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Via Lucis 2020

PREPARACIÓN-AMBIENTACIÓN

Podemos preparar en casa un espacio con una vela y la biblia, alguna


imagen de Jesús o alguna flor o globos (si tenemos niños) para mostrar
visiblemente signos de alegría. También podríamos (si lo hacemos en familia
todos) hacer un recorrido por la casa, parándonos y haciendo las estaciones del Via
Lucis, y portando cada uno una vela mientras hacemos el camino.
Cada realidad es diferente, así que busquemos aquello que mejor nos pueda
venir, pero sería bueno que buscáramos algún gesto (o decoración) externo,
visible, que nos ayude a introducirnos en este camino de la luz.
Si vemos que el Via Lucis es muy largo, podemos hacerlo de dos veces,
realizando un día la mitad y otra la otra mitad al día siguiente.

INTRODUCCIÓN
Los acontecimientos del Vía Crucis concluyen en el sepulcro, y por ello, en
ocasiones, pueden dejar en nuestro interior, una cierta sensación de fracaso, de
tristeza. Sin embargo, no podemos olvidar que ese no es el final. Jesús con su
Resurrección triunfa sobre el pecado y sobre la muerte.
Él, una vez resucitado, se dedicará a devolver la fe y la esperanza a los suyos.
Estos, en torno a María, recibirán además la fuerza del Espíritu Santo que les
capacitará para cumplir la misión que Jesús les ha confiado: ser sus testigos en
todas partes.
En los encuentros de Jesús con los suyos, llenos de intimidad y de
esperanza, parece que el Señor jugara con ellos: aparece de improviso, donde y
cuando menos se esperan, les llena de alegría y fe, y desaparece luego dejándoles
de nuevo esperando. No obstante, después de su visita los discípulos sienten paz,
experimentan una confianza firme, una fortaleza que nadie podrá arrebatarles.
Todo se ilumina de una luz nueva.
El Vía Lucis es, por tanto, una celebración que nos permite recorrer el
camino de la luz, del gozo y de la alegría de que Cristo ha resucitado y está junto
a nosotros. Vamos a dejarnos iluminar con la presencia y acción de Cristo
resucitado que vive ya para siempre entre nosotros. Vamos a dejarnos llenar por el
Espíritu Santo que vivifica el alma y la renueva en estos tiempos tan duros y
difíciles que por esta pandemia estamos viviendo.

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ORACIÓN
INICIAL
Señor Jesús, con tu Resurrección triunfaste sobre la muerte y vives para siempre
comunicándonos la vida, la alegría, la esperanza firme.
Tú que fortaleciste la fe de los apóstoles, de las mujeres y de tus discípulos
enseñándolos a amar con obras, fortalece también nuestro espíritu vacilante, para
que nos entreguemos de lleno a Ti y podamos servir más y mejor a nuestros
hermanos.
Queremos compartir contigo y con tu Madre Santísima la alegría de tu
Resurrección gloriosa, aún en medio del dolor y la incertidumbre que el mundo
está viviendo hoy.
Tú que nos has abierto el camino hacia el Padre, haz que, iluminados por el Espíritu
Santo, gocemos un día de la gloria eterna.

ESTACIONES DEL
VIA LUCIS
(Se enuncia la estación y se hace la invocación:
Te adoramos Cristo resucitado y te
bendecimos… y todos repiten: Porque con tu
Pascua diste la vida al mundo)
Cantos: Hoy el Señor, resucitó y de la muerte nos
libró: alegría y paz hermanos que el Señor
resucitó… (u otros que nos sepamos, y que
podemos intercalar en medio de las estaciones del
Via Lucis. Sería muy recomendable que

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hiciéramos cantos para darle más fuerza a este camino de la luz, por ello es bueno
prepararlos antes -e incluso ensayarlos- si lo vamos a hacer con la familia).

