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University of North Carolina at Chapel Hill for its Department of Romance Studies

GEOGRAFÍAS DEL IMPERIO: UTOPÍA Y DESENCANTO EN LAS REPRESENTACIONES DEL


ESTRECHO DE MAGALLANES (1520 Y 1620)
Author(s): Stefanie Massmann
Source: Hispanófila, No. 172 (DICIEMBRE 2014), pp. 25-40
Published by: University of North Carolina at Chapel Hill for its Department of Romance
Studies
Stable URL: http://www.jstor.org/stable/43808814
Accessed: 17-02-2018 21:56 UTC

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GEOGRAFÍAS DEL IMPERIO:
UTOPÍA Y DESENCANTO EN LAS
REPRESENTACIONES DEL ESTRECHO
DE MAGALLANES (1520 Y 1620)1

Stefanie Massmann
Universidad Andrés Bello, Santiago de Chile

1. Descubrimiento y descripción geográfica: el imperio de las palabras

La representación del estrecho de Magallanes en los relatos de las expedicion


pañolas realizadas entre los años 1520 y 1620 debe entenderse en el marco g
de la expansión europea, que trajo consigo grandes cambios en la economía y
mercio, así como desafíos políticos, militares, científicos y, naturalmente, una n
forma de concebir el mundo. Las imágenes de tierras lejanas como el Estrec
Magallanes adquieren sentido, así, en el contexto de lo que Serge Gruzińsk
mundialización, es decir, una expansión geográfica a escala planetaria, que co
también un cambio en los modos de imaginar. Las descripciones de los nuevos
torios y de sus límites en continuo movimiento forman parte del gigantesco esfu
zo por satisfacer el "insaciable apetito de información, de cifras, de medid
nombres y territorios" (Gruziński 51-2) que acompañó los afanes conquista
durante el siglo xvi, y que muchas veces implicó el enfrentamiento entre el
miento que se nutría de la tradición y el que se comprobaba a través de la ex
cia de navegantes y conquistadores (Maravall, Antiguos 444; Roa-de-la-C
558). Este artículo parte de la afirmación de que los textos que conforman su
testimonian no solo una expansión planetaria sin precedentes sino también un
va forma de escribir, pensar, imaginar y sentir el mundo (Pratt 26).2 De este
las cambiantes representaciones del Estrecho de Magallanes - a veces como u
otras como degradación y límite tanto de los esfuerzos humanos como de las
ciones imperiales - se construyen en el contexto de un planeta que se encuen
constante cambio y en el que los dilatados horizontes geográficos alimentan
conocimientos y también nuevas inquietudes.

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26 Stefanie Massmann

Las descripciones de nuevos


laciones, y no respondieron
realidades ni tenían por úni
parte de la maquinaria ideoló
midad de sus proyectos conq
como posesión europea (Prat
proyecto imperial determina
descubridores el nuevo mundo.
De este modo es importante notar que -como explica Anthony Pagden en Seño-
res de todo el mundo- el imperio español fundó su legitimidad en la concesión pa-
pal, es decir, consideró como propios los territorios antes de que fueran efectiva-
mente colonizados. En tanto implicaba la obligación de evangelizar a la población
americana, la concesión papal otorgaba derecho más bien sobre las personas que so-
bre las tierras; de allí deriva la utilización de los indígenas como fuerza de trabajo.
El programa de la expansión española no se basaba en la plantación, la utilización
agrícola de la tierra, sino en la conquista, y en particular en la explotación de los
metales preciosos.4 Aunque España insistió siempre en la legitimidad de la donación
papal, a la larga necesitó de todos modos afirmar sus posesiones transatlánticas a
través de la ocupación de la tierra, ya que esa era la única manera de ejercer efecti-
vamente los derechos de propiedad sobre un territorio propio (Pagden 98-108). En
este contexto, la descripción de los nuevos territorios muchas veces estaba acompa-
ñada por una defensa explícita de la legitimidad de la conquista. Al mismo tiempo,
y de modo quizá más sutil, la tierra se representaba enfatizando aquello que se ajus-
taba a los intereses ideológicos y económicos de la Corona: una población suscepti-
ble de ser evangelizada y sometida a vasallaje, por ejemplo, la presencia de oro u
otros metales preciosos, la posibilidad de aumentar el territorio colonizado. Lo mis-
mo puede decirse de las descripciones de la ciencia geográfica. Como ha demostra-
do Nicolás Wey Gómez en The Tropics of Empire, en el siglo xvi el saber geográfi-
co se relaciona con el conocimiento de la naturaleza física y moral de los diversos
lugares sometidos a estudio. Durante los siglos de la conquista y colonización, por
ejemplo, tuvo plena vigencia la idea de que los pueblos de la zona templada del glo-
bo tenían cualidades morales que les otorgaban autoridad política sobre los que vi-
vían en las demás regiones.5 La experiencia y el conocimiento de nuevas tierras, ar-
gumenta Wey Gómez, desmintió parte de estas afirmaciones -por ejemplo, que el
trópico era inhabitable-, pero el paradigma siguió funcionando como explicación y
justificación general de la "natural" superioridad de Europa sobre los demás conti-
nentes. Las descripciones geográficas propiamente tales, entonces, las que pertene-
cen a un saber que se quiere autónomo, funcionan igual que los datos sobre la canti-
dad de población, la posibilidad de colonizar y la presencia de metales preciosos
que proporcionan los relatos de viajes: la consolidación económica, política, ideoló-
gica y cultural del imperio.
Estos antecedentes -aunque esquemáticos y concisos- pueden ayudarnos a eva-
luar las representaciones del Estrecho de Magallanes, el que aun sin haber sido ex-
plorado tenía ya un lugar en el imaginario europeo. Carecía en lo fundamental de
todo lo que podía hacer apetecible un territorio, comenzando por su ubicación que,

