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Contenido

Introducción: Conoce a Tito

Primera parte: Lo básico


1. ¿Qué es un discípulo?
2.¿Tengo que ir a la iglesia?
3. Aprendiendo a leer la biblia y a orar

Segunda parte: El discipulado a través del evangelio


4. El evangelio de Dios
5.El llamado a la salvación y al discipulado
6.La conversión
7.Un nuevo historial: la justificación
8.Una nueva vida: la santificación
9.Un nuevo futuro: la glorificación
10.La fe que se expresa en el amor
11.El evangelio cambia todo

Tercera parte: Siguiendo a Jesús en su misión


12.Discípulos haciendo discípulos

Conclusión: ¿Y ahora qué?

Apéndice A
Apéndice B
Agradecimientos
Notas
Mientras lees, comparte con otros en las redes usando

#CaminandoConJesús
Caminando con Jesús: Empieza a ser un fiel discípulo
por Stephen Smallman

© 2018 por Poiema Publicaciones

Traducido del libro The Walk: Steps for New and Renewed Followers of Jesus © 2009 de P&R Publishing
con el debido permiso por Poiema Publicaciones en 2018.

Las citas bíblicas han sido tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional (NVI) ©1999 por
Biblica, Inc. Todos los derechos reservados. Usada con permiso. Las citas marcadas con las sigla RVC han
sido tomadas de La Santa Biblia, Versión Reina Valera Contemporánea © 2009, 2011 por Sociedades Bí-
blicas Unidas; las marcadas con la sigla RV60, de La Santa Biblia, Versión Reina Valera © 1960, 1988
por Sociedades Bíblicas Unidas.

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SDG
A Jack y Rose Marie Miller

La visión que tuvo Jack de aplicar el evangelio tanto a la vida de los creyentes
como a la de los incrédulos es el principio sobre el cual se fundamenta este libro.
Gracias, Señor, por el privilegio que me diste de servir junto a Jack. Soy uno de
una multitud de pastores cuyas vidas y ministerios fueron impactados de una ma-
nera significativa por la vida y la enseñanza de este hombre piadoso único e in-
comparable.

Rose Marie: tu amor y tu amistad para conmigo, y en especial para con Sandy,
nos han permitido ver el evangelio en la vida de un siervo de Cristo.
IN TRO DUC CIÓN:
CO NO CE A TITO

D eja que tu imaginación te lleve al pasado, unas cuantas décadas después de


la crucifixión de Cristo. En la ciudad de Roma, que en ese entonces era el
centro del poder mundial, había un personaje ficticio, a quien llamaremos Tito,
buscando algo que le diera más sentido a su vida. Tito había crecido aceptando
las creencias y las prácticas de su cultura —los muchos dioses y diosas cuyas
manías se reflejaban en la manera en que las personas se trataban entre sí; las
muchas “espiritualidades” que estaban tratando de ganar seguidores; la creciente
fascinación por los deportes y los juegos de azar como una distracción de los te-
rribles problemas sociales como la pobreza y la desintegración familiar. Tito ha-
bía participado libremente de algunos de los aspectos “divertidos” de su ciudad,
y también había probado varios de los caminos espirituales que se ofrecían, pero
lo único que hacían era resaltar el vacío en su propia vida y en las vidas de aque-
llos a su alrededor. Se dio cuenta de que estaba creciendo en cinismo e indiferen-
cia —actitudes que se veían no solo por toda la ciudad de Roma, sino también
por todo el imperio romano.
La excepción a esta falta de dirección y propósito era un grupo de personas ex-
trañas conocidas como seguidores de Jesús. Jesús era un hombre judío que ha-
bía sido ejecutado en la ciudad de Jerusalén y que, de acuerdo a Sus seguidores,
se había levantado de los muertos. Un conocido de Tito lo llevó a este grupo;
ellos le dieron la bienvenida y él decidió asistir a sus reuniones. Entre más
aprendía de Jesús y veía el carácter amoroso de aquellos que eran Sus discípulos,
más se sentía atraído, hasta el punto de comenzar a considerarse uno de ellos.
La fuente principal de donde el grupo aprendía acerca de Jesús era un libro pe-
queño llamado un Evangelio escrito por Juan Marcos, un hombre que había cre-
cido mientras Jesús estaba vivo, y cuya madre había sido una de las primeras se-
guidoras de Jesús. Habían recibido esa copia del Evangelio de uno de los discí-
pulos originales de Jesús, Pedro, quien de vez en cuando visitaba Roma. A Tito
le encantaba ir a las reuniones para escuchar la lectura de las largas porciones de
Marcos y después escuchar a los ancianos explicar el significado. El poder y la
belleza de Jesús eran como un imán que atraía a Tito a la fe y le mostraba una
nueva dirección para su vida.
Mientras Tito se reunía con el grupo, llegó una carta de otro de los líderes ori-
ginales del movimiento: el apóstol Pablo. Muchos de los miembros del grupo co-
nocían a Pablo porque habían estado con él en otras ciudades. Pero ahora Pablo
estaba planeando venir a Roma y, en vez de solo enviar una breve nota para in-
formarles esto, Pablo les envió una larga carta escrita con mucho cuidado para
explicar la misma palabra que usaba Marcos: evangelio. No solo había gran
emoción por la próxima visita de Pablo, sino que ahora los discípulos en Roma
tenían un nuevo material de estudio. Con gran gozo y expectativa leyeron y dis-
cutieron la carta que hoy en día se conoce como la Epístola a los romanos.
Tito no entendía todo lo que escuchaba sobre Jesús, pero quería entenderlo. Él
ya se sentía “en casa”; pero no estaba del todo en casa. Aún no había pasado por
las aguas del bautismo, que era la forma en que se proclamaba públicamente que
uno era discípulo de Jesús. Tito iba por los cantos, la adoración a Dios por medio
de Jesús y la enseñanza, pero no se quedaba para la cena que los miembros del
grupo celebraban para recordar a Jesús y recibir el refrigerio espiritual que nece-
sitaban para enfrentar los retos de sus vidas —vidas que muchas veces incluían
difamación e incluso violencia contra ellos. Tito se encontraba en una encrucija-
da. ¿Estaba listo para ser un verdadero miembro de la comunidad que seguía a
Jesús? ¿Estaba listo para declararse como un discípulo de este hombre que ape-
nas comenzaba a entender?

¿ERES UN TITO?

Puede que seas muy parecido al Tito que acabo de describir —alguien que ape-
nas está descubriendo quién era Jesús. Te sientes atraído a Él, pero solo tienes
una idea muy vaga de quién es. Eres lo que considero un nuevo discípulo, y a lo
mejor ni siquiera estás seguro de que seas un discípulo. Por otro lado, es posible
que hayas crecido escuchando acerca de Jesús. Las historias de la Biblia que ha-
blan acerca de Él te son familiares —tal vez demasiado familiares—, pero ahora
estás listo para mirar a Jesús con otros ojos. Quizás has pasado por experiencias
que han sacudido tu fe; o a lo mejor, aunque aprecias lo que tus padres te han en-
señado, quieres tener tu propia opinión acerca de Jesús, no la de tus padres ni la
de tu iglesia. Entonces serías lo que considero un discípulo renovado. Ya sea
que te consideres un discípulo nuevo o uno renovado, el Evangelio según Mar-
cos fue escrito para presentarte a Jesús, y ahí es donde vamos a comenzar nues-
tro estudio.
El contexto que he sugerido no está lejos de lo que pudo haber sido. El relato
de Marcos fue quizá el primero de los cuatro que describen la vida y la misión de
Jesús, llamados Evangelios, y la tradición sugiere que se escribió originalmente
para apoyar el ministerio inicial de Pedro en Roma. Además, muchos en Roma
estaban desilusionados de las diferentes espiritualidades de la época, y cansados
de la cultura decadente y sexualizada del mundo romano. La gente era atraída
por los reportes que escuchaban acerca de este hombre desconocido llamado Je-
sús —algunos se consideraban creyentes y otros no estaban listos para ir tan le-
jos, pero querían saber más acerca de este hombre y de Su enseñanza. La carta
que Pablo escribió a los romanos durante esos primeros años los llevó a dar pa-
sos adicionales en el discipulado. Pablo les escribió asumiendo que ellos sabían
algo acerca de Jesús y que habían procurado seguirle. Esos primeros discípulos
formaron la iglesia de Roma, así que Pablo iba a enseñar el evangelio a los discí-
pulos. Como veremos, su propósito era algo diferente al de Marcos, pero aun así
fue enfático en cuanto a edificar sobre el fundamento del evangelio. Así que a
los pasos que se encuentran en la carta de Pablo los llamaré discipulado evangé-
lico.
Uno de los muchos términos que usa la Biblia para describir la vida de un se-
guidor o un discípulo de Jesús es caminar. Caminar puede ser dar un paseo agra-
dable para que estiremos las piernas o puede ser un compromiso voluntario para
llegar a un destino. Obviamente, caminar con Jesús es este último. Avanzamos
hacia nuestra meta un paso a la vez, y esa debe ser tu expectativa al caminar con
Jesús. Ya sea que seas un discípulo nuevo o uno renovado, tu primer paso es co-
nocer a Jesús mismo. Eso es lo que haremos en Caminando con Jesús a medida
que leamos el Evangelio que escribió Marcos. Después iremos dando otros pasos
en el discipulado a través del estudio de la carta de Pablo a la iglesia de Roma.

CÓMO USAR ESTE LIBRO

Comienza con Jesús. El único prerrequisito para obtener un beneficio de Cami-


nando con Jesús es tener un deseo sincero de saber más acerca de Jesús. Ese de-
seo incluye la buena disposición de cumplir con los pasos a seguir, pues desde el
inicio de tu estudio te darás cuenta de que Jesús no es simplemente alguien a
quien estudiar como una persona interesante o una figura clave en la historia. Je-
sús nos llama a que le sigamos. Tómate tu tiempo para responder —pero al final
decimos “sí” o “no” al llamado de Jesús.1
Este discipulado es para inexpertos. Mientras preparaba este estudio, supuse
que estarías empezando sin un conocimiento básico de Jesús o del discipulado.
Seguí preguntándome si mis palabras tendrían sentido para Tito. Mi modelo fue
la popular serie de libros Para Dummies (inexpertos), la cual me ayudó muchísi-
mo a aprender a usar una computadora. Los autores de esos libros nunca han ol-
vidado lo que es comenzar desde el principio. Saben que la mayoría de nosotros
no estamos seguros de qué botón presionar para encender la computadora, ni qué
hacer después cuando empiezan a aparecer cosas raras en la pantalla. Algunos de
nosotros ni siquiera sabemos qué palabras usar para describir lo que estamos
viendo, lo que quiere decir que un manual de instrucciones típico no nos ayuda
porque incluso ese lenguaje es nuevo para nosotros.
Comencé mi peregrinaje espiritual hace más de cincuenta años de la misma
manera que Tito. Si alguna vez hubo un inexperto con respecto a esas cosas, ese
fui yo. He orado para que nunca se me olvide lo que implica partir de una fe am-
bigua en Dios y la conciencia de que había un libro que “todos” supuestamente
conocían llamado La Santa Biblia. A pesar de haber crecido en la década de los
50, cuando había un conocimiento más generalizado de la verdad religiosa, hasta
yo tuve que “comenzar por el principio”, así que me temo que esta necesidad es
incluso mayor en nuestra época. Si eres un Tito, no estás solo. No te sientas inti-
midado por las personas a tu alrededor que parecen saber mucho más, porque si
les pides que te definan las palabras que se usan en la iglesia, vas a descubrir que
muchas les cuestan.
Esto está escrito como un manual, no como un “paquete completo”. Si estás
leyendo un libro para inexpertos acerca de tu computadora, se supone que estés
frente a la computadora mientras lo lees. De otro modo, lo que leyeras podría ser
interesante pero no te sería muy útil hasta que lo pusieras en práctica. De la mis-
ma manera, voy a estar llamando tu atención a lo que está escrito en la Biblia —
lo que esto quiere decir es que vas a tener que detenerte y leer la Biblia por ti
mismo. Mi oración es que este libro te sumerja en un estudio serio de la Biblia y
produzca en ti un deseo creciente de saber más y más del Dios que ahí se revela.
Y ya que la Biblia nos advierte acerca de ser un oidor de la palabra y no un hace-
dor, hay unas tareas que te ayudarán a iniciar este camino de seguir a Jesús. Es-
tas tareas te van a ubicar en la dirección correcta y son pasos que tú debes dar —
un paso a la vez.
Tu primera tarea: Si no tienes una Biblia, compra una. Te recomiendo encare-
cidamente que consigas una traducción moderna. Yo voy a estar citando de la
Nueva Versión Internacional (NVI), pero hay muchas otras que son buenas. Esta
Biblia debe llegar a ser una compañera, una que puedas marcar y en la que pue-
das escribir notas. Si ahora formas parte de una iglesia, debes fijarte en qué tra-
ducción se usa en la predicación y la enseñanza, y tratar de usar esa para tu estu-
dio personal.
También recomiendo que comiences a llevar un diario, por lo menos mientras
estudias este libro. Puedes hacer esto en un cuaderno o en tu computadora. Trata
de cultivar el hábito de anotar lo que estás aprendiendo y los pensamientos que
fluyen de esto. Escribe tus reacciones acerca de lo que lees en la Biblia y de las
conversaciones con otras personas, y hasta puedes comenzar a escribir tus ora-
ciones a Dios.
Piensa cómo podrías estudiarlo con otras personas. Este libro está escrito
para ser usado en una clase, en un grupo o con una o dos personas más. Incluso
si no tienes un líder, debes considerar buscar a alguien que haga este estudio
contigo. Cualquier aprendizaje, y en particular un estudio de discipulado, es mu-
cho más provechoso cuando se hace con otras personas.
Tómate tu tiempo. Ser un discípulo de Jesús es un compromiso de por vida.
Comenzar (o volver a comenzar) se debe hacer concienzudamente. Incluso si
lees este libro rápidamente, está diseñado para que vuelvas y lo revises, y para
que des los pasos que se sugieren. Si te comprometes a hacer las tareas que están
al final de cada capítulo, puede que solo quieras leer y estudiar un capítulo por
semana. Mi sugerencia es que te tomes todo un año para así estudiar y discutir
un capítulo por mes.

RESUMEN DE CÓMO USAR ESTE LIBRO

» Comienza con un deseo sincero de seguir a Jesús.

» No te preocupes por ser inexperto.

» Consigue una Biblia y comienza un diario.

» Piensa cómo podrías estudiarlo con otras personas.

» Tómate tu tiempo.
PRIMERA PARTE

LO BÁSICO

Esta sección tiene dos objetivos. En primer lugar, espero darte un tiempo para
que medites en las preguntas que establecen el fundamento para un estudio de
discipulado. Puedes ver cuáles son si te fijas en los títulos de los tres capítulos si-
guientes. Ser parte de una iglesia y comenzar a leer la Biblia y a orar no te hace
automáticamente un discípulo, pero estas son herramientas esenciales para el
discipulado.
Puede que la segunda razón sea la más importante. La idea es que consideres
unas cuantas preguntas básicas a medida que vayas aprendiendo acerca de Jesús
en tu lectura del Evangelio escrito por Marcos. Como verás, no incluí un plan de
lectura ni una guía de estudio. Solo quiero animarte a que leas acerca de Jesús y
que lo consideres a Él. Si la esencia del discipulado es seguir a Jesús, entonces
tenemos que saber quién es Jesús y qué nos llama a hacer. Si no dejamos eso cla-
ro desde el principio, pronto nos desviaremos del camino. El resto es importante,
por supuesto, pero complementario a la verdad esencial de que el discipulado
implica seguir a Jesús.

Capítulo 1: ¿Qué es un discípulo?

Capítulo 2: ¿Tengo que ir a la iglesia?


Capítulo 3: Aprendiendo a leer la Biblia y a orar
CAPÍTULO 01

¿QUÉ ES UN DIS CÍ PU LO?

E n Estados Unidos se celebró recientemente un aniversario deprimente. Hace


cuarenta años, el 4 de abril de 1968, el Dr. Martin Luther King Jr. fue asesi-
nado por una bala de un francotirador en Memphis, Tennessee. Muchos periódi-
cos, revistas y programas especiales de televisión recuerdan los eventos de ese
día tan terrible, y en casi todos los casos entrevistan a los seguidores más cerca-
nos del Dr. King para que compartan sus recuerdos. Son conocidos como los
“discípulos” del Dr. King. La mayoría siguieron luchando por los derechos civi-
les, y con el tiempo alcanzaron sus logros debido a su relación con su líder y a la
inspiración del mismo.
Podríamos dar varios ejemplos como ese, pero creo que la mayoría de noso-
tros captamos la idea general de lo que significa ser un discípulo. Un discípulo
es aquel que está dedicado a aprender los caminos de un maestro o señor y a se-
guir su ejemplo. Pero ¿qué hay en cuanto a ser un discípulo de Jesús? Es por esta
razón que estamos haciendo este estudio. La mejor manera de empezar nuestra
respuesta a esa pregunta es leyendo el Evangelio que se escribió para hacer jus-
tamente eso —el Evangelio según Marcos.

LEE TU BI BLIA — MAR COS 1:1-20


(Para este capítulo incluí el texto de la lectura. Pero para los otros capítulos
espero que dejes de leer este libro y leas la porción sugerida en tu propia Bi-
blia. Si estás con otras personas, va a ser incluso más provechoso si alguien
lee en voz alta y el resto sigue la lectura en su Biblia. Después platiquen acer-
ca de lo que han leído. No se metan en demasiados detalles —esta es su intro-
ducción a Jesús y pueden revisarla varias veces para tener un cuadro más
completo).

Comienzo del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios. Sucedió como está


escrito en el profeta Isaías:
“Yo estoy por enviar a Mi mensajero delante de Ti,
el cual preparará Tu camino”.
Voz de uno que grita en el desierto:
“Preparen el camino del Señor, háganle sendas derechas”.

Así se presentó Juan, bautizando en el desierto y predicando el bautismo de


arrepentimiento para el perdón de pecados. Toda la gente de la región de Ju-
dea y de la ciudad de Jerusalén acudía a él. Cuando confesaban sus pecados,
él los bautizaba en el río Jordán. La ropa de Juan estaba hecha de pelo de ca-
mello. Llevaba puesto un cinturón de cuero, y comía langostas y miel silves-
tre. Predicaba de esta manera: “Después de mí viene uno más poderoso que
yo; ni siquiera merezco agacharme para desatar la correa de Sus sandalias.
Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu
Santo”.
En esos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por
Juan en el Jordán. En seguida, al subir del agua, Jesús vio que el cielo se
abría y que el Espíritu bajaba sobre Él como una paloma. También se oyó
una voz del cielo que decía: “Tú eres Mi Hijo amado; estoy muy complaci-
do contigo”.
En seguida el Espíritu lo impulsó a ir al desierto, y allí fue tentado por Sa-
tanás durante cuarenta días. Estaba entre las fieras, y los ángeles le servían.
Después de que encarcelaron a Juan, Jesús se fue a Galilea a anunciar las
buenas nuevas de Dios. “Se ha cumplido el tiempo —decía. El Reino de
Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!”.
Pasando por la orilla del mar de Galilea, Jesús vio a Simón y a su herma-
no Andrés que echaban la red al lago, pues eran pescadores. “Vengan, sí-
ganme —les dijo Jesús— y los haré pescadores de hombres.” Al momento
dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Jacobo y a su hermano Juan, hijos de Zebe-
deo, que estaban en su barca remendando las redes. En seguida los llamó, y
ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron
con Jesús.

Ahora pensemos en lo que acabas de leer. Incluso si este pasaje de la Biblia te


es familiar, trata de verlo a través de los ojos de nuestro amigo ficticio Tito,
quien no sabía nada de la Biblia. Si su punto de partida para ser un discípulo fue
lo que leyó en Marcos, entonces tuvo que pensar en Jesús antes de considerar
cualquier otra cosa. El primer versículo de Marcos es: “Comienzo del evangelio
de Jesucristo, el Hijo de Dios”. La palabra evangelio significa un anuncio de
buenas noticias. Marcos llama a esto el comienzo del evangelio, y por esto sabe-
mos que habrá mucho más que aprender. Pero antes de que avancemos, tenemos
que saber que la buena noticia que se proclama en la Biblia se trata de Jesús,
quien es el Cristo y el Hijo de Dios.
En los siguientes versículos de Marcos se nos presenta a Juan, también llama-
do Juan el Bautista, que prepara a la gente para la venida del Mesías (en este ca-
pítulo también aparece otro Juan, el pescador que se convirtió en discípulo de Je-
sús). Cuando Juan bautizó a Jesús, el Espíritu vino a Él desde cielo y se oyó una
voz llamando a Jesús Su Hijo amado. Así que estamos en el comienzo del evan-
gelio y ya estamos aprendiendo acerca de Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el
Espíritu Santo —¡la Santa Trinidad! También se nos presenta a Satanás, el ma-
ligno que tienta a Jesús en el desierto.

TIEMPO FUERA:

Cristo es la traducción griega de la palabra hebrea Mesías. Mesías quiere


decir “ungido”, es decir, alguien a quien se le derramó aceite en la cabeza
para hacerlo rey. Jesús de Nazaret (Su ciudad de residencia) se identifica
como Aquel que durante siglos había sido prometido para liberar al pueblo
judío. Por esta razón Marcos lo identifica como Jesús, quien es el Mesías y
también el Hijo de Dios.

Obviamente tenemos mucho más que aprender, pero antes de pensar demasia-
do en lo que ya ha sucedido, Marcos de inmediato nos confronta con el llamado
de Jesús. Regresa al pasaje bíblico que estás leyendo —Jesús fue a Galilea (una
región al norte de Israel) “proclamando las buenas noticias de Dios”, que es otra
forma de decir que predicó el evangelio. Esto es lo que predicó: “Se ha cumplido
el tiempo… El Reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nue-
vas!”. Jesús hablaba y enseñaba constantemente acerca del Reino (“el Reino de
Dios”, “el Reino del cielo”), pero fíjate en la manera en que la gente reaccionó a
este anuncio. La palabra arrepentir transmite la idea de darse la vuelta, y es otra
forma de hablar acerca de convertirse. El darse la vuelta habla de volverse al ca-
mino y seguir a Jesús, quien llama a las personas a “¡creer las buenas nuevas!”.
En los siguientes versículos vemos a Jesús llamando a cuatro hombres para
que le sigan, y esos son ejemplos de conversiones. Simón (quien también tiene el
nombre de Pedro), Andrés, Jacobo y Juan eran pescadores. Jesús los llamó para
que le siguieran, y el texto dice que “al momento” dejaron atrás su antigua vida
para seguir a Jesús. ¿Es esta toda la historia? A lo mejor no. ¿No habría habido
un tiempo para que estos primeros seguidores conocieran a Jesús? Ese pudo ha-
ber sido el caso. Pero en los términos en que Marcos presenta el discipulado al
comienzo de su evangelio, un discípulo es uno que escucha el llamado de Jesús y
le sigue. Marcos no da más detalles.
Considera otro ejemplo del llamado de Jesús al discipulado. El capítulo 2 de
Marcos incluye el relato del llamado que Jesús le hace a Leví, un recaudador de
impuestos. (La recaudación de impuestos en el mundo antiguo de Jesús no era un
trabajo; era un negocio mafioso bajo la protección de Roma en el que los judíos
se hacían muy ricos estafando a sus compañeros judíos. No es de extrañar que no
se confiara en estos recaudadores de impuestos y que los odiaran).

LEE TU BI BLIA — MAR COS 2:13-17

De nuevo salió Jesús a la orilla del lago. Toda la gente acudía a Él, y Él les
enseñaba. Al pasar vio a Leví hijo de Alfeo, donde este cobraba impuestos.
—Sígueme— le dijo Jesús.
Y Leví se levantó y lo siguió.
Sucedió que, estando Jesús a la mesa en casa de Leví, muchos recaudado-
res de impuestos y pecadores se sentaron con Él y sus discípulos, pues ya
eran muchos los que lo seguían. Cuando los maestros de la ley que eran fari-
seos vieron con quién comía, les preguntaron a Sus discípulos:
—¿Y este come con recaudadores de impuestos y con pecadores?
Al oírlos, Jesús les contestó:
—No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Y Yo no
he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

A lo mejor este relato es más asombroso que el llamado de los cuatro pescado-
res. Jesús le dice a Leví: “Sígueme”, y Leví dejó inmediatamente su puesto de
trabajo y le siguió. ¿Había este hombre conocido a Jesús alguna vez ? ¿Ya era un
creyente? Estas cosas no se nos dicen. Todo lo que se nos dice es que Leví oyó
el llamado de Jesús y le siguió. Fue un momento crucial en su vida; Marcos
cuenta de una cena que se hizo para celebrar esta nueva vida a la cual fueron in-
vitados todos los amigos de Leví. (¿Te diste cuenta de que a todos los compañe-
ros de Jesús ya se les llama discípulos? Observa el segundo párrafo del pasaje).
Echa otro vistazo a lo que Jesús tuvo que decir cuando la gente se sorprendía de
que estaba asociándose con los recaudadores de impuestos y los pecadores: “No
son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Y Yo no he venido a
llamar a justos, sino a pecadores”. Aquí hay otra referencia al “llamado” de Je-
sús.

¿QUÉ ES UN DISCÍPULO DE JESÚS?

Si juntamos las lecciones aprendidas en estos primeros capítulos de la narra-


ción que hace Marcos del evangelio, creo que podemos decir que un discípulo
de Jesús es uno que ha escuchado el llamado de Jesús y ha respondido arre-
pintiéndose, creyendo en el evangelio y siguiendo a Jesús. Considera breve-
mente cada uno de esos aspectos relacionados con volverse un discípulo de Je-
sús.

ES CU CHAN DO EL LLA MA DO DE JE SÚS

A medida que intentas descubrir lo que significa ser un discípulo de Jesús, lo


primero que hay que considerar es que detrás de nuestros pensamientos y accio-
nes hay una obra misteriosa de Dios. Se trata de “algo de Dios”, como dirían al-
gunos de mis amigos. Un discípulo auténtico no solo es inspirado por Jesús, sino
que es transformado por Él. Esos primeros discípulos experimentaron en sus al-
mas el poder sobrenatural de Jesús al mismo tiempo que escucharon Su llamado.
¡No es de extrañar que dejaran lo que sea que estuvieran haciendo para seguirle!
No creo que Marcos esperaba que todos los que escucharan el llamado de Jesús
tuvieran la misma experiencia, pero sí creo que tiene la intención de enseñar que
el resultado final es el mismo. Sin importar el tiempo que tarde en llegar ahí, al-
guien que escucha el llamado de Jesús se arrepentirá, creerá en el evangelio y se-
guirá a Jesús porque Su llamado incluye el poder para responder a ese llamado.
“¿Puede uno escuchar el llamado de Jesús hoy en día?”. Es natural que te ha-
gas esta pregunta, pues ya no estamos en los tiempos en que Jesús estuvo en la
tierra, viendo a la gente a los ojos y diciéndoles con voz audible: “Sígueme”. Sin
embargo, Jesús sigue llamando a hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, para
que sean Sus discípulos —llamándolos a arrepentirse, creer en el evangelio y se-
guirle. Más adelante en nuestro estudio veremos que el apóstol Pablo se refiere
una y otra vez a los seguidores de Jesús como “los llamados”. Él le estaba escri-
biendo a gente como tú y como yo, que nunca se encontraron personalmente con
Jesús en Su ser físico, y sin embargo habían experimentado el llamado al disci-
pulado con la misma certeza que tuvieron esos primeros discípulos. Las personas
escuchan el llamado externamente cuando esas palabras de Jesús, u otras porcio-
nes de la Biblia, se leen y se enseñan. Pero también escuchan el llamado interno
por medio del mover sobrenatural de Dios en sus corazones y mentes. Vamos a
estudiar esta idea del llamado en el capítulo 5.
Detente y piensa en tu experiencia del llamado al discipulado. Todo esto
puede ser muy nuevo para ti, de la misma manera en que lo era para Tito. Por
otro lado, muchos de los que están leyendo esto han crecido con algún conoci-
miento de Jesús y de Sus enseñanzas. Pero junto con la enseñanza debe haber
un sentimiento personal e interno de que esto es para mí. Yo soy el que es lla-
mado a arrepentirse, a creer y a seguirle. Uno de los propósitos más importan-
tes de este estudio es darte la oportunidad de descubrir si tu interés en Jesús se
debe a ese llamado interno y sobrenatural. Es completamente posible seguir a
Jesús por varias razones que se centran en el hombre, pero tal llamado falso
no va a durar, y muchos “discípulos” luego se apartan para probar otras co-
sas. Sin embargo, un verdadero discípulo llamado por Jesús permanece en Sus
caminos a pesar de los retos, porque el llamado de Jesús incluye Su poder
transformador.

ARRE PEN TI MIEN TO

El primer aspecto del llamado de Jesús, como lo registra Marcos, es “arrepen-


tirse” (Mr 1:15). Este aspecto repite el reto de Juan el Bautista, quien vino “pre-
dicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados” (1:4). Arre-
pentirse quiere decir básicamente “darse la vuelta”, sobre todo con la connota-
ción de alejarse del pecado para ir por otro camino. Es dejar atrás lo viejo con el
fin de seguir a Jesús. Cuando estoy enseñando esta idea, me gusta hacerlo descri-
biendo una habitación con dos paredes opuestas. En una pared está la palabra pe-
cado, que representa todos mis pensamientos y obras egoístas, solo una fracción
de lo que realmente puedo ver. La pared opuesta representa a Jesús, el perdón de
pecados y la nueva vida que se encuentra en Él. Tengo que mirar una pared o la
otra —la vida de un discípulo nunca se presenta como una que agrega a Jesús a
la vida que ya estoy viviendo, sino una nueva vida en la que doy la vuelta hacia
Jesús para recorrer un camino nuevo.
Jesús y los otros predicadores del evangelio de la iglesia primitiva expresan el
llamado al arrepentimiento de diferentes maneras, pero nos retan una y otra vez a
enfrentar el hecho de que somos pecadores y que necesitamos la redención —un
rescate de nuestra condición. Recuerda las palabras de Jesús después del llamado
a Leví: “... no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (2:17). La pregunta
del pecado no es muy popular, pero estaremos volviendo a ella una y otra vez a
medida que el llamado de Jesús penetre en nuestras almas.

CREE EN EL EVAN GE LIO

El siguiente aspecto del llamado de Jesús es creer en las “buenas nuevas” (Mr
1:15), que es lo que significa la palabra evangelio. En el contexto de Marcos, ese
evangelio es la buena noticia de que Dios ha llegado para finalmente cumplir Su
promesa de traer salvación al mundo. El término que se usa para esta venida es
el Reino de Dios, que es el tema principal de la enseñanza de Jesús. Él anunció
que “el Reino de Dios está cerca” (1:15) porque Él había venido. Jesús, el Me-
sías, era Dios mismo descendiendo para salvar al mundo. Por lo tanto, creer en el
evangelio es otra forma de decir: “Yo creo en Jesús, quien es el Cristo/Mesías, el
Hijo de Dios”.
Detente y piensa en cómo este llamado a creer en Jesús es el complemento na-
tural al llamado al arrepentimiento. El proceso de volvernos de nuestro pecado
es al mismo tiempo el proceso de volvernos a Jesús. Esto es una verdadera con-
versión —fe y arrepentimiento.
El llamado de Jesús a creer en el evangelio es a creer en Él. A medida que leas
el evangelio según Marcos, vas a ver como los nuevos discípulos crecen en su fe
mientras más aprenden de Jesús. Muchas veces se van a desalentar y su fe va a
flaquear —sobre todo cuando Jesús es crucificado. Pero Jesús resucitó de entre
los muertos y su fe se fortaleció una vez más. Este es un cuadro del progreso que
podrías tener como discípulo. Ahora que empiezas a considerar el llamado de Je-
sús para creer en Él, lo importante es que recuerdes que, a fin de cuentas, nuestra
fe es válida porque es fe en Jesús, quien es el Hijo de Dios, el Rey del Reino de
Dios. Tendremos luchas y dudaremos, pero Jesús, en quien confiamos, no.

VEN, SÍ GUE ME

El tercer aspecto a considerar sobre el llamado de Jesús es el llamado a seguir-


le (Mr 1:17). ¿Qué tanto entendían los primeros discípulos acerca de la vida que
estaba delante de ellos? A lo mejor muy poco. Pero cuando Jesús los llamaba,
ellos le seguían. Marcos narra la historia del evangelio de una forma que hace
bastante evidente que creer en Jesús quiere decir seguir a Jesús como Su discípu-
lo.
Mientras piensas en este llamado a seguirle, considera otra porción de la ense-
ñanza de Jesús en Marcos. Casi a la mitad del evangelio de Marcos, el enfoque
cambia y Jesús comienza a avanzar hacia el momento de Su crucifixión.

LEE TU BI BLIA — MAR COS 8:27-34


Jesús y Sus discípulos salieron hacia las aldeas de Cesarea de Filipo. En el
camino les preguntó:
—¿Quién dice la gente que soy Yo?
—Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que uno de los
profetas —contestaron.
—Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?
—Tú eres el Cristo —afirmó Pedro.
Jesús les ordenó que no hablaran a nadie acerca de Él.
Luego comenzó a enseñarles:
—El Hijo del hombre tiene que sufrir muchas cosas y ser rechazado por
los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Es
necesario que lo maten y que a los tres días resucite.
Habló de esto con toda claridad. Pedro lo llevó aparte y comenzó a re-
prenderlo. Pero Jesús se dio la vuelta, miró a Sus discípulos, y reprendió a
Pedro.
¡Aléjate de Mí, Satanás! —le dijo. Tú no piensas en las cosas de Dios,
sino en las de los hombres.
Entonces llamó a la multitud y a Sus discípulos.
—Si alguien quiere ser Mi discípulo —les dijo—, que se niegue a sí mis-
mo, lleve su cruz y me siga.

“Que lleve su cruz y me siga”. El pasaje comienza con una afirmación de que
Jesús es el Cristo, el Mesías. Que una persona judía hiciera esa confesión era
algo sorprendente, pero Pedro (recuerda, Pedro es el otro nombre de Simón) ha-
bló muy claramente. Marcos comenzó su evangelio de esta forma, y ahora ve-
mos que Pedro y los demás discípulos han abrazado esta afirmación de manera
personal. Nota que después de la confesión de Pedro, Jesús “comenzó a enseñar”
algo nuevo. Se autodenominó el “Hijo del hombre”, un título para el Mesías, y
explicó que tenía que sufrir muchas cosas que culminarían con Su muerte. Des-
pués agregó algo que fue totalmente desconcertante para los discípulos hasta
después de que sucedió —dijo que tres días después de Su muerte resucitaría.
Obviamente, la idea de que Jesús muriera no fue del agrado de Pedro, y discu-
tió con Jesús y hasta lo reprendió. Pero después Jesús habló de lo que eso quería
decir para Sus discípulos: “Si alguien quiere ser Mi discípulo… que se niegue a
sí mismo, lleve su cruz y me siga” (Mr 8:34). Se repite el llamado que vemos en
el capítulo 1 de seguirle, pero ahora Jesús ha añadido que un discípulo debe estar
preparado para seguirle incluso en Su muerte (que es el significado de la cruz).
Esto es algo que ninguno de nosotros queremos escuchar, pero el mensaje del
evangelio es muy claro: seguir a Jesús no va a ser fácil; habrá que hacer sacrifi-
cios, a lo mejor hasta perder nuestras vidas por Él. Jesús explica más esta idea en
la siguiente porción de la enseñanza (8:35-38), que vas a leer después. Hay mu-
chas más lecciones acerca de lo que quiere decir seguir a Jesús, pero la esencia
del reto de ser un discípulo es la realidad de Su cruz y de nuestra muerte con Él.

YO LOS HARÉ PES CA DO RES DE HOM BRES

Esta ha sido una larga respuesta a una pregunta básica: “¿Qué es un discípulo
de Jesús?”. Pero de esos primeros versículos de Marcos se debe considerar otra
verdad. Jesús vino a esta tierra con una misión. Fue enviado a cumplir la misión
que Su padre que está en el cielo le había dado: traer el Reino de Dios. Por lo
tanto, una parte importante del llamado al discipulado es un llamado a unirse a
Él en esa misión. Jesús dijo a esos primeros discípulos: “Vengan, síganme… y
los haré pescadores de hombres” (Mr 1:17). Cuando recordamos que les estaba
hablando a pescadores, podemos darnos cuenta de que los estaba llamando a de-
dicarse a trabajar con gente en lugar de trabajar con peces. Somos llamados a se-
guir a Jesús —arrepentirnos y creer en Él— pero al seguir a Jesús, ahora nos uni-
mos a Él en la gran obra que vino a hacer. Volveremos a hablar de esta misión
de una manera más completa en el último capítulo de este estudio, pero es im-
portante ver que Marcos incluye esta idea en el mismo comienzo de su evange-
lio.

RESUMEN DEL CAPÍTULO 1

El propósito de este capítulo fue presentarte a Jesús y Su llamado al discipula-


do —seguirle. Hicimos esto pensando en cómo Marcos comienza el evangelio:

¿Quién es Jesús?
» Es el Cristo, el Mesías, también llamado el Hijo del hombre.

» Es el Hijo de Dios.

» Fue bautizado con agua y después con el Espíritu, quien descendió del cie-
lo.

» Vino a hacer la guerra contra Satanás y sus demonios.

» Predicó el evangelio —la buena noticia de que el Reino de Dios estaba


cerca.

¿Qué es un discípulo de Jesús?


» Uno que ha escuchado el llamado de Jesús y ha respondido:

*Arrepintiéndose.
*Creyendo en el evangelio.
*Siguiendo a Jesús.
TA REAS

1. Lee Marcos. La primera tarea para este estudio de discipulado es comen-


zar tu lectura de la Biblia. Si es posible, aparta un tiempo para leer todo el
Evangelio de Marcos en una sola sesión o en pocos días. Trata de leerlo
hasta el final de una manera rápida para que conozcas toda la historia.

2. Lee Marcos 1-3. Después comienza otra vez y enfócate en los capítulos 1-
3 y las primeras semanas de Jesús con los discípulos. Planifícate de modo
que hayas leído todo el Evangelio dos veces para cuando hayas terminado
el capítulo 3 de Caminando con Jesús. A medida que leas, recuerda esto:
Ese soy yo. Soy yo quien lo está viendo sanar a un leproso o echar fuera
demonios. Lo veo orando, enseñando y proclamando el perdón de peca-
dos. Y pregúntate: ¿Qué voy a hacer con todo esto? ¿Y qué quiere decir
seguir al Maestro?

