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Técnicas de Movilización y

Transferencias de Pacientes

Este artículo ha participado en la 6ª edición del certamen internacional de artículos de


fisioterapia en internet

Publicado el 08/11/2012 por efisioterapia.

Autor:

Éricka Judith Ordón Chitay


Diplomada en la Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia, Universidad de
Salamanca.

Introducción:

Actualmente en nuestra sociedad las formaciones académicas relacionadas con el


cuidado y manejo de personas enfermas centran más la preparación de los futuros
profesionales en aspectos técnicos del tratamiento de los pacientes, dejando de lado
materias básicas esenciales a las que debería darse una mayor importancia como, por
ejemplo, las técnicas de movilización y transferencia.

En el caso de profesionales que no están lo suficientemente preparados y cuyo entorno


de trabajo está mal adaptado a la fisiología humana, estas técnicas de movilización y
transferencia van a suponer un riesgo muy importante de accidentes, destacando los
trastornos musculo-esqueléticos de origen laboral que con el paso del tiempo pueden
conducir a una patología invalidante con la consiguiente disminución del potencial físico
del profesional.

Por tanto, en el caso de los/as fisioterapeutas, profesionales sanitarios  que por su


formación y conocimientos intervienen ofreciendo soluciones biomecánicas y
ergonómicas para prevenir o controlar lesiones del sistema musculo-esquelético, resulta
contradictorio saber que  también  son susceptibles a sufrir este tipo de lesiones
derivadas de su ocupación, debido a  una inadecuada higiene postural o por factores de
riesgo ergonómicos que provienen  del trabajo repetitivo y la labor física intensa.

Por ello, resulta imprescindible recomendar medidas preventivas a lo largo de los años
de formación de los/as Fisioterapeutas, a fin de que los futuros profesionales puedan
ejecutar las competencias propias del ejercicio con eficiencia-eficacia,  efectividad y sin
discapacidad.

Diferencia entre movilización y transferencia


Es importante que el fisioterapeuta recuerde  la diferencia entre una movilización y  una
transferencia, así como el riesgo o esfuerzo que supone cada una de estas actividades
al llevarlas a cabo.

Movilización: movimiento que se realiza sobre una misma superficie implicando cambios
de posición o de situación, por ejemplo: girarse en la cama.

Pueden ser de dos tipos:

1 Activas: son aquellas que puede realizar el paciente por sí mismo, bajo la supervisión
de un profesional sanitario. En ella se mueven tanto articulaciones como grupos
musculares o zonas corporales. Para su realización pueden emplearse distintos
dispositivos, tales como pesas, poleas, etc.

2 Pasivas: en este caso las movilizaciones son realizadas por el profesional en los
distintos segmentos corporales. Se aplican en pacientes que no pueden realizar
esfuerzo.

Transferencia: movimiento que se realizan de una superficie a otra. Se considera que


conlleva más riesgo en su ejecución ya que implica un cambio de plano y de superficie
de apoyo y porque existe un momento en el que paciente y profesional se encuentran
sin apoyo lo que puede dar lugar a  una lesión más grave como es la caída accidental
del paciente al suelo; de ahí la importancia de una adecuada adaptación del medio en
que éstas tienen lugar.
Lesiones musculo-esqueléticas:

La movilización y transferencia de personas con movilidad reducida o con cualquier otro


trastorno del movimiento, son actividades que están muy presentes en el sector
hospitalario, geriátrico, centros de día… y que suponen una carga física considerable
para el fisioterapeuta que en el caso de no estar entrenado para ello pueden provocarle
importantes lesiones musculo-esqueléticas.

Éstas son un conjunto de lesiones inflamatorias o degenerativas de músculos, tendones,


ligamentos, nervios y articulaciones que se localizan principalmente en cuello, hombros,
codos, muñecas, manos y columna  vertebral siendo los diagnósticos más comunes las
tendinitis, tenosinovitis, síndrome del túnel carpiano, mialgias, contracturas, artrosis  y,
sobre todo, las raquialgias.

Es el dolor de espalda por consiguiente, el principal trastorno por el que se ve afectado 


el personal sanitario; a menudo  tiene su origen en la realización de levantamientos
incorrectos, cargas excesivas, adopción de posturas inadecuadas tanto al realizar las
movilizaciones como al desempeñar tareas estáticas,  tratándose, por tanto, de una
acumulación de micro-traumatismos que han pasado desapercibidos y a los que
conviene darles toda la importancia que merece  por sus implicaciones en la salud del
profesional.

Principios básicos para la movilización y transferencia de pacientes.


La movilización y transferencia no deberían ser una actividad agotadora, ni una fuente
de riesgos y lesiones para el fisioterapeuta ni el paciente.
Para conseguir estos objetivos es necesario tener en consideración una serie de
principios básicos:

1 Adaptar el medio.

Si en el entorno de trabajo se realizan los cambios necesarios que hagan posible


determinados desplazamientos, transferencias y movilizaciones se estará mejorando la
situación global del paciente, ya que podrá desplazarse y desenvolverse con autonomía.
Del mismo modo, se mejora la situación del fisioterapeuta  que  podrá manejar al
paciente y realizar los distintos cuidados y movilizaciones empleando el mínimo
esfuerzo posible, reduciendo así la  probabilidad de lesionarse o dañar al paciente.

2 Colaboración del paciente.

Si el grado de dependencia o patología lo permite hay que hacer que el paciente


participe activamente, permitiéndole explotar las capacidades de movimiento que aún
posea.

3 Orientar al paciente.

Una de las complicaciones asociadas a la inmovilidad es la desorientación, los motivos


son muy variados y una parte de ellos podemos evitarlos mediante tres medidas:

 Comenzar cualquier manejo del paciente pidiéndole que mire o girándole la


cabeza, en la dirección en la que se le va girar o desplazar. El motivo es muy sencillo,
siempre que nos movemos la cabeza nos indica la dirección en la que lo hacemos,
acompañando al resto del cuerpo y guiándole cuando se cambia el sentido, la dirección, o
el plano en el que tiene lugar el movimiento.
 Emplear términos concretos y comunes a ambas personas, y no usar palabras
que pueden resultar abstractas como derecha, izquierda si la lateralidad no está bien
definida…que pueden resultar más difíciles de entender. Las referencias concretas más
adecuadas son aquellas que se encuentran en la habitación, por ejemplo: gire hacia la
puerta, mire a la ventana, etc.
 Movilizar al paciente de forma que se desplace sobre una superficie de apoyo, ya
que estos movimientos aportarán al paciente información sensorial y por tanto le ayudarán
en la orientación espacial.

4.   Emplear un único fisioterapeuta


-Hará posible realizar el trabajo cuando no hay más que una persona disponible, ya que
no siempre se cuenta con dos o más profesionales.

- La información mediada será más clara para el paciente cuando proviene de una sola
persona.
-Cuando hay dos o más fisioterapeutas existe una  mayor dificultad para concentrase
sólo en el paciente, ya que en muchas ocasiones y de forma inconsciente las
conversaciones se desvían de la actividad que se está realizando.

5.    Basar la movilización en el contacto.

Las manos del fisioterapeuta contactan con el cuerpo del paciente, indicándole en cada
momento qué debe hacer. Cuanto mayor sea la superficie de la mano que contacta con
el cuerpo del paciente más clara será la información y menos dolorosa.

6.   Hablar poco.
La información principal debe ser táctil. La información hablada que se le dé al paciente
tiene que ser escueta, breve, y sobre todo, paralela y simultánea a la ejecución del
movimiento.

7.  Moverse simultáneamente y en dirección al desplazamiento.


El fisioterapeuta tiene que moverse armónicamente junto al paciente, de esta manera se
transmitirán la información y sensación de movimiento mutuamente y por otra parte
aprovechará la energía cinética y así aplicará menos fuerza.

8.  Postura del fisioterapeuta.


-Mantener la espalda recta para que las cargas que actúan sobre ella lo hagan de
manera vertical y así evitar contracturas musculares o cualquier otro trastorno de la
columna vertebral.

- Situarse en el lado hacia donde se va a mover al paciente.

-Los pies deben estar separados y uno ligeramente más adelantado para proporcionar
una buena base de apoyo que aumente la estabilidad.

- Las rodillas ligeramente flexionadas, y se aumentará la flexión o extensión según se


necesite ganar o perder altura.

-  El profesional debe trabajar a una altura aproximada a la altura del paciente.


9.   Movilizar imitando el movimiento del cuerpo humano.
Primero observar cómo se mueve nuestro cuerpo y después intentar imitar esos
movimientos con el paciente, siguiendo los principios básicos expuestos anteriormente.

10.  No mover todo el cuerpo a la vez.


En ningún caso hay que desplazar todo el cuerpo del paciente, sino que debe hacerse
por partes, moviendo las distintas regiones corporales más pesadas de una en una y
poniéndolas en dirección al movimiento, del mismo modo no debemos desplazar toda la
distancia en un único movimiento, sino avanzar poco a poco, en pequeños pasos en la
dirección adecuada, de esta forma se moviliza empleando el mínimo esfuerzo posible.

11.  No levantar pesos.


Levantar es el método que más esfuerzo requiere y el que mayor riesgo de lesión
supone tanto para el fisioterapeuta como para el paciente, debido a esto hay que evitar
cargar con pesos levantando el cuerpo del paciente.

12.  No hacer daño al paciente.


La movilización y transferencia no deben ser bajo ningún concepto un proceso
traumático o doloroso para el paciente.

Existen determinadas zonas del cuerpo que son especialmente sensibles al dolor y que,
por tanto, hay que evitar movilizar desde ellas en ningún caso, como por ejemplo: el
cuello, cintura, caderas y hombros, ya que estas zonas son las que permiten la
movilidad corporal. Es recomendable movilizar desde cabeza, tronco, brazos, piernas y
pelvis, ya que son zonas más resistentes y menos sensibles al dolor.

13.  Mantener el cuerpo del paciente bien alineado.


Si el cuerpo del paciente está bien organizado se desplazará vertical hacia la superficie
de apoyo, siendo el esqueleto el que soporte el peso, y como los huesos están
preparados para esta función el resto del organismo no tendrá  que someterse a ningún 
sobresfuerzo.

Técnicas de movilización de pacientes.


Las principales movilizaciones en el sitio que a continuación se nombran tienen lugar en
la cama o camilla. La más importante es el giro del paciente, ya que es la base de los
cambios posturales y el punto de partida para sentar al paciente al borde de la cama.

Siempre que sea posible hay que empezar con movilizaciones pasivas de las diferentes
articulaciones como: hombros, codos, muñecas, rodillas, tobillos… lo que nos ayudará a
mejorar o mantener las capacidades funcionales del paciente y al mismo tiempo servirá
de calentamiento para las posteriores movilizaciones que vayamos a realizar.

a) Paso de decúbito supino a decúbito lateral


El fisioterapeuta se coloca en el lado de la cama, hacia el que va a girar al paciente y le
gira la cabeza hacia ese mismo lado para orientarle. Después sitúa las diferentes partes
del cuerpo en dirección al movimiento (Imagen 1):

 El brazo más próximo lo separa del cuerpo.


 El brazo mas alejado lo aproxima y lo deja colocado sobre el cuerpo del
paciente.
 Flexiona la rodilla del miembro inferior más alejado, dejándola un poco inclinada
hacia el otro miembro inferior que permanece completamente extendido.

Imagen 1

Imagen 2. Si no se puede flexionar la rodilla, la extremidad se cruza sobre la otra.

Finalmente el fisioterapeuta sujeta con una mano el brazo más alejado del paciente y la
otra mano la sitúa en el glúteo de ese mismo lado y a continuación tira del paciente
hacia sí mismo, dejándolo colocado en decúbito lateral (Imagen 3).

      

      Imagen 3

b) Movilización hacia un lateral de la cama.


Se procede a dividir el cuerpo del paciente en tres segmentos: tronco, pelvis y miembros
inferiores y se van a movilizar cada uno por separado.

El fisioterapeuta se coloca del lado de la cama hacia el cual va a trasladar al paciente, a


la altura del segmento que va a mover en ese momento y manteniendo siempre una
postura dinámica.

Para movilizar el tronco el fisioterapeuta pasa sus brazos por debajo de las axilas del
paciente para sujetarle por la espalda (Imagen 4).

 
Imagen 4
A continuación el fisioterapeuta desliza el tronco del paciente hacia si mismo, hasta
desplazarle la distancia deseada (Imagen 5).

     
Imagen 5
Para movilizar los otros segmentos se seguirán los mismos pasos; en el caso de la
pelvis las presas irán debajo de los glúteos (Imagen 6) y en el caso de los miembros
inferiores las presas serán con un brazo debajo de las rodillas y el otro a nivel de los
gemelos (Imagen 7).

Imagen 6. Movilización pelvis.


  
Imagen 7. Movilización MMII.

c) Sentar al paciente en el borde de la cama.

Esta movilización se puede realizar con el paciente en decúbito supino, aunque lo ideal
es hacerlo en decúbito lateral, ya que la técnica es más sencilla y supone menos
esfuerzo par el fisioterapeuta.

El fisioterapeuta se coloca en el lateral hacia el que se va sentar al paciente


manteniendo una postura dinámica y coloca al paciente en decúbito lateral (Imagen 8).

Imagen 8
Después pasa uno de sus brazos por debajo de la nuca del paciente para sujetarle a la
altura de la escápula y con el otro brazo le sujeta los miembros inferiores a la altura de
las rodillas mientras el paciente coloca el brazo libre sobre el hombro del fisioterapeuta.
(Imagen 9).
Imagen 9
Finalmente eleva y rota el cuerpo del paciente en un sólo moviemiento hasta que quede
sentado al borde de la cama (Imagen 10).

 
Imagen 10

d) Sentar correctamente al paciente en la silla.

Es una movilización habitual, ya que los pacientes sentados tienden a deslizarse sobre
la silla quedando en una postura inadecuada (Imagen 11).

Imagen 11
El fisioterapeuta primero flexiona las rodillas del paciente y le deja los pies a la misma
altura (pies paralelos). (Imagen 12)
Imagen 12

Después se coloca por detrás del paciente (en posición de dar un paso) y le  cruza los
brazos e introduce sus brazos por debajo de las axilas del paciente hasta sujetarle con
las manos a la altura de los codos (Imagen 13).

.    
Imagen 13. Posición desde el lateral y vista de frente
Finalmente inclina al paciente hacia delante y después tira de él hacia atrás, hasta
dejarle en la posición adecuada (Imagen 14).

   
Imagen 14

e) Colocar al paciente en el borde de la silla


Movilización imprescindible para realizar una transferencia, por ejemplo: de sedestación
a bipedestación, de la silla a la cama, etc.

El fisioterapeuta primero debe alinear correctamente el cuerpo del paciente (Imagen 15).

Imagen 15
Después se coloca por delante y sujetándole con un brazo por la espalda y con el otro
por debajo de la rodilla del lado contrario, inclina al paciente hacia un lado y mueve
hacia adelante la pierna contralateral (Imagen 16).

Imagen 16
Posteriormente le inclina hacia el otro lado y repite lo mismo alternativamente hasta que
el paciente quede al borde de la silla (Imagen 17).
Imagen 17

 Es importante recordar que después de cada una de estas movilizaciones y una


vez colocado el paciente, es preciso tomar las precauciones necesarias; como realizar
cambios posturales cada cierta frecuencia, colocar almohadas o hacer cualquier otra
modificación para prevenir complicaciones como las úlceras por presión.

Técnicas de transferencia de pacientes.

No es necesario explicar todas y cada una de las transferencias, ya que en definitiva


todas ellas son variaciones de tres movimientos básicos que son los que se precisa
comprender, para adaptarlos a la situación concreta que se tenga que resolver en cada
momento. A continuación se explican estos tres movimientos básicos.

a) Pasar de la posición de sentado a la bipedestación.

El paciente debe estar sentado lo más cerca del borde, siempre que sea posible, con los
pies bien apoyados en el suelo y sobre un asiento duro y lo suficientemente alto.

El fisioterapeuta se coloca por delante del paciente, con la espalda recta y piernas en
posición de dar un paso (con una pierna suya entre las piernas del paciente y la otra
hacia atrás flexionando las rodillas), después rodea la espalda del paciente con sus
brazos a la altura de la cintura y al mismo tiempo el paciente apoya sus brazos sobre los
hombros del fisioterapeuta.  Finalmente y  manteniendo la postura, inclina el tronco del
paciente hacia delante y después lo levanta hacia arriba hasta dejarlo colocado en
bipedestación (Imagen 18).
                                           
Imagen 18. Secuencia de movimientos
*Para esta misma transferencia, en el caso de los  pacientes que pueden mantener por
si mismos la posición erguida, las presas se pueden cambiar como se observa en la
Imagen 19.

 
Imagen 19

b) Pasar de la bipedestación a la posición de sentado.

Esta técnica se realiza igual que la anterior pero en sentido contrario.

Tanto la posición del paciente, como la del fisioterapeuta, como las presas, son las
mismas; lo que cambia es la dirección del movimiento, es decir, partiendo de la
bipedestación el fisioterapeuta inclina el tronco del paciente hacia delante y después lo
desplaza hacia atrás hasta dejarlo sentado en el asiento.

Hay que tener en cuenta que en este caso el paciente se encuentra de espaldas al
asiento lo que le puede provocar inseguridad, por este motivo se debe caminar hacia
atrás con él hasta que la parte trasera de sus piernas contacten con el borde del
asiento. Es entonces cuando el paciente empezará a sentarse sin miedo.

c) Pasar de una superficie a otra desde la posición de sentado.


El paciente se encuentra sentado cerca del borde del asiento (siempre que sea posible),
con pies apoyados en el suelo y en una posición estable.

El fisioterapeuta se coloca por delante del paciente en posición de dar un paso con una
de sus piernas entre las del paciente y la otra hacia atrás.

A continuación rodea con sus brazos la espalda del paciente (el paciente también se
agarra al profesional) y comienza el movimiento despegándolo del asiento y
levantándolo hacia arriba mientras gira con los pies en dirección al  asiento donde se le
quiere trasladar. *(El giro puede hacerse en bloque o mediante pequeños avances).

Y una vez situado enfrente del otro asiento, inclina el tronco del paciente hacia adelante
y después hacia atrás hasta dejarlo sentado (Imagen 20).

Imagen 20. Secuencia de movimientos

Consideraciones:

-Este método se puede aplicar para pasar de una superficie a otra como: de cama a
silla, de silla a otra silla, de silla de ruedas a silla, etc.

-En el caso de pasar de una silla de ruedas a otro asiento, hay que retirar el reposapiés
y reposabrazos del lado hacia el que se va a girar al paciente.

-El asiento de destino debe estar colocado cerca del asiento sobre el que está sentado
el paciente.

Conclusión.

No cabe duda que los fisioterapeutas son profesionales que están sometidos a una serie
de riesgos ergonómicos derivados de su actividad laboral, problema que no sólo les
afecta individualmente en el desempeño de sus tareas, sino que tiene una incidencia
social notable, ya que su trabajo de asistencia sanitaria repercute directamente en los
ciudadanos. En este sentido, merece la pena destacar el ritmo de vida de la sociedad
actual en la que el saber intelectual y las nuevas tecnologías están dejando en un
segundo plano todo lo relacionado con lo corporal. Olvidando, así, la importancia que
tiene un adecuado cuidado del cuerpo en general y una adecuada higiene postural en
particular, resultando significativa en los pacientes y preocupante en los profesionales
del ámbito de la Fisioterapia.

Por este motivo es imprescindible establecer pautas que repercutan en los años de
formación del fisioterapeuta, como llevar a cabo programas formativos que incluyan las
técnicas biomecánicas, el entrenamiento de manipulación de pacientes, el uso de los
medios mecánicos para realizar los traslados…dirigidos no sólo a estos profesionales,
sino al resto de profesionales sanitarios con el objetivo de prevenir riesgos laborales y
promocionar la salud laboral del profesional, mejorando por lo tanto su calidad de
vida.    

Bibliografía.

 Mencía Seco, Victor Ramón. (2003): Trastorno de movilidad y movilización


de pacientes. Jaén: editorial Formación Alcalá.
 Dotte, Paul. (1992): Métodos de movilización de enfermos e incapacitados.
Barcelona: editorial Doyma.
 Dotte, Paul. (1999): Método de manutención manual de los enfermos.
Ergomotricidad en el ámbito sanitario, generalidades y educación general
específica (Tomo I. 5ª edición). Barcelona:editorial Springer-Verlag Ibérica, D.L.
 Dotte, Paul. (1999): Método de manutención manual de los enfermos.
Ergomotricidad en el ámbito sanitario. Aplicaciones clínicas (Tomo II. 2ª
edición). Barcelona:editorial Springer-Verlag Ibérica, D.L.
 Movilización de enfermos. Teoría (Formación Sanitaria). Madrid: editorial CEP
Oposiciones, S. L. 2006.
 Colección Nursing photobook.  (1988): Movilización, traslado y deambulación del
paciente en enfermería. Barcelona: editorial Doyma.

Mecánica corporal
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Este aviso fue puesto el 4 de mayo de 2013.

La mecánica corporal estudia al cuerpo humano para equilibrar sus movimientos y acciones

La mecánica automotriz corporal se encarga de estudiar el equilibrio y movimiento de los cuerpos


aplicado a los seres humanos y se conceptualiza como la disciplina que trata del funcionamiento
correcto y armónico del aparato musculo-esquelético en coordinación con el sistema nervioso.
El personal de enfermería aplicará la mecánica corporal en todas las acciones que realice consigo
misma y con el paciente, esto reducirá los riesgos de lesión y evitará fatigas innecesarias.
Cabe mencionar que la realización de la mecánica corporal comprende normas fundamentales que
deben respetarse al realizar movilización o transporte de un individuo por parte del profesional.
La finalidad de la mecánica corporal es aumentar o restablecer la capacidad corporal de un
individuo o de cualquier parte de su cuerpo para realizar actividades funcionales, mejorar su
aspecto físico, evitar o disminuir desequilibrios fisiopsicosociales y favorecer su independencia
hasta donde sea posible, precisa de un trabajo en equipo para coordinar y dirigir no sólo la
alineación corporal, sino también para lograr una estimulación neuromusculoesquelética mediante
masaje; ejercicios con fines deportivos, de diagnóstico o terapéuticos; movilización para lograr
descanso y efectos biológicos o psicológicos progresivos; transferencia o desplazamiento de un
lugar a otro; y uso de elementos o dispositivos de apoyo y seguridad. La aplicación de la mecánica
corporal al efectuar alineación del cuerpo, masaje, movilización y transferencia de pacientes,
requiere de algunas normas las cuales pueden consultarse en el Manual de Procedimientos
Generales de Enfermería.

Índice

 1Objetivos
 2Normas Relativas a la Mecánica Corporal
 3Alineación Corporal
 4Mecánica Corporal Intrahospitalaria
 5Referencias
 6Enlaces externos

Objetivos[editar]
Algunos de sus objetivos pueden ser:

 Disminuir el gasto de energía muscular.


 Mantener una actitud funcional y nerviosa.
 Prevenir complicaciones musculoesqueléticas.
Estos objetivos se basan en los efectos que la mecánica corporal tienen en:

 La piel (liberación de desechos, secreción sebácea y sudorípara, excitación nerviosa,


estimulación del mecanismo vasomotriz cutáneo).
 Aparato respiratorio (intercambio gaseoso, ventilación y rendimiento pulmonar)
 Circulación sanguínea (transporte de oxígeno y bióxido de
carbono, hormonas, enzimas, vitaminas y productos de desecho).
 Generación de calor y nutrición celular, sistema musculoesquelético (crecimiento, volumen,
fuerza muscular y ósea, recuperación de elasticidad y contractibilidad, evitar la formación de
adherencias y falsos tejidos en caso de lesiones o fracturas).
 Tejido Nervioso (efectos vigorizante y sedante) y tejido adiposo (reeabsorción de grasas).
 Aumentar o restablecer la capacidad corporal de un individuo o de cualquier parte de su
cuerpo para realizar actividades funcionales, mejorar su aspecto físico, evitar o disminuir
desequilibrios fisiopsiccosociales y favorecer su independencia hasta donde sea posible,
precisa de un trabajo en equipo para coordinar y dirigir no solo la alineación corporal, sino
también para lograr una estimulación neuromusculoesquelética mediante masaje.
 Ejercicios con fines deportivos, de diagnóstico o terapéuticos.
 Movilización para lograr descanso y efectos biológicos o psicológicos progresivos.
 Transferencia o desplazamiento de un lugar a otro.
 Uso de elementos o dispositivos de apoyo y seguridad.

Normas Relativas a la Mecánica Corporal[editar]


Norma 1: Tener conocimiento sobre el aparato musculo esquelético.
Fundamentación:

 La mecánica corporal trata del funcionamiento correcto y armónico del aparato músculo
esquelético en coordinación con el sistema nervioso.
 El esqueleto tiene la capacidad de crecimiento, remodelación y reparación mediante
osteoblastos responsables de la síntesis de la matriz ósea; de los osteocitos que se incorporan
al hueso durante la formación de matriz ósea y de los osteoblastos.
 Los huesos se clasifican en tubulares, cuboides, planos e irregulares; tienen un sistema
vascular aferente, eferente e intermedio (arteria nutricia central, vasos del periostio y vasos de
la región metafisiaria).
 Las articulaciones se clasifican en inmóviles o sinartrosis, semimoviles o anfiartrosis y
móviles o diartrosis.
 De acuerdo con sus funciones, los músculos esqueléticos son de flexión, extensión, rotación
externa, interna, aducción y abducción.
 El sistema nervioso coopera con los líquidos del organismo para coordinar las actividades
del cuerpo humano. Está formado por tejido nervioso, el cual tiene propiedades de irritabilidad
(capacidad para recibir estímulos) y conductividad (poder de trasmitir estímulos o impulsos
nerviosos a otras células). sus órganos terminales son sensitivos y motores.
Norma 2: Conocer posiciones del personal y movimientos coordinados.
Fundamentación:

 Una posición correcta permite la realización óptima de la exploración física y la aplicación de


tratamientos.
 Los siguientes son principios básicos de funcionamiento de la mecánica corporal _
conservar bajo el centro de gravedad, apoya el cuerpo sobre una base de sustentación y
alinear las reacciones corporales.
 El centro de gravedad de un cuerpo es el punto en el que está centrada la masa corporal.
 La base de sustentación, centro y línea de gravedad, son elementos que intervienen en la
estabilidad del cuerpo.
 La comprensión de objetivos relativos a la movilización y traslado, evitan y disminuyen
lesiones músculo esqueléticas y nerviosas, tanto para el personal de salud como para el
paciente.
Norma 3: Ofrecer un ambiente terapéutico
Fundamentación:

 Un ambiente terapéutico precisa de recurso humanos o físicos adecuados a cada situación.


 La aplicación de adaptaciones es conveniente cuando los factores físico funcionales son
temporales, aprovechadas e indispensables.
Norma 4: Explicar al paciente la posición que debe adquirir
Fundamentación:

 El estado mental o emocional del individuo, influye en su comportamiento.


 El equilibrio psicológico del individuo requiere de un medio adecuado para comunicarse
 El conocimiento de la personalidad del paciente y familiares facilitan la realización de
ejercicio, movilización y traslado.
 La repetición, estimulación, incentivación, información y ejecución, son técnicas de
aprendizaje que conllevan a la motivación.
 La flexión- extensión, abducción-aducción y rotación interna-externa son modelos de
movimiento.
Norma 5: Explorar al paciente
Fundamentación:

 Una evaluación integral determina el tipo de estimulación neuromuscular a realizar en el


individuo para obtener, conservar y recobrar la locomoción posible.
 La exploración física, es tapa del examen clínico, detecta alteraciones de locomoción
potenciales o reales.
Norma 6: Alinea segmentos corporales cada 2 o 3 horas para prevenir ulceras por presión.
Fundamentación

 El aparato músculo esquelético es un medio de locomoción que sirve de sostén y protección


para los elementos anatómicos.
 La valoración para el desarrollo de úlceras por presión e instauración del tratamiento, abarca
estado físico general, estado mental, deambulación, movilidad corporal, y control de la
eliminación urinaria e intestinal.
 La inmovilización articular origina reducción circulatoria y estasis del líquido sinovial.
 La columna vertebral soporta el peso corporal, protege la medula espinal y facilita la
rotación.
 Una presión de más de 2 horas sobre cualquier área cutánea o, prominencia ósea disminuye
el aporte sanguíneo y causa isquemia tisular.
Norma 7: Ofrecer comodidad y seguridad
Fundamentación

 La movilización frecuente y de una posición correcta previenen lesiones


neuromusculoesqueléticas y formación de úlceras por presión.
 La tracción combate el espasmo muscular doloroso.
Norma 8: Evitar lesiones mecánicas del aparato musculo esquelético.
Fundamentación

 La identificación oportuna de las necesidades y problemas del paciente en relación con la


mecánica corporal, permite trazar un plan efectivo de atención de enfermería.
 La movilización periódica influye en la circulación, respiración, eliminación, apetito y estado
anímico.
 La ausencia u o deficiencia de movilización, alineación incorrecta de segmentos corporales,
inadecuado uso de aparatos de sujeción y deficiencia en la aplicación de ejercicios,
movilización y traslado, son factores de riesgo de lesiones mecánicas.
Alineación Corporal[editar]
La alineación corporal es determinante en toda actividad funcional tanto del personal de salud
como del paciente a su cuidado, para evitar lesiones neuromusculosqueléticas. La postura es la
alineación corporal que se adopta espontáneamente en forma correcta o incorrecta. La posición es
la alineación de segmentos orgánicos que se adecua intencionalmente con fines de comodidad,
diagnósticos o terapéuticos. Los objetivos de las posiciones son:

 Mantener el funcionamiento corporal en equilibrio de los sistemas circulatorio, respiratorio,


urinario y musculosquelético.
 Contribuir a la exploración física.
 Apoyar en la aplicación de algunos tratamientos.
 Favorecer el estado anímico del individuo.

