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HEPTALOGÍA DE
HIERONYMUS BOSCH:

6. LA PARANOIA
de Rafael Spregelburd

RAFAEL SPREGELBURD
Ángel Peluffo 3941
C1202ABA Buenos Aires
e-mail: spre@fibertel.com.ar
www.spregelburd.com.ar/laparanoia
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HEPTALOGÍA DE
HIERONYMUS BOSCH:

6. LA PARANOIA
de Rafael Spregelburd

· Este texto se inició en 2005 en el marco de la beca de la Akademie


Schloß Solitude, Stuttgart ·
· Dieser Text entstand im Frühjahr 2005 im Rahmen eines Stipendiums an der Akademie
Schloss Solitude, Stuttgart ·

· Esta obra obtuvo el Premio Casa de las Américas, La Habana, Cuba,


2007 ·

Escrita entre enero 2005 y julio 2007


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LA PARANOIA, de Rafael Spregelburd, se estrenó el 11 de septiembre de


2007 como work in progress en el Centro Cultural de la Cooperación, y luego
como versión definitiva el 26 de abril de 2008 en el Complejo Cultural Cine-
Teatro 25 de Mayo. Una producción del grupo El Patrón Vázquez, Complejo 25
de Mayo y el Festival Internacional de Buenos Aires. El material audiovisual no
hubiera sido posible sin la colaboración del canal Ciudad Abierta.

Actúan:

Andrea Garrote
Mónica Raiola
Pablo Seijo
Rafael Spregelburd
Alberto Suárez

Producción general Corina Cruciani


Asistente de producción Luciana Graciosi
Colaboración artística Héctor Díaz

Música original Nicolás Varchausky


Música adicional Hernán Kerlleñevich · Pablo Chimenti
Iluminación Esteban Lahuerta · Rafael Spregelburd
Vestuario Julieta Álvarez
Asistente de vestuario Catalina Willimburgh
Realización muebles Javier Drolas · Juan Cruz García Gutiérrez
Fotografía José María “Pigu” Gómez
Diseño web Marco Cartolano
Traducciones chinas Teh Ya Wen
Coach de chino Nicolás Levín

Dirección audiovisual en “El cepillo de jade”, “Quirófano”, “Elija isla”, “Un


arma atorada”, “Desbarranco”, “Noruega”, “Peluquería”, “La lista”, Las
gatas”, “Submarino”, “Chávez”, “Cena romántica” y “Un edificio que sí se
quema”: Daniela Goggi
Asistente de dirección Pato Vignolo
Asistente segunda Fernanda Heredia
Director de fotografía José María “Pigu” Gómez
DF Segunda Unidad Matías Carneiro
Asistentes de cámara Hernán Besada · María Laura Collasso
Edición Sebastián Toro
Edición adicional Alejo Varisto
Asesoramiento técnico Guillermina García Silva
Arte Laura Manson
Sonido Luciana Migliano
Asistente de sonido Dana Ale
Foley Hernán Kerlleñevich · Pablo Chimenti
Eléctricos Marcos Tanno · Santiago Siccardi · Ale Padin
Maquillaje Matías Nazareno López
Peluquera Jesica Báez
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Documental: “El tiempo inteligente”


Agustín Mendilaharzu · Ignacio Masllorens
Dirección audiovisual en: “El delirio de los acontecimientos”
Agustín Mendilaharzu · Juan Schnitman
Edición Alejo Varisto
Dirección de fotografía Lucio Bonelli
Eléctricos Ale Padin · César Seghezzo ·
Wenceslao Bonelli
Filmado en Estudios Babylon
Foley Hernán Kerlleñevich · Pablo Chimenti
Maquillaje Matías Nazareno López
Peluquera Jesica Báez
Participaron del ensayo de “El delirio de los acontecimientos”
Isol Misenta Emma Rivera Santiago Firpo
Emiliano Pastor Mariano Sayavedra Marco Suaya
Lyon Suayatsu María de Cousandier Matías Vitali
Lucila Peréz Lascano Guadalupe Cuevas Maiana Vega
Juan Pablo Barrios Mariel Fernández Valeria Valente
Gabriela Ballestín Camila García Roy Roger
Horacio Nin Uría Juan Manuel Soria Flavia Gresores
Paloma y Sofía González Echevarría Victoria Ahualli
Adriana y Ximena Cancino Bonilla

Traducción al inglés Ian Barnett


Traducción al alemán Sonja y Patrick Wengenroth
(Suhrkamp Verlag)

Director Técnico Teatro Santiago Badillo


Maquinista Matías Anzotegui
Sonido Zypce · Augusto Torres
Operación de luces Cinthia Liber Czuk
Fotografía prensa Laura Valenti
Operación de video y Alejo Varisto
títulos rodantes

Asistente de dirección y Francesc Jiménez Llinás


backstage

Dirección Rafael Spregelburd

Muchas gracias: Matías Sendón, Isol, Cristina Seijo, Eduardo Del Estal (cuestiones
sobre poesías chinas y apócrifas traducciones), Cecilia Hecht y todo el equipo del
canal Ciudad Abierta, Matías Feldman y Prakriti Maduro (por el Diccionario Popular
Venezolano), Basilio Álvarez y su Grupo Teatral Skena de Venezuela, Gloria
Ficarrotti, CIC (Centro de Investigación Cinematográfica), Teatro del Pueblo, Teresa
Jackiw, Patricia Di Pietro y Japo Pisani, Paloma González Echevarría (una Miss
Venezuela trunca), Familia González Echevarría, La mesón, Familia Goggi, Alberto
“Tito” Fernández, Graciela Casabé, Jorge Dubatti, Luis Nacht (saxo), Mariano
Loiacono (trompeta), Peluquería Salón Vip, Pablo Padula, Viviana Vázquez, Jean-
Baptiste Joly y la Akademie Schloß Solitude de Stuttgart, Hans-Jürgen Drescher y
Suhrkamp Verlag, Javier Daulte, Ramón Marquestó (por prestarnos sus juguetes).
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LA PARANOIA
de Rafael Spregelburd

Una coproducción del grupo El Patrón Vázquez, el Complejo Cultural 25 de


Mayo y el FIBA.
El material audiovisual fue posible gracias al apoyo técnico de Ciudad Abierta.

Andrea Garrote: Julia Gay Morrison, escritora


Lorna Cifuentes, fiscal venezolana
Brenda, futura Miss Venezuela
Chi-Tsu, burguesa china
Alexandra, clienta de la peluquería
Mirko El Lechuga, artista transexual
Saskja, presunta prostituta lituana
Camarera venezolana
Ludmila, una aparición fugaz

Mónica Raiola: Beatriz


Alicia, reemplazo de Beatriz
Astrid, peluquera y vidente
Hilandera China, sierva de Chi-Tsu
Secretaria del presidente de Venezuela
Zusanna, artista transexual
Iwlowa, presunta prostituta lituana
Prostituta venezolana, una extra

Pablo Ruiz Seijo: Claus, astronauta


Soldado Nipón 1
Comisario Kendry Morales
Dr. Barragán, cirujano
Kwang, marido de Chi-Tsu
Leroy, asistente de peluquería
Mischi, artista transexual
Grumete en el submarino lituano

Rafael Spregelburd: Hagen, matemático


John Jairo Lázaro, policía venezolano
Soldado Nipón 2
Alférez del submarino lituano
Esteban, una aparición fugaz

Alberto Suárez: Coronel Brindisi


María Martha, monja, hermana de Brindisi
Presidente Chávez
General Nipón
Capitán, autoridad del submarino lituano
Dr. Naudi, cirujano
Dueño del bar
Policía venezolano, un extra
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PRÓLOGO: EL SUBMARINO
Una gran pantalla al fondo del escenario. Parte de esta obra –es bueno saberlo- se
proyecta sobre ella. Mientras el público entra a la sala, los títulos y créditos de la obra,
en alfabeto cirílico, van mezclados con fragmentos sueltos de un relato poco
comprensible, cuya sintonía -muy poco fina- deja mucho que desear. Se trata del
interior de un submarino ruso. O lituano. No se sabe mucho de ellos. Quien habla es el
Capitán. Entre la tripulación: un Alférez, un Grumete, y dos jovencitas borrachas:
Iwlowa y Saskja. Esta última sostiene una taza de ponche caliente. Una taza que será
esencial mucho más adelante.

Capitán: Es raro lo que voy a decir. Las circunstancias en las que nos encontramos en
este submarino, al que temporalmente deberemos llamar nuestra casa, me obligan más
bien a referirme con toda la gravedad del caso a lo que nos pasó. Hace dos meses, yo
estaba en el puerto de Tallinn. Y me robaron. Me robaron el maletín. Fue en un bar.
Perdí documentos importantes, mi billetera y una buena cantidad de dinero, además de
los planos. Durante una semana esperé que alguno de estos documentos apareciera. La
policía no hizo mucho. Así que empecé a frecuentar el bar donde me robaron. Lo vigilé
desde la vereda de enfrente. Apostado contra un sicómoro, invisible a los ojos de los
parroquianos, esperé, y vigilé. Empecé a ver todo tipo de personas. Extranjeros,
habitués, inmigrantes, migrantes, hombres extraños, muchos de ellos, sin duda, de mal
vivir. No di con ninguna pista importante. No encontré el maletín. Ni la billetera. Ni
nada. ¿O sí? Haberme parado allí, a mirar a la gente, a otra gente, me ha enseñado algo.
Hoy estoy aquí, ante ustedes, en nuestra casa, y nos veo muy parecidos. Somos
parecidos. Vestimos igual, somos marinos, nos dedicamos a esto, tememos al misil. Y
hay un sinfín de cosas que no hacemos. No andamos por allí robando, por ejemplo. O
prostituyendo siberianas. Somos parecidos. Lo que me lleva a darles esta noticia: me
veo obligado, me veo tentado de volver a confiar en mi Alférez. Él se equivocó, mal,
muy mal, lo que pasó aquí es lamentable, pero él y yo, él y nosotros, yo y ustedes, sí, él
y yo, no somos muy diferentes. Y es necesario que restablezcamos ese parecido, que
creamos en él. Somos una porción de patria que va a la deriva en un mar de dudas, de
hielo, y que debe comportarse como familia. Afuera no hay nada más. Espero que no
corran comentarios malintencionados, y que interpreten esta decisión con el peso de
toda orden. Soy su capitán, y no dejo de serlo aunque haya ocurrido lo que ocurrió.
Muchas gracias. A disfrutar ahora de la música y los bocados. Y de estas señoritas
adorables, ¿cómo te llamabas, linda?
Iwlowa: Iwlowa.
La supuesta alegría de la fiesta nunca aparece. Todos borrachos entonan una canción
tristísima de bebedores, folklore en lengua incierta: El palomito gris está enfermo, está
enfermo día y noche / Su compañero amado se ha ido volando por largo tiempo. / El
palomito gris no arrulla más, no picotea el triguito.
Las luces de la sala bajan, la obra está por comenzar.
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ESCENA 1: EL CEPILLO DE JADE

Sobre la enorme pantalla se proyecta un texto, a la manera del subtitulado de las


óperas. Texto que poco parece tener que ver con nada.
Texto en pantalla
Luego de la dinastía Qing, durante la Gran Guerra, la provincia china de Shandong
sufrió el constante hostigamiento de avanzadas militares japonesas, que asolaban la
región, quemaban el cereal, secuestraban esposas y saqueaban todo el jade que podían
cargar en sus naves.

Sonido de una pesada puerta que se abre, la puerta de un aposento retirado en la rica
casa de Kwang. Dos soldados japoneses, de impresionante atuendo, arrastran a la
elegante Chi-Tsu, y la arrojan al suelo, donde apenas la ilumina un rayo de luna que
entra por la ventana. En un rincón, sin luz, se acurruca la Hilandera China. El estilo de
interpretación es operístico y chino, lo rondan un espíritu trágico y todo tipo de
malentendidos estilísticos. Los soldados nipones se divierten. Hablan en mal chino. Sus
textos son traducidos en la pantalla. La traducción nunca llega al mismo tiempo que
los textos. Es decir, entendemos poco y nada de lo que pasa. Debería dar la impresión
de que ambas cosas –texto y escena- son un poco independientes. Hasta que tarde o
temprano el ojo se acostumbra a todo.

Textos en vivo Texto traducido en pantalla

Soldado 2
Xiànzài bă nĭ de biànzi shū hăo, ha ha ha. -Peina tu trenza ahora, Chi-Tsu. Ja, ja, ja.
Soldado 1
ŏu, wŏ yŏng mèng de zhàngfu zài năr? -Oh, ¿dónde estará ahora mi bravo
maridito?
Soldado 2
Shéi zhào gù wǒ de měi dé? -¿Quién cuidará mi virtud?
Soldado 1
Chi - Tsu, kuài diăn, yù de shūzi zài nàr. -Acá está el cepillo de jade.
Soldado 2
Chi Tsu, shū nĭ de biànzi! -¡Peina tu trenza, Chi-Tsu!

Ingresa un General Nipón. El respeto de


sus soldados nos hace entender su rango e
importancia
General nipón
Fàng tā! -¡Dejadla!
Los soldados se inclinan y se apartan.
General nipón
Se inclina hacia Chi-Tsu. Luego habla a
los soldados:
Nĭ yŏu mō tā ma? ¿La habéis tocado?
Los soldados niegan rapidito con la
cabeza.
Nĭmen méi yŏu bāo duó tā ba? ¿La habéis privado de algo?
Chi-Tsu
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Wŏ de sān yè căo, gāo shàng de zhǔnjiāng. -Mi pétalo de trébol, noble general.
Soldado 1
Soldado 1 abre la mano y deja caer una
flor seca.
Tā zhĭ shì gè kūgān de yèzi, wŏ de -Es sólo una hoja muerta, mi general.
zhŭnjiāng.

El general contempla el trébol seco en el


suelo, y sin previo aviso desenfunda su
espada y corta la mano del Soldado 1,
quien contiene el grito.
General nipón
Chi – Tsu, nĭ de sān yè căo zài nà biān. -He allí tu trébol, Chi-Tsu.
Ruò shì nĭ yào huān nào, zhōngguó Si queréis parranda, allí tenéis a la
făngzhā gōng zài nà biān. hilandera china.
Se va, ampulosamente.
Soldado 1
Grita desaforadamente, agarrándose el
muñón.
A, kŭ -Ah, dolor.
A, bù gōng píng. Ah, injusticia.
A, shŏu Ah, mano.
Méi yòng de wŭ fēn bì. Perra desvalida.
Fùyŏu xiăodăn de shāng rén. Rica comerciante cobarde.
Zhòng guā de guā, zhòng dòu de dòu. Me las pagarás.

El Soldado 2 lo socorre, y lo contiene.


Pero el Soldado 1 está fuera se sí, y
machete en mano se abalanza sobre Chi-
Tsu, quien grita atemorizada.
Chi-Tsu
Bù! Rŭ shàng bù! -¡No! ¡En las tetas no!

Soldado 1
Zhè zhī shŏu de dàijià gèng gāo! -¡Esta mano te va a costar mucho más!
Chi-Tsu
Rŭ shàng bù! -¡En las tetas no!

El Soldado 2 logra arrastrar al Soldado 1


afuera. Ruido de la puerta que se cierra.
Cae la noche sobre el calabozo. Luz de
luna sobre Chi-Tsu y sobre la enigmática
hilandera. Escena de ópera china.
Chi-Tsu
Recita su poema chino.
Wŏ shí sì suì jiú jià gĕi nĭ le, wŏ zūn guì A los catorce años me casé contigo, mi
de xiān sheng. Señor.
Dāng shí wŏ hĕn dănqiè, tóu bù găn tái qĭ Era tímida, bajaba la cabeza, no respondía
lái, nĭ jiào wŏ de shí. a tus llamados.
Hòu wŏ bù huí dá A los quince años dejé de ser esquiva
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shí wŭ suì de shí hòu wŏ jiù bù hàixiū, y deseaba que mis cenizas se mezclaran
wǒ xiăng hé nǐ de huī yǒng yuăn con las tuyas para siempre.
hùn zài yīqĭ.
nĭ hé shāngrén cóng dà wō liú de huáng hé Hace un año has partido con los
qù Ku-to-yen yī nián le. mercaderes hacia Ku-to-yen
wǒ méi yǒu nĭ de xiaōxi por el río Amarillo de grandes remolinos.
tái xiăn zhăng zài mén tīng. El musgo crece en el portal.
Hilandera china
Zài bā yuè yuànzi căo shàng -Las mariposas que se apareaban en agosto
fēi dào xībiān qù. se han ido al Oeste.
Chi-Tsu
wŏ zhào tóng jìngzi, shū wŏ de biànzi, zhè -Peino mi trenza que envejece en el
màn màn de lăo huà espejo de bronce.
cóng găngkŏu lái.
Nĭ zŏu de nà yī tiān wŏ zhāi xià yī gēn El día de tu partida
zhān dào lùshuĭ, shī de sān arranqué un trébol húmedo de rocío,
yè căo, hóngsè hé kūgān de, shōu zài wŏ que guardo, seco y rojizo, en el hueco de
de shŏuzhăng lĭ. mi mano.
Hilandera china
Wŏ zhĭ bù guò shì yī wèi qóng de -Soy sólo una pobre hilandera china.
zhōngguó făngshā gōng.
Wŏ de kŭ gēn nǐ de bĭ shàng lái zhǐ bù guò Mi propio drama es agua de deshielo
shì jié bīng de shuĭ. comparado con el tuyo.
Tā yào zhànzhēng ér bù zuò shēngyì, ¿Cuál fue su culpa si en vez de hacer la
nĭ yǒu shénme zuìzé ne? guerra quiso hacer negocios?
Suīrán nĭ bù yuànyì, tā zhào yàng bă nĭ ¿Cuál su culpa si te tomó contra tu
cóng nĭ niáng jiā dài zŏu, voluntad de la casa paterna a cambio de
wèi le tè quán, róngyù hé shūfú, nĭ yŏu privilegios, honores y confort?
shénme zuìzé ne?
Chi-Tsu
Wŏ duì nĭ quēxí hé -Sufro tu ausencia y el negocio.
shāngyè hěn nán guò. Debiste haber hecho la guerra, oh amado
ruò shì dāng shí nĭ qù zhànzhēng, ou wŏ mío, y ahora estaríamos juntos, y
de ài, wŏmen xiànzài jiù néng zài yīqĭ, gozaríamos de todos los productos del
wŏmen néng xiăngshòu suŏ yŏu shāngyè comercio.
de chănpĭn.
Hilandera china
Chi – Tsu shū nĭ de biànzi, xiàtiān de -Peina tu trenza, Chi-Tsu, que no cae el
yīngtáo shù bù huì diaò. cerezo en el verano.
Nĭ gāoguì de shūzi, zhòngrén rènshì, huì Tu noble trenza por todos conocida
jiù nĭ bēi āi de yī qiè. salvará aún tu triste vida.
Bù shì nĭ de biànzi ér shì shūzi. Nĭ kàn. Mira el cepillo.
Chi-Tsu
Shì yù de ma? -¿El de jade?
Hilandera china
Yù de, duì, xiàng bādīng muó de nà me -El de jade, sí, afilado como un arpón,
jiān, kuài yòu zhǔnquè. rápido y certero.
Zhè shì jìhuà. Éste es el plan.
Lento apagón sobre Chi-Tsu que
contempla el cepillo.
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ESCENA 2: PIRIÁPOLIS
Hagen y Claus se miran en silencio. Pausa. Claus echa una lenta mirada al sitio.
Curiosos tapices chinos cuelgan sin mesura ni razón.

Claus: Es un hotel que… que está bien… que debe haber conocido épocas pasadas,
¿no? Yo por eso quería… parar en este hotel, que domina el cerro… Y ver la costa. La
otra costa, de ser posible, en kines de buena visibilidad… Claro, ahora, visto de cerca,
todo es un poco triste. Las alfombras, los gobelinos con cacerías que nunca deben haber
tenido lugar, al menos no en esta parte de Sudamérica… ¿Pero tu habitación está bien?
Hagen: Bien. ¿A qué te referís? ¿Libre de bacterias?
Claus: ¿A qué me refiero? A si tiene sol, a si los pisos pulidos y suaves invitan a
recorrerlos con los pies descalzos recién emulsionados en jabones y aceites olorosos, ¿a
vos también te dejaron un bombón en la almohada? No te rías. (Hagen no se ha reído ni
mucho menos.) Vos y yo somos muy distintos, Hagen.
Hagen: Muy.
Claus: Para vos una habitación está bien si no tiene bacterias.
Hagen: Y si tiene mesa.
Claus: ¿Mesa?
Hagen: Mesa. Mesa para trabajar.
Claus: Ah. ¿Y tiene?
Hagen: Tiene.
Claus: Entonces está bien. Está libre de bacterias y tiene mesa para trabajar.
Hagen: Tiene mesa. No sé si está libre de bacterias. No soy epidemiólogo. No sé si el
agua de la canilla se puede tomar en Uruguay. Me gusta ducharme con la boca abierta.
No sé cómo voy a hacer. En cuanto a la mesa…
Claus: (Superpuesto a Hagen.) En cuanto a la mesa: es como todo, Hagen. Vos ves una
mesa y ¿qué ves?
Hagen: Una mesa.
Claus: Sí. Una superficie elevada montada sobre cuatro patas, indicada seguramente
para trabajar sobre ella, un mueble de nombre “mesa”, y de utilidad acotada a su diseño,
ves algo práctico que tiene un nombre: nombre mucho más práctico que la propia cosa
en sí. Yo veo esa propia cosa, ¿entendés?
Hagen: ¿Estás tomándolas de nuevo?
Claus: (Llora.) Sí. Desde el accidente…
Hagen: Claus, ¿hay algo que quieras decirme?
Claus: No sé.
Hagen: Muy bien. Hice un cálculo de probabilidades. Es rápido y provisorio. Y entran
sólo algunos de los factores, no todos, porque no traje mi calculadora…
Claus: ¿No la trajiste?
Hagen: La Banda Oriental. Este hotel decadente en Piriápolis. El hecho de encontrarte
aquí, después de no sé cuánto tiempo de la tragedia del Pampero. Lo de tus supuestas
vacaciones no te lo creo nada. Y la carta. Que sobresale de ese bolsillo…
Los dos: …de tu blazer. (Ambos descubren que estas cartas son evidentes.)
Claus: ¿Vos también?
Hagen: Yo también.
Claus: ¿Cómo te llegó, cuándo?
Hagen: ¿Importa? ¿Imaginás que hubiera venido a Piriápolis, con todas las cosas que
tenía para hacer en casa, si no hubiera sido por esta… citación membretada?
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Pausa. Esperan.
Claus: ¿Por qué no trajiste la calculadora?
Hagen: No pensé que fuera necesario.
Claus: ¿Por qué no?
Hagen: La carta dice que me seleccionaron entre miles de usuarios de Compra
Anticipada, que me gané unas vacaciones, que tengo hecha la reserva, que no me
preocupe por nada.
Claus: ¿Y les creíste?
Hagen: No.
Claus: Claro. Pero… estás acá.
Hagen: Vine antes.
Claus: ¿Cómo?
Hagen: Vine antes. Quería saber si era una trampa.
Claus: ¿Y?
Hagen: Era una trampa. Me estaba esperando una segunda carta, sobre la mesa, en la
habitación. Me dan la bienvenida.
Claus: ¿Sabían que venías antes?
Hagen: ¿Y vos? ¿Por qué viniste antes?
Claus: No, yo… yo me equivoqué de fecha. La ansiedad… las pastillas, no sé, viste que
duermo y no duermo, “día y noche” son definiciones que a otros les sirven, pero a mí…
yo pensé… en el viaje en ferry, son olas suaves, ¡pero son olas! Pensé que cuanto antes
me lo sacara de encima, mejor, al viaje. Me compliqué. Me estoy complicando. Estoy…
Hagen: Sensibilizado.
Entra Julia Gay Morrison.
Julia: Buenas tardes. (La miran sin hablar. Ella tampoco habla.) ¿Son de acá? (No
contestan.) Prefiero correr mis riesgos. Estoy harta. ¿Quién es Claus?
Hagen: Sí, somos nosotros.
Julia: ¿Ustedes son Claus?
Claus: Yo soy Claus, él es Hagen.
Julia: ¿No era mañana? Soy Julia Gay Morrison.
Hagen: ¿En serio?
Claus: ¿Gay Morrison?
Julia: Sí.
Hagen: Es increíble.
Claus: (Estalla en llanto.)
Julia: ¿Qué le pasa?
Hagen: Es… toma unas… que… Está en tratamiento.
Claus: “Detrás de una cortina de simulaciones, Jim aún se sostiene en pie, la boca más
alta de su humilde pueblo, la voz a la altura de las grandes voces…”
Julia: “El legado de Jim”. Eso es mío.
Claus: Todo me lo sé, todo.
Hagen: Todo.
Claus: Puede ser que confunda un poco los argumentos.
Hagen: Un poco.
Claus: Incluso no sé bien qué pasa antes y qué pasa después…
Julia: Yo tampoco. ¿Ustedes son del ejército?
Hagen: Ah, bueno. Mh. No exactamente.
Claus: No. Bueno… no.
Julia: Ahá. ¿Tu habitación tiene ventana?
Hagen: No. Tiene una mesita que…
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Julia: ¿La tuya?