3. Comienza tu diario. Consigue un cuaderno, o usa tu computadora, y co-


mienza a escribir los pensamientos y preguntas que te vengan a la mente
mientras lees. Estos pueden ser pensamientos privados o cosas buenas de
las cuales quieras platicar cuando te reúnas con tu mentor o con tu grupo.
CAPÍTULO 02

¿TENGO QUE IR A LA IGLE SIA?

L es gusta Jesús, pero no la iglesia1 es el título de un libro reciente que des-


cribe el hecho de que muchas personas en todo el mundo siguen sintiéndose
atraídas hacia Jesús, pero no tanto hacia las diferentes actitudes de Su iglesia.
Así que surge una pregunta natural: “Si me vuelvo un discípulo de Jesús, ¿tengo
que ir a la iglesia?”. La respuesta breve a esa pregunta es: ¡SÍ!
Obviamente esa respuesta va a requerir una mejor explicación. Dije “ir a la
iglesia” para captar tu atención —ser parte de una iglesia es mucho más que sim-
plemente ir a un servicio en algún lado. Estoy seguro de que muchos de los que
están leyendo esto no han tenido muy buenas experiencias con la iglesia. El títu-
lo de ese libro lo dice muy bien. A lo mejor pensaste que podías considerar ser
un discípulo de Jesús dejando a un lado a la iglesia. Pero no puedes, y esto es tan
importante que será lo primero que trataré después de presentarte la idea básica
del discipulado.

¿QUÉ ES LA IGLESIA?

Piensa en esto: la mayoría de los que están leyendo este libro han llegado a este
estudio como resultado de algún encuentro con la iglesia de Jesús. Al igual que
en la situación imaginaria de Tito, a lo mejor te has encontrado con algunos cre-
yentes en tu búsqueda de la fe. Puedes estar haciendo este estudio como parte de
una clase o de un grupo pequeño. He preguntado a muchas personas acerca de
cómo llegaron a ser discípulos de Jesús, y la gran mayoría han llegado a ese lu-
gar en sus vidas como resultado del contacto y la comunicación que tienen con
otros que siguen a Cristo. Ser un discípulo de Jesús es una respuesta personal al
llamado de Jesús, pero también somos llamados a ser parte de una comunidad de
discípulos donde hay comunión. Esta es la esencia de la iglesia que Jesús vino a
edificar.
En la primera lección sobre el discipulado, leíste en Marcos que Pedro confe-
só: “Tú eres el Cristo” (Mr 8:29). Cuando Mateo narra ese mismo incidente, nos
dice un poco más de lo que dijo Jesús en ese momento. (Mateo es otro nombre
para Leví, el recaudador de impuestos a quien Jesús llamó para que le siguiera.)

LEE TU BI BLIA — MA TEO 16:13-28


(Recuerda, a estas alturas estoy dando por hecho que tienes tu propia Biblia para
leerla. Así que detente aquí y abre tu Biblia en Mateo, que es el libro que está
antes de Marcos, y lee el pasaje. A lo mejor ya te has dado cuenta, pero el primer
número se refiere al capítulo y el segundo número al versículo dentro del capítu-
lo. Toda la Biblia se divide en capítulos y versículos para que sea más fácil en-
contrar un texto en particular, pero esas pausas no están en el original, así que no
te sorprendas cuando un pensamiento te lleve al siguiente versículo o incluso al
siguiente capítulo).
Fíjate en que después de que Pedro hizo su confesión, Jesús le dijo: “Yo te
digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré Mi iglesia, y las puertas del
reino de la muerte no prevalecerán contra ella” (Mt 16:18). La palabra iglesia
quiere decir “una congregación o asamblea”. Los hebreos habían sido la iglesia
de Dios, así que la palabra no era nueva. Pero ahora Jesús declara Su intención
de edificar “Mi iglesia”. Esto sí era nuevo. Él la edificaría sobre Pedro, la roca,
(que por lo general se entiende que se refiere a Pedro y a los otros apóstoles
cuando ellos confiesan que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios). Después vas a
leer que la iglesia se construye sobre el fundamento de los apóstoles y los profe-
tas, pero el constructor es Jesús, y ni siquiera las “puertas del reino de la muerte”
(refiriéndose al infierno) podrán detener el avance de la iglesia de Jesús.

TIEMPO FUERA:

¿Apóstoles o discípulos?

Para este momento en tu lectura de Marcos, debes haber llegado al capítulo


3 y a la designación de los doce apóstoles (3:13-19). Estos apóstoles llega-
rían a ser los líderes de la iglesia después del tiempo en que Jesús iba a estar
en la tierra. La palabra apóstol quiere decir “enviado” o “enviado en una mi-
sión”. Pero Jesús escogió a los apóstoles de entre Sus discípulos. El llamado
único de apóstol se cumplió en la fundación de la iglesia y en la porción de
la Biblia llamada Nuevo Testamento, pero discípulo sigue siendo el término
que identifica a los seguidores de Jesús hasta este día.

¿LOS CRISTIANOS SIEMPRE SON DISCÍPULOS?

Probablemente ya te diste cuenta de que todavía no he usado la palabra cristiano


para hablar de los discípulos. Por desgracia, cristiano ha perdido su significado
original y puede significar casi cualquier cosa que la gente quiera. De hecho,
desde la perspectiva de muchos, incluso de los que ya están en la iglesia, existe
una diferencia entre un cristiano y un discípulo. Puede que pienses lo mismo.
¿Se puede ser un cristiano sin ser un discípulo de Jesús? ¿Piensas en el discipula-
do como una clase de compromiso cristiano avanzado?
Jesús y los escritores del Nuevo Testamento no hacen ninguna distinción entre
un discípulo y un cristiano. La palabra discípulo se usa más de doscientas veces
en los cuatro Evangelios. La palabra cristiano quiere decir “pertenecer a Cristo”,
y se usó por primera vez para describir a los miembros de la iglesia de Antioquía
(lo que hoy se conoce como Siria). En el Nuevo Testamento hay un libro llama-
do el Libro de los hechos, el cual narra la historia de los primeros años de la igle-
sia de Jesús, y hay una parte que dice: “Fue en Antioquía donde a los discípulos
se les llamó ‘cristianos’ por primera vez” (Hch 11:26).
Por lo tanto, voy a seguir usando el término discípulo o seguidor de Jesús,
pero no es un término diferente a cristiano cuando esa palabra se entiende co-
rrectamente. Una iglesia cristiana es una comunidad de discípulos de Jesús. Es-
tas comunidades pueden variar bastante en cuanto a estilos y tamaños, pero en
esencia debe existir el compromiso de seguir a Jesús. Cuando una iglesia pierde
su llamado fundamental de ser una comunidad de discípulos de Jesús, eso es una
señal importante que indica que algo anda mal. Cuando el enfoque es en la igle-
sia misma en vez de en Jesús, las iglesias se vuelven instituciones que existen
para preservar sus propias organizaciones y tradiciones.
Cuando comencé el capítulo diciendo: “Sí, un discípulo debe ir a la iglesia”,
era a esto que me refería. Tienes que ser parte de una comunidad de discípulos
donde aprendas a seguir a Jesús junto con otras personas. No será una iglesia
perfecta porque estará compuesta por discípulos que están luchando —igual que
tú.
¿CÓMO TE AYUDA LA IGLESIA A CRECER COMO DISCÍPULO?

Podrías estarte preguntando: “¿Cómo sé a cuál iglesia ir?”. De ser un número


pequeño de discípulos, la iglesia de Jesús ha crecido hasta convertirse en el
grupo religioso más grande del mundo. Actualmente hay muchos lugares en el
mundo con varias opciones de iglesias, y a lo mejor te has desilusionado varias
veces en tu búsqueda. Aquí hay una lista de cuatro cosas que hace una iglesia
saludable para que un discípulo crezca. Pídele a Dios que te envíe a una co-
munidad de discípulos donde veas que estas cosas se están llevando a cabo.

LA IGLE SIA ES DON DE CON FIE SAS PÚ BLI CA MEN TE LA FE EN JE SÚS

Piensa en nuestro amigo Tito. Él se sentía muy cómodo en la iglesia mientras


los discípulos estudiaban Marcos, cantaban y oraban. Pero también se dio cuenta
de que llegaría un momento en el que tendría que declarar públicamente que era
un seguidor de Jesús. Cuando estuviera listo para hacerlo, se haría una ceremo-
nia de lavamiento llamada bautismo. Como vimos en Marcos, el bautismo vino
de Juan el Bautista (y es probable que el ritual haya aparecido incluso antes que
Juan). Pero Jesús le dio un papel distintivo al bautismo como la forma en que la
gente declaraba que era Su discípulo, y así pasaban a formar parte de la comuni-
dad de Sus discípulos. Después de que Jesús resucitó de los muertos, envió a Sus
discípulos a “hacer discípulos de todas las naciones”, y el primer paso en el cum-
plimiento de esa comisión era “bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo” (Mt 28:16-20).
En la historia de la iglesia de Jesús, uno de los ministerios más importantes
para los nuevos discípulos ha sido su preparación para el bautismo. Esto se ha
hecho de diferentes maneras, pero por lo general ha incluido la instrucción en los
fundamentos de la fe y la oportunidad de hacer una confesión oral en la ceremo-
nia del bautismo. La ceremonia se ha hecho de muchas formas (derramando o
rociando agua sobre la persona, sumergiendo a la persona en el agua, etc.), y por
desgracia esto ha sido una fuente de división dentro de la iglesia. Con todo, el
bautismo le permite a la iglesia festejar con un nuevo discípulo y comprometerse
a ayudar a esa persona para que permanezca siguiendo a Jesús.

TIEMPO FUERA:

El Credo de los Apóstoles

Con el tiempo, en la iglesia primitiva se estandarizó una forma de confesión


que se conoce como el Credo de los Apóstoles. En una época en que la ma-
yoría de la gente no podía leer y libros como la Biblia eran muy caros y difí-
ciles de encontrar, este credo ayudó a los primeros cristianos a recordar y
defender los fundamentos de su nueva fe en Jesús. Hoy en día este es el cre-
do que confiesan todas las ramas de la iglesia cristiana (este es el significado
de católico en el credo), pero originalmente era una confesión personal que
alguien hacía antes de ser bautizado. Aquí tienes una versión del credo que
puedes estudiar y memorizar.

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,


Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, Su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por el Espíritu Santo,
y que nació de la virgen María.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos.2
Al tercer día resucitó de entre los muertos.
Subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso.
Desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,


la santa iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección del cuerpo,
y la vida eterna. Amén.

EN LA IGLE SIA EN CON TRA RÁS APO YO Y ALI MEN TO ES PI RI TUAL

Una vez que alguien confesaba públicamente ser un seguidor de Jesús por me-
dio del bautismo, se le daba la bienvenida para que se uniera al resto de la iglesia
y participara en una cena especial que Jesús le dio a Su iglesia. Muchas veces se
conoce como la Cena del Señor o la comunión. Justo antes de Su crucifixión,
Jesús estableció esta comida ceremonial para que representara la vida espiritual
de Su iglesia.

LEE TU BI BLIA — MAR COS 14:22-26


Nota cómo cada aspecto de la comunión se conecta a la vida de la iglesia en
sus ministerios de adoración, enseñanza y servicio. Somos sostenidos por nuestra
comunión con Jesús (que se representa al comer el pan y beber el vino); hacemos
esto los unos con los otros (comunión refleja la misma esencia que comunidad);
y repetimos esta comida una y otra vez mientras estemos en esta tierra, pues
nuestra necesidad de estar en comunión con Jesús y con los demás hermanos
solo irá en aumento a medida que crezcamos como discípulos.
Ciertamente hay mucho más que decir acerca de la iglesia como el lugar para
crecer espiritualmente. Esto muchas veces se describe como “formación espiri-
tual”, el proceso de acercarnos más a Cristo en lo personal y como una comuni-
dad. Pero a estas alturas de nuestro estudio es suficiente con que un discípulo
nuevo o renovado sepa que sin una iglesia estará luchando con el deseo de seguir
a Jesús. En contextos como el representado por Tito, el bautismo marcaba el
punto en el cual un discípulo se “unía a la iglesia”, es decir, se somete a la direc-
ción y disciplina de la comunidad para poder avanzar como discípulo de Jesús.

☼PARA MEDITAR
¿Cómo se vería esta sumisión en tu caso? ¿Te has unido a una iglesia —refiriéndonos no solo a la for-
malidad de la membresía sino a un compromiso serio de seguir a Jesús junto a la comunidad?

LA IGLE SIA ES LA BASE DE OPE RA CIO NES PARA SER VIR A JE SÚS AMAN DO A
NUES TRO PRÓ JI MO

Ten en mente que en el discipulado es fundamental que sirvamos a los demás


y reflejemos la compasión que Jesús tuvo por los que están en necesidad. Tene-
mos que proclamar las buenas noticias que Él proclamó, y también tenemos que
compartir la luz que ha venido a nuestras vidas gracias a Jesús. Esto se remonta
al reto original de Jesús: “Vengan, síganme… y los haré pescadores de hombres”
(Mr 1:17). No pierdas de vista el hecho de que Jesús dijo que Él nos haría pes-
cadores de hombres. Somos egoístas y egocéntricos por naturaleza, pero es Dios
quien hace la obra en nosotros. ¿Dónde podemos servir a los demás? En la igle-
sia, la comunidad de los discípulos. Es aquí donde hallaremos oportunidades
para servirnos unos a otros, y también es donde nos reunimos con los demás para
tendernos la mano. Ninguno de nosotros se siente capacitado para ser “pescador
de hombres”. Sin embargo, al servir a nuestra comunidad podemos hacer una
verdadera diferencia. Es por esto que me refiero a la iglesia como la “base de
operaciones” para amar a nuestro prójimo.
No esperes hasta hacer una confesión de fe para amar a tu prójimo. Puedo pen-
sar en varios ejemplos de personas que fueron atraídas a Jesús por participar pri-
mero en proyectos de amor y cuidado que son organizados por iglesias. Un ami-
go fue con un grupo de una iglesia a arreglar una guardería en un barrio pobre.
Lo conmovió el hecho de que los miembros del grupo estuvieran renunciando a
un sábado para ayudar a los demás, contrario a su propio patrón de egoísmo.
Pero más que eso, descubrió un nivel de amor y compromiso que sabía que no
tenía. Esto pasó varios años antes de que él le entregara su vida a Jesús, pero ese
sábado que pasó en la guardería fue lo primero que Dios usó para atraerlo hacia
Él.3

LA IGLE SIA NOS AYU DA A TE NER UNA FA MI LIA CEN TRA DA EN CRIS TO

Cuando nos arrepentimos, creemos en el evangelio y seguimos a Jesús, esto


impacta cada aspecto de nuestras vidas. Seguimos a Jesús en la manera en que
tratamos a los demás, en la forma en que hacemos negocios, y en el modo en que
vivimos nuestras vidas cotidianas.4 Una de las áreas más importantes en las que
se expresa esta verdad es en nuestras familias. Si eres un discípulo de Jesús, vas
a querer un esposo o una esposa que siga a Jesús contigo. Si Dios te da hijos, vas
a querer que esos hijos se unan a ti para que todos sigan a Jesús como una fami-
lia. Tómate un tiempo para leer lo importante que eran para Jesús el matrimonio
y los hijos.
LEE TU BI BLIA — MAR COS 10:1-16
Otros pasajes bíblicos enseñan que el divorcio puede darse en situaciones extre-
mas. Jesús entiende lo duros que pueden llegar a ser nuestros corazones, y Él ha
venido a traer nueva vida a los desastres que hacemos con nuestras vidas. Pero
en esos versículos es muy claro que Jesús apoya el diseño original del matrimo-
nio (“... lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”, v 9). También es evi-
dente que tiene un amor especial por los niños que le llevaron para que los ben-
dijera (“... porque el Reino de Dios es de quienes son como ellos”, v 14). Si eres
un discípulo y estás casado o quieres casarte, Jesús te dice a ti y a tu familia (la
Biblia muchas veces se refiere a la familia como “casa”5): “Sígueme”.
Es en la iglesia de Jesús que encontramos el apoyo y el aliento necesarios para
tener familias centradas en Cristo. Desde el primer día de su existencia, la iglesia
le ha dado la bienvenida a todos los miembros de una familia (Hch 2:38-41). De
hecho, durante la mayor parte de su historia, la iglesia ha bautizado a los hijos de
los creyentes para simbolizar esa verdad (aunque no todas las iglesias están de
acuerdo con esta práctica). Es en la iglesia donde los solteros van a tener la opor-
tunidad de amar a los niños y de formar parte de su discipulado, y donde los pa-
dres solteros o las madres solteras encontrarán ayuda en su lucha.

TODO ESTO SUENA BIEN, PERO ¡SEAMOS REALISTAS!

He dado un perfil de lo que debería ser la iglesia de Jesús. La mayoría de noso-


tros sabemos que ninguna de nuestras iglesias cumple perfectamente con ese
perfil. Pero antes de que descartes este capítulo, tienes que saber que hay mu-
chos ejemplos de iglesias maravillosas que sienten una gran pasión por honrar y
representar a Cristo, donde vas a aprender a seguir a Jesús y a crecer en entendi-
miento y servicio. Una vez más lo digo, por supuesto, que nunca vas a encontrar
la iglesia perfecta. El chiste que a menudo se cuenta es que si llegaras a encon-
trar la iglesia perfecta, ella no te querría a ti —¡porque entonces ya no sería per-
fecta!
Supongo que la mayoría de ustedes están leyendo este libro sobre el discipula-
do porque alguien les dio el libro o los invitó a unirse a un grupo para estudiarlo
juntos. Esto quiere decir que ya te estás reuniendo con una comunidad de discí-
pulos, que es la esencia de la iglesia de Jesús. Observa al grupo y familiarízate
con la gente. La meta es crecer juntos como discípulos de Jesús. Los necesitas,
pero ellos también te necesitan a ti, aunque todavía te estás preguntando si debes
llamarte un discípulo. Comparte tus luchas. Haz preguntas. Piensa si ves a Jesús
reflejado en las vidas de los demás.

RE SU MEN DEL CA PÍ TU LO 2

Pregunté si tenías que “ir a la iglesia” para ser un discípulo. Y la respuesta


fue: ¡SÍ!

Pero después pregunté: “¿Qué es la iglesia?”.

» Es la comunidad de discípulos que Jesús prometió que edificaría.

» Se construye sobre el fundamento de los apóstoles.

» Fue por ver cómo los discípulos vivían juntos en una iglesia que por pri-
mera vez les puso la etiqueta de cristianos.

¿De qué manera la iglesia te ayuda a crecer como discípulo?


» Es donde confiesas públicamente a Jesús (bautismo).
» Es donde encuentras apoyo y alimento espiritual (comunión).

» Es tu base de operaciones para servir a los demás en el nombre de Jesús.

» Es esencial para tener una familia cristiana.

TA REAS

1. Sigue leyendo Marcos. Antes de que completes esta primera parte del es-
tudio (“Lo básico”), debes tratar de leer Marcos por lo menos dos veces.
Ahí se te está presentando a Jesús y Su obra. Como dice Marcos, este es el
evangelio, así que trata de familiarizarte más con la presentación que él
hace del evangelio, incluso a medida que vayas leyendo otras partes de la
Biblia.

2. Sigue escribiendo en tu diario. ¿Empezaste a cultivar el hábito de anotar


tus pensamientos mientras lees y meditas? Si estás estudiando con otras
personas, también puedes incluir en el diario los apuntes que hagas en las
sesiones grupales. Pronto te resultará interesante regresar y ver cómo estás
creciendo en tu entendimiento.

3. Escribe acerca de la iglesia. Usa tu diario para anotar tus propios pensa-
mientos acerca de lo que la iglesia debería ser y tus propias experiencias
con la iglesia. Si no estás en una iglesia o en una que te muestre a Jesús,
comienza a orar para que puedas encontrar una buena iglesia local.
CAPÍTULO 03

APRENDIENDO A LEER
LA BI BLIA Y A ORAR

Q ué increíble sería aprender a ser un discípulo de la misma forma en que lo


hicieron esos primeros discípulos —caminando literalmente con Jesús,
¿cierto? Podríamos oírlo, verlo y hablar con Él siempre que quisiéramos. Por un
lado, es verdad que nuestra experiencia no es exactamente igual pero, por otro
lado, podemos oír las palabras de Jesús, verlo obrar y hablar con Él siempre que
queramos —y esto se debe a que tenemos la Biblia y la oración.
En esta tercera lección acerca de lo básico en el discipulado, quiero que pien-
ses en estas dos “herramientas”. Creo que la iglesia, la comunidad de discípulos
de la que hablamos en el capítulo 2, es la ayuda más importante que existe para
un discípulo de Jesús. Pero es casi igual de esencial que aprenda a leer la Biblia
y a orar. De hecho, si la iglesia cumple con su llamado, eso va a incluir enseñarle
a la gente a leer la Biblia y a orar.

LA BIBLIA

No me gusta leer. No he leído un libro en años. Las distracciones digitales de


nuestros tiempos han provocado que las personas vayan perdiendo cada vez
más el hábito de leer y de pensar en lo que leen. Estos son los tipos de comenta-
rios que solemos escuchar, y a lo mejor tú mismo estás pensando algo parecido.
Sin embargo, si estás considerando seriamente ser un discípulo de Jesús, tienes
que regresar a los libros, y especialmente al Libro. Si estás leyendo esto, signifi-
ca que puedes leer. El siguiente paso es querer leer. Si esto es algo que tienes
que cambiar, ora y pídele a Dios que te dé un nuevo deseo y una nueva discipli-
na (¿No te suena parecido a discípulo? Tienen la misma raíz.) para leer.
No olvides que mucha gente en el mundo no puede leer. Puede que “leer la Bi-
blia” sea escuchar con cuidado mientras alguien la lee en voz alta. Por ejemplo,
uno de los medios más efectivos para hablarle al mundo de Jesús ha sido la pelí-
cula Jesús, que es el evangelio según Lucas, leído y dramatizado.1 No hay duda
de que alguien puede convertirse en un discípulo de Jesús sin saber cómo leer,
pero tiene que escuchar el evangelio de alguna forma u otra. Si puedes leer, no
menosprecies el regalo que se te ha dado.

EX PLO RA EL LI BRO

Muchas veces se piensa en la Biblia como un libro, pero es mejor considerarla


como una biblioteca o una colección de libros. La Biblia contiene sesenta y seis
libros, y está dividida en dos partes: Antiguo Testamento, con treinta y nueve li-
bros, y Nuevo Testamento, con veintisiete libros. La división que existe entre los
testamentos se debe simplemente a que unos libros fueron escritos antes de la
venida de Jesús y otros fueron escritos después. El Antiguo Testamento narra la
historia del trato de Dios con los hebreos (judíos), y el Nuevo Testamento pre-
senta a Jesús y describe los primeros años en que los discípulos de Jesús salieron
al mundo a predicar el evangelio.
Tómate un tiempo para explorar este extraordinario Libro. Mira la tabla de
contenidos y fíjate en que los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento for-
man la mayor parte de la Biblia. Ubica en tu Biblia la división entre Malaquías
(el último libro del Antiguo Testamento) y Mateo (el primer libro del Nuevo
Testamento). Puedes ver que casi cuatro quintos de la Biblia son el Antiguo Tes-
tamento. El libro más largo de la Biblia es el de los Salmos, que está ubicado en
el centro de la Biblia. Es el único libro que se escribió originalmente en capítulos
separados.

TIEMPO FUERA:

¿Esto no lo sabe ya todo el mundo?

Si creciste en una iglesia, puede que ya estés perdiendo la paciencia conmi-


go, pensando que me estoy pasando un poco con tantas explicaciones de co-
sas que son obvias. Créeme —muchos otros lectores (incluso algunos que
crecieron en una iglesia) están diciendo: “Gracias; necesitaba a alguien que
me ayudara a comenzar por el principio”. Hablo por mi propia experiencia.
Fui criado en Estados Unidos y recibí una buena educación, pero esta intro-
ducción elemental de la Biblia fue completamente nueva para mí. No te
avergüences de llamarte un principiante —no dejes que eso te detenga de
convertirte en un aprendiz. Ese es un ingrediente clave para ser un discípu-
lo, y todos tenemos que comenzar por algún lado.

Podrías pasar toda una vida estudiando la Biblia y nunca asimilarla toda.
Pero puedes comenzar, así que por eso escogimos el libro de Marcos y empeza-
mos de inmediato. Vas a ver que poco a poco irás viendo más claramente la Bi-
blia como un todo, pero la mejor forma de hacerlo es enfocando tu atención en
una porción de la Biblia, y luego en otra. Esta es otra razón por la cual tienes que
estar en una iglesia centrada en Jesús y que te enseñe la Biblia.

LA GRAN HIS TO RIA

Aunque la Biblia es una colección de sesenta y seis libros, al mismo tiempo es


un Libro que narra una historia. La gran historia narra la relación de Dios con el
hombre y se desarrolla en cuatro partes:

» La Creación, cuando Dios hizo todas las cosas, incluyendo al hombre y a


la mujer, y dijo que todo era “muy bueno” (Gn 1:31). La Biblia comienza
diciendo: “Dios, en el principio, creó…” (1:1). Dios ya estaba presente,
pero todo lo demás tuvo un principio.

» La Caída, cuando la humanidad pecó y trajo una maldición sobre la tierra.


El hombre y la mujer se enemistaron con Dios, pero también entre ellos.
La historia de Adán y Eva comiendo del fruto no es trivial —fue la deci-
sión de desafiar el mandamiento de Dios para seguir sus propios deseos
(Gn 3). Esto sigue siendo la esencia del pecado.

» La redención, que enseña que Dios quita la maldición para restaurar la


shalom (paz) a Su creación. Su promesa de redención comenzó en Géne-
sis 3 con el derramamiento de la sangre de animales para cubrir a Adán y
a Eva con sus pieles, y con la promesa de aplastar la cabeza de la serpiente
(Gn 3:15). Por medio de los profetas, Dios prometió enviar a un Rey para
que gobernara con justicia y equidad. A su tiempo envió a Su propio Hijo
a la tierra como nuestro Redentor para que cumpliera esa promesa por me-
dio de Su muerte y resurrección.
» La Consumación, el momento en que Dios llevará a Su creación, inclu-
yendo a la humanidad, a la gloria que Él originalmente tenía destinada
para ella. Esa gloria se encuentra en Cristo, pero la plenitud de esa gloria
la veremos cuando Cristo regrese a la tierra.

Cuando explico la gran historia de la Biblia, dibujo una serie de líneas que
convergen en un solo punto. El primer segmento se ve como una pirámide sin la
parte superior. Ese es el Antiguo Testamento. Hay relatos sobre personas fasci-
nantes, sacerdotes y sacrificios, pactos, viajes a través del desierto y muchas co-
sas más, pero la historia nunca está completa. El Antiguo Testamento termina
con el profeta Malaquías diciendo al pueblo que esperen hasta que “se [levante]
el sol de justicia trayendo en Sus rayos salud” y escuchen la voz de “el profeta
Elías” llamándolos a volverse (arrepentirse) antes del día del juicio (Malaquías 4
—el último capítulo del Antiguo Testamento).
El Nuevo Testamento es la parte superior de la pirámide. Junta todas las partes
del Antiguo Testamento y muestra de qué manera se cumplen en la venida y el
ministerio de Jesús. Ya has comenzado a ver esta cohesión en tu lectura de Mar-
cos. Marcos comienza donde Malaquías terminó, con esa “voz” clamando: “Pre-
paren el camino del Señor” (Mr 1:1-8). Jesús después explicó que Juan el Bautis-
ta era el Elías profetizado en Malaquías (Mt 11:11-15). Cuando Jesús comenzó
Su ministerio público, después de Su bautismo, anunció: “Se ha cumplido el
tiempo…” (Mr 1:15) —en otras palabras, la venida del Reino de Dios es el cum-
plimiento de todas las promesas del Antiguo Testamento. La larga espera ha ter-
minado. ¡Esta sí que es una buena noticia!2
Por supuesto, esto implica mucho más de lo que he descrito. Pero si tienes en
mente la gran historia a medida que comienzas a ampliar tu lectura de la Biblia,
las pequeñas historias van a tener más y más sentido. En una de las tareas te voy
a pedir que sondees esta gran historia, leyendo los primeros y los últimos capítu-
los de la Biblia. Puedes ver cómo empiezan y cómo se cumplen los cuatro temas
de la gran historia —Creación, Caída, redención y consumación. Verás cómo la
primera Creación da paso a la nueva creación, cómo se elimina la maldición de
la primera Creación, y cuándo la humanidad vuelve a comer del árbol de la vida.

LA AU TO RI DAD DE LA BI BLIA — LA PA LA BRA DE DIOS

Los discípulos de Jesús siempre le han dado un respeto especial a la autoridad


de las Escrituras (otro término para la Biblia). Los seguidores de Jesús llaman a
la Santa Biblia la “Palabra de Dios” porque creen que Dios ha hablado de una
forma única por medio de los diferentes autores que fueron inspirados para escri-
bir la Biblia.
Por supuesto, los escépticos van a cuestionar que la Biblia se vea de este
modo. Este escepticismo reciente se ha vuelto visible por medio de una popular
novela y película, El código Da Vinci, y la publicidad que se le ha dado al relan-
zamiento de un libro antiguo llamado El evangelio de Judas. Esta clase de reto
no es nada nuevo. En poco tiempo la gente se olvida de ellos y surgen otros in-
tentos de desacreditar la Biblia, pero al final la Biblia permanecerá.
Puede que tú también tengas preguntas en cuanto a la singularidad e inspira-
ción divina de la Biblia. Debes sentirte con la libertad de explorar estas pregun-
tas, pero lo mejor es que primero busques la ayuda de personas que respeten la
Biblia (otra razón por la que necesitas una buena iglesia). La mejor manera de
contestar las preguntas acerca de la Biblia es leyéndola. Este es un Libro como
ningún otro, y tienes que descubrir esa verdad por ti mismo.
Los discípulos de Jesús aceptan la Biblia como la Palabra de Dios por una ra-
zón primordial: porque así lo hizo Jesús. Debemos ver la Biblia como la ve Je-
sús. Déjame mostrarte solo dos ejemplos de Su perspectiva.

LEE TU BI BLIA — MAR COS 12:35-37


Estos versículos describen el debate entre Jesús y los líderes religiosos en los
días previos a la crucifixión. En este ejemplo Jesús les está preguntando cómo el
Mesías podía ser un hijo de David cuando David lo llama “Señor” en el Salmo
110. Observa específicamente cómo Jesús presenta esa cita de la Biblia en el
versículo 36: “David mismo, hablando por el Espíritu Santo, declaró…”. Jesús
supuso que cuando Él estuviera citando la Biblia, aunque haya sido escrita por
un autor humano como David, era el Espíritu Santo quien hablaba —era, literal-
mente, la palabra de Dios.
Para el segundo ejemplo, lee acerca de la tentación de Jesús justo después de
Su bautismo. No solo la menciona Marcos (1:12-13), sino que también la vemos
en los Evangelios de Mateo (Mt 4:1-11) y de Lucas (que será tu próxima lectu-
ra).

LEE TU BI BLIA — LU CAS 4:1-13


En la lectura verás que Satanás tienta a Jesús tres veces, y las tres veces Jesús
responde citando la Biblia (“escrito está”; “también está escrito”). No olvides
la gran historia. Jesús se encuentra en la misma posición que Adán y Eva
cuando enfrentaron a Satanás en el jardín del Edén —siendo tentado a saciar
Su hambre negando lo que Dios había dicho (Gn 3:1-5). Mientras que el pri-
mer Adán (y Eva) prefirieron la promesa de Satanás por encima de la palabra
de Dios, Jesús, el segundo Adán (como se le llama después en el Nuevo Testa-
mento), obedeció la palabra de Dios y derrotó a Satanás. Este es el evangelio
—Jesús haciendo por nosotros lo que no hemos podido hacer por nosotros
mismos. También vale la pena resaltar que al final de la tentación, Satanás
mismo está citando la Biblia (Lc 4:10-11). Este es un poderoso recordatorio de
que las citas bíblicas se pueden usar para probar casi cualquier cosa que que-
ramos. Esto nos recuerda que una parte importante de crecer como discípulo
es aprender a ser un intérprete sabio de la Biblia.

PRE GUN TAS PRÁC TI CAS

La Biblia es un documento antiguo. Moisés fue el primer autor, a lo mejor


como a principios de 1400 a.C., y la Biblia se terminó antes del final del primer
siglo d.C. La mayor parte del Antiguo Testamento fue escrita en hebreo, y el
Nuevo Testamento en griego. Eso quiere decir que lo que tú y yo leemos son co-
pias y traducciones de los escritos originales. La historia de cómo la Biblia se
preservó, se copió y se tradujo de una forma meticulosa es excepcional. Sin em-
bargo, no te sorprendas cuando descubras que algunos eruditos se preguntan cuál
copia o manuscrito es más exacto.3 Las discusiones por asuntos pequeños nos re-
cuerdan que, mientras que la Biblia en su forma original fue divinamente inspi-
rada, las traducciones que leemos son confiables pero no perfectas.
Repito mi consejo: la mejor manera de tratar con las preguntas acerca de la Bi-
blia es leyendo la Biblia. Desarrolla un hábito de leerla con regularidad y partici-
pa en grupos donde se estudie la Biblia.

ORACIÓN

¿Oras? Todos oramos de alguna forma u otra. Si alguna vez has dicho: “¡Oh
Dios!”, incluso con ira, has orado. Una maldición es una forma perversa de orar.
Piensa en todas las maneras en que la oración se menciona en una conversación
común y corriente (como cuando alguien dice: “Siempre estás en nuestros pensa-
mientos y oraciones”). En un sentido, la oración es natural para todos los seres
humanos. La oración es universal en la raza humana. Debido a que hemos sido
hechos a la imagen de Dios, aunque el pecado esté muy presente en todas nues-
tras vidas, hay algo en nosotros que nos mueve a hablarle al Dios que nos hizo.
“Ser espiritual” es parte de lo que somos. El desafío para los que se convierten
en discípulos de Jesús no es la idea de la oración, sino cómo aprender a orar de
una forma que honre a Dios —una oración aprobada y alentada por Jesús.
¿Cómo podemos dejar de orar con propósitos egoístas y empezar a orar de una
forma piadosa?
Al igual que la Biblia, la oración es un tema muy amplio y uno del que Jesús
tuvo mucho que decir. Aprende a usar la Biblia como tu principal libro de ora-
ción (por ejemplo, la mayoría de los salmos son oraciones). Las reuniones con
otros creyentes son las mejores escuelas de oración. Escucha las oraciones públi-
cas durante los servicios de adoración y durante los tiempos de oración en los
grupos pequeños. Ora con ellos en tu corazón. Cuando digas “amén” al final de
las oraciones de los demás, estás diciéndole al Señor: “Estoy de acuerdo —esa
también es mi oración”. Llegará el momento en que te sientas listo para unir tu
oración a las de los otros miembros del grupo. Puede que tus pocas palabras sean
un gran aporte a ese tiempo de oración en grupo.
También debes aprender a orar en privado. Jesús nos ha dado una “oración
para principiantes”, y para esta introducción a los fundamentos del discipulado,
es el mejor lugar para empezar. En un famoso pasaje del Evangelio de Mateo,
llamado el “Sermón del monte” (Mt 5-7), Jesús explica lo que significa vivir en
Su Reino, y la oración es esencial en este tipo de vida. La oración que Él enseñó
en Mateo 6:9-13 se conoce popularmente como la Oración del Señor (también
conocida como el Padre nuestro) y es quizá la oración más famosa del mundo.
Dije que la oración del Señor es como una “oración para principiantes” porque
es un excelente punto de partida. Pero es mucho más que eso. No importa cuánto
avances en tu vida de oración, nunca vas a superar esta oración básica. Lo que te
voy a explicar en cuanto al uso de la oración del Señor es una práctica que co-
mencé hace muchos años para mejorar mi vida de oración —y no he encontrado
una mejor guía para ese fin, por lo que sigo usándola hasta el día de hoy.

LEE TU BI BLIA — MA TEO 6:5-15


Si has estado expuesto a enseñanzas cristianas, seguro has escuchado esta
oración y a lo mejor hasta la has recitado en alguna iglesia o en otros contex-
tos. De hecho, muchas veces pasa que cuando una persona de verdad quiere
ser un discípulo de Jesús, una de las cosas que él o ella hace es rechazar la
oración del Señor porque la ha repetido tanto que ya las palabras suenan de-
masiado familiares (como el “hablar por hablar” del que Jesús nos advierte en
el versículo 7). ¡No hagas eso! Esta enseñanza de Jesús es un regalo extraor-
dinario, y es un buen fundamento para aprender a orar. Aquí tienes varios pa-
sos que te ayudarán a establecer ese fundamento:

ME MO RI ZA LA ORA CIÓN DEL SE ÑOR

Recomiendo que te aprendas una versión tradicional de la Oración del Señor,


ya que es la que vas a repetir junto con los otros discípulos cuando estén juntos
en la adoración.4 Esta es una versión tradicional; nota que la dividí en una forma
que te va a ayudar a usarla como una guía:

Padre nuestro que estás en el cielo,


Santificado sea Tu nombre,
Venga Tu Reino,
hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan cotidiano.
Perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.5
Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno
(RV60).
USA LA ORA CIÓN DEL SE ÑOR

Fíjate en que la oración nos enseña la manera en que podemos hablarle a Dios
(“Padre nuestro que estás en el cielo”) y después enumera cinco peticiones dife-
rentes. Algunas de las versiones tradicionales le añaden: “Porque Tuyo es el Rei-
no, y el poder, y la gloria, por siempre.<6 Amén”. Es correcto incluirlo al final de
nuestra oración, pero no fue parte de la oración original que Jesús enseñó.
Imagina la oración como una mano —“Padre nuestro” es la palma y las peti-
ciones son los cinco dedos. A medida que vayas aprendiendo a usar la Oración
del Señor como una guía, puedes tocar cada parte de la mano mientras oras. Para
mí ha sido muy útil repetir las palabras tradicionales de la oración y después
agregar mi propia oración. Esto quiere decir que oro: “Padre nuestro que estás en
el cielo”, y me detengo para expresar lo que quiere decir relacionarme tan ínti-
mamente con el Dios todopoderoso. Estoy dirigiéndome a Él de la misma forma
en que lo hacía Jesús —como Padre. Cuando toco la palma de mi mano, esto me
recuerda que así como mis dedos están conectados por medio de mi palma, todo
lo demás que tengo que decirle a Dios proviene de este privilegio que Jesús me
ha dado. Entonces toco el primer dedo y oro la primera petición: “Santificado
sea Tu nombre”, y uso mis propias palabras para expresar mi adoración y honor
a Dios.
Así es como hago con cada parte de la oración. ¿Ves cómo cada una de las
cinco peticiones abre el camino para hablar con Dios de manera personal? Tam-
bién nos recuerdan el orden que Jesús estableció. Por ejemplo, oramos por el ho-
nor de Dios y Su Reino antes de orar por nuestras propias necesidades. Verás
que una vez que la hayas orado entera, habrás cubierto casi todos tus motivos de
oración —y a lo mejor algunas cosas que ni siquiera habías pensado.

