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ESTUDIOS RESTROSPECTIVOS PSICOBIOGRAFICOS

AUTOPSIAS PSICOLOGICAS
USOS MÁS FRECUENTES

2.2.5. Tema 5: Víctima de Homicidios.

La aplicación del método de autopsia psicológica al estudio de las víctimas de homicidios,


también alcanzó un uso generalizado en varios países de Latinoamérica, por ejemplo
ayudando a reducir los tiempos necesarios para esclarecer un homicidio, con informes
conclusivos que resultan ilustrativos, por ejemplo para:

- Establecer el perfil victimal, dentro del binomio víctima–victimario, para definir qué aportó
la víctima en la dinámica del crimen.

- Diseñar un perfil victimal común en homicidios múltiples y/o asesinatos en serie.

- Establecer el perfil de la víctima de un crimen para proyectar un perfil probabilístico del


autor o autores.

2.2.5.1: Antecedentes del uso de A.P. en casos de homicidios.

Nuevamente debemos remitirnos a Cuba para conocer los desarrollos del método en casos
de homicidios. También fue la Doctora Teresita García Pérez, quien encabezó los equipos del
Consejo Consultivo Nacional de Investigación Criminal, dependiente del Ministerio del
Interior de ese país, quienes iniciaron el desarrollo de esta aplicación.

Ellos habían advertido -luego de haber desarrollado y aplicado el MAP para la investigación
de casos de suicidios-, la inexistencia de modelos, formularios, guías o cualquier otro
instrumento de autopsia psicológica, que hubiese sido diseñado específicamente para las
víctimas de homicidio. Por lo que se propusieron la creación de un modelo que hiciera

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posible el estudio científico de estas personas. Para lograrlo diseñaron una investigación
denominada “Aplicación del Método de Autopsia Psicológica al Estudio de las Víctimas de
Homicidio y Asesinatos (Aplicación Criminológica)”. Al respecto su autora expresa:

La privación de la vida (propia o ajena) es sin lugar a dudas la conducta más grave que pueda
realizar un ser humano; desde el punto de vista victimológico es irreparable, es la
desaparición de la víctima directa, es el punto final del "iter victimae". El profesor Rodríguez
Manzanera plantea que una de las dificultades típicas en el estudio del homicidio es que no
contamos ya con la víctima, no conocemos su versión de los hechos, sus sentimientos, su
actuación después del crimen, etc. (Teresita García Pérez 2007, p. 64).

Y agrega:

También en nuestro país se ha considerado el fallecimiento de la víctima de homicidio, como


condición que impide conocer los aspectos psicológicos y psiquiátricos que pudieron influir
en la comisión del hecho (Teresita García Pérez 2007, p. 64).

Por estas razones los investigadores consideraron necesario diseñar un método para el
estudio de la víctima de homicidio con la aspiración de contribuir al conocimiento de uno de
los problemas humanos permanentes más trágicamente atractivos, donde muchas veces,
como dice Snyder Le Moyne, lo que falta es el conocimiento del factor determinante, es
decir, lo que acontecía en la mente de la víctima contemporáneamente con la hora de su
muerte (Teresita García Pérez 2007).

También justificaron tal necesidad, considerando el progresivo ascenso de las tasas de


homicidio en su país (Cuba), donde de 4,5 y 4,9 x 100.000 habitantes en los años 1986 y
1987, ascendió a 6,2 x 100.000 en 1998 y luego en 1991 alcanzó los 7,5 x 100.000 (según
datos brindados por la Dirección Nacional de Estadística de Cuba, 1993). Los investigadores
también calificaron de urgente la realización del estudio, ya que el grupo poblacional más
afectado por hechos de homicidios dolosos, era el de las edades más productivas de la vida
(15 a 49 años), con una tasa que en 1993 se había elevado a 10,8 %, siendo las 5º causa de

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muerte en Cuba ese año (MINSAP, Anuario Estadístico de la Dirección Nacional de Estadística
de Cuba, 1993).