Primera Estación
Jesús Resucita de la Muerte
Te adoramos, Cristo resucitado, y te bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la
vida al mundo

Texto bíblico (Mt 28, 1-6):


Pasado el sábado, al aclarar el
primer día de la semana, fueron María
Magdalena y la otra María a visitar el
sepulcro. De repente se produjo un
violento temblor; el Ángel del Señor bajó
del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo
rodar la piedra de la entrada y se sentó
sobre ella. Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve.
Al ver al Ángel, los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos. El
Ángel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el
Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a
ver el lugar donde estaba".

Reflexión:
Es normal el miedo ante lo incompresible o lo incontrolable, es normal el
miedo ante la incertidumbre de la situación que vivimos hoy en el mundo, no solo
por el covi-19 sino también por todos los problemas y dificultades que se viven y
que pueden venir en el futuro: la inestabilidad económica y laboral, las injusticias,
la explotación, la violencia… Ante lo que estamos viviendo y lo que está por venir,
no dejes Señor que nos paralicemos por el miedo o la incertidumbre, sino que, con
la fuerza de tu resurrección y tu presencia entre nosotros, nos des el coraje, la
sabiduría y la serenidad para superar nuestros miedos, para ser creativos y para ser
constructores de un mundo mejor.

Oración (o Padre Nuestro o ambas):


Señor Jesús, hemos querido seguirte en los momentos difíciles de tu Pasión
y Muerte, sin avergonzarnos de tu cruz redentora. Ahora queremos vivir contigo
la verdadera alegría, la alegría que brota de un corazón enamorado y entregado, la
alegría de la resurrección. Pero enséñanos a no huir de la cruz, porque antes del
triunfo suele estar la tribulación. Y sólo tomando tu cruz podremos llenarnos de
ese gozo que nunca acaba.

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Segunda Estación
Los discípulos encontraron el sepulcro vacío
Te adoramos, Cristo resucitado, y te bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la
vida al mundo

Texto bíblico (Jn 20, 3-8):


Pedro y el otro discípulo se dirigieron
entonces al sepulcro. Ambos fueron
corriendo, pero, como el otro discípulo
corría más aprisa que Pedro, llegó primero
al sepulcro. Inclinándose, se asomó y vio allí
las vendas, pero no entró. Tras él llegó
Simón Pedro, y entró en el sepulcro. Vio allí
las vendas y el sudario que había cubierto la
cabeza de Jesús, aunque el sudario no
estaba con las vendas, sino enrollado en un
lugar aparte. En ese momento entró también el otro discípulo, el que había llegado
primero al sepulcro; vio y creyó.

Reflexión:
Pedro y Juan son los primeros apóstoles en ir al sepulcro. Han llegado
corriendo, con el alma esperanzada y el corazón latiendo fuerte. ¿Qué ha pasado?
¿Será verdad lo que nos dicen?
Y comprueban que todo es como les han dicho las mujeres. Cristo ha
vencido a la muerte, y no es una vana ilusión: es un hecho de la historia, que va a
cambiar la historia.
¿Ha cambiado mi historia el hecho de que Cristo Vive? ¿O yo solo veo una
tumba vacía? ¿Ha entrado Jesús a la tumba de mi vida y me ha llenado con su luz?

Oración (o Padre Nuestro o ambas):


Señor Jesús, también nosotros como Pedro y Juan, necesitamos
encaminarnos hacia Ti, sin dejarlo para después. Por eso te pedimos ese impulso
interior para responder con prontitud a lo que puedas querer de nosotros en estos

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momentos. Que sepamos escuchar a los que nos hablan en tu nombre para que
corramos con esperanza a buscarte.

Tercera Estación
Jesús Resucitado se
manifiesta a María
Magdalena
Te adoramos, Cristo resucitado, y te
bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la
vida al mundo

Texto bíblico (Jn 20, 11-16):


María se quedó afuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba se
inclinó para mirar dentro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde
había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. Le dijeron:
“Mujer, ¿por qué lloras?” Les respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y
no sé donde lo han puesto”. Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie,
pero no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién
buscas?” Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: “Señor, si tú lo
has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.” Jesús le dijo:
"¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Rabboní!", es decir,
"¡Maestro!"

