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UNIDAD II: ESCUELA MERCANTILISTA.

INTRODUCCIÓN

Entre los siglos XV a XVII, con la existencia de los Estados-nación, los gobernantes actuaron de acuerdo con el
pensamiento económico denominado Mercantilismo, generándose así una política económica nacionalista que no fue
uniforme en toda Europa sino tuvo diversas manifestaciones. Esta unidad se dedica al estudio del Mercantilismo y se
analizan las diferencias que hubo en su aplicación en países representativos, incluyendo a España por la importancia que
tuvo para la Nueva España, hoy México.

ACTIVIDADES DE APRENDIZAJE

2.1 Realiza las lecturas de la unidad.

2.2 Elabora un cuadro sinóptico donde menciones los fundamentos teóricos, los representantes y características
principales de la escuela mercantilista.

2.3 Elabora un mapa conceptual de las ideas concretas del Mercantilismo.

2.4 Realiza un cuadro comparativo con las distintas épocas del desarrollo del mercantilismo.

OBJETIVO PARTICULAR

Analizar las principales aportaciones de la Escuela Mercantilista a la ciencia económica.

CONTENIDOS

2.1. Esquema general y sus fundamentos teóricos

2.2. Representantes principales

2.3. Categorías principales

2.4. Teoría de la balanza comercial y de pagos

2.5. Teoría del valor, el dinero y la riqueza


I. EL COMERCIO REGLAMENTADO: EL MERCANTILISMO
Una economía internacional no podría existir si no hubiera naciones. En el mundo occidental, los siglos XVI y XVII
fueron la era del surgimiento del moderno estado-nación; por consiguiente, tornamos ese período como punto de
partida. Nuestro interés se centra en las circunstancias económicas de la época, los problemas económicos que originaron
dichas circunstancias, y las ideas y políticas que esos problemas generaron. Aunque las condiciones son en general muy
diferentes de aquéllas del período 1500-1750, muchos de los conceptos, e incluso algunas de las políticas que se
originaron en ese período y llegaron a denominarse "mercantilistas," continúan influyendo en el pensamiento y las
acciones actuales. Por tanto es importante entender aquellas ideas y políticas y las condiciones que las hicieron válidas,
aunque las opiniones de cualquier período tengan un interés por sí mismas.

CARACTERÍSTICAS SOCIALES Y ECONÓMICAS DEL PERIODO MERCANTILISTA

Una sociedad agraria

En 1500 la Europa occidental contaba probablemente con una población de unos 55 a 60 millones de habitantes. La
mayor parte de aquella gente se ganaba pobremente la vida trabajando la tierra, ya como siervos en las grandes
propiedades de la nobleza, ya como labradores independientes. Probablemente de 80 a 90% de ellos se ocupaban en eso.
Del resto, la mayor parte estaba empleada como artesanos, tenderos o criadas del número relativamente pequeño de
nobles, de miembros del alto clero y de los mercaderes acomodados que percibían grandes ingresos y tenían en sus
manos las riendas del poder político y económico.

La sociedad era, pues, preponderantemente agraria. Sólo cuatro ciudades hablan llegado a tener una población
próxima a las 200 mil almas o un poco superior: Londres, París, Nápoles, Milán; seis tenían alrededor de 100 mil
habitantes: Amberes, Ámsterdam, Lisboa, Sevilla, Roma, Palermo. Habla relativamente bastantes poblados de hasta 40 o
50 mil habitantes, pero aun éstos estaban sumamente esparcidos.

Además, la tasa de crecimiento -hasta donde las cifras diseminadas nos permiten juzgar- era muy lenta. Durante los
siglos XVI y XVII, la tasa promedio de aumento de la población parece haber estado por debajo de 1%, y en algunas
1
regiones, durante períodos considerables de años la población realmente disminuyó. No fue sino hasta el siglo XVIII
cuando la tasa anual de crecimiento excedió de 1% en vastas regiones.

Manufactura doméstica

En las diseminadas ciudades y poblaciones de Europa occidental no existía la industria tal como hoy la conocemos.
Con pocas excepcione, los procesos manufactureros tenían lugar en el taller del maestro artesano que empleaba unos
pocos trabajadores y aprendices, o en casa del campesino. Esto vale respecto del mobiliario, los utensilios de cocina, la
alfarería, velas, quincallería y telas. Pero en la manufactura de tejidos de lana, que era la industria predominante en las
activas ciudades comerciales del norte de Italia y de Flandes, y también de Inglaterra, el sistema de guildas o gremios
había dejado el lugar al sistema de producción "doméstica" o "por cuenta ajena". En éste el mercader o comerciante
capitalista compraba la lana, la colocaba en casa de los hilanderos y de los tejedores para que la trabajasen, recogía la tela
cruda y la entregaba a otros trabajadores para que la abatanasen, tiñesen y diesen la última mano, y después vendía el
producto acabado. En algunos casos aun se practicaba un procedimiento más capitalista: el capitalista suministraba no
sólo las materias primas, sino también los instrumentos y un amplio edificio en el que empleaba a varios centenares de
trabajadores en las diferentes operaciones de la manufactura textil. En algunas otras industrias, como la minería y la
producción de armaduras, el propietario capitalista habla llegado a una posición de predominio. Fuera de eso, el método
artesanal de la Edad Media continuaba relativamente inalterado.

1
Helleiner, Karl F., "The Population of Europe from the Black Death to the Eve of the Vital Revolution". Cap. I en E. E. Rich y C.H. Wilson (ed.) The Cambrídge
Economic History of England Vol. 4. Prensa Universitaria de Cambridge, Nueva York, 1967.
Comercio

Como la mayor parte de las personas tenían un ingreso suficiente sólo para cubrir las necesidades más apremiantes
de alimentos, ropas y vivienda, el comercio en el siglo XV se limitaba principalmente a las poblaciones y a las zonas
rurales inmediatamente próximas. El comercio que se hacía a mayores distancias podía dividirse en la circulación de
productos fundamentales, como los cereales y la madera del Báltico, y el pescado salado de los mares Báltico y del Norte
para suplementar las necesidades alimentarías de los habitantes de las ciudades, y los artículos de lujo que satisfacían las
necesidades de la gente relativamente rica. Este último comercio comprendía el que se hacía con Oriente, en telas finas de
algodón y de seda, especias, medicamentos, tintes y perfumes, y la corriente hacia el Norte de los vinos y las frutas de los
países latinos, que se cambiaban -así como otros productos tales como armaduras, artículos de alero, cristalería veneciana
y pieles- por las famosas telas de lana del norte de Italia, de Flandes y de Inglaterra.

El siglo XVI vio un incremento firme en el comercio intraeuropeo en productos de primera necesidad y en el comercio
con el Oriente en artículos de lujo. En el comercio del norte de Europa, los holandeses, al desarrollar barcos eficientes y
especializados, y al abrir nuevas pescaderías, expandieron ampliamente su pesca de arenque y el comercio en arenque
salado. El descubrimiento por Vasco de Gama de la ruta oceánica hacia la India y las Islas de las Especias vía el cabo de
Buena Esperanza (1498) permitió a Portugal, y más tarde a Holanda, rivalizar con y luego desplazar a Venecia, en el
comercio con estas regiones; el logro de De Gama significaba que el comercio ya no se limitaba a las galeras
mediterráneas de Venecia, a las caravanas de camellos del Cercano Oriente, y a las recuas abriéndose paso hacia el norte
en los Alpes. Ahora el comercio podía llevarse a altamar en navíos de mayor tamaño, a un menor costo de operación.

El descubrimiento de América fue seguido inmediatamente por la conquista española de México y el Perú. De sus
tesoros artísticos y de sus minas fluyó una caudalosa corriente de oro y plata que reforzó el poderío de España durante
más de un siglo. Pero la economía española se quedó rezagada; para el abastecimiento de sus colonias americanas en
desarrollo, España tenía que depender de manera creciente de las compras a otras fuentes europeas. Con la consecuente
filtración de los metales preciosos al resto de la Europa occidental, los precios aumentaron firme aunque, de cierta
manera, irregularmente, mientras que los salarios quedaron atrás. La suave pero continua inflación siguió hasta alrededor
de 1650, produciendo ganancias y estimulando tanto la acumulación de capital como el desarrollo del comercio. En los
albores del siglo XVI, la expansión colonial en Norteamérica por los ingleses, holandeses y franceses añadió otra
dimensión al comercio de Europa.

Nacimiento de la clase comerciante

Uno de los acontecimientos más importantes de aquel período fue el ascenso a situaciones prominentes y de poderío
de la nueva clase capitalista. Todas las influencias sobre las cuales hemos llamado la atención trabajaron en ese sentido:
los descubrimientos geográficos proporcionando oportunidades cada vez más amplias a los hombres de empresa; las
nuevas existencias de metales preciosos haciendo mayores y más seguras las ganancias y más fácil la acumulación de
capital; y la expansión colonial al crear nuevos mercados y fuentes de abastecimiento de materias primas. Reforzando
estas influencias, el Renacimiento produjo un cambio en el interés erudito del estudio de la doctrina establecida al
examen del mundo real. Esto sentó las bases de la ciencia moderna, contribuyó a muchos inventos que, como el
telescopio, el barómetro y el sextante, ayudaron a la navegación, y generaron una concepción secular de la vida favorable
a la actividad comercial.

El capitalista organizador extendió sus actividades en todas direcciones, y aumentó su comercio en artículos
esenciales como cereales, pescado y madera. La necesidad de clavos, cadenas y ferretería miscelánea; como cerraduras,
llaves, bisagras y linternas, estimuló el nacimiento de muchas pequeñas industrias que producían esos artículos, en
Birmingham, ya en 1538. El azúcar, que en la Edad Media sólo se veía en las mesas de las personas muy ricas, a mediados
del siglo XVII se convirtió en un articulo corriente para todo el mundo salvo para los pobres. El azúcar, la melaza y el ron
fueron los pilares del comercio con las Indias Occidentales en aquel tiempo. El tráfico de esclavos negros, estrechamente
asociado con ese comercio, que empezó en 1510, alcanzó un volumen de 15 mil por año en el siglo XVII y de 30 mil en el
XVIII.
Nacimiento de los Estados nacionales

Tan importante como la expansión económica del siglo XVI y el ascenso simultáneo a una posición prominente, y de
gran influencia del capitalista comerciante, fue el gran acontecimiento político de aquella época: la aparición en la Europa
occidental de poderosos Estados nacionales. Hasta después de mediados del siglo XV las palabras "Inglaterra", "Francia",
"España", "Holanda", tenían un significado principalmente geográfico y lingüístico, y poco significado político. Aunque
había habido reyes de Inglaterra y de Francia por lo menos desde la conquista normanda, su poder para exigir lealtad a
sus vasallos estaba en constante disputa y hasta era desafiado por la poderosa nobleza feudal. España estaba dividida en
Castilla, Aragón y otras regiones dominadas aún por los moros, mientras los Países Bajos eran provincias de los duques de
Borgoña.

Pero durante la última época medieval, aun cuando la autoridad seguía dispersa entre incontables señores feudales,
las bases de su poder iban siendo socavadas gradualmente. El desarrollo lento pero constante del comercio trajo consigo
un aumento de las existencias de dinero, que le sirvió de apoyo. Las ciudades crecieron y se multiplicaron aumentando el
número y la influencia de la clase burguesa rica. Se generalizó el uso del dinero, y hasta invadió la institución del
feudalismo, donde llevó a convertir en pagos contractuales los derechos y las obligaciones mutuas de señores y vasallos.
Al generalizarse la economía monetaria, los monarcas dejaron de depender en cuanto a su fuerza militar de las levas
feudales de caballeros armados, ya que pudieron alquilar mercenarios con el producto de los impuestos en dinero que
sustituyeron a las contribuciones en especie; en la naciente clase burguesa encontraron hombres experimentados en los
negocios y las finanzas para administrar sus asuntos, cada vez más complicados, y suministrar, en caso necesario,
préstamos importantes. Finalmente, la introducción de la pólvora de China, y el invento del mosquete y del cañón
acabaron con la inexpugnabilidad de los castillos y fortalezas y relegaron la cota de malla y la armadura a los tranquilos
rincones de los museos.

No obstante esos cambios favorables a la autoridad centralizada, fueron necesarios la mano firme y los tenaces
esfuerzos de Enrique VII (1485-1509) para asentar el poder real y unificar a Inglaterra. Su obra de unificación nacional fue
reforzada y consolidada por sus grandes sucesores Enrique VIII (1509-1547) e Isabel I (1558-1608). En Francia, hasta la
terminación de la Guerra de los Cien Años en 1453, en que quedaron liquidadas las pretensiones de Inglaterra a casi la
mitad del país, no fue posible unificar los numerosos ducados y condados en un Estado nacional sometido a un solo
gobernante. Entonces, continuando la larga lucha de sus predecesores para someter a la nobleza feudal, Luis XI (1461-
1483) recurrió a la astucia y la perfidia para consolidar el reino. Desde entonces, la autoridad del rey de Francia no volvió a
ser discutida y Francia se convirtió en una de las grandes potencias de Europa.

La entrada de España en el escenario internacional fue repentina. Aunque, los reinos feudales independientes de
Castilla y Aragón emplearon varios siglos en expulsar a los moros, la unidad nacional se logró de golpe con el matrimonio
en 1469 de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla. En el misino año (1492) en que Colón descubrió América, las tropas
reales conquistaron Granada, último baluarte de los moros. En consecuencia, la Península Ibérica, con excepción del reino
independiente de Portugal, quedó bajo el mando de un solo rey de España.

La República Holandesa, la cuarta de las grandes potencias de Europa a principios de la Edad Moderna, nació más de
un siglo después. Por una sucesión de matrimonios, los Países Bajos pasaron de las manos del último duque de Borgoña a
las de Carlos V, rey de España. La intolerancia y las persecuciones que Felipe II, hijo de Carlos, desencadenó contra los
protestantes holandeses, y que culminaron en la crueldad de su representante el duque de Alba, llevaron a los holandeses
a la rebelión. Durante cuarenta años se prolongó su sangrienta lucha contra los españoles, hasta que en 1609
conquistaron la independencia efectiva.

LAS BASES Y LOS ELEMENTOS PRINCIPALES DEL PENSAMIENTO MERCANTSUSTA


Ahora llegamos a las ideas económicas generadas en esta época de expansión del comercio y de los asentamientos
coloniales, del alza de precios y de la creciente acumulación de capital, de la preeminencia de la clase comercial-
capitalista y del surgimiento de los estados naciones. Estas ideas no fueron expresadas por investigadores académicos,
sino por activos hombres de negocios: mercaderes prominentes, abogados, consejeros financieros de reyes y funcionarios
estatales. Ocupados con problemas prácticos del comercio, de la manufactura y de la industria naviera, y con el papel del
gobierno en relación con estas actividades, las opiniones que expresaban no eran sistemáticas y tenían una calidad
sumamente variable. Sin embargo contenían los hilos comunes de la argumentación que constantemente reaparecía y
justifican el título de "mercantilismo". Con una excepción pronto observada, estas ideas expresaban una concepción que
hoy denominamos "nacionalismo económico", concepción que considera a otras naciones como rivales, si acaso no
enemigas, y que hace que el poder gubernamental dé un apoyo agresivo a la industria, al comercio y a la industria naviera
nacionales. En los primeros días del mercantilismo, su expresión era altamente chauvinista y belicosa y, hasta el final,
permaneció centrada en sí misma.

Con la expansión de los mercados y el crecimiento de la riqueza, parecería extraño que hubiera surgido una filosofía
económica tan beligerante. Pero era una época de violencia:

La guerra era una relación casi normal entre los Estados nacionales. De 1494 a 1559 se luchó casi todos los años en
algún lugar de Europa: el siglo XVII gozó sólo de siete años de paz, e Inglaterra estuvo en guerra 84 de los 165 años
2
transcurridos entre 1650 y 1815.

Una visión estática del mundo

Es indudable que ese predominio de la guerra puede atribuirse en parte a la mera rivalidad humana de monarcas
ambiciosos, y en parte al fanatismo y la intolerancia religiosos; pero se debió en gran medida a una visión esencialmente
estática del inundo. Hasta hace relativamente poco, no habla idea de las enormes dimensiones del continente americano;
del espacio para la expansión del aumento de riqueza de que todos pueden esperar participan Por otra parte, dentro de
cada país era muy fuerte el deseo de crecer. Comerciantes, fabricantes y navieros querían aumentar el alcance de sus
actividades; sin embargo, los Estados nacionales eran nuevos e inseguros. Los reyes y los ministros de cada nación
trataban de aumentar su fuerza y de mejorar su posición. Pero si los recursos de que se disponía para la expansión
estaban estrictamente limitados, como se creía que lo estaban, los deseos de una nación estaban condenados a chocar
con los de otras. Los conflictos internacionales eran inevitables.

Uno de los principales investigadores del mercantilismo describe la situación del modo siguiente:

Dentro del Estado, el mercantilismo persiguió por consiguiente fines totalmente dinámicos. Pero lo importante es
que esto tropezaba con un concepto estático de los recursos económicos totales del mundo; fue esto lo que creó
aquella desarmonía fundamental que aumentó las interminables guerras comerciales. Ambos elementos juntos
implicaban que la posición de un país determinado podía cambiar y en capaz de progreso, pero sólo mediante
adquisiciones en otros países. Esta era la tragedia del mercantilismo. Tanto la Edad Media con su ideal estático
universal como el laíssez-faíre con su ideal dinámico universal, evitaban esa consecuencia. Sin darse cuenta de esto
3
es imposible comprender el mercantilismo en la teoría o en la práctica.

Sólo en los Países Bajos, y después en la República Holandesa, no pudieron arraigar los conceptos y políticas
mercantilistas, pues ahí las autoridades gobernantes siguieron siendo relativamente débiles y descentralizadas. Los
comerciantes adquirieron tempranamente riqueza y poder político; su interés radicaba en la libertad de expandirse y en
verse libres de presiones y reglamentaciones. Conservaron su libertad y la utilizaron bien; Holanda se convirtió en el país
más rico de Europa y en la envidia de los demás. Pero en Inglaterra, Francia y España, el monarca detentaba el poder,
todos desconfiaban de sus rivales y todos compartían la opinión común de que el crecimiento y la seguridad de su nación
se lograrían solamente a expensas de sus rivales. De donde, en estas naciones, el incrementar el poder y la riqueza del
Estado se convirtió en el objetivo nacional primario.

2
Herhert Heaton, Economíc History of Europe, p. 228. Harper and Bros., Nueva York, 1936.

3
August Heckacher, Mercantilism, vol. II, pp. 25-26. George Allen and Unwin, Ltd., Londres, 1936
La teoría del poder del Estado

El deseo común de los nuevos Estados de la Europa occidental por aumentar su riqueza, población y territorio,
combinado con el convencimiento de que las oportunidades de ese crecimiento estaban severamente circunscritas, seña-
laban la meta suprema de la política nacional: aumentar el poder del Estado por todos los medios posibles debía ser el
objetivo primordial de una nación.

Esa meta, y la visión del mundo sobre el cual descansaba, dieron forma y contenido a las ideas y prácticas
mercantilistas. Si el poderío nacional era esencial en un mundo estrecho y hostil, ¿cómo podría realizarse mejor? La fuerza
militar es, desde luego, un factor importante de poderlo nacional. En consecuencia, se dio gran importancia al
reclutamiento, adiestramiento y abastecimiento de un ejército considerable. Inglaterra en particular, como potencia
insular, subrayó la necesidad de una gran escuadra, así como de barcos mercantes para transportar los valiosos
cargamentos de mercancías de todas clases. Las colonias ofrecían una salida para una población creciente y podían
suministrar madera, mástiles para los barcos y pertrechos navales, así como una diversidad cada vez mayor de materias
primas para que las transformasen los trabajadores de la madre patria. En consecuencia, las colonias eran importantes por
si mismas y también requerían la protección de grandes fuerzas navales.

Teoría de la balanza comercial

Además de su acuerdo sobre la meta del poderío nacional, sobre la abundancia de riquezas como su apoyo esencial y
sobre la reglamentación de la actividad económica como el mejor medio para conseguir la riqueza nacional, los
mercantilistas compartían también -lo que es de particular interés para nosotros- una teoría común del comercio
internacional, que puede enunciarse sumariamente como sigue: que una nación sólo puede ganar mediante el comercio
exterior si tiene una balanza favorable, o un exceso del valor de las exportaciones sobre el de las importaciones. La ganancia
surgía del hecho de que el exceso de exportaciones sobre las importaciones tenía que pagare en oro y plata, y para una
nación la adquisición de esos metales preciosos, o tesoro, era la forma más segura de enriquecerse; para una nación sin
minas de oro ni de plata, era la única forma.

Evidentemente, la doctrina de la balanza comercial favorable se basaba en la convicción de que los metales preciosos
tenían suma importancia. Para los primeros y menos refinados mercantilistas, por lo menos, la riqueza consistía sobre
todo de oro y plata. Clement Armstrong, un mercantilista inglés de principios del siglo XVI, afirmó que era "mejor tener
abundancia de oro y plata en el reino que abundancia de mercaderes y mercaderías, y Monchrétien, francés, escribió un
4
siglo más tarde: "Vivimos no tanto del comercio de materias primas como de oro y plata".

¿Por qué se daba tanta importancia a los metales preciosos? En parte, la importancia dada al oro y la plata radicó en la
vieja confusión entre riqueza y dinero, confusión que parece haberse limitado principalmente a los escritos mercantilistas
más burdos, y en parte, también, por la idea de que, para que el comercio fuera lucrativo, debía mostrar un balance de
exportaciones neto a saldarse en efectivo, idea derivada de la simple extrapolación de la experiencia del mercader
individual. Cuando éste dirigía sus negocios con éxito, sus ventas excedían a sus compras y producían dinero. ¿Por .qué
no debía lo mismo ser cierto para toda la economía? Esta tendencia a colocar al mismo nivel las finanzas privadas y
públicas es natural, tan natural que incluso Adam Smith cayó en esta falacia.

Una interpretación mas caritativa de la importancia que prestaban los mercantilistas a los metales preciosos, apunta a
las diferencias en el comercio entre diversas regiones como proveyendo una necesidad genuina de una balanza comercial
favorable para asegurar un stock disponible de dinero. En el comercio con el Oriente y con el Báltico, los habitantes de
esas áreas tenían poca necesidad de los productos ofrecidos por Europa occidental; de allí la necesidad de oro y plata si
no quería perderse el comercio lucrativo.C. H. Wilson cita a un escritor holandés del siglo XVII, que brinda una
racionalización para la actitud de su época hacia los metales preciosos:

4
Citado en Heckscher; op. cit., p. 182.
Los habitantes de Holanda no pueden comerciar en ningún país sino llevando los productos allá, los cuales vendidos
y convertidos en dinero, los cambian por otras mercancías que encuentra, ahí o, en caso contrario, regresan su dinero
a Holanda mediante el cambio: pero si esos países extranjeros tienen poca o ninguna oportunidad para nuestras
mercancías, sí (nos) proporcionan ricos artículos, entonces, ¿no es evidente que no podemos comerciar con ellos a
menos que llevemos allá oro y plata acuñados o en barras? Y puesto que en consecuencia todo el mundo sabe que
Noruega, el país del Este, Esmirna, Persia, India, China, etc., nos proporcionan infinitamente más mercancías que las
5
toman de nosotros, no podemos comerciar con ellos sino con oro y plata.

