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Noé Jitrik – El mundo del Ochenta

“La caída de Rosas – 3 de febrero de 1852 – tiene una primera significación


indudable: se rompe un sistema en el cual un hombre (…) que representa
inorgánicamente las fuerzas productivas de la Provincia de Buenos Aires, trata
de modelar la fisionomía del país entero.” (11)

“... en la unidad de la conducción lograda reposaba esa ingenua creencia en la


invariabilidad que encontraba su sustento por el hecho de que diversos
problemas nacionales habían en aparencia dejado de interesar, no solucionados
por Rosas pero postergados hasta el congelamiento. (…) Tal, por ejemplo, la
cuestión de la organización nacional, la de las rentas de la Aduana, la de los
privilegios porteños o la de la forntera interior o, incluso, la de la política
económica.” (11)

“... la caída de Rosas, en la que se creyó como en la solución de las soluciones


sólo sirvió para que toda esa problemática reprimida durante decenios estallara,
para que se pusiera en evidencia que ni Rosas la había eliminado ni los que le
sucedieron tenían los instrumentos para afrontarla.” (12)

“... 1880 empieza a cobrar sentido en tanto cierre de este período que parte de
Caseros y, fundamentalmente, porque ofrece soluciones concretas a los
problemas que se debaten en esos 30 años y que nacieron con la Revolución de
Mayo si no antes.” (12)

“¿Qué se pone entonces en evidencia a partir de la caída de Rosas?


A – En primer lugar que no existe nada parecido a lo que se podría llamar unidad
nacional, ni en el sentido político ni en el sentido jurídico. Rivadavia (…) desde
una perspectiva porteña pensó que una Constitución unitaria daría forma a un
país anarquizado: ignoró que la unidad, es decir la organización en lo jurídico,
resulta de un proceso en el cual todas las partes deben integrarse.(...)” (12-13)

“De hecho, es la falta de integración económica y política que posterga el


problema institucional y el país se divide en Confederación y Estado de Buenos
Aires hasta que este último absorbe al resto, luego de la batalla de Pavón (…)
Simultáneamente, los agrupamientos políticos tradicionales empezaron a
mostrarse retóricos: ya no tenía sentido ser unitario y estaba dejando de tenerlo
ser federal en el sentido partidista aunque todavía lo tuviera, y mucho, el
federalismo como aspiración y reivindicación.” (13)

“Quando Buenos Aires derrota al interior en 1860, recupera su transitoriamente


perdida capacidad directiva nacional y busca agrupamientos más adecuados al
plan que allí está tomando forma. Sólo los enfrentamientos entre porteños son
vividos después del gobierno de Mitre como las opciones legales únicas en las
que el resto de los argentinos podría reconocerse y encontrarse: crudos y
cocidos primero, autonomistas y nacionalistas después van cavando los canales
que llevan a los acuerdos que dan forma al Partido Autonomista Nacional, última
unificación del siglo XIX, última síntesis que tapa controversias, localismos y
reivindicaciones y que es capaz de dar respaldo y solidez al ordenamiento
constitucional.” (13)

“B - Aislamiento y proteccionismo constituyeron los instrumentos económicos


empleados por Rosas. De hecho implicaron un reforzamiento de la estructura
feudal en la Provincia de Buenos Aires y en cierto modo también en el interior, en
regiones no competitivas.” (13)

“... en términos generales no se desarrolló el capitalismo que quedó encerrado


en los límites estrechos de la burguesía porteña, ligada a terratenientes y
ganaderos.” (14)

“¿Pero en qué sentido podía propugnarse un desarrollo capitalista si no existía


unidad nacional ni formas jurídicas aceptadas por todos? ” (14)

“... Buenos Aires teorizaba por el momento al tratar de recuperar el impulso


rivadaviano o al querer materializar las ideas previstas en los documentos
liminares de la Asociación de Mayo, que también había propugnado un desarrollo
capitalista como salida única al futuro del país: de hecho nada se podía ofrecer ni
a los capitalistas extranjeros ni a los argentinos desde el momento en que las
formas económicas antiguas, basadas en la ganadería, seguían ejerciendo
presión; ninguna garantía sólida podía darse para ayudar a provocar un
desequilibrio de estas fuerzas en favor de formas económicas nuevas. Con la
existencia de problemas de infrestructura sin poder resolver tales como mano de
obra, transportes y seguridad, sólo se podía sobrevivir y, con mucha confianza,
esperar.” (14)

“C – Existía también, vinculado con el interior, el problema de la integración del


territorio nacional. Gran parte del mismo estaba ocupado por los indios que se
mantuvieron tranquilos durante el rosismo pero se desencadenaron apenas se
produjo el cambio. ” (14)

