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FUNDAMENTO SOCIOLÓGICO
DEWARISATA

1. Sobrevivencia de las instituciones indias

Hemos dicho que Warisata no fue creada en base a un


esquema prefabricado en un escritorio o en un "bureau" político.
Todas sus proyecciones nacieron al compás de las necesidades
mismas del trabajo y de su entroncamiento con su tarea
liberadora, aunque su fundador, Elizardo Pérez, ya tenia una
idea global de lo que debía hacerse, según lo cuenta en su
libro.< 15l
Tal aconteció con la revitalización de las institucio es
aymaro-quechuas que tan ejemplar vigencia tuvieron en el
lnkario. Enfrascado en la tarea ímproba de levantar la Escuela,
Elizardo Pérez no pudo al comienzo platearse aquel problema.
Iniciadas sus tareas, sólo tuvo la ayuda de Avelino Siñani, un
profesor indio a quien había conocido en 1917; la indiada del
lugar veía con recelo la presencia de un blanco, y no sin razones.

(15) PÉREZ,-Elizardo, ob. cit., pág. 81.


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Pero tal actitud fue pasajera, y pronto comenzaron a llegar los debía disponer la fa bricación de adobes y ladrillos, el acopio y
campesinos , para com probar lo que se proponía el maestro. La corte de piedra , la extracción y elaboración de es tuco -con la
ch arla con ellos se hizo cotid ia na, y en ese contacto inicial ayuda de la comisión de transportes pues que las ca nteras
Elizardo Pérez supo poner ese calor, entusia smo y sinceridad estaban situ ada s a algunos kilómetros de distancia- hornos para
que mantuvo a lo largo de toda su vid a. su cocimien to, fabricació n de tejas , abastecimiento de madera
Pues bien, esas charlas, debido al creci ente número de para pisos y envig ad os, etc.; la comisión de agricultura , que
cam pesi nos , tuvieron que hacerse sema nales, adq uiriendo poco tenía un trabajo incesante, desde la prepa ra ción de la tierra,
a poco un elemento de organizac ión que respondiera a las conservación, abono y rieg o, aporques, siembras, deshierbes ,
exigencias del trabajo. Y fueron los mismos indios los que le cosech as , al mace nam iento y co nta bili da d; la comis ión de
informaron que sobrevivia en los vi ejos ayllus el antiguo consejo ganaderra , que tuvo act ivida d sólo en los últimos años,
de la ulaka , con el cual estaba identificándose cada vez más la encargada de in crementar y mejorar el gan ado porcin o y lanar
charl a semanal. Así, por vía natural , sin la menor imposición , tan to de la Escu ela com o de los camp esinos; la co misión de
res urgía con vigor esa viej a institución en la cual el indio opinaba, jardines , la de huertos o campos de experimentación , la de
se exp resaba, li bre y sin temores , en busca de una nu eva arboricultura, la de sanidad e higiene del hogar, la comisión
proyección de la que hasta enton ces había sido pri vado, y de deportes , la comisión de educación y cultura, que realizó
empezaba a hablar acerca de su propio destino. la s más sorpre ndentes ac tivi dades, la de hacienda, de
Elizardo Pérez supo capta r el esp íritu mismo de la ulaka: si relaciones , de talleres y artesanías, la de caminos , la de
ésta habla sido la forma suprema de la autoridad local, debía internado y abastecimiento, etc. Las co misiones informaban
serlo también en la Escuela. Quedaba sup rimido, de cu ajo, todo cada sáb ad o , pe ro los queh aceres e ra n tantos, que el
paternalismo, porq ue así era el mismo indio el que conducía la Parla mento Am auta tu vo que reunirse ta mbién los dlas lu nes, si
Esc uel a , pues que Director y profeso res, tod os, estaban bie n en forma más restrihg ida. Las reunio nes solían durar hasta
sometidos a sus disp osicione s. De es a manera la reun ión al tas horas de la noch e, !o que era un sacrificio pa ra todos, dado
semanal acabó por designarse con el nombre de Parlamento el clima frfg ido ; pero nadie se quejab a. Básica me nte , cada
Amauta y se organ izóa la antigua usanza , con los mallkus, com isión estaba form ada por un amau ta, un maestro y un
hilacatas y comisarios. Esto, que podríamos llamar "comité lum no , trío al que se agregaban libremente los que quisieran o
directivo~ se desdobló en numerosas comisiones, tantas como los que fueran designados por el Parlamento, com o en el caso
fueran necesarias para atender el sinnúmero de actividades o de la comisión de riegos , cuyo personal de varia s decenas era
problemas: la comisión de justicia, que se encargaba de atenua r renovabl e, pues cada semana había que enviar a sus miembros
en lo posible los efectos de la opres ión gamonalista, y en lo hasta la lagun a La ra mcota , en pleno nevado II la mpu, a 25 Km.
interno, para solucionar pleitos, rencillas o disensiones entre de distancia y a más de 5.000 metros de altura , a donde había
los propios campesinos ; la comisión de construcciones , que que llegar a la una de la madrugada a fin de abri r las compuertas
se encargaba de planificar y controlar todo lo referente a las del acueducto existente, cerrar las acequias del trayecto y luch ar
edificaciones, lo que suponra una actividad compleja, pues que siete horas para lleg ar con el ca udal completo a la Escuela .
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2. El ayni y la mincka