Mecánica Corporal Intrahospitalaria[editar]


Posición Erguida o Anatómica: Alineación de segmentos corporales en sentido vertical con
extremidades superiores a los lados del cuerpo, manos en pronación, cabeza recta y pies dirigidos
hacia adelante. Los pies pueden tener diferente separación, según el caso.
Indicaciones:

 Valoración de conformación exterior.


 Definición de planos corporales.
 Reducción de tensión excesiva sobre articulaciones que soportan el peso corporal.
Posiciones Sedentes
Fowler elevada: Paciente sentado en silla o cama con el tronco en posición vertical y
extremidades inferiores apoyados sobre un plano resistente.
Indicaciones:

 Exploración física de región anterior del cuerpo.


 Alimentación.
 Favorecer exhalación respiratoria adicional.
 Disminuir tensión muscular abdominal y lumbar.
 Aplicación de algunos tratamientos o intervenciones quirúrgicas en cabeza o cara.
 Descanso.
Fowler: Paciente sentado en cama con elevación de la cabecera a 45° y ligera flexión de
extremidades inferiores.
Indicaciones:

 Similares a la anterior a excepción de la tercera indicación.


 Favorecer la respiración.
Semifowler: Paciente sentado en cama con elevación de a cabecera a 30° y liger a flexión de
extremidades inferiores.
Indicaciones:

 Similares a la posición de Fowler.


Yacente o en Decúbito
Dorsal con piernas elevadas: Paciente en decúbito dorsal o supina con extremidades inferiores
elevadas sobre almohadas o piecera de la cama.
Indicaciones:

 Favorecer relajación muscular.


 Disminuir edema de extremidades inferiores.
Decúbito Dorsal o Supina: Paciente acostado sobre su región posterior, extremidades superiores
a los lados del cuerpo y las inferiores ligeramente flexionadas.
Indicaciones:

 Exploración física de región anterior del cuerpo.


 Relajación muscular.
 Aplicación de tratamientos específicos en región anterior del cuerpo.
 En laparatomías.
Dorsosacra: Paciente en decúbito dorsal o supina con separación de rodillas y pies apoyados
sobre un plano resistente.
Indicaciones:

 Similares a las anteriores.


Ginecológica o litotomía: Paciente en decúbito dorsal con región glútea apoyada en el borde de
la mesa de exploración, extremidades inferiores flexionadas y separadas por medio de pierneras.
Indicaciones:

 Atención al parto.
 En intervenciones médicas y quirúrgicas de órganos pélvicos.
Rossier: Paciente en decúbito dorsal con almohada por debajo de los hombros para producir
hiperextensión de cuello.
Indicaciones:

 Favorecer la ventilación pulmonar.


 Exploración e intervenciones quirúrgicas en el cuello.
Trendelenburg: Paciente en decúbito dorsal con elevación de piecera de cama entre 30 a 45°, de
tal manera que la cabeza se encuentre en un plano más bajo que los pies.
Indicaciones:

 Favorecer drenaje postural.


 Incrementar riego sanguíneo cerebral.
 Intervenciones quirúrgicas de vejiga y colon.
 Favorecer retorno venoso.
Decúbito ventral o Prona: Decúbito ventral o Prona: Paciente acostado sobre región anterior del
cuerpo, cabeza de lado, extremidades superiores en extensión a los lados del cuerpo y las
inferiores en extensión.
Indicaciones:
 Exploración de región posterior del cuerpo.
 Aplicación de tratamientos en región posterior del cuerpo.
 Recuperación posanestésica.
Prona de Urgencia: Paciente en decúbito ventral con cabeza fuera del borde de la cama y
extremidad superior correspondiente sobre un banco de altura.
Indicaciones:

 Evitar la broncoaspiración por expulsión de vómito en proyectil o secreciones de vías


respiratorias.
 Favorecer drenaje postural.
Genucubital: A partir de la posición prona, el paciente descansa sobre brazos y rodillas, con la
cabeza de lado.
Indicaciones:

 Exploración de región pélvica.


 Exploración sigmoidoscópica.
 En tratamientos rectosigmoideos.
Genupectoral o de Bozeman: A partir de la posición prona, el paciente descansa sobre la cara
anterior del tórax y rodillas; cabeza lateral y las extremidades superiores alrededor de ésta.
Indicaciones:

 Similares a la genucubital.
De Kraske o navaja sevillana: Paciente en decúbito ventral con inclinación de muslos formando
un ángulo de 90° y piernas apoyadas sobre la parte inferior de la mesa de exploración. Inclinar
parte superior de la mesa o cama, de tal forma que las caderas queden más elevadas que el
cuerpo.
Indicaciones:

 Exploración e intervenciones quirúrgicas en recto.


 Aplicación de tratamientos en recto.
Decúbito Lateral: Paciente acostada sobre el lado derecho o izquierdo, extremidades superiores
en ligera flexión y la inferior del lado opuesto ligeramente flexionada sobre la otra.
Indicaciones:

 Favorecer la relajación muscular.


 Recuperación posanestésica.
 Aplicación de varios tratamientos.
De Sims: Paciente en decúbito lateral izquierdo con extremidades superiores ligeramente
flexionadas, extremidad inferior izquierda ligeramente flexionada y la derecha flexionada hasta casi
tocar el abdomen.
Indicaciones:

 Aplicación de enemas.
 Exploración de recto.
 Relajación muscular.

La movilización de pacientes: sus principios generales


y la mecánica corporal
 SANIDAD
 ABRIL 2, 2019 REDACCIÓN OPOSITATEST  0 COMENTARIOS

¡Hola opositores! En anteriores entradas hemos analizado los temas más preguntados en los
exámenes que ya se han realizado de las OPE de la categoría de celador. Entre las materias que más
se repiten en las preguntas nos encontramos las referidas a la movilización de pacientes y por
ello queremos hablar sobre este asunto: concretamente de sus principios generales y la mecánica
corporal.

Queremos ayudaros a preparar estos temas y por eso vamos a elaborar una serie de entradas con
estos contenidos, que también van a ser importantes en las próximas OPE de auxiliar de enfermería y
de enfermería. ¡Vamos allá!

La importancia de la seguridad
Cuando hablamos de movilización de pacientes y/o de materiales, debemos tener en cuenta en primer
lugar la seguridad, tanto para el paciente como para nosotros mismos.
Muchas de las personas que acuden a un centro sanitario tienen mermadas sus capacidades a causa
de la enfermedad, y por tanto debemos ayudarlas. Debemos mover al paciente siguiendo unas
normas para evitar riesgos y favorecer la comodidad del paciente, así como conocer las técnicas para
levantar, sentar y mover al paciente. Para ello, debemos tener unas nociones de mecánica corporal.

La mecánica corporal en la movilización


de pacientes
La mecánica corporal comprende las normas fundamentales que deben respetarse al realizar la
movilización o transporte de un peso, por tanto, es el uso adecuado de nuestro cuerpo cuando
trabajamos. La buena mecánica corporal es muy importante tanto para los pacientes como para los
profesionales. 
Con una buena mecánica corporal podemos prevenir lesiones o fatigas que puede producir nuestro
trabajo.
La mecánica corporal está formada por 3 elementos:
 La postura
 el equilibrio
 el movimiento coordinado del cuerpo.
La postura en la mecánica corporal
La postura significa tener el cuerpo bien alineado y en equilibrio. Cuidando la postura cuidamos nuestro
cuerpo en especial los músculos y los tendones.

El equilibrio en la mecánica corporal


El equilibrio se consigue cuando nuestro cuerpo está estable. El cuerpo debe estar bien alineado para
conseguir mantenerlo en equilibrio.
Debemos conocer muy bien las posiciones para colocar a los pacientes según sus necesidades.
También son muy importantes cuando tenemos que sostener o desplazar objetos.

El movimiento coordinado del cuerpo


Significa que funcionen integrados los sistemas músculo esquelético y nervioso, así como la movilidad
articular de nuestro cuerpo.
Conocer todas estas posiciones evitarán lesiones y riesgos para nosotros y para los pacientes. 

12 principios de la mecánica corporal


1. Intentar mantener siempre la espalda recta.
2. Buscar siempre el equilibrio de nuestro cuerpo. Apoyar los pies firmemente.
3. Mantener la carga tan cerca del cuerpo como sea posible, pues aumenta mucho la
capacidad de levantamiento
4. Sujetar con fuerza el objeto.
5. Pies separados a una distancia aproximada de 50 cm. Uno siempre en dirección al
movimiento.
6. No levantar una carga pesada por encima de la cintura en un solo movimiento.
7. Levantar los objetos flexionando las piernas. Doblar la cadera y las rodillas para
coger la carga. No doblar la cintura.
8. Deslizar o empujar mejor que levantar.
9. Evitar girar el tronco del cuerpo mientras se sostiene la carga. Se pierde el
alineamiento.
10. Solicitar siempre ayuda si la tarea supone el mínimo riesgo. Ayuda de otro
profesional o ayudas técnicas como la grúa o elevadores.
11. Protección física. Calzado adecuado. Suelo antideslizante.
12. De manera orientativa se debe manejar una carga entre dos personas cuando:
 El objeto tenga al menos dos dimensiones superiores a 76 cm, independientemente
de su peso.
 El levantamiento del peso no es el trabajo habitual y su peso es superior a 25 kg.
 El objeto es muy largo y es difícil su traslado de forma estable por una sola persona

Recomendaciones generales en la
movilización de pacientes
Las recomendaciones más importantes a tener en cuenta son las siguientes:
 Siempre que sea posible utilizaremos medios mecánicos
 Debemos evaluar el trabajo y planificar la movilización.
 Seleccionar los medios de ayuda en función del estado y las características del
paciente —dependiente o semidependiente, peso, edad, etcétera—, así como de las
dimensiones de los espacios de trabajo, los pasillos o las escaleras. Los medios más
usuales son: camas y camillas de altura graduable; sábanas deslizantes que facilitan los
desplazamientos longitudinales; deslizadores que ayudan a trasladar al paciente de la
cama a la silla o viceversa; y el trapecio o las barras de apoyo que permiten al paciente
sujetarse con las manos y colaborar en la movilización.
 Si es necesario, prepararemos el sitio donde vamos a trabajar apartando todo lo que
pueda estorbarnos: sillas, mesillas etc. Frenar la cama, adecuar la altura y colocar al
paciente en la posición adecuada.
 Pedir colaboración de la persona a movilizar. Debemos explicar al paciente que
tenemos que movilizarlo y animarlo que nos ayude en lo que él pueda, siempre teniendo
en cuenta su estado. Debemos saber si va a poder ayudarnos o no antes de comenzar.
 Comprobar si es necesario, colocar elementos de seguridad y/o apoyo (barandas,
cojines, arco para pies).
 Lavarnos las manos y colocarnos guantes antes de la movilización.
 Comprobar que todo lo que está conectado al cuerpo del paciente y tiene que
transportarse con él está bien protegido (tubos de sondas o drenaje, vías, etc)
 Debemos respetar los siguientes principios básicos en la movilización de personas:
 Disponer los pies de forma tal que la base de sustentación nos permita
conservar el equilibrio. Los pies han de estar separados por una distancia equivalente
a la anchura de los hombros. Uno de ellos se colocará al lado del paciente y el otro
más atrás.
 Doblar las rodillas sin flexionar la espalda. Hacer uso de los músculos de las
piernas en caso de tener que mover o levanta (los músculos más fuertes y mejor
preparados) y no con los de la espalda.
 Contraer los músculos abdominales y glúteos, estabilizar la pelvis antes de
realizar la movilización.
 Espirar en el momento de la fuerza.
 Acercar el paciente al máximo al centro de nuestro cuerpo.
 Levantar al paciente de forma gradual, suavemente y sin sacudidas.
 Al empezar a levantar a la persona empujaremos con el pie trasero.
 Orientar los pies en dirección al movimiento que se va a realizar dirigiendo una
de las puntas de los pies en la dirección del movimiento y la otra ligeramente
flexionada para realizar el desplazamiento con las piernas y no forzar la espalda.
 No girar el tronco mientras se está levantando al enfermo, es preferible pivotar
sobre los pies.
 Es mejor para nuestro trabajo:
 Girar al paciente,
 Moverlo
 Arrastrar o empujarlo, pero teniendo cuidado de no provocar lesiones
por fricción en la piel.
 Lo moveremos de forma suave y continua. Nunca de manera
brusca. Podemos ayudarnos de nuestro cuerpo para facilitarle mayor protección
 Seguridad en el agarre. Debemos sujetar firmemente a la persona para evitar
caídas
 Sostener a los enfermos con los antebrazos manteniendo los brazos cerca del
cuerpo; con ello se consigue desplazar lo mínimo el centro de gravedad y se requiere
menos fuerza para mantener el equilibrio.
 Ayudarse con puntos de apoyo exteriores y con el contrapeso del propio
cuerpo para aumentar la fuerza aplicada al movimiento.
 Solicitar ayuda en situaciones difíciles, por ejemplo, en la manipulación de
enfermos totalmente dependientes. En caso de realizar la actividad con otros
compañeros es importante coordinarse durante la movilización. Uno de los
profesionales debe dirigir la tarea.
 Utilizar ropa de trabajo que no moleste para realizar movimientos y un calzado
seguro, que sujete bien el pie y sea antideslizante.
 Al igual que en la manipulación de cargas es importante alternar estas tareas
con otras que requieran menor carga física, la rotación con otros compañeros y
realización de pausas cuando sea posible.
 Cuidar vuestra postura en la vida diaria. Practicar estiramientos y ejercicio
acorde a vuestra condición física.
En este cartel tienes las recomendaciones más importantes para movilizar
correctamente a los enfermos.

I
magen tomada de Manual de PRL del INGESA 

Los beneficios de una postura correcta en


la movilización y traslado de pacientes
Recordad que si adoptáis posturas correctas en la movilización y el traslado de
enfermos:
 La espalda no os dolerá
 Os cansaréis menos
 Incrementaréis la seguridad del paciente
En la próxima entrada os seguiremos aportando contenidos para preparar el tema de movilización de
pacientes.  ¡Esperamos haberos ayudado!

Muchas personas trabajan o están al cargo de enfermos o ancianos con altos grados de
dependencia y que necesitan entre otras cosas ayuda para las movilizaciones, cambios
de postura o traslados de la cama a la silla etc...
La movilización y traslados (1) no deben ser una actividad que lleve al agotamiento, ni
mucho menos a lesiones y riesgos para el paciente ni el cuidador o fisioterapeuta. Para
lograrlo, es necesario considerar una serie de principios básicos:

Adaptación del medio


Si en el medio de trabajo realizamos los cambios que consideremos necesarios para
hacer posibles determinados desplazamientos, movilizaciones y transferencias se
mejorará la situación global del paciente, ya que con esto podrá desenvolverse y
desplazarse con mayor autonomía. De esta manera, se mejora la situación del
fisioterapeuta, ya que empleando el mínimo esfuerzo posible, podrá manejar al paciente
y realizar las distintas movilizaciones y cuidados reduciendo así la probabilidad de dañar
al paciente y lesionarse.

Paciente colaborador
Entre más activo sea el paciente, mejor será su pronóstico y recuperación. Si el grado
de enfermedad o dependencia lo permite hay que incentivar al paciente para que
participe activamente, permitiéndole así mejorar las capacidades de movimiento que
aún posea logrando una mejor calidad de vida.

Orientación al paciente
La desorientación es una de las complicaciones asociadas a la inmovilidad cuyos
motivos son muy variados y podemos evitar una parte de ellos mediante tres medidas
importantes:

 Iniciar cualquier manejo del paciente dirigiéndonos amablemente y pidiéndole que


mire en la dirección en la que se le va a girar o si le resulta complicado ayudarlo
girándole la cabeza. El motivo de esto es muy sencillo, al movernos la cabeza
siempre nos indica la dirección en la que lo estamos haciendo, acompañando al
resto del cuerpo y como guía cuando se cambia el sentido o la dirección en la que
realizamos el movimiento.
 Es de suma importancia emplear términos comunes y concretos al paciente y sus
familiares, y no usar palabras que pueden resultar difíciles de entender como
izquierda o derecha, si la lateralidad no está bien definida, en cambio, usar
referencias concretas por ejemplo que se encuentran en la habitación, como
puertas, ventanas, espejos o hasta personas.
 Al movilizar al paciente, hacerlo de forma que se desplace sobre una superficie de
apoyo, así propiciaremos la propiocepción.

Tratamiento individualizado con un único Fisioterapeuta


Entre las ventajas (2) de trabajar con el mismo Fisioterapeuta encontramos la empatía
generada cuando el trato es individualizado, la información dada será más clara para el
paciente cuando proviene de una sola persona. En cambio cuando hay dos o más
fisioterapeutas, la información se desvía por conversaciones que no siempre incluyen al
paciente o su padecimiento actual lo que lleva a una disminución de la concentración
tanto del paciente como del fisioterapeuta

El contacto como principal movilización


La principal herramienta de trabajo del fisioterapeuta son sus manos del fisioterapeuta
ya que contactan con el cuerpo del paciente, indicándole cuando sea necesario, qué y
cómo debe hacer el movimiento. La información será más clara entre mayor sea la
superficie de la mano que contacta con la extremidad a tratar o cuerpo del paciente.

Hablar poco
Como lo menciono en el punto anterior, la información principal debe ser vía táctil. Con
hablar poco no nos referimos a no hablar de nada con el paciente, sino a que la
información hablada que se le dé al paciente tiene que ser clara, concisa, breve, y sobre
todo, simultánea y paralela a la ejecución del movimiento.Antes de realizar la
movilización se le debe explicar con lujo de detalle en qué consistirá el procedimiento al
paciente, y sólo cuando haya entendido en qué consistirá la movilización proceder a
realizarla (si es necesario se debe repasar varias veces la movilización antes de
ejecutarla, es siempre bueno verificar que el paciente haya entendido el paso a paso de
la movilización). Atención: los comandos de voz cuando se realiza una movilización
deben de decirse en voz alta en todo momento, para evitar confusiones.

Moverse simultáneamente y en dirección al desplazamiento


Esto facilitará el trabajo y el esfuerzo del fisioterapeuta empleado en la terapia, aplicará
menos fuerza por el aprovechamiento de la energía cinética y las palancas que hacen al
efectuar los distintos movimientos. Ayudará también a una mejor transmisión de la
información y sensación de movimiento.

La postura del fisioterapeuta


El fisioterapeuta deberá mantenerse erguido con la espalda recta para distribuir las
cargas que actúan sobre su espalda de manera vertical y de esta manera evitar
trastornos de postura y contracturas musculares.

 Siempre situarse en el lado hacia donde se va a mover el paciente,


independientemente de si el movimiento lo efectúa el paciente por sí solo o con
ayuda del fisioterapeuta.
 Tener postura cómoda con los pies separados y uno ligeramente más adelante
que el otro para una buena base de sustentación y una postura más estable.
 Rodillas con ángulo de ligera flexión ya que así será más cómodo y sencillo
aumentar flexión o extensión según los movimientos a realizar con el paciente.

Movilizar al paciente imitando el movimiento corporal


humano
Realizar los movimientos intentando imitar el movimiento de nuestro cuerpo (3),
siguiendo los principios básicos que se expusieron anteriormente.

Mover el cuerpo por partes/bloques


No es recomendado en ningún caso realizar el desplazamiento de todo el cuerpo del
paciente, se debe hacer por partes, iniciando con las extremidades o regiones
corporales con más peso de una en una y siempre en dirección al movimiento, hacerlo
lentamente y poco a poco en pequeños movimientos en la dirección adecuada para
facilitar el trabajo y reducir esfuerzos del paciente y del fisioterapeuta.

Evitar levantar pesos


Se debe evitar cargar el paciente levantándolo completo. Levantar todo el peso de un
paciente es un esfuerzo muy grande para el fisioterapeuta, sobre todo para aquellos que
son mucho más pequeños o de una contextura menor que el paciente. Levantar todo el
peso del paciente para realizar una movilización representa un riesgo: si se pierde el
equilibrio tanto el paciente como el fisioterapeuta pueden caer y lesionarse; además de
que el fisioterapeuta puede sufrir una lesión grave de la columna si maneja un peso
excesivo o puede lastimar al paciente. Es por ello que el desplazamiento requiere, como
regla fundamental, de la colaboración tanto del terapeuta como del paciente.

No producir dolor al paciente


En ningún caso las transferencias y movilizaciones deben ser dolorosas o traumáticas
para el paciente. Es necesario realizarlas correctamente y con conocimiento de las
zonas del cuerpo especialmente sensibles al dolor como las que permiten la movilidad
corporal: cuello, cadera, cintura y hombros. De ser posible se debe evitar movilizar
desde éstas zonas, es preferible movilizar desde pelvis, piernas, brazos, tronco y
cabeza ya que estas zonas son menos sensibles al dolor y más resistentes.

Mantener alineado el cuerpo del paciente


Las úlceras por presión son lesiones en la piel que cursan con pérdida de sustancia
cutánea, se dan principalmente por malas posturas al estar en cama durante un tiempo
prolongado. Para evitar su aparición el paciente debe mantenerse en movimiento, hacer
descargas de peso y giros hacia lateral, si el cuerpo del paciente está en la postura
adecuada, el peso se desplazará vertical en la superficie de apoyo permitiendo al
esqueleto a distribuir el peso correctamente sin someterse a sobreesfuerzos.

MOVILIZACION DE PACIENTES
ENCAMADOS
MOVILIZACIONES Y NORMAS

La movilización es un conjunto de actividades para mover al paciente que no puede realizar por si mismo.

Objetivos:
• Mantener la comodidad del paciente encamado
• Mantener la alineación del paciente encamado
• prevenir posibles complicaciones,ulceras por presión, deformidades, perdidad del tono muscular, transtornos
circulatorios.
Material: Guantes no esteriles y registro de enfermeria.

Procedimientos:
-Antes de movilizar al paciente valorar la intensidad del ejercicio permitido, la capacidad física del paciente, su
capacidad para entender las instrucciones, la comodidad o incomodidad producida por le movimiento, el peso del
paciente, la aparicion de hipotensión ortostáica, y su propia fuerza y capacidad para movilizar al paciente.
- Utilizar la mecanica corporal adecuada.
- Relizar al lavado de manos
- Preparar el material
- Preservar la intimidad del paciente
-Informar al paciente y la familia
-Solicitar la colaboración del paciente y la familia
-Colocarse los guantes no estériles
-Colocar la cama en posición adecuada y frenada
-Proteger vias, drenajes , sondas, y otros dispositivos que pueda tener el paciente
-colocarse de frente a la dirección del moviento para evitar giro de la espalda.

MOVIMIENTO Y RECONOCIMIENTO DEL PACIENTE

La movilidad es con frecuencia la primera actividad que se limita en caso de enfermedad.La inmovilidad por escasa que
sea afecta a todos los aparatos y sistemas y sus efectos pueden ser tan negativos como la propia enfermedad.
Por este motivo es importante la movilización del paciente encamado, estas movilizaciones deben estar basadas en la
mecanica corporal y ser suaves y seguras. Debemos de asegurar una confianza entre el paciente y la enfermera, esta
confianza debe de estar siempre pero más si el paciente esta ancamado ya que este va a depender de la enfermera
para moverse, esta confianza la conseguiremos a través de las movilizaciones y sobre todo si estas son como antes la
hemos mencionado.

Objetivos:
• Estimular el sentido de la independencia
• Prevenir lesiones y complicaciones
• Dar instrucciones e información
Realizaremos las siguientes acciones:
• Examen físico reconocimiento
• Observacíón de los principios de macacina corporal
• Utilizar las tecnicas adecudas de de transporte y movilización.
• Medidad de asistencia físicas programadas
RECONOCIMIENTO DEL PACIENTE ENCAMADO

Objetivos : comprobar la presencia de transtornos neurovasculares,úlceras, entumecimineto y hormigueo


Realización: hacer los cambios de posición
Método: observación, preguntas y anotación
Sistemáica:
• Inspección de la piel y prominencias óseas: buscamos en ellas la presencia de eritema o irritación, si la piel esta
enrojecida, apretar firmemente con el dedo y retirar rapidadmente; si la piel palideze la circulación no esta alterada, si el
enrojecimiento no desaparece en el plazo de 30 miniutos y la piel esta más caliente que la del alrededor no colocar al
individuo en esa posición durante un tiempo.
• Preguntar si existe sensación de hormigueo o entumecimiento en partes distales a las zomnas enrojecidas de las
extremidades, posibles neuropatias del cubital o del ciático popliteo.
• Verificar posibles presencias de paralisis, comienza como parestesia y puede finalizar en transtorno funcional.
• Anotar y observar cualquier recomendación
TÉCNICAS PARA MOVILIZAR ENCAMADOS

LEVANTAR HOMBROS
Posición: Enfermera al lado de la cama enfrente del enfermo,el pie más cercano a la cama detras del otro,el brazo más
alejado del paciente sobre el hombro más cercano y apoyando la mano en los omóplatos.
Movimiento: Mecerse hacia tras pasando el peso del pie delantero al trasero.

MOVER AL PACIENTE HACIA ARRIBA DE LA CAMA


Posición:
- Enfermera situada al lado de la cama cerca de la cabeza del paciente.
- Un pie delante del otro buscando posición amplia.
Movimiento:
- Flexión de las rodillas para que los brazos queden a nivel de la cama.
- Brazos debajo del paciente sujetando cabeza-hombros y espalda
- Balanceo hacia adelante pasando el peso del pie delantero al trasero

PONER AL PACIENTE DE LADO:


Posición:
- Enfermera en el lado de la cama sobre el que se va a colocar al paciente.
- Situada a la altura de la cintura con un pie un paso adelante del otro.
- Paciente con el brazo más alejado sobre el tórax; el brazo mas cercano, sobre el costado y separado del cuerpo
Movimiento:
- Pasar el peso de la pierna delantera a la trasera girando hacia sí al paciente. La enfermera baja las caderas.
Detención:
- Para evitar caídas, los codos de la enfermera descansan en el colchón, en el borde de la cama.
TRANSPORTE DEL PACIENTE DE LA CAMA A LA CAMILLA
TRANSPORTE SIMPLE EN BRAZOS:

Lo puede realizar una sola persona en caso de que la persona que haya que transportar sea un niño, una persona de
poco peso o una persona que pueda colaborar en su movilización.

Enfermera: manos y brazos por detrás asentaderas y espalda rodillas flexionadas al coger, extensión al levantar
Paciente: Rodea con los brazos por detrás el cuello de la enfermera.

HORIZONTAL, CAMILLA EN PARALELO :


La camilla ha de colocarse en paralelo y junto a la cama. Tanto como la camilla como la cama han de estar colocadas a
la misma altura y también tener las ruedas trabadas ( con el freno puesto).
Para esta técnica son necesarias cuatro personas. Dos han de estar colocadas al lado de la camilla, una de ellas en la
cabecera y otra en el centro de la misma. Las otras dos personas han de colocarse al lado de la cama, una a la altura
del centro y la otra a los pies. Cuando ya están colocados en el lugar adecuado, hay que introducir los brazos por
debajo del paciente con las palmas de las manos extendidas hacia arriba. Hay que colocar bien los brazos, los
movientos han de ser lo más coordinados posible, para el bienestar del paciente y del personal que se encarga de la
movilización. Primero se realiza la fuerza cargando por la pelvis y la cadera, luego, cabeza y hombros y finalmente, las
piernas y los pies. Entonces se iza al paciente y se le traslada. Finalmente se retiran los brazos todos al mismo tiempo
con movimientos suaves para evitar molestias al paciente.

HORIZONTAL, CAMILLA PERPENDICULAR :


La camillas se encuentra situada en ángulo recto con la cama. La cabecera de la camilla debe estar situada a los pies
de la cama y como en la movilización tanto las ruedas de la cama como las de la camilla han de estar trabadas.
Para esta movilización son necesarias 3 personas. Estas han de estar colocadas a un lado de la cama, han de tener
una amplia base de apoyo y el pie más cercano a la camilla adelantado.
Para realizar la carga del paciente una persona ha de colocarse en la cabecera de la cama, la otra en la parte media y
la otra en los pies. La que esta en la cabecera sujetara cabeza y hombros, la persona colocada en la parte media
sujetará pelvis y cadera y por último la persona que se encuentra en los pies sujetará cadera y piernas. Introducimos
con cuidado los brazos por debajo del paciente y acercamos el paciente lo máximo posible a nuestro cuerpo.
Recordamos que los brazos del paciente no deben colgar y que los nuestros deben estar sujetando al paciente
correctamente. Cuando estamos colocados izamos al paciente y realizamos un paso atrás caminando hacia la camilla.
Cuando ya estamos en la camilla, depositamos al paciente y lo colocamos adecuadamente con movimientos suaves.
Siempre hemos de proteger el lado alejado de la camilla para evitar caídas.

