Está en la página 1de 5

ESTILOS DE ABUELIDAD

NEUGARTEN Y WEINSTEIN (1964) DESARROLLARON UN ESTUDIO PIONERO EN


ESTE CAMPO DONDE HALLARON CINCO ESTILOS DE ABUELIDAD.

- Los abuelos “formales”: manifiestan un interés constante por los nietos, pero estableciendo una
ligadura convencional que no interfiere con el rol parental.

- Los abuelos “alejados”: muestran poco interés por sus nietos y no tienen con ellos más que
contactos episódicos ya sea para fiestas o eventos de importancia.

- Los abuelos “reservorios de saber familiar”: son los encargados de transmitir los valores y de
ofrecer modelos de comportamiento a los nietos.

- Los abuelos “lúdicos” o “buscadores de diversión”: Esta relación es percibida como una fuente
de placer y de satisfacción para los niños y los abuelos, alejándose de una representación del abuelo
como figura de autoridad.

- Los abuelos “padres sustitutos”: son los que reemplazan a los padres, y en general es ocupado
este rol por las abuelas.

DENHAM Y SMITH (1989) CATEGORIZAN LOS ESTILOS DE ABUELIDAD EN TRES


TIPOS:

- La Influencia indirecta se refiere a factores que afectan a los nietos a través de los efectos que
tienen sobre los padres, ya sea a nivel psicológico, económico e instrumental.

- La influencia directa se refiere a abuelos y nietos que tienen una interacción cara a cara. Los
abuelos pueden cuidar nietos pequeños, bromear, ver la televisión, o salir, lo que proporciona a
ambos diversión. Ellos pueden dar consejos nietos, enseñarles habilidades y juegos, e incluso
aplicarles medidas disciplinarias. Al relatarles a sus nietos su propio desarrollo, sirven como
modelos de observación para los nietos. En algunos casos, los abuelos deben trabajar como
"árbitros" entre sus hijos y sus nietos, en los enfrentamientos por valores o personalidades
diferentes.

- La influencia simbólica se refiere al efecto que tienen los abuelos, por sólo estar presentes, sin
que cumplan funciones concretas. Los nietos se sienten bien de tener abuelos que pueden acudir
como un regulador de tensiones, o en casos de conflicto entre los miembros de la familia.

La abuelidad y el género: La abuelidad parece asociarse más a lo femenino, ya que tanto los
cuidados como el juego con los niños suelen estar más cerca de lo que se ha caracterizado como lo
femenino. Sin embargo, estudios recientes
muestran como los varones han ido acercándose a roles atribuidos a la mujer, como el jugar o mimar
a los nietos, encontrando una gran retribución en ello ya que muchas veces no pudieron realizarlo
con sus propios hijos.
CONFLICTOS Y ALTERNATIVAS DE LA ABUELIDAD

Hace algún tiempo se plantea una discusión acerca de la abuelidad y los efectos que podría acarrear,
en un contexto social donde entran en conflicto toda una serie de propuestas e ideologías que
propenden el envejecimiento activo y autónomo, con ciertas demandas de solidaridad familiar
asociadas al cuidado de los nietos.

Las situaciones que detonan este conflicto suelen producirse frente a diversos problemas tales como:
adicciones, enfermedades, divorcios, crisis económicas o compromisos de trabajo en la generación
intermedia, no pareciera haber resultados uniformes, sino que más bien nos informan de una suma
de situaciones con muchas formas de respuestas, pero con algunos factores comunes.

Una serie de estudios muestran las consecuencias sobre el bienestar que producen ciertas demandas
de cuidados, particularmente cuando las condiciones objetivas o subjetivas no son las más propicias,
por ejemplo; El cuidado de los nietos, más allá de los aspectos placenteros, tiene un alto costo y
puede resultar una tarea estresante (Grinstead, 2003).

El día a día, especialmente cuando los nietos son muy pequeños, puede resultar extenuante y
provocar malestar en el sueño y mayor exposición a enfermedades (Jendrek, 1993).

