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Papacchini, Angelo.

Los derechos
Bogotá: Altamir, 1997.
Para una genealogía
del concepto de dignidad humaiia

E l principio de la dignidad humana juega un papel fundamen-


tal en la teoría de los derechos humanos, que se justifican con
base en el valor intrínseco atribuido a todo ser humano, inde-
pendientemente de las diferencias de raza, nacionaHdad, sexo,
status, etc. E n el texto de la Declaración Universal de la O N U ,
«la fe en la dignidad y el valor de la persona humana» constitu-
ye el fundamento moral de los derechos concretos, impensa-
bles por fuera de la idea moderna de una igual dignidad reco-
nocida a todos los seres humanos'. De manera similar, la ma-
yor parte de los textos constitucionales actuales incluyen la
dignidad humana como un principio rector o uil valor supe-
rior^. L o que parecería justificar la tesis de Dworkin: para to-
mar en serio la defensa de los derechos sería indispensable acep-

1. E l primer artículo afirma de manera solemne que « t o d o s los hombres nacen


libres e iguales en derechos y dignidad», al tiempo que el segundo proclama la
«indiferencia» de los rasgos peculiares de raza, sexo o cultura para el reconoci-
miento de la dignidad y el goce de los derechos.
2. E l artículo 10 de la Constitución española afirmaque «la dignidad de la persona,
los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personali-
dad, el respeto a la ley y a los derechos humanos de los demás son fundamento
del orden político y de la paz social» ( D e r e c h o s h u m a n o s . T e x t o s i n t e r n a c i o n a l e s ,
Tecnos, Madrid, 1991, p. 19). E l artículo 3 de la Constitución italiana establece
que « t o d p s los ciudadanos poseen igual dignidad social y son iguales frente a la
ley, sin distinción de sexo, raza, lengua, religión, opiniones poh'ticas, condicio-
nes personalef y sociales» ( L a C o s t i t u z i q n e d e l l a R e p u b h l i c a i t a l i a n a , Ciranna,
Roma, p. 6. Todas las citas textuales de bibliografía en otras lenguas son traduc-

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L o s derechos h u m a n o s , u n desafío a la violencia P a r a u n a genealogía d e l concepto de d i g n i d a d humana

tar la idea, «vaga pero poderosa», de la dignidad humana, aso- ta es la más compatible con la idea de un valor intrínseco y un
ciada en principio con la filosofía kantiana pero defendida por respeto debido a toda persona^. Y no faltan quienes, desde el
filósofos de diferentes escuelas."Este ideal, anota el autor, «su- horizonte de las ciencias sociales, ven en la «fútil defensa de un
pone que hay maneras de tratar a un hombre que son incon- hombre autónomo, hbre y digno» un obstáculo epistemológico
gruentes con el hecho de reconocerlo cabalmente como miem- y una traba para la aplicación de herramientas más eficaces para
bro de la comunidad humana»'. detener la agresividad y la violencia^. Por mi parte, tiendo a
A pesar de esta función fundante ampHamente reconoci- creer -^en contra de lo expresado por los defensores del
da"*, no faltan las voces críticas. Algunos llaman la atención acer- iuspositivismo— que sin esta idea vaga pero poderosa carece-
ca de la ambigüedad y vaguedad de un concepto desgastado ríamos de un criterio moral para justificar la oposición a un
por el uso siempre más generalizado, que acaba por transfor- ejercicio desmedido del poder que pretendiese desconocer las
marlo en un tópico retórico inofensivo'. Otros denuncian el libertades básicas, a un sistema legal que violase de manera
formalismo vacío de un ideal que resultaría de escasa utilidad a patente el principio de la igualdad, e incluso a un régimen del
la hora de decidir, en cuestiones concretas como el aborto, la todo indiferente frente a las desigualdades, a la miseria y al
hambre.
eutanasia, el suicidio o la pena de muerte, qué clase de conduc-
Cualquier trabajo sobre la concepción moderna de la dig-
nidad humana remite inevitablemente a Kant, cuya obra ofre-
ciones mías). ,Y el artículo primero de la Constitución política de Colombia ce el intento más sistemático y expKcito de sustentar de mane-
destaca el respeto por la dignidad humana como uno de los principios básicos
que legitiman y orientan las funciones del Estado colombiano (Constitución
política de C o l o m b i a , Temis, B o g o t á , 1995, p. 11).
3. Ronald D W O R K I N . L o s derechos en s e r i o , Ariel, Barcelona, 1984, p. 295.
4. «Entre quienes se afanan por concretar el significado de los derechos humanos 6. Cfr. Norbert HÓRSTER. E n defensa d e l p o s i t i v i s m o jurídico, Gedisa, Barcelona,
—sostiene Pérez L u ñ o — constituye casi un lugar común la observación de que 1992, p. 102. A juicio del autor alemán, en los casos dudosos la idea de digni-
los valores de la dignidad,' la libertad y la igualdad pueden considerarse como los dad humana tendría poco o nada que aportar; en cambio, frente a prácticas
tres ejes fundamentales en tomo a los que se ha centrado, desde siempre —aun- rechazadas de manera evidente por la comunidad civilizada —como la tortura
que con distinto énfasis y desde planteamientos muy diversos^—, la reivindica- y la esclavitud—, sería suficiente apelar al derecho vigente, que prohibe, de
ción de los derechos humanos [...] L a dignidad humana entraña no sólo la ga- manera expresa estas prácticas infamantes.
rantía negativa de que la persona no va a ser objeto de ofensas o humillaciones, 7. U n objetivo que, a juicio dé Skinner, se lograría de manera más segura y eficaz
sino que supone también la afirmación positiva del pleno desarrollo de la per- con la revisión dejas contingencias de refuerzo y con una intervención sobre el
sonalidad de cada individuo [...] L a dignidad humana supone el valor básico entorno físico y spcial. Para el teórico norteamericano, la creencia en un sujeto
{ G r u n d w e r t ) fundamentador de los derechos humanos que tienden a explicitar a u t ó n o m o y responsable, fundamento de la dignidad, sería una ilusión alimen-
y satisfacer las necesidades de la persona en la esfera moral» (Antonio Enrique tada por la ignorancia y el narcisismo, y estaría destinada a desaparecer con la
PíREZ L U Ñ O . "Sobre ios valores fundamentadores de los derechos humanos", consolidación progresiva de la psicología científica. E l desvanecimiento de este
en: Javier M U G U E R Z A y otros. E l f u n d a m e n t o de los derechos h u m a n o s . Debate, espejismo de la autonomía-dignidad no marcará el fin o la muerte del hombre,
Madrid, 1989, pp. 279-280). « L a d i g n i d a d h u m a n a —sostiene el autor en otra sino «la abolición del hombre autónomo —el hombre interior, el homúnculo,
obra— representa el núcleo axiológico de los derechos de la personalidad dirigi- el demonio posesivo, el hombre defendido y propugnado por las literaturas de
dos a tutelar su i n t e g r i d a d m o r a l (derecho al honor, a la propia imagen, a la la libertad y la dignidad» (Burribus F. SKINNER. Más allá de l a l i b e r t a d y l a
intimidad, abolición de tratos inhumanos o degradantes..!) así como su i n t e g r i - d i g n i d a d , Martínez Roca, Barcelona, 1986, p. 184). Sin desconocer o desesti-
d a d física (derecho a la vida, garantías frente a la tortura...)» (PÉREZ L u Ñ o . D e r e - mar el valor de los aportes de la ciencia para el esclarecimiento de los móviles
chos h u m a n o s . E s t a d o de derecho y Constitución, Tecnos, Madrid, 1995, p. 538). que impulsan la conducta humana, hay que precisar, sin embargo, que en el caso
de la digtúdad humana como soporte ideal de los derechos humanos —que no se
5. Hace ya siglo y medio, Schopenhauer cuestionó el carácter «sumamente vago e
confunde sin m á s con la b ú s q u e d a de aprobación y elogio por parte de los
impreciso» de la noción de dignidad, que a juicio del filósofo alemán habría
demás, como parece sugerir el texto de Skinner— nos encontramos con un
logrado despertar la simpatía y la adhesión entusiasta de los lectores m á s inge-
principio ético, que desborda el análisis descriptivo propio de las ciencias
nuos y desprevenidos de Kant, halagados con esta idea d é que todo ser huma-
sociales.
no, incluso el m á s pobre y mezquinó, posee un valor intrínseco.