CON SABANA :
Situarse en la misma posición que en el caso de "horizontal, camilla en paralelo". • Agarrar orillas sábana enrolladas
hacia el paciente todo lo posible • Izar y trasladar a un tiempo
TRANSPORTE DEL PACIENTE DE LA CAMA A LA SILLA:
La cama ha de tener las ruedas inmovilizadas al igual que las silla si está es de ruedas. La cama ha de estar colocada
a una altura que permita al paciente pisar de forma natural el suelo. La cabecera la colocaremos levantada 20 ó 30º
para facilitar una postura adecuada del paciente. Ayudamos al paciente y lo sentamos en la orilla de la cama según la
técnica explicada anteriormente. Entonces ahora nos colocamos frente al paciente con las rodillas un poco flexionadas
(para repartir el peso y no hacernos daño en la espalda). Entonces indicamos al paciente que coloque sus brazos en
nuestros hombros para que tenga un apoyo, al mismo tiempo nosotros sujetamos al paciente por la espalda.
Realizamos fuerza y levantamos al paciente y entonces giramos hacia el lugar donde tenemos la silla. cuando el
paciente comienza a sentarse nosotros flexionamos las rodillas a medida que se sienta. Ayudamos al paciente a
acomodarse en la silla y si es necesario lo ayudamos a mover la asentaderas. Colocammos los pies en los apoyos y
los brazos en los soportes. Si fuera necesario también colocariamos cojines para prevenir lesiones en la piel.

La colocación apropiada en la cama, los cambios posturales y los ejercicios de movilización, son medidas que tienen
por objetivo alterar las áreas de presión, evitar la aparición de contracturas, deformidades, lesiones en la piel y tejidos
subyacentes, y favorecer la comodidad y bienestar del paciente.

CAMBIOS POSTURALES
Los cambios posturales son las modificaciones realizadas en la postura corporal del paciente encamado, que forman
parte de la enfermería preventiva. La selección y realización de la planificación de los cuidados debe estar en función
de las necesidades del paciente.
El plan de cambios posturales debe contemplar:
- Realizarlos cada 2 – 3 horas a los pacientes encamados, siguiendo una rotación programada e individualizada.
- En periodos de sedestación se efectuaran movilizaciones horarias. Si puede realizarlo autónomamente, enseñar al
paciente a movilizarse cada 15 minutos (cambios de postura y/o pulsiones).
En la realización de los cambios posturales se debe tener en cuenta los siguientes puntos:
• Evitar en lo posible apoyar directamente al paciente sobre sus lesiones.
• Seguir las recomendaciones europeas sobre manejo de pesos y cargas.
• Mantener el alineamiento corporal, la distribución del peso y el equilibrio del paciente.
• Evitar el contacto directo de las prominencias óseas entre si.
• Evitar el arrastre. Realizar las movilizaciones reduciendo las fuerzas tangenciales y de fricción.
• En decúbito lateral, no sobrepasar los 30º.
• Si fuera necesario, elevar la cabecera de la cama lo mínimo posible (máximo 30º) y durante el mínimo tiempo.
• No utilizar flotadores.
• Completar la acomodación y favorecer las posiciones deseadas con la utilización de almohadas, cojines, sabanas o
toallas enrolladas, cuñas-tope, soporte para los piés, sacos de arena u otros accesorios.
• Cuando el paciente no pueda realizar por sí mismo los cambios, será ayudado, teniendo en cuenta las normas de
mecánica corporal.
Las posiciones más frecuentes en la realización de cambios posturales son: decúbito supino, posición de Fowler y
semi-Fowler, decúbitos laterales derecho e izquierdo, decúbito prono y posición de Sims.

POSICIONES CORPORALES
Se emplean para facilitar la exploración del paciente, su tratamiento, la prevención de lesiones consecutivas a la
inmovilidad, y su comodidad cuando esta encamado. Para cada posición, según el objetivo, se adoptarán diferentes
medidas, como la colación de accesorios y de una sabanilla que cubra al paciente. Entre las posiciones corporales, las
de uso más frecuente para realizar cambios posturales son:

1. Decúbito Supino.

El paciente está tumbado sobre la espalda, con los brazos y las piernas extendidos y próximos al cuerpo, en un plano
paralelo al suelo.
Colocar almohadas o cojines en distintas zonas del cuerpo del paciente para favorecer su alineamiento y su
comodidad:
- Bajo el cuello y los hombros.
- Bajo la zona lumbar (pequeño cojín).
- Bajo los huecos poplíteos.
- Bajo la parte inferior de las piernas.
- Colocar sábana o toalla enrollada lateralmente debajo las caderas y muslos.
- Colocar tabla o tope para los pies.

POSICIÓN DE FOWLER

La colocación apropiada en la cama, los cambios posturales y los ejercicios de movilización, son medidas que tienen
por objetivo alterar las áreas de presión, evitar la aparición de contracturas, deformidades, lesiones en la piel y tejidos
subyacentes, y favorecer la comodidad y bienestar del paciente. Los cambios posturales son las modificaciones
realizadas en la postura corporal del paciente encamado, que forman parte de la enfermería preventiva. La selección y
realización de la planificación de los cuidados debe estar en función de las necesidades del paciente.

El paciente permanece semisentado con las rodillas ligeramente flexionadas. La posición de Fowler alta es aquella en
la que la cabecera de la cama o la espalda del paciente está elevada 90º respecto a los pies, y semi-Fowler cuando la
elevación es de 30º aproximadamente.

Deben colocarse almohadas para favorecer la acomodación y alineación:

- Detrás de cuello y hombros.


- Detrás de la zona lumbar.
- Bajo los antebrazos y manos, para evitar la tensión en los hombros y sujetar los brazos y las manos, si el paciente no
las utiliza.
- Debajo y a los lados de la parte superior de los muslos.
- Bajo el tercio inferior de los muslos.
- Bajo los tobillos, para elevar los pies.
- Además, es conveniente favorecer la flexión dorsal de los pies, mediante un soporte, sacos de arena u otros
sistemas.

GENERALMENTE ES UTILIZADO PARA…

La posición de Fowler se usa para describir una de las posturas usadas en la terapia respiratoria. Se indica para relajar
la tensión de los músculos abdominales, permitiendo así una mejora en la respiración de pacientes inmóviles e
incrementar la comodidad de los sujetos conscientes durante la alimentación oral y otras actividades. Se emplea en
mujeres después del parto para mejorar el drenaje uterino, así como en pacientes con meningitis y otras infecciones
sépticas.

2. Posición de Fowler y Semi-Fowler.

El paciente permanece semisentado con las rodillas ligeramente flexionadas.


- Seguir normas generales en la movilización de pacientes. (Léase el apartado "Movilización y normas")
- Colocar al paciente en "Decúbito Supino"
- Elevar la cabecera de la cama entre 45º y 60º
- Retirar la almohada de la cabeza
- Colocar una almohada en:
--> La zona lumbar
--> Bajo los muslos
--> Una almohada pequeña bajo los tobillos
- VIGILAR:
--> Zonas del sacro
--> Tuberosidad isquiática
--> Talones y codos

Diferencia:

Aquí os dejo un Power Point para que veáis algunas posiciones anatómicas; incluida la "Fowler".

Posiciones Anatómicas

3. Decúbito lateral (Izquierdo y Derecho).

El paciente está tumbado sobre un lateral de su cuerpo, en un plano paralelo al suelo. Su espalda está recta. Los
brazos están flexionados y próximos a la cabeza. La pierna inferior está en extensión o ligeramente flexionada, y la
superior permanece flexionada por la cadera y la rodilla.
Es conveniente colocar almohadas o cuñas tope:
- Bajo la cabeza, para favorecer el alineamiento.
- Bajo el brazo superior, para elevar el brazo y el hombro.
- Bajo el muslo y la pierna superior, para elevar la pierna y cadera.
- Detrás de la espalda, para mantener una buena alineación.

4. Decúbito prono o ventral.

Para llevarlo a cabo hay que seguir las normas generales de movilización del paciente.
Hay que colocar la cama en posición horizontal, asegurándonos que esta con el freno puesto.
Después debemos colocar al paciente en posición extendida sobre el tórax y abdomen.
Debemos poner una almohada pequeña para descansar la cabeza, evitando así una excesiva distensión de la columna
vertebral.
También colocar una almohada pequeña debajo del abdomen justo debajo de la altura del diafragma.
Apoyar los brazos en posición flexionada a la altura de los hombros.
Colocar otra pequeña almohada debajo de los tobillos para elevar los dedos de los pies.
Una vez hemos dejado así al paciente, hay que vigilar los dedos de los pies, rodillas, genitales en el varón y mamas en
la mujer, mejillas y oídos.

5. Posición de Sims o semiprona.

Es una posición intermedia entre el decúbito prono y el decúbito lateral. En ella la cabeza está ladeada, el brazo inferior
extendido hacia atrás y ligeramente separado del cuerpo, y el brazo superior está flexionado y próximo a la cabeza. La
pierna inferior está semiflexionada por la rodilla, y la superior flexionada por la cadera y la rodilla.
En este caso, se colocaran almohadas:
- Bajo la cabeza.
- Bajo el hombro y la parte superior del brazo.
- Bajo el muslo y la parte superior de la pierna.

6. Posición de Trendelenburg

El enfermo se coloca como en decúbito supino, en una camilla o cama inclinada 45º respecto del suelo. La cabeza del
paciente está mucho más baja que los pies.
se utiliza esta posición en cualquier situación en la que se requiera aumentar el riego sanguíneo del cerebro y en
algunas intervenciones quirúrgicas. En esta postura hay que colocar a los pacientes con shock.
Esta postura tiene algunas pequeñas variaciones para otros usos.

7. Posición antritrendelenburg o morestin

Es la posición contraria a la posición trendelenburg, es decir la cabeza del enfermo descansa sobre la parte más
elevada y los pies sobre la más baja.
Se consigue generalmente colocando unos tacos en las patas de la cabecera de la cama, suele ponerse una tabla en
los pies de la cama con objeto de que no se deslice el paciente.
El enfermo está inclinado en decúbito supino con la cabeza a nivel superior que los pies.
Esta posición esta indicada para:
- Exploración radiográfica.
- Facilitar la circulación sanguínea a nivel de las extremidades
- En algunas intervenciones quirúrgicas (bocio)
- En caso de problemas respiratorios.
- En caso de hernia de hiato.

8. Posición de Roser

El paciente se halla decúbito supino con la cabeza colgando, con el objetivo de tener el cuello siempre en
hiperextensión. Esta posición esta indicada para:
- Intubación traqueal.
- Exploraciones faríngeas.
- Reanimación cardiorespiratoria.
- En ciertas intervenciones quirúrgicas (bocio)
- Lavado de pelo en enfermos encamados.
9. Posición Genupectural o Mahometana
El paciente se arrodilla apoyado sobre su pecho, poniendo las caderas hacia arriba y apoyando los hombros en la
cama, así como la cabeza de forma lateral.
Se emplea esta posición en los exámenes de recto y colon, así como en curaciones específicas de la zona perianal.
Las rodillas estarán ligeramente separadas y los muslos perpendiculares a la cama, la cabeza estará vuelta hacia un
lado y, los miembros superiores colocados en la forma que desee el paciente. Esta posición se utiliza para exámenes
rectales, fundamentalmente. En esta posición, hay que prestar especial atención al paciente, por resultar una posición
bastante humillante para él.

POSICION CUERPO BRAZOS PIERNAS


DECÚBITO

SUPINO Tumbado sobre espalda y paralelo al suelo Extendidos y próximos al cuerpo Extendidas y próximas al cuerpo
DECÚBITO PRONO Tumbado sobre abdomen y paralelo al suelo. Cabeza girada A lo largo del cuerpo o bien
flexionados y a ambos lados de la cabeza Extendidas
DECÚBITO LATERAL Tumbado sobre un lateral con la espalda recta y paralelo al suelo Inferior paralelo a la cabeza.
Superior flexionado o estirado Inferior más o menos extendida.
Superior flexionada por rodilla y cadera
SIMS (SEMIPRONA) Posición intermedia entre prono y decúbito lateral izquierdo Izquierdo (inferior) hacia atrás y
ligeramente separado del cuerpo.
Derecho (superior) flexionado y próximo a cabeza Izquierda (Inferior) semiflexionada por rodilla
Derecha (superior) flexionada por cadera y rodilla y más adelantada
FOWLER Semisentado. La espalda en ángulo de 45º Rodillas ligeramente flexionadas
Semi-Fowler Cabecera elevada 30º respecto de los pies
Fowler Alta Cabecera elevada 90º respecto de los pies
TRENDELENBURG Decúbito supino. Plano inclinado de 45º respecto al suelo, con la cabeza más baja que los pies
paralelos al cuerpo Extendidas. Pies más altos que cabeza
MORESTIN (ANTI-TRENDELENBURG Decúbito supino. Plano inclinado de 45º respecto al suelo, con la cabeza más
alta que los pies Paralelos al cuerpo Extendidas. Pies más bajos que cabeza
ROSER Decúbito supino y paralelo al suelo. Hombros coinciden con el extremo superior de cama o camilla. La cabeza
cuelga fuera de la superficie de apoyo Extendidos y paralelos al cuerpo Extendidas
LITOTOMÍA (Ginecológica) Decúbito supino. Extendidos a lo largo del cuerpo o flexionados y colocados sobre este
Flexionadas con rodillas separadas.
(Piernas o talones apoyados sobre estribos)
GENUPECTORAL (Mahometana) Paciente apoyado sobre rodillas, tronco inclinado hacia delante. Brazos cruzados
sobre superficie de apoyo y cabeza entre ellos

Posición Utilidad
DECÚBITO SUPINO Exploraciones médicas
Postoperados / lesionados zona ventral
Encamados. Cambios posturales
DECÚBITO PRONO Exploraciones médicas de espalda
Postoperados intervenidos de columna / Lesionados zona dorsal
Encamados. Cambios posturales
DECÚBITO LATERAL Encamados. Cambios posturales
Administración enemas
Higiene, masajes
SIMS (SEMIPRONA) Administración enemas y otras técnicas
Pacientes inconscientes (posición de seguridad)
Cambios posturales
FOWLER Problemas cardiacos o respiratorios
Facilitar actividades (leer, comer)
Cambios posturales
TRENDELENBURG Tratamiento quirúrgico de órganos pelvianos
Lipotimias y situaciones en que se requiera aumentar el aporte sanguíneo cerebral
MORESTIN (Anti-Trendelenburg) Problemas respiratorios
Hernia de hiato
ROSER Exploraciones
Intervenciones quirúrgicas
Actividades de enfermería, lavado de cabeza, etc.
LITOTOMÍA (Ginecológica) Exploraciones e intervenciones ginecológicas
Partos
Técnicas de enfermería (lavado de genitales, sondaje vesical)
GENUPECTORAL (Mahometana) Exploraciones rectales

CAMBIOS POSTURALES. RECOMENDACIONES GENERALES


- Comprobar que el usuario no tiene contraindicada ninguna de las posiciones empleadas para los cambios posturales.
- Realizar los cambios posturales de forma programada cada dos o trés horas.
- Comprobar que el enfermo esté cómodo en la nueva postura.
- La utilización de colchones antiescaras, cojines de silicona u otras superficies especiales, ayudan a prevenir las
úlceras por presión, pero en ningún caso sustituyen a los cambios posturales.
- No efectuar maniobras bruscas.
- Aprovechar los cambios posturales para dar masajes u otras actividades necesarias.
- Vigilar la aparición de dolor durante la movilización y avisar si así fuera.
- Evitar las costuras y la ropa excesiva que pueden lesionar la piel.
- Estimular al paciente para que realice movimientos en la cama: girar los pies, flexionar y extender los dedos de la
mano, etc.

MECÁNICA CORPORAL

La finalidad principal de la adecuada mecánica del cuerpo es facilitar un uso seguro y eficiente de los grupos de
músculos adecuados. La buena mecánica corporal es esencial tanto para el cliente como para los profesionales para
prevenir la tensión, lesión y fatiga.
La mecánica corporal implica tres elementos básicos: alineación corporal (postura), equilibrio (estabilidad) y movimiento
coordinado del cuerpo.
El alineamiento corporal es la organización geométrica de las partes del cuerpo relacionadas entre sí. La buena
alineación promueve un equilibrio óptimo y la máxima función del cuerpo en cualquier posición que suma el paciente:
de pie, sentado o tumbado.
El equilibrio es un estado de nivelación (estabilidad) en el que las fuerzas opuestas se contraponen entre sí. El buen
alineamiento corporal es esencial para el equilibrio del cuerpo.
El auxiliar de enfermería debe conocer las posiciones en que debe colocarse al paciente según las distintas
situaciones, así como los procedimientos para colaborar en la realización de los cambios posturales y otros
movimientos de un paciente encamado.
Tanto en estas actividades como en cualquier otra que precise sostener o desplazar a personas u objetos, es
conveniente observar unos principios básicos de mecánica corporal, con el fin de evitar lesiones o contracturas en el
profesional y riesgos para el paciente.

NORMAS FUNDAMENTALES
Ø Adaptar el área en que se realizará la actividad, retirando los objetos que la entorpezcan y colocando la cama o
camilla en la posición apropiada.
Ø Aumentar la estabilidad corporal, ampliando la base de sustentación (separando los pies y adelantando uno respecto
al otro) y descendiendo el centro de gravedad (flexionando las piernas).
Ø Utilizar preferentemente los músculos de los muslos y piernas en lugar de los de la espalda, y el mayor número
posible de ellos (los dos miembros superiores en lugar de uno sólo).
Ø Sujetar o trasladar un objeto manteniéndolo próximo al cuerpo, porque así se acercan los centros de gravedad.
Ø Al levantar un objeto pesado del suelo, no hay que doblar la cintura, sino flexionar las piernas y elevar el cuerpo,
manteniendo recta la espalda. De esta forma, el levantamiento está a cargo de los músculos de las piernas y no de los
de la espalda.
Ø Deslizar o empujar requiere menos esfuerzo que levantar. Al hacerlo, la fricción puede reducirse procurando que la
superficie esté lo más lisa posible.
Ø Utilizar el peso de nuestro cuerpo para facilitar la maniobra de empuje o tirar de un objeto, contrarrestando su peso,
lo que exige menor energía en el desplazamiento.
Ø Girar el tronco dificulta la movilización. El cuerpo debe mantener una alineamiento adecuado mientras hace un
esfuerzo.
Ø Cuando la realización de la tarea supone algún riesgo para el paciente o para el auxiliar de enfermería, hay que
solicitar la ayuda de otro profesional o de alguna ayuda técnica (grúa o elevador).
BIOMECÁNICA Y MOVILIZACIONES
Introducción

Los movimientos espontáneos del cuerpo humano se engloban dentro del patrón biológico de movimientos de la especie humana
que el niño toma como referentes para iniciar el proceso de integración de su propio patrón.
En el inicio de la maduración psicomotriz se conforman los patrones de movimiento evocados, que representan la forma más segura
y económica de mantener la propia estructura física, en estática y en movimiento. Representan el nexo de unión del niño con las
leyes de la biomecánica que se deben aprovechar en beneficio propio para madurar, evolucionando hacia patrones de movimiento
que necesitan un mayor control, integrándolos en el patrón definitivo que conforma el esquema corporal. En el anciano, estos
movimientos representan el referente de seguridad, ya que le obligan a reencontrarse con una forma primaria de movimiento, que le
permitirá tener un nivel alto de independencia sin necesidad de correr riesgos de accidente.
Al ser la forma más primaria y segura de movimiento, por respetar íntegramente tanto la funcionalidad de los grupos y cadenas
musculares como las leyes de la biomecánica, constituyen el referente a reproducir para la elección de cualquier método de
movilizaciones de personas dependientes.
Las ventajas que se obtienen al realizar las técnicas de movilización de personas de acuerdo a los movimientos espontáneos del
ser humano son las siguientes:

 Para el cuidador representan el medio más seguro de generar un movimiento concreto con el mínimo gasto de energía.
 Previenen la aparición de lesiones al minimizar la aparición de la fatiga muscular.
 Respetan la dignidad del ser humano al permitir a la persona dependiente reencontrarse con el patrón biológico evocado
desde la infancia. Esta circunstancia proporciona seguridad y confianza, con lo que se facilita la comunicación entre
el paciente y el cuidador.
 Facilitan el logro o mantenimiento de los niveles de autonomía de la persona dependiente, dado que reinician un proceso
de aprendizaje y coordinación psicomotriz ya realizado en la infancia.
 Son fiables, puesto que representan los logros conseguidos por la especie humana en su proceso evolutivo.
 Son breves en el tiempo y de fácil repetición, ya que el consumo de energía necesaria por parte del cuidador es mínimo al
considerar y utilizar en provecho propio todas las fuerzas que intervienen en los movimientos.
 El cuidador dignifica su práctica profesional al asumir un papel de referencia para la persona dependiente en la ejecución
de los planes de cuidados de salud. Este cambio de rol permite a la persona dependiente recuperar su protagonismo y
elimina todas las connotaciones falsamente caritativas en la ejecución de dichos planes.

Concepto de movilización de personas dependientes


Introducción
Movilizar es coordinar el movimiento de las personas dependientes desde la expresión corporal del cuidador, representando
gráficamente los movimientos espontáneos del cuerpo humano, como haría la propia persona si tuviera la capacidad física o mental
necesaria.

Como se ha comentado en este capítulo, el ser humano culmina el proceso de


maduración personal mediante la integración, en uno solo, de los diferentes patrones de movimientos adoptados por la especie en
su proceso evolutivo, por la herencia y por los condicionantes sociales de referencia (esquema corporal). Estos patrones se
inscriben en el cerebro, automatizándose y coordinándose desde el bulbo raquídeo y actuando como patrones evocados de
movimiento. Dichos patrones actúan como referentes en la conformación del esquema corporal vital de cada persona, lo que le va a
permitir, mediante la expresión corporal, comunicar gráficamente sus sentimientos y necesidades para mantener una relación
positiva de independencia y armonía con su entorno, de modo que favorezca su supervivencia (Ver Imagen 1).
Estos movimientos que sirven como modelo en la ejecución del patrón personal de movimientos se corresponden con los
denominados movimientos primarios o espontáneos del cuerpo humano. A partir de ellos se produce la evolución personal hacia los
movimientos autónomos, más evolucionados, en cuya expresión gráfica aparecen como elementos determinantes de la personalidad
de cada individuo: el logro del equilibrio dinámico, la coordinación temporo-espacial en el movimiento y la posibilidad de comunicarse
con el entorno a través de la comunicación no verbal.
En cualquier proceso de enfermedad física o mental que implique un nivel de dependencia en el área relacional, la mente humana
involuciona de los movimientos autónomos a los movimientos espontáneos, más simples y seguros. El siguiente nivel de
dependencia se produce cuando se pierden las habilidades para utilizar y representar los principios básicos de pivote, balanza y
contrapeso, que permiten controlar las leyes más elementales de la biomecánica para lograr la mayor movilidad con el menor
consumo de energía posible.
Cuando se desea elegir adecuadamente una técnica concreta para movilizar a una persona dependiente, el primer objetivo del
cuidador de salud debe ser descubrir el patrón personal y específico que rige los movimientos de la persona dependiente, de forma
que la función coordinadora se centre más en la representación corporal de estos movimientos por el paciente que en la adopción
de posiciones de seguridad rígidas y estrictas. En la medida que se logre esta coordinación de movimientos, y se permita que la
persona dependiente se reencuentre con su propio patrón de movimientos espontáneos integrados en su niñez, se habrá logrado el
objetivo fundamental de movilizar con seguridad, sin comprometer la propia dinámica corporal de la persona objeto de la técnica
de movilización.
La eficacia en las movilizaciones de personas dependientes va directamente relacionada con la capacidad del cuidador para motivar
e implicar positivamente a la persona dependiente en el ejercicio de su propia autonomía.
La competencia en lo que se refiere a la elección de las técnicas convenientes en cada caso, los modos adecuados a la situación
actual de la persona y la capacidad de transmitir positivismo y seguridad van a ser factores determinantes en la implicación asertiva
de la persona dependiente en la tarea de mantener e incrementar sus niveles de relación y calidad de vida (Ver Imagen 1).

Condicionantes en la elección de la técnica de movilización


Las circunstancias a tener en cuenta en la elección de una determinada técnica de movilizaciones vienen condicionadas por:

 La trayectoria física del movimiento que se quiere realizar. La propia trayectoria física informa de los obstáculos,
objetivos y subjetivos, que se deben superar para lograr una ejecución correcta y segura de la técnica:
o Los obstáculos objetivos vienen definidos por las condiciones de accesibilidad del entorno, por el cuadro clínico
presentado por la persona dependiente y por el rol que quiera asumir en el logro o mantenimiento de su
autonomía.
o Los obstáculos subjetivos se identifican analizando el propio patrón social del ser humano que condiciona la forma
de moverse y vestirse, por lo que es necesario considerar los factores relacionados con las formas que rigen la
estética de la civilización, el pudor, los formalismos o la rutina de ambos.
 Los condicionantes de movimiento que presenta la persona dependiente. Se representan por las preguntas: ¿qué
quiere?, ¿qué puede? y ¿qué se le deja hacer a la persona dependiente?
 Por último es importante tener en cuenta el entorno donde se desarrolla la acción y las condiciones de seguridad del
mismo, tanto para el cuidador como para la persona dependiente.

Las situaciones concretas que deberían ser, por pura lógica, determinantes para la elección de una técnica específica y el desarrollo
y mantenimiento de un esquema corporal positivo, se diversifican de tal forma que la movilización de personas dependientes se
convierte en un estilo personal que cambia en la medida que cambian las condiciones físicas y emocionales del propio cuidador y de
la persona dependiente.

Diferentes modos de movilización


Teniendo en cuenta el nivel de dependencia de cada persona y la implicación que esté dispuesta a aceptar en el mantenimiento y
logro de unos niveles aceptables de autonomía, su movilización puede ser enfrentada por el cuidador considerando tres modos
diferentes:

 Modo pasivo para la persona dependiente.


 Modo controlado.
 Modo participativo (con ayuda).
 En el modo pasivo para la persona dependiente, la acción y el control corren a cargo del cuidador de salud, ya que la
persona no colabora o se opone a la acción:
o Las técnicas a elegir deben permitir palancas musculares y/u óseas muy cortas y potentes desde posiciones muy
próximas a la persona dependiente.
o Los gestos y posiciones deben potenciar la seguridad más que el mantenimiento de la autonomía de la persona
dependiente. La cabeza de la persona dependiente tiene que mantenerse de forma pasiva orientada hacia el
movimiento para favorecer la acción sin generar daños (actitud intrapostural positiva).
 En el modo controlado la persona dependiente es capaz de controlar el peso y los movimientos de la cabeza:
o Las técnicas son similares a las desarrolladas en modo pasivo, con la importante salvedad de que se inician
siempre con una instrucción por parte del cuidador para que la persona dependiente oriente siempre su mirada en
la dirección del movimiento, para permitir actitudes intraposturales positivas que favorezcan la ejecución del
movimiento por parte del cuerpo de la persona dependiente.
 En el modo participativo la persona dependiente colabora realizando movimientos alternativos con alguna parte de su
cuerpo y recibiendo instrucciones del cuidador de salud:
o En este modo prima la ejecución dinámica de los movimientos espontáneos adoptados por los seres humanos. Es
necesario que el cuerpo del cuidador no estorbe la acción invadiendo el espacio vital de la persona dependiente.
o Deben lograrse gestos y posiciones positivos para la acción.
o La comunicación entre la persona dependiente y el cuidador de salud es muy importante, por lo que sus
instrucciones han de ser muy concretas, simples de entender, sencillas de ejecutar y sobre todo divertidas y
desenfadadas para que sean deseables por la persona dependiente.

Los diferentes modos de realizar las técnicas de movilización deben tender siempre a potenciar la autonomía del paciente y
podrían resumirse en:

 “Dejar hacer”: para personas autónomas en lo que respecta a control de movimientos.


 “Hacer hacer”: si el nivel de dependencia es leve y solamente necesitan estímulos verbales.
 “Hacer con”: en aquellas situaciones en las que es necesario una pequeña aportación o control físico por parte del
cuidador.
 “Hacer por o para”: en circunstancias en las que los niveles de dependencia física o mental es severa y obliga al cuidador a
una participación importante en el desarrollo del movimiento.

Clasificación mecánica de las técnicas de movilización


Analizando los aspectos mecánicos de las acciones a realizar, las técnicas se pueden dividir en:

 No ponderales.
 De verticalización.
 Ponderales.

