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Universidad de La Salle

Ciencia Unisalle
Maestría en Estudios y Gestión del Desarrollo –
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
MEGD

2015

Discursos de desarrollo, petróleo y comunidad : el


caso de El Morro (Casanare)
Zania Siddartha Roa Arias
Universidad de La Salle

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Citación recomendada
Roa Arias, Z. S. (2015). Discursos de desarrollo, petróleo y comunidad : el caso de El Morro (Casanare). Retrieved from
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Discursos de Desarrollo, Petróleo &
Comunidad: El Caso de El Morro
(Casanare)
 

Tesis Presentada Para Obtener El Título De Magister en Estudios & Gestión del Desarrollo
Facultad de Economía y Ciencias Sociales
Universidad de la Salle
(Bogotá - Colombia)

Zania Siddartha Roa Arias


Octubre de 2015

 
Dedicatoria

A Jorge y a Teresa que me enseñaron a buscar la felicidad.

“Cuando yo tenía cinco años, mi madre siempre me decía que la felicidad es la clave para la vida. Cuando
fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera grande, escribí feliz. Me dijeron que yo no
entendía la pregunta. Les dije que no entendían la vida.”

―John Lennon

   

  2

 
Agradecimientos

A las comunidades rurales de las zonas de influencia petrolera de Tauramena, Aguazul y


Yopal (Casanare), porque queriéndolo se convirtieron en grandes amigos, y sin quererlo en
mis más críticos y estrictos maestros en la compleja lección de ver y entender el mundo de
manera diferente.

A la Industria petrolera, y en especial a Alejandro Rodríguez por ser uno de mis más
grandes consejeros, un gran maestro y un verdadero amigo, y por abrirme las puertas del
mundo petrolero para que pudiera vivirlo y entenderlo.

A mi director Juan Carlos Sánchez, que me guió en el mar del conocimiento y quien me
ayudó convertir toda la experiencia, la pasión y el conocimiento en este trabajo de grado.

A mi familia & a mis amigos

 
DISCURSOS DE DESARROLLO, PETRÓLEO &
COMUNIDAD: EL CASO DE EL MORRO

TABLA DE CONTENIDO

INTRODUCCIÓN   6  
MARCO  TEÓRICO   8  
OBJETIVOS   12  
ANTECEDENTES  &  METODOLOGÍA   14  

CAPITULO 1: EL HATO LLANERO Y LOS INICIOS DE MARROQUÍN Y EL


MORRO   19  
1.1. DE LA ÉPOCA PREHISPÁNICA AL HATO LLANERO   19  
1.2. EL MORRO: FUNDACIÓN, CRECIMIENTO Y ORGANIZACIÓN PREVIA A LA INDUSTRIA DEL
PETRÓLEO (1900 – 1960)   26  
1.2.1. SOBRE LA REVOLUCIÓN LIBERAL Y LAS JUNTAS VEREDALES   30  
1.3. ADMINISTRACIÓN DE CASANARE: LEGITIMIDAD, GOBIERNO E INSTITUCIONALIDAD
(1960 – 1980)   34  

CAPITULO 2: LA ERA DEL PETRÓLEO & LOS INICIOS DE LA INDUSTRIA


PETROLERA EN COLOMBIA   37  
2.1. INICIO DE LA ERA DEL PETRÓLEO   37  
2.2. EL DESARROLLO DE LA INDUSTRIA DEL PETRÓLEO EN COLOMBIA   40  
2.2.1. LA CONCESIÓN DE MARES & LA CONCESIÓN BARCO   42  
2.2.2. EL NACIMIENTO DE LA EMPRESA COLOMBIANA DE PETRÓLEOS - ECOPETROL   49  
2.2.3. EL CONTRATO DE ASOCIACIÓN   55  
2.2.4. EL CONTRATO DE ASOCIACIÓN CRAVO NORTE Y EL DESARROLLO DE CAÑO LIMÓN   58  
2.2.5. ENTRADA DE BP A CASANARE: LOS CONTRATOS DE ASOCIACIÓN SANTIAGO DE LAS
ATALAYAS, TAURAMENA Y PIEDEMONTE   63  

CAPÍTULO 3: EL ENCUENTRO DE DOS MUNDOS & LA TRANSFORMACIÓN DE


UNA SOCIEDAD CAMPESINA EN SOCIEDAD OBRERA   66  
3.1 EL ENCUENTRO DE DOS MUNDOS   66  
3.1.1. DE CAMPESINOS A OBREROS   68  
3.1.2. ORDENAMIENTO TERRITORIAL, PROPIEDAD DE LA TIERRA Y MEDIO AMBIENTE   73  
3.1.3. GRUPOS AL MARGEN DE LA LEY, VIOLENCIA Y LUCHA POR EL PODER   85  
3.1.4. ¿PERDIDA DE IDENTIDAD O UNA IDENTIDAD EN CONSTRUCCIÓN?   89  
3.1.5 POLÍTICAS EXTRACTIVISTAS, AUSENCIA DEL ESTADO Y DEBILIDAD INSTITUCIONAL   91  

  4

 
3.1.6. LA MALDICIÓN DE LOS RECURSOS: ENFERMEDAD HOLANDESA, ENCLAVE
PETROLERO & RENTISMO   94  

CONCLUSIONES: EL DESARROLLO COMO UN DISCURSO   98  


4.1. PRINCIPALES MODIFICACIONES IMPULSADAS POR LA LLEGADA DE LA INDUSTRIA
PETROLERA EN LA REALIDAD LOCAL   98  
4.1.1. LA IMPLANTACIÓN DE LA LÓGICA DEL CAPITAL   99  
4.1.2. PRINCIPALES MODIFICACIONES SOBRE LA ESTRUCTURA & LA ORGANIZACIÓN
SOCIAL   101  
4.1.3. PRINCIPALES MODIFICACIONES EN EL RELACIONAMIENTO ENTRE LA COMUNIDAD
Y EL GOBIERNO NACIONAL Y LOCAL   104  
4.1.4. PRINCIPALES MODIFICACIONES EN LAS RELACIONES DE LA COMUNIDAD CON LA
FUERZA PÚBLICA   106  
4.2. EL FENÓMENO PETROLERO VISTO DESDE LAS LÓGICAS Y PERSPECTIVAS DE LA
COMPAÑÍA Y LA COMUNIDAD   108  
4.2.1. CAMBIOS EN LA ECONOMÍA LOCAL & EN EL BIENESTAR SOCIAL DESDE LAS
LÓGICAS DE LA COMPAÑÍA Y LA COMUNIDAD   108  
4.2.2. EL MEDIO AMBIENTE, LA TENENCIA DE LA TIERRA Y EL ORDENAMIENTO DEL
TERRITORIO DESDE LAS LÓGICAS DE LA COMPAÑÍA Y LA COMUNIDAD   113  
4.2.3. CAMBIOS EN LA ESTRUCTURA & LA ORGANIZACIÓN SOCIAL DE LA COMUNIDAD
DESDE LAS LÓGICAS DE LA COMPAÑÍA Y LA COMUNIDAD   116  
4.2.4. LA RELACIÓN CON EL GOBIERNO NACIONAL Y LOCAL DESDE LAS LÓGICAS DE LA
COMPAÑÍA Y LA COMUNIDAD   119  
4.2.5. LA RELACIÓN CON LA FUERZA PÚBLICA DESDE LAS LÓGICAS DE LA COMPAÑÍA Y LA
COMUNIDAD.   122  
4.3. COLONIALISMO EN LOS LLANOS: EL DESARROLLO COMO UN DISCURSO   125  
4.5. RETOS, RECOMENDACIONES Y TEMAS POR EXPLORAR   129  

LISTA  DE  REFERENCIAS   132  

 
INTRODUCCIÓN
Desde los tiempos de la modernización hasta el actual neoliberalismo, las ideas que han
alimentado el crecimiento y el desarrollo de la industria petrolera en Colombia han ido tras
un imaginario de desarrollo que ha terminado por transformar a las sociedades de raíz
campesina en sociedades obreras, y por imponer sobre las primeras, ideas, principios,
concepciones y formas de pensar y relacionarse distintas, y muy alejadas de aquellas que les
son propias a las sociedades rurales.

El conflicto constante ha sido el producto de la implementación forzada de estos esquemas


neoliberales y de libre mercado en las sociedades rurales tradicionales, y esto a su vez ha
suscitado serios cuestionamientos sobre el significado del desarrollo mismo, y sobre lo que
estas ideas implican para la sociedad. Autores como E.P. Thompson (1979) y James C.
Scott (1976) en sus trabajos sobre la economía moral de las clases menos favorecidas de la
Europa de siglo XVIII, y de los campesinos del Sureste Asiático respectivamente, han
desarrollado con mucha claridad la idea de “economía moral” y analizaron el porqué cuando
los modelos económicos amenazan los niveles de subsistencia de las clases más humildes se
les obliga a levantarse tanto en contra del sistema que se impone, como en contra de los
medios de los que este se vale para alcanzar lo que aquí llamamos discursos de progreso,
crecimiento o el desarrollo como tal.

El concepto de economía moral resulta relevante en el caso del desarrollo petrolero


colombiano - y en particular para nuestro caso de estudio que se enfoca en la comunidad de
El Morro - porque genera una digna contraposición a las ideas de modernización y de libre
mercado que hoy son la base sobre la cual se cimientan las actuales políticas nacionales de
desarrollo y extracción petrolera. Los trabajos de los autores citados ayudan a comprender
cómo éstas políticas económicas en sistemas inequitativos atentan contra la subsistencia de
  6

 
las personas cuando atentan contra las dinámicas políticas, sociales y culturales que las
mantienen a flote, y que les garantizan unos mínimos de subsistencia y de seguridad,
amenazando con ello no solo al grueso de la comunidad, sino también y con mayor fuerza a
los grupos menos favorecidos como los grupos de mujeres, de ancianos, los grupos
minoritarios, y en general a los grupos con mayor vulnerabilidad social (Scott, 1976;
Thompson, 1979).

El presente trabajo de tesis busca comprender cuáles son los principios o ideas
fundamentales que a lo largo de los años la comunidad de El Morro se ha forjado frente al
desarrollo de proyectos petroleros y que se ven amenazados con los esquemas neoliberales y
las políticas de libre mercado, y para ello se ha planteado el uso del análisis crítico del
discurso como metodología de investigación. De la misma manera y para finalizar esta etapa
introductoria, es importante resaltar que el documento se ha estructurado en cuatro
capítulos que en su orden facilitarán el análisis diacrónico de los hechos y las
transformaciones que ha sufrido el territorio, contribuyendo también al objetivo de
comprender las diferencias que existen entre las lógicas, visiones y nociones de moralidad,
justicia y equidad económica de la empresa que opera en el área y la comunidad local.

 
MARCO TEÓRICO

Para el momento en que se daba la transición socioeconómica entre los momentos anterior y
posterior a la revolución industrial, las visiones de dos sociólogos europeos (Durkheim y
Weber) fueron determinantes para llegar a fundamentar la teoría de la modernización
(Webstern, 1984). De acuerdo a estas observaciones, el desarrollo era un camino que toda
sociedad tradicional estaba obligada a recorrer para lograr evolucionar (Webstern, 1984;
Corbridge, 1995). Según Durkheim las sociedades tradicionales se caracterizaban porque las
relaciones entre las personas se fundamentaban en fuertes enlaces familiares, emocionales y
afectivos, y porque compartían una serie de valores y creencias religiosas así como un mismo
estilo de vida, caracterizado por la sencillez, por el bajo nivel de especialización, por darse en
las áreas rurales y por tener posibilidades limitadas de movilización. Por otro lado, una alta
densidad poblacional caracterizaba a las sociedades modernas, en éstas, los individuos al
verse forzados a competir entre ellos y a darle un mejor uso a los recursos aumentaron los
niveles de especialización y división de las labores como mecanismo de adaptación. La
división y especialización de las labores en las sociedades modernas llegó a tal punto que se
comparó con los procesos de evolución que para entonces Darwin había propuesto en su
teoría. (Webstern, 1984).

Para los años cincuentas y sesentas, las ideas de desarrollo fundamentadas bajo el
pensamiento de transformación de sociedades tradicionales a modernas cobraron más
importancia, y se nutrieron con las contribuciones de economistas como W.W. Rostrow,
quien afirmó en 1960 que las etapas del crecimiento en términos económicos eran siempre
las mismas para todas las sociedades, y que todas las economías debían pasar por las cinco
fases que se mencionan a continuación, 1) sociedad tradicional, 2) precondición para el
despegue, 3) fase de despegue, 4) camino a la madurez y 5) la fase del consumo masivo
  8

 
(Webstern, 1984; Oman, 1991). La teoría de la modernización implicó que el Estado
movilizara tanto recursos propios como extranjeros para lograr la industrialización. Además,
esta teoría planteó una relación directa entre inversión de capital, crecimiento económico y
desarrollo (Corbridge, 1995; Oman, 1991). De la mano con los cambios de prioridades en
los aspectos económicos, la modernización también exigió realizar profundas reformas en
otros aspectos como los sociales, los culturales y los políticos. De alguna forma, los países de
Europa Occidental y EEUU se convirtieron en un referente o modelo de sociedad moderna
que los que llamaron países en vía de desarrollo debieron seguir en pro de modernizarse y
alcanzar el desarrollo.

En coherencia con las ideas de la modernización, las prioridades de los Gobiernos se


direccionaron hacia la industrialización, lo que obligó la introducción de importantes
reformas en los sistemas educativos y culturales a fin de generar un medio apropiado para
dicha transformación. Cambios en los esquemas del manejo del tiempo, en el tamaño de las
familias, en los sistemas de relaciones entre clases y en los esquemas valorativos y morales
fueron implementados, y con ellos se reemplazaron los antiguos esquemas y rutinas rurales
por nuevos esquemas y rutinas más relacionados con el mundo industrial (Corbridge, 1995).
Los imaginarios de desarrollo implementados desde la teoría de la modernización
comenzaron a encontrar sus primeros tropiezos y a tornarse paradójicos cuando la misma
sociedad para la que se habían construido empezó a levantarse en su contra. Y fue entonces
cuando hubo lugar para cuestionar ¿Qué es el desarrollo cuando es la misma sociedad la que
se levanta en contra de los instrumentos y aparatos que se utilizan para alcanzarlo? ¿Qué
gana la sociedad cuando el desarrollo se da en pro de si mismo? Y ¿qué sentido tiene el
desarrollo por el desarrollo? Con posterioridad a la teoría de la modernización surgieron
nuevas teorías y escuelas que de diferentes maneras buscaron alcanzar el tan anhelado
desarrollo, el progreso y la prosperidad, cada una de ellas a su manera intentó resolver los
 

 
vacíos y los problemas generados por la escuela o la teoría anterior - y que venían desde la
implementación de la teoría de la modernización.

Así por ejemplo, la escuela estructuralista surgió para tratar de mitigar los problemas que se
hicieron evidentes cuando los mal llamados países subdesarrollados se limitaron a ser
proveedores de materias primas para los países del primer mundo, acrecentando con ello la
brecha entre países ricos y pobres, y haciendo evidentes los problemas que llegaron con el
capitalismo. Con el fracaso del estructuralismo y de su intento por redefinir el capitalismo
surgió la teoría de la dependencia (o Neo-marxismo), la cual consideró que la economía
mundial era desigual y perjudicial para los países no-desarrollados, y que los países
avanzados habían logrado su desarrollo a partir de la explotación de los países en desarrollo,
lo que implicaba que el capitalismo era en si mismo un obstáculo para el adelanto humano,
y por lo tanto la revolución socialista y la ruptura con el mercado mundial parte de la
solución.

En los países latinoamericanos en donde los postulados de la teoría de la dependencia se


implementaron con mayor fuerza, se empezaron a hacer notorios los escasos niveles de
desarrollo tecnológico, el rezago económico, la falta de competitividad y fenómenos
económicos conexos como la hiperinflación, que en la mayoría de los casos desencadeno
conflictos sociales, desorden civil y golpes de Estado que solo pudieron ser resueltos con la
implementación de otro esquema económico. De este modo, al fracaso del neo-Marxismo
le sobrevino la economía neoclásica, y con ella formulas económicas como el consenso de
Washington, que aunque se dio en un escenario compartido con otras teorías de desarrollo
alternativo que surgieron durante los años siguientes, terminó afianzándose con más fuerza
que las demás y a la vez arando el camino para el surgimiento y la implementación del
modelo económico de libre mercado y en si del modelo neoliberal.
  10

 
Autores como Thompson (1979) y Scott (1976) en sus trabajos sobre la economía moral de
las clases menos favorecidas de la Europa de siglo XVIII, y de los campesinos del Sureste
Asiático respectivamente, hicieron un análisis que develó a un mayor nivel de profundidad el
porqué cuando los modelos económicos amenazan los niveles de subsistencia de las clases
más humildes, se les obliga a levantarse, tanto en contra del sistema que se impone, como en
contra de los medios de los que este se vale para el logro de sus fines, entendiendo como
fines, el progreso, el crecimiento o el desarrollo como tal.

El concepto de “economía moral” resulta relevante porque generar una digna contraposición a
las ideas de modernización y de libre mercado, específicamente cuando existen condiciones
de inequidad y desigualdad. Los trabajos de Thompson (1979) y Scott (1976) también
permiten entender cómo más allá del crecimiento económico y del desarrollo, lo que las
clases más humildes y vulnerables buscan es lograr unas condiciones mínimas de
subsistencia que les garanticen una disponibilidad de alimentos, acceso a productos básicos y
a un sistema informal de seguridad social y caridad. La implementación de una serie de
normas, valores, acuerdos y comportamientos sociales son los medios que estas clases
utilizan para ello, y lo que Thompson (1979) denominó una “economía moral”. Por su lado
Scott (1976) evidenció con sus trabajos sobre los campesinos del sureste asiático, que la
economía de libre mercado quebranta no sólo los sistemas de relaciones entre clases sociales,
sino que también acaba con los sistemas que aseguran al campesinado y a las clases más
desfavorecidas unas seguridades mínimas de subsistencia en épocas de escasez y dificultad
económica. La hipótesis que este trabajo plantea, es que la llegada de la industria petrolera a

 
Casanare y en particular al área de El Morro1, trajo consigo la introducción de conceptos de
desarrollo fundamentados en políticas económicas neoliberales y de libre mercado, que
distaron por mucho de aquellas propias de la población local, y que estaban mucho más
ligadas a ideas paternalistas y a esquemas de moralidad que imperaban en los antiguos
sistemas rurales de nuestra sociedad.

Para probar esta hipótesis, analizaremos el conjunto de actitudes normativas que a lo largo
de los años la comunidad de El Morro ha establecido con respecto de las relaciones sociales y
a los comportamientos sociales que rodean a la economía local. A partir de allí
estableceremos las practicas que a la vista de los locales se consideran legítimas y las que
no, y esto a su vez nos llevará a establecer las ideas tradicionales de normas y obligaciones
sociales de las funciones económicas propias de los distintos sectores dentro de la
comunidad, lo que en conjunto es lo que Thomson (1979) y Scott (1976) denominaron una
economía moral.

OBJETIVOS
El objetivo principal del trabajo es establecer los principios o ideas fundamentales que a lo
largo de los años la comunidad de El Morro ha forjado frente al desarrollo de proyectos
petroleros. Para lograr el objetivo general, se plantearon una serie de objetivos específicos
que se describe en la siguiente tabla, y que se alcanzan en cada uno de los capítulos que
componen este trabajo tal y como se describe a continuacion:

                                                                                                                       
1
El corregimiento de El Morro esta conformado por 18 veredas y se encuentra ubicado en el municipio de Yopal,
departamento de Casanare, sobre la rivera del Rio Cravo Sur a una altura aproximada de 350 m.s.n.m. El Centro
Poblado de El Morro hace parte del corregimiento que lleva el mismo nombre, y se encuentra a tan solo 10 minutos del
puente de la cabuya y de la vía marginal de la selva o marginal del Llano; que conecta a este asentamiento por el norte
con los municipios de Pore, Paz de Ariporo, Hato Corozal y con el vecino departamento de Arauca, y por el Sur con la
ciudad de Yopal, y con los municipios de Aguazul, Monterrey y Villanueva (Rodríguez Corredor, 2007).
  12

 
Tabla No 1. Objetivos Específicos
Objetivos Específicos Capítulo
En el primer capítulo se plantean desde un contexto histórico,
los principios y nociones de moralidad, justicia y equidad
económica que se fueron forjando y que finalmente estaban
1. Identificar cuales eran los afianzados en el sector de El Morro en el momento previo a la
principios y nociones de llegada de la Industria del Petróleo. En este capítulo se incluyen
moralidad, justicia y equidad los aspectos históricos más relevantes dentro de las dimensiones
económica más relevantes para política, económica, social y cultural; y dentro de estas, se da
los habitantes de El Morro, antes relevancia tanto a los sistemas de organización social como a las
de la llegada de la industria organizaciones sociales más representativas en el momento
petrolera. previo a la llegada de la industria petrolera, así como a los temas
de legitimidad, gobernabilidad e institucionalidad que
predominaban antes del desarrollo de proyectos petroleros.

El segundo capítulo resume la historia y el desarrollo de la


2. Reconocer las ideas y
Industria Petrolera Colombiana desde sus inicios a comienzos
conceptos de moralidad, justicia
del siglo XX y hasta el momento anterior a la entrada al sector
y equidad económica que
de El Morro. Desde esta perspectiva, se establecen tanto los
llegaron con la industria
principios y nociones de moralidad, justicia y equidad
petrolera.
económica de las compañías como del Gobierno Central.

3. Indagar cuales fueron las El momento en que se encuentra la comunidad de El Morro con
principales modificaciones que la empresa petrolera en un mismo lugar se analiza a
las dinámicas petroleras profundidad a lo largo del tercer capítulo. Dentro de este
generaron sobre los principios y capítulo se hace un especial énfasis en el análisis de las
nociones de moralidad, justicia y modificaciones que las dinámicas petroleras generaron sobre los
equidad económica locales. principios y nociones de moralidad, justicia y equidad
económica local.
En el cuarto y último capítulo se abordan los cambios más
4. Analizar los cambios más
importantes que se dieron en las relaciones de poder entre la
importantes que se dieron en las
comunidad, las élites locales, el Gobierno y la fuerza pública.
relaciones de poder entre la
Esté ultimo capítulo es en sí mismo un capítulo de conclusiones
comunidad y las élites a raíz de
sobre las diferencias que existen en los principios y nociones de
la llegada de la industria
moralidad, justicia y equidad económica de la empresa y la
petrolera.
comunidad.

 
ANTECEDENTES & METODOLOGÍA
El desarrollo de proyectos petroleros y los conflictos sociales asociados a ellos en diferentes
partes del mundo, han generado la necesidad de estudiar con mayor detenimiento los
fenómenos sociales, económicos, políticos y culturales que se dan al interior de las
comunidades y sociedades en donde se desarrollan las actividades petroleras. En
Latinoamérica, es posible encontrar interesante bibliografía sobre los casos de Venezuela,
México, Perú y Ecuador. Por su parte en Colombia, los más importantes referentes en esta
materia, son los estudios que se han generado sobre los caso de Barrancabermeja y Arauca, y
de manera relevante por su componente cultural el caso del proyecto petrolero de la OXY
en territorios de la comunidad indígena U’wa.

Para Casanare se puede decir que aunque la bibliografía que documenta el fenómeno
aumentó en la última década (en su mayoría desde las perspectivas económica y de derechos
humanos), aún es difícil hallar bibliografía que permita entender el fenómeno petrolero
desde su complejidad y de forma multidimensional. A lo anterior hay que agregar que la
bibliografía que actualmente se encuentra, no en todos los casos, ni para todos los actores
goza de validez y credibilidad, entre otras por las siguientes razones:

1. Porque al ser muchos de los documentos existentes producto de investigaciones y


estudios contratados por las mismas compañías petroleras, se ha puesto en
entredicho su objetividad y por tanto su credibilidad.
2. Porque la documentación que la sociedad local ha generado no ha sido validada por
muchos sectores y actores, ni tomada en cuenta como fuente de información en el
desarrollo de nuevos documentos, por no haberse generado con el rigor que exige la
academia y el modelo de investigación científica como tal.

  14

 
3. Porque los trabajos de ONGs, corporaciones o fundaciones externas al conflicto,
también se han considerado elementos para validar o fortalecer la posición y/o los
intereses de terceros, dependiendo de la fuente de financiación.
4. Finalmente porque los documentos antes mencionados, se han planteado desde
paradigmas completamente distintos, lo que no ha permitido un diálogo entre las
partes, o más bien entre modelos culturales que ven, entienden e interpretan el
mundo de manera diferente.

Las razones anteriores permiten entrever que aunque las partes han plasmado sus realidades
por separado, no ha existido un diálogo entre ellas, lo que a su vez no ha permitido una
comprensión integral de la realidad social desde la complejidad y desde las múltiples miradas.
Aceptando de antemano que no es posible realizar un ejercicio cualitativo como el que aquí
planteamos desde la imparcialidad, la objetividad y la neutralidad total, el ejercicio que sí se
pretende realizar, y que se describe con más detalle a continuación, es precisamente el de
poner a dialogar los discursos de las partes, y el de tomar en cuenta sus documentos, sus
planteamientos y lógicas dentro del análisis a realizar.

Para alcanzar los objetivos planteados, y con el interés de explorar, entender y describir las
relaciones sociales y la realidad tal como es percibida por los grupos protagonistas de esta
investigación, se plantea para el desarrollo de la misma el uso del análisis crítico del discurso
como metodología cualitativa de investigación. Esta apuesta metodológica busca
comprender las razones, ideas, lógicas y sentimientos profundos que gobiernan la forma de
pensar y actuar de las personas y los grupos sociales, y que en este caso son la compañía y la
comunidad, para así llegar a entender su comportamiento, y sus decisiones y acciones a
través del análisis de sus discursos, entendidos estos como la exteriorización intencional de
su forma de interpretar la realidad (van Dijk, 1999; Geertz, 2003).
 

 
De la misma manera, y por considerarlo relevante para la lectura, análisis y evaluación de
este trabajo, se considera importante mencionar que la apuesta metodológica ya mencionada
toma también como base los aportes realizados por Clifford Geertz (2003) en su trabajo
sobre interpretación de las culturas, y que básicamente nos lleva a advertir que la tarea que
nos hemos trazado (y que no es nada mas ni nada menos que la de comprender las
posiciones de dos grupos sociales que interactúan en un contexto dado), solo es posible
hacerla desde la interpretación que los grupos que se están intentando comprender hacen
sobre su propio contexto y realidad. Lo anterior implica que lo que haremos es una
interpretación secundaria y en algunos casos terciaria de la realidad, que interpretaremos lo
que los grupos de interés interpretan sobre su propia realidad y lo que terceras partes han
interpretado sobre los hechos ocurridos. Esto quiere decir que el alcanzar los objetivos
propuestos arriba, depende en gran medida de “ponerse en los zapatos del otro” y de tratar
de penetrar tanto como se pueda en su “cultura” que en últimas es donde se encuentra su
forma de ver y entender el mundo, y por tanto donde se apoyan sus creencias, principios,
lógicas e imaginarios, y por ende sus discursos y sus formas de actuar.

Así pues, el material que se utilizó provino de cinco fuentes principales y que se
mencionarán a continuación: la primera fuente son documentos producidos por dos autores
locales, Getulio Vargas Barón (1997) y José Daniel Rodríguez Corredor (2007), y que
recogen tanto entrevistas realizadas a líderes y antiguos habitantes de El Morro 2 como
apreciaciones de los mismos autores locales sobre el proceso de transformación de esta

                                                                                                                       
2En el caso del trabajo de Getulio Vargas Barón (1997), las entrevistas fueron transcritas textualmente, lo que hizo de
su trabajo una fuente de información central para el desarrollo de este trabajo bajo la metodología propuesta. Varios
apartes textuales de su trabajo fueron tomados durante el desarrollo de este trabajo y con el objetivo de establecer las
posiciones de la comunidad a partir de sus propias palabras, y dentro de la metodología de análisis critico del discurso.
  16

 
comunidad. El valor de estos dos trabajos radica en que son de los pocos, si no los únicos
documentos escritos que hay sobre esta comunidad, y en que además recogen las
apreciaciones de los habitantes en su propio lenguaje, lo que hace de ellos piezas clave para
el análisis del discurso tal y como se planteó atrás.

La segunda fuente de material para el análisis provino de reuniones y entrevistas realizadas


tanto a miembros de la comunidad como de la empresa, y que vivieron desde el principio el
proceso de llegada de la industria del petróleo al sector de El Morro. También se realizaron
entrevistas a historiadores locales que ayudaron a ampliar el contexto de los hechos descritos
por los actores principales (miembros de la empresa y de la comunidad) en el mismo marco
de tiempo.

La tercera fuente son documentos producidos tanto por organizaciones que se oponen a la
exploración petrolera y las compañías petroleras, como material producido por la industria
petrolera, y que advierte de los beneficios que la explotación petrolera y las compañías
petroleras generan en las regiones.

La cuarta fuente son publicaciones en diarios locales y nacionales, cartas, actas y material en
la web que refleja en gran medida elementos de los discursos dominantes que se enfrentan y
que provienen tanto de la empresa como de la comunidad.

Se podría catalogar como una quinta y última fuente, la participación que se hizo en
múltiples espacios de reunión entre empresa y comunidad entre los años 2008 y 2015, y en
los que la investigadora participó en calidad de ONG local, y posteriormente como
funcionaria de la empresa BP, que después fue renombrada como Equión. A través del
análisis critico del discurso de estas cinco fuentes, se buscó observar y analizar cómo el
 

 
“discurso” y la reproducción del mismo, más allá de una práctica comunicativa que hace parte
de las relaciones cotidianas se constituye en un medio para ejercer poder3, entendido este
como el control y dominio que unos grupos pueden llegar a ejercer sobre otros, generando
desigualdad e inequidad. Tal como lo establece la metodología del análisis crítico del
discurso, el abordaje de los problemas sociales se realizó basándonos en el principio de que
las relaciones de poder son discursivas, y en el postulado de que el discurso mismo
constituye la sociedad y la cultura (van Dijk, 1999; Geertz, 2003). Como parte del desarrollo
del ejercicio de análisis del discurso, también se observó con cuidado a que niveles y en que
grupos se estaban dando los distintos discursos, en medio de qué hechos, acciones y/o
procesos y en medio de qué contextos y estructuras sociales, políticas y culturales.

El hecho de ser habitante oriunda del área, posteriormente miembro de una ONG local
(entre 2007 y 2010) y recientemente funcionaria de la compañía petrolera (entre 2010 y
2015), hace que como investigadora haya logrado adentrarme mucho más en las
percepciones de las partes sobre lo que pasa en su realidad, lo que dentro de la metodología
del análisis crítico del discurso lejos de ser un inconveniente es un hecho aceptado, en la
medida en que la metodología asume como una imposibilidad la neutralidad total por parte
del investigador, quien realmente termina involucrándose en el problema que investiga
durante el desarrollo de su investigación. De a cuerdo a lo anterior, se espera que el
conocimiento que se genere con este trabajo, pueda servir de base para el desarrollo de de
procesos más grandes de cambio político y social.

