Está en la página 1de 15

Construir ciudades en los terrenos que resultaron destruidos en la Primera Guerra Mundial

fue una propuesta anunciada como la ciudad del futuro por Le Corbusier bajo el nombre de
la Ciudad Radiante que contribuiría a la creación de una mejor sociedad. Si bien este plan
maestro se presentó por primera vez en 1924, nunca se concretó, pero sí influyó en la
construcción de viviendas de alta densidad.
Al igual que este plan, a lo largo de la historia hay varias propuestas para levantar las
denominadas ciudades del futuro que tampoco fueron construidas, tal como se menciona en
un reciente artículo publicado en el blog iO9, dedicado a cubrir temas de ciencia y cultura.
En esta publicación se presentan 10 planes que se consideran como errores utópicos, pero
que de una u otra manera inspiraron algunas propuestas de planificaciones futuras.

“Ciudad Jardín”
Alrededor de mundo, son varias las ciudades que fueron diseñadas con extensas áreas
verdes para que las personas vivieran en entornos más agradables y conectados con la
naturaleza. Este diseño se remonta a mediados del siglo XIX, pero no fue hasta 1902
cuando tomó más fuerza con el lanzamiento del libro “Ciudades Jardín del Mañana”,
escrito por Ebenezer Howard, quien es considerado el fundador del movimiento urbanístico
de las ciudades-jardín.

En esta publicación propone una ciudad con una superficie que no supera las 2.500
hectáreas en donde 400 de éstas son ocupadas por hasta 32.000 habitantes en edificios,
mientras que el resto estaría destinados a parques públicos, plazas y espacios verdes para
que las personas puedan vivir en armonía con la naturaleza.

Además, plantea que en los alrededor de una ciudad jardín se pueden construir otras urbes
similares que actúan como satélites de las primeras y que estarían unidas a través de
carreteras y vías férreas. Este enfoque de planificación lo pudo concretar en dos ciudades-
jardín: Welwyn Garden City y Letchworth Garden City, ambas al norte de Londres.
Ciudad Octogonal

En el siglo XIX hubo varios teóricos que creían que el diseño urbano era fundamental para
transmitir los valores de la sociedad e incentivar a realizar cambios.

Uno de estos pensadores fue Orson Squire Fowler, un frenólogo y arquitecto aficionado que
pensaba que si las viviendas eran octagonales, tendrían mejor iluminación y se podrían
aprovechar mejor los espacios y los gastos de calefacción y construcción serían menores.
De esta manera, el diseño de la casa haría que sus habitantes alcanzaran un estado superior
de salud.

En 1856, la Sociedad de Emigración Vegetariana de Kansas decidió construir una ciudad


para vegetarianos inspirada en las ideas de Fowler en el condado de Allen. Sin embargo,
después el proyecto se amplió a quienes quisieran vivir ahí.

El diseño base consistía en construir una plaza octogonal y que por cada uno de sus lados
surgiera una carretera, creando espacios entre los caminos en donde se podrían construir
casas y graneros que también sería octogonales.
A los pocos de meses de que la ciudad fuera establecida, sus habitantes prefirieron emigrar
debido a que el terreno en donde se hizo estaba muy distante con otros pueblos de
abastecimiento, las fuentes locales de agua se estaban agotando y ciertas enfermedades,
como malaria, eran cada vez más comunes, los que se sumaban a las malas condiciones
climáticas del lugar.

Es así como Octagon City este año cumple 159 años, pero se mantiene como un pueblo
fantasma. No obstante, el diseño octogonal de casas es una tendencia que traspasó las
fronteras de esta ciudad y que se hizo muy común en otros sector de Estados Unidos y parte
de Canadá.

Broadacre City

Frank Lloyd Wright es considerado un referente de la arquitectura del siglo XX debido a


que impulsó el estilo arquitectónico Prairie School, también conocido como “estilo de la
pradera” que se volvió muy común en el Medio Oeste de Estados Unidos.
En 1932 planificó Broadacre City, una ciudad que sería como un pueblo que no tendría más
de 10 mil personas, en la que cada familia recibiría 2,5 hectáreas y que el agua sería un
recurso público, mientras que los alimentos, la energía y otros bienes serían producidos
localmente. La principal característica de diseño de esta ciudad sería que los espacios
industriales serían reemplazados por espacios urbanos con áreas rurales.

Fordlandia

Al fundador de la compañía Ford Motor Company, Henry Ford, no le bastó con
revolucionar los procesos de fabricación industrial en cadena ni la industria del transporte
con el lanzamiento del automóvil Ford T, uno de los primeros de bajo costo, sino que quiso
ir por más.
Por esto, decidió crear una ciudad que fuera su mundo. Y así lo hizo en los años 30 cuando
adquirió unos terrenos en el Amazonas en donde estableció una planta de caucho, sustancia
que se utiliza en la fabricación de neumáticos, hasta donde trasladó trabajadores
estadounidenses.