» Santificado sea Tu nombre. Un tiempo para adorar y orar por el honor de


Dios.

» Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo.Un


tiempo para orar por la expansión del Reino de Jesús en nuestros corazo-
nes y en el mundo, y por ese día en que Él vendrá a terminar la obra del
Reino.7

» Danos hoy nuestro pan cotidiano. Un tiempo para orar por necesidades
personales como comida, salud y trabajo para nosotros mismos y para los
demás.

» Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado


a nuestros deudores. Un tiempo para confesar nuestro pecado, pero tam-
bién para ver las relaciones que se han roto y orar por la restauración y el
perdón.

» Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno. Un tiempo


para orar por Su guía y protección al enfrentar los retos de un nuevo día.

RESUMEN DEL CAPÍTULO 3

Hay dos herramientas básicas que nos van a permitir seguir a Jesús como dis-
cípulos nuevos o renovados: aprender a leer la Biblia y a orar.

La Biblia:
» Explora el Libro —es más parecido a una biblioteca que a un libro.

» La gran historia —todos esos libros cuentan una sola historia:

*La Creación.
*La Caída.
*La redención.
*La consumación.

» La autoridad de la Biblia —Jesús la recibió como la Palabra de Dios.

» Hay preguntas prácticas acerca de las copias y las traducciones.

La oración:
» Toda la gente ora —pero ¿es una oración que Dios escucha?

» Memorízate la Oración del Señor.

» Usa la Oración del Señor:

*Ora pensando en una mano: la palma y los cinco dedos.

TAREAS

1. Termina tu lectura de Marcos. Debes haber leído Marcos por lo menos dos
veces antes de continuar con la siguiente parte del estudio. ¿Estás escri-
biendo tus pensamientos y preguntas en tu diario? No te sorprendas de que
cada lectura traiga cosas nuevas a la luz —esta es la Palabra de Dios y
nunca vas a poder asimilarla toda.

2. Lee Génesis 1-4 y Apocalipsis 21-22. Esta es tu introducción a la gran his-


toria de la Biblia. Anota en tu diario cómo comenzaron los temas en Gé-
nesis y cómo terminaron en Apocalipsis. Si estás en un grupo, es muy im-
portante que lo comenten.

3. Comienza a usar la Oración del Señor como guía. Si todavía no te la sabes,


memorízatela. Después aprende a orar usándola como guía, no solo repi-
tiendo las palabras. Puedes comenzar diciendo la oración lentamente y
después agregar tus propias palabras. No olvides tocar tu mano y tus de-
dos mientras te aprendes esta técnica sencilla.
SEGUNDA PARTE

EL DISCIPULADO
A TRAVÉS DEL EVANGELIO

Ya se te ha presentado a Jesús, el Mesías y el Hijo de Dios. Según lo que hemos


visto, este es el comienzo del evangelio (Mr 1:1). Ahora es tiempo de profundi-
zar más en el evangelio. Este será el enfoque principal de nuestro estudio sobre
el discipulado —no olvidándonos del evangelio, sino captándolo y experimen-
tando más y más de ese evangelio. Así que esta parte se titula “El discipulado a
través del evangelio”.
La carta del apóstol Pablo a la iglesia de Roma sugiere cuatro pasos para llevar
a los discípulos a profundizar más en el evangelio. Así como en la primera parte
estudiaste con cuidado el Evangelio de Marcos, en esta segunda parte debes ha-
cer lo mismo con Romanos.

Paso 1: Conoce el evangelio mismo


Capítulo 4. El evangelio de Dios

Paso 2: Conoce cómo llegaste a creer en el evangelio


Capítulo 5. El llamado a la salvación y al discipulado
Capítulo 6. La conversión
Paso 3: Conoce los beneficios de creer en el evangelio
Capítulo 7. Un nuevo historial: la justificación
Capítulo 8. Una nueva vida: la santificación y la adopción
Capítulo 9. Un nuevo futuro: la glorificación

Paso 4: Vive una vida que fluya del evangelio


Capítulo 10. La fe que se expresa en el amor
Capítulo 11. El evangelio cambia todo
PASOS PARA CAMINAR CON JESÚS

EN EL DISCIPULADO

Paso 1
Conoce el evangelio mismo

Paso 2
Conoce cómo llegaste a creer en el evangelio

Paso 3
Conoce los beneficios de creer en el evangelio
(doctrinas del evangelio)

Paso 4
Vive una vida que fluya del evangelio
(obediencia al evangelio)
CAPÍTULO 04

EL EVANGELIO DE DIOS

S i ya tienes tiempo compartiendo con cristianos, seguro sabes que la palabra


evangelio se refiere usualmente al mensaje que necesitan escuchar los paga-
nos o los incrédulos. Suele definirse como la buena noticia de que Jesús vino a
perdonar nuestros pecados a través de Su muerte en la cruz. Podemos ser perdo-
nados por medio de la fe en Jesús. Todo aquel que cree este mensaje es salvo.
Todo esto es muy cierto y es una buena noticia que es maravillosa. Pero ¿es esto
todo lo que significa el evangelio? Esta pregunta es clave siempre que se habla
del discipulado, pues es común encontrarse con cristianos que creen en el evan-
gelio con el fin de convertirse en un discípulo, pero luego quieren usar cualquier
otra cosa que no sea el evangelio como el medio para crecer como discípulo.
Detente y piensa en eso por un momento. O habla de esto con otras personas
de tu grupo. Si encajas en la categoría de un discípulo renovado, es particular-
mente importante que vuelvas a considerar tu entendimiento del evangelio. Es
posible que tengas que comenzar otra vez para dejar que la Escritura, y no tu in-
teligencia tradicional, defina el evangelio. Es por esta razón que estoy tomando
el enfoque de un “discipulado para inexpertos” y tratando de dejar que la Escri-
tura hable por sí misma. Leer el evangelio de Marcos y ahora el libro de Roma-
nos abre una grandiosa puerta hacia la majestad y el poder del evangelio.
Pensemos una vez más en Tito. Él se ha estado reuniendo con los discípulos
en Roma durante varios meses. Está fascinado con su estudio del evangelio de
Marcos y se siente atraído a Jesús. Se siente muy acogido en el grupo y hasta
puede sostener una conversación inteligente a medida que las historias de Jesús
se vuelven más familiares. Todavía no está seguro si cree sinceramente en Jesús,
y sabe que si quiere ser reconocido como discípulo debe buscar a los pastores y
pedir ser bautizado. Todavía no ha dado ese paso (¿Tú lo has dado? Vamos a ha-
blar más sobre tu propio caminar con Jesús en el capítulo 6).
Ahora sucede algo nuevo. Llegan unos discípulos que estaban en Roma y
traen una carta. La carta le dice a la iglesia que Pablo, el apóstol, viene a visitar-
los. Pero Pablo no solo mandó un mensaje contándoles sus planes; la carta mis-
ma es una larga exposición del evangelio. La iglesia empieza a prepararse para la
visita de Pablo leyendo y hablando de su carta. Tito ahora tiene más cosas que
considerar, y rápidamente se da cuenta de que no hay forma en que él pueda asi-
milar todo lo que Pablo escribe. Pero la idea principal que había visto en Marcos
también estaba presente en el escrito de Pablo —para ser un discípulo de Jesús
debemos responder a Su llamado al arrepentimiento, creer en el evangelio y se-
guirle.
Por supuesto, nuestro Tito es un personaje ficticio, pero es muy posible que
haya habido muchos como él estudiando el Evangelio según Marcos y luego la
carta a los romanos. No conocemos el momento preciso en que se escribieron,
pero circularon casi al mismo tiempo en Roma. Notarás que Romanos es muy di-
ferente a Marcos. Ambos tratan acerca del evangelio. Sin embargo, Marcos narra
el evangelio como una historia mientras que Pablo explica el significado del
evangelio en detalle. No esperes entender de inmediato todo lo que Pablo enseña
acerca del evangelio, pero él escribió a una iglesia de nuevos creyentes, así que
si eres un discípulo nuevo o uno renovado, hay mucho que ya puedes entender y
aplicar.
TIEMPO FUERA:

¿Quién era Pablo?

No leíste acerca de Pablo en el Evangelio de Marcos. Él no fue uno de los


apóstoles originales y, de hecho, persiguió a los discípulos en los primeros
días de la iglesia. En ese tiempo su nombre era Saulo, un líder y erudito alta-
mente preparado que vivía en Jerusalén. En el camino de Jerusalén hacia
Damasco, Siria, Jesús se encontró con Saulo en una visión, y Saulo fue con-
vertido y llamado para llevar el evangelio a las naciones. Jesús lo hizo uno
de Sus apóstoles. El nombre de Saulo se cambió a Pablo, y pasó a convertir-
se en el misionero más grande de la iglesia primitiva. Trece de los libros del
Nuevo Testamento son cartas escritas por Pablo. Aprende más acerca de él
leyendo el Libro de los hechos en el Nuevo Testamento, capítulos 9-28.

Comienza leyendo con cuidado Romanos 1:1-17, los versículos introductorios


de la carta. Pablo comienza exponiendo nuevamente el evangelio (1:1-5), des-
pués saluda a la iglesia y describe su próximo viaje (1:6-15), y por último pre-
senta la agenda de lo que va a explicar —el evangelio como una revelación de la
justicia de Dios (1:16-17). A medida que leas, cuenta las veces que aparece la
palabra evangelio y márcalas (algunas traducciones usan buenas nuevas o bue-
nas noticias). Después de que leas, te haré cuatro preguntas acerca del evangelio
que se contestan en los primeros versículos de Romanos. ¡Es tiempo de estudiar
la Biblia!1

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 1:1-17


¿QUÉ ES EL EVANGELIO? (1:1-5)

Nota que justo después de Pablo identificarse, vuelve a exponer el evangelio


(lee de nuevo los versículos 1-4). Él lo llama “el evangelio de Dios”. Esta es
una buena noticia de parte de Dios mismo. El evangelio:

» Se había prometido en las Santas Escrituras (el Antiguo Testamento).

» Es acerca del Hijo de Dios.

» Es acerca de lo que le pasó a ese Hijo:

*Vino a la tierra como un hombre, nacido como un descendiente de Da-


vid.

*Fue resucitado de entre los muertos por el poder del Espíritu.

» Declara que la resurrección de Jesús confirma que es el Hijo de Dios y que


Él es Señor.

En su carta, Pablo explica muy detalladamente las implicaciones del evangelio


y las bendiciones que vienen por medio del evangelio. Pero esta breve declara-
ción de la esencia del evangelio es la misma que descubrimos en Marcos —es la
historia de Jesús. Esa historia dice que Jesús —el Mesías, el Hijo de Dios— vino
a la tierra anunciando la buena noticia del Reino; que Dios ha cumplido Su pro-
mesa de acabar con la maldición del pecado y traer salvación al mundo. El resul-
tado de esta salvación es paz, que en hebreo es la palabra shalom. Jesús trajo
esta salvación por medio de Su muerte y resurrección. Pablo usa varias expresio-
nes para hablar del evangelio, como cuando habla “de Jesucristo, y de este cruci-
ficado” y de que “Cristo murió por nuestros pecados… [y] resucitó al tercer día”
(1Co 2:2,15:3-5). Pero independientemente de cómo se exprese, el evangelio de
Dios es el evangelio acerca de Jesucristo.
A medida que vayas leyendo Romanos y el resto de las cartas de Pablo, te vas
a dar cuenta de que cada una de ellas comienza con el saludo: “Gracia y paz”.
Esto es algo muy profundo. Todos queremos tener paz —paz entre las naciones,
paz con la familia y en todas las demás relaciones, paz en nuestras conciencias.
Es un saludo común y corriente en todo el mundo (en árabe, por ejemplo, sha-
lom se convierte en salaam). Pero ¿de dónde viene la paz? La respuesta que nos
da el evangelio es que proviene de la gracia. Gracia significa que Dios nos da
gratuitamente lo que no podemos ganarnos ni merecer. La salvación es por gra-
cia, un don de Dios, y como resultado de la gracia tenemos “paz con Dios por
medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro 5:1). Por eso Pablo no solo saluda di-
ciendo: “Paz”, sino: “Gracia y paz”.

TIEMPO FUERA:

¿Quiénes son los gentiles?

A medida que leas Romanos te encontrarás constantemente con referencias


a los “gentiles” (a veces se usa “griegos”). Este término suele contrastarse
con “judíos”. Todo el que no fuera judío era un gentil. "Gentiles" también
significa “naciones”, y suena como la palabra étnico. Dios apartó al pueblo
judío para ser Su canal de bendición al mundo. Pero los judíos olvidaron esa
realidad y dieron por hecho que Jesús y el Reino eran solo para ellos. Los
primeros discípulos eran judíos, y para ellos fue difícil aceptar que el men-
saje del evangelio también era para los gentiles (lee esto en Hechos 15). Pa-
blo era judío, pero su misión especial a las naciones gentiles era un recorda-
torio constante de que el evangelio derriba murallas —murallas que nos
mantienen lejos de Dios y de los demás.
La misión de Pablo, para la cual “recibió la gracia y el apostolado” (RV60),
era proclamar esta buena noticia de la venida de Cristo y de Su señorío, y llamar
a los gentiles a seguir a Jesús y “[obedecer] a la fe” (1:5).

¿QUIÉN IBA A ESCUCHAR EL EVANGELIO? (1:6-15)

Pablo estaba escribiendo a todos los amados de Dios en Roma, quienes habían
sido llamados a ser santos (v 7). En el versículo 6 señala que estas mismas perso-
nas son las que “Jesucristo ha llamado”. Aquí vemos otra vez el tema del llama-
do —tal como lo vimos al comienzo del ministerio de Jesús en Marcos. (Más
acerca de tu llamado a seguir a Jesús en el capítulo 5.)
Vuelve a leer el plan que tenía Pablo de visitarlos para “predicarles el evange-
lio también a ustedes que están en Roma” (1:13-15). Dice que “en el mundo en-
tero se habla bien de su fe” (v 8). En otras palabras, cuando Pablo estaba pensan-
do ir a Roma a predicar el evangelio era a la iglesia de Roma, a personas que ya
habían creído en el evangelio y habían declarado ser discípulos de Jesús.

Aquí está el punto:

» ¿Quieres volverte un discípulo de Jesús? Arrepiéntete, cree en el evange-


lio y sigue a Jesús.

» ¿Quieres crecer como discípulo de Jesús? Arrepiéntete, cree en el evange-


lio y sigue a Jesús.

Tal como dije antes en este capítulo, nada es más importante para nuestro estu-
dio sobre el discipulado que entender este concepto: no importa si eres un inex-
perto, un discípulo nuevo, uno renovado o uno maduro, necesitas el mismo men-
saje —el evangelio de Dios, la buena noticia de la venida de Jesús para traer sal-
vación.

TIEMPO FUERA:

Te Presento a Jack y Rose Marie Miller.

El Dr. C. John (Jack) Miller fue un profesor de seminario, misionero y pas-


tor cuya vida y ministerio fueron transformados por la simple idea que aca-
bo de afirmar — el evangelio es igual de importante después de que lo crees
que antes de que lo creas. Esto no es una idea nueva, pero lo parece ya que
casi cada generación debe volver a descubrir esta verdad que cambia la vida
y Dios usó a Jack Miller para que lo trajera y lo aplicara a la generación que
pasó al siglo veintiuno. Él no solo enseñó este principio en sus clases en el
Seminario Teológico Westminster sino que lo demostró en la iglesia que él
fundó, la Iglesia Presbiterana Nueva Vida de Glenside, Pensilvania, y la mi-
sión que lleva su legado, World Harvest Mission (La Misión de la Cosecha
Mundial).

Una razón del impacto que Jack tuvo es que él era muy auténtico y vulnera-
ble con respecto a su lucha con el pecado. Para tener un mayor discerni-
miento, tienes que conocer a la esposa de Jack, Rose Marie, que cuenta la
historia de la relación entre ellos así como la lucha que ella tuvo para enten-
der y aplicar el evangelio a su propia vida. Rose Marie cuenta esa historia en
su libro From Fear to Freedom.2 Después de que Jack murió en 1996, Rose
Marie se mudó a Londres para servir a su Señor compartiendo ahí el evan-
gelio con mujeres asiáticas.
¿CÓMO ES QUE EL EVANGELIO ES PODER DE DIOS? (1:16)

Toma un momento y vuelve a leer el versículo 16 con cuidado. Este tema del po-
der de Dios (viene de la raíz griega de nuestras palabras dinamita y dinámica) es
otro recordatorio de que a fin de cuentas el discipulado es una obra sobrenatural
de Dios en las vidas de personas como tú y como yo. Cuando Jesús llamó a esos
primeros discípulos, ellos le siguieron porque el poder de Dios estaba obrando
en sus almas. Esto todavía sucede y, de acuerdo con el versículo 16, ese poder
está obrando en nosotros cuando creemos en el evangelio. La expresión de Pablo
es que el evangelio es “poder de Dios para la salvación de todos los que creen”.
Más adelante veremos que esto se refiere a algo más que al momento de tu
vida en el que crees por primera vez y te vuelves un discípulo. La “salvación” es
un regalo, y en Romanos se nos dice que eso incluye nuestro llamado, nuestra
justificación y nuestra glorificación —Dios en Su gracia dándonos todas las co-
sas (8:30, 32).
¿Estás uniendo los puntos?

» El evangelio es el poder de Dios en nosotros para toda nuestra salvación,


desde nuestro llamado hasta nuestra glorificación final.

» Este poder es para todos los que creen en el evangelio.

» Así que si queremos llevar a cabo nuestro discipulado de manera efectiva,


debemos vivir creyendo en el evangelio —una vida en la que aprendamos
a confiar más y más en Jesús y en las cosas maravillosas acerca de Él que
se revelan en el evangelio.

Un historiador importante de la iglesia, Richard Lovelace, preguntó por qué la


iglesia parece vivir en debilidad hasta que llega un nuevo avivamiento. Preguntó
por qué ese poder no podía ser parte de la vida normal de la iglesia y de la vida
diaria de cada creyente. Pensó que esto podría suceder por medio de lo que lla-
mó una presentación profunda del evangelio, y sus escritos explicaron cómo
eso se vería.2Esta enseñanza ha impactado a muchas iglesias y ministerios; es un
ejemplo vivo de cómo el creer en el evangelio nos da poder para crecer como
discípulos de Jesús.

☼ PARA MEDITAR
Piensa en esto o coméntalo en tu grupo: ¿No tiene sentido el hecho de que mientras más crezcamos en
nuestra comprensión y mientras más abracemos el evangelio, más conoceremos el poder de Dios que
está obrando en nuestras vidas y en nuestras iglesias?

¿QUÉ SE REVELA EN EL EVANGELIO? (1:17)

Para terminar la lección acerca del evangelio de Dios, lee una vez más el ver-
sículo 17. Pablo dice que en el evangelio se revela la justicia de Dios. La NVI
traduce este concepto como “la justicia que proviene de Dios”, lo cual expresa la
idea de que el evangelio narra la historia de la manera en que Dios, quien es jus-
to, nos da Su justicia. Esta es una verdad muy importante del evangelio que estu-
diaremos en el capítulo 7. De hecho, el tema de la justicia vuelve a aparecer en
cada parte de la carta a los romanos.
En la Biblia, la rectitud de Dios suele asociarse con Su justicia —el Dios justo
siempre va a actuar con verdadera rectitud (ver Is 32:1, 16-17; 33:5-6). Por lo
tanto, vinculado al tema de la justicia está el de Dios el Juez y Su juicio. Esa no
es una buena noticia para pecadores como nosotros. Así que nos tenemos que
preguntar: ¿Cómo es que la revelación de la justicia de Dios en el evangelio es
una buena noticia? La respuesta a esa pregunta es el tema de la carta de Pablo.
Vuelve a ver la última parte del versículo 17 para terminar esta importante lec-
ción. La justicia de (o que proviene de) Dios, revelada en el evangelio, es una
justicia por fe. Se llama fe “de principio a fin”. Literalmente se lee “de fe para
fe”. Después Pablo cita a un profeta del Antiguo Testamento, Habacuc, para
mostrar que hallar justicia por medio de la fe no es una idea nueva. Esto significa
que, desde un principio, el camino que Dios ha dispuesto para que nos acerque-
mos a Él es por la fe, y ese camino es posible gracias a la venida de Jesucristo.
¿Entiendes todo esto? Por supuesto que no —todavía. Pero ¿no se supone que
una parte clave del discipulado es ser un aprendiz? Espero que seas paciente y
asimiles lo que puedas. Si te quedas con algo después de este estudio, espero que
sea con el hecho de que crecer como seguidor de Jesús no implica “graduarte”
del evangelio para luego pasar a alguna enseñanza superior. Tenemos que apren-
der a profundizar cada vez más en este tesoro llamado el evangelio de Dios. Pa-
blo termina Romanos con la misma nota con que comienza la carta —el evange-
lio. Termina diciendo: “Al que puede fortalecerlos a ustedes conforme a mi
evangelio” (16:26). Esa es mi oración mientras continuamos con este estudio.

RESUMEN DEL CAPÍTULO 4

La forma más importante de crecer como un discípulo de Jesús es profundizando


cada vez más en el evangelio. Este es el objetivo de Pablo al escribir esta carta a
la iglesia de Roma, aparte de avisarles de su próxima visita.
Marcos nos contó el evangelio, la historia de Jesús; Pablo cuenta la misma his-
toria, pero explica mejor su significado.
Lee los versículos introductorios de Romanos (1:1-17) para contestar cuatro
preguntas:
» ¿Qué es el evangelio?

*La historia de Jesús, Su persona y Su obra.

» ¿Quién iba a escuchar el evangelio?

*La iglesia en Roma.

» ¿Cómo es que el evangelio es poder de Dios?

*Al creerlo, abrazamos la obra sobrenatural de Dios por medio de Cristo.

» ¿Qué se revela en el evangelio?

*La justicia de Dios.

Asimila lo que puedas. Como discípulo, nuevo o renovado, tienes mucho que
aprender, así que no te desalientes si no captas todo en seguida.

TAREAS

1. Sigue usando la Oración del Señor para aprender a orar. Es posible que
quieras leer Lucas 11:1-13 para saber de qué manera los primeros discípu-
los pidieron ayuda para aprender a orar. Usa el modelo de la mano como
guía. Escribe el progreso que tengas y platica de esto con otras personas si
estás en un grupo.

2. Sigue leyendo tu Biblia. Lee el Evangelio según Juan. Nota cómo Juan na-
rra la historia del evangelio en una forma que parece suponer que los dis-
cípulos ya han leído Marcos. Juan da más información acerca del ministe-
rio de Jesús y de Sus enseñanzas. Lee Juan a medida que vayamos traba-
jando las dos próximas lecciones. Si tienes tiempo, también lee la carta de
Pablo a los gálatas. Verás que el problema que tenían las iglesias de Gala-
cia era que habían abandonado el evangelio, lo cual disgustó muchísimo a
Pablo.

3. Escribe el primer borrador de tu autobiografía espiritual. En la siguiente


lección volveremos al asunto del llamado de Dios en tu vida. Anota las
ideas que tengas hasta ahora en cuanto a la obra de Dios en tu vida y tu
respuesta al llamado de seguir a Jesús.
PASOS PARA CAMINAR CON JESÚS

EN EL DISCIPULADO

Paso 1
Conoce el evangelio mismo

Paso 2
Conoce cómo llegaste a creer en el evangelio

Paso 3
Conoce los beneficios de creer en el evangelio
(doctrinas del evangelio)

Paso 4
Vive una vida que fluya del evangelio
(obediencia al evangelio)
CAPÍTULO 05

EL LLAMADO A LA SAL VA CIÓN


Y AL DIS CI PU LA DO

P iensa de nuevo en la primera lección de este estudio, cuando hablábamos del


comienzo del evangelio. Marcos nos muestra a Jesús llamando a la gente a
arrepentirse, creer en el evangelio y seguirle. Él dijo que no había venido a lla-
mar a justos, sino a pecadores. Cuando comenzamos nuestro estudio de Roma-
nos para lograr un entendimiento más profundo del evangelio, vimos que Pablo
comenzó recordando a los romanos que habían sido “llamados a pertenecer a Je-
sucristo”; ellos fueron “llamados a ser santos”.
¿Ves algún patrón? El discipulado comienza con un llamado divino. Cuando
respondemos al evangelio, le seguimos —pero es en respuesta al llamado. Así es
como definí discípulo en la primera lección: “un discípulo de Jesús es uno que
ha escuchado Su llamado y ha respondido arrepintiéndose, creyendo en el evan-
gelio y siguiendo a Jesús”. Entre más pienso en esta idea del llamado de Dios,
más me doy cuenta de lo mucho que Pablo planteó el tema en sus cartas a las
iglesias. Estoy convencido de que él creía que un elemento clave en su creci-
miento como discípulos era recordarles de dónde habían sido rescatados y la
grandeza del amor de Dios al llamarlos de la oscuridad a la luz del evangelio.
También me ha quedado claro que el llamado al discipulado que se ve en la pre-
dicación de Jesús es esencialmente el mismo que el llamado a la salvación que
vemos en la predicación de Pablo y de todos los demás. El llamado a la salva-
ción es el llamado al discipulado.
Estudiaremos más acerca del llamado, pero ahora es importante para que me-
dites en lo que Dios ha hecho en tu vida. Dios sigue llamando a hombres, muje-
res y niños para que sean de Jesucristo y le sigan como discípulos. Si el evange-
lio es la historia de Jesús, ahora es el momento para considerar tu propia historia.

YO FUI UN TITO

Comenzamos presentando a Tito, un pagano que no sabía absolutamente nada


acerca de Jesús y el evangelio. He tratado de imaginar cómo alguien como
Tito podría reaccionar al leer Marcos y escuchar el evangelio por primera vez.
Después de leer Marcos, volvió a ser retado en su lectura de Romanos, sabien-
do que tenía que responder al llamado y confesar públicamente a Jesús como
su Señor y ser bautizado. ¿Cómo habría respondido? ¿Habría perdido el inte-
rés en poco tiempo? ¿Habría hecho todo de un modo mecánico, “uniéndose a
la iglesia” sin hablar seriamente sobre cómo vive un discípulo? ¿O habría sido
profundamente transformado? A pesar de que no sabía casi nada del evange-
lio, ¿habría podido crecer lentamente en la fe y seguir fielmente a Jesús? Por
supuesto, no podemos saber cómo un Tito ficticio habría respondido al llama-
do, pero mi propia historia es parecida a la de Tito, así que puedo contar la
historia de cómo Dios obró en mi vida. Mi historia es una variación de la que
pudieran contar millones de personas. No hay dos personas con historias idén-
ticas, pero cuando escuchamos el llamado del evangelio y respondemos a él,
esto siempre conduce al mismo resultado —somos “llamados a ser de Jesu-
cristo” (Ro 1:6, RVC). Es por esta razón que te encargué la tarea de escribir el
primer borrador de tu autobiografía espiritual. Probablemente quieras revisar-
lo a medida que aprendas más, pero tienes que pensar a fondo sobre la obra
que Dios está haciendo en tu vida.

☼PARA MEDITAR
Si estás estudiando con otras personas, este sería un buen momento para detenerte y dialogar breve-
mente acerca de tu propio trasfondo religioso y espiritual si todavía no lo has hecho. ¿Eres como Tito
que no sabía nada del evangelio ni de la Biblia? ¿Creciste en un ambiente que solo era cristiano de
nombre? ¿Viviste en un hogar cristiano sólido? ¿Cuáles cosas te llevaron a empezar a considerar a Je-
sús con mayor seriedad?

¿DE QUÉ MANERA FUNCIONA EL LLAMADO?

Abre tu Biblia y busca una breve carta llamada Primera de tesalonicenses (Te-
salónica era el nombre de una ciudad en Grecia). Pablo le escribió dos cartas
a esta joven congregación poco después de que fue obligado a dejarlos por cul-
pa de una multitud enfurecida. (Puedes leer acerca de este episodio en Hechos
17:1-15). En ambas cartas él se toma el tiempo para recordarles la manera en
que el evangelio había obrado para cambiarlos.

LEE TU BI BLIA — 1 TE SA LO NI CEN SES 1:4-10


Pablo sabía que los tesalonicenses eran escogidos de Dios por lo que había suce-
dido cuando el evangelio fue predicado. Por sí mismo el evangelio es simple-
mente palabras —palabras verdaderas y maravillosas, pero solo palabras. Pero
cuando Pablo predicó el evangelio en esta ciudad, los que escucharon fueron
transformados como resultado de la obra del Espíritu Santo. Hubo poder y una
profunda convicción —el evangelio penetró en sus almas y fueron cambiados.
Abandonaron sus ídolos (arrepentimiento) para servir a Dios (seguir a Jesús).
TIEMPO FUERA:

Cuéntame más acerca del Espíritu Santo.

Desde el inicio de la Biblia queda claro que Dios tiene más complejidad en
Su ser que los demás seres. En el segundo versículo de la Biblia leemos que
“el Espíritu de Dios iba y venía sobre la superficie de las aguas” cuando
Dios comenzó la obra de la Creación (Gn 1:2). Pero el mensaje principal del
Antiguo Testamento, con toda la idolatría que estaba presente en el mundo
antiguo, es que Dios es uno. La venida de Jesús revela con mayor claridad
que el Dios que es uno es más que eso —es tres en uno: Padre, Hijo y Espí-
ritu Santo. Cuando la virgen María concibió un hijo, fue del Espíritu Santo
(Mt 1:20). ¿Recuerdas haber leído en Marcos 1 que cuando Jesús fue bauti-
zado, el Espíritu Santo vino sobre Él y una voz del cielo (que había sido la
del Padre) lo llamó “Mi Hijo amado” (Mr 1:11)? La palabra que la iglesia
usa para hablar de Dios es Trinidad. Así es como Dios se revela a Sí mismo
en la Biblia —el gran misterio se revela pero nunca se explica, y debemos
ser cautelosos al tratar de explicarlo. El Espíritu Santo es el que obra de for-
ma invisible en el mundo, logrando los propósitos del Padre y apuntando ha-
cia Jesús, no hacia Sí mismo.

Esto presenta un nuevo aspecto del llamado de Dios: el poder del Espíritu San-
to. ¿Cómo puede el llamado del evangelio cambiar a las personas? Las cambia
porque el Espíritu Santo introduce la verdad del evangelio en los corazones de
tal forma que los transforma desde adentro. La palabra para este fenómeno (del
que vamos a hablar después) es regeneración.
En la gran obra de la salvación, cada persona de la Trinidad juega un papel
clave. El Padre la planificó, el Hijo la cumplió en Su venida, y la obra del Espíri-
tu la aplica a los corazones de los pecadores. Nota la claridad con que se expre-
san estas ideas en la segunda carta que Pablo escribió a los tesalonicenses:

LEE TU BI BLIA: 2 TE SA LO NI CEN SES 2:13-15


Dios obra por medio de “la obra santificadora del Espíritu” (2Ts 2:13). Esto
significa que el Espíritu Santo es el que nos aparta (en el Antiguo Testamento,
un animal era “santificado” cuando era separado de la manada para ser pre-
parado para el sacrificio). Esto es lo que sucede cuando somos llamados por
medio del evangelio. Pablo le escribió a la iglesia de Corinto, otra ciudad grie-
ga, diciéndole que desde una perspectiva humana el evangelio no tenía sentido
ni para los judíos ni para los griegos (gentiles). Pero “para los que Dios ha lla-
mado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de
Dios” (1Co 1:24). Dicho de otro modo, cuando el Espíritu entra en los corazo-
nes y mentes de las personas, el evangelio cobra vida y creemos en Jesús el
Mesías, el Hijo de Dios, y le seguimos. Esta es la razón por la que estos prime-
ros discípulos escucharon el llamado de Jesús e inmediatamente se levantaron
y le siguieron. También explica por qué diferentes personas pueden escuchar
exactamente el mismo mensaje del evangelio y responder de maneras muy dis-
tintas.

☼PARA MEDITAR
Detente y piensa en cómo empezó a cambiar tu entendimiento del evangelio. Tal vez está sucediendo
justo ahora en este estudio. Si eres un “Tito”, todo esto es nuevo. Pero muchos de ustedes han estado
oyendo estas ideas toda la vida. ¿Está Dios tomando esas “viejas” verdades y haciendo que cobren
vida para ti? Conversa acerca de esto si eres parte de un grupo.

EL LLAMADO EFICAZ
Cuando empecé a entender esta idea del llamado de Dios era un estudiante de
teología, y me topé con una frase que me resultó curiosa. El texto de teología
describía el llamado eficaz. Eficaz se refiere a que algo “produce un efecto de-
seado”. Cuando Dios llama, ¡nosotros vamos! El libro explicaba que había una
diferencia entre el llamado del evangelio y el llamado eficaz. Eso me ayudó a
entender por qué hay personas que no responden al llamado del evangelio. Mu-
chos se van a dar media vuelta e incluso se van a endurecer más. Por tanto, se
necesita el llamado del Espíritu Santo en nuestros corazones para hacer que el
llamado del evangelio sea eficaz. De hecho, si pensamos en nuestras propias ac-
titudes, reconocemos que si dependiera de nosotros ninguno respondería al evan-
gelio.
Cuando pienso en mi propia situación, recuerdo que la única razón por la que
me interesé en el evangelio fue que había sido invitado a unirme al equipo de
basquetbol de una iglesia, y pensé que era necesario aparecerme en la iglesia de
vez en cuando. No estaba en una gran búsqueda espiritual —Dios usó algo co-
mún y corriente para ayudarme a empezar. Al principio era totalmente indiferen-
te al evangelio, pero fui entendiéndolo poco a poco hasta que me di cuenta de la
necesidad de entregarle mi vida a Cristo. Finalmente, a los dieciséis años, res-
pondí al llamado del evangelio haciendo una oración en la que le entregaba mi
vida al Señor. Fue el inicio de una nueva vida —y, sin embargo, ese no fue el
principio. Dios ya tenía tiempo obrando en mi corazón. Esta fue mi experiencia
del llamado eficaz.1
Más adelante descubrí un maravilloso tesoro llamado el Catecismo Menor de
Westminster. Esta es una serie de 107 preguntas y respuestas que van paso a
paso a través de las enseñanzas de la Biblia.2 Me encanta la manera en que este
catecismo explica el llamado eficaz. Tómate unos minutos y medita en esto:
¿Qué es el llamado eficaz?
El llamado eficaz es la obra del Espíritu de Dios, quien convenciéndonos de
nuestro pecado y miseria, iluminando nuestras mentes con el conocimiento
de Cristo y renovando nuestras voluntades nos persuade y capacita para
abrazar a Jesucristo, quien es ofrecido gratuitamente en el evangelio. (Cate-
cismo Menor de Westminster; no. 31)

El resultado final del llamado eficaz del Espíritu es que “[abrazamos] a Jesu-
cristo, quien es ofrecido gratuitamente en el evangelio”. Esa es una hermosa ma-
nera de describir lo que se conoce como conversión. Vamos a dedicar la siguien-
te lección a este tema importante. Pero ahora es vital que entiendas que solo po-
demos abrazar a Jesucristo como resultado de la obra del Espíritu Santo.
TIEMPO FUERA:

¿Qué pasó con el “libre albedrío”?

Esa es una gran pregunta. ¡Piénsalo! ¿Existe tal cosa como el libre albedrío?
Las teorías científicas de la evolución y muchas ramas de la psicología nos
dicen que nuestras decisiones son simplemente el resultado de la química de
nuestros genes o de nuestro cerebro. Tal vez sería mejor preguntarnos: ¿Por
qué siempre usamos nuestro “libre albedrío” para establecer nuestra propia
autonomía? Queremos nuestra libertad, sin importar lo que cueste. Incluso si
afirmamos creer en Dios, pensamos que Él existe para satisfacer nuestras
necesidades. Así que desde varios puntos de vista, podemos concluir razo-
nablemente que la idea de tener un libre albedrío es más un mito que una
realidad.

Desde el punto de vista de la Biblia, se nos enseña que Dios nos creó con li-
bre albedrío, pero que como seres caídos ahora somos esclavos de nuestras
pasiones y deseos egoístas (¿recuerdas la gran historia de la Creación y de la
Caída?). Parece ser que tenemos una especie de memoria en nuestras almas
de lo que es la verdadera libertad, pero es algo que ya no experimentamos.
Las buenas nuevas nos anuncian que el llamado de Dios nos libera de la es-
clavitud al pecado, y que cuando "[abrazamos] a Cristo, quien es ofrecido
gratuitamente en el evangelio" (Catecismo Menor de Westminster, respuesta
a la pregunta no. 31) es porque ya hemos sido liberados. Jesús dice: "Si el
Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres" (Jn 8:36).

Muchas veces cantamos o hablamos con gozo acerca del gran amor
que Dios nos tuvo al enviar a Su Hijo al mundo, y deberíamos hacer-
lo. Pero Dios no solo entregó a Su Hijo para que sea nuestro Salvador,
sino que también nos ha dado a Su Espíritu para que le dé vida a nues-
tros espíritus muertos y transforme nuestros corazones.

¿Has pensado en la obra del Espíritu Santo antes de tu conversión? Esta idea
es nueva para muchos, incluso para algunos que llevan tiempo siendo creyentes.
Es misterioso, pero muy consolador, darnos cuenta de que mucho antes de que
estuviéramos buscando a Dios, Él nos estaba buscando y llamando. No es de ex-
trañar que muchos hablen de lo imposible que les era alejarse de Dios a pesar de
su rebeldía.

DEBES NACER DE NUEVO

Jesús presenta la verdad del llamado eficaz de Dios en términos muy familia-
res: nacer de nuevo. Es común escuchar a personas refiriéndose a cristianos
comprometidos como “nacidos de nuevo”. ¿Quiere esto decir que puedes ser
un cristiano sin haber nacido de nuevo? Veremos qué nos dice Jesús. La frase
nacer de nuevo surge de una conversación importante que tuvo Jesús con un
maestro judío llamado Nicodemo.