Otro factor a considerar es cuando la labor que entraña el cuidado de los nietos no es un valor para
la persona y por lo tanto puede ser percibida como un esfuerzo que no corresponde y que está fuera
de tiempo, La frase que lo representa es: "No estoy en edad de criar chicos", lo cual transmite
malestar y resentimiento (Minkler, 1997).
Dedicarse plenamente al cuidado de los nietos puede implicar un cambio en los roles y estilos de
vida que se tenían o se deseaban tener, lo cual es observable cuando los mayores deben debatir entre
si cuidan a sus nietos o hacen sus propias actividades.
El cuidado también puede afectar la economía produciendo situaciones de privación y conflicto.
La obligación de dedicarse a los nietos, por obligación, sin poder elegir los tiempos de encuentro
predispone a la depresión, riesgo coronario y deterioro físico (Lee, 2003).
El médico español Guijarro Morales describe el "Síndrome de la Abuela Esclava" a la que
concibe como una enfermedad que puede ser grave y que afecta fundamentalmente a adultas
mayores con responsabilidades de ama de casa, estas mujeres durante muchos años se sintieron
satisfechas con el desempeño de su rol de abuelas, y en cierto momento, a causa de la interacción de
diversos factores, ese mismo rol deviene en patológico, con el paso de los años, el aumento del
número de nietos y de las obligaciones, estas señoras que habían disfrutado de la tarea y eran
capaces de hacer ellas solas todo el trabajo comienzan a sentirse desbordadas, y ello precipita la
enfermedad, Sienten menor capacidad para llevar a cabo su trabajo aunque no resulte fácil
reconocerlo, ni para la abuela ni para la familia.
De esta manera su fortaleza física y psíquica se va deteriorando y llega un momento en que se
produce un desequilibrio entre lo que tiene que hacer y lo que puede tratar de continuar,
desconociendo los cambios que han sucedido, sin llegar a conseguirlo, con un costo muy alto para
su salud y con cierto sentimiento de vergüenza y culpa por no poder llevar a cabo sus tareas.
Este síndrome, según el autor, toma relevancia ya que podría causar distintos tipos de síntomas que
van desde hipertensión arterial, sofocos y taquicardias hasta depresión y desánimo.
Por otro lado, existen estudios que muestran situaciones diferentes donde pareciera haber mucha
satisfacción con el rol de abuelos, incluso con una alta demanda de cuidados a sus nietos.
Hugues y otros (2007) realizó una investigación sobre los efectos en la salud que tendría cuidar
nietos, los resultados fueron muy positivos, no hallándose evidencias de efectos dramáticos sobre la
salud física y mental, a diferencia de los estudios anteriores.
Incluso, en algunos casos, encuentra una mejoría de la salud y de la autoestima por cumplir con esta
tarea. De todas maneras, destaca que, en las familias, donde la generación intermedia falta, o se
ausenta por períodos prolongados, sí se producen efectos negativos en la salud, especialmente
síntomas depresivos y de una percepción subjetiva de malestar físico.

Por todo esto debemos tener en cuenta que la cuestión depende de una serie de factores que se
conjugan, por un lado, hay un reclamo actual de cuidar, mimar y jugar con el nieto, en tiempos y
formas acordadas. Esto resulta parte de un acuerdo o pacto tácito de intercambios familiares donde
se cuida la autonomía de cada uno de sus miembros, cuando este acuerdo no resulta posible suelen
aparecer quejas por no poder adecuar la vida de los mayores a las nuevas pautas sociales.

Sin embargo, no todos consideran válido este acuerdo y valoran más los intercambios familiares
frecuentes, que pueden incluir el perder ciertas posibilidades personas en pos de ayudar a sus hijos,
consiguiendo de esta manera un sentido vital y de estima personal.
De cualquier manera, la cuestión reside en que la abuelidad sea una función elegida, más allá de la
culpa y la vergüenza como respuesta ante lo que algunas veces no se quiere o no se puede hacer.

