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Regeneración De La Humanidad Obras Póstumas

La Nueva Generación Allan Kardec


Regeneración De La
Humanidad
• Los acontecimientos se precipitan con rapidez,
y por lo tanto, no os decimos como otras veces:
"Los tiempos están próximos", sino que os
decimos: "Los tiempos han llegado". Por estas
palabras no entendáis un nuevo diluvio, ni un
cataclismo, ni una revuelta general. Las
convulsiones parciales del globo han tenido
lugar en todas las épocas y se producen aún,
porque tienden a su constitución; pero estos no
son los signos de los tiempos.

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• Y no obstante, todo lo que fue
predicho en el Evangelio, debe
cumplirse y se cumple en este
instante, como vosotros lo
conoceréis más tarde; mas no
toméis los signos anunciados sino
como figuras de las que es necesario
buscar el Espíritu y no la letra. Les
faltaba la clave para descifrar el
sentido verdadero. Esta clave se
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halla en los descubrimientos de las


ciencias y en las leyes del mundo
invisible que os revela el Espiritismo.
• Todo sigue el orden natural de las cosas, y las leyes
inmutables de Dios no serán por ningún concepto
interrumpidas. No veréis, por consiguiente, ni
milagros, ni prodigios, ni nada sobrenatural en el-
sentido vulgar que se da a estas palabras. No miréis al
cielo para buscar los signos precursores, porque no
los hallaréis, y aquellos que os los anuncien os
engañarán; pero mirad en torno de vosotros, entre
los hombres, y aquí los hallareis. ¿No sentís un viento
que sopla sobre la tierra y agita todos los Espíritus? El
mundo está atento y como en expectativa de un
presentimiento vago acerca la proximidad de la
tormenta. La tierra ha progresado después de su
transformación, debe progresar aún y no puede ser
destruida; pero la humanidad ha llegado a uno de
esos períodos de transformación, y la tierra va a
elevarse en la jerarquía de los mundos.
• No es, pues, el fin del mundo material lo
que se prepara; es el fin del mundo moral,
esto es, del viejo mundo, del viejo mundo
de los prejuicios, del egoísmo, del orgullo y
del fanatismo. Cada día se lleva algunos
restos. Todo concluirá para él con la
generación que se va, y la generación nueva
elevará el nuevo edificio que las
generaciones siguientes consolidaran y
completaran. De mundo de expiación, la
tierra está llamada a ser un día un mundo
de felicidad, y su habitación será una
recompensa en lugar de ser un castigo. El
reinado del bien debe suceder-al reinado
del mal.

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• Para que los hombres sean felices sobre la tierra, se hace preciso que no sea poblada más que por Espíritus
encarnados y desencarnados que sólo quieran el bien. Este tiempo ha llegado ya. Una grande emigración,
de entre los que la habitan se está realizando en este momento. Aquellos que hacen el mal por el mal y a
los que el sentimiento del bien no les atañe, son indignos de la tierra transformada y serán excluidos,
porque le llevarían de nuevo las revueltas y confusiones, siendo un obstáculo a su progreso. Irán a expiar su
endurecimiento en mundos inferiores, donde portarán el caudal de sus conocimientos y servirán a la causa
del perfeccionamiento. En la tierra serán reemplazados por Espíritus mejores, que harán reinar entre ellos
la justicia, la paz y la fraternidad.

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• La tierra, hemos dicho ya, no debe ser transformada por
un cataclismo que acabe súbitamente con una
generación. La actual desaparecerá gradualmente y la
nueva le sucederá del mismo modo, sin que nada se
altere en el orden ordinario de las cosas. Exteriormente
todo pasar en su forma habitual con la sola y
esenciadísima diferencia de que una parte de los
Espíritus que en ella se encarnaban, no volverán a
encarnarse. En el niño que nazca, en vez de encarnar un
Espíritu atrasado y con tendencias al mal, encarnará un
Espíritu adelantado y portador del bien. Se trata, por lo
tanto, menos de una generación corporal que de una
nueva generación de Espíritus; y aquellos que esperan
ver operarse esta transformación por efectos
sobrenaturales y maravillosos, sufrirán una decepción.
• La nueva generación, debiendo fundar la era
del progreso moral, se distingue por una
inteligencia y una razón generalmente
precoces, aunadas a un sentimiento innato del
bien y de las creencias espiritualistas; todo lo
cual es signo indubitable de cierto grado de
progreso anterior. No se crea por esto que toda
ella la compongan Espíritus eminentemente
superiores, pero si de aquellos que habiendo
progresado lo bastante, están predispuestos a
asimilarse todas las ideas progresivas y sean
aptos para secundar el movimiento
regenerador.

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• Se distingue, por el contrario, a los
Espíritus atrasados, por su
rebelión desde el primer instante
contra Dios, negando la
providencia y todo poder superior
a la humanidad; y después, por la
propensión instintiva a las
pasiones degradantes, a los
sentimientos antifraternales del
orgullo, la malevolencia, los celos,
la lujuria, en fin, por el
predominio, por el deseo
vehemente en ellos hacia todo lo
que es material.