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Los derechos humanos, un desafío a la violencia P a r a u n a genealogía del concepto de d i g n i d a d humana

ra inmanente la dignitas hominis 7 el valor no instrumental universales, justifican a su vez una sociedad que desborda los
del ser humano, y de edificar sobre este valor la totalidad del límites angostos de la comunidad familiar o de la asociación de
sistema ético-jurídico-político. Sin embargo, en la reflexión la polis, y se extiende hasta abarcar la totalidad de los seres
kantiana converge toda una tradición cristiano-humanista, que racionales: cada hombre es miembro de la comunidad univer-
arranca con los estoicos y confluye en la Ilustración. E l obje- sal del género humano,, «de la familia universal de los hombres
tivo de este ensayo es el de reconstruir las etapas más signifi- relacionados por medio de la razón y el lenguaje»*". L a exis-
cativas de este proceso que concluyexon la reflexión kantiana tencia de una sociedad de esta naturaleza supone a sü vez obli-
y, sobre todo, con el principio proclamado solemnemente por gaciones recíprocas entre todos los miembros que la compo-
los protagonistas de los acontecimientos revolucionarios del nen y en especial el deber de respeto y solidaridad con todo ser
siglo xvill: todos los hombres nacen libres e iguales en dere- humano. E n el interior de ISLpolis sólo el ciudadano gozaba de
chos. un reconocimiento pleno y de una protección adecuada. Pero
también los esclavos y los extranjeros obtienen "visibilidad" y
1. E l estoicismo, o la expansión de la frontera de lo humano. reconocimiento como miembros de una humanidad común,
En los pensadores estoicos existe un interés peculiar por los que sale a relucir por encima de las diferencias de status, raza,
rasgos que definen lo específicamente humano y que marcan lengua y costumbres. Todos comparten una naturaleza huma-
la diferencia frente al mundo animal. Para Cicerón, quien se na, y para todos se imponen los preceptos de una ley natural
remite a las enseñanzas de Panecio, las diferencias con los ani- universal —más ampUa que la ley positiva de la ciudad— que
males habría que buscarlas antes que todo en la herramienta debe ser acatada por todos y genera obligación hacia todos los
del lenguaje y en la capacidad de autocontrol racional, que con- miembros de la familia humana". U n corolario evidente de
trasta con la dependencia pasiva del animal frente a la esta nueva manera de concebir lo humano es «la igualdad in-
inmediatez de estímulos y apetitos: «...la bestia, en cuanto es- nata de todos los hombres» y la tendencia a suprimir «las dife-
timulada por el sentido, conforma su comportamiento a lo que rencias valorativas entre esclavos y señores, entre bárbaros y
es cercano y presente, y no se cura para nada del pasado o del griegos»*^. Los exponentes más radicales, como Crisipo, lle-
futuro. E l hombre, por el contrario, en cuanto dotado de ra- gan a cuestionar directamente la esclavitud, como una institu-
zón, y por consiguiente en capacidad de captar las conca- ción contraria a la Hbertad natural propia de todo ser humano.
tenaciones, ve las causas de las cosas»'. E l animal vive en un Otros, como Cicerón, asumen una postura más prudente". De
eterno presente, a diferencia de los humanos que se proyectan
en las dimensiones del pasado y del futuro: este privilegio les
depara dolores y sufrimientos adicionales a los que padecen 10. « E s ésta —sostiene C i c e r ó n — la sociedad más extendida que une a los hom-
bres entre ellos: en ella deben ser comunes a todos las cosas que la naturaleza
los demás seres vivientes, pero también un valor superior y
ha destinado al uso c o m ú n » (í¿>ia!., p. 121).
una semejanza o cercanía con los dioses'. 11., « L a naturaleza —anota Cicerón^— prescribe que un hombre, quienquiera que
Los atributos específicamente humanos del lenguaje y de sea, por la sola razón de que es hombre, provea a cualquier otro h o m b r e » (¿¿i'á,
p. 334). E n términos similares se expresa Séneca, al afirmar que «la naturaleza
la razón, inscritos en la naturaleza humana y por consiguiente
me ordena ser útil a los hombres; sean esclavos o libres, de padres libres o
hbertos, de libertad legal o dada entre amigos, { q u é importa? Dondequiera que
haya un hombre, allí hay lugar para un beneficio» ( S É N E C A . Sobre l a f e l i c i d a d .
8. M . Tullio C I C E R O N E . / d o v e r i . Biblioteca Universale Rizzoli, Milán, 1994, pp. Alianza, Madrid, 1988, pp. 95T96).
84-85. 12. Ernst B L O C H . Derecho n a t u r a l y d i g n i d a d h u m a n a , Aguilar, Madrid, 1980, p. 15.
9. «Existen dos clases de seres racionales: la de los dioses y la de los h o m b r e s » 13. « E s necesario —sostiene C i c e r ó n — tratar con justicia incluso a los más humil-
{ i h i d . , p. 235). des. Sin duda, la condición más humilde es la de los esclavos, que por consiguiente

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¿05 derechos h u m a n o s , un desafío a l a violenqia

todas formas, la idea de una humanidad compartida y de un viduo determinado. Una vez asumida una máscara (persona),
valor básico reconocido a todo individuo acaba por despertar habría que actuar en consecuencia'''.
sospechas y dudas acerca de la legitimidad de una institución Muchos podrán cuestionar la escasa eficacia de la idea es-
que parece degradar al ser humano a la condición de animal o toica de igualdad, que sigue conviviendo sin mayores proble-
herramienta viviente. mas con la esclavitud", o sentirán cierta incomodidad con el
carácter elitista y excluyente presente tanto en la idea de
^Una consecuencia ulterior que los estoicos derivan de la
decorum, como en el ideal del sabio. No es ningún secreto que
superioridad de la naturaleza humana es la obligación de ac-
la urbanitas y los buenos modales que tanto pregona Cicerón
tuar en concordancia con este status superior: todo ser huma-
responden en buena medida a la necesidad de marcar distan-
no, y en especial el sabio, tiene que optar por un régimen de
cias frente a las clases inferiores, a los estratos más bajos de la
vida digno de su naturaleza superior. Noblesse ohlige: la exce-
plebe y a las profesiones consideradas indignas de un ser li-
lencia humana impone una conducta acorde con la racionahdad
bre". Pero muy pocos podrán negar el aporte de esta corriente
y la libertad, y por consiguiente la huida de aquellos placeres
de pensamiento propia de una época de crisis —alimentada
inmediatos que parecerían rebajar al individuo a la condición
por la pérdida de lealtad hacia la. polis— a los ideales de digni-
animaP*. De aquí la insistencia en el decorum, que define, y
dad y humanidad que siguen alimentando la teoría de los dere-
precisa las obligaciones del individuo con su propia persona y
chos, al fomento del ideal cosmopolita e incluso de la noción
con su humanidad superior.! Este ideal supone una conducta de conciencia individuaP. E l estoicismo no acaba con la es-
consistente con el ideal común de humanidad'^ pero también clavitud. Pero es innegable la carga revolucionaria presente
la concordancia con formas más específicas de excelencia hu- en la idea de igualdad natural, que seguirá latente en la con-
mana, hgadas con el status social, la profesión, el sexo'S la edad, ciencia de Occidente y dará sus frutos mucho más tarde, en las
etc.-Al igual que con los personajes de una buena comedia, grandes revoluciones burguesas que marcan el apogeo de la
cuyas conductas no desentonan con el carácter y el papel que Modernidad. -
les asignó el autor, también en la vida real todos deberían in-
tentar desempeñar su papel sin inconsistencias o incongruen-
cias: no deberían existir desentonos estridentes entre el carác- 2. L a dignidad fundada en la semejanza con la divinidad. De
ter, la naturaleza específica y los comportamientos de un indi- acuerdo con la tradición humanista cristiana, el valor del ser
hurnano se basa en el hecho de haber sido creado a imagen y
semejanza de Dios. E l hombre posee una huella de la divini-
algunos proponen tratar como mercenarios, exigiendo trabajo a cambio de una
contraprestación» (o;). Cí'í., p. 113).
14. ' «Si pensamos en la excelencia y dignidad de la naturaleza humana —sostiene
17. L a concordancia entre carácter y conducta tiene que expresarse también en las
C i c e r ó n — comprenderemos enseguida lo torpe que es nadar en los placeres y
actitudes y los movimientos del cuerpo, en la belleza, el orden y la armonía de
- vivir en el afeminamiento [...] Los placeres de los sentidos no son lo suficiente-
cada acción. , 'i > ;
-inente dignos de la nobleza del h o m b r e » { i h i d . , p. 171).
18. A l fin y al cabo la libertad interior es compatible con la contingenc;arde la
15. Para Cicerón, el decorum establece i q u o d consentaneum sit h o m i n i s e x c e l l e n t i a e
condición exterior.
i n eo, i n quo n a t u r a eius a r e l i q u i s a n i m a n t i h u s differat» (traduzco: «...lo que
19. E n esta categoría incluye C i c e r ó n a cocineros, vendedores de pescado y carni-
es apropiado a la excelencia del ser humano es aquello en que su naturaleza
ceros. Estas actividades contrastan con las artes más elevadas, en l ^ , q l i F " s e ^ ^ .
difiere de los demás seres animados». I h i d . , p. 160).
aplica más la inteligencia, como la medicina, la arquitectura y la e ^ í j S f i l i a c l ^ M ^
16. E n cuanto a la diferencia de género, Cicerón considera que lo peculiar del hom-
las artes liberales ( i h i d . , p. 215). ' -'"
bre es la dignidad, mientras que la gracia sería un rasgo peculiar de la naturale-
za femenina ( i h i d . , p. 194). Esta idea será retomada y desarrollada por Schiller, 20. « N o haré nada por la opinión, todo por la conciencia», sostieneMneca dk^'ciig^
en D e la g r a c i a y l a d i g n i d a d ( 1 7 9 3 ) . '