Pues bien: el Parlamento Amauta, que desplegaba así tod os


estos trabajos estaba practicando, según los indios , la antigua
forma de cooperaci ón del ayni. Los edificios fueron hechos con
el ayni de las och o comun idades o parcialidades de Warisata, y
la mism a clase de ayu da se hacía en las si embras y cos echas .
Originalmente, el ayni era la ayuda que se prestaba a una
parej a de recién ca s ad o s , construyéndoles la casa y
obsequiándoles enseres, he rra mientas , tejid os , alimen tos. El
ayni conti núa practicándose en el altiplano y aún en sectores
urbanos . Se llama tam bién achokalla o lIamayaña .
Esta fo rm a de cooperación al individuo o la pareja se
extendió a nivel social con la mincka, que era el trabajo colectivo
para obras qu e in tere sa b an a toda la comunidad.
Institucion alizada por el Inca, la mincka se consti tuyó en un
gigantesco aparato de trabajo que permitió la realización de
obra s púb licas que aún hoy son el as ombro de lo s técnicos , y
fue complem en tada con la inv ención de la mita o turno , para el
laboreo en trabajos perm anentes , co mo en las minas, la
conservación de cami nos y otros. Algu nas marcas estaban
en carg adas de un solo tipo de trabajo, como el mantenimien to
del gra n puente colgante sobre el río Ap urímac, que se conservó
hasta la República. Otras comunidades tenían a su ca rgo las
industri as del Imperio, según los recursos que brind aba la zon a.
La mincka agrícola define el carácter colectivi sta de la nación
Inca, y permitió sostener, sin los recursos técnicos occid entales,
la rísp ida naturaleza del An de, hacerla productiva en máximos
niveles .
Warisata aplicó este sistema de trabajo , que en su pequeña
dimensión, dio lugar a jorn adas de extraordinario rendimiento ;
ta les, la ampliación del camino éarretero de Ac hacachi , de diez
kilómetros, la construcció n del camin o a la cantera de donde se
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extraía la p iedra para nu estros e dificios , y sobre todo , la


restau ra ción del viej o acueducto incaico que v enfa desde la
laguna Laramcota, al qu e nos hemos refe rido (16) Los ed ificios
de la Esc uela f ueron con struidos con aynis y minckas
combinados.
Esta forma de coop era ción era entusiasta, espontánea y
llena de energía, servía a la co lectivida d toda y no tenía el
ca rá cter de "trabajo forzado " de que nos acusaro n nuestros
enemigos .
"La escuela indíg ena -decía Elizardo Pére z ­
resucita la contribución socia l del individuo a la obra
colectiva. Cuando nosotros y quienes como noso tros
han visitado las escuelas indigenales, vieron la
eufórica alegría de los 'parlamentos amautas ' do nde
se discutía esta contribución, y luego en medio de los
tollas donde se pison ea el barro para los adobes, no
sólo al hijo y al padre, sino a la misma madre y a la
abuela , que venían desde sus ayllus y chujllas a
contribuir a la prime ra obra suya, de su propia entraña,
que se le van taba después de cuatro siglos de eclipse
cultural, no pudim os menos que sentir que una era
terminaba para comenzar otra" (PÉREZ, conf. Cit.) .
El término mincka ha modificado en parte s u significado,
desde qu e la opresión ha re legado al ind io a formas de pequeña
propi edad donde prá cticamente ha desaparecido la posibilidad
d e re alizar obra s de cará cter co lectivo . Por consiguiente, la
mincka tiende a identificarse con el ayni . La mincka no era
remun erad a (no podía serlo en una socied ad que no conocía el