                                                                                                                       
3 Según van Dijk,(1999): “Resumiendo un complejo análisis filosófico y social, definiremos el poder social en términos de control. Así, los
grupos tienen (más o menos) poder si son capaces de controlar (más o menos), en su propio interés, los actos y las mentes de los (miembros de)
otros grupos. Esta habilidad presupone un poder básico consistente en el acceso privilegiado a recursos sociales escasos, tales como la fuerza, el
dinero, el estatus, la fama, el conocimiento, la información, la «cultura», o incluso varias formas del discurso público y de la comunicación”

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CAPITULO 1: EL HATO LLANERO Y LOS INICIOS DE
MARROQUÍN Y E L M O R R O

1.1. DE LA ÉPOCA PREHISPÁNICA AL HATO LLANERO


La historia de lo que hoy se conoce como Llanos Casanareños y particularmente de los
territorios4 de Marroquín y El Morro, se remonta a la época prehispánica y se relaciona con la
conexión que por vía terrestre existía entre los Llanos Orientales y Sogamoso, que para la
época se configuraba como un importante centro religioso de la comunidad Chibcha en el
hoy departamento de Boyacá. El paso que años después se constituyó como el paso
Marroquín – El Morro, fue la una de las rutas que utilizaron los Chibchas para intercambiar
productos con otros grupos indígenas de la familia Arawak, ubicados al lado oriental de la
misma cordillera. En la época de la Republica, fue por éste camino por donde se dio el
intercambio de productos entre la zona Andina y los Llanos Orientales, lo que llevó a la
reafirmación de Tunja y Sogamoso como los más importantes centros de comercio entre los
Llanos y el centro del país (Vargas Barón, 1997; Rodríguez Corredor, 2007).

De acuerdo con algunos cronistas, el poblamiento de la zona que de El Morro, inició en el


periodo prehispánico, con el asentamiento de aproximadamente sesenta familias de la
comunidad Achagua que se ubicaron en cercanías a la quebrada la Guamalera (que es una de
las veredas del actual corregimiento de El Morro). Los Achaguas, o los indios del Cravo sur
como también se les llamó, fueron los primeros pobladores de esas tierras, y según
investigaciones, se conocieron como una comunidad dócil pero aguerrida, más bien

                                                                                                                       
4El Corregimiento de El Morro esta conformado por las 18 veredas que se mencionan a continuación: : El Aracal, El
Cravo, El Morro, El Perico, El Porvenir, El Progreso, Guayaquito, La Cabaña, La Colorada, La Guamalera, La Libertad,
La Reforma, La Vega, El Gaque, Marroquín, Planadas, Socochó y Tizagá

 
sedentaria, y que subsistió del cultivo de la yuca, el maíz, el frijol guandú, y el topocho,
complementando su dieta con otros recursos de cacería, pesca y actividad apícola (Rodríguez
Corredor, 2007).

Hacia la segunda mitad del siglo XVI, y ante la necesidad inminente de los españoles de
asegurar las fronteras frente a otros colonizadores, se establecieron oficialmente y con
finalidades políticas y económicas los primeros pueblos de españoles blancos en los Llanos
del piedemonte Casanareño, y posteriormente en el piedemonte Metense. Con este ánimo,
en 1588 el Capitán Pedro Daza descendió por la cordillera oriental desde Tunja hacia el
piedemonte llanero, y fundó lo que se conoce hoy como Santiago de las Atalayas, que fue la
primera ciudad fundada en Casanare (Rausch, 2012). Los indígenas que originalmente
habitaron estos territorios, tuvieron que someterse a la labor civilizadora de Jesuitas y
Agustinos, lo que se constituyó como el primer proceso de colonización de los Llanos, y
cambió por completo la historia de la sociedad indígena local, y el futuro de este territorio y
de sus gentes (Vargas Barón, 1997; Barbosa Estepa, 1992; Rodríguez Corredor, 2007).

Las sociedades indígenas5 que habitaron los Llanos y el piedemonte Casanareño en la época
prehispánica, tenían sistemas sociales que se basaban en principios como la propiedad
colectiva, la complementariedad ecológica, el intercambio de productos, las relaciones
jerárquicas, y en general, con el acceso a los recursos de una manera colectiva. La
colonización española además de la pérdida de sus territorios, les impuso sistemas de
explotación que no les eran propios, y en los que los recursos extraídos ya no eran para el
beneficio colectivo de las comunidades indígenas, sino para servir a intereses individuales y

                                                                                                                       
5Las sociedades indígenas que para la época se ubicaban en los llanos del Casanare eran principalmente Achaguas,
Morcotes, Guaibos, Piapocos y Uwa´s (Rodríguez Corredor, 2007; Castillo Barón, 2015)

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de pueblos extranjeros. Las grandes fundaciones, hatos y haciendas Jesuitas, se estructuraron
a partir de la apropiación de vastos territorios, del aprovechamiento del ganado cimarrón, y
del uso de la mano de obra indígena para capturarlo. La introducción de un importante pie
de cría de ganado vacuno traído desde las costas caribeñas terminó de afianzar el modelo de
ganadería que evolucionó entre los siglos XVII y XVIII (Rodríguez Corredor, 2007). El
poder de los Jesuitas en lo social y lo cultural, radicó en estar alejados de los centros de
poder del interior del país, de la intervención virreinal, y en que, a diferencia de los demás
procesos de colonización basados en la esclavitud, ellos realizaron un trabajo de
adoctrinamiento, mediante la catequización del indio y sus descendientes mestizos, haciendo
de ellos llaneros ganaderos típicos en pensamiento, filosofía, visión e identidad (Barbosa
Estepa, 1992).

Hacia 1662, los logros de los Jesuitas en el nuevo territorio colonizado generaron recelo por
parte de otras comunidades religiosas, lo que hizo que el presidente del Nuevo Reino de
Granada se viera abocado a entregar territorios misionales a las demás comunidades
religiosas, entre ellas, a la comunidad Agustina Recoleta a la que le entregaron las
poblaciones de Chita, Támara y pueblos circunvecinos para que iniciara su proceso de
evangelización (Rodríguez Corredor, 2007). El autor José Daniel Rodríguez Corredor
reportó que los padres Agustinos Recoletos, además de empezar a atender los oficios
religiosos de Santiago de las Atalayas (hoy áreas de Río Chiquito, Tauramena y Aguazul),
fundaron Marroquín hacia 1786 con los indios del Cravo Sur; sin embargo, otros autores
como Getulio Vargas Barón (1997), mencionan que la fundación de Marroquín se dio por
parte de colonos provenientes de Labranzagrande (en donde existió un gran asentamiento
Chibcha) hacia 1798. En lo que sí coinciden los dos autores, es que Marroquín se fundó
hacia finales del siglo XVIII, con ayuda de gentes procedentes de Labranzagrande y del valle
del Suamox.
 

 
La actividad y adoctrinamiento de las misiones religiosas en Casanare fue fundamental para
la formación de lo que es el hombre llanero de hoy. El espíritu infundido por los principios
y preceptos de cada misión religiosa fueron ingredientes fundamentales que dieron las sutiles
pero importantes diferencias entre el hombre llanero de las planicies y el de las montañas.
La presencia de los Jesuitas fue muy notoria a lo largo y ancho de Casanare, mientras que la
parte alta y sur de Casanare se influenció fuertemente por las misiones Agustinas. Esto es
importante, porque aun cuando el hombre llanero se identifica dentro de un marco de
características bien definidas, es bien sabido por los habitantes de los Llanos que los
hombres llaneros de las planicies y las zonas llanas tienen matices y características distintas
de aquellos hombres del piedemonte y de la montaña6.

Las haciendas llaneras que durante el siglo XVIII florecieron y fueron eje y motor de la vida
social, política, económica y cultural de los Llanos orientales, fueron exterminadas durante el
siglo XIX con los procesos posteriores a la campaña libertadora. Indígenas y mestizos
intentaron sin éxito retomar las tierras que originalmente les pertenecieron, sin embargo, el
proyecto neo-colonizador de la élite criolla ya se había puesto en marcha, y como nuevos
                                                                                                                       
6 Vale la pena aclarar y no perder de vista, que aunque el Labrancero es de facto boyacense, sus nexos con el Morro y
Casanare (por historia, cultura y tradición); trascienden las divisiones políticas, al punto que resultaría muy extraño que
en tierras Casanareñas se le discriminara a un Labrancero de la misma forma como se hace con otras personas
provenientes del interior. Y es que el Labrancero probablemente sea más llanero que boyacense, no solo por que se
percibe a si mismo como llanero, sino porque además (y tal vez consecuencia de lo primero) su forma de vestir, su estilo
de vida, su economía, sus costumbres y su cultura; están más ligadas a las costumbres, la historia y las dinámicas del
piedemonte casanareño que a las del propio Boyacá ((Cachi) Ortegon, 2015; Poveda, 2015; Castillo Barón, 2015). De
todas formas, y aunque el “llanero del cerro” es aceptado también como llanero, su personalidad sí se reconoce como
distinta de aquella del llanero de las sabanas, al punto que los llaneros de las partes bajas se reconocen a si mismos como
mas extrovertidos, alegres, abiertos, sinceros, audaces, temerarios, libertarios y más comunitarios, que los llaneros de las
partes altas; a quienes se les cataloga como más introvertidos, cerrados, callados, desconfiados e individualistas
(Rodríguez Corredor, 2007; Poveda, 2015).
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dueños del poder, tomaron para sus propios fines las tierras que antes fueron parte de las
grandes haciendas y fundaciones jesuitas, convirtiéndolas en los hatos ganaderos de finales
del siglo XIX, que distaron por completo de lo que fue el modelo y la filosofía de las grandes
fundaciones y haciendas del Llano (Barbosa Estepa, 1992).

Según el autor José Daniel Rodríguez, en 1600 la corona española le otorgó a los indios del
Cravo Sur la cédula real de un amplio territorio dentro del que se estima estaba incluida el
área del hoy corregimiento de El Morro. Para 1856, y en vista de los nuevos procesos de
colonización criolla, los indígenas vendieron estos terrenos y emigraron con destino a
Nunchia, Morcote, Pisba, Paya y algunos otros lugares en las partes bajas de los Llanos.
Evidencia de la presencia de estas comunidades indígenas en esas zonas, es que aún hoy en
día es frecuente encontrar en los pobladores de esas regiones apellidos de raíz indígena
Arawak como Chachay, Tabaco y Achagua (Rodríguez Corredor, 2007). El naciente
proceso de colonización criolla, generó entre otros eventos, la llegada de “empresarios” que
impulsaron el desarrollo de economías extractivas, el posicionamiento del modelo
latifundista y el aumento de la población que inmigró en busca de riqueza desde el interior
del país. En este contexto, los nativos llaneros una vez más se convirtieron en los
trabajadores y peones de los inmigrantes provenientes de los centros de poder (Barbosa
Estepa, 1992).

Los procesos de reglamentación para el uso y la tenencia de la tierra estuvieron


estrechamente relacionados con los comportamientos y las condiciones ambientales de los
ecosistemas del Llano. El acceso a los bancos (partes altas de la sabana), los bajos (partes

 
bajas de la sabana) y las matas de monte7 fue y aún sigue siendo un asunto primordial para el
desarrollo de la actividad llanera o “trabajo de Llano”, que fue la actividad fundamental de la
economía de este territorio desde la época colonial (Barbosa Estepa, 1992). Las matas de
monte fueron de tal importancia, que para fundarse 8 en el Llano lo primero que se
observaba era la proximidad a una de ellas, pues esto garantizaba el acceso a todos los bienes
y servicios ambientales necesarios para vivir (Barbosa Estepa, 1992). Con la idea de evitar
conflictos, y de que tanto peones como hateros tuvieran condiciones igualitarias de acceso a
la tierra9, el 28 de febrero de 1829 Bolívar decretó La “ley del Llano”; dicha ley estableció
como medida para determinar el derecho a la propiedad de la tierra la necesidad de la misma
según el número de animales que se tuvieran que mantener. En este orden de ideas, el hatero
siempre mantuvo una ventaja importante sobre el peón, que con muchos menos animales,
siempre tuvo derecho a territorios mucho más pequeños (Barbosa Estepa, 1992). Por estas
razones, la adopción de la ley del Llano generó conflictos entre hateros, peones e indígenas,
que también empezaron a disputarse por la apropiación de caballos cimarrones10 y ganado
cachilapo11. Para comienzos del siglo XX, el Llano era en palabras de Barbosa (1992): “(…)
Una vorágine de desarraigo; una tierra de nadie y de promisión; un paso obligado para extraer el caucho o
movilizar ejércitos hacia la frontera con el Perú; en síntesis un mundo nuevo donde “la riqueza se consigue a
manos llenas pero con sacrificio”(p.43).

                                                                                                                       
7
 Las matas de monte (también conocidas como bosques de galería), además de ser importantes fuentes de agua tanto
para los animales como para los humanos, también son fuente de otros recursos de gran importancia para la vida en el
llano, tales como madera y palma para las viviendas, fauna como fuente alternativa de alimento y de tierra fértil para la
siembra de topocho, yuca y maíz (Barbosa Estepa, 1992).  
8 El término fundarse generalmente se utiliza para refiere a la acción de tomar posesión de un terreno dentro del llano
con el fin de conformar un sitio para vivir, y desarrollar trabajos que permitan la subsistencia de la familia a través de las
actividades propias de los habitantes del llano, tales como la ganadería (en cualquiera de sus formas) o el cultivo de la
tierra.
9 Acceso a matas de monte, bancos, bajos, esteros y sabana.
10 Cimarrón es un término utilizado para referirse a un animal de origen salvaje.  
11 Cachilapo es un término utilizado para referirse a un animal (generalmente ganado) sin hierro ni marca.

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Una de las cuatro rutas más importantes para el comercio de productos desde y hacia el
centro del país, pasaba por El Morro - Marroquín y Labranzagrande hasta llegar a Sogamoso,
y de allí hasta la capital (Vargas Barón, 1997). El traslado de ganado y productos desde los
hatos ganaderos hacia los centros de distribución del país se daba en dos etapas distintas, la
primera etapa estaba a cargo de los llaneros, y comenzaba desde los hatos de las tierras llanas
de Casanare hasta puntos específicos de encuentro en el piedemonte llanero, en donde los
llaneros entregaban el ganado a los guates12, quienes continuaban con la segunda etapa
llevando el ganado cordillera arriba hasta los centros de distribución. Los puntos de
encuentro entre guates y llaneros dieron origen a pequeños caseríos que ofrecieron tanto a
unos como a otros, posada, provisiones y entretención. Poblaciones como El Morro y
Marroquín surgieron producto de estas actividades y de la interacción de los habitantes de la
cordillera con los habitantes del Llano, tal vez sea por eso que su identidad en tan andina
como llanera, y que su vocación sea tan agrícola como ganadera. Getulio Vargas, los
describe como “hombres de azadón y soga”, como agricultores con tendencia al sedentarismo, la
tradición y el comunitarismo, y que a la vez, encuentran en su parte llanera, el individualismo
y el sentir extravertido y libertario (Vargas Barón, 1997). A finales del siglo XIX, la
relevancia de Marroquín y El Morro en el desarrollo regional estaba clara, sin embargo, los
acontecimientos que tuvieron lugar durante la primera mitad del siglo XX modificaron por
completo esa situación. A continuación se relata cómo en este corto periodo de tiempo, El
Morro después de haber alcanzado un nivel de importancia máximo, terminó olvidado y
aislado del resto de la región.

                                                                                                                       
12 Guate es la forma como la gente del llano se refiere a las personas que viven en las zonas de montaña y procedentes
del centro del país.
 

 
1.2. EL MORRO: FUNDACIÓN, CRECIMIENTO Y ORGANIZACIÓN
PREVIA A LA INDUSTRIA DEL PETRÓLEO (1900 – 1960)
Hasta aquí hemos visto que la génesis de Marroquín y El Morro se remonta a la época
prehispánica, y cómo estos asentamientos llegaron a convertirse en puntos de importancia
regional para el desarrollo económico y social. En los siguientes párrafos profundizaremos
en el crecimiento y desarrollo del caserío de El Morro, en su transformación y en las luchas
que sus habitantes sostuvieron hasta mediados del siglo XX para mantener un puesto de
mando en la vida administrativa y política de la región. Los historiadores señalan que El
Morro empezó a ganar importancia cuando Marroquín, que era la cabecera municipal, sufrió
a comienzos del siglo XX serios problemas de salubridad que obligaron a sus habitantes a
trasladarse a El Morro, que para 1904 era el asentamiento más cercano para la comunidad.
Con el reconocimiento político y administrativo que le aportó Marroquín, rápidamente El
Morro tomó el lugar de nueva cabecera municipal (Vargas Barón, 1997; Rodríguez Corredor,
2007).

Por otro lado, y aunque la mayoría de documentos mencionan como la única ruta entre los
Llanos y Boyacá a la actual vía del Cusiana, lo cierto es, que el camino por El Morro-
Marroquín-Labranzagrande fue mucho más antiguo, y tuvo mucha más importancia que el
camino del Cusiana desde la época colonial. De estos dos caminos, para inicios del siglo XX
el camino de Marroquín - El Morro era el más conocido y transitado, pero a la vez el que
tenía mayor dificultad; uno de los pasos más peligrosos y difíciles, era el que se conocía
como el paso del ciego que en esencia era un acantilado de cerca de 1500 metros que se
originaba por un estrechamiento en la parta alta del río Cravo Sur. Para poder cruzarlo, era
necesario cruzar por el paso de las barras que no era otra cosa que una especie de andamio
hecho con hierro, tablas y grava, y por donde tanto personas como ganado tenían que
cruzar. Con el correr de los años, el derecho de pasar por “las barras” originó el cobro de un

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peaje obligatorio, tanto por el paso de cada persona, como por el de cada animal. Según los
historiadores, el peaje llegó a ser de tal magnitud que se estimó se hubiera podido hacer un
arreglo definitivo y más seguro, de no ser porque los intereses particulares de quienes tenían
la concesión del paso fueron más grandes que la necesidad de mejorar el camino para la
comunidad en general. Esta situación, hizo que los ganaderos prefirieran la vía del Cusiana,
que aunque más larga era muchísimo menos riesgosa para transitar (Vargas Barón, 1997).

Dadas las dificultades y los riesgos que tenía el camino que pasaba por El Morro y con la
insistencia y la presión de los llaneros de las zonas bajas (principalmente de Tilodirán), en
1914 el Gobierno de Boyacá 13 , que para entonces contenía la provincia de Casanare,
contrató la apertura y ampliación del camino real del Cusiana, disposición que generó gran
insatisfacción en los habitantes de El Morro, quienes consideraron que los esfuerzos se
debieron enfocar a mejorar la vía por El Morro y Labranzagrande que por años fue la que se
utilizó, y por tanto, la que merecía prioridad (Rodríguez Corredor, 2007). Como llevar el
ganado desde la llanura hasta los puntos de encuentro en El Morro implicaba tan largas y
extenuantes jornadas, y por ende la necesidad de tomar una pausa para descansar, cerca de
1915 se comenzó a formar una posada ganadera sobre la margen derecha del río Cravo Sur,
en la zona denominada El Yopal. Con el tiempo que convirtió en una tradición que
hombres y animales descansaran en esta zona antes de iniciar el ascenso del tramo final. La
posada tomó cada vez más fuerza y esto hizo que se poblara cada día más, de manera que
para 1930 ya se había formado el caserío de El Yopal, y para 1936 ya se le había dado el
reconocimiento de inspección. El Yopal, que ya contaba con aproximadamente treinta
casas, iglesia y escuela, tenía todo que ganar y nada que perder en la batalla que inició para

                                                                                                                       
13Es importante señalar que para entonces Casanare era tan solo una provincia que hacía parte del departamento de
Boyacá. Y que sólo hasta los años setentas se logró una separación política oficial que elevó a la provincia al estatus de
Intendencia y le dio independencia de la administración de Boyacá.
 

 
tomar el puesto de cabecera municipal, y así poder trasladar la actividad administrativa que
se ejercía desde Marroquín y El Morro, hacia la inspección de El Yopal. Los Morreños,
consientes de las consecuencias que acarrearía la pérdida de la sede administrativa y con la
imagen de la suerte que había tenido Marroquín después de que inició el despacho de la
alcaldía y el concejo desde El Morro; se enfrentaron en múltiples ocasiones con los
Yopaleños, quienes por su parte, y apoyados por los habitantes de la parte baja (que vieron
mayores ventajas y más comodidad en el traslado del centro administrativo a la nueva
ciudad), lograron mayoría en las contiendas electorales para Concejo Municipal en 1938, y de
esta forma, con una mayoría de 3 a 2 en la conformación del Concejo Municipal, se logró
trasladar el centro administrativo municipal de Marroquín - El Morro al nuevo poblado de El
Yopal (Vargas Barón, 1997).

Ese mismo año, hubo una iniciativa del Gobierno Central para mejorar la vía Marroquín - El
Morro - Labranzagrande, y así mejorar la comunicación con Boyacá, sin embargo, y según
cuenta el historiador José Daniel Rodríguez, a causa de una disputa entre los pobladores de
El Morro y los ingenieros enviados por el Gobierno Central para diseñar el trazado, la
iniciativa se vino al piso, y por el contrario, tomó aún más fuerza la iniciativa de mejorar la
vía por el sector del Cusiana (Rodríguez Corredor, 2007). Con la ordenanza No. 38 de 1942
la asamblea de Boyacá finalmente ordenó el traslado de la alcaldía (en cabeza del señor Félix
Poveda) al corregimiento de El Yopal, para ello fueron asignados 10 agentes de policía que
acompañaran el traslado para prevenir violencia y asegurar que se cumpliera la ordenanza y
el traslado hasta la nueva cabecera municipal. Con el tiempo, muchos habitantes de El Morro
se trasladaron a El Yopal, y El Morro tuvo la misma suerte que en su momento tuvo
Marroquín, que con el tiempo quedó solo y olvidado (Rodríguez Corredor, 2007; Poveda,
2015).

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Para esa época, y según lo comenta Rubio Poveda, hijo del ex alcalde Félix Poveda: “ser
alcalde era como decir ser corregidor hoy, el alcalde lo hacía todo” y en otro testimonio recogido por
Getulio Vargas (1997), Plutarco Calderón al respecto de la vida en El Morro mencionó:

El Morro era un caserío largo por donde pasaba el camino real, las casas eran a lado y lado y no hacían
manzana. De allá partía otro camino para el lado de Payero. No había comercio. El único almacén era el
de don Baldomero Niño. Ahí compraba las libras de café. Tenían las mismas costumbres de
Labranzagrande. La gente bajaba los sábados para el mercado de los domingos, y bebía guarapo hasta el
lunes o martes. Esa era la felicidad de la gente (…) en esa época no pasaba nada, no mataban a nadie, no
robaban (…) la única funcionaria que había ahí en Yopal era Olga, la telegrafista. Yo vivía allá porque,
como en el juzgado no había nada que hacer, me la pasaba conversando con ella, acostados en el pasto.
(Vargas Barón, 1997, p.82-83)

De la relativa calma y tranquilidad que se vivió hasta principios de los años cuarenta, se pasó
a la violencia que caracterizó el periodo de los cincuenta. Para cuando se oyó de la muerte de
Gaitán, el Gobierno Central y el de Boyacá, que para entonces era del partido conservador,
inició una persecución sin precedentes contra los liberales, mal llamados cachiporros de todo el
departamento de Boyacá. De tal persecución, salieron en desbandada líderes, políticos,
militares y hombres comunes y corrientes, que para salvar sus vidas vieron un refugio en las
inmensas y olvidadas tierras de la provincia de Casanare. Mientras que algunos se refugiaron
en las altas zonas de los páramos, otros buscaron escondite en los alejados hatos de las
sabanas, muchos finalmente se vieron obligados a conformar la resistencia liberal, y
posteriormente terminaron por unirse a la guerrilla liberal (Barbosa Estepa, 1992; Rodríguez
Corredor, 2007). El caserío de El Morro, fue uno de los lugares que albergó gran parte de
esta población boyacense que huyó de la violencia desde Boyacá (Vargas Barón, 1997).

La violencia no sólo afecto la vida política de Casanare sino que también cambió las
dinámicas sociales, económicas, y hasta las familiares. Durante la violencia los pueblos y

 
caseríos como El Morro y Marroquín quedaron completamente vacíos, y con el tiempo, se
empezaron a repoblar con la población que al huir de Boyacá, buscó en Casanare un
horizonte de sobrevivencia y paz (Vargas Barón, 1997). El Yopal para entonces era un
pueblo en esencia liberal, desde donde en cabeza de Don Eduardo Franco Isaza se comenzó
a organizar la resistencia liberal. Don Eduardo Franco y sus compañeros (quienes también
fueron fundadores del recién nacido caserío de El Yopal), fueron señalados y perseguidos, y
sus bienes y viviendas incendiados por haber participado y respaldado la causa de la
revolución Liberal. La misma suerte corrieron todos los pueblos y caseríos liberales de
Casanare, que durante los años de la violencia quedaron arrasados y en ruinas (Rodríguez
Corredor, 2007; Ortegón, 2015). Para 1957 se anunció la firma de la paz entre el gobierno
del General Gustavo Rojas Pinilla, y el reconocido comandante de la guerrilla liberal,
Guadalupe Salcedo. Con el anuncio de la firma de la paz, muchos antiguos pobladores
empezaron a regresar a sus sitios de origen con el ánimo de retomar sus vidas, sus tierras y
sus familias en paz; sin embargo, el periodo de la violencia y la creación de las guerrillas en
Casanare dejó un legado que aún hoy puede percibirse en el discurso social. A continuación
se profundizará un poco más sobre este periodo de la violencia en Casanare, y sobre su
influencia en la población civil y en la organización comunal.

1.2.1. Sobre La Revolución Liberal Y Las Juntas Veredales

Hasta aquí hemos visto la historia, el origen y las luchas de El Morro dentro del panorama
global de Casanare, y previo a la llegada de la Industria del petróleo. Con el fin de apoyar los
temas que se tocarán en los capítulos siguientes, y dada la relevancia de las Juntas de Acción
Comunal en el conflicto que hoy existe entre empresas petroleras y comunidad, es pertinente
que antes de terminar este primer capítulo se profundice desde una perspectiva histórica y

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general en el rol de las Juntas Veredales (hoy Juntas de Acción Comunal)desde sus inicios en
la época de la revolución liberal.

Como se mencionó en los párrafos anteriores, los eventos del 9 de abril de 1948, y los
acontecimientos posteriores a la muerte del dirigente político Jorge Eliecer Gaitán, partieron
la historia de los Llanos en dos. Uno a uno, y por su cuenta, llegaron procedentes del
altiplano de Boyacá líderes, políticos, civiles y hasta militares liberales, que huían de la
persecución que a sangre y fuego buscó acabar con las expresiones liberales (que para entonces
se asociaron con tendencias comunistas) en el departamento de Boyacá. La persecución
liberal terminó en la polarización geográfica de las fuerzas: los liberales quedaron en los
Llanos Orientales y los conservadores en los pueblos de las altiplanicies de Boyacá.

Al principio, los hombres y mujeres liberales que huyeron de los pueblos conservadores para
refugiarse en los Llanos se organizaron de manera incipiente, y por la fuerza de la necesidad,
con la única finalidad de defender sus vidas frente a los constantes hostigamientos y excesos
del Gobierno Central, que por entonces había empoderado a la policía para actuar en contra
del pueblo liberal. En El Morro, el frente que más relevancia tuvo fue el de los hermanos
Calderón14 (Barbosa Estepa, 1992; Acuña Rodríguez, 2011; Vargas Barón, 1997). fue en ese
contexto, de manera espontánea y a partir de la misma necesidad, que surgió la figura de
Junta veredal. Figura que tuvo como primer objetivo proteger las vidas de los pueblos y
comunidades liberales más allá de la defensa misma de cualquier principio partidista, trabajo

                                                                                                                       
14 (…) en ese tiempo el ganado que no se llevaron lo mataron. Las bestias se las llevaron, quemaron las casas y le metieron candela a las
topocheras. Esa fue una violencia política porque con la cuestión de que todo lo que fuera cachiporro había que acabarlo, entonces nosotros,
viendo todas las persecuciones dijimos: aquí no hay más remedio que entrar a defender el partido y defendernos nosotros, porque nos van a
matar. Entonces vamos hacer ambas cosas. Y principiamos. El comando en los Calderón se originó debido a la persecución que nos tenía el
gobierno. Amanecían cadáveres regados por todos los caminos; vimos que la persecución era fuerte como consecuencia de que en el nueve de
Abril nosotros habíamos estado en El Morro y alcanzamos a levantar unos ochenta hombres Y cogimos preso todo lo que fue empleado
público conservador. Allí nada pasó. No hubo muertos. Después dijeron que ya se había arreglado el asunto en Bogotá; que habían llegado
un acuerdo. Se soltaron los tipos y quedó todo en calma. (Vargas Barón, 1997, p.86)
 

 
o propiedad. Para finales de 1949, además de las Juntas Verdales, se crearon comandos
dirigidos por líderes sociales llaneros que en conjunto se configuraron como la oposición (de
base social) en contra del régimen del Gobierno Nacional, que imponía políticas
conservadoras.

Los comandos representaron en sí mismos la resistencia civil, convirtiéndose en el embrión


de lo que años más adelante fue la guerrilla liberal. Para 1950, los comandos llaneros habían
dividido a los Llanos (Arauca, Casanare y Meta) en siete zonas militares, y el Llano entero se
había involucrado en la revolución. La idea de la revolución había permeado todas las esferas
de la sociedad, y sin distinción de nivel socioeconómico o cultural, la revolución había
unificado a peones, vegueros, hateros e incluso a militares liberales bajo un mismo ideal
(Barbosa Estepa, 1992). Con el cambio de gobierno y el ascenso de Laureano Gómez a la
presidencia se agudizó el conflicto y la ofensiva militar. El sometimiento al régimen
conservador era la única salida que ofrecía el Gobierno de Laureano Gómez, quien a fuerza
de presión militar y de estrategia política, terminó por sacar a los grandes ganaderos y
propietarios de hatos del conflicto, con lo que los llaneros de las clases más humildes
quedaron solos, y sin el apoyo de los grandes terratenientes 15. De repente, hombres y
mujeres que habían conformado las Juntas por la necesidad de defenderse pasaron de ser
campesinos a ser bandoleros y guerrilleros. La fractura en la organización revolucionaria,
aunque inicialmente significó un debilitamiento de los comandos revolucionarios, más
adelante terminó por despertar la solidaridad de las clases sociales más humildes y bajas del
pueblo llanero, lo que llevó, a que como lo dijera Barbosa “el pueblo llanero se hiciera
guerrillero” (Barbosa Estepa, 1992; Acuña Rodríguez, 2011). La insurrección popular
llanera, terminó no sólo por establecer una nueva forma de organización social, civil, política
                                                                                                                       
15Según algunos historiadores, en muchos casos, los mismos hateros denunciaron a sus peones bajo las presiones del
gobierno, y aun cuando años antes los habían no sólo apoyado, sino incitado a participar en la revolución liberal.
  32

 
y militar al interior de la sociedad llanera insurrecta, sino que además generó todo un marco
normativo y jurídico propio, desde donde se proyectó como alternativa de poder frente al
régimen opresor exhibido por el Gobierno Central (Barbosa Estepa, 1992).

Con la creación de la primera y la segunda ley del Llano (de 1952 y 1953 respectivamente) la
revolución llanera además de retar el modelo dominante de Estado, lo reemplazó por uno
completamente nuevo, en el que el poder emergía del mismo pueblo, y en el cual, el destino
del territorio se direccionaba desde las bases sociales a través de las Juntas Veredales y los
comandos guerrilleros (Barbosa Estepa, 1992). La primera y segunda ley de los Llanos eran
en sí mismas la base de la constitución política para el “Estado Llanero”, y en esta, las Juntas
Veredales eran las primeras autoridades en materia civil, económica y social. La constitución
del “Estado Llanero” proponía la autonomía de las Juntas sobre los temas de interés
comunitario (como las actividades económicas, la gestión de proyectos, la prestación de
servicios públicos y la distribución de las tareas y beneficios), y sólo figuras como los
comandos y el congreso de comandantes guerrilleros estaban por encima de su autoridad
(Barbosa Estepa, 1992).