En relación a la república Argentina, según el informe de la Organización Mundial de la Salud


del año 2012, la tasa de homicidios se encontraba en ese año en una tasa de (6) x cada
100.000 habitantes. Ubicada entre las cinco más bajas de América Latina, después de
Antigua y Barbuda (4,4), Chile (4,6) y Cuba (5). Asimismo, los países con la mayor tasa de
homicidios fueron Honduras (103,9), Venezuela (57,6), Jamaica (45,1), Belice (44,7) y El
Salvador (43,9). (http://www.telam.com.ar/notas/201412/88598-informe-tasa-de-
homicidios-cada-100-mil-habitantes--argentina-organizacion-mundial-de-la-salud.html). Sin
embargo, según datos estadísticos de la ciudad de Córdoba, que se repiten en distintas áreas
del país, en Argentina también encontramos una tendencia en alza:

EVOLUCION ULTIMOS 4 AÑOS (MESES ENERO A MAYO)

45
42

40

35

30 28
27
25
25
HOMICIDIOS

20 Lineal (HOMICIDIOS)

15

10

0
2010 2011 2012 2013

Gráfico Nº 6: Muestra una tendencia ascendentes en la distribución anual de cantidades de


casos de homicidios dolosos ocurridos en periodo 2010 al 2013 en la ciudad de Córdoba,
Argentina.

2.2.5.2: Metodología de la investigación realizada en Cuba.

- Respecto al trabajo de campo, los investigadores pudieron apreciar que la familia y los
allegados (amigos, vecinos, compañeros de trabajo) de la víctima lejos, de ser refractarios a
la entrevista, en su gran mayoría colaboraban de buen grado y muchos se sentían aliviados

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de poder verbalizar sus consideraciones en relación con el hecho y con el fallecido (Teresita
García Pérez 2007).

- Además de revisar el expediente médico legal donde aparecen todos los elementos
técnicos necesarios para afirmar la etiología médico-legal de la muerte, los investigadores
subrayaron que fue imprescindible además, revisar el expediente policial y acudir al lugar del
hecho o estudiar el video del levantamiento del cadáver. Refirieron que estas acciones les
aportaron elementos valiosos para la caracterización de la víctima, especialmente en
relación con su estilo de vida. También resaltaron como realmente importante la
comunicación estrecha con los instructores e investigadores policiales con el objetivo de
acopiar información complementaria y poder estudiar posibles documentos ocupados tales
como: historias clínicas, cartas, diarios, notas, grabaciones, videos, etc. (Teresita García
Pérez 2007).

- En cuanto al tiempo transcurrido entre el deceso y la entrevista, los investigadores tuvieron


en cuenta los resultados que habían obtenido en su anterior investigación sobre los suicidas,
donde se había establecido como tiempo prudencial realizar la entrevista después del primer
mes de la muerte, con el objetivo de dejar pasar la reacción de duelo. Sin embargo, en
algunos casos de homicidio debieron actuar antes de los 30 días, ya que la investigación
policial necesitaba el estado mental de la víctima para tipificar el delito o esclarecer
circunstancias concurrentes. También reportaron los investigadores que luego de pasado el
segundo y tercer mes del hecho, comprobaron que no se afectaba la nitidez del recuerdo y
tampoco se perdía en detalles de la información, siempre y cuando se entreviste a la
persona adecuada. Aunque aclaran que, desde el punto de vista preventivo y con el objetivo
de intervenir en una situación de crisis psico-familiar, resultó oportuna una primera visita lo
más próxima posible a la pérdida (Teresita García Pérez 2007).

2.2.5.3: Resultado Investigación homicidios en Cuba.

Los investigadores cubanos estudiaron a 50 víctimas, que fueron analizadas a través de la


autopsia psicológica. Hicieron análisis comparativos de las víctimas de autor conocido y
autor desconocido. Pero en los casos de autores conocidos con el hecho esclarecido,
también hicieron análisis comparativos de las víctimas y sus victimarios (Teresita García
Pérez 2007):

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- En cuanto a la edad, pudieron observar el predominio del grupo de edades comprendido
entre los 26 y 35 años, tanto en las víctimas de autor conocido como en las de autor
desconocido.

- En la distribución por sexo, se comportó exactamente igual para ambos grupos de


víctimas: predominan los hombres. En el estado conyugal predominaron las víctimas casadas
en los hechos esclarecidos y las solteras en los no esclarecidos. El nivel de escolaridad de
ambos subgrupos se corresponde con el de la población general (nivel medio).

