Está en la página 1de 3

Crear sentidos

Encontré en una avenida a un hombre solitario, éste tenía un aspecto increíblemente malévolo,
ya que la mayor parte de su cara estaba podrida y le chorreaba sobre el cuerpo líquido negro. En
cuanto volteé la cabeza para verlo, me dijo:
- Te voy a pedir algo que quizá te parezca un poco amargo. Vete, déjame solo y utiliza esa
capacidad de trascendencia que se nota en tu expresión de filósofo puritano, para mirar desde muy
arriba todo lo que va a acontecer en unos instantes.
Entonces hice caso al pedido de este sujeto y una música alegre, que venía desde un horizonte
no muy lejano, ayudaba a mi ascenso. Comencé a contemplar el espléndido episodio que acontecía
en aquella oscura avenida.
El hombre que estaba abajo, con quien tuve un trato bastante cortante, comenzó a reír a
carcajadas y dijo que me había engañado grotescamente para introducirse dentro de mí e intentar
volverme loco. Empecé a sentir una sensación de espinas que entraban groseramente en mi boca y
me producían una acidez estomacal terrible. De repente, largué unos sonidos intensos con mis
cuerdas vocales, casi vomité mi “esencia”, aquello que supuestamente me determinaba como lo que
era, pero el que hablaba no era yo, sino que era el dominio total que ejerció el maldito individuo contra
mí. Casi gimiendo y llorando a la vez, decía usando mi voz:
- Siempre solía ir a pasear por esa avenida tan misteriosa, se llamaba Avenida Universal,
cuando caminaba por ese lugar nunca dejaba de sentir sensaciones, yo sólo caminaba, el resto lo
hacía mi mente; mientras caminaba, salía de mi cuerpo a un lugar que yo lo llamo imaginación. Ahí
sentía sonidos, veía imágenes y pasaban cosas insolentes, por un momento mi mente me faltaba el
respeto, dentro de la imaginación viví una serie de acontecimientos que no sé si tienen explicación
desde una razón occidental, aunque tampoco creo que fuera una experiencia mística:
Yo estaba sentado en una silla, sobre una superficie repleta de insectos, las paredes eran
infinitas igual que el techo, cuando de repente, no sé de donde, me elevaron dos tiras que se sentían
como piel de serpiente. No recuerdo si eran serpientes exactamente, pero en el aire me movían
bruscamente sin parar. Pude ver ciertas inscripciones que las serpientes tenían en sus lomos, me
pareció ver una de ellas que llevaba el nombre de “metafísica”. Yo estaba muy alterado, hasta que
intenté relajarme, entonces las serpientes me soltaron. En ese momento pensé rápido que me
liberaron porque yo me relajé, todavía había articulaciones racionales dentro de un yo que
desconocía su cuerpo en ese entonces.
Mi alma o mi mente volvieron a mi cuerpo y yo seguía caminando por la avenida universal,
hasta que me pregunté: ¿por qué estoy caminando como todas las personas? ¡Yo quiero volar! Lo
intenté una vez y me estrellé contra el suelo, y volví a preguntarme, por qué razón no podía. Cuando
repentinamente, empecé a ver el piso cada vez más lejos, sentía que estaba volando. El aire
empezaba a ser mas frío, debajo de mí ya estaban las nubes; luego de un instante ya el cielo estaba
debajo, todo era oscuro y el clima templado, ya estaba en el espacio, y pensé: esto es lo que siempre
quise, ¿cómo es que no me quedo sin aire? ¿Cómo es que estoy tan cerca del sol y no me quema?
No importaba de todos modos, ya estaba por hacer lo que cualquier hombre querría hacer, estaba
explorando el universo infinito y su inmensidad, ya no se alcanzaban a ver los planetas, al sol se lo
veía como una miga de pan, cuando de repente sentí un topetazo en mi espalda. Era un cartel
gigante que decía: "bienvenidos al universo de los seres desconsolados", en ese momento quedé
asombrado, me encontré con un ser que estaba formado por luces de diferentes colores, él estaba en
un estado de duda, pensaba en voz alta e interrogaba: ¿Cómo será que está el universo creado por
mi padre? Este se encuentra en crisis comparándolo con los demás universos, él seguía hablando
cuando lo interrumpí para preguntarle: ¿qué es todo esto?, ¿Estamos encerrados o qué es lo que
ocurre?, él, con mucha tranquilidad, me respondió: "Todo esto es tu misma persona, no existe la
realidad, porque todos vivimos encerrados dentro de nuestros pensamientos”.
En ese instante sentí un estado de felicidad ilusoria (aparentemente pura) y yo seguía
caminando, pero ya no estaba en la "avenida universal", sino que ya había llegado a mi casa.
Cuando este sujeto despiadado terminó de decir el tremendo discurso, salió suavemente de mí
y me pidió que bajase a conversar con él:
- ¿Qué te pareció la manera en que me introduje en ti? preguntó soberbiamente.
- Realmente me has sorprendido, hiciste que mi vida tenga algo de aventura por un momento y
deje de ser tan apática. Contesté.
- ¿Y mi discurso? ¿Ejerció algún efecto en ti? ¿Acaso no te das cuenta de que tu vida sigue
siendo apática? Preguntó con una mirada arrogante.

