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Algunas sugerencias para superar el miedo frente a un auditorio:

 
 Conocer bien el tema que uno va a desarrollar: hablar de temas de su conocimiento o experiencia.
Preparar y estudiar un discurso ayuda a hacerlo mejor.
 
 Lograr concentración y relajación: disminuir al máximo la ansiedad y temor que nos bloquea,
relajando los músculos pero al mismo tiempo concentrar la mente.
 
 Controlar la mecánica corporal: Una vez frente al público, no es extraño que la tensión produzca un
cierto temblor, para controlarlo puede tomar un libro, un puntero o lapicero, respirar profundo en cada
interrupción o cambiar la postura.
 
 Desarrollar actitudes mentales de sostén: Proceder con confianza en sí mismo, esto ayuda a superar
el miedo; ansia por ofrecer algo que considera importante que los otros reciban.
 
 Un buen comienzo: comenzar el discurso con seguridad y firmeza, por ello es importante preparar
una buena introducción.
 
 Respirar adecuadamente: una buena oxigenación del cerebro facilita la memoria, calma la tensión y
la excitación. Respire profundo antes de comenzar y cuide la respiración durante el discurso.
 
 Procurar asumir posturas y comportamientos extrovertidos: cuando se está en un auditorio es
preferible asumir posturas y comportamientos extrovertidos porque revelan vigor y entusiasmo que mejora
la comunicación, rompe inhibiciones y libera tensiones.
 
 Concentrarse en el discurso, no en sí mismo: hay que centrarse en el tema más que en el público y
no preocuparse por los juicios potenciales.

3. TIPOS DE MIEDO EN LA ORATORIA

1° MIEDO A LA PRIMERA VEZ:

Cuando una persona tiene que hacer algo por primera vez, es normal que tenga miedo, sino recordemos
-nosotros los varones- la primera vez que tuvimos que declarar nuestro amor a una dama; seguro que nos
pusimos “colorados” y las palabras meticulosamente estudiadas no salieron de nuestros labios como
habíamos esperado. Una experiencia horrible que felizmente pudimos superarla en una segunda o tercera
declaración amorosa, ya no nos fue tan traumático. Si nos hubiéramos quedado callados, vencidos por el
miedo, hoy no tendríamos la esposa o enamorada que nos acompaña.

El miedo a la primera se vence dando el primer paso. No importa lo bien o lo mal que hagamos nuestras
acciones, lo importante es hacerlo. Conocemos a muchas personas que pese a su avanzada edad nunca
tuvieron una enamorada, ¿porqué? porque cuando fueron jóvenes no se atrevieron a declarar sus
sentimientos, se dejaron vencer por el miedo. Lo mismo ocurre en la oratoria, cuando exista la oportunidad
de hablar en público aceptemos el reto, la primera vez quizá no sea satisfactorio, pero las otras serán
mejores; habremos adquirido experiencia y habremos aprendido a dominar nuestras emociones.

2° EL MIEDO A FRACASAR:

¿Y si me equivoco? ¿Y si lo hago mal? ¡Mejor no lo hago!, suelen ser las expresiones de las personas que se
dejan amedrentar por el miedo. Recordemos las palabras de Og Mandino, “El fracaso no me sobrecogerá si
mi deseo por triunfar es mucho más grande”. No importa si nos equivocamos, total, la vida es una constante
práctica donde algunas veces ganamos y en otras perdemos, lo importante es sacar lección de cada uno de
ellas. Por ejemplo, Thomas Alva Edison para inventar el foco o lámpara incandescente, hizo 3,500
experimentos; uno tras uno fue fracasando, cuando iba en el intento N° 3,498 el foco se encendió unos
segundos para luego destruirse.

Los compañeros de trabajo instaron a Thomas a desistir, pero él, con la terquedad que lo caracterizaba,
continuó adelante. En el intento N° 3,499 el foco se encendió por casi un minuto pero luego reventó.
Thomas, al ver el resultado, se puso a reír descontroladamente, sus compañeros preocupados exclamaron: _
“Pobrecito, ya se volvió loco con tantos fracasos”. _ ¡Oye Thomas! ¿Porque ríes como loco? – le
preguntaron. _ Me río porque ahora conozco 3,499 formulas que no sirven para inventar un foco. En el
intento N° 3,500 ese foco se encendió para nunca más apagarse. Thomas Alva Edison triunfó porque fue
perseverante, porque no tuvo miedo a fracasar.