Técnicas no ponderales
Las técnicas no ponderales son aquellas en las que la masa corporal de la persona dependiente no es determinante en la ejecución
de la misma por estar soportada por una estructura física inanimada como una silla, la cama, etc. Solamente es necesario tener en
cuenta los factores relacionados con las leyes de la biomecánica y la posición previa del cuerpo de la persona dependiente. Las
fuerzas que actúan como determinantes en este tipo de técnicas son la aceleración, la velocidad y la inercia.
Representan el 78% de las actividades de la vida diaria (se incluyen aquellas que tienen un componente de verticalización en alguna
fase de su ejecución) y representan el 57% de las necesidades de movilización. Las técnicas a considerar en este grupo se refieren
a las actividades de la vida diaria hechas en la cama de la persona dependiente, los levantamientos, la mayoría de los
enderezamientos en posición de sentado o acostado, algunas traslaciones con la persona acostada y las bajadas.
El desarrollo de estas técnicas viene condicionado por la capacidad del cuidador de salud para representar, de forma adecuada, la
trayectoria física y por la eliminación de obstáculos objetivos y subjetivos. Es importante tener en cuenta la inhibición de los reflejos
de levantamiento por parte del cuidador de salud evitando convertir en ponderal una técnica que se puede realizar como no
ponderal.

Técnicas de verticalización
Las técnicas de verticalización (o de mantener la posición vertical) vienen determinadas por los factores derivados del equilibrio, ya
sea en posiciones estáticas como la sedestación sin respaldo, o dinámicas como los giros o la marcha  (Ver Imagen 2).
Representan el 33% de las actividades de la vida diaria (se incluyen técnicas con componentes ponderales y no ponderales) y
representan el 27% de las necesidades de movilización. En este grupo se incluyen las actividades de la vida diaria como algunas
ayudas a la marcha, enderezamientos y traslaciones sentado o contoneo.
En el desarrollo de estas técnicas es importante controlar los centros y ejes de gravedad tanto de la persona dependiente como del
cuidador de salud. Ese control pasa por situaciones en las que es necesario integrar los dos centros de gravedad en uno solo o por
otras en las que superponerlos.
En las situaciones de verticalización la habilidad y el sentido del equilibrio son características fundamentales de los cuidadores de
salud ya que lo más importante, tanto para el cuerpo del cuidador como para el de la persona dependiente es controlar la rotación
del tronco. La rotación, entendida aquí como un pivote, ya sea sobre el eje axial o sobre el anteroposterior, va a evitar la torsión del
raquis con las indeseables consecuencias de distensiones tendinosas o musculares, luxaciones articulares o cizallamientos
vertebrales. La rotación nunca lleva implícita una deformación de la estructura que es una consecuencia lógica de la torsión.

Técnicas ponderales
En las técnicas ponderales los factores más importantes son los relacionados con la masa corporal de la persona dependiente.
Representan el 22% de las actividades de la vida diaria (se incluyen aquellas relacionadas también con situaciones de
verticalización) y representan el 16% de las necesidades de movilización para el cuidador de salud. Se corresponden con los
transportes, las transferencias, las elevaciones del suelo y algunas traslaciones.
En la ejecución de estas técnicas es necesario incorporar gestos y posiciones de seguridad adecuadas al riesgo. Estas situaciones
se pueden encontrar resueltas en actividades físicas y deportivas relacionadas con la carga y transporte de objetos como la
halterofilia, etc.
En el diseño y ejecución de estas técnicas la complejidad viene dada por la necesidad de comunicación positiva entre los cuidadores
que intervienen en la acción, ya que en las técnicas ponderales se hace imprescindible la unión entre los cuidadores, coordinando
adecuadamente los desplazamientos en horizontal y salvando los gradientes de altura en varias etapas.

GESTOS Y POSICIONES BÁSICAS


Introducción

El objetivo de los diferentes métodos de movilización de personas dependientes es hacer reconsiderar las actitudes del cuidador
de salud con respecto a su propio cuerpo para mejorar su esquema corporal, de forma que adopte pautas de conducta saludables
desde un punto de vista de higiene corporal.
La movilización de  personas  u objetos inanimados obligan a un cambio que se refiere tanto a una actitud mental, en cada aspecto
de la ejecución de planes de cuidados de salud, como al conjunto de reacciones físicas necesarias para garantizar la ejecución de
los planes de salud con seguridad física, tanto para el cuidador como para la persona dependiente.
Los parámetros de seguridad abarcan todas las actividades de la vida diaria, haciendo referencia tanto a la prevención de
accidentes mecánicos por parte del cuidador como al reencuentro con su cuerpo y la autonomía por parte de la persona
dependiente. Este proceso de evolución personal se debe orientar hacia la adopción de un estilo de vida que potencie la calidad de
vida y la autonomía. No es posible cuidar a los demás si no se sabe cuidar de uno mismo. El cambio necesario de actitudes y
aptitudes es mucho más profundo de lo que puede parecer a simple vista, ya que pasa por una reorientación en las prioridades
vitales de cada persona.
La fatiga muscular es la causa que dispara el riesgo de padecer accidentes mecánicos. Esta fatiga muscular prematura aparece por
una incorrecta integración de los patrones de movimiento del ser humano en la niñez y por una excesiva dependencia de los
patrones sociales al moverse o en la forma de vestir o calzar (esquemas corporales negativos). Para lograr una prevención eficaz de
los accidentes mecánicos, tanto en el trabajo como en el ejercicio de las actividades de la vida diaria, es necesario volver a integrar
dichos patrones de movimiento racionalizándolos y automatizando los nuevos. Este aprendizaje solo es posible desde altos niveles
de autoestima y desde la firme decisión de lograr un esquema corporal que permita a la persona vivir en armonía consigo misma y
con el entorno. Es decir, el cuerpo debe ser capaz de responder a las demandas individuales de la vida diaria para lograr sus metas
existenciales hoy y en el futuro.
A partir de estos principios de racionalidad se proponen pautas de conducta y una representación espacial del movimiento que
garanticen eficacia, economía y seguridad en los desplazamientos, levantamientos y en el llevar y traer personas u objetos
inanimados.
El método propuesto en este estudio se basa en actitudes individuales, por lo que el conjunto de técnicas de movilización
de personas o cargas deben ser rediseñadas por cada uno de acuerdo a sus características individuales que van a generar
barreras subjetivas diferentes en cada persona.
Las características morfológicas, el propio esquema corporal, la cultura, el pudor, etc., son condicionantes muy importantes a tener
en cuenta en el momento de resolver una necesidad de movilización o de hacer un gesto. Esto hace que no haya un método
universal válido para garantizar la seguridad y la eficacia en los gestos y posiciones. La forma individualizada de mover  personas  y
cargas será correcta en la medida en que sea analizada y racionalizada por la persona, identificando, asumiendo y corrigiendo de
forma voluntaria los riesgos de cada día. Asumir estos riesgos va a dar una perspectiva nueva a su forma de moverse, siendo el
agente motivador necesario para continuar en el camino del cambio y del mantenimiento de la autoestima a través del respeto al
propio cuerpo.
Los gestos y posiciones básicas necesarias para una movilización correcta de personas dependientes u objetos inanimados son
pocos desde el punto de vista numérico. Lo que complica el problema es la cantidad de variantes que deben adoptarse para poder
cubrir de forma eficiente todas las circunstancias que inciden en cada necesidad de movilización. Estas variables estarán
relacionadas con el esquema corporal del cuidador y su estado de ánimo en ese momento, la empatía que tiene con la persona a
movilizar, el cuadro clínico presentado por la persona dependiente, los niveles de implicación de cada persona en su propia
autonomía, los formalismos y la rutina de cada grupo humano, los obstáculos presentados por el entorno, etc.
Los gestos y posiciones básicos de seguridad son:

 La posición de banqueta.
 El gesto de finta.
 El gesto de contrapeso.
 La posición de bandeja.
 La posición de consola.
 La posición de supinación.
 Las posiciones en bóveda o pórtico.

Las acciones que se hacen necesarias para el desplazamiento de personas dependientes u objetos inanimados pueden
enumerarse en:

 Sostener.
 Soportar.
 Enderezar.
 Empujar y atraer.
 Envolver.
 Levantar y acostar.
 Llevar.
 Flexionar y extender.
 Tocar.
 Subir y bajar.
 Depositar.

El método de movilización de personas dependientes u objetos inanimados que cada persona decida seguir incluirá estas
acciones aunque cambien sus denominaciones. Las técnicas a diseñar, como consecuencia de la observación sistemática de los
movimientos del cuerpo humano, se pueden clasificar en nueve grupos diferentes:

 Vueltas y vuelcos.
 Giros.
 Transferencias.
 Levantamientos.
 Enderezamientos.
 Transportes.
 Bajadas.
 Traslaciones.
 Elevaciones.

Ciertos grupos de técnicas corresponden a situaciones en las que el peso de la carga no influye de forma decisiva en la ejecución
de dicha técnica como: las vueltas, los levantamientos y las bajadas. La  atención  de la persona que realiza la acción se centrará,
ante todo, en no convertir en ponderales, levantando la carga, situaciones que se pueden resolver empujándola. En estas
circunstancias la ejecución de la técnica desde posiciones que impliquen necesariamente indicadores posturales positivos para esa
acción va a ser determinante para prevenir riesgos. Si una técnica que implique levantamiento no ponderal, a priori se inicia desde
un indicador postural que implique carga, se cargará y el levantamiento se convertirá en ponderal con bloqueo muscular añadido.
Otros grupos de técnicas se corresponden con situaciones de verticalización, por lo que las habilidades para coordinar las
posiciones virtuales de los centros de gravedad en cada momento van a ser decisivas. En estos grupos va a ser fundamental el
sentido de equilibrio de la persona que moviliza y su posición en el espacio para no estorbar a la acción.
Por último, en otros grupos, el factor ponderal va a ser muy importante, por lo que la posición de partida y la ejecución de la técnica,
desde posiciones seguras, será decisiva para minimizar o eliminar el riesgo de accidentes mecánicos. En este grupo se repite la
necesidad de adoptar posiciones con indicadores positivos para el movimiento.

Principios básicos de higiene postural en la movilización de


personas dependientes
Se habla de higiene postural cuando se respeta en todo momento al cuerpo humano integrándolo armónicamente en el espacio,
tanto en situaciones de reposo como de movimiento. En este sentido, es necesario adecuar la actuación del cuidador a cada
situación y momento de la técnica a realizar, tanto si se trata de ejecutar un itinerario (ciclo de marcha) cargando, como si es
necesario realizar una trayectoria física, mediante gestos y posturas de seguridad. En cada situación la posición en el espacio del
cuerpo del cuidador debe ser coherente y racional con dicho itinerario o trayectoria física. Un posicionamiento en el espacio es
racional cuando existe movilidad que permite ir hacia el peso sin atraerlo, estabilidad que equilibra el peso neutralizándolo y el
control que permite descender hacia el peso sin inclinarse sobre él.
Los gestos y posiciones son eficaces y se realizan con seguridad cuando: la estabilidad es constante en todo el desarrollo de la
acción controlando los centros de gravedad respectivos, la columna vertebral del cuidador de salud tiene una inclinación casi nula, la
fuerza necesaria para levantar se hace desde las extremidades inferiores, los desplazamientos son muy cortos y la trayectoria es
vertical.

La mirada y la posición de la cabeza deben marcar el punto de partida, propiciando la excitación


neuromuscular, que favorece la acción deseada (actitud intrapostural positiva para el movimiento o sinergia producida por la
activación del reflejo oculocefalógiro). Este principio es válido tanto para el cuidador de salud como para la persona dependiente. En
el caso del cuidador de salud le va a permitir iniciar el movimiento y mantener la posición en equilibrio armónico y seguro con el
menor consumo de energía posible (Ver Imagen 24).
En el caso de la persona dependiente le servirá de reencuentro con los movimientos espontáneos integrados en el patrón de
movimientos de la especie humana, por lo que facilitará la acción “sin estorbar”. La mirada deberá estar centrada en la dirección al
movimiento en dinámica y en la horizontal en estática para facilitar el mantener la posición de la espalda recta y erguida sin riesgo.
La espalda ha de mantenerse siempre recta y erguida, con los codos pegados al cuerpo, permitiendo la posición neutra o de
supinación de las muñecas. Esta posición permite evitar el efecto grúa y cargas accesorias sobre la espalda al hacer que la línea de
fuerza de la masa manejada con las manos vaya directamente sobre las caderas. No es conveniente bascular excesivamente la
pelvis, que produciría un aumento de la lordosis lumbar con estiramiento de toda la musculatura de la espalda.
Las piernas del cuidador deben estar abiertas a la anchura de las caderas con los pies en paralelo lo más próximas a la carga. Esta
posición permite la utilización funcional del miembro inferior libre de bloqueos generando el polígono de sustentación más amplio
deseable.
En aquellas situaciones en las que es necesario un desplazamiento lateral tiene que utilizarse un gesto de finta. El paso de la carga
de una pierna a otra amplifica el movimiento, permitiendo a la columna mantener su posición de resistencia sin curvarse ni
torsionarse.

Los centros de gravedad del cuidador y de la persona dependiente deben superponerse, minimizando de esta forma el efecto grúa,
con el sobrepeso que ello conlleva. Las movilizaciones con el centro de gravedad del cuidador de salud alejado del de la persona
dependiente precisan de un esfuerzo desmesurado, es necesario recurrir a una fuerza muscular excesiva y van contra los principios
básicos de mecánica muscular (Ver Imagen 25).
Los agarres y apoyos en los miembros superiores nunca deben hacerse por encima del codo. Los agarres realizados por encima del
codo provocan siempre una inhibición del reflejo de sostén en los miembros inferiores unida a una activación del reflejo de “agarre”
en los miembros superiores.
En consonancia con este principio de eficacia neuromuscular los agarres por encima del codo y sobre las axilas de
las personas dependientes han de ser desestimados en cualquier plan de cuidados de salud.
En aquellas situaciones en las que la trayectoria física deja paso al concepto de itinerario desarrollándose un ciclo de marcha, los
desplazamientos necesarios deben realizarse utilizando la representación geométrica de trayectorias diagonales, curvas y espirales.
Este tipo de movimientos activan los reflejos de apoyo. Durante la marcha los pies se colocarán uno al lado del otro, nunca uno
delante del otro porque en este último caso se pierde la eficacia del movimiento, siendo entonces desordenado, descoordinado y de
alto riesgo, tanto para el cuidador como para la persona dependiente.
En las técnicas que implican una necesidad de transporte es conveniente fragmentarlas en fases que permiten desarrollar la acción
con seguridad y economía de esfuerzos. En este sentido debe colocarse la carga lo más cerca posible del cuerpo, se levanta
verticalmente a la menor altura posible, el desplazamiento es coordinado y estable, se desciende verticalmente (Ver Imagen 26).

Han de adoptarse posiciones flexibles de seguridad que no obstaculicen la funcionalidad del gesto. Con posiciones estáticas rígidas
el cuerpo se convierte en una estructura muy frágil, a la vez que se dificulta el mantenimiento del equilibrio dinámico. La posición de
seguridad ideal en el punto de partida será siempre con flexión de rodillas hacia la posición de banqueta, favoreciendo la eficiencia
de los movimientos desde posiciones seguras y gestos dinámicos. Esta posición de piernas flexionadas permite lograr una mayor
amplitud de movimientos evitando extensiones completas de la espalda. El levantamiento se produce entonces utilizando la
musculatura de la extremidad inferior sin cargar la extremidad superior.
Las caderas nunca deben estar por debajo de la línea de las rodillas para evitar bloqueos de esta articulación y apertura de las
vértebras lumbares. En los casos en que se necesite bajar mucho el centro de gravedad, los límites de la altura de bajada vienen
dados por la adopción de la posición de halterofilia. En aquellas situaciones en las que es necesario bajar aún más en altura, se
utilizará siempre la posición de rodilla en tierra con el codo apoyado en el muslo en posición de consola. También es importante
corregir la falta de alineación de la cintura escapular con el resto del raquis por posiciones incorrectas de hombros y de las vértebras
cervicales por inclinación de la cabeza hacia delante con la generación del efecto grúa que ello conlleva (es de vital importancia
mantener la mirada en la horizontal).
En los movimientos en los que se implica el raquis en su conjunto la situación siempre se resolverá mediante una rotación, evitando
torsiones. El movimiento de rotación no implica deformación de la estructura, mientras que la torsión sí. Es necesario rotar sobre el
eje axial de la columna sin torsionarla.
La movilidad de las caderas debe ser siempre una característica fundamental en un esquema corporal maduro orientado siempre a
prevenir riesgos. La correcta movilización de las caderas y su utilización como punto de apoyo del codo (posición de consola)
permite generar y potenciar movimientos muy seguros evitando tracciones musculares bruscas de la musculatura vertebral. En los
gestos de finta el movimiento debe realizarse por flexión de las piernas. Esta técnica nunca se realiza en extensión completa del
miembro inferior ya que deben inhibirse los reflejos de levantamiento por parte del cuidador que obligan a un trabajo muscular
inadecuado. El pie sobre el que bascula el peso del cuerpo debe colocarse siempre en la dirección del movimiento evitando
luxaciones y bloqueos de tobillo.
Deben buscarse posiciones y puntos de apoyo seguros para mantener estable el polígono de sustentación formado por la
integración de los centros de gravedad del cuidador y de la persona dependiente.
Es muy importante utilizar el material como punto de apoyo para el mantenimiento del equilibrio estático y el peso de la persona
dependiente como un medio eficaz para neutralizar desde la masa corporal del cuidador la de la persona dependiente (principio del
contrapeso) (Ver Imagen 27).
Los agarres, cuando son necesarios, se hacen sobre la ropa de la persona dependiente o sobre zonas anatómicas relacionadas
directamente con el esqueleto siempre que no impliquen afectaciones sobre paquetes vasculares o nerviosos a nivel articular,
evitando siempre tracciones sobre la articulación del hombro. Las manos del cuidador deben mantenerse con los cinco dedos unidos
en supinación o posición neutra inhibiendo los reflejos de extensión y levantamiento cuando sea preciso (posición de la mano
formando una cuchara) (Ver Imagen 28).
Es conveniente evitar cuidadosamente agarres en pinza o garra porque son molestos, bruscos y generan reacciones de agarre a su
vez por la persona dependiente sobre el cuerpo del cuidador de salud.
Es preciso respetar en todo momento la alineación anatómica del cuerpo de la persona evitando tracciones sobre las cervicales y la
cabeza.
Cuando la técnica tiene que realizarse por varios cuidadores es imprescindible coordinarse con anterioridad eligiendo la acción más
breve posible, adoptando posiciones muy próximas entre sí y realizando varias etapas si las necesidades exigen un cambio en los
gradientes de altura. Estas etapas permiten reconsiderar los gestos necesarios y cambiar las posiciones garantizando brevedad y
eficacia en la acción.

6.Técnicas de movilización (II): traslaciones, transferencias, transportes y elevaciones


Sección:
Las transferencias
Título:
Las transferencias

Introducción

El presente capítulo completa al anterior sobre técnicas de movilización para personas dependientes. Se verá a lo largo del mismo
en qué consisten las traslaciones, las transferencias, los transportes y las elevaciones, con sus diferencias y connotaciones propias
dentro del mayor entorno de seguridad para el cuidador o cuidadores y el paciente.

Las transferencias
El objetivo de este grupo de movilizaciones es lograr pasar el cuerpo de la persona dependiente de un emplazamiento dado a otro
contiguo, en distinto plano horizontal, con un gradiente de altura (Ver Imágenes 6 y 7).
Este grupo de técnicas entran en el
grupo donde la ponderalidad adquiere valores importantes, por lo que el peso de la persona va a ser un factor importante en el
momento de decidir cuántos cuidadores de salud intervienen en la acción, qué posiciones de seguridad se van a adoptar, quién va a
dirigir la acción y qué gestos va a realizar cada uno para lograr el efecto deseado.
Los gestos a realizar son en la mayoría de los casos los de finta y contrapeso desde posiciones de seguridad utilizadas en el deporte
de la halterofilia.

Paso de acostado sobre la espalda a la posición de sentado


en una silla, en modo pasivo, por dos cuidadores de salud y
viceversa

Uno de los cuidadores busca una posición de cara al borde de la mesa, teniendo a su lado el
asiento. El otro cuidador se coloca en la cabecera de la mesa detrás de la cabeza del paciente. La ubicación concreta de ambos
debe corresponder a un lugar que sea cómodo y seguro al finalizar la técnica, de forma que se eviten desequilibrios o torsiones en
una actitud de soportar peso. Consiste en:

 El cuidador que se sitúa a los pies de la persona dependiente debe aproximarse tanto como sea posible a la cama o camilla
de destino, teniendo de partida una posición combinada de halterofilia y finta, apoyando el codo en su muslo a la altura de
la rodilla, lo que le permitirá bascular hacia los pies de la cama sin levantar los pies del suelo. Como medida de refuerzo es
posible colocar los pies de la persona dependiente apoyados en la cama o camilla de reconocimiento. En este caso, el
cuidador encargado de movilizar esta parte del cuerpo debe levantarle movilizando desde las caderas del paciente (Ver
Imagen 8).
 El cuidador situado a la cabeza del paciente realiza un gesto de finta solicitándole, si es posible, que apoye la cabeza en su
hombro con la mirada en la dirección del movimiento.
 Si la técnica se realiza en sentido ascendente, el cuidador que se encarga de movilizar los pies y las caderas basculará en
finta hacia la silla, facilitando el efecto de flexión de la persona dependiente. Es importante tener la precaución de controlar
la silla con el pie que recibe y que bascula, en el gesto de finta.
Paso de sentado en la cama o camilla a la posición de
sentado en una silla, en modo pasivo, por un cuidador

En la posición de partida la persona dependiente se encuentra sentada al borde


de la cama.
Es condición indispensable para realizar esta técnica que la diferencia de altura entre la cama y la silla no sea superior a treinta
centímetros, dependiendo en todo caso de la longitud de las piernas de la persona dependiente. Tener presente que:

 El cuidador se coloca enfrente de la persona dependiente, controlando la posición de sedestación con la palma de cada
mano apoyada en el omóplato y orientada hacia el hombro del mismo lado con los antebrazos por debajo de las axilas. La
extremidad inferior se controla mediante bloqueo de las rodillas de la persona dependiente con su rodilla. Hay que recordar
que el apoyo nunca debe comprometer la rótula (Ver Imagen 9).
 La técnica se ejecuta mediante un gesto de contrapeso descrito en los enderezamientos por delante, combinado con una
acción de empuje lateral que se traduce en un gesto de arrastre del cuerpo de la persona dependiente hacia la silla o cama.

Paso de sentado en la cama o camilla a la posición de


sentado en una silla, en modo pasivo, por dos cuidadores

La misma técnica puede ser realizada por la acción coordinada de dos cuidadores. En
este caso el segundo cuidador adopta una posición cómoda al lado de la persona dependiente entre la cama o camilla de origen y la
silla de destino. Su misión será la de llevar las caderas de la persona dependiente al fondo de la silla mediante un gesto de finta.

 En la posición de partida el otro cuidador adopta la misma que la descrita en la técnica anterior, siendo este el que coordina
y dirige la acción. A su instrucción hacia su compañero de: “¿estás preparado? ¡Ya!” realiza un gesto de contrapeso que
neutraliza la masa de la persona dependiente, momento en que continúa la acción el otro compañero llevando las caderas
de la persona dependiente, con un gesto de finta y pivote por apoyo de sus manos en las caderas de la persona
dependiente (Ver Imagen 10).

Paso de sentado en la cama o camilla a la posición de


sentado en una silla, en modo pasivo, por un cuidador,
utilizando lonetas de movilización y/o cinturón de
movilización

La técnica se ejecuta utilizando un gesto de contrapeso y pivote realizados sobre el


pie más útil de la persona dependiente. Consiste en:

 El cuidador de salud coloca la loneta de movilización debajo del inicio de las nalgas de la persona dependiente y coloca sus
manos dentro del cinturón de ayuda a las movilizaciones.
 Esta posición tiene por objeto mantener el cuerpo de la persona dependiente con su masa neutralizada, durante un tiempo,
por el principio de la balanza. Desde esta posición realiza el gesto de contrapeso y finta que permiten la realización de la
técnica minimizando las necesidades de carga y los obstáculos objetivos (Ver Imagen 11).
 La cabeza de la persona dependiente va siempre en la dirección del movimiento.
 En el caso que la persona dependiente pueda y quiera participar en la acción puede evitarse la utilización en modo pasivo
del cinturón de ayuda en la movilización. En este caso, el cuidador de salud dará la instrucción de “apóyate en mis caderas”
para mantener la posición inclinada hacia delante del tronco y la rentabilidad que le da la utilización del principio de la
balanza.

Consideraciones a tener en cuenta


 Las transferencias pertenecen a un grupo de técnicas de movilización en las que la carga ponderal es un factor importante.
Estas situaciones deben ser resueltas desde gestos y posiciones de seguridad, para evitar riesgos para la columna
vertebral del cuidador de salud. Esta gama de gestos y posiciones seguros se encuentran en todas las actividades físicas
relacionadas con el levantamiento y transporte de cargas, como el deporte de la halterofilia. En este sentido la línea de las
caderas nunca estará por debajo de la de las rodillas para mantener funcional el cuádriceps y la articulación de la rodilla. En
la movilización de pacientes se tiene la ventaja de que es posible apoyarse en el material sobre el que reposa el cuerpo de
la persona dependiente.
 En las transferencias horizontales es fundamental una acción coordinada entre los cuidadores que intervienen en la
realización de la técnica, manteniendo siempre el contacto personal. Es preciso repartir las posiciones a ocupar de acuerdo
a las características físicas de cada cuidador. Se repite aquí la necesidad de inhibir la tendencia a levantar lo que puede ser
arrastrado. Esto se logra con facilidad si se mantiene la posición de banqueta correcta, con los codos firmemente apoyados
en el material. El cuidador que moviliza la cabeza del paciente debe tener especial cuidado, mediante un bloqueo eficaz del
cuello, en evitar luxaciones y tirones cervicales a la persona dependiente por tracciones laterales bruscas.
 La cabeza de la persona dependiente siempre acompañará en la dirección del movimiento.
 Cuando se trata de transferencias verticales se pone de relieve la anatomía, fisiología y especial distribución del peso de
las partes constituyentes del cuerpo humano. El cuidador más hábil y con mejor educación gestual debe encargarse de
movilizar las piernas, la pelvis y el tronco, dejando para el compañero la cintura escapular y la cabeza, que constituyen un
conjunto menos importante a los efectos de esta movilización.
 En estas técnicas es conveniente la utilización de las lonetas de movilización porque dan seguridad tanto al cuidador de
salud como a la persona dependiente, haciendo innecesarios los agarres sobre su cuerpo.
 En las transferencias horizontales con distinto plano horizontal, la trayectoria del movimiento se analizará separadamente,
prestando atención a si el movimiento se va a producir a favor o en contra de la gravedad. Las posiciones y los gestos
básicos a utilizar en este tipo de movilizaciones pueden encontrarse en el apartado en el que se describen las traslaciones
horizontales. Solo es preciso tener en cuenta y resolver adecuadamente, con el uso de cuñas blandas, el gradiente de
altura que separa un plano del otro.
 El cuidador o cuidadores que deben empujar el cuerpo de la persona dependiente, pueden reforzar su posición colocando
una de sus rodillas encima de la cama o camilla de reconocimiento, para evitar, de esta manera, posiciones de empuje
incómodas, con extensión total de la musculatura de la espalda y las piernas totalmente estiradas.

Variaciones tipo
Estas situaciones pueden resolverse mediante nueve técnicas o “variaciones tipo”:

 Transferencia horizontal, realizada en modo pasivo por dos o tres cuidadores (“hacer por”).
 Transferencia horizontal, realizada en modo con ayuda por dos o tres cuidadores (“hacer con”).
 Transferencia horizontal, realizada en modo pasivo por dos cuidadores, uno empujando, otro atrayendo y un tercero en la
cabeza del paciente (“hacer por”).
 Transferencia vertical bajando, realizada en modo pasivo por dos cuidadores (“hacer por”).
 Transferencia vertical bajando, realizada en modo con ayuda por dos cuidadores (“hacer con”).
 Transferencia vertical bajando, realizada en modo con ayuda por un cuidador (“hacer con”).
 Transferencia vertical subiendo, realizada en modo pasivo por dos cuidadores (“hacer por”).
 Transferencia vertical subiendo realizada en modo con ayuda por dos cuidadores (“hacer con”).
 Transferencia vertical subiendo, realizada en modo con ayuda por un cuidador (“hacer con”).

