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6/4/2020 CR - Modelos de textos - Artículo de investigación

MODELOS DE TEXTOS

EL ARTÍCULO DE
INVESTIGACIÓN

¿Qué es?

El artículo científico es un texto escrito que informa por primera vez de los
resultados de una investigación, y que es redactado y publicado siguiendo
unas normas muy concretas, aceptadas por la comunidad científica
internacional, cuyo uso asegura la comunicación efectiva de la información
científica en todo el mundo. Robert Day (ver el apartado bibliográfico)
define el artículo científico como: "Un informe escrito y publicado que
describe resultados originales de investigación [...], que debe ser escrito y
publicado de una cierta forma, definida por tres siglos de tradiciones
cambiantes, de práctica editorial, de ética científica y de influencia recíproca
de los procedimientos de impresión y de publicación."

¿Para qué sirve?

Según la UNESCO, la finalidad esencial de un artículo científico es comunicar


los resultados de investigaciones, ideas y debates de una manera clara,
concisa y fidedigna; la publicación es uno de los métodos inherentes al
trabajo científico.

¿Cómo se hace?

Es poco probable que de una investigación con deficiencias metodológicas


surja un buen artículo, pero sí sucede a menudo que de una buena
investigación no resulte un buen artículo, porque no se conoce el modo
adecuado de elaborarlo. Los artículos científicos se redactan de acuerdo con
unas normas que deben ser cumplidas por todos los redactores de este tipo
de textos. Dichas normas afectan tanto a la estructura, a la extensión y al
estilo, como a la presentación y al formato.

El problema de la creciente redacción de artículos y la necesidad de una


estandarización de los mismos surgió hacia los años sesenta. En los EUA el
American Institute of Biological Sciences de Washington publicó en 1960 lo
que se considera el manual más antiguo para la enseñanza de la redacción
científica. Se trata del Style Manual for Biological Journals, cuya autoría
corresponde al Comité sobre Forma y Estilo de la Conference of Biology
Editors. Las siguientes ediciones, según Martínez de Sousa (ver apartado
bibliográfico), son de 1964, 1972, 1978, 1983 y 1994 y corren a cargo del
Council of Biology Editors, organismo en el que se creó un Comité de Política
Editorial. En 1987 se tradujo al español la quinta edición del Style Manual
for Biological Journals con el título de Manual de estilo: guía para autores,
editores y revisores en el campo de la medicina y la biología (primera obra
de referencia en materia de redacción científica y de estilo lingüístico para
este tipo de textos).
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En 1962 la Unesco publica un documento (Unesco/NS/177) con las normas


que deben aplicarse en toda publicación científica. El comité que redactó
esas normas pretendía examinar los medios para llevar a cabo una actividad
internacional eficaz que permitiera mejorar la situación de la información
científica. El comité consideró que la falta de unas normas libremente
aceptadas en materia de redacción y de publicaciones de las informaciones
científicas era una de las causas principales del inútil aumento de los
documentos publicados, así como de los gastos que entraña su publicación y
su tratamiento posterior en los servicios de indización y de extractos, y en
las bibliotecas. Las normas se difundieron en diferentes lenguas.

En 1968 la UNESCO publicaba su nueva Guía para la redacción de artículos


científicos destinados a la publicación, en la que se tuvieron en cuenta todas
las sugerencias y comentarios recibidos en relación con las normas
redactadas en 1962. El documento tuvo muy buena acogida, al conservar
todos los elementos esenciales de las normas, pero acompañarlos de
comentarios, detalles y sugerencias secundarias, de carácter explicativo,
que facilitaban su comprensión y utilización.

El American National Standards Institute (ANSI) de Nueva York publica en


1969 una norma para abreviar títulos en las publicaciones periódicas y en
1972 presenta su "Preparación de los artículos científicos para su
presentación escrita u oral", en la que define la fórmula conocida como
IMRaD (Introducción, Material y Metodología, Resultados y
Discusión; en español, IMRyD). Actualmente se suele utilizar este esquema
al redactar artículos científicos.

