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Conocerse a sí mismo para cuidar de sí y de los demás: consejos de Sócrates a Freud.

Realizado por: Lucas Minervino.


Seminario: Perspectivas filosóficas de la noción de sujeto y subjetividad.
Profesor: Juan Pablo Sabino.
Período de cursada: 1° cuatrimestre de 2014.
Conocerse a sí mismo para cuidar de sí y de los demás: consejos de Sócrates a Freud.

En el presente trabajo me interesa establecer convergencias y divergencias entre los consejos que,
en el Alcibíades de Platón, Sócrates dirige a Alcibíades ante la pretención de este de aconsejar y
cuidar de su pueblo y los consejos que da Freud a los médicos que pretendan ejercer como
psicoanalístas.
Para hacerlo, primero haré un recorrido por el texto de Platón a fín de resaltar algunos aspectos
que considero importantes a los fines de la comparación y luego mencionaré algunos aspectos
destacados de la recomendación freudiana, centrándome en el texto “Consejos al médico” de 1912,
para luego intentar señalar de que manera se pueden relacionar los consejos mencionados.

El conócete a tí mismo en el Alcibíades de Platón.

Lo primero que Sócrates intenta mostrarle a Alcibíades, es que poco o nada sabe sobre lo que se
propone aconsejar al pueblo. Mediante algunas preguntas, llega a convencerlo de que ignora el
tema sobre el que se dispone a hablar, esto es, ignora que es lo justo, lo bueno, lo útil para el pueblo
al que quiere dirigir.
Pero no sólo ignora lo concerniente a la materia que quería tratar, sino que, además, Sócrates le
guía a responder que ignora que lo ignora. Convence a Alcibíades que su confianza en haber sabido
siempre lo que era justo o injusto había impedido que intente indagarlo por sí mismo o que busque
respuestas en algún maestro, porque para aprender algo hay que ignorarlo antes, y además, sostiene
que esta ignorancia ignorante es la causa de todas las faltas.
Alcibíades se manifiesta confundido, teme haber perdido la razón, ya que las cosas que le
parecen en un momento de una manera, enseguida se le aparecen de otra ante las preguntas de
Sócrates. Socrates le dice:
“No te desanimes, Alcibíades; si te apercibieses de este estado a los cincuenta años, te sería difícil
poner remedio y tener cuidado de ti mismo; pero en la edad que tu estás, es justamente el tiempo
oportuno de sentir tu mal.” (Platón 1871: 174)
Me interesa señalar la distinción que tiene lugar una vez que Sócrates hubo convencido a su
amado de que, en realidad, poco era lo que sabía sobre lo que es justo y útil, o también bueno, para
el pueblo.
El amante le dice que lo que necesita hacer, en primer lugar, es cuidarse a sí mismo. Afirma que