Con la entrega de las armas y los eventos posteriores a la firma de la paz por parte de los
comandantes más representativos de la guerrilla liberal, la revolución llanera se vino al suelo.
Sin embargo, esto no significó la entrega del ideal de un territorio en donde la gente hace sus
propias reglas y vive según su visión y manera de pensar. Tan solo un par de años después
de terminada la época de la violencia, iniciaron en Casanare los primeros proyectos de
exploración petrolera y en ese contexto se comenzaron a gestar algunos de los cambios más
importantes en la vida política, administrativa y social de Casanare. Sobre algunos de estos
cambios profundizaremos en el siguiente segmento.

 
1.3. ADMINISTRACIÓN DE CASANARE: LEGITIMIDAD, GOBIERNO E
INSTITUCIONALIDAD (1960 – 1980)
El contexto de Casanare y el de El Morro para inicios de los años sesenta era muy distinto de
aquel de la primera mitad del siglo XX. La apertura de la vía por el lado de Cusiana, la
violencia de los años cincuenta, y la terminación del conflicto entre el Gobierno Nacional y
las guerrillas liberales generaron una completa reacomodación de los puestos de poder tanto
en el departamento, como en el municipio de El Yopal. El balance para El Morro al final de
esta primera mitad del siglo XX no fue el mejor, ya que además de haber perdido su poder
administrativo, quedó completamente devastado por la violencia y perdió, tal vez, su mejor
oportunidad de mantener la importancia que le concedió el estar situado sobre una de las
principales vías de conexión entre Casanare y Boyacá. En los siguientes párrafos nos
enfocaremos a ver en un contexto más amplio lo que aconteció en Casanare entre 1960 y
finales de la década de los setenta.

Durante los años sesentas y setentas, Casanare libró lo que J.M. Rausch denominó “la segunda
campaña libertadora”, pero esta vez para lograr su independencia del estado de Boyacá
(Rausch, 2012). Como muchos hombres y mujeres de raíces llaneras lo mencionan; “para los
boyacenses Casanare siempre fue su patio de atrás”, y en estas folclóricas palabras se refleja
el sentir del pueblo llanero, que mantuvo sometido su destino al abandono de las
administraciones boyacenses que tenían más interés en lograr resolver sus propios
problemas y en desarrollar relaciones con los vecinos departamentos de Santander y
Cundinamarca, y con la ciudad de Bogotá.

Boyacá por falta de capacidad, desinterés o simple negligencia nunca pudo ocuparse de los
problemas que ocurrieron al otro lado de la cordillera, y por ello sorprende que aunque en

  34

 
múltiples ocasiones los llaneros buscaron evidenciar16 el abandono en el que la gobernación
de Boyacá los tenía sumergidos, fue la decisión del entonces presidente, el General Gustavo
Rojas Pinilla, ratificar que la provincia de Casanare se mantuviera bajo la administración
política y administrativa de Boyacá (Rausch, 2012). Como es característico de los llaneros,
no se detuvieron hasta lograr alcanzar la independencia que les permitió dirigir de manera
autónoma su destino. Líderes sociales y políticos de los pueblos más representativos del
Casanare buscaron por diferentes medios llamar una y otra vez la atención del Gobierno
Nacional para mostrar las urgentes necesidades que tenían los pueblos de Casanare, no sólo
en materia de vías, salud, educación, comunicaciones, acueductos, alcantarillados y
electricidad, sino en cuanto a presencia institucional; presencia, que evitara la gesta de
nuevos focos de violencia y el crecimiento de la delincuencia que para entonces ya se había
convertido en una problemática difícil de solucionar. Casanare, desde la gesta de
independencia siempre creyó y quiso integrarse en el desarrollo de un proyecto de Nación, y
de la misma manera, durante muchos años también mantuvo la esperanza de gozar de las
bondades de la mano estatal y de la ayuda del Gobierno Central.

Para finales de los años sesenta el Gobierno Nacional empezó a desarrollar un par de
proyectos de apertura de vías que permitieron una mejor conexión entre Casanare y el
interior del país, lo que en buena medida ayudó a vencer el aislamiento en el que este
departamento se encontraba y a solucionar algunas de las problemáticas más sentidas por la
población. En 1972, el representante a la Cámara, Cornelio Reyes, radicó ante la Cámara de
Representantes un proyecto que buscó la separación definitiva de Casanare y Boyacá, y
mediante el cual además, se propuso otorgar a Casanare el nivel de Intendencia. Los debates
siguientes a la radicación del proyecto también se vieron influenciados por el aumento de la
                                                                                                                       
16Por medio de trabajos académicos y periodísticos que en su momento fueron puestos en conocimiento de altos
funcionarios del gobierno e incluso ante el congreso (Rausch, 2012).
 

 
delincuencia en esta zona, especialmente del delito de abigeato,17 y por la inminente firma de
los contratos de Asociación, que para entonces se habían dado con el fin de iniciar procesos
de exploración de Hidrocarburos en varios puntos de la región. Pese a que tanto los
congresistas Boyacenses como el gobernador de Boyacá se opusieron a la separación,
Casanare logró en 1974 el nivel de intendencia, y 17 años más tarde con la constitución de
1991 el nivel de Departamento (Rausch, 2012).

El hallazgo de grandes yacimientos petroleros durante la primera década de los años noventa
modificó por completo el panorama que hasta finales de los años ochenta había prevalecido
en Casanare; en medio de los cambios sociales, económicos, políticos y culturales, se
empezaron a gestar fuertes choques entre la comunidad, las compañías petroleras y el
Gobierno Nacional, sin embargo todos estos cambios y choques serán asuntos que tratarán
a profundidad en el capítulo tres, pero antes de llegar allá, es importante comprender cómo
fue el desarrollo de la industria del petróleo desde sus inicios en EEUU y en Colombia, hasta
el desarrollo de los grandes proyectos en Casanare y en particular en El Morro, y este es
precisamente el tema que desarrollaremos en el capítulo 2.      

                                                                                                                       
17 El aumento de abigeato hizo que los ganaderos de Casanare (que para entonces eran la élite) apoyaran la iniciativa de
la separación.    
  36

 
CAPITULO 2: LA ERA DEL PETRÓLEO & LOS INICIOS DE LA
INDUSTRIA PETROLERA EN COLOMBIA

En el primer capítulo se dio el contexto de la situación de Casanare, y en particular de la


situación de El Morro antes de la llegada de la industria del petróleo. En este segundo
capítulo, contextualizaremos el desarrollo de la industria petrolera desde sus inicios en
Pensilvania (Estados Unidos), hasta su llegada a Casanare y a El Morro. Posteriormente en el
capitulo tres, se analizarán con mayor profundidad las transformaciones que se dieron como
producto del encuentro de estos dos mundos.

2.1. INICIO DE LA ERA DEL PETRÓLEO


Los primeros yacimientos petrolíferos fueron hallados hacia la segunda mitad del siglo XIX
en la costa este de EEUU (en el Estado de Pensilvania). Para entonces el petróleo brotaba
naturalmente de la tierra como lo hacen los arroyos, y por eso los primeros descubrimientos
se realizaron sin mayor dificultad 18 . A medida que los conocimientos básicos para la
producción petrolera se fueron extendiendo, se comenzaron a fundar un sin numero de
pequeñas empresas productoras de petróleo que en un corto tiempo convirtieron a los
estados productores de petróleo en enormes campos sembrados con torres de perforación19.
Al tiempo que aumentó la producción, el uso del petróleo y sus derivados se masificó, y
empezó a utilizarse como lubricante de bajo costo20 para la industria de los ferrocarriles que
también se encontraba en expansión, y como combustible para la iluminación (con lámparas
de kerosene) (Beaurenaut & Billon, 2005).

                                                                                                                       
18 Cerca de 1859 se perforó el primer pozo petrolero a una profundidad aproximada de 21 metros.
19 A este fenómeno se le denominó “La Fiebre del Oro Negro”.    
20 Reemplazando el aceite de ballena
 

 
Con el aumento en la oferta del petróleo se dio una caída en los precios, y fue entonces
cuando John Davison Rockefeller fundó la Standard Oil Company, que desde finales del siglo
XIX se dedicó a la refinación del petróleo (y posteriormente a la exploración y a la
producción). El éxito de Rockefeller y de la Standard Oil Co., fue proyectar el negocio más
allá de lo que ningún otro hombre lo hizo, al crear un producto estandarizado y que pudiera
satisfacer las necesidades de las nacientes industrias estadounidenses. Entre ellas, la industria
de los automóviles encontró en el producto obtenido de la refinación del crudo el
combustible ideal, y de esta manera, la industria de los automóviles y la del petróleo
crecieron de la mano hasta llegar a ser lo que son hoy (Beaurenaut & Billon, 2005).

Mientras en EEUU se consolidó el imperio de Rockefeller con la Standard Oil Co., en Europa
empezó el desarrollo de su equivalente con la Royal Dutch Shell, empresa petrolera de origen
holandés que conquistó velozmente el mercado Europeo, e hizo que Gobiernos como el
Británico decidieran incursionar en la búsqueda del preciado recurso en sus colonias,
inicialmente para asegurar su supremacía naval, y posteriormente, su seguridad energética.
Así, para inicios del siglo XX el Gobierno Británico creó la Anglo-Persian Oil Company
posteriormente renombrada como British Petroleum Company (hoy BP), que inició sus
actividades con la explotación de yacimientos petrolíferos en Persia (Beaurenaut & Billon,
2005).

Para finales del siglo XIX, el Gobierno Británico continuó la búsqueda de yacimientos
petroleros en Persia (hoy Irán), mientras que en EEUU el Congreso de la República se vio
obligado a establecer una ley antimonopolios para frenar las quiebras que con su imperio
Rockefeller generó. Después de casi 20 años de pleitos, el Congreso finalmente forzó a
Rockefeller a desbaratar la Standard Oil Co. en 34 empresas que compitieran entre ellas
(Beaurenaut & Billon, 2005). Las empresas que se crearon a partir de la división de la
Standard Oil Co. y que aún hoy son las que mayor poder tienen en el mercado del petróleo
  38

 
son: Exxon Mobil (creada a partir de la Standard de New Jersey y la Standard de Nueva York), la
ConocoPhillips (de la Standard de los estados de las Rocosas), Chevron (de la Standard de
California), Amoco y Sohio (de la Standard de Indiana y la Standard de Ohio, y
posteriormente adquirida por BP), la Atlantic Richfield (también integrada a BP) y la
Marathon (descendiente también de la Standard de Ohio), entre muchas otras pequeñas
empresas.

La creciente necesidad de petróleo que el imperio de Rockefeller demandó (para mantener


su hegemonía y competir frente a las emergentes BP y Royal Dutch-Shell), junto con las
limitaciones impuestas por la ley antimonopolio y el bloqueo de los Gobiernos Europeos al
petróleo de sus colonias, obligaron a Rockefeller a tejer una nueva estrategia que consistió en
penetrar y controlar la actividad petrolera en otros países (entre los que se incluyeron países
latinoamericanos como Colombia y Perú) a través de una amplia red de empresas petroleras
filiales de la Standard Oil Co. (como la canadiense Imperial Oil Company) (Amaya, et al., 2011).

La estrategia para mantener abastecidas las refinerías de New Jersey no era muy complicada,
aunque sí requirió de discreción y de realizar varias operaciones que impidieran que
fácilmente se pudiera relacionar a la Standard Oil Co. como la beneficiaria final de todo el
ejercicio transaccional. El mecanismo, fue crear un mercado de empresas que ofertaran sus
derechos de explotación petrolera en otros países, y que fueran susceptibles de ser adquiridas
por las filiales de la Standard Oil Co. Para poder hacer esto posible, un gran numero de
empresarios y especuladores, tanto nacionales como extranjeros, comenzaron a negociar y
adquirir los derechos de explotación de yacimientos petroleros con los gobiernos de los
países con potencial de producción, y una vez confirmada la viabilidad del negocio, tanto en
términos de producción cómo en términos legales, se producía la venta de los derechos de
los nuevos tenedores a las filiales de la Standard Oil Co. El negocio en general no tuvo

 
mayores riesgos ya que sólo se adquirieron los derechos de los yacimientos cuya rentabilidad
fue altamente probable (Amaya, et al., 2011).

La llegada de la Standard Oil Co. a Colombia (a través de sus filiales) marcó el inicio de la
industria del petróleo en el país. El desarrollo de este sector durante la primera mitad del
siglo XX se revisará con un mayor nivel de detalle a continuación.

2.2. EL DESARROLLO DE LA INDUSTRIA DEL PETRÓLEO EN


COLOMBIA
Mientras que desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX en EEUU y Europa se
consolidaban las empresas que años más tarde serían las más importantes dentro del
panorama petrolero mundial, en Colombia, las primeras actividades petroleras se dieron en
medio de complejas situaciones sociales, políticas y económicas, que impidieron el desarrollo
de una industria petrolera propia, y por el contrario, contribuyeron a afianzar un modelo
extractivista que por mucho tiempo perjudicó a la Nación. Dicho modelo comenzó a
cambiar sólo hasta mediados del siglo XX, y a lo largo de este capítulo exploraremos las
diferentes etapas por las que la industria Colombiana del petróleo pasó hasta llegar a la
industria que tenemos hoy.

En general, se puede decir que el final de la guerra de los mil días (1899 -1902) dejó una
Colombia por completo devastada, en una tremenda crisis económica, sin industrias, con
vías de comunicación destruidas, endeudada y en medio de una tremenda inestabilidad
política, que se agravó aún más con la posterior separación del istmo de Panamá en 1903
(Revista Semana, 2002; Bohórquez Rodríguez, 2006). Para hacer frente a la grave situación,
el General y empresario Rafael Reyes que asumió la presidencia del país para ese momento,
inició un proceso de reconstrucción nacional, que le apuntó a recobrar la confianza

  40

 
inversionista y a apoyar el desarrollo de nuevas industrias que sacaran a flote la economía
nacional (Revista Semana, 2002).

Dentro de ese contexto, para 1904 el coronel José Joaquín Bohórquez Domínguez,
emprendió una travesía por las espesas montañas adyacentes a los ríos Opón, la Colorada y
Oponcito (en Santander cerca de lo que hoy es el área de Barrancabermeja) en busca de
materiales extraíbles y que tuvieran algún valor comercial. En medio de su travesía encontró,
además de caucho y tagua, una serie de pozos de los que brotaba un tipo de brea asfáltica
que al contacto con la luz y el aire se compactaba como una pasta; convencido de que esta
brea podía ser fuente de riqueza, Bohórquez partió hacia Barranquilla para ofrecerla en
comercio. Sin éxito en su objetivo de comercialización inicial, el coronel Bohórquez sólo
pudo confirmar que aquella particular substancia era petróleo y que en algunas industrias
como la de los ferrocarriles se utilizaba para la lubricar (Bohórquez Rodríguez, 2006).

Tras el descubrimiento de Bohórquez, en 1905 el señor Roberto De Mares persuadió al


coronel Bohórquez de facilitarle toda la información que tenía sobre las áreas petroleras en
Santander, supuestamente, con el fin de aprovechar la cercanía que tenía con el presidente
Reyes (que era su padrino de matrimonio) para hacer la solicitud de la concesión a nombre
de los dos. Aunque Bohórquez cumplió con su parte del trato, y entregó a De Mares toda la
información, De Mares sólo tramitó la concesión a su favor (Bohórquez Rodríguez, 2006).
Para el mismo momento, el general Virgilio Barco Martínez, solicitó también la concesión de
las áreas petroleras que se encontraban en la región del Catatumbo (en un área de cerca de
200 mil hectáreas), a pocos kilómetros de la frontera con Venezuela (Escobar, 1986). Las
concesiones que el Gobierno otorgó a nombre de estos dos empresarios, se dieron en los
términos y circunstancias que se mencionan a continuación.

 
2.2.1. La Concesión De Mares & La Concesión Barco

Las solicitudes de Barco y De Mares para la concesión de las áreas petroleras, se dieron en
medio de un orden público alterado y de fuertes pugnas entre el Presidente de la Republica y
el Congreso. A raíz de esto, las concesiones tuvieron que otorgarse por medio de un
cuestionado decreto, mediante el cual el mismo presidente Reyes se facultaba a sí mismo
para que, sin necesidad de licitación pública o aprobación del Congreso, pudiera otorgar
todo tipo de concesiones y permisos para la explotación de recursos como los petroleros
(Bohórquez Rodríguez, 2006). Así, y por medio de este controvertido decreto, Roberto De
Mares fue autorizado para explotar durante treinta años las áreas petroleras descubiertas por
el coronel Bohórquez en Santander, mientras que por su parte el General Barco obtuvo una
concesión por cincuenta años para la explotación de la zona solicitada en el Catatumbo
(Norte de Santander). Salvo por algunas pequeñas diferencias, las concesiones se dieron en
los siguientes términos (Bohórquez Rodríguez, 2006; Escobar, 1986).

Los concesionarios se comprometieron a:

1. Organizar las compañías con el capital suficiente para la explotación petrolera del
área.
2. Utilizar el capital de la compañía en las actividades de extracción, refinación y
separación de componentes del petróleo.
3. Dar al Gobierno el 15% del producto neto de toda la producción de manera
periódica, y permitir que el Gobierno revisara las cuentas de la empresa cuando lo
estimara conveniente.
4. Conceder a los concesionarios Barco y De Mares plazos de 3 años y 18 meses,
respectivamente, para empezar los trabajos de explotación.

  42

 
5. Tanto para De Mares como para Barco, el incumplimiento del acuerdo sería causal
de terminación y consecuente devolución de la concesión.

Por su parte el Gobierno Colombiano se obligó a:

1. Permitir la extracción del petróleo a los concesionarios o a quien sus derechos


representaran en los terrenos concesionados propiedad de la Nación.
2. No conceder igual permiso a otras personas o compañías para realizar los trabajos
antes mencionados durante el tiempo de vigencia de cada contrato.
3. Declarar la actividad desarrollada por los concesionarios de utilidad pública, y en
tal virtud garantizar a los concesionarios el goce de todos los derechos y acciones
concedidos por la ley a las empresas de este tipo.
4. No gravar con derechos de exportación (ni otros) el petróleo que se extrajera en
virtud de tales contratos.

Tanto para la concesión De Mares como para la concesión Barco quedó estipulada una
restricción frente a la posibilidad de cesión, que claramente estableció que los contratos sólo
podían ser traspasados a terceros con previo permiso del Gobierno Nacional. Pese a las
cláusulas anteriores, para 1916 ni De Mares ni Barco habían logrado poner a producir los
yacimientos concesionados y el Gobierno tampoco había exigido el cumplimiento de las
cláusulas de devolución, situación que De Mares y sus socios aprovecharon para realizar de
manera privada el traspaso de sus derechos de concesión a los ciudadanos norteamericanos
Michael Benedum, Joe C. Trees y George Crawford, que para entonces habían constituido la
sociedad denominada “The Tropical Oil Company” con base en EEUU. Sólo después de que
se cerró la negociación con la Tropical Oil Co., De Mares y sus socios decidieron solicitar de
manera formal la autorización del Gobierno Nacional para la cesión. Pese a lo controversial
de esta cesión, y a que inicialmente fue negada por el Gobierno Nacional (dados los
múltiples y evidentes incumplimientos del concesionario a los términos iniciales del
 

 
contrato) la Tropical Oil Co. que tenía los derechos de la concesión por documento privado,
inició trabajos de explotación petrolera en el campo denominado “las Infantas”, y cuatro años
más tarde (y sin que los litigios en torno de la legalidad del traspaso de la concesión se
hubieran cerrado) revendió sus derechos sobre la concesión a la compañía canadiense
International Oil Company (INTERCOL), filial de la Standard Oil de New Jersey (hoy Exxon)
(Bohórquez Rodríguez, 2006; Sáenz Rovner, 1994).

El General Barco por su parte también vendió sus derechos de concesión al consorcio
norteamericano Carib Syndicate, que a su vez los revendió a la Colombian Petroleum Company –
COLPET (ambas propiedad de ciudadanos estadounidenses). Al igual que con la concesión
de Mares, para la concesión Barco el Gobierno Colombiano también permitió que en medio
de las pugnas legales se materializara la cesión. Con esta situación, el General Barco recibió
un pago de cien mil dólares, acciones de la empresa, y el 15% de la producción total, lo que
por mucho fue un arreglo económico superior al que percibió el Estado Colombiano por
concepto de regalías durante el tiempo de la concesión (Escobar, 1986).

Al finalizar la primera guerra en 1918, era evidente la importancia estratégica que para las
potencias mundiales tenía el mantener el control de los recursos petroleros del mundo. En
ese contexto, el Gobierno del presidente Marco Fidel Suárez por un lado tuvo que enfrentar
las presiones del Gobierno de los EEUU, que con el fin de favorecer los intereses de la
Tropical Oil Co. en los litigios en torno legalidad del traspaso de la concesión De Mares
mantuvo en vilo el pago indemnizatorio por Panamá; y por el otro lado, tuvo que enfrentar
la presión del Congreso de la República que al tiempo le exigió tomar cartas en el asunto de
las concesiones y en la reglamentación de la política petrolera nacional. En medio de estas
dos presiones, el presidente Suárez por una parte optó por declarar propiedad del Estado los
terrenos petrolíferos y reglamentó la explotación de crudo en Colombia a través del decreto
1255 del 20 de Junio de 1919, y por otro lado expidió la resolución ejecutiva de la misma
  44

 
fecha, mediante la cuál autorizó el traspaso de la Concesión De Mares a la Tropical Oil Co.
(Bohórquez Rodríguez, 2006) De esta manera la Standard Oil Co. (a través de sus filiales) se
afianzó como el actor dominante en la cadena de exploración, producción, refinación,
transporte, distribución y exportación de petróleo en Colombia durante la primera mitad del
siglo XX (Amaya, et al., 2011).

Después de que la Tropical Oil Co. se quedó con los derechos de la concesión De Mares, la
South American Gulf Oil Company – SAGOC (empresa rival de la Exxon y propiedad de
los hermanos Mello 21 ) compró los derechos mayoritarios de la COLPET para poder
explotar de los yacimientos de la Concesión Barco en el Catatumbo hasta 1981. El Gobierno
de Pedro Nel Ospina se opuso a esta situación, y argumentó incumplimiento del contrato de
concesión e ilegalidad en el traspaso de los derechos de explotación del General Barco a la
Carib Syndicate, y en consecuencia de la COLPET a la SAGOC. Según el autor Felipe
Escobar, las presiones de Mellon por lograr la legalización de la venta de la COLPET a la
SAGOC llegaron al punto de hacer que el embajador de los Estados Unidos en Colombia
manifestara su preocupación por supuestas “prácticas contrarias a las que se dan entre naciones
amigas”, refiriéndose con ello a los procesos para detener la venta de la COLPET a la
SAGOC, y a influir para que El Departamento de Comercio de los Estados Unidos emitiera
una circular para alertar a los banqueros norteamericanos sobre los riesgos de invertir en

                                                                                                                       
21 Según Escobar (1986) “Los hermanos Andrew y Richard Mellon, de Pittsburgh, Pensilvania, uno de los grandes centros metalúrgicos
de los Estados Unidos, eran propietarios de un conglomerado financiero que a comienzos de los años veintes controlaba 35 bancos comerciales,
varias compañías de seguros, una corporación productora de aluminio y un consorcio de campos y refinerías de petróleo con intereses en muchas
partes del mundo. Se calcula que a disposición directa o indirecta de los dos hermanos se hallaban por aquel entonces unos 13 mil millones de
dólares; su fortuna figuraba inmediatamente después de las de Rockefeller, Morgan y Ford, y en 1921 el presidente Harding designó como
Secretario del Tesoro de su primer gabinete a Andrew Mellon, un cargo que éste ocuparía hasta 1929. Entre sus múltiples empresas
familiares se encontraba la Gulf Oil Company, que gozaba del suficiente poder económico y político para echar atrás las determinaciones de
cualquier gobierno, y que compró los derechos de la Concesión Barco a sabiendas de que el Ejecutivo colombiano estaba a punto de declarar la
prescripción del contrato firmado en 1905”.
 

 
Colombia, lo que se evidentemente provocaría una terrible crisis en el país22. Bajo estas
presiones, el Nacional City Bank de Nueva York, el Departamento de Estado y el propio
Mellon, insistieron ante el Gobierno Colombiano sobre la necesidad de revocar el decreto
de caducidad de la Concesión Barco, así como sobre la pertinencia de crear un nuevo código
petrolero, para con ello poder “restablecer la confianza de los inversionistas" y reabrir
futuros créditos. La presión sobre el Gobierno Colombiano empeoró con los señalamientos
de los abogados de la COLPET y los herederos del general Barco, quienes acusaron al
primer mandatario de tener acuerdos secretos para concederle contratos a la Anglo Persian
Oil Co.23 (Escobar, 1986).

Para el inició de los años treinta, la gran depresión económica mundial también era evidente
en Colombia, diariamente se reportaron quiebras de empresarios que poco a poco fueron
absorbidos por los bancos, en consecuencia con esto, las pérdidas masivas de empleos y la
bajas en los salarios no se hicieron esperar, la miseria generalizada en las clases más
populares desencadenó numerosas huelgas, protestas y paros que terminaron por poner en
la cabeza nuevamente al partido liberal. Con la posesión de Enrique Olaya Herrera se
sancionó casi de inmediato la ley del Petróleo de 1931; para aquellos años, más allá de los
escándalos que se pudieran generar sobre las relaciones e intereses entre políticos y
empresarios Colombianos y Norteamericanos, lo que el pueblo Colombiano veía con
urgencia, era la necesidad de reactivar la economía, y de generar rápidamente fuentes de
ingresos y empleos. Así, en medio de esa necesidad, el Gobierno Colombiano devolvió a la
COLPET los yacimientos del Catatumbo, y mientras que la COLPET y la SAGOC hacían
los tramites para el envío de los primeros taladros, el National City Bank de Nueva York,
aprobó un crédito de 20 millones de dólares para el Gobierno Colombiano (Escobar, 1986).
                                                                                                                       
22 En 1928 la deuda de Colombiana con los Estados Unidos ascendía a 171 millones de dólares. (Escobar, 1986)
23
  Hoy renombrada como BP  
  46

 
Entre las obligaciones que contrajo el Gobierno Colombiano con la legalización de las
actividades de la COLPET y su asociada SAGOC, estuvo el brindar la debida protección al
personal vinculado a la actividad de explotación petrolera frente a los constantes ataques de
las tribus Motilón-Barí que habitaban los territorios de la concesión. La adopción de este
compromiso por parte del Gobierno Nacional fue interpretada por varios sectores de la
sociedad colombiana, y por la misma comunidad indígena, como una licencia para el
exterminio del pueblo Motilón, lo que significó para los indígenas una abierta declaración de
guerra, tanto por parte de los empresarios petroleros, como por parte de la Nación. La
actividad petrolera que se realizó en territorio Motilón-Barí a finales de la década de los
treinta, incluyó la construcción de la carretera Cúcuta-Tibú y Tibú-Convención, y del
oleoducto Tibú-Convención-Costa Atlántica. Dichas actividades, desencadenaron fuertes
enfrentamientos entre los indígenas que habitaban el territorio del Catatumbo, y los recién
llegados obreros y fuerzas militares. El choque (que cobró la vida de cientos de obreros, y
un número aún no definido de militares e indígenas) fue el resultado de un agresivo proceso
de colonización que se materializó no sólo por medio de las obras y construcciones
requeridas para el desarrollo de los proyectos petroleros, sino con el establecimiento y
proliferación de campamentos, viviendas, casinos, aeropuertos, bases militares y hasta
tiendas, bares, caseríos y zonas de prostitución en los territorios que antes pertenecieron a
las comunidades Motilón (ASOCBARI, 2007).

Desde una perspectiva cultural, la Tropical Oil Co., (o la TROCO como se le comenzó a
nombrar), se vio así misma como una compañía civilizadora y generadora de progreso en las
salvajes e inhóspitas tierras del trópico. Según Michael Benedum (uno de sus socios) el
desarrollo de las actividades petroleras en Colombia era un episodio épico de la historia del
petróleo. Según Benedum:

 
La Concesión De Mares era por sí misma salvaje, una tierra de temperaturas hirvientes, aguaceros increíbles y
tribus nativas nada amigables [...] Los exploradores no encontraron facilidades de ninguna clase, ni en
Barranca ni en Infantas, de vivienda para el hombre blanco [...] Las enfermedades tropicales eran rampantes,
y la mayoría de los nativos del lugar estaban enfermos, desnutridos y desacostumbrados a la disciplina del
trabajo sistemático. (Sáenz Rovner, 1994)

Un articulo de la Standard Oil Co. titulado: "Civilización en la selva”, fue mucho más explícito
respecto al sentir casi de conquista que envolvía a la compañía norteamericana recién
llegada, y que posiblemente sin proponérselo, esbozó el inicio de lo que fue el choque entre
dos mundos que ven y entienden el mundo de forma diferente.

Con el inicio de la explotación petrolera, también llegaron cambios en casi todos los ámbitos
de la vida de quienes se vincularon en ella. Cambiaron las rutinas, los ritmos de trabajo, los
esquemas de salarios, las formas y condiciones de vida, la salud, la higiene, la dinámica
familiar y hasta las relaciones (Sáenz Rovner, 1994). Entre finales de la década de los años
veinte y el comienzo de los treinta, estallaron las primeras huelgas, tanto para la Tropical Oil
Co., como para la COLPET-SAGOC. En la zona del Catatumbo, se creó el Sindicato de
Trabajadores del Catatumbo - SIDELCA, que agrupó a los trabajadores de la COLPET y de
la SAGOC, mientras que para la zona de explotación de la Tropical Oil Co. inició el
movimiento de la Unión Sindical Obrera, posteriormente conocida como la USO. Para
finales de los años treinta, los hermanos Mellon decidieron vender sus acciones en la
COLPET, a la Mobil Oil y a Texaco. Y fue así como bajo el sistema de concesiones,
Colombia llegó a ocupar el octavo lugar entre los productores de petróleo del mundo, y sin
embargo, se estima que lo que el país recibió por regalías sólo llegó a estar entre el 6% y el
10% del total (Escobar, 1986).

El periodo de la Segunda Guerra Mundial, el surgimiento y afianzamiento de los


movimientos sindicales, las pugnas bipartidistas en Colombia, y la proximidad de la
  48

 
terminación de la concesión De Mares, modificaron por completo el panorama y el modelo
de industria del petróleo que prevaleció hasta mediados del siglo XX. En el siguiente aparte,
se profundizará aún más en los acontecimientos que durante la década de los años cuarenta
impulsaron la creación de la Empresa Colombiana de Petróleos – Ecopetrol.

2.2.2. El Nacimiento De La Empresa Colombiana De Petróleos - Ecopetrol

Si bien durante la primera mitad del siglo XX el dominio de la industria del petróleo en
Colombia (y en la mayoría de países latinoamericanos) estuvo en manos de empresas
petroleras mayoritariamente estadounidenses, la historia de la industria durante la segunda
mitad del siglo estuvo marcada por la reversión de la concesión De Mares en 1951, y en
consecuencia, por el nacimiento de la Empresa Colombiana de Petróleos - Ecopetrol.

Antes de profundizar en los detalles propios de la creación de Ecopetrol, es importante


ambientar los momentos y los hechos que precedieron este acontecimiento con el fin de
proveer herramientas que ayuden a entender mejor las decisiones que se tomaron por parte
de la Nación. Entre estos hechos vale la pena resaltar el fenómeno de nacionalización de la
industria del petróleo que se dio en México hacia 1938, y que inició con el proceso de
expropiación que el Gobierno Mexicano realizó a las empresas de capital extranjero que
operaban en esa región. Dado que México era el segundo mayor productor latinoamericano
de petróleo después de Venezuela, el proceso de nacionalización de la industria petrolera
mexicana fue un acontecimiento muy observado por los países de Suramérica, que aún no
tenían muy claro hacia donde conducir sus procesos de exploración, explotación y
producción. Colombia, tercer país productor de petróleo en la región, además de observar
cuidadosamente las ventajas, desventajas y consecuencias del camino tomado por la vecina
nación de México, fue el país que después de Venezuela tuvo mayor inversión de capital
 

 
extranjero (después de que los inversionistas extranjeros fueran sacados de México) lo que
significó para Colombia el desarrollo de más proyectos y el crecimiento (privado) del sector
(Caballero Argáez & Amaya Parra, 2011).

