste la
voluntad o la intrepidez de reunirlos, ordenarlos, llenar las obligadas lagunas
usando datos de otras fuentes, y rematar buenamente con la serie de
inferencias a que autorice semejante tarea.
Tal es el caso de Don Francisco Hermógenes Ramos Mexía. Y de este
trabajo, que pretende rescatar la memoria de sus hechos, descifrar la secreta
motivación que los animó, y bosquejar, por fin, un somero análisis de los
escritos en que justificó intenciones, defendió logros… y los proyectó
decididamente hacia un futuro que avizoró fantástico y terrible, pleno, a la vez,
de esperanza y de temor.
He aquí las páginas, que ofrezco como resumen del libro, más amplio y
concienzudo, que sin duda merece el Hereje de las Pampas.

2. Lacunza y Belgrano: los dos Manueles


Para comenzar, debemos exponer a la atención del lector un curiosísimo
texto de 1790, pero del que se conocían ya importantes fragmentos desde
1785: La Venida del Mesías en Gloria y Majestad, que causó gran alboroto en
la soñolienta y pacata sociedad colonial, despertando las suspicacias de la
Inquisición, la cual, en 1824, lo colocó en el tenebroso Index de Iibros
prohibidos.1 Junto con él, su autor: un jesuita chileno, llamado Manuel de
Lacunza (1731-1801), que terminó sus días desterrado en Italia, y de forma
harto misteriosa. Dio punto final a su obra precisamente allí, en Imola. Once
años antes de ser hallado flotando, boca abajo, en un canal de riego. Las
autoridades supusieron que, paseando al atardecer, tal como solía, resbaló
accidentalmente, cayó al zanjón, su cabeza golpeó contra una piedra del
fondo… e, inconsciente, se ahogó… en treinta centímetros de agua. Había
1
Dado que las fuentes presentan serias discrepancias al respecto (prácticamente, se han
ofrecido todos los años entre 1819 y 1826), remito a Alfredo Félix Vaucher, quien ha
demostrado (Lacunza, un Heraldo de la Segunda Venida de Cristo, Publicaciones
Interamericanas, México, 1970, cap. XIX) que el decreto de prohibición fue dado en Roma el 6
de septiembre de 1824.

2
invertido en el libro que dejaba tras de sí los diecisiete arduos años de su
exilio.2 Son 1500 páginas de profunda exégesis del Apocalipsis y los escritos
proféticos. Con una tajante conclusión: la inminencia de la segunda venida de
Jesús. Lo hará, afirmó, “con sus millares de Santos ya resucitados”. Entonces
comenzará el Reino terrestre del Hijo, desde una Nueva Jerusalén, por espacio
de mil años. Esto importa no sólo una afirmación milenarista, sino la necesidad
de dos resurrecciones: “una, de los Santos que vienen con Cristo; otra, mucho
después, de todo el resto de los hombres.”3 Cree el jesuita, además, que el
Anticristo no será un hombre, sino un colectivo, “un cuerpo moral, compuesto
de innumerables individuos diversos y distantes entre sí, pero… animados de
un mismo espíritu”.4
Sin duda Lacunza comprendió que el asunto era demasiado urticante para
firmar con nombre y apellido desnudos: atribuyó el libro a un sabio judío
convertido al cristianismo, Josaphat ben-Ezra.
Al parecer, sus subversivas ideas corrieron tempranamente en América,
mediante un papel anónimo. Chaneton, que lo dio a conocer, atribuye su
autoría al propio Lacunza – aunque éste lo niega en el prefacio de su obra –, y
señala que “desde La Habana al Cabo de Hornos no quedó villa americana de
cierta importancia a donde no llegaran ejemplares del milenario lacunziano,
pero en ninguna parte… la obra tuvo la repercusión que alcanzó en el
Virreinato del Río de la Plata.” El abogado cordobés Dalmacio Vélez Baigorri
(padre del futuro creador del Código Civil) residía en Buenos Aires desde fines
de 1786; al caer bajo su atención el documento de marras, “encontrando
francamente heréticas algunas de las afirmaciones... se puso a trabajar una
refutación, a la que dio término el 14 de diciembre de 1787.”5 En ella, reprocha
a Lacunza su “orgullo luciferiano”, apostrofándolo de “precursor del Anticristo”
por sus ideas acerca de la residencia terrenal de los Elegidos: “Los Justos
recibirán su recompensa en el Cielo”, subraya. Este encendido mentís movió al
Virrey Loreto a ordenar la incautación de cuantos ejemplares pudieren hallarse
del malhadado papel, y a remitirlos luego al Comisario del Santo Oficio. No
obstante, algunos años después, la polémica se extendió a Córdoba y
Tucumán.6
Aquí entra a tallar nada menos que Manuel Belgrano. Quien, en fecha no
precisa pero sin duda cercana a la purga virreinal, recibió de manos del
dominico Fray Isidoro Celestino Guerra (vecino y amigo de la familia) “la copia
manuscrita más prolija y exacta de todas las que circulaban por Buenos Aires”.
2
Los primeros apuntes de La Venida del Mesías habían sido trazados al otro lado del Atlántico,
en Chile. Ignoramos en qué fecha, pero el techo de posibilidad es sin duda 1767, año del Real
Decreto por el cual Carlos III expulsó a la Compañía de Jesús de tierras americanas.
3
LACUNZA Y DÍAZ Manuel, La Venida del Mesías en Gloria y Majestad, t. I, Parte 1, cap. IV.
Ed. digital (Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2000), basada en la de Londres por
R. Ackermann, Strand, 1826.
4
LACUNZA Y DÍAZ Manuel, op. cit., t. I, Parte 1, cap. V.
5
CHANETON Abel, En Torno a un Papel Anónimo del Siglo XVIII, en Publicaciones del
Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras, vol. XI, Buenos
Aires, 1928. En el Anexo obran el “papel anónimo”, desde la pág. II a la XXIV, y la Impugnación
de Vélez Baigorri desde la pág. XXV a la LIII.
6
VAUCHER Alfredo Félix, op. cit. La condena vaticana de la obra lacunziana fue
consecuencia última de una denuncia, efectuada precisamente desde Córdoba, por el Dr.
Agustín Correa y Soria, el 1º de enero de 1822. La precedió una sentencia del Inquisidor
General del Santo Oficio en Lima, Jerónimo Castillón y Salas, que en 1818 dictó la severa
prohibición de leer a Lacunza. (TREIYER Alberto, La Inquisición de Lima y las Corrientes
Libertadoras de América, en rev. Theologika Nº 15, BA, 2000).

3
La que, en 1814, pudo comparar con un impreso, donado a la Biblioteca de
esta ciudad por el presbítero Bartolomé Doroteo Muñoz, in articulo mortis.
Ambos se habían conocido dos años atrás, siendo el uno Vicario y el otro
General del Ejército del Norte.7 Con tales materiales dentro de la valija, en 1815
Belgrano partió a Londres, en misión diplomática. Allí, al siguiente año, costeó
de su propio pecunio la edición castellana más completa y cuidada que se
conoce, entre las primitivas de La Venida: en cuatro tomos, “imprenta de Carlos
Wood, Callejón de Poppi, Calle de Flett”. Fueron 1500 ejemplares.8
El entusiasmo de Belgrano, como así el que posteriormente se encendería
en el pecho de su dilecto amigo, FHRM, debe ponerse en relación con la suerte
de vago fermento milenarista que parece alentar los discursos y los actos de la
primera generación revolucionaria. No es imposible que otros de sus hombres
hayan experimentado similares fervores: los artículos de Monteagudo para la
Gaceta y Mártir o Libre, ciertos acentos íntimos en las proclamas
sanmartinianas, las estrofas de la Marcha Patriótica de López y Planes, el
discurso de Castelli en las ruinas de Tiwanaku, parecen sugerirlo así.9 Ceriani
Cernadas destaca que el campo de Mayo era terreno fértil para recibir la
semilla del mensaje lacunziano: “la utopía milenarista de una ‘Tierra Nueva’,
que acabaría con la injusticia, la opresión y la desigualdad entre los hombres”.
De este modo, “América pasó… a simbolizar a este ‘Nuevo Mundo’ en llana
oposición al ‘mundo viejo y decrépito’ que representaba Europa. Ligada a
ideales liberales y progresistas, inspirados en la Revolución Francesa y en la
democracia norteamericana, esta Revolución de Mayo… no estuvo
desvinculada de la problemática religiosa. A la par de sociedades secretas,
donde destacó la masónica ‘Logia Lautaro’ con su clara finalidad política…,
hubo otros hombres que canalizaron estos mismos ideales proyectándolos en
una utopía milenarista. Fue en estos últimos donde La Venida del Mesías jugó
un singular papel”.10 Conviene aquí traer a cuento a Sarmiento, quien en
Recuerdos de Provincia reflexionó: “Hay raras manías que aquejan al espíritu
humano en épocas dadas, curiosidades que vienen no se sabe por qué, como
si en los hechos presentes estuviese indicada la necesidad de satisfacerlas. A
7
La donación de Muñoz consistía en un volumen de 529 páginas, conteniendo la 1ª Parte y
algo de la 2ª de La Venida del Mesías. Siguiendo al P. Guillermo Furlong, Juan Carlos Priora
(Belgrano, Héroe de la Cultura Americana, en rev. Vida Feliz, BA, Noviembre 1970) piensa que
probablemente se tratara de la primera edición de Cádiz, 1811. Otros autores se inclinan por la
segunda de 1812, ya que la anterior se agotó en Europa.
8
La Introducción de la edición de Londres, 1816, redactada por “el editor”, que se declara
natural de Buenos Aires, no lleva firma. No obstante, tenemos una carta donde Fray Cayetano
Rodríguez informa a José Agustín Molina (15 de enero de 1815) que “Belgrano ha caminado a
Londres [y] lleva consigo la obra del milenario del P. Guera [sic] para hacerla imprimir”; también
contamos con el testimonio de Juan Ignacio Gorriti en sus curiosas Reflexiones Sobre las
Convulsiones Internas en los Nuevos Estados Americanos (Valparaíso, 1836), afirmando que la
citada edición se hizo “a expensas de Belgrano”.
9
Como referencia curiosa, agreguemos una conferencia sobre el Apocalipsis, “del cual fue muy
devoto Belgrano, cosa que no se sabe mucho “, dictada por el P. Leonardo Castellani el 21 de
junio de 1969, en el Salón de Actos de la porteña Iglesia del Socorro; en ella, informa a su
público que el creador de la Bandera, hallándose en Londres, “hizo una edición del libro más
importante que se ha escrito en los tiempos modernos acerca del Apocalipsis”, esto es, La
Venida del Mesías de Lacunza. Y luego remata: “Belgrano era milenista [sic]…, y San Martín
también, porque él lo indujo a San Martín por carta”. Menciona a continuación como tales a
Gorriti y a Muñoz, a los que coloca en compañía de “muchísimos [otros] sacerdotes
argentinos”.
10
CERIANI CERNADAS César, Inventando Una Tradición al Adventismo Argentino, en rev.
Mitológicas, vol. XIV, Centro Argentino de Etnología Americana, BA, 1999.

4
la piedra filosofal, que produjo en Europa la química, se sucedió en América la
cuestión famosa del milenario. […] Lo que es digno de notarse es que, pocos
años después de producidos los milenarios, apareció la revolución de la
independencia de la América del Sur, como si aquella comezón teológica
hubiera sido sólo barruntos de la próxima conmoción”.11

2. Francisco Hermógenes Ramos Mexía: El Prócer Maldito


Nos asomaremos a la curiosa vida de un prócer casi desconocido. A pesar
de pertenecer a una de las más ilustres familias porteñas, de haber sido
designado miembro del Cabildo en 1810, apenas cinco meses después de
aquella lluviosa mañana del 25 de mayo. No obstante su estrecha amistad con
Manuel Belgrano. No obstante haber sido el primer colono blanco que osó
atravesar el Salado, entonces más una frontera que mero río, para
establecerse en pleno desierto, lejos de la civilización, de todo auxilio y
comodidad. En medio de la nada. Entre la indiada.
De haber sido el único que reconoció a esos “salvajes” el derecho de
propiedad sobre sus tierras, que en consecuencia ocupó, no por fuerza de las
armas, ni mediante el robo o el engaño, como acostumbraban sus
contemporáneos, sino como fruto de una compra legal, y a cambio de dinero
contante y sonante.
FHRM defendió tenazmente los derechos de los cobrizos habitantes de
las pampas, aunque ello lo obligara a plantarse contra su misma raza, a
desafiar el poder de gobernantes inhumanos y perfumados a la europea, con
algunos de los cuales, sin embargo, mantenía vínculos de parentesco 12. Llegó
a proponer al Director Supremo la constitución de una administración mixta,
con participación de delegados de las tribus, y la consecuente erección de dos
ciudades capitales, que compartirían el dominio del país: Buenos Aires, y su
sosia aborigen.
En algún momento, FHRM recibió el soplo del Espíritu. Ingenió una nueva
y singular religión, que escandalizó a la ortodoxia criolla, ensalzándose a sí
mismo como Obispo. Predicó la inminencia de la Segunda Venida de Cristo, y
el descenso de la rediviva Jerusalén allí mismo, en aquellos pagos de espinillo
y cardón. Convirtió a la sencilla gente nativa (indios, gauchos), la atrajo a sí,
hermanó sus ímpetus hasta el momento antagónicos. Y con su nutrida
concurrencia, fundó a orillas de la laguna Kakel Huincul una extraña comunidad
de místicos militantes: Miraflores.
FHRM, llevado de su celo, rompió con la jerarquía eclesiástica, refutó el
magisterio de la Iglesia Católica, y concluyó discutiendo la infalibilidad papal, el
culto de los santos, la transubstanciación. Convenció, a la postre, a los milicos
del cercano fortín, y a su mismo capitán.
Como Profeta de la Nueva Era que apuntaba en el horizonte, apostrofó a
Buenos Aires, a los porteños y a sus autoridades, conminándolos al urgente
arrepentimiento. Fue atacado por Fray Francisco de Paula Castañeda, y
censurado por el presbítero Valentín Gómez.

