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2017 - 09 - 14

Lecciones de Derecho Mercantil. Volumen I. 14ª ed. agosto


2016
Primera parte. El empresario
Lección 9. El registro mercantil (II). Registro mercantil central. La sección de
denominaciones. Otras funciones del registro mercantil (ÁNGEL ROJO)

Lec c ió n 9

El registro mercantil (II). Registro mercantil central. La


sección de denominaciones. Otras funciones del registro
mercantil

ÁNGEL ROJO

Sumario:

I. El Registro Mercantil Central


1. El Registro Mercantil Central
2. El Boletín Oficial del Registro Mercantil
II. La Sección de Denominaciones del Registro Mercantil Central
3. Concepto, clases y régimen jurídico de las denominaciones
4. La composición de la denominación
5. La Sección de denominaciones
6. La relación entre denominación y signos distintivos registrados
III. Las demás funciones del Registro Mercantil
7. Consideración general
8. La legalización de los libros de los empresarios
9. El nombramiento de expertos independientes por el Registrador
mercantil
10. El nombramiento de auditor de cuentas por el Registrador mercantil
11. El depósito y la publicidad de las cuentas anuales

I. EL REGISTRO MERCANTIL CENTRAL

1. EL REGISTRO MERCANTIL CENTRAL

La Ley 19/1989, de 25 de julio (art. 1), creó el Registro Mercantil Central, al que asignó un
carácter meramente informativo, sin precisar las funciones a desarrollar por este
Registro. En realidad, la principal función del Registro Mercantil Central es la de ser el
instrumento técnico de conexión entre los Registros Mercantiles Territoriales y el
Boletín Oficial del Registro Mercantil, cuya publicación tiene encomendada [art. 18.3 C.
de C., en la redacción dada por la Ley de 25 de julio de 1989 y art. 379, letras a) y c),
RRM]. En efecto, el Registro Mercantil Central se concibe como un registro centralizador
de aquellos datos esenciales de los asientos practicados en los distintos Registros
territoriales, datos que, remitidos por estos Registros de forma inmediata una vez
practicado el asiento correspondiente (art. 384 RRM) y reelaborados, en su caso, por el
Registro Mercantil Central (art. 394 RRM), son objeto de publicación en el Boletín Oficial
del Registro Mercantil.

Es ésta la función capital del Registro Mercantil Central. Colocado en el vértice del
sistema registral mercantil, este Registro coordina, articula y da unidad al sistema en sí.
Precisamente por la importancia de esta función, el Reglamento del Registro Mercantil
regula minuciosamente la remisión y el tratamiento de datos al Registro Mercantil
Central (arts. 384 a 394 RRM; v. también arts. 21 y ss. de la Orden Ministerial de 30 de
diciembre de 1991).

Pero, al lado de esta función básica, el Registro Mercantil Central cumple una función
informativa en la medida en que esos datos remitidos por los distintos Registros
territoriales son accesibles al público. Mientras que la publicidad formal de los Registros
Mercantiles territoriales se hace efectiva mediante certificaciones o por simple nota
informativa o copia de los asientos (art. 23.1 C. de C.), la publicidad formal del Registro
Mercantil Central está limitada a las notas informativas, no pudiendo expedir
certificaciones (salvo en el caso que luego se dirá: art. 23.3 C. de C. y art. 382.1 RRM).
Ahora bien, el Registro Mercantil Central no facilita notas informativas de las
inscripciones y demás asientos que se hayan practicado en los Registros territoriales,
sino de los datos esenciales de esos asientos, es decir, de lo que figura en el Registro
Mercantil Central. Por eso, en las notas que se expidan existe el deber de advertir acerca
de las limitaciones relativas a la información que se facilita (art. 382.1 RRM).

Además de estas dos funciones esenciales, el Registro Mercantil Central se ocupa del
archivo y de la publicidad de las denominaciones de sociedades y demás entidades
jurídicas [art. 379, letra b) , RRM]. Para el desarrollo de esta función, el antiguo Registro
General de Sociedades, dependiente de la Dirección General de los Registros y del
Notariado, se ha convertido en la Sección de denominaciones del Registro Mercantil
Central.

2. EL BOLETÍN OFICIAL DEL REGISTRO MERCANTIL

Entre las funciones del Registro Mercantil Central figura, como hemos señalado, la
publicación en el «Boletín Oficial del Registro Mercantil» del extracto de los actos
inscritos en los distintos Registros territoriales [arts. 18.3 C. de C. y 379, letra c) , RRM]. El
Registro Mercantil Central remite los datos al organismo editor (art. 425 RRM), pero no
se ocupa de la edición electrónica del Boletín, que es competencia de la Agencia Estatal
«Boletín Oficial el Estado» (art. 423 RRM y art. 4 Real Decreto 1979/2008, de 28 de
noviembre). Además de la edición electrónica, existe una edición impresa de unos pocos
ejemplares que deben ser conservados por la propia Agencia y por la Dirección General
de los Registros y del Notariado. El «Boletín Oficial el Registro Mercantil» es una
publicación diaria (excepto sábados, domingos y días festivos en Madrid), en la que no
sólo se publican los extractos de los actos inscritos remitidos por el Registro Mercantil
Central (Sección 1ª), sino también anuncios y avisos legales remitidos directamente al
organismo editor por los empresarios, sociedades y demás sujetos inscritos (Sección 2ª).
La Directiva 2003/58/(CE), del Parlamento europeo y del Consejo, de 15 de julio de 2003,
autorizaba a los Estados miembros a sustituir la publicación impresa del boletín «por
otra medida de efecto equivalente que implique, como mínimo, la utilización de un
sistema que permita consultar las informaciones publicadas en orden cronológico a
través de una plataforma electrónica central» (art. 3.4). Haciendo uso de esta
autorización, el Boletín se publica en forma electrónica desde el 1º de enero de 2009.

En el sistema registral mercantil este Boletín constituye una pieza fundamental por
cuanto que la oponibilidad de los actos sujetos a inscripción a los terceros de buena fe
tiene como presupuesto que los datos esenciales de dichos actos, una vez inscritos, sean
objeto de publicación en este periódico oficial (v. Lec. 8, núm. 12). Una vez remitidos los
datos esenciales –o extractos– al Registro Mercantil Central por los distintos Registros
Mercantiles territoriales y verificadas por dicho Registro la regularidad y la autenticidad
de los envíos (art. 385 RRM), el Registrador mercantil central entregará diariamente al
Organismo autónomo «Boletín Oficial del Estado» un soporte informático conteniendo
los datos objeto de publicación (art. 425 RRM). Estos datos se publican en la Sección 1ª
del Boletín, que se compone de dos apartados: «actos inscritos» y «otros actos publicados
en el Registro Mercantil» (arts. 420 y 421 RRM).

En la Sección 2ª se publican anuncios y avisos legales correspondientes a aquellos actos


de los sujetos inscritos que no causen operación en el Registro Mercantil y cuya
publicación resulte impuesta por la Ley (así, por ej., los anuncios de convocatoria de las
juntas generales de las sociedades anónimas y de responsabilidad limitada, salvo que los
Estatutos hayan sustituido este sistema por otro de los admitidos por la Ley especial: art.
173 LSC). Esta Sección se rige por las normas del capítulo V del Reglamento del «Boletín
Oficial del Estado», en tanto no se oponga a lo establecido en el Reglamento del Registro
Mercantil (art. 422 RRM).

II. LA SECCIÓN DE DENOMINACIONES DEL REGISTRO MERCANTIL


CENTRAL

3. CONCEPTO, CLASES Y RÉGIMEN JURÍDICO DE LAS DENOMINACIONES

Las personas, sean naturales o jurídicas, tienen un derecho subjetivo a la propia


identidad personal y a que les sea reconocida esa individualidad en las relaciones
económicas, sociales y jurídicas. Esa identificación personal se realiza
fundamentalmente a través del nombre. Del mismo modo que las personas físicas o
naturales tienen un nombre que las identifica –compuesto por el nombre propio y por
los apellidos–, las personas jurídicas –y las sociedades entre ellas– tienen una
denominación. Se llama, pues, denominación al nombre de las personas jurídicas. Pero,
además de esta función identificadora o individualizadora, la denominación cumple
una función de información de la forma social de la sociedad a la que identifica y, por
consiguiente, de la responsabilidad de los socios por las deudas sociales.