“Los gobiernos que sucedieron a Rosas plantearon el problema en dos sentidos:


convivencia con los salvajes o destrucción. De esos dos términos no se salió y se
osciló entre uno y otro ya sea pactándose, ya sea enviando expediciones. En todo
caso, lo principal, un desierto en la zona más fértil del país, seguía siendo un
cáncer que corroía cualquier idea ordenadora, sobre todo porque impedía la
expansión de la ganadería, punto de partida y de llegada del ser nacional,
especie de superconciencia nacional ireemplazable.” (14-15)

“D – Antes de que Rosas generalizara su sistema represivo, un grupo de jóvenes


especialmente porteños (Echeverría), aunque también provincianos (Alberdi y
Sarmiento), sentó las bases de una ideología, el liberalismo. Visto el fracaso
rosista, prácticamente todo el mundo la adoptó. Hacia 1850 Urquiza es lector de
Echeverría, luego uno de sus ministros es Juan María Gutiérrez, miembro del
grupo. (…) Pero esa unánime simpatía era en la teoría: el liberalismo no podía
reinar ni generalizarse porque se complicaba con estructuras políticas anteriores
y con el respaldpo humano a esas políticas o con intereses en crecimiento: el
desacuerdo inicial entre Urquiza, Mitre y Sarmiento no se debe hacer centrar en
el liberalismo de estos contra el antiliberalismo de aquél sino en el hecho de que
el liberalismo de Mitre tiene un respaldo urbano que se ajusta bien a la
modalidad unitaria la que, a su vez, interpreta perfectamente los nuevos
intereses porteños, esencialmente portuarios, mientras que el liberalismo de
Urquiza, de base rural-gauchesca, debe federalizarse y, por lo tanto, ser un eficaz
vehículo para los intereses expansivos del interior. El liberalismo, en su versión
porteña, va ganando todas las batallas, y, frente a él, se van erigiendo formas
embrionarias de nacionalismo que se expresan por actos de xenofobia o de
autodefensa, como por ejemplo toda la política montonera de resistencia
protagonizada por Peñaloza o López Jordán. Falta de unidad socio-ideológica que
crea abismos cuando todavía no hay estructuras sociales y que compromete,
haciéndolo chivo emisario, a un grupo que adquiere estatura mítica a partir del
sacrificio al que se lo somete: el gaucho.” (15)

“En breve resumen, digamos entonces que los problemas son los emergentes de
una inexistente organización económica, los de una falta de acuerdo sobre la
estructura política o los que brotan de una incompleta integración territorial.”
(15)

“Sarmiento y Alberdi, en especial, aparecen como los teóricos más consecuentes,


los que resumen el pensamiento de una generación, la del 37, que de entrada
nomás y en su momento se planteó dos objetivos: el primero, superar el esquema
federales y unitarios, el segundo, encontrar un lenguaje nacional para las ideas
europeas más modernas. La tercera parte del Facundo constituye el depósito de
todo ese esfuerzo y en ella se sientan las premisas de un ordenamiento que debe
seguir a la caída de Rosas. Dicho ordenamiento se centra en tres postulados
esenciales: poblar, educar, organizar la libertad, que corresponde también a la
ideología alberdiana. Pero cómo se ejecuta esta misión histórica: mediante la
consolidación de una clase productora, en relación con Europa y haciendo un
corte con el pasado.” (16)

“... evidentemente, no es en las regiones proletarizadas del interior donde va a


lograrlo sino en Buenos Aires, cuya clase 'productora' (ganadería y comercio
portuario) lo recibe como una buena nueva. Y si por una parte este programa
resulta de una concepción prepositivista cuyo nervio principal es el progreso,
también se vuelve a vivir la antinomia sarmentina ('civilización y barbarie') pero
a través de fuerzas concretas, mediante una política de enfrentamientos y de
dureza en la cual Buenos Aires tiene una posición ofensiva que gana posiciones y
el federalismo del interior una defensiva que las pierde.” (16)

“... los federales, que no son antiprogresistas ni antiliberales en lo teórico


(Urquiza es tan constructivo como Mitre y Sarmiento), no quieren perder de
vista el sustento humano y, tal vez más visionarios, sospechan que una
supremacía porteña aceleraría un proceso de transformación cuyo término no
sería la felicidad sino la dependencia.” (16)
“... el gran opositor a Sarmiento, resulta ser Alberdi, antiguo co-ideólogo.
Probablemente la nueva posición de Alberdi, decidido sostenedor de Urquiza y
de la Confederación, enemigo de Buenos Aires durante ese período y el de la
Guerra del Paraguay, se origine en su idea de Nación, desarrollada ya en su
Fragmento preliminar al estudio del Derecho (1837): sirve de respaldo a todos
los autonomismos, indica un rumbo contra esa disposición o esa apertura
respecto de lo extranjero que se venía gestando en Buenos Aires a partir de una
idea de la universalidad de la cultura.” (17)