(16) P ÉREZ, Eliz ardo , ob. cit., p ág. 182. Este episod io Y otros s imil ares se
h a llan descritos con abundan cia d e detall es en la obra de l profesor
Pérez, y son útiles para comp r en d er no sola men te las difi cultad es co n
que se e nfren taba s ino el valo r y la ten acidad c o n las que vencia.
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circulante monetario); em pero , las comunidades de la zona


te nían la obligación de mantener a los equipos de trabajo cuando
las obras pasaban por el lugar, por ejemplo, cuan do se trataba
de la construcción de un camin o.(17)
3. El tupu, la sayaña y la aynocka
Por esta vía, es decir, por las exigencias de la vida cotidian a,
Wa risata se dio al estudio de otra s modalidade s indf genas
sobrevivientes, lo que daría lugar a proyecciones insospechad as.
Lo primero fue darse cuen ta del tipo de propiedad existente
en la zona. Elizardo Pérez creyó al comie nzo que había llegado
a un sector de comunidades libres - las cuales, en la zona andina ,
parecen haber perd ido la mayor parte de sus modalidades
colectivistas(18), habiéndose convertido en pequeñas propiedades
<t
o minifundios de cultivo individual, apen as quizá con la ayuda e
del ayni. <t
z
Poco tiempo después, Eliza rdo Pérez descubrió que los i
hacendados de la región se habían apode rado poco a poco de o::
w
las tierras de comunidad , quedando muy pocas zonas libres. r-
Esta evolución de la propiedad se habla acentua do desde 1868, :5w
durante el gobierno de Melgarejo, que mediante la fuerza de las :;)
armas y por decreto, repartió propiedades en tre sus favoritos y u
en
partidarios, origen de la gran sublevación de 1874(19) w
~

(17) BAUDIN, Louís , El Impe ri o Socia li sta de los Incas , Santiago, 1953,
pág . 15 5. .
(18) PAZ BALLIVIAN, Danilo, Estructura agra ria boliviana, La Paz, 1983,
pág. 54 : "Prevakcen (antes de la reforma agraria) re laciones productivas
d e cooperació n basadas en una combi nación de p r opiedad p rivad a y
colectiv a de la tierra en las comunidades in dígen as " . Opinión
coincide n te con la de URQUIDI, Arturo , en La comunid ad in rugena,
Coch abam ba, 1941, p ág. 2 l.
(19) CO NDARCO MORALE S , Rarniro, Zárate , el " temible" Willka, La Paz , -1
1966. W
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¿Dónde estaba, pues , el ayllu, la célula social de los


antig uos pueblos andinos? ¿Había desaparecido , destrozado,
absorbido por los avances del latifundio?
Uno de los más importantes descubrimientos de Elizardo
Pérez fue el de comprobar que el ayllu subs'istia , no como
entid ad indepe ndiente , sin o formando parte del mismo sistema
de la hacien da.(20)
En efecto, las hacie ndas ma ntuvieron la organ ización de
trabajo heredada de los españoles, los que a su vez respetaron
las instituciones incaicas, en lo que ha de verse, no tanto una
actitud deliberada de los opre sores, que no respetaban nada,
como la influencia de las relaciones de producción más o men os
estacionaria s correspond ientes a la colonia y la República . De
acuerdo a ello, el patrón, y antes el encomendero español,
usufructuaban la tercera parte de la pro piedad, quedando dos
terceras partes para los in dios . El trabajo para la parte patronal
era, desde luego, colectivo: todos los campesinos sin excepción
e staban obligados al laboreo cons igu ien te . Pero lo más
si gnificativo era que en las dos terceras partes destinadas al
indio, se mantenía también la organ ización colectivista, si bien
la modalidad tendía a convertirs e en individual. Todo lo cual
demuestra la flexibilidad del ayllu , que supo mantenerse aunque
las formas de propiedad hubiera n cambiado.
En las grandes z onas ocupadas por los antig uos aymaras ,
existía la costumbre de conceder al padre de fa milia un tupu de