11
SARMIENTO Domingo Faustino, Recuerdos de Provincia, en el cap. dedicado a Los
Albarracines. Cito por la ed. de Julio Belín, facsimilar de la 1ª (1850), Santiago [de Chile], 1950.
12
Su hermana Manuela Remigia casó con Benito González Rivadavia, hermano de Bernardino.
Es decir: FH tenía parentesco político con quien sería más tarde principal ministro del gobierno
de su mortal enemigo, Martín Rodríguez.

5
¿Por qué ningún historiador de los llamados generales, enciclopédicos,
presta atención a una historia tan intensa, que involucró actores tan señalados,
y que dejó profunda y duradera huella en las campañas del Sur?
Pues precisamente por eso: porque es demasiado intensa. Porque ilumina
facetas incómodas de los próceres que fundaron – dicen – la argentinidad. Y
también porque la actitud de FHRM hacia la Patria, los indios, los gauchos,
pone en relieve, por contraste, la inhumanidad y falta de escrúpulos de quienes
se pararon en la vereda de enfrente, y que, en definitiva, terminaron siendo sus
verdugos.

3. Apuntes Biográficos
Nació el 20 de noviembre de 1773 en Buenos Aires, hijo de Gregorio
Ramos y María Cristina Ross y del Pozo. A los 11 años, ingresó al Real
Colegio Seminario de la Purísima Concepción de la Virgen. Poco puede decirse
de sus primeros tiempos, “si bien se destaca en ellos una tendencia divergente
de la de su padre y hermanos. No le interesaba la política, no gustaba de la
sociabilidad, no se sentía atraído por los salones. De carácter poco gregario, se
apartó de la ciudad y prefirió vivir en el campo”13, donde, al parecer, regenteó
una pulpería. En 1797 el virrey Arredondo lo designó Juez Subdelegado de
Hacienda en Tomina, Intendencia de La Paz, Alto Perú. Vicente Cútolo14 indica
la probabilidad de “estudios filosóficos” en la Universidad de Chuquisaca,
“donde también se interesó por la teología”.15 Habrían sido entonces sus
compañeros de claustro Manuel Belgrano y Juan José Castelli. En 1804
contrajo matrimonio en La Paz con María Antonia Úrsula de Segurola y Rojas,
hija del entonces gobernador de la provincia, Don Sebastián de Segurola y
Oliden, rancio militar vasco, condecorado con la Cruz de Calatrava, defensor
de la Colonia del Sacramento contra los portugueses, y principal actor de la
represión contra Túpac Amaru y los suyos. El matrimonio pasó a administrar
las propiedades familiares: las haciendas de Pillapi, en la jurisdicción de la
ciudad donde formuló sus votos; y Santiago de Miraflores, en el Partido de
Chulumany, ambas dedicadas al cultivo de cocales. Después de la muerte de
su padre (1808), FHRM, acompañado por su esposa, regresó a Buenos Aires,
en cuyas inmediaciones compró alrededor de 7 mil ha de tierra: allí erigió una
finca que llamó Los Tapiales.
a) Los Tapiales

“La chacra se extendía en forma de cuadrilátero desde el río Matanza


hasta los montes de tala que llegaban al Palomar de Caseros... Entre sus
límites se hallaba todo lo que hoy constituye el ejido urbano de la ciudad de
Ramos Mejía”.16 El casco del establecimiento se ubicó en el predio que hoy
ocupa el Mercado Central de Buenos Aires. La construcción aún perdura,
oculta por un tupido bosque de centenarios árboles, remanentes de los 2500
que, según la escritura de compraventa, formaban parte del terreno vendido
13
SCENNA Miguel Ángel, Francisco Ramos Mejía. El Primer Hereje Argentino, en rev. Todo
es Historia, Año II, Nº 13, BA, Mayo 1968.
14
CÚTOLO Vicente, Nuevo Diccionario Biográfico, t. I, Ed. Elche, Buenos Aires, 1983.
15
...”En La Paz, sumó a su trabajo estudios de filosofía y teología”. (RAMOS MEJíA Enrique,
Los Ramos Mejía. Apuntes Históricos. Ed. Emecé, BA, 1988, cap. VI).
16
GIMÉNEZ Eduardo, Aquel Ramos Mejía de Antaño, ed. del autor, R. Mejía, 1995, cap. II.

6
por Altolaguirre.17 Se trata de una vasta casona, con dos pisos y torre de
mirador. Enrique RM18 precisa que éste fue un agregado a la construcción
original, dispuesto por el propio FH, quien además mandó rehabilitar la vieja
capilla. El edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1942. En
1968, siendo su propietario un biznieto de FHRM, don Agustín de Elía –
Comisionado de la Municipalidad de La Matanza en 1931 e Intendente en 1941
–, el predio fue declarado de utilidad pública y expropiado para levantar en él el
Mercado Central… Aunque el proyecto sólo llegaría a concretarse en 1985,
durante la presidencia de Raúl Alfonsín. La casona fue respetada, bajo la tutela
de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos. Su
patio con aljibe sirvió de locación para el filme Camila, de María Luisa
Bemberg. Y aunque allí supo funcionar un restaurante, ahora se halla en
estado de semiabandono, con algunos vidrios rotos.
En sus tiempos, Los Tapiales contó con potreros cercados por bajas
muradas de tierra, revestidas a ambos lados con tunas de penca, como era
habitual entonces incluso en los fortines. Por cierto que el nombre de la chacra
deriva, con toda seguridad, de tales tapiales. El documento de escritura
consigna que con el terreno venían inclusos “todos sus aprovechamientos”,...
entre ellos 6 esclavos negros (que se agregaron a los 200 que FHRM se trajo
desde el Alto Perú); contenía además “orno de ladrillo”, amén de “almacenes y
fábricas de aceite de linaza”, “banco para hacer quesos”, y hasta “máquina
para hacer manteca”. El documento señala asimismo en su haber: 336 cabezas
de ganado vacuno, (aparte 53 lecheras), 134 ovejas, 51 caballos mansos y 110
bueyes.19 El Regidor Fiel Ejecutor, que inspeccionó las tierras, dio cuenta al
Cabildo de que poseían “pastos sobresalientes y abundantes, aguadas
permanentes, reparo para el ganado en la estación de Imbierno en los grandes
inojales...”
A la estada de FH en Los Tapiales corresponde un curioso documento,
titulado Plan Para Poblar la Pampa y Procurar su Civilización. Lo remitió al
Superior Gobierno el 10 de agosto de 1814, y en él se muestra abiertamente
contrario al empleo de la fuerza en el trato con el indio, oponiéndose así al
expreso sentir de varios hacendados – en teoría sus iguales –, y a la política
oficial del propio Director Supremo, Gervasio de Posadas. El texto contiene
también indicios de la futura preocupación de FH por la situación del gaucho.
Observa nuestro personaje que muchos individuos vivían errantes por las
pampas, o se acogían a los toldos, sólo por no someterse a la autoridad de
Buenos Aires. Propone, en consecuencia, “formar una compañía de Tropa
Arreglada de Gauchos que se irá aumentando sin ruido y cuando convenga”, a
fin de propiciar la socialización de estos elementos hasta entonces condenados
a la marginalidad. Y agrega a tal efecto: “Yo me atrevo a garantir el reclutarlos
exclusivamente con [este] objeto; y valiéndome de ellos mismos, de poner en
manos del Gobierno a aquellos que aún pueden ser perjudiciales al propósito”.

17
Los Tapiales fue adquirida a don Martín José de Altolaguirre, Comisario de Guerra, Factor de
Cajas Reales, y Juez Oficial Real, quien fuera Intendente del Ejército que expedicionó a
Misiones en 1783. La compra se formalizó el 25 de octubre de 1808. (Escritura ante el
escribano don Mariano García de Echaburu). FHRM invirtió en esta compra 32 mil pesos
fuertes, de plata corriente (GIMÉNEZ Eduardo, op. cit.), parte de los 150 mil aportados en
calidad de dote por su consorte.
18
RAMOS MEJÍA Enrique, Los Ramos Mejía. Apuntes Históricos, Ed. Emecé, BA, 1988, cap.
IX.
19
Consta que FHRM registró una marca para su ganado y caballos.

7
Acentos de sorprendente modernidad alcanza la palabra de FH cuando se
mete a delinear el perfil del buen político, en conceptos que sin duda irritaron
bastante a don Posadas. Según el joven hacendado, la política puede
administrarse por dos vías: la primera, comprendiendo “la dirección de la
espontaneidad de la voluntad del hombre”; la segunda, “por la fuerza”. Pero
enseguida resalta que ésta ha de ser siempre la segunda opción, y que resulta
una vía indirecta. “Entonces el Político [no] debe desentenderse del llanto y del
horror de la Naturaleza, así como la Madre de familia del de aquellos cuyas
necesidades quiere remediar.” Otro rasgo notable del proyecto de FH es el de
la capital india, con jefatura rotativa, a cargo de cada uno de los caciques de
cada una de las parcialidades pampeanas: “...Fundar una gran población,
sujeta por un turno, si conviniese, a los Caciques de más rango...” Esta suerte
de Buenos Aires India debería hallarse controlada por fuerzas del Estado, bajo
mando de “un circunspecto Oficial en el sitio más distante.”
“Conviene, pues, como medio, autorizar más y más el Gobierno de los
Caciques; y aún que tomen alguna parte en el nuestro”, concluye FH. De más
está subrayar la audacia del concepto contenido en la última línea. No se
contenta ya con proponer un gobierno conjunto de las pampas, sino también...
de la propia Buenos Aires. Así, la provincia terminaría contando virtualmente
con dos capitales: y en ambas, la administración sería mixta.
“La nota pasó a consideración del gobierno precedida de un brevísimo
resumen para facilitar su lectura. El 25 de agosto de 1814, Gervasio Antonio de
Posadas puso su rúbrica debajo de una providencia escueta y lapidaria:
Archívese.”20

b) FHRM y la Revolución
El 17 de octubre de 1810, la llamada Primera Junta lo designó miembro
del Ayuntamiento, en calidad de Defensor de Menores. Poco más tarde
desempeñaría también el cargo de Alférez Real. Desde mediados de 1815, el
de Alcalde Provincial. Enrique RM, sin embargo, confiesa que sólo “durante los
dos primeros años a partir de su nombramiento asistió regularmente a las
sesiones del Ayuntamiento...” Se destaca su actuación en la sesión del 8 de
noviembre de 1811, en la que el Cuerpo consideró el decreto del gobierno
sobre libertad de prensa. FH defendió entonces la ortodoxia (“se debe reclamar
ante el Superior Gobierno para que no se haga novedad en quanto a las Leyes
establecidas sobre revisión de doctrinas que ataquen en cualquier modo a la
Religión”), y abogó por la censura en la materia: “¿A qué pues abandonar a la
suerte ninguna discusión religiosa en los muchos casos que resultarán de la
Imprenta libre? Se siente que si se destruie de aquí a mañana nuestra Religión,
también de aquí a mañana serán los Pueblos del Extranjero.” En 1816, FH casi
no ocupó banca. Sólo concurrió en dos ocasiones: el 8 de marzo, y el 4 de
abril, cuando se acordó incluir en los libros de actas una constancia de la jura
de la Independencia, llevada a cabo el día 13 en la Plaza Mayor. Luego,
descartó definitivamente su faz pública21.
c) Miraflores

20
PICO José María, El Plan de F.H. Ramos Mexía Para Poblar la Pampa…, etc., incluido en el
art. Cuando los Místicos van al Desierto, La Prensa, BA, 16 de marzo de 1986.
21
RAMOS MEJÍA Enrique, op. cit., cap. X.

8
No sabemos, ni sabremos nunca por qué. Lo cierto es que, ese mismo
1816 en que renunció a títulos y honores, tan sólo dos años después de haber
solicitado al Gobierno exención de impuestos para hornear su propio pan,
FHRM decidió abandonar Los Tapiales, echarse al desierto. Tal vez pretendió
seguir la tradición de los grandes místicos, que buscaban apartados inhóspitos
y aguerridas soledades para meditar sobre las cosas trascendentes.
Unos años antes, en 1811, había emprendido una riesgosa recorrida a
caballo, pampa traviesa, más allá del Salado, internándose en territorio indio,
aún no cartografiado, y a menudo desconocido. Lo hizo con la sola compañía
de José Luís Molina, de “inapreciable ayuda”, según Enrique RM, “por su
condición de gaucho y lenguaraz”.22 Ello permite inferir que su antepasado no
erraba entonces al azar, en busca de las mejores condiciones para asentarse,
sino con clara intención de contactar a la indiada. Tal es la versión que ofrecen
de esta misteriosa entrada unos apuntes inéditos del ya citado Agustín de Elía,
profusamente aprovechados por Enrique RM, quien transcribe extensos
párrafos.23 Pero este documento deja sentado otro problema. Consta allí que, al
llegar a la laguna de Kakel Huincul (en el distrito de Monsalvo, hoy Maipú, “el
punto más estratégico para acampar”), Molina fue despachado a las cercanas
lomas de Ailla Mahuida, donde se hallaban las tolderías, “para tratar de
ponerse al habla con los caciques y decirles que don Francisco deseaba
entrevistarlos”. En el consiguiente encuentro, éste hizo saber a las autoridades
nativas “que había llegado hasta allí para ver una tierra que compraría al
Gobierno y que, una vez que la viese, si ellos estaban conformes formalizaría
la compra, y de lo contrario volvería a su campo en la costa del río Matanza,
donde vivía con su familia y trabajaba”. Elía, pues, habla de compra al
Gobierno, y de solicitud de permiso a los indios. Ahora bien: en un oficio
dirigido al Congreso Nacional el 18 de diciembre de 1818, José Rondeau,
interinamente a cargo del Directorio, se refiere a “algunos pobladores
avanzados” más allá de Kakel Huincul, que “por fruto de las relaciones que han
sabido cultivar con los infieles, han recogido el de no ser incomodados por
estos”. El cuerpo legislativo, mediante nota rubricada por Antonio Sáez,
Domingo Guzmán y José Miguel Díaz Vélez, contestó el 18 de febrero del
siguiente año, manifestando que “el Estado nada les ha dado a los que antes
de ahora se han establecido fuera de la línea de demarcación de nuestras
fronteras, y nada les ofrece a los que al presente quieran hacer otro tanto. [...]
A costa de mil sacrificios y peligros y haciendo expensas quantiosas para tener
gratos a los indios han sostenido los unos y tendrán que sostener los otros sus
establecimientos…” Puntualmente por esta razón, los firmantes declaran que a
dichos pobladores “no tanto por título de gracia, cuanto de rigurosa justicia, les
corresponde el de propietarios de unos terrenos que han sabido adquirir y
tendrán que conservar sin participar de la protección y salvaguardia que
dispensa el Estado a las demás propiedades que están comprendidas dentro
de las líneas de demarcación de las fronteras...” 24 En un todo coincidente con
los “mil sacrificios” y “cuantiosas expensas” que se le reconocen oficialmente,
se ofrece una carta de FH a Juan Cornell, Juez de Paz de Monsalvo, fechada
el 27 de noviembre de 1825 en Los Tapiales, cuando, en ocasión de
22
Op. cit., cap. XI.
23
RAMOS MEJÍA Enrique, op. cit., cap. XI.
24
Gaceta de Buenos Aires, N° 112, 3 de marzo de 1819. Es en cumplimiento de esta
comunicación que el Directorio procedió a expedir el correspondiente título de propiedad, en
regla, a favor de FHRM.