“Pero las ideas de Sarmiento encuentran un jefe decidido a apoyarse en ellas


para llevar a cabo un plan político: es Mitre, quien asume el papel de
representante político del proceso porteño y sus pretensiones.” (17)

“Esto le permitió a Mitre la segunda etapa que consistía en la aplicación de las


medidas emergentes del programa sarmientino que (…) ya tiene dónde
encarnarse; desde luego que los márgenes son estrechos suficientes como para
crear las bases de consolidación de una clase, tarea que permite de paseo
relaciones orgánicas con Europa a través de la importación de capitales, de
hombres y de cultura y ser, correlativamente, implacables con todo vestigio de
'antiprogresismo' tradicionalista.” (17)

“La literatura de toda la época es bastante reveladora de un estado conflictivo y


de un tironeo en todos los sentidos; en primer lugar es predominantemente
política, en gran medida porque se polemiza sobre cuestiones de política, pero
también porque lo imaginario está sofocado por los temas, que no sobrepasan
ese nivel; en Buenos Aires sobre todo, hay una marea de obras sobre el período
rosista (…) que siguen las huellas de Amalia de Mármol; por su parte gauchesca,
en plena vigencia a través de Ascasubi, se adapta muy fácilmente a la lucha
política hasta culminar en el Martín Fierro que rompe este condicionamiento
inicial de lo político, aunque parte de él.” (17-18)

“Derrotado políticamente el interior después de Pavón, el importante fervor


cultural y transformista iniciado por Urquiza se detine y Buenos Aires se lleva
todas las energías progresistas del país, es decir que cuenta con los medios para
un desarrollo 'sarmientino' que no se irradia por el momento sino que queda
reducido a la provincia y a la ciudad. De hecho, Buenos Aires refleja lo más
importante del proceso nacional y deviene el modelo único. En primer lugar, de
ella, desde la presidencia de Mitre (1862) en adelante, sale toda la política
nacional, en ella se concentra toda la inteligencia argentina y allí se instala,
también, el laboratorio de las transformaciones concretas.
Esto tiene innumerables consecuencias.
A – Los dirigentes del cambio son por lo general antiguos exiliados, de formación
intelectual, de origen unitario (Valentín Alsina) o romántico (Mitre). Se
convierten en la cabeza de grupos sociales que necesitan de una teoría y de un
equipo. Como tienen un enorme prestigio, formado por el destierro y la vida
heroica, empieza a surgir en la unidad que se da (intelectuales-grupos
económicos) un sentimiento de clase bastante neto: esa combinación da origen a
la alta burguesía porteña, liberal por añadidura. Esto es lo que permite el triunfo
de Buenos Aires. En los inicios de esta unión, la relación entre dirigentes e
intereses económicos directos es sumamente laxa, lo cual permite un modo de
vida patriarcal, modo de vida que vendría a ser la síntesis entre 'aldea' – con sus
connotaciones de pobreza material – y sentido heroica de la existencia. Las altas
magistraturas no impiden el contacto directo entre dignatarios y pueblo: la vida
es sencilla pero espiritual, la cultura europea no interfier hábitos criollos.
B – Poco a poco, la economía empieza a planificarse (…). Digamos rápidamente
que como principio de ejecución se comienza a pensar en la implantación de los
ferrocarriles y se tropieza con la falta de capitales por lo cual se piden
financiaciones, considerándose entonces con mayor seriedad el problema de los
indios y la inseguridad que provocan; se juzga que los antiguos métodos criollos
de producción agraria no sirven y se empieza por introducir el alambado en los
corrales (Sbarra); se traen sabios (presidencia de Sarmiento) porque se sabe que
una buena planificación tiene que hacerse sobre la base de un conocimiento real
del país; se empieza a pensar en la diversificación industrial sobre la base de
posibilidades locales (azúcar y seda); se toman medidas para poner en marcha
los diversos aspectos de este programa inicial. (…)
C – Se hace necesaria una modificación de las relaciones entre dirigentes y
economía lo cual se manifiesta en todos los órdenes de la vida porteña,
especialmente en cuanto a los hábitos y a la creación de una nueva mentalidad.”
(18)

“... se dan las condiciones para el surgimiento de un sentido de la vida


aristocrático cuyas pautas son el origen criollo, los méritos intelectuales o
militares de cercanos antecesores, la incidencia en la vida pública y las
responsabiidades que se asumen; nada más natural que la actitud modelo, por
decir así, sea el activismo y un procerato que se jacta de su autosuficiencia: no
hay más que pensar en Mitre, Sarmiento, Gutiérrez, que se formaron solos, en
medio de dificultades sin nombre, luchando por la patria.” (18)