En 1978 se reunieron algunos directores de revistas médicas generales de


referencia en Vancouver (Canadá) para establecer unas pautas sobre el
formato de los originales de los autores. A los participantes en esta reunión
se les llamó Grupo de Vancouver. Las normas que surgieron de esa reunión
se publicaron por primera vez un año después. Este grupo se convirtió más
tarde en el actual International Committee of Medical Journal Editors
(ICMJE), que se reúne anualmente. El comité elaboró en 1982 unos
Requisitos de uniformidad para originales presentados a revistas
biomédicas. En 1997 teníamos la quinta edición (ver
http://usuarios.bitmailer.com/rafabravo/uniformcast.htm, página en la que
aparece un resumen de los Requisitos en español). La aceptación de estas
normas es generalizada actualmente; más de 500 revistas de todo el mundo
las siguen, y son consideradas de referencia en el ámbito de la publicación
científica de primer orden.

Existen diversos tipos de texto que sirven para la comunicación científica y


que son de gran importancia, además del artículo científico. Se trata de
publicaciones como las comunicaciones breves, en que los temas son
similares a los de los artículos originales pero la información es preliminar o
solamente sugerente (su extensión admite hasta 750 palabras, 10
referencias y 2 tablas, más figuras en la investigación médica). En Medicina
se utiliza también el caso clínico, con una extensión similar a la de los
artículos breves, y que puede ampliarse si incluye más de un solo caso.
Existen también publicaciones secundarias y servicios de información,
administrados por importantes organismos comerciales o gubernamentales
y que se ocupan de la elaboración de resúmenes y de la indización de
publicaciones primarias (con artículos originales, es decir, artículos
científicos propiamente dichos), así como del almacenamiento y
recuperación de la información contenida en ellas (resumes analíticos y
palabras clave). Por último, los artículos de revisión son investigaciones
realizadas sobre un tema determinado, en el que se reúnen, analizan y

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discuten informaciones ya publicadas. Su alcance depende de la publicación


a la que se destina. El autor de un estudio recapitulativo debe tener en
cuenta todos los trabajos publicados que han hecho avanzar el tema.

En todas estas publicaciones se utiliza el mismo tipo de lenguaje: claro, bien


estructurado, con tendencia a las frases cortas y al orden lógico (sintaxis
muy sencilla), con mucha terminología, y espíritu de síntesis y de concisión.
El texto es, en general, lingüísticamente demodalizado, es decir, impersonal,
sin marcas del "yo" ni elementos que se puedan entender como subjetivos.
Domina el tono de imparcialidad y de rigurosidad que se espera de las obras
científicas.

Nos centraremos ahora en el artículo científico, como texto científico


primario, es decir, fundamental para el avance de la Ciencia. Los artículos
científicos constan de los siguientes elementos constitutivos en cuanto a su
estructura:

- Título
- Autoría
- Resumen analítico
- Línea de palabras clave
- Introducción
- Material y métodos
- Resultados
- Discusión
- Agradecimientos
- Referencias bibliográficas
- Apéndices

El título debe describir el contenido de forma clara y precisa, que permita al


lector identificar el tema fácilmente, y a los servicios de información,
catalogar y clasificar el material con exactitud. Debe ser corto, no debe
exceder de las 15 palabras, según las Normas de Vancouver, por lo que
dichas normas aconsejan que se eviten las preposiciones y los artículos, el
utilizar expresiones repetitivas como "estudio sobre", investigación acerca
de", etcétera y el uso innecesario de subtítulos. El título suele ser lo último
que se escribe, porque entonces es cuando se tiene una idea general del
artículo y la identificación clara y precisa tanto del problema como de los
objetivos.

La autoría es un aspecto al que se dedican muchas líneas en las Normas de


Vancouver. Deben aparecer como autores aquellos que han realizado una
contribución intelectual sustancial y los que por ello deben asumir la
responsabilidad del contenido del artículo. No es adecuado incluir como
autores a personas cuya contribución al artículo ha sido mínima o nula
(autoría injustificada) o negarle crédito de autor a una persona que es
responsable de una parte decisiva del contenido intelectual del artículo
(autoría incompleta). La usurpación de la autoría es éticamente inaceptable
y quien comete este tipo de infracción debería hacerse acreedor, por lo
menos, a una sanción moral de parte de sus colegas.

Para la autoría múltiple no existe un límite neto que permita distinguir un


número "aceptable" de autores de un número "excesivo". Actualmente son
cada vez más frecuentes los artículos multiautoriales, pero es importante
tener en cuenta dos cuestiones: hay que conceder tal categoría cuando esta
sea merecida y responsable, y no olvidar que el auge de este tipo de
artículos causa muchos problemas a los editores, a los bibliógrafos y a los
investigadores. En cuanto a la autoría corporativa, es frecuente en el mundo
científico general, y no es otra cosa que una autoría múltiple en la que,
además, se cita el centro coordinador del estudio o el conjunto de centros
involucrados en él; igualmente hay que mencionar a pie de página a los

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autores principales del estudio. Con respecto al centro o centros


involucrados en la investigación, hay que dar los datos completos de esas
instituciones, con la dirección exacta.