(20) PÉREZ, Elizardo, Conferencia dic tada en la Universidad Mayor de San


Andrés, 23 de agosto de 1937: "Nadie ha querido convencerse que
lejos de destruir la organización del latifundio, debe robustecérsela...
Lo que en Bolivia y en otras pa rtes se persigue actualmente es socializar
la tierra , adoptar medidas de o rden socialista .. . y entonces no s otros
tenemos que demostrar que la jatha o sea nuestro latifun d io , todavía
puede servirnos para re s olver problemas .. . " Esta c onferenc ia fue
transcrita el 2 4 de agosto del mismo añ o en "La Calle", y el profesor
Pérez la menciona en su libro citado en la . pág. 2 47 .
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En la Re pública la transferenc ia de propiedad dio lug ar a
tierra, med io tupu a la mujer, un tupu a cada hijo varón, medio
fraccion amie ntos y dis persi ones , pero a pe sar de ello la
tupu a cada hija. Mediante este siste ma la població n en su
orga niza ción se mantuvo.
totalidad estaba siem pre dotada de tierra , desde el nacim iento Las comunidades libres, relegadas a una extensión fija de
hasta la muerte , lo que por otra parte permitía la sobrevivencia terrenos , ence rrados en zonas que no podían ampliarse, no
del ayllu en forma indefinida. podían hacer aynockas; pero la hacienda , el latifundio , sí lo
El tupu no era una medida de superficie, sino que calculaba permitían , dada su extensión y número de pobl adores(ZZ) ; lo que
más bien la productividad de la ti erra. Un tupu situado en una exp lica la ex ti nc ión de l co le ctiv ismo en aquel la s y su
zona fértil era mucho más peq ueño que otro situa do en una man tenimiento en éstas .
tierra pobre , de manera que las extension es eran muy variables. Tales formas de propied ad de la tierra y organización del
Según Urq uidi, "los adjudicatarios de los tupus ten ían sobre trabajo se realizan dentro de una circun scripción llamad a ayllu .
éstos un simple derecho de usufructo. La facu ltad de la Ubre que no es únicamente de carácter territorial , sino que es una
disposición , inherente a la pequeña propiedad. no les estab a forma de sociabi lidad , la célul a social sobre cuy a base se
permitida" (Z1 ) Según lo que observamos en la zona de Warisata desarro ll aron las naciones and in as .(23)
y aledañas, la casa de la f amilia , edificada en el tupu paterno. 4. El ayllu y la marca
se tra nsmitfa a los hijos mayores .
Ade más de los tupus, los miemb ros de la comu nidad Sabido que el hom bre americano no es Orig ina rio del
continente(Z4), se debe suponer que las olead as migratorias
cultivaban las sayañas, también de varia ble exte nsión , y cuya procedentes de l Asia y la Polin esi a(Z5) han debido traer
caracterfstica más importante era su rotación , es decir, que n.o ins tituciones ya muy desarro lladas , ent re ella s, la fami lia
podía ser cultivada permanen temente , entrando en descanso monógama. lo que denota un a gran antigüedad. El casamiento
por cierto número de años y según la naturaleza del suelo y de
los cultivos . Este sistema era incompa tible con la propiedad
(22) PAZ BALLIvrAN, Danilo, ob . cit., pág. 19: "Lo prim ero que llama la
particular o privada . El régi men colectivista resultaba así atención sobre la s haciendas d el Alti plano paceño en comp aración
impuesto por las condiciones del medio. No hab ía otro sistema con unida d es p r oduc tivas de este tipo e n el re s t o d el país, es su gran
posible para responder a la hostil naturaleza del Ande, y el Inca tamaño". Ver también a; ROD RIGUEZ , Gustavo, Revista "Avances",
La Paz, 1978, pág. 119 Y sgts., d onde señala el proceso de apropiación
supo comprenderlo , para adoptarlo como base del desarrollo de la tierra por los latifund ios, a costa de la s comunidade s li b r es.
imperial. (23) Los criterios no son uniformes r especto a la conservación o extinción
La rotación de las sayañas se establec ía en turnos d el ayllu y su comp lej o de trabajo y propied ad. En la obr a d e Arturo
Urquidi pude verse este asu nto planteado e n todas s us fases.
debidamente estudiados, que recibían el nombre de aynockas , (2 4) CANALE S FRAU, Salvador , Prehistoria de América , Buenos Aires,
y cuyo resultado era una alta prod uctividad porque permitía 1958, pág. 32: "En nuestro co ntin ente no sólo no hay monos catarrinos
superar la carencia de medios técnicos . El encomendero español vivientes, sino t ampoco fós iles". "No carece esto d e importancia., ya
no modificó esta forma de uso de la tierra, como hemos dicho. que de s virtúa la pretensíón de que el Hombre se hubiese originado en
América, como queria Florentin o Ameghino".
(25) CANALES F RAU , Salvador, ob. cit. Hace un análisis de las teorías del
(21) URQUIDI MORALES , Arturo , ob. cit., y también en el p rólogo para la Hrdlicka, Ri vet e 1mb elloni ace r ca de las corr ientes migratorias
segu nda edición de aquella, "Presenci a" , 31 d e en e ro d e 1982. provenientes del Asia y la Polinesia.