3° MIEDO AL QUE DIRAN:

Este miedo se basa en un hecho curioso; muchas personas viven pendientes de lo que dicen los demás y no
de los dictados de su razón. Viven preocupados de las críticas y comentarios de la gente, a veces lo que
hacen resulta tan ridículo, que uno se pregunta ¿cómo pueden llegar a depender tanto de la opinión
pública? La presente historia grafíca este tipo de miedo.
“Un anciano y su nieto compran un burro en Piura y deciden irse montado en él hasta Sechura. Ambos se
suben al burro y cabalgan hasta el distrito de La Arena, la gente al verlos, exclama: _ ‘¡Miren a ese par de
miserables! Los dos subidos en el pobre burrito. No les da pena, ¡bájense de ahí desgraciados!’.
Avergonzados deciden que sólo el niño lo montará. Cuando llegan al distrito de La Unión, la gente al ver al
niño montado y al anciano caminando, exclaman: _ “Miren a ese niño desvergonzado, él bien subido en el
burro y el pobre viejito caminando. ¡Bájate de ahí!” –le gritaron coléricos.

El niño avergonzado le dice al abuelo: _ “Mejor móntelo usted abuelo para que la gente deje de criticarme”.
Al pasar por la zona del Tablazo, los pobladores exclamaron: _ “Miren a ese viejo desgraciado, él bien subido
en el burro y la pobre criatura caminando. ¡Bájate de ahí viejo sinvergüenza! El abuelo molesto le dice a su
nieto: _ ¿Sabes hijo?, mejor que nadie monte al burro, ¡Vámonos caminando! Y así, horas después llegan
caminando a Sechura. Sus paisanos al verlos exclamaron: _ ¡Miren a ese par de sonsos, tienen burro y no se
suben en él!

2. EL MIEDO ORATORIO

El gran enemigo del orador –dice Loprete- es el temor o miedo al público; éste paraliza la lengua, seca la
boca y la garganta, produce transpiración, engendra movimientos torpes del cuerpo (brazos y piernas), traba
la articulación, la voz y lo que es peor, obnubila la mente. El miedo se origina en un estado físico de
nerviosidad patológica; es un complejo de inferioridad permanente o transitorio, es una sobrestimación
excesiva del propio yo, que lo torna sumamente celoso e intolerante con el mínimo fracaso.

El origen del miedo lo encontramos en la falta de confianza y seguridad personal, en la insuficiente


preparación académica o en la natural reacción que experimenta toda persona al internarse en una
situación inhabitual. Pero, al margen de todas estas disquisiciones “psicológicas” hay que comprender que el
miedo es algo natural y parte inherente del ser humano.

El miedo se puede vencer:

Los especialistas manifiestan que el miedo es un mecanismo de defensa, que nos sirve de protección para no
recibir daño; nos mantiene alertas en situaciones de peligro para reaccionar ante las circunstancias
amenazadoras, no es un enemigo, sino un aliado leal. Lo importante es aprender a canalizarlo y a utilizarlo
constructivamente. “Sentir temor de manipular los cables de electricidad –nos dice Orbegozo- nos ayudará a
cogerlos con cuidado y respeto... en estos casos el miedo es para protegernos”. “En cambio, sentir miedo de
pedir un aumento cuando uno cree que se lo merece, no nos ayudará de ninguna manera... en estos casos el
miedo esta perjudicándonos gravemente”.
No existe persona alguna sobre la tierra, que pueda decir: ¡Yo no tengo miedo! Y si lo hubiera, de seguro
sería un habitante del manicomio, del cementerio o de otro planeta (extraterrestre). Todos las personas por
naturaleza experimentamos el miedo, es parte integrante de nuestro ser. Pero, eso sí, hay muchas personas
que pueden afirmar: ¡Yo puedo dominar el miedo! ¡Yo domino mis temores!

