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ASIGNATURA DE FILOSOFÍA DEL ARTE – MÓDULO 1

Piura, 29 de abril del 2020.

Estimados Alumnos:
Se les está haciendo llegar el Tema N°01. Ha se evaluado el día 07 de
mayo en el AULA VIRTUAL.

Aclaraciones preliminares:

✓ Los dos subgrupos formados en la asignatura de ESTÉTICA , desarrollarán


el Tema N°01, en el módulo 1 a desarrollarse el día jueves 07 de mayo.
✓ Por favor alumnos, respeten los subgrupos formados por mi persona quién
ingrese al subgrupo que no le corresponde será sancionado.
✓ Se les pide que lo estudien, analicen, evalúen, revisen palabras en el
diccionario que no conozcan lo cual les permite tener claro el mensaje del
contexto entre otros aspectos.
Este estudio puede ser individual y/o grupal.
Revisen la rúbrica denominada de Evaluación de Control con la finalidad de
que tengan claros los criterios que se tomarán para la intervención oral en
ese día.
✓ Después de esta clase virtual UTILIZANDO LA APLICACIÓN ZOOM,
según turnos establecidos. Procederá a realizar el cuestionario que se les
indica al finalizar el tema.

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Tema 1: Sobre las posibilidades de un Saber Coherente y