Al igual que las personas físicas o naturales, en esta materia rige el principio de la unidad
de la denominación (art. 398.1 RRM): cada persona jurídica tiene un nombre, y sólo uno.
No son admisibles sociedades o entidades con dos o más denominaciones. Pero, a
diferencia de lo que acontece respecto de las personas naturales, que tienen restringido
el cambio del nombre y de los apellidos (art. 57 LRC y arts. 205 a 218 RRC), rige para las
personas jurídicas el principio de la modificabilidad de la denominación –que es
derivación del principio de libre elección (v. núm. 4)– de modo tal que una persona
jurídica, a lo largo de su existencia, puede modificar la denominación originaria o la ya
modificada, aunque la elegida no guarde relación alguna con la anterior.
La denominación puede ser subjetiva u objetiva . Es denominación subjetiva –o «razón
social»– la que se integra con el nombre de los socios o de alguno de ellos ( v.gr.: «José
Calatrava García y Cía., S.C.»); es denominación objetiva la que hace referencia a una o
varias actividades económicas incluidas en el objeto social ( v.gr.: «Compañía de
Distribución de Bebidas, S.A.») o la que es de fantasía ( v.gr.: «Reto, S.L.»; art. 402 RRM).
Las sociedades anónimas y de responsabilidad limitada pueden tener una
denominación objetiva o una denominación subjetiva (art. 2 LSC y art. 400.1 RRM). Si
originariamente las sociedades anónimas eran «anónimas», es decir, tenían una
denominación en la que designaba el objeto a que se dedicaban, en la actualidad se
admite que estas sociedades elijan una denominación de fantasía e incluso una
denominación subjetiva. Por el contrario, las sociedades colectivas o comanditarias
simples deben tener una denominación subjetiva, en la que figurarán necesariamente
los nombres y apellidos o sólo uno de los apellidos de todos los socios colectivos, de
algunos de ellos o de uno solo, debiendo añadirse en estos dos últimos casos la
expresión «y compañía» o su abreviatura «y Cía.» (arts. 126, 146 y 147 C.de C.; v.gr.: «José
Calatrava y Cía., S.C.»), si bien se permite incluir en esa composición subjetiva alguna
expresión que haga referencia a una actividad que esté incluida en el objeto social (art.
400.2 RRM; v.gr.: «Pérez y García, Reparación de Automóviles, S.C.»). Las sociedades
comanditarias por acciones pueden tener una denominación subjetiva, en la forma
prevista para las sociedades comanditarias simples, o una denominación objetiva (art.
153 C. de C. y art. 400.3 RRM).

Un caso especial es el de la denominada sociedad Nueva Empresa (arts. 434 y ss. LSC).
En la constitución de esta clase de sociedades, la denominación debe estar formada por
los dos apellidos y el nombre de uno de los socios fundadores seguidos de un código
alfanumérico que permita la identificación de la sociedad de manera única e inequívoca
(art. 435.1 LSC; v. también Orden ECO/1371/2003, de 30 de mayo, por la que se regula el
procedimiento de asignación del código ID-CIRCE que permite la identificación de la
sociedad limitada Nueva Empresa).

En el caso de las denominaciones subjetivas, el régimen es distinto según cual sea la


forma social. Si la sociedad es colectiva o comanditaria, simple o por acciones, se exige
que la persona o las personas cuyos nombres integren la razón social ostenten «de
presente» la condición de socio colectivo, de modo tal que si alguno de ellos perdiera por
cualquier causa esa condición la sociedad está obligada a modificar de inmediato la
razón social (art. 126.2 C.de C. y art. 401.3 y 4 RRM); y lo mismo sucede si se trata de una
sociedad Nueva Empresa (art. 451.2 LSC). Por el contrario, si la sociedad es anónima o
de responsabilidad limitada, o si se trata de cualquier otra entidad inscribible, la
pérdida de la condición de socio de la persona cuyo nombre se haya tomado para la
composición de la denominación no obliga a la sociedad a modificar dicha
denominación. Naturalmente, en la denominación de estas sociedades de capital no
puede incluirse total o parcialmente el nombre de una persona sin su consentimiento
(art. 401.1 RRM; Res. DGRN de 8 de octubre de 1998); pero ese consentimiento se
presume cuando la persona cuyo nombre se haya tomado para la composición de la
denominación forme parte de esa sociedad (art. 401.1 RRM). Si esa persona pierde por
cualquier causa la condición de socio sólo puede exigir la supresión de su nombre de la
denominación social si se hubiera reservado expresamente este derecho (art. 401.2
RRM).

Un régimen especial es el de las sociedades profesionales, ya que las personas que


hubieren perdido la condición de socios y sus herederos, cualquiera que sea la forma de
la sociedad, podrán exigir la supresión de su nombre de la denominación social, salvo
pacto en contrario (art. 6.3 LSP). El mantenimiento en la denominación de una sociedad
colectiva o comanditaria profesional del nombre de quien hubiera dejado de ser socio,
no implicará su responsabilidad personal por las deudas contraídas con posterioridad a
la fecha en que haya causado baja en la sociedad profesional (art. 6.4 LSP).

En el Derecho español coexisten dos grupos de normas en relación con las


denominaciones: de un lado, las fragmentarias normas del Código de Comercio y de las
Leyes de sociedades sobre composición de las denominaciones sociales y sobre cambio
de denominación (arts. 126, 146 y 147 C. de C., arts. 6 y 7 LSC, art. 1.3 LCoop., art. 5 LSGR
y art. 6 LAIE); y, de otro, las normas que el Reglamento del Registro Mercantil dedica a
esta materia y especialmente al funcionamiento de la denominada Sección de
denominaciones (arts. 395 a 419 RRM). De ahí que, al tratar del Registro Mercantil
Central, sea obligado ocuparse de las denominaciones, no sin antes advertir que –como
es lógico– el Reglamento no se ocupa de las denominaciones en general, sino única y
exclusivamente de las denominaciones de las sociedades mercantiles y demás entidades
jurídicas inscribibles en el Registro Mercantil.

4. LA COMPOSICIÓN DE LA DENOMINACIÓN

La composición de la denominación está regida por el principio de libre elección . No se


trata, sin embargo, de un principio absoluto. Además de las limitaciones ya conocidas
según se trate de denominaciones subjetivas o de denominaciones objetivas, existen
otras importantes limitaciones a la autonomía de elección: en primer lugar, las relativas
al contenido de la denominación, en segundo lugar, las referentes a la estructura, y, por
último, las que atañen a la disponibilidad de la misma.

A) Las limitaciones relativas al contenido se refieren tanto a los signos que se pueden
utilizar en la composición como al significado de esos signos. En cuanto a los signos, las
denominaciones deberán estar formadas por letras del alfabeto de cualquiera de las
lenguas oficiales españolas, aunque no formen sílabas. El idioma es indiferente: salvo la
indicación de la forma social, son admisibles no sólo las denominaciones en castellano o
en alguna de las demás lenguas oficiales de las distintas Comunidades Autónomas, sino
también en cualquier otra lengua. Pero el principio de unidad de denominación impide
que una misma sociedad o entidad tenga dos denominaciones, una en una lengua y la
segunda, mera traducción de la anterior, en otra distinta. No se permite formar la
denominación exclusivamente con números , pero es posible incluir en la
denominación, antes, en el medio o a continuación de las letras, expresiones numéricas
en guarismos árabes o en números romanos (art. 399 RRM; v.gr.: «Velázquez 207, S.L.»).

En cuanto al significado de los signos utilizados, se prohíbe la inclusión en la


denominación de términos o expresiones que resulten contrarios a la Ley, al orden
público o a las buenas costumbres (art. 404 RRM), así como la inclusión de
denominaciones oficiales (como los adjetivos «nacional», «estatal» o «autonómico») por
sociedades o entidades que no tengan derecho a ello (art. 405 RRM). Pero, además, el
contenido de la denominación está sometido al principio de veracidad que opera tanto
respecto de la clase de entidad a la que la denominación identifica como por lo que se
refiere al objeto social. En el primer sentido, se prohíbe la inclusión en la denominación
de cualquier término o expresión que pueda inducir a error o a confusión en el tráfico
sobre la propia identidad de la sociedad o entidad y sobre la clase o naturaleza de éstas
(art. 406 RRM); así, por ejemplo, no se admiten las denominaciones en las que se
incluyan palabras indicadoras de una clase de persona jurídica de naturaleza diferente
a la que se pretenda constituir o cuya denominación vaya a ser modificada, así como
tampoco palabras indicadoras de una forma social diferente a la efectivamente elegida
(v., entre otras muchas, Ress. DGRN de 26 de junio de 1997, 14 de mayo de 1998, 13 de
septiembre de 2000 y 2 de enero y 26 de mayo de 2003). En el segundo sentido, no puede
adoptarse una denominación objetiva, o incluirse un elemento objetivo en una
denominación subjetiva, que haga referencia a una actividad que no esté incluida en el
objeto social (arts. 402.2 y 401.1 RRM y Ress. DGRN de 4 de diciembre de 1991 y de 6 de
abril de 2002). En aplicación de este principio de veracidad, la Dirección General de los
Registros y del Notariado considera improcedente incluir el término «bufete» en la
denominación social si la actividad social es de mero asesoramiento sobre temas
jurídicos, y no la defensa de intereses ajenos ante los Tribunales de Justicia (Res. DGRN
de 26 de junio de 1995). Además de estas dos manifestaciones, el principio de veracidad
se manifiesta también plenamente, como hemos indicado, en la composición de las
denominaciones subjetivas o razones sociales de las sociedades colectivas y
comanditarias (art. 401.3 RRM) y de la sociedad Nueva Empresa (art. 435.1 LSC), y no en
la composición de las denominaciones subjetivas de las sociedades de capital por cuanto
que es posible que la persona cuyo nombre se haya utilizado para la composición de la
denominación subjetiva no sea socio o haya dejado de serlo (art. 401.1 y 2 RRM).

