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2.

CONCEPTO: CUESTIONES
PRELIMINARES

Adelia de Miguel Negredo


Septiembre de 2000
PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD

Negredo, A. (2000). PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD. San Cristobal de la


Laguna. UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA. pp. 11-22. Recuperado el 13 de
agosto del 2016 de http://www.psicologia.ull.es/admiguel/proyecto.pdf

2.1. La expresión “personalidad” en la vida cotidiana


2.2. Etimología del concepto “persona”
2.3. La definición de psicología de la personalidad
2.4. Psicología de la personalidad ¿divisible en sub-áreas? El caso de las teorías
y/o un enfoque sistemático

Tal vez una de las formas más socorridas para comenzar a escribir sobre un
tema sea la de consultar los diccionarios, buscar la definición de los términos-clave a
tratar y tener así un marco con el que empezar, bien una reflexión sobre el tema, bien
una enumeración que incluya lo que otros investigadores/autores han escrito al
respecto. Sin embargo, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no
incluye el término “psicología de la personalidad”.

Aun formando parte, junto a la psicología social, de la división 8 de la American


Psychological Association, aun estando H.J. Eysenck en el comité de dirección del
Lexikon der pscyhologie (Arnold, Eysenck y Meili, 1971-72) y formando parte del comité
organizador y fundador de una sociedad internacional para el estudio de las diferencias
individuales (International Society for the Study of Individual Differences, creada en
1983, que tiene su propia revista, Personality and Individual Differences) y con una
sociedad europea fundada en 1984 (European Association of Personality Psychology),
actual mente es raro encontrar una definición de psicología de la personalidad en los
diccionarios en inglés (algunos de ellos traducidos al español) aunque no lo es tanto
encontrar definiciones de otras áreas de la psicología (6).

Dos son los posibles caminos para establecer una definición: el primero de ellos
puede ser leer, en los trabajos de los autores que escriben textos sobre personalidad,
cuál es la utilización de los términos “persona” y “personalidad” y después considerar
con los propios autores que de lo que están tratando es de psicología de la personalidad;
aunque tal vez sería más adecuado decir, de LA personalidad que ellos han definido,
por lo que se trata de versiones parciales de esa realidad, la que cada uno posee. De
esta forma, la psicología de la personalidad sería aquella área específica de la
psicología orientada al estudio de los supuestos y cuestiones que se apuntan en cada
una de las delimitaciones de personalidad (pudiendo existir tantas psicologías de la
personalidad como autores y/o investigadores definan el término personalidad).

Y aún más. Es posible que el esquema conceptual del teórico investigador sea
diferente al del lector (Ayer, 1962) de manera que además de tantas psicologías de la
personalidad como teóricos y/o investigadores, habría tantas psicologías de la
personalidad como lectores/estudiosos. Quien esto escribe, defiende la indiscutible
influencia de la ideología y los valores del teórico a la hora de formular una definición, y
la imposibilidad de evitar todo tipo de interpretaciones entreveradas con creencias y
valores a la hora de exponer los hechos o los usos que de una expresión se ven
implicados en el proceso de proporcionar significado a una expresión en función del
principio positivista de verificación. Pero también, quien esto escribe, considera que
podríamos entrar en un proceso dialéctico en el que desde el intento de verificación se
pasaría a una interpretación kantiana que de nuevo llevaría a un intento por verificar, sin
llegar a un acuerdo sobre lo que nos interesa: el concepto de personalidad y de ahí al
concepto de psicología de la personalidad.

De cualquier forma, no parece que proponer una definición de personalidad haya


sido y sea una tarea fácil cuando ya en 1937 Allport recogió un total de 49
definiciones/usos de persona / personalidad y él formuló la suya propia, modificándola
26 años después, en 1963(7). Y se han seguido proponiendo definiciones después de
aquella fecha.

El segundo camino, más fácil por no tener que elaborar una propia ni deducirla,
es recurrir a lo que ya está propuesto, proporcionándole unos contenidos, y en todo
caso, realizando alguna apostilla. La definición que se adopta en este proyecto, y que a
su vez subyace a la concepción que se tiene de psicología de la personalidad, es la
ofrecida por Pelechano (1996a). Pero antes, un brevísimo repaso por las raíces
etimológicas y las versiones de los legos.

2.1. LA EXPRESIÓN “PERSONALIDAD” EN LA VIDA COTIDIANA

El uso cotidiano y popular del término “personalidad” se puede agrupar en tres


grandes categorías. La primera de ellas se refiere al nivel y al grado de adecuación y
atractivo social de un individuo de forma que (a) sería la capacidad para lograr
reacciones positivas de las demás personas en el trato diario con ellas (Mischel, 1976),
porque (b) decir que alguien “tiene” personalidad es hacer un cumplido a ese alguien, lo
que implica un alto grado de aceptación por parte del grupo (Lundin, 1969), además (c)
de ser calificado como una persona de buenas formas, con facilidad verbal, amén de
tener atractivo físico.