5. Técnicas de movilización (I): vueltas, levantamientos, bajadas, giros y enderezamientos


Sección:
Cambios posturales
Título:
Cambios posturales
Autor:
Manuel Frutos Martín y Andrés Manrique Naharro

Introducción

Movilizar es coordinar los movimientos de las  personas  dependientes  de acuerdo al patrón de movimientos espontáneos del
cuerpo humano, respetando su autonomía y utilizando el esquema corporal del cuidador de salud para prevenir riesgos de
accidentes.
En situaciones donde se hace necesario movilizar personas dependientes con seguridad, tanto para el cuidador de salud como
para la persona dependiente, es importante recordar que se debe elegir siempre aquella técnica que mejor se adapte a la situación
concreta de la persona dependiente, al entorno donde se desarrolla la acción y a la propia condición física y anímica de la persona
que lo cuida. La secuencia lógica es, en primer lugar, proceder a analizar la trayectoria física a seguir para eliminar los obstáculos
subjetivos y objetivos que pueden entorpecer o imposibilitar la ejecución armónica de la acción. A continuación, el cuidador de salud
debe encontrar cuidadosamente su posición en el espacio como premisa al inicio de la técnica en sí, para poder comunicarse
asertivamente con la persona dependiente solicitando de esta la máxima colaboración que puede o quiera darle. En el caso que sea
necesaria la intervención de varios cuidadores, previamente a la acción es importante que cada uno asuma un rol determinado para
no producir descoordinación del grupo en el movimiento, lo que aumentaría los niveles de riesgo para todos los integrantes en la
técnica, incluido él mismo.
Las técnicas de movilización de pacientes se dividen en no ponderales, ponderales y de verticalización, dependiendo de las
circunstancias concretas de cada situación. Todas ellas pueden ejecutarse en un modo pasivo, controlado y con ayuda por parte de
la persona dependiente, atendiendo a los niveles de dependencia y control de su propio esquema corporal que pueda o quiera hacer
la persona dependiente.
Los movimientos necesarios para dar respuesta a las necesidades más habituales de la vida diaria son relativamente pequeños en
número. Lo que complica la solución de esta necesidad vital es la gran diversidad de situaciones concretas que pueden incidir de
diferente manera e intensidad en la elección de una determinada técnica concreta. Estas variables van estar íntimamente
relacionadas, la mayoría de las veces, con los obstáculos subjetivos presentados por el esquema corporal del cuidador de salud,
niveles de autoestima, sentimientos relacionados con el pudor o la higiene, estados anímicos concretos y relaciones de
interdependencia que se puedan generar entre ambos.
Cambios posturales
Las vueltas son técnicas de movilización fundamentales para la prevención de las úlceras por presión mediante cambios posturales
que den seguridad y confort, tanto a la persona dependiente como al cuidador de salud.
Los cambios posturales se convierten a menudo en actividades no deseadas por confluir e interaccionar en negativo factores
relacionados tanto con obstáculos objetivos (como pueden ser los niveles de dependencia de la persona dependiente unidos a su
peso y volumen corporales), como subjetivos, relacionados con sentimientos de pudor, higiene, rutina, formalismos y/o presión
asistencial. Por estos motivos, entre otros, muchas veces los cuidados de salud no son lo cuidadosos que debieran, realizando
entonces cambios de posición en la estática del cuerpo de la persona dependiente, pero nunca cambios posturales.
La prevención de las úlceras por presión es uno de los objetivos más importantes a considerar en todo plan de cuidados de
enfermería. En dicho objetivo está implicado todo el equipo de salud, ya que las movilizaciones de personas dependientes para el
mantenimiento de los mejores niveles de autonomía personal forman parte esencial de los programas de salud de la comunidad.
Estos objetivos pueden lograrse con la adopción de unos buenos protocolos en lo que respecta a los cambios posturales. Para ello
se debe tener en cuenta no solo la posición en la que se desea colocar a la persona dependiente, sino también que esta posición
pueda mantenerse en el tiempo sin riesgo de obstrucción de la vía respiratoria, de caída o pérdida de la posición de decúbito lateral
de seguridad.
Los objetivos básicos de los cambios posturales son:

 Cambiar de posición al paciente para activarlo.


 Prevenir las úlceras por presión.

En la prevención de la aparición de úlceras por presión se debe actuar sobre todos los factores que intervienen en su aparición. Los
más importantes son:

 Factores físicos:
o Causas relacionadas con la mecánica corporal.
o Causas relacionadas con posiciones incorrectas.
o Causas relacionadas con efectos abrasivos por fricciones o arrugas.
o Causas relacionadas con la higiene, el calor y la humedad.
 Factores relacionados con la alimentación:
o Causas relacionadas con estados de desnutrición.
o Causas relacionadas con estados de deshidratación.
o Causas relacionadas con estados de hipotermia.
o Causas relacionadas con estados de anemia.
 Factores relacionados con la tensión emocional:
o Causas relacionadas con movilizaciones incorrectas.
o Causas relacionadas con sentimientos de soledad y abandono.
o Causas relacionadas con falta de interés por la vida.

Los factores físicos se derivan, por un lado, de la propia posición de


lateralización del cuerpo de la persona dependiente y de su nivel de verticalización y, por otro, de la acción abrasiva que tiene la
lencería de la cama cuando se pone en contacto con la piel de la persona dependiente. En el primer caso, se debe evitar
cuidadosamente que el peso del cuerpo actúe sobre las llamadas partes acras del mismo.
El mecanismo de lesión se desencadena por la presión excesiva que, debido a la posición de decúbito lateral, ejerce el sistema óseo
sobre el tejido epitelial, potenciándose la propia acción mecánica de este sistema sobre la piel, aumentando así la isquemia y la
consiguiente necrosis epitelial por presión interna.
Las partes acras son aquellas zonas del cuerpo humano en las que, por las especiales características del tejido epitelial y sus
relaciones mecánicas con el sistema musculoesquelético, la integridad de la piel está más comprometida.
Las principales ubicaciones son (Ver Imagen 6):

 Región sacra.
 Omóplatos.
 Orejas y mejillas.
 Rodillas.
 Acromion.
 Pliegues de las mamas.
 Talones.
 Codos.
 Pliegues de las nalgas.
 Trocánteres.
 Dedos.
 Pliegues del abdomen.
 Maléolos.
 Región occipital.
 Pliegue inguinal y genitales externos en el varón.

Para ser capaces de generar una buena política de prevención de las úlceras por presión, en lo que se refiere a los aspectos físicos
y de mecánica corporal, es muy útil recordar la ley física que rige las proyecciones de un punto ubicado en diferentes planos
inclinados. De acuerdo a esta ley, los puntos contenidos en un plano inclinado con respecto a otro se proyectan en la vertical sobre
el plano horizontal que le corresponde.
Siguiendo este principio para lograr que el peso de la persona dependiente se
proyecte verticalmente sobre la cama sin que su propio peso actúe sobre la zona de presión correspondiente, es necesario colocar
su cuerpo en una posición con más de veinte grados de inclinación. Para potenciar y mantener esta posición es conveniente ofrecer
a la persona dependiente una almohada que pueda abrazar, de forma que su vía respiratoria quede libre y pueda mantener la
alineación anatómica de la columna cervical, a la vez que se estimulan sus reflejos de seguridad y confort al abrazar la almohada
(Ver Imágenes 7 y 8).
La acción abrasiva que tiene la lencería hospitalaria para el cuerpo del paciente viene aumentada por el uso sistemático de
detergentes de última generación y el lavado y secado a altas temperaturas, que propicie que se produzca una pérdida de más del
80% de la fibra natural en un muy corto número de lavados. Para minimizar esta acción es importante que, durante las técnicas de
movilización, el cuidador de salud interponga sus manos entre la lencería de la cama y el cuerpo de la persona dependiente.
La actuación del cuidador para prevenir los factores relacionados con la higiene, el calor y la humedad durante los cambios
posturales también es importante, ya que deben evitarse la utilización de mantas y almohadas, colocadas en la espalda del paciente,
con el objeto de mantener la posición de lateralización a noventa grados.
La realización de técnicas no ponderales de ejecución sencilla, y la estimulación de los reflejos de seguridad y confort van a facilitar
la adopción y mantenimiento de la posición de decúbito lateral en un plano inclinado de más de veinte grados, que permita una
higiene corporal fácil de realizar sin tener que soportar el peso y las tracciones bruscas derivados de la situación de equilibrio
inestable que esta posición conlleva, así como la precipitación a la que obliga esta presión para el cuidador:
 El gesto para lograr la posición de decúbito lateral de seguridad, para la prevención de las úlceras por presión, se inicia con
una traslación horizontal hacia el borde de la cama deseado para que la vuelta permita centrar el cuerpo de la persona
dependiente en la cama. Una vez colocado en la citada posición de decúbito lateral de seguridad se controla la
permeabilidad de la vía respiratoria colocando la almohada en una posición que permita a la persona dependiente abrazarla
sin presionar excesivamente sobre los senos en el caso de mujeres.
 Se inclina el cuerpo de la persona dependiente unos veinte grados sobre la vertical, con un gesto de “envolver y arrastre”,
interponiendo el cuidador de salud sus manos entre la ropa de la cama y el cuerpo de la persona dependiente (por debajo
de su cuerpo) para evitar efectos abrasivos por roces con la ropa de cama.
 La otra mano ejecuta este gesto desde un apoyo en la zona anatómica situada un poco por debajo del pliegue mamario. La
técnica continúa con la inclinación de las caderas de la persona dependiente hacia el plano inclinado. Se realiza con un
gesto similar al anterior pero utilizando en este caso como punto de contacto y arrastre la cadera apoyada en la cama. Las
manos del cuidador hacen la prevención de las úlceras por presión interponiéndose entre el cuerpo de la persona
dependiente y la ropa de la cama, mediante una posición de una mano encima de la otra para acompañar dicho arrastre de
la cadera en su movimiento hacia la posición deseada.
 La posición lateral de seguridad para la prevención de úlceras por presión se completa con la semiflexión de la pierna que
está en contacto con la cama y la flexión de la otra. La alineación recta de la extremidad inferior con la espalda puede
lograrse apoyando esta pierna en una almohada o cojín, de forma que coincidan en altura la posición de la rodilla y de la
cadera correspondiente.

Variaciones tipo
Pueden presentarse tres tipos diferentes de vueltas completas o hacia la posición de decúbito lateral de seguridad que se resuelven
con trece técnicas o “variaciones tipo”, cuya ejecución dependerá de la posición de partida de la persona dependiente, de los
obstáculos objetivos inherentes al lugar donde se va a realizar la acción, de la posición de partida del cuidador de salud y del grado
de colaboración que se puede esperar o demandar de la persona dependiente:

 Vuelta desde acostado sobre la espalda a acostado sobre el vientre realizada tirando del cuerpo de la persona dependiente
en modo pasivo (“hacer por”).
 Vuelta desde acostado sobre la espalda a acostado sobre el vientre realizada tirando del cuerpo de la persona dependiente
con su ayuda (“hacer hacer” o “hacer con”).
 Vuelta desde acostado sobre la espalda a acostado sobre el vientre realizada empujando el cuerpo de la persona
dependiente en modo pasivo (“hacer por”).
 Vuelta desde acostado sobre la espalda a acostado sobre el vientre realizada empujando el cuerpo de la persona
dependiente con su ayuda (“hacer hacer” o “hacer con”).
 Vuelta desde acostado sobre el vientre a acostado sobre la espalda realizada empujando el cuerpo de la persona
dependiente en modo pasivo (“hacer por”).
 Vuelta desde acostado sobre el vientre a acostado sobre la espalda realizada tirando del cuerpo de la persona dependiente
con su ayuda (“hacer hacer” o “hacer con”).
 Vuelta desde acostado sobre el vientre a acostado sobre la espalda realizada tirando del cuerpo de la persona dependiente
en modo pasivo (“hacer por”).
 Vuelco desde acostado sobre la espalda a acostado sobre el vientre realizado en modo pasivo (“hacer por”).
 Vuelco desde acostado sobre la espalda a acostado sobre el vientre realizado con su ayuda (“hacer hacer” o “hacer con”).
 Vuelta desde la posición de acostado sobre el vientre realizada de la cabeza a los pies de la cama, en modo pasivo (“hacer
por”).
 Vuelta desde la posición de acostado sobre el vientre realizada de la cabeza a los pies, con la ayuda de la persona
dependiente (“hacer hacer” o “hacer con”).
 Paso de la posición de acostado sobre el vientre a la posición de decúbito lateral de seguridad empujando en modo pasivo
(“hacer por”).
 Paso de la posición de acostado sobre el vientre a la posición de decúbito lateral de seguridad tirando en modo pasivo
(“hacer por”).

. Interacciones entre el cuidador y la persona dependiente


Sección:
Concepto de activación
Título:
Concepto de activación
Autor:
Manuel Frutos Martín y Andrés Manrique Naharro

Introducción

La calidad de vida de los seres humanos está relacionada con el logro del éxito en su existencia, tanto en el presente como en el
futuro. De forma inconsciente, en la mayoría de las situaciones y en una fase precoz del desarrollo psicomotriz, cada ser humano
centra su idea de éxito en el logro de objetivos relacionados a niveles éticos con su escala de valores: el amor, el poder, los bienes
materiales, el dinero, etc., y dedica su energía vital al logro de esta meta.
El estado de bienestar o felicidad se relaciona, entonces, con el nivel de concordancia entre la idea que cada persona tiene del logro
de la propia meta y su percepción subjetiva de los niveles de logro de la misma en el presente, así como sus posibilidades de
mantenimiento en el futuro.
Aplicando lo dicho a la práctica de cuidados de salud, se puede vincular la idea de éxito a los niveles de satisfacción de la persona
dependiente, que siempre deben ser referenciados con la calidad de vida y la independencia. En este punto se interrelacionan y
armonizan los niveles de satisfacción y  los sentimientos de logro de la persona dependiente con los de los cuidadores de salud,
tanto a nivel individual como de equipo terapéutico (Ver Cuadro 1).

Las pautas de conducta a adoptar


por parte de los cuidadores de salud en la toma de decisiones y en la ejecución de los cuidados de salud deben ser coherentes, con
el fin de fomentar conductas asertivas por parte de la persona dependiente en el logro y mantenimiento de los mayores niveles de
autonomía posible; considerando, como es lógico, tanto los condicionantes físicos, como los psicológicos, sociales y la interacción
con el entorno.
En este sentido, es necesario prevenir la aparición de reacciones inhibitorias por parte de la persona dependiente respecto a su
propia autonomía porque, de lo contrario, se produce de forma rápida en el tiempo, la aparición de interdependencias a nivel
psicológico en las relaciones cuidador de salud/persona dependiente y posteriormente, el descenso drástico de los niveles de
autonomía en las diferentes actividades de la vida diaria.
Siguiendo el ideario del cuidado de “Hacer todo por ellos pero nada en su lugar”, los cuidadores de salud, en definitiva, tratarán de
favorecer la autonomía de la persona dependiente, estimulando sus potencialidades y capacitándolas para una mayor autonomía.
Este aspecto influye de forma muy positiva en la autoestima de la persona dependiente, así como en el sentimiento de realización
del cuidador de salud. Entre los aspectos a considerar en los cuidados, a fin de favorecer la autonomía de la persona dependiente,
se encuentran:

 Acción sobre el entorno. Es importante acondicionar el entorno de la persona dependiente para facilitar conductas
independientes, eliminando riesgos y obstáculos que dificulten la autonomía.
 Estimular todas las capacidades de la persona dependiente. El considerar la incapacidad de la persona dependiente inclina
a los profesionales sanitarios hacia la acción protectora y de suplencia de la actividad, actitud poco positiva para potenciar
la autonomía. A veces es más fácil realizar la acción supliendo a la persona dependiente que estimular a la acción,
potenciando la autonomía. En la Tabla 1 se muestran varios ejemplos de comportamientos, unos favorecedores de la
dependencia y otros de una mayor autonomía.
 No hacer nada que pueda hacer por sí misma la persona dependiente, ayudándola solamente lo necesario. Aunque la
persona dependiente desarrolle la actividad a realizar de forma lenta y torpe, es necesario estimularla y animarla,
reforzando de forma positiva todo lo realizado.
 Facilitar la autonomía con los cambios necesarios acordados conjuntamente con la persona dependiente y con un
comportamiento asertivo que incluye:
o Animar y elogiar ante logros y conductas autónomas.
o Potenciar y estimular las conductas autónomas.
o Premiar y reconocer la autonomía, mediante la comunicación verbal o no verbal (palmadita en la espalda, sonrisa,
caricia, etc.).
o No impedir ni reprochar la realización de comportamientos autónomos.
 Potenciar la autoestima de la persona dependiente. Es importante que la persona dependiente se sienta capaz de realizar,
en la medida de sus posibilidades, las actividades de la vida diaria. La autoestima de la persona dependiente se verá
mejorada en la medida que:
o Se potencie su autonomía.
o Se aumente su sentimiento de utilidad, promoviendo el desarrollo de actividades.
o Se le permita asumir las distintas responsabilidades que le posibiliten sus capacidades.
o Se respete la dignidad y la intimidad en los procesos de cuidado y ayuda.

Considerando lo anteriormente
expuesto, los planes de cuidados deben activar la autonomía de la persona dependiente siendo referentes e informadores de los
aspectos que deben analizarse y considerarse como susceptibles de cambio; de manera que dichos cuidados sean más
económicos y rentables, tanto para la persona dependiente como para el cuidador de salud. Esta sistematización garantiza que se
produzca una mayor aproximación entre la idea de ambos de éxito y los niveles de logro de esta meta. Este proceso da fiabilidad a
los cuidados de salud y mejora sensiblemente las relaciones existentes entre el equipo de salud y la persona dependiente,
fundamentándose en el respeto mutuo y en la confianza. La consecuencia inmediata es el aumento de la autoestima de todos los
componentes del grupo terapéutico en el que se incluye, como principal protagonista, a la persona dependiente susceptible de los
cuidados de salud.
Esta retroalimentación informa de los cambios necesarios que deben producirse, tanto a nivel individual, en todos los componentes
del equipo terapéutico, como a nivel colectivo, en el equipo de salud. La actuación sobre el equipo debe realizarse tanto a niveles
primarios del propio equipo como en todo el sistema, de forma que el entorno se convierta en una alternativa al propio hogar, real y
deseable, de la persona dependiente.
A niveles individuales se incide sobre la motivación de todos los componentes del equipo, incluida la persona dependiente, cuidando
de forma especial la permeabilidad y transparencia en la comunicación. Todo ello dentro de un marco de sana competitividad
relacionada siempre con el sentimiento individual de superación que se aparta y diferencia de los sentimientos de superioridad con
respecto al resto de los componentes del grupo. En este sentido, la competitividad no admite comparaciones entre los distintos
miembros del equipo, ya que el ser humano debe considerarse único e irrepetible. La competitividad así entendida se convierte en
un elemento más de la motivación personal que facilita la progresión positiva en el logro de los objetivos propuestos a nivel
colectivo.
Por último, es necesario incidir, a nivel individual, en el proceso de maduración psicomotriz de cada persona, tratando de lograr un
esquema corporal positivo que permita, de forma segura y eficiente, relacionar a nivel físico los movimientos, tanto en estática como
en dinámica, y de forma muy especial, los desplazamientos para una relación positiva con el entorno.
En lo que se refiere al trabajo en equipo debe ser susceptible de análisis y cambio de los patrones sociales, que son una fuente
importante de obstáculos subjetivos en las interrelaciones del equipo de trabajo, incluyendo a la persona dependiente. Este cambio
del patrón social ha de incidir, de forma especial, tanto en los sentimientos como en los métodos de trabajo. Es necesario analizar
para resolver los obstáculos subjetivos relacionados con el pudor, la higiene, la rutina, los formalismos y los condicionantes sociales.
En lo que se refiere a los sistemas organizativos se debe revisar toda la cadena de mando y la toma de decisiones. Esta revisión
facilita la coordinación de los cuidados de salud de manera que se realicen de forma homogénea centrando la actuación en el
trabajo de todo el equipo, más que en los condicionantes personales de cada uno de sus componentes, como: estado de ánimo,
relaciones de interdependencia personales, implicación afectiva, etc. Esta actuación permite diseñar planes de cuidados de salud
que mantengan intacta la confianza que la persona dependiente tiene que tener, tanto en el equipo como en el sistema. Asimismo,
se garantiza que dichos cuidados de salud se realizan de la misma manera que la persona dependiente los cubriría si tuviera la
fuerza, la voluntad o los conocimientos necesarios.
La forma más eficaz de lograr unos planes de cuidados homogéneos es la adopción de protocolos de actuación estandarizados,
diseñados y aceptados por todos los componentes del equipo que permitan una recogida de información objetiva del estado real de
la persona dependiente y su evolución en el tiempo. También facilitan la adopción de las pautas de conducta a seguir para el logro
del mayor grado de independencia de la persona dependiente, objetivo primero y último de los cuidados de salud.
De esta forma se cierra el ciclo, puesto que el logro del éxito puede concretarse y medirse comparando de forma objetiva los niveles
de satisfacción y calidad de vida de todas las  personas  implicadas en el proceso de cuidados de salud.

Concepto de activación
Introducción
El logro de los mayores niveles de satisfacción y calidad de vida de las personas dependientes pasa por el mantenimiento de la
independencia y autonomía de las personas susceptibles de los cuidados de salud, siendo estas los principales protagonistas
responsables en el proceso de cuidados. El cuidador de salud se convierte en el punto de referencia fiable que permite el desarrollo
armónico de todo el proceso, adoptando un papel de apoyo en aquellas acciones que la persona dependiente no puede realizar de
forma autónoma.
Este proceso solo es posible si se pone especial énfasis en la activación de la persona dependiente, utilizando estímulos adecuados
dentro de pautas de conducta asertivas. Esta activación tiene como fase previa todo un proceso de análisis que interrelaciona las
acciones a realizar por el cuidador de salud y la persona dependiente. Dicha fase debe ejecutarse bajo los principios marcados por
la anticipación a la acción.
La activación de las personas dependientes se basa en los principios que tienen por objeto mantener o restaurar su autonomía
respetando en todo momento las leyes de la física y la biomecánica en los aspectos relacionados con los movimientos y
desplazamientos del cuerpo humano. Por otro lado, han de ser coherentes para garantizar la armonía en las relaciones
interpersonales de todos los componentes del equipo que faciliten el aumento de la autoestima de cada uno de ellos.
Esta forma de entender los cuidados de salud va a favorecer el disfrute de una calidad de vida, en lo que se refiere a las actividades
de la vida diaria, y un sentimiento de logro de éxito en una fase de la vida en la que, por la circunstancia que sea, se produce un
estado de dependencia. Para el cuidador de salud, estos sentimientos de logro van a facilitar el desarrollo personal de un esquema
corporal positivo dentro de los conceptos de higiene postural, al convertir las técnicas de cuidados de salud en seguras, a la vez que
aumentan los niveles de autoestima al vincularlos a los de la persona dependiente (modelo de estimulación asertiva para la mejora
de la autonomía) (Ver Cuadro 2).

El proceso de la activación de
las personas dependientes engloba los siguientes conceptos:

 Favorecer la actividad: facilitándola tanto a nivel neuromuscular como del entorno.


 Mantener permeables y transparentes los canales de comunicación con la persona dependiente.
 Informar: facilitando la acción por estimulación gestual y verbal.
 Enseñar mostrando.
 Señalar e indicar las pautas de forma simple, sencilla y divertida.
 Dirigir a la persona dependiente: ordenando las secuencias que componen las actividades de la vida diaria.

Definición
La activación se puede definir como el conjunto de actividades que incluyen todas las acciones necesarias para la realización, de
forma eficiente, de las actividades de la vida diaria (Ver Cuadro 3).

Abarcan desde la forma particular


en que se mueve y desplaza la persona dependiente hasta todas las interacciones que se producen entre el cuidador de salud y la
propia persona dependiente.
El objetivo de este proceso de activación es resolver la causa de los problemas que intervienen en la dependencia, incidiendo en los
efectos que se ven reproducidos a nivel físico. Es decir, se marcan pautas de actuación por el conocimiento del efecto, actuando
sobre él, buscando detener o paliar las verdaderas causas responsables de la aparición de los efectos percibidos de forma objetiva.
Todo ello en concordancia con el principio universal de causa-efecto que manifiesta, en este sentido, que la identificación de la
causa a través de los efectos que produce se realiza otorgando más probabilidades de ser cierta a la causa más sencilla.

Facilitación neuromuscular y ergonómica


En el aspecto físico, las acciones sobre los efectos deben centrarse en permitir que la persona dependiente se reencuentre con los
gestos y desplazamientos perdidos. Se logra mediante la repetición sistemática del patrón biológico de la especie humana
contemplado en la secuencia de movimientos y desplazamientos espontáneos del cuerpo. De esta forma, la actividad motora y
locomotora de la persona dependiente va a garantizar que la autonomía sea un hecho real.
Es necesario respetar siempre, tanto la trayectoria física, como el itinerario incluido en los movimientos y desplazamientos
espontáneos de las personas. Las acciones a realizar por las personas dependientes nunca deben generar sentimientos de
molestia o rechazo, ya que donde hay molestia hay dolor y donde hay dolor no existen ganas de vivir. En este sentido, los cuidados
de salud se basan en la cinesiterapia (tratamiento de los problemas de salud por los movimientos y el ejercicio muscular).
Los conceptos incluidos en la activación tienen por objeto fundamental la facilitación de la actividad y la inhibición de efectos
indeseables. Para lograr que esta activación sea un hecho, los cuidadores de salud han de evitar cuidadosamente ocupar el rol de la
persona dependiente con acciones de suplencia o de ayuda que tienen connotaciones despreciativas hacia la dignidad humana.
La persona dependiente debe continuar siendo protagonista de su vida, utilizando las formas y maneras personales que ha
empleado a lo largo de toda su existencia en el entorno que él considera su hogar. El cuidador de salud, en coherencia con este
principio, tiene que respetar cuidadosamente la forma individual utilizando gestos y posiciones facilitadoras que garanticen el
protagonismo de la persona dependiente, en el ejercicio responsable de su independencia, en todas las actividades de la vida diaria.
El concepto de favorecer en el proceso de activación de la autonomía de las personas dependientes tiene un significado de
facilitación de la actividad cotidiana en el más amplio sentido de la palabra. Por un lado, se refiere a su orientación en el espacio, es
decir, a la apreciación subjetiva por parte de la persona dependiente de su posición en el espacio, del equilibrio, de los cambios
espaciales y de las repercusiones que todas las fuerzas que intervienen en el movimiento tienen sobre el sistema motor y, sobre
todo, sobre los desplazamientos para una relación positiva con el entorno. Por otro lado, la facilitación tanto neuromuscular como
ergonómica debe incluir forzosamente una estimulación gestual y verbal que permita que la intercomunicación entre el cuidador de
salud y la persona dependiente se produzca dentro de los cauces del respeto y la confianza mutuos, para que los niveles de
autoestima de ambos crezcan en positivo por la eliminación de las connotaciones que tienen muchas veces los cuidados de salud y
que incluyen la aparición de molestias, riesgo de lesiones y relaciones de interdependencias y ayuda caritativa.
La facilitación del movimiento se logra dirigiendo las trayectorias físicas y los itinerarios con una dosificación adecuada de las
fuerzas que intervienen en ellos: velocidad, aceleración, inercia y masa. Para ello se aplican los conceptos de antagonismo de la
naturaleza humana y su manera de mantener intacta la estructura corporal en el tiempo, tanto en estática como en movimiento,
mediante la utilización de fuerzas cruzadas, agrupadas en un eje izquierda-derecha que tienden a neutralizarse.
En fisiología aplicada al movimiento de los seres humanos, los estímulos que producen un movimiento de tracción externa se ven
contrarrestados por un efecto de oposición que se traduce en una retracción. Este efecto debe ser erradicado de los cuidados de
salud ya que conduce, de forma irremediable, hacia la dependencia.
Es necesario trabajar de acuerdo al principio de la biomecánica aplicada al cuerpo humano. Este principio pone de manifiesto que
ante una resistencia a un movimiento concreto se produce, de forma refleja, un movimiento de apoyo al primer movimiento; es decir,
se produce una reacción positiva con el fin de vencer la resistencia que se ofrece al intento de movimiento.

Estimulación comunicativa
Favorecer la comunicación es un concepto en la activación de las personas dependientes que se incluye dentro del cauce positivo
que deben contener las relaciones interpersonales entre el cuidador de salud y la persona dependiente por un lado, y el resto de
cuidadores de salud que completan el equipo terapéutico, por otro. Se refiere a la utilización de la expresión corporal con gestos,
miradas, sonrisas y demás refuerzos positivos que faciliten la adopción de pautas asertivas de conducta para la autonomía.
En lo que se refiere a la comunicación verbal, las instrucciones deben ser: simples de entender, sencillas de realizar y divertidas,
teniendo en cuenta que la persona dependiente tiene un tiempo de respuesta a los estímulos más largo, por lo que la comunicación
entre el cuidador de salud y la persona dependiente debe realizarse de acuerdo a los canales de comunicación reseñados en el
Capítulo 4. En este sentido, las instrucciones que el cuidador de salud debe transmitir a la persona dependiente son las derivadas de
los estímulos de la sensualidad (la capacidad de sentir). Se debe dar especial importancia al tacto como herramienta fundamental en
la activación de la autonomía de la persona dependiente.

