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REPRESENTACIONES SOCIALES.

El marco teórico sobre el que nos situaremos para enfrentar nuestra investigación es el construccionismo
social, el cual postula que la realidad de nuestro mundo cotidiano es el producto de un intercambio
discursivo y de una negociación de significaciones entre los que comparten una interacción. El
construccionismo social insiste sobre la historicidad de los fenómenos psicológicos, y propone una teoría de
la memoria que permite establecer el carácter constructivo y extra-mental del conocimiento.

Este enfoque teórico se reconoce dentro de las orientaciones de la cognición social, en la que podemos
apreciar, de forma general, dos grandes orientaciones: de una parte las tendencias del cognitivismo, esto
es, aquellas orientaciones que destacan y priorizan el rol de la memoria dentro de las actividades mentales
de tratamiento de la información y del conocimiento.

De otra parte, las tendencias del construccionismo social en la que nos situamos, refuerzan y priorizan el
carácter social de la memoria como pensamiento social, desde la valoración de la práctica social de
naturaleza puramente discursiva que se produce en la misma. Por todo lo cual, podemos poner el acento
sobre la correspondencia existente entre el orden del pensamiento y el orden social, sobre el efecto de los
factores sociales ligados al hecho del conocimiento que está socialmente situado, específico a los
diferentes ámbitos de la vida corriente, producido dentro de los procesos de interacción y por tanto sobre
los objetos sociales. (Bueno Abad: 1998, 1999, 2000).

Para la comunidad de científicos sociales, los seres humanos obtenemos el conocimiento social de la
realidad a través de la influencia de formas del saber que están presentes en la vida cotidiana, en la familia,
la escuela, el trabajo y en general en el entorno. Ese conocimiento que generan los individuos está
sometido a la influencia de factores sociales, ligados a la presencia de otras personas, a la manera en la que
percibe y realizan su inscripción social (es decir, ocupar roles y posiciones interiorizadas dentro de una
identidad social), dando como resultado una manera de actuar en un entorno social complejo e interactivo
con otros actores para producir conocimientos distribuidos y compartidos.

Las representaciones sociales se consideran como un constructo teórico planteado por Serge Moscovici
(1961) y que en palabras de Jodelet (1989) supone una forma de conocimiento, socialmente elaborada y
compartida, teniendo una visión práctica y concurrente en la construcción de una realidad común en un
entorno social. También pueden ser descritas, las representaciones sociales, como una forma de
conocimiento cotidiano, que involucran unos componentes específicos, en términos de su origen o
antecedentes sociales, en términos de la distribución uniforme de este conocimiento en la comunidad, la
cual lo comparte y asume haciéndolo un rasgo que la describe y caracteriza y finalmente, en términos de
su estructura interna y los procesos que lo constituyen.

Es un hecho que las personas para vivir en sociedad y relacionarse tienen que apropiarse de una serie de
saberes, que se formulan a través de la palabra como unidad básica de los procesos de comunicación. Sin
embargo, hay unos saberes que están referidos a sensaciones o emociones y aun otros que se relacionan
principalmente con símbolos o iconos.

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En nuestro proceso de investigación asumimos las representaciones sociales esencialmente, como
fenómenos sociales a través de los cuales las personas realizan la construcción social de la realidad. Estos
fenómenos deben ser entendidos a partir de su contexto de producción. O sea, a partir de las funciones
simbólicas e ideológicas a las que sirven como formas de comunicación en donde circulan. (Spink, 1993).

Al hablar de la construcción social de la realidad, hacemos referencia a que las personas tienden a
considerar los procesos subjetivos como una realidad objetiva, es decir que las personas aprendemos de la
vida cotidiana de forma independiente de nuestras propias percepciones y por otra parte la manera como
percibimos la realidad está influenciado por la forma de ser de las personas, de su identidad social, de la
cultura de la cual provienen y de la ubicación socioeconómica a la cual pertenecen (Araya, 2002; Ibáñez,
1994).

Partimos de la base de que los conocimientos que poseen los sujetos en relación a una o varias realidades
tiene plena relación con los contextos sociales específicos a los cuales pertenecen puesto que la realidad
que se establece sobre la vida cotidiana es originada por la interacción establecida entre sus pensamientos
y sus prácticas (Berger y Luckmann, 1968). Es necesario precisar que no es que existan diferentes realidades
objetivas, sino que “la propia realidad incorpora en sí misma y como parte constitutiva de sí misma, una
serie de características que provienen de la actividad desarrollada por los individuos que les lleva a formar
su propia visión de la realidad” (Ibáñez, 1994, pág. 158). De manera que Para lograr que la realidad sea
objetivizada por los sujetos es necesaria la existencia del lenguaje, ya que nos permite crear un orden y un
significado a los hechos sociales que se están viviendo tanto de manera individual como grupal. No podrá
existir en la realidad social sino se interactúa y se comunica con otros (Berger y Luckmann, 1968).