LEE TU BI BLIA — JUAN 3:1-8


Parece que Nicodemo quedó sorprendido cuando Jesús le dijo que tenía que na-
cer de nuevo para entrar en el Reino, y en seguida pensó en el nacimiento físico.
Creo que eso es exactamente lo que Jesús quería lograr, pues siguió usando la
idea del nacimiento físico para explicar el nacimiento espiritual. Nacido de nue-
vo también puede significar “nacido de lo alto” o incluso “engendrado de lo
alto”. Se refiere a una obra que hace el Espíritu Santo en el espíritu del hombre
(“lo que nace del Espíritu es espíritu”, v 6). Y Jesús es bastante enfático en que
una persona debe nacer del Espíritu para entrar en el Reino de Dios. Es algo que
debe suceder (v 7), pero no es algo que Nicodemo pudiera hacer o que alguno de
nosotros podamos hacer —es algo que el Espíritu debe hacer en nosotros.
Y este concepto es misterioso, al igual que el soplido del viento (v 8). ¿Cómo
puede alguno de nosotros entender realmente el mover de Dios en el alma huma-
na? Lo que sí sabemos es el resultado: la obra del Espíritu nos da fe en Jesucris-
to, el Hijo de Dios. Eso es lo que Jesús le dice después a Nicodemo en la conver-
sación: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que
todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (3:16).
He estado describiendo lo que los teólogos llaman regeneración. Es una pala-
bra importante, y debes entender que se refiere a la obra del Espíritu Santo cuan-
do este le da vida a alguien que está muerto espiritualmente. Es otra palabra para
el nuevo nacimiento. En una carta a Tito (un Tito real, no el Tito de este libro),
Pablo llamó esta idea “el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el
Espíritu Santo” (Tit 3:5).
Hace varios años dibujé una línea de tiempo que representaba el nacimiento fí-
sico y el espiritual. Ahora la llamamos la línea del nacimiento espiritual.3 Tó-
mate unos minutos para estudiar el siguiente diagrama comparando ambos naci-
mientos.
La parte superior del diagrama es el proceso del nacimiento físico. Comienza
en el momento de la concepción, y la nueva vida luego crece hasta el momento
del parto. Después del día del alumbramiento, el bebé recién nacido sigue cre-
ciendo, pero ahora está respirando y comiendo por su cuenta. El misterio de la
obra regeneradora de Dios sigue un patrón similar. La clave es recordar que el
momento en el que clamamos, en oración o confesando a Cristo (conversión), es
el resultado de lo que Dios ha estado haciendo por medio del llamado eficaz. La
gente muchas veces piensa en su conversión como el principio de sus vidas espi-
rituales. Pero el diagrama nos recuerda que el nuevo nacimiento realmente es un
proceso, y que la conversión es una respuesta al llamado de Dios.

☼PARA MEDITAR
Sigue reflexionando sobre las formas en que has percibido (o estás percibiendo) el llamado eficaz de
Dios en tu propia vida. Escribe acerca de esto o compártelo en tu grupo. ¿Puedes describir tu caminar
con los términos de la línea del nacimiento espiritual? ¿Ya pasaste el punto de la X en el diagrama? Si
no es así, ¿sientes que el Espíritu Santo te está moviendo a convertirte en un discípulo de Jesús?

RESUMEN DEL CAPÍTULO 5

El llamado a la salvación es el llamado al discipulado. Es hora de pensar se-


riamente en el llamado que Dios te hace a ti.
¿Cómo funciona el llamado?
» Alguien anuncia el llamado del evangelio.

» El Espíritu Santo le da vida a las palabras del evangelio.

» Los que son llamados reciben el poder y la sabiduría de Jesús.

El llamado eficaz:
» Cuando Dios llama, ¡nosotros vamos!

» “¿Qué es el llamado eficaz?” (Catecismo Menor no. 31)

Debes nacer de nuevo:


» La explicación que da Jesús de la regeneración: nacimiento por medio del
Espíritu Santo.

» La línea del nacimiento espiritual, comparando el nacimiento físico con el


espiritual.

TAREAS

1. Sigue leyendo tu Biblia. Termina de leer Juan. El libro fue escrito para
ayudarte a creer en Jesús como el Hijo de Dios. Complementará lo que
leíste acerca de Jesús en Marcos. Si tienes tiempo, lee también la carta de
Pablo a los colosenses. Esta es una carta breve que se fundamenta en el
evangelio y que apunta hacia la suficiencia de Cristo. En Cristo tienes
todo lo que necesitas.

2. Sigue aprendiendo a orar usando la Oración del Señor. ¿Estás aprendiendo


a sacar tiempo en tu día o en tu semana para estar en silencio en la presen-
cia de Dios? Este es un tiempo para leer, orar, escribir en tu diario y pen-
sar en las lecciones que estás aprendiendo en cuanto a ser un discípulo de
Jesús.

3. Pregúntale a alguien acerca de su peregrinaje espiritual. Ten en mente el


concepto de la línea del nacimiento espiritual —que la fe se parece más a
un peregrinaje que a un evento. Pregúntale a alguien que no esté en tu gru-
po de estudio —a lo mejor a alguien de la iglesia, del trabajo o de tu fami-
lia. Cuéntale a esa persona lo que has estado aprendiendo, y después pre-
gúntale sobre su trasfondo y qué está pensando actualmente. Ora primero
para que el Señor te muestre a quién pudieras acercarte. La clave aquí es
que estás tratando de aprender a escuchar con respeto.
CAPÍTULO 06

LA CON VER SIÓN

E n el Nuevo Testamento encontramos la asombrosa historia de la conver-


sión de Saulo. Mientras iba de Jerusalén a Damasco, una luz del cielo re-
lampagueó de repente a su alrededor. Saulo cayó al suelo y escuchó que Jesús
lo llamaba por su nombre. En ese momento su vida dio un vuelco y comenzó a
seguir al mismo Jesús contra quien había estado luchando. El cambio fue tan
radical que hasta su nombre cambió, y hoy lo conocemos como el apóstol Pa-
blo. Es una historia maravillosa y real. Pero ¿deberíamos verla como el patrón
para todas las conversiones a Cristo, como muchos suponen? ¿Qué hay de los
millones de personas que se han convertido desde entonces sin pasar por la
misma experiencia?

UN REPASO

Recuerda la primera lección, cuando estudiamos el “comienzo del evangelio” en


Marcos 1. Se nos presentó a Jesús, el Mesías y el Hijo de Dios. Pero antes de
aprender más acerca de Jesús, Él mismo nos desafió a arrepentirnos, creer en el
evangelio y seguirle. Por lo tanto, desde el comienzo del evangelio está incluida
la expectativa de que debemos responder al llamado del evangelio. Ahora enten-
demos que la capacidad para responder proviene del poder del Espíritu Santo en
nuestro llamado eficaz. Así que Dios está obrando, pero Su obra es que “Él nos
persuade y nos capacita para abrazar a Jesucristo, quien es ofrecido gratuitamen-
te en el evangelio” (Catecismo Menor no. 31). Respondemos porque el Espíritu
obra en nosotros. En la primera lección expliqué que la respuesta de arrepentirse,
creer en el evangelio y seguir a Jesús es otra manera de hablar de la conversión.
La idea básica de la conversión es cambiar o darse la vuelta. Debemos abrazar
a Jesús, pero para hacerlo debemos darnos la vuelta para ir en una nueva direc-
ción. No encontraremos a Jesús mientras andemos por el camino de los pecado-
res. Como dije en nuestra primera lección, no podemos añadir a Jesús a nuestras
vidas; debemos volvernos a Él. Esto es la conversión.

Cuando explicaba la conversión, hablaba de dos paredes, una frente a la otra.


Una pared representa el camino sin Dios. Para algunos esto podría significar una
vida muy cruel y malvada con un comportamiento destructivo que nos hace daño
a nosotros mismos y a los demás. Pero para otros ese camino pudiera representar
una vida “buena”, una de afecto y de familia, incluso hasta con algo de religión o
espiritualidad. Sin embargo, todavía es una vida que gira en torno a nuestras pro-
pias necesidades y deseos. La pared opuesta representa a Jesús, el perdón de pe-
cados y la vida eterna que solo Él da. El llamado del evangelio proviene de esa
dirección. Para responder y creer en el evangelio, debemos darnos la vuelta —
esto es el arrepentimiento. A medida que nos damos la vuelta, nuestros brazos
se extienden por fe para abrazar a Jesús.

EXPERIENCIAS DE CONVERSIÓN

El arrepentimiento y la fe son dos elementos básicos de la conversión. Ese con-


cepto es fácil de diagramar, pero no es tan fácil cuando se trata de experiencias
reales. Mira nuevamente el diagrama de la línea del nacimiento en la última lec-
ción (página 87). Fíjate en que represento la conversión con una X. De la misma
forma en que un bebé es concebido y crece hasta el momento del parto, así el Es-
píritu Santo llama eficazmente a los que han de creer, obrando para que se con-
viertan y así tengan una nueva vida en Cristo.
Si te fijas bien en la X, te vas a dar cuenta que está dibujada con una línea
punteada. Eso representa el hecho de que aunque la conversión a Cristo es nece-
saria, la experiencia de la conversión no va a ser igual para todos. Aprendí esta
verdad pidiéndole a muchas personas que confían genuinamente en Cristo que
describieran el momento en que se convirtieron. Al igual que muchos bebés
cuando nacen, algunos llegaron a gritar de dolor por sus pecados y por su deseo
de ser salvados por Jesús. Pueden incluso decirte el día y a lo mejor la hora de su
conversión. Estas historias son maravillosas, y muchas veces tan dramáticas
como la conversión de Pablo. Pero cuando escuchamos solo esta clase de histo-
rias, es fácil llegar a pensar que todas las conversiones tienen que ser dramáticas.
En las iglesias, la gente suele preguntar: “¿Cuándo te convertiste?”, y muchas
veces esperan escuchar acerca de una experiencia específica.
Sin embargo, otros se convierten por medio de una serie de experiencias, o a
lo mejor no pasan por ninguna experiencia. He visto que muchos son atraídos
lentamente a Cristo, y cuando lo piensan, no pueden identificar un momento es-
pecífico en el que se dieron la vuelta. Muchos no oraron la “oración del peca-
dor”, pero saben que han sido cambiados. He ayudado a las personas a entender
este concepto con el diagrama de las dos paredes, dibujándolo de manera que
muestre que la vuelta que se da de una pared a la otra puede ser muy amplia. Si
estoy predicando o enseñando, a veces empiezo a caminar alrededor de la habita-
ción o del área del púlpito y a explicar la obra de convicción del Espíritu. Mien-
tras lo hago, me voy girando lentamente y paso de estar frente a una pared a que-
dar frente a la otra. Toma un momento darse cuenta de lo que estoy haciendo,
pero después las personas ven que estoy caminando en la dirección contraria a la
que empecé. Darse la vuelta del pecado hacia Cristo es una conversión genuina,
pero cuando la vuelta es amplia es muy difícil describir cuándo sucedió. Muchos
me han dicho que esto encaja con su experiencia de conversión.
El punto de esto es recordar que una verdadera conversión a Cristo no se defi-
ne por una clase de experiencia en particular. Si no estás seguro de que te has
convertido, no debes estar buscando una experiencia —tienes que estar buscando
a Jesús y orando por fe para confiar solo en Él. De hecho, una experiencia en sí
misma podría ser solo una experiencia emocional o humana. Hay demasiados
ejemplos de personas que han hecho algún tipo de “compromiso” mental pero
que no saben nada de la obra transformadora del Espíritu. Eso no es una verda-
dera conversión a Cristo.
Para la mayoría de los discípulos de la iglesia primitiva, el “momento” decisi-
vo era la confesión pública de su fe y el bautismo. Esto todavía sucede en luga-
res donde el evangelio apenas está empezando a establecerse. Pero aun en luga-
res como los Estados Unidos, donde el bautismo puede ser simplemente una for-
malidad, es muy importante hacer una confesión pública de tu fe aunque hayas
sido bautizado anteriormente. Pablo dijo a los romanos: “Porque con el corazón
se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo” (Ro
10:10). Dios conoce nuestros corazones, pero tenemos que verbalizar lo que hay
en nuestros corazones para ayudarnos a nosotros mismos y a los demás a crecer
en la fe.

TIEMPO FUERA:

Algunos de nosotros venimos de familias que ya estaban siguiendo a Jesús.


¿También tenemos que convertirnos?

Si un discípulo de Jesús quiere casarse, debe hacerlo con otro discípulo para
así formar una familia que sigue a Jesús. Cuando Dios les da hijos, esos hi-
jos son criados en “la disciplina e instrucción del Señor” (Ef 6:4). Así que
¿cómo pueden esos hijos arrepentirse y creer en el evangelio si crecieron
bajo una instrucción bíblica? Algunos de los que están leyendo esto están
luchando con esa pregunta, pensando en ustedes mismos o en sus hijos. La
respuesta a esa pregunta es: “Sí, los niños criados como discípulos de Jesús
tienen que convertirse”— pero su experiencia de conversión no necesaria-
mente va a encajar con el patrón de otros. Debes arrepentirte de tu pecado y
creer en el evangelio, pero esto puede pasar de una manera muy natural de-
bido a tu familia. Una vez más, el reto es enfocarse en el rumbo que esté to-
mando tu vida, no en una experiencia.1

LA EVIDENCIA DE UNA VERDADERA CONVERSIÓN —SE GUIR


A JE SÚS
Cuando Jesús llama, dice claramente: “Sígueme”. Sin embargo, no debemos
verlo como un tercer paso —después de que creemos, entonces le seguimos.
Seguir a Jesús como Su discípulo es la consecuencia de haber creído en el
evangelio. Cuando nos damos la vuelta, no estamos tomando una “decisión
por Jesús”, como si estuviéramos emitiendo un voto. Damos la vuelta para se-
guir a Jesús —es una vida nueva, un camino nuevo. Espero que esta exposi-
ción deje claro que desde el punto de vista de la Biblia, un creyente en Jesús es
un seguidor de Jesús. Si eres convertido, eso quiere decir que eres un discípu-
lo; si no eres un discípulo, no eres un creyente. Por supuesto, debes crecer
como discípulo y hay mucho más que aprender acerca de Aquel a quien estás
siguiendo. Van a haber momentos de desaliento y de duda, incluso de sufri-
miento. Sin embargo, la persona que se ha convertido a Cristo lo va a seguir
—no solo debe seguirlo, sino que lo va a seguir.

¿ERES CONVERTIDO?

Aquí es importante que te detengas y contestes esta pregunta con honestidad:


“¿Soy una persona convertida?”. Hay varias respuestas posibles. Puede que toda-
vía no estés capacitado para decir con certeza: “Sí, lo soy”, aunque sabes que
quieres ser convertido. Trata de no cuestionar si eres o no eres convertido basán-
dote en un sentimiento de que has alcanzado algún nivel de logro como discípu-
lo. Puedes decir: “Sí, creo que soy convertido”, si eso quiere decir que estás con-
fiando en Jesús para tu salvación y estás tratando de seguirle. A muchos segui-
dores de Jesús nos toma tiempo darnos cuenta si hubo o no un momento especí-
fico en el que nos arrepentimos. Esta es otra razón por la que es crucial que par-
ticipes en una comunidad de creyentes —nos confesamos unos a otros nuestra
fe, nuestros pecados y nuestras necesidades, oramos los unos por los otros y nos
esforzamos por seguir juntos a Jesús.
También puedes contestar la pregunta con un: “No”. Eso podría significar:
“No, todavía no estoy listo para seguir a Jesús”, o podría significar: “No, ahora
sé que esto no es algo que quiera hacer. Estoy contento de haber tenido la opor-
tunidad de pensar en esto, pero no voy a ser un seguidor de Jesús”. Si te alejas,
debes saber que Jesús te ama, pero te dejará hacer lo que quieras.

LEE TU BI BLIA — MAR COS 10:17-27


Este pasaje se llama la historia del “joven rico”. Este hombre estuvo cara a cara
con Jesús y le escuchó decirle: “Sígueme”, pero se fue. Muchas veces me he pre-
guntado cómo terminaría esa historia. Después de él haber probado el amor de
Jesús de esa manera, no creo que haya permanecido indiferente. ¿Tú qué crees?
Yo me lo imagino regresando a Jesús y cayendo totalmente rendido ante Él. Por
supuesto, la Biblia no nos dice eso; solo registra que se marchó dando media
vuelta —que estaba triste pero que al final sus “cosas” fueron más valiosas que
Jesús.
Los discípulos se quedaron con la boca abierta al ver que el hombre se mar-
chaba. Y con razón le preguntaron a Jesús: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?”
(v 26), porque si no son las riquezas, entonces será algo más lo que nos impedirá
ir a Jesús. Así que la respuesta final es que Dios mismo nos debe cambiar para
que nos arrepintamos y nos convirtamos de corazón.

REGENERACIÓN Y CONVERSIÓN
Cuando Jesús dijo a los discípulos: “Para los hombres es imposible… pero no
para Dios” (Mr 10:27), estaba hablando de la imposibilidad que tiene el hom-
bre de salvarse por su propio esfuerzo. Y comprobamos esta verdad al exami-
nar nuestros propios corazones y ver nuestra tendencia a escoger nuestro pro-
pio camino. Pero también conoces estas verdades porque las vimos en nuestro
estudio del llamado eficaz y de la regeneración. Dios hace lo imposible: Él da
vida espiritual a los que están muertos. El nacimiento nos da una idea de lo
que significa la regeneración. Como vimos en Juan 3, Jesús enseñó que hay
que nacer de nuevo, o nacer del Espíritu. Ahora lee sobre otra ilustración de la
regeneración usada por Pablo en su enseñanza: la resurrección de la muerte.

LEE TU BI BLIA — EFE SIOS 2:1-10


En Efesios 1:19, Pablo ora para que conozcamos el poder que es nuestro en Cris-
to. Después explica que el mismo poder que resucitó a Jesús de los muertos tam-
bién nos resucitó a nosotros de nuestra muerte en nuestras transgresiones y peca-
dos (2:1-4). ¿Puedes creer eso? Dios nos ha resucitado de entre los muertos y
“nos dio vida con Cristo” (v 5) con el mismo poder con que resucitó a Jesús.
¿Por qué haría Dios algo tan increíble? La respuesta que da este pasaje es que
Dios lo hizo “por gracia” (v 5), porque “es rico en misericordia” (v 4). En otras
palabras, no hay nada en nosotros que merezca este regalo de la nueva vida, un
regalo que tiene el propósito de desplegar la gloriosa gracia de Dios en los tiem-
pos venideros (v 7).
Lee esos versículos y observa la forma en que se describe nuestra salvación,
pues esto va a abrir el camino hacia las próximas lecciones. Hemos sido salvados
por gracia, por medio de la fe (2:8). No es la fe la que nos salva, sino la gracia
(la obra de Dios) y nosotros respondemos a esa gracia por fe (creemos lo que
Dios nos ha dicho). Y ni siquiera la fe es de nosotros, “sino que es el regalo de
Dios” (v 8). Nada en nuestra salvación es por obras, y ninguno de nosotros pue-
de jactarse de haber colaborado en lo más mínimo (v 9).
Efesios 2:8-9 es un texto famoso en la enseñanza de la salvación por gracia
por medio de la fe. Por desgracia, muchos no leen toda la idea, la cual termina en
el versículo 10. Ese versículo nos enseña que la obra de Dios no solo es el co-
mienzo de nuestra salvación (una nueva creación, que es otra ilustración de la re-
generación), sino que aquellos a quienes Él salva son “creados en Cristo Jesús
para buenas obras”. La nueva vida que se nos ha dado conduce a un nuevo pro-
pósito en la vida —estamos siguiendo a Jesús en una vida de servicio para la
gloria de Dios.

FE Y ARREPENTIMIENTO

Si el fruto de la regeneración y la conversión se pudiera resumir en una sola pa-


labra, esa palabra sería fe. Pero debe ser una fe que se manifiesta en arrepenti-
miento. Eso quiere decir que ahora que seguimos a Jesús como Sus discípulos, el
arrepentimiento y la fe forman parte de nuestro día a día. Jack Miller escribió:
“Pero lo que es cierto de la primera vuelta (conversión) del pecador debe seguir
a lo largo de su vida cristiana. El corazón debe convertirse todos los días a Dios
(Col 2:6). Y entre más profundices en tu arrepentimiento, más espacio habrá en
tu corazón para los ríos de agua viva”.2 En la primera de sus noventa y nueve te-
sis, Martín Lutero dijo: “Nuestro Señor y Maestro Jesucristo… ha querido que
toda la vida de los creyentes sea una vida de arrepentimiento”.3
En el capítulo 4 comenzamos a estudiar la carta de Pablo a la iglesia de Roma
para descubrir más acerca del evangelio. Pero Pablo escribió esta carta para en-
señar el evangelio a los que ya lo creían. Eran personas que tenían fe en Jesucris-
to como Señor. Por lo tanto, hemos tomado algo de tiempo para estudiar cómo
las personas llegan a tener esa fe. Espero que esto te haya ayudado a entender
más profundamente de qué manera uno llega a tener fe.
Ahora es tiempo de estudiar hacia dónde nos lleva esa fe. Tenemos que enten-
der especialmente la frase “la justicia que… es por fe” (Ro 1:17).

RESUMEN DEL CAPÍTULO 6

La conversión de Saulo fue un evento dramático, pero no todas las conversiones


son como la suya.
Repasa la enseñanza de Jesús acerca de la conversión:

» Tenemos que arrepentirnos y creer en el evangelio —debemos responder


al llamado de Jesús.

» Hay que apartarse del pecado y abrazar a Jesús —arrepentimiento y fe.

Pero no todos tendremos la misma experiencia de conversión:


» La X en la línea del nacimiento es una línea punteada.

» No evalúes tu conversión sobre la base de una experiencia.

La evidencia de una verdadera conversión —seguir a Jesús:


» El discipulado no viene después de creer; es lo mismo que creer.

» Un creyente sigue a Jesús aunque sea difícil.

¿Eres convertido? Es importante que te hagas esa pregunta difícil en este


momento.
La regeneración y la conversión:
» Dios es el que debe cambiar el corazón.

» Dios, quien resucitó a Jesús de los muertos, nos resucita de nuestra muerte
espiritual.

La fe y el arrepentimiento:
» El resultado de la regeneración y la conversión es la fe.

» Ese patrón de arrepentimiento y fe va a continuar a medida que seguimos a


Jesús.

» Ahora tenemos que entender lo que significa fe en Romanos.

TAREAS

1. Vuelve a escribir tu autobiografía espiritual. ¿Qué has aprendido acerca de


tu propia conversión en estos estudios? Trata de enfocarte en lo que Dios
ha hecho o está haciendo con tal de prepararte para creer en el evangelio,
no en tus propias experiencias. Trata de interpretar tu verdadera conver-
sión —recuerda, esto no se refiere a describir una experiencia en particu-
lar. ¿Qué has aprendido de tus conversaciones con otros acerca de sus pe-
regrinajes?

2. Sigue leyendo tu Biblia con regularidad. Prepárate para la siguiente lec-


ción leyendo con cuidado Romanos 1-5. Nota la frecuencia con que Pablo
cita pasajes del Antiguo Testamento. En la NVI, las citas del Antiguo Tes-
tamento aparecen en las notas al pie. Debes tratar de localizarlas en el An-
tiguo Testamento y leerlas en su contexto. Trata de leer también algunos
salmos. El libro de los Salmos es el himnario de la Biblia, y está lleno de
diferentes clases de canciones y poemas que nos ayudan a expresarle a
Dios nuestros sentimientos.

3. Sigue orando y llevando tu diario. ¿Todavía sigues usando la oración del


Señor? Esta forma de orar siempre te será útil, pero puedes intentar algo
diferente. Dios quiere que le entreguemos nuestros corazones, no que nos
enfoquemos en los métodos. ¿Estás orando con otras personas? Si estás
casado, ¿estás aprendiendo a orar con tu cónyuge? ¿Y con tu familia? Una
parte clave del discipulado es guiar a nuestras familias a seguir a Jesús.

4. ¿Has hecho una confesión pública de tu fe y te has unido a una comunidad


de creyentes en una iglesia local?.Si todavía no has hecho este compromi-
so, espero que nuestros estudios te lleven a hacerlo pronto. ¿Con quién pu-
dieras hablar para dar este paso importante? Tu caminar como discípulo
será inestable si no tienes a otros que te ayuden y con quienes puedas ser-
vir.
PASOS PARA CAMINAR CON JESÚS

EN EL DISCIPULADO

Paso 1
Conoce el evangelio mismo

Paso 2
Conoce cómo llegaste a creer en el evangelio

Paso 3
Conoce los beneficios de creer en el evangelio
(doctrinas del evangelio)

Paso 4
Vive una vida que fluya del evangelio
(obediencia al evangelio)
CAPÍTULO 07

UN NUEVO HIS TO RIAL:


LA JUS TI FI CA CIÓN

C uando enseño sobre el evangelio, muchas veces comienzo preguntando a las


personas qué tanto entendían del evangelio en el momento de su conversión
o cuando primero se interesaron en la fe. Esa pregunta suele provocar sonrisas, y
comentamos un rato acerca de lo poco que la gente entendía en cuanto a lo que
Dios había hecho por ellos.
¿Cómo contestarías esa pregunta? Por supuesto, la respuesta de cada uno va-
riará dependiendo de su trasfondo. Si eres un nuevo discípulo al igual que Tito,
hay mucho que aprender. Si eres un discípulo renovado, tendrás un mejor tras-
fondo, pero debes asegurarte de que te encuentras sobre un fundamento sólido.
Puede que descubras que necesitas corregir algunas de tus creencias o que, como
muchos, hayas pasado del evangelio de Jesucristo al evangelio del esfuerzo pro-
pio y de las reglas.1 Una de las razones por las que los discípulos se cansan y se
desalientan es que están tratando de servir a Jesús sin apreciar lo que Él ha hecho
a su favor. Esto nos lleva al Paso 3 del Discipulado a través del evangelio, el
tema del que se ocupa la mayor parte de Romanos. Nota cómo un paso lleva al
siguiente:
» Paso 1: conocer la historia del evangelio. Debemos centrarnos en Jesús, el
Mesías y el Hijo de Dios. Marcos y los otros tres Evangelios (Mateo, Lu-
cas y Juan) fueron escritos para presentar a Jesús a los “buscadores” y a
los nuevos creyentes. 2 Nuestra fe está arraigada en un hombre que real-
mente vivió, murió y resucitó. El evangelio es una historia verdadera.

» Paso 2: entender cómo fuimos llamados de forma personal por el poder


del Espíritu Santo para creer en el evangelio. La historia del evangelio es
verdad, pero también es una historia que va a cambiar nuestras vidas para
siempre. El evangelio es poder de Dios para la salvación de todos los que
creen.

» Paso 3: profundizar en el evangelio a medida que nos revela la justicia que


Dios nos ha dado en Cristo. Podemos creer en el evangelio sin entender
todos los beneficios que se nos han dado en Cristo, pero seremos débiles y
estaremos luchando hasta que los abracemos por fe. Por eso Pablo escribió
Romanos. El evangelio revela la justicia de Dios que es nuestra por me-
dio de la fe.

» Paso 4: obedecer como fruto de nuestra fe. El poder transformador del


evangelio se muestra en una vida diferente. Ahora vamos por un camino
que nos lleva a amar a Dios, a nuestro prójimo y a nuestros hermanos en
la fe. El evangelio cambia todo.

ANÍMATE —ERES PEOR DE LO QUE PIENSAS

Jack Miller, a quien conociste en el capítulo cuatro, comenzaría a hablar acerca


de lo mucho que necesitamos el evangelio, tanto los creyentes como los incrédu-
los, porque todos somos pecadores. Después haría una pausa y diría con gozo:
“Pero anímate —¡eres peor de lo que piensas!”. Y esa es la verdad. Tú y yo no
tenemos ni idea de lo pecadores que somos en realidad. Esta es la mala noticia
que Pablo enfatiza en esta próxima parte de nuestro estudio de Romanos.
Busca tu Biblia y lee otra vez Romanos 1:7, que es el versículo clave del libro.
Enseña que el evangelio revela una justicia que proviene de Dios —una justicia
que es por fe. Recuerda que fue aquí donde terminamos el capítulo 4, preguntán-
donos cómo el evangelio, que revela la justicia de Dios, podía ser una buena no-
ticia para los injustos. Antes de contestar esta pregunta, Pablo se asegura de que
entendamos lo injustos que somos —realmente somos peor de lo que pensamos.

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 1:18-32; 3:9-20.


Observa que al igual que 1:17, Romanos 1:8 habla de algo que se revela. En el
versículo 18 es “la ira de Dios” la que se revela contra “toda impiedad e injusti-
cia de los seres humanos” (hombres y mujeres, por supuesto), pues todavía tie-
nen cierta noción de Dios (1:19-21) y algo de conciencia (2:14-15). Muchas ve-
ces nos enfocamos en la maldad (esa palabra también se puede traducir como in-
justicia, que es su significado literal) de la humanidad porque es más visible en
cosas tales como la violencia y la perversión sexual; pero la esencia de la maldad
es la impiedad. Alejarse de Dios y de Su ley corrompe a las personas y a las so-
ciedades.
Aquellos que tratan de cumplir las reglas (los Diez Mandamientos) seguro es-
tarían de acuerdo con Pablo en su descripción de la cultura degenerada del mun-
do antiguo. Es por eso que a partir de Romanos 2:1 Pablo también se enfoca en
la gente “buena” que venía de un trasfondo judío. Él cita la Biblia de ellos (el
Antiguo Testamento) una y otra vez para señalar que “No hay un solo justo, ni
siquiera uno” (3:10, citando el Salmo 14:1). La conclusión: que toda boca, judía
y gentil (sea que conozca el bien y el mal por su conciencia o por los Diez Man-
damientos) se cierre y toda la gente entienda que somos inaceptables ante un
Dios perfectamente justo (3:19). Todos merecemos Su ira.

TIEMPO FUERA:

¿Esto es lo que llaman "el pecado original"?

Sí y no. La Biblia enseña que nacemos con una determinación a pecar que
procede de la rebelión de Adán y Eva. (Esta es la parte de la gran historia de
la Biblia que tiene que ver con la Caída.) Es común ridiculizar esta idea,
pero nadie parece ser capaz de explicar por qué la gente invariablemente
hace lo malo. La gente usualmente habla de nuestro “lado oscuro”, o men-
ciona a villanos como Adolf Hitler y Osama bin Laden para probar que ellos
no son tan malos como otros. Pareciera que la palabra pecado es radioactiva
—nadie la quiere tocar. Pero la Biblia lo dice claramente: pecamos porque
esa es nuestra naturaleza —somos pecadores. Así que sí, hay un pecado ori-
ginal. Los niños nacen rebeldes, como sabemos todos los que somos padres.
El pecado es parte de quienes somos, pero al mismo tiempo pecamos porque
decidimos pecar. No podemos insistir en nuestro “libre albedrío” y después
echarle la culpa a Adán, a nuestros genes o a nuestros trasfondos. Somos se-
res humanos, hechos a la imagen de Dios, y al final debemos aceptar la res-
ponsabilidad por lo que hemos hecho de pensamiento, palabra y obra. Le
rendiremos cuentas a Dios sobre todas las decisiones que hemos tomado.
PERO AHORA SE HA DADO A CONOCER UNA JUSTICIA QUE
PROVIENE DE DIOS

La mala noticia de nuestra injusticia da lugar a la buena noticia. Romanos


3:21 comienza con: “Pero ahora”, marcando un gran cambio a medida que
Pablo comienza a explicar cómo un Dios justo puede recibir a gente injusta.
La justicia que nos falta reside en el Justo: Jesucristo.

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 3:21-26


Ya sabes de la muerte de Jesús por lo que has leído en Marcos. Pero ¿por qué
murió? A lo mejor tienes una noción general de que “Jesús murió por mí”, o
“Jesús murió por mis pecados”. Estos versículos importantes explican con
precisión lo que significan estas declaraciones. Pablo escribe de “la redención
que Cristo Jesús efectuó” (v 24). Redención quiere decir “rescatar por medio
del pago de un precio”. El precio del pecado es el juicio de Dios y la muerte,
pero el que recibió ese juicio fue Jesús, quien nunca pecó. Él fue un sacrificio,
es decir, Su sangre fue derramada tal como la de los sacrificios que vemos en
el Antiguo Testamento. La palabra que se usa para el “sacrificio de expia-
ción” (v 25 si estás leyendo la NVI) es una palabra antigua, propiciación, que
significa “apartar la ira”. Esto quiere decir que la ira de Dios que se reveló en
contra de “toda impiedad e injusticia de los seres humanos” (Ro 1:18) ¡se de-
rramó sobre Jesús! No es de extrañar que en la cruz haya clamado: “Dios
Mío, Dios Mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mr 15:34). El terrible dolor
físico que Jesús estaba sufriendo no fue nada en comparación con la agonía
de saber que estaba separado de Dios. Date cuenta de que ni siquiera lo llamó
“Padre” en ese horrendo momento.3
TIEMPO FUERA:

¿Por qué hay que hablar de sangre, de sacrificio y de ira? ¿No habíamos de-
jado todo eso en la Edad Media?

La primera forma de contestar esa pregunta importante es preguntando si se


basa en una interpretación correcta de lo que escribió Pablo. Tenemos que
fundamentar nuestras convicciones en lo que enseña la Biblia y no en lo que
nos atrae. De hecho, esta enseñanza es coherente con todos los otros escritos
de Pablo y de los demás autores inspirados de la Escritura. Jesús entendió
que Su muerte era un rescate (Mr 10:46), el precio pagado por la redención.
Lo segundo que hay que decir es que nosotros mismos debemos preguntar-
nos qué tan en serio nos tomamos el carácter terrible del pecado. Vemos lo
destructivo que es para nuestras vidas y para el mundo a nuestro alrededor,
pero ¿cómo es que ese pecado ofende a un Dios justo? Ver el pecado desde
ese punto de vista, como se ve en Romanos 1-3, nos muestra que para tratar
con el pecado debe suceder algo muy radical. En tercer lugar, todos senti-
mos la necesidad de expiar nuestro pecado o de pagar por él de alguna ma-
nera u otra. En nuestros corazones sabemos que el mal y la injusticia no
pueden quedar impunes. La gente hace cualquier cosa con tal de aliviar un
sentimiento de culpa, tanto en formas primitivas como sofisticadas. El evan-
gelio no niega esa realidad, pero apunta a Jesús como el sacrificio, el “Cor-
dero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1:29; ver también Ap 5).

El pasaje pasa a explicar que Dios no dejó de ser perfectamente justo. Dios es
“justo y a la vez es el que justifica” (Ro 3:26) porque Jesús, el que no tenía peca-
do, murió para sufrir el castigo por el pecado —pero nuestro pecado, no el Suyo.
JUSTIFICADO GRATUITAMENTE POR GRACIA

Dios hizo justicia por medio de la muerte de Jesús, y los que creen en Él “por Su
gracia son justificados gratuitamente” (Ro 3:24). Dios es “el que justifica a los
que tienen fe en Jesús” (v 26). Aquí se hace un contraste entre nuestros esfuerzos
por justificarnos a nosotros mismos —por medio de buenas obras o de la obe-
diencia a la ley de Dios (vv 20, 27-31)— y el ser justificados por la fe en Jesu-
cristo. El versículo 20 dice que “nadie será justificado en presencia de Dios”.
La justificación es cuando Dios nos declara justos, no porque seamos justos,
sino porque Jesús es justo y nuestra fe está en Él. Vuelve a leer esa oración va-
rias veces y habla sobre esto con otras personas si eres parte de un grupo. Esto es
muy, muy importante. Tu justificación es la razón por la que puedes estar en la
presencia de un Dios justo. Este es un regalo que recibimos por fe. Eso quiere
decir que nosotros simplemente creemos lo que hemos leído en estos versículos
—que la muerte de Jesucristo, el Hijo de Dios, satisfizo el juicio que nosotros
merecíamos por nuestro pecado. En la iglesia, esta maravillosa verdad es conoci-
da como la justificación solo por fe.

PERDONADO Y DECLARADO JUSTO

La justificación viene con dos bendiciones asombrosas para la persona que cree
en Jesús. Primero, el perdón de sus pecados; y, en segundo lugar, la persona es
declarada justa ante Dios.
Recibir perdón de nuestros pecados significa que hemos sido perdonados por
todas las maneras en que hemos ofendido a Dios, incluyendo nuestra naturaleza
pecaminosa. La deuda se paga en su totalidad. Todo es “borrado de nuestra
cuenta”, por así decirlo, y ya no existe un historial de nuestro pecado. Somos
perdonados no solo porque Dios es amoroso y misericordioso, sino también por-
que el castigo por nuestro pecado en realidad ya ha sido pagado. Aun cuando
confesemos a Dios los pecados que seguimos cometiendo, nuestra confianza está
en lo que Cristo ya hizo por nosotros por medio de Su muerte en la cruz.
La mayoría de las personas entienden el regalo del perdón de pecados, pero
muchas veces pasan por alto la otra parte de la justificación. Declarados justos
quiere decir que por colocar nuestra fe en Jesús, Dios realmente nos acepta como
justos. El punto es que Dios nos justifica a pesar de que somos pecadores. No se
trata de lo que debemos hacer para volvernos justos, sino de que Dios nos decla-
ra justos porque Cristo es justo. Puede que escuches a alguien diciendo que esa
justicia nos es imputada. Imputar es atribuir a alguien una característica de otro.
TIEMPO FUERA:

Conoce a Martín Lutero

Martín Lutero fue un erudito y un monje que vivió en Alemania en los años
1500. A Lutero se le asignó la tarea de enseñar Romanos a estudiantes uni-
versitarios, pero al llegar a Romanos 1:17 cayó en desesperación, pues leyó
que incluso el evangelio revelaba la justicia de Dios. Tuvo terror de Dios
porque no importaba cuánto tratara de obedecerle, sabía que aún estaba lejos
de la justicia que Dios demandaba de él. Y si hasta el evangelio revelaba la
justicia de Dios, ya no había remedio. Sin embargo, mientras preparaba sus
clases, Lutero comenzó a entender lo que acababa de estudiar —que la justi-
cia que Dios demanda se encuentra en Jesús, cuya muerte satisfizo la justi-
cia de Dios. Por fe, Lutero decidió confiar en la justicia de Jesús en lugar de
en sus propios esfuerzos inútiles por agradar a Dios. Cuando al fin entendió
la justificación, su transformación fue tal que no pudo callar esta buena noti-
cia. Todos los estudiantes tomaban sus clases sobre Romanos. Al poco tiem-
po, Lutero pidió tener una discusión pública sobre estas nuevas revelacio-
nes. El 31 de octubre de 1517, clavó en la puerta de la iglesia una lista de
noventa y cinco proposiciones, o tesis, que quería discutir. Por lo general,
esa fecha se conoce como el principio de la Reforma protestante por lo que
sucedió después de publicar las 95 Tesis.