Esto evidentemente es sensato, y puede explicar en buena medida la gran importancia acordada a los metales
preciosos en los escritos mercantilistas.

Los metales preciosos y la balanza comercial. La opinión así expresada no contribuye en nada, sin embargo, para
apoyar la doctrina mucho más importante de la balanza comercial. Sólo demuestra que si parte del comercio de una
nación absorbe oro y plata, alguna otra parte se desprende de ellos. En los siglos XVI y XVII, Inglaterra y Holanda obtenían
oro y plata del comercio legal con España, del comercio ilícito con sus colonias y de la piratería. Todo cuanto se
necesitaba era que esta entrada fuera por lo menos igual, a la larga, a la salida hacia el Oriente, y esto implicaba sólo que
fuera libre la afluencia de metales preciosos en barras y acuñados.

En resumen, una nación no tiene necesidad de poseer una balanza comercial favorable, o un exceso de exportaciones
6
sobre las importaciones, sino sólo, y nuevamente a la larga, de la igualdad entre las dos. En realidad, una balanza
comercial continuamente favorable inevitablemente sería autodestructiva a través de sus efectos sobre los precios
internos, un aspecto aceptado ya desde 1630 por Thomas Mun y nuevamente, unos treinta años más tarde, por William
Petty.

No puede caber duda alguna de que los mercantilistas mostraban gran preocupación por la balanza comercial,
llegando a ser en algunos casi una obsesión. Así, Viner comenta:

Basándome en hojear las páginas de los escritos de los mercantilistas ingleses, aventuro la conclusión que ni 10%
estaban despreocupados, expresa o implícitamente, por el estado de la balanza comercial y por los medios para
7
poder mejorarla.

Pero así tampoco puede haber duda alguna de que la meta fundamental de los mercantilistas era consolidar la
nación. En una época de guerras casi ininterrumpidas, con las jóvenes naciones de Europa débiles e inseguras, estadistas y
comerciantes vieron las condiciones para exigir un esfuerzo concertado para hacer fuerte a su nación. Esto requería no
sólo los componentes del poder militar, sino también, por lo menos de igual importancia, la base económica de ese
poder: una agricultura próspera, una amplia industria y fuentes seguras de abastecimiento de materias primas.

Hoy en día los países subdesarrollados se enfrentan a condiciones similares en muchas formas a aquéllas que
afrontaron las naciones europeas occidentales en el siglo XVI: sus metas de desarrollo económico tienen, también, mucho
en común con las aspiraciones nacionalistas de estas últimas, pero las naciones subdesarrolladas de hoy pueden recurrir a
una amplia gama de medidas para ayudarse a alcanzar sus objetivos. Los fondos necesarios para invertir en obras de
riego, en instalaciones de energía eléctrica o plantas industriales, puede obtenerse de préstamos o donaciones de
naciones más ricas o de las instituciones internacionales concebidas para ayudarlas. Los ahorros financiados con los
impuestos proveen una posibilidad limitada, como también la expansión controlada del crédito. Algunos países han
logrado un éxito considerable en la canalización hacia la inversión productiva de ahorro disperso por la intermediación de
los bancos de ahorros. A menudo se ha utilizado la empresa pública con buenos resultados, y la ayuda técnica del

5
Citado en C, H. Witson, "Trade, Society and the State", Cap. VIII en The Cambridge Economic History of Europe. Prensa Universitaria de Cambridge, Nueva York,
1967.

6
Hacemos abstracción aquí de los movimientos de capital. De hecho, los mercantilistas les prestaron escasa atención.

7
Jacob Viner, Studies in the Theory of International trade, p. 56. Harper & Row, Nueva York, 1937.
extranjero puede obtenerse de muchas fuentes. Las concesiones arancelarias otorgadas por los países más ricos, y los
convenios comerciales, pueden asegurar mercados más amplios y más estables para las exportaciones. Por último, en
algunos casos las naciones menos desarrolladas han recurrido al proteccionismo y a los subsidios para estimular el
desarrollo de su industria.

Pero en la mayor parte del período durante el cual las ideas mercantilistas eran dominantes, no se disponía de esta
diversidad de opciones. Ni Inglaterra ni Francia ni España podían recurrir a los países más ricos y pedir ayuda financiera,
pues ellas eran, en esa época, las naciones más ricas. Y sin embargo, de acuerdo a las normas actuales, eran pobres. La
gente común y corriente, como el campesino, el artesano y el empleado, apenas se ganaban la vida. Podían ahorrar poco,
si acaso, y poco podían aportar en impuestos. Los impuestos a los ricos, e incluso los préstamos a los gobiernos de los
príncipes mercantes como los Fuggers de Augsburgo, se destinaban principalmente a pagar los costos corrientes del
gobierno o a financiar las frecuentes guerras. Por razones similares, ni la ayuda técnica ni las concesiones arancelarias eran
medios factibles de desarrollo, y el crédito y las operaciones bancarias apenas surgían en aquellos tiempos.

Las opciones abiertas a las nuevas naciones para sostener su desarrollo eran muy limitadas en grado y se
circunscribían principalmente a la protección arancelaria, a los subsidios, concesiones de monopolio y regulación del
comercio. Los mercantilistas apremiaban para que estas medidas se utilizaran a fondo. Dado el clima de violencia y la
visión estática del mundo de su tiempo, no es sorprendente que estas políticas se aplicaran para lesionar a otras naciones
y beneficiar a la propia. Notables en este aspecto fueron los actos de piratería cometidos por los famosos corsarios
ingleses contra los barcos y las colonias españoles.

El desarrollo económico y la doctrina de la balanza comercial. Si en el fondo el pensamiento mercantilista se


preocupaba del desarrollo económico, político y militar de las naciones, ¿cuál era el papel de la doctrina de la balanza
comercial? La economía como ciencia social aparte todavía era desconocida.

El pensamiento mercantilista surgió de una consideración de la experiencia personal de negocios, la que los
pensadores muy naturalmente aplicaron a los asuntos de la nación. En su revaloración del mercantilismo, Wilson asigna a
la doctrina de la balanza comercial su papel adecuado:

La balanza comercial no era tanto “el objeto último", según aparecería al examinarla más de cerca, del sistema como
un medio para medir la eficacia de los controles adoptados. Puede haber pocas dudas de que la concepción de la
balanza se adopté de la práctica comercial y del creciente uso de la contabilidad por partida doble, donde la
“balanza" servia el mismo propósito que el control. Leviathan, según se decía, bien podía llevar sus cuentas como un
buen mercader. Thomas Mun compara repetidamente "las existencias de un reino" con "los bienes de un hombre
privado". Pero, podría uno preguntarse ¿qué muestra la "balanza"? En las primeras formulaciones de la teoría
mercantilista y en particular en Mun, la respuesta es muy simple. Mostraba la ganancia o pérdida de la nación al
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comerciar; ganancia o pérdida en riqueza.

Sólo cabe añadir que, dadas las circunstancias de los tiempos, no es sorprendente que, en la prosecución de una
balanza comercial favorable con los instrumentos políticos disponibles, las naciones estuvieran lejos de ser escrupulosas.
Si se podía sacar ventaja de la debilidad del rival más que beneficiarlo, tanto mejor.

Resumen. El mercantilismo puede resumirse brevemente con las siguientes proposiciones: que la meta más
importante de la política nacional debe ser el hacer a la nación rica y poderosa; que esto requiere una agricultura
próspera y productiva, una amplía variedad de manufacturas, y acceso seguro a los mercados y suministros extranjeros;
que los medios para este fin son, principalmente, la protección de la industria interna y la regulación del comercio; y que
9
la prueba del éxito es una balanza comercial continuamente favorable.

8
H. Wilson, Op. cit., pp. 568-69.

9
Debe observarse que los “renglones invisibles" en los ingresos y egresos internacionales de una nación, tales como entradas por fletes, pagos de
seguros, gastos de viajeros, gastos diplomáticos y militares en el extranjero, etc., se reconocieron pronto, y la mayoría de los mercantilistas principales
Quizás la expresión más clara y concisa de estas ideas se encuentre en la obra del mercantilista austriaco Von Hornick
(1638-1712):

Todas las mercancías que se encuentran en un país que no pueden usarse en su estado natural, debieran
transformarse en el país, ya que el pago por la manufactura en general excede del valor de la materia prima en dos,
tres, diez, veinte y hasta cien veces…

Los habitantes del país debieran hacer lo posible por limitarse a sus productos nacionales, restringir sus lujos
únicamente a ellos, y pasarse sin productos extranjeros hasta donde sea posible (excepto cuando la gran necesidad
no deje otro remedio, o si no la necesidad, el abuso generalizado e inevitable, de lo cual son ejemplo las especias
indias)… Esas mercancías extranjeras debieran en este caso importarse sin acabar y ser transformadas en el país,
ganándose en él los salarios de manufactura.

Deben buscarse día y noche oportunidades para vender los artículos superfluos del país a los extranjeros, en forma
manufacturada, hasta donde esto sea necesario, y por oro y plata: y a este fin, el consumo, por decirlo así, debe
buscarse en los extremos más apartados de la tierra y desarrollarse de todas las maneras posibles...

A no ser por consideraciones importantes no debiera permitirse en ninguna circunstancia la importación de mercancías
de las que haya en el país cantidad suficiente de calidad adecuada; y en esta materia no deben mostrar a los extranjeros
ni simpatía ni compasión sus amigos, parientes, aliados ni enemigos. Porque toda amistad cesa cuando supone mi propia
debilitación y ruina. Y esto es válido aun cuando las mercancías nacionales sean de peor calidad o su precio sea más alto.
Porque seria preferible pagar por un artículo dos dólares que quedan en el país que uno que sale de él, por extraño que
10
esto pueda parecer a los mal informados.

EL MERCANTILISMO EN ACCIÓN: POLÍTICAS CONCRETAS


Reglamentación del comercio

Convencidos de que al buscar el camino de la riqueza y el poder no podía dejarse al comercio librado a sí mismo, sino
que debía reglamentarse, los mercantilistas aplicaron su convicción concienzudamente. Difícilmente se pasó por alto
cualquier medida que promoviera las exportaciones o disminuyera las importaciones, sin importar cuán mezquina o
molesta fuera.

Metalismo. Una de las primeras y ciertamente la más burda entre las restricciones mercantilistas consistió en la
prohibición directa de exportar oro o plata en barras. El razonamiento que servia de base al metalismo, como llegó a
denominarse esta tendencia, era simple, obvio e ingenuo: si entran en el país metales preciosos, guárdalos dentro.

Las restricciones metalistas se remontan a la Edad Media, pero eran comunes en los siglos XVI y XVII. España,
receptora de la mayor parte del oro y la plata de América, aplicó esas restricciones durante mucho tiempo y con la mayor
severidad; castigaba con la pena de muerte la exportación de metal en barras o acuñado, estableció recompensas para
quienes la denunciasen y prohibió la compra de metal a los extranjeros. Pero tan grande era el deseo de artículos en sus
colonias en desarrollo, y hasta entre sus propios súbditos, y tan poca la capacidad de su economía para producirlos, que
ante la afluencia de oro y plata los precios de las mercancías subieron extraordinariamente. Se hizo tan provechosa la
importación, y estaba tan generalizada la corrupción entre los funcionarios públicos, que subrepticiamente pasaban a
manos de extranjeros grandes cantidades de metal acuñado. Finalmente, España permitió exportaciones limitadas de oro
y plata. En Inglaterra y Holanda las restricciones metalistas llegaron virtualmente a su fin hacia mediados del siglo XVI.

apremiaban la necesidad de incluirlos en el cálculo de una balanza favorable de un país. La balanza que tenían presente era por tanto lo que hoy
llamaríamos la balanza comercial y de servicios, o la balanza en cuenta corriente.

10
Phillip W. von Hornkk, “Austria Over All If She Only Will", reeditada en Arthur Eli Monroe, Early Economic Thought, pp. 223-225. Harvard University
Press, Canbridge, Mass., 1927.
Monopolio del comercio. Prominentes entre las medidas mercantilistas fueron las encaminadas a excluir a. todos los
extranjeros de ciertas ramas del comercio. Portugal convirtió el monopolio del comercio con Oriente en la espina dorsal
de su política a lo largo del siglo XVI, y llegó hasta capturar o destruir los barcos intérlopes. Además, el rey tenía en sus
propias manos el comercio; los mercaderes particulares sólo podían hacer pequeñas operaciones, limitadas a lo que
pudieran transportar en sus camarotes de los barcos reales.

También España intentó monopolizar el comercio con sus colonias, aunque, a diferencia de Portugal, no trató de
poner todo el comercio en las manos del rey. Los comerciantes particulares compraban mercancías en España y las
remitían a sus agentes en las colonias, los cuales las vendían y devolvían dinero o productos coloniales. Pero todas las
mercancías tenían que ser transportadas en barcos reales, y las actividades de los comerciantes estaban sometidas a la
inspección y la reglamentación más rigurosas. Para hacer más efectivo el control, se limitó el comercio colonial a un solo
puerto de España, Sevilla, y a un pequeño número de puertos americanos. Para protegerlos contra los piratas, los
corsarios o los ataques organizados por otras naciones, a partir de 1550 todos los barcos que corrían el rumbo de
Occidente hacían dos viajes al año en grandes flotas acompañadas por barcos de guerra. Cuando llegaban a las Indias, se
vendían sus cargamentos en grandes ferias, se embarcaba la carga de vuelta y la flota regresaba a España.

Este sistema dio bastante buenos resultados en el siglo XVI, a pesar del mucho contrabando, pero se derrumbó en el
siglo XVII debido a la creciente debilidad económica de España. Empobrecida su tierra por el excesivo apacentamiento del
ganado lanar, expulsados del país los judíos y los moros, que eran sus súbditos más industriosos y sus artesanos más
hábiles, afectada su economía por la inflación y por los excesivos impuestos para sufragar guerras en el extranjero, la
industria española simplemente no podía producir los artículos que tenían demanda en sus mercados coloniales. Los
comerciantes holandeses, ingleses y franceses, con la connivencia de los gobernantes locales, se hicieron cargo, por
métodos ilegales, de gran parte del comercio con las colonias españolas.

Las ideas mercantilistas nunca arraigaron firmemente en Holanda. Las políticas de esa nación respecto al comercio,
también, generalmente favorecieron la libertad. La excepción fue el monopolio de la Compañía de las Indias Orientales
(fundada en 1602). Sus empleados establecieron factorías en Java, Amboina y otras islas de las Indias Orientales,
expulsaron a los comerciantes de otras nacionalidades y desde entonces hicieron con buen éxito lo posible por
mantenerlos fuera. Además de convertir a las Indias en su dominio particular, la Compañía practicó todas las demás
formas de monopolio. Limitó la producción de ciertos artículos, tales como café, pimienta, nuez moscada, clavo e índigo, a
zonas especiales, y destruía las cosechas que se producían en otras partes; se sirvió de su superioridad de negociación
para reducir al mínimo los precios que pagaba a los productores nativos. Los artículos artificialmente escasos, pero
baratos, se vendían después a precios muy altos en el mercado europeo. No es de extrañar que la Compañía haya
repartido dividendos no igualados en la historia.

Reglamentación directa del comercio. A través de sus monopolios comerciales las diferentes naciones procuraron
mejorar su balanza comercial obteniendo los suministros necesarios en imperios coloniales, y comprando barato y
vendiendo caro aquello que necesitaba el resto del mundo. El mismo objetivo perseguían también las numerosas
reglamentaciones de detalle aplicadas a exportaciones e importaciones. Todos los países de la Europa occidental, con la
única excepción de Holanda, aplicaron extensamente esas medidas, pero probablemente fueron más generales y
alcanzaron mayor desarrollo en Inglaterra que en ninguna otra parte.

Así, las exportaciones inglesas que no podían competir, sin ayuda, con las extranjeras; eran sostenidas por lo menos
con la devolución ("reembolso") de los impuestos, interiores o exteriores, pagados previamente por las materias primas, y
cuando era necesaria más ayuda, no era difícil conseguir un subsidio. Se buscó un estimulo más indirecto a las
exportaciones al poner obstáculos a la exportación de materias primas. Se pensaba que reteniéndolas en el país, se
harían más abundantes y más baratas, con ventaja para el exportador de productos acabados. Los derechos de
exportación gravaban una larga lista de materias primas y de artículos semielaborados, pero era frecuente la prohibición
total de esas exportaciones. La industria inglesa de tejidos de lana, que en 1700 realizaba la mitad de las exportaciones
del país, era favorecida de ese modo. En la lista de las exportaciones prohibidas encontramos ovejas, lana, hilaza y
estambre de lana, así como la tierra de batán (usada para limpiar la lana). La obligatoriedad de la ley era de una severidad
draconiana; al infractor se le cortaba la mano izquierda la primera vez que violaba la ley; la segunda se castigaba con la
pena de muerte.

Las medidas sobre las importaciones corrían parejas con las que afectaban a las exportaciones. En vez de recibir un
subsidio, prácticamente todos los artículos importados a Inglaterra pagaban un fuerte derecho, tan alto en un número
muy grande de casos, que era prohibitivo. Como podrí amos esperar, la prohibición directa de importaciones se aplicaba
a la mayor parte de las manufacturas importantes de Inglaterra, siendo favorecidas así las de tejidos de lana y de seda.
Por otra parte, se permitían las importaciones de materias primas libres de derechos de entrada; a algunas
(principalmente pertrechos navales e índigo de las colonias americanas) hasta se les concedían primas.

Cada disposición particular, tomada en sí misma, favorecía alguna industria específica. Por consiguiente, actuaban
incesantemente intereses especiales para conservar y extender el sistema que los protegía y favorecía, pero al hacerlo
fomentaban también el interés general, tal como se entendía en la filosofía económica mercantilista.

Tenemos aquí, con un sesgo al contrario la coincidencia del egoísmo y del interés público que Adam Smith atribuyó
después a la acción del laissez faire. La negaba al mercantilismo simplemente porque se resistía a aceptar su objetivo
principal, o sea el aumento del poderío del Estado, y su supuesto básico, a saber, la importancia suprema de los metales
preciosos.

El sistema naviero

Si el complicado sistema de la reglamentación comercial siguió lógicamente a la teoría mercantilista de la balanza


comercial, asimismo lo hicieron las leyes adoptadas por diversos países para fomentar una industria naviera nacional.
Porque, como se reconoció muy pronto, los fletes marítimos podían aumentar o disminuir en proporción considerable la
balanza de pagos internacionales de un país. Esta aportación de una flota mercante a la fuerza económica de una nación
se veía reforzada por su aportación, también importante, a su fuerza material: los barcos mercantes -y asimismo los de
pesca- preparaban una fuerza de marinos para tripular barcos de escuadra, mientras los barcos mismos podían
convertirse en corsarios o en barcos de guerra auxiliares, y proporcionar un medio seguro de transportar en caso
necesario suministros del extranjero. Por consiguiente, las leyes que afectaban a la navegación tuvieron mucha
importancia en la política económica mercantilista. En ninguna parte recibió este aspecto del poderío nacional mayor
atención ni expresión más completa que en Inglaterra, cuya posición insular despertó desde tiempos muy antiguos un
profundo interés por los asuntos relacionados con el mar.

Aunque Inglaterra dio sus primeros pasos en la reglamentación del tráfico marítimo ya a fines del siglo XIV, e impuso
controles cada vez más exclusivistas a medida que su imperio colonial se desarrollaba, transcurrieron dos siglos y medio
antes de que fueran reforzados y consolidados en las famosas Leyes de Navegación de 1651 a 1660. El motivo que llevó a
la adopción de dichas leyes fueron las graves intromisiones en el negocio inglés de transportes marítimos por parte de los
holandeses mientras Inglaterra estaba preocupada por la guerra civil de 1642-1646. Su propósito y efectos fueron
reservar, con el menor número posible de excepciones, el transporte de carga y de puertos ingleses y coloniales a los
barcos ingleses, incluidos los de las colonias.

Las Leyes de Navegación consiguieron excluir a los barcos extranjeros del tráfico inglés de cabotaje, del tráfico entre
las colonias e Inglaterra y del transporte de mercancías desde Asia, África o las Américas a Inglaterra o a sus colonias.
Además, los barcos ingleses tenían que ser construidos en Inglaterra y tripulados en sus tres cuartas partes por ingleses.
Pero se consideró imprudente impedir a los extranjeros transportar mercancías inglesas a destinos no coloniales, pues
esto podía significar mayores exportaciones, objetivo tan importante por lo menos como el monopolio del negocio
naviero. Pero si se permitía que barcos extranjeros tocasen puertos ingleses, habla que permitirles llevar mercancías a
ellos. En consecuencia, se permitieron las importaciones europeas en las islas británicas, aunque tenían que pagar dobles
derechos de entrada y, para no favorecer el negocio holandés de almacenaje, tenían que provenir directamente del país
de origen. También hubo que conceder, por razones prácticas, ciertas excepciones específicas al monopolio marítimo
inglés. Así, por la necesidad de especias que se producían en las Indias Orientales Holandesas, de artículos de las colonias
españolas y portuguesas, de mercancías que llegaban a Holanda por tierra desde Italia, y de pertrechos navales, todas
esas cosas podían ser transportadas a Inglaterra desde centros de almacenaje extranjeros, aun en barcos de los rivales
holandeses.

El monopolio del comercio colonial fue reforzado por la confección de una lista de mercancías "enumeradas", que
comprendía los productos coloniales más importantes y que las colonias sólo podían exportar a otras posesiones
11
inglesas. Esta medida tenía particular importancia para el comercio, extremadamente lucrativo, de azúcar y melaza con
las Indias Occidentales españolas y francesas, que los plantadores de caña de azúcar de las Indias Occidentales inglesas
querían reservarse para sí. Esos productos iban a las colonias americanas para convertirlos en ron, el cual a su vez se
enviaba a África, donde se cambiaba por esclavos, que eran transportados a las Indias Occidentales. Como un solo viaje
completo rendía una ganancia de hasta 1 000%, no es de extrañar que fuera imposible impedir el contrabando yanqui.

Aunque España y Francia se esforzaron también por establecer un monopolio del comercio con sus colonias, su
política fue menos rigurosa que la inglesa y tuvo menos éxito.

Por otra parte, los holandeses dieron muestras de una liberalidad desacostumbrada en aquel tiempo. Excepto en su
comercio predilecto de las Indias Orientales, no establecieron ningún monopolio y confiaron en la competencia libre.
Crearon el filibote, ligero y de fácil maniobra, para reemplazar el barco pesado y armado de uso general; estandarizaron
su diseño, y compraban los materiales de construcción al por mayor, construyéndolos por procedimientos de montaje
parecidos a los modernos. Además de lo barato de la construcción, el necesitar sólo una tripulación reducida y el deseo
de contratar marineros de cualquier nacionalidad con el salario más bajo posible -en oposición con el requisito de la
nacionalidad, de sus rivales- mantuvieron los costos de operación y las tarifas holandesas de fletes la mitad o dos terceras
partes por debajo de los de sus competidores. No es de extrañar que a fines del siglo XVII quizás la mitad del tonelaje
mercante de Europa fuese holandés y que fuese Holanda el constructor de barcos para Europa.