9
demarcarse y medirse los campos situados al Sur del río Salado, se vio
obligado a defender el título de propiedad, superficie y linderos de Miraflores,
ante la Comisión Topográfica presidida por Felipe Senillosa: “Dos medios hay
autorizados de adquirir terrenos, el uno por medio de denuncias de tierras
baldías con arreglo a la legislación española que aún se conserva entre
nosotros… El otro medio, que siempre ha estado en contradicción con el
anterior, está reducido a haber los terrenos de manos de los indios como
dueños, y en virtud de ese derecho de propiedad aprobado que ha sido y
confirmado por las autoridades del país...” Más adelante, añade FH: “Mi
estancia no arranca de la forma española”.25 En una anterior misiva (2 de
noviembre), explica a Cornell: “La mensura no la hice completa porque…
estando al concluirla expusieron los indios de las Tolderías inclusas y
adyacentes que debían suspenderse las diligencias hasta ver qué decían los
Caciques que iban a llegar del campo”. Este párrafo resulta altamente
ilustrativo acerca de hasta qué punto estaba dispuesto FH a respetar los
derechos de los nativos: llega a suspender los trabajos de mensura hasta tanto
no acudieran los caciques en persona a supervisarlos y dar su acuerdo. Para
terminar con el asunto, traigamos a colación dos testimonios tardíos pero
relevantes: los del Coronel Álvaro Barros, que escribió 45 años después de la
muerte de FH; y de Adolfo Saldías, quien, para redactar su Historia de la
Confederación Argentina, recogió testimonios directos de los protagonistas. El
primero consigna que el hacendado “había comprado al Gobierno una extensa
área de campo a razón de catorce pesos fuertes la legua y a los indios que allí
residían el derecho de establecerse.”26 Por su parte, Saldías afirma que “era el
único que había reconocido solemnemente a los indios el derecho a la tierra en
que nacieron, comprándoles la que el Gobierno le otorgara en propiedad”.27
Cabe inferir, en consecuencia, que una vez obtenido el permiso de los
caciques, FH compró las tierras al Gobierno, y abonó a los indígenas una
suerte de canon de ocupación.
Marchó, por fin, con su sufrida esposa y su hijo Matías, nacido apenas un
año antes en Los Tapiales. Llevaba bajo el brazo su vieja Biblia, y un ejemplar
de la edición belgraniana de La Venida, tal vez obsequiado por el mismo
General. Fundó Miraflores a orillas de la laguna Kakel, entre Marí Huincul (en
mapudungún, Diez Lomas) y “los montes grandes de Monsalvo” (Ailla
Mahuida). Según declaró FH a Cornell, la estancia era “un cuadro de 8 leguas
por cada uno de los 4 frentes o costados”; esto da una superficie de 64 leguas
cuadradas, o sea, cerca de 12 ha. El gaucho Molina fue designado capataz.
Los testimonios más cercanos a los acontecimientos coinciden en
sostener que FH supo conquistar el cariño y fidelidad de los indios comarcanos.
A las precitadas palabras de Rondeau, cabe agregar, en orden cronológico, las
acusadoras de Martín Rodríguez, convencido de que “ha dado prueba de una
amistad tan estrecha con los Salvages que la prefiere a la de sus propios
Conciudadanos”.28 En tanto Barros escribió: “Obedeciendo Ramos a un
25
RAMOS MEJÍA Enrique, op. cit., cap. XII.
26
BARROS Álvaro, Fronteras y Territorios Federales en las Pampas del Sur, 1872. Cito por la
ed. de Hachette, col. El Pasado Argentino, BA, 1960, que cuenta con un interesante prólogo de
Álvaro Yunque.
27
SALDÍAS Adolfo, Historia de la Confederación Argentina, Tomo I: Rozas y su Época, cap. V,
Félix Lajouanne Ed., BA, 1892.
28
Comunicación del Gral. Martín Rodríguez al Gobernador Interino Marcos Balcarce, 23 de
enero de 1821.

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sentimiento de justicia que honra su memoria, lejos de pretender desalojar a los
indios en uso del derecho adquirido, los trató siempre benigna y paternalmente,
granjeándose así la confianza y el respeto de ellos. Los indios fueron luego sus
mejores peones y la más segura custodia de sus intereses, y tal confianza
adquirió de su lealtad que vivió tranquilamente allí con su familia, ejerciendo
una autoridad verdaderamente patriarcal, en ninguna circunstancia
desconocida por los indios.”29 Pasemos a Saldías, el cual, por vez primera,
pone el trato humanitario que nuestro biografiado brindó al indio en estrecha
relación con sus ideas religiosas: “Movido por cierto misticismo excéntrico que
se distinguía por la audacia de sus fervores, Ramos Mexía había transformado
en dóciles trabajadores a los indios de los alrededores, al favor de una religión
nueva cuyos principios dogmáticos eran el bien por el bien, y la igualdad
humana, y de la cual él era el patriarca venerado”. 30 Sigamos con Dionisio
Schóo Lastra: “Inculcó a los indios principios religiosos milenaristas, con
método y lenguaje adecuado a su sencilla mentalidad. Enseñóles a trabajar en
tareas rurales y en artes domésticas. Tal fue su ascendiente con las tribus que
trascendió hasta la frontera de Chile”.31 Hemos cubierto un arco testimonial de
cien años.
Entre los modernos, sólo Gianello, Piccirilli y Romay 32 parecen sugerir que
movía a FH un interés espurio: “Receloso de los perjuicios que pudiera
originarle la proximidad de los indígenas, trató de conquistar la simpatía y
buena voluntad de algunos caciques. Con tal fin, empezó a difundir entre ellos
‘una rara religión mezcla de panteísmo oriental y de dogmatismo inflexible’”,
escriben, citando a Saldías sin mencionarlo33. Tal vez la sugestión de que FH
no hacía más que proteger sus propios negocios proceda de la mala lectura de
un pasaje de José Ingenieros: “En ese lugar [Kakel Huincul] el estanciero
Ramos Mexía había inventado una religión herética, mezclando principios
cristianos, dogmas propios y supercherías indígenas, con el propósito visible
de establecer una especie de teocracia local en la que él era Obispo y Señor,
trabajando a su amparo tribus de indios reducidos”.34 Si bien se trata de una
observación crítica, ello se debe puramente al espíritu positivista del autor,
como se echa de ver un tranco más adelante, cuando sentencia: “La empresa,
con poca cordura y en menor escala, era parecida a la de los jesuitas en el
Paraguay, aunque nada ortodoxa”.
d) El Tratado de Miraflores
Durante su breve mandato, Manuel de Sarratea recurrió a la poderosa
influencia de FH sobre las tribus, encargándole “iniciar los arreglos pacíficos
con los indios de la Sierra del Volcán y de Tandil”, a cuyo efecto nuestro
biografiado envió a “Domingo de Souza, mayordomo suyo y muy relacionado
con los indios, a entenderse con los caciques Negro, Ancafilú, Neuquipán y

29
BARROS Álvaro, op. cit.
30
SALDÍAS Adolfo, op. cit.
31
SCHÓO LASTRA Dionisio, El Indio del Desierto, cap. II, 1928. Cito por la ed. de Secretaría
de Cultura de la Nación / Marymar, col. Identidad Nacional Nº 92, BA, 1994.
32
GIANELLO Leoncio, PICCIRILLI Ricardo & ROMAY Francisco, Diccionario Histórico
Argentino, t. VI, Eds. Históricas Argentinas, BA, s.a.
33
SALDÍAS Adolfo, Vida y Escritos del Padre Castañeda, Arnaldo Moen & Hnos., BA, 1907.
34
INGENIEROS José, La Evolución de las Ideas Argentinas, lib. I: La Revolución, Segunda
Parte, cap. V. Cito por la ed. de Elmer, OC de J. Ingenieros Nº 13, BA, 1956.

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Maicá”.35 Sólo el fuerte ascendiente de FH pudo convencer a los ariscos
nativos, que sobradas razones tenían para recelar de las intenciones del
huinca. El tratado, gestado por su intermediación, y que él mismo firmó, el 7 de
marzo de 1820, en representación de 16 jefes pampas,36 constaba de 10
artículos. Por el 4°, se fijaba la línea de frontera en las lindes de las tierras
ocupadas por los estancieros; por el 5°, los indios se comprometían a devolver
la hacienda robada en malón el último año, encomendándose al cacique
Tacumán recogerla del otro lado de la sierra y llevarla a Miraflores; por los 6° y
7°, se comprometían los hacendados a dar trabajo a los indios que así lo
solicitaren, y a dispensarles la debida consideración en sus recíprocos tratos
comerciales; y por el 9°, asumían los caciques la obligación de entregar a los
comandantes militares todo desertor y delincuente que buscare refugio en las
tolderías, “disposición que provocó la protesta de Francisco, asentada en el
documento, por haber sido acordada durante una ausencia momentánea
suya”.37
e) La Ley de Ramos
No sabemos cómo ni cuándo arrancó la herejía. Si FH recibió tablas en las
cumbres de Ailla Mahuida, como Moisés, o las halló sepultas, por indicación de
los ángeles, como poco después acaecería a Joseph Smith. “El Omnipotente
me puso la mano sobre el hombro en la víspera de suceder... y quitándome el
velo de la cara, ya no he callado jamás”, confiesa con sencillez FH en su
Evangelio. Semejante contacto personal entre el Altísimo y su nuevo Profeta
debió verificarse en algún momento entre 1811, año de la solitaria cabalgata
con el gaucho Molina, y 1820, año de los primeros escritos cismáticos. Lo cierto
es que la flamante religión estaba ya muy extendida cuando Fray Francisco de
Paula Castañeda arribó a Kakel, en la primavera de 1821, cumpliendo una
orden de destierro emitida por el gobernador Martín Rodríguez, con refrendo
del ministro Bernardino Rivadavia. A ella se añadía la expresa prohibición de
escribir durante cuatro años.38 Debía confinar sus andanzas al Fuerte San
Martín, levantado no hacía mucho en tierras cedidas por FH. Mas, hete aquí
que fue en dicha plaza donde recogió las primeras señales de alarma. “¡Un
hereje a mano! ¡Dios sea loado! El señor en persona debió cruzarlo adrede en
su camino para dulcificar sus horas de proscripto. Todo lo que había en
Castañeda de polemista – y era casi todo – emergió a borbotones. Se
arremangó alegremente y se arrojó a la brega”, escribe no sin un toque de
ironía Scenna.39 Hizo entonces el fraile las indagaciones que estimó
pertinentes, y por fin – contento sin duda de poder romper con la veda
impuesta a su pluma – redactó una crispada denuncia: "Don Francisco Ramos
Mexía se ha erigido en heresiarca blasfemo, y no contento con haber quemado
las imágenes, con haber regalado un alba a su capataz Molina para enaguas
de su mujer, el cíngulo para atarse el chiripá, ha erigido seis cátedras de
35
RAMOS MEJÍA Enrique, op. cit., cap. XIII.
36
Convención Estipulada Entre la Prov. de BA y sus Limítrofes los Caciques de la Frontera
Sud… con el Objeto de Cortar de Raíz las Presentes Desavenencias Ocurridas Entre Ambos
Territorios y de Establecer Para lo Sucesivo Bases Firmes y Estables de Fraternidad y
Seguridad Recíprocas.
37
RAMOS MEJÍA Enrique, op. cit., loc. cit., y Libro de Leyes Nacionales, año 1820, n° 140.
38
La orden de destierro fue firmada el 25 de septiembre de 1821.
39
SCENNA Miguel Ángel, Un Fraile de Combate: Francisco de Paula Castañeda, en rev. Todo
es Historia, Año XI, Nº 121, BA, junio de 1977.