La llegada de la segunda guerra mundial (1939- 1945) disparó tanto el consumo de petróleo
como la carrera por el control de las reservas mundiales. Los esfuerzos de las grandes
potencias se direccionaron a asegurar el abastecimiento y el posicionamiento de los países
poderosos, tanto en los asuntos bélicos como en el crecimiento económico (que cada vez
demandaba más energía para lograr desarrollarse en todo su potencial). Para cuando finalizó
la segunda guerra, Suramérica generaba alrededor del 17% de la oferta mundial de petróleo
(Caballero Argáez & Amaya Parra, 2011), y pese a que las relaciones a nivel político
presentaban cada vez mayor dificultad, era un territorio de gran importancia en el mapa de
producción de crudo Mundial (Amaya, et al., 2011). La guerra fría y la lucha entre
capitalismo y comunismo, recrudeció aún más la batalla por la conquista, el control y el
acceso a los recursos petroleros del mundo. Ni Latinoamérica, ni Colombia, fueron ajenas a
esta situación. Vientos políticos influenciados por las corrientes económicas dominantes,
reclamaron e impulsaron cambios profundos en la política petrolera nacional.

En el panorama Nacional, varios fueron los asuntos que incidieron en la creación de


Ecopetrol. Por un lado, estaban las presiones de los trabajadores del sector petrolero, que en
vista de la terminación de la concesión De Mares, y cansados de los conflictos laborales y
sociales que mantenían con la Tropical Oil Co., y la COLPET-SAGOC empezaron a
manifestarse a través de huelgas para pedir tanto la nacionalización de las actividad petrolera,
como la creación de una empresa colombiana que realizara los trabajos de explotación. Por
otro lado, y a raíz de la huelga de 1946 (que requirió de la mediación del Gobierno Nacional

  50

 
para su terminación) estuvo la creación del Consejo Nacional de Petróleos,24 y como último
pero no menos importante, estuvo la inminente necesidad de crear una empresa que
asumiera las actividades de la cadena de explotación petrolera una vez se diera la reversión
de la concesión De Mares, ya fuera de naturaleza completamente pública, o que de manera
mixta trabajara con recursos de inversión privada y de la Nación (Caballero Argáez & Amaya
Parra, 2011).

Desde el principio fue evidente que la naciente empresa Colombiana de petróleos


(Ecopetrol) tuvo que responder a unos retos muy complejos, entre los que estuvieron: 1)
Lograr acuerdos, negociaciones y generar estrategias para extraer el petróleo del subsuelo
sacando el mayor provecho para la Nación, y sobrepasando los obstáculos asociados a no
contar con los conocimientos, la tecnología ni los recursos (humanos y económicos) para
explotar, y mucho menos, para explorar y refinar. 2) Dentro del contexto anterior, el
responsabilizarse de las actividades de exploración, explotación, producción, refinación y de
las demás que la cadena del petróleo pudiera necesitar, y 3) El encargarse de lograr un
equilibrio entre hacer del petróleo un negocio rentable y del cual se obtuvieran ingresos que
impulsaran la economía nacional, y el de lograr sacar productos cuyos precios fueran
accesibles para la gente, asegurando la satisfacción de las necesidades energéticas básicas de
la sociedad (y las que a futuro tuviera el país).

El proceso de reversión de la concesión De Mares no fue un proceso sencillo, implicó entre


otras cosas el cálculo de las reservas de crudo disponibles, el avalúo y recibo de los equipos,
el encargarse de los problemas con empleados y colonos, hacer los planes de relevo o

                                                                                                                       
24 según (Amaya, et al., 2011), la misión que dio origen a la creación del Consejo Nacional de Petróleos fue la de “(…)
servir de organismo técnico y consultivo del Gobierno en materia de petróleos y, específicamente, asesorar al Gobierno sobre la mejor orientación
de la política del petroleó en lo económico, administrativo, fiscal y comercial, teniendo en cuenta las circunstancias de orden interno e
internacional que contemple la industria” (p.80).

 
sustitución del personal antiguo, el recibo de los temas legales y administrativos, así como de
los temas técnicos y operativos. Tampoco se podía dejar de lado que además de la reversión
de los campos de producción, el país ya contaba con la refinería de Barrancabermeja
(operada por entonces por la Andian Nacional Corporation), y que para el mismo instante,
también requirió todo un complejo plan de entrega y su propio proceso de devolución
(Caballero Argáez & Amaya Parra, 2011).

Para 1948, y a tan sólo 3 años de la reversión, sólo un poco menos del 50% de la demanda
de productos refinados del petróleo eran atendidos con la producción del país, esto significó,
que además de asumir el proceso de reversión, el país de entrada tuvo que asumir toda la
carga que implicó el tener que realizar las obras de ampliación y conversión que requirió la
refinería, no sólo para responder mejor a las necesidades del país, sino para atender la
creciente producción. En 1949 se creó una comisión integrada por representantes tanto del
Gobierno Nacional como de la Tropical Oil Co., para facilitar y comenzar a trabajar en el
proceso de transición hacia la entrega de la concesión. La Tropical Oil Co., se comprometió a
ocupar de manera gradual y progresiva a los empleados colombianos, con el fin de que
recibieran poco a poco los puestos superiores en el desarrollo de los campos petroleros de
las áreas en proceso de reversión (Caballero Argáez & Amaya Parra, 2011).

Para 1949, el país aún no tenía claro cómo asumir la operación de los campos que
posteriormente recibió. Para entonces, las posiciones más fuertes estaban divididas, y el
lograr un acuerdo fue una tarea difícil. Por un lado, las corrientes más nacionalistas
consideraron que cómo otros países latinoamericanos, Colombia debía asumir sin aliados
extranjeros todas las actividades que fueran necesarias para desarrollar la industrial del
petróleo. Por otro lado, la vertiente más conservadora, vio como mejor alternativa el
asociarse con una empresa operadora extrajera mientras se organizaba una estructura que
estuviera en mejor capacidad de manejar el negocio, e incluso, llegó a proponer el prolongar
  52

 
por un par de años más el periodo de la concesión. En un intento por adoptar la posición
menos riesgosa, el Gobierno decidió iniciar la búsqueda de inversionistas extranjeros, para
hacerlos socios en la nueva empresa colombiana de petróleos. Sin embargo, para las
empresas extranjeras, no resultó atractivo el hecho de tener que someterse a las decisiones
que en determinado momento, y como socio mayoritario, pudiera llegar a imponer el
Gobierno Colombiano. De cualquier forma, y aún con el ofrecimiento por parte del
Gobierno de revisar la ley y evaluar los porcentajes de participación, todas las compañías
extrajeras rechazaron la propuesta del Gobierno Nacional (Caballero Argáez & Amaya
Parra, 2011).

En vista de la falta de éxito que tuvo la iniciativa de encontrar un socio extranjero para
Ecopetrol, el Gobierno buscó en los industriales Antioqueños, Bogotanos y Santandereanos,
posibles inversionista que se animaran a invertir el capital que el proyecto necesitaba. Sin
embargo, después de múltiples reuniones y propuestas, tampoco fue posible lograr a un
acuerdo con el sector industrial. La negativa de los extranjeros y de los industriales
Colombianos obligó a que Ecopetrol fuera conformado únicamente con recursos de nivel
Estatal. De cualquier forma, el asunto que para entonces más ocupó al Gobierno fue el de
asegurar la expansión de la refinería, que además de capital, requería de una experiencia y de
un conocimiento técnico y operativo con el que el Gobierno en su momento no contó. La
situación hizo evidente la necesidad de negociar un acuerdo específicamente para el tema de
la refinería con la International Petroleum Co., (INTERCOL). Después de muchas propuestas y
conversaciones, la INTERCOL (casa matriz de la Tropical Oil Co., y filial de la Standard Oil
Co.), informó al Gobierno Colombiano de su interés por establecer en el país la compañía
ESSO Colombiana S.A. (dedicada al transporte, distribución y venta de combustible al por
menor) lo que reveló que la Standard Oil Co., y sus filiales tenían interés por mantenerse en

 
Colombia, y que estaban buscando la forma de reacomodarse en el nuevo panorama del
sector petrolero nacional (Caballero Argáez & Amaya Parra, 2011).

Entre finales de 1949 y comienzos de 1950 se resolvieron los asuntos concernientes al


manejo de los campos en proceso de reversión y a la expansión de la refinería. El Gobierno
Nacional y la INTERCOL llegaron a un acuerdo en el que, a cambio de una participación
del 25% sobre la utilidad bruta de la operación, el manejo de la refinería de Barrancabermeja
por 10 años, y la distribución minorista de combustibles a través de la compañía ESSO
Colombiana S.A., La INTERCOL se comprometió a prestar asesoría y administración
técnica a Ecopetrol para la explotación del área de la concesión por un periodo de 3 años
(con opción de prorroga), a prestar a Ecopetrol hasta USD $20 millones (a un interés del 4%
anual) para los trabajos de expansión, y a emitir acciones de la ESSO Colombiana S.A. para
permitir que inversionistas colombianos participaran de su capital. Además de lo anterior,
este esquema permitió a la INTERCOL mantener la posibilidad de acceso a nuevas
concesiones (Caballero Argáez & Amaya Parra, 2011) .

Así, el 9 de enero de 1951, el Gobierno Nacional expidió el decreto No. 30 del mismo año,
mediante el cual se creó la Empresa Colombiana de Petróleos Ecopetrol. Un mes más tarde,
mediante el decreto 459 de 1951, se designó la primera junta directiva y se nombró como
primer gerente de la empresa a Luis Emilio Sardi, quien sólo permaneció como gerente hasta
el 19 de abril de 1952, cuando el poder fue tomado por la Junta Militar del General Gustavo
Rojas Pinilla después de derrocar al presidente Laureano Gómez (Caballero Argáez &
Amaya Parra, 2011). En general, se podría decir que la solución encontrada sí satisfizo a la
mayoría de los grupos de interés en torno de la industria del petróleo, así como también
satisfizo al amplio sector de trabajadores y políticos que reclamaban la creación de una
empresa nacional que se encargara de la explotación de los recursos petroleros del país. La
solución también permitió asumir el difícil reto de empezar a manejar los campos y los
  54

 
procesos que por años manejaron las compañías extranjeras, mientras que Ecopetrol
aprendía, realizaba los ajustes organizacionales y proyectaba el futuro energético que requirió
el crecimiento del sector. De otro lado, y en contraposición a lo que aconteció en el resto de
América Latina, el proceso de retoma de los recursos petrolíferos en Colombia se dio en
medio de relativa calma y sin los alborotos políticos y revueltas que caracterizaron los
procesos de nacionalización petrolera en otros países Latinoamericanos. En el siguiente
aparte se profundizará en las figuras que se crearon para dinamizar el crecimiento del sector
petrolero y que surgieron a raíz de la implantación de políticas de modernización e
industrialización.

2.2.3. El Contrato De Asociación

Como bien se evidenció en el aparte anterior, los retos a los que se vio enfrentada la Nación
al querer desarrollar su propia empresa de petróleos no fueron nada fáciles. Muchos
recursos y condiciones tuvieron que alinearse y articularse armoniosamente para poder
alcanzar las metas propuestas. La industria del petróleo es una industria en extremo riesgosa
y costosa, y éstas son dos condiciones muy difíciles, por no decir que imposibles de soportar
para una empresa sola y tan inexperta y joven como en su momento lo fue Ecopetrol,25
razón por la cual, desde el principio el modelo colombiano tuvo que basarse en compartir
con socios externos tanto costos, como utilidades y riesgos. Los errores y las lecciones
aprendidas de los antiguos contratos de concesión trataron de evitarse y plasmarse en los

                                                                                                                       
25
Según (Caballero Argáez & Amaya Parra, 2011), Para 1969 “Era debatible que Ecopetrol estuviera técnica y financieramente en
capacidad de acometer una campaña exploratoria propia de gran envergadura” (p.465).
 

 
nuevos contratos de asociación26. Sin embargo, el reto de crear las condiciones para atraer
inversión y socios extranjeros, sin llegar a regalar los recursos petroleros no fue para nada
fácil.

Los términos que desde su creación Ecopetrol ofreció para encontrar aliados (tanto para la
exploración 27 como para la explotación) tuvieron como principal objetivo el encontrar
inversionistas interesados en apostarle al negocio del petróleo en un país en donde además
de los riesgos propios del negocio28, era necesario lidiar con desafíos y retos adicionales,
entre los que todavía se cuentan: las dificultades en materia de vías y accesos29, el operar en
contextos sociales difíciles con inoperancia institucional, burocracia, corrupción e
ingobernabilidad, y en un entorno con un orden público adverso. Todas estas variables y
circunstancias fueron (y aun hoy siguen siendo) las que, en mayor o menor medida,
influyeron los términos y condiciones que finalmente el Estado colombiano (a través de los
contratos de asociación) ofreció a los asociados extranjeros.

                                                                                                                       
26
Según Caballero Argáez & Amaya Parra (2011): “El 22 de septiembre de 1969, el presidente Carlos Lleras Restrepo y su ministro
de Minas y Petróleos firmaron la Ley 20… que abrió la puerta para que el contrato de asociación petrolera sustituyera el régimen de
concesión” (p.465).
27
En referencia a Ecopetrol y hasta inicios de los años setenta Caballero Argáez & Amaya Parra (2011) mencionan: “En
exploración, la Empresa no había incursionado por fuera de la Concesión de Mares, si bien el marco legal la facultaba para adquirir, sin
preferencia concesiones en cualquier esquina del país. Ecopetrol intentó gestionar decretos que la favorecieran y facilitaran su presencia en todas
partes….. Las compañías que dominaban el panorama petrolero colombiano, como la Exxon o la Texaco, optaron a su vez por multiplicar
las solicitudes de concesión, sin acelerar la exploración” (p.465).
28Variables de tipo técnico y financiero como: la posibilidad de hallar petróleo, el tamaño del reservorio, la calidad que
pueda llegar a tener el crudo, el tamaños del capital de riesgo, el precio del barril en el mercado, la profundidad a la que
esta el yacimiento y las facilidades para sacar el crudo a puerto.
29
Según Caballero Argáez & Amaya Parra (2011), Colombia no era un país en el que fuera barato explorar y producir;
por el contrario las tierras con mayores perspectivas petrolíferas se caracterizaban por ser lejanas, inhóspitas y de muy
difícil accesibilidad.
  56

 
Sin mucho éxito, y durante sus primeros años, Ecopetrol intentó maximizar la captura de
renta petrolera mediante diferentes tipos de contratos y acuerdos. Durante largo tiempo los
bajos precios del petróleo y las mejores condiciones ofrecidas en otros países impidieron que
Colombia pudiera desarrollar su sector petrolero en todo su potencial. Para la década de los
setentas, los vientos que en Medio Oriente reclamaron ya no una mayor renta, sino la
propiedad de sus recursos petrolíferos, terminaron en la creación de la OPEP en 1974, lo
que hizo que el precio del barril de petróleo subiera, de USD$2 a USD$12 para ese mismo
año (Caballero Argáez & Amaya Parra, 2011). Esta situación impactó positivamente las
perspectivas de encontrar inversionistas interesados en Colombia, así como las posibilidades
de explorar zonas de mayor complejidad. Para la misma época, y ya en medio de una crisis
energética,30 Colombia terminó de consolidar las bases de los términos de referencia con los
que ofertó diez bloques en la cuenca de los Llanos Orientales, en donde años después, se
descubrieron las más grandes reservas petrolíferas de la historia nacional. Para 1975,
Ecopetrol terminó de hacer los términos definitivos de los Contratos de Asociación que
incorporaron todas las lecciones aprendidas de años de equivocaciones, negociaciones y
aprendizajes (Amaya, et al., 2011).

El Contrato de Asociación partía del principio básico de que el Estado Colombiano era el
dueño del subsuelo, y Ecopetrol, su intermediario perseguía una mayor participación del
Estado en la renta petrolera, 31 así como un mayor control 32 . Previó los términos y
                                                                                                                       
30De no haber sido por el cambio en el panorama internacional, y las campañas de exploración que se dieron con
posterioridad, muy seguramente el país se hubiera tenido que mantener importando crudo y asumiendo las respectivas
consecuencias económicas.
31
“Para efectos de un balance de la participación de la Nación en renta petrolera, algo más del 80% del valor de las reservas brutas
descubiertas por los asociados lo ha venido reteniendo el fisco vía tributación, regalías o participación de Ecopetrol en la medida en que los
hidrocarburos han salido de la tierra” (Amaya, et al., 2011, p.511).
32La figura del comité ejecutivo fue la utilizada por el contrato de asociación para permitir y garantizar un mayor control
sobre las áreas entregadas dentro de los contratos de asociación. Estos comités permitieron que Ecopetrol aprendiera e
 

 
condiciones de los periodos de exploración, así como también los porcentajes de
participación para el Estado y las asociadas en la etapa de producción. A la primera
convocatoria que se realizó para la promoción de bloques para la exploración, asistieron las
compañías petroleras que hasta el momento eran las de mayor peso a nivel mundial, entre
ellas, la Continental Oil, Shell, BP, Superior Ray Colombia Oil, la Sun Oil y la International
Petroleum Co. (INTERCOL), vieja asociada del Estado y filial de la Exxon (antes Standard
Oil Co.). De los diez bloques ofertados, siete fueron adjudicados, y se estima que el área
asignada para la exploración y explotación fue de aproximadamente un millón trescientas mil
hectáreas33 (Segovia, 2011). Entre los contratos suscritos, el Contrato de Asociación Cravo
Norte cobró durante los años ochenta especial importancia. En el siguiente aparte se revisará
en mayor profundidad como fue el desarrollo de este contrato.

2.2.4. El Contrato De Asociación Cravo Norte Y El Desarrollo De Caño Limón

Como ya se mencionó, durante la década de los setentas, varias compañías petroleras, entre
las que se encontraba INTERCOL,34 obtuvieron bloques en los Llanos Orientales lo que dio
paso a la campaña de exploración más importante que tuvo la industria colombiana del
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

interactuara con las asociadas, lo que favoreció el intercambio de conocimientos no sólo en los niveles presidenciales
(comités ejecutivos) sino en los niveles técnicos (subcomités técnicos y financieros, de medio ambiente y hasta de
asuntos externos) (Amaya, et al., 2011).
33
“Desde 1970 y hasta el final de 2003 se suscribieron 506 contratos de asociación en sus diversas modalidades. Corrieron por cuenta de los
asociados sofisticados estudios de geología de superficie, incluyendo pozos estratigráficos, y dispararon más de 150 mil kilómetros de sísmica en
el mar y en tierra firme. Su contribución al conocimiento de un país geológico semivirgen y al acervo de Ecopetrol hubiese sido técnica y
financieramente imposible de emprender de forma autónoma (…) Se perforaron 670 pozos exploratorios, con suerte variada. Los pozos
productores fueron apenas el 20%(...)Las inversiones a riesgo en exploración de los asociados se acercaron a US $4.500 millones. Las
reservas recuperables descubiertas superan los 5.000 millones de barriles. La producción total en asociación ha sido de más de 3.500 millones
de barriles” (Segovia, 2011, p.511).
34 “El 10 de febrero de 1977, la junta directiva de Ecopetrol autorizó el Contrato de Asociación Arauca. INTERCOL disparó líneas
sísmicas muy espaciadas y se desinteresó. En 1980, Occidental repasaría la información antes de adquirir cinco contratos por un millón de
hectáreas cada uno en los Llanos, tres de ellos en la Intendencia” (refiriéndose a la intendencia de Arauca) (Amaya, et al., 2011,
p.483).
  58

 
petróleo durante el siglo XX. Hasta entrados los años ochenta, y producto de una geología
en extremo compleja, no hubo resultados positivos durante casi una década de exploración,
hasta que el 14 de noviembre de 1983, la Occidental Petroleum Co., más conocida como la
Oxy (y que había adquirido cinco contratos en el bloque de los Llanos Orientales), solicitó la
comercialidad del yacimiento Caño Limón que hacía parte del Contrato de Asociación
Cravo Norte, y que inicialmente estimó unas reservas cercanas a los 64 millones de barriles,
pero que con las demás actividades de perforaciones de pozos exploratorios y estratigráficos,
llegó a más de mil millones de barriles de crudo de óptima calidad (28-30 grados API)
(Segovia, 2011).

Para Colombia, el descubrimiento de Caño Limón fue una gran noticia. Con este hallazgo, el
país ya no tuvo que importar más crudo y volvió a ser exportador. Después de
descubrimiento de la Cira - Infantas (campos que hacían parte de la concesión De Mares),
Caño Limón fue el más grande descubrimiento petrolero en la historia de Colombia. La
presencia de este yacimiento en los Llanos Orientales implicaba la existencia de una
promisoria cuenca sedimentaria, lo que tanto para el país como para Ecopetrol, significó el
comienzo de una nueva era que prometía posicionar a la empresa y al sector de los
hidrocarburos como importantes motores económicos en el futuro de la Nación. A partir de
este hallazgo petrolero se inició una nueva campaña de promoción de la geología
colombiana, pero ahora, con el atractivo que le daba la probabilidad de encontrar mega-
yacimientos. De esta forma, entre 1983 y 1991, la suscripción de contratos dentro del
sistema de Asociación se multiplicó.

Aunque en materia petrolera los augurios eran más que buenos, lo sucesos sociales y
políticos que a nivel nacional e internacional marcaron el final de los años ochenta y el inicio
de los noventa, modificaron por completo el panorama petrolero Colombiano. Por un lado,
 

 
las posibilidades de explorar regiones antes vetadas para los inversionistas extranjeros en
Asia, Rusia y África se abrieron a raíz de la caída del Muro de Berlín, mientras que por otro
lado, la estabilización de los precios del petróleo alrededor de los USD$19 por barril,
después de haber alcanzado un pico de USD$40 generó una importante disminución en las
iniciativas y las actividades de exploración y explotación. Ya en el contexto interno, el
fortalecimiento de los grupos guerrilleros y la agudización del conflicto en Arauca fueron las
variables que más dificultaron el desarrollo de prácticamente cualquier proyecto o actividad
petrolera en esta región (Amaya, et al., 2011; Segovia, 2011). El accionar de las FARC y el
ELN en Arauca (ampliamente descrito en muchos documentos) permitió hacer evidente la
relación directa que había entre el fortalecimiento de estas organizaciones y los hallazgos
petroleros, y en particular el de Caño Limón, lo que es un asunto que bien vale la pena
analizar en aras de entender mejor las dinámicas y los impactos que el desarrollo de este tipo
de proyectos traen sobre áreas que, como Arauca, se han caracterizado por una precaria o
nula presencia del Gobierno Nacional. A continuación ahondaremos puntualmente en el
fenómeno que Andrés Peñate ha denominado clientelismo armado (Peñate,1999; Peñate,1991).

2.2.4.1. El Clientelismo Armado


El fenómeno que Andrés Peñate denominó clientelismo armado, y que se desarrolló en Arauca
a raíz de la actividad petrolera, fue la estrategia con la que a partir de los años ochenta las
FARC, y posteriormente el ELN, utilizaron para fortalecerse y posicionarse tanto política
como económicamente. La estrategia, en esencia, buscaba transferir el peso económico de la
existencia de estas organizaciones, de las comunidades rurales (campesinos y colonos) al
sector petrolero. Para ilustrar un poco mejor este punto, vale la pena notar que en sus
inicios, grupos guerrilleros como el ELN tuvieron que depender de los recursos del
campesinado para el mantenimiento de su ejército, y en general, para satisfacer sus
necesidades básicas de subsistencia. Situación que fue una pésima estrategia ya que no sólo
  60

 
impuso sobre los más pobres un peso adicional y que seguramente no resistirían por mucho
tiempo, sino que además, comenzó a generar choques entre los grupos guerrilleros y la
comunidad rural. De ahí que los grupos guerrilleros tuvieron que buscar rápidamente otra
base económica para subsistir y continuar con sus luchas sin cargar el peso económico de su
existencia a los campesinos, ni hacerse enemigos de la población rural (Peñate, 1999).

El primer grupo en implementar la estrategia del clientelismo armado fue las FARC. La
estrategia empezó por poner las armas y su intermediación armada al servicio del sector de
los colonos, que en condiciones de pobreza y necesidad, empezaron a llegar sin parar a la
intendencia de Arauca. Por medio del miedo, las amenazas y las armas, los grupos
guerrilleros forzaron la asignación de recursos públicos para todo tipo de obras en las
veredas que fueran fieles la organización (de las FARC), lo que en palabras de Peñate (1999),
equivalió a “dejar de ser la vanguardia del proletariado para comenzar a ser la retaguardia del colono”.
Por medio de esta estrategia, primero las FARC y luego el ELN, buscaron crear relaciones
clientelistas a través de la satisfacción de las múltiples necesidades de los colonos. Al
parecer, y según lo han planteado algunas investigaciones, es muy posible que por la labor de
intermediación estas organizaciones se quedaran con un porcentaje, ya fuera de la misma
partida de las obras o a través del cobro a contratistas por concepto de recibir el permiso
para la realización de los trabajos (Peñate, 1999; Pearce, 2005).

Con el ánimo de lograr apoyo e identificación por parte de la comunidad, estos grupos
guerrilleros generaron múltiples estrategias, entre las que se podría mencionar, el llamar a su
frente número 10 (en 1980) Guadalupe Salcedo quien, como ya se dijo en el capítulo
primero, fue un insigne llanero de la revolución liberal que luchó por defender a las clases
más humildes del ataque del Gobierno conservador durante los años de la violencia en los
cincuenta (Barbosa Estepa, 1992). Así, al acostumbrado clientelismo político de la época, se
 

 
le sumó el clientelismo armado, que a diferencia del primero, utilizó las amenazas contra la
vida como mecanismo de control. Por este método, tanto funcionarios públicos como
privados, fueron obligados a obrar según la voluntad de políticos corruptos o de grupos
armados sin que para ellos hubiese existido justicia o un Estado que los protegiera y se
preocupara por sus vidas y las de sus familias. Años de violencia y muerte resultaron de esta
guerra que buscaba imponer con la fuerza de las armas voluntades y poderes para lograr
capturar la mayor renta petrolera. Las relaciones entre políticos y guerrilleros no tardaron
mucho en salir a la luz pública, y de un momento a otro, los medios de comunicación
denunciaron el nivel de poder que estos grupos al margen de la ley habían alcanzado en
espacios como alcaldías, gobernaciones y demás instituciones del Estado. Como muchos
araucanos lo comentan, para aquella época a los funcionarios públicos los ponía la guerrilla
y en la zona no se hacía nada si antes no había sido ordenado por ellos (Peñate, 1999;
Pearce, 2005).

El poder de la guerrilla en Arauca llegó a todos los espacios: a las Juntas de Acción
Comunal, a los políticos, al Gobierno, a las empresas petroleras y a sus contratistas. En
resumen, no hubo una organización que no hubiera sido tocada por la violencia y por los
sistemas de captación de renta petrolera implantados por estas organizaciones.
Investigaciones más profundas sobre el actuar de estos grupos al margen de la ley en Arauca
señalan que presuntamente para poder terminar el oleoducto Caño Limón - Coveñas, la
Asociación Cravo Norte tuvo que pagar a la guerrilla una importante suma de dinero, y que
después de ello, las voladuras del oleoducto fueron el mecanismo que estas organizaciones
encontraron para seguir viviendo de lo que en palabras de Peñate fue el “ordeño del sector
petrolero” (Peñate, 1999; Peñate, 1991). Sin embargo, por la gravedad de estas acusaciones en
este tema en particular, sigue abierta la discusión. El posterior desarrollo de los Contratos de
Asociación en Casanare se vio influenciado en muchos sentidos por las situaciones que en
  62

 
Arauca se desencadenaron durante el desarrollo del proyecto de Caño Limón. En el
siguiente aparte profundizaremos sobre más sobre los contratos de asociación Santiago de
las Atalayas, Tauramena y Piedemonte.

2.2.5. Entrada De BP A Casanare: Los Contratos De Asociación Santiago De Las


Atalayas, Tauramena Y Piedemonte

Un año antes de que se confirmara el hallazgo petrolero de Caño Limón, la empresa Triton
Energy, por medio del Contrato de Asociación Santiago de las Atalayas, obtuvo un bloque
de cerca de 160 mil hectáreas para adelantar una campaña de exploración en el Piedemonte
Casanareño (en el municipio de Aguazul). Sin haber obtenido resultados positivos, para 1986
Triton Energy entregó más de la mitad del área del bloque a su asociada Ecopetrol y tan sólo
conservó cerca de 70 mil hectáreas para continuar el proceso de exploración. Después de 5
años de infructuosa búsqueda, en 1987 Triton Energy traspasó el 40% de su participación a
la empresas BP35 (de origen Inglés), y otro 40% a la francesa Total con el fin de darle un
último aliento a la campaña de exploración. Dentro del nuevo arreglo, los nuevos asociados
aportaron los gastos de exploración y BP fue el operador (Segovia, 2011).

En Octubre del mismo año, BP empezó la perforación de pozo Cusiana 1, y desde entonces
fue víctima de los constantes ataques e incursiones de la guerrilla (del ELN en particular).
Pese a esto, para 1989 empezó la perforación del pozo confirmatorio Cusiana 2, pero por
problemas técnicos colapsaron las paredes del pozo y se abandonó. Sólo hasta 1992 finalizó
exitosamente este pozo confirmatorio del bloque de Santiago de las Atalayas, por lo que

                                                                                                                       
35
“Ya antes, en 1982-1983, BP había examinado la información de Santiago de las Atalayas sin mostrar interés. Cuando Triton reiteró
la invitación en 1986, el panorama colombiano había cambiado” puesto que ya se había descubierto Caño Limón (Segovia, 2011,
p.492).
 

 
posteriormente Triton traspasó a sus socios participaciones del 38%, 38% y 24% del
Contrato de Asociación Tauramena que, con la perforación del pozo Buenos Aires 1,
permitió establecer el tamaño del gran campo petrolero de Cusiana en 1993. Pocos años más
tarde se realizó el hallazgo de Cupiagua; los campos interconectados de Cusiana y Cupiagua
han sido los depósitos de hidrocarburos más grandes que se han conocido en la historia de
Colombia, y se estima que sus reservas alcanzaron los 2.200 millones de barriles de petróleo
equivalente. La campaña exploratoria del piedemonte Casanareño ha sido una de las más
largas, complicadas y costosas del país, dada la compleja geología del subsuelo y el hecho de
que el crudo se encuentra entre cinco y seis kilómetros bajo tierra, lo que es cinco veces la
profundidad de Barrancabermeja y el doble de Caño Limón (Segovia, 2011).

Durante la década de los setenta, las compañías ELF Aquinaine36 e INTERCOL, realizaron
sin éxito trabajos de sísmica y exploración petrolera en el corregimiento de El Morro. Los
trabajos exploratorios en El Morro se suspendieron durante un largo tiempo, y sólo hasta la
década de los noventa y con posterioridad a los hallazgos de Cusiana y Cupiagua, BP los
retomó dentro del proyecto de exploración del campo Floreña (que hace parte del actual
bloque Piedemonte), en donde sí obtuvo resultados positivos con la perforación del pozo
Floreña A. Este pozo irónicamente está ubicado a escaso ochenta metros del pozo Morro 1,
que fue el primer pozo perforado en los años setenta por INTERCOL. Entre 1997 y 1998
se perforaron 3 pozos en el área de El Morro, con el objetivo de establecer el tamaño de un
potencial gran yacimiento que resultó no ser de la magnitud esperada, por esta razón, las
actividades que inicialmente se pensaron desarrollar en el área de El Morro disminuyeron, y
el campo sólo se volvió a reactivar hasta el año 2000 (Rodríguez Solano, 2015; Poveda,
2015).
                                                                                                                       
36 Actualmente conocida como Perenco
  64

 
Hasta este punto, se han desarrollado cronológicamente, y en paralelo, tanto la historia de la
población de El Morro, como la historia del petróleo desde sus orígenes y hasta su llegada a
Casanare y a este corregimiento. En el siguiente capítulo, veremos cómo estas dos historias
se cruzan y cómo se inician los primeros choques entre estas dos culturas, que como hasta
ahora se ha visto, se han desarrollado en circunstancias y contextos completamente
diferentes.