El antiguo sistema colonial

En la administración de sus colonias, los ingleses pensaron que, puesto que ellos ponían la gente y el capital
necesarios para el desarrollo de las mismas, tenían derecho a orientar ese desarrollo de manera que sirviese a su principal
objetivo político; el aumento del poderlo nacional. De acuerdo con las teorías mercantilistas, esto significaba emplear las
colonias como base de suministros necesarios para la metrópoli, como fuente de materias primas para convertirlas en
objetos manufacturados para la exportación, y como mercado para los productos de la mano de obra inglesa.

Los medios para ese fin de hacer a las colonias servir como complemento económico de la metrópoli eran
numerosos, y ya hemos visto algunos de ellos. Así, el sistema de navegación, además de crear un semimonopolio para
súbditos ingleses del negocio de transportes marítimos, formaba también parte integrante del sistema colonial. El
principio de las mercancías enumeradas, en particular, garantizaba a Inglaterra que tendría lo mejor de esos principales
productos de las colonias y que sus comerciantes obtendrían las ganancias producidas por la reexportación de cualquier
excedente.

Además de la estrecha reglamentación del comercio colonial contenida en las Leyes de Navegación, se establecieron
controles sobre el desarrollo de la industria colonial. El fomento positivo de la producción de artículos deseados en
Inglaterra para consumirlos o reexportarlos tomó la forma de primas o de derechos preferentes sobre su importación en
las islas británicas. Medidas negativas de control tendían a suprimir las manufacturas coloniales en favor de los
productores de la metrópoli, y comprendían la prohibición de exportaciones coloniales de artículos de lana y sombreros y
las manufacturas de hierro.

A pesar de las cargas a las cuales tenían que someterse los súbditos coloniales de Inglaterra, debemos recordar que
los privilegios espaciales que poseían los comerciantes y armadores ingleses los compartían por igual los comerciantes y
armadores de las colonias. Los intereses más perjudicados por el sistema colonial eran los de los consumidores; los

11
Al principio incluía sólo azúcar, tabaco, algodón, jengibre, índigo y maderas tintóreas, en el siglo XVII se amplió a una veintena de artículos, y en 1766
fueron prohibidas todas las exportaciones coloniales a cualquier puerto situado al norte del cabo Finisterre.
consumidores ingleses, lo mismo que los coloniales, eran sacrificados a las exigencias del mercantilismo. Pero al crecer la
población y la riqueza de las colonias y adquirir importancia las industrias manufactureras locales, su supresión añadía un
elemento más al conflicto de intereses que llevó a la independencia de los Estados Unidos.

Reglamentación de la industria

El mercantilismo francés insistía en guiar y controlar la industria nacional. En este campo la política seguía dos líneas
principales: el fomento deliberado de las manufacturas y la reglamentación estricta de casi todos los aspectos de la
producción.

En el siglo XVII, el fomento de las manufacturas tomó primero la forma de concesiones de exención de impuestos,
subsidios, privilegios, y la inversión liberal de fondos reales, como en la creación de la industria de seda cruda y de
manufacturas de seda, y en otras muchas industrias de lujo en las cuales aún es famosa Francia.

Bajo Colbert, gran ministro de Luis XIV, se intensificó y amplió la política de fomentar el desarrollo industrial. Muchos
negocios se convirtieron en "manufacturas reales" (la de tapices de los Gobelínos es la más conocida), titulo que llevaba
consigo la seguridad de ventas a la corona así como el lustre y prestigio aparejados al favor real.

Colbert llevó aún más lejos el segundo aspecto de la política industrial francesa: la reglamentación de la industria por
el Estado. Apoyándose en los ya existentes controles gremiales, creó un amplio sistema de reglamentaciones uniformes
para cada tipo de producción, imponiéndolas por decreto, y procuró -con diverso éxito- hacerlas cumplir por medio de
inspectores locales nombrados desde París.

Inglaterra, lo mismo que Francia, intentó la reglamentación centralizada de la industria. En el reinado de Isabel I una
gran obra legislativa, el Estatuto de Artífices (1563), reunió y codificó en un sistema nacional las partes eficaces de las
anteriores leyes nacionales y reglamentaciones locales. Sus objetivos más importantes fueron dar instrucción suficiente a
los trabajadores industriales, que habían padecido a consecuencia de la decadencia de los gremios y la propagación de la
industria a las aldeas y distritos rurales; la garantía de amplias existencias de brazos para la agricultura; y una seguridad
mayor de trabajo. Alcanzó tales objetivos exigiendo, en todas las ramas de la industria, un aprendizaje de siete años;
prescribiendo en términos generales una preparación uniforme para cada oficio en toda Inglaterra; haciendo obligatorio
el empleo en la agricultura de todos los trabajadores no ocupados en alguna industria específica; y señalando como
periodo mínimo de contrato un año. Además, continuó la reglamentación de los salarios, establecida a mediados del siglo
XIV para luchar contra la gran escasez de mano de obra resultante de la gran epidemia da peste.

Otros dos recursos se probaron también en Inglaterra, aunque en extensión mucho menor que en Francia. La
reglamentación de la calidad de los artículos producidos se practicaba en la industria de la lana desde sus primeros días.
Para conseguir la alta calidad de las exportaciones inglesas, las fábricas quedaron sometidas a la inspección de un
funcionario real, el alnager; el incumplimiento de las especificaciones señaladas daba lugar a multas y a la confiscación de
los artículos que no las satisfacían. Las primeras décadas del siglo XVII presenciaron la ampliación de la inspección oficial a
la industria de la seda, a las fundiciones de hierro, estaño y plomo, y a las minas de carbón.

La política industrial nunca fue tan importante en Holanda y España cómo en Inglaterra y Francia. Holanda, como
hemos visto, se dedicó a establecer y conservar el monopolio del comercio con las Indias Orientales. En la metrópoli se
siguió una política de comercio relativamente libre y de libre dirección de la industria. España se esforzó igualmente, pero
con mucho menos éxito, en afianzar un control monopolista sobre el comercio de sus colonias americanas, lo cual
suponía la exclusión en los mercados de España de artículos y comerciantes extranjeros. Pero la industria española
sencillamente no podía producir los artículos, y sus mercados coloniales se surtieron cada vez más de importaciones de
otras partes de Europa.

Los trabajadores bajo el mercantilismo

Las políticas comercial, colonial y naviera fueron conformadas, según dijimos, por la teoría mercantilista de la balanza
comercial. También lo fueron las opiniones y la política mercantilistas en relación con el trabajo que, en una época en que
el equipo de capital se reducía principalmente a herramientas relativamente sencillas, era con evidencia el principal factor
de la producción especialmente en las manufacturas. Como las exportaciones de artículos manufacturados ocupaba un
lugar elevado como medio para conseguir metales preciosos, es natural que los mercantilistas señalasen la necesidad de
una población numerosa y creciente para contar con grandes existencias de mano de obra, y (que propugnasen medidas
para estimular su crecimiento, tales como premios a los matrimonios, bonificaciones por los hijos y penas a los solteros.
12
En realidad, llegaron hasta conceder al trabajo "una posición dé importancia estratégica". Eran comunes, expresiones
como las siguientes:

"El pueblo es la riqueza y la fuerza del país" (Nicholas Bárbon).

"¿No es más rico el país que tiene más obreros?" (Josiah Tucker)

"Que la fuerza y la riqueza de una sociedad consiste en el número de sus gentes es un aserto que ha adquirido la
fuerza de una máxima en política" (Henry Fielding).

Si era importante la cantidad de la mano de obra, lo eran igualmente su habilidad y su laboriosidad, porque estas
cualidades permitían producir más y mejores artículos de exportación. Casi sin excepción, quienes escribían sobre
economía en la época mercantilista destacaron la necesidad de crear hábitos de laboriosidad y de adquirir pericia
manufacturera.

Pero ¿y los salarios? Parecería natural que quienes sostenían que "el pueblo es la riqueza y la fuerza del país"
quisieran también verlo bien pagado, desahogado y contento con su suerte; pero la mayor parte de los mercantilistas
sostuvieron la opinión totalmente opuesta. Para tener una balanza comercial favorable, era necesario poder vender más
barato que los competidores extranjeros. Siendo la mano de obra el mayor factor del costo, por consecuencia tenía que
ser barata. Se necesita gran cantidad de trabajadores no sólo para tener una gran volumen de artículos manufacturados
para la exportación, sino también para mantener bajos los jornales y los costos y poseer una gran capacidad competitiva.

Hoy sabemos que no se sigue necesariamente que los costos de mano de obra sean bajos sólo de que sean bajos los
jornales. Los salarios altos se concilian con costos de mano de obra bajos si la productividad de ésta es elevada. Pero
entre los mercantilistas se habla generalizado la opinión de que los jornales altos inducían, no a una mayor laboriosidad,
sino a la holganza y la pereza. Así, Arthur Young, observador de mediados del siglo XVIII que había viajado mucho y era
muy inteligente, se redujo a expresar el punto de vista común de otros muchos pensadores contemporáneos y anteriores
cuando dijo:

Todo el que no sea un idiota sabe que las clases bajas deben mantenerse en la pobreza o no serán nunca laboriosas;
no quiero decir que los pobres de Inglaterra tengan que serlo tanto como los de Francia; sino que, teniendo en
13
cuenta el estado del país, deben (como toda la humanidad) seguir en la pobreza o no trabajarán.

Un bajo concepto de los móviles que estimulan al obrero a trabajar unido a la teoría de la balanza comercial (y al
egoísmo de las clases patronales) hicieron que se considerara la necesidad de los salarios bajos como una teoría
firmemente establecida. Al mismo tiempo, se creía con igual convicción que la mano de obra era de vital importancia en
la economía nacional. No hay contradicción entre las dos ideas. La abundancia de mano de obra, como fuente de
exportaciones y por lo tanto de dinero, era condición necesaria para la riqueza y el poderío nacionales. Pero esa mano de
obra debe ser laboriosa y productiva; si la pobreza es esencial para hacer trabajar al obrero, entonces los jornales bajos
son una condición tan necesaria como una amplia oferta de mano de obra.

Si parece que aquí se esconde una paradoja entre "los ricos de la nación" y un pueblo en andrajos y pobreza,
fácilmente puede reconciliarse. Puesto que el obrero se consideraba simplemente un medio para lograr el fin estratégico
de la riqueza y poder nacionales, únicamente su trabajo, no su bienestar, era importante.

12
Edgar S. Fumisa. The Position of the Laborer in a System of Nationaiesm. Houghton, Mifflin Co., p. 31, Boston, 1930. Las citas que siguen
inmediatamente son de la p. 22 nota.

13
Arthur Young, Eastern Tour (1771) IV, p. 361, citado en Furniss. op. cit., p. 118.
EL MERCANTILISMO
Introducción

Mercantilismo es el nombre que Adam Smith dio al conjunto de teorías y medidas prácticas que se desarrollaron
entre el final de la economía medieval y el surgimiento de la fisiocracia. Abarca el largo periodo que corre desde 1450
hasta 1750, el mercantilismo consiste en una serie de medidas prácticas para 1ograr un fin concreto: el enriquecimiento
del Estado.

La economía empieza llamarse, con Monchrétien, economía política.

Durante los tres siglos de mercantilismo la economía sigue subordinada. Pero, no a valores éticos, como era el caso
con Platón, Aristóteles o los teólogos medievales, sino a una finalidad: la riqueza del Estado. Al antiguo ideal estático de
moderación y de justicia que impregnaba las ideas económicas medievales, el mercantilismo sustituye el ideal dinámico
del enriquecimiento nacional y privado. La crematística triunfa sobre la economía natural.

CUADRO HISTÓRICO

La aparición de la corriente mercantilista coincide con la aurora de la Edad Moderna. No sólo Europa, sino nuestro
planeta entero experimentaron cambios profundos. Necesitamos describir brevemente algunos de ellos para comprender
cómo se transformaron las antiguas ideas económicas.

Cambios en los hechos

Aparición de los primeros Estados modernos. El antiguo régimen feudal entra en fase de liquidación definitiva con el
surgimiento de los primeros Estados modernos unificados: Francia, España e Inglaterra. El poder político se concentra en
las manos del monarca, quien se ve apoyado por la burguesía comercial, industrial y financiera, y por poderosos ejércitos
de mercenarios.

Los nuevos Estados necesitan grandes recursos para el sostenimiento de las guerras continuas que azotan a Europa y
para los cuantiosos gastos de las cortes reales, cada vez más complicadas y suntuosas. Los políticos y los economistas se
ingenian para descubrir nuevas fuentes de ingresos. Se inventará todo un sistema de reglamentación del comercio para
hacer entrar divisas y se concederán monopolios comerciales, mineros e industriales para abastecer abundantemente al
tesoro nacional.

Nuevas rutas comerciales. La apertura de nuevas rutas comerciales se debió a dos grandes motivos: la caída de
Constantinopla y los grandes descubrimientos geográficos.

Al apoderarse los turcos de Constantinopla en 1453, quedaron cortadas las antiguas rutas de Occidente con Asia.
Pero los nuevos Estados, en lugar de resignarse con los acontecimientos, van a tratar de encontrar una nueva solución al
problema del comercio con los países asiáticos. Nadie se hubiera atrevido nunca a soñar las consecuencias de esta actitud
emprendedora.

Las naves de Enrique el Navegante pasan la línea del Ecuador, doblan el cabo de Buena Esperanza y llegan finalmente
a la India en 1498; de ahí pasan a Malaca y hasta China.

Buscando un camino más corto para llegar a la misma meta. Cristóbal Colón descubre América en 1492. Poco tiempo
después tendrán lugar las conquistas de México y del Perú, y toda una serie de descubrimientos geográficos de la mayor
importancia: casi todo el continente americano, Filipinas, Japón, etc.

Consecuencias de los descubrimientos

Desplazamiento de los antiguos ejes comerciales. En primer lugar, se produce un desplazamiento radical de los
antiguos ejes comerciales. Venecia, señora del Mediterráneo, tiene que ceder su lugar a Lisboa y a Sevilla. Estos son los
puertos que ligan a toda Europa con las Indias Orientales y con América. De ellos parte también la ruta al norte de Europa,
vía Amberes y Ámsterdam.
Apertura de inmensos mercados. Por Lisboa y Sevilla afluyen a Europa toda clase de productos coloniales que van a
transformar la economía europea, su alimentación y sus hábitos. El maíz, la papa, el tabaco, las especias tan buscadas y,
sobre todo, el oro y la plata. A la penuria de alimentos y de metales preciosos en Europa se sucede la abundancia. Las
especias y toda otra clase de productos asiáticos inundan los mercados de Europa. América y Asia ofrecen inmensos
mercados a los productos europeos.

Afluencia de metales preciosos. De 1450 a 1550, los portugueses drenan hacia su patria todo el oro africano del
Sudán y de Etiopía. Pero la gran afluencia de metales preciosos se debe a la explotación de las minas de América
española.

En la década de 1551 a 1560, Europa importa de América 43 toneladas anuales de oro por término medio. Es el
periodo de explotación más intenso. A finales del siglo, de 1591 a 1600, la importación media baja a 9 toneladas anuales.
A mediados del siglo siguiente la importación desciende a media tonelada anual.

La importación de plata es más tardía, pero importante en cantidad. En la década de 1551-1560, la media anual es de
30 toneladas. A fines del siglo, 1591-1600, alcanza la cifra de 270 toneladas anuales y logra mantenerse en más de 214
toneladas hasta 1630.

Esta plétora de plata produjo necesariamente su depreciación. La relación comercial oro, plata que era de 1 a 10, en
1500, pasa a ser de 1 a 15 en 1600.

Alza de los precios y baja de la tasa de interés. La abundancia de metales preciosos produjo un alza notable en los
precios europeos a través de España. De 1550 a 1615 los precios se cuadruplican en España y se multiplican por 3.5 en
1
Francia e Inglaterra.

Produjo también una baja en la tasa de interés. La tasa legal que era en Inglaterra de 10% en 1545, pasa a 8% en
1624, y desciende a 6% en 1669.

El interés no bajó más, a pesar del aumento de dinero, porque la demanda de capitales para las expediciones
marítimas y para la industria era inmensa.

Cambios en las técnicas

Si los descubrimientos geográficos provocaron una revolución comercial, las innovaciones técnicas dieron lugar a lo
que John U. Nef ha llamado "la primera revolución industrial".

Aparecen industrias muy importantes, como la imprenta. Descubierta en 1423, logra su realización económica en
1440. Para fines de siglo, constituye una industria considerable con talleres famosos en Italia, Francia y Bélgica. En la
Nueva España se implantará desde los albores mismos de su colonización, gracias a los esfuerzos de Fray Juan de
Zumárraga.

Otras industrias tienen también transformaciones y desarrollo de gran importancia: la textil (seda y algodón), la
siderúrgica (altos hornos), la metalúrgica (procedimiento de amalgama para la obtención de plata, empleado en Pachuca
en 1552), la de artillería, la de los astilleros, etc. También la agricultura se hace más técnica, y por medio de una
conveniente rotación de cultivos, se evita el periodo del barbecho.

Cambios en las instituciones

El antiguo cuadro institucional de la industria, la banca y las empresas evoluciona hacia formas más y más capitalistas,
a medida que los grandes Estados van desarrollando la política mercantilista. Durante este largo periodo, las instituciones
tradicionales heredadas de la Edad Media, coexisten con las nuevas de tendencia capitalista; pero mientras las primeras
instituciones van perdiendo terreno, las nuevas, de cuño capitalista, van imponiéndose en todas las ramas de la economía.

Instituciones industriales

1
Valentin Vazquez de Prada: Historia económica mundial, I, paginas 372-373 y 420-421. Ediciones Rialp, Madrid, 1961.
a) La industria corporativa. En el cuadro del sistema corporativo siguen funcionando las artesanías y las pequeñas
industrias que fabricaban productos de consumo local.

En cifras absolutas su número e importancia siguieron en aumento, pero la disminución fue rápida y progresiva desde
el punto de vista relativo; es decir, por comparación de la industria corporativa con la industria total.

En el mundo medieval el sistema corporativo estuvo adaptado a las necesidades de la época y su funcionamiento fue
sumamente beneficioso, tanto desde el punto de vista económico como social. Pero las corporaciones no supieron
adaptarse a las profundas transformaciones de la Edad Moderna. En lugar de dar pruebas de flexibilidad en respuesta a
las nuevas condiciones económicas y sociales, las corporaciones se esclerotizaron.

A la antigua capilaridad social sucedió un espíritu de casta. A las exigencias de introducción de nuevas técnicas y
producción de nuevos artículos respondió una reglamentación cada vez más minuciosa y asfixiante.

Los maestros apretaron sus filas negando el acceso a la maestría a los oficiales, para reservar este cargo a sus hijos o
familiares. Esto dio lugar a dos consecuencias.

Por una parte, al lado de los antiguos artesanos jurados, surgen los maestros libres, que han obtenido del monarca
autorización para ejercer la profesión. Pero la corona se hacía pagar caro la concesión de este privilegio.

Por otra parte, los oficiales y aprendices formaron asociaciones obreras (compagnonnages) prohibidas por las leyes.
Trabajando en la clandestinidad trataron de defender sus derechos mediante huelgas, que fueron severamente
reprimidas.

La invención de nuevos productos da lugar a una serie de procesos interminables entre diversas corporaciones, que
pretenden el derecho exclusivo de fabricarlos. Así, cuando los sastres lanzan al mercado los nuevos botones cubiertos de
tela, los pasamaneros entablan un proceso que logran ganar. Ni los sastres podrán fabricar esos botones, ni nadie podrá
usarlos.

La autoridad pública interviene reglamentando el modo de producción, la cantidad y la calidad hasta en los más
pequeños detalles. Colbert, por ejemplo, publicó 38 reglamentos y 150 edictos. Los reglamentos para la industria textil se
2
contienen en cuatro volúmenes que suman 2 200 páginas. Esta reglamentación asfixiante obligó a encontrar otras
estructuras más flexibles que permitiesen el desarrollo de la industria.

b) La industria a domicilio. La necesidad de producir en gran escala para la exportación llevó a los capitalistas a implantar
el sistema de trabajo a domicilio.

El empresario proporcionaba la materia prima a los trabajadores para que la transformasen, y les pagaba a destajo la
obra realizada. Este sistema se basaba en la división del trabajo, pues el proceso de producción estaba descompuesto en
varias fases, de manera que cada obrero ejecutaba una sola de las etapas de producción.

Se difundió mucho este sistema entre los campesinos, ya que podían combinar los trabajos del campo con esta otra
ocupación que realizaban en las épocas muertas, y en la que colaboraban las mujeres y los niños. La industria textil
inglesa tuvo esta estructura hasta que el motor de vapor acabó con ella. Este sistema fue muy generalizado en Inglaterra,
Alemania, Holanda y norte de Italia.

c) La industria capitalista. La necesidad de grandes capitales hizo que surgiera un nuevo tipo de industria de constitución
netamente capitalista: el capital social estaba formado por acciones y la empresa empleaba gran número de obreros.

Se constituían bajo un régimen de "autorización real", que concedía a veces el monopolio para evitar la competencia.

Las primeras empresas de este tipo se crearon para las industrias metalúrgica y minera; luego se aplicaron a las fábricas
de salitre y pólvora, los tejidos y la imprenta.

2
R. CATHERINE y P. GOUSSET. L'Etat et I'essor industrial, pág. 74.
d) Las manufacturas del rey. Se trata o de verdaderas empresas del Estado dirigidas por oficiales reales o de empresas
privadas, dirigidas por un empresario, que entregaba toda la producción al Estado al precio fijado por éste.

El Estado procedía a la creación de estas manufacturas para lograr una política de sustitución de importaciones, y poder
lanzarse a grandes exportaciones que hiciesen entrar divisas en el país.

El caso más notable es el de Colbert en Francia, quien concedió estatuto de manufactura real a la fábrica de muebles y
tapices flamencos de los gobelinos, creada por Enrique IV, y a la de tapices orientales de la Savonnerie.

e) Las manufacturas privilegiadas. Son empresas privadas exentas de todos los obstáculos propios del sistema corporativo.
Se establecen gracias a un privilegio real, y por ello son llamadas "manufacturas reales", que les concede toda una serie
de exenciones y subsidios.

Así, por ejemplo, tienen libertad para reclutar técnicos en el extranjero; sus obreros están libres de impuestos y del
servicio militar y pueden ascender fácilmente a la maestría; sus dirigentes son objeto de honores que pueden llegar hasta
la concesión de la nobleza. Por otra parte, estas manufacturas reales gozan de subsidios estatales, de primas a la
producción, de préstamos sin interés, de monopolios locales y hasta nacionales.

No suelen estar constituidas por grandes fábricas, sino por la concentración de gran cantidad de pequeños talleres
diseminados en el campo.

Así nace en Francia la industria de la seda, del terciopelo, de los tisúes y brocados de oro y de plata; de espejos, de
3
armas, etc.

Instituciones comerciales.

Las antiguas formas de sociedades colectivas y de sociedades en comandita resultaron incapaces de hacer frente a las
grandes necesidades de capital que requerían las expediciones marítimas. Surgió, pues, la forma capitalista de las
sociedades por acciones.