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Teología en la campaña del sur, a vista y presencia de los comandantes y del
gobierno actual, que estuvo allí varias veces de ida y de vuelta con toda la
plana mayor, en su expedición a los indios. Don José de la Peña Zurueta,
comandante de la Guardia de Kaquel, habiendo estado cinco días de convite
en lo de Don Francisco Ramos, volvió tan convertido que instituyó la religión
nueva de Ramos en la Guardia y en la estancia de la Patria, la cual ley de
Ramos se observó en ambos distritos todo el tiempo que estuvo de
comandante, sin haber una sola alma que le replicara, si no fue el capataz de la
estancia, el tucumano Manuel Gramajo, el cual le dijo que él quería condenarse
en su religión." El Gobierno pidió entonces informes al Cura Vicario de Dolores,
que recopiló mentas sobre bodas oficiadas por FH y su disposición de observar
el sábado como día de descanso, en lugar del domingo. Se ordenó una
exhaustiva investigación, de la que por fin dio cuenta, mediante oficio, el
Provisor General del Obispado, doctor Valentín Gómez, el 11 de diciembre de
1821: “El Cura Vicario de Dolores que partió de ésta en comisión… para
indagar si eran efectivos los casamientos que se decía haber sido hechos por
D. Francisco Ramos en las inmediaciones de Kakel, como asimismo si por su
pernicioso influjo y falsas doctrinas se había introducido en aquel distrito la
Santificación del Sábado, me avisa… que nada ha encontrado de efectivo en
orden a lo primero, y que con respecto a lo segundo solo en su estancia se
guarda esta observancia judaica. Esta noticia coincide con las denuncias que
tengo de que ese hombre fanático hace guardar igual conducta en su chacra,
conocida con el nombre de D. Martín Josef de Altolaguirre [Los Tapiales], con
escándalo de todo su vecindario. Como a un Gobierno que se distingue por sus
sabias medidas para establecer la moral y el orden en el País no puede ser
indiferente un abuso público de esa naturaleza, lo pongo en noticia de V.S.
para que se sirva… propender a que se corrija del modo más conveniente.” 40 Y
el mismo día el Gobierno (o sean Rodríguez y Rivadavia) intimó a FH “se
abstenga de promover prácticas contrarias al buen orden público, al de su casa
y su familia y a su reputación personal.”
f) FHRM se Atrae la Enemistad del Poder

Si bien en la zona comarcana a Kakel – por virtud del tratado pero, más
que nada, a la gigantesca sombra de su gestor y fiador –, las relaciones entre
indios y hacendados se desarrollaban en paz, no ocurría lo mismo más al Sur,
ni tampoco al Oeste. Marcos Balcarce, a cargo del Gobierno en reemplazo de
Martín Rodríguez, entonces de campaña, pidió auxilio una vez más a FH. En
esta ocasión, sin embargo, la actitud del patriarca de Miraflores cambió
radicalmente. No intentó acercar las partes, soñando un nuevo tratado. Antes
bien, dirigió un duro escrito al gobernador interino, el 20 de noviembre de 1820,
en términos que no dejaron dudas sobre el cariz religioso que habían ido
adquiriendo sus ideas. Se trata de un documento muy extenso: tras la nota
formal, sigue el Abecedario de la Religión o del Conocimiento del Orden de
Nuestro Bien o de Nuestro Mal.41 Aquí sólo aludiremos a aquellos párrafos
específicamente referidos a la cuestión del indio, llamando la atención del lector
40
RICCI Clemente, Francisco Ramos Mexía y el Padre Lacunza, Imprenta Kidd, BA, 1929.
41
RICCI Clemente, Un Puritano Argentino, Francisco Ramos Mejía, separata de la rev. La
Reforma, BA, 1913. Contiene una trascripción íntegra del Abecedario de la Religión, redactado
por FHRM.

13
sobre su tono de excitada indignación: “O las hostilidades cesan igualmente por
parte de los Indios quanto por los Christianos; o cesan por parte de los unos
solamente, quedando los otros dispuestos como siempre a robar y matar. ¿Qué
importa la buena disposición y ocasión de los unos, si la disposición y ocasión
de los otros es tan sanguinaria y abrasadora como lo estamos viendo? ¿Qué
importa trabajar con los unos hasta predisponerlos a favor de la Patria común,
si a los otros se les acalora y se enciende con la languidez hacia esa misma
Patria hasta precipitarlos en horrores contra sí mismos? Si los Indios aspiran de
hecho y de derecho a la Paz, los Christianos fomentan de hecho y de derecho
la guerra... Luego, no hay Patria a favor de los Christianos sin los Indios, ni de
los Indios tampoco sin el concurso de los Christianos”. Esto representaba una
severa reprensión a las autoridades porteñas, un admonitor índice sacudido
bajo sus mismas narices. Para FH “los malos” son los blancos: a ellos acusa de
“sanguinarios”, que, arrebatados por una “disposición abrasadora”, “fomentan
de hecho la guerra”. A ellos apostrofa de “lánguidos” a la hora de afrontar sus
deberes patrióticos. Sostiene, además, la comunidad de la Patria para ambos
grupos, indios y cristianos. Luego, concluye incluso que no puede pensarse la
Patria sin el concurso de todos los actores sociales.
“Preguntemos, ¿con cuál título de justicia quantos Hacendados se han
introducido en los campos de las tolderías contra la voluntad de los Indios? O
se consiente por todos el orden, consentida la sociedad; o la disolución es
completa para la ruina de todos. ¿Quiere Buenos Ayres remediar con políticas
aturdidas las imprudencias y excesos de los christianos, y porqué no proteje lo
más que es la propiedad y la vida de todos? ¿Quiere contener los excesos de
los indios imprudentes, y porqué no contiene y enfrena a sus christianos y a
quantos provocan las desesperaciones de los indios? ¿No nos
desengañaremos jamás de que ni el sable ni el cañón en nuestras
circunstancias ni las buenas palabras con tan malditas obras es posible que
constituyan ahora la paz entre los hermanos? ¿Será posible darle salud a la
Patria por medio de los prisioneros de la muerte? Ni tampoco lo hemos de
conseguir mezclando lo dulce con la hiel, el espíritu y los fundamentos de la
paz con los mismos principios de la guerra.” Ahora la vara de FH se descarga
sobre llagas abiertas en el lomo de Buenos Aires. Su crítica se centra sobre la
gestión de la cosa pública, y el vocabulario adquiere contundencia de mazazo:
las autoridades no hacen respetar el orden, y por tanto, apuran la disolución de
la sociedad; no atinan a “enfrenar” los excesos cometidos por los blancos,
apelando a “políticas aturdidas” que, por último, se asimilan claramente con la
hipocresía. FH, que llevaba entonces cuatro años viviendo en medio del
campo, respetado y casi adorado por los nativos, alejado de las intrigas
palaciegas, ha perdido el tacto. No sólo niega tajantemente su cooperación
(“ahora vienen los que se titulan representantes del pueblo a pedirme la unión
con los indios. Yo tenía realizados estos trabajos, pero no se me oía ni se me
atendía”), sino que, adquiriendo un tono amenazante, amaga con tomar la
sartén por el mango y erigir allí, en el corazón de la pampa bárbara, una suerte
de contrapoder: “Con [las tribus de Chapaleofú] y los tehuelches y ranqueles
reuniremos un parlamento. ¡Toda la América y todo el Nuevo Mundo pueden
contar conmigo! Contemplo el espíritu de vida que emana del Evangelio. Falta
que el pueblo nos oiga para que con este paso se apoye la felicidad. No vamos
a recurrir a Fernando el Constitucional o al Príncipe de Luca, miembros del
mundo decrépito, para consolidar la sagrada independencia de América, como

14
lo hemos prometido al Omnipotente.” Párrafo sin duda muy sugestivo. Habla de
un parlamento o confederación de todas las naciones indias del sur
bonaerense. Habla de un Nuevo Mundo como algo distinto de América. En él,
FH se proclama insuflado por el espíritu de vida evangélico. Anuncia que
iniciará una pastoral para que el pueblo lo oiga, y dado este paso, se asegure
la felicidad… lo que bien podía interpretarse como sugestión de su voluntad de
soliviantar a esa chusma, que había atraído junto a sí y cobijaba bajo su ala:
salvajes, desertores, gauchos vagos y mal entretenidos. Descarta luego las
posibilidades de Europa, “mundo decrépito”. Y proclama “sagrada” la lucha de
independencia, asegurando que su consolidación la tiene “prometida al
Omnipotente”. ¡Poca cosa!

f) La Matanza de Kakel Huincul

Un desastre fortuito, desencadenado por hombres con los cuales ningún


contacto previo había tenido Don Pancho – así lo conocían sus fieles –, y de
los cuales, muy probablemente, jamás había oído hablar, vino a poner trágico
fin al experimento social de Miraflores. En diciembre de 1820, los ranqueles
cayeron sobre Salto en irrefrenable malón, acaudillados por el rebelde chileno
José Miguel Carrera. El pueblo resultó arrasado: “cubierto de deshonor, de
cenizas y de sangre”, escribió Zeballos42. Las improvisas huestes de tacuara y
boleadora se entregaron alegremente a la matanza y al saqueo. Cometieron,
además, gran número de sacrilegios. Martín Rodríguez, a la sazón gobernador
de la provincia, juró al Dios que adoraba vengar la Religión profanada y la
Naturaleza ultrajada. Reunió cosa de 1500 hombres, y a pesar de las
advertencias sobre la verdadera identidad de los agresores, formuladas por
Juan Manuel de Rosas – que marchaba con él al frente de una columna –,
ordenó cargar contra los caciques Anepán y Ancafilú, amigos de FH. Sin
embargo, no pudo topar al grueso de la indiada, y debió contentarse con librar
un par de escaramuzas sin importancia. Al parecer, esto convenció a
Rodríguez de que “los indios se retiraron avisados”; aceptado lo cual, nada
costaba atribuir el soplo a RM, ese traidor a su raza y a su religión, hereje y
amigo de infieles. "El Gobernador debió emprender el regreso por falta de
caballos, casi sin alimento, bandeado de desertores, y sin encontrar a Carrera.
Los responsables, que eran los Ranqueles, como había dicho Rosas, no fueron
molestados", escribió Jorge Perrone.43 El horrendo episodio que ocurrió luego
es relatado así por Barros: cuando Rodríguez destacó una fuerza con objeto de
capturar a los indios de Miraflores; “éstos trataron de defenderse, pero el Sr.
Ramos los disuadió de ello asegurándoles que él conseguiría su libertad. Los
indios se rindieron y fueron conducidos prisioneros. Al día siguiente D.
Francisco Ramos se dirigió en busca del general con el objeto de obtener la
libertad de los indios, y en el tránsito encontró en el campo los cadáveres de
más de 80 de ellos. Cuando llegó al campamento se le dijo que habían
intentado resistir durante la marcha y había sido necesario usar de las
armas”.44 La versión de Saldías difiere ligeramente: “El Gobernador Rodríguez
desprendió una columna, la cual apresó a los indios que se encontraban en la

42
ZEBALLOS Estanislao, Callvucurá y la Dinastía de los Piedra, col. Biblioteca Básica
Argentina Nº 93, CEAL, BA, 1993.
43
PERRONE Jorge, Diario de la Historia Argentina, t. I, Ed. Latitud 34, BA, 1992.
44
BARROS Álvaro, op. cit.

15
estancia de Ramos Mexía, y los condujo a Kaquel en clase de prisioneros.
Apenas eran puestos en libertad, merced a las protestas de Ramos, cuando
otra columna del ejército expedicionario sorprendía y acuchillaba a los indios de
la sierra”.45
Todo parece indicar que Rodríguez abrigaba ya intenciones de proceder
con exceso de rigor, y sin miramiento alguno, desde mucho antes de lanzarse
en pos de Carrera; albergaba, sin duda, serias sospechas acerca de la lealtad
de FH a Buenos Aires; consta, además, que se hallaba suficientemente
informado sobre la “nueva religión” instituida en Miraflores. Prueba de ello es el
Comunicado que expidió a Balcarce el 23 de enero de 1821: “Un número no
muy corto de Indios establecidos con sus Tolderías y Familias en la Hazienda
de D. Francisco Ramos Mexía origina males indecibles a la Campaña. De allí
reciben los demás Indios las noticias que les favorecen a sus asaltos
repentinos; por ellos saben quando se les piensa perseguir, y en fin en esta
Estancia es donde se proyectan los planes de hostilidad contra nuestra
Provincia… [FHRM] ha dado prueba de una amistad tan estrecha con los
Salvages que la prefiere a la de sus propios Conciudadanos contra quienes
esta vez ha procedido escandalosamente, al paso que trabaja con tesón en
hacer desaparecer de este Distrito a la Religión y lo ha conseguido entre la
mayor parte de sus habitantes”.46 Sin duda deben leerse a esta luz las
instrucciones con que despachó a Rafael Hortiguera: “No detendrá jamás sus
marchas por las solas promesas de los indios. Lejos de eso, seguirá
hostilizándolos hasta que se cumpla con el objeto de rescatar las familias y
haciendas, destruir la fuerza de Carrera y si es posible conseguir su persona y
la de sus secuaces”. Estas condiciones se revelan por demás absurdas, habida
cuenta de que, gracias a Rosas, no ignoraba Rodríguez la inocencia de los
pampas. Tampoco tenía permitido Hortiguera admitir la neutralidad de ninguna
parcialidad indígena: “Las tribus que no han tomado parte activa contra
nosotros deben hostilizar a los invasores, [Carrera y su gente], y de lo contrario
se usará con ellos del derecho de represalia, conciliando los intereses de la
provincia con los deberes de la humanidad”. He aquí, en el aséptico lenguaje
militar, la extensión de una abierta licencia para la matanza… considerando
que el chileno y sus ranqueles estaban ya rumbo a San Luis.47 De modo, pues,
que el degüello de los pacíficos nativos asentados en Miraflores –
completamente integrados en su comunidad de trabajo y religión –, ha de ser
tenido, en principio, como muestra de aquello que el conquistador español dio
en llamar “castigo ejemplar”, esto es, un escarmiento indiscriminado, o aún
incluso al azar, con objeto de sembrar el terror y el desconcierto. Pero cabe
arropar además la sospecha – al parecer bien fundada –, de que la elección fue
deliberada, de que Miraflores fue blanco cuidadosamente escogido, y de que la
finalidad del movimiento, so capa de vengar a Salto, era lisa y llanamente
acabar con el proyecto de don FH.
45
SALDÍAS Adolfo, Historia de la Confederación Argentina, Tomo I: Rozas y su Época, cap. V,
Félix Lajouanne Ed., BA, 1892.
46
Tras el allanamiento de Miraflores, y con fecha 4 de febrero de 1821, el capitán Ramón Lara
informa que sólo halló en la estancia seis fusiles, de los cuales tres eran inútiles; un rifle y una
tercerola útiles; tres rifles, tres pistolas, y tres trabucos inútiles; cuatro facones; 5 tiros de
metralla, un cañón de hierro calibre dos y medio, y correspondiente cureña, más otra inútil. Tal
parque era con mucho inferior al que contaba cualquier estancia grande de la época.
47
SIERRA Vicente Dionisio, Historia de la Argentina, t. VII, cap. 6, 19. Ed. Científica Arg., BA,
1970, para las instrucciones de Rodríguez a Hortiguera.