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dad, que lo coloca en una condición de superioridad frente a ter ficticio de una dignidad reconocida exclusivamente en pre-
los demás entes creados. L a idea de la creación, como bien lo sencia de Dios, pero perfectamente compatible con la degra-
destaca Feuerbach, «es la afirmación de la autonomía del hom- dación y el sometimiento en la esfera profana y en la vida coti-
bre y de su distinción de la naturaleza», puesto que acentúa la diana. A l tiempo que la esclavitud, dependencia y discrimina-
diferencia radical entre el hombre y los demás entes, al igual ción en la dimensión fenoménica y temporal se hacen más llevar
que la idea de que estos últimos han sido creados en función deras gracias a la espera de una liberación total en el más allá, y
del ser racionaP". De acuerdo con la cosmovisión cristiana, si con el consuelo de una igual dignidad frente a Dios. «Esclavo
bien todos los productos de la creación son vaHosos en cuanto es el cuerpo —decía el misionero Juan Perpiña a los esclavos
reflejan el poder creador de la divinidad, el hombre se destaca negros— pero tenéis libre el alma para volar un día a la feliz
por encima de las demás cosas y «es superior a ellas por haber mansión de los escogidos». Otros críticos subrayan las conse-
sido hecho a imagen de D i o s » . L a forma erguida del cuerpo cuencias discriminatorias derivadas, a lo largo de la historia
humano, «dispuesto para contemplar mejor el cielo», consti- del cristianismo, de la idea de dignidad como semejanza con la
tuiría ya un indicio claro {vestigium) de la superioridad de un divinidades o las tesis relativas a la esclavitud profesadas por
ente hecho ad imaginem Dei. A esta idea se suma la otra relati- san Agustín, quien llegó a considerarla una excelente opor-
va a la paternidad de Dios: cada individuo merece consideración tunidad para ejercer virtudes como la modestia, la obediencia
y respeto en cuanto objeto del amor paternal de Dios, y debe y la paciencia, al tiempo que recomendaba la aceptación resig-
ser tratado como un hermano, más que como un enemigo. L a nada de las desigualdades e injusticias, que a su juicio debían
idea de paternidad divina sirve así para reforzar los vínculos ser aceptadas como parte de una estrategia divina para la rege-
de parentesco y hermandad entre los seres humanos: siguien- neración de la especie humana. Sin embargo, una breve mirada
do los pasos de los sabios estoicos, el cristianismo acentúa la a la historia de los derechos pone de manifiesto una influencia
creencia en la unidad de la especie humana y en la presencia de innegable de la cosmovisión cristiana. Si bien «Europa no in-
un valor intrínseco en todo ser humano, más allá de las dife- ventó los derechos humanos, como tampoco inventó la idea
rencias de nacionalidad, etnia, cultura o credo religioso. Cada de dignidad humana», puesto que es posible encontrar éstas
individuo debe ser tratado como un hijo de Dios y un herma- nociones y reivüidicacióiies en las más diversas tradiciones
no en esa fe. L a misma idea de una culpa originaria, que pare- culturales, es indiscutible el hecho de que los redactores de la
cería justificar cierto desprecio por lo humano —una igualdad
en la degradación y una sohdaridad en el pecado—, se trans-
forma, gracias a la idea de la redención, en un argumento adi- 22. Particularmente ilustrativa al respecto resulta la argumentación de santo Tomás.
cional en favor de la dignidad: un ser que, a pesar de su culpa, Si lo que justifica la d i g n i t a s es la simiKtud con la divinidad, sostiene el "Doctor
despierta en la divinidad un amor tan grande que llega hasta el AngeUcus", parecen existir buenas razones para diferenciar grados y niveles de
dignidad, dé acuerdo con el grado de cercam'a o alejamiento del ejemplar divino
sacrificio y la muerte de Dios; y la muerte de Dios no puede y con el desarrollo desigual de la moralidad. Si es cierto que —de acuerdo con el
ser objeto de desprecio. relato bíblico— la mujer es i m a g o v i r i , y el varón i m a g o D e i , parecería razonable
atribuirle un valor superior a la copia más directa que a ima reproducción de
No han faltado las críticas dirigidas a ésta manera de con- ' segunda mano, y concluir que m u l i e r est n a t u r a l i t e r m i n o r i s v i r t u t i s et d i g n i t a t i s
cebir el valor del ser humano: algunos han destacado el ca,rác- q u a m v i r (cfr santo Tomás de A Q U I N O . S u m m a T h e o l o g i a e , Biblioteca de Auto-
res Cristianos, Madrid, 1955, p. 681: la, 1, q u a e s t i o 92, art. 2). De manera análo-
ga, en el caso de los criminales empedernidos —o de los herejes impenitentes—
que oscurecen o desfiguran con su conducta la imagen divina hasta el punto de
hacerla casi irreconocible, no se puede hablar de una dignidad comparable con
21. Ludwig F E U E R B A C H . L ' essenza d e l C r i s t i a n i s m o , Feltrinelli, Milán, 1982, pp.
los individuos que han logrado un desarrollo moral apropiado, , >
239-249.