B) Las limitaciones de la estructura son las relativas a la indicación de la forma social .


Por supuesto, en la denominación debe figurar la indicación de la forma social de que se
trate o su abreviatura. Mientras que si la indicación es completa puede incluirse en
cualquier lugar de la denominación ( v.gr.: «Sociedad Anónima Carrillo»; «Sociedad
Limitada Minas del Llobregat»), si se trata de abreviatura (que las Leyes especiales y el
Reglamento fijan con un criterio taxativo: v., entre otros, art. 6 LSC; art. 1.4-3 LCoop.; art.
5 I LSGR; art. 19.2 Ley 10/1990, de 15 de octubre, del Deporte; art. 3.1 Ley 4/1997, de 24
de marzo, de Sociedades Laborales; y art. 403.2 RRM) tiene que incluirse
necesariamente al final de la denominación (art. 403.1 RRM; v.gr.: «Siderúrgica de
Cantoblanco, S.A.», «Manufacturas Metálicas de Caspe, S.L.», «Pérez y García, S.C.»;
«Freudenberg S.A., S. en C.»).

C) La delimitación relativa a la disponibilidad hace referencia al hecho de que la


denominación esté disponible, es decir, no sea idéntica a otra que ya figure registrada,
provisional o definitivamente, en la Sección de denominaciones del Registro Mercantil
Central. En efecto, no pueden inscribirse en el Registro Mercantil las sociedades o
entidades cuya denominación sea idéntica a alguna de las incluidas en dicha Sección
(art. 407.1 RRM), ya que, en caso contrario, la denominación carecería de la necesaria
función identificadora (v., entre otras, Res. DGRN de 26 de junio de 1997). Pero el
concepto de identidad a estos efectos no es el concepto vulgar. Se entiende que existe
identidad no sólo en el caso de coincidencia total y absoluta entre denominaciones, sino
también cuando, aun faltando esa coincidencia, se utilicen las mismas palabras en
diferente orden, género o número; cuando se utilicen las mismas palabras con la adición
o supresión de expresiones o de términos genéricos o accesorios, o de artículos,
adverbios, preposiciones, conjunciones, acentos, guiones, signos de puntuación u otras
partículas similares, de escasa significación; o cuando se utilicen palabras distintas que
tengan la misma expresión o notoria semejanza fonética (art. 408.1 RRM; v. Ress. DGRN
de 25 de junio de 1999, 25 de abril, 10 de mayo y 10 de junio de 2000, 26 de marzo de
2003 y 12 de abril de 2005). Mientras que en los casos de coincidencia de las
denominaciones existe identidad absoluta , cuando concurre alguna de estas otras tres
circunstancias se puede hablar de identidad relativa . Esta ampliación del concepto
vulgar de identidad no admite interpretación extensiva. Fuera de los casos
mencionados, las denominaciones se consideran no idénticas, aunque sean
confundibles por razón de similitud (v., por ej., Res. DGRN de 26 de mayo de 2003).

Por excepción, son admisibles denominaciones con identidad relativa cuando la persona
que solicite una denominación relativamente idéntica a otra ya registrada sea la titular
de esta denominación o acompañe a la solicitud la autorización de la sociedad afectada
por la nueva denominación que pretende la solicitante (art. 408.2 RRM). Con esta
excepción se facilita que una sociedad o entidad inscrita pueda elegir como nueva
denominación una relativamente idéntica a la que ya ostentaba, y también que
sociedades del mismo Grupo puedan tener denominaciones muy próximas. Así, por
ejemplo, al no constar esa autorización, no ha podido acceder al Registro Mercantil una
sociedad denominada «Rioja Vivienda Ocasión, S.L.» por existir ya inscrita otra sociedad
con la denominación «Vivienda Ocasión, S.L.» ya que el término «Rioja» es un topónimo
de escasa relevancia identificadora (Res. DGRN de 12 de abril de 2005).

Para determinar si existe identidad, absoluta o relativa, se debe comparar la totalidad


de la denominación registrada con la totalidad de la denominación que se pretende,
pero prescindiendo de las indicaciones relativas a la forma social o de aquellas otras
cuya utilización venga exigida por la Ley (art. 408.3 RRM).

Al lado de la prohibición de identidad, existe la prohibición de que la denominación


coincida con otra que sea notoria aunque no figure en la Sección de denominaciones del
Registro Mercantil Central, bien por no ser la propia de sujeto inscribible e inscrito, bien
por ser denominación de sociedades o entidades extranjeras: son también indisponibles
las denominaciones notorias no registradas (Res. DGRN de 11 a 20 de octubre de 1984).
Aun cuando la denominación no conste en el Registro Mercantil Central, el Notario no
puede autorizar, ni el Registrador puede inscribir, sociedades o entidades cuya
denominación les conste por notoriedad que coincide con la de otra entidad
preexistente, sea o no de nacionalidad española (disp. ad. 14ª LM y art. 407.2 RRM; Res.
DGRN de 7 de diciembre de 2004). Así, por ejemplo, se consideró que la denominación
«Volvo España, S.A.» era confundible con una muy conocida marca con la que se
comercializan en el tráfico determinados vehículos, por lo que, al no constar la
autorización de la titular de la marca, no era posible emitir certificación negativa (Res.
DGRN de 24 de febrero de 2004).

5. LA SECCIÓN DE DENOMINACIONES

Entre las funciones del Registro Mercantil Central figura el archivo y la publicidad de las
denominaciones de sociedades y entidades jurídicas inscritas [art. 379, letra b), RRM].
Para el cumplimiento de esta función se ha constituido en dicho Registro una Sección
especial: la Sección de denominaciones (arts. 395 a 419 RRM y arts. 3 a 20 de la Orden
ministerial de 30 de diciembre de 1991), que cuenta con una subsección especial para
las denominaciones de las sociedades Nueva Empresa (art. 435.3 LSC y Orden
ministerial de 30 de mayo de 2003). La finalidad de esta Sección es la de impedir que
pueda inscribirse en el Registro Mercantil una sociedad o, en general, un sujeto
inscribible con una denominación idéntica al de otro sujeto ya inscrito. Si la
denominación es manifestación del derecho subjetivo que tiene toda persona jurídica a
la propia identidad, lógico es que el Derecho arbitre los medios necesarios para impedir
que otra persona jurídica, al constituirse, elija la misma denominación.

Ahora bien, los problemas de la homonimia de personas jurídicas no se evitan por


completo con la prohibición de identidad. Y es que la Sección de denominaciones del
Registro Mercantil Central sólo es operativa respecto de las sociedades y de los demás
sujetos inscribibles en el Registro Mercantil, y no respecto de las personas jurídicas,
societarias o no, inscribibles en otros Registros, como las sociedades cooperativas [salvo
que se trate de cooperativas de crédito o de seguros: art. 16.1-3º C. de C. y art. 81.1, letra
d), RRM], las asociaciones y las fundaciones, las cuales se inscriben en el
correspondiente Registro administrativo, estatal o autonómico según los casos. Así, al no
existir un Registro único de personas jurídicas, puede suceder que una sociedad
anónima tenga la misma denominación que una sociedad cooperativa y que, a su vez, la
denominación de ambas coincida con la de una asociación. Naturalmente, en el futuro
el legislador deberá solucionar este problema aunque sea a través de la simple
coordinación de los Registros públicos. De momento, para tratar de paliar los efectos
negativos de la homonimia, se ha permitido la inclusión en la Sección de
denominaciones del Registro Mercantil Central de las denominaciones de otras
entidades no inscribibles en el Registro Mercantil que se encuentren inscritas en otros
Registros públicos si así se solicita por representante legítimo (art. 396 RRM).