Reflexión:
Cuantas lágrimas y cuanto dolor en estos días. Cuantas veces se habrá
gritado en el silencio del corazón: ¡se han llevado a mi Señor y no sé donde lo han
puesto, donde está!
Sin embargo, el Señor permanece ahí, al pie, junto a todos y cada uno de
los sufrientes, de los trabajadores, de los constructores de un mundo mejor, de los
héroes sin capa. Y si estamos atentos, llama por nuestro nombre, para recordarnos
que no se olvida de nosotros, que nos conoce, y que está dispuesto a escucha
nuestros lamentos y nuestros lloros.
No se lo han llevado, está en cada gesto, palabra, caricia, consuelo, lágrima,
incertidumbre, miedo… que se está viviendo estos días. Que no nos evite la cruz
de la vida, no significa que no esté al pie de la cruz de nuestras vidas.

Oración (o Padre Nuestro o ambas):


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Señor Jesús, que la dureza de estos momentos no nos haga pensar que te
has ido de nuestro lado, que has desaparecido, que nos has dejado solos.
Concédenos Señor, un oído atento para escuchar tu voz que nos llama por nuestro
nombre y nos alienta y sostiene en estos momentos de miedo, dolor y muerte.

Cuarta Estación
Jesús Resucitado en el
camino de Emaús
Te adoramos, Cristo resucitado, y te
bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la vida
al mundo

Texto bíblico (Lc 24, 13-15. 25-27):


Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un pueblo llamado Emaús e iban
conversando sobre todo lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían,
Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos, pero algo impedía
que sus ojos lo reconocieran. Jesús les dijo: “¡qué poco entienden ustedes y que
lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era
necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?" y
comenzando por Moisés y continuando con todos los Profetas, les interpretó en
todas las Escrituras lo que se refería a Él.

Reflexión:
No entendemos Señor, no entendemos. No te reconocemos Señor, no te
reconocemos. Nuestros ojos y nuestros corazones están llenos de dudas y de
lágrimas, de rabia y de dolor…
Necesitamos que nos expliques tú las Escrituras, para poder vislumbrar un
poco, el porqué era necesario que el Mesías soportara tantos sufrimientos para
entrar en la gloria, el porqué nosotros tenemos que soportar tantos sufrimientos…
Leer la historia y descubrir en ella la mano de Dios en medio de tanta
injusticia, guerra, epidemias, etc. no es una tarea fácil, lo que no quiere decir
imposible.
Acudamos con fe en estos tiempos a su Palabra, pues solo Él tiene palabras
de vida eterna, y dejemos que nos ayude a releer la historia de la humanidad
(nuestra propia historia), y detectar en ella también las muestras de su presencia,
de su acción, de su amor…

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Oración (o Padre Nuestro o ambas):
Señor Jesús, danos sabiduría para que nuestros corazones no sean lentos y
torpes para reconocerte, para descubrirte presente caminando junto a nosotros,
para comprender la historia, para releer tus palabras, sabiendo que estarás con
nosotros siempre hasta el fin.

Quinta Estación:
Jesús Resucitado se
manifiesta al partir el pan
Te adoramos, Cristo resucitado, y te
bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la vida al
mundo

Texto bíblico (Lc 24,28-31):