El proceso de la estimulación
El concepto estimular se refiere, en el modelo de cuidados propuesto en esta publicación, a la implicación de la persona dependiente
en el proceso de su independencia. En este sentido, es necesario que la persona dependiente comprenda en todo momento tanto
las acciones a realizar como su significación dentro de dicho proceso. Esto se logra utilizando las herramientas de información
necesarias, generando instrucciones precisas y realizando el proceso de informar mediante la repetición pausada de las actividades
a realizar.
Se puede resumir el proceso informativo con la frase: “decir todo lo necesario, nada más que lo necesario y dejar hacer sin
estorbar”.
Por último, es necesario reactivar las sensaciones olvidadas por la persona dependiente. Esto se logra mediante estímulos que
permitan su reencuentro con el patrón de movimientos integrado en la niñez a partir de los patrones: biológico, genético y social.
Para ello se hace necesaria una actuación sobre el entorno inmediato a la persona dependiente, adecuándolo a la idea que esta
tiene de su hogar. Esta facilitación ergonómica permite generar un espacio confortable y habitable por la persona dependiente, con
independencia de sus niveles de autonomía.
En este sentido los factores de riesgo a tener en cuenta son: las úlceras por presión en posturas inadecuadas, las caídas por
pérdidas del equilibrio y la noción del espacio y las hospitalizaciones por la aparición de patologías, tanto físicas como mentales,
asociadas al concepto de dependencia, explicado ampliamente en el Capítulo 2.
Cuando la persona dependiente goza de unos niveles de autonomía aceptables, la activación de la relación con su entorno, permite
el mantenimiento de los mejores niveles posibles de satisfacción y calidad de vida. Le permiten ir de la cama a la ventana ampliando
su mundo relacional. Las personas con capacidad reducida de movimientos tienen a su vez una relación sensorial reducida con el
entorno perdiendo su sensibilidad vital.
Esta interrelación favorece la dependencia de forma que, cuanto menos relación sensorial se tenga con el entorno más niveles de
dependencia física se generan. Y entonces representan más una carga física y mental para el cuidador de salud que un compañero
de equipo en el logro de los mejores niveles de calidad de vida posible.
Las causas que generan efectos negativos en la salud de las personas dependientes pueden ser resueltas mediante la
estimulación adecuada de su autonomía con el objeto de recuperar las pérdidas producidas y asociadas al proceso. En casos
especialmente graves se hace necesaria la intervención de todo el equipo de salud en un intento de rehabilitar reeducando sus
capacidades motoras dependiendo de la patología que aparezca. La más frecuente se asocia a los desequilibrios anteroposteriores,
que tienen como consecuencia inmediata que la persona dependiente sea incapaz de mantener la posición de bipedestación,
reduciendo su espacio relacional a una cama o una silla.
En este caso concreto es conveniente estimular a la persona dependiente activando sus reflejos con cambios posturales adecuados
en la cama, con la utilización de técnicas de trabajo en las que intervenga la fuerza-masa/peso de una forma progresiva, etc.

El concepto de anticipación
Todo el proceso de la activación de la autonomía de la persona dependiente debe realizarse con una actitud, por parte de los
cuidadores de salud, que les permita anticiparse a las acciones requeridas, tomando la delantera a fin de favorecerlas. Esta
anticipación a la acción no implica precipitarla en el tiempo ni acelerar su realización en el espacio.
Anticipar es un concepto contenido en el proceso de activación de la autonomía que tiene por objetivo garantizar el correcto
desarrollo de cada acción, previniendo los riesgos inherentes en la misma para eliminar los obstáculos objetivos y subjetivos que
pueden entorpecer su desarrollo (Ver Cuadro 4).
La anticipación implica simultanear
el proceso de realización de una acción con la valoración de la siguiente para poder prevenir los problemas que se puedan plantear
en su desarrollo y eliminar los obstáculos generados en el entorno implicado en la acción. Este proceso permite dirigirla mediante la
expresión corporal y la comunicación verbal. Facilitando su desarrollo y controlando los efectos negativos que se pueden producir
como consecuencia de la interacción de los factores que la precipitan o aceleran.
El proceso de activación de la autonomía de las personas dependientes, con el logro de los mejores niveles de calidad de vida,
vinculado a los sentimientos de éxito en la realización de los planes de cuidados, tanto para la persona dependiente como para los
cuidadores de salud (esquema del ciclo interrelacional del cuidado (Ver Cuadro 1), va a ser una fuente de información que
retroalimenta las necesidades de cambio necesarias para garantizar la eficiencia del proceso de cuidados de salud y la interrelación
positiva entre todos sus componentes. Estas necesidades de cambio deben identificarse y valorarse para generar actuaciones
concretas, tanto a nivel individual, como de todo el equipo de trabajo:

 Las actuaciones a nivel individual van a estar enmarcadas en una actuación global sobre todos los componentes de la
personalidad humana que intervienen, tanto en la maduración psicomotriz, como en la escala de valores éticos que la
conforman. Dichos componentes están regulados y matizados a nivel individual por:
o La motivación.
o La comunicación.
o La competitividad.
 A nivel del equipo de trabajo se debe incidir sobre las pautas de conducta contenidas en el patrón social de referencia de
todos sus componentes y que engloban reacciones y pautas de conducta aceptadas por la mayoría de los componentes,
condicionando decisivamente el logro del éxito en el proceso interrelacional de los cuidados de salud. Este patrón social de
referencia va a tener como factores condicionantes sentimientos relacionados con la escala de valores de cada uno de los
componentes y del propio grupo que tiene como referencia el pudor, la higiene personal y demás condicionantes. Por otro
lado, ha de incidirse sobre los sistemas organizativos, tratando de controlar que la realización de los planes de cuidados no
esté condicionada por la rutina, los formalismos y las características individuales de cada componente del equipo.

6. Técnicas de movilización (II): traslaciones, transferencias, transportes y elevaciones


Sección:
Las elevaciones
Título:
Las elevaciones
Autor:
Manuel Frutos Martín y Andrés Manrique Naharro

Introducción

El presente capítulo completa al anterior sobre técnicas de movilización para personas dependientes. Se verá a lo largo del mismo
en qué consisten las traslaciones, las transferencias, los transportes y las elevaciones, con sus diferencias y connotaciones propias
dentro del mayor entorno de seguridad para el cuidador o cuidadores y el paciente.
Las elevaciones
El objetivo de las elevaciones es levantar la persona dependiente desde la posición de sentado o acostado en el suelo a la de
sentado o acostado en una silla, cama o camilla de reconocimiento (Ver Imagen 15).

En este grupo de técnicas se


mantiene la ponderalidad como factor importante a la hora de elegir el tipo de técnica a desarrollar para realizar la movilización
deseada.
Es importante reseñar aquí la necesidad de mantener la calma en el momento de preparar y realizar la acción, cuando la necesidad
de levantar a una persona dependiente del suelo se produce como consecuencia de una caída. Las elevaciones, como todas las
técnicas ponderales, deben ejecutarse teniendo especial cuidado en la coordinación y sincronización entre el propio equipo de
cuidadores.
Es necesario realizar una valoración previa del estado de la persona dependiente para decidir cuál es la técnica de elevación que
conviene ejecutar. Así pues, como previa a la técnica, es importante hacer una valoración física de la persona dependiente, para
conocer si existen lesiones que desaconsejen ir a la posición de sentado. Esta valoración, y la eliminación de obstáculos objetivos
que puedan poner en peligro la integridad de la persona dependiente, van a tener un beneficio añadido ya que, en muchas
ocasiones, el tiempo empleado va a permitir a la persona dependiente recuperarse y colaborar en la técnica, haciéndola más
participativa y confortable para todos.
En la mayoría de las ocasiones el gesto necesario para llevar a cabo la acción de elevar, tanto en posición de sentado como de
acostado, es el de halterofilia, combinado con una finta. La posición de partida es la de rodilla en tierra para pasar a la mencionada
de halterofilia.

Elevación desde la posición de sentado en el suelo a la de


sentado en una silla, cama o camilla en modo pasivo por dos
cuidadores
Esta situación suele darse en casos de caídas al suelo de la persona dependiente, sin que se hayan presentado lesiones de cadera
que desaconsejen la posición de sentado. La persona dependiente está desorientada o con problemas que aconsejen una elevación
rápida con la intervención de dos cuidadores:

 La posición de partida es con la persona dependiente en posición de acostado sobre la espalda, en el suelo, con los brazos
superpuestos para neutralizarlos sujetando el más útil al menos útil.
 En esa posición los dos cuidadores de salud se colocan a su lado adoptando la posición de seguridad de rodilla en tierra,
que les va a permitir movilizar al cuerpo de la persona dependiente manteniendo la espalda recta y erguida.
 En una primera fase colocan a la persona dependiente en la posición de sentado con un movimiento combinado, realizado
por un gesto de finta del tronco con la mano apoyada en el omóplato de cada lado y el codo en flexión orientado hacia el
movimiento y un apoyo sobre la cadera, que estimula los reflejos de flexión (Ver Imagen 16).

 Utilizando lonetas de
movilización, una entremetida, toalla o cualquier ayuda técnica, van a generar una especie de pañalito en sus caderas que
les permita dos puntos de agarre firmes y seguros, uno por delante a la altura de las ingles y otro por detrás, sobre la región
lumbar (Ver Imagen 16).
 Desde la posición de rodilla en tierra van a la posición de halterofilia para, con un gesto de contrapeso, levantar el cuerpo
de la persona dependiente de forma segura y eficiente. La técnica continúa con un gesto de balanceo con arrastre de la
cadera que lo acompaña para hacer llegar el cuerpo de la persona dependiente a la silla, cama o camilla en posición de
sentado (Ver Imagen 16). Este arrastre de la cadera del cuidador permite reforzar la acción de empujar sobre el agarre
situado en la ingle dándole firmeza y seguridad.

Elevación desde la posición de sentado en el suelo a la de


sentado en una silla o en una cama, en modo pasivo por uno
o dos cuidadores de salud
La posición de partida es con la persona dependiente en posición de acostado sobre la espalda, en el suelo, con los brazos
superpuestos para neutralizarlos sujetando el más útil al menos útil. Los pasos a seguir son:

 En esa posición el cuidador de salud se coloca a su lado teniendo más próximo la parte a proteger y adoptando la posición
de seguridad de rodilla en tierra que le va a permitir movilizar manteniendo la espalda recta y erguida.
 Como en la técnica anterior, en una primera fase, coloca a la persona dependiente en la posición de sentado con un
movimiento combinado, realizado por un gesto de finta del tronco con la mano apoyada en el omóplato y el codo en flexión
orientado hacia el movimiento y un apoyo sobre la cadera más alejada (la más útil), que estimula los reflejos de flexión.
 Lateralizada a su lado y a la altura de las rodillas de la persona dependiente coloca la silla de destino, situando las piernas
de la persona dependiente en flexión, con la planta de los pies apoyados en el suelo entre las patas de la silla de forma que
al finalizar el movimiento mantenga la posición de sentado correctamente.

La técnica en sí se inicia ubicándose el cuidador de salud enfrente de la persona


dependiente bloqueando las punteras de sus pies con las suyas. Las manos realizan un agarre sobre los antebrazos de la
persona dependiente (Ver Imagen 17). El movimiento se genera por un gesto de contrapeso que permite levantarla hasta
que sus caderas estén a la altura de la silla (Ver Imagen 17). En este momento se realiza una acción de tiraje sobre el lado
más próximo a la silla unido a un bloqueo de rodillas que permite sentar a la persona dependiente en la silla o cama de
destino (Ver Imagen 17).
 En el caso de que se disponga de una loneta de movilización, toalla, entremetida o ayudas técnicas similares esta técnica
se puede realizar de forma más cómoda para ambos, sustituyendo los agarres sobre los brazos de la persona dependiente
por agarres sobre la ayuda técnica a emplear. En este caso se pasa dicha ayuda técnica por la espalda de la persona
dependiente a la altura de los omóplatos y por debajo de las axilas (Ver Imagen 18). La técnica se realiza de idéntica forma
a la anterior, pero la tracción debe realizarla sobre los extremos de la ayuda técnica lo más próximo posible al cuerpo de la
persona dependiente.

 La misma técnica puede realizarse entre dos cuidadores de salud. En este caso el que
ejerce el rol de ayudante se coloca detrás de la persona dependiente, muy próximo a su cuerpo en posición de halterofilia
con dos apoyos sobre la ropa a la altura de las nalgas. Desde esta posición va a acompañar el cuerpo de la persona
dependiente mientras su compañero ejecuta el gesto de contrapeso. En el momento que las caderas de la persona
dependiente se encuentren a la altura del asiento de la silla genera un gesto de pivote que facilita el giro hacia la silla,
permitiendo una llegada a la posición de sentado confortable y segura (Ver Imagen 19).

Elevación desde la posición de acostado en el suelo a la de


acostado en un banco o cama, en modo pasivo por tres
cuidadores
La posición de partida es con la persona dependiente acostada sobre la espalda, en el suelo, en paralelo a un banco bajo o a varias
sillas formando una superficie segura donde pueda reposar el cuerpo de la persona dependiente. Si se utilizan las sillas es
conveniente arrimarlas a la pared para hacer la técnica más segura. El banco o cama debe colocarse a no más de treinta
centímetros de distancia del cuerpo de la persona dependiente. Consiste en:

 Un cuidador se sitúa a la cabeza de la persona dependiente para controlarla así como la cintura escapular. Los otros dos se
colocan al lado de la persona dependiente y de cara al banco o cama.
 El cuidador de salud responsable de la cabeza y cintura escapular pone un pie entre la cabeza y el banco, colocándose en
la posición de seguridad de rodilla en tierra metiendo las manos debajo de la espalda de la persona dependiente,
colocando una a la altura del omoplato más alejado de la silla. Su otra mano agarra la propia muñeca del cuidador para
reforzar la acción de elevación. Los otros cuidadores, después de neutralizar el lado más próximo, superponiendo manos y
piernas en el más alejado, se ubican en la posición de seguridad de rodilla en tierra, pasando sus brazos debajo del cuerpo
de la persona dependiente a la altura de los omóplatos (coincidiendo con la mano del compañero situado a la cabeza de la
persona dependiente para reforzarla) el hueco lumbar, la parte alta de los muslos y las pantorrillas.
 Lidera la acción el cuidador situado a la cabeza de la persona dependiente. El movimiento se inicia con la elevación del
cuerpo del paciente sobre las rodillas levantadas de los cuidadores. A continuación, el cuidador que controla la acción se
coloca en posición de banqueta con los codos en una posición de consola de muslos para, desde esta posición, dirigir el
resto de la técnica que finaliza llevando al cuerpo de la persona dependiente hacia el banco o la cama.
Elevación desde la posición de acostado en el suelo a la de
acostado en un banco o cama, en modo pasivo por cinco
cuidadores
Esta técnica de elevación desde el suelo a una cama o camilla con la persona dependiente en posición de acostado, utiliza un banco
o banquito como etapa intermedia. Puede facilitarse esta primera fase utilizando una sábana, dos toallas, dos entremetidas o lonetas
de movilización. En este caso es necesario la intervención de cinco cuidadores de salud.

 En la posición de partida se colocan dos cuidadores de salud por cada lado, para el desarrollo de la primera etapa de la
técnica de elevación. Desde la posición de halterofilia elevan el cuerpo de la persona dependiente con un gesto combinado
de halterofilia y contrapeso, agarrando firmemente de la ayuda técnica disponible con la extremidad superior en supinación.
Mantienen la posición mientras el quinto cuidador de salud coloca el banco o una estructura formada por taburetes, sillas,
etc., para dejar reposar en ella el cuerpo de la persona dependiente.
 Desde esta posición intermedia completan la segunda fase de la elevación adoptando posiciones más fáciles y seguras de
mantener según la técnica descrita en el apartado anterior.

Elevación desde la posición de sentado en el suelo a la de


pie, en modo con ayuda por un cuidador
Esta técnica es dinámica y automática con un recorrido eminentemente recto, ya que obvia la posición de apoyo en tierra de las
rodillas y las manos (posición de cuatro patas) para ir a la posición de pie con un solo gesto de arrancada (Ver Imagen 20). Tener en
cuenta que:

 La posición de partida es con la persona dependiente sentada en el suelo con las piernas flexionadas, apoyando la planta
de los pies en el suelo. El cuidador de salud se sitúa por detrás ayudándole a mantener la posición en equilibrio en posición
de halterofilia.
 La técnica se ejecuta ofreciendo el cuidador de salud a la persona dependiente un agarre sobre sus muñecas. Una vez
realizado apoya sus manos en las nalgas y le da la instrucción de apoyar la cabeza en su hombro y mirar al techo para
estimular los reflejos de refuerzo y extensión.
 El movimiento se inicia desde la posición de halterofilia con un ligero contrapeso hacia delante que tiene por efecto la
extensión del cuerpo de la persona dependiente que va hacia la posición de pie para encadenar posteriormente la técnica
de ayuda en la marcha.

Elevación desde
la posición de acostado sobre el vientre, en el suelo, a la de
sentado en una silla o en una cama, en modo con ayuda por
un cuidador
Esta técnica es la más apropiada porque en su realización se repiten, de forma secuencial, los movimientos espontáneos del ser
humano para levantarse del suelo.
El movimiento se produce en etapas que pasan por la utilización de apoyo en tierra de rodillas y manos. La trayectoria es más
económica que en las elevaciones automáticas sin apoyo de las manos en el suelo, ya que se realiza un recorrido curvo y en espiral.
Se va a la posición de pie o sentado desde la posición de seguridad de rodilla en tierra (Ver Imagen 21).

La posición de partida es con la


persona dependiente acostado sobre el suelo en decúbito prono. El cuidador de salud se coloca con una rodilla en tierra entre las
piernas de la persona dependiente. A su lado se coloca la silla o cama de destino.

 Desde esta posición se ponen las manos de la persona dependiente a la altura de los hombros para que pueda ir a la
posición de arrodillado en tierra, con las manos en el suelo, primero y a la de rodilla en tierra, con las manos apoyadas en la
silla o cama de destino, después. Controlar el equilibrio durante esta fase de la técnica sujetando el tronco con sus manos
apoyadas en los hombros de la persona dependiente, pasando sus brazos bajo sus axilas.
 En esta fase de la técnica, tanto el paciente como el cuidador de salud están con una rodilla en tierra, teniendo la persona
dependiente las manos agrupadas en la silla o cama dejando suficiente hueco para realizar un pivote que le permita pasar
su cuerpo para ir a la posición de sentado.
 El cuidador de salud ejecuta el pivote desde las caderas de la persona dependiente apoyando sus manos en ella. Durante
la ejecución de la técnica la cabeza de la persona dependiente se coloca con la mirada hacia arriba para estimular los
reflejos de apoyo y extensión y en la dirección del movimiento para generar una actitud intrapostural positiva compatible
con la realización del pivote que tiene por efecto una rotación en bloque del cuerpo de la persona dependiente (Ver Imagen
22).

Elevación desde
la posición de acostado sobre el vientre, en el suelo, a la de
pie, en modo con ayuda por un cuidador
La primera fase de esta técnica es similar a la descrita en la técnica anterior que concluye con la persona dependiente y el cuidador
en la posición de rodilla en tierra.

 En esta posición el cuidador ofrece un apoyo a la persona dependiente que coloca su mano en la rodilla del cuidador de
salud. Apoya la otra mano de la persona dependiente en la rodilla contraria a la que apoya en el suelo y que corresponde a
la contraria de la que ofrece el cuidador de salud. El cuidador de salud apoya el canto de sus manos en el inicio de las
axilas por detrás, apoyando la palma en la parrilla costal para no estimular los reflejos de oposición ubicados en las axilas.
 Con las instrucciones: “mira al techo” y “apóyate en nuestras rodillas”, se produce la extensión del cuerpo de la persona
dependiente a la posición de pie manteniendo el cuidador de salud el control, durante la técnica, desde la posición de rodilla
en tierra hasta prácticamente el final que recupera la posición de bipedestación para encadenar una ayuda en la marcha.

Consideraciones a tener en cuenta


 En las elevaciones con el paciente acostado en el suelo se presenta de nuevo la posibilidad de resolverlas eficientemente
por la aplicación del principio del contrapeso, como medio de ahorrar energía y esfuerzos. La técnica, cuando se trata de
realizarla con el paciente sentado, consta de dos fases. La primera tiene por objeto sentar al paciente en el suelo y la
segunda levantar al paciente desde esta posición a la de sentado en una silla, cama o camilla de reconocimiento.
 En el paso de acostado a sentado en el suelo es necesario que los cuidadores reafirmen el gesto de finta desde una
posición de rodilla en tierra. Desde esta posición se hace el gesto de finta para incorporarlo a la posición de sentado en el
suelo actuando sobre los reflejos de refuerzo del paciente ubicados en las caderas.
 En estas elevaciones en las que, como se ha dicho, es necesario previamente pasar desde la posición de acostado en el
suelo a la de sentado en el suelo, es importante controlar los movimientos descoordinados de la cabeza de la persona
dependiente, opuestos a la acción y que pueden ser molestos o dolorosos. Se puede lograr un movimiento confortable
utilizando sábanas o entremetidas que den seguridad al movimiento y controlen la cabeza y columna cervical.
 Se hace necesario controlar la posición de equilibrio y verticalización que supone la posición de sentado del paciente. Esto
se puede lograr apoyando cada cuidador una pierna en la espalda del paciente desde la posición referida de rodilla en
tierra, reforzando el gesto manteniendo el hombro por delante.
 En las elevaciones, desde la posición de sentado en el suelo a sentado en una silla, la cama, o de pie, se debe recordar
que cuando se quiere alzar un peso se debe hacer en varias etapas, lentamente, para no forzar extensiones bruscas en la
musculatura vertebral. Con esta práctica de varias etapas se puede alzar al paciente empleando la fuerza de los miembros
inferiores, respetando la columna vertebral.
 Es de especial importancia comprender que el límite físico de carga en las personas está en las extremidades inferiores,
no en la espalda. La utilización de la espalda para generar acciones de carga está contraindicado. La posición recta y
erguida de la espalda desde una de halterofilia va a dar siempre el límite de carga que cada persona puede levantar al
extender las piernas. Este es su límite de maniobra y no otro.
 La distancia entre la espalda de la persona dependiente sentada en el suelo y la silla, cama o camilla nunca debe ser
superior a treinta y cinco centímetros. Esta distancia se puede salvar con un gesto de finta sin necesidad de levantar las
piernas con el gesto de dar un paso cargado.
 En las elevaciones con el paciente en posición de acostado, se presenta de nuevo la necesidad de realizar la técnica en
varias etapas que permitan salvar el gradiente de altura sin gran consumo de energía o la realización de esfuerzos
peligrosos. Para lograrlo es de gran utilidad tener un descanso entre cada fase de la acción, sosteniendo el cuerpo de la
persona dependiente sobre la rodilla de los cuidadores, manteniendo estos la posición de rodilla en tierra.
 También se puede utilizar un banco bajo o improvisar uno con varios taburetes. En todo caso es fundamental que un
cuidador neutralice la cabeza de la persona dependiente evitando tracciones bruscas.
 En las elevaciones desde el suelo, bien a la posición de sentado, bien a la posición de pie, se produce un cambio
importante en la presión ortostática y en la perspectiva de la persona dependiente, por lo que son frecuentes mareos y
vacilaciones que complican el cuadro clínico presentado. Para minimizar estos efectos es importante darle tiempo a que se
recupere de la caída, acostado en el suelo y realizar la acción a la mayor brevedad posible pero sin precipitarla.
 En las elevaciones desde el suelo a la posición de sentado o de pie utilizando como ayuda una silla, esta se puede colocar
en el lateral de la persona dependiente o delante de ella. La elección va a depender del entorno, las condiciones físicas de
la persona dependiente y el encadenamiento de otras técnicas de movilización como ayudas a la marcha.
 La cabeza de la persona dependiente siempre debe acompañar el movimiento, colocándose en su dirección para generar
actitudes intraposturales compatibles con el efecto que se quiere lograr en cada momento. En este sentido las instrucciones
por parte del cuidador de salud deben ser claras, concretas y concisas, esperando siempre la reacción deseada antes de
continuar con la técnica.

Variaciones tipo
Existen tres modalidades diferentes de elevaciones que dan lugar a nueve técnicas o variaciones tipo:

 Elevación con la persona dependiente en la posición de acostada en el suelo a la de sentada en una silla, una cama o
camilla de reconocimiento, realizado en modo pasivo, por dos cuidadores (“hacer por”).
 Elevación con la persona dependiente en la posición de acostada en el suelo a la de sentada en una silla, una cama o
camilla de reconocimiento, realizado por dos cuidadores con su colaboración (“hacer con”).
 Elevación con la persona dependiente en la posición de acostada en el suelo a la de sentada en una silla o una cama con
loneta de movilización, toalla, etc., realizado en modo pasivo, por un cuidador (“hacer por”).
 Elevación con la persona dependiente en la posición de acostada en el suelo a la de sentada en una silla, una cama
realizado por un cuidador, con su colaboración (“hacer con”).
 Elevación con la persona dependiente acostada en el suelo a la posición de acostada en un banco, una cama o camilla de
reconocimiento, realizado en modo pasivo, por dos o tres cuidadores (“hacer por”).
 Elevación desde la posición de sentado en el suelo a la posición de pie, realizado por un cuidador con su colaboración
(“hacer con”).
 Elevación desde la posición de acostado en decúbito prono en el suelo a la posición de sentado en una silla, una cama,
realizado por un cuidador con su colaboración (“hacer con”).
 Elevación desde la posición de acostado en decúbito prono en el suelo a la posición de pie, realizado por un cuidador con
su colaboración (“hacer con”).
 Elevación desde la posición de acostado en decúbito supino en el suelo a la posición de pie, con ayuda de una silla,
realizado por un cuidador con su colaboración (“hacer con”).

5. Técnicas de movilización (I): vueltas, levantamientos, bajadas, giros y enderezamientos


Sección:
Las bajadas
Título:
Las bajadas
Autor:
Manuel Frutos Martín y Andrés Manrique Naharro

Introducción

Movilizar es coordinar los movimientos de las  personas  dependientes  de acuerdo al patrón de movimientos espontáneos del
cuerpo humano, respetando su autonomía y utilizando el esquema corporal del cuidador de salud para prevenir riesgos de
accidentes.
En situaciones donde se hace necesario movilizar personas dependientes con seguridad, tanto para el cuidador de salud como
para la persona dependiente, es importante recordar que se debe elegir siempre aquella técnica que mejor se adapte a la situación
concreta de la persona dependiente, al entorno donde se desarrolla la acción y a la propia condición física y anímica de la persona
que lo cuida. La secuencia lógica es, en primer lugar, proceder a analizar la trayectoria física a seguir para eliminar los obstáculos
subjetivos y objetivos que pueden entorpecer o imposibilitar la ejecución armónica de la acción. A continuación, el cuidador de salud
debe encontrar cuidadosamente su posición en el espacio como premisa al inicio de la técnica en sí, para poder comunicarse
asertivamente con la persona dependiente solicitando de esta la máxima colaboración que puede o quiera darle. En el caso que sea
necesaria la intervención de varios cuidadores, previamente a la acción es importante que cada uno asuma un rol determinado para
no producir descoordinación del grupo en el movimiento, lo que aumentaría los niveles de riesgo para todos los integrantes en la
técnica, incluido él mismo.
Las técnicas de movilización de pacientes se dividen en no ponderales, ponderales y de verticalización, dependiendo de las
circunstancias concretas de cada situación. Todas ellas pueden ejecutarse en un modo pasivo, controlado y con ayuda por parte de
la persona dependiente, atendiendo a los niveles de dependencia y control de su propio esquema corporal que pueda o quiera hacer
la persona dependiente.
Los movimientos necesarios para dar respuesta a las necesidades más habituales de la vida diaria son relativamente pequeños en
número. Lo que complica la solución de esta necesidad vital es la gran diversidad de situaciones concretas que pueden incidir de
diferente manera e intensidad en la elección de una determinada técnica concreta. Estas variables van estar íntimamente
relacionadas, la mayoría de las veces, con los obstáculos subjetivos presentados por el esquema corporal del cuidador de salud,
niveles de autoestima, sentimientos relacionados con el pudor o la higiene, estados anímicos concretos y relaciones de
interdependencia que se puedan generar entre ambos.

Las bajadas
El objetivo de las bajadas es lograr que el paciente deje la posición de sentado para
acostarse en una cama o camilla (Ver Imagen 17).
En estas situaciones, la acción a realizar es una extensión del cuerpo de la persona dependiente en un plano horizontal que conlleva
la pérdida de la verticalización. El gesto básico que lleva a cabo el cuidador de salud es una finta desde una posición de banqueta.
En otras situaciones el objetivo a lograr es que el cuerpo de la persona dependiente abandone la posición de pie para ir a la de
sentado en una silla o en la propia cama o camilla. En estos casos la acción a realizar es una flexión del cuerpo de la persona
dependiente perdiendo la verticalización o parte de ella para ir a una posición de equilibrio estable en un plano en el que su peso
esté soportado por un objeto inanimado lo que le proporciona cierto equilibrio estable.
El gesto básico que hace el cuidador de salud es una acción de empuje hacia atrás sobre la cadera de la persona dependiente para
lograr un efecto de flexión utilizando el estímulo de los reflejos de refuerzo.

Bajada desde la posición de sentado en una cama o camilla a


la de acostado sobre la espalda (Ver Imagen 18)

La persona dependiente se encuentra sentada al borde de la cama o camilla. El cuidador de


salud se coloca a su lado en la parte que corresponde a la cabecera haciéndola coincidir, si es posible, con el lado a proteger.
 Superpone el pie menos útil encima del más útil y la mano más útil encima de la menos útil. En posición de banqueta
coloca una mano entre los omóplatos de la persona dependiente, evitando que el antebrazo se apoye en el hombro y la
otra lo más cerca posible a los tobillos con la palma de su mano en posición neutra.
 Desde esta posición realiza un gesto de finta lateral empujando siempre desde sus caderas, sin separar la mano de su
cuerpo, dejando que el tronco de la persona dependiente arrastre hacia arriba de forma pasiva a sus extremidades
inferiores en bloque.
 En el momento en el que estén en el mismo gradiente de altura que la cama o camilla separa el brazo del cuerpo llevándolo
hacia los pies en un gesto de hacer pasar la extremidad inferior a la cama o camilla lo más próximo posible al piecero de la
cama o camilla, para colocar en una posición extendida al cuerpo de la persona dependiente.