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siguiendo las teorías geográficas,


queza natural; se trataba además
aunque probó tener habitantes, n
sallos y sin maravillas, el Estrech
retórica del conquistador que con
vesía: debió encontrar su propio
del mundo.
En lo que sigue leeremos los re
Magallanes, llevadas a cabo desde
tos textos descubriremos que la d
retórica, al margen de los tópico
descubierto o conquistado.7 No se
lo contrario; intentaremos mostr
frentar el desafío de funcionar d
territorios que parecen estar fuera

2. Comercio y territorio: el imperio del mar o cómo escribir sobre


LO QUE NO SE DESEA

El descubrimiento del Estrecho por parte de la flota de Hernando de Magalla-


nes, en 1520, abre grandes expectativas en la Corona española con respecto a las
posibilidades de comercio con el Oriente y de conquista de nuevos territorios. La
importancia que se le otorgó a la hazaña de Magallanes nos habla de grandes intere-
ses económicos y geopolíticos, pues el control del Estrecho aseguraba las conquis-
tas españolas y sus rutas comerciales.8 A esta expedición inaugural le siguieron
otras, que buscaban corroborar la viabilidad de la ruta.9 Los textos que dan cuenta
de estos viajes inauguran una particular retórica según la cual el canal es una vía de
acceso a aquello que está más allá, el verdadero objeto de deseo, las islas Molucas.
Espació funcional para lograr ese objetivo, el Estrecho forma parte de un relato op-
timista y entusiasta que confía en la apertura de nuevas posibilidades comerciales y
en la obtención de riquezas y fama. No es de extrañar que esta retórica triunfalista
busque presentarlo como un paso seguro y conveniente, pues el interés es convertir
la ruta en un nuevo puente entre España y las deseadas islas, ignorando los costos
reales de lo que en verdad es una hazaña.10
En el Primer viaje alrededor del mundo , de Antonio Pigafetta, uno de los princi-
pales testimonios de la proeza de Magallanes y Elcano, encontramos una primera
descripción, breve y escueta. Señala el cronista la desazón de la tripulación al no
encontrar ningún paso hacia el oeste; tras salvarse de la muerte "por un milagro
grandísimo" (66), finalmente "encuentran puertos segurísimos, inmejorables aguas,
leña -aunque solo de cedro-, peces, sardinas, mejillones y apio, hierba dulce -tam-
bién otras amargas-". Admirado, señala luego: "No creo que haya en el mundo es-
trecho más hermoso ni mejor" (69).
Esta breve alusión no parece tener mucho interés, pero debe ser leída en el con-
texto total del relato, que cambia notoriamente de carácter cuando los descubridores

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finalmente arriban a las is


en la primera parte, carent
de curiosidades, maravillas
la Islas Canarias, en donde
gue durante la ruta oceánic
unas misteriosas luces que
sión el Cuerpo Santo, esto
noche oscurísima ... y per
suelo de los que nos quejáb
animales curiosos: "vi muc
que, cuando la hembra quie
y allí se incuban" (53); "vi,
dos juntos, que parecían un
mucho, las costumbres, ali
encontrando desde las cost
Al llegar a la Molucas la n
ya no forman parte de un an
tallada, la relación que los
des y maravillas se van tra
encuentran en las islas: "H
na, soja, jengibre, higos, n
vino de palma y oro" (108)
a las posibilidades de come
no son las milagrosas sino
variedad de productos disp
aquello que puede ser come
clavo de olor:

Bajé en tal día a ver el clavo en planta viva. El tronco es alto y grueso,
poco más o menos como un hombre; las ramas espárcense horizontalmen-
te, por lo común; sólo las más altas suben hasta formar en la cima una es-
pecie de cono. Sus hojas recuerdan mucho las del laurel; la corteza es oli-
vácea. El clavo crece sobre las ramitas más tiernas, manojos de diez o
veinte juntos. Estos troncos producen casi siempre más de un lado que del
otro, según el tiempo. Al nacer, el clavo es blanco; al madurar rojo; al se-
carse, negro. Coléctase dos veces al año: una por la Natividad de nuestro
Redentor, otra en la de San Juan Bautista ... No produce el mundo otras
plantas de clavo que las de los cinco montes de estas cinco islas (132).

Si volvemos a la breve descripción del Estrecho podremos observar que, aunque


positiva, parece de muy poca importancia si se la compara con el entusiasmo y la
morosa precisión con que están pintadas las mercancías que se acopian en las Molu-
cas. El descubrimiento y paso por el "hermoso" canal anuncia las riquezas que se
encontrarán más adelante en una descripción que se encuentra en un punto de infle-
xión entre el discurso de las maravillas y la enumeración de los bienes comerciales.
La concisión de la representación del estrecho es sorprendente si se piensa en su im-

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portancia como descubrimiento g


lógica del texto nos recuerda sin
Oriente y que el humilde apio, sa
de tesoros mayores. Si el estrecho
que ha estado esperando a los exp
a recibir la prodigalidad de las M
El relato breve de Maximiliano
ción, nos ofrece una versión difere
silvano tiene una mayor tendencia
je, pero comparte con Pigafetta e
primario y la descripción de las
quezas. Su mirada sobre el Estrec
mente su desinterés:

E como el capitán Magallaes considerase que aquella tierra era muy frago-
sa, y que aun en aquel tiempo que duraban los días diez y nueve horas, ha-
cía por allí grandísimos fríos, y que era tierra de continuas y perpetuas
frialdades en todos los tiempos del año, parecióle que era tiempo perdido
haber de explorar ni saber lo que en tal tierra había, por lo cual no gastan-
do allí muchos días sin provecho, tiró con sus tres naos por el estrecho
adelante . . . (266).