 
CAPÍTULO 3: EL ENCUENTRO DE DOS MUNDOS & LA
TRANSFORMACIÓN DE UNA SOCIEDAD CAMPESINA EN
SOCIEDAD OBRERA

En los capítulos uno y dos se ampliaron los contextos sobre los que se desarrollaron tanto la
comunidad de El Morro como la industria del petróleo. En este tercer capítulo se analizará el
momento en que se encuentran estos dos mundos, así como los cambios que se empezaron
a generar a partir de ese momento, tanto al interior de la comunidad como en sus relaciones
con las élites locales y con los demás grupos que empezaron a entrar en el territorio.

3.1 EL ENCUENTRO DE DOS MUNDOS


El inicio de la explotación petrolera en El Morro empezó a sentirse y a verse con la llegada de
enormes taladros, antenas, sistemas de comunicación, lujosos vehículos, helicópteros y todo
tipo de artefactos tecnológicos. En un corto periodo de tiempo, los habitantes de este
aislado y olvidado territorio, se vieron rodeados de la abundancia y la tecnología que ni en
sus más remotos sueños hubieran llegado a imaginar. La opulencia económica con la que
llegó la compañía, contrastó bruscamente con la escasez y las necesidades de los pobladores
del área (Rodríguez Solano, 2015). En el siguiente relato, la líder de El Morro Fanny Núñez
da cuenta tanto de la realidad económica previa a la entrada de la industria, cómo de la
percepción que la compañía generó en la comunidad:

Cuando yo llegué a El Morro en el año ochenta y uno, no había ningún indicio de que hubiera petróleo, la
única expectativa de trabajo era el acueducto de Yopal, haciendo la represa que queda en la Tablona. Esa
era la única fuente de trabajo, y lo del campo, rocería, siembra, desyerba de fincas, bueno, todo lo que es del
campo y nada más. Años después fue cuando vino a resultar eso de la petrolera (…) La gente al principio se
conformaba con el regalito, con la paseadita en el carro, un carro fino, porque ellos sí traían unos carrazos, en

  66

 
esa época nos parecían divinos; imagínese acostumbrados a viajar colgados en la parte de atrás, tenidos del
repuesto, y después llegan y lo suben en un carro lujoso con aire acondicionado, eso nos hace creer que es muy
bueno, que la tal Compañía tiene mucha plata. Imagínese, dizque a un funcionario le ponen un carro para
que lo lleven de un lugar a otro. (Vargas Barón, 1997, p.99-100)

Encandilados con todo el gran despliegue tecnológico y económico que llegó con la
industria del petróleo, los pobladores de El Morro al principio sólo se limitaron a ver y a
tratar de entender lo que pasaba a su alrededor, e incluso se puede decir, que aunque la
actividad petrolera se daba de facto en el mismo lugar físico donde transcurría la vida de los
habitantes del corregimiento, era como si todo el desarrollo petrolero fuera de otro mundo,
de otra dimensión. Al principio, las actividades petroleras no fueron de mucho interés para
la comunidad, ya que la gente veía que los trabajos petroleros eran bastante complejos y
lejanos a sus conocimientos, y porque además estaban mucho más interesados en el
desarrollo de las actividades agropecuarias, que era de donde generaban su sustento y sus
pocos ingresos (Holguín, 2015; Rodríguez Solano, 2015). Para procurarse los medios de
subsistencia, los pobladores de El Morro además de sembrar la tierra, intercambiaban con
vecinos trabajo por trabajo o un producto por otro, dentro de un sistema económico
netamente rural. Para aquella época, el dinero era más bien escaso y los salarios muy bajos,
no sólo porque no existían muchas fuentes de trabajo, 37 sino porque tampoco existían
muchos sitios donde comprar.

Por otra parte, a su llegada la compañía vio en la comunidad de El Morro a una comunidad
campesina muy pobre, que vivía en medio de muchas necesidades, y cuyos habitantes, en su
mayoría con muy pocos estudios o completamente analfabetas, no estaban en la capacidad
de prestarle ni la mano de obra, ni mucho menos los servicios que para ese momento
                                                                                                                       
37Entre las que se contemplaban limpias con machete, desyerbe, rocería, siembra, mantenimientos de cercas y una que
otra oportunidad de trabajo en ganadería.
 

 
requirió. En vista de la falta de experiencia, eficiencia, y adaptación de los locales al
desarrollo de las actividades petroleras, la empresa optó por traer obreros de áreas como
Barrancabermeja, en donde ya había gente con las habilidades, la experiencia, y el ritmo de
trabajo que la industria del petróleo demandó (Holguín, 2015; Rodríguez Solano, 2015).
Aunque es innegable que la compañía a su llegada mostró interés en mejorar la calidad de
vida de los habitantes de la zona, y que realizó grandes esfuerzos tanto económicos como
humanos para mejorar su proceso de incorporación en la región, también es cierto que a su
llegada desconoció las complejas dinámicas sociales, políticas y económicas que
predominaban en el área, y que incluso se aisló de la realidad local, al adoptar en lugar de lo
primero, un enfoque de relacionamiento de corte paternalista y que no le permitió
dimensionar los impactos económicos, políticos y sociales que con sus actividades causó,
tanto en El Morro como en el resto de la región (Castillo Barón, 2015; Ortegón, 2015;
Pearce, 2005).

Las marcadas diferencias entre los ingresos que ganaban los obreros del sector petrolero y
los campesinos de la zona propiciaron la migración de la mano de obra del sector campesino
al sector obrero; esta situación posteriormente tuvo importantes repercusiones tanto en la
dimensión económica como en la dimensión social de esta comunidad y de la región, en el
siguiente aparte profundizaremos más sobre cómo inició esta transformación.

3.1.1. De Campesinos A Obreros

Como ya se mencionó en el capitulo uno, la mayoría de familias que poblaron El Morro


llegaron de pueblos boyacenses vecinos, y en muchos casos desplazadas por la violencia de
los años cincuenta. Estas familias que se establecieron en El Morro durante el periodo previo
a la llegada de la industria del petróleo tuvieron una economía que podría llamarse de

  68

 
subsistencia, y que requirió del aseguramiento de unas condiciones sociales, culturales y
ambientales mínimas que las mantuvieran alejadas de la pobreza total.

Para garantizar estas condiciones mínimas para la subsistencia y no caer en la zona de total
pobreza, era fundamental que las unidades familiares lograran entre otras cosas, asegurar el
acceso a la tierra, y a unos recursos naturales mínimos como agua, plantas, fauna y madera,
que les garantizaran la satisfacción de unas demandas básicas de comida y vivienda. De la
misma manera, el lograr una seguridad alimentaria para la subsistencia implicó el uso de
prácticas agrícolas ancestrales y culturalmente arraigadas como la tala y la quema, que por
generaciones mostraron probabilidades muy bajas de pérdidas que pudieran llegar a poner
en peligro la subsistencia de la familia (Scott, 1976; Rodríguez Solano, 2015; Poveda, 2015).

Dado que incluso al utilizar las prácticas agrícolas más seguras era posible tener imprevistos
que comprometieran la seguridad de la subsistencia, estas familias también desarrollaron una
serie de acuerdos y arreglos sociales, que llegado el momento, pudieran amortiguar los
impactos que trajeran las épocas de escases o de pérdidas. Una de las estrategias que se
utilizó en materia social, fue la de crear organismos comunales que fueran capaces de
proveer con ayuda externa a las familias que habían caído en dificultad, y que pudieran
brindar un apoyo al grupo familiar que se encontrara en desgracia o necesidad, mientras se
recuperaban y encontraban la manera de volver a estabilizarse y asegurar de nuevo la
subsistencia familiar. En ese sentido muchas organizaciones comunales se constituyeron
como estructuras de soporte y de apoyo a la seguridad social y familiar, y desde ahí tomaron
su poder y legitimidad (Scott, 1976).

Entre los principales roles asignados a la organización comunitaria estuvieron y aún están, el
regular las relaciones al interior de la comunidad, el propender por la justicia y la equidad, y
en línea con esto, que los grupos menos favorecidos o en mayor dificultad cuenten con
apoyo de los más pudientes y acomodados de la misma comunidad. La organización
 

 
comunitaria ha tenido por mucho tiempo la responsabilidad de buscar mecanismos que
provean de seguridades a los miembros de la comunidad, alejándolos de las situaciones o los
factores externos que puedan dejarlos vulnerables frente a la pobreza. De la misma forma las
organizaciones comunales han tomado la responsabilidad de ser el mecanismo por el cual se
manejan las relaciones entre las élites de los hacendados, las clases más favorecidas y el resto
de la comunidad (Scott, 1976).

Lejos de este contexto, cuando la compañía empezó a desarrollar sus actividades en


Casanare, lo hizo pensando que su principal contribución a la región era la generación de
recursos para el pago de las regalías, que asumió serían utilizadas por los Gobiernos locales
para el beneficio general de la población. Esta idea dejó en evidencia que la compañía no
conocía ni entendía las dinámicas económicas, políticas y sociales38 del área, y por ende que
no era consciente de las dificultades y transformaciones que el desarrollo de una economía
petrolera generaría en la región, y que tampoco había previsto cómo se daría la integración
económica de sus actividades dentro del contexto económico local, que como ya se
mencionó era rural.

Específicamente en lo que concierne a la contratación de mano de obra, la primera acción


que tomó la compañía a su llegada a El Morro fue la de contratar obreros provenientes de
otras regiones como Villavicencio y Barrancabermeja, que como ya se mencionó, tenían
experiencia en este tipo de actividades. Cuando la comunidad local se dio cuenta de los
buenos salarios que ganaban los recién llegados 39 y empezaron a comparar esos ingresos
con su precariedad, decidieron inicialmente solicitar y posteriormente exigir y coaccionar a la

                                                                                                                       
38Para la compañía, fue toda una sorpresa encontrar una comunidad con matices tan boyacenses como la de El Morro en
los Llanos Orientales (Rodríguez Solano, 2015; Poveda, 2015; Holguín, 2015).
39
 Se estima que los salarios petroleros de entonces eran entre 3 y 4 veces el salario mínimo legal vigente.  

  70

 
compañía para que asignara a los habitantes locales todas las oportunidades laborales que
necesitaran para sus actividades. Las Juntas de Acción Comunal como era de esperarse, en
adelante se encargaron de velar por que los puestos de trabajo que se ofrecieran fueran
asignados a la gente local (Rodríguez Solano, 2015; Holguín, 2015).

De esta forma, la mano de obra campesina se empezó a movilizar hacia el sector obrero,
haciendo que el campo quedara prácticamente abandonado (Poveda, 2015). Los arreglos
sociales y económicos que hasta antes del petróleo habían prevalecido al interior de las
comunidades rurales, comenzaron a desbaratarse dado que el trabajo asalariado y la lógica
del capital había empezado a permear la esfera económica, y desde ahí había empezado a
modificar las esferas social política y cultural. Con la transformación de campesinos a
obreros, se modificaron los esquemas de relaciones que habían prevalecido hasta el
momento, así como la seguridad de la subsistencia básica y la seguridad alimentaria, que de
un momento a otro ya no estuvo más ligada al cultivo de la tierra, de donde se obtenía
directamente la comida, sino a la posibilidad de ganar un buen salario a través de un trabajo
en el sector petrolero. Esta nueva situación, dejó a la población local y nueva asalariada
vulnerable y expuesta a las fluctuaciones del mercado, que en adelante ya no sólo determinó
la calidad, cantidad y el tipo de productos a los que la gente pudo acceder, sino también la
disponibilidad de empleos y el valor de su trabajo (Scott, 1976; Poveda, 2015). A
continuación citamos algunos relatos de pobladores de El Morro compilados por Getulio
Vargas en su libro “Marroquín, El Morro Génesis de la Ciudad de Yopal” y a partir de los cuales
se puede percibir la mencionada transformación:

 
Cirilo Martínez: Habitante del Sector
(…) A estos pueblos le fue muy mal por la violencia desatada por la política, a punto que casi se acaban
por completo40. Es ahora, cuando las compañías petroleras están trabajando, que están volviendo a surgir.
De todas maneras la gente se vincula con las compañías petroleras, con la BP o con la que sea, por ahí
consigue como ganarse la vida, sea trabajando con ellas o vendiendo cosas a los trabajadores petroleros. Yo
creo que esto se va a volver muy grande. (Vargas Barón, 1997, p.110).

Gustavo Plazas: Habitante del Sector


(…) Cuando llegamos, el pueblo estaba arrasado, lo habían quemado. Nosotros pasamos de largo para la
finca, después de haber superado todos los obstáculos de ese camino de Labranzagrande a Marroquín. Fue
difícil porque veníamos con las camas, las ollas, la ropa, todo lo que teníamos sí nos lo trajimos al hombro,
pasamos cantidad de quebradas y caños que bajaban crecidos, que no daban paso. La mayoría de los que
llegamos de arriba, lo hicimos de la misma manera y por las mismas causas: la pobreza y la violencia,
buscando un horizonte de paz y de sobrevivencia41. Ya nos acomodamos, y conseguimos con qué comprar una
finquita y trabajar lo propio. Ahora se abre una luz de esperanza, la llegada de las compañías petroleras
constituye de todas maneras, un aliento de progreso. (Vargas Barón, 1997, p.111).

Elisio Vargas: Habitante del Sector


Por la cosa del petróleo ha venido mucha gente a fundarse; se ve mucho movimiento y gente trabajando, las
tierras que antes tenían poco valor, ahora son caras. Se pueden mercar en Yopal porque hay transporte o
toda hora, lo mismo se puede sacar la comida a la plaza, por lo único que se sufre es que no se consigue
quien trabaje en las fincas, eso le toca a uno solo. (Vargas Barón, 1997, p.118).

                                                                                                                       
40 Haciendo referencia a la violencia de los años 50.
41 ídem
  72

 
Epimenio Pérez: Habitante del Sector
Yo he vivido por aquí toda la vida y me ha tocado ver el morir y resurgir de esta población que en otras
épocas, fue blanco de inmisericordes ataques por el sólo hecho de ser sus habitantes militantes de uno u otro
partido. Ahora ya no queremos saber más de violencia viniera de donde viniera, queremos vivir en paz,
trabajar por Casanare y nuestras familias, eso queremos, que nuestros hijos no vivan con el temor
permanente de ofrecer sus vidas por ideales pendejos42. El Morro y Marroquín, volverán a resurgir, póngale
atención y verá. Con la llegada las compañías petroleras ya se están viendo nuevas cosas, el colegio de
bachillerato, por ejemplo, las escuelitas, el acueducto, el comercio, la alcantarillado, el transporte y por sobre
todo el trabajo, ahora ya la gente tiene que hacer y eso es muy bueno, porque de esa manera están ganando
plata para mantener a sus familias y eso es importante ¿no?. (Vargas Barón, 1997, p.129).

Como hasta ahora se ha ido evidenciando, la llegada de la compañía trajo cambios


económicos que a su vez impulsaron cambios en materia social. Otra de las más importantes
transformaciones que se dieron a raíz de la llegada de la industria del petróleo fue la
territorial, a continuación nos extenderemos un poco más en este aspecto.

3.1.2. Ordenamiento Territorial, Propiedad De La Tierra Y Medio Ambiente

Con la transformación económica y la llegada de tantos actores nuevos a la zona, la


reorganización del territorio no se hizo esperar. Antes de la llegada de la industria del
petróleo las actividades económicas más importantes eran las agropecuarias, pero con la
migración de la mano de obra hacia el sector petrolero, las actividades campesinas quedaron
rezagadas a un segundo lugar. La llegada de nuevas personas al corregimiento en busca de
los beneficios petroleros aumentó la demanda por pequeñas parcelas de tierra, ya que
hacerse a un pequeño terreno en un área de influencia petrolera concedía a los nuevos
                                                                                                                       
42 ídem  
 

 
propietarios los mismos derechos de los que gozaban los demás habitantes del sector en
temas como inversión social, turnos de trabajo y oportunidades de formación en el sector
del petróleo.

Hacia el final de la década de los noventa eran muy pocos los grandes poseedores de tierra
en El Morro, ya que como se mencionó en el capítulo uno, en un principio la tierra más que
un valor comercial tenía un valor de uso que se relacionaba con los productos que se
pudieran cultivar, y que principalmente se destinaban a la satisfacción de la demanda
alimentaria familiar. Según los viejos pobladores, muchos habitantes de El Morro con el
tiempo se fueron a vivir a Yopal, aunque conservaron sus predios y sus vínculos con los
pueblos de donde la mayoría eran oriundos en Labranzagrande, Floresta, Mongua, y
Sogamoso entre otros pueblos de Boyacá (Poveda, 2015).

Cuando la compañía llegó al corregimiento de El Morro a negociar los primeros predios, se


hicieron evidentes las enormes diferencias que había en los esquemas valorativos entre la
compañía y la comunidad. Por su parte la compañía estaba acostumbrada a los altos costos
con los que operaba su negocio, y al manejo de sus finanzas en dólares, por lo que ofreció a
los propietarios de las tierras que necesitó comprar altas sumas de dinero consecuentes con
sus esquemas de valoración, lo que representó para los propietarios de las tierras mucho más
de lo que para aquel tiempo y contexto hubieran podido cobrar. De esta manera, la
esperanza de que la compañía comprara la tierra a buenos precios, y de recibir los beneficios
que implicaba tener terrenos en las zonas de influencia petrolera, hizo que muchos de los
grandes poseedores de tierra no la vendieran a terceros, lo que ayudó a conservar en algo la
estructura de tenencia original. Por su parte, los pequeños poseedores se vieron tentados a
vender, ya fuera por las buenas ofertas que les hicieron o por su situación de necesidad. Esto
hizo que el grupo de pequeños propietarios que vendieron sus tierras se tuvieran que
  74

 
enfrentar con una realidad distinta de la de aquellos que conservaron sus propiedades
(Rodríguez Corredor, 2007; Rodríguez Solano, 2015). El relato que a continuación citamos
de la líder social Fanny Núñez recopilado por Getulio Vargas Barón (1997) refleja la
situación que vivieron algunos de los pequeños poseedores:

Yo le he propuesto a BP que le den una solución benéfica para los campesinos a quienes les compran la
tierra, porque ellos se van para la ciudad y no saben invertir los pocos o muchos millones que le dan por su
predio. Hace un año que estoy con esa cantaleta. Ellos no han parado bolas, los campesinos venden y se van
de aquí y se van hacer qué? a comprar un lotecito en Yopal que les vale siete, ocho millones en un barriecito
como el San Mateo y les toca vivir de qué? ¿de esperanzas? y a los pobres niños a desafiar un medio que no
conocen. Yo siendo una persona que tuvo una mediana educación la embarré, que esperamos de alguien
desubicado, ¿qué va hacer?. Yo no quiero ese destino para las demás personas (…) La compañía compra
mucha tierra, compra demasiada tierra. Hay finqueros que dicen: “les vendo pero no sólo el pedazo para la
carretera, les vendo todo, o nada”. Y entonces ellos tienen que comprarlo todo, y que van a hacer con todo ese
excedente de tierra?

Uno después de venderle a la compañía a veces caro, a veces barato, eso depende de muchas cosas, le es muy
difícil poderle comprar tierra los vecinos, pues ellos saben que uno le vendió a la compañía y ellos le quieren
vender bien caro. Hay personas que han salido engañadísimas. Venden su ranchita en tres millones de pesos
(así le pasó a una señora que vivía frente al puente de la Aguatoca), y esa señora qué va hacer con 3 millones
de pesos? para dónde va arrancar? seguramente la tierrita no le valía más, pero en esos casos la compañía
debería hacer alguna excepción y establecer mecanismos para que le puedan vender tierra de aquella que
compraron por obligación. Me preocupa que nuestra vereda se acabe y termine separando obligatoriamente
unas gentes que siempre vivieron unidas y que compartieron momentos de lucha y de dolor. (…) Pero uno
vende y le dicen: “ya les pagué, ustedes verán que hacen con esa plata”. Yo creo que por lo menos se nos
debía dar un cursito de cómo manejar el dinero, o algo por el estilo. La idea es que se queden, mientras
aprenden a manejar su plata. De todas maneras de una u otra forma saldremos adelante. (Vargas Barón,
1997, p105-106.).
 

 
El resultado del proceso de compra de tierras a los pequeños poseedores, y de la migración
de gentes de otras regiones hacia este corregimiento, fue un aumento en la demanda de
pequeños lotes en los bordes de las carreteras. A medida que los propietarios de las grandes
extensiones vendieron pequeños lotes al borde de la vía, se favorecieron desordenados
procesos de urbanización. La figura del arriendo que se daba muy poco o no existía antes de
la llegada de la industria, comenzó también a aparecer, y las familias del área vieron en el
sistema de arrendamiento una nueva forma de generarse buenos ingresos derivados
indirectamente del sector petrolero. Con el aumento de la población, crecieron los caseríos,
y con ellos, otros sistemas de captura de renta petrolera, tales como incipientes hospedajes,
restaurantes, bares, tiendas, estaderos y talleres, entre muchos otros negocios que
proliferaron por la vía principal, y que se crearon con el fin de captar de manera indirecta los
ingresos del petróleo, satisfaciendo las demandas y necesidades de los bien pagos
trabajadores de ese sector. Este fenómeno por supuesto modificó fuertemente el paisaje y la
organización del territorio.

Con el crecimiento de la población y los fenómenos de urbanización, las demandas en


materia de equipamiento básico, saneamiento, salud, vías y educación aumentaron. Así como
también aumentaron las presiones sobre el medio ambiente y sobre su capacidad de carga, 43
que se vio afectada por la falta de una adecuada disposición de aguas residuales, aguas

                                                                                                                       
43La capacidad de carga de un ambiente corresponde al tamaño máximo de la población o número de individuos que el
ambiente puede soportar sin efectos negativos y de manera indefinida (dado un momento determinado), teniendo en
cuenta las necesidades de dicha población en términos de alimento, agua, hábitat, y otros elementos necesarios para
vivir.

  76

 
negras, basuras, actividades de tala, quema, pastoreo, caza y pesca, y por el aumento en la
demanda de otros recursos como agua, tierra y fauna. Para los habitantes del sector estas
presiones sobre el medio ambiente se vieron reflejadas en una menor disponibilidad de
recursos que antes tomaban directamente de los bosques, los caños, la tierra y las quebradas,
y que después ya no encontraban con facilidad, por lo que en muchos casos lo que antes
simplemente tomaban de la naturaleza lo tuvieron que empezar a comprar (Poveda, 2015;
Vargas Barón, 1997; Baptiste, 2014). En particular la disponibilidad del recursos hídrico se
convirtió en la principal causa de conflicto entre la empresa y la comunidad, debido a que a
diferencia de otros recursos, el agua es indispensable y no es viable simplemente salir a
comprarla o remplazarla (Baptiste, 2014). A continuación citamos un fragmento de un
habitante del sector recopilado por Getulio Vargas Barón en (Vargas Barón, 1997), que
refleja parte de la percepción de algunos habitantes en materia de accesibilidad a los recursos
naturales.

Segundo Pérez: Habitante del Sector


Antes había mucha cacería, muchos montes, pescado, pero ahora con tanta gente ya no queda nada y todo nos
toca comprarlo. (Vargas Barón, 1997, p.130).

La destrucción del medio ambiente, la profundización y contaminación de las aguas, la


desaparición de afluentes, la contaminación por quema de gas en las teas, la esterilidad de los
suelos y los deslizamientos, son entre otras las acusaciones que con mayor frecuencia se
hacen en contra del desarrollo de proyectos petroleros (CINEP - COSSPAC, 2009). Sin
embargo, son más los escándalos que se desatan en los medios de comunicación, que las
investigaciones que realmente se han hecho para encontrar sí las múltiples denuncias tienen
piso o no. No se puede dejar de mencionar que alrededor del tema petrolero hay muchos
intereses económicos y políticos, y que el medio ambiente en muchos casos se ha vuelto un

 
discurso, una excusa, y una bandera que permite a veces mejor que ninguna otra, un rápido
posicionamiento y visibilidad frente a los demás actores, llámense estos, Estado, empresas,
comunidad o medios de comunicación. Pese a lo relevante del tema, la verdad es que son
muy pocas las iniciativas y las organizaciones que de manera juiciosa han adoptado una
posición activa y objetiva, y que realmente se ocupan del asunto ambiental con seriedad.
Esta situación deja mucho que pensar de la real preocupación sobre las problemáticas
ambientales (Guerrero, 2014; Baptiste, 2014; Ortegón, 2015; Castillo Barón, 2015).

En respuesta a las acusaciones sobre los supuestos daños, las empresas han optado por
contratar estudios que los lleven a evidenciar sí hay o no lugar a las denuncias, y por
supuesto si procede o no la toma de medidas o incluso a pagos por indemnización. De aquí
que la mayor cantidad de información ambiental sobre Casanare haya sido generada y
financiada por las empresas petroleras y no por el Estado, lo que se ha convertido en un
inconveniente a la hora juzgar su desempeño ambiental frente a la opinión pública, pues
obviamente, para la comunidad es una situación en la que la empresa es juez y parte. De esta
forma, aunque la información exista y de hecho se contrate con los más importantes y
prestigiosos centros de investigación y universidades del país, el hecho de haber sido
financiada por el sector petrolero no permite que tales estudios y conceptos sean utilizados
para establecer si hay o no responsabilidad de las empresas sobre los daños que les son
imputados. Por su lado, las entidades del Estado encargadas del manejo de los temas
ambientales, además de no generar información, tampoco gozan de la credibilidad ni de la
confianza de la gente, por lo que tampoco han podido validar o invalidar ante la opinión
pública los resultados de las investigaciones que se hacen por parte del sector de los
hidrocarburos.

  78

 
De esta manera, los juicios objetivos y justos sobre los temas ambientales no han sido
posibles, ya que el asunto ha caído en un círculo vicioso, en el que no hay información, y la
que existe no se considera válida a la hora de establecer responsabilidades. En medio de las
pugnas, los shows mediáticos y la desinformación, han prevalecido más los intereses
particulares y políticos que las verdaderas intensiones de saber a ciencia cierta cómo es el
desempeño de las empresas petroleras, y cuál es la realidad de cada uno de los asuntos
ambientales que preocupan a las comunidades de la región (Baptiste, 2014).

La reconfiguración económica, social y territorial del área, afectó tanto las relaciones que
había entre los grupos sociales, como la balanza de poderes que hasta entonces había
predominado. En los siguientes apartes veremos algunas de las más importantes
reconfiguraciones sociales ocurridas en El Morro, así como los efectos que las nuevas
estructuras del poder tuvieron en el resto de la región.

3.1.2.1. Movimientos Campesinos & Organización Comunitaria En Un Contexto De


Transición Hacia La Industrialización
A principios de la década de los noventa, y al tiempo que BP inició sus actividades
exploratorias en El Morro, en Casanare se empezó a gestar un fuerte movimiento campesino
bajo el direccionamiento de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos - ANUC44.
Desde sus orígenes la ANUC tuvo como principal estrategia de crecimiento, la creación de
comités veredales campesinos, que de manera jerárquica se organizaron 45 hasta tener

                                                                                                                       
44La ANUC fue creada legalmente mediante el decreto 755 de 1967, y posteriormente reglamentada bajo la resolución
061 de 1968 durante la presidencia de Carlos Lleras Restrepo y en el marco de la implementación de la reforma agraria.
Algunos sectores sociales asocian la creación de esta organización con la necesidad que para entonces tenía el Gobierno
Nacional de contrarrestar la fuerza con la que los movimientos comunistas estaban jalonando a las clases más humildes
en toda Latinoamérica (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos - ANUC, 2015).
45 Lasorganizaciones veredales se agrupaban en Asociaciones Municipales (AMUC), que a su vez se organizaban en
asociaciones departamentales (ADUC), cuyos representantes hacían parte de la asociación nacional ANUC.  
 

 
representación en la organización nacional. La ANUC tuvo importantes logros durante sus
primeros años, entre los que estuvieron el llegar a agrupar cerca de un millón de usuarios
campesinos en 1970, y el participar de las juntas directivas de organismos estatales como el
Inderena, el Incora y la Caja Agraria. Pese a sus importantes logros, para 1971 y en vista de
que el gobierno aún no había realizado los cambios que el campesinado demandaba en
materia de reforma agraria, la ANUC por su propia cuenta empezó a promover
movilizaciones y tomas de tierras46 en varios departamentos del país. A raíz de estas acciones
se generaron choques entre la organización campesina y los terratenientes, quienes vieron
vulnerados sus derechos de propiedad. Los terratenientes y los sectores más conservadores
del Gobierno Nacional empezaron a tildar tanto a la ANUC como a algunos de sus
dirigentes de revolucionarios, subversivos y comunistas, lo que fue interpretado por la
ANUC como una posición represiva sobre el campesinado colombiano, y lo que a su vez
deterioró aún más las relaciones entre la ANUC y el Gobierno Nacional.

Con la posterior promulgación de la “plataforma ideológica de la ANUC” (Asociación Nacional


de Usuarios Campesinos - ANUC, 2015), el conflicto entre la organización campesina, el
Gobierno y los terratenientes se empeoró. Entre los temas incluidos en dicha plataforma se
encontraban, la expropiación sin indemnización de la propiedad tanto de los terratenientes
como de las tierras ocupadas mediante concesiones del gobierno a extranjeros, el
establecimiento de un límite racional a la propiedad que una persona natural pudiera poseer
dentro del país, la liquidación de todo tipo de servidumbres, la abolición de la importación
de excedentes agrícolas norteamericanos, el otorgamiento y devolución de tierras por parte

                                                                                                                       
46 Se estima que a partir de 1971 se realizaron alrededor de 316 tomas de tierras en 13 departamentos del país. Sólo con
la primera movilización los campesinos retomaron 1250 haciendas y latifundios considerados improductivos (Asociación
Nacional de Usuarios Campesinos - ANUC, 2015).
 

  80

 
de los latifundistas y el Estado a las comunidades indígenas y a los campesinos, el total
respeto a la ocupación de latifundios por parte de campesinos y por tanto la eliminación de
la intervención militar en los problemas de tierras, y una reforma tributaria mediante la
aplicación de medidas tendientes a gravar drásticamente a los grandes capitales. En
definitiva, si bien la plataforma ideológica sobre la que avanzaba la ANUC era consecuente
con las necesidades históricas del campesinado colombiano, también contenía una fuerte
dosis del discurso revolucionario que para la época, y en medio de la batalla mundial entre
capitalismo y comunismo, atentaba contra los intereses de las élites y de los grandes
terratenientes, lo que en aquel contexto implicaba cierto nivel de simpatía con los ideales
insurgentes (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos - ANUC, 2015).

En Casanare, la consolidación de la Asociación Departamental del Usuarios Campesinos


(ADUC), se dio hacia 1992 (para el mismo instante que se dio el hallazgo de Cusiana) y fue
liderada por el líder social Carlos Arreguí. Para 1993 Casanare ya reportaba 9 asociaciones
municipales de usuarios campesinos, en Villanueva, Maní, Chámeza, la Salina, Sácama,
Aguazul, Paz de Ariporo, Hato Corozal, y Yopal. Específicamente en el área de El Morro, la
ADUC promovió bajo la plataforma ideológica ya mencionada, programas de capacitación
en política social y en temas campesinos, y también trabajó en articulación con sectores
cívicos y sindicales que se habían empezado a formar. La ADUC empezó a articular tanto a
las organizaciones como a sus causas, y a catalizar los procesos de lucha por la redistribución
de la tierra, y la reivindicación de los derechos de trabajadores y campesinos, convirtiéndose
en un actor con poder político, capacidad de movilización social, y con una propuesta
política local. Bajo la plataforma ideológica y política de la ANUC y con su respaldo, en El
Morro se crearon organizaciones cívico-políticas como el Comité pro pavimentación de El
Morro, que posteriormente se convirtió en ACDAINSO (Asociación Comunitaria para el

 
Desarrollo Agroindustrial y Social de El Morro), y años después en ASOJUNTAS (CINEP -
COSSPAC, 2009; Holguín, 2015).