Bajada desde la posición de pie a la de sentado en una silla


(Ver Imagen 19)

La posición de partida para la persona dependiente es de pie de espaldas a una silla. Dependiendo
de la variable elegida la posición del cuidador es lateralizada en el lado a proteger o enfrente de la persona dependiente
encuadrando su pie más útil.

 La técnica se ejecuta mediante una acción combinada de las manos del cuidador de salud que propicia la flexión del cuerpo
de la persona dependiente, utilizando el principio de la balanza para neutralizar su peso y propiciando así que el abandono
de la posición de verticalización se realice de forma armónica y segura, sin bajadas bruscas.
 Colocar una mano a la altura de una cadera de la persona dependiente y la otra en la espalda a la altura de los omóplatos.
El brazo puede pasar por debajo de las axilas o por encima del hombro de la persona dependiente, en consonancia con la
diferencia de altura entre el cuidador de salud y la persona dependiente.
 La técnica se ejecuta desde esta posición por una acción combinada de atracción hacia sí del cuerpo de la persona
dependiente, hecha con la mano situada entre los omóplatos, y de empuje hacia el fondo de la silla, realizado con la otra
mano sobre la cadera más útil, si es posible.
 La bajada se convierte en un movimiento armónico por la neutralización del peso de la persona dependiente, usando el
efecto de balanza formada por la cabeza y la cintura escapular por un lado y las caderas por otro.
 En el caso que la posición del cuidador de salud con respecto a la persona dependiente sea enfrente de ella, sus pies
deben encuadrar el más útil de la persona dependiente. La acción se realiza de la misma forma utilizando, a ser posible, la
variante de pasar la mano por debajo de las axilas de la persona dependiente hacia el omóplato más accesible. El efecto de
empuje sobre la cadera más útil se hace tomando la mano de la persona dependiente para apoyarla en su propia cadera,
evitando así el desencadenamiento de obstáculos subjetivos relacionados con el pudor o la higiene (Ver Imagen 20).
Bajada desde la
posición de pie a la de sentado en una cama

Esta técnica es útil en aquellas situaciones en las que se hace necesario pasar de la posición de
pie a la de sentado en una cama o camilla dándose la circunstancia que el gradiente de altura de la cama o camilla es similar a la
altura de las caderas de la persona dependiente (Ver Imagen 21).

 En esta situación, la posición de partida del cuidador es encuadrando el pie más útil de la persona dependiente para evitar
deslizamientos en el momento de pasar sobre ese lado el eje de gravedad de la persona dependiente. Este paso del eje de
gravedad sobre el lado más útil se realiza a la vez que se neutraliza el lado menos útil apoyando la rodilla de la persona
dependiente en la propia cadera del cuidador de salud. La mano del cuidador de salud que corresponde al lado más útil de
la persona dependiente, se coloca a la altura de los omóplatos para garantizar el equilibrio estable durante la técnica. La
cabeza de la persona dependiente debe estar orientada en la dirección al movimiento, en una actitud intrapostural positiva
que facilite el efecto de flexión y rotación de cada lado.
 Desde esta posición se ejecuta la técnica con empujes alternativos sobre las caderas de la persona dependiente,
manteniendo siempre la otra mano del cuidador de salud a la altura de los omóplatos para garantizar en todo momento la
estabilidad de la persona dependiente.

Bajada desde la posición de pie a la de acostado en una cama

Esta técnica es de especial utilidad en aquellas circunstancias en las que la persona dependiente
adopta una actitud extremadamente rígida o en situaciones en las que el movimiento de flexión está desaconsejado o contraindicado
(Ver Imagen 22).

 La posición inicial parte con la persona dependiente en una posición de espaldas a la cama y la del cuidador de salud a su
lado en contacto con él, enfrente de la cama, situándose en la parte de la cabecera. El cuidador de salud busca un apoyo
firme sobre el cabecero de la cama o sobre el colchón apoyando, en este caso, la mano con el puño cerrado que
corresponde al lado más próximo a la cabecera. Apoya la mano de la persona dependiente del lado que está en contacto
mutuo en la propia cadera, colocando su brazo por delante. Su propia mano la apoya en el hombro más alejado de la
persona dependiente.
 Desde esta posición se desequilibra el cuerpo de la persona dependiente, llevando su centro de gravedad dentro del
polígono de sustentación del cuidador de salud, con un movimiento de atracción lateral con bloqueo de la cadera de la
persona dependiente por contacto directo.
 La técnica se continúa con un gesto de empuje sobre el hombro más alejado de la persona dependiente, en dirección al
ángulo opuesto del cabecero. La bajada se realiza armónicamente acompañando en todo momento, durante la ejecución
de la técnica, la extremidad inferior del cuidador a la de la persona dependiente para garantizar la estabilidad de la cadera y
de la extremidad inferior de la persona dependiente sobre la que pivota la acción.

Bajada desde la posición de pie a la de sentado en una cama


o una silla con la persona dependiente colocado de frente a
ella
Esta técnica de movilización es muy útil en situaciones en las que la persona dependiente encuentra muy difícil girar sobre sus pies
para adoptar la posición de espaldas a la cama (Ver Imagen 23).
La posición de partida se realiza con la persona dependiente situada enfrente de la cama y el cuidador de salud a su lado cerca de
la cabecera si es posible.

La persona dependiente apoya sus puños en la cama agrupados cerca de su lado más útil,
que soportará el pivote sobre el que se fundamenta el giro que le permitirá ir a la posición de sentado en la cama. La
cabeza se orienta en la dirección del movimiento.
 El cuidador de salud desde una posición muy estable bien de banqueta o de rodilla en tierra, dependiendo de la altura de la
cama, genera el pivote necesario para ir a la posición de sentado con una acción de rotación generada con un apoyo de
sus manos en las caderas de la persona dependiente (Ver Imagen 24).

Consideraciones a tener en cuenta


Tanto en un caso como en el otro, se parte de una posición de equilibrio y verticalización por lo que la acción se realizará en casi
todas las situaciones con la colaboración del paciente utilizando los modos “controlado” o “con ayuda”.

 En el paso de la posición de pie a la de sentado, se vuelven a encontrar los mismos factores prácticos y las mismas
evidencias gestuales que en el paso de la posición de sentado a la de pie. El cuidador debe descubrir la importancia que
tiene el realizar un adecuado contrapeso, en oposición al peso de la persona dependiente. La técnica será más armónica
cuanto más se neutralice el peso de la persona dependiente al integrar el cuidador en su propio polígono de sustentación el
centro de gravedad del paciente sin bajar el suyo propio. Esto se consigue atrayendo ligeramente hacia sí el cuerpo del
paciente. Desde esta posición la técnica se continuará combinado el movimiento de bajada del centro de gravedad con un
efecto de “plegado” del cuerpo de la persona dependiente hacia el fondo de la silla o sillón, mediante un estímulo de
empujón sobre los puntos reflejos de refuerzo ubicados en las caderas.
 Las presas sobre la ropa o el cinturón de movilización conservan su interés como ayudas técnicas en la vida diaria y
pedagógica en el análisis de la biomecánica del cuerpo humano.
 En las bajadas desde la posición de sentado a la de acostado, es necesario encontrar los
puntos ideales de pivote sobre las caderas de la persona dependiente con un gesto de “pasarela” que se inicia en la cadera
del cuidador con el brazo extendido hacia los pies. En este movimiento se descubre la inutilidad de querer “levantar” y
“llevar” para “depositar”, lo que basta con “bajar” y “extender”. En la posición de partida el cuidador se colocará siempre
enfrente del paciente, en posición de banqueta, con un brazo sobre los omóplatos de la persona dependiente, con el codo
orientado hacia el suelo, y el otro, totalmente extendido hacia los pies, manteniendo la palma de la mano en contacto con la
pierna más próxima de la persona dependiente para inhibir el reflejo de “levantar” y potenciar el empujón desde las caderas
combinado con un gesto en pasarela hacia los pies de la persona dependiente, que acaba con la palma de la mano del
cuidador encima de la mesa de reconocimiento o cama (Ver Imagen 25).
Se debe prestar especial atención a la colocación del brazo entre los omóplatos de la persona dependiente, con el codo
orientado hacia la mesa de reconocimiento o cama para impedir tracciones bruscas del cuello de la persona dependiente y
de la espalda del cuidador durante la realización de la técnica.
 En el modo “con ayuda” se puede adoptar una posición de partida más cómoda al solicitar de la persona dependiente que
levante los pies, empujando de ellos desde las caderas del cuidador con la palma de su mano abarcándolos por debajo.
 En el caso que no se pueda contar con la colaboración de la persona dependiente porque no quiera o no pueda mover
hacia atrás la cabeza, la palma de la mano del cuidador se colocará hacia el hombro más alejado del paciente. El
movimiento se realizará basculando lateralmente el cuerpo de la persona dependiente hacia sí, pivotando sobre la cadera
más próxima y continuando la acción como las precedentes. Con anterioridad, es necesario eliminar los obstáculos
objetivos que puede presentar el cuerpo de la persona dependiente, colocando su pierna más útil debajo de la menos útil
para facilitar el poco movimiento de arrastre que pueda ofrecer el paciente. La mano más útil abarcará a la menos útil para
favorecer la acción e impedir que el paciente se agarre a la cama o camilla de reconocimiento.
 En el paso desde la posición “de pie” a la de acostado sobre el vientre, el énfasis debe ponerse en la coordinación entre el
cuidador y la persona dependiente, la cual, si se realiza perfectamente, supone una economía de esfuerzo recíproca que se
traduce en una acción lenta y precisa.

Variaciones tipo
En la práctica diaria pueden presentarse tres situaciones diferentes que se pueden resolver con ocho técnicas diferentes:

 Bajada desde la posición de sentado a la de acostado sobre la espalda, con un modo pasivo (“hacer por”).
 Bajada desde la posición de sentado a la de acostado sobre la espalda, con un modo controlado (“hacer con”).
 Bajada desde la posición de sentado a la de acostado sobre la espalda, con un modo con ayuda (“hacer hacer” o “hacer
con”).
 Bajada desde la posición “de pie” a la de acostado sobre el vientre, con un modo con ayuda (“hacer con”).
 Bajada desde la posición “de pie” a la de acostado sobre la espalda, con un modo pasivo controlando con la cadera del
cuidador de salud (“hacer por”).
 Bajada desde la posición “de pie” a la de sentado, con un modo controlado y el cuidador de salud enfrente de la persona
dependiente (“hacer por”).
 Bajada desde la posición “de pie” a la de sentado, con un modo controlado y el cuidador de salud al lado de la persona
dependiente (“hacer por”).
 Bajada desde la posición “de pie” a la de sentado, con un modo controlado colocándose el cuidador de salud en lateral y la
persona dependiente enfrente de la cama (“hacer con”).

5. Técnicas de movilización (I): vueltas, levantamientos, bajadas, giros y enderezamientos


Sección:
Las vueltas
Título:
Las vueltas
Autor:
Manuel Frutos Martín y Andrés Manrique Naharro

Introducción

Movilizar es coordinar los movimientos de las  personas  dependientes  de acuerdo al patrón de movimientos espontáneos del
cuerpo humano, respetando su autonomía y utilizando el esquema corporal del cuidador de salud para prevenir riesgos de
accidentes.
En situaciones donde se hace necesario movilizar personas dependientes con seguridad, tanto para el cuidador de salud como
para la persona dependiente, es importante recordar que se debe elegir siempre aquella técnica que mejor se adapte a la situación
concreta de la persona dependiente, al entorno donde se desarrolla la acción y a la propia condición física y anímica de la persona
que lo cuida. La secuencia lógica es, en primer lugar, proceder a analizar la trayectoria física a seguir para eliminar los obstáculos
subjetivos y objetivos que pueden entorpecer o imposibilitar la ejecución armónica de la acción. A continuación, el cuidador de salud
debe encontrar cuidadosamente su posición en el espacio como premisa al inicio de la técnica en sí, para poder comunicarse
asertivamente con la persona dependiente solicitando de esta la máxima colaboración que puede o quiera darle. En el caso que sea
necesaria la intervención de varios cuidadores, previamente a la acción es importante que cada uno asuma un rol determinado para
no producir descoordinación del grupo en el movimiento, lo que aumentaría los niveles de riesgo para todos los integrantes en la
técnica, incluido él mismo.
Las técnicas de movilización de pacientes se dividen en no ponderales, ponderales y de verticalización, dependiendo de las
circunstancias concretas de cada situación. Todas ellas pueden ejecutarse en un modo pasivo, controlado y con ayuda por parte de
la persona dependiente, atendiendo a los niveles de dependencia y control de su propio esquema corporal que pueda o quiera hacer
la persona dependiente.
Los movimientos necesarios para dar respuesta a las necesidades más habituales de la vida diaria son relativamente pequeños en
número. Lo que complica la solución de esta necesidad vital es la gran diversidad de situaciones concretas que pueden incidir de
diferente manera e intensidad en la elección de una determinada técnica concreta. Estas variables van estar íntimamente
relacionadas, la mayoría de las veces, con los obstáculos subjetivos presentados por el esquema corporal del cuidador de salud,
niveles de autoestima, sentimientos relacionados con el pudor o la higiene, estados anímicos concretos y relaciones de
interdependencia que se puedan generar entre ambos.

Las vueltas
El objetivo de las vueltas es hacer cambiar la posición extendida de la persona, movilizar desde la posición de decúbito prono a la de
supino o viceversa. Se incluye en este grupo de técnicas las posiciones intermedias de decúbito lateral de seguridad. Las acciones
básicas a realizar son las de empuje y tiraje combinadas con gestos de contrapeso.

Vuelta de acostado en decúbito supino a acostado en


decúbito lateral de seguridad, empujando en modo pasivo

La posición de partida siempre será con el cuidador de salud en el lado inactivo o a


proteger del paciente.

 Se coloca al cuerpo de la persona dependiente en una actitud intrapostural positiva, para lo cual se sitúa la cabeza en la
dirección al movimiento, evitando así bloqueos y tracciones bruscas sobre las cervicales.
 Se superpone la pierna cercana encima de la otra; se neutraliza el brazo cercano y se escamotea el otro para facilitar la
vuelta sin dañar el hombro.
 Se realizan dos puntos de contacto, con las manos en supinación o posición neutra, para realizar una acción y efecto de
empuje. La mano más próxima a la cabeza se coloca en el hombro proximal y la otra busca la acción de empuje con apoyo
en la cadera proximal.
 El movimiento se inicia empujando con un gesto de contrapeso hacia adelante, con los codos pegados al cuerpo y las
piernas flexionadas, desde una sólida posición de banqueta para prevenir la extensión completa de la espalda, dando al
gesto la mayor amplitud posible (Ver Imagen 1).
 En el momento que la persona dependiente se encuentra en decúbito lateral, el gesto se refuerza con la extensión de los
brazos del cuidador de salud rotando las muñecas sin carga para controlar el cuerpo de la persona dependiente en su
desplazamiento hacia la horizontal en decúbito prono.
 Se recoloca el cuerpo de la persona dependiente en la posición de máximo confort posible.

Vuelta de acostado en decúbito supino a acostado en


decúbito lateral de seguridad, atrayendo en modo pasivo

La posición de partida será con el cuidador de salud en el lado inactivo o a proteger del paciente,
estando este sobre el borde más alejado de la cama.

 Se coloca el cuerpo de la persona dependiente en una actitud intrapostural positiva para lo cual se sitúa la cabeza en la
dirección al movimiento, evitando así bloqueos y tracciones bruscas sobre las cervicales (Ver Imagen 2).
 Se superpone la pierna más alejada encima de la otra, de forma que la rodilla de ese lado quede orientada en la dirección
del movimiento. Se neutraliza el brazo más alejado colocándolo sobre el vientre. El más próximo se sitúa de forma que la
articulación del hombro sea funcional durante la ejecución de la técnica, facilitando la vuelta sin dañarle.
 Se realizan dos puntos de contacto con las manos en posición neutra para realizar un efecto de atracción, la más próxima a
la cabeza buscando un punto de apoyo en el hombro distal al cuidador de salud, situando el antebrazo ligeramente
apoyado en la mejilla de la persona dependiente, y otra con un punto de apoyo en la cadera del mismo lado.
 La acción se inicia atrayendo el cuerpo de la persona dependiente con un gesto de contrapeso, con los brazos extendidos,
las piernas flexionadas y la espalda recta en prolongación a los brazos, lo más paralela y baja posible con respecto a la
cama.
 El gesto de contrapeso cesa cuando el cuerpo de la persona dependiente está con una inclinación aproximada de cuarenta
y cinco grados, continuando el movimiento por la extensión de las piernas que permite la flexión pasiva de los brazos para
mantener la posición de equilibrio. En ese momento el cuidador de salud recupera el control individualizado de su centro de
gravedad, que había fusionado con el de la persona dependiente durante la ejecución del gesto de contrapeso.

Vuelco de acostado en decúbito prono a acostado en


decúbito supino en modo pasivo
La posición de partida será siempre situándose el cuidador de salud en el lado a
proteger de la persona dependiente.

 La cabeza siempre debe quedar en la posición que oriente hacia la dirección del movimiento. Es importante realizar la
acción de mover la cabeza de la persona dependiente con las manos en posición de “pasaorejas” con objeto de controlar
las gafas, en el caso que las usara y/o evitar posibles daños o incomodidades al taparle las orejas con las manos del
cuidador de salud.
 Se neutraliza el brazo inactivo colocando su mano debajo de su cuerpo a la altura del ombligo, abriendo hueco mediante
una acción de empujón en la cadera. Se superpone la pierna cercana sobre la otra para generar un solo punto de arrastre.
Se escamotea el brazo alejado, colocándolo debajo de su cabeza, de forma que la muñeca quede accesible para poder
ejercer sobre ella la acción de arrastre y atracción que marca el inicio de la técnica (Ver Imagen 3).
 El gesto se realiza desde una posición de seguridad similar a la del arquero, manteniendo el brazo pegado al cuerpo y en
prolongación con el de la persona dependiente para evitar tracciones, que siempre son dolorosas sobre esa articulación. La
acción de atracción sobre la extremidad superior de la persona dependiente se hace sobre su muñeca, con el primero y
tercer dedos de la mano del cuidador de salud para inhibir el reflejo de agarre por su parte (Ver Imagen 4).

 Opcionalmente, la acción de atracción sobre la muñeca puede sustituirse por


una acción de empuje sobre el hombro proximal de la persona dependiente, similar al de la técnica anterior. En este caso
es necesario ser cuidadoso con la posición del hombro que va a soportar el efecto de la vuelta, para no generar daños al
realizar la técnica.
 La mano más próxima a la extremidad inferior de la persona dependiente se coloca en posición neutra sobre la cadera de la
persona dependiente. También puede realizarse una acción de palanca colocando el brazo del cuidador como una barra
entre las piernas de la persona dependiente; para ello se pasa el antebrazo debajo de la cadera y la mano se coloca en
pronación apoyada en el muslo lo más próxima a la rodilla de la persona dependiente. Se debe tener siempre la precaución
de evitar cuidadosamente apoyos y tracciones sobre el hueco poplíteo.
 El cuidador ejecuta la técnica desde una posición de piernas flexionadas en banqueta lo más cerca posible a los hombros
de la persona dependiente.
 La técnica consiste en realizar una acción combinada de atracción o empujón sobre la muñeca u hombro de la persona
dependiente y una palanca o empujón sobre la extremidad inferior o cadera de la persona dependiente.

Vuelco desde la posición de decúbito supino a la posición de


decúbito prono, en modo pasivo
En situaciones en las que se hace necesario realizar una vuelta completa desde la
posición de acostado sobre la espalda, para acabar acostado sobre el vientre en un espacio muy estrecho, ya sea cama o camilla de
reconocimiento, puede resolverse mediante un vuelco:

 Esta variante de las vueltas se inicia desde la posición de acostado en decúbito lateral. Se realizan dos apoyos con las
manos del cuidador para ejecutar una acción combinada de atraer y envolver. Una de las manos hace la acción de atraer
desde la cadera de la persona dependiente que está apoyada en la cama o camilla pasando el brazo entre sus piernas. La
otra realiza la acción de atraer y envolver desde el hombro de la persona dependiente pasando el cuidador de salud su
brazo entre la cabeza y el brazo de la persona dependiente (Ver Imagen 5).
 Esta fase del movimiento de vuelta del cuerpo de la persona dependiente con un leve desplazamiento lateral en horizontal
en el espacio, se inicia dejando caer pasivamente su cuerpo un cuarto de vuelta. En ese momento el peso de la persona
dependiente se minimiza, así como la fricción resultante del contacto de su cuerpo sobre la superficie de la cama o camilla.
Al llegar a esta posición se lleva a cabo el gesto de atracción hacia sí, combinado con otro envolvente realizado desde las
caderas, lo que tiene como efecto dinámico un vuelco en la horizontal.

Consideraciones a tener en cuenta


Estas técnicas son de especial utilidad en los cambios posturales.

 Para la ejecución correcta de estas técnicas es importante aprender a utilizar puntos de apoyo seguros y contactos directos
con el cuerpo humano. El cuidador de salud debe colocarse inicialmente próximo al lado a proteger, realizando el empuje
sobre ese lado para que sea el más operativo el que soporte el eje de vuelta.
 El cuidador que ejecuta la técnica debe observar y comprobar que es inútil intentar levantar lo que se puede empujar y
hacer rodar. Para ello la posición de las manos en contacto con el cuerpo de la persona dependiente deberán colocarse en
posición neutra, para inhibir el reflejo de levantamiento facilitando el empuje horizontal.
 La técnica se inicia con la eliminación previa de obstáculos objetivos que pueden influir negativamente para que el cuerpo
de la persona dependiente ruede en bloque. El brazo de la persona dependiente sobre el que se efectúa la acción, ha de
situarse en una posición que permita hacer operativa la articulación del hombro al eliminar el obstáculo que representa la
citada articulación.
 La pierna a proteger se sitúa encima de la más útil para facilitar que el cuerpo de la persona dependiente se mueva en
bloque. De esta manera, durante el desarrollo de la acción la pierna menos útil es movilizada por el arrastre pasivo de la
más útil.
 Es conveniente neutralizar la mano más próxima al cuidador colocándola sobre el vientre. En el caso que la técnica deba
desarrollarse en modo pasivo, o la persona dependiente oponga cierta resistencia a la acción, es de especial utilidad usar
su propia ropa para neutralizar esta mano.
 La columna cervical de la persona a movilizar debe protegerse colocando su cabeza en la dirección del movimiento y
solicitando su colaboración, cuando sea posible, con instrucciones escalonadas y separadas por las correspondientes
reacciones positivas por parte de la persona a movilizar como “mírate la tripa” y “mira encima de tu hombro”.
 En las vueltas de acostado sobre la espalda a acostado sobre el vientre, el cuidador de salud se coloca en una posición
cómoda que permita guardar la simetría de sus brazos durante la realización de la técnica. Para ello es muy importante
interiorizar el movimiento y ubicar luego el propio cuerpo en la posición adecuada en el espacio, para que el gesto se
realice desde posiciones de seguridad y confort.
 El movimiento se inicia desde las piernas del cuidador, en posición de banqueta, mediante un gesto de empuje sobre los
hombros y caderas de la persona a movilizar. Desde esa posición la técnica continúa con un gesto de acompañamiento y
empuje del cuerpo de la persona dependiente para poder, en el momento de llegada a la posición de decúbito lateral, y a la
vez que el cuidador de salud eleva su centro de gravedad, mantener el control al extender los brazos en oposición al
cuerpo de la persona dependiente. El gesto de empuje se realiza con una mano a la altura de las caderas la persona
dependiente en posición neutra, siempre que esta posición no implique separar los codos del cuerpo del cuidador. La otra
mano la colocará en la misma posición a la altura del hombro del paciente.
 El gesto de empuje sobre el cuerpo de la persona dependiente debe realizarse en la citada posición de las manos del
cuidador con los brazos y los codos flexionados y pegados al cuerpo, produciendo así un bloqueo protector de la
musculatura de la columna vertebral. La realización de este gesto con las muñecas desde la posición neutra tiene la doble
finalidad de facilitar el bloqueo vertebral mencionado y evitar subluxaciones dolorosas en la muñeca por tracciones en
posiciones inadecuadas. La subluxación se produce por la pérdida del plano anatómico, en la articulación de la muñeca, al
hacerla trabajar en una posición de pronación.
 Cuando la persona dependiente se encuentra en decúbito lateral la acción del “empujón” se refuerza separando los codos
del cuerpo por la extensión de los brazos, mientras las manos rotan sin carga hacia una posición cómoda para el cuidador
de salud cercana a la posición de pronación. Esta posición permite controlar la inercia por la caída del cuerpo de la persona
dependiente sobre el plano de vuelta.
 Es importante acompañar el cuerpo de la persona a movilizar durante la realización de toda la técnica para transmitirle
sentimientos de seguridad.
 Cuando la técnica de la vuelta se haga mediante la atracción hacia sí del cuerpo del paciente, la posición de partida del
cuidador debe ser de máxima seguridad, con la espalda extendida en un plano horizontal transversal sobre el paciente.
Desde esta posición se inicia el movimiento atrayendo el cuerpo de la persona dependiente por una acción de atracción
realizada sobre el hombro y las caderas más lejanos al cuidador. El movimiento finaliza con seguridad controlando el
equilibrio por la elevación del centro de gravedad del cuidador, rompiendo el centro de gravedad conjunto que existía hasta
ese momento al estirar las extremidades inferiores generando una semiflexión de los brazos en oposición al cuerpo de la
persona dependiente.
 En la ejecución de esta técnica es conveniente prevenir obstáculos subjetivos relacionados con el pudor o la higiene,
evitando cuidadosamente el cuidador de salud el contacto con el abdomen inferior y/o el pecho de la persona dependiente.
El contacto con el abdomen puede evitarse mediante un gesto con la mano que realiza la acción desde la cadera contraria.
El gesto se inicia desde la rodilla o muslo de la persona dependiente hacia su cadera más distal. El contacto con el pecho o
la garganta se evita colocando el brazo sobre la mejilla de la persona dependiente con la cabeza orientada hacia el
movimiento.
 En las vueltas de acostado sobre el vientre a sobre la espalda, el movimiento se produce atrayendo, mediante el gesto del
arquero, el hombro del paciente hacia el cuerpo del cuidador, evitando un efecto de tracción hacia arriba. Esta acción se
logrará por la extensión y alineación de los brazos que intervienen en la acción, tanto del cuidador como del paciente. El
cuidador con su otro brazo realiza previamente una palanca entre las piernas del paciente. En el caso de diferencias
considerables de talla entre el cuidador y el paciente u otros obstáculos, tanto objetivos como subjetivos, la palanca entre
las piernas puede sustituirse por un gesto de empujón sobre la cadera de la persona dependiente con la palma de la mano
del cuidador en una posición de supinación o semi supinación.
 El gesto de agarre sobre la muñeca de la persona dependiente debe realizarse con los dedos pulgares y corazón
inhibiendo los reflejos de agarre del cuidador al romper la pinza de la inteligencia. Esta sencilla maniobra de evitar el trabajo
del dedo índice anula la acción de apretar sobre la muñeca de la persona dependiente y la activación de sus reflejos de
oposición situados en las axilas.
 En el caso que las técnicas se utilicen en modo “con ayuda” la acción se inicia cuando se produzca la reacción
neuromuscular positiva del paciente. Es de vital importancia la coordinación de movimientos e instrucciones para evitar
pautas de conductas de inhibición por parte del paciente.
 Para la realización de la técnica del vuelco la posición de partida es la misma que la adoptada para las vueltas: empujando.
Cuando se llega a la posición de decúbito lateral, se detiene el movimiento y se cambian los puntos de contacto,
sustituyéndolos por apoyos sobre la zona anatómica que corresponde a la articulación del hombro, sin traccionar de la
misma, y por otro, sobre la cadera pasando el brazo entre las piernas de la persona dependiente con la palma de la mano
del cuidador orientada hacia la parte superior anterior del muslo.
 La persona dependiente puede participar en el mantenimiento de su autonomía colocándose en la posición idónea
ejecutando las instrucciones facilitadas por el cuidador de salud (“hacer hacer” o “hacer con”). En este sentido puede ser
muy útil que la persona dependiente facilite la vuelta agarrándose a la cabecera de la cama con el brazo del lado que
soporta la acción y sirve de eje de vuelta para facilitar las técnicas de acostado en decúbito supino a la posición lateral de
seguridad.
 Las tracciones sobre las cervicales se pueden evitar colocando una almohada o cojín en la posición apropiada a la altura de
la oreja de ese lado de forma que palie los efectos negativos de la vuelta en esa región anatómica del cuerpo de la persona
dependiente.
 En el caso que la técnica busque un efecto de vuelta estando la persona dependiente en una posición de acostado sobre el
vientre el cuidador puede activar la autonomía de la persona dependiente mediante órdenes sobre la mirada, que tengan
como efecto inmediato la colocación del cuerpo de la persona dependiente en una posición apropiada que genere el efecto
deseado. La instrucción en este caso será: “mira mi mano”, “mira mi mano”… (“hacer hacer”), a la vez que se describe en el
espacio el movimiento que se espera ejecute el cuerpo de la persona dependiente. Si la persona dependiente puede
controlar la posición de su cabeza, las instrucciones por parte del cuidador de salud son: “mírate la tripa”, “mira hacia el otro
lado” o similares. El efecto a lograr es un bloqueo de cervicales y la colocación de la cabeza de la persona dependiente en
la dirección del movimiento para generar una actitud intrapostural positiva, a la vez que se evitan tracciones sobre las
cervicales. Estas sencillas instrucciones permiten además un arrastre pasivo del hombro de la persona dependiente más
próxima al cuidador de salud en la dirección del movimiento, minimizando las necesidades de empuje por parte del
cuidador de salud. Las mismas consideraciones pueden hacerse con respecto a las extremidades inferiores adaptando las
instrucciones por parte del cuidador a cada necesidad de movimiento y las posibilidades de autonomía de la persona
dependiente. El “hacer hacer” en este caso puede ejecutarse mediante instrucciones como: “dobla un poco tu pierna”,
“apoya el talón del pie en la cama cerca de tu tobillo”. Es importante acompañar el movimiento que realiza la persona
dependiente con las manos del cuidador apoyando la acción (“hacer con”).