Una vez atravesado el Estrecho, dirá poco más adelante, se preocuparon de


avanzar "hasta se tornar a poner dentro de la tórrida zona" (266), la dirección desea-
da. El Estrecho es apenas un desvío necesario para volver a las zonas cálidas, donde
la naturaleza es más generosa. Este y otros testimonios de sobrevivientes de la pri-
mera vuelta al mundo, probablemente, hicieron resumir a Pedro Mártir de Anglería
la desafección generalizada por el Estrecho diciendo que "la tierra aquella era de-
sierta" (Mártir 353) y que en ella los marineros "no encontraron cosa digna de men-
ción" (354).
Aunque, como veremos más adelante, el Estrecho tendrá pronto un significado
propio, la escueta representación como paso fácil y conveniente hacia las Molucas
se rastrea no solo en textos tempranos y cercanos al de Pigafetta sino también en los
relatos que cuentan una expedición realizada casi cien años después. Se trata del
viaje de los hermanos Nodal, uno de los pocos que tuvo éxito tras el descubrimiento
del estrecho en 1520. En un contexto algo distinto -ha comenzado la decadencia del
Imperio español y el temor a la intervención de otras potencias en el control del
paso marítimo- estos relatos reviven la ilusión de un rápido pasadizo hispano hacia
el Oriente.
En los dos relatos que disponemos sobre el viaje de los hermanos Nodal -uno
compuesto por Francisco de Seixas y Lovera y otro por los mismos Nodal- hay un
interés explícito por restituir la ruta a través del Estrecho como un camino seguro y
rápido hacia las Molucas, el fin mayor. Destacan la eficiencia del viaje, sus bajos
costos y sus variadas conveniencias. Seixas y Lovera, por ejemplo, afirma que el
viaje se completó "tardando solo 16 meses, y 16 días desde Olanda hasta Terranate,

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que no fue largo viage par


penoso, ni muy peligroso,
70v).12
En estas representaciones el Estrecho de Magallanes es un hito, un pasaje, una
seña de dirección, una marca de distancia. Su conocimiento y la descripción de su
derrotero están al servicio de otros objetivos, que esta retórica permite describir
como perfectamente alcanzables. El rango que abarca esta función utilitaria va des-
de la alusión, escueta y práctica, hasta un desinterés más explícito que convierte al
Estrecho en un lugar que no vale la pena narrar. En Pigafetta es el gozne que une y
separa al mismo tiempo el reino de las maravillas -carente de tesoros- y el de la ri-
queza que está por venir;13 en el viaje de los hermanos Nodal la virtud del Estrecho
está asociada a su conveniencia como ruta -por ejemplo, a la posibilidad de recoger
bastimentos sin necesidad de pagarlos (Seixas y Lovera 7 Ir). En otros casos es un
lugar que simplemente desaparece, convirtiéndose en un vacío, un paso que conecta
el reino de las maravillas y de la novedad con el activo y poblado reino de la infinita
riqueza. En suma, las representaciones que acabamos de describir articulan de di-
versas formas el significado del estrecho en relación con la riqueza de Oriente. En
ocasiones el canal no existe en relación con ella, mientras que en otras es un medio
para alcanzarla y presagia la facilidad con la que los tesoros lejanos se entregarán a
la anhelante Europa.

3. La tierra estéril: el imperio del fracaso

La retórica triunfalista con que Pigafetta invitaba a hacer la ruta hacia Or


través de América pronto fue olvidada: los muchos peligros y los continuos
vividos en los viajes posteriores convirtieron al Estrecho en un paso penoso
cil. El propio relato de Seixas y Lovera intenta imponerse explícitamente so
discurso de la derrota que sin duda fue el predominante.14 Algunos de los r
que analizaremos a continuación narran viajes cuyos objetivos son comerci
igual que los anteriores; los distingue la dificultad de lograr el cometido, u
que traslada su interés desde el fin último -que nunca se logra- a la pura ne
de sobrevivir.
La expedición de Simón de Alcazaba zarpa en 1535, con dos naos, desde San
Lúcar; llega hasta la boca del Estrecho pero vuelve derrotada después de perder una
de sus naves. Es un viaje marcado por los desastres: le sobrevienen tormentas, moti-
nes, asesinatos y ajusticiamientos que, sumados al hambre, dejan a la tripulación
mermada y agónica. El relato escrito por Alonso Vehedor, uno de los tripulantes,
pronto concentra su atención en la supervivencia en estas condiciones extremas: las
constantes quejas por la falta de alimentos, la referencia exacta a la ración diaria
que reciben y su disminución a medida que van pasando los meses serán su Leitmo-
tiv : "habían iniquilado la ración a los marineros a tanto que muchos dias estobimos
que no bebíamos sino vino puro, y desde que tomamos el agua todos asi marineros
como pasajeros no bebiamos mas vino sino solamente las ocho onzas de pan y agua
que otra cosa nos davan ni pescado ni abas ni garvanzos aunque lo havia en la nao"

