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FOMENTAR EL SENTIDO DE LA ADORACION

INTRODUCCIÓN

Benedicto XVI nos enseña que la adoración exige: sumisión,


reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida que aceptamos.
La sumisión a Dios prevé la unión porque Dios es Amor. (Cfr. Benedicto
XVI, Discurso a la Plenaria de la Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos, 13 de marzo de 2009)

Dos acepciones del término adoración: en lengua griega y en latina.


La palabra griega proskýnesis indica el gesto de sumisión, el
reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida, cuya norma
aceptamos seguir. El aspecto de la sumisión se dirige a una relación de
unión, porque aquel a quien nos sometemos es Amor.

La palabra latina ad- oratio, en cambio, denota el contacto físico, el beso,


el abrazo, que está implícito en la idea de amor.

Para ampliar este concepto: “EL ESPÍRITU DE LA LITURGIA", de JOSEPH


RATZINGER. EDICIONES CRISTIANDAD, 2001

1. LA ADORACIÓN EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

A. ¿QUE ES LA ADORACIÓN?: CEC 2628: La adoración es la primera


actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta:

1. La grandeza del Señor que nos ha hecho (cf Sal 95, 1-6)
2. La omnipotencia del Salvador que nos libera del mal.

3. La humillación del espíritu ante el "Rey de la gloria" (Sal 14, 9-10)

4. El silencio respetuoso en presencia de Dios "siempre mayor" (S.


Agustín, Sal. 62, 16).

5. Llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas.

B. NUESTRO DEBER CON DIOS CREADOR Y PADRE: CEC


245,347,1078, 2096, 2097, 2098)

1. Reconocerle como Dios, Creador y Salvador,


2. Someternos a Dios Creador como criaturas que somos. El
sometimiento es de amor porque Dios es Amor. Sin la sumisión de la
criatura al Creador no hay reconocimiento de nuestra verdad, de
nuestra limitación.
3. Señor y dueño de todo lo que existe,
4. Alabarlo, exaltarle y humillarse a sí mismo

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5. Darle gracias.
6. Nos libera del repliegue sobre uno mismo, de la esclavitud del
pecado y de la idolatría del mundo.
7. Reconocer su Amor infinito y su misericordia
8. Reconocemos la “nada de la criatura” que sólo existe por Dios
9. Hemos de someternos a Dios que es Padre. El sometimiento es de
amor porque la criatura es hija de Dios y Dios es Amor. Sin la
sumisión del hijo al Padre no hay vida cristiana, no hay vida de hijos
de Dios. (Cfr. CEC 2098, 2096, 2097). Cada uno necesita ir
haciéndose consciente que debemos comportarnos como hijos
delante de Dios Padre.
10. Al llamar Padre a Dios en el Padrenuestro, le adoramos, le
bendecimos, le imploramos y deseamos su Gloria. Le damos gracias
por dársenos a conocer, poder creer y ser templos de su presencia
(CEC 2781)

C. NUESTRO DEBER RESPECTO A LA EUCARISTIA: CEC 333, 448,


1378-1380, 1418, 2628.

1. Expresar nuestra fe en la presencia real,


2. Adorar sin cesar con los ángeles que le acompañan siempre,
3. Contemplar su vida
4. Reparar por los pecados de todos los hombres.
5. Al repetir el “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28) adoramos el cuerpo
glorioso del Señor oculto en la Sagrada Hostia.
6. Humillar el espíritu ante el "Rey de la gloria" (Sal 14, 9-10) y el
silencio respetuoso en presencia de Dios "siempre mayor" (S.
Agustín, Sal. 62, 16).

D. EN LA MISA ADORAMOS A DIOS: CEC 1083, 1378, 1379, 2502

1. “En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real


de Cristo bajo las especies de pan y vino, entre otras maneras,
arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de
adoración al Señor”

2. En la liturgia cristiana…”La Iglesia unida a su Señor y “bajo la acción


del Espíritu Santo” (Lc 10,21), bendice al Padre “por su don inefable”
(2 Cor 9, 15) mediante la adoración, la alabanza y la acción de
gracias”

3. Tampoco podríamos recibir eficazmente el fruto de la Misa sin la


debida adoración. Al ponernos, en espíritu y verdad, delante de la
Eucaristía adoramos el Cuerpo y la Sangre del Señor.

E. LA VELA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO: CEC 1418, 1379, 1380

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1. "La visita al Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un
signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo, nuestro Señor"
(MF)

2. “La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto


eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No
escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la
contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y
delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración” (Juan Pablo II,
lit. Dominicae cenae, 3)

3. Las velas al Santísimo son tiempos privilegiados para la adoración y


oración personal según las edades. Será definitivo el ejemplo del
sacerdote que está orando y adorando. Es necesario cuidar con
esmero todo lo referente a las velas. No debe haber improvisación
ninguna. El Comité Directivo y el sacerdote deben tener previstos los
turnos y toda la organización y desplazamientos. Al finalizar el
tiempo completo de la adoración en el Colegio, se tendrá la
bendición con el Santísimo Sacramento del modo lo mas solemne
posible y con la asistencia del mayor número de alumnos y
profesores de todo el Colegio.