“D – La aristocracia, a su vez, engendra dos movimientos correlativos, el


sentimiento de familia y la actitud de autoanálisis. El primer se manifiesta no
sólo como instrumento de afirmación individual sino en relación con el país:
estas familias patricias y aristocráticas, dotadas de toda la capacidad de
iniciativa, constituyen el país mismo, se funden con él, ellas son el país y, por lo
tanto, lo dirigen y lo poseen. En cuanto a la actitud de autoanálisis se manifiesta
en la actitud memorialista y en la incipiente sociología: conocerse de adentro
recordándose y, posteriormente, examinarse como conjunto para irse viendo en
el proceso de cambio.” (19-20)

“E – La literatura se pliega a esta estructura y el escritor para ser tal debe


investirse de funcionalidad, no puede ni siquiera sospechar que puede haber una
autonomía en su oficio: se concibe como vocero de estas necesidades y
condiciona su estilo a ellas. (…) Un poco la síntesis de todo esto se manifiesta en
las necesidades culturales; por de pronto se envía a los hijos a estudiar a Europa
como necesidad de corregir una formación improvisada pero disponiendo del
dinero necesario para hacerlo y sabiendo que se establece una importante
diferenciación social; luego, la atención que se presta a lo que ocurre en Europa
y los esfuerzos para hacer importaciones culturales (…).” (20)

“F – Algo que resulta indiscutible la alta burguesía porteña se hace cada vez más
fuerte y tapa todas las reacciones; Buenos Aires es el centro de atracción del
país.” (20)

“G – Pero además, las premisas liberales exigen teóricamente un libre juego


político, aunque sea para el interior de la provincia. Esto hace que exista una
oposición pero al mismo tiempo el sentimiento de que nada puede impedir la
construcción emprendida lleva a una política represiva y al fraude electoral. De
todos modos, corrientes que no tienen un claro programa para oponer al
liberalismo exhuman el viejo caudal rosista, campesino y expoliado, y se
convierten en sus campeones. Sobre esa base toma forma el autonomismo
porteño, cuyo cuadillo es Adolfo Alsina. Finalmente, llega a tener tanta
importancia que el nacionalismo (Mitre) tiene que pactar con él para la elección
de Sarmiento. Parece claro a quién representa el partido de Mitre a la alta
burguesía liberal más bien urbana, portuaria, a los intelectuales que vienen de
las proscripción, a los enemigos del federalismo; no ocurre lo mismo en relación
con el autonomismo, salvo en lo que concierne a la masa: por la oposición a
Mitre es federal pero uno de sus sectores se opondrá a la capitalizacióin de
Buenos Aires, pareciera ser apoyado por terratenientes, su masa es de origen
rosista pero sus dirigentes no lo son; si al mismo tiempo los terratenientes y
ganaderos se benefician con la política aislacionista y avasalladora de Mitre, el
autonomismo vendría a ser uno de los dos brazos que terratenientes y ganaderos
siempre organizan para poder proseguir su tradicional exigencia de retención
del poder. ” (21-22)