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Geografias del imperio 3 1

(Vehedor 5). La situación no mejo


ción, más bien se agrava: "absolut
mientos que nos daban" (22). Aunq
la misma expedición, también hace
y a las dificultades de un viaje que
marítimo plagado de restos de nau
cia de los viajeros anteriores (Mori
En un texto posterior, referido a
contraremos una retórica parecida
drillero parte de Concepción a re
una tarea encomendada por el mis
vo gobernador de la capitanía.15 S
del propio Capitán Juan Ladrillero
este, y otro del piloto Francisco C
estrecho y vuelve. Cada uno se ref
de partir las carabelas se separan en
Si bien no aborda el cruce del est
interesa porque construye una pr
Como el de Alcazaba, desde un prin
te, con un clima "tan bravo que pe
recio viento" (Cortés 486); en efect
se pasó que conocidamente fuerzas
na cual con muchas oraciones sup
cada vez más intratable a medida q

estuvimos diez y nueve días co


ban refriegos infernales que n
noche haciendo guarda a los cab
al mastel mayor temiendo de n
no la torcía e así padeciendo
quebró un cable grueso e se ato

Es tanta la violencia de las torm


tarse, se pierden cables, anclas y v
Si el clima es cruel, la ruta es co
avances débiles e inseguros y frecu
llero (481-83), Cortés relata que e
das a canales ciegos que confunde
es una preocupación constante, de
cómo es que conseguían mariscos,
brevivir, aunque la naturaleza no s
se halla ningún género de hierba
era arta falta con la frialdad de la
hallaba barro para hacerlas que tod
rra" (507).

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El crescendo agrega, por úl


dose inhóspita y difícil. Cuan
estrecho, los navegantes que
na Santa que Marineros en p
no incierto que no pueden do
ciese el viento con nosotros"
Un tercer texto que elabor
Francisco García Jofré de L
dineros privados, este viaje t
na. La expedición contaba co
carabelas y una pinaza. Ya en
res; tras una tormenta tamb
ña antes de atravesar el cana
te logró cruzarlo con las cua
finalmente a las Molucas,
acompañaba a la expedición.
Nuevamente el viaje es pelig
en las dos breves declaracion
andar se les quiebra un mást
ahogan hombres y se pierde
perder parte de la flota, co
cruzar el estrecho es tanto que
capando a tierra firme (Dávi
Si bien el único de estos "re
ta del Estrecho es el de Ladr
espacio a lo largo de este vi
ble, un viaje que está signad
zar, encontrar y atravesar e
de riqueza o fama está comp
lir con vida de la aventura. Estas narraciones son el revés de los cuadros triunfales
que pintaban a los buques españoles volviendo victoriosos de sus conquistas, con
las bodegas cargadas. En estos relatos los viajes están marcados por el menoscabo y
el despojo, pues a medida que las expediciones van avanzando se dispersan sus bar-
cos, se desmiembra la tripulación, se pierden los bastimentos. Es curioso: al mismo
tiempo que el Imperio logra su mayor esplendor y poderío, el Estrecho de Magalla-
nes resiste porfiadamente y permanece sin ser conquistado. Su representación tam-
bién será contradictoria: se trata de un espacio que todavía no está conquistado pero
que tampoco es virgen en virtud de los intentos fracasados de las diversas expedi-
ciones por transitarlo.16 La imposibilidad de su conquista es iterativa y los textos
muestran las huellas de sus antiguos fracasos: los viajeros van encontrando en el
paisaje marítimo rastros de navegaciones pasadas, cartas, cruces y vestigios de em-
barcaciones naufragadas que se acumulan como un palimpsesto para recordar que
es imposible conquistar hasta el último rincón del planeta. Estas imágenes pueden
entenderse en el ámbito de una sensibilidad barroca que encontrará sus manifesta-
ciones más claras durante la primera mitad del siglo xvii como expresión de una cri-

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Geografias del imperio 33

sis, de la conciencia de la fragmen


de la erosión definitiva de una mor
mente, en las imágenes analizadas
der imperial absoluto o, si se quie
minio sobre un territorio geográf
ponen ruinas de embarcaciones qu
subsisten a pesar de todo, conver
medio de un mundo que despierta
y al cambio.

4. Paraíso antàrtico: el imperio de la imaginación

En este apartado revisaremos los dos viajes realizados por Pedro Sarm
Gamboa, contados por él mismo en textos que intentan subvertir, con un
dente voluntarismo, las dos figuraciones anteriores sobre el Estrecho.18 En
de Gamboa el pasadizo vacío e inerte, mortal y distante se transforma en
no solo habitable sino benigno y templado. Como veremos, ello no signi
Sarmiento renuncie completamente a los relatos anteriores, más bien se
ellos para torcer luego su recorrido y configurar su propio "paraíso antartico"
La narración del primer viaje reproduce, en principio, el relato de dific
peligros que revisamos en el apartado anterior. El autor asume como un di
tablecido la "mala fama" del Estrecho al afirmar que en su navegación "se
dido muchos descubridores que los gobernadores de Pirú y Chile han enviado a
unos se perdieron y otros volvieron tan destrozados de las tormentas, des
de lo poder descubrir, que a todos ha puesto espanto aquella navegación" (
to I: 3-4). El relato se configura, en un principio, como un sinfín de sufrim
dificultades, aunque a lo largo de la narración van desdibujándose los peli
ternos, como la presencia de piratas o barcos de naciones enemigas, para d
los peligros internos: deserciones y conflictos al interior de la tripulación
ración, inseguridad y miedo frente a la adversidad. A medida que se va av
hacia el sur la tierra aparece como estéril y el clima hostil y frío, igual que en
latos anteriores:

Todos estos días tuvimos grandes y pesados aguaceros y grandes fríos, y


de noche pasábamos mucho trabajo en hacer fuego, y por enjugarnos nos
metíamos en el fuego sin sentirlo, y quemábamos las ropas y calzados,
porque de otra manera no podíamos vivir, mayormente los marineros, que,
molidos y cansados de remar y mojados, llegaban pobres yertos y pasma-
dos ... y también la comida era poca, porque siempre la íbamos tasando
mucho (I: 63).