Este concepto puede ser difícil de asimilar, pero a medida que sigas leyendo Ro-
manos 3-5, la idea se refuerza una y otra vez.
Romanos 4 explica que la justificación por fe no es algo nuevo. Tanto
Abraham como David fueron justificados por fe. Lee el versículo 4:3 y nota el
lenguaje que se usa: “Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta
como justicia”. Pablo dice que David enseña lo mismo (4:6).
Piensa que estar en pecado es como si te estuvieras ahogando en una deuda de
una tarjeta de crédito, una que crece todos los días de tal manera que es imposi-
ble liquidarla. Aunque tratemos, el creciente interés de la deuda es mucho mayor
que lo poco que pagamos con miras a saldar la deuda. El concepto de la justifica-
ción enseña que Dios no solo salda esa deuda (el perdón de pecados), sino que
también aplica el crédito infinito de la justicia de Cristo a nuestra cuenta. ¡Hasta
los pecados futuros están cubiertos por la justicia de Cristo!
El Catecismo Menor de Westminster, que estudiamos para entender el llamado
eficaz, describe los beneficios presentes que disfrutan los que son llamados efi-
cazmente: la justificación, la adopción y la santificación.4
Esta es la respuesta del catecismo a la pregunta: “¿Qué es la justificación?”:

Es un acto de la gracia de Dios, mediante el cual perdona todos nuestros pe-


cados y nos acepta como justos ante Él; mas esto solamente en virtud de la
justicia de Cristo, la cual nos es imputada únicamente por la fe (Catecismo
Menor no. 33).

UN CI MIEN TO

Piensa en tu justificación por fe como el cimiento. Si te paras sobre este cimien-


to, nada te puede sacudir. En Romanos 5 Pablo explica que, ya que hemos sido
justificados por fe, tenemos paz con Dios. No es solo la paz de Dios; esto quiere
decir que ya no somos Sus enemigos. Estábamos en rebelión, pero ahora estamos
en paz. En Romanos 8:1 Pablo declara que “ya no hay ninguna condenación para
los que están unidos a Cristo Jesús”. Cuando vengan las tormentas o el sufri-
miento (y van a venir), podremos permanecer firmes sobre este cimiento y go-
zarnos porque el amor de Dios ha sido derramado en nosotros por medio del po-
der del Espíritu Santo. Ese era el segundo punto en los mensajes animantes de
Jack Miller: “Anímate —¡el amor de Dios es mayor de lo que alguna vez hayas
imaginado!”.
Termina este capítulo leyendo Romanos 5:1-11 con diligencia y en oración.
¿Sientes que apenas estás comenzando a apreciar las bendiciones inimaginables
que se te dan por medio del evangelio? ¡Anímate! Hay mucho más por venir.

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 5:1-11

RESUMEN DEL CAPÍTULO 7

Un repaso de los cuatro pasos del discipulado a través del evangelio:


» El evangelio es una historia verdadera.

» El evangelio es poder de Dios para todos los que lo creen.

» El evangelio revela una justicia de Dios que es nuestra por medio de la fe.

» El evangelio cambia todo.

Anímate —¡eres peor de lo que piensas! Esta es la mala noticia de Romanos.


Pero ahora la justicia que proviene de Dios se ha dado a conocer:

» La buena noticia es que la justicia que necesitamos se encuentra en Jesu-


cristo.

*Redención por medio de Su sangre.


*Propiciación.
*Dios es el justo y es el que justifica.
Justificado por medio de la fe:
» Justificado quiere decir ser declarado justo por Dios.

Dos bendiciones de la justificación:


» El perdón de pecados.

» Ser declarado justo.

Un cimiento:
» Es el fundamento de nuestra fe.

TAREAS

1. Sigue leyendo tu Biblia. Para prepararte para la siguiente lección, vuelve a


leer Romanos 1-5 y después lee del 6-8.

2. Sigue usando la Oración del Señor para aprender a orar.

3. Repasa tu diario y las lecciones. Este es un buen momento para detenerte a


pensar y orar sobre lo que has llegado a entender acerca del discipulado.
El evangelio nos llama a responder. ¿Identificas algo que deberías estar
haciendo para responder al llamado de Jesús?
CAPÍTULO 08

UNA NUEVA VIDA:


LA SANTIFICACIÓN Y LA ADOPCIÓN

“¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abun-


de?” (Ro 6:1).
Después de haber estudiado la justificación, es importante que respondamos
esta pregunta. Si Dios, por Su gracia, nos declara justos aunque no lo somos,
¿por qué no seguir pecando? De hecho, entre más pequemos, más evidente se
hace la gracia de Dios. ¿Cierto? ¡Piénsalo!
Cuando llego a esta parte del estudio de Romanos, me gusta contestar la pre-
gunta planteando lo siguiente: “Sí, debido a que hemos sido justificados somos
libres de hacer lo que queramos”. Pero ¿qué es lo que estoy diciendo realmente?
Si estoy con un grupo, usualmente hay una breve discusión, pero después más y
más personas ven el punto. La clave está en que uso la palabra queramos: “... so-
mos libres de hacer lo que queramos”. A medida que vamos entendiendo el po-
der del evangelio, nos damos cuenta de que nuestros deseos han ido cambiando.
Lee Romanos 6 y nota cómo Pablo contesta su pregunta en el versículo 2:
“Hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?”. Como vere-
mos en la lectura, Pablo comienza a explicar el beneficio que el creyente recibe
de la resurrección. Si hemos muerto con Cristo, también hemos sido resucitados
con Él a una nueva vida.
Estamos listos para estudiar la siguiente sección de Romanos, comenzando
con el capítulo 6. Esta suele llamarse la enseñanza de la santificación, aunque en
esos capítulos Pablo usa la palabra solo una vez. Recuerda el diagrama de la lí-
nea del nacimiento espiritual (página 87). Usando ese concepto, la santificación
podría definirse como el crecimiento que sigue a la conversión, parecido al cre-
cimiento del bebé recién nacido. El llamado eficaz y la santificación son aspec-
tos de la obra interna y misteriosa que el Espíritu Santo lleva a cabo en nuestras
almas.

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 6:1-14


Es importante que en la lectura notes que Pablo está describiendo lo que un cre-
yente experimenta en el presente por su unión al Cristo resucitado. Se refiere a
que así como a Cristo se le dio una nueva vida en Su resurrección, así también
nosotros tenemos una vida nueva (v 4). La frase se lee literalmente “caminar en
novedad de vida”. En los versículos 5 y 8 Pablo dice que viviremos con Él, pero
lo que quiere decir es que esto es completamente cierto, no que esto va a suceder
en el futuro. (Hay una resurrección futura, pero eso no es lo que Pablo está expli-
cando aquí.) Mira nuevamente los versículos 10 y 11. Así como Jesús murió y
ahora está vivo, así nosotros debemos “considerarnos muertos al pecado, pero
vivos para Dios en Cristo Jesús”.
¿Por qué es tan importante este concepto? Porque Pablo quiere dejar claro que
vivir la nueva vida del discipulado es mucho más que un llamado a hacer nuestra
parte porque Dios ya hizo la Suya justificándonos. El Espíritu ha hecho Su obra
en nuestro interior, así que hemos muerto y resucitado en Cristo. El regalo de la
salvación es lo que Dios hace en nosotros así como lo que hace por nosotros.
Vuelve a leer el pasaje. Pablo nos señala lo que ya sabemos es verdad: habrá
retos muy reales mientras tratamos de vivir la nueva vida. Se nos dice que ya no
debemos dejar que el pecado reine en nuestros cuerpos mortales (vv 12-13), sino
que debemos ofrecernos a Dios para ser “instrumentos de justicia” (ahí está una
vez más el tema de la justicia). Esto es difícil. ¿Cómo podemos hacer tales co-
sas? No es porque podamos obedecer Sus reglas (la “ley”, v 14) con nuestras
propias fuerzas, sino porque por gracia hemos llegado a ser personas diferentes
—somos “como quienes han vuelto de la muerte a la vida” (v 13).
Después, en los capítulos 6 y 7, Pablo explica que el ser nuevas personas,
muertas al pecado y vivas en Cristo, es el fundamento para este nuevo caminar.

» En Romanos 6:16-18, Pablo explica que podemos vivir vidas de “obedien-


cia que [llevan] a la justicia” porque “habiendo sido liberados del pecado,
ahora [somos] esclavos de la justicia”.

» En 6:22 dice: “Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han
puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad [o santificación] que con-
duce a la vida eterna”.

» En Romanos 7:4-6, Pablo nos dice que morimos con el fin de pertenecerle
“al que fue levantado de entre los muertos” para que “ahora, al morir a lo
que nos tenía subyugados, hemos quedado libres de la ley, a fin de servir a
Dios con el nuevo poder que nos da el Espíritu, y no por medio del anti-
guo mandamiento escrito”.

CUANDO QUIERO HACER EL BIEN,


ME ACOM PA ÑA EL MAL
Este estudio te puede dejar muy desalentado. La belleza de la resurrección en
Cristo parece tan distante de nuestra lucha diaria para ser discípulos fieles.
Pero si lees sobre la lucha de Pablo en 7:14-25, verás que es muy realista en
cuanto a la batalla que se libra con furia dentro del creyente. Quien ha nacido
de nuevo tiene nueva vida en Cristo; sin embargo, la antigua vida todavía está
ahí. La pregunta para Pablo (y para nosotros) parece ser: “¿Me enfocaré en
mi propia insuficiencia o en la sorprendente verdad de que he sido llevado a la
unión espiritual con el Cristo resucitado?”. Al final, ese enfoque en Cristo que
se da a conocer en el evangelio poco a poco nos va transformando a la imagen
de Cristo (2Co 3:18).1 Eso es la santificación por fe. “¿Quién me librará de
este cuerpo mortal?”. Esa pregunta tiene una respuesta para el que está vivo
en Cristo: “¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!” (Ro
7:25).

TIEMPO FUERA:

Conoce a Dietrich Bonhoeffer.

Bonhoeffer fue un pastor y erudito alemán que vivió durante los años que
precedieron a la Segunda Guerra Mundial. Se dio cuenta de que gran parte
de la iglesia de su país estaba totalmente satisfecha con lo que interpretaban
como la enseñanza de Martín Lutero acerca de la justificación, pero tenían
poco interés en vivir su fe. (No entendían correctamente a Lutero). En 1937
publicó un libro ahora famoso llamado El costo del discipulado, en el cual
introdujo un concepto que ha llegado a ser muy conocido: gracia barata. “La
gracia barata es el enemigo mortal de nuestra iglesia. Hoy estamos peleando
por la gracia cara… La gracia barata se refiere a la gracia como una doctri-
na, un principio, un sistema… la justificación del pecado sin la justificación
del pecador… la predicación del perdón sin demandar el arrepentimiento, el
del pecador… la predicación del perdón sin demandar el arrepentimiento, el
bautismo sin la disciplina de la iglesia, la comunión sin la confesión… La
gracia barata es gracia sin discipulado, gracia sin la cruz, gracia sin el Jesu-
cristo vivo y encarnado”.3¿Podríamos también decir que la gracia barata es
básicamente tratar de obtener la justificación sin la santificación?

Bonhoeffer permaneció como un discípulo fiel durante los años del dominio
de Adolf Hitler en Alemania. Estuvo a salvo en los Estados Unidos, pero en
1939 regresó a Alemania para llevar a su iglesia a resistirse a la enseñanza
nazi. Siguió sirviendo a Cristo hasta que fue ejecutado por los guardias de la
prisión nazi poco tiempo antes de que terminara la guerra. En El costo del
discipulado, Bonhoeffer escribió: “Cuando Jesús llama a un hombre, le or-
dena que venga y muera”.4Estas no solo fueron palabras; Bonhoeffer, como
muchos otros antes y después de él, murió porque era un discípulo fiel de
Jesús. Esta es una historia de la cual debes estar enterado.

LA JUSTIFICACIÓN Y LA SANTIFICACIÓN: VAN JUNTAS, PERO


SON DIFERENTES

Para entender mejor estos dos beneficios maravillosos de creer en el evangelio,


una buena técnica es compararlos y contrastarlos. ¿En qué se parecen y en
qué difieren?

» Tanto la justificación como la santificación están vinculadas directamente


con la historia del evangelio:

*La justificación nos vincula específicamente con la crucifixión de Jesús.


*La santificación nos vincula específicamente con la resurrección de Je-
sús.

» Tanto la justificación como la santificación tienen que ver con la “justicia de


Dios” que se revela en el evangelio (Ro 1:17):

*La justificación es cuando Dios nos declara justos.


*La santificación es cuando Dios nos hace justos.

» Recibimos tanto la justificación como la santificación por “la gracia de


Dios”:2

*La justificación es un acto de la gracia de Dios (una declaración).


*La santificación es una obra de la gracia de Dios (un proceso).

» Tanto la justificación como la santificación se reciben por fe:

* En la justificación creemos la promesa de Dios de que Su justicia se


satisface como resultado de la muerte de Cristo.

* En la santificación creemos la promesa de Dios de que estamos unidos


a Cristo en Su muerte por nuestro pecado y en Su resurrección para una
nueva vida.

» La justificación y la santificación tienen consecuencias prácticas:

*Debido a que hemos sido justificados, tenemos paz con Dios y confianza
para perseverar en el sufrimiento.

*Debido a que estamos siendo santificados, tenemos el poder para vencer


nuestro pecado y vivir una vida nueva.
Una verdad debe ser clara a estas alturas: la salvación incluye tanto la justi-
ficación como la santificación (incluso más, como veremos). No las confundas,
pues nuestra esperanza se basa en la justicia de Cristo que nos es imputada (justi-
ficación) no en qué tanto hemos progresado en nuestra santificación. Pero tam-
poco las separes. Jesús nos llama y nos perdona, y es Su poder el que nos trans-
forma.

LA SANTIFICACIÓN —LA VIDA EN EL ESPÍRITU

Romanos 8 es uno de los capítulos más extraordinarios de esta extraordinaria


carta. Seguro pensaste lo mismo cuando lo leíste para hacer tu tarea. Se trata
de la nueva vida que tenemos “en Cristo”. Esta vida también se llama la “vida
en el Espíritu”, lo contrario a vivir “según la naturaleza pecaminosa” (Ro
8:4).5

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 8:1-11


Tal como he dicho acerca de los otros pasajes que has estado leyendo, no trates
de entender en este momento todo lo que está aquí. Pero date cuenta de que Pa-
blo está comenzando a juntar las bendiciones de la justificación y la santifica-
ción, cuando dice que “las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros
[justificación], que no vivimos [caminamos] según la naturaleza pecaminosa [la
carne] sino según el Espíritu [santificación]” (Ro 8:4).
Si eres como yo, no sueles sentirte como si estuvieras viviendo bajo el control
del Espíritu. Nos parece que la naturaleza pecaminosa tiene mucho más poder
del que debería. Esta es la lucha que enfrentan todos los discípulos. Hasta Pablo
tuvo esa batalla, como vimos en Romanos 7:14-25. Pero al final celebró el hecho
de que Jesucristo nuestro Señor es mucho más poderoso que nuestro pecado, y
pudo decir: “Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están uni-
dos a Cristo Jesús” (Ro 8:1). Mientras estemos en este cuerpo mortal, vamos a
tener esta lucha, pero llegará el día en que el Cristo resucitado le dará nueva vida
no solo a nuestros espíritus, como lo hace ahora, sino también a nuestros cuerpos
(Ro 8:11).

ADOPCIÓN EN LA FAMILIA DE DIOS

Sigue leyendo Romanos 8 porque Pablo nos lleva al tercer beneficio, y tal vez
el más maravilloso de todos los beneficios de creer en el evangelio: la adop-
ción. No le debemos nada a la antigua vida; solo nos destruyó. En cambio, la
nueva vida nos ha llevado a una nueva familia —ahora le pertenecemos a
Dios como hijos adoptados, y Jesús es nuestro hermano mayor. Un gran maes-
tro de la Biblia escribió que si la justificación es la bendición primaria del
evangelio, entonces la adopción es la bendición suprema.6 ¿Por qué diría eso?
Piénsalo.

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 8:12-17


El proceso humano de la adopción tiene dos partes básicas. La primera es que se
debe llevar a cabo una transacción legal. Un juez hace un registro en el que de-
clara que cierto niño es ahora el hijo o la hija de una determinada pareja. Todo
esto se escribe en un libro, y el niño pasa a tener el apellido de la familia y los
derechos que acompañan el ser un miembro de la familia. Entonces viene la se-
gunda parte: al niño se le da la bienvenida a la familia, y día a día crece ese amor
que le da un sentido de pertenencia y seguridad. Aunque la parte legal es una
realidad, la relación va a tomar tiempo.
De la misma manera, digamos que la adopción es lo que une a la justificación
(ser declarado parte de la familia de Dios, como un acto legal) con la santifica-
ción (ser hecho parte de la familia de Dios, por la obra del Espíritu). La palabra
que se traduce “adopción” o “filiación” en el versículo 8:14 implica esas dos
ideas. Pablo dice literalmente: “Ustedes han recibido el Espíritu de adopción
para su filiación”. La adopción es la declaración legal; la filiación es la nueva
relación que tenemos con Dios y Su pueblo. Es por el Espíritu que ahora nos di-
rigimos a Dios usando el término íntimo Abba. En el idioma hebreo, la raíz de la
palabra padre es ab. Así que un bebé que está tratando de aprender a decir eso
balbucearía: “Abba”, de la misma manera en que un niño que hable español di-
ría: “Papá”.

¿ESTÁS VIVIENDO COMO UN HUÉRFANO?

“¿Estás viviendo como un hijo o como un huérfano?”. Esa era la pregunta pe-
netrante que solían hacer Jack Miller y los otros líderes del movimiento de re-
novación que él comenzó, llamado Sonship [Filiación]. El nombre encajaba
muy bien, pues la misión de Sonship era ayudar a hombres y mujeres que eran
hijos de Dios por medio de la fe en Jesucristo, pero que estaban viviendo como
huérfanos inseguros que tenían que cuidar de sí mismos. Es posible que tuvie-
ran una comprensión teológica de la adopción, pero no estaban disfrutando su
filiación —los privilegios de su nueva relación con Dios.7
TIEMPO FUERA:

¿Te recuerda esto a la Oración del Señor?

Debería. Cada vez que decimos: “Padre Nuestro que estás en el cielo”, se
nos recuerda nuestra adopción en Cristo. Estamos hablando con Dios con el
mismo nivel de intimidad que lo hacía Jesús. Marcos 14:36 registra que la
noche antes de Su crucifixión se dirigió a Dios como Su Abba, pero esa era
la manera habitual en que hablaba con Su Padre. ¡Y ahora tú y yo tenemos
el mismo privilegio! Ahora podemos hablar con Dios como hijos e hijas, no
como extranjeros, y hasta somos “herederos de Dios y coherederos con
Cristo” (Ro 8:17). La próxima vez que comiences tu oración con “Padre
Nuestro”, detente y medita en lo que eso significa para ti.

EL SUFRIMIENTO Y LA GLORIA

Hemos empezado a pensar en las bendiciones que nos trae este asombroso re-
galo de la filiación. Si hicieras una lista de estas bendiciones, ¿incluirías el sufri-
miento? Si buscas en Romanos 8:17, verás que debe ser parte de la lista. Como
hermanos y hermanas de Cristo somos llamados a compartir Sus sufrimientos
con el fin de que también podamos compartir Su gloria. Este será el tema de
nuestra siguiente lección, donde hablaremos acerca de los beneficios de creer en
el evangelio.

RESUMEN DEL CAPÍTULO 8


Mi resumen serán las preguntas del Catecismo Menor que describen los bene-
ficios para quienes son llamados eficazmente (nos. 32-36):

¿De cuáles beneficios participan en esta vida los que son llamados eficaz-
mente?
Los que son llamados eficazmente participan en esta vida de la justificación,
la adopción, la santificación y de los varios beneficios que acompañan a es-
tos o se derivan de ellos.

¿Qué es la justificación?
La justificación es un acto de la gracia de Dios, mediante el cual perdona to-
dos nuestros pecados y nos acepta como justos ante Él; mas esto solamente
en virtud de la justicia de Cristo, la cual nos es imputada únicamente por la
fe.

¿Qué es la adopción?
La adopción es un acto de la gracia de Dios, mediante el cual somos recibi-
dos en Su familia y pasamos a disfrutar de todos los privilegios de los hijos
de Dios.

¿Qué es la santificación?
La santificación es la obra de la gracia de Dios, mediante la cual somos
completamente renovados según la imagen de Dios y capacitados más y más
para morir al pecado y vivir en rectitud.

¿Cuáles son los beneficios que acompañan a la justificación, la adopción


y la santificación, o que se derivan de ellas, en esta vida?
Los beneficios que acompañan a la justificación, la adopción y la santifica-
ción, o que se derivan de ellas, en esta vida son la seguridad del amor de
Dios, la paz de conciencia, el gozo en el Espíritu Santo, el crecimiento en
gracia y la perseverancia en ella hasta el fin de nuestras vidas.

TAREAS

1. Sigue leyendo tu Biblia. Lee Romanos 8-11 como preparación para la si-
guiente lección. Presta atención especial a la última mitad del capítulo 8,
versículos 18-39. Después lee la carta de Pablo a los filipenses. Esta carta
te dará una buena idea de la actitud que tuvo Pablo mientras enfrentaba la
muerte como resultado de su servicio a Cristo.

2. Sigue aprendiendo a orar y escribiendo en tu diario.

3. Da seguimiento a las tareas anteriores.

*¿Has revisado tu autobiografía espiritual? Espero que le puedas ir agre-


gando cosas a medida que aprendes más acerca del discipulado, ya sea por
medio de esta clase, de otras experiencias o de tus lecturas.

*¿Has hecho una confesión pública de tu fe y te has unido a una iglesia


que esté centrada en Cristo?

*¿Te estás reuniendo con un grupo pequeño en el cual puedas ser animado
y animes a los demás?
Capítulo 09

Un nuevo futuro:
la glorificación
Romanos 8 tiene un lugar muy especial en los recuerdos de mis pri-
meros días como discípulo de Jesús. Ni siquiera estoy seguro de si me
consideraba un discípulo en ese momento, pues era un bebé en la fe.
Después de mi bautismo y de mi compromiso inicial de estudiar la Bi-
blia y tener comunión con otros creyentes, me mudé lejos de la iglesia
que me ayudó a empezar, y mi caminar con Cristo casi desapareció.
Sin embargo, gracias a Dios nunca abandoné mi nuevo hábito de leer
un capítulo de la Biblia todas las noches antes de irme a dormir. Sabía
que no era suficiente para sostener mi fe, pero traté de seguir leyendo
aunque no entendiera mucho. Recuerdo que una noche mi lectura me
llevó a Romanos 8. Los últimos dos versículos proclaman que nada en
toda la creación “podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifes-
tado en Cristo Jesús nuestro Señor”. A medida que leía esos versícu-
los, sabía que mi nueva fe era algo que Dios había empezado y que de
alguna manera Él me regresaría al camino. Cómo sucedió, eso es otra
historia, pero esa noche me fui a dormir confiando en que el amor de
Dios era mucho más grande de lo que había imaginado.

En este capítulo voy a completar el estudio de los beneficios que reci-


bimos cuando creemos en el evangelio. Estos beneficios no solo son
para esta vida sino también para la vida venidera, y es por eso que la
segunda mitad de Romanos 8 enfatiza dos palabras: esperanza y glo-
ria.

Compartiendo los sufrimientos de Cristo


No podemos hacer una consideración seria del discipulado y dejar a
un lado el tema de las luchas y el sufrimiento. Recuerda tu lectura de
Marcos. Cuando Jesús estaba tratando de preparar a los nuevos discí-
pulos para la realidad de Su muerte inminente, les enseñó que ellos
también tenían que prepararse para morir. Les dijo: “Si alguien quiere
ser Mi discípulo… que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su
vida por Mi causa y por el evangelio, la salvará” (Mr 8:34-35). Al
igual que Dietrich Bonhoeffer, miles y posiblemente hasta millones de
hombres y mujeres han perdido sus vidas por amor a Jesús y al evan-
gelio, y esto sigue sucediendo hoy en día. Pero ya sea que muramos o
no como mártires, todo el que sea un discípulo de Jesús va a compartir
los sufrimientos de Jesús de alguna forma u otra. Pablo, así como Je-
sús mismo, aclara esta verdad. En Romanos 5 Pablo enseñó que ya
que hemos sido justificados por medio de la fe, podemos gozarnos en
la esperanza de la gloria de Dios, y eso incluye gozarnos en nuestros
sufrimientos (5:1-5). A medida que avanzamos en nuestra lectura de
Romanos 8, aprendemos más acerca de lo que eso significa.
Lee tu Biblia — Romanos 8:17-27

¿Alguna vez has pensado que algo anda terriblemente mal en este
mundo? Ya sea que eso signifique tragedias personales, violencia en
nuestras comunidades o grandes desastres naturales, todos los días so-
mos confrontados con la realidad de que este mundo no es el lugar
que debería ser. Pablo usa una poderosa ilustración para describir esta
realidad en el versículo 22 —el dolor de una mujer durante el parto:
“Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera
dolores de parto”. Esto nos recuerda que este mundo ha estado bajo
una maldición desde el tiempo de la Caída. Y aunque los creyentes
han comenzado a saborear las bendiciones de la salvación de Dios
(“las primicias del Espíritu”, v 23), nosotros también “gemimos inte-
riormente”.
Nota que Pablo dice que estamos gimiendo porque estamos esperando
nuestra “adopción”. Pero ¿no aprendimos ya acerca de nuestra adop-
ción en los versículos 8:15-17? ¿No enseñan estos versículos que es
ahora que “el Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos
hijos de Dios” (v 16)? ¿Qué quiere decir que estamos esperando nues-
tra adopción? Esto quiere decir que la adopción que estamos viviendo
hoy es solo un anticipo de nuestra adopción completa, que va a incluir
la “redención de nuestro cuerpo” (v 23). Lo que es sorprendente es
que esta adopción final es para la redención que Dios hará de toda la
creación: “... la creación misma será liberada de la corrupción que la
esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (v
21).

¿Cómo es posible que todo esto suceda? La respuesta nos llega por
medio del evangelio. Como sabemos, el evangelio es la historia de Je-
sús, quien vino a traer paz, la shalom de Dios, desde el cielo a la tie-
rra. Jesús lo llamó “el Reino de Dios” (Mr 1:15). Él lo logró yendo a
la guerra contra Satanás y el último enemigo, la muerte. Echó fuera
demonios, sanó a enfermos, resucitó a muertos y Él mismo enfrentó la
muerte en la cruz. ¡Y Jesús ganó! Su muerte y resurrección marcaron
el punto crucial en el gran plan de Dios de renovar cada aspecto de la
maldición del pecado. La guerra no ha terminado, pero el resultado es
seguro y toda la creación está esperando el día en que Dios perfeccio-
ne lo que planea hacer por Sus hijos (Ro 8:19) y Jesús regrese a res-
taurar todas las cosas.

No es de extrañar que Pablo diga que cualquier sufrimiento que deba-


mos soportar mientras esperamos no se puede comparar con la gloria
que habrá de revelarse (v 18). Este es el tiempo en que nos toca espe-
rar, pero lo hacemos con una esperanza tan real como la resurrección
de Jesús. Y mientras esperamos, servimos a Jesús con la ayuda del Es-
píritu Santo, quien va dándonos una relación cada vez más profunda
con el Padre (vv 26-27).
Llamados de acuerdo con Su propósito

Existe otra razón por la que podemos vivir en medio de un mundo lle-
no de sufrimiento, incluyendo el nuestro. Pablo explica que todo esto
es parte de la revelación de la voluntad de Dios. Cada uno de nuestros
sufrimientos son partes muy pequeñas de algo mucho mayor de lo que
pudiéramos imaginar. En los siguientes versículos Pablo echa un pe-
queño vistazo al misterio del plan eterno de Dios.

Tiempo fuera:

¿Qué hay en cuanto a ir al cielo cuando muramos? ¿No es de eso que


trata la salvación?

La respuesta es sí y no. Sí, porque el futuro glorioso, que es nuestra


esperanza, será cuando Cristo regrese a la tierra. Todavía está la pre-
gunta de qué sucede con los seguidores de Jesús que mueren antes de
que eso ocurra. La Biblia enseña que en su muerte van a estar en la
presencia de Dios. Nosotros pensamos en el lugar de la morada de
Dios como el “cielo”, y es por eso que “ir al cielo” es una buena for-
ma de describir lo que le pasa a un creyente cuando muere. Pablo, sa-
biendo que podía morir en cualquier momento, le escribió esto a la
iglesia de Filipos desde la prisión: “... deseo partir y estar con Cris-
to...”. También dijo: “Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es
ganancia” (Fil 1:21-23).

Pero la salvación no trata simplemente de ir al cielo. Esto queda claro


en Romanos 8, y podríamos estudiar muchos otros pasajes que con-
cuerdan con esto. Dios un día hará de esta tierra un nuevo lugar, y no-
sotros somos parte de la gran renovación cuando seguimos a Jesús aun
en medio del sufrimiento. Confieso que he luchado con la idea de que
mi propósito en la vida es esperar hasta que muera para poder ir al cie-
lo. Tal vez tienes esta misma lucha. Creo que esa idea está detrás del
mensaje que transmiten muchos sermones y canciones que hablan del
evangelio, pero en realidad no se trata solo de eso. Me pregunto si esa
es una razón por la cual ser un discípulo es opcional para muchos que
se hacen llamar cristianos. Pareciera que la gente cree en Jesús solo
para conseguir un boleto al cielo, pero el evangelio y nuestra esperan-
za para el futuro tienen muchas otras implicaciones. Jesús murió para
traer el Reino de Dios, y un día lo veremos y experimentaremos en
toda su plenitud y gloria. Esa es nuestra gran esperanza..
Lee tu Biblia — Romanos 8:28-30

Comenzamos nuestro estudio de discipulado con el llamado de Jesús.


Volvimos a ver el llamado al principio de Romanos. Ahora Pablo le
agrega algo a la idea cuando dice que somos “llamados de acuerdo
con Su propósito”. Nuestro llamado es el resultado del plan de Dios
(“a los que predestinó”) porque nos ha conocido (“a los que conoció
de antemano”) desde toda la eternidad. Y si Dios nos ha llamado, tam-
bién nos ha justificado; y si nos ha justificado, también nos ha glorifi-
cado (v 30). ¡GUAU! ¿Qué podemos decir a eso? Esa es exactamente
la pregunta que Pablo plantea conforme el pasaje sigue avanzando (v
31).

Tiempo fuera:

Entonces ¿qué es la glorificación?

La glorificación es la consumación de la salvación que Dios comenzó


cuando nos llamó. Romanos 8:30 dice que a los que llamó y justificó,
“también los glorificó”. Esto se afirma como si la glorificación ya fue-
ra nuestra. ¡Y lo es! Lo que Dios ha planeado pasará, y por eso ya es-
tamos experimentando un poco de la gloria venidera, porque estamos
“en Cristo”. La clave de la glorificación es la resurrección de Jesús. El
Cristo resucitado nos da una nueva vida ahora (la regeneración y la
santificación), pero hay más. Vendrá un tiempo en el que los que per-
tenecen a Cristo también serán resucitados físicamente con la misma
clase de cuerpo renovado que tuvo Jesús en Su resurrección. Jesús
mismo enseñó esta verdad (Jn 5:24-30), al igual que Pablo (1Co 15;
2Co 4:7–5:10; Col 3:1-4; 1Ts 4:13-18). La esperanza que Pablo des-
cribe en Romanos 8 se fundamenta en el regreso de Cristo y el día de
la resurrección.

Cualquiera que sea tu trasfondo, seas discípulo nuevo o renovado,


puedes apreciar que este misterio de la predestinación de Dios es algo
realmente impresionante. No intentes “resolverlo” porque no vas a po-
der —es Dios revelando Su soberanía (que es una palabra que signifi-
ca “nada más alto”, “sin darle cuentas a nadie”). 1 Aquí la intención
de Pablo es juntar todas las piezas de nuestra salvación (tales como el
llamado, la justificación y la glorificación) para ayudarnos a ver el
cuadro completo —no para confundirnos, sino para darnos una mayor
esperanza— que Dios, quien tiene un propósito eterno para toda Su
creación, ¡está de nuestra parte! ¿Qué más podríamos pedir?

¿Qué diremos frente a esto?


No olvides que el propósito de Dios es muy claro. El propósito es que
lleguemos a ser “transformados según la imagen de Su Hijo” (Ro
8:29). El “bien” que Dios está obrando en nuestras vidas es hacernos
más como Jesús. Muchas veces se cita Romanos 8:28 para asegurarle
a la gente que todas las cosas obran para nuestro bien, refiriéndose a
que la voluntad de Dios siempre es que estemos contentos y saluda-
bles y seamos prósperos. Este no es el significado del texto. Si esas
cosas sirven al propósito de hacernos más como Cristo, entonces Dios
podría usarlas para bien. Pero si lo que contribuye al propósito de
Dios es el sufrimiento o la persecución, el hambre o la espada, enton-
ces eso será lo que Él va a enviar. Lee con cuidado los últimos ver-
sículos de Romanos 8, y presta especial atención a todas las preguntas
que hace Pablo al cerrar este sorprendente capítulo.
Lee tu Biblia — Romanos 8:31-39

¿Alguna vez has ido a una presentación en vivo de la Obertura 1812


de Pyotr Ilyich Tchaikovsky? Él la escribió para celebrar la victoria
del ejército ruso sobre Napoleón en las afueras de Moscú. La música
está llena de vida y alegría, pero la verdadera celebración empieza
cuando llega el momento del clímax. Las campanas repiquetean, los
tambores y los címbalos chocan ruidosamente, y el canon empieza a
rugir por encima de todos los instrumentos. Es una pieza musical
emocionante. Cuando leo estos versículos en Romanos 8, pienso en la
Obertura 1812. Una pregunta lleva a una respuesta que desata otra
pregunta y otra respuesta. Pablo no puede contener su gozo al escribir:

»Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra nuestra?

»Si Él no escatimó ni a Su propio Hijo, ¿cómo no habrá de darnos ge-


nerosamente, junto con Él, todas las cosas?

»¿Por qué habríamos de temer en el día del juicio si Dios el Padre nos
ha escogido y Cristo está ahí para defendernos?

»Y ¿qué nos puede detener en esta vida? Sí, va a ser difícil, pero…

»Somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.

»Por lo tanto, nada —nada en nuestro pasado, presente o futuro, ya


sea que lo podamos ver o no, nada en toda la creación— nos puede se-
parar del amor de Dios que es nuestro en Cristo Jesús.

La seguridad de salvación

Los últimos dos versículos de Romanos 8, que tanto significaron para


mí cuando era un creyente joven y débil en la fe, nos llevan a la con-
clusión de Pablo acerca del significado de que Dios en Su misericor-
dia nos haya dado la salvación en Jesucristo. Somos salvos en el pre-
sente, pero esta salvación es eterna: “Porque la paga del pecado es
muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús,
nuestro Señor” (Ro 6:23). Ahora me doy cuenta del beneficio que es-
tos versículos me impartieron esa noche: seguridad de salvación. Fue
el susurro del Espíritu Santo dando testimonio a mi espíritu de que yo
era un hijo de Dios (8:16). No solo es posible tener paz con Dios, sino
que también podemos estar seguros de que estamos en paz con Dios.
Esto no es presunción (aunque ciertamente puede serlo si no se tiene
un deseo sincero de seguir a Jesús); es fe. Creemos y descansamos en
las promesas de Dios que son nuestras por medio del evangelio.

Antes de participar de la Cena del Señor, en muchas iglesias se sigue


la tradición de proclamar juntos: “Cristo ha muerto, Cristo ha resucita-
do, Cristo viene otra vez, ¡aleluya!”. Después, las personas reciben el
pan y el vino para dar testimonio de que la esperanza de su salvación
descansa en el Cristo que confiesan. Cada Cena del Señor es una
oportunidad para reafirmar que nuestra esperanza está únicamente en
Cristo.2

☼Para meditar

¿Has llegado al punto en el que te sientes seguro de tener salvación en


Cristo? Anota tus pensamientos y habla de esto en tu grupo. Si eres un
discípulo de Jesús, la seguridad de salvación es un privilegio que te
pertenece. Te dará libertad para seguirle en cualquier lucha que esté
por delante porque sabes que nada te puede separar del amor de Dios
que es en Cristo Jesús, tu Señor.

Juntando las piezas

Sé que a lo mejor he llenado tu plato con mucho más de lo que puedes


asimilar en este momento. Sin embargo, ten en mente que Romanos
fue escrito para una iglesia joven llena de discípulos nuevos y renova-
dos así como tú. Pablo entendía que ellos podían leer sus escritos y
discutirlos juntos una y otra vez, y esa también es mi expectativa.
Siempre habrá más que aprender. He enseñado estos pasajes muchas
veces, pero preparar estos estudios ha abierto mis ojos a nuevas pro-
fundidades del evangelio. Uno de los aspectos fundamentales de cre-
cer como discípulos de Jesús es tener un deseo interminable de apren-
der acerca de Él y de lo que nos está llamando a hacer. Así que una
vez más enfatizo, tómate tu tiempo y deja que el evangelio penetre tu
alma.

Aquí está un diagrama que espero te ayude a juntar las piezas del
evangelio.3 Ten en mente que la verdad fundamental de todo lo que
estamos estudiando es nuestra unión espiritual con Cristo en Su muer-
te y resurrección (representada con la X en el centro de la rueda). Nin-
guno de estos grandes beneficios de la salvación —el llamado, la con-
versión, la justificación, la santificación, la adopción y la glorificación
— tendrá significado alguno si hacemos a un lado el hecho de que son
nuestros “en Cristo”, quien se revela en el evangelio. Esto quiere decir
que regresamos al evangelio como el fundamento de nuestra vida en
Cristo.
Resumen del Capítulo 9

No se puede hablar del discipulado sin considerar el tema del sufri-


miento; pero Romanos 8 nos enseña que el sufrimiento es insignifi-
cante comparado con la gloria que ha de venir:

»Toda la creación lucha bajo la maldición.