“H – (…) Ya Sarmiento había idealizado en el Facundo el papel civilizador de las


ciudades pensando en el precario y frustrado intento de la época rivadaviana.
Después de caído Rosas (…) Buenos Aires, aprovechando la concentración
política y económica de que gozó por la reapertura del puerto, se presentó a sí
misma como cumpliendo ya con dicho papel, se sacralizó y se mostró como
siendo a la vez un ámbito engendrador de civilización y como si la civilización
fuera un objetivo a cumplir por la ciudad. (…) Pero la urbanización en sí misma
no era suficiente y Sarmiento tampoco la había preconizado: para producir
civilización las ciudades deben estar conectadas con ella y la civilización era
Europa. Se promovió, en consecuencia, una tendencia a la occidentalización que
no fue, por supuesto, solamente cultural o se constituyó sólo en lo cultural, pero
es en ese campo donde seguramente aparece más evidente. La occidentalización
se da también en el campo económico pero con cierto margen de autonomía en
el tiempo aunque en el 80 ambos campos se unen directa y estrechamente: la
oocidentalización cultural procede de la idealización crónica en los teóricos del
liberalismo y, apenas se abre el puerto, se siente que puede realizarse por lo
menos en cuanto a contacto o a modas o a la posibilidad de importación de
objetos culturales; en cambio, la occidentalización económica tiene que
plantearse con más calma y de hecho no puede iniciarse hasta que la Argentina
no esté en condiciones de abrir el circuito, o lo que es lo mismo, de dar garantías
al sistema en el cual desea ingresar.” (22)
“Los 'urbanizantes' desprecian el ruralismo, desdeñan la vida campesina y se
sienten incómodos en ella o la ignoran. De ahí el silencio en los ambientes cultos
frente a la aparición del Martín Fierro, en 1872. Los 'occidentalistas' no ven más
que por los ojos europeos y, desde el momento en que la tendencia se declara,
creen estar ya integrados en el universo cultural y actúan en consecuencia. Pero
como no lo están, en un primer momento hay inmovilidad en lo económico
(puesto que es imposible dejar de lado algo tan americano como la ganadería lo
cual limita las variantes) y luego se hace recurso a la inmigración, solución de
todos los problemas, occidente instalado en cada rincón del salvajismo
americano. Tan fuerte es la confianza en el extranjero que Mitre hasta trajo
soldados italianos a los que instaló en el 'Fortín Nueva Roma' para combatir a los
indios, creyendo que eran más eficaces que los pobres 'recultaos' criollos,
representantes apocados de la nacional. Esos términos, urbanismo y ruralismo o
criollismo (…) son esenciales para todo el desarrollo del período siguiente, que
llega prácticamente hasta nuestros días, y atraviesan todas las estructuras,
humanas, sociales, políticas, económicas, culturales, literarias, ideológicas, que
han ido ocupando el escenario nacional.” (22-23)

“El famoso lema de Sarmiento 'Provinciano en Buenos Aires, porteño en las


provincias y argentino en todas partes' vendría a ser la expresión de la
confluencia de fuerzas, no del todo del agrado de Buenos Aires. Sarmiento no
cumple íntegramente con este plan; sus compromisos, seguramente no
impuestos, con Buenos Aires hacen que la mayor parte de las iniciativas
'progresistas' se centren en al Capital pero su situación de intermediario
'semifiltrado' le permite implantar también en ciudades del interior sus reformas,
creando lazos simpáticos con los sectores urbanos, cultos y burgueses, es decir
favoreciendo el surgimiento de sectores de apoyo. Su labor de fomento a la
ciencia y a la enseñanza, que evade el cerco porteño, puede constituir un intento
de no dejar al interior del todo aparte.” (25)

“... el viejo planteo de oposiciones había sido superado por una nueva realidad, la
relación de la Argentina toda con el imperialismo británico, relación
protagonizada por Buenos Aires y a la que, por cierto, ninguno de los dirigentes
provincianos se opuso, sin poder resistir tampoco la consecuencia principal, o
sea que en esa relación el interior volvía a perder mientras Buenos Aires seguía
engrandeciéndose.” (26)

“Toda la literatura que se refiere al indio hace fundamentalmente cuestión del


aspecto humano, es decir del salvajismo y de lo que eso implica como amenaza
para la civilización. Desde La Cautiva al Martín Fierro el indio es presentado
como una segregación de la naturaleza a la que hay que reducir casi por razones
morales. De todos modos, implícitamente, se reconoce que lo esencial reside en
que la indiana, al ocupar un inmenso territorio dentro del país, lo desintegra e
impide la realización de los planes económicos totales. Imposible resulta pactar
con los indios porque éstos no reconocen un gobierno argentino al cual deban
someterse. Por lo tanto, el único camino que queda es la eliminación (…). De
hecho, la historia del problema de los indios en el país es la historia de la
frontera en el sentido dramático y humano, y la historia de los intentos por
expulsarlos de tierras que consideran indiscutiblemente suyas.” (27-28)

“En una obra ya clásica de la literatura argentina, Una excursión a los indios
ranqueles, se trabaja con casi todos los términos del problema y se va un poco
más lejos: los indios saben que el Gobierno quiere instalar ferrocarriles y que eso
por un lado procede de un plan económico mientras que, por otra parte, implica
una cuña metida en el corazón mismo de su zona de poder. El problema hace
crisis cuando el liberalismo no puede aguardar más el momento de poner en
marcha un sistema completo y transformar el país en todos los planos y en todos
los aspectos de la vida nacional.” (28)