Al llegar cerca de Emaús, hizo como que quisiera seguir adelante, pero
ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y
se termina el día” Entró pues, para quedarse con ellos. Y mientras estaba a la
mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, luego lo partió y se lo dio.
En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Reflexión:
Vivimos, como humanidad, una situación única. Pero también como Iglesia
vivimos una situación única.
Nuestros templos, aunque no estén cerrados, no pueden reunir ahora a la
comunidad para celebrar la Eucaristía juntos. Y si bien es cierto, que las
tecnologías y los medios de comunicación nos permiten seguir las celebraciones y
vivir la fe entre la iglesia doméstica, en nuestra casa, el no poder recibir en el pan
de la vida, nos deja ciertamente insatisfechos.
Por eso Señor, quédate con nosotros, para que cuando la noche se acerque
no desfallezcamos y te reconozcamos al partir el pan.
¡Cuántas ganas de poder ir a misa! ¡cuántas ganas de recibirlo en la
Eucaristía! ¿será este un tiempo para revalorizar entre los cristianos católicos ese
don tan grande, tan sublime? ¿puede ser esta una oportunidad para descubrir que
al partir el pan lo podemos reconocer en el camino de la vida?

Oración (o Padre Nuestro o ambas):


Señor Jesús, que nos abres los ojos del corazón al partir el pan, concédenos
un corazón atento para que, a través de la comunión espiritual, se aumente en
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nosotros tanto el ansia de recibirte que no nos alejemos ya nunca más de ti y de la
fuente de vida que es la Eucaristía.

Si se cree oportuno, podría ser este un momento para detenerse y ponerse en


actitud de recibir la comunión, imaginarse que lo estamos comiendo,
sentirnos alimentados por su pan

Sexta Estación
Jesús Resucitado se presenta vivo ante los
discípulos
Te adoramos, Cristo resucitado, y te bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la vida al mundo

Texto bíblico (Lc 24, 36-39):


Jesús se presentó en medio de ellos y les
dijo: “Paz a ustedes”. Quedaron atónitos y
asustados, pensando que veían algún espíritu,
pero Él les dijo: “¿Por qué se desconciertan?
¿Cómo se les ocurre pensar eso? Miren mis
manos y mis pies, soy yo. Tóquenme y fíjense
bien que un espíritu no tiene carne ni huesos,
como ustedes ven que yo tengo”.

Reflexión:
Paz, necesitamos paz. Señor, necesitamos tu
Paz, por eso repítenos estos días una y otra vez:
“la Paz les dejo”.
Sabes lo inquietos que están nuestros corazones, pues aún entre la solidaridad, los
aplausos, el tiempo en familia, el confinamiento, el menor estrés laboral (aunque
no todos), etc., estamos inquietos, desconcertados. Necesitamos Paz, no la paz de
la quietud (que también es necesaria y lo estamos descubriendo en este
confinamiento), sino sobre todo la Paz que nos da saberte vivo entre nosotros. La
Paz que nos dan tus palabras de vida y esperanza, aún cuando la muerte haya
tocado a nuestra puerta y entrado en nuestra casa. Sí, ahí también tu Paz puede
sostenernos.

Oración (o Padre Nuestro o ambas):


Señor bueno, que te haces carne y hueso para darnos tu paz a través de los
que luchan cada día por sanar, proteger y ayudar a los demás, y que en ellos
caminas de manera especial entre nosotros, no nos dejes desesperar, no permitas
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que nuestros ojos se nublen para reconocerte en carne y hueso en nuestros
hermanos y desde ellos te podamos oír decirnos: ¡Paz a ustedes!

Séptima Estación
Jesús Resucitado da el
poder de perdonar los
pecados
Te adoramos, Cristo resucitado, y te
bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la
vida al mundo

Texto bíblico (Jn 20, 21-23):


Jesús les volvió a decir: “La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió
a mí, así yo los envío a ustedes. Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban
el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen,
y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".