NUEVAS PAREJAS EN LA VEJEZ

El objetivo de este artículo es abordar las variantes familiares que conforman los viejos en la
actualidad a través del análisis de las nuevas parejas de adultos mayores. Para ello se partirá de una
visión crítica de las nociones normativas que ordenan políticas de los encuentros entre personas.
Posteriormente se analizarán narrativas surgidas de una investigación de tipo cualitativo de adultos
mayores que conformaron a partir de los 60 años nuevas relaciones de parejas.
Dichas narrativas permitirán reconocer una serie de elementos que describen un tipo de relación en
una etapa vital específica con representaciones sociales que habilitan o limitan dicha opción. Por
esto las argumentaciones aparecen como el constructo que elabora un sujeto en base a dichas
representaciones para justificar su acción.
La familia en cuestión: Las nuevas parejas de mayores reflejan un tipo de familia que consigue una
fuerte resonancia en lo social.
Se expresa por un lado en cantidad de filmes (Iacub, 2001, 2008) en los que personajes de mediana
o tercera edad se enamoran, gozan de la sexualidad, forman nuevas parejas construyendo una
estética de la erótica en la vejez (Iacub, 2007, 2008). Y por el otro en el encuentro efectivo de
personas de edad insertas dentro de una variable cultural denominada “vejez positiva o activa” la
cual se caracteriza por una nueva demanda social en la que las personas mayores son llamadas a
estar insertas socialmente y fundamentalmente activas.
La edad deja de ser una variable relevante a la hora de determinar actitudes y roles (Neugarten,
1999) generando con ello una homogeneización creciente de las actividades en las diversas etapas
vitales. La gerontología ha sido, en gran medida, la encargada de elaborar, tanto en la teoría como
en la práctica, propuestas para e rediseño social de los mayores. Modalidad que refleja una
característica saliente de la modernidad tardía o posmodernidad.
Nuevas familias: Desde hace algún tiempo se ha empezado a modificar el ángulo desde donde se
observa a los viejos. No como el residuo de los otros, ya sea en tanto que la sociedad o la familia no
les da, sino por el contrario como este grupo se reposiciona frente a una sociedad cambiante, donde
los ideales sociales parecieran retomarse desde nuevas variables como la autonomía, por fuera de
ciertos perfiles comunitaristas en los que la edad o el género puedan ser decisores más fuertes que el
propio sujeto.
Solemos pensar desde una perspectiva en la que los cambios a nivel de la familia arrojaban a estos
por fuera del campo de los cuidados y de las ayudas, sin pensar en otras formas de agrupación en la
que el rol de la persona de edad no sea el de un objeto pasible de cuidados o en el que los cuidados
no sean brindados por los agentes “esperables” como eran los familiares. Una de estas perspectivas
tuvo que ver con las nuevas agrupaciones de personas mayores en las que los amigos desarrollaban
gran parte de los roles tradicionales atribuidos a la familia. Las investigaciones realizadas en
Estados Unidos y Canadá (De Vries, 2000) fundamentalmente mostraban, en un gran porcentaje,
que los amigos eran incluidos en su definición de familia, aunque no tuvieran obligaciones legales o
relaciones formales. Las personas mayores conformaban asociaciones solidarias de cuidado y apoyo
entre amigos, de un modo muy similar al que se produce entre la población más joven y en los
grupos de gays y lesbianas (De Vries, 2000). Las nuevas representaciones sociales dan lugar a
distintos recursos argumentativos para el desarrollo acciones y roles que años atrás
hubieran sido fuertemente condenadas para las personas de edad. Las parejas conformadas en la
vejez, sin que sean absolutamente generalizables, parecieran abrir un campo que describe y valoriza
una serie de variables culturales actuales entre las que podríamos contar los cambios a nivel de la
familia, los nuevos significados acerca de la noción de edad, el valor social de la autonomía y la
nueva moral erótica.
LA AMISTAD EN LA VEJEZ
La amistad puede ser, en la vejez, un vínculo tanto o más importante que en otras etapas de la vida.
Giles, Glonek, Luszcz y Andrews (2005) del Centre for Ageing Studies de la Universidad de
Flinders, realizaron una investigación longitudinal con el objetivo de conocer el impacto de algunos
vínculos en la vida de las personas mayores. Estos investigadores analizaron la tasa de
supervivencia de los participantes durante una década, descubriendo que el contacto con niños y
familia no aumentaba necesariamente la esperanza de vida. Sin embargo, aquellos participantes que
tenían más y mejores relaciones de amistad, denotaban estadísticamente mayor longevidad que
aquéllos que contaban con menor vida social.
De acuerdo con Montes de Oca (2002), estos vínculos pueden ser aún más importantes en
ciertas condiciones, si bien, respecto a la familia, los amigos son considerados fuentes
secundarias de apoyo, en algunas circunstancias son especialmente importante, por ejemplo:
para quienes se encuentran lejos de la familia o las personas que no tienen pareja ni hijos. En
la misma línea, Arias (2005) señala –a partir de una investigación realizada en la ciudad de
Mar del Plata- que en esos casos la red está conformada principalmente por los amigos de
diversos grados de intimidad, mientras que en el caso de personas casadas las redes están
formadas fundamentalmente por familiares.
En la misma investigación, el 75.2% de las personas entrevistadas, incluyeron relaciones de amistad
dentro de su red de apoyo social. Estas relaciones se caracterizaban por ser, en su mayoría, vínculos
de mucha intimidad con personas con las que tenían una amistad de muchos años. El mantenimiento
de relaciones de amistad con personas de la misma edad, con las que han compartido muchos
sucesos de vida, genera una gran satisfacción a partir del reconocimiento y confirmación mutuos, así
como la posibilidad de recordar juntos sucesos que han compartido en el pasado. Esta oportunidad
de rememorar anécdotas de épocas anteriores de la vida fue valorada positivamente por las personas
de edad avanzada. Al estudiar las diversas formas de amistades, se afirma que la mayoría de los
adultos mayores prefieren las viejas amistades.