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EL ENSAYO CIENTÍFICO (EJEMPLO)

LA VIDA DERRAMADA

POR: MIROSLAV HOLUB

Una rata almizclera “ondatra zibhetica zibhetica (Linneo, 1776),


cayó en nuestro estanque. El pozo estaba vacío, a excepción de
un pequeño charco formado por el deshielo invernal. Trataba de
abrigar su piel parda contra un rincón, mientras miraba con sus
ojos salvajes y asustados, y su cola desnuda y enlodada
permanecía quieta. Antes de que pudiera encontrar un
instrumento apropiado para sacarla de allí, un vecino que pasaba
(poco familiarizado con los roedores seguramente) concluyó que
se trataba de una rata gigante, tan sanguinaria como un tigre y
tan infecciosa como una plaga hospitalaria. Tornó a casa por su
escopeta y disparó sobre el animal hasta reducirlo a un bulto
amorfo del que sólo se distinguían las patas traseras y los dientes
pelados. Había sangre en las paredes y en el fondo del estanque;
aquel bulto era una masa sanguinolenta, y el charco se había
convertido en un pequeño mar rojo. La cacería había terminado,
y yo tenía que afrontar las consecuencias. El género humano se
divide en cazadores y… aquellos que tienen que pagar los platos
rotos.

Sepulté el cadáver del intruso bajo los abetos del jardín y limpié
con un trapo la pista de tiro. Puesto que el estanque carecía de
drenaje, la limpieza se convirtió en un ejercicio de persecución
de la sangre, tan emocionante como escuchar la sinfonía de
Haydn, con la aguja quieta en el mismo surco. De modo que me
puse a reflexionar acerca de la sangre. La sangre no consistía tan
sólo en esa materia desagradable que, en condiciones normales,
permanecía dentro de la rata; era también su secreto de vida
vertido hacia afuera. (…)

La rata había sido lanzada a tierra de cualquier modo desde su


mar interior. Millones de glóbulos rojos se coagulaban y
desintegraban, al tiempo que las moléculas de hemoglobina eran
incapaces de discernir cómo y dónde transferir sus cuatro
moléculas de oxígeno. (…) Entre la maraña de proteínas de
desintegración, había glóbulos blancos vivos, tan vivos como las
células que vemos a través del microscopio. (…) Millones y
millones de glóbulos blancos naufragaban en ese breve océano
que se enfriaba, en el cemento, en el trapo, en la exprimida piel
de la rata. Confundidos por la desacostumbrada temperatura y la
concentración de sales, carentes de signos adecuados y sin el
palpitar del endotelio vascular, permanecían pese a todos vivos
y a la búsqueda de lo que estaban destinados a buscar. (…) Y aquí
y allá, una célula mustia se dividía para dar origen a dos nuevas
células, las últimas a las que daría origen.

A pesar de las pérdidas considerables, estas inagotables tropas


de defensa continuaban protegiendo la rata contra la arena, el
cemento, el yeso, el algodón y la hierba. A nombre de una
identidad ya sepultada bajo los abetos, libraban lo que sería su
última batalla.

La vida multicelular es compleja. La muerte multicelular


también. Lo que se conoce como la muerte del individuo, y que
se define como el cese de la actividad del corazón (o la pérdida
de las funciones cerebrales, para decirlo con más precisión), no
significa la muerte del sistema que resguarda y asegura su
individualidad. Debido a las células de este sistema (los
fagocitos y los linfocitos), la rata estaba aún en cierto sentido,
correteando por el estanque en busca de sí misma. (…)

La simple sangre derramada muestra que no ocurre una sola


muerte, sino un cúmulo de pequeñas muertes de diversos grados
e importancias. La oscura escena del final es tan especial y
prolongada como la oscura escena del principio, cuando una
célula macho y otra hembra comienzan ese proceso de divisiones
y diferenciaciones hacia células y tejidos, la activación de cierta
información hereditaria y la represión de otra, los millones de
orígenes y finales, de llegadas y partidas.

OPINION DEL AUTOR:

La sangre no consistía tan sólo en esa materia desagradable que,


en condiciones normales, permanecía dentro de la rata; era
también su secreto de vida vertido hacia afuera.

AFIRMACIONES:

El género humano se divide en cazadores y… aquellos que


tienen que pagar los platos rotos.

Entre la maraña de proteínas de desintegración, había


glóbulos blancos vivos, tan vivos como las células que vemos a
través del microscopio

La simple sangre derramada muestra que no ocurre una sola


muerte, sino un cúmulo de pequeñas muertes de diversos
grados e importancias.

sin el palpitar del endotelio vascular, permanecían pese a


todos vivos y a la búsqueda de lo que estaban destinados a
buscar.
concluyó que se trataba de una rata gigante, tan sanguinaria
como un tigre y tan infecciosa como una plaga hospitalaria.

VIVIAN SOFIA DIAZ PENAGOS

GRADO: 10-02

ASTRID ALDANA