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A∴A∴
Publicación en Clase D

[Las notas numeradas y sin corchetes, en esta edición, pertenecen a John Symonds y Kenneth Grant y fueron extraídas de la versión
de MAGICK por ellos editada y comentada (1973). Las notas entre corchetes pertenecen a terceros.]

El Libro de las Tres Madres. H es la letra hebrea atribuida a la Madre. CCCXLI (341) es la suma de M, A y S (Mem, Aleph y Shin;
40 + 1 + 300). ‫מ‬, ‫ א‬y ‫ ש‬eran las letras madres ya que se atribuían a los Elementos Agua, Aire y Fuego (o Espíritu).

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“Sunt duo modi per quos homo fit Deus: Tohu et Bohu.
Mens quasi flamma surgat, aut quasi puteus aquæ quiescat.
Alteri modi sunt tres exempli, qui illis extra limine collegii sancti dati sunt.
In hoc primo libro sunt Aquæ Contemplationis.”

Dos son los métodos para convertirse en Dios: el Derecho y el Invertido.


Que la Mente se vuelva como una flama, o como un manantial de agua inmóvil.
De cada método hay tres ejemplos principales dados a aquellos que están afuera del Umbral.
En este primer libro están escritas las Reflexiones.

“Sunt tres contemplationes quasi halitus in mente humana abysso inferni. Prima, Νεκρος; secunda,
Πσραµις; tertia, Φαλλος vocatur. Et hæ reflexiones aquaticæ sunt trium enthusiasmorum, Apollonis, Dionysi,
Veneris.
Total stella est Nechesh et Messiach, nomen ‫ אהיה‬cum ‫ יהוהּ‬conjunctum.”

Hay tres reflexiones como alientos en la mente humana, es decir el Abismo del Infierno: la primera se
llama Νεκρος,1 la segunda Πσραµις,2 y la tercera Φαλλος3. Estas son las reflexiones acuáticas de los tres
entusiasmos; aquellos de Apolo, Dionisio y Afrodita.
La entera estrella es Nechesh y Messiach, el nombre ‫ אהיה‬unido a ‫יהוהּ‬.

1. [Del griego, “cadáver”. La referencia es al capítulo II, AAA.]

2. [Del griego, “pirámide”. La referencia es al capítulo I, MMM.]

3. [Del griego, “falo”. La referencia es al capítulo III, SSS.]

3
I
MMM
“Recuerdo cierto día sagrado al atardecer del Año, al atardecer del Equinoccio de Osiris, cuando Te
contemplé por primera vez visiblemente; cuando el primer problema fue combatido; cuando el de cabeza de
Ibis levantó la lucha.”
“Recuerdo tu primer beso, como lo haría una doncella. Nadie había ni en la oscuridad circundante: tus
besos permanecen.” –Liber VII, Liber Lapidis Lazuli, capítulo VII, 15-16.

0. Siéntese en su Āsana, usando la túnica de un Neófito, con la capucha puesta.


1. Es de noche, está pesado y caluroso; no hay estrellas. Ni una pizca de viento mueve la superficie del
mar, que eres tú. Ningún pez juega en tus profundidades.
2. Que un Aliento crezca agitando las aguas. Esto también deberás sentir jugando sobre tu piel.
Perturbará tu meditación dos o tres veces, tras lo cual lo conquistarás. Pero a menos que primero lo sientas,
aquel Aliento no ha crecido.
3. Luego, la noche es rajada por el relámpago. Esto también deberás sentirlo en tu cuerpo, el cual
temblará y saltará por el shock, y esto también debe ser tanto sufrido como trascendido.
4. Tras el relámpago, descansa en el cenit un pequeño punto de luz. Esta luz irradiará hasta que un cono
derecho sea establecido sobre el mar, y sea de día. Con este tu cuerpo será rígido, automáticamente; y esto
deberás dejar que perdure, retirándote hacia tu corazón en la forma de un Huevo oscuro1 derecho; y allí
morarás por un espacio.
5. Cuando todo esto sea perfecta y fácilmente hecho a voluntad, que el aspirante se figure a sí mismo
una lucha contra la entera fuerza del Universo. En esto es sólo salvado por su minuciosidad.
Pero al final el es destronado por la Muerte, que lo cubre con una cruz negra.
Que su cuerpo caiga supino con los brazos extendidos.
6. Así tendido, que aspire fervientemente al Santo Ángel Guardián.
7. Ahora que retome su postura anterior. Veintidós veces se figurará a sí mismo que es mordido por una
serpiente, sintiendo incluso en su cuerpo el veneno. Y que cada mordisco sane gracias a un águila o halcón,
que extiende sus alas por encima de su cabeza, y dejando caer así un rocío curativo. Pero que la última
mordida sea tan terrible punzada en el cuello que sienta que muere, y que el rocío curativo sea de tal virtud
que se ponga de pie.
8. Ahora que se ubique dentro de su huevo una cruz roja, luego una cruz verde, luego una cruz dorada,
luego una cruz plateada; o aquellas cosas que éstas prefiguran. Dentro es silencioso; ya que él, quien ha
llevado a cabo correctamente la meditación entenderá el significado interior de esto, y servirá como prueba
de sí mismo y sus semejantes.
9. Que permanezca en la Pirámide o Cono de Luz, como un Huevo, pero ya no oscuro.
10. Luego que su cuerpo esté en la posición del Colgado, y que aspire con toda su fuerza hacia el Santo
Ángel Guardián.
11. Habiéndosele entregado la gracia, que tome parte místicamente de la Eucaristía de los Cinco
Elementos y que proclame la Luz en Extensión; si, que proclame la Luz en Extensión.