Reflexión:
Que confianza tan grande tienes en nosotros Señor para enviarnos en tu
nombre y para permitirnos ser en medio de este mundo, tu palabra de paz y de
liberación, de perdón y conversión.
En este tiempo, donde el silencio y los momentos para pensar o para orar
han sido o son (si hemos querido) más intensos, a nuestra memoria han venido
probablemente heridas del pasado, situaciones de dolor, viejas rencillas, enfados…
que no sin razón nos han distanciado de familiares, amigos, conocidos… Sin
embargo, en este tiempo se nos permite también, resucitar y renovar el valor de la
familia, la amistad… y se nos permite crecer en el perdón en la reconciliación. No
dejemos de aprovechar esta oportunidad para perdonar, perdonarnos, pedir
perdón…

Oración (o Padre Nuestro o ambas):


Señor Jesús, que en el perdón manifiestas la grandeza de tu amor y tu poder,
te pedimos nos concedas aprovechar este tiempo de crisis y confinamiento para
hacer un trabajo interior y avanzar por la senda del perdón, de manera que
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salgamos luego resucitados contigo para vivir en el perdón, para pedir perdón y
para conceder el perdón.

Si se cree oportuno se podría invitar a tener un breve momento de silencio para poner
nombre y apellidos a aquellas personas que estamos llamadas a perdonar o a quienes
debemos pedir perdón

Octava Estación
Jesús Resucitado confirma
la fe de Tomás
Te adoramos, Cristo resucitado, y te
bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la vida al mundo

Texto bíblico (Jn 20, 26-29):


Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con
ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les
dijo: “La paz esté con ustedes.” Después dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí
están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas
incrédulo, sino hombre de fe". Tomás respondió: "¡Tú eres mi Señor y mi Dios!"
Jesús replicó: “Crees porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!

Reflexión:
¡Qué bueno sería poder ver milagros asombrosos, curaciones en masa,
soluciones globales y sin esfuerzo! ¡Qué fácil sería creer y confrontar a los no
creyentes si acontecieran hechos espectaculares que pudieran ser comprobados
científicamente como tales!
Pero un Dios, que se hizo un don nadie en un pueblo pequeño de Nazaret y
que murió en una cruz abandonado por sus propios amigos, no es un Dios al que
le guste imponer la fe en Él. De hecho, el Amor no se impone, se propone, se
ofrece, se regala.
La Fe es un encuentro vital, una experiencia arriesgada, que exige confiar
y renunciar a certezas absolutas, a análisis de laboratorio o a dioses que intervienen
en todo lo que acontece como superhéroes poderosos. Nuestra fe es razonable, lo
que no significa que todo sea claramente comprensible. El Misterio es inevitable.
Es un riesgo, y muchos nos van a señalar por correr ese riesgo y creer. Nos creerán
ingenuos, inmaduros. Pero ¡Felices los que creen sin haber visto!

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Oración (o Padre Nuestro o ambas):
Señor Jesús, auméntanos la fe, la esperanza y el amor. Danos una fe fuerte
y firme, llena de confianza. Te pedimos la humildad de creer sin ver, de esperar
contra toda esperanza y de amar sin medida, con un corazón grande.
Que estos tiempos de dificultad no oscurezcan nuestra mirada y nos alejen
de Ti, sino que más bien nos hagan ver lo mucho que te necesitamos.

Novena Estación
Jesús Resucitado encuentra a
sus discípulos en el Lago
Tiberíades
Te adoramos, Cristo resucitado, y te
bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la vida al mundo

Texto bíblico (Jn 21,4-7. 10. 13):


Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que
era Él. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo que comer? Le contestaron:
“Nada”. Entonces Jesús les dijo: “Echen la red a la derecha y encontraran
pesca”. Echaron la red, y no tenían fuerzas para recogerla por la gran cantidad
de peces. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando
Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto,
y se tiró al agua. Jesús dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de
sacar"; se acercó, tomó el pan y se los dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta
fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos

Reflexión:
Amanece porque llega Jesús. Su luz hace amanecer una noche llena de
esfuerzos y sacrificios que aparentaban ser en vano. “Nada” es la respuesta a los
esfuerzos de los discípulos, y una red repleta de peces es la respuesta de Jesús al
esfuerzo de los pescadores. Es así, que con Él nuestros esfuerzos dan el doble de
fruto, con Él se sana y se salva, se cura y se da esperanza. Con él la muerte se
orienta a la Vida, la oscuridad a la Luz, la nada al Todo.
Me pregunto: ¿ponemos a Jesús a nuestro lado en medio de nuestros
esfuerzos y luchas? ¿estamos atento para descubrir como hacer las cosas, como
afrontar los retos, como organizar la vida, como cambiar el mundo? En numerosas
ocasiones pretendemos echar la red donde nos parece y luego exigimos que Dios
nos de una red repleta de peces.