- En relación a la ocupación, en los casos esclarecidos predominaron los obreros seguidos


de los jubilados y desvinculados. En los no esclarecidos predominaron estos dos últimos. Al
respecto los investigadores consideraron que los jubilados están más aislados de las
relaciones sociales y con frecuencia son seleccionados por sus victimarios pensando en una
vía fácil de obtención de dinero o bienes materiales, al tratarse de personas con menores
posibilidades de defensa. En el caso de los desvinculados laborales se trata de individuos
que, una vez fuera del sistema laboral, comienzan a establecer vínculos con individuos cuyos
medios de vida son ilícitos y esto constituye un factor victimógeno (Teresita García Pérez
2007).

- Respecto a los antecedentes patológicos personales de las víctimas, los investigadores


reportaron no haber encontrado ninguna que fuera especialmente frecuente.
- Sin embargo, respecto al consumo de sustancias, los datos resultaron preocupantes para
los investigadores por la alta frecuencia de consumidores de tóxicos. Especialmente de
alcohol (80% de las víctimas de hechos esclarecidos y 60% de los no esclarecidos, eran
consumidores de bebidas alcohólicas). Al analizar las preferencias, encontraron que ambos
grupos preferían las bebidas fuertes. Al respecto la autora refiere que generalmente los
bebedores problema prefieren la bebida fuerte de elevada graduación alcohólica (Teresita
García Pérez 2007). En relación a la frecuencia del consumo, los investigadores reportaron el
predominio de ingestión alcohólica semanal o diario. La autora concluye que con esto se
cumple uno de los criterios de cantidad y frecuencia establecidos por Marconi (Teresita
García Pérez 2007). Agrega además la autora que al aplicar el CAGE y el CID (cuestionarios de
alcoholismo científicamente validados que aparecen dentro del instrumento aplicado), el

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91,42% de las víctimas de autor conocido consumidoras de bebidas alcohólicas cumplieron
con los requisitos de bebedores problema y solo el 33,33% de las víctimas consumidoras de
autor desconocido. Además los investigadores señalaron que los bebedores problema del
grupo de hechos esclarecidos habían llegado a tener más complicaciones sociales,
fundamentalmente micro-sociales (violencia hogareña, rechazo familiar, pérdida de amigos
por causa de la bebida). Para la autora el alcoholismo es un factor criminógeno, tan
importante que el profesor Tocaven individualiza el homicidio por alcoholismo dentro de los
mecanismos por los cuales la clínica criminológica tipifica que se puede llegar a la
victimización. Rodríguez Manzanera lo considera un factor determinante del homicidio en
México y Amieiro destaca la presencia del alcohol en el 50% de los homicidios estudiados
por él en 1988 en la Ciudad de la Habana (Teresita García Pérez 2007). También el eminente
criminólogo español Jiménez de Asúa en su "Crónica del Crimen" destaca el poderío
delictógeno del alcohol, Calabuig afirma que el alcoholismo es uno de los principales
elementos criminógenos y que "el alcohol es amigo del crimen" (Teresita García Pérez 2007).

- Como vimos en capítulos anteriores, uno de los aportes más importantes del MAP
(Modelo de Autopsia Psicológica) desarrollada por el equipo que encabezó la Dra. Teresita
García Pérez en Cuba, es el examen psiquiátrico retrospectivo. Y en ésta investigación
aplicada a los casos de homicidios, predominaron en ambos subgrupos las dificultades en las
relaciones interpersonales. Al respecto la autora refiere que quizá estas personas puedan
incluirse dentro las llamadas por Fattah: "víctimas latentes o predispuestas", ya que sus
defectos del carácter les confieren cierta inclinación a ser víctimas (Teresita García Pérez
2007). Pero de nuevo, al hacer la valoración nosológica, los investigadores reportaron haber
hallado que en ambos subgrupos predominó el abuso de alcohol sin dependencia, aunque su
predominancia fue mucho más señalada entre las víctimas de autor conocido.