Claus: Sí.
Julia: ¿Me la das?
Claus: Es un honor.
Julia: El honor es mío. Sacá tus cosas que me cambio. Ah, miren que yo no los llamé,
¿eh? (Les muestra una carta como la que tienen ellos.)
Claus: Alguien está armando un equipo. (Exhibe su carta.)
Hagen: La pregunta es quién, ¿no? (Exhibe también su carta.)
Claus: ¿Unimos nuestras pistas?
Julia: A mí, en cambio, me parece una lástima desaprovechar el sol. Nadie nos
esperaba aquí hasta mañana. Sea quien sea. Por mí que siga esperando. (Pausa.) No se
me nota pero tengo un surmenage. ¿Qué hago aquí, quebrándome ante dos
desconocidos, con el bolso ilusamente lleno de bronceadores? ¿Así que le gusta “El
legado de Jim”?
Claus: Me encanta.
Hagen: Le encanta.
Julia: Bueno, no lo escribí yo. Tengo gente que me copia.
Claus: ¿Plagiadoras?
Julia: Profesionales. La última moda. Mucho mejor que la literatura. Escriben como yo.
¡Lo mío! Muy malo para mí. Ya es imposible distinguir un original de la saga de Jim de
uno falso. Yo vendía menos que mis plagiadoras.
Hagen: Pero, ¿y el Derecho de Autora?
Julia: Fui a discutir el problema con mi editor. ¡Ja! ¿Saben lo que me dice? “Y… hacé
como ellas. Si tu estilo vende….” Ah, le digo, ¿mi estilo vende? ¿Les gusta mi estilo?
Muy bien, yo les voy a dar mi estilo. Las exageré… me exageré. Firmé esa porquería de
“El regazo de Jim” creyendo que todos se iban a dar cuenta de que era un plagio…
Hagen: ¿Y qué pasó?
Julia: Un éxito.
Claus: Pero, Julia… ¡El Regazo es muy superior al Legado!
Julia: Sí, porque yo creo en la substancia. Y el Regazo es mío, el Legado vaya a saber
uno de quién es. Me alegro que le guste más, Claus. Pero eso es subjetivo. Salvo que…
Hagen: Salvo que muchos sujetos den en pensar lo mismo al mismo tiempo, entonces
se transforma en objetivo.
Julia: ¿A qué se dedica, Hagen?
Hagen: Soy matemático especulativo. Es una rama de la…
Julia: Sé lo que es. ¿Y usted, Claus? ¿Qué hace acá? ¿A qué se dedica?
Claus: Yo… bueno, es difícil de explicar.
Hagen: Es astronauta.
Claus: Pero no ejerzo.
Hagen: ¡Pero sos!
Julia: ¿Usted es Claus? ¿El Claus de la tragedia del Pampero? (Tanto Julia como
Hagen no pueden evitar cierta tentación de risa, que reprimen. Al parecer, en su época
se hicieron muchas bromas con aquello que sucedió en el Pampero.)
Claus: Bueno, tragedia… Algo se aprendió de todo eso, yo no diría que “tragedia” es la
palabra que mejor describe un acontecimiento tan complejo…
Julia: ¿Pero sobrevivió a la explosión?
Claus: No fue una explosión… Fue una… bueno, fue una explosión en frío, por decirlo
en términos políticamente correctos. Fue… como si… algo… de todas nosotras… Él le
podrá explicar, también, él diseñó partes del… Igual ya no ejerzo. Ya no hago ese tipo
de viajes. Yo… tengo el entrenamiento, tengo el potencial… (lloriquea) pero ya no se
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hacen ese tipo de viajes. ¿Quién quiere viajar por el espacio cuando el espacio ya ha
venido a nosotras, cuando está tan instalado?
Julia: Claro. ¿Quién quiere ahora un teletransportador de materia inorgánica?
Hagen: No se usan ni en las oficinas públicas. ¡Pensar que cuando aparecieron en el año
1713 parecía que iba a haber un antes y un después!
Julia: ¿Año? ¿Qué se propone, Hagen? ¿Impresionarme?
Hagen: Bah. Un pasatiempo.
Julia: ¿Puede expresar el tiempo en años?
Hagen: En la intimidad de mi cuarto. Quiero decir, no lo hago en mi vida pública. Ya
sé que es una noción inútil, una noción solar. Quiero decir, igualmente tengo muy poca
vida pública. Yo… convierto las series del Tunich Kahlay –la Memoria de las Piedras-
en años gregorianos, si no aparece febrero lo hago mentalmente… Si no, bueno, lo hago
con calculadora, me siento un imbécil diciendo esto, yo normalmente no soy tan
comunicativo.
Julia: A ver… ¿un kin qué es, en lo suyo?
Hagen: Un día.
Julia: ¿Y dos kines?
Hagen: Dos días.
Julia: (Pausa.) ¿Y tres?
Hagen: Tres.
Julia: ¿Y cuatro?
Hagen: Cuatro.
Julia: Bueno. Pensé que era más complicado.
Hagen: Es. La relación entre un tiempo y el otro parece lineal. Veintiocho kines son
veintiocho días. Pero de ahí en más se complica. Porque ahora el año tiene trece meses
más un kin, agregado, que en el otro sistema se llama “el 20 de mayo”, es cuando Tsab,
la serpiente, baja a la tierra, pero si es bisiesto, Tsab tarda dos días y no uno en hacer lo
suyo. Y Pek, el perro, en vez de llegar en un solo día, llega en 24 y 25 de “marzo”.
Julia: ¿Pero todos esos animalitos existen?
Hagen: Bueno, existen en el lenguaje. Para mí con eso es suficiente.
Julia: No, me refiero a los otros animalitos… Febrero, marzo, mayo…
Hagen: Mh. No son exactamente animales.
Julia: En fin, si le divierte. Lo que le digo es que va a necesitar un reloj que en vez de
animales tenga… no sé, esos febraros1, ¡o números!
Hagen: Mh.
Claus: En algún momento debe haber sido así.
Julia: (Irónica.) Sí, claro. ¿Y cuánto es, por ejemplo, un Insomnio de Lechuza?
Hagen: Es un ciclo lunar. 11.960 días.
Julia: ¡Qué disparate! Y un Insomnio y tres kines entonces serían…
Hagen: No se puede. Sin la calculadora no se puede. Porque… a ver… una Lechuza
son 11.960 días… más tres días, que son tres kines, claro, sin la calculadora no… A
ver… sesenta más tres… mh… sesenta más tres…
Julia: Sesenta y siete. 11.967 días.
Hagen: Sí, gracias, 11.967.
Julia: Claus, ¿cuánto es sesenta más tres?
Claus: No sé, ¿sesenta y tres?
Hagen: Sí. Puede ser.
Julia: ¿No sabés sumar sesenta más tres, Hagen?

1
Sic.
14

Hagen: Mucha gente no sabe aplicar la fórmula de conversión de cada venado a


minutos, que tiene una parte lineal, una parte prima, y una tercera parte esclerótica.
Julia: ¿Seis por seis?
Hagen: Treinta y ocho… Menos… Son… treinta y pico. Entre treinta y cuarenta.
Julia: Hagen, ¿usted trabajó en el diseño del Pampero?
Hagen: Yo… bueno, de alguna manera, un equipo que… Yo… hay ciertos cálculos que
no necesitan de mí, que se pueden hacer prácticamente solos… No me manejo bien con
los números naturales. ¡Están en cualquier calculadora! Se me dan mucho mejor las
relaciones que no se verifican.
Julia: (No sin un dejo de fina ironía.) Sí, claro. Las relaciones que no ocurren. A
cualquiera se le daría mucho mejor. Notable.
Claus: ¿No sabés sumar, Hagen?
Hagen: Sé la teoría.
Claus: ¿Dividir?
Hagen: (Hace un más o menos con la mano.)
Claus: Hagen: yo iba en esa nave.
Hagen: Sí. A mí también me sorprendió mucho… la fisión fría del uranio es…
impredecible, al menos en números complejos, que es lo que a mí me fascina…
Claus: Hagen: yo –y otras catorce tripulantes- íbamos en esa nave que te dejaron armar,
diseñar, colorear…
Hagen: Yo sólo participé de los interiores, unos detalles. Unas correas que eran para
atar los fiambres.
Claus: ¿La fiambrera?
Hagen: La… sí, así la llamaban en esa época. La fiambrera. Ésa la diseñé yo. ¿Cómo la
sintieron?
Claus: Quiere decir que si nos sentamos tres personas a la mesa a comer esta noche,
¿no sabés contar cuántos cubiertos hacen falta?
Hagen: Llevo siempre la calculadora. Siempre.
Claus: Me dijiste que esta vez no.
Hagen: No. Me la dejé en casa.
Claus: ¿No la trajiste?
Hagen: Traje la malla. ¿Para qué? Dicen que está todo contaminado, que no me meta en
el río. Carteles así, de este tamaño. Yo pensé que era playa de mar. A mí me dicen
“playa”, y ¿uno qué se imagina? Playa es playa de mar. La palabra es de mar, si no, usá
otra palabra. No sé, ribera, costanera, malecón.
Julia: Lo mismo con cerro. A esto le dicen “cerro”. Le dicen “El cerro de Piriápolis”.
Los arbustos de la “playa” son más altos que este supuesto cerro.
Claus: Bueno, tiene un teleférico. Yo llegué en teleférico.
Julia: Juraría que se desplaza en sentido horizontal.
Entra Beatriz. Habla por teléfono.
Beatriz: ¿Y por eso me llamás? ¿Para revolcarte en mi herida, Esteban? (…) Olvidate
de todo. (…) Yo estoy bien. (…) Es que no estoy en casa. (…) No estoy en lo de Irma.
Llamame ahí, si querés, que no me vas a encontrar. Estoy muy lejos, ¿sabés? Lejos. (…)
En un lugar secreto. Lejano. ¿Qué esperabas? ¿Que me quedara en casa, sola, esperando
a ver si cambiabas de idea y volvías a aparecer? (…) Ah, ¿cómo? ¿Pensás volver? (…)
¿Cuándo? (…) No, estoy en Uruguay, en Piriápolis, con el ferry llego enseguida. (…)
No, no entiendo. ¿Vas a volver solo… o con…? (…) ¿Cómo que se vuelven los dos del
sur? (…) ¿Que no tienen dónde vivir? ¿Y a mí qué me importa? (…) ¿Qué es lo que
querés de mí? ¿Qué? (…) ¿Las llaves? ¿Que te dé las llaves de casa? ¿Estás loco? ¿Para
que se instalen ahí con Ludmila los dos, a tener su bebé lo más campantes? (…) Ah, ¿no
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querés las llaves? (…) Ah, ¿que cambiaste las llaves? (…) Ah, que no vuelva, que la
cerradura es nueva y que… Ah, me lo estás informando. ¿No querés que tomemos un
café y lo discutamos mejor? ¿Hola? ¿Hola? (Repara en todos los demás, que la miran
en respetuoso silencio.) Me cortó. Seguro que es ella, le cortó para que no me hable.
Ludmila. ¡Ay, si nos estábamos entendiendo! Perdonen, me voy a sentar por acá…
Claus: ¿Quiere agua?
Beatriz: (No sabe, contesta que sí y que no a la vez.) Hola, yo pensé que estaba vacío el
hotel. Ya me voy a reponer. Son problemas de negocios. En casa. Mi marido. No
importa. Ya me voy.
Claus: ¿Segura que está bien?
Beatriz: No.
Julia: ¿Usted quién es?
Beatriz: Yo soy Beatriz. ¿Ustedes qué quieren?
Julia: Nada.
Beatriz: No, ¿qué?
Julia: Nada. Supongo que nada.
Hagen: ¿A usted la mandaron acá?
Beatriz: ¿Que si me mandaron? No, yo vine sola. Bien solita, vine. Escapando de mi
pasado. Bah, de mi presente. Una escapada de fin de semana.
Hagen: No es fin de semana.
Beatriz: ¿No? Perdonen. Es que a mí el tiempo se me ha hecho como una gelatina. Es
decir, hay kines fríos, después vienen kines cálidos. Es verdad pero no le importa a
nadie. ¡Si a veces tenemos que llamar “invierno” al invierno de Berenice, aunque acá
estemos muertos de calor! Por eso yo no puedo medir el tiempo. Ahora, con Esteban, lo
mismo: se va, de un kin para el otro se va, deja una notita: “Me voy. Me llevo esto.” Se
lleva algunas cosas, lo que le entra en una mochila, se va a la Patagonia, conoce una
chica, una púber, llena de encantos salvajes, así dice él, encantos salvajes, la preña,
quiere volver, no sé a qué, me vengo a despejar y se toman mi departamento, hacen de
él un bunker hippie, (rompe en llanto desconsolado) ahora esperan a su hijo en mi
propio living, que era de los dos, pero él ya se había llevado sus cosas, así que era mío,
y me preguntan si es fin de semana, ¡qué sé yo si es fin de semana! ¡Gelatina, es! Hago
así, con las manitos, y se me cae todo entre los dedos.
Entra el Coronel Brindisi, un militar de uniforme. Ve a los presentes, luego hace un
ademán inconcluso de retirarse. Los otros esperan algo de él, pero nadie sabe si es el
contacto o no. Mientras tanto, Beatriz se recompone un poco.
Beatriz: Perdonen, qué vergüenza, voy a pedirme una piña colada. (Sale.)
El Coronel abre un portafolios, extrae unas fotos y mira a los presentes.
Julia: Puede ser que seamos nosotras.
Coronel: ¿Perdón?
Julia: Nada. Íbamos a venir mañana pero todas vinimos hoy.
Coronel: Usted no se parece a su foto. Él, sí. Él, no.
Hagen y Claus le muestran las respectivas cartas que han recibido.
Coronel: Es inusual. Estamos haciendo contacto. Pero esto no debía ocurrir sino hasta
mañana.
Claus: A mí me parece, dentro de mis posibilidades, que es lógico. Te dicen: la cita es
en Piriápolis, ¿qué es lo primero que se te ocurre?
Hagen: La malla.
Clas: Irte un par de kines antes y aprovechar.
Coronel: Sí, aprovechar. Lo que pasa es que… nadie las ha advertido de la seriedad del
caso. Sean bienvenidas. Soy el Coronel Giacomo Brindisi, de Operaciones Especiales,
16

y… bueno, no me han dejado tiempo de preparar una recepción, un protocolo, lo que


tengo es poco y nada, lo fui esbozando en el ferry, son ideas para lo que iba a ser el final
de mi discurso, era algo más extenso, como gesto de cordialidad, pero prefiero antes que
nada leer lo que tengo. “Por eso les pido que no me consideren un interventor, sino más
bien un amigo”. Eso es todo.
Pausa.
Julia: ¿Un amigo? A las amigas una las elige, Coronel.
Coronel: Sí, supongo que sí.
Julia: Con un amigo me siento a disfrutar un buen té, a recordar a otras amigas, juego
en la pileta, con un amigo.
Hagen: Quien dice “amigo” dice “playa”, es decir, todo es tan relativo, ¿no?
Julia: ¿De qué me está hablando? ¿Cuál es la estrategia de Operaciones Especiales, en
este caso? Porque el nombre no me intimida… no me interesa para nada.
Coronel: Yo a usted la veo con una hostilidad hacia mí que…
Hagen: ¿Es o no es nuestro contacto?
Coronel: (Mirando las fotos.) Definitivamente soy su contacto, de ellas dos no sé qué
decir, salvo que estas fotos podrían ser de otras personas…
Claus: ¿A ver? Sí, soy yo. Ahí está el Pampero, de fondo, ¿ve?, antes de... antes… Yo
cambié mucho.
Julia: Esa foto es mía. Igual no soy yo, es una imagen que usé para solapas, una imagen
con más atractivo publicitario que yo. Pero todo el mundo sabe que la solapa de los
libros está preparada como una trampa para que el lector compre cualquier cosa. Ahora
rascás la solapa y huele al autor. ¡Mentira! ¡Feromonas! Y claro, ¡vas y comprás! ¡La
literatura qué importa!
Coronel: Les voy a ser franco. Escúchenme, todas. No es mi costumbre trabajar con
civiles. Son impredecibles y caprichosas. Pero si Operaciones Especiales ha estimado
conveniente dejar esta misión en manos tan vaselinosas…
Julia: Ay, por favor, vayamos al grano, Coronel.
Coronel: Muy bien. Discurso de camaradería y bienvenida, no tengo. Pasemos al
Protocolo 1. Vivimos en el tiempo inteligente. ¿Hay dudas? (Pausa. Nadie contesta.
Durante la exposición, el Coronel le da cuerda a un maletín, como si fuera un juguete,
y proyecta un extraño documental sobre la blanca superficie de fondo. Este video
refuerza con imágenes brutales algunas de las cosas que explica, mientras en otros
casos simplemente muestra cualquier cosa.) Las inteligencias mantienen el equilibrio
del cosmos. Es un enorme esfuerzo, el de las inteligencias. El cosmos es vasto y lleno
de inexactitudes. ¿Y qué aporta nuestra pobre Tierra a todo esto? Muy poco. Nuestra
visión de lo lejano es pobre, nuestro encéfalo carece de las coordenadas de infinito,
nuestra intuición de los tiempos gamma y de las esclerosis cósmicas es obtusa. Pero
somos únicas, de alguna manera, y hay algo que las inteligencias no pueden obtener en
ningún otro planeta. Y ese algo ha garantizado la paz entre ellas y nosotras por trece
Nikte Kaltunes2. Pues ese algo se está agotando. Y la paz peligra.
Claus: ¿Está tratando de asustarnos? Porque lo hace bastante bien…
Coronel: Continúo. Más allá de la antipatía que les provocamos, dejando a un lado la
civilización maya, que es la única que valoran…
Julia: (Corrigiéndolo.) Que valoraron.
Coronel: Que valoran. A ver… Para ellas, todo es hoy. Las inteligencias residen a una
distancia infinita de nosotras. A esa distancia, somos apenas un puntito borroso,
intermitente en el telescopio, y nuestro tiempo se les confunde, se les funde.
Claus: ¿Pero las mayas no existen más, no?
2
Trece Nikte Kaltunes en el calendario maya son 1.872.000 kines, es decir, 5.125 años y 134 días.
17

Coronel: No para nosotras. Sí para ellas. Y el calendario maya corregido es el único


que coincide con el tiempo real, el tiempo cósmico. (A estas alturas, el documental en
imágenes es tan castrense como desquiciado: nos ha mostrado todo tipo de cosas,
incluso unos falsos mayas acampando o haciendo collares.) Las inteligencias coexisten
con nuestro pasado, y -si lo tuviéramos-, con nuestro futuro, que son todas categorías
falaces, terrestres, como norte y sur, izquierda y derecha, o PC y Mac. (El documental
aporta otras falaces dicotomías.) Pero dejemos a las mayas a un lado, que hacen todo lo
posible por complacer a las inteligencias…
Hagen: Perdón, yo no sabía nada, traje la malla porque me dijeron “playa”… Ah, no,
perdón, me equivoqué. Perdón.
Coronel: Shh. Hay algo que ellas necesitan. Nos preservan porque producimos una
única materia prima, una sustancia que sólo se da entre nosotras.
Hagen: ¿El agua?
Claus: ¿Papel?
Julia: ¿Madera?
Claus: ¿El juguito ése que sale de la corteza de no sé qué árbol en el Amazonas?
¿Cómo se llama?
Julia: ¿Dinero billete?
Pausa. El Coronel niega en silencio.
Coronel: Ficción.
Hagen: ¿Cómo?
Coronel: La ficción, señoras. Parece que la humanidad es la única especie capaz de
imaginar lo que no pasa.
Hagen: Yo pensé que era el agua del Acuífero Guaraní.
Coronel: Mh. El agua, si me permiten la digresión, se fabrica en el cosmos sumando
dos más dos, como quien dice este pan para este queso. Cosa que no ocurre con la
ficción, señoras. Por si no lo han notado, ellas han consumido nuestra ficción hasta
agotarla. De hecho, ya en el 13 Makin, vigésimo desove del peje lagarto…
Hagen: El año 247 solar…
Coronel: Ah, ¿lo quiere en años? ¿Es Gregoriano?
Hagen: No, no, no soy Gregoriano, pero justo recién les estaba explicando que…
Coronel: Ningún problema, se lo digo en años. Para que vea mi amplitud de criterio
político. En el 247 después del Primer Contacto se llevaron los libros. Todos. No
discriminaron nada. Los atesoraron, los copiaron, los tradujeron. Los gozaron. En el 320
se llevaron la música. Toda. Pero la devolvieron intacta. Se quedaron con dos o tres
cosas que no devolvieron, no sabemos qué fue, el resto no les sirvió para nada. En el
855 descubren la dividí. Se llevan todas las películas. Ahí empieza el delirio. Porque los
libros les llevaron más tiempo, pero las películas las consumen con una facilidad… se
las respiran, como aire puro. Empezaron a querer más. Se llevaron los videos, se
llevaron los programas de televisión, pilotos, comerciales, documentales, dibujos
animados, se llevaron incluso los reality shows…
Julia: ¡No!
Coronel: Todo. Insaciables. Y empezaron a querer más. Intentaron incluso llevarse
guionistas. Hubo todo un período de abducción masiva de guionistas, los llevaron, los
incentivaron, los clonaron, los interrogaron, los gozaron, pero los devolvieron. Allá no
servían para nada. La ficción sólo crece en ciertas condiciones naturales, que ellas no
pueden reproducir correctamente.
Julia: En Israel pasa, también, con las novelas argentinas.
Coronel: Se llevaron junta toda la danza, les encantó, pero la consumieron enseguida,
en nuestro verano de 1359. El Verano sin la Danza, como lo poetizó luego Hildegaard.
18

Se llevaron los diarios, los noticieros… Desde hace tiempo, Operaciones Especiales
terrestres procuró que esta reserva natural de mercancías no se agotara. Darles su
ficción. Todo servía: lo marginal, lo consagrado, los videogames, las Atari, las
vanguardias, los tamagochis, las técnicas antiguas, los celulares, los videos de las
cámaras de seguridad de los bancos, de los edificios y de las casas. La última remesa de
mercadería fue llevada hace 253 años.
Claus: ¿Pero cuánto…? ¿Pero qué…? ¿Qué es años?
Hagen: Veintiún Saltos de Conejo.
Claus: ¿Veintiún Saltos de Conejo? (Algo en la cifra lo deja consternado.)
Coronel: Allí el flujo se interrumpió. (El documental llega a su fin.) Luego se
descubrió qué había sucedido.
Claus: La Planta.
Silencio.
Coronel: La Planta.
Claus: Pensé que era un mito. Un cuento para asustar a las astronautas.
Coronel: No lo era. Esto ocurrió, hace 21 conejos. Se llevaron la Planta. Y desde
entonces, por algún motivo que ustedes deberán precisar, se han conformado con ella.
Julia: ¿Es algo, la Planta?
Coronel: Cada cosa a su tiempo. La Planta garantiza la paz y la supervivencia de
nuestra especie. Pero eso se acabó. Sin motivo claro, desde ayer, la Planta ya no les
interesa más. Nos lo han hecho saber. Nos quedan veinticuatro horas.
Julia: ¿Por qué nosotras? Yo a ustedes ni los conozco.
Coronel: Eso no lo puedo saber yo. Supongo que Operaciones Especiales las ha elegido
por sólidos motivos.
Claus: ¡Mírenme! ¿Qué sólido motivo puede anidar en esta carne temblorosa?
Coronel: Usted es astronauta, Claus. Usted conoce mejor que nadie del espacio y sus
misterios. Es lo más cercano que tenemos a las inteligencias. Su saber es un medio
acuoso, un fluido de contacto entre ellas y nosotras. ¡Usted estuvo en la misión
Pampero, caramba!
Claus: ¡No me lo recuerde!
Coronel: Y usted, Gay Morrison… (pronuncia: /gai/)
Julia: Gay. Soy Gay. (pronuncia: /gei/)
Coronel: Bueno. Usted está definitivamente a la cabeza de esto. Una escritora
multipremiada, imitada, halagada, gozada, olvidada: un clásico. Se trata de satisfacer el
equilibrio del universo. ¿Quién sino usted podrá guiarnos en esto?
Julia: Hildegaard.
Coronel: Lo intentamos
Julia: ¿Y? ¿Qué pasó?
Coronel: No interesa.
Julia: Ah, ¿no aceptó?
Coronel: Se suicidó.
Hagen: Bueno. Es evidente que no tengo ninguna utilidad en esto. Si me permiten voy a
aprovechar el malecón antes de que no quede nada.
Coronel: Alto ahí. No podemos dar un solo paso sin usted. El gusto inteligente ha
evolucionado. Lo que para nosotras es narración, para ellas es proteína.
Hagen: ¿Qué dice?
Coronel: Creemos que las inteligencias desmenuzan la ficción y se alimentan de sus
pequeñas partes. Comen eso…
Hagen: ¿Qué? ¿Relaciones matemáticas entre términos sensibles?
19

Coronel: Póngale. Unidades mínimas sabrosas, invisibles al ojo común, pero evidentes
a la mirada de la matemática. A su mirada, Hagen.
Hagen: ¿Pero se mueren si no comen ficción?
Julia: ¿Es como azafrán, o es como aire?
Coronel: Tanto no sabemos. Se las proveerá del equipo que sea necesario. Mi hermana
y yo nos ocuparemos de ello.
Julia: ¿Su hermana?
Coronel: Mi hermana. (Con visible vergüenza, pero no sin castrense entereza.) María
Martha.
Hagen: ¿Por qué su hermana?
Coronel: Mi hermana… mantendrá cierto equilibrio. Nada más. Les sugiero que no
cuestionen eso, no las va a llevar a ningún lado. Ahora se repone del viaje en su cuarto.
Vomitó la comida del ferry. Está muy, muy enojadita. (Tratando de deshacerse de un
tema embarazoso, ve entrar a Beatriz.) Un momento. (Pausa.) ¿Usted es Beatriz?
Beatriz: Sí. ¿Conoce mi nombre?
Coronel: ¿Usted también recibió una carta, Beatriz?
Beatriz: Claro, una cartita, una nota: “Me voy. Me llevo esto.” Después me enteré de
Ludmila. Ahora yo digo: ¿Qué pasa? ¿Las chicas en la Patagonia no tienen madres que
las cuiden? ¿O son tan hippies como ellas?
Coronel: ¿Una carta como éstas, Beatriz? (Beatriz estudia el sobre, se angustia, parece
recordar.) Qué desastre. No lo puedo creer. Una G4. (A Beatriz.) Beatriz, ¿usted me
podría ayudar con una cosa?
Beatriz: De mil amores.
Coronel: ¿Sería tan amable de ir a buscarme un vaso de agua fresca?
Beatriz sale.
Coronel: (A los demás, en secreto.) Es ella. Es una G4.
Julia: ¿Una G4?
Coronel: (A los demás.) ¡Alto secreto de estado y pretenden que nos arreglemos con
una G4!
Hagen: ¡Pero las G4 deben tener como mil años! Digo años porque soy así. Después se
los paso a lagartos.
Coronel: Es un modelo viejo, créanme. Una antigüedad. Pero del futuro.
Claus: ¿Es un robot?
Coronel: Peor. Es una G4. Un robot construido por robots. Es el producto del amor
entre robots. Son hábiles mecánicos, cuando tienen la firme decisión producen un símil,
para que les haga compañía.
Hagen: Son un desastre. Son robots con más atributos humanos que las propias
humanas.
Coronel: Se niegan a aceptar que son robots. Se injertan datos autobiográficos en el
sistema operativo, se inventan dramas caseros, telenovelas. Mucho me temo que sea…
nuestro equipo. Civiles, debo pedirles que comprendan la regla número 1: Beatriz no
sabe que es una G4. Y ustedes no se lo van a decir, ¿está claro?
Beatriz: (Sin entender mucho, vuelve con el agua, presa de una suerte de bloqueo
emocional.) ¿Qué es lo que no me van a decir?
Coronel: Ah, Beatriz, gracias por el agua.
Claus: Pero, ¿por qué nos darían un modelo tan viejo, con tantas desventajas?
Coronel: Mh. Tienen una ventaja invaluable.
Beatriz: ¿Quién?
Hagen: Una única.
Claus: ¿Cuál?
20

Hagen: Que existían mil años atrás. Y que recuerdan cosas. Un archivo viviente.
Coronel: Con problemas.
Beatriz: Yo también tengo problemas, pero no las quiero abrumar ahora con…
Coronel: Fíjese en el bolsillo interno, Beatriz. ¿No tiene por allí un papelito?
Beatriz: (Mira donde él le indica, se trata de un código de números que la activa.) ¡Ah,
la misión! Se me mezcla todo… Mi marido, Esteban, me dio una notita. “Me llevo
esto”… Les doy la bienvenida y sugiero que nos demos muchos besos y que lo pasemos
bien. ¿Nos pedimos un té con masas y alguien nos explica lo que hay que hacer?
Hagen: Se deprime y borra. Son así. No son confiables.
Beatriz: ¿Yo no soy confiable? Confié en Esteban y…
Coronel: Beatriz, haga memoria. Usted estuvo cuando se llevaron los libros, la danza,
¿se acuerda?
Beatriz: (En trance binario.) ¿Cómo no me voy a acordar? Unos libros de tapa dura,
unos casetes, en un bolso, se los llevaron, dejaron una nota: “Me llevo esto”, lo que
entra en una mochila…
Coronel: La memoria está corrupta. Beatriz injertó virus emocionales, que tomaron
toda la información y la transformaron en…
Beatriz: ¡Esteban!
Coronel: (Con tono casi compasivo, como si tratara de comprenderlos y perdonarlos.)
Civiles. Tenemos veinticuatro horas.
Hagen: No es verdad. Vinimos un kin antes.
Coronel: Estaba previsto. (Sin más, pone a funcionar en pantalla un enorme reloj
digital, que en realidad mide el tiempo en conejos, monos y tortugas. Y las tortugas
empiezan a correr.)
Beatriz: Gelatina, si el tiempo es gelatina.
Julia: Muy lindo todo. Muy… interesante la forma en la que… Bueno. Yo me voy.
Coronel: ¿Como Hildegaard? Esa opción no existe, Julia. Estas últimas tortugas serán
históricas, señoras.
Abre un extraño maletín, que queda de espaldas al público, un maletín que contiene, tal
vez, información holográfica, o algo así. En todo caso, su contenido es contundente.
Hagen, Claus y Julia observan paralizados. Es grave. Es muy grave. Es gravísimo. No
hay lugar para las palabras. Sólo Beatriz parece impermeable a semejante estímulo. Es
lo que pasa con los archivos corruptos. La luz baja lentamente. En la semipenumbra, el
Coronel explica con melancólica premura la distribución de las habitaciones, del café,
de las dietas. Sólo quedan 24 horas.
21

ESCENA 3: QUIRÓFANO
Salvo cuando se indique, las escenas venezolanas se proyectan en la pantalla.
Una oficina en un laboratorio. Entran dos hombres de guardapolvo, los doctores Naudi
y Barragán, venezolanos. Encienden la luz.