1
- Sí, me ha gustado mucho, pero no veo el sentido de todas tus acciones, mucho menos de tus
palabras; respondí con una dignidad más falsificada que mi alma.
- ¿Acaso tienes que encontrar sentido a todo? ¿Sabes qué significa crear sentidos? Todavía
tienes que aprender demasiado, de otra manera serás un hombre extraordinariamente sufrido,
angustiado existencialmente y encima de todo, serás un reprimido. Y ni hablemos de tu neurosis
aguda, que se te podría diagnosticar sólo viendo tu cara nefasta. Tú eres un filósofo de la miseria, te
interesan tus abstracciones más que tu cuerpo, y los acontecimientos que suceden en tu entorno y en
tu historia no son nada para ti. La sociedad en la que vives y tu comunidad no son tampoco algo con
sentido para ti, por eso te gustó tanto el viaje que te hice sentir, algo que estaba bastante escondido,
se vislumbró ante tus emociones. Pero te cuesta crearle sentidos a los pequeñísimos universos que
tienes a tu alrededor.
Cuando se expresó así provocó una reflexión extravagante en mi mente, me puse a hacer
algunas reflexiones que estaban enajenadas en mi espíritu. Aunque también me sentí dolido por sus
afirmaciones hacia mi persona. Le dije, afirmando mi personalidad absoluta:
- Si no nos sujetamos a nada podríamos decir: “la vida es muerte y la muerte es vida”, pues
ambas son estructuraciones sin sentido. Son las procesiones de la nada. ¿La única verdad absoluta
es la contradicción? pregunté.
Y él me respondió con una elegancia que pocos hombres suelen tener, pero siempre con un
tinte irónico:
- Aunque no lo parezca, todo es un increíble sin sentido, un equilibrado y hermoso absurdo.
¿Esto es lo que quieres que te responda miserable nihilista? No vas a aprender por ningún medio a
salir de ti. ¿No aprenderías jamás a crear sentidos?
- ¿Entonces para qué existimos? ¿Sólo para eso? Pregunté ansioso y angustiado a la vez.
- Existimos para disfrutar de lo que existe, así de simple. Pero, igualmente, esta es una
respuesta muy general, disfrutar para mí significa que si hay un sentido en tu vida lo tienes que
generar de acuerdo a tus vivencias, no puedes pretender encontrar un único sentido en tanta
pluralidad. Me contestó.
- ¿Ves? Ahí encontramos un sentido a la vida o un sentido por el qué morir. Dije ingenuamente.
Después de que dije esto, el hombre se fue riendo y escribiendo algo en un pequeño papel que
tiró para que yo lo leyese.
El papel decía: No hijo, no vas a encontrar sentido, sólo vas a encontrar escapes al problema y
serías un tonto si afirmas que el escape a los problemas es el sentido de la vida. Yo ya no tengo
deseos de hablar contigo, eres un metafísico de primera categoría. No son como tú las personas que
van a ayudar a la satisfacción de ciudadanos, pueblerinos y campesinos.
Después de leer eso, me costaba asumir un rol en esta vida. Pero por lo menos comencé a
pensar en presente. Ya se ha vuelto muy complejo, no puedo detenerlo, me angustia el clima que se
siente en este lugar para nada enérgico. Pero, asimismo, no sé por qué motivo siempre hay lugar en
mi espíritu para una pequeña menudencia de fuego, para una aguda reflexión más. Es un fuego
eterno que jamás se apagará, aunque muera mi cuerpo, aunque muera mi alma, yo no tendré
optativas para queja alguna. Porque dicho fuego colmará el lenguaje universal, quemará el tiempo e
incendiará a todo aquello que encuentre en su camino.
Incluso arrasará también con la nada y con la incoherencia, yo lo estoy predicando como algo,
pero él es algo, nada y también armonía verdaderamente impredicable.
Él es música, es musical, penetra hasta en las cosas inertes. Y no penetra agresivamente, le
encanta acariciar las superficies donde se introduce. Yo le pondría un nombre, lo llamaría
Jjetmlizájitro Rstankanéjonososho. Parece un nombre complejo, pero lo único que hace es intentar
superar la fonética y le gusta el ajuste de cuentas con los humanos. Me encanta que él juegue
conmigo, sin él yo no sería. La música aparece y se va llevando lo que le apetece, sin preguntar nada
a nadie. Surge cuando lo personal desaparece y necesita una fugaz subvención económica. Es un
excelso irremediable, este fuego nace y se mantiene con el terrible alardeo de los demás, incluso
desaparece cuando los demás están demasiado encariñados con él. Le gusta dominar al cosmos y
recordar que es todo suyo. Me amo, dice él y no peca en ningún momento de narcisismo, porque
también se asesina intencionalmente.
Qué más se puede decir de él, si es todo un demonio angelical, me quita mis pensamientos,
mis sentimientos y también mi carne.
Le encanta ubicarse en el nordeste de mi espíritu, le encanta reírse de mis alegóricas pasiones
y casi se entristece con mi fisiología.

2
De tanto escribir sobre él siento que estoy volando junto a él, me elevo como lo más
insignificante que pueda existir y todo gracias a él, merced a sus favores y situaciones.
Golpea, golpea para ir matándonos poco a poco, nos mata tan suavemente que casi no lo
sentimos, es como una pesadilla agradable, ¡nos vamos despertando, nos vamos gritando!
Ligeramente me explica que voy a ser destruido en muy poco tiempo, me anuncia el final
pasivamente. Ya siento el final muy cerca, lo palpo como a una esponja, el final dice llamarse muerte,
y menta que no tiene piedad ni con los superhombres, ella influye hasta en el entorno del olvido. Yo
llamo fuego al olvido. El fuego crea sentidos.

También podría gustarte