- Otro de los aportes relevantes del MAP, lo constituye la exploración de las áreas de
conflicto. Al respecto los investigadores reportaron haber hallado aquí uno de los puntos de
mayor diferenciación de los subgrupos estudiados. Ya que en los casos de autor conocido
predominaron los conflictos de vivienda y económicos, sin embargo las víctimas de autor
desconocido apenas tenían problemas económicos ni de vivienda, predominan los
problemas personales y familiares. Para la autora, esto se encontraría en relación con los

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móviles y la crimino-dinámica, ya que en los hechos no esclarecidos predominaron
motivaciones de lucro y en muchos de ellos se tipificó el hecho en ocasión de ocultar un
robo, para lo cual por supuesto tenían que seleccionar una víctima con buenas posibilidades
económicas (Teresita García Pérez 2007).

- Respecto a los antecedentes penales, los investigadores encontraron entre las víctimas de
autor conocido, 7 sujetos que tenían antecedentes penales (20%) y 9 sujetos con
antecedentes de haber estado involucrados en hechos de violencia no judicializados (3 como
autores y 6 como víctimas). En relación a los hábitos antisociales, también encontraron
elementos diferenciales entre los dos grupos: las víctimas de autor conocido tienen mayor
cantidad de hábitos antisociales, predominando los vínculos delictivos y la ingestión habitual
de alcohol con repercusión social; mientras que en las víctimas de autor desconocido,
apenas si logramos identificar algunos hábitos antisociales, predominando (en 4 casos para
un 26,66%) la participación en negocios ilícitos. Para la autora este dato también se
correspondía con los posibles móviles y con los factores que determinaron su selección por
parte de los victimarios.

- Otra variable analizada en esta primera investigación de casos de homicidios, fue el


estado de la vivienda, que registró una diferencia en dos subgrupos: entre las víctimas de
autor conocido predominan las viviendas en mal o regular estado, entre las de autor
desconocido predominan las viviendas en buen o regular estado. Para la autora este dato
también juega con los elementos que determinan la selección del criminal: buen nivel de
vida (Teresita García Pérez 2007).

- También se obtuvieron diferencias sobre las características de personalidad: a) Las


víctimas de autor conocido fueron descritos como valientes (por eso se arriesgaron);
Caprichosos y Tercos (por eso se mantuvieron en situaciones victimógenas incluso a
sabiendas y rechazaron consejos que trataban de apartarlos del peligro); Seguros y
Optimistas (lo cual les hace minimizar el riesgo aun conociéndolo); Dominantes (lo cual los
lleva a tratar de imponerse al victimario); e Impulsivos (llevándolos a precipitar acciones que
pueden ser peligrosas para su propia integridad). Son también Sociables; Activos; Entusiastas
y Reservados. Para la autora, todas estas características de personalidad, las hacen más

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proclives a caer dentro de la categoría de víctimas Provocativas o Precipitadoras descriptas
por Schafer (Teresita García Pérez 2007). B) Mientras que las víctimas de autor desconocido
son personas caprichosas (lo cual las hace colocarse o permanecer en situaciones
victimógenas aún siendo advertidas. Ej: anciana que vive sola en una zona victimógena y la
familia trata de convencerla de mudarse o de acompañarla en horario de mayor riesgo
victimal, pero ella lo rechaza); Tercas y Dominantes (por eso mantienen decisiones que
conllevan riesgo victimal); Reservadas (por eso no comunican conflictos y es más difícil
ayudarlas y protegerlas contra posibles peligros); Inseguras y Apartadizas (esto es un
importante factor victimógeno, pues la coloca en la situación de "víctima aislada",
privándola de la natural protección de la comunidad).

- Respecto a la identidad de Género, los investigadores señalan que en el total de casos


estudiados, hallaron un (20%) de identidad homosexuale: 4 víctimas de autor conocido y 6
víctimas de autor desconocido. Para la autora, estas personas también se ubicaban en la
categoría de víctimas latentes o predispuestas descriptas por Ezzat Fattah (Teresita García
Pérez 2007).

- También exploraron la existencia de señales pre-suicidas, ya que los clásicos han hablado
respecto que la víctima provocadora desafía al victimario por su deseo inconsciente de morir
y por su necesidad psicológica de castigo por un complejo de culpa (205). Pero en la muestra
estudiada por los investigadores Cubanos, consideran que no se confirma esa hipótesis, ya
que tan solo en 4 víctimas de homicidio se pudieron establecer algunas señales pre-suicidas,
predominando las víctimas de autor desconocido (3 casos); y aun así se trataba de señales
de las de menor peso en la determinación de la tendencia suicida: irritabilidad, que puede
interpretarse como rasgo heteroagresivo y comentarios pesimistas acerca del futuro e
insomnio (Teresita García Pérez 2007).