La realidad social se construye. Esta es una idea que nace con la sociología y está fundamentada en la
importancia de los significados sociales. El carácter social de la realidad se lo da el hecho de que son
compartidas por un conjuntos más o menos amplio de de personas. De otra parte, la construcción social de
la realidad se refiere a la tendencia de las personas a considerar los procesos subjetivos como realidades
objetivas. Dicho de otra manera, se sabe que las personas construyen la realidad social y aprehenden la
vida cotidiana como una realidad ordenada, recibiendo la realidad de manera independiente a su propia
percepción. Así las cosas, la realidad se les presenta objetivada y como algo que les impone el entorno. La
vida cotidiana se convierte en realidad, a partir del sentido común que se impone sobre la conciencia de las
personas.

En cuanto a la manera como las personas construyen su representación de la realidad, es obvio que cada
persona forma su propia opinión y elabora una visión individual de la realidad sin que, esto signifique que
esta dicha construcción constituye un proceso individual. La realidad de la vida cotidiana, es una
construcción que se da también en función de la relación entre los sujetos, que parte de la interacción y de
los procesos de comunicación entre los seres humanos.

Como viene dicho antes, las representaciones sociales están presentes en los discursos, en las palabras,
en los mensajes, en los medios de comunicación, y se manifiestan en las conductas de los individuos. Sin
embargo, su observación no es tarea fácil, dado que se trata de fenómenos complejos, dinámicos y
determinantes de la vida en sociedad de los individuos. Justamente en la riqueza del fenómeno se

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aprecian diversos aspectos o elementos que pueden ser estudiados de manera aislada, tal es el caso de
los elementos informativos, cognitivos, ideológicos, normativos, creencias, valores, opiniones e
imágenes. Cada uno de estos elementos están organizados bajo el espacio de un saber que dice algo
sobre el estado de la realidad, y es tarea de la investigación científica dar cuenta de esa totalidad -en la
medida de lo posible- describiendo, analizando, explicando sus dimensiones, formas, procesos y
funcionamiento.

Para Emile Durkheim (1981), desde su teoría de las representaciones colectivas, los hechos sociales son
como cosas construidas por ciertos sujetos sociales. Su planteamiento se basa en que es imposible reducir
lo colectivo a lo individual, “trasciende a los individuos como una fuerza coactiva y que puede manifestarse
en los mitos, la religión, las creencias y además productos culturales colectivos” (Mora, 2002, pág. 6). Esta
forma de actuar y de pensar por parte de los individuos no sería elegida por uno, sino que al ser parte de la
sociedad, hace que reprima todo acto que vaya en contra de lo socialmente aceptado, estaría actuando a
partir de una “conciencia pública”, pero esto no significa que el individuo no piense lo que hace, al contrario
su actuar en relación a un hecho social se basa en las creencias que son traspasadas por códigos a través de
la educación, las relaciones interpersonales y se aceptan como una parte objetiva de la realidad (Durkheim,
1981). Desde esta óptica, no todo acto se puede considerar como colectivo.

Durkheim (1981), plantea que los actos solamente adquirirán esta categoría cuando se repiten, son
comunes en todos los grupos de la sociedad, son hechos sociales los cual se constituyan por las
representaciones colectivas de los individuos, referidas a las normas, a los valores que la sociedad atribuye
a la familia, a el trabajo o a las instituciones como el colegio, el estado y la iglesia. Esta forma de pensar la
realidad llevó a teorizar que “los sujetos percibían el mundo tal como es, así como las percepciones, las
ideas y las atribuciones serían respuestas a estímulos físicos y casi-físicos del ambiente en el que se vive”
(Moscovici, 1984, pág. 4).

Contrario a esta postura, Moscovici postula que el ser humano es independiente, creativo e interactúa con
el espacio social, por lo que “la sociedad no sería algo que es impuesto al individuo desde afuera y los
hechos sociales no determinarían las representaciones como una fuerza externa que hace impacto sobre los
individuos que la componen” (Araya, 2002, pág. 21). Así, el hombre no podría dominar todo su mundo
externo, habría cosas de cuya existencia no se percataría y, por otra parte, existirían ciertos hechos que se
tomarían como reales, pero que solamente suelen ser ilusiones, y que la realidad está basada más bien en
los significados que se da a esa apariencia (Moscovici, 1984).