Estas personas han aprendido a controlar sus emociones, a dominar el miedo y temor oratorio, de tal forma
que cuando salen a hablar frente al público, lo hacen como si fueran inmunes a este fenómeno. ¿Pero cómo
lo logran? Eso es lo que vamos a analizar a continuación, sólo recordemos que, ¡Si ellos pudieron hacerlo,
nosotros también podremos hacerlo!

LOS MECANISMOS DEL MIEDO.

El miedo es una respuesta natural del organismo. La reacción que se produce en el organismo tiene como fin
prepararnos para huir del objeto o situación potencialmente agresiva o enfrentarnos a él. Cuando
experimentamos este fenómeno psíquico paralizante, ocurre el siguiente proceso:

1. Recibimos el estímulo (una imagen o sonido)

2. En el cerebro el sistema límbico (que controla las emociones) procesa el estímulo.

3. Como respuesta, las glándulas suprarrenales segregan la hormona adrenalina. La adrenalina estimula el
sistema nervioso simpático, aumenta la presión arterial, produce dilatación de las pupilas y ocasiona
temblor.

Cuando se siente miedo en la práctica oratoria -nos dicen los especialistas y lo corroboramos con nuestra
experiencia-, se reflejan un conjunto de síntomas que nos impiden expresarnos con claridad y facilidad. Uno
siente que el cuerpo se paraliza, la lengua se inmoviliza, se produce una transpiración excesiva, se seca la
garganta, se traba la articulación y la voz, los músculos del rostro se crispan, tratamos de refugiarnos sobre
nosotros mismos y se genera un vacío cerebral. Es decir, nos aborda una neurosis pasajera, pero intensa.
Uno se siente angustiado, existe una gran dificultad para conexionar ideas y encontrar palabras; se
encuentra uno invalido por una sensación de vacío cerebral.

Los tipos de miedo que uno suele experimentar en oratoria, son de tres tipos, a continuación haremos una
breve exposición de los mismos y daremos los consejos pertinentes para poder vencerlos.
En los últimos años, me he especializado en ayudar a las personas a mejorar o perfeccionar sus
habilidades comunicacionales. En este contexto de cursos o sesiones de coaching es muy frecuente
escuchar a los participantes hacer referencia a cierto temor o malestar al momento de hablar ante a un
auditorio. Motivado en ello, escribí este artículo sobre los miedos a hablar en público y cómo
enfrentarlos.

El temor oratorio o a hablar en público es una emoción primaria que se conoce como miedo o pánico
escénico y que inhibe considerablemente las habilidades comunicacionales del sujeto. Aflora como
consecuencia de pensamientos anticipatorios negativos sobre una situación real o hipotética de tener que
hacer uso de la palabra ante un público que se constituye en un auditorio, no importa que sea pequeño o
numeroso.

El temor escénico al momento de hacer uso de la palabra frente a un auditorio, está ranqueado entre los
10 peores miedos de la humanidad y junto a él se posicionan miedos relacionados a la oratoria, tales
como el miedo a la decepción, al fracaso y al rechazo:

 1. Miedo al cambio.


 2. Miedo a la soledad.
 3. Miedo al dolor.
 4. Miedo a perder la libertad.
 5. Miedo a la decepción.
 6. Miedo al fracaso.
 7. Miedo a la miseria.
 8. Miedo escénico. 
 9. Miedo al rechazo.
10. Miedo a la muerte.

¿Qué es lo que más preocupa, qué causa mayor ansiedad o nerviosismo al momento de hablar a un
auditorio?

Los temores más frecuentes son:

 Hacer el ridículo, quedar como un tonto.

 Olvidar el material a exponer.


 Quedarte en blanco, olvidarse del discurso, no saber que decir.

 Decir algo inoportuno.

 No saber qué responder ante una consulta del auditorio.

Si los temores están dentro de este rango se trata de síntomas que evidencian cierta glosofobia o fobia
social. Se trata de temores que generan diversos síntomas físicos, cognitivos o conductuales y que pueden
atemperarse o neutralizarse convenientemente con la técnica y abordaje adecuado.

Glosofobia.

La glosofobia es el miedo a hablar en público. Muchas personas sólo tienen este temor, mientras que otros
también pueden tener fobia social, a relacionarse con otros en interacciones cotidianas.