La Sección de denominaciones funciona a base de certificaciones, positivas o negativas,


que, a solicitud del interesado, emite el Registrador Mercantil Central, bien en soporte
papel, bien en soporte electrónico (art. 113.1 Ley 24/2001, de 27 de diciembre, de
medidas fiscales, administrativas y del orden social). Son éstas las únicas certificaciones
que puede expedir este Registro (art. 23.3 C.de C.). La solicitud de certificación, que se
formula en modelo oficial, puede referirse a una sola denominación o a varias hasta un
máximo de tres (art. 410.1 RRM). Se considera registrada –y, por consiguiente la
certificación a emitir será positiva– toda denominación idéntica a otra que ya figure en
la Sección de denominaciones, es decir, toda denominación que vulnere la prohibición
de identidad en el sentido dado a este término por el Reglamento del Registro Mercantil;
se considera no registrada –y, por consiguiente, la certificación será negativa– toda
denominación que no vulnere dicha prohibición (art. 409 RRM).

La certificación negativa tiene una vigencia de tres meses a contar desde la fecha en que
hubiera sido expedida (art. 414.1 RRM). Transcurrido ese plazo, caduca la certificación
pero no los derechos del solicitante respecto de esa denominación. En efecto, cuando la
certificación es negativa, el solicitante tendrá una «reserva temporal de denominación»:
durante seis meses podrá solicitar una nueva certificación negativa de la denominación
y, si la primera solicitud se refiriera a varias, de la primera respecto de la cual se
hubiera emitido certificación negativa. Transcurridos esos seis meses caducará la
reserva, cancelándose de oficio en la Sección de denominaciones (art. 412 RRM).

No puede otorgarse escritura de constitución de una sociedad o de cualquier otra


entidad inscribible sin previa expedición de certificación negativa por el Registrador
mercantil central a nombre de un fundador o promotor. No podrá otorgarse escritura de
modificación de la denominación de una sociedad o de cualquier otra entidad inscrita
sin previa expedición de certificación negativa por el Registrador mercantil central a
nombre de la propia sociedad o entidad. Si figura en soporte papel, la certificación
vigente que acredite que no figura registrada la denominación elegida se presentará al
Notario que autorice la escritura de constitución o de modificación de la denominación,
el cual deberá protocolizarla con la escritura matriz (art. 413 RRM); y, si figura en
soporte electrónico, el Notario, previa comprobación de ese soporte electrónico,
trasladará a papel en único ejemplar imprimible el contenido de aquélla, el cual
incorporará a la escritura matriz bajo su fe (Ress. DGRN de 13 de septiembre y 11 de
noviembre de 2004). La existencia de una certificación negativa, cualquiera que sea la
forma en la que conste, no significa que el Registrador mercantil territorial tenga
vedado calificar la legalidad de la denominación: el Registrador mercantil central, al
expedir la certificación negativa, califica que la denominación se ajusta a los requisitos
reglamentarios, y el Registrador mercantil territorial al que se presenta la
correspondiente escritura pública de constitución de la sociedad o de modificación de la
denominación califica por lo que resulte del título y de los asientos del Registro que la
denominación elegida es conforme a la legalidad (Ress. DGRN de 1 de diciembre de
1997, 6 y 25 de abril de 2000 y 12 de abril de 2005). Una vez inscrita la sociedad o la
entidad o una vez inscrita la escritura de modificación, el registro de la denominación
en la Sección de denominaciones, que hasta entonces era provisional, se convertirá en
definitivo (art. 415 RRM).

Para evitar que los terceros sean inducidos a error acerca de la entidad a la que
corresponde la denominación, las antiguas denominaciones de sociedades y demás
entidades inscritas que hubieran quedado vacantes bien por cambio voluntario de
denominación, bien por cancelación de la sociedad o entidad a la que identificaban,
continuarán registradas en la Sección durante el plazo de un año. Transcurrido ese
plazo a contar desde la inscripción de la modificación de la denominación o desde la
cancelación de la sociedad o entidad a la que habían distinguido como consecuencia de
la extinción de la misma, el registro de la antigua denominación se cancelará de oficio
(art. 416 y 419 RRM; Res. DGRN de 27 de diciembre de 1999) quedando desde entonces
esa denominación a disposición de quien la solicite.

6. LA RELACIÓN ENTRE DENOMINACIÓN Y SIGNOS DISTINTIVOS REGISTRADOS

La denominación es, según antes señalamos, el nombre de una sociedad o, en general,


de una persona jurídica. Precisamente por ello cumple una función de identificar a esa
sociedad o persona jurídica del mismo modo que el nombre de una persona natural o
jurídica; y, al identificar, distingue a esa persona de otras que operen en el mercado.
Pero la denominación no es un «signo distintivo» en sentido técnico jurídico, es decir, no
es un bien inmaterial sobre el que esa sociedad o esa entidad tengan un derecho de
exclusiva (v., entre otras, Res. DGRN de 12 de abril de 2005). De ahí que sea
recomendable que, una vez inscrita, la sociedad registre la denominación social o el
anagrama (es decir, la denominación abreviada, como, por ej., las primeras sílabas de
los términos de que se compone) como nombre comercial (art. 87.1 LM) o como marca
(art. 4.1 LM) en la Oficina Española de Patentes y Marcas. De este modo, la sociedad
titular de ese nombre comercial o de esa marca tiene el derecho a usarlos en exclusiva
en el tráfico mercantil y el derecho a impedir que un tercero no autorizado use esa
denominación u otra confundible (arts. 34 y 40 LM).

Si la sociedad o la entidad no tiene registrada la denominación como nombre comercial


o como marca, cualquier titular de un signo distintivo registrado en la Oficina Española
de Patentes y Marcas podrá oponerse a que esa sociedad o entidad utilice la propia
denominación en el tráfico y hasta demandar ante los Tribunales de Justicia que sea
condenada a modificar esa denominación si induce a confusión con el nombre
comercial o con la marca que la demandante tenga registrado en esa Oficina (SSTS de 27
de diciembre de 1954, 11 de marzo de 1977, de julio de 1980, 24 de enero de 1986, 31 de
marzo de 1989, 24 de julio de 1992, 26 de junio y 5 julio de 1995, 31 de diciembre de 1996
y 14 de febrero de 2000). Únicamente cuando la titular de la denominación social pueda
acogerse a los beneficios reservados a los titulares de marcas notorias o merezca la
protección del titular de un nombre comercial no inscrito, podrá imponerse sobre quien
tenga un signo distintivo registrado.

Para garantizar la efectividad de la sentencia firme que, por cualquier causa, ordene el
cambio de denominación, el Derecho español contiene dos importantes medidas. La
primera es el cierre del Registro: inscrita en el Registro Mercantil la sentencia firme que
ordene dicho cambio, no pueden acceder a la hoja abierta a la sociedad nuevas
inscripciones en tanto no se inscriba la nueva denominación de la sociedad (art. 417.2
RRM). La segunda –que es desmesuradamente dura– consiste en que, transcurrido un
año a contar desde la firmeza de la sentencia que hubiera ordenado el cambio de
denominación sin que éste hubiera tenido lugar, «la sociedad quedará disuelta de pleno
derecho, procediendo el Registrador mercantil de oficio a practicar la cancelación»
(disp. adic. 17ª LM). De este modo, la sociedad que no hubiera cambiado la
denominación social y que continúe actuando en el tráfico, deviene irregular, con todas
las consecuencias negativas que comporta esta calificación.

En todo caso, para evitar los muy frecuentes problemas de conflicto entre
denominaciones sociales y signos distintivos sería deseable la coordinación entre la
Sección de denominaciones del Registro Mercantil Central y la Oficina Española de
Patentes y Marcas (cuya inexistencia ha lamentado en reiteradas ocasiones la Dirección
General de los Registros y del Notariado: v., entre otras, Ress. DGRN de 24 de febrero, 24
de junio y 25 de noviembre de 1999, 10 de junio de 2000, 4 de octubre de 2001 y 24 de
febrero de 2004).

III. LAS DEMÁS FUNCIONES DEL REGISTRO MERCANTIL

7. CONSIDERACIÓN GENERAL

Los cambios fundamentales introducidos por la Ley 19/1989, de 25 de julio, en el


régimen jurídico del Registro Mercantil no se limitaron a la sustitución del sistema de la
inscripción por el sistema de la publicación. Al mismo tiempo, esa Ley procedió a la
sustancial ampliación de las funciones de los Registros Mercantiles territoriales, los
cuales, además de ser oficinas públicas en las que se practica la inscripción de
determinados sujetos y de determinados actos de esos sujetos, asumen nuevos e
importantes cometidos como son la legalización de los libros de los empresarios (arts. 27
C. de C. y 329 a 337 RRM), el nombramiento de expertos independientes (arts. 67.1 y 76
LSC y 338 a 349 RRM) y de auditores de cuentas (art. 265 LSC y 350 a 364 RRM) y el
depósito y publicidad de los documentos contables de las entidades obligadas (arts. 279
y ss. LSC y 365 a 378 RRM). La atribución de estas nuevas funciones no registrales ha
supuesto la potenciación de la figura de los Registradores mercantiles como
funcionarios especialmente cualificados y del Registro Mercantil como institución.

