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Al pie de la Santa Cruz

Música: Enrique Delfino


Letra: Mario Battistella
Declaran la huelga,
hay hambre en las casas,
es mucho el trabajo
y poco el jornal;
y en ese entrevero
de lucha sangrienta,
se venga de un hombre
la Ley Patronal.
Los viejos no saben
que lo condenaron,
pues miente, piadosa,
su pobre mujer.
Quizás un milagro
le lleve el indulto
y vuelva en su casa
la dicha de ayer.

Mientras tanto,
al pie de la santa Cruz,
una anciana desolada
llorando implora a Jesús:
"Por tus llagas que son santas,
por mi pena y mi dolor,
ten piedad de nuestro hijo,
¡Protégelo, Señor¡"
Y el anciano,
que no sabe ya rezar,
con acento tembloroso
también protesta a la par:
"¿Qué mal te hicimos nosotros
pa' darnos tanto dolor?"
Y, a su vez, dice la anciana:
"¡Protégelo, Señor!..."

Los pies engrillados,


cruzó la planchada.
La esposa lo mira,
quisiera gritar...
Y el pibe inocente
que lleva en los brazos
le dice llorando:
"¡Yo quiero a papá¡"
Largaron amarras
y el último cabo
vibró, al desprenderse,
en todo su ser.
Se pierde de vista
la nave maldita
y cae desmayada
la pobre mujer...

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Al verla pasar
Música: Joaquín Mora
Letra: José María Contursi
Ayer al verla pasar me convencí
que no es posible volver y comprendí
que todo se ha terminado,
que somos sombras de aquel pasado.
Con cuánta pena miré lo que creí
sería mi salvación... ¡Pobre de mí!
Y en esa duda terrible
de hablarla o no hablarla
mis pasos volví...

Pobrecita,
¡qué vieja y pálida estaba!
Sin brillo
sus negros ojos miraban...
La vida
quiso ensañarse con ella...
¡Pensar que fue tan bella
y que hoy el mundo la olvida!
Si supiera
que yo también he cambiado,
que tengo
el corazón destrozado,
que a veces
hasta en matarme he pensado,
pues todo, todo, todo
ha muerto ya para mí...

Después temblando me fui de aquel lugar


con unas ansias tan grandes de llorar...
Enloquecido de pena,
frío en el alma,
hielo en las venas...
Y anduve, así, sin saber adónde ir,
sintiendo risas y burlas junto a mí. . .
Y hoy, al saberme perdido,
sin fuerzas, vencido,
no puedo vivir...

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Alguien le dice al tango
Música: Astor Piazzolla
Letra: Jorge Luis Borges
Tango que he visto bailar
contra un ocaso amarillo
por quienes eran capaces
de otro baile, el del cuchillo.
Tango de aquel Maldonado
con menos agua que barro,
tango silbado al pasar
desde el pescante del carro.

Despreocupado y zafado,
siempre mirabas de frente.
Tango que fuiste la dicha
de ser hombre y ser valiente.
Tango que fuiste feliz,
como yo también lo he sido,
según me cuenta el recuerdo;
el recuerdo fue el olvido.

Desde ese ayer, ¡cuántas cosas


a los dos nos han pasado!
Las partidas y el pesar
de amar y no ser amado.
Yo habré muerto y seguirás
orillando nuestra vida.
Buenos Aires no te olvida,
tango que fuiste y serás.

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Alma de bandoneón
Música: Enrique Santos Discépolo
Letra: Enrique Santos Discépolo / Luis César Amadori
Yo me burlé de vos
porque no te entendí
ni comprendí tu dolor.
Tuve la sensación
de que tu canto cruel
lo habías robao, bandoneón...
Recién comprendo bien
la desesperación
que te revuelve al gemir
¡Sos una oruga que quiso
ser mariposa antes de morir!

Fue tu voz,
bandoneón,
la que me confió
el dolor
del fracaso
que hay en tu gemir;
voz que es fondo
de la vida oscura
y sin perdón,
del que soñó volar
y arrastra su ilusión
llorándola...
Igual que vos soñé...
Igual que vos viví
sin alcanzar mi ambición.
Alma de bandoneón
-alma que arrastro en mí-
voz de desdicha y de amor,
te buscaré al morir,
te llamaré en mi adiós,
para pedirte perdón,
y al apretarte en mis brazos,
darte en pedazos
mi corazón.