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Declaración Universal de 1948 se inspiraron en los postulados exaltan la estratificación y jerarquización sociales, queda rele-
y principios cristianos, asimilados de múltiples maneras y tra- gada en;segundo plano la idea cristiana relativa a la igualdad
ducidos en principios racionales o éticos por los principales originaria entre los hombres: la dignitas, ligada con el cargo y
sistemas filosóficos de Occidente. Particularmente decisivo es el status, desplaza o deja en la sombra la dignidad reconocida a
el aporte a la idea de una unidad del género humano", cuyo cada individuo en razón de su simple humanidad. Las. corrien-
alcance renovador y revolucionario sale a relucir con mayor tes humanistas, expresión de una «renovada confianza en el
claridad cuando analizamos la enconada resistencia que una hornbre y en sus posibilidades»^', empiezan a cuestionar esta
tal idea encontró en los teóricos y abanderados del racismo^'*. manera estrecha y reductiva de pensar la dignidad y vuelven a
recuperar, en un nuevo contexto cultural, muchos temas pro-
3. Los aportes del humanismo. A lo largo de la Edad Media, pios de la edad clásica y del cristianismo primigenio;.El docu-
con el papel hegemónico desempeñado por los valores que mento más significativo es sin duda la "Oratio de hominis
dignitate", redactada por Pico della Mirándola, que se ha trans-
formado en el manifiesto del humanismo^^
23. « L a libertad del hombre —sostiene Hegel— entró al mundo por obra dei cris-
A juicio del filósofo humanista, el hombre es el único ente
tianismo, para el cual el individuo como tal posee un valor infinito [...] Esta con el poder y la capacidad de llegar a ser lo que puede, quiere
idea era extraña a los pensadores del mundo griego y romano, para quienes el y debe ser. A diferencia de los animales, atados a las leyes del
hombre es verdaderamente libre sólo gracias al nacimiento (como ciudadano
ateniense, espartano, etc.), a la fuerza de carácter, a la educación o a la filoso-
instinto, el hombre se caracteriza por su libertad, concebida
fía» ( G . W. E H E G E L . Enzyklúpddie der p h i l o s o p h i s c h e n W i s s e n s c h a f t e n , I I I , no. como simple albedrío, sino en un sentido más originario
W e r k e 1 0 , Suhrkamp, Frankfurt, 1986, pp. 301-302). E l filósofo indica tam- como posibilidad de elegir y forjarsu propia naturaleza y su
bién las razones de esta valoración de la dignidad individual: « E l hombre, con-
destino. E l hombre se crea a sí mismo: es el protagonista ac-
siderado como ser finito, es también al mismo tiempo imagen de Dios y fuente
de infinitud en sí mismo; él es fin en sí, tiene en sí un valor infinito y está tivo de su propia historia y se hace.actuando. «El ser humano
destinado a la eternidad» ( V o r l e s u n g e n über d i e P h i l o s o p h i e der G e s c h i c h t e , —comenta Garin— es todo porque puede ser todo, animal, plan-
W e r k e 1 2 , ed. cit., pp. 403-404).
ta, piedra; pero también "ángel" e "hijo de Dios". Y la imagen
24. L a ideología racista niega de entrada uno de los postulados que sustentan el
respeto de la dignidad humana: la unidad esencial del género humano por enci-
ma de las diferencias étnicas, el color de la piel, las formas culturales y las
costumbres. « L a idea de una desigualdad nativa, originaria, definida y perma- 25. Eugenio G A W N . U u m a n e s i m o i t a l i a n o , Laterza, Bari, 1981, p. 252.
nente entre las diferentes razas —sostiene Gobineau— es una de las opiniones 26. L a "Oratio" reúne y sintetiza los temas centrales de la cultura del Renacimien-
más antiguas y extendidas en el mundo [...] Concuerdan con esta doctrina la to. H a b r í a que compararla con otras célebres, la de Ficino (hombre como
repulsión por el extranjero y la superioridad que cada nación se atribuye frente microcosmos) y la de Bartolomeo Fazio, D e e x c e l l e n t i a e t p r e s t a n t i a h o m i n i s ,
a las demás» (Arthur de G O B I N E A U . E s s a i sur V inégalité des races h u m a i n e s , escrita por encargo del rey Alfonso de Aragón. Decepcionado con esta obra, el
Fermín Didot, París, s. f.* pP; 58-59: libro I , cap. 4). « L a opinión de un gran rey le solicita una nueva disertación sobre el mismo tema a Giannozzo Manetti,
número de observadores ---añade el autor— declara que las familias humanas quien en su obra D e d i g n i t a t e subraya la excelencia de las obras humanas, en
están marcadas por diferencias tan radicales y esenciales que resulta imposible especial las relacionadas con arte,y literatura, sin desconocer la dignidad y el
atribuirles una identidad de origen. A l lado de la descendencia de A d á n , los valor de la vida política e incluso de los valores que inspiran la vida cotidiana
eruditos que comparten está perspectiva suponen muchas otras genealogías. ( i h i d . , pp. 74-75). Garin insiste en la contraposición entre ese texto y el D e
Para ellos no existe la unidad primordial en la especie, o, para ser más precisos, c o n t e m p t u m u n d i de Inocencio I I L Volviendo a la " O r a t i o ' de Pico, ésta cons-
no existe una sola especie, sino tres, cuatro o más, de las que se han originado tituye la introducción a un conjunto de 900 tesis sobre distintos temas, en las
generaciones perfectamente distintas que al mezclarse han formiado híbridos» que el joven humanista saca a relucir su asombrosa erudición. Desarrolla dos
( i h i d . , p. 176: cap. 10). A juicio de Gobineau, la Biblia describiría exclusiva- temas centrales del pensamiento de Pico: el lugar, privilegiado que .ocupa el
mente la genealogía de la raza blanca. E l autor anota también que algunas razas hombre en el cosmos, y la armom'a existente entre todas las expresiones del
son absolutamente incapaces de acceder a la civilización y resultan « p o c o hala- pensamiento humano. L a primera tesis es sin duda la que más nosinteresa des-
güeñas para el amor propio de la humanidad». tacar y resaltar para nuestro tema. , ••, ' o ,

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L o s derechos h u m a n o s , u n desafío a la violencia P a r a u n a genealogía d e l concepto de d i g n i d a d humana