María Auxiliadora Bachs (1984) sintetiza, de una manera más cercana a nuestro lenguaje, los conceptos
vertidos por Moscovici y Jodelet, quienes son los que más han abonado al campo teórico de las
representaciones sociales:

“Son la forma de conocimiento del sentido común propio a las sociedades modernas bombardeadas
constantemente de información a través de los medios de comunicación de masas. Como tal siguen una
lógica propia diferente, pero no inferior a la lógica científica y se expresan en el lenguaje cotidiano
específico de cada grupo social. En sus contenidos encontramos sin dificultad la expresión de valores,
actitudes, creencias y opiniones cuya sustancia es regulada por las normas sociales de cada colectividad. Al

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abordarlas tal cual ellas se manifiestan en el discurso espontáneo, nos resultan de gran utilidad para
comprender los significados, símbolos y formas de interpretación que los seres humanos utilizan en el
manejo de los objetos que pueblan su realidad inmediata. Deben ser estudiadas en sí mismas y no a través
de la conducta y, al hacerlo de esta manera, podemos prever los comportamientos de los grupos frente a
los objetos estudiados “ (1984:16).

Para Moscovici (1979) las representaciones sociales son “(….) una modalidad particular del conocimiento,
cuya función es la elaboración de los comportamientos y la comunicación entre los individuos…. La
representación es un corpus organizado de conocimientos y una de las actividades síquicas gracias a las
cuales los hombres hacen inteligible la realidad física y social, se integran en un grupo o en una relación
cotidiana de intercambios, liberan los poderes de su imaginación (Moscovici, 1979;17-18).

Jodelet (19840, sostiene que las representaciones sociales están ligadas al sentido común, cuyos
contenidos hacen manifiesta la operación de ciertos procesos funcionales de carácter social, haciendo
referencia a un pensamiento social. En palabras de Jodelet “las representaciones sociales son la manera en
que las personas, actuando como sujetos sociales, aprehendemos los acontecimientos de la vida cotidiana,
la característica de nuestro medio ambiente, las informaciones que en él circulan, a las personas de nuestro
entorno próximo o lejano. En pocas palabras el conocimiento “espontaneo”, ingenuo(…) que
habitualmente se denomina sentido común o bien pensamiento natural por oposición al pensamiento
científico”.

ORIGEN DE LAS REPRESENTACIONES SOCIALES.

Moscovici (1992,1994) ha sugerido la idea de que las Representaciones Sociales se forman a partir de las
concepciones de imágenes y de las categorías primitivas compartidas culturalmente, que se transmiten por
la memoria colectiva. Este concepto se define como la forma básica del pensamiento colectivo o social, en
los que el lenguaje tiene una gran importancia y que se transmiten dentro del pensamiento del sentido
común. Las Representaciones Sociales, como fenómeno cognitivo, suponen la implicación y la pertenencia
de los individuos con las implicaciones afectivas y normativas, la interiorización de experiencias, de
prácticas, de modelos de conducta y pensamiento, que se encuentran socialmente inculcadas o
transmitidas por la comunicación social.

Las sociedades modernas han incluido y aceptado las experiencias antagónicas como fundamento de la
formación de la llamada opinión pública, origen primero del discurso colectivo que crea, en este tipo de
sociedades, el llamado conocimiento ordinario, al cual René Descartes denominó sentido común. De
cualquier manera, el sentido común usualmente aparece como resultado de las necesidades practicas,
ligadas a las modificaciones de las condiciones de vida de una comunidad, que genera reelaboraciones y
modificaciones en costumbres, creencia y en general en los objetos sociales.” Un fenómeno desconocido
hasta el momento, y por lo tanto no familiar, si es suficientemente relevante inicia un proceso de
comunicación colectiva supuestamente para hacerlo inteligible y manejable. En muchos casos, por lo
menos al principio será un tema de conflicto entre uno o varios grupos sociales (Billing, 1987; Windish,
1990).

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Denise Jodelet (1989:25) sostiene, que existe siempre “la necesidad de saber a qué atenerse” ante el
mundo que nos rodea, puesto que es necesario adaptarse, actuar en él, controlarlo física e
intelectualmente y resolver los problemas que nos plantea; por tal motivo, se construyen representaciones
ya que ante este mundo de objetos, personas, sucesos e ideas, no se está equipado únicamente de
automatismos, ni se está aislado en un medio eminentemente social, sino que se comparte con otros, se
apoya en ellos para comprenderlo, afrontarlo y controlarlo. Agrega el mencionado autor: “Por eso decimos
que las representaciones son sociales y por eso son tan importantes en la vida cotidiana. Ellas nos orientan
en la manera de designar y definir conjuntamente los diferentes aspectos de nuestra realidad diaria, en la
manera de interpretarlos, influir sobre ellos y, en caso contrario, tomar una posición ante ellos y
defenderla” (ibid:25).

