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Autora: Patricia Elizabeth Tacuri Rimacuna

Parálisis Cerebral

Historia
En 1843 William Little, un ortopedista inglés, fue el primer médico en tratar de

agrupar las alteraciones esqueléticas que se asociaban a padecimientos cerebrales.

Observó que existía una relación entre una hemiplejía y alteraciones esqueléticas que se

repetían como un patrón y que generalmente se presentaba en niños con antecedentes de

prematurez o asfixia perinatal. Compiló sus investigaciones y logró publicar un tratado

conocido como «Deformities of the human frame», el cual tuvo rápidamente gran

aceptación a nivel mundial, por lo que a partir de ese momento se le conoció a la

parálisis cerebral infantil como la enfermedad de Little. Para el año de 1900 y tras lo

publicado por Little, Phelps incursionó en un tratamiento moderno para estos niños, el

cual abarcaba un programa de terapia física, uso de órtesis y bloqueo de nervios.

Describió cuatro objetivos principales a tratar: 1. Locomoción, 2. Independencia en las

actividades de la vida diaria, 3. Lenguaje y 4. Apariencia general. En 1957, el club de

Little, formado por expertos en la materia, publicó otra definición de la parálisis

cerebral denotándola como un desorden permanente pero cambiante del movimiento y

postura que aparece en los primeros años de la vida, debido a un desorden no progresivo

del cerebro que resulta en la interferencia durante su desarrollo. Presentaron así mismo

una nueva clasificación que la agrupa en distintas categorías: espástica, distónica,

coreoatetósica, mixta, atáxica y atónica. Hacia finales de los años 80 y principios de los

90 y tras múltiples reuniones de expertos en América y Europa, se realizó una nueva

revisión con un interés profundo en subrayar la heterogeneidad de esta condición,

acuñándose el término de «paraguas»; el cual cubre a un grupo de síndromes de

dificultad motora no progresivos, pero constantemente cambiantes, secundarios a


lesiones o anormalidades del cerebro, que aparecen en las primeras etapas del

desarrollo. Finalmente para el año 2004 en Bethesda, Estados Unidos, un grupo de

expertos a nivel mundial, reunidos en el «Taller Internacional para la Definición y

Clasificación de la Parálisis Cerebral» introdujo al acervo médico que la parálisis

cerebral no es una enfermedad específica.

Concepto

Según Vidal (2014) es un grupo de desórdenes permanentes del desarrollo del

movimiento y postura, que causan una limitación; y se atribuyen a alteraciones no

progresivas que ocurren en el desarrollo del cerebro fetal o infantil. Los desórdenes

motores de la PC frecuentemente se acompañan de alteraciones en la sensación,

percepción, cognición, comunicación, conducta y por problemas musculoesqueléticos

(p. 7). Por lo tanto se considera que afecta al sistema nervioso y es por ello que va a

crear daños a nivel físico, psicológico y emocional de las personas que lo padecen así

mismo limitan para realizar las actividades básicas de la vida diaria.

(Hercberg, 2014) La Parálisis Cerebral es un trastorno global de la persona consistente

en un desorden permanente (irreversible y persistente a lo largo de toda la vida) y no

inmutable (no quiere decir que las consecuencias no cambien involutiva o

evolutivamente) del tono, la postura y el movimiento (trastorno neuromotor), debido a

una lesión no progresiva (no aumenta ni disminuye, es decir, no es un trastorno

degenerativo) en el cerebro antes de que su desarrollo y crecimiento sean completos (se

produce en un período de tiempo en el cual el sistema nervioso central está en plena

maduración). Esta lesión puede suceder durante la gestación, el parto o durante los

primeros años de vida, y puede deberse a diferentes causas, como una infección

intrauterina, malformaciones cerebrales, nacimiento prematuro, asistencia incorrecta en


el parto. Puede generar la alteración de otras funciones superiores (atención,

percepción, memoria, lenguaje y razonamiento) en función del tipo, localización,

amplitud y disfunción de la lesión neurológica y el nivel de maduración anatómico en

que se encuentra el encéfalo cuando esta lesión se produce, e interferir en el desarrollo

del Sistema Nervioso Central. (p. 7)

Características

(Varela, 2014) La PC es un grupo de trastornos neuromotores que presentan

características como:

1. Es un trastorno de predominio motor (si bien puede acompañarse de otros

déficits o anormalidades)

2. La lesión no es progresiva (pero sus manifestaciones pueden experimentar

cambios con relación al crecimiento y desarrollo del niño; y sin intervenciones

apropiadas de neurorrehabilitación puede producirse deterioro músculo

esquelético y/o funcional a mediano o largo plazo).

3. La localización de la alteración es cerebral, sobre el foramen magno.

4. Ocurre en etapas de crecimiento acelerado del cerebro, periodo que para

algunos concluye a los 3 y otros a los 5 años en que se estima completado un

95% del cerebro.

5. Debe excluirse una enfermedad progresiva del sistema nervioso central.

Clasificación de las PC según síntomas y signos predominantes y topografía Los

tipos de PC se diferencian según el segmento corporal comprometido y los

síntomas y signos motores predominantes:

1. Parálisis cerebral espástica: predominan los signos piramidales y según su

distribución topográfica se clasifica en:


A. Hemipléjica: Se considera la forma más frecuente de PC espástica, (20 a 40 % de las

PC). Se caracteriza por compromiso piramidal de un hemicuerpo, generalmente con

mayor compromiso de la extremidad superior Es frecuente la hipotrofia de las

extremidades paréticas, desarrollo cognitivo normal o cercano a lo normal y riesgo de

epilepsia que alcanza al 50% en algunas series publicadas.