y semejanza reside en esto, en ser causa, libertad, acción; en ser /Entre los aportes de los pensadores humanistas al tema de
el resultado de su propio a c t o » " . Para ilustrar está idea. Pico la dignidad humana merece una mención especial el Diálogo
della Mirándola recurre a una reconstrucción ingeniosa del de la dignidad del hombre, redactado por Fernán Pérez de Oliva
relato del Génesis: cuando llegó el momento de la creación del y publicado por primera vez, como apéndice deMrs Arithmetica
hombre, a la divinidad se le habían agotado los moldes y las de Martínez Silíceo, en 1514 en París. L a obra se desarrolla en
formas. Para salir de apuros, se le ocurrió a Dios una idea bri- forma de diálogo entre Antonio, el abogado de la dignidad, y
llante y original: dejar que el propio ser humano se encárgase Aurelio, quien destaca la miseria y desprotección humanas. E n
de formarse y moldearse a sí mismb^^ Por consiguiente, el su argumentación, Aurelio hace un elogio de la ignorancia, a
hombre carece de una naturaleza o esencia previa que deter- su juicio más favorable y útil que el conocimiento, puesto que
mine y oriente su actuación, lo que significa tárribién que lo la ceguera intelectual ayuda a ocultar «la miseria de nuestra
que llegue a ser dependerá de su actuación libre y de su esfuer- humanidad», mientras que el conocimiento nos enfrenta con
zo creador. Es interesante anotar que Pico sigue utihzando la la miseria y las Hmitaciones de nuestra existencia: A su juicio,
idea cristiana de dignidad humana sustentada en la creación quien llegase a conocer de verdad la reaUdad de su condición y
del h.omhread imaginem Dei. Sólo que esta semejanza adquiere destino, sólo podría desear la muerte^". E l ser humano se en-
un sentido distinto, en la medida en que el hombre comparte cuentra ubicado en el lugar más vil del universo, y es sin lugar
con la divinidad él atributo más elevado: la misma capacidad a dudas el animal más desprotegido-'^ Estas carencias serían a
creadora.*Gracias áeste destino excepcional, el género huma- su vez el signo evidente de su inferioridad: el hombre debe ser
no se ubica por encima de los animales, condenados a repetir «un animal más indigno que los otros, según naturaleza lo tie-
constantemente el ciclo vital impuesto por su naturaleza y sus ne aborrecido y desamparado»^^.
instintos, pero también por encima de los mismos seres celes- E n respuesta a estos argumentos, Antonio sostiene, por el
tiales, obhgados desde la eternidad a permanecer lo que siem- contrario, que el hombre es la criatura más hermosa.y el pro-
pre han sido. L a libertad —una carga pesada y peUgrosa— per-
mite el desarrollo y el cambio, y hace del ser humano un ente
más vahoso que los propios ángeles^'i
descubrir incluso remedios frente a las enfermedades, a pesar de que se encuen-
tra pobre y desvalido frente a la muerte {cfr. S Ó F O C L E S . T r a g e d i a s , Edaf, Ma-
drid, 1 9 8 1 , pp. 3 1 0 - 3 1 1 ) .
30. «Suelen quexarse los hombres de la flaqueza de su entendimiento, por la cual
no pueden comprehender las cosas, como son en la verdad. Pero quien bien
27 I b i d : , ^ . 124. considerase los daños de la vida, y los males por do el hombre passa del naci-
28 « / O s u m m u m D e i p a t r i s l i b e r a l i t a t e m , s u m m a m h o m i n i s felicitatemícui datum miento a la muerte, parecerle ha, que el mayor bien que tenemos es la ignoran-
i d h a b e r e q u o d o p t a t , i d esse q u o d v e l i t * («Qué generosidad sin igual la de cia de las cosas humanas, con la qual biuimos los pocos días que duramos,
Dios padre y qué suerte tan grande la del ser humano, a quien se le ha concedi- como quien en sueño passa, el tiempo de su d o l o r » (Fernán PÉREZ D E O L I V A .
do obtener lo que desea y llegar a ser lo qué quiere»: G A R I N . " L a prima redazione Diálogo de l a d i g n i d a d d e l h o m b r e . Editora Nacional, Madrid, 1 9 8 2 , p. 7 9 ) .
dell' O r a t i o de h o m i n i s d i g n i t a t e ' , en: L a c u l t u r a filosófica d e l r i n a s c i m e n t o 31. « D e todo el mundo y de su grandeza, estamos nosotros retraydos en muy chi-
jtdíiííno, Sansoni, Florencia, 1 9 7 9 , p. 2 3 4 ) . 'I t co espacio, en la más vil parte del: donde nacemos desproueydos de todos los
29. E n cambio, el abuso de la libertad lo rebaja y degrada a una condición inferior dones, que a los otros animales p r o u e y ó naturaleza. A unos cubrió de pelos, a
a la de los mismos animales. Recordemos otro texto famoso acerca de la exalta- otros de pluma, a otros de escama, y otros nacen en conchas cerrados: mas el
ción de lo humano, que se encuentra en el coro de Antígorut: «...muchas cosas hombre tan desamparado, que el primer don natural que en él hallan el frío y el
hay admirables, pero ninguna es más admirable que el h o m b r e » . Para sustentar calor, es la carne. A s s í sale al mimdo, como a lugar extraño, llorando y gimien-
este primado o valor de lo humano, Sófocles evoca la capacidad de surcar los do, como quien da señal de las miserias que viene a padecer» { i b i d . , p. 8 1 ) .
mares, el poderío sobre los animales, la capacidad de defenderse de la naturale- 32. I h i d . , p. 8 2 . Y : « L o s hombres solos son los que ninguna defensa natural tienen
za y de la lluvia, el arte de la palabra y el arte político. E l ser humano ha logrado contra sus daños: perezosos en huyr, y desarmados para esperar». :,

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L o s derechos humanos, u n desafío a la violencia P a r a u n a genealogía d e l concepto de d i g n i d a d humana

ducto privilegiado de la habilidad divina||«c...considerando la Es interesante anotar que en estas exaltaciones humanis-
composición del hombre, de quien oy he de dezir, me parece, tas de la dignidad se destaca el valor del hombre en general. Sin
que tengo delante los ojos la más admirable obra, de quantas embargo, de esta idea se derivarán pronto consecuencias inte-
Dios ha hecho, donde veo no solamente la excelencia de su resantes paira cada uno de los componentes del género hurna-
saber más representada, que en la gran fábrica del cielo»". no: esclavos, infieles, mujeres, habitantes del nuevo mundo,
Antonio destaca el lugar central que ocupa el hombre en el etc.-**. L o que parecería un género literario y una disquisición
universo y sostiene que el desamparo inicial del ser humano retórica acaba por tener efectos prácticos significativos. Con-
queda ampHamente compensado por un don esencial recibido viene destacar también el desplazamiento de sentido del tér-
de la naturaleza: el entendimiento. Gracias a la capacidad ra- mino "dignidad": en la edad feudal, la dignitas estaba ligada
cional, se invierten pronto las relaciones de fuerza frente a los con el desempeño de un cargo o con la ubicación del individuo
demás seres vivientes: el hombre llega al mundo desamparado en la escala social. L a idea de una dignidad peculiar del género
más que cualquier otro animal, «mas antes bastecido más que humano ahmenta en cambio la convicción de que, más allá y
otro animal alguno, pues le fueron dados entendimiento y por encima del reconocirniento ligado con el status, existe una
manos para esto bastantes, y todas las cosas en abundancia, de dignidad sustentada simple y llanamente en la pertenencia al
que se mantuuiesse»^''. Y el hecho de que el hombre pueda lle- género humano.
gar a construir por sí mismo su propio mundo y su cultura es
una señal de aprecio especial: es más valioso crear con sus pro- 4. Aplicación de la idea de dignidad en el problema de la con-
pias manos los medios para defenderse del frío o del calor, que quista. E l encuentro con los habitantes del niievo mundo está
recibirlo todo ya dado, sin la posibilidad de modificarlo. A l marcado por la voluntad de explotación, la barbarie y la vio-
querer que el hombre llegue al mundo desnudo, la divinidad lencia. Sin embargo, entre los mismos conquistadores se le-
ha querido salvaguardar el gusto particular y la libertad de los vantan voces de protesta, que cuestionan la legitimidad de la
diferentes seres humanos, puesto que algunos prefieren vestir conquista y sobre todo de los métodos empleados para lograr-
lino y otros pieles, algunos prefieren vivir de carne y otros de la^''. E n el intenso debate político y moral que acompañó las
pescado, etc. L a semejanza con la divinidad tiene que ver así
con el poder creador y con la capacidad de llegar a ser todas las
demás cosas". siente como bruto, y entiende como ángel [.,.] C o m o el hombre tiene en sí
natural de todas las cosas, así tiene libertad de ser lo que quisiere» i f b i d . , pp.
95-96).
36. E l propio Pérez de Oliva asume una actitud favorable a los habitantes del nue-
33. I h i d . , p. 93. « D i o s fue el artífice del hombre; y por esso si en la fábrica de vo mundo. « A l escribir sobre la Conquista —escribe Mana Luisa Cerrón al
nuestro ser vuiesse alguna falta, en él redundaría más señaladamente que de referirse a otra obra del teórico español— el orgullo imperial está constante-
otra obra alguna: pues nos hizo a su ymagen, para representarlo a él» [ i h i d . , pp. mente refrenado por la reflexión sobre el hombre como humanidad y no como
93-94). E n el cuerpo humano y en todos sus miembros se refleja y revela esta perteneciente a una patria o comunidad: así el conquistador es dibujado con
dignidad: los ojos, «ventanas muy altas del alcázar de nuestra alnia, por do ella los trazos de una crueldad genéricamente humana (opuesta, como en el Diálo-
mira las cosas de afuera». - go, a la nobleza animal); y el indio como víctima, humana también, de sus
34. I b i d . , p. 102. Antonio hace un elogio apasionado del entendimiento y de la propios hermanos» ( i h i d , " I n t r o d u c c i ó n " , p. 25).
cultura: gracias a ellos el hombre surca los mares, descubre los secretos del 37. L a historia de la conquista de'América Latina parece confirmar las tesis de los
mundo, crea las letras que conservan la memoria, « y lo que es más admirable, que reivindican lá función humanitaria y civilizadora desempeñada por el cris-
nos estienden la vida a argos siglos, pues por ellas conocemos todos los tiem- tianismo a lo largo de la historia, en defensa de los derechos y la dignidad
pos passados, los quales biuir, no es sino sentirnos» { i h i d . , p. 105). humana. E l principio de la unidad substancial entre todos lós hombres, igual-
35. «Por donde es manifiesto ser el hombre cosa uniuersal, que de todas participa. mente merecedores de respeto por su semejanza y parentesco con la divini-
Tiene ánima a Dios semejante, y cuerpo semejante al mundo: biue como planta. dad, c o n t r i b u y ó sin duda a mitigar la violencia de la conquista, limitando o