»Cuando Cristo regrese para resucitar a Su pueblo de los muertos,


toda la creación también será redimida.

»Ir al cielo cuando muramos solo es una parte del cuadro.

Llamados de acuerdo con Su propósito:

»Dios nos conoce y nos predestinó.

»A los que Él predestinó los llamó, los justificó y los glorificó.

»La glorificación es la consumación de nuestra salvación —está vin-


culada a lo que le pasó a Jesús en la resurrección.

¿Qué podemos decir a esto? ¡GUAU!

»El propósito de Dios es evidente —hacernos semejantes a Cristo,


nuestro hermano mayor.

»Pablo plantea una serie de preguntas dramáticas.

»Nada nos puede separar del amor de Dios en Cristo.

Seguridad de salvación:

»Descansamos solo en Cristo.

Juntando las piezas:

»La rueda.

Tareas

1.Sigue leyendo tu Biblia. Para prepararte para la siguiente lección,


lee Romanos 12-14. Comienza a leer el Libro de los hechos. Este libro
narra la historia de Jesús cuando comenzó a edificar Su iglesia des-
pués de Su resurrección y ascensión. Haz un plan que te ayude a com-
pletar la lectura de Hechos antes de empezar a estudiar el capítulo 12
de este libro.

2.Escribe en tu diario. ¿Cuáles fueron tus pensamientos en cuanto a la


seguridad de salvación? ¿Estás anotando las preguntas que surgen
mientras lees tu Biblia y preparas las lecciones?
PASOS PARA CAMINAR CON JESÚS

EN EL DISCIPULADO

Paso 1
Conoce el evangelio mismo

Paso 2
Conoce cómo llegaste a creer en el evangelio

Paso 3
Conoce los beneficios de creer en el evangelio
(doctrinas del evangelio)

Paso 4
Vive una vida que fluya del evangelio
(obediencia al evangelio)
CAPÍTULO 10

LA FE QUE SE EX PRE SA EN EL AMOR

E n la primera lección de Caminando con Jesús conocimos a Leví, el recau-


dador de impuestos. Jesús caminó hacia él (hasta donde sabemos era la pri-
mera vez que lo veía) y le dio una sola orden: “Sígueme”. Y se nos dice que Leví
se levantó y lo siguió.
En su libro El costo del discipulado, Dietrich Bonhoeffer (¿lo recuerdas?) dice
algo acerca del llamado que Jesús le hizo a Leví: “Sale el llamado y la respuesta
inmediata es obediencia. La respuesta de los discípulos es un acto de obediencia,
no una confesión de fe en Jesús. ¿Cómo pudo el llamado provocar una obedien-
cia inmediata?”.1 Bonhoeffer explica que la razón por la que cualquiera de noso-
tros responde al llamado “es Jesucristo mismo… Jesús dispone a los hombres a
seguirle, no como a un maestro o como a una costumbre habitual de una vida
buena, sino como al Cristo, el Hijo de Dios”. 2 Y cuando Jesús llama, nosotros
vamos y le seguimos. Si entendemos esto, no hay conflicto entre la fe y la obe-
diencia. En sus primeras palabras a la iglesia de Roma, Pablo habló de su mi-
sión: “... persuadir a todas las naciones que obedezcan a la fe” (Ro 1:5). Pablo
termina Romanos con esa misma frase: “... a todas las naciones para que obedez-
can a la fe” (16:26, RVC).
Esto nos lleva al cuarto paso del discipulado a través del evangelio: la obe-
diencia al evangelio. Yo lo llamo la obediencia al evangelio porque ciertamente
puede haber un enfoque a la obediencia que se defina simplemente como “hacer
nuestro deber” o “cumplir las reglas”. Hacer lo correcto por las razones equivo-
cadas no honra a Cristo. Ni tampoco la obediencia cuando es un esfuerzo para
pagarle a Dios por Su salvación, como si pudiéramos hacernos dignos de Su gran
amor y gracia. Pero hay un fruto natural que surge de la fe en el evangelio que es
producida por el Espíritu, y es por eso que Pablo lo llama “[obedecer] a la fe”.
Es solo entonces que el evangelio se hace visible en nuestras vidas y comenza-
mos a aprender lo que quiere decir: “El evangelio cambia todo”.
En tu lectura de Romanos 12, ¿notaste la forma tan natural en que Pablo pasa
de su enseñanza extensa acerca de la misericordia de Dios al reto de la obedien-
cia?3 Somos instados a ofrecernos como sacrificios vivos. Somos llamados a este
acto de obediencia, no para ganar la misericordia de Dios, sino como resultado
de ella.

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 11:33–12:8

LA VIDA EN LA COMUNIDAD DE LOS CREYENTES

En la lectura es evidente que Pablo suponía que sus lectores eran parte de un
“cuerpo”, que es una de las formas comunes en que el Nuevo Testamento descri-
be a la iglesia. Esto refuerza el punto que desarrollé en el capítulo 2: no existe
ninguna idea por parte de Jesús, de Pablo o de alguno de los otros autores bíbli-
cos que enseñe que podemos ser discípulos por nuestra cuenta. Llevamos a cabo
nuestro llamado siendo miembros de una comunidad de creyentes.
Romanos 12 comienza con el mandato a todos los hermanos de ofrecer sus
cuerpos a Dios como sacrificios vivos. Esta dedicación de todo nuestro ser es
agradable a Dios, y Él la recibe como un acto de adoración. He escuchado mu-
chas prédicas sobre este texto, y se suele bromear diciendo que el problema con
los sacrificios vivos es que ellos siempre están tratando de bajarse del altar. ¡Muy
cierto!
Ofrecernos a Dios de esta manera significa que:

» Dejamos de conformarnos a los estándares de este mundo (hábitos, accio-


nes y actitudes que reflejan la vida pasada sin Cristo). Otra traducción
dice: “... no adopten las costumbres de este mundo...” (RVC).

» Comenzamos a ser transformados (esta es la palabra metamorfosis que


usamos para describir la transformación de una oruga en mariposa) por la
renovación de nuestras mentes. Esto se va a lograr a medida que aprenda-
mos a fijar nuestras mentes en Cristo y dejemos que la Palabra de Dios
moldee nuestro pensamiento.

» Cuando servimos en la iglesia de Jesús lo hacemos con humildad, no con


arrogancia.

Pablo después presenta la importante verdad de que si la iglesia es el cuerpo


de Cristo, todos somos uno. Sin embargo, al igual que las partes del cuerpo hu-
mano, cada miembro tiene una tarea diferente que desempeñar para que el cuer-
po esté saludable. Para realizar esas tareas se han dado “dones” a los miembros
del cuerpo. Hay varias listas de esos dones en las diferentes cartas a las iglesias.
(1 Corintios 12 es otro ejemplo.) Nota que Pablo hace una lista de siete dones
básicos en este pasaje:

» Profecía (predicar o proclamar la Palabra de Dios)

» Servicio

» Enseñanza
» Alentar a otros

» Contribuir con dinero

» Liderazgo (administración)

» Mostrar misericordia

¿Crees que puedes aportar en tu iglesia con alguno de estos dones? Esta lista
no tiene la intención de proponer los únicos dones que podemos ofrecer a la igle-
sia, pero sí nos reta a considerar en oración lo que podríamos hacer por la salud
de la misma. Muchas veces descubrirás tu don o tus dones a medida que te invo-
lucres en los ministerios de tu congregación. Anota algunos pensamientos acerca
de esto o coméntalo en tu grupo.

LO ÚNICO QUE CUENTA ES EL AMOR

Todas las diferentes obligaciones que se esperan de un discípulo se pueden re-


sumir en una sola palabra: amor. El famoso capítulo sobre el amor, 1 Corin-
tios 13, aparece en medio de una exposición sobre el uso y el mal uso de los
dones en la iglesia. Nada de lo que hagamos tendrá valor si no tenemos amor
(1Co 13:2); ni nuestras profecías, ni las ofrendas a los pobres, ¡ni siquiera
nuestra fe! Casi todas las listas de las virtudes piadosas en el Nuevo Testamen-
to comienzan o terminan con el amor. Después de amonestar a los gálatas por
abandonar el evangelio para ir tras una religión por obras, Pablo hizo esta ex-
traordinaria declaración: “... lo que vale es la fe que actúa mediante el amor”
(Gá 5:6). Este próximo pasaje de Romanos 12 comienza con el amor.

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 12:9-21


A medida que lees el pasaje, ¿puedes comenzar a entender por qué un pequeño
grupo de personas que tomó en serio estos mandamientos pudo cambiar al
mundo? Al principio los discípulos de Jesús fueron despreciados como débiles,
pero poco a poco sus actos de bondad entre ellos y hacia sus prójimos sobresa-
lieron contrastando así totalmente con la avaricia y el odio del mundo. La gen-
te era atraída, como lo fue nuestro amigo Tito, a aprender más acerca del Je-
sús que estos cristianos estaban siguiendo. La expansión de la iglesia es una
historia extraordinaria, y detrás de esa historia está la historia de la fe que se
expresa por medio del amor.

TIEMPO FUERA:

¿A qué te refieres cuando hablas del amor?

Buena pregunta. Es muy importante que tengamos un entendimiento correcto de lo que es el amor. El Nue-
vo Testamento es muy claro en cuanto a su significado. El idioma griego tenía tres palabras principales para
amor. Eros se refiere al amor apasionado. Muchas veces este no conocía límites, y nuestra palabra erótico
proviene de esa raíz. Siempre se refiere al amor impulsado por los sentimientos. Estar “enamorado” es eros
Philos, por otro lado, era una palabra que se usaba para indicar amistad o afecto. Yo vivo en Philadelfia —
la ciudad del “amor fraternal”. La tercera palabra para amor es agape. Cuando demuestro amor agape
quiero lo mejor para esa persona, y me voy a esforzar e incluso a sacrificar con tal de mostrar mi amor. Las
versiones más antiguas de la Biblia traducían la palabra como “caridad” para demostrar que agape implica-
ba hacer algo bueno por los demás.
A lo mejor no te sorprende saber que aunque esta palabra rara vez aparece en los escritos griegos seculares
de la época, agape es la palabra que se usa con mayor frecuencia en el Nuevo Testamento para referirse al
amor. Cuando “tanto amó Dios al mundo” (Jn 3:16), hizo algo para mostrar ese amor: envió a Su Hijo.

En Romanos 12:9 leíste: “El amor [agape] debe ser sincero”. Puedes poner
esa frase en negritas, seguida por las declaraciones que dan ejemplos específicos
de cómo es el amor. Nota que el versículo 10 dice que el “amor fraternal” (phi-
los) es parte de la manera en que amamos. El amor hasta nos capacita para no
vengarnos y así vivir en paz con todos (si es posible) y ser buenos con nuestros
enemigos (12:17-19). ¿Cómo podemos hacer esto? Esta clase de amor es algo
que solo Jesús pudo expresar. ¡Ese es el punto! Nuestro amor por los demás es
un desbordamiento del amor que hemos experimentado en Jesús. Él nos ha lla-
mado a seguirle, y Su llamado incluye amar a nuestros enemigos. Esto no signi-
fica que nos tienen que caer bien, sino que tenemos que procurar su bien (12:21).
Esto es agape —el amor como un acto de obediencia.

EL AMOR —EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY

Ahora que comprendes la naturaleza del amor bíblico, también puedes enten-
der que el amor no está en oposición a la verdad de Dios y Su ley. Cuando el
amor solo es “sentimental”, como lo llama Lewis, y “amamos” según nuestros
sentimientos o por lo que la otra persona nos está pidiendo, ese camino puede
ser destructivo. Muchos padres bien intencionados aprendieron esa lección a
las malas. El amor nos llama a hacer lo que está bien y lo que es mejor para la
persona que amamos; esto es lo que hoy se conoce como “amor de mano fir-
me”. La ley de Dios nos explica lo que significa ese amor de mano firme. Lee
esta próxima sección de Romanos donde Pablo trata este punto.

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 13:8-10


Recuerda que la palabra ley se debe entender en su contexto. Ley se puede re-
ferir solo al Antiguo Testamento (Ro 3:21) o a un punto de vista legalista de
guardar todas las leyes del Antiguo Testamento

TIEMPO FUERA:
Conoce a C. S. Lewis.

C. S. Lewis fue un erudito británico de la literatura clásica que vivió en el


siglo pasado. Se topó con la fe leyendo literatura excelente y dándose cuenta
de que el mejor pensamiento y la mejor imaginación les pertenecían a los
cristianos. Al convertirse al cristianismo, Lewis usó su don de escritura para
impactar a muchos lectores, y sus escritos siguen siendo muy populares has-
ta el día de hoy. Se han hecho adaptaciones fílmicas de algunos libros de su
serie de fantasía Las crónicas de Narnia (como El león, la bruja y el ropero y
El príncipe Caspian). Como discípulo nuevo o renovado, te sería provecho-
so leer Las cartas del diablo a su sobrino, de Lewis, en las que un diablo le
escribe a su sobrino, “Orugario”, un demonio principiante, acerca de cómo
minar la fe de un nuevo creyente.

Quizá Lewis es mejor conocido por su libro Mero cristianismo, que origi-
nalmente fue una serie de los programas de radio de la BBC en la década de
1940. En el capítulo sobre la caridad, esto fue lo que dijo en cuanto a actuar
con amor independientemente de que otro nos caiga bien: “No pierdas tiem-
po analizando si realmente “amas” a tu prójimo; actúa como si lo amaras…
Por tanto, aunque la caridad cristiana suene como algo muy frío a personas
cuyas cabezas están llenas de sentimentalismo, y aunque esto es bastante
distinto del afecto, no obstante, conduce al afecto. La diferencia entre un
hombre cristiano y uno mundano no es que el mundano solo tiene afecto o
‘simpatía’, y el cristiano solo ‘caridad’. El mundano trata con amabilidad a
cierta gente porque le ‘simpatiza’; el cristiano, cuando intenta tratar a todos
amablemente, se da cuenta de que mientras más lo hace más y más gente le
simpatiza, aun aquellos que ni siquiera pudo haber imaginado que le caerían
bien al principio”.4
(“no están bajo la ley, sino bajo la gracia”, 6:14). Pero en este pasaje
la palabra se refiere a lo que se llama la “ley moral” resumida en los
Diez Mandamientos. Obviamente Pablo no piensa que la ley moral
debe ser ignorada. Estas leyes se cumplen por medio del amor, y lo
contrario también es verdad: aprendo a amar por medio del cumpli-
miento de la ley. Por ejemplo, si amo a mi prójimo, no le voy a robar,
no voy a cometer adulterio con su esposa, etc. A través de los siglos,
la iglesia ha recibido los Diez Mandamientos como la ampliación que
da Dios de lo que significa cumplir los dos grandes mandamientos:
amar a Dios y amar al prójimo.5

El prefacio
“Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo”.

Cómo amar a Dios (los primeros cuatro mandamientos)


1.“No tengas otros dioses además de Mí”.

2.“No te hagas ningún ídolo…”.

3.“No pronuncies el nombre del Señor tu Dios a la ligera…”.

4.“Acuérdate del sábado, para consagrarlo”.

Cómo amar a tu prójimo (los siguientes seis mandamientos)


5.“Honra a tu padre y a tu madre…”.

6.“No mates”.

7.“No cometas adulterio”.

8.“No robes”.
9.“No des falso testimonio…”.

10.“No codicies…”.

(Éx 20:1-17; Dt 5:1-22)

TIEMPO FUERA:

Tienes que aprenderte los Diez Mandamientos.

Dios dio a Su pueblo los Diez Mandamientos después del éxodo, cuando
fueron liberados de la esclavitud en Egipto. Realmente no son “reglas”, sino
diez principios eternos por medio de los cuales Dios reveló de qué manera
debían vivir los israelitas para que no volvieran a otra forma de esclavitud.
Los Diez Mandamientos son básicos porque Dios estaba hablando a los que
eran Sus hijos en términos de la experiencia de ellos con Él. Pon mucha
atención al prefacio —es muy importante porque nos recuerda quién es
Dios. Así como comenzamos nuestra oración recordando que le estamos ha-
blando al “Padre nuestro que [está] en los cielos”, el prefacio nos recuerda
que el Dios que da los mandamientos es el mismo Dios que liberó a Su pue-
blo de la esclavitud. Lo que he puesto aquí es una versión resumida de los
mandamientos.

PREPÁRATE PARA LA BATALLA — REVÍSTETE DE JESÚS

A medida que tomamos en serio el llamado de seguir a Jesús en obediencia al


evangelio, debemos ser conscientes de que estamos siguiendo a Jesús en territo-
rio enemigo. Tal como Él demostró, los enemigos de Jesús no pudieron contra
Él, pero igualmente irán tras Sus seguidores mientras tengan la oportunidad. Tra-
dicionalmente, la iglesia cristiana ha identificado a los enemigos de los discípu-
los de Jesús como el mundo, la carne y el diablo. Considéralos brevemente.
El mundo. Esto no se refiere a la tierra o al mundo de las personas, sino a un
sistema mundial. Es una forma de vida que no toma en cuenta a Dios. “El mun-
do” puede ser muy sensual, pero también incluye el materialismo, el secularismo
y muchos otros -ismos que son los ídolos de nuestro mundo moderno. Recuerda
que parte de ser un sacrificio vivo es que dejemos de conformarnos a los están-
dares del mundo (Ro 12:2).
La carne. Como ya hemos dicho, la carne no se refiere a nuestros cuerpos,
sino a esa parte de nosotros que es un remanente de nuestra naturaleza pecami-
nosa.6 Seguiremos luchando con la carne hasta el día de nuestra muerte o cuando
llegue el día de la resurrección. La carne es como una antena que nos conecta
con el mundo y nos hace verlo como algo atractivo, incluso después de nuestra
conversión.
El diablo. La Biblia es muy clara en cuanto a la existencia de un enemigo anti-
guo de todo lo que tiene que ver con Dios. Es el diablo o Satanás. El infierno es
un lugar que se creó para Satanás (Mt 25:41). El reino del mal y de lo demoníaco
es muy misterioso, y solo se nos advierte que nos mantengamos lejos. En algu-
nas culturas la presencia satánica parece ser más abierta, pero en otras culturas
esa presencia es mucho más sutil. Sin duda, Satanás prefiere permanecer escon-
dido porque los que no le dan mucha importancia tampoco le van a dar mucha
importancia a Cristo. Sin embargo, los primeros discípulos aprendieron que Je-
sús podía echar fuera demonios con una sola palabra (ellos escucharon a los de-
monios rogarle a Jesús que tuviera misericordia, Mr 5:12). Los discípulos apren-
dieron que estaban seguros cuando estaban con Jesús, y esa también debe ser
nuestra lección.
REVÍSTETE DEL SEÑOR JESUCRISTO

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 13:11-14


Debemos ser realistas en cuanto a la lucha con el mundo, la carne y el diablo.
Estos tres enemigos son lo bastante fuertes como para destruirnos, y es imposi-
ble que los derrotemos con nuestras propias fuerzas. Pero podemos seguir siendo
discípulos fieles si mantenemos a Jesús como lo fundamental en nuestras vidas y
mentes. Piensa en Su justicia revelada por medio del evangelio como esa “arma-
dura de la luz” que nos tenemos que poner (Ro 13:12). Esto puede sonar simplis-
ta, pero es un principio fundamental si queremos vivir para Cristo. Una vez tras
otra los discípulos de Jesús tropiezan y caen porque tratan de cambiar por medio
del esfuerzo y la disciplina, y así “hacerlo mejor la próxima vez”. Mientras más
te enfoques en tu pecado —incluso en tu deseo de ser libre de él— más poder va
a tener sobre ti. “Más bien, [revístete] del Señor Jesucristo” (13:14) y comenza-
rás a experimentar esa “renovación de tu mente” que te libera de “[amoldarte] al
mundo actual” (12:2).
¿Recuerdas cuál es el primer paso en el discipulado a través del evangelio? Es
permanecer enfocado en el evangelio mismo (capítulo 4). El evangelio revela a
Jesús en toda Su majestuosa gloria, y es por fe que nos revestimos del Señor Je-
sucristo. Vuelve a leer Romanos 13:14, pues ahí se encuentra la única manera en
que podemos comenzar a vencer toda la basura de nuestra antigua vida —si nos
“revestimos del Señor Jesucristo”, nos daremos cuenta de que nuestras mentes
ya no se sienten tan atraídas a las cosas de la carne.

☼PARA MEDITAR
Detente y reflexiona sobre este principio fundamental para tu propia vida con Jesús. ¿Entiendes que
hay una diferencia entre hacer un gran esfuerzo para vencer tus pecados en tus propias fuerzas y
aprender a enfocarte en Jesús para hallar en Él el poder para vencer? Es una diferencia muy importan-
te. Platica de esto con otras personas.

RESUMEN DEL CAPÍTULO 10

El paso cuatro del discipulado por medio del evangelio —la obediencia al
evangelio— es la obediencia que proviene de la fe. El llamado a dedicar nues-
tras vidas al servicio obediente fluye naturalmente de la larga exposición que
hace Pablo de la misericordia del evangelio.

Vida en comunidad:
» Cuando Pablo comienza a definir la obediencia de la fe está asumiendo
que sus lectores forman parte de una iglesia.

» Piensa en qué don tienes para fortalecer al cuerpo de Cristo.

El amor debe ser sincero:


» El amor es el resumen de todo lo que se nos manda a hacer.

» El amor es amor agape —denota acción y compromiso.

El amor es el cumplimiento de la ley:


» Apréndete los Diez Mandamientos.

Revístete de Jesucristo para vencer a los enemigos de la fe:


» El mundo, la carne y el diablo son poderosos, pero no más fuertes que Je-
sús.
TAREAS

1. Sigue leyendo tu Biblia. Termina la lectura de Romanos para prepararte


para la siguiente lección. Sigue leyendo Hechos. Esto te ayudará a obtener
un cuadro más completo del mundo en el que nació la iglesia.

2. Memorízate los Diez Mandamientos. Igual que la oración del Señor, los
Diez Mandamientos tienen que quedar grabados en tu conciencia. Son un
recurso extraordinario de sabiduría a la hora de tomar decisiones difíciles.

3. Piensa más a fondo sobre el asunto de los dones espirituales. Debes hablar
de esto con las personas en tu congregación que hayan llegado a conocer-
te. Muchas veces los demás pueden ayudarnos a discernir cómo podemos
servir al cuerpo de Cristo. Escribe algo con respecto a esto.
CAPÍTULO 11

EL EVANGELIO CAM BIA TODO

AHORA ERES UN MISIONERO

Estoy seguro de que cuando Jesús llamó a esos primeros discípulos para que le
siguieran, ellos no tenían ni idea de lo que ese llamado significaba. El llamado
era a seguir a Jesús, y eso fue lo que hicieron. Le siguieron mientras sanaba en-
fermedades, echaba fuera demonios, alimentaba a los hambrientos y enseñaba de
una forma que dejaba a la gente boquiabierta y desagradaba a las autoridades re-
ligiosas. Jesús fue a la cruz como resultado del odio que el hombre sentía por Él,
pero también porque fue la voluntad de Dios que sucediera de esta manera. Dios
derrotó totalmente a las fuerzas de la muerte y del infierno resucitando a Cristo
de los muertos y recibiéndolo nuevamente en el cielo.
¿Qué crees que pasaba por las mentes y los corazones de esos primeros dis-
cípulos a medida que la historia del evangelio se revelaba en la vida y el minis-
terio de Jesús? Has estado aprendiendo más acerca de Jesús y de lo que quiere
decir caminar paso a paso en la senda del discipulado. Ahora tenemos que tomar
en cuenta otro significado importante del discipulado —la misión. Jesús vino en
una misión y llamó a Sus discípulos para que se unieran a Él en esa misión. ¿Re-
cuerdas que esto fue lo que dijo Jesús cuando llamó a Pedro y Andrés, Jacobo y
Juan? Dijo: “Vengan, síganme… y los haré pescadores de hombres” (Mr 1:17).
Jesús estaba hablando a hombres que pescaban para ganarse la vida, y les estaba
diciendo que la dirección y el propósito de sus vidas ahora serían diferentes.
¿Eres un discípulo de Jesús? ¿Has respondido a Su llamado de seguirle? Si
es así, tú también tienes un nuevo propósito para tu vida. Estás en una misión —
¡lo cual te hace un misionero! ¡En serio! Piénsalo —un misionero es alguien
que está en una misión, y todos los discípulos de Jesús son llamados a ser parte
de Su misión. Así que la pregunta ahora sería: ¿Qué implica para ti ser un misio-
nero?
Hay al menos dos formas importantes en las que cada discípulo puede ser par-
te de la misión de Jesús:

» Aprendiendo a llevar todas las cosas bajo el señorío de Jesús. Debemos


aprender a ver el mundo y la vida desde la perspectiva de Dios, y a mol-
dear nuestras vidas en torno a esa perspectiva. Ese es el punto clave de
este capítulo.

» Participando en el mandato de Jesús de “hacer discípulos en todas las


naciones”. Nos involucramos en la difusión mundial del evangelio ha-
ciendo discípulos dondequiera que nos encontremos. Este será el enfoque
del último capítulo.

TRANSFORMADOS POR LA RENOVACIÓN DE NUESTRAS


MENTES

Lee una vez más los versículos clave para la obediencia al evangelio:

Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les rue-


go que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como
sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual,
sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán
comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.
(Ro 12:1-2)

¿Te fijaste en que una parte clave de ofrecernos como sacrificios vivos es la
renovación de nuestras mentes? Esto quiere decir que como resultado de la mi-
sericordia de Dios hacia nosotros por medio de Cristo, no solo nuestros corazo-
nes son cambiados, sino que comenzamos a pensar de manera diferente. Antes
que nada, tenemos una nueva comprensión acerca de quién es Jesús —ahora Él
es nuestro Señor, Salvador y Rey. Nuestro enfoque en Jesús es la principal forma
en que somos transformados por medio de la renovación de nuestras mentes.
Recuerda que la palabra para transformados es la misma que se usa para meta-
morfosis. Esta es la misma palabra que se usa en 2 Corintios 3:18 para mostrar
de qué manera somos transformados a la imagen de Cristo cuando contempla-
mos Su gloria en el evangelio.
Que nuestras mentes sean renovadas también quiere decir que comenzamos a
ver todo en la vida de manera diferente. Recuerda que como incrédulos hemos
estado viendo el mundo de Dios desde un punto de vista muy egoísta. ¿Cómo se
vería este mundo si lo pudiéramos ver a través de los ojos de Dios? Este es uno
de los grandes beneficios de leer la Biblia con regularidad. No todo lo que lees
se va a aplicar directamente a ti, pero poco a poco irás adquiriendo una visión de
la vida que refleje la perspectiva de Dios. Eso se llama tener una cosmovisión bí-
blica o una cosmovisión cristiana. Todas las personas tienen una forma de ver el
mundo aunque no la pueden explicar.1 Como discípulos de Jesús, debemos orar
por la renovación de nuestras mentes para que nuestra forma de pensar sea con-
forme a la voluntad de Dios y no a la voluntad del mundo, y para que después
podamos vivir una vida que refleje esa cosmovisión. “La razón por la que la
iglesia fracasa en tener una influencia transformadora en nuestra cultura es

TIEMPO FUERA:

Conoce a Charles Colson.

Fue un político muy despiadado que formó parte del gobierno de los Esta-
dos Unidos bajo el Presidente Richard Nixon en la década de 1970. Dios
irrumpió en su vida y “Chuck” tuvo una conversión muy dramática.2 A pe-
sar de esto su antigua vida lo alcanzó, y cuando fue arrestado y acusado se
declaró culpable de hacer mal uso del poder del gobierno, así que fue encar-
celado por varios meses. Recuerdo haber leído una entrevista que le hicieron
poco tiempo después de que se hicieran públicas las noticias de que había
“nacido de nuevo”. Al final de la entrevista le preguntaron qué había cam-
biado ahora que confiaba en Cristo. Él contestó que ahora entendía que
Washington no era el verdadero centro del poder como antes pensaba. Leer
esa declaración me hizo ver que era un hombre diferente —no solo era “reli-
gioso”, sino que toda su cosmovisión había cambiado radicalmente.

Desde que salió de la cárcel fundó Prison Fellowship, que hoy en día es el
ministerio más importante en las cárceles. Prison Fellowship es un gran
ejemplo de cómo el evangelio comienza cambiando al individuo y luego lo
usa para transformar a familias y comunidades. A medida que su fe madura-
ba, Chuck también se dedicó a ayudar a los cristianos a pensar como cristia-
nos, y ha escrito mucho acerca de la cosmovisión bíblica. Si quieres un re-
curso útil para tener una perspectiva cristiana de todos los aspectos de la
vida, familiarízate con las obras de Charles Colson.
que no tenemos una cosmovisión basada en la Biblia y centrada en
Cristo; esa que viene del poder del Espíritu, que glorifica a Dios y que
nos pertenece por gracia”. 3 Nuestro estudio de Romanos nos presenta
varios ejemplos de esta cosmovisión.

SOMÉTANSE A LAS AUTORIDADES GOBERNANTES

Un parte importante de la cosmovisión bíblica es la exposición del gobierno te-


rrenal que se hace en Romanos 13. La obra de Dios en el mundo va más allá
de lo que Él hace por medio de la iglesia. Dios ha establecido incluso a los go-
biernos que son hostiles al evangelio para que impartan justicia. Trata de leer
este próximo pasaje a través de los ojos de los creyentes en Roma. Estaban
siendo amenazados por las autoridades terrenales, pero esas autoridades esta-
ban ahí porque esa era la voluntad de Dios. Nota que dice tres veces que los
oficiales del gobierno están “al servicio de Dios”.

LEE TU BI BLIA: RO MA NOS 13:1-7


Este pasaje podría dar lugar a una discusión sobre la autoridad humana, los
poderes del Estado, el pago de impuestos, etc. Es bueno que consideres estos
asuntos más adelante. Por ahora quiero que veas este pasaje como un ejemplo
de la cosmovisión de los seguidores de Jesús. Esto nos ayuda a entender que
Dios gobierna sobre todo el mundo —independientemente de que la gente lo
reconozca o no. Al final, el propósito de Dios se cumplirá en todas las cosas.
NO TENGAN DEUDAS PENDIENTES CON NADIE

Otro ejemplo de cómo los seguidores de Jesús ven la vida de una manera dife-
rente tiene que ver con el dinero y las posesiones. En una referencia muy breve,
Pablo dice que la única deuda que debemos tener es la deuda de amarnos los
unos a los otros (Ro 13:8). Esto nos recuerda que la manera en que manejamos
nuestro dinero es parte de nuestro discipulado. De hecho, desde una perspectiva
bíblica no es nuestro dinero —es de Dios. Debemos ser mayordomos o adminis-
tradores de lo que Dios nos ha dado. Este es el tema importante de la mayordo-
mía. Parte de la buena mayordomía es la generosidad al dar (Ro 12:8), pero tam-
bién somos llamados a ser buenos administradores de todo lo que Dios nos ha
dado. Tal como sugiere el texto, una mala mayordomía es cuando vivimos bajo
la esclavitud de las deudas, lo cual nos impide seguir a Jesús en nuevas direccio-
nes. En una declaración importante acerca del dinero, Jesús dijo a Sus discípu-
los: “Si ustedes no han sido honrados en el uso de las riquezas mundanas, ¿quién
les confiará las verdaderas?” (Lc 16:11). En otras palabras, nuestra mayordomía
de las posesiones terrenales es una buen indicio de cómo vamos a manejar los
dones espirituales que Dios nos da. Más adelante les dijo: “Ningún sirviente pue-
de servir a dos patrones. Menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a
uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las rique-
zas” (Lc 16:13).
¿De qué manera te habla esto de tu actitud (“mente”) en cuanto al dinero y las
posesiones? ¿Reconoces a Dios como el verdadero dueño de todo lo que tienes?
¿Qué pasos podrías dar para comenzar a ser un discípulo fiel de Jesús en cuanto
a las cosas materiales? Piensa en esto y convérsalo.
VOCACIÓN

Algunas hojas de solicitud tienen un espacio en blanco para que lo llenes con tu
“vocación”. Lo que se espera es que digas cuál es tu trabajo. ¿Eres maestro, abo-
gado o estudiante? Pero originalmente la palabra vocación quería decir “llama-
do”.

TIEMPO FUERA:

¿Quiere esto decir que ya no puedo ser un pescador (o maestro o doctor o


granjero)?

Para nada. Es cierto que algunas personas son llamadas a dejar la pesca para
convertirse en predicadores o maestros. Pero Jesús quiere que la mayoría de
Sus discípulos se queden donde estén y sean pescadores o carpinteros o ma-
dres (o incluso ¡recaudadores de impuestos!) para la gloria de Dios. Un dis-
cípulo de Jesús debe considerar su “trabajo” como un llamado, así que debe
procurar hacerlo de una manera que refleje el carácter de Jesús. Por ejemplo,
alguien que es llamado a ser un policía en realidad está al servicio de Dios
(Ro 13:4). ¡Qué maravilloso tener a semejante siervo que no va a abusar de
su poder, que no va a aceptar sobornos y que realmente va a cuidar de los
miembros débiles e indefensos de la sociedad! Nuestro mundo necesita per-
sonas que lleven a cabo su llamado como discípulos de Jesús mientras sir-
ven en el cuerpo policial. Esta misma idea aplica para los artistas, banque-
ros, enfermeras, choferes de autobuses y estudiantes.

Esta es otra manera de entender el llamado de Dios. El llamado eficaz, como


hemos visto, nos lleva a la salvación y al discipulado. Pero Dios también nos lla-
ma a vivir ese llamado de diferentes maneras. Pablo, por ejemplo, fue “llamado a
ser apóstol” (Ro 1:1), pero no todos tienen ese llamado. Como discípulo de Je-
sús, tenemos que ver nuestra vida como un llamado de Dios. Para la mayoría,
esto no será tan drástico como el llamado a ser un apóstol, sino que nuestro lla-
mado será a vivir nuestro discipulado de maneras muy ordinarias.
Considera el último capítulo de Romanos y la lista de personas a quienes Pa-
blo saludó. Él sabía que en ese momento estas personas eran parte de la iglesia
en Roma. Al final de la lista también están los nombres de personas que envia-
ban saludos a la iglesia de Roma. No trates de estudiar todos los detalles, solo
trata de tener una idea de cómo era esa comunidad de discípulos, cada uno sir-
viendo al otro en el cuerpo y después yendo a servir a Jesús en el mundo. Por
ejemplo, Erasto era el director de obras públicas de la ciudad (16:23). Fíjate en
que muchos de los discípulos mencionados son mujeres. Aunque es evidente que
los oficios de pastor y anciano eran para hombres piadosos (1Ti 3), también que-
da claro que Pablo estaba más que dispuesto a incluir a mujeres en la obra de la
iglesia.

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 16:1-23


Podemos entender el llamado de tres maneras:

» Todos somos llamados a seguir a Jesús, lo cual hacemos cuando nos arre-
pentimos y tenemos fe solo en Jesús, y empezamos a vivir una vida de
obediencia como fruto de la fe.

» Todos somos llamados a servir a Jesús y a servirnos unos a otros en el


cuerpo de Cristo. Tenemos dones que contribuyen a la salud y fortaleza de
nuestra comunidad.
» Todos tenemos una vocación, un llamado a servir a Jesús en este mundo.
No debemos separar lo que Dios nos está llamando a hacer en la vida dia-
ria de nuestro discipulado. Todo lo que tenemos y todo lo que hacemos es
parte de nuestro servicio a Cristo.

¿Cuál es tu vocación a estas alturas de tu vida? ¿Has estado pensando en lo


que haces en la vida diaria como parte de ser un discípulo? ¿Hay algunas medi-
das que puedas tomar para tener una cosmovisión más bíblica del trabajo que es-
tás haciendo? Piensa en eso y convérsalo.
TIEMPO FUERA:

Conoce a Jonás Kule.

Jonás es un maravilloso ejemplo de alguien que entendió que su trabajo era


un llamado de Dios. Creció en una comunidad muy pobre de Bundibugyo,
en la parte occidental de Uganda, África. Se convirtió en seguidor de Jesús
cuando era joven, y comenzó a servirle administrando medicamentos en una
clínica local. Después se volvió asistente de dos doctores misioneros que es-
taban viviendo en su ciudad. La integridad de Jonás animó a estos doctores
a encontrar los recursos para enviarlo a estudiar medicina —la primera per-
sona en hacer esto en su distrito en más de treinta años. Comenzó sus estu-
dios a los treinta y tantos, y sobresalió por encima de muchos estudiantes
más jóvenes. Cuando se graduó, rechazó varias ofertas muy atractivas para
poder regresar y servir a su propia gente. La gente de Bundibugyo llegó a
amar a “su doctor”, aunque a otros doctores no les caía bien Jonás porque no
aceptaba pagos extra por sus servicios. Creía que Dios lo había llamado a
servir y que Él proveería para sus necesidades.

Cuando llegaron los reportes de que una enfermedad misteriosa estaba afec-
tando a muchas personas en una aldea remota, Jonás fue el primero en ir. En
vez del cólera que él esperaba encontrar, resultó ser un brote del virus mor-
tal del ébola. Gracias a Dios el virus se contuvo en unas cuantas semanas,
pero se cobró la vida del Dr. Jonás Kule el 4 de diciembre de 2007. Él sabía
que estaba muriendo, y sus últimas palabras reflejaron su amor por los de-
más: “Yo voy a morir ahora, y oro para que nadie tenga que morir de esta
enfermedad”.4
LOS DÉBILES Y LOS FUERTES

Una mente renovada le dará a un discípulo de Jesús un interés especial por los
débiles y los necesitados. En la “carne” queremos saber cómo ser más fuertes
que los que están a nuestro alrededor. Queremos ganar a cualquier costo, y lo
peor que nos puede pasar es que piensen que somos unos fracasados. Pero para
convertirnos en discípulos de Jesús, tenemos que humillarnos en arrepentimien-
to, y esa debilidad es la que nos lleva a experimentar la verdadera fortaleza en
Cristo. Y debido a que Cristo ahora es nuestro Señor, no tenemos que enseño-
rearnos sobre los demás.
En el capítulo 14 de Romanos, Pablo aplica esta idea al problema que tenían
los creyentes más débiles, quienes eran atacados por otros creyentes por sus
prácticas alimenticias (puede que se tratara de creyentes judíos que dejaron de
comer únicamente lo que fuera kosher) y por la manera en que guardaban los
días especiales (tal vez eran gentiles que no estaban guardando el día de reposo
de los judíos). En algunos casos no se trata de decidir entre lo que está bien y lo
que está mal, pues no es tan evidente —pero sí está mal ignorar las preocupacio-
nes de los débiles. El amor por los demás debe prevalecer sobre cosas como la
comida y la bebida: “No destruyas la obra de Dios por causa de la comida… Los
fuertes en la fe debemos apoyar a los débiles, en vez de hacer lo que nos agra-
da… Por tanto, acéptense mutuamente, así como Cristo los aceptó a ustedes”
(Ro 14:20; 15:1, 7).

