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CASAS Y CASONAS

Las primeras mansiones coloniales que se edificaron en el Cusco albergaron a conquistadores y


encomenderos. Situadas en lugares privilegiados, transformaron los espacios nobles de la
ciudad inca para convertirlos en palacetes de inspiración renacentista. Rápidamente, se
abrieron patios, arquerías y zaguanes. Las fachadas introdujeron blasones, ventanas de ajimez
y balcones de origen mudéjar. No sólo eran radicales innovaciones arquitectónicas sino
símbolos de modos de vida distintos, además de adecuarse a nuevas funciones sociales.
Muchas de esas casonas subsisten y han conservado -hasta nuestros días- el aspecto que le
imprimieron sus primeros habitantes.

Este proceso de adaptación de las estructuras prehispánicas constituye uno de los capítulos
más sugestivos de la historia urbanística de América Latina. Los espacios abiertos de las
antiguas canchas -alrededor de los cuales se disponían varias viviendas unifamiliares- fueron
convirtiéndose en patios de casonas solariegas.

Algunas casas conservaron el dintel trapezoidal incaico, sobre el cual se fueron adosando los
escudos nobiliarios del nuevo ocupante, sencillas columnas clásicas y florones de gusto
plateresco. La posición del zaguán no es central y simétrica, como en Lima, sino que se sitúa a
uno de los lados e incluso en esquina.

Introducción Cusco Cultural

Introducción Casonas:

* El Cabildo

* La Inquisición

* Palacio del

Almirante

* Casa de los

Cuatro Bustos

* Casa de la Calle

Tigre

* Casa de las
Sierpes

* Casa Cabrera

* Casa del Inca

Garcilazo de la

Vega

* Casa del

Marqués de

Picoaga

* Casa del

Marqués de

Valleumbroso

* Casa del

Marqués de

Escobar

* Casa de Silva

* Casa de

Clorinda Matto

Galerías de Arte

Centros Culturales

Bibliotecas - Líbros

Esto impide ver el interior de la casa desde la puerta de calle. Sólo después de trasponer el
zaguán el visitante descubrirá los típicos patios de corte renacentista, con arquerías de medio
punto sostenidas por columnas de piedra en ambos pisos. Esta disposición resulta similar a la
observada en los claustros conventuales, aunque en la arquitectura doméstica suelen
alternarse dos o tres arquerías con corredores o galerías altas de madera labrada. Las
escaleras, con graderías de piedra, solían ser de caja y se situaban en un ángulo del patio y a
veces ostentaban ornamentación en relieve o figuras escultóricas, como el león de la Casa del
Almirante.

En las fachadas exteriores es frecuente observar reminiscencias medievales en las ventanas


ajimezadas (divididas en dos por una columnilla central) o ventanas esquineras, con columnilla
en el ángulo Tampoco faltan balcones de madera aunque, a diferencia de los limeños, son por
lo general abiertos. Los hay ricamente labrados, al estilo "crespo" del barroco cusqueño, y
también con paneles curvos, en los que aflora el gusto Luis XV o rococó, que se difundió hacia
fines del siglo XVIII.
Los materiales

Los materiales utilizados son los típicos de la región. El Cuzco se caracteriza por superponer un
segundo piso de adobe sobre el paño de muro incaico, cuyas piedras de andesita y traquita
procedían de canteras cercanas a la ciudad. Además del adobe y la tapia - ya conocidos por los
constructores indígenas - los españoles introdujeron el ladrillo, especialmente en portadas y
arquerías de los patios. La madera, aunque escasa en la zona, se usó con frecuencia en
corredores, galerías altas, balcones, balaustradas y, sobre todo, en los primorosos techos
artesonados que cubrían algunas estancias. Para ello se trajeron alisos, sauces y cedros, desde
los valles aledaños e incluso de la ceja de selva.

Los techos se hicieron a dos aguas, provistos de tejas, eficaz protección ante las fuertes lluvias
estacionales. Desde el siglo XVII, los fabricantes de tejas del pueblo de San Sebastián
alcanzaron renombre y abastecieron a toda la ciudad, que hasta hoy aparece recubierta por el
manto rojo de sus centenarios tejados.