Bajo el liderazgo de las mencionadas organizaciones, se realizaron varios paros y bloqueos a


las actividades de BP en El Morro. Entre las exigencias que se le hicieron a la compañía,
estuvieron el modificar sus políticas de contratación y las condiciones laborales (a fin de
favorecer la mano de obra local), el profundizar en temas de inversión social, y el servir de
puente para que la comunidad de El Morro fuera atendida por el Gobierno municipal. La
siguiente entrevistas realizada por Getulio Vargas a la líder social Fanny Núñez permiten
entrever como fue el desarrollo de algunas de las situaciones anteriormente señaladas, así
como parte de los sentimientos, percepciones, expectativas y miedos, que los habitantes del
corregimiento de El Morro tuvieron frente a la llegada de la Industria del petróleo.

Fanny Núñez: Líder y Tesorera de ACDAINSO


(…) Vine a meterme en este cuento de la compañía, coincidencialmente. (…) La Junta anterior había
dialogado con la Compañía, ella colaboraba con una novilla, con regalos, pero la gente no sabía que era una
Multinacional. Multinacional es una cosa grande, pero ellos se conformaban con poco. (…) Empezamos a
no conformarnos con poco, ya le habíamos hecho a la compañía una exigencia, que nos arreglara el camino.
Ellos no querían y nos argumentaban, que no se podía, porque ese no era su compromiso. La gente se
disgustó, viendo pasar esa carramenta y la carretera se nos derrumbaba en el Viejo47 y nos tocaba con pica y
pala destaparla, porque la gobernación no tenía disponibilidad de máquinas, tocaba hacer mandatos,
destapar cunetas, hacer todas estas obras que eran del Estado, pues no se nos atendía y a nosotros nos
tocaba trabajar, o dejar nuestros productos tirados. Había entre siete y hasta ocho derrumbes en un invierno.
Entonces no nos quedó otro recurso que pelear por nuestra vía. Lo hicimos y logramos que se nos atendiera;
pero no fue muy fácil, le cuento, eso fue un chicharrón muy duro. Luchamos y triunfamos.

                                                                                                                       
47El “Viejo” es un punto específico sobre la vía que conduce de la marginal de la selva hacia El Morro y en donde existe
una inestabilidad del suelo que hace que frecuentemente se presenten derrumbes.
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Nos invitaron a una reunión. La gente estaba furiosa porque pasaba la maquinaria, y los vehículos para
Floreña A., y no arreglaban la vía. Cuando perforaron Pauto A., protestamos por ese nombre y un señor
decía con toda la razón: “Esto es inconcebible que le hayan colocado el nombre de Pauto48, cuando pasa
cerca es el río Cravo y eso es tratar de cambiar nuestra geografía e historia”. Todos estaban inconformes con
lo que estaba sucediendo abajo: no habían arreglado ni siquiera la vía a la Vega, eran unos hueconones
horribles. El transporte cotidiano de la vereda en esa época dañaba muy poco la carretera, pero la gente la
arreglaba, o los mismos transportadores hacían sus mandatos, y pagaban jornales que arreglaban el paso
para no dañar sus carros; claro, eran viejísimos!.

En una oportunidad nos invitó la Multinacional a una reunión en El Morro y empezamos a darles
madera, (…), alguien dijo la palabra “Paro” y todo mundo voltió a mirar, querían saber quién lo había
dicho, les cayó en gracia la palabra paro y pumm!!.. estalló la vaina. “Formen un comité para negociar”,
dijeron y preciso! Una señora dijo: “Postulo a Fanny Núñez”. (…) así fue que me involucraron en el
cuento, nombraron delegados de todas las veredas y nos pusieron ese trabajo tan duro, no sabíamos cómo lo
íbamos a realizar, lo cierto fue que la misma gente dijo “Sí, vamos a entrar a Paro” y ese mismo día
empezó.

Nos fuimos organizando poco a poco. Con las experiencias pasadas, fuimos mejorando y hasta ese momento
se le cambió el nombre a ese comité de pavimentación y ahora es ACDAINSO, una asociación con
personería jurídica legalmente constituida y de la cual hacen parte las 17 veredas. Quienes lo integran están
dando lo mejor de sí para la comunidad. Nos ha ido muy bien, la Compañía nos atiende, poco más o menos
bien, hemos logrado el Colegio, se han logrado muchas cosas (…) la presión y exigencias ejercidas a la
Compañía, los ha hecho comprender que tienen una obligación con nosotros. Afortunadamente han
cambiado y también nuestra forma de vida. (…) ahora con el Plan de Desarrollo Veredal, esperamos que
se haga un trabajo más grande, más amplio. En este momento las relaciones son buenas. A veces discutimos
pero nos entendemos.

                                                                                                                       
48Pauto es el nombre e un río ubicado en el norte de Casanare y que separa a los municipios de Nunchia y Pore, y a los
de San Luis de Palenque y Trinidad.    

 
(…) En cuanto al futuro, a esto le falta mucho. Sinceramente, yo sé que con lo que se ha logrado, hemos
avanzado y obtenido buenos resultados. Pero infortunadamente El Morro no es un municipio, y las regalías
se las lleva Yopal, (…) Lo expuesto nos obliga a conseguir un mecanismo rápido y oportuno. De lo
contrario El Morro irá a desaparecer, no obstante todas las obras que hay hoy. Hay un temor de violencia,
prostitución, bueno cantidades de vainas que no quisiera pensar, porque cuando lo hago resulto llorando. Ya
se están viendo situaciones que no comparto. (…) Ojalá que no vaya a haber tanta prostitución y que en
cambio de ella tengamos mejor educación para nuestros hijos y lograr que al campesino lo tengan en cuenta.
(…) Mi meta es bregar hasta donde me alcancen las fuerzas para que El Morro no vaya a desaparecer, ni
que sea lo mismo que es Tauramena. Que logremos bienestar, desarrollo, educación y no se cuantas cosas
más.

(…) Con Alejandro Rodríguez,49 Fernando Villegas y Gilberto Arteaga, tenemos buena amistad. Pero
una cosa es la amistas y otra los intereses de la comunidad. Yo no he mezclado las dos cosas. Ellos dialogan
con nosotros, nos preguntan nuestro punto de vista. La verdad hay que dar las gracias, es lo que hemos
hecho. Lo que está bien lo reconocemos, lo agradecemos, lo que esté mal, siempre le seguiremos criticando y
así sucesivamente (…)”.

(…) La construcción de la base sí es un tema muy duro. Es el CPF piedemonte Fase 1. Pues la verdad es
que no estamos muy preparados para eso, aunque somos conscientes de que se va a realizar; pero no
queremos despertar expectativas todavía, estamos dándole tiempo, como diciendo: no destapamos este regalo
porque puede ser destructivo o maravilloso. No queremos destaparlo, sabemos que está ahí, pero todavía no
nos metemos con él, aunque lo justo sería destaparlo y enfrentar lo que viene, pero el miedo no nos ha dejado
sentarnos a negociar” (Vargas Barón, 1997, p.100-104).

Como se puede apreciar en los anteriores relatos, los cambios que la industria propició en
los aspectos sociales y económicos, generaron esperanzas y expectativas de progreso y
prosperidad en la comunidad de El Morro. Estos anhelos de una vida sin conflictos, sin
                                                                                                                       
49Alejandro Rodríguez ha sido el represéntate de la compañía (antes BP y ahora EQUIÓN) para el manejo de las
relaciones con las comunidades.
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violencia, en paz, sin tantas dificultades, y en la que pudieran gozar de mejores condiciones
de vida y oportunidades para subsistir, se estrellaron con otra realidad, una que les trajo
nuevos actores al territorio, así como nuevos conflictos y disputas por el manejo del poder y
el manejo de las oportunidades petroleras. Por su parte, la compañía entró al área con
muchas prevenciones50 que se originaron por el conocimiento de las incursiones del ELN a
la zona. Así, en medio del mutuo desconocimiento, el asombro, las incertidumbres, las
prevenciones y los miedos, se comenzó a construir una relación que rápidamente encontró
sus primeros tropiezos. En el siguiente fragmento abordaremos los conflictos que se fueron
tejiendo en torno al manejo del poder y la captura de los recursos petroleros.

3.1.3. Grupos Al Margen De La Ley, Violencia Y Lucha Por El Poder

Las fuerzas insurgentes que por más de una década mantuvieron el control de las áreas
petroleras en Arauca, se movilizaron para hacer lo propio en las nuevas áreas petroleras de
Casanare. Con la expectativa de seguir con su crecimiento político, social y económico, para
principios de los años noventa nuevos frentes del ELN tuvieron una fuerte presencia en
municipios como Hato Corozal, Yopal, Aguazul y Paz de Ariporo (CINEP - COSSPAC,
2009). Para el final del siglo XX y el comienzo del siglo XXI, empresas petroleras,
organizaciones campesinas y grupos insurgentes, habían llegado a reclamar un lugar en el
territorio del corregimientos de El Morro, y la comunidad se vio obligada a adaptarse sin
acompañamiento del Estado a esta nueva situación. El Gobierno Nacional en un intento por

                                                                                                                       
50 Frente a las acusaciones que para finales de la década de los noventa se le imputaban a BP, una investigación
realizada por el grupo Inter-agencias de Oxfam, Christian Aid, Ciir y Cafod; concluyó que no había evidencia de actos
ilícitos intencionales por parte de la compañía frete a los cargos que se le imputaban, pero que no obstante; BP había
permitido que sus problemas de seguridad dominaran su entendimiento de la dinámica de la región, optando por no
saber lo que estaba sucediendo en Casanare, y limitándose a oír a quienes parecían sus aliados naturales, como las
fuerzas armadas y la élite política. Se presumió incluso que la oficina de asuntos exteriores británica había aconsejado
mal a BP, ya que esta oficina hasta finales de los 90 no reconocía el papel de la violencia paramilitar en Colombia
(Pearce, 2005).
 

 
evitar que se repitiera la historia de Arauca en Casanare, decidió aumentar la presencia
militar en el sector. El no haber contemplado junto con la primera estrategia una mayor
presencia de las demás instituciones del Estado fue un grave error que posteriormente tuvo
terribles consecuencias.

Mientras los nuevos actores se acomodaron en el piedemonte llanero, la sociedad


terrateniente que históricamente ejerció su poder desde las sabanas también se vio obligada a
reorganizarse en las partes bajas del Llano. Los gamonales y terratenientes que desde la
década de los setenta habían combatido por su propia mano la invasión de tierras y el robo
de ganado a través de las denominadas autodefensas, decidieron combatir de igual forma los
fenómenos de secuestro, robo y extorción que se empezaron a dar con la llegada de las
guerrillas que desde Arauca inmigraron al territorio. Las autodefensas campesinas, como se
les conoció hacia 1979, estuvieron comandadas en sus inicios por gamonales como Víctor
Carranza y Héctor Buitrago51 y posteriormente también fueron fortalecidas por personajes
como Gonzalo Rodríguez Gacha y otros narcotraficantes que compraron grandes
extensiones de tierra en las llanuras del Meta y Casanare, con el fin de crear nuevos
corredores estratégicos para sus negocios (CINEP - COSSPAC, 2009; Pearce, 2005; Molano,
2012).

Con la llegada de la industria petrolera a Casanare, se modificaron por completo las


relaciones de poder que por años se dieron entre las clases más humildes y las élites
terratenientes de los Llanos. Esta reorganización implicó la pérdida del poder político, social
                                                                                                                       
51El fenómeno paramilitar en Casanare se relacionó mucho con la inmigración de personas provenientes de las zonas
esmeraldíferas del departamento de Boyacá, las cuales contaban con una larga tradición de conformación de grupos
paramilitares (CINEP - COSSPAC, 2009).
 

  86

 
y económico que hasta entonces habían tenido los terratenientes y las figuras de los hatos.
Cuestiones como la tenencia de la tierra y la organización social se vieron amenazadas con el
desarrollo de movimientos de reivindicación social como los promovidos por la ANUC. La
presión sobre los grandes terratenientes a través de las bases sociales, aumentó en la medida
que estas bases sociales estuvieron cada vez menos sometidas a su poderío económico y más
expuestas a los discursos en contra de cualquier tipo de dominación y control. De esta
forma, el fenómeno del paramilitarismo que en un principio se creó como una estrategia de
defensa, posteriormente se transformó en un mecanismo para mantener el poder político,
económico y social de toda la región a través de las armas. Sobre este contexto, no es difícil
entender por qué las autodefensas tuvieron su accionar más fuerte justamente en los
municipios en los que la guerrilla o la ANUC tenía una mayor presencia y concentración
(CINEP - COSSPAC, 2009; Pearce, 2005; Molano, 2012).

De pronto, el piedemonte llanero volvió a ser el epicentro de la violencia de Casanare, y una


vez más se volvió a consolidar como una frontera, pero esta vez entre las fuerzas de
izquierda que se localizaron en las partes altas del departamento y las fuerzas de derecha que
se consolidaron hacia las sabanas. Durante la primera década del siglo XXI la polarización
de estas fuerzas llegó a su máxima expresión, y Casanare quedó por completo dividido en
dos. Los habitantes de las partes altas fueron tachados de guerrilleros, mientras que los de las
partes bajas fueron tildados de paramilitares. Las confrontaciones en los territorios limítrofes
cobraron miles de víctimas, y en medio de amenazas, limpiezas sociales, miedo y fuegos
cruzados, tuvo que acostumbrarse a vivir la población civil (Vicepresidencia de la República,
2006).

Si bien la guerrilla en Casanare jamás logró el nivel de poder que tuvo en Arauca, el
fenómeno del paramilitarismo sí lo logró. Al igual que lo hizo la guerrilla en Arauca, los
 

 
paramilitares en Casanare llegaron a apoderarse y a permear todas las estructuras políticas y
sociales de poder a través de la intimidación y el miedo. Políticos, funcionarios públicos,
líderes sociales, juntas de acción comunal, empresarios y contratistas, todos se vieron
forzados a cumplir las órdenes de estas organizaciones paramilitares. Al igual que en Arauca,
cuando en Casanare salió a la luz pública lo que se denominó “el escándalo por
parapolítica”, se hicieron visibles muchas de las formas en que el paramilitarismo fue tras del
poder y la captura y acumulación de la mayor renta petrolera. Regalías, contratos, turnos
laborales, servicios petroleros, y cargos públicos, no hubo actividad, privada o pública,
económica o política, que escapara de su control (CINEP - COSSPAC, 2009). En vista de
esto, sería un gran error limitar el accionar de los grupos paramilitares a una simple respuesta
en contra de las fuerzas de izquierda, la insurgencia guerrillera o la posibilidad de que estas
últimas llegarán a cobrar el poder y el nivel de intromisión que tuvieron en Arauca dentro de
los puestos del Estado. Por el contrario, el paramilitarismo fue en Casanare como la guerrilla
en Arauca, una manifestación de la patología social que se desencadena cuando en un
territorio rico en recursos carece de la presencia del Estado.

En medio de las fuerzas insurgentes, las fuerzas paramilitares y las fuerzas del Estado,
comunidades como las de El Morro, se vieron obligadas a lidiar en su día a día con un
conflicto que no les era propio, los civiles eran rehenes de la situación que se daba en su
territorio, y el tejido social y los lazos que antes los unieron, con la llegada de la violencia se
empezaron a deteriorar. Desde entonces, el corregimiento de El Morro se convirtió en un
área en donde han confluido tanto actores distintos, como distintos intereses, lo que ha
generado que el ambiente y las relaciones entre grupos sean de permanente tensión. El
conflicto por la captura de la mayor renta petrolera en este corregimiento, ha cobrado la vida
de más de uno de sus líderes y habitantes, y durante el periodo de finales del siglo XX y
comienzos del siglo XXI, perdieron la vida tanto líderes como población civil en general.
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De la misma manera que con la violencia de los cincuenta, la violencia de principios del siglo
XXI dejó una marca indeleble, y un profundo resentimiento en la comunidad local.

Como hasta aquí se ha visto, con el inicio de las actividades petroleras cambió la vocación
económica del territorio, llegaron nuevos habitantes a la zona y se generó una
transformación territorial. La llegada de grupos armados insurgentes también transformó la
organización comunitaria, las relaciones de poder y el tejido social. Los aspectos culturales y
de identidad de la comunidad de El Morro, y en general de Casanare, también se vieron
afectados con todas estas transformaciones. En los siguientes párrafos abordaremos estos
aspectos con mayor detenimiento.

3.1.4. ¿Perdida De Identidad O Una Identidad En Construcción?

Hasta donde hemos visto, la llegada de la industria del petróleo cambió por completo la
vocación económica de la población, el ordenamiento del territorio, la demografía y la
estructura social que hasta entonces había prevalecido. Como ya se mencionó, el primer
encuentro entre el mundo del petróleo y el de la comunidad fue bastante duro, sin embargo,
más duro aún fue el periodo de cambio y adaptación. Con la vinculación del primer personal
del área a las actividades de explotación petrolera, se dio inicio a un proceso de
transformación de la sociedad campesina en sociedad obrera, y se dieron los primeros
choques entre la cultura local y la cultura petrolera. Estos choques evidenciaron grandes
diferencias entre las lógicas y valores de la empresa y la comunidad.

El pasar de trabajar descalzos a tener que usar botas y cascos de seguridad, y el de tener que
tomar agua en vez de tomar guarapo, que era la bebida que tradicionalmente consumían
durante su jornada laboral, fueron sólo algunos de los cambios que generaron choque entre
la empresa y la comunidad y que marcaron el inicio del proceso de decampesinización
 

 
(Rodríguez Solano, 2015). Así como estos, muchos otros aspectos de la vida cotidiana de la
comunidad cambiaron teniendo un impacto en la dimensión cultural. Las adaptaciones tanto
por parte de la comunidad como de la empresa se fueron dando poco a poco y a fuerza de la
necesidad. Por un lado, la comunidad necesitaba asegurar un trabajo y un ingreso para
garantizar la subsistencia familiar, y por el otro la empresa necesitaba garantizar su
operatividad. Asuntos como los ritmos de trabajo, las costumbres de vida, la percepción del
tiempo y del espacio, la economía y la forma de ver y entender el trabajo, entre muchos
otros, hicieron visibles las primeras grandes brechas entre el mundo petrolero y el del
campesinado (Ortegón, 2015).

Fuera del espacio de trabajo, todo el entorno de estas comunidades también se transformó.
La decampesinización progresiva, la formación de caseríos, el crecimiento de la población de
las veredas, la migración de personas, y la proliferación de toda clase de negocios enfocados
a captar la atención de los trabajadores petroleros, fueron factores que contribuyeron a la
dilución de la cultura local. En un corto tiempo, y con las posibilidades de acceder con más
facilidad a un creciente comercio en los cascos urbanos más cercanos, se impusieron nuevas
costumbres y modas, y con ellas se empezó a afianzar el modelo del hombre petrolero, que
llegó para quedarse y para remplazar al modelo del hombre campesino y llanero.

El azadón, la soga y las labores de la tierra y del Llano, se cambiaron por los overoles, los
cascos y por las actividades del taladro, y la gente cambió el caballo por la moto y la moto
por el carro (Poveda, 2015). Desafortunadamente el modelo del hombre petrolero fue
relacionado mucho más con una cultura de consumo, excesos y acumulación, que impactó
de manera negativa la identidad de la gente de la región. Los excesos, la abundancia y el
dinero, terminaron por degenerar las frágiles estructuras sociales, morales y de valores de la
comunidad, y desde ahí también se vio afectada la esfera social y familiar (CINEP -
COSSPAC, 2009).
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Antes de finalizar la revisión de la transformación de la dimensión cultural, es interesante
notar que en el folclor llanero, así como en otras manifestaciones artísticas y culturales del
Llano, subyace cierta resistencia a aceptar los cambios que llegaron con el desarrollo
petrolero y con la nueva realidad agroindustrial, y que por ejemplo esta resistencia se
evidencia en las letras de las canciones llaneras, que aun están más relacionadas con el
quehacer del antiguo hombre llanero y con el viejo Llano que con el Llano de la actualidad.
Esto pareciera mostrar cierto tipo de resistencia o tal vez de atemporalidad en la aceptación
de realidad socioeconómica actual, así como frente a los cambios que se han dado en los
últimos 30 años en el contexto regional. Esta supuesta resistencia o tal vez atemporalidad, es
un tema que bien valdría la pena investigar con el fin de entender mejor el impacto que tuvo
la llegada de la industria petrolera sobre la dimensión cultural (Ortegón, 2015).

En la medida que hubo cambios en los aspectos económicos y sociales, y en la cultura y la


identidad, también hubo cambios en los aspectos políticos y en las relaciones con los
Gobiernos central y local. En los siguientes párrafos nos enfocaremos a revisar
puntualmente el rol del Estado dentro del contexto petrolero que hemos estado revisando.

3.1.5 Políticas Extractivistas, Ausencia Del Estado Y Debilidad Institucional

Como se ha visto hasta el momento los conflictos que se han dado en los Llanos desde la
época colonial han tenido en común: 1) la ausencia del Estado, 2) la imposición de políticas
y de modelos socioeconómicos extractivistas, 3) la concentración de las tierras y del poder
en manos de unos pocos que terminan por remplazar al Estado y 4) la no integración a la
población local en los proyectos para el “desarrollo” regional.

 
Como ya se mencionó en los anteriores capítulos, el modelo clientelista de los hatos siguió
reproduciéndose en los Llanos durante todo el siglo XX, y se continuó propagando en las
economías petrolera y agroindustrial que vinieron después. Como era de esperar, los
Gobiernos locales que se establecieron bajo este orden socioeconómico eran por naturaleza
gobiernos débiles, y que no gozaban del poder necesario para poder gobernar con
autonomía y libertad, entre otras, porque los candidatos a los puestos del gobierno eran
quienes necesitaban de los grupos poderosos para poder elegirse, y no los grupos poderosos
quienes necesitaban a los candidatos para poder gobernar (Arenas, 2015). De aquí que
además de gobiernos débiles, nunca se hubiera consolidado una clase política bien
estructurada y fuerte, que pensara en gobernar para todos y en procurar un mayor bienestar
para la sociedad. A continuación citamos un fragmento de la entrevista realizada por Getulio
Vargas Barón (1997) a la líder social Fanny Núñez, y que evidencia cómo es la relación entre
las autoridades locales y la comunidad del El Morro.

(…) El orden y la moral la pelearemos con el Alcalde, ya estuvimos hablando. Lo que pasa es que
él no ha sido muy afín con nosotros. ¡Ni con nadie! Nosotros hemos discutido mucho con él y con el
Secretario de Desarrollo. El cree que yo soy una persona muy terrible, muy grosera. Pero es que ellos
de verdad no han querido estudiar la problemática de El Morro, desde ningún punto de vista.
Viene cuando les conviene, pero cuando ven que la gente necesita algo ellos no aparecen por ningún
lado. Nos han dejado plantados en varias ocasiones. Un desplante que a mí todavía me duele y no
perdono fue que el señor Alcalde, citó un día a las 17 veredas a una reunión para estudiar la
problemática de la perforación en esta zona. Él nos había prometido en una reunión anterior que no
iba a dar a autorización de que se perforara mientras que no existiera un plan de desarrollo puesto
en marcha y ejecutado en un cincuenta por ciento. Claro, esas fueron unas promesas muy hermosas.
Ese día yo fui la primera en decirle “lo felicito Señor Alcalde”. A los ocho días convoco a otra
reunión, a la que no asistió. Este hecho me sacó de casillas, porque ese día que nos reunimos, a la
  92

 
misma hora en que él estaba reunido con los directivos de BP, en otro lugar, haciendo un convenio
por mil millones de pesos, para el acueducto de Yopal y dejó plantados a más de ochenta campesinos
que estábamos esperándolo.

El día de la primera reunión con el señor Alcalde sacó a Margarita Molina, le dijo “No tienen
porqué estar aquí funcionarios de BP”., y nos motivó a que demostráramos nuestro inconformismo.
“Como se van a dejar, - nos dijo – vamos a reunirnos para organizar todo para mejorar esto”. Y
ese señor nos dejó plantados, nos mintió. Recibió el cheque por los mil millones de pesos y se fue a
Bogotá y nos dejó con el Secretario de Desarrollo Comunitario. Ese fue un desplante muy horrible,
que no se le hace a ningún campesino, ni al más ignorante, ni al más bruto, ni al más..., qué le
dijera, es lo peor que se le puede hacer a una persona de una comunidad: engañarla. (Vargas
Barón, 1997, p.103).

De esta forma y durante mucho tiempo, los gobernantes en Casanare gobernaron para las
élites y para los que tenían el poder, y en esa medida fue iluso pensar que con la llegada del
petróleo y sus regalías todo sería diferente. Por el contrario, y como ya se mencionó, la gran
cantidad de recursos que llegaron a Casanare por concepto de rentas petroleras
desencadenaron una serie de luchas a sangre y fuego por el poder, que sumadas a la situación
política, la falta de gobierno y la ley del más fuerte, no pudieron generar un final distinto al
de la violencia que sacudió a toda la población desde finales del siglo XX. Desde esta
perspectiva, los fenómenos de corrupción, paramilitarismo y parapolítica que ya se
mencionaron, fueron consecuencias y no causas de un modelo social, político y económico
evidentemente errado, que partió del desconocimiento de la zona, y que no tuvo en cuenta
situaciones que el mismo Gobierno Nacional propició en el pasado, incluyendo situaciones
de olvido y abandono institucional.

 
Lo que ocurrió en Casanare es una réplica a menor escala de lo ocurrido en Colombia y en el
resto de Latinoamérica, en el sentido de que en los tres casos los sistemas socioeconómicos
surgieron de las cenizas de un antiguo sistema colonial. Lo que implica que el
aprovechamiento de los recursos se haga por parte de instituciones con mentalidad
extractiva y a través de políticas extractivistas que surgen en contextos de tremenda debilidad
institucional e inequidad, lo que a su vez perpetúa el modelo extractivista y un círculo
vicioso de pobreza, violencia y desigualdad52 (Acemoglu & Robinson, 2012). El último
segmento de este capítulo se ocupará de manera general de los fenómenos económicos que
llegan y que se desarrollan con la industria petrolera, y que ayudan a afianzar estos círculos
viciosos de pobreza, violencia y desigualdad. Entre ellos, la maldición de los recursos es una
tesis que combina fenómenos políticos y económicos en su intento por explicar por qué las
regiones con abundancia de recursos naturales como el petróleo, muestran paradójicamente
resultados adversos en materia de crecimiento económico y desarrollo social.

3.1.6. La Maldición De Los Recursos: Enfermedad Holandesa, Enclave Petrolero &


Rentismo

La Maldición de los recursos o la paradoja de la abundancia es un término utilizado para


referirse al fenómeno que se da en países o regiones que gozan de abundancia de recursos
naturales primarios como el petróleo, y que paradójicamente tienen un crecimiento
económico inferior al de países o regiones con menos, o incluso sin este tipo de recursos
naturales. Según la tesis de la maldición de los recursos, dentro de las causas de la
disminución del crecimiento económico está el fenómeno del mal holandés o enfermedad
holandesa, que en términos sencillos consiste en que ante la aparición de un fuerte sector
                                                                                                                       
52Para mayor detalle sobre economías, políticas e instituciones extractivistas ver capitulo 3 del libro “Por Qué Fracasas
Los Países” (Acemoglu & Robinson, 2012).

  94

 
primario como el petrolero, los demás sectores económicos se ven olvidados y
desfavorecidos, por lo que la economía de la región en su globalidad pierde competitividad.
El resultado de esto es una economía completamente volcada y dependiente de un sólo
sector económico, en este caso del sector petrolero, que por demás es completamente
vulnerable a factores externos como el precio del barril y las políticas petroleras
internacionales.

Dentro de este escenario, y al ser Casanare un departamento con unas reservas de petróleo
limitadas, es evidente que las consecuencias de depender sólo del sector petrolero pueden
ser nefastas. Desempleo, pobreza, delincuencia y violencia podrían fácilmente azotar a toda
la región en medio de un escenario internacional desfavorable para la explotación petrolera.
De llegar a ocurrir esta situación, la economía completa de la región entraría en una seria
crisis y en una profunda recesión (Palacios, 2010; Castro Leguizamón, 2012). La situación se
complica aún más, si a lo anterior se agrega que el desarrollo de la actividad económica
petrolera se ha dado en enclave, es decir, que mayoritariamente se ha desarrollado de manera
aislada del resto de la economía local. Este fenómeno salta a la vista cuando se ven las
enormes diferencias que hay entre el sector petrolero y los demás sectores, entre las
empresas que sirven al sector petrolero y las que sirven a otros sectores, e incluso, cuando es
posible diferenciar entre las personas que pertenecen al sector petrolero de las que
pertenecen a los demás sectores.

En países como Colombia y en regiones como los Llanos Orientales, los enclaves
socioeconómicos se relacionan con la presencia de altas inversiones extranjeras y con la
obtención de ingresos a partir de exportaciones, tal y como ocurre en el sector petrolero. La
economía de enclave se manifiesta a través de visibles diferencias entre el sector del enclave
(sector petrolero) y el resto del contexto socioeconómico. Por ejemplo, los elevados salarios
 

 
y la alta oferta de empleo del sector del enclave, contrasta perceptiblemente con los bajos
salarios y los bajos niveles de empleo o a veces desempleo que presenta el resto de la
economía en torno al sector del enclave. Otro aspecto que es evidente, es el uso de la más
moderna tecnología y en consecuencia de mano de obra especializada por parte del sector
del enclave, frente a la tecnología incipiente y muchas veces obsoleta que utiliza el resto de la
economía local, y que poco o definitivamente en nada utiliza algún tipo de mano de obra
especializada. La economía de enclave petrolero no se integra al resto de la economía por
múltiples razones, entre las que están la falta de oferta competitiva en el área, la falta de
experiencia, la falta de personal, y básicamente por la falta general de un entorno preparado
para soportar las demandas del sector industrial, que se desarrolla en un área cuya vocación
original es la agropecuaria (El Tiempo, 1997).

Los efectos de la economía de enclave en Casanare han sido negativos para la sociedad en
general, porque los términos que ofrece y las circunstancias que genera el sector del enclave,
han encarecido tanto los costos de vida para las personas que habitan las áreas de influencia
de los proyectos petroleros, como los costos para el desarrollo de las actividades del resto de
los sectores económicos. Particularmente la economía del corregimiento de El Morro se
modificó por completo con la llegada del petróleo, al pasar de ser agrícola y pecuaria a estar
volcada al servicio de la industria petrolera. La marcada tendencia, tanto en las comunidades
como en los gobiernos por la generación de ingresos sólo de la renta petrolera53 terminó por
eliminar el desarrollo de otros sectores económicos, y más grave aún, por acabar con la
seguridad alimentaria de un amplio sector de la población.