tan pronto se llega a conocer el sí mismo, se sabe sin dificultad qué cuidados se debe tener, la
naturaleza de este cuidado (Platón 1871: 179) y le pregunta si él piensa que un zapatero tiene
cuidado de los pies. Después de algunas preguntas, Alcibíades se convence de que no es lo mismo
tener cuidado de los zapatos que de los pies y de ahí a convencerlo de que el tener cuidado del
cuerpo no es tener cuidado de sí mismo median apenas algunas otras preguntas.
Entonces, le dice Sócrates, uno no puede conocerse a sí mismo conociendo sus posesiones, y
momentaneamente va afirmar que hay quienes tienen cuidado del cuerpo, que acuerdan en no
considerar más que siendo una posesión que sirve al alma, sin necesariamente estar cuidando al
hombre, lo mismo que el zapatero, perfeccionando los zapatos, no tiene cuidado del pie.
Para cuidarte a ti mismo, afirma Sócrates, o le guía a afirmar a Alcibíades, debes primero
conocer lo que eres, para así saber que es lo que tienes que cuidar. Si no eres el cuerpo, entonces
¿Qué eres? Le pregunta Sócrates, ¿eres acaso una mezcla del cuerpo y el alma? E inmediatamente
pide el asentimiento para descartar esta posibilidad, por considerar que no pueden mandar dos si
uno es mandado (Platón 1871: 183).
Me interesa señalar que para poder determinar qué es el “sí mismo”, para igualarlo al alma,
Platón (a través de Sócrates) recurre a una distinción, si se quiere, de jerarquía. El que manda, el
que tiene el control y ordena, ese es el sí mismo, en contraposición a cualquier otra cosa que se
presente como instrumento. Es más, el hecho de ser instrumento, elimina al cuerpo como
componente del sí mismo, esta “objetualidad” del cuerpo hace a Sócrates descartar la posibilidad de
que sea el compuesto alma-cuerpo lo que hay que cuidar.
Llegan pues a la conclusión de que el hombre es su alma, pero, como aclarará Foucault, este
alma con la que Sócrates y Alcibíades se encuentran, a la que llegan mediante el distingo del
“valerse de”, no es el alma sustancia, sino el alma sujeto.1
Pero, ¿de qué manera puede uno cuidar su alma?. En este punto Sócrates recurre a una
comparación por demás interesante para hacerle ver a Alcibíades de qué manera puede esto llevarse
a cabo. Dice, si un ojo quiere verse a sí mismo, ¿como puede hacerlo?, mirándose en un espejo,
pero mirándose a sí mismo en el espejo, también dice Sócrates, mirándose en otro ojo o en algo que
se le parezca. (Platón 1871: 189).
Así, subordinando el cuidado de sí al conocimiento de sí, arriva a la conclusión de que mirando
en nuestra alma, o en otra alma, en la sabiduría que mora en ella, es como se puede tener cuidado,
primero del sí mismo y luego de los otros.