Esta ampliación de funciones ha continuado con el Real Decreto-ley 3/2009, de 27 de


marzo, que ha atribuido al Registrador mercantil la competencia para el nombramiento
de experto independiente a fin de que emita informe, entre otros extremos, sobre el
carácter razonable y realizable del plan de viabilidad presentado por el deudor en el
marco de los denominados «acuerdos de refinanciación» (disp. adic. 4ª LC). La Ley
15/2015, de 2 de julio, de jurisdicción Voluntaria ha centrado este proceso, atribuyendo a
los Registradores mercantiles,en competencia compartida con los Secretarios Judiciales,
la de conocer, en ciertos casos, las Juntas Generales (arts. 169 a 171 LSC) y la asamblea
de obligacionistas (art. 422.3 LSC) y otros igualmente relevantes. Al mismo tiempo,la
competencia relativa al nombramiento y separación de auditores (arts. 265 y 266 LSC).

8. LA LEGALIZACIÓN DE LOS LIBROS DE LOS EMPRESARIOS

A) Como sabemos, los empresarios individuales y sociales están obligados a legalizar los
libros de llevanza obligatoria (art. 27 C. de C.). Se trata de una obligación legal con la que
se intenta conseguir el mayor grado de autenticidad de la contabilidad y de las actas,
evitando que se adapten a conveniencia en función de circunstancias posteriores.

La legalización consiste en la diligencia del Registrador mercantil bajo su firma,


extendida en el primer folio del libro, y en el sello del Registro en todos los folios de que
se compone (art. 27.1 C. de C.). En la diligencia el Registrador fundamentalmente
identifica al empresario individual o social, expresa la clase de libro y el número de
folios de que se compone y el sistema de sellado. El sello del Registro correspondiente
puede realizarse mediante impresión o estampado o mediante perforación mecánica de
los folios o cualquier otro procedimiento que garantice la autenticidad de esa
legalización (art. 334 RRM). La necesaria presentación por vía telemática de los libros en
formato electrónico para su legalización –a la que enseguida se hará referencia-
requiere, no obstante, de la consecuente adaptación del texto de estos preceptos.
La legalización en el Registro Mercantil de los libros de llevanza obligatoria por parte de
los empresarios no es la única que establece el Derecho español. Así, por ejemplo, las
sociedades cooperativas deben legalizar los libros de llevanza obligatoria en el Registro
(administrativo) de sociedades cooperativas estatal o autonómico que corresponda (v.
art. 60.2 LCoop.); y las comunidades de propietarios deben también legalizar los libros
de actas, pero la competencia para esta legalización no corresponde al Registro
Mercantil sino al Registro de la Propiedad (art. 19.1 de la Ley 49/1960, de 21 de julio,
sobre Propiedad Horizontal, en la redacción dada por la Ley 10/1992, de 30 de abril, de
Medidas urgentes de Reforma Procesal).

B) La Ley distingue entre una legalización obligatoria y una legalización facultativa . Es


obligatoria la legalización de los libros de llevanza obligatoria (art. 27.1 C. de C. y art.
329.1 RRM), es decir, del Libro de Inventarios y Cuentas Anuales y del Libro Diario (art.
25.1 C. de C.) y, en el caso de las sociedades mercantiles, del Libro o de los Libros de
actas (art. 26 C. de C.), del Libro registro de acciones nominativas de sociedades
anónimas y comanditarias por acciones (art. 27.3 C. de C. y art. 116 LSC), del Libro
registro de socios de las sociedades de responsabilidad limitada (art. 27.3 C. de C. y art.
104 LSC) y del Libro registro de contratos entre el socio único y la sociedad unipersonal
(art. 16 LSC). Es meramente facultativa la legalización en el Registro Mercantil de los
denominados «libros de detalle» del libro Diario y cualesquiera otros que se lleven por
los empresarios individuales y por las sociedades como auxiliares de los libros de
contabilidad (art. 329.2 RRM), así como los libros propios de las sucursales (art. 377
RRM).

Se distingue también entre una legalización de libros en blanco y legalización de libros


anotados . La regla general es la primera (art. 27.1 C. de C.): los libros obligatorios se
presentan a legalización antes de su utilización debiendo estar completamente en
blanco y con los folios numerados correlativamente (art. 332 RRM). Por excepción se
permite la legalización de los libros obligatorios formados por hojas encuadernadas con
posterioridad a la realización de los asientos y anotaciones, siempre que esas hojas
estén encuadernadas de modo que no sea posible la sustitución de los folios y que
tengan el primer folio en blanco y los demás numerados correlativamente y por el
orden cronológico que corresponda a los asientos y anotaciones practicadas. En este
caso los libros deberán ser presentados a legalización antes de que transcurran cuatro
meses a contar desde la fecha de cierre del ejercicio. La presentación tardía de la
solicitud –esto es, transcurrido su plazo legal– no impide la legalización, pero el
registrador deberá hacer constar expresamente esta circunstancia tanto en la diligencia
del libro que se legalizó como en el asiento correspondiente del Libro de legalizaciones
(art. 27.2 C. de C. y art. 333 RRM).

En relación con la legalización a través de procedimientos telemáticos, y a la Instrucción


de la Dirección General de los Registros y del Notariado de 31 de diciembre de 1999
determinó el formato y los requisitos que debían cumplir los ficheros relativos a los
libros que se presentaran para su legalización por esta vía en el Registro Mercantil.
Posteriormente, la Ley 14/2013, de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y su
internalización ha establecido -al margen de las disposiciones del Código de Comercio y
del Reglamento del Registro Mercantil en materia de legalización, que han de
considerarse derogadas con carácter implícito en todo cuanto resulten incompatibles
con las previsiones de esta Ley- que todos los libros que obligatoriamente deban llevar
los empresarios, independientemente de si son personas físicas o personas jurídicas, con
arreglo a las normas legales aplicables han de legalizarse telemáticamente en el Registro
Mercantil después de su cumplimentación en soporte electrónico y antes de que
transcurran cuatro meses desde la fecha del cierre del ejercicio. El Registrador tras la
comprobación del cumplimiento de los requisitos formales y de la regular formación
sucesiva de los libros en dicho formato electrónico, certificará electrónicamente su
intervención haciendo constar el correspondiente código de validación (art. 18). En
relación con la preceptiva legalización telemática de los libros de llevanza obligatoria, la
Instrucción de 12 de febrero de 2015 de la Dirección General de los Registros y del
Notariado, sobre legalización de libros de los empresarios en aplicación del artículo 18
de la citada Ley 14/2015, ha unificado los criterios procedimentales a seguir por los
Registros Mercantiles, precisando que no podrán legalizarse para los ejercicios
económicos iniciados a partir del 29 de septiembre de 2013 los libros en soporte papel o
en soporte electrónico de cualquier tipo no presentados por vía telemática (Instrucción
Quinta). Asimismo, no podrán tampoco legalizarse para los ejercicios iniciados a partir
de esa fecha libros encuadernados en blanco para su posterior utilización o libros no
encuadernados, también en blanco, formados por hojas móviles (Instrucción Cuarta), de
modo tal que los que ya estuvieran legalizados solo podrán ser utilizados para ejercicios
económicos abiertos antes del 29 de septiembre de 2013 (Instrucción Sexta). La
preocupación por la seguridad de los archivos electrónicos que contengan los libros de
llevanza obligatoria presentados por vía telemática para su legalización en el Registro
Mercantil ha propiciado la aprobación por la Dirección General de los Registros y del
Notariado de ciertos mecanismos de seguridad, como el borrado inmediato a la
presentación y el cifrado de datos (vid. Instrucción de la DGRN de 1 de julio de 2015).

La legalización es competencia del Registro Mercantil del lugar del domicilio del
empresario o sociedad mercantil. El posterior cambio de domicilio no afecta a la
legalización: la legalización efectuada por el Registro de origen antes de ese traslado del
domicilio conserva pleno valor (art. 27.1 C. de C.). La legalización se practica a solicitud
del empresario o de la sociedad mercantil, acompañando los libros que pretendan
legalizarse (art. 330.1 y 2 RRM). Los empresarios individuales pueden formular y
obtener la solicitud aunque no se encuentren inscritos en el Registro Mercantil. Al ser
meramente potestativa esa inscripción, salvo en el caso del naviero (art. 19.1 C. de C.), la
legalización no exige que figuren inscritos. Por el contrario, las sociedades mercantiles,
en cuanto sujetos sometidos a inscripción obligatoria, sólo podrán solicitar la
legalización una vez presentada a inscripción la escritura de constitución, realizándose
la legalización después de que la inscripción se practique (art. 330.3 RRM).