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Oración (o Padre Nuestro o ambas):
Señor, concédenos como a Juan la capacidad de reconocer que eres el
Señor, y danos la iniciativa de Pedro para lanzarnos al mar en tu busca, desnudos
y sin nada, más que nuestro corazón y nuestra esperanza puesta en Ti. Danos
Señor, la fe suficiente para descubrirte trabajando al lado de los que luchan por
afrontar esta crisis, esta pandemia, y así, pese al dolor y los sufrimientos, podamos
ver como la red se llena de peces, puesto que en
nuestro trabajo humilde pero amoroso estás tú
que das el ciento por uno.

Décima Estación
Jesús Resucitado confiere
el primado a Pedro
Te adoramos, Cristo resucitado, y te bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la vida al mundo

Texto bíblico (Jn 21, 15):


Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón hijo de Juan, ¿me amas más
que estos?". Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo:
"Apacienta mis corderos" le preguntó por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me
amas?” Pedro volvió a contestar: “Sí Señor, tú sabes que te quiero.” Jesús le dijo:
“Cuida de mis ovejas” Insistió Jesús por tercera vez: “Simón Pedro, hijo de Juan,
¿me quieres?” Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez
si lo quería y le contestó: “Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.”
Entonces Jesús le dijo: “apacienta mis ovejas”

Reflexión:
El presuntuoso Pedro tuvo que aprender la lección. No era ni tan valiente ni
tan creyente. La prepotencia de pensar que con sus solas fuerzas podría enfrentar
todo, se desvaneció cuando la realidad de las negaciones se hizo presente.
Sin embargo, Jesús sigue creyendo en Pedro más que Pedro mismo, sigue
creyendo en el ser humano, más que el ser humano mismo. Por eso, lo llama, nos
llama, a seguir su tarea, a cuidar del hermano, a ser testigos vivos y activos en el
mundo y en la Iglesia. Pedro tiene que reconocer que no es capaz de amar a Jesús,
pero sí al menos de quererlo. La prepotencia se ha desvanecido, dando paso a la
humildad y a la confianza en la fuerza del amor de Dios. Pedro ahora tendrá que
andar el camino del querer hasta llegar al del amor que da la Vida.

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¿Podemos nosotros decir: Señor, tú lo sabes todo, ¡tú sabes que te quiero!?
Que nuestra confianza en las fortalezas de la inteligencia humana, no nos lleve a
perder de vista la necesidad de la fortaleza cimentada en el amor de Cristo.

Oración (o Padre Nuestro o ambas):


Señor Jesús, que sepamos reaccionar antes nuestros pecados, que son
traiciones a tu amistad, y volvamos a Ti
respondiendo al amor con amor.
Señor Jesús, que sepamos reaccionar ante
nuestra soberbia que nos hace pensar que no te
necesitamos, y volvamos a Ti respondiendo al amor
con amor.

Undécima Estación
Jesús Resucitado encarga a sus discípulos su misión
universal
Te adoramos, Cristo resucitado, y te bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la vida al mundo

Texto bíblico (Mt 28, 16-20):


Los once discípulos partieron hacia Galilea al monte que Jesús les había indicado.
Cuando vieron a Jesús, se postraron ante El, aunque algunos todavía dudaban.
Jesús se acercó y les habló así: “Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en
la tierra. "Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos,
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y
enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Y sepan que
Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".