Una persona con glosofobia podría evitar situaciones en las que deba participar en un discurso público, lo
que limita su vida social y carrera profesional.

Lo más frecuente es que la persona se sienta preocupada ante la idea misma de hablar en público. En otros
casos más puntuales, se pueden observar síntomas físicos como parte de una respuesta del cuerpo al estrés,
como ser:

Hiperventilación, producto de una respiración rápida y profunda o por el contrario puede aparecer una
sensación subjetiva de oclusión o falta de aires, conocida como disnea, aceleración del ritmo cardíaco
(taquicardia), sudoración excesiva (hiperhidrosis primaria) producto de la ansiedad o fobia social, timidez
excesiva o falta de autoestima; sonrojo como respuesta emocional por vergüenza, ansiedad o nerviosismo
(rubor), voz tensa o temblorosa, reducción de la secreción salival (xerostomía) y otros síntomas.

También existen temores a nivel de lo cognitivo y conductual como ser: expectativa de fracaso (actitud
mental negativa); hiperatención autocentrada (no conseguir desviar la atención del foco de la tensión);
exageración perceptiva de lo que puede salir mal; temor al fracaso, al rechazo y al ridículo; farfulleo (ritmo
acelerado al hablar o atropellamiento verbal); bajo volumen de voz, producto de la timidez; tartamudez por
crisis nerviosa; evitación o escape de la situación, etc.

En definitiva frente a una situación de temor el cuerpo se prepara para una reacción de lucha o huida. En
ocasiones los síntomas son tan agudos que la persona desiste de hablar en público (huida); por lo general, la
persona aun con síntomas evidentes de ansiedad o pánico escénico, enfrenta la situación y paulatinamente,
a medida que el discurso transcurre, se normaliza y deja de evidenciar temor.

Consejos operativos y técnicas básicas para evitar el temor escénico:


 Concentrarse más en lo que podemos ofrecer que en lo que podemos obtener.

 Realizar una valoración realista de lo que se espera de uno.

 No sobrestimar la opinión de los demás.

 No subestimar las propias capacidades.

 Evitar expectativas no realistas.

 Preparar convenientemente el tema a abordar. Tanto el contenido como el tratamiento y la


organización del discurso.

 Ensayar la presentación todo lo que nos sea posible antes de afrontar el auditorio.

 Concentrarse en el aquí y ahora y desestimar pensamientos negativos o de expectativas futuras


desmedidas.

 Realizar una respiración abdominal (la respiración diafragmática lleva gran cantidad de aire a la
zona baja de los pulmones, que es la que tiene más capacidad, por ello garantiza una mejor
ventilación, captación de oxígeno y limpieza de los pulmones con la exhalación.

 Promover una Actitud Mental Positiva (no evocar fracasos anteriores, enfocarse en el presente y en
metas posibles; visualizar el éxito, cargarse de pensamientos positivos; adaptarse al contexto y a la
realidad; siempre que sea posible comunicar estados de ánimo propicios para la ocasión y utilizar
palabras con carga emocional positiva; mostrarse interesado en el otro, pues la comunicación
empática genera buena atracción)

 Perseverar, sostener el esfuerzo a lo largo del tiempo, los resultados en oratoria -como en casi todo
en la vida- no se logran inmediatamente.

 Tener sentido del humor, dejarse llevar, no tomarse las cosas más seriamente que lo que
corresponde; reírse de uno mismo y de los temores irracionales es muy aconsejable y es una forma
de resiliencia.

 En la parte inicial del discurso enfocarse más en uno mismo que en el público, el contacto visual
puede resultar intimidante en los primeros momentos de la ponencia, el público está expectante y
esa actitud puede ser mal interpretada y generar más tensión. Que los paneos sean generales y
ligeros.
 Mantener un ritmo de habla frecuente, calmado, sin apresuramientos; la tendencia al farfulleo es
habitual cuando hay máxima tensión.

 Asumir roles que puedan ser desempeñados convenientemente. Representar un rol no quita
espontaneidad ni transparencia al orador, por el contrario, permite generar un escudo o máscara
con la cual nos sentiremos más cómodos y seguros; el personaje se perfecciona a lo largo del
tiempo y se recrea constantemente con elementos personales.

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