En un principio, la sociedad se formaba para una expedición determinada y se liquidaba cuando, después del regreso
de las naves, se habían vendido las mercancías. Así trabajó en sus comienzos la Compañía inglesa de las Indias Orientales.
Para su primera expedición, los dividendos fueron de 220%.

Pronto se vieron los inconvenientes de este sistema y la sociedad por acciones adquirió un carácter estable. Las
acciones se negociaban en Bolsa y hubo gran especulación financiera.

Los holandeses fundaron la Compañía de las Indias Orientales (1602) y la de las Indias occidentales (1621). La primera
hacía la ruta Amsterdam-Batavia (Java); la segunda, Amsterdam-Curacao.

Idénticas compañías fundaron los ingleses para hacer el comercio en el Atlántico y en el Índico. El éxito de estas
compañías fue inmenso, ya que lograron suplantar en gran parte a los holandeses.

La Compañía inglesa de las Indias Occidentales hacía lo que se ha llamado el "comercio triangular". Las naves partían
de un puerto inglés llevando mercancías inglesas hacia la Guinea. Allí se vendían y se compraban esclavos, que las mismas
naves llevaban a América. Con el producto de la venta de los esclavos se compraban productos coloniales que eran
embarcados rumbo a Inglaterra.

Colbert creó también Compañías para comerciar con las Indias Orientales y Occidentales, pero la vida de éstas fue
efímera y terminó en el fracaso.

Visto el éxito de las sociedades comerciales por acciones, se crearon más tarde otras sociedades anónimas de tipo
industrial: mineras, mecánicas, etc.

Instituciones bancarias y financieras.

3
Ibid., págs.72-73; VALENTIN VÁZQUEZ DE PRADA, op.cit., págs 349-350
Las operaciones de cambio de monedas depósitos, pagos, transferencias, crédito, etc., habían sido realizadas en la
Edad Media por banqueros y cambistas privados. Algunos banqueros privados de la Edad Moderna, como los Fugger,
tuvieron importancia extraordinaria, no sólo financiera sino aun política.

Pero el desarrollo comercial e industrial requería de mayores facilidades crediticias. A fines del siglo VXI y principios
del XVII surgieron los grandes bancos modernos en los principales países europeos.

En 1696, Palmstruck creó el billete de banco emitido por el de Estocolmo. Se trataba de un billete al portador, libelado
en cifras redondas y convertible a la vista. Se difundió enseguida en Inglaterra y en los demás países de Europa occidental.

También en esta época se populariza mucho el uso de la letra de cambio, su endoso y su descuento.

En los siglos XVI y XVII fueron apareciendo las primeras bolsas de valores en Ámsterdam, Londres y París. La
especulación fue muy grande; hubo quiebras y el Estado tuvo que intervenir repetidas veces.

Como se deduce de todo lo anterior, las principales instituciones del capitalismo nacieron en la época mercantilista.

Cambios en la mentalidad

El Renacimiento. El espíritu renacentista provocó una profunda transformación en la mentalidad europea. Con el
redescubrimiento de los autores paganos de la época clásica, cobró gran auge la cultura antigua y cayó en descrédito la
escolástica medieval. El hombre y la naturaleza, que el ascetismo de la Edad Media había tratado de reprimir, fueron
objeto de un nuevo culto pagano por parte de los artistas y de la cultura de esta época. La cosmovisión teocéntrica fue
sustituida por otra antropocéntrica. El ideal de moderación, tan inculcado durante la Edad Media, fue reemplazado por un
afán ilimitado de riquezas como medio para disfrutar de la vida. El lujo se desarrolló en las cortes de los príncipes y de los
reyes, y se extendió, por efecto de imitación, a todas las capas de la sociedad.

La capilaridad que había existido en las corporaciones de la Edad Media, cedió su lugar a un espíritu de casta; los
comerciantes se enriquecieron y alcanzaron gran importancia, así como los banqueros; la separación entre las clases
sociales se agudizó.

Finalmente, el Renacimiento dio un impulso extraordinario a la investigación sustituyendo el procedimiento deductivo


por el inductivo basado en la observación y en la experimentación científica. Imbuido de este espíritu el hombre se lanza
al dominio de la naturaleza, que hasta entonces se le había impuesto. La ciencia reclama su autonomía y se independiza
de la religión.

La reforma. A principios del siglo XVI, una gran revolución religiosa va a incidir notablemente en la evolución de las
ideas y de las instituciones económicas y sociales. En este gran movimiento, vamos a distinguir las dos figuras más
importantes para el punto que nos ocupa: Lutero y Calvino.

Lutero. Se considera tradicionalmente que Lutero representa un retroceso hacia la Edad Media, más bien que un paso
hacia el mundo moderno y especialmente hacia el mundo capitalista. Así lo afirman pensadores de ideologías totalmente
diversas. Dawson dice, por ejemplo:

El mismo Lutero, jefe religioso del movimiento, es intelectualmente un hombre de la Edad Media, más bien que del
4
mundo moderno.

Federico Engels afirma lo siguiente:

Cierto que la Reforma luterana condujo a una religión; aquella precisamente que necesitaba la monarquía absoluta.
Apenas abrazaron el luteranismo los campesinos del noreste de Alemania se vieron degradados de hombres libres en
5
siervos de la gleba.

4
CRISTOPHER DAWSON: Progreso y religión, pág. 210. La Espiga de Oro, Buenos Aires, 1943.

5
F. ENGELS: Del socialismo utópico al socialismo científico, Pág. 18.
Max Weber, Troeltsch, Tawney y otros autores, que sostienen una relación de causa a efecto entre protestantismo y
capitalismo, atribuyen esta causalidad a la reforma calvinista, pero se la niegan terminantemente a la luterana. Las razones
por las que se considera que Lutero no propició el despertar del espíritu capitalista son las siguientes:

1° Lutero fue siempre hostil al comercio. Siguiendo el pensamiento medieval menos avanzado, únicamente
consideraba trabajos dignos del hombre los de los campesinos y artesanos.

2° Condenó vehementemente el préstamo a interés, al que calificó de "invento del demonio sancionado por el Papa"
y la "peor desgracia de Alemania". Aunque fue siempre intransigente en este punto, al final de su vida fue menos
categórico en sus condenaciones.

3° Consideró la organización jerárquica de la sociedad como de orden divino y predicó que cada quien debía
conformarse con el puesto que le había tocado, sin pretender mejorar ni subir en la escala social. Cada hombre debía,
6
pues, adoptar una actitud de indiferencia y de aceptación ante los acontecimientos de este mundo.

Aunque estos puntos son innegables y cierran las puertas a la eclosión del espíritu capitalista, sin embargo, un
aspecto muy importante de la doctrina luterana va a facilitar grandemente el surgimiento y desarrollo de ese espíritu: es
la noción de "vocación", que en Lutero tiene un sentido tradicional y hasta retrógrado, pero que en Calvino adquirirá una
forma progresista. Hay que tener en cuenta que, según Lutero, el hombre no se salva por sus obras, sino únicamente por
la fe. Pero, Dios "llama" a cada hombre a cumplir las obligaciones señaladas por su posición en este mundo. El papel del
hombre no consiste, pues, en hacer buenas obras para salvarse, sino en cumplir su tarea en esta tierra. El trabajo es, por
consiguiente, la obligación más seria del hombre. El trabajo es, para Lutero, una secuela del pecado original. Calvino
desarrollará ampliamente el lema de la "vocación" y sacará conclusiones muy importantes.

Calvino. Las principales ideas del reformador ginebrino que van a influir, aunque sea posteriormente y hasta contra su
voluntad, en el espíritu capitalista, son las siguientes:

a) Predestinación. La Iglesia católica ha defendido siempre que Dios quiere la salvación de todos los hombres y que para
esto les concede la gracia, pero que estando de por medio la libertad humana, los hombres se salvan o condenan según
que acepten o rechacen la invitación divina. Esta respuesta supone, no solamente un acto de la inteligencia que da su
asentimiento a Dios tal y como se ha revelado a los hombres, sino un acto de la voluntad que se decide a querer cumplir
todo cuanto Dios ordena.

Lutero enseñó que las obras no sirven para nada, y que sólo la fe salva.

Calvino consideró que cada hombre es objeto de un decreto divino por el que está predestinado a la salvación o a la
7
condenación, independientemente de la conducta que observe. El único papel del hombre, con relación a Dios, es el de
glorificarle eternamente por la salvación o la condenación. Por tanto, el hombre no puede hacer nada sino acatar el
decreto divino. Todas las obras buenas son, pues, perfectamente inútiles para alcanzar la salvación. Pero el hombre debe
glorificar a Dios, aun en esta vida, cumpliendo la "vocación" que Dios le ha señalado.

b) Vocación. La tarea del hombre se halla, pues, circunscrita a este mundo y cortada de todo lazo con la vida eterna.
Calvino afirma lo siguiente:

-Las cosas de la Tierra (doctrina política, arte del buen gobierno de la casa, artes mecánicas, filosofía y todas las artes que
se llaman liberales)... no tocan en manera alguna a Dios ni a su Reino, ni a la verdadera justicia e inmortalidad de la vida
futura, sino que están conectadas con la vida presente y casi encerradas en los límites de ésta.

Por consiguiente, no existe, según Calvino, lazo alguno entre la actividad del hombre en esta Tierra y la recompensa en la
otra vida. De esta manera Calvino destruyó la ética sobrenatural y claro está la aplicación de dicha ética a la economía.
Sólo queda lugar para una ética de carácter natural de la que todos los principios y todas las consideraciones

6
MAX WEBER: The protestant Ethicc and the Spirit of Capitalism, página 85. Traducido por Talcott Parsons. Charles Scribner's Sons, Nueva York, 1958.

7
JUAN Calvino. L'Institution chrétienne. Véase especialmente el tomo III, caps. XXI-XXIV, págs. 392-457.
sobrenaturales quedan sobrenaturales quedan totalmente excluidas. El individualismo y el subjetivismo son consecuencias
necesarias de esta posición.

Las consecuencias de esta idea de "vocación" son muy importantes para nuestro punto de vista.

El trabajo. El trabajo diario, arduo y constante en las actividades de esta tierra es el único medio por el que el hombre
puede cumplir su "vocación". El calvinismo inculcará a macha martillo la necesidad de la fidelidad absoluta al trabajo, y las
sectas que de él se derivan (puritanismo, por ejemplo), insistirán siempre en este punto. De aquí el aborrecimiento tan
marcado de los calvinistas a la ociosidad. El comercio no es de ninguna manera para Calvino una actividad indigna del
hombre, sino que es, al contrario, una actividad perfectamente respetable, con tal de que el beneficio no se logre a
expensas de otros.

Las riquezas. La posición de Calvino en cuanto a las riquezas es bastante moderada. Dice así:

-Debe reinar siempre entre nosotros el humanismo que haga que los que tienen abundancia de bienes puedan usar de
ellos como propios; sin embargo, no deben disfrutar de todo egoístamente, sino que deben hacer partícipes de ellos a
8
quienes los necesitan y remediar su indigencia, cada uno según su facultad y medida.

Si se compara esta posición con la tomista, aparece en seguida que falta la distinción neta entre propiedad de
administración (privada) y de uso (común). Sin embargo, Calvino llega a la conclusión de que los ricos deben hacer
partícipes de sus bienes a los necesitados.

Quizá la diferencia más notable se encuentre en que mientras el pensamiento católico ve siempre las riquezas como algo
sospechoso y lleno de peligros, Calvino ve sin la menor inquietud las riquezas que proceden del trabajo.

Posteriormente al reformador, los puritanos verán en las riquezas la muestra de la bendición de Dios y el signo seguro de
la predestinación. De aquí nacerá su desprecio y hasta su odio a los pobres. La palabra de Cristo, "bienaventurados los
pobres", será totalmente olvidada. La influencia del espíritu judío hará todavía mucho más marcada esta concepción de
las riquezas como signo de la predestinación.

Si Calvino veía las riquezas sin la menor sospecha, detestaba el lujo y la ostentación. La idea está preñada de
consecuencias. Enriquecerse es bueno; gastar en lujo es malo. La vida sobria y la reinversión se imponen, por
consiguiente.

c) Préstamo a interés. La actitud de Calvino en materia del préstamo a interés es muy matizada. Pero sus matices serán
posteriormente olvidados.

En la carta a uno de sus amigos, que no indica ni el lugar ni la fecha en que se escribió, Calvino muestra su embarazo en
esta cuestión. Después de manifestar que sabe, por los ejemplos de otros, lo peligroso que es contestar a la pregunta que
se le hace sobre la licitud del préstamo a interés, dice así:

“... porque si prohibimos totalmente la usura, apretamos las conciencias con un lazo más estrecho del que Dios
mismo impuso. Si la permitimos en alguna manera, inmediatamente, bajo este pretexto, varios se toman una libertad
9
desenfrenada sin que puedan soportar que se les limite algo por alguna excepción.”

Calvino no creyó nunca en el viejo argumento aristotélico de que el dinero es estéril, porque tuvo el mérito de ver lo que
se escondía detrás del dinero. Y así pudo distinguir el préstamo al consumo y el préstamo a la producción. La
argumentación de Calvino es transparente.

8
Ibid.: Opera Omnia, tomo 28, pág. 136, citado por JEAN DELUMEAU: Naissance et affirmatiott de la Réforme, pág. 317, Cf. también Institution
chrétienne, tomo 2, cap. 10, núm. 45; tomo 3, caps. 19 y 20.

9
Ibid.: Opera Selecta, vol. 11, pág. 392. Petrus Barth et Dora Scheuner, Monachii in aedibus Chr. Kaiser, 1952.
El dinero, como signo monetario, es estéril. Pero transformado en bienes de capital es productivo; no por sí mismo, sino
porque estos bienes, que se han conseguido con dinero, son productivos. En la carta que hemos citado dice así, en un
estilo familiar difícil de traducir:

Recibo una renta por el alquiler de una casa. ¿Acaso la cobro porque el dinero crece en la casa? Pero las rentas proceden
de los campos donde se hace el dinero. El uso de la casa puede también comprarse por dinero. ¿Y qué? ¿Acaso el dinero
transformado en mercancías no es más fructífero que ninguno de los otros bienes que podrían mencionarse? ¿Será
permitido alquilar un campo imponiendo una renta y será ilícito cobrar algún fruto por el dinero prestado? ¿Qué?
¿Cuándo se compra un campo, puede decirse que el dinero no engendra dinero? ¿Cómo incrementan sus bienes los
comerciantes? Gracias a su trabajo, dirá usted. Confieso, por cierto, lo que ven los niños: a saber, que si usted encierra el
dinero en el arca, permanece estéril. Y también que nadie nos pide dinero prestado con la condición de conservarlo
ocioso y sin hacerlo rendir. De donde se sigue que el fruto no procede del dinero, sino del ingreso (que se obtiene del
10
bien productivo).

Una vez que Calvino ha demostrado la licitud del préstamo a interés, se apresura a manifestar que no considera lícito
todo contrato de esta índole.

En primer lugar, reprueba terminantemente el oficio de prestamista. La razón es doble. La primera, de índole moral;
11
porque según Calvino es "un ejemplo muy raro encontrar un hombre de bien que sea al mismo tiempo prestamista". La
segunda está ligada con la noción de "vocación". Si los hombres encuentran en ese oficio un modo fácil de enriquecerse,
12
descuidarán el trabajo en los oficios necesarios, lo que constituye la principal obligación del hombre.

En segundo lugar, indica varias excepciones en las que no es lícito cobrar interés. Las principales son las siguientes:
que no se cobre interés a los pobres y necesitados; que el prestatario obtenga un beneficio igual al del prestamista; que
no se tome en cuenta únicamente el interés de las partes, sino el bien público; que no se cobre una tasa superior a la que
13
permiten las leyes del lugar y, si éstas son excesivamente amplias, que se tenga en cuenta la equidad.

Si comparamos la posición de Calvino con la de los escolásticos, puede parecer a primera vista que son totalmente
antagónicas. Así lo afirma el historiador Henri Sée:

“La doctrina calvinista, en cuanto al préstamo a interés, está en abierta oposición con la doctrina de la Iglesia
14
católica.”

Así es, en efecto, si comparamos sólo la parte teórica de la respuesta a la pregunta de la licitud del interés. Los
escolásticos habían dicho "no"; Calvino dice "sí". Pero en la parte práctica, los escolásticos añadían: "cuando se dan tales y
tales condiciones extrínsecas al contrato, puede cobrarse interés". Calvino dice: "en tales y tales casos no es lícito cobrar
interés". La gran diferencia estriba en que Calvino dijo "sí" contra toda la tradición cristiana que decía "no". Esto tuvo una
importancia inmensa para el desarrollo del capitalismo en los países que adoptaron la religión de Calvino.

Los escolásticos tuvieron que inventar toda una casuística para acomodar su "no" a las necesidades de la vida
práctica. Calvino cambia esa posición y torna precauciones para evitar el desarrollo de la usura que tanto aborrece:

Ciertamente, sería muy de desear que los préstamos a interés fuesen expulsados de todo el mundo; más aún, que
15
hasta el nombre mismo fuese desconocido.

En resumen, podemos decir:

1° Que Calvino no fue el reformador que con sus ideas nuevas despertó el espíritu capitalista, sino quien adaptó la
religión a ese espíritu que se encontraba en clara fase ascendente.

10
Ibid., pág. 394.
11
Ibid., pág.393.
12
Ibid., pág. 395.
13
Ibid.
14
HENRI SÉE: Origen y evolución del capitalismo moderno, págs. 43-44. Fondo de Cultura Económica, México, 1952.
15
Ibid., pág. 392
2° Que su concepción del préstamo a interés es la formulación neta de un nuevo punto de vista mucho más conforme
con la transformación del dinero en "capital", que en esa época se estaba realizando a pasos agigantados.

3° Que por sus ideas sobre el trabajo, beneficios, riquezas y préstamo a interés, justificó y hasta santificó los ideales
del capitalismo.

ESQUEMA GENERAL DEL MERCANTILISMO


Los autores que generalmente se catalogan bajo la etiqueta de "mercantilistas" no conocieron nunca esta
denominación, que proviene de Adam Smith, ni supieron que pertenecían a una escuela económica que no existió nunca.
El mercantilismo no es una escuela, sino únicamente todo el conjunto de recetas económicas que busca un objetivo: el
enriquecimiento del príncipe, en los primeros siglos, y de la nación en el siglo XVIII. Para lograr este objetivo los
mercantilistas proponen medios muy diversos.

El mercantilismo toma una forma propia según el país donde se practica. Así, el mercantilismo español fue
esencialmente metalista (bullonista); el holandés y el británico lo fueron financiero y comercial, y el francés industrial.

Dentro de una misma nación encontramos también diferencias muy marcadas. En Gran Bretaña, por ejemplo, Josiah
Child defendió los salarios elevados y la tasa de interés baja, mientras que William Petty propugnó por salarios bajos y
Thomas Mun por el interés alto.

Teniendo en cuenta la dificultad de presentar esquemáticamente una escuela que nunca existió, vamos a intentar
proponer las características más importantes que convienen a la mayor parte de las prácticas y doctrinas que hoy
llamamos "mercantilistas".

La riqueza nacional y los metales preciosos

Desde las críticas de Adam Smith contra los mercantilistas, se creyó que éstos identificaban la riqueza con la moneda
o los metales amonedables. Fue necesaria la reivindicación iniciada por Keynes para que se matizara la concepción de la
riqueza propia de los mercantilistas.

En realidad, los mercantilistas hacían consistir la riqueza en los bienes necesarios o convenientes para la vida.

Así, Thomas Mun dice terminantemente:

Observemos primeramente que todo el mundo sabe que la riqueza o suficiencia de todo reino, Estado o república,
16
consiste en la posesión de aquellas cosas que son necesarias para la vida urbana.

Montchrétien es más explícito todavía:

No es la abundancia de oro y plata, la cantidad de perlas y de diamantes, lo que hace a los Estados ricos y opulentos;
es la suficiencia de las cosas necesarias para la vida. En realidad tenemos mayor cantidad de oro y plata de la que tenían
17
nuestros padres; no estamos mejor acomodados ni somos más ricos.

La idea de Montchrétien es muy clara: si la riqueza consiste en el conjunto de bienes consumibles, el país es tanto
más rico cuanto más produce, y no cuanto mayor cantidad de metales preciosos posee.

Pero la riqueza la miden los mercantilistas en dinero. Y de ahí el peligro de confundir los dos. Más aún, el dinero es el
único bien que todo país está dispuesto a aceptar a cambio de sus mercancías. Otra razón más para identificar el dinero
con la riqueza.

Por estos motivos, los mercantilistas ponen tal énfasis en la acumulación de los metales preciosos, que dan la
18
impresión de llegar a confundir lo que distinguieran perfectamente bien al principio.

16
TOMAS MUN: Discurso acerca del comercio de Inglaterra con las Indias Orientales, pág. 202. Fondo de Cultura Económica, México, 1954.

17
MONTCHRÉTIEN: Tratado de Economía Política, citado por EMILE JAMES: Histoire sommaire de la pensée économique, pág. 43.
Todos los mercantilistas parecen obsesionados por el ansia de que su país acumule la mayor cantidad posible de
metales preciosos; por eso se ha hablado siempre del crisohedonismo mercantilista. Pero mientras los primeros
mercantilistas consideraron sobre todo el valor de los metales en sí mismos -Europa había padecido escasez de ellos a
finales de la Edad Media- los últimos vieron en su abundancia el mejor medio de estimular la producción y el comercio a
causa de la baja en la tasa de interés.

lntervencionismo estatal

Para lograr el objetivo del enriquecimiento del príncipe y de la nación, los mercantilistas creían que la economía debía
ser dirigida por el soberano. De ahí que todos propugnasen por una serie de leyes e intervenciones para lograr tal
objetivo.

En los países que tenían acceso a los metales preciosos de las colonias (España), se pensó que la solución era muy
sencilla. Traer el oro y la plata a España e impedir su salida. Pero no hubo leyes ni penas suficientes para detener el éxodo
de los metales preciosos hacia las naciones que habían logrado desarrollar el comercio o la industria.

Los países que no podían explotar el oro y la plata de las colonias, desplegaron con éxito todos sus esfuerzos para
que los metales preciosos que afluían a España saliesen rumbo a ellos.

Inglaterra imitando a Holanda a la que envidiaba, se lanzó a una política mercantilista de tipo comercial. El objetivo
principal de la política económica fue obtener una balanza comercial favorable: que las exportaciones superasen siempre
en valor a las importaciones. Para lograrlo inventaron todo un sistema de estímulos que iba desde la protección hasta el
monopolio (Acta de Navegación de Cromwell, 1650). Luego pasaron de la concepción de la balanza comercial favorable a
la de pagos (Thomas Mun).

Aunque su preocupación inmediata fue la comercial, posteriormente empezaron a dar importancia a la industria. Con
objeto de poder competir ventajosamente en los mercados extranjeros, pusieron en práctica una política de salarios bajos
de subvenciones a las industrias de exportación, de prohibiciones de exportar materias primas y de importar artículos,
manufacturados, etc. La importación de materias primas que iban a ser trabajadas en el país estaba permitida y facilitada.
Los ingleses no se preocuparon de la calidad de sus productos, sino sólo de su venta al mejor precio posible. "Si la
pacotilla produce, hagamos pacotilla."