Naudi: Está rica, esa Genoveva, me la quería comer. Le digo: “¿Te duele acá,
mamita3?” Y me dice: “Sí, pero bien vale la pena.”
Barragán: ¡Tan inteligente! Te juro que en diez o doce años va a hablar por lo menos
tres idiomas, con esa bocota de guayaba que le va a quedar…
Naudi: ¿Tú viste cómo se aferra a uno? Tienes que verla, qué cariño le agarró a la
Siliconadora, le habla, le lee cuentos…¡Qué chévere4! ¡Qué de pinga5!
Las luces tiemblan y se apagan.
Barragán: ¿Qué fue eso?
La luz vuelve.
Naudi: Una baja de tensión.
Barragán: Ya pasó.
Naudi: Y te digo más: esta camada de chamitas es la más sabrosona de todas las que
hemos hecho.
Barragán: Te estás poniendo cada vez más viejo.
Naudi: ¿Qué viejo? He visto las estadísticas. No hemos tenido casi ningún error.
La luz se apaga definitivamente. En la oscuridad.
Brenda: (Su voz es temible, cavernosa. Poco clara por la ortodoncia fallida.) Error…
Naudi: ¿A ti te han dicho si iba a haber cortes?
Barragán: No. Espera que aquí debe de haber una linterna. (Algo cae al piso,
estrepitosamente.) Todo bien, todo bien, no pasó nada. ¿Quién carajo deja los escalpelos
sin lavar y sin funda, cónchale?
Brenda: (Dice algo incomprensible, probablemente en créole antillano.)
Barragán: ¿Qué? ¿Naudi?
Brenda: Naudi no puede hablar. Naudi cannot speak.
Ruido de cosas que caen, Barragán revuelve y encuentra la linterna. Encandila a
Naudi, que está aterrado. Naudi se lleva el índice a los labios, para que Barragán haga
silencio. Luego le señala un lugar en la oscuridad. Barragán dirige allí la linterna. No
hay nada.
Barragán: ¿Eres tú? ¿Eres tú? Tranquila… ¿Estás ahí?
Naudi: Shh.
Brenda: Shhh… ¡Gordo! ¡Gordos!
Barragán: ¡Basta, Brenda, basta!… ¡No es chévere!
Risas de Brenda. La linterna va de un punto a otro. No se ve nada.
Barragán: ¿Brenda? ¿Naudi? ¿Eres tú?
Naudi no está donde estaba. Silencio. Ruido de gotas que golpean sobre algo metálico.
Barragán: ¿Naudi? ¿Naudi?
Barragán saca su teléfono celular, vemos la luz verdosa del teléfono, y por detrás la
sombra de Brenda que se acerca en las intermitencias de la luz, enorme, monstruosa, el
rostro cubierto de largo y lacio pelo negro como la noche.
Brenda: Qué linda manito que tengo yo… Cuchi, cuchi, cuchi… No, no, no. Manito
fea, manito corta, deditos como ñoquis. (En un castellano muy atravesado, o en créole.)
3
Venezolanismo: “nena”.
4
Venezolanismo: “¡qué bueno!”
5
Venezolanismo: “¡qué bueno!”
22

Vamos a poner la manito acá, vamos a estirar… Te va a gustar, manito nueva. You’re
gonna like it, pana.
Se escucha un sonido, como un latigazo, y la mano de Barragán vuela por el aire, aún
aferrada al teléfono. Barragán grita, la oscuridad es total.
Barragán: ¡Basta! ¡No!
En el otro extremo, Brenda se ilumina a sí misma con la linterna. Es horrorosa, si bien
nunca la vemos bien. A su lado, Naudi está seco. El rostro desencajado. Brenda le está
clavando una jeringa en el cuello, retira la jeringa, y Naudi cae. Barragán grita
repetidas veces. Y corre. En la oscuridad se lleva por delante una puerta de vidrio, que
estalla en mil pedazos.
23

ESCENA 4: ELIJA ISLA


Hagen carga a Beatriz como un maniquí descompuesto y la deja en cualquier lugar.
Todos lucen bastante agotados.
Beatriz: ¿Te cuento lo que estuve elaborando, con la máquina de café, yo solita, por mi
cuenta? Me refiero a una encuesta popular. Fue el modelo de la televisión. (Imita una
llamada telefónica.) “Hola, soy la tele, ¿qué estás viendo?, ¿te gusta? Muy bien.” Por
eso funcionó una eternidad. ¿Me pueden decir qué tiene de malo?
Coronel: Julia, ustedes son nuestro grupo de élite. Les pido que lo intenten.
Julia: Pero, ¿qué quiere que hagamos? ¿Que inventemos una ficción con otras
categorías, reglas que nadie conoce, que hagamos títeres para selenitas? ¿Y quién nos va
a entrenar para esto?
Coronel: Nadie. Haga lo que ya sabe.
Julia: ¿Ah, sí? Yo le diré lo que sé, vea cómo trabajo yo. Para que entienda que no es
mala voluntad. ¿Quiere un éxito? (Se sienta a pensar. Todos la observan. No se le
ocurre nada.) A ver, deme lo que tiene en esa cartera. (Se refiere a un maletín.)
Coronel: ¿En ésta? ¿Qué necesita?
Julia: Cualquier cosa. Lo que tenga más arriba.
Coronel: Un mapa. (Se lo da.)
Julia: Un planisferio. Genial. (Pone el dedo en cualquier parte. Luego se lo pasa a
Beatriz) A ver, Beatriz, ¿me ampliás esto? (Beatriz sube a una bicicleta fija, pedalea un
poco y luego proyecta el mapa sobre la pared. Es una porción de las Guayanas y el
Caribe.) ¿Qué es esto, cómo se llama? ¿Guya… Guaya…?
Coronel: Venezuela.
Julia: Perfecto. Venezuela. A ver… un par de clichés… Caribe. Petróleo. Miss
Venezuela. ¿Qué más? (Observa a los presentes.) ¿Alguien quiere colaborar?
Claus: Bueno. (Saca un pastillero y se toma una píldora.)
Hagen: ¡No, Claus! ¡Acá no! ¡Qué vergüenza!
Claus: Un enigma policial.
Hagen: (Desautorizándolo.) No perdamos tiempo. Toma esas cosas y…
Claus: Perdón. Claro. Yo soy astronauta. Yo no sé qué hago acá. (Pero sigue
imaginando cosas en voz alta.) Una chica venezolana, tímida, morena, es tomada por el
estado…
Hagen: Son esas pastillas. Es adicto y…
Coronel: No, no. Déjelo.
Claus: Mejor es una Corporación…con fuerte vinculación estatal… Una corporación
paraestatal venezolana.
Julia: Bien. A la chica la eligen entre muchas otras venezolanitas… Mh. Esto funciona.
La pequeña ha nacido en un sitio turístico, digamos… (viendo el mapa) ¿qué dice aquí?
Barquisimeto.
Hagen: Pésima elección. Elija mar, Julia.
Julia: ¿Mar? ¿Por qué?
Hagen: Si hay que elegir, elija mar. Es narrativamente mucho más inestable. Un 17%
más dinámico que en los cerros bajos de Barquisimeto.
Coronel: Hágale caso.
Julia: Le hago caso. Cumaná.
Hagen: No. Elija isla. Una isla es un 28% más interesante que una costa, salvo que me
hable de una costa fiordosa, cosa que no va encontrar en el Caribe, mucho me temo.
Coronel: Háganle caso.
24

Julia: Perfecto. Elijo isla. Isla Margarita. Ahí nació. Y desde que empieza la escuela
primaria…
Claus: (Siempre tomado por su imaginación sensible.) Con tanta tiza…
Julia: …se le empiezan a hacer cirugías. Y esta Corporación la prepara para ser Miss
Venezuela y lógicamente después Miss Mundo. Fin. ¿Ve, Coronel? Me rijo por el cliché
y el capricho. ¿Qué le hace pensar que voy a poder construirle una ficción que sus
amigas extranjeras no se hayan fumado todavía?
Coronel: Lo que veo es que usted se rige por el capricho, y eso está muy bien. Pero
ellas no.
Hagen: Yo, jamás.
Claus: Yo… tiendo a ver de manera sensible todo lo que usted me presenta, Julia.
Hagen: Pero eso es porque estás consumiendo y aún no se sabe si no hay
contraindicaciones que…
Claus: ¡Mire lo que le digo! Imagino que hay todo un mercado alrededor de Miss
Venezuela. Se agotó el petróleo. ¿Qué van a hacer?
Hagen: ¿Qué?
Claus: Venden belleza.
Hagen: La belleza es el único mercado importante que les queda.
Beatriz: ¡Pobre gente!
Hagen: Es genial. Combinemos Belleza y Mercado. B y M. Eso puede dar réditos.
Julia: ¿Usted qué me dice? ¿Que yo debo articular caprichosamente lo que ellos me
digan?
Coronel: No. Sí. No sé. Haga algo. Como ellos.
Julia: A ver. Déjeme probar. Ya tengo el conflicto. ¡Falta mucho para que la niña
desfile! Y no se puede predecir hoy qué les va a gustar a los hombres en una mujer para
ese momento… Así es que nuestra pequeña heroína, llamémosla… llamémosla…
Claus baja la cabeza, balbucea poco convencido nombres que no llegamos a entender,
Hagen intenta algo, pero no sale nada. Beatriz, un poco ausente, en cambio, toma té de
una taza, que curiosamente lleva escrito el nombre “Brenda”. Lo lee en voz alta.
Beatriz: Brenda.
El nombre invoca una aparición rapidísima, espantosa por fugaz, por inasible, de la
temible Brenda en la pantalla. Mientras, todos anotan entusiasmados.
Julia: Bien, Brenda…
Beatriz: Perdón. Me distraje. Leía de la taza…
Julia: Brenda vive una vida de intervenciones quirúrgicas. De clases de francés. Y la
diseñan.
Claus: La arrancan de su isla paradisíaca…
Julia: Y se juega su suerte. Porque le deciden un tipo de nariz, un color de ojos, una
proporción equis entre cadera y busto. Pero todo es apuesta y riesgo…
Claus: Claro, pobrecita. Digo, si yo fuera ella, y me piden que me haga otra
operación… porque soy muy linda… que Venezuela me necesita… yo lo hago. Y
padezco el postoperatorio, internada, solita, en Maracay, que es feo, miro la tele, pienso
tonterías, dolorida, paso la infancia…
Beatriz: …sin amiguitos…
Claus: …entre una anestesia y la otra.
Silencio fascinado.
Julia: Excelente.
Coronel: Excelente.
Beatriz: Yo una vez vi una cosa muy parecida. Pero ojo: era con lobos marinos.
25

Julia: (Hagen grafica rápidamente en la pantalla/pizarra, en números y coordenadas,


lo que Julia va diciendo.) Esto me gusta. Distintos grupos de inteligencia –distintas
Corporaciones paraestatales- engañan niñas, convencen padres, firman cosas, y diseñan
Brendas en secreto. Y obrando en nombre de una idea vaga pero fuerte: (contemplando
el gráfico de Hagen) Venezuela. Sí. Y luego de mucho tiempo y veinte cirugías, el
drama: se apostó en la dirección equivocada. Claus, ejemplos.
Claus: Y… Miss Guatemala es rubia, Miss Puerto Rico es rubia, Miss Zimbabwe es
rubia platinada…
Julia: ¿Y Brenda?
Claus: ¡Morocha como un tordillo!
Julia: Entonces el proyecto Brenda es abandonado a mitad de camino…
Claus: …un punto flotante entre la belleza posible y el horror absoluto… Negra y sola
como la noche, Brenda es una bomba de tiempo.
Julia: ¡Y ya tenemos el detonante! (Silencio general, nadie sabe cuál pueda ser el
detonante.) ¡Hay otras! ¡Hay otras chicas! ¡La engañaron! ¡No es la única! Brenda
busca venganza…
Claus: (En una suerte de éxtasis producido por la pastilla, cuyo efecto llega a su fin
luego de enunciar lo siguiente.) ¡Asesina médicos, mata policías!
Hagen: ¡No…! ¡Esperen! Esto es… esto no…
Julia: ¡Ella sola contra el Sistema!
Beatriz: ¡Les va a encantar!
Julia: ¡Listo! ¡Vamos a la playa!
Beatriz: ¡Es súper clásico!
Coronel: Ah, no. Momento, señoras. ¿Súper clásico? No me hagan perder mi tiempo. A
mí me encantaba la historia de la chica, pero si ya se hizo así, olvídense, porque esto ya
lo consumieron. (Se dispone a salir en busca de otra taza de café.) A ver, piensen algo
nuevo, algo que Beatriz no tenga en su… (la mira, se corrige.) Que Beatriz no haya
escuchado… ¿Y mi café, Hagen?
Hagen: Yo conté cinco.
Coronel: Contó mal, no me lo trajo.
Hagen: No puede ser… Si traje cuatro veces uno…
Coronel: Le faltó el mío.
Hagen: Pero Julia pidió té… ¿No ven?, no se pueden sumar en la misma columna cafés
y tés y vasos de agua. Esto es poco orgánico.
Julia: Venga, Claus. ¡Coronel! Escuche una variante que se me ocurre…
Coronel: ¿Qué?
Julia: Imagine esto… A ver, Beatriz, pedalee, por favor.
Beatriz: ¡Yo anoto! (Durante las líneas siguientes, Beatriz intenta imaginar,
pedaleando y corrigiendo cada vez que sea necesario, cada una de las cosas que se
mencionan, pedaleando y proyectando en la pantalla un boceto de cosas que vendrán
luego: Lázaro, el muelle, los transexuales, etc.)
Julia: Un investigador… (imagen)
Beatriz: ¡Anoto!
Julia: Un policía… (imagen)
Beatriz: ¡Sí!
Julia: Venezolano (imagen), de Maracaibo, honesto, pero con algún desorden atípico…
Claus: …una bulimia… (imagen)
Julia: …eso, bulimia no se usó… producto de una emboscada criminal…
Claus: …en un muelle… (imagen)
26

Julia: …en el que varios agentes pierden la vida por culpa de… bueno, ya veremos.
Este policía es adicto a la morfina (imagen), lo trasladan a Archivo. Y se codea con
prostitutas… (imagen)
Claus: ...transexuales… (imagen)
Julia: …¡Sí!, que han oído del caso de Brenda en alguna de sus operaciones. Esto
funciona. La casualidad pone a nuestro policía a investigar, y entonces…
Coronel: No entendieron. Claro, ustedes no vieron la planta, ¿no? Vengan a ver la
planta.
Ambos salen detrás del Coronel.
Hagen: No está bien manipular así las cosas. Los números no cierran. Va a haber… una
hecatombe. (Sale.)
Beatriz: Voy a anotar lo que se me ocurre. ¿Alguien tiene papel? (Beatriz observa la
escena venezolana que está por comenzar entre la fiscal Lorna Cifuentes y el
Comisario Kendry Morales. Más que observarla, la “produce”, la proyecta. Beatriz es
una máquina algorítmica y logra darle forma a las especulaciones azarosas de su
ecléctico grupo de trabajo.)
27

ESCENA 5: UN ARMA ATORADA


Una oficina en el Departamento Central de Policía de Caracas.

Lorna: ¡Su hombre está enfermo, comisario!


Kendry: Sí, ya leí ese informe suyo. Irritabilidad, capricho, cambios súbitos de
ánimo…
Lorna: …tendencia a disparar al aire en medio de la noche… por no hablar de su
desorden alimenticio.
Kendry: Ya. Veo que la fiscalía se toma muy en serio su trabajo.
Lorna: Muy.
Kendry: Señorita Cifuentes, ¡perdí dos hombres en el muelle!
Lorna: Haga usted su trabajo, que yo me ocuparé del mío.

Se abre la puerta, y entra el oficial John Jairo Lázaro. Renguea un poco. Está muy
desprolijo, mal afeitado, vestido con un saco arrugado y zapatillas, y come una
hamburguesa que saca de una bolsa. No esperaba encontrar a la Fiscal en la oficina.
Beatriz es mudo testigo de todo.

Kendry Morales: ¡Qué gafo6! Se lo voy a decir claro y raspao7: parece que usted no le
cae bien a la Fiscal Cifuentes.
Lázaro: Ya. ¿Cree que no sirvo para hacer mi trabajo?
Kendry Morales: Usted está a puntico8 de que lo boten, Lázaro. ¿Qué busca?
Lázaro: Ya no soy un carajito9. Si me retiran, quedo para comer cable10.
Lorna: ¿Por eso pasó la noche disparando tiros al aire, eh? ¿Un guachimán11 maleta12
en gomas13 echando vaina14 a las tres de la mañana?
Lázaro: No la voy a caribear15.
Lorna: ¿O lo hizo sólo para ser el arrechito16 que aparece en el periódico?
Lázaro: (A Kendry.) No quise armar un coge-culo17.
Kendry Morales: Pero usted me está pasando un bojote18, Lázaro.
Lázaro: Estaba hecho molleja19. Nunca he sido cañero20, y usted lo sabe, pero la verdad
es que estaba carburiado21.
Lorna: ¡Ah, perfecto! (Anota algo en un ya abultado archivo.)
Kendry Morales: ¿Pero qué quiere? ¿Que le tramitemos una invalidez?

6
Venezolanismo: “imbécil”.
7
Venezolanismo: “en pocas palabras”.
8
Venezolanismo: “muy cerca”.
9
Venezolanismo: “muchachito”.
10
Venezolanismo: “quedo en una mala situación económica”.
11
Venezolanismo: “vigilante”, deformación del inglés “watchman”.
12
Venezolanismo: “que realiza mal su oficio”.
13
Venezolanismo: “en zapatillas”.
14
Venezolanismo: “jugando alguna broma pesada”.
15
Venezolanismo: “engañar”.
16
Venezolanismo: “el blanco”, y por extensión, “el héroe de la película”.
17
Venezolanismo: “alboroto”.
18
Venezolanismo: “fardo, bulto”.
19
Venezolanismo: “completamente borracho”.
20
Venezolanismo: “bebedor de aguardiente”.
21
Venezolanismo: “embriagado con aguardiente”.
28

Lorna: ¿Qué? ¿En vez de una sanción, una recompensa? ¿Ahora soy víctima de una
redoblona22? ¿Debo colegir que ustedes actúan en conchupancia23?
Kendry Morales: Ninguna conchupancia. Mi hombre fue víctima de una emboscada en
el muelle.
Lázaro: El agente Briones Espinosa tuvo más suerte: un tiro en la cabeza, su familia lo
encuentra muerto sobre el enlosado24.
Lorna: ¿Y a usted qué le pasó?
Lázaro: Una bala en la pierna. Calibre 22.
Lorna: ¿Y camina?
Lázaro: (Intenta caminar, lo hace bastante bien.) Sí. Pero quedé bulímico.
Lorna: No entiendo.
Lázaro: Una bala en la pierna. Se sufre horrores. Pero a los médicos les importa un
chucuto25, me dan lo que tienen a mano, y yo mientras tanto me hago adicto.
Lorna: Eso mismo ya lo veo yo, a pepa de ojo26.
Kendry Morales: Son fármacos.
Lázaro: Morfina, metadona, cafeína, prozac…
Kendry Morales: No fue su culpa.
Lázaro: ¡Ya sé que no fue mi culpa!
Kendry Morales: Pero, ¿qué quiere, Lázaro?
Lázaro: (Duda.) ¿Chocolate?
Kendry Morales: Veré si se los consigo, John Jairo. Mientras tanto, aquí tiene esto. (Le
da una carpeta. Es el Archivo Brenda.)
Lázaro: Gracias.
Kendry Morales: Voy a complacer a su fiscalía, pero sepa que no nos gusta que
persigan a nuestros muchachos. No nos gusta nada.
Lázaro: (A Lorna.) El exceso de chocolate. Es para equilibrar la falta de morfina, o
metadona, cuando faltan… Combinados con grasas animales. Un sucedáneo
chachullo27. O a lo mejor la fiscal me puede conseguir receta para la morfina.
Lorna: ¿Se creen que voy a dejarme sopetear así la sopa28? ¡Con la verga de Triana29!
Usted pone en peligro la vida de sus vecinos, con sus disparos. Pida ayuda a su mujer.
Lázaro: Mi mujer está bien. De mini-rumba en algún lugar de Miami. Pero está bien,
supongo. Y mi hija.
Lorna: Ahá. Deme su número. (Lázaro se encoge de hombros.) ¿Y no van a volver?
Lázaro: (Mira a Lorna. Luego baja la mirada. Lee del archivo.) ¿Esto es nuevo?
¿Brenda? No se preocupe, Jefe, yo me encargo.
Kendry Morales: Por supuesto. Va y lo archiva.
Lázaro: ¿Qué?
Kendry Morales: Ya me oyó, John Jairo. Es un caso cerrado.
Lázaro: Pero acá dice…
Kendry Morales: Lo voy a reubicar en Archivo hasta que la Fiscalía deje de
vaciarme30. Su placa, John Jairo.

22
Venezolanismo: “acción en la que participan dos o más personas en contra de una sola”.
23
Venezolanismo: “en complicidad”.
24
Venezolanismo: “la acera”.
25
Venezolanismo: “menos de lo esperado”.
26
Venezolanismo: “como un cálculo aproximado”.
27
Venezolanismo: “de procedencia dudosa, de mala calidad, trucho”.
28
Venezolanismo: “introducir la cuchara o el tenedor en la comida de otro”.
29
Venezolanismo: “negación en sumo grado”.
30
Venezolanismo: “sermonearme”
29

Lázaro: ¿Usted me está vacilando31?


Kendry Morales: No se me agalle32. ¿O me quiere ver cali-güeva33? Hable con
Bertiaga, en Archivo.
Lorna: (Un poco conmovida por Lázaro.) Escuche. Si no tiene… no, nada.
Kendry Morales: ¿Qué?
Lorna: Digo que, a lo mejor, el comisario no tiene dónde dormir, el pela-bola34.
Kendry Morales: ¿Es cierto eso?
Lázaro no responde. Saca su placa y la deja sobre el escritorio de Kendry.
Lorna: ¿Qué estructura brinda este cuerpo de Policía? ¡Al mamón35! Está bien. Tengo
lugar en casa. ¿Es alérgico a los gatos? Tengo dos gatitas. Qué diablos. Tengo lugar
extra en casa. (Silencio de los dos.) Así estará mejor vigilado, ¿no?
Kendry Morales: (Tomando whisky.) Mmh. Dos gatitas.
Lázaro: Mi opinión no cuenta para nada, ¿o sí?
Lorna: ¿Y cuál es su opinión, Lázaro?
Lázaro: No sé. A lo mejor quieran decírmela. (Pausa.)
Kendry Morales: (Menea la cabeza.) Una cosa más. Tengo que pedirle que me
entregue su arma. Es por su propia seguridad. Y la de la Fiscal Cifuentes.
Lorna: Sé cuidarme, Comisario.
Lázaro: (Derrumbado y humillado.) Por mi seguridad. (Se la entrega.) Está atorada.
Kendry Morales: ¿Qué quiere decir?
Lázaro: No funciona. No sé qué le pasa. Se atoró.
Kendry Morales: ¿Cómo que no sabe?
Lázaro: No, no soy un experto en estas cosas.
Lorna: Entiendo algo de esto, no se preocupe. Debe ser la vaina. O la uña extractora.
No parece. A lo mejor es el ánima. O el resorte de recuperación. ¿Revisó los ojales?
¿Los rebajes?
Lázaro: La verdad es que… no estuvo entre mis prioridades.
Lorna: Ah, no, debe tener el martillo atrapado por el fiador. Porque si no, se movería
cuando hago así, ¿ve? Y no. Qué curioso. Es el mismo defecto de las MP 38, les pasó a
los alemanes, en la guerra, se les bloqueaba el obturador en la posición de apertura,
tenían que poner la manilla del armamento en el hueco de la caja de la culata, a la altura
del gatillo, ¡pero es justo donde es más estrecho! Y si se cae, además, y se golpea por la
parte del pie, de acá, está el peligro de que salgan una o dos balas, y no les hablo de un
incidente teórico, ¡no, no! Polonia en el 39, una cantidad de víctimas, ¡los heridos eran
que jode36!, y no por mala voluntad de los soldados, qué va, que ahí no iba cualquier
firifiri37. ¿Ve lo que le digo? Acá el obturador, por inercia, va a tender a echarse siempre
para atrás, pero si lo empujamos de un coñazo38 y percutimos la cápsula como para
forzar un disparo o dos... Los que hagan falta.
Kendry Morales: Epa, epa, cuidado.
Lorna: ¿Miró el perno? (Saca unas bolitas de papel metalizado de adentro del arma.)
¿Qué es esto?
Lázaro: No sé… parecen…
Lorna: Son bolitas de papel metalizado.
31
Venezolanismo: “tomando el pelo”.
32
Venezolanismo: “envalentone”.
33
Venezolanismo: “fastidiado”.
34
Venezolanismo: “indigente”.
35
Venezolanismo, propio del habla maracucha: “Exclamación de impaciencia”.
36
Venezolanismo: “abundaban”.
37
Venezolanismo: “sujeto enclenque”.
38
Venezolanismo: “puñetazo”.
30

Lázaro: Sí, eso parece. Cuidado.


Kendry Morales: ¿Hay más? ¿Qué es esto?
Lorna: ¿Cabshas? ¿Estuvo comiendo bombones y no tenía donde botar los envases?
Lázaro: ¿Me cree si le digo que no me acuerdo con tanto detalle?
Coronel: Beatriz, ¿qué hace acá?
Beatriz: Nada.
39
Kendry Morales: Escúcheme, mijito .
Me quedé pensando en Venezuela.
Coronel: No nos haga perder el tiempo.
Eso no sirve. ¿No entiende la urgencia?
¿No se le ocurrió pensar en el futuro?
¿Nunca se le ocurrió pensar en el futuro?
Beatriz: ¿El futuro?
Lázaro: ¿El futuro? No, por favor. No me (El Coronel se va.)
venga con esa vaina. ¿El futuro?

39
Venezolanismo: “toda segunda persona”.
31

ESCENA 6: MONJA

Estamos en Piriápolis. Ingresa Hagen, que es acometido por Beatriz.