Sistemático en la Estética.
Geiger ha escrito que la estética conlleva en sí misma los gérmenes de su propia destrucción
a través de su construcción histórica y que para otros éstas circunstancias le ha permitido irse
fortaleciendo en su razón de ser.
Sigamos leyendo y observando el planteamiento que nos hace:
No ha alcanzado aún el rango de ciencia y sus métodos varían
asombrosamente de uno a otro investigador. Pero, lo que es peor, surgen
enormes dificultades a la hora de precisar su verdadero objeto de estudio. Ante
ello, la estética debe entenderse como Filosofía del Arte, y no como meditación
metafísica sobre lo “bello” o lo “estético”, es decir, como disciplina filosófica
llamada a explicar el fenómeno artística en sí.
Si tenemos en cuenta cuatro de los requisitos fundamentales que deben reunir,
al menos, toda ciencia o todo saber riguroso y sistemático que pretenda informar
y explicar efectiva y racionalmente la naturaleza y el comportamiento de una
determinada realidad: conocer con claridad y distinción el objeto de estudio;
poseer un método -o unos métodos- coherente y sistemático de aceptación
general; alcanzar un conjunto de axiomas o principios autónomos y todos
fundados y; construir un léxico técnico de alcance difundido y general.
Si aplicamos estos principios o requisitos fundamentales a la física o a
cualquier otra ciencia natural veremos que los cumple efectiva y estrictamente;
aunque no se puede negar que las ciencias sociales -como por ejemplo la
sociología, … - son capaces de cumplir al menos en buena media con estas
exigencias.
Magro balance se obtendría, si pretendemos aplicar estos principios o
requisitos fundamentales a la estética, porque al hacer una rápida mirada a lo
que los filósofos y estetas -éstas últimos son personas que adoptan una actitud
esteticista, al afirman que el arte existe para beneficio de la exaltación de la
belleza, la que debe ser elevada y priorizada por encima de la moral y de las
temáticas sociales como por ejemplo sobre lo que obstruye la felicidad y el buen
desarrollo del ser humano en la sociedad- entienden por estética se permite ver
un desacuerdo general tanto sombre los métodos como sobre el objeto, sus
principios y sus conceptos.
Por ello, no es extraño en consecuencia, que se haya puesto en entredicho el
carácter científico -en el sentido de saber riguroso- de la estética. Comparada
con las ciencias positivas o formales no ha sido capaz hasta hoy de elaborar sus
propios principios, ni de delimitar su objeto de estudio, ni de asegurarse un
método unitario y sistemático con el cual operar en los diversos campos de su
acción. Y, sin embargo, no se ve ninguna razón de principio que impida a esta
disciplina transformarse en un saber coherente y sistemático capaz de
encaminarse por la senda del progreso y ofrecernos una explicación satisfactoria
del fenómeno o de los fenómenos estéticos fundamentales. Por esto una
investigación estética no puede comenzar dando por sentado su objeto de
estudio sin antes justificar la investigación misma.
Por otro lado, Hegel ha escrito que es imposible abordar una ciencia sin preparación, y muy
especialmente cuando se trata de una ciencia cuyo objeto de estudio no pertenece al orden
de los fenómenos formales, naturales o sociales, como parece ser el objeto de la estética. El
filósofo Hegel nos continúa diciendo “sea cual fuere el objeto de una ciencia y sea cual
fuere la ciencia en sí misma dos puntos deben atraer nuestra atención: en primer lugar,
el hecho de que tal objeto existe, y en segundo lugar, el hecho de saber lo que es”.
Ya en la filosofía presocrática se distinguían dos grandes modos de conocer -y por lo tanto,
dos grandes tipos de conocimiento- conocimiento por la razón y conocimiento por los sentidos
.
Los filósofos posteriores han reelaborado estas ideas, pero en lo fundamental la distinción
entre conocimiento racional y conocimiento empírico o, entre conocimiento “a priori” y “a
posteriori”, según Kant y desde el punto de vista de la lógica se distingue entre juicios analíticos
y sintéticos.
Esta originaria distinción ha dado lugar a sendas maneras de concebir la ciencia. Se habla
de una ciencia formal, que para algunos es totalmente independiente de la experiencia y,
para otros, solo diferente, pero no radicalmente distinta de la ciencia empírica, basada y
fundada en la experiencia, aunque auxiliada por la razón. La estética pareciera escapar a esta
clasificación. Es evidente que no se la puede concebir como una ciencia de principios “a priori”
porque el fenómeno y la vivencia artística son genuinas experiencias que se dan en el
momento, pero es obvio también que tanto el fenómeno como la experiencia artística superan
con mucho el campo de lo meramente empírico para entrar en un terreno espiritual. Y aquí
surge el problema: ¿es el fenómeno artístico -y la vivencia estética- un hecho que escapa
a las leyes que determinan los fenómenos empíricos o es tan solo una manera refinada
e indirecta de darse un tipo particular de experiencia, pero experiencia al fin?.
Para algunos el objeto sobre el que versa la estética sería un cierto complejo irracional de
fenómenos sensibles y emotivos que por su naturaleza harían imposible un saber coherente y
sistemático como cabría esperar de un saber lógico-racional. La ordenación de las impresiones
subjetivas y de las reacciones de las sensibilidad individual mediante leyes de validez general
es según los que así piensan, un imposible.
El objeto de la estética se resistiría a toda elaboración, escaparía a toda posibilidad de
captación científica, y esto haría -según se dice- que la estética sea un intento fallido por falta
de medios adecuados, una empresa condenada de antemano al fracaso, por cuanto se
propone racionalizar algo sencillamente irracional.
En estética el juicio del gusto sigue a la vivencia del fenómeno juzgado. Sin embargo, para