Si la solicitud se hubiera realizado en debida forma y los libros reunieran los requisitos
legal y reglamentariamente establecidos, el Registrador procederá a la legalización
dentro de los quince días siguientes a la presentación (art. 335 RRM), devolviendo los
libros al solicitante (art. 336.2 RRM). Si los libros no fueran retirados en el plazo de tres
meses a contar desde la presentación, el Registrador podrá remitirlos con cargo al
solicitante de la legalización (art. 336.3 RRM).

9. EL NOMBRAMIENTO DE EXPERTOS INDEPENDIENTES POR EL REGISTRADOR


MERCANTIL

Entre las funciones del Registro Mercantil figura también la relativa al nombramiento
de expertos independientes y de auditores de las sociedades. Se trata de una
competencia que se ejerce siempre a solicitud de legitimado –y nunca de oficio– cuya
finalidad es la del nombramiento de un profesional independiente –experto o auditor,
según los casos–, ajeno a la sociedad, para el desarrollo de una determinada actividad
fijada por la Ley, y no por el Registrador, con emisión de informe.

El nombramiento de experto independiente por el Registrador mercantil procede en dos


casos determinados: en caso de constitución o de aumento del capital de sociedades
capitalistas para la elaboración de un informe sobre las aportaciones no dinerarias y en
caso de fusión, escisión de sociedades y traslado del domicilio social a territorio español.
A estos casos hay que añadir ahora el nombramiento de experto para que informe sobre
el denominado «acuerdo de refinanciación» (art. 71 bis.4 LC).

A) En las sociedades de capital, el capital social es la única garantía con que cuentan los
terceros. De ahí que la Ley se preocupe de arbitrar distintas técnicas para asegurar la
realidad y la valoración de las aportaciones no dinerarias que constituyan el
contravalor del capital social en la constitución de la sociedad o en los aumentos de ese
capital. En las sociedades anónimas, la técnica de tutela es el informe del experto
independiente , en el que se describe cada una de las aportaciones y en el que se emite
un dictamen profesional sobre los criterios de valoración adoptados por los fundadores
o por los administradores, expresando si los valores a que esos criterios conducen
corresponden al número y valor nominal y, en su caso, a la prima de emisión de las
acciones que se emiten como contrapartida (art. 67.1 LSC). En las sociedades de
responsabilidad limitada la técnica de tutela es la responsabilidad solidaria de los socios
y de los administradores frente a la sociedad y frente a los acreedores sociales de la
realidad y de la valoración de las aportaciones no dinerarias (art. 73 LSC); pero, para
evitar el rigor de este sistema de responsabilidad, la Ley admite que los socios excluyan
esa responsabilidad solidaria cuando las aportaciones no dinerarias se sometan a
informe pericial en los mismos términos establecidos para las sociedades anónimas (art.
76 LSC). El informe de experto independiente tiene carácter obligatorio en la
constitución o el aumento del capital de una sociedad anónima que se realice total o
parcialmente con cargo a aportaciones no dinerarias, mientras que tienen carácter
facultativo cuando se trata de una sociedad de responsabilidad limitada. En las
sociedades comanditarias por acciones, aunque existen socios personalmente
responsables de las deudas sociales, el informe del experto independiente, al igual que
en las sociedades anónimas, es igualmente obligatorio (arg. ex art. 3.2 LSC).

En las sociedades anónimas y comanditarias por acciones la regla de la necesidad del


nombramiento de experto independiente sólo tiene como excepciones aquéllas
taxativamente establecidas por la Ley, entre las que destaca la aportación de valores
mobiliarios admitidos a cotización en mercado secundario oficial o en otro mercado
regulado, que se valorarán por el cambio medio ponderado del último trimestre (art. 69
LSC). En los aumentos de capital de sociedad anónima o comanditaria por acciones
mediante compensación de créditos, la «certificación» del auditor sobre dichos créditos
sustituye al informe del experto (art. 301.3 LSC).

El nombramiento del experto o de los expertos independientes es competencia del


Registrador mercantil del domicilio social. La solicitud de nombramiento debe estar
suscrita por, al menos, una de las personas que promuevan la constitución de la
sociedad o, si ya estuviera constituida, por la propia sociedad (art. 338.2 RRM). El
Registrador designará uno o varios expertos entre las personas físicas o jurídicas que
pertenezcan a profesión directamente relacionada con los bienes objeto de valoración o
que estén especialmente dedicadas a valoraciones o peritaciones (art. 340.1 RRM).
Cuando los bienes a valorar sean de naturaleza heterogénea o, aun no siéndolo, se
encuentren en circunscripciones pertenecientes a distintos Registros Mercantiles, el
Registrador podrá nombrar varios expertos, expresando en el nombramiento los bienes
a valorar por cada uno de ellos (v. art. 340.2 RRM). En la misma resolución en la que
efectúe el nombramiento, determinará el Registrador la retribución a percibir por cada
uno de los nombrados o los criterios para su cálculo (art. 340.3 RRM). Los expertos
percibirán la retribución directamente de la sociedad en cuyo nombre se hubiera
solicitado el informe y, si ésta no se hubiera constituido, de quien hubiera firmado la
solicitud (art. 348.1 RRM).

El régimen jurídico sobre nombramiento de expertos trata de conseguir dos objetivos


fundamentales: la independencia del experto y la celeridad de la emisión del informe.
La independencia es, obviamente, el presupuesto para hacer efectiva la finalidad
perseguida por la Ley al establecer esta técnica de tutela de la realidad y de la
valoración de las aportaciones no dinerarias. Ciertamente, el Registrador tiene un
amplísimo margen de discrecionalidad para el nombramiento (art. 340.1 RRM); pero el
experto nombrado está sometido a las mismas causas de incompatibilidad que las
establecidas para los peritos por la legislación procesal civil (arts. 341.1 RRM y 219 LOPJ
y arts. 124.3 y 343 LEC), debiendo excusarse inmediatamente si fuera incompatible sin
perjuicio de la posibilidad de recusación que se reconoce a cualquier interesado (arts.
341.2 y 342 RRM). Además, a fin de evitar que los nombramientos de expertos recaigan
siempre en las mismas personas con los riesgos que esa práctica pudiera generar, el
nombramiento de un experto que ya hubiese sido designado por el mismo Registrador
dentro del último año deberá ser puesto en conocimiento de la Dirección General de los
Registros y del Notariado (art. 343 RRM).

El objetivo de celeridad se consigue no sólo mediante una rápida tramitación de la


solicitud (arts. 339 y 340.1 RRM) y mediante la rápida aceptación del nombramiento –
que tiene que producirse en el plazo de cinco días a contar desde la fecha de la
notificación, so pena de caducidad de ese nombramiento (art. 344 RRM)–, sino también
mediante el establecimiento de un plazo máximo para la emisión del informe escrito
razonado: un mes a contar desde la fecha de la aceptación del nombramiento, que sólo
podrá ser prorrogado por el Registrador, a petición del propio experto, cuando
concurran circunstancias excepcionales (art. 345 RRM).

El nombramiento de experto independiente por el Registrador mercantil es igualmente


obligatorio en casos asimilados a los de aportaciones no dinerarias, como es el de
adquisiciones onerosas que proyecte realizar una sociedad anónima o comanditaria por
acciones dentro de los dos primeros años a partir de la constitución o a partir de la
transformación en anónima de cualquier sociedad cuando el importe de la adquisición
exceda de la décima parte del capital social (art. 72 LSC).