Beatriz: Hagen, estoy entendiendo todo. ¡El futuro! Nosotras somos… Mirá: ¡acá no te
llamaron por tus capacidades, sino más bien por tus deficiencias!
Hagen: Un leve problema con los números naturales no tiene ni punto de comparación
con… no me hagas decirlo…
Beatriz: Claro: Claus. ¡Pobre!
Hagen: ¿Qué? ¿Qué pasa con Claus?
Beatriz: Pobre. ¿Te pensás que lo llamaron de verdad por ser astronauta? No, no. Lo
quieren por el estado lamentable en que quedó. El tiempo gamma por poco lo hace
añicos. ¿Querés una pastilla interminable?
Hagen: ¿Tenés? ¿Son nuevas?
Beatriz: Tengo nuevas, también. Pero pensé que querías una chupada. Tomá ésta, ya la
chuparon tres generaciones. Abre los sentidos. Es suave. (Hagen no sabe qué hacer con
el envoltorio.) Ah, yo meto los papelitos por cualquier lado.
Entran Claus y Julia, discutiendo.
Julia: ¿Pero hasta qué punto somos incapaces de comprender a las inteligencias?
Hagen: ¡No las comprendemos para nada!
Julia: ¿Cómo funciona lo de la planta? ¡Y cómo me gritó!
Claus: Qué lindo te queda ese vestido.
Julia: Me traje dos. Éste y otro. Si queremos producir ficción para ellas, hay que
prescindir de ellas.
Claus: Exacto.
Julia: ¡Hagamos cualquier cosa!
Claus: El camino que a lo mejor consideramos errado, puede ser el correcto. ¡Es el
correcto! ¡Un camino errado es el camino correcto! No seamos tan racionales.
Hagen: Yo no sé si estas pastillas que Claus toma no tienen efectos secundarios que no
se estudiaron lo suficiente…
Claus: ¡Estas pastillas me salvaron la vida después de que vos y otros como vos me
mandaron en una lata de sardinas a hacer contacto con vaya a saber uno qué!
Hagen: ¡Y lo lograron!
Claus: ¿Qué lograron? ¡Todas muertas!
Hagen: Bueno, en nombre de la ciencia. ¡Trajiste las muestras!
Claus: ¿Muestras de qué?
Hagen: Muestras del Sefaratón, Claus. Mirá, esas pastillas tienen efectos secundarios.
Claus: Si no fuera por estas pastillas yo sería todo un efecto secundario.
Ingresa el Coronel, convocado por el griterío.
Beatriz: A mí también hubo pastillas que me salvaron la vida. Hay momentos que…
Claus: ¡Me distancian! ¡Acortan la angustia, reducen el espacio! ¿Vos tenés idea de lo
que se siente viendo a tus compañeras tras la escafandra deformadas por el tiempo
gamma?
Hagen: ¡Un gusto haberte vuelto a encontrar, Claus!
Claus: ¿Sabés cómo quedó la fiambrera, en la fisión? Mirá, ¿cuántos dedos ves? ¿Dos
más dos?
Hagen: ¡Hasta acá llegué yo!
Beatriz: Hagen, ¡no seas tan impulsivo!
Coronel: Hagen, siéntese.
32

Hagen: No. Tomá, Beatriz, te devuelvo tu pastilla interminable. No soy de quedarme


con nada ajeno. (Arranca de su bolsillo la carta de citación y se la ofrece al Coronel.)
Beatriz: Porque uno empieza levantándose de una charla, ¿y por dónde sigue, después?
¡Embarazando a una púber en la Patagonia, animal!
Coronel: Julia, por favor, colabore con esto.
Julia: Estoy colaborando
Hagen: ¿Qué Patagonia, qué sur? ¡Basta!
Coronel: ¡Ponga orden!
Julia: No es lo mío.
Hagen: Eso no pasó.
Beatriz: ¿No pasó? ¡Que llame todo lo que quiera, el sur!
Coronel: ¡Usted aceptó esta responsabilidad!
Julia: Mentira.
Beatriz: ¡Caradura!
Hagen: ¡No discuto con tostadoras!
Coronel: ¡Hagen! ¿No le gusta? ¡Se hubiera traído su calculadora!
Hagen: ¡Vacaciones, me dijeron!
Coronel: Bueno, es lo que hay.
Hagen: Hago progresos, ¿y dónde los salvo? Porque esta “memoria” a las dos tortugas
va y me dice que la llamó Esteban, que Ludmila no sé qué, y se reprograma.
Beatriz: ¡Estás loco, loco de atar! Vengo, comparto mis pastillas interminables con vos,
y ahora me decís que borro, que reprogramo, ¿qué te creés que soy yo?
Hagen: ¡Vos sos un robot! ¿Ahora me entendés? Sos bi-na-ria, entendelo bien: binaria.
Pausa general.
Beatriz: ¿Qué me estás queriendo decir?
Coronel: ¡Prometieron no decir nada!
Claus: Yo no dije nada.
Julia: Yo no prometí, dije que iba a tratar.
Beatriz: ¿Que no me iban a decir qué?
Hagen: (mucho más tranquilo.) Nada, nada. Que sos una mierda sin conciencia de
finitud, un pedazo de hojalata con rulos.
Beatriz: Mantengamos las cuestiones personales al margen.
Julia: No hay margen, Beatriz. Sos un pedazo de hojalata con rulos. Y vas a volver a
venir sin acordarte de nada, porque te auto-reprogramás sola, a cada rato, tenemos
pruebas, estás filmada.
Beatriz: Bueno, si es por eso, Claus está filmado masturbándose en la ducha y yo por
eso no lo prejuzgo ni le digo cosas así de feas…
Hagen: Nuestra paciencia también tiene un límite.
Claus: Perdón… ¿Cómo, filmado?
Hagen: Entendenos, somos humanas.
Beatriz: No, yo también.
Hagen: No, vos no.
Julia: Vos no.
Claus: Miren que yo no me estaba… Yo estaba… Me…
Beatriz: ¿Qué me están queriendo decir… que borro? ¿De la finitud? Perdonen. (Sale a
llorar afuera.)
Coronel: Que sea la última vez. Señoras, son como chiquilinas, me rascan las fotos, me
chupan las carpetas, y no me corresponde a mí en lo más mínimo decirles que se deben
comportar como hombres.
Hagen: No, no, mírenla un poco… se está reprogramando contra la pared…
33

Beatriz: (Desde afuera.) ¡No me estoy reprogramando, bestias! ¡Estoy en shock, lo que
me hicieron sufrir! Son capaces de hacer llorar a una plancha.
Coronel: (A todos.) Ni un comentario.
Beatriz: (Vuelve, radiante.) ¿En qué estábamos? ¿Alguien quiere una pastilla
interminable?
Hagen: Adiós. (Va a salir, pero el Coronel lo detiene.)
Coronel: Hagen, usted se lo buscó. Voy a buscar a María Martha. (Sale.)
Julia: Coronel, deje a su hermana en paz. No nos amenace. Y no llore, Claus, no es con
usted.
Claus: Siempre es conmigo, ¿con quién va a ser? ¿Quién filma estas cosas? ¿Y para
qué? Digo para explicarme: tengo una urticaria, por las sábanas, los almohadones con
ácaros, los almohadones del ferry… una alergia que… pica… y… puede haber sido que
a lo mejor me rascaba… con el vapor, ¿no?, que distorsiona…
Julia: El vapor, sí. Creyeron que nuestras diferencias iban a poder sumarse. Pero
también se restan.
Hagen: ¡No me hablen de sumar y restar, no me provoquen! (Se va.)
Beatriz: Yo mostré desde el vamos la mejor predisposición. Yo soy una mujer
netamente práctica y veo la ventaja a una milla de distancia.
Julia: (Se angustia.) ¿Vos te ves a vos misma como una mujer netamente práctica?
Beatriz: Sí. ¿Te doy un ejemplo? Voy a hacer un trámite, por ejemplo. Llego, veo la
cola de gente, y saco número. ¿Saco un número para mí? No. Saco dos. O tres. ¿Para
qué, me dirás? Si tener el 90 o tener el 91 da lo mismo. No, no. Yo vi la ventaja. Me
quedo con el 90, me guardo el 91. ¿Y qué pasa?
Julia: ¿Qué?
Beatriz: El tiempo, pasa.
Julia: No, eso es un mito.
Beatriz: La cola sigue creciendo. Y a la media hora, el talonario va por el número 200.
¿Qué tengo yo en mis manos? ¡Un tesoro!
Julia la mira como si tuviera ante sí a un cabrito descarriado.
Beatriz: De pronto soy útil. Al entrar era una estúpida, una que tenía que esperar dos
horas parada, sin ninguna gracia. Entraste, te tocó el 200, me acerco sin decir nada, te
examino con la mirada, y si me gustás como persona te doy el 91. De pronto soy una
diosa, para vos. Tengo la cara de la suerte. ¿Ves? Vi la ventaja, cuando otras sólo
hubieran visto dos horas de cola. Invertí en tiempo.
Julia: Pero vos hacés las dos horas de cola.
Beatriz: Sí, es inevitable.
Julia: No, me perdí.
Hagen: (Regresa, un poco asustado.) Viene María Martha.
Ingresa María Martha, hermana del Coronel. Es una monja ofensivamente masculina y
de pésimo carácter. Bah, es el Coronel, mal disfrazado de monja.
María Martha: (A Beatriz.) Me dicen que se va, Hagen.
Beatriz: Yo no soy.
María Martha: ¿Quién se quiere ir de acá? (A Hagen.) ¿Usted? (Hagen no contesta.)
Lo tienta irse… No me venga a hablar a mí de tentación, he conocido a fondo los
catorce pecados. Vamos a razonar, Hagen.
Hagen: Hermana, ni lo intente.
María Martha: No hable con tanta prepotencia. ¿Quiere saber lo que le pasó al pastor
que creía gobernar la luna? Un pastor en Antioquía observaba el cielo, y descubrió que
podía prever el amanecer y el ocaso. Se regía por éstos para alimentar a sus cochinos.
Los guardaba por las noches, los soltaba con el día. Y funcionaba. Entonces el pastor
34

creyó que conocía el secreto del tiempo, y se sintió dios. Noche, día, noche, día, y
punto. No había secretos para él. “¿Qué haré con mis cochinos cuando caiga la noche?”,
se preguntaba. “Los guardaré en su cochinal”. “¿Qué haré con ellos cuando amanezca?
Los sacaré a que se solacen”. Sólo él y sus cochinos, mientras que a unas pocas millas
de allí un molinero mezclaba en cambio los misterios de la harina y la levadura, un
herrero se aventuraba con el fuego y hacía prosperar la industria, un navegante se
arrojaba al mar de la duda y descubría cosas allende los mares. El pastor, obcecado en
su vacua omnipotencia, en control de su fofa habilidad, crió cochinos felices, y gorditos.
Pero nunca conoció el pan levado por el misterio de los hornos, ni adornó a su mujer de
joyas fraguadas azarosamente bajo el fuego enloquecido, ni visitó las tierras lejanas
donde reina la alegría. ¿Quién puede creerse igual a dios por tener veinte cochinos
felices, con olor a mierda? Sólo un idiota. (A todos.) Por fin nos vemos las caras. Pasé
una mañana horrible, gástricamente hablando. Pero se me precisa, y aquí estoy,
levantadita. Y a usted, Hagen, se lo necesita aquí.
Julia: Mire, hermana, ponemos todo nuestro oficio. Pero no sirve de gran cosa.
Hagen: Somos humanas, y tiramos los dados. El resultado puede ser azaroso, pero será
siempre humano. Un dado tiene caras de 1 al 6: nunca nos saldrá un 7.
María Martha: Arriesguen. Tengan fe. No se queden en el conformismo de los veinte
cochinos. Aventúrense, como el herrero con el fuego loco, que desconoce la forma final
de la joya.
Julia: No podemos complacer una mirada que carece de ojos.
María Martha: Oh, sí podemos. La pregunta es: ¿qué vamos a aportar nosotras a las
culturas del cosmos?... Yo se los voy a decir: ¡ají molido! Eso vamos a aportar.
(Silencio.) Las especias, la ruta de Vasco da Gama, de Colón. Eso es lo que vamos a
aportar.
Claus: No la entendemos.
María Martha: Porque me salto varios razonamientos. Todo un mundo descubierto por
las especias, quiero decir. Se quería llegar a las Indias por las especias, el sésamo…
¿Era necesario lanzarse al océano en tres cáscaras de nuez? ¿No se podía intentar
plantar ají en Extremadura? ¿Curry en Valencia?
Claus: Ahí está. No, porque no crece.
María Martha: ¡Muy bien, Claus! Usted debe ser Claus. No: no crece ají en
Extremadura, no crece curry en Valencia, de la misma manera que parece que en el
universo no crece la ficción a la vera del camino… Y no sirve para nada, pero es rica,
muy rica. La fe -¡ah, granito de arena!- hizo aparecer un mundo. ¿Recuerdan la
Historia?
Julia: ¿Qué historia?
María Martha: No, “la” historia. La Historia. Era una forma de explicar las cosas que
después entró en desuso. ¿Pero la Historia qué nos decía? Que América aparece, y es lo
que es, por las especias. ¡Lanzaos, las especias son la tonta excusa para descubrir el
mundo! Tire los dados, Hagen. Usted puede sacar un siete.
Pausa.
Julia: Me temo que en un mundo en el que dios no se manifiesta, ni la Historia
tampoco, las cosas no funcionan así. ¿A quién tenemos que complacer? ¿Tienen patas
estas inteligencias?
María Martha: Mire dentro de su corazón.
Julia: ¡Genial! ¿A qué orden pertenece usted?
María Martha: ¿Orden? (Se sonríe, irónica.) Cada uno de ustedes está aquí por
motivos muy claros. Hay un plan para cada una.
Hagen: ¡Eso! ¡Dígannos cuál!
35

María Martha: ¡No! Miren al pastor y sus cochinos: conocer el plan no le sirvió de
nada. Lo limitó en vez de darle alas. Lo acochinó. Y la Historia sí se manifiesta. Mire lo
que le digo: las españolas tenían un mapa. Su plan de mundo. Si se atenían a él,
América no aparecía. ¡Dios no da instrucciones!
Hagen: Eso es falaz: América no apareció, ¡América ya estaba! ¿De qué habla, qué es
la fe?
Julia: ¿A qué hora sale el próximo ferry?
María Martha: ¡Confíen en lo que no se ve, tercas! El molino, a diez leguas del pastor,
estaba fuera de su visión. ¡Pero estaba! ¡Y era molino!
Julia: ¡Parábolas!
María Martha: ¡No insulte así al destino!
Julia: ¿Destino? ¿Mi destino era estar aquí?
María Martha: ¿No cree que es mejor no saberlo? ¿Y ponerse a hacer su trabajo?
Julia: Perfecto, pero para que nos entendamos. (Saca la planta de debajo de la mesa.)
¡Esto duró 253 temporadas!
Silencio.
Claus: La planta.
Julia: Sí. La planta. 253 temporadas mirando esto. Usted me pide que construya una
ficción como ésta… parecida a ésta, pero no sabemos qué es lo que hay que cambiarle.
¿Alguien quiere explicarme ahora mi trabajo?
María Martha: Nadie dijo que iba a ser fácil. Pero usted, Julia, es Jefa de Brigada.
Claus, Hagen y Beatriz dan una exclamación de respetuosa admiración.
Julia: ¿Ah, sí?
María Martha: Sí.
Julia: Brigada, ¿juntamos nuestras bombachas y vamos? (Se disponen a salir.)
María Martha: ¡Señoras! Tengo amplios poderes conferidos por Operaciones
Especiales para convencerlas de que se queden.
Julia: ¿Primero nos adoctrina en la fe, ahora nos amenaza?
María Martha: Todo lo contrario. Les ofrezco una recompensa.
Hagen: ¿Qué recompensa?
María Martha le da a Hagen un juguete que saca de una canastita que lleva del brazo.
Un juguete magnífico. Un flipper ruidoso. Hagen lo acepta boquiabierto y emocionado.
María Martha: Chitón. ¿Alguien quiere algo más?
Julia: Yo quiero esa muñeca rubia, esbelta, con trencitas, que vive en un rancho y…
María Martha: Usted quiere la Barbie Ranchera. Ya se la busco. ¿Y usted?
Claus: Yo… yo estoy bien así… Si se me antoja algo… yo… más tarde…
Julia: ¿Te quedás, Hagen?
Hagen: ¿Cómo no me voy a quedar?
María Martha: Tome. A ver si le gusta. (Le da a Julia su juguete, y a Claus le ofrece
también alguna cosita: unas maracas.) Acá tiene, usted también, por si después se
arrepiente.
Julia: (Queda un momento anonadada, no cabe en sí de alegría.) Hay cosas… tan
hermosas… que… Permiso. (Sale corriendo, emocionada, a guardar su juguete.)
María Martha: Ahora pasemos a lo otro. Esta cuestión de Beatriz.
Beatriz: ¿Va a hablar con los padres de Ludmila?
María Martha: Sí, vaya tranquila. ¿Me lleva la canasta, Beatriz? (Beatriz se va. A
Claus y Hagen.) A trabajar. Hay un mapa mayor, que contiene América, y que no
conocemos. Pero está. Dios ha puesto ahí cada cosa y luego ha borrado los contornos.
Hagen: ¿Pero por qué nosotras? ¿Y por qué ahora?
36

María Martha: No lo sé. Pero lo vamos a descubrir juntas. Veamos. Quiero ir directo a
sus corazones. ¿Qué han estado haciendo últimamente de sus vidas? (A Hagen.) ¿Usted?
Hagen: Nada. A ver. ¿Qué hice? Bueno, dediqué la vida a analizar las… (repara en
Claus, y cambia de palabra) cosas.
María Martha: ¿Qué cosas?
Hagen: (Mira a Claus, que se ha puesto súbitamente muy alerta.) Prefiero no hablar.
Claus: ¿Las cosas… que yo…?
María Martha: ¿Qué son?
Hagen: Unas muestras… extraídas del tiempo gamma… que trajo el Pampero.
Claus: Que traje yo. (Muestra un presunto golpe en la cabeza.) Miren.
Hagen: ¿Ven? Ahí empieza de nuevo.
Claus: ¡Un golpe que a cualquier de ustedes los hubiera desnucado! Aterrizo en tiempo
gamma, contento, digo “al fin, poner pie acá, donde no hay huella humana”, ¡zack!, un
golpe increíble, con vaya a saber uno qué… ¡Un golpe destinado a ser mortal! Pero no,
sobrevivo… despierto más tarde, y me han dejado unas piedritas… unos…
Hagen: Técnicamente lo llamamos el Sefaratón.
Claus: Sí, unas… como bolitas, unas muestras, lo único que había. Las recojo, por
curiosidad me las guardo en la fiambrera, a falta de otra cosa, vuelvo a casa con lo
puesto, poco menos que lo puesto, la tripulación muerta…
María Martha: Tráigalo.
Claus: ¡No lo traigan, no!
Hagen: Tranquilo, Claus. Es inofensivo.
Claus: (Muestra el golpe.) Inofensivo. Un tipo de otra contextura estaría ahora muerto y
con las fosas nasales llenas de polvo cósmico. ¡Yo no puedo… si lo van a traer…!
(Sale corriendo.)
Hagen: En fin… Una tragedia, lo del Pampero. Se acordará. El proyecto se desmonta.
El ejército se reparte las cosas que quedan, algunas se reciclan, otras para qué… Pido
que me devuelvan la fiambrera, que la había diseñado yo, me encuentro adentro con las
muestras que guardó Claus, en fin…
María Martha: ¿Qué son?
Hagen: El ejército aseguraba entonces que era la clave de un arma de destrucción
masiva. Así que yo también. Lo analicé con cuidado. Y no era.
María Martha: ¿Pero qué era?
Hagen: ¿Qué era? Mh. Me es más fácil decirle qué no era. No era un arma, no era un
medio de transporte, no era ni animal, ni vegetal, ni mineral… En fin. Es un
pasatiempos, mi crucigrama...
María Martha: Quiero ver su muestra. No tenemos una inteligencia a mano, pero una
muestra bastará. Y que las tercas vean. Ahora muéstreme sus bolitas.
La Hermana sale. Hagen la sigue.
37

ESCENA 7: DESBARRANCO / NORUEGA


Beatriz vuelve a su bicicleta. Pedalea y proyecta. Un cabaret en el puerto de La
Guaira: El “Desbarranco”, más bien un minúsculo prostíbulo. Se escuchan sonar los
primeros acordes de un bolero grabado. Mirko El Lechuga es un travesti con acento
levemente húngaro. Hace melancólico playback sobre el bolero “Dormir en casa”, y
ensaya un baile con paraguas con sus socias: Zusanna y Mischi, travestis. Mischi tiene
la nariz penosamente vendada. Como suele ocurrir en estos casos, el show carece de
gracia. El glamour es sólo una convención.

Mirko El Lechuga:
Cuesta más dormir casa,
Contar las horas que nos separan, y no hacer nada.
Mientras afuera, presa en la noche,
Mientras afuera, fútil la noche, teje y desteje una infamia
Y me regala olor a otras
Que en la penumbra… no están…
Lázaro es espectador del ensayo. Acaba de levantarse. Lentamente, se va vistiendo. Se
abanica con la carpeta del caso Brenda. Bebe ginebra con azúcar, bebe lo que
encuentra mientras dura el hermoso, hermosísimo bolero. Mirko se harta de la torpeza
de sus amigas y detiene el ensayo.
Mirko El Lechuga: ¡No quiero los paraguas! Yo vine al Caribe a hacer algo con frutas.
Zusanna: ¡Así sí que nos vamos a luquear40, eh! No le pegaste a uno sólo de los coros,
maleta, patosa, tarúpida41.
Mischi: No estoy pa’ coros, yo. ¿No ves que aparezco y el público se jurunga42 el bulto?
Zusanna: Será algún jala bola43, un landro44 que no entiende nada de arte.
Mirko El Lechuga: ¿Vas a quedarte?
Lázaro: ¿Mh? ¿Voy a quedarme?
Mischi: Quédese, John Jairo. Si está enchavaísimo45. ¿Otra vez enpiernao46 con El
Lechuga?
Mirko El Lechuga: Te procuré más.
Mischi: (A Lázaro.) ¡Date con furia47, cascoblanco48!
Lázaro: Mh. Esto ya es una relación.
Mirko El Lechuga: No me importa cómo quieras llamarla. (Le da unos frasquitos,
metadona, drogas varias.)
Mischi: ¡Métame en el perolón49, paquirri50!
Mirko El Lechuga: Y ustedes no hagan zaperoco51 y vengan a rajar-caña52.

40
Venezolanismo: “llenarse de dinero”.
41
Venezolanismos: los tres significan “torpe”.
42
Venezolanismo: “tocar, palpar”.
43
Venezolanismo: “un adulador, individuo complaciente y sin personalidad”.
44
Venezolanismo: “un landro, o malandro: criminal de poca monta, consumidor de drogas o alcohol”.
45
Venezolanismo: “persona bajo el efecto de las drogas”.
46
Venezolanismo: “relacionado sexualmente”.
47
Venezolanismo: “expresión para incitar a alguien a hacer algo”.
48
Venezolanismo: “policía”.
49
Venezolanismo: “furgón policial, camión siempre muy deteriorado usado para redadas”.
50
Venezolanismo: “policía”.
51
Venezolanismo: “despelote, desorden”.
52
Venezolanismo: “beber con exceso”.
38

Zusanna: Ya voy como un pepazo53, que el policía no es pichirre54 a la hora de pagar


unas pasitas55. Sírvame un palo56.
Lázaro: ¡Tome, hombre!
Zusanna: Ay, se peló57, me llamó “hombre”, Mischi.
Lázaro: ¡Vengan pa’ acá, que hoy el guachimán paga!
Mischi: ¡Pero si el guachimán pingón58 está para pulir hebilla59! ¿Nos echamos un pie,
convive60? (Lo fuerza a bailar.)
Mirko El Lechuga: Lázaro, acá nos armamos un cacho61, que yo hoy no ensayo más.
Mischi: ¡Pero déjemelo, Mirko, a ver si me quiere hacer de esta cuca62 una cuchara63!
Lázaro: Gracias, Mirko.
Mirko El Lechuga: Llámame El Lechuga, como llaman todos.
Lázaro: No, gracias. Mejor no. ¿Qué le pasó a Mischi?
Mirko El Lechuga: Nada.
Zusanna: ¿Nada? Está desfigurada.
Mischi: ¡Cónchale, vale64! ¡A ver si te tragas el gargajo65 antes de hablar así de mí!
Zusanna: Mujer, que te dejaron la nariz vuelta verga66.
Mischi: Vuelta verga tendrás la pinga, eres un güevo-pelao67 pa’ decir güevonadas68.
¡No me hables gamelote69! ¡Mira si ésta no es bemba70 para darle una buena lata71! (Se
va, muy ofendida.)
Mirko El Lechuga: La operaba el doctor Naudi. Pero desapareció. Le dejaron todos los
puntos dentro. Fuimos a preguntar a la clínica, y nos dicen: “Acá no hay ningún doctor
Naudi, acá no se opera a maricos”.
Zusanna: Ese laboratorio es una fachada. Cirugía barata. Los Laboratorios Maracay.
Lázaro: Tranquilas. Conmigo están seguras. Seguros.
Mirko El Lechuga: ¿Ah, sí? ¿Está enhierrao72? (Insinuante.) No me siento nada seguro
con el guachimán en mi propia cama.
Lázaro: Ah, no, ¿no? (Parece recordar.) ¿Por qué? ¿Yo pasé la noche aquí?
Mirko El Lechuga: ¿No te acuerdas de nada, salvaje? (Saca una pluma.) Mira quién
está aquí. Cuchi, cuchi, cuchi. La pluma con la que nos divertimos tanto anoche. Te la
regalo.
Lázaro: (Está muy desorientado. Bebe.) Muchas gracias. (Guarda la pluma en la
carpeta de Brenda, y se queda observándola un rato.)
Mirko El Lechuga: ¿Qué hay? ¿Qué es eso?
53
Venezolanismo: “una bala”.
54
Venezolanismo: “tacaño”.
55
Venezolanismo: “licor de cambur”.
56
Venezolanismo: “vaso o medida de bebida alcohólica”.
57
Venezolanismo: “se equivocó”.
58
Venezolanismo: “bien dotado”.
59
Venezolanismo: “bailar muy pegados”.
60
Venezolanismo: “amigo”.
61
Venezolanismo: “porción de marihuana lista para ser consumida”.
62
Venezolanismo: “órgano sexual femenino”.
63
Venezolanismo: “órgano sexual femenino, sobre todo cuando se come de él”.
64
Venezolanismo: “expresión irremediablemente venezolana, no quiere decir nada”.
65
Venezolanismo: “la saliva”.
66
Venezolanismo: “destrozada”.
67
Venezolanismo: “experto”.
68
Venezolanismo: “estupideces”.
69
Venezolanismo: “hablar en vano”.
70
Venezolanismo: “boca”.
71
Venezolanismo: “beso de lengua”.
72
Venezolanismo: “armado”.
39

Lázaro: No sé. Tengo una vaga idea… Sí, yo tenía que archivarlo. ¡Lo olvidé! Ya ves.
Ni para esto sirvo. Me han quitado la placa.
Mirko El Lechuga: ¿Por eso vienes aquí? ¿Qué soy yo para ti, tu fracaso?
Lázaro: No lo sé. ¿Importa? (Lee el archivo.)
Mirko El Lechuga: Mh. ¿Brenda?
Lázaro: (Encuentra algo que le llama la atención.) Espera, espera. ¿Cómo me has
dicho que se llamaba el cirujano ése?
Mirko El Lechuga: El Doctor Naudi. ¿Por qué? ¿Vas a irte?
Lázaro: Tal vez tenga un caso. Un caso mal cerrado. Puedo volver a la central y
archivar esto. Pero también podría hacer que me regresaran mi placa. No será fácil hacer
méritos en Archivo. ¿Te sientes mal?
Mirko El Lechuga: No. Tengo que vomitar lo que comí a las ocho. ¿Vamos?
Lázaro: No. Yo ya vomité. ¿Sabes qué es exactamente lo que me pasa?
Mirko El Lechuga: No tengo idea. Yo tengo una figura que mantener. Es mi negocio.
Mi figura. Y mi encanto. Dios bendito, ¡qué greñas! Tengo que hacerme peluquear. Y
quiero que conozcas a Astrid, mi peluquera. ¿Qué ocurre?
Lázaro se agarra nuevamente la cabeza. El mundo da vueltas a su alrededor. El
prostíbulo desaparece.
Cuando vuelve en sí, el Doctor Barragán está frente a él. Esconde la mano faltante, el
muñón, en un bolsillo del guardapolvos.