Sarmiento comparte con los relatos "desastrosos" la descripción de la navega-


ción como una actividad incierta en la que los marinos se encuentran a merced de la
naturaleza y el azar. Los peligros interminables del mar no solo se deben a las tor-

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mentas dantescas, también a


pueden atrapar a las embarc
afiladas como cuchillos (I: 5
(I: 39).
Cuando la expedición llega al Estrecho de Magallanes se produce un cambio
drástico y nos encontramos de pronto ante la narración del descubrimiento de un pa-
raíso perdido. Las descripciones del Estrecho son cuidadosas y entusiastas: la tierra
"es buena, sombrada y apacible a la vista y en la costa del norte hay buenos valles y
ríos de buen agua, y muy buena madera y buenos puertos y surgideros" (I: 101); al
subir a una meseta observa "grandes rasos y zabanas de muy buena hierba para ga-
nado, y vimos dos venados grandes y muy gordos" (I: 102). Observa un pedernal
que traen los indios, y Sarmiento cree ver que la roca es "de metal de plata u oro de
veta" (I: 103). A medida que se avanza en el relato insiste en las cualidades templa-
das del territorio: en el Río de la Posesión, por ejemplo,

hizo calor y ventó sur fresco desde las ocho de la mañana hasta las cinco
de la tarde; y a esa hora calmaba y toda la noche era calma; las noches
hizo muy serenas, cielo claro, las estrellas claras de muy buen color, el aire
sin sereno dañoso. Aquí se vieron papagayos y catalinas, que es otra espe-
cie de papagayos menores, que tienen medias cabezas coloradas. Oyéronse
cantar sirgueritos y otros pájaros, suave canto, que es indicio de tierra tem-
plada. Vídose rastro de tigres y leones (I: 107).

Las comparaciones con España también se hacen frecuentes -"hizo este día y el
día antes tanto calor como en Lima por cuaresma y como en España por julio" (I:
108)- e incluso se afirma que la tierra produce algodón y canela, al igual que en las
Molucas: "esta región es más templada y hace mejor tiempo que las pasadas, y bien
se echa de ver, pues sufre tanta población de gente muy bien dispuesta y ganado
manso y bravo y caza; y según Felipe, el indio grande, dice, hay algodón, que es la
mayor prueba de tierra templada, y canela, a que llaman cabcď (I: 120).
En el relato del segundo viaje, cuyo objetivo es la colonización del Estrecho,
Sarmiento de Gamboa mantiene su idea del canal como lugar fértil y templado, pero
agrega un sentido derechamente moral al hecho de poblar el canal magallánico: no
se trata ya solo de colonizar una tierra tan útil como la de Castilla; la fundación de
las ciudades en el Estrecho se asocia con la lealtad al rey y la restitución de todas
las virtudes y valores que se han perdido durante el viaje. El viaje mismo es una caí-
da, una degradación que adquiere un tono casi absurdo y caricaturesco pues los tri-
pulantes cometen todo tipo de atrocidades, desde estafa y robo hasta asesinato, trai-
ción y sodomía. Apenas zarpan de España Sarmiento de Gamboa comienza a de-
nunciar las renuncias morales de una tripulación que parece desatada en su codicia e
insensatez. En este contexto, la tarea de colonizar el Estrecho significa la expiación
de los pecados y la regeneración del sentido originario y legítimo de la conquista.
Los textos de Sarmiento de Gamboa reproducen, en suma, los discursos catas-
tróficos sobre el Estrecho para luego convertirlo en un territorio benigno y extraña-
mente templado. Sin importar la vigencia de las teorías geográficas ni las experien-

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Geografias del imperio 35

cias de otros exploradores, Sarmi


Magallanes como fin del mundo: a
hóspito se convierte, a través de l
posesión colonial que no debe ni
tierra.Sarmiento de Gamboa reúne
moral con sus propios deseos de ej
ción de una utopía propiamente am
los valores morales cristianos, uto
za como objeto de deseo tanto los
merciables.