16
g) Prisión y Muerte del Hereje Blasfemo
El ya citado Comunicado de Rodríguez a Balcarce remata así: “Por esto
destaqué anoche una partida que conduzca a este Cuartel General a mi
disposición quantos Indios y Familias suyas existan en aquel Establecimiento
[Miraflores], no sólo en castigo de la conducta que han observado y observan
contra nosotros, sino para privar a los demás ese apoyo de sus maldades. Del
mismo modo he intimado a Ramos que con toda su Familia viaje a esa Capital
en el perentorio término de seis días y a su llegada se presente a V.S..” Si
Rodríguez dijo aquí verdad, FH recibió semejante ultimátum cuando acudió
para solicitar la suelta de sus indios; lo cual implica que quedaba en libertad de
volverse para hacer los arreglos pertinentes. Sin embargo, Barros consigna que
“el general recibió cortésmente al Sr. Ramos, pero no le permitió regresar a su
estancia.”48 Saldías, por su parte, nada dice sobre esta supuesta detención del
heresiarca. "El señor Ramos Mejía fue conminado a situarse en su otra
estancia 'Los Tapiales' en Matanzas", escribió lacónico Schóo Lastra en 1928.
No sabemos, pues, de qué fuentes documentales bebe Cútolo para afirmar que
FH fue “tomado preso”, y que “su mujer lo siguió en una carreta hasta la
ciudad, pero al llegar al Puente de Barracas fue puesto en libertad”.49 Con
razón pone Scenna en duda tal “prisión”. Ni hablemos de ciertas crónicas
disponibles en Internet, que siguiendo tal vez a Cútolo, han añadido detalles
sabrosos, como el “engrillamiento” del infortunado.
“Quienes han escrito sin haber profundizado debidamente el análisis de
los hechos sostienen que el exilio de Francisco desde ‘Miraflores’ a ‘Los
Tapiales’ se debió a las características de la prédica religiosa con la cual aquel
intentó atraer a los indios al cristianismo... Pero es otra la verdad histórica,
pues ese exilio... no se debió en verdad a razones religiosas sino a una
injustificada reacción de Rodríguez asentada sobre falsas suposiciones”,
expuso Enrique RM, con evidente incomodidad, a la hora de justificar el
destierro de su ancestro.50 Cita en su abono una carta de otro Ramos Mejía,
José María, a otro José María, Bustillo, datada en 31 de octubre de 1957: “Yo
siempre he oído, como tradición de familia, que ese confinamiento se debió al
fracaso de la expedición del General Rodríguez al sur, cuando tuvo que
retirarse desastrosamente desde el Tandil a causa de que los indios le hicieron
el vacío, y al internarse imprudentemente en las sierras se quedó de a pié, los
indios lo rodearon y lo obligaron a retirarse, táctica que atribuyó a consejos de
mi bisabuelo y lo determinó a tomar esa medida de fuerza”. Con respecto a los
motivos religiosos del castigo aplicado a FH, es necesario decir que existieron,
a despecho del fastidio de los Ramos Mejía: releamos el Comunicado de
Rodríguez a Balcarce, trascripto más arriba. Bien pudiera suceder que en el
ánimo del Gobernador pesase más su encono ante lo que consideraba
connivencia escandalosa del hacendado con los salvajes. Bien pudiera suceder
incluso que, si las inclinaciones de FH se hubiesen manifestado desnudamente
teológicas, no hubiesen alcanzado a perturbar un solo pelo de las patillas de
Rodríguez. Es esto, en efecto, muy probable: las excentricidades religiosas del
hacendado habían sido toleradas por años, y de hecho, en muchas ocasiones,
el gobierno procuró aprovecharse de ellas para la consecución de sus fines
48
BARROS Álvaro, op. cit.
49
CÚTOLO Vicente, op. cit.
50
RAMOS MEJÍA Enrique, op. cit., cap. XVI.

17
particulares. El Tratado de Miraflores es señalada muestra de que, mientras la
Ley de Ramos pudo ser utilizada eficazmente como medio o herramienta de
control social, para pacificar a la indiada, fue considerada útil y ejemplar. Los
problemas comenzaron cuando su aplicación, al menos en apariencia y según
evidencia, comenzó a resultar factor desestabilizador... Por ello, podemos
afirmar que si la Ley de Ramos no hubiese comportado, además de sus
aspectos doctrinales y dogmáticos, una faz práctica concreta respecto al nativo
de la pampa, Rodríguez hubiera apelado al razonable laissez faire, laissez
passer. No obstante, a la hora de reunir un adecuado manojo acusatorio contra
FH, su presunta herejía venía de perillas. Rodríguez utilizó los ataques del
Padre Castañeda con sentido y fin netamente políticos. Es un hecho que no
simpatizaba con Castañeda, ni éste con él. De hecho, el sacerdote llegó a
Kakel – donde tomó conocimiento de la Ley de Ramos y su extensión –,
precisamente porque el Gobernador lo había allí desterrado, con expresa
prohibición de escribir, tras uno de sus encendidos panfletos.
Agustín de Elía asegura tener vivo en su memoria el relato de Magdalena
Ramos Mexía, hija de FH y abuela suya. Según éste, al enterarse de que el
heresiarca y su familia debían abandonar la estancia por orden del Gobierno,
algunos grupos de indios, que representaban a los caciques de las tolderías de
Ailla Mahuida y Marí Huincul, se presentaron espontáneamente en Miraflores,
disgustados y apenados. FH “los recibió en su casa y los tranquilizó,
asegurándoles que nada grave le pasaría, dando de inmediato las órdenes
para emprender el viaje. Como muchas tribus querían seguirlo hasta Los
Tapiales, se convino en que sólo un pequeño número lo acompañaría, algunas
tribus a guisa de escolta únicamente hasta las cercanías de Ranchos; y desde
allí, muy pocos indios llegarían al punto final.” Dice José María Bustillo51 que
FH siguió administrando Miraflores a distancia, a través de “su representante
de confianza... el juez de paz de Monte Grande, radicado en la guardia de
Kaquel, don Juan Cornet” [sic].
“Los indios que habían acompañado a Francisco desde ‘Miraflores’
seguían viviendo en ‘Los Tapiales’, donde se afincaron y continuaron
disfrutando del mismo trato, lo que bien pronto se divulgó por la zona al
extremo de atraer a indios que trabajaban en Buenos Aires. En una ocasión, en
efecto, el empresario de las obras que se realizaban en la Catedral comunicó al
Jefe de Policía la fuga de cuatro indios, tres de ellos con grilletes, los que,
según notorios informes, se habían dirigido ‘a las tolderías de D. Francisco
Ramos’. Ante esta comunicación, el Gobierno dio ‘orden a Francisco Ramos
Mexía para que remitiese de lo que se llama sus tolderías en ‘Los Tapiales’ no
sólo esos, sino otros más que anteriormente se han fugado, siendo muy
probable creerlo por la reunión de multitud de familias bárbaras que
permanecen allí continuamente, y por lo mismo se ha creído necesario proveer
la medida que debe tomarse a fin de remediar semejante mal’.” 52 FH dio
inmediato cumplimiento a dicha orden, aunque reintegrando a Buenos Aires tan
sólo los indios fugados de la Catedral.
El año de 1827 fue duro para FH y María Antonia, pues fallecieron dos de
sus hijos. Fueron frecuentes, además, los malestares del antiguo patriarca de
la pampa. En carta a Juan Cornell del 11 de septiembre, FH reconoce que “mi

51
BUSTILLO José María, Un Estanciero Doctrinario y Original, Francisco Ramos. Conferencia
en el Centro Argentino de Ingenieros, 8 de octubre de 1957.
52
RAMOS MEJÍA Enrique, op. cit., cap. XVIII.

18
indisposición consiste principalmente en que, cansado de leer, recaigo al
instante de cualquier manera que sea.” Indeciblemente agobiado, FH fallece el
5 de mayo de 1828, a las cinco de la mañana, en Los Tapiales, con 55 años de
edad. “El mismo día de la muerte de Ramos Mexía su familia inició trámites
para darle descanso en un sepulcro edificado en el parque de su chacra.
[Como hereje, la Iglesia prohibía estrictamente su inhumación en tierra
consagrada, en camposanto]. Dos días con sus noches pasaron sin lograrse el
consentimiento para la inhumación. Transcurría ya la tercera noche y Ramos
Mexía continuaba entre cuatro hachones en una de las estancias de su casa.
Imprevistamente, cuando ya clareaba, ocho indios pampas, de los que llegaron
con él desde el desierto y acampaban desde entonces en ‘Los Tapiales’,
entraron silenciosamente en el cuarto del túmulo, tomaron la caja en la que
Ramos Mexía yacía y marcharon con ella hasta el portalón. Allí la posaron en
una carreta y detrás de ella formaron cortejo con toda la indiada que estaba de
guardia. El indio boyero movió su picana, chillaron los ejes y la lerda carreta
inició su marcha, entre cercos de tunas y plantas esbeltas, con rumbo al
desierto. Los indios amigos montados en pelo, con el sol ya alto, cruzaron el río
Matanzas y en señal de honra y a sones de duelo siguieron al carro que
escoltado entonces por cañas tacuaras y gritos de teros, se perdió a lo lejos.”53
Mucho nos gustaría suscribir esta poética noticia sobre el destino de los restos
de FH. Sin duda, se merecía un funeral indio como el descrito. Sin embargo,
Enrique RM cita una libreta con apuntes domésticos, que FH llevaba
escrupulosamente, y en la que alguien anotó: “Falleció Francisco Ramos Mejía,
25 años y 10 meses después de su casamiento, alcanzado por la misma fiebre
que llevó a sus hijos. Sus restos fueron llevados a su última morada con la
modestia y serenidad que él había deseado.” Dicho autor, descendiente directo
del Profeta de las Pampas, y que se basa en documentación familiar hasta
entonces inédita o poco consultada, nada más agrega sobre el sitio de
sepultura.
María Antonia volvió a casar el 30 de septiembre de 1830 con su cuñado
Ildefonso, viudo a su vez de María Inés Basavilbaso, pero no tuvieron hijos.
Vivieron en Los Tapiales, mientras que los hijos sobrevivientes del anterior
matrimonio, (Matías, Francisco y Ezequiel), se ocupaban de los extensos
campos de Miraflores.
La gratuita barbarie de Rodríguez tuvo funestas consecuencias para la
tranquilidad de la campaña bonaerense. Exterminada, capturada o puesta en
fuga la indiada amiga de Miraflores, su capataz, ese gaucho llamado José Luis
Molina, buscó refugio en el desierto. Quizá se acogió al amor de los toldos. Tal
vez logró reunir a los dispersos seguidores de lo que Castañeda llamó,
irónicamente, la Ley de Ramos. Saldías prefiere la versión, más romántica, de
su casamiento con la hija del poderoso cacique Neukapán, uno de los
reducidos por FHRM, lo cual le habría granjeado gran ascendiente entre los
suyos.54 Lo cierto es que, convertido en jefe de los denominados “pampas”, y
en represalia por la masacre de Kakel Huincul, desató el 30 de abril de 1821 un
malón de más de 1800 lanceros, que devastó todo el territorio al sur del
Salado. El pueblo de Dolores y los cascos de las estancias de la zona – entre
ellas la de Rosas, Los Cerrillos – fueron reducidos a pavesas. Gran cantidad de

53
PICO José María, Francisco Ramos Mejía (o Mexía). El Confinado en Los Tapiales, en rev.
Fundación – Política y Letras – Año IV, N° 9, Diciembre de 1996.
54
SALDÍAS Adolfo, op. cit.

19
cautivos y 150 mil cabezas de ganado fueron el botín de la vengativa horda.
Exactamente un año después, el mismo Molina condujo a 500 ranqueles, que
metieron fuego a Pergamino. En diciembre, otro malón (con la probable
intervención del ex capataz) llegó a sólo 60 leguas de la ciudad de Buenos
Aires, atropellando en oscuro aluvión de pillaje y destrucción, y retirándose
luego tranquilamente, ante la impotencia de los regimientos con asiento en
Chascomús y Luján. Localidades atacadas en octubre de 1823, por una insólita
coalición de 5 mil ranqueles, pampas y tehuelches, que capitaneaban Catriel y
Calfiau; su rabia se abatió también sobre Tandil, fundada tan sólo 6 meses
antes por Martín Rodríguez, arrasando de pasada con todos los
establecimientos en inmediaciones del Arroyo del Medio, moliendo a los
húsares del comandante Antonio Saubidet, y llevando – en una retirada que en
vano intentó cortar el coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid – numerosos
cautivos, junto a miles de cabezas de ganado.