Barragán: Así que el departamento de cirugía del Laboratorio Maracay se cerró hace
tiempo. Era un emprendimiento del Doctor Naudi, y sin él... ¿Se siente bien?
Lázaro: ¿Hace mucho que estamos hablando?
Barragán: ¿Perdón?
Lázaro: Nada, nada. Lo siento. ¿El Doctor Naudi, me dice?
Barragán: Sí. Pero él decidió terminar. E irse.
Lázaro: Y sigue desaparecido.
Barragán: Bueno, esperaba que eso me lo dijera usted.
Lázaro: ¿Ah, sí? Porque entiendo que eso es lo que le dijeron a uno de sus pacientes.
Barragán: Mh. Veo que conoce el bajomundo.
Lázaro: Es mi trabajo. Es mi chamba73.
Barragán: Naudi usaba estas instalaciones y los quirófanos para ganarse un dinero
extra. Los transexuales jugaban marullo74, esto era un bululú75 de plumas, imposible
dejar pasar la oportunidad. Operaciones sencillas, por otra parte. (Le muestra una
cajita.) Si le hacen falta un par de bolas extra. Aquí quedaron un montón.
Lázaro: No, guárdese esa vaina76.
Barragán: Igualmente, nada que pueda considerarse un delito, comisario. Pero ahora
cambiamos de ramo. No más cirugía estética. Sólo hemodiálisis, investigación,
docencia. En fin… Lo digo por si ha venido a matraquearme77.
Lázaro: No.
Barragán: Ah. Disculpe. ¿Por qué se reabrió el caso, comisario? ¿Alguna pista nueva?
Lázaro: No. No se reabrió. Digamos que estoy revisando algunas incongruencias de
archivo.
Barragán: Ah. No es un policía-policía.
Lázaro: No. Supongo que no.
73
Venezolanismo: “trabajo”.
74
Venezolanismo: “abundaban”.
75
Venezolanismo: “aglomeración, tumulto”.
76
Venezolanismo: “objeto o utensilio de cualquier índole”.
77
Venezolanismo: “sobornarme”.
40

Barragán: Es como un secretario… discapacitado. Esto es… ¿burocracia?


Lázaro: Sí, claro. Esto es burocracia. ¿Así que tanto usted como el Dr. Naudi son
cirujanos?
Barragán: Sí. Y era un gran colega.
Lázaro: ¿“Era”? Nadie ha dicho que estuviera muerto.
Barragán: ¿Ah, no? (Saca sin querer las manos de los bolsillos.) Mucho mejor, así.
Lázaro: Cónchale, ¿qué le pasó en la mano?
Barragán: ¿A quién?
Lázaro: A usted. (Barragán no contesta.) Está mocha.
Barragán: Oh. Un accidente. Jugando béisbol.
Lázaro: Entiendo. (Ve restos de acrílico roto.) ¿Qué es esto?
Barragán: ¿Qué? ¿Alguna pista?
Lázaro: No lo sé. Parece… es un material que… Aquí se rompió algo. Puede haber
habido una pelea…
Barragán: No lo creo. En todo caso, no hay mucha evidencia, ¿no?
Lázaro: Justamente. Si ha habido jaleo, alguien trató de borrar la evidencia. Y cerrar el
departamento. ¿Le molesta si llevo una muestra de esto?
Barragán: No, adelante.
Ingresan Julia y el Coronel.
Julia: ¿Para qué me quiere llevar a revisar unas piedritas? Además yo ya avisé que
después del almuerzo yo tenía una actividad.
Coronel: ¿Qué almuerzo! ¡Se acaba el mundo, Julia!
Julia: Yo necesito una horita para mí.
Coronel: ¿Qué es? ¿Un tema médico?
Julia: No, es una conferencia. Que me invitaron. En Noruega.
Coronel: ¿Cómo se va a ir a Noruega, Julia?
Julia: No, no, yo me escaneo en la pieza. Ni me maquillo. Me escaneo y estoy con
ustedes.
Coronel: ¡De ninguna manera, Julia! (Salen Julia y el Coronel.)

Beatriz: Ah, Noruega. Yo conocí un


camionero, de Trondheim, que si lo
hubiera atendido ahora estaría allá.
Lázaro: ¿Me deja ese bolso?
Barragán: Claro. (Le da un bolso
turquesa.)
Lázaro: ¿Qué le pasó en la mano?
Barragán: Ya me lo preguntó.
Qué lindo, la nieve,
Lázaro: Ah. ¿Y qué me dijo?
Barragán: Un accidente.
los patines…
Con unos patines.
Lázaro: ¿Patines?
De hielo. Barragán: De hielo…
Lázaro: ¿Aquí en el Caribe?
No. En Noruega. Barragán: No. En Noruega.
Durante un congreso.
De Trondheim, era. El camionero.
41

Lázaro: ¿Trondheim?
Barragán: ¿Perdón?
Lázaro: ¿Eh? ¿Perdió la mano en Trondheim, en Noruega?
Barragán: Ah, no. No fue en Trond…
Lázaro: ¿Dónde fue?
Barragán: ¿Cómo?
Lázaro: ¿Dónde?
Barragán: Usted me está preguntando… en qué otra ciudad de Noruega… yo… otra
ciudad de Noruega que no sea Trod… Trond… Igual, es todo burocracia y papeleo…
Lázaro: ¿En Gotemburgo?
Barragán: Claro…
Lázaro: Mh. Entonces fue en Suecia.
Barragán: No. No.
Lázaro: Porque Gotemburgo es en la costa oeste de Suecia
Barragán: ¿La costa oeste? Ah, ya entiendo. Es una pregunta tramposa, y usted se me
está haciendo el Willy May78 a ver si caigo. Suecia no tiene costa oeste, comisario. La
costa oeste de Suecia se llama Noruega, ja, ja.
Lázaro: Mh. ¿Dónde fue?
Barragán: En… Oslo. En Oslo, fue. Un congreso… Liposucciones en tejidos de riesgo.
Oslo. La capital.
Lázaro: La capital… de la liposucción…
Barragán: (Superpuesto.) …de Noruega.

Julia: (Ingresa, muy angustiada.) Ni me hables de Noruega, Beatriz, no me pude ni


escanear.

Lázaro: Lo siento mucho. La mano. ¿Le dice algo el nombre Brenda?


Barragán: Nada
Lázaro: ¿Ninguna paciente… ninguna consulta? ¿Brenda?
Barragán: No, me acordaría.
Lázaro: Claro. ¿Puedo ver al director, ahora?
Barragán: Por supuesto, sígame por aquí, él lo espera en su despacho… Por aquí…

78
Venezolanismo: “hacerse el tonto sin serlo”.
42

ESCENA 8: SEFARATÓN

Hagen: (Trayendo el bolso turquesa con los pedazos de acrílico, los mismos que
Lázaro recogiera del Laboratorio.) Acá está.
Coronel: Ahora Hagen nos va a explicar cómo funciona el Sefaratón.
Hagen: Ah, yo no sé.
Coronel: ¡Ya sé!
Hagen: (Pausa.) No me van a entender.
Beatriz: Ay, Hagen.
Coronel: Déjelo. Está hablando él.
Hagen: Yo… Busco similitudes, repeticiones, vínculos… No soy un psicópata. Lo
arrojo al azar. Caen. Relaciono fragmentos. Anoto cosas…
Coronel: Perfecto. Léame una copia.
Hagen: ¿Una copia? Para que nos entendamos, Coronel. Lea del original. (Hagen abre
la bolsa, y su contenido se derrama por el suelo. Son un centenar de pirámides
diminutas de base triangular, de diversos colores, una especie de mecano desarticulado
y misterioso. Naturalmente, se trata de los pedacitos de acrílico que hemos visto
previamente en el Laboratorio.)
Coronel: ¿Y?
Hagen: Cada vez que lo arrojo, éste tiende a quedar sospechosamente cerca de éste.
Julia: ¿Siempre?
Hagen: Un 52% de las veces.
Julia: (Muy acongojada.) Eso no es siempre.
Hagen: ¡Un poco más de la mitad de las veces ya significa algo para mí!
Coronel: Julia, si no va a poder colaborar le pido que se vaya a darle de comer a la
Barbie Ranchera. (Extrañamente, Julia lo hace, y queda a un costado.) ¿Pero qué es lo
que anota?
Hagen: Los voy nomenclando.
Beatriz: ¿Éste cómo se llama?
Hagen: Unidad Sefaradítica Primaria ab247.
Beatriz: ¿Y éste?
Hagen: Ésta es la Unidad um339.
Coronel: Pero, ¿es divertido? ¿Les pone nombre y ya está?
Hagen: No es “nombre”. El número sintetiza… la relación… la capacidad de éste de
caer cerca de éste… una cantidad equis de veces… ¡La experiencia del amor a las
matemáticas es intransferible!
Coronel: Pero, ¿cómo funciona?
Julia: ¿Por qué pregunta cómo funciona? ¿No es más lícito preguntar primero qué es?
Beatriz: Es como una ruina, como una pirámide, como un papiro antiguo, sólo que esta
vez viene del futuro, qué paradoja.
Julia: ¡Eso es! Papiro. (Silencio general.) ¿Qué se hace con un papiro? Se lo lee. Esto
se lee. Ya veremos cómo. Vamos a asumir que el Sefaratón, que no es un arma de
destrucción masiva, que no es un medio de transporte…
Hagen: Suponemos…
Julia: Que no es un sistema de riego, que no es un misil… ¿es… qué?
Claus: Un maldito… ¿adorno?
Julia: Tibio, tibio.
Claus: ¿Decoración?
Julia: Parecido.
Claus: ¿Adorno? ¿Decoración? ¿Adorno?
43

Julia: ¡Literatura! Vamos a asumir que el Sefaratón es su literatura.


Hagen: ¿Sólo porque no es ni arma, ni riego, ni misil? ¿Eso es la literatura? Jamás se
me hubiera ocurrido.
Claus: ¿Por qué habrían de golpearme estas inteligencias con su literatura y después
dejármela tirada al lado?
Beatriz: Bueno, Claus, todas tenemos problemas personales, yo ni hablo de lo que estoy
pasando con Esteban… Pero ahora leamos sus clásicos, y démosles lo que piden.
Julia: Hagen, escuchame con cuidado. Miralo. (Hagen lo hace.) Miralo de nuevo.
(Hagen lo hace.) ¿No existe la posibilidad…?
Hagen: No.
Julia: ¿…de que tus Unidades…?
Hagen: Sefaradíticas…
Julia: Eso… sean…
Claus: ¡Decoración!
Julia: Un modelo… de obra literaria… monumental… inteligente… Mirá. Si éste, en
vez de llamarse…
Hagen: Cf 224.
Julia: Eso… se llamara… mh, no sé… “pelo”, ¿cómo se llamarían estos dos?
Hagen: (Pausa.) “Peluquería” y “tijera”.
Julia: ¿Estás seguro?
Hagen: Segurísimo. ¿Quieren decimales?
Coronel: Esperen, están yendo demasiado rápido. (Pausa. Agarra un puñado de
fragmentos. Se los muestra a Hagen.) A ver… ¿Qué dice acá?
Hagen: Mh. ¿Sabe lo que le pasó a Champolion? Beatriz, ¿tiene a Champolion?
Beatriz: Claro, Champolion, en Egipto. Una eternidad tratando de descifrar los
jeroglíficos, pero todos fracasaban.
Coronel: ¿Por qué?
Beatriz: Porque veían dibujitos, y creían que el dibujito era claro. Por ejemplo: el
cocodrilo representaba al Nilo; el cuervo, al sacerdote.
Hagen: Cuervo seguido de cocodrilo: “El sacerdote está en el río”.
Beatriz: Y todo lo leían así.
Hagen: Pero a veces funcionaba, y a veces no. Y dudaban del diccionario, a lo mejor el
cocodrilo no siempre era el Nilo, a lo mejor el cocodrilo no era el cocodrilo, sino sólo el
diente del cocodrilo, o la palabra “peligro”, o “inundación”. Una pesadilla. Hasta que
apareció el… cómo se llama…
Beatriz: …el Sefaratón de Roseta…
Hagen: …en una piedra caliza.
Beatriz: Y develó el misterio.
Coronel: ¿Cómo?
Hagen: La piedra tenía el mismo texto escrito en tres lenguas antiguas. Una de ellas era
el arameo, que le era conocido a Champolión. ¿Y las otras dos, qué eran?
Coronel: No sé.
Hagen: ¡Ahí está! Eran dos. Existían dos alfabetos, y no uno. Pero ambos usaban las
mismas letras, los mismos jeroglíficos.
Beatriz: Uno era gráfico, concreto: “cocodrilo” igual “Nilo”.
Hagen: Pero otro era sólo abreviativo, más abstracto: el cocodrilo significaba sólo la
“N”, la inicial de la palabra Nilo, “N”. El cuervo era la “O” de “sacerdote”, etc.
Coronel: Sacerdote no lleva ninguna “o”.
44

Hagen: ¿No? Es irrelevante. Probablemente en egipcio antiguo, sí. No querían decir


siempre: “¡Oh, mirad, el sacerdote está allí, en el río!”, sino simplemente la palabra
“no”.
Beatriz: Sólo dos ejes de signos combinados. Y fue un entuerto que duró una eternidad.
Coronel: ¿Y cuántos ejes… sefaramórficos… tiene acá… este… esta obra? ¿Unos
veinticinco, veintisiete?
Hagen: Hasta ahora he podido aislar veintiochomil cuatrocientas ocho posibilidades de
representación combinatoria –leguajes, bah-, pero sospecho que hay doce o trece más en
alguna parte. (Levanta algún triangulito, buscando ejemplificar.)
Julia: Empiezo a formular una tesis. Supongamos que estos seres, mucho antes del
Primer Contacto, se reunieran en unas especies de… salones… casales… más o menos
grandes, unos sitios con una especie de gradería… lo estoy viendo muy claro pero no sé
bien cómo explicarlo… (Da una descripción más o menos exacta del teatro donde se
realiza la representación.) Entarimado, cortinas, sitios desde donde mirar, ¿se entiende?
Y allí se daban cita, hace mucho, y arrojaban el Sefaratón de cualquier manera. Y lo
observaban. Cada acontecimiento de este tipo, cada tirada, cada observación, era única.
Y las combinatorias del Sefaratón parecían infinitas, garantizaban diversión eterna.
Hagen: Pero las inteligencias, en su evolución, en su avidez, anularon el infinito.
Julia: ¡Y el Sefaratón se les acabó!
Hagen: Lo combinaron todo, las muy glotonas.
Claus: Y ahora me lo dejan para que aprendamos cómo se hace.
Observan en silencio un largo rato.
Julia: ¡Es hermoso! Como tesis es hermosa.
Claus: Claro, si uno las mira así, no puede evitar pensar en otras cosas…
Beatriz: …y entretenerse como loco.
Coronel: ¡Es literatura, Julia! ¡Es!
Beatriz: ¡No puede no ser!
Julia: Así es que no teniendo ahora una inteligencia a mano, (al Coronel) si bien se la
hemos pedido infinidad de veces, vamos a contentarnos con esto. Lo que tenemos es
una literatura…
Hagen: ...o “sefaragenoma”…
Julia: …que se alimenta de las posibles valencias entre términos…
Hagen: ...“Unidades Sefaradíticas Sintaxiales”.
Julia: USS. Es decir, una literatura que se redujo a valores de relaciones matemáticas.
Hagen: Sifrones.
Julia: Gracias, Hagen.
Le da un beso en la mejilla. Silencio.
Coronel: Pero usted tiene la certeza, ¿no, Hagen?
Hagen: Cuánto hacía que no escuchaba esa palabra.
Coronel: Perdonen, pero esto es demasiado para mí.
Julia: Hagen puede analizar los términos combinables… Y Claus podría elaborar los
elementos sensuales, sensibles, que orbitan en esas valencias. Los “sefarantes”, o
elementos narrativos perceptibles. (El Coronel no entiende.) Una chica va en una
bicicleta, se le cruza un pollo, lo esquiva, cae o no cae de la bici…
Hagen: Sefarantes. Vanidades.
Coronel: Sí, los nombres de las cosas están bien. Pero las cosas en sí...
Claus: Él nos da la estructura…
Hagen: Y él la carne…
Julia: Y yo armo relato.
Beatriz: Y yo… (Vacío.)
45

Coronel: (Observa a Claus y a Hagen.) ¿Pero ustedes dos entonces se… acoplan bien,
al final… necesitan trabajar juntos?
Claus: Sí.
Coronel: ¿Pero ustedes… son… pareja?
Claus: (Mira a Hagen, como no entendiendo la pregunta.) No. Sí.
Hagen: (Tampoco comprende.) Sí. No sé. ¿Qué quiere decir?
Coronel: No lo sé. Estoy un pelín cansado.
Beatriz: Ya ves, Claus. No fue casual. Te la dejaron a vos. Pero sabían que iba a llegar
a Hagen en la fiambrera. Y que Julia lo iba a volver a transformar en literatura. Este
grupo empieza a tener sentido, Coronel. Igual sigo sin saber qué hago yo en medio de
este embrollo, y con este asunto de Esteban que…
Hagen: Beatriz por favor, ¿puede entrar en modo diminuto?
Beatriz calla, confundida. Silencio general. Nadie se mueve.
Coronel: ¿Me muestran cómo funciona? Hagen, haga lo suyo.
Beatriz: De mil amores. Yo anoto.
Julia: Muy bien. ¿Leemos juntas, señoras? Tomate la pastilla, Claus.
Claus: Prefiero… no hacer esto.
Julia: Claus, es inofensivo…
Claus: ¡Todos dicen eso! ¡Que el tiempo gamma era inofensivo! ¡Que no iba a pasar
nada! ¿Alguna vez quemaste tergopol?
Hagen: ¿Telgopor?
Claus: ¡Tergopol!
Julia: Vamos a leer, nada más. (Claus duda.) Claus, vamos a leer juntas. Tomate la
pastilla. Estamos acá. (Claus lo hace, aún un poco inseguro.)
Hagen: Muy bien…un sefaratid sin introducción ni desenlace, lógicamente… Y al azar.
Como en los clásicos. (Levanta un triángulo.) Beatriz, hágame “a” por “f” por 124, use
en principio un “a” igual a uno, y un “f” con cualquier constante, y ahora multiplíquelo
por todos los números ordenados que respondan con enteros al factorial de 124.
Beatriz: Sí, lo tengo, da…
Hagen: No me lo diga, haga una cosa. ¿Lo quieren en castellano?
Coronel: (Lo deliberan.) Sí. En castellano.
Hagen: Numere las entradas. Y use el diccionario de la Real Academia Uruguaya.
Beatriz: Sí.
Hagen: Perfecto. El primer término que le dio debe ser “queso”, ¿no?
Beatriz: Claro, “queso”. Ah, pero hay más… “época moderna”. Sigue dándome
entradas…
Hagen: Claro, ya lo dije, son muchísimos lenguajes en simultáneo. Elijan.
Coronel: Pero, ¿y si elegimos mal?
Hagen: Es instinto.
Beatriz: Es “chorizo”, también. Y “manigueta” y algo fonéticamente parecido a la letra
“L”, con menos aire…
Hagen: Yo llego a calcular mentalmente los cinco o seis primeros… Todo depende de
con qué otro triangulito quede junto…
Julia: Muy bien, elijo uno. Época moderna.
Beatriz: Y esto otro es “anémona”.
Hagen: O “chinchorro”.
Beatriz: O “jugo de los guisos”. O “relación de cosas dispuestas en estrías”.
Hagen: O “fanático”. O “abanico”.
Beatriz: O el número ocho. O “las flores del ciruelo”…
46

Julia: No, no. Acotemos, elijamos. ¿“Relación en estrías”, Hagen? Muy bien.
(Haciendo alarde de su arbitrariedad.) “Pelo”.
Hagen: Perfecto. Encajan. “Época moderna” y “pelo”. ¿Quieren leer por aquí?
Coronel: ¿Y qué imagina, Hagen?
Hagen: (Ofendido.) Ah, no, perdón. Yo no vengo a imaginar nada, acá.
Claus: Lo veo, es legible. Casi lo veo como si fuera una de ellas. Época moderna,
miren: alguien intenta resolver un enigma… entra en una peluquería…
Beatriz: Claro, “pelo”.
Claus: …busca allí a una peluquera porque le han dicho que ella, Astrid, lo va a
ayudar… con algo que no sabemos qué es… Astrid tiene un asistente, también, muy
misterioso…
Hagen: ¿Vas a usar el queso?
Julia: ¿Cómo se llama?
Claus: Leroy. (A Hagen.) Voy a usar la L, ¿puedo?
Hagen: Claro, encajan. Queso o “L” es lo mismo.
Coronel: ¿Y cuál es el asunto, el problema?
Hagen: No. No hay.
Claus: Ah, no sé.
Coronel: ¿De qué se trata?
Hagen: No se trata.
Claus: No, yo no sé…
Julia: Déjelo que siga leyendo. (Le muestra un triangulito.) Hagen, ¿qué hay ahí?
Hagen: Es que ya les dije… miles de cosas…
Beatriz: “Lagarto lento”, “lagarto veloz”.
Hagen: “Brotes de plantas llenas de mugre o lodo o cacao”… “Trébol”…
Beatriz: “Motín”, “estructuras alineadas como palitos en la arena”, “cuadernos
contables”…
Hagen: “Cangrejo”…
Beatriz: “Poligamia”…
Julia: Eso, cuadernos, cuadernitos. Este tipo llega a la peluquería y lee los cuadernos…
¿Y qué ve en ellos? ¿Claus?
Claus: Yo, no sé… No estoy preparado para leer así, en el vacío…
Julia: Tomate otra.
Claus: Es que no…
Hagen: Nunca vieron una sobredosis, ¿no?
Coronel: ¿Sobredosis? Si esto fuera la solución, le aseguro que lo voy a obligar a
tomarse esa píldora, Claus. (Le apunta con su arma. Todos se asustan.)
Claus: Está bien, está bien… (traga otra píldora.) ¿Tenemos unos cuadernos? Los abre
con cuidado… y ve…
Julia: ¿Cuentas? ¿Resúmenes, movimientos?
Coronel: ¿Ese párrafo qué dice?
Hagen: Es una unidad sefaradítica, no es un párr… (El Coronel apunta ahora a Hagen,
éste se desespera y busca entre los acrílicos cercanos.) ¡Está bien! Tengo una
“licuadora”, unos “primos rezando”…
Beatriz: Es infinito, es como lo del Sacerdote y el Nilo.
Coronel: Articule, Julia, ¡articule todo!
Julia: Pero… si cada fragmento tiene infinitos significados… yo…
Hagen: ¡Articular todas las cosas del mundo es igualarse a Dios!
47

Coronel: Pero, ¿y las iniciales? ¿Articular sólo las iniciales no es hacer literatura? ¿No
fue lo que me explicaron antes? (Ahora toma a Julia de rehén y la apunta.) Siga
leyendo…
Julia: ¿Qué más hay?
Hagen: Unos pájaros, pajaritos de ésos que les limpian los dientes a los cocodrilos, un
tapón…
Beatriz: …tipo corcho…
Hagen: …unos naipes…
Claus: ¡Un naipe! El cuaderno esconde un naipe y cuando lo abren, cuando lo abren…
¡es la Hilandera! (Claus sufre un ataque epiléptico, no puede seguir.)
Coronel: ¡Siga, Claus, es una orden! (Vuelve a apuntar a Claus.)
Claus: ¡Estábamos entrenadas para todo! ¡Para todo! ¡Tan orgullosas, en nuestro
Pampero! ¡Pero el tiempo gamma es atroz! ¡Es una lima! ¡Raspa todo, consume! ¡Un
big bang pero al revés! Las cosas en vez de expandirse se contraen, veo desaparecer a
mis compañeras, succionadas, un ruido espantoso, como abejorros, y ¡zac! ¡Un golpe
tremendo! ¡Ay! (Cae, inconsciente.)
Coronel: ¿Está muerto? ¡Qué susto! Miren que el arma está descargada, ¿eh? Fue nada
más para… Fue para sacar lo mejor de cada uno. Perdonen. Es… es lo que sé hacer.
Beatriz, ¿anotó esto?
Beatriz: Sí. Peluquería. Enigma. (Proyecta en la pantalla la siguiente historia, ante la
incomodidad, el malestar y el desconcierto general. Julia y Hagen se encargan de
Claus, a quien arrastran fuera de escena. El Coronel sale tras ellos.)
48

ESCENA 9: PELUQUERÍA
Un salón de peluquería. Una clienta –Alexandra- está sentada bajo un secador. Astrid
es la peluquera. Lázaro entra y se detiene en la puerta.

Astrid: No lo esperaba tan pronto, comisario Lázaro Benegas.


Lázaro: No creo que nos conozcamos de antes.
Astrid: No. En teoría, nos conoceremos después.

Beatriz: ¿Ven? Peluquería, tijeras…

Astrid: ¿Mirko le pidió que viniera a verme? Pensé que su confianza en la ciencia de la
policía iba a durar un poco más.
Lázaro: Mi confianza no tiene apartaco fijo, señora Astrid.
Astrid: ¿Una arepa?
Lázaro: ¿Tiene huevo?
Astrid: Hay con chorizo carupanero, también. Y hay reina pepeada79.
Lázaro: ¡Una reina, pué!
Astrid: Sírvasela usted mismo.
Alexandra: No me jales el cabello. Y no me dejes mucho el agua oxigenada que me vas
a quemar toda, no me dejes bachaca80.
Astrid: Ya venías con las raíces bastante resecas. No crean que hago milagros.
Alexandra: No me platines. Lo único que te digo. Apenas unos brillos, como en el
catálogo de Miami.
Astrid: Apenas unos rayitos, claro que sí. (Lázaro abre un cajón, buscando su arepa, y
extrae un cuaderno.) Ah, ¿ya encontró el cuaderno, comisario?
Lázaro: ¿Y la arepita? Mh. ¿Debo leer?
Alexandra: Eso está en usted.
Lázaro: ¿Dónde leo?
Astrid: Eso también está en usted.
Lázaro: Son cuentas de la peluquería.
Astrid: Ah. Cuánto lo siento.
Lázaro: Mire… vine a verla solamente porque tengo un cangrejo81… y mi… amiga…
me insistió, pero no soy hombre de rodeos, si no tiene nada importante que decirme…
Astrid: ¿Importante? Eso no lo puedo saber yo.
Lázaro: ¿Le dice algo el nombre Brenda?
Astrid: Lo que yo pueda decirle sólo depende de lo que usted pueda escuchar, ¿no?
Lázaro: Vengo dispuesto a escuchar.
Astrid: ¿Por qué no se deja cortar el pelo, entonces? Es por cuenta de la casa.
Lázaro: Muy bien.
Astrid: ¡Leroy!
Lázaro: ¿Quiere jugar a esto? No hay güiro82.
Entra Leroy, un asistente de peluquería.
Astrid: Leroy, lávele la cabeza al señor, por favor.
Leroy: ¡Pero qué caldo de ojo! Siéntese aquí. Permítame su chaqueta.