El resumen tiene el objetivo de orientar al lector para que pueda identificar


el contenido básico del artículo de forma rápida y precisa, y para que pueda
determinar su nivel de relevancia. Después del resumen suele adjuntarse el
abstract, que suele ser ese mismo texto del resumen, pero traducido al
inglés. El abstract tiene la función de resumir el artículo en lengua inglesa
para que se pueda indizar el contenido y de este modo distribuir la
información a toda la comunidad internacional de científicos.

El contenido debe expresar de manera clara y breve los objetivos y el


alcance del estudio, los procedimientos básicos, los métodos analíticos y de
observación y los principales hallazgos y conclusiones. Según las
indicaciones del Grupo de Vancouver, debe redactarse en tercera persona y
en tiempo pasado, excepto la frase concluyente. Hay que excluir las
abreviaturas y las referencias bibliográficas. Según las mismas normas, el
resumen puede ser de tres tipos: descriptivo, informativo y estructurado.

El resumen descriptivo da una idea general del estudio, su extensión es


de 50 a 100 palabras y no suele ser recomendable para revistas científicas.
El resumen informativo es similar a un miniartículo; su extensión es de
entre 150 y 200 palabras. El resumen estructurado se divide en los
siguientes apartados: objetivos, diseño, lugar y circunstancias, pacientes (u
objetivo del estudio), intervención, mediciones y principales resultados, y
conclusiones.

El tipo de resumen será distinto dependiendo de la publicación y de las


normas editoriales de la revista en la que se vaya a publicar la
investigación. Los errores más frecuentes respecto de los resúmenes en los
artículos de investigación son: que no aparezcan, es decir, que no haya
resumen, que no sean inteligibles, que no contengan información relevante,
que incluyan conclusiones no relacionadas con el texto, que falte precisión,
concisión y ordenamiento.

Al final del resumen el autor debe definir de 3 a 10 palabras clave que


ayuden a la indización cruzada del artículo. En Medicina se recomienda
utilizar los términos del MeSH (Medical Subject Headings) del Index Medicus
más reciente. En otras especialidades científicas, se puede utilizar otro tipo
de tesauros específicos, o bien tesauros generales elaborados por
organismos internacionales de referencia (como la Unesco, por ejemplo).

En la introducción es necesario identificar nítidamente el problema o


cuestión de que trata el artículo y encuadrarlo en el momento actual,
exponiendo brevemente cuáles son los trabajos más relevantes, y
destacando las contribuciones de otros autores al tema objeto de estudio.
Se trata de contextualizar el estudio; esto implica, lingüísticamente
hablando, la redacción en tiempo presente. Hay que justificar las razones
por las que se ha emprendido el estudio y formular las hipótesis y los
objetivos pertinentes.

La redacción del capítulo sobre los materiales y la metodología


empleados es muy importante. Su contenido debe permitir a cualquier
científico especializado en el tema replicar la investigación. La piedra
angular del método científico está en que los resultados obtenidos, para
tener valor científico, sean reproducibles; por lo tanto, hay que suministrar
la base para que otros científicos puedan repetir los experimentos para
ampliar los resultados o bien para llegar a conclusiones distintas.

En este apartado metodológico, habrá que definir la muestra o grupo de

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estudio y la adscripción de determinados sujetos al grupo o grupos de


estudio, definir el diseño experimental que se ha seguido, la intervención
por parte de los investigadores en la muestra para producir una serie de
cambios que después deberán ser valorados, el método de análisis y el
tratamiento de la información (análisis estadístico). Con respecto a los
métodos, se dará solo la referencia de los que ya son conocidos por la
mayor parte de los científicos, pero sobre los nuevos o los que se hayan
modificado sustancialmente, se explicarán las razones por las cuales se
usan y sus limitaciones, si las tuvieran.

En los experimentos con seres humanos (en Medicina, sobre todo) se debe
indicar si se han seguido los patrones éticos de la Declaración de Helsinki de
1975, revisada en 1983. En experimentación animal se indicará si se han
seguido las pautas señaladas por la institución competente o por alguna ley
nacional en el uso y cuidado de los animales, o se notificarán las
recomendadas en la guía del National Research Council.