1. El Huevo Negro o tattva Akasha (Elemento del Vacío) era la base de una práctica de meditación en la Aurora Dorada. Es el Huevo
o Espíritu que rodea la imagen del contemplativo.

4
II
AAA
“Estos desatan las ataduras del cadáver; estos desenlazan los pies de Osiris, para que el Dios flamante
brame a través del firmamento con su lanza fantástica.” –Liber VII, Liber Lapidis Lazuli, capítulo VII, 3.

0. Siéntate en tu Āsana, o recostado en Savāsana, o en la posición del Buda moribundo.


1. Piensa en tu muerte; imagina las varias enfermedades que pueden atacarte, o los accidentes que
pueden alcanzarte. Figúrate el proceso de la muerte, aplicado siempre a ti mismo. (Una práctica preliminar
útil es la de leer libros de texto sobre Patología, y visitar museos y salas de disección.)
2. Continua esta práctica hasta que la muerte sea completa; sigue el cadáver a través de las etapas de
embalsamiento, envoltura y entierro.
3. Ahora imagina un aliento divino entrando por tu nariz.
4. Luego, imagina una luz divina entrando por tus ojos.
5. Luego, imagina una voz divina despertando los oídos.
6. Luego, imagina un beso divino impreso en los labios.
7. Luego, imagina la energía divina informando a los nervios y músculos del cuerpo, y concéntrate en
el fenómeno que ya habrá sido observado en 3, la restauración de la circulación.
8. Por último, imagina el retorno del poder reproductivo; y emplea esto para impregnar al Huevo de la
luz en la que el hombre se baña.
9. Ahora represéntate que este huevo es el Disco del Sol, poniéndose en el oeste.
10. Que se hunda en la oscuridad, llevado en la barca celestial, sobre la espalda de la vaca sagrada
Hathor. Y puede ser que escuches su gemido.
11. Que se vuelva más oscuro que toda la oscuridad. Y en esta meditación estarás completamente librado
del miedo, ya que la oscuridad que aparecerá ante ti es una cosa terrible más allá de toda comprensión.
Y ocurrirá que si has hecho bien y apropiadamente esta meditación de pronto oirás el zumbido de un
Escarabajo.
12. Entonces la Oscuridad pasará, y con rosa y oro te alzarás por el Este, con el grito de un Halcón
resonando en tu oído. Será estridente y áspero.
13. Al final te alzarás y te colocarás en el mediocielo, un globo de gloria. Y allí se alzará el poderoso
Sonido que los hombres santos han considerado parecido al rugido de un León.
14. Luego te retirarás de la Visión, agrupándote en la divina forma de Osiris sobre su trono.
15. Luego repetirás audiblemente el grito de triunfo del dios resurgido, como te habrá sido dado por el
Superior.
16. Y habiendo conseguido esto, entrarás de nuevo en la Visión, que se perfeccionará en ti.
17. Tras esto retornarás al cuerpo, y agradecerás al Altísimo Dios IAIDA; si, al Altísimo Dios IAIDA. 1
18. Nótese bien que esta operación debe ser llevada a cabo de ser posible en un lugar apartado y
consagrado a las Obras de la Magia de la Luz. También nótese que el Templo debe ser ceremonialmente
abierto hasta donde tu conocimiento y habilidad te permitan, y que al final de todo esto el cierre debe ser
llevado a cabo con sumo cuidado.
Pero en la práctica preliminar es suficiente si te limpias mediante ablución, vistiéndote adecuadamente, y
mediante los rituales del Pentagrama y del Hexagrama.
0-2 deben ser practicados primero, hasta que se obtenga alguna comprensión; y la práctica siempre debe
ser seguida por una invocación divina de Apolo o de Isis o de Júpiter o de Serapis.
Luego, tras un rápido repaso de 0-2, practicar 3-7.
Una vez amaestrado esto, agregar 8.
Luego agregar 9-13.
Una vez preparado y fortificado, bien equipado para la obra, lleva a cabo toda la meditación de una vez. Y
que esto continúe hasta que el éxito perfecto sea obtenido. Porque esta es una poderosa y sagrada meditación,
que tiene poder incluso sobre la Muerte; si, que tiene poder incluso sobre la Muerte.