79
Venezolanismo: “arepa rellena de aguacate y pollo”.
80
Venezolanismo: “persona de color con el pelo rojizo muy llamativo, producto de la cruza entre razas,
suele ser motivo de burla entre los suyos”.
81
Venezolanismo: “crimen sin resolver”.
82
Venezolanismo: “no hay problema”.
49

Durante un momento cada uno trabaja en lo suyo. Astrid trabaja en la cabeza de


Alexandra, Leroy prepara a Lázaro para un corte de pelo.
Alexandra: Me tocan la cabeza y me quedo dormida. No lo puedo evitar. Desde
chiquita.
Pausa. Toda la operación es completamente normal, y sin embargo esperamos
ansiosamente un acontecimiento mágico. Y pensamos seguramente en otras cosas,
mientras miramos.
Leroy: Relaje el cuello. Arrecochínese83. No le va a pasar nada.
Lázaro: Está bien.
Lázaro cierra los ojos y luego de un tiempo se duerme. Cuando esto ocurre, Alexandra
se levanta de su secador de pelo, cruza el salón, saca un cigarrillo del cajón y lo
enciende. El sueño de Lázaro. Un jardín chino. En el pasado. Chi-Tsu, su marido
Kwang y la Hilandera China. Los textos siguientes se dicen en chino, y aparecerán más
o menos subtitulados.

Chi-Tsu: Chi-Tsu:
Chūntiān lái líng. Vendrá la primavera.
Nǐ hái bù huì huí lái. Y aún no habrás regresado.
Kwang: Hé huì dài lái zhīmá. Hé sī. Kwang: El río traerá sésamo. Y seda.
Chi-Tsu: Hái huì dài lái wēixiăn. Chuán. Chi-Tsu: El mar trae el peligro. Barcos.
Zhànzhēng. La guerra.
Kwang: Wŏ bă wǒ de dìdi jiāo gěi nĭ Kwang: Te dejo al cuidado de mi
zhàogù. hermano.
Chi-Tsu: Hánlĕng de dōngtiān bù néng Chi-Tsu: El brusco invierno mal puede
zhàogù yánglĭ shù de huā. cuidar de las flores del ciruelo.
Kwang: Wŏ de dìdi duì nĭ hĕn zūnjìng. Kwang: Mi hermano te respeta. Volveré
Wŏ hěn kuài jiù huí lái. pronto.
Nĭ qù yuànzi, bá yī gēn sān yè căo, Ve al jardín, corta un trébol fresco, y
dĕngdài. espera.
Nĭ de sān yè căo hái méi yǒu hóng de Volveré antes de que sus tres hojas estén
shíhòu wǒ jiù yĭjīng huí lái le. rojas.
Chi-Tsu: Xǚnuò méi yǒu zhèngrén yǒu Chi-Tsu: ¿De qué sirve una promesa sin
shénme yòng ne? testigos?
Kwang: Zhè wèi zài zhī nǐ de zhuōbù de Kwang: Esta pobre hilandera que teje tu
qóng făngshā gōng shì wŏmen de mantel será nuestro testigo.
zhèngrén. La Hilandera hace una reverencia,
aceptando el pacto.
Chi-Tsu: Wŏ bù yào kàn nĭ zŏu. Chi-Tsu: No quiero verte partir.

Kwang se va. Cuando Lázaro abre los ojos, está nuevamente en la peluquería. La
conversación está en un punto muy ameno.
Alexandra: Uno por uno se le fueron muriendo todos los primos. Pobre. Ahora las
prohibieron, esas máquinas, pero en los cincuentas, los sesentas, los médicos creían que
una sesión semanal de rayos favorecía el crecimiento de los huesos. Cáncer de cerebro,
todos los sobrinos, y eso que les había cogido amapuche84. Los fue matando uno por
uno. El tipo estaba cagao’e Zamuro85. ¿Tú crees que se les ocurrió pensar si no habría

83
Venezolanismo: “recuéstese cómodamente”.
84
Venezolanismo: “cariño”.
85
Venezolanismo: “afectado por la mala suerte”.
50

alguna relación entre la enfermedad y las sesiones de rayos a las que sometió a toda la
familia? No. Lo adjudicaron a cualquier cosa. Chimbo todo86. Después se supo, claro,
que la radiación no sólo no favorecía el crecimiento sino que además dejaba secuelas
incurables. Por eso le digo yo, señor John Jairo: cuidado, no vaya a ser que ahora con
esto de los teléfonos móviles pase lo mismo. ¿Qué sabemos qué le hacen al cerebro las
ondas de las conversaciones?
Lázaro: Perdón. Me dormí.
Astrid: ¿Y qué tal?
Lázaro: ¿El corte?
Astrid: El corte está bien. Le pregunto si vio lo que necesitaba ver.
Lázaro: No lo sé.
Astrid: Lea en el cuaderno, quizás ya esté listo.
Lázaro: (Abre nuevamente el cuaderno.) Hay… un naipe. De tarot. ¿Es suyo?
Astrid: ¿Mío? Depende. Es la Hilandera China, ¿verdad?
Leroy: Mh. Qué rica es. ¡Tan querida! La que teje los destinos, y los enmaraña.
Alexandra: Yo no sé cómo hay gente que puede creer en semejantes cosas.
Astrid: No, yo tampoco.
Lázaro: ¿Qué significa la Hilandera?
Silencio conspirativo de todos.
Astrid: Veamos qué tenemos. Tres médicos asesinados. Unos travestis que saben algo.
Un laboratorio que niega todo. Un plan secreto del Estado Bolivariano, no me diga que
no. Archivos. Le sugieren que no toque nada. Yo empezaría a creer en un complot a
muy gran escala, ¿no?
Lázaro: ¿Cómo sabe todo esto? ¿Hablé mientras dormía? ¿Qué me hicieron? ¿Están de
jodienda87?
Astrid: Mh. Sólo leo en el naipe. La Hilandera China. Toda tela tiene un revés en el que
el dibujo del frente aparece distorsionado. Su dragón estampado bien puede ser una
plácida liebre plateada al dar vuelta la tela…
Leroy: Y qué veloz puede ser su liebre…
Astrid: Son cosas chinas.
Alexandra: Son cosas chinas.
Leroy: Son cosas chinas.
Astrid: Investigue, comisario. Pero no investigue en el presente, que borra las huellas
para usted.
Lázaro: ¿En el pasado, quiere decir?
Leroy: O en el futuro. Cualquier sitio es mejor que éste.
Alexandra: Ésa es una gran verdad, Leroy.
Astrid: Y éste es el final de nuestra cita. Ya está, Alexandra; vente pa’ atrás que Leroy
te peluquea. (Sale con Alexandra.)
Lázaro recoge el naipe.
Lázaro: Es que no hay ninguna relación entre una pista y otra. Esto no es investigar.
Leroy: No. Es pasar el tiempo. Fluya con él. Y lea del cuaderno.
Lázaro: ¡Es que son cuentas!
Leroy: Mh. Una cuenta es un código. Un código sirve para decir muchas cosas, pero sin
las cosas, ¿entiende? Lea de nuevo. Lea todo de nuevo, todo el tiempo. Porque las cosas
se mueven, comisario. Yo mismo, me muevo. Míreme. (Se va.)

ESCENA 10: LA LISTA


86
Venezolanismo: “todo mal”.
87
Venezolanismo: “burlarse de alguien en forma continuada”.
51

Coronel: El tiempo apremia, Beatriz. Conéctese de una vez.


Beatriz: Pero...
Coronel: Conéctese. Nos estamos perdiendo la apertura. (Llegan Claus, Julia y
Hagen.) ¿Dónde estaban?
Hagen: Acá, atrás de esta cortinita.
Coronel: Está ocurriendo. Se han manifestado.
Claus: ¿Las inteligencias?
Coronel: Bueno, no sé. Estamos en teleconferencia.
Claus: ¿Con ellas?
Coronel: Con nosotras. Con todas. Los otros grupos de trabajo, del mundo. Beatriz, por
favor, ¿qué dicen? ¿No puede amplificar?
Beatriz: ¿Amplificar? ¿Pero qué se creen que soy yo?
Julia: ¿Cómo? ¿Hay más grupos como éste?
Coronel: Como éste, lo dudo. Pero hay más grupos, sí. ¿Qué se pensaban? (Silencio.)
Ahora: las civiles son increíbles. Pueden imaginar una “Corporación cruel que les hace
creer a cada Brenda que es la única”… y luego no comprenden que…
Hagen: Una teleconferencia es materialmente imposible. La distancia es tanta que lo
que ellas escuchen nosotras ya deberíamos haberlo dicho hace veinte mil conejos. ¡Y yo
no dije nada, y ahora es tarde!
Claus: ¿Están usando un compresor gamma?
Coronel: No, no, están transmitiendo desde acá, desde Oslo.
Beatriz: Título: La lista.
Julia: ¿Qué lista?
Beatriz: La lista de las cinco reglas inteligentes, dicen.
Coronel: ¿Ya empezó? ¿No hubo apertura, himnos, discursos?
Beatriz: No sé. Llega todo con mucho delay. Dicen… Hola, hola, saludamos.
Todos saludan desprolija pero solemnemente.
Coronel: Buenas tardes… noches. Somos el grupo Piriápolis y… bueno, les doy las
coordenadas… aquí son las… (quiere leer la hora en su reloj) …uy, se paró.
Julia: Soy Julia Gay Morrison, Jefa de Brigada.
Beatriz: Shh. Parece ser que… en Palo Alto… California…
Julia: ¿Jennifer? ¿Estás ahí? ¿Sos jefa de brigada también, Jenny?
Beatriz: Operaciones Especiales ha intervenido a una inteligencia…
Julia: ¿Cómo están los chicos?
Coronel: ¡Shh, Julia!
Beatriz: Lo que en tanto tiempo no se pudo… Hay ruido… Ah, sí, una lista.
Hagen: ¡El secreto de mi Sefaratón! ¡Las instrucciones de uso!
Claus: Yo tengo una pregunta. ¿Dónde aprieto?
Beatriz: Decime que yo les cuento.
Claus: ¿Esta inteligencia se prestó por sí sola al interrogatorio?
Beatriz: En Missouri.
Julia: ¿Y cómo sabemos que no son pistas falsas, Jenny, proporcionadas por la
inteligencia bajo shock, o con premeditación y malicia?
Silencio de Beatriz. Escucha en silencio, asiente levemente.
Julia: ¿Quién la interrogó? A la inteligencia, en Missouri. ¿Quién la interrogó?
(Silencio.) Igual no era esto lo que quería preguntar…
Beatriz: Por eso. Hasta donde yo escuché, unos granjeros.
Silencio.
Julia: Ah.
52

Silencio.
Coronel: Bueno, ¿qué dicen? ¿Qué dijo?
Beatriz: Ah, sí, la lista. Dicen… unos ruidos… El pliegue… Las inteligencias suelen
pensar todas juntas y al mismo tiempo. Luego más ruidos…
Coronel: Hagen, fíjese si puede mejorar la transmisión.
Hagen: ¿Yo? Yo soy matemático. No creo en la física. Para lo que sirve...
Beatriz: No, no, dicen que como ellas piensan como un todo, el concepto de “yo” en las
narraciones… les es… un… no sé, dicen “pliegue”…
Claus: ¿Una arruga? ¿Una arruga anómala?
Beatriz: Pliegue… Atenta… al flujo… del pensamiento. Bueno, a lo que importa: regla
número uno: no aceptan protagónicos. Las inteligencias no reconocen personajes. No
comprenden el “yo”, sino sólo el “nosotras”. (Silencio.) Ahora preguntan desde Beirut.
El grupo de Beirut.
Hagen: ¿Raschid? ¿Hola?
Coronel: ¿Qué preguntan?
Beatriz: Preguntan si entonces les tienen que armar relatos de cosas que les pasen a
“todas al mismo tiempo”, y no a “alguien en un momento dado”.
Hagen: Ése es Raschid, con su Teoría de los Conjuntos Difusos que… después no
sirvió…
Claus: Beatriz, dame línea. (Hace sonar un timbre.) Hola, señoras, Beirut. Habla Claus,
acá, en Piriápolis. Claus, el de la tragedia del Pampero… Yo… ¿Qué pasa? ¿Hola?
¿Qué dije?
Beatriz: No sé, se ríen como locos. No, son ruidos, Claus.
Claus: ¿Hola? ¿Beirut? Miren, ya lo tengo: ¿la zafra?
Hagen: ¿Qué?
Coronel: Claus, no se mande a contestar solo sin consultar con las compañeras…
Claus: La zafra. Un relato. Todas juntando azúcar. A nadie le ocurre nada especial.
Punto.
Beatriz: Objeción. De Sydney. Dicen… del pliegue… Ahá…
Claus: ¿Qué es lo del pliegue?
Julia: Nos perdimos lo del pliegue.
Beatriz: Que… si no ocurre nada no saben si podemos hablar de relato. Cruje la caña,
zumban los moscos, pero, ¿relato?
Claus: ¡El incendio! Se quema un edificio. Mueren todas. No se salva nadie. Punto.
Beatriz: Aceptaron el ejemplo. Girona felicita. Pasamos a la regla número dos.
Hagen: ¿Beirut se retira?
Beatriz: Sí.
Hagen y Julia hacen algún tipo de festejo deportivo.
Beatriz: Número dos. No aceptan estilo. (No dice nada más. Pausa.)
Hagen: ¿Pueden ser más precisas?
Beatriz: Cómo no. Estilo.
Hagen: ¿Más?
Beatriz: Dicen… que cuando las inteligencias ven que una cosa se parece a otra, por
cercanía o afinidad… se aburren inmediatamente.
Julia: Entonces vamos mal; nuestro incendio tiene estilo: la catástrofe. Claus, hay que
desarticularlo un poco.
Hagen: Beatriz, trate de ganarnos un poco de tiempo.
Beatriz: ¿Pregunto cualquier cosa?
Coronel: Sí, pero con cuidado.
53

Beatriz: ¿Girona? ¿Cómo está el clima, allá? ¿Esteban? ¿Estás ahí? Quiero hablar con
Ludmila, es un lagartito, nada más.
Julia: ¿Querés tomarte otra?
Claus: No, tampoco queremos una sobredosis. O sí, dame. (Se la toma. Retoma su
idea.) Miren, Palo Alto. Oslo, miren. Las víctimas del incendio, en vez de correr por sus
vidas y clamar por ayuda…
Julia: …siendo así fieles al estilo…
Beatriz: (se adelanta a Claus.) Preguntan qué cosas anómalas e inesperadas.
Claus: …a la catástrofe, hacen otras cosas anómalas e inesperadas.
Coronel: ¿Cómo? ¿Preguntan? ¿Antes de que él lo diga?
Beatriz: Hay mucho delay. Se ve que está llegando a Oslo antes de que nosotras lo
digamos acá. Están más cerca del satélite.
Coronel: Ah, bueno. Hable más rápido, Claus. Ritmo. Vamos.
Claus: No sé. En este edificio juegan raros juegos de naipes.
Coronel: Más rápido. Ritmo.
Claus: Emprenden actividades comunitarias: cánticos, rifas. Sortean un peceto relleno.
Leen el Corán de atrás para adelante.
Julia: En cada piso del edificio, en cada ventana, se nos presentan insólitas acciones –
todas hermosas- mientras el fuego oprime.
Beatriz: Excelente, dicen en Girona. Toman nota de esto, en Sydney, dicen.
Todos celebran estúpida y desaforadamente.
Beatriz: Pedimos la regla número tres, Esteban, acá en Piriápolis.
Hagen: ¿Qué Esteban? ¡No!
Coronel: Shh. ¿Y? ¿Qué dicen?
Beatriz: Se está sumando el grupo de Bogotá, dicen que llegaron tarde por un trancón.
Julia: Lo siento, que se retiren. Regla número tres.
Coronel: Pedimos el retiro de Bogotá, mis muchachas y yo ya vamos por la tres.
Beatriz: Tres. No aceptan jerarquías.
Hagen: ¿Ninguna?
Beatriz: Ninguna. Dicen… del pliegue… que entonces… claro, no soportan que una
cosa se imprima como lo “importante” frente a otras cosas… que pasan a un fondo.
Julia: No les gusta que les digan dónde mirar.
Beatriz: Odian la división racional en figura y fondo.
Hagen: ¿Nada puede destacarse sobre nada?
Beatriz: Es algo así como que mientras las inteligencias miran… les gusta ver lo que
hay para ver, pero también les gusta pensar en otras cosas. Y hablan del pliegue…
Todas aplauden a Bogotá…
Julia: ¿Todas entendieron lo del pliegue? ¡Bogotá que se retire!
Hagen: ¿Fabio, eres tú? Si eres tú, ¡retírate!
Beatriz: Que las cosas importantes sólo los distraen.
Hagen: Sí, lo entiendo. Es simple. La regla tres supone que lo importante no debe verse
nunca. Me refiero al fuego.
Julia: Si vemos el fuego, todo lo demás pasaría a ser irrelevante. (Toca el timbre.)
Perfecto, Fabio. Acá decidimos que el incendio no se ve, no se dice nada de él, ni se
menciona, ocurre a unos metros de distancia de lo que vemos.
Beatriz: ¿Y qué es lo que vemos, entonces?
Claus: Un edificio vecino. Que no se quema.
Coronel: ¿No estarán yendo demasiado lejos?
Julia: Ir demasiado lejos es nuestra misión.
Beatriz: Sí. Dicen OK.
54

Todos festejan aliviados y excitados.


Coronel: Pasemos a la cuatro.
Beatriz: Cuatro. Ay, un momento, me suena el teléfono.
Julia: ¡No! ¡No lo atiendas, Beatriz!
Beatriz: No entendés, Julia. Puede ser mi marido. Tenemos un desarreglo.
Julia: Dame a mí. Yo lo soluciono. (Le da el teléfono.) Hola, Esteban. Beatriz no te
puede atender. (Corta.) Listo. Cuatro.
Beatriz: Cuatro. ¿Te dijo si estaba en casa?
Julia: No. Dijo que llama después. ¿Cuatro?
Beatriz: Muy bien. Este… Cuatro. (Se ha desconcentrado, le cuesta volver al eje, pero
hace un esfuerzo y lo logra.) Mhh. Sí. Cuatro. Que el pliegue… No, eso ya pasó…
Regla número cuatro. Ahá. No debe inducirse a la identificación.
Hagen: ¿Cómo?
Beatriz: No les gusta identificar nada.
Hagen: ¿Cómo?
Beatriz: No les gusta ver lo que ya comprenden.
Hagen: ¿Qué le han hecho esos granjeros a la pobre inteligencia para que manifieste
esto?
Coronel: No me parece tan raro. Es una actitud típica de las inteligencias. (A la
teleconferencia.) ¡Dennos una tortuguita, nomás, ya lo tenemos! (A su equipo.) Es
política.
Hagen: Ah. Yo no sé qué es eso.
Coronel: Las inteligencias son poderosas porque nunca quisieron ser una nación.
“Nación” conlleva siempre a la noción de “imperio”, que no es más que una nación con
mayores atributos espacio-temporales. Imperio conduce a decadencia. No hay imperio
que se haya sostenido en el tiempo.
Beatriz: Bogotá dice… que evitemos toda identificación porque es la… herramienta…
que conduce indefectiblemente a la decadencia de un grupo.
Coronel: Eso no lo dice Bogotá. Eso lo dije yo.
Beatriz: Dicen que ellas no hablan de lo que les pasa, no pretenden aglutinarse
alrededor de un sentimiento compartido…
Hagen: ¡No toleran ver lo que ya saben!
Julia: Nos van a aniquilar.
Hagen: Somos al revés.
Julia: A mí me gusta ver lo que ya vi, cantar las canciones que ya sé.
Hagen: Sí, a mí también. Estamos perdidas.
Claus: No todavía. La regla cuatro es atroz porque el edificio es identificable: es un
edificio, se parece a un edificio, y el edificio –mal que mal- significa cosas: comunidad,
gente, economía, imperio, y en fin: decadencia.
Julia: Entonces no debemos focalizarnos en el edificio vecino que NO se quema, sino
en una parte de éste que sea irreconocible.
Hagen: Creo que ya entiendo lo que pasó. (Miran hacia la Planta.)
Claus: Es claro. Ponele que en el lobby del edificio hay un adorno, digamos una especie
de planta en una maceta o base de cera, un adorno sin nombre, una cosa inidentificable,
que no sirve para nada –esto es vital- para nada, algo sin mayor funcionalidad que
alegrar la vista de los vecinos cuando salen del ascensor.
Hagen: Una brutal síntesis embudo. La planta les fascina porque es el producto lógico
que surge de aplicar las cuatro reglas.
Julia: ¡Cumple con todas sus perversas fantasías narrativas!
55

Beatriz: Oslo felicita… Sydney propone un sistema de medallas… Dicen… el


pliegue… Claus… medalla… al pliegue… no, no se entiende si te quieren dar una
medalla o si… te quieren…
Julia: ¿Y la quinta? ¿Cuál es la quinta?
Beatriz: ¿No sonó el teléfono?
Julia: ¡No! ¿La quinta?
Beatriz: La quinta. Sí. Estoy… un poco cansadita. ¿Hacemos un receso?
Coronel: Beatriz. La quinta.
Beatriz: Sí… no se pongan así. Estamos progresando, ¿o no? ¿Qué me preguntaron?
¿Ludmila?
Julia: ¡La quinta! ¡Estamos trabajando en condiciones muy inferiores a las demás!
Claus: ¡No escuchamos lo del pliegue!
Hagen: Es demasiado para ella, la va a matar. ¡Nos dieron una G4!
Coronel: Ludmila está bien, Beatriz. El bebé aún no llega, va a estar bien.
Beatriz: La quinta. Sí. ¿El bebé? Uy, retiraron a Bogotá. Sydney dejó la medalla y se
retira. Lo dejan en nuestras manos, y Palo Alto.
Julia: ¡Vamos! ¿Cuál es la quinta, Beatriz?
Beatriz: La quinta dice así. Me hace mal que me… traten como… Debe ser para la
mayoría
Coronel: ¿Qué?
Hagen: ¿Qué?
Beatriz: (Beatriz ha empezado a sacar humo.) La mayoría… La ficción… No sirve si
sólo satisface el gusto de algunas. O de unas pocas. Mayoría.
Julia: ¿Dicen “todas”?
Beatriz: No. No dicen “todas”. Dicen “la mayoría”. La ficción… es… por favor…
para… la mayoría. (Cae rendida.)
Julia: Una trampa. ¿Para qué nos entregamos a la solución de las reglas anteriores, si la
última iba a tener semejante grado de… imprecisión? De subjetividad.
Claus: Y… Hagamos las cosas bien. Yo creo que si las hacemos bien, a la mayoría les
va a gustar.
Julia: Pero lo que pensemos va a ser para “gente”, Claus. Esta planta es para… unos
bichos… ¡Díganme algo sobre ellas! ¿Por qué la vista de esta planta, sin nombre claro,
sin historia, sin tiempo, sin estructura jerárquica, en un edificio que no se quema, será
de interés y objeto de degustación de la mayoría?
Claus: Hay que arriesgar.
Coronel: No se nos permite correr ningún riesgo.
Claus: Creo que ya no importa lo que no se nos permita.
Coronel: Y ya no tenemos conexión.
Claus: Empiezo a entender algo muy importante del tiempo gamma. Veamos el relato
del incendio… Todo esto, el peceto, las llamas, los salmos, el edificio son “lo obvio”,
¿entienden? Son lo obvio que vive en la planta. Son tan obvios que ya no se manifiestan
en ella, ¿entienden? Es como respirar, es tan obvio que ni hablamos de que estamos
respirando.
Hagen: No hablamos. Pero lo hacemos.
Claus: ¡Y eso! ¡No hablemos pero lo hagamos!
Julia: Es decir, que lo que debemos hacer es… producir lo obvio.
Claus: Es mi opinión. La inteligencia radica en lo obvio.
Julia: ¿Lo obvio? ¿Qué, chicas desnudas… patinando? ¿Hagen?
Hagen: Tiene sentido. Un sentido circular. Quieren lo obvio. Pero “su” obvio. La
aplicación de las cinco reglas genera ficciones que gustan a muchas inteligencias porque
56

para degustar de ellas son –justamente- inteligencias. Una civilización axiomática, y con
mucho, mucho armamento.
Claus: Tenemos que organizarnos rápidamente alrededor de la producción de lo obvio.
Propongo ya mismo instaurar la rutina de las tres etapas…
Hagen: ¿Qué?
Coronel: Mh. Un entrenamiento holístico de la aeronáutica para prepararse a la
atmósfera del tiempo gamma. (El Coronel se aparta y hace una llamada telefónica, que
no oímos.)
Claus: Primero transitamos el territorio de las ideas inadecuadas. ¡Pensamos lo que está
mal!
Hagen: ¿Para qué?
Claus: Luego el territorio de las ideas descartables. ¡Pensamos lo que no sirve!
Hagen: ¿Para qué?
Claus: Y por último el de las ideas esenciales, que son las que no se discuten, porque
son esenciales, claro: ¡lo obvio!
Hagen: Yo pensé que las astronautas hacían gimnasia, reforzaban abdominales…
Claus: Construyamos relato. Apliquemos las cinco reglas. Desplacemos todo.
Empujemos los grandes relatos hasta que no queden, hasta que sean miel de una gota…
Encontremos lo obvio. Así como hace 253 años se encontró esta planta, sin querer. Yo
me siento con… capacidad… para… ¡Hagen, traeme los crayones de colores!
Hagen: ¡Sí! (Hagen sale, diligente. La escena continúa sin él.)
57

ESCENA 11: CHÁVEZ


Coronel: Muy bien, señoras, Palo Alto ya está trabajando. Les pido que apliquemos las
reglas de la lista. A ver si me arreglan lo de Venezuela, que es lo único que me han
traído hasta ahora.
Beatriz: (despierta bruscamente.) Qué bueno, porque lo del policía a mí me encanta.
Coronel: Usted, de todos modos, no sirve para nada y se va en el próximo ferry. Acabo
de hablar con Operaciones Especiales. Me gané a Alicia en una pulseada técnica…
Beatriz: ¿Alicia?
Coronel: Alicia. Un modelo limpio.
Beatriz: ¿Yo… me tengo que quedar?
Coronel: Alicia ya está en camino. Beatriz, proyecte.
Beatriz: Sí, sí. ¿O me…?
Coronel: Y ustedes corrijan esto según la maldita lista. ¡Hagan lo mismo de siempre,
pero distinto!
Beatriz: Yo también había traído unas bolitas de algodón, a ver si servían… Para algo.

Ingresa una Secretaria, que guía a Lázaro por el palacio presidencial venezolano.
Secretaria: Va a tener que entregarme su arma, comisario.
Lázaro: Ojalá tuviera. (Se abre el saco y le muestra.) Como ve, ni un chopo88.
Beatriz: ¿Me quedo un rato más? (Nadie la registra. Va hacia la pared, se golpea, se
reprograma.)
Secretaria: (Lo mira, con desconfianza.) Qué audacia. Si es tan amable de seguirme por
aquí.
Lázaro: La sigo.

Julia: Objeción. Parece que estuvieran yendo a algún sitio.