B) En el segundo grupo de casos en los que la Ley exige el informe de experto


independiente figuran los de fusión y escisión de sociedades cuando la nueva sociedad
que se constituya, alguna de las sociedades que se extingan como consecuencia de la
fusión, o alguna de las sociedades beneficiarias de la escisión revistan la forma anónima
o comanditaria por acciones (arts. 34 y 78 LME). La regla es que los administradores de
cada una de las sociedades anónimas o comanditarias que se fusionan o de las
sociedades beneficiarias de la escisión deben solicitar del Registrador mercantil
correspondiente al domicilio social de cada una de las sociedades que se fusionan o del
domicilio de la sociedad que se escinde la designación de uno o varios expertos
independientes y distintos para que, por separado, en el caso de fusión, emitan informe
sobre el proyecto de fusión y sobre el patrimonio aportado por las sociedades que se
extinguen, y, en el caso de escisión, emitan informe sobre el patrimonio no dinerario
procedente de la sociedad que se escinde. Pero los administradores de todas las
sociedades que se fusionan o de todas las sociedades que participan en el proceso de
escisión pueden solicitar del Registrador mercantil del domicilio social de la sociedad
absorbente o del que figure en el proyecto de fusión como domicilio de la nueva
sociedad o, en caso de escisión, de domicilio de cualquiera de las sociedades que se
escinden, la designación un único o varios expertos para la elaboración de un único
informe (arts. 34 y 78 LME; sobre la competencia para el nombramiento de un único
experto en los casos en los que una o más sociedades anónimas españolas participen en
la constitución de una sociedad anónima europea mediante fusión, constitución de una
sociedad anónima europea holding o transformación, v. arts. 467, 472 y 475 LSC).
Por excepción al carácter obligatorio del informe, no será necesaria la elaboración del
mismo en los casos de fusión simplificada, es decir, cuando la sociedad absorbente fuese
titular, de forma directa o indirecta de todas las acciones o participaciones sociales en
que se dividiera el capital de la sociedad absorbida (arts. 49.1-2º LME) o cuando la
sociedad absorbente fuera titular directa del noventa por ciento o más, pero no de la
totalidad, del capital de la sociedad que vaya a ser objeto de absorción, siempre que se
ofrezca por la sociedad absorbente a los socios de la absorbida la adquisición de sus
acciones o participaciones sociales, estimadas en su valor razonable, dentro de un plazo
determinado que no podrá ser superior a un mes a contar desde la fecha de la
inscripción de la absorción en el Registro Mercantil (art. 50.1 LME). La misma regla será
de aplicación cuando la sociedad absorbente estuviera íntegramente participada, de
forma directa, por la sociedad absorbida, y cuando la sociedad absorbente y la
absorbida estuvieran íntegramente participadas, de forma directa, por una tercera (art.
52.1 LME). El informe de expertos será siempre necesario cuando la sociedad absorbida
fuese titular de forma indirecta de todas las acciones o particiones sociales en que se
divide el capital de la sociedad absorbente o cuando las sociedades absorbida y
absorbente estén participadas indirectamente por el mismo socio (art. 52.2 LME).

10. EL NOMBRAMIENTO DE AUDITOR DE CUENTAS POR EL REGISTRADOR MERCANTIL

En relación con el nombramiento de auditor de cuentas, la competencia del Registrador


mercantil del lugar del domicilio social exige distinguir los casos de sociedades
obligadas a la verificación de las cuentas anuales y del informe de gestión y sociedades
no obligadas.

En el primer caso, el Registrador mercantil tiene competencia para el nombramiento


cuando la junta general no hubiera nombrado al auditor antes de que finalice el
ejercicio a auditar; o bien, cuando el titular y el suplente que hubieran sido nombrados
por la junta no acepten oportunamente el cargo o, por cualquier causa justificada, no
puedan cumplir sus funciones (art. 265.1 LSC y art. 350 RRM). Esta competencia no
puede ser ejercida de oficio: es necesaria la solicitud de persona legitimada (art. 351
RRM). En el sistema legal se encuentran legitimados para solicitar del Registrador el
nombramiento de auditor cualquier socio (sea cual sea su participación en el capital
social), cualquier administrador (sea cual sea la configuración del órgano de
administración) y, si la sociedad hubiera emitido obligaciones o bonos, el Comisario del
Sindicato de obligacionistas (art. 265.1 LSC y 350 RRM). Si el solicitante fuera un socio de
la sociedad obligada, deberá legitimarse según la naturaleza y, en el caso de acciones, el
modo en que estén representadas; si el solicitante fuera un administrador o el
Comisario, deberán figurar inscritos como tales en el Registro Mercantil (art. 352 RRM).

En el segundo caso, cuando las sociedades anónimas, comanditarias por acciones o de


responsabilidad limitada no estuvieran obligadas a la revisión, el nombramiento de
auditor por el Registro Mercantil exige la concurrencia de dos requisitos. El primero de
ellos es un requisito de legitimación, consistente en que el o los solicitantes deben ser
titulares, al menos, del cinco por ciento del capital social que figure inscrito en el
Registro; y el segundo, se trata de un requisito temporal que exige que la solicitud de
nombramiento de auditor se presente antes de que transcurran tres meses a contar
desde el cierre del ejercicio social a auditar (art. 265.2 y art. 359 RRM).

El nombramiento voluntario de auditor efectuado por la sociedad antes de la solicitud


enerva el derecho del socio que reúna los requisitos de capital y de tiempo legalmente
establecidos si concurren las dos siguientes condiciones: en primer lugar, que ese
nombramiento voluntario se haya efectuado antes de la presentación de la solicitud por
parte de la minoría, aunque el nombramiento lo haya hecho el órgano de
administración de la sociedad y no la junta general de socios; y, en segundo lugar, que se
haya garantizado o se garantice ineludiblemente a la minoría la existencia de esa
auditoría, para lo cual es necesario bien la incorporación del informe de auditoría al
expediente, bien la puesta a disposición del solicitante de dicho informe de auditoría,
bien, al menos, la inscripción del nombramiento del auditor en el Registro Mercantil en
el momento de dictar la resolución sobre la solicitud.

El estatuto jurídico del auditor nombrado por el Registrador mercantil tiene algunas
especialidades si se compara con el del auditor nombrado por la junta general. En
primer lugar, por lo que se refiere al período de nombramiento del auditor nombrado
por el Registrador, la auditoría a realizar está limitada a las cuentas anuales y al
informe de gestión correspondientes al último ejercicio (art. 360 RRM); y, en segundo
lugar, en lo relativo a la retribución del auditor, es el propio Registrador mercantil
quien, al efectuar el nombramiento, debe fijar esa retribución para el período de
nombramiento o, al menos, los criterios para su cálculo (arts. 267.III LSC, 40 C. de C. y
362 RRM). No obstante, ante la ausencia de normas que determinen la cuantía específica
de los honorarios de los auditores –ni siquiera de manera orientativa- o que establezcan
criterios para su determinación, la obligación del Registrador en relación con este
aspecto se entenderá cumplida con la remisión, con carácter puramente informativo, al
Boletín del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas en el que se haya insertado
el último informe sobre la facturación media por hora de los auditores, advirtiendo que
el importe concreto de los honorarios a devengar dependerá de la complejidad de la
tarea que se le encomiende y del número de horas empleadas en la misma (Instrucción
DGRN, de 9 de febrero de 2016, sobre cuestiones vinculadas con el nombramiento de
auditores, su inscripción en el Registro Mercantil y otras materias relacionadas).

Los auditores designados por el Registrador mercantil disponen de cinco días a partir de
la notificación para decidir sobre la aceptación del encargo (art. 344.II RRM). Este plazo
es ampliable por el Registrador a solicitud del auditor (Instrucción de la DGRN de 9 de
febrero de 2016). Si el auditor nombrado por el Registrador mercantil no pudiera
desarrollar su tarea por impedírselo directa o indirectamente la sociedad (como, por ej.,
cuando la sociedad le niega el acceso a la sede social, cuando no le facilita los
antecedentes documentales necesarios, o incluso cuando no realiza la provisión de
fondos solicitada por el auditor), emitirá informe con opinión denegada por limitación
absoluta en el alcance de sus trabajos y entregará el original al solicitante remitiendo
copia a la sociedad (art. 361 RRM). En tales casos la sociedad no podrá depositar en el
Registro Mercantil las cuentas correspondientes al ejercicio que hubiera debido ser
auditado (arts. 279.1 y 380 LSC y 366.1-5º RRM), lo que, además de multa, acarrea el
cierre parcial del Registro (arts. 282 y 283 LSC y 378 RRM).

No son éstos, sin embargo, los únicos casos en los que la Ley atribuye al Registrador
mercantil del domicilio social la competencia para el nombramiento de auditor. Pero
mientras en los supuestos hasta ahora señalados el Registrador procedía al
nombramiento del auditor para la verificación de las cuentas anuales y del informe de
gestión, estos otros casos se refieren a nombramiento de auditor para muy concretas
actuaciones (v. art. 363 RRM). Así, para la determinación del valor de reembolso de las
acciones y de las participaciones sociales en caso de separación o de exclusión de socios
(art. 353 LSC), para la determinación del valor razonable de las participaciones sociales,
cuando la transmisión proyectada fuera a título oneroso distinto de la compraventa o a
título gratuito y las partes no hubieran fijado de común acuerdo el precio de adquisición
[art. 107.2, letra d), LSC] o para la determinación del importe a abonar por el nudo
propietario al usufructuario en concepto de incremento del valor de las acciones o
participaciones sociales (art. 128.3 LSC), así como para la certificación de determinados
datos contables en los casos de aumento del capital de una sociedad anónima por
compensación de créditos (art. 301.3 LSC), en los casos de aumento de dicho capital con
cargo a reservas (art. 303.2 LSC), en las emisiones de obligaciones convertibles (art.
414.2 LSC) y en los casos de exclusión del derecho de preferencia en los aumentos de
capital y en las emisiones de obligaciones convertibles [arts. 308.2, 417.2, letra b), LSC].
Se trata de supuestos taxativos: fuera de los casos legalmente previstos –y de los que
puedan añadir los Estatutos sociales (v. art. 123.7 RRM)–, el Registrador mercantil carece
de competencia para el nombramiento de auditor.