- En cuanto a los lugares donde ocurrieron los hechos, predominó en ambos grupos de
tipos de autores, la propia casa de las víctimas. En el caso de los hechos esclarecidos, se
puede plantear el factor de proximidad como factor victimógeno y en los no esclarecidos, la
selección de la víctima y el estudio del espacio realizado previamente por el criminal. En
orden de frecuencias aparece en segundo lugar, los casos de autor conocido que ultimaron a

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sus víctimas en la vía pública. Respecto a éste dato, la autora los relaciona con las conductas
de provocación, impulsividad y subculturas violentas.

- En relación al horario de ocurrencias de los hechos, los investigadores encontraron que


en ambos subgrupos (autores conocidos y desconocidos), predomina la ocurrencia en el
horario de la noche, siendo más relevante el predominio en los hechos no esclarecidos. Al
respecto la autora refiere que es harto conocido que existen "horas peligrosas", diríamos
que de mayor riesgo victimal (Teresita García Pérez 2007). No obstante -aclaran los
investigadores- que en los hechos de autor conocido, los horarios de la tarde y la madrugada
comparten el segundo lugar, mientras que las horas de la mañana son las de menor riesgo
(Teresita García Pérez 2007).

- En relación al medio empleado, los investigadores reportan haber encontrado el uso de


las armas blancas, lo que los lleva a identificar -siguiendo las enseñanzas del profesor
Tocaven- conductas primitivas y violentas (Teresita García Pérez 2007). El segundo lugar, en
los hechos esclarecidos lo ocupa los golpes con objetos contundentes (método también muy
primitivo) y en los no esclarecidos lo ocupa la estrangulación manual o a lazo. Para la autora
esto último estaría en relación con víctimas con menor resistencia, que por lo general son
tomadas por sorpresa (Teresita García Pérez 2007).

- Nuevamente surge como dato revelador el consumo de alcohol en las víctimas de


homicidio estudiados en esta investigación de Cuba. Es que del estudio de los informes
químicos del total de la población bajo estudio, los investigadores hallaron la presencia de
alcohol en sangre en el (48,57%) de las víctimas de autor conocido y en el (26,66%) de las de
autor desconocido. Este factor victimal adquiere una relevancia superlativa para la autora,
quien advierte el continuismo del alcohol como factor victimal, observadas reiteradamente
en diferentes investigaciones. Por ejemplo, menciona que en la ciudad de los Angeles, entre
1970 y 1979, fue detectado el alcohol en la sangre del (46%) de las víctimas de homicidio y
en la Ciudad de la Habana, en 1985, fue detectado en 1 de cada 4 víctimas de homicidios y
en Town Cape, South Africa, se encontraron elevadas concentraciones de alcohol, en la
sangre del (56%) de las mujeres muertas por homicidio durante 1990-1991 (Teresita García
Pérez 2007).

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- En cuanto a las posibles motivaciones del hecho, los investigadores reportaron haber
observado diferencias importantes entre los subgrupos, ya que en los hechos esclarecidos
predominaron los móviles pasionales, seguidos de los materiales. Mientras que en los casos
de autor desconocido, predominaron como motivación el ocultamiento de otro delito, robo
fundamentalmente. La autora bien aclara que en los casos no esclarecidos, solo se puede
hablar de “presuntos móviles”, ya que cuando el autor sea descubierto, la impresión en cada
caso puede sostenerse o ser modificada.

- Los investigadores cubanos dieron una central atención al análisis de las relaciones
“víctima-victimario” en los hechos esclarecidos. Es decir con autores conocidos, que se
detalla a continuación:

1) Respecto a los grupos de edades predominó -tanto entre las víctimas como entre los
autores- el grupo etario de (26 a 35 años). Sin embargo –aclaran- en el segundo lugar ésta
relación difiere y se sitúa en los extremos: los más viejos como víctimas (mayores de 65
años) y los más jóvenes como victimarios (menores de 25 años).