“Cuando muere Alsina es designado en su reemplazo el general Julio A. Roca, un


tucumano de 36 años (…) representante de una nueva generación, la de los hijos
de los proscriptos, de mentalidad moderna y europea. Roca resuelve el problema
rápidamente: organiza un ejército moderno, lo dota de rifles Rémington de
repetición, va tendiendo líneas telegráficas en los lugares que toca y en muy
poco tiempo libera toda la pampa argentina de tribus exterminándolas,
sometiéndolas o dispersándolas. Según Estanislao Zeballos, la campaña al
desierto de 1879 añade 15.000 leguas de tierras fértiles al país y concluye con
uno de los factores más notables del atraso nacional. Na impedía, en
consecuencia, que se iniciara un plan que tuviera como centro de operaciones la
tierra, base y fundamento de toda la reforma que se sentía que debía hacerse y
que no había podido tomar su impulso definitivo. Nada impide, tampoco, que
consolide su fuerza el ya poderoso grupo de ganaderos y terratenientes porteños
– que han afirmado y o acrecentado sus predios – hasta el punto de llegar a ser
cabeza de una clase social, directores de una política nacional que se planteó
como objetivo la conexión estrecha de sus intereses con los intereses puestos en
movimiento por el desarrollo capitalista de Europa.” (28-29)

“Pero la capitalización significó una cosa muy distinta, significó un nuevo triunfo
de la ciudad-puerto respecto del país pero esta vez promovido por provincianos y
no por porteños: a partir de ese momento Buenos Aires se engrandece
monstruosamente y la distancia a que pone respecto del resto es definitivamente
insuperable. Y esto se evidencia rápidamente, apenas se inicia la década del 80,
en todos los níveles (…). Esta nueva forma, a su vez, reposa en la superación de
los conflictos interprovinciales, en la unidad nacional, que no se concibe en
relación con los intereses de las provincias sino con los de una clase que
confunde los intereses de sus miembros con los de todo el país y que necesita
unirse y consolidarse para expandirse. A partir de la superación de estos
escollos, el camino le queda abierto, nada se opone a que la unidad, la oligarquía
nacional, realice su gran experiencia de transformación para lo cual se valdrá del
pensamiento liberal, amasado a partir de las especulaciones socialistas de los
jóvenes de la Asociación de Mayo y consolidado teóricamente por hombres como
Alberdi, Mitre, Sarmiento y Avellaneda, que desde el poder, fueron creando las
condiciones para que dicho pensamiento pudiera encarnarse en la realidad.” (31)

“Liquidados los conflictos que ataban al país a su pasado, eliminadas las trabas
que impedían su integración física, económica y política, nada se opone a la
iniciación de un gran período organizativo por medio del cual se debía lograr una
fisonomía nacional definitiva y no arbitraria (…) por medio de una cierta
racionalidad que (…) asumían los triunfadores de este largo proceso. Como lo
hemos venido diciendo, esta racionalidad se llama 'liberalismo', expresión
político-económica de una filosofía que le da sustento, el 'positivismo
spenceriano'; liberalismo y positivismo tienen a partir de 1880 todos los gestos
que se dan en todos los niveles y constituyen el aglutinante de la experiencia
total que se inicia.” (35)

“Del mismo modo que en lo político, es Buenos Aires quien impone al país su
estructura económica básica. De ahí que se haya dicho que la capitalización no
fue para el interior más que un triunfo a lo Pirro: el interior no sólo no pudo
sustraerse a los signos del proceso dirigido por Buenos Aires, sino que entró en
él y coadyuvó en su evolución.” (39)

“Y la política expansiva oligárquica, que en verdad engradece a la provincia y a


la ciudad de Buenos Aires más que a ningún sector o región nacional, se apoya
en un conjunto de medidas o tendencias económicas que tienen un fundamento
básico: la Argentina no puede sostener un plan aislacionista ni autonómico sino
que debe integrarse en un orden económico fuerte, del que debe formar parte.
Esta orden era encabezado y dirigido por Inglaterra que necesita de
determinados productos (materias primas) y que puede proporcionarnos todas
las manufacturas que podemos necesitar.” (39-40)

“A medida que los ingleses construyeron ferrocarriles van exigiendo garantías


que son ya financieras, ya físicas. Esto tiene consecuencias importantes: por un
lado, porque obliga a los gobiernos a respaldar con el total de su economía las
inversiones extranjeras, lo que hace que las concesiones deban ser otorgadas por
el Congreso con la previsible secuela de corrupción; en cuanto a las garantías
físicas, como no se pueden dar hasta que los indios son eliminados, los
ferrocarriles son instalados en zonas seguras, lo cual beneficia, como es
imaginable, otra vez más a los ganaderos bonaerenses.” (42)