11. EL DEPÓSITO Y LA PUBLICIDAD DE LAS CUENTAS ANUALES

Entre las funciones del Registro Mercantil figura igualmente la relativa al depósito y
publicidad de las cuentas anuales. El Registro Mercantil del lugar del domicilio del
depositante asume así la doble función de oficina en la que se archivan y conservan las
cuentas anuales y demás documentos complementarios y de oficina encargada de la
publicidad de las cuentas y de esos documentos. Más que de «depósito» de las cuentas
en sentido técnico-jurídico se trata de una presentación de las cuentas y de esos otros
documentos al Registro Mercantil, presentación que puede ser obligatoria o meramente
voluntaria. La presentación obligatoria ha experimentado un acelerado proceso de
expansión. Cada vez son más los sujetos obligados a depositar las cuentas anuales en el
Registro Mercantil.

En un primer momento, esta obligación legal era exclusiva de los administradores y de


los liquidadores de las sociedades de capital (art. 279 LSC y art. 366 RRM), así como de
los de garantía recíproca (art. 54 LSGR). En las sociedades de capital, en efecto, pesa
sobre los administradores y liquidadores la obligación legal de presentar al Registro
Mercantil del domicilio social una certificación de los acuerdos de la junta general de
aprobación de las cuentas anuales y de aplicación del resultado, adjuntando un
ejemplar de cada una de dichas cuentas así como del informe de gestión y del informe
de auditoría si la sociedad estuviera obligada a someter sus cuentas a auditoría o, aun
no estándolo, si se hubiera practicado a solicitud de la minoría. En el caso de
consolidación de cuentas, la obligación de presentación de las cuentas consolidadas y de
los documentos complementarios se impone a los administradores de la sociedad
dominante (art. 42.5 C. de C. y art. 372 y ss. RRM).

Pero la presentación obligatoria no es exclusiva de las sociedades de capital. Esta misma


obligación legal de presentación se impone a los administradores y liquidadores de
cualesquiera otras entidades que se dediquen al comercio mayorista o minorista, o que
efectúen adquisiciones o intermedien en las adquisiciones por cuenta de comerciantes
al por menor, cuando en el ejercicio inmediato anterior las adquisiciones realizadas o
intermediadas o sus ventas hayan superado determinada cifra (disp. adic. 4ª de la Ley
7/1996, de 15 de enero, de Ordenación del Comercio Minorista); y a los administradores
y liquidadores de sociedades colectivas y comanditarias simples cuando todos los socios
colectivos sean sociedades españolas o extranjeras (art. 41.2 C. de C.).

Al lado de la presentación obligatoria, se admite la presentación voluntaria: los


empresarios individuales o sociales no obligados a esa presentación pueden presentar
las cuentas anuales al Registro Mercantil del lugar de su domicilio siempre que figuren
inscritos (art. 365.3 RRM).

En cuanto a los documentos a depositar, la Ley exige que se depositen una certificación
de los acuerdos de la junta general de aprobación de las cuentas anuales y de aplicación
del resultado expedido por administradores con facultad certificante que tengan los
cargos vigentes (Res. DGRN de 18 de marzo de 2001), haciendo constar en la
certificación si algún administrador no ha firmado las cuentas y la causa de esa falta de
firma (Res. DGRN de 4 de enero de 2013); un ejemplar de cada una de dichas cuentas; y,
en su caso, el informe de gestión y el informe de auditoría tanto cuando la sociedad esté
obligada a hacer auditar las cuentas anuales como cuando ésta se hubiera practicado a
solicitud de la minoría (art. 279 LSC y art. 366 RRM). Aunque se haga constar en la
certificación que no se deposita el informe del auditor, siendo obligatorio, por falta de
medios para pagar al auditor, el Registrador tendrá por no efectuado el depósito por
faltar dicho informe (Res. DGRN de 23 de febrero de 2013). Si la minoría ha solicitado el
nombramiento de auditor, no es procedente el depósito en tanto no se resuelva
definitivamente si procede o no el nombramiento, así como tampoco, cuando, una vez
efectuado dicho nombramiento, el auditor designado por el Registrador mercantil no ha
podido emitir el correspondiente informe por causas imputables a la sociedad. En fin, si
la sociedad puede presentar balance abreviado, aunque tenga nombrado e inscrito un
auditor con carácter voluntario, no está obligada a depositar el informe de auditoría
(Res. DGRN de 10 de julio de 2007).

La Orden ministerial de 28 de enero de 2009, modificada por otra de 21 de mayo, ha


aprobado los modelos para la presentación de las cuentas anuales individuales en el
Registro Mercantil (v. también Anexos a la Res. DGRN de 6 de abril de 2010); Estos
modelos han sido recientemente modificados, junto con la aprobación de otros nuevos,
por la Resolución de la Dirección General de los Registros y del Notariado de 26 de
febrero de 2016. Por su parte, la OM de 13 de junio de 2011 ha aprobado los modelos
para la presentación de las cuentas anuales consolidadas. La presentación de las
cuentas en modelos distintos de los oficiales impide el depósito (Ress. DGRN de 30 de
mayo de 1997, 15 de febrero de 1999, 29 de septiembre de 2004, 17 de febrero de 2006,
29 de enero de 2007 y 4, 7, 8, 9, 21 y 22 de marzo y 17 de mayo de 2011). Las cuentas
pueden presentarse en soporte papel, en soporte informático o por vía telemática (art.
366.2 RRM e Instrucción de la DGRN de 26 de mayo de 1999).

En el sistema legal español, el Registrador mercantil no tiene que calificar el contenido


de las cuentas y de los demás documentos presentados. La calificación se limita a
determinar si los documentos presentados son los exigidos por la Ley, si están
debidamente aprobados por la junta general o por los socios y si constan las firmas
preceptivas (art. 280.1 LSC). Una vez verificado el cumplimiento de estos requisitos, el
Registrador tendrá por efectuado el depósito, practicando el correspondiente asiento en
el Libro de depósito de cuentas y en la hoja de la sociedad o de la entidad depositante
(art. 280.1 LSC y art. 368.1 y 2 RRM). Sin embargo, es doctrina constante de la Dirección
General de los Registros y del Notariado aquélla según la cual los registradores no sólo
pueden, sino que, además, deben examinar el contenido de los documentos contables
presentados a depósito. Así, se ha estimado procedente el rechazo del depósito cuando
la cifra del capital social consignada en las cuentas anuales no coincida con la que figura
inscrita en el Registro Mercantil (v., entre otras, Ress. DGRN de 28 de febrero de 2005, 16
y 23 de enero de 2006, 10 de diciembre de 2008 y 17 de diciembre de 2012).

Los Registradores mercantiles deben conservar las cuentas anuales y los documentos
complementarios durante seis años (art. 280.2 LSC y art. 377 RRM). Cualquier persona
puede solicitar y obtener certificación o copia simple del Registro Mercantil en el que se
hubiesen depositado las cuentas y los documentos complementarios (art. 281.2 LSC y
art. 369 RRM).

Para asegurar el cumplimiento de esta obligación legal de presentar a depósito las


cuentas anuales una vez aprobadas, la Ley cuenta con dos poderosos instrumentos
técnicos: en primer lugar, la multa administrativa que impondrá el Instituto de
Contabilidad y Auditoría de Cuentas, previa instrucción de expediente (art. 283.1 LSC; en
relación con esta sanción, si la ausencia de depósito se debe a la concurrencia de algún
defecto que, a juicio del Registrador mercantil, impide el depósito, éste, requerimiento
del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas deberá estar en condiciones de
acreditar haber llevado a cabo la oportuna notificación al interesado -Instrucción de la
DGRN de 9 de febrero de 2016-); y, en segundo lugar, el cierre parcial del Registro
transcurrido un año desde la fecha del cierre del ejercicio social sin que se haya
practicado el depósito de las cuentas anuales debidamente aprobadas. Se trata de un
cierre parcial porque pueden inscribirse los títulos relativos al cese o dimisión de
administradores, liquidadores, gerentes o directores generales, a la revocación o
renuncia de poderes y a la disolución de la sociedad y al nombramiento de liquidadores,
así como los asientos ordenados por la Autoridad judicial o administrativa (art. 282 LSC
y art. 378.1 a 3 RRM). Si las cuentas anuales no se hubieran depositado por no estar
aprobadas por la junta general, no procede el cierre registral, pero será preciso
acreditar la falta de aprobación mediante certificación del órgano de administración
con firmas legitimadas, con expresión de la causa de la falta de aprobación o mediante
copia autorizada del acta notarial de la junta general en la que conste dicha no
aprobación, debiendo justificarse la permanencia de esta situación cada seis meses por
cualquiera de estos medios (art. 378.5 RRM).

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