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hazañas guerreras, salen a relucir los temas relativos a la igual- precioso del cristiarüsmo y de la cultura^'. A juicio del doctor
dad originaria entre los hombres y la dignidad inherente a to- español los indígenas del nuevo mundo constituyen además
dos ellos, incluyendo a los habitantes de las tierras recién des- un caso evidente de esa clase de hombres que Aristóteles
cubiertas..Particular relieve adquiere la protesta airada de consideraba esclavos por naturaleza, destinados desde su naci-
Bartolomé de Las Casas, el fraile dominico que denuncia los miento a servir a los individuos superiores en capacidades, des-
horrores de la conquista y llega a tildar de bárbaros a quienes trezas y racionalidad. De aquí su obUgación, sustentada en «la
atropellan, con actos atroces nunca antes vistos, a unos indios ley de la naturaleza», de sujetarse al dominio de los españoles.
pacíficos e indefensos. Se ha vuelto merecidamente famosa la En su respuesta, Las Casas empieza por cuestionar la in-
poléiíiica sostenida con Ginés de Sepúlveda, quién"HaKa in- clusión de los indígenas de América en la categoría aristotélica
tentado utilizar la teoría aristotélica acerca, de la existencia de de natura sérvi, una caracterización eventualmente apropiada
esclavos por naturaleza para legitimar el sornetimiento y la para los bárbaros en sentido estricto —es decir, para aquellos
explotación de los indios. Sepúlveda, defensor hábil y culto de individuos sin cultura, sistemas legales ni morada fija, que an-
los intereses de los conquistadores, trataba.de justificar con dan vagando como bestias salvajes—, pero no para unos pue-
"buenas razones", es decir, con argumentos teológicos o éti- blos que poseen, como en el caso de los indios de América, un
cos, la violencia de la conquista, las matanzas y expoHaciones sistema de leyes muy elaborado y una capacidad creativa que se
de los indios y su sometimiento. Anticipándose a las teorías expresa en obras arquitectónicas comparables en grandiosidad,
colonialistas del siglo xix, el croiústa.de Carlos V rechaza de refinamiento y^ gusto estético con las realizaciones culturales
manera radical cualquier posibilidad de reconocerles a «esos del mundo clásico. Similares a las bestias salvajes, los bárbaros
hombrecillos en los cuales apenas encontramos vestigios de podrían ser sometidos sin problemas; no así los habitantes del
humanidad» una dignidad y un respeto lejanamente compara- nuevo mundo, sujetos Hbres y dueños legítimos de sus bienes.
bles con los que se merecían los conquistadores españoles. ¿Con «Si Dios crió los dichos indios libres y no subjectos», argu-
qué derecho estos seres incultos, carentes de escritura, sin pa- menta Las Casas, ni su majestad el rey de España, ni el papa ni
sado y sin leyes, entregados a aberraciones sexuales de toda nadie está autorizado a repartirse sus bienes como un botín, o
clase y a prácticas bárbaras como los sacrificios humanos o la a tratarlos como seres incapaces de autonomía y autocontrol
antropofagia, podrían reivindicar un respeto similar al que se racional. L a violencia ejercida contra la vida, las propiedades y
merecen los europeos ? Sepúlveda no tiene ninguna duda acer- la libertad de los indígenas resulta por lo taiito arbitraria e in-
ca de la legitimidad de la conquista, por medio de la cual «una justa, y su reducción ala condición de anirnales p instrumentos
nación humanísima y excelente en todo género de,virtudes» de trabajo vivientes «es condenada por toda ley natural, divina
somete a «gentes tan incultas y bárbaras» para llevarles el don y humana»''. Las Casas llama también la atención sobre las
particulares iniquidad y crueldad de una violencia ejercida con-

entorpeciendo la acción de exterminio emprendida por los enviados de la coro-


na española. Los aventureros que buscaban un enriquecimiento rápido, a cual- 38. Los indígenas, sostiene Sepúlveda, « n o conocen las letras ni conservan monu-
quier precio, tuvieron queenfrentar la resistencia y lasprotestas airadas de mento alguno de su historia salvo cierta oscura y vaga reminiscencia de algunas
muchos hombres de Iglesia, quienes levantaron su voz para condenar la. viola- cosas consignadas en ciertas pinturas... carecen de leyes escritas y sólo tienen
ción de la vida y los innumerables atropellos de que fueronpbjeto los indíge- instituciones y costumbres bárbaras» (Lewis H A N K E . X<» l u c h a española p o r l a ^
nas y los esclavos negros; hombres como Montesinos o Las,Casas tuvieron el j u s t i c i a en l a c o n q u i s t a de América, Aguilar, Madrid, 1959, p. 210).. -"-¡¿íy :.
coraje y la valentía de recordarles a los colonizadores y a Iqs.mismos Reyes de 39. Brevísima relación de l a destrucción de las I n d i a s . T r a t a d o s de fray.Bartolomé ^0
E s p a ñ a que tales prácticas coiitradecían los principios elementales de la ética de L a s C a s a s , Fondo de Cultura Económica, México, 1965, p.lJL. Prólogo ^e,,
cristiana. : L. Hanke. • . ¡¡g- •