“Desde la época de Rivadavia se sabía que sin hombres no se puede fundar una
economía productiva. En ese momento se procuró la mano de obra en forma
preferentemente compulsiva, mediante las leyes de vagos y la faosa papeleta de
conchabo, de nefastas consecuencias: quien no fuera propietario o empleado de
un propietario no poseía la papeleta y por lo anto era considerado 'vago' lo cual
daba al gobierno el derecho de hacerlos servir en un establecimiento o en los
ejércitos de línea, en la frontera. Como se comprende, esta política diezmó con el
tiempo a los naturales, los 'gauchos', o los arrojó a la montonera de modo tal que
cuando se quiso iniciar la animosa empresa de la producción moderna, hacia el
60 no tenía hombres o los hombres eran díscolos y no querían trabajar. El
proceso de liquidación del gaucho llega a su punto más alto durante los últimos
conflictos armados, cuando la guerra con el Paraguay y las campañas
antimontoneras…” (43)
“ …a partir del gobierno de Avellaneda la situación se estabiliza: al gaucho se le
plantea la transformación burguesa del país del mismo modo que al estanciero.
El gaucho tiene dos caminos: adaptarse y convertirse en peón o la directa
criminalidad. Literariamente, esos dos caminos están señalados por José
Hernández en La vuelta de Martín Fierro y Eduardo Gutiérrez en Juan Moreira.”
(43)

“La euforia oficial por la llegada del inmigrante duró casi hasta 1910 pero ya a
partir de 1884 se advierten síntomas de malestar, de disconformidad por esta
política. Sarmiento, gran teórico de la inmigración, escribe en esos años dos
series de artículos reunidos bajo los títulos de Condición del extranjero en
América y Conflicto y armonía de las razas en América …” (44)

“ … con todos los elementos económicos que antecden se configura la primera


parte de un circuito económico que se completa en el exterior. Decíamos que una
vez que se lohra 'el' producto exportable empieza la segunda parte del proceso
de la cual se puede decir que es o bien complementaria de la primera o bien
determinante, tesis claramente opuestas que indicarían por una parte que la
gestión roquista de ningún modo fue influida por la presión imperialista y por la
otra que la Argentina fue, en este momento, un mero episodio en la historia del
imperialismo, que lo que se hizo y se quiso fue incluso concebido por Gran
Bretaña y luego impuesto aquí. Excluimos las dos consideraciones tan extremas
de la cuestión y preferimos creer que hubo complementariedad y determinación
al mismo tiempo, es decir que la oligarquía argentina, resultado de un proceso
con características bien nacionales, organizó un proyecto que debía conducir a la
grandeza nacional, para lo cual recurrió a un sistema todopoderoso e idealizado
que la ayudaría a lograrlo pero de acuerdo con las compulsivas e irrenunciables
condiciones impuestas por dicho sistema que, además, basaba en gran medida su
poder en la capacidad de 'ayuda' a la que se podía recurrir. Pensar lo contrario
implicaría mecanixar las relaciones que existieron entre Argentina y Gran
Bretaña, negar la historicidad argentina, las características de la burguesía que
tan profundamente marcó el país y, por lo tanto, se dificultaría la comprensión de
mecanismos y contradicciones nuestras así como los resultados concretos que
quedan de la extraordinaria experiencia del 80.” (45)

“La división del trabajo consiste en que Gran Bretaña (y por consecuencia
también los otros países desarrollados) se reserva el papel de productor de
manufacturas y proveedor de capitales y a la Argentina le es encomendada la
tarea de producir materias primas agropecuarias en vasta escala y a bajos
precios, para abastecer a Europa (Sommi). En la aceptación de este papel, la
oligarquía argentina concibió la posibilidad de nuestra grandeza nacional, como
si fuera posible la grandeza en condiciones tales de dependencia y alienación. No
pasarían 10 años y el sistema experimentaría la primera quiebra a la que
sucederían otras periódicas.” (47)

“ … lo que podríamos llamar el 'pensamiento' del 80 se pone en evidencia con


sólo tener en cuenta las premisas históricas que conducen a la eclosión del 80, el
proyecto político que configura una nueva y poderosa clase para sí misma y para
el país y la doble vertiente del plan económico. Sin embargo, no antes sino al
mismo tiempo que se va desenvolviendo la acción política y económica, hay un
momento en que se elige una filosofía adecuada para la realidad que se está
manifestando pero que al ser adoptada por canales relativamente
independientes, se integra en esa realidad, no se limita a ser expresión
espontánea de ella.
Esa relación, consciente y deliberada, es dle positivismo comtiano y spenceriano,
y se realiza en gran medida y en primer lugar como apropiación de una herencia
histórica, acervo que ha ido tomando cuerpo lentamente Sarmiento, que es un
discutible prepositivista, sintetiza y actualiza un pensamiento que viene desde la
Revolución de Mayo y, entre la de otros, su obra implica un puente tendido para
que el positivismo llegue con naturalidad a estas orillas. Por otro lado, también,
la filosofía que ahora se adopta claramente y sin tapujos, y que se convierte en
filosofía oficial, viene como necesidad de sostener al liberalismo, de darle
universalidad; del mismo modo, al adoptar una filosofía imbricada en el
programa emprendido y hábil para fundamentarlo, se pretende que todos los
gestos están investidos de universalidad, como si emanaran de una ratio y no de
necesidades de clase. Finalmente, el liberalismo recibió el aporte positivista, que
reanimó su gastado cuerpo y le sirvió para autointerpretarse después de la época
del maquinismo, hasta consustanciar los dos términos; el roquismo apreció esta
novedad y la adoptó aunque no estuviera presionado por el maquinismo; por lo
menos, el positivismo sirvió para consolidar, perfeccionar y remozar una forma
de pensamiento tradicional haciéndolo en su concepto, irrebatible.
Pero además se produce con el positivismo el clásico movimiento de recepción de
ideas que se engendran en Europa y que llegan con cierta demora …” (54-55)

