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CONTRAACTUALISMO SIGLOS XVII-XVIII

Las teorías contraactualistas tienen su desarrollo durante los siglos XVII y XVIII, y
quieren responder a las preguntas de cuál es la necesidad de que exista un estado y
por qué hay que obedecer su autoridad.
Los contraactualistas parten de la idea común de que el Estado es producto de un
contrato, pero difirieren tanto en cómo se justifica la necesidad de firmarlo, como en
qué es lo que se firma en ese contrato.
Para explicar ambas cuestiones parten de la hipótesis inicial del hombre viviendo en
una situación anterior a la aparición del estado, que denominan estado de naturaleza,
y que cada autor describe de un modo desigual. Para algunos contraactualistas ese
estado de naturaleza no fue real. Sólo es considerado como una hipótesis inicial desde
la que analizar qué produjo, y porqué motivos, la firma del contrato que da paso a vivir
en un estado, y poder así explicar la legitimidad de ese estado y sus leyes.
Para Thomas Hobbes (1588-1679), en el estado de naturaleza, el hombre se muestra
como es, egoísta por naturaleza. Ese egoísmo le lleva a una lucha de todos contra
todos en la que sólo rige la ley del más fuerte. Sin embargo, ni siquiera el más fuerte,
está a salvo de que pueda ser asesinado a traición. Y siendo racional comprende que le
conviene abandonar el estado de naturaleza, renunciando al ejercicio de su poder y
libertad individual, en favor de un contrato social en el que un gobierno absoluto
acumule ese poder y libertad a la que renuncia, pudiendo así obligar a todos los
súbditos a obedecer la ley, y de ese modo garantizar la paz y seguridad social dentro
de la sociedad, e incluso defenderla frente a la amenaza de otras naciones. Este es el
origen del modelo de estado absolutista.
John Locke (1632-1704), sin embargo, considera que en el estado de naturaleza el ser
humano mantiene una serie de derechos básicos inalienables: a la vida, a la propiedad,
a la libertad… Es justamente la posibilidad de que tales derechos no sean respetados
por los demás lo que lleva a la firma del contrato social. En ese contrato el ciudadano
cede su poder natural al Estado bajo la condición de que éste se comprometa a
defender esos derechos naturales básicos. Sólo en la medida en que el Estado cumpla
este compromiso se hace legítima su obediencia. Este es el origen del modelo de
estado liberal.
Por su parte, Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), parte de una concepción del estado
de naturaleza diferente, sobre todo a la de Hobbes. Mientras este venía a pensar que
el hombre es un lobo para el hombre, Rousseau pensará que el hombre es bueno por
naturaleza, y es la sociedad la que lo pervierte.
Según Rousseau el hombre viviría feliz en el estado de naturaleza, satisfaciendo sus
necesidades básicas a partir de los recursos naturales. Sin embargo, este “buen
salvaje” se da cuenta que, al asociarse con otras personas, los trabajos necesarios para
conseguir la subsistencia se facilitan mucho, y por ello se asocia con sus congéneres.
En la evolución de esa colaboración con los demás aparecerá la agricultura y la
minería, lo que lleva a una desigualdad en los beneficios de las personas, y a una
desigualdad social. Es esa desigualdad social lo que corrompe el corazón del hombre,
haciendo que aparezca la envidia de los que no tienen, y la avaricia de los que tienen.
Lo que sigue a esto es una situación de guerra de todos contra todos en el que
aquellos que más tienen son los que más tienen que perder. A instancias de estos, y
para garantizar la paz, se produce la firma de un contrato social que garantice la paz y
la propiedad a cambio de perder esa libertad natural de que gozaba.
El problema es que esa firma se produce desde una situación original de desigualdad
económica, y así el Estado va a convertirse en un garante de la desigualdad entre las
personas. Por eso Rousseau propone la formación de un nuevo orden social basado en
un pacto social en el que las personas pongan su libertad natural bajo una voluntad
general, que es la suma de las voluntades de las personas que deciden asumir lo que
tal voluntad general disponga, pero sólo a condición de que los individuos puedan
participar en la formación de ésta.
Por tanto, el único orden social legítimo sería aquel en la que de forma directa los
ciudadanos produzcan las leyes, sin delegar en representante alguno. Frente a las leyes
elegidas es posible el desacuerdo, pero siendo la expresión de la voluntad mayoritaria,
y dado el pacto social, sólo cabe acatar lo expresado por la mayoría. Este es el origen
del modelo de estado socialdemócrata.