4. Gestos y posiciones básicas


Sección:
Posición y gesto en bandeja
Título:
Posición y gesto en bandeja
Autor:
Manuel Frutos Martín y Andrés Manrique Naharro

Introducción

El objetivo de los diferentes métodos de movilización de personas dependientes es hacer reconsiderar las actitudes del cuidador
de salud con respecto a su propio cuerpo para mejorar su esquema corporal, de forma que adopte pautas de conducta saludables
desde un punto de vista de higiene corporal.
La movilización de  personas  u objetos inanimados obligan a un cambio que se refiere tanto a una actitud mental, en cada aspecto
de la ejecución de planes de cuidados de salud, como al conjunto de reacciones físicas necesarias para garantizar la ejecución de
los planes de salud con seguridad física, tanto para el cuidador como para la persona dependiente.
Los parámetros de seguridad abarcan todas las actividades de la vida diaria, haciendo referencia tanto a la prevención de
accidentes mecánicos por parte del cuidador como al reencuentro con su cuerpo y la autonomía por parte de la persona
dependiente. Este proceso de evolución personal se debe orientar hacia la adopción de un estilo de vida que potencie la calidad de
vida y la autonomía. No es posible cuidar a los demás si no se sabe cuidar de uno mismo. El cambio necesario de actitudes y
aptitudes es mucho más profundo de lo que puede parecer a simple vista, ya que pasa por una reorientación en las prioridades
vitales de cada persona.
La fatiga muscular es la causa que dispara el riesgo de padecer accidentes mecánicos. Esta fatiga muscular prematura aparece por
una incorrecta integración de los patrones de movimiento del ser humano en la niñez y por una excesiva dependencia de los
patrones sociales al moverse o en la forma de vestir o calzar (esquemas corporales negativos). Para lograr una prevención eficaz de
los accidentes mecánicos, tanto en el trabajo como en el ejercicio de las actividades de la vida diaria, es necesario volver a integrar
dichos patrones de movimiento racionalizándolos y automatizando los nuevos. Este aprendizaje solo es posible desde altos niveles
de autoestima y desde la firme decisión de lograr un esquema corporal que permita a la persona vivir en armonía consigo misma y
con el entorno. Es decir, el cuerpo debe ser capaz de responder a las demandas individuales de la vida diaria para lograr sus metas
existenciales hoy y en el futuro.
A partir de estos principios de racionalidad se proponen pautas de conducta y una representación espacial del movimiento que
garanticen eficacia, economía y seguridad en los desplazamientos, levantamientos y en el llevar y traer personas u objetos
inanimados.
El método propuesto en este estudio se basa en actitudes individuales, por lo que el conjunto de técnicas de movilización
de personas o cargas deben ser rediseñadas por cada uno de acuerdo a sus características individuales que van a generar
barreras subjetivas diferentes en cada persona.
Las características morfológicas, el propio esquema corporal, la cultura, el pudor, etc., son condicionantes muy importantes a tener
en cuenta en el momento de resolver una necesidad de movilización o de hacer un gesto. Esto hace que no haya un método
universal válido para garantizar la seguridad y la eficacia en los gestos y posiciones. La forma individualizada de mover  personas  y
cargas será correcta en la medida en que sea analizada y racionalizada por la persona, identificando, asumiendo y corrigiendo de
forma voluntaria los riesgos de cada día. Asumir estos riesgos va a dar una perspectiva nueva a su forma de moverse, siendo el
agente motivador necesario para continuar en el camino del cambio y del mantenimiento de la autoestima a través del respeto al
propio cuerpo.
Los gestos y posiciones básicas necesarias para una movilización correcta de personas dependientes u objetos inanimados son
pocos desde el punto de vista numérico. Lo que complica el problema es la cantidad de variantes que deben adoptarse para poder
cubrir de forma eficiente todas las circunstancias que inciden en cada necesidad de movilización. Estas variables estarán
relacionadas con el esquema corporal del cuidador y su estado de ánimo en ese momento, la empatía que tiene con la persona a
movilizar, el cuadro clínico presentado por la persona dependiente, los niveles de implicación de cada persona en su propia
autonomía, los formalismos y la rutina de cada grupo humano, los obstáculos presentados por el entorno, etc.
Los gestos y posiciones básicos de seguridad son:

 La posición de banqueta.
 El gesto de finta.
 El gesto de contrapeso.
 La posición de bandeja.
 La posición de consola.
 La posición de supinación.
 Las posiciones en bóveda o pórtico.

Las acciones que se hacen necesarias para el desplazamiento de personas dependientes u objetos inanimados pueden
enumerarse en:

 Sostener.
 Soportar.
 Enderezar.
 Empujar y atraer.
 Envolver.
 Levantar y acostar.
 Llevar.
 Flexionar y extender.
 Tocar.
 Subir y bajar.
 Depositar.

El método de movilización de personas dependientes u objetos inanimados que cada persona decida seguir incluirá estas
acciones aunque cambien sus denominaciones. Las técnicas a diseñar, como consecuencia de la observación sistemática de los
movimientos del cuerpo humano, se pueden clasificar en nueve grupos diferentes:

 Vueltas y vuelcos.
 Giros.
 Transferencias.
 Levantamientos.
 Enderezamientos.
 Transportes.
 Bajadas.
 Traslaciones.
 Elevaciones.

Ciertos grupos de técnicas corresponden a situaciones en las que el peso de la carga no influye de forma decisiva en la ejecución
de dicha técnica como: las vueltas, los levantamientos y las bajadas. La  atención  de la persona que realiza la acción se centrará,
ante todo, en no convertir en ponderales, levantando la carga, situaciones que se pueden resolver empujándola. En estas
circunstancias la ejecución de la técnica desde posiciones que impliquen necesariamente indicadores posturales positivos para esa
acción va a ser determinante para prevenir riesgos. Si una técnica que implique levantamiento no ponderal, a priori se inicia desde
un indicador postural que implique carga, se cargará y el levantamiento se convertirá en ponderal con bloqueo muscular añadido.
Otros grupos de técnicas se corresponden con situaciones de verticalización, por lo que las habilidades para coordinar las
posiciones virtuales de los centros de gravedad en cada momento van a ser decisivas. En estos grupos va a ser fundamental el
sentido de equilibrio de la persona que moviliza y su posición en el espacio para no estorbar a la acción.
Por último, en otros grupos, el factor ponderal va a ser muy importante, por lo que la posición de partida y la ejecución de la técnica,
desde posiciones seguras, será decisiva para minimizar o eliminar el riesgo de accidentes mecánicos. En este grupo se repite la
necesidad de adoptar posiciones con indicadores positivos para el movimiento.

Posición y gesto en bandeja


Análisis cinemático
La posición y gesto del miembro superior en bandeja se combina siempre con la posición en banqueta. Es un gesto superdinámico
que consiste en arrastrar hacia delante el miembro superior con el codo flexionado y el antebrazo en supinación o posición neutra
(Ver Imagen 13).

 El miembro superior debe


mantenerse en flexión de noventa grados con el codo pegado al tronco. La palma de la mano debe mantenerse en
extensión de los dedos en supinación en ademán de sostener una bandeja.
 Durante el gesto, que se combina con el de contrapeso, la palma de la mano va hacia una posición de pronación
acompañando así armónicamente el arrastre hacia delante del miembro superior, al facilitar su desplazamiento evitando
bloqueos y tirajes de la musculatura del brazo y antebrazo.
Aspectos articulares y musculares
Se produce una acción integrada de las articulaciones del miembro superior en especial del hombro y la muñeca permaneciendo la
articulación del codo en flexión de noventa grados.
En el inicio de la técnica hay que resaltar las articulaciones y grupos musculares mencionados para la posición de banqueta.
El gesto se realiza por antepulsión del hombro, producto de un movimiento de rotación interna del hombro con flexión del codo.
Intervienen las articulaciones del antebrazo, muñeca y codo, en un gesto de supinación hacia pronación.
En este movimiento intervienen los grupos musculares que son responsables de la pronación y la supinación del miembro superior
así como el deltoides, el bíceps y los erectores del raquis. Es importante resaltar la acción de los músculos abdominales.

Incorrecciones y defectos
Los errores e incorrecciones más frecuentes que se suelen cometer a la hora de mantener esta posición, que resulta básica en
cualquier técnica de empuje que se vaya a llevar a cabo, son aquellos derivados de la rigidez articular e impotencia funcional,
causados por el dolor o la insuficiencia muscular. Estos errores pueden cometerse bien sea en la fase de mantenimiento de la
posición, como a lo largo de toda la amplitud del movimiento.
La utilización de una ropa de trabajo excesivamente ajustada o inadecuada también puede llegar a suponer un obstáculo importante,
que provocará defectos e incorrecciones, durante la realización de esta posición.

6. Técnicas de movilización (II): traslaciones, transferencias, transportes y elevaciones


Sección:
Los transportes
Título:
Los transportes
Autor:
Manuel Frutos Martín y Andrés Manrique Naharro

Introducción

El presente capítulo completa al anterior sobre técnicas de movilización para personas dependientes. Se verá a lo largo del mismo
en qué consisten las traslaciones, las transferencias, los transportes y las elevaciones, con sus diferencias y connotaciones propias
dentro del mayor entorno de seguridad para el cuidador o cuidadores y el paciente.

Los transportes
El objetivo de los transportes es trasladar el cuerpo de la persona dependiente de un lugar a otro bien en la posición de acostado,
bien en la de sentado (Ver Imagen 12).

En este grupo de técnicas la


ponderalidad adquiere su máximo exponente porque se unen los componentes de masa y su desplazamiento en el espacio
mediante la marcha.
Las acciones a realizar son varias, en varias etapas y llevadas a cabo por varios cuidadores de salud, lo que hace que sea
imprescindible una buena coordinación entre todo el equipo, haciendo estas desde posiciones de seguridad de forma sincronizada.
Una secuencialización ordenada de las acciones se hace aquí imprescindible para lograr una movilización confortable para la
persona dependiente y segura para todos los que intervienen en la ejecución de la técnica.
Las acciones son las de levantar el cuerpo de la persona dependiente hasta la vertical, encadenando una segunda fase de marcha
con la espalda recta y erguida hasta el lugar deseado. El desarrollo de la técnica finaliza con una tercera fase que es la bajada del
cuerpo de la persona dependiente hacia la cama o camilla de destino.

Transporte de una persona dependiente en posición


horizontal, en modo pasivo entre dos o tres cuidadores
En la posición de partida la persona dependiente se encuentra acostada sobre la espalda en una cama o camilla.

 La técnica puede ser ejecutada por dos o tres cuidadores de salud que se colocan,
con los muslos tocando el borde de la cama o camilla, enfrente del cuerpo de la persona dependiente. Los cuidadores de
salud se sitúan para intervenir en la técnica por orden de estatura, siendo el más alto el que se encargue de controlar el
tórax y la cabeza de la persona dependiente (Ver Imagen 13).
 Adoptan la posición de banqueta pasando los brazos, con un gesto de barra, por debajo del cuerpo de la persona
dependiente, a nivel de los omóplatos, la región lumbar, la parte alta de los muslos y las piernas. Para repartirse el peso de
la persona dependiente deben mantenerse próximos entre sí sin perder el contacto físico.
 El cuidador de salud que controla la cabeza ha de dirigir y coordinar la ejecución de la técnica. Para proteger la cabeza y
región cervical es necesario que adopte, con la mano que le corresponde, un gesto similar al que utiliza la madre para
proteger la cabeza de su hijo, quedando apoyada la cabeza en la flexura del codo del cuidador de salud.
 En el supuesto de que la persona dependiente pueda y quiera mantener el control de su cabeza, el cuidador que la controla
pasará la mano por debajo de la axila para ofrecerle un apoyo similar a un abrazo. En esta posición un brazo de la persona
dependiente se apoya en la espalda del cuidador, pasando por debajo de la axila, y el otro por encima del hombro.
 El movimiento se iniciará a la voz de “codos” por parte del cuidador que controla la cabeza y la acción. Esta instrucción
servirá para que todos aproximen hacia su cuerpo el del paciente, colocándole en decúbito lateral. Desde aquí se levantan
con la espalda recta y erguida manteniendo la mirada en la horizontal.
 A continuación realizan el transporte marchando coordinados, en bloque y sincronizadamente. Es preciso mantener el
contacto entre ellos hasta llegar a la cama o camilla de destino, deteniendo el movimiento cuando tocan con sus muslos el
borde de la cama o camilla.
 A la voz de “codos” bajarán a la posición de banqueta, por flexión de las piernas, hasta apoyarse con los codos en la cama
o camilla de reconocimiento, manteniendo en todo momento la espalda recta.
 La técnica finaliza cuando depositan el cuerpo de la persona dependiente por una extensión de los brazos con respecto a la
posición anterior.

Transporte de una persona dependiente en la posición de


sentado, en modo pasivo o con ayuda entre dos cuidadores
En los transportes con el paciente en posición sentado, como previa se debe realizar una
traslación hacia delante del cuerpo del paciente, con objeto de que los cuidadores de salud que realizan la técnica puedan acceder a
los muslos de la persona dependiente sin utilizar como agarre, el hueco poplíteo y sin torsiones para su columna vertebral.

 A continuación, si no se puede contar con la ayuda del paciente, se debe adoptar la posición de halterofilia colocando los
cuidadores sus cabezas apoyadas en la espalda del paciente para generar los efectos de bóveda y control de la posición
inclinada del paciente descritos en los enderezamientos, y así evitar obstáculos subjetivos debidos a la proximidad que
obliga la técnica.
 Un cuidador sujetará desde la muñeca más alejada del paciente el brazo de este con un gesto de abrazo por detrás. Si no
fuera necesario controlar los brazos del paciente, puede colocar su mano sobre la cadera más alejada de la persona
dependiente. El otro se apoyará en el brazo del compañero, realizando a la vez un movimiento de atracción hacia sí para
asegurar esta postura.
 La posición de partida se completará uniendo los cuidadores su otra mano por debajo de los muslos de la persona
dependiente en una zona que respete el hueco poplíteo y que el asiento no estorbe el movimiento o dañe las manos de los
cuidadores. Lo más adecuado es que el cuidador que tenga la muñeca más fuerte sujete la del que la tiene más débil. El
movimiento se realizará desde esta posición levantándose acompañando con un gesto de finta desde las caderas si fuera
necesario (Ver Imagen 14).
 El transporte debe hacerse de forma armónica hasta que los cuidadores toquen con los muslos la silla, cama o camilla de
reconocimiento a donde se quiere llevar a la persona dependiente. El transporte finaliza con un gesto de finta que permite
colocar el cuerpo de la persona dependiente en posición de equilibrio sentado.
 En esta modalidad de transporte, en situaciones en las que se puede contar con la colaboración de la persona dependiente
y en aquellas circunstancias en las que la proximidad no representa un obstáculo a considerar, los cuidadores pueden
pasar los brazos de la persona dependiente por encima de los hombros de ambos, realizando un gesto de contrapeso o
una bóveda, para levantar el cuerpo de la persona dependiente, partiendo de la posición de halterofilia y el agarre de las
muñecas por debajo de los muslos del paciente.
 A la llegada es necesario evitar torsiones de la espalda de los cuidadores. Para ello, en aquellas circunstancias en las que
sea complicado sentar a la persona dependiente en la cama sin torsión, es posible resolver el problema con un gesto de
finta, llegando incluso a sentarse los cuidadores en la cama acompañando la posición de la persona dependiente para,
desde esta posición, encadenar con la técnica de acostado desde la posición de sentado.

Consideraciones a tener en cuenta


 En todas las situaciones que deban resolverse mediante una técnica que implique un transporte, el concepto de trayectoria
del movimiento deja paso al de itinerario.
 El concepto de itinerario implica que, en la medida de lo posible, se reducirá al mínimo imprescindible la duración de la
acción a desarrollar y la distancia a recorrer. En este sentido, la eliminación de todos los obstáculos antes de la acción es
prioritario.
 Es muy importante darse cuenta de la importancia de una buena coordinación entre los cuidadores que intervienen en el
movimiento y la necesidad de que uno de ellos controle, mediante instrucciones precisas, las acciones a realizar por todos.
 La posición de partida de los cuidadores en los transportes con el paciente en posición de acostado debe ser la de
banqueta colocando sus brazos en la espalda del paciente firmemente apoyados en la cama o camilla de reconocimiento.
El más alto debe colocarse en la cabeza del paciente e ir descendiendo gradualmente en altura para que en todo momento
esté cómodo. El cuidador que debe controlar la cabeza puede adoptar una posición que le permita protegerla en una
posición de acunar un bebé, pasando el brazo del paciente por debajo de la axila del cuidador. Esta posición permite
aproximar más el cuerpo del paciente al del cuidador.
 En estos transportes con el paciente en posición de sentado, uno de los cuidadores puede, en un momento determinado,
liberar una mano que puede ser útil para abrir puertas, etc.

Variaciones tipo
Pueden darse dos modalidades de transporte que dan lugar a cuatro técnicas diferentes o “variaciones tipo”:

 Transporte con la persona dependiente en posición de sentado, realizado en modo pasivo, por dos cuidadores (“hacer
por”).
 Transporte con la persona dependiente en posición de sentado, realizado por dos cuidadores en modo participativo (“hacer
con”).
 Transporte con la persona dependiente en posición de acostado sobre la espalda, realizado en modo pasivo, por dos o tres
cuidadores (“hacer por”).
 Transporte con la persona dependiente en posición de acostado sobre la espalda, realizado en modo participativo, por dos
o tres cuidadores (“hacer con”).

1. Biomecánica y movilizaciones
Sección:
Desplazamiento acostado en la cama
Título:
Desplazamiento acostado en la cama
Autor:
Manuel Frutos Martín y Andrés Manrique Naharro

Introducción

Los movimientos espontáneos del cuerpo humano se engloban dentro del patrón biológico de movimientos de la especie humana
que el niño toma como referentes para iniciar el proceso de integración de su propio patrón.
En el inicio de la maduración psicomotriz se conforman los patrones de movimiento evocados, que representan la forma más segura
y económica de mantener la propia estructura física, en estática y en movimiento. Representan el nexo de unión del niño con las
leyes de la biomecánica que se deben aprovechar en beneficio propio para madurar, evolucionando hacia patrones de movimiento
que necesitan un mayor control, integrándolos en el patrón definitivo que conforma el esquema corporal. En el anciano, estos
movimientos representan el referente de seguridad, ya que le obligan a reencontrarse con una forma primaria de movimiento, que le
permitirá tener un nivel alto de independencia sin necesidad de correr riesgos de accidente.
Al ser la forma más primaria y segura de movimiento, por respetar íntegramente tanto la funcionalidad de los grupos y cadenas
musculares como las leyes de la biomecánica, constituyen el referente a reproducir para la elección de cualquier método
de movilizaciones de  personas  dependientes.
Las ventajas que se obtienen al realizar las técnicas de movilización de  personas  de acuerdo a los movimientos espontáneos del
ser humano son las siguientes:

 Para el cuidador representan el medio más seguro de generar un movimiento concreto con el mínimo gasto de energía.
 Previenen la aparición de lesiones al minimizar la aparición de la fatiga muscular.
 Respetan la dignidad del ser humano al permitir a la persona dependiente reencontrarse con el patrón biológico evocado
desde la infancia. Esta circunstancia proporciona seguridad y confianza, con lo que se facilita la comunicación entre el
paciente y el cuidador.
 Facilitan el logro o mantenimiento de los niveles de autonomía de la persona dependiente, dado que reinician un proceso
de aprendizaje y coordinación psicomotriz ya realizado en la infancia.
 Son fiables, puesto que representan los logros conseguidos por la especie humana en su proceso evolutivo.
 Son breves en el tiempo y de fácil repetición, ya que el consumo de energía necesaria por parte del cuidador es mínimo al
considerar y utilizar en provecho propio todas las fuerzas que intervienen en los movimientos.
 El cuidador dignifica su práctica profesional al asumir un papel de referencia para la persona dependiente en la ejecución
de los planes de cuidados de salud. Este cambio de rol permite a la persona dependiente recuperar su protagonismo y
elimina todas las connotaciones falsamente caritativas en la ejecución de dichos planes.
Desplazamiento acostado en la cama
En la posición de partida, la persona que realiza la acción está en una situación de equilibrio estable con los pies fuera de la cama
(Ver Imagen 5).

 La acción se inicia con un ligero giro lateral de la cabeza hacia el lado contrario de donde se va a iniciar el movimiento, para
favorecer la sinergia con una actitud intrapostural positiva.
 Simultáneamente se apoya el pie y se desplaza la extremidad inferior hacia arriba, buscando una buena posición de apoyo
plantar.
 La mirada vuelve a orientarse al frente con un giro lateral de cabeza y un movimiento de semiflexión, para favorecer el
movimiento del tronco hacia la posición de semiincorporado, apoyado en el antebrazo en alineación con el hombro.
 El movimiento se produce por un impulso con apoyo en codo y pie, a la vez que se realiza una contracción de los
abdominales, llevando la barbilla hacia el esternón.
 La acción concluye volviendo a la posición de reposo en equilibrio estable acostado en la cama.

1. Biomecánica y movilizaciones
Sección:
Movimientos espontáneos del cuerpo humano
Título:
Movimientos espontáneos del cuerpo humano
Autor:
Manuel Frutos Martín y Andrés Manrique Naharro

Introducción

Los movimientos espontáneos del cuerpo humano se engloban dentro del patrón biológico de movimientos de la especie humana
que el niño toma como referentes para iniciar el proceso de integración de su propio patrón.
En el inicio de la maduración psicomotriz se conforman los patrones de movimiento evocados, que representan la forma más segura
y económica de mantener la propia estructura física, en estática y en movimiento. Representan el nexo de unión del niño con las
leyes de la biomecánica que se deben aprovechar en beneficio propio para madurar, evolucionando hacia patrones de movimiento
que necesitan un mayor control, integrándolos en el patrón definitivo que conforma el esquema corporal. En el anciano, estos
movimientos representan el referente de seguridad, ya que le obligan a reencontrarse con una forma primaria de movimiento, que le
permitirá tener un nivel alto de independencia sin necesidad de correr riesgos de accidente.
Al ser la forma más primaria y segura de movimiento, por respetar íntegramente tanto la funcionalidad de los grupos y cadenas
musculares como las leyes de la biomecánica, constituyen el referente a reproducir para la elección de cualquier método
de movilizaciones de  personas  dependientes.
Las ventajas que se obtienen al realizar las técnicas de movilización de  personas  de acuerdo a los movimientos espontáneos del
ser humano son las siguientes:

 Para el cuidador representan el medio más seguro de generar un movimiento concreto con el mínimo gasto de energía.
 Previenen la aparición de lesiones al minimizar la aparición de la fatiga muscular.
 Respetan la dignidad del ser humano al permitir a la persona dependiente reencontrarse con el patrón biológico evocado
desde la infancia. Esta circunstancia proporciona seguridad y confianza, con lo que se facilita la comunicación entre el
paciente y el cuidador.
 Facilitan el logro o mantenimiento de los niveles de autonomía de la persona dependiente, dado que reinician un proceso
de aprendizaje y coordinación psicomotriz ya realizado en la infancia.
 Son fiables, puesto que representan los logros conseguidos por la especie humana en su proceso evolutivo.
 Son breves en el tiempo y de fácil repetición, ya que el consumo de energía necesaria por parte del cuidador es mínimo al
considerar y utilizar en provecho propio todas las fuerzas que intervienen en los movimientos.
 El cuidador dignifica su práctica profesional al asumir un papel de referencia para la persona dependiente en la ejecución
de los planes de cuidados de salud. Este cambio de rol permite a la persona dependiente recuperar su protagonismo y
elimina todas las connotaciones falsamente caritativas en la ejecución de dichos planes.

Movimientos espontáneos del cuerpo humano


Los movimientos espontáneos del cuerpo humano van a ser el punto de referencia obligado en el momento de elegir una técnica de
movilización correcta ya que, por un lado, permiten reencontrarse a la persona dependiente con el patrón personal de movimientos
automatizado en el proceso de maduración psicomotriz, y por otro, permitirán que el cuidador minimice el riesgo de padecer lesiones
de origen mecánico al realizar la mayoría de las técnicas respetando la autonomía de la persona dependiente.

1. Biomecánica y movilizaciones
Sección:
Vuelta de decúbito supino a decúbito lateral
Título:
Vuelta de decúbito supino a decúbito lateral
Autor:
Manuel Frutos Martín y Andrés Manrique Naharro

Introducción

Los movimientos espontáneos del cuerpo humano se engloban dentro del patrón biológico de movimientos de la especie humana
que el niño toma como referentes para iniciar el proceso de integración de su propio patrón.
En el inicio de la maduración psicomotriz se conforman los patrones de movimiento evocados, que representan la forma más segura
y económica de mantener la propia estructura física, en estática y en movimiento. Representan el nexo de unión del niño con las
leyes de la biomecánica que se deben aprovechar en beneficio propio para madurar, evolucionando hacia patrones de movimiento
que necesitan un mayor control, integrándolos en el patrón definitivo que conforma el esquema corporal. En el anciano, estos
movimientos representan el referente de seguridad, ya que le obligan a reencontrarse con una forma primaria de movimiento, que le
permitirá tener un nivel alto de independencia sin necesidad de correr riesgos de accidente.
Al ser la forma más primaria y segura de movimiento, por respetar íntegramente tanto la funcionalidad de los grupos y cadenas
musculares como las leyes de la biomecánica, constituyen el referente a reproducir para la elección de cualquier método
de movilizaciones de  personas  dependientes.
Las ventajas que se obtienen al realizar las técnicas de movilización de  personas  de acuerdo a los movimientos espontáneos del
ser humano son las siguientes:

 Para el cuidador representan el medio más seguro de generar un movimiento concreto con el mínimo gasto de energía.
 Previenen la aparición de lesiones al minimizar la aparición de la fatiga muscular.
 Respetan la dignidad del ser humano al permitir a la persona dependiente reencontrarse con el patrón biológico evocado
desde la infancia. Esta circunstancia proporciona seguridad y confianza, con lo que se facilita la comunicación entre el
paciente y el cuidador.
 Facilitan el logro o mantenimiento de los niveles de autonomía de la persona dependiente, dado que reinician un proceso
de aprendizaje y coordinación psicomotriz ya realizado en la infancia.
 Son fiables, puesto que representan los logros conseguidos por la especie humana en su proceso evolutivo.
 Son breves en el tiempo y de fácil repetición, ya que el consumo de energía necesaria por parte del cuidador es mínimo al
considerar y utilizar en provecho propio todas las fuerzas que intervienen en los movimientos.
 El cuidador dignifica su práctica profesional al asumir un papel de referencia para la persona dependiente en la ejecución
de los planes de cuidados de salud. Este cambio de rol permite a la persona dependiente recuperar su protagonismo y
elimina todas las connotaciones falsamente caritativas en la ejecución de dichos planes.

Vuelta de decúbito supino a decúbito lateral


En la posición de partida, la persona se encuentra acostada en decúbito supino (acostado boca arriba). El objetivo es pasar a la
posición de decúbito lateral (acostado de lado) (Ver Imagen 4).
 La persona prepara la acción con un ligero giro de la cabeza hacia el lado en que se va a producir el movimiento.
 El movimiento se inicia con un impulso del lado más alejado al eje de giro. La extremidad superior tira de la cintura
escapular y la inferior, en armonía, de la cadera para producir un movimiento de giro horizontal sobre el otro lado.
 El lado que incluye el eje de giro facilita este con un movimiento del miembro superior que tiene por objeto liberar el hombro
de ese costado, evitando así bloqueos y riesgos.