La segunda corresponde al uso que el lego también hace de la “personalidad de


los demás” tanto para entender y predecir las acciones de éstos como para justificar y
explicar sus propias conductas; es decir, en función de las reacciones que “nuestra”
personalidad suscita en quienes nos rodean (Bermúdez, 1985a) o de las reacciones que
en nosotros suscita la personalidad de los “otros”. Esto es: la personalidad como causa
y consecuencia de nuestros actos y los de los demás. Resulta frecuente oír, o incluso
utilizar, expresiones como “con esa personalidad que tiene lo consigue todo”, “tiene una
personalidad que atrae”, “su personalidad no le permite cometer ningún error”, pero
también otras como “no se puede hablar con él/ella, tiene una personalidad imposible”,
“su personalidad le hace ser endeble, todos se ríen de él/ella”, “con esa falta de
personalidad nunca llegará a nada”, etc. Estos pocos ejemplos muestran el uso
dicotómico que se hace coloquialmente de personalidad, por lo que se refiere a su
significado de adaptación y eficacias sociales, y por lo tanto, causa y consecuencia de
las conductas.

Y la tercera entiende la personalidad como aquello que nos identifica y nos


diferencia de los demás humanos que nos rodean (Murphy, 1947), tanto respecto a
aquellos con quienes convivimos como respecto a aquellos otros sobre los que recae
nuestra influencia menos directa, siendo en múltiples ocasiones el centro de problemas.

Gran parte de estos significados/usos del término personalidad/ persona dados


por los legos, han sido analizados y estudiados por los psicólogos y se les ha concedido
carácter científico en la forma de “teorías implícitas de la personalidad” como
construcciones de la personalidad de los demás que hacemos los humanos y “teorías
de los roles sociales” (8).

2.2. ETIMOLOGÍA DEL CONCEPTO “PERSONA”

|Las raíces etimológicas de “persona” se encuentran, en gran parte, recogidas


hace ya más de 60 años en el texto de Allport (1937), puesto que fue él quien reunió la
revisión etimológica realizada por otros autores en diferentes contextos. Posteriormente,
Koch (1960) escribió un capítulo más amplio que el dedicado por Allport a la delimitación
conceptual de persona, personalidad y carácter. Sin que pensemos que estas
aportaciones agotan el campo (de hecho el análisis filosófico de la persona es
significativamente más amplio), representan una aportación que debe tomarse en
consideración. Allport se centró en el término person (persona, en inglés) ya que en los
tres principales idiomas científicos del momento, inglés, francés y alemán, era una raíz
común a los términos personality, personalité y Persönlichkeit, respectivamente, con un
parecido muy cercano con personalitas del latín medieval, cuyos significados consideró
equivalentes. También en español la raíz es la misma, por lo que las mismas raíces
etimológicas nos son útiles.

El término "persona", en latín, significa máscara, un término que, al parecer, un


actor romano importó del teatro griego, aproximadamente un siglo antes de nuestra era.
Por este motivo también hay que remontarse al drama griego. En total, al menos cinco
términos pueden ser la posible raíz etimológica, dependiendo del filólogo que lo analice.

Como expresiones griegas, Pelechano (1993) comienza con prósopsis


(πρóσοϕισ) que tiene dos posibles significados: (a) el aire como el hálito vital, algo
fundamental para describir a un ser humano y (b) el rostro o el aspecto, es decir, el
aspecto que se tiene, la apariencia,pero no lo que uno es. La segunda expresión,
también recogida por Allport es prósopon (πρóσωπον) o designación de máscara en
griego, aunque en los textos de Platón se utiliza este término para designar los papeles
que los humanos tienen que desempeñar en la vida. Algunos filólogos consideran que
la transformación de prósopon a persona resulta en exceso forzada y por ello bastante
improbable. Como consecuencia, una parte de ellos defiende como etimología primera
el término perí sóma (περι σωμα, alrededor del cuerpo, que bien puede indicar el
vestuario y el maquillaje, o la cárcel del alma), también bastante cercano al significado
de desempeño de roles. Otro grupo de filólogos propone el término del latín antiguo
phersu con tres posibles acepciones: (a) figura enmascarada encontrada en una tumba
de ligures, en la Italia pre-romana, con un parecido al "penniculus" de las primeras obras
de teatro italianas y al "polichinela" de la Commedia dell’Arte medieval, (b) nombre de
un dios del bajo mundo, según Altheim, que tendría una conexión lingüística con Perseo
y Perséfona y, por lo tanto, con "persona" ennoblecida, y (c) en el teatro latino era una
pequeña parte de la máscara total.

Finalmente, como posible etimología también se alude al término latino per


sonare referido a un orificio o cánula situado en la máscara a la altura de la boca, cuyo
objetivo era deformar la voz, lo que podría significar el interponer algo entre el actor y
los demás. Sin embargo, este término tampoco es aceptado por todos los filólogos
debido a la "o", que en per sonare es larga y en persona es corta (Pelechano, 1993).

