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Objetivo
de las acciones
en la apertura

Las dos lecciones anteriores fue­ las piezas, evitando su amontona­


ron dedicadas a los errores más tí­ miento.
picos que cometen los ajedrecistas Al mismo tiempo hay que dificul­
poco avezados en la fase inicial de tar al adversario el cumplimiento de
la partida. Ahora, convencidos por esa tarea.
experiencia cómo no hay que jugar Independientemente del carác­
en la apertura, procuraremos acla­ ter de la apertura, las mejores juga­
rar qué se debe emprender para das de ambos bandos siempre es­
obtener buena posición desde el tán subordinadas a un objetivo: lu­
mismo comienzo. char por el centro. Con la particula­
Prácticamente, todas las indica­ ridad de que las blancas, teniendo
ciones al respecto se dan en la lec­ la ventaja de la primera jugada, son
ción octava, donde se expone el capaces de lograr más rápido ese
principio de conducción de la lucha objetivo, mientras que las negras
en la apertura. harán lo posible para impedirlo.
Este principio determina los pun­ Veamos, como ejemplo, las prime­
tos de referencia principales, justos ras jugadas de dos complicadísi­
en cualquier construcción de aper­ mos sistemas de teoría contempo­
tura. Cabe recordar que la puesta ránea, la partida española:
en acción de las piezas debe en
cierto grado dar provecho concreto 1 P4R P4R
precisamente a mitad de la partida, 2 C3AR C3AD
cuando se desarrollan los aconte­ 3 A5C
cimientos fundamentales. Tiene
suma importancia, sobre todo para Y la defensa Nimzowitsch:
los ajedrecistas con poca práctica,
que al desplegar sus fuerzas obser­ 1 P4D C3AR
ven armonía, es decir, dejen en su 2 P4AD P3R
campo espacio para maniobra de 3 C3AD ASC
52 24 lecciones de ajedrez

Está claro que la lucha desde el 1 P4R P4R


mismo comienzo se entabla en tor­ 2 P4AR PxP
no a las casillas centrales 4R y SR. 3 C3AR P3D
Eso es natural. La supremacía en el 4 P4D P4CR
centro del tablero (se trata no sólo 5 A4A A2C
de ocupar con los peones las casi­ 6 0-0 P3TR
llas centrales, sino también de con­
trolarlas con las mismas piezas) O bien:
permite crear cabeza de puente
para operaciones activas en medio 1 P4R P4R
juego. 2 P4AR P4D
Procuraremos ilustrar lo dicho 3 PxP P5R
con un ejemplo bastante simple: 4 P3D C3AR

1 P4R P4R Este intento de pasar al contra­


2 P4AR C3AD ataque entraña bastante peligro
3 C3AR PxP para ambos bandos, y exige un
4 P3D P4D buen conocimiento de múltiples
5 AxP C3A variantes.
6 C3A A2R Ahora, con un ejemplo tomado
7 A2R 0-0 de la práctica de grandes maestros
8 0-0 veremos cómo el menosprecio de
los principios del desarrollo en la
Así, dicho sea de paso, empie­ apertura condujo a las blancas a
zan a menudo las partidas entre una rápida catástrofe.
novatos o en sesiones de simultá­
neas. Ambos bandos trataron de BLANCAS: Efim Bogoljubov
desarrollar las piezas en igual me­ NEGRAS: Mijail Botvinnik
dida, pero las blancas consiguieron Nottingham, 1936
mucho más. Tienen una fuerte pa­
reja de peones en el centro y sus 1 P4D C3AR
piezas disponen de espacio opera­ 2 C3AR P3CD
tivo. Resulta claro que la posición 3 P3R
de las negras está lejos de ser per­
dedora, ¿pero por qué condenarse En esencia, las blancas renun­
voluntariamente a la pasividad des­ cian al juego activo en el centro.
de el mismo comienzo? Los intentos de obtener suprema­
En mi tarea no entra dar reco­ cía en la apertura están vinculados
mendaciones concretas respecto a con las movidas P4AD o bien C3AD
tal o cual apertura, pero teniendo (ver, por ejemplo, la partida Kaspá­
en cuenta la enorme popularidad rov-Gheorghiu de la segunda lec­
del gambito de rey entre ajedrecis­ ción).
tas poco expertos puedo aconsejar
estos métodos de juego: 3 ... A2C
Objetivo de las acciones en la apertura 53

4 P4A P4A drían juego libre y podrían atisbar


5 C3A PxP con seguridad el futuro.
6 PxP P3R
7 A3D A2R 10 ... C5R
8 0-0 0-0? 11 T1A C2D
12 D2R
Si las negras jugaran 8 ... P4D hu­
biesen resuelto los problemas de la Continuación del mismo juego
apertura. despreocupado que permitió a las
negras reforzar sin obstáculos su
9 P3CD? posición. Ahora, las blancas pier­
den la última posibilidad de dispu­
Momento significativo. Las blan­ tar a las negras el dominio del cen­
cas se apasionaron por el desarro­ tro: 12 PxP PxP.
llo de sus piezas, sin pensar en las
consecuencias, y no advirtieron la 12 ... T1A
jugada 9 PSD! que haría imposible
el desarrollo armonioso de las pie­ Ahora, el cambio PxP ya es im­
zas adversarias. La variante 9 ... posible.
PxP 10PxP CxP 11 CxC AxC 12
AxPT+ RxA 13 DxA es claramen­ 13 TR1D P4A
te ventajosa para las blancas, por­
que las negras tendrían que resig­ Las negras fortalecieron el caba­
narse a la existencia del P4D, que llo ubicado en el centro. Ahora es
obstaculiza su posición. evidente que las blancas tropeza­
ron con serias dificultades. En pri­
9 .. . P4D mer lugar, las negras dominan en el
10 A3R? centro. En segundo lugar, empieza
a manifestarse el debilitamiento de
Exponiéndolo con franqueza, las casillas negras en el flanco de
hay que decir que es una jugada dama. Recordemos que todo eso
conforme al principio «después ve­ se podía evitar poniendo el alfil en
remos••. El alfil en 3R está ubicado 2C, ¡el lugar más natural para él
en posición extremadamente de­ dada la situación! Con este ejemplo
safortunada, molesta a sus piezas uno se convence en la práctica que
e impide a las blancas controlar la la ubicación incorrecta de una pie­
importante casilla 4R, donde se za puede influir en la solidez de
afirma sin demora el caballo negro. toda la posición.
La lógica del juego anterior de las
blancas requería las jugadas A2C y 14 A4A?
D2R, para después, según el plan
trazado, seguir con TD- 1A+, TR- Las blancas, demasiado tarde (¡y
10 o bien TD2D+, TR1R. en momento inoportuno!), procu­
En este caso, las blancas ten- ran controlar la casilla SR. Era más