El intervencionismo francés fue menos teórico, pero más real todavía que el británico. Francia, sobre todo con Colbert,
se propuso crear una industria de gran calidad. Para ello puso en práctica todo un complicadísimo sistema de
subvenciones, privilegios, facilidades para atraer técnicos extranjeros, protecciones aduanales, etc. Así nacieron las
grandes industrias francesas de lujo que gozan de tanto renombre, aun en nuestros días -seda, terciopelo, encajes, cristal,
muebles, tapices, tisúes, brocados, etc.- Se ha llamado a este régimen. "socialismo monárquico". Socialismo, porque el
gobierno dirigía la economía. Monárquico, no sólo porque las riendas de la economía estaban en manos del rey, sino
porque tendía a suscitar la iniciativa privada y a liberar a la economía de los entorpecimientos procedentes de los
privilegios gremiales y de otros cuerpos intermedios.

Poblacionismo

La principal riqueza de un país la constituye su población, según los mercantilistas. Todos desean que el país cuente
con el mayor número posible de habitantes.

Uno de los motivos de esta política demográfica está íntimamente ligado con la política de salarios. Para que éstos
sean bajos se necesita una población numerosa. El italiano Botero, descubre lo que después se llamará la ley malthusiana:
tendencia de la población a crecer más aprisa que los alimentos. Pero su solución se halla en las antípodas de la
malthusiana: no frenar el crecimiento demográfico, sino impulsar el desarrollo de la industria.

18
Cf., por ejemplo, THOMAS MUN.- La riqueza de Inglaterra por el comercio exterior, pág. 58, JOSIAH CHILD: A New Discourse of Trade, citado por
WHITTAKERR' Historia del pensamiento económico, pág. 706, véase el juicio de ADAM SMITH: La riqueza de las naciones, págs. 396-397.
William Petty pedirá el traslado a Inglaterra de todos los irlandeses, con objeto de estimular el enriquecimiento de
Inglaterra.

Beneficio unilateral del comercio internacional

Todos los mercantilistas coinciden en la creencia de que "la que una nación gana, la otra forzosamente lo pierde".

En efecto, si se considera que los metales preciosos constituyen la verdadera riqueza de un reino, o al menos que la
miden, la nación que resulta deudora en el comercio tiene que exportar oro o plata, y por tanto pierde. La acreedora lo
recibe y sale gananciosa.

El comercio internacional es para ellos como un juego en el que al final se tiene, entre todos los jugadores, la misma
cantidad de dinero que se tenía al principio. Pero unos tienen más a costa de los otros.

Hará falta que llegue Adam Smith y, sobre todo, Ricardo, para que se comprenda que el comercio internacional
puede resultar beneficioso para ambas partes.

Después de este vistazo esquemático del mercantilismo, analizaremos ahora sus principales teorías económicas.

MERCANTILISMO BULLONISTA
Si es lícito hablar de mercantilismo español, es porque al exponer, esquemáticamente, esta corriente del pensamiento
económico, hemos considerado entre sus principales características la del crisohedonismo y la del intervencionismo
estatal. Pero el matiz comercial o industrial que caracterizó a los mercantilismos inglés y francés, respectivamente, estuvo
ausente en forma absoluta de la política económica española. Debemos, sin embargo, distinguir entre la política
económica seguida por España y las doctrinas expuestas por los mejores economistas de esta nación, tales como Ortiz y
Olivares. Estos no pueden ser catalogados como pensadores crasamente bullonistas, a pesar de que los títulos de sus
obras pueden inducir a creerlo así. La política que siguió España durante los siglos XVI a XVII, sí fue específicamente
bullonista. Basándose esta política en la creencia de que la riqueza nacional estaba constituida por el stock de metales
preciosos acumulados en e1 reino, tendía simplemente a conseguir la mayor entrada posible de estos metales y a impedir
su salida.

Esta política trataba de resolver el problema de la cuadratura del círculo. En efecto, para enriquecer al país se traían a
él el oro y la plata de América; pero a medida que estos metales llegaban a España, los precios subían. De modo, que
cuanto más se enriquecía España, más cara se ponía la vida para los españoles. Además los metales preciosos que
19
llegaban de América salían pronto hacia el extranjero. Según datos de Jerónimo de Uztáriz, de 1492 a 1724 habían
entrado a España cerca de 5 mil millones de pesos, de los que en 1724 no quedaban en las arcas del Estado ni cien
millones.

No comprendiendo lo que ocurría, a pesar de que Copérnico y Bodin lo habían explicado, y a pesar también del
ejemplo contrario de Holanda, Inglaterra y Francia, se adoptaron toda una serie de medidas incongruentes y
contradictorias que tendían a impedir dos cosas irreconciliables: la salida de los metales preciosos. Las principales
medidas fueron las siguientes:

1º Prohibición de exportar metales preciosos. Se creía que de esta manera se lograba el enriquecimiento del reino v la
baja de los precios. Pero, como lo demostraron Copérnico y Bodin, el nivel general de precios tiende a aumentar en la
proporción en que se incremento el stock de oro y plata, si todos los demás factores permanecen constantes.

2º Prohibición de exportar mercancías españolas. Con esta medida se pretendía aumentar la oferta de los productos
en el mercado nacional para hacer, de este modo, bajar los precios. Mas se olvidaba la repercusión necesaria en la balanza
comercial esta resultaba deficitaria para España y traía como consecuencia la salida de los metales preciosos.

19
JERÓNIMO DE UZTÁRIZ: Teoría y práctica de comercio y marina, 1724.
3° Prohibición de importar mercancías extranjeras. De esta manera se pensaba remediar el déficit de la balanza
comercial y detener el éxodo del oro y de la plata. La producción española era insuficiente para sus necesidades.

4º Sobreestimación de las monedas extranjeras. Cotizando las monedas extranjeras a precio más alto del normal se
pensó que éstas afluirían a España. Así fue en efecto, pero entró en juego la ley de Gresham: las monedas buenas,
españolas, salieron del país y las malas, extranjeras, entraron a España.

Crítica

En realidad se buscaron todos los medios, menos el único necesario: fomentar la producción agrícola e industrial. La
conjunción de la creencia de que la riqueza estaba constituida por los metales preciosos que poseyera el reino y el hecho
19 bis
de que España tenía acceso directo a estos metales fue nefasta para el país. Las naciones que no podían hacer llegar
el oro de sus colonias, tenían que conseguir que pasara de España hacia ellas. Para lograrlo desarrollaron el comercio, las
finanzas y la industria. La acumulación de oro fue consecuencia de su riqueza; ésta procedía del trabajo nacional.

Resultados de la política española

1º El éxodo de los metales preciosos fue imposible de contener.

2º España se despobló por la emigración hacia América en busca de mejor suerte.

3º La agricultura se empobreció por el afán de favorecer la producción de lana, que era de buena calidad, pero muy
cara. Los derechos de paso para los ganados trashumantes ponían en situación difícil a la agricultura.

4º No se hizo nada para invertir el oro la plata en la creación de una industria nacional, contrariamente a lo que
ocurrió en Francia, Inglaterra y los países bajos.

5º La hacienda pública, que tantos millones había recibido, se encontró en bancarrota a causa del raquitismo de la
economía y de las continuas guerras que sostuvo España.

6º Finalmente, la pobreza se generalizó en el país. Los franceses la han llamado "pobreza dorada", a causa de la
dignidad con que la soportaron los españoles. El episodio narrado en el Lazarillo de Tormes, del caballero que come una
cabeza de carnero como si estuviera disfrutando de un gran festín, es significativo de la miseria que la política bullonista
produjo en España.

TEORIAS DE LA MONEDA Y DEL INTERÉS


Nicolás Copérnico
20
En 1526 escribió Copérnico un opúsculo en latín titulado Monete cudende ratio en el que atacaba las prácticas de
los príncipes y de las ciudades consistentes en disminuir el peso o la ley de las monedas.

Copérnico desarrolla el tema que ya había sido tratado por Oresme, pero su enfoque es el del análisis económico en
lugar del ético, aunque éste no se halla del todo ausente. Las principales ideas de Copérnico son las siguientes:

Esbozo de la teoría cuantitativa de la moneda. Copérnico cae en la cuenta de que el valor de la moneda está en razón
inversa de su cantidad. Si aumenta el stock de metales preciosos, disminuye el valor de la moneda, es decir, aumentan los
precios.
21
La moneda pierde su valor especialmente cuando se la multiplica en exceso.

19 bis
Un testimonio elocuente de la creencia bullonista en Nueva España lo tenemos en el memorial enviado a Felipe II por Gonzalo Gómez de Cervantes
en 1599 y publicado en México en 1944 por la Antigua Librería Robredo de José Porrúa e Hijos en el número 19 de la Biblioteca Histórica Mexicana de
Obras inéditas bajo el título: La vida económica y social de Nueva España al finalizar el siglo XVI. Véanse especialmente las páginas 138-142.

20
Observaciones acerca de la acuñación de la moneda.

21
NICOLÁS COPIÉRNICO: Monete cudende ratio, pág. 53. Texto latino y traducción francesa publicados y anotados por M. L. Wolowski. Librairie de
Guillaumin et Cie., París, 1864.
Todavía no descubre Copérnico la influencia de otros factores, tales como el de la velocidad de la circulación y el del
número de las transacciones. Se limita a poner de manifiesto la relación directa que existe entre M, stock monetario, y P
nivel general de precios.

Ley de Gresham. Aunque Oresme había ya alado a conocer el fenómeno que ocurre en un país en el que circulan
conjuntamente monedas buenas y malas, Copérnico enuncia ya lo que posteriormente se conocerá con el nombre de Ley
de Gresham: "La moneda mala expulsa a la buena." Dice así:

Si no conviene en manera alguna introducir una moneda nueva y buena, cuando la antigua es mala y continúa en
circulación, se comete un error todavía más grave cuando se introduce, al lado de una moneda antigua, una nueva más
22
débil; ésta no se limita a depreciar la antigua, sino que la expulsa forzosamente.

No se contenta con enunciar la ley, sino que explica el mecanismo que la hace funcionar. La moneda buena, por tener
mayor valor como metal que como moneda, es fundida para ser vendida como metal que como moneda, es fundida para
ser vendida como metal. En consecuencia, solo la moneda mala queda en circulación. La buena ha sido desmonetizada,
expulsada como moneda, por la mala.

Ellos (los orfebres) escogen las piezas antiguas (buenas) que las funden para venderlas como metal, recibiendo del
vulgo inexperimentado mayor cantidad de plata con la misma cantidad de moneda (...), no dejando en circulación sino la
23
masa de las peores monedas.

Problema ético de las alteraciones monetarias. Al terminar la obra, Copérnico cae en la cuenta de un grave problema
de moral que surge cuando se provocan las alteraciones monetarias. En efecto, si la antigua moneda ha sido sustituida
por otra nueva de idéntico valor nominal, pero de mayor valor real, los deudores quedan colocados en una grave
situación. Contrajeron una deuda de 1 000 marcos, digamos por ejemplo. Tienen que devolver otros 1 000 marcos, para
que su deuda quede saldada. Pero, como el marco actual es de más valor que el antiguo, tienen que pagar una cantidad
mayor, en términos de bienes y servicios, de la que recibieron. Los deudores salen perjudicados, y los acreedores
beneficiados. En el caso de que la moneda nueva tuviera menor valor (devaluación) los beneficiados serían los deudores,
mientras que los acreedores resentirían una grave pérdida. Copérnico pide que se encuentre una solución de transición
24
para que se respete la justicia.

En nuestros días, en los que nos ha tocado asistir a tantas devaluaciones, este problema ha vuelto a preocupar a los
moralistas especializados en cuestiones económicas y sociales.

Jean Bodin (1 530-1596)

Bodin debe principalmente su celebridad a dos obras maestras: La República, que trata de política, y Las Respuestas a
las paradojas del señor de Malestroit, que trata de economía.

El señor de Malestroit, Maestro de Cuentas del Rey, había publicado en 1566 un famoso opúsculo dirigido al rey,
intentando demostrar que la queja general en Francia contra la subida de todos los precios era totalmente infundada.

Según el señor de Malestroit, los precios no habían aumentado desde hacía 300 años. Lo único que habla sucedido
era que, a causa de la pérdida en el peso y en la ley de las monedas, había que pagar ahora, por un mismo artículo, mayor
cantidad de monedas que antes, pero el metal fino que se entregaba con ese mayor número de monedas equivalía al que
se entregaba antes.

En una palabra: había habido alza nominal de los precios, pero no real. Y la causa residía únicamente en las
25
alteraciones (devaluaciones) de la moneda.

22
Ibid., pág. 57.
23
Ibid., pág. 63.
24
Ibid., pág. 69.
25
DE MALESTROIT: Les paradoxes,'págs. 4-10, editado por George Albert Moore, The Country Dollar Press, Washington, D. C.
Esta explicación era muy apta para tranquilizar la conciencia del rey y de su Maestro de Cuentas (Ministro de
Economía), y respondía también a la sana preocupación de Malestroit de evitar posteriores alteraciones monetarias, pero
no llegaba al fondo del problema.

Dos años después de publicadas las Paradojas, Bodin las refutó en su famosa Respuesta a las Paradojas del señor de
Malestroit (1568). En esta respuesta Bodin hace verdaderos análisis económicos y continúa el desarrollo de la teoría
cuantitativa de la moneda entrevista por Oresme y esbozada por Copérnico. Contra el señor de Malestroit, Bodin sostuvo
lo siguiente:

1º Que el encarecimiento de la vida era real y no puramente nominal. Lo que quiere decir que el metal precioso había
bajado de valor y que, por consiguiente, para comprar ahora un mismo producto se requería, no sólo mayor cantidad de
monedas, sino también mayor cantidad de metal fino.

2º Que la causa principal de este encarecimiento real provenía de la mayor abundancia de metales preciosos con que
contaba ahora el reino.

Es decir, Bodin invocaba, como causa principal de la subida real de los precios, el aumento del stock monetario. (Lo
que es el meollo de la actual teoría cuantitativa de la moneda.) Admitía, por supuesto, otras causas concomitantes de
menor importancia.

Encuentro que la carestía que tenemos actualmente procede de cuatro o cinco causas. La principal y casi única, que
nadie ha tocado hasta ahora, consiste en la abundancia de oro y de plata, que es hoy en este reino mucho mayor que
hace cuatrocientos años (...) La segunda razón de la carestía procede en parte de los monopolios. La tercera es la escasez,
ocasionada así por la exportación como por el desperdicio. La cuarta es el placer de los reyes y grandes señores que
elevan el precio de las cosas que desean. La quinta proviene del precio del dinero que ha bajado de su antigua
26
estimación.

Si agrupamos los motivos invocados por Bodin en las dos grandes fuerzas de la demanda y de la oferta podemos, por
metodología, exponer así su pensamiento:

Causas que han hecho aumentar la demanda de los productos.

1° Mayor abundancia de dinero. Aunque Francia no contaba con colonias productoras de oro y plata, estos metales
afluían a ella por varias razones:

a) A causa de las exportaciones francesas. Como España no había desarrollado su industria ni su agricultura, se veía
obligada a comprar en Francia toda una serie de productos, al grado que Bodin afirma que el español "obtiene su
subsistencia solamente de Francia". España importaba de Francia cereales, telas, drogas, tintes, papel, libros, muebles y
toda clase de productos artesanales; por este motivo, el oro que los galeones llevaban a España pasaba pronto los
Pirineos.

Igualmente Francia exportaba sus famosos vinos, sal y muchos otros productos a Inglaterra, Escocia, Noruega, Suecia,
27
Dinamarca y países de las costas bálticas.

b) A causa de los ingresos de los emigrados franceses. Gran número de artesanos franceses de toda clase de oficios se
instalaron en España, especialmente en Navarra y Aragón. Como, según Bodin, la mano de obra especializada y el amor al
trabajo eran escasos en España, los artesanos franceses recibían sueldos tres veces superiores a los que se cobraban en
Francia. Gran parte de estos ingresos eran expatriados de España, con lo que aumentaba la abundancia de oro y plata en
28
Francia.

c) A causa del comercio con el Medio Oriente. En tiempos de Francisco I, Francia logró la amistad con Turquía, en
guerra con España, abriéndose así al provechoso comercio con Oriente.

26
BODIN: Respuesta, pág. 23.
27
Ibid., pág. 29.
28
Ibid., págs. 30-31.
Estableció una serie de puestos en Alejandría, El Cairo, Beirut y Trípoli, y compitió con los españoles en Fez y
29
Marruecos.

d) A causa del dinero atraído a Francia por el Banco de Lyon. Este Banco fue fundado en realidad por Francisco I.
Como las necesidades de dinero eran muy grandes en Francia, el interés iba constantemente en aumento. Así, mientras
Francisco I obtuvo préstamos al 8%, su sucesor tuvo que pagar el 10%, luego el 16% y finalmente hasta el 20%. Cobrando
intereses tan altos, el Banco podía también pagar, muy buenos réditos a los depositantes. De esta manera, atraídos por el
interés tan alto que pagaba el Banco de Lyon, el oro y la plata de los florentinos, genoveses, suizos y alemanes, afluyó a
30
Francia en grandes cantidades.

2o. Mayor deseo de comprar. Bodin hace notar, siguiendo a Platón, que los príncipes no se limitan a dar leyes a sus
súbditos, sino que les hacen también cambiar de costumbres. Aduce la anécdota que ocurrió en tiempos de Francisco I.
Habiendo tenido este rey que afeitarse la cabeza para curarse una herida, cundió la moda de las cabezas afeitadas en
todo el reino.

Pasando al terreno económico, Bodin señala que el lujo creciente del rey no se propaga únicamente en la corte, sino
que cunde en el pueblo por medio de lo que hoy llamamos "efecto de imitación". Este afán de lujo se traduce en aumento
31
de demanda que provoca subida de los precios.

B. Causas que han hecho disminuir la oferta de los productos

a) Los monopolios de los comerciantes, artesanos y trabajadores que se ponen de acuerdo para fijar el precio de las
32
mercancías o para aumentar sus salarios.
33
b) Las exportaciones a España y países nórdicos, de que ya hemos hablado.

Remedios. Hecho este análisis tan luminoso, Bodin pasa a examinar los remedios que se pueden emplear para hacer
bajar los precios reales. No podía encontrarlos muy eficaces porque la principal causa de la carestía real radicaba en la
34
abundancia de metales preciosos y Bodin creía que "esta abundancia constituye la riqueza de una nación". Querer que
aumente el stock monetario y que no suban los precios es imposible de conciliar si los demás factores permanecen
constantes. Bullonismo y teoría cuantitativa de la moneda se oponen antagónicamente. Por tanto, los remedios
propuestos por Bodin sólo atacarán causas secundarias.
35
1º El lujo y los monopolios deben ser combatidos por medio de ordenanzas reales.

2º Debe permitirse la libertad de comercio. A primera vista podría atacársele diciéndole que no era consecuente
consigo mismo. Si se permitía la exportación de productos franceses se provocaría una disminución de la oferta en el
mercado nacional con el consiguiente aumento de metales preciosos. Pero Bodin pide libertad también para importar. Si
se permite la importación de artículos extranjeros, aumentará la oferta en el mercado nacional y el metal precioso saldrá
36
del país. Por tanto, los precios tendrán que bajar.

3º Deben imponerse derechos de exportación a los principales productos franceses. Como los extranjeros necesitan
estos artículos, el impuesto será totalmente pagado por ellos, y el reino se enriquecerá. Por tanto, la expresión "libertad
de comercio" no significa, en Bodin, "abolición de derechos de aduana", sino únicamente "abolición del sistema
37
prohibitivo de exportaciones".

29
Ibíd., pág. 30.
30
Ibíd., págs. 30-32.
31
Ibíd., pág. 34.
32
Ibíd., pág. 32.
33
Ídem.
34
Ibíd., pág. 49.
35
Ídem.
36
Ibíd., págs. 49-54.
37
Ibíd., págs. 55-60.
4º Debe ponerse fin a las alteraciones monetarias que son tan perjudiciales para el país. En este punto, Bodin no hace
38
sino seguir la pauta trazada por Oresme y Copérnico.

La obra de Bodin, que hemos expuesto, nos presenta los primeros análisis económicos de gran envergadura. Por esto
39
hay autores que consideran esta obra como el punto de partida de la economía política.

Josiah Child (1630-1699)

Child fue Gobernador de la Compañía de las Indias Orientales y autor de un tratado intitulado Brief Observations
40
concerning Trade and interest of Money. Se le ha achacado que defendió los intereses de la Compañía de la que era
director y que identificó esos intereses particulares con los de la nación.

Ventajas del interés bajo

1ª La baja tasa del interés es el unum magnum y la causa causans de la prosperidad holandesa.

En general, digo que el bajo interés de Holanda ha reducido miserablemente todo nuestro comercio con el mundo,
que no ha estado protegido por ley o por alguna ventaja natural que contrarreste la desproporción de nuestro interés del
41
dinero...
42
El interés bajo es la madre natural de la frugalidad, la industria y las artes.

2ª La tasa de interés, para que sea baja, debe ser fijada por el Estado a causa de la poca oferta de dinero.

Cuando pienso en estas cosas, no puedo menos de imaginar cómo puede haber ingleses a quienes sin faltarles pan
que comer o ropa que vestir son, no obstante, tan despiadados y tan desconsiderados con su país que, con todas sus
fuerzas, procuran (para fines personales) privarlo de un bien tan grande como sería la reducción por ley de nuestro interés
43
al 4 por ciento.

Este afán de reglamentar por ley la tasa de interés encontró viva oposición en otros economistas contemporáneos.
Véanse, por ejemplo, estos dos textos de William Petty y de John Locke:

En cuanto al dinero, su interés hace cincuenta años fue de 10 libras por ciento; hace 40, de 8 libras, y ahora es de 6.
Esto no se debió a ninguna ley encaminada a ese fin, pues los que pueden dar buena garantía pueden ahora tenerlo por
44
menos: sino que la baja natural del interés es el efecto del aumento del dinero.

Lo que constantemente eleva el interés natural del dinero es la escasez del mismo en relación al comercio de un país.
Mas en el comercio todo el mundo exige dinero, según lo necesite, y esta desproporción se siente siempre. Pues si los
ingleses debieran en total un millón, y hubiera un millón de dinero en Inglaterra, el dinero sería suficientemente
proporcional a las deudas; pero si necesitaran dos millones para realizar el comercio, faltaría un millón, y el precio del
dinero se elevaría, como sucede con cualquier otra mercancía en un mercado, cuando la mercancía no basta para la mitad
45
de los clientes...

3ª La baja tasa de interés:

a) Enriquece a los terratenientes porque les permite invertir en la tierra con poco gasto, con lo que consiguen producir
mayor cantidad y a más bajo precio.

