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11/5/2020 Jostein Gaarder: «Esta pandemia es una advertencia que nos recuerda lo frágil que es nuestra existencia»

Jostein Gaarder: «Esta pandemia es una advertencia que


nos recuerda lo frágil que es nuestra existencia»
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25 de abril de 2020

Actualizado:27/04/2020 10:48h Guardar
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Dada la situación en las que nos encontramos, y lo que está por venir, no es cuestión de redundar en el
pesimismo. Pero, antes de que el coronavirus se convirtiera en nuestra mayor y principal preocupación
sanitaria, íbamos al médico con cierta y despreocupada frecuencia, aquejados de múltiples dolencias,
algunas de las cuales ahora hemos olvidado por completo. Pues bien, imaginen que en una de esas visitas,
el doctor nos hubiera dado un diagnóstico inesperado: esclerosis lateral amiotrófica.

A esa brutal realidad, que hoy sigue existiendo, como el resto de enfermedades terribles, como el cáncer,
como el sida, como tantas otras, debe enfrentarse el protagonista de «Simplemente perfecto» (Siruela), la
nueva novela de Jostein Gaarder (Oslo, 1952). El escritor noruego, que obró el milagro, a principios de la
prodigiosa década de los 90, de convertir la filosofía en «best seller» con «El mundo de Sofía», libro por
antonomasia del extinto Círculo de Lectores en España, vive estos días extraños confinado, junto con su
esposa, en su domicilio. Y sigue respondiendo, con su obra y sus palabras, a las cuestiones que más
preocupan al ser humano, también en tiempos de pandemia.

—¿Cuándo fue la primera vez que esta historia apareció en su mente?

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11/5/2020 Jostein Gaarder: «Esta pandemia es una advertencia que nos recuerda lo frágil que es nuestra existencia»

—Es una buena pregunta… Deje que lo piense, porque no lo recuerdo exactamente... Creo que imaginé a
un hombre al que su médico le dice que padece una enfermedad muy grave. En cierta manera, desde el
principio pensé que iba a ser una novela corta sobre la vida y el amor, por así decirlo. La concebí para que
fuese una historia de amor.

—Y lo es, pero... ¿fue esa su principal intención al escribir? Se lo pregunto porque la novela, como
pasa con todos sus libros, va mucho más allá, es mucho más que una simple historia de amor...

—En el libro noruego, el original, el título es igual que en la edición española, pero también hay un subtítulo:
«Short Story About Almost Everything» [Novela corta sobre prácticamente todo]. No diría que es la típica
novela, porque las novelas suelen ser mucho más largas. Es una historia corta sobre casi todo, porque los
protagonistas podríamos ser cualquiera de nosotros; pero es, también, una historia sobre un ser humano,
un hombre, que se enfrenta a su propio destino. Pero también se enfrenta al universo, está mirando al
universo. A veces, se plantea qué es ser un ser humano. Escribe en nombre de toda la humanidad, en
nombre del universo. Porque... ¿qué es un ser humano y qué es el universo? Cuando nos enfrentamos a
nuestro propio destino... Digamos que vamos al médico, y nos dice que tenemos una enfermedad grave;
entonces, empezamos a pensar qué es la vida, quiénes somos, qué es el universo. Y también recordamos
cuando eramos muy jóvenes. Casi todo el mundo en un momento de su vida está al mismo nivel, en una
plataforma, como en esta historia.

—El protagonista del libro recibe un diagnóstico terrible: padece esclerosis lateral amiotrófica
(ELA). ¿Por qué eligió esa enfermedad en concreto?

—Supongo que fue porque es una enfermedad gravísima, y el diagnóstico es mortal. Era importante que el
protagonista se enfrentase realmente con su propio destino. No debía haber ninguna duda sobre su
enfermedad. Y también hay un complemento dramático, y es que cuando recibe el diagnóstico su mujer
está en la otra punta del mundo, en Australia.

—Y, mientras ella está fuera, él decide afrontar su enfermedad en soledad, y toma una decisión muy
dura...

—Sí.

—¿Cree que, como sociedad, estamos preparados para enfrentarnos a la muerte?

—Mucha gente piensa en eso, pero sin darse cuenta, realmente, de lo fantástica que es la vida. Tenemos
que pagar un precio por ello, que es admitir que un día no estaremos aquí. ¿No fue Shakespeare quien dijo
«Ser o no ser»? No puedes concebir realmente tu propia existencia sin enfrentarte, al mismo tiempo, a la
idea de que tiene un final. Recuerdo que, cuando era pequeño, para mí la vida era un misterio fantástico,
pero, al mismo tiempo, me daba cuenta de que un día ya no estaría aquí. Y eso lo pensaba cuando era
niño, imagínese... Tienes que darte cuenta de que un día ya no estarás. Es el precio que pagamos por estar
alegres y ser felices, reflejado en nuestra propia existencia.

—¿Y qué hay de la enfermedad? ¿Tenemos derecho a decidir cuándo ponerle fin, acabar con
nuestro sufrimiento?