Reflexión:
Todos los días hasta el fin. Sí, todos los días hasta el fin. Incluso ahora, es
más, especialmente ahora. Está, y no podemos dejarnos arrastrar por el
pesimismo o la desesperanza. Está.
En su época, cuando caminó entre nosotros Jesús, sanó, pero no a todos, por
no decir que a pocos en comparación con el mundo entero. Pero sí salvó, salvó a
todos de la soledad absoluta, del sinsentido, de la nada. Está, y porque está,
nosotros nos sentimos acompañados, fortalecidos, esperanzados. Con problemas
por todos lados, pero no desesperados, porque “no es lo mismo haber conocido a
Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no

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es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder
contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo”.
Por ello no podemos desfallecer y dejar de anunciar a Jesús, porque no es
lo mismo ser que estar, tenerlo que vivirlo, conocerlo que sentirlo. Anunciarlo es
un deber y un gozo inmenso. Incluso ahora, en medio del covi-19, ¿cómo lo estoy
anunciando, trasmitiendo?

Oración (o Padre Nuestro o ambas):


Señor Jesús, que llenaste de
esperanza a los apóstoles con el dulce
mandato de predicar la Buena Nueva,
dilata nuestro corazón para que crezca en
nosotros el deseo de llevar al mundo, a
cada hombre, a todo hombre, la alegría de
tu Resurrección, para que así el mundo crea, y creyendo sea transformado a tu
imagen.

Duodécima Estación
Jesús Resucitado asciende al Cielo
Te adoramos, Cristo resucitado, y te bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la vida al mundo

Texto bíblico (Hch 1, 8-11):


Jesús les dijo: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo cuando venga sobre ustedes,
y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y hasta los confines de la tierra”.
Dicho esto, Jesús fue levantado ante sus ojos y una nube lo ocultó de su vista. Los
discípulos seguían mirando fijamente al cielo mientras se alejaba. Pero de repente
vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Hombres de
Galilea: ¿Por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que has estado entre
ustedes y que ha sido elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto
partir".

Reflexión:
Mirar al cielo con los pies en la tierra. Una llamada constante a cada cristiano.
Los pies en la tierra. Esta situación exige el compromiso de todos y cada uno. No
se puede pretender que Dios se haga cargo mágicamente de todo. Los pies en la
tierra en comprometerse con lo que se me pide para el bien de todos, es dar lo
mejor de mí en mi trabajo o responsabilidad, es ahora apoyar con los aplausos o
palabras de esperanza. Es para algunos trabajar y trabajar y trabajar… incluso a
riesgo de su salud.

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Pero mirar al cielo, es también hoy para el creyente un deber. Al algunos les
parece que nuestro destino es la nada, y que no hay esperanza. La muerte no tiene
la última palabra, pues si bien es verdad que estamos llamados a morir todos,
también es cierto, que Cristo nos a abierto las puertas a la vida eterna.
En esta crisis… ¿cómo está mi fe en la vida eterna? ¿la fe es solo compromiso
social y humano? ¿creemos de verdad en la resurrección?

Oración (o Padre Nuestro o ambas):


Señor Jesús, tu ascensión al cielo no es
un abandono, sino la realidad de nuestro
destino: el encuentro con el Padre amoroso.
Concédenos en estos tiempos trabajar sin
descanso, pero también sin descanso
permítenos confiar en la vida eterna.

Décimo tercera Estación


Con María los discípulos
esperan al Espíritu Santo
Te adoramos, Cristo resucitado, y te bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la vida al mundo

Texto bíblico (Hch 1, 12.14):