Los consejos al médico de Freud.

En este apartado haremos una exploración de los consejos al médico de Freud, en los que da
algunas recomendaciones acerca de cómo llevar a cabo un psicoanálisis. Si bien nos centraremos en
1
“Ocuparse de sí mismo será ocuparse de sí en cuanto uno es «sujeto de» cierta cantidad de
cosas: sujeto de acción instrumental, sujeto de relaciones con el otro, sujeto de comportamientos y
actitudes en general, sujeto también de la relación consigo mismo.” (Foucault 2006: 71).
la recomendación acerca de lo necesario de un análisis propio para poder psicoanalizar a los demás,
destacaremos algunos otros consejos que se pueden poner en consonancia con los enunciados más
arriba en el contexto del diálogo platónico.
En un trabajo publicado en 1912 y titulado “Consejos al médico”, Freud se dispone a transmitir
ciertas reglas técnicas que ha decantado a partir de su experiencia.
Comienza por referirse a la dificultad mnémica de la técnica psicoanalítica, debido a la cantidad de
datos y detalles que surgen durante el tratamiento de cinco o seis paciente al día. Recomienda una
técnica que considera muy simple y que consiste en no fijarse en nada en particular, “en prestar a
todo cuanto uno escucha la misma atención parejamente flotante...” (Freud 1992: 111).
En segundo lugar se refiere a la toma de notas durate el trabajo analítico; las repudia afirmando
que es preferible dejarlas para el final de la sesión, cuando esta ya haya terminado, en aras de
respetar una actitud que él llamará de atención parejamente flotante.
Luego se refiere a la coincidencia de la investigación y el tratamiento analítico, sesteniendo que
es uno de los “títulos de gloria” del psicoanálisis. Sin embargo, afirma que la técnica de la primera
se contrapone a la atención parejamente flotante establecida como técnica para el tratamiento, por lo
que recomienda no elaborar científicamente el material hasta que el caso no esté cerrado.
Finalmente, aconseja cierta frialdad del médico psicoanalísta con respecto a la ambición de
obtener buenos resultados, y sostiene que todas las reglas enunciadas convergen en la creación de
un correspondiente para el médico de la “regla analítica fundamental” isntituída para el analizado
(decir todo cuanto venga a asu mente sin ejercer censura). Dice que el médico “debe volver hacia el
inconciente emisor del enfermo su propio inconciente como órgano receptor, acomodárse al
analizado como el auricular del teléfono se acomoda al micrófono.” (Freud 1992: 115)
Agrega que el médico, para estar en condiciones de servirse de su inconciente como instrumento
de análisis, tiene que llenar cierta condición psicológica. “Para ello, no basta que sea un hombre
mas o menos normal; es lícito exigirle, mas bien, que se haya sometido a una purificación
psicoanalítica, y tomando noticia de sus propios complejos que pudieran pertubarlo para aprehender
lo que el analizado le ofrece”. Cualquier represión no solucionada en el médico dará lugar a un
“punto ciego” en su percepción analítica. (Freud 1992: 115)
Con respecto a esta preparación necesaria para ser analista, dice Freud que si bien en un
principio pensaba que bastaba con analizar sus propios sueños, no todos consiguen hacerlo y
adjudica a la escuela de Zurich el mérito de haber reforzado este requerimiento con “la exigencia de
que todo el que pretenda llevar a cabo análisis en otros deba someterse antes a un análisis con un
experto”. (Freud 1992: 116)
Con respecto a un análisis de este tipo, llevado a cabo por una persona sana, Freud afirma que es
natural que no termine nunca y agrega:
“Quién sepa apreciar el elevado valor del conocimiento de sí adquirido por tal análisis, así como del
mayor autogobierno que confiere, proseguirá después como autoanálisis la exploración analítica de
la persona propia y tendrá la modestia de esperar siempre nuevos hallazgos tanto dentro como fuera
de él mismo” (Freud 1992: 116)
La siguiente regla se refiere a una actitud del médico que rechaza, la de ponerse en pie de
igualdad con el enfermo, mostrando sus defectos y conflictos anímicos. Dice que esta técnica no
ayuda en nada y dificulta la solución de la transferencia. No vacila en desestimarla y agrega:
“El médico no debe ser transparente para el analizado, sino, como la luna de un espejo, mostrar sólo
lo que le es mostrado” (Freud 1992: 117).
Al referirse a la ambición pedagógica del médico, es decir, a la indicación de nuevas metas a las
aspiraciones liberadas, que “no respondería sino a una lógica ambición, que se empeñaría en crear
algo excelso...” (Freud 1992: 118). Afirma que esta ambición pedagógica es tan inadecuada como la
terapéutica.
Con respecto a la pedagogía en analisis, también menciona su rechazo a leer con sus pacientes
escritos psicoanalíticos, recurriendo a su colaboración intelectual; en lugar de eso, dice, “les
demando que lo aprendan en su persona propia y les aseguro que de esa manera averiguarán más
cosas, y de mayor valor, que las que pudiera decirles toda la bibliografía analítica.” (Freud 1992:
119).
Por último advierte que no debe buscarse el apoyo de los parientes dandoles a leer bibliografía
ni tampoco tratarlos como si también fueran sus pacientes.

Confluencias y divergencias en los consejos de Sócrates y Freud.