(Nota del Fra. O.M.: Durante esta meditación, la concentración puede llevar al Samādhi. Esto debe
temerse y rehuirse, más que a cualquier otra falta de control, ya que es la más tremenda de las fuerzas que
amenazan con obsesionarnos. También hay cierto peligro de melancolía aguda delirante en el punto 1.)

1. IAIDA o “el Altísimo” es un nombre de Dios que aparece en las Claves Angélicas de Dee y Kelly.

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III
SSS
“Tu eres una bellísima cosa, más blanca que una mujer en la columna de esta vibración.”
“Yo me disparo verticalmente como una flecha, y me convierto en aquello Arriba.”
“Pero es la muerte, y la llama de la pira.”
“Asciende en la llama de la pira, ¡Oh mi alma! Tu Dios es como el frio vacío del cielo más lejano, hacia el
cual tú irradias tu pequeña luz.”
“Cuando Tu me conozcas, Oh Dios vacío, mi llama se apagará por completo en Tu gran N.O.X.”
–Liber VII, Liber Lapidis Lazuli, capítulo I, 36-40.

0. Siéntate en tu Āsana, preferiblemente el Rayo. Es esencial que la espalda esté vertical.


1. En esta práctica la cavidad del cerebro es el Yoni; el cordón espinal es el Lingam.
2. Concentra tu pensamiento de adoración en el cerebro.
3. Ahora comienza a despertar la espalda de esta manera. Concentra tu pensamiento de ti mismo en la
base de la espina, y muévelo gradualmente hacia arriba, un poco cada vez.
Por este medio te volverás consciente de la espalda, sintiendo cada vertebra como una entidad separada.
Esto debe ser alcanzado completa y perfectamente antes de comenzar el resto de la práctica.
4. Luego, adora al cerebro como antes, pero figúrate su contenido como infinito. Considéralo ser el
vientre de Isis, o el cuerpo de Nuit.
5. Luego, identifícate con la base de la espalda como antes, pero figúrate su energía como infinita.
Considéralo el falo de Osiris, o el ser de Hadit.
6. Estas dos concentraciones 4 y 5 pueden ser llevadas al punto de Samādhi. Aún así no pierdas el
control de la voluntad; no dejes que Samādhi sea el maestro a esta altura.
7. Entonces, estando consciente tanto del cerebro y de la espalda, e inconsciente de todo lo demás,
imagina que ambos están hambrientos, el uno del otro; el vacío del cerebro, el dolor de la espalda, iguales
como el vacío del espacio y la falta de propósito de la Materia. Y si tienes experiencia de la Eucaristía de
ambos tipos, ayudará a la imaginación en este paso.
8. Que esta agonía crezca hasta que sea insuperable, resistiendo mediante la voluntad cada tentación.
No se deberá proseguir hasta que tu cuerpo entero esté bañado en sudor, o en sangre, y hasta que un grito de
intolerable angustia sea forzado desde tus labios cerrados.
9. Que una corriente de luz, azur profundo moteado de escarlata, pase de arriba a abajo por la espalda,
golpeando como si estuvieses enroscado en la base como una serpiente.
Que esto sea extremadamente lento y sutil; y aunque venga acompañado de placer, resiste; y aunque venga
acompañado de dolor, resiste.
10. Esto deberá continuar hasta que estés exhausto, nunca relajando el control. No procedas hasta que no
puedas llevar a cabo la sección 9 durante una hora entera. Y retírate de la meditación mediante un acto de
voluntad, pasando a un suave Prāṇāyāma sin kumbhaka, y meditando sobre Harpócrates, el silencioso y
virginal Dios.
11. Luego estando bien equipado en cuerpo y mente al fin, en paz contigo mismo, bajo un favorable
cielo de estrellas, de noche, con un clima calmo y tibio, acelerarás el movimiento de la luz hasta que sea
tomado por el cerebro y la espalda, independientemente de tu voluntad.
Si hubieses de morir durante esta hora, ¿no está escrito acaso: “Benditos los que mueren en el Señor”? 1
¡Si, benditos sean los que mueren en el Señor!

1. [Apocalipsis, XIII, 14. –T.S.]