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 14:15–15:4


Piensa en la manera en que este principio de los fuertes sirviendo a los débiles
afecta nuestra cosmovisión y nuestras acciones:
» Hay un interés especial por los niños —por los nacidos y por los que aún
estén en el vientre. Los primeros cristianos rescataban a los bebés que eran
abandonados (una forma antigua de aborto).

» Se cuida de los pobres. Los cristianos se aseguraban de que no hubiera


personas necesitadas dentro de su propia comunidad, y también trataban
de ser útiles a los otros vecinos. A veces dar dinero no es lo más útil, así
que muchas veces la iglesia cristiana se ha dedicado a enseñar a los pobres
a sostenerse por sí mismos.

» Los enfermos, discapacitados y moribundos siempre han tenido un lugar


especial en el ministerio en la iglesia. Muchas iglesias tienen un fuerte
compromiso con los ministerios de misericordia que buscan formas de
servir a los necesitados.

» Se busca la paz y la reconciliación racial. Cuando la iglesia tiene una cos-


movisión cristiana (y tristemente hay muchos ejemplos de cristianos que
reflejan el racismo y el odio de este mundo), los seguidores de Jesús lo-
gran derribar las barreras que separan a ciertos grupos de personas.

ES EL EVANGELIO

¿Estás comenzando a entender la frase “el evangelio cambia todo”? Comencé a


escuchar esa frase por primera vez en colaboración con el ministerio de Redee-
mer Presbyterian Church en la ciudad de Nueva York. Guiada por su pastor, el
Dr. Tim Keller, Redeemer está teniendo un impacto extraordinario en una ciudad
muy secular, y las lecciones que han aprendido han sido muy útiles para otras
iglesias que también se encuentran en ciudades grandes. Esta es la visión de Re-
deemer: “Tratando de renovar la ciudad socialmente, espiritualmente y cultural-
mente”.5 ¿De qué manera lo está haciendo? Sus miembros están decididos a per-
manecer centrados en Cristo según se revela en el evangelio, y ese mismo evan-
gelio transforma cada aspecto de sus vidas y de la vida de la ciudad. Ten en
mente que esta es una iglesia. El impacto que tiene la iglesia es mucho mayor
que el que podría tener un individuo. Como iglesia, los miembros de Redeemer
están siguiendo a Jesús y viendo que ese impacto se extiende alrededor del mun-
do. El impacto que vas a tener por medio de tu propia iglesia puede que sea dife-
rente —pero el evangelio sí cambia todo, comenzando contigo, y hará una dife-
rencia en el mundo en el que vives.
Esta es una de las creencias centrales de Redeemer, que sirve como una buena
forma de concluir esta lección sobre la obediencia al evangelio:

El evangelio cambia todo. El evangelio no es el A-B-C del cristianismo,


sino que es la A a la Z del cristianismo. No solo es la doctrina mínima que
se requiere para la salvación, sino que es la base de toda la doctrina y el fin
de la misma. El evangelio es el eje central en la “rueda” de la verdad. No
solo es la entrada al Reino, sino que es la única manera en que podemos
avanzar (Gá 3:1-3) y ser renovados tanto en lo individual (Col 1:6) como en
lo social (Gá 2:14). El evangelio nos renueva cuando luchamos intensamen-
te con nuestros “ídolos” personales y colectivos. Los ídolos siempre son me-
dios de salvación por obras para eludir la salvación por la gracia de Cristo.
Psicológicamente, toda la desesperación, la culpa, el miedo y la ira que ma-
nifestamos son evidencias de que hay algo (la carrera, la familia, el desem-
peño moral, el romance) que está operando como nuestro salvador funcional
en lugar de Jesús y Su gracia. Sociológicamente, toda la injusticia, la violen-
cia, la lucha, la dependencia, la intolerancia que manifestamos son eviden-
cias de que hay algo (riquezas, raza/sangre, el Estado, la razón humana) que
está operando como nuestro salvador funcional en lugar de Jesús y Su gra-
cia.6

RESUMEN DEL CAPÍTULO 11

La obediencia al evangelio implica que nos unimos a Jesús en Su misión. ¡So-


mos misioneros! Esto significa que:

» Aprendemos a ver que toda la vida está bajo el señorío de Cristo.

» Participamos en la obra de Jesús de llevar el evangelio a todas las nacio-


nes.

Somos llamados a la renovación de nuestras mentes. Una visión cristiana del


mundo debe dar lugar a un estilo de vida cristiano que impacte todo lo que hace-
mos. Considera estos ejemplos de áreas en las que se debe evidenciar una cos-
movisión cristiana y un estilo de vida cristiano:

» La forma de ver a los gobiernos terrenales.

» El uso del dinero y las posesiones.

» La vocación.

» El cuidado de los débiles.

El llamado al discipulado en nuestras vidas diarias es el llamado a entender


que el evangelio cambia todo.
TAREAS

1. Sigue leyendo tu Biblia. Asegúrate de haber terminado de leer Romanos y


Hechos. Prepárate para la siguiente lección leyendo la carta que Pablo le
dirige a Tito.

2. Reflexiona y escribe lo que piensas en cuanto a tu vocación. Repasa las


tres ideas del llamado y cómo se ven en tu vida. ¿Cuál es tu llamado en
este momento para servir a Cristo en el mundo?

3. Comienza a pensar en el ministerio después de este estudio. En la siguien-


te lección vamos a hablar acerca de tu participación en la gran obra de Je-
sús de llevar el evangelio a todas las naciones, incluyendo a nuestras pro-
pias familias y comunidades. Tienes que comenzar a pensar orando sobre
los pasos específicos que podrías comenzar a dar.
TERCERA PARTE

SIGUIENDO A JESÚS
EN SU MI SIÓN

No podemos estudiar el discipulado ni responder al llamado de Jesús a seguir-


le sin preguntarnos: “¿Hacia dónde conduce esto?”. Para terminar el estudio,
necesitamos una lección sobre el propósito o la misión de los discípulos de Je-
sús. Dicho en palabras sencillas, somos llamados a continuar la misión que
Jesús comenzó.

Capítulo 12: Discípulos haciendo discípulos


CAPÍTULO 12

DISCÍPULOS HA CIEN DO DIS CÍ PU LOS

¿QUÉ PASÓ CON TITO?

Comenzamos nuestro estudio acerca del discipulado fijándonos en un joven de


Roma llamado Tito. Escogí ese nombre a propósito porque en el Nuevo Testa-
mento aparece un hombre llamado Tito que fue uno de los compañeros de Pa-
blo en el ministerio. Para la etapa final del ministerio de Pablo, él era uno de
sus obreros más confiables y hasta se le asignó la tarea de establecer la iglesia
en la isla de Creta, como viste en la carta que Pablo le escribió (Tit 1:4-5). No
era nuestro Tito, sino que es un modelo de lo que espero que le haya pasado a
nuestro Tito y, lo que es más importante, de lo que oro que le pase a todos los
discípulos que estén haciendo este estudio. Tómate unos cuantos minutos para
considerar este breve repaso de nuestras lecciones:

» Al igual que Tito, todos comenzamos sintiéndonos atraídos a Jesús. Creo


que es solo en retrospectiva que nos damos cuenta de que estábamos sien-
do llamados por Jesús. Fue un llamado que vino por medio del evangelio
para arrepentirnos y creer en Él para salvación.

» El llamado a la salvación también es un llamado a seguir a Jesús como Su


discípulo. No olvides que discípulo es otra forma de describir a un creyen-
te o un cristiano. Viste esto en tu lectura de Hechos, donde la palabra que
se usaba comúnmente para referirse a los que habían llegado a creer en Je-
sús era discípulo. Y fue en una de las nuevas iglesias, en la ciudad de An-
tioquía, que los discípulos comenzaron a ser llamados “cristianos” (Hch
11:21, 26).

» Como resultado de Su llamado, a los que están siguiendo a Jesús les perte-
necen muchas bendiciones extraordinarias. Hemos estudiado la justifica-
ción, la santificación, la adopción y la glorificación. Cada una de estas es
una revelación de la “justicia de Dios” que se revela en el evangelio (Ro
1:17) y que se recibe por fe.

» El discipulado implica una entrega total para llegar a ser “sacrificios vi-
vos” (12:1). Somos llamados a la “obediencia a la fe” (1:5; 16:26), que
también se puede resumir como “la fe que actúa mediante el amor” (Gá
5:6).

» Los discípulos son misioneros. Cuando Jesús llamó a aquellos primeros


discípulos, fue para que lo siguieran en Su misión. Como vimos en la lec-
ción anterior, parte de esa misión es mostrar una cosmovisión cristiana en
nuestras vidas diarias.

» Seguir a Jesús en Su misión también implica que Sus discípulos ahora par-
ticipan en el plan de Dios para llevar la luz del evangelio a todas las nacio-
nes. Míralo de esta manera: Los que fuimos llamados a seguir a Jesús
como Sus discípulos somos ahora llamados a “hacer discípulos” (Mt
28:19). A esto me refiero cuando digo “discípulos haciendo discípulos”.

HAGAN DISCÍPULOS DE TODAS LAS NACIONES


Cuando los escritores de los cuatro Evangelios nos cuentan la historia de Jesús,
todos hacen énfasis en la centralidad de la cruz y la resurrección. El gran plan de
Dios de traer paz y salvación al mundo fue posible solo porque el Hijo de Dios
fue a la cruz como el “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn
1:29). Pero una vez que hubo resucitado de los muertos, Jesús se enfocó en la
misión que ahora sí podía llevarse a cabo como resultado de lo que había hecho.
Sus primeras palabras a los discípulos reunidos después de Su resurrección fue-
ron estas: “Como el Padre me envió a Mí, así Yo los envío a ustedes” (Jn 20:21).
Dicho de otro modo, Jesús estaba transfiriendo a Sus discípulos la misión que Su
Padre le había dado.
En otra ocasión Jesús estaba con Sus discípulos en Galilea, que era el hogar de
la mayoría de los primeros discípulos. Algunos de ellos todavía no lograban en-
tender lo que estaba pasando (“...algunos dudaban”, Mt 28:17), pero Jesús pro-
nunció unas palabras que se han llegado a conocer como la Gran Comisión. Es
muy importante que trates de entender este pasaje.

LEE TU BI BLIA — MA TEO 28:16-20


¿Te fijaste en que la Gran Comisión comienza y termina con Jesús hablando de
Su autoridad (v 18) y Su presencia (v 20)? Esto quiere decir que no se supone
que salgamos a cumplir nuestro llamado de “hacer discípulos de todas las nacio-
nes” (v 19) por nuestra propia cuenta. Una de las grandes profecías de la obra
que haría el Mesías está en Isaías 49:6: “Yo te pongo ahora como luz para las na-
ciones, a fin de que lleves Mi salvación hasta los confines de la tierra”. Esa mi-
sión se está llevando a cabo en este momento —pero esa misión la están hacien-
do Sus discípulos por medio de Su poder.1
Observa las cuatro palabras clave de la Gran Comisión: ir, hacer discípulos,
bautizar, enseñar. El mandamiento fundamental es hacer discípulos. Las otras
tres palabras explican cómo debemos hacerlo.
Ir. La idea no es necesariamente que tengamos que ir lejos de casa, sino que
estemos comprometidos con esta misión. La palabra que algunos usan para esta
idea es intencional. Los misioneros que van al extranjero y los predicadores no
son los únicos que tienen que hacer discípulos, sino que todos los discípulos de-
ben estar involucrados en hacer más discípulos. Mira a tu alrededor para ver de
qué manera te puedes involucrar en las vidas de los que tienes cerca en el hogar
y el trabajo.
“... bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo...”.
Tal como hemos estudiado, la primera fase de ser un discípulo es ir al lugar don-
de vamos a confesar públicamente a Jesús. Esto es parte de nuestra conversión,
y la obra de guiar a la gente hacia la conversión por lo general se conoce como
evangelismo. Esta definición del evangelismo está bien siempre y cuando no se
piense en ella como algo diferente a hacer discípulos. En la práctica, la Gran Co-
misión suele verse como un mandamiento de ir y hacer convertidos, y ese no fue
el mandato de Jesús. Hay iglesias por todo el mundo que están llenas de perso-
nas que confiesan ser cristianas, que a lo mejor han hecho una oración para ser
salvos, pero que parecen no tener idea alguna de lo que significa ser un discípu-
lo. Esto no pasara con tanta frecuencia si los que están en la iglesia entendieran
correctamente la Gran Comisión y predicaran un evangelio que llame a las per-
sonas al discipulado.
“... enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes”. Hay dos
elementos clave para hacer discípulos: la confesión pública de Jesucristo como
Señor y Salvador y una vida de obediencia a Su enseñanza. Este es el discipula-
do a través del evangelio, tanto antes como después de venir a la fe. Los prime-
ros pasos para vivir en obediencia a la enseñanza de Jesús comienzan antes de
que lo confesemos, porque en Su llamado Jesús nos manda a que nos arrepinta-
mos, creamos en el evangelio y le sigamos. La única forma de perseverar y cre-
cer como discípulos es permaneciendo enfocados en Jesús y entendiendo Su lla-
mando para llevarlo a cabo. Es por esta razón que la obra esencial de nuestras
iglesias siempre será hacer discípulos. No es un “programa” de la iglesia, sino la
esencia misma de su misión.

☼PARA MEDITAR
Detente y piensa en los discípulos de Jesús que han sido parte de tu discipulado. ¿Quién te presentó a
Cristo? ¿Algunos permanecieron involucrados en tu vida mientras luchabas por creer y seguir a Je-
sús? ¿Quién te ayudó a crecer como discípulo? Esas personas eran “discípulos haciendo discípulos”.
Puedes sentirte bastante inadecuado para ser tal persona pero ¿crees que puedas comenzar diciéndole
al Señor que eres uno de los que están dispuestos a “ir” por medio de Su poder? Conversa acerca de
esto con otras personas.

PARTICIPACIÓN EN EL EVANGELIO

Cuando entendemos que hacer discípulos es la misión de toda la iglesia, sabe-


mos que no se nos está pidiendo que hagamos todo. La idea de los dones espiri-
tuales que hemos estudiado también se aplica a la Gran Comisión. Un buen
ejemplo es la manera en que el apóstol Pablo involucró a las iglesias en su mi-
sión de ir a los gentiles que nunca habían escuchado de Jesús. Lo llamó “partici-
pación en el evangelio” en su carta a la iglesia de Filipos (Fil 1:5). Pablo veía sus
oraciones y su apoyo financiero como una inversión en la obra del evangelio, y
cualquier fruto que tuviera también sería de ellos. Desde su punto de vista, la
obra que se hace en las iglesias que envían tiene la misma importancia que la
obra que se hace en el frente de batalla para la expansión del evangelio (Fil 4:14-
19).
Nuestra última lectura en Romanos revela más acerca del plan que tenía Pablo
de ir a Roma. En el capítulo 1 les dijo que iba a visitarlos, pero en el capítulo 15
da más detalles. Pablo estaba escribiendo desde Grecia, y estaba aceptando una
ofrenda de las iglesias de Macedonia y Acaya (dos regiones de Grecia) para los
creyentes necesitados que estaban en Jerusalén. Después de esa visita, tenía pre-
visto navegar desde el oeste de Jerusalén hasta Roma y después ir a su siguiente
misión —España. De tu lectura de Hechos aprendiste que Dios cambió el plan de
Pablo, pero más adelante pudo llegar a Roma, solo que como prisionero del go-
bierno romano. En los últimos libros que escribió aparecen algunas pistas que
sugieren que Pablo hizo otros viajes (1Ti 1:3; Tit 1:3; 3:12), y puede que eso in-
cluyera su anhelada visita a España (¡Pablo era un hombre decidido!).

LEE TU BI BLIA — RO MA NOS 15:23-33


Pablo iba a España a hacer discípulos, y esperaba que la iglesia de Roma se le
uniera en este ministerio haciendo al menos tres cosas que todavía hoy podemos
imitar:
Bendiciéndolo y confortándolo (15:29, 32). Es muy importante que las igle-
sias estén interesadas en apoyar y alentar a los misioneros que están en el frente
de batalla. Cuando te tomas el tiempo para escuchar lo que los misioneros están
haciendo y llegas a conocerlos, a lo mejor hasta viajando a donde ellos trabajan,
ellos lo reciben como un gran regalo.
Apoyándolo económicamente (15:24). Nota que Pablo mencionó su necesidad
de ayuda mientras hablaba de las ofrendas que otros creyentes habían dado a los
pobres de Jerusalén. Las ayudas económicas para apoyar a los que están en las
misiones comenzó con un grupo de mujeres y otros que apoyaron a Jesús (Lc
8:1-3). Es una maravillosa forma de usar el dinero que Dios te da, y todas las
iglesias deberían estar muy involucradas ofrendando para la expansión del evan-
gelio. A Pablo no le importó pedir esa clase de ayuda práctica a los creyentes de
Roma. Comienza a hacer tus contribuciones económicas a los ministerios de tu
iglesia que se enfocan en alcanzar a los perdidos, pero espero que más adelante
tú también quieras involucrarte personalmente en estos ministerios.
Orando por él (Ro 15:30-32). Las oraciones de la iglesia ayudarían a Pablo en
su lucha por llegar a Jerusalén y después a Roma. Él dijo a la iglesia de Filipos
que sus oraciones por él, junto con “la ayuda que me da el Espíritu de Jesucris-
to”, resultarían en su liberación (Fil 1:19). Así valoraba él las oraciones de los
hermanos en las iglesias. Esto apunta al gran misterio de la oración —que nues-
tras palabras débiles realmente contribuyen a la obra que Jesús hace en el mun-
do. Comienza a orar por el avance del evangelio en todo el mundo. Con el tiem-
po irás conociendo a personas que vienen de visita o que salen de tu iglesia, y te
puedes unir a su ministerio de una manera mucho más personal por medio de la
oración. Esto es parte de orar: “Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en
el cielo, así también en la tierra”.

DE REGRESO A JERUSALÉN

Al “comienzo del evangelio” (Mr 1:1) solo estaba Jesús. Después Jesús llamó
a cuatro y después a otros. Poco después de que Jesús ascendió al cielo para
estar con Su Padre, se reunieron unos 120 creyentes para escuchar a Pedro
(Hch 1:15). Unos cuantos días después Él derramo el Espíritu Santo para bau-
tizar a Su iglesia, e inmediatamente se añadieron tres mil creyentes más
(2:41). Pronto llegaron a ser cinco mil (4:4), contando solo a los hombres. Sin
embargo, el número total de creyentes fue aún mayor que ese porque muchos
de los creyentes originales ya habían regresado a sus casas en otras partes del
mundo, que pudo haber sido la forma en que comenzó la iglesia de Roma. A
medida que los discípulos comenzaron a dispersarse, su número siguió multi-
plicándose. A veces me imagino a Jesús derramando el Espíritu Santo en Su
iglesia como si estuviera volteando una cubeta inmensa de miel desde el cielo.
Primero cayó sobre los discípulos en Jerusalén, pero poco a poco se fue espar-
ciendo cada vez más. Esa miel del evangelio trae dulzura a este mundo amar-
go.
TIEMPO FUERA:

Todavía no me siento equipado para “hacer discípulos”.

¿Puedes hacer sopa?

Una iglesia en la que anteriormente serví como pastor patrocinaba un minis-


terio maravilloso llamado Christianity Explored [Explorando el cristianis-
mo] que usaba el evangelio de Marcos para enseñar a las personas quién era
Jesús.2Cada tarde el ministerio comenzaba con una cena para los que llega-
ban directamente del trabajo. Había personas en la iglesia que no se sentían
suficientemente capacitadas como para hablar o ser anfitrionas de una de las
mesas, pero iban fielmente cada semana y hacían sopas y guisados para todo
el grupo. Durante las semanas que duró el estudio, varias personas se sintie-
ron atraídas a Jesús. Esto llevó a conversiones y confesiones públicas de fe.
¿Estarías de acuerdo en que los que ayudaron a poner las mesas o a hacer la
sopa fueron una parte importante de este ejemplo de hacer discípulos? Por
supuesto que lo fueron. Cuando el deseo de nuestro corazón es ver que la
gente sea transformada por el poder del evangelio, entonces Dios va a tomar
ese deseo y nos mostrará muchas formas en las que podemos trabajar en Su
gran plan de salvación.

También fue interesante ver que los ayudantes en la cocina con frecuencia
se unían a conversaciones acerca de Jesús. Aunque ellos pensaban que no
podían “testificar” en algún sentido formal, estuvieron felices de hablar
acerca de lo que Jesús estaba haciendo en sus vidas. En otras palabras, ellos
estaban “testificando” simplemente siendo ellos mismos.

Y lo que sucedió en Jerusalén, el séptimo domingo después de la primera Pas-


cua, que se conoce como Pentecostés, fue el comienzo de algo que todavía sigue
sucediendo. El evangelio está llegando cada vez más lejos, y así será hasta que
llegue ese día prometido en el Antiguo Testamento, día en que la tierra rebosará
“con el conocimiento del Señor como rebosa el mar con las aguas” (Is 11:9).

LEE TU BI BLIA — HE CHOS 1:1-11


Este es otro ejemplo de la enseñanza de Jesús acerca de Su misión después de
hacer lo que solo Él podía hacer (Su “padecimiento”, 1:3). Lucas, el autor del Li-
bro de los hechos, comienza diciendo que en su primer libro (el Evangelio según
Lucas) se refirió “a todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar” (1:1). La pe-
queña palabra comenzó aclara que lo que Lucas va a escribir en Hechos se debe
entender como lo que Jesús va a seguir “haciendo y enseñando” —ahora Jesús
lo está haciendo por medio de Su iglesia, bautizada con el Espíritu Santo (1:4-8).
Recuerda que Jesús no comenzó Su ministerio hasta que el Padre lo bautizó con
el Espíritu Santo (Mr 1:8-11) y ahora Jesús haría lo mismo con Sus discípulos.
Debían esperar ese bautismo (que llegó solo unos cuantos días después en el día
de Pentecostés, Hch 2) y luego serían Sus testigos. Comenzarían en Jerusalén,
luego irían a las comunidades que estaban alrededor en Judea y Samaria, y se-
guirían yendo más y más lejos hasta llegar a lo último de la tierra.
La historia del crecimiento de los seguidores de Jesús es una de las historias
más extraordinarias que uno pudiera imaginarse. Dos mil años después de Pente-
costés, más de 2 billones de personas se hacen llamar cristianas. Esto es casi un
tercio de la población mundial, y la iglesia sigue expandiéndose rápidamente. No
sabemos cuántos de ellos tienen una fe genuina, pero sí podemos ver que la mi-
sión de Jesús de llevar el evangelio a todas las naciones de la tierra se está cum-
pliendo. El número de fracasos humanos, iglesias débiles y discípulos mal guia-
dos nos deja claro que este extraordinario crecimiento no depende de la planea-
ción ni del esfuerzo del hombre. Dios está cumpliendo Su plan eterno de salva-
ción. El evangelio todavía es el “poder de Dios para la salvación de todos los
que creen” (Ro 1:16).
A lo mejor la demostración más impactante de la expansión del evangelio en
la era moderna ha sido la iglesia de China. Fue después de que los misioneros
fueron expulsados por los comunistas en 1949, y después de los esfuerzos que se
hicieron para erradicar a todos los creyentes en la “revolución cultural” de la dé-
cada de 1960, que el número de cristianos explotó en China. Hoy en día se cal-
cula que en China hay unos 54 millones de cristianos (¡algunas estadísticas indi-
can hasta 97 millones!). La iglesia en China todavía está bajo persecución, y hay
muchos problemas y necesidades. Sin embargo, entre los creyentes chinos hay
un movimiento misionero llamado “De regreso a Jerusalén”. Esa frase viene de
observar que el evangelio parece que se ha desplazado de Jerusalén hacia el oes-
te. Fue del Oriente Medio a África y Europa, después a América, y de América
al Lejano Oriente, sobre todo Corea y China. Así que la visión que tienen los
chinos es que Dios los use para completar el movimiento del evangelio alrededor
del mundo hasta que llegue a Jerusalén una vez más. “De Regreso a Jerusalén”
es una hermosa expresión de la visión de los discípulos de Jesús de obedecer Su
Gran Comisión de hacer discípulos de todas las naciones.

RESUMEN DEL CAPÍTULO 12

¿Qué le pasó a Tito? Hay un Tito en el Nuevo Testamento que llegó a ser cre-
yente y creció como discípulo hasta llegar a ser uno de los ayudantes confiables
de Pablo. Oro que ese sea el tipo de crecimiento que experimenten todos los que
estén haciendo este estudio.
La Gran Comisión que Jesús dio después de Su resurrección tiene el manda-
miento clave de “hacer discípulos de todas las naciones”. Las otras palabras cla-
ve nos dicen cómo hacer discípulos:

» Yendo (somos intencionales en lo que se refiere a hacer discípulos).

» Bautizando (el evangelismo es la primera etapa de hacer discípulos, no


una actividad por separado).

» Enseñando a obedecer todas las cosas que Jesús enseñó (hacer discípulos
incluye tanto confesar públicamente a Cristo como vivir una vida de obe-
diencia).

La participación en el evangelio se ilustra con el viaje de Pablo a Roma y des-


pués a España, dando un buen ejemplo de la manera en que una iglesia se puede
involucrar en la obra de los misioneros que estén haciendo discípulos en el frente
de batalla para la expansión del evangelio:

» Bendiciéndolos y confortándolos.

» Apoyándolos económicamente.

» Orando por ellos.

“De regreso a Jerusalén”, la historia de cómo el evangelio salió de Jerusalén


hacia el mundo es extraordinaria, y todavía se está llevando a cabo. El evangelio
seguirá difundiéndose en las naciones hasta que el conocimiento del Señor cubra
la tierra. Los discípulos de Jesús han sido imperfectos, pero el plan de Dios se
está cumpliendo.
CONCLUSIÓN

¿Y AHORA QUÉ?

H emos llegado al final de nuestro estudio sobre el discipulado para discípu-


los nuevos y para los renovados. Si todavía estás haciendo este estudio,
asumo que espiritualmente hablando no estás en el mismo lugar que cuando co-
menzaste. Estoy seguro de que entiendes que el llamado a seguir a Jesús es para
toda la vida. No es algo que termina después de haberte leído este libro o cual-
quier otro, ni después de haber terminado algún curso. Esto quiere decir que ha-
brás dado unos cuantos pasos más en tu caminata, pero apenas acabas de empe-
zar. Oro para que sigas creciendo en tu conocimiento de Jesús y en tu amor por
Él, en tu comprensión de la Biblia, en tu compromiso con el cuerpo de Cristo y
en tu vocación de servir a Cristo en el trabajo específico que te ha llamado a ha-
cer en el mundo.
En el Apéndice A encontrarás una lista de lecturas recomendadas sobre la vida
de Cristo. También te quiero recomendar un libro de meditaciones que escribí
llamado Forty Days on the Mountain [Cuarenta días en la montaña].1 Las medi-
taciones se basan en mi estudio del encuentro de Moisés con Dios en el Monte
Sinaí. Te animo a que estudies este libro porque te servirá como una buena intro-
ducción a la lectura del Antiguo Testamento, y profundizará tu relación con
Dios.
Pero al cerrar este estudio mi objetivo principal es retarte a considerar de qué
manera podrías involucrarte personalmente como un discípulo que hace discípu-
los. Creo que si le pides a Dios en oración que te use en la vida de otras perso-
nas, Él va a contestar esa oración. Y antes de que empieces a pensar en lugares
lejanos, considera en oración las oportunidades que tienes cerca:

» El discipulado debe comenzar en casa. Si tienes hijos, tu primera misión es


mostrarles a Jesús. ¿Oran en familia? ¿Oras con tu cónyuge? Debido a que
pasamos mucho tiempo con la familia, el discipulado en el hogar es algo
que se “capta” más que algo que se “enseña”. El asunto es que el “ir” de la
Gran Comisión no implica necesariamente enviarte lejos.

» ¿De qué manera estás amando a los discípulos que están en tu iglesia? Si
oras por la oportunidad de encontrar a alguien a quien animar en tu igle-
sia, todos los domingos vas a descubrir que hay un montón de gente nece-
sitada a tu alrededor. Podemos hacer discípulos en la iglesia si nos intere-
samos genuinamente en los demás y nos esforzamos por ser parte su creci-
miento espiritual.

» Encuentra un ministerio por medio de tu iglesia o en tu comunidad en el


que puedas aprender a servir a los demás. ¿Cuáles son tus dones, fortale-
zas y debilidades? Ora por un lugar en el que “encajes”, y sigue a Jesús
amando a tu prójimo.

» Sin embargo, no te enfoques tanto en la iglesia que llegues a descuidar las


oportunidades de ser un discípulo de Cristo en el lugar donde estudies o
trabajes. En este mundo hay muchos problemas, pero estaría mucho peor
si los siervos de Cristo no estuvieran sirviendo y amando a los demás en
silencio. El mundo ha cambiado como resultado de las oraciones y los es-
fuerzos de los discípulos de Cristo. Ora para que seas una de esas personas
que hacen la diferencia.
» Y, por último, ¿por qué no orar para que puedas encontrar a una persona o
a varias personas que estudien este libro contigo? Puede que aún no te
sientas como un “experto”, pero si realizaste este estudio con la ayuda de
alguien, ¿por qué no tratar de hacer lo mismo con otras personas? Incluso
si leíste el libro por tu cuenta, sus lecciones van a significar más a medida
que converses y ores con otros. No te tienes que presentar como el exper-
to, sino sé honesto y di que tú mismo tienes que volver a aprender esas
lecciones básicas. El Apéndice B es una declaración escrita para aquellos
que ya están haciendo discípulos. Pienso que te será útil.
APÉNDICE A

"SEÑOR, QUE RE MOS VER A JE SÚS"

Este es un plan de lectura de quince semanas para presentar la vida y las ense-
ñanzas de Jesucristo.

EL CONCEPTO

El punto de partida del discipulado es creer en Jesús. Pero podemos creer en


Él sin saber mucho de Él. Así que el Señor ungió a cuatro autores para que
cada uno escribiera un Evangelio —un relato de la vida y las enseñanzas de
Jesús para explicar quién era y qué significa seguirle. Estas setenta y cinco
lecturas han sido seleccionadas de los cuatro Evangelios de acuerdo a un bos-
quejo que divide la vida adulta de Jesús en tres años de ministerio. Este perío-
do comenzó con los eventos en la vida de Juan el Bautista (su predicación, en-
carcelamiento y muerte), pero como cada autor presentó la información en un
orden diferente, la secuencia precisa de los eventos es difícil de determinar. Se
ha seleccionado una porción más larga para lecturas personales, pero muchas
veces sugerimos una lectura más breve (la que están entre paréntesis) a aque-
llos que quisieran usar este recurso para devocionales familiares con niños pe-
queños. Si tienes a mano un mapa de Palestina en los tiempos de Jesús y lo
consultas con regularidad, las lecturas tendrán mucho más sentido.
El año de la inauguración

Semana 1
1. El ministerio de Juan el Bautista —Lucas 3:1-18 (Mr 1:1-8)

2. El bautismo de Jesús —Mateo 3:13-17

3. La tentación de Jesús —Mateo 4:1-11

4. Los discípulos de Juan como seguidores de Jesús


—Juan 1:29-51 (1:35-42)

5. El primer milagro —Juan 2:1-11

Semana 2
1. El primer ministerio de Jesús en Jerusalén —Juan 2:12-25

2. Enseñando acerca del nuevo nacimiento —Juan 3:1-21 (3:1-8)

3. Testimonio a la mujer samaritana —Juan 4:1-42 (4:1-14)

4. Rechazo en Su ciudad de residencia —Lucas 4:14-30

5. Jesús se muda a Capernaúm —Lucas 4:31-44

El año de Su popularidad

Semana 3
1. El Sermón del monte: El llamado a los primeros discípulos —Mateo 4:12-
25

2. El Sermón del monte: Poder para sanar y perdonar


—Lucas 5:12-26
3. El Sermón del monte: El llamado de Leví (Mateo)
—Lucas 5:27-39 (5:27-32)

4. El Sermón del monte: Primer conflicto en relación al día de reposo —Lu-


cas 6:1-11

5. El Sermón del monte: Se nombran los doce apóstoles


—Lucas 6:12-16

Semana 4
1. El Sermón del monte: Las bienaventuranzas —Mateo 5:1-16

2. El Sermón del monte: Jesús y la ley —Mateo 5:17-30 (5:17-20)

3. El Sermón del monte: Jesús y la ley (continuación)


—Mateo 5:31-48 (5:43-48)

4. La ofrenda y la oración —Mateo 6:1-15

5. El ayuno; tesoros en el cielo —Mateo 6:16-24

Semana 5
1. Exhortación a no preocuparse —Mateo 6:25-34

2. El verdadero juicio —Mateo 7:1-12

3. Entrando por la puerta estrecha —Mateo 7:13-29

4. El segundo ministerio en Jerusalén —Juan 5:1-15

5. El discurso de Jesús sobre Su divinidad —Juan 5:16-47 (5:19-27)

Semana 6
1. La fe del centurión y de la viuda —Lucas 7:1-17

2. Preguntas de Juan el Bautista —Lucas 7:18-35 (7:18-23)


3. Jesús y una mujer pecadora —Lucas 7:36-50 (7:36-43)

4. La parábola del sembrador —Lucas 8:1-15

5. Otras parábolas del Reino —Mateo 13:24-43 (13:31-35)

Semana 7
1. Jesús calma la tormenta —Marcos 4:35-41

2. Liberación del endemoniado gadareno —Marcos 5:1-20

3. Una niña muerta y una mujer enferma


—Marcos 5:21-43 (5:24-34)

4. Jesús es rechazado una vez más —Mateo 13:47-58 (13:53-58)

5. Los discípulos son enviados; la muerte de Juan —Lucas 9:1-9

El año de la oposición

Semana 8
1. La alimentación de los cinco mil —Lucas 9:10-17

2. Jesús camina sobre el agua —Mateo 14:22-36

3. Jesús el Pan de vida —Juan 6:25-71 (6:35-40)

4. Lo limpio y lo impuro —Mateo 15:1-28 (15:21-28)

5. La confesión de Pedro —Mateo 16:13-28 (16:13-20)

Semana 9
1. La transfiguración —Mateo 17:1-23 (17:1-9)

2. El carácter del Reino —Mateo 18:1-20 (18:15-20)

3. La parábola del buen samaritano —Lucas 10:25-37


4. La enseñanza acerca de la oración
—Lucas 10:38–11:13 (11:9-13)

5. Jesús y Belzebú —Lucas 11:14-28 (11:14-20)

Semana 10
1. Jesús el buen Pastor —Juan 10:1-42 (10:7-16)

2. Contando el costo —Lucas 14:25-35

3. Parábolas que hablan de encontrar lo perdido


—Lucas 15:1-32 (15:3-10)

4. La entrada al Reino —Lucas 18:9-30 (18:9-17)

5. La resurrección de Lázaro —Juan 11:1-44 (11:32-44)

La última semana y la resurrección

Semana 11
1. Complots contra Jesús —Juan 11:45–12:10 (12:1-10)

2. La entrada triunfal —Mateo 21:1-17

3. Debates sobre la autoridad —Mateo 21:23-46 (21:28-32)

4. Debates acerca de las prioridades —Mateo 22:1-46 (22:34-40)

5. El discurso en el Monte de los olivos —Lucas 21:1-38 (21:1-4)

Semana 12
1. La última cena —Mateo 26:14-35

2. Jesús lava los pies de los discípulos —Juan 13:1-30 (13:2-11)

3. Jesús consuela a los discípulos —Juan 13:31–14:14 (14:1-7)


4. La promesa del Espíritu Santo —Juan 14:15-31 (14:15-21)

5. La Vid y las ramas —Juan 15:1-27 (15:1-8)

Semana 13
1. La oración de Jesús como Sumo Sacerdote
—Juan 17:1-26 (17:20-26)

2. Jesús en Getsemaní —Mateo 26:36-56 (26:36-46)

3. Jesús en la casa de Caifás —Mateo 26:57-75 (26:69-75)

4. Jesús ante Pilato —Mateo 27:1-26 (27:1-2, 19-26)

5. Jesús es golpeado y crucificado —Mateo 27:27-53 (27:32-44)

Semana 14
1. Jesús en la cruz —Lucas 23:26-43

2. La muerte y la sepultura de Jesús —Juan 19:28-42

3. La mañana de la resurrección —Mateo 28:1-20 (28:1-10)

4. El encuentro de María con Jesús —Juan 20:1-18

5. Dos en el camino a Emaús —Lucas 24:13-35

Semana 15
1. La primera reunión de Jesús con los discípulos
—Juan 20:19-31

2. Jesús en la costa de Galilea —Juan 21:1-25 (21:15-19)

3. Los últimos días con Jesús —Hechos 1:1-11

4. Jesús cumple Su promesa —Hechos 2:1-21 (2:1-13)


5. Jesús viviendo en Su iglesia —Hechos 2:22-47 (2:42-47).
APÉNDICE B

UNAS PALABRAS PARA LOS DISCÍPULOS QUE


HACEN DISCÍPULOS

C omo señalé en el prefacio, Caminando con Jesús: Empieza a ser un fiel


discípulo comenzó como una idea de escribir un libro que proveyera infor-
mación útil para aquellos que quieren comenzar su caminar como cristianos. Sin
embargo, entre más trabajaba en él, más me convencía de que este libro podría
servir como un recurso para ayudar a los discípulos a hacer otros discípulos. He
tratado de escribir un manual, no un libro de “hechos”. El discipulado es algo
que se debe vivir, no solo estudiar. Tal como Ron (quien me ayudó a poner el li-
bro a prueba) le dijo a nuestro grupo pequeño: “El discipulado es principalmente
un curso práctico que de vez en cuando tiene unas cuantas clases teóricas”. ¡Bien
dicho! Muchos de nosotros hemos tenido la tendencia a dar clases (o sermones),
dando muy poca ayuda práctica. Además, debemos evitar la tentación de definir
el discipulado como la mera lectura de un libro o el cumplimiento de algún pro-
grama.
Espero y oro que Caminando con Jesús sea una herramienta útil para aquellos
que quieren guiar y alentar a otros que pudieran estar escuchando el llamado de
Jesús a seguirle. En particular estoy pensando en aquellos que nunca se conside-
rarían “hacedores de discípulos”. A lo mejor un recurso como este te anima a pe-
dirle a alguien que haga un estudio contigo. Y ten en mente que nuestro compro-
miso de hacer discípulos es una de las cosas más importantes que podemos hacer
para crecer como discípulos. Será algo retador y emocionante. Para ayudarte en
esta gran misión, he agregado este apéndice con pensamientos sobre dos temas:

» Algunos de los énfasis distintivos de este libro. Mi forma de ver el disci-


pulado tiene algunos aspectos fundamentales que debes examinar mientras
usas este libro en tu propio ministerio de discipulado. También voy a su-
gerirte otros recursos que te podrían ayudar a profundizar en el tema.

