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MUSICA A PARTIR DE LOS SABERES

Es un ámbito educativo y artístico que facilita el desarrollo de la investigación, la experimentación, la producción, la


documentación, la cooperación y la asistencia como respuesta a las necesidades de la educación, el arte y en
particular la música, en nuestra comunidad.

Es el lugar de donde parten y al que convergen acciones musicales como punto de reunión e intercambio de
experiencias a nivel local, nacional e internacional.

Es el espacio que contribuye a la escena cultural de la región, a partir de una producción musical de alto nivel
artístico con proyección nacional e internacional

EL CONSUMO DE LA MUSICA EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Partiendo de esta idea, debemos ser conscientes de que todo estudio del fenómeno musical comenzará de un
estudio de la cultura musical del momento. Cada periodo histórico tiene un sonido característico, definido
socialmente, pero más allá de las características propias del lenguaje musical presente en cada generación (ritmos,
melodías y mensajes), los individuos establecerán una relación con la música aprehendida desde sus propios
condicionantes y puntos de partida. 

Por tanto, la música debería ser entendida o percibida de distintas maneras por cada oyente. Ahora bien, la música
es un producto social y como tal quedará determinada por el contexto. De forma que los gustos musicales no son
libres, sino que están condicionados y adquirirán su sentido en el contexto social en el que tienen lugar a partir de
los procesos de interacción producidos en su seno y teniendo en cuenta los condicionantes sociales de cada uno de
los actores que participan de estas interacciones. De igual modo, las relaciones que establecen los individuos a
partir de su gusto por la música vendrán determinadas también por el contexto social que las crea. 

 
El gusto musical queda condicionado socialmente. Y es precisamente este gusto musical el que creó grupos
sociales definidos en torno a una ideología concreta trasmitida a través del medio musical. Ahora bien, la música de
la postmodernidad ya no se adscribe a una clase social determinada como sucedía en otras épocas. 

Actualmente, la música se pone al servicio de cualquier persona, independientemente de su status, poder o


prestigio. Bien es cierto que cada tipo de música tiene su público y lugar donde ser interpretada, pero 
las nuevas tecnologías acercan la música a todos los rincones del planeta. Siguiendo las ideas de Pierre Bourdieu
podemos decir que la música actual es la manifestación de la extensión y la universalidad de la cultura. Los
movimientos sociales que giran en torno a la música no están tan definidos como en épocas pasadas. Se produce
una mezcla de tendencias, de looks, de ideologías que de alguna forma evidencian la pluridimensional dad de la
música postmoderna. Todo ello nos lleva a determinar que dentro de la sociedad actual, la música presenta una
fisonomía heterogénea que responde a la existencia de una metamorfosis constante de los gustos, impulsada por la
sociedad de consumo y fomentada desde los medios de comunicación. 

A pesar de esto, podemos seguir afirmando el papel de la música como instrumento para 
la distinción social. Todo esto refuerza el hecho de que la relación con la música se entienda como algo vivo, que
evoluciona con independencia de quienes la crean, reproduce o escuchan. La música actual, de igual forma que la
cultura, sigue una política y una estética del fragmento y también de lo efímero, lo fugaz y lo contingente pero es
vendida como mercancía cultural de primer orden, como simulacro artístico. La música de la postmodernidad se
caracteriza por un pluralismo de estilos y lenguajes tendentes a la complejizarían y relativización de sus contenidos.
La actual variabilidad de los gustos, vinculada a la continua transición de modas provocadas por el dinamismo social
y una creciente democratización de la cultura, implica una sucesión de estéticas musicales fugaces, siendo
imposible hablar ya de grandes formaciones estético-culturales alrededor de la música. 

Podemos decir que la música creada en la actualidad no posee una conciencia estética unitaria, sino una
multiplicidad (de estilos, mensajes, etc.) de conciencias estéticas fragmentadas. Este cambio sustancial en la
estructura musical y en las relaciones que giran en torno a ella ha sido consecuencia de la actividad económica
llevada a cabo por la industria sonora. Esta industria, más preocupada por el aspecto comercial de la música que
por sus posibilidades de comunicación e interacción social, pone al alcance de todos un amplio abanico de
productos musicales de ritmos fáciles y letras simples. De esta forma, aparece un tipo de lenguaje musical que
responde a las necesidades lúdicas de la sociedad. 
 

La música actual se ha convertido en producto de consumo, destinada sobre todo a un público joven. Acompañada,
habitualmente, de cambios en la forma de hablar, vestir, etc., es una música basada en un ritmo constante, de
melodías básicas. Las letras de las canciones son sencillas y pegadizas, carentes en muchos casos de valor
literario. Este tipo de comunicación a través de la música se presentaría como un importante instrumento de
alienación. El mensaje suele ser simple, alejado de la crítica social y cercano al ámbito 
festivo. Este tipo de música corresponde a un mundo en el que prima la velocidad y la imagen. Junto con esta
música nace el consumo de todo lo que rodea a las grandes estrellas del negocio (ropa, bebidas, discos, artículos
decorativos, etc.), actividades manejadas por grandes y poderosos intereses económicos. En este contexto, los
grupos musicales nacen y mueren a gran velocidad fruto de las exigencias del moderno sistema 
de consumo. 