•V B;3Í421ECA
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tra seres indefensos y mansos, cuya actitud amistosa contrasta gor lógico del maestro de Salamanca contrastan con el tono
con la crueldadj indigna de un ser humano, délas aves de rapi- apasionado de Las Casas. De una manera aparentemente más
ña llegadas del tiejó mundo, «tan inhumanas, tan sin piedad y moderada, pero no menos eficaz, Vitoria destaca la igualdad y
tan feroces bestias, enemigas del linaje humano». De acuerdo hermaiidad universal entre los hombres, apelando al texto bí-
con el obispo de Chiapas, merecerían más la calificación de blico y a la idea de que todo ser humano ha sido creado a ima-
bárbaros los propios conquistadores, quienes con su crueldad gen y semejanza de Dios. Como consecuencia de esta digni-
sin límites degradan lá humanidad y ponen en entredicho lá dad y este valor,intrínseco, todos los hombres poseen, por de-
confianza en la dignidad y bondad de la naturaleza humana. recho natural, un dominio o señorío sobre sus vidas y sus bie-
Las Casas no se limita a denunciar las atrocidades de la nes: cada ser humano es sujeto de derechos fundamentales, in-
conquista, o a cuestionar la aplicación de la idea de "esclavos dependientemente de las diferencias de raza o de reHgión. Este
)or naturaleza" a los indios de América. E n la medida en qiie principio universal se aplica también a los habitantes del nue-
a defensa de la causa indígena apela a principios más ujiiv.fersa- vo mundo, a quienes Vitoria reconoce la capacidad de salva-
les y abarcadores—libertad originaria, dignidad y valor in- ción, el derecho pleno sobre sus bienes y la capacidad de
trínseco de todo ser humano, etc.—, la misma noción de escla- instaurar por sí mismos un ordenamiento civil. E l autor sos-
vitud natural acaba por quedar en entredicho. Si la libertad es tiene además, en contra de las tendencias imperiaHstas domi-
un derecho originario, según lo indica la idea de la creación, la nantes en su tiempo, que carece de fundamento la apelación al
esclavitud aparece como una violación del orden y de la justi- poder del papa o del emperador para despojar a los indios de
cia natural, que prescriben un respeto igualitario para todos sus propiedades, y que resulta igualmente infundado invocar
los pueblos. E l fraile domiiúco no se cansa de repetir que «to- culpas particularmente graves o repugnantes —sodomía, sa-
das las naciones son hombres», «todos huelen bien», todos crificios humanos, antropofagia— para emprender una cam-
comparten las mismas actitudes humanas fundamentales y una paña de aniquilación. Si esto fuera cierto, argumenta Vitoria,
humanidad común''°. Más allá de las diferencias, se impone la los turcos tendrían igual derecho a emprender una guerra con-
unidad de linaje entre los hunianos, y por consiguiente una tra los cristianos, por sus pecados y por su corrupción, y un
obligación de respeto por cada uno de ellos*'. príncipe cristiano dejaría de ser tal en el instante en el que in-
Los atropellos de la conquista motivan la reflexión de mu- curriese en una culpa mortal.
chos otros insignes intelectuales españoles, entre los que cabe - L a obra de estos humanistas ha sido objeto de comenta-
destacar a Francisco de Vitoria*^. E l talante intelectual y elri- rios encontrados. Particularmente duros han sido los ataques
contra Las Casas, considerado por algunos de su cormacionales
como un paranoico peUgroso, que habría fomentado, con su
40. «Todos tienen entendimiento y voluntad, todos tienen cinco sentidos exterio- sensibilidad enfermiza, la leyenda negra de la conquista, y cues-
res y cuatro interiores, y se mueven por los objetos de ellos; todos huelgan con
tionado por otros por su amor desmedido a los indios^ que lo
el bien y sienten placer con lo sabroso y alegre; todos desechan y aborrecen el
mal» { i b i d . , pp. xviii-xix). habría impulsado a proponer la importación de esclavos ne-
41. « T o d o linaje de los hombres es uno, y todos los hombres en cuanto a su crea- gros para aliviar el trabajo de los indígenas. Se ha vuelto tam-
ción y a las cosas naturales son semejantes, y ninguno nace enseñado» (Las
bién muy común cuestionar los aportes efectivos de estos hu-
Casas, citado por: H A N K E . E l p r e j u i c i o r a c i a l en el n u e v o m » n ¿ o . Editorial
Universitaria, Santiago de Chile, 1 9 5 8 , p. 1 1 4 ) . Sobre la idea de dignidad hu- manistas inspirados en valores y principios cristianos, por no
mana en Las Casasi cfr. Mauricio B E U C H O T . L o s f u n d a m e n t o s de los derechos haber cuestionado en ningún momento la legitimidad de la
h u m a n o s en Bartolomé de L a s C a s a s , Anthropos, Barcelona, 1 9 9 4 .
conquista, limitándose a denunciar los métodos empleados para
42. Francisco de V I T O R I A . Reléctio de i n d i s o l i b e r t a d de los i n d i o s . Consejo Supe-
rior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1 9 6 7 , p. 1 0 . llevarla a cabo. De acuerdo con esta clase de lecturas, las pro-

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testas de Las Casas y los argumentos esgrimidos por Vitoria los locos, los animales y las bestias feroces*^ Estas críticas no
pudieron contribuir a aliviar en algo la violencia^ sin cuestio- carecen de fundamentos. Sin embargo, tanto las obras polémi-
nar seriamente las causas de fondo que la alimentaban, y aca- cas y apasionadas de quien consagró su vida a la causa de los
baron por facilitar el doblegamiento de los indígenas, más in- indígenas, como las reflexiones más sobrias y argumentadas
defensos frente a estos métodos persuasivos y humanitarios^^ del maestro de Salamanca, constituyen un aporte invaluable a
A juicio de Todorov, por ejemplo, la actitud de Las Casas ha- la causa dé la dignidad y de los derechos del hombre. La,
cia la alteridad de los indígenas se caracterizaría por el rechazo reivindicación del derecho a la vida, a la propiedad y a la Hber-
de la aniquilación y la violencia, pero no llegaría a contemplar tad de los indígenas, el cuestionamietito del sistema de enco-
en ningún momento un reconocimiento serio del otro en su mienda y de ese extraño engendro del formaHsmo jurídico es-
autonomía, o un esfuerzo serio por comprenderlo en su pañol que fue el "requerimiento", y el rechazo de la violencia
alteridad: los habitantes del nuevo mundo tienen que ser como método de conquista o de evangeHzación, siguen des-
asimilados, con s!u cultura y sus valores, a la cultura superior pertando, a distancia de siglos, nuestro aprecio y nuestra sim-.
de Occidente, pero con rnedios pacíficos y con la fuerza de los patía. Y no es aventurado sostener que la obra de Las Casas y
argumentos, a la larga más eficaces qúeias armas para integrar de Vitoria siguen siendo el aporte más significativo de España
de manera duradera a estos nuevos individuos en la concep- al humanismo moderno y a la consolidación del ideal de digni-
ción del mundo y en el sistema productivo de los conquis- dad humana.
tadores*'*. Los indígenas merecen compasión y amor, pero no
respeto como personas mayores de edad, autónomas y libres. 5. L a dignidad sustentada en la razón. E l reconocimiento de
Incluso un intelectual tan abierto a la modernidad como Vitoria, la dignidad humana se consolida, en los inicios de la Moderni-
que llega a cuestionar la legitimidad de la posesión española dad, gracias al florecimiento de las teorías iusnaturalistas y a
sobre el nuevo mundo, sigue opinando que los indígenas no las luchas emprendidas por los exponentes de la Ilustración en
son más capaces de gobernarse por sí mismos de cuanto lo sean favor de una sociedad más tolerante y libre, y más acorde con
los dictados de la razón. C o n el nuevo impulso logrado por las
teprías del derecho natural, se afianza la dignidad de la razón
43. E l discurso de los detractores de Las Casas y Vitoria parece sugerir que los —^y de la razón'humana—, reconocida y valorada como un
métodos persuasivos, además de justos y humanitarios, son mil veces m á s efi- instrumento eficaz y suficiente para:asegurar uña legalidad
caces que el recurso i la violencia y el sometimiento ppr medio de la fuerza.
«La sumisión y la colonización —escribe Todorov— tienen que ser conserva- moral y un ordenamiento jurídico-político establ^í Concebi-
das, pero gestadas d é otra manera: ganarán los indios (que no serán torturados da al inicio como la condición de posibiHdad para el acceso a
o exterminados), pero también el rey de E s p a ñ a » (TzvetaH T O D O R O V . L a c o n - los dictados de la ley natural, la racionalidad acabapor supe->
q u i s t a d e l l ' A m e r i c a , f l p r o b l e m a d e l l ' a l t r o , Einaudi, Turín, 1982, p. 208). Ante
el d e s a f í o de la alteridad inquietante. L a s Casas sugiere el camino del rar, de manefa paulatina, este papel de siinple herramienta
sometimiento por medio de la persuasión, una forma m'ás rentable de explotar hermenéutica encargada de descifrar el seritido de una legaH-
a los indígenas q u é la violencia y las matanzas indiscriniiriadas. Si en lugar de dad establecida de antemano, para transforinarse en la instan-,
reducir al otro al rango de objeto « s e lo considera como un sujeto capaz de
producir objetos susceptibles de apropiacic>n», su utilidad se incrementa cia qué fija, por sí misma, este orden. L a atrevida tesis de Grocio
significativamente { i b i d . , p. 213).
44. A juicio de Todorov, sólo al final de su obra Las Casas se habría acercado a un
perspectivismo cultural, llegando a comprender y justificar las prácticas de los 45. A los indios se les reconoce la racionalidad m í n i m a indispensable para realizar-
indios —incluyendo los sacrificios humanos— como parte fundamental de su se como seres humanos y aceptar el cristianismo; pero serrata de una raciona-
forma de vida y de su cultura peculiar, que deberían ser comprendidas en su lidad deficiente, oscurecida por la ignorancia y las pasiones, y por consiguiente
diferencia. ," ; .< : incapaz de una auténtica'mayoría de edad. "