el esteta es indispensable verter la experiencia vivida al lenguaje racional -a la forma de
comunicación que el hombre normal utiliza-; debe tratar de aprehender y describir los
momentos constitutivos y esenciales de lo que se le ha dado en la experiencia. Por eso los
planteamientos puramente racionalistas del arte, que tratan o han tratado de derivar el
concepto de belleza, por ejemplo, de principios “a priori” -pre-establecidos-, no pueden
enseñarnos mucho sobre la verdadera naturaleza del fenómeno artístico.
Tampoco los estetas empiristas -por ejemplo, los psicólogo- pueden decir nada decisivo
sobre la esencia del fenómeno estético toda vez que consideran la obra de arte como una
realidad empírica capaz tan solo de entrar en relación anímica con el sujeto contemplador la
cual es muy difícil de estudiar. Entonces, sin conocer su objeto y lo que éste es, toda
investigación psicológica llevada al campo de la estética está de antemano condenada al
fracaso; y encontrar dos investigaciones estéticas en el campo psicológico que tengan los
mismos resultados sobre si una obra de arte como realidad empírica es capaz de entrar en la
misma relación anímica -generar el mismo grado de: alegría, tristeza, … - con dos sujetos
diferentes que contemplan la misma obra de arte en el mismo tiempo y lugar, es
completamente imposible.
Con todo lo anteriormente planteado, es necesario indagar sobre cuál es el verdadero
objeto de estudio de la Estética. ¿Cuál es en consecuencia, el objeto a investigar? ¿dónde
hemos de buscarlo? y, ¿cómo se constituye?. Estas preguntas que no representan problemas
en el campo de las ciencias naturales son en cambio, sumamente arduas para el esteta -
persona que adopta una actitud esteticista, es decir, el arte existe para beneficio de la
exaltación de la belleza, la que debe ser elevada y priorizada por encima de la moral y de las
temáticas sociales como por ejemplo sobre lo que obstruye la felicidad y el buen desarrollo
del ser humano en la sociedad-. Sostener que el objeto de la estética lo constituye “lo estético”
o “lo artístico” es no decir absolutamente nada mientras no quede claro qué se entiende por
“estético” y “artístico”.
Ahora, si se definen estos conceptos en términos de belleza, como se ha hecho
tradicionalmente, y se tiende a identificar, en última instancia, lo estético con lo bello, y el arte
con la belleza, y se asigna a la estética como tarea esencial investigar lo bello -bonus, verdad,
belleza y sus diferentes niveles- en sus diversas manifestaciones, se hecha en el olvido lo que
a nuestro parecer no puede quedar nunca marginado, es decir, la obra de arte en sí misma.
Sea que se entienda lo bello como aquello que nos produce el máximum de satisfacción plena
y desembarazada, sea que se lo considere como la manifestación sensible de la verdad, lo
bello no puede constituir más que un “objeto” importante, pero secundario, porque tanto la
experiencia de lo bello como la de lo estético, en general, se originan y se generan
esencialmente en la obra de arte esta observación no queda invalidada por el hecho evidente
de que hay una multitud de experiencias estéticas que nada tienen de artísticas en cuanto se
originan y se realizan en objetos reales o naturales que no son artísticos.
Los problemas centrales de la estética siempre han estado estrechamente ligados al arte,
no obstante, hay que insistir que eso no tan solo basta; hace falta detenerse en la obra de arte
concreta e individual para poder responder desde su esencia a la pregunta más general sobre
su estatuto ontológico; pero basta examinar la historia de la estética para advertir que esta
pregunta no ha sido jamás plenamente respondida.
Es en la vivencia estética -experiencia originaria del ser artístico- en donde se constituye y
se estructura la obra de arte como fenómeno estético. Es, por consiguiente, un error pensar
que la obra de arte es como los demás objetos del mundo, que en buena medida se
autoconstituyen sin una intervención decisiva del espíritu humano.
Y para concluir, es necesario ver es necesario ver a la Estética como una disciplina de la
Filosofía del Arte; porque
históricamente se conoce a la estética como una disciplina de la filosofía del arte cuyo tema o
problema central tiene que ver con la belleza y con la experiencia o vivencia de lo bello, tanto
que “estético” ha llegado a ser sinónimo de “bello” y a veces de “agradable”.
Es evidente que si consideramos que el objeto clave al cual debe dirigir su mirada la
estética es a la obra de arte -y no a lo “estético” (referida a la experiencia originaria del ser
artístico) o lo “bello” (tomada ésta expresión de manera general)- especialmente al
carácter ontológico de la obra de arte, qué la hace ser como es y lo que es;
reafirmándose con ello, que la estética queda delimitada como una parte de la filosofía
del arte. Por eso, en la estética contemporánea, poco a poco ha ido perdiendo su carácter
de meditación metafísica sobre “lo bello” -lo bonus, verdad, belleza y sus diferentes
niveles- para transformarse en meditación sobre los valores estéticos que encierra una
obra de arte individual o genéricamente considerada, valores entre los cuales la belleza
ha venido a ser uno más -y no siempre el más importante- entre los diversos valores que
la creación y la vivencia del arte contemporáneo nos ha ido habituando.

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ACLARACIONES FINALES:
Este trabajo debe ser enviado a mi correo brenda.seminariom@gmail.com de
manera individual en un plazo de 03 días -considerando el día en que se trabajó el
módulo del tema- hasta las 10:00p.m. en una Carpeta Pedagógica denominada
Carpeta Pedagógica Virtual. Dentro de dicha carpeta debe estar su trabajo
presentado bajo dos archivos WORD y PDF.
Alumno(a)(os)(as) que incumplan con la presentación del trabajo de la
Carpeta Pedagógica Virtual se le desaprobará o bajará puntaje.