4. Es necesario que a través de la gracia y de la oración crezca la fe y


que se muestre con obras en la Presencia real. La Iglesia
profundizando en la fe en la Presencia real ha crecido en su sentido
de adoración.

F. LA ADORACIÓN ES NECESARIA PARA LA ORACIÓN CEC 2096,


2097, 2098

1. “Los actos de fe, esperanza y caridad que ordena el primer


mandamiento se realizan en la oración. La elevación del espíritu
hacia Dios es una expresión de nuestra adoración a Dios: oración de
alabanza y de acción de gracias, de intercesión y de súplica. La
oración es una condición indispensable para poder obedecer los
mandamientos de Dios. ‘Es preciso orar siempre sin desfallecer’ (Lc
18, 1).

2. Es evidente que sin la sumisión de la criatura al Creador; del hijo al


Padre. Sin el amor a Dios Creador, a Dios que es Padre. Sin
adoración no nos reconoceríamos criaturas que se someten con
gusto a su Creador. Tampoco reconoceríamos nuestro carácter de
hijos ante nuestro Padre Dios. Faltando estas cualidades, por
ejemplo, no podría haber oración.

G. PORTE EXTERNO Y POSTURAS: CEC 1185, 2144, 2691

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1. Genuflexión ante el Santísimo Sacramento. Un acto de fe. “En la
liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de
Cristo bajo las especies de pan y vino, entre otras maneras,
arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de
adoración al Señor”.

2. Al llegar al Oratorio conviene permanecer en el banco un


momento de rodillas antes de sentarse.

3. La genuflexión debe ir acompañada de adoración interior. Hay


que cuidar el silencio externo e interno, en el Oratorio, para
poder hablar y oír a Dios, para poder estar “en lo secreto ante
nuestro Padre” (Cfr. Mt 6, 6) “El templo también debe ser un
espacio que invite al recogimiento y a la oración silenciosa, que
prolonga e interioriza la gran plegaria de la Eucaristía”

4. Han de manifestarse los signos externos de reverencia al


acercarse a comulgar. Si son pocas las personas que asisten a la
Santa misa puede usarse el reclinatorio para recibir de rodillas la
comunión.

5. Es conveniente hacer una catequesis positiva sobre el modo de


vestir, también ante la presencia de Jesús Sacramentado. Tanto
ellos como ellas deben darse cuenta que están en un lugar
sagrado y en la presencia de Dios. Ni podemos acudir al Oratorio
abandonados, ni estar con posturas poco educadas, ni con ropa
poco digna, poco pudorosa, etc. Descuidando esos detalles, que
no son pequeños, no es posible, es muy difícil, que nos pongamos
con eficacia en la presencia de Jesucristo que vive con el Padre y
el Espíritu Santo.

6. La belleza espiritual reflejada en la Santísima Virgen Madre de


Dios, en los Ángeles y los Santos nos ha de ayudar a mejorar
nuestra belleza interior que se mostrará en elegancia externa.

7. La catequesis constante ha de devolver el sentido y la veneración


ante lo sagrado. El templo u otro lugar sagrado es la zona por
excelencia de las formas de la oración cristiana. Ante lo sagrado
hay un sentimiento de temor semejante al que tendríamos en la
visión de Dios. En la medida en que creemos debemos tener ese
sentimiento de reverencial temor

H. HACER UNA CATEQUESIS POSITIVA SOBRE ALGUNAS


EXPRESIONES: CEC 2143, 2144, 2145

1. Entre todas las palabras de la revelación hay una, singular, que


es la revelación de su Nombre. Dios confía su Nombre a los que
creen en El; se revela a ellos en su misterio personal. El don del

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Nombre pertenece al orden de la confidencia y la intimidad. ‘El
nombre del Señor es santo’. Por eso el hombre no puede usar mal
de él. Lo debe guardar en la memoria en un silencio de adoración
amorosa (cf Za 2, 17). No lo empleará en sus propias palabras,
sino para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo (cf Sal 29, 2; 96, 2;
113, 1-2).

2. El fiel cristiano debe dar testimonio del nombre del Señor


confesando su fe sin ceder al temor (cf Mt 10, 32; 1 Tm 6, 12). La
predicación y la catequesis deben estar penetradas de adoración
y de respeto hacia el nombre de Nuestro Señor Jesucristo.
F.V.M.
1.V.2009