—Entiendo la pregunta, y creo que es una pregunta muy difícil de responder. Y también para él, para el
protagonista del libro, porque al final se refleja... Se plantea como solución suicidarse para terminar con su
vida, para no soportar todo el dolor, la enfermedad.

—Acaba de hacer un «spoiler».

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11/5/2020 Jostein Gaarder: «Esta pandemia es una advertencia que nos recuerda lo frágil que es nuestra existencia»

—No pasa nada (ríe). Pero, al mismo tiempo, al final, cada vez se da más cuenta de que no está solo, de
que forma parte de una sociedad, de una familia... Y puede ver un significado en no estar solo. He
entendido realmente lo que la gente piensa, que no puede vivir esto... Creo que es legítimo decidir poner fin
a tu vida, pero no sé si yo lo haría.

—Yo tampoco. Es muy difícil ponerse, imaginarse en esa situación concreta.

—Es muy difícil.

—Y, realmente, tampoco creo que debamos decir nada. No nos correspone a nosotros juzgarlo...

—Exactamente. Eso es lo que pienso yo también. No juzgaría a la gente que pide que pongan fin a su vida.
No les juzgaría por eso. Es comprensible. Pero es muy difícil decidir qué haría yo.

—Estamos viendo, hoy en día, que el peor miedo es el miedo a lo que no podemos ver, a lo invisible.
Me pregunto si estamos preparados para los retos que nos aguardan en el futuro. Y no hablo sólo
de la economía, sino de la humanidad.

—¿Se refiere a la pandemia del coronavirus?

—Sí, claro.

—No tiene precedentes. Ni usted ni yo ni nadie que viva hoy en día ha experimentado algo parecido a esta
pandemia. Es como una nueva lección para nosotros. Quizás muchos de nosotros podamos sentir humildad
hacia... Ser un ser humano es algo muy frágil. No tenemos garantías, damos muchas cosas por sentado,
como la asistencia sanitaria, pero, hoy en día, al final, también somos vulnerables. Nuestra vida es
vulnerable. En cierta manera, podríamos decir que el protagonista de «Simplemente perfecto» vive en el
estado de consciencia en el que vive mucha gente hoy en día con respecto a la pandemia, a la enfermedad.

—Con la crisis que estamos viviendo ahora, ¿sigue pensando que la pregunta filosófica más
importante es cómo será el ser humano en el futuro?

—Sí, es una de las preguntas más importantes. Pero también debemos pensar en el medio ambiente, en el
planeta y en el clima. Creo que, quizás, la pregunta filosófica más importante ahora es cómo podemos
preservar las condiciones de vida en la Tierra. Hace muchísimos años escribí un libro llamado «El mundo
de Sofía»…

—Sí, lo leí.

—Bien, pues entonces sabe que es una novela sobre la historia de la filosofía. Hace unos años, volví a ese
libro, lo releí, y me chocó descubrir que la pregunta filosófica más importante hoy en día no se mencionaba
en él: ¿cómo podemos asegurar las condiciones de vida en la Tierra? En cierto modo, pertenecemos a la
primera generación que puede ver la posibilidad de que estemos destruyendo las importantes condiciones
para nuestra propia vida y para la diversidad de la vida en la Tierra. Sinceramente, considero también que
esta pandemia es una especie de advertencia, porque nos recuerda la situación global, la globalización, que
nuestros vecinos más cercanos, por así decirlo, viven en China. Y si pasa algo en China, las cosas también
pasan entre nosotros, cosas tan terribles como esta enfermedad. Pero también lo puedes ver de otra
manera, de una manera más positiva: incluso las cosas buenas que pasan en otra parte del mundo,
también son cosas buenas importantes para nosotros. Nos recuerda que vivimos en un planeta. ¿Qué es un
ser humano? ¿Qué es nuestra civilización? ¿Llegará otra civilización? Estas preguntas son importantes.
Pero creo que esta pandemia nos recuerda lo frágil que es nuestra existencia.

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—No sé cómo están viviendo ustedes en Noruega este confinamiento, pero aquí, en España, hay
gente que lo está llevando verdaderamente mal... Uno de nuestros principales problemas, en este
mundo de redes sociales que hemos creado, es que ya no sabemos cómo estar solos. Quizás, esta
horrible situación pueda darnos algunas lecciones útiles para el futuro, y que, después de todo,
podamos aprender.

—Creo que sí. Sin duda, podemos aprender de esta situación. Creo que es una lección para nosotros. Ha
mencionado a España, pero el mío es un país pequeño, y la situación es gravísima porque, en comparación
con el número de ciudadanos, hay incluso más gente afectada y enferma que en otros países, porque solo
somos cinco millones de personas. Tenemos una economía muy buena. Por tanto, nuestro Gobierno está
proporcionando a la gente mucha ayuda económica. Estamos en una situación que, desde el punto de vista
médico, es gravísima. Hay muchísima gente hospitalizada. La gente muere por ello. Es horrible...