La “ciudad” tenía casas para los empleados, una central eléctrica, una biblioteca, un
hospital y como busca mantener parte del estilo de vida americano, hasta contaba con un
campo de golf. Sin embargo, la falta de conocimientos del terreno para que las plantaciones
fueran productivas, sumadas a las huelgas que iniciaron los trabajadores por las largas
jornadas laborales, hicieron que a los pocos años de su fundación la planta fuera cerrada y
que hasta hoy se mantengan partes de sus ruinas.

Atomurbia

La amenaza de un ataque nuclear hizo que en 1947 se promocionara un diseño de ciudad


que permitiera a los estadounidenses construir ciudades que los salvaran en caso que
ocurriera uno.

Este diseño urbano tomaba como idea principal que los habitantes fueran designados en
ciudades subterráneas distribuidas por el país como si se trata de un tablero de ajedrez en
que no estuvieran alineados, sino “fluyeran” por el paisaje para no concentrarse en grandes
centros urbanos que los convertían en un potencial blanco de ataques aéreos.
A pesar que el plan no prosperó, es considerado como uno de los precursores de los
refugios subterráneos que se masificaron en las casas estadounidenses durante la Guerra
Fría.

Seward

Cuando en 1968 se encontró petróleo en la Bahía Prudhoe, en Alaska, surgió la posibilidad


de levantar una ciudad que fuera pionera y un referente para el resto al ser completamente
cerrada que permitiera tener un clima más agradable para sus habitantes y así facilitar un
mayor ritmo de producción.

La propuesta se fundamentaba en tener un sistema de transporte elevado, como teleféricos,


oficinas, centros comerciales y espacios deportivos, pero no se pudo llevar a cabo por
problemas económicos. No obstante, hay quienes consideran que parte de esta idea inspiró
el diseño de Las Vegas, en donde sus habitantes y turistas pueden sobreponerse al clima
desértico en espacios cerrados.

Cloud Nine

Una idea completamente futurista y sustentada en la ciencia ficción fue la que anunció el
inventor Buckminster Fuller a mediados del siglo XX para enfrentar el hacinamiento que en
ese entonces era más latente en Tokio.
Su idea era construir una especie de ciudades aéreas que funcionaban es esferas que podrían
flotar o anclarse a las montañas. Claramente su idea no prosperó, pero se tomó como
referencia para el diseño de zeppeline con el qe se pretendía reordenar el flujo del
transporte en el aire.
Germania

Transformar Berlín en una ciudad futurista fue un plan encargado por los nazis al arquitecto
Albert Speer, quien se inspiró en los planes de Le Corbusier para diseñar una ciudad que
destacara por sus rascacielos y grandes construcciones. Algunas de éstas serían un estadio
para 400 mil personas y una Cancillería que fuera el doble de la Galería de Los Espejos del
Palacio de Versalles (Francia), las que se ubicarían en torno a la Avenida de los
Esplendores.
Sin embargo, la ciudad nunca se concretó por dos motivos. La superficie pantanosa en un
sector de la capital alemana hizo que uno de sus primeros edificios,
el Schwerbelastungskörper, se hundiera 18 centímetros y que el estallido de la guerra
paralizara sus planes.
BoozeTown

Mel Johnson planificó en los años 60 una ciudad en la que el consumo de alcohol estuviera
respaldado por una serie de medidas que favorecieran un consumo responsable en donde la
policía local ayudara a los borrachos y los niños permanecieran en guarderías mientras los
adultos beben.

El plan nunca obtuvo financiamiento y se mantiene como una idea utópica hasta nuestros
días.
ARQUITECTURA UTÓPICA

Platón fue el primero en diseñar una ciudad utópica, pero no se ocupó de definir al detalle
cómo tenían que ser las calles o los edificios de Magnesia. Al contrario, lo importante para
él era la relación entre el ser humano y el espacio urbano. Aunque pueda parecernos que su
proyecto es más un ejercicio de filosofía que de arquitectura, desde entonces muchos
arquitectos han intentado crear su ciudad ideal. Ellos sí hablan de cómo tienen que ser los
edificios y el trazado de las calles, pero su intención final es la misma que la del filósofo
griego; generar un hábitat en el que el núcleo urbano ayude a crear una sociedad mejor.