2) En cuanto al género predominaron los hombres, tanto como víctimas que como
victimarios. Al respecto, la autora refiere que entre los colegas criminólogos existe consenso
sobre que los hombres tienen mayor potencialidad victimal.

3) La mayor parte de los autores eran solteros mientras que la mayor parte de las víctimas
eran casadas.

4) El comportamiento de la escolaridad, tanto para víctimas como para autores no difiere del
de la población general que oscila en el nivel medio.

5) En las categorías ocupacionales si encontraron diferencias importantes: entre las víctimas


predominan los obreros en primer lugar, seguidos de los jubilados y los desvinculados.
Mientras que entre los autores predominaron ampliamente los desvinculados. Para la autora
este comportamiento sigue regularidades criminológicas clásicas: disponibilidad de tiempo

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libre, largos períodos de ocio, nosotros añadiríamos la mayor oportunidad de vincularse a
actividades y compañías antisociales (Teresita García Pérez 2007).

6) Respecto a los antecedentes patológicos personales, predominó tanto en víctimas como


en victimarios el traumatismo craneal con pérdida de conciencia. Esta circunstancia le
permitió inferir que podría existir una mayor tendencia a la violencia determinada por un
“sustratum” orgánico, posiblemente dis-rítmico.

7) Aunque en general, no se observaron antecedentes patológicos familiares relevantes, si


predominaron en ambos grupos los trastornos psiquiátricos de los padres, especialmente de
la madre en el caso de los autores. Para García Pérez, esto podría relacionarse con falta de
atención en la infancia, que favorece la influencia de factores criminógenos de tipo social
(Teresita García Pérez 2007).

8) Además, los investigadores reportaron que alrededor del 25% de los autores fueron
abandonados de pequeños por sus padres, lo cual refuerza –según García Pérez- el
planteamiento de la desintegración familiar como factor criminógeno (Teresita García Pérez
2007).

9) Aunque en menor proporción, entre las víctimas también se encontraron situaciones de


abandono y desintegración familiar, como factor a tomar en cuenta en su formación (o
deformación) durante la infancia. Para la autora, la disfunción familiar hizo más vulnerables
a éstas víctimas -a todo tipo de acciones antisociales- y se erige como un importante factor
victimógeno (Teresita García Pérez 2007) (Teresita García Pérez 2007).

10) Entre los autores, resultó más frecuente el padre desconocido, recluso o ex – recluso. Así
como también la existencia de hermanos con antecedentes penales. Para los investigadores,
todo esto coadyuva a reforzar en estas personas un marco de referencia criminógeno por
excelencia (Teresita García Pérez 2007).

11) En cuanto a hábitos tóxicos se refiere, los investigadores cubanos encontraron grandes
similitudes entre las víctimas y sus victimarios. El alcohol lideró ambos grupos, con iguales

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preferencias por la bebida fuerte y con similar frecuencia de consumo aunque con algún
predominio del consumo diario por parte de los autores.

12) En el examen psiquiátrico, predominaron en ambos grupos las dificultades en las


relaciones interpersonales. Entre los autores, la ausencia de ansiedad que aparece en más
del (20%) los investigadores la relacionaron con sus estructuras psicopáticas de
personalidad, con su incapacidad de empatizar y de sensibilizarse, de colocarse en el lugar
de otros y de mover culpa (Teresita García Pérez 2007).
13) En la valoración nosológica resaltan las semejanzas entre víctimas y autores, en ambos
grupos predominó ampliamente el abuso de alcohol sin dependencia. En el caso de las
víctimas, en segundo lugar de frecuencia se encontraron el uso de psicofármacos y en los
victimarios Trastornos de la Personalidad: el (57,89%) eran Personalidades Antisociales. La
autora refiere que los resultados obtenidos en cuanto a la ubicación nosológica de los
victimarios, coinciden con los de Yarvis y sitúan al abuso de sustancias tóxicas y a los
trastorno de la personalidad (fundamentalmente de tipo antisocial) dentro de los factores
considerados por el maestro Di Tullio como pre-disponentes de criminalidad (Teresita García
Pérez 2007).

14) Las áreas de conflicto resultaron similares para víctimas y victimarios: vivienda,
economía y familia (en ese orden) para los primeros y economía, vivienda y familia para los
segundos. Para la autora resulta interesante señalar, que el cuarto lugar lo ocupan conflictos
bien diferentes: Las víctimas tenían más conflictos judiciales –no delictivos- y los autores más
conflictos interpersonales.