—En esa soledad, aunque sea impuesta, tal vez podamos recuperar el silencio, tan olvidado en
mitad de tanto ruido.

—Es verdad, porque mucha gente, como mi mujer y yo, vivimos ahora en nuestra casa y no tenemos
ningún contacto con otras personas. Tenemos mucho tiempo para pensar, para hablar, para leer... Por
supuesto, es una situación no deseada. Pero a mucha gente esta situación le ha dado incluso la
oportunidad de pensar sobre su vida, para reflexionar sobre cuáles son los valores más importantes....

—Antes ha mencionado «El mundo de Sofía». Creo que la lección más importante que aprendimos
quienes leímos aquel libro es que la verdad es mucho más interesante y mucho más compleja de lo
que podríamos haber pensado al principio. Pero no puedo evitar preguntarme si esa verdad sigue
siendo igual, si sigue siendo la misma en nuestro mundo actual, en nuestra sociedad.

—¿Quiere decir que las cosas son quizás más difíciles ahora que entonces?

—Sí.

—Bueno, si piensa en eso, ahora damos por sentado todo lo que hay en nuestra vida diaria. Pero es un
error, no podemos darlo por sentado. Todo esto me recuerda que no somos sólo una sociedad, somos
naturaleza, no sólo pertenecemos a una cultura, también somos seres naturales que pertenecen a la
naturaleza. La sociedad puede verse amenazada por cosas políticas, por supuesto, pero también por cosas
como las que estamos viviendo hoy en día.

—¿Existe una única verdad?

—No, existen muchas verdades. Pero una verdad irrefutable es que somos naturaleza y dependemos de la
naturaleza. Se puede decir que sólo tenemos un planeta. Y no hay un planeta B. Creo que nunca iremos a
otro planeta, nunca transportaremos a la civilización humana a otro planeta, así que tenemos que cuidar
nuestro planeta. Eso significa que debemos cuidar el hábitat, la selva tropical, tenemos que tratar bien
nuestro planeta. Ahora nos enfrentamos a esta enfermedad que está amenazando a la gente, pero también
nos enfrentamos al hecho de que el ser humano ha creado una enfermedad que amenaza a la selva
tropical, al Amazonas. Considero que esta situación de pandemia actual refleja también cómo estamos
tratando nuestro planeta y nuestro hábitat.

—Siempre me he preguntado si se considera un filósofo o un escritor.

—Es una buena pregunta. Si tuviese que elegir una de las dos, diría que escritor. Solo he escrito un libro de
filosofía, que es «El mundo de Sofía». He escrito varias historias más, y no son libros de filosofía, pero son
libros filosóficos, porque me considero una persona filosófica. Estudié algo de filosofía cuando estaba en la

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universidad, hace muchísimos años, entre otras cosas, como literatura, idiomas, etcétera. Pero me
considero una persona filosófica. Diría que todos mis libros son libros filosóficos.

—Es una definición muy bonita: una persona filosófica.

—Sí. Creo que, desde que era joven, he sido una persona que se hace preguntas. Creo que desde que era
muy pequeño he tenido una mente filosófica.

—¿Y también supo desde pequeño que quería escribir? ¿Cuándo decidió que quería ser escritor?

—No cuando era pequeño, sino cuando era muy joven. Estaba convencido de que intentaría ser escritor, y
por eso empecé a escribir cuando tenía 18 o 19 años. Por tanto, empecé a escribir con la finalidad de ser
escritor y llevo dedicándome a escribir desde entonces.

—En ese proceso, en su vida, ¿qué papel ha desempeñado la lectura?

—Un gran papel, por supuesto. Un escritor que tuvo mucha influencia en mí cuando era muy joven fue
Borges. Me inspiró mucho cuando empecé a escribir, a los 18 o 19 años. Leía todos sus cuentos. Para mí
Borges es un ejemplo. En esa época también leía a Hermann Hesse y a Thomas Mann. Todos los cuentos,
los cuentos de hadas, los hermanos Grimm... Cuando era niño, mis padres me leían los libros de Astrid
Lindgren. Son algunos de los nombres que recuerdo. Y por supuesto, he leído todas las historias del
Antiguo Testamento, de la Biblia. Hay muchas historias también en la Biblia. En mi casa había algo así
como una Biblia para niños. La narrativa me ha influido.

—Por último, para cerrar la conversación, ¿qué consejo les daría a los ciudadanos que estamos
confinados en nuestras casas en todo el mundo?

—Les diría que somos muchos en todo el mundo. Y que está bien ver la televisión, escuchar las noticias por
la radio, estar atentos a la información, pero creo que no deberíamos olvidarnos de estar juntos. Y también
les diría que leyeran un libro, porque tenemos que alimentar todas las mentes, y eso sólo se consigue con
la experiencia de la lectura. Sí, diría que leyeran libros.

—La literatura y los libros nos salvarán.

—Sí, la literatura y los libros...

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