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• De estos vicios debe la tierra purgarse
por el alejamiento de aquellos que
rehúsan su enmienda y son
incompatibles, por lo mismo, con el
reino de la fraternidad y con los
hombres de bien, que sufrirían con su
contacto. La tierra será libertada y los
hombres marcharán sin trabas hacia el
porvenir mejor, que les está reservado
en ese planeta como premio a sus
esfuerzos y perseverancia, en tanto
que una depuración más completa les
abre la entrada en los mundos
superiores.
• Por esta emigración de los Espíritus no debéis
entender que todos los retardatarios serán
expulsados de la tierra y relegados a mundos
inferiores. Muchos, por el contrario,
reencarnarán para ceder al empuje de las
circunstancias y del ejemplo, porque su corteza
era peor todavía que el fondo. Una vez
sustraídos a la influencia de la materia y de los
prejuicios del mundo corporal, la mayor parte, y
de esto lograréis muchos ejemplos, verán las
cosas de una manera totalmente diferente de
cuando vivan. En esto serán ayudados por los
Espíritus buenos que se interesan por su bien y
que se prestan a mostrarles el falso camino que
habían seguido.

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• Para aquellos, pues, que puedan volver de
nuevo, esta vuelta les será un bien, porque
será una recompensa. ¿Qué importa lo que
ellos hayan sido ni lo que hayan hecho, si
están animados de mejores sentimientos?
Lejos de ser hostiles a la sociedad y al
progreso, serán auxiliares útiles porque
pertenecerían a la nueva generación. No
habrá, pues, exclusión definitiva mas que
para los Espíritus profundamente rebeldes,
para aquellos a quienes el orgullo y el
egoísmo, más que la ignorancia, les tiene
sordos a la voz del bien y de la razón. Y aun
estos mismos no serán condenados a una
inferioridad perpetua, sino que vendrá un
día en que repudiarán su pasado y abrirán
los ojos a la luz.

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• Rogad por estos endurecidos a fin de que se
enmienden ahora que es tiempo, porque el día
de la expiación se les aproxima.
Desgraciadamente, desconociendo la voz de
Dios, la mayor parte de ellos persistirán en su
ceguera, y su resistencia señalará el fin de su
reinado por el de las luchas terribles. En su
error correrán presurosos a su propia
perdición. Apelarán a la destrucción que
engendra multitud de males y de calamidades;
y de este modo, sin quererlo, precipitarán el
advenimiento de la nueva era, pero como la
destrucción no será tan rápida como sus
deseos, se multiplicarán los suicidios hasta en
los niños, en una proporción desconocida.
• La locura no habrá arrebatado jamás
tan gran número de hombres al libro,
de los vivos aun antes de que estén
muertos. Estas serán las verdaderas
señales de los tiempos. Y todo se
cumplirá por el encadenamiento de las
circunstancias, sin que nada se derogue
en las leyes de la naturaleza, tal como
os lo llevamos dicho

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• Entretanto, a través de la densa sombra que os envuelve y en medio de la grande tempestad que os amenaza,
¡ved aparecer los primeros fulgores de la era nueva! La fraternidad sienta sus fundamentos en todos los
puntos del globo y los pueblos se tienden la mano; la barbarie se familiariza al contacto de la civilización; los
prejuicios de razas y sectas, que han hecho derramar lagos de sangre, se extinguen; el fanatismo y la
intolerancia pierden terreno, mientras que la libertad de conciencia se abre paso entre los buenos y se
proclama como un derecho.
• Por todas partes las ideas fermentan: se ve el mal
y se ensaya remediarlo, pero muchos caminan sin
brújula y se engolfan en utopías. El mundo se halla
empecinado en un inmenso trabajo de
transformación que durará un siglo; en este
trabajo, todavía confuso, se ve, no obstante,
dominar una tendencia desde el principio: la de la
unidad y uniformidad que predispone a la
fraternidad. Éstos serán los signos de los tiempos
que han de venir, porque entonces la nueva
generación estará en todo su apogeo. Mientras, el
aspecto del siglo decimonono diferirá del aspecto
del decimoctavo desde ciertos puntos de vista,
como el siglo vigésimo diferir del actual por otros
que le serán propios.

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• Uno de los caracteres
distintivos de la nueva
generación será la fe
innata; no la fe
exclusivista y ciega que
divide a los hombres, sino
la fe razonada que
esclarece y fortifica, que
une y confunde en un
común sentimiento de
amor a Dios y al prójimo.
Con la generación que se
extingue desaparecerán
los últimos vestigios que
la incredulidad y del
fanatismo; contrarios por
igual al progreso moral
que al social. This Photo by Unknown Author is licensed under CC BY-ND
• El Espiritismo es el camino que conduce a la
renovación, porque derroca los dos más
grandes obstáculos que a ella se oponen: la
incredulidad y el fanatismo. Como innato o
en estado de intuición en el corazón de sus
representantes, desenvuelve todos los
sentimientos e ideas que corresponden a la
nueva generación y da una fe sólida y
esclarecida. La era nueva le vera
engrandecer y prosperar por la fuerza misma
de las cosas; viniendo a ser la base de todas
las creencias y el punto de apoyo de todas
las instituciones.
• Espiritistas, el porvenir es vuestro y de todos los hombres de corazón, y de confianza. No os arredren los obstáculos,
porque no hay ninguno que pueda obstruir los designios de la Providencia. Trabajad sin interrupción y dad gracias a
Dios por haberos colocado a la vanguardia de la nueva falange. Este es un puesto de honor que habéis pedido y del
que os haréis dignos por vuestro valor, vuestra perseverancia y vuestro desinterés. Aquellos que sucumban
valerosamente en esta lucha contra la fuerza, obtendrán su galardón; a los que sucumban por debilidad o miedo, la
confusión les rodeará en el mundo de los Espíritus. Las luchas son necesarias para fortificar el alma; el contacto del
mal hace apreciar mejor las ventajas del bien. Sin las luchas que estimulan las facultades, el Espíritu se entregaría a
una apatía funesta para su progreso. Las luchas contra los elementos desarrollan las fuerzas físicas e inteligentes; las
luchas contra el mal desenvuelven las fuerzas morales.

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