15) Pero al analizar los antecedentes penales, los investigadores aclaran que los victimarios
registraban más registros que las víctimas, con predominio -tanto en víctimas como en
victimarios- de tipificaciones delictivas vinculadas a la violencia: robo con violencia y
lesiones. Además, 6 de las víctimas habían ocupado el rol de víctimas en conflictos
judicializado y su mayor preocupación era volver a ser victimizados, como en definitiva
ocurrió. La autora explica que se trata del fenómeno de "reincidencia victimal" (Teresita
García Pérez 2007).

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16) Para la caracterización psicológica, los investigadores tomaron aquellas características
presentes en, al menos, la tercera parte del grupo estudiado:

Víctimas Victimarios
Valientes Dominantes
Tercos Impulsivos
Caprichosos Activos
Optimistas Caprichosos
Seguros Optimistas
Dominantes Tercos
Impulsivos Fríos
Sociables
Activos
Entusiastas
Reservados
Celosos
Independientes
Posesivos
Agresivos

Para la autora resultó interesante señalar que, excepto por los indicadores de frialdad, las
demás características de personalidad presentes en los autores, también están presentes en
las víctimas. Y esto le permite inferir que, al menos desde el punto de vista psicológico, las
ubicaciones como víctima o victimario podrían ser intercambiables (Teresita García Pérez
2007).

17) En los hechos esclarecidos las relaciones víctima-victimario eran:

Afines armónicas 11
Afines conflictivas 14
Aversivas 5

13
Ninguna 5

Para la autora estos datos evidencian lo planteado por tantos autores: en la mayor parte de
los homicidios las relaciones víctima- victimario son muy cercanas, incluso íntimas: en este
estudio en el (71,42%) víctima y autor tenían relaciones afines, predominando los cónyuges,
amigos y "conocidos". La relación marital es especialmente señalada en el caso del homicidio
(Teresita García Pérez 2007).

18) El victimario sentía por la víctima:

Rencor 9
Hostilidad 8
Sentimientos ambiguos 6
Odio 3
Desprecio 3
Amor 2
Miedo 2
Nada 4

Aquí aparecen los sentimientos del autor hacia la víctima, predominando el rencor, la
hostilidad y los sentimientos ambiguos. Para García Pérez esto está en relación con la mayor
frecuencia de móviles criminógenos pasionales, ya desde hace más de 4 décadas lo dijo
Jiménez de Asúa: la figura delictiva en que las emociones ejercen mayor influjo es el
homicidio, concediéndole un especial poderío delictivo a las pasiones, pudiendo actuar estas
como potentes factores crimino-impelentes (Teresita García Pérez 2007).

En el momento de los hechos la víctima:

Agredió verbalmente al victimario 10 24,39%


Agredió físicamente al victimario 7 17,07%
Se mantuvo pasiva 2 4,87%

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Estaba dormida 2 4,87%
Estaba bajo los efectos del alcohol 3 7,31%

Aquí podemos ver que en el momento de los hechos, el (48,57%) de las víctimas provocaron
física o verbalmente (predominando esta última) a sus victimarios. En este punto la autora
nos recuerda el planteamiento de Hilda Marchiori, en cuanto a la distorsión de la percepción
que de las actitudes de la víctima tiene el delincuente, percibiéndola como peligrosa para su
integridad. Pero agrega que, al cumplir con los principios metodológicos de su investigación,
han logrado disminuir al mínimo las posibilidades de sesgo, ya que no solamente tomaron
los dichos de los autores, sino también y fundamentalmente, los resultados de la necropsia y
de la investigación policial, los cuales aportan elementos de seriedad a la hora de demostrar
la existencia de provocación en la dinámica del hecho (Teresita García Pérez 2007).