Entonces subieron a Jerusalén desde el monte de los olivos. Entraron en la ciudad
y subieron a la habitación superior de la casa donde se alojaban. Los apóstoles
estaban íntimamente unidos, perseveraban juntos en la oración, en compañía de
algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús, y de sus hermanos.
Reflexión:
En medio de la incertidumbre, tras la muerte de Jesús y la sensación de que
todo estaba perdido, María, la MADRE, conforta a los discípulos, los acompaña,
los custodia, los quiere como hijos. “Madre ahí tienes a tu hijo”. Su mirada atenta,
capaz de descubrir los pequeños detalles, supone un consuelo, un entendimiento
sin palabras, un silencio sonoro. Ella sabe que, en lo sencillo, en lo cotidiano, en
lo rutinario, se cimenta la vida, el día a día del ser humano.
Pidámosle a ella que nos enseñe a perseverar en la oración, para que
tengamos una mirada atenta a las pequeñas cosas, a los detalles, para que en este
tiempo difícil y el que vendrá después de esta crisis, tengamos unos ojos capaces
de reconocer los pequeños detalles, el sufrimiento y las esperanzas de tantos y
tantos a los que esta pandemia les ha cambiado y les cambiará radicalmente la vida.

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Oración (o Dios te salve o ambas):
Oh María, tu resplandeces siempre en nuestro camino
como signo de salvación y de esperanza.
Confiamos en ti, Salud de los enfermos,
que junto a la cruz te asociaste al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe.
Tú, salvación del pueblo sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que
proveerás para que, como en
Caná de Galilea pueda volver
la alegría y la fiesta después de
este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino
Amor, a
conformarnos a la voluntad del
Padre y hacer lo que nos diga
Jesús que ha
tomado sobre sí nuestros
sufrimientos y se ha
cargado con nuestros
dolores para llevarnos, a
través de la cruz
a la alegría de la resurrección. Amén. (Papa Francisco)

Décimo cuarta Estación


Jesús Resucitado envía a los discípulos el
Espíritu Santo
Te adoramos, Cristo resucitado, y te bendecimos
Todos: Porque con tu Pascua diste la vida al mundo

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Texto bíblico (Hch 2, 1-4):
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De
pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó
en toda la casa donde se encontraban. Y vieron aparecer unas lenguas como de
fuego que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron
llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el
Espíritu les concedía que se expresaran.

Reflexión:
La capacidad para entendernos, para comunicarnos, para conectar con los
otros ha sido asombrosa a pesar del confinamiento y el aislamiento. El deseo de
dar lo mejor y la solidaridad que se ha visto en las redes sociales, y en la lucha
contra el covi-19, ha puesto de manifiesto lo que nos une. El lenguaje del amor se
ha hecho manifiesto, y el Espíritu Santo ha movido la inteligencia y el corazón de
muchos en estos difíciles momentos.
Es así tal, que pese a las grandes dificultades que existen para convivir y
comunicarse con los cercanos y los lejanos en los países del mal llamado primer
mundo, el poder del Espíritu Santo ha conseguido abrasar con su fuego el
individualismo y nos ha dado el valor, sí el valor, para pensar en los otros, para
darnos cuenta de que la vida sirve si se sirve a otros, pues hay más gozo en dar que
en recibir.
¿Aprenderemos a valorar más el encuentro personal, el abrazo, la sonrisa,
el tiempo perdido juntos? Solo de nosotros depende que así sea.
Oración Final (o Padre Nuestro o ambas):

Ven Espíritu divino,


manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones espléndido.
Luz que penetras las almas,
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestros esfuerzos.
Tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego.
Gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

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Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del alma
si Tú le faltas por dentro.
Mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo.
Lava las manchas.
Infunde calor de vida en el hielo.
Doma el espíritu indómito.
Guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito.
Salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

CANTOS

Signos de Amor
Letra y notas
http://www.obispadogchu.org.ar/cancionero/14varios/375SignosdeAmor.ht
m
Música
https://youtu.be/ZUJplzsImDQ

Mi Dios está vivo


Letra y notas
https://acordes.lacuerda.net/mus_catolica/mi_dios_esta_vivo-2.shtml
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Música
https://youtu.be/KRiF6QU3fos

Hoy el Señor, resucitó


Letra y notas
http://www.acordesdeguitarra.es/html/hoyelsenorresucito.html

Música
https://youtu.be/VeEHeVPg-fM

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