Hoy hacemos un repaso a las utopías de algunos de nuestros arquitectos preferidos. A


través de sus conceptos de urbanismo social, veremos ciudades construidas, ciudades a
medio construir y ciudades que nunca llegaron a construirse. Pero, sobre todo,
reflexionaremos sobre cómo se comportan esos grandes proyectos urbanísticos; si
cumplieron sus expectativas o quedaron desiertas. Una pequeña selección que nos llevará a
descubrir si una ciudad planteada desde cero puede funcionar mejor que una ciudad cuyo
crecimiento ha sido orgánico y cuyo urbanismo se ha adaptado a lo largo de los siglos. ¿Es
la ciudad utópica algo más que una utopía?

Vamos a verlo.

Broadacre City

La arquitectura de Frank Lloyd Right establece una dicotomía entre la dispersión y la


densidad. Al mismo tiempo que diseñaba un rascacielos de una milla de altura, estaba
sentando las bases de un revolucionario modelo de ciudad extendida, justo en el extremo de
las grandes y densas urbes estadounidenses. Desde su presentación en 1932, en las páginas
del libro The disappearing city, Wright no dejó de darle vueltas a este proyecto a
contracorriente hasta 1959, año en que murió sin llegar a ver materializado su ideal de
ciudad: un acre y una vivienda unifamiliar en una retícula solo interrumpida por los
edificios destinados a servicios públicos. En definitiva, una utopía que se perdió entre las
páginas de los libros y artículos del genial arquitecto, una verdadera crítica al desmesurado
urbanismo imperante que buscaba recuperar la importancia de los valores humanos y la
calidad de la vida en un ambiente rural.

Chandigarh

De forma contemporánea a Broadacre, Le Corbusier ponía por escrito los fundamentos de


su ciudad ideal en 1933 en la Carta de Atenas. Su proyecto de Ville Radieuse, con sus
enormes rascacielos para oficinas y sus interminables avenidas ajardinadas, es el germen
del urbanismo moderno. Algo que el genio francosuizo había planeado para el centro de
Paris, pero que solo podría materializar en la recién independizada India. Allí le
propusieron dar vida a Chandigarh, una capital regional creada para servir de modelo y
escaparate del nuevo país. Gracias a su división por sectores, los ciudadanos de Chandigarh
pueden acceder a todos los servicios necesarios para su vida diaria con solo caminar 10
minutos. Un prodigio de planificación urbanística que hoy constituye la mayor
concentración de obras de Le Corbusier en todo el mundo, pero cuya arquitectura lo ha
convertido en mucho más: un símbolo; una ciudad privilegiada con un índice de
alfabetización cercano al 97% y numerosas instituciones académicas de renombre.

Brasilia

En 1956 comenzaron las obras para construir una nueva capital de Brasil, alejada del
Atlántico y de las antiguas ciudades coloniales de Rio de Janeiro y Salvador de Bahía. El
lugar escogido fue una meseta situada en el estado de Goiás, junto a la que se construyó un
gran lago artificial con el que abastecer a la capital y suavizar el árido paisaje de la zona.
Aunque Brasilia es conocida mundialmente por los monumentales edificios creados por
Oscar Niemeyer, el urbanismo corrió a cargo de Lúcio Costa, firme defensor de los
preceptos establecidos en la Carta de Atenas. Juntos decidieron aplicarlos para crear una
gran ciudad de espacios abiertos, parques y bulevares que ayudase a estructurar el país
desde una urbe limpia, funcional y bella. Nadie duda de que el proyecto fue un gran éxito,
sin embargo, algunas expectativas nunca han llegado a cumplirse. Por ejemplo, la intención
de generar un entramado urbano que no distinguiese las clases sociales, o crear unas
infraestructuras que solventasen los problemas propios de las grandes capitales. Hoy en día
Brasilia, que fue diseñada para 500.000 habitantes, acoge a 600.000 y a más de 1.400.000
que habita en los barrios periféricos. Una situación que genera los inconvenientes de las
ciudades tradicionales y que revela la necesidad de planificar las ciudades utópicas teniendo
en cuenta su potencial de crecimiento en el futuro.

Masdar

Foster & Partners asumió en 2008 el reto de crear en Abu Dhabi una ciudad 100%
sostenible y con un nulo impacto medioambiental. Este futuro Silicon Valley del desierto
promete cero emisiones de CO2 y cero residuos, un hito mundial que disfrutarán 50.000
personas. Para conseguirlo, Foster se ha alejado del modelo de arquitectura imperante en el
país. Frente a los rascacielos de cristal y su costosa climatización, el Pritzker 1999 retoma
las prácticas tradicionales de la arquitectura local. Aspectos como la orientación, la
creación de sombras y  corrientes de aire, o instalar patios con vegetación marcan la
personalidad de Masdar. Además, la prohibición del coche, la producción eléctrica por
energía solar, o la climatización por geotermia son algunas claves más para entender las
posibilidades de esta urbe revolucionaria que sigue en construcción.