“Sin necesidad de encerrarse en un originalismo, la permanente sujeción al


pensamiento europeo puede muy bien interpretarse como resultante de una
actitud de dependencia dentro de la cual hasta la imitación sin discernimiento se
justifica y se valida.” (55)

“Y puesto que se vive portuariamente, volcados hacia lo que viene de Europa,


nada más natural que la permeabilización a un sistema que está dando razón a
quienes, desde el punto de vista de consumidores puros de cultura, están
representando la civilización misma, la actualización más perfecta de sentidos
que aparecen, en la consolidación imperial, consustanciados con la historia
misma.” (55)

“El plan económico del roquismo no fue nunca un conjunto muy preciso de
normas que respondieran a objetivos igualmente circunscriptos; fue variando a
medida que cambiaban las condiciones en las que se aplicaba (…). Pero lo que no
varió fue la concepción del plan, que se articuló en torno a dos conceptos
instrumentales, ligados entre sí: el de la libertad de comercio y el del papel del
Estado respecto de la actividad privada. (…)
La implatación del concepto de libre comercio se apoyaba, además, como en
muchos otros campos, en el mercado europeo; los ingleses eran libre-cambistas
en la teoría y lo exigían como condición para comerciar. Este es el punto en el
que se revelan las deficiencias del sistema: como lo hemos señalado, el libre
cambio de los ingleses ha dado paso ya a una férrea organización monopolística
que niega en los hechos, por su capacidad de compulsión, toda posibilidad real
de libertad. Los hombres del 80 creyeron que podían seguir en el libre comercio
cuando era cada vez más claro que noo podían evadirse del círculo en que los
encerraba el sistema en el que querían entrar.” (57)

“La negación del libre comercio es su producto más natural, el monopolio, a


partir del cual las invocaciones a la libertad son teóricas pero también vacías.”
(58)

“ … si inicialmente, en virtud de la política de integración territorial el gobierno


concedió ventajas a zonas más pobres del país, en forma de protecciones
tarifarias, por ejemplo, por presión de las zonas más ricas el gobierno tiene que
ir cediendo, víctima de sus propias concepciones, hasya retirar en 1887 la
protección. El Estado liberal resolvía sus contradicciones beneficiando a los
particulares y no al país de cuyo patrimonio no podía responsabilizarse.” (59)

“En 1884, se sancionó la ley 1429 que estableció la obligatoriedad, gratuidad y


neutralidad de la enseñanza frente a la religión.
b) Pero ésta no fue la única creación del positivsmo en el plano ideológico.
” (60)

“Todo va cambiando para la mentalidad de los hombres del 80. Se empiezan a


percibir signos de xenofobia, se difunde un sentimiento de fracaso que hay que
rastrear en niveles afectivos o expresivos, en la relación con la realidad. Y
comienza un retorno al campo, con su secuela de nativismo y criollismo, que
indica que la idea de la oligarquía acerca de sí misma como grupo destinado se
profundiza hasta el desprecio por lo popular, el inmigrante, el obrero y todo
elemento que insinúe alguna forma de progreso.” (99)

“Hay ahora nuevos partidos políticos, radicalismo y socialismo, hay ideas que
aparecen como exóticas y disolventes (anarquismo), hay nuevos intelectuales que
no han nacido en las familias que componen la oligarquía (…) empieza a haber
una cultura de transición exigida por un público popular que, aunque no lo
formule y aunque no sepa hasta qué punto los tiene metido dentro, intenta
sacarse de encima los modelos con que el roquismo organizó el país.” (99)

“Y, como si la historia se lo hubiera propuesto, es el mismo general Roca, en su


segunda presidencia (1898-1904), quien se encarga de asumir las correcciones
que hay que hacerle a una experiencia de veinte años. Durante su mandato se
reinician las relaciones con la Santa Sede, vuelta atrás del liberalismo ideológico,
y se dicta la ley de Residencia por la que los extranjeros indeseables pueden ser
devueltos a su país de origen.” (99)