                                                                                                                       
53
“La renta petrolera se sustenta en el derecho de exigencia que tienen los estados petroleros a las empresas petroleras para reclamar parte de
su ingreso con base en la condición jurídica de la propiedad estatal del recurso” ( Castro Leguizamon, 2012).
  96

 
De la misma manera que la comunidad dejó de generar sus ingresos de las actividades de
siembra y cría de animales para reemplazarlas con los ingresos generados por los distintos
tipos de renta petrolera, el Gobierno también dejó de esforzarse por obtener ingresos
derivados de otros sectores económicos independientes del petróleo, y pasó a depender
únicamente de las regalías producto de la exportación. Además de la laxitud en materia de la
diversificación de las fuentes de ingresos, el Gobierno también consintió la pereza fiscal, por
lo que frente a la reducción de los ingresos por regalías,54 las administraciones locales se
empezaron a ver en serias dificultades para cumplir con sus responsabilidades básicas, para
enfrentar las crisis económicas de estas nuevas circunstancias, y para seguir con los altos
niveles de gasto público y contratación que se sostuvieron en el periodo de la bonanza
(Castro Leguizamón, 2012).

En el cuarto y último capítulo de esta trabajo tomaremos los elementos que se expusieron
durante los tres capítulos anteriores para mostrar cómo las relaciones entre la élite
dominante (terratenientes) de la región y el sector del campesinado cambió con la llegada de
la economía petrolera, y cómo las comunidades entienden el fenómeno petrolero desde
unas lógicas, principios y nociones de moralidad, justicia y equidad económica distintos de
los de la empresa.

                                                                                                                       
54La disminución de ingresos por regalías en Casanare se ha dado desde hace aproximadamente 4 años tanto por la
reforma a la ley de regalías como por la caída en la producción y los precios del petróleo.
 

 
CONCLUSIONES: EL DESARROLLO COMO UN DISCURSO

En los capítulos uno y dos de este trabajo se establecieron en paralelo los contextos
históricos sobre los que se desarrollaron tanto la comunidad de El Morro como la industria
del petróleo. A lo largo del tercer capítulo se analizaron los momentos posteriores al
encuentro de estos dos mundos, y cómo a medida que la industria propició las circunstancias
que generaron diferentes cambios en el territorio, la compañía y la comunidad empezaron a
chocar. En este cuarto y último capítulo se analizarán los cambios más importantes que se
dieron en las relaciones de poder entre la comunidad, las élites terratenientes, el Gobierno y
la fuerza pública, así como también se establecerán las diferencias que tienen la comunidad y
la empresa en sus lógicas, y en sus principios y nociones de moralidad, justicia y equidad
económica.

4.1. PRINCIPALES MODIFICACIONES IMPULSADAS POR LA LLEGADA


DE LA INDUSTRIA PETROLERA EN LA REALIDAD LOCAL

En los capítulos anteriores hemos podido ver algunas de las ideas y conceptos que se
impusieron con la llegada de la industria del petróleo al territorio de El Morro, así como
algunas de las modificaciones que se impulsaron a través de ellas. En los siguientes apartes
continuaremos ahondando en estas modificaciones, pero ahora en función de los cambios
más importantes que se dieron en las relaciones de poder entre la comunidad, las élites
locales, el Gobierno y las fuerzas del Estado.

  98

 
4.1.1. La Implantación De La Lógica Del Capital

Como se describió ampliamente en el capítulo tres, antes de la llegada de la industria


petrolera a Casanare y a El Morro la economía era esencialmente rural, y se cimentaba sobre
una premisa de subsistencia que implicaba evitar a toda costa los riesgos asociados a todo
aquello que pusiera en peligro los medios y los recursos para la subsistencia familiar.
Prácticas agrícolas y ambientales, y arreglos políticos, sociales, culturales y familiares, todos
fueron parte del conjunto de estrategias que le apuntaron a asegurar techo, alimento y una
mínima seguridad social55 a los miembros de la comunidad.

La llegada de la industria petrolera y su lógica capitalista rompió con el esquema de


seguridad para la sobrevivencia que hasta entonces había prevalecido, y lo remplazó por un
sistema enfocado en el dinero y la acumulación completamente nuevo para la comunidad
local. La llegada de la lógica capitalista modificó por completo la vocación económica y la
relación entre el medio ambiente y la gente, así como los arreglos sociales y políticos que por
años habían imperado (Scott, 1976). Con estas transformaciones económicas también
cambiaron las relaciones entre el grupo de la élite local dominante del gobierno y los
terratenientes, y los grupos dominados de campesinos y comunidad en general, esto obligó a
una reacomodación de todos los actores, y a la reasignación de los puestos de poder bajo la
nueva economía petrolera.

Como la tierra en vez de valor de uso empezó a tener valor económico, se dio una
reacomodación de los miembros de la comunidad de El Morro dentro de la estructura social.
Las familias que tenían y que vendieron a la compañía los predios más pequeños, en su
mayoría salieron del sector, mientras que las familias con los predios más grandes vieron
                                                                                                                       
55Para este caso entiéndase esta seguridad social como el conjunto de elementos que le aseguran el bienestar a una
familia rural y no como al sistema Estatal de seguridad social.

 
aumentado su capital al vender pequeñas o grandes extensiones de tierra a la compañía, y al
lotear los terrenos que tenían a los bordes de las vías para satisfacer la demanda de tierra que
se generó por los procesos de migración. El fenómeno de loteo en los bordes de las vías
modificó el ordenamiento territorial, de la misma forma, la entrada de migrantes y la salida
de antiguos pobladores modificó la comunidad y alteró el tejido social.

En la relación con el medio ambiente, la lógica capitalista reemplazó a la lógica que daba al
medio ambiente un papel fundamental para garantizar la subsistencia familiar, y bajo esta
nueva lógica, fue a través del dinero y no de la relación directa con el medio ambiente que se
accedió a los recursos necesarios para vivir. Las presiones que se generaron sobre el medio
ambiente por cuenta de las nuevas dinámicas, las migraciones y el cambio en el territorio,
afectaron la oferta de bienes y servicios ambientales, disminuyendo la calidad, cantidad y
disponibilidad de recursos accesibles para la comunidad, y afectando principalmente a
aquellas familias con menos oportunidades de acceder a ingresos petroleros, y por ende con
mayor necesidad de seguir tomando directamente de la naturaleza los recursos para
garantizar la subsistencia familiar.

Con la llegada de la lógica capitalista, el dinero se convirtió en el elemento central y en el


medio para garantizar la subsistencia de los miembros de la comunidad, al tiempo, las
estrategias agrícolas, de relacionamiento con el medio ambiente, con las élites, y con los
demás miembros de la comunidad se fueron relegando a un segundo lugar; de la misma
forma, la búsqueda del bien colectivo y las relaciones basadas en vínculos emocionales y
sociales fueron reemplazadas por la búsqueda del bien individual y las relaciones de tipo
legal. Con la llegada del sistema capitalista y los cambios que acabamos de mencionar, se dio
una obligada reasignación de los puestos de poder y una reorganización de los actores, lo
que modificó por completo la estructura social que había prevalecido desde mediados del

  100

 
siglo XIX y hasta finales del siglo XX. A continuación se revisarán algunos de los cambios
más importantes que se dieron sobre la estructura y la organización social, y en las relaciones
de poder entre la comunidad y las élites locales.

4.1.2. Principales Modificaciones Sobre La Estructura & La Organización Social

El posicionamiento del modelo del hato en la sabana y del modelo extractivista en el


piedemonte, fue el resultado de lo que se podría llamar el segundo proceso de colonización
de los Llanos, y que se dio con posterioridad a la campaña libertadora (ver capítulo 1,
sección 1.1). Estos modelos caracterizados por la concentración del poder en manos de unos
pocos y por la ausencia del Estado, generaron durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX
relaciones de tipo servil entre las clases más humildes y las élites dominantes de la sociedad
llanera (Barbosa Estepa, 1992). Del modelo latifundista que ejerció su poder desde las
sabanas, nacieron las relaciones clientelistas, el nepotismo y la red de compra y venta de
favores, que entre otros, son unos de los legados más fuertes del periodo de los grandes
hatos, al punto que aún hoy son evidentes en las relaciones entre los grupos más poderosos
y los más necesitados.

Desde esta perspectiva no es difícil ver lo lejos que estaba la empresa petrolera de imaginar
el panorama socioeconómico y político al que había llegado, y menos aún, de las luchas que
con motivo de su llegada se dieron años después. Con la trasformación de la vocación
económica de campesinos a obreros se diezmaron los trabajadores del sector agropecuario,
mientras que las filas de los nuevos obreros se empezaron a engrosar (ver capítulo 3, sección
3.1.1). El poder económico y político que tuvieron por muchos años los terratenientes y
hacendados, y que radicó en ser la única fuente generadora de trabajo, subsistencia y
economía en el Llano, poco a poco se perdió como resultado de la llegada de la industria
petrolera y con el proceso de transformación del campesinado. Rápidamente la industria del

 
petróleo desplazó por completo a la figura hegemónica del hato, y tomó su puesto como eje
económico y centro del poder, este proceso ocurrió tan rápidamente que no hubo tiempo
para que la gente se diera cuenta de lo que había pasado, y mucho menos para que
dimensionara las consecuencias que este proceso tuvo años después.

En la estructura socioeconómica del hato, los hateros o patrones, y en su ausencia sus


encargados, fueron quienes tuvieron el poder en la asignación de los puestos y
oportunidades laborales generadas a partir del trabajo de Llano, o de las necesidades de
cuidado y manejo del ganado y del mismo hato. Un amplio sector de peones, caporales,
mensuales, ordeñadores, vaqueros, caballiceros, cabresteros, cocineras y sirvientes, se
mantuvieron durante el periodo de los grandes hatos pendientes de la oportunidad de
desempeñarse en cualquiera de las actividades en torno a la economía ganadera, ya fuera
dentro del hato mismo, o de manera remota en las etapas de movilización y venta del
ganado. Vegueros y pequeños agricultores también subsistieron de manera indirecta de las
relaciones con el hato, e intercambiaron productos agrícolas por carne o por otros
productos o servicios que los grandes hacendados les pudieran ofrecer (Barbosa Estepa,
1992).

Con la llegada de las compañías petroleras y la movilización del campesinado hacia el sector
petrolero, se irrumpió en esta dinámica socioeconómica, y se cambió por completo tanto el
eje económico de los Llanos como su ubicación, se pasó de una economía basada en la
ganadería a una basada en la actividad petrolera, y del ejercicio del poder desde las sabanas al
ejercicio del poder desde el piedemonte, esto obligó a la reorganización de las estructuras
sociales, y terminó por dar a quienes tuvieron en sus manos el poder de repartir las
oportunidades petroleras el nivel de nuevos dueños del poder. Las compañías petroleras en
vista de la ausencia del Estado, entendiéndose ajenas al conflicto, y con el ánimo de no verse
involucradas en las disputas y conflictos que se comenzaron a dar alrededor de la
  102

 
distribución de las oportunidades petroleras, empezaron a interactuar sólo con los
dignatarios de las Juntas de Acción Comunal, esto en la práctica implicó que este grupo de
líderes comunales asumiera un rol equivalente al de encargado o dueño del hato, pero dentro
del territorio de la vereda.

De esta forma, el resultado de concentrar el poder del manejo de las oportunidades que
daban las compañías en unos pocos, y en un territorio que carecía de la presencia de las
instituciones del Estado, hizo que el modelo del hato con sus relaciones clientelistas, el
nepotismos y la red de venta y compra de favores se reprodujera al interior de la vereda y de
la estructura comunal.56 Así, muchos líderes comunales en medio de los cambios y de la
desorganización, terminaron en “el caciquismo 57 ” y consecuentemente afianzaron el
clientelismo que es su forma política de obrar58 (Barbosa Estepa, 1992).

Con el cambio de eje económico (de ganadero a petrolero) y de la ubicación geográfica del
poder (de las sabanas al piedemonte), algunos miembros de las élites terratenientes optaron
por la conformación de grupos armados ilegales para recuperar el control económico,
político y social, y tras de ello llegó la violencia, que tanto en el caso de Casanare como en el

                                                                                                                       
56 Para profundizar más en la cultura del hato se sugiere ver el documento de Reinaldo Barbosa. (Barbosa Estepa, 1992)
57 Es interesante notar que dentro del sistema caciqueril y en palabras de Barbosa “se le dan al pueblo las cosas ya pensadas; y
con ello se reemplaza la ausencia de organización (…) el caudillo caciqueril sustituye al individuo y al colectivo, condicionando su voluntad”
(Barbosa Estepa, 1992).  
58
 Es pertinente notar que a diferencia de la zona de sabana, donde con más fuerza se consolidó el modelo del hato, el
piedemonte ha sido históricamente el sitio que ha recibido a los diferentes grupos de inmigrantes desde los tiempos de la
conquista, y en donde se han dado las primeras interacciones entre los  hombres de los llanos y los del interior del país,
consolidándose como punto de encuentro entre lo que por muchos años se llamó las salvajes zonas de las sabanas y la
“civilización” (Barbosa Estepa, 1992). El piedemonte Casanareño por siglos ha incorporado elementos nuevos a las
dinámicas sociales, culturales y económicas de los llanos, de ahí que los fenómenos del piedemonte sean muy complejos,
y que para entenderlos sea necesario observar también la influencia de otras fuerzas, actores y fenómenos externos.  
 

 
de Arauca buscó la captura de la máxima renta petrolera, así como del control sobre las
dinámicas, políticas económicas y sociales en la región (ver capítulo 3, sección 3.1.3.).

4.1.3. Principales Modificaciones En El Relacionamiento Entre La Comunidad Y El


Gobierno Nacional Y Local

Es importante recordar que después de perder su poder como centro administrativo en


1942, El Morro fue olvidado y relegado a un segundo plano tanto por el Gobierno Local
como por el Gobierno Nacional, y que esta comunidad se mantuvo olvidada durante
décadas, hasta que los hallazgos petroleros de la década de los noventa pusieron de nuevo a
este territorio en el foco de atención. El siguiente relato de la líder social Fanny Núñez,
recogido por Getulio Vargas (1997), evidencia el sentimiento de esta comunidad sobre su
situación antes y después de los hallazgos petroleros.

Fanny Núñez: Líder y tesorera de ACDAINSO


Éramos lo peorcito, lo más bajo, y si querían ridiculizar a una persona, no era más sino decirle que era
morreña. Las autoridades pensaban que no valíamos la pena. Ahora todo el mundo dice y quiere ser de El
Morro, todos quieren tener algún vínculo con este lugar. Mire cómo son las cosas, anteriormente nada
teníamos diferente a abandono, pero nos hemos logrado abrir un campo, vimos las necesidades, y reformamos
la junta de acción comunal. (Vargas Barón, 1997, p.97).

La comunidad de El Morro entendió rápidamente que bajo este nuevo escenario petrolero, y
a diferencia de muchas otras comunidades en situaciones similares a la suya, en la empresa
tenía un puente efectivo para lograr la atención tanto de los Gobiernos locales como del
Gobierno Nacional. De esta manera el mecanismo de relacionamiento con las autoridades
se comenzó a transformar, y tomó una dinámica que desde entonces se ha mantenido igual.
En esta dinámica, cuando aparece una necesidad sentida por la población local en asuntos
como vías, educación, salud o servicios públicos, un grueso sector de la población se
  104

 
moviliza a bloquear las actividades de la compañía, en vista de esto, la compañía mueve sus
influencias para lograr la atención de la autoridad. De esta forma la comunidad logra la
apertura de espacios de diálogo y negociación con la empresa y el Gobierno, y estos
generalmente terminan con largas listas de compromisos que le apuntan a atender a las
problemáticas y a los asuntos que son de interés tanto para los líderes como para la
comunidad. Con la firma de los compromisos se retorna a la normalidad hasta que las
necesidades de las comunidad, que siguen siendo demasiadas, obligan a que la situación se
repita y el ciclo vuelve a empezar.

Esta dinámica de relacionamiento evidencia entre otras cosas las enormes dificultades que
hay en materia de comunicación entre el Gobierno Local y la comunidad, y a la vez las
graves falencias que hay en el sistema administrativo, y que lleva a que las comunidades
tengan que tomar las vías de hecho para asegurar la atención a sus necesidades por parte del
Gobierno local y Nacional (ver capítulo 3, sección 3.1.5). Por otro lado también queda en
evidencia que el Gobierno local no es quien ejerce el control en el área, y que por esto la
empresa termina mediando entre la comunidad y las autoridades locales, y la que finalmente
termina gestionado frente a las administraciones públicas, tanto la resolución de los
problemas de orden público, como el cumplimiento de las obligaciones por parte de las
autoridades con la comunidad. Por su parte el Gobierno Nacional lejos de toda esta
situación, durante muchos años se limitó a solicitar al Gobierno Local su intervención y
mediación, arguyendo su responsabilidad frente a las obligaciones contraídas por el Estado,
y la necesidad de desarrollar los proyectos petroleros como asuntos de interés Nacional.
Actualmente esta dinámica de bloqueos, paros, diálogos y concertaciones, es una de las
principales preocupaciones tanto para el Gobierno Nacional como para las empresas que
desarrollan proyectos de exploración y explotación petrolera en el área, dado que se ha

 
vuelto un ciclo de nunca acabar, y que por el contrario se ha hecho cada vez más frecuente y
más fuerte.

Las situaciones de tensión que se generaron dentro del contexto que acabamos de
mencionar, llevaron a que las relaciones con la Fuerza Pública también cambiaran, pues
como bien se sabe, es a través de ella que los Gobiernos ejercen su poder y su autoridad. A
continuación revisaremos las modificaciones que se dieron en esta relación.

4.1.4. Principales Modificaciones En Las Relaciones De La Comunidad Con La


Fuerza Pública

Como se vio en el capítulo uno, la fuerza pública y en especial la policía, perdió mucha
legitimidad frente al pueblo llanero desde la época de la violencia de los años cincuentas, y
debido a que el Gobierno Nacional de aquel entonces emprendió una persecución
sangrienta contra un amplio sector de la población que terminó refugiándose en lugares
como Casanare (ver capítulo 1, sección 1.2). Después de la firma de la paz con las guerrillas
liberales hacia 1953, la población civil solicitó al Gobierno central protección, no sólo frente
a la delincuencia que azotaba la zona, sino frente a la posibilidad de que se repitieran
episodios de violencia como los que ya se habían vivido. Pese a que durante muchos años la
comunidad Casanareña hizo múltiples llamados de atención al Gobierno Nacional, la fuerza
pública nunca llegó, y sólo hasta que llegaron las empresas petroleras, la comunidad vio una
presencia fuerte en la zona por parte de las fuerzas armadas del Estado (ver capítulo 1,
sección 1.3). La entrada simultanea de BP y la fuerza pública al área de El Morro, y su
ubicación estratégica alrededor de las facilidades y locaciones petroleras, generaron en la
gente como era de esperar, la percepción de que habían llegado para servir a la compañía
petrolera y no para brindar seguridad y protección a la comunidad.

  106

 
La tensión social creció en sector de El Morro cuando al tiempo con la fuerza pública,
llegaron frentes guerrilleros del ELN, y grupos activistas sociales como la ANUC. La
población original del sector se fue diluyendo lentamente entre la población de migrantes, al
punto que con el tiempo fue difícil establecer con claridad cuáles eran los miembros
permanentes de la comunidad y cuales no, de la misma manera hoy es difícil establecer cómo
se dio la incorporación de los miembros de los demás grupos dentro de la comunidad, así
como la manera en que se integraron los miembros de la comunidad dentro y con los demás
grupos. En la medida que han entrado y salido tanto grupos como actores del área, se ha
hecho cada vez más difícil comprender cómo es la estructura social, la organización y la
dinámica propia de esta comunidad.

La violencia en la zona se desató en medio de todas estas trasformaciones sociales, y entre


finales de la década de los noventa y principios del siglo XXI se sintió con mayor intensidad.
La ausencia de las instituciones del Estado conjugada con las transformaciones sociales y la
presencia de las fuerzas armadas estatales, fueron factores determinantes para que en
adelante quedara sembrada la semilla de la desconfianza entre la fuerza pública, la compañía
y la comunidad. La pérdida de legitimidad de las fuerzas armadas del Estado ha sido una de
las consecuencias más graves, y uno de los principales obstáculos para enfrentar los
fenómenos de violencia y de desorden público que se da en el territorio de El Morro, así
como en el resto de la región.

Aunque las situaciones, los momentos y los lugares fueron compartidos por la comunidad, el
gobierno y la empresa, es interesante notar que cada uno de ellos tiene una mirada y una
interpretación distinta de lo que ocurrió, y que ésta se relaciona con los principios y nociones
de moralidad, justicia y equidad económica que cada actor tiene desde su mirada, sus
conocimientos, su historia de vida y su visión de futuro. A continuación estableceremos las

 
interpretaciones de la comunidad y la compañía sobre lo que ocurrió en Casanare y El Morro
.

4.2. EL FENÓMENO PETROLERO VISTO DESDE LAS LÓGICAS Y


PERSPECTIVAS DE LA COMPAÑÍA Y LA COMUNIDAD
En el segmento anterior profundizamos en las modificaciones que generó la actividad
petrolera en las relaciones entre las élites locales, la comunidad y el Gobierno. En este
segmento no centraremos en las diferencias que hay en las lógicas de la comunidad y la
empresa frente al fenómeno petrolero.

4.2.1. Cambios En La Economía Local & En El Bienestar Social Desde Las Lógicas
De La Compañía Y La Comunidad

Las formas de ver el fenómeno petrolero por parte de la empresa y la comunidad son muy
distintas, y mientras los primeros juzgan el cambio como positivo y frente a la precariedad
económica en la que la comunidad estaba a su llegada, la comunidad los juzga pensando en
lo que quedará después de que se acabe la actividad petrolera, por lo que la percepción
general sobre la economía petrolera es de riesgo, incertidumbre e inseguridad económica.
En línea con lo anterior, mientras que para la compañía no era imposible generar el nivel de
bienestar material que la comunidad ha alcanzado bajo el sistema tradicional agrícola, para la
comunidad este mismo sistema, aunque económicamente mucho menos rentable, era mucho
menos riesgoso y les generaba más seguridades y garantías de largo plazo para la subsistencia
familiar.

4.2.1.1. Cambios En La Economía Local & En El Bienestar Social Desde La Lógica De La


Compañía
  108

 
El discurso de la compañía en materia económica y de bienestar social es consistente con las
doctrinas neoliberales y de libre mercado, y sin embargo no es posible encontrar esta misma
consistencia entre su discurso y su actuar. Basta con ver algunos ejemplos para darse cuenta
que hay un serio divorcio entre el discurso bajo el cual se desarrolla la actividad petrolera y la
realidad. Por ejemplo, el discurso de la compañía frente a los cambios que se dieron en la
economía local indica que para ésta los resultados son indiscutiblemente positivos, y que su
apreciación se centra primordialmente en la generación de recursos de regalías para la región,
sin embargo fuera de este discurso, la compañía se queja frecuentemente de las dificultades
que tiene para poder operar, y que se relacionan directamente con las problemáticas
asociadas a una economía de enclave petrolero, rentista y dependiente de un solo sector59
(ver capítulo 3, sección 3.1.6.) (El Tiempo, 1997). Así, por un lado la compañía considera
que la economía está mucho mejor, pero por el otro encuentra serias dificultades para
desarrollar su negocio en el área, dadas las distorsiones económicas que exhibe en general la
economía de la región (Equion Energía, 2015; El Tiempo, 1996).

En materia de bienestar los discursos de la empresa y el Gobierno promulgan que gracias a


la actividad petrolera el Estado obtiene recursos para proveer bienestar a la comunidad, y
bajo este mismo discurso también se limita el papel de la empresa al desarrollo de las
actividades operativas y a la generación de regalías. Así, la teoría implica que facilitar las
condiciones para que a empresa se desarrolle y prospere redunda directamente en un mayor
crecimiento económico y por ende en un mayor bienestar para la comunidad. En línea con

                                                                                                                       
59En su discurso la empresa también considera que una de las mejores contribuciones que ha hecho a la economía del
sector de El Morro es la generación de oportunidades laborales con altos ingresos para los trabajadores del sector. Sin
embargo es reiterativa la queja y la preocupación por la sobreoferta de mano de obra, y por la dependencia de la
comunidad hacia el sector petrolero. La empresa estima que hoy en día aproximadamente el 90% de la gente de El
Morro vive de las actividades del petróleo, y es de nuevo contradictorio encontrar que con un problema de sobreoferta la
empresa se mantenga promoviendo programas para la capacitación de más personas en el trabajo petrolero.
 

 
esto Phil Mead, quien fue presidente de BPX en 1996 dio las siguientes declaraciones al
diario el Tiempo. “Esta es una estrategia orientada a asegurar nuestro desarrollo empresarial y el avance
de nuestras actuales operaciones, fortalecer nuestra reputación, así como para facilitar la creación de
oportunidades claras de crecimiento económico y de bienestar social en Casanare” (El Tiempo, 1996).

Pese a los postulados teóricos, la realidad de nuevo rompe el discurso, y se hace evidente
que por un lado una comunidad como la de El Morro vive llena de necesidades y problemas
en medio del petróleo, y por otro que la empresa se ve obligada a remplazar al Estado para
poder operar60 (Equion Energía, 2015; El Tiempo, 1996; Colombia Energía, 2013; Amat,
2014). De acuerdo con esta realidad, Francisco Lloreda, presidente de la Asociación
Colombiana de Petróleos (ACP), en una entrevista realizada para el diario el Tiempo
manifestó frente a la pregunta ¿Qué tiene de malo que la comunidad pida una obra pública?,
“Lo malo no es que lo pidan sino que se apele a las vías de hecho, y que pretendan que la industria
reemplace al Estado. En el 2013, además de 8 billones de pesos en regalías, invirtió 35 billones en bienes y
servicios, 700.000 millones en proyectos sociales, 300.000 millones de pesos en vías y en 120.000 empleos.
Sin contar 24 billones de pesos para el Gobierno central” (Amat, 2014).

Hasta aquí es evidente la enorme brecha que hay entre el discurso y la realidad, así como
también es evidente que la doctrina económica bajo la cual se desarrolla el modelo petrolero
actual tiene serias limitaciones cuando quiere ser implementada en un contexto social,
político, económico y cultural como el de El Morro.

4.2.1.2. Cambios En La Economía Local & En El Bienestar Social Desde La Lógica De La


Comunidad
                                                                                                                       
60  
Asuntos como vías, infraestructura, educación, escuelas, transportes escolares, canchas polideportivas, centros de
salud, apoyos en educación, y esfuerzos en la generación de empleo para los pobladores locales son entre otros los
asuntos que la empresa asume aún bajo un discurso que promulga el no reemplazo del Estado y su limitada
intervención.  
  110

 
Por su parte la comunidad menos familiarizada con las políticas económicas predominante,
y actuando más bajo una lógica de subsistencia familiar, entiende que el cambio a una
económica petrolera les generó beneficios en el corto plazo, pero también que es un
esquema económico riesgoso e incierto, y que no ofrece garantías de largo plazo y de futuro
para la subsistencia familiar. La comunidad ve con preocupación que la vocación agrícola se
ha perdido, y que en las condiciones actuales sembrar ya no es rentable como medio para
atender las necesidades familiares, y menos en un contexto afectado por las problemáticas
económicas asociadas al desarrollo petrolero, como los altos costos de vida y las pocas
posibilidades de emplearse en otros sectores. A la comunidad le preocupa que la vocación
por el trabajo del campo se perdió, y que las nuevas generaciones solo tienen interés en
vincularse en la economía del petróleo (Poveda, 2015), paradójicamente son muchos los
esfuerzos que las familias locales realizan para la profesionalización de sus hijos en áreas
relacionadas con el petróleo, así como también son muchas las esperanzas de que puedan
lograr una oportunidad en el sector (Castillo Barón, 2015).

Para la mayoría de líderes la compañía generó cambios sociales y procesos de migración


irreversibles, y en esa medida consideran que es su deber el responsabilizarse por esto y
seguir generando oportunidades de trabajo para toda la población. En todos sus discursos la
comunidad es reiterativa en su derecho a gozar de los beneficios económicos que generan las
actividades petroleras, y puntualmente a que se les dé prioridad a sus derechos económicos,
a sus necesidades de servicios básicos y al acceso al trabajo que se genere dentro de su
territorio (Poveda, 2015; Comunidades de Casanare frente a la industria petrolera , 2013).
Para la comunidad, lo que la compañía gana comparado con lo que deja es muy poco, y por
eso se consideran justas las acciones de presión para que la compañía aporte más.

 
En un comunicado de primero de abril de 2015 (La Reportería, 2015), solicitan el
acompañamiento de un amplio sector de la sociedad, incluidas autoridades y medios de
comunicación, para hacer una visita al sector de El Morro, con el fin de hacer “un paralelo entre
el avance de la industria petrolera y el paupérrimo desarrollo social de el corregimiento”, y que según
expresan en su comunicado los lleva a manifestarse en contra de la compañía y de las
actividades petroleras. Es interesante notar que aunque la comunidad reconoce que el
Estado es el responsable de responder a sus necesidades, también considera que en su
ausencia la compañía tiene que responsabilizarse y ayudar a la comunidad. Las palabras del
líder social Fernando Peña en un artículo publicado en 2015 en HSB Noticias, da cuenta de
la visión que en este sentido tiene la comunidad. “El comunal indicó que en su corregimiento ha
sucedido un fenómeno normal de la empresa petrolera, y es que la gente se dedica a trabajar, trabajar y
trabajar que llegado el momento, cuando el trabajo se acabó, nos dimos cuenta que el tema social estaba
abandonado totalmente, se va a ir la empresa y nos vamos a quedar con todos los problemas sociales, la
solución tiene que venir de todos, porque Equión nos dice que no puede asumir el papel del Estado, pero el
Estado nos dice que tenemos a la petrolera” (HSB Noticias.com, 2015)

Para la comunidad los impactos que la industria petrolera genera sobre la economía local son
más de los que ve la empresa, sin embargo los temas que prevalecen en la interacción entre
la compañía y los actuales líderes de la comunidad son los de contratación de mano de obra
y bienes y servicios petroleros, y sólo recientemente han tomado más fuerza los temas de
inversión social. Para la comunidad los recursos de las regalías son, por decirlo de alguna
manera, recursos que se pierden en el manejo gubernamental, y en términos generales se
puede decir que las conversaciones sobre regalías entre la comunidad y la empresa no se dan.
Por otro lado, los recursos de inversión social son los que consideran les pertenecen, y por
ello siempre los han considerado pocos frente a las necesidades que tienen, y a las utilidades

  112

 
que obtiene la empresa (HSB Noticias.com, 2015; La Reportería, 2015; Comunidades de
Casanare frente a la industria petrolera , 2013).

Los impactos de las actividades petroleras y los cambios que la comunidad considera se han
dado en materia ambiental, dan más fuerza al discurso social y es precisamente de estas
lógicas de las que se habla en el siguiente segmento.

4.2.2. El Medio Ambiente, La Tenencia De La Tierra Y El Ordenamiento Del


Territorio Desde Las Lógicas De La Compañía Y La Comunidad

En materia de tenencia de la tierra, ordenamiento territorial y medio ambiente, la compañía


no ve que haya tenido impactos significativos, y mucho menos establece conexiones entre
estos cambios y los cambios que se han dado en otros ámbitos como en el de la relación con
el medio ambiente, con las autoridades ambientales, entre la misma comunidad y entre los
migrantes y los locales (Rodríguez Solano, 2015). A continuación se revisarán tanto las
lógicas y visiones de la compañía como las de la comunidad en materia de tenencia de la
tierra, ordenamiento del territorio y relación con el medio ambiente.

4.2.2.1. El Medio Ambiente, La Tenencia De La Tierra Y El Ordenamiento Del Territorio


Desde La Lógica De La Compañía
La compañía estima que la tenencia de la tierra en El Morro no cambió mucho con su
llegada, pero sí reconoce que tuvo un impacto en los precios de la tierra, y en los procesos
de urbanización y migración hacia el sector (Rodríguez Solano, 2015). También considera
que su llegada influyó en que apareciera una clase arrendataria que calcula podría llegar a
representar un 30% de la población actual. En general el discurso de la compañía muestra
que no percibe que con su llegada haya generado impactos (sobre la tenencia de la tierra)
adicionales a los anteriormente mencionados, y tampoco que correlacione las modificaciones
 

 
económicas que genera la actividad petrolera con el impacto sobre el ordenamiento
territorial y la relación de la comunidad con el medio ambiente.