En resumen, las raíces etimológicas de “persona” hacen referencia a dos


aspectos: (a) rostro en el sentido de características físicas vitales que permiten
identificar a un ser humano en ciertas circunstancias o disfrazar lo que uno es, y (b)
social como elementos de la indumentaria y papeles que se han de representar en el
mundo. Ambos modos indican aquello que los demás perciben.
Además de la raíz etimológica, es importante considerar los cuatro usos que de
la palabra “persona” hizo Cicerón (106-43 a.C.) en sus obras y que se han mantenido y
diversificado a lo largo de la historia, con ciertas modificaciones semánticas en función
de los distintos momentos y escuelas de pensamiento (según organiza Allport alrededor
de 40 tipos de definiciones distintas de personalidad).

Esos cuatro usos dados por Cicerón estaban posiblemente influenciados por la
filosofía y el teatro griegos y el derecho romano con los que mantuvo contacto directo
en algunos períodos de su vida, y, en síntesis, eran los siguientes: (a) persona como
falsa apariencia; (b) persona como identificador de importancia y dignidad; (c) persona
como indicando al actor mismo, en el sentido de un conjunto de cualidades personales
y (d) persona como el papel mismo, es decir, la parte que se representaba en el drama.

También dos parecen ser los modos básicos de entender "persona" a partir de
aquí, claramente opuestos y no solapables a los etimológicos. Por una parte, como
aquello que es exterior-social (la apariencia y el papel a representar ante los demás) y,
por otra, lo que se refiere a lo interior-personal del hombre (su dignidad y sus cualidades
personales, el verdadero yo interior). Estas dos visiones de la persona están vigentes
hoy en día, aunque con algunos cambios y reformulaciones, que hay que referir tanto a
su base filosófica como a cuestiones epistemológicas.

A partir de estos cuatro usos, Allport (1937) elaboró un diagrama en el que


clasificó las concepciones de persona en función del significado no-psicológico
(expresamente) dado, y que recorrían la historia del pensamiento occidental. Los seis
significados no-psicológicos (teológico, filosófico, jurídico, sociológico, biosocial y
gramatical) con un ejemplo ilustrativo figuran en el cuadro 2.1.

Caracterizadas por su significado psicológico, Allport recogió otras 8 definiciones


de persona y propuso la suya propia. Esas ocho, a su vez, se agrupaban en definiciones
(a) omnibus (en cuanto a persona como inventario total de atributos), (b) integrativas o
configuracionales (en la medida en que se basan en la organización, estructuración y/o
integración de atributos), (c) jerárquicas (centradas en los niveles de organización), (d)
adaptativas (estudiando los modos de adaptación, de ajuste, de los individuos) y (e)
distintivas (en las que se supone que la combinación estructural es la que distingue a
unos individuos de otros).

Por lo tanto, y resumiendo, desde un acercamiento etimológico y como punto de


arranque, contamos con una dualidad: persona como apariencia (¿yo social?) y persona
como "yo" (¿yo real?). Dualidad que se mantendrá a lo largo de la historia del
pensamiento occidental.
_____________
6 Algunos de los términos que sí se definen en el Lexikon der Psychologie son: psicodiagnóstico,
psicología anormal, psicología clínica, psicología comparada, psicología descriptiva, psicología
diferencial, psicología educativa, psicología fisiológica, psicología general, psicología infantil,
psicología social y psicometría. En este momento no interesa si la definición aportada coincide o
se adecua a la concepción de los psicólogos que trabajan en cada una de las disciplinas. Eso
pertenece a un tipo de discurso diferente.
7 La definición que dio de personalidad fue the dynamic organization within the individual of those
psychophysical systems that determine his (unique adjustments to his environment) characteristic
behavior and thought (entre paréntesis y tachado la primera formulación).
8 Aunque este tema será tratado de nuevo más adelante, la autora de estas líneas desea, al
menos, dejar constancia de un planteamiento que se hace. En líneas generales, los cinco
factores que conforman el modelo de los cinco grandes, fueron propuestos en un primer
momento por Norman, Passini y D’Andrade, como los núcleos que recogían cómo los individuos
no especialistas en personalidad (o sea, los legos) percibían la personalidad de los demás, la
teoría implícita que propusieron Bruner y Tagiuri (1954). De esa conceptualización, se pasó tras
poco más de 20 años a identificar la percepción de los legos con la delimitación del aspecto
interno de la personalidad. De esta forma se solaparon dos versiones que el científico debería
haber mantenido como separadas y que tienen una tradición tan larga como la historia del mundo
occidental. Nos referimos a la versión exteriorista, lo que los demás ven, y la interiorista, lo que
uno ve de sí mismo, acerca de cómo es.