5. Semillas de Herejía
Tratando sobre el origen o fuente primaria de la inquietud religiosa de
FHRM, se han sugerido influencias de diversa índole, muchas de ellas,
localizadas en los años de formación: 1. Transmisión en la temprana infancia, y
por parte de su madre, María Cristina Ross y del Pozo – porteña de
ascendencia escocesa –, de nociones protestantes. (Ricci); 2. Eventuales
estudios de teología en la Universidad de Chuquisaca, y el posible espíritu
crítico que pudiere haberle infundido su orientación jesuita. (Scenna, Cútolo,
Enrique RM); 3. La fuerte impresión que causaron en su ánimo las noticias del
suplicio sufrido por Túpac Amaru y familia, las que bien pudo recibir de primera
mano: recuérdese que su esposa era hija de quien tuvo a cargo la brutal
represión de los rebeldes tupamaros en 1781. (Scenna, Schóo Lastra); 4. Su
lectura y profundo estudio de La Venida del Mesías en Gloria y Majestad, del
jesuita chileno Manuel de Lacunza. (Scenna, Pico, Priora, Vaucher, Enrique
RM, Ceriani Cernadas).
Siendo de general consenso la tesis contenida en el punto 4, revisaremos
a continuación dos de las restantes propuestas, interesantes por diversas
razones.
a) La Culpa Edípica
Clemente Ricci – generalmente tenido como el historiador que mejor ha
estudiado y comprendido a FHRM –, fue quien emitió la hipótesis de que, tal
vez, debamos dirigir nuestra atención a su madre. “La tesis”, comenta Scenna,
“abre un campo de conjeturas donde es lícito internarse, siempre que no se
pierda de vista ese detalle esencial: que sólo es un campo de conjeturas.” 55 En
verdad, no sabemos qué restos de protestantismo hubieron podido quedar en
la señora Ross56, “pero no puede negarse sin más”, – termina concediendo
Scenna –, “que tal vez sirviera de nexo entre el puritanismo presbiteriano de
John Knox y el de su propio hijo.” Con lo cual admite que la religión de FHRM

55
SCENNA Miguel Ángel, loc. cit.
56
Según refiere Ángel Justiniano Carranza, (El Coronel Ramos Mejía, en Revista Nacional, t.
XIX, 1894) la boda entre Gregorio Ramos y María Cristina “tuvo que vencer grandes
resistencias y metió bulla en Buenos Aires por la calidad de protestante de Míster Ross”, padre
de la novia.

20
respondía, al menos en sus principales rasgos, a los lineamientos del
reformador escocés. En tanto, Vicente Cútolo aboga por el recibimiento, vía
materna, de imposibles “doctrinas adventistas”.
b) Taky Onguy
Comencemos haciendo notar que Don Sebastián de Segurola y Oliden,
designado gobernador de la provincia de La Paz en reconocimiento a su
destacada actuación en la “extinción del brote sedicioso” de Túpac Amaru,
falleció a fines de 1789, en edad de 59 años, días antes de que llegaran los
despachos que lo nombraban Mariscal de Campo y Presidente de la Real
Audiencia de Charcas. No pudo, pues, conocer a su yerno: FHRM casó en la
ciudad de La Paz el 5 de mayo de 1804.
Yuyú Guzmán57 dejó correr la especie de que el difunto suegro había
contraído matrimonio “con una descendiente de una famosa princesa inca”:
Inés Yupanqui, hija de Túpac Yupanqui. María Antonia, esposa de FH, sería
fruto de tal unión. Así, el conocimiento acerca del movimiento milenarista del
Taky Onguy pudo haber llegado al futuro hereje en modo mucho más directo;
en tanto el descuartizamiento de su líder, ofrecido como espectáculo público,
recuerdo continuamente enarbolado ante la masa indígena por sus patronos
blancos, como amenaza o admonición, había dejado fuertes huellas en la
tradición oral, y era ya pasto de leyenda. Bien pudo FH recoger noticias en las
calles o en el mercado. Pero el último de los Ramos Mejía, Enrique, niega con
genealógica erudición la sangre inca de María Antonia: “La verdad es que esta
princesa [Inés Yupanqui] se casó con Francisco de Arpuero, conquistador del
Perú y Regidor en Lima, continuando la respectiva descendencia con sangre
inca en cabeza del descendiente de esa unión, Feliciano de Alquiza y
Peñaranda que se casó con María Manuela de Foronda y Buluga el 22 de
febrero de 1746. Y fue al enviudar que María Manuela se casó el 15 de agosto
de 1760 con Ramón de Roxas y Urueta, naciendo así sin sangre ni
ascendencia inca María Josefa Úrsula de Roxas y Foronda, que se casó el 25
de julio de 1786 con Sebastián de Segurola y Oliden.” Más segura parece, por
tanto, la hipótesis de que FH tomó contacto con la triste situación del indígena
cuando se hizo cargo de las dos haciendas de su familia política, Pillapi y
Miraflores; de hecho, pudo haber oído de boca de sus propios peones tanto las
hazañas de Túpac Amaru como su desastrado final, conmoviéndose con la
esperanza de la venidera reivindicación escatológica. Dionisio Schóo Lastra así
lo cree: "Considerando la forma en que se había producido aquel
acontecimiento [el alzamiento tupamaro], persuadido de que se debió a la
abusiva conducta de los funcionarios españoles con los naturales, optó por
adoptar con ellos un proceder absolutamente diverso."58
Al verse obligado a trasladarse a Buenos Aires, el matrimonio extendió
poder al hermano de FH, Ildefonso, para vender ambas propiedades. En este
documento, fundamenta su decisión con la muestra de inquietudes sociales
acerca del estado de su peonada india y de sus derechos, que parecerían
confirmar la opinión de Schóo. Alegan no poder confiar en apoderados, pues
“por decidia personal... se trastorna todo el orden y método del trabajo que se
debe hacer en cada cosecha de cocales, se alteran las costumbres y los indios
trabajadores resisten ya a asistir al trabajo y a sus obligaciones en aquellos
57
GUZMÁN Yuyú, El País de las Estancias, Emecé, BA, 1983.
58
SCHÓO LASTRA Dionisio, op. cit.

21
tiempos y oras que son de costumbre, y quien save si en la dación necesaria
de avíos y satisfacción de sus jornales pueda haver también la misma
alteración que perjudique la conciencia de los dueños y exaspere el ánimo de
los trabajadores, poniéndolos en la necesidad de desamparar sus radicaciones
y andar errantes de lugar en lugar o de hacienda en hacienda.” Tres elementos
merecen destacarse en el texto precedente: la preocupación del matrimonio por
la satisfacción de los jornales y “avíos”, cuando era entonces regla general la
explotación desmedida y cruel del indio, que condujo en muchas ocasiones a
un virtual régimen de semiesclavitud; en segundo lugar, la lisa y llana confesión
de que sólo tal posibilidad perjudica sus conciencias; por fin, la velada
justificación del impulso de rebelión nativo, con la admisión – insólita en un
hacendado –, de que semejantes injusticias exasperan el ánimo de los
trabajadores, de modo tal que el abandono de sus obligaciones era entonces
casi obligatorio.59 Otro documento que apunta indicios para aclarar la cuestión
es el ya citado Plan Para Poblar la Pampa. Su texto parece demostrar que, en
la génesis de la preocupación de FH por la situación del indio, se hallaba la
fuerte impresión recibida ante la brutal represión del alzamiento de Túpac
Amaru: “Todo plan cuya perspectiva y aparato ataque directamente los usos y
costumbres del hombre, por bárbaros que sean, de un modo abstracto, deverá
autorizarse con la fuerza, no con la educación, por que se prepara
seguramente la desesperación. A semejante incapaz método atribuyo Yo la
sangre inmortal de México y del Perú; su despoblación; é incibismo y barbarie
del estado presente; y si este es vivo ejemplo, tal perspectiva en nuestro caso
debe distar mucho de la política de la Suprema Dirección de V.E.” 60 Nótese, en
primer lugar, la admiración de FH hacia los rebeldes, cuando califica de
inmortal la sangre por ellos derramada. Y su insistencia en el concepto de que
los malos tratos de los españoles hacia los indígenas inducen fatalmente a la
desesperación. Es la misma palabra que había utilizado antes, en el poder
otorgado a su hermano Ildefonso para que liquidara las propiedades del Alto
Perú. Y que, como vimos, utilizará más tarde, en 1820, en carta a Balcarce.
También es notorio cómo incluye FH en la categoría de mal trato al ataque
“directo y abstracto” dirigido a “los usos y costumbres del hombre”. Sabía
nuestro futuro hereje que la aculturación conduce a la anomia, y ésta a la
insurrección. Sus palabras transparentan una valoración casi antropológica de
la cosmovisión nativa, inusitada para la época.
No me parece menor el detalle de que FH decidiera llamar Miraflores a la
sede de su comunidad, al igual que una de las propiedades altoperuanas.
¿Pretendía con ello cierta continuidad? Y de ser así, ¿de qué tipo?
Otra posibilidad es que FHRM haya conocido todo respecto al estallido
tupamaro y el suplicio de su mentor aquí mismo, en Buenos Aires, mucho antes
de emprender su viaje al Alto Perú. Parece evidente que los hombres de Mayo
hicieron un intento consciente de aprovechar políticamente la noción mítica del
Taky Onguy, en sus contenidos irreductibles: precisamente, aquellos
potencialmente revolucionarios.

4. Los Escritos Religiosos


Los escritos de FHRM que han sobrevivido 61 son sólo tres, redactados a
fines de 1820: 1. El Abecedario de la Religión, ya citado. 2. El Evangelio de
59
RAMOS MEJÍA Enrique, op. cit., VII.
60
PICO José María, El Plan de..., etc., loc. cit.

22
que responde ante la Nación el Ciudadano Francisco Ramos Mexia. 3. Una
suerte de anexo, la Compendiaciòn, datada “en el Año del Diluvio Universal de
4777, día 28 de América”. A ellos cabría sumar las numerosas anotaciones
hechas al margen de su ejemplar de La Venida.
Para dar noción acabada de las ideas religiosas de FH, y sobre todo de su
estilo, que imita al del Apocalipsis juanino y parece seguir más bien la
gramática latina antes que la castellana, comentaremos a continuación algunos
pasajes de los referidos textos.
a) El Abecedario de la Religión
Nos centraremos en un fragmento donde FH dedica su ceño adusto al
clero vernáculo:

“Estamos en el año onze en que sois los ministros delante de nuestro Padre el Creador de esta
nuestra Casa o nuestra Patria para comunicarnos la felicidad a que aspiramos, dándonos la
salud por el Ministerio de la palabra con que habéis debido ilustrarnos y deducirnos desde los
umbrales de las tinieblas en que nos hallamos hasta colocarnos en la senda de la Paz.”

Vemos, en principio, el peculiar método cronológico de que se vale FH,


quien ya no cuenta los años desde el momento escatológico singular de la
Cristiandad (el nacimiento de Jesús), sino desde la revolución de Mayo de
1810, elevando así a ésta a condición escatológica, como si inaugurara de
hecho una nueva era. En efecto, habla FH del “año onze”, y las matemáticas
más elementales nos informan que faltaban apenas seis meses para que, en
mayo del ’21, se cumplieran once años de la instauración de la Primera Junta.
Luego, insinúa que el ministerio clerical empezó sólo entonces, o al menos
cambió de naturaleza tan radicalmente que implicaba ya una nueva investidura;
de hecho, asegura a continuación que este ministerio consiste básicamente en
representar a la Patria ante el Creador.
b) El Evangelio
“Pese a llamarse así, su contenido no es puramente religioso, sino que en
el fondo revela las hondas preocupaciones de Francisco de índole política y
social, las que va exponiendo con citas de la Biblia y de las enseñanzas de los
Apóstoles”, comenta Enrique RM, demostrando que no ha penetrado en la
esencia de la religiosidad de su antepasado, en la cual la historia terrena tiene
dirección e intencionalidad, de modo que la política no es más que una
herramienta escatológica, y la sociedad una instancia de este proceso, que
habrá de culminar con la Segunda Venida: entonces será el Fin de la Historia,
se inaugurará una nueva sociedad, y la única política será la de Cristo en su
Nueva Jerusalén.

61
A estar de Ángel Justiniano Carranza (op. cit.), se habrían perdido cuatro Memorias, que FH
habría redactado entre 1819 y 1820. Agréguese su Vulgata con anotaciones manuscritas,
arrojada a la estufa por “una nieta de Ramos Mexía, al enterarse de que esa Biblia iba a ser
objeto de un examen fundamental”, según atestigua Ricci (Destrucción de un Documento
Histórico. La Biblia anotada por Ramos Mexía Entregada a las Llamas, en Boletín del Instituto
de Investigaciones Históricas, t. II, BA, 1923-4).

23
“El omnipotente me ha mandado a vosotros (qui sedet ad dexteram Patris) para que,
congregando a los principales de América, os prevenga y anuncie lo siguiente (Apocal. a.4, v.
2): Ecce sedes, et supra eam sedent (Luc. c.19, v.35). Yo soy el mismo orden, objeto propio y
especial de tus padres: el orden para con Abraham: el orden para con Isaac: el orden para con
Jacob: cuya memoria debe sernos eterna entre vuestras generaciones. Considerándolos y
visitando a todos, me manifiesto ahora a vosotros, a la presencia de Vuestra esclavitud, y de la
tiranía de Vuestro gobierno y administración, para daros la salud de la patria en vuestra tierra
buena y espaciosa, la tierra de la leche y de la miel, y la de Vuestros propios enemigos los [...]
a quienes arrojará de ella por medio de asombros tan notables, que ni se han visto jamás en el
globo (Exod. cap. 3).”