Claus: Hay jerarquías. Un aquí. Y un allí. Regla número tres.
Julia: Es mejor que no vayan. O que vayan y no vayan.
Lázaro y la Secretaria se pierden un poco en el palacio vacío: van y no van.
Julia: Además… ¡las reconozco! Regla cuatro. Se ve nítido. Perdón, pero ¿él quién es?
Claus: Es Lázaro Benegas, investiga el caso de Brenda. Y llega al presidente de
Venezuela. Supongo.
Julia: ¿Ah, él es? Me lo hacía un gordo de verdad. ¿Cómo llegó hasta acá?
Claus: Lázaro tiene todo tipo de problemas. Con drogas, comida, travestis, fiscales, una
bicicleta.
Julia: ¡Genial! ¡No hay estilo! ¡Regla número dos!
Claus: Pero en su estado, curiosamente, Lázaro avanza. Porque no sigue las pistas con
continuidad. La intermitencia conduce a la verdad.
Julia: Muy bien. Deduce pero es arbitrario. Pero si él es más especial que ella… regla
tres… ¿Qué sabemos de ella? Que hable, que protagonice un momento, que cuente algo.

Secretaria: Escucho voces: voces que me dicen “échale bolas89, sé gorda, sé puta, no
devuelvas el dinero que te prestó tu hermana”…

Claus: Lo que estamos probando tiene cierto interés.


Julia: ¿Gustará a la mayoría, esto?
Claus: Y… Se parece un poco a la zafra. Está bueno, pero no sé si acá hay relato.
88
Venezolanismo: “arma de fuego de fabricación casera”.
89
Venezolanismo: “emprender algo, empezar con entusiasmo”.
58

Julia: Hagamos un pulso esclerótico y aceleremos acontecimiento y sifrones.


Coronel: ¿Lo traigo a Hagen? (Sale.)

Secretaria: Escucho voces que me indican qué hacer, y yo me resisto, yo me resisto,


comisario, porque esas voces son malignas, y mojoneras90.

Julia: Yo identifico. Hermana, imperio, decadencia. No, no. La regla cuatro.


Claus: Es imposible que haya relato y al mismo tiempo no haya jerarquías, ni estilo, ¡ni
cosas!
Julia: Estamos de acuerdo, desplacemos. No hay más incidente. El incidente nunca es
lo “obvio”. Nos vamos, abrimos una puerta, y allí está…

Lázaro: ¡Presidente!

Julia: Chávez.
Claus: ¿Chávez?
Julia: Un presidente de Venezuela, uno cualquiera. Bolívar, Chávez…
Claus: Pero un presidente es una cosa. Es casi un protagónico.
Julia: Después lo desplazamos y nos quedamos con… alguito. Ya se cerró esa puerta.
Mejor. (Todos desaparecen. Pausa. Angustia.) Si hay reunión, mejor que ocurra a
puertas cerradas, quince conejitos de nada, mientras Lázaro se entrevista con él.
(Pausa.) Y nosotras nada de nada. (Pasa un largo tiempo.) Esto está bastante bien.
(Pausa.)
Claus: Me pregunto qué estará pasando.
Julia: Eso es bueno.
Claus: ¿No podríamos dar una pista?
Julia: Yo no me arriesgaría. (Pausa.)
Beatriz: (Que no puede controlar su ansiedad.) Se abre la puerta.
Julia: Pero no, Beatriz… ¡Si estaba bien…!
Beatriz: Pero es mejor si… Miren, un largo momento de la reunión entre ambos. El
presidente está ahí, firmando unos decretos…
Julia: ¡No!… Está en cama.
Beatriz: Uy, sí. Pobre. Parece que ha enfermado de…
Claus: …varicela…
Beatriz: …y está en cama. ¿Y Lázaro?
Julia: Sigue.
Beatriz: Pero no es un héroe. Tampoco tiene miedo.
Julia: Está allí.
Beatriz: Bueno, pero por lo menos que sostenga algo…
Claus: Un adorno.
Julia: Está bien, hagan lo que quieran, pero para mí era mejor la puerta cerrada.

Chávez: (En bata de cama, habla a Lázaro, adorno en mano.) Usted es un buen policía,
eso me agrada. Pero un buen policía no suelta a su presa.
Lázaro: No pienso que usted sea mi presa. Más bien creo que todos corremos peligro
en esta guarandinga91. Y han muerto varios médicos. ¿Oyó hablar del proyecto Brenda?
(Pausa.) Tengo aquí los nombres de los médicos…

90
Venezolanismo: “mentirosas, que no dicen la verdad”.
91
Venezolanismo: “situación”.
59

Julia: No los lee. (Lázaro saca del bolsillo cualquier cosa menos una lista de
nombres.)

Chávez: Brenda. Pobre chamita.


Lázaro: No negará que la conoce, entonces.

Julia: Momento. Que lo niegue y lo afirme al mismo tiempo. (Pausa tensa.) Que lo
haga.

Chávez: Suponga que vamos a tomar un café usted, mi secretaria y yo. Cada café
cuesta 5 bolívares. Usted pone un billete de 5 bolos92, mi secretaria pone 5 bolos y yo
pongo mis 5 bolos. La camarera llega a la caja con los 15 bolívares. Y le dice al dueño
del local: “Vea quién está sentado en nuestra mesa: Chávez”. El dueño, que simpatiza
con la causa de este humilde gobierno, decide tener un gesto de bolivariana cortesía, y
en vez de cobrarnos 15, decide cobrar sólo 10 bolívares. Con lo cual le da a la camarera
cinco monedas de un bolívar para que nos las devuelva. La camarera, en el camino hasta
nuestra mesa, decide en cambio que no siente ninguna simpatía hacia nuestra gestión.
Vaya a saber por qué. La cosa es que decide explotar la guarandinga en su propio
provecho, y en vez de devolvernos las cinco monedas resuelve darnos sólo tres, y se
queda con las otras dos monedas, mientras piensa “cónchale, que se jodan bien jodidos”.
Nos roba. Nosotros, por supuesto, nunca nos enteramos del gesto de simpatía del dueño
del local, o al menos nos enteramos parcialmente, porque la camarera nos devuelve sólo
tres monedas, una para cada uno, y por lo tanto el café, en vez de 5 bolívares, nos ha
costado 4. Y aquí viene el enigma: si cada uno de nosotros puso 4 bolívares, es decir 12
bolívares en total, más los 2 que se guardó la chamita, sumamos 14. ¿Dónde está el
bolívar que falta de los 15 iniciales que pusimos? (Lázaro piensa.)
Puede pensarlo todo lo que quiera, Comisario. La pregunta es, obviamente, una
pregunta política. Dicho de otro modo: tenemos un problema y no lo podemos resolver
dentro de nuestras categorías. ¿Qué hacemos?
Lázaro: Saltar a la categoría siguiente.
Chávez: (Asiente.) ¿Usted supone que es fácil administrar Venezuela?
Lázaro: Yo no supongo nada.
Julia: Error.
Lázaro: Yo supongo que…
Julia: No, error.
Lázaro: ¿Me pregunta si…?
Julia y Claus: Error
Beatriz: ¡A Lázaro lo están volviendo loco!
Julia: ¡Personajes no!
Claus: ¡La maceta! En la maceta crece el musgo. Lento, muy lento.
Julia: ¡Muy bien!

Lázaro: (Intentando desembarazarse de la dificultad que la escena presupone.) Señor


presidente: no podemos resolver el problema de las monedas porque estamos…
sumando y restando… en la misma columna… cosas que pertenecen a columnas
distintas.
Silencio general.

Beatriz: ¿Y ahora?
92
Venezolanismo: “bolívares”.
60

Julia: Es bueno.
Chávez: (Gira lenta y amenazadoramente hacia él.) Es bueno. Demasiado bueno.
Lázaro: Espero que eso no signifique un problema.
Chávez: El proyecto Brenda… Mire, el Estado no tenía injerencia. Hasta que
aparecieron los otros laboratorios. Las otras Corporaciones. Que vieron el negocio. Y
allí sí se volvió un problema de Estado. Tremendo bonche93. Reclamaban derechos de
patente de sus Miss Venezuelas. Creaban trabajo. Forjaban la Patria. Pero Venezuela no
somos ni usted ni yo, camarada. Y mucho menos ellos, que sólo querían hacerse con el
oracio94. Hubo que intervenir. Discretamente. Es decir: el Estado sabe de este negocio,
pero no participa de él, ¿me entiende?
Lázaro: Como con las drogas.
Chávez: Encuentre a la chamita. Es sólo una niñata. Se lo pido como amigo, y no como
Venezuela. Y Brenda no va a parar. Una manzana podrida… ¿Y cuando las demás se
enteren también de que no son la única?… ¿Qué no pueden hacer las otras?
Lázaro: Tal vez las otras no son tan feas.
Chávez: Ninguna es fea en sí. Brenda tampoco. Encuentre a Brenda. Si no lo eliminan
antes los Federales o los Servicios de Inteligencia. Y no será tan conejo95 de pensar que
responden a mí, ¿verdad? Piense en su país. No es tarea fácil, su país. ¿Cómo saber
quién tiene la razón? Después empezó la situación con Estados Unidos, un reverendo
muy amigo de la Casa Blanca anda pidiendo magnicidio, ¡mi magnicidio!, para ellos
soy un ñángara96. Que se vayan largo al capote97. Luego, las carpetas pasan de mano en
mano, las licencias para Miss Venezuelas pululan como permisos para conducir taxis…
Han apostado a la vez en todas direcciones. ¿Cuántas Brendas habrá? ¿Usted lo sabe?
Lázaro: No.
Chávez: ¡Qué pava98! Pero lo que sí bien sabemos en Venezuela, por las palabras de
Simón Rodríguez…
Lázaro: El Robinson de Caracas…
Chávez: "O inventamos o erramos".
Lázaro: Sí. (Pausa.) ¿Quién es la hilandera china? ¿A quién le dicen La China?
Chávez: (Finge no saber.) ¿La china? (Le hace señas de que puede haber –o hay-
micrófonos en la habitación. Le hace una seña para que lo siga afuera.)

Beatriz: ¿Qué pasa?


Julia: Perdón. Me entretuve. Es que quiero saber qué pasa.
Beatriz: Ése es el problema.
Julia: (Repara en un papel que Beatriz tiene en la mano.) Beatriz, ¿ese télex no será
para mí?
Beatriz: Ay, me había olvidado. Debe haber llegado recién. Con tanto jaleo…
Julia: (Está desorientada. Lee el papel. Es grave.) Muy bien. El Coronel no puede
enterarse de esto. Mandé un télex urgente a Operaciones Especiales. Por mi cuenta.
Haciéndome la tonta. Conozco a Fabio. Tenía una sospecha. Operaciones Especiales no
existe, señoras.
Beatriz: ¿Cómo que no existe?
Julia: No. Se cerró hace muchísimo tiempo.
Claus: ¿Para quién trabajamos, entonces?
93
Venezolanismo: “fiesta ruidosa”.
94
Venezolanismo: “oro, fortuna”.
95
Venezolanismo: “persona crédula”.
96
Venezolanismo: “comunista, izquierdista”.
97
Venezolanismo: no sé qué es, pero eso le dijo el propio Chávez a Blair en una entrevista pública.
98
Venezolanismo: “mala suerte”.
61

Coronel: (Aparece, los demás se callan, tensos.) ¿Algún progreso con Venezuela?
Julia: (Pausa.) Beatriz, por favor.
Coronel: Preferiría su informe, Julia.
Beatriz: ¿Por qué no el mío? ¿Pero qué pasa? ¿Qué hay que hacer acá para que a una le
den una oportunidad hermosa?
Coronel: Me tiene harto.
Julia: Por favor. No… Otra vez no… Guardamos cosas importantes, recién…
Beatriz: ¿Qué lo tiene harto? ¿Soy chivo expiatorio de la ansiedad general? ¿Para eso
estoy acá? Yo oigo que me hablan de la conchuda ésa de Alicia y siento que se
equivocan de cabo a rabo…
Julia: Ahá. Y a Alicia nos lo va a mandar Operaciones Especiales. ¿No, Coronel?
Claus: Porque hay un ente que se llama Operaciones Especiales…
Julia: ¿No?
Coronel: ¿Qué me pregunta, tonta, terca?
Julia: ¿Qué me llamó? ¿Me llamó “terca”?
Coronel: La llamé tonta.
Julia: ¿Sí? Escuché mal. Yo sé muy bien a quién le gusta llamarme “terca”. (Sale.)
Beatriz: Ya me van a necesitar.
Coronel: Creo que todas tenemos que calmarnos. No queremos que venga mi hermana,
¿o sí?
Claus estalla en llanto y sale corriendo.
Beatriz: Todo esto es tan triste… (Sube a su bicicleta.)
El Coronel sale también -con evidente desgano- a vestirse otra vez de su hermana.
Música triste sobre los pensamientos de Beatriz, que vuelven a cobrar venezolana
forma en la escena siguiente.
62

ESCENA 12: LAS GATAS


Lorna: No dormiste en casa.
Lázaro: ¿No?
Lorna: ¿Quién crees que soy, John Jairo? ¿Soy tu resuelve99?
Lázaro: ¿Perdón?
Lorna: Por mí puedes dormir en la calle, si eso te cuadra. Pero tenías que encargarte de
darles de comer a las gatas.
Lázaro: ¡Las gatas! Lo siento, me caen bien, en serio. Sólo que se me pasan.
Lorna: ¡No seas mojonero100! ¿Dónde pasaste la noche?
Lázaro: Tengo recuerdos vagos… A ver… (Saca una pluma de la bragueta. Y la bolsa
con pedazos de acrílico roto. Y el naipe.)
Lorna: En el “Desbarranco”. ¡Con esos invertidos! ¡Parchas, patos101 con plumas que se
hacen pasar por…!
Lázaro: Son artistas. Son buenas.
Lorna: No entiendo qué hacen, no entiendo esos playbacks…
Lázaro: Juro que yo tampoco. Pero me hacen bien. Un poquitico. Y yo les hago bien.
Lorna: ¿Por eso me montaste cacho102 con esas cuajos103?
Lázaro: (No tiene idea.) Se sienten protegidas. ¿Cuál es su chamba104? ¿Eh, fiscal?
¿Retenerme en esta casa?
Lorna: Además. (Pausa. Los dos están muy tristes.) No soy caleta105. Cuando te pido
que les des de comer a las gatas no es sólo porque tengan hambre. Es una forma de
ayudarte a… tu reinserción…
Lázaro: Mi reinserción está muy bien. Trabajo en Archivo. E investigo un caso. Ahora
mismo tuve que interrogar a… no sé quién…
Lorna: ¿Te estás chalequeando106 de mí? Mírame. Mírame directo a los ojos. (Pausa.)
¿Cómo se llaman mis gatas?
Lázaro: ¿Mh?
Lorna: ¿Cómo se llaman?
Lázaro: Sí. Una es… la…
Lorna: ¿La atigradita?
Lázaro: Sí… ésa es… Y la café con leche… mh…
Lorna: ¡Cómo es posible que las abraces, las rasques, y luego te importe lo mismo si
han comido o no, o cómo se llamen!
Lázaro: No, no, se llaman…
Lorna: ¿Cómo vas a investigar un caso si no eres capaz de poner juntos dos gatas y dos
platos de Miau Miau?
Lázaro: Lo siento. Hago lo que puedo. Yo… darles de comer a las gatas, una
pangolada107, claro… lo olvidé…
Lorna: ¿Por qué?
Lázaro: ¡Porque no estaban! ¡Porque antes de que se mencionaran no eran nada!
Lorna: ¿Qué pasa? ¿Por qué no me dices lo que sientes?
99
Venezolanismo: “amante ocasional”.
100
Venezolanismo: “mentiroso”.
101
Venezolanismo: ambas significan “homosexuales”.
102
Venezolanismo: “me metiste los cuernos”.
103
Venezolanismo: “mujeres feas”.
104
Venezolanismo: “trabajo”.
105
Venezolanismo: “egoísta”.
106
Venezolanismo: “estás burlando”.
107
Venezolanismo: “cosa fácil”.
63

Lázaro: Alguien me manipula. Alguien manipula mi vida. Hay momentos de las cosas
que tienen sentido, pero de pronto es como si los… rearreglaran…Y algunas cosas están
en cualquier parte. Yo mismo. Amanezco aquí.
Lorna: No es cualquier parte, es mi apartaco. Y lo pactamos juntos.
Lázaro: Supongo. Me lo has dicho tanto, que debe ser así. El sentido de un todo se me
escapa…
Lorna: Eso nos pasa a todos. No hay un “todo”. Tu estado no es excusa… ¿El sentido?
¿Te ayudo con el sentido? ¿Qué tiene más sentido? ¿Pasar la noche entre travestis mal
operados o que estemos juntos?
Lázaro: ¿Me repites la pregunta?
Lorna: No.
Lázaro: Lo siento. No sé si sé quién eres. ¡No sé quién eres!

Lorna: Basta. Quiero que juntes tus


Lázaro: peroles, tus chécheres108 y te largues.
¿Mal operados? ¿Por qué dices eso?
¿Cómo me he dejado invadir así?
Eso es: mal… operados.
Tus frasquitos. Tus cajas de bombones.
Cirugías.
Tus botas de escalar.
Estéticas.
Tu chinchorro109. La cadena de tu
bicicleta.
Prohibidas.
Tu ropa interior usada.
Ésa es la clave… que no veo.
Los brotes ésos de plantas mugrientas que
trajiste de La Guaira haciéndome creer
que eran flores.
¡Son flores!
La colección de metras110. Todos tus
corotos111.
Tengo que comer.
Ese libro que leímos juntos todas estas
noches mientras te quedabas dormido.
Necesito comer.
No tengo el coraje de querer saber cómo
termina esto. Tu guante de látex.
Es un desarreglo… que ya va a pasar.
La bolsa de acrílico roto. No quiero que
quede una sola cosa que me recuerde a ti,
John Jairo. Y no te afanes, puedes tomarte
tu tiempo. (Sale.)
Los laboratorios. (Toma su saco y sale.)
ESCENA 13: LA CUENCA DE CALIFORNIA
108
Venezolanismo: peroles y chécheres son lo mismo: “cosas o artefactos, genérico”.
109
Venezolanismo: “especie de hamaca paraguaya, típica de los llanos venezolanos”.
110
Venezolanismo: “canicas”.
111
Venezolanismo: “utensilios, pertenencias”.
64

María Martha: ¿Dudaban de las inteligencias? ¿Querían saber si se manifestaban?


¡Nada, quedó! ¡Una cuenca! ¡California es una cuenca, terca!
Julia: ¿Hay fotos?
María Martha: ¿Que si hay fotos? Le hablo de una catástrofe, le hablo de millones de
muertas, y lo que quiere es… ¿verlo? ¿Usted disfruta del horror?
Julia: No sería la primera. Ni la única.
Claus: ¿Qué relación hay entre esta tragedia y nosotras?
María Martha: ¿Qué relación? Oh, oh, muy poca, casi nada: el grupo de Palo Alto,
California, viendo los cinco puntos de la lista y tomando el razonamiento elaborado aquí
por las señoritas, decidió enviar una taza.
Julia: ¿Una taza? (Pausa.) Entonces… ¿no escribieron?... ¿no hicieron?... ¿no
desplazaron nada?
María Martha: Un submarino entero. Lleno de rusos. Fornidos. Todos borrachos. ¿Le
parece poco?
Julia: ¿Y se quedaron con una taza?
María Martha: Una taza estática, sin ningún cambio aparente.
Julia: Perdón. ¿Usted dice que Palo Alto… usó nuestra información… parasitó nuestro
razonamiento… y…? ¡Jenny, qué hija de puta! ¿Y cómo les fue? Mal, ¿no?
María Martha: La respuesta alienígena no se hizo esperar. California nos ganó de
mano. Y California ya no existe más. En su lugar quedó una cuenca yerma y profunda:
la Cuenca de California.
Claus: ¿Y estamos seguras de que fueron ellas?
María Martha: ¡Usted es un tarado!
Claus: Digo… cada causa tiene su efecto… California descansa sobre la falla de San
Andrés, ¿no? Tarde o temprano… se sabía que… Y, a lo mejor, este efecto no es para
esa causa…
María Martha: ¡Ah, causa-efecto! ¡Por favor! Míremelo.
Julia: ¿Su hermano qué dice?
María Martha: Mi hermano está acabado, completamente acabado, no puede articular
palabra.
Julia: ¿Por qué nunca podemos verlas a usted y a su hermano al mismo tiempo, María
Martha?
María Martha: No queda tiempo. Pedimos autorización militar para estirar el tiempo
vendiendo espacio.
Julia: ¿Qué vendió?
María Martha: Patagonia. Y millas marinas. ¡Si todo es tierra de Dios! Pero no sé
cuánto pueda funcionar la trampa óptica. Las inteligencias ya no se muestran tan
pacientes.
Claus: Pero, ¿por qué son tan hostiles con nosotras?
María Martha: ¿Por qué? ¡Por miles de cosas! Son raras, lo que para nosotras es
religión para ellas para ellas es polvo, materia, y matemática elemental. Están ofendidas.
Entiendan su situación, señoritas. ¡Y denles su maldita ficción, por favor! ¿O quieren
ser cuenca? ¿Quién? ¿Usted? ¿Usted? ¿No? Muy bien. Tienen que pensar más rápido. Y
mejor.
Claus: Yo no sé pensar más rápido.
Julia: Claus, a ver… Se quema una ciudad entera. Mueren todas las habitantes de la
ciudad, todas, ¿qué hacés vos?
Claus: No sé, desplazo todo. Busco lo obvio.
Julia: Muy bien. ¿Cómo lo narrás?
65

Claus: ¿Mueren todas? Narro todas.


Julia: No. La narración funciona al revés, o no es narración. Todas no caben. Una sola.
Una pobre chica. O un grupo pequeño. De amigas. Con una historia previa, en común.
Que van llegando a la casa embrujada. Y salen de a una a ver qué fue ese ruido. ¿Qué
querés? ¿Qué salgan todas juntas? ¿Por qué puerta? Para eso está el tiempo, el tiempo es
un embudo para que vayan saliendo y muriendo de a una. ¡Son así, las historias! ¡Cliché
y capricho! Esto siempre se hizo así. ¡Si estás solita y tenés miedo, no te metas en la
bañadera! ¡Y van y se duchan igual! ¿Una taza? ¿Por qué mandaron una taza? ¿Qué es
lo obvio que hay en la taza?
Hagen: ¿Té? ¿Café?
Julia: Sí. Gracias.
Hagen: Yo sé lo que ustedes pretenden. Que compare estructuras. Taza y planta. Y que
además arroje mi Sefaratón al azar y les diga si gustará a la mayoría. Perfecto. Ahora
díganme cómo meto una planta en la calculadora. Soy todo oídos.
Beatriz: Es que no es una planta.
Hagen: (A los demás.) Beatriz, cuando no entiende la complejidad de lo que se discute,
cambia el tema para poder meter algún bocadillo.
Beatriz: Es que ya lo dije varias veces: no es una planta.
Hagen: Entonces nos obliga a todas a abandonar el tema, el tema que no la incluye, y
no la incluye porque no le da la cabeza. Vamos a ver: ¿cómo hacés para llegar de “no es
una planta” a “mi marido Esteban se fue al sur con Ludmila”?
Beatriz: ¿Qué sabés vos de mi marido, Hagen?
Julia: (Que se quedó pensando en lo que dijo Beatriz.) Tiene razón.
Beatriz: Si yo a vos no te conté nada de Ludmila…
Julia: No es una planta. ¿Quién la llamó planta?
María Martha: Bueno, se llama “la planta”. Todo el mundo le dice “la planta”.
Siempre fue “la planta”.
Julia: No es una planta. ¿Dónde están las raíces? ¿Dónde está la savia? Señoras, esto es
unas ramas o estructuras longuilíneas incrustadas en un bloque de…
Claus: Cera.
Hagen: Cera endurecida.
Beatriz: Es una planta artificial.
Julia: ¿Cómo?
Beatriz: Bueno, se la llamó “planta” porque es un “como si”, como si fuera una planta.
Es una planta artificial.
Julia: Eso es. Artificial. Funcionó porque es artificial.
Hagen: Y la taza…
Julia: … es una taza. Es natural. No es un artificio. Es una taza. Se llama taza.
Hagen: El nombre coincide con la cosa.
Claus: El nombre canceló la experiencia.
Julia: El nombre cancela siempre la experiencia. ¡Qué poco se estudió la planta!
María Martha: (Con cierta culpa corporativa.) Bueno, la planta no se estudió
porque… era eterna.
Beatriz: Como el agua. Que era eterna, antes.
La miran un largo rato.
Hagen: Efectivamente, permite pensar en otras cosas…
Claus: …sin dejar de verla.
María Martha: Excelente. Un gran paso adelante.
Hagen: Igualmente acá hay algo que está mal. Todavía no le puedo poner nombre, pero
está mal.
66

María Martha: Por eso. Ahora sólo nos queda descubrir por qué no les gusta más. Y
darles otra cosa. ¡Y ya mismo!
Julia: Una cosa por vez. No podemos desentrañar todo el enigma al mismo tiempo.
¿Vamos a tomar algo, alguien quiere tomar algo?
Claus: Sí, ¡yo!
Julia: (Ignora a Claus.) ¿Vos, Hagen?
Hagen: Julia… Con respecto a lo que me dijiste al mediokin… Yo… Bueno… Yo no
sé si estoy preparado para la relación ésta que vos me proponés.
Julia: Ah. (Enmudece.) ¿Vamos a comprarnos collares? Hay una feria artesanal al pie
del cerro.
Hagen: ¿Vos también la viste? ¿Habrá ropa canchera, como para hombre?
Julia: La veo desde mi ventana.
Claus: La ventana que te di yo.
Julia: Sí. (A Hagen.) Vamos a ver si anda el Teleférico.
Hagen: Claro. Es un ratito, nomás. Yo quería ver si conseguía una riñonera, o algo así,
práctico, de cuero, como para guardar cosas que si no… (Salen los dos.)
Claus lloriquea. Beatriz lloriquea. Pasa el tiempo. Observan la planta en silencio.
Claus: Yo sí tomaría algo con vos. Y la planta es para nosotras como el Islam.
Beatriz: Estuvo desde siempre. Por eso no se fijaron en ella.
Claus: Pero ahora se hace presente. (La observan.) A mí no me prepararon para esta
súbita presencia de lo que existió desde siempre. Es como… como el amor. No sé qué
hacer. ¡Julia! Quiero que escuches algo importante, muy importante para mí. (Sale a
buscarla.)
Se escucha un helicóptero. Luego algo que es arrojado a tierra.
María Martha: (Mientras se quita la cofia del disfraz.) Ah, ésa debe ser Alicia. (Sale.)
Beatriz: ¡Esperen! ¡No me dejen! ¡Si yo todavía sirvo para un montón de cosas! Miren
lo que se me ocurrió…
67