38
Ibíd., págs. 60-86.
39
Cf. R. G. GONNARD: Historia de las doctrinas económicas, pág. 80.
40
La primera redacción fue de 1668; la segunda de 1669-1670. En 1690 le dio el título de Discourse about Trade y en 1693 New Discourse.
41
JOSIAH CHILD: A New Discourse of Trade, págs. XXIV-XXV, tomado de WHITTAKER: Historia del pensamiento económico, pág. 767.
42
Ibid. págs. III-IV, WHITTAKER, op. cit., pág. 767.
43
Ibid. pág. 1, WHITTAKER, Op. Cit., págs. 767-768.
44
WILLIAM PETTY: Aritmética política, de Whittaker, op. cit., pág. 592.
45
Reimpreso en The Political and Commercial Works of..., CHARLES DAVENANT, VOI. 1, pág. 539; tomado de Whittaker, op. cit., pág. 592. La
continuación del texto, en las páginas 592 y 593 es también muy interesante, así como el texto de North, en la pág. 593.
b) Estimula las iniciativas comerciales porque cuando la tasa de interés es baja, el comerciante se contenta con un
porcentaje inferior de beneficios.

c) Hace bajar los precios a causa del aumento de producción en la tierra y aumenta las oportunidades de empleo a causa
46
de las inversiones en la tierra.

Como se ve, Child es en cierto aspecto un precursor de Keynes.

Otras ideas

1. Relativas a la exportación de metales preciosos

El dinero se identifica con el oro y la plata acuñados, pero el oro y la plata, acuñados o no, siguen siendo mercancías
como "el vino, el aceite, el tabaco, los vestidos y las materias primas" y, por tanto, pueden ser exportados con la misma
47
ventaja para la nación que cualquier otra mercancía.

2. Relativas al comercio internacional

a) Balanza comercial: El verdadero criterio para descubrir si la balanza es favorable o desfavorable no lo pone en el
saldo X - M, sino en la prosperidad o decadencia de la marina mercante. Porque las declaraciones con las que se calcula la
balanza pueden ser fraudulentas, mientras que es imposible que haya fraude en el crecimiento o disminución de la marina
mercante. Si se le objeta que el tonelaje puede crecer a causa de las importaciones, Child responde que las importaciones,
al ir empobreciendo al país, obligan a disminuir la flota. Como se ve, este criterio es muy propio de un Gobernador de la
Compañía de las Indias Orientales y, puede servir a largo plazo, pero es inútil en el periodo corto.

b) Derechos de aduana: Child es enemigo de las prohibiciones de importar. Cree que unos aranceles módicos pueden
ser más ventajosos.

3. Relativas a la producción

Ataca los excesos de reglamentación y se pronuncia por la libertad absoluta, en contra del colbertismo. "Si la pacotilla
produce, produzcamos pacotilla." Ataca también toda clase de monopolios.

4. Relativas a los salarios

Es partidario de los salarios altos. "Los salarios altos son una consecuencia y una evidencia infalible de la riqueza de la
nación." No es que propugne por una política de salarios altos, pero los ve con simpatía cuando son efecto de la relación
entre la oferta y la demanda de trabajo. No cree que el nivel de salarios tiende a fijarse en el mínimo de subsistencia, sino
que pretende que este nivel se fija en cada instante por la ley de la oferta y de la demanda. La alta tasa de interés
mantiene los salarios bajos porque no permite hacer inversiones en la tierra y porque hace que los capitalistas se retiren
del comercio para dedicarse a prestamistas.

Pero no vaya a creerse que Child propugna por una política deliberada de salarios altos. Únicamente los ve con
simpatía cuando proceden del juego de la oferta y de la demanda porque, en este caso, están denotando gran actividad
económica en el país. Por lo demás, como W. Petty y los liberales, cree que los trabajadores necesitan del estímulo del
hambre para vencer su apatía.

Y en cuanto a nuestros propios pobres de Inglaterra, se observa que viven mejor en las regiones donde las
subsistencias son caras que en donde son baratas, y mejor en un año caro que en uno barato... porque en un año barato
no trabajarán más de dos días a la semana; su carácter es tal que no hacen reservas para los malos tiempos, sino que
48
trabajan lo preciso y no más, para mantenerse en esa humilde condición a la cual están acostumbrados.

Juan de Mariana, S. J. Escribió, en 1609, su librito De monetae mutatione disputatio, donde defiende las ideas de
Oresme, que eran muy atrevidas en aquella época de absolutismo.

46
Cf. el texto en Whittaker, op. cit., pág. 768.
47
Cf. J. A. SCHUMPETER: History of Economic Analysis, pág. 363. Oxford University Press, Nueva York, 1959.
48
JOSIAH CHILD, Op. Cit., Pág. 16.
1ª El príncipe no tiene derecho a alterar la moneda, porque esa es gravar a los súbditos con un impuesto, sin su
consentimiento.

2ª Distingue el valor legal, extrínseco, y el natural, intrínseco, de la moneda y afirma que en un sistema monetario bien
organizado ambos valores deben coincidir.

3ª Presenta un plan de reformas en el que, después de atacar las prácticas bullonistas, se pronuncia por la reducción de
los gastos de la casa real y por la revisión de las fortunas adquiridas por los funcionarios públicos. Pide impuestos sobre el
consumo de lujo.

René Gonnard da el siguiente juicio sobre la obra de Mariana:

En conjunto, su doctrina monetaria es absolutamente sana, correcta, lógica, coherente. Es una memoria exacta y
científica de la cuestión; admirable para aquella época y aquel país... El valor intrínseco del libro de Mariana hace resaltar,
por el contraste entre sus principios económicamente sanos, la triste política que se practicaba entonces en España y los
49
errores de la legislación económica española.

TEORIAS DE LA BALANZA COMERCIAL Y DE PAGOS


Antonio Serra

El italiano Antonio Serra escribió, en 1613, el Breve tratado de las causas que pueden hacer abundar el oro y la plata en
los reinos que carecen de minas. El título puede inducir a error, lo mismo que el de Luís de Ortiz, y por los mismos motivos.

Ideas principales:

1a. La balanza comercial resulta de las condiciones económicas del país. Por tanto, si se quiere mejorar la balanza
50
comercial, no hay que preocuparse por influir en la balanza misma, sino en las condiciones económicas del país. Entre
51
las condiciones económicas favorables para un país, Serra cita las siguientes:

 importancia del comercio;

 prudencia y previsión de los gobernantes;

 abundancia de productos para la exportación; situación geográfica favorable;

 aptitudes de la población, es decir, cualidades del pueblo.

Serra distingue, y parece que es el primero en hacerlo, la balanza comercial de la balanza de pagos. La balanza de
pagos es igual a la comercial, añadidas y restadas las exportaciones invisibles.

2a. Los fenómenos monetarios son sintomáticos y consecuentes. Los fenómenos de fondo son los económicos, de
producción, distribución y consumo, mientras que los monetarios son una consecuencia de los primeros. De aquí se
seguirá su política de industrialización.

a) Explica la relación existente entre la balanza de pagos y la sobrestimación o subestimación de la moneda, así como
la entrada o salida de metales, haciendo ver que esta entrada o salida es una consecuencia de la balanza de pagos.

b) La exportación de metales preciosos, lejos de ser siempre perjudicial, puede contribuir en muchos casos al
aumento de los mismos. Porque el que exporta dinero lo hace con objeto de ganar; por tanto, a la exportación de metal
52
precioso sucederá una repatriación de mayor cantidad del mismo. Como se puede observar, Serra se adelanta a Child en
esta idea; más tarde, Thomas Mun verá mucho más lejos, comprendiendo que puede haber casos en los que el
comerciante se empobrece, mientras que el reino se enriquece gracias a ese comercio, que resultó ruinoso para el
particular.

49
R. G. GONNARD, op. cit., pág. 77.
50
Cf. SCHUMPETER, op. cit., pág. 354.
51
SILVA HERZOG: Tres siglos de pensamiento económico, pág. 89. Cf. Ibid., págs. 91-93.
52
C.f. Ibid., págs. 91-93.
3a Preeminencia de la industria en la riqueza nacional

a) La industria es menos aleatoria que la agricultura, porque no está sujeta a los azares de los temporales, plagas, etc.

b) La industria es más extensible porque los rendimientos en ella son crecientes, mientras que en la agricultura son
53
decrecientes.

Esta afirmación no es cierta tal como está hecha. Tanto en la industria como en la agricultura se dan fases de
rendimientos crecientes y decrecientes; pero la industria puede librarse de los rendimientos decrecientes por medio de la
instalación de una nueva planta. Cierto que la industria es extensible mientras que la agricultura no.

c) La industria goza, para sus productos, de un mercado mucho más seguro que la agricultura para los suyos. Porque
los productos industriales son fáciles de conservar y no se echan a perder con la prontitud de los productos agrícolas.

d) Finalmente, la industria deja mayor beneficio que la agricultura. Serra entrevé que la competencia afecta menos a
los productos de la industria que a los de la agricultura, porque los primeros son más fáciles de "diferenciar" que los
segundos.

Thomas Mun (1 571-1641)

Thomas Mun publicó, en 1621, el Discurso acerca del comercio de Inglaterra con las Indias Orientales, que es un
panegírico de la política seguida por la Compañía de las Indias Orientales, de la que fue uno de los más prominentes
directores. Más tarde escribió su obra maestra, La riqueza de Inglaterra por el comercio exterior, que fue publicada por su
54
hijo en 1644.

Aunque para Thomas Mun la riqueza de un reino consiste en la "posesión de todas aquellas que son necesarias para
55
la vida urbana", su libro contiene una verdadera estrategia para aumentar el stock de metales preciosos en Inglaterra. El
medio para aumentar la riqueza inglesa estriba en el comercio exterior. Como hace notar A. Smith, tal título, La riqueza de
Inglaterra por el comercio exterior, llegó a ser la máxima fundamental en la economía política. La regla se ha de observar
56
en el comercio para obtener la acumulación de metales preciosos es la de "vender más en valor de lo que importamos".

Este es un tema de actualidad porque los países en vía de desarrollo se enfrentan a graves dificultades en su balanza
de pagos, por lo que han adoptado una política que se califica de “neomercantilista".

Medios para obtener un saldo favorable de la balanza de pagos:

1. Disminuir las importaciones:

a) Aumentar la producción agrícola, sobre todo de aquellos productos que Inglaterra se ve en la necesidad de
importar. Esta regla, taliter qualiter, puede ser falsa, porque no tiene en cuenta los costos comparativos. Si se supone, por
ejemplo meramente teórico, que Inglaterra necesita afectar treinta hectáreas de tierra para obtener diez toneladas de
azúcar, mientras logra producir treinta toneladas de lúpulo con la misma superficie de tierra, y que una tonelada de lúpulo
se cambia por una tonelada de azúcar, a Inglaterra no le conviene producir azúcar.
57
b) Disminuir el consumo, de artículos extranjeros.

53
Cf. SCHUMPETER, op. cit., pág. 258, nota 1.

54
El Fondo de Cultura Económica ha editado ambas obras en un solo volumen, precedido de una introducción sobre el mercantilismo por J. Silva
Herzog, y de un ensayo sobre la estrategia de Thomas Mun, escrito por E. A. J. Johnson en 1937.

55
THOMAS MUN, Op. cit., pág. 202.

56
Ibid., págs. 58-59.

57
Ibid., pág. 60, segundo.
58
c) Suprimir el consumo de lujo. Si este consumo es necesario, que los artículos que se consumen sean ingleses,
aunque lo mejor sería abstenerse totalmente de consumirlos y venderlos al extranjero.

2. Aumentar las exportaciones:

a) Favorecer las manufacturas inglesas porque dan empleo a los obreros del país y porque aumentan el valor de los
artículos exportados, así como los ingresos del Fisco. Para lograrlo, conviene liberar totalmente de impuestos aduanales a
las materias primas que se emplean en las manufacturas inglesas.
59
b) Fomentar el desarrollo de la pesca, "mina de oro inglesa", porque permite el aumento del empleo , la disminución
del consumo de otras clases de artículos, el aumento de la exportación y el crecimiento de la marina británica. Conviene
recordar que los holandeses practicaban una pesca muy beneficiosa en aguas inglesas.

c) Vender al extranjero al precio más apto para obtener los mayores ingresos

Si es posible, vender a un precio alto; pero el precio elevado tiene el peligro de suscitar la competencia, y se vuelve
fatalmente contra el que lo practica.

Entonces, vender, a precio bajo para eliminar a los competidores.

Vender siempre a precio bajo cuando la disminución del precio provoca un aumento más que proporcional de la
cantidad vendida, de modo que los ingresos sean superiores después de la baja del precio. (En términos modernos,
cuando la elasticidad de la demanda es superior a la unidad, los ingresos son mayores, después de la baja, que los
ingresos a precio más caro.)

d) Modicidad de impuestos a la exportación con objeto de no hacer subir el precio.

e) Conveniencia de exportar dinero. Se le objetó que trataba de defender los intereses de la Compañía de las Indias
Orientales y no los de Inglaterra. Thamas Mun reconoce que la opinión contraria es la más generalizada y trata de
demostrar la conveniencia de la exportación de numerario.

El único modo para que Inglaterra se enriquezca es el comercio exterior, siempre y cuando las exportaciones superen
en valor a las importaciones. Ahora bien, al exportar dinero, traemos en cambio mercancías que podemos luego
60 61
reexportar a un precio superior. Si conservamos el dinero en nuestro país, los precios se elevan. Aquí toca el famoso
mecanismo regulador del metal precioso, pero no lo descubre e incurre en una contradicción. El descubrimiento del
mecanismo regulador les corresponderá a Hume y Ricardo.

Por tanto, el único modo de enriquecerse sin que aumenten los precios, consiste en emplear la afluencia de metálico
como capital financiero para nuevas operaciones comerciales. Si no se hace esto, los precios tienen forzosamente que
subir. Se ve, pues, que se acerca a la teoría cuantitativa, pero deseando congraciarse con los terratenientes, incurre en el
62
error de afirmar los beneficios de la inflación.

Prueba su afirmación como sigue: el incremento de dinero en circulación eleva el precio de las telas, lo que hace que
la lana y todas las demás mercancías suban también de precio y así, al aumentar el rendimiento de la tierra, sube el precio
de ésta y se cobran mayores rentas.

Antes, en cambio, había dicho con mayor acierto: "La abundancia de dinero hace los artículos más caros, lo que como
es de provecho de las rentas de algunos particulares, va directamente en contra del beneficio del público en la cantidad
del comercio, pues como la abundancia de dinero hace los artículos más caros, así los artículos caros disminuyen en uso y
63
consumo."

58
Ibid., pág. 133.
59
Ibid., pá,ys. 136-137.
60
Ibid., págs. 70-71.
61
Ibid., pág, 72.
62
Ibid., pág. 77.
63
Ibid., pág. 72.
La contradicción se explica porque en el párrafo citado, Mun trata de congraciarse con los terratenientes para que
éstos aprueben la política de la Compañía de las Indias Orientales.

3. Favorecer las exportaciones invisibles

La diferencia entre la balanza comercial y la de pagos había sido ya descubierta por Serra, y expuesta también por
Malynes y Misselden, pero Mun aporta precisiones para su cálculo.

a) Si las mercancías son transportadas por buques ingleses. Valor de las exportaciones = costo inicial del producto +
25%, a causa del flete, seguro y ganancia del comerciante inglés.

Valor de las importaciones = costo de los productos en Inglaterra-25%, por concepto de fletes ingleses, ganancia del
comerciante, seguros, impuestos de aduana; porque todo esto no es dinero pagado al extranjero, sino compensaciones,
"transferencias" entre los súbditos británicos entre sí, y entre los súbditos y el Fisco. El 25% puede parecer excesivo para
los productos que vienen de los Países Bajos, pero se compensa con otros productos que vienen de las Indias.

b) Si las mercancías son transportadas por buques extranjeros. Valor de las exportaciones = costo inicial + derechos
de aduana.

Valor de las importaciones = costo del producto en Inglaterra - Impuestos.


64
A deducir de la balanza comercial: las pérdidas de navíos ingleses y el dinero que sale de Inglaterra.

Medios para favorecer las exportaciones invisibles:

a) Aumentar las partidas invisibles transportando las mercancías en buques ingleses (beneficio del naviero, seguros,
fletes, salarios cobrados por los marineros ingleses, etc.) Para que aumente el comercio marítimo, pide libertad de
comercio, pero de ninguna manera total. Su objetivo es que el comercio marítimo mundial se haga por medio de buques
ingleses. Recuérdese que la famosa Acta de Navegación fue promulgada en 1650.

b) Favorecer el comercio de tránsito mediante la creación de puertos libres para los artículos importados con objeto
65
de ser reexportados.

Diferencia entre el beneficio nacional y el privado

1o La República puede ganar siempre aunque el comerciante pierda. Supongamos, por ejemplo, que la Compañía de
las Indias Orientales paga 100 000 libras por la compra de mercancía. Estas mercancías producen en Inglaterra 300 000
libras; pero la Compañía, que ha tenido que pagar flete, seguros, agentes en el extranjero, agentes en Inglaterra, gastos
66
de almacenaje, derechos de aduana, impuestos, etc., por valor de 250 000 libras, pierde 50 000 libras. Pero estas 50 000
libras han sido pagadas a los ingleses; no han salido del reino.

2o. La República puede perder, aunque el comerciante gane. Esto ocurre cuando la República despilfarra, es decir,
cuando consume más de lo que produce.

3o. El Rey está seguro de ganar, siempre, a causa de los impuestos que cobra, aunque la República y el comerciante
pierdan. Pero, a la larga, si el país se empobrece, también el Rey se empobrecerá.

Principales errores de Mun

1o. No descubre en qué consiste el verdadero beneficio del comercio exterior, a pesar de que descubre tres
destinatarios posibles de las ventajas de este comercio (el comerciante, el país y el Fisco). Para Mun, lo que una nación
gana, lo pierde necesariamente otra. Sus proposiciones falsas son las siguientes:

a) que el excedente o el déficit de las exportaciones (en valor) mide las ventajas del comercio internacional;

b) que la ventaja del comercio internacional consiste en el excedente de las exportaciones, y la desventaja en el déficit;

64
Cf. Ibid., pág. 149.
65
Ibid., pág. 63, 7.
66
Ibid., pág. 66.
c) que el excedente de las exportaciones o su déficit es la única fuente de beneficio o de pérdida de la nación en su
conjunto.

2o. Cae en el error de creer que la nación, en su conjunto, se enriquece del mismo modo que se enriquecen los
67
comerciantes particulares, a pesar de que descubre que la nación puede enriquecerse cuando el comerciante pierde. Es
el error de comprensión que consiste en razonar en macroeconomía de la misma manera que se razona en
microeconomía.

3o. Llega a una contradicción en cuanto al efecto del aumento de dinero.

a) Por un lado, demuestra que tal aumento, aunque es beneficioso a ciertos particulares (por la subida de los precios y
de las rentas), es contrario al interés público porque trae consigo una posición desventajosa en el comercio internacional
68
a causa de la subida de los precios.
69
b) Por otro lado, demuestra que tal aumento es conveniente porque mejora las rentas de los terratenientes. Es decir,
sostiene que la inflación es perjudicial y ventajosa a la vez.

TEORIAS MACROECONOMICAS

Nos fijaremos en William Petty (1623-1687), a quien Marx considera como al fundador de la ciencia económica. Fue
camarero de barco, médico de la marina mercante, funcionario del Gobierno inglés en Irlanda, donde se enriqueció y
concibió un odio terrible a los irlandeses.

Sus obras principales: Tratado sobre los impuestos (1662), Ensayos de aritmética política (1671-1687), Observaciones
naturales y políticas sobre las tasas de mortalidad (1662), Aritmética política (1676 publicado en 1690), Anatomía política de
Irlanda (1672) y Tratado sobre la moneda (1682).

Ideas principales de W. Petty

1a. Fundador del método estadístico en economía. "Entendemos por aritmética política el arte de razonar por medio de
cifras" (Davenant). No reemplaza el razonamiento por un conjunto de hechos, pero trata de hacer de la economía una
ciencia cuantitativa, porque fundamenta sus conceptos que elaboró en estadísticas. Entre los principales conceptos que
elaboró estadísticamente figura el de la velocidad de la moneda y el ingreso nacional. Por eso, al mismo tiempo que se le
considera fundador del método estadístico en economía, se le honra también como el fundador de la macroeconomía.

2a. Teoría del valor. Para Petty, "el trabajo es el padre de la riqueza y la tierra es su madre". De acuerdo con esta
concepción de la riqueza, admite dos factores de producción: trabajo y tierra. El capital no es otra cosa sino el fruto del
trabajo anterior. Mide el valor, de acuerdo también con su definición de la riqueza, por la cantidad de trabajo que se han
70
necesitado para producir un artículo.

Luego, tratando de reducir las dos cantidades a una sola, lo mide por la alimentación necesaria para que un hombre
adulto pueda producir ese artículo. Esta concepción del valor tendrá gran influencia en la de Marx.

3ª Defiende los salarios bajos porque, según él, "los obreros necesitan del aguijón del hambre para trabajar".

Los pañeros y otros que emplean gran número de gente pobre, han observado que cuando el trigo es en extremo
abundante, el trabajo del pobre es tanto más caro y escaso y difícil de obtener, tan licenciosos son que trabajan sólo para
71
comer, o más bien para beber.

Piensa, por tanto, que la curva de oferta del trabajo es descendente de izquierda a derecha. Esta será también la idea
básica de todos los liberales. A pesar de su condición social inicial, tiene un profundo desprecio a los trabajadores.

67
Ibid., pág. 58.
68
Ibid., pág. 72.
69
Ibid., pág. 77.
70
SILVA HERZOG, Op. cit., pág. 50.
71
WHITTAKER, op. cit., pág. 644.
4a. La moneda. Piensa que la cantidad de la moneda no influye para nada en la riqueza de la nación. Lo que cuenta,
según él, es el trabajo. Basándose en una concepción fisiológica (era médico), nos da una imagen que tendrá gran éxito
en toda la economía liberal.

La moneda no es más que la grasa del cuerpo político. Del mismo modo que la grasa lubrica el movimiento de los
músculos, nutre cuando faltan alimentos, rellena las cavidades y embellece el cuerpo del mismo modo la moneda, en un
Estado, activa los movimientos, le proporciona el alimento del extranjero en las épocas de penuria en el interior, iguala la
cuenta merced a su divisibilidad y embellece el conjunto... En cambio, si hay con exceso, la demasiada abundancia
perjudica a la agilidad.

Como se ve, destrona a la moneda del lugar principal que le había asignado el mercantilismo. Más tarde se irá hasta
decir que la moneda no es sino un "velo" de los fenómenos económicos. Pero Petty no cae en este error, pues se da
cuenta de que la cantidad de moneda debe ser proporcional a la importancia de la vida económica de un país.

5a. El comercio exterior. Es enemigo de la reglamentación. El comercio exterior debe ser libre para que pueda hacerse
de acuerdo con las "leyes naturales".

Como se ve de todo lo anterior, aunque hayamos clasificado a Petty entre los mercantilistas, en realidad es un autor
independiente que preconiza ya el liberalismo.

EL MERCANTILISMO. ANTECEDENTES HISTORICOS.- En esencia, dice el profesor Ferguson "que el mercantilismo es


una política y una doctrina económica ligadas con la doctrina política del nacionalismo". También puede afirmarse que el
mercantilismo es la doctrina económica del capitalismo mercantil o comercial que aparece en el siglo XVI.