La introducción de nuevas prácticas produce cambios significativos en las representaciones sociales que
sectores de la sociedad habían mantenido por generaciones, tal como lo muestra Flament (1987) al
reseñar que la introducción de nuevos métodos de producción agrícola en una sociedad conducen a la
introducción de una nueva representación separada de la representación original que se había mantenido
por generaciones. Guimelli (1989), observó cómo se transformaba la representación de la caza y de la
naturaleza en dos generaciones de cazadores. Esta transformación se produce por la introducción de
nuevas prácticas que orientan la representación de la caza hacia planteamientos ecológicos y de
conservación de la naturaleza.

Todo lo anterior nos permite aseverar que los hechos sociales tienen identidad social en función de la
relevancia que los actores sociales les den. Dicho de otra manera, los objetos no son hechos sociales en
función de sus características o atributos inherentes a ellos, sino en función de la relación que la gente
mantiene con ese objeto. Así en una comunidad de pescadores marinos, el mar no es un hecho social en sí,
sino que de él se derivan eventos que teniendo relación con el mar tienen relevancia para las personas, tal
es el caso de la actividad de pesca, el turismo, o el transporte marítimo. La identidad social también
permite a las personas, dar forma y cuerpo a sus creencias haciéndolas verosímiles, cuando disponen de
alguna evidencia. Esto es así porque la evidencia viene a ser el consenso social, es decir las creencias que
son compartidas por la mayor parte de los miembros del grupo.

De este modo “las representaciones sociales tienen una verdad fiduciaria, que es despertada por la
confianza que depositamos en la información y los juicios cuando los compartimos con otras personas ”
(Moscovici, 1988, p 233). De manera que las representaciones sociales necesitan corresponderse con
alguna realidad externa en el sentido más estricto de entidad subjetiva. Su verdad y racionalidad resulta de
la relación entre el conocimiento y el mundo. Ahora bien, las sociedades pueden construir consensos
funcionales, no numéricos, necesarios para mantener el grupo en una dirección estandarizando la
identidad social y las interacciones de la mayoría de los miembros del grupo. Los consensos funcionales
están relacionados con contenidos manifiestos de conocimientos, o pude darse también que las sociedades
generen acuerdos sociales tácitos sobre sistemas admisibles para establecer algún tipo de evidencia,
normalmente fundados en creencias que de una u otra manera están ligadas a su propia cultura.

Según Moscovici (1979) para calificar de social a una representación es necesario poner el acento en la
función, más que en el agente que la produce. De esta manera, lo social de una representación proviene de
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su contribución al proceso de formación de las conductas y de orientaciones de las comunicaciones
sociales. Las representaciones son sociales en la medida en que facilitan, a su vez, la producción de ciertos
procesos claramente sociales.

ESTUDIO DE LAS REPRESENTACIONES SOCIALES.

El conocimiento de las representaciones sociales se ha estudiado tradicionalmente centrando el análisis en


el entendimiento de los modos de conocimiento y los procesos simbólicos en relación con la conducta
(Gilly, cfr. Banchs, 1994: 11) .

Muy propio del estudio de las representaciones sociales es la identificación del contexto en el que se
desenvuelven los individuos que elaboran las representaciones sociales. Ya que se trata de establecer el
pensamiento o ideología de las personas; sus normas, sus valores. De igual manera, se busca determinar la
estructura ideológica, de las instituciones así como de los grupos de pertenencia y de referencia.

Con el estudio de las representaciones sociales se busca establecer en qué medida sus contenidos reflejan
los elementos esenciales de la cultura de una sociedad, o de un momento histórico, o de una posición
dentro de una estructura social (Banchs, 1994).

Se dice en la literatura científica que las comunicaciones sociales, por ejemplo, serian prácticamente
imposibles si no se dieran en el contexto de una serie amplia de representaciones compartidas. En la
medida en que crean una visión compartida de la realidad y un marco referencial común, las
representaciones sociales permiten como proceso social, el proceso de las conversaciones cotidianas.
Constituyéndose las conversaciones cotidianas en el lugar donde las personas interpretan, construyen y
negocian el sentido de la interacción.