Entonces, es posible concluir que la finalidad de la composición musical se basa en crear algo útil en un momento
dado para movilizar masas consumidoras y generar negocio. Esta nueva música popular se utiliza 
de una manera general como medio para influir sobre la sociedad, de tal manera que está sirviendo para crear
modas, valores y anti-valores, como vehículo de propaganda política e ideológica; en definitiva, como medio para
universalizar una concepción uniforme del mundo, acorde con la sociedad de consumo y frente a la que los
ciudadanos Y la sociedad en su conjunto parecen indefensos. 

Ante esta situación en la que la música ha sido absorbida por criterios estrictamente comerciales, todos aquellos
estilos minoritarios, al apartarse de la corriente principal, se convierten, paradójicamente, en elementos importantes
de donde arrancan poderosos criterios de identidad, especialmente para el público juvenil. En una sociedad donde
se ha apostado más por el consumo de la obra musical que por su función socializadora, 
la divulgación devalúa. 

 
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EL USO INDISCRIMINADO DE LA MUSICA

Muy pocos podían imaginar que cuando en noviembre de 2001 apareció en el mercado el reproductor de música
digital iPod, creado por la empresa Apple Computer, este se convertiría en uno de los productos más exitosos en la
historia de la Informática, al punto de que en apenas seis años se han vendido más de cien millones de estos
equipos en el mundo.
Del primer modelo y sus subsiguientes diez variantes creadas al poco tiempo, han surgido, aupados por el éxito,
más de 4 000 accesorios específicos para los iPod, que van desde fundas con distintos motivos hasta varios tipos
de altavoces.
También sus prestaciones han variado, pues en el inicio apenas reproducían música y hoy son capaces de hacer lo
mismo con fotografías, videos e incluso se experimentan con nuevos modelos capaces de retratar, gracias a la
inclusión de una cámara fotográfica, de grabar videos y hasta de conectarse a Internet sin necesidad de una
computadora, por vía inalámbrica, para descargar canciones de iTunes, un sitio web de música digital pagada, con
un catálogo de más de cinco millones de canciones, 350 programas y series de TV, y más de 400 películas.
Sin embargo, tanto el iPod como el resto de los reproductores digitales de música, de los cuales existe una infinita
variedad en el mercado, han comenzado a preocupar a los médicos, no tanto por la tecnología en sí, sino por el mal
uso que se hace de esta, especialmente por un efecto muy negativo: la sordera.
DECIBELES PERMISIBLES
El oído humano, después de todo, es bastante agradecido. Esa es la única forma de explicarse que pueda resistir la
batahola de ruidos que cada día lo acosan, incluso si la persona está dormida, problema del cual Cuba no está
exenta, y que cada vez se agudiza más ante la inconciencia de quienes no paran mientes en lastimar la tranquilidad
ajena.
Estudios científicos han demostrado que nuestra capacidad auditiva, cuando soporta sonidos por encima de los 80
decibeles, comienza a confrontar problemas, y que esto repercute además en el estado de ánimo de la persona,
provocando irritabilidad, agresividad, fuertes dolores de cabeza, insomnio y trastornos nerviosos.
Lo más curioso es que ahora, al ruido medioambiental creciente también se suman los altos volúmenes de
canciones que algunos escuchan con reproductores digitales de música como los iPod, persiguiendo muchas veces
irónicamente aislarse de los molestos sonidos circundantes.
Estudios realizados en varias partes del mundo apuntan a que la utilización de reproductores como el iPod puede
traer graves consecuencias para el normal funcionamiento del oído, como asegura la doctora Sofía Caponetto,
médica española especialista en Audiología.
La experta afirma que «si una persona está expuesta a un sonido constante durante mucho tiempo se genera una
lesión irreversible en el oído interno, que no es recuperable. Hay pequeñas pérdidas de audición progresivas que
quizá los primeros años no son muy notorias, pero entre los 40 y los 50 años ya se ven las consecuencias de años
de mal uso de los diversos reproductores de audio».
Un estudio realizado por esta especialista indicó que «mucha gente joven que tiene problemas auditivos no son
producto de un trabajo que implique ruido, sino que se debe al uso excesivo de los nuevos reproductores de música.
De hecho ya se comienza a hablar de una Generación de ruido».
También en el Reino Unido una investigación llevada a cabo por Deafness Research UK, organización
especializada en la sordera, encontró que más de la mitad de los jóvenes británicos de entre 16 y 24 años usan su
reproductor MP3 más de una hora al día, y que el 20 por ciento lo utilizan más de tres horas diarias.