5. El Estrecho de Magallanes: entre la utopía y los límites del imperio

Hemos revisado once textos escritos en el espacio de cien años que relat
pediciones al Estrecho de Magallanes y que ofrecen diversas imágenes del p
austral. El Estrecho como un lugar inhóspito, peligroso y difícil es probablemen
imagen más duradera, pero no la única: la invisibilidad del canal, condenad
un espacio vacío o simplemente de paso, y la insólita visión de Sarmiento de
cho como un territorio templado forman parte también de este imaginario.
Quisiera indicar algunas implicancias ideológicas posibles para estas repr
ciones: las descripciones del Estrecho como una peligrosa trampa no consti
primera, pero sí la más influyente y duradera imagen sobre el canal austral. Se
de una figuración que, por una parte, subvierte la idea triunfalista de la c
apuntando silenciosamente a aquello que es inconquistable, a lo que se resis
conocido y apropiado en el marco de la carrera expansionista española. En t
estéticos puede leerse como manifestación de una sensibilidad barroca que n
ce imágenes claramente alegóricas, como es el caso de los restos de embarc
naufragadas. Curiosamente, al tiempo que apunta a los límites de la empre
quistadora contribuye -tal vez sin quererlo- a alimentar una cierta mitologí
lista según la cual el mundo es infinito, los recursos naturales inagotables y
tanto, la expansión puede prolongarse indefinidamente. El gesto de Ercilla
"desaparecer" el Estrecho bajo su pluma puede entenderse, precisamente, a
esta contradicción, pues a la vez que oculta un socavón en la geografía de l
sión imperial, renueva el impulso de descubrir un continente que parecía ilimita
que tal vez se desea imaginar como inabarcable.
Por otra parte, la consideración del estrecho de Magallanes como un espa
cío o inútil es resultado de una serie de conocimientos e ideas que convertí
lugares templados, ricos en especias o metales, o bien habitados por grande
zaciones en los lugares de verdadero interés. La riqueza y fama que ofrecía
lugares era presentada como el cumplimiento de la fantasía de su rápida e in
ble obtención. Asimismo, nos recuerda que -como demostrara Edmundo O
man- la "invención" de América es un proceso complejo que cuestiona el o
miento del mundo hasta entonces conocido (94) y que se desenvuelve lentam
partir del malentendido de Colón sobre la naturaleza de los territorios enco

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que juzgó parte de Asia. La im


leerse también como parte de
rica como un nuevo continen
canzar el Oriente antes que u
observarse en la descripción
tempranos como a algunos po
Tanto esta representación co
ma funcionales a la ideología
que en el caso de Gamboa est
descripción del Estrecho com
cantilista, Sarmiento de Gam
nuncia a la idea de encontrar
cambio la utopía de establecer
Más allá de esta consideració
retórica particular puede eva
rarse su insistencia en el Estr
impugnación de aquello estab
de otros navegantes y por los
sin embargo, puede entender
cerse de las ideas sobre cómo
moral) desde el discurso de l
templado. Construir el paraís
guos paradigmas forzando su
nos susurra de este modo que
"cosa digna de mención".

NOTAS

1 Este artículo es resultado del proyecto FONDECYT n°l 1100230 "Esp


der, colonización: imaginarios geográficos y prácticas espaciales en relatos d
miento y exploración del estrecho de Magallanes (1520-1620)" del cual la autor
gadora responsable.
2 El corpus de este artículo abarca once textos de participantes y testig
de seis expediciones distintas al Estrecho de Magallanes: la primera de ellas es
brimiento del Estrecho de Magallanes (1520), que se recoge en los textos de A
fetta y Maximilano Transilvano; la segunda expedición, realizada en 1525, f
por Francisco García Jofré de Laoysa y se relata en las relaciones de Juan de
Francisco Dávila; de la expedición realizada por Simón de Alcazaba (1535) que
tos de Juan de Morí y Alonso Vehedor; los textos de Juan Ladrillero y Franci
Hojea narran el viaje comandado por el primero de ellos en 1557; los dos via
1584) del eximio navegante Pedro Sarmiento de Gamboa son recogidos por él m
pilados bajo el título de Viajes al Estrecho de Magallanes ; la última expedición
referimos es la de los hermanos Bartolomé y Gonzalo Nodal (1619), narrada p
mos y por Francisco de Seixas y Lovera.

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Geografias del imperio 37

3 Aunque Mary Louise Pratt trab


ropeos que se escribieron desde la seg
algunos principios que utiliza son per
En particular, los textos que revisam
otorga a los libros de viaje, los que "
propiedad, derecho y familiaridad resp
vertía y que estaban siendo explorada
4 Los imperios británico y francés
conquistas en la res nullius , es decir,
dad común de toda la humanidad mie
ciones al trabajo agrícola para justific
5 Estas ideas provenían de la teor
fundamental de la geografía Occident
Parménides. Según ella el mundo se d
pladas, las únicas habitables, y una zon
6 Después de la exitosa expedició
el Estrecho empezó a decaer: a la difi
landés, en 1616, de un paso más benig
y el debilitamiento general del Imper
española cruzara nuevamente el Estre
este artículo puede ser complementad
que el poema Armas antarticas (1609
Pedro Sarmiento de Gamboa; allí el Es
sitúa en los límites del género épico,
141).
7 Serge Gruziński nos recuerda que los ímpetus de las empresas comerciales "ali-
mentan un imaginario mundialmente compartido en donde la modernidad ibérica pone los
acentos en un materialismo conquistador, insaciable, sin límites ni fronteras, asumido y rego-
cijante" (181). Más importante aún, podemos ver que este imaginario se traduce en una retó-
rica particular: las riquezas se describen de manera hiperbólica, lo que puede verse, por
ejemplo, en la Grandeza Mexicana , cuyas descripciones parecen "el catálogo de un almacén
de lujo para fiestas de fin de año" (Gruzinsky 59).
8 Hasta ese momento las rutas hacia las islas orientales habían sido monopolizadas
por los musulmanes (Martinie, Historia de la Región 124); a comienzos del siglo xvi fue el
reino de Portugal el que abrió la ruta por el Cabo de Hornos. Alcanzar las Molucas solo pue-
de citarse como motivación de los primeros dos viajes al Estrecho de Magallanes, el de Her-
nando de Magallanes y la expedición posterior de Loaysa; después de ella Carlos V pierde el
interés en esa ruta ya que, por una parte, cedió al Rey de Portugal su derecho sobre las islas,
y por otra reconoció el viaje como demasiado largo y costoso. La riqueza obtenida de la pla-
ta y el oro en Perú y Nueva España era más accesible (Martinie, Historia del Estrecho 53-
54). Aunque mantuvo algún interés menor, más estratégico que comercial, el Estrecho nunca
fue usado como canal regular de comercio (Parry 80).
9 El viaje de Magallanes partió en agosto del año 1519, con el auspicio de Car-
los V (por entonces Carlos I de España) y financiado por el mismo monarca y un privado,
Cristóbal Haro, convencido del provecho económico del viaje. La flota zarpó con cinco naos
y 239 personas a bordo, de las cuales solo una realizó la vuelta al mundo, pues tres naufraga-
ron y una cuarta desertó (Martinie, Historia de la Región 134-35).
10 En el caso de la expedición de Magallanes, volvieron solo 1 8 de los 365 tripu-
lantes que zarparon desde Canarias, entre ellos el mismo Magallanes.