B. Diplejia espástica: Constituye aproximadamente el 20%, (10 a 33%) de las PC:

Existe compromiso piramidal de las 4 extremidades, en mayor grado de las inferiores y

se relaciona con antecedente de prematuridad.

C. Cuadriplejia o tetraparesia: Caracterizada por compromiso armónico de las 4

extremidades, constituye cerca del 27%, de las PC. Se asocia frecuentemente a

compromiso cognitivo, déficit sensoriales, epilepsia y sindrome pseudobulbar.

D. Hemiplejia doble espástica: concepto en desuso, se refiere a compromiso motor de

las 4 extremidades, sin embargo para algunos el concepto implica compromiso mayor

extremidades superiores, y para otros mayor de un hemicuerpo. Constituye una forma

más grave, habitualmente asociada a compromiso cognitivo severo.

2. Parálisis cerebral extrapiramidal o diskinética: predominan los movimientos

anormales (corea /atetosis o distonía) con alteración del tono y la postura.

3. Parálisis cerebral mixta: asocia síntomas piramidales con extrapiramidales

4. Parálisis cerebral atáxica: predomina la ataxia e hipotonía que se mantiene en el

tiempo. Puede observarse en niños que sufren injuria predominantemente a nivel

cerebeloso. Requiere un exhaustivo estudio de diagnóstico diferencial tendiente a

descartar enfermedades progresivas.


Tratamiento

Los niños y adultos con parálisis cerebral requieren cuidados a largo plazo con

un equipo médico. Además de un pediatra o fisiatra y posiblemente un neurólogo

pediátrico para supervisar la atención médica de tu hijo, el equipo podría incluir una

variedad de terapeutas y especialistas en salud mental.

Medicamentos

Los medicamentos que pueden disminuir la tensión muscular pueden usarse para

mejorar las capacidades funcionales, tratar el dolor y controlar las complicaciones

relacionadas con la espasticidad u otros síntomas de parálisis cerebral.

Inyecciones musculares o nerviosas

Para tratar la tensión de un músculo específico, tu médico podría recomendar

inyecciones de toxina botulinum tipo A (Botox, Dysport) u otro agente. Tu hijo

necesitará inyecciones aproximadamente cada tres meses.

Los efectos secundarios pueden incluir dolor en el lugar de la inyección y

síntomas leves similares a los de la gripe. Otros efectos secundarios más graves

incluyen dificultad para respirar y tragar.

Relajantes musculares orales

Los medicamentos como diazepam (Valium), dantroleno (Dantrium), baclofeno

(Gablofen, Lioresal) y tizanidina (Zanaflex) se utilizan a menudo para relajar los

músculos.
El diazepam conlleva cierto riesgo de dependencia, por lo que no se recomienda

su uso a largo plazo. Los efectos secundarios de estos medicamentos incluyen

somnolencia, cambios en la presión arterial y riesgo de daño hepático que requiere

monitoreo.

En algunos casos, el baclofeno se bombea en la médula espinal con un tubo. La

bomba se coloca quirúrgicamente debajo de la piel del abdomen.

Terapias

Una variedad de terapias juegan un papel importante en el tratamiento de la parálisis

cerebral:

 Fisioterapia. El entrenamiento muscular y los ejercicios pueden ayudar a la

fuerza, la flexibilidad, el equilibrio, el desarrollo motor y la movilidad de tu hijo.

También aprenderás a cuidar con seguridad de las necesidades diarias de tu hijo en

casa, como bañarlo y alimentarlo.

Durante los primeros uno o dos años después del nacimiento, tanto los

fisioterapeutas como los terapeutas ocupacionales brindan apoyo en temas como el

control de la cabeza y el tronco, el balanceo y el agarre. Más tarde, ambos tipos de

terapeutas participan en las evaluaciones de sillas de ruedas.

Se pueden recomendar aparatos ortopédicos o férulas para que tu hijo ayude con la

función, como caminar mejor y estirar los músculos rígidos.

 Terapia ocupacional. Los terapeutas ocupacionales trabajan para ayudar a tu hijo

a obtener independencia en las actividades y rutinas diarias en el hogar, la escuela


y la comunidad. El equipo de adaptación recomendado para tu hijo puede incluir

andadores, bastones cuádruples, sistemas de asiento o sillas de ruedas eléctricas.

 Terapia del habla y del lenguaje. Los patólogos del habla y el lenguaje pueden

ayudar a mejorar la capacidad de tu hijo para hablar con claridad o para

comunicarse usando el lenguaje de señas. También pueden enseñar el uso de

dispositivos de comunicación, como una computadora y un sintetizador de voz, si

la comunicación es difícil.

Los terapeutas del habla también pueden tratar las dificultades para comer y

tragar.

 Terapia recreativa. Algunos niños se benefician de actividades deportivas

recreativas o competitivas regulares o de adaptación, como la equitación

terapéutica o el esquí. Este tipo de terapia puede ayudar a mejorar las habilidades

motoras, el habla y el bienestar emocional de tu hijo.


Bibliografía:

Hercberg, P. (2014). Descubriendo la paralisis cerebral. Madrid: Impreso en España .

Varela, X. (2014). Paralisis Cerebral . Revista Electronica Pediatrica , 54-70.

Vidal. C. (2014). Parálisis Cerebral Infantil. Ortopedia Pediátrica, 50-68