Los más diversos acontecimientos en el orden político, cultural, económico y religioso, precedieron al advenimiento
del mercantilismo; pero como afirma Ferguson. "Las dos bases fundamentales del mercantilismo fueron el crecimiento de
una economía monetaria y el surgimiento de los estados nacionales". Esta afirmación coincide con la de Gonnard, cuando
expresa: La antigüedad -ha dicho el escritor suizo Benouilli- ignoró totalmente cuatro poderes que ha producido la
Europa moderna. La Iglesia, el oficio manual, el capitalismo naciente y la monarquía moderna. De, los términos de esta
enumeración un tanto heterogéneo aparentemente, pero muy razonable en el fondo, la Edad Media conoció los dos
primeros.

A fines de la Edad Media, los comerciantes empezaron a adquirir una gran importancia en todos los órdenes de la
vida económica. El primer capitalista fue el que usó el dinero como capital e inauguró el ciclo dinero-mercancía- dinero,
es decir, el tráfico con fines de lucro. Los comerciantes vivieron como grandes señores y mediante su influencia política
facilitaron el desarrollo de las ciudades, los transportes y las ferias comerciales. Las ideas medioevales de moderación y
desprendimiento cedieron su lugar a un nuevo espíritu de enriquecimiento, que convirtió al dinero, como capital, en
centro de la actividad económica. Los comerciantes subordinaron la producción de los artesanos y orfebres a sus
necesidades (Sistema Verleger [Sistema de Trabajo a Domicilio]) y bien pronto aparecieron importantes empresas
comerciales como los Mercaderes Aventureros, la Compañía de la Tierra, de Oriente, la Compañía Moscovita y la
Compañía de las Indias Orientales.

El protestantismo dio su apoyo al nacionalismo y generó una nueva moral que sancionó el móvil de lucro en el
comercio y la industria, actividades que se consideraron desde ese momento como económica y socialmente respetables.
El desarrollo económico permitió la acumulación de capitales y así surgieron los banqueros como practicantes
profesionales del crédito.

El descubrimiento de la imprenta permitió que se desarrollara el afán de cultivarse; la aparición de los libros impresos
despertó el espíritu de discusión.

Los descubrimientos en las matemáticas, astronomía, geografía, geología, biología, física, medicina y demás ramas del
saber humano, cambiaron radicalmente las instituciones de su tiempo; cambio que se aceleró con la existencia de
hombres de la celebridad de Copérnico, Galileo, Descartes, Newton, Harvey.
En el orden artístico y filosófico también se advirtió un florecimiento; representantes de las letras y las artes plásticas,
dieron un nuevo y revolucionario concepto del hombre y su destino.

Los grandes descubrimientos geográficos no solamente ampliaron geográficamente los territorios hasta entonces
conocidos, sino que incrementaron los mercados. La explotación de las minas de oro y plata de las colonias recién
descubiertas hizo afluir tal cantidad de metales preciosos al territorio europeo, que no sólo se alivió la escasez de metales,
sino que su abundancia provoca un alza desmesurada de los precios. Durante el siglo XVI la acuñación de moneda en
Europa aumentó cuando menos diez veces, y de 1550 a 1650 el nivel general de precios subió aproximadamente en un
300%.

Los descubrimientos geográficos y la afluencia de metales preciosos limitaron cada vez más el localismo y alentaron
el nacionalismo. El capitalismo requirió las reglamentaciones que le permitieran mayor libertad de acción. En lo político,
Maquiavelo, Bodino, Bacon, Hobbes., aportaron los fundamentos teóricos del Estado Moderno. Los comerciantes se
convirtieron en apoyo de los señores de más influencia y éstos, centralizando el poder, dieron nacimiento a las
monarquías nacionales. Las nuevas condiciones sociales, económicas y políticas de Europa, permitieron consolidar las
economías nacionales y con ellas el poder absoluto de las principales casas reinantes de Europa.

Los comerciantes de cada país estaban de acuerdo en que era necesaria la existencia de un Estado tan independiente
y poderoso como fuera posible, de modo que se pudiera confiar en que el gobernante iniciaría una definida política de
aliento Y defensa de los intereses económicos de sus comerciantes e industriales.

Los nuevos estados nacionales y los comerciantes e industriales se protegieron mutuamente. Éstos aumentaron sus
Ganancias con las reglamentaciones de los príncipes y reyes, quienes aumentaron los recursos del Tesoro Real.

PRINCIPALES IDEAS DEL MERCANTILISMO.- La circunstancia de que el mercantilismo sea un movimiento que cubre
varios siglos y que adquiere en cada país una fisonomía especial, no le permitieron constituir un verdadero sistema, aun
cuando sí es posible establecer los siguientes principios generales:

1º. El mercantilismo fue un movimiento esencialmente nacionalista, "... un país siempre se enriquece en detrimento de
otro, decía Voltaire, y la mira fundamental de gobernantes y gobernados fue defender los intereses de su propia nación
frente a los de los demás que consideraron necesariamente antagónicos".

2o. El Estado tiene un papel de primerísimo orden en la dirección y realización de la política económica: que procuró
emancipar a la nación de toda dependencia del exterior mediante el establecimiento de industrias esenciales,
descubrimientos de nuevas técnicas de fabricación, etc.

3o. Conceden una gran importancia a los metales preciosos estimando que el dinero que circula en el país debe ser
en grandes cantidades, ya que éste significa el enriquecimiento de la nación.

4o. Si un país tiene minas obtiene metales preciosos mediante su explotación, pero careciendo de ellas, sólo puede
obtenerlos por medio de una balanza comercial favorable. Una balanza comercial favorable se obtiene por medio de
impuestos y contribuciones a la importación de artículos manufacturados y a la exportación de materias primas. En
cambio debe facilitarse, la importación de materias primas y la explotación de manufacturas. La política aduanera en
términos generales debe tender a que las exportaciones del país siempre excedan a las importaciones.

5o. El comercio exterior es una actividad más importante que el comercio interior y la industria es la actividad
económica más importante.

6o. Una población numerosa es un factor esencial para la riqueza y el poderío nacional, ya que proporciona mano de
obra barata y por tanto permite al empresario competir en mejores condiciones en el mercado internacional.

7o. Las colonias deben ser fuente de materias primas para la metrópoli y mercado para sus productos
manufacturados.

EL MERCANTILISMO EN ESPAÑA E ITALIA.- España se caracterizó por la política llamada bullonismo, la que implica la
defensa directa y vigilancia por los procedimientos autoritarios de reglamentación de los metales preciosos. España a
través de la conquista y consecuentemente de la explotación de las minas de México y Perú aumentó sus caudales
monetarios en proporciones importantes y su política se caracterizó por una ausencia de espíritu propiamente mercantil
que se encaminó a la defensa de su stock monetario, prohibiendo la salida de oro y plata que inundaba la nación
española salía al extranjero para pagar las mercancías que se importaban para satisfacer el consumo que una agricultura
anticuada y una paupérrima industria, eran incapaces de satisfacer.

Fue muy tarde cuando los gobernantes españoles se dieron cuenta de que el problema de su país no era tan simple
como aparecía a primera vista y pronto se inició un régimen prohibitivo en contra de las mercancías extranjeras. Además
se tuvo que hacer frente a problemas monetarios de falsificación de moneda. La política monetaria fue vacilante, se
cambiaban las equivalencias muy a menudo y lo único que era evidente era la desaparición de las monedas españolas de
buena ley.

En general, puede afirmarse que la política económica fue desastrosa y condujo gradualmente a la ruina de la
agricultura y la industria. Si a esto se aúna el deplorable régimen fiscal, los resultados no pudieron ser más catastróficos.

Tardíamente se intentó reglamentar el tipo de cambio y el premio de la ley a la par, pero todo fue inútil. En los
reinados de Carlos II y Felipe II, III Y IV la situación miserable del país y la hacienda pública llegaron a situaciones
extremas.

Ortiz fue un exponente de la política descrita; sostuvo el bullonismo absoluto, así como los procedimientos para
prohibir la exportación de metal. Damián de Olivares fue un poco más adelante al aconsejar que se prohibiera la entrada
de mercancías extranjeras a España.

El Padre Mariana en su obra "Disertaciones acerca de los cambios monetarios", publicada en 1609 y que recuerda en
mucho la obra de Nicolás de Oresmes, representa el más avanzado punto de vista del mercantilismo español. Mariana
advirtió la existencia de dos valores monetarios: uno natural o intrínseco y otro legal o extrínseco, y que lo correcto era
que ambos valores coincidieran. Partiendo de la idea de que la moneda es un instrumento de cambio, criticó los sistemas
bullonistas y propuso reformas fiscales que incrementaran los recursos públicos, por medio de la reducción de gastos de
la casa real, revisión de capitales de funcionarios prevaricadores, restricciones de las liberalidades reglas e imposición de
impuestos sobre el lujo y consumo de las clases adineradas. Mariana fue conducida a prisión por su obra.

El mercantilismo italiano está representado por autores como Scaruffi, Davanzati, Turbalo, Giovanni Botero y Antonio
Serra.

Scaruffi deploró el desorden monetario existente y propuso para remediarlo la adopción de un sistema bimetalista.
Davanzati y Turbalo, jefes de la Casa de Moneda de Nápoles se ocuparon también de cuestiones monetarias.

Giovanni Botero, en su obra "Razón de Estado" se opuso a la política del bullonisrno, dio la fórmula colbertista de que
las naciones se industrializaran e insistió en la necesidad de una población numerosa.

En su análisis de la población, Botero fijó los dos términos de la antinomia Malthusiana, en la forma siguiente: a) La
potencia generadora de los hombres; y b) El poder nutritivo de los Estados. De esta manera Botero advirtió que la
propagación de los hombres está limitada necesariamente por la falta de alimentos y subsistencias; pero lejos de adoptar
una posición pesimista creyó que el camino no era impedir el aumento de la población sino desarrollar el poder nutritivo
de los Estados. Para lograrlo la agricultura era un buen camino pero preferible a ella, la industria, porque sus productos se
pueden multiplicar más fácilmente y tienen más valor. En el libro "La razón de Estado", Botero da la fórmula: introducir
gran variedad de industrias, traer del extranjero obreros hábiles, recompensar a los inventores y reservar las materias
primas nacionales para la industria del país. Si bien admitió que la colonización puede ser un remedio, insistió en que una
población numerosa da fuerza al Estado que la tiene.

Antonio Serra cuya obra "Breve Tratado de las causas que hacen abundar al reino el oro y la plata, en donde no hay
minas" (1614), afirmó que era cosa deseable la abundancia de numerario, lo cual se conseguía por los siguientes caminos:
a) Los naturales, que consisten en la explotación de minas y que practican los países que las poseen; y b) Los accidentales
para aquellos países que carecen de ellas. En este apartado hizo la distinción de accidentes propios que eran aplicables
solamente a las ciudades italianas y accidentes comunes. Entre estos últimos, Antonio Serra fijó como los más
importantes:
1. La abundancia de productos destinados a la exportación; 2.Una situación geográfica favorable; 3. Las aptitudes de
la raza; 4. La cantidad de los oficios o hablando en un lenguaje del presente, la diversificación de la industria; 5. La
importancia del tráfico, y 6. La prudencia y previsión de los gobernantes.

Como Botero, Serra sostuvo que el desarrollo industrial era más importante que el agrícola, porque la agricultura es
más aleatoria y menos extensible. Formuló la ley del rendimiento menos que proporcional de la agricultura y el
rendimiento más que proporcional de la industria, constituyendo así el antecedente de la Ley de los rendimientos
decrecientes.

Consideró además que el tráfico comercial es una fuente común de enriquecimiento y que debe realizarse con las
mercaderías tanto del país como del extranjero, para lo cual una nación requiere tener una flota poderosa que
permitiéndole una supremacía en los transportes internacionales, le asegure una grandeza tanto en el orden económico
como en el político. Estimó que siendo el cambio favorable, el valor de la moneda nacional se afirmaría y como
consecuencia, abundarían los metales preciosos y se sostendría el alto valor de la moneda.

Serra es otro de los autores que condena los procedimientos bullonistas, especialmente el envilecimiento y rebaja de
las monedas; pero quizá lo más interesante de dicho autor es su decisiva orientación hacia el industrialismo.

EL MERCANTILISMO EN FRANCIA.- Francia era un país que tenía una situación muy diversa a España, puesto que
carecía de minas. En el siglo XIV practicó una política de prohibiciones que tendía a impedir la salida del trigo y a proteger
la industria respecto de ciertas materias primas, especialmente la lana, que consumía la industria doméstica. Asimismo la
política monetaria se inspiró en el deseo de conservar el numerario que afluía al reino.

Poco antes del siglo XV Francia era una nación esencialmente agrícola y fue en dicho siglo cuando las guerras con
Italia y la afición al lujo dieron lugar al nacimiento e implantación de nuevas industrias. En el siglo XVI esta situación
mejoró con la devastación de los Países Bajos por las guerras de religión y de Italia por los ejércitos mercenarios. En los
siglos XIV y XV los Países Bajos habían alcanzado un respetable grado de industrialización. Cuando ese desarrollo decayó,
las fuerzas industriales de esos países se refugian en Francia, que poseía un amplio territorio sometido a un mismo
Derecho y gobierno central, deseoso de impulsar el desarrollo económico del país.

Considerando la importancia que la política de Colbert tiene en el mercantilismo francés, éste se ha dividido en tres
periodos: precolbertista, colbertista y postcolbertista.

El primero se caracteriza por un gran desarrollo industrial y comercial. La industria textil se desarrolló en diversas
plazas entre las que descolló Lyon, en donde existía una fábrica que daba ocupación a más de 2,000 obreros. Se organizó
el comercio exterior sobre la base de la naciente industria francesa, la clase comercial adquirió gran importancia. Se
nacionalizaron muchas industrias, los cambios se intensificaron y así surgió Lyon como centro bancario de primer orden y
Marsella como centro marítimo. Se procuró sanear la circulación monetaria atrayendo el oro de España. Como
consecuencia de ésta política surgieron bancos en Lyon, Toulouse y Rouen.

La política francesa fue netamente mercantilista, puesto que tendió al crecimiento del stock metálico y en ciertos
aspectos practicó medidas bullonistas; pero fundamentalmente reglamentó la industria y el comercio a través de:

Intervenciones en el terreno industrial para impulsar las manufacturas u oficios reales; y establecimiento de grandes
compañías subvencionadas por el Estado, el cual adquirió el papel de promotor económico de primer orden; y

Una política aduanera revisada frecuentemente con objeto de eliminar del mercado francés los productos extranjeros
susceptibles de producirse en el país y de invertir los términos cuando se trataba de productos nacionales exportables.

La actitud reglamentaria en los terrenos industrial y aduanero caracterizó, más que a ninguna otra a la época de
Colbert; época en que el Estado todo reglamentó, el Gobierno de Francia se empeñó por dotar a la industria leyes ágiles
que permitieran la excelencia de la fabricación francesa y la multiplicidad de la industria.

Se ha dicho que Colbert, el ilustre Ministro de Finanzas de Luis XIV, trató de hacer de Francia no solamente un gran
Estado, sino una gran fábrica bajo el imperio del Derecho que logró armonizar la acción interventora del Estado y de los
particulares.
Entre los pensadores precolbertistas más destacados corresponde mencionar a Juan Bodin y a Antonio de
Montchrétien.

Juan Bodin es un autor más conocido como pensador político que como economista. Su tratado de "La República" en
seis libros, publicado en 1576, representa la reacción al materialismo utilitario e inmoral de Maquiavelo. Bodin se niega a
separar la política de la moral y aspira a que el Estado tenga como fines no sólo la felicidad de los hombres, sino lo que es
más importante, la realización de la justicia.

Antes que el Estado, existe la familia. Sobre este punto Bodin pensó que si el hogar es un gobierno recto de varios
individuos obedientes a un cabeza de familia y a lo que les es propio; la República, entiéndase el Estado, es un gobierno
de varios hogares y de lo que les es común, con poder soberano.

El Estado debe respetar ciertos derechos como el de propiedad que tiene prioridad respecto de los que competen al
príncipe soberano, quien puede reformar las asociaciones, cuya existencia garantiza la libertad y los vínculos sociales. Las
ideas morales de Bodin lo llevan a rechazar con vehemencia la esclavitud y la trata de negros.

En la última parte de la obra, en el libro 6o, se encuentran sus ideas económicas bajo el título "De la Hacienda", las
que comprenden materias relativas a los impuestos, moneda, población, etcétera.

En materia monetaria, lo mismo en "La República" que en "Las Paradojas al señor de Malestroit" se pronuncia en
contra de las alteraciones monetarias y aconseja la implantación de un sistema bimetalista universal. A la objeción de la
inestabilidad de las condiciones de producción del metal y por consecuencias de las variaciones del provecho comercial,
Bodin contesta. 1º Que las variaciones son insensibles si se consideran períodos breves; y 2º. Que produciéndose
universalmente, casi no ofrecen inconvenientes para las naciones en particular.

Como otros mercantilistas defiende el principio poblacionista, afirma que en el aumento de la población hay una
causa de riqueza e intenta la formulación de estadísticas sobre población.

Un libro que tiene gran interés económico es el intitulado "Respuesta a las paradojas del señor de Malestroit, acerca
de las monedas y del encarecimiento de todo". En casi medio siglo se había cuadruplicado o quintuplicado el precio de
los alimentos dando lugar a numerosos estudios, entre los cuales figuró el del señor de Malestroit, quien sostuvo:

lo. Que el aumento de los precios no era efectivo sino nominal

2o. Que tal aumento resaltaba de las alteraciones monetarias y de la disminución del metal fino contenido en las
monedas. Es decir, que no se pagaban las mercancías con mayor cantidad de metal que antes, sino con mayor número de
unidades monetarias.

Bodin objeta las respuestas del señor de Malestroit, en los siguientes términos:

lo. Que el encarecimiento de las mercancías es real, ya que el poder de adquisición del numerario había bajado, o
dicho de otro modo, que las mercancías no sólo costaban más dinero, sino más metal; y

2o. Que la causa, no única pero sí principal del encarecimiento de las cosas y, de la depreciación de la moneda, era la
abundancia creciente de metales preciosos, invocando de este modo la teoría cuantitativa de la moneda.

El señor de Malestroit partía de un error común en su tiempo a saber, que las alteraciones monetarias daban lugar a
las variaciones del valor de 1a moneda, llegando a olvidar o desconocer las causas naturales que se derivan de la
producción y abundancia de metales preciosos. Sobre el punto Bodin estimó que la carestía provenía de las siguientes
causas:

la. La abundancia de oro y plata;

2a. La existencia de monopolios;

3a. La penuria originada por la trata (exportación) y el estrago, y

4a. La diversión de los reyes y grandes señores que elevaba el precio de las cosas que les gustan.
Si la principal causa dé la carestía era la abundancia de numerario y esa abundancia era de por sí excelente, no había
muy grandes remedios; pero en la medida en que la carestía tenía causas secundarias se podía remediar aplicando las
ordenanzas contra el lujo, los monopolios y practicando en general la libertad de comercio, con excepción de ciertas
prohibiciones especiales.

Bodin fundó su doctrina de libre cambio en la idea de la división del trabajo internacional, la cual resulta a su vez de
las diferencias de clima y de terrenos entre las naciones. La libertad económica es impuesta por el interés económico, y
además es un medio para poner en contacto a los pueblos, y propagar la civilización, las ideas morales y la cultura. El
cambio debe ser franco y libre para que el reino tenga riqueza y poderío; no puede afirmarse que la salida de mercancías
forzosamente produzca un encarecimiento "... que suele acontecer que lo que entra en lugar de lo que sale, produce la
baratura de lo que faltaba". Esta postura librecambista no lleva a Bodin a pronunciarse en contra de los derechos de
aduana, los cuales deben ser soportados por el extranjero, a causa de la necesidad que tienen de los artículos franceses.

Bodin formula un régimen de libre cambio en los siguientes términos que van a ser repetidos por otros muchos
pensadores mercantilistas:

1º. Aumentar los derechos de exportación de los productos franceses de los cuales no puede prescindir el extranjero.

2º. Prohibición absoluta de exportar materias primas, lo que impide que los súbditos perciban la mano de obra y el
gobierno los impuestos.

3º. Permitir la entrada de materias primas extranjeras con derechos reducidos; y

4º. Elevar por el contrario, los derechos de entrada de los productos manufacturados.

En "Las Paradojas", como en "La República", Bodin insiste en la necesidad de acabar con las modificaciones
monetarias, y reducir las monedas a algunos tipos sencillos.

Antonio de Montchrétien publica en 1615 su "Tratado de Economía Política", dando así nombre a la ciencia; el cual
dedica al Rey Luis XIII y a la Regente María de Médicis. Dicho título fue aceptado por el Cardenal Richelieu quien ordenó
la enseñanza de la nueva ciencia.

Montchrétien es un claro representante del nacionalismo económico y su obra no es un libro de economía, sino más
bien una especie de informe acerca del estado de la economía nacional y de los medios de mejorarlo. El libro se divide en
cuatro partes, que intitula. 1º. de las manufacturas; 2º. del comercio; 3º. de la navegación; y, 4º. de los cuidados del
príncipe.

Montchrétien afirma que el mundo económico está movido por el interés personal, promotor de la división del
trabajo y en la sociabilidad natural de los hombres. Hace una apología del trabajo y recomienda a los nobles que hagan
aprender a sus hijos algún oficio.

Aboga por la existencia de una agricultura intensa y puntualiza que el mal está en el ausentismo de los propietarios y
en la pobreza de los labradores quienes no están en condiciones de hacer bien su trabajo.

No obstante la inclinación de Montchrétien por la clase rural y la agricultura, expresa su preferencia por las
manufacturas, afirma que las naciones que poseen riqueza son aquellas que tienen industria y. que la dependencia del
exterior es signo de debilidad.

Desde el punto de vista teórico Montchrétien admite los valores de uso y de cambio, adelantándose así a los
economistas del siglo XVIII. Para determinar el valor de cambio se funda en las variaciones del precio y pide que lo fije la
autoridad. En sus estudios sobre moneda sigue a Oresmes y a Bodin y llega a afirmar, que no es la abundancia de plata, la
cantidad de perlas y diamantes lo que hace a los Estados ricos y opulentos, sino el acomodamiento con las cosas
necesarias para la vida. A pesar de esta adelantada afirmación, Montchrétien ve favorablemente la abundancia de
numerario y con malos ojos la exportación de metales preciosos, considerando que los mayores tesoros irán a parar allí
donde haya más cosas necesarias para la vida.

A la luz de, las leyes de la oferta y la demanda, advierte, que el exceso de producción produce la baja de los precios y
que el remedio para resolver el problema es limitar 1a entrada de mercancías extranjeras.
Montchrétien adjudica un importante papel al soberano, a quien corresponde idear y formular reglamentos
considerando la iniciativa y el interés particular.

La actuación del soberano debe manifestarse en dos sentidos: 1º. Una reglamentación educadora de la producción, y
2º. Una protección aduanera razonable. Debe además implantar una severa disciplina del trabajo y organizar la educación
profesional.

Montchrétien considera necesarios los cambios internacionales, fundados en el reparto geográfico de los productos y
en la mutua colaboración de las naciones. Muestra su asombro respecto al éxito comercial de Holanda, potencia marítima
de primer orden, y hace agudas predicciones sobre la importancia de la transportación por mar y la grandeza futura de
Inglaterra, fincada en la navegación y en el transporte.