El autor consideró que la culpa fue:

Suya 4 9,75%
De la víctima 16 39,02%
De los amigos 2 4,87%
De las circunstancias 6 14,63%
De la bebida 10 24,39%

Aquí aparecen las consideraciones que hicieron los autores acerca de la culpabilidad en la
dinámica del crimen. Una abrumante mayoría (39,02%) responsabilizó a las víctimas y otro
gran porcentaje (24,39%) a la bebida. Estos últimos argumentaban que de no ser por la
bebida, no se hubiesen dejado provocar y hubiesen sabido controlarse. Al respecto la autora
reflexiona que la provocación es el elemento clave en la psicodinámica del crimen. Que el
estudio de la victimología se reduce al estudio de la provocación y que por ese camino entra
la victimología en los ordenamientos jurídicos. Cita a Abrahamsen, quien plantea que: "solo
en muy raras ocasiones la mente humana se encuentra obsesa por el impulso total a matar.
Por el contrario, según mi experiencia, el homicidio es provocado inconscientemente por la
víctima" (Teresita García Pérez 2007, p.103).

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En cuanto a la categorización de las víctimas estudiadas, los investigadores siguieron los
criterios de Avison, obteniendo que:

Las 35 víctimas de autores conocidos se repartieron en:

Pequeña participación 6 17,14%


Participación moderada 14 40%
Mucha participación 15 42,85%

En cuanto a las 15 víctimas de autor desconocido, los investigadores aclaran que el análisis
es incompleto porque faltan los datos de los victimarios. Sin embargo pudieron reportar que
al menos 9 de ellas (60%) parecen haber tenido mucha participación o al menos
participación moderada en su propia victimización. Agregaron que en la forma en que estos
individuos fueron ultimados (predominando las maniobras combinadas de estrangulación y
sofocación), se evidencia una estrecha relación con el desconocido autor. Además en la
totalidad de estos casos no había indicios de que las entradas al lugar del crimen hubiesen
sido violentadas, la víctima le dio acceso a su victimario sin intermediar violencia, por tanto,
se conocían. Mientras que en otros 3 de los casos que quedaron sin esclarecer, consideraron
que se cumplieron los criterios que establece Von Hentig para la víctima aislada: se trataba
de ancianas que vivían solas, en zonas victimógenas y se suponía que tenían acceso a la
moneda extranjera por tener familiares en el exterior. Para los investigadores todos esos
elementos habrían determinado su victimización. Además, en estos casos si se encontraron
señales de violencia en las vías de acceso al lugar y las víctimas fueron sorprendidas sin
poder establecer ninguna defensa , no había señales de lucha. En dos casos no esclarecidos –
los investigadores- pudieron determinar la presencia de trastornos psiquiátricos mayores
(esquizofrenia paranoide) y en uno de ellos se manejó la hipótesis (no demostrada) de que
hubiese sido confundido con otro por el autor, dadas las características del lugar del hecho
(oscuridad, movimiento contínuo de personas, cercanía de un centro de expendio de
bebidas alcohólicas) (Teresita García Pérez 2007).

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- Respecto los días de la semana, los investigadores reportaron que predominaron los fines
de semana como días de ejecución de los crímenes estudiados. Según la autora este dato
coincidiría con la literatura revisada: “el fin de semana es victimógeno” (Teresita García
Pérez 2007, p.106).

Bibliografía

 García Pérez, T. d C. (2007) Pericia en Autopsia Psicológica. Argentina: Editorial La


Rocca.

 Musumeci, S. y Chilo, J. (2011). Manual de Evidencias Científica II. Cuestiones


Psicojurídicas. Argentina: Editorial: Sello Editorial Patagónico.

 García Pérez, T. d C. (2014) La autopsia psicológica. ¿Suicidio u Homicidio?. Cuba:


Editorial Científico-Técnica.

 Piccardi, A. y Otros (2014) Caracterización del Suicidio en la Provincia de Córdoba en el


periodo 2005-2009. Tercera Parte: Aplicación de la técnica de autopsia psicológica. En
Capítulo V Tomo 10. Argentina: Editorial de Investigaciones Aplicadas en el Ámbito del
Poder Judicial de Córdoba II.

Pérez Brown, M. J. (2015): “Autopsia Psicológica”. Investigación Realizada en Casos de


“Personas Desaparecidas”. Su Aplicación en la Etapa de Investigación Penal Preparatoria.
“Aporte al Proceso Penal”. Trabajo Teórico y Presentación de un Caso en el Ámbito de
Desempeño Profesional. Especialidad en Psicología Jurídica del Colegio de Psicólogos de la
Provincia de Córdoba.

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