Lo primero que me gustaría destacar, en referencia a este conocerse a sí mismo, es que en Freud
el inconciente es utilizado como un instrumento para el médico. Y el perfeccionamiento de este
instrumento también coincide con el “tratamiento del alma” al que en este contexto de analisis con
fines de analizar, Freud se refiere como una purificación.
Lo que quiero señalar es que la técnica psicoanalítica hace coincidir el conocimiento de sí y del
otro con su tratamiento y con la “puesta a punto” del instrumento necesario para realizar este
conocimiento y este tratamiento (que aquí ponemos en pie de igualdad con el cuidado de sí y del
otro). Freud dice que para poder ejercer como analista es necesario pasar por un análisis y este paso
implica un progresivo conocimiento de sí.
Como se habrá observado, Freud no parece hacer distinción entre el cuidado de si y el cuidado
del instrumento que se utiliza. Uno puede valerse del sí mismo y esto no lo expulsaría del privilegio
de ser sujeto. En esto notamos una diferencia importante, ya que Sócrates le decía a Alcibíades que
cuidando de lo que uno utiliza no se cuida el sí mismo sino de lo que a uno pertenece, mientras que
Freud hace coincidir el sí mismo con lo que pone en juego el analista para llevar a cabo su técnica.
Otro aspecto a señalar es que para Platón, el cuidado de sí, si ben es el fín, depende en gran
medida del conocimiento de sí. Para poder llevar a cabo el cuidado de algo, primero hay que saber y
establecer que es este algo, y conociéndolo se sabrá también cual es la manera de cuidarlo.
En Freud, hay una coincidencia entre el tratamiento y la investigación psicoanalítica. A la vez
que uno intentar tener cuidado del otro, produce material científico.
La exploración del inconciente, su conocimiento, “la cosa en sí” del psicoanalisis, coincide con
el “tratamiento del alma”. Es a partir de la aplicación de la técnica psicoanalítica que Freud conoce
su objeto de estudio. Si bien el movimiento es de ida y vuelta, es decir, el conocimiento adquirido a
partir de la clínica tiene también tiene incidencia sobre la técnica, no hay una primacía del
conocimiento que determine absolutamente el quehacer del analista, sino que ambos procesos se
realizan en conjunto a traves del ejercicio del psicoanálisis.
Otro aspecto a destacar es que en ambos textos se hace patente la necesidad de una otro para
llevar adelante el cuidado de sí. Y no solo en esta necesidad notamos una similitud, sino además en
la relación especular que se establece entre ambos participantes. En el texto de Platón, Sócrates
utiliza la metáfora del ojo y el espejo. Freud también habla del analista como un espejo en el que se
refleja el sí mismo del paciente.
Además, es digno de notar que en ambos textos se plantea la condición de pasar por un proceso
de conocimiento de sí, en dónde un otro juega un papel importante a la hora de atravesar este
proceso, para poder acceder a la posibilidad de cuidar de los otros. El conócete a ti mismo como
condición del cuidado de sí y de los otros es mencionado como de suma importancia tanto por
Freud como por el Sócrates que recrea Platón.
Si bien es notable la diferencia en lo que se refiere al papel pedagógico del analísta con respecto
al papel de Sócrates, me interesa mencionar que en ambos casos quien oficia de consejero intenta
abstenerse de enunciar las verdades para dar lugar a la afirmación de ésta por parte del amado (en el
caso del Alcibíades) o del analizado (en el caso del texto freudiano). Tanto Sócrates como Freud,
confían más en el poder de convencimiento de una verdad que afirma uno mismo que la que un otro
pueda intentar transmitir.

Resúmen final.

En un recorrido por el Alcibíades de Platón y los consejos al médico de Freud, pudimos


encontrar ciertas similitud en el modo en que abordan la problemática del cuidado de sí y de los
otros.
Vimos que tanto en uno como en otro el cuidado de sí implica un conocimiento de sí, aunque la
relación entre el conocimiento y el cuidado de sí presenta ciertas diferencias en ambos autores.
También pudimos vislumbrar que el cuidado de los otros en ambos desarrollos aparece como
teniendo por condición previa cierto tratamiento del sí mismo.
Además, encontramos en ambos desarrollos una necesidad de un otro que actúe como espejo en
donde se refleje el sí mismo para poder realizar un conocimiento y cuidado de sí y en ambos este
otro no representa un pedagógo que intenta depositar una verdad en el aprendiz, sino mas bien un
interlocutor que posibilita la emergencia y afirmación de un saber propio.
Consideramos que la diferencia mas digna de ser mencionada es la posibilidad en Freud de
utilizar al sí mismo como instrumento para el cuidado de sí y del otro, mientras que en Platón el
hecho de ser instrumentado por otra cosa eliminaba la posibilidad del instrumento de participar del
sí mismo entendido como el sujeto que se vale.
Bibliografía.

▪ Foucault Michel. 2006. La Hermenéutica del Sujeto. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica.

▪ Freud Sigmund. 1992. Obras Completas, Tomo XII. Buenos Aires: Amorrortu.

▪ Platón. 1871. El primer Alcibíades o De la naturalza humana. Traducido por Azcárate. Madrid:
Medina y Navarro.