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38 Stefanie Massmann

11 Esta referencia a las mar


Greenblatt sobre este tópico en
de la maravilla legitima el viaje
y se relaciona a la posesión de
deja un rito de posesión vacío (
rante lo maravilloso surge en e
En Pigafetta la maravilla apare
bles desde la mirada mercantil.
12 Seixas y Lovera concibe al estrecho como pasadizo, pero en algunos momentos
hace referencia a la posibilidad de poblarlo: "En el Estrecho de Magallanes, se hallan mu-
chos, y prodigiosos Puertos, con muchas, y prodigiosas Maderas para edifícios Terrestres, y
Äquales, no siendo el Estrecho tan penoso, como muchos han pretendido dar a entender, ni
tan poco tan largo ... es una de las partes más acomodadas de América, para en ellas poner
las defensas necesarias con sus poblaciones, para que los Enemigos no puedan lograr el Pa-
sage de él" (74r).
13 Esta carencia es destacada por María Laura de Arriba, quien afirma qué Améri-
ca del Sur se presenta a los ojos de Pigafetta "por su pobreza, mucho más salvaje y caníbal
que los archipiélagos filipino o malayo" (65).
14 El texto reprocha a los españoles su pusilanimidad, y los compara con los subdi-
tos de otras naciones, que transitan sin contratiempos por el pasaje austral. El relato busca
"quitar, y alibiar en gran parte el horror, la obscuridad, fastidio, y peligro de tan larga, y difí-
cil Navegación", que es la razón por la cual "esté tan olvidada de los españoles, que ni en la
práctica, y escritos de estos tiempos se toque, o examine, quando las demás Naciones ins-
truydas al principio de la nuestra, hallan tan fácil esta Navegación" (Seixas y Lovera, Apro-
bación del Doctor D. Andrés de Gamez, s/f).
15 Es necesario recordar que la exploración del Estrecho desde el Pacífico era ya
una aspiración de Pedro de Valdivia, quien le expone al rey los motivos de su intento: "Por la
noticia que de los naturales he habido y por lo que oigo decir e relatar a astrólogos y cosmó-
grafos, me persuado estoy en paraje donde el servicio de nuestro Dios puede ser muy acre-
centado; e visto lo uno y lo otro, hallo por mi cuenta que donde más V. M el día de hoy pue-
de ser servido, es en que se navegue el Estrecho de Magallanes, por tres cabsas, dexadas las
demás que se podían dar: la primera, porque toda esta tierra e Mar del Sur la terna V.M. en
España e ninguno se atreverá a hacer cosa que no deba; la segunda, que terna muy a la mano
toda la contratación de la especiería; e la tercera, porque se podrá descubrir y poblar esotra
parte del estrecho, que segúnd estoy informado, es tierra muy bien poblada" (Valdivia 239).
Valdivia había enviado en 1544 al Capitán Pastene a "descubrir" el Estrecho de Magallanes,
aunque sólo llegó a recorrer la costa hasta los 41° de latitud; más adelante envió a Francisco
de Ulloa, en 1553, quien avanzó más allá, pero sin alcanzar el Estrecho.
16 Durante este siglo con frecuencia se habla del estrecho como si no hubiese sido
descubierto ya por Magallanes. Hay ejemplos notables de esta omisión en Alonso de Ercilla,
quien en 1569, casi cincuenta años después de su descubrimiento y tras otras cinco expedi-
ciones de reconocimiento, escribía: "Por falta de pilotos, o encubierta/ causa, quizá impor-
tante y no sabida,/ esta secreta senda descubierta/ quedó para nosotros escondida;/ ora sea
yerro de la altura cierta, ora que alguna isleta, removida/ del tempestuoso mar y viento aira-
do/ encallando en la boca, lo ha cerrado" (Ercilla 1:9). También los Hermanos Nodal infor-
man que salen desde Lisboa en 1618 "al descubrimiento del estrecho ahora nuevamente des-
cubierto" (Nodal fl), ignorando el tráfico continuo que hubo por el Estrecho. Después de su
descubrimiento en 1520, los laberínticos y peligrosos canales del Estrecho se mantuvieron