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(en los comienzos del siglo xvil), relativa al valor independien- y el privilegio del que goza el ser humano de trascender el
te de la ley natural, que conservaría su validez incluso si se determinismo mecanicista de la naturaleza exterior lo que ga-
llegase a demostrar la no existencia de Dios, es un claro rantiza su valor peculiar y su dignidad superior « L a idea de la
indicador de la tendencia irresistible e irreversible hacia la so- dignidad humana fundada en la Hbertad ética —anota Welzel—
beranía y autonomía de la razón, que desemboca en la reivin- se halla en el centro del sistema del derecho natural de
dicación, por parte de filósofos como Rousseau y Kant, de la Pufendorf. Esta idea llena la noción de sociabilidad con conte-
autonomía moral y política del ser humano y de su derecho a nido propio, determina el juicio de todas las relaciones jurídi-
obedecer solamente a las leyes emanadas de su voluntad racio- cas en el sistema de Pufendorf, y por la fuerza ética de su expo-
nal, responsable y libre. E n la medida en que todos los seres sición, encendió y robusteció los corazones de los contempo-
humanos tienen acceso, en principio, al ejercicio de la ráneos y de las generaciones sucesivas en la lucha por los dere-
racionalidad, el reconocimiento de la dignidad y autonomía de chos del hombre [...] Pufendorf es el primero [en expresar] con
la razón jevierte en la valoración de quienes están en capaci- palabras tan impresionantes la idea de la dignidad del hombre
dad de ejercerla. A l tiempo que la "recta razón" descubre en la como un ser éticamente Hbre, haciendo de ella el soporte de
ley natural indicaciones inequívocas acerca de la igualdad na- todo su sistema de derecho natural y deduciendo también de
tural originaria entre todos los seres humanos, que se transfor- ella la noción de los derechos del hombre y de la libertad, que
ma en una verdad autoevidente, que no necesita de mayores determinará el curso del siglo siguiente»''^. L a reflexión de
argumentaciones. Como lo anota Bloch, la idea de que los hom- Pufendorf es el mejor ejemplo para confirmar las tesis de Bloch,
bres nacen libres e iguales aparece ya en el derecho romano, quien destaca la preocupación prioritaria por el "caminar er-
pero sólo en los comienzos de la Modernidad empieza a ser guido" y la lucha contra la humillación como los rasgos pecu-
tomada en serio hasta sus últimas consecuencias. liares de la tradición iusnaturalista*^.
La confianza optimista en la capacidad reguladora de la Los postulados iusnaturalistas acerca de la igualdad natu-
razón y la evidencia de los dictados de la ley natural en cuanto ral, la dignidad originaria y la libertad inaHenable de todo ser
al respeto debido a todo ser humano suponen además una nueva humano nutren a su vez las grandes luchas emprendidas por
concepción de la naturaleza y los fines del poder político, que los exponentes de la Ilustración: la p o l é m i c a contra el
sólo se legitima en la medida en que respeta y garantiza los oscurantisrho y el fanatismo reHgioso, la denuncia de la digni-
derechos y. las Hbertades básicas de los ciudadanos. L a digni- dad atribuida a los títulos y ú status, la protesta airada contra
dad y el valor de la libertad individual se transforman así en el la dependencia y la minoría de edad suponen un fuerte sentido
eje alrededor del cual sé articulan la organización j)olítica y el
ejercicio del poder: el orden político aparece como el produc-
to de una decisión libre y de un contrato entre individuos esen- 46. Hans W E L Z E L . Introducción a la fúosofía d e l derecho. Derecho natural y justi-
cialmente independientes, instaurado para garantizar y prote- cia m a t e r i a l , Aguilar, Madrid, 1 9 7 9 , p. 146. « L a d i g n i t a s h u m a n a —prosigue
ger la Hbertad originaria recibida de la naturaleza/-Esta fun- Welzel— no es, naturalmente, una invención de Pufendorf, pero sí aparece en
él, por primera vez, como un concepto iusnaturalista central» [ i b i d e m ) . Welzel
ción fundante de la dignidad aparece con especial claridad en destaca también unas diferencias significativas con la teoría tomista: para santo
la obra de Samuel Pufendorf, uno de los exponentes más des- Tomás la dignidad « n o la posee el hombre como ser éticamente libre, sino sólo
tacados del iusnaturaHsmo moderno. E n la teoría elaborada el hombre virtuoso», por lo que un pecador peligroso puede ser eliminado
como un animal. ,. , .
por el filósofo alemán, que anticipa en muchos aspectos la re- 47. «La_utopía social —sostiene Bloch— está dirigida, sobre todo, a la eliminación
flexión kantiana, la. libertad humana juega un papel central como de la miseria humana, mientras que el derecho natural está dirigido, antes que
fundamento de la dignidad: es la capacidad de autodeterminación todo, a la eliminación de la humillación humana» ( B L O C H , o p . c i t . , p. 2 1 1 ) .

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L o s derechos h u m a n o s , u n desafío a la violencia
P a r a , u n a genealogía d e l concepto de d i g n i d a d humana

de la dignidad humana, que alimenta la inconformidad con lo lemne, por parte de los exponentes de las grandes revoluciones
existente y la indignación ante el conjunto de costumbres, prác- burguesas, del principio relativo a la igualdad natural de los hom-
ticas e instituciones que desconocen y pisotean este valor fun- bres y al valor inherente de cada persona, independientemente
damental. E n su afán por adecuar lo real a los principios de la de desigualdades y diferencias, es el resultado final de un proce-
razón, los filósofos de la época de las Luces se atreven a cues- so milenario, marcado por reivindicaciones y luchas, revolucio-
tionar y denunciar la práctica generahzada de la tortura, la ins- nes políticas y cambios radicales en la concepción del hombre y
titución de la pena de muerte o formas de castigos particular- del mundo, logros temporales y regresiones o fracasos.
mente brutales y degradantes. Muchos de ellos ponen en en-
tredicho el sometimiento pasivo en cuestiones religiosas y
el ejercicio despótico del poder pohtico. Los más atrevidos lle-
gan incluso a denunciar la pobreza y la carencia de acceso a la
cultura o a las "luces" de una parte significativamente mayori-
taria de la población. Entre los philosophes no han faltado, sin
duda, actitudes elitistas u oportunistas: muchos de ellos siguie-
ron defendiendo una estructura clasista, al igual que la restric-
ción de la libertad de pensamiento a una élite esclarecida. Pero
las luchas por la libertad de pensamiento, la tolerancia, la abo-
lición de la tortura y la moralización de la política constituyen
un logro significativo en la lucha contra la humillación y el
sometimiento y preparan el camino a la gran Revolución, cele-
brada por muchos como la revolución de los derechos del hom-
bre y de la dignidad humana.
Para completar este rápido esbozo histórico, podría resul-
tar de alguna utilidad contrastar el ideal moderno de dignidad
con nociones distintas o antagónicas: la dignidad sustentada
en el valor personal y en los títulos, la dignidad ligada con la
pertenencia.a una raza superior, la dignidad equiparada con el
valor de mercado, etc. E l énfasis en el status supone un orden
jerárquico estricto, en el que los sujetos gozan de diferente dig-
nidad; quienes asimilan la dignidad al valor de cambio supo-
nen, por igual, una diferencia substancial en cuanto al valor
relativo o pregio de cada sujeto que interviene en el mercado; y
los racistas hablan de dignidad, pero para acentuar la diferen-
cia y la distancia, más que la igualdad. E l ideal moderno de
dignidad tiene que enfrentar el desafío representado por la ten-
dencia natural a medir el valor de una persona en función de
variables como hidalguía, status, pertenencia a una etnia o raza
determinada, desarrollo moral oracional. L a formulación so-

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