En cuanto a los colores de las casas cusqueñas, los especialistas sostienen que predominan el
blanco, el rosado, el amarillo y el azul. El rojo procedía de la cochinilla, mientras que el azul añil
se importaba desde Centroamérica. Hubo también una presencia importante de pinturas
murales al temple, en los zaguanes, en las paredes interiores e incluso en los techos.
Representaban variados temas, desde la iconografía religiosa cristiana y la mitología clásica
hasta paisajes y escenas profanas, o motivos puramente ornamentales. Muchas de estas obras
fueron parcialmente destruidas o permanecieron ocultas bajo sucesivas capas de pintura, sólo
restauradas en los últimos años.

Tanto en la construcción como en su decoración, las casas cusqueñas requerían el trabajo de


numerosos maestros y artesanos especializados. Había desde maestros de obras y albañiles
hasta canteros, carpinteros, pintores y doradores. Sólo excepcionalmente intervinieron en
ellas los grandes arquitectos venidos desde Lima u otras ciudades, ocupados en la edificación
de iglesias y conventos. De este modo, la iniciativa de los propietarios y la intervención de
mano de obra indígena, cedieron paso a una creatividad cada vez mayor al servicio del tipo de
vida y las funciones sociales generadas por la propia ciudad.

Casa del Inca Garcilaso de la Vega


Ubicada en la esquina de las calles Garcilaso y Heladeros, en la esquina de la plaza
Cusipata o Regocijo. Esta casona es un relicario de arte colonial y su restauración ha sido
un admirable trabajo bajo la dirección de los mejores arquitectos peruanos
complementando la belleza de los monumentos incas y coloniales.
Fue la morada del cronista autor de "Los Comentarios Reales de los Incas" y es la actual
sede del Museo Histórico Regional, donde se exhibe obras pictóricas de la Escuela
Cusqueña.
 
Casa del Almirante
Casona de principios del siglo XVII. Esta situada a un costado de la Plazoleta de San
Borja, al terminar la Cuesta del Almirante. La fachada en piedra ostenta los escudos
nobiliarios de sus originales propietarios: La Familia del almirante Francisco Aldrete
Maldonado.
Es actualmente sede del Museo Inca y exhibe objetos y mobiliarios de esa época.

Casa de los Cuatro Bustos


En su portada destacan relieves encarnando cuatro bustos, un escudo y un escudete.
Durante el Tawantinsuyo fue el Aqllahuasi; luego durante la Conquista fue la casa de
Gonzalo Pizarro, la cual fue vendida posteriormente al marqués de Salas y Valdés.
Actualmente funciona el hotel Libertador del Cusco. 

Palacio Arzobispal
Está ubicado en la calle Hatun Rumiyoc. Esta casa de una sola planta cuenta con una
magnífica portada, una sólida balconería y columnas barrocas. Perteneció a las familias de
los marqueses de San Juan de  Buenavista y Rocafuerte y al obispo fray Vicente de
Valverde. De estilo morisco y es actualmente el Museo de Arte Religioso, destacando en
su interior la utilización de mosaicos.
 

Casa Concha 
Está ubicada en la calle Santa Catalina Ancha y perteneció a Martín Concha, gobernador
del Cusco en 1814.  Casa Cabrera (Centro Cultural de la Fundación del Banco
Continental)
En esta casa de condes, funciona actualmente el Museo y Centro Cultural de la Fundación
del Banco Continental; entidad que restauro la casona en el año 1986 y lo convirtió en un
importante centro cultural. La Casa Cabrera fue un palacete incaico que se convirtió en el
primer monasterio del nuevo mundo. La casa cuenta con un moderno auditorio para la
difusión de toda clase de eventos culturales y una galería para exhibiciones temporales.  

Otras mansiones
También se recomienda visitar las siguientes mansiones virreinales: del Marqués de
Picoaga, de los Marqueses de Valleumbroso, del Marqués Escobar y de los Condes de
Peralta.

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