Los errores más frecuentes en el capítulo metodológico son que el diseño


sea inapropiado para los objetivos del estudio, que esté en desacuerdo con
el nivel actual de conocimientos sobre el problema o que contenga
inconvenientes éticos (solo en determinadas áreas científicas), que la
muestra no sea representativa del universo, que exista imprecisión en la
descripción de los materiales o de los métodos de análisis propios de la
especialidad (por ejemplo, clínicos en Medicina) o estadísticos, y que exista
falta de orden en la presentación de los materiales y de los métodos.

En el capítulo de los resultados debe presentarse solo la información


pertinente a los objetivos del estudio, los hallazgos deben seguir una
secuencia lógica, mencionándose los más relevantes, incluso aquellos
contrarios a las hipótesis; se debe informar con tal suficiente detalle que
permita justificar las conclusiones. Los resultados obtenidos deben
cuantificarse con medidas adecuadas de error o incertidumbre, notificar las
reacciones de la muestra, indicar el número de observaciones y el recorrido
de los datos observados, notificar la pérdida de participantes en el estudio,
especificar las pruebas aplicadas para analizar los resultados. Los autores
deben utilizar los términos como tales, evitando su banalización, incluso en
aquellos vocablos que también pueden ser utilizados como elementos del
léxico común.

Los cuadros y los gráficos se utilizarán solo cuando contribuyan a la nitidez


de la explicación. En el texto se deben citar todas las tablas, figuras y las
referencias bibliográficas. Debe utilizarse el tiempo pasado y cuidar de no
repetir lo descrito en el capítulo anterior (metodología).

La discusión es el capítulo principal en la redacción del artículo científico.


En ella se examinan e interpretan los resultados obtenidos en la
investigación en el marco conceptual de referencia, se discute la coherencia
y las contradicciones fundamentales de los datos obtenidos, se evalúan y
califican las implicaciones de los resultados con respecto a las hipótesis
originales. Es el espacio en el que se produce el vuelo teórico del
investigador, de donde emergen los nuevos conocimientos y las hipótesis
que deberán ser verificadas en estudios posteriores.

El lector debe obtener en este punto respuestas claras y directas sobre si el


estudio ha dado respuesta al problema planteado en la introducción. Habrá
que explicar aquí cuál es la contribución real del artículo, a qué conclusiones
se ha llegado y las implicaciones teórico-prácticas que se pueden inferir del
estudio. En muchas revistas el capítulo de las conclusiones está incluido en
la discusión. No hay que repetir los resultados sino discutirlos a la vista de
todo el trabajo en conjunto, del experimento, del marco teórico y de las
perspectivas que el estudio abre para más adelante. Hay que evitar las

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conclusiones sin apoyo de los datos obtenidos y las discusiones superficiales


que oscurecen y limitan el trabajo, en lugar del enriquecerlo.

En los agradecimientos el autor reconoce la cooperación de las personas y


de las instituciones que le han ayudado en sus investigaciones, a los que
han revisado el manuscrito del artículo y a los que han contribuido a la
redacción del mismo.

Las referencias bibliográficas permiten identificar las fuentes originales


de las ideas, los conceptos y los métodos, las técnicas y los resultados que
provienen de estudios anteriores, a los que el autor ha tenido acceso y que
de alguna manera le han orientado en su trabajo. Las referencias se suelen
numerar de forma consecutiva, con números arábigos situados entre
paréntesis, en el orden en que han aparecido por primera vez en el texto. El
Grupo de Vancouver recomienda usar en las referencias bibliográficas el
formato utilizado en el Index Medicus por la Biblioteca Nacional de Medicina
de los Estados Unidos de Norteamérica (US National Library of Medicine).

Conviene evitar el uso de los resúmenes en calidad de referencias, las


observaciones no publicadas, o la cita de citas: las referencias deben ser
consultadas siempre a partir de los documentos originales. Las explicaciones
personales pueden ser introducidas en el texto entre corchetes ([ ]). Hay
que excluir las citas de tesis de maestría o de doctorado no publicadas, que,
en caso de ser imprescindibles, se notarán a pie de página. Se pueden
incluir los trabajos aceptados para su publicación, aunque no hayan sido
publicados todavía, añadiendo "en prensa" entre paréntesis.

Algunos artículos requieren de la introducción de documentos adjuntos y


complementarios, que son los apéndices. En estos apartados podemos
incluir toda la información que por su extensión o configuración no encuadre
bien dentro del cuerpo del artículo y que, en cambio, sea necesaria para su
adecuada comprensión.

Bibliografía

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