Ya en temas ambientales, para la compañía hablar de medio ambiente es hablar sobre sus
licencias, políticas y procedimientos internos, y sobre los impactos que maneja dentro de sus
estudios y planes de manejo ambiental. Dentro de la lógica en la que opera se considera
responsable y cumplidora de su deber al responder por su desempeño ambiental frente a las
autoridades ambientales competentes, aunque esta situación le genere más de un conflicto
social. En los últimos años la empresa ha empezado a integrar y a enterar a la comunidad
local sobre su manejo ambiental, situación que por lo menos frente a los medios le ha
permitido mejorar su imagen frente a otros sectores sociales (La Reportería, 2014). Desde la
lógica de la compañía los temas ambientales se tratan separados de los temas sociales, y en
ese sentido es evidente una falta de comprensión de las relaciones que hay entre la
comunidad, sus formas de subsistencia y su entorno ambiental.

Tal vez uno de los choques más fuertes entre la compañía y la comunidad está en que
mientras para la primera el Gobierno es quien legítimamente tienen la facultad para regular y
manejar los temas ambientales, para la comunidad es una simple cuestión de respeto el que
les sea reconocida su soberanía sobre sus territorios, y con ello sus derechos para permitir o
no el aprovechamiento de las áreas que consideran están dentro de sus jurisdicciones
veredales (ver capítulo 3, sección 3.1.2) (Comunidades de Casanare frente a la industria
petrolera , 2013).

4.2.2.2. El Medio Ambiente, La Tenencia De La Tierra Y El Ordenamiento Del Territorio


Desde La Lógica De La Comunidad

  114

 
Para la comunidad por el contrario, el cambio en la tenencia de la tierra y en el ordenamiento
del territorio ha sido uno de los principales impactos de la industria petrolera, y desde donde
se han generado otros impactos y necesidades. Desde el punto de vista legal la mayoría de la
comunidad desconoce los requisitos y los procesos mediante los cuales el Estado otorga las
licencias ambientales, y también desaprueba y desconoce la gestión del Estado en ésta
materia. Para la comunidad la autoridad ambiental local no es legítima, y en muchos casos ha
llegado a chocar con ella, pues existe la percepción de que la autoridad ambiental los
desconoce como dueños del territorio, y de que pasa por encima de los saberes de la
comunidad local sobre el comportamiento de su propio espacio, y sobre sus derechos sobre
la tierra (Poveda, 2015).

Para la comunidad más allá de una obligación con las autoridades ambientales, la compañía
tiene una obligación con ellos en su carácter de legítimos dueños del territorio. Para ellos, la
tenencia de la tierra, el tema ambiental y el tema social están estrechamente ligados y no se
pueden separar, y en este sentido, cuando la empresa se limita a interactuar con las
autoridades ambientales sobre los asuntos que interesan a la comunidad, se sienten
desconocidos como dueños del territorio y acuden a las vías de hecho para hacerse
reconocer (La Reportería, 2015).

El tema ambiental evidentemente genera un poder político y social, y por eso es importante
relacionarlo e integrarlo con otras situaciones sociales, políticas y económicas del contexto.
Gran parte del poder que actualmente han cobrado las movilizaciones sociales tiene que ver
con el tema ambiental, y sin embargo es un tema que lejos de la esfera del discurso político
ha sido muy poco estudiado. En esa medida, también hay que verlo como una poderosa
bandera que otorga a quien la porta cierta legitimidad, por eso es tan importante entender a
la comunidad y a su estructura social si se busca entender los intereses y las fuerzas que
 

 
operan detrás de los poderosos discursos ambientales. Independientemente de las verdades
o equivocaciones que técnicamente se puedan dar. Para profundizar un poco más en los
aspectos de la organización y la estructura social, en el siguiente segmento se analizarán tanto
las visiones de la empresa como las de la comunidad.

4.2.3. Cambios En La Estructura & La Organización Social De La Comunidad


Desde Las Lógicas De La Compañía Y La Comunidad

Los cambios que se han dado en la estructura y la organización comunitaria son vistos de
diferente forma por la compañía y la comunidad. Mientras que la compañía ve estos cambios
en función de los conflictos con los que tiene que lidiar día a día, la comunidad los ve como
el resultado de muchas modificaciones que han confluido y se han dado con el desarrollo de
la actividad petrolera. Es importante mencionar que desde la perspectiva de la comunidad el
tema es complejo, y que en el asunto es difícil encontrar unanimidad en la comunidad.

4.2.3.1. Cambios En La Estructura & La Organización Social De La Comunidad Desde La


Lógica De La Compañía.
Con respecto a la estructura y a la organización social, algunos voceros de la compañía creen
que cuando inició la actividad petrolera en El Morro en los años noventa el 100% de la
comunidad era original de allí, y que con el tiempo llegaron migrantes de otras partes que
hoy estiman en aproximadamente el 30% de la población total. Con la llegada de la industria,
los locales tuvieron que competir con gente de otros lugares y mucho más preparada que
ellos para el desarrollo de los trabajos petroleros, por lo que durante muchos años
estuvieron en franca desventaja y marginados de muchos de los beneficios económicos que
genera la actividad. Según estimaciones de la empresa, de las personas que actualmente viven
de manera permanente en El Morro el 60% están vinculadas con la actividad petrolera
directamente, mientras que el 40% no. Dentro de este porcentaje que está vinculado
  116

 
directamente, consideran que las mujeres están en desventaja porque su mano de obra se
requiere menos que la mano de obra masculina, debido a los esfuerzos físicos que en la
mayoría de los trabajos hay que realizar.

Frente a la organización de la comunidad, la compañía recuerda que la organización


comunal ya existía en El Morro cuando BP llegó, y que toda la organización social se daba
alrededor de la Junta de Acción Comunal “de manera natural”. Para la empresa el papel de
las Juntas de Acción Comunal antes de la llegada de la industria petrolera, era gestionar
apoyos con las alcaldías y la Gobernación para los proyectos que necesitaba la comunidad.
La compañía cree que desde que las Juntas de Acción Comunal empezaron a manejar el
empleo y las oportunidades de las empresas petroleras, se volvieron muy poderosas, y que
desde entonces se empezó dar la corrupción al interior de la organización comunal. La
compañía no entiende por qué la gente se aguanta la corrupción por parte de algunos líderes,
así como tampoco por qué la comunidad permite la compra y venta de oportunidades
laborales y sociales que genera el sector petrolero. La empresa cree que hoy en día las Juntas
de Acción Comunal sólo se dedican al manejo del tema laboral, y que se han olvidado de
otros roles que tenían antes, como el de hacer gestión para dar solución a las demás
necesidades de la población local.

Para la empresa es preocupante que la comunidad sea tan pasiva frente a la corrupción en
todos los niveles, desde la que hay en algunas Juntas de Acción Comunal hasta la que se da
en el Gobierno. La empresa cree que la gente se conforma ahora solo con que le respeten el
turno laboral, y que de ahí en adelante es muy permisiva. Cree que la convivencia, la
violencia, la ingobernabilidad, la inestabilidad política y la corrupción han empeorado con el
tiempo, y que se han perdido muchas oportunidades por esta razón. Para la compañía lo
justo sería que las Juntas de Acción Comunal fueran más honestas, y que no utilizaran las
 

 
banderas sociales para conseguir beneficios indebidamente, o para favorecer solo los
intereses de algunos pocos miembros de la comunidad. Para la empresa lo justo es que los
líderes hablen con la verdad, y que repartan las oportunidades petroleras dentro de la
comunidad con más justicia, igualdad y equidad. Fuera de los temas planteados
anteriormente, la compañía no identifica impactos adicionales o cambios en la estructura y
organización social de la comunidad, y que se hayan originado con la entrada de la industria
petrolera. A continuación se revisará la interpretación de este asunto por parte de la
comunidad.

4.2.3.2. Cambios En La Estructura & La Organización Social De La Comunidad Desde La


Lógica De La Comunidad
Para la comunidad toda la transformación social que tuvo lugar en el área se dio a partir de la
llegada de la industria petrolera, pese a las necesidades que siempre tuvo esta población,
muchos consideran que en cuanto a organización comunitaria, tejido social y tranquilidad,
antes de la llegada de la industria estaban mucho mejor.

Las voces que responden al título de comunidad de El Morro son muchas, y como ya se
mencionó también son muchos los actores y grupos que han llegado y se han integrado o
incluso camuflado bajo la legitimidad y protección que otorga la idea de “comunidad”, en
general los discursos públicos y privados de las personas son distintos, y ellos mismos
reconocen graves problemas al interior de la comunidad. Muchos líderes naturales y
positivos han sido acallados por líderes impuestos y negativos, y desafortunadamente la falta
de ley y Estado hacen que los que imponen su poder a la fuerza mantengan a los demás bajo
su autoridad. El tema del empleo es complicado porque por un lado ha generado
dependencia de la economía petrolera, y por el otro, sometimiento de los que tienen menos
poder en la escala social, bajo el yugo de los más poderosos. Como ya se ha visto son muy

  118

 
pocas las opciones económicas que tienen las familias que no tienen acceso a las
oportunidades petroleras, y esto hace que quienes las manejan puedan ejercer un poder casi
total sobre el resto de la población. Algunas voces hablan de la obligación de participar en
protestas, paros y otras actividades que algunos líderes ordenan, o de lo contrario corren el
riesgo de ser eliminados de los listados para lograr acceder a los beneficios laborales o
sociales que dejan las actividades petroleras en el sector.

El tema es complicado de manejar públicamente para la mayoría de la gente, sobre todo por
los riesgos que puede llegar a tener el manifestar una posición distinta frente a lo que pasa;
muchos hablan de los riesgos de perder el acceso a los llamados turnos (que son las
oportunidades laborales) y los demás beneficios de la industria petrolera, mientras que otros
incluso hablan de riesgos a la integridad física y la vida de las personas. En general se percibe
renuencia para hablar sobre el tema social, lo que pone en evidencia una falta de Estado y
de garantías para la participación democrática, el ejercicio de la oposición, y en determinado
momento para la denuncia cuando esta es necesaria. Precisamente de la relación con el
Gobierno es el tema que se hablará a continuación.

4.2.4. La Relación Con El Gobierno Nacional Y Local Desde Las Lógicas De La


Compañía Y La Comunidad

Como se mencionó en el capítulo tres, el Gobierno local en los Llanos de Casanare siempre
fue débil, debido a la falta de un Estado fuerte y presente, y al exceso de poder económico
de la élite terrateniente. En ese sentido la relación del Gobierno local con la comunidad fue
paternalista y clientelista, y mayoritariamente se ha limitado a los periodos electorales. A
continuación se revisará la interpretación que hacen tanto la compañía como la comunidad
de la relación con el Gobierno.

 
4.2.4.1. La Relación Con El Gobierno Nacional Y Local Desde Las Lógica De La Compañía
Para la compañía su llegada a Casanare y al área de El Morro se dio de manera legítima y
correcta, después de largos procesos de licenciamiento y negociación con el Gobierno
Central, y para generar procesos que contribuyeran al desarrollo Nacional. En ese sentido su
llegada al territorio de El Morro se dio cumpliendo los acuerdos y requisitos establecidos, con
y por las entidades competentes, y para generarle desarrollo al país, de ahí que para la
compañía lo justo es que sus actividades se desarrollen tanto con el apoyo de las
autoridades como con el de la comunidad. En línea con lo anterior, los paros y bloqueos que
realiza la comunidad no son entendidos, ni mucho menos justificados a los ojos de la
empresa, que por el contrario considera que con ellos se atenta contra los intereses del país,
y contra las posibilidades de generar recursos económicos y un mayor bienestar a la
sociedad (ver capítulo 2).

La compañía considera que está cumpliendo con su papel y con sus responsabilidades al
generar regalías, pagar impuestos, y al realizar inversión social como parte del desarrollo de
sus actividades, y también que su rol no es ni debe ser el de remplazar al Estado en sus
funciones sociales, aunque en múltiples aspectos lo ha hecho para poder operar. En este
orden de ideas considera injusto el desarrollo de paros y bloqueos por parte de la
comunidad, y más aún cuando es para pedir cosas que son responsabilidad de las
Administraciones Locales y Nacionales. Para la empresa es un gran interrogante, el por qué
la comunidad tolera ampliamente la corrupción en algunos líderes sociales y políticos, pero
reacciona en contra de la compañía frente a la más mínima falla.

La empresa no desconoce que el fenómeno de la corrupción es una de las causas profundas


de los problemas que actualmente enfrenta, pero cree que es responsabilidad de la sociedad
  120

 
y del mismo Estado el tomar acciones encaminadas a erradicar ese flagelo. También
considera que la comunidad misma ha consentido la corrupción, y que ha sido pasiva y
permisiva frente al fenómeno, y desde esta perspectiva tácitamente responsabiliza a los
Gobiernos y a la misma comunidad por la pérdida de los recursos que se han generado a
partir del desarrollo de proyectos petroleros.

Es evidente que la compañía desde su llegada se ha visto como un actor que desde afuera ve
lo que acontece y se limita a reaccionar, no se percibe así misma como generadora de
profundos cambios y realidades sociales, y por el contrario, entiende su actividad como algo
que debiera ocurrir aisladamente del contexto regional, y que se debería limitar a la
generación de beneficios por regalías e impuestos para que puedan ser usados por los
gobiernos para beneficiar a la sociedad. Este es un paradigma que en gran medida se
comparte con el Gobierno Central.

4.2.4.2. La Relación Con El Gobierno Nacional Y Local Desde La Lógica De La Comunidad


Por su lado, la mayoría de la comunidad desconoce cuáles son los requisitos y los procesos
mediante los cuales el Estado otorgó a la compañía los permisos y licencias para operar, así
como también desconoce tanto las políticas petroleras como las que guían el desarrollo
nacional. Sin embargo, siempre han esperado que tanto el Gobierno Local como el Nacional
sean solidarios con sus necesidades, y que generen mejores condiciones de vida para toda la
comunidad. Su visión de lo que debería ser el Estado se relaciona con una visión
paternalista, y que se conduele con las necesidades sentidas por la comunidad, en esa
medida, las expectativas de la gente nunca ha sido satisfechas más que en los periodos de
contiendas electorales. Y uno tras otro los Gobiernos han ido perdiendo legitimidad a
medida que no responden a las necesidades de la comunidad, lo que ha hecho que además
pierdan autoridad moral y capacidad de control social.
 

 
La comunidad al no tener claras las condiciones pactadas entre el Gobierno y las compañías,
opta por el pragmatismo y las soluciones rápidas, encontrando que la presión sobre la
empresa genera mejores y más rápidos resultados de los que se pueden obtener a través de
los agotadores procesos de gestión con las administraciones nacionales o locales. La
comunidad no se ve a sí misma como un actor con poder para afrontar los fenómenos de
corrupción, y por el contrario sí ve en los actos de denuncia o de manifestación en contra de
las formas de corrupción, un riesgo para su vida, su subsistencia y su integridad.

Es evidente que comunidad y compañía tienen percepciones de Gobierno muy distintas, y


que estas nacen de sus propias experiencias en su relación con el Gobierno Nacional y
Local. Para la comunidad es muy evidente que la compañía es el mejor puente y la única
ruta para lograr la atención de los Gobierno, y que lo que no logre mientras permanezca la
compañía en el territorio después será muy difícil de alcanzar. Una vez más las tensiones
entre la compañía, el Gobierno y la comunidad estallan cuando hay necesidad de utilizar la
fuerza pública, y por ello una vez más tocaremos este tema, pero ahora para ver cómo la
compañía y la comunidad entienden esta relación desde sus perspectivas.

4.2.5. La Relación Con La Fuerza Pública Desde Las Lógicas De La Compañía Y La


Comunidad.

Lejos de ser la excepción, la relación de la compañía y la comunidad con la fuerza pública es


comprendida de manera diferente tanto por los unos como por los otros, quizás, esto es
grave dado que la legitimidad del Estado se pone en juego en esta dimensión con más fuerza
que en otras.

  122

 
4.2.5.1. La Relación Con La Fuerza Pública Desde La Lógica De La Compañía
Desde la perspectiva de la compañía se cree que la comunidad se sintió más protegida
cuando entró la fuerza pública al área a raíz del inicio de los trabajos de explotación
petrolera. La compañía no tiene claridad de cómo son las relaciones entre la comunidad y los
grupos alzados en armas que llegaron a la zona, y su opinión se guía mucho por la visión de
la fuerza pública y del Gobierno Central (Rodríguez Solano, 2015; Pearce, 2005).

Los señalamientos que se hicieron sobre la participación de la empresa y de la fuerza pública


en las situaciones de violencia que se presentaron en el sector hacia finales de la década de
los noventa y durante la primera década del siglo XXI, generaron múltiples investigaciones
por parte de organismos del Estado y de organizaciones tanto nacionales como
internacionales de defensa de derechos humanos. Más allá de las conclusiones que de cada
uno de los casos se haya sacado, lo que si es cierto es que esa época dejó marcada para
siempre la relación entre la compañía, la fuerza pública y la comunidad, y que las dudas y la
falta de confianza que aún hay entre unos y otros, es uno de los principales obstáculos para
construir procesos que conlleven a una mejora en la relación.

4.2.5.2. La Relación Con La Fuerza Pública Desde La Lógica De La Comunidad.


La comunidad considera que la fuerza pública llegó al área más para proteger a las
instalaciones petroleras y al personal de la compañía que para brindar seguridad a la
comunidad. Un grueso sector de la comunidad no ve con buenos ojos las cercanas
relaciones entre la industria y la fuerza pública. Y les preocupan los señalamientos que en
determinados momentos se hacen sobre la relación entre la comunidad y los actores alzados
en armas que operan en la zona. Las desapariciones y muertes que durante la primera década
del siglo XXI se dieron en Casanare dejaron serias consecuencias, tanto en las relaciones de
la fuerza pública y la comunidad como en las relaciones con la compañía y al interior de la
 

 
misma comunidad. Hoy en día los señalamientos entre unos y otros persisten, y en buena
medida esa situación de permanente desconfianza no permite generar las bases para el
diálogo y la construcción de soluciones a las situaciones que comunidad, empresa y fuerza
pública se ven obligados a enfrentar diariamente.

Lo que hasta aquí hemos podido evidenciar es que, 1) la comunidad y la empresa ven y
entienden el mundo de manera diferente, 2) que en consecuencia con lo anterior las
percepciones de la empresa y la comunidad sobre lo que pasa y lo que debe pasar, lo que es
justo y lo que no, y sobre lo que es económicamente moral o inmoral son también
diferentes, y 3) que estas diferencias se estructuran y consolidan a partir de las experiencias
que cada una de las partes ha tenido que vivir. Bajo esta perspectiva no es difícil notar que
incluso en una hipotética situación de diálogo entre las partes, sería difícil encontrar un
consenso o solución, y mucho menos si los diálogos no parten de la aceptación del otro
como diferente, y de la aceptación de las profundas diferencias que existen y que existirán en
las formas de ver y de entender el mundo.

Lejos de este imaginario de diálogo previo para la mutua comprensión, la realidad de la


actual relación entre la empresa y la comunidad se da bajo situaciones como, 1) que la
comunidad y la empresa no se conocen ni dialogan sino hasta que la empresa ya ha
empezado a operar en el área, 2) que las situaciones de diálogo que se generan de ahí en
adelante no obedecen a procesos de mutuo conocimiento sino a procesos de negociación,
que lejos del mutuo conocimiento buscan imponer intereses, ideas y lógicas de un grupo
sobre el otro, y el convencimiento de los puntos de vista que le son propios a cada cual, y 3)
que al estar desequilibrada la balanza de poderes durante este tipo de diálogos, la comunidad
acude a la coacción y a las vías de hecho para llegar a las conversaciones con algún poder de
negociación.
  124

 
Visto de esta manera el desarrollo del territorio de El Morro se ha asemejado mucho más a
un desarrollo basado en el colonialismo económico, político y social por parte del Gobierno
Central, que a un modelo de desarrollo inclusivo, participativo e integrador. En el siguiente
segmento desarrollaremos mejor esta idea de colonialismo.

4.3. COLONIALISMO EN LOS LLANOS: EL DESARROLLO COMO UN


DISCURSO
Los procesos de transformación socioeconómica que vivió Casanare con la llegada de la
industria del petróleo y de otras economías extractivistas agroindustriales, marcaron un
rotundo cambio frente al modelo ganadero y agrícola que había prevalecido en el periodo
inmediatamente anterior, asemejándose en muchos aspectos a procesos de transformación
socioeconómica que ocurrieron en este territorio durante la colonia española con los
Jesuitas, y posteriormente durante la colonia post-independentista (guiada por la élite criolla
que tomó el poder después de que los españoles fueron expulsados)61. Estos dos procesos y
el actual sistema agroindustrial y petrolero tienen en común elementos que nos permiten
enmarcarlos dentro de lo que son los procesos de colonialismo. Entre las similitudes que
estos tres procesos guardan están, 1) la incapacidad de la población local para oponerse a la
transformación socioeconómica direccionada desde centros lejanos de poder, 2) la
apropiación de la tierra por parte de los nuevos colonizadores, 3) el manejo y
aprovechamiento de las riquezas y recursos por parte de las élites que comandan el proceso
desde los centros lejanos de poder, y 4) el sentimiento de superioridad que envuelve a los

                                                                                                                       
61
 La transformación del modelo indígena al modelo Jesuita entre el siglo XVI y el siglo XIX, y del modelo Jesuita al
modelo del hato que predomino desde mitad del siglo XIX y durante gran parte del siglo XX consolidando el modelo
socioeconómico que prevaleció hasta la llegada de la industria petrolera y agroindustrial, fueron ampliamente descritos
en el capítulo uno de este trabajo.  
 

 
grupos que llegan y dominan, sobre la falta de poder político, económico y militar de los
grupos locales y dominados (relaciones verticales y desiguales entre quienes llegan y quienes
ya están en el territorio).

En este sentido, el desarrollo que actualmente se da en Casanare es más un discurso sobre el


cual la élite dominante ha dado sustento y justificación a decisiones que ha tomado para
direccionar la economía nacional y local según sus intereses, su visión y su forma de pensar,
que a un modelo pluralista participativo e incluyente que integre al grueso de la población
local. Al poner esta realidad dentro de un contexto internacional, también es evidente que
este colonialismos es a su vez una réplica de un sistema colonial que se ha venido dando por
siglos entre países poderosos y países sin poder, o en un lenguaje más ortodoxo entre países
desarrollados y países en vía de desarrollo. Cuando se contrasta el desarrollo de la industria
petrolera del país (como se vio en el capítulo 2), con las tendencias económicas que
prevalecieron en cada época, es muy fácil ver que nuestros modelos económicos fueron
guiados en cada una de sus etapas por las ideas y conceptos políticos y económicos que los
países dominantes impulsaron en cada momento, y que tuvieron que ser seguidos por los
países sin poder. Así, el modelo de la modernización y su tendencia exportadora dominó las
primeras fases de desarrollo del sector petrolero colombiano, para que luego esta tendencia
fuera reemplazada con el modelo de la industrialización, y sobre el que se desarrolló la
industria petrolera nacional. Ya en los ochentas la tendencia hacia la apertura económica, la
eliminación de barreras y la inversión extranjera permitió la entrada de múltiples empresas, y
trajo los modelos de asociación que le dieron una mayor dinámica a los procesos de
exploración y explotación acelerando el ritmo de crecimiento del sector petrolero en el País.
Para la época de los noventas los hallazgos petroleros de Cusiana y Cupiagua propiciaron
trascendentales discusiones sobre las prioridades que debería tener el país en su desarrollo
petrolero, y la doctrina neoliberal fue la que el gobierno de entonces eligió y la que hasta hoy

  126

 
sigue prevaleciendo en el desarrollo económico de la Nación. Frente a esta doctrina, podría
decirse que si bien por un lado se generó un crecimiento económico importante, también
por otro, y como se ha visto a lo largo de este texto, generó unos muy cuestionables
resultados en materia económica y social, y dentro de estos, y retomando lo visto en los
capítulos tres y cuatro, una gran inequidad, que bien se puede evidenciar en el hecho de que
una buena parte de los recursos petroleros haya terminado en manos de políticos corruptos
y grupos armados, lo que en vez de bienestar, fortaleció la violencia y la desigualdad.

A manera de resumen y cierre del capítulo podemos decir:

1. Que el desarrollo de proyectos petroleros en El Morro ha terminado por enfrentar “al


mundo de la empresa” con “el mundo de la comunidad”, o por decirlo de otra
forma, a la economía neoliberal y de libre mercado de la industria con la economía
moral de la comunidad, lo que ha llevado a que la relación entre los grupos
mencionados sea de permanente choque y tensión, llegado incluso al uso de la fuerza
como mecanismo de sometimiento del uno hacia el otro.

2. Que es muy importante evidenciar que lo que aparentemente es sólo una la relación
entre una empresa petrolera y una comunidad, realmente es una interacción entre
muchos mas grupos que se disputan el dominio del territorio y el poder sobre los
recursos. Así, detrás de los discursos de la empresa y de la comunidad, es posible
evidenciar la influencia de más grupos que de manera soterrada ejercen su poder en
buscan no sólo de satisfacer sus propios intereses, sino de lograr el dominio de los
demás grupos.

 
3. Que basados en lo anterior, es relevante decir que hoy en día no existe una idea clara
de lo que entendemos por empresa y lo que entendemos por comunidad, a tal punto
que asociamos dichas entidades con grupos homogéneos de personas, siendo esta
idea de homogeneidad muy lejana a la realidad.

4. En línea con lo dicho hasta ahora, y aún sin establecer con claridad las identidades de
los actores que acabamos de mencionar, pero sin desconocer que detrás de los
sendos títulos de empresa y comunidad hay más actores, es evidente que los imaginarios
sociales, culturales, políticos, económicos, y en sí todos los aspectos que terminan
por definir las creencias, principios, imaginarios y la idea del “deber ser” concebido
tanto por la empresa como por la comunidad será muy diferente, y en muchos
aspectos hasta opuesta, lo que hará que empresa y comunidad permanentemente se
enfrenten a la hora de transformar sus nociones del “deber ser” en acciones, dediciones
y hechos que afecten el quehacer de la otra parte.

5. Que de acuerdo con lo dicho hasta ahora, no es difícil ver que ideas aparentemente
básicas cómo lo que es justo o injusto, lo que es legitimo y lo que no, lo moral o lo
inmoral, o lo que es equitativo y lo que no, entre muchos otros asuntos definitivos en
el establecimiento de la relación, son ideas que parecen tambalearse a la luz de los
contextos y los paradigmas sobre los que cada grupo (empresa y comunidad) basan
sus juicios. Es decir que cada grupo está emitiendo sus juicios y valores desde una
plataforma ideológica, conceptual y cultural diferente, y esto evidentemente dificulta
que estos dos grupos aún utilizando las mismas palabras entiendan lo mismo. Así, lo
justo para unos, será tomado como injusto para otros, y lo que es legítimo y legal para
unos, no lo será para los otros.

  128

 
6. Estas profundas diferencias en las plataformas ideológicas, conceptuales y culturales,
se han construido a lo largo de la historia de cada grupo y en base a las experiencias
de vida de sus miembros. Como resultado de esto, cada grupo a consolidado unos
principios y nociones de moralidad, justicia y equidad que le son propios y que
seguramente no se parecerán en nada a los del otro grupo, a juzgar por lo diferentes
de sus contextos y sus historias.

7. Que desde los tiempos de la modernización hasta el actual neoliberalismo, las ideas
que alimentaron el crecimiento de la industria petrolera en Colombia fueron tras un
imaginario de desarrollo que transformó a las sociedades de raíz campesina,
tradicional o pre-industrial, en sociedades obreras, industrializadas o modernas, en la
mayoría de los casos obviando ideas, principios, concepciones y formas de pensar y
relacionarse muy distintas, y muy alejadas de aquellas propias de las sociedades con
políticas de libre mercado.

Para finalizar, y aclarando que aunque el objetivo de este documento es comprender el


conflicto y no el plantear una solución al mismo, si consideramos posible plantear desde este
trabajo algunos retos, recomendaciones y asuntos que bien valdría la pena explorar, en aras
de buscar caminos que permitan la transformación del conflicto hacia un punto en el que se
procure mayor bienestar para la sociedad en general.

4.5. RETOS, RECOMENDACIONES Y TEMAS POR EXPLORAR


Un primer paso definitivo en la búsqueda o el planteamiento de cualquier tipo de solución al
actual conflicto debe ser la comprensión del conflicto mismo, y en esa medida es
recomendable favorecer los procesos de investigación del conflicto así como de
conocimiento y comprensión entre las partes (las partes deben conocerse y reconocerse
 

 
como distintas). Es necesario invertir en procesos incluyentes de conocimiento integral del
territorio, que involucren en su desarrollo a los actores principales no como simples objetos
de investigación sino como sujetos de cambio y protagonistas, y que partan del principio de
que la realidad es una construcción social.

En línea con lo anterior, la institucionalización de una “cátedra petrolera” (que hable de las
implicaciones que las actividades petroleras tienen en los territorios y de sus impactos
positivos y negativos en lo político, lo económico, lo ambiental y lo social) en colegios,
universidades y veredas, facilitaría no solo una reflexión debidamente acompañada, orientada
e informada sobre el tema, sino también el involucramiento constructivo de las generaciones
que se están formando, para que puedan comprender mucho mejor su entorno y su historia,
y sobre todo para que entiendan mejor el contexto al que están llamados a aportar. A partir
de la democratización del conocimiento y la información, hay que lograr el fortalecimiento
de los líderes y las organizaciones de base, pues son los primeros llamados a impulsar y a
coadyuvar en los procesos de transformación social.

Nada de esto puede ser posible si no hay una presencia fuerte del Estado que garantice a
todos los ciudadanos el ejercicio de todos sus derechos, y de espacios para la participación y
la interacción con la institucionalidad. De esta forma es necesario que en los territorios
petroleros se dé la presencia física y real del Ministerio de Minas, de la ANH, del Ministerio
del Interior y del ANLA. Esto obedeciendo a la urgente necesidad de llenar los vacíos del
Estado, que actualmente están siendo llenados por terceros con intereses particulares y muy
alejados del interés general.

En tercer lugar vale la pena revisar la posibilidad de lograr un observatorio de desarrollo


(multidimensional) independiente de los entes gubernamentales, y supervisado por

  130

 
instituciones o universidades de reconocida trayectoria que trabajen en conjunto con
organizaciones locales. Esto, permitiría evidenciar cuantitativa y cualitativamente si hay o no
mejoras en las condiciones de bienestar de las zonas con desarrollo petrolero, lo que a su vez
facilitaría y permitiría mejorar las estrategias y las políticas sociales y económicas que se
plantean tanto a nivel local como regional y nacional.

Por último es urgente dar un completo vuelco a las dinámicas de relacionamiento entre las
empresas petroleras y la comunidad, y en todos los casos el Estado debe asumir sus roles
para recuperar la institucionalidad y la legitimidad, y con ello el orden, la justicia y la
gobernanza. Es fundamental para atenuar este conflicto que el Estado retome su papel
como representante de las comunidades y de la sociedad en general, y para ello debe
legitimarse con su presencia y trabajo frente a las comunidades, y a la vez limitar la
interacción de las compañías a espacios adecuados y acompañados por el Estado para la
interacción con la comunidad. Más que cualquier otra, la actividad petrolera está en
capacidad de generar los recursos necesarios para garantizar la presencia y el funcionamiento
del Estado en las zonas en las que se realizan actividades de aprovechamiento petrolero. Más
allá de obras de infraestructura y del concreto, las áreas petroleras están ávidas de
institucionalidad, de justicia y de equidad.

 
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