» Sugerencias prácticas acerca de cómo usar este libro.

PRINCIPIOS SUBYACENTES

La Gran Comisión no hace la distinción que hoy se hace entre el


evangelismo y el discipulado.
La premisa fundamental de Caminando con Jesús es que tengamos un enten-
dimiento correcto de la Gran Comisión (Mt 28:18-20). Varios escritores y maes-
tros han demostrado que el mandamiento principal de la Gran Comisión es hacer
discípulos (del verbo en griego mathateuo, que tiene la misma raíz que matha-
tas, la palabra para discípulo). Como vimos en el capítulo 12, las otras palabras
clave de la Gran Comisión (ir, bautizar y enseñar) precisan lo que implica hacer
discípulos. Esto quiere decir que el hecho de que veas a alguien hacer profesión
de fe es apenas el comienzo de tu misión. Además, siempre que empezamos a
trabajar con alguien debemos hacerlo con la expectativa del discipulado en men-
te. Saca un tiempo para revisar tu esquema de evangelismo personal o el de tu
iglesia, y pregúntate si presenta el evangelio de tal forma que anuncie una vida
que implica seguir a Jesús. Si el objetivo clave del evangelismo es “ir al cielo”, a
lo mejor eso explica por qué tantos “convertidos” ven el discipulado como algo
opcional.
Valoro mucho lo que escribió el Dr. Rober Webber en su serie de libros An-
cient-Future [Antiguo-futuro]. Ancient-Future Evangelism: Making Your
Church a Faith-Forming Community [El evangelismo antiguo-futuro: Ha-
ciendo de tu iglesia una comunidad de fe]1 es particularmente útil. El autor trata
de usar la experiencia de la iglesia primitiva y la manera en que hacían evange-
lismo para enseñarnos una visión más bíblica del evangelismo y del discipulado
en la iglesia local.

El discipulado no es una categoría de la vida cristiana ni algo adi-


cional a creer.
Este punto surge naturalmente de una comprensión bíblica de la Gran Comi-
sión, pero hay que enfatizarlo. He tratado de escribir de una manera que muestre
que los creyentes son discípulos. En mi experiencia, los que yo llamo nuevos
discípulos aceptarán esta idea de buena gana. Serán los cristianos estables, inclu-
yendo a los pastores y a otros líderes de la iglesia, quienes verán esta idea como
algo nuevo. Tienes que pensar en esto y preguntarte si tu comprensión del evan-
gelio incluye el discipulado, o si ves el discipulado como una etapa posterior en
la vida cristiana.
Puede que hayas notado que no comencé mi estudio con una exposición de la
salvación, sino del discipulado. Lo hice así porque así es como Marcos presenta
el evangelio. Aparentemente esos primeros discípulos comenzaron su vida si-
guiendo a Jesús, aprendiendo quién era Él y por qué vino. ¿Eran “salvos” cuando
comenzaron como discípulos? No lo sabemos. Pero debido a que se identifica-
ban como discípulos de Jesús, sabemos que estaban involucrados en el proceso
de descubrir lo que quería decir ser salvado por Jesús. Doy por sentado que los
discípulos de la iglesia de Roma también experimentaron este proceso. El análi-
sis del evangelio que hace Pablo en Romanos puede haber consolidado la fe de
los creyentes, o puede haber ayudado a los “buscadores” a entender lo que signi-
ficaba creer en Cristo para salvación. En cualquier caso, se asumía que el disci-
pulado es la respuesta normal de alguien que ha creído.
Cuando empieces un estudio de Caminando con Jesús, no te enfoques en si
las personas con las que estás estudiando son o no creyentes en Jesús. Eso se
hará evidente a medida que vayan conversando, y tendrás una buena oportunidad
de tocar este tema cuando llegues a los capítulos 5 y 6.2

El discipulado comienza con el llamado de Jesús, no con la deci-


sión de una persona.
Estoy convencido de que una razón principal por la que a algunos maestros y
líderes en la iglesia se les hace difícil insistir en el discipulado, incluso en su pre-
sentación del evangelio, es que dan por hecho que el discipulado comienza con
nuestra decisión de seguir a Jesús. Existe una pasión tan evidente por evitar que
se piense que la salvación es un resultado de nuestras obras o del esfuerzo por
ganar el favor de Dios, que los evangelistas ponen un énfasis fuerte y constante
en el hecho de que no podemos ganarnos la salvación, y tampoco la merecemos.
Incluso, he escuchado a muchos evangelistas bien intencionados hablar de lo fá-
cil que es volverse cristiano. Evitan cuidadosamente todo lo que sugiera un es-
fuerzo, aparte de un compromiso de fe o de “decisión por Jesús”, tanto que ni se
menciona el mandato a llevar nuestra cruz y seguirle (Mr 8:34) hasta después de
que la persona haya respondido al evangelio.
Pero si nuestro punto de partida es diferente, entonces podemos esperar res-
puestas y resultados muy diferentes a estos. El llamado al discipulado comienza
solo con eso —el llamado. Cuando Jesús llamó a esos primeros discípulos, ellos
le siguieron porque se habían encontrado con Jesús, el Hijo de Dios, cuyo llama-
do incluía el poder para responder. Pude entender esta verdad mucho mejor des-
pués de leer nuevamente los primeros capítulos de la obra clásica de Dietrich
Bonhoeffer llamada El costo del discipulado.3 Esto coincidió con mis propios
estudios y escritos sobre el llamado eficaz que hace el Espíritu Santo, y me di
cuenta de que el llamado que hace Jesús al discipulado es esencialmente el mis-
mo que el llamado a la salvación que mencionan Pablo y Pedro una y otra vez.
Esa idea se convirtió en el título del capítulo 5 de este libro. En otras palabras,
cuando entendemos que la gente viene a Cristo como resultado del llamado (1Co
1:18-31), entonces también entendemos que lo que los está atrayendo es Jesús
mismo, al costo que sea, no la expectativa de esa persona de tener una vida me-
jor o de recibir un regalo.
Después de haber leído libros y otros estudios acerca del discipulado, me he
dado cuenta de que este énfasis en el llamado sobrenatural de Dios por lo general
se menciona brevemente, si es que se menciona. Eso hace del discipulado (así
como del evangelismo) un gran esfuerzo humano. Creo que lo que he explicado
en cuanto a enfatizar que el llamado de Dios es fundamental para el discipulado
es un énfasis necesario, y espero que sea útil y alentador para ti —estamos invo-
lucrados en la obra de Dios. Es posible que necesites prestarle especial atención
al material de los capítulos 5 y 6. Si estás familiarizado con la teología de mi tra-
dición (reformada y presbiteriana), probablemente has escuchado a alguien de-
cir: “La regeneración precede a la fe” (es decir, la obra de Dios hace posible
nuestra respuesta). En Caminando con Jesús he tratado de hacer una aplicación
práctica de esta verdad en la manera en que una persona lleva a cabo su ministe-
rio.

No supongas que la gente entiende el evangelio, ni en términos de


experiencia ni teológicamente.
Cuando le digo a las personas que estoy tratando de escribir acerca del “disci-
pulado para inexpertos”, con frecuencia recibo a cambio sonrisas y luego una pa-
labra de aliento por este esfuerzo. Parece que la mayoría somos conscientes de
que aun en nuestras iglesias hay un gran número de creyentes que no entienden
claramente lo básico. Así que cualquiera que sea el contexto en el que utilices
este libro, no des por hecho que los que están en tu grupo entienden el evangelio
que supuestamente “todos” conocen. No, ¡no lo entienden! Esto es particular-
mente cierto cuando el discipulado se asume como parte del evangelio mismo,
no como algo para después. Ora por sensibilidad, ya sea que estés trabajando con
gente muy nueva o con gente que tenga cierto tiempo en la iglesia.
Ten en mente también que las personas pueden creer sinceramente en el evan-
gelio de la forma en que lo entienden (lo que muchas veces se etiqueta como “fe
salvadora”), pero que tal entendimiento puede ser muy superficial. Solo Dios
sabe si estas personas son “salvas”, pero la tarea del discipulado apenas está co-
menzando. Toma todo el tiempo que necesites para dejar que el evangelio pene-
tre. Un amigo describió ese proceso lento en que el evangelio va penetrando en
nuestras almas como si estuviéramos siendo “encurtidos en el evangelio”.

El evangelio es mucho más que un mensaje para incrédulos.


Si has leído este libro, ya sabes que repito este mensaje una y otra vez. Mi ora-
ción es que aquellos que son nuevos en el evangelio abracen esta idea con todo
su ser. Pero para aquellos que se consideran cristianos “maduros” o experimenta-
dos, esto no será tan fácil. Alguien que tiene años en la iglesia probablemente
dirá que necesita el evangelio, pero en su hablar y en su actuar es evidente que lo
que realmente cree es “salvación por gracia, crecimiento por obras”, lo cual es
muy común. Irónicamente, es posible que la razón por la que quiera formar parte
del grupo que está haciendo este estudio es que su forma de vivir la vida cristia-
na simplemente no ha “funcionado”. Están tratando de seguir a Jesús sin que Je-
sús sea el centro de su ser.
Reto a todo el que quiera discipular a otros a que se pregunte si esto es cierto
en su propia vida. El ministerio de renovación que empezó bajo el liderazgo de
Jack Miller tuvo su mayor impacto en pastores y misioneros (y sus esposas) que
estaban llevando a cabo el “ministerio del evangelio”, pero que no sabían de qué
manera vivir el evangelio. Milton Vincent, un pastor de California, escribió un
pequeño libro llamado A Gospel Primer for Christians [Un manual básico del
evangelio para cristianos], que incluye su historia personal de frustración y de-
sesperación, incluso después de haber tenido un ministerio “exitoso” por años,
hasta que llegó a entender cómo el evangelio se aplicaba a su vida diaria.4 El
Pastor Vincent menciona específicamente cómo fue impactado por el libro The
Discipline of Grace [La disciplina de la gracia] de Jerry Bridges,5 por medio del
cual conoció la frase: “Predícate el evangelio todos los días”.6 El “libro de texto”
clásico que explica esta visión del evangelio es Dynamics of Spiritual Life [La
dinámica de la vida espiritual].7

Cuando Pablo discipulaba a nuevos creyentes, la doctrina del


evangelio era fundamental en su enseñanza.
Me preguntaba, como podrías preguntártelo tú, si sería sabio pedirle a discípu-
los nuevos que se sumergieran en la teología “pesada” de Romanos. Pero Pablo
no dudó en hacerlo, y tampoco debemos hacerlo nosotros. La respuesta de los
que han “probado” el libro también ha sido alentadora. Me di cuenta de que ellos
reconocen que apenas estaban empezando a comprender conceptos tales como la
justificación, pero al mismo tiempo fueron capaces de seguir el pensamiento de
Pablo, al menos en su bosquejo básico, sobre estos temas importantes. Creo que
tú también descubrirás que para el momento en que llegues a esos capítulos del
libro (sobre todo los capítulos 7-9), los miembros de tu grupo demostrarán un
verdadero crecimiento en su habilidad para trabajar con los textos de la Escritu-
ra. He organizado las lecciones de manera que se enfoquen en pasajes selectos
más que en múltiples textos. Aparta un tiempo para estudiar los pasajes y deja
que la Biblia hable, pero no esperes tener una comprensión total. Esas mismas
lecciones, cuando las revises después de tener más experiencia como discípulo
de Jesús, llegarán a ser mucho más valiosas. Esta es la razón por la que debemos
regresar al evangelio constantemente —siempre habrá más y más profundidades
que descubrir.
Enseño que la justificación y la santificación están vinculadas a la cruz y a la
resurrección de Jesús. Para mí, eso es aceptar la historia del evangelio —la
muerte de Cristo y Su resurrección— y asimilarlo por fe. Este es el evangelio en
nosotros: estamos unidos a Cristo en Su muerte y unidos a Él en Su resurrec-
ción. Esto implica que el significado del evangelio no se acaba con la justifica-
ción, lo cual parece ser el caso en muchas definiciones del evangelio. La historia
del evangelio incluye la resurrección de Jesús, y nuestra apreciación del signifi-
cado del evangelio en nuestras vidas también debe incluir la santificación, la
adopción y la glorificación.
Algo valioso para ti como líder sería que te leas las cartas de Pablo y te fijes
en todas las veces que él ora para que los nuevos creyentes conozcan. Esto in-
cluye no solo conocer a Cristo en el sentido relacional, sino también entender
por qué están en Cristo y todos los beneficios que les pertenecen gracias al amor
de Dios y Su gracia. Puedes ver esto especialmente en Efesios (1:15-19; 3:14-
19) y en Colosenses (1:9-13; 2:1-5). De hecho, el orden mismo de los capítulos
en esos libros aclara que la percepción de quién es Cristo y la plenitud que los
creyentes tienen en Cristo, que se explicó en los primeros capítulos, son el fun-
damento para la nueva vida en Cristo que se describe en los últimos capítulos.
Pablo ora por el conocimiento que les llevará a actuar (este orden se ve clara-
mente en Col 1:9-10). Tenemos que seguir ese mismo patrón cuando estemos
discipulando a otros.

Usa las herramientas históricas del discipulado.


En este libro he incluido las tres enseñanzas principales que se han usado a lo
largo de la mayor parte de la historia de la iglesia: el Credo de los Apóstoles
(cap. 2), la Oración del Señor (cap. 3) y los Diez Mandamientos (cap. 10). Un
ejemplo maravilloso de cómo las tres son parte de una enseñanza sistemática de
la fe es el primer catecismo de la reforma, el Catecismo de Heidelberg (1563).
Pareciera que hoy en día no se toman en cuenta a la hora de discipular, lo cual es
muy lamentable. Te animo a que te aprendas de memoria estas tres enseñanzas
fundamentales. Esto no solo es provechoso en sí mismo, sino que también co-
necta a quienes discipulas con la comunidad cristiana en general.

No hay discipulado sin comunidad.


Ten en cuenta que este principio pertenece tanto a la fase inicial de hacer dis-
cípulos (evangelismo) como al resto de la vida del creyente. En mis clases suelo
preguntar a las personas acerca de su propia experiencia. Les pregunto cuántas
de ellas vinieron a la fe por su cuenta, y cuántas vinieron por involucrarse de al-
guna forma con una comunidad cristiana (familia, iglesia o grupo pequeño). La
gran mayoría se identifica con la segunda opción. Por lo general, la gente necesi-
ta ver el evangelio mientras está escuchando el evangelio (o, mejor dicho, para
poder escuchar el evangelio).

Seguir a Jesús debe incluir seguir a Jesús en Su misión.


Entendí la trascendencia de esta importante verdad mientras meditaba en Mar-
cos. Desde las primeras palabras de Su llamado a seguirle, Jesús dejó en claro
que ser Su discípulo tenía un propósito —una misión. Jesús no solo estaba pro-
clamando y demostrando la presencia del Reino, sino que dijo específicamente a
los que Él estaba llamando que los haría “pescadores de hombres” (Mr 1:17).
Presenté este tema en el capítulo 1, y después regresé a él en los últimos dos ca-
pítulos. Aunque el llamado a seguir a Jesús en Su misión solo se aborda en cier-
tas partes del libro, espero que encuentres la manera de incorporarlo a cada lec-
ción de Caminando con Jesús. Es probable que esto surja cuando conversen
acerca de las actividades en las que participan los miembros del grupo. Usa esos
tiempos para mantener el enfoque en el ministerio y en alcanzar a los perdidos.
Esto no debe suceder después de que el estudio haya concluido, sino durante el
estudio de lo básico del discipulado.
En estos últimos años se han estado haciendo varios esfuerzos por traspasar
una visión de la iglesia como comunidad, y por redescubrir la centralidad del
Reino en la misión de esta comunidad. Outgrowing the Ingrown Church8
[Cómo la iglesia puede dejar de mirar hacia adentro para alcanzar a los de
afuera], de Jack Miller, es un buen punto de partida que además es práctico. Una
vez más recomiendo la serie Ancient-Future [Antiguo-futuro] de Robert Web-
ber. El subtítulo de su Ancient-Future Evangelism [El evangelismo antiguo-fu-
turo] es Making Your Church a Faith-Forming Community [Haciendo de tu
iglesia una comunidad de fe], que es lo que queremos estar haciendo. Webber
señala que los tres aspectos del discipulado que sobresalen en el Nuevo Testa-
mento son creer, pertenecer y obedecer.9 El término que une a la comunidad con
el discipulado y el Reino es misional.10 Somos llamados a ser el pueblo de Dios
que sigue a Jesús. Nuestra misión debe impregnar todo lo que hacemos como
iglesia.

CÓMO USAR ESTE LIBRO PARA HACER DISCÍPULOS

Sé flexible; sé creativo.
Esta es la primera “regla” y la más importante. Soy consciente de que muchas
personas se sienten mucho más cómodas con un programa prefabricado de disci-
pulado. Eso puede ser útil, pero no es discipulado. La forma en que uses este li-
bro dependerá de ti como líder y, lo más importante, debes conocer a los que es-
tás tratando de guiar hacia una vida de discipulado. Por ejemplo, sé de unos ami-
gos que invitaron a algunos adultos jóvenes a leer con ellos un manuscrito de
este libro. Tenían tan poco conocimiento acerca de Jesús que todos se pusieron
de acuerdo para seguir estudiando Marcos juntos. Espero que lo hagan, pero lo
importante es que tarde o temprano estos adultos jóvenes lleguen a conocer a Je-
sús.
El elemento relacional va a ser igual de importante, o hasta más
importante, que el contenido de este libro.
Cuando pregunto a los líderes cristianos acerca de sus propias experiencias de
discipulado, la mayoría no recuerda el contenido que se estudiaba, sino el hecho
de que la gente se tomaba el tiempo para amarlos y mostrarles a Jesús. No digo
que el contenido de este libro no sea importante, pero aquellos a quienes discipu-
les nunca olvidarán tu compromiso de invertir tu tiempo y tus fuerzas para hacer
discípulos. El tiempo que inviertas en las reuniones para conocer a los miembros
y desarrollar una relación con ellos es una parte fundamental de tus encuentros,
no meros preludios.

Caminando con Jesús se podría usar como material para la escue-


la dominical, pero…
Una de las razones por las que el libro tiene doce capítulos es porque así puede
adaptarse al esquema de las típicas clases de escuela dominical para adultos. Lo
escribí con eso en mente, pero después de escribirlo y de haberlo probado con un
grupo de escuela dominical, no estoy convencido de que esta sea la mejor forma
de usarlo. El grupo con el que he estado trabajando ha sido muy diligente en ha-
cer sus tareas, pero ese celo no es común en las clases de los domingos por la
mañana. Nuestro tiempo juntos es muy corto, y la continuidad ha sido difícil de-
bido a la irregularidad en la asistencia. Sin embargo, el grupo ha sido entusiasta
y creo que ha habido un verdadero crecimiento espiritual. Sin embargo, pienso
que no se aprovechó todo el potencial del libro como un recurso para el discipu-
lado.
Lo ideal probablemente sería estudiarlo en un grupo de dos, tres o cuatro per-
sonas que se comprometan a reunirse con regularidad hasta por un año. Las reu-
niones deberían ser cada tres o cuatro semanas para que así tengan tiempo sufi-
ciente para completar las tareas. Deben ponerse de acuerdo en apartar un espacio
de tiempo para comenzar con la revisión de las tareas, incluyendo las anotacio-
nes que haga cada miembro acerca de su lectura de la Biblia, sus reflexiones per-
sonales y las tareas asignadas. Después se pasa al estudio del capítulo que toque
esa semana. Traté de usar el mismo patrón en la mayoría de los repasos que se
encuentran al final de cada capítulo, pero puedes hacerlo como mejor te parezca.
A medida que la gente se sienta más cómoda con la idea de orar, la reunión debe
terminar con un tiempo de intercesión los unos por los otros.
Mientras era pastor de McLean Presbyterian Church (en Washington, D.C.)
desarrollamos un ministerio llamado Living for the King (LFK) [Viviendo para
el Rey] que incluía un tiempo como el que acabo de describir. La gente se com-
prometió a asistir una noche a la semana de septiembre a mayo. Ese compromiso
incluía la disposición a leer los libros asignados y otros materiales, y cumplir con
las tareas especificadas. Mucho del material que se encuentra en este libro surgió
mientras conducía LFK. A lo largo de los años, la cantidad de personas involu-
cradas en LFK crecía a un ritmo constante, así que empezamos a dividirnos en
grupos pequeños cuando llegaba la parte de la rendición de cuentas. He estado
lejos de McLean por varios años, y todavía me encuentro frecuentemente con
personas que me dicen que LFK fue crucial en su peregrinaje espiritual. Ed Sat-
terfield, que servía como pastor asociado en aquella época, está de acuerdo con-
migo en que de todas nuestras responsabilidades de la iglesia, LFK fue la más
satisfactoria.
Menciono la experiencia que tuve con LFK porque es posible, aun en este
mundo tan ocupado, encontrar a personas que estén listas para dedicarse seria-
mente a aprender lo que significa seguir a Jesús. Cualquiera que sea la estructura
que sigas, ora a Dios para que cruce en tu camino a quienes Él está llamando.
Nunca olvides que eres parte de lo que Dios está haciendo para
cumplir Sus propósitos.
Somos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos, y mucho mayor
que cualquier cosa que podamos lograr por nuestra propia cuenta. El Reino de
Dios ha venido en la persona del Rey, Jesús. El Reino de Dios viene a medida
que el Espíritu Santo trae a las personas al Reino mediante Su poder regenera-
dor. Eso está sucediendo en todo el mundo, pues Jesús está haciendo exactamen-
te lo que dijo que haría: “... edificaré Mi iglesia...” (Mt 16:18). Es Dios mismo
quien está obrando pero, sorprendentemente, nosotros tenemos el privilegio ex-
traordinario de ser parte de lo que Él está haciendo.
Debido a que es Dios quien produce cambios verdaderos, también debemos
ser realistas acerca de lo que podemos hacer. Debemos estar disponibles y com-
prometidos, pero evitemos tratar de hacer la obra que solo el Espíritu puede ha-
cer. No queremos que las personas nos sigan. Queremos que sean discípulos de
Jesús.
AGRADECIMIENTOS

E stoy profundamente agradecido con Marvin Padgett y los editores de P&R


Publishing por animarme a escribir un libro para los nuevos creyentes y por
apoyar el enfoque que he adoptado. Mi plan inicial era hacer un bosquejo de los
temas y las doctrinas que fuera entendible para aquellos que son nuevos en la fe.
Sin embargo, como verás, en el proceso de escritura tomé una dirección ligera-
mente diferente para explorar el significado del discipulado y del llamado que
hace Jesús a seguirle. Fui cautivado por una frase sencilla en el primer versículo
del Evangelio de Marcos: “Comienzo del evangelio...”. Esto me sugirió que
Marcos estaba invitando a sus lectores a comenzar el viaje del discipulado a tra-
vés de los ojos de esos primeros discípulos. Yo también he tratado de hacer eso,
dejar que la Escritura hable por sí sola a medida que el libro avanza del principio
del evangelio en Marcos hacia el significado del evangelio que Pablo explica en
Romanos. Al explicarle este concepto a las personas, he aprendido que existe
una gran necesidad de guiar a cada creyente a través de este tipo de estudio. Por
lo tanto, el libro sigue mencionando no solo a los nuevos discípulos, sino tam-
bién a los discípulos renovados.
Escribir Caminando con Jesús: Empieza a ser un fiel discípulo me ha dado
la oportunidad de reunir cosas que he estado enseñando durante años en diferen-
tes contextos. Siempre había intentado ser un predicador de la gracia, pero mi
encuentro con Jack y Rose Marie Miller y mi participación en la formación de
World Harvest Mission (ahora serge.org) me mostraron la necesidad de definir la
gracia en los términos del evangelio. Este libro es el resultado de mi lucha con
las implicaciones de esa idea. Aprecio la paciencia de los participantes en nues-
tro programa Living for the King [Viviendo para el Rey], de McLean Presbyte-
rian Church, mientras yo añadía las nuevas percepciones que iba adquiriendo.
Más recientemente, mis estudiantes en LAMPhilly, nuestro ministerio de entre-
namiento pastoral en Filadelfia, fueron mis conejillos de Indias cuando combiné
los cursos de evangelismo y de disciplina en un curso llamado “Haciendo Discí-
pulos”. Y aún más recientemente, una clase en New Life Glenside me ayudó a
perfeccionar el libro mismo. Gracias Dan, Lauren, Chris, Cristina, Ron, Judy y
Connie. También agradezco a Joan y Tom por su ayuda con el libro al usarlo
para ayudar a algunos adultos jóvenes a buscar de Jesús. De entre todos los que
lo han leído, Will Grant hizo la revisión más completa del libro, y varios pensa-
mientos que aparecen en él son suyos. Como siempre, mi esposa, Sandy, ha ser-
vido como mi primera editora y mi mejor crítica.
El texto que me ha ayudado a evaluar mi ministerio en los últimos años es He-
chos 20:24: “Sin embargo, considero que mi vida carece de valor para mí mis-
mo, con tal de que termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha enco-
mendado el Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de
Dios”. Oro para que este libro sirva para lograr esa meta, y que llegues a conocer
y amar el evangelio de la gracia de Dios como resultado de mi trabajo.
¡A Dios sea la gloria!
NOTAS

CAPÍTULO 2: ¿TENGO QUE IR A LA IGLESIA?


1. Dan Kimball, They Like Jesus but Not the Church [Les gusta Jesús, pero no la iglesia] (Grand Rapids:
Zondervan, 2007).
2. En el Credo, “infierno” usualmente se refiere al lugar al que va todo el que muere, y se repite “para enfa-
tizar que la vida abandonó Su cuerpo y Él murió exactamente de la misma forma en que lo haremos tú y
yo a su debido tiempo”. J. I. Packer, Affirming the Apostles’ Creed [Afirmando el Credo de los Apósto-
les] (Wheaton, IL: Crossway Books, 2008), 20.
3. Esta es la historia de Bill que cuento en el capítulo 5 de mi libro Spiritual Birthline: Understanding
How We Experience the New Birth, [Línea del nacimiento espiritual: Entendiendo de qué manera ex-
perimentamos el nuevo nacimiento] (Wheaton, IL: Crossway Books, 2006).
4. Esto se explica de una manera más amplia en el capítulo 11, “El evangelio cambia todo”.
5. Una de las afirmaciones más grandiosas acerca de las familias procede de Josué, quien fue el sucesor de
Moisés: “Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor” (Jos 24:15).

CAPÍTULO 3: APRENDIENDO A LEER LA BIBLIA Y A ORAR


1. Aprende más acerca de la película llamada Jesús en www.jesusfilm.org.
2. Un libro reciente que da una visión general de toda la Biblia comienza con un capítulo sobre la resurrec-
ción de Jesús. Eso está bien —la “gran historia” tiene sentido a la luz del triunfo de Jesús sobre el pecado
y la muerte. Michael D. Williams, Far as the Curse Is Found [Hasta donde llegue la maldición] (Phi-
llipsburg, NJ: P&R Publishing, 2005).
3. Ya te has topado con esta clase de preguntas en tu lectura de Marcos. Es probable que Marcos terminara
en el 16:8, pero otras copias agregaron finales que parecían hacer más completo el evangelio. La mayoría
de las traducciones modernas incluyen uno de esos finales, pero explican que el final de Marcos es un
problema.
4. Puedes leer una versión más corta de la Oración del Señor en Lucas 11:2-4. Esta se enseñó en un contex-
to diferente al de Mateo 6, lo que sugiere que Jesús enseñó esta oración muchas veces durante Su minis-
terio.
5. Otra versión tradicional de la oración dice así: “Y perdona nuestros pecados, así como hemos perdonado
a los que pecan contra nosotros”. Es la misma idea.
6. O “por los siglos de los siglos”.
7. Algunas interpretaciones de la Oración del Señor ponen “hágase Tu voluntad en la tierra como en el cie-
lo” como una petición separada. Yo la uso como una definición de “venga Tu Reino”.

CAPÍTULO 4: EL EVANGELIO DE DIOS


1. Es posible que algunos de ustedes estén leyendo Biblias que son traducciones muy libres o paráfrasis y
que, por tanto, se confundan cuando tratamos de hacer un estudio cuidadoso de la Biblia enfocándonos
en palabras clave. En algún punto vas a querer “graduarte” a traducciones de la Biblia que no se pueden
leer con tanta facilidad, pero que te van a acercar más al texto original.
2.Richard F. Lovelace, Dynamics of Spiritual Life: An Evangelical Theology of Renewal [Dinámica de la
vida espiritual: Una teología evangélica de la renovación] (Downers Grove, IL: InterVarsity Press,
1979). Los escritos del Dr. Lovelace impactaron grandemente a Jack Miller y a los otros líderes de las
iglesias Nueva Vida a medida que ellos formaban una visión para las iglesias, tanto con la difusión del
evangelio como con la renovación del evangelio.

CAPÍTULO 5: EL LLAMADO A LA SALVACIÓN Y AL DISCIPULADO


1. Cuento esta historia en detalle en mi folleto What Is True Conversion? [¿Cuál es la verdadera conver-
sión?] (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 2006).
2. Te animo a que pongas en tu lista de cosas “por hacer” un estudio del Catecismo Menor de Westminster
para crecer en tu entendimiento de la fe pública.
3. Esta idea se explica con detalle en mi libro Spiritual Birthline: Understanding How We Experience the
New Birth (Wheaton, IL: Crossway Books, 2006).

CAPÍTULO 6: LA CONVERSIÓN
1. El Capítulo 13 de mi libro Spiritual Birthline: Understanding How We Experience the New Birth da
más detalles en cuanto a la conversión de los hijos de las familias cristianas. Cuento los peregrinajes es-
pirituales de mis hijos. También tengo un folleto sobre este tema: How Our Children Come to Faith [De
qué modo nuestros hijos llegan a la fe] (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 2006).
2. C. John Miller, Repentance [Arrepentimiento] (CLC Publications: Fort Washington, PA), 47.
3. Citado de un breve artículo del Dr. Tim Keller titulado “All of Life Is Repentance” [“Toda la vida es
arrepentimiento”], http://download.redeemer.com/pdf/learn/resources/All_of_Life_Is_Repentance-Ke-
ller.pdf.
CAPÍTULO 7: UN NUEVO HISTORIAL: LA JUSTIFICACIÓN
1. Pablo escribió su Epístola a los gálatas para tratar de corregir este problema. Dios ha usado el estudio de
Gálatas una y otra vez para regresar a Su iglesia al evangelio.
2. El Apéndice A es una serie de lecturas de los cuatros Evangelios y del Libro de los hechos que te van a
dar una noción de la vida y el ministerio de Jesús. Úsalas para meditar en la vida de Jesús. Son lecturas
breves que puedes usar para leerlas en voz alta a tu familia.
3. Esta es una forma de entender la frase “Él descendió al infierno” que está en el Credo de los Apóstoles.
Jesús estuvo en el infierno cuando recibió la ira de Dios en la cruz.
4. Catecismo Menor no. 32.

CAPÍTULO 8: UNA NUEVA VIDA: LA SANTIFICACIÓN Y LA ADOPCIÓN


1. En 2 Corintios 3:18 Pablo usa “transformados” (Ro 12:2) para describir lo que sucede cuando un creyen-
te enfoca su corazón y su mente en Jesús. Explico este fenómeno en el día 38 de mi libro Forty Days on
the Mountain: Meditations on Knowing God [Cuarenta días en la montaña: Meditaciones sobre el co-
nocimiento de Dios] (Wheaton, IL: Crossway Books, 2007).
2. Lenguaje del Catecismo Menor (nos. 33-35).
3. Dietrich Bonhoeffer, The Cost of Discipleship [El costo del discipulado] (Nueva York: Macmillan,
1963), 45–47.
4. Íbid., 99.
5. “Naturaleza pecaminosa” es como la NVI traduce la palabra carne para tratar de ayudarnos a no pensar
solo en la carne y los huesos físicos. Se refiere a nuestro deseo de vivir sin Dios.
6. J. I. Packer, Knowing God [El conocimiento del Dios santo] (Downers Grove, IL: InterVarsity Press,
1973), 186ss.
7. Sonship sigue siendo un ministerio de The World Harvest Mission [Misión de la Cosecha Mundial]. El
programa que está diseñado para estudiarse en las iglesias se llama Gospel Transformation [La transfor-
mación del evangelio]. Obtén más información en www.whm.org.

CAPÍTULO 9: UN NUEVO FUTURO: LA GLORIFICACIÓN


1. Doy una breve explicación de la doctrina en mi folleto What Is a Reformed Church? [¿Qué es una igle-
sia reformada?] (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 2003), 11–17.
2. El apóstol Juan no solo escribió el evangelio, sino que también escribió una pequeña carta llamada 1 Juan
(hacia el final del Nuevo Testamento) para ayudar a los nuevos creyentes a estar seguros de que han na-
cido de Dios. Léela cuando tengas la oportunidad.
3. Esta idea del diagrama de rueda vino de leer a John Murray, Redemption, Accomplished and Applied
[La redención, lograda y aplicada] (Grand Rapids: Eerdmans, 1955). El último diagrama es mi adapta-
ción.

CAPÍTULO 10: LA FE QUE SE EXPRESA EN EL AMOR


1. Dietrich Bonhoeffer, The Cost of Discipleship (New York: Macmillan, 1963), 61.
2. Íbid., 62.
3. Decidí no incluir Romanos 9-11. Es una discusión importante y complicada del plan de Dios de apartar a
Su pueblo, los judíos, porque estaban buscando establecer su propia justicia. Él hizo esto para abrir el ca-
mino a los que reciben la justicia por fe, ya sean judíos o gentiles, creyendo en el evangelio (10:1-15 es
un buen pasaje que lo resume).
4. C. S. Lewis, Mere Christianity [Mero cristianismo] (Nueva York: Collier Books, 1960), 116–17.
5. Jesús dijo esto en Marcos 12:30-31, pero ten en mente que Él estaba citando del Antiguo Testamento (Dt
6:5; Lv 19:18). No cometas el error común de pensar en el Antiguo Testamento solo como la ley y el
Nuevo Testamento solo como el amor.
6. Recordatorio: Así es como la NVI traduce “carne”.

CAPÍTULO 11: EL EVANGELIO CAMBIA TODO


1. Philip Graham Ryken, What Is the Christian Worldview? [¿Cuál es la cosmovisión cristiana?] (Phi-
llipsburg, NJ: P&R Publishing, 2006), 6.
2. El capítulo 6 de mi libro Spiritual Birthline: Understanding How We Experience the New Birth (Whea-
ton, IL: Crossway Books, 2006) analiza la experiencia de conversión de Colson.
3. Ryken, What Is the Christian Worldview?, 11.
4. Reportado en el blog de los doctores Scott y Jennifer Myrhe: http://paradoxuganda.blogspot.com.
5. El sitio de internet de Redeemer Presbyterian Church se encuentra en http://www.redeemer.com.
6. Apuntes de clase, “Redeemer: Un modelo de iglesia impulsado por el evangelio”.

CAPÍTULO 12: DISCÍPULOS HACIENDO DISCÍPULOS


1. Fíjate en Hechos 13:47 donde Pablo cita el mismo texto para apoyar su llamado a predicar el evangelio a
los gentiles.
2. Para mayor información acerca de este ministerio visita www.christianityexplored.org.

CONCLUSIÓN: ¿Y AHORA QUÉ?


1. Stephen Smallman, Forty Days on the Mountain: Meditations on Knowing God (Wheaton, IL: Cross-
way Books, 2007).
APÉNDICE B: UNAS PALABRAS PARA LOS DISCÍPULOS QUE HACEN DISCÍPULOS
1. Grand Rapids: Baker Books, 2003.
2. Cómo trabajar con otras personas es la Parte II de mi libro Spiritual Birthline, que se llama “The Work
of a Spiritual Midwife” [“El trabajo de una partera espiritual”] (Wheaton, IL: Crossway Books, 2006).
3. Dietrich Bonhoeffer, “Costly Grace” [“Gracia costosa”], “The Call to Discipleship” [“El llamado al disci-
pualdo”], capítulos 1 y 2 en The Cost of Discipleship (1937; reimp. Nueva York: Touchstone, 1995).
4. Milton Vincent, A Gospel Primer for Christians [Un manual básico del evangelio para cristianos] (Be-
midji, MN: Focus Publishing, 2008).
5. Jerry Bridges, The Discipline of Grace [La disciplina de la gracia] (Colorado Springs: NavPress, 1994).
Jerry da una explicación muy útil de este problema en las páginas 19–27.
6. Es posible que esta afirmación se haya originado con Martín Lutero, pero Jack Miller la usó constante-
mente. Jerry Bridges reconoce que la escuchó por primera vez de John, y la adoptó para enfocarse en una
práctica que había estado observando por algún tiempo (íbid., 8, 25).
7. Richard F. Lovelace, Dynamics of Spiritual Life: An Evangelical Theology of Renewal (Downers Gro-
ve, IL: InterVarsity Press, 1979).
8. C. John Miller, Outgrowing the Ingrown Church [Cómo la iglesia puede dejar de mirar hacia adentro
para alcanzar a los de afuera] (Grand Rapids: Zondervan, 1986).
9. Robert E. Webber, Ancient-Future Evangelism [Evangelismo antiguo-futuro] (Grand Rapids: Baker
Books, 2003), 72.
10.Estas son tres obras académicas más sobre la naturaleza de la iglesia y su misión que me han parecido
útiles: Tod E. Bolsinger, It Takes a Church to Raise a Christian [Se necesita una iglesia para criar a
un cristiano] (Grand Rapids: Brazos Press, 2004); Darrell L. Guder, The Continuing Conversion of the
Church [La conversión continua de la iglesia] (Grand Rapids: Eerdmans, 2000); Craig Van Gelder,
The Essence of the Church [La esencia de la iglesia] (Grand Rapids: Baker Books, 2000).