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Geografias del imperio 39

por mucho tiempo como un desafío a


cho había podido ser cruzado, y con m
17 La imagen de los despojos náut
do en que lo entiende Walter Benjam
como sufrimiento del mundo, pues e
los ojos del espectador como paisaje p
pio tiene de intempestivo, doloroso y
en una calavera" (383).
18 Los relatos de los que hablamo
Sarmiento de Gamboa, uno al Estrec
con objetivos exploratorios, y un seg
España con la intención de poblar el Es
pues las dos colonias que Sarmiento d
pe y Nombre de Jesús, son abandonad
a morir. La suerte de Sarmiento de G
cursos para los colonos del Estrecho
en el camino por navegantes ingleses
es cautivado nuevamente en Francia,
miento de Gamboa contaría con alred
su rescate. La última noticia que se ti
do a Felipe II, en el que pide socorro

OBRAS CITADAS

Arciniega, Juan de. "Relación que dio Juan de Arciniega de la navegaci


Loaisa hasta desembocar el estrecho, y de los sucesos de la nao San
allí y aportó a Nueva-España". Colección de los viajes y descubrimien
por mar los españoles desde fines del siglo xv. Ed. Martín Fernández
V. Madrid: Imprenta Nacional, 1837. 223-225.
Arriba, María Laura de. "Los sonidos de la enunciación en la primera v
vista de Crítica Cultural Latinoamericana 60 (2004): 57-67.
Benjamin, Walter. "El origen del Trauerspiel alemán". Obras I: 1. Ed.
Hermann Schweppenhausen Trad. Alfredo Brotons Muñoz. Madrid: A
Cortés Hojea, Francisco de. "Viaje del capitán Juan Ladrillero al descub
cho de Magallanes". Anuario hidrográfico de la Marina de Chile V (1
Dávila, Francisco. "Relación de Francisco Dávila, sobresaliente de la nav
la navegación de Loaisa desde la Coruna hasta el estrecho de Magall
acontecimientos particulares de aquella nao después que se separó de
ción de los viajes y descubrimientos, que hicieron por mar los españ
siglo xv. Ed. Martín Fernández de Navarrete. Tomo V. Madrid: Impre
225-233.
Ercilla, Alonso de. La Araucana. Ed. Isaías Lerner. Madrid: Cátedra, 2002.
Firbas, Paul. "Fracaso, derrota y épica: las poblaciones del estrecho de Magallanes (1584-
1587)". Iberomania: Zeitschrift für die Iberomanischen Sprachen und Literaturen in Eu-
ropa und Amerika 58 (2003): 134-45.
Greenblatt, Stephen. Maravillosas posesiones. El asombro ante el Nuevo Mundo. Trad. So-
corro Giménez. Barcelona: Marbot, 2008.

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40 Stefanie Massmann

Gruzinsky, Serge. Las cuatro


Fondo de Cultura Econòmica,
Ladrillero, Juan. "Relación de
Anuario hidrográfico de la M
Maravall, José Antonio. Antig

Martinie, Mateo. Historia del Estrecho de M


1977.

nes, 1992.
Mártir de Anglería, Pedro. Décadas del Nuevo Mund
Mori, Juan de. "Relación del desgraciado viaje que
Magallanes la armada de Simon de Alcazaba, asesin
nes". 1535. Colección de Documentos inéditos par
José Toribio Medina. 316-330.
Nodal, Bartolomé y Gonzalo. Relación del viaje que por orden de Su Magestad y acuerdo
del Real Consejo de Indias hizieron los capitanes Bartolomé García Nodal y Gonzalo de
Nodal. Madrid: Fernando Correa Montenegro, 1621.
O 'Gorman, Edmundo. La invención de América. México: Fondo de Cultura Económica,
2003.
Pagden, Anthony. Señores de todo el mundo. Ideologías del Imperio en España , Inglaterra y
Francia en los siglos xvi , xvii y xviii. Barcelona: Península, 1997.
Parry, J.H. Europa y la expansión del mundo (1415-1715). México: Fondo de Cultura Eco-
nómica, 1975.
Pratt, Mary Louise. Ojos imperiales. Literatura de viajes y transcultur ación. Trad. Ofelia
Castillo. México: Fondo de Cultura Económica, 2010.
Pigafetta, Antonio. Primer viaje alrededor del mundo. Trad. F. Ros. Ed. Leoncio Cabrero
Fernández. Madrid: Dastin. 2002.
Roa-de-la-Carrera, Cristian. "El Nuevo Mundo como problema de conocimiento: Americo
Vespucio y el discurso geográfico del siglo xvi". Hispanic Review 70 (2002): 557-580.
Sarmiento de Gamboa, Pedro. Viajes al estrecho de Magallanes. Tomo I. Buenos Aires
Emecé, 1950.

Seixas y Lovera, Francisco de. Descripción geog


Magallánica. Madrid: Antonio de Zafra, 1690.
Transilvano, Maximiliano. "Relación escrita por
quién y en qué tiempo fueron descubiertas y h
pio nascimiento de la especiería, las cuales caen
na Real de España". Colección de los viajes y des
españoles desde fines del siglo xv. Ed. Martín F
Imprenta Nacional, 1837. 249-284.
Valdivia, Pedro de. Cartas de Pedro de Valdivia: q
de Chile. Ed. José Toribio Medina. Sevilla: Estab
Vehedor, Alonso. Relación de los acontecimientos en la armada de D. Somón de Alcazava ,
por parte de la mar del sur, el cual iba de Gobernador á la prov[ inci ]a de León. Manus-
crito en la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile, Ms BA 4, 1535.
Wey Gómez, Nicolás. The Tropics of Empire. Why Columbus sailed south to the Indies.
Cambridge; London: The MIT Press, 2008.

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