Este extenso párrafo posee sin duda redacción farragosa, lo que torna su
sentido un tanto oscuro. No obstante, una lectura atenta permite desbrozarlo
con cierta seguridad. En principio, FH se presenta como enviado del
Omnipotente ante “los principales de América”, es decir, las autoridades civiles
surgidas después de la Revolución. Se dice portador de un anuncio, (por tanto
se adjudica carácter de Profeta), y de una advertencia. Dicha advertencia es
puesta en relación nada menos que con un pasaje del Apocalipsis, capítulo IV,
versículo 2: “Al punto fui elevado ó arrebatado en espíritu: y vi un solio
colocado en el cielo, y un personaje sentado en el solio.” La interpretación
ortodoxa supone que este personaje es el propio Dios. En los versículos
siguientes, Juan nos revela que “alrededor del solio [había] veinte y cuatro
sillas: y veinte y cuatro ancianos sentados, revestidos de ropas blancas, con
coronas de oro en sus cabezas.” Al respecto, es tradicional inferir que estos 24
ancianos representan la comunión de los Santos. (v. p.e. Dante). Luego,
aparécense cuatro misteriosos y monstruosos animales, en que algunos han
querido ver Kerubines, y otros figuraciones de los cuatro evangelistas, sin que
en verdad pueda descartarse que las bestias en cuestión representasen ambas
posibilidades. Se trata de criaturas “llenas de ojos por delante y por detrás”,
dotadas de seis alas cada una, y con cabezas de hombre, de buey, de águila y
de león, respectivamente. El por qué citó FH en aquel punto exacto de su
discurso esta visión específica, permanece en el misterio. ¿Quería indicar con
ello que él también había gozado de visiones similares, “elevado o arrebatado
en espíritu”? ¿Pretendía equiparar su mensaje con la Revelación? ¿O
pretendía en cambio, al ofrecer la imagen de un trono divino entre nubes,
rodeado de la comunidad de los Santos, traer un recordatorio de aquel otro
trono divino, que también habría de aparecer rasgando las nubes, el de la
Segunda Venida que él suponía inminente? En tal caso, FH habría establecido
un paralelo entre los 24 ancianos coronados, y los Elegidos de su comunidad.
La cita en latín que sigue inmediatamente, no se corresponde con toda
exactitud con el pasaje apocalíptico que reseñamos. Podría traducirse como:
He aquí el solio [o el trono, o el asiento], y sobre él se sentaba... Es obvio, no
obstante, que se refiere al solio entre nubes, y al personaje que lo ocupa.
Tampoco Luc. XIX, 35 tiene mucho sentido en aquel contexto. El capítulo XIX
de Lucas describe la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, dotada de
evidentes rasgos mesiánicos y acordada con las antiguas profecías. El
versículo 35 en particular, narra cómo los discípulos toman un asno, tiran sus
ropas sobre el lomo del animal, y sientan en él a Jesús, para que éste ingrese a
la Ciudad Santa. Más adelante, cuando los fariseos piden a Jesús que haga
callar a los discípulos, que lo aclaman como Hijo de David, (título mesiánico),
Jesús responde: “Si éstos callan, las mismas piedras darán voces”. (v. 40). A

24
partir del v. 42, se halla la profecía de Jesús sobre el cerco, caída y ruina de
Jerusalén. ¿Pretende insinuar FH que él ingresaría en Buenos Aires de manera
similar, que iría de la pampa a la ciudad con su mensaje así como Jesús fue
del desierto a Jerusalén llevando el Evangelio? ¿Y con ello se adjudica un algo
mesiánico? Lo cierto es que luego, enseguida, reivindica claramente para sí el
rol de encarnación del Orden, o cuando menos, de representante de la
continuidad del Orden Divino aquí en América, poniéndose en la misma
secuencia patriarcal que ofrece la voz de Jehová a Moisés desde la zarza
ardiente del Horeb: Abraham-Isaac-Jacob. Colocándose en el orden inmediato
a esta secuencia, FH bien podría considerarse un Hijo de David. A
continuación, apostrofa duramente a las autoridades: Vuestra esclavitud... y la
tiranía de vuestro gobierno y administración, dice sin ambages... ¿repitiendo la
actitud de Jesús con los mercaderes del Templo y los endurecidos fariseos? A
las autoridades ofrece sin embargo la “salud” (¿la salvación?). Pero no sólo a
ellas: también a sus enemigos. Lamentablemente, una palabra ilegible en el
documento original nos impide saber quiénes puedan ser éstos. A
continuación, FH equipara la pampa con la Tierra Prometida, Nueva Canaán
donde sin duda habrá de aposentarse la Nueva Jerusalén. Y por fin, amenaza
a ambos, (gobierno y enemigos del gobierno), con la ira divina: serán arrojados
por medio de asombros tan notables como no se han visto jamás en el globo.
Concluye con una cita desnuda: Exod. 3. Es precisamente el tercer capítulo del
Éxodo uno de los más importantes y significativos, y enseguida echaremos de
ver que FH lo ha tenido en mente desde un principio. En efecto, se cuenta allí
el milagro de la zarza que ardía sin consumirse, y desde cuyas llamas habla a
Moisés la voz de Jehová. Entonces establece Dios la secuencia patriarcal
Abraham-Isaac-Jacob, que habría de continuar el propio Moisés. Entonces
promete Dios al pueblo hebreo las bondades de la tierra de Canaán, “que mana
leche y miel” (v. 8). Entonces amenaza Dios con atormentar al pueblo de
Egipto, si su Faraón se negare a permitir el éxodo judío: ...”Extenderé yo mi
brazo, y heriré á los pueblos del Egypto con toda suerte de prodigios que haré
en medio de ellos...” (v. 20). Como puede verse, están en el capítulo III del
Éxodo todos los elementos de que se sirve FH en la segunda parte del párrafo,
así como la primera se funda en el capítulo IV de la Revelación. En el versículo
20 podemos constatar de dónde proceden los “asombros notables” con que FH
pretende amedrentar al gobernador de Buenos Aires. Recordemos brevemente
cuáles fueron los “prodigios” con que Dios “hirió” a los egipcios: transformación
del agua en sangre, pérdida de su potabilidad y mortandad de peces (Ex. VII,
17 ss.); invasión de ranas (VIII, 2); de mosquitos (VIII, 16); de todo género de
moscas “molestísimas y dañinas” (VIII, 21); peste del ganado (IX, 3); úlceras y
tumores apostemados en las gentes (IX, 8); un horrible pedrisco (IX, 18);
invasión de langostas voraces (X, 4); tinieblas tan densas que pueden
palparse, y que permanecen por tres días (X, 4); y por fin, la muerte de todos
los primogénitos (XI, 4). Ahora bien, como FH promete que los asombros que
antecederán al Segundo Adviento nunca habrán sido vistos con anterioridad en
el globo, ha de suponerse que pensaba en algo así como las plagas de Egipto
elevadas a la enésima potencia.

“El mundo se viene abajo. Se desploma completamente el edificio de él. No tiene remedio el
arte de su arquitectura, o en esa ciencia que se llama o se conoce por fisiología. Es

25
completamente inútil su reparacion; porque se ha soñado el carnicida de su administración
imperial…”

En este Evangelio se incluye una paráfrasis del Padrenuestro, que


aparece como “Proclama de la Patria”: demostrando una vez más la certitud de
nuestras ideas. Se acompaña con la referencia Rom. II, 4: “¿O desprecias tal
vez las riquezas de su bondad, y de su paciencia, y largo sufrimiento? ¿No
reparas que la bondad de Dios, te está llamando a la penitencia?” La cita tiene
cierta incongruencia, salvo que la tomemos como una instigación a la
penitencia, necesaria para depurar el alma y prepararla para los “tiempos de
angustia” previos al Fin. En tal caso, estaría dirigida específicamente a las
autoridades en ejercicio entonces. No obstante, existe la posibilidad de que se
trate en verdad de una cita de Rom.11, 4, por mala trascripción del original
manuscrito. Si este fuera realmente el caso, el texto correspondiente cuadraría
mejor con el contenido, tono y naturaleza del mensaje: “Mas, ¿qué le responde
el oráculo divino? Heme reservado siete mil hombres, que no han doblado la
rodilla delante de el ídolo Baal.” Siete mil hombres que se niegan a la idolatría
son siete mil Justos. Baal (Señor o Amo) era el terrible dios de los filisteos, que
exigía sacrificios de niños, y en todo el Antiguo Testamento aparece como
figuración del Mal Absoluto. Una de sus advocaciones, Baal Tzeboub, (Señor
de las Moscas), dio origen al demonio Belcebú judeocristiano. Por ello,
podemos inferir que FH identificó simbólica y prácticamente a Baal con el
Anticristo. Así, la cifra de 7 mil Justos representaría el número exacto de
Elegidos que habrían de pasar incólumes las pruebas del Tiempo de Angustia,
siendo por fin “raptados”, en vida, hasta el Cielo, donde reinarían con los
Santos. Siete mil sería el número ideal de integrantes de la Comunidad.
Ofrecemos, seguidamente, la paráfrasis del Padrenuestro (dividida en siete
Peticiones):

“1. Padre Nuestro por el poder de tu Padre. 2. Santificado sea tu nombre. 3. Venga a nos el tu
reyno. 4. Llene la tierra tu misión, como a los cielos. 5. Danoslé hoy la sabiduría. 6. Desata los
concilios de la iniquidad, pues nosotros como patriotas hacemos cuanto debemos. 7. Ni
permitas que volvamos a la esclavitud, sino líbranos de ella. Amén.”

1. Es un Padrenuestro dirigido al Hijo, a Jesús. 3. Por tanto, la petición de


que “venga su Reino” es una petición de que se cumpla la secuencia
escatológica del Apocalipsis: Anticristo, fin del mundo, segunda venida de
Jesús, Nueva Jerusalén y reinado terrenal de los Santos por mil años. 4. Por
eso se pide también que “su misión llene la tierra”. 6. La dimensión
escatológica del concepto de Patria, y el patriota como guardián del orden. 7.
Dimensión escatológica de la Revolución, que pasa a revestir carácter
trascendente, más allá de lo meramente político o administrativo. Se inaugura
con ella nueva jerarquía política, y también nueva jerarquía espiritual. La
liberación no es sólo política, o física o económica: es asimismo espiritual. Por
ello, se pide al cierre que los elegidos, (“los patriotas”) sean exentos de caer
nuevamente en la esclavitud.
b) La Compendiación

26
“Es tanta la magnesia de nuestro globo con los del universo, cuanto la de éste con la sabiduría;
ella con la patria; como la patria con el hombre. Pero no con uno sí, y con otro hombre no, sino
con todos en virtud del derecho original de igualdad...”

Antes de analizar el párrafo precedente, recordemos la afirmación de


Saldías, según la cual la “nueva religión” de FH consistía en “una mezcla de
panteísmo oriental y dogmatismo inflexible”. Al comentar tal aserto, Ricci
observó que el pensamiento de nuestro hereje se hallaba muy lejos de ello;
antes bien, “debe haber salido íntegramente del alma puritana que bullía en la
sangre escocesa del esforzado reformador argentino.” A su vez, Scenna
manifestó: “Al panteísmo no lo hemos encontrado por ninguna parte: RM era
indiscutiblemente monoteísta, creía en un único y solo Dios. En cuanto a lo de
oriental, recipiente muy amplio donde pueden caber muchas cosas, no existe
en los escritos de RM un solo punto, una sola frase, que señalen en esa
dirección, a menos, claro está, que consideremos oriental al judeocristianismo
en sí.” En principio señalemos que Scenna cae en el grosero error de confundir
panteísmo con politeísmo. Quien profesa el panteísmo no deja de creer “en un
único y solo Dios”; por el contrario, sostendrá que todo es Dios, que cada
criatura viva del Universo – y en las formas más extremas, también las
inanimadas –, participa de la divinidad, en una forma eficiente y orgánica. El
panteísta halla a Dios en la naturaleza, y su Dios es el conjunto de la Creación,
la suma de sus partes sin prescindencia de ninguna; o bien, en el caso del
concepto restringido del panteísmo, el conjunto de la marea vital. El panteísta
se coloca así en el extremo opuesto del teísta, para quien Dios es todo.
Hecha esta reseña, pasemos al fragmento de la Compendiación que nos
ocupa, donde hemos detectado un trasfondo clara e indudablemente panteísta:
creemos, en efecto, que en él la palabra magnesia se utiliza por magnetismo,
relación de afinidad y estrecha unión de la materia. No olvidemos que FH se ve
obligado al neologismo, dado que no existía aún, en el momento en que
escribía, una definición científica o siquiera corriente del fenómeno. Recién
comenzaba a experimentarse con la electricidad estática (Volta) y atmosférica
(Franklin), y aún los mínimos hallazgos iniciales se hallaban escasamente
difundidos. Por otra parte, FH no parece haberse destacado precisamente por
su curiosidad científica, y los conocimientos que de vez en cuando exhibe en la
materia están tomados de Lacunza. Es pues, mucho más probable, que haya
adoptado el criterio filosófico de magnetismo, antes que uno meramente físico.
Las enigmáticas propiedades de las piedras de la isla de Magnes habían
llamado ya la atención del presocrático Thales de Mileto, quien, no obstante su
devoción a la physis, llegó a la conclusión de que tales rocas estaban llenas de
Dios. Lo cual, claro está, representa irrecusablemente una postura panteísta.
También puede haber influido en la noción de magnetismo propia de FH (o
magnesia, para usar su vocabulario particular), la idea de que el Universo se
movía y progresaba por la amistad y discordia entre sus elementos, que
hallamos en Heráclito y sospechamos en el rapsoda Jenófanes de Colofón. No
obstante, la noción de una sutil correspondencia entre arriba y abajo, entre
Macro y Microcosmos, es una constante desde Platón, pasando por las
corrientes herméticas que reconocen su dependencia del Trismegisto,
floreciendo con inusitado vigor en las escuelas cabalísticas, para rematar con
los neoplatónicos renacentistas, a cuya cabeza se halló Plotino. De modo que
la noción panteísta estaba allí, a mano, en nuestra propia cultura occidental, y

27
contaba además con muy reputado abolengo, que cualquier individuo ilustrado
no podía menos que conocer. Nos constan, por otra parte, las aficiones
filosóficas de FH, y existe la posibilidad de que haya cursado estudios de tal
índole en la Universidad de Chuquisaca. Ésta había sido fundada, y era
administrada, por la Orden Jesuita, cuyos integrantes se destacaron
precisamente por su devoción a Platón. Así, pues, el neologismo pergeñado
por FH (magnesia) designaría un poder de cohesión entre los objetos de la
creación similar al de las piedras de Magnes. En el pasaje de FH que
comentamos, se establecen limpias relaciones de homología: Tierra-Planetas =
Universo-Sabiduría (la Sophia gnóstica, eón) = Sabiduría-Patria = Patria-
Hombre.
c) Anotaciones al Margen de La Venida del Mesías

Consigna Cútolo que “algunos familiares [de FH], disconformes con sus
ideas religiosas” se entregaron a modestos autos de fe con “algunos de sus
escritos y textos comentados”, mencionando su Vulgata y La Venida del
Mesías. Parece insinuar así que el ejemplar anotado de la obra de Lacunza
también pereció en el donoso escrutinio. Esto no es verdad: Enrique RM 62
menciona su existencia en la biblioteca familiar, su préstamo a Clemente Ricci,
y su posterior desaparición del Instituto de Investigaciones Históricas de la
Facultad de Filosofía y Letras. Así, restan de sus comentarios marginales los
facsímiles de las páginas 53 y 99 del tomo IV, que Ricci incluyó en su ensayo
Francisco Ramos Mexía y el Padre Lacunza. (Enrique RM reproduce a su vez
el facsímile de la página 53). No obstante, las notas manuscritas resultan por
momentos ilegibles, y la manifiesta imposibilidad de contextuarlas según
antecedentes y consecuentes, torna aún más difícil su consideración. Ricci,
que tuvo la fortuna de leer todos los comentarios en su original, sostiene que
en ellos “ha volcado Ramos Mexía, cubriendo márgenes y piés de página con
su letra menuda, apretada, aristocrática, y su ortografía a estilo del siglo XVIII,
toda la plenitud de su espíritu. Con esta ventaja: que no emplea allí el estilo
nebuloso del Evangelio, sino el suyo verdadero y personal, es decir, un estilo
fuerte, áspero, anguloso y peculiar, si se quiere, pero luminosamente claro para
los que tienen familiaridad con documentos de esta especie.”63 Razón de más,
pues, para lamentar la pérdida: estas anotaciones manuscritas representarían
la única ocasión en que FH se mostró claro y directo.