ESCENA 14: CENA ROMÁNTICA

Los sótanos de los laboratorios de la Corporación Maracay, en Puerto Cabello. Luz


tenue, nunca vemos exactamente a Brenda en toda su horrorosa dimensión. Una única
bombilla apagada.
Brenda arrastra una silla, en la que trae atado al inspector Lázaro. Lo ubica bajo la
bombilla, y prende la luz. Sólo allí vemos con claridad que Lázaro debe haber recibido
un golpe descomunal, porque tiene una herida muy fea en la cabeza: la sangre se filtra
por debajo de la improvisada venda con que Brenda ha tratado de parar la
hemorragia. La venda es un pedazo de tela sucia que Brenda ha arrancado de su
tétrico camisolín. Antes de quedar sentado bajo la escasa luz, Lázaro viene hablando a
una Brenda impasible, de agitada, asmática, respiración.
Lázaro: Tienes que creerme. ¿Quieres que te lleve a Isla Margarita? ¿Qué estás
haciendo?
Brenda: Mesa.
Lázaro: ¿Pones la mesa? Muy bien. Una mesa es un mueble, de cuatro patas, que…
Vamos a comer juntos. No hay güiro.
Brenda: (Pone la mesa frente a él. Una bandera venezolana roñosa que saca de un
hueco oscuro oficia de mantel. Brenda habla con dificultad: el créole es una mezcla
extraña de otras lenguas que ya son extrañas, como el francés, y además sus
operaciones odontológicas han sido abandonadas a mitad de camino, y cientos de
microcables tensores dentro de su boca dificultan la dicción a niveles más que
dislálicos.) Mantel.
Lázaro: ¿Cómo? ¿Pincel? ¿Quieres pintarme?
Brenda: Mantel.
Brenda desaparece en las sombras.
Lázaro: Ah… (Pero no ha entendido nada.) El ámbito de la actividad físico-deportiva
no es ajeno a los grandes cambios que se están produciendo. Brenda… Esto duele… Si
me aflojaras un poco… (Brenda reaparece detrás de él, levantando un cuchillo, que
clava con saña sobre la mesa.) Ah, cuchillo, eso decías. Pensé que querías que
habláramos de deporte. Bueno.
Brenda se ríe.
Lázaro: Sí, qué risa.
Brenda: (Acomoda siniestramente unos cuchillos sobre la mesa.) Cuchillo de pescado,
cuchillo de carne, cuchillito de foie-gras. Uy, cuántos cuchillos.
Lázaro: Cuántas cosas, sí.
Brenda: Te los distingo todos en un periquete.
Lázaro: Eso necesito, que me aflojes el torniquete, la cabeza…
Brenda: Cucharas no hay.
Lázaro: Ah, no hay. Claro, son cosas que vienen con la mugre…
Brenda: Protocolo. Princesa. Brenda princesita.
Lázaro: Ah, yo también aprecio… lo… el buen comer. Un rico guayoyo 112…
Brenda: Tienes que comer. Pero poco.
Lázaro: Claro, comer poco, un pasapalo113, con modales. Poco. Poca sal.
Brenda: ¡Siempre poco! Gordo. Kilúo114. Ya traigo el menú.
Brenda desaparece. Lázaro hace esfuerzos por liberarse de las esposas con las que está
asegurado a la horrible silla, pero no lo logra. Luego trata de sacar con los dientes su
112
Venezolanismo: “café muy clarito”.
113
Venezolanismo: “aperitivo”.
114
Venezolanismo; “gordo”.
68

teléfono celular, que está en un bolsillo de su camisa. Lo muerde por la antena. Lo


apoya sobre la mesa. Trata de discar un número con el mentón. Lo logra. Afuera se
escucha a Brenda arrastrar algo muy pesado. Trae algo que se mueve, envuelto en una
alfombra. Luego veremos que es el Doctor Barragán, amordazado y manco. Lázaro
cubre el teléfono como puede, mordiendo el mantel y elevándolo para taparlo. Brenda
abre la alfombra. El Doctor Barragán trata de gritar.
Lázaro: Brenda, tranquila. No hay prisa. Nadie nos va a encontrar aquí.
Brenda: Vamos a comer. Vamos a leer del cuaderno. (Saca un cuaderno, es el mismo
de la escena de Astrid.) Dentro de muchísimos, muchísimos años… (Lucha con la
dicción.) Shit! En un futuro muy, muy lejano… Merde! ¡No me sale!
Lázaro: Tranquila. No te fajes tanto. Se te entiende casi todo. Eres una gran oradora.
Ven, siéntate a cenar. Conmigo. Aquí. Sí, qué tiene de raro. El sueño de todo hombre.
Cenar con Miss Venezuela. Juntos podemos pasarla de pinga115. ¿O no? (Brenda está
desorientada. Pausa.) Siéntate.
Brenda va a buscar una silla y un farol de bencina, y se sienta a la mesa.
Lázaro: Eso es. ¿Más tranquila? Cubiertos, candelitas, a comer tranquilamente, así yo
te voy parando bola116. ¿Qué escribes en ese cuaderno? ¿Es un cuento? ¿Cómo se llama?
¿El Gato con Botas?
Brenda: Ahora el menú.
Brenda se arroja dentro de la alfombra. Barragán grita bajo su mordaza.
Lázaro: ¡No, Brenda! ¡No vamos a comer al Doctor Barragán!
Brenda saca un poco de queso que traía también en la alfombra. Lo pone sobre la
mesa.
Lázaro: Ah, ¿qué es? Ah, es comida. Qué rico.
Brenda: Es queso.
Lázaro: ¿Qué es? ¿Una manigueta? ¿Algo para hacer serigrafía?
Brenda: Queso.
Lázaro: Es muy rico… parece queso.
Brenda: Es queso.
Lázaro: Ah, ¿queso? Es mi favorito. Lo compartimos, ¿eh? Es mucho para mí solo.
Brenda: (Alza el cuchillo y parte el queso de un golpe.) ¡Kilúo! ¡Gordo!
Lázaro: Tranquila. Si aquí estamos a resguardo, ¿o no?
Brenda: Sí.
Lázaro: Porque veo que no hay ventanas, ni puertas, nadie nos puede oír.
Brenda: No.
Lázaro: Ahá. Estamos en un barco, lo sé. Es romántico. La bodega de un barco.
Brenda: No.
Lázaro: No puedes engañarme, Brenda. Soy policía. Conozco los suburbios. Es la
bodega de un maldito barco abandonado.
Brenda: No, barco no.
Lázaro: Encallado en el puerto viejo, ¿no?
Brenda: No. Es el sótano del laboratorio.
Lázaro: (Hacia el teléfono.) ¿Helipuerto? ¿Qué helipuerto?
Brenda: Laboratorio… Laboratorio.
Lázaro: (Asegurándose que lo puedan escuchar bien por el celular.) Ah, laboratorio.
¿Estás tratando de hacerme creer, a mí, John Jairo Lázaro Benegas, que estamos en el
sótano de los Laboratorios Maracay? ¿Y que tienes de rehén al doctor Barragán? ¿Cómo
esperas que lo crea, Brenda? No insultes mi inteligencia.
115
Venezolanismo: “procurar estar bien juntos”.
116
Venezolanismo: “prestar atención”.
69

El celular, bajo el mantel, emite un mensaje pregrabado.


Teléfono: Usted ha alcanzado el límite de tiempo cargado en su tarjeta Maracatel.
Vuelva a ingresar un código de tarjeta válida.
Brenda se sobresalta, agarra el cuchillo y descorre el mantel, haciendo evidente el
teléfono.
Lázaro: ¿Qué es eso? Un aparato de… teclas y… Alguien nos echó una trampa,
Brenda.
Brenda lloriquea, está fuera de sí. Ella hubiera podido amarlo. Y después de todo,
Lázaro no ha tenido culpa alguna en su trágica historia. No obstante, ciega de furia,
abre con el cuchillo el reservorio de bencina del farol, y rocía a Lázaro con el líquido
inflamable.
Lázaro: ¡No, Brenda! ¡No lo hagas! ¡Yo te escucho! No fue mi culpa, Brenda… No lo
eches a perder.
Brenda está desaforada. Apuñala salvajemente a Barragán, que grita como un cerdo.
Brenda: ¿Cariñosa? Acá te doy cariño, toma tu amapuche, hijoeputa. An piej!117
De pronto, el griterío cede. Brenda va a buscar un fósforo. Lázaro trata de mirar
alrededor. Vuelve a su teléfono celular, trata de discar un número. Por detrás, a lo
lejos, Brenda enciende el fósforo. Lázaro lo escucha. Está desesperado. Finge una
llamada en su celular, que obviamente no tiene crédito.
Lázaro: Aló, ¿Kendry? Soy yo, Lázaro. No, no, estoy bien. La encontré. Espere. No es
lo que pensábamos. Brenda es… Brenda es hermosa… Las operaciones fueron un éxito.
Es… la mujer más hermosa que haya conocido. Creo que la amo. Ojalá ella quiera
casarse conmigo. ¡Será Miss Venezuela! Es hermosa, y culta. Y creo que yo le gusto.
El plan parece funcionar. Brenda solloza, y cuando se quema la mano porque el fósforo
se consume, lo apaga, y sale corriendo como una chiquilla tímida. Que es al fin y al
cabo lo que es.

117
En créole: Nom d’un chien!
70

ESCENA 15: UN EDIFICIO QUE SÍ SE QUEMA


En la pantalla, la escalera de un edificio en llamas. Lázaro trata de subir, luchando
contra el humo, y aún empapado de combustible.
Lázaro: ¡Basta, Brenda! ¡Acabemos con esto! ¡Baja, no te haremos daño! (Se escuchan
gritos confusos, sirenas de bomberos, radios policiales.) ¡Tienes mi palabra, Brenda!
(Cae un cadáver. Se trata de una niña operada, una futura Miss Venezuela malograda
por Brenda.) ¡Cónchale! ¡Deja ir a las otras niñas!
Kendry: Acaba de lanzar otra niña, esto es una carnicería.
Lázaro: ¡No! ¡A mí me va a escuchar!
Kendry: ¡Se acabó, Brenda!
Lázaro: ¡No le disparen!
Kendry: ¡Estás rodeada por tres cuerpos de élite! Y vamos a subir. Aleja a las otras
Miss Venezuelas del fuego. (Cae otro cadáver.) ¡Mierda, está loca!
Lázaro: ¡Déjeme a mí!
Kendry: ¡No moleste, Lázaro! Vaya, cómase un chocolatín en silencio. (Lázaro lo
trompea, toma su arma, y sube las escaleras.) ¡Alto! ¡Detengan a ese hombre!
Kendry sale tras él. Ahora vemos la azotea, un detalle cualquiera de la azotea, una
chimenea, una manifestación decorativa indefinible. La situación ocurre detrás,
relativamente fuera de foco. Lázaro abre la puerta. Se escucha un disparo. De pronto,
Lázaro cae. Está herido de bala. Detrás de él, Brenda lo apunta con un arma.
Lázaro: Lo siento mucho, Brenda.
Brenda: Me diste tu palabra.
Lázaro: Mi palabra, hoy por hoy, está muy devaluada.
Brenda: No me dejes. (Le arroja un cuaderno.)
Lázaro: ¿Y este cuaderno, Brenda? ¿Es el plan?
Brenda: ¿Tú crees… que yo… tenía un plan?
Lázaro: ¿Un plan para vengarte de todos? ¿Un plan para acabar con Venezuela?
Brenda: ¿Qué plan? ¿En serio parece un plan, todo esto?
Se escucha un disparo. Brenda ha sido herida de muerte por Kendry.
Lázaro: ¡No!
Brenda: Un plan.
Lázaro: Se acabó, Brenda. ¿Cuál era el plan?
Brenda: Un plan.
Lázaro: Aún puedo salvar vidas inocentes. ¿Venezuela está en peligro?
Brenda: Un plan.
Lázaro: ¿Es un plan para matar a Chávez? ¿Eres agente gringa? ¿Está en este
cuaderno? ¿Qué quieres de mí?
Brenda: Este amor fulminante tiene tu nombre, John Jairo.
Lázaro: ¿Qué? No te entiendo.
Brenda: Que este amor lleva tu nombre, your name…
Lázaro: ¿Qué?
Brenda: Ton nom…
Lázaro: ¿Una bomba?
Brenda: Ou nom118…
Lázaro: ¿Bomba? ¿Dónde? ¿Es Chávez?
Brenda: Que te quiero.
Silencio. Muere. Pausa. Lázaro abre el cuaderno. Lo lee. En el escenario ingresa
Alicia, el robot de reemplazo, fina y letal, precisa e indiferente.
118
Está en créole.
71

Kendry: ¡Salven a las otras Miss Venezuelas! ¿Puede caminar, Lázaro? ¡Entonces
corra! ¡El edificio se quema! (Huye.)
Lázaro observa a Alicia, fuera de la pantalla. Por primera vez los mundos se cruzan:
Lázaro y Alicia se observan. Lázaro lee del cuaderno. Algo en Alicia pertenece
inequívocamente a Astrid (¡es la misma actriz, bah!), pero es Alicia, el gélido robot.
Alicia: Vaya que le llevó tiempo, comisario. Ahora lo entiende, ¿verdad?
Lázaro se aleja, cuaderno en mano. Las sirenas ceden, o se escuchan más lejanas.
Lázaro sale de la pantalla, e ingresa al mundo “físico” del escenario. Con él entran
Claus, el Coronel y Julia. No parecen verse entre sí, sólo Alicia oficia de médium entre
ambos mundos. Lázaro los está “leyendo” del cuaderno.

Claus: Escúcheme, Alicia: ¿Inteligencia no será una palabra como “playa”, como
“cerro”?
Alicia: ¿Qué querés decir?
Claus: ¿Las llamamos inteligencias? ¿O se llaman inteligencias? ¿Hay pruebas de
semejante inteligencia?
Lázaro: (Lee.) “El orden del cosmos”.
Coronel: Bueno, el orden del cosmos.
Julia: ¿Orden? ¿Cosmos? ¿A vos nunca se te ocurre pensar que está todo mal, no?
Coronel: Ya le dije que no respondo preguntas que no me sean dirigidas de manera
protocolar.
Julia: Mh. A lo mejor deba dirigirme entonces a su hermana.
Lázaro: (Lee.) “¡Farsante!”
Julia: (Le arroja la sotana de María Martha.) ¡Farsante!
Coronel: Yo… Mi hermana ha debido partir.
Julia: ¡María Martha no existe! ¡María Martha es él! ¡Encontré la sotana en su cuarto!
Coronel: ¿Entró a mi cuarto?
Alicia: Ay, no lo puedo creer. ¿Todavía los entrenan con el Protocolo de la Monja
Loca? Los militares no evolucionan más.
Coronel: ¿Y qué querían que hiciera?
Alicia: Es un Protocolo lleno de fallas.
Coronel: Denme un Protocolo que no tenga fallas y yo me regiré por él.
Claus: ¿Cómo? ¿María Martha y él son la misma persona?
Coronel: Eso no cambia las cosas, ni los exime de su responsabilidad.
Lázaro: (Lee.) “¿Y Hagen y yo somos la misma persona?”
Claus: ¿Y Hagen y yo somos la misma persona?
Julia: No, ustedes no.
Claus: ¿Cómo sabés?
Julia: A ustedes se los vio juntos.
Claus: ¿Cuándo? (Huye lloriqueando.) ¡Hagen!
Coronel: ¡Basta, Claus, no llore! Acabemos con esta caza de brujas. (Sale tras él.)
Julia: Sí, ¡acabemos! (Sale. Sólo queda Alicia. Y Lázaro, que agoniza.)

El edificio en llamas desaparece, y en su lugar vemos el sótano del laboratorio, que ha


servido de guarida a Brenda en estos años difíciles. La habitación está decorada con
muchos elementos infantiles. Ingresan Claus, Julia, Hagen y el Coronel, sotana en
mano, tal como han salido del escenario. Alicia está también allí. Está en ambos lados
a la vez. Lázaro los observa, lleva la vista del cuaderno hacia ellos sin poder detenerse.
72

Coronel: No mezcle las cosas. Es verdad: yo soy mi hermana. Es un ardid. “Si las cosas
se le van de las manos”, me dijeron…
Julia: ¿Le dijeron?
Coronel: …“conviene tener un Plan B”.
Julia: ¿Quién le dijo tal cosa?
Coronel: ¿Quién va a ser? Operaciones Especiales.
Julia: ¡Basta! Ya sabemos que no existen.
Coronel: ¿Pero qué dice? Es cierto, no se han manifestado mucho, no han acompañado
todos los giros difíciles de esta misión, pero ellas aprecian lo que hacemos, y les
gustaría que lo hiciéramos mejor.
Julia: ¡No existen! ¡Ni Beirut, ni Bogotá, ni Fabio, ni las medallas de Sydney! ¡Ya lo
verifiqué!
Coronel: ¡Usted no puede verificar ni siquiera cuál es su novela y cuál la de sus
plagiadoras! Voy a llamar a Operaciones Especiales y van a escuchar de ellas mismas lo
que quieran saber.
Alicia: Aquí tiene el teléfono, Coronel. Llámelas.
Coronel: Claro que lo voy a hacer. (Marca. Espera. No atiende nadie. Corta y vuelve a
marcar.) Marqué mal. (Espera.) Bueno, ahora Maracatel debe estar saturado. (Espera y
vuelve a marcar.)
Julia: ¿“Maracatel”?... ¡Hay un patrón! Laboratorios “Maracay”, “Maracaibo”,
“maracucho”, “maraca”…
Hagen: Las maracas que le dieron a Claus…
Julia: “Marico”, tres maricos venezolanos en La Guaira… Las palabras que usamos son
variaciones de lo mismo.
Hagen: ¿Variaciones de un diccionario?
Julia: Lázaro guarda acrílico en el bolso, un bolsón…
Hagen: ¡El Bolsón!
Julia: Esteban se va al Bolsón, conoce a Ludmila… y… y… Debe haber un patrón en
lo que estamos diciendo.
Claus: ¿Un patrón? ¿Las inteligencias armaron esto?
Hagen: ¿Con un diccionario?
Claus: ¿Qué estamos haciendo acá, entonces? ¿Y dónde está Hagen?
Hagen: Acá.
Claus: ¡Qué suerte! Empezaba a pensar que vos y yo éramos dos partes de una misma
personalidad subdividida, compleja: la mía. Qué horror.
Julia: No, no. Piensen más rápido. Piensen mejor. ¡Ah! Mire su teléfono del futuro…
Hagen: ¡Es un modelo viejísimo! ¿En qué año estamos?
Coronel: No empiece otra vez con eso de los años…
Hagen: Lo digo en serio. Olvídense de las mayas, de los conejos: fue una treta para
confundirlo todo. ¿En qué año gregoriano se llevaron la danza, Alicia?
Alicia: En el verano de 1359.
Coronel: Sí, El Verano sin la Danza, como lo poetizó Hildegaard.
Hagen: ¡Hildegaard!
Julia: ¿Alguien recuerda algún poema de Hildegaard?
Claus: Claro, ése tan famoso que decía… “Si pudiera volver a vivir… sería menos
higiénico… daría más vueltas en calesita…” ¡Pero esto es espantoso! ¡No! ¿A dónde
quieren llegar? Me están dando miedo.
Hagen: ¿El verano de 1359… qué?
Coronel: 1359 dPC., después del Primer Contacto.
Hagen: ¿1359 menos nueve?
73

Alicia: 1350.
Hagen: ¿Menos cincuenta?
Julia: Hacelo solo.
Coronel: ¡Pero si usted no sabe ni sumar ni restar!
Hagen: (haciendo un esfuerzo heroico, sobrehumano.) ¡Mil trescientos! ¿Menos
trescientos? ¡Mil!
Coronel: ¿A dónde quiere llegar?
Hagen: (Profundamente conmovido ante su propio logro.) ¡A cero!
Coronel: ¿Para qué?
Hagen: Quiero llegar a cero para ver qué había antes… Mil… ¿Menos mil? ¡Cero!
¿Qué había antes?
Coronel: ¿Lo pregunta en serio?
Hagen: Sí. En serio. ¿Por qué empezaron a contar de nuevo a partir del primer
contacto? ¿Qué había antes?
Alicia: Yo se los voy a decir. Antes había Antes de Cristo y Después de Cristo.
Hagen: ¿Y qué es Antes de Cristo y Después de Cristo?
Julia: ¿Existió Cristo?
Hagen: ¿Existió tanto como para poder medir las edades de la historia en un antes y un
después?
Julia: ¡Una convención! Es igual que lo del Primer Contacto.
Hagen: Ergo: ¡nunca hubo un Primer Contacto!
Coronel: ¡Calma!
Julia: ¡Estamos mal imaginadas!
Coronel: Tranquilas, señoras…
Hagen: Y ya que estamos, ¿qué es eso de hablar en femenino cuando hay varios
hombres y una mujer? Eso se dice “nosotros” y no “nosotras”.
Coronel: Sí, antes. Pero la Revolución Femínea…
Julia: No, no; tiene razón Hagen. ¡No hubo Revolución Femínea!
Claus: ¡Nunca existió el tiempo gamma!
Coronel: ¡Idiotas! Hay fotos. Claus, usted viajó en el Pampero y trajo las muestras…
Julia: Eso es: el Pampero… Quiero ver de nuevo esas fotos.
Coronel: Acá las tiene, aquí está Claus posando ante el Pampero… (Ve algo en la foto
que lo horroriza.) ¡Ay!
Julia: ¡Mire su Pampero!
Coronel: No puede ser. ¿Cómo no vimos esto antes?
Claus: ¿Qué es? ¡Ay! Es… es… un juguete…
Julia: …de hojalata. ¡Un ovni, un chiche de lata!
Alicia: Nunca hubo nave, nunca hubo tiempo gamma, nunca hubo Beatriz, nunca hubo
Esteban. Nunca hubo nada.
Hagen: Claro, no, Esteban… Ludmila y Esteban estaban en la cabeza de… Claro que
Ludmila y Esteban no estaban.
Claus: Eso se lo inventó Beatriz.
Julia: ¿Y esto, quién? (Le muestra la foto del Pampero.)
Claus: (Razonando.) No, esto… (Desesperado.) No puede ser.
Julia: Deme todo, deme la foto de los granjeros…
Coronel: ¿Qué granjeros?
Julia: Los que interrogaron a esa presunta inteligencia… estoy segura, estoy casi
segura… no lo quise aceptar en su momento, se ve que no lo quise ver… pero la
inteligencia se parecía mucho a… a… un topo.
Coronel: No diga. ¿Qué clase de sublevación es ésta?
74

Julia: ¡No me hable de sublevación! ¡Cada vez que se dice la verdad usted ve una
sublevación! ¡Usted ni siquiera es militar! ¡Usted no es nada! Perdóneme. ¡Usted está
mal imaginado! Sin pelo…
Claus: ¡Un cohete de lata con bandera colombiana!
Hagen: Venezolana.
Lázaro: Brenda.
Alicia: Brenda. Sí.
Julia: Brenda. Brenda nos imaginó. Nos escribió en sus cuadernos. Somos el producto
de una mente desquiciada. ¡Ah, nos vamos a desvanecer! Brenda pudo borrar California
de un plumazo porque somos su ficción. Es su derecho.
Coronel: Pero… no… no puede ser. Si a Brenda la inventamos nosotros. Usted no tiene
razón y yo sí… La Planta… El Sefaratón…
Julia: Mentira. Mentiras. Acrílico. Es como Beatriz. ¡Para ella Esteban es real! Y eso es
acrílico roto y no sefarats. ¡Démelo!
Coronel: ¡Jamás! (Pelean por la bolsa del Sefaratón.) Usted me habla de abstracciones
pero esto es tangible, yo lo veo, lo toco, ésta es una máquina del futuro y sirve para
producir ficción… que garantice… que… que…
Claus: (Repara en Hagen y se asusta muchísimo.) ¡Ah! ¡No tenés bigote!
Hagen: Yo… no… No me queda bien.
Julia: Nunca tuvo.
Claus: Ah, ¿no?
Coronel: ¡Todas atrás! Hay un Plan C. ¡Tengo órdenes drásticas, si la misión fracasa!
Lázaro: (Agoniza, cuaderno en mano.) No es necesario. La trama era al revés.
Julia: ¿Qué, nos va a disparar? ¿Con qué arma? ¡Todo es juguete! ¡Yo ni siquiera me
llamo Julia!
Claus: ¿Y nosotros? ¿Yo estoy acá? ¿No hubo tiempo gamma? Entonces… tanto
miedo… que yo le tenía… ¿Cómo me llamo? ¿Qué son Claus, Hagen? ¿Son nombres,
son apellidos?
Hagen: ¡Son juguetes!
Lázaro: Claus y Hagen son unos peluches (Hagen ve unos peluches y se los muestra),
que tenía Brenda, de la infancia… Alicia, me desangro.
Coronel: No me vengan ahora con ositos de peluche.
Alicia: Ojalá pudiera hacer algo por usted. Pero…
Coronel: ¡Maricos! ¡Pollerudos! (Saca un arma.) ¡Atrás, todas atrás!
Julia: ¿Por qué nos quedamos tanto tiempo? ¿Por una Barbie Ranchera, me quedé?
Nuestras motivaciones están mal imaginadas. ¿No se dan cuenta? (A la muñeca.) ¡Qué
linda que sos!
Coronel: ¡Se terminó, Julia!
Julia: ¿No lo entiende? No me puede matar porque…
Lázaro: …¡porque está atorada! ¡Es mi arma!
Julia: Porque usted no existe… Todo esto está mal escrito, escrito mil veces, ¡es puro
género!
Coronel: ¡No sigan!
Julia: ¡Usted es género! Tan malo, tan enjuto… tan…
Coronel: ¿Tan enjuto? ¿Tan sin pelo? (Le dispara. Silencio.)
Lázaro: ¡Lorna! Lorna la compuso.
Julia: No me dolió. (Cae muerta.)
Claus: ¡Asesino! (Salta sobre el Coronel, pelean por el arma.)
El Sefaratón cae al piso, sus fragmentos se desparraman salvaje y azarosamente.
75

El Coronel y Claus desaparecen mágicamente. Julia desaparece. Hagen cuenta las


desapariciones con los dedos y al llegar a cero desaparece también.
Alicia, con toda calma, se acerca al dispenser de agua, se sirve un vasito. El agua se
tiñe de verde. Y comienza el tiempo gamma. El Sefaratón –si es que tal cosa existe-
empieza a imaginar solo.
Lázaro cae de rodillas, aún sosteniendo la herida sangrante, observa los fragmentos de
acrílico, atenazado de dolor. Deja caer el cuaderno al piso. Agoniza.
Comienza una fase de absoluto delirio de los acontecimientos.
76

ESCENA 16: EL DELIRIO DE LOS ACONTECIMIENTOS

Los instantes finales de la obra son el intento de mostrar el tiempo gamma de los
relatos.
Se trata de una secuencia infinita, un video, sin devenir, sin texto, tal como la verían las
inteligencias. Es decir: una serie imprecisa de elementos que permite pensar en
cualquier otra cosa cuando se la ve. Para ello, los personajes (todos) de la trama
entran y salen, en un espacio vagamente lunar, o al menos como lo imaginaría una
niña venezolana recuperándose de una cirugía dolorosa. Las acciones de estos
personajes se repiten, se suman se entrelazan, y luego van mermando hasta
desaparecer. Sólo Alicia permanece, fría y aburrida, mientras el mundo se hace
terrones, y el viento de los siglos lo devora todo. Salvo la nostalgia inocua de unos
personajes irreales, que desfilan aún un rato por la pantalla.
Esta secuencia incluye a los marinos lituanos emborrachándose con sus rameras, a la
Secretaria sosteniendo una maceta con la Planta, a Chávez dando un discurso, a
Hagen poniéndose la malla y corriendo alegre a la ribera, a Chi-Tsu arrancando su
trébol, a los soldados nipones que amenazan a la Hilandera, a Beatriz que se
reprograma contra la pared, a Brenda que acuchilla a Barragán, a Leroy que peluquea
a Alexandra, a Lázaro y Kendry disparando en todas direcciones, a Mirko, Mischi y
Zusanna en frenético baile, a Lorna buscando a sus gatitas con un plato de Miau-Miau
en la mano, etc., y finalmente, por qué no, a Esteban que se va, se va dejando una nota
a Beatriz, metiendo sus cosas en una mochila. Beatriz que traga papel, que devora la
memoria, que borra los archivos, y Esteban y Ludmila –embarazada- regresan, de
mochileros, Ludmila canta una canción mochilera con una flaca guitarra, hasta que la
Hilandera China exhibe ante Chi-Tsu la hoja afilada, el peligroso mango del cepillo de
jade, principio y fin de un plan infalible.
De un plan.
Un plan para escapar.

Escrita en las ciudades de Stuttgart y Buenos Aires,


entre enero de 2005 y septiembre de 2007

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