Otras ideas que espigan en el pensamiento de Montchrétien es la colonización, un nacionalismo que no choca con la
solidaridad moral de las naciones y una intervención del Estado que debe detenerse allí donde se inicia el interés
personal.

Para concluir, diremos unas cuantas palabras respecto al periodo Colbertista. Para el estudio de esta etapa hay una
abundante bibliografía, formada por las cartas, instrucciones y memorias de Colbert, y muy especialmente las
instrucciones para el Marqués de Seignelay. Del examen de ellas se concluye que política colbertista tiene tres periodos: el
primer periodo de liberalismo económico representado por las memorias a Mazarino (1651), en que se sostiene que para
que el comercio pueda desarrollarse se requiere fundamentalmente seguridad y libertad; el segundo está caracterizado
por un mercantilismo proteccionista que se manifiesta en las tarifas de 1664 y 1667: y en el tercero un regreso al
liberalismo, y su exposición está en las cartas posteriores a 1669.

Después de destacar la importancia que, la política de Colbert tuvo para la grandeza económica de Francia, quizá sea
obligado mencionar los aspectos negativos de la política seguida: lo. El estancamiento de la agricultura por causas que
estuvieron fuera del control de Colbert; y 2o. Que no se logró supremacía de la navegación francesa, aun cuando, se debía
a la ordenanza 1681 el que Francia haya formado su marina mercante.

EL MERCANTILISMO EN INGLATERRA.- Inglaterra era en el siglo XV una nación esencialmente agrícola que dependía
de los pastos, de los cereales y del ganado, y que no tenía ninguna industria importante. Lo mismo puede decir de su
comercio y su navegación. A partir del siglo XVI la piedra angular de su economía fueron los carneros.

La importancia de la ganadería ovina le permitió desarrollar su industria textil, y gracias a la inmigración de técnicos
alemanes, belgas y franceses se crearon en Inglaterra las nuevas industrias de la seda, lana, vidriería, papelería y relojería.
Son de mencionarse entre dichas industrias la de fabricación de tejidos de algodón y de las famosas telas estampadas de
Lancashire y Norwidck.

En la segunda mitad del siglo XVI la Bolsa de Londres sustituyó a la de Amberes y Tomás Gresham, fundó el Royal
Exchange (Cámara Real). Mientras esto ocurría los corsarios de Isabel I ponían los cimientos del poderío marítimo inglés y,
en el contrabando y la aventura cimentaron el futuro e importante comercio colonial inglés. En 1760 Inglaterra ya
disputaba a Francia el primer lugar en la producción industrial.

Holanda, cuya población en sus dos pequeñas provincias sobrepasaba a la de Inglaterra, fue el ejemplo de ésta.
Ámsterdam fue centro de mercaderes, armadores y banqueros de primer orden, y consecuentemente un importante
centro marítimo. Colbert calculaba que Holanda poseía 16,000 barcos y, Raleigh que tenía 20,000. Holanda demostró que
el transporte y el almacenaje, y no la producción de mercancías, fueron la mejor fuente de ganancias. Holanda inició la
época de las grandes empresas económicas modernas bajo la forma de sociedades por acciones y la abundancia y
baratura de capitales propiciaron su crecimiento.

Inglaterra se empeñó en conseguir una hegemonía marítima y comercial con arreglo al modelo holandés, apoyando
su desarrollo en el comercio y la navegación, pero sin descuidar la industria. El impulso dado por Isabel I se aceleró con el
Acta de Navegación de 1650 de tiempos de Cromwell, ratificada por los Estuardo cuando volvieron al poder.

Al decaer Holanda vencida por Francia, Inglaterra se benefició con los despojos de la derrotada nación y pronto
alcanzó supremacía financiera, la cual se afirmó con la creación del Banco de Inglaterra en 1694.
A principios del siglo XVII la trata de negros, la apertura de las colonias portuguesas y españolas y el aumento del
número de sus propias colonias, fincaron la supremacía de Inglaterra no solamente respecto de Holanda, sino de otras
naciones. Para 1763 Inglaterra poseía un gran imperio colonial y era la primera potencia marítima del mundo.

La mayoría de los representantes del mercantilismo se ubican en los siglos XVII y XVIII y el pensamiento de sus
últimos representantes se vincula con la escuela clásica.

Los mercantilistas ingleses conservaron del mercantilismo en general las ideas crisohedónicas y de intervención del
Estado en la vida económica, y si no llegó a despreciarse la industria, su principal propósito fue el comercio y la
navegación, de allí que el mercantilismo comercial inglés se distinga del mercantilismo francés, en lo siguiente:

1º. Lo principal es vender más de lo que se compra; no es necesario, posible o deseable suprimir las compras, se
puede comprar mucho si ha de venderse más de lo que se compra; a veces se mantiene un comercio aparentemente
desventajoso para el país, a condición de tener un tráfico más intenso con alguna otra nación. En estas condiciones debe
suavizarse el régimen aduanero.

2º. No es indispensable tener una industria nacional, ya que si bien es útil, para el comercio de exportación, se puede
prescindir de ella y realizar el comercio con manufacturas extranjeras con grandes beneficios, como lo demostró Holanda.
La industria no es sino un medio, depende del comercio, por lo que la protección y la reglamentación industrial no son
necesarias.

Las disertaciones de los autores ingleses por lo tanto, se refieren fundamentalmente al comercio y a la balanza
comercial.

Tomás Mun publicó en el año 1621 su obra “Discurso acerca del comercio de Inglaterra y las Indias Orientales” y en
1664 publicó "El tesoro de Inglaterra por el comercio exterior". Dicho autor expone la teoría clásica comercial en dos
puntos: 1º. ¿Cómo se debe calcular la balanza de comercio? ¿Cómo se puede influir en ella en sentido favorable?

Para calcular el valor de las mercancías exportadas, dice Mun, debe añadirse al costo de producción, el beneficio del
comerciante y el 25% de flete y seguro si navegan en barcos ingleses. Para las mercancías importadas debe del precio de
venta en Inglaterra, menos los derechos de aduana y sisa, más el 25% si las mercancías han sido transportadas en barcos
ingleses. Pero no solamente considera las importaciones y exportaciones, sino que en el pasivo incluye las cantidades
gastadas en el extranjero para sostener las guerras y las embajadas, así como las ganancias obtenidas por los extranjeros
en Inglaterra; en tanto que en el activo comprende los gastos de espionaje en Inglaterra de las naciones extranjeras, y las
ganancias obtenidas por los nacionales ingleses en el extranjero. En realidad Mun no sólo examinó la balanza comercial,
sino que fue precursor de la balanza de pagos.

Por lo que se refiere al segundo punto, Mun piensa que se puede obtener una balanza comercial favorable, por los
siguientes medios: 1º. Aumentó de la producción especialmente fabril sin descuidar la agrícola, para evitar escasez en
caso de guerra; 2o. Exportación de materias primas sólo en la medida en que la existencia de éstas sea superflua; 3o.
Importación para el consumo nacional de la cantidad menor posible de mercancías extranjeras; 4º Renunciar en definitiva
al lujo, y finalmente, 5o Lograr la conquista de transportes marítimos, depósitos y pesca en grande.

Los comerciantes y los buques extranjeros deben ser libremente admitidos, pagando sus respectivos derechos. En
cambio la exportación de manufacturas nacionales debe ser libre en la más amplia acepción de la palabra. Mun distingue
entre las importaciones para el consumo interno de las importaciones para la reexportación, y aconseja para éstas la
imposición de derechos reducidos.

Mun piensa que la mejor forma que el Estado tiene para intervenir en materia económica es a través de los impuestos
y aspira a que graven a los ricos de modo que queden obligados a una mayor actividad industrial y comercial.

En oposición al resto de los pensadores, Mun se pronuncia por una tasa elevada del interés, que para él es señal y
causa de prosperidad; "interés y comercio –dice- suben y bajan juntos". La mayoría de los autores entre ellos Child y
Temple están convencidos del principio opuesto.
Sir Josiah Child escribió pequeños tratados que Gournay publicó bajo el título de "Tratado del comercio y de las
ventajas que produce la reducción del interés del dinero". El tema central para Child es como para Mun el de la balanza
comercial y se plantea la misma interrogante.

¿Cómo se debe calcular la balanza comercial? El cálculo no debe limitarse a la comparación entre exportaciones e
importaciones, porque el fraude y la arbitrariedad falsean las informaciones aduanales, demostrando cómo del excedente
de exportación puede resultar una pérdida y del de importación una ganancia. Tampoco puede calcularse dice Child, por
el cambio, porque entre varía por otros motivos. Del mismo modo no puede basarse en las apreciaciones directas del
movimiento del stock metálico, que son muy difíciles de comprender. El verdadero criterio, dice Child, para saber si la
balanza comercial es favorable o no, es el grado de prosperidad de la marina mercante, es decir, lo importante es saber si
crece o no su tonelaje, con lo que se demuestra si entra o sale numerario. Ante la observación de que el comercio
realizado por la marina pudiera ser de importación, Child con criterio firme manifiesta que tal comercio se traduciría en
una disminución de la importancia de la marina.

A la pregunta ¿Cómo se puede obtener una balanza de comercio favorable?, Child contesta que ello se logra por: 1º
Aumentar y mejorar la mano de obra, 2o. Aumentar el capital comercial, reservando a los nacionales el comercio con las
colonias y determinadas ramas del comercio y alentar las actividades comerciales que absorban más fabricaciones
inglesas y proporcionen mayor cantidad de materias primas a las manufacturas domésticas; 3o. Hacer más cómodo y más
libre el comercio, rebajando legalmente la tasa del interés al 4% anual, y 4o. Interesar a las demás naciones en comerciar
con Inglaterra.

Child influido por la experiencia de Holanda, en la tasa módica del interés, afirma que el precio del interés del dinero
es para el comercio lo que el alma para el cuerpo. En su discurso sobre comercio, Child al analizar las causas de la
prosperidad holandesa, insiste en que la causa de prosperidad de ese país es el bajo tipo de interés del dinero, y concluye
que para saber si un país es rico o pobre basta preguntar ¿Qué precio tiene el interés del dinero?

Se ha admitido que la riqueza general es la causa de la tasa reducida del interés, Mun acepta esta idea pero cree
también que esa tasa reducida considerada como efecto, pueda ser la causa de la riqueza en general. Sobre el tema, Child
afirma que la baja tasa del interés beneficia a los terratenientes, alienta el comercio, estimula los salarios, el precio de los
productos agrícolas y en general, la actividad económica por lo que es necesario que el Estado la fije.

Al referirse a las reglamentaciones, alude a la naturaleza de las cosas, y dice: Las cosas se resienten cuando se quiere
llevarlas contra su naturaleza, de lo que parece desprenderse que rebajar artificialmente el interés, sería atentar contra la
naturaleza de las cosas.

En su libro "De la lana y de las manufacturas de la lana" ataca los excesos de la reglamentación, especialmente las
dirigidas a mantener la calidad de ciertos productos y afirma que la industria debe producir mercancías inferiores, si los
clientes prefieren la baratura a la calidad: "Si la pacotilla produce, fabricarnos pacotilla".

En su ensayo "Las compañías de comercio" declara que sólo en las relaciones con países remotos y bárbaros son
justificables las restricciones al comercio, que es condenable la existencia de ciertas corporaciones que monopolizan el
tráfico y que debe existir un clima de libertad que permita a cualquiera el acceso a la profesión comercial. No obstante
Child no condena la protección aduanera y marítima, la cual justifica, así como los derechos de aduana que no pueden ser
bajos como en Holanda, porque las tasas de interés en Inglaterra no son tan bajas como las de aquel país.

Child es poblacionista y piensa que las naciones son ricas no según la fertilidad de su suelo, sino con arreglo a la
abundancia de sus habitantes y que Inglaterra puede colonizar sin riesgo, así como que la cifra de su población guardará
proporción con el empleo que se le dé, Child hace acertadas predicciones respecto a la prosperidad de la nueva
Inglaterra.

Child es un genuino representante de las tendencias e ideas inglesas de mediados de siglo XVII, representa la
tendencia del comercio hacia el mar y de engrandecer los transportes marítimos, bajo un régimen de cierta libertad. Child
piensa en oposición a Colbert, que no hacen falta reglamentaciones, monopolios o privilegios para el desarrollo industrial
y que basta que actúen el interés personal y la libre competencia.
William Temple fue Embajador de Inglaterra en Holanda durante mucho tiempo y como Child, manifestó admiración
por su prosperidad comercial. En sus "Observaciones respecto a las provincias unidas de Holanda" y en su "Ensayo sobre
el comercio de Holanda" aconsejó a sus compatriotas que siguieran la política comercial holandesa. Al igual que los
demás autores estuvo compenetrado de la importancia de la balanza de comercio y formuló razonables observaciones
respecto a la misión económica del trabajo y el ahorro.

Charles Davenant que nació a fines del siglo XVII fue también un mercantilista moderado Y semi-liberal como Child.
En sus ensayos acerca del comercio de las Indias y sobre la balanza de comercio, sostuvo una teoría sobre el carácter de la
riqueza y la misión de los metales preciosos, preconizando la libertad de comercio en el interior. En cambio se mantuvo
firme en los puntos de vista mercantilistas sobre el comercio exterior, la balanza de comercio, y el aumento de la
población.

Williarn Petty (1623-1687) es un pensador difícil de clasificar, puesto que en muchas de sus ideas es un escritor de
transición entre el mercantilismo y la escuela clásica. Su vida estuvo llena de contingencias; fue mozo de camarote en un
barco mercante, Médico militar después y hombre de gran fortuna, enriquecido en tiempos de Cromwell con el saqueo de
Irlanda. Sus obras principales son: "Ensayo de Aritmética Política" y "Anatomía Política" que se publica hasta 1691. El
nombre de tales obras revela el uso de dos nuevos métodos; el estadístico y el biológico. En efecto, fue a través de
comparaciones, de orden biológico como Petty determinó su concepto general de la riqueza. La moneda, afirma: ". . . no
es más que la grasa del cuerpo político. . . Del mismo modo que la grasa lubrica el movimiento de los músculos, nutre
cuando faltan los alimentos, llena las cavidades y embellece el cuerpo, del mismo modo la moneda, en un Estado, activa
sus movimientos, le proporciona el alimento del extranjero en las épocas de penuria en el interior, iguala la cuenta
merced a su divisibilidad y embellece el conjunto. . . En cambio, si la hay con exceso, la demasiada abundancia perjudica la
agilidad". Por lo tanto, un país necesita moneda, la cual puede ser en un momento dado insuficiente, pero también puede
darse el caso de que sea excesiva.

La riqueza decía, es la colaboración de la tierra y el trabajo, éste es el padre, el principio activo de la riqueza; la tierra
es la madre. En cuanto al trabajo, considera el trabajo presente y el pasado o sea el capital. De esta manera, Petty
presentó la teoría clásica de los factores de la producción.

Examina la división del trabajo como lo había de hacer más tarde Adam Smith, pero no sólo analiza las ventajas
técnicas de la división del trabajo, sino que lleva sus análisis a las ventajas de la división del trabajo en los órdenes
regional e internacional.

No obstante su origen, quizá ningún otro pensador llegó a expresarse con tal desprecio de la clase trabajadora como
Petty; ningún sentimiento de benevolencia manifiesta hacia los trabajadores a quienes casi estima como seres irracionales;
piensa que deben recibir un salario equivalente al mínimo de subsistencia, es decir, lo necesario para que se mantengan
en pie y para que puedan perpetuar su especie y si llegara el caso en que por influencia de los hechos mismos los salarios
se alzaran, el legislador debería intervenir para impedir esa alza. De esa manera Petty reconoció la existencia de una ley
natural reguladora de los salarios, que tiende por sí misma a fijarlos, constituyendo un valioso antecedente de la teoría de
David Ricardo.

La teoría de Petty sobre la renta de la tierra es endeble y no resiste un análisis crítico, pues afirma que la renta es el
provecho del propietario como tal y que es lo que la tierra produce sin el concurso del trabajo, no llega a ningún
desarrollo.

En cuanto al interés, al contrario de Child, es enemigo de la intervención del Estado manifestando la inutilidad y
esterilidad de las leyes civiles positivas ante las leyes naturales.

En cuanto a los comerciantes, en oposición a una postura mercantilista y sin desconocer su utilidad, Petty los clasifica
entre las clases improductivas, como lo había de hacer más tarde el doctor Quesnay.

Petty es desde luego un hombre de su tiempo y hace la apología del comercio exterior porque proporciona no sólo la
riqueza en general, sino la abundancia de oro, plata y alhajas que, según su expresión, nunca desmerecen y en todo
tiempo y lugar son riqueza. Piensa también como Child, que el comercio debe ser libre.
El mérito de Petty puede resumiese de este modo: aportó a la ciencia métodos estadístico y biológico; fue el primero
en explicar los fenómenos económicos a la luz de la idea de lo que es natural, y representó el movimiento de
acercamiento entre las ciencias naturales y las ciencias sociales.

Si bien el liberalismo de Petty se extiende a las relaciones de la metrópoli con las colonias, se opone al pacto colonial
reclamando la expansión de las colonias.

Su examen de la población tiene un carácter más científico mediante el empleo de la estadística. Formula acertadas
predicciones respecto de la futura población de la Gran Bretaña. Estima que una población escasa es incompatible con el
desarrollo de las aptitudes creadoras del progreso y en cambio densidad de población es favorable a ese mismo
progreso. Sugiere que irlandeses sean transportados en masa a Inglaterra, donde deben trabajar largas jornadas y
convertir el territorio de Irlanda en campos de pastoreo y finaliza diciendo, que después de introducir al país tantos
hombres como fue posible, habría que obligarlos a trabajar el doble.

Merecen especial referencia sus trabajos fiscales, los cuales son muy completos; al hacer el elogio de los impuestos
dice que un impuesto razonablemente implantado y percibido es benéfico por sí mismo; que su efecto es en parte de la
riqueza de los no productores para pasarlo a los productos. Formula ocho reglas de los impuestos, entre las cuales están
las de proporcionalidad, claridad, comodidad y economía, que habían de hacer famoso a Adam Smith. Nadie antes que
Hume y Smith trataron los problemas fiscales con la fuerza de análisis y sentido práctico, como lo hizo Petty.

Carlos Marx adjudicó a Petty el calificativo de padre de la economía que otros han dado a Serra, Montchrétien y
Quesnay, pero lo cierto es que e Petty se inicia en Inglaterra un modo más científico de ver los fenómenos económicos,
examinados hasta entonces en forma meramente práctica. Petty toca todos los temas que más tarde aborda la escuela
clásica, reúne las cuestiones en un sistema y las conduce al concepto de ciencia que abarca los datos económicos en
general. Sus dudas y titubeos no demeritan su empeño en dar un concepto general de economía política.

Algunos autores han encontrado una gran similitud entre Petty y Ricardo. En efecto, ambos han aplicado a la
economía los sistemas rigurosos de las ciencias físicas, el hombre es una fuerza productora y nada más, un elemento de
una ecuación algebraica. Bevan ha dicho -cita de Gonnard- que Petty es el Ricardo vestido a la moda o usanza del siglo
XVII.

Petty critica la intervención del Estado en materia económica por ineficaz, y funda su liberalismo en la existencia de
leyes naturales que rigen el mundo económico, las cuales no se pueden contrariar. Sin embargo, Petty es mercantilista por
su concepto moderado de la riqueza, su tendencia a sacrificarlo todo a la producción y al enriquecimiento, sus
recomendaciones para recurrir a medidas excesivas, su crueldad en materia social, sus ideas respecto a las finalidades y
naturaleza del comercio, así como sobre la población.

John Locke, es generalmente conocido por su obra filosófica, especialmente por su "Ensayo acerca del entendimiento
humano", pero también fue autor en materia económica y en este aspecto escribió "Consideraciones sobre el valor y el
interés del dinero". Su concepto sobre la riqueza es definitivamente mercantilista puesto que afirma que la riqueza es la
abundancia de dinero en comparación con las demás naciones v que el dinero es una mercancía preferible a todas las
demás, porque con ella se pueden obtener todos los demás bienes. Es partidario, además, de la regulación de la balanza
comercial y agrega que un Estado solamente puede ser rico mediante su regulación o a través de las conquistas.

Influido por Petty, estima que el trabajo es fuente de riqueza y que representa el 90% en los productos de la tierra, en
tanto que en los productos manufacturados representa el 99%. Siguiendo también a Petty en sus ideas acerca del salario
mínimo y el interés del dinero, llega a aceptar que el Estado fije la tasa del interés bajo la condición de que no haga otra
cosa que sancionar la tasa corriente del mercado.

"En el Gobierno civil", Locke afirma que el estado de naturaleza precede a la constitución de la sociedad política y que
en dicho estado existen relaciones entre los hombres y leyes anteriores y superiores a las leyes civiles de las que se
derivan ciertos derechos como son el de propiedad, que el Estado no puede suprimir.

En los siglos XVII y XVIII, el mercantilismo inglés tendió a lograr cada día una mayor libertad comercial que permitió el
desarrollo del comercio y la marina.
GUÍA DE AUTOEVALUACIÓN

Preguntas abiertas
Responda a los siguientes cuestionamientos

1.1 Comenta como fue la evolución del mercantilismo en base a las teorías que lo fundamentan, como es la balanza
comercial, el poder del estado.

1.2 Explica si existe diferencia o igualdad entre el mercantilismo y el nacionalismo económico

Preguntas Opción múltiple


Elije la opción correcta y anótala en el paréntesis
2.1 Acontecimiento que genera la posibilidad de comercio, ampliándolo de las galeras mediterráneas, de caravanas y a
las recuas hacia el norte de los Alpes ( )

a) Conquista de Europa

b) Ruta oceánica hacia la india.

c) Nacimiento de los Estados. Nación.

d) Teoría de la balanza comercial.

2.2 Una de las proposiciones del mercantilismo es hacer a la nación rica y poderosa, a través de actividades prosperas y
productivas, variedad de manufacturas, entre otras, considerando puntos importantes como ( )

a) El sistema naviero y el sistema colonial

b) Protección a la industria y la regulación del comercio. .

c) Reglamentación del comercio y balanza comercial.

d) La teoría de la moneda y el interés de Nicolás Copérnico.

Preguntas Falso-Verdadero
Coloca en el paréntesis “V” si los siguientes enunciados son verdaderos y “F” si son falsos

3.1 William Petty mencionaba que la riqueza, es la colaboración de la tierra y el trabajo, éste es el padre, el principio
activo de la riqueza; la tierra es la madre. ( )
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA

 PERDICES de Blas, Luis y John Reeder. El Mercantilismo: política económica y Estado Nacional. Síntesis
Editorial, Madrid, 1998.

Para cubrir la información de los subtemas, consultar las siguientes fuentes:


Fichas bibliográficas de los documentos

Documento Ficha

2.A ELLSWORTH, P.T y LEITH J. Clark,

COMERCIO INTERNACIONAL,
Edit. Fondo de Cultura Económica, México, 1981,
Págs. 17-36.
2.B SCHEIFLER, Amézaga Xavier,

HISTORIA DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO,


Edit. Trillas, México, 1969,
Págs. 107-147.
2.C ASTUDILLO Ursúa, Pedro,

LECCIONES DE HISTORIA DEL


PENSAMIENTO ECONÓMICO,
UNAM, México, 1978,
Págs. 35-51.