5. Características de la Nueva Religión


Reuniendo todos los testimonios primitivos, de cuyo detalle eximimos al
lector, tenemos: 1. En Miraflores estaban prohibidos la bebida y el juego; 2. No
se admitían amancebamientos, ni incesto, ni poligamia. Parece ser que los
casos de uniones de hecho los solucionaba el propio FH en persona, haciendo
las veces de juez de paz, no de sacerdote, según demostró el informe de
Valentín Gómez; 3. Obligatoria concurrencia a los servicios religiosos, oficiados
por el mismo FH; 4. Sabatismo: tal vez, como sugiere el Informe Gómez,
reminiscencia judaica. Debe señalarse que en este particular, FH se apartaba
señaladamente de Lacunza. El futuro Adventismo guardará asimismo el
62
RAMOS MEJÍA Enrique, op. cit., cap. XIII.
63
RICCI Clemente, Francisco Ramos Mexía. Un Heterodoxo Argentino como Hombre de
Genio y Precursor, en rev. La Reforma, BA, 1923.

28
sábado, pero por herencia de la hoy extinta Iglesia Bautista del 7° Día; 5.
Liturgia mínima: “Poco sabemos de ellos [de los ritos], pero dado el carácter
general de las creencias de RM y lo poco escrito que de su mano se conserva,
creemos que… debían desarrollarse con escasos rezos o plegarias, y los
pocos que restaban eran tomados esencialmente del rito católico, modificados
sustancialmente para adoptarlos [sic] al personal enfoque del teólogo
pampeano, como ocurre con el Padrenuestro...” (Scenna); 6. Nada induce a
creer que FH conservara en absoluto la Eucaristía, lo cual emparentaría sus
creencias con las del protestantismo. La transustanciación del vino en sangre
de Cristo, y su bebida comunitaria, no encaja, por otra parte, con la abstención
de bebidas alcohólicas; 7. Uso profano de material litúrgico (los sacrílegos
regalos a Molina, que erizaron el vello en la nuca de Castañeda); 8. Pastoral
continua: FH era eminentemente un predicador, un incansable vocero de su
propia religión; 9. Anticlericalismo; 10. Sólo aceptaba la autoridad de la Biblia,
recusando, por tanto, el magisterio de la Iglesia, y, al rechazar todo dogma que
no derivare de las Escrituras, también la infalibilidad papal; 11. Reivindicaba la
libertad individual de interpretación; 12. Suprimió el Santoral Romano en pleno.
También en ello coincidente con las creencias protestantes; 13. Iconoclastia:
Castañeda lo acusa de quema de imágenes; 14. Dogmatismo: inflexible, según
Saldías. El tono airado de las críticas de FH a la autoridad también permite
inferirlo; 15. Disciplina: Impuso una triple disciplina de trabajo, convivencia y
creencia.
Todos los testimonios más o menos directos coinciden en un punto: el
liderazgo personal de FH, al cual podemos concebir, pues, como de tipo
carismático. Heresiarca, lo llama Castañeda; “patriarca venerado”, lo apela
Saldías; “Obispo y señor”, apunta Ingenieros, quien incluso agrega que su
propósito último era la fundación de una suerte de “teocracia local”. Convenido
esto, sólo nos queda determinar cuál era el trasfondo filosófico de la religión de
FH. Comencemos con la opinión de Cútolo, para quien FH “fue un
fervoroso creyente católico hasta el año 1816, pero luego se hizo
teólogo protestante de gran versación en la doctrina adventista, que
es posible haya conocido por vía materna.” No declara este autor la
fuente de tan insólita precisión cronológica, que colocaría la
conversión de nuestro biografiado nada menos que cinco años
después del viaje fundacional de Miraflores; 1816 corresponde a la
edición inglesa (castellana) de la obra de Lacunza, La Venida del
Mesías, propiciada por Belgrano. Tampoco resulta muy claro que
quepa definir a FH como “teólogo protestante”. Por último, la doctrina
adventista no nacería sino hasta 1831,64 cuando ya la experiencia de
Miraflores había sido decapitada, y su mentor malvivía tal fracaso en
el destierro. Menos aún puede pensarse en que tales doctrinas le
llegaran por vía materna: doña Cristina Ross debería haber estado
insuflada por verdadero espíritu de profecía para anticipar la llegada
del adventismo veinte o treinta años antes de sus primeros conatos,

64
El marino mercante William Miller comenzó a proclamar en 1818 – aunque sólo en el
reducido círculo de parientes y amigos –, que había logrado calcular la fecha exacta del retorno
de Cristo. Dicha precisión, sostuvo, era resultado de dos años de intenso y sostenido estudio
de las claves numéricas ocultas en los escritos proféticos de la Biblia. De modo, pues, que
Miller debió comenzar lo suyo alrededor de 1816. Sin embargo, el primer mensaje de Miller
sería dado en casa de su cuñado recién en agosto de 1831.

29
cuando ni siquiera el propio precursor, William Miller, soñaba con ello.
Por el contrario, la ascendencia escocesa de la Ross la conectaría más
bien con el presbiterianismo clásico de John Knox. Scenna, a quien ya
vimos apoyar casi ciegamente su adscripción al presbiterianismo, a quien ya
refutamos en su negación de contenidos panteístas, insiste en otro lugar 65, pero
mezclando ahora “adventismo, milenarismo y animismo indígena.” En tal
definición, vuelve a la carga con el supuesto adventismo. Manifiesto absurdo,
que sólo puede ser hijo de la ignorancia o de la referencia irresponsable. Salvo
que acudamos a la definición técnica teológica de adventismo, y sacándola de
su particularidad concreta histórica, le otorguemos un sentido amplio: así, la
noción de adventismo abarcaría a cualquier creencia que postule la inminencia
del Segundo Adviento de Cristo. Pero aparte de que ello sería ejercer excesiva
fuerza sobre los hechos históricos, aún desde el punto de vista pragmático
supone una extensión arbitraria e injustificada. De acuerdo a esta “inflación” del
concepto, habría corrientes dentro del mismo catolicismo ortodoxo que
merecerían catalogarse como “adventistas”, y la mayor parte de las
confesiones protestantes podrían reclamar asimismo tal distinción.
Conformes en la presencia de rastros presbiterianos, no dejamos de
lamentar sin embargo que Scenna no señale cuáles puedan ser éstos.
Aparentemente, se limitó a deducir que los mismos debían existir por fuerza,
dada la ascendencia escocesa de la madre de FH, María Cristina Ross y del
Pozo. No parece haber acudido a la lectura y análisis de los escritos de John
Knox, ni aún a la famosa Scottish Confession of Faith, que de tanta utilidad
podría haberle sido, en su carácter de verdadero Manifiesto del
presbiterianismo escocés. Y si acudió Scenna a estos documentos, de nada le
aprovechó, puesto que ni los cita ni los utiliza. Habla asimismo de milenarismo,
pero una vez más, sin señalar los rasgos correspondientes, ni apuntar siquiera
a los antecedentes y consecuentes históricos. Incluso omite la obligada
mención a Lacunza. Y luego, parece decidido a precisar la vaga alusión de
Ingenieros a las “supercherías indígenas” que FH habría introducido en su
religión: en efecto, afirma sin vacilación y rotundamente la presencia de
“animismo indígena” en el cóctel de Ramos. Lo cual de por sí comporta una
flagrante contradicción: en efecto, el animismo – creencia de que todos los
objetos de la creación están dotados de alma –, es una forma primitiva de
panteísmo. No vemos cómo pudo Scenna hallar animismo en la Ley de Ramos,
sin hallar al mismo tiempo panteísmo. Mucho nos gustaría saber de qué
operación intelectual echó mano para lograrlo, aunque nos tememos que se
trate de una mera y subjetiva selección de contenidos. No obstante,
recordamos que Scenna, en su otro trabajo específicamente dedicado a la
experiencia de Miraflores, da en confundir panteísmo con politeísmo; de modo
que, tal vez, su ceguera se deba simplemente a este “estigma de origen”.
Afirmamos que es necesario un estudio de las “supercherías” en que
creían las parcialidades indígenas que participaron de la experiencia de
Miraflores. Sólo así podremos saber entre qué elementos nativos pudo escoger
FH para integrar a su dogma. Es decir: exigimos un abordaje antropológico del
problema, sin el cual es notorio que cualquier trabajo estará incompleto, y cuya
carencia obliga a endebles afirmaciones de naturaleza especulativa, sin base
alguna. En principio, se puede afirmar que las creencias de los pueblos de la
pampa consistían en: animismo; litolatría; chamanismo; milenarismo. No existe
65
SCENNA Miguel Ángel, Un Fraile de Combate…, loc. cit.

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ningún motivo que nos permita afirmar que FH eligió uno de estos elementos
con preferencia sobre otro. El milenarismo es una influencia de carácter masivo
en el pensamiento de FH: estaba, claro, en la Biblia, en Daniel, Pablo y el
alucinado de Patmos; estaba en la génesis de la revuelta de Túpac Amaru, que
tanta impresión ejerció en su espíritu; estaba en su amado Lacunza; y estaba
en las tradiciones de aquellas tribus que decidieron seguirlo. Era pues, un
excelente nexo entre todas las tendencias y corrientes que fluían subterráneas
bajo la corteza exterior de la Ley de Ramos, entrecruzando y mixturando
robustamente sus aguas. Y es por esto que se transformaría en columna
vertebral de la nueva religión.
Sobre la litolatría, sólo podemos especular, y el terreno se hace aquí
fangoso e inestable. La cercanía de la famosa Piedra Movediza de Tandil
resulta sugestiva, como asimismo su probable relación con aquella de la
profecía de Daniel (III, 31-35), que se desgajaba por sí misma de lo alto de un
monte y, al rodar, destruía una estatua de metal con pies de barro, que
representaba los imperios terrenales. En particular si consideramos que
Lacunza – mentor espiritual de FH –, hace pormenorizado análisis de esta
profecía, considerando la caída de la piedra uno de los signos del Fin.66 Y
especialmente, si tomamos en cuenta otro brote de milenarismo, ocurrido
apenas 51 años después de la disolución de Miraflores como comunidad
religiosa, en torno a la Piedra Movediza, y protagonizado por gauchos. En la
madrugada del 1º de enero de 1872, Jerónimo Solané (o Solanet), llamado
Tata Dios, junto con un ladero conocido como San Francisco, excitó la santa
furia de medio centenar de paisanos contra “los enemigos de la Religión”
(masones y extranjeros); armados con lanzas y sables, luciendo divisas punzó
que, supuestamente, los tornarían inmunes a las balas, coparon el Juzgado de
Paz de Tandil, iniciando enseguida una sangrienta razzia, que concluyó con 37
muertos. En el juicio que siguió a tales desmanes, uno de los culpables, Juan
Villalba, declaró que “San Francisco” le había anunciado que, con el primer día
del nuevo año, “verían nacer un pueblo en la Piedra Movediza”; en tanto, otro
testigo, Casimiro Ramos, agregó que, a la par de este milagroso brote, “se iba
a hundir” Tandil. “Porque ese día iba a ser el Juicio Final”, abundó Santos
Peralta; “el mundo iba a desaparecer” (Gregorio Larrea); “iba a haber un
diluvio… y la Piedra Movediza se iba a dar vuelta y saldría una bandera donde
estaría el rey que los iba a gobernar” (Antonio Ponce).67
Sobre el chamanismo (creencia en que ciertos individuos poseen el poder
de entrar en contacto directo e íntimo con la divinidad), éste involucra prácticas
extáticas, ingestión de sustancias alucinógenas para inducir el estado de
trance, y diversas formas de zootropía. Nada de esto aparece documentado
respecto a la comunidad de Miraflores, y parece cierto que, de haberse
enterado de tales extremos, una personalidad del tipo de la del Padre
Castañeda no hubiera dejado de poner el grito en el cielo.

66
LACUNZA Y DÍAZ Manuel, op. cit., t. I, 2ª Parte, Fenómeno 1, § 7.
67
NARIO Hugo, Los Crímenes de Tandil, 1872, CEAL, col. Historia Testimonial Argentina Nº 5,
BA, 1983.

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