De ellos, curiosamente más de un tercio se queja de zumbidos en el oído después de escuchar música a alto
volumen —señal de una degradación en la audición—. Entre los afectados por este mal el 82 por ciento va a
discotecas donde se escucha música a alto volumen, y el ciento por ciento tiene reproductores digitales de música.
Las conclusiones de este estudio de Deafness Research UK llevaron a una seria advertencia de la organización
contra el volumen excesivo de la música en bares y discotecas, pero también sobre el uso excesivo de
reproductores de música, máxime en un país como Gran Bretaña, donde la sordera afecta a una de cada siete
personas.
LÍMITES ENGAÑOSOS
Algunos fabricantes de reproductores digitales, ante las protestas de los consumidores, han comenzado a tomar
pálidas medidas con sus productos, limitando la cantidad de decibeles que son capaces de emitir, aunque aún
siguen haciéndose los sordos ante el reclamo de los médicos para que adviertan en los manuales de los equipos
sobre las consecuencias de su uso excesivo.
Tampoco estas medidas han sido caritativas, sino producto de decisiones judiciales. Así sucedió con Apple
Computer, quien se vio obligada a limitar la cantidad de decibeles de los iPod luego de que fuera llevada a los
tribunales en un juzgado de San José, en el estado de California, Estados Unidos, cuando un ciudadano acusó a la
compañía de fabricar un aparato que puede causar pérdidas auditivas.
En este contexto Apple se vio obligada a actualizar el software de sus reproductores para limitar el volumen máximo
al que se puede escuchar música a 70 decibeles, para impedir así posibles lesiones.
No obstante, los especialistas creen que esto no es suficiente, pues «en el caso de los iPod, por ejemplo, el
deterioro del oído es imperceptible, ya que no hay un zumbido, sino que se da en pequeñas caídas de la audición
del paciente. Por eso se recomienda no usar el reproductor a un alto volumen, en el caso de que permita altos
decibeles», explica la doctora Sofía Caponetto.
LA GENERACIÓN DEL RUIDO
Lo que algunos científicos han dado en llamar la Generación del Ruido pudiera ser una realidad dentro de muy
poco, e incluso afectar directamente a nuestros hijos y nietos, quienes tendrían una capacidad de audición mucho
menor que la nuestra.
El alto nivel de decibeles, la contaminación sonora cada vez más frecuente, junto a enfermedades propias del oído
en aumento y el excesivo uso de aparatos electrónicos de música, son los ingredientes de un coctel mortal para
generar sordos o disminuir la capacidad auditiva, que por demás se hereda de padres a hijos.
En el caso de nuestro país, con un número estimado en más de 20 000 personas que padecen sordera, según la
Asociación Nacional de Sordos de Cuba (ANSOC), si bien existen leyes como la 81 del Medio Ambiente, y el
Decreto Ley No. 200, aprobado en diciembre de 1999, que sancionan a quienes emiten excesivo ruido, todavía
estas son de muy débil cumplimiento, o en muchas ocasiones francamente ignoradas.
Súmele a esto que es práctica cada vez más frecuente la competencia de «sonidos» entre las personas, a ver quién
sube más el volumen; y la costumbre entre muchos jóvenes de aislarse del ruidoso mundo con un reproductor de
música digital, y será fácil entender porqué muchos claman por un mundo donde disfrutar del silencio sea un
derecho y no un sueño inalcanzable.

EXCESOS DE PRODUCCION SONORA

Se llama excesos de producción sonora (O RUIDO) al exceso de sonido que altera las condiciones normales
del ambiente en una determinada zona. Si bien el ruido no se acumula, traslada o mantiene en el tiempo como las
otras contaminaciones, también puede causar grandes daños en la calidad de vida de las personas si no se controla
bien o adecuadamente.
El término " excesos de produccion sonora" hace referencia al ruido (entendido como sonido excesivo y molesto),
provocado por las actividades humanas (tráfico, industrias, locales de ocio, aviones, etc.), que produce efectos
negativos sobre la salud auditiva, física y mental de los seres vivos.
Este término está estrechamente relacionado con el ruido debido a que esta se da cuando el ruido es considerado
como un contaminante, es decir, un sonido molesto que puede producir efectos
nocivos fisiológicos y psicológicos para una persona o grupo de personas.
Las principales causas de los excesos de produccion sonora son aquellas relacionadas con las actividades
humanas como el transporte, la construcción de edificios y obras públicas, las industrias, entre otras.
Se ha dicho por organismos internacionales, que se corre el riesgo de una disminución importante en la capacidad
auditiva, así como la posibilidad de trastornos que van desde lo psicológico (paranoia, perversión) hasta lo